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“En ese breve instante, una avalancha de pensamientos cruzó por su mente.
...¿Acaso no he venido a mi habitación, sino al dormitorio del director?
No me he limitado a mirar la puerta cerrada y, sin darme cuenta, ¿he terminado metiéndome en la habitación del director...?
...Debo de estar loco, de verdad... Pensé que solo me había quedado mirando, pero...
Aunque no encontraba ninguna respuesta y su mente se agitaba con rapidez, Eun-won se quedó un momento desconcertado, aferrado con fuerza al pomo de la puerta, mientras miraba a Cha Se-jin.
“...Lo siento. Pensé que era mi habitación...”.
“Es tu habitación”.
“...¿Perdón?”.
“Has venido al sitio correcto”.
“...¿Eh? Ah... Entonces, ¿por qué... aquí...?”.
“No te quedes ahí plantado como si fueras un extraño y entra de una vez”.
“Ah...”.
Solo entonces, recuperando la compostura, Eun-won entró torpemente en la estancia y cerró la puerta. Al fijarse bien, efectivamente era su dormitorio. Tenía su propia mochila, sus libros, era su cuarto a todas luces; resultaba tan ridículo haber asumido por un solo segundo que no le pertenecía solo por el hecho de que Cha Se-jin estuviera allí, que se le escapó una suave sonrisa teñida de suspiro.
“¿Qué haces? Sube”.
Al verlo dudar cerca de la cama, Cha Se-jin hizo ademán de mover la cabeza antes de levantar una mano para palmear el espacio vacío a su lado. Eun-won subió a la cama alta, se metió bajo el edredón que Cha Se-jin le había abierto y se sentó.
“Aun estando recién casados, ¿no me estás abandonando demasiado?”.
“...Ah... No sabía que estabas aquí. Pensé que ya te habías dormido...”.
“¿Querías que durmiéramos en habitaciones separadas?”.
Haber mandado construir dos dormitorios no había sido idea suya, sino de Cha Se-jin. Sin embargo, este hablaba como si hubiera deseado desde el principio que vivieran en cuartos separados. Al menos por lo que respecta a ese asunto, se sentía un tanto injustamente tratado. Lo sentía aún más porque, desde el momento en que le enseñaron las dos habitaciones hasta hacía un momento, no había dejado de sentirse apenado dándole vueltas a ese pensamiento.
“...Como no hay un solo dormitorio, sino dos... pensé que el director dormiría en su propia habitación. Al fin y al cabo, tenemos cuartos separados... y no parecía probable que estuvieras esperándome...”.
Mientras observaba a Eun-won explayarse con una frase más larga de lo habitual, Cha Se-jin dejó a un lado la tableta que sostenía en las manos. Verlo desahogar lo que llevaba dentro con la mirada clavada en el suelo, sin atreverse a mirarle a la cara, daba la impresión exacta de... que le entristecía el hecho de tener habitaciones separadas.
“¿No te gustaba que yo tuviera mi dormitorio y tú el tuyo por separado?”.
Para empezar, nunca se le había dado muy bien andarse con rodeos. Y al ver a Eun-won justo enfrente, cualquiera habría querido acorralarle aún más con una pregunta directa. ¿Quién sería capaz de resistirse a ese rostro apesadumbrado que reclamaba justicia, reprochándole que había mandado construir dos habitaciones para dormir aparte y luego pretendía echarle la culpa a él?
“...No es que me disguste, pero...”.
“Si tampoco te disgusta, ¿a qué viene tanta tristeza?”.
Al responder con descaro y sin filtros, se encontró con una mirada cargada de un desconsuelo aún mayor y dotada de una firmeza inesperada. Era muy parecida a la que le había dedicado en la tienda de conveniencia cuando él le soltaba preguntas personales fuera de contexto. Esa mirada que demostraba que no era alguien totalmente frágil y vulnerable era precisamente la que convertía a un hombre normal en un caso perdido —por decirlo suavemente— o, siendo sinceros, en un completo hijo de puta. Aunque el interesado parecía no tener la menor idea.
“...Ya sé que esto es lo correcto, pero en el hotel nos pasamos todo el tiempo durmiendo juntos... Supongo que di por hecho que aquí sería igual”.
“Sí, así es. Desde luego, lo lógico es tener dos dormitorios. No es un matrimonio por amor, ¿qué necesidad hay de compartir lecho? Lo único que genera es incomodidad”.
“...”.
“Ese fue exactamente el motivo por el que pedí que hicieran dos. No hay por qué fingir que somos un matrimonio feliz ni siquiera dentro de mi propio espacio privado”.
“...”.
“Pero acabo de decidir que voy a quitar uno”.
Cuando la realidad caía como una losa, una y otra vez, hasta volverse casi insoportable de escuchar, se produjo de repente una conclusión tan inesperada que hizo que Eun-won levantara la cabeza de golpe.
“Dormir juntos no está mal. Al menos a mí me entra sueño a tu lado. No te mueves al dormir y, encima, ese aroma a feromonas que desprendes cuando te quedas dormido es agradable”.
“...”.
“Compartir la cama con alguien al despertar tampoco pinta mal. Sinceramente, no sé si seguirá siendo así de bueno con el tiempo. Quizá solo lo haga porque es algo nuevo y me divierte. Te lo digo tal cual, con total sinceridad”.
“Entonces... ¿hasta que te aburras de mí... vamos a dormir juntos todos los días?”.
...Vaya, joder. Mira que es increíble. Es capaz de soltar semejantes barbaridades con total naturalidad.
Recordaba haber escuchado alguna vez —¿había sido Kang Seo-hu, Do Hae-jun? No, ¿acaso fue Ki Jae-hyeok?— que lo verdaderamente erótico no provenía de alguien curtido en mil batallas, sino de esa inocencia y pureza genuinas donde un crío que no sabe nada suelta un coqueteo tan atrevido precisamente por su ignorancia.
En su día pensó que menuda tontería era esa, que no había nada más aburrido que alguien que no tiene ni idea de las cosas; sin embargo, ahora empezaba a comprender a qué se referían. Y también comprendía que el único que había estado diciendo estupideces era él.
“Sí, dormiremos juntos. Si de repente lo piensas mejor y crees que te va a resultar incómodo, dímelo ahora. Aunque, por supuesto, aunque me lo digas, las cosas no van a cambiar”.
Al ver la desvergüenza con la que hablaba Cha Se-jin, se le escapó una risita de entre los labios. Hasta hacía un momento se sentía injustamente tratado, le dolía el pragmatismo con el que le hablaba y le parecía que se estaba pasando de la raya, pero en ese instante ya no sentía nada de eso. Al ver su rostro esbozando una sonrisa socarrona, todo su resentimiento se desvaneció por completo.
El aliento impregnado de risas de Eun-won acarició con suavidad el cabecero de la cama. Después de haber puesto una cara que sugería que iba a soltarle un repertorio entero de quejas y descontentos, bastaba una simple frase suya para que volviera a estar bien y esbozara una sonrisa tímida. Al contemplar fijamente a Eun-won, Cha Se-jin estiró la punta del dedo para presionar las comisuras de los labios del chico, que aún conservaban una sonrisa amable. A continuación, repasó con la mirada sus mejillas sonrojadas y sus orejas encendidas.
Tal vez porque se había relajado, de Eun-won emanaba un dulce aroma a leche. Aunque parecía que no lo hacía a propósito para liberar feromonas, era evidente que aún no lograba controlarlas del todo. Bueno, si le pasaba en la calle sería un problema, pero que le ocurriera estando a solas con él era algo positivo. Cha Se-jin hizo que Eun-won, que parecía vencido por el sueño, se tumbara y lo arropó con el edredón. Cada vez que la tela se movía, una fragancia suave impregnaba todo el ambiente.
Ah, no puedo aguantar más.
Inclinándose sobre el cuerpo de Eun-won, que acababa de recostarse, Cha Se-jin apoyó la punta de la lengua contra su blanco cuello y comenzó a lamer la línea que lo formaba hacia arriba. Aunque por un momento sintió que parecía un perro, la verdad es que eso le importaba muy poco. Si no lo probaba en ese preciso instante, sentía que se le iba a apagar la cabeza. Tampoco tenía mucha más opción si quería evitar recurrir a métodos más bruscos.
“Ah... Di... Director... H-m...”.
Tras lamer el cuello de Eun-won un par de veces más como si fuera un manjar, Cha Se-jin tiró de su ropa para dejarle el hombro al descubierto y hundió los labios en su piel nívea. Luego, lo mordisqueó con la intensidad justa para no hacerle daño y lo succionó con profundidad. Se propagó una sensación difícil de definir, a medio camino entre el dolor y un cosquilleo extraño. Separando los labios que mantenía hundidos en su piel, Cha Se-jin contempló la marca rojiza que acababa de dejar.
“¿Te ha dolido?”.
“...Un poco. Pero no me ha... disgustado”.
“Cuando terminen los exámenes, esto de aquí”.
Mientras acariciaba con la yema del dedo la zona donde había quedado la marca de la succión, Cha Se-jin bajó la mano hasta posarla sobre el pecho de Eun-won. Era una distancia tan peligrosa que con el más mínimo movimiento sus pezones habrían rozado contra sus dedos. La cintura de Eun-won se contrajo por la tensión.
“Y aquí”.
La punta del dedo que reposaba en su pecho se deslizó por debajo del edredón hasta alcanzar su cintura. Desde allí continuó avanzando hacia el interior, presionando primero el muslo para terminar colándose entre sus piernas. Asustado, Eun-won cerró las piernas de golpe, atrapando los dedos del hombre en el intermitente espacio de sus muslos. Como todo ocurría bajo el edredón y no podía verlo con los ojos, la sensación física era brutalmente nítida. Eun-won se mordió los labios con fuerza mientras los dedos se adentraban un poco más en la intimidad de sus muslos cerrados. La mirada con la que Cha Se-jin lo observaba desde arriba le daba una vergüenza insoportable, pero no tenía a dónde huir.
“Aquí también voy a dejar otra marca”.
Después de masajear la cara interna del muslo, introduciendo un poco más los dedos antes de retirarlos por completo, Cha Se-jin sacó la mano de debajo del edredón.
“Por hoy te voy a enseñar solo hasta aquí. Si te sigo enseñando más, ¿cómo pretendes concentrarte en el examen pensando en esto?”.
Con una sonrisa socarrona, Cha Se-jin le estiró el edredón —que se le había bajado un poco— hasta cubrirle el pecho, cogió un pequeño mando a distancia y apagó todas las luces, dejando únicamente encendida una luz de presencia muy tenue situada en la parte baja del muro que conducía al cuarto de baño.
Agradeciendo en silencio que la oscuridad repentina le ayudara a disimular la vergüenza, Eun-won arrastró un poco más el edredón mullido hasta taparse por debajo de la nariz.
“Buenas noches”.
“...Que descanse...”.
“Al despedirte así siento que me haces parecer demasiado mayor. No estoy para tanto. Dilo simple: di buenas noches”.
“...Buenas noches...”.
En medio de la oscuridad resonó una risa ahogada. Con aquel sonido, una sensación de cosquilleo se extendió por la parte interna de sus muslos, los cuales seguía manteniendo apretados sin atreverse a separarlos. Eun-won se acurrucó dentro de la extensión negra de la cama. Podía notar cómo su corazón latía desbocado. Daba la impresión de que iba a costarle muchísimo conciliar el sueño.
Tras superar los exámenes con éxito, Eun-won se quedó en la universidad para avanzar con un trabajo cuya fecha de entrega estaba al caer, y luego se dirigió a casa en el coche que habían mandado a buscarlo. Al volver a leer el mensaje de Cha Se-jin —en el que le explicaba que había intentado marcharse a escondidas, pero su hermano lo había pillado y tenido que acompañarle a una reunión—, Eun-won sonrió. Era como si pudiera escuchar su voz al leer las palabras.
Aunque podía regresar a casa solo sin necesidad de que le enviaran un coche, se ve que no se había quedado tranquilo. A pesar de ser más joven que Cha Se-jin, ya era un adulto hecho y derecho, por lo que le daba un poco de vergüenza que lo trataran con tanta sobreprotección. Sin embargo, eso no significaba que le molestara. A fin de cuentas, aquello también nacía del interés. ¿Acaso la sobreprotección no era sino un exceso de atención? Pensándolo de ese modo, de repente todo volvía a estar bien.
“Muchas gracias”.
“No hay de qué. Le llevo la mochila, joven amo”.
“Ah, no, no hace falta. Gracias, ya la llevo yo”.
Tras inclinar la cabeza para agradecer con cortesía aquella amabilidad, Eun-won entró en la casa. Al subir las plantas y adentrarse en su dormitorio, lo primero que vio fue la cama vacía. Eun-won recordó a Cha Se-jin tal como lo había encontrado al abrir esa misma puerta la noche anterior.
“...”.
Sus pensamientos derivaron de inmediato hacia la escena más intensa, aquella que era incapaz de borrar de su memoria. Al recordar a Cha Se-jin abriéndole la ropa y hundiendo el rostro en su hombro, un soplo de aire caliente escapó de sus labios entreabiertos. Eun-won sacudió la cabeza con rapidez, entró del todo, dejó la mochila en el suelo y respiró hondo. Pero ni su cuerpo ni su mente conseguían calmarse con facilidad.”
62
‘Cuando terminen los exámenes, esto de aquí.’
La sensación de su mano deslizándose por debajo del edredón, acompañada de la promesa de dejar marcas en otras partes de su cuerpo aparte del hombro, seguía tan nítida como si fuera real. Al notar de nuevo esa presión con los muslos juntos, idéntica a la de la noche anterior, Eun-won se metió en el baño y echó el seguro de la puerta.
Se quitó la ligera prenda exterior que llevaba y, abrochando un par de botones menos de la camisa, dejó al descubierto los rastros rojizos que le había dejado Cha Se-jin. Por alguna razón, el color parecía incluso un poco más intenso que por la mañana.
Al presionar ligeramente sobre la zona, le vino a la memoria la sensación exacta del momento en que los dientes del hombre se habían hundido en su carne, el dolor punzante que se había extendido con un hormigueo, la presión al succionar y la cálida exhalación que se había deslizado y rozado su piel al soltarlo.
De repente, una oleada de calor le invadió por completo. Era como si todo su cuerpo se hubiera llenado de fuego. El bajo vientre le palpitaba y la zona entre las piernas se sentía extraña. No acertaba a pensar en otra cosa que no fuera tocarse. Comprobando una vez más que la puerta del baño estaba cerrada con llave, y apoyándose contra el lavabo, Eun-won desató con cuidado la hebilla de su pantalón.
“...Ah...”.
Al deslizar la mano por encima de la ropa interior, notó que ya se encontraba medio erecto. Tras acariciar su pene solo a través de la tela mojada en la parte delantera, Eun-won terminó por introducir la mano con lentitud dentro de la prenda interior. Al aferrar la punta húmeda, se le escapó un suspiro entrecortado.
“...M-mmh... Sí...”.
Un leve gemido resonó en el interior del baño. Aunque sabía perfectamente que no había nadie más, y que cuando había gente en el anexo nadie podía entrar al dormitorio sin previo aviso —salvo el propio Cha Se-jin—, le daba una vergüenza atroz estar haciendo a escondidas semejante cosa en una casa a la que acababa de mudarse el día anterior, por lo que apretó los labios con fuerza para tragarse los gemidos.
‘Aquí también voy a dejar otra marca’.
La voz de Cha Se-jin, que en realidad no tenía forma de estar allí, le acosó los oídos antes de extenderse hasta el fondo de su cabeza. Intentaba no pensar en él en una situación así por pura vergüenza y remordimiento, pero cuanto más se esforzaba por olvidarlo, más nítida se volvía su imagen. Al final, su mente ya había llegado al extremo de imaginar que la mano que lo estaba acariciando por dentro de la ropa interior era la de Cha Se-jin. Su pene estaba ya completamente excitado.
“...Mmh, ah... H-m, ¿qué hago...?”.
El torso de Eun-won se derrumbó sin fuerzas sobre la fría superficie de mármol blanco del lavabo. La gélida temperatura de la piedra le rozó la frente, pero resultó del todo insuficiente para enfriar el calor sofocante que bullía en su interior. Más bien al contrario, cada vez que el frío tocaba su piel acalorada, la sensibilidad entre sus piernas se agudizaba aún más por puro contraste.
Su espalda, encorvada sobre el lavabo, dibujaba una curva pronunciada mientras temblaba ligeramente. Incapaz de arreglarse siquiera la camisa desordenada, Eun-won no sabía qué hacer con un cuerpo que parecía haberse vuelto insoportablemente sensible de la noche a la mañana, viéndose obligado a entregarse por completo a las sensaciones.
“...Uf... Di-rector... Mmh...”.
Cada vez que la yema del dedo atrapada dentro de su ropa interior rozaba la punta ultrasensible, su cintura daba un respingo violento. Eun-won aferró el borde del lavabo con tanta fuerza que se le pusieron los nudillos blancos.
Al recordar la sensación de los dedos de Cha Se-jin hundiéndose con parsimonia en el interior de sus muslos apretados, el mundo se le puso completamente blanco. Era como si esas mismas manos estuvieran recorriendo cada rincón de su cuerpo. Pensar en Cha Se-jin hizo que una intensa urgencia por eyacular lo abrumara.
Con la mejilla apoyada en el lateral del lavabo, exhalando un aliento alterado y febril, Eun-won cerró los ojos, dejando que las lágrimas se acumularan bajo sus pestañas bajas. En ese instante, su propio dedo rozó ligeramente la punta con una uña bien cuidada, haciendo que la cintura de Eun-won se sacudiera con fuerza.
“¡Mmh...! Ah-h, m-mh...”.
Su mano quedó completamente empapada. Gemía casi suplicante, dirigido a un Cha Se-jin que ni siquiera estaba allí, hasta que terminó por venirse abajo, dejándose caer.
“Uf... Ha... Uf...”.
Con los ojos aún cerrados y tratando de recuperar el aliento, Eun-won juntó las piernas, se acurrucó abrazando sus rodillas y escondió la cara contra ellas. Al enfrentarse a lo que acababa de hacer, una vergüenza insoportable lo invadió. A partir de ahora, cada vez que entrara en ese baño, le vendría a la cabeza lo que acababa de pasar.
...Debo de estar loco, de verdad.
Abrazándose las rodillas con más fuerza para esconderse tras ellas, Eun-won exhaló un largo suspiro con el pecho aún agitado. Lo normal —si es que se podía considerar normal masturbarse así a solas de esa manera, algo que jamás hacía— habría sido que con una sola vez se hubiera quedado satisfecho y liberado. Sin embargo, su cuerpo parecía extrañamente revolucionado hoy. Aunque la excitación había sido tremenda y el placer le había recorrido cada rincón del cuerpo de forma deliciosa, sentía una extraña necesidad de más.
“...”.
...Si con solo imaginarlo se sentía así... ¿cómo sería si de verdad Cha Se-jin le tocara el cuerpo? Si no se tratara de un roce fugaz, sino de caricias reales. Si las manos de Cha Se-jin recorrieran los mismos lugares que las suyas y esa mirada lo observara desde arriba, cuánto...
Apenas el pensamiento llegó tan lejos, su cuerpo, que volvía a estar caliente, experimentó un calambre eléctrico. Eun-won encogió los dedos de los pies al escuchar un tono de llamada repentino que lo sobresaltó. El sonido provenía del interior de la prenda que se había quitado. Se puso de pie con rapidez, se lavó las manos manchadas con los fluidos de su propia culminación, sacó el teléfono y, al ver la palabra «Esposo» brillando en la pantalla, se quedó paralizado, incapaz de atreverse a contestar, y terminó dejándolo a un lado del lavabo. Como hacía apenas unos segundos había estado pensando en Cha Se-jin de aquella manera tan impropia, no tenía el valor suficiente para responderle.
El tono de llamada se prolongó un buen rato antes de detenerse. Pero, al instante, volvió a sonar. Era él otra vez, sin duda. Seguramente llamaba para comprobar si ya había llegado a casa. Pensando que no contestar resultaría mucho más sospechoso, Eun-won soltó una profunda exhalación para calmarse y deslizó el dedo para aceptar la llamada.
“Sí... Director...”.
─ Sí. ¿Has llegado ya a casa?
“...Sí... Acabo de llegar hace un momento”.
─ Me has asustado al no coger el teléfono.
“Ah... Bueno, es que... Eh... Estaba cambiándome de ropa... y no me enteré”.
─ Ah, ya veo. Yo por un momento me pregunté qué clase de motivo importante habría para no responder y hasta se me pasó por la cabeza algún pensamiento guarro, pero ya veo que no era eso.
Escuchar la voz ronca de Cha Se-jin hizo que le pareciera notar aún más húmeda su ropa interior. Aunque no supiera exactamente qué clase de pensamientos sucios se le habrían pasado por la cabeza, lo cierto es que había estado haciendo algo muy similar hacía un instante, por lo que sintió un fuerte pinchazo de culpabilidad.
“No... no es nada de eso... De verdad que solo estaba dentro cambiándome...”.
─ Ya sé que no. Bueno, voy a entrar a una reunión. Regresaré antes de la cena.
“Sí...”.
─ Ah, por cierto, Cha Se-na ha dicho que se pasó antes por el hotel y arrasó con todos los postres, así que me pidió que te dijera que si te aburres te pases por la mansión principal. No estás obligado a ir si crees que te va a dar vergüenza o te vas a sentir incómodo, pero si te apetece, ve y cómelos con ella. Cha Se-na es igualita a ti: le encantan las cosas dulces, dulces y requetedulces.
“Sí, luego me paso”.
─ bueno, mi hyung ya me está metiendo prisa porque llego tarde. Nos vemos en casa al rato.
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Tras responder, Eun-won se quedó esperando, pero como Cha Se-jin no colgaba y mantenía la línea en silencio, fue él quien finalmente presionó el botón de fin de llamada. En el momento en que se aseguró de que ningún sonido suyo pudiera llegar a oídos de Cha Se-jin, su corazón comenzó a latir con una velocidad alarmante y dejó escapar todo el aire que había estado conteniendo para disimular su agitación.
“...Uf...”.
...¿Qué demonios estoy haciendo, en serio?
Exhalando un suspiro cargado de autocrítica, Eun-won se quitó la ropa interior húmeda y el resto de las prendas una a una. Tal vez por haber escuchado la voz de Cha Se-jin, el interior de su vientre seguía sintiendo un cosquilleo persistente y una extraña tirantez fruto del placer residual. Ignorando a la fuerza esa sensación, Eun-won se metió en la ducha y se puso bajo el chorro de agua templada, deseando que, al salir de ese baño, todo en su interior se hubiera calmado por completo, al contrario de cómo había entrado.
A pesar de haberse lavado con calma durante un buen rato, el mareo y la sensación de calor en su interior se negaban a desaparecer por completo. Como no podía permitirse seguir cayendo en esas extrañas sensaciones, decidió que lo mejor era forzar a su cuerpo a serenarse.
Tomó una pastilla inhibidora más de las que había tomado por la mañana y se dirigió al estudio para ponerse a estudiar y evitar que los pensamientos sobre Cha Se-jin volvieran a asaltarle; poco a poco, notó que su cuerpo empezaba a relajarse.
Una vez que el cuerpo se tranquilizó, la mente le siguió el paso. Había temido que ese estado tan extraño persistiera, así que dio gracias en silencio al ver que había pasado. Volvió a armarse de valor para concentrarse en los libros cuando el teléfono, situado a un lado del escritorio, comenzó a vibrar. Era una llamada de la madre de Cha Se-jin. En ese preciso instante recordó que el día anterior no la había llamado. Respirando hondo para recomponerse, Eun-won contestó.
“...¿Diga?”.
─ ¿Estás ocupado?
“No... Ahora mismo estoy bien. Siento mucho no haber podido llamarla ayer”.
─ No te preocupes, son cosas que pasan. Dime, ¿qué tal te va en esa casa? ¿No te hacen sentir incosteado ni te cuesta adaptarte a nada?
“No... Todos se están portando muy bien conmigo”.
─ Bueno, faltaría más. ¿Y Cha Se-jin sigue portándose bien contigo?
Hasta entonces, la madre de Cha Se-jin siempre había utilizado el sufijo formal al referirse a él, tanto en su presencia como a sus espaldas, llamándolo invariablemente «Cha Se-jin-nim». Por mucho que fuera un matrimonio de conveniencia y que ella fuera mayor, a pesar de ocupar el puesto de madre y de autoridad adulta, tanto ella como el padre siempre habían guardado cierta distancia y respeto reverencial hacia Cha Se-jin. Cada vez que presenciaba aquello, a Eun-won le parecía una situación de lo más extraña.
Y sin embargo, aquella misma madre, en cuanto se casaron, había eliminado el «nim» que siempre añadía tras el nombre de Cha Se-jin. Resultaba ingenuo pensar que se debía simplemente a que ahora tenían más confianza; el tono de su voz al teléfono no tenía nada de afectuoso. Presintiendo una inquietud difícil de definir, Eun-won se levantó de la silla al no poder seguir quieto y se acercó a la ventana para abrirla.
“...Sí”.
─ Ya sabes que los rumores sobre Cha Se-jin no son precisamente limpios y que su reputación fuera de casa deja mucho que desear. Con el menor descuido, volverá a las andadas y andará de nuevo por ahí. Su naturaleza no cambia. Así que más te vale esforzarte en complacerlo ahora que todavía le atrae tu apariencia exterior. ¿Entiendes lo que te digo?
Para ser sinceros, no entendía absolutamente nada. No sabía qué se supone que debía hacer para «complacerlo», ni comprendía a qué venía soltarle de repente semejantes críticas sobre Cha Se-jin. Ante el silencio de Eun-won, la voz desprovista de cualquier atisbo de emoción continuó al otro lado de la línea.
─ Que los miembros de esa familia se muestren amables contigo no significa que debas creerte de verdad parte de ellos. En cuanto las cuentas no salgan o los intereses se tuerzan, esa amabilidad se acabará de golpe. Como comprenderás, un matrimonio conseguido con tanto esfuerzo no puede romperse a la primera de cambio, así que es tu deber como nuestro hijo esforzarte al máximo, ¿no crees? ¿Para lograr convivir en esa casa como una auténtica familia por mucho, mucho tiempo?
“...”.
─ Búscate un hueco y ven a vernos con Cha Se-jin un día de estos. Avísame con tiempo cuando fijen fecha.
“...Sí”.
─ Bueno, te dejo.
Sin darle tiempo a responder, la llamada se cortó con una sequedad que denotaba fastidio. Apartando el teléfono de la oreja, Eun-won abrió la boca para tomar una gran bocanada de aire y la exhaló muy despacio. Tras repetir el proceso varias veces, la opresión en el pecho disminuyó un poco. Sin embargo, el dolor punzante que sentía en las sienes no mostraba la menor intención de remitir.”
63
Al despejarse un poco la cabeza dando un paseo por el jardín, se dio cuenta de que ya estaba cerca de la mansión principal.
Al ver la casa, de inmediato le vino a la mente la hermana menor de Cha Se-jin. También recordó lo que este le había dicho: que si tenía tiempo, fuera a comer algo dulce con ella.
Como ella había mostrado consideración hacia él, ignorarla no era de buena educación. Por supuesto, incluso si entraba a la casa principal, las probabilidades de encontrarse con Cha Se-na no eran muy altas, pero aun así, por si acaso, Eun-won reunió valor y se dirigió hacia allí.
Tras cruzar un elegante pasillo con vistas al patio interior, vio a Cha Se-na sentada en el gran sofá de la sala de estar. Tenía un aspecto relajado, un poco diferente al que le había visto hasta entonces.
“¡Ah! ¿Has venido?”.
“Ah... Hola”.
“Qué bueno que viniste, qué bien. Ven, siéntate rápido. Justo le había mandado un mensaje al hermano pequeño para pedirle tu número”.
Llevando un conjunto deportivo con capucha a juego arriba y abajo, Cha Se-na levantó las dos manos y las agitó con energía. Al acercarse ante sus gestos para que se apresurara, pudo ver una mesa que antes quedaba oculta por el sofá.
Encima de la mesa había una gran variedad de trozos de tarta, galletas, chocolates, gominolas, palomitas y fruta. Cha Se-na, que se metía en la boca una fresa aún fuera de temporada untada en nata, sonrió al ver a Eun-won sentarse enfrente.
“¿Te gustan las cosas dulces, verdad?”.
“Sí...”.
“A mí me encantan, de verdad. Pero excepto mi madre, a nadie más por aquí le gustan las cosas dulces. Y mamá tampoco tanto como a mí. Así que me sentía sola, me alegra tanto tener a alguien con quien comer. Come, que no he tocado esto con las manos, lo he servido todo en platos individuales, así que está limpio”.
Eun-won cogió el plato vacío que tenía delante. Le parecía sorprendente y a la vez agradable que, sin saber siquiera si iba a ir o no, ya le tuviera preparado su propio plato.
“Prueba primero el pastel de uva verde. Hoy está buenísimo”.
Cha Se-na cortó un trozo de tarta y se lo tendió a Eun-won. Este acercó rápidamente su plato para recibirlo. Con el tenedor, cogió una porción generosa de tarta de nata con abundantes uvas verdes frescas cortadas por la mitad y se la llevó a la boca. Era suave, dulce y refrescante. Justo el sabor que Eun-won necesitaba en ese momento para disolver el estrés.
“¿Qué tal?”.
“Está delicioso”.
“¡¿A que sí?! ¡También están ricas las galletas, y ah, hay helado!”.
Incorporándose de un salto, Cha Se-na corrió hacia la cocina. Sin darse cuenta de que la capucha se le iba cayendo hacia atrás, trajo el envase de helado entero, lo destapó y clavó dos cucharas directamente en él.
“Este gelato es mi favorito absoluto, comámoslo juntos. Lo había guardado sin tocarlo para cuando estuviera acompañada”.
Sosteniendo la cuchara que le había tocado de su lado, Eun-won probó el helado de un suave tono color melocotón. Al llevárselo a la boca con ilusión, un intenso sabor a melocotón se esparció por su paladar. Los otros sabores de gelato que probó después estaban igual de buenos. Entre todos, el de yogur con arándanos fue el que más le gustó, así que repitió con otra cucharada.
“Ay, la verdad es que no debería estar comiendo así... Hoy es mi día de trampa total. Me atasqué con un trabajo y pensé mejor me voy a casa a terminarlo, pero en el camino me dio un vuelco la cabeza y compré todo esto. Ay, de verdad, qué estrés”.
“... Se-na... ¿cuándo acaban tus exámenes?”.
“Termino el viernes, pero como tengo que entregar un trabajo, creo que seguiré así hasta el miércoles de la semana que viene. Oye, pero eso de Se-na, me suena un poco... uf, me da dentera. ¿No podemos hablarnos de tú cuando estemos solos? Si solo nos llevamos dos años. ¿No se puede? ¿De verdad?”.
“...Ah, no es que no se pueda, pero...”.
“Pues entonces tratémonos de tú. Sin tanta formalidad. No hace falta que dejemos de usar el respeto por completo, pero al menos quitémonos esa rigurosidad. Mezclar un poco de formalidad y confianza, ya sabes a qué me refiero”.
“Sí, me parece bien”.
Cha Se-na tenía muchas cosas en común con Cha Se-jin. En las conversaciones, era igual de fácil verse arrastrado por su ritmo sin poder evitarlo, y esa amabilidad arrolladora no resultaba extraña ni agobiante; al contrario, hacía pensar que se agradecía que tomara la iniciativa.
“Ay... Me apetece algo picante. Con el estrés, el cuerpo me pide alternar entre algo picante y algo dulce todo el tiempo. ¿Te gusta la comida picante?”.
“No es que la odie, pero no se me da muy bien comerla”.
“¡Vaya! ¡A mí igual! A mí también me pasa. Me encanta el tteokbokki picante, pero cuando lo como, me bebo un litro entero de leche”.
Quizá por hablar de cosas cotidianas como lo haría con sus amigos, la tensión fue desapareciendo poco a poco. Le gustaba el ambiente lleno de risas y también el hecho de poder seguir comiendo cosas dulces. Eun-won se hartó de helado, tarta, galletas y gominolas, charlando con Cha Se-na como si fueran amigos de toda la vida hasta que cayó el sol.
Con el paso de las horas se sentía cada vez más cómodo, y al cabo de dos horas de compartir dulces, ya se comportaban prácticamente como amigos. Acordaron mantener las formas y el respeto delante de los demás miembros de la familia, pero hablarse con confianza cuando estuvieran a solas y pasaran ratos como el de hoy; tras sellar el trato, se metieron amistosamente en la boca la última pastilla de chocolate belga que quedaba en la bandeja.
“Ay, si mamá se entera de que he comido tanto dulce, me va a echar la bronca. Pero ha merecido la pena, soy muy feliz. ¿A que sí?”.
Viendo la expresión de absoluta felicidad en el rostro de Cha Se-na, Eun-won asintió con una sonrisa. Estirándose por completo, la chica se levantó de la mesa y se desentumeció con unos ligeros estiramientos.
“Voy a tener que saltarme la cena. Tengo el estómago lleno y el paladar empalagado”.
“Creo que yo tampoco voy a poder cenar”.
Aunque no había logrado tutearla con tanta soltura como ella, Eun-won respondió con el corazón mucho más relajado mientras colocaba los platos de tarta vacíos y los envoltorios de gominolas en una bandeja grande situada en un extremo de la mesa.
“Joven amo Eun-won, déjeme a mí”.
Al ver a Eun-won limpiando la mesa, uno de los empleados se apresuró a acercarse para encargarse de todo con rapidez. Aunque intentó ayudar porque se sentía incómodo cruzándose de brazos, ante la suave insistencia de que no era necesario, no le quedó más remedio que despedirse de Cha Se-na y salir de la sala de estar. Mientras se marchaba, Cha Se-na lo despidió agitando la mano con fuerza y diciéndole que se lo había pasado en grande ese día.
“...¿Eh?”.
Al regresar al anexo, notó señales de que alguien había llegado. Con un vuelco de alegría en el pecho, subió las escaleras y se encontró a Cha Se-jin saliendo del vestidor tras haberse cambiado de ropa. En ese instante, la presencia de los dulces manjares que lo habían hecho tan feliz hacía un momento se desvaneció por completo, eclipsada por la mirada de Cha Se-jin.
Jamás habría imaginado que le alegraría tanto ver a alguien. Su corazón se alborotó sin previo aviso, dirigiéndose hacia Cha Se-jin con un anhelo bullicioso.
“Me dijeron que estabas en la casa principal y pensaba ir a buscarte. ¿Has comido mucho dulce?”.
“Sí... La hermana me ha dado muchas cosas ricas...”.
“¿La hermana?”.
“Ah...”.
Mientras hablaban a solas, habían quedado en tutearse y llamarla hermana, y como se lo había repetido un par de veces, se le había escapado la palabra por pura costumbre. Avergonzado, Eun-won cerró los labios con fuerza, mordiéndose ligeramente.
“¿Cha Se-na es tu hermana? Ah, bueno, te lleva dos años, supongo. Vaya, qué bien por Cha Se-na. Llevaba esperando tanto tiempo dejar de ser la menor que ahora hasta le llaman hermana”.
“Como quedamos en que... nos hablaríamos con confianza cuando estuviésemos a solas...”.
“Sí, haz lo que te sea más cómodo. Como te lleva dos años, técnicamente es tu hermana mayor, así que da igual. En fin, ¿qué has comido?”.
“Helado, tarta de uva verde, tiramisú, chocolate... gominolas, galletas... y más cosas...”.
“¿Te has comido todo eso?”.
Al verle asentir tímidamente, Cha Se-jin sonrió y le alborotó los cabellos con un gesto cariñoso. Parecía estar de tan buen humor tras haber comido tanto dulce que Eun-won pudo notar cómo desprendía unas feromonas mucho más intensas de lo habitual, con un matiz dulzón.
“Con todo lo que has comido, ¿seguro que no vas a cenar?”.
“No creo que me entre nada ahora mismo”.
“A mí tampoco me apetece mucho porque al terminar el trabajo almorcé un poco tarde, ¿qué te parece si cenamos un poco más tarde de lo habitual?”.
“Sí...”.
“Pero oye, cariño”.
“¿Sí?”.
“Estás desprendiendo feromonas por todas partes, supongo que no habrás estado andando así por ahí, ¿verdad?”.
Solo tras escuchar las palabras de Cha Se-jin, Eun-won reparó en la sensación de ardor que recorría distintas partes de su cuerpo. Y al mismo tiempo, los recuerdos de lo que había hecho en el baño al llegar a casa le asaltaron la mente de golpe.
Recordar cómo se había masturbado pensando en Cha Se-jin y llamándolo, y cómo, al ver que su cuerpo seguía sin calmarse, había tenido que tomarse otra pastilla inhibidora, hizo que Eun-won se apresurara a intentar contener y disimular sus feromonas. Sin embargo, tal como le había advertido Cha Se-jin, su cuerpo quemaba por todas partes, como si su esencia se filtrara sin control, y era incapaz de sofocarla.
“¿En la universidad también estabas así?”.
“...N-no... Hasta hace un rato estaba bien...”.
“¿Entonces es por mi culpa?”.
Cha Se-jin acortó aún más la distancia, que ya de por sí era corta. Su estómago dio un vuelco repentino. Al temer que, si se movía lo más mínimo, sus cuerpos acabarían rozándose, dio un pasito atrás, pero Cha Se-jin respondió dando otro paso lento hacia delante con total deliberación.
De esa forma atravesaron la sala de estar de la segunda planta y pasaron de largo el estudio de Eun-won. Como Eun-won retrocedía a ciegas sin mirar atrás, Cha Se-jin estiró el brazo por encima de él y abrió la puerta del dormitorio, que estaba cerrada.
Al cruzar el umbral, el denso rastro de las feromonas de Eun-won que flotaba en el ambiente se impregnó de inmediato en todo su cuerpo. Le costaba creer que ese aroma pudiera desprenderse solo por haberse cambiado de ropa y haber estado un rato en la estancia. ¿Qué era aquello? ¿Cómo era posible que alguien desprendiera una fragancia tan embriagadora?
Toda la paciencia y el aire de juego se esfumaron. Sin pensarlo dos veces, Cha Se-jin levantó a Eun-won con facilidad, lo sentó sobre el borde de la cómoda baja, separó sus rodillas y se colocó justo en medio de su espacio. No se estaban quitando la ropa ni se estaban devorando la piel en ese instante, pero con el simple cruce de sus miradas ya se sentía exactamente igual que si estuvieran follando.
Ese maldito examen —aquel que sabía que era tan importante que no podía permitirse interrumpir— terminaba el viernes; faltaban apenas unos días, solo unos pocos días más de aguante. Eso significaba que ya quedaba muy poco para que dejara de contenerse y reprimirse.
Eun-won era una existencia desconcertante. Bastaba con que dijera algo para que él terminara aceptándolo sin rechistar, aunque fuera perjudicial para sus propios intereses. Cuando iba sobrado de tiempo no tenía nada de malo, pero desde hacía un tiempo había perdido la calma de forma rotunda, demasiado rotunda. Y ahora mismo ocurría lo mismo. ¿La calma? ¿Dónde demonios se supone que debía ir a buscarla? Tampoco es que tuviera un motivo noble y claro para seguir aguantándose.
Y aun así, sabiendo que los exámenes —esa maldita prueba— todavía no habían terminado, se resistía a quitarle los pantalones y hundir el rostro entre sus muslos. ¡Joder, desde cuándo le importaba tanto cuidar de alguien, desde cuándo obedecía tan dócilmente! ¡Desde cuándo sabía lo que era aguantarse y vivir así! Cha Se-jin era incapaz de entenderse a sí mismo.
64
Cha Se-jin se incorporó tras apoyar las manos en la cómoda, situando un brazo a cada lado del cuerpo de Eun-won, y exhaló un suspiro largo. Incluso la forma en que Eun-won levantaba el rostro para mirarle, adaptándose a su mayor estatura, le parecía preciosa.
¿Había habido alguna vez un momento en su vida en el que no le pareciera bonito? Un sinfín de personas habrían sentido por él deseo, lujuria o, como mínimo, el impulso del amor. Era inevitable con un rostro así.
Los idiotas más impacientes, incapaces de dominar un ápice de lujuria, que no supieron contener sus propias emociones y se precipitaron hacia Eun-won sin cuidado, habrían acabado cosechando únicamente rechazo para terminar relegados al estigma eterno de pervertidos, pesados y escoria. Pero él era diferente.
Hacía ya mucho tiempo que se había quedado sin paciencia, pero aun así, todavía podía fingir que era un hombre sumamente paciente durante un par de días más, simular que le sobraba consideración y hacer como si tuviera un lado bondadoso. Y, transcurridos esos dos días, tampoco actuaría con precipitación. Porque no quería darle motivos para querer huir.
Tenía la firme intención de abrirlo despacio, con sumo mimo, recorriendo y abriendo cada rincón de su cuerpo, permitiendo que grabara a fuego en su interior cada caricia, la sensación exacta en el momento en que sus manos lo rozaran y el placer absoluto que dejaba cada segundo con sus labios sobre su piel. De tal modo que, con el tiempo, bastara con que su mano lo rozara para que todas las zonas tocadas recordaran la sensación y se entregaran a él de inmediato por puro instinto.
Enseñar desde cero a alguien sin experiencia seguía sin ser de su agrado ni le parecía divertido, pero con Eun-won las cosas eran radicalmente distintas. Desde el mismo instante en que vio a Seo Eun-won por primera vez, absolutamente todo en él le resultaba fascinante. Su cara, la mirada con la que lo observaba, el tono de su voz al responderle, esa mezcla de recelo y docilidad, una docilidad que no llegaba a quebrarse bajo la presión, y el modo en que lloraba bajito con un hilillo de voz.
“...”.
“...”.
Al inclinar la cabeza, los ojos que lo miraban desde abajo titubearon un instante antes de que los párpados descendieran con suavidad. Había aprendido lo que era un beso. Había aprendido que, si él inclinaba así la cabeza, correspondía besarlo, y que al besarse debían cerrarse los ojos.
¿Qué sería lo siguiente que aprendería? ¿Por dónde debería empezar a enseñarle? Lo que en su día consideraba una molestia se había transformado ahora en un motivo de expectación y excitación constante. Con una sonrisa socarrona, Cha Se-jin bajó la cabeza hacia Eun-won, quien aguardaba con los ojos cerrados de forma obediente. El choque de los labios y el enredo de las lenguas resultaron sumamente dulces. Tan dulces como un helado, una gominola o un pastel.
A las puertas de su último examen, Eun-won se acercó a una máquina expendedora para sacar una bebida isotónica y se tragó dos pastillas inhibidoras más. Desde hacía varios días notaba que no conseguía controlar bien las feromonas, su cuerpo se sentía destemplado y vivía en un estado extraño en el que bastaba con que pensara en Cha Se-jin para que su ropa interior se empapara.
Ayer, al llegar a casa, no había podido resistirse y se había tocado a solas pensando en él; y esa misma mañana, mientras Cha Se-jin le revolvía los cabellos y le decía con una sonrisa juguetona y voz ronca: Al fin hoy terminas los exámenes, eh?, había vuelto a experimentar ese peligroso espasmo en el bajo vientre.
‘¿Y si hoy probamos a llegar un poco más lejos?’.
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Justo cuando se disponía a despedirse de Cha Se-jin tras el trayecto en coche hasta la universidad e iba a abrir la puerta para bajar, este le había rozado ligeramente el hombro derecho con la punta de los dedos, haciendo descender la mano con lentitud por su pecho y su vientre hasta colarse un instante por la cara interna del muslo antes de retirarla.
Recordando el hombro donde aún quedaban restos —aunque más tenues— de aquella marca, Eun-won se sobresaltó al percatarse de lo nítida que era la imagen mental de los labios de Cha Se-jin rozándole la parte interna de las piernas; presa del pánico, había huido del coche sin atreverse siquiera a despedirse en condiciones. Y ahora, justo antes de dar comienzo el examen, con el cuerpo ardiendo en fiebre ante cualquier pensamiento relacionado con Cha Se-jin, no le había quedado más remedio que tragarse otras dos pastillas inhibidoras.
“...”.
¿Por qué demonios me pasa esto...? Parece que las feromonas se van calmando un poco, pero... pensar en el director basta para que...
El verdadero problema era que se le pasaban por la cabeza pensamientos que jamás se habría atrevido a imaginar. Sentía que, en lugar de ir paso a paso enseñándole las cosas una a una, Cha Se-jin bien podría hacer con su cuerpo lo que le viniera en gana; incluso deseaba que de una vez por todas dejara de contenerse. De hecho, tanto antes de ayer como ayer, se había quedado con una profunda sensación de frustración cuando Cha Se-jin se apartaba tras limitarse a besarlo. Su cuerpo entero —una parte muy concreta de su interior— parecía desear abrirse como si se tratara de una puerta que por fin cedía... una sensación extraña, turbadora y difícil de expresar con palabras.
Tras ir al baño por última vez para lavarse las manos con agua fría y tomarse la medicina, se presionó el rostro afiebrado con las palmas heladas para intentar bajar la temperatura antes de entrar al aula. El tiempo transcurría de manera desesperantemente lenta.
No recordaba con claridad cómo había hecho el examen. Se había esforzado al máximo por concentrarse y escribir, pero era incapaz de retener en la memoria una sola de las respuestas que había plasmado. Su mente estaba por completo ocupada por la imagen de Cha Se-jin. Con solo traer su nombre a la cabeza, las entrañas se le revolvieron de golpe. Temiendo que se tratara de una falsa alarma y fuera a vomitar, Eun-won salió zumbando del aula y echó a correr hacia los baños.
“¡Eh, oye, qué te pasa!”.
Jung Woo-min, que ya estaba recogiendo la mochila para marcharse, vio salir a Eun-won pálido como el papel y corrió tras él.
Su cuerpo ardía de forma insoportable. La fiebre le nublaba la vista y las piernas le temblaban. Y además, una y otra vez... algo fluido brotaba de su interior, empapando su ropa interior. Tras meterse en un cubículo e intentar contener unas arcadas estériles al comprobar que no le salía nada, Eun-won recuperó un poco el aliento y salió hacia los lavabos.
Pensando que tal vez se debía a un golpe de calor, abrió el grifo para mojarse la cara y lavarse las manos con agua helada, pero lejos de remitir, los síntomas se volvieron aún más extraños. Sentía que su temperatura corporal oscilaba sin control; pasaba de un calor sofocante a un frío repentino, y del frío volvía a dispararse la fiebre de forma alarmante.
“Oye, ¿estás bien? ¡Si tienes la cara completamente blanca!”.
“Es que estoy un poco mareado... Pero ya se pasará”.
Cerrando el grifo y respirando hondo, Eun-won salió de los baños. Cada paso que daba hacía que el mundo le diera vueltas. Aquello rebasaba con creces los síntomas de un simple resfriado o un malestar pasajero. Y el hecho de que su zona baja continuara humedeciéndose tampoco era normal. Para colmo, las feromonas que hasta hacía un momento lograba mantener bajo control parecían haberse desbocado por completo.
No me digas que...
Solo al constatar el calor febril que impregnaba cada poro de su piel, Eun-won reparó al fin en la posibilidad de que se tratara del celo. Hasta entonces, las pastillas inhibidoras le habían funcionado a la perfección para controlarlo sin problemas, y jamás había experimentado un bajón físico semejante, por lo que el desconcierto era absoluto.
“Oye, agárrate a mí. ¿Seguro que estás bien?”.
“Sí. Acompáñame... al menos hasta el cuarto de asociaciones, por favor”.
“vamos, vamos”.
Con la ayuda de Jung Woo-min —quien, al ser beta, era inmune a aquello—, salieron al exterior del edificio y Eun-won enseguida percibió cómo las miradas de la gente a su alrededor se clavaban en él de forma descarada. Algunos giraban la cabeza con brusquedad al pasar, mientras que otros se detenían por completo en mitad del camino.
“Creo que podría ayudarte”.
Al cruzarse con su mirada, un alfa se le acercó sin rodeos, incapaz de apartar los ojos de encima de Eun-won, y le habló con voz ronca y oprimida. Sus pupilas brillaban con un brillo febril y su respiración se volvía cada vez más agitada.
Junto a esa respiración flotaba un aroma denso e inconfundible: feromonas de alfa que brotaban sin control, reaccionando de inmediato ante las de un omega. Era una fragancia espesa, amarga, que recordaba al olor del tabaco. A pesar de repelerle, su cuerpo sentía una tentación instintiva por rendirse a ellas. Mordiéndose con fuerza el interior de los labios para aferrarse a la consciencia, Eun-won cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos.
Cha Se-jin... Tenía que avisar a Cha Se-jin. Debía informarle de inmediato. Decirle que su cuerpo estaba fallando, que los inhibidores ya no servían de nada y que no sabía qué hacer. Necesitaba preguntarle si podía ir a buscarlo a donde estuviera. Eun-won movió las manos con desesperación en busca de su teléfono.
...¿Eh? ¿Y mi mochila?
No la tenía encima. En ese instante recordó que, con las prisas por correr al baño, se había dejado la mochila en el asiento del aula. Tenía que regresar a por ella para coger el teléfono, pero el trayecto de vuelta, por corto que fuera, se le antoja una distancia inalcanzable.
“vámonos. ¿Sí?”.
El alfa, con la mirada ya medio perdida por el celo, le agarró de la muñeca con brusquedad. La fuerza descomunal con la que apretaba hizo que a Eun-won se le escapara un quejido de dolor. Intentó zafarse, pero la falta de fuerzas en su cuerpo se lo impedía.
“¡Eh, carajo, qué te pasa! ¡Sueltalo ahora mismo! ¡He dicho que lo sueltes!”.
Al ver la escena, Jung Woo-min frunció el ceño con furia, agarró del brazo al alfa que examinaba el cuerpo de Eun-won y se lo sacudió de encima con fuerza. Por suerte, la complexión de Jung Woo-min no desentonaba frente a la del alfa, lo que facilitó abrir una brecha sin demasiadas complicaciones.
“Oye, ¿qué le pasa a esta persona? ¿Lo conoces de algo? ¿A qué viene esto?”.
“...Creo que... me ha venido el celo... Ayúdame, por favor”.
“¿Ah? O-oh... ¡Mierda! ¿Así que por eso todos estos hijos de puta no le quitan el ojo de encima? Asco de personas”.
Al caer en la cuenta de la situación, Jung Woo-min miró con repulsión a los alfas que merodeaban alrededor antes de volver a aferrar con firmeza el brazo de Eun-won.
“vamos, larguémonos rápido. Tienes que encerrarte en el cuarto de asociaciones y echar el seguro. No, espera, ¿será mejor coger un taxi e irte a casa? Joder con estos tipos, tienen una mirada rarísima. Primero salgamos de aquí como sea”.
“Es que me dejé la mochila en el aula y necesito volver a buscarla...”.
“Joder, es verdad. Bueno, voy corriendo yo a por ella. Pero claro, no puedes quedarte aquí solo. Eh... vete al cuarto de asociaciones. Está cerca, te metes ahí y yo vuelo a por la mochila”.
Amenazando con amagar patadas a los sujetos que intentaban acercarse a Eun-won, Jung Woo-min echó a correr hacia el cuarto de asociaciones mientras tecleaba un mensaje rápido para Joo Yi-deun y Yoon Ji-won. Aunque tuvo que escribirlo a toda prisa con una sola mano y estaba lleno de erratas, por suerte Yoon Ji-won respondió de inmediato confirmando que ya se encontraba allí. Tras enviarle otra respuesta caótica pidiéndole que bajara a recibirles de inmediato, Jung Woo-min agarró a Eun-won y aceleró el paso cuanto pudo.
Un trayecto que normalmente le habría tomado cinco minutos se le antojó eterno ese día. Sobre todo porque por el camino se topaban una y otra vez con tipos que intentaban acercarse a hablarles con la excusa de ofrecerles ayuda. Sudando frío y apartando a codazos a aquellos buitres, Jung Woo-min avistó a Yoon Ji-won, que salía remoloneando del edificio, y le vociferó:
“¡Eh! ¡Date prisa!”.
“Pero bueno, ¿qué mosca te ha picado de repente? Y este, ¿por qué está así? Oye, Seo Eun-won, ¿te encuentras mal?”.
“La situación está... joder, gravísima. Es que, buah, madre mía... estos lo miran y se les saltan la mierda”.
“¿Ah, sí? ¿Por qué?”.
“¡Tú sube y ya! ¿Hay alguien en el cuarto de asociaciones?”.
“Hasta hace un rato estaban todos, pero ahora estoy yo solo. ¿Qué pasa, necesitas más gente?”.
“No, no. Sube tú con Eun-won. Yo voy volviendo a por la mochila”.
Dejando a Eun-won al cuidado de Yoon Ji-won, Jung Woo-min dio media vuelta y salió corriendo por donde había venido. Viéndole marchar a toda prisa, Yoon Ji-won soltó un confuso —¿qué mochila?— y dirigió su atención a Eun-won, quien temblaba de pies a cabeza a pesar de que apenas lo sostenía del brazo.
“¿Qué te duele y dónde? ¿Tienes frío?”.
“...Creo que... me ha entrado el celo. Los inhibidores no me hacen efecto”.
“¿Qué? Joder, no me digas. Si no puedes ir por ahí suelto así como si nada, vámonos adentro”.
Al percatarse de que varios alfas seguían merodeando en los alrededores sin apartar la vista de ellos, exactamente igual que los zombis de las películas de terror, Yoon Ji-won puso cara de asco y, rodeando con firmeza los hombros de Eun-won, lo metió rápidamente en el edificio.
65
Aprovechando que el ascensor iba vacío, subió y se adentró en el pasillo silencioso; solo entonces experimentó un atisbo de alivio. Al abrir la puerta del cuarto de asociaciones y comprobar que no había nadie, Yoon Ji-won entró y sentó a Eun-won en el sofá.
“¿Tienes frío? ¿Quieres que te traiga una manta?”.
“No, estoy bien. Solo...údame a pedir prestado un teléfono. Me dejé la mochila...”.
“¡Ah, claro! Toma. Llama al jefe ahora mismo. Me quedaré fuera vigilando para que no entre nadie. La contraseña es 5555”.
“Gracias”.
Mientras escuchaba los pasos de Yoon Ji-won al salir, Eun-won hizo memoria con calma para recordar el número de Cha Se-jin. Al casarse y asumir que a partir de entonces su familia y protector era Cha Se-jin, se había aprendido su número de memoria. Sin embargo, al intentar recordarlo de golpe, los dígitos no acudieron con claridad a su mente. Con los ojos cerrados, Eun-won repitió en voz baja una y otra vez los números que se había aprendido de memoria hasta asociarlos uno por uno.
“Ah...”.
Al recordar los cuatro dígitos centrales, los cuatro últimos vinieron por añadidura de manera natural. Tras marcar la combinación, Eun-won presionó el botón de llamada y acercó el teléfono a su oreja. Pudo notar cómo sus manos, que ardían en fiebre, temblaban con fuerza como si estuviera pasando un frío terrible.
El tono de llamada comenzó a sonar. Una, dos, tres veces... ¿Y si se encontraba en una situación en la que no podía responder? Si Woo-min le traía la mochila, ¿debería tomarse más inhibidores? Ah, le había parecido escuchar que dentro de la universidad había un centro médico para personas con el mismo tipo de gándula... ¿Si iba allí, no podría al menos recibir una inyección inhibidora? Para no molestar al director, tal vez debería ir primero ahí...
─ Sí.
Justo en el momento en que se disponía a colgar al no recibir respuesta, la voz de Cha Se-jin se dejó oír brevemente al establecerse la conexión.
“...Director... Soy Seo Eun-won”.
─ Sí... ¿Eh? Oye, este no es tu número. ¿Has perdido el teléfono?
“No es eso... Me dejé la mochila en el aula y se lo pedí prestado a un amigo...”.
─ ¿La mochila? ¿Cómo has hecho eso? ¿Pasa algo? ¿Dónde estás ahora mismo?
Al escuchar la voz de Cha Se-jin, sintió que sus feromonas se desbordaban aún más. Notando que la respiración se le aceleraba, Eun-won contuvo las ganas de llorar y logró articular palabra con dificultad.
“Por favor, ven aquí ahora mismo, director... Creo que... me ha venido el celo...”.
─ ¿Qué? ¿Dónde estás?
“En el cuarto de asociaciones...”.
─ ¿De quién es el teléfono que me has prestado? ¿Del chico del hotel?
“Sí...”.
─ Pásame con él, no te muevas de ahí y quédate dentro. Estás solo, ¿verdad?
“Sí...”.
Ante el tono serio de la voz de Cha Se-jin, Eun-won se incorporó y le tendió el teléfono a Yoon Ji-won, que aguardaba de pie junto a la puerta del cuarto de asociaciones. Al ver en la pantalla que la llamada seguía activa, Yoon Ji-won adivinó la situación antes de que pudiera decirle nada, empujó con rapidez a Eun-won hacia el interior y cerró la puerta.
“¡Hola, jefe...! ¡Sé que estará muy preocupado, pero no se preocupe y...!”.
─ Déjate de rodeos, ¿Eun-won está dentro completamente solo?
“¡Ah, sí! Lo he dejado solo, he cerrado la puerta y estoy aquí mismo vigilando la entrada”.
─ Bien hecho. Estaré ahí en treinta minutos, así que asegúrate de que nadie entre. Sobre todo ningún alfa. Ya sabes lo que pasa si entra un alfa.
“¡Sí! ¡Los betas también recibimos formación sobre tipos de gándulas en su día y no me quedé dormido en clase! ¡Me quedaré vigilando para que nadie entre hasta que llegue! No se preocupe”.
─ Llámame de inmediato si ocurre cualquier cosa.
“¡Sí!”.
Al comprobar que la llamada había finalizado, Yoon Ji-won guardó el teléfono en el bolsillo con una expresión rebosante de sentido del deber, abrió la puerta recién cerrada y miró a Eun-won, quien en lugar de haberse quedado en el sofá se había sentado en una silla de madera dura.
“¿Por qué te has sentado ahí en vez de tumbarte un rato en el sofá?”.
“No, estoy bien así...”.
“Jefe, dice que en treinta minutos estará aquí. Me quedaré custodiando la puerta hasta que llegue, así que no te preocupes por nada”.
“Sí, gracias. Y... perdona por esto...”.
“Decídete por una sola cosa. ¿Vas a dar las gracias o vas a pedir perdón?”.
“...Gracias”.
Ante las palabras de Eun-won, Yoon Ji-won apretó el puño con firmeza, le repitió que no se preocupara y volvió a cerrar la puerta. Eun-won apoyó los brazos sobre la mesa y hundió el rostro, intentando soportar un cuerpo donde comenzaban a propagarse sensaciones cada vez más difíciles de describir y demasiado vergonzosas para ser expresadas con palabras. Sintió cómo un nuevo chorro de líquido caliente volvía a empapar su ropa interior, que ya estaba húmeda. Daba la sensación de que hasta sus pantalones se habían mojado, haciéndole imposible sentarse en el sofá.
“...M-mmh...”.
Cada vez que una oleada de frío recorría su cuerpo, un calor impregnado de un deseo más intenso se deslizaba con lentitud por su interior como si lo acariciara. Y con cada espasmo de esa clase, una sensación extraña se expandía por el interior de sus muslos apretados con fuerza. Sabiendo perfectamente que no debía hacerlo, volvía a presionar los muslos con más fuerza todavía para oprimirlos. Aquello que había cambiado su nombre de simple sensación a un placer desatado se clavaba de forma deliciosa en lo más hondo de sus piernas.
“...Ah...”.
Luego, al aflojar la tensión, su cuerpo entero se desvanecía en la debilidad. Al abrir los ojos —que había mantenido cerrados—, el mobiliario habitual del cuarto de asociaciones oscilaba ante su vista. Su mente se encontraba tan obnubilada como si hubiera bebido alcohol en exceso. Si hacía un rato, con un poco de esfuerzo de voluntad, lograba recuperar la claridad del mundo por unos instantes, ahora ya no era capaz. No sabía cómo serenar su cabeza ni lograba enfocar la vista con nitidez.
“...”.
Cha Se-jin... Cha Se-jin, Cha Se-jin.
Anhelaba a Cha Se-jin. Lo deseaba con desesperación. Quería inhalar su aroma de feromonas. Le imploraba en silencio que lo envolviera por completo entre sus brazos... y el pensamiento de que quería que lo besara acudió a su mente sin la menor vacilación.
...Por favor, te lo ruego, date prisa...
Las lágrimas terminaron por brotar al verse atrapado en un cuerpo que no obedecía a la medicina ni respondía a sus órdenes. Las gotas saladas, que empapaban por completo sus pestañas, se transfirieron a la manga de la ropa contra la que tenía apoyada la cara, oscureciendo el tejido de la tela. Sus piernas, repletas de una urgencia placentera, volvían a cerrarse de forma involuntaria. La dulzura de aquel placer, que apenas se extendía de manera superficial por los alrededores, le supo a poco y provocó que un leve gemido se escapara de entre sus labios. Treinta minutos se antojaban una eternidad.
“Joder, puto imbécil, menuda forma de conducir tiene el subnormal este. ¿A qué viene cruzarse así de repente y frenar en seco? ¿Se habrán tomado drogas todos a la vez?”.
Apenas salió de la empresa, Cha Se-jin se subió al coche y condujo sin contemplaciones hacia la Universidad Hankuk. Lanzó un largo bocinazo a un vehículo que se había metido de golpe en su carril sin poner el intermitente y reduciendo la velocidad a la mitad, para acto seguido cambiarse al carril contiguo que estaba libre y pisar el acelerador. Con lo impaciente que estaba, ya había perdido la cuenta de cuántas veces le ocurría lo mismo en el trayecto.
Tal como se sentía, le habría encantado barrerlos a todos de la carretera a empujones con el coche, pero sabía de sobra que si hacía algo así, no solo incumpliría el tiempo estimado de llegada, sino que se metería en un lío aún mayor, por lo que decidió reprimir su mal genio por el momento.
Que a un omega le diera un brote de celo no era, en realidad, un motivo tan alarmante. Era algo completamente natural. No había necesidad de entrar en pánico ni de preocuparse en exceso. Sabiendo que el chico se encontraba a salvo y encerrado en el cuarto de asociaciones, era consciente de que retrasarse cinco o diez minutos no iba a provocar ninguna catástrofe insuperable.
Sin embargo, la cabeza, el corazón y el cuerpo funcionaban de manera independiente. Su mente entendía que debía mantener la calma, pero sus emociones y su físico le gritaban que mandara la tranquilidad a la mierda y se precipitara sin freno hacia donde estaba Eun-won. Con una mirada cargada de irritación y los nudillos blancos sobre el volante, Cha Se-jin giró a la izquierda siguiendo las indicaciones del letrero que señalaba la Universidad Hankuk. Al fin estaba cerca de Eun-won. Solo le quedaba un trayecto de cinco minutos.
Adentrándose un poco más en el recinto universitario y tomando la entrada que solía frecuentar, Cha Se-jin aparcó el coche con soltura frente al edificio donde se encontraba el cuarto de asociaciones y bajó de inmediato para adentrarse en las instalaciones.
“Vaya, joder...”.
Nada más cruzar la entrada, percibió un atisbo del rastro de las feromonas de Eun-won. Varios alfas holgazanes merodeaban por los pasillos sin aparentes intenciones de hacer nada productivo. Tras apretar con fuerza los muelas y volver a relajarlas, Cha Se-jin comenzó a subir las escaleras a grandes zancadas con sus largas piernas.
Cuanto más ascendía, más denso se volvía el dulzón aroma a leche. Al notar que el perfume se había filtrado hasta impregnar por completo el pasillo, no necesitaba ver el estado en el que se encontraba para adivinarlo. Consultando el número de la estancia que Yoon Ji-won le había enviado por mensaje, Cha Se-jin subió un piso más y se adentró en el corredor.
El rastro de feromonas se volvió intensísimo, anunciándole que Eun-won estaba muy cerca. Rumiando una maldición entre dientes ante aquel estímulo tan provocativo, avistó a Yoon Ji-won, que le hacía señas con la mano desde lejos, y se encaminó hacia él.
“¡Hola, jefe! ¡Ha llegado!”.
“Sí, ¿dónde está Eun-won?”.
“¡Está dentro! Me he asegurado de que nadie pudiera entrar”.
“Bien hecho”.
Justo cuando se disponía a abrir la puerta del cuarto de asociaciones, Cha Se-jin reparó en un rostro desconocido que aguardaba al lado de Yoon Ji-won. Al toparse con su mirada inquisitoria sobre quién demonios era él, Jung Woo-min —que sostenía la mochila de Eun-won en las manos— hizo una reverencia con rigidez para saludarlo. Yoon Ji-won se apresuró a presentarlo en su lugar.
“Ah, este es Jung Woo-min, un amigo de Eun-won. Eh... fue él quien lo trajo hasta aquí y, bueno, ¡también le ha traído la mochila!”.
Tras bajar los ojos para verificar que efectivamente sostenía la mochila de Eun-won, Cha Se-jin empujó la puerta del cuarto de asociaciones y la abrió.
“Uf...”.
Una oleada de feromonas de una intensidad indescriptible lo golpeó de golpe. Tan densa era que parecía disolverle las conexiones de la cabeza. Por un instante perdió la noción de dónde estaba, en qué situación se encontraba o a quién tenía delante; solo sintió el impulso irrefrenable de abalanzarse sobre el cuerpo de Eun-won, que yacía desplomado boca abajo, abrirlo por completo y adentrarse hasta el rincón más hondo de su ser.
Joder. Qué tal si le digo a los de fuera que sigan vigilando y li hago aquí mismo.
No era una opción imposible. Puesto que ya se encargaban de vigilar que nadie se acercara, bastaría con ordenarles que mantuvieran la guardia media hora más. El ambiente terminaría apestando a semen, pero eso se solucionaba ventilando; y si algo de la habitación se rompía durante el proceso, se compraba todo nuevo o se mandaba a reformar el cuarto de asociaciones entero de arriba abajo, así que eso tampoco le importaba lo más mínimo.
Aflojándose la corbata que le resultaba sofocante y sintiendo cómo el calor le nublaba el cerebro, Cha Se-jin cerró la puerta a sus espaldas. Al parecer, Eun-won no había escuchado el sonido de la apertura, pero sí el del cierre, pues en ese mismo instante levantó la cabeza de donde la tenía apoyada. Y entonces...
“...Director...”.
Lo llamó con una voz teñida de ruego. Con los ojos anegados en lágrimas, como si lo hubiera estado aguardando a él por encima de todo, como si nadie más sirviera. Cha Se-jin se acercó a grandes pasos y rodeó con una mano la mejilla afiebrada de Eun-won. Su piel quemaba.
“Sí, ya he llegado. No tienes de qué preocuparte”.
“...He estado esperando...”.
“¿Has estado esperándome?”.
Al escuchar aquel tono con tintes de rabieta infantil, como si le reclamara haber tardado tanto, Cha Se-jin soltó una risa ahogada mientras observaba cómo Eun-won frotaba su mejilla contra la palma de su mano. Al percibir aquellas feromonas tan concentradas, su pene —que ya estaba erecto desde el momento en que sintió el aroma— incrementó aún más su volumen. Si se quedaba allí un segundo más, terminaría cediendo a la tentación de abrirle el cuerpo en un cuchitril tan miserable como aquel. Pero no quería eso.
“Vámonos a casa”.
Viendo a Eun-won exhalar un aliento febril mientras las lágrimas le resbalaban sin control por las mejillas, Cha Se-jin le acarició con suavidad el rostro antes de retirarle la mano. Al notar que se apartaba, como si le doliera perder el contacto, las lágrimas del chico cayeron con más desconsuelo todavía.
“Cariño, a mí también me jode las mil maravillas no poder tocarte más aquí mismo. Pero nos vamos a casa y ahí te haré lo que quieras, ¿Bueno?”.
Quitándose la chaqueta del traje y arrojándola de cualquier manera sobre el escritorio, Cha Se-jin se remangó la camisa. A continuación, se inclinó hacia Eun-won, que seguía sentado en la silla, y envolvió su cuerpo pequeño, febril y tembloroso para alzarlo en brazos.
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Los brazos de Eun-won se cerraron de inmediato alrededor de su cuello. En cualquier otra circunstancia, si lo alzaba de esa manera, el chico se habría quedado paralizado de la vergüenza o habría entrado en pánico sin saber qué hacer; sin embargo, esta vez era distinto. Lo deseaba. Ansioso por acortar cualquier distancia, presionó aún más su cuerpo contra el suyo, rodeándole el cuello con fuerza y frotando el rostro contra su hombro y su garganta.
Joder, me voy a volver loco de verdad.
66
Aun sosteniendo a Eun-won con un brazo, Cha Se-jin se pasó la mano por el rostro afiebrado mientras exhalaba un suspiro tembloroso. Luego, cogió la chaqueta que había dejado sobre el escritorio y se la echó por la cabeza a Eun-won para cubrirlo.
Aunque el coche estaba justo en la entrada, no podía asegurar que no se cruzaría con nadie por el camino. Apenas un momento antes, al subir, había visto a varios alfas merodeando con cara de estar en pleno celo, y con la intensidad de ese aroma, el grupo sin duda se habría multiplicado en cuestión de minutos. ¿Qué alfa en su sano juicio podría quedarse quieto al percibir semejante fragancia?
Precisamente porque él era un alfa dominante y detestaba imponerse por la fuerza, utilizar la coacción o recurrir a la violencia, era capaz de mantenerse firme en una situación así. Aunque no pudiera evitar que se le pusiera el penes duro, sí que era capaz de reprimir el impulso de montárselo allí mismo, en medio de la universidad. Porque era él. Nadie más, solo él. Su calidad no tenía punto de comparación con la de esos patéticos alfas de pacotilla.
Manteniéndolo en brazos sin soltarlo, Cha Se-jin salió del cuarto de asociaciones y, al ver la expresión de absoluto desconcierto en los rostros de Yoon Ji-won y Jung Woo-min, les indicó con la barbilla:
"Lleven la mochila y vengan detrás".
Avanzando a paso firme para abandonar el pasillo, Cha Se-jin echó un vistazo al ascensor, que iba subiendo con parsimonia, y decidió bajar directamente por las escaleras. No estaba para perder el tiempo esperando tranquilamente a que bajara, marcar el botón de la planta baja y descender con aire mecido.
Tal como había previsto, la primera planta estaba bastante concurrida. Al igual que arriba, la mayoría eran alfas con la mirada turbia por el deseo, mientras algunos betas despistados deambulaban por el pasillo sin entender nada.
Aliviado de haberle cubierto la cara a Eun-won, Cha Se-jin miró de reojo a aquellos alfas que contenían las ganas de acercarse y se encogían, indecisos al toparse con su advertencia visual, y desató con fuerza sus feromonas dominantes. El rostro de los hombres, que hasta entonces mostraban una expresión ávida y excitada, se torció y marchitó al verse aplastados por el peso de un alfa dominante contra el que jamás podrían competir.
Tras doblegar con facilidad a los alfas comunes mediante su esencia, Cha Se-jin salió del edificio, abrió la puerta del copiloto y sentó a Eun-won con sumo cuidado. Al notar que iba a soltarlo, las manos del chico se aferraron de inmediato a su ropa, negándose a perder el contacto. Ah, de verdad que me voy a volver loco. Rumiando una maldición entre dientes, Cha Se-jin levantó un extremo de su propia chaqueta, que aún cubría a Eun-won, y metió la cabeza debajo. Pudo comprobar que tenía el contorno de los ojos húmedo; al parecer, había llorado un buen rato mientras bajaban. Aquello resultaba desconcertantemente hermoso.
"Fuera de la universidad te tocaré todo lo que quieras. A mí no me importaría hacerlo ahora mismo, pero cuando te pase el celo te arrepentirás, ¿o no?".
Por su expresión, era evidente que no deseaba escuchar nada de lo que decía. Con el cuerpo rebosante de sensibilidad y tras haberle bañado en sus feromonas, era perfectamente normal que reaccionara así. Oculto bajo la chaqueta, Cha Se-jin le rodeó la nuca y presionó sus labios contra los suyos para devorarlos con suavidad. Al acariciar y chupar un par de veces aquellos labios aún más tersos y suaves debido a la fiebre, e introducir la lengua para explorar su interior, notó cómo el cuerpo de Eun-won daba un respingo.
"Mmh...".
Un gemido se le escapó de inmediato. Solo pretendía calmarlo un poco, pero terminó por excitarlo todavía más. Y no era el único: con el simple hecho de haberle lamido la lengua una sola vez, la entrepierna de Cha Se-jin también era un caos absoluto. Tras succionarle la lengua un par de veces más con fruición, disfrutando incluso del dulzor de su saliva, Cha Se-jin sacó la cabeza de debajo de la chaqueta, enderezó la postura y cerró la puerta del copiloto. Al girarse, se topó con la cara de uno que lo miraba sin comprender nada y la de otro que parecía sumamente orgulloso por haber cumplido con su tarea.
"¿Me conoces?".
Acercándose al amigo de Eun-won que estaba junto al hotel, el que sostenía la mochila y cuyo nombre creía haber escuchado alguna vez sin lograr retener ni una sola sílaba, Cha Se-jin le arrebató el bulto, lo metió en el asiento trasero y preguntó mientras sacaba la cartera del bolsillo.
"...E-este... sí...".
"Y tú, ¿de qué me conoces? ¿Me viste en la sección de sucesos?".
"...E-en... en las noticias de antes...".
"Ah, en las noticias y también hoy. Vaya, parece que ya nos conocemos. Si ya nos conocemos, ¿te importaría hacerme un favor? Amigo, ¿tienes la boca bien cerrada?".
Tras caer finalmente en la cuenta de quién era Cha Se-jin, Jung Woo-min asintió con rigidez, pálido del susto e incapaz de articular palabra. Con una sonrisa que pretendía ser amable pero que resultaba francamente intimidante, Cha Se-jin extrajo todos los billetes y los cheques al portador que llevaba en el compartimento de la cartera y se los tendió a 윤지운 (Yoon Ji-won). Como casi nunca usaba efectivo y solo llevaba algo para emergencias, no sabía con exactitud cuánto era, pero rondaría por poco menos de un millón de wones.
"Coman algo los dos".
"¡E-es demasiado dinero...!".
"Pues invita a un café también. Si aún les sobra, se lo reparten".
Dejando el dinero más o menos aturdido en las manos de Yoon Ji-won y escuchando a su espalda una retahíla de agradecimientos atropellados, Cha Se-jin se encaminó hacia el asiento del conductor y subió al coche. Apenas abrió la puerta, una densa oleada de la fragancia de Eun-won lo golpeó con tanta fuerza que estuvo a punto de perder la cabeza.
Eun-won abrazaba con desesperación su chaqueta contra el pecho, oprimiéndola con ambas manos mientras hundía en ella los labios y la nariz. Derramando lágrimas sin parar, se dedicaba a inhalar su aroma con desesperación. Porque lo deseaba. Porque quería follar con él.
"___".
Notaba cómo el líquido preseminal comenzaba a filtrarse. A este paso, no solo la ropa interior de Eun-won iba a terminar empapada, sino que la suya propia acabaría completamente mojada.
Tenía que salir de allí cuanto antes. Conteniéndose a duras penas, Cha Se-jin giró la llave para encender el motor, abandonó los alrededores del edificio y salió pitando del recinto universitario. Habría preferido regresar a casa a toda velocidad, pero por desgracia el trayecto requería su tiempo. Al menos, la única ventaja era que no coincidían con la hora punta de tráfico.
"Intentaré llegar lo más rápido que pueda, así que aguanta un poco...".
Debería haberle pedido que aguantara, pero las palabras se le atascaban en la garganta. Sabía perfectamente que, en una situación así, pedir resistencia no servía de nada. Si incluso él, que no estaba atravesando el celo, se sentía al borde de la locura con el fuerte aroma a leche que inundaba el habitáculo, para Eun-won, cuyo cuerpo ardía consumido por la fiebre del celo, soportarlo debía ser una auténtica tortura.
Por eso aquel chico, tan tímido y vergonzoso por naturaleza, se aferraba a su ropa sin atreverse a separar los labios de ella ni un solo segundo.
Una vez rebasado el cruce, Cha Se-jin aceleró el vehículo buscando la ruta más directa hacia la mansión. Al menos parecía que la suerte le acompañaba un poco, pues logró recorrer la avenida principal sin tragarse ni un solo semáforo en rojo.
"¡Joder, maldito idiota...!".
Cuando estaba a punto de pasar con el verde en otro cruce, un coche se metió de la nada obligándole a frenar justo cuando cambiaba el semáforo. Tratándose de un tramo con una luz larguísima, una furia sorda le recorrió las entrañas.
Los nudillos con los que sujetaba el volante estaban sudorosos. Intentaba por todos los medios no mirar hacia el asiento del copiloto para evitar cometer una locura, pero la cabeza se le iba sola. Incapaz de aguantarse más, Cha Se-jin desvió la mirada hacia el lugar de donde provenían aquellos débiles quejidos.
"___".
Se le veía sufrir de verdad. Las lágrimas le manaban sin descanso y el cuerpo entero le temblaba de pies a cabeza. Era una estampa obscenamente tentadora, sí, pero también le generaba un profundo enternecimiento. Al fin y al cabo, ya habían recorrido más de la mitad del camino, así que estiró una mano para acariciarle con suavidad el rabillo del ojo bañado en llanto, recordándole que resistiera solo un poco más... y en ese preciso instante...
"¡Mmh...!".
Eun-won separó los labios de la chaqueta y dejó escapar un gemido fino y lastimero entre su boca abierta. Sus ojos, incapaces de enfocar ni siquiera un instante, reflejaban una absoluta desorientación. Prescindiendo por completo del cinturón de seguridad, Cha Se-jin inclinó el torso hacia el lado del copiloto.
Con un movimiento firme, le sujetó la barbilla y le obligó a volverse hacia él. Las pupilas de Eun-won, anegadas en lágrimas, temblaban sin fijeza. Su mente era un completo desastre. Ya le importaba una mierda cualquier consecuencia futura. Si no lo devoraba en ese preciso instante, sentía que iba a morir. Sin pensarlo dos veces, Cha Se-jin introdujo profundamente su lengua en la boca de Eun-won y atrapó sus labios en un beso hambriento.
"___Mmh, ah... mm-h...!".
Las salivas se fundieron en un hilo viscoso y el sonido de las suposiciones y lametones llenó por completo el habitáculo del coche. Tras succionar la lengua de Eun-won hasta la raíz, Cha Se-jin bajó una mano para desabrochar la hebilla del pantalón del chico. El chasquido del metal al abrirse y el deslizamiento de la cremallera se perdieron entre los ruidos húmedos del entorno.
El interior del pantalón ya estaba completamente anegado de calor. Al deslizar sus largos dedos, tropezó con la tela de la ropa interior, empapada hasta la saciedad. Introduciendo la mano aún más hondo para aferrar el penes erecto a través de la tela, Eun-won ahogó un gemido largo contra su boca.
"¡Ah-h... mmh...!".
La eyaculación llegó demasiado rápido. Tras un par de fricciones sobre la prenda mojada, aquella zona caliente volvió a humedecerse de forma aún más febril. Cha Se-jin retiró la mano y la boca de encima de un Eun-won que temblaba de arriba a abajo sacudido por el placer. A su espalda resonó un bocinazo impaciente; al parecer el semáforo ya se había puesto en verde. Volviendo a abrocharse el cinturón de prisa, Cha Se-jin aferró el volante con la mano seca y, acto seguido, volvió a estirar la otra mano —toda manchada con los fluidos de Eun-won— hacia el asiento del copiloto.
Deslizó los dedos por debajo de su chaqueta, que seguía cubriéndole desde el pecho hasta los muslos, y buscó la abertura de la cremallera hasta rozar con las yemas la entrepierna de un Eun-won cuya excitación no daba tregua.
Una vez más, Cha Se-jin impregnó por completo sus dedos con el flujo y el semen del chico. Con un movimiento experto y machacón, comenzó a frotar el penes a través de la ropa interior, provocando que la cadera de Eun-won diera un respingo violento.
"Ah... M-mmh, ah... Di-rector... Creo que... voy a correrme otra vez...".
"Hazlo en la mano".
Al frotar con insistencia el glande que asomaba turgente bajo la tela húmeda, la cintura del chico volvió a sacudirse con fuerza. Cuando le arañó con la yema del dedo la zona ya rebosante de líquido, un grito ahogado escapó de su garganta. Aunque disfrutaba como nunca del placer que lo azotaba, parecía conservar todavía un atisbo de pudor, pues intentaba ahogar los sonidos y evitaba moverse demasiado.
"Mmh, ah...".
"No te aguantes, puedes poner todo el asiento perdido si quieres".
Sujetando el volante con una sola mano y aprovechando que la carretera estaba despejada para acelerar a fondo, Cha Se-jin se negó a soltar a Eun-won con la otra. Si ni siquiera hubiera empezado, tal vez habría podido contenerse, pero una vez que había puesto las manos en él, ya no había marcha atrás.
"...Ah... A-ah, mmh...".
Se notaba que su penes estaba ultrasensible a consecuencia de los dos orgasmos casi consecutivos. Al apartar a un lado la tela de la ropa interior mojada, los dedos de Cha Se-jin lograron colarse por fin en su interior. La mano, ya dentro de la prenda, comenzó a masajear con facilidad la punta de su sexo.
Si ya rozarlo por fuera de la ropa le había nublado el juicio, sentir el contacto directo de las yemas sobre el extremo hizo que su mente sufriera un apagón absoluto. Eun-won contuvo un breve gemido y se pegó por completo al respaldo del asiento. Con la boca abierta como un tonto y emitiendo unos sonidos agudos y delgados que ni siquiera parecía que salieran de su propia garganta, se dejó llevar.
La mano de Cha Se-jin volvió a moverse. Aumentó el ritmo con el que aferraba directamente su penes . Entre el sonido viscoso de la fricción, la vergüenza y el placer se enredaron de tal modo que perdió toda noción de la realidad. En el preciso instante en que Eun-won volvió a eyacular con fuerza dentro de la mano de Cha Se-jin, el coche atravesó por fin la entrada de la propiedad y ascendió a toda velocidad hacia la casa.
"¡Ah, a-ah... Mmh... Ah...!".
El mundo ante sus ojos viró del blanco al rojo carmesí y de nuevo al blanco mientras una oleada de placer le estallaba en la coronilla. Eun-won aferró con fuerza la muñeca de Cha Se-jin —la mano que aún retenía su sexo— y se quedó temblando convulsivamente durante largos segundos. Su cadera seguía dando espasmos involuntarios. El placer, extendido hasta la punta de los dedos de los pies, se negaba a remitir y seguía acariciando las profundidades de su entrepierna.
67
En ese preciso instante, el coche se detuvo frente al anexo. El cuerpo de Eun-won se desvaneció sin fuerzas contra el asiento. Ni siquiera tres eyaculaciones habían sido suficientes para calmar aquel fuego interior. A diferencia de las ocasiones anteriores, en las que con solo tomar las pastillas todo pasaba con rapidez o, como mucho, se masturbaba una sola vez para poner fin al malestar cuando sentía la sensibilidad a flor de piel, esta vez era totalmente distinto. Aunque se había corrido varias veces en la mano de Cha Se-jin sin importarle ya la vergüenza, su mente seguía estando llena de él. Lo único que deseaba era que continuara tocándole cada rincón de su cuerpo sin parar.
"Ya hemos llegado. Espera un segundo".
Retirando por fin su mano empapada de entre la ropa interior de Eun-won, Cha Se-jin se limpió los dedos de cualquier manera frotándolos contra la chaqueta que el chico sostenía y bajó del vehículo.
Sintiendo el penes tan erecto que parecía a punto de reventar, dio la vuelta al coche y se acercó a la puerta del copiloto. Tal como había ocurrido durante todo el trayecto, en cuanto abrió la puerta, la mirada de Eun-won se clavó de inmediato en su rostro. Lo observó con los ojos atónitos y, en el momento en que metió medio cuerpo para alzarlo, el chico volvió a rodearle el cuello con los brazos como si lo hubiera estado esperando.
Lo lógico habría sido entrar de inmediato, pero la razón volvió a traicionar a Cha Se-jin. Sus labios se ensamblaron con frenesí y sus lenguas se enredaron con desesperación. Como tenía que conducir, no le había quedado más remedio que tocarlo con una sola mano, pero lo que en realidad deseaba era introducir la lengua hasta el fondo y remover con ansia todo el interior de su boca. Quería acumular una saliva tan dulce como las feromonas y tragársela, y al mismo tiempo dejar que él tragara la suya.
Devorar aquello que hasta entonces solo había imaginado en su cabeza lo tenía completamente fuera de sí. Chupando la lengua de Eun-won hasta hacer resonar un sonido viscoso, Cha Se-jin le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
"Ah... mmh... sí...".
"Uf, joder...".
Estaban frente a la puerta. Ya solo faltaba abrir y entrar. Una vez dentro, aquel piso era únicamente de él y de Eun-won, así que daría igual en qué rincón se quitaran la ropa, abrierse de piernas o derramar semen por todas partes. Haciendo un esfuerzo supremo por liberar su lengua, Cha Se-jin enderezó el torso. Sus pupilas, enturbiadas por el grado extremo de excitación que soportaba, reflejaron por un instante el cielo despejado antes de volver a posarse sobre Eun-won.
"Entremos".
Sosteniéndolo en brazos, Cha Se-jin cruzó la puerta del anexo y subió las escaleras. Habría dado cualquier cosa por cerrar la puerta y enredarse con él allí mismo en el recibidor, pero se negaba a tratarlo de cualquier manera. Ese fue el último resquicio de paciencia que logró estirar.
Incluso en aquel breve lapso, el dulce aroma a leche de Eun-won le acariciaba la nuca. Los labios de Cha Se-jin rozaron con suavidad los suaves cabellos del chico antes de apartarse.
Tras adentrarse en el dormitorio impecablemente ordenado y cerrar la puerta de una patada, Cha Se-jin depositó a Eun-won sobre la cama. Desde fuera, con la única idea fija de llevarlo a casa cuanto antes y manteniendo la razón a flote, no se había percatado del todo, pero al verlo allí tumbado en un sitio donde ya podía romper las bridas de cualquier autocontrol, se preguntó cómo demonios había logrado aguantar y conducir hasta la casa después de verle esa cara.
"Quería hacerlo contigo paso a paso, enseñándote cada cosa con calma".
Derruido sobre las sábanas, Eun-won alzó la mirada con obnubilación hacia Cha Se-jin, que se inclinaba sobre él. Se preguntaba si de verdad estaba permitido que emanara semejante cantidad de feromonas. Su cuerpo ardía de forma insoportable y necesitaba a Cha Se-jin con desesperación.
"Aunque a lo mejor así no te gusta".
Desatándose la corbata para arrojarla a cualquier rincón y abriéndose tres o cuatro botones de la camisa, Cha Se-jin se montó encima, metiendo las rodillas a ambos lados de los muslos de Eun-won. Al notar cómo el colchón se hundía con peso, los hombros del chico dieron un respingo.
"¿Me has llamado con esta cara? ¿Me has pedido que viniera con esta expresión, dime? ¿Eh? ¿Qué pensabas mientras esperabas a solas? ¿Cómo querías que te tratara, cariño?".
Inclinándose hasta rozar con sus labios la mejilla mojada de lágrimas de Eun-won, deslizó la boca hacia su oreja. Tras lamerle el pabellón auditivo y morder con suavidad el lóbulo reblandecido por el calor, provocó que Eun-won soltara un gemido.
"___Ah".
Tenía ganas de seguir devanándole la paciencia, de ver cómo se aferraba a él, se moría de ansias y lloraba bajito pidiéndole más, pero él mismo había llegado a su propio límite. Sujetándole la barbilla con firmeza, Cha Se-jin forzó su boca a abrirse para introducir la lengua, mientras con ambas manos desabrochaba con torpeza la camisa que Eun-won se había puesto aquella mañana.
"___Mmh... Sí...".
Saber que el chico aceptaba gustoso la lengua que le había regalado y se dedicaba a chuparla con ansia le resultaba tan adorable como obsceno. Cha Se-jin le quitó por completo la camisa abierta y después hizo lo mismo con la fina camiseta que llevaba debajo. Como al sacársela por la cabeza tuvo que retirar la lengua un momento, el extremo de la suya, encendido de calor, asomó con pesar por entre los labios de Eun-won. Dejando escapar una risa ahogada, Cha Se-jin volvió a introducirle la lengua, y el chico la recibió de inmediato, chupándola con torpeza pero con la urgencia de quien saborea algo delicioso.
No hace falta enseñarle nada, chupa de maravilla.
Soltando una carcajada nasal, Cha Se-jin palpó con las manos el cuerpo de Eun-won, que ardía por el calor y las feromonas. Aunque ni siquiera le había tocado una zona erógena, el simple contacto de sus manos hizo que el chico se estremeciera y soltara la lengua que tenía en la boca.
Aprovechando que se la había quitado, Cha Se-jin comenzó a lamerle la mejilla mientras descendía hasta hundir el rostro en su cuello. Tal como había hecho días atrás, clavó los dientes con suavidad y succionó la piel para dejarle una marca. Siguió bajando y, sin mediar caricias previas, rozó con la punta de la lengua uno de sus pezones, que ya se erguía por sí solo.
"¡H-mh...!".
Ante un cuerpo tan sobreexcitado que se arqueaba con el más mínimo roce, Cha Se-jin abrió la boca de par en par y devoró el pezón como si quisiera tragárselo entero. Mientras hacía rodar el pezón con la lengua en el interior de su boca, comenzó a pellizcar el otro entre sus dedos, provocando que la cintura de Eun-won se retorciera.
"Mmh, a-ah...! Di-director... Ah, ahí no... M-mmh...".
"¿No te gusta?".
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Al oírle preguntar aquello mientras le seguía succionando el pezón, Eun-won sintió que algo brotaba y resbalaba... por la parte de atrás. No por delante. El semen suele acumularse hasta estallar cuando el placer alcanza el clímax, pero aquello fluía de manera constante sin necesidad de un momento culmen.
"___¡Ah...!".
Tras rodearle el pezón con la lengua y succionarlo con fuerza hasta producir un sonido húmedo, Cha Se-jin le dio un pequeño mordisco sin llegar a hacerle daño. La cintura de Eun-won dio un respingo y se sacudió con violencia. Con una sonrisa febril en los labios, Cha Se-jin continuó machacando con la lengua aquel pezón turgente y empapado antes de apartarse.
"Ha... Uf".
Bajando la vista hacia la bragueta y el botón que ya pendían abiertos, Cha Se-jin se desprendió de un solo tirón del pantalón y la ropa interior de Eun-won. La prenda íntima, completamente empapada y pegada a su sexo, el periné y los glúteos, se desprendió dejando un largo hilo de fluido. Tras cortar el hilo con los dedos entre risas, Cha Se-jin le sujetó los muslos a Eun-won y se los abrió por completo.
Ya se lo había imaginado mientras lo tocaba en el coche, pero la parte interior de sus piernas era un auténtico desastre de humedad. Al examinar la zona con mayor insistencia, pudo ver el periné terso y, justo debajo, una abertura que se abría y cerraba por sí sola, expulsando un líquido transparente, espeso y pegajoso en un flujo incesante.
"A veces me pregunto si hacía falta que hasta esto fuera tan precioso".
Aquella no era su primera vez teniendo relaciones sexuales, pero sí la primera con un hombre. Aunque ya intuía que besar a Eun-won y desearlo no le generaría ningún tipo de rechazo, verlo con sus propios ojos superó con creces sus expectativas. No, decir que estaba bien se quedaba corto: para ser sinceros, se le antojaba de una perversión tan enloquecedora que era capaz de perder la cabeza solo con pensar en chupar el ano de un hombre.
Jamás le habían gustado los preámbulos ni los juegos posteriores. Consideraba que esas cosas solo se hacían con alguien con quien compartías sentimientos reales, pues necesitabas afecto para que te naciera el impulso de tocar a alguien. Al fin y al cabo, si no estaban saliendo de verdad, perder el tiempo en caricias empalagosas o charlas cariñosas le parecía una soberana pérdida de tiempo. Eso era lo que creía... o al menos eso era lo que siempre había pensado.
Presionando la parte posterior de los muslos de Eun-won para elevar ligeramente su cadera en el aire, Cha Se-jin hundió el rostro directamente sobre aquella abertura que exhalaba flujos mientras se cerraba y se abría con suavidad.
"¡M-mmh... ah...!".
Una lengua caliente y blanda se coló sin contemplaciones en el interior de un pliegue ablandado por el desborde de sus propios fluidos.
"Ah, mmh...! Di-rector... A-ahí no... M-mmh... ¡Para...!".
Ante una sensación tan desconocida y a la vez tan avasalladora como ninguna otra que hubiera experimentado jamás, los dedos de los pies de Eun-won se encogieron. Al notar cómo aquella lengua cálida rasgaba y penetraba el rincón más recóndito y sensible de su cuerpo, una descarga eléctrica le recorrió la espalda hasta estallar en la coronilla. Las manos que aferraban las sábanas perdieron toda la fuerza.
"Mmh, a-ah... ¿Qué... qué hago...? Ah, mmh...".
Aunque de sus labios brotaban súplicas para que se detuviera, Cha Se-jin hizo caso omiso e incluso profundizó aún más el rostro. Con su lengua, barrió de manera obsesiva las paredes internas resbaladizas por el líquido y jugueteó con la punta sobre la estrecha entrada para ablandarla todavía más.
Cada vez que la removía y la succionaba, el fluido que empapaba su lengua y su boca le supo delicioso. Quizás por aquel aroma dulzón, tenía la sensación de estar tragando un jarabe espeso. A él le repelían las cosas dulces, pero aquello no le desagradaba en absoluto. Le habría gustado seguir bebiéndolo sin fin.
Lo único que lamentaba era no poder hincarle una verga de verdad para perforarlo hasta el fondo. Tras ensanchar y ablandar la entrada a base de embestidas con la lengua, Cha Se-jin barrió el interior de las paredes húmedas y por fin la retiró.
"Ha... Uf".
Tras tomar aire, Cha Se-jin soltó las piernas de Eun-won y empujó un dedo hacia el interior por donde su lengua acababa de abrirse paso.
"¡Ah...!".
Sorprendido por la sensación de un cuerpo extraño mucho más duro y largo que penetraba de golpe, la cadera de Eun-won se sacudió. Con el dedo corazón, Cha Se-jin recorrió las paredes calientes y enseguida introdujo también el índice, ensanchando aún más el hueco. Con cada fricción, oleadas de fluidos brotaban para empapar sus dedos una y otra vez. Había tanto líquido que, cada vez que movía la mano, resonaba un sonido acuoso y chapoteante.
"Mmh, ah... Ah... M-mh...".
Era extraño, extrañísimo. La sensación de llevar algo albergado en las entrañas. Pero se sentía bien. Cada vez que aquellos dedos firmes recorrían y punzaban su interior, un placer imposible de describir con palabras lo inundaba. Al punto de desear que siguiera haciéndolo, de suplicar en silencio que Cha Se-jin dejara de contenerse y de tratarlo con tanta consideración.
En ese momento, ya eran tres los dedos de Cha Se-jin que ocupaban el interior de su cuerpo. El hombre comenzó a mover la muñeca con rapidez. A consecuencia de ello, los fluidos que salían despedidos al impregnar los dedos salpicaron en todas direcciones. Las gotas cayeron sobre el periné y los muslos de Eun-won, resbalando por su piel hasta terminar empapando las sábanas.
"¡Ah-h... mmh...!".
Los dedos índice, corazón y anular se abrieron paso con violencia de un solo golpe, presionando el punto exacto en el fondo y quedándose fijos allí. Manteniendo la presión sobre el sitio que volvía loco a Eun-won, Cha Se-jin comenzó a agitar la muñeca mientras arañaba con rudeza las paredes internas. En ese mismo instante, la cadera de Eun-won volvió a dar un respingo y un nuevo chorro de semen estalló, manchándole el pecho y el vientre.
Tras retirar los dedos —tan empapados que el líquido goteaba sin parar—, Cha Se-jin los alzó de manera ostentosa ante el rostro febril de Eun-won. Contemplando con la mirada perdida las gotas que caían de las yemas de Cha Se-jin, el chico levantó una mano temblorosa.
"Ha...".
Por más veces que alcanzara el clímax, su cuerpo se negaba por completo a calmarse. Cada vez que lograba recuperar un ápice de consciencia, pensaba que debía contenerse, que no quería seguir mostrando una imagen tan vergonzosa, pero esa voluntad se desvanecía con una facilidad pasmosa.
68
Eun-won atrapó con ambas manos la mano de Cha Se-jin que pendía sobre su rostro. Sabía perfectamente qué era el líquido que la cubría, pero eso ya no le importaba en absoluto. Tenía el cuerpo y la mente tan abrasadores, le faltaba el aire con tanta frecuencia y sentía un picor tan desesperante en el interior —justo donde los dedos de Cha Se-jin acababan de entrar y salir— que ya no era capaz de soportarlo.
"Por favor... ah, hazlo más...".
"___".
"Mi cuerpo... mi cuerpo está rarísimo... ah, mmh...".
¿Tendría siquiera idea de lo que estaba diciendo en ese momento? Si hubiera dependido de él, le habría encantado apuntar cada palabra que decía Eun-won para leérsela y ver cómo se sonrojaba cuando recuperara la cordura, pero en ese instante no le quedaba un ápice de margen para juegos. Volviendo a introducirle la lengua en la boca —igual de dulce que las feromonas—, Cha Se-jin se desabrochó la bragueta y bajó la cremallera con una sola mano.
Al despojarse a medias del pantalón y de la ropa interior, su sexo, que permanecía prisionero, saltó a la vista con una amenaza evidente. Jamás en su vida había experimentado un nivel de excitación semejante. Tenía la sensación de que eyacular una sola vez no iba a solucionar absolutamente nada. Aferrando su penes , que se encontraba completamente erecto y tenso, Cha Se-jin acercó el glande —empapado de líquido preseminal— a la entrepierna de Eun-won.
El glande firme presionó el periné, que resbalaba por culpa del desborde de los fluidos. Al sujetar la punta de su sexo y frotar aquella zona abultada, Eun-won soltó un gemido. Con el ceño fruncido y una sonrisa divertida, Cha Se-jin lamió y tragó junto con su propia saliva el gemido que se desdibujaba en el interior de su boca, y deslizó el glande con suavidad.
"Si te duele, dilo. Y si aun diciéndolo no te hago caso, clávame las uñas en los ojos o dame una bofetada. Incluso puedes morderme donde quieras".
"Mmh, ah... A-ah...".
"Cariño, esto es jodidamente importante. ¿Con las ganas que tienes de tragarte esta verga, ni siquiera me estás escuchando?".
Presionando con el glande la abertura que palpitaba como si deseara tragarlo entero, Cha Se-jin volvió a retirarlo un poco, provocando que la cadera de Eun-won se elevara en el aire. Al verlo seguir el movimiento de su penes por puro instinto, sin tener ni idea de lo que hacía, Cha Se-jin soltó una carcajada y le rozó la punta de la lengua. Con los ojos cerrados, el chico le devolvió el roce de las lenguas de una forma obscenamente sensual; una cercanía tan íntima que con solo eso habría sido capaz de venirse un par de veces.
Al presionar y frotar con el glande la entrada que emitía sonidos viscosos, Eun-won soltó la lengua y jadeó con desesperación. Las feromonas eran tan abrumadoras que ya no le quedaba ningún recurso para resistir. Cha Se-jin hizo trizas el último atisbo de razón que aún lograba retener. Y en ese mismo instante, su glande firme, terso y grueso abrió paso a través de la abertura húmeda y se deslizó hacia el interior de un Eun-won cálido y sofocante.
"¡Ah-h... mmh...!".
Aunque ya le había abierto camino con los dedos y el interior estaba lo suficientemente lubricado, el penes se deslizó sin encontrar resistencia. Por supuesto, al tratarse de algo incomparablemente más grande, grueso y largo que unos dedos, no pudo entrar hasta el fondo de un solo golpe, pero al menos consiguió colarse de inmediato hasta el punto que antes le había frotado con los dedos para proporcionarle placer, golpeando esa zona exacta.
Ante un estímulo infinitamente mayor que cuando le había metido tres dedos agitando la muñeca, los dedos de los pies de Eun-won se encogieron con violencia antes de volver a estirarse. Su cabeza se echó hacia atrás y, por entre sus labios entreabiertos, brotó un gemido que sonaba casi a llanto. Un líquido seminal mucho más diluido volvió a brotar y gotear desde la punta de su penes .
"Apenas... uf... ¿y ya te has corrido sin haberlo metido del todo?".
Abrumado por la rotunda presencia del penes que llenaba por completo el fondo de su vientre, Eun-won jadeaba sin lograr siquiera tomar aire con normalidad. No se parecía en nada a la sensación de cuando los dedos entraban y salían. Aunque le asustaba un poco que algo tan enorme y avasallador cupiera dentro de su cuerpo, el picor profundo que sentía en las entrañas se detuvo en el momento en que Cha Se-jin penetró en él, y eso se sintió maravillosamente bien.
"Relaja... relaja un poco... ah, sácalo un poco. Estás demasiado apretado...".
Como de por sí ya era estrecho, la mezcla de tantas emociones hizo que el interior se contrajera con más fuerza aún. Aquellas paredes internas, cálidas y ceñidas, aprisionaban y estiraban su penes sin dejar un solo resquicio libre. Frunciendo el ceño con un gemido sordo, Cha Se-jin bajó la cabeza. Al verle inclinar el rostro, Eun-won abrió los labios por anticipación, sabiendo ya que vendría un beso. Su cara era la viva imagen de alguien que había aprendido la lección a la perfección. Míralo. Te digo que es jodidamente obsceno.
Movió la lengua con suavidad y le acarició la cintura para ayudarlo a relajar el cuerpo. Al cabo de unos segundos, notó cómo la tensión cedía, aunque fuera mínimamente. Sin desaprovechar la oportunidad, Cha Se-jin retiró un poco la cadera y volvió a hundirla con fuerza y pesadez hacia el fondo.
Debido a los fluidos viscosos, cada vez que el penes se adentraba en lo más hondo se producían unos ruidos lascivos. Sorprendido al sentir que penetraba mucho más allá de lo que él mismo había imaginado, Eun-won sollozó mientras las lágrimas le resbalaban sin control, sacudido por el placer.
"Ah, mmh... ¡sí...!".
"¿Te gusta aquí?".
Aunque Eun-won no lo sabía, por mucho que hubiera entrado un poco más que antes, el pene todavía no había conseguido llegar hasta la raíz. Sin embargo, tratándose de su primera vez, Cha Se-jin decidió conformarse con eso por el momento. Si intentaba avanzar más, temía que el chico terminara asustándose en lugar de disfrutar. No le convenía que su primera experiencia le dejara un poso de miedo, ya que basándose en ese recuerdo, la segunda vez empezaría con pánico antes siquiera de dar comienzo.
En su lugar, dedicó cada embestida a golpear con el glande el punto exacto que sabía que le enloquecía, disfrutando de ver a un Eun-won lloroso y entregado al placer. Sin retirar demasiado la cadera, limitándose a sacudirla con cortos y certeros golpes sobre el mismo sitio, cada estocada arrancaba un gemido obsceno de la garganta del chico. Ver a una criatura tan preciosa aferrarse a su mano con los ojos anegados en lágrimas mientras gemía de placer le hizo pensar que el mundo ya no necesitaba ofrecerle nada más. Aquel instante era tan sumamente perfecto que no lo cambiaría por absolutamente nada.
"___¡Ah... mmh, ah, ahí... sí, demasiado...!".
"Sí, ¿a que se siente increíble?".
Cada vez que imprimía más fuerza a sus embestidas, arremetiendo con rudeza, las paredes internas envolvían su pene sin dejar un solo espacio vacío. Le encantaba la sensación de frotar esas paredes mientras retiraba la cadera para volver a abrirlas de par en par, así que no dejó de moverse ni un segundo, sujetando aquel cuerpecito frágil mientras lo castigaba con estocadas profundas e implacables.
"Ah, ah... ¡mh, ah...! ¡A-ah...!".
La esbelta cintura que sostenía con ambas manos se retorció con desesperación. Al notar que parecía querer huir, la sujetó con más fuerza todavía para impedírselo y continuó embistiéndolo de manera obsesiva. Los gemidos de Eun-won se elevaron de tono y su cabeza volvió a inclinarse hacia atrás. Una cantidad de semen mucho más aguada que la anterior volvió a estallar con violencia, salpicando su pecho, su vientre y, esta vez, incluso su rostro.
"Mmh... ah...".
Al llegar al orgasmo, Eun-won contrajo con fuerza la parte inferior de su cuerpo. Una urgencia eyaculatoria de una intensidad feroz barrió el pene de Cha Se-jin, que llevaba demasiado tiempo reprimiéndose mientras exploraba aquel interior tan cálido y ceñido. Aferrando la pelvis de Eun-won y hundiendo el pene hasta el fondo, Cha Se-jin liberó por fin todo el semen que había estado conteniendo. Al sentir cómo una gran cantidad de líquido caliente se disparaba con fuerza en el interior de su vientre, Eun-won contorsionó la cintura con suavidad. Exhalando un suspiro de absoluta satisfacción, Cha Se-jin ladeó el rostro y cubrió por completo sus labios con un beso hambriento.
Dejando escapar un gemido ahogado desde la garganta, Eun-won sacó la lengua. La lengua de Cha Se-jin calentó con ternura un interior que ya de por sí ardía. Era una comparación extraña, pero era exactamente así: le encantaba aquella lengua que transmitía un calor reconfortante incluso en medio de todo el fuego del deseo, y se entregó por completo a esa calidez.
Tras vaciarse sin descanso, por fin logró recuperar algo de lucidez. Aunque su mente seguía lejos de estar totalmente clara, ya era capaz de recordar dónde se encontraba, con quién estaba compartiendo su cuerpo y todo lo que había estado haciendo con Cha Se-jin hasta ese momento.
"¿Qué pasa, estás muy cansado?".
Tras succionar un instante la pequeña lengua de Eun-won y separarse de él, Cha Se-jin se pasó la mano por el cabello para apartárselo de la cara de cualquier manera y bajó el rostro hacia su pecho. Tomando entre sus labios el pezón que antes apenas había tocado, limitándose a masajearlo con los dedos, comenzó a juguetear con él de nuevo, haciéndolo rodar suavemente con la punta de la lengua para avivar otra vez la sensibilidad de Eun-won. Pareciendo agotado, el chico le dedicó una ligera y ruborizada seña afirmativa con la cabeza.
"¿Quieres dormir?".
Esta vez negó con la cabeza de forma dócil. Aunque sentía el cuerpo pesado y cansado, el sueño brillaba por su ausencia. Apenas había tenido tiempo de asimilar la situación cuando notó que el pene que seguía albergando en su interior volvía a engrosarse y crecer. Al percibir aquella sensación, los ojos de Eun-won se abrieron de par en par. Con una expresión desatada en el rostro, Cha Se-jin le sujetó las esbeltas pantorrillas y le alzó ambas piernas para apoyárselas sobre los hombros.
Las caderas y los glúteos, que antes descansaban contra el colchón, se elevaron en el aire, dejando completamente expuesta la abertura que seguía tragándose el pene de Cha Se-jin. Al ver con sus propios ojos lo que llevaba dentro del cuerpo, Eun-won cerró los ojos con un sobresalto.
"¿De repente te da vergüenza ver con tus propios ojos cómo te tragas la verga?".
Soltando una carcajada sonora, Cha Se-jin volvió a moverse en su interior con suavidad. El sonido húmedo de los fluidos mezclándose —el flujo y el semen— resonaba con fuerza a cada estocada, haciendo que aquello pareciera un lodazal.
"Si estás cansado pero no quieres dormir, ¿qué hacemos? ¿Seguimos follando?".
"¡Ah-h...!".
Esta vez su cabeza se echó hacia atrás por completo. Con las rapidísimas embestidas que Cha Se-jin comenzó a propinarle, las sensaciones regresaron de golpe. Al notar que su pene —del que ya había perdido la cuenta de cuántas veces se había corrido— volvía a tensarse, su cuerpo entero se sacudió al ritmo de los movimientos de Cha Se-jin. Observándolo desde arriba con una mirada febril, el hombre se inclinó para lamerle las pantorrillas que descansaban sobre sus hombros.
Plaf, plaf... El pene penetró aún más hondo, ensañándose de manera veloz contra el punto exacto que lo hacía enloquecer, cuando de repente un zibrador rompió el silencio. Sin dejar de mover la cadera, Cha Se-jin giró un poco la cabeza para alcanzar sus pantalones, que yacían tirados de cualquier manera sobre la cama, y sacó el teléfono de uno de los bolsillos. Al ver los dos caracteres de ‘Mamá’ brillando en la pantalla, no pudo evitar soltar una sonrisa.
"Es mi madre. ¿Qué hacemos? Me temo que tengo que contestar".
Al mostrarle la pantalla del teléfono, Eun-won negó con la cabeza frenéticamente. Soltando una carcajada, Cha Se-jin volvió a negar con la cabeza y pulsó el botón de llamada. Un ¡hic! de puro pánico se ahogó en la garganta de Eun-won.
"Hola, mamá".
─ Hola, Se-jin. ¿Ya estás en casa? Yo acabo de llegar hace un momento, y el mayordomo Yoon me ha dicho que parece que tú también habías venido.
La voz siempre impecable de su madre sonó al otro lado de la línea. Sin apartar la mirada del rostro de Eun-won, que contenía los gemidos al borde del llanto, Cha Se-jin continuó hundiéndose en sus profundidades a golpe de estocadas secas y rítmicas que hacían eco en la habitación.
─ Sí, acabo de llegar hace un rato. Como Eun-won no se encontraba muy bien, lo he traído conmigo.
─ ¿Eun-won? ¿Qué le pasa? ¿Deberíamos ir al hospital?
"No, tanto no... Me pareció que le había dado el celo de repente, así que si nos quedamos descansando juntos unos días se le pasará. No te preocupes".
─ Cuando se pasa por momentos de mucha tensión, al relajarse a veces ocurren estas cosas de forma imprevista. Cuida bien de él. ¿Quieres que te mande algo de comer?
"Si necesitamos algo, ya llamaré al mayordomo Yoon. Hasta que avise, dile a todo el mundo que nadie se acerque al anexo".
Al ver que su pene seguía rozando con delicadeza el interior de Eun-won, Cha Se-jin pensó que tal vez se había pasado de la raya con la broma, así que detuvo un instante el movimiento para acariciarle la mejilla. Tratándose de una situación tan comprometida, habría entendido perfectamente que lo mirara con fastidio —de hecho, lo lógico habría sido mostrar al menos un poco de irritación—, pero los ojos que se alzaban hacia él conservaban una docilidad absoluta. Emitiendo un sordo gruñido mental, Cha Se-jin se declaró culpable al cien por cien en cuestión de segundos. ¿Cómo se le había ocurrido hacerle algo así a un chico tan bueno?
"Sí, dile eso de mi parte".
Tras responder con brevedad a las recomendaciones adicionales de su madre, dio por terminada la llamada. En cuanto comprobó que la comunicación se había cortado por completo, arrojó el teléfono a un lado sin ningún miramiento y alzó a Eun-won en brazos para sentarlo a horcajadas sobre su regazo.
"¿Por qué te portas tan bien? Si algo no te gusta, al menos deberías darme una bofetada".
Tomando las manos de Eun-won, Cha Se-jin abrió una de sus palmas y se la llevó a la propia mejilla. Tras separarla un poco, la dejó caer contra su piel con la fuerza justa para que no doliera, provocando un pequeño chasquido seco. Asustado por el sonido, Eun-won se apresuró a encoger los dedos.
"No... no se me pasa por la cabeza que no me guste...".
¿Ves? ¡Si te digo que soy inocente!
69
Hacer bromas y fastidiarlo era algo que casi siempre nacía de él, pero para ser sinceros, gran parte de que Eun-won reaccionara así y de que él mismo fuera incapaz de detenerse se debía a la forma en que el chico lo recibía. Lo acariciaba el cabello y se quedaba quieto; le presionaba la mejilla y se quedaba quieto; le hacía alguna grosería y lo único que conseguía era que se le encendieran las orejas de un rojo intenso. ¿Cómo demonios se suponía que iba a resistirse a algo así? Introduciendo los dedos entre los mechones de Eun-won, Cha Se-jin presionó su nuca hacia adelante y hundió profundamente la lengua en su boca.
"___Mmh...".
Mientras mezclaba su saliva con la suya sin tregua, volvió a embestir desde abajo, arrancándole un gemido todavía más redondo que el anterior desde el fondo de la garganta. Estimulando exactamente el mismo punto una y otra vez con una insistencia implacable, Cha Se-jin desató una cascada de sonidos lastimeros.
"¡Jaah, mh...! ¡Ah... ah...! ¡Ah, a-ah...!".
Con la mente completamente obnubilada por el placer y el calor, el pálido cuerpo de Eun-won se estremecía sin freno con los ojos cerrados. Tenía la sensación de que el pene de Cha Se-jin estaba penetrando en un rincón todavía más hondo que antes. A pesar de haber estado experimentando durante todo ese tiempo una sensación de éxtasis tan intensa que parecía que iba a perder la cabeza, no se hartaba; quería seguir sintiéndolo. No quería separarse de Cha Se-jin ni un solo instante.
Anhelaba seguir topándose con aquella presencia que llenaba cada rincón de su interior. Sin detener el ritmo de sus embestidas, Cha Se-jin sujetó la pelvis de Eun-won para mecerla y alzarla al compás. Respondiendo de inmediato a aquel toque que parecía indicarle exactamente cómo debía moverse, Eun-won comenzó a arquear y sacudir las caderas con torpeza.
Cada vez que el pene de Cha Se-jin retrocedía, las caderas del chico se elevaban, y al volver a embestir, descendían para encajarse de nuevo en lo más profundo. Con la fuerza justa en los párpados como para mantenerlos abiertos, las delgadas pestañas de Eun-won temblaban sin descanso.
"Aún no te he enseñado nada, ¿y ya te pones a mover las caderas así? ¿Te gusta tanto, eh?".
Soltando una carcajada al ver cómo, guiado únicamente por el instinto desesperado de sentir más y sin pizca de técnica ni maña, Eun-won sacudía las caderas y se movía contra él, Cha Se-jin le dio un suave apretón en los glúteos.
Al oír aquella risa, Eun-won consiguió abrir los ojos por fin, reflejando a Cha Se-jin en una mirada anegada de lágrimas. Levantando una mano, Cha Se-jin le sujetó la nuca y lo obligó a inclinarse. Ninguno de los dos supo muy bien quién tomó la iniciativa, pero volvieron a fundirse en un beso y sus lenguas se enredaron con una naturalidad pasmosa. Vaya, parece que a nuestra pequeña pareja ya se le da de maravilla chupar lenguas. Soltando una risita, Cha Se-jin murmuró aquello mientras succionaba con profundidad la lengua de Eun-won.
Solo después de haberse corrido un par de veces más expulsando un semen tan líquido como el agua, Eun-won cayó en un sueño profundo. Llamarlo sueño era ser generoso; aquello era, en realidad, poco menos que un desmayo. Agotado por sentir el placer con tanta intensidad que era incapaz de emitir ni un solo sonido mientras sus caderas se mecían una y otra vez, el chico simplemente se había desvanecido.
Observándolo desde arriba, Cha Se-jin se movió un par de veces más en su interior antes de eyacular dentro de él. Ah, por el amor de Dios, aquello era jodidamente increíble. Le dio la sensación de que todo lo que había hecho hasta entonces no merecía llamarse sexo. De haber sabido que el sexo real se sentía así, jamás habría malgastado su vida ganándose fama de libertino. Un repentino ramalazo de arrepentimiento le recorrió las entrañas, irritándolo por un instante.
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Al retirar al fin el pene que había mantenido albergado en su interior durante tanto tiempo, una mezcla espesa de fluidos y semen brotó y resbaló hacia el exterior. Ver cómo los líquidos seguían fluyendo entre los pliegues de la abertura que intentaba cerrarse le pareció de una lascivia tan obscena que, tras quedarse contemplándolo un momento, extrajo varios trozos de papel de baño y se encargó de limpiar con cuidado la zona y la parte interna de sus muslos.
Aunque pasó por su cabeza la idea de llevarlo al baño para asearlo como debido, temió despertar a Eun-won de su sueño tan pesado, así que se limitó a limpiarlo con el papel y trajo después una toalla humedecida en agua tibia para repasarle el cuerpo entero. Lo mejor para el chico en ese momento era dormir unas horas y recuperar fuerzas. Desatando sus feromonas sin tregua, Cha Se-jin envolvió el cuerpo de Eun-won por completo bajo su propio aroma. Con eso bastaría al menos para ayudar a calmar un poco los restos del celo.
Inclinando lentamente el cuello de un lado a otro para estirar los músculos entumecidos, Cha Se-jin cogió el teléfono que había arrojado de cualquier manera y le escribió un mensaje al mayordomo Yoon para pedirle que preparara algo de fruta, zumo y algunos tentempiés fáciles de comer de un bocado, y que los subiera al anexo. Por supuesto, añadió una línea estricta recalcando que dejaran las cosas en la entrada y que nadie se acercara al lugar bajo ningún concepto hasta que volviera a dar señales de vida.
Como se había marchado a la universidad a primera hora de la mañana, apenas se había alimentado con un vaso de zumo, y tras los exámenes lo había llamado de inmediato, por lo que tampoco había tenido la oportunidad de almorzar. Con el estómago vacío y habiendo perdido semejante cantidad de líquidos tras horas y horas de tirones, era completamente normal que hubiera terminado desmayándose.
Dejaré que duerma un rato y, en cuanto despierte, haré que coma algo como Dios manda.
Contemplando el cuerpo esbelto y delicado de Eun-won, pensó que quizás dejarlo completamente desnudo para dormir era pasarse de la raya, así que le trajo una camiseta limpia para ponérsela y sacó con sumo cuidado la sábana que había quedado echa un ovillo bajo su cuerpo para cubrirlo. Ver cómo el chico se acurrucaba buscando el calor de la tela le pareció tierno.
Aquella oleada de ternura le trajo de golpe a la memoria la respuesta que le había dado días atrás a su hermano cuando este le preguntó si sentía algo por Eun-won.
‘A veces me da pena, todos los días me parece precioso y muy a menudo se me hace tierno’.
No tenía intención de volver a responderle, y de haberlo hecho, tampoco se habría molestado en comunicarle los cambios a su hermano; sin embargo, la respuesta en su interior había cambiado por completo, y para ser sinceros, esa nueva versión le gustaba muchísimo más.
Me parece precioso todos los días, muy a menudo se me hace tierno y está jodidamente rico.
Y eso era un secreto que solo él conocía. Solo él, único y exclusivamente Cha Se-jin.
Con una sonrisa de absoluta satisfacción dibujada en los labios, Cha Se-jin levantó la esquina de la sábana y se deslizó en el espacio vacío al lado de Eun-won. Un sitio que solo él tenía el derecho absoluto de ocupar.
Cuando se despertó, el sol comenzaba a teñir el cielo de un tono crepuscular. Al ver la luz amarillenta colarse en largas franjas a través de los cristales del dormitorio, Eun-won giró la cabeza como si una fuerza invisible lo arrastrara y se quedó mirando a Cha Se-jin, que dormía plácidamente a su lado. Con solo contemplarle el rostro, el interior de su cuerpo volvió a encenderse de inmediato. Necesitaba olerlo. Anhelaba percibir el aroma de Cha Se-jin.
Inhalando profundamente, pudo distinguir la pesada y densa fragancia de feromonas que impregnaba la habitación. Pero aquello no era suficiente. Quería sumergirse en un rastro mucho más concentrado.
"___".
Moviéndose con sigilo, Eun-won inclinó con suavidad el torso para pegarse al cuerpo de Cha Se-jin. Como el brazo del hombre seguía cruzado sobre la cama cubriéndole el pecho, acercarse no supuso ninguna dificultad. Avanzando a pequeños tropiezos y con pasitos torpes, se acopló por fin contra él y, tras vacilar un instante, terminó rodeándole la cintura con los brazos.
Apoyando con delicadeza la cabeza contra un pecho cuyo aroma corporal resultaba todavía mucho más intenso que de costumbre, Eun-won aspiró despacio. Aquella fragancia profunda y embriagadora que tanto había ansiado llenó sus sentidos, fundiéndose por completo con el olor natural de Cha Se-jin.
...Ah, me encanta....
Absolutamente todo en aquel instante era perfecto. Tanto la elevada temperatura corporal de Cha Se-jin que se transmitía a través del contacto de sus pieles, como el aroma que penetraba hasta lo más hondo de su organismo cada vez que respiraba, o el hecho de que Cha Se-jin hubiera acudido a la llamada para sacarlo de la universidad y se hubiera quedado a su lado sin apartarse ni un segundo.
"Vaya, sigues ardiendo como una estufa".
Al oír de improviso aquella voz, Eun-won dio un respingo de sorpresa y alzó la cabeza, topándose de frente con la mirada de Cha Se-jin, que lo observaba desde arriba. En circunstancias normales se habría muerto de vergüenza, pero en ese momento le importaba un bledo. El anhelo había aplastado por completo al pudor. Sin pensarlo dos veces, Eun-won volvió a hundir el rostro contra el pecho de Cha Se-jin, justo a la altura de su corazón, que latía con fuerza.
"¿Cómo has aguantado todo este tiempo tú solo? Con una simple pastilla esto no se te habría calmado ni de broma".
"Antes... nunca me había puesto tan mal... Con la medicina siempre se me pasaba enseguida...".
"¿Así que hoy ha sido distinto y por eso estás raro? ¿No paras de gotear de ganas?".
La mano con la que Cha Se-jin le acariciaba la espalda relajada descendió despacio hasta aferrarle los glúteos y deslizarse hacia la parte inferior. Al estirar los dedos, rozó el periné terso. Masajeando con suavidad aquella zona, Cha Se-jin introdujo sin encontrar la menor resistencia la primera falange en el interior de aquella abertura que, a diferencia del resto del cuerpo, se mantenía completamente húmeda.
"Ah...".
"Estás tan empapado que no sé qué hacer contigo. Mira cómo chorreas por dentro. Mis dedos van a acabar disolviéndose".
Haciendo un comentario deliberadamente explícito, Cha Se-jin bajó la vista para contemplar el rostro de Eun-won, que lucía un tono aún más encendido debido al filtro dorado del atardecer. Aunque le apetecía seguir jugando, pensó que, con la cantidad de líquidos que el chico había derramado tanto por arriba como por abajo a lo largo del día, lo más sensato sería obligarlo a beber algo antes de volver a empezar.
Retirando con aire burlón los dedos que acababa de introducir, Cha Se-jin se incorporó hasta quedar sentado. Estiró los hombros con un ligero movimiento para desentumecerlos y se dispuso a bajar de la cama, pero notó una calidez leve tirando de su muñeca. Por puro reflejo, giró la cabeza y descubrió una mano pálida que se aferraba con fuerza a su brazo. Al alzar la vista, se topó con los ojos de Eun-won, que lo miraban con una expresión despavorida, como si temiera que fuera a abandonarlo allí mismo.
"___¿A dónde...".
"Voy a bajar a buscar algo de beber y algo sencillo de comer. Quédate aquí un momento".
"___".
Había pensado que con solo darle una explicación soltaría el brazo, pero para su sorpresa, los dedos que lo retenían apretaron todavía con más fuerza. Soltando una risita divertida, Cha Se-jin intentó deslizar la muñeca para librarse del agarre, pero el rostro de Eun-won se transformó al instante en el de alguien a punto de romper a llorar. Al verle esa cara, el hombre exhaló un suspiro resignado y se abalanzó de nuevo sobre él, cubriéndole el cuerpo por completo.
"Ay, de verdad, cariño mío. ¿Qué se supone que voy a hacer contigo, eh?".
"Ah...".
Apartando las sábanas y abriéndole los muslos, Cha Se-jin alineó la punta de su pene, que ya volvía a estar completamente rígido. Aunque no entraba en sus planes volver a penetrarlo de inmediato, ¿qué otra opción le quedaba si el chico le suplicaba de esa manera que no se separara de él? No le quedaba más remedio que ceder y metérsela.
La abertura, reblandecida y dócil, presionó contra el glande, tragándose poco a poco aquel grosor imponente. Deslizando el pene con lentitud en el interior de unas paredes que lo apretaban y envolvían con desesperación hasta hundirlo por completo, Cha Se-jin sintió cómo la parte inferior de ambos encajaba a la perfección, así que levantó los brazos de Eun-won para pasárselos alrededor del cuello y, sujetándole la cintura y la espalda con firmeza, se puso de pie cargándoo en brazos para salir de la habitación.
"¡Mmh...!".
Al notar cómo su cuerpo se elevaba en el aire, Eun-won entrelazó los dedos en la nuca de Cha Se-jin y se estremeció de pies a cabeza al sentir que el pene volvía a removerle las entrañas.
"Baja conmigo así".
Sosteniéndolo con fuerza contra su cuerpo para evitar que resbalara, Cha Se-jin comenzó a caminar. Cada paso que daba hacía que su sexo empujara con fuerza y pesadez el fondo del interior de Eun-won.
"___¡Ah...!".
Sin embargo, como en esa postura no llegaba a rozar exactamente el punto sensible que lo hacía enloquecer, el roce le supo a poco y le dejó una sensación de frustración insoportable. Sin saber ya ni lo que pensaba, completamente envuelto en una neblina de calor, placer y feromonas, Eun-won se enfrentó a unas sensaciones agudas hasta rozar el dolor.
"Ah... ¡ah-h...! ¡Mmh, mmh!".
Mientras caminaban por una superficie plana, el pene se limitaba a rozarle las paredes de forma peligrosa, pero en el momento en que empezaron a bajar las escaleras, la estocada se volvió mucho más profunda y certera. Cada vez que el pene atravesaba con fuerza aquel punto exacto cuyo simple roce bastaba para nublarle la vista de blanco, y avanzaba un escalón más para volver a machacarlo con idéntica saña, el cuerpo del chico respondía con espasmos.
"Mmh, Director... Duele, ah...".
Al tener que dar un paso más hacia abajo, el pene retrocedió un instante, provocando que un reguero de fluidos resbalara escaleras abajo. En cuanto Eun-won bajó la pierna para seguirle el ritmo, el interior de su vientre volvió a verse abarrotado por completo. Hundiendo el rostro contra el hombro de Cha Se-jin mientras aferraba sus hombros con ambas manos, dejó escapar un gemido largo y quebradizo que culminó en un nuevo orgasmo.
"¿Qué te parece si a partir de ahora bajamos siempre las escaleras así para que te sientas a gusto?".
Soltando una risa burlona, Cha Se-jin recorrió a zancadas el tramo de escalones que aún les quedaba por bajar. Al verse sacudido por embestidas tan rápidas y secas, el cuerpo de Eun-won volvió a tensarse, acumulando de nuevo todo el calor. ¿De verdad está bien que mi cuerpo siga reaccionando así de excitado? ¿Es normal que pueda correrme tantas veces seguidas? Aunque un atisbo de miedo cruzó su mente, la sensación de estar siendo calentado por la temperatura y las feromonas de Cha Se-jin disipó cualquier preocupación en cuestión de segundos.
Cruzando el comedor, Cha Se-jin se adentró en la cocina y abrió el frigorífico destinado a almacenar bebidas, quesos y mermeladas para comprobar el contenido. Dentro había tres botellas de zumo natural exprimido, un pastel en una vitrina pequeña y varias bandejas de fruta ya cortada y preparada para consumir.
70
“Naranja, manzana y uva verde, ¿cuál te apetece?”
Abrazado a Cha Se-jin y con el rostro hundido en su pecho, Eun-won giró ligeramente la cabeza para mirar el interior del frigorífico, de donde emanaba un vaho gélido. Hasta hacía un momento no se le pasaba nada por la cabeza, pero al ver los nombres de las frutas impresos en los envases, una sensación refrescante cruzó por su mente y notó la garganta reseca.
“Uva...”.
“De acuerdo con el zumo, ¿quieres algo de fruta? ¿O un trozo de pastel? ¿O prefiero llamar para que nos traigan algo de comer?”.
“Quiero fruta...”.
Ante su respuesta, Cha Se-jin sacó un recipiente dividido en compartimentos que contenía una gran variedad de piezas de fruta cortadas en porciones perfectas para comer.
“Tienes sed, ¿verdad? Bebamos esto primero”.
Antes de dirigirse al comedor, Cha Se-jin cogió la botella etiquetada como zumo de uva verde, la agitó un par de veces, abrió el tapón y llenó hasta el borde un vaso transparente antes de dárselo a Eun-won. Sosteniendo el vaso con ambas manos, el chico lo atrapó con los labios —ligeramente inflamados por los besos continuos— y bebió a pequeños sorbos un líquido fresco, agridulce y reconfortante. Le encantó la sensación de frescor que le inundaba la boca tras haberla sentido abrasada durante tanto tiempo.
Mientras tanto, Cha Se-jin caminó hacia el comedor con el recipiente de fruta. Quizás porque el descenso por las escaleras había sido demasiado estimulante, ver que, ahora sobre una superficie plana y con el pene todavía bien metido dentro, Eun-won bebía zumo con absoluta tranquilidad le pareció a la vez cómico y tierno.
“Espera un segundo, no quiero que te hagas daño”.
Antes de tomar asiento, Cha Se-jin le quitó el vaso de las manos para dejarlo sobre la mesa y arrastró su propia silla. Sin comprender del todo a qué se refería, Eun-won lo miró fijamente hasta que, de repente, sintió cómo el pene volvía a penetrarlo con fuerza hasta el fondo, obligándolo a aferrarse a los hombros de Cha Se-jin mientras su cuerpo daba un respingo. De haber estado sosteniendo el vaso, sin duda se le habría caído al suelo.
“Aquí también hay un montón de cosas”.
Acercando la bandeja de tres pisos dispuesta sobre la mesa, Cha Se-jin retiró la tapa transparente. En ella reposaban pequeños postres individuales y sándwiches ligeros; todos ellos, platos que le encantaban a Eun-won.
Tras echar un vistazo a todo lo que había, Cha Se-jin cogió un trozo de mango y se lo acercó a la boca. Con los labios apoyados en su hombro, sintiendo cómo se desataba el placer con el más mínimo movimiento, Eun-won alzó la vista al oír su llamado. El tono con el que le pedía que comiera un bocado más era de una dulzura impropia de él, casi como si estuviera meciéndose para calmarlo. Eun-won abrió la boca con timidez y aceptó el trozo fresco y almibarado. Le reconfortó la manera en que aquel bocado se deslizó sobre su lengua para deshacerse con una suavidad delicada.
Apenas tragó el mango, otro trozo se posó frente a sus labios. Y así, con paciencia, Eun-won fue comiendo las diferentes frutas que Cha Se-jin le iba dando en la boca. Su paladar se llenó de matices agridulces hasta que, sintiéndose por fin saciado, Cha Se-jin se concentró en silencio en alimentarlo sin apresurarle.
Como ninguno de los dos hablaba, los únicos sonidos que poblaban la estancia eran el chasquido del tenedor al atravesar la pulpa y el crujido suave de Eun-won al morder una rodaja de manzana. Luego, tras tragar el último fragmento desmenuzado, se hacía un silencio absoluto por unos segundos. En esos instantes, Eun-won sentía una tensión y un temblor insoportables. La parte de Cha Se-jin seguía dentro de su cuerpo; él solo llevaba puesta la camiseta que el hombre le había prestado y se hallaba fundido con un Cha Se-jin que se cubría con una bata de tonos oscuros.
“¿Qué te apetece ahora? ¿Una magdalena? ¿Un sándwich?”.
Después de beber el zumo y comer la fruta, su estómago se sentía lo suficientemente lleno como para no albergar ningún deseo de probar nada más. Eun-won alzó los ojos en silencio para mirarlo.
“...Yo comeré algo más tarde. Coma usted también
“Supongo que con tanta agua que he bebido no tengo demasiada hambre”.
Intentando recordar en qué momento exacto Cha Se-jin había bebido agua, Eun-won lo vio fruncir los labios para emitir un pequeño chasquido sonoro, y sus ojos se abrieron de par en par a causa de la vergüenza. En su mente se solaparon de inmediato el recuerdo y la sensación exacta de aquel momento: verlo con el rostro hundido entre sus muslos, sorbiendo con ruidosos besos los fluidos que brotaban de su cuerpo.
Al verlo morderse los labios con fuerza y apartar la vista con timidez, Cha Se-jin soltó una risa ahogada, le sujetó con suavidad la barbilla y lo obligó a devolverle la mirada. Los arreboles del atardecer que se habían colado por las ventanas se extinguieron por completo, dando paso a una oscuridad que fue arropada por la suave iluminación artificial de las lámparas del comedor, que se encendieron de forma automática. Bastó con que sus miradas se cruzaran para que a Eun-won le faltara el aire.
Cha Se-jin introdujo una mano por debajo de la camiseta de Eun-won para acariciarle la espalda afiebrada. Ascendiendo despacio hasta la nuca, le apretó el cuello y presionó sus labios contra los suyos, provocando que los de Eun-won se entreabrieran con docilidad. No había ninguna razón para desaprovechar aquella rendija que se le ofrecía invitándole a pasar. Con un movimiento experto, Cha Se-jin deslizó la lengua en el interior para recorrer cada rincón impregnado todavía del frescor de la fruta, sembrando el calor a su paso.
“...Mmh... sí...”.
El simple hecho de frotarle la lengua bastó para que las paredes que aprisionaban su pene se contrajeran con fuerza. Sacando por completo la mano de la camiseta a través de la abertura del cuello, Cha Se-jin hundió los dedos en el cabello de Eun-won y ejerció una ligera presión. La inclinación de la cabeza se acentuó y el beso se volvió mucho más profundo. Entrelazando su lengua con avidez, comenzó a empujar con energía en el interior de su estrechez, haciendo que el pene friccionara sin dejar un solo resquicio libre a lo largo de las paredes uterinas.
“¡Mmh...! ¡Sí, ah, ah...!”.
La fuerza de Cha Se-jin zarandeaba el cuerpo de Eun-won de arriba abajo. A cada descenso, el punto crítico de su sensibilidad quedaba machacado, arrancándole gemidos que se ahogaban en la boca del hombre. Las feromonas volvieron a brotar de cada poro de su piel. Tenía la absoluta certeza de que se iba a fundir allí mismo.
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Aferrándose al cuello de Cha Se-jin con desesperación mientras su cuerpo se mecía al ritmo de las embestidas, Eun-won alcanzó el orgasmo por vez enésima. Un semen claro y aguado resbaló por el pecho y el vientre de Cha Se-jin.
“Ha...”.
Exhalando un suspiro prolongado tras vaciarse en el interior de Eun-won, Cha Se-jin cerró los ojos y se dedicó a saborear con lentitud la prolongada resaca del placer antes de estampar un beso profundo en la mejilla de un Eun-won que se deshacía en sus brazos.
“Sigues ardiendo. Esto es un problema”.
Estrechándolo con fuerza contra su pecho, Cha Se-jin intensificó el despliegue de sus feromonas. Aunque los aromas de los alfas dominantes a veces servían para excitar a los omegas, en situaciones como aquella también cumplían una función calmante, y aunque llevaba liberándolas sin parar desde hacía rato, comprendió que con eso no bastaría. Para lograr una relajación total y neutralizar el fuego que devoraba aquel cuerpecito, lo prioritario era aplacar la fiebre antes de que los estímulos volvieran a desatarla.
Por supuesto, para él era un auténtico lujo recrearse derritiendo a un Eun-won tan dócil y abrasador, pero había responsabilidades que no podía ignorar. Aquello no era un pasatiempo efímero que se disolvería en cuanto terminara el celo y del que pudiera olvidarse sin más. Incluso si no hubiera mediado esa circunstancia, el hecho de sentir que el chico se aferraba a él con una dependencia absoluta, buscándole como su único refugio, hacía que le brotara un inconfundible sentido de la responsabilidad. Parecía que, al casarse, por fin había empezado a sentar la cabeza. O quizás no, y simplemente daba igual.
Al retirar al fin su pene de la unión, una mezcla espesa de fluido seminal y lujos resbaló hacia el exterior. Tras limpiar la zona provisionalmente con unos cuantos trozos de papel, Cha Se-jin alzó en brazos a un Eun-won completamente agotado y volvió a subir las escaleras.
Caminando directamente hacia el cuarto de baño, abrió los grifos de la enorme bañera y reguló la temperatura del agua. En cuanto se llenó lo suficiente, sentó a Eun-won con cuidado en su interior. Justo cuando iba a salir un momento para llamar y pedir que cambiaran las sábanas de la cama, oyó el chapoteo del agua y la voz del chico:
“Hyung... ¿A dónde... a dónde vas?”.
No se trataba de que lo hubiera dejado abandonado en plena calle ni de que le hubiera pedido que se bajara del coche a solas para desaparecer, y sin embargo, los ojos de Eun-won reflejaban una inquietud desmedida. Estaban dentro de la casa, concretamente en el baño del dormitorio principal, y él solo pretendía ir a buscar el teléfono para encargar que arreglaran la cama durante un par de minutos, pero la mirada del chico parecía sugerir otra cosa.
A Eun-won no le pegaban en absoluto rasgos como la obsesión, el deseo posesivo, el apego enfermizo o la ansiedad por separación. ¿Qué clase de persona normal miraría un rostro tan terso, limpio y precioso para albergar pensamientos tan oscuros? Probablemente nadie; ningún otro ser humano podría imaginárselo. Pero él sí lo sabía. Sabía exactamente qué expresión ponía cuando anhelaba algo, cómo se aferraba a él y con qué desesperación suplicaba que no lo dejaran.
Ver reflejada en su mente aquella faceta que solo él conocía hizo que se le alterara la temperatura corporal. Tras tomar una bocanada de aire para calmarse, Cha Se-jin dio media vuelta y abandonó el cuarto de baño sin mediar palabra. Lo hizo a propósito. Tenía curiosidad por ver cuánto tardaría Eun-won en consumirse de deseo si lo dejaba solo tras una breve llamada.
Cogiendo el teléfono que yacía sobre el colchón deshecho mientras notaba el cuerpo envuelto en una sutil oleada de calor, llamó al mayordomo Yoon para ordenarle que cambiaran las sábanas en el plazo de una hora, y regresó sin prisa al baño.
¿Qué clase de expresión tendrá ahora? ¿Estará triste porque no le dije a dónde iba? ¿Habrá estirado las manos pidiendo que lo abrazaran con franqueza? ¿O se sentirá herido porque me marché sin avisar?
Incapaz de contener un cosquilleo de excitación traviesa, Cha Se-jin entró de nuevo en el baño, dejó el móvil sobre el lavabo y desvió despacio la mirada hacia la bañera.
“...”.
Para su sorpresa, Eun-won estaba...
Llorando. Con las rodillas encogidas contra el pecho dentro del agua y la cabeza gacha, las lágrimas le caían a borbotones, rellenando poco a poco el nivel de la bañera.
...Vaya, joder.
Ver que lloraba por su ausencia le dio un vuelco absoluto al cerebro. Con el aire ya de por sí viciado y húmedo del baño, le costaba respirar, y el corazón le golpeaba el pecho desbocado. Tenía la sensación de que iba a morir allí mismo.
Quería consolarlo. Según sus principios habituales, no había hecho nada malo, así que no tenía motivos para disculparse ni para andar consolando a nadie por capricho, pero en ese momento lo único que deseaba era hacer exactamente eso. Despojándose de la bata empapada tanto por sus propios fluidos como por los del chico, Cha Se-jin se metió en la bañera y avanzó hasta situarse frente al bulto encogido de Eun-won.
“¿Por qué lloras? Si acabo de volver enseguida”.
“...”.
“¿Tanto te entristecía que te dejara un momento a solas?”.
Su voz, de un registro bajo y envuelta en el vapor del agua, sonaba inusualmente tierna. Con el rostro anegado y húmedo, Eun-won levantó la cara para mirarlo.
“Lo siento”.
Ni el propio Eun-won era capaz de explicarse por qué lloraba ni de dónde salían tantas lágrimas. Cha Se-jin no se había marchado lejos, solo había salido un instante, un simple instante, pero en el momento en que vio su espalda alejarse, el llanto le brotó de dentro. ¿Sería también culpa de aquel maldito celo? Un torrente de emociones inusualmente intensas y desconocidas amenazaba con desbordarlo.
Le daba vergüenza que lo viera así, pero tampoco sabía cómo ocultarlo. Quizás era que aquella era la primera vez en su vida que experimentaba un celo de verdad. Nunca antes se había sentido de esa manera.
La clase de calor abrasador que recorría su cuerpo durante el celo, aquello que tanto anhelaba, la forma en que su organismo suplicaba que le apagaran el fuego... Jamás se había enfrentado a nada parecido. Todo era absolutamente nuevo. Parecía que los celos que había padecido hasta entonces ni siquiera merecían llamarse así.
Por eso todo le resultaba tan ajeno que le infundía miedo y desconcierto; sin embargo, en cuanto esa marea de sensaciones amenazaba con arrastrarlo y alzaba los ojos para toparse con Cha Se-jin, la angustia se calmaba y un alivio tibio lo devolvía a la superficie. Esa era la razón por la que sus instintos le exigían buscarlo una y otra vez, suplicando en silencio que no se apartara de su lado.
