Prólogo

 


Prólogo

 

“¿De verdad te vas a casar con Pyeong-hwa (La paz)?”.

Preguntó el amante del futuro novio.

Por eso, Hae-seong respondió.

“Sí. Lo voy a hacer”.

Estuvo a punto de añadir un ‘¿acaso tú no lo harías?’, pero se contuvo. Al tragarse las palabras a la fuerza, su rostro se distorsionó. Hae-seong intentó disimular su expresión como pudo y miró de reojo a su futuro novio, que estaba escondido dos mesas más allá.

Tae Pyeong-hwa.

Un hombre que parecía oro puro, capaz de iluminar toda la zona incluso desde la distancia. Hae-seong sentía que su corazón se calentaba y su mente se aclaraba con solo mirarlo.

Le alegraba muchísimo verlo, pero como no podía demostrar que lo había reconocido, desvió la mirada y sus ojos se cruzaron con los del amante, que tenía el ceño fruncido. Hae-seong bajó la vista y mordió el popote.

Slurp. El sonido del batido de chocolate siendo succionado resonó de forma un tanto vulgar.

“Parece que no sabes quién soy”.

El breve silencio se rompió con una voz cargada de hipocresía. Hae-seong, con el popote aún en la boca, inclinó la cabeza hacia un lado.

... ¿Pero si ya lo sé?

No sabía cómo decírselo. ¿Sonaría raro si decía que ya lo sabía todo?

“Soy la persona que está saliendo con Pyeong-hwa”.

“Ah... Sí”.

“¿Eso es todo? Soy el novio de Pyeong-hwa. Su. No. Vio”.

La mirada de Woo Yeon-je se volvió feroz, visiblemente descontento con la actitud despreocupada de Hae-seong.

Qué desperdicio usar un rostro tan bonito para poner esa cara.

“No, esto... Bueno. Lo sé...”.

Evitando sutilmente esos dos ojos que parecían a punto de llorar, Hae-seong respondió con sinceridad tras reflexionar un momento. El hombre sentado enfrente, de rostro blanco y hermoso, Hae-seong ya lo había visto en fotos y sabía perfectamente quién era.

‘Se lo digo de antemano. Es la persona con la que sale el joven amo’.

Porque el hombre de la foto que le habían mostrado en la reunión donde le propusieron el matrimonio concertado como una advertencia antes de firmar, era exactamente el mismo que tenía delante.

El hombre que se presentó como el abogado asesor del Grupo Taepyeong le había proporcionado en su momento todo tipo de información sobre Tae Pyeong-hwa. Incluso la enfermedad crónica que era la razón por la cual lo obligaban a casarse.

“¿Lo sabes... y aun así dices que te vas a casar?”.

Al ver el rostro de confusión e incomprensión del otro al repreguntar, Hae-seong se dio cuenta tarde de su error y bajó rápidamente las comisuras de los ojos.

Cierto, ni siquiera fingí estar triste.

Normalmente, si te dicen que la persona con la que te vas a casar tiene un amante...

Deberías estar triste. Hae-seong forzó unas lágrimas. No era fácil. Sin embargo, al recordar los momentos agonizantes cuando se quedó sin dinero, milagrosamente sus ojos se humedecieron.

“Si yo te pido que rompas con él, ¿son el tipo de pareja que rompería?”.

Hae-seong balbuceó torpemente, imitando las líneas de un melodrama matutino que había visto alguna vez. Su voz, que caía sin fuerzas, sonaba bastante convincente.

Satisfecho con su propia actuación, Hae-seong observó atentamente a Yeon-je, quien miraba de reojo a Pyeong-hwa.

¿Por qué no respondes? Deberías decir que no, por supuesto.

Por dentro, Hae-seong esperaba ansioso que respondiera que jamás romperían, así que abrió los ojos lo más melancólicamente posible. Con los hombros caídos como si estuviera completamente desanimado, bajó la mirada.

“Por supuesto que no”.

Decidido por la actitud de Hae-seong, Woo Yeon-je habló con una voz muy brillante y segura, como si nunca hubiera estado nervioso.

¡Así se habla!

Celebrando internamente, Hae-seong inclinó la cabeza simulando desilusión para ganar algo de tiempo.

No había caso, no le salían las lágrimas. Sentía que al menos debía llorar de verdad una vez, así que pensó que tendría que inscribirse en una academia de actuación.

Si pido el reembolso de los gastos, también me pagarán la matrícula, ¿no?

La calculadora en la cabeza de Hae-seong se movía rápidamente cuando...

“No puedo renunciar a Pyeong-hwa. Por eso, ¿no podrías renunciar tú?”.

Woo Yeon-je parpadeó lentamente con sus grandes ojos y acercó su rostro.

Qué método tan unidimensional. Por muy desesperado que estés, ¿no es un poco patético usar tácticas de seducción con el prometido de tu novio?

Hae-seong no se quedó atrás, bajó sus largas pestañas y compuso una expresión compasiva. Yeon-je se sobresaltó. Parecía haber leído las intenciones en la actitud de Hae-seong.

Sí, mi joven amigo. Lo siento, pero yo tampoco puedo renunciar.

Para renunciar, ya había recibido demasiado dinero como pago inicial. Y no solo eso; también el reloj, los zapatos, el bolso y el dinero en efectivo que le habían entregado como regalos de compromiso.

Sopesando las muchas cosas a las que no podía renunciar, Hae-seong sacudió la cabeza.

“¿Por qué demonios te quieres casar sabiendo incluso de mi existencia? ¡Si me dijeron que solo te has visto con Pyeong-hwa una vez!”.

La pareja, es decir, el verdadero amante de su prometido, gritó con una voz llena de frustración que resonó por todo el café.

Hae-seong admiró la pureza del amor del otro, que ni en una situación así pensaba en romper con Pyeong-hwa.

Pero una cosa era eso, y otra...

“¿Es importante que nos hayamos visto solo una vez?”.

El matrimonio es el matrimonio.

“Sentí amor en ese primer instante”.

Hae-seong, que jamás había tenido un amor normal ni lo había sentido, abrió los ojos con solemnidad. Luego, llevándose una mano al pecho, habló con todo su corazón y con un rostro sincero lleno de una emoción desbordante.

“¿Cómo podría no amarlo?”.

Como para no hacerlo, si Tae Pyeong-hwa venía acompañado de una cantidad exagerada de dinero.

‘Si se cumplen todas las cláusulas del contrato, al finalizar el mismo, se le transferirá al señor Wi Hae-seong un edificio en Cheongdam-dong valorado en $28,000 millones de wones actuales y un departamento valorado en $4,000 millones de wones’.

Los ojos de Hae-seong se llenaron de lágrimas. En el momento en que tomó aire porque se le cortaba la respiración, su cabeza tembló y una lágrima cayó rodando por su barbilla.

Secándose con el dedo la lágrima que había caído en el momento perfecto, Hae-seong gritó con fuerza, consciente de que Pyeong-hwa lo estaba vigilando.

“¡Pero si Pyeong-hwa es feliz saliendo con Yeon-je, yo estoy bien! ¡Porque para mí, lo más importante es la felicidad de Pyeong-hwa!”.

Ante tan astuta declaración, el rostro de Yeon-je se quedó rígido como una piedra. Como valió la pena hablar alto, Pyeong-hwa también pareció escucharlo, mostrando una expresión estupefacta. Hae-seong decidió que este era el momento adecuado para marcharse.

A toda prisa, recogió sus pertenencias y se levantó para salir del lugar con una expresión que sugería que no podía soportar más la situación.

Incluso después de salir de la cafetería, mantuvo su espalda con aspecto compasivo hasta salir del rango de visión de ellos. Cuando llegó a un punto donde ya no lo veían, se detuvo.

El cielo que miró hacia arriba estaba limpio y despejado. Mientras contemplaba el cielo, su teléfono vibró notificando un mensaje.

 

Depósito: 3,000,000 wones

Kim**

Cuenta: 10023*****87

Saldo: 13,570,800 wones

 

Hae-seong miró a su alrededor.

¿De verdad me están vigilando?

Como sea, ahora que había entrado dinero, nada más importaba. Guardó el teléfono a la fuerza y se dirigió hacia donde tenía estacionado el auto.

De repente, recordó el día en que su situación se volvió así de precaria.

Es decir, la razón por la cual decidió casarse con un hombre que incluso tenía amante...