5. Medovik
5. Medovik
Mientras
dejaba atrás la villa y se dirigía hacia las afueras de Big Fox, Yuri vio
varios cuervos revoloteando en el cielo. Al parecer habían anidado cerca, ya
que desde entonces se escuchaba su eco con frecuencia, y cuando llegó al gran
centro comercial, un gran pájaro negro paseaba por el paso de peatones en el
centro del pueblo.
El
cuervo movía el pico con empeño para intentar comerse un trozo de sándwich
tirado en el suelo, y cuando pasaba un coche, se apartaba disimuladamente para
luego volver a lo mismo. Sin mostrar la más mínima señal de miedo y concentrado
únicamente en comer, el ave resultaba graciosa para la gente, que le tomaba
fotos.
Cuando
finalmente le tocó el turno a Yuri para girar a la derecha, el cuervo seguía
picoteando el sándwich con tranquilidad. A través de la ventanilla semiescuchó
la voz de un hombre que pasaba y se burlaba del ave por comer cualquier cosa
asquerosa. Yuri desvió la mirada hacia la derecha para observar el lugar con
indiferencia, y sus ojos se cruzaron con los de un transeúnte. Al ver la mirada
fría de Yuri, el sujeto se asustó sin motivo, apartó la vista y aceleró el paso
de inmediato.
La
comida que alguien dejó y tiró no sabe a suciedad de forma inesperada.
La
comida no dejaba de ser comida; por muy sucia que pareciera a simple vista, el
sabor no cambiaba. El sándwich que alguien había pisado tenía un sabor terroso
debido a la tierra adherida al zapato, y la fruta arrojada en el basurero sabía
a otra bebida que se había derramado encima.
Rebuscar
en la basura en busca de algo que comer era una práctica sorprendentemente
común para los niños que vivían en Sarátov. Había una gran cantidad de cosas
que todavía se podían utilizar y muchas otras aptas para el consumo. Con un
poco de suerte, a veces se encontraba pan desechado sin abrir el envoltorio, o
alimentos congelados que habían caducado pero conservaban su sabor intacto.
Esas cosas se utilizaban para el trueque.
Yuri
y Alexei se juntaban con esos niños. Los únicos de su edad con los que podían
relacionarse eran los hijos de los vagabundos. Alexei sufría un profundo
desprecio dentro de la banda de Vólkov por ser hijo de un traidor, y Yuri, en
su calidad de amigo de Alexei, recibía un trato similar.
Tras
graduarse con dificultad de la escuela primaria, no pudo seguir asistiendo, por
lo que ni siquiera tuvo la oportunidad de conocer a chicos criados con una
educación normal. Incluso si por casualidad intercambiaban algunas palabras en
el centro de la ciudad, los padres que sabían que pertenecían a la basura
indeseable de la banda de Vólkov se apresuraban a detenerlos de inmediato. El
único lugar al que un germen andante podía ir era alrededor de los basureros.
Alexei,
que había perdido a sus padres, lo pasó realmente mal durante una temporada. A
sus tiernos doce años, empleaba todas las propinas que ganaba bajo las órdenes
de Vólkov para alimentar y educar a su hermano menor Valeri, que era seis años
menor que él, mientras que él mismo se alimentaba con lo que encontraba por la
calle.
En
aquella época, Yuri, cuya situación era mejor que la de Alexei, le llevaba
comida preparada por su madre para compartirla, pero Alexei se la entregaba
directamente a Valeri. Frustrado por esa actitud tan imprudente, un día Yuri
decidió seguirlo. Siguió a Alexei mientras hurgaba en la basura y también
recogió un sándwich que alguien había descartado, pero a Alexei no le gustó ver
a su amigo haciendo eso y lo regañó, exigiéndole que no comiera semejantes
cosas.
Yuri
se metió a la fuerza en la boca el sándwich masticado por otro frente a los
ojos de Alexei. Un rechazo visceral por haber estado dentro del basurero le
provocó náuseas y ganas de vomitar, pero Yuri terminó tragándoselo todo por
completo. El sándwich, masticado con insistencia, sabía a sándwich. No quedó
nada del sabor asqueroso que había imaginado.
Desde
aquel día, lo que Yuri le daba, Alexei se lo comía en el acto. Cuando Yuri le
daba comida, empezó a apartar aunque fuera un poco para Valeri, el hermano
menor, y entonces Alexei le agradecía con el rostro lleno de una alegría
genuina.
¿Por
qué le gustará tanto?
A
decir verdad, los padres de Alexei habían muerto por culpa de los padres de
Valeri, por lo que Yuri no lograba comprender por qué se esforzaba tanto en
cuidar a alguien que no entendía nada del mundo y que además requería tanta atención.
De
regreso a casa con la cabeza llena de dudas, Yuri respondió a la pregunta de su
madre, quien buscaba la comida apartada para la porción de su padre, mintiendo
y diciendo que se la había comido él. Su madre no lo regañó, sino que lo
felicitó, y por la noche, al regresar su padre, le comentó que el apetito de
Yuri había aumentado antes de susurrar en voz baja, con expresión de
preocupación, que tendría que trabajar más horas para comprar comestibles.
Escuchando en silencio las palabras de su madre, su padre intentó calmarla
diciendo que él se esforzaría un poco más, pero ella sacudió la cabeza.
Cuanto más obtengas bajo las órdenes de ese hombre, más grandes
serán tus culpas.
Lo siento. Por mi culpa estás viviendo... esta vida tan
miserable. Si no me hubiera atrevido a desearte, ahora mismo estarías casada
con un hombre adinerado.
Vasha, habíamos prometido no volver a decir esas cosas. Lo malo
es quien comete actos malos, no la persona que cae en esa trampa. Por supuesto,
no puedo decir que lo que haces sea completamente inocente... pero no pasa
nada. Me basta con hacer muchas más cosas buenas en tu lugar.
Lo siento, Katia. Lo siento de verdad.
No. Soy feliz al haberte encontrado a ti. Esta vida en la que me
encuentro contigo y tengo a Yuri es mucho más significativa, aunque pasemos
hambre, que una existencia tranquila sin haberte conocido. Así que no vuelvas a
disculparte, mi amor.
La
mujer consolaba con voz firme al hombre que sufría por haber dejado a su esposa
y a su hijo en un entorno de incertidumbre a causa de su propia elección
imprudente. Sabiendo que no había ni rastro de mentira en sus palabras, el
hombre sufría aún más, pero al mismo tiempo hallaba la voluntad para seguir
viviendo gracias a esa sinceridad.
Al
recordar de repente aquellos sucesos del pasado, Yuri giró el volante con
lentitud para tomar el desvío hacia la zona comercial sin atropellar al ave. El
cuervo levantó la cabeza y lo observó fijamente con sus ojos oscuros antes de
volver a picotear el sándwich con aparente desinterés.
Tras
aparcar el coche en un rincón apartado del amplio estacionamiento, antes de
marcharse sintió una brisa fresca que le rozó la nuca y miró hacia el maletero.
El cielo, que había brillado con fuerza al salir, se había nublado. Aunque no
llovía, la presencia de nubes ocultando el sol hizo que el viento se tornara
frío de inmediato.
Dominado
por una extraña sensación de inquietud, Yuri caminó con pasos decididos hacia
la parte trasera, abrió el maletero y sacó el maletín que guardaba en el fondo.
Miró fijamente la caja negra con el rostro rígido antes de decidir trasladarla
al piso del asiento del pasajero. Lo hizo porque tuvo la corazonada de que
podría necesitarla.
Mientras
cerraba el vehículo con seguro y caminaba hacia la tienda de licores,
reflexionó con intranquilidad sobre el hecho de que, durante los tres días que
mantuvo el teléfono apagado, Alexei no se había puesto en contacto con él en
absoluto. Había intentado llamarlo por el camino, pero nadie respondió ni una
sola vez. Una hipótesis sombrera cruzó su mente, aunque enseguida surgieron
indicios que la descartaban.
Si Alexei se hubiera quedado incomunicado, sin duda Valeri o
T-mac me habrían llamado. Valeri es el único que jamás haría algo así como
preocuparme de esa manera, de eso estoy seguro.
Recordar
la actitud de un fiel amigo que desde la infancia había arriesgado la vida por
Valeri le devolvió cierta tranquilidad. Alexei no era alguien que fuera a morir
fácilmente. Pensando en cuando lanzó una declaración de guerra formal contra
Igor Vólkov arriesgando la vida y logró salir con vida, sin duda alguna.
En
lugar de inquietarse por lo que no se puede comprobar, resulta más útil actuar
y prepararse. Yuri dejó a un lado esos pensamientos innecesarios y apresuró el
paso. Deseaba terminar rápido para regresar y evitar que Chariot esperara
demasiado.
Al
entrar en la tienda de licores, lo primero que hizo fue buscar en los estantes
la Pale Ale que Chariot le había pedido. Al no verla por ninguna parte, le
preguntó a un empleado, quien le respondió que ese producto no llegaba a ese
establecimiento. No le quedó más remedio que tomar un paquete de seis latas de
Coors Light y revisar los alrededores en busca de alguna bebida para él. Había
una gran variedad de licores, pero el único que le resultaba familiar a Yuri
era el vodka Stolichnaya.
No
es que lo bebiera simplemente por ser ruso. Ocurría que había muy pocas
opciones de alta graduación por debajo de los veinte dólares, por lo que había
elegido esa marca desde el primer momento en que tuvo acceso al alcohol.
Incluso así, el coste le resultaba pesado y no solía consumirlo con frecuencia.
Aunque
ignoraba si Chariot deseaba exactamente algo así, terminó tomando el Stoli.
Tras examinar la botella entre sus manos, Yuri comprendió que, por el motivo
que fuere, aquello se había convertido en su preferencia. Al fijarse bien, en
el mundo sobraban vodkas mucho mejores que el Stoli... pero no había motivo
alguno para ponerse a buscar algo así.
Tal vez si hubiera venido acompañado de Chariot habría comprado
otra cosa.
Aquella
ocurrencia fugaz le arrancó a Yuri una sonrisa leve. Aunque todavía no lo
conocía lo suficiente como para anticipar sus gustos al detalle, tenía la
corazonada de que alguien como él, tras haberlo observado durante varios días,
le habría recomendado alguna otra opción.
A
pesar de haber salido apenas por unos veinte minutos, a Yuri le pesaba la
ausencia de Chariot a su lado. Le asaltó un ligero remordimiento, preguntándose
si al final habría sido mejor salir juntos.
Con
el deseo de regresar de prisa, se dirigió a la caja registradora. Mientras
aguardaba en la fila, su mirada se detuvo en las botellas de licor en miniatura
colocadas sobre el mostrador, a las que nunca antes había prestado atención.
Mientras observaba aquellas bebidas desconocidas, sus ojos repararon de repente
en una botella de champaña.
Mientras
miraba la pequeña botella de prosecco, le dio curiosidad saber a qué sabía el
champán que siempre aparece en las escenas de fiestas de las películas. Como no
había nadie a su alrededor que disfrutara de esa clase de alcohol, ni siquiera
había tenido la oportunidad de probarlo después de mudarse a Vancouver, pero
ahora le daban ganas de degustarlo junto con Chariot.
¿Le gustará el champán a ese sujeto? Si es así, seguro que
preferirá algo dulce. Con lo exigente que es con la comida, ¿solo querrá marcas
caras como Moët & Chandon o Krug…?
Mientras
dudaba, se le acercó su turno. Yuri vaciló, pero al final se dirigió a la caja
y tomó la pequeña botella de prosecco. Era un gasto inesperado, pero ya había
ahorrado suficiente dinero como para no morirse de hambre aunque hiciera este
tipo de consumo impulsivo. Bajo las órdenes de Vólkov, por mucho que se
esforzara, el dinero no se acumulaba, pero al dejar Sarátov, con solo trabajar
con empeño, empezó a juntar fondos.
Al
hacer una compra por ‘impulso’ por primera vez, se dirigió a la farmacia con
una sensación extraña. La situación era tal que solo tenía que comprar el
neutralizador o lo que fuera y regresar de inmediato, así que apenas se abrió
la puerta automática, caminó derecho hacia la sección relacionada con las
feromonas.
Como
había muchos medicamentos y detenerse a revisar uno por uno le haría perder el
tiempo en vano, se dirigió directamente al farmacéutico. Justo en el momento en
que se disponía a avanzar hacia el mostrador donde este se encontraba:
“……persona……alguna……hay…?”
Al
ver de espaldas al hombre que estaba antes en el mostrador conversando con el
farmacéutico, Yuri se detuvo en silencio. Era una pregunta extraña. Siguiendo
su instinto, ocultó su presencia y, manteniendo una ligera distancia, aguzó el
oído para escuchar la conversación entre el farmacéutico y el hombre.
“No
logro entenderlo bien solo con la descripción. ¿A quién está buscando
exactamente?”
“Vaya,
disculpe la molestia. Soy un detective privado y mi trabajo principal es
encontrar personas desaparecidas para avisar a sus familias. No es nada
peligroso ni sus declaraciones le causarán problemas, así que, por favor, eche
un vistazo a esta fotografía.”
El
hombre vestía una chaqueta impermeable caqui de pescador y pantalones negros.
Tanto su cabello cortado de manera moderadamente corta como su aspecto general,
visto de espaldas, lo hacían parecer un canadiense común y corriente. Sin
embargo, a pesar de su apariencia, el sujeto era mucho más cauteloso que una
persona ordinaria. Inclinó el torso hacia adelante, cubriendo casi por completo
la pantalla del teléfono que extendía para que no se viera lo que mostraba.
Debido a eso, Yuri no pudo ver la foto en la pantalla.
Yuri
levantó la mirada de reojo para comprobar la ubicación de las cámaras de
seguridad. Había una cerca del mostrador donde estaba el farmacéutico, otra por
cada pasillo de exhibición y dos más en la caja registradora.
Como hay cámaras, no puedo hacer un escándalo ni tener conductas
que llamen la atención.
En
circunstancias normales, habría traído al menos una chaqueta negra que le
permitiera ocultar su complexión para dificultar su identificación, pero en ese
momento solo llevaba puesta la camiseta de manga corta de Chariot. La sensación
de haber bajado la guardia estúpidamente vino acompañada de una creciente
inquietud. En lugar de hacer algo contra el hombre que parecía bastante
sospechoso, Yuri decidió enfocar su mirada hacia el mostrador con la única
intención de confirmar a quién estaba buscando exactamente.
El
farmacéutico miraba el teléfono con expresión pensativa. El hombre, que
esperaba la respuesta del farmacéutico, pareció notar la mirada, giró
lentamente la cabeza y miró a Yuri, que estaba de pie atrás. Aunque tenía un
semblante común que podría verse en cualquier parte, en los ojos castaños del
sujeto se vislumbraba una hostilidad indescifrable. Yuri lo intuía.
Es
un mercenario.
La
gran mayoría de los mercenarios provenían de carreras militares, y aunque no
todos eran iguales, abundaba el tipo de personas a las que se les daba bien matar
y seguían buscando este tipo de trabajos tras retirarse. Yuri se había cruzado
con individuos que transmitían esa misma sensación en el hotel hacía apenas
unos días.
“¿Hasta
cuándo se supone que debo esperar? Por lo que veo, ni siquiera parece que tenga
intención de comprar medicamentos.”
Soportando
con aplomo aquella mirada que parecía atravesarlo, Yuri habló a propósito.
Adoptando un tono irritado y fingiendo ser un cliente harto de esperar, atrajo
las miradas de los alrededores hacia él. Si el hombre era un mercenario
contratado por los guardianes del infierno, había una alta probabilidad de que
lo reconociera, pero por el momento optó por hacerse el desentendido.
El
farmacéutico ayudó a Yuri justo a tiempo. La mujer de mediana edad se acomodó
la montura de las gafas y le pidió al hombre con un tono apático:
“Lo
siento, pero no tengo idea de nada, así que tendrá que preguntar en otra parte.
Si no va a recibir ninguna receta, estoy a punto de atender a otro cliente,
¿podría hacerse a un lado, por favor?”
Ante
las palabras del farmacéutico, el hombre echó un vistazo rápido a la cámara de
seguridad situada detrás de ella, se encogió de hombros y se retiró. Al parecer
había bloqueado el teléfono de inmediato, pues la pantalla estaba completamente
negra. Con las manos en los bolsillos de la chaqueta, se alejó despacio del
mostrador y pasó pisando con firmeza, tup, tup, justo al lado de Yuri. Este
último siguió observando de cerca al individuo a propósito, como si buscara
pleito. Se había comportado como un hombre impaciente y sin tolerancia, por lo
que debía actuar en consecuencia.
El
sujeto le dirigió a Yuri una sonrisa fingida, como pidiéndole que se calmara,
pasó de largo y se dirigió hacia la zona de las cajas. En cuanto el hombre
desapareció por completo de su campo de visión, Yuri se acercó de inmediato al
mostrador y preguntó:
“Quiero
comprar un neutralizador, ¿en dónde lo encuentro?”
“El
neutralizador tengo que entregárselo yo misma. ¿Tiene tarjeta de seguro
médico?”
“La
dejé olvidada. Véndamelo sin ella.”
El
farmacéutico se dirigió hacia los estantes, buscó el medicamento, lo dejó
frente a Yuri y le preguntó en susurros muy bajitos:
“¿Usted
es la persona que vino hace unos días, verdad? Junto al otro hombre alto.”
Luego,
elevando un poco más la voz, preguntó de nuevo:
“Sin
la cobertura del seguro son 32 dólares. ¿Cómo va a pagar?”
Yuri
sacó la billetera despacio, tendió el dinero en efectivo y respondió en voz
baja a la pregunta anterior del farmacéutico:
“¿Por
qué lo pregunta?”
“La
persona que estaba buscando ese hombre hace un momento era la persona que lo
acompañaba aquella vez. El que llevaba gafas de sol y mascarilla.”
Mientras
fingía contar el dinero en efectivo, el farmacéutico murmuró con rapidez y sacó
el cambio de la caja registradora situada al fondo. Al colocar las monedas
frente a Yuri, añadió:
“Mi
esposo fue policía, así que lo sé: entre los detectives hay muchos que antes estuvieron
en la policía. Pero es raro ver a alguien que proyecte esa clase de sensación.”
La
farmacéutica de mediana edad levantó la mirada de reojo para cruzar los ojos
con Yuri y le aconsejó en voz baja:
“Tenga
cuidado.”
Como
si quisiera dejar de inmiscuirse, la mujer le dio la espalda y se retiró al
interior del establecimiento. Sin vacilar, Yuri tomó el neutralizador y el
cambio, y salió de la tienda a un paso razonablemente rápido. Antes de salir,
echó un vistazo hacia la zona de cajas, pero el maldito hombre ya no estaba
allí.
…maldita sea.
Su
ubicación había quedado expuesta. Aunque parecía que no conocían la dirección
exacta de la villa donde se hospedaba Chariot, era un hecho indiscutible que un
mercenario enviado por los guardianes le había seguido el rastro hasta Big Fox.
¿Cuándo? ¿Cómo lo descubrieron?
Alexei
le había comentado que los rastros de su vehículo se habían perdido desde que
ingresaron a la autopista, por lo que no lo habían seguido por el coche.
Averiguar más allá de eso resultaba imposible a menos que contaran con la ayuda
de alguna agencia gubernamental, pero tampoco tenía sentido que estuviera
involucrado personal de ese nivel y, de haber sido así, ya habrían averiguado
la dirección.
¿Habrán
rastreado el GPS del teléfono? Aunque no sabía con exactitud en qué momento
Chariot había apagado el celular, era probable que fuera por estas fechas. Sin
embargo, eso tampoco tenía lógica. De haber podido rastrear el GPS, lo habrían
encontrado de inmediato.
Mientras
masticaba las dudas sobre en qué momento había dejado rastro, planeó regresar
rápidamente, cambiar de vehículo, destruir también el teléfono de Chariot y
ponerse en marcha. Aunque se sentía abrumado por la prisa, en momentos así la
mente debía mantenerse fría. Apretó los puños con fuerza hasta lograr
aflojarlos un poco y respiró hondo. Burlando sus deseos de que todo pasara sin
mayores contratiempos, la realidad se abalanzó sobre él apenas terminó el
tiempo de ensueño que había compartido con Chariot. Sin concederle siquiera un
momento para asimilarlo, con una rapidez pasmosa.
Después de meter el neutralizador dentro de la bolsa de papel
con el alcohol, Yuri caminó lo más pegado posible al perímetro exterior直到 llegar al extremo
del estacionamiento. Al subir al coche, dejó la bolsa en el asiento del
pasajero y al mismo tiempo tecleó la contraseña en el maletín que había dejado
en el suelo.
¡Clac!, se escuchó el sonido del mecanismo de cierre encajándose al
abrirse, y el maletín se abrió. En su interior había una pistola Glock 19 y
tres cajas de cartuchos de munición de 9 mm. Tras repasar brevemente con la
mirada el cañón negro que no había tenido en sus manos durante tanto tiempo,
Yuri cargó el cargador con agilidad, lo introdujo en la parte posterior de la
cintura, bajó la camisa para ocultar el arma y puso el motor en marcha.
Al
salir del estacionamiento, Yuri miró alternativamente el espejo retrovisor y
los retrovisores laterales para cerciorarse de que no lo venían siguiendo. No
obstante, sobre la carretera de regreso apenas circulaban vehículos, y los
pocos que parecían ir detrás se desviaban hacia otras rutas al cabo de un
momento.
Aun
así, no podía confiarse. A veces utilizaban la táctica de seguir a distancia
prudencial, por lo que regresar de inmediato al alojamiento habría sido una
medida descuidada. Como no quería dejar ningún factor de riesgo que afectara a
Chariot, Yuri decidió asumir el tiempo necesario.
Cuando
levantó el teléfono para enviarle un aviso junto con una excusa por la
tardanza, cayó en la cuenta de que ni siquiera habían intercambiado sus números
de teléfono. Solo Alexei tenía el contacto de Chariot, y como se habían
mantenido juntos desde entonces, no se le había ocurrido pedírselo. Quizá fuera
más exacto decir que jamás se le pasó por la cabeza. Pedir el número de
contacto de otra persona era un hábito sumamente extrañó para Yuri.
Ahora
es el momento de preguntárselo. Tengo que estar preparado por si ocurre algo
así… Y si algún día vuelvo a ser invitado a la casa de Chariot, necesitaré
comunicarme con él.
Al
recordar la conversación que habían compartido antes de abandonar la villa,
Yuri apretó con fuerza las manos sobre el volante. Le pediré su número en
cuanto regrese. Si logro despistarlos bien, a Chariot no le pasará nada. Eso
es.
Pisando
el acelerador con firmeza, revisó la bandeja de mensajes con la intención de
contactar a Heather como alternativa. Como eran poquísimas las personas con las
que se comunicaba, el mensaje de Heather aparecía justo debajo del de Alexei.
Indicaba que hacía siete días ella le había enviado un mensaje para avisarle
que había llegado sana y salva tras haberse despedido en el hotel.
Sin
dejar de vigilar el espejo retrovisor, llamó a Heather. Por fortuna, ella
contestó el teléfono en cuanto comenzó a sonar la llamada.
-Yuri!
¿Cómo has estado todo este tiempo? Me preocupé muchísimo desde aquel día.
Aunque Alexei me dijo una cosa extraña, que Yuri se la estaba pasando muy bien.
A
pesar de haber tenido aquella conversación en el ascensor, a Heather parecía no
importarle lo más mínimo y le preguntó amablemente por su bienestar. Las
palabras de que se había preocupado le resultaron extrañas al resonar en sus
oídos.
“Yo
estoy bien. Heather, perdón por ir directo al grano, pero ¿podrías llamarle por
teléfono a Chariot? Ahora mismo.”
-¿Eh?
¿Ah? ¿No se supone que estaban juntos? ¡Un momento!
Aunque
estaba desconcertada, Heather siguió fielmente las indicaciones de Yuri. Como
ya lo había notado antes, a diferencia de su habitual despreocupación que
rayaba en lo preocupante, su capacidad para ejecutar lo necesario de inmediato
ante una situación de emergencia era una de sus facetas más admirables.
Se
escuchó el sonido de Heather dejando el teléfono y presionando los botones de
otro aparato. Las voces de otras personas también resonaban suavemente a su
alrededor, lo que indicaba que se encontraba en una oficina.
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Mientras
conducía sin dejar de vigilar la parte trasera, Heather regresó. Teniendo en
cuenta que no se había escuchado ninguna conversación de fondo durante ese
tiempo, parecía poco probable que recibiera la respuesta que deseaba.
-Yuri,
el teléfono está apagado. Recuerdo que también seguía apagado cuando intenté
comunicarme con él durante varios días... ¿Qué pasa? ¿Han estado viviendo
separados?
Ah,
maldición. Le había pedido que lo mantuviera apagado precisamente para evitar
cualquier posible rastro. Se formó un surco profundo entre las cejas del rostro
inexpresivo de Yuri. En el dorso de su mano, que aferraba el volante, se
marcaron tenuemente las venas azules.
“No,
hemos estado juntos todo este tiempo. Solo quería verificar por si acaso le
había ocurrido algo mientras salía un momento yo solo, pero como no tengo el
número de Chariot...”
-¿Vaya,
y eso que han estado pegados durante varios días?
Heather
señaló con precisión el detalle que ya le andaba rondando por la cabeza. La
idea de haber dejado atrás a Chariot se antojaba ya de por sí como un error,
haciéndole consciente de que había tomado una decisión imprudente e
ingenuamente optimista. ¿Bajo qué clase de fundamento había creído que no
sucedería nada malo durante el tiempo que estuvieran separados? Chariot podía
permitírselo, pero al menos el propio Yuri jamás debió hacerlo, y una fuerte
punzada de reproche propio lo invadió.
“Sí,
no debí haberlo hecho.”
Al
notar la rigidez en su voz, Heather cambió deliberadamente el tono a uno más
ligero para relajar el ambiente.
-Si
han estado juntos todo este tiempo, esas cosas pasan. Entonces, ¿ahora vas en
camino hacia donde está Chariot?
“Sí.
Ya me tengo que ir.”
Justo
cuando él, con dificultad, intentaba cortar la llamada, Heather lo detuvo.
-Entonces,
¿le podrías preguntar esto a Chariot? Originalmente lo estaba investigando por
pedido del señor Alexei, pero en estos últimos dos días tampoco he podido
comunicarme con el señor Alexei. ¿Será que anda de moda alguna rareza por ahí?
“Adelante,
dime.”
-Escuché
del señor Alexei que el grupo llamado Guías del Infierno persigue a Chariot
debido a un encargo y no por rencores personales. ¿Me tienes que contar todo lo
que está pasando más tarde, ¿eh? De todos modos, me puse a investigar la
procedencia del dinero. Si hubiera sido dinero lavado ilegalmente, habría sido
difícil de encontrar, pero por suerte provino de una empresa fantasma. No sé el
resto, pero descubrí una cosa. Aunque dio la vuelta por varios países, el lugar
de donde salió el dinero por primera vez fue Boston.
Apenas
escuchó las últimas palabras de Heather, la conversación que había tenido hoy
cruzó por la mente de Yuri.
“Tratándose
de Boston, es el lugar donde está la casa de la familia de Chariot.”
Heather
captó a la perfección lo que había murmurado para sus adentros.
-¡Bingo,
respuesta correcta! Sabiendo eso, ¿significa que en pocos días se han vuelto
bastante cercanos? Es información que no se consigue buscando en internet.
El
corazón, que se hallaba tensado al límite, se relajó un poco ante esas
palabras. Tras exhalar un suspiro pausado, Yuri recordó los momentos de los
últimos días y respondió afirmativamente con una voz mucho más suave.
“Nos
hemos vuelto más cercanos que antes. Es bastante sociable.”
-¿Eh?
Heather
soltó una exclamación de asombro.
-¿Qué?
Yuri, ¿suenas un poco diferente a lo habitual?
“...No
es nada en particular. Heather, creo que ya tengo que colgar. Por si acaso, ten
cuidado siempre y dile a Alexei que te asigne a alguien para que te acompañe en
las idas y venidas.”
-¡T-mac
de todos modos me está llevando y trayendo en el camino al trabajo! Dice que
será así por un tiempo, pero ¿no estaré molestando demasiado?
La
imagen del sonriente y escurridizo T-mac, a quien no había visto en los últimos
tiempos, vino a su memoria. Aunque era un sujeto que no valía lo que pesaba
físicamente, su habilidad para huir era insuperable, así que estaría bien.
“Más
bien, es probable que T-mac sea quien cause molestias.”
-No,
es tan alegre y divertido que gracias a él terminé haciendo un buen amigo más.
Cuídate tú también, Yuri.
“Sí.”
Justo
antes de cortar, Heather dudó un momento antes de articular unas palabras.
-Oye,
perdón por retenerte tanto, Yuri. Pero siento que tengo que decirte esto.
Chariot es una buena persona y tal vez no lo piense, pero... me preocupa que el
origen del dinero sea Boston. La familia Goodnight es una familia adinerada muy
conocida como terratenientes locales en Boston. Y cuanta más fortuna está
vinculada a una familia, más propensa es a sufrir luchas internas. Investigando
para esto me enteré de que los familiares de Chariot no suelen frecuentarse
mucho entre ellos. Sobre todo, escuché que la madre de Chariot era hija de un
granjero que vino de Canadá, por lo que contrajo un matrimonio que no fue bien
recibido. Así que...
Parecía
intuir lo que ella intentaba decir. Aunque Chariot le había contado algo sobre
su casa, aquello aparentaba tener complicaciones mucho mayores. Yuri sintió una
repentina preocupación: ¿no se escondería alguna desgracia detrás de ese rostro
que sonreía con tanta belleza?
Pensándolo
bien, Chariot había dicho que 'Ana Karénina' era su libro favorito. El mundo
albergaba diversas clases de familias, y había innumerables situaciones
imposibles de adivinar a simple vista. La idea de que el motivo por el cual
Chariot prefería un libro centrado en la desdicha familiar entre tantos textos
respondía a una razón específica cruzó por su mente.
“Te
refieres a que alguien de la familia podría estar involucrado.”
-Seguramente.
Tras
emitir una afirmación acompañada de un suspiro, Heather le reveló el dato
definitivo.
-El
fideicomiso que heredó Chariot se remonta a una generación anterior, así que la
suma es impresionante. Tiene acciones y títulos de propiedad tasados en
trescientos millones de dólares, además de una gran cantidad de efectivo
depositado en el GRAT. Y como no se está contando el dinero del seguro por la
muerte de su padre, la cifra total seguro supera eso.
Aunque
se trataba tan solo de una suposición basada en una pista aislada, Yuri conocía
hasta la saciedad el hecho de que casi todos los delitos nacían a causa del
dinero. ¿Cuántas veces no había visto a personas que parecían guiarse por la moralidad
acabar pisoteando su propia conciencia ante una suma capaz de dar un giro
absoluto a sus vidas? No, incluso sin tratarse de fortunas colosales... Yuri se
había criado entre tipos dispuestos a matar por unos cuantos miles de dólares.
-Por
lo tanto, no le quites los ojos de encima a Chariot. Podría haber alguien entre
sus familiares acercándose a él con segundas intenciones. No me atrevo a
decirle esto a Chariot, así que solo te lo confío a ti, Yuri. Si fuera por mí,
preferiría que fuera cualquier otro tercero, pero...
Se
encontró frente a una bifurcación. Si doblaba a la derecha, tomaría el camino
por el que había venido; en cambio, si elegía el otro sentido, el trayecto se
demoraría bastante, pero le daría la oportunidad de despistar a cualquier posible
perseguidor.
Volvió
a echar un vistazo por el retrovisor, mas no había ningún vehículo pegado a su
parte trasera en ese instante. Debatiéndose entre el deseo imperioso de
regresar directo con Chariot y la inquietud ante la amenaza que acababa de presenciar,
optó por la izquierda.
De
haber conocido el paradero de Chariot, aquel sujeto no se habría tomado la
molestia de andar preguntando por ahí. Puesto que su propia identidad había
quedado al descubierto y eso corría el riesgo de acarrear un peligro aún mayor,
Yuri recurrió, después de muchísimo tiempo, a una deidad en la que jamás solía
creer.
Si
es que verdaderamente existía un dios sobre esta tierra, que no tuviera la
ocurrencia de arrebatarle la vida a alguien como Chariot solo por el capricho
de cobrarse la suya, que no era más que una existencia mezquina.
“Estará
bien.”
Declaró
al finalizar la llamada con Heather.
“pase
lo que pase, yo lo protegeré.”
Para
proteger a Chariot, Yuri sería capaz de hacer cualquier cosa. Pensó que, tras
la muerte de su madre, jamás volvería a experimentar un sentimiento así, pero
una pequeña chispa aún seguía viva en su interior.
Su
alma le preguntó hasta dónde sería capaz de llegar...
Yuri
conocía la respuesta.
*
* *
Había
recorrido en casi una hora un trayecto que normalmente tomaba veinte minutos. Para
cuando llegó, el sol ya se había ocultado por el oeste, dejando el cielo sumido
en la penumbra, y las carreteras se habían teñido de un negro tan intenso que
resultaba imposible ver nada sin la ayuda de los faros delanteros. Avanzar a
través de aquella oscuridad daba la sensación de abrirse paso por un túnel sin
fin.
Aun
así, al margen de la oscuridad, el camino de regreso había transcurrido en
silencio. Un silencio tan antinatural que parecía mecerlo en una falsa calma.
Justo en el instante en que estuvo a punto de bajar la guardia y creer que
nadie lo venía persiguiendo, el haz de un faro le iluminó de lleno la espalda.
Acababa
de llegar a la entrada del centro de Big Fox.
Ese
tramo quedaba exactamente a diez minutos de la villa de Chariot. Era una ruta
sinuosa rodeada de bosques, justo después de salir de la autopista. Un poco más
adelante de ese punto, el hermoso lago solía dar la bienvenida a los visitantes
junto con la radiante sonrisa de Chariot. El mismo lago que guardaba en su
memoria el instante en que él y Chariot se habían besado por primera vez.
En
aquel camino solitario, de escaso tránsito y flanqueado por frondosos árboles a
ambos lados —el escondite perfecto—, el vehículo que surgió de la nada parecía
haber estado aguardándolo. Dos Ford grises. Un modelo común y corriente, sin
placas de matrícula.
Con
la cabeza fría, Yuri analizó la situación con frialdad.
El
tipo al que había visto en el supermercado sin duda había estado preguntando
por ahí con la intención de cerciorarse de que Chariot se encontraba en ese
lugar, y al parecer lo había confirmado en el preciso instante en que lo vio.
Eso significaba que sabían que Chariot estaba en Big Fox, pero como ignoraban
su ubicación exacta, andaban rastreando los alrededores hasta que se cruzaron con
él.
Como
si hubieran estado esperando a que apareciera, se pegaron de inmediato a su
coche. En aquella carretera de dos carriles, con uno solo para cada sentido,
los dos Ford se acoplaron a ambos lados de la parte trasera de Yuri y
comenzaron a presionarlo poco a poco.
Uno
de los automóviles se abrió paso de golpe invadiendo el carril contrario.
Cuando se acercó tanto que las carrocerías rozaban a la altura de la ventanilla
del conductor, Yuri giró el volante con fuerza hacia la derecha justo antes de
que le cortaran por completo la vía de escape.
Kiiiiiik,
el sonido de los neumáticos dejó marcas grabadas sobre el asfalto. El
parachoques delantero del vehículo que lo seguía de cerca colisionó con el
parachoques trasero del coche de Yuri con un estruendoso BANG!
Tratando
de no perder el control dentro de la carrocería que se tambaleaba, Yuri condujo
directamente hacia el bosque. Como no era un vehículo todoterreno, las ruedas
rebotaban de forma violenta, volviendo el campo de visión un absoluto caos. Al
mirar por el espejo retrovisor, comprobó que el coche que se había emparejado
venía pisándole los talones.
El
bosque que rodeaba Big Fox no era tan extenso, por lo que la distancia entre
los árboles era estrecha. Un pequeño descuido y podría estrellarse contra uno
de ellos y morir. Sin embargo, Yuri tenía una vista nocturna excepcionalmente
buena.
Avanzó
abriéndose paso a través de la oscura arboleda que los faros no alcanzaban a
iluminar, hasta que distinguió un pequeño acantilado que conectaba directamente
con el lago más adelante.
Al
echar un vistazo rápido hacia atrás, vio que la distancia se había acortado
considerablemente. Al confirmarlo, Yuri pisó el acelerador a fondo y continuó
en línea recta. El perseguidor aumentó la velocidad de la misma forma al verle
acelerar, y justo antes de llegar a la zona del lago, Yuri giró el volante
hacia la izquierda con todas sus fuerzas.
El
coche viró de golpe y chocó de costado contra un árbol enorme, deteniéndose con
un estruendoso y violento ruido de chapa y fricción: kiiiiik, thud. El lado
derecho de la carrocería quedó completamente destrozado y el cristal de la
ventanilla estalló en pedazos. Para evitar que las esquirlas le salpicaran el
rostro, cerró los ojos un instante mientras pisaba el freno.
El
vehículo que lo venía persiguiendo se precipitó sin control hacia el abismo. El
coche se encajó en perpendicular contra el límite del agua, y un impacto seco y
estruendoso resonó con fuerza en el aire. No tardaría mucho en descubrirse que
allí había ocurrido un accidente.
Ah....
Uff....
Una
respiración agitada brotó desde lo más profundo de su garganta. Como el golpe
no había sido de frente, las bolsas de aire no se habían activado. Gracias a
eso, por fortuna aún podía moverse, pero al girar el volante con tanta fuerza,
su hombro izquierdo se había salido de su sitio al impactar contra la
ventanilla.
Apretando
los dientes, se desabrochó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del
conductor usando la mano derecha. El coche había quedado tan abollado contra el
árbol que resultaba imposible sacarlo de allí para llegar al pueblo.
Saliendo
con dificultad a través del vehículo ladeado, Yuri inspeccionó los alrededores
de inmediato. Eran dos coches, así que aún quedaba uno. Pudo divisar a lo lejos
cómo se acercaban las luces de unos faros. Al parecer, aquel se había quedado
atrás debido a la velocidad.
También tengo que encargarme de ese.
Reprimiendo
el sonido de su respiración, comprobó de nuevo la pistola que llevaba en la
cintura y se recostó un momento de espaldas contra la carrocería. El hombro
saliéndose de su sitio, hacer este tipo de cosas... todo era tan familiar
después de tanto tiempo. Murmurando para sus adentros, tras respirar hondo
brevemente, estiró por completo el brazo izquierdo dolorido, pasó el brazo
derecho por detrás de la espalda y tiró con firmeza de la muñeca izquierda de
un solo golpe seco.
Uduuduk.
El sonido de los huesos encajándose y un dolor sordo se propagaron a través de
su hombro. Tensó con fuerza la mandíbula hasta marcarse las venas del cuello.
...Haah.
Tragándose
el gemido, dejó caer la frente, cubierta por un leve sudor frío. Sentirse tan
agotado por algo así solo porque su condición física no era la óptima en ese
momento...
Parece que los años empiezan a pesar. O tal vez es que me he
estado viciando a una vida demasiado cómoda.
Justo
cuando el hueso del hombro volvió a su lugar, las luces de los faros se
detuvieron más adelante. Al no ver más que los rastros dejados por el coche de
Yuri y el otro vehículo sin rastro de nada más, el perseguidor apagó el motor,
salió al exterior y llamó a gritos a su compañero.
“¡Vince!
¿Dónde estás? ¿Ya encontraste a ese maldito?”
Era
la misma voz que había escuchado antes. El tipo que andaba husmeando como una
rata sacando información. Al parecer prefería no mancharse las manos en las
tareas peligrosas y se limitaba a observar desde una distancia prudente. Yuri
sacó el arma de su cintura, agachó el cuerpo y avanzó despacio hacia el hombre,
ocultándose entre las sombras.
Había
aprendido a moverse sin hacer ruido en el bosque durante el tiempo que estuvo
al lado de Ígor. En otoño, cuando salía de caza y llevaba consigo a sus
subordinados a menudo, les enseñaba cómo desplazarse sigilosamente para evitar
que los animales huyeron por culpa de los incompetentes. Jamás pensó que los
malditos recuerdos que ese hombre le había dejado le resultarían tan útiles
hoy.
Sus
ojos, perfectamente adaptados a la oscuridad, distinguían con claridad las
hojas secas y las ramas rotas esparcritas en el suelo. Evitándolas con cuidado,
apoyando primero la punta del pie y bajando el talón con lentitud una y otra
vez, Yuri se acercó al sujeto sin emitir sonido alguno. Aquel tipo del
supermercado iba acompañado de otro más. La puerta del conductor se abrió y el
hombre de voz irritable le gritó:
“Cierra
la boca, Marty. ¿Y si ese cabrón está escondido por ahí?”
“Si
aparece, mejor que mejor. Tendremos que sacarle información a golpes para saber
dónde está el objetivo.”
Yuri
se encontraba ya a menos de diez pasos de distancia. Se agachó tras una
formación rocosa situada entre dos árboles grandes y los observó fijamente. Su
mente calculaba varias variables en paralelo. Lo ideal habría sido que ambos se
separaran para buscarlo, pero si se movían juntos, tendría que adelantarse y
derribar a uno de ellos para abrir fuego.
“Oye,
¿se habrá muerto Vince? No responde.”
“Déjalo.
Si se reduce el número, nos toca más parte del pastel.”
“Mmmm.
Serán doscientos cincuenta mil dólares para cada uno, supongo.”
Mientras
escuchaba aquella conversación vulgar y carente de cualquier atisbo de lealtad,
Yuri se movió justo en el momento en que uno de ellos introdujo medio cuerpo en
el asiento del pasajero. Apuntando a la pantorrilla del hombre que miraba hacia
el acantilado donde el otro coche se había precipitado, disparó sin dudar.
“¡Aaaah!”
El
estampido del disparo retumbó al tiempo que el hombre que estaba de frente caía
al suelo soltando un grito. Apenas el sujeto que se había metido en el asiento
del pasajero sacó el arma apresuradamente y apuntó hacia donde estaba Yuri,
este último volvió a agacharse detrás de la roca.
“¡Mierda...!
Marty, me dieron en la pantorrilla. ¿Dónde demonios se metió este hijo de puta?
¡Búscalo ya!”
“Cierra
la boca un segundo, deja de hacer ruido.”
El
haz de una linterna apuntó de inmediato hacia la posición de Yuri. Al parecer,
lo que había encontrado en el asiento del pasajero era una linterna táctica.
Una luz blanca e intensa rozó por encima de su cabeza y llegó hasta donde
estaba aparcado el coche destrozado de Yuri.
“Mira
eso. Viendo cómo ha quedado el coche, ese tipo tampoco debe de estar en buenas
condiciones. Así que deja de quejarte por la pierna y levántate.”
“Maldito
bastardo.”
“¿Y
te quejas así habiendo pasado por cosas peores en Irak?”
“¿De
cuántos años atrás estás hablando?”
Por
lo visto en que se conocían, parecía tratarse de tipos de la misma empresa.
Yuri esperó en silencio sentado detrás de la roca a que se movieran, incluso
después de que la luz pasó. —Ugh, maldita sea—, gimió uno de ellos a causa de
la herida de bala mientras intentaba levantarse cojeando, ayudado por el hombre
llamado Marty.
Sin
desaprovechar esa oportunidad, Yuri salió de las sombras y apuntó hacia Marty,
que estaba de pie. El cañón de su arma, que por el hábito de tanto
entrenamiento había tendido a apuntar hacia la cabeza por instinto, se detuvo
de golpe por un instante.
Yuri,
la cabeza no se debe apuntar. Mantén la concentración.
Chariot
había dicho que lo había buscado porque no quería que nadie muriera, y Yuri
deseaba hacer exactamente lo que él quería. Para evitar que, por casualidad, se
enterara de esto en el futuro y se sintiera triste.
Por
lo tanto, ni siquiera por accidente debía apuntar al abdomen, al pecho o a la
cabeza. Como un disparo en el muslo también podía perforar la arteria, tenía
que optar por un método que redujera su movilidad disparándole a la pantorrilla
o al brazo.
En
el preciso instante en que tomaba esa rápida decisión, el objetivo descubrió a
Yuri. Apenas Marty giró la cabeza de golpe y vio el cañón apuntándole, empujó a
su propio compañero y se arrojó de costado, haciendo que el disparo de Yuri
saliera con un segundo de retraso.
Bang,
la bala se incrustó en la puerta del conductor. Comprendiendo la situación al
instante, Marty sacó su arma y le disparó a Yuri en varias ocasiones. Bang,
bang, dos proyectiles se clavaron en el árbol y uno rozó la roca. Y el
último rozó el costado de Yuri. Justo aquella zona con cicatrices donde Chariot
lo había besado y dejado marcas.
Por
suerte, como solo lo había rozado, quedó en una laceración, pero sintió cómo un
ardor punzante se extendía con rapidez. El olor a sangre comenzó a subir y la
camisa blanca de Chariot quedó teñida de rojo. Habiéndose cubierto de nuevo
junto a la roca, Yuri aumentó la distancia aprovechando los árboles, mientras las
balas se estrellaban contra el suelo persiguiendo su huida.
“Te
escondías como una rata.”
Con
un pequeño murmullo, Marty lo persiguió. Mientras corría a toda velocidad, Yuri
revisaba el suelo sin dejar de mirar al frente. En un bosque así siempre había
raíces de árboles perfectas para tropezar. A menos que uno corriera con gafas
de visión nocturna, perseguir a alguien a toda prisa abría la puerta al error.
Apenas
escuchó el sonido del cargador siendo cambiado a sus espaldas, Yuri se detuvo
un instante, apuntó al brazo de Marty y disparó. Dos tiros salieron de forma
consecutiva, y sintió con absoluta certeza que uno se había clavado en la
carne. Mierda, se oyó una maldición antes de que las balas volvieran a
llover directamente sobre él.
Tras
unos minutos de intercambio de disparos, Yuri llegó a un terreno cada vez más
abrupto. Tal como había hecho antes, comenzó a correr incrementando la
velocidad, y Marty lo siguió de forma amenazante para atraparlo en su huida.
Yuri saltó por encima de un grueso tronco cubierto de musgo, y se escuchó el
ruido de Marty tropezando al seguirlo a ciegas.
Es
ahora.
Apenas
notó el desliz de Marty, Yuri detuvo su huida, regresó velozmente hacia él y le
dio una patada directa a la mano que sostenía la pistola. No obstante, al parecer
no tenía tan poca experiencia como para soltar el arma de inmediato; Marty
apretó con fuerza la mano para asegurar la pistola y apuntó contra Yuri. Un
cañón oscurísimo le apuntó casi de cerca a la barbilla.
En
un brevísimo instante, al ver aquel cañón mirándolo desde abajo, se le puso la
piel de gallina. Apenas desvió el cuello a toda velocidad, una bala rozó su
mejilla. Había estado a punto de morir. Por poco le vuelan la cabeza.
Entre
la inmensa cantidad de cadáveres, los que tienen el rostro destrozado son los
más difíciles de ver. Una escena así se convierte en una pesadilla imborrable
para quien la presencia. No quería hacerle sentir eso a su padre, a Alyosha o a
T-mac si veían su cuerpo.
Si
vas a morir, que sea recibiendo un tiro en el corazón. Al menos así resulta más
fácil limpiar el cadáver.
Murmurándose
a sí mismo que no debía descuidarse, Yuri pisó con tanta fuerza la muñeca de
Marty —que se disponía a apretar el gatillo otra vez— que estuvo a punto de
rompérsela. Al triturarle la muñeca aplicando todo su peso, el hombre soltó un
grito. Cuando la mano con la que resistía firmemente se puso blanca y perdió
toda la fuerza, Yuri le quitó la pistola agachándose mientras le apuntaba a la
cabeza. Uf, el individuo exhaló un suspiro carente de energía y miró a
Yuri con furia.
Eran
esos ojos marrones que había visto antes. Los ojos detestables que andaban
buscando a Chariot.
“Dime
quién ordenó matar a Goodnight.”
Preguntó
en voz baja con el cañón apoyado en la frente, mientras Marty lo observaba
fijamente antes de abrir la boca.
“No
creo que dispares.”
“Eso
es lo que quisieras tú.”
“No.
Saliste de tu escondite y, en lugar de matarme a mí y a mi compañero de
inmediato, fallaste a propósito. Con la puntería que tienes, no tiene sentido
que falles a esa corta distancia. Es decir, que no tenías intención de
matarme.”
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Marty
sonrió con una expresión que parecía haberlo descubierto.
“Tienes
cerebro, pero te falta valor para matar a alguien. Al final, vas a terminar
devorado por las balas del tipo al que dejaste vivir.”
Yuri
se limitó a observarlo en silencio desde arriba. Sus pupilas, de un azul
intenso, no mostraban la menor alteración ni temblor, contemplando a Marty en
ese lugar con la profundidad de un mar en calma. Al quedarse mirando esas
pupilas durante un buen rato, Marty de repente tembló y abrió los labios.
“Espera,
tú eres...”
Antes
de que Marty pudiera continuar, Yuri le disparó en el hombro izquierdo. ¡Bang!
El frío estampido resonó siguiendo al disparo que se efectuó sin vacilar. ¡Ah!
¡Mierda! Conteniendo una grosería, intentó agarrarse el hombro
izquierdo, pero no pudo hacerlo debido a que Yuri seguía pisándole la muñeca derecha.
“¿Quién
ordenó matar a Goodnight?”
La
voz de Yuri seguía siendo la misma de antes. Marty lo miró desde abajo con el
rostro pálido invadido por el dolor y respondió:
“¡Mierda!
Nosotros tampoco, uf, lo sabemos.”
Una
mentira evidente. Parece que todavía aguanta un poco más.
Yuri
recorrió la muñeca de Marty con la mirada, pensativo sobre cómo obligarlo a
hablar. No se veían tatuajes que indicaran su procedencia de los marines o de
fuerzas especiales. Por ende, probablemente carecía de tolerancia a la tortura.
“Ya
veo.”
Tras
murmurarlo con frialdad, esta vez Yuri incrustó una bala en el dorso de la mano
de Marty que tenía pisada. ¡Bang! Un grito muchísimo más desgarrador que
el anterior resonó en el bosque acompañado de un chasquido.
“¡Eh,
maldito, loco de mierda! ¡Esto es cerca del pueblo, alguien, ejem, puede
escuchar! Si viene gente, uf, pues vendrá la policía...! ¡Eso, uf,
a ti tampoco te conviene!”
“Pregunté
quién ordenó matar a Goodnight.”
Cayó
la tercera pregunta. Marty, que estaba gritando, levantó su rostro bañado en
sudor para mirar a Yuri y volvió a examinar sus ojos azules. Jadeando, abrió
los ojos con terror.
“De
todos modos, aunque ahora logren escapar de nosotros, ese tipo va a terminar
muerto. Nuestro cliente tiene muchísimo dinero. Cuanto más se alarga el día sin
poder atraparlo, la recompensa sube cien mil dólares diarios. ¡Ya va por
quinientos mil, y mañana serán seiscientos mil! Jaja. Bueno, comparado con el
dinero que ganarán matando a ese sujeto, lo que se gasten en la recompensa será
calderilla.”
“Dime
el nombre.”
“Eso
no lo sé. Las órdenes bajaron desde la central en Nueva York, y a mí solo me
hicieron el encargo. Tú... ¿no lo sabes ya? Los que están arriba no le dicen
cosas importantes a gente de nuestra clase.”
¿Es así?
Yuri
hizo una deducción mental a partir de las palabras de Marty. Que alguien
obtuviera beneficios con la muerte de Chariot significaba que se trataba de uno
de los herederos que se repartiría el fideicomiso una vez que este
desapareciera. Lo que había dicho Heather parecía tener cada vez más
probabilidades de ser cierto. Al final, era obra de su propia familia.
Pobre Chariot. El día en que esta locura terminara, Chariot perdería a alguien
de su familia, y sin duda se pondría triste por ello. Le gustaría que Chariot
solo sonriera, pero al imaginarse su rostro entristecido, a Yuri también le
invadió la congoja. ¿Por qué las cosas malas siempre le ocurren a la gente
buena?
Yuri
retiró lentamente el cañón y echó hacia atrás la bota con la que le pisaba la
muñeca. Marty, apenas liberado, dudó un momento sobre cuál de las dos partes
castigadas tocarse primero —el hombro destrozado o el dorso de la mano—, hasta
que terminó agarrándose el hombro con la mano perforada.
“Si
no vas rápido al hospital, perderás el uso de la mano derecha para siempre. Si
pierdes el tiempo intentando perseguirme, vivirás como un tullido el resto de
tu vida.”
“...A
ti... te mataré si te vuelvo a ver.”
Yuri
pasó de largo junto a él con mirada indiferente. Desde atrás se escuchaba el
sonido de Marty esforzándose y quejándose para intentar levantarse como
pudiera. Antes de regresar a lo profundo del bosque, Yuri le disparó una vez
más en la pantorrilla al hombre que intentaba ponerse en pie. Evitó el tendón
de Aquiles y los ligamentos. La bala atravesó limpiamente el músculo.
¡Agh!
Despidiéndolo
con los gritos de dolor que este profería, Yuri se dirigió hacia el lugar donde
momentos antes ellos habían dejado estacionado el automóvil.
Al
regresar allí, el compañero de Marty —a quien antes le habían atravesado la
pantorrilla— se encontraba sentado apoyado contra la carrocería. Al parecer
había estado escuchando los gritos que resonaban desde lejos, pues apenas vio
llegar a Yuri levantó ambas manos. Y antes de que Yuri pudiera hacer cualquier
movimiento, exclamó primero:
“Regresaré
mansamente, así que detente.”
El
hombre tenía el rostro pálido, probablemente por haber perdido bastante sangre.
Como la herida en la pantorrilla había sido limpia, no sería tan letal como en
otras partes, pero creía conveniente ir dándole tiempo para tratar su lesión.
Si lo dejaba abandonado a su suerte y moría desangrado, no tendría sentido el
esfuerzo de haber evitado los puntos vitales al disparar.
“Nosotros
nos presentamos como voluntarios tras escuchar que este trabajo sería bastante
fácil. Si hubiéramos sabido que sufriríamos daños de esta magnitud, no
habríamos venido. Tanto ese sujeto como yo tenemos hijos. Sálvame.”
Mientras
escuchaba aquellas patéticas súplicas de clemencia que apelaban a la
conciencia, Yuri le hizo una sola pregunta:
“¿Acaso
alguien los tiene amenazados por algún punto débil? ¿Por eso hacen esta clase
de trabajos?”
“¿Qué?”
De
no ser así, él no lograba comprender cómo alguien podía ofrecerse como
voluntario tan fácilmente para matar personas. Al recibir una pregunta que no
esperaba, el hombre puso una expresión de perplejidad, para luego fruncir el
ceño y decir:
“¡Por
el dinero, obvio!”
“Se
puede ganar dinero sin necesidad de hacer trabajos como este.”
“Dices
estupideces. Un soldado dado de baja deshonrosamente no puede recibir pensión. Para
poder sobrevivir y comer, hay que hacer cosas como estas.”
Con
las palabras de Yuri, el hombre mostró una mirada de dolor, como si hubiera
recordado algo que intentaba olvidar. Luego, lanzó una aguda crítica hacia
quien había rozado sus puntos débiles:
“¿Acaso
tú no eres igual? ¿No te pagan por custodiar a ese tipo y matar gente?”
Tanto
Marty como aquel hombre le habían lanzado a Yuri la pregunta de si acaso él no
era igual a ellos. Yuri frunció el ceño, lo contempló desde arriba durante unos
segundos y, acto seguido, levantó el arma. Al ver esa acción, el hombre cerró
los ojos con fuerza.
“Las
llaves del auto.”
“¿...Qué?”
“Que
si las llaves del auto están adentro.”
Abriendo
los ojos lentamente, el hombre sacó con dificultad las llaves de su bolsillo y se
las arrojó. Al recibir la llave que cayó con un golpe seco, Yuri le hizo un
gesto con la barbilla indicándole que se apartara. Emitiendo un quejido de
dolor y sosteniendo con la mano su pierna izquierda cojeante, el sujeto se
aarrastró gateando para hacerse a un lado. Al señalarle con la barbilla la
dirección donde estaba Marty, el hombre se puso en pie con dificultad, se apoyó
en un árbol y comenzó a caminar hacia allá.
Como
cabía la posibilidad de que el hombre cambiara de idea, Yuri regresó un momento
hacia su propio vehículo, con la mente puesta en la eventualidad de un ataque
sorpresa. El estado del automóvil era deplorable.
El
SUV Ford negro, abollado y destrozado, era el vehículo usado que Yuri había
mandado a reparar tras su llegada a Vancouver. Con la firme intención de no
volver a vivir la misma vida de antes, habiendo acondicionado el auto bajo el
propósito de vivir y morir en solitario sin causarle molestias a nadie, este
había quedado retorcido hasta el punto de hacer irreconocible su estructura
para cualquier reciclaje.
Yuri
revisó el maletero, el asiento del copiloto y la guantera. Los únicos rastros
que podían considerarse suyos —los libros— se encontraban en la cabaña de
Chariot; lo único que quedaba era el abrigo negro en el maletero y el maletín
en el suelo del copiloto. Tras recogerlos, Yuri desvió por último su mirada
hacia la bolsa con cerveza situada en el asiento del copiloto.
La
bolsa estaba rota y destrozada. Quizás debido al impacto y a las roturas, lo
que había estado encima había salido volando, por lo que ya no quedaban
botellas de agente neutralizador, Prosecco o vodka. Aun así, para su fortuna,
la cerveza que Chariot tanto deseaba beber seguía intacta. Increíblemente, se
encontraba sin un solo rasguño. Aunque, claro, tendría que esperar a que se
asentara el gas tras haber sido zarandeada de aquí para allá...
Yuri
empuñaba la pistola con la mano derecha mientras sostenía el paquete de
cervezas con la izquierda. Al llevarse el maletín y el abrigo bajo el costado,
la zona donde la bala lo había rozado experimentó un dolor frenético por unos
instantes antes de volverse sordo.
Pensándolo
bien, la vez pasada se había lesionado el antebrazo izquierdo, y hoy el
costado. Continuar lastimándose el lado izquierdo demostraba que su velocidad
de reacción era indudablemente más lenta que la del lado derecho. De pronto le
asaltó el pensamiento de que todas aquellas cicatrices acumuladas a lo largo
del tiempo se unían para ir matando lentamente alguna parte de su ser.
Al
caminar a paso firme de regreso al lugar anterior, el hombre ya se había
marchado. La quietud del bosque no permitía adivinar que allí se había librado
un enfrentamiento hacía poco. Salvo por las manchas de sangre oscuras
estancadas en el suelo, todo lucía tan calmado como si nada hubiera ocurrido.
Una
vez que subió al asiento del conductor, dejó los objetos en el lado del
copiloto y exhaló un suspiro. La fatiga lo invadió por un instante, pero no
había tiempo para descansar. Lo único favorable era que todavía nadie había ido
a buscar a Chariot, y que esos sujetos tampoco habían descubierto dónde quedaba
su cabaña.
Yuri
inspeccionó su abdomen. Al encender las luces del vehículo, comprobó que la
camiseta blanca manga corta estaba arruinada por las manchas de sangre de un
rojo intenso que se habían extendido. El área del costado también estaba
rasgada, por lo que aunque lograra limpiar la sangre, lucía imposible volver a
ponérsela. Tras meditarlo unos segundos, se quitó lentamente la camiseta y
examinó la herida sangrante en su propio costado. Ciertamente necesitaba
detener la hemorragia, pero... no quería usar la ropa de Chariot para algo como
un vendaje improvisado.
Por
si acaso, abrió la guantera y halló cinta de aluminio. Parecía que la intención
inicial al secuestrar a Chariot era usarla, pues también se veía un manojo de
bridas de plástico. Había varias cosas útiles más, pero decidió ocuparse de
ello una vez que regresara.
Yuri
estiró la cinta adhesiva, la cortó mordiéndola con sus caninos y luego dio
varias vueltas apretadas alrededor de su costado con la cinta. Ocultó su
indeseable torso poniéndose el abrigo. La textura gruesa del abrigo rozando
directamente su piel desnuda le resultaba sumamente incómoda.
Al
levantar el teléfono móvil que por suerte seguía guardado en su bolsillo sin
haberse perdido para revisar la hora, comprobó que la hora acordada había
pasado largamente. Tras leer los números que indicaban las 22:00, descubrió a
continuación un número desconocido registrado en las llamadas perdidas. Por lo
general, los caracteres en rojo transmitían una sensación siniestra, mas esta
vez fue diferente. Yuri intuía con total certeza que aquel número pertenecía a
Chariot.
...Me llamó. Me estaba esperando.
La
prisa se adueñó de él. Seguro que había estado esperándolo con ilusión ante su
promesa de comprar cerveza, de modo que haber demorado tanto tiempo sin previo
aviso —provocando que Chariot se preocupara sin motivo— le generaba un profundo
remordimiento.
Odia estar solo.
Al
evocar el rostro desanimado de Chariot sentado en solitario dentro del auto,
sintió una opresión en el estómago. Reprochándose el haber dejado a solas por
tanto tiempo a alguien que sufría por la soledad, Yuri apresuró su marcha. Al
imaginar la sonrisa que lo recibiría al volver a la cabaña, todo lo ocurrido
instantes antes se desvaneció como si nada. El dolor se adormeció y la añoranza
se tornó intensa en su lugar.
Gracias
al hecho de haber liquidado el asunto en un lugar no muy lejano, el camino
hacia Chariot no era largo. Poco después apareció el sendero del bosque que
conducía a su cabaña, y Yuri estacionó el auto en los alrededores. Tras ordenar
su propia pistola y la que le había arrebatado a Marty para llevarlas sujetas a
la cintura, caminó a paso firme hacia la orilla del lago.
Como
la cabaña de Chariot estaba cerca del lago, ganó la oportunidad de asearse.
Pensando que Chariot se asustaría si lo veía llegar manchado de sangre, Yuri se
acercó al lago y extendió la mano.
Un
líquido rojizo y seco cubría su pálida piel en pegotes. Mientras intentaba
detener la hemorragia, la sangre se le había metido hasta el interior de las
líneas de la palma de la mano. Yuri hizo memoria para recordar dónde se había
lastimado. ¿El costado y tal vez el cuello? Los dolores se mezclaban de tal
forma que resultaba difícil encontrar el origen.
Tras
pensarlo un momento, se quitó el abrigo temporalmente y se limpió la sangre tal
como podía verla. Al menos se alegraba de llevar ropa interior oscura; si
hubiera usado algo como unos vaqueros, la sangre que fluía desde la cintura lo
habría dejado hecho un desastre.
Por
esto es por lo que la ropa negra resulta cómoda.
Yuri
pensó de nuevo que el blanco no le quedaba bien en absoluto. Quizás fuera
porque llevaba ropa que no correspondía a su clase. Le apenaba haber arruinado
la prenda que con tanto cuidado pensaba vestir y devolver. Ver que aquella
superficie antes purísima de algodón se había teñido de un rojo negruzco le
produjo un dolor en el pecho. No al extremo de cuando contemplaba a Alexei
sufrir horrores por culpa de Valeri, pero le afectaba de manera similar.
Poniéndose
de pie con una expresión amarga, trajo la camisa de Chariot que había dejado
doblada en el asiento trasero. Devolvérsela así le parecía una grosería, así
que quería lavarla un poco en el agua para quitarle la mancha. Al sumergir con
cuidado la camisa en el lago y frotarla, Yuri la sacó al ver que la sangre se
esparcía por toda la tela en lugar de salir.
El
precio de un breve descuido había sido alto. Después de escurrir con fuerza la
ropa húmeda, Yuri regresó al auto. El roce del abrigo contra su piel mojada le
incomodó aún más los ánimos, pero al pensar en el Chariot que vería en poco
tiempo, se sintió aliviado.
Tengo tantas ganas de verte.
Si veo tu sonrisa... creo que todo estará bien.
Tendría
que esforzarse un poco para hacerlo sonreír, pero esperaba que la cerveza fuera
de ayuda. Tomó el paquete de cervezas que había dejado en el asiento del
copiloto, recargó su pistola por si acaso, aseguró las puertas del automóvil y
echó a andar. Incluso si lograba salir de allí pronto, era posible que le
hubieran instalado un GPS al coche robado, así que por seguridad lo había
dejado estacionado lejos.
Tras
caminar unos diez minutos, por fin divisó las luces. Al contemplar las ventanas
de la cabaña resplandeciendo con un brillo anaranjado, una leve sonrisa se
dibujó en los labios de Yuri. Apresurando el paso hacia la cabaña, descubrió un
vehículo desconocido estacionado a corta distancia.
…¿Qué es esto?
Con
una mirada fría y desprovista de toda sonrisa, Yuri escudriñó el auto. La
matrícula estaba registrada en Alberta, y el modelo era un Toyota RAV4 negro,
uno de los más comunes en Canadá. Aunque no experimentó la misma sensación
ominosa de antes, de ningún modo era una buena señal.
La
única persona programada para visitarlo era el escolta llamado por Chariot,
pero todavía no era el momento de su llegada. Sintió un escalofrío y su corazón
comenzó a latir con fuerza. Entonces, ¿había venido alguno de los familiares de
Chariot? ¿Y si quien se había presentado era la persona detrás de este encargo?
Sus
manos y pies se enfriaron. Viejos y oscuros recuerdos del pasado lo envolvieron
por la espalda. El desastre absoluto con el que se había encontrado al abrir la
puerta de su casa como de costumbre. Las personas arrastrando a su madre y a su
padre. Y todo lo que vino después...
Su
garganta se contrajo y su mente comenzó a dar vueltas. Moviendo su mano
entumecida por un instante para sacar y empuñar la pistola, Yuri respiró hondo
a la fuerza para recuperar la compostura. No puede ser. Quien intente matar
a Chariot no sabe exactamente dónde está en Big Fox. Si supieran la dirección,
ya le habrían enviado a esos tipos hace rato.
Así que estará bien.
Por favor.
Por favor, que no pase nada. De lo contrario, si vuelvo a perder
ante mis ojos a alguien a quien quiero proteger, yo...
Abriendo
los ojos con intensidad, ahogó el sonido de su respiración y sus pasos para
acercarse a la cabaña con extrema cautela. A medida que se aproximaba, las
trampas que él mismo había instalado en las ventanas salieron a su vista. No
había señales de daños. Eso significaba que nadie había entrado por la fuerza a
través de las ventanas. La puerta principal tampoco estaba rota.
Tras
inspeccionar rápidamente los alrededores de la cabaña, Yuri decidió no abrir la
puerta principal, sino dirigirse hacia la ventana cubierta por cortinas para
entrar por la parte trasera. Apenas dobló la esquina, un fuerte olor a humo de
tabaco lo golpeó, y al percibirlo, Yuri levantó de inmediato el arma para
apuntar a alguien.
“Oye.”
La
silueta oculta tras el humo del tabaco emitió un breve suspiro mientras
levantaba ambas manos. Era voz de mujer.
“Pero
qué situación. Yo solo había salido a caminar por la orilla del lago para fumar
un cigarrillo. ¿Eres el joven que vive en esta casa? Recibir a los vecinos de
esta manera podría causar un accidente.”
Una
voz madura, entrada en años.
Ante
una voz que jamás habría esperado escuchar en un lugar así, Yuri aflojó
ligeramente y con desconcierto el dedo que tenía apoyado sobre el gatillo.
Y
mientras Yuri dudaba brevemente ante aquella situación imprevista, una chispa
de cigarrillo saltó con aspereza sobre sus párpados. Apenas frunció los ojos
debido al cuerpo extraño inesperado, un chasquido resonó a continuación. El
suelo pareció hundirse bajo sus pies y sintió que había cometido un error. Ese
sonido solo podía significar que estaban cargando una escopeta.
“Un
joven escolta no debería cometer la estupidez de bajar la guardia solo por
tratarse de una mujer anciana.”
El
humo se disipó poco a poco, revelando la identidad de la persona extraña que se
ocultaba en su interior. Yuri vigiló los movimientos de su contrincante sin
permitir que escapara ni un solo suspiro descuidado. Tal como lo había
anticipado, el cañón de la escopeta le apuntaba directamente al pecho. De haber
recibido un disparo ahí, habría muerto instantáneamente.
“Si
pretendes proteger a nuestro Cherry, no debes descuidarte por cosas tan
insignificantes.”
Con
un tono relajado, la mujer pronunció el apodo cariñoso de Cherry. Al escuchar
ese apelativo lleno de afecto, Yuri comprendió que la contrincante no era una
enemiga. A medida que su rostro se relajaba —pasando de la determinación de
volarle los sesos al oponente incluso si moría por un disparo de escopeta—, la
escopeta que le apuntaba también fue descendiendo con lentitud. Yuri bajó
asimismo su pistola.
La
mujer que había estado fumando afuera era, tal como lo había deducido por su
voz, de mediana edad. Aunque tal vez fuera un poco mayor que eso. Su atuendo
particular dificultaba calcular su edad con exactitud.
Llevaba
el cabello completamente blanco y largo, ondulado sobre los hombros, y vestía
una chaqueta de mezclilla junto con unos pantalones negros de corte acampanado.
En su cintura portaba una cartuchera, y sobre su camisa blanca brillaba un
colgante dorado. Su rostro arrugado permanecía inexpresivo y sus labios se
curvaban en una línea recta que denotaba terquedad.
Por
alguna razón, Yuri creyó saber quién era.
“¿Es
usted Dolly?”
“Oh.”
Dolly
dibujó una sonrisa divertida sobre su rostro inexpresivo. Era la sonrisa de una
abuela traviesa.
“¿Cherry
te habló de mí? Qué curioso.”
…¿Se encuentra bien Chariot?
Dolly
recorrió el maltrecho aspecto de Yuri sin decir palabra. Tras examinarlo con
una expresión cargada de significado, asintió con la cabeza.
“Está
llorando porque su escolta fugitivo no aparece.”
Luego,
señaló con la barbilla la cerveza que Yuri llevaba en la mano.
“Especialmente
mientras espera eso.”
Gracias
a la idea de que se encontraba a salvo y tal como siempre, el rostro de Yuri
también se iluminó. Mientras la miraba fijamente con atención, notando cómo los
ojos azules que antes se habían endurecido se volvían apacibles, ella soltó el
mecanismo de la escopeta para desactivar el seguro y se la colgó del hombro.
Caminando con paso firme y rozando el costado de Yuri, Dolly dijo con voz
inexpresiva:
“Entra.
Cherry está esperando.”
Era
exactamente lo que Yuri también deseaba. Apenas recibió el permiso, Yuri siguió
sus pasos mientras guardaba la pistola. Al observar cómo ella abría la puerta
principal con una marcha desenvuelta, Yuri dedujo que aquella mujer debía de
llevar una vida así desde hacía muchísimo tiempo. El arma que llevaba era una
vieja escopeta de bisagra. Era un objeto rudimentario, pero con un poder letal
acorde a ello.
Apenas
se abrió la puerta, resonó la voz de Chariot:
“Dolly,
¿viste si Yuri venía en camino?”
En
ese instante, Dolly, que había quedado parcialmente oculta tras la puerta,
inclinó el torso hacia atrás para echarle un vistazo a Yuri. Al cruzarse sus
miradas, ella frunció el ceño hacia el interior como diciendo qué demonios
hacían. Visto con buena iluminación, los ojos de ella también eran de un tono
azul parecido al suyo. Su cabello blanco y entrecano daba la impresión de haber
sido rubio en el pasado. Quizás fuera una equivocación suya, pero su aspecto
recordaba más bien a alguien procedente de Europa que a una estadounidense.
“¿Qué
haces?”
Cuando
Dolly habló tras la puerta, Chariot exclamó desde el interior:
“¿Wolfie?”
Apenas
oyó esa voz luminosa, a Yuri también le costó contenerse. Tras inclinar
levemente la cabeza a modo de saludo hacia Dolly, se apresuró a entrar. Una
iluminación brillante lo bañó y todo el entorno que antes solo era oscuridad se
aclaró en un instante. Sintió que volvía a respirar.
Chariot,
que estaba con un brazo apoyado en el respaldo del sofá mirando hacia la
entrada, apenas vio a Yuri se abalanzó saltando por encima del mueble.
“¡Yuri!”
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Habiendo
recorrido a la carrera una distancia de apenas unos pasos, abrió los brazos
para abrazarlo con fuerza. Dolly, que sujetaba la puerta desde atrás, alzó una
ceja al presenciar la escena, pero ninguno de los dos tenía cabeza para
prestarle atención. Yuri rodeó la espalda de Chariot con el brazo que tenía
libre y esbozó una leve sonrisa. La sonrisa se dibujó en su rostro sin que
alcanzara a premeditarlo.
“Perdón
por la tardanza. ¿Esperaste mucho?”
Ante
esas palabras, Chariot asintió mientras ejercía más presión con los brazos.
Como consecuencia de ello, la presión sobre la herida hizo que la sangre que
empezaba a detenerse brotara de golpe a través de la cinta americana. Yuri no
emitió ni el más leve gemido y dejó que Chariot continuara abrazándolo.
“Pensé
que te había pasado algo y creí que me volvía loco. No contestabas el teléfono
y por mi culpa…”
“Cherry.”
En
ese momento, Dolly llamó a Chariot. Ella le dijo al muchacho, que había
levantado la cabeza:
“Tu
escolta parece estar herido… Así que deberías empezar por ponerle una venda.”
“¿Qué
dices?”
Chariot,
que aflojó la fuerza de sus brazos con presteza, agarró a Yuri de los hombros y
dio un paso atrás. Fue entonces cuando el rostro de Chariot se descoloró al
descubrir que Yuri no llevaba nada puesto debajo del abrigo. Con la mirada
tensa de puro miedo, Chariot comenzó a examinar a Yuri con lentitud. Su vista,
que se había detenido brevemente en el cuello, se quedó fija en la cinta
americana que envolvía su costado, por donde la sangre empezaba a fluir de
nuevo.
Maldita
sea. Tras un breve improperio, Chariot le agarró la mano con firmeza. A Yuri le
agradaba que le cogiera la mano en lugar de la muñeca, así que se dejó
arrastrar a capricho por él. Mientras tanto, Dolly observaba a ambos en
silencio y cerró la puerta principal con llave. A Yuri, a quien de todos modos
aquello le preocupaba, le resultó un tanto grato contar por fin con otra
persona que se ocupara de cerrar la puerta.
Chariot
se había quedado sin palabras. Con una expresión tan grave como si él mismo se
hubiera lastimado, hizo que Yuri se sentara en el sofá y luego caminó hacia la
cocina para abrir el cajón situado al lado del fregadero. Un botiquín de
primeros auxilios, viejo y gastado, dejó ver su interior, como si hubiera
estado guardado allí desde hacía mucho tiempo.
Chariot
se acercó y se sentó frente a él, mientras Yuri contemplaba fijo aquel color
rojo descolorido, y con un tacto sumamente delicado le quitó el abrigo. Le
resultaba extraña la sensación de que inspeccionaran su herida bajo una luz tan
clara, algo que casi nunca le había ocurrido. La mirada de Dolly, que le
quemaba la espalda como si quisiera atravesarla, también le resultaba
agobiante. Sabía muy bien que, al margen de lo que pensara Chariot, las
cicatrices de su cuerpo estaban lejos de ser algo que los ojos ajenos pudieran
pasar por alto.
Tal
como lo había previsto, a nada que le retiró el abrigo, Dolly dejó escapar un
leve y bajo murmullo de asombro. Hacía ya mucho tiempo que le daba igual lo que
los demás pensaran de él, pero Dolly era alguien a quien Chariot consideraba
parte de su familia. No deseaba proyectar la imagen de un monstruo aterrador
ante una persona tan preciada para Chariot. Sabía que era un deseo egoísta,
pero aun así lo sentía.
“¿Te
duele mucho?”
Fue
entonces cuando Chariot preguntó con una voz grave y contenida. Yuri, que tenía
la vista perdida en el vacío, alzó los ojos de golpe y cruzó la mirada con él.
Los ojos verdes de Chariot, que lo miraban con una pregunta silenciosa, estaban
anegados de lágrimas. Con las cejas de tono castaño rojizo contraídas por el
sufrimiento, y sufriendo infinitamente más que el propio Yuri, se quedó mirando
la herida antes de tomar las tijeras y empezar a recortar con suma cautela la
cinta americana. Aunque lo hiciera de manera descuidada no le iba a doler en
absoluto, pero se comportaba como si cualquier mínimo error fuera a causarle
dolor a Yuri.
El
tacto de Chariot era tan sumamente cuidadoso que a Yuri le faltaba el aire.
Sentía unas ganas locas de volverse loco de amor ante la ternura con la que
alguien como él era tratado. Y, al mismo tiempo, le dolía infinitamente el
corazón al ver que su presencia provocaba en Chariot una expresión a punto de
estallar en llanto. El camino que había emprendido para hacerlo sonreír se
había convertido en un motivo de lágrimas para él, y eso le retorcía las
entrañas.
¿Qué hago?
Yo quería hacerte sonreír. No pretendía provocar esta clase de
expresión en tu rostro.
Su
mente se había sumido en el caos. Con el entrecejo fruncido, Yuri se maldijo a
sí mismo y pensó en qué podría hacer para levantarle un poco el ánimo. Fue
entonces cuando recordó la cerveza que Chariot había estado esperando con tanto
anhelo. Claro, con esto bastaría para enseñársela.
“Estoy
bien. Además, no había de la cerveza que pediste. Así que tuve que traer Coors
Light...”
“Ahora
mismo eso no es lo que importa, Yuri.”
Yuri,
que iba a mostrarle el paquete de cerveza que seguía aferrando firmemente con
una mano tirando de la cinta de plástico, se quedó mudo. La razón era que
aquellos hermosos ojos verdes, que hasta entonces solo retenían humedad,
terminaron por empaparse por completo. Un hilo de líquido transparente resbaló
por la pálida mejilla de Chariot hasta acumularse en su barbilla. Al ver a
aquel hombre llorar sin emitir siquiera un sonido de llanto, Yuri se quedó
genuinamente desconcertado.
“Chariot.”
No
tenía la menor idea de cuál era la forma correcta de reaccionar ante una
situación así. Y con mucha más razón, puesto que él mismo jamás había llorado
en su vida. El mundo nunca le había dado tiempo para llorar, y por más que Yuri
derramara lágrimas de sangre, jamás había podido derramar una lágrima
transparente.
...Cherry.
Atribulado
como si tuviera al frente el problema más difícil del mundo, Yuri optó al final
por la mejor respuesta que su torpe cabeza pudo encontrar.
“No
llores, Cherry.”
Susurrándole
con suavidad que no llorara, pronunció por primera vez aquel apodo cariñoso con
el que jamás lo había llamado. Lejos de detener el llanto ante esa voz tan baja
y afectuosa, Chariot contrajo las cejas y apretó los labios con fuerza. Al ver
que su bonito rostro se desfiguraba por su culpa, Yuri se sintió todavía más
afligido.
“La
herida no es grave. Solo fue un roce de bala. No hay lesiones mortales y
tampoco me duele. Quédate tranquilo, ahora mismo no hay nadie que represente un
peligro para ti.”
Cuanto
más hablaba Yuri, más y más lágrimas derramaba Chariot. Al ver que su espalda
se estremecía hasta el punto de dejar escapar respiraciones cortadas y
ahogadas, Yuri tragó saliva con dolor, dejó la cerveza a un lado y le sujetó
los hombros con ambas manos.
...¿Puedo abrazarte un momento?
Como
temía mancharlo de sangre si lo abrazaba sin su consentimiento, le pidió
permiso a Chariot con voz recatada. Al oírlo, Dolly, que los había estado
observando en silencio, estalló de repente:
“¡A
quién se le ocurre pedir permiso para abrazar!”
Ante
aquella reprimenda repentina, el llanto de Chariot se detuvo de golpe. Ah,
menos mal. A diferencia de él, Dolly sí sabía muy bien cómo consolar a
Chariot. Con un semblante mucho más relajado, Yuri miró a Dolly para expresarle
su agradecimiento. Al cruzarse sus miradas, ella frunció sus cejas grises con
expresión de incredulidad, pero Yuri la ignoró y volvió a posar su atención en
Chariot. Al ver el contorno de sus ojos enrojecido por las lágrimas, sintió que
su corazón —que ya dolía y se encogía de puro dolor— estaba a punto de
desgarrarse de nuevo.
Ah, jamás imaginé que verte llorar dolería tanto.
Atravesando
por una desesperación y un sufrimiento que experimentaba por primera vez en su
vida, Yuri acarició vagamente a Chariot con las manos que aún sostenían sus
hombros. Al notar aquello, Chariot, ya sin sollozar, habló con un tono lleno de
capricho:
“¿No
me vas a abrazar?”
Comprendiendo
de manera tardía que el permiso le había sido concedido, el rostro de Yuri se
iluminó por completo. Su expresión, que antes rozaba la inexpresión de lo
rígida que estaba, se suavizó mientras envolvía con cuidado los hombros de
Chariot. No podía presionar demasiado la parte superior de su cuerpo contra él
para evitar mancharlo de sangre.
“Si
te abrazo, como antes, es posible que no sepa medir bien mi fuerza y te cause
dolor... Así que tienes que ser tú quien me abrace.”
Acunado
en el pecho de Yuri, Chariot susurró mientras le rodeaba la espalda con un
gesto de Súplica. Al escuchar esa voz quebrada por el llanto que le partía el
alma, Yuri asintió con la cabeza y secundó a ciegas lo que le pedía.
“Está
bien.”
“¿Te
duele muchísimo? Sangra mucho más que la herida que tenías en el brazo.
Perdóname, Yuri. De verdad discúlpame. Te has lastimado por mi culpa. Todo esto
pasó porque fui yo quien te arrastró a esto.”
“No.”
Ante
esas palabras, no podía simplemente decirle que sí.
“Esto
fue mi decisión. Así que no tienes por qué culparte.”
“Pero...”
Exhalando
un suspiro angustioso, Chariot extendió la mano con cautela y tocó ligeramente
sobre su costado, por donde brotaba la sangre. Apenas rozó la herida con la
punta de los dedos antes de retirarla de golpe, y exhaló una respiración
inestable. Parecía estar sufriendo un leve ataque de pánico.
“Se
ve demasiado doloroso...”
Sintiendo
que el estado de Chariot no era normal, Yuri deshizo el abrazo para examinarlo.
Y no se equivocaba. A diferencia de su apariencia habitual, el rostro de
Chariot se había vuelto pálido y sus pupilas estaban un poco dilatadas. Al ver
esos ojos verdes repletos de miedo, el corazón de Yuri dio un vuelco. Se cruzó
fugazmente por su mente aquella faceta ansiosa que él había mostrado antes, la
cual había olvidado debido a que siempre se la pasaba sonriendo alegremente o
soltando comentarios socarrones con rapidez.
El momento en que confesó que en realidad tenía muchísimo miedo.
Aquella actitud en la que esperaba con una ansiedad peculiar
cada vez que Yuri salía del baño.
Aunque
no sabía cómo se relacionaban ambas cosas, era evidente que guardaba relación
con el hecho de que Chariot aborrecía profundamente a los criminales. Con el
ceño fruncido, Yuri se apresuró a apartarlo para tapar su herida, cuando de
repente la puerta de la habitación de Chariot, ubicada al fondo, se abrió de
par en par.
“Dolly,
¿qué pasa?”
Ante
la voz de un hombre desconocido, Yuri levantó la cabeza para mirar en esa
dirección. Al fulminar al intruso con una mirada cargada de hostilidad, el
hombre que salía de la habitación también se detuvo en seco para devolverle la
mirada de reojo. Al percibirse de forma evidente feromonas hostiles, era obvio
que el otro también era un alfa. El sujeto, que llevaba el cabello rizado de un
tono rojizo peinado a medias hacia atrás, aparentaba ser mayor que Yuri. A ojo
de buen cubro, rondaría entre mediados y finales de los treinta. Presentaba el
aspecto típico de los pelirrojos, con pecas salpicadas en las mejillas, pero su
expresión era tan afilada que impedía subestimarlo lo más lo mínimo.
“¿Qué
clase de escena es esta?”
El
hombre evaluó la situación en la sala con una expresión sumamente contrariada y
caminó a grandes zancadas hacia el lugar donde estaba Chariot. Mientras Yuri
agarraba con firmeza los hombros de Chariot, que empezaban a temblar
menudamente, e intentaba atraerlo hacia su pecho, el hombre lo fulminó con una
mirada feroz y lo reprendió:
“Cherry,
cierra los ojos ahora mismo. Dolly, ¿qué estabas haciendo tú para que Cherry
llegara a este estado? Ya sabes que Chariot sufre ataques cuando ve heridas
graves.”
El
hombre parecía estar acostumbrado a esa clase de situaciones. Ante la mención
de un ataque, Yuri aflojó la fuerza con la que sostenía a Chariot. Apenas Yuri
lo soltó, el hombre lo incorporó ayudándolo desde atrás y procedió a taparle
los ojos al jadeante Chariot.
En
el preciso instante en que vio al sujeto consolándolo con total naturalidad, un
fuego interno se encendió dentro de Yuri. Quizás porque era la primera vez que
presenciaba un contacto así de íntimo con alguien que no fuera él, su mente se
vio inundada de ira hasta el punto del mareo.
Sin
embargo, no podía volver a aferrarse a Chariot.
¿Cómo
iba a hacerlo, si acababa de escuchar que el motivo por el cual el muchacho se
había desestabilizado era precisamente su propia herida?
No
lo sabía. Desconocía por completo que Chariot reaccionara con tanta intensidad
ante las heridas... Hasta ahora no tenía idea. Como sus manos al vendar eran
expertas y tratándose de un deportista, jamás había imaginado que una lesión
fuera a convertirse en un problema. En ese momento sintió un profundo asco
hacia su propia falta de consideración.
Mientras
Yuri, incapaz de retenerlo por más tiempo, fulminaba con la mirada al hombre,
Dolly —que estaba sentada más atrás— chasqueó la lengua y replicó:
“Benji,
Cherry ya no es un niño al que debas cuidar. La situación de hace un momento no
era para que te metieras.”
“¿Por
qué no? ¿De qué clase de situación hablas?”
Parecía
que el hombre se llamaba Benji. Mientras masticaba mentalmente aquel nombre que
no le agradaba en absoluto, Chariot recuperó la compostura. Apartando las manos
de Benji que le cubrían los ojos, dijo:
“Dolly
tiene razón. Ya basta. Estoy bien.”
Como
Benji era más bajo que él, Chariot —que había tenido que agacharse ligeramente—
lo empayó a un lado y se apartó. Benji frunció el ceño, miró uno a uno a Yuri,
a Chariot y a Dolly, y preguntó:
“¿A
qué situación te refieres, entonces?”
“Yuri
se lastimó por mi culpa, así que es correcto que yo lo cure. Actuó conforme a
mi voluntad y lo de recién fue solo una reacción indeseada. Así que
tranquilízate, Benji.”
“¿Que
se lastimó por tu culpa?”
Tras
rumiar las palabras de Chariot, Benji miró fijamente a Yuri con una expresión
cargada de desprecio y espetó:
“¿Ese
sujeto es el famoso escolta del que hablabas?”
Ante
sus palabras, Yuri comprendió que él también era una de las personas que habían
cuidado de Chariot desde su infancia, al igual que Dolly. Esas dos personas de
confianza eran las que se suponía debían llegar en el plazo de diez días.
Aunque le desconcertaba que hubieran llegado antes de lo previsto, lo que le
resultaba todavía más turbador era que aquel tal Benji hubiera manifestado su
desagradable rechazo en cuanto puso los ojos en él.
De
algún modo, él...
¿El escolta del que dijiste que no podías tener a tu lado por
tener antecedentes penales?
Era
como si conociera a la perfección aquel pasado tétrico y sórdido que Yuri tanto
se había esmerado en ocultar.
“Si
es así, con más razón no debes dejarte manipular por un sujeto de esta calaña.
Chariot, tú menos que nadie deberías sentir lástima por un delincuente. Si
piensas en mí, que pedí una licencia de urgencia al enterarme de que ibas a
contratar como escolta a alguien con un historial sospechoso, o en tu madre,
que no puede conciliar el sueño tranquila ni un solo día sin Dolly, ¡tu
comportamiento actual no solo es una irresponsabilidad imperdonable, sino una
falta de respeto a la memoria de tu difunto padre!”
En
el momento en que Benji elevó la voz, la expresión desapareció del rostro de
Chariot. Cuando se enojaba de verdad, se podía percibir un torbellino de
feromonas, y Benji, dándose cuenta enseguida de que había metido la pata,
también cerró la boca. Una tensión similar a la de caminar sobre una capa de hielo
delgado se crio pesadamente en la sala. En medio de esa atmósfera afilada,
Chariot abrió la boca:
“Sé
muy bien que hyung siempre se preocupa por mí de verdad. Pero Yuri no es
alguien que deba escuchar ese tipo de palabras. Dejando todo eso de lado, actuar
de forma grosera con alguien que se ha lastimado por mi culpa no creo que le
sirva de ayuda a nadie... ¿Qué opinas?”
Aunque
no sabía con exactitud cómo era la relación entre ambos, el hecho de que lo
llamara hyung y que tuviera un tono de cabello de algún modo similar al de la
madre de Chariot, a quien había visto en una fotografía... le hizo sospechar
que compartían sangre.
“Ja.”
Benji
se revolvió los cabellos con frustración, como si le doliera la cabeza, y luego
dirigió su mirada hacia Yuri. A diferencia de la primera vez que lo vio, ahora
que sabía que el hombre era alguien preciado para Chariot, Yuri no lo miró con
la misma hostilidad que antes. Aunque sentía una sensación incómoda y recelosa,
esa emoción no provenía de que el otro hubiera mostrado desde el principio su
desagrado hacia él; más bien era todo lo contrario.
Si
alguien era importante para Chariot, también lo era para Yuri, y no quería que
por su culpa surgieran discordias entre Chariot y esas personas parecidas a una
familia a quienes conocía desde hacía tanto tiempo.
Yuri...
no era una persona que valiera tanto la pena.
Por
supuesto, que Chariot se hubiera puesto de su parte fue una alegría tan
inesperada como real. Al superponerse el recuerdo de su tacto acariciando con
cuidado la herida y la imagen de él defendiéndole enojado momentos antes,
sintió que estaba recibiendo respeto de su parte.
Respeto.
Yuri
sopesó en su mente esa palabra que de repente le había venido a la cabeza.
Jamás lo había sentido de ese modo hasta entonces. ¿Sería porque, incluso
cuando recibía desprecio o indiferencia, nunca le había parecido una falta de
respeto, sino algo completamente natural? El concepto de respeto le resultaba
ajeno.
“Yo
curaré a este joven, así que ustedes dos salgan un rato a conversar. De todos
modos, se lastimó envuelto en los asuntos de Cherry, así que hace un momento te
equivocate tú, Benji. Disculpate.”
Ante
las palabras de Dolly, Benji frunció el ceño, giró sobre sus talones y salió de
allí. Al verle marchar mientras cerraba la puerta de un fuerte portazo, Chariot
se acercó a Yuri para disculparse en su lugar:
“Perdón,
Yuri. Benji es...”
Aunque
habían estado discutiendo, Chariot mostraba una expresión compleja, como si no
estuviera enfadado de verdad con él.
“Es
mi primo hermano. Tras la muerte de mi padre, mi tío cruzó a Estados Unidos
para acompañar a mi madre, y Benji creció viendo eso. Para Benji, tanto mi
madre como yo somos personas a las que debe proteger, por eso a veces reacciona
así. Te pido disculpas de nuevo.”
Yuri
negó con la cabeza. Su expresión, que se había endurecido por la perplejidad
ante una situación imprevista, se suavizó en cuanto vio a Chariot. Como el
ambiente no era el adecuado, no llegó a sonreír, pero consoló a Chariot con un
tono lo suficientemente afectuoso:
“Yo
estoy bien, sal un momento, Chariot.”
“Qué
va a estar bien, ni qué nada. ¡Habiéndote lastimado de esta manera...!”
El
rostro de Chariot se ensombreció y las lágrimas volvieron a asomarse de
inmediato a sus ojos verdes. Yuri frunció el ceño y le ordenó a Chariot con el
tono seco de antes:
“Sal,
Chariot.”
Sin
embargo, no surtió el mismo efecto que las veces anteriores. Chariot se mordió
con fuerza los labios mientras miraba a Yuri con una expresión cargada de
pesar, tragó el aire húmedo por el llanto y se dio la vuelta. En cuanto Chariot
salió siguiendo los pasos de Benji, Dolly se acercó a su lado.
“Parece
que ambos tienen demasiada sangre caliente por ser jóvenes. ¿No crees?”
“Eso
parece.”
“Pero
el joven escolta es demasiado calmado para su edad. Aunque sea mayor que
Chariot, parece mucho más joven que Benji. Benji tiene treinta y ocho años.
Sigue guiándose solo por su sentido de la justicia y no actúa conforme a su
edad. Con ese comportamiento le va a faltar mucho para lograr un ascenso, y eso
que se supone es un policía.”
Tras
soltar una queja que parecía más un lamento, ella se dejó caer pesadamente
frente a Yuri. Cortó de un solo tajo, con las tijeras, la cinta adhesiva que
Chariot no se había atrevido a retirar aplicando fuerza. Luego, chasqueando la
lengua con fastidio, acercó un hisopo con desinfectante alrededor de la
maltratada herida de Yuri. Un dolor punzante lo invadió.
“Si
arrancas esto mal en estas condiciones, la herida se va a desgarrar.
Tratándotela de esta manera, es normal que tengas tantas cicatrices.”
Aunque
el dolor debía de ser considerable, Dolly, que le echó un vistazo de reojo a
Yuri mientras este permanecía inmóvil frunciendo apenas el ceño, retiró la
cinta con cuidado y suma destreza. La sensación de que la herida se abría era
tan nítida que por un momento su respiración se volvió pesada, pero comparado
con todo el sufrimiento que había soportado a lo largo de su vida, aquello no
era absolutamente nada. Solo que, quizás por haber pasado tanto tiempo, su
cuerpo estaba reaccionando de manera un poco exagerada. Tal vez con la edad ya
empezaba a cambiar. Lo habían tratado con tanta rudeza desde que era pequeño
que ya le tocaba empezar a fallar por alguna parte.
Tras
examinar la herida, Dolly hurgó en el interior del botiquín de primeros
auxilios y volvió a chasquear la lengua. Al parecer, era un hábito muy suyo que
le salía de forma natural cada vez que veía algo que le desagradaba.
“Está
largamente desgarrado, así que hay que coserlo. En esta casa no hay aguja, así
que lo voy a cerrar con una grapadora médica. ¿Te parece bien?”
“No
hay problema.”
Yuri,
que había estado pensando en silencio, alargó la mano hacia el botiquín y le
dijo:
“Puedo
hacerlo yo mismo, así que dejémoslo así.”
“¡Ja!”
Soltando
una risa seca de algún modo similar a la de Benji, Dolly le dio un manotazo
seco en el dorso de la mano.
“Dices
eso muy suelto de huesos después de haberte envuelto la herida de esta manera.
Si te dejo hacerlo a ti, Cherry va a volver a dar un grito en el cielo, así que
lo haré yo.”
Tras
advertirle con una mirada severa que no se moviera, se dirigió a la cocina con
su habitual andar desenvuelto y sacó una grapadora grande de uno de los
cajones. Era un misterio por qué habría algo así en la cabaña de un civil, pero
Yuri se limitó a esperarla en silencio.
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Dolly
trajo una que no mostraba señales de uso. Aunque parecía vieja, al igual que el
botiquín que había traído Chariot, no presentaba ningún inconveniente para la
sutura. Tras romper el envoltorio translúcido y sellado, y sacar la grapadora
con empuñadura vertical, Dolly le preguntó a Yuri antes de proceder a cerrar la
herida:
“¿Te
traigo algo de tomar? Creo que en la alacena hay algo como güisqui.”
“No
se molesta.”
En
su pálida frente se acumulaba un sudor limpio producto del cansancio que le
llegaba con retraso, pero Yuri negó con la cabeza con serenidad para rechazar
el ofrecimiento. Mirándolo con desaprobación, Dolly le pellizcó de imprevisto
la carne abierta. A continuación, empezó a engrapar de un solo golpe.
¡Clac!
Soportando
en silencio el dolor que se adentraba en su carne viva, Yuri reguló su
respiración. Una vez que empezó a adaptarse, su cuerpo pareció recordar el
pasado y su respiración se calmó cada vez más. Así era. No tenía sentido sufrir
por una simple herida abierta. Un daño de esa magnitud no suponía ningún
obstáculo para sus movimientos.
De
ese modo, Yuri no emitió ni un solo gemido mientras las grapas metálicas se
clavaban en la zona afectada. Tras evaluar el rostro calmado de Yuri con una
mirada que denotaba dureza, Dolly colocó la última grapa.
“Parece
que tú también tienes lo tuyo.”
Se
puso de pie, fue un momento a la cocina y regresó con una gasa humedecida en
agua limpia. Con eso limpió la zona suturada una vez, colocó una gasa nueva
encima y sacó una venda para envolverla aplicando la presión adecuada.
Tras
concluir la curación con pulcritud, Dolly desvió la mirada hacia la otra herida
abierta que le quedaba a Yuri en el antebrazo izquierdo. Debido a que había
dejado sin tocar la venda que Chariot le había colocado días atrás, Yuri
terminó con vendas repartidas por varias partes de su torso. Al observar ese
aspecto, Dolly suspiró.
“Cuántas
veces habrán rozado las balas tu cuerpo. Parece que Cherry se ha metido en
algún asunto turbio, ¿estoy en lo cierto?”
Yuri
asintió con la cabeza y mantuvo los labios cerrados. Mientras meditaba si era
prudente o no contarle a la mujer que tenía enfrente los detalles que había
descubierto ese día, Dolly se adelantó a hablar:
“Benji
es rematadamente despistado y parece no enterarse de nada, pero a los ojos de
esta anciana no se les puede engañar. A ustedes les ha pasado algo. ¿Me
equivoco?”
Ante
sus palabras que mencionaban directamente la relación entre ambos, Yuri frunció
el ceño con una expresión atribulada. Era verdad que habían pasado el rut
juntos, y a Yuri también le habría gustado creer que la charla que habían
tenido al despertar ese día significaba algún avance entre los dos... Pero
todavía no era seguro.
“Si
Cherry me habló de mí, seguro que también te habrá contado lo de su padre. Eso
significa que confía en ti, así que yo también confiaré en ti por el momento.
Por lo tanto, dime qué es lo que estás ocultando.”
Las
dudas lo asaltaron. Combinando las palabras que Heather le había dicho con lo
que le había escuchado a Marty, era seguro que uno de los miembros de la
familia de Chariot iba tras él. Aunque parecía evidente que Dolly apreciaba a
Chariot, las personas traidoras siempre rondaban cerca de aquellos a quienes
planeaban apuñalar por la espalda. Aunque no creía que Dolly fuera ese tipo de
persona, para un Yuri que llevaba mucho tiempo contemplando lo peor de la
maldad humana, le resultaba imposible bajar la guardia con facilidad.
Al
prolongarse el silencio, Dolly soltó una risa irónica. Mirando a Yuri como
diciendo que aquello era el colmo del absurdo, se levantó de pronto del sofá.
“¿O
sea que no me tienes confianza?”
“...Disculpe,
pero así es.”
Yuri
respondió con franqueza. Dolly alzó ambas manos adoptando la postura de una
directora de orquesta y caminó hacia la cocina, estirando los brazos hacia la
parte superior de la alacena. Mientras él dudaba sobre si debía ayudarla o no,
Dolly se apañó por su cuenta. Arrastró una silla de la isla de cocina haciendo
que rechinara contra el suelo, se subió a ella y sacó el güisqui que estaba en
el armario.
Ahora
que lo notaba, Dolly era más baja de lo que pensaba. Con suerte medía un poco
más de cinco pies. Sin embargo, tal vez debido a que tenía extremidades muy
largas y una postura sumamente erguida, no parecía pequeña en absoluto.
Trayendo
consigo una botella de Jameson medio llena, colocó dos vasos sobre la mesa
frente al sofá. Luego, llenó cada uno de ellos y se los tendió directamente a
Yuri. Aunque aceptó el vaso en un principio, al ver que le ofrecía alcohol a
alguien herido, pensó que Dolly tampoco era una persona precisamente normal.
“Escucha,
joven. ¿Yuri, era?”
Yuri
asintió en silencio, a pesar de que aquello pudiera parecer algo grosero.
Siendo una persona importante para Chariot, era obvio que debía causar una
buena impresión, pero eso no iba a convertirlo en alguien distinto. Como la
fatiga se le acumulaba encima, no tenía la menor intención de malgastar
energías respondiendo preguntas innecesarias.
“Yo
calculo que tú tienes... ¿qué edad tienes ahora?”
“¿Acaso
es necesario que lo sepa?”
“Olvídalo.
Yo me he encargado de Chariot desde que cumplió catorce años. Para ser exactos,
desde ese momento estuve al lado de Madison.”
Al
escuchar el nombre de Madison, Yuri adoptó una expresión de leve desconcierto,
por lo que Dolly añadió una explicación:
“Es
la madre de Chariot. Es una niña ocho años menor que yo, así que hasta el día
de hoy me toca cuidarla... pero en fin, escucha lo que te digo.”
Girando
la cabeza hacia un lado, alzó su vaso de güisqui y se bebió el licor de un solo
trago. Aunque Yuri no tenía la menor intención de beber, al verla tomar a ella,
de algún modo le vino una gran sed.
Ahora
que lo pensaba, llevaba medio día sin probar gota. Reconociendo la sed con
retraso, llevó el vaso de alcohol a los labios a pesar de saber que este no
calmaría su sequedad. Al verlo, Dolly esbozó una sonrisa de satisfacción.
“Eso
es, trágatelo. La gente a veces tiene que beber para vomitar lo que lleva
dentro.”
No
supo por qué, pero tras oír esas palabras le dio reparo beber. Mientras Yuri la
miraba fijamente con el vaso en la mano, Dolly comenzó a hablar por iniciativa
propia.
“A
ver, ¿por dónde iba? Ah, Madison. Cierto. A Madison... la conocí gracias a
Chelsea. Chelsea era el padre de Chariot, y la persona que me salvó. Quien me
rescató de convertirme en una condenada a muerte por un falso testimonio fue
precisamente ese tal Chelsea Goodnight.”
De
eso ya había oído hablar algo por encima. Que el padre de Chariot trabajaba
como abogado de oficio cuando conoció a Dolly. Aunque parecía que Chariot
desconocía los detalles de aquella historia, Dolly se la soltó a Yuri con
sorprendente franqueza.
“Verás,
muchacho, a partir de ese momento decidí dedicarle el resto de mi vida a ayudar
a Chelsea. Aquella pareja me dio un sentido cuando lo único que me quedaba en
el pecho era un sentimiento de rencor e injusticia, deambulando sin rumbo. Así
que, joven, en lugar de sospechar de mí, bébete el trago. Y luego cuéntame lo
que estás ocultando. Para que pueda ayudar a Chariot.”
Los
ojos azules de Dolly se afilaron de golpe. Su mirada, que hasta entonces
parecía haberse suavizado con el paso de los años, se cargó de una ferocidad
asesina. En lugar de intimidarse, Yuri la observó fijamente con la misma mirada
impasible con la que había analizado a Marty. Aunque no se trataba de una
habilidad propiamente sobrenatural, él sabía leer los ojos de la gente que
mentía.
Quizás
fuera porque se había pasado los días contemplando los ojos de Íigor, quien le
prodigaba palabras cargadas de engaño sin faltar un solo día, pero con el
tiempo había desarrollado el talento infalible de advertir esas cosas.
Sin
embargo, Dolly carecía de esa calma desagradable típica de los embusteros. En
sus pupilas solo se percibía una pura intención asesina —la de cortarle el
cuello a Yuri de inmediato si no le revelaba lo que ocultaba— y un fuerte deseo
de proteger a Chariot. Las palabras de Chariot eran ciertas. Aunque no llevaban
la misma sangre, ella consideraba a Chariot como a un hijo propio. Por lo
tanto, era familia indiscutible.
A
diferencia de la otra ‘familia’ que iba tras Chariot.
“Tengo
entendido que existe un fideicomiso a nombre de Chariot. Me dijeron que una de
las condiciones para mantenerlo es no provocar escándalos que ‘generen
conflictos sociales de índole pública y manchen el honor de la familia’... ¿He
entendido bien?”
“Sí,
es correcto.”
Dolly
recostó el cuerpo apoyando un brazo en el respaldo del sofá.
“Juntando
todo lo que he averiguado hasta ahora... da la impresión de que alguien de la
familia de Chariot va tras el fideicomiso. Al principio, al parecer intentaron
armarle un escándalo de infidelidad para que saliera en las noticias, pero
Chariot acudió a mi amigo para evitar que algo así sucediera. Chariot no sabía
que el otro tenía pareja y se acostaba con él a menudo cuando le daban los
ruts.”
“Tsk.”
Dolly
chasqueó la lengua.
“Criamos
a ese chico con demasiada delicadeza. Deberíamos haberle enseñado a lidiar con
los ruts a base de pastillas.”
“Como
ha crecido tan bien tal como está, creo que no hay problema.”
Ante
las palabras de Yuri, Dolly abrió ligeramente más los ojos para observarlo.
Esbozando una sonrisa de incredulidad, hizo girar su vaso mientras preguntaba:
“¿Te
parece que Madison y yo lo hemos criado bien?”
Jamás
había visto a alguien tan entrañable como Chariot, así que Yuri asintió sin
vacilar. Al ver aquello, un aire de orgullo sutil se cernió sobre el rostro de
Dolly. Observándola con una expresión complacida, Yuri retomó su explicación:
“El
problema era la pareja de ese amorío. Se trata de los Guardianes del Infierno,
una organización extendida por todo Norteamérica que también tiene una base de
operaciones en el Gran Vancouver. El amante del omega con el que se veía
Chariot era, al parecer, alguien cercano a un mando intermedio que gestiona esa
zona.”
“Mierda.”
Dolly
soltó una maldición a gritos.
“¿Y
se atreve a ver a Cherry ocultando semejante verdad?”
Pareciendo
consumida por la furia, volvió a llenar con güisqui el vaso que había vaciado
con pulcritud, dio un trago y le urgió a Yuri a seguir hablando con la mirada.
“Entonces,
¿qué pasó con ese tipo?”
Yuri
se lo pensó. Era verdad que Samuel se había acercado a Chariot con intenciones
dudosas, pero al final le había advertido con antelación para ayudarlo a
escapar. No sabía si lo había hecho movido por la culpa al pensar que de verdad
matarían a Chariot, o si... había tomado esa decisión porque de verdad había
empezado a encariñarse con él.
De
cualquier forma, había tenido un final lamentable. Yuri no quería tratar eso a
la ligera.
“Murió.
Era un joven y hasta el final no fue una mala persona, así que ya no hace falta
que se enoje más. Como Chariot no sabe nada de esto, le agradecería que lo
mantuviera en secreto.”
“...Ya
veo.”
Dolly,
que estaba furiosa, adoptó una expresión apesadumbrada ante sus palabras.
“Si
de verdad era el amante del cabecilla de la organización, supongo que no había
necesidad de matarlo... ¿Acaso estaba contratado?”
“Eso
parece. Al principio supongo que querían que Chariot se asustara con las
amenazas y fuera a buscar a la policía para armar un escándalo, pero como
acudió a mi amigo a esconderse, al final decidieron matarlo. Si Chariot muere
en este proceso, es seguro que terminará cargando con la falsa acusación de
haber fallecido a causa de una relación clandestina con la persona equivocada.
Al fin y al cabo, quienes siguen persiguiendo a Chariot en este momento son los
mercenarios pertenecientes a los Guardianes del Infierno.”
Dolly
se quedó pensativa mientras giraba el vaso de güisqui. Tras un breve silencio,
le preguntó a Yuri:
“Pero
dime, ¿cómo relacionaron a los Guardianes del Infierno con la familia de
Chariot?”
“Un
conocido en común entre mi amigo y Chariot resulta ser un excelente periodista,
y a través de sus contactos averiguó el origen de los fondos que fueron a parar
a los Guardianes del Infierno. Era dinero transferido desde Boston a otro país
un par de veces mediante desvíos, y luego entregado a través de una empresa
fantasma. No conozco la procedencia exacta, pero de algún modo resulta
sospechoso que venga precisamente de Boston...”
Recordando
el rostro de Marty, quien había revelado la verdad mientras se retorcía de
dolor por el disparo, Yuri añadió a modo de explicación:
“El
sujeto que me persiguió dijo que, si Chariot moría, una gran suma de dinero
iría a parar al cliente.”
—Mjum.
Tras proferir un suspiro inescrutable, ella bebió el güisqui con lentitud. Como
le dolía la garganta de tanto hablar, Yuri también dio finalmente un sorbo al
licor. Una sensación ardiente descendió por su garganta y lo hizo despabilarse
por completo. Al ver que fruncía los ojos, Dolly le preguntó:
“¿Lo
mataste?”
Una
repentina tensión se acumuló en su mano que sostenía el vaso. A Yuri le habría
gustado saber qué pasaba por la cabeza de ella al mirarlo, pero le era
imposible adivinarlo. Aunque al menos parecía que no se trataba de algo
puramente negativo. Él identificaba con facilidad emociones amenazantes como el
desprecio, el odio, la intención asesina y la ira, pero el resto se le
escapaba. Como aquello no encajaba con ninguna de ellas, probablemente se
trataba de un tipo de sentimiento que Yuri desconocía por completo.
“Lo
dejé vivir.”
Una
sensación de alivio afloró en el rostro de Dolly. Ah, con que era eso.
¿Acaso le preocupaba que Chariot cometiera un acto indeseado? Como lo conocía
desde hacía tanto tiempo, era obvio que estaba al tanto de ese aspecto de su
personalidad.
“Gracias,
joven.”
Dejando
el vaso sobre la mesa, Dolly habló con un tono serio:
“Debido
a lo que pasó en su infancia, Chariot no soporta que nadie muera. Si hubieras
matado a esos tipos y Chariot se hubiera enterado más tarde, sin duda habría
sufrido horrores.”
El
silencio se adueñó del ambiente al quedarse ambos enmudecidos. Con la mirada
gacha y el semblante ensimismado en sus pensamientos, su expresión se veía tan
sumamente triste que Yuri se limitó a esperar a Dolly en silencio.
Ahora
que la sala estaba en calma, desde la orilla del lago afuera se escuchaban a lo
lejos las voces de Chariot y Benji charlando amigablemente. No alcanzaba a
distinguir de qué hablaban, pero parecía que simplemente se estaban poniendo al
día. Al escuchar la risa calmada y contenida de Chariot esparciéndose
tenuemente, Yuri se sintió mucho más tranquilo. Al parecer, la impresión que se
había llevado al ver su horrible herida se había calmado gracias a su primo
hermano.
Qué alivio.
Que lo último que vio antes de quedarse dormido no fuera mi
espantosa herida.
Yuri
esbozó una sonrisa un tanto amarga y volvió a llevarse el vaso a los labios.
Como su sonrisa brillante le parecía tan bonita, se había propuesto hacerle
sonreír costara lo que costara, pero al final, nada de lo que hizo después
logró alegrar a Chariot. Más bien se dedicó a entristecerlo, y de risa blanca
como cuando comieron tortitas, nada de nada.
Si
la cosa se hubiera quedado en tristeza, todavía habría tenido un pase, pero por
si fuera poco, lo había hecho llorar hasta dejarlo sin aliento, lo que lo sumió
en un sentimiento de culpa indescriptible. El complejo de inferioridad que
había sentido desde que se detuvieron en la farmacia se intensificó con creces,
planteándole a Yuri una profunda duda.
¿Será que cuanto más hago algo, más entristezco a Chariot?
Frunciendo
el ceño, intentó buscar varias excusas para rebatir aquella duda que lo había
asaltado de improviso. Sin embargo, no se le ocurría nada. Hoy Yuri no había
hecho ni una sola cosa bien. Por un estúpido descuido se había cruzado con un
perseguidor en la farmacia, había regresado con muchísimo retraso respecto al
tiempo prometido, y encima se había lastimado peleando con apenas dos tipos, haciendo
que Chariot rompiera a llorar.
Yuri
no tenía el menor talento para hacer feliz a la gente.
A
pesar de que Alexei se apoyaba en él, Valeri era la única persona que logrвала
alegrarlo de verdad, y su padre rara vez le regalaba una sonrisa. Probablemente
se debía a que cada vez que lo miraba, terminaba reprochándose a sí mismo su
propio pasado y las elecciones insensatas que había tomado. Yuri comprendía
eso, por lo que jamás le guardó rencor a su padre por no ser afectuoso. Incluso
para amigos como Timaek, Yuri no era más que alguien en quien apoyarse...
No
era precisamente un ser divertido ni alguien capaz de brindar alegría.
Pensándolo
bien, resultaba irónico. Habiendo vivido siempre de esa manera, ¿cómo pretendía
de repente hacer feliz a alguien? A Yuri le parecía patético haberse empeñado
vagamente en la idea de hacerlo sonreír. Actuaba de forma estúpida, dejándose
llevar solo por las ganas, sin tener la menor idea de cómo lograrlo.
"¿Por
qué tienes esa cara?"
Dolly
lo llamó. Yuri, que se había quedado sumido en sus pensamientos, abrió los ojos
de golpe y la miró de frente. Con el ceño fruncido, examinó con atención el
rostro de Dolly y, recordando que ella conseguía hacer sonreír a Chariot con
facilidad, le preguntó:
"Estaba
pensando en cómo podría hacer para que Chariot se sienta mejor. Lo puse triste
por culpa de mi herida."
Dolly
arqueó una ceja, sacudió la cabeza con desánimo y se puso de pie.
"Joven,
eso no es culpa tuya. Y, a decir verdad, es completamente normal que se ponga
triste, ya que te lastimaste por causa de Chariot."
"Aun
así, me gustaría verlo sonreír."
Susurrándolo
con sincera convicción, Dolly lo miró desde arriba. Una profunda lástima cruzó
por su rostro.
"Lo
siento, pero yo tampoco sé cómo hacerlo. Que Chariot sonría es casi una
costumbre. Desde que vio morir a su padre, empezó a ensayar la sonrisa para no
amargarle la vida a su madre; así que, desde cierto punto de vista, ni siquiera
yo sé en qué momento Chariot sonríe de verdad."
Yuri,
que albergaba la esperanza de obtener al menos una pequeña pista, se quedó
momentáneamente paralizado con la boca entreabierta. Aparecieron grietas en su
habitual semblante inexpresivo, y sus pobladas cejas se curvaron con dolor.
Chariot
le había dicho claramente que sus padres habían sufrido un accidente durante
unas vacaciones y que por eso su padre había muerto...
"¿Te
dijo que sus padres sufrieron un accidente, verdad?"
Adivinando
a grandes rasgos la historia que Yuri había escuchado, un atisbo de humedad
afloró y desapareció en los ojos azules de Dolly. Formando una línea terca con
los labios —como si detestara mostrar debilidad—, le soltó unas palabras que
Yuri jamás olvidaría:
"Pobre
chico. Para no creer lo que vio con sus propios ojos, su mente borró el
recuerdo. Chelsea... no murió en un accidente, fue asesinado. La noche en que
Madison y Chariot también estaban allí. Toda la familia se había ido de
vacaciones a Florida y allí sufrieron algo espantoso..."
Frunciendo
el ceño, se frotó el rostro con las manos en un gesto seco, pasándoselas una y
otra vez. Los temblores en el dorso de sus manos arrugadas no pasaron
desapercibidos para Yuri. Siguiendo el compás de sus manos convulsionadas, el
campo de visión de Yuri también comenzó a nublarse. Al principio pensó que era
por los efectos del alcohol, pero enseguida comprendió que no era así.
El
mundo se le había venido abajo al enterarse de que la verdad oculta tras el
relato que Chariot contaba con total naturalidad era espeluznante, y al sentir
un desprecio incontrolable hacia sí mismo por haber creído que era simplemente
una persona alegre por naturaleza.
"Delante
de un Chariot y una Madison que suplicaban llorando a gritos que por favor les
perdonaran la vida, un intruso destrozó a Chelsea a cuchilladas hasta matarlo.
Lo acuchilló tantas decenas de veces que aquel hombre tan hermoso... quedó
reducido a un cuerpo deshecho e injustamente masacrado. El cadáver era tan
atroz que nadie pudo verlo durante el funeral. Solo el hijo, la esposa y yo,
quienes fuimos testigos de esa noche, lo recordamos."
Al
cabo de un instante, Dolly apartó las manos con las que se frotaba el rostro.
Sus ojos azules, antes empapados, brillaban ahora con una determinación tan
intensa que parecían fuego puro. Lo que se reflejaba en ellos era sed de
venganza.
"Fui
a buscar a los dos y vi el cuerpo de Chelsea tirado en la escena del crimen.
Eso... no era algo que pudiera hacer un desconocido sin motivo alguno. Más
tarde, el culpable inventó una excusa absurda, haciéndose pasar por un lunático
de nacimiento que actuó impulsado por el simple deseo de acuchillar a alguien
al azar, pero... quién sabe."
Con
una sonrisa torcida, Dolly vació su último trago de güisqui. Luego, estirándose
como para indicar que hasta ahí llegaba lo que podía contarle, dio por
concluido el asunto. Con el rostro tan sereno como si nada hubiera ocurrido,
dio la jornada por terminada:
"Gracias
a lo que contaste, creo que ya tengo una idea de quién va tras Chariot.
Seguramente el atacante llegó hasta las inmediaciones de Big Fox porque se lo
escuchó a esa persona. Varios miembros de la familia saben que Madison y
Chelsea tienen una cabaña aquí. De aquí en adelante nos encargaremos nosotros,
así que no te metas donde no te llamas para no salir lastimado y déjalo hasta
aquí. Tengo entendido que tu trato era quedarte solo hasta que nosotros
llegáramos. Benji trajo la paga, así que recíbela mañana y márchate."
Al
enterarse del pasado de Chariot a través de las palabras de Dolly, Yuri, que no
había podido articular palabra, volvió por fin en sí cuando ella le ordenó que
se marchara. Con el ceño fruncido y preguntándose qué significaba semejante
ocurrencia de repente, comenzó a evocar un detalle que había estado olvidando
de a poco.
Es
verdad. El tiempo que le habían dado originalmente no era de diez días, sino
hasta que llegaran las personas en quienes Chariot podía confiar. Como
inconscientemente se había convencido de que pasarían diez días juntos, pensaba
que todavía le quedaban unos tres días de margen... Pero en realidad las cosas
no eran así.
Sintiendo
un escalofrío al comprender que su tiempo ya se había agotado, el hombre
experimentó la misma sensación que quien intenta retener entre las manos la
arena que se escapa poco a poco.
Ahora
que por fin empezaba a conocer de verdad a Chariot.
Si
lo hubiera sabido un poco antes, no se habría quedado tanto tiempo en el baño
para evitar que él se pusiera ansioso, y de algún modo habría cumplido con el
tiempo prometido.
La
razón que aún le quedaba en algún rincón de la cabeza le decía a Yuri que
aquello no era una despedida definitiva. Tal como Chariot le había dicho ese
mismo día, volverían a verse en cuanto regresaran a Vancouver, así que le
instaba a no hacer un drama de aquello y a aceptar sumisamente las palabras de
Dolly.
Si
Yuri no hubiera sabido lo hermoso que era ver sonreír a Chariot, habría
considerado que no valía la pena correr riesgos innecesarios y se habría
marchado tras cobrar su dinero. Aunque su innato sentido de la responsabilidad
le habría hecho darle vueltas al hecho de no haber completado la misión, tenía
la absoluta certeza de que no sentiría esta sensación de tener los pies pegados
al suelo como ahora.
Sin
embargo, en el mundo de Yuri ya se habían impreso las huellas dejadas por
Chariot. Él ya no era un simple intruso de paso, sino alguien a quien le
importaba y, tal vez, la persona a la que le había entregado el corazón más
allá de eso.
Por
eso quería ser testigo con sus propios ojos de que Chariot se ponía a salvo. La
paga ya no le importaba. Al fin y al cabo, desde el preciso momento en que
decidió abandonar el hotel, lo hizo guiado por un solo pensamiento: salvarlo a
él, no por dinero.
"Iré
con ustedes. A partir de este momento, no aceptaré ninguna clase de paga. Se lo
ruego."
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Como
hacía muchísimo tiempo que no le pedía algo a alguien con tanta sinceridad,
hasta a él mismo le resultó extraño pronunciarlo con su propia voz. Sin
embargo, una vergüenza tan ajena e insólita no representaba ningún problema
para Yuri. Con tal de deshacerse del orgullo y poder pasar un poco más de
tiempo junto a Chariot, aquello salía mucho más a cuenta.
"No."
Pero
Dolly se negó de forma rotunda.
"Esto
es algo que debemos resolver nosotros. No quiero seguir arrastrando a
extraños."
Aquellas
palabras con las que trazaba una línea clara y evidente de que lo consideraba
un extraño dejaron a Yuri sin respuesta. No tenía ningún argumento para rebatir
lo que decía Dolly.
La
promesa que le había hecho a Heather de proteger a Chariot cueste lo que cueste
hasta que terminara con sus asuntos era, en el fondo, un problema exclusivo de
Yuri. No tenían ninguna razón para permitir que Yuri, un completo desconocido
para ellos, se metiera a la fuerza en un asunto familiar tan delicado.
Más
bien, desde el punto de vista de Dolly o de Benji, Yuri se acercaba bastante a
la categoría de un extraño en quien no se podía confiar. Un hombre desconocido
con antecedentes penales. Era mucho más lógico y esperable que Dolly no le
abriera las puertas fácilmente a un individuo de dudosa procedencia que
aparecía un día de la nada en la vida de Chariot asegurando que iba a
protegerlo.
Lo
que pasaba era que Chariot había sido inusualmente inocente.
Lo
correcto, por lo general, era actuar como ella.
El
intruso era Yuri. Ahora comprendía que su forma de andar por ahí pretendiendo
protegerlo —sin saber absolutamente nada de los problemas de Chariot y sin
ocultar adecuadamente sus heridas— debía de resultarles incómoda. Y con razón,
pues Yuri no tenía ninguna clase de coartada ni estatus que lo respaldara.
El
contrato había terminado, y Yuri ya no podía seguir ejerciendo como su escolta.
Una
vez despojado del rol de escolta, Yuri ni siquiera podía considerarse amigo de
Chariot; era poco más que alguien a quien apenas conocía de hacía una semana.
Por muy intensas que hubieran sido las chispas que cruzaron entre ambos, la
relación que mantenían en el presente no estaba definida por nada especial.
Yuri no era absolutamente nada para Chariot.
* * *
Whisky
bebí sin necesidad. Aunque sabía que la inflamación empeoraría, me dejé llevar
por el impulso y la zona de la herida se calentó durante la noche, cediendo
apenas al amanecer. Tiritando de frío a pleno verano, abrió los ojos añorando
el calor junto a la cama que había sentido durante los últimos tres días.
A
la vista quedó el interior de una habitación con una sola mesa.
Yuri
despertó no en la recámara de Chariot, sino en la suya propia, es decir, en la
habitación de invitados.
…Chariot
es posible que se haya dormido tarde.
Parecía
tan feliz de reencontrarse con su primo hermano tras tanto tiempo que ambos
pasaron horas fuera. Dolly, al ver a Yuri esperando, le aconsejó que lo mejor
era recostarse porque tenía mal aspecto. Y tenía razón. Para no incomodar a
Chariot esperando en vano, Yuri se dispuso a prepararse para dormir y, al
percatarse de que había un huésped más en la casa, le sugirió a Dolly que usara
la recámara de invitados.
Ella
recorrió con la mirada su cintura cubierta de vendas y lo echó de la sala
diciéndole que se dejara de tonterías y fuera a descansar. Aunque lo apartó de
forma tajante, parecía que Dolly le había tomado cierto afecto, pues incluso le
había tendido de repente una botella de agua de dos litros diciéndole que un
herido debía beber mucho.
En
fin, recluido en la habitación de invitados como si lo hubieran puesto en
cuarentena, Yuri cayó fulminado por el cansancio. Era su peor estado físico en
casi tres años. La inflamación le había provocado fiebre y, tal vez por no
haber tomado el neutralizador, le dio un fuerte dolor de cabeza y de estómago.
Tras retorcerse de escalofríos y dolores, por fin llegó la mañana. Al despertar
en una cama empapada de sudor frío, miró fijamente al vacío antes de apoyar
lentamente los pies en el suelo.
Tenía
ganas de asearse.
Sudaba
tanto que resultaba imposible descansar con esa sensación pegajosa.
Por
suerte, el malestar solo duró la madrugada; al amanecer, el dolor abdominal y
la fiebre habían disminuido considerablemente. Pensando que a veces su cuerpo
parecía arruinado y otras respondía de maravilla, abrió la puerta.
Y
al abrirla, se quedó petrificado al ver a Chariot justo enfrente.
“…¿Chariot?”
Chariot
había arrastrado un sillón unipersonal hasta la puerta de Yuri y se había
acurrucado allí para dormir. Aquella escena tan repentina lo dejó
desconcertado, pero al mismo tiempo verlo durmiendo de esa forma mientras lo
esperaba hizo que su corazón se estrujara de una ternura desmedida. Al llamarlo
en voz baja, Chariot se frotó los ojos y despertó. Tras soltar un pequeño
bostezo, descubrió a Yuri de pie junto a la puerta abierta y se puso de pie de
un salto.
“¡Wolfie!”
Ah.
Apenas
escuchó el apodo con el que lo llamaba, Yuri olvidó por completo lo mal que lo
había pasado en toda la noche. Sus pobladas cejas negras, rectas y estiradas,
se curvaron suavemente. Con los ojos azules replegados con dulzura bajo ellas,
Yuri le respondió:
“Sí.”
“¿Dormiste
bien? ¿Cómo está la herida? Anoche, como ya estabas dormido cuando llegaste, no
quise despertarte. ¿Tomaste el neutralizador? ¿Y la cena?”
Apenas
salió el “sí” de sus labios, las preguntas de Chariot empezaron a lloverle
encima. Al mirar hacia arriba a aquel hombre de ojos verdes centelleantes que
no apartaba la vista de él ni un solo instante, a Yuri por poco se le escapan
las lágrimas de la emoción. Era porque extrañaba demasiado a ese hombre.
A
qué venía todo esto.
Por
qué una simple serie de preguntas que cualquier otra persona le haría con total
naturalidad se sentían tan necesarias y dolorosas de extrañar. Hacía apenas un
día que no conversaban como es debido y, sin embargo, Yuri sentía como si
llevara años separado de él. Lo sabía. Era una comparación exagerada. Algún
juicio irracional debió haberse metido en medio para hacer que considerara con
una intimidad excesiva a un hombre al que apenas conocía desde hacía una
semana.
Yuri,
que tras escuchar a Dolly había intentado recomponer la razón como pudo, se
puso a ordenar sus pensamientos la noche anterior antes de dormirse. El
problema debió de haber sido haberse acostado con alguien después de muchísimo
tiempo. O tal vez todo empezó desde el beso anterior. Dicen que cuando uno hace
cosas a las que no está acostumbrado se lleva un chasco; ¿no se estaría
autoengañando Yuri Kiseľov al creer que se habían vuelto cercanos de la noche a
la mañana solo porque se había prestado a hacer algo que en circunstancias
normales jamás habría hecho?
Se
lo repitió a la fuerza en la cabeza para afrontar el día, pero….
“¿Yuri?”
Al
ver a ese hombretón que parecía un cachorro inclinado de lado mirándolo
fijamente, la garganta se le volvió a cerrar. ¿Acaso no habría bebido
suficiente agua el día anterior? Sentía la garganta reseca y áspera.
“¿Por
qué estabas durmiendo ahí?”
Tras
carraspear con esfuerzo, frunció el ceño y preguntó. El sillón unipersonal se
veía ridículamente pequeño para contener a Chariot. Recordar que había estado
acurrucado allí lo hizo sentir incómodo.
“Es
que… quería ser el primero en ver a Yuri cuando despertara.”
Quizás
por haber dormido apoyando la cabeza en el respaldo, los cabellos de la nuca de
Chariot se alzaban disparados hacia arriba. Presionando ese mechón con los
dedos una y otra vez con una expresión avergonzada, Chariot habló de esa
manera. Al ver que Yuri no decía nada, Chariot se le pegó aún más y continuó
con su explicación.
“Ayer
esperé un montón, pero al final, desde que llegó Wolfie, no pudimos hacer nada
y me dio mucha pena. Tenía preparada una pasta para comer juntos, y también
había seleccionado mi increíble video de un partido para verlo mientras
tomábamos cerveza”.
Solo
con oírlo sonaba de verdad muy divertido.
Hacer
algo junto a Chariot resultaría sumamente ameno con tan solo sentarse a su
lado. Al fin y al cabo, Chariot se la pasaría diciendo cosas lindas y adorables
sin parar. Su corazón estaba lleno de amor y poseía el don de escoger palabras
de una belleza asombrosa, mientras que el corazón de Yuri, al carecer de todo
lo contrario, tenía espacio de sobra para albergar cada una de las palabras que
le entregaba sin perderse ni una sola.
De verdad, Chariot.
Eres adorable como nadie.
Poder
sonreír de esa forma a pesar de haber pasado por semejante situación y ser
capaz de decir cosas que alegran a los demás era, sin duda, lo que lo hacía más
hermoso que a cualquier otra persona. Al menos, en el mundo de Yuri así era.
“Yuri,
¿por qué no dices nada?”
Al
ver que Yuri volvía a quedarse callado, Chariot se detuvo y lo examinó.
Observando fijamente aquellos ojos verdes inundados de preocupación, Yuri
meditó una y otra vez sobre qué tipo de conducta debía adoptar.
Tampoco
es que hiciera falta alejarlo. Dolly no le había exigido tanto. Por lo tanto,
por mucho que la pena lo volviera loco, si hoy se daban el adiós y cada uno se
ocupaba de sus asuntos durante un tiempo, volverían a encontrarse en algún
momento. Tal como había dicho Chariot, ambos vivían en Vancouver, así que,
cuando él no estuviera ocupado, bien podría pedirle leer un libro juntos.
¿Se
podía hacer algo así?
¿Habían
llegado a ese punto en su relación?
“Ayer…”
En
cuanto Yuri abrió la boca, Chariot esbozó una amplia sonrisa.
Ayer
costaba tanto verla y hoy florecía sin haber hecho nada. Tal como había dicho
Dolly, parecía que para Chariot sonreír era medio hábito. Ya se lo imaginaba.
Le había sonreído a todo el mundo desde el primer instante en que lo vio... y
la sensación de que le había sonreído con una hermosura singular debió de ser
tan solo una ilusión nacida de no conocerlo bien.
“Dijiste
que a veces podía ir a visitarte a tu casa. O que tú vendrías a buscarme.”
“Sí,
es verdad.”
Pareciendo
complacido de que lo recordara, Chariot esbozó una sonrisa de ojos afectuosa y
bonachona.
“¿De
verdad puedo hacerlo?”
“Claro
que sí.”
“¿Aun
cuando ya no sea tu escolta?”
Ante
las palabras de Yuri, Chariot frunció el ceño con desconcierto por un instante
y, al caer en la cuenta con retraso, abrió ligeramente los labios.
“Es
verdad. Como ya vinieron Benji y Dolly…”
Con
una expresión avergonzada, Chariot bajó la cabeza por un momento. Siguiendo su
mirada hacia abajo, Yuri descubrió que la uña de su dedo gordo del pie tenía un
tono rojizo a punto de desprenderse. Chariot también estaba mirando eso.
“Nuestro
contrato se terminó.”
Murmurando
aquello, Chariot inclinó lentamente la cintura y estiró una mano hacia el
empeine de Yuri. A Yuri le desagradaba que le tocaran zonas sucias, así que
retiró el pie hacia atrás. Tras ver el pie que huía, Chariot enderezó despacio
el torso y masculló para sus adentros:
“Hasta
ayer por la mañana tenía las uñas impecables.”
Apenas
escuchó ese pequeño susurro, los acontecimientos de los últimos tres días
cruzaron por su mente provocándole una sensación enloquecedora. La respiración
se le atragantaba, el pecho se le oprimía y brotaba con fuerza el anhelo
irrefrenable de no querer separarse de Chariot. Con la sensación de que se le
iban a saltar los ojos, Yuri terminó haciendo la pregunta que jamás debió
pronunciar en voz alta:
“Entonces,
¿qué clase de existencia soy yo para ti cuando vaya a buscarte con un libro en
la mano?”
La
mirada que contemplaba las uñas se dirigió despacio al rostro de Yuri. Chariot
lo observó parpadeando con sus ojos verdes, como alguien que acababa de
escuchar una pregunta imprevista.
“Tú,
que dijiste que vendrías a buscarme cuando terminara todo, ¿en qué pretendas
convertirte?”
La
pregunta que había escondido en lo más profundo de su corazón y que jamás debió
haber formulado acababa de cobrar forma. Sin embargo, mediante ella, Yuri
quería suplicar por hallar cualquier clase de prueba.
Una
prueba de que lo suyo con Chariot no iba a terminar como una simple relación
pasajera.
Había
oído decir que en las noches de pleno verano el ambiente se vuelve más cruel y
pesado justo antes de regresar a la realidad. Quizá por ese motivo, a Yuri le
resultaba desolador y trágico pensar que tendría que separarse de él para
volver a Vancouver a repetir la misma rutina de siempre. Y tampoco albergaba la
seguridad de que Chariot pudiera regresar a salvo a Vancouver tras mantenerse a
salvo en un lugar donde él no podía vigilarlo.
Aunque
pensaba que, al tratarse de personas que lo habían protegido durante tanto
tiempo, sabrían cuidarlo como correspondía… albergaba la duda de si podrían
protegerlo de la misma manera que él.
Empujado
por todo ese escepticismo y por el anhelo imperioso de recibir una
confirmación, Yuri cometió un error. Apenas terminó de hablar, comprendió que
acababa de tomar una decisión estúpida.
Chariot
no dijo nada.
En
su lugar, aquel hermoso rostro que hasta hacía un momento rebosaba de ganas de
hablar se ensombreció poco a poco. Un aire de apuro cruzó por sus ojos verdes.
Sus rosados labios se cerraron con firmeza a causa del desconcierto.
…Ya veo.
Era verdad que no debía hacer esa pregunta.
El
corazón se le puso pesado, como si estuviera hundido en el lodo.
Apenas
se atrevió a tocar lo que no debía movido por un impulso tonto, el paisaje
resplandeciente se desvaneció. Como un espejismo.
Si
hubiera hecho como si nada y lo hubiese dejado pasar, probablemente habría
podido seguir con ese comportamiento de simulados amantes que llevaban hasta
entonces, pero por culpa de haber interrogado sobre la naturaleza de su
relación, Chariot se veía en la obligación de dejar las cosas claras de una vez
por todas.
“…Yo,
de verdad quiero mucho a Yuri. Pero, como ya sabes… debido al fideicomiso,
jamás he salido con nadie de forma seria hasta ahora. Como te conté, el
fideicomiso es un vestigio de mi padre que es verdaderamente importante para
mí…”
Dando
la impresión de no saber de ningún modo cómo continuar con lo que iba a decir a
continuación, el semblante de Chariot se tornó pálido. Al contemplar aquel
rostro angustiado y sin saber qué hacer, el corazón de Yuri se hundió hondo,
hondo.
Había
estado cometiendo un error garrafal, ilusionándose con palabras como que su
físico era un flechazo a primera vista, que susurrara que era especial o con
los dulces halagos de si le había hecho lo mismo a alguien más. Aunque su
cabeza le gritaba una y otra vez que no era así, al final terminó creyendo que
tal vez aquel hombre lo apreciaba con afecto sincero.
Era
de esperar que saliera con una respuesta así.
¿Cómo
se le había ocurrido hacerle una pregunta al hombre que se había acercado a
Yuri para proteger el fideicomiso, una pregunta que era prácticamente
equivalente a pedirle que renunciara a él?
El
propio Yuri era, precisamente, una existencia que provocaba escándalos sociales
y manchaba el honor de la familia.
La
noción de que un simple criminal se había atrevido a codiciar a Chariot le
desgarraba la mente con crueldad. Venía a su memoria el rostro espantado de
Benji gritándole cómo era posible que se preocupara por un tipo así hasta el
punto de llorar, y resonaba la voz de Dolly, que era amable pero marcaba un
límite evidente.
Estúpido. Debiste desear algo acorde a lo que eres.
A
Yuri le parecía insoportable sentirse tan codicioso por haber pensado semejante
estupidez. ¿Por qué se le había ocurrido decir algo tan patético? Y más encima
en un momento así.
En
una situación donde Chariot debía ser la prioridad, se había dejado llevar por
un impulso y lo había metido en un aprieto. A alguien que ya estaba lidiando
con el resurgimiento de su trauma por culpa de su torpeza al regresar
lastimado, a alguien para quien el simple hecho de enfrentar lo que venía ya
era abrumador y aterrador, lo había acorralado con su propia ambición egoísta.
“No
es lo que estás pensando.”
Dándose
cuenta de su error, Yuri forzó sus labios resecos y pegados para separarlos. El
cuerpo que se había aligerado apenas vio a Chariot se volvió pesado de
inmediato, y un sudor frío brotó en su espalda. Un mareo repentino, tal vez
secuela de su enfermedad, lo asaltó, pero se guardó la molestia y continuó
hablando. Para evitar que Chariot se sintiera aún más incómodo o atormentado,
Yuri ideó una excusa bastante aceptable.
“Solo
preguntaba si al menos podemos considerarnos amigos.”
Lo
dijo con el rostro inexpresivo, sin dejar asomar ni un ápice de dolor o
sufrimiento, pero con la voz suave que solo le tenía permitida a Chariot.
“Al
menos deberíamos serlo... para que, si vienes a mi casa, los demás no se
asusten. Y lo mismo aplica al revés.”
Si
hubiera sabido que las cosas terminarían así, al menos le habría tomado la
mano. Debería haber sentido por última vez el calor que tanto había extrañado
durante toda la madrugada, y ante la pregunta de si había comido, debió
responder que no para compartir con él, sentados uno al lado del otro como
ayer, la pasta que había preparado con sus propias manos.
Aunque
no hubieran podido beber cerveza, al menos habrían desayunado juntos mientras
veían un video increíble de sus partidos; y al verlo volar libremente sobre la
pista de hielo, le habría dicho que era muy apuesto... que no existía nadie tan
hermoso como él, habiéndole dedicado esas palabras cargadas de un deseo oculto
sin sentirse avergonzado.
Aplastando
con los pies una tormenta de remordimientos, Yuri esbozó una sonrisa impasible.
Era una sonrisa calmada, de esas que solo solía mostrarle a Alexei o a Timaek.
Al
ver que Yuri sonreía de esa manera, Chariot, que había permanecido callado y
consumido por la culpa, por fin relajó el gesto. Mirándolo con unos ojos
todavía inundados de arrepentimiento, Chariot también le regaló su sonrisa
habitual.
“Claro
que sí, Yuri.”
En
Chariot, que arrugaba los ojos al sonreír tal como lo había hecho la primera
vez que se conocieron, no se percibía la más mínima incongruencia. Tal como
había dicho Dolly, su sonrisa se había convertido a medias en un hábito, por lo
que lucía tan impecable.
Sin
embargo, por extraño que parezca, la sonrisa de Chariot no se veía en absoluto
como aquella que se había desparramado con exuberancia la mañana de ayer,
semejante a una peonía en flor. Tratándose de la misma sonrisa, había algo
distinto. El Chariot de ayer parecía sonreír de verdad, desde el fondo del
alma.
¿Lo
sentía así porque había decidido ver a Chariot únicamente como un amigo?
Parecía
que no. Aunque lo hubiera dicho en voz alta y de ahora en adelante viviera como
el amigo de Chariot, Yuri seguía mirándolo con unas ganas irrefrenables de
besarlo en ese mismo instante. Recordó el pasado anteayer, cuando entrelazaban
sus lenguas con una intensidad pegajosa e innumerable, y le dieron unas ganas
desesperadas de abrazarlo con fuerza.
Definitivamente,
no podía ver a Chariot como a un amigo.
Yuri
jamás había sentido el impulso de besar o entrelazar su cuerpo con ninguno de
sus amigos de la manera en que lo había hecho durante los últimos tres días.
Tal vez ni siquiera con Alexei, a quien consideraba más importante que a su
propio padre.
En
su momento, había intentado ayudar a Alexei a superar las desafortunadas
circunstancias que le tocaba vivir, y se esforzaba por permanecer siempre a su
lado para hacerlo sonreír y lograr que fuera feliz, pero aquello no se parecía
en nada a esta sensación. Aun ahora, Alexei le importaba, pero al pensar en lo
que sentía desde que conoció a Chariot, comprendía que jamás había mirado a
Alexei bajo el concepto de amor romántico del que hablaba el mundo.
Alexei
había sido la razón por la cual Yuri lograba mantenerse en pie, pero no era
alguien que le infundiera el deseo de seguir viviendo por voluntad propia.
Probablemente,
para Alexei, él había sido exactamente esa clase de persona.
Yuri
por fin comprendía a la perfección a Alexei, quien era incapaz de sonreír con
sinceridad a menos que fuera junto a Valeri. Ni las palabras de Chariot sobre
que bastaban siete segundos para enamorarse, ni lo que decía su madre acerca de
que se había enamorado de su padre a primera vista, tenían nada de falso.
Yuri
había quedado atrapado desde el preciso día en que Chariot le había sujetado la
muñeca. En el interior de esos ojos verdes que lo miraban, Yuri había
contemplado un fragmento del paraíso con el que había soñado toda la vida, y
día tras día a su lado comprendía cuánto había anhelado en realidad un paraíso
así.
Le
resultaba imposible precisar en qué momento exacto se había enamorado de él.
Pero
sí sabía el porqué.
Porque
a alguien a quien absolutamente nadie en el mundo le otorgaba respeto, a
alguien manchado de cicatrices y cargado con crímenes imborrables...
Chariot
le había asegurado que él, tal como era, resultaba hermoso.
Para
enamorarse de una persona así, un brevísimo instante bastaba y sobraba. En el
fugaz destello que él le había entregado se hallaba todo lo que Yuri había
deseado a lo largo de su existencia.
“En
ese momento, Chariot, cuando estés en peligro, no lo dudes y llámame. Los
amigos están para sostenerse las espaldas mutuamente.”
Como
Chariot le había regalado aquello que había anhelado durante toda su vida sin
siquiera saberlo, Yuri decidió conformarse con eso. Con el simple hecho de que
Chariot lo aceptara no como Yuri Campbell, sino como Yuri Kiseľov, ya tenía
fuerzas suficientes para vivir el resto de sus días.
Ante
las palabras de Yuri, Chariot sonrió arqueando de forma oblicua sus cejas de
color castaño rojizo. Con una expresión compungida, dirigió la mirada hacia la
cintura de Yuri, cubierta por la ropa, y susurró en voz baja:
“Pero
Yuri, a mí me gustaría que ya no te lastimaras más.”
Esa
cálida voz de tono medio-bajo atormentó a Yuri por un momento. Justo cuando
acababa de decidir que así como estaban las cosas bastaba, una sola palabra
como esa hizo surgir el doloroso anhelo de desear que le perteneciera por
completo. Reprimir este breve anhelo era cientos de veces más difícil que
soportar los escalofríos que lo habían acosado durante toda la madrugada.
“No
te preocupes, Chariot. Mi vida es más dura de lo que parece, así que no voy a
salir malherido de gravedad por cualquier cosa.”
Más
le habría valido morir de verdad en su momento, pero Yuri había superado ya
demasiadas veces el umbral de la muerte.
“Así
que búscame de verdad cuando estés en peligro.”
Mientras
Chariot movía los labios buscando qué decir, la puerta que daba hacia la cocina
se abrió. Benji salió con el cabello tan revuelto como el de Chariot —quizás
por haberse levantado apenas amaneció— y, al verlos parados uno frente al otro,
frunció el ceño con fuerza.
“¿Qué
estás haciendo ahí con ese tipo, Cherry?”
“¿Ya
te despertaste, Benji?”
Chariot
giró la cabeza para saludar a Benji con los buenos días. Debajo de la oreja
ligeramente ladeada de Chariot, en algún lugar de su tersa nuca, se alcanzaba a
ver una marca parecida a una picadura de insecto. Entre aquella ensoñación de
momentos atrás, le vino fugazmente a la mente el recuerdo de haber sido él
mismo quien le había mordido el cuello de esa manera, pero carecía de
importancia.
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La
marca desaparecería en pocos días.
Sería
algo tan inevitable como el hecho de que Chariot terminara olvidando su verano
más temprano que tarde.
Cuando
Chariot volvió a girar la cabeza, Yuri ya se había marchado de la puerta.
Siguiendo el sonido de la puerta del baño al cerrarse, Chariot desvió la mirada
hacia allá y se quedó inmóvil por un instante al escuchar el eco del agua
correr. En la mano de Chariot, que permanecía de pie en silencio, sostenía por
si acaso el neutralizador que le había pedido a Dolly que comprara en el
aeropuerto.
*
* *
El
itinerario de despedida ya estaba fijado. Todos irían juntos hasta el
aeropuerto de Calgary y, una vez allí, cada uno tomaría su respectivo vuelo
para separarse. El grupo de Chariot planeaba cruzar a Toronto y sacar desde
allí un pasaje con destino a Boston, mientras que Yuri tomaría el avión rumbo a
Vancouver a la misma hora en que ellos partieran.
Debido
a las marcadas indirectas de Benji y a que el propio Yuri tampoco se sentía cómodo,
en un principio había planeado irse por separado, pero Chariot se aferró
firmemente a la idea de que debían ir juntos, argumentando que lo correcto era
hacerse cargo de su regreso hasta el final. Teniendo en cuenta la expresión
apurada que le había visto por la mañana, Yuri se pasó el camino vigilando el
semblante de Chariot, aunque este lucía tan testarudo y a su aire como de
costumbre.
Como
en el fondo Chariot era el único que tenía que hacer las maletas, en cuanto
terminó de prepararse estuvieron listos para partir. Yuri también llevaba
equipaje, pero a lo sumo consistía en una bolsa de papel. Metió en ella algunas
de las prendas que ya se había puesto, dejó el libro que le había regalado
Chariot y los cuentos de su madre en una mano, y colgó del otro brazo el abrigo
con el que había llegado.
Dentro
de la bolsa de papel se encontraba la camisa blanca de Chariot, la misma que no
había alcanzado a devolverle. Como era imposible regresarla con manchas de
sangre, tenía la intención de mandarla a lavar y arreglar por su cuenta más
adelante. Ahora que lo pensaba, la ropa que se había puesto prestada el primer
día también había terminado manchada de sangre.
Al
caer en la cuenta de que su costumbre de vestir únicamente de negro y la
afición de Chariot por los tonos claros conformaban una combinación imposible,
Yuri se sintió, irónicamente, mucho más ligero.
De
vez en cuando, muy de vez en cuando, se conformaría con saber de él y ver que
le iba bien. Como siempre había vivido de esa manera, no había ningún problema
con eso. No obstante, para que eso fuera posible, se requería una premisa
fundamental: que Chariot resolviera este asunto sin sufrir ningún daño.
"Con
dos personas no será suficiente."
Le
dijo Yuri a Dolly, quien iba al volante tarareando una melodía. Tras más de
treinta minutos de silencio absoluto, el hombre que había estado mirando por la
ventanilla giró para observarlo. Al llevar puestas las gafas de sol, sus ojos
azules quedaban ocultos, pero la expresión era más que evidente a través de los
músculos de su rostro.
"¿Me
tomas por tonta?"
"Me
refiero a que el número es alto."
Respondió
Yuri, volviendo a mirar lentamente hacia el frente.
El
cielo, que ayer lucía un poco difuso, brillaba hoy con un sol radiante cuyos
rayos atravesaban de lleno el parabrisas delantero sin la lámina protectora.
Con el ceño fruncido a causa del resplandor, Yuri continuó con su explicación:
"El
dueño de este vehículo no procede simplemente de una banda de moteros, sino que
es un mercenario. Si tomamos en cuenta que proviene de entornos militares y que
el atacante con el que me crucé antes era de la misma calaña, significa que han
contratado mercenarios en al menos dos frentes, o bien han optado por una
organización de gran envergadura."
El
automóvil que conducía Dolly era el mismo que Yuri le había arrebatado aquel
mercenario el día anterior para manejar de regreso. Cuando Yuri sugirió dejarlo
tirado en el estacionamiento del aeropuerto por miedo a ser rastreados
innecesariamente cerca de la cabaña, Dolly se ofreció a ayudarlo y se
autoproclamó conductora. Aunque él se negó alegando que no era necesario, la
terquedad de Dolly era tremenda y terminó arrebatándole las llaves del coche.
Chariot
no pudo subir con ellos. Aunque tenía la intención de hacerlo en su mirada,
Benji se opuso rotundamente, por lo que al final tuvieron que dividirse en dos
vehículos. Dolly partió primero, seguida de cerca por Benji.
"Al
regresar a Estados Unidos, hay montones de personas dispuestas a proteger a ese
joven de buena familia. Como no podíamos arriesgarnos a revelar la ubicación de
la cabaña, solo vinimos nosotros dos; pero no pienses que, tal como temes,
pensamos dejarle la protección de Chariot únicamente a una abuela anciana y a
un expolicía, así que no te preocupes."
Tras
escuchar sus palabras con los brazos cruzados, Yuri le preguntó sobre algo que
le había parecido sospechoso la noche anterior, justo antes de ver a Chariot:
"Aun
así, llegaron tres días antes. Da la impresión de que el momento de su llegada
encaja a la perfección."
Ante
la pregunta directa de Yuri, que se había vuelto todavía más tajante de un día
para el otro, Dolly soltó una carcajada. Cuando reía de esa forma tan abierta,
a veces resultaba un tanto confuso saber si le parecía increíble o si de verdad
le hacía gracia.
"¿Sugieres
que fui yo quien trajo a esos sujetos hasta aquí?"
"O
tal vez podría tratarse de algún primo de Chariot."
"Oh,
por Dios. No sé en qué clase de mundo habrás vivido, pero..."
Golpeteando
el volante con los dedos, Dolly se encogió de hombros.
"Desconfiar
nunca está de más. Y con la familia matándose entre sí por una herencia, no hay
razón para descartar que un primo haga lo mismo."
En
señal de aprobación, Yuri guardó silencio. La expresión descarada hizo que la
sonrisa de Dolly se ensanchara.
"Desde
que recibimos noticias de Chariot, Madison estaba tan alterada que no podía
hacer nada, así que solo nos encargamos de ajustar los planes. Teníamos pensado
venir ayer o hoy, pero nuestra caprichosa Maddy dio un salto y nos echó a Benji
y a mí diciéndonos que teníamos que irnos de inmediato."
"Maddy"
parecía ser el apodo cariñoso de Madison. A Yuri le vino a la mente la idea de
que la costumbre que tenía Chariot de inventar motetes a capricho tal vez fuera
una herencia directa de Dolly.
"Una
de las condiciones del fideicomiso de Chariot establece que cumpla treinta
años; si llega a esa edad sin verse envuelto en ningún escándalo, heredará el
patrimonio de inmediato. Por esa razón, Madison y yo hemos estado preparándonos
y mentalizándonos ante la posibilidad de que ocurriera algo este año o el
próximo."
Yuri
sacó a relucir una duda que no había logrado comprender desde antes:
"Tengo
entendido que, por lo general, al morir el esposo, los bienes pasan a manos de
la esposa. ¿Por qué razón van únicamente tras Chariot?"
"Madison
firmó un acuerdo prenupcial, de modo que lo único que posee es el apartamento
en el que vive actualmente. Y para empezar, a Maddy jamás le ha interesado nada
de eso."
Con
una expresión feroz, Dolly soltó un insulto entre dientes:
"Malditos
viejos de los Goodnight."
Al
igual que cuando criticaba a Samuel, Yuri escuchaba las maldiciones de ella sin
sentir ninguna incomodidad. Al fin y al cabo, si se tomaba en cuenta la historia
que le había contado Chariot, parecía que sus padres adinerados se habían
metido muchísimo en su vida.
"Lo
entiendo. Pero... ¿por qué aparece ahora alguien que va tras el fideicomiso de
Chariot?"
Aunque
no había hablado esperando que le devolvieran una respuesta, Dolly le soltó un
comentario lleno de significado.
"Todos
daban por hecho que Cherry no iba a cumplir las condiciones del fideicomiso.
Como parecía tan irresponsable, debieron pensar que no hacía falta esperar
tanto... Pero son muchos los que ignoran que ese muchacho tiene una paciencia
inagotable."
Los
labios de Dolly se curvaron hacia arriba.
"Y,
supongo que el dinero se les está acabando."
"...¿Acaso
todos los de la familia Goodnight no son ricos?"
"Lo
eran al nacer. Pero dependiendo de cómo uno gaste el dinero asignado, la vida
puede volverse un infierno en un abrir y cerrar de ojos. Los gastos aumentan y
la vanidad crece al mismo tiempo, pero el dinero es un bicho taimado y sabe
cómo es la persona que lo maneja. Si lo tratas con desprecio, el dinero también
te tratará con desprecio a ti."
Dolly
agitó los dedos índice y anular simulando el batir de unas alas.
"Si
se da cuenta de que su dueño es un estúpido, echa a volar hacia alguna parte
sin engordar ni un gramo. Como el amor."
Aquella
mujer poseía una personalidad fascinante que Yuri no solía ver en su entorno.
Aunque parecía hablar sin pelos en la lengua, sorprendentemente se fijaba en
los detalles de los demás y, a pesar de sus modales toscos, sus movimientos y
expresiones eran delicados. Mientras sentía que una parte de Chariot
indudablemente provenía de Dolly, también pensaba que las demás facetas que
tanto le gustaban de él debían de habérselas heredado su padre y su madre.
"No
sé gran cosa sobre Chariot, pero..."
Yuri
intuía que era el momento de dar un paso atrás y retirarse con discreción.
Tras
la conversación matutina, ya sabía que Chariot se sentía incómodo con él, y al
comprobar también que el grupo de Dolly tenía un plan preparado desde hacía
años, lo único que le quedaba por hacer era esto último.
"Aun
así, me alegra que haya alguien que cierre la puerta con llave en lugar de
Chariot. Me preocupaba qué pasaría si se olvidaba siempre y se quedaba
solo."
¿Habría
sido un comentario fuera de lugar? No obstante, Yuri de verdad pensaba que,
aunque no fuera él, era un alivio que hubiera aparecido un adulto para
encargarse de cerrar todo por Chariot.
Como
el sol seguía pinchándole los ojos, Yuri levantó la mano sobre la frente para
hacerse sombra. Era un poco más pequeña que la visera que Chariot solía hacer
con sus manos, y por alguna razón no refrescaba en absoluto.
"Metió
cerveza en la maleta."
"¿Qué?"
Como
faltaban poco más de dos horas para llegar al aeropuerto y estaba a punto de
cerrar los ojos para una cabezada, Dolly sacó a relucir un tema de la nada.
"Que
el joven metió toda la cerveza que trajiste dentro de la maleta. Se me hizo
gracioso ver cómo se ponía serio y con los ojos bien abiertos frente a Benji
—que insistía en dejarla tirada— mientras acomodaba las cervezas una por una
entre los espacios de la maleta a reventar."
Al
enterarse de que Chariot se había llevado la cerveza que él daba por sentada
que dejarían allí o tirarían, la mandíbula de Yuri se tensó un segundo. Al
notar el perfil de su silencio con los labios firmemente apretados, Dolly
exhaló un suspiro.
"Es
evidente que le gustas."
Tenía
ganas de preguntarle a qué se refería con eso, pero Yuri no quería dejarse
desestabilizar tontamente por las palabras de Dolly. Sentía que era como echar
piedras dentro de un vaso de agua a punto de desbordarse. La codicia, tan
frágil que parecía a punto de derramarse con el menor soplo de viento, temblaba
con cada acción y palabra ajena.
"Lo
quiere lo suficiente como para desear que no te metas más en cosas
peligrosas."
No
lograba entender por qué la mujer que ayer parecía trazar una línea frente a él
para dejarle en claro cuál era su lugar ahora salía con semejantes cosas.
Ligeramente disgustado, Yuri preguntó con voz más baja:
"...Siguiendo
esa lógica, ni Benji ni usted deberían estar haciendo de escoltas de
Chariot."
"Qué
se le va a hacer. Nosotros somos mayores. Además, como hemos estado cuidando a
Madison hasta ahora, técnicamente esto es una petición de la madre del
chico."
A
pesar del tono molesto de Yuri, ella continuó hablando:
"Y
una cosa es que se lastime la persona con la que sales, y otra muy distinta es
que se lastime un familiar."
"Yo
no..."
Él
interrumpió las palabras de Dolly.
"No
tengo derecho a eso, y Chariot tampoco va a pensar de esa manera."
"Cuando
se es joven, nada en la vida es fácil. El corazón de las personas es como un
precipicio: a la mínima que te resbalas, las cosas se tuercen."
En
lugar de confirmar que Yuri era esa clase de tipo, tal como había hecho Benji,
Dolly le soltó una frase que parecía a medio camino entre un refrán y un
consejo.
La
charla se cortó de golpe en ese instante. Como no tenía la menor idea de qué
pasaba por la cabeza de Dolly y tenía la mente hecha un lío, Yuri cerró los
ojos. Al notar el molesto resplandor del sol perforándole los párpados, frunció
ligeramente el ceño, cuando de pronto algo cayó de golpe sobre sus muslos. Al
mirar hacia abajo con un sobresalto, divisó unas gafas de sol familiares.
Eran
las Ray-Ban de Chariot.
"Dijo
que te ibas a deslumbrar seguro porque el sol está muy fuerte."
Era
exactamente el mismo par de gafas de sol que había llevado puesto durante todo
el paseo por el pueblo. Las gafas que le había tendido con terquedad,
insistiendo en que no le gustaba que otros las tocaras y que debía ser Yuri
quien las llevara, volvían a estar ahora en manos de Yuri.
Yuri
las había dejado sobre la mesa aquella misma mañana, justo antes de partir.
Había
temido que tal vez no las encontrara, pero por lo visto las había visto y se
las había entregado a Dolly. Yuri frunció el ceño, sin saber qué hacer con las
gafas que reposaban dócilmente sobre sus muslos.
Había
pensado que lo correcto era quedarse tan solo como conocidos, como amigos que
se ven de vez en cuando.
“No
arrugues el rostro ni eches a perder esa cara tan apuesta; póntelas de una
vez.”
Tras
escuchar algo así, ya no sabía qué decisión debía tomar. Unos mechones de
cabello negro cayeron despeinados sobre su frente agachada. Sus ojos azules,
teñidos de una tristeza infinita, contemplaron fijamente las gafas de sol antes
de que sus dedos rozaran con suavidad la montura, marcada por el uso. La
textura del aro redondeado que tocaba la punta de su pulgar izquierdo se sentía
nítida. Como si le dijera que todavía era capaz de percibir cosas con el lado
izquierdo.
Como
si todavía no fuera demasiado tarde.
“Benji
cree ciegamente que eres un peligro, y Chariot prefiere que no vayas porque no
quiere que te lastimes, pero yo cambié de opinión esta mañana.”
Con
voz madura, Dolly le habló al hombre que se limitaba a sostener las gafas.
“Así
que, si tú también cambias de parecer, ven a este lugar.”
Un
papel arrugado cayó de golpe junto a las gafas de sol. Al desplegar con
lentitud la nota doblada en cuatro partes, descubrió una dirección escrita en
su interior. 37 berrie St, Boston, Ma. Tras leer la palabra , levantó la vista
para mirar a Dolly.
Ella
también lo estaba observando. Levantando ligeramente las gafas de sol con unos
ojos azules de tono más claro, cruzó la mirada con Yuri durante unos segundos
antes de volver a mirar hacia el frente.
La
conversación había terminado. Dolly encendió la radio, subió el volumen al
máximo y se puso a escuchar la música que brotaba de la única sintonía que se
lograba sintonizar. Cuando los temas, que cambiaban una y otra vez según el
gusto del locutor, dieron paso a una melodía posterior, Yuri recordó de repente
que ya había escuchado esa canción en alguna parte.
Al
escuchar el ritmo alegre y la voz dulce de fondo, logró recordar gracias al
estribillo que era la misma canción que Chariot solía tararear a su lado.
El
sol abrasador, el viento fresco, el lago resplandeciente y los besos mojados,
las risas hermosas y refrescantes resonando junto a los gestos que lo llamaban.
Todo
el tiempo compartido con Chariot había sido… verano.
Aquel
verano del que hablaban las personas del mundo exterior, el cual creía que
jamás podría presenciar mientras caminaba por los callejones de Sarátov, Yuri
también lo había vivido.
*
* *
A
unos veinte minutos de llegar al aeropuerto, Dolly desvió de repente el
volante, saliendo de la dirección que indicaba la señalización. Ante aquel giro
inesperado, Benji, que venía justo detrás, asomó la cabeza por la ventanilla y
gritó:
“¡Dolly,
a dónde vamos!”
“¡No
hables de más y solo sígueme, Benjamin!”
Aunque
estaba agotado, Yuri no se había quedado dormido como cuando Chariot iba al
volante; solo se limitaba a mantener los ojos cerrados, pero se incorporó de
golpe al percatarse del alboroto que se había armando de repente. El destino de
ella era una especie de panadería o cafetería con un estacionamiento bastante
amplio. El aeropuerto de Calgary era un lugar modesto ubicado hacia la zona del
centro, por lo que se veían personas en todas partes, y el café de allí no era
la excepción. Yuri alzó las cejas al reconocer un letrero familiar en la
fachada.
Al
ver escrito en ruso la palabra «ultramarinos» en el cartel, Yuri miró a Dolly.
¿Le habría hablado Chariot sobre él? Aun así, seguía sin comprender el
significado de aquello de repente.
“¿Por
qué vamos aquí?”
“En
Boston no hay ningún lugar que venda un pastel Napoleón tan rico como este, así
que tengo que comer uno antes de ir al aeropuerto. Menos mal que, a pesar de
llevar casi quince años abiertos, siguen en el negocio.”
Al
ver que su ceño fruncido no se relajaba, Dolly se subió las gafas de sol a la
frente y le devolvió la pregunta a Yuri:
“¿Y
esa cara qué significa?”
“No
le encuentro el sentido a elegir este lugar expresamente.”
“¿Que
por qué?".
Entrando
al estacionamiento de un solo golpe, Dolly dio marcha atrás y terminó de
aparcar de un tirón antes de apagar el motor y decir:
“No
hace falta un motivo para comer lo que a uno le gusta.”
Tras
abrir la puerta y bajar, regresó un momento para lanzarle las llaves del auto a
Yuri:
“Entra
para verle la cara al chico de los cerezos una vez más antes de irte, o vete
directamente al aeropuerto. Tú decides.”
Ahora
que ya habían llegado a la zona urbana, era evidente que había llegado el
momento de separarse. Mientras sostenía en la mano las llaves que se sentían
pesadas y permanecía sentado en el asiento del copiloto, Benji estacionó su
vehículo. Aunque se trataba de una parada repentina, la expresión de Benji era
sorprendentemente tranquila. Las pocas veces que lo había visto, o tenía cara
de pocos amigos o se la pasaba vigilándolo con recelo, pero en ese instante,
mientras entraba a la cafetería detrás de Dolly, se le veía bastante animado.
Estaba tan entusiasmado que cruzó una rápida mirada con Yuri, pero en lugar de fruncir
el ceño, se limitó a soltar una risita burlona y lo ignoró por completo.
El
último en bajar fue Chariot. Llevaba una chaqueta ligera con capucha puesta
sobre su habitual gorra de béisbol blanca. Con unos vaqueros y una camiseta
blanca con el logo estampado, y a pesar de llevar el rostro cubierto con un
cubrebocas, su propia silueta desprendía un atractivo irresistible. Sus piernas
larguiruchas con proporciones de dibujo, su ancho torso y los fornidos
antebrazos que se dejaban ver por las mangas remangadas daban cuenta de lo
ridículamente apuesto que era.
Avanzó
con lentitud siguiendo los pasos que había dejado Benji. Al pasar junto al
coche donde estaba sentado Yuri, se detuvo un instante para mirar hacia el
interior y, tras descubrirlo, abrió y cerró los labios. Parecía querer decir
algo, pero tras dudarlo brevemente, giró la cabeza. No quedaba ni rastro de
aquel Chariot que, como siempre hacía, se le acercaba para rogarle que se
dieran prisa.
Yuri
se quedó mirando las gafas de sol que seguía sosteniendo en la mano, pensando
que lo mejor sería devolvérselas a Chariot junto con un agradecimiento por
habérselas prestado. Aunque Dolly le había brindado la oportunidad de
replanteárselo y lo había invitado a seguirlos, lo verdaderamente importante
eran los sentimientos de Chariot.
Como
ya había antepuesto sus propias emociones y había metido a Chariot en un
aprieto, Yuri quería darle el espacio que deseaba y marcar una distancia
adecuada. Le vino tardíamente a la memoria cuando Timaek se lamentaba de que
los jóvenes de hoy en día no solían comprometerse en relaciones profundas, y
con ello comprendió que, inevitablemente, su forma de ser no podía coincidir
con la de alguien como Chariot.
Justo
cuando Yuri reprimía un suspiro y se disponía a abrir la puerta aferrando las
gafas de sol, se oyó un golpecito en la ventanilla del copiloto. Al levantar la
vista, vio que Chariot estaba pegado al cristal mirándolo desde arriba. Tras
alzar la vista con embeleso hacia los ojos verdes que se asomaban bajo la
gorra, bajó la ventanilla.
“Wolfie,
si no te importa, ¿te apetece comer conmigo?”
Apenas
se abrió el cristal, Chariot habló como si hubiera estado esperando ese
momento. El corazón de Yuri, al que había obligado a resignarse para no abrigar
falsas esperanzas, comenzó a latir con fuerza. Las pulsaciones se aceleraron y
su rostro pálido, antes rígido e inexpresivo, se fue suavizando poco a poco.
“Como
no sé exactamente cuándo podré volver a Vancouver, si nos despedimos ahora
pasaremos un buen tiempo sin vernos. Por eso... me gustaría comer un postre
contigo.”
Aunque
estaba más pendiente de sus reacciones que de costumbre, Chariot no apartó los
ojos de él ni un segundo. Tal vez frustrado por el silencio de Yuri, sus
hermosas cejas se curvaron con ternura. Entre el silencio tenso resonó el
repiqueteo de los nudillos de Chariot golpeando la ventanilla de forma rítmica:
tok, tok.
“¿No
quieres?”
Al
prolongarse el silencio, Chariot preguntó con voz apagada. Al contemplar ese
semblante capaz de conmover a cualquiera que lo observara, Yuri apretó los
puños en silencio. Los latidos que sentía en la palma de su mano eran tan
acelerados que le revuelven el estómago.
No tengo la menor idea de qué demonios estás pensando.
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AOMINE5BL
Si
te encargas de cada detalle por insignificante que sea y luego regresas para
insistir de este modo, pareciera que sientes lo mismo que yo; pero en el
momento en que me pusiste límites diciendo que no podías salir con nadie debido
al fideicomiso, lo que tuvimos me hizo sentir como si hubiera sido solo un
capricho de una noche de verano.
Teniendo
frente a sí los sentimientos de aquel joven tan indescifrables como un enigma,
Yuri abrió los labios despacio:
“Sí.”
Al
ver su rostro que aguardaba con tanta impaciencia, le fue imposible seguir
pensándolo demasiado. Al mismo tiempo que rompía el silencio para responderle,
los ojos de Chariot se llenaron de júbilo. Al ver aflorar en el rabillo de sus
ojos una sonrisa imposible de disimular, Yuri sintió que empezaba a comprender
un poco qué expresión ponía Chariot cuando sonreía de verdad.
Su
sonrisa habitual, con las comisuras de los labios levantadas con confianza, era
impecable y sin fallos, pero cuando sonreía porque sucedía algo que realmente
deseaba, sus ojos brillaban primero. Siguiendo la luz resplandeciente que se extendía
en medio de sus ojos de color verde claro, las esquinas de sus ojos se
curvaron, y luego sus labios rosados dibujaron una curva indefinida. Por eso
solo se le formaba un hoyuelo en una de las mejillas.
Entonces...
¿acaso todavía le quedaba alguna oportunidad?
Incluso
si ahora mismo era difícil, una vez que Chariot heredara el fideicomiso, si en
ese entonces seguía sin ver a nadie más y continuaba sonriéndole de esa manera.
Apenas
abrió la puerta del asiento del copiloto, Chariot se quedó sosteniéndola para
esperarlo y facilitarle la bajada. Cuando caminaron juntos para entrar al
local, abrió la puerta de entrada primero y esperó, y antes de hacer el pedido,
al mirar el menú, le consultó la opinión a Yuri:
“¿Qué
va a comer Wolfie?”
Dentro
del local definitivamente olía delicioso. Parecía que preparaban repostería de
estilo ruso, además de platos como albóndigas y sopas, y también los llevaban a
la tienda de comestibles conectada al establecimiento. Aunque era temprano para
el almuerzo, había bastante gente. Al mirar alrededor para ver dónde estaba
Dolly, la vio sentada en un rincón con Benji, comiendo pastel. Al ver que Benji
intentaba mirar a su alrededor, Dolly lo detuvo con alguna palabra, cruzó la
mirada con Yuri y sonrió como diciendo «te lo dije».
Mientras
Yuri consideraba y sopesaba todo con prudencia por última vez —preguntándose si
se estaba engañando a sí mismo deseando autoengañarse, o si realmente Chariot
lo tenía en cuenta pero había algo que le preocupaba y le impedía acercarse
más—, escuchó el susurro de Chariot junto a su oído:
“Si
hay algo que le guste a Wolfie, yo también quiero probarlo. Dolly siempre se la
pasa comiendo Napoleón.”
Yuri
bajó la mirada para examinar los postres ordenados prolijamente en la vitrina.
Aunque se trataba de repostería rusa, lo único que Yuri pudo reconocer allí fue
una sola cosa.
“...Medovik.”
“¿Medovik?”
“Ese
de ahí.”
Extendiendo
lentamente la mano, señaló un pastel marrón hecho de capas alternas de miel y
crema sobre finas capas de bizcocho.
Yuri
pronunció el nombre de aquel postre que incluso se había esforzado por evitar
porque no quería pensar en el pasado.
“De
acuerdo. Yo también quiero comer eso.”
“¿Lo
compartimos?”
“¿Eh?”
Como
probar algo dulce parecía evocar los recuerdos de su madre, Yuri llevaba mucho
tiempo sin comer dulces. En cuanto el sabor azucarado se extendía por su
lengua, en su mente revivía el tiempo que pasaba haciendo Medovik junto a su
madre, a quien ya no volvería a ver jamás.
Una
vez que recordaba el pasado de esa manera, los recuerdos venían en cadena uno
tras otro. Si su mente rozaba su infancia empobrecida pero feliz por tenerse el
uno al otro, y las noches en que organizaban pequeñas fiestas compartiendo
comida con los padres de Alexei antes de que murieran, el anhelo de aquellos
tiempos se volvía tan insoportable que dolía hasta morir.
“¿Te
parece?”
Sin
embargo, en ese momento, a pesar de que le vinieron a la memoria los recuerdos
de cuando hacía Medovik con su madre, Yuri no sintió la sensación de querer
morirse de dolor. Por el contrario, lo único que rondaba por su cabeza era la
curiosidad por saber si a Chariot le gustaría el Medovik.
Habiendo
pedido dos cafés y una porción de pastel, ambos se sentaron en una mesa junto a
la ventana. Al quedar posicionados el uno frente al otro se sintió algo de
incomodidad al principio, pero cuando Chariot tomó el tenedor y cortó una
pequeña porción de Medovik, toda la atención se concentró por completo en ello.
Justo cuando iba a agregarle una explicación a Chariot de que había pasado
tanto tiempo desde la última vez que lo probaba que tal vez no sabría tan bien
como recordaba...
“Está
delicioso.”
Inclinando
el torso y cruzando la mirada con Yuri, con una sonrisa de satisfacción en el
rostro, hizo innecesario decir esas palabras. Al ver que llevaba el cubrebocas
ligeramente bajado y se inclinaba de modo que su rostro solo fuera visible para
Yuri, este también extendió el tenedor. En el instante en que cortó la punta desde
arriba, el bizcocho del pastel se separó con suavidad. Al introducir en su boca
un pequeño trozo de pastel, cuidando de que no cayeran migajas, el dulzor se
esparció por fin.
Desafiando
aquellos días en los que con solo oler algo dulce se le revolvía el estómago,
el Medovik estaba delicioso. Tras el profundo y característico dulzor creado
por la mezcla de miel y crema, apareció la imagen de su propio yo infantil
mirando hacia arriba mientras su madre preparaba el pastel. Y junto con ella,
lo que aquel niño pensaba en ese entonces.
Más
adelante, en un futuro lejano, si llegaba a conocer a alguien a quien debiera
proteger, le gustaría preparar Medovik juntos.
“Yuri,
¿qué tal?”
Se
cruzó con esos ojos verdes que aguardaban expectantes a que expresara su opinión.
“Está
rico.”
“¿Tiene
el mismo sabor que el que probaba Yuri?”
“Es
un poco diferente.”
“¿En
qué cambia?”
“Depende
de cómo se prepare la crema agria que lleva el Medovik.”
Mientras
escuchaba su relato con una expresión de interés, Chariot extendió el tenedor,
cortó una gran porción de Medovik y se la llevó de nuevo a la boca. Tras
masticar despacio con los labios cerrados y saborear el pastel con elegancia,
Chariot le preguntó a Yuri:
“Cuando
regrese a Vancouver, ¿te parece si buscamos un Medovik que se parezca al que
probaste? Me da curiosidad.”
“...O
aprender a prepararlo.”
Al
oír eso, Chariot soltó una carcajada tan grande que se le marcó el hoyuelo en
una de las mejillas.
“Viendo
el sándwich que prepara Wolfie, me da la impresión de que eso va a estar
difícil.”
Los
ojos azules de Yuri también se curvaron con suavidad.
“Puede
que los postres sean otra historia.”
“Para
averiguarlo, tendré que regresar a Vancouver lo antes posible.”
Chariot
terminó con el Medovik por completo. Ante la insistencia de Chariot, que le
ofreció el tenedor un par de veces más, Yuri negó con la cabeza para declinar
la invitación y, mientras bebía su café, se dedicó a contemplar a placer cómo
Chariot disfrutaba de su postre. Por el momento, con un solo bocado había sido
más que suficiente.
Apenas
terminaron con el postre, Benji fue a buscarlos. Al verlos compartiendo un solo
trozo de pastel entre los dos, dijo con una expresión de total desagrado:
“Ver
a dos alfas compartiendo un solo pastel es el colmo.”
Se
escuchó su voz llena de incredulidad.
“Ni
que estuvieran saliendo, qué vergüenza ajena, Cherry.”
En
el instante en que Benji terminó de hablar, se hizo el silencio entre ambos.
Quizás al percibir un ambiente extraño, la mirada de Benji se afiló y fulminó a
Yuri con los ojos. Justo antes de que soltara algún comentario con un matiz
similar a que no debía juntarse con esa clase de sujeto, Chariot dejó el
tenedor sobre la mesa.
“Vámonos,
Benji. Dijiste que nuestro vuelo salía al mediodía.”
“¿Estás
cambiando de tema?”
“Claro
que no. Yuri, nosotros ya nos vamos. Cuando llegues...”
Chariot
vaciló un instante antes de añadir:
“Mi
número estará entre tus llamadas perdidas.”
Impidiendo
con el cuerpo que Benji volviera a acercarse hacia su dirección, Chariot sonrió
con picardía mientras se llevaba la palma de la mano a la oreja.
“Llámame.”
Habiendo
concluido el asunto, Chariot se apresuró a apartar a Benji de al lado de Yuri y
salió del lugar. Al verlos salir, Dolly, que ya estaba afuera fumando un
cigarrillo, le dirigió un saludo con la cabeza a Yuri a través de la ventana
donde estaba sentado.
Yuri
dejó la taza de café sobre la mesa solo después de ver cómo Chariot se llevaba
a Benji hacia el auto y cómo Dolly, tomando de nuevo el volante con un brazo
apoyado en la ventanilla, abandonaba el estacionamiento. La confusión que había
llevado consigo durante todo el camino hasta allí se aclaró con sencillez
mientras comía el pastel.
No
importaba si no significaba nada especial para Chariot.
Lo
verdaderamente importante era que, para Yuri, Chariot se había convertido en
una persona muy especial.
Un
hombre de cálida temperatura que le había enseñado una gran variedad de colores
a él, que solo había vivido dentro de una gris y monótona ciudad. Un hombre que
sonreía con belleza y sabía correr con una libertad superior a la de cualquier
otro.
Aunque
se había propuesto hacer cualquier cosa por un hombre así, se había dejado
tambalear por un motivo estúpido durante un momento. Había pensado que debía
dar un paso atrás simplemente porque los conocidos de Chariot no lo miraban con
buenos ojos. Sin embargo, Yuri nunca le había exigido nada a Chariot de todas
formas. Al contrario, era Yuri quien deseaba entregarle algo.
Como,
por ejemplo, seguridad.
Para
no tener que volver a ver su hermoso rostro oculto bajo una gorra y un
cubrebocas, tomó la decisión de ayudarlo a su manera.
Si
nos guiamos por las palabras de Dolly, probablemente los guardaespaldas que
estaban en Boston bastarían, pero nunca se sabe cómo pueden torcerse las cosas
en este mundo y...
Yuri
también quería ver con sus propios ojos el rostro de quienes intentaban
asesinar a Chariot. Tenía que ver al desgraciado que se había atrevido a
arrastrarlo hasta una situación así.
Justo
cuando Yuri terminó de tomar su decisión, salió del café y caminaba hacia el
auto, sonó su teléfono. Al tomar el celular que vibraba, pensó por un momento
que quizá Chariot ya lo estaba llamando, pero al ver el nombre iluminado en la
pantalla, pulsó de inmediato el botón de llamada.
“Alyosha.”
—Yuri,
ya lo averigüé.
Dijo
Alexei antes de que pudiera preguntarle qué había estado haciendo durante
cuatro días sin dar señales de vida. En su voz susurrada se filtraba un ligero
aire de triunfo y la impaciencia propia de una situación límite.
—Ven
a Boston. Yo ya estoy aquí.
Alexei
acababa de pronunciar en voz alta el destino hacia el que él tenía pensado
dirigirse. Al escuchar ese tono bajito y firme, se le erizó la piel. Un
escalofrío recorrió su cuerpo, como si hubiera recibido una revelación divina,
dándole la absoluta certeza de que aquello era lo que le correspondía hacer.
Debía proteger a Chariot.
Incluso
si ocurría una catástrofe, tenía que permanecer a su lado.
Una
voz resonó desde algún lugar y se lo repitió.
