6. Cada corazón tiene su propio esqueleto

 


6. Cada corazón tiene su propio esqueleto.

Era la primera vez que subía a un avión. Aunque le había comprado un billete a Alexei con destino a Nueva York, la única vez que había adquirido uno para montar él mismo había sido esta.

También había utilizado la ruta terrestre cuando cruzó de Sarátov a Canadá, y como desde entonces no había tenido motivos para ir a ninguna parte, jamás se le había pasado por la cabeza la idea de viajar. El lugar al que llegó Yuri en avión por primera vez no fue ningún otro país fuera de Norteamérica que nunca antes hubiera pisado, sino los Estados Unidos, el mismo lugar del que había tenido que huir arriesgando la vida.

Boston era muy diferente al ambiente de Sarátov. A pesar de haber nacido en Estados Unidos y crecido en esa tierra, nunca había visto los paisajes de su país con los ojos de admiración con los que los miraban los extranjeros; en realidad, aquello no era para tanto. Más bien se parecía muchísimo al centro de Vancouver, al punto de darle la sensación de estar todavía en Canadá.

Aun así, el amplio césped en medio de la ciudad y los edificios de arquitectura europea le resultaron fascinantes. Con una mirada serena y sus ojos azules, Yuri escrutó los alrededores antes de caminar hacia el lugar donde Alexei le había pedido que se encontraran. Por el camino, Yuri vio un cementerio que albergaba miles de lápidas.

Inspirado por aquella escena que no esperaba presenciar en pleno centro urbano, se detuvo un instante y, al observar la hierba y las flores blancas que brotaban entre las lápidas, pensó que aquel lugar era muy distinto al concepto de cementerio que él conocía. Enterradas en un rincón bañado por el sol, aquellas personas del centro de la ciudad debían de ser, sin lugar a dudas, individuos mucho más importantes o célebres que los olvidados muertos de Sarátov.

En el centro del cementerio se alzaba una especie de torre con forma de pirámide triangular. Unos turistas que pasaban por allí la miraron, murmuraron entre ellos llamándola obelisco y luego dirigieron su atención hacia Yuri. Vistiendo una chaqueta fina y negra, vaqueros y una camiseta gris, dos omegas lo miraron de arriba a abajo mientras intercambiaban susurros. Yuri, que les echó una ojeada indiferente a sus ojos curiosos, se marchó de allí. Lo hizo porque le invadió la sensación de que su propia ignorancia había quedado al descubierto ante ellos.

Tras pasar por alto aquel paraje tan insólito como hermoso, Yuri por fin llegó al callejón del que le había hablado Alexei. No era precisamente un sitio recóndito, sino un callejón estrecho situado junto a un local abandonado por el que casi no transitaba nadie.

Alexei, a quien no veía en casi diez días, había perdido peso en ese tiempo. Sus mejillas se habían hundido, haciendo que la línea de su mandíbula luciera mucho más afilada, y su mirada destellaba con un intenso brillo azul, recuperando la fuerza de antaño. Reclinado ladeadamente contra la pared del callejón mientras fumaba, giró la cabeza al escuchar los pasos de Yuri.

Al descubrirlo, le dedicó una sonrisa cargada de alegría. Al ver esa sonrisa tan característica de Alexei, en la que se asomaban con timidez sus colmillos blancos, una apacible sonrisa asomó también en el rostro de Yuri.

Cuando se acercó a él, Alexei abrió los brazos para fundirse en un abrazo. Durante su estancia al lado de Chariot se había olvidado por completo del tabaco, pero al percibir el olor a cigarrillo que desprendía Alexei, le entraron unas ganas irrefrenables de fumar uno.

“¿Tienes tabaco?”

Al extender la mano, una cajetilla de cigarrillos y un encendedor cayeron de golpe sobre su palma. Sacó un cigarrillo de la caja roja, lo encendió y dio una calada profunda. En el momento en que sintió que el humo recorría su garganta y llenaba sus pulmones, le invadió una sensación de profunda nostalgia. Al exhalar aquel humo que le ofrecía un consuelo tan familiar, el olor impregnó sus manos de inmediato. La ilusión de que el tiempo que había pasado con Chariot se diluía ligeramente comenzó a formarse en su mente, por lo que se quedó en silencio contemplando la brasa del cigarrillo por un momento.

“¿Recibiste la paga?”

“Sí.”

Ayer, antes de separarse, Benji le había entregado a Yuri doscientos mil dólares. Había cumplido con entregar en efectivo la suma que le había prometido como pago inicial. Aunque se habían producido dos tiroteos, le parecía incómodo embolsarse semejante cantidad de dinero por algo así, por lo que había intentado devolver su parte, pero Benji le había dicho que solo tenía dos opciones: tirarlo o quedárselo.

“¿En serio?”

Alexei repitió las palabras de Yuri con expresión de desconcierto.

“Recibimos cien mil dólares para cada uno como anticipo, doscientos mil dólares en efectivo en total. ¿Por qué lo preguntas?”

“A mi cuenta bancaria ingresaron quinientos mil dólares. Venía especificado como bonificación por cumplimiento, así que pensé que con eso se terminaba todo.”

El apartamento de Yuri en Sarátov se cotizaba en cincuenta mil dólares. Toda su vida había sido explotado por Ígor, pero al ser incapaz de reunir una cantidad semejante, Yuri vivía pagando un alquiler mensual. Desde que se había mudado a Vancouver, le había parecido sorprendente cómo el dinero se acumulaba con solo invertir algo de tiempo, pero recibir una suma tan colosal de golpe le provocó una extraña sensación de vacío.

“Supongo que para alguien rico esto no es gran cosa.”

Añadió Alexei con un tono de ligera irritación.

“Aún no hemos terminado el encargo y ya se dedican a enviar dinero bajo el concepto de bonificación por iniciativa propia; qué sujetos tan desagradables.”

Yuri, que había estado escuchando sus palabras en silencio, corrigió a Alexei:

“No son unos sujetos desagradables.”

Ante eso, Alexei entrecerró los ojos y lo escrutó con fijeza. Unos ojos azules, que a simple vista parecían similares, recorrieron el rostro de Yuri con afilada severidad.

“Ya lo notaba desde que hablamos por teléfono...”

Resonó su voz, carente de cualquier atisbo de agrado.

“Tú estás completamente colgado de ese tipo.”

Yuri no lo negó. En su lugar, se llevó a los labios el cigarrillo que se había limitado a sostener. Tras contemplar sin ningún propósito el cigarrillo medio consumido, aplastó y apagó la brasa con el dedo índice y el pulgar. Aunque al percibir el olor había tenido ganas de fumar, en cuanto aspiró el humo se le quitó por completo las ganas.

“Viendo que aceptaste venir a Boston sin rechistar, ya me lo imaginaba.”

Murmuró Alexei con un tono ambiguo, que no sonaba ni a reproche ni a agrado. Al principio, cuando Chariot le había lanzado aquellos coqueteos que con toda seguridad eran medio en broma, Alexei se lo había tomado a juego diciéndole que intentara algo con él; sin embargo, tenía cara de no haber esperado jamás que Yuri llegara al punto de admitir sus propios sentimientos.

“¿Ese tipo lo sabe?”

Tras pensárselo un instante, Alexei fue lo primero que preguntó. Sabiendo que lo hacía por preocupación, Yuri relajó ligeramente su semblante rígido.

“Más o menos.”

“¿Qué? ¿Y eso qué es? ¿Han quedado en salir o te ha rechazado?”

“Por ahora quedamos en que seríamos amigos.”

Alexei abrió la boca para soltar un insulto silencioso. Supongo que, como le dijo que le gustaba, no quiso decirlo lo suficientemente alto como para que se oyera. Aun así, al leerle los labios, más o menos entendía lo que estaba diciendo.

“No somos unos niños de veinte años, Yuri. Ese tipo también es un adulto hecho y derecho. Déjate de excusas absurdas de amigos y cuéntame qué ha pasado.”

“Simplemente ha surgido, me he enamorado de él por mi cuenta.”

“¿Por qué motivo?”

Al verse acorralado de esta manera, Yuri sintió que se encontraba en la misma posición en la que había estado Alexei en el pasado. Solía impacientarle que Alexei se sacrificara en solitario durante tanto tiempo sin que él pudiera entender por qué protegía y cuidaba tanto a Valeri.

“Es una persona amable. Estar con él es divertido... y hace que me den ganas de intentar cosas que jamás se me habrían ocurrido.”

Mientras enumeraba con seriedad sus pensamientos sobre Chariot, Yuri recordó cuando este se había girado para mirarlo desde el lago y sonreído, curvando los labios con suavidad.

“Tiene una sonrisa bonita.”

Incluso después de terminar de añadir aquello en voz baja, Alexei no dijo nada. Al notar el silencio y mirar a su lado para ver qué pasaba, vio que Alexei tenía el ceño fruncido y una expresión de profunda gravedad.

“¿Alyosha?”

“...Escúchame.”

Al ver que asentía, Alexei le preguntó con tono tajante:

“¿Qué te parece si te desinvolucras de este asunto?”

Con lo que le gustaba hablar, le había salido una debilidad impropia de él.

“Recuerda que vine aquí porque tú me llamaste.”

“Viendo cómo pintan las cosas, creo que habrías venido aunque no te hubiera llamado.”

Alexei se frotó el rostro con las manos y se talló los ojos.

“No me esperaba que te fuera a gustar ese tipo hasta este punto.”

“Alyosha. No exageres.”

“No estoy exagerando. Si trajeras a T-mac, te diría exactamente lo mismo, y ni qué decir de Lera si te viera; seguro que diría que te has enamorado. Un hombre enamorado, ya sea alfa u omega, siempre comete alguna estupidez. Se vuelve imprudente y valiente.”

Alexei se acercó y le presionó con fuerza el pecho usando un dedo. Se le notaba la preocupación acumulada en las cejas fruncidas.

“Como ya sabes, en este asunto la gente muere. Por supuesto, yo pienso regresar a casa a salvo para ver a mi precioso chico, y tú deberías hacer exactamente lo mismo, pero viendo tu cara ahora mismo, he perdido la seguridad.”

“No tengo la intención de morir, Alyosha.”

“¿Lo juras?”

Yuri bajó la mirada para fijarse en el dedo que lo estaba presionando. Era incapaz de comprender por qué Alexei se ponía tan nervioso hasta ese extremo. Al ver que Yuri no respondía, la presión del dedo se intensificó todavía suspicazmente.

“Lo juro.”

Ante la respuesta que salió despacio, Alexei soltó un suspiro y dio un paso atrás. Está claro que, al convivir con Valeri, Alexei también había adquirido la manía de preocuparse como cualquier persona normal. Pedirle que jurara algo así.

Tampoco es que Yuri quisiera morir. Prefería mil veces seguir con vida y quedarse al lado de Chariot. No obstante, si llegaba el momento de poner en una balanza su vida y la de él...

Movió ligeramente los labios y se quitó de la cabeza aquel pensamiento funesto.

“En cuanto note el mínimo ápice de algo raro, te sacaré de aquí de los pelos, así que tenlo en cuenta.”

“Ya que he jurado y todo, ¿qué tal si me cuentas de una vez el meollo del asunto? ¿Qué has descubierto?”

“Sígueme.”

Con la naturalidad de alguien que llevaba tiempo en Boston, Alexei guió a Yuri por el camino de forma bastante familiar. Después de entregarle una gorra a Yuri, Alexei se puso otra negra idéntica. Como ambos tenían el mismo color de cabello y complexión física similar, con el rostro medio oculto parecían hermanos.

“Mañana hay una fiesta en una mansión junto al mar que pertenece a la familia Goodnight. Y casualmente Chariot, que volvió ayer, también fue invitado; se supone que toda la familia, incluidos los abuelos, se reunirá para ver al nieto que llevaba tanto tiempo sin visitar el país. Y el plan del que me enteré es...”

Los pasos de Alexei se volvieron un poco más lentos. Puso cara de hastío.

“Que unos gánsteres de la base de la Guardia del Infierno van a bajar a la fiesta para matar a todos los heredero directos. Excepto al autor intelectual de todo esto.”

“¿Qué?”

Yuri se detuvo en seco y preguntó. Al ver su rostro ensombrecido en un instante, Alexei le tiró del brazo y le dijo que ya se lo esperaba.

“Entra en razón, Yuri. Si seguimos el plan, tu candidato a novio...”

Alexei se corrigió de inmediato:

“Bueno, no, candidato tampoco. Todavía le falta mucho para ser candidato. En fin, cumpliremos con el encargo y además salvaremos a ese tal Chariot. No me infiltré solo para quedarme cruzado de brazos viendo cómo asesinan a gente inocente.”

Aunque intentó pensar racionalmente y se dijo que, como el evento aún no ocurría, se podía evitar a tiempo, el plan le pareció tan repugnante —no solo asesinar a Chariot, sino masacrar a toda la familia para terminar el trabajo— que Yuri se quedó sin palabras. Menos mal que Chariot no había escuchado nada de esto. Si se hubiera enterado, de seguro se culparía pensando que todo sucedió por su culpa. Los culpables eran los criminales, pero los que siempre cargaban con el sentimiento de culpa eran los inocentes.

“¿Exactamente quién demonios es el desalmado que armó un plan así?”

“El segundo o el tercer hijo. Es decir, uno de los tíos de Chariot, aunque no lo tengo claro del todo. Esos dos heredaron juntos las empresas de inversión de sus padres y las coadministran, y la IP del teléfono por internet que usaron para hacer el encargo salió de esa misma empresa. Si alguien se mueve por dentro de las instalaciones, prácticamente cualquiera de ellos es sospechoso.”

“¿Cómo demonios averiguaste todo esto, Alyosha?”

Durante su trabajo en la agencia de resolución, las habilidades de Alexei para descubrir este tipo de cosas habían mejorado muchísimo. Recordando que Heather solía echarle una mano, probablemente lo había aprendido de ella; infiltrarse tan a fondo desde el exterior, sin tener a alguien como Dolly que vigilara a la familia desde dentro, debió ser muy difícil.

“Lo averigüé a través de un subjefe en Vancouver después de ayudar con la eliminación del cadáver de Samuel. Aunque soy sumamente atractivo, hay un límite en la confianza que se tienen los alfas entre sí, y tampoco es que fueran tan idiotas como para entregarle información crucial a un sicario que apareció de la nada.”

Al final, significaba que lo había estado espiando a escondidas.

“Tengo que decir que el teléfono que recuperaste fue de gran ayuda. Si no hubieras conseguido los mensajes que había dentro, jamás habría sabido la dirección de la casa del jefe.”

“¿Había una dirección?”

“Los tipos que neutralizaste eran mercenarios, pero pertenecen al grupo interno de la Guardia del Infierno. Como no eran contrataciones temporales, tenían un par de mensajes intercambiados recientemente con el jefe.”

Yuri, que había estado escuchando sus palabras en silencio, le hizo una pregunta que le causaba curiosidad:

“Pero tú no habrías tenido tiempo de ir y venir al Parque Nacional Yoho.”

“Mandé a T-mac.”

“Le pagarás lo que le corresponde, ¿no?”

Al preguntarlo pensando que, por muy amigos que fueran, estaba aprovechándose demasiado de T-mac, Alexei se encogió de hombros con total naturalidad.

“¿Por qué me tomas, Yuri?”

Decidió comprobar eso en cuanto volviera a Vancouver y se encontrara de nuevo con T-mac, así que Yuri retomó el tema principal:

“Entiendo lo que dijiste. Pero me pregunto cómo planeas evitarlo. Si tienes pruebas, ¿no sería mejor entregárselas a la policía en secreto?”

“Si hacemos eso, no podremos atrapar al verdadero culpable. Hay que meter al cabecilla tras las rejas para que no vuelva a cometer una locura así, ¿no crees? ¿Quién diablos contrata a un asesino a sueldo para matar a su propia familia, Yuri? Ni siquiera ese maldito de Vólkov se atrevía a tocar a su propia sangre.”

Hacía tiempo que Alexei no mencionaba a Ígor Vólkov. Yuri recordó muchas de las cosas horribles que él había hecho antes de asentir con la cabeza.

“No se puede comparar con los Vólkov, padre e hijo, pero sin duda es igual de despreciable.”

“Por eso hay que atraparlo. El criminal será el que intente anticiparse para salir con vida de ahí, y mi plan es asistir como parte del personal de catering de la fiesta, observar cómo se desarrolla la situación y atrapar al sujeto. Sería perfecto si logramos grabar la conversación, pero con tan solo acorralarlo aumentaremos las probabilidades de conseguir pruebas.”

“Si dejamos que el plan siga su curso, esos tipos terminarán irrumpiendo en la fiesta, Alyosha. Habrá gente herida.”

“Justo ahí es donde necesito que me ayudes.”

“...¿Cómo?”

Por mucho que fuera Yuri, era imposible que se encargara él solo de un grupo numeroso de sicarios armados. Tal vez si peleara dispuesto a morir podría lograr algo, pero ¿no le había advertido Alexei con enojo que ni se le ocurriera pensar en la muerte?

“¿Te acuerdas de los dos guardaespaldas que protegen a Chariot? Uno de ellos es un policía de por aquí. La idea es compartirle el plan de antemano para que la policía se aposte en el lugar y, en el preciso instante en que aparezcan esos tipos, neutralizarlos.”

Alexei había trazado el plan con bastante meticulosidad. Si hacían las cosas tal como él decía, parecía que lograrían atrapar al criminal en plena escena por los pelos. Por supuesto, al haber tanta gente, seguirían surgiendo variables imposibles de controlar, pero tanto él como Alexei podrían solucionarlo lidiando con ellas sobre la marcha de algún modo.

“Pero dime, ¿cómo averiguaste lo de esos dos?”

“La información vino adjunta cuando se dio la orden. Para ser exactos, se actualizó ayer, justo después de que Chariot pisara suelo estadounidense. Una mujer de unos cincuenta años, un pelirrojo y... además.”

Alexei miró a Yuri con ojos llenos de orgullo y le enseñó la pantalla de su teléfono.

“Un alfa de poco más de treinta años extremadamente peligroso.”

En la pantalla del móvil aparecía la imagen borrosa de Yuri captada por una cámara de seguridad. Habiendo pensado que tenía de qué enorgullecerse, parecía muy satisfecho de que le hubieran colgado semejante título.

“Parece que todos estos tipos recibieron una buena paliza de tu parte.”

Al regresar por fin a un entorno donde podía ser él mismo después de tanto tiempo, Yuri se libró de ser tildado de escoria o de patético. El hecho de que no hubiera ningún problema por seguir siendo Yuri Kiselyov le reconfortaba el alma sin duda alguna, pero él era incapaz de presumir de su propia peligrosidad de la manera en que lo hacía Alexei.

Simplemente... era así.

Ni el tabaco ni la alegría de ver a la persona que más apreciaba se sentían intensos como de costumbre, por extraño que parezca. Aunque estar con Alexei siempre le aportaba tranquilidad en el corazón, al margen de eso, sentía que no terminaba de encajar en su sitio de ninguna manera.

* * *

Asegurándose de que la información se estuviera filtrando desde el interior, los detalles sobre los dos guardaespaldas de Chariot venían bastante especificados. Benji, es decir, Benjamin Fraser, tenía 38 años y era policía de Boston, concretamente un detective del departamento de investigación de delitos graves. Se encargaba principalmente de casos de violencia doméstica y trata de personas. Parecía que se había mudado desde Canadá cuando era niño y, tras obtener la ciudadanía estadounidense, se había quedado viviendo allí indefinidamente.

Lo sorprendente eran los datos sobre Dolly. Aunque la descripción sobre ella era más corta que la de Benjamin, el contenido resultó ser mucho más interesante. Dorothy Hamill (nombre falso), de origen mixto ruso, veterana del ejército estadounidense, aunque no se especificaba la unidad en la que había servido. Al leer su historial resumido en una sola línea, Yuri creyó entender por qué a Dolly le gustaban los postres rusos.

Como su inglés era sumamente fluido y apenas tenía acento ruso —a diferencia de su padre, Vasili—, no se lo había imaginado. A veces al propio Yuri se le endurecía la pronunciación al decir ciertas palabras, pero en Dolly no existía tal cosa.

A pesar de haberlo descubierto por vías ilegales, no estaba del todo mal saber un poco más sobre las personas cercanas a Chariot. Alexei le había dicho que lo acompañaría a la fiesta de mañana por la tarde. Al parecer estaría bastante ocupado, ya que pensaba ir a la empresa de catering para informarse sobre los preparativos de la fiesta del día siguiente.

Yuri se sentó un momento en la cama para secarse el cabello mientras bajaba la mirada al papel donde tenía anotado el número de Benji, que Alexei había conseguido ilegalmente. Había reservado al azar el hotel más barato que encontró en la ciudad y, nada más entrar, se metió a bañar. Como los vuelos directos de Calgary a Boston solo salían de madrugada, Yuri también optó por hacer escala en Toronto, imitando el trayecto que había tomado el grupo de Chariot para llegar allí.

Tras quitarse el polvo de encima, tanteó la venda que llevaba enrollada en el brazo. Como la herida no era tan profunda como la del costado, ya se había curado bastante. Estando a punto de cumplirse una semana, ya era hora de cambiársela. Acariciando la venda con un gesto cargado de cierta melancolía, sacudió la cabeza con levedad para volver de golpe a la realidad.

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Marcó el número de Benji y pulsó el botón de llamada; el tono comenzó a sonar. No sabía si le contestaría al ver un número desconocido. Si persistía en no responder, tendría que comunicarse con Chariot, y la mera perspectiva de poder escuchar su voz a través del teléfono lo hizo sentir por un instante una emoción bastante intensa, casi excesiva; sin embargo, al pensar que cuanto menos supiera Chariot de él, mejor sería, esa agitación innecesaria se desvaneció.

Por suerte, Benji contestó la llamada.

—Aquí Benji. ¿Quién es?

“Soy yo, Yuri.”

Al otro lado de la línea se hizo un silencio breve. Como transcurrieron varios segundos sin respuesta, Yuri revisó la pantalla del teléfono por si acaso se había cortado. La llamada seguía activa.

“¿Benjamin?”

—¿Cómo conseguiste mi número?

A diferencia de antes, cuando había respondido con la naturalidad de cualquier persona, Benji adoptó un tono sumamente agresivo. Yuri reconoció para sus adentros que era una situación como para alarmarse.

“Un amigo me lo dio. El amigo con el que Chariot fue a buscarlo para encargarle el trabajo la primera vez, aunque no sé si te habrá llegado a mencionar algo.”

—¿Y ese sujeto cómo consiguió mi número?

“Sabiendo que trabajas en la división de investigación de delitos graves de la policía de Boston, supongo que lo demás no habrá sido tan difícil.”

Antes de que Benji pudiera colgarle el teléfono, Yuri fue directo al grano.

“Información básica sobre ti, sobre Dolly y sobre mí ha sido filtrada a los tipos que nos andan persiguiendo. Pero lo importante no es eso; hay algo que necesitas hacer.”

—¡Mi información anda rondando por ahí entre un grupo de criminales y pretendes que eso no es importante!

Le replicó Benji con total incredulidad.

“Como ahora eres el guardaespaldas de Chariot, te convendría priorizar los asuntos de Chariot. Me enteré de que mañana hay una fiesta familiar en la mansión de la familia Goodnight, situada por la zona de Rexhame Beach. ¿Es verdad?”

—¿Acaso pusiste un espía dentro?

Al comprobar que la información que Alexei había desenterrado era correcta, Benji lo estaba mirando con profunda sospecha. Ah, con que este bando no sabía que había un traidor en la familia. Al parecer, eso era algo que solo sabían Dolly y la madre de Chariot.

“Si le preguntas a Dolly, ella te explicará por qué se filtró esa clase de información. Hay un topo dentro de la familia de Chariot. Y ese topo tiene planeado asesinar a todos los miembros de la familia directa que asistan a la fiesta de mañana.”

—Espera, espera.

Tras guardar silencio un instante, Benji le dijo que le iba a mandar una dirección.

—Ven para acá. No es un tema para hablarlo por teléfono. Ah, maldita sea. ¿Por qué demonios Dolly siempre me oculta cosas?

Tras un estallido de quejas hacia Dolly, le colgó la llamada sin más. Al examinar la dirección que le había llegado mientras tanto, vio que se trataba de un bar situado en la zona céntrica, a unos quince minutos en coche desde el hotel. Quedándose mirando fijamente el nombre del local, Yuri abrió el buscador y buscó imágenes. Era un bar de cócteles de aspecto elegante. Aunque no era una discoteca, parecía un lugar donde era fácil encontrarse con gente.

…Significa que Chariot también está aquí.

Con el rostro inexpresivo mientras contemplaba las imágenes, Yuri bloqueó el teléfono. Tras coger la llave del hotel y la cartera, se dio cuenta de que la farmacia ya estaría cerrada a esa hora si pretendía salir a comprar una venda nueva.

Mirando la gasa enrollada en su brazo, fue deshaciéndola con los dedos poco a poco. Al aflojarse la venda que estaba apretada con firmeza, cayó una gasa manchada de sangre. Tal como había supuesto, la laceración en el antebrazo había sanado rápidamente y ya se había formado una costra. Como la herida no era tan profunda en comparación con la del costado, no le quedaría una cicatriz propiamente dicha, pero sí marcaría una señal.

Comprobando si la sensibilidad del lado izquierdo respondía bien —moviendo a propósito desde el brazo hasta la pierna—, determinó que no había ningún problema. Ocultó la parte superior de su cuerpo, que no lucía nada bien, vistiéndose con una camisa negra de manga corta. Añadiendo una chaqueta para cubrirse incluso los antebrazos, Yuri salió del hotel. Nadie diría jamás que su indumentaria pertenecía a alguien que iba a visitar un bar exclusivo.

Unos veinte minutos después de haber terminado la llamada, Yuri bajó del taxi. La dirección que Benji le había compartido correspondía al cruce de cuatro edificios acabados en piedra marrón. Personas bien vestidas deambulaban e iban de un lado a otro por las calles nocturnas que empezaban a oscurecerse. El único que destacaba con un atuendo completamente diferente en medio de todo aquello era Yuri.

Tras vacilar un momento, Yuri escrutó los alrededores en busca del letrero de la coctelería que le había mencionado Benji. Al descubrir el nombre que buscaba, caminó despacio hacia allí, solo para encontrarse con la mala noticia de que el diseño del lugar no permitía ver el interior. Quedándose en silencio frente a la entrada decorada con un estilo similar al de un club, iba a marcarle a Benji cuando dos hombres se adentraron en el establecimiento. Aquellos dos alfas, que empujaron la puerta con seguridad para entrar, parecían tener una edad similar a la de Yuri. Con unos rostros despreocupados y ligeros, resonaba su voz seria comentando qué clase de omega les gustaría conocer esa noche. Como si ese fuese el mayor problema de sus vidas.

Mientras observaba a los hombres entrar, echó un vistazo al interior, pero no vio a Chariot por ninguna parte. Yuri reprendió a su propio corazón por andar mostrando debilidades y se puso en contacto con Benji. Apenas sonó una vez el tono de llamada, este le contestó.

-¿Has llegado?

“Estoy en la entrada.”

-Quédate ahí.

Cortando la llamada con un tono de voz burocrático, salió del bar al cabo de pocos segundos. Apareciendo en la entrada como si hubiese estado esperando, miró a su alrededor hasta descubrir a Yuri y se acercó. No llevaba la camisa de algodón y los pantalones de ayer, sino que iba vestido con un traje semiformal.

“Por aquí.”

Tras indicarle con la barbilla un callejón lateral poco transitado, lo siguió para cambiar de lugar. Tal vez por estar cerca de la costa, el graznido de una gaviota resonó con fuerza antes de ir apagándose poco a poco. Benji y Yuri se miraron el uno al otro con absoluta incomodidad. Aunque solo habían estado juntos un día, era la escena más calmada que le había tocado ver entre ambos hasta el momento.

“¿A qué te referías con lo que dijiste? Explícate con detalle.”

Benji preguntó mientras se frotaba la barbilla con los dedos. Tenía un aspecto ligeramente tenso.

“He averiguado que el bando de la Guardia del Infierno ha planeado asesinar a Chariot y al resto de su familia en la fiesta de mañana. Mandarán mercenarios, pero de cara al exterior harán que parezca una incursión perpetrada por una banda de gánsteres. Como su base norteamericana está justo al lado, en Nueva York, es muy probable que manden gente desde allí.”

“…¿Entonces pretenden hacer creer que, debido a los líos amorosos de Chariot, unos gánsteres irrumpieron por sorpresa en la fiesta y los masacraron?”

Incluso sin que Yuri se lo explicara detalladamente, Benji se imaginó por sí mismo cómo se armaría el rompecabezas. Murmuró con un rostro sumamente pensativo y ensimismado:

“Aunque en el pasado la Guardia del Infierno era un grupo desatado que hacía lo que le daba la gana, en los últimos diez años no se habían metido en matanzas a gran escala. Desde que la policía dio un gran golpe con una redada general, se habían estado limitando a traficar con drogas o a hacer encargos simples de asesinatos; así que la bonificación por cumplimiento debe ser gigantesca como para arriesgarse a usar de nuevo un montaje que atraiga las miradas de la policía.”

“Supongo que sí.”

“¡No creo que se muevan por simple dinero! Podría tratarse de concesiones territoriales o de negocios.”

Tras decir aquello, Benji volvió a preguntarle a Yuri:

“¿Dijiste hace un rato que hay alguien dentro de la familia que está tramando esto?”

“Así es.”

“¿Estás seguro? Si Chariot se llega a enterar, va a recibir un golpe durísimo. Ya de por sí se ha visto envuelto en puras tonterías…”

“Aunque existen varias pruebas, creo que lo más seguro en lugar de preguntármelo a mí sería ir a preguntárselo a Dolly.”

Benji se mordió los labios resecos y dejó escapar un profundo suspiro.

“Entonces, ¿qué es lo que quieres?”

“Para averiguar quién está cometiendo este acto y detenerlo con seguridad, tenemos que hacer que muestren su rostro por completo. Si avisamos antes de tiempo y el plan se arruina, al final seguirán intentando ir tras Chariot de otra manera; ¿qué tal si mejor esperamos hasta justo antes de que ocurra el ataque y los pillamos con las manos en la masa?”

“Es demasiado peligroso. A la fiesta de mañana van a ir parientes y familiares, y habrá más de treinta personas.”

“Tengo entendido que han contratado suficientes guardaespaldas.”

“Así es. Pero por si acaso se desata un tiroteo, alguien podría salir herido.”

“¿Qué tal si creamos una variable antes de eso?”

Yuri fue relatando despacio el método en el que había estado pensando mientras venía en el taxi.

“Llevar a Chariot a la fiesta temprano para que se reúna con testigos y, después, dejarlo en un espacio relativamente seguro junto con los guardaespaldas. Como el testamento de Chariot es la cantidad más alta, sin duda intentarán matarlo a él, y entonces las personas involucradas tratarán de buscarlo como dé lugar.”

“Haa...”

Tras quedarse sumido en sus pensamientos durante un buen rato, Benji levantó la cabeza. Aunque no tenía la mirada llena de convicción de Alexei, parecía estar de acuerdo, por lo menos en principio, con el plan de Yuri.

“Lo hablaré un poco más con Dolly antes de decidirlo. Te contactaré a más tardar mañana por la mañana, así que mantente atento. Y...”

Benji se cruzó de brazos y alzó la vista para mirar a Yuri. Como su estatura no alcanzaba por poco los seis pies, tuvo que levantar bastante la barbilla para poder mirarlo. Sin embargo, no le importó la diferencia de altura, que bien podría haber resultado intimidante. Levantando el mentón para mirar directamente a Yuri, Benji le preguntó:

“¿Mañana tú también vas a estar en el lugar? Por el hecho de haberlo seguido hasta aquí, me da la impresión de que esa es tu intención.”

“...Solo quiero ver hasta el momento en que Chariot esté a salvo.”

“Oye, dijiste que te llamabas Yuri.”

Extendiendo un brazo para apoyar la mano en el hombro de Yuri, le ofreció una crítica basada en la realidad, sin hacerlo por rencor ni con la intención de llenarlo de miedo.

“Sé qué clase de sujeto eres. No lo digo para asustarte ni por decir algo al aire;, cuando Chariot te desnudó la parte superior del cuerpo para tratarte la herida, alcancé a ver tu espalda.”

“……”

¿Acaso Dolly no había sido la única que vio la cicatriz? No, Yuri. Lo que acabas de oír no significa simplemente que haya visto una cicatriz. Eso quiere decir que... el tipo se imagina cómo se hizo esa marca.

“Entre la mafia de origen soviético, he visto a tipos que les hacen ese tipo de cicatrices a los traidores. Lo leí en archivos, así que no es algo que haya presenciado de primera mano, pero leí que es un método cruel y antiguo para llevar a cabo un castigo mucho más severo que el simple hecho de grabar un tatuaje.”

Benji frunció el ceño al hablar.

“Dolly dijo que tú probablemente no seas una mala persona. Aún no estoy seguro de eso, pero incluso si fuera cierto, todos coincidiremos en que la cicatriz de tu espalda no pudo haber aparecido por un acontecimiento ordinario. ¿O me equivoco?”

Yuri miró a Benji con el rostro completamente pálido. Tal como decía Benji, lo que hacía Ígor era un método tan antiguo y cruel que ya no se empleaba en el mundo de hoy. Sin embargo, él, que se dedicaba a hacer lo que le plazca en su pequeño reino, le había marcado esa cicatriz en el día más terrible de la vida de Yuri.

Para Yuri, la cicatriz de su espalda era la parte más vergonzosa de su persona y el detonante que le recordaba el día más doloroso de su existencia. Alexei, que sabía lo que había pasado aquel día, tampoco se lo mencionaba a nadie por esa misma razón.

Vólkov ya estaba muerto, y los sujetos que lo secundaban habían corrido la misma suerte. Como la organización se había desmoronado, pensaba que nadie, salvo él o Alexei, conocía el significado oculto detrás de aquella cicatriz...

Y sin embargo, Benjamin la había reconocido.

“Habiendo pasado por semejante pasado, lo siento, pero prefiero que no te acerques más a Chariot. No niego que seas una excelente fuerza de combate y que resultes de ayuda. Pero no creo que vayas a ejercer una buena influencia sobre Chariot.”

Su mente daba vueltas como si hubiera recibido un golpe en la nuca sin previo aviso. Sin saber siquiera que había tocado una fibra sensible, Benji se quedó callado al ver los ojos azulados y desencajados de Yuri.

Esa marca había aparecido el día en que murió su madre. Tal como decía Benji, era indudablemente una cicatriz difícil de obtener mediante un suceso común y corriente.

Lo que atormentaba a Yuri era que aquel recuerdo espantoso que había dado un vuelco absoluto a toda su vida fuera resumido con tanta ligereza como un simple ‘semejante pasado’. En él no cabían el dolor, la desesperación, la frustración rozando la locura ni la tragedia que había azotado a la familia Kiselyov aquel día.

Los puños que tenía apretados debido a la furia se volvieron blancos por la tensión. Aquello no era ira dirigida hacia Benji, sino más bien la vergüenza de ver expuestas sus debilidades en el momento menos esperado. Benji no había hecho nada malo. Sabía muy bien cuán despreciables debían de parecerle sujetos como Yuri a alguien que trabajaba dentro de una institución policial.

Pensándolo bien, Benji se había portado bastante caballero al tratarlo con cierta decencia a pesar de haber descubierto de inmediato que había sido mafioso.

“¿Se lo dijiste también a Chariot?”

“Pensaba decírselo en cuanto te volvieras demasiado cercano a él.”

Benji añadió mientras se frotaba el entrecejo:

“Pero por ahora no lo sabe.”

“He entendido a qué te refieres.”

Por mucho que Chariot fuera tan inocente y de buen corazón, ¿sería capaz de tratarlo como antes sabiendo que Yuri había sido un mafioso?

Alguna vez había pensado en contarle a Chariot con calma las cosas que le había tocado vivir, por qué se había convertido en un mafioso y por qué se había empeñado tanto en sobrevivir...

Mientras Yuri guardaba silencio con el rostro rígidamente endurecido, Benji tampoco dijo nada. Entonces, siguiendo la vibración que provenía de su pecho, metió la mano en el bolsillo interior y sacó el teléfono. Al leer brevemente un mensaje que acababa de llegar, le dijo a Yuri:

“Tengo que volver a entrar. Había salido para celebrar por adelantado el aniversario de bodas con mi esposa, pero me he ausentado demasiado tiempo por tu culpa.”

Al escuchar que había venido con su esposa, la cabeza que le estaba hirviendo se calmó de golpe.

“¿No se supone que debes proteger a Chariot? Tenía entendido que habías venido con él.”

“Le dije que se quedara en casa porque es peligroso andar por ahí. Como comentó que quería descansar, lo dejé a solas con Dolly y su tía. No te preocupes por eso, hay guardaespaldas tanto dentro como fuera de la mansión.”

El zumbido del teléfono volvió a vibrar. Benji soltó un suspiro de fastidio. Guardando el aparato a toda prisa, le lanzó una última advertencia a Yuri:

“No me voy a meter si te limitas a vigilarlo hasta este punto. Estoy transigiendo porque Dolly insistió en que te dejara en paz. Pero esto llega hasta aquí.”

Tras la marcha de Benjamin, Yuri se quedó a solas en el callejón. La sombra de la esquina del edificio se proyectaba a lo largo de la pared, cubriendo a medias el cuerpo de Yuri. Parado en esa franja imprecisa y limítrofe, dio unos pasos lentos y salió del callejón. Al emerger a la calle, vio a Benji saliendo del bar de cócteles al otro lado. En la escena en la que caminaba sonriente y tomado del brazo de su esposa se percibía un abismo desgarrador. Por un instante, Yuri creyó que todavía se encontraba en Sarátov.

Aunque el demonio que había tiranizado su cuerpo ya no estaba, el alma de Yuri seguía encadenada a los recuerdos que aquel lugar le había dejado, estancada en el mismo sitio. Yuri comprendió de repente que, a menos que creara recuerdos capaces de borrar aquello, se quedaría atrapado allí para siempre.

Cuando estaba con Chariot, no experimentaba esa clase de sensación. Chariot poseía la increíble habilidad de hacer que se concentrara exclusivamente en la realidad que tenía delante, arrastrándolo una y otra vez hacia el exterior para impedir que se sumiera en pensamientos tan sombríos y desoladores.

Dando media vuelta en dirección contraria a la que había tomado Benji, Yuri caminó contracorriente entre personas que tenían sus propios destinos. Cuanto más caminaba, más vacíos se sentían su pecho. Como siempre había estado vacío y nunca se había percatado de lo que era la añoranza, al recordar la sensación de haber estado lleno una sola vez, comprendió que aquello era la pura vacuidad.

No tenía la intención de desobedecer las palabras de Benji. De todos modos, Yuri consideraba que con solo vigilarlo desde lejos ya se daba por satisfecho, por lo que en el fondo no era un asunto que fuera a generar grandes roces.

Pero...

Habría deseado poder acercarse lo suficiente como al menos poder contemplar su sonrisa desde la lejanía, aunque fuera de vez en cuando.

Sintiéndose sin fuerzas para seguir caminando, Yuri se detuvo en seco. Al recuperar la consciencia, se dio cuenta de que estaba en el mismo cementerio por el que había pasado aquella tarde. Al ver a la gente tomando fotos —tal vez porque se trataba de uno de los puntos turísticos más conocidos—, a Yuri le invadió de pronto una simple curiosidad por saber qué opinaría Chariot de todo aquello.

A continuación, recordó la petición que este le había hecho de ponerse en contacto con él.

Sacando el teléfono, Yuri titubeó por un momento al acordarse de la advertencia de Benji. Llamar sin un motivo de peso difícilmente encajaría con la sana distancia que Benji le había exigido. Justo cuando contemplaba fijamente el número que aparecía registrado en las llamadas perdidas, el teléfono empezó a sonar de repente.

Era exactamente el mismo número que acababa de mirar. Contemplando con sorpresa el número no guardado, Yuri se apresuró a contestar.

-¿Wolfie? ¿De verdad eres tú, Wolfie?

Al escuchar el apelativo de Wolfie tras apenas veinticuatro horas, Yuri frunció el ceño mientras las comisuras de sus labios se curvaban hacia arriba. Al principio parecía haberme dado repeluz, pero en poco tiempo se había acostumbrado a un punto en el que se sentía extrañamente desubicado si Chariot no lo llamaba así.

“Sí, soy yo, Chariot.”

-Menos mal que era el número correcto. Qué alivio. Es que, como pasó la hora en que dijiste que llegarías y no me dabas señales... pensé que quizás me habías dado un número equivocado la otra vez.

La voz de Chariot al otro lado de la línea se oía un poco más grave que cuando la escuchaba en persona. Le agradaba ir descubriendo facetas de él que desconocía. Sus pasos, que se habían detenido, volvieron a ponerse en marcha hacia adelante. El vacío que le carcomía el pecho se esfumó por completo.

“No me imaginé que... estuvieras esperando mi llamada.”

En el transcurso de los últimos días, Yuri había aprendido de la manera más dura que los sentimientos de una persona podían tambalearse y dispararse de esa forma tan extrema por culpa de un solo individuo. Hasta hacía un momento le había parecido estar atrapado en el mismísimo infierno de Sarátov, pero en cuanto hablaba con Chariot, volvía a ser él mismo caminando por las calles de Boston. A su alrededor, las personas que deambulaban bajo la suave iluminación de las avenidas ordenadas se le figuraban todas cálidas y entrañables.

Las personas que deambulaban de un lado a otro por la avenida ordenada se le figuraban todas cálidas y entrañables.

-Al fin y al cabo somos amigos... y solo quería saber si habías llegado a salvo. Se supone que los amigos pueden decirse cosas así, ¿no?

Claro, no importaba si solo eran amigos. Con tal de poder escuchar su voz con esta frecuencia, estaría más que dispuesto a convertirse en lo que fuera necesario.

“Llegué bien. ¿Tú estás bien?”

Rogaba para que el mundo, por lo menos, le permitiera mantenerse a esta distancia.

-Yo llegué bien. Vine a Boston después de un buen tiempo y la educación de la gente por aquí deja mucho que desear. Supongo que Vancouver sigue siendo mucho mejor, donde uno puede cruzarse con alfas tan apuestos como Wolfie con solo dar un paseo por el centro.

Pensaba que, si seguía acumulando de a poco recuerdos conseguidos de esta manera, la vida quizás valdría la pena.

* * *

El día de la fiesta, Boston amaneció con una llovizna ligera.

Tal vez por ser una zona costera, el clima era impredecible. Contraviniendo el pronóstico del tiempo, y mientras contemplaba el cielo sombrío, Yuri recibió la lluvia fina. Comprar un paraguas por una llovizna así resultaba mucho más molesto. Alexei había prometido pasar a recogerlo frente al hotel, pero ya se había pasado diez minutos de la hora acordada.

Como siempre solía llegar tarde, diez minutos se consideraban bastante bien. Había días en los que se retrasaba hasta cuarenta minutos, y las veces que tardaba tanto solía deberse a que se detenía a ayudar a algún vecino desconocido y terminaba metido en una discusión innecesaria. O tal vez se le había vuelto a olvidar cargar la batería y se le había apagado el coche.

Yuri desvió su mirada aburrida hacia la pequeña maleta que había comprado en el aeropuerto. Dentro solo llevaba dos libros, un abrigo, la camisa blanca que no le había podido devolver a Chariot y una muda extra de ropa.

Lamentablemente, no había podido traer su pistola. Al viajar entre países, parecía ser que era obligatorio solicitar un permiso temporal correspondiente a cada nación para que lo procesaran en el mostrador. Tenía el arma guardada en un lugar que solo él conocía. Habría estado bien si hubiera podido inventarse una excusa para ir a buscarla y pasar una vez más cerca de Big Fox.

Apartando la vista de la maleta, Yuri miró la carretera y frunció el ceño debido a una punzada de inquietud repentina. Seguramente se debía a que lo que estaba por suceder no iba a ser cualquier cosa. Aunque era necesario que el plan encajara a la perfección, por lo general las cosas que organizaba Alexei terminaban saliendo adelante de un modo u otro de forma positiva.

Anoche, tras terminar de debatir con Dolly, Benji había aceptado el plan de Alexei. Para movilizar a la policía hacía falta un cierto nivel de pruebas, pero gracias a que el programa del partido figuraba con total precisión en el teléfono del subjefe que Alexei había pirateado en secreto, lograron ganarse su confianza.

Tras recibir esa información, Benji se la adelantó a su superior y, a título personal, les pidió ayuda a sus compañeros de entrada. Al parecer habían quedado en que se mezclarían con los guardaespaldas y entrarían en acción en cuanto la situación se pusiera tensa. No obstante, Dolly había advertido que era imposible aislar a Chariot por separado. Si hacían eso, Chariot sin duda sospecharía, y prefería evitar una situación en la que el nerviosismo de este último arruinara las cosas. Además, con el riesgo de que el culpable se percatara y huyera, se concluyó que lo mejor era seguir con el plan original.

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La fiesta empezaría a las cinco de la tarde. Si salían en ese momento, llegarían justo a tiempo para el inicio. Mientras pensaba en eso, Alexei detuvo el coche frente a él.

“Perdón, se me hizo tarde.”

Con la ventanilla bajada, Alexei le indicó con la mirada que pusiera la maleta en el asiento trasero. Al bajarse a la acera y abrir la puerta de atrás, vio que había varias bolsas de compras. Tras acomodar la maleta para que las bolsas no se dañaran, Yuri se subió al asiento del copiloto y preguntó:

“¿Qué es todo eso?”

Señalando hacia atrás con la barbilla, Alexei arrugó la nariz.

“Ya que vine a Boston, no podía irme sin comprar algunos recuerdos del ballet. A Lera le daba mucha ilusión venir alguna vez.”

Antes solía hacer llorar a su joven novio a cada rato, pero parecía haber aprendido bastantes maneras de hacerlo feliz con el tiempo. Al ver ese cambio tan agradable, Yuri soltó una leve sonrisa antes de mirar al frente.

“Vámonos rápido.”

“De acuerdo. Estoy un poco más nervioso de lo que pensaba. Hace mucho que no asisto a un evento de esta magnitud.”

Murmurando aquello, Alexei pisó el acelerador. Yuri guardó silencio por un momento, compartiendo su misma sensación. Aunque en los últimos dos años ayudando en los encargos de Alexei jamás le habían faltado situaciones peligrosas, por lo general los contrincantes no pasaban de tres o cuatro.

Aunque los sicarios solían aparecer, como iban en parejas era más o menos manejable, pero ese día tendrían que lidiar con un grupo numeroso.

“¿Te acuerdas? Creo que hubo un día muy parecido a este.”

Alexei disipó el aire tenso con una broma. Como el contenido de la broma era bastante más pesado, Yuri esbozó una sonrisa fugaz. Parecía estar refiriéndose al día en que, antes de escapar de Sarátov, decidieron derrocar a Ígor.

“Ah, fue en otra vida.”

Siguiéndole el juego a su amigo, Yuri también susurró en voz baja:

“Sí, maldita otra vida.”

Alexei secundó el comentario mezclando una grosería.

“Si no hubiera sido por ti, me habría quedado atrapado en esa otra vida para siempre.”

Alexei había salvado a mucha gente. En primer lugar, la decisión de acabar con Ígor había surgido porque habían descubierto que Alexei estaba sacando a escondidas a la gente hacia Canadá a espaldas de este. En lugar de matar a los miembros de la organización que intentaban delatarlos ante la policía o a aquellos a quienes les habían ordenado ejecutar por no poder pagar sus deudas, él los ayudaba a cruzar la frontera. Alexei había tomado el relevo para continuar con la labor que sus padres, Mijaíl y Nina, habían querido realizar.

“Hablas como si lo hubiera hecho yo solo. Habría sido imposible lograrlo sin ti.”

“Yo... jamás se me habría ocurrido algo así. Eso de rescatar a alguien para dejarlo marchar, digo. Solo era posible contigo.”

Alexei incrementó un poco más la velocidad. Dejando atrás la ciudad rápidamente, el coche avanzó por la carretera costera con el lúgubre mar a su izquierda. A través de la ventanilla medio abierta se colaban algunas gotas de lluvia mezcladas con el viento templado. Al sentir la humedad en la mejilla, Yuri subió la ventanilla con lentitud. Sin embargo, no la cerró del todo porque le agradaba la brisa rozándole la piel. Ahora entendía por qué a Chariot siempre le gustaba llevar las ventanas abiertas.

Me hacía sentir vivo. Estar así.

“En nuestra última llamada telefónica dijiste eso. Que yo era de lo peor. E incluso soltaste la tontería de que tú habías vivido con la conciencia tranquila y yo no. Yuri, tú y yo somos fundamentalmente iguales. Los dos vivimos atados por las deudas de nuestros padres y pasamos por experiencias horribles que nunca quisimos.”

“Alyosha... no quiero hablar de esto ahora.”

Mientras recordaba la conversación que había tenido el día anterior con Benji, Yuri sintió la sensación de que la cicatriz grabada justo en medio de su espalda volvía a palpitar con dolor. Con aquella horrible marca —hecha a base de acuchillar varias veces con un machete para imitar la forma de una cruz— había comenzado el día en que Yuri empezó a diferenciarse fundamentalmente de Alexei.

Aunque no lo había dicho con dureza, Alexei pareció notar el tono cargado de sufrimiento en su voz, por lo que frunció el ceño y cerró la boca hermosamente. Mientras tanto, la cortina de lluvia comenzó a arreciar.

“Sé las cosas que has hecho por mí. Y siempre te lo agradezco.”

“...Yo no he hecho gran cosa, Alyosha.”

Tras mirar a Yuri con una expresión que parecía reprimir con fuerza lo que quería decir, meneó la cabeza de lado a lado.

“Es verdad que Valeri es el centro de mi vida y que vivo para él, pero si tú no hubieras estado, Yuri, hace rato que me habría enfermado y muerto, o me habría muerto de hambre.”

“Eso tampoco es gran cosa.”

“Cuando pienso en aquel entonces... lo siento.”

Al oír sus disculpas, Yuri giró despacio la cabeza para mirarlo. El perfil de Alexei, que seguía con la vista fija en el camino, parecía ahora el de un hombre que de verdad estaba entrando en los treinta. Aquellos años veinte llenos de ímpetu, en los que se lanzaban a cometer cualquier locura solo por sobrevivir, habían quedado sepultados en el pasado.

“Para evitar que te quedaras a solas con pensamientos así, debería haberte prestado más atención.”

“¿Acaso con la lluvia te ha dado por reflexionar tanto, Alyosha?”

“Como apenas hemos tenido la oportunidad de estar los dos solos desde que vinimos a Vancouver, es por eso que te lo digo recién ahora.”

La mano de Alexei que sujetaba el volante se tensó. Al ver su piel pálida marcada por las venas, Yuri contempló en silencio la cicatriz que este tenía en la mano. Tal como decía Alexei, los dos casi habían llegado a ser fundamentalmente iguales. Tanto en el físico como en las circunstancias.

“Siempre me ha dado culpa haber sido el primero en ser feliz.”

Yuri logró escuchar aquellas palabras que por poco se pierden bajo el estruendo de la lluvia cada vez más fuerte. Yuri lo miró con desconcierto, incapaz de entender por qué demonios se disculpaba de la nada cuando él no había hecho nada malo.

“No le veo ningún sentido a lo que dices.”

“Por esa actitud tuya es que te lo digo a propósito.”

Diciendo aquello, Alexei le echó una mirada cargada de reproche al costado izquierdo de la cintura de Yuri y le soltó:

“Ayer, después de armar el plan, una mujer llamada Dolly me lo contó por separado. Me dijo que te habías lastimado la cintura. Sin embargo, te comportas como si no te importara en absoluto estar herido. La única persona a la que le da igual lastimarse es alguien que quiere morir.”

“Yo no tengo intenciones de morir.”

“Pues tu actitud dice lo contrario.”

Como si sintiera una opresión en el pecho, estiró el brazo hacia la cajetilla de cigarros que estaba en medio. Al verlo, Yuri le quitó el cigarrillo y le tendió uno. Como diciendo ‘toma, acéptalo’, se lo acercó a los labios, y Alexei lo sostuvo con la comisura de la boca.

—Mira al frente.

Aun soltando una risa seca ante ese gesto paternalista, Alexei mantuvo la vista fija en el camino, y Yuri se apresuró a encenderle el cigarrillo con un encendedor.

Fuu... En la exhalación de aquel cigarrillo, aspirado y expulsado con lentitud, se mezclaba un profundo suspiro.

“Puedes permitirte mostrar un poco más cuando te duele algo. Solo así la gente se da cuenta y cuida de ti.”

“Esto no me duele tanto.”

“Y lo único que debes hacer es ser feliz.”

Parecía que ese día Alexei se había tomado al menos una copa, porque estaba comportándose de un modo inusualmente sentimental. Yuri se miró por el reflejo de la ventanilla, preguntándose si acaso su aspecto se veía tan extraño. Su rostro, apenas visible en el cristal, era el de siempre. Piel pálida, labios resecos y apagados, ojos azules bajo unas cejas oscuras. Una cara desolada y carente de vitalidad.

“Nuestros cargos han sido oficialmente borrados. Es el derecho de negociación legítimo que obtuvimos a cambio de cooperar para derrocar a Ígor Vólkov, bajo la condición de no remover nada de lo ocurrido antes. Así que no hay ningún problema.”

Palabras bonitas. Sin embargo, los pecados cometidos por Yuri no eran de la clase que pudieran ser perdonados a través del afectuoso consuelo de un viejo amigo.

“Basta.”

Él mismo... tampoco es que jamás hubiera tenido pensamientos de esa clase. Como Yuri Kiselyov estaba lejísimos de ser una persona admirable, cada vez que se topaba con la desesperación de tener que sobrevivir sin morir para expiar sus culpas, a menudo sentía el impulso de querer perdonarse a sí mismo.

“Estaba hablando hoy por la mañana con la empresa de catering y de pronto se me vino a la cabeza. Si estos malditos escorias que intentan matar a su propia familia viven tan tranquilos, ¿por qué demonios tienes que ser tan infeliz tú, Yuri? ¿A que no es justo?”

Yuri se quedó en silencio escuchando las palabras de Alexei. Parecía decidido a decirle algo que, de una forma u otra, sirviera de consuelo para Yuri, y cuando Alexei empezaba a encapricharse con algo, no había forma de detenerlo. En lugar de frenarlo, Yuri se puso a meditar en lo que acababa de decir.

Aunque en el fondo él no era muy diferente de esos sujetos despreciables de los que hablaba Alexei..., el comentario de que aun así esa clase de gente vivía tan normal fue lo que le tocó la fibra más sensible ese día.

“Al principio también estuve pensando hasta dónde debía involucrarme con este encargo. Incluso pasaba por mi cabeza la idea de volverme contigo y estaba buscando el momento de retirarme, pero si no ayudo a Goodnight...”

Alexei arrojó de inmediato el cigarrillo que se había fumado al cenicero del vehículo. Luego, clavando sus intensos ojos azules en Yuri, le dijo:

“Sentía que ibas a lanzarte solo a morir.”

Abrió los labios para replicar que no era así, que estaba exagerando las cosas de más. Sin embargo, al tropezar con una mirada que lo conocía demasiado bien, ya no pudo seguir negándolo con vanas palabras. Tenía la mitad de razón y la mitad de equivocación. Dado que haberse vuelto el espectador de Chariot, aunque fuera desde la lejanía, se había transformado en un tiempo verdaderamente valioso para él, no tenía la menor intención de quitarse la vida a la ligera.

No obstante, en el pasado hubo momentos en los que a solas había pensado que morir haría todo mucho más fácil.

Parecía que Alexei había sido capaz de leerle el pensamiento.

Cuando despertaba en su deshabitada recámara y se quedaba mirando el techo vacío, Yuri inevitablemente se ponía a rumiar si es que de verdad había alguna razón para seguir sosteniendo esta existencia miserable. Aunque intentaba alejar a propósito esos pensamientos enfocándose en otra cosa, no había en su entorno asuntos lo suficientemente significativos como para distraerlo.

Aun así, forzándose a cumplir con el deber de seguir con vida, lograba arrastrarse a lo largo del día, y cada noche, antes de dormir, se esforzaba por borrar a la fuerza toda idea negativa; pero al llegar el día siguiente, la tentación hacia el final de su existencia volvía a germinar como una espina y aguardaba a Yuri en el mismo lugar. Justo cuando se sentía sin salida, incapaz de descubrir cómo seguir viviendo por más que intentaba erradicar ese impulso sin éxito...

Había conocido a Chariot.

Ese imprevisto huésped indeseado, de quien jamás creyó que dejaría huella alguna en su vida, se había abierto paso a grandes zancadas para plantarse al lado de Yuri en un abrir y cerrar de ojos. Ahora, al mismísimo Yuri le bastaba con estar cerca de Chariot para poder volver a respirar. No importaba que no fuera alguien especial para él.

Para personas como Benji o Dolly —e incluso para el propio Alexei—, seguro que se trataba de algo incomprensible.

A veces a Yuri todavía le costaba asimilar que sentía una emoción tan intensa por un hombre al que apenas conocía de hacía poco. Tampoco tenía la certeza de cuánto tiempo duraría aquella dulce e inestable alegría.

Aun así, estar al lado de Chariot le hacía albergar expectativas hacia el mañana. La “expectativa” era la palabra más difícil de hallar en toda la vida de Yuri, pero al oír hablar a Chariot, el dichoso “algún día” del que hablaba lograba impacientarle el pecho de ilusión. Chariot era la única persona capaz de transformar a Yuri de ese modo.

¿A qué una basura como yo... tiene permitido disfrutar al menos de un solo anhelo?

Al seguir escuchando las palabras de Alexei, en el interior de Yuri también brotó una pequeña ambición. Si de todos modos tenía que vivir, ¿acaso no podía permitirse tener una pizca de alegría en su vida? Yo. Alguien como yo.

Ojalá pudiera ser así.

Por supuesto, no tenía la menor intención de aspirar a una felicidad desmedida. Lo único que deseaba Yuri, tal como se había propuesto antes, era que le permitieran estar en los alrededores de Chariot, aunque fuera desde la lejanía.

No se atrevía a soñar con los hermosos momentos que habían compartido en la cabaña. Con cruzarse con Chariot aunque fuera de vez en cuando, con verlo siquiera una vez cada varios meses, con que le permitieran seguir siendo su amigo y contemplar esa hermosa y fresca sonrisa suya, sentía que con eso ya le alcanzaría para seguir viviendo con ilusión por el mañana.

“Ja, me da risa estar diciéndote esto, pero... no intentes matarte por amor. No quiero perderte, y ni siquiera llevamos la mitad de nuestras vidas disfrutando por fin de lo que es vivir. ¿Cinco años? Sí, apenas cinco años.”

Inclinándose de golpe, le arrebató a Yuri el cigarrillo que tenía en la mano, sacó uno propio y volvió a encenderlo. Luego, mordisqueando el filtro con sus caninos, le soltó exactamente aquello que Yuri tanto anhelaba escuchar:

“Así que, mejor codicia a ese tal... ¿cómo se llamaba?, ¿Cherry o Berry? Qué más da, codicia a ese tipo. No te importe lo que digan los demás y haz lo que te dé la gana.”

“Se llama Chariot.”

Yuri, que se había mantenido callado escuchando a Alexei, por fin abrió la boca. Al verlo corregirle el nombre, Alexei achicó sus ojos azules y soltó una carcajada abierta.

“Lo sé, Chariot Goodnight. El tipo del que mi único amigo está perdidamente enamorado. Y para colmo, es un alfa. Quién diría que a ti, precisamente a ti, Yuri, terminaría gustándote un alfa.”

Con una sensación extraña y desconocida, Yuri curvó hacia arriba solo una comisura de los labios. Le resultaba de lo más novedoso verse manteniendo una charla de esta naturaleza con Alexei, de todas las personas en el mundo.

“Quién sabe, tal vez sea porque somos amigos.”

Añadiendo una risita, Alexei giró el volante. En medio del intercambio de palabras que no esperaban, ambos llegaron de pronto a la mansión de la familia Goodnight, el lugar donde se celebraría la fiesta. Al poco rato apareció el letrero que indicaba que se trataba de una propiedad privada, y ante ellos se abrió un camino amplio que se adentraba en el bosque que la familia había comprado. Debido a los árboles de gran altura, la cortina de lluvia se mitigó considerablemente.

Hasta hacía un momento le rondaba cierta inquietud, pero ¿sería quizás porque la conversación con Alexei le había aliviado una carga que llevaba en el pecho? Las palabras de que debía codiciar a Chariot daban vueltas en su cabeza. Le vino a la mente la advertencia de Benji de que no lo hiciera, pero la voz de Chariot hablándole por teléfono la noche anterior terminó por sepultar dicha advertencia.

‘Ah, por cierto. ¿Qué has comido hoy, Wolfie? ¿Estás comiendo bien? ¿Que sí? Entonces dime qué fue lo que comiste. Por cómo sueles hacer las cosas, seguro que te has alimentado a base de cualquier comida rara y descuidada.’

Hasta que Yuri llegó al hotel la noche anterior, Chariot se había quedado pegado al teléfono. La conversación que compartieron fue verdaderamente insustancial y trivial, pero el tiempo pasó de forma cruelmente rauda y rebasó con creces la hora entera. Como jamás había pasado tanto tiempo hablando por teléfono, Yuri comprobó la duración de la llamada varias veces en la pantalla incluso después de colgar, solo porque le invadía una sensación extrañamente especial.

Al recordar la noche anterior, su corazón se inclinó despacio hacia un lado. Escuchar a Alexei no había cambiado de forma drástica lo que se había propuesto, pero se le fue afianzando con cautela la idea de que quizás no estaba mal permitirse un pequeño deseo: el de querer permanecer cerca de Chariot.

“He llegado. Como me apunté como camarero, voy a moverme por el salón de la fiesta para vigilar. Quédate en el coche y avísame de inmediato en cuanto veas que esos tipos aparecen.”

Alexei estacionó el vehículo entre unos matorrales, un poco alejado del estacionamiento, de modo que desde el camino de entrada era imposible adivinar que había un coche allí.

“...¿No se supone que entraremos juntos?”

“¿A dónde ibas a entrar con el cuerpo lastimado? Podría armarse una pelea campal en cualquier momento.”

Aunque la herida todavía le molestaba un poco por no llevar mucho tiempo suturada, le parecía absurdo que lo trataran como a alguien incapacitado cuando no tenía ningún problema para moverse o correr. Sin importarle que Yuri frunciera el ceño mostrando su descontento, Alexei alargó la mano hacia el asiento trasero y, sacando un arma de una de las que creía que eran bolsas de compras, se la tendió.

“Lo tengo preparado por si acaso. Me aseguré de conseguir un arma sin dueño con el número de serie limado para que no se pueda rastrear, así que puedes disparar tranquilo.”

“Lo correcto sería que no tuviéramos que disparar nada, Alyosha.”

“Trataremos con sujetos que pisotean la vida humana por dinero, así que no pasa nada si les dejamos un par de balas en el cuerpo.”

Tras soltar esa frase sanguinaria como si nada, Alexei le arrojó las llaves del coche. En cuanto Yuri las atrapó, Alexei cerró la puerta del lado del conductor y le lanzó una última advertencia:

“Quédate dentro del coche.”

“...Llámanos si hay peligro.”

“Preferiría atraparlos antes de eso.”

Murmurando aquello para sí mismo, Alexei soltó una risita y cruzó la mirada con Yuri.

“Se nota que estoy envejeciendo, Yuri.”

Haciendo comentarios de anciano a pesar de tener apenas treinta y dos años, Alexei fue despedido con un movimiento de barbilla por parte de Yuri. Las gotas de lluvia caían de forma intermitente sobre el techo del coche, produciendo un repiqueteo constante, tup, tup. Al quedarse a solas, Yuri escuchó ese sonido mientras observaba la imponente mansión que se alzaba frente a ellos.

Cuando la vio en fotos antes de venir, el lugar tenía un camino que se extendía desde la parte trasera hasta la playa, y la propiedad estaba dividida en dos edificaciones: una casa de huéspedes y el edificio principal. Aunque había sido construida hacía mucho tiempo, se notaba que recibía un mantenimiento impecable, y hasta los jardines eran imponentes.

Habiendo nacido en una familia que acumulaba semejante nivel de riqueza, qué clase de dinero adicional podían estar buscando.

Yuri había llegado hasta allí debido a una disputa desatada únicamente para amasar más fortuna a través del asesinato de una persona, y para colmo, de un miembro de su propia familia. Si hubieran vivido contentos con lo que ya se les había dado y sin albergar codicia alguna, lo más probable es que él y Chariot jamás se hubiesen cruzado en toda la vida.

Si tuviera la opción de elegir, y pudiera escoger que esta clase de sucesos jamás afectaran a Chariot, lo haría sin dudarlo un segundo. Aunque, de ser así, en la vida de Yuri jamás habría surgido el milagro llamado Chariot...

Pero de todas formas, antes de eso él ya se había apañado para sobrevivir como pudo.

Teniendo pensamientos tan vanos mientras vigilaba desde el interior del coche, Yuri consultó la hora en su teléfono. Habían pasado veinte minutos desde que Alexei se marchó. ¿Acaso no iban a actuar en cuanto empezara la fiesta? Tenían un plan lo bastante audaz como para rozar la imprudencia, pero para esto último sí que se mostraban prudentes.

Había oído que la dirección IP utilizada para establecer contacto provenía de una empresa de construcción administrada conjuntamente por el segundo y el tercer hijo de la familia Goodnight. Si alguien con acceso a ese lugar podía estar involucrado, significaba que había margen para sospechar de varios. Mientras Yuri reflexionaba sin hallar pistas concretas, un pensamiento cruzó de repente por su mente.

¿Acaso Chariot era el único nieto?

Sintiendo un presentimiento funesto, enderezó el torso. Aunque no sabía a quiénes tenían en la mira Dolly o Alexei, si tanto el segundo como el tercer hijo tenían descendencia bajo su tutela, era evidente que todos ellos saldrían beneficiados al repartirse la herencia. Por lo tanto, la idea que acababa de atravesar la cabeza de Yuri era...

Que los padres y los hijos también podían estar confabulados entre sí.

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Pensando en los Vólkov, padre e hijo, que solían hacer maldades juntos, aquello tenía todo el sentido. Si en la familia Goodnight había varios nietos de la edad de Chariot, tal vez también tendría que andarse con cuidado con ellos. No, lo más seguro era que tuviera que hacerlo.

Yuri salió del coche de inmediato y marcó el número de Benji. El tono de llamada sonó varias veces, pero, como si estuviera demasiado ocupado adentro, no contestó enseguida. Como no sabía el número de Dolly, pasó a lo siguiente y llamó a Alexei.

Para colmo, ninguno de los dos contestaba. Temiendo que ya se hubiera desatado algún tipo de caos en el interior, Yuri atravesó el jardín y se dirigió hacia la mansión. Las gotas de lluvia, que se habían calmado por un instante, arreciaron de nuevo y fueron empapando poco a poco sus cabellos. Tal vez por el día lluvioso, daba la impresión de que el sol se ocultaba mucho antes a pesar de ser verano. El cielo se había oscurecido con nubes de tormenta.

Al acercarse al edificio principal de la mansión, se escuchaba con claridad a través del portón abierto la música interpretada en directo por una orquesta. Sin llegar hasta la puerta principal, pasó de largo mientras inspeccionaba las ventanas de la planta baja y vio al personal moviéndose de un lado a otro con prisa. Hasta ahí, todo parecía estar en orden. Yuri se lo pensó un momento antes de decidir ponerse en contacto directamente con Chariot. Si Benji se enteraba, se armaría un revuelo terrible...

Pero no podía ocultárselo a Chariot por siempre. Yuri comprendía perfectamente que Dolly y Benji intentaran enterarle de la verdad lo más tarde posible para protegerlo, pero si la persona directamente en peligro desconocía las amenazas, la situación podía torcerse en cuestión de segundos.

Con el teléfono en la mano, Yuri se encaminó hacia el edificio de invitados situado en el lado opuesto del edificio principal mientras realizaba la llamada. Al parecer una zona relativamente tranquila, no parecía que fuera a haber nadie por allí.

-¿Yuri?

La persona más importante contestó al teléfono. Yuri dejó escapar un suspiro de alivio mientras reajustaba el teléfono, que ya empezaba a resbalarle a causa de la lluvia.

“Chariot, ¿dónde estás?”

-Hoy tengo compromisos familiares, así que vine un momento a las afueras. ¿Y tú, Wolfie? Ah, un segundo.

Se escuchó a Chariot pidiéndole un momento de paciencia a Yuri mientras hablaba con alguien más. Era la voz de un hombre. A juzgar por el tono, parecía ser de una edad similar a la suya.

-Wolfie, perdóname, pero te llamo al rato. Estaba hablando de algo importante con mi primo. Nos vemos luego.

“¡Espera, Chariot!”

Al llamarlo en voz alta justo cuando iba a colgar, Chariot le respondió de nuevo.

-¡Qué raro, juraría que acabo de oír la voz de Wolfie cerca!

“Sí. Estoy por aquí. Chariot, dime exactamente dónde estás.”

-¿Que has venido? ¿Cuándo?

En el momento en que la voz de Chariot se iluminaba y se elevaba, la llamada se cortó. Volvió a marcar de inmediato, pero tras sonar la señal de llamada un par de veces, saltó la locución de que el teléfono estaba apagado. A menos que la batería se le hubiera agotado precisamente en ese instante, alguien le había arrebatado el móvil.

La lluvia arreciaba cada vez más y le resbalaba por el cabello hasta la frente. Apartándose el molesto flequillo con la mano, reflexionó con calma.

Chariot le había dejado una pista. Había mencionado que le pareció escuchar su voz cuando alzó un poco el tono, y el único lugar donde su voz podría haberse filtrado con claridad era... el alojamiento para invitados hacia el que se diría.

Corrió hacia el edificio, que exteriormente lucía silencioso. Gracias al estruendo de la lluvia intensa, el sonido de sus pasos quedó parcialmente amortiguado. Menos mal que se había movido antes de que se acumularan los charcos. Al acercarse al alojamiento, Yuri decidió buscar una ventana abierta en lugar de entrar por la puerta. Tenía que colarse sin hacer el menor ruido posible para que la persona que estaba con Chariot no se percatara.

Yuri se esforzó a propósito en pisar sobre el césped para silenciar sus pisadas. Las ventanas de ese tipo de estructuras, de no estar aseguradas por dentro, podían empujarse hacia arriba desde el exterior. Mientras recorría el perímetro a toda velocidad y levantaba una de las hojas de la ventana, su teléfono empezó a sonar.

Tomando la vibración del aparato como si se tratara de una señal enviada por el mismísimo destino, varias cosas ocurrieron de forma simultánea.

En el instante en que levantó la vista para contestar la llamada con el nombre de Alexei en la pantalla, Yuri divisó a lo lejos una camioneta SUV de color negro que se aproximaba. Eran un total de cinco coches subiendo por el sendero.

“Alyosha, han llegado.”

-Mierda. Entendido. ¿Estás dentro del coche?

“No, estoy cerca de otro edificio. Parece que Chariot está por esta zona.”

Esquivando la SUV que acababa de salir pitando del camino de entrada, Yuri agachó el cuerpo de golpe y se ocultó tras la esquina del edificio.

-¿Estás solo ahí en este momento?

“¡Alyosha, muévete! Llama a la policía de inmediato. Yo iré a buscar a Chariot.”

Antes de que esos tipos irrumpieran armados, tenía que poner a salvo a la gente y prepararse para enfrentarlos. Al colgar la llamada, un trueno resonó con fuerza en el cielo cubierto por densas nubes negras. Sincronizándose con el estruendo, los hombres comenzaron a descender de las SUV que se habían detenido en diagonal sobre el jardín, bloqueando la entrada principal. Entre ellos, algunos llevaban rifles de asalto.

Mierda.

Un rifle es difícil de enfrentar. Al sentir la plena realidad de que realmente habían decidido arrasar con ese lugar a sangre y fuego, todo su cuerpo se contrajo por la tensión. Con el fin de entrar lo antes posible, intentó abrir las demás puertas que aún no había revisado, pero todas estaban con seguro. No le quedó más remedio que ir hacia el otro extremo...

¡Bang!

Justo cuando Yuri se disponía a avanzar, entre los truenos resonó una pequeña detonación. Al tratarse del sonido de una pistola equipada con silenciador, Yuri alzó el mentón para buscar de dónde provenía. Era del otro lado del segundo piso.

Ya no había margen para andarse con rodeos ni precauciones. Sacó de la cintura el arma que le había entregado Alexei y golpeó con fuerza la ventana usando la culata. En cuanto vio los fragmentos de cristal romperse y caer hacia el interior, se metió de un salto en la casa. Apenas pisó el suelo de madera, el teléfono de Yuri volvió a sonar. Al no tener ni un par de segundos libres para atender llamadas en ese instante, intentó apagar la vibración, pero en la pantalla apareció un número desconocido. Era el número de Chariot.

Yuri se había abstenido a propósito de guardar su contacto. Temía que, en el preciso instante en que le pusiera un nombre al número, se quedaría mirándolo sin parar y avivaría aún más su añoranza. Sin embargo, de tanto haberlo visto repetidas veces, el número ya se había grabado a la fuerza en su cabeza. Con los ojos muy abiertos, Yuri contestó con urgencia.

-¡Uf, ja, ja, Yuri...!

Se escuchaba una respiración agitada y presa del pánico.

“Chariot, ¿dónde estás?”

-¡Joseph, ha perdido, totalmente la cabeza...! Acaba de, ah, intentar matarme a tiros.

Chariot soltaba oraciones atropelladas mientras intercalaba bocanadas de aire con dificultad. Al imaginárselo batallando para respirar, la prisa de Yuri se tornó aún más acuciante. Se dirigió hacia las escaleras del centro para subir al segundo piso, desde donde se había escuchado el disparo. Al alzar la vista, alcanzó a oír pisadas resonando en el suelo del pasillo. Venían de un piso más arriba.

“Chariot, dime en qué piso estás.”

-En el tercero... No, tal vez sea el cuarto. Yuri, ¿qué hago? Aunque le dije que se detuviera, seguía apuntándome con el arma como un loco, así que lo empujé y salí corriendo... Yo no quiero, no quiero hacerle daño.

“Voy para allá.”

-E-está bien.

“Tranca la puerta. Bloquea la entrada con lo que sea que encuentres adentro y no salgas bajo ningún concepto.”

Chariot, respondiendo a duras penas con la voz temblorosa, se dispuso a pronunciar su nombre una vez más, cuando de pronto se escucharon ruidos de pisadas alborotadas afuera y alguien sacudió con violencia la puerta principal del alojamiento. Al mismo tiempo, un hombre gritó desde el piso superior:

“¡Solo destrúyanla y entren!”

Era la misma voz que había escuchado cerca de Chariot hacía un momento. Convencido de que ese sujeto era Joseph, Yuri encendió la grabadora de su teléfono sin colgar la llamada con Chariot. Aunque ignoraba qué había ocurrido en el edificio principal o qué clase de pruebas habían descubierto, conseguir eso le sería de gran ayuda.

Apenas se apagó el grito, una bala se incrustó en la cerradura. Bang, bang. En medio del estruendoso eco de los disparos, Yuri subió las escaleras. Como el suelo era de madera, procuró avanzar con el máximo sigilo para evitar que rechinara, y tras pisar el segundo piso, escudriñó los alrededores. El alojamiento, construido con la forma de un octágono alargado, tenía cuatro habitaciones por planta.

En ese instante, se escucharon las voces de los mercenarios dándose órdenes mutuas tras abrir una puerta.

“Uno al tercer piso, otro al cuarto, y ustedes síganme a mí.”

Al oír las pisadas que se apresuraban a subir por las escaleras, Yuri se metió de inmediato en la primera puerta que tuvo a la vista. Tras contar la cantidad de pisadas que ascendían, confirmó que habían entrado cuatro hombres en total. Era manejable. Si lograba distribuir bien las balas.

El arma que le había dado Alexei era una Glock 19, la que solía usar habitualmente. Quince cartuchos. Si no fallaba y acertaba en cada uno, era la cantidad justa para neutralizar a todos.

“¿Dónde está el objetivo?”

La voz del mercenario resonó a través de la puerta, seguida inmediatamente por la del otro hombre que había escuchado antes. El tipo que al parecer se llamaba Joseph.

“Lo vi subir hace un rato. Por más que se esconda, tiene que estar en el tercer o cuarto piso. Ah... Estaba casi hecho. Si no hubiera contestado esa maldita llamada de la nada.”

“¿Basta con matarlo?”

“Mh...”

Joseph dudó un momento antes de soltar una frase asquerosa:

“Ya que estamos, márcale el cuerpo a balazos. Se supone que es el tipo que se atrevió a acostarse con la pareja del jefe, ¿y pretendes que dejemos el cadáver intacto?”

La mano que aferraba el arma tembló por un instante. Un destello de furia le abrasó la mente, haciéndole desear con toda el alma rasgarle la boca a ese maldito imbécil por la basura que acababa de decir. Sin embargo, Yuri era un hombre que rara vez actuaba por impulso. Logró contener la rabia.

“Por muy apuesto que sea, si queda hecho pedazos ya no servirá para nada. Eso decía mi padre”.

Tras concluir ese pequeño murmurro, las pisadas comenzaron a alejarse. Yuri se quedó apoyado contra la puerta, esperando a que desaparecieran por completo. Debido a la rabia que le había invadido de golpe, tenía la frente bañada en sudor.

Unos minutos después, al confirmar que todos habían subido al tercer piso, Yuri abrió la puerta lentamente y echó un vistazo al exterior. No había nadie en el segundo piso. Tan pronto como las pisadas se dispersaron en perfecta coordinación, Yuri subió también al tercer piso conteniendo la respiración. Al asomarse por el pasillo fuera de las escaleras con el arma en la mano, vio a un hombre que estaba revisando todas las puertas de las habitaciones. Llevaba puesto un chaleco antibalas, por lo que parecía difícil neutralizarlo disparándole al torso. En ese caso, habría que apuntar a las pantorrillas o a los hombros...

En ese instante, el hombre se dio la vuelta. Sus miradas se cruzaron y Yuri, antes de que el hombre pudiera reaccionar, apuntó directamente a su hombro. ¡Bang, bang! Dos detonaciones resonaron y el hombre cayó al suelo mientras gritaba:

“¡Hay un intruso en el tercer piso!”

Sí, ese era el problema.

“¡Delta, baja conmigo!”

En un espacio tan reducido, si dejaba a la gente con vida sin deshacerse de ellos, se enfrentaba al grave inconveniente de que su posición fuera revelada en tiempo real.

Yuri corrió hacia el hombre que había caído tras recibir un disparo en la pantorrilla, le arrebató el rifle que tenía tirado en el suelo y se precipitó hacia la habitación que tenía enfrente. Justo cuando dos hombres bajaban desde arriba y comenzaban a disparar a mansalva contra su espalda, la puerta se cerró de golpe. Tras arrastrar apresuradamente la cama del interior para bloquear la entrada, Yuri se colgó la correa del rifle al hombro y guardó la pistola en la cintura. Las cosas habían llegado a un punto en el que tendría que moverse por el exterior del edificio.

Uf, exhalando profundamente, Yuri abrió la ventana de par en par. Estaba lloviendo con fuerza, por lo que el alféizar resbalaba. Gracias a que la fachada era de piedra, había un pequeño saliente lo suficientemente delgado como para pisarlo. Si caía desde allí, aunque probablemente no moriría en el acto, no le serviría de ninguna ayuda a Chariot.

“Chariot.”

Yuri volvió a tomar el teléfono, que había dejado a medio meter en el bolsillo. Afortunadamente, la llamada seguía conectada.

-Yuri, ¿dó... de estás? Hay gente dando vueltas por afuera... ¿Viniste a buscarme, verdad?

“Tranquilo. Yo también estoy aquí. Así que levántate y echa un vistazo por la ventana. Dime exactamente en qué piso estás.”

La respiración agitada de Chariot resonaba mientras se movía. En el preciso instante en que Yuri giró la cabeza tras examinar el exterior, vio a Chariot asomando el rostro justo en el lado opuesto al suyo. Aunque no le había caído lluvia directa, su cara estaba hecha un desastre por la humedad. Su rostro, que solía tener buen color, se encontraba pálido y bañado en sudor frío.

“Chariot, mírame.”

Quizás porque el ruido de la lluvia se lo impedía, Chariot solo atinaba a mirar hacia arriba y hacia abajo.

“Cherry.”

En el instante en que pronunció su apodo, el chico giró la cabeza hacia donde estaba Yuri. Su semblante, contraído por un miedo que parecía ahogarlo, cobró vida en cuanto lo vio.

“¡Yuri...!”

“Voy a ir hacia allá, quédate quieto.”

Volviendo a guardar el teléfono en el bolsillo trasero del pantalón, aferró el marco de la ventana y sacó el cuerpo al exterior. Al ver lo que hacía, Chariot sacudió la cabeza con desesperación y exclamó:

“¿Qué estás haciendo, Yuri?”

Su voz, que antes temblaba, se aclaró de golpe. Frunciendo las cejas de tono rojizo, tensó el cuello y le gritó:

“Basta, hazlo ya. ¡Para de una vez, por favor...!”

Shh. Yuri musitó con los labios.

Sin darle tiempo a que Chariot lo detuviera, estiró un brazo hacia la pared, se aferró a un ladrillo sobresaliente y apoyó un pie sobre el saliente estrecho y alargado que separaba los pisos. Tenía que avanzar pegado a la estructura, así que abrió las piernas hacia los lados.

Con los cinco sentidos alerta, se movió con extrema lentitud, paso a paso. Repetía una y otra vez el gesto de levantar los párpados empapados por la lluvia para aferrarse al ladrillo situado sobre su cabeza y luego soltarlo, ganando terreno de a poco hasta llegar a la habitación donde estaba Chariot. A pesar de tener el rostro descolorido por el pánico, Chariot no le apartaba los ojos de encima. Habría preferido que cerrara los ojos si no era capaz de soportar la escena, pero al verlo mirarlo de esa manera, no podía permitirse el lujo de cometer un error y caer herido.

Avanzando en completo silencio, la distancia se redujo a solo dos pasos. Para no descuidarse ni un segundo, respiraba hondo mientras el sudor, y no la lluvia, le resbalaba por la frente. Solo le faltaba dar un par de pasos más. Si seguía así, de esta forma, lograba llegar...

Justo en el momento en que alcanzó la ventana de Chariot, uno de sus pies patinó por completo. Al pisar una zona cubierta de musgo, perdió el equilibrio por un segundo y su cuerpo se inclinó hacia atrás. Un sudor frío recorrió su columna vertebral con escalofríos. Al intuir que iba a caerse, el miedo dio paso a una profunda sensación de frustración. Le aterraba la idea de que Chariot presenciara su caída y de que aquello pudiera convertirse, de algún modo, en otro trauma para él...

“Te tengo.”

La mano firme que agarró con fuerza el brazo izquierdo de Yuri tiró de él hacia adentro de un solo tirón mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás. Con el ritmo cardíaco acelerado por el peligro que acababa de rozar, Yuri exhaló un suspiro cortante en cuanto fue arrastrado al interior de la habitación. Mientras se agitaba con el pecho subiendo y bajando, los firmes brazos de Chariot lo rodearon.

“Estuvo a punto de... Maldita sea, pensé que ibas a caer.”

Dijo Chariot con voz temblorosa mientras lo estrechaba contra su pecho. Desde los antebrazos que envolvían su cabeza fluyó el calor corporal que Yuri tanto había ansiado sentir. Apenas lo percibió, Yuri también hundió un rato el rostro en su pecho y le rodeó la espalda con los brazos.

“Gracias a ti estoy a salvo.”

“...Sí.”

Ambos contuvieron el aliento por un momento, abrazados el uno al otro. Una intensa pulsión de querer quedarse así para siempre brotó desde lo más profundo de su mente. De hecho, alargar el tiempo tal vez fuera incluso mejor. Como le había compartido su ubicación a Alexei, en cuanto la situación por aquel lado se resolviera, vendrían a comprobar cómo estaban de inmediato.

Sin embargo, apenas Yuri pensó aquello, se escucharon disparos muy cerca de ellos. Por la ráfaga continua de los tiros, parecía que estaban usando rifles. La fuerza con la que Chariot sostenía a Yuri se intensificó tanto que incluso se sentía cómo temblaba de forma leve.

“Cherry, vámonos antes de que los de allá se den cuenta. Del segundo piso para abajo no hay nadie. Solo tenemos que bajar tal como estamos y salir corriendo.”

Para calmarlo, Yuri pronunció su apodo con un tono tierno que jamás antes había usado. Mientras le acariciaba la espalda y repetía el apodo con calma, Chariot fue aflojando lentamente los brazos con los que lo rodeaba.

“...Entendido.”

“Vámonos.”

Yuri, que fue el primero en soltarse, se apoyó en el suelo y se puso de pie. Luego le tendió una mano a Chariot, que seguía sentado. Tras mirar la mano extendida, Chariot la tomó y se levantó. Sosteniéndolo con firmeza para ayudarlo a incorporarse, Yuri sacó de la cintura la pistola que, por suerte, seguía bien sujeta, pero antes de dársela a Chariot, se la quedó guardada él mismo. A continuación, empuñó el rifle que acababa de arrebatar y dijo:

“Yo cubriré la retirada con fuego de apoyo, así que baja tú primero a las escaleras.”

“...¿No es demasiado peligroso?”

“Si lo hacemos rápido, estaremos bien.”

Diciendo eso, Yuri cruzó la mirada con Chariot. En los ojos verdes se asomaba un profundo sentimiento de culpa.

“Lamento no ser de ninguna ayuda. Se supone que soy deportista... y no sirvo para nada...”

“Cherry.”

Estirando la mano, Yuri le envolvió una mejilla con la palma.

“Tú ya lo has hecho bastante bien. Este tipo de cosas son para alguien como yo.”

Su mirada azul, firme y decidida, convenció a Chariot. Con las cejas contraídas, Chariot abrió y cerró los labios como si quisiera decir algo, pero Yuri no perdió más tiempo.

“Vamos. A la cuenta de tres saldremos.”

Uno, dos...

Tres.

Apenas terminó de contar, Yuri abrió la puerta de un golpe y apuntó con el rifle hacia el pasillo. En el preciso instante en que los dos hombres que estaban frente a su habitación se giraron al escuchar la apertura, Yuri le gritó a Chariot:

“¡Vete! ¡Ahora mismo!”

Casi al mismo tiempo que pronunciaba la orden, Yuri apretó el gatillo y avanzó. Al ver que uno de los mercenarios, tras descubrir a Chariot saliendo a sus espaldas, apuntaba directamente contra él, una mirada de absoluta hostilidad cruzó los ojos de Yuri. Disparó al abdomen del sujeto que había osado amenazar a Chariot y, de inmediato, el compañero que estaba al lado le respondió abriendo fuego contra Yuri. Sonó un estampido y Yuri torció el cuerpo con la mayor agilidad posible.

Se escuchaba el ruido de Chariot bajando las escaleras a toda velocidad como si estuviera loco. Con un oído muy atento, en cuanto confirmó que Chariot ya había descendido, disparó tres veces seguidas contra el hombre que le había tirado. Justo después, al escuchar las detonaciones, dos hombres que bajaban desde el cuarto piso vieron a Yuri en las escaleras y sacaron sus armas sin pensarlo. Al ver que las balas volaban hacia él sin titubeos, Yuri también bajó a toda prisa hacia las plantas inferiores.

“¡Yuri!”

Para su alivio, Chariot lo llamó desde afuera. Debido a que los disparos habían resonado demasiado cerca, se le habían quedado los oídos ligeramente zumbados, pero a través de sus tímpanos adoloridos comenzó a filtrarse el sonido de una sirena a lo lejos. Si lograban salir de ahí, entonces...

Chariot ya estaría a salvo.

¡Bang!

Una esquirla de madera saltó justo en el talón de Yuri mientras descendía por las escaleras. Esquivando los proyectiles que le disparaban consecutivamente persiguiéndole los pasos, él también logró llegar a la planta baja. Chariot no había querido seguir avanzando y lo estaba esperando justo ahí adelante.

“¡Huye, vete más lejos!”

Yuri le hizo gestas con la mano para que se fuera, pero al escuchar el rastro de quienes lo habían seguido bajando desde atrás, se giró y reaccionó por instinto. Al intentar apuntar directamente al rostro que tenía a la vista, la boca del cañón vaciló un segundo debido al pensamiento de que no debía matar a nadie. En cuanto mostró esa breve duda, una ráfaga de balas se sucedio de forma continua.

Yuri abrió fuego de contención para ganarle tiempo a Chariot de escapar. En poco tiempo se quedó sin munición, así que arrojó el rifle al suelo y sacó la pistola que llevaba sujeta en la cintura.

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Convencido de que ya había conseguido suficiente distancia, aprovechó el momento en que recargaba para asestar un disparo en cada uno de los muslos del tipo que tenía enfrente, mientras que al que venía por detrás le plantó una bala en el hombro y otra en el muslo.

Apenas bajó el brazo, el estruendo de una sirena se fue acercando cada vez más desde el sendero. Yuri inclinó el rostro bañado en sudor para comprobar si salía alguien más del edificio. No había nadie.

Eran cuatro en total, así que la cuenta cuadraba.

La vista se le nubló por un instante. Al parecer le había entrado sudor en los ojos. Parpadeando con fuerza para despegar los párpados y exhalando un suspiro entrecortado, enderezó el torso con lentitud. Por el hecho de que no lograba estirarse bien, parecía que una bala se le había incrustado en el abdomen o en alguna parte de la espalda.

Esta vez, sin duda... Tendría que recibir atención médica en condiciones.

Al darse la vuelta dando tumbos, vio a Chariot, quien había logrado huir ileso y se encontraba rodeado por un grupo de personas. Chariot, flanqueado por hombres entre los que se encontraba Benji, no había dejado de mirar hacia allí en ningún momento, y en cuanto vio a Yuri acercarse, se abrió paso a empujones entre la gente y corrió hacia él.

“¡Yuri!”

Chariot se veía muy asustado, pero al verle correr por aquel espacio despejado, Yuri sintió por fin un profundo alivio. Aunque le habría gustado evitar que presenciara semejantes horrores, al menos tenía la sensación de que Chariot ya estaba a salvo.

Ahora bien, Joseph y...

Yuri, que iba camino hacia Chariot, detuvo el paso. La vista, que se le venía nublando, cobró nitidez de golpe y en su mente se reprodujo la cuenta de las pisadas que había oído antes en la habitación: uno en el tercer piso, otro en el cuarto, y los dos que inspeccionaban por separado.

Y los pasos de Joseph, que los seguía por detrás.

Al mismo tiempo que comprendía la estúpida equivocación que había cometido, Yuri giró la cabeza de golpe. Entre los hombres caídos junto a la puerta destrozada se asomaba una cabellera rubia. El joven, que se había encogido y ocultado entre los heridos, se puso de pie en el preciso instante en que Yuri lo descubrió. Sostenía un arma en la mano.

“¡Wolfie, ya se acabó todo...!”

Todo su cuerpo ansiaba volverse para responder a la voz de Chariot, pero los ojos de Yuri se mantuvieron fijos en el rubio. Yuri y el hombre de cabello dorado alzaron las manos al unísono, mirándose fijamente. El sujeto no estaba apuntando a Yuri. Su pistola se dirigía hacia un espacio vacío a la izquierda, ligeramente desviada de él. Justo hacia donde provenía la voz de Chariot.

Ah, había cometido un error.

En el mundo de Yuri, los errores solían acarrear consecuencias fatales. Cuando se presentaba una situación así, solo le quedaban dos opciones.

Morir, o matar.

No había tiempo. En el lapso de un segundo partido por la mitad, en esa ínfima fracción de tiempo, Yuri tenía que decidir. Ya era demasiado tarde para detener al hombre que estaba a punto de apretar el gatillo. Por lo tanto...

Por esa misma razón...

En lugar de disparar, Yuri se arrojó de costado hacia la izquierda. Le recorrió una punzada de inquietud al pensar que tal vez su reacción había sido un poco tardía. Últimamente, su lado izquierdo tendía a responder con lentitud y no le hacía caso.

Pero por pura suerte, esta vez pareció obedecerle.

En el instante en que volvió a parpadear, un dolor intenso le atravesó el torso. Aunque había logrado superar infinidad de muertes, sintió que esta vez sería difícil salir librado. Pasó por su mente el interrogante de si habría sido mejor hacer caso a Alexei y quedarse dentro del coche. No era el caso. De haber tomado semejante decisión, se habría enterado de los apuros de Chariot mucho después.

Más bien sentía que había hecho lo correcto.

En ese momento, su propia decisión le parecía lo más acertado que había hecho en toda su vida. Como resultado de no acercarse demasiado a Chariot, tal como decía Benji, y de atreverse a desearlo, tal como le aconsejaba Alexei, había conseguido salvarlo.

Desde el instante en que decidió sobrevivir, Yuri cerró los ojos con la mayor tranquilidad que jamás había sentido.

* * *

Ekaterina Kiselyov murió a principios del verano en que Yuri cumplía diecinueve años, a finales de junio.

Su cargo fue la delación. Bajo el pretexto de que, siendo la esposa de Vasili Kiselyov, en lugar de servir al amo de este, Ígor Vólkov, había tenido la osadía de entregarle pruebas de narcotráfico a la policía que los combatía con tal de derrocarlo.

Uno de los matones de Vólkov a quien ella solía tratar médicamente vio a Ekaterina conversando con la policía. Aunque el hombre había recibido sus cuidados en repetidas ocasiones, le entregó sus culpas con pelos y señales al emisario del infierno que lo explotaba y, al mismo tiempo, le suministraba drogas.

La ejecución de Ekaterina fue la última, después de que los policías ya hubieran muerto. Como una marea de sangre ya había arrasado con todo Sarátov, el pueblo guardaba un silencio sepulcral, y ni siquiera los habitantes de la opulenta zona residencial apartada, tan dados a la alegría, osaban asomarse. Aquel fue el verano más frío en la historia de Sarátov y nadie esbozó una sonrisa.

Solo Ígor Vólkov podía reír.

Tras encargar a sus subordinados que repartieran los cadáveres descuartizados de los policías por las plazas y sus casas para que las familias los vieran, al ver que eso no calmaba su furia, ató a Ekaterina, a quien había reservado para el final, en medio de una plaza castigada por el sol abrasador. La mujer que había sido arrastrada hasta allí con el cabello revuelto y desgreñado parecía ya un cadáver.

Y en aquel espeluznante Coliseo también habían arrastrado a los demás familiares de la mujer. Numerosos hombres de Ígor que habían asaltado la casa de Yuri se lo llevaron con una bolsa cubriéndole la cabeza, y Vasili, que ignoraba lo sucedido y se encontraba cumpliendo órdenes de Ígor, también fue arrastrado tras recibir un golpe de porra en la cabeza.

Mientras Yuri yacía inconsciente le cortaron los dedos a su padre, y su madre, al presenciarlo, gritó y vociferó hasta que la golpearon. Teniendo en cuenta los muchos años que Vasili llevaba trabajando para él, Ígor le concedió una sola clemencia: prohibió que ultrajaran a Ekaterina, la mujer de Vasili. Luego, los tres familiares fueron conducidos y encerrados en almacenes separados, hasta que hoy Yuri y Ekaterina fueron los primeros en ser sacados a la luz.

Con las manos y los pies encadenados, y apenas logrando abrir los ojos hinchados de tanto recibir palizas hasta dejarlo hecho polvo, Yuri llamó a su madre.

Madre,

Al no obtener respuesta ni siquiera ante esa palabra, prorrumpió en llanto:

Mamá,

Ígor se burló de su debilidad:

Ni que tuvieras cinco años, por Dios. Mamá. No sabía que Vasha te estaba criando de una manera tan pusilánime. Tendría que haberlo averiguado antes. Si me hubiera dado cuenta a tiempo de que Vasili es un cobarde inútil, también habría sabido desde antes que esta ramera andaba correteando como una rata para traicionarme.

Ígor soltó un rugido y le tiró del pelo a la madre. Al presenciar aquella escena tan humillante, el joven Yuri abrió los ojos de par en par y le lanzó gritos, maldiciones e insultos a Ígor:

Te voy a matar.

De una u otra manera me las apañaré para salir de aquí y te mataré.

Justo frente a sus ojos, mientras él gritaba hasta desgarrarse la garganta, Ígor sacó una pistola y se la apoyó en la sien a su madre. En ese instante, Ekaterina, que había permanecido con los ojos cerrados, levantó la cabeza poco a poco. Al parecer escuchó el alboroto de Yuri, pues apenas abrió los ojos, lo primero que hizo fue buscarlo con la mirada.

La madre no se quebró ni en ese momento. A pesar de que le brotaba sangre a chorros por los oídos, la boca y la nariz, había alma en la mirada verde oliva de la madre. Soportando un terror que ningún ser humano podría resistir, se hincó lentamente y se puso de pie tambaleándose.

Ante aquello, la expresión de Ígor que le sostenía el cabello se descompuso por un segundo. El demonio, convencido de que ella suplicaría clemencia aterrorizada y de que a estas alturas el espíritu de la mujer ya se habría derrumbado, pareció verse avasallado por su valentía durante una fracción de segundo.

Y furioso consigo mismo por haber experimentado tal sentimiento, en lugar de ejecutarla de inmediato, ideó otra alternativa.

Ah, con que te las das de mujer orgullosa.

Pues bien, elige.

Parecía que Ígor no quería mostrar su peor calaña soltando groserías vulgares frente a la madre. Tras reprenderla de repente con un tono fingidamente educado, le hizo una seña a los hombres que estaban detrás de Yuri.

De inmediato, los sujetos que flanqueaban a Yuri le quitaron una de las cadenas que le ataban las muñecas, le agarraron con fuerza la mano izquierda y le metieron una pistola en el puño. Obligándolo a presionar uno a uno sus dedos temblorosos de rabia para aferrarse al gatillo, lograron que Yuri acabara apuntándose con el arma a su propia cabeza en contra de su voluntad. Al ver aquello, los ojos de la madre vacilaron por primera vez.

¡Yuri!

No, mi pequeña cuenta de cristal.

Como si el grito desesperado de la madre le resultara divertido, por fin una sonrisa se dibujó en el rostro de Ígor. Parecía complacido de ver que la mujer que se había mantenido tan firme y erguida en medio de una situación tan espantosa mostraba por fin indicios de derrumbarse.

Katia, he oído que eres una ferviente creyente de la Iglesia ortodoxa. Como creyente ortodoxo al igual que tú, hay algo que sé muy bien: el suicidio es el más grande de todos los pecados.

La sollozante Ekaterina cerró los labios y comenzó a calmar su respiración. Miró fijamente a Yuri con un rostro que parecía haber comprendido ya cuál era la opción que se le había impuesto. Con unos ojos de un verde oliva llenos de pesar y afecto, cargados de una disculpa que Yuri era el único capaz de descifrar, lágrimas imperceptibles brotaron y cayeron al suelo.

Entonces, elige tú misma con tus propias manos. Teniendo en cuenta lo que Vasili ha hecho hasta ahora, te concederé este privilegio por iniciativa propia. No creo que haya nadie más que sea tan considerado con las circunstancias de un perro traidor que muerde la mano de su amo.

El demonio susurró. Aquel monstruo disfrazado con piel humana murmuró que era compasivo.

Comete el pecado de acabar con tu propia vida con tus propias manos, o presencia cómo muere tu hijo.

Elige.

Si el pequeño Vasha muere, tú vivirás; si tú mueres, dejaré vivir al pequeño Vasha. Yo cumplo lo que digo. Cualquiera de los dos que sobreviva podrá disfrutar de la vida tal como lo ha hecho hasta ahora.

Al ver los labios de aquel hombre que profería palabras horribles que no podían considerarse compasivas en absoluto, Yuri lloró con los ojos llenos de venas reventadas. La sangre manaba a chorros de sus labios mordidos, tiñendo su afilada barbilla.

Por favor, madre. No hagas eso.

Sintiendo que sabía qué elección iba a tomar su madre, Yuri sollozó y cerró los ojos con fuerza. Su boca temblaba ante una situación tan espantosa para la que jamás se había preparado. Sus dientes chocaban ruidosamente y ese sonido resonaba con fuerza en su cabeza.

Sí, antes de que mi madre tome una mala decisión, moriré yo primero.

Lo único que tengo que hacer es morir enseguida.

Justo en el instante en que sus dedos, llenos de resolución, temblaban y se disponían a apretar el gatillo.

¡Yuri!

La voz de su madre resonó como un trueno. Yuri abrió los ojos de golpe y con sorpresa, preguntándose de dónde diablos había sacado un tono tan potente en un cuerpo tan demacrado por la falta de alimento. Al oírla, Ígor y los demás también la miraron estupefactos.

¡No te atrevas a intentar morir tan fácilmente!

La vida es algo precioso. Todavía hay demasiadas cosas hermosas para alguien tan joven como tú. ¡Aún no has conocido a la persona que amarás, ni has disfrutado de un verano como debe ser, ni has comido hasta saciarte todo lo que has querido!

Mamá ya lo ha hecho todo. Lo experimenté al conocer a tu padre, y por eso fui feliz. No, incluso ahora soy feliz.

El rostro de Ígor, al contemplar a la madre recitar sus recuerdos felices, se distorsionó con un sentimiento de derrota indescifrable. Antes de que él pudiera cambiar de parecer, Ekaterina le dejó a Yuri su última voluntad.

Sobrevive, Yuri.

Una última voluntad tan desgarradora y entrañable que Yuri jamás podría desobedecer.

Vivirás cueste lo que cueste.

Tras terminar de hablar, ella enderezó el cuello para mirar a Ígor de frente y, viendo al hombre que la contemplaba desde arriba, sonrió por última vez.

Sonriendo como si no tuviera el menor miedo, Ekaterina le dijo amablemente a Ígor:

Nos veremos en el infierno, pedazo de mierda.

Apenas vio que el rostro de Ígor se teñía de derrota y furia, una mano pálida y frágil se alzó rápidamente hacia arriba. Ekaterina, aferrando el arma apoyada en su sien, superpuso su mano sobre la de Ígor, que sostenía el gatillo.

Aquella mano blanca que lo oprimía como una maldición apretó el gatillo en su lugar. Sin la menor vacilación, y sin temor a sus propias muerte.

—!

Un estruendo grotesco resonó en el aire. El sonido del proyectil desgarrando la atmósfera y perforando la piel y los huesos humanos se esparció por el espacio. Dentro de los enormes ojos azules de Yuri, la imagen de la esbelta figura de su madre derrumbándose quedó grabada con extrema lentitud, paso a paso.

La mujer que hasta el último momento había obrado con rectitud cometió el pecado de quitarse la propia vida con el único fin de mantener a su hijo con vida. Sin embargo, en el rostro de Ekaterina al encontrar la muerte no se vislumbraba rastro alguno de arrepentimiento. Ella estaba sonriendo, e Ígor fue testigo vívido de cómo el rostro sonriente de Ekaterina estallaba justo frente a sus ojos. El hombre que toda su vida había cometido actos atroces sin inmutarse se detuvo en ese instante, completamente pálido.

Yuri también contempló fijamente cómo el hermoso rostro de su madre desaparecía sin dejar forma alguna. Fue en ese momento cuando Yuri comprendió por primera vez lo horrendo que resultaba un cadáver al que le habían volado la cabeza. Aquella silueta rebosante de vida se había esparcido por completo, y la materia cerebral y los fragmentos del cráneo salpicaron por todas partes.

En el instante en que el cuerpo sin cabeza de la madre chocó contra el suelo, Yuri también perdió el conocimiento. Una sensación en la que el cuerpo y la mente se separaban, tal y como estaba sujeto, lo abrumó. El cuerpo que abrió los ojos seguía en su sitio, pero el alma se desgarró en pedazos y se dispersó por todas partes.

Justo antes de desmayarse, lo que Yuri escuchó fue el grito lleno de furia de Ígor. El criminal cobarde y ruin le vociferó al cadáver de la fallecida Ekaterina:

¡Esta maldita perra se da las de orgullosa hasta el final!

Incapaz de aceptar en absoluto que se había asustado ante una simple mujer y un omega, Ígor, con los ojos desorbitados, buscó dónde descargar la ira que lo desbordaba. Sus ojos, que giraban de forma siniestra, se posaron en Yuri. Señalando al joven que lloraba lágrimas mezcladas con sangre y tenía la boca abierta, Ígor dijo:

Quita la pistola y tráiganme un machete.

Los hombres se acercaron y le arrancaron las manos a Yuri. Hasta hacía un momento, los dedos que se habían esforzado por no tocar el arma ahora estaban rígidamente contraídos y no podían soltarla. El momento en que Yuri soltó la pistola fue después de que el dorso de su mano izquierda se desgarrara.

Y...

¿Cómo fue... después?

Dolió. Un dolor tan atroz que era preferible morir se extendió por su espalda. La piel desnuda se desgarró para dejar al descubierto la carne viva, y el filo del machete volvió a tocar esa carne expuesta. Con los músculos y los vasos sanguíneos lacerados hasta quedar totalmente al descubierto, alternaba entre perder el conocimiento y despertar al recibir agua fría.

Fue un tiempo atrozmente largo. Tan largo que era imposible de olvidar por más que lo intentara.

Yuri no recuerda todo lo que sucedió en su vida. Sin embargo, jamás pudo olvidar este verano. Para poder seguir viviendo, en realidad debería haber olvidado esta época, pero no fue capaz de hacerlo.

* * *

Al día siguiente, Yuri recuperó la conciencia debido a un hedor insoportable. En su espalda, habiendo despertado al borde de la muerte, quedaba una cicatriz en forma de cruz. Incluso tras sufrir heridas graves con las que no habría sido extraño haber muerto en el acto, Yuri milagrosamente había sobrevivido.

Parecía que Ígor al menos intentaba cumplir su promesa, ya que le había untado medicina en la carne deshegada —a la que apenas se le podía llamar herida— y la había vendado. Sin embargo, si de verdad hubiera tenido la intención de mantenerlo con vida, lo habría sacado de aquel solar bañado por un sol implacable. Era un cobarde hasta el final.

Abriendo los ojos con lentitud, Yuri comprendió que seguía en el mismo descampado de ayer. El sol ardía con la fuerza de derretir su debilitado cuerpo. Con una sensación de sed, frío a pesar del calor y espasmos recorriendo todo su cuerpo como si tiritaba de frío, apenas logró alzar la cabeza y volvió a presenciar algo espantoso.

El hedor provenía de allí adelante. Debido al clima sofocante, el precioso cuerpo de su madre se había descompuesto con rapidez, perdiendo a pasos agigantados la hermosa silueta que tuvo en vida.

Al ver esa estampa, los ojos azules de Yuri se volvieron de golpe hacia arriba antes de regresar penosamente a su lugar. El furioso resentimiento hacia Ígor —quien carecía por completo de respeto hacia los difuntos— y la locura desatada al presenciar una tragedia imposible de soportar con la cordura intacta zarandearon momentáneamente la mente de Yuri. Justo antes de perder el juicio y enloquecer por completo, resonó en su cabeza la voz suplicante de su madre:

Sobrevive, Yuri.

Vivirás cueste lo que cueste.

Pero ¿cómo? ¿Cómo diablos se supone que debía sobrevivir aquí? ¿Acaso se esperaba que siguiera con vida después de presenciar semejante escena?

Le faltaban las fuerzas. El impulso de rendirse brotó con fuerza, haciéndole desear soltar de una vez el hilo de vida que apenas sostenía. Sin embargo, Yuri cerró a la fuerza los párpados manchados de sangre seca y se murmuró a sí mismo por dentro:

Tengo que vivir, tengo que sobrevivir, cueste lo que cueste, para unir de algún modo los pedazos de la vida que mi madre me salvó.

Murmurando aturdido, Yuri abrió los ojos de repente en medio de un sueño. Luego, parpadeó mientras observaba el cadáver de su madre, desplomado y sin cabeza.

Eso... pertenece al pasado.

Pero si cada vez que me duermo regreso siempre a este momento, ¿se le puede llamar a esto pasado?

La escena que Yuri estaba contemplando pertenecía a un tiempo lejano, pero al mismo tiempo era un presente que respiraba y vivía junto a él todos los días. Su respiración, sus cicatrices y su sufrimiento habían brotado de aquel verano atroz.

Por eso debía de ser tan horrible vivir. Como no había logrado dar ni un solo paso fuera de aquel verano en el que perdió a su madre, cada día se le hacía insoportable.

Es doloroso. La vida que se ve arrastrada a vivir solo porque tiene que sobrevivir es demasiado espantosa. En la punta de su nariz siempre ronda el olor a cadáver podrido, y en sus oídos resuenan disparos y zumbidos de moscas. No tengo la menor idea de cómo borrar esta sensación.

Madre. ¿Debería seguir viviendo? ¿Hasta cuándo tengo que cumplir el propósito que me dejó?

Las palabras de su madre ya no le conmovían en absoluto. Aunque había mantenido su aliento a toda costa para cumplir el testamento, aquella vida que se veía obligado a arrastrar no era tan hermosa como su madre la había descrito.

Hubo días felices, pero los momentos amargos superaban por mucho a los demás. Como no podía morir, mató a quienes intentaban quitarle la vida, y al vivir así, a su existencia solo se le fueron acumulando huellas oscuras. De pronto, al detenerse y mirar atrás, se dio cuenta de que en los lugares por donde había pasado solo quedaban ruinas. Yuri estaba convencido de que esta no era la vida que su madre había deseado para él.

Claro. Hasta ahora había estado viviendo mal. Su madre jamás habría querido que sobreviviera haciendo este tipo de cosas. Si se hubiera dado cuenta antes, no tendría las manos manchadas de sangre...

¿Para qué demonios había aguantado tanto? Las cosas hermosas de las que hablaba mí madre no estaban en ninguna parte.

Al pensar en aquello, sopló una suave brisa desde algún lugar. La terrible culpa que siempre atormentaba el corazón de Yuri se fue desvaneciendo poco a poco, invitándole a descansar por fin. Y Yuri de verdad deseaba hacerlo. Sentía que ya podía dormirse de verdad. Había aguantado demasiado y ya había hecho suficiente.

Justo en el instante en que Yuri se disponía a entregar su alma a aquel descanso tan ansiado, se escuchó la voz de alguien.

¡Wolfie!

Yuri se sobresaltó un momento ante aquel llamado cristalino que atravesó el ruido espantoso que zumbaba en sus oídos. Bastaba con dejarse llevar por el sueño, pero aquella voz que acababa de escuchar hizo que, por alguna razón, dudara. Entonces, el descanso acarició suavemente sus párpados. El sopor lo invadió con lentitud.

¡Wolfie, date prisa y ven!

Pero de nuevo, alguien lo llamó. Apenas escuchó aquel grito, le invadió una urgencia tan acuciante que sintió que debía correr hacia la voz sin perder un segundo. Al punto de olvidar el apacible descanso que lo tentaba, comprendió que tenía que ir con aquella persona que lo llamaba con tanta desesperación.

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El descampado bañado por el sol implacable donde estaba su madre se transformó en un instante en un bosque de verano de un azul profundo. Bajo un cielo tan azul que dolía mirar, las ramas de los árboles se mecían con gracia. Entre el frescor agridulce de la vegetación que punzaba en su nariz y el tacto del viento acariciando sus mejillas, percibió las feromonas de Chariot. Al inhalar aquel aroma tan dulce como pesado que se negaba a disiparse con facilidad, la añoranza y el afecto brotaron en su interior.

Deteniendo por un momento el descanso que lo instaba a marchar, Yuri miró fijamente a Chariot, quien estaba de pie junto a un lago haciéndole señas. El apuesto joven, con una sonrisa más bella que una peonía, se apartaba el cabello rubio rojizo empapado de agua mientras abría los brazos.

¿Qué haces? ¿Por qué no entras?

Gotas de agua transparentes resbalaban por sus brazos, dibujando ondas concéntricas sobre la superficie del lago. Los pequeños círculos que se expandían aumentaban de tamaño poco a poco hasta cubrir el lago entero. La forma de las emociones que brotaban en el corazón de Yuri cada vez que veía a Chariot era exactamente así.

Al ver que Yuri no se acercaba, Chariot ladeó la cabeza y frunció las espesas cejas. Se notaba un dejo de despecho en sus ojos verdes.

Yuri comprendió que no podía dejar atrás a aquel hombre. Giró la cabeza hacia el descanso que aún le sujetaba las muñecas. Aquella presencia informe y transparente inclinó la cabeza. Yuri aflojó lentamente sus muñecas y dijo:

—Hay alguien que me está esperando.

La forma transparente fue transformándose poco a poco en el aspecto que Yuri recordaba. Un suave cabello castaño se mecía siguiendo el viento que soplaba hacia donde estaba Chariot, y entre los mechones se asomaba el rostro de su madre. Conservaba exactamente la hermosa silueta que Yuri guardaba en su memoria.

Camina despacio para no lastimarte, mi pequeña cuenta de cristal.

Una voz colmada de amor acarició el dorso de su mano izquierda antes de desvanecerse. Apartando por fin la espalda del recuerdo que lo retenía, Yuri miró de frente al hombre que seguía aguardándolo sin irse a ninguna parte. Chariot, con los labios abultados por un fingido enojo y los brazos cruzados, esperó hasta que Yuri comenzó a acercarse despacio; entonces, como si el enfado jamás hubiera existido, curvó los ojos. Sus labios le siguieron el juego, dibujando un hoyuelo en una de las blancas mejillas de Chariot.

Yuri caminó hacia él. A medida que la distancia se acortaba y se aproximaba a la orilla del lago, Yuri observó el agua que mojaba las blancas puntas de los pies del muchacho y, sin dudarlo, se adentró en ella. En el preciso instante en que apoyó los pies, sintió que todo su cuerpo era arrastrado hacia las profundidades del agua.

Sin embargo, no sintió miedo. Recordando el tacto de los firmes antebrazos y muslos que solían sostenerlo, Yuri se precipitó al lago de buena gana.