6. Cada corazón tiene su propio esqueleto
6. Cada corazón tiene su propio esqueleto.
Era
la primera vez que subía a un avión. Aunque le había comprado un billete a
Alexei con destino a Nueva York, la única vez que había adquirido uno para
montar él mismo había sido esta.
También
había utilizado la ruta terrestre cuando cruzó de Sarátov a Canadá, y como
desde entonces no había tenido motivos para ir a ninguna parte, jamás se le
había pasado por la cabeza la idea de viajar. El lugar al que llegó Yuri en
avión por primera vez no fue ningún otro país fuera de Norteamérica que nunca
antes hubiera pisado, sino los Estados Unidos, el mismo lugar del que había
tenido que huir arriesgando la vida.
Boston
era muy diferente al ambiente de Sarátov. A pesar de haber nacido en Estados Unidos
y crecido en esa tierra, nunca había visto los paisajes de su país con los ojos
de admiración con los que los miraban los extranjeros; en realidad, aquello no
era para tanto. Más bien se parecía muchísimo al centro de Vancouver, al punto
de darle la sensación de estar todavía en Canadá.
Aun
así, el amplio césped en medio de la ciudad y los edificios de arquitectura
europea le resultaron fascinantes. Con una mirada serena y sus ojos azules,
Yuri escrutó los alrededores antes de caminar hacia el lugar donde Alexei le
había pedido que se encontraran. Por el camino, Yuri vio un cementerio que
albergaba miles de lápidas.
Inspirado
por aquella escena que no esperaba presenciar en pleno centro urbano, se detuvo
un instante y, al observar la hierba y las flores blancas que brotaban entre
las lápidas, pensó que aquel lugar era muy distinto al concepto de cementerio
que él conocía. Enterradas en un rincón bañado por el sol, aquellas personas
del centro de la ciudad debían de ser, sin lugar a dudas, individuos mucho más
importantes o célebres que los olvidados muertos de Sarátov.
En
el centro del cementerio se alzaba una especie de torre con forma de pirámide
triangular. Unos turistas que pasaban por allí la miraron, murmuraron entre
ellos llamándola obelisco y luego dirigieron su atención hacia Yuri. Vistiendo
una chaqueta fina y negra, vaqueros y una camiseta gris, dos omegas lo miraron
de arriba a abajo mientras intercambiaban susurros. Yuri, que les echó una
ojeada indiferente a sus ojos curiosos, se marchó de allí. Lo hizo porque le
invadió la sensación de que su propia ignorancia había quedado al descubierto
ante ellos.
Tras
pasar por alto aquel paraje tan insólito como hermoso, Yuri por fin llegó al
callejón del que le había hablado Alexei. No era precisamente un sitio
recóndito, sino un callejón estrecho situado junto a un local abandonado por el
que casi no transitaba nadie.
Alexei,
a quien no veía en casi diez días, había perdido peso en ese tiempo. Sus
mejillas se habían hundido, haciendo que la línea de su mandíbula luciera mucho
más afilada, y su mirada destellaba con un intenso brillo azul, recuperando la
fuerza de antaño. Reclinado ladeadamente contra la pared del callejón mientras
fumaba, giró la cabeza al escuchar los pasos de Yuri.
Al
descubrirlo, le dedicó una sonrisa cargada de alegría. Al ver esa sonrisa tan
característica de Alexei, en la que se asomaban con timidez sus colmillos
blancos, una apacible sonrisa asomó también en el rostro de Yuri.
Cuando
se acercó a él, Alexei abrió los brazos para fundirse en un abrazo. Durante su
estancia al lado de Chariot se había olvidado por completo del tabaco, pero al
percibir el olor a cigarrillo que desprendía Alexei, le entraron unas ganas
irrefrenables de fumar uno.
“¿Tienes
tabaco?”
Al
extender la mano, una cajetilla de cigarrillos y un encendedor cayeron de golpe
sobre su palma. Sacó un cigarrillo de la caja roja, lo encendió y dio una
calada profunda. En el momento en que sintió que el humo recorría su garganta y
llenaba sus pulmones, le invadió una sensación de profunda nostalgia. Al
exhalar aquel humo que le ofrecía un consuelo tan familiar, el olor impregnó
sus manos de inmediato. La ilusión de que el tiempo que había pasado con
Chariot se diluía ligeramente comenzó a formarse en su mente, por lo que se quedó
en silencio contemplando la brasa del cigarrillo por un momento.
“¿Recibiste
la paga?”
“Sí.”
Ayer,
antes de separarse, Benji le había entregado a Yuri doscientos mil dólares.
Había cumplido con entregar en efectivo la suma que le había prometido como
pago inicial. Aunque se habían producido dos tiroteos, le parecía incómodo
embolsarse semejante cantidad de dinero por algo así, por lo que había
intentado devolver su parte, pero Benji le había dicho que solo tenía dos
opciones: tirarlo o quedárselo.
“¿En
serio?”
Alexei
repitió las palabras de Yuri con expresión de desconcierto.
“Recibimos
cien mil dólares para cada uno como anticipo, doscientos mil dólares en
efectivo en total. ¿Por qué lo preguntas?”
“A
mi cuenta bancaria ingresaron quinientos mil dólares. Venía especificado como
bonificación por cumplimiento, así que pensé que con eso se terminaba todo.”
El
apartamento de Yuri en Sarátov se cotizaba en cincuenta mil dólares. Toda su
vida había sido explotado por Ígor, pero al ser incapaz de reunir una cantidad
semejante, Yuri vivía pagando un alquiler mensual. Desde que se había mudado a
Vancouver, le había parecido sorprendente cómo el dinero se acumulaba con solo
invertir algo de tiempo, pero recibir una suma tan colosal de golpe le provocó
una extraña sensación de vacío.
“Supongo
que para alguien rico esto no es gran cosa.”
Añadió
Alexei con un tono de ligera irritación.
“Aún
no hemos terminado el encargo y ya se dedican a enviar dinero bajo el concepto
de bonificación por iniciativa propia; qué sujetos tan desagradables.”
Yuri,
que había estado escuchando sus palabras en silencio, corrigió a Alexei:
“No
son unos sujetos desagradables.”
Ante
eso, Alexei entrecerró los ojos y lo escrutó con fijeza. Unos ojos azules, que
a simple vista parecían similares, recorrieron el rostro de Yuri con afilada
severidad.
“Ya
lo notaba desde que hablamos por teléfono...”
Resonó
su voz, carente de cualquier atisbo de agrado.
“Tú
estás completamente colgado de ese tipo.”
Yuri
no lo negó. En su lugar, se llevó a los labios el cigarrillo que se había
limitado a sostener. Tras contemplar sin ningún propósito el cigarrillo medio
consumido, aplastó y apagó la brasa con el dedo índice y el pulgar. Aunque al
percibir el olor había tenido ganas de fumar, en cuanto aspiró el humo se le
quitó por completo las ganas.
“Viendo
que aceptaste venir a Boston sin rechistar, ya me lo imaginaba.”
Murmuró
Alexei con un tono ambiguo, que no sonaba ni a reproche ni a agrado. Al
principio, cuando Chariot le había lanzado aquellos coqueteos que con toda
seguridad eran medio en broma, Alexei se lo había tomado a juego diciéndole que
intentara algo con él; sin embargo, tenía cara de no haber esperado jamás que
Yuri llegara al punto de admitir sus propios sentimientos.
“¿Ese
tipo lo sabe?”
Tras
pensárselo un instante, Alexei fue lo primero que preguntó. Sabiendo que lo
hacía por preocupación, Yuri relajó ligeramente su semblante rígido.
“Más
o menos.”
“¿Qué?
¿Y eso qué es? ¿Han quedado en salir o te ha rechazado?”
“Por
ahora quedamos en que seríamos amigos.”
Alexei
abrió la boca para soltar un insulto silencioso. Supongo que, como le dijo que
le gustaba, no quiso decirlo lo suficientemente alto como para que se oyera.
Aun así, al leerle los labios, más o menos entendía lo que estaba diciendo.
“No
somos unos niños de veinte años, Yuri. Ese tipo también es un adulto hecho y
derecho. Déjate de excusas absurdas de amigos y cuéntame qué ha pasado.”
“Simplemente
ha surgido, me he enamorado de él por mi cuenta.”
“¿Por
qué motivo?”
Al
verse acorralado de esta manera, Yuri sintió que se encontraba en la misma
posición en la que había estado Alexei en el pasado. Solía impacientarle que
Alexei se sacrificara en solitario durante tanto tiempo sin que él pudiera
entender por qué protegía y cuidaba tanto a Valeri.
“Es
una persona amable. Estar con él es divertido... y hace que me den ganas de
intentar cosas que jamás se me habrían ocurrido.”
Mientras
enumeraba con seriedad sus pensamientos sobre Chariot, Yuri recordó cuando este
se había girado para mirarlo desde el lago y sonreído, curvando los labios con
suavidad.
“Tiene
una sonrisa bonita.”
Incluso
después de terminar de añadir aquello en voz baja, Alexei no dijo nada. Al
notar el silencio y mirar a su lado para ver qué pasaba, vio que Alexei tenía
el ceño fruncido y una expresión de profunda gravedad.
“¿Alyosha?”
“...Escúchame.”
Al
ver que asentía, Alexei le preguntó con tono tajante:
“¿Qué
te parece si te desinvolucras de este asunto?”
Con
lo que le gustaba hablar, le había salido una debilidad impropia de él.
“Recuerda
que vine aquí porque tú me llamaste.”
“Viendo
cómo pintan las cosas, creo que habrías venido aunque no te hubiera llamado.”
Alexei
se frotó el rostro con las manos y se talló los ojos.
“No
me esperaba que te fuera a gustar ese tipo hasta este punto.”
“Alyosha.
No exageres.”
“No
estoy exagerando. Si trajeras a T-mac, te diría exactamente lo mismo, y ni qué
decir de Lera si te viera; seguro que diría que te has enamorado. Un hombre
enamorado, ya sea alfa u omega, siempre comete alguna estupidez. Se vuelve
imprudente y valiente.”
Alexei
se acercó y le presionó con fuerza el pecho usando un dedo. Se le notaba la
preocupación acumulada en las cejas fruncidas.
“Como
ya sabes, en este asunto la gente muere. Por supuesto, yo pienso regresar a
casa a salvo para ver a mi precioso chico, y tú deberías hacer exactamente lo
mismo, pero viendo tu cara ahora mismo, he perdido la seguridad.”
“No
tengo la intención de morir, Alyosha.”
“¿Lo
juras?”
Yuri
bajó la mirada para fijarse en el dedo que lo estaba presionando. Era incapaz
de comprender por qué Alexei se ponía tan nervioso hasta ese extremo. Al ver
que Yuri no respondía, la presión del dedo se intensificó todavía
suspicazmente.
“Lo
juro.”
Ante
la respuesta que salió despacio, Alexei soltó un suspiro y dio un paso atrás.
Está claro que, al convivir con Valeri, Alexei también había adquirido la manía
de preocuparse como cualquier persona normal. Pedirle que jurara algo así.
Tampoco
es que Yuri quisiera morir. Prefería mil veces seguir con vida y quedarse al
lado de Chariot. No obstante, si llegaba el momento de poner en una balanza su
vida y la de él...
Movió
ligeramente los labios y se quitó de la cabeza aquel pensamiento funesto.
“En
cuanto note el mínimo ápice de algo raro, te sacaré de aquí de los pelos, así
que tenlo en cuenta.”
“Ya
que he jurado y todo, ¿qué tal si me cuentas de una vez el meollo del asunto?
¿Qué has descubierto?”
“Sígueme.”
Con
la naturalidad de alguien que llevaba tiempo en Boston, Alexei guió a Yuri por
el camino de forma bastante familiar. Después de entregarle una gorra a Yuri,
Alexei se puso otra negra idéntica. Como ambos tenían el mismo color de cabello
y complexión física similar, con el rostro medio oculto parecían hermanos.
“Mañana
hay una fiesta en una mansión junto al mar que pertenece a la familia
Goodnight. Y casualmente Chariot, que volvió ayer, también fue invitado; se
supone que toda la familia, incluidos los abuelos, se reunirá para ver al nieto
que llevaba tanto tiempo sin visitar el país. Y el plan del que me enteré
es...”
Los
pasos de Alexei se volvieron un poco más lentos. Puso cara de hastío.
“Que
unos gánsteres de la base de la Guardia del Infierno van a bajar a la fiesta
para matar a todos los heredero directos. Excepto al autor intelectual de todo
esto.”
“¿Qué?”
Yuri
se detuvo en seco y preguntó. Al ver su rostro ensombrecido en un instante,
Alexei le tiró del brazo y le dijo que ya se lo esperaba.
“Entra
en razón, Yuri. Si seguimos el plan, tu candidato a novio...”
Alexei
se corrigió de inmediato:
“Bueno,
no, candidato tampoco. Todavía le falta mucho para ser candidato. En fin,
cumpliremos con el encargo y además salvaremos a ese tal Chariot. No me
infiltré solo para quedarme cruzado de brazos viendo cómo asesinan a gente
inocente.”
Aunque
intentó pensar racionalmente y se dijo que, como el evento aún no ocurría, se
podía evitar a tiempo, el plan le pareció tan repugnante —no solo asesinar a
Chariot, sino masacrar a toda la familia para terminar el trabajo— que Yuri se
quedó sin palabras. Menos mal que Chariot no había escuchado nada de esto. Si
se hubiera enterado, de seguro se culparía pensando que todo sucedió por su
culpa. Los culpables eran los criminales, pero los que siempre cargaban con el
sentimiento de culpa eran los inocentes.
“¿Exactamente
quién demonios es el desalmado que armó un plan así?”
“El
segundo o el tercer hijo. Es decir, uno de los tíos de Chariot, aunque no lo
tengo claro del todo. Esos dos heredaron juntos las empresas de inversión de
sus padres y las coadministran, y la IP del teléfono por internet que usaron
para hacer el encargo salió de esa misma empresa. Si alguien se mueve por
dentro de las instalaciones, prácticamente cualquiera de ellos es sospechoso.”
“¿Cómo
demonios averiguaste todo esto, Alyosha?”
Durante
su trabajo en la agencia de resolución, las habilidades de Alexei para
descubrir este tipo de cosas habían mejorado muchísimo. Recordando que Heather
solía echarle una mano, probablemente lo había aprendido de ella; infiltrarse
tan a fondo desde el exterior, sin tener a alguien como Dolly que vigilara a la
familia desde dentro, debió ser muy difícil.
“Lo
averigüé a través de un subjefe en Vancouver después de ayudar con la
eliminación del cadáver de Samuel. Aunque soy sumamente atractivo, hay un límite
en la confianza que se tienen los alfas entre sí, y tampoco es que fueran tan
idiotas como para entregarle información crucial a un sicario que apareció de
la nada.”
Al
final, significaba que lo había estado espiando a escondidas.
“Tengo
que decir que el teléfono que recuperaste fue de gran ayuda. Si no hubieras
conseguido los mensajes que había dentro, jamás habría sabido la dirección de
la casa del jefe.”
“¿Había
una dirección?”
“Los
tipos que neutralizaste eran mercenarios, pero pertenecen al grupo interno de
la Guardia del Infierno. Como no eran contrataciones temporales, tenían un par
de mensajes intercambiados recientemente con el jefe.”
Yuri,
que había estado escuchando sus palabras en silencio, le hizo una pregunta que
le causaba curiosidad:
“Pero
tú no habrías tenido tiempo de ir y venir al Parque Nacional Yoho.”
“Mandé
a T-mac.”
“Le
pagarás lo que le corresponde, ¿no?”
Al
preguntarlo pensando que, por muy amigos que fueran, estaba aprovechándose
demasiado de T-mac, Alexei se encogió de hombros con total naturalidad.
“¿Por
qué me tomas, Yuri?”
Decidió
comprobar eso en cuanto volviera a Vancouver y se encontrara de nuevo con
T-mac, así que Yuri retomó el tema principal:
“Entiendo
lo que dijiste. Pero me pregunto cómo planeas evitarlo. Si tienes pruebas, ¿no
sería mejor entregárselas a la policía en secreto?”
“Si
hacemos eso, no podremos atrapar al verdadero culpable. Hay que meter al
cabecilla tras las rejas para que no vuelva a cometer una locura así, ¿no
crees? ¿Quién diablos contrata a un asesino a sueldo para matar a su propia
familia, Yuri? Ni siquiera ese maldito de Vólkov se atrevía a tocar a su propia
sangre.”
Hacía
tiempo que Alexei no mencionaba a Ígor Vólkov. Yuri recordó muchas de las cosas
horribles que él había hecho antes de asentir con la cabeza.
“No
se puede comparar con los Vólkov, padre e hijo, pero sin duda es igual de
despreciable.”
“Por
eso hay que atraparlo. El criminal será el que intente anticiparse para salir
con vida de ahí, y mi plan es asistir como parte del personal de catering de la
fiesta, observar cómo se desarrolla la situación y atrapar al sujeto. Sería
perfecto si logramos grabar la conversación, pero con tan solo acorralarlo
aumentaremos las probabilidades de conseguir pruebas.”
“Si
dejamos que el plan siga su curso, esos tipos terminarán irrumpiendo en la
fiesta, Alyosha. Habrá gente herida.”
“Justo
ahí es donde necesito que me ayudes.”
“...¿Cómo?”
Por
mucho que fuera Yuri, era imposible que se encargara él solo de un grupo
numeroso de sicarios armados. Tal vez si peleara dispuesto a morir podría
lograr algo, pero ¿no le había advertido Alexei con enojo que ni se le
ocurriera pensar en la muerte?
“¿Te
acuerdas de los dos guardaespaldas que protegen a Chariot? Uno de ellos es un
policía de por aquí. La idea es compartirle el plan de antemano para que la
policía se aposte en el lugar y, en el preciso instante en que aparezcan esos
tipos, neutralizarlos.”
Alexei
había trazado el plan con bastante meticulosidad. Si hacían las cosas tal como
él decía, parecía que lograrían atrapar al criminal en plena escena por los
pelos. Por supuesto, al haber tanta gente, seguirían surgiendo variables
imposibles de controlar, pero tanto él como Alexei podrían solucionarlo
lidiando con ellas sobre la marcha de algún modo.
“Pero
dime, ¿cómo averiguaste lo de esos dos?”
“La
información vino adjunta cuando se dio la orden. Para ser exactos, se actualizó
ayer, justo después de que Chariot pisara suelo estadounidense. Una mujer de
unos cincuenta años, un pelirrojo y... además.”
Alexei
miró a Yuri con ojos llenos de orgullo y le enseñó la pantalla de su teléfono.
“Un
alfa de poco más de treinta años extremadamente peligroso.”
En
la pantalla del móvil aparecía la imagen borrosa de Yuri captada por una cámara
de seguridad. Habiendo pensado que tenía de qué enorgullecerse, parecía muy
satisfecho de que le hubieran colgado semejante título.
“Parece
que todos estos tipos recibieron una buena paliza de tu parte.”
Al
regresar por fin a un entorno donde podía ser él mismo después de tanto tiempo,
Yuri se libró de ser tildado de escoria o de patético. El hecho de que no
hubiera ningún problema por seguir siendo Yuri Kiselyov le reconfortaba el alma
sin duda alguna, pero él era incapaz de presumir de su propia peligrosidad de
la manera en que lo hacía Alexei.
Simplemente... era así.
Ni
el tabaco ni la alegría de ver a la persona que más apreciaba se sentían
intensos como de costumbre, por extraño que parezca. Aunque estar con Alexei
siempre le aportaba tranquilidad en el corazón, al margen de eso, sentía que no
terminaba de encajar en su sitio de ninguna manera.
*
* *
Asegurándose
de que la información se estuviera filtrando desde el interior, los detalles
sobre los dos guardaespaldas de Chariot venían bastante especificados. Benji,
es decir, Benjamin Fraser, tenía 38 años y era policía de Boston, concretamente
un detective del departamento de investigación de delitos graves. Se encargaba
principalmente de casos de violencia doméstica y trata de personas. Parecía que
se había mudado desde Canadá cuando era niño y, tras obtener la ciudadanía
estadounidense, se había quedado viviendo allí indefinidamente.
Lo
sorprendente eran los datos sobre Dolly. Aunque la descripción sobre ella era
más corta que la de Benjamin, el contenido resultó ser mucho más interesante.
Dorothy Hamill (nombre falso), de origen mixto ruso, veterana del ejército
estadounidense, aunque no se especificaba la unidad en la que había servido. Al
leer su historial resumido en una sola línea, Yuri creyó entender por qué a
Dolly le gustaban los postres rusos.
Como
su inglés era sumamente fluido y apenas tenía acento ruso —a diferencia de su
padre, Vasili—, no se lo había imaginado. A veces al propio Yuri se le
endurecía la pronunciación al decir ciertas palabras, pero en Dolly no existía
tal cosa.
A
pesar de haberlo descubierto por vías ilegales, no estaba del todo mal saber un
poco más sobre las personas cercanas a Chariot. Alexei le había dicho que lo
acompañaría a la fiesta de mañana por la tarde. Al parecer estaría bastante
ocupado, ya que pensaba ir a la empresa de catering para informarse sobre los
preparativos de la fiesta del día siguiente.
Yuri
se sentó un momento en la cama para secarse el cabello mientras bajaba la
mirada al papel donde tenía anotado el número de Benji, que Alexei había
conseguido ilegalmente. Había reservado al azar el hotel más barato que
encontró en la ciudad y, nada más entrar, se metió a bañar. Como los vuelos
directos de Calgary a Boston solo salían de madrugada, Yuri también optó por
hacer escala en Toronto, imitando el trayecto que había tomado el grupo de
Chariot para llegar allí.
Tras
quitarse el polvo de encima, tanteó la venda que llevaba enrollada en el brazo.
Como la herida no era tan profunda como la del costado, ya se había curado
bastante. Estando a punto de cumplirse una semana, ya era hora de cambiársela.
Acariciando la venda con un gesto cargado de cierta melancolía, sacudió la
cabeza con levedad para volver de golpe a la realidad.
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Marcó
el número de Benji y pulsó el botón de llamada; el tono comenzó a sonar. No
sabía si le contestaría al ver un número desconocido. Si persistía en no
responder, tendría que comunicarse con Chariot, y la mera perspectiva de poder
escuchar su voz a través del teléfono lo hizo sentir por un instante una emoción
bastante intensa, casi excesiva; sin embargo, al pensar que cuanto menos
supiera Chariot de él, mejor sería, esa agitación innecesaria se desvaneció.
Por
suerte, Benji contestó la llamada.
—Aquí
Benji. ¿Quién es?
“Soy
yo, Yuri.”
Al
otro lado de la línea se hizo un silencio breve. Como transcurrieron varios
segundos sin respuesta, Yuri revisó la pantalla del teléfono por si acaso se
había cortado. La llamada seguía activa.
“¿Benjamin?”
—¿Cómo
conseguiste mi número?
A
diferencia de antes, cuando había respondido con la naturalidad de cualquier
persona, Benji adoptó un tono sumamente agresivo. Yuri reconoció para sus
adentros que era una situación como para alarmarse.
“Un
amigo me lo dio. El amigo con el que Chariot fue a buscarlo para encargarle el
trabajo la primera vez, aunque no sé si te habrá llegado a mencionar algo.”
—¿Y
ese sujeto cómo consiguió mi número?
“Sabiendo
que trabajas en la división de investigación de delitos graves de la policía de
Boston, supongo que lo demás no habrá sido tan difícil.”
Antes
de que Benji pudiera colgarle el teléfono, Yuri fue directo al grano.
“Información
básica sobre ti, sobre Dolly y sobre mí ha sido filtrada a los tipos que nos
andan persiguiendo. Pero lo importante no es eso; hay algo que necesitas
hacer.”
—¡Mi
información anda rondando por ahí entre un grupo de criminales y pretendes que
eso no es importante!
Le
replicó Benji con total incredulidad.
“Como
ahora eres el guardaespaldas de Chariot, te convendría priorizar los asuntos de
Chariot. Me enteré de que mañana hay una fiesta familiar en la mansión de la
familia Goodnight, situada por la zona de Rexhame Beach. ¿Es verdad?”
—¿Acaso
pusiste un espía dentro?
Al
comprobar que la información que Alexei había desenterrado era correcta, Benji
lo estaba mirando con profunda sospecha. Ah, con que este bando no sabía que
había un traidor en la familia. Al parecer, eso era algo que solo sabían Dolly
y la madre de Chariot.
“Si
le preguntas a Dolly, ella te explicará por qué se filtró esa clase de
información. Hay un topo dentro de la familia de Chariot. Y ese topo tiene
planeado asesinar a todos los miembros de la familia directa que asistan a la
fiesta de mañana.”
—Espera,
espera.
Tras
guardar silencio un instante, Benji le dijo que le iba a mandar una dirección.
—Ven
para acá. No es un tema para hablarlo por teléfono. Ah, maldita sea. ¿Por qué
demonios Dolly siempre me oculta cosas?
Tras
un estallido de quejas hacia Dolly, le colgó la llamada sin más. Al examinar la
dirección que le había llegado mientras tanto, vio que se trataba de un bar
situado en la zona céntrica, a unos quince minutos en coche desde el hotel.
Quedándose mirando fijamente el nombre del local, Yuri abrió el buscador y
buscó imágenes. Era un bar de cócteles de aspecto elegante. Aunque no era una discoteca,
parecía un lugar donde era fácil encontrarse con gente.
…Significa
que Chariot también está aquí.
Con
el rostro inexpresivo mientras contemplaba las imágenes, Yuri bloqueó el
teléfono. Tras coger la llave del hotel y la cartera, se dio cuenta de que la
farmacia ya estaría cerrada a esa hora si pretendía salir a comprar una venda
nueva.
Mirando
la gasa enrollada en su brazo, fue deshaciéndola con los dedos poco a poco. Al
aflojarse la venda que estaba apretada con firmeza, cayó una gasa manchada de
sangre. Tal como había supuesto, la laceración en el antebrazo había sanado
rápidamente y ya se había formado una costra. Como la herida no era tan
profunda en comparación con la del costado, no le quedaría una cicatriz
propiamente dicha, pero sí marcaría una señal.
Comprobando
si la sensibilidad del lado izquierdo respondía bien —moviendo a propósito
desde el brazo hasta la pierna—, determinó que no había ningún problema. Ocultó
la parte superior de su cuerpo, que no lucía nada bien, vistiéndose con una camisa
negra de manga corta. Añadiendo una chaqueta para cubrirse incluso los
antebrazos, Yuri salió del hotel. Nadie diría jamás que su indumentaria
pertenecía a alguien que iba a visitar un bar exclusivo.
Unos
veinte minutos después de haber terminado la llamada, Yuri bajó del taxi. La
dirección que Benji le había compartido correspondía al cruce de cuatro
edificios acabados en piedra marrón. Personas bien vestidas deambulaban e iban
de un lado a otro por las calles nocturnas que empezaban a oscurecerse. El
único que destacaba con un atuendo completamente diferente en medio de todo
aquello era Yuri.
Tras
vacilar un momento, Yuri escrutó los alrededores en busca del letrero de la
coctelería que le había mencionado Benji. Al descubrir el nombre que buscaba, caminó
despacio hacia allí, solo para encontrarse con la mala noticia de que el diseño
del lugar no permitía ver el interior. Quedándose en silencio frente a la
entrada decorada con un estilo similar al de un club, iba a marcarle a Benji
cuando dos hombres se adentraron en el establecimiento. Aquellos dos alfas, que
empujaron la puerta con seguridad para entrar, parecían tener una edad similar
a la de Yuri. Con unos rostros despreocupados y ligeros, resonaba su voz seria
comentando qué clase de omega les gustaría conocer esa noche. Como si ese fuese
el mayor problema de sus vidas.
Mientras
observaba a los hombres entrar, echó un vistazo al interior, pero no vio a
Chariot por ninguna parte. Yuri reprendió a su propio corazón por andar
mostrando debilidades y se puso en contacto con Benji. Apenas sonó una vez el
tono de llamada, este le contestó.
-¿Has
llegado?
“Estoy
en la entrada.”
-Quédate
ahí.
Cortando
la llamada con un tono de voz burocrático, salió del bar al cabo de pocos
segundos. Apareciendo en la entrada como si hubiese estado esperando, miró a su
alrededor hasta descubrir a Yuri y se acercó. No llevaba la camisa de algodón y
los pantalones de ayer, sino que iba vestido con un traje semiformal.
“Por
aquí.”
Tras
indicarle con la barbilla un callejón lateral poco transitado, lo siguió para
cambiar de lugar. Tal vez por estar cerca de la costa, el graznido de una
gaviota resonó con fuerza antes de ir apagándose poco a poco. Benji y Yuri se
miraron el uno al otro con absoluta incomodidad. Aunque solo habían estado
juntos un día, era la escena más calmada que le había tocado ver entre ambos
hasta el momento.
“¿A
qué te referías con lo que dijiste? Explícate con detalle.”
Benji
preguntó mientras se frotaba la barbilla con los dedos. Tenía un aspecto
ligeramente tenso.
“He
averiguado que el bando de la Guardia del Infierno ha planeado asesinar a
Chariot y al resto de su familia en la fiesta de mañana. Mandarán mercenarios,
pero de cara al exterior harán que parezca una incursión perpetrada por una
banda de gánsteres. Como su base norteamericana está justo al lado, en Nueva
York, es muy probable que manden gente desde allí.”
“…¿Entonces
pretenden hacer creer que, debido a los líos amorosos de Chariot, unos
gánsteres irrumpieron por sorpresa en la fiesta y los masacraron?”
Incluso
sin que Yuri se lo explicara detalladamente, Benji se imaginó por sí mismo cómo
se armaría el rompecabezas. Murmuró con un rostro sumamente pensativo y
ensimismado:
“Aunque
en el pasado la Guardia del Infierno era un grupo desatado que hacía lo que le
daba la gana, en los últimos diez años no se habían metido en matanzas a gran
escala. Desde que la policía dio un gran golpe con una redada general, se
habían estado limitando a traficar con drogas o a hacer encargos simples de
asesinatos; así que la bonificación por cumplimiento debe ser gigantesca como
para arriesgarse a usar de nuevo un montaje que atraiga las miradas de la
policía.”
“Supongo
que sí.”
“¡No
creo que se muevan por simple dinero! Podría tratarse de concesiones
territoriales o de negocios.”
Tras
decir aquello, Benji volvió a preguntarle a Yuri:
“¿Dijiste
hace un rato que hay alguien dentro de la familia que está tramando esto?”
“Así
es.”
“¿Estás
seguro? Si Chariot se llega a enterar, va a recibir un golpe durísimo. Ya de
por sí se ha visto envuelto en puras tonterías…”
“Aunque
existen varias pruebas, creo que lo más seguro en lugar de preguntármelo a mí
sería ir a preguntárselo a Dolly.”
Benji
se mordió los labios resecos y dejó escapar un profundo suspiro.
“Entonces,
¿qué es lo que quieres?”
“Para
averiguar quién está cometiendo este acto y detenerlo con seguridad, tenemos
que hacer que muestren su rostro por completo. Si avisamos antes de tiempo y el
plan se arruina, al final seguirán intentando ir tras Chariot de otra manera;
¿qué tal si mejor esperamos hasta justo antes de que ocurra el ataque y los
pillamos con las manos en la masa?”
“Es
demasiado peligroso. A la fiesta de mañana van a ir parientes y familiares, y
habrá más de treinta personas.”
“Tengo
entendido que han contratado suficientes guardaespaldas.”
“Así
es. Pero por si acaso se desata un tiroteo, alguien podría salir herido.”
“¿Qué
tal si creamos una variable antes de eso?”
Yuri
fue relatando despacio el método en el que había estado pensando mientras venía
en el taxi.
“Llevar
a Chariot a la fiesta temprano para que se reúna con testigos y, después,
dejarlo en un espacio relativamente seguro junto con los guardaespaldas. Como
el testamento de Chariot es la cantidad más alta, sin duda intentarán matarlo a
él, y entonces las personas involucradas tratarán de buscarlo como dé lugar.”
“Haa...”
Tras
quedarse sumido en sus pensamientos durante un buen rato, Benji levantó la
cabeza. Aunque no tenía la mirada llena de convicción de Alexei, parecía estar
de acuerdo, por lo menos en principio, con el plan de Yuri.
“Lo
hablaré un poco más con Dolly antes de decidirlo. Te contactaré a más tardar
mañana por la mañana, así que mantente atento. Y...”
Benji
se cruzó de brazos y alzó la vista para mirar a Yuri. Como su estatura no
alcanzaba por poco los seis pies, tuvo que levantar bastante la barbilla para
poder mirarlo. Sin embargo, no le importó la diferencia de altura, que bien
podría haber resultado intimidante. Levantando el mentón para mirar
directamente a Yuri, Benji le preguntó:
“¿Mañana
tú también vas a estar en el lugar? Por el hecho de haberlo seguido hasta aquí,
me da la impresión de que esa es tu intención.”
“...Solo
quiero ver hasta el momento en que Chariot esté a salvo.”
“Oye,
dijiste que te llamabas Yuri.”
Extendiendo
un brazo para apoyar la mano en el hombro de Yuri, le ofreció una crítica
basada en la realidad, sin hacerlo por rencor ni con la intención de llenarlo
de miedo.
“Sé
qué clase de sujeto eres. No lo digo para asustarte ni por decir algo al aire;,
cuando Chariot te desnudó la parte superior del cuerpo para tratarte la herida,
alcancé a ver tu espalda.”
“……”
¿Acaso
Dolly no había sido la única que vio la cicatriz? No, Yuri. Lo que acabas de
oír no significa simplemente que haya visto una cicatriz. Eso quiere decir
que... el tipo se imagina cómo se hizo esa marca.
“Entre
la mafia de origen soviético, he visto a tipos que les hacen ese tipo de
cicatrices a los traidores. Lo leí en archivos, así que no es algo que haya
presenciado de primera mano, pero leí que es un método cruel y antiguo para
llevar a cabo un castigo mucho más severo que el simple hecho de grabar un
tatuaje.”
Benji
frunció el ceño al hablar.
“Dolly
dijo que tú probablemente no seas una mala persona. Aún no estoy seguro de eso,
pero incluso si fuera cierto, todos coincidiremos en que la cicatriz de tu espalda
no pudo haber aparecido por un acontecimiento ordinario. ¿O me equivoco?”
Yuri
miró a Benji con el rostro completamente pálido. Tal como decía Benji, lo que
hacía Ígor era un método tan antiguo y cruel que ya no se empleaba en el mundo
de hoy. Sin embargo, él, que se dedicaba a hacer lo que le plazca en su pequeño
reino, le había marcado esa cicatriz en el día más terrible de la vida de Yuri.
Para
Yuri, la cicatriz de su espalda era la parte más vergonzosa de su persona y el
detonante que le recordaba el día más doloroso de su existencia. Alexei, que
sabía lo que había pasado aquel día, tampoco se lo mencionaba a nadie por esa
misma razón.
Vólkov
ya estaba muerto, y los sujetos que lo secundaban habían corrido la misma
suerte. Como la organización se había desmoronado, pensaba que nadie, salvo él
o Alexei, conocía el significado oculto detrás de aquella cicatriz...
Y
sin embargo, Benjamin la había reconocido.
“Habiendo
pasado por semejante pasado, lo siento, pero prefiero que no te acerques más a
Chariot. No niego que seas una excelente fuerza de combate y que resultes de
ayuda. Pero no creo que vayas a ejercer una buena influencia sobre Chariot.”
Su
mente daba vueltas como si hubiera recibido un golpe en la nuca sin previo
aviso. Sin saber siquiera que había tocado una fibra sensible, Benji se quedó
callado al ver los ojos azulados y desencajados de Yuri.
Esa
marca había aparecido el día en que murió su madre. Tal como decía Benji, era
indudablemente una cicatriz difícil de obtener mediante un suceso común y
corriente.
Lo
que atormentaba a Yuri era que aquel recuerdo espantoso que había dado un
vuelco absoluto a toda su vida fuera resumido con tanta ligereza como un simple
‘semejante pasado’. En él no cabían el dolor, la desesperación, la frustración
rozando la locura ni la tragedia que había azotado a la familia Kiselyov aquel
día.
Los
puños que tenía apretados debido a la furia se volvieron blancos por la
tensión. Aquello no era ira dirigida hacia Benji, sino más bien la vergüenza de
ver expuestas sus debilidades en el momento menos esperado. Benji no había
hecho nada malo. Sabía muy bien cuán despreciables debían de parecerle sujetos
como Yuri a alguien que trabajaba dentro de una institución policial.
Pensándolo
bien, Benji se había portado bastante caballero al tratarlo con cierta decencia
a pesar de haber descubierto de inmediato que había sido mafioso.
“¿Se
lo dijiste también a Chariot?”
“Pensaba
decírselo en cuanto te volvieras demasiado cercano a él.”
Benji
añadió mientras se frotaba el entrecejo:
“Pero
por ahora no lo sabe.”
“He
entendido a qué te refieres.”
Por
mucho que Chariot fuera tan inocente y de buen corazón, ¿sería capaz de
tratarlo como antes sabiendo que Yuri había sido un mafioso?
Alguna
vez había pensado en contarle a Chariot con calma las cosas que le había tocado
vivir, por qué se había convertido en un mafioso y por qué se había empeñado
tanto en sobrevivir...
Mientras
Yuri guardaba silencio con el rostro rígidamente endurecido, Benji tampoco dijo
nada. Entonces, siguiendo la vibración que provenía de su pecho, metió la mano
en el bolsillo interior y sacó el teléfono. Al leer brevemente un mensaje que
acababa de llegar, le dijo a Yuri:
“Tengo
que volver a entrar. Había salido para celebrar por adelantado el aniversario
de bodas con mi esposa, pero me he ausentado demasiado tiempo por tu culpa.”
Al
escuchar que había venido con su esposa, la cabeza que le estaba hirviendo se
calmó de golpe.
“¿No
se supone que debes proteger a Chariot? Tenía entendido que habías venido con
él.”
“Le
dije que se quedara en casa porque es peligroso andar por ahí. Como comentó que
quería descansar, lo dejé a solas con Dolly y su tía. No te preocupes por eso,
hay guardaespaldas tanto dentro como fuera de la mansión.”
El
zumbido del teléfono volvió a vibrar. Benji soltó un suspiro de fastidio.
Guardando el aparato a toda prisa, le lanzó una última advertencia a Yuri:
“No
me voy a meter si te limitas a vigilarlo hasta este punto. Estoy transigiendo
porque Dolly insistió en que te dejara en paz. Pero esto llega hasta aquí.”
Tras
la marcha de Benjamin, Yuri se quedó a solas en el callejón. La sombra de la
esquina del edificio se proyectaba a lo largo de la pared, cubriendo a medias
el cuerpo de Yuri. Parado en esa franja imprecisa y limítrofe, dio unos pasos
lentos y salió del callejón. Al emerger a la calle, vio a Benji saliendo del
bar de cócteles al otro lado. En la escena en la que caminaba sonriente y
tomado del brazo de su esposa se percibía un abismo desgarrador. Por un
instante, Yuri creyó que todavía se encontraba en Sarátov.
Aunque
el demonio que había tiranizado su cuerpo ya no estaba, el alma de Yuri seguía
encadenada a los recuerdos que aquel lugar le había dejado, estancada en el
mismo sitio. Yuri comprendió de repente que, a menos que creara recuerdos
capaces de borrar aquello, se quedaría atrapado allí para siempre.
Cuando
estaba con Chariot, no experimentaba esa clase de sensación. Chariot poseía la
increíble habilidad de hacer que se concentrara exclusivamente en la realidad
que tenía delante, arrastrándolo una y otra vez hacia el exterior para impedir
que se sumiera en pensamientos tan sombríos y desoladores.
Dando
media vuelta en dirección contraria a la que había tomado Benji, Yuri caminó
contracorriente entre personas que tenían sus propios destinos. Cuanto más
caminaba, más vacíos se sentían su pecho. Como siempre había estado vacío y
nunca se había percatado de lo que era la añoranza, al recordar la sensación de
haber estado lleno una sola vez, comprendió que aquello era la pura vacuidad.
No
tenía la intención de desobedecer las palabras de Benji. De todos modos, Yuri
consideraba que con solo vigilarlo desde lejos ya se daba por satisfecho, por
lo que en el fondo no era un asunto que fuera a generar grandes roces.
Pero...
Habría
deseado poder acercarse lo suficiente como al menos poder contemplar su sonrisa
desde la lejanía, aunque fuera de vez en cuando.
Sintiéndose
sin fuerzas para seguir caminando, Yuri se detuvo en seco. Al recuperar la
consciencia, se dio cuenta de que estaba en el mismo cementerio por el que
había pasado aquella tarde. Al ver a la gente tomando fotos —tal vez porque se
trataba de uno de los puntos turísticos más conocidos—, a Yuri le invadió de
pronto una simple curiosidad por saber qué opinaría Chariot de todo aquello.
A
continuación, recordó la petición que este le había hecho de ponerse en
contacto con él.
Sacando
el teléfono, Yuri titubeó por un momento al acordarse de la advertencia de
Benji. Llamar sin un motivo de peso difícilmente encajaría con la sana
distancia que Benji le había exigido. Justo cuando contemplaba fijamente el
número que aparecía registrado en las llamadas perdidas, el teléfono empezó a
sonar de repente.
Era
exactamente el mismo número que acababa de mirar. Contemplando con sorpresa el
número no guardado, Yuri se apresuró a contestar.
-¿Wolfie?
¿De verdad eres tú, Wolfie?
Al
escuchar el apelativo de Wolfie tras apenas veinticuatro horas, Yuri frunció el
ceño mientras las comisuras de sus labios se curvaban hacia arriba. Al
principio parecía haberme dado repeluz, pero en poco tiempo se había
acostumbrado a un punto en el que se sentía extrañamente desubicado si Chariot
no lo llamaba así.
“Sí,
soy yo, Chariot.”
-Menos
mal que era el número correcto. Qué alivio. Es que, como pasó la hora en que
dijiste que llegarías y no me dabas señales... pensé que quizás me habías dado
un número equivocado la otra vez.
La
voz de Chariot al otro lado de la línea se oía un poco más grave que cuando la
escuchaba en persona. Le agradaba ir descubriendo facetas de él que desconocía.
Sus pasos, que se habían detenido, volvieron a ponerse en marcha hacia
adelante. El vacío que le carcomía el pecho se esfumó por completo.
“No
me imaginé que... estuvieras esperando mi llamada.”
En
el transcurso de los últimos días, Yuri había aprendido de la manera más dura
que los sentimientos de una persona podían tambalearse y dispararse de esa
forma tan extrema por culpa de un solo individuo. Hasta hacía un momento le
había parecido estar atrapado en el mismísimo infierno de Sarátov, pero en
cuanto hablaba con Chariot, volvía a ser él mismo caminando por las calles de
Boston. A su alrededor, las personas que deambulaban bajo la suave iluminación
de las avenidas ordenadas se le figuraban todas cálidas y entrañables.
Las
personas que deambulaban de un lado a otro por la avenida ordenada se le
figuraban todas cálidas y entrañables.
-Al
fin y al cabo somos amigos... y solo quería saber si habías llegado a salvo. Se
supone que los amigos pueden decirse cosas así, ¿no?
Claro,
no importaba si solo eran amigos. Con tal de poder escuchar su voz con esta
frecuencia, estaría más que dispuesto a convertirse en lo que fuera necesario.
“Llegué
bien. ¿Tú estás bien?”
Rogaba
para que el mundo, por lo menos, le permitiera mantenerse a esta distancia.
-Yo
llegué bien. Vine a Boston después de un buen tiempo y la educación de la gente
por aquí deja mucho que desear. Supongo que Vancouver sigue siendo mucho mejor,
donde uno puede cruzarse con alfas tan apuestos como Wolfie con solo dar un
paseo por el centro.
Pensaba
que, si seguía acumulando de a poco recuerdos conseguidos de esta manera, la
vida quizás valdría la pena.
*
* *
El
día de la fiesta, Boston amaneció con una llovizna ligera.
Tal
vez por ser una zona costera, el clima era impredecible. Contraviniendo el
pronóstico del tiempo, y mientras contemplaba el cielo sombrío, Yuri recibió la
lluvia fina. Comprar un paraguas por una llovizna así resultaba mucho más
molesto. Alexei había prometido pasar a recogerlo frente al hotel, pero ya se
había pasado diez minutos de la hora acordada.
Como
siempre solía llegar tarde, diez minutos se consideraban bastante bien. Había
días en los que se retrasaba hasta cuarenta minutos, y las veces que tardaba
tanto solía deberse a que se detenía a ayudar a algún vecino desconocido y
terminaba metido en una discusión innecesaria. O tal vez se le había vuelto a
olvidar cargar la batería y se le había apagado el coche.
Yuri
desvió su mirada aburrida hacia la pequeña maleta que había comprado en el
aeropuerto. Dentro solo llevaba dos libros, un abrigo, la camisa blanca que no
le había podido devolver a Chariot y una muda extra de ropa.
Lamentablemente,
no había podido traer su pistola. Al viajar entre países, parecía ser que era
obligatorio solicitar un permiso temporal correspondiente a cada nación para
que lo procesaran en el mostrador. Tenía el arma guardada en un lugar que solo
él conocía. Habría estado bien si hubiera podido inventarse una excusa para ir
a buscarla y pasar una vez más cerca de Big Fox.
Apartando
la vista de la maleta, Yuri miró la carretera y frunció el ceño debido a una
punzada de inquietud repentina. Seguramente se debía a que lo que estaba por
suceder no iba a ser cualquier cosa. Aunque era necesario que el plan encajara
a la perfección, por lo general las cosas que organizaba Alexei terminaban
saliendo adelante de un modo u otro de forma positiva.
Anoche,
tras terminar de debatir con Dolly, Benji había aceptado el plan de Alexei.
Para movilizar a la policía hacía falta un cierto nivel de pruebas, pero
gracias a que el programa del partido figuraba con total precisión en el
teléfono del subjefe que Alexei había pirateado en secreto, lograron ganarse su
confianza.
Tras
recibir esa información, Benji se la adelantó a su superior y, a título
personal, les pidió ayuda a sus compañeros de entrada. Al parecer habían
quedado en que se mezclarían con los guardaespaldas y entrarían en acción en
cuanto la situación se pusiera tensa. No obstante, Dolly había advertido que
era imposible aislar a Chariot por separado. Si hacían eso, Chariot sin duda
sospecharía, y prefería evitar una situación en la que el nerviosismo de este
último arruinara las cosas. Además, con el riesgo de que el culpable se
percatara y huyera, se concluyó que lo mejor era seguir con el plan original.
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La
fiesta empezaría a las cinco de la tarde. Si salían en ese momento, llegarían
justo a tiempo para el inicio. Mientras pensaba en eso, Alexei detuvo el coche
frente a él.
“Perdón,
se me hizo tarde.”
Con
la ventanilla bajada, Alexei le indicó con la mirada que pusiera la maleta en
el asiento trasero. Al bajarse a la acera y abrir la puerta de atrás, vio que
había varias bolsas de compras. Tras acomodar la maleta para que las bolsas no
se dañaran, Yuri se subió al asiento del copiloto y preguntó:
“¿Qué
es todo eso?”
Señalando
hacia atrás con la barbilla, Alexei arrugó la nariz.
“Ya
que vine a Boston, no podía irme sin comprar algunos recuerdos del ballet. A
Lera le daba mucha ilusión venir alguna vez.”
Antes
solía hacer llorar a su joven novio a cada rato, pero parecía haber aprendido
bastantes maneras de hacerlo feliz con el tiempo. Al ver ese cambio tan
agradable, Yuri soltó una leve sonrisa antes de mirar al frente.
“Vámonos
rápido.”
“De
acuerdo. Estoy un poco más nervioso de lo que pensaba. Hace mucho que no asisto
a un evento de esta magnitud.”
Murmurando
aquello, Alexei pisó el acelerador. Yuri guardó silencio por un momento,
compartiendo su misma sensación. Aunque en los últimos dos años ayudando en los
encargos de Alexei jamás le habían faltado situaciones peligrosas, por lo
general los contrincantes no pasaban de tres o cuatro.
Aunque
los sicarios solían aparecer, como iban en parejas era más o menos manejable,
pero ese día tendrían que lidiar con un grupo numeroso.
“¿Te
acuerdas? Creo que hubo un día muy parecido a este.”
Alexei
disipó el aire tenso con una broma. Como el contenido de la broma era bastante
más pesado, Yuri esbozó una sonrisa fugaz. Parecía estar refiriéndose al día en
que, antes de escapar de Sarátov, decidieron derrocar a Ígor.
“Ah,
fue en otra vida.”
Siguiéndole
el juego a su amigo, Yuri también susurró en voz baja:
“Sí,
maldita otra vida.”
Alexei
secundó el comentario mezclando una grosería.
“Si
no hubiera sido por ti, me habría quedado atrapado en esa otra vida para
siempre.”
Alexei
había salvado a mucha gente. En primer lugar, la decisión de acabar con Ígor
había surgido porque habían descubierto que Alexei estaba sacando a escondidas
a la gente hacia Canadá a espaldas de este. En lugar de matar a los miembros de
la organización que intentaban delatarlos ante la policía o a aquellos a
quienes les habían ordenado ejecutar por no poder pagar sus deudas, él los
ayudaba a cruzar la frontera. Alexei había tomado el relevo para continuar con
la labor que sus padres, Mijaíl y Nina, habían querido realizar.
“Hablas
como si lo hubiera hecho yo solo. Habría sido imposible lograrlo sin ti.”
“Yo...
jamás se me habría ocurrido algo así. Eso de rescatar a alguien para dejarlo
marchar, digo. Solo era posible contigo.”
Alexei
incrementó un poco más la velocidad. Dejando atrás la ciudad rápidamente, el
coche avanzó por la carretera costera con el lúgubre mar a su izquierda. A
través de la ventanilla medio abierta se colaban algunas gotas de lluvia
mezcladas con el viento templado. Al sentir la humedad en la mejilla, Yuri
subió la ventanilla con lentitud. Sin embargo, no la cerró del todo porque le agradaba
la brisa rozándole la piel. Ahora entendía por qué a Chariot siempre le gustaba
llevar las ventanas abiertas.
Me hacía sentir vivo. Estar así.
“En
nuestra última llamada telefónica dijiste eso. Que yo era de lo peor. E incluso
soltaste la tontería de que tú habías vivido con la conciencia tranquila y yo
no. Yuri, tú y yo somos fundamentalmente iguales. Los dos vivimos atados por
las deudas de nuestros padres y pasamos por experiencias horribles que nunca
quisimos.”
“Alyosha...
no quiero hablar de esto ahora.”
Mientras
recordaba la conversación que había tenido el día anterior con Benji, Yuri
sintió la sensación de que la cicatriz grabada justo en medio de su espalda
volvía a palpitar con dolor. Con aquella horrible marca —hecha a base de
acuchillar varias veces con un machete para imitar la forma de una cruz— había
comenzado el día en que Yuri empezó a diferenciarse fundamentalmente de Alexei.
Aunque
no lo había dicho con dureza, Alexei pareció notar el tono cargado de
sufrimiento en su voz, por lo que frunció el ceño y cerró la boca hermosamente.
Mientras tanto, la cortina de lluvia comenzó a arreciar.
“Sé
las cosas que has hecho por mí. Y siempre te lo agradezco.”
“...Yo
no he hecho gran cosa, Alyosha.”
Tras
mirar a Yuri con una expresión que parecía reprimir con fuerza lo que quería
decir, meneó la cabeza de lado a lado.
“Es
verdad que Valeri es el centro de mi vida y que vivo para él, pero si tú no
hubieras estado, Yuri, hace rato que me habría enfermado y muerto, o me habría
muerto de hambre.”
“Eso
tampoco es gran cosa.”
“Cuando
pienso en aquel entonces... lo siento.”
Al
oír sus disculpas, Yuri giró despacio la cabeza para mirarlo. El perfil de Alexei,
que seguía con la vista fija en el camino, parecía ahora el de un hombre que de
verdad estaba entrando en los treinta. Aquellos años veinte llenos de ímpetu,
en los que se lanzaban a cometer cualquier locura solo por sobrevivir, habían
quedado sepultados en el pasado.
“Para
evitar que te quedaras a solas con pensamientos así, debería haberte prestado
más atención.”
“¿Acaso
con la lluvia te ha dado por reflexionar tanto, Alyosha?”
“Como
apenas hemos tenido la oportunidad de estar los dos solos desde que vinimos a
Vancouver, es por eso que te lo digo recién ahora.”
La
mano de Alexei que sujetaba el volante se tensó. Al ver su piel pálida marcada
por las venas, Yuri contempló en silencio la cicatriz que este tenía en la
mano. Tal como decía Alexei, los dos casi habían llegado a ser fundamentalmente
iguales. Tanto en el físico como en las circunstancias.
“Siempre
me ha dado culpa haber sido el primero en ser feliz.”
Yuri
logró escuchar aquellas palabras que por poco se pierden bajo el estruendo de
la lluvia cada vez más fuerte. Yuri lo miró con desconcierto, incapaz de
entender por qué demonios se disculpaba de la nada cuando él no había hecho
nada malo.
“No
le veo ningún sentido a lo que dices.”
“Por
esa actitud tuya es que te lo digo a propósito.”
Diciendo
aquello, Alexei le echó una mirada cargada de reproche al costado izquierdo de
la cintura de Yuri y le soltó:
“Ayer,
después de armar el plan, una mujer llamada Dolly me lo contó por separado. Me
dijo que te habías lastimado la cintura. Sin embargo, te comportas como si no
te importara en absoluto estar herido. La única persona a la que le da igual
lastimarse es alguien que quiere morir.”
“Yo
no tengo intenciones de morir.”
“Pues
tu actitud dice lo contrario.”
Como
si sintiera una opresión en el pecho, estiró el brazo hacia la cajetilla de
cigarros que estaba en medio. Al verlo, Yuri le quitó el cigarrillo y le tendió
uno. Como diciendo ‘toma, acéptalo’, se lo acercó a los labios, y Alexei lo
sostuvo con la comisura de la boca.
—Mira
al frente.
Aun
soltando una risa seca ante ese gesto paternalista, Alexei mantuvo la vista
fija en el camino, y Yuri se apresuró a encenderle el cigarrillo con un
encendedor.
Fuu...
En la exhalación de aquel cigarrillo, aspirado y expulsado con lentitud, se
mezclaba un profundo suspiro.
“Puedes
permitirte mostrar un poco más cuando te duele algo. Solo así la gente se da
cuenta y cuida de ti.”
“Esto
no me duele tanto.”
“Y
lo único que debes hacer es ser feliz.”
Parecía
que ese día Alexei se había tomado al menos una copa, porque estaba
comportándose de un modo inusualmente sentimental. Yuri se miró por el reflejo
de la ventanilla, preguntándose si acaso su aspecto se veía tan extraño. Su
rostro, apenas visible en el cristal, era el de siempre. Piel pálida, labios
resecos y apagados, ojos azules bajo unas cejas oscuras. Una cara desolada y
carente de vitalidad.
“Nuestros
cargos han sido oficialmente borrados. Es el derecho de negociación legítimo
que obtuvimos a cambio de cooperar para derrocar a Ígor Vólkov, bajo la condición
de no remover nada de lo ocurrido antes. Así que no hay ningún problema.”
Palabras
bonitas. Sin embargo, los pecados cometidos por Yuri no eran de la clase que
pudieran ser perdonados a través del afectuoso consuelo de un viejo amigo.
“Basta.”
Él
mismo... tampoco es que jamás hubiera tenido pensamientos de esa clase. Como
Yuri Kiselyov estaba lejísimos de ser una persona admirable, cada vez que se
topaba con la desesperación de tener que sobrevivir sin morir para expiar sus
culpas, a menudo sentía el impulso de querer perdonarse a sí mismo.
“Estaba
hablando hoy por la mañana con la empresa de catering y de pronto se me vino a
la cabeza. Si estos malditos escorias que intentan matar a su propia familia
viven tan tranquilos, ¿por qué demonios tienes que ser tan infeliz tú, Yuri? ¿A
que no es justo?”
Yuri
se quedó en silencio escuchando las palabras de Alexei. Parecía decidido a
decirle algo que, de una forma u otra, sirviera de consuelo para Yuri, y cuando
Alexei empezaba a encapricharse con algo, no había forma de detenerlo. En lugar
de frenarlo, Yuri se puso a meditar en lo que acababa de decir.
Aunque
en el fondo él no era muy diferente de esos sujetos despreciables de los que
hablaba Alexei..., el comentario de que aun así esa clase de gente vivía tan normal
fue lo que le tocó la fibra más sensible ese día.
“Al
principio también estuve pensando hasta dónde debía involucrarme con este
encargo. Incluso pasaba por mi cabeza la idea de volverme contigo y estaba
buscando el momento de retirarme, pero si no ayudo a Goodnight...”
Alexei
arrojó de inmediato el cigarrillo que se había fumado al cenicero del vehículo.
Luego, clavando sus intensos ojos azules en Yuri, le dijo:
“Sentía
que ibas a lanzarte solo a morir.”
Abrió
los labios para replicar que no era así, que estaba exagerando las cosas de
más. Sin embargo, al tropezar con una mirada que lo conocía demasiado bien, ya
no pudo seguir negándolo con vanas palabras. Tenía la mitad de razón y la mitad
de equivocación. Dado que haberse vuelto el espectador de Chariot, aunque fuera
desde la lejanía, se había transformado en un tiempo verdaderamente valioso
para él, no tenía la menor intención de quitarse la vida a la ligera.
No
obstante, en el pasado hubo momentos en los que a solas había pensado que morir
haría todo mucho más fácil.
Parecía
que Alexei había sido capaz de leerle el pensamiento.
Cuando
despertaba en su deshabitada recámara y se quedaba mirando el techo vacío, Yuri
inevitablemente se ponía a rumiar si es que de verdad había alguna razón para
seguir sosteniendo esta existencia miserable. Aunque intentaba alejar a
propósito esos pensamientos enfocándose en otra cosa, no había en su entorno
asuntos lo suficientemente significativos como para distraerlo.
Aun
así, forzándose a cumplir con el deber de seguir con vida, lograba arrastrarse
a lo largo del día, y cada noche, antes de dormir, se esforzaba por borrar a la
fuerza toda idea negativa; pero al llegar el día siguiente, la tentación hacia
el final de su existencia volvía a germinar como una espina y aguardaba a Yuri
en el mismo lugar. Justo cuando se sentía sin salida, incapaz de descubrir cómo
seguir viviendo por más que intentaba erradicar ese impulso sin éxito...
Había
conocido a Chariot.
Ese
imprevisto huésped indeseado, de quien jamás creyó que dejaría huella alguna en
su vida, se había abierto paso a grandes zancadas para plantarse al lado de
Yuri en un abrir y cerrar de ojos. Ahora, al mismísimo Yuri le bastaba con
estar cerca de Chariot para poder volver a respirar. No importaba que no fuera
alguien especial para él.
Para
personas como Benji o Dolly —e incluso para el propio Alexei—, seguro que se
trataba de algo incomprensible.
A
veces a Yuri todavía le costaba asimilar que sentía una emoción tan intensa por
un hombre al que apenas conocía de hacía poco. Tampoco tenía la certeza de
cuánto tiempo duraría aquella dulce e inestable alegría.
Aun
así, estar al lado de Chariot le hacía albergar expectativas hacia el mañana.
La “expectativa” era la palabra más difícil de hallar en toda la vida de Yuri,
pero al oír hablar a Chariot, el dichoso “algún día” del que hablaba lograba
impacientarle el pecho de ilusión. Chariot era la única persona capaz de
transformar a Yuri de ese modo.
¿A qué una basura como yo... tiene permitido disfrutar al menos
de un solo anhelo?
Al
seguir escuchando las palabras de Alexei, en el interior de Yuri también brotó
una pequeña ambición. Si de todos modos tenía que vivir, ¿acaso no podía
permitirse tener una pizca de alegría en su vida? Yo. Alguien como yo.
Ojalá pudiera ser así.
Por
supuesto, no tenía la menor intención de aspirar a una felicidad desmedida. Lo
único que deseaba Yuri, tal como se había propuesto antes, era que le
permitieran estar en los alrededores de Chariot, aunque fuera desde la lejanía.
No
se atrevía a soñar con los hermosos momentos que habían compartido en la
cabaña. Con cruzarse con Chariot aunque fuera de vez en cuando, con verlo
siquiera una vez cada varios meses, con que le permitieran seguir siendo su
amigo y contemplar esa hermosa y fresca sonrisa suya, sentía que con eso ya le
alcanzaría para seguir viviendo con ilusión por el mañana.
“Ja,
me da risa estar diciéndote esto, pero... no intentes matarte por amor. No
quiero perderte, y ni siquiera llevamos la mitad de nuestras vidas disfrutando
por fin de lo que es vivir. ¿Cinco años? Sí, apenas cinco años.”
Inclinándose
de golpe, le arrebató a Yuri el cigarrillo que tenía en la mano, sacó uno
propio y volvió a encenderlo. Luego, mordisqueando el filtro con sus caninos,
le soltó exactamente aquello que Yuri tanto anhelaba escuchar:
“Así
que, mejor codicia a ese tal... ¿cómo se llamaba?, ¿Cherry o Berry? Qué más da,
codicia a ese tipo. No te importe lo que digan los demás y haz lo que te dé la
gana.”
“Se
llama Chariot.”
Yuri,
que se había mantenido callado escuchando a Alexei, por fin abrió la boca. Al
verlo corregirle el nombre, Alexei achicó sus ojos azules y soltó una carcajada
abierta.
“Lo
sé, Chariot Goodnight. El tipo del que mi único amigo está perdidamente
enamorado. Y para colmo, es un alfa. Quién diría que a ti, precisamente a ti,
Yuri, terminaría gustándote un alfa.”
Con
una sensación extraña y desconocida, Yuri curvó hacia arriba solo una comisura
de los labios. Le resultaba de lo más novedoso verse manteniendo una charla de
esta naturaleza con Alexei, de todas las personas en el mundo.
“Quién
sabe, tal vez sea porque somos amigos.”
Añadiendo
una risita, Alexei giró el volante. En medio del intercambio de palabras que no
esperaban, ambos llegaron de pronto a la mansión de la familia Goodnight, el
lugar donde se celebraría la fiesta. Al poco rato apareció el letrero que
indicaba que se trataba de una propiedad privada, y ante ellos se abrió un
camino amplio que se adentraba en el bosque que la familia había comprado.
Debido a los árboles de gran altura, la cortina de lluvia se mitigó
considerablemente.
Hasta
hacía un momento le rondaba cierta inquietud, pero ¿sería quizás porque la
conversación con Alexei le había aliviado una carga que llevaba en el pecho?
Las palabras de que debía codiciar a Chariot daban vueltas en su cabeza. Le
vino a la mente la advertencia de Benji de que no lo hiciera, pero la voz de
Chariot hablándole por teléfono la noche anterior terminó por sepultar dicha
advertencia.
‘Ah,
por cierto. ¿Qué has comido hoy, Wolfie? ¿Estás comiendo bien? ¿Que sí?
Entonces dime qué fue lo que comiste. Por cómo sueles hacer las cosas, seguro
que te has alimentado a base de cualquier comida rara y descuidada.’
Hasta
que Yuri llegó al hotel la noche anterior, Chariot se había quedado pegado al
teléfono. La conversación que compartieron fue verdaderamente insustancial y
trivial, pero el tiempo pasó de forma cruelmente rauda y rebasó con creces la
hora entera. Como jamás había pasado tanto tiempo hablando por teléfono, Yuri
comprobó la duración de la llamada varias veces en la pantalla incluso después
de colgar, solo porque le invadía una sensación extrañamente especial.
Al
recordar la noche anterior, su corazón se inclinó despacio hacia un lado.
Escuchar a Alexei no había cambiado de forma drástica lo que se había
propuesto, pero se le fue afianzando con cautela la idea de que quizás no
estaba mal permitirse un pequeño deseo: el de querer permanecer cerca de
Chariot.
“He
llegado. Como me apunté como camarero, voy a moverme por el salón de la fiesta
para vigilar. Quédate en el coche y avísame de inmediato en cuanto veas que
esos tipos aparecen.”
Alexei
estacionó el vehículo entre unos matorrales, un poco alejado del
estacionamiento, de modo que desde el camino de entrada era imposible adivinar
que había un coche allí.
“...¿No
se supone que entraremos juntos?”
“¿A
dónde ibas a entrar con el cuerpo lastimado? Podría armarse una pelea campal en
cualquier momento.”
Aunque
la herida todavía le molestaba un poco por no llevar mucho tiempo suturada, le
parecía absurdo que lo trataran como a alguien incapacitado cuando no tenía
ningún problema para moverse o correr. Sin importarle que Yuri frunciera el
ceño mostrando su descontento, Alexei alargó la mano hacia el asiento trasero
y, sacando un arma de una de las que creía que eran bolsas de compras, se la
tendió.
“Lo
tengo preparado por si acaso. Me aseguré de conseguir un arma sin dueño con el
número de serie limado para que no se pueda rastrear, así que puedes disparar
tranquilo.”
“Lo
correcto sería que no tuviéramos que disparar nada, Alyosha.”
“Trataremos
con sujetos que pisotean la vida humana por dinero, así que no pasa nada si les
dejamos un par de balas en el cuerpo.”
Tras
soltar esa frase sanguinaria como si nada, Alexei le arrojó las llaves del
coche. En cuanto Yuri las atrapó, Alexei cerró la puerta del lado del conductor
y le lanzó una última advertencia:
“Quédate
dentro del coche.”
“...Llámanos
si hay peligro.”
“Preferiría
atraparlos antes de eso.”
Murmurando
aquello para sí mismo, Alexei soltó una risita y cruzó la mirada con Yuri.
“Se
nota que estoy envejeciendo, Yuri.”
Haciendo
comentarios de anciano a pesar de tener apenas treinta y dos años, Alexei fue
despedido con un movimiento de barbilla por parte de Yuri. Las gotas de lluvia
caían de forma intermitente sobre el techo del coche, produciendo un repiqueteo
constante, tup, tup. Al quedarse a solas, Yuri escuchó ese sonido
mientras observaba la imponente mansión que se alzaba frente a ellos.
Cuando
la vio en fotos antes de venir, el lugar tenía un camino que se extendía desde
la parte trasera hasta la playa, y la propiedad estaba dividida en dos
edificaciones: una casa de huéspedes y el edificio principal. Aunque había sido
construida hacía mucho tiempo, se notaba que recibía un mantenimiento
impecable, y hasta los jardines eran imponentes.
Habiendo
nacido en una familia que acumulaba semejante nivel de riqueza, qué clase de
dinero adicional podían estar buscando.
Yuri
había llegado hasta allí debido a una disputa desatada únicamente para amasar
más fortuna a través del asesinato de una persona, y para colmo, de un miembro
de su propia familia. Si hubieran vivido contentos con lo que ya se les había
dado y sin albergar codicia alguna, lo más probable es que él y Chariot jamás
se hubiesen cruzado en toda la vida.
Si
tuviera la opción de elegir, y pudiera escoger que esta clase de sucesos jamás
afectaran a Chariot, lo haría sin dudarlo un segundo. Aunque, de ser así, en la
vida de Yuri jamás habría surgido el milagro llamado Chariot...
Pero
de todas formas, antes de eso él ya se había apañado para sobrevivir como pudo.
Teniendo
pensamientos tan vanos mientras vigilaba desde el interior del coche, Yuri
consultó la hora en su teléfono. Habían pasado veinte minutos desde que Alexei
se marchó. ¿Acaso no iban a actuar en cuanto empezara la fiesta? Tenían un plan
lo bastante audaz como para rozar la imprudencia, pero para esto último sí que
se mostraban prudentes.
Había
oído que la dirección IP utilizada para establecer contacto provenía de una
empresa de construcción administrada conjuntamente por el segundo y el tercer
hijo de la familia Goodnight. Si alguien con acceso a ese lugar podía estar
involucrado, significaba que había margen para sospechar de varios. Mientras
Yuri reflexionaba sin hallar pistas concretas, un pensamiento cruzó de repente
por su mente.
¿Acaso Chariot era el único nieto?
Sintiendo
un presentimiento funesto, enderezó el torso. Aunque no sabía a quiénes tenían
en la mira Dolly o Alexei, si tanto el segundo como el tercer hijo tenían
descendencia bajo su tutela, era evidente que todos ellos saldrían beneficiados
al repartirse la herencia. Por lo tanto, la idea que acababa de atravesar la
cabeza de Yuri era...
Que los padres y los hijos también podían estar confabulados
entre sí.
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Pensando
en los Vólkov, padre e hijo, que solían hacer maldades juntos, aquello tenía
todo el sentido. Si en la familia Goodnight había varios nietos de la edad de
Chariot, tal vez también tendría que andarse con cuidado con ellos. No, lo más
seguro era que tuviera que hacerlo.
Yuri
salió del coche de inmediato y marcó el número de Benji. El tono de llamada
sonó varias veces, pero, como si estuviera demasiado ocupado adentro, no
contestó enseguida. Como no sabía el número de Dolly, pasó a lo siguiente y llamó
a Alexei.
Para
colmo, ninguno de los dos contestaba. Temiendo que ya se hubiera desatado algún
tipo de caos en el interior, Yuri atravesó el jardín y se dirigió hacia la
mansión. Las gotas de lluvia, que se habían calmado por un instante, arreciaron
de nuevo y fueron empapando poco a poco sus cabellos. Tal vez por el día
lluvioso, daba la impresión de que el sol se ocultaba mucho antes a pesar de
ser verano. El cielo se había oscurecido con nubes de tormenta.
Al
acercarse al edificio principal de la mansión, se escuchaba con claridad a
través del portón abierto la música interpretada en directo por una orquesta.
Sin llegar hasta la puerta principal, pasó de largo mientras inspeccionaba las
ventanas de la planta baja y vio al personal moviéndose de un lado a otro con
prisa. Hasta ahí, todo parecía estar en orden. Yuri se lo pensó un momento
antes de decidir ponerse en contacto directamente con Chariot. Si Benji se
enteraba, se armaría un revuelo terrible...
Pero
no podía ocultárselo a Chariot por siempre. Yuri comprendía perfectamente que
Dolly y Benji intentaran enterarle de la verdad lo más tarde posible para
protegerlo, pero si la persona directamente en peligro desconocía las amenazas,
la situación podía torcerse en cuestión de segundos.
Con
el teléfono en la mano, Yuri se encaminó hacia el edificio de invitados situado
en el lado opuesto del edificio principal mientras realizaba la llamada. Al
parecer una zona relativamente tranquila, no parecía que fuera a haber nadie
por allí.
-¿Yuri?
La
persona más importante contestó al teléfono. Yuri dejó escapar un suspiro de
alivio mientras reajustaba el teléfono, que ya empezaba a resbalarle a causa de
la lluvia.
“Chariot,
¿dónde estás?”
-Hoy
tengo compromisos familiares, así que vine un momento a las afueras. ¿Y tú,
Wolfie? Ah, un segundo.
Se
escuchó a Chariot pidiéndole un momento de paciencia a Yuri mientras hablaba
con alguien más. Era la voz de un hombre. A juzgar por el tono, parecía ser de
una edad similar a la suya.
-Wolfie,
perdóname, pero te llamo al rato. Estaba hablando de algo importante con mi
primo. Nos vemos luego.
“¡Espera,
Chariot!”
Al
llamarlo en voz alta justo cuando iba a colgar, Chariot le respondió de nuevo.
-¡Qué
raro, juraría que acabo de oír la voz de Wolfie cerca!
“Sí.
Estoy por aquí. Chariot, dime exactamente dónde estás.”
-¿Que
has venido? ¿Cuándo?
En
el momento en que la voz de Chariot se iluminaba y se elevaba, la llamada se
cortó. Volvió a marcar de inmediato, pero tras sonar la señal de llamada un par
de veces, saltó la locución de que el teléfono estaba apagado. A menos que la
batería se le hubiera agotado precisamente en ese instante, alguien le había
arrebatado el móvil.
La
lluvia arreciaba cada vez más y le resbalaba por el cabello hasta la frente.
Apartándose el molesto flequillo con la mano, reflexionó con calma.
Chariot
le había dejado una pista. Había mencionado que le pareció escuchar su voz
cuando alzó un poco el tono, y el único lugar donde su voz podría haberse
filtrado con claridad era... el alojamiento para invitados hacia el que se
diría.
Corrió
hacia el edificio, que exteriormente lucía silencioso. Gracias al estruendo de
la lluvia intensa, el sonido de sus pasos quedó parcialmente amortiguado. Menos
mal que se había movido antes de que se acumularan los charcos. Al acercarse al
alojamiento, Yuri decidió buscar una ventana abierta en lugar de entrar por la
puerta. Tenía que colarse sin hacer el menor ruido posible para que la persona
que estaba con Chariot no se percatara.
Yuri
se esforzó a propósito en pisar sobre el césped para silenciar sus pisadas. Las
ventanas de ese tipo de estructuras, de no estar aseguradas por dentro, podían
empujarse hacia arriba desde el exterior. Mientras recorría el perímetro a toda
velocidad y levantaba una de las hojas de la ventana, su teléfono empezó a
sonar.
Tomando
la vibración del aparato como si se tratara de una señal enviada por el
mismísimo destino, varias cosas ocurrieron de forma simultánea.
En
el instante en que levantó la vista para contestar la llamada con el nombre de
Alexei en la pantalla, Yuri divisó a lo lejos una camioneta SUV de color negro
que se aproximaba. Eran un total de cinco coches subiendo por el sendero.
“Alyosha,
han llegado.”
-Mierda.
Entendido. ¿Estás dentro del coche?
“No,
estoy cerca de otro edificio. Parece que Chariot está por esta zona.”
Esquivando
la SUV que acababa de salir pitando del camino de entrada, Yuri agachó el
cuerpo de golpe y se ocultó tras la esquina del edificio.
-¿Estás
solo ahí en este momento?
“¡Alyosha,
muévete! Llama a la policía de inmediato. Yo iré a buscar a Chariot.”
Antes
de que esos tipos irrumpieran armados, tenía que poner a salvo a la gente y
prepararse para enfrentarlos. Al colgar la llamada, un trueno resonó con fuerza
en el cielo cubierto por densas nubes negras. Sincronizándose con el estruendo,
los hombres comenzaron a descender de las SUV que se habían detenido en
diagonal sobre el jardín, bloqueando la entrada principal. Entre ellos, algunos
llevaban rifles de asalto.
Mierda.
Un
rifle es difícil de enfrentar. Al sentir la plena realidad de que realmente
habían decidido arrasar con ese lugar a sangre y fuego, todo su cuerpo se
contrajo por la tensión. Con el fin de entrar lo antes posible, intentó abrir
las demás puertas que aún no había revisado, pero todas estaban con seguro. No
le quedó más remedio que ir hacia el otro extremo...
¡Bang!
Justo
cuando Yuri se disponía a avanzar, entre los truenos resonó una pequeña
detonación. Al tratarse del sonido de una pistola equipada con silenciador,
Yuri alzó el mentón para buscar de dónde provenía. Era del otro lado del
segundo piso.
Ya
no había margen para andarse con rodeos ni precauciones. Sacó de la cintura el
arma que le había entregado Alexei y golpeó con fuerza la ventana usando la
culata. En cuanto vio los fragmentos de cristal romperse y caer hacia el
interior, se metió de un salto en la casa. Apenas pisó el suelo de madera, el
teléfono de Yuri volvió a sonar. Al no tener ni un par de segundos libres para
atender llamadas en ese instante, intentó apagar la vibración, pero en la
pantalla apareció un número desconocido. Era el número de Chariot.
Yuri
se había abstenido a propósito de guardar su contacto. Temía que, en el preciso
instante en que le pusiera un nombre al número, se quedaría mirándolo sin parar
y avivaría aún más su añoranza. Sin embargo, de tanto haberlo visto repetidas
veces, el número ya se había grabado a la fuerza en su cabeza. Con los ojos muy
abiertos, Yuri contestó con urgencia.
-¡Uf,
ja, ja, Yuri...!
Se
escuchaba una respiración agitada y presa del pánico.
“Chariot,
¿dónde estás?”
-¡Joseph,
ha perdido, totalmente la cabeza...! Acaba de, ah, intentar matarme a tiros.
Chariot
soltaba oraciones atropelladas mientras intercalaba bocanadas de aire con
dificultad. Al imaginárselo batallando para respirar, la prisa de Yuri se tornó
aún más acuciante. Se dirigió hacia las escaleras del centro para subir al
segundo piso, desde donde se había escuchado el disparo. Al alzar la vista,
alcanzó a oír pisadas resonando en el suelo del pasillo. Venían de un piso más
arriba.
“Chariot,
dime en qué piso estás.”
-En
el tercero... No, tal vez sea el cuarto. Yuri, ¿qué hago? Aunque le dije que se
detuviera, seguía apuntándome con el arma como un loco, así que lo empujé y
salí corriendo... Yo no quiero, no quiero hacerle daño.
“Voy
para allá.”
-E-está
bien.
“Tranca
la puerta. Bloquea la entrada con lo que sea que encuentres adentro y no salgas
bajo ningún concepto.”
Chariot,
respondiendo a duras penas con la voz temblorosa, se dispuso a pronunciar su
nombre una vez más, cuando de pronto se escucharon ruidos de pisadas
alborotadas afuera y alguien sacudió con violencia la puerta principal del alojamiento.
Al mismo tiempo, un hombre gritó desde el piso superior:
“¡Solo
destrúyanla y entren!”
Era
la misma voz que había escuchado cerca de Chariot hacía un momento. Convencido
de que ese sujeto era Joseph, Yuri encendió la grabadora de su teléfono sin
colgar la llamada con Chariot. Aunque ignoraba qué había ocurrido en el
edificio principal o qué clase de pruebas habían descubierto, conseguir eso le
sería de gran ayuda.
Apenas
se apagó el grito, una bala se incrustó en la cerradura. Bang, bang. En medio
del estruendoso eco de los disparos, Yuri subió las escaleras. Como el suelo
era de madera, procuró avanzar con el máximo sigilo para evitar que rechinara,
y tras pisar el segundo piso, escudriñó los alrededores. El alojamiento,
construido con la forma de un octágono alargado, tenía cuatro habitaciones por
planta.
En
ese instante, se escucharon las voces de los mercenarios dándose órdenes mutuas
tras abrir una puerta.
“Uno
al tercer piso, otro al cuarto, y ustedes síganme a mí.”
Al
oír las pisadas que se apresuraban a subir por las escaleras, Yuri se metió de
inmediato en la primera puerta que tuvo a la vista. Tras contar la cantidad de
pisadas que ascendían, confirmó que habían entrado cuatro hombres en total. Era
manejable. Si lograba distribuir bien las balas.
El
arma que le había dado Alexei era una Glock 19, la que solía usar
habitualmente. Quince cartuchos. Si no fallaba y acertaba en cada uno, era la
cantidad justa para neutralizar a todos.
“¿Dónde
está el objetivo?”
La
voz del mercenario resonó a través de la puerta, seguida inmediatamente por la
del otro hombre que había escuchado antes. El tipo que al parecer se llamaba
Joseph.
“Lo
vi subir hace un rato. Por más que se esconda, tiene que estar en el tercer o
cuarto piso. Ah... Estaba casi hecho. Si no hubiera contestado esa maldita
llamada de la nada.”
“¿Basta
con matarlo?”
“Mh...”
Joseph
dudó un momento antes de soltar una frase asquerosa:
“Ya
que estamos, márcale el cuerpo a balazos. Se supone que es el tipo que se
atrevió a acostarse con la pareja del jefe, ¿y pretendes que dejemos el cadáver
intacto?”
La
mano que aferraba el arma tembló por un instante. Un destello de furia le
abrasó la mente, haciéndole desear con toda el alma rasgarle la boca a ese
maldito imbécil por la basura que acababa de decir. Sin embargo, Yuri era un
hombre que rara vez actuaba por impulso. Logró contener la rabia.
“Por
muy apuesto que sea, si queda hecho pedazos ya no servirá para nada. Eso decía
mi padre”.
Tras
concluir ese pequeño murmurro, las pisadas comenzaron a alejarse. Yuri se quedó
apoyado contra la puerta, esperando a que desaparecieran por completo. Debido a
la rabia que le había invadido de golpe, tenía la frente bañada en sudor.
Unos
minutos después, al confirmar que todos habían subido al tercer piso, Yuri abrió
la puerta lentamente y echó un vistazo al exterior. No había nadie en el
segundo piso. Tan pronto como las pisadas se dispersaron en perfecta
coordinación, Yuri subió también al tercer piso conteniendo la respiración. Al
asomarse por el pasillo fuera de las escaleras con el arma en la mano, vio a un
hombre que estaba revisando todas las puertas de las habitaciones. Llevaba
puesto un chaleco antibalas, por lo que parecía difícil neutralizarlo
disparándole al torso. En ese caso, habría que apuntar a las pantorrillas o a
los hombros...
En
ese instante, el hombre se dio la vuelta. Sus miradas se cruzaron y Yuri, antes
de que el hombre pudiera reaccionar, apuntó directamente a su hombro. ¡Bang,
bang! Dos detonaciones resonaron y el hombre cayó al suelo mientras gritaba:
“¡Hay
un intruso en el tercer piso!”
Sí,
ese era el problema.
“¡Delta,
baja conmigo!”
En
un espacio tan reducido, si dejaba a la gente con vida sin deshacerse de ellos,
se enfrentaba al grave inconveniente de que su posición fuera revelada en
tiempo real.
Yuri
corrió hacia el hombre que había caído tras recibir un disparo en la
pantorrilla, le arrebató el rifle que tenía tirado en el suelo y se precipitó
hacia la habitación que tenía enfrente. Justo cuando dos hombres bajaban desde
arriba y comenzaban a disparar a mansalva contra su espalda, la puerta se cerró
de golpe. Tras arrastrar apresuradamente la cama del interior para bloquear la
entrada, Yuri se colgó la correa del rifle al hombro y guardó la pistola en la
cintura. Las cosas habían llegado a un punto en el que tendría que moverse por
el exterior del edificio.
Uf,
exhalando profundamente, Yuri abrió la ventana de par en par. Estaba lloviendo
con fuerza, por lo que el alféizar resbalaba. Gracias a que la fachada era de
piedra, había un pequeño saliente lo suficientemente delgado como para pisarlo.
Si caía desde allí, aunque probablemente no moriría en el acto, no le serviría
de ninguna ayuda a Chariot.
“Chariot.”
Yuri
volvió a tomar el teléfono, que había dejado a medio meter en el bolsillo.
Afortunadamente, la llamada seguía conectada.
-Yuri,
¿dó... de estás? Hay gente dando vueltas por afuera... ¿Viniste a buscarme,
verdad?
“Tranquilo.
Yo también estoy aquí. Así que levántate y echa un vistazo por la ventana. Dime
exactamente en qué piso estás.”
La
respiración agitada de Chariot resonaba mientras se movía. En el preciso
instante en que Yuri giró la cabeza tras examinar el exterior, vio a Chariot
asomando el rostro justo en el lado opuesto al suyo. Aunque no le había caído
lluvia directa, su cara estaba hecha un desastre por la humedad. Su rostro, que
solía tener buen color, se encontraba pálido y bañado en sudor frío.
“Chariot,
mírame.”
Quizás
porque el ruido de la lluvia se lo impedía, Chariot solo atinaba a mirar hacia
arriba y hacia abajo.
“Cherry.”
En
el instante en que pronunció su apodo, el chico giró la cabeza hacia donde
estaba Yuri. Su semblante, contraído por un miedo que parecía ahogarlo, cobró
vida en cuanto lo vio.
“¡Yuri...!”
“Voy
a ir hacia allá, quédate quieto.”
Volviendo
a guardar el teléfono en el bolsillo trasero del pantalón, aferró el marco de
la ventana y sacó el cuerpo al exterior. Al ver lo que hacía, Chariot sacudió
la cabeza con desesperación y exclamó:
“¿Qué
estás haciendo, Yuri?”
Su
voz, que antes temblaba, se aclaró de golpe. Frunciendo las cejas de tono
rojizo, tensó el cuello y le gritó:
“Basta,
hazlo ya. ¡Para de una vez, por favor...!”
Shh.
Yuri musitó con los labios.
Sin
darle tiempo a que Chariot lo detuviera, estiró un brazo hacia la pared, se
aferró a un ladrillo sobresaliente y apoyó un pie sobre el saliente estrecho y
alargado que separaba los pisos. Tenía que avanzar pegado a la estructura, así
que abrió las piernas hacia los lados.
Con
los cinco sentidos alerta, se movió con extrema lentitud, paso a paso. Repetía
una y otra vez el gesto de levantar los párpados empapados por la lluvia para
aferrarse al ladrillo situado sobre su cabeza y luego soltarlo, ganando terreno
de a poco hasta llegar a la habitación donde estaba Chariot. A pesar de tener
el rostro descolorido por el pánico, Chariot no le apartaba los ojos de encima.
Habría preferido que cerrara los ojos si no era capaz de soportar la escena,
pero al verlo mirarlo de esa manera, no podía permitirse el lujo de cometer un
error y caer herido.
Avanzando
en completo silencio, la distancia se redujo a solo dos pasos. Para no
descuidarse ni un segundo, respiraba hondo mientras el sudor, y no la lluvia,
le resbalaba por la frente. Solo le faltaba dar un par de pasos más. Si seguía
así, de esta forma, lograba llegar...
Justo
en el momento en que alcanzó la ventana de Chariot, uno de sus pies patinó por
completo. Al pisar una zona cubierta de musgo, perdió el equilibrio por un
segundo y su cuerpo se inclinó hacia atrás. Un sudor frío recorrió su columna
vertebral con escalofríos. Al intuir que iba a caerse, el miedo dio paso a una
profunda sensación de frustración. Le aterraba la idea de que Chariot
presenciara su caída y de que aquello pudiera convertirse, de algún modo, en
otro trauma para él...
“Te
tengo.”
La
mano firme que agarró con fuerza el brazo izquierdo de Yuri tiró de él hacia
adentro de un solo tirón mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás. Con el
ritmo cardíaco acelerado por el peligro que acababa de rozar, Yuri exhaló un
suspiro cortante en cuanto fue arrastrado al interior de la habitación.
Mientras se agitaba con el pecho subiendo y bajando, los firmes brazos de
Chariot lo rodearon.
“Estuvo
a punto de... Maldita sea, pensé que ibas a caer.”
Dijo
Chariot con voz temblorosa mientras lo estrechaba contra su pecho. Desde los
antebrazos que envolvían su cabeza fluyó el calor corporal que Yuri tanto había
ansiado sentir. Apenas lo percibió, Yuri también hundió un rato el rostro en su
pecho y le rodeó la espalda con los brazos.
“Gracias
a ti estoy a salvo.”
“...Sí.”
Ambos
contuvieron el aliento por un momento, abrazados el uno al otro. Una intensa
pulsión de querer quedarse así para siempre brotó desde lo más profundo de su
mente. De hecho, alargar el tiempo tal vez fuera incluso mejor. Como le había
compartido su ubicación a Alexei, en cuanto la situación por aquel lado se
resolviera, vendrían a comprobar cómo estaban de inmediato.
Sin
embargo, apenas Yuri pensó aquello, se escucharon disparos muy cerca de ellos.
Por la ráfaga continua de los tiros, parecía que estaban usando rifles. La
fuerza con la que Chariot sostenía a Yuri se intensificó tanto que incluso se
sentía cómo temblaba de forma leve.
“Cherry,
vámonos antes de que los de allá se den cuenta. Del segundo piso para abajo no
hay nadie. Solo tenemos que bajar tal como estamos y salir corriendo.”
Para
calmarlo, Yuri pronunció su apodo con un tono tierno que jamás antes había
usado. Mientras le acariciaba la espalda y repetía el apodo con calma, Chariot
fue aflojando lentamente los brazos con los que lo rodeaba.
“...Entendido.”
“Vámonos.”
Yuri,
que fue el primero en soltarse, se apoyó en el suelo y se puso de pie. Luego le
tendió una mano a Chariot, que seguía sentado. Tras mirar la mano extendida,
Chariot la tomó y se levantó. Sosteniéndolo con firmeza para ayudarlo a
incorporarse, Yuri sacó de la cintura la pistola que, por suerte, seguía bien
sujeta, pero antes de dársela a Chariot, se la quedó guardada él mismo. A
continuación, empuñó el rifle que acababa de arrebatar y dijo:
“Yo
cubriré la retirada con fuego de apoyo, así que baja tú primero a las
escaleras.”
“...¿No
es demasiado peligroso?”
“Si
lo hacemos rápido, estaremos bien.”
Diciendo
eso, Yuri cruzó la mirada con Chariot. En los ojos verdes se asomaba un
profundo sentimiento de culpa.
“Lamento
no ser de ninguna ayuda. Se supone que soy deportista... y no sirvo para
nada...”
“Cherry.”
Estirando
la mano, Yuri le envolvió una mejilla con la palma.
“Tú
ya lo has hecho bastante bien. Este tipo de cosas son para alguien como yo.”
Su
mirada azul, firme y decidida, convenció a Chariot. Con las cejas contraídas,
Chariot abrió y cerró los labios como si quisiera decir algo, pero Yuri no perdió
más tiempo.
“Vamos.
A la cuenta de tres saldremos.”
Uno,
dos...
Tres.
Apenas
terminó de contar, Yuri abrió la puerta de un golpe y apuntó con el rifle hacia
el pasillo. En el preciso instante en que los dos hombres que estaban frente a
su habitación se giraron al escuchar la apertura, Yuri le gritó a Chariot:
“¡Vete!
¡Ahora mismo!”
Casi
al mismo tiempo que pronunciaba la orden, Yuri apretó el gatillo y avanzó. Al
ver que uno de los mercenarios, tras descubrir a Chariot saliendo a sus
espaldas, apuntaba directamente contra él, una mirada de absoluta hostilidad
cruzó los ojos de Yuri. Disparó al abdomen del sujeto que había osado amenazar
a Chariot y, de inmediato, el compañero que estaba al lado le respondió
abriendo fuego contra Yuri. Sonó un estampido y Yuri torció el cuerpo con la
mayor agilidad posible.
Se
escuchaba el ruido de Chariot bajando las escaleras a toda velocidad como si
estuviera loco. Con un oído muy atento, en cuanto confirmó que Chariot ya había
descendido, disparó tres veces seguidas contra el hombre que le había tirado.
Justo después, al escuchar las detonaciones, dos hombres que bajaban desde el
cuarto piso vieron a Yuri en las escaleras y sacaron sus armas sin pensarlo. Al
ver que las balas volaban hacia él sin titubeos, Yuri también bajó a toda prisa
hacia las plantas inferiores.
“¡Yuri!”
Para
su alivio, Chariot lo llamó desde afuera. Debido a que los disparos habían
resonado demasiado cerca, se le habían quedado los oídos ligeramente zumbados,
pero a través de sus tímpanos adoloridos comenzó a filtrarse el sonido de una
sirena a lo lejos. Si lograban salir de ahí, entonces...
Chariot
ya estaría a salvo.
¡Bang!
Una
esquirla de madera saltó justo en el talón de Yuri mientras descendía por las
escaleras. Esquivando los proyectiles que le disparaban consecutivamente
persiguiéndole los pasos, él también logró llegar a la planta baja. Chariot no
había querido seguir avanzando y lo estaba esperando justo ahí adelante.
“¡Huye,
vete más lejos!”
Yuri
le hizo gestas con la mano para que se fuera, pero al escuchar el rastro de
quienes lo habían seguido bajando desde atrás, se giró y reaccionó por
instinto. Al intentar apuntar directamente al rostro que tenía a la vista, la
boca del cañón vaciló un segundo debido al pensamiento de que no debía matar a
nadie. En cuanto mostró esa breve duda, una ráfaga de balas se sucedio de forma
continua.
Yuri
abrió fuego de contención para ganarle tiempo a Chariot de escapar. En poco
tiempo se quedó sin munición, así que arrojó el rifle al suelo y sacó la
pistola que llevaba sujeta en la cintura.
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Convencido
de que ya había conseguido suficiente distancia, aprovechó el momento en que
recargaba para asestar un disparo en cada uno de los muslos del tipo que tenía
enfrente, mientras que al que venía por detrás le plantó una bala en el hombro
y otra en el muslo.
Apenas
bajó el brazo, el estruendo de una sirena se fue acercando cada vez más desde
el sendero. Yuri inclinó el rostro bañado en sudor para comprobar si salía
alguien más del edificio. No había nadie.
Eran
cuatro en total, así que la cuenta cuadraba.
La
vista se le nubló por un instante. Al parecer le había entrado sudor en los
ojos. Parpadeando con fuerza para despegar los párpados y exhalando un suspiro
entrecortado, enderezó el torso con lentitud. Por el hecho de que no lograba
estirarse bien, parecía que una bala se le había incrustado en el abdomen o en
alguna parte de la espalda.
Esta vez, sin duda... Tendría que recibir atención médica en
condiciones.
Al
darse la vuelta dando tumbos, vio a Chariot, quien había logrado huir ileso y
se encontraba rodeado por un grupo de personas. Chariot, flanqueado por hombres
entre los que se encontraba Benji, no había dejado de mirar hacia allí en
ningún momento, y en cuanto vio a Yuri acercarse, se abrió paso a empujones
entre la gente y corrió hacia él.
“¡Yuri!”
Chariot
se veía muy asustado, pero al verle correr por aquel espacio despejado, Yuri
sintió por fin un profundo alivio. Aunque le habría gustado evitar que presenciara
semejantes horrores, al menos tenía la sensación de que Chariot ya estaba a
salvo.
Ahora bien, Joseph y...
Yuri,
que iba camino hacia Chariot, detuvo el paso. La vista, que se le venía
nublando, cobró nitidez de golpe y en su mente se reprodujo la cuenta de las
pisadas que había oído antes en la habitación: uno en el tercer piso, otro en
el cuarto, y los dos que inspeccionaban por separado.
Y
los pasos de Joseph, que los seguía por detrás.
Al
mismo tiempo que comprendía la estúpida equivocación que había cometido, Yuri
giró la cabeza de golpe. Entre los hombres caídos junto a la puerta destrozada
se asomaba una cabellera rubia. El joven, que se había encogido y ocultado
entre los heridos, se puso de pie en el preciso instante en que Yuri lo descubrió.
Sostenía un arma en la mano.
“¡Wolfie,
ya se acabó todo...!”
Todo
su cuerpo ansiaba volverse para responder a la voz de Chariot, pero los ojos de
Yuri se mantuvieron fijos en el rubio. Yuri y el hombre de cabello dorado
alzaron las manos al unísono, mirándose fijamente. El sujeto no estaba
apuntando a Yuri. Su pistola se dirigía hacia un espacio vacío a la izquierda,
ligeramente desviada de él. Justo hacia donde provenía la voz de Chariot.
Ah, había cometido un error.
En
el mundo de Yuri, los errores solían acarrear consecuencias fatales. Cuando se
presentaba una situación así, solo le quedaban dos opciones.
Morir, o matar.
No
había tiempo. En el lapso de un segundo partido por la mitad, en esa ínfima
fracción de tiempo, Yuri tenía que decidir. Ya era demasiado tarde para detener
al hombre que estaba a punto de apretar el gatillo. Por lo tanto...
Por esa misma razón...
En
lugar de disparar, Yuri se arrojó de costado hacia la izquierda. Le recorrió
una punzada de inquietud al pensar que tal vez su reacción había sido un poco
tardía. Últimamente, su lado izquierdo tendía a responder con lentitud y no le
hacía caso.
Pero
por pura suerte, esta vez pareció obedecerle.
En
el instante en que volvió a parpadear, un dolor intenso le atravesó el torso.
Aunque había logrado superar infinidad de muertes, sintió que esta vez sería
difícil salir librado. Pasó por su mente el interrogante de si habría sido
mejor hacer caso a Alexei y quedarse dentro del coche. No era el caso. De haber
tomado semejante decisión, se habría enterado de los apuros de Chariot mucho
después.
Más
bien sentía que había hecho lo correcto.
En
ese momento, su propia decisión le parecía lo más acertado que había hecho en
toda su vida. Como resultado de no acercarse demasiado a Chariot, tal como
decía Benji, y de atreverse a desearlo, tal como le aconsejaba Alexei, había
conseguido salvarlo.
Desde
el instante en que decidió sobrevivir, Yuri cerró los ojos con la mayor
tranquilidad que jamás había sentido.
*
* *
Ekaterina
Kiselyov
murió a principios del verano en que Yuri cumplía diecinueve años, a finales de
junio.
Su
cargo fue la delación. Bajo el pretexto de que, siendo la esposa de Vasili
Kiselyov, en lugar de servir al amo de este, Ígor Vólkov, había tenido la
osadía de entregarle pruebas de narcotráfico a la policía que los combatía con
tal de derrocarlo.
Uno
de los matones de Vólkov a quien ella solía tratar médicamente vio a Ekaterina
conversando con la policía. Aunque el hombre había recibido sus cuidados en
repetidas ocasiones, le entregó sus culpas con pelos y señales al emisario del
infierno que lo explotaba y, al mismo tiempo, le suministraba drogas.
La
ejecución de Ekaterina fue la última, después de que los policías ya hubieran
muerto. Como una marea de sangre ya había arrasado con todo Sarátov, el pueblo
guardaba un silencio sepulcral, y ni siquiera los habitantes de la opulenta
zona residencial apartada, tan dados a la alegría, osaban asomarse. Aquel fue
el verano más frío en la historia de Sarátov y nadie esbozó una sonrisa.
Solo
Ígor Vólkov podía reír.
Tras
encargar a sus subordinados que repartieran los cadáveres descuartizados de los
policías por las plazas y sus casas para que las familias los vieran, al ver
que eso no calmaba su furia, ató a Ekaterina, a quien había reservado para el
final, en medio de una plaza castigada por el sol abrasador. La mujer que había
sido arrastrada hasta allí con el cabello revuelto y desgreñado parecía ya un
cadáver.
Y
en aquel espeluznante Coliseo también habían arrastrado a los demás familiares
de la mujer. Numerosos hombres de Ígor que habían asaltado la casa de Yuri se
lo llevaron con una bolsa cubriéndole la cabeza, y Vasili, que ignoraba lo
sucedido y se encontraba cumpliendo órdenes de Ígor, también fue arrastrado
tras recibir un golpe de porra en la cabeza.
Mientras
Yuri yacía inconsciente le cortaron los dedos a su padre, y su madre, al
presenciarlo, gritó y vociferó hasta que la golpearon. Teniendo en cuenta los
muchos años que Vasili llevaba trabajando para él, Ígor le concedió una sola
clemencia: prohibió que ultrajaran a Ekaterina, la mujer de Vasili. Luego, los
tres familiares fueron conducidos y encerrados en almacenes separados, hasta
que hoy Yuri y Ekaterina fueron los primeros en ser sacados a la luz.
Con
las manos y los pies encadenados, y apenas logrando abrir los ojos hinchados de
tanto recibir palizas hasta dejarlo hecho polvo, Yuri llamó a su madre.
Madre,
Al
no obtener respuesta ni siquiera ante esa palabra, prorrumpió en llanto:
Mamá,
Ígor
se burló de su debilidad:
Ni que tuvieras cinco años, por Dios. Mamá. No sabía que Vasha
te estaba criando de una manera tan pusilánime. Tendría que haberlo averiguado
antes. Si me hubiera dado cuenta a tiempo de que Vasili es un cobarde inútil,
también habría sabido desde antes que esta ramera andaba correteando como una
rata para traicionarme.
Ígor
soltó un rugido y le tiró del pelo a la madre. Al presenciar aquella escena tan
humillante, el joven Yuri abrió los ojos de par en par y le lanzó gritos,
maldiciones e insultos a Ígor:
Te voy a matar.
De una u otra manera me las apañaré para salir de aquí y te
mataré.
Justo
frente a sus ojos, mientras él gritaba hasta desgarrarse la garganta, Ígor sacó
una pistola y se la apoyó en la sien a su madre. En ese instante, Ekaterina,
que había permanecido con los ojos cerrados, levantó la cabeza poco a poco. Al
parecer escuchó el alboroto de Yuri, pues apenas abrió los ojos, lo primero que
hizo fue buscarlo con la mirada.
La
madre no se quebró ni en ese momento. A pesar de que le brotaba sangre a
chorros por los oídos, la boca y la nariz, había alma en la mirada verde oliva
de la madre. Soportando un terror que ningún ser humano podría resistir, se
hincó lentamente y se puso de pie tambaleándose.
Ante
aquello, la expresión de Ígor que le sostenía el cabello se descompuso por un
segundo. El demonio, convencido de que ella suplicaría clemencia aterrorizada y
de que a estas alturas el espíritu de la mujer ya se habría derrumbado, pareció
verse avasallado por su valentía durante una fracción de segundo.
Y
furioso consigo mismo por haber experimentado tal sentimiento, en lugar de
ejecutarla de inmediato, ideó otra alternativa.
Ah, con que te las das de mujer orgullosa.
Pues bien, elige.
Parecía
que Ígor no quería mostrar su peor calaña soltando groserías vulgares frente a
la madre. Tras reprenderla de repente con un tono fingidamente educado, le hizo
una seña a los hombres que estaban detrás de Yuri.
De
inmediato, los sujetos que flanqueaban a Yuri le quitaron una de las cadenas
que le ataban las muñecas, le agarraron con fuerza la mano izquierda y le
metieron una pistola en el puño. Obligándolo a presionar uno a uno sus dedos
temblorosos de rabia para aferrarse al gatillo, lograron que Yuri acabara apuntándose
con el arma a su propia cabeza en contra de su voluntad. Al ver aquello, los
ojos de la madre vacilaron por primera vez.
¡Yuri!
No, mi pequeña cuenta de cristal.
Como
si el grito desesperado de la madre le resultara divertido, por fin una sonrisa
se dibujó en el rostro de Ígor. Parecía complacido de ver que la mujer que se
había mantenido tan firme y erguida en medio de una situación tan espantosa
mostraba por fin indicios de derrumbarse.
Katia, he oído que eres una ferviente creyente de la Iglesia ortodoxa.
Como creyente ortodoxo al igual que tú, hay algo que sé muy bien: el suicidio
es el más grande de todos los pecados.
La
sollozante Ekaterina cerró los labios y comenzó a calmar su respiración. Miró
fijamente a Yuri con un rostro que parecía haber comprendido ya cuál era la
opción que se le había impuesto. Con unos ojos de un verde oliva llenos de
pesar y afecto, cargados de una disculpa que Yuri era el único capaz de
descifrar, lágrimas imperceptibles brotaron y cayeron al suelo.
Entonces, elige tú misma con tus propias manos. Teniendo en
cuenta lo que Vasili ha hecho hasta ahora, te concederé este privilegio por
iniciativa propia. No creo que haya nadie más que sea tan considerado con las
circunstancias de un perro traidor que muerde la mano de su amo.
El
demonio susurró. Aquel monstruo disfrazado con piel humana murmuró que era
compasivo.
Comete el pecado de acabar con tu propia vida con tus propias
manos, o presencia cómo muere tu hijo.
Elige.
Si el pequeño Vasha muere, tú vivirás; si tú mueres, dejaré
vivir al pequeño Vasha. Yo cumplo lo que digo. Cualquiera de los dos que
sobreviva podrá disfrutar de la vida tal como lo ha hecho hasta ahora.
Al
ver los labios de aquel hombre que profería palabras horribles que no podían
considerarse compasivas en absoluto, Yuri lloró con los ojos llenos de venas
reventadas. La sangre manaba a chorros de sus labios mordidos, tiñendo su
afilada barbilla.
Por favor, madre. No hagas eso.
Sintiendo
que sabía qué elección iba a tomar su madre, Yuri sollozó y cerró los ojos con
fuerza. Su boca temblaba ante una situación tan espantosa para la que jamás se
había preparado. Sus dientes chocaban ruidosamente y ese sonido resonaba con
fuerza en su cabeza.
Sí, antes de que mi madre tome una mala decisión, moriré yo
primero.
Lo
único que tengo que hacer es morir enseguida.
Justo
en el instante en que sus dedos, llenos de resolución, temblaban y se disponían
a apretar el gatillo.
¡Yuri!
La
voz de su madre resonó como un trueno. Yuri abrió los ojos de golpe y con
sorpresa, preguntándose de dónde diablos había sacado un tono tan potente en un
cuerpo tan demacrado por la falta de alimento. Al oírla, Ígor y los demás
también la miraron estupefactos.
¡No te atrevas a intentar morir tan fácilmente!
La vida es algo precioso. Todavía hay demasiadas cosas hermosas
para alguien tan joven como tú. ¡Aún no has conocido a la persona que amarás,
ni has disfrutado de un verano como debe ser, ni has comido hasta saciarte todo
lo que has querido!
Mamá ya lo ha hecho todo. Lo experimenté al conocer a tu padre,
y por eso fui feliz. No, incluso ahora soy feliz.
El
rostro de Ígor, al contemplar a la madre recitar sus recuerdos felices, se
distorsionó con un sentimiento de derrota indescifrable. Antes de que él
pudiera cambiar de parecer, Ekaterina le dejó a Yuri su última voluntad.
Sobrevive, Yuri.
Una
última voluntad tan desgarradora y entrañable que Yuri jamás podría
desobedecer.
Vivirás cueste lo que cueste.
Tras
terminar de hablar, ella enderezó el cuello para mirar a Ígor de frente y,
viendo al hombre que la contemplaba desde arriba, sonrió por última vez.
Sonriendo
como si no tuviera el menor miedo, Ekaterina le dijo amablemente a Ígor:
Nos veremos en el infierno, pedazo de mierda.
Apenas
vio que el rostro de Ígor se teñía de derrota y furia, una mano pálida y frágil
se alzó rápidamente hacia arriba. Ekaterina, aferrando el arma apoyada en su
sien, superpuso su mano sobre la de Ígor, que sostenía el gatillo.
Aquella
mano blanca que lo oprimía como una maldición apretó el gatillo en su lugar.
Sin la menor vacilación, y sin temor a sus propias muerte.
—!
Un
estruendo grotesco resonó en el aire. El sonido del proyectil desgarrando la
atmósfera y perforando la piel y los huesos humanos se esparció por el espacio.
Dentro de los enormes ojos azules de Yuri, la imagen de la esbelta figura de su
madre derrumbándose quedó grabada con extrema lentitud, paso a paso.
La
mujer que hasta el último momento había obrado con rectitud cometió el pecado
de quitarse la propia vida con el único fin de mantener a su hijo con vida. Sin
embargo, en el rostro de Ekaterina al encontrar la muerte no se vislumbraba
rastro alguno de arrepentimiento. Ella estaba sonriendo, e Ígor fue testigo
vívido de cómo el rostro sonriente de Ekaterina estallaba justo frente a sus
ojos. El hombre que toda su vida había cometido actos atroces sin inmutarse se
detuvo en ese instante, completamente pálido.
Yuri
también contempló fijamente cómo el hermoso rostro de su madre desaparecía sin
dejar forma alguna. Fue en ese momento cuando Yuri comprendió por primera vez
lo horrendo que resultaba un cadáver al que le habían volado la cabeza. Aquella
silueta rebosante de vida se había esparcido por completo, y la materia
cerebral y los fragmentos del cráneo salpicaron por todas partes.
En
el instante en que el cuerpo sin cabeza de la madre chocó contra el suelo, Yuri
también perdió el conocimiento. Una sensación en la que el cuerpo y la mente se
separaban, tal y como estaba sujeto, lo abrumó. El cuerpo que abrió los ojos
seguía en su sitio, pero el alma se desgarró en pedazos y se dispersó por todas
partes.
Justo
antes de desmayarse, lo que Yuri escuchó fue el grito lleno de furia de Ígor.
El criminal cobarde y ruin le vociferó al cadáver de la fallecida Ekaterina:
¡Esta maldita perra se da las de orgullosa hasta el final!
Incapaz
de aceptar en absoluto que se había asustado ante una simple mujer y un omega,
Ígor, con los ojos desorbitados, buscó dónde descargar la ira que lo
desbordaba. Sus ojos, que giraban de forma siniestra, se posaron en Yuri.
Señalando al joven que lloraba lágrimas mezcladas con sangre y tenía la boca
abierta, Ígor dijo:
Quita la pistola y tráiganme un machete.
Los
hombres se acercaron y le arrancaron las manos a Yuri. Hasta hacía un momento,
los dedos que se habían esforzado por no tocar el arma ahora estaban
rígidamente contraídos y no podían soltarla. El momento en que Yuri soltó la
pistola fue después de que el dorso de su mano izquierda se desgarrara.
Y...
¿Cómo
fue... después?
Dolió.
Un dolor tan atroz que era preferible morir se extendió por su espalda. La piel
desnuda se desgarró para dejar al descubierto la carne viva, y el filo del
machete volvió a tocar esa carne expuesta. Con los músculos y los vasos
sanguíneos lacerados hasta quedar totalmente al descubierto, alternaba entre
perder el conocimiento y despertar al recibir agua fría.
Fue
un tiempo atrozmente largo. Tan largo que era imposible de olvidar por más que
lo intentara.
Yuri
no recuerda todo lo que sucedió en su vida. Sin embargo, jamás pudo olvidar
este verano. Para poder seguir viviendo, en realidad debería haber olvidado
esta época, pero no fue capaz de hacerlo.
*
* *
Al
día siguiente, Yuri recuperó la conciencia debido a un hedor insoportable. En
su espalda, habiendo despertado al borde de la muerte, quedaba una cicatriz en
forma de cruz. Incluso tras sufrir heridas graves con las que no habría sido
extraño haber muerto en el acto, Yuri milagrosamente había sobrevivido.
Parecía
que Ígor al menos intentaba cumplir su promesa, ya que le había untado medicina
en la carne deshegada —a la que apenas se le podía llamar herida— y la había
vendado. Sin embargo, si de verdad hubiera tenido la intención de mantenerlo
con vida, lo habría sacado de aquel solar bañado por un sol implacable. Era un
cobarde hasta el final.
Abriendo
los ojos con lentitud, Yuri comprendió que seguía en el mismo descampado de
ayer. El sol ardía con la fuerza de derretir su debilitado cuerpo. Con una
sensación de sed, frío a pesar del calor y espasmos recorriendo todo su cuerpo
como si tiritaba de frío, apenas logró alzar la cabeza y volvió a presenciar
algo espantoso.
El
hedor provenía de allí adelante. Debido al clima sofocante, el precioso cuerpo
de su madre se había descompuesto con rapidez, perdiendo a pasos agigantados la
hermosa silueta que tuvo en vida.
Al
ver esa estampa, los ojos azules de Yuri se volvieron de golpe hacia arriba
antes de regresar penosamente a su lugar. El furioso resentimiento hacia Ígor
—quien carecía por completo de respeto hacia los difuntos— y la locura desatada
al presenciar una tragedia imposible de soportar con la cordura intacta zarandearon
momentáneamente la mente de Yuri. Justo antes de perder el juicio y enloquecer
por completo, resonó en su cabeza la voz suplicante de su madre:
Sobrevive, Yuri.
Vivirás cueste lo que cueste.
Pero
¿cómo? ¿Cómo diablos se supone que debía sobrevivir aquí? ¿Acaso se esperaba
que siguiera con vida después de presenciar semejante escena?
Le
faltaban las fuerzas. El impulso de rendirse brotó con fuerza, haciéndole
desear soltar de una vez el hilo de vida que apenas sostenía. Sin embargo, Yuri
cerró a la fuerza los párpados manchados de sangre seca y se murmuró a sí mismo
por dentro:
Tengo que vivir, tengo que sobrevivir, cueste lo que cueste,
para unir de algún modo los pedazos de la vida que mi madre me salvó.
Murmurando
aturdido, Yuri abrió los ojos de repente en medio de un sueño. Luego, parpadeó
mientras observaba el cadáver de su madre, desplomado y sin cabeza.
Eso...
pertenece al pasado.
Pero
si cada vez que me duermo regreso siempre a este momento, ¿se le puede llamar a
esto pasado?
La
escena que Yuri estaba contemplando pertenecía a un tiempo lejano, pero al
mismo tiempo era un presente que respiraba y vivía junto a él todos los días.
Su respiración, sus cicatrices y su sufrimiento habían brotado de aquel verano
atroz.
Por
eso debía de ser tan horrible vivir. Como no había logrado dar ni un solo paso
fuera de aquel verano en el que perdió a su madre, cada día se le hacía
insoportable.
Es
doloroso. La vida que se ve arrastrada a vivir solo porque tiene que sobrevivir
es demasiado espantosa. En la punta de su nariz siempre ronda el olor a cadáver
podrido, y en sus oídos resuenan disparos y zumbidos de moscas. No tengo la
menor idea de cómo borrar esta sensación.
Madre. ¿Debería seguir viviendo? ¿Hasta cuándo tengo que cumplir
el propósito que me dejó?
Las
palabras de su madre ya no le conmovían en absoluto. Aunque había mantenido su
aliento a toda costa para cumplir el testamento, aquella vida que se veía
obligado a arrastrar no era tan hermosa como su madre la había descrito.
Hubo
días felices, pero los momentos amargos superaban por mucho a los demás. Como
no podía morir, mató a quienes intentaban quitarle la vida, y al vivir así, a
su existencia solo se le fueron acumulando huellas oscuras. De pronto, al
detenerse y mirar atrás, se dio cuenta de que en los lugares por donde había
pasado solo quedaban ruinas. Yuri estaba convencido de que esta no era la vida
que su madre había deseado para él.
Claro.
Hasta ahora había estado viviendo mal. Su madre jamás habría querido que
sobreviviera haciendo este tipo de cosas. Si se hubiera dado cuenta antes, no
tendría las manos manchadas de sangre...
¿Para qué demonios había aguantado tanto? Las cosas hermosas de
las que hablaba mí madre no estaban en ninguna parte.
Al
pensar en aquello, sopló una suave brisa desde algún lugar. La terrible culpa
que siempre atormentaba el corazón de Yuri se fue desvaneciendo poco a poco,
invitándole a descansar por fin. Y Yuri de verdad deseaba hacerlo. Sentía que
ya podía dormirse de verdad. Había aguantado demasiado y ya había hecho suficiente.
Justo
en el instante en que Yuri se disponía a entregar su alma a aquel descanso tan
ansiado, se escuchó la voz de alguien.
¡Wolfie!
Yuri
se sobresaltó un momento ante aquel llamado cristalino que atravesó el ruido
espantoso que zumbaba en sus oídos. Bastaba con dejarse llevar por el sueño,
pero aquella voz que acababa de escuchar hizo que, por alguna razón, dudara.
Entonces, el descanso acarició suavemente sus párpados. El sopor lo invadió con
lentitud.
¡Wolfie, date prisa y ven!
Pero
de nuevo, alguien lo llamó. Apenas escuchó aquel grito, le invadió una urgencia
tan acuciante que sintió que debía correr hacia la voz sin perder un segundo.
Al punto de olvidar el apacible descanso que lo tentaba, comprendió que tenía
que ir con aquella persona que lo llamaba con tanta desesperación.
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AOMINE5BL
El
descampado bañado por el sol implacable donde estaba su madre se transformó en
un instante en un bosque de verano de un azul profundo. Bajo un cielo tan azul
que dolía mirar, las ramas de los árboles se mecían con gracia. Entre el
frescor agridulce de la vegetación que punzaba en su nariz y el tacto del
viento acariciando sus mejillas, percibió las feromonas de Chariot. Al inhalar
aquel aroma tan dulce como pesado que se negaba a disiparse con facilidad, la
añoranza y el afecto brotaron en su interior.
Deteniendo
por un momento el descanso que lo instaba a marchar, Yuri miró fijamente a
Chariot, quien estaba de pie junto a un lago haciéndole señas. El apuesto
joven, con una sonrisa más bella que una peonía, se apartaba el cabello rubio
rojizo empapado de agua mientras abría los brazos.
¿Qué haces? ¿Por qué no entras?
Gotas
de agua transparentes resbalaban por sus brazos, dibujando ondas concéntricas
sobre la superficie del lago. Los pequeños círculos que se expandían aumentaban
de tamaño poco a poco hasta cubrir el lago entero. La forma de las emociones
que brotaban en el corazón de Yuri cada vez que veía a Chariot era exactamente
así.
Al
ver que Yuri no se acercaba, Chariot ladeó la cabeza y frunció las espesas
cejas. Se notaba un dejo de despecho en sus ojos verdes.
Yuri
comprendió que no podía dejar atrás a aquel hombre. Giró la cabeza hacia el
descanso que aún le sujetaba las muñecas. Aquella presencia informe y
transparente inclinó la cabeza. Yuri aflojó lentamente sus muñecas y dijo:
—Hay
alguien que me está esperando.
La
forma transparente fue transformándose poco a poco en el aspecto que Yuri
recordaba. Un suave cabello castaño se mecía siguiendo el viento que soplaba
hacia donde estaba Chariot, y entre los mechones se asomaba el rostro de su
madre. Conservaba exactamente la hermosa silueta que Yuri guardaba en su
memoria.
Camina despacio para no lastimarte, mi pequeña cuenta de
cristal.
Una
voz colmada de amor acarició el dorso de su mano izquierda antes de
desvanecerse. Apartando por fin la espalda del recuerdo que lo retenía, Yuri
miró de frente al hombre que seguía aguardándolo sin irse a ninguna parte.
Chariot, con los labios abultados por un fingido enojo y los brazos cruzados,
esperó hasta que Yuri comenzó a acercarse despacio; entonces, como si el enfado
jamás hubiera existido, curvó los ojos. Sus labios le siguieron el juego,
dibujando un hoyuelo en una de las blancas mejillas de Chariot.
Yuri
caminó hacia él. A medida que la distancia se acortaba y se aproximaba a la
orilla del lago, Yuri observó el agua que mojaba las blancas puntas de los pies
del muchacho y, sin dudarlo, se adentró en ella. En el preciso instante en que
apoyó los pies, sintió que todo su cuerpo era arrastrado hacia las
profundidades del agua.
Sin
embargo, no sintió miedo. Recordando el tacto de los firmes antebrazos y muslos
que solían sostenerlo, Yuri se precipitó al lago de buena gana.
