4. La primera vez para Pyeong-hwa (2)
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Al ver que no le daba una respuesta y que solo
se le quedaba viendo fijamente, Pyeong-hwa se mordió con fuerza el labio
inferior.
Eh, ¿un momento? Esto parece una provocación.
Mordiéndose el labio de esa manera, apenitas la esquinita, y bajando la mirada
así... definitivamente me está provocando para que tengamos sexo, ¿no?
Hae-seong, apoyando la espalda contra la
puerta cerrada del baño, se humedeció los labios con la lengua.
Junto con la excitación, la embriaguez que
creía desaparecida volvió a hacer de las suyas en su mente trastornada. Las
feromonas de Pyeong-hwa, que pensó que se habían disipado, se impregnaron en la
punta de su lengua y se colaron directo en su boca.
“Abre la boca”.
Despegando la espalda de la puerta e
inclinándose un poco, Hae-seong sonrió de medio lado. Ante esa atmósfera que
delataba que a Hae-seong ya se le habían zafado un par de tornillos, Pyeong-hwa
se encogió un poco. Sin embargo, cedió ante los dedos que le hacían cosquillas
debajo de la barbilla a modo de prisa y abrió la boca sumisamente.
Frente a los ojos de Hae-seong se desplegó una
vez más el interior de esa boca, tan roja y limpia que resultaba obscenamente
sexy. Las feromonas de Hae-seong rugieron, abalanzándose como si quisieran
devorar por completo las de Pyeong-hwa.
Mientras Pyeong-hwa, sin saber qué hacer ante
unas feromonas cada vez más agresivas, inhalaba hondo, su lengua roja se movió
espasmódicamente frente a Hae-seong como si estuviera bailando, avivando su
lujuria.
Hae-seong se imaginó metiendo los dedos en esa
boca y removiendo todo en su interior. Pensar en eso hizo que, sin darse
cuenta, aplicara demasiada fuerza en las manos con las que sujetaba los hombros
de Pyeong-hwa. Por el dolor punzante, Pyeong-hwa frunció el entrecejo y lo
miró.
Aun así, Pyeong-hwa no le dijo que se
detuviera; se quedó allí sentado, mirándolo dócilmente sin hacer absolutamente
nada. No hubo ninguna acción ni palabra de rechazo hacia Hae-seong.
¿Y si me lo tiro aquí mismo?
¿De verdad soy una basura por pensar en esto?
Digo, al menos el tipo ya tenía novio. Tampoco es como que le vaya a pedir
permiso a sus papás para tener relaciones. ¿No lo habrán hecho a escondidas
aunque sea una vez? Por la actitud que tiene, tampoco parece un santo del todo.
¿Será que guarda la castidad hasta el
matrimonio? Pero con esa cara tan pura que se carga, ¿qué necesidad hay de que
su entrepierna también sea igual de casta……?
Acercando los labios como hipnotizado, Hae-seong
ladeó la cabeza buscando un mejor ángulo para besarlo una vez más y pensó.
¿Acaso será de los que creen que solo hay que
ser castos antes del matrimonio, pero que una vez casados se pueden meter con
cualquiera? ¿Tendrá unos valores tan basura detrás de esa cara de pan de dios
tan inocente?
Pronto, sus labios volvieron a unirse. De la
boca de Pyeong-hwa se escapó un "¡Mmpf!", un gemido que delataba
claramente a alguien que estaba siendo sometido, pero que de inmediato fue
absorbido por la boca de Hae-seong.
Hae-seong, que había fingido ser una buena
persona asegurando que podía morderle la lengua si la usaba, terminó subiéndose
encima de Pyeong-hwa. Este, que había cerrado los ojos con fuerza, los abrió de
par en par al percatarse de que Hae-seong se había sentado directamente sobre
sus muslos, quedándose completamente rígido.
Disfrutando de esa reacción tan inocente,
Hae-seong tomó los brazos de Pyeong-hwa que se habían quedado congelados en el
aire y los colocó alrededor de su propia cintura. Acto seguido, profundizó el
beso empujando la lengua directamente en su boca.
El cuerpo de Pyeong-hwa dio un fuerte
respingo. Debido a ese movimiento, cierta parte importante de la entrepierna de
Hae-seong fue estimulada, haciendo que su cintura se tensara. Sin embargo, no
cometió la estupidez de retirar la lengua que ya había invadido la boca de
Pyeong-hwa. Para prevenir que Pyeong-hwa intentara apartarlo, Hae-seong
directamente le sujetó el cabello con fuerza.
“…… ¡Mhhg!”.
El sonido húmedo del beso resonó en el silencioso
cubículo del baño. Como no esperaba que Pyeong-hwa hiciera algo por iniciativa
propia, Hae-seong tomó las riendas a su estilo, succionando su lengua y
mordisqueando sus labios.
Desde afuera se escuchó el vago eco de alguien
pasando. Al oír la queja de alguien que cuestionaba por qué limpiaban el baño a
esa hora y la voz ebria de otro que sugería mejor irse, el acto se volvió tan
emocionante que le causó un escalofrío por la espalda.
Abriendo los ojos sutilmente, Hae-seong
contempló el rostro de Pyeong-hwa debajo de él, quien mantenía los ojos
firmemente cerrados y la boca abierta. Verlo tan de cerca, con una piel sin un
solo poro visible y unas facciones tan bien definidas, lo puso increíblemente
cachondo.
Le parecía inconcebible que un tipo como este
hubiera vivido una vida tan reprimida y aburrida solo por culpa de algo como
las feromonas.
¡A la mierda las feromonas, qué carajos
importan! ¿Un alfa con esta cara tuvo que vivir conteniendo el aliento a solas?
Sentía como si el lamento de 500,000 omegas
resonara en sus oídos.
Hae-seong acarició con los dedos el lóbulo de
la oreja de Pyeong-hwa, el cual estaba tan rojo que parecía a punto de
desprenderse. Pyeong-hwa se estremeció y encogió un hombro. Era tan sensible
que reaccionaba al más mínimo estímulo; estaba tan apetecible que a Hae-seong
casi le daban ganas de llorar de la emoción.
Separando los labios apenas un milímetro,
Hae-seong cambió el ángulo sin darle tiempo a tomar aire y volvió a sellar sus
bocas. Ese instante en que sus labios se frotaron fue espeluznantemente
placentero. Incluso el aire caliente que intercambiaron en ese lapso de apenas
tres segundos se sintió glorioso.
Olvidándose por completo del contrato y de la
recompensa en ese momento, Hae-seong se dedicó a devorar a Pyeong-hwa siguiendo
únicamente su instinto. Continuó con el beso salvaje, succionando profundamente
la lengua temblorosa del otro y recorriendo cada rincón de su mucosa bucal.
La respuesta de Pyeong-hwa llegó cuando el
beso ya se había prolongado por unos cinco minutos. Cuando Hae-seong le enredó
la lengua como si quisiera atraparla, sintió que la lengua rígida del otro se
soltaba un poco, y a partir de ahí, la lengua de Pyeong-hwa comenzó a moverse
al compás de los movimientos de Hae-seong.
Al principio fue torpe y tierno, lo que le
provocó una sonrisa. Sin embargo, tal vez por tratarse de un rasgo que poseía
un instinto de dominación innato a pesar de sus problemas de control,
Pyeong-hwa aprendió rápido. Comenzó a devolverle a Hae-seong cada una de sus
acciones.
Pronto, el lugar donde ambas lenguas se
entrelazaban dejó de ser la boca de Pyeong-hwa para convertirse en la de
Hae-seong. Pyeong-hwa comenzó a lamer debajo de su lengua y a succionar la
punta erguida tal como Hae-seong lo había hecho antes. Al darse cuenta de esto,
Hae-seong sintió una descarga tan intensa que casi lo hace correrse.
Excitado, la mano de Hae-seong se deslizó por
dentro del saco de Pyeong-hwa. Al palpar el pecho firme de Pyeong-hwa a través
de la camisa ligeramente humedecida por el sudor, una bombilla se encendió en
su cabeza.
…… ¿La lotería de por vida?
Si casarse con Pyeong-hwa era ganarse el
premio mayor, esto era el equivalente a ganarse el primer lugar de la lotería
con pagos mensuales de por vida.
¿Tiene un cuerpo tan imponente detrás de esa
cara de ángel bebé, de joven amo y de conejito?
La mano de Hae-seong, que se dedicó a
comprobar el pecho y los abdominales, pasó de ser lasciva a estar sumamente
ocupada. Con movimientos ansiosos, le quitó el saco a Pyeong-hwa. Como el otro
lo estaba abrazando, los brazos se le quedaron atorados y la prenda no salió
del todo, pero eso solo lo hacía ver aún mejor.
Hae-seong retiró la boca, interrumpiendo la
succión de Pyeong-hwa. Sentía que no podría resistir más si no comprobaba con
sus propios ojos el espectáculo que tenía enfrente.
Al alejarse, el rostro de Pyeong-hwa lo siguió
para mantener el contacto. Aunque Hae-seong intentaba enderezarlo para apreciar
su cuerpo, Pyeong-hwa, ya consumido por el deseo, se le pegó como un imán.
“Espera…”.
¡Déjame ver tu cuerpo!
Hae-seong le cubrió los labios a Pyeong-hwa
con la mano y le dirigió una mirada severa. Cuando sus ojos se cruzaron, la
mirada de Pyeong-hwa se nubló y las comisuras de sus ojos decayeron con
tristeza.
“¿No te gusto……?”.
Su voz húmeda le partió el alma.
¿Cómo te atreves a poner triste al conejito
bebé?
Sintió un retumbar en la cabeza y una opresión
en el corazón, como si le hubieran dado un golpe con un mazo.
“No, no es eso”.
“Después de todo…… soy raro, ¿verdad? ¿Huelo
feo?”.
Pero qué sarta de estupideces estás diciendo.
¡Si tengo el pene duro ahora mismo! ¡Tengo el trasero chorreando, pedazo de
perversión andante que ni de su propia existencia se da cuenta!
Como le fue imposible decirle semejantes cosas
a esa cara tan pura, Hae-seong le jaló la nuca hacia sí. Al ofrecerle el rostro
dándote a entender que hiciera lo que quisiera, Pyeong-hwa unió sus labios con
una timidez absoluta.
Al final, Hae-seong dejó que Pyeong-hwa lo
llenara de besos. Pequeños besos cayeron sobre sus labios como una tormenta
repentina.
El aroma corporal que les erizaba la piel
comenzó a filtrarse poco a poco por la rendija de la puerta. Si las feromonas
tuvieran sentimientos, las que se expandían ahora mismo tendrían una forma
sumamente vergonzosa.
Si el chico me está provocando de esta manera,
¿realmente se puede considerar una bajeza hacerlo gemir justo ahora? Esto más
bien sería una bajeza que destruiría su inocencia infantil.
Hae-seong, tras corromper a su antojo el
concepto de inocencia infantil, llevó las manos a la camisa de Pyeong-hwa
mientras respiraba agitadamente. Sus manos, que solo para estas cosas
resultaban sumamente hábiles, desabrocharon los botones de la camisa uno tras
otro con destreza.
Sí, el problema de las feromonas de Pyeong-hwa
podría resolverse de manera bastante sencilla después de todo.
Existe un acto hermoso que nos beneficia a
ambos, ¿para qué andar escatimando con eso?
¿Un alfa manteniéndose alejado del sexo? Qué
soberana estupidez. No le importaba cómo reaccionaran otros omegas, Hae-seong no
tenía la menor duda de que él era un ser humano fuerte, capaz de soportar
cualquier tipo de feromona de Pyeong-hwa.
Incluso Pyeong-hwa, de quien decían que
vomitaba con solo oler las feromonas de un omega, se mantenía dócil ante las
suyas. Esto era una señal divina.
¡Una señal de Dios que decía: ‘Si Tae
Pyeong-hwa es virgen, cómetelo ya mismo; y si no lo es, ¡cómetelo con más
ganas!’! ¡Una bendición!
Sin embargo, Pyeong-hwa no era un blanco tan
fácil. Cuando Hae-seong ya le había desabrochado la mitad de los botones,
Pyeong-hwa pareció recuperar el juicio de golpe y se sujetó la prenda que se
abría.
“¿Por qué me estás desvistiendo?”.
Pyeong-hwa, tras empujar a Hae-seong hacia
atrás, lo fulminó con la mirada mientras intentaba cubrirse el pecho, el cual
era tan ancho que por más que se encogiera de hombros no lograba ocultar nada.
Hae-seong, tras ser empujado de imprevisto, puso la cara de un mapache al que
se le deshizo su algodón de azúcar en el agua.
“¿Por qué me quitas la ropa?”.
“Pues hay que quitarse la ropa para…”.
¿Para tener sexo, no?
Hae-seong solo tenía en mente encuerar a
Pyeong-hwa y tener sexo.
“¿Se... qué cosa vamos a tener?”.
“Sexo”.
En un instante, la atmósfera caliente se
enfrió. Hae-seong abrió los ojos de par en par contemplando a un Pyeong-hwa
profundamente consternado.
Entonces, ¿pensabas ponérmela dura de esta
manera y luego salir huyendo como un conejo?
Eso era lo que quería gritarle en su cara de
estupefacción.
“…… ¿Aquí?”.
Ah.
Solo entonces Hae-seong miró a su alrededor.
Cierto, esto era un baño. Es verdad, es verdad. Recuperando el buen humor,
Hae-seong sonrió ampliamente y se dio una palmada en la frente.
“Lo siento, este lugar es un poco incómodo,
¿verdad? Pero para empezar, las feromonas de ambos están fuera de control. Creo
que tenemos que solucionar eso primero para poder salir de aquí”.
Esto no lo decía solo por la prisa de
comérselo, era totalmente en serio. Aunque se habían calmado un poco, ambos
seguían despidiendo feromonas de manera alarmante. Si salían así, la fiesta de
hoy cambiaría de organizador y pasaría a llamarse una orgía.
“Estás loco……”.
Pyeong-hwa dio en el clavo.
Acto seguido, se cubrió la boca como si fuera
a vomitar y empujó a Hae-seong. Saliendo disparado del cubículo antes de que
pudiera detenerlo, Pyeong-hwa abrió la llave del lavabo y dejó correr el agua.
Oye, Pyeong-hwa, el inodoro está aquí adentro.
¿Acaso piensas vomitar ahí?
Hae-seong salió detrás de él mirándolo con
preocupación, pero afortunadamente no vomitó.
Así es, lo que tienes que vaciar no va a salir
por arriba, sino por abajo.
Hae-seong asintió para sus adentros aliviado.
Pyeong-hwa, que veía su propio estado deplorable en el espejo, se presionó el
dorso de la mano contra la boca y le lanzó una mirada furiosa.
“Pareces una puta”.
¿Qué dijiste, mocoso?
Hae-seong frunció el ceño de inmediato.
Sin embargo, tras repasar brevemente su vida y
ver que no había sido precisamente un santito, decidió no refutarlo. Prolongar
este tema solo le traería desventajas a él. Pyeong-hwa solo había tenido un
novio, pero él ya llevaba uno, dos, tres, cuatro, cinco…….
Mierda, mejor me callo la boca. Cero
comentarios, cero.
“Oye, decirme puta es un poco exagerado, ¿no?
¿Acaso has visto a una puta tan hermosa como yo?”.
“Todo el mundo tiene una primera vez”.
¿Como tú siendo virgen?
Hae-seong reprimió sus ganas de responder con
sarcasmo y decidió pensar de manera racional. Es decir, aunque sus feromonas
seguían filtrándose a su antojo, parecía estar completamente cuerdo.
“Espera un momento. Mírame. Ya te sientes un
poco mejor, ¿verdad?”.
Hae-seong le apuntó a Pyeong-hwa directamente
con el dedo. Sorprendido por el dedo índice que casi le roza los labios,
Pyeong-hwa retrocedió y bajó la mirada, evitando los ojos de Hae-seong. La
mirada de Hae-seong se entrecerró de forma lasciva.
“Si me mientes, te va a salir un grano en el
trasero”.
“Eso es cuando te ríes justo después de
llorar”.
¡Vaya, miren cómo responde el mocoso! Si
tenemos cochinadas, definitivamente habrá consentimiento mutuo.
“Veo que te lo sabes bien, debes haberlo
escuchado mucho”.
“¡Claro que no!”.
El ángel altísimo, cuya cabeza parecía estar a
punto de tocar el techo, soltó un grito. Al ver su rostro encendido y sus
labios temblorosos, Hae-seong lo supo.
Este mocoso se la pasó llorando y riendo un
montón de veces, ¿verdad?
“Te digo que de verdad no es así”.
Hae-seong no daba crédito a que Pyeong-hwa,
tras tacharlo de puta, se pusiera al borde de las lágrimas solo por preguntarle
si solía llorar y reír de niño. Mirando con incredulidad a un Pyeong-hwa que
bufaba con el rostro completamente rojo de la indignación, Hae-seong agitó la
mano restándole importancia.
Después de todo, si había llorado o reído por
arriba en el pasado no era lo importante ahora. Lo que a Hae-seong le importaba
era hacer gemir a Pyeong-hwa por abajo. Como tenía confianza en su capacidad
para hacerlo feliz, sentía que solo necesitaba hacerlo llorar primero…….
“Bueno, dejemos eso de lado”.
“¡Que no es dejarlo de lado!”.
“Está bien, lo siento. ¡Hagamos de cuenta que
jamás en la vida lloraste y te reíste al mismo tiempo, y que ni haciendo
marometas hacia atrás habría forma de que te saliera un grano en el trasero!”.
“Te estás burlando de mí, ¿verdad?……”.
Parece que no, pero el desgraciado es
sumamente rápido para captar las cosas.
Hae-seong negó con la cabeza con una expresión
de total injusticia.
“No es así. ¿Cómo crees que tendría cabeza
para eso ahora? Mi único pensamiento es hacer que te sientas cómodo lo antes
posible”.
“Me da mala espina……”.
“Pyeong-hwa, como te dije hace un momento,
considero que solucionar el problema de tus feromonas es mi deber como tu
prometido”.
Incapaz de admitir que era por el contrato, y
mucho menos que era simplemente porque se lo quería follar, Hae-seong se
mantuvo firme en su papel de buena persona.
“Hay que sacarlo de una buena vez”.
Y justo después, soltó una frase sucia que
desmoronó por completo su esfuerzo por parecer un santo. Pyeong-hwa, sin
siquiera entender el significado de sus palabras, miró a su alrededor y
preguntó.
“¿Sacar qué?”.
…… ¿Eh? Eh, esto... bueno.
“¡Las feromonas!”.
“Ah……. Pero es que eso no me sale bien……”.
“Yo conozco una forma de sacarlas rápido”.
“¿Cuál?”.
Los ojos de Pyeong-hwa se abrieron de par en
par, mostrando una genuina curiosidad. Ante ese rostro que reflejaba una clara
alegría, Hae-seong perdió el juicio y desvió la mirada directo hacia la
entrepierna de Pyeong-hwa. Pyeong-hwa siguió su mirada hacia abajo, parpadeó
rápidamente y se tapó la boca de golpe con la mano.
“Te juro que yo soy de las personas que jamás
hacen ese tipo de cosas. Sé que no me vas a creer en lo más mínimo, pero de
verdad yo no soy así”.
“…… Qué”.
“¡Tú solo cierra los ojos con fuerza! ¡Y de un
buen bocado lo sacamos todo!”.
Hae-seong extendió ambas manos hacia la
cintura de Pyeong-hwa mientras gritaba a todo pulmón. Pyeong-hwa, horrorizado,
le apartó las manos de un par de manotazos.
“¡Y decías que no eras una puta!”.
“¡Te digo que no lo soy!”.
“¿Entonces cómo puede decir…… semejante cosa
con tanta facilidad? ¡Eso es porque ya lo ha hecho un montón de veces!”.
Pyeong-hwa continuó retrocediendo mientras se
cubría la entrepierna de manera torpe con ambas manos. Solo se detuvo cuando su
espalda chocó contra la pared de azulejos, negando con la cabeza frenéticamente
en señal de rechazo.
“¿De qué hablas? Jamás en la vida he hecho
algo así. ¿Acaso tengo cara de haberlo hecho?”.
“¿Entonces cómo puede sugerir con tanta
ligereza usar la boca en la zona de otra persona?”.
Pyeong-hwa lo fulminó con la mirada, con un
rostro tan afligido como si hubiera perdido su patria. Hae-seong, sintiéndose
agraviado, gritó para sus adentros.
¡Lo digo porque tengo hambre!
“¡No lo dije a la ligera! ¡Es porque no nos
queda de otra! Te juro que yo tampoco lo he hecho nunca, ¡pero lo sugiero por
tu propio bien!”.
“¡No hay necesidad de llegar a tanto!”.
“¡¿Cómo que no?!”.
NO
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Frustrado, Hae-seong estuvo a punto de
arrancarse el moño de la corbata, pero se contuvo y se lo metió al bolsillo. Su
instinto lo hizo dudar debido a que parecía bastante caro. Hae-seong se
desabrochó unos tres botones con cuidado de no estropear la camisa. Pyeong-hwa
comenzó a chillar preguntándole que por qué carajos se desabrochaba los botones
ahora.
“Dicho sin rodeos, vas a ser mi esposo. ¡¿Qué
se supone que haga yo si lo tuyo se echa a perder antes de que nos casemos?!”.
“¡¿Qué dices?!”.
“¡Si la tienes dura! ¡¿Qué se supone que haga
yo si te aguantas las ganas de correrte y eso te causa un problema?! ¡¿Qué
pasará conmigo entonces?!”.
Hae-seong, quien por contrato no podría
meterse con nadie más que con Pyeong-hwa hasta que este terminara, rugió lleno
de indignación. Al mirar al agitado Hae-seong, la cara de Pyeong-hwa se puso un
tanto tonta.
A ver, ¿de qué demonios está hablando?
Levantando el rostro como un conejo, parpadeó
profundamente varias veces.
“¿Qué tiene que ver contigo el que surja un
problema en mi zona?”.
Le era imposible entenderlo y tampoco lograba
adivinar la razón. Despegando la espalda de la pared de azulejos, Pyeong-hwa
preguntó con total seriedad.
“¡Una vez casados, yo solo puedo hacerlo
contigo! ¡Así que por supuesto que me importa que lo tuyo funcione bien!”.
¡Te digo que ya firmé todo el contrato! ¡El
tío Ki-ho me dijo que confiara en él! ¡Estaba presumiendo un montón de que yo
iba a quedar súper satisfecho con la hombría de su hijo!
“¿O sea que ahora... te vas a casar conmigo
solo para hacer ‘eso’?”.
De repente, la conversación dio un salto hacia
una dirección completamente inesperada. Esta vez fue Hae-seong quien puso cara
de estúpido. ¿Casarse para hacer qué?
“El tratamiento es solo una excusa, en realidad
aceptaste casarse conmigo solo para hacer ‘eso’... Eso es lo que me estás
diciendo ahora, ¿verdad?”.
…… ¿Eh? Claro que no. Es por el dinero.
Hae-seong, quien había decidido casarse por
una razón mucho más descarada de la que Pyeong-hwa sospechaba, cerró la boca
por completo. Por unos instantes, su mente trabajó a toda máquina pensando qué
sería mejor decir en esta situación.
En medio de ese breve silencio, los ojos de
Pyeong-hwa se cristalizaron. Al ver ese rostro que parecía a punto de romper en
llanto, Hae-seong se juró a sí mismo que jamás revelaría la verdadera razón y
soltó una sonrisa incómoda.
“Bueno, por lo general, cuando la gente se
casa suele hacer ‘eso’, ¿no?”.
“…….”.
“No, piénsalo. ¿Acaso no es mucho mejor que
andar haciéndolo por ahí con cualquiera sin estar casados?”.
Hae-seong, un muerto de hambre interesado que
en el pasado precisamente se la había pasado haciéndolo con cualquiera, habló
con total descaro. Después de todo, en este momento era mucho mejor pasar por
un adicto al sexo que por un interesado por el dinero...
“Bueno, eso es verdad……”.
Afortunadamente, Pyeong-hwa estuvo de acuerdo
con las palabras de Hae-seong sin oponer resistencia. A pesar de tener novio y
estar a punto de casarse, asintió dócilmente con la cabeza sin tener la menor
idea de lo que eso implicaba. Hae-seong contuvo la risa y continuó hablando.
“Pyeong-hwa, tal vez no me creas, pero te
llevo unos cuantos años de experiencia, ¿sabes?”.
La mirada de Pyeong-hwa, que se había
suavizado, volvió a afilarse en un parpadeo. Sin inmutarse, Hae-seong siguió
parloteando como si fuera un santo.
“¿Por qué no confías un poco en mí? Este hyung
te va a tratar muy bien”.
Aquello sonaba a las patrañas de un líder de
secta.
“¿Y eso qué? ¿Acaso haber vivido unos años más
te convierte en el dios de ‘eso’?”.
Por suerte, Pyeong-hwa no era tan ingenuo como
para dejarse engañar por un truco tan barato y no cayó en la trampa.
“Te pregunto si te crees el dios de ‘eso’”.
Ante ese reclamo lanzado con un ligero temblor
de indignación, Hae-seong se quedó mudo por un momento.
Mierda, ¿cómo se enteró?
“¿Acaso eres tan bueno en ‘eso’?”.
Mientras pensaba en cómo responder, el ataque
de Pyeong-hwa le asestó un golpe directo al orgullo. Ante los reclamos de este
tierno e inocente chico, su espíritu competitivo se encendió sin medir las
consecuencias.
Ya que lo pones así, me dan unas ganas
tremendas de demostrártelo.
“¿Tanta confianza te tienes? ¡Te pregunto si
de verdad te tienes tanta confianza!”.
Como Hae-seong no respondía, los ojos llorosos
de Pyeong-hwa se contrajeron con frustración. Hae-seong inhaló hondo de forma
inconsciente. Luego, con un rostro pensativo, se frotó la barbilla mirando a la
nada. Tras repasar mentalmente su historial del pasado, miró a Pyeong-hwa con
una seriedad fingida.
Pyeong-hwa lo fulminaba con la mirada, como
diciendo que lo mataría si escuchaba algo que no le gustara, pero Hae-seong no
podía darle una respuesta afirmativa.
La razón era…….
Que, honestamente, no tenía la confianza.
La confianza de hacerlo mal.
“De acuerdo. No tenía intenciones de llegar a
este extremo, pero…”.
Tras chasquear la lengua y morderse el labio
por un segundo, Hae-seong se llevó una mano a la frente y sacudió la cabeza.
“Te lo compensaré diez veces más”.
Hae-seong le habló a Pyeong-hwa con una voz
rebosante de triunfo. El entrecejo de Pyeong-hwa se frunció de inmediato. Sin
importarle lo que el otro estuviera pensando, Hae-seong extendió ambas manos
hacia el frente y las agitó en el aire.
“¿Compensar qué……?”.
“Si no te gusta el sabor, te lo compensaré...
¡no, diez veces más!”.
“¿Sabor……? ¿Qué tiene que ver el sabor en todo
esto?”.
Ante la pregunta de un virgen completamente
puro, Hae-seong bajó las manos y ladeó la cabeza. Volvió a mirar a su
alrededor, contemplando el baño que carecía de la más mínima calidez o
comodidad. Definitivamente, este no era el lugar.
“No es muy adecuado enseñártelo aquí”.
“¿Y en dónde sí sería adecuado enseñármelo?”.
Este mocoso... ¿acaso lo está haciendo a
propósito sabiendo todo? Qué criatura tan astuta.
Le daban ganas de soltar una sarta de
comentarios perversos y lascivos, pero al ver esos dos ojos inocentes y libres
de malicia, Hae-seong forzó una sonrisa amable y dijo con voz suave.
“Hablemos de eso una vez que salgamos de
aquí”.
Primero tenía que salir de este espacio que no
tenía ni una pizca de ambiente. Solo así podría saborearlo, devorarlo o
comérselo entero. Ante ese repentino cambio a un tono dócil y una mirada
cariñosa, Pyeong-hwa frunció el ceño y ladeó la cabeza con desconfianza.
“Pero mis feromonas todavía……”.
Pyeong-hwa titubeó mientras hundía los labios
en su propio hombro para olisquearse. Al ver su mirada dubitativa que se
preguntaba cómo se suponía que iban a salir así, Hae-seong cayó en la cuenta.
Como ya se había adaptado a las feromonas de
Pyeong-hwa y no sentía ninguna pesadez, se le había olvidado por completo.
Aunque se habían aplacado un poco mientras se devoraban las lenguas, el cuerpo
de Pyeong-hwa seguía despidiendo feromonas capaces de alterar a cualquier
omega.
Hae-seong se hundió en sus pensamientos. ¿Cómo
podría sacar a este conejito bebé de forma segura y llevárselo a un hotel? De
pronto, sus ojos brillaron al ocurrírsele una idea brillante. Pyeong-hwa sintió
un escalofrío ante ese gesto y retrocedió un paso.
Sin importarle su reacción, Hae-seong le
dedicó una sonrisa resplandeciente, pura y bondadosa, como nunca antes la había
mostrado.
“Confía en mi”.
***
“¡Den paso! ¡A un lado!”.
La atención de todos se centró en Hae-seong,
quien avanzaba entre la multitud gritando de imprevisto. No era para menos, ya
que llevaba a cuestas a un mocetón que le pasaba por más de 10 centímetros de
altura, mientras agitaba la mano libre con una expresión de máxima urgencia.
Yeon-je, quien esperaba a Pyeong-hwa con
impaciencia, se levantó de golpe. Al darse cuenta de que el que colgaba de la
espalda de Hae-seong era Pyeong-hwa, se acercó a paso apresurado. Sin embargo,
no pudo aproximarse demasiado debido a que Hae-seong agitaba la mano como si
fuera una cuchilla dispuesta a matar a cualquiera que lo tocara.
La multitud se apartó a más de un metro de
distancia, abriéndose paso como el Mar Rojo.
“¡Pyeong-hwa! ¡Resiste un poco más! ¡Solo un
poco!”.
Acomodando a duras penas el cuerpo del otro,
el cual ni siquiera encajaba bien en su espalda, Hae-seong cruzó el salón de
banquetes y finalmente logró salir. Los presentes comenzaron a murmurar entre
sí, preguntándose si de verdad había ocurrido una tragedia.
Sin embargo, justo antes de que las puertas se
cerraran, Yeon-je captó el movimiento de Pyeong-hwa hundiendo aún más el rostro
en el hombro de Hae-seong. Además, notó que la oreja del chico estaba encendida
en un rojo intenso. Ese cambio de color de ninguna manera pertenecía a alguien
que se hubiera desmayado. Más bien parecía que Pyeong-hwa se moría de la vergüenza
y prefería esconderse del mundo.
Al darse cuenta del teatro que estaban armando
Hae-seong y Pyeong-hwa, Yeon-je entornó los ojos con furia.
Fue justo en ese momento de creciente
irritación cuando, por azares del destino, Hae-seong volteó hacia atrás. Al
notar que Yeon-je los miraba fijamente con hostilidad, Hae-seong de repente
empezó a gritar tonterías aún más grandes con total seriedad, exclamando cosas
como: ‘¡Pyeong-hwa, no te mueras!’.
Actuaba tan mal que sus gritos acartonados,
dignos de un robot, ni siquiera daban risa.
De hecho, fue tan vergonzoso que Pyeong-hwa
finalmente dejó caer sus dos piernas al suelo, aplicó fuerza y empujó a
Hae-seong para empezar a caminar por su cuenta. Ya ni siquiera fingía estar
desmayado. Yeon-je se quedó tan estupefacto que ni se le ocurrió detenerlos.
Incluso en ese trayecto, Hae-seong seguía gritando de forma monótona, como si
estuviera leyendo un libro de texto:
“¡Pyeong-hwa! Yo…… ¡Mmpf!”.
Mirando con incredulidad cómo Pyeong-hwa le
tapaba la boca a Hae-seong mientras este se le colgaba de la espalda como si
fuera él quien iba a cuestas, Yeon-je sacudió la cabeza.
“Ese tipo de verdad no es un loco
cualquiera……”.
Al salir, se encontraron con una fila de autos
de lujo estacionados. Al ver a Pyeong-hwa y a Hae-seong, dos choferes se
pusieron de pie de inmediato y corrieron hacia ellos. El chofer de Pyeong-hwa
se puso pálido al ver a su joven amo colgado torpemente de la espalda de
Hae-seong.
“¡Ah…… joven amo……! ¡¿Qué le pasó?!”.
Viendo el alboroto del chofer, Hae-seong subió
a Pyeong-hwa a cuestas con indiferencia. Pyeong-hwa, quien hace un momento
venía caminando perfectamente sobre sus propios pies, volvió a aflojar el
cuerpo por completo. Al parecer sí que sentía vergüenza, ya que enterró el
rostro en la nuca de Hae-seong y le susurró que quería morirse.
Incluso en ese instante, las feromonas de
Pyeong-hwa fluctuaban de forma peligrosa. Hae-seong entornó los ojos,
manteniéndose alerta ante el chofer.
Sin embargo, el chofer se quedó desconcertado
ante su mirada fija, lo que hizo que Hae-seong se tranquilizara. Pensándolo
bien, era obvio que el hombre encargado de transportar a un tipo como este no
sería un alfa ni un omega.
¿Qué pasaría si le hacen algo terrible que lo
ponga a gemir por todos lados?
A pesar de haber cargado al tierno e inocente
joven amo con la firme intención de cometer semejante atrocidad, Hae-seong no
mostró ni un ápice de vergüenza.
¡Después de todo nos vamos a casar!
Con esa cara de total cinismo, Hae-seong se
dirigió hacia el chofer que lo había traído a él.
“¿Eh……? Joven amo, ¡¿a dónde va?!”.
“¡Ese infeliz de Woo Yeon-je... bueno, ese
tipo todavía sigue adentro! ¡Creo que sería mejor que lo lleve a él de
regreso!”.
Le gritó Hae-seong al chofer de Pyeong-hwa.
Luego, le pidió educadamente a su propio chofer que le abriera la puerta
trasera. El desconcertado chofer de Pyeong-hwa se acercó rápidamente y sujetó
al chico del brazo.
Hae-seong se detuvo en seco por la sorpresa,
por poco haciendo que la cabeza de Pyeong-hwa golpeara contra el techo del auto.
Al voltear, vio que el chofer lo miraba fijamente con el rostro tenso.
“Yo me encargaré de llevarlo. ¡Después de
todo, es mi trabajo……!”.
“Ah, ¿le preocupa que el señor Ki-ho lo
regañe? Si es por eso, no se preocupe. Ya tengo todo el permiso”.
Hae-seong, quien no tenía ningún permiso y ni
siquiera se había molestado en llamar, apartó de un tirón la mano del chofer
que sujetaba el brazo de Pyeong-hwa. Sin embargo, el chofer no se dio por
vencido e intentó sujetarlo de nuevo. Fue en ese instante...
Pyeong-hwa, a pesar de estar fingiendo un
desmayo, se movió por su cuenta y apartó sutilmente la mano del chofer.
Mientras el hombre se quedaba estupefacto, Pyeong-hwa bajó la mirada, soltó un
tierno gemido que sonó como ‘Uung……’ y se deslizó ágilmente hacia el asiento
trasero por la puerta abierta.
Se movió tan rápido que fue imposible
atraparlo. Para ser alguien que supuestamente no tenía fuerzas, su fuerza de
voluntad fue sumamente clara. El chofer se quedó mirando fijamente cómo esas
largas piernas se acomodaban a la perfección dentro del vehículo.
Hae-seong despidió al chofer con un tono de
voz fingido, como si lamentara mucho la situación. Por supuesto, su rostro
lucía una enorme sonrisa que delataba que no lo lamentaba en lo más mínimo.
En cuanto Hae-seong subió al auto dejando
atrás al chofer, Pyeong-hwa, que estaba hecho un ovillo, volvió a pegarse a su
hombro. Abrazando el brazo de Hae-seong mientras desprendía un intenso aroma,
Pyeong-hwa se dejó caer sin fuerzas. Frotó su mejilla caliente contra su hombro
y soltó un débil quejido.
Su actuación era tan buena que incluso
Hae-seong, sabiendo que era una farsa, casi se la cree.
¿Será que los que siempre se enferman son
mejores fingiendo estar enfermos?
A pesar de saber que Pyeong-hwa estaba
actuando, Hae-seong le tocó la mejilla encendida.
Aunque estaba un poco tibia, no era para tanto
como para decir que estaba enfermo.
“Ya está bien”.
Hae-seong le dio unos golpecitos en la mejilla
a Pyeong-hwa, dándole la señal de que ya podía dejar de actuar.
“¿Qué va a estar bien? El chofer todavía está
aquí”.
Pyeong-hwa respondió con una voz tan fría que
habría dejado helado al chofer.
Si se supone que te da vergüenza y que todo se
escucha... ¿por qué te lo tomas tan a pecho?
“Uung”.
“Sigue tocándome la mejilla para que no
sospeche. Como si estuviera cuidando a un enfermo”.
“Claaaro”.
Hae-seong quiso ignorarlo, pero al ver a
través del espejo retrovisor al chofer que sudaba frío y le dirigía una mirada
suplicante pidiéndole que cooperara, no le quedó de otra más que ceder. Se
acopló al juego del tierno e inocente joven amo, quien seguía dando su mejor
actuación a pesar de que ya todo el mundo se había dado cuenta, acariciándole
la mejilla y acomodándole el cabello.
“Palmea mi hombro también”.
Le palmeó el hombro y también le acarició el
pecho. Pyeong-hwa, que mantenía los ojos cerrados desinteresadamente, le dio un
manotazo a la mano que le tocaba el firme pecho de forma lasciva. Ante el
severo regaño de Pyeong-hwa, quien le reclamó que eso no era lo que se le hacía
a un enfermo, Hae-seong maldijo para sus adentros preguntándose si la
enfermedad que tenía era una calentura.
“Por cierto, ¿a dónde vamos?”.
Vaya, hasta que se te ocurre preguntar.
Hae-seong miró con preocupación a Pyeong-hwa,
quien parecía estar tan concentrado en su actuación que ni siquiera sabía a
dónde lo llevaban.
¿A este paso no terminará secuestrado por ahí
con total facilidad?
Por supuesto, él no permitiría que algo así
sucediera de ahora en adelante, pero no dejaba de ser una preocupación seria.
“A mi casa”.
“¿A tu casa?”.
Pyeong-hwa, que se había pasado todo el camino
decaído y recostado en el hombro de Hae-seong, levantó la cabeza de golpe. Ante
esa repentina recuperación de Pyeong-hwa, los hombros del chofer se tensaron.
Aunque sabía desde el principio que no estaba
enfermo, si pretendía saberlo sentía que pondría en riesgo su empleo.
Hae-seong, para aligerar la tensión del chofer, volvió a acomodar la cabeza de
Pyeong-hwa sobre su hombro.
Tú solo quédate recostado…….
“¿A dónde más iríamos? Ir a un hotel sería un
poco incómodo”.
Susurró Hae-seong en voz baja.
“¿Por qué? Podríamos ir al hotel de mi tía. No
necesitamos reservación”.
“¿Eh?”.
Por más que lo pienses, entrar despidiendo
feromonas al hotel de un familiar es un poco inapropiado, ¿no crees? Sería como
anunciar a los cuatro vientos que vas a hacer eso de los gemidos.
Aunque de por sí no tenía la mejor reputación,
Hae-seong no quería pasar por un secuestrador, así que sacudió la cabeza.
Pyeong-hwa parpadeó un par de veces sin entender.
“¿Qué? ¿Acaso no quieres ir a mi casa?”.
“No es eso, pero……”.
“Mi casa está bien”.
Por supuesto, comparada con el palacio donde
vivía Pyeong-hwa, su casa tenía el tamaño de un baño, pero era un espacio
bastante decente. Dado que la renta y el mantenimiento eran caros, el edificio
estaba muy bien administrado.
Además, venían a limpiar una vez a la semana,
por lo que el interior se mantenía impecable. La cama también tenía un colchón
de lujo de más de 10 millones de wones…….
“De todos modos……”.
Vamos a tener sexo, ¿crees que te vas a fijar
en los detalles de la casa?
Tras repasar mentalmente varios detalles,
Hae-seong de repente se aceleró y empezó a temblar de la emoción. Con la ropa
que traían puesta bastarían tres segundos para quitársela.
En cuanto lleguemos a casa, lo voy a desvestir
por completo y lo voy a hacer gemir.
Hae-seong encendió su determinación de no
darle tiempo a evaluar su vivienda.
Poco después, el auto se detuvo suavemente en
el estacionamiento del edificio de departamentos de Hae-seong. En cuanto el chofer
estacionó el vehículo cerca de la entrada y abrió la puerta, Hae-seong bajó
primero. Pyeong-hwa esperó pacientemente y solo bajó del auto cuando Hae-seong
le extendió la mano para ayudarlo.
“A mi padre……. No le diga nada, por favor”.
Susurró Pyeong-hwa con un hilo de voz. Al
mismo tiempo, volvió a apoyar su cuerpo contra el hombro de Hae-seong como si
se colgara de él.
Hae-seong soltó una sonrisa incómoda y
despidió al chofer. El hombre, sintiéndose finalmente libre, se limpió las
lágrimas invisibles con los dedos y huyó a toda prisa en el auto.
“¿Por qué no hay que decirle a tu padre?”.
“Tú también querías ocultárselo a mi tía”.
“Ah, ya…”.
Sin embargo, era obvio que el señor Tae Ki-ho
ya estaba enterado de todo. Tae Ki-ho ya había enviado a alguien para vigilar a
Hae-seong y confirmar sus encuentros con Pyeong-hwa antes de realizar los
depósitos. Hae-seong también sabía que el hombre les estaba tomando fotos. Era
una información que Hae-seong había conseguido tras interrogar al sujeto hace
unos días al notar su presencia. El hombre le reportaba a Tae Ki-ho a través
del abogado de Taepyeong.
Asegurándose de que Pyeong-hwa no se diera
cuenta, Hae-seong miró a su alrededor y, al divisar el vehículo familiar,
asintió levemente con la cabeza. Al notar el saludo, el hombre del auto se
sobresaltó y dejó caer la cámara por la prisa. Sintiendo una profunda lástima
por el sujeto que se había puesto pálido, Hae-seong miró de reojo a Pyeong-hwa.
Sin tener la menor idea de lo que ocurría a
sus espaldas, Pyeong-hwa se la pasó contemplando el lugar desde que subieron al
elevador.
No mires a tu alrededor como si fuera la
primera vez que visitas un lugar tan cutre, pedazo de conejito bebé dueño de un
edificio de 90 mil millones de wones.
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“Adelante”.
Al entrar por fin al departamento de
Hae-seong, Pyeong-hwa se quitó los zapatos y se quedó dudando a mitad de
camino. ¿Será que le daba vergüenza? Extrañado, Hae-seong volteó a verlo y
Pyeong-hwa, con los ojos abiertos de par en par, preguntó.
“¿Y las pantuflas?”.
Hae-seong solo sonrió para sus adentros de par
en par.
De todos modos……
Te vas a quedar desnudo. ¡Esas cosas no sirven
para nada!
“No hay”.
“¿No hay?”.
“No……. Bueno, da igual, no hay. No tengo de
eso”.
Incapaz de ser honesto, Hae-seong tomó a
Pyeong-hwa de la mano y lo arrastró hacia adentro. Pyeong-hwa, avanzando a
trompicones como si no pudiera caminar sin pantuflas, miró la sala con
curiosidad.
“¿Quieres un poco de agua?”.
“¿Tienes agua?”.
“¿Acaso crees que ni siquiera tengo agua……?”.
Este mocoso, ¿se está burlando de mí?
Hae-seong, quien por culpa de las pantuflas de
pronto pasó a ser alguien que ni siquiera tenía agua en casa, sacó una botella
de agua purificada del refrigerador y se la extendió a Pyeong-hwa. Sospechando
que no se la tomaría de otra manera, incluso le abrió la tapa él mismo antes de
entregársela, y el chico la aceptó dócilmente y bebió.
Mientras contemplaba a Pyeong-hwa beber agua,
Hae-seong agachó la cabeza. Al inclinar el rostro de imprevisto hacia su nuca
para inhalar su aroma, a Pyeong-hwa se le cayó la botella de agua de las manos.
“¡¿Qué está……?!”.
Chor, chor, chor. El sonido del agua empapando
el tapete se escuchaba de una forma sumamente comprometedora. Sin embargo, a
Hae-seong no le importó en lo absoluto; se quedó mirando fijamente la oreja
encendida de Pyeong-hwa y preguntó con un tono sugerente.
“Me parece que tu aroma se está poniendo
intenso otra vez. ¿De verdad estás bien?”.
“Estoy b-bien……”.
“¿Seguro?”.
Ante su afirmación, Hae-seong hizo el intento
de retroceder, pero Pyeong-hwa lo sujetó del brazo de inmediato.
“…… Bueno, puede que lo esté, o puede que no”.
Con las mejillas totalmente encendidas,
Pyeong-hwa bajó la mirada y respondió con timidez. En ese momento, la vista de
Hae-seong se desvió hacia la entrepierna del chico, donde se notaba una ligera
elevación. Aunque pretendía actuar con indiferencia y recato, el bulto que
sobresalía tenía un volumen que no pasaba desapercibido.
Qué conejito bebé tan pervertido.
Con una risita silenciosa, Hae-seong se pegó
aún más a él, liberando sus feromonas por completo para provocarlo.
Como si hubiera sentido la densidad del
ambiente, Pyeong-hwa inhaló hondo mientras su pecho subía y bajaba de forma
errática. Tras clavar la mirada en Pyeong-hwa, quien se sujetaba el pantalón
sin saber qué hacer, Hae-seong se quitó el saco lentamente.
“Entonces habrá que comprobar si estás bien o
no”.
Mientras se desabrochaba los botones de la
camisa con la mano derecha, Hae-seong usó la izquierda para acariciar el muslo
de Pyeong-hwa hacia arriba. El muslo tenso dio un respingo y se puso rígido. A
diferencia de su rostro angelical, la sensación de sus músculos firmes bajo su
mano hizo que a Hae-seong se le nublara el juicio por completo.
Tragando saliva con dificultad, y aprovechando
que Pyeong-hwa se había quedado congelado, Hae-seong presionó su mano contra
ese bulto y comenzó a frotarlo con fuerza.
“¡Ah!”.
Sorprendido, Pyeong-hwa soltó un gemido
involuntario y de inmediato le sujetó la muñeca a Hae-seong. Ante el estímulo,
las feromonas del chico comenzaron a agitarse inevitablemente. Hae-seong se
dedicó a inhalar ese aroma tan dulce con la nariz y la boca por pura
iniciativa.
La sensación de que su propio trasero
comenzaba a humedecerse no le desagradó en lo absoluto. Pasándose la lengua por
los labios, Hae-seong le dio unas palmaditas cariñosas en la mejilla a
Pyeong-hwa a modo de consuelo y le bajó el cierre del pantalón. Los ojos
oscuros y desconcertados de Pyeong-hwa temblaron sin rumbo fijo.
Sin embargo, la fuerza con la que sujetaba la
muñeca de Hae-seong comenzó a desvanecerse poco a poco. Aprovechando el
momento, Hae-seong le quitó el saco a Pyeong-hwa con rapidez. Pyeong-hwa cedió
los brazos dócilmente y, en cuanto se quedó solo en camisa, soltó un suspiro
profundo como si finalmente pudiera respirar mejor.
Dejando caer su peso contra el respaldo del
sofá, Pyeong-hwa apoyó la cabeza y cerró los ojos con fuerza. En ese instante,
Hae-seong se subió a horcajadas sobre sus muslos y llevó ambas manos hacia la
silueta expuesta del chico.
Fue justo en ese momento.
Bzzz, bzzz——.
El sonido de una vibración comenzó a resonar
desde alguna parte. Pyeong-hwa, cuyo cuerpo se tensó al instante, dio un
respingo y enderezó la espalda. Las respiraciones agitadas y calientes de ambos
se entrelazaron a escasa distancia, casi rozándose.
“No hay nadie que deba llamarme a esta hora”.
Hae-seong estiró el brazo buscando su propio
teléfono, pero el suyo estaba completamente en silencio. Al confirmar que la
vibración no provenía del celular de Hae-seong, la mirada de Pyeong-hwa se
volvió aún más ansiosa.
Tras acariciar la mejilla de Pyeong-hwa para
tranquilizarlo, Hae-seong tomó el saco del chico que había quedado doblado a un
lado.
Como era de esperarse, la vibración provenía
del teléfono de Pyeong-hwa. Al darle la vuelta al celular que estaba boca abajo
para revisar la pantalla, Hae-seong frunció el entrecejo por completo.
Al notar el rostro desencajado de Hae-seong,
Pyeong-hwa parpadeó lentamente y asomó la mirada por encima de su hombro para
ver quién llamaba.
[Yeon-je ♥♥]
Las feromonas de Pyeong-hwa, que hace un
momento flotaban ligeras, se volvieron pesadas como una roca.
Al recordar la existencia de su novio, a quien
había olvidado por completo, el rostro de Pyeong-hwa se ensombreció
rápidamente. Sintiendo la agitación de sus feromonas, Hae-seong se distanció un
poco y lo miró con preocupación.
“Es…… es-espera un momento”.
Incapaz de sostenerle la mirada a Hae-seong,
Pyeong-hwa tomó el teléfono mientras respiraba con dificultad. A Hae-seong le
dio lástima verlo revisar el celular con esos ojos llorosos que hace un momento
lo miraban con tanto deseo.
Claro, debe sentirse mal de estar haciendo
esto conmigo teniendo novio.
Aunque Hae-seong no sentía ningún tipo de
culpa por tener relaciones con un hombre comprometido, podía comprender la
fragilidad mental de Pyeong-hwa. Hae-seong le indicó con un gesto que
respondiera y se alejó un poco más.
Pyeong-hwa lo miró con una expresión que
parecía a punto de romper en llanto por la sorpresa. Soltando un leve suspiro,
Hae-seong terminó presionando el botón de contestar por su cuenta. Y de paso,
activó el altavoz. Su intención era ayudarlo a inventar alguna excusa juntos,
pero...
—¡Oye, Tae Pyeong-hwa!
Los gritos que salieron del altavoz no
presagiaban nada bueno. Pyeong-hwa cerró los ojos con fuerza y una lágrima rodó
por su mejilla. Hae-seong se quedó estupefacto, contemplando el teléfono en
silencio.
—¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡Sabías
perfectamente que me iba a quedar aquí solo, y aun así me dejaste para irte con
ese tipo! ¡¿Dónde carajos estás?! ¡Ven por mí ahora mismo!
Hae-seong se imaginaba que el tipo no sería
una perita en dulce, pero no pensó que fuera tan venenoso. Sin pensarlo, le
arrebató el teléfono de las manos a Pyeong-hwa.
Pyeong-hwa, que parecía haber perdido toda la
excitación de golpe, lo miró con ojos sombríos. Aunque extendió la mano
pidiéndole que le devolviera el celular, no tenía ni una pizca de fuerzas.
Hae-seong entrelazó sus dedos con los de él de forma juguetona y desactivó el
altavoz.
“¿Qué estás haciendo?”.
—Sé perfectamente por qué haces esto, pero
¿crees que ese tipo va a ser diferente? Ya conoces tu problema con las
feromonas. Pyeong-hwa, ¿por qué eres tan estúpido?
El tono de voz, que hace un segundo era puros
gritos y ahora se había vuelto extrañamente suave, resultaba mucho más
escalofriante. Pyeong-hwa intentó acercarse entre sollozos para quitarle el
teléfono, pero Hae-seong lo detuvo con una mirada severa y continuó prestando
atención a la voz.
—¿Qué vas a hacer si ese tipo también termina
con problemas por culpa de tu aroma? Pyeong-hwa, ya te lo dije. Eso de que no
te puedes controlar y terminas lastimando a los omegas no es algo que
cualquiera pueda entender. ¡Solo estás logrando que más gente se entere de tu
secreto! Ya lo viste hace rato, la gente de aquí te……
“Oye”.
Incapaz de seguir escuchando, Hae-seong
finalmente interrumpió. Las sarta de estupideces que Woo Yeon-je venía diciendo
con total naturalidad se cortaron de golpe. Ante el silencio sepulcral que se
formó, Hae-seong soltó una risa irónica antes de hablar.
“¿Qué carajos te pasa?”.
—¿Que qué me pasa? Más bien, ¿qué te pasa a
ti? ¡Sé que te vas a casar con él solo por obligación de su padre, pero no
tienes derecho a llevártelo a la fuerza!
“¿Quién dice que es a la fuerza?”.
—¿Qué?
“Mierda, y yo que me andaba preocupando por ti
por nada”.
Para ser honestos, Hae-seong sí había sentido
algo de lástima al principio. Cuando escuchó que Pyeong-hwa no toleraba las
feromonas de Woo Yeon-je y que este no le servía para controlarse, le pareció
una situación lamentable. Pero ahora, viendo la actitud del tipo, le parecía
que Pyeong-hwa tenía motivos de sobra para alejarse.
“Como acabas de arruinar por completo el
ambiente, considérate hombre muerto la próxima vez que te vea”.
Y no lo decía solo por haber arruinado el
momento, sino porque el comentario anterior de Yeon-je de verdad lo había hecho
enojar. Aunque Woo Yeon-je siguió gritando como loco del otro lado, Hae-seong
se hurgó la oreja con indiferencia y le colgó. Acto seguido, apagó el teléfono
por completo.
Mirando cómo su celular salía volando hacia la
esquina del sofá, Pyeong-hwa se mordió el labio con fuerza. Su corazón latía a
un ritmo desbocado y sentía un zumbido extraño en los oídos. Al notar que su
cuerpo empezaba a reaccionar de forma caótica, Pyeong-hwa se distanció un poco
de Hae-seong.
Pensó que si Hae-seong terminaba vomitando por
su culpa, tal como lo había hecho Yeon-je en el pasado, preferiría morirse. Una
miseria infinitamente mayor a la de aquella vez hizo que las feromonas de
Pyeong-hwa se descontrolaran aún más. Hae-seong se mostró desconcertado ante la
repentina oleada de aroma y volteó a verlo.
Pyeong-hwa se había acurrucado en la esquina
del sofá, abrazando sus propios hombros anchos mientras temblaba incontrolablemente.
Hae-seong había estado tan furioso que ni siquiera se dio cuenta del momento en
que la calidez de Pyeong-hwa se había alejado de él; además, el aroma del chico
que ya inundaba todo el departamento había nublado sus sentidos.
Debido a la forma en que las feromonas se le
pegaban al cuerpo, pensó que Pyeong-hwa seguía a su lado. Jamás se imaginó que
estaría escondido en el rincón luciendo como un perrito empapado por la lluvia.
Poniéndose de pie de un salto, Hae-seong se acercó a él.
Primero que nada, tenía que calmar las
feromonas de Pyeong-hwa. A este nivel, ni él mismo estaba a salvo. Sabiendo que
ya sentía un cosquilleo en el bajo vientre, una opresión en su miembro y el
trasero completamente húmeda, no sería raro que su celo estallara en cualquier
momento.
¿Y en una situación así se suponía que debían
dejarlo todo y terminar? Jamás. En el diccionario de Hae-seong no existía la
opción de darse por vencido tras haber tocado un pene de ese tamaño. ¿Quién
sabía cuándo volvería a tener una oportunidad así?
“Pyeong-hwa, ven aquí”.
“No quiero……”.
¡¿Qué no quieres?! ¡Si tú también la tienes
bien dura!
A pesar de estar al borde de las lágrimas, la
entrepierna de Pyeong-hwa lucía un bulto mucho más pronunciado que hace un
momento.
Hae-seong se sopló la cara caliente con el
dorso de la mano y se aproximó. Al quedarse sin escapatoria, Pyeong-hwa
finalmente terminó atrapado entre las manos de Hae-seong, dejando caer gruesas
lágrimas.
“¿Por qué lloras?”.
¿Acaso ya te diste cuenta de que, de una forma
u otra, este hyung te va a devorar entero?
Hae-seong lo miró con una expresión cargada de
deseo y devoción.
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Incluso las lágrimas que Hae-seong le limpió
con los dedos estaban impregnadas con el aroma de sus feromonas. Sin darse
cuenta, Hae-seong se llevó los dedos húmedos a la boca y los chupó con fuerza.
Espantado por la acción, Pyeong-hwa enderezó
la espalda de golpe y le arrebató la mano.
“¡¿Por qué te comes eso?!”.
“Porque sabe rico”.
“…… Estás demente”.
“Sí. Tu aroma me está volviendo loco”.
El tono de voz de Hae-seong se volvió un tanto
torpe por la excitación. Sujetando firmemente a un Pyeong-hwa que intentaba
dudar, se subió de nuevo a horcajadas sobre sus muslos. No tenía cabeza para
moverse a la cama; le aterraba la idea de que Pyeong-hwa pudiera salir huyendo
si lo soltaba. Hae-seong deslizó la mano por la abertura del cierre que había
dejado a medias hace un momento.
“¡Ah……!”.
Ante el repentino contacto directo con su
pene, el cuerpo de Pyeong-hwa se tensó por completo. Sus pupilas, humedecidas y
cristalinas, temblaron con fuerza. Hae-seong le sostuvo la mirada fija en esos
ojos limpios que reflejaban su propia imagen y le bajó los pantalones de un
tirón.
Antes de que Pyeong-hwa pudiera reaccionar,
Hae-seong levantó un poco el cuerpo y volvió a sentarse. Estirando el brazo
hacia atrás, terminó de jalar el pantalón que había quedado torpemente atorado
en las rodillas del chico hasta dejárselo en los tobillos.
Al verse repentinamente en camisa y ropa
interior, Pyeong-hwa volteó el rostro bruscamente. Al ver su oreja encendida
mientras mantenía los ojos cerrados, a Hae-seong le pareció una delicia.
Abriendo la boca de par en par, Hae-seong
soltó un sonido exagerado y le mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja.
Asustado, Pyeong-hwa se cubrió la oreja con la
mano y retrocedió un buen tramo. Cubriéndose los ojos con la mano, Hae-seong
soltó una risa traviesa y sincera que no pudo ocultar. Pyeong-hwa lo miró con
el entrecejo fruncido, sintiéndose profundamente agraviado.
Sintiéndose mucho más animado que cuando
estaban en el baño, Hae-seong se abalanzó sobre él. Presionó sus labios contra
los del chico obligándolo a abrir la boca para devorarlo. Aunque Pyeong-hwa
intentó empujarlo un poco al principio, pronto cedió dócilmente, abriendo la
boca para recibir su lengua.
Acomodando las rodillas entre los muslos de
Pyeong-hwa, Hae-seong se desabrochó y bajó sus propios pantalones. Incluso
cuando sus labios se separaban por un breve segundo debido al movimiento,
Pyeong-hwa lo seguía con la boca abierta como un pajarito buscando alimento.
Tras quitarse la camisa y quedarse únicamente
en ropa interior, Hae-seong recostó a Pyeong-hwa en el sofá y se posicionó
sobre él. El sonido de sus respiraciones entrecortadas por el esfuerzo de
seguirle el ritmo a sus besos posesivos resonó con eco en la habitación
impregnada de humedad.
De forma inconsciente, Pyeong-hwa liberaba
feromonas a montones, y Hae-seong se encargaba de mezclar las suyas a
propósito. Mientras absorbía cada gota del aroma que desprendía Pyeong-hwa,
comenzó a frotar su miembro, el cual se sentía a punto de estallar desde hace
rato contra el del chico de forma sugerente.
“Haah, Pyeong-hwa. Flexiona las rodillas”.
“¿Eh……?”.
“Espera, así”.
En cuanto Hae-seong le jaló un muslo para que
levantara la pierna, Pyeong-hwa imitó el movimiento con la otra. Pegando su
trasero húmedo contra los muslos de Pyeong-hwa y levantando un poco la cintura,
Hae-seong comenzó a frotar sus entrepiernas con firmeza. Para ese momento, la
tela de sus prendas interiores ya mostraba manchas de humedad.
“Pyeong-hwa, dame tus manos”.
Las manos del chico, que habían estado
sujetando la tela del sofá como si quisieran despedazarla, se dirigieron
dubitativas hacia Hae-seong. Tras tomar esas enormes manos y colocárselas en su
propia cintura, Hae-seong echó el peso hacia atrás y comenzó a mover las
caderas.
El roce entre su trasero húmedo y los muslos
firmes de Pyeong-hwa hizo que comenzara a brotar una cantidad aún mayor de
flujo lubricante. La parte delantera de Hae-seong también desprendía líquido
preseminal, haciendo que la tela interior se le pegara por completo a la piel.
La situación de la prenda de Pyeong-hwa no era
muy diferente. Bajando la mirada, Hae-seong estiró el resorte de la ropa
interior del chico y se mordió el labio al ver el gran glande que quedaba al
descubierto
No me puedo reír. Mierda, si me río justo
ahora, voy a arruinar por completo este ambiente que tanto me costó conseguir.
No hacía falta desvestirlo para confirmar las
dimensiones. La silueta que comenzaba a inflarse y a marcarse a través de la
tela era fuera de lo común.
El hecho de que su miembro erecto creciera
tanto que la ropa interior ya no pudiera contenerlo y terminara asomándose por
completo fue una excelente noticia para Hae-seong.
A propósito, Hae-seong frotó la parte húmeda
de su propia prenda contra el glande expuesto de Pyeong-hwa para aumentar la
estimulación. En cuanto esa superficie húmeda entró en contacto con su pene, el
cual jamás había tocado nada similar en el pasado, Pyeong-hwa dio un respingo y
comenzó a mover las caderas.
“Ah…… mierda. Qué rico”.
Pyeong-hwa, quien por un instante se había
encogido pensando que había cometido un error, se quedó contemplando fijamente
a Hae-seong, quien lo miraba desde arriba con un rostro rebosante de placer.
¿Dijo... que se siente rico?
“Pyeong-hwa, haah, levanta un poco más la
cintura……. Ah, olvídalo, mejor siéntate”.
Sujetando a Pyeong-hwa por los hombros,
Hae-seong ejerció presión de miembro a miembro para obligarlo a incorporarse.
Aunque no sabía qué hacer ante la constante estimulación, Pyeong-hwa obedeció
dócilmente y abrazó a Hae-seong de la cintura cuando sintió que este estaba a
punto de irse de espaldas.
“Buen chico”.
Elogiando a Pyeong-hwa por haber soportado su
peso con tanta facilidad, Hae-seong le succionó el lóbulo de la oreja. Sin
poder soltar ni un solo grito, Pyeong-hwa se estremeció por completo y enterró
el rostro en el pecho de Hae-seong. Soltando una risita, Hae-seong le rodeó el
cuello con los brazos y le envolvió la cintura con las piernas.
“Ahora, levántate2.
“¿Qué?”.
“Sujeta mi trasero con este brazo y levántate
así como estás, ¿sí?”.
Hae-seong deslizó la mano de Pyeong-hwa, que
rodeaba su cintura, un poco más abajo. El antebrazo de Pyeong-hwa entró en
contacto directo y evidente con el trasero completamente empapado de Hae-seong.
Mordiéndose el labio con fuerza, Pyeong-hwa lo miró buscando aprobación.
“¿Quieres que te muerda otra vez?”.
Lo amenazó Hae-seong fingiendo que iba a
morderle la oreja al verlo dudar. Asustado, Pyeong-hwa se puso de pie de un
salto mientras lo cargaba en brazos. Hae-seong apoyó la mejilla en su hombro
ancho, le rodeó el cuello y soltó una risita.
“Vaya, el aire aquí arriba se siente genial”.
“Ni que fuera tanta la diferencia de
altura……”.
“Aun así, mocoso, lo bueno es bueno. Bien,
ahora muévete hacia allá”.
Rozando sus labios contra el hombro de
Pyeong-hwa, Hae-seong apuntó hacia la habitación. Al notar que el chico lo
miraba con sospecha, Hae-seong le sostuvo la mirada astuta y le dio unos
golpecitos en las nalgas con los talones. Como si fuera un caballo de carreras
al que acaban de dar un azote, Pyeong-hwa aceleró el paso y avanzó con firmeza
hacia la dirección indicada.
El lugar al que Hae-seong apuntaba era la
habitación. Al descubrir la enorme cama que se encontraba solitaria en la
habitación, Pyeong-hwa abrió los ojos de par en par y miró a Hae-seong hacia
arriba. En ese instante, Hae-seong echó su peso hacia atrás.
“¡Ah……!”.
Los cuerpos de ambos se desplomaron sobre el
colchón como si se tratara de una caída libre. Pyeong-hwa terminó tendido en la
cama, quedando completamente debajo de Hae-seong.
“¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Qué pasaría si te
lastimas?!”.
“¿Tienes idea de cuánto costó esta cama? Jamás
pasaría algo así”.
“…… Lo dices como si tuvieras mucha
experiencia en esto”.
Pyeong-hwa se quejó por puro hábito. Hae-seong
lo miró hacia abajo con incredulidad ante su mirada recelosa.
“¿Cuál experiencia? Esta es la primera vez que
traigo a alguien a mi casa”.
“Mentiroso”.
“Te lo juro. Lo juro por tu pene”.
“…… ¿Por qué tienes que jurar por lo mío?…….
¿Quién hace un juramento de esa manera?”.
“Al fin y al cabo, legalmente esto ya va a ser
mío. Así que tengo todo el derecho de jurar por ello. Si tanto te corroe la
injusticia, jura tú también por mi pene”.
Con un grito cargado de triunfo, Hae-seong
levantó las caderas, se incorporó y le bajó la ropa interior a Pyeong-hwa de un
solo tirón. Pyeong-hwa estiró la mano a toda prisa para intentar retener la
prenda, que cedió con facilidad gracias a su buena elasticidad, pero Hae-seong
fue muchísimo más rápido. Sin darle tiempo ni de soltar un quejido, lo despojó
de la ropa interior y, con un rostro rebosante de orgullo, se sentó a
horcajadas sobre sus muslos.
Y entonces, en el preciso instante en que sus
ojos confirmaron la anatomía de Pyeong-hwa, la cual había estado esperando con
tantas ansias...
“Guao……. Joder……”.
“¡N-no lo mires!”.
Hae-seong se cubrió la boca que se le abría de
par en par con ambas manos mientras sus ojos centelleaban. Con una expresión de
absoluto júbilo, como si acabara de descubrir un diamante, apartó de un
manotazo la mano de Pyeong-hwa, que intentaba cubrirse la entrepierna.
Tras recibir el golpe en el dorso de la mano,
Pyeong-hwa intentó encoger la cintura hacia atrás con los ojos llorosos, pero
Hae-seong le impidió por completo hacer cualquier movimiento. Los ojos
brillantes de Hae-seong capturaron con una profunda emoción el pene de
Pyeong-hwa, que resplandecía con una blancura aún más intensa, o más bien sus
alrededores, no, la totalidad de esa zona en su máximo esplendor.
“Pyeong-hwa…”.
¿Tú……? eras un ‘lampiño’ total?
Como si estuviera bajo un hechizo, la mano de
Hae-seong descendió hasta la entrepierna de Pyeong-hwa, una zona completamente
lisa donde no se apreciaba ni el más mínimo rastro de vello.
“¿D-dónde está...?”.
Las palabras ni siquiera le salían bien ante
la duda de dónde se encontraba lo que se suponía que debía estar allí. ¿Cómo
era posible que hasta su miembro fuera tan jodidamente hermoso y perfecto como
su rostro? Hae-seong inclinó la cabeza, temblando visiblemente.
“¿No te ha crecido nada? ¿No tienes?”.
“…… ¿Qué tiene de malo? Si no tengo…… qué más
da”.
“N-no, para nada”.
Decir que le parecía una maravilla absoluta
era quedarse corto. Ante la mirada lasciva y fija de Hae-seong, el cuerpo de Pyeong-hwa
comenzó a teñirse de un rojo intenso. Como era de esperarse, su miembro también
se pintó de un hermoso tono rosado, un espectáculo tan sublime que Hae-seong no
pudo evitar contemplarlo con profunda admiración.
Hae-seong inclinó aún más el torso, acercando
el rostro al miembro de Pyeong-hwa. Ante sus ojos desorbitados, la piel
sumamente lisa y tersa destilaba un brillo sutil. En ese preciso momento, una
gota de líquido preseminal se deslizó con un leve ‘clack’ desde la punta del
glande de Pyeong-hwa, resbalando por la reluciente superficie.
Estuvo a nada de lamerlo por puro instinto,
pero Hae-seong se cubrió la boca con ambas manos a toda prisa y miró a
Pyeong-hwa hacia arriba. Pyeong-hwa, que ocultaba su rostro encendido al borde
del colapso detrás de su propio antebrazo, se mordía los labios mientras
temblaba incontrolablemente.
Completamente absorto y en una especie de
trance, Hae-seong deslizó la palma de la mano sobre esa entrepierna tersa. En
la punta de sus dedos sintió la acumulación del líquido preseminal. Al frotarlo
suavemente, una intensa corriente de excitación que le erizó la piel hizo que
Hae-seong volviera a inclinar la cabeza.
“Deje de…… mirar ya…”.
Incapaz de soportarlo, Pyeong-hwa enderezó un
poco el torso y empujó la cabeza de Hae-seong, que seguía pegada a su
entrepierna. Sin embargo, Hae-seong no cedió terreno tan fácilmente; sujetó
firmemente la muñeca que reposaba sobre su cabeza y exclamó.
“¡Pyeong-hwa, tienes vello de bebé……. Tienes
vello muy fino!”.
Pyeong-hwa lo miró hacia abajo con el rostro
completamente pálido, como si le hubieran arrojado un balde de agua fría.
Hae-seong estaba tan concentrado en palpar la piel tersa de la entrepierna de
Pyeong-hwa que ni siquiera se percató de la mirada del chico.
“Joder……, ¿esto es real?”.
Había escuchado bromas sobre el ‘vello de
bebé’, pero jamás imaginó que alguien pudiera conservar un vello tan fino y
angelical en esa zona. Además, el pene erecto que se extendía desde su bajo
vientre blanquecino lucía un hermoso color rosa. Era un tono que jamás había
visto en toda su vida, tan delicado como la leche de fresa. El glande, que se
había tornado ligeramente más oscuro que el cuerpo debido a la acumulación de
sangre, era una obra de arte. Ni fabricando un dildo a medida se podría replicar
tal perfección.
Dado que era la primera vez que veía un
miembro de este calibre en un adulto, Hae-seong no dejaba de maravillarse. No
cabía la menor duda: era el pene de un virgen.
Tenía todo el sentido del mundo que jamás
hubiera sido utilizada. De no ser el caso, definitivamente se trataba de un
obsequio divino.
Las dimensiones, tanto en longitud como en
grosor, superaban cualquier expectativa. El miembro, con una ligera curvatura
hacia la izquierda, era tan perfecto que merecía un molde de yeso para ser
conservado como el mayor orgullo de la familia Tae. Y por encima de todo, la
rigidez inquebrantable que mantenía en una situación como esta era algo
indescriptible.
Hae-seong le aplaudió internamente a Tae
Ki-ho, quien solía jactarse de la hombría de su hijo. Un hombre que había
engendrado a un espécimen tan valioso tenía el pase asegurado al cielo, sin
importar qué clase de bajezas cometiera en su vida diaria.
Incapaz de contener el impulso, Hae-seong
sujetó el pene de Pyeong-hwa con ambas manos de un solo golpe. Al ver cómo esas
manos hermosas de dedos largos y estilizados apresaban su miembro sin la menor
delicadeza, Pyeong-hwa echó la cabeza hacia atrás.
“¡Ah, Hmph!”.
Hae-seong se abrió paso entre las piernas de
Pyeong-hwa, quien temblaba sin saber cómo reaccionar.
Con la espalda apenas apoyada en la almohada,
Pyeong-hwa contempló con una mirada desolada su propio miembro, el cual era
profanado por manos ajenas por primera vez en su vida.
Aún le costaba dar crédito a la escena: ese
rostro hermoso que lo miraba con ojos centelleantes mientras le balanceaba el
miembro con destreza.
“Haah……, ya basta……. Ah, ¡ Hmph, esta sucio!”.
“¿Sucio? ¿Esto?”.
Bajo la influencia de sus feromonas
entrelazadas, Hae-seong usó el abundante líquido preseminal a modo de lubricante
para seguir agitando el miembro de Pyeong-hwa, soltando una risa irónica ante
su comentario.
Era una respuesta tan propia de un virgen que
resultaba ridícula. Si el chico hubiera visto el pene de cualquier otro hombre
al menos una vez en su vida, jamás se le ocurriría catalogar esta obra de arte
como algo sucio.
Con un rostro cargado de picardía, Hae-seong
incrementó la velocidad y la fuerza del estímulo sobre la reluciente anatomía
de Pyeong-hwa. El eco húmedo y obsceno de los fluidos comenzó a resonar por
toda la habitación.
Pyeong-hwa era incapaz de mantener la cordura
ante una ola de placer tan abrumadora e inédita. Su cintura se elevaba por
cuenta propia, su bajo vientre se tensaba al máximo y la cabeza le daba
vueltas. La piel expuesta de Hae-seong acaparaba su atención de forma
constante, haciendo que se le hiciera agua la boca.
Un impulso desconocido y un deseo a punto de
estallar sacudieron el pecho de Pyeong-hwa, estimulando sus instintos más
primitivos. Al contener a duras penas las ganas desesperadas de tocar a
Hae-seong, sus ojos se inundaron de lágrimas.
El molesto dolor de cabeza que lo había estado
atormentando desapareció por completo en un abrir y cerrar de ojos.
Ni siquiera supo en qué momento ocurrió.
Pyeong-hwa desconoció sus propias feromonas, las cuales se agitaban de forma
evidente. Supuestamente debía resultarle pesado, aterrador y doloroso, tal como
había sido siempre...
Sin embargo, ahora que se mezclaban con las de
Hae-seong, la sensación era sumamente dulce, grata, idílica y excitante; le
parecía una maravilla absoluta.
La idea de querer lamer el cuerpo del otro
cruzó por la mente de Pyeong-hwa en un instante. Espantado por albergar un
pensamiento tan salvaje por primera vez en su vida, se limitó a aferrarse con
fuerza a las sábanas mientras temblaba.
Si no mantenía un control estricto sobre su
conciencia, sentía que terminaría profanando a su antojo a este omega que lucía
como un hada ante sus ojos.
Eso era el comportamiento de una bestia. Una
atrocidad que un ser defectuoso como él jamás debería cometer contra una
criatura perfecta. Con una mirada cargada de melancolía, Pyeong-hwa contempló a
Hae-seong, quien parecía un demente concentrado exclusivamente en su miembro.
A Hae-seong le importaba un comino la
agitación interna de Pyeong-hwa; toda su atención estaba volcada en el
movimiento de sus manos. Estaba al borde de la locura por presenciar el momento
de la eyaculación.
Con un pene tan hermoso, estaba seguro de que
incluso sería capaz de metérselo a la boca……. Hae-seong miró de reojo a
Pyeong-hwa, quien lucía a punto de perder el conocimiento.
Si se la metía a la boca justo ahora, sentía
que Pyeong-hwa colapsaría antes de que pudiera concretar cualquier acción. Su
pobre e indefensa mimosa…….
Pasándose la lengua por los labios con
insatisfacción, Hae-seong acarició la entrepierna lisa de Pyeong-hwa a modo de
consuelo y se despojó de su propia ropa interior de un tirón.
En el instante en que Hae-seong quedó
completamente desnudo, el cuerpo de Pyeong-hwa se petrificó.
Hae-seong contempló con absoluto éxtasis cómo
el miembro divino frente a sus ojos incrementaba aún más su volumen. Sentía
unas ganas locas de albergarlo en su interior y moverse sin frenos. Era la
primera vez en toda su vida que Hae-seong experimentaba un deseo tan voraz por
el miembro de un alfa.
En el pasado, sus encuentros íntimos siempre
se habían dado de forma casual, ya fuera para sobrellevar de manera práctica
sus ciclos de celo o como el desarrollo natural de una relación con algún alfa,
jamás había anhelado a alguien con tanta desesperación.
Aunque no lo decía en serio, Hae-seong sentía
que, con la euforia del momento, sería capaz de devolver hasta el último
centavo del dinero que había recibido.
Con las mejillas tan encendidas como si le
hubieran propinado mil bofetadas, Hae-seong se subió nuevamente a horcajadas
sobre los muslos de Pyeong-hwa. Sentía que podría llegar al clímax con el
simple contacto de esos músculos firmes y marcados. Acomodando las piernas
abiertas de Pyeong-hwa de forma ordenada, se posicionó firmemente en medio.
“¿Qué…… qué vas a hacer? Espera un momento”.
A estas alturas, la incertidumbre de no saber
cuál sería el siguiente movimiento de Hae-seong le infundía un temor aún mayor.
Pyeong-hwa ni siquiera se atrevía a mirar el miembro del omega. Desviando la
mirada con torpeza hacia la barbilla o la línea de los hombros de Hae-seong,
intentó empujarlo del pecho.
“Uhh, Hmph … ah…”.
Sin embargo, Hae-seong comenzó a frotar sus
propios pezones directamente contra las palmas de las manos de Pyeong-hwa, que
intentaban apartarlo. Pyeong-hwa se quedó completamente helado ante el gesto.
Incapaz de dar crédito a la sensación rígida y
circular que percibía en sus palmas, se limitó a parpadear con rapidez con la
mirada perdida. Aprovechando su desconcierto, Hae-seong le sujetó las manos con
firmeza y las presionó aún más contra su pecho para intensificar el estímulo.
Acto seguido, usó una sola mano para
aprisionar tanto su miembro erecto como el de Pyeong-hwa, entrelazándolos.
Pyeong-hwa, incapaz de emitir sonido alguno, arqueó la cintura sin saber qué
hacer. Sus feromonas, estimuladas por el repentino impacto, comenzaron a brotar
como una cascada.
“Haah…, es difícil, ¿verdad? Yo, Hmph, me encargaré de todo, … ah. Solo quédate quieto…”.
“Ah, eso… Espera, se siente muy extraño. …
¡Ah, ya basta……!”.
Tras liberar sus palmas de los pezones que lo
asediaban, las manos de Pyeong-hwa entraron en contacto con la mano de
Hae-seong que aprisionaba ambos miembros.
Pyeong-hwa intentó escapar del placer
apartando uno a uno los dedos de Hae-seong, los cuales se rehusaban a soltarlo.
Sin embargo, Hae-seong revirtió la situación entrelazando sus propios dedos con
los del chico, obligándolo a mantener el agarre.
Al verse forzado a sujetar y agitar su propio
miembro junto al de Hae-seong en un mismo puño, Pyeong-hwa finalmente rompió en
llanto.
¡Sentía que de verdad iba a morir si esto
continuaba! Con una mirada cargada de temor, excitación y una profunda
frustración, Pyeong-hwa clavó sus ojos en Hae-seong.
La comisura de sus ojos fijos lucía una
agresividad inédita. Hae-seong, que venía utilizando el miembro del chico a
modo de juguete, levantó la cabeza al notar esa mirada tan severa.
Esas dos pupilas encendidas representaban un
peligro inminente. Su aspecto era tan hermoso y sensual que Hae-seong percibió
el riesgo por puro instinto. Evitando sostenerle la mirada, Pyeong-hwa cerró
los ojos con fuerza. Las lágrimas contenidas rodaron por sus mejillas.
En ese instante, la lengua de Hae-seong entró
en contacto con la mejilla de Pyeong-hwa. Comenzó a succionar las lágrimas como
si se tratara de agua extraída de un oasis en el desierto.
Espantado por la acción, Pyeong-hwa abrió los
ojos de par en par y volvió a clavarle la mirada. En cuanto sus ojos se
cruzaron, Hae-seong le estampó los labios.
A partir de ese momento, todo se convirtió en
un auténtico delirio. Hae-seong devoró y exploró a su antojo el interior de la
boca de Pyeong-hwa, quien se había quedado congelado por la sorpresa.
Entrelazando sus feromonas con total
intensidad con las del chico, comenzó a mover las caderas. Al mismo tiempo,
posicionó la mano de Pyeong-hwa debajo de la suya y agitó sin frenos ambos
miembros acoplados.
Chack, chack. El eco de los fluidos obscenos
salpicaba por doquier. Pyeong-hwa, cuya lengua era succionada sin piedad,
terminó cediendo el torso hacia atrás por completo.
Aprovechando que el chico había quedado
tendido, Hae-seong se posicionó totalmente sobre él, aplastando el miembro de
Pyeong-hwa con el suyo. Aquel pene blanquecino y hermoso, libre de cualquier
rastro de uso previo, resplandecía bajo los fluidos.
Cada vez que frotaba su miembro rojizo sobre
el de Pyeong-hwa a modo de profanación, una oleada de absoluto éxtasis le
recorría el cuerpo hasta la coronilla.
Pyeong-hwa se cubrió la boca con la mano para
contener los gemidos obscenos que brotaban de su garganta en contra de su
voluntad. Sin embargo, al sentir la humedad extrema, sin saber si era su propio
fluido o el de Hae-seong, apartó la mano de inmediato.
“¡Ah!”.
Hae-seong realizó un largo recorrido con su
miembro desde el glande de Pyeong-hwa, pasando por el cuerpo, hasta llegar al
escroto. Ante semejante estímulo, el cuerpo de Pyeong-hwa dio un respingo,
tensándose mientras su cintura se elevaba sutilmente. Debido al movimiento, el
miembro de Hae-seong rozó las marcadas venas de Pyeong-hwa. Desde la punta del
glande del chico, que palpitaba sin control, comenzaron a brotar los primeros
chorros de un fluido blanquecino y espeso.
La eyaculación abundante y pesada demostraba
que se trataba del fruto de haber experimentado el verdadero placer por primera
vez en su vida. Hae-seong contempló con asombro cómo el semen se acumulaba
sobre la entrepierna lisa de Pyeong-hwa.
“Ah……, no. No lo mires……. Ah, por favor”.
Pyeong-hwa lloraba mientras llegaba al clímax.
Gruesas lágrimas caían de sus ojos mientras su miembro continuaba expulsando
fluidos sin parar. Cada vez que las venas que sobresalían a lo largo de su
anatomía daban un respingo, una oleada de semen blanquecino brotaba con fuerza.
Tras quedarse ensimismado por unos instantes
ante semejante espectáculo, Hae-seong no dejó pasar la oportunidad; frotó su
propio miembro sobre los fluidos y, a toda prisa, introdujo sus dedos en su
propio agujero.
Pyeong-hwa estaba tan sumido en su llanto que
ni siquiera se percató de que el omega estaba preparando su entrada. Solo
sentía una profunda angustia de ver cómo su semen ensuciaba constantemente el
miembro de Hae-seong, lo que lo hacía llorar aún más.
Hae-seong expandió con los dedos su entrada,
la cual ya se encontraba sumamente blanda y humedecida.
Le urgía concretar la acción, pues temía que
Pyeong-hwa pudiera desmayarse en cualquier momento. Humedeciéndose los labios
con la lengua, introdujo sus dedos profundamente en su interior, agitándolos de
tal manera que el eco de la humedad se hizo notar.
Debido a la intensidad del placer, su torso se
inclinó hacia el frente de forma natural. Al apoyar la frente contra el pecho
de Pyeong-hwa, los ojos de Hae-seong se abrieron de par en par al capturar en
su campo visual un pezón rosado y circular. Le pareció que destilaba un
auténtico destello divino.
A estas alturas, Hae-seong sintió una profunda
lástima por Woo Yeon-je. Le parecía lamentable la debilidad de un tipo que no
había sido capaz de devorar un cuerpo tan perfecto. Al recordar de imprevisto
la actitud soberbia que Yeon-je había mostrado hace rato, Hae-seong perdió los
estribos por completo y le propinó un mordisco al pezón de Pyeong-hwa.
“¡Ah!”.
Pyeong-hwa, quien de por sí ya estaba fuera de
sí tras haber esparcido sus fluidos por doquier, dio un respingo violento e
intentó apartar a Hae-seong de un empujón. Sin embargo, Hae-seong no estaba
dispuesto a ceder; retiró los dos dedos de su entrada con un sonido seco y
volvió a apresar el pene de Pyeong-hwa.
Sujetó el miembro con firmeza para impedir que
Pyeong-hwa escapara y lo alineó con su propio agujero. Acto seguido, cubrió los
ojos de Pyeong-hwa con la palma de la mano a toda prisa. Quería evitar que el
chico sufriera un colapso ante el exceso de estímulos visuales.
A pesar de sus esfuerzos, Pyeong-hwa terminó
perdiendo el conocimiento poco después. En el instante en que la punta del
miembro fue succionada y se hundió por completo en la entrada de Hae-seong,
Pyeong-hwa lo descubrió por mero instinto.
Pudo apreciar la entrada de Hae-seong
devorando su miembro con avidez. Vio el rostro de absoluto éxtasis del omega,
quien lejos de sentir dolor, lucía dichoso de la vida a pesar de haber
albergado la totalidad de su pene de un solo golpe.
“¡Ah, Hmph!”.
En el preciso instante en que Hae-seong
soltaba un gemido colmado de satisfacción, Pyeong-hwa derramó una última y
desbordante oleada de semen en su interior antes de desmayarse por completo.
La sensación de la entrada aprisionando su
miembro con una fuerza descomunal, como si quisiera arrancárselo al momento de
la eyaculación, era algo que Pyeong-hwa no podía soportar en su sano juicio.
“…… ¿Pyeong-hwa?”.
Hae-seong contempló con incredulidad a
Pyeong-hwa, quien se había desmayado por completo tras haber eyaculado a su
antojo apenas introdujo el miembro.
Le propinó unas ligeras bofetadas en la
mejilla al chico, quien dormía con un rostro desolado, como si hubiera perdido
su nación o su propia vida.
Pyeong-hwa no abrió los ojos ni siquiera tras
recibir cuatro bofetadas. Lo verdaderamente sorprendente era que, a pesar de la
situación, el miembro en el interior de Hae-seong mantenía su erección intacta.
Resultaba difícil de creer que ya hubiera eyaculado. Hae-seong lo meditó por un
instante.
¿Y si continúo dándole rienda suelta hasta
quedar completamente satisfecho?
Por mero capricho, contrajo los músculos de su
entrada con fuerza, lo que provocó que la cintura de Pyeong-hwa diera un brinco
como respuesta.
Mira que reaccionar al estímulo estando
inconsciente…….
Hae-seong se incorporó soltando un breve
suspiro.
“Uhh, Hmph …”.
Habiéndolo albergado aunque fuera por un breve
momento, su entrada, que se había expandido ante las impresionantes dimensiones
y la rigidez del miembro, palpitaba exigiendo una continuación.
Hae-seong contempló con pesar al responsable
que debía saciar ese deseo. De haber sido cualquier otra persona, habría
continuado sin dudarlo.
Sin embargo, su conciencia le remordía al
tratarse de un virgen al que estaría profanando a su antojo. Después de todo
era su primera vez, lo correcto era que lo disfrutara estando consciente.
Hae-seong se sentó a un lado y comenzó a
masajear la cintura firme de Pyeong-hwa.
Su cuerpo era verdaderamente espectacular. Un
cuerpo tan firme y bien estructurado contrastaba drásticamente con su rostro
angelical, haciendo difícil creer que perteneciera a un joven amo que colapsaba
con tanta facilidad.
¿Será algo de nacimiento?
Hae-seong se pasó la lengua por los labios
mientras continuaba palpando al chico aquí y allá, sin importarle si despertaba
o no.
Cuando su mirada volvió a posarse en el
miembro en cuestión, Hae-seong se vio invadido por un deseo insólito y terminó
cometiendo una acción que se suponía que no debía hacer.
Al día siguiente, Pyeong-hwa abrió los ojos a
las 6:00 a. m., pero volvió a quedarse profundamente dormido hasta las 9:00 a.
m., hora en que Hae-seong finalmente despertó.
En medio del amanecer cubierto por una luz
tenue, lo primero que descubrió Pyeong-hwa fue la desnudez de Hae-seong. Y, al
mismo tiempo, su propio cuerpo desprovisto de ropa. Además, la posición de
ambos revelaba que cada centímetro de piel, desde los muslos hasta el trasero,
se encontraba en contacto directo.
“…… Qué…… significa esto”.
Su propio miembro se encontraba albergado y
latiendo en el interior del cuerpo de Hae-seong. Tras quedarse congelado por
unos instantes ante semejante espectáculo, Pyeong-hwa comenzó a retroceder el
cuerpo con cautela. Al hacerlo, el miembro erecto, que parecía no haber perdido
fuerza en ningún momento, comenzó a deslizarse hacia afuera del cuerpo de
Hae-seong poco a poco.
Su mente se quedó completamente en blanco. Al
retirar el miembro por completo mientras temblaba, se escuchó un extraño sonido
húmedo, como un ¡pock! Pyeong-hwa se cubrió la boca para contener un grito por
temor a despertar a Hae-seong, alternando la mirada entre su propio miembro y
la entrada del omega.
Su pene lucía un rojo encendido, como si lo
hubieran sumergido en lava ardiente y la hubieran retirado al instante.
La entrada de Hae-seong permanecía abierta,
como si alguien hubiera trazado un camino en ella, expandiéndose de forma sutil
tal como un pez al respirar. Ante semejante panorama, Pyeong-hwa apenas pudo
mover los labios antes de volver a desplomarse sobre la cama.
***
Justo después de que Hae-seong abrió los ojos,
Pyeong-hwa, quien también había despertado, salió huyendo del lugar. Al parecer
se había asustado cuando el omega le dio unas palmaditas en las nalgas
indicándole que era hora de que cada quien fuera a bañarse.
Al salir de la ducha, Hae-seong descubrió que
Pyeong-hwa se había marchado, dejando únicamente una nota con un mensaje
ambiguo que decía: ‘Me parece que lo lamento’.
“La persona que se lo devoró entero fui yo,
¿por qué tendría que lamentarlo él?”.
Su excesiva amabilidad era precisamente la
razón por la que tipos despreciables como Woo Yeon-je se le pegaban. Recostado
en el sofá, Hae-seong se hundió en sus pensamientos mientras rememoraba los
comentarios que Yeon-je había hecho el día anterior.
En ese instante, su teléfono comenzó a emitir
constantes alertas de notificación.
Al revisar la pantalla, descubrió una
transferencia por la cantidad de 3 millones de wones, lo cual no le causó mayor
sorpresa. Sin embargo, de inmediato ingresó otro depósito por la misma
cantidad.
¿Será que me pagó el equivalente a dos días
por habernos quedado a dormir juntos?
Mientras Hae-seong contemplaba la cuenta con
incredulidad, una nueva alerta en la pantalla le notificó el ingreso de otros 4
millones de wones.
No bastó con que le depositaran 6 millones de
wones exactos por haber pasado dos días con Pyeong-hwa, sino que además le
cayeron 4 millones adicionales. Mientras se preguntaba cuál sería el origen de
estos otros 4 millones, le llegó un mensaje muy animado de Tae Ki-ho.
Suegro Tae
¡Para celebrar su primera noche fuera!
“¿Se volvió loco?”.
Ya era sorprendente que calculara y le pagara
los dos días, pero que encima añadiera un bono de 400 millones con la estupidez
de que era para ‘celebrar su primera noche fuera’ era el colmo. En total, la
jugosa cantidad de 10 millones de wones resplandecía en su cuenta bancaria.
Hae-seong se limitó a contemplar en silencio
el saldo de su cuenta, el cual se había inflado de la noche a la mañana. En ese
preciso instante, su cerebro comenzó a buscar justificaciones.
Desde la perspectiva de Tae Ki-ho, tú no te
aprovechaste de Pyeong-hwa; más bien le diste un tratamiento médico. Es un acto
sumamente loable, así que es un dinero que te mereces ganar.
Su mente fabricó una excusa bastante
convincente que le trajo paz al corazón.
De inmediato, Hae-seong ascendió a Tae Ki-ho
del estatus de ‘señor’ al de ‘suegro’. Que un hombre desquiciado le depositara
un bono porque su hijo pasó la noche fuera, y que ese hombre fuera a ser su
futuro suegro, era increíble.
¡Que el mismísimo padre de su futuro esposo le
soltara dinero con alegría, sin tener la menor idea de la clase de perversiones
que le habían hecho a su hijo!
Joder, ¿acaso esto era el amor familiar?
Hae-seong, que siempre había considerado el
amor familiar como el estorbo más molesto y maldito del mundo, experimentó una
ligera calidez en el pecho. Sin embargo, el recuerdo de una voz sumamente
engreída e impertinente le enfrió el corazón en un abrir y cerrar de ojos.
Se debía a que le vino a la mente un detalle
bastante turbio como para andar hablando de amor familiar. Hae-seong cambió de
parecer de inmediato y degradó a Tae Ki-ho de nuevo al estatus de ‘señor’.
Definitivamente, esto no era algo que pudiera
pasar por alto. Con una resolución firme, presionó el botón de llamada justo
encima de aquel animado mensaje.
—Agh, hola, Hae-seong.
“Señor”.
—¿Se……ñor?
“Lo de ‘suegro’ se lo volveré a decir una vez
que aclare cierta cosita. ¿Dónde se encuentra ahora mismo?”.
Los ojos de Hae-seong destellaron con una
chispa peligrosa.
