5. ¡A defender a Pyeong-hwa!
5. ¡A defender a Pyeong-hwa!
La vestimenta que eligió para ir a reprender a
su futuro suegro consistía en una camiseta blanca y unos pantalones de
mezclilla. Llegó a considerar la opción de ponerse el mismo traje que usó en la
fiesta, pero le pareció que sería como gritarle al mundo entero: ‘¡Aquí viene
el futuro yerno de Tae Ki-ho!’, así que se contuvo.
En cuanto llegó a la sede principal del Grupo
Taepyung, donde se encontraba Tae Ki-ho, y cruzó el vestíbulo, una horda de
hombres en trajes negros que lucían sumamente tensos le dieron la bienvenida.
Era un despliegue exagerado, por decir lo menos.
“¿Qué pasa? ¿Acaso anunciaron una amenaza de
bomba para hoy aquí?”.
Los hombres ni siquiera se dignaron a
responder. Se limitaron a murmurar entre ellos a través de los auriculares que
llevaban en las orejas, ignorando por completo a Hae-seong. Las miradas de las
personas que parecían empleados del lugar se clavaron de inmediato en
Hae-seong, quien avanzaba en medio del séquito de trajes negros.
Y era de esperarse. Incluso si él hubiera
estado en su lugar, le habría resultado imposible ignorar semejante
espectáculo.
De haber sabido que se pondrían así, me
hubiera traído el traje sin más.
Su esfuerzo por contener el deseo de presumir
había sido en vano. Hae-seong se subió al ascensor ejecutivo rodeado por
aquellos hombres de negro, quienes le gritaban a los cuatro vientos a todo el
entorno que él era una persona sumamente importante.
Eran tantos que ni siquiera cupieron todos en
el cubículo. Los más exagerados del grupo se subieron junto a él, rodeándolo
por completo. Hae-seong habría preferido mil veces quedarse solo.
“Ha llegado. Lo están esperando”.
¿Será que el señor Tae Ki-ho se había
enfurecido por su llamada y esto era una especie de venganza? Las puertas
abiertas del ascensor le parecieron a Hae-seong el umbral hacia un nuevo campo
de batalla. En el instante en que se abrió paso entre los hombres de negro y
puso un pie en el pasillo, los empleados que formaban una doble fila a ambos
lados inclinaron la cabeza al unísono.
Era una escena idéntica a las que solía ver en
los melodramas coreanos de la mañana o en las novelas de las siete de la tarde.
Siempre se había burlado de esas producciones pensando que eran una exageración
ridícula, pero resultó ser una fiel representación basada en hechos reales de
la alta sociedad. Hae-seong comenzó a sentir cómo la irritación le subía por el
cuerpo ante los desplantes de superioridad de los millonarios, los cuales
superaban cualquier expectativa.
“Muchas gracias”.
Sintiendo que todo este despliegue era una
especie de guerra psicológica por parte de Tae Ki-ho, Hae-seong dobló la
cintura por completo, saludando de forma exagerada como si fuera un teléfono
plegable. Los empleados, que mantenían una sonrisa cortés, se mostraron
sumamente desconcertados y sin saber cómo reaccionar. Sin importarle en lo más
mínimo, Hae-seong comenzó a girar en todas direcciones mientras se inclinaba
una y otra vez de manera abrupta.
Es verdad que lo habían comprado con dinero,
pero no estaba dispuesto a tolerar que lo mangonearan a su antojo. Por
supuesto, si le ofrecieran más dinero o le prometieran un mejor trato, podría
llegar a contenerse un poco, ¡pero con unos miserables 30 mil millones de wones
ni de broma sería suficiente!
Con una mirada completamente distorsionada y
vacía, continuó inclinándose de forma desmesurada. Incapaz de soportar el
espectáculo por más tiempo, uno de los secretarios abrió la puerta a toda
prisa.
Hae-seong entró al despacho caminando hacia
atrás como si fuera un eunuco de la corte, sin dejar de hacer reverencias.
Debido a su actitud, afuera se desató una escena insólita donde todos
terminaron imitándolo.
Desde los hombres en trajes negros que no
gesticulaban en absoluto hasta las secretarias, todos continuaron inclinando la
cintura hasta que Hae-seong desapareció de su vista. Finalmente, un hombre de
mediana edad que parecía ser el de mayor rango entró detrás de él y cerró la
puerta de golpe.
Solo cuando la puerta se cerró, Hae-seong
enderezó la espalda y estiró los brazos para relajarse. Su actitud
impertinente, desprovista de la sumisión exagerada de hace un momento, hizo que
el rostro del hombre de mediana edad se tensara por completo.
Hae-seong le dedicó una sonrisa radiante al
hombre, quien llevaba escrito en la cara: ‘No creí que fuera esa clase de
persona’ o ‘¿Por qué alguien tan hermoso se comporta de esta manera?’. El
semblante rígido del empleado pronto se tiñó de un leve sonrojo. Con timidez,
soltó una falsa tos y le indicó con la mano que pasara al fondo.
Apoyándose en un solo pie, Hae-seong dio un
giro ágil como si fuera un hada, encontrándose de frente con Tae Ki-ho, quien
se hallaba sentado detrás de un escritorio descomunal con un rostro
desencajado. En cuanto sus miradas se cruzaron, Tae Ki-ho se incorporó de forma
un tanto torpe.
“Hae-seong”.
Hae-seong se limitó a inclinar la barbilla a
modo de saludo hacia Tae Ki-ho, quien avanzaba en su dirección, mientras
calculaba mentalmente sus propios pasos. Lo ideal sería encontrarse justo en el
punto medio, pero...
Con la firme idea de que no quería dar ni un
solo paso más que Tae Ki-ho, Hae-seong acortó la distancia contando mentalmente
sus pisadas. Sin embargo, justo cuando había avanzado unos tres pasos, se topó
con un panorama tan inverosímil que se vio obligado a detenerse en seco.
Se quedó petrificado, estático como una
estatua de arena a punto de desmoronarse, mientras se frotaba los ojos con
vehemencia. ¿Qué se suponía que era esto? ¿Acaso el Grupo Taepyung era en
realidad una fachada para alguna secta religiosa? Hae-seong se restregó los
ojos con las palmas y el dorso de las manos, los cerró con fuerza y los volvió
a abrir. No obstante, el panorama no cambió en absoluto.
Con la mirada perdida, contempló uno a uno los
retratos de Pyeong-hwa que se desplegaban ante él. La exhibición comenzaba con
una fotografía de Pyeong-hwa en su primer año de vida. A partir de ahí, una
hilera de marcos dorados relataba la cronología de su existencia. Pyeong-hwa
ingresando al jardín de niños. Pyeong-hwa graduándose. Pyeong-hwa como
estudiante de primaria. Pyeong-hwa probando el kimchi por primera vez. Pyeong-hwa
manifestándose como alfa. Pyeong-hwa recibiendo un reconocimiento a la
amabilidad. Pyeong-hwa como estudiante de secundaria.
…… Al ver esto, ¡siento que el estafado en
este matrimonio soy yo!
“Pero qué……”.
¿Qué significa todo esto? Hae-seong no pudo articular
la frase completa y se volvió hacia Tae Ki-ho. Su futuro suegro (a quien
decidió llamar así porque le sentaba mejor el papel de ‘esposa joven’ que el de
‘esposo joven’) ya se encontraba a su lado con un rostro cargado de timidez.
Con una expresión de profunda satisfacción, como quien presume una valiosa
colección de tesoros, Tae Ki-ho se dispuso a explicarle cada retrato comenzando
desde la foto de su primer año.
“Mira, el Pyeong-hwa que ves de este lado
es……”.
“No, espere un momento”.
“¿Eh?”.
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“¿De verdad está permitido colgar esta clase
de cosas en una oficina corporativa?”.
Hae-seong jamás había trabajado en una
corporación y mucho menos tenía posibilidades de convertirse en vicepresidente,
pero tenía el sentido común suficiente para saber que esto no era normal. Sin
embargo, por desgracia, Tae Ki-ho parecía ignorarlo por completo.
“¿Acaso la gente no suele poner una o dos
fotos familiares en sus escritorios?”.
¡Pero esto superaba por mucho el concepto de
una o dos fotos! Aun así, sabía que si intentaba explicárselo, el hombre se
limitaría a responder que era su oficina y que podía hacer lo que le diera la
gana. Haciendo de tripas corazón, Hae-seong apartó la mirada de las más de diez
variantes de Pyeong-hwa en distintas etapas de su vida y se acomodó en el sofá
de las visitas.
Tap, tap. Golpeó la superficie de la mesa con
los dedos, dándole una señal a Tae Ki-ho para que se acercara. Tae Ki-ho se
aproximó haciendo un puchero con los labios, visiblemente decepcionado por no
haber podido detallarle cada una de las fotografías. Ver a un hombre maduro y
atractivo de mandíbula cuadrada comportarse de esa manera le pareció el colmo
de lo ridículo.
“Veo que ama con locura a Pyeong-hwa,
¿verdad?”.
“Pues claro que sí. Es mi único descendiente
de sangre y, más allá de eso, ¿acaso no estás de acuerdo en que es una criatura
sumamente adorable?”.
Tae Ki-ho se mostró firme. Con un rostro que
denotaba que no veía problema alguno en sus palabras, abrió el cajón de la mesa
lateral junto al sofá individual. De su interior extrajo un portarretratos que
superaba el tamaño de la palma de su mano. En él aparecía, sin lugar a dudas,
Pyeong-hwa.
“El uniforme escolar le sentaba de maravilla,
¿no crees? Habría sido estupendo que pudiera concluir sus estudios con normalidad,
pero…”.
Los ojos de Tae Ki-ho se inundaron de lágrimas
mientras murmuraba. Hae-seong contempló con asombro cómo el hombre limpiaba el
portarretratos con la manga de su saco, tratándolo como si fuera la fotografía
de un difunto. Si tanto lo amaba…… ¿por qué rayos permitía esto?
Al presenciar semejante afecto, la situación
le resultó aún más incomprensible. Hae-seong rememoró la voz de Yeon-je, quien
la noche anterior le había gritado a Pyeong-hwa a través del teléfono. Era
evidente que no era la primera vez que se comportaba de esa manera. Y la
reacción de Pyeong-hwa apuntaba a lo mismo: una actitud de total resignación
que sugería que había soportado ese trato en repetidas ocasiones.
“Para amarlo tanto, no parece tener mucho
interés en los asuntos de Pyeong-hwa, ¿verdad?”.
A decir verdad, no tenía intenciones de
involucrarse a tal grado. Su plan inicial era simplemente dejarle una
advertencia superficial para quitarse el mal sabor de boca y desentenderse,
pero al presenciar este desbordante afecto paterno, sintió que no podía
quedarse de brazos cruzados como si fuera el problema de un extraño.
Bueno, después de todo eran 30 mil millones de
wones. Si incluso un desconocido se vería tentado a intervenir en una situación
así, con mayor razón podía hacerlo él, dado el vínculo tan estrecho que los
unía por semejante suma, ¿no?
Aunque no fuera del todo de su agrado, ya se
había acostado con él y planeaba seguir haciéndolo, así que se trataba de los
asuntos de su futura y joven esposa.
“¿Eh? ¿A qué te refieres con que no tengo
interés?”.
“¿De verdad no tiene la menor idea de lo que
sucede? ¿No sabe cómo se comporta la gente de ese círculo con Pyeong-hwa?”.
Los ojos que contemplaban con ternura al
Pyeong-hwa de la fotografía se abrieron de par en par. Tae Ki-ho colocó el
portarretratos sobre la mesa con sumo cuidado y ladeó la cabeza hacia
Hae-seong.
“Pero de qué estás hablando……”.
“Asumo que está al tanto de que ayer acompañé
a Pyeong-hwa a esa reunión. Dado que me depositó el dinero, imagino que ya
verificó todo lo sucedido”.
“Ah, sí…… eso. De hecho, había algo que quería
preguntarte. ¿Qué fue exactamente lo que pasó para que mi Pyeong-hwa regresara
a casa llorando esta mañana y me exigiera que le diera educación sexual?”.
Hae-seong frunció el entrecejo ante la pregunta
llena de vergüenza de Tae Ki-ho.
“¿Me está diciendo que ni siquiera le ha dado
educación sexual hasta ahora?”.
“Es que…… el tratamiento médico era la
prioridad absoluta. A decir verdad, no creímos que una situación de esa
naturaleza fuera a presentarse tan pronto, ejem……”.
“Con razón el chico está en la más completa
ignorancia”.
Por supuesto que nadie aprende a tener
relaciones íntimas siguiendo al pie de la letra las instrucciones de sus
padres, pero la ignorancia de Pyeong-hwa rayaba en lo absurdo. Al no tener
conocimientos, le temía a absolutamente todo. El simple hecho de haber huido
por el hecho de haber compartido la cama tras haber consumado el acto era una
prueba de ello.
‘Me parece que lo lamento’.
Fue en ese momento cuando el mensaje de Pyeong-hwa
cobró total sentido. El chico realmente pensaba que había cometido una falta
grave. Tras comprender el precario nivel de percepción sexual de su joven
esposo, Hae-seong apretó los dientes con furia.
En representación de los 500 mil omegas del
mundo, no perdonaría a Tae Ki-ho por haber mantenido a Pyeong-hwa bajo llave en
semejante estado de ignorancia. Hae-seong cerró los ojos con fuerza ante el
dolor de cabeza que lo asaltó y soltó un leve quejido.
“¿Tiene idea de la clase de insultos que
Pyeong-hwa tuvo que soportar ayer en ese lugar?”.
Tras contener la rabia por un instante,
Hae-seong abrió los ojos con furia y fulminó a Tae Ki-ho con la mirada. Fue
entonces cuando el hombre intuyó que algo andaba mal y frunció el ceño.
“No. Pyeong-hwa no mencionó absolutamente
nada……”.
“Le dijeron que era impotente. Todos los
presentes en esa reunión estaban al tanto de las anomalías en las feromonas de
Pyeong-hwa. ¿De verdad me va a decir que ignoraba la existencia de esos
rumores?”.
“…… ¿Qué?”.
Ante la revelación de Hae-seong, el rostro de
Tae Ki-ho se quedó completamente pálido. Hae-seong no pudo evitar contemplar
con desdén a su futuro suegro (quien se asemejaba tanto al papel de ‘esposa
joven’ que decidió mantener ese término en su mente), el cual se había quedado
petrificado por la sorpresa.
“¿De verdad no lo sabía?”.
“Le pregunté cómo le había ido en la reunión
de ayer, pero como Pyeong-hwa no soltó palabra, yo no tenía la menor idea……”.
“A ver, ¿de qué le sirve tener tanto dinero?
¿Para qué guarda semejante fortuna si se iba a limitar a depender
exclusivamente de lo que Pyeong-hwa decidiera contarle?”.
Le resultaba inconcebible. Si la situación de
Pyeong-hwa era tan delicada y Woo Yeon-je no era de su agrado, lo lógico habría
sido tomar cartas en el asunto de manera constante. Especialmente cuando ese
tipo, que ya tenía el antecedente de haberle suministrado sustancias a
Pyeong-hwa, continuaba rondándolo con total libertad.
“¿Me está diciendo que, viviendo en un mundo
donde el dinero lo resuelve todo, no fue capaz de asignarle un protector?
¿Simplemente arrojó a Pyeong-hwa desprotegido a este mundo tan hostil?”.
“Es que a Pyeong-hwa no le gustaba esa
idea……”.
“Haber contratado a alguien lo suficientemente
competente para que Pyeong-hwa no se percatara de su presencia habría bastado.
¿O es que le dolía gastar su dinero?”.
“¡Claro que no! ¡De haber sido así, jamás te
habría ofrecido a ti semejante cantidad……!”.
Tae Ki-ho se interrumpió a sí mismo a toda
prisa antes de concluir la frase. Comenzó a observar las reacciones de
Hae-seong, temiendo que su comentario pudiera haberlo ofendido. Sin embargo, a
Hae-seong no le quedaban energías para ofenderse por lo que dijera su
inversionista principal; las palabras del hombre no le afectaron en absoluto.
Al contrario, estuvo de acuerdo con su planteamiento.
Después de todo, se trataba de una familia
capaz de desembolsar 30 mil millones de wones con el nieto de su difunto médico
de cabecera con tal de sanar a su hijo.
“Exactamente. Entonces, ¿por qué no utilizó
ese dinero en el pasado para contratar a personal capacitado que lo mantuviera
vigilado y a salvo?”.
El tono de voz de Hae-seong se tornó de
imprevisto sumamente dulce y dócil. Tae Ki-ho, que continuaba evaluando su
temperamento, asintió con la cabeza un tanto desconcertado. Aseguró que a
partir de ahora se encargaría de ello sin falta, e incluso le dio instrucciones
inmediatas a su secretario para que iniciara la búsqueda de personal.
A pesar de sus acciones, Tae Ki-ho permanecía
tenso ante la posibilidad de recibir otro regaño por parte de Hae-seong.
“Asumo que nadie se había atrevido a hablarle
con tanta franqueza sobre estos temas en el pasado, ¿verdad?”.
Hae-seong susurró las palabras con una
delicadeza extrema. Tae Ki-ho asintió con rapidez con la cabeza. En efecto, jamás
había escuchado a nadie expresarse de esa manera sobre la situación de
Pyeong-hwa.
“A partir de ahora, debe vigilar muy de cerca
la relación entre Woo Yeon-je y Pyeong-hwa. Todo su entorno por igual. Y si
llega a presentarse cualquier inconveniente, tiene la obligación de
notificármelo de inmediato, ¿entendido?”.
Hae-seong esbozó una sonrisa radiante mientras
extendía el dedo meñique. Tae Ki-ho asintió con fuerza con la cabeza y
entrelazó de inmediato su propio meñique con el de Hae-seong. Hae-seong le
dedicó una tierna sonrisa, agitando las manos como si la furia de hace un
momento jamás hubiera existido.
En ese preciso instante, un prolongado zumbido
de vibración resonó desde el pecho de Tae Ki-ho.
La mirada de Hae-seong se dirigió al robusto
pecho del hombre. Tras soltar el agarre a toda prisa, Tae Ki-ho extrajo su
teléfono celular y, de imprevisto, le mostró la pantalla a Hae-seong. Se
trataba de una videollamada entrante de un contacto guardado como: ‘Mi ángel,
mi hijo Pyeong-hwa ♥’.
Hae-seong, quien no le había notificado a
Pyeong-hwa sobre su encuentro con Tae Ki-ho tras su huida de esta mañana,
experimentó un ligero desconcierto; no obstante, le indicó con un ademán que
respondiera. Tae Ki-ho acató la orden de inmediato. Elevó el dispositivo buscando
un ángulo de 45 grados y, con un rostro sumamente afectuoso, agitó la otra mano
hacia la pantalla.
“¡Ay, mi Pyeong-hwa! ¿Ya almorzaste?”.
—¿Qué clase de pregunta es esa a estas horas?
Claro que ya comí.
Por fortuna, Pyeong-hwa parecía encontrarse
bien. Hae-seong experimentó un gran alivio al constatar su habitual tono de voz
rudo y cortante. Había temido que el chico colapsara ante el impacto de los
acontecimientos, pero se alegraba de ver que continuaba con vida.
¿Habría sido mejor llamarlo yo mismo?
Hae-seong jugueteó con el teléfono que llevaba
en el bolsillo por puro impulso.
“¿A qué se debe tu llamada? Es una sorpresa
que llames a tu padre a estas horas”.
—Es que…….
“Sí, dime. Te escucho”.
—Ese…… ese tipo. El hombre con el que me
pediste que me casara…… él.
El nombre que brotó de los labios de
Pyeong-hwa fue, ni más ni menos, el de Hae-seong. Los ojos de Tae Ki-ho se
desviaron de inmediato hacia Hae-seong por detrás del dispositivo.
¡Pero bueno, señor! Si me mira de esa manera,
va a ser evidente que hay alguien más con usted.
Hae-seong le lanzó una mirada severa. El
asustado Tae Ki-ho bajó la mirada a toda prisa, pero como era de esperarse,
Pyeong-hwa no tardó en cuestionarlo.
—¿Acaso estás en medio de otra junta de
negocios?
¿De verdad acostumbra atender videollamadas
familiares en medio de las juntas ejecutivas, señor vicepresidente
irresponsable?
Hae-seong se llevó una mano a la frente
mientras negaba con la cabeza.
“¡Para nada! ¡No es nada de eso!”.
—¿Entonces qué pasa? ¿Hay alguien contigo ahí?
No intentes engañarme. ¿Quién es?
El tono de voz de Pyeong-hwa se tornó
ligeramente más grave.
¿En serio intenta sonar intimidante? No le va
en absoluto.
Al percatarse de que el chico forzaba la voz
de manera deliberada para imponer respeto frente a terceros, Hae-seong soltó
una leve risita. Tae Ki-ho se mostraba sumamente acorralado ante los
cuestionamientos de su hijo.
De pronto, Hae-seong pensó: ‘¿Realmente hay
necesidad de ocultarlo?’, y terminó por incorporarse de su asiento. El
semblante de Tae Ki-ho se iluminó al instante. Hae-seong soltó una carcajada al
ver el regocijo del hombre y apoyó el brazo sobre el respaldo del sofá
individual donde este se encontraba sentado.
Inclinando sutilmente el torso para aparecer
en el encuadre de la pantalla, Hae-seong agitó la mano hacia Pyeong-hwa, cuyos
ojos se abrían de par en par conforme lo reconocía.
“Hola, Pyeong-hwa”.
Ante el repentino y radiante saludo de
Hae-seong, Pyeong-hwa parpadeó consternado con sus enormes ojos y se cubrió la
boca con la mano de un solo golpe. Sus ojos se abrieron y titubearon a tal
grado que Hae-seong se preguntó cómo era posible que unas pupilas tan grandes
pudieran conservar semejante claridad.
Contemplando con fascinación la mirada de
Pyeong-hwa, Hae-seong esbozó la sonrisa más encantadora que pudo recrear y
volvió a agitar la mano hacia él.
Y en ese preciso instante...
Click.
La llamada se cortó abruptamente y la pantalla
se tiñó de negro.
“…… Colgó”.
La voz de Tae Ki-ho, la cual denotaba una
frustración cien veces mayor que la falta de modales de Pyeong-hwa al teléfono,
terminó por colmar la paciencia de Hae-seong. Con un rostro endurecido, extrajo
su propio dispositivo de inmediato, encendió la cámara y la elevó por encima de
su cabeza.
Se buscó el ángulo adecuado y el encuadre capturó
a la perfección tanto a Hae-seong como a Tae Ki-ho. Hae-seong le dio un leve
toque en el ojo a Tae Ki-ho con el hombro, quien lo miraba con extrañeza, y le
indicó la cámara con un gesto de la barbilla.
“Señor”.
“¿Otra vez ‘señor’?”.
“Ya arreglaremos los términos después. Por
ahora, sonría”.
“¿Que sonría?”.
“Sí, sonría. U-na, do-s, ¡……ahora!”.
Hae-seong apoyó la mano sobre el hombro de Tae
Ki-ho y esbozó una sonrisa tan amplia que sus ojos se cerraron por completo.
Tae Ki-ho, sobresaltado por el grito de Hae-seong, mostró una sonrisa un tanto
forzada. El sonido del obturador resonó tres veces: ¡clack, clack, clack!
Hae-seong regresó al sofá mientras
seleccionaba la fotografía donde él lucía más radiante y perfecto. Tae Ki-ho se
sentó a su lado con un rostro completamente inexpresivo y esperó pacientemente
a que Hae-seong terminara de teclear en su dispositivo con total agresividad.
Poco después, Hae-seong esbozó una ligera
sonrisa de satisfacción en la comisura de sus labios y colocó el teléfono sobre
la mesa.
Apenas habían transcurrido unos diez segundos
desde que Hae-seong soltó el dispositivo cuando el teléfono de Tae Ki-ho
comenzó a sonar de nueva cuenta. Fue prácticamente de manera simultánea.
“¡Es…… es Pyeong-hwa!”.
Tae Ki-ho, sumamente desconcertado y con los
ojos inundados de lágrimas por la impotencia, clavó la mirada en Hae-seong.
Ante ese rostro que denotaba la absoluta certeza de que el omega era el
responsable de la situación, Hae-seong se limitó a encogerse de hombros con
total desparpajo.
“Pásemelo”.
Hae-seong extendió la mano hacia Tae Ki-ho,
quien sostenía el dispositivo con gran agitación, como si se tratara de una
brasa ardiente. El hombre le entregó el teléfono de inmediato. En esta ocasión,
no se trataba de una videollamada.
“¿Bueno?”.
—…….
“Pyeong-hwa, si vas a llamar, lo mínimo que
puedes hacer es hablar, ¿no crees?”.
—¿Por qué…… por qué…… estás con mi padre?
Su voz temblaba visiblemente, como si hubiera
recibido un impacto tremendo. Hae-seong esbozó una sonrisa amarga al verificar
una notificación simultánea en su propio teléfono. Al parecer, Pyeong-hwa había
cometido un desliz de nueva cuenta y le había dado ‘me gusta’ a la fotografía
que él acababa de subir.
“¿Acaso hay alguna ley que me prohíba estar
con el señor Tae Ki-ho?”.
Sin embargo, para cuando Hae-seong ingresó a
la aplicación para corroborarlo, el ‘me gusta’ ya había sido cancelado.
—…… ¿El señor…… Tae Ki-ho?
La voz del chico se interrumpió por un
instante, como si se le hubiera cerrado la garganta, antes de lograr articular las
palabras. A través del altavoz, se escuchaba una respiración sumamente agitada
que intentaba denotar un falso temperamento recio.
—¿A qué rayos…… te refieres con ‘un momento
agradable’?
“Mmm……. Digamos que es la misma clase de
momento que sueles compartir con Woo Yeon-je”.
Al referirse a los momentos que Pyeong-hwa
compartía con Woo Yeon-je, Hae-seong aludía a esa atmósfera cargada de
amenazas, intimidación y sumisión absoluta. Aunque aún no contaba con pruebas
contundentes, el desarrollo de los acontecimientos apuntaba a que el vínculo
entre Pyeong-hwa y Woo Yeon-je distaba mucho de su percepción inicial.
¿Acaso no es esto lo que la gente llama
‘gaslighting (manipulación psicológica)’?
Hae-seong soltó un leve suspiro al evocar la
imagen de Pyeong-hwa, quien temblaba como un cachorro bajo la lluvia con el
simple hecho de escuchar el nombre de Yeon-je.
Ahora que lo pensaba con detenimiento, jamás
había percibido un ápice de afecto, una sutil chispa de emoción o una calidez
genuina entre ellos dos. Solo recordaba a un Pyeong-hwa sumamente ansioso y a
un Woo Yeon-je más concentrado en mantenerlo a raya a él que en velar por el
bienestar del chico. Si su relación realmente no fuera el romance idílico que
se pregonaba ante la sociedad, el panorama cambiaría drásticamente.
Hae-seong hizo el ademán de sostener un
bolígrafo y le hizo una señal a Tae Ki-ho. Haciendo gala de la agudeza mental
propia de un líder corporativo, Tae Ki-ho le facilitó de inmediato una hoja de
papel junto con la pluma fuente que portaba en el pecho.
—¿Yeon-je y yo……?
La voz que titubeaba hace un momento se
transformó de imprevisto en un sollozo ahogado. La respiración agitada se
detuvo en seco, como si el chico hubiera percatado que algo andaba mal.
Hae-seong retiró la tapa del bolígrafo con los labios y habló con el objeto aún
en la boca:
“Sñi. Uh-huh. De thodos mhoodos…… ¡Pff! Joder,
me dolió el diente”.
Tras frotarse la mejilla mientras controlaba
la saliva que estuvo a punto de derramarse por tener la tapa en la boca,
Hae-seong continuó con el hilo de la conversación. Al mismo tiempo, sus manos
se mantenían ocupadas trazando notas sobre el papel a gran velocidad.
—¿Por qué hablas de esa manera tan extraña?
¿Qué fue lo que escupiste?…… ¿Por qué te duele el diente?
Fue en ese preciso instante cuando la voz de
Pyeong-hwa se elevó de forma drástica. Hae-seong, sumamente atareado entre
sostener la llamada y realizar las anotaciones, ladeó la cabeza con extrañeza.
“Ah, es que tenía algo metido en la boca.
Suegro, por favor, eche un vistazo aquí”.
Hae-seong apuntó hacia la nota, lo que hizo
que Tae Ki-ho se aproximara e inclinara la cabeza para leer el contenido.
1. Información personal de Woo Yeon-je.
2. Lista de personas que conocen el secreto de
Pyeong-hwa.
3. Resumen detallado de los gustos y aversiones
de Pyeong-hwa.
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Al leer las anotaciones de Hae-seong, el
semblante de Tae Ki-ho se iluminó por completo. Hae-seong contempló con
incredulidad a su futuro suegro, quien lucía sumamente dichoso ante los
preparativos para tomar el control absoluto sobre los asuntos de su hijo. En
ese momento, Pyeong-hwa, quien había permanecido en silencio y temblando,
cuestionó con un hilo de voz.
—¿Qué…… qué se suponía que tenías metido en la
boca? ¿Qué clase de objeto podrías morder en la oficina corporativa de mi
padre?
¿Pero de qué carajos estaba hablando?
Hae-seong frunció el entrecejo ante la descabellada e imprevista insinuación de
Pyeong-hwa.
—No me digas que…… ¡Uaggh!
De imprevisto, Pyeong-hwa soltó una arcada.
Con una respiración sumamente dificultosa, balbuceó algo sobre que no se
quedaría de brazos cruzados y mencionó ciertos detalles sobre su pureza, antes
de soltar un último ¡uaggh! y cortar la llamada de golpe.
Hae-seong, sumamente desconcertado, intentó
devolver la llamada de inmediato, pero el chico no respondió.
“¿A qué se debe esa reacción? ¿Qué le pasa a
Pyeong-hwa?”.
“Parece que no se siente bien… ¿Quiénes se
encuentran en la residencia en este momento?”.
“El mayordomo Yoon y el personal de servicio.
¿Por qué lo preguntas? ¿Dijo que se sentía mal? ¡Si hace un momento lucía
perfectamente sano!”.
“Es que de imprevisto comenzó a tener arcadas
como loco”.
Ante la imitación de Hae-seong, Tae Ki-ho se
llevó una mano a la nuca y se desvaneció hacia atrás con el rostro
ensombrecido. Recuperando el aliento, le arrebató el dispositivo de las manos a
Hae-seong a toda prisa e inició una videollamada hacia Pyeong-hwa. A diferencia
del intento anterior donde solo se escuchaba el tono de marcación, en esta
ocasión la llamada se conectó de inmediato.
“¡Pyeong-hwa!”.
—¡No! ¡Dame tres minutos!
En el preciso instante en que sus ojos se
cruzaron con los de Hae-seong, un Pyeong-hwa de rostro encendido cortó la
comunicación una vez más. Hae-seong, quien se había aproximado por detrás de
Tae Ki-ho con la firme intención de evaluar el estado del chico en cuanto se
conectó la llamada, soltó una carcajada de absoluta estupefacción.
¿Acaso está intentando jugar al gato y al
ratón conmigo o qué carajos le pasa?
Justo cuando su paciencia estaba a punto de
llegar al límite, Pyeong-hwa inició una videollamada de nueva cuenta. Tae
Ki-ho, quien había pasado esos tres minutos temblando de la angustia y
mordiéndose las uñas hasta que Hae-seong le propinó un manotazo en el dorso de
la mano, respondió el teléfono a toda prisa.
“……”.
“…… ¿Pyeong-hwa?”.
Al encontrarse de frente con la imagen de
Pyeong-hwa en la pantalla, Hae-seong se quedó completamente mudo. Tae Ki-ho
compartía el mismo desconcierto, limitándose a pronunciar el nombre de su hijo
de forma repetitiva en un tono un tanto torpe.
A través del diminuto recuadro de la pantalla,
Pyeong-hwa se mostraba con la mirada dulcemente inclinada hacia abajo, habiendo
ajustado el dispositivo en un ángulo sumamente favorecedor.
A juzgar por el sutil rubor de sus mejillas y
el temblor de sus labios, era evidente que su estado de salud no era el óptimo;
sin embargo, nadie habría adivinado el colapso de hace un momento. En ese breve
lapso, el chico se las había ingeniado para cambiarse por un suéter impecable y
lucía un peinado sumamente estilizado mientras levantaba la mirada con total
osadía.
—Padre, por favor…… realice un escaneo con la
cámara desde la coronilla hasta la punta de los pies.
Acto seguido, comenzó a expresarse utilizando
un lenguaje formal un tanto extraño, idéntico al que emplearía un niño de cinco
años que intenta imitar los modales de los adultos. Hae-seong estuvo a nada de
soltar una carcajada ante semejante escena, pero se contuvo al percatarse de la
seriedad en el rostro de Pyeong-hwa.
Mientras Hae-seong fruncía el entrecejo
intentando contener la risa, Tae Ki-ho se incorporó de su asiento de un brinco.
Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de su hijo, comenzó a mover la
cámara recorriendo la totalidad de su fisionomía.
Su rostro denotaba una profunda emoción; era
el vivo retrato de un hombre que desbordaba tanta dicha que podría morir en ese
instante sin remordimiento alguno. Tae Ki-ho incluso se tomó la libertad de
detallar la marca de su calzado y mencionó al renombrado diseñador del taller
de alta costura responsable de su traje.
No obstante, sin importar los detalles que
aportara su padre, las pupilas de Pyeong-hwa adquirieron de inmediato una
apatía absoluta mientras hacía un puchero con los labios.
—Supongo que no lo es…….
Al escuchar esas palabras con total claridad,
a Hae-seong se le erizó la piel.
No me jodas…… ¿Acaso este fugitivo de
pacotilla pensó que lo que yo estaba mordiendo era el miembro de mi futuro
suegro?
Hae-seong se llevó una mano a la frente ante
semejante delirio tan descabellado.
Pyeong-hwa, la única persona que ha aceptado
un compromiso matrimonial y aun así continúa dejándose mangonear por su pareja
sin ponerle fin a la relación eres tú, mi querido y joven esposo. Por más que
yo carezca de principios morales, jamás me metería con un hombre maduro que me
supera por más de veinte años.
Por supuesto que se trataba de un hombre
sumamente adinerado, un atractivo maduro de mandíbula cuadrada, excelente
complexión y una cabellera abundante; sin embargo, no había punto de
comparación con el heredero de sus genes. Teniendo a su disposición a un
jovencito de piel blanquecina, rostro angelical, una densidad capilar
infinitamente superior, una fisionomía que continuaba desarrollándose y que
además era portador de esa codiciada anatomía lampiña, era evidente que jamás
elegiría al maduro. Hae-seong no era tan estúpido.
Hae-seong se aproximó por detrás de Tae Ki-ho,
quien se disponía a sentarse de nueva cuenta, y elevó el dedo índice. Apuntó
con el dedo hacia el hombre y luego lo movió de izquierda a derecha, trazando
una clara equis en el aire para negar la insinuación.
Al percatarse del movimiento, Pyeong-hwa se
aproximó un poco más a la pantalla mientras entrecerraba los ojos con
suspicacia.
Acto seguido, Hae-seong dirigió el índice que
hace un momento agitaba en el aire directo hacia Pyeong-hwa, señalándolo
firmemente. En el instante en que el chico ladeaba la cabeza con los ojos
abiertos de par en par ante la incomprensible secuencia de movimientos,
Hae-seong se introdujo el dedo en la boca, realizó una profunda succión
simulando un prolongado beso y lo retiró con un chasquido.
Las enormes pupilas de Pyeong-hwa titubearon
con absoluto horror ante la escena. Tae Ki-ho, completamente concentrado en
evaluar el bienestar de su hijo, no se percató en lo más mínimo de las acciones
que ocurrían a sus espaldas.
Ello se debía a que en el recuadro superior de
la pantalla, la silueta de Tae Ki-ho abarcaba la mayor parte del espacio,
bloqueando casi por completo la visibilidad de Hae-seong detrás de él.
—¿Se…… se volvió lo……?
“Pyeong-hwa, ¿a qué se debe ese repentino y
encantador cambio de ropa? Ya que mencionaste que habías almorzado, ¿qué te
parece si cenamos juntos esta noche?”.
Hae-seong pronunció las palabras con una
sonrisa sumamente serena y natural dirigida al chico, quien temblaba
visiblemente en la pantalla. Tae Ki-ho se incorporó de su asiento de un brinco
exclamando que le parecía una excelente idea.
—¡Papá! …… ¡No, padre!
Tae Ki-ho tomó el dispositivo y se dirigió a
toda prisa hacia el escritorio donde se encontraba su placa de identificación,
mientras Pyeong-hwa no dejaba de gritar a través del altavoz. El desconcertado
hombre le cuestionó el motivo de su agitación.
Pyeong-hwa abrió la boca y la volvió a cerrar
de golpe, mostrándose sumamente indeciso. Ante la insistencia de su padre, el
chico finalmente cuestionó si ‘ese tipo’ se encontraba a su lado. Tae Ki-ho
asintió con la cabeza con total efusión.
Pyeong-hwa le suplicó en un susurro que bajo
ninguna circunstancia permitiera que Hae-seong escuchara sus palabras. Tae
Ki-ho disminuyó el volumen del altavoz al mínimo y se llevó el dispositivo
directamente a la oreja.
—Es que no alcanzo a distinguir bien la
imagen…….
“¿Eh? Yo te veo con total claridad. ¿Acaso se
habrá averiado tu teléfono?”.
Tae Ki-ho parpadeó con docilidad, suavizando
su mirada firme. Pyeong-hwa, a quien le importaban un comino las atenciones de
su padre, endureció el semblante.
—¿Quién dijo que tú fueras el que no veía
bien?
“¿Ah?”.
Solo entonces Tae Ki-ho comprendió el
verdadero sentido de sus palabras y se volvió hacia Hae-seong, quien ya se
había apoderado de su asiento de nueva cuenta. Fue un momento verdaderamente
conmovedor. Que Pyeong-hwa, un chico que jamás mostraba el más mínimo interés
por nadie ajeno a Woo Yeon-je, estuviera buscando la presencia de Hae-seong era
un auténtico milagro.
Tae Ki-ho experimentó una profunda
satisfacción, convenciéndose de que haber elegido a Hae-seong como pareja para
su hijo había sido la mejor decisión posible. Era un logro que nadie más había
alcanzado en el pasado. El simple hecho de que Pyeong-hwa no hubiera mostrado
una reacción de rechazo ante sus feromonas ya representaba una gran esperanza,
pero ahora Hae-seong se le figuraba como un auténtico ángel enviado del cielo.
Evocó de nueva cuenta el diagnóstico que el
médico de cabecera había emitido tras evaluar a Pyeong-hwa a su regreso de
aquella noche fuera: el especialista sugirió que los niveles de toxicidad en
las feromonas de Pyeong-hwa se habían mitigado gracias a un estímulo de mayor
intensidad. Aunque el chico se mostró sumamente avergonzado, no parecía estar
lidiando con dolor o malestar alguno.
Además, Hae-seong no se había valido de la
situación para exigir sumas exorbitantes de dinero o tomar la enfermedad del
chico como un rehén para obtener beneficios personales. Contrario a todos sus
temores iniciales, Hae-seong había resultado ser un auténtico tesoro tanto para
Pyeong-hwa como para él.
—Padre, ¿te quedaste dormido?
Las profundas y emotivas reflexiones de Tae
Ki-ho se vieron interrumpidas por el tono cortante de Pyeong-hwa. Recuperando
la compostura a toda prisa, Tae Ki-ho se aproximó a Hae-seong de nueva cuenta.
En cuanto le entregó el dispositivo, Pyeong-hwa, quien hace un momento mantenía
el ceño fruncido hacia su padre, bajó la mirada de inmediato adoptando una
expresión sumamente tímida y coqueta.
Hae-seong, al recibir el teléfono de
imprevisto, ajustó el ángulo por puro instinto y se volvió hacia Tae Ki-ho. El
hombre, mostrando un semblante sumamente aliviado, había regresado a su escritorio
y se encontraba hurgando entre los cajones.
—¿Qué es lo que miras con tanta atención?
Al percatarse de que Hae-seong mantenía la
mirada fija en otra dirección sin reaccionar a su presencia, Pyeong-hwa levantó
sutilmente los ojos e imitó un gesto de desagrado. Hae-seong, quien contemplaba
a Tae Ki-ho con la mirada perdida, dio un respingo al escuchar la voz del
chico.
“Ah…… no. Es solo que pensaba que mi suegro
luce…… verdaderamente apuesto”.
Hae-seong soltó lo primero que se le vino a la
mente. Mientras su conciencia se burlaba internamente de la actitud
desentendida de Tae Ki-ho al traspasarle el teléfono para librarse del
problema, sus labios pronunciaban un elogio desprovisto de toda honestidad.
—¿Quién te parece apuesto……?
“¿Eh? Mi suegro. El señor Tae Ki-ho”.
En ese preciso instante, Tae Ki-ho extrajo su
billetera del cajón. Al escuchar la mención de su nombre, el hombre esbozó una
sonrisa radiante con la billetera en mano, luciendo ante los ojos de Hae-seong
como una auténtica deidad. Hae-seong, cuya mirada hace un momento denotaba
fastidio, suavizó las facciones al instante y le dedicó un efusivo pulgar
arriba a Tae Ki-ho.
Contar con un hombre maduro, atractivo, de
complexión robusta y portador de una billetera tan prominente como suegro era
una bendición. Olvidando por completo sus quejas de hace un momento, Hae-seong
no pudo contener la agitación de su corazón y continuó agitando el pulgar en
dirección al hombre una y otra vez.
—Con que esa clase de sujetos son tu tipo…….
“…… ¿Eh?”.
—Papá ni siquiera tiene vello en esa zona.
¿Qué……?
‘Papá ni siquiera tiene vello en esa zona’.
¿En esa zona?
‘Ni siquiera tiene vello’.
¿Ni siquiera?
‘Vello…’.
¿El vello……?
‘Vell…’
…… Joder.
Hae-seong sintió que perdía la cordura tras
escuchar una revelación tan sumamente perturbadora.
Mientras intentaba descifrar el verdadero
trasfondo de la afirmación de Pyeong-hwa sobre la anatomía de Tae Ki-ho,
sacudió la cabeza con fuerza al percatarse de lo absurdo que resultaba estar
meditando en semejante estupidez. ¿Que no tiene vello? ¿Carece de vello? ¿Ni
siquiera conserva vello? ¿Ni siquiera? ¿Acaso implicaba que no tenía
absolutamente nada? Como era de esperarse, una fisionomía de ese calibre solo
podía ser el resultado de un prodigioso misterio genético heredado del cielo.
La incesante y tormentosa duda sobre la
presencia o ausencia de vello en la anatomía de su suegro comenzó a causarle
una profunda jaqueca. En ese momento, Tae Ki-ho se aproximó con un rostro
sumamente risueño, cuestionándole cuál era el motivo de tan amena conversación.
“¡Agh!”.
Hae-seong elevó el antebrazo a toda prisa para
ocultar su rostro, manteniendo el teléfono sujeto con la otra mano. Al verlo
cerrar los ojos con fuerza mientras encogía los hombros por completo, Tae Ki-ho
se detuvo en seco.
“¿Qué…… qué pasa……?”.
Tae Ki-ho mostró un semblante sumamente herido
ante la evidente reacción de rechazo por parte de Hae-seong.
—¿A qué se debe ese grito? ¿Qué fue lo que
viste?
¡¿Qué voy a estar viendo, pedazo de animal?!
Hae-seong, con el rostro completamente encendido, fulminó a Pyeong-hwa con una
mirada altiva. Al percatarse del contacto visual, los ojos de Pyeong-hwa se
abrieron de par en par. Su rostro compungido, como si no pudiera dar crédito a
la manera en que el omega lo miraba, guardaba un parecido asombroso con la
expresión del Tae Ki-ho que se encontraba a su lado.
Sin embargo, Hae-seong no disponía de la
tranquilidad necesaria para velar por los sentimientos heridos de Pyeong-hwa.
Con la mirada nublada por la confusión, observó a Tae Ki-ho, quien caminaba con
cautela y en absoluto silencio mientras evaluaba su temperamento. De forma
totalmente involuntaria, la mirada de Hae-seong descendió hacia la zona central
de la anatomía del hombre, fijándose en su entrepierna.
—¿A dónde rayos estás mirando en este preciso
momento?
Hae-seong, quien se encontraba completamente
absorto como si el viento le hubiera arrebatado el alma, recuperó la cordura
ante el tono mordaz del chico. A través de la pantalla, un Pyeong-hwa sumamente
enfurecido lo fulminaba con una mirada inundada de lágrimas.
¡Pues es por tu culpa!
Hae-seong deseaba con todas sus fuerzas
erradicar de su mente semejante conjetura tan turbia. Anhelaba silenciar el
incesante eco de la palabra ‘vello’ que no dejaba de resonar en su cabeza.
“No estaba mirando absolutamente nada”.
—Está claro que lo hiciste.
“No tengo la menor idea de lo que estás
hablando”.
El perfecto entrecejo de Pyeong-hwa se
contrajo en un gesto de disgusto. Hae-seong soltó una estrepitosa carcajada y
colocó el teléfono sobre la mesa de golpe. Al verse obligado a contemplar el
techo de la oficina de imprevisto, Pyeong-hwa comenzó a vociferar a través del
altavoz cuestionando su proceder. Hae-seong se llevó las manos a la cabeza,
como si se negara a escuchar una sola palabra más, y cortó la comunicación de
tajo para silenciar la fuente de sus tormentos.
Tae Ki-ho tomó el dispositivo a toda prisa con
un rostro lleno de sorpresa. Al constatar que no ingresaban nuevas llamadas, el
hombre contempló el teléfono con un semblante de profunda desilusión; Hae-seong
lo observó fijamente por unos instantes antes de pronunciar con voz pausada.
“Señor”.
“¿Eh?”.
“La herencia……”.
“¿La herencia?”.
“La herencia genética es una fuerza
verdaderamente aterradora”.
Tae Ki-ho ladeó la cabeza ante el débil murmullo
de Hae-seong. Sin embargo, tras interpretar las palabras a su total
conveniencia, el hombre esbozó una sonrisa radiante. Con un rostro rebosante de
júbilo y absoluta felicidad, comenzó a frotarse los muslos mientras presumía
con total soberbia.
“Pues claro que sí. Nuestra estirpe ha
preservado de generación en generación un linaje dominante sumamente excelso,
desprovisto de cualquier imperfección. Somos una familia verdaderamente
admirable”.
“…… ¿De verdad puede asegurar que no carecen
de absolutamente nada?”.
¿De verdad no les faltará nada?
Por supuesto que la anatomía de Pyeong-hwa, la
cual él mismo había verificado con sus propios ojos, era blanquecina, tersa y
pulcra a tal grado que las venas que sobresalían sutilmente le conferían un
aspecto sumamente sensual; era una obra de arte digna de una calificación
perfecta. Sin embargo…… ¿de verdad se podría asegurar que en esa familia no
hacían falta algunos ‘elementos’?
¿Que la de Tae Ki-ho, un hombre de aspecto
imponente y rebosante de masculinidad, y no la de Pyeong-hwa, que tenía
veintidós años y era lindo y hermoso, era... así? Eso parecía muy de-ve-llado
(falto de pelo).
“¿Por qué...? ¿Acaso nuestro Pyeong-hwa no es
de tu agrado?”.
Tae Ki-ho, que no tenía forma de saber la
complicada situación que bullía en la cabeza de Hae-seong, terminó hundiéndose
en la melancolía. Era natural, ya que la única cuerda de salvamento que podía
rescatar a su hijo estaba a punto de romperse.
Por supuesto, desde el principio sabía que era
un descaro confiarle a su hijo, quien ya tenía pareja, y que esto resultaría
hiriente. La única razón por la que no había escatimado en gastos y le pagaba
tanto a Hae-seong era por gratitud, ya que este había aceptado hacerse cargo
sin inmutarse y cumplía con su deber con total tranquilidad.
¿Habrá sido que mi sinceridad no fue
suficiente? ¿O será que nuestro Pyeong-hwa, aunque por fuera parece un ángel,
no soportó el hecho de que habla con una falta de educación tremenda cada vez
que abre la boca? ¿Qué demonios habrá dicho Pyeong-hwa mientras yo iba a buscar
la tarjeta para dársela a Hae-seong? ¿Acaso le habrá gritado que ama a ese
desgraciado de Woo Yeon-je y que jamás se casará?
Tae Ki-ho, que hace un momento se sentía en el
cielo y en un instante había caído al mismísimo infierno, comenzó a temblar.
“¿Pyeong-hwa? No, para nada. Pyeong-hwa no
tiene ningún problema. Aunque a Pyeong-hwa le falte... es mi tipo, así que está
bien. Es solo que lo de su... señor padre...”.
Haberse enterado de su ‘escasez’ es un poco
incómodo, la verdad.
“¿Es por mi culpa? ¿De verdad mi sinceridad se
quedó corta? Lo lamento. No es que haya menospreciado tu esfuerzo, Hae-seong,
sino que temía que te resultara demasiado abrumador, por eso fui cauteloso...”.
“¿Qué?”.
¿Y esto de qué va ahora?
“Dime cuánto quieres”.
“¿Cuánto?”.
“Sí. Dime la cifra que deseas. Ah, y esto no
es porque te esté escuchando ahora, sino que pensaba dártelo hace un momento
cuando le propusiste a Pyeong-hwa ir a cenar. Tómatelo primero...”.
Tae Ki-ho, a toda prisa, metió una tarjeta
negra en la mano de Hae-seong. Hae-seong se quedó mirando la tarjeta negra que
sostenía, como si estuviera hipnotizado.
¿Dónde he visto esto antes?
Mientras ponía a trabajar su cerebro, Tae
Ki-ho cerró con delicadeza la mano extendida de Hae-seong usando sus dos manos.
Era un gesto que parecía obligarlo a sostener
la tarjeta, pero a Hae-seong eso le molestó muchísimo. ¡Oiga, déjeme ver bien
la tarjeta! ¿De verdad es esa tarjeta? Hae-seong intentó apartar la mano de Tae
Ki-ho, pero este negó con la cabeza y volvió a sujetar con fuerza la mano del
joven.
“No la rechaces, ¿sí? De verdad no es gran
cosa”.
“No, no es por eso...”.
“Te digo que no la rechaces. Debí dártela hace
tiempo, más bien me retrasé”.
¡¿Quién dice que la estoy rechazando?! ¡Solo
quiero echarle un vistazo!
La cara de Hae-seong se puso roja de la pura
frustración. Tae Ki-ho, asumiendo que Hae-seong se sentía apurado y la
rechazaba firmemente, puso una expresión conmovida. ¡Pensar que había
malinterpretado a un amigo así por culpa de unos cuantos documentos y frases!
Tae Ki-ho soltó una de sus manos, se dio un
puñetazo en la cabeza ¡paf!, y con ojos melancólicos miró a Hae-seong mientras
volvía a apretarle la mano con fuerza. Pensaba retenerlo así para que no
soltara la tarjeta, por miedo a que la arrojara, hasta que dijera que la
aceptaba.
“Señor, espere un momento. No es lo que
cree...”.
Hae-seong estaba exasperado. Para empezar, ni
siquiera entendía por qué el hombre pensaba que iba a rechazarla. La única
razón por la que había decidido casarse con su hijo desde el principio era el
dinero, así que ¿por qué habría de rechazar el dinero que le ofrecían ahora?
Hae-seong pensaba que Tae Ki-ho también sabía
perfectamente que él había aceptado este trato por dinero, y por eso no tenía
reparos en controlarlo con él. Por lo mismo, le resultaba más cómodo recibir el
dinero y gastarlo a su antojo. No dejaba ni un centavo. ¿Para qué ahorrarlo?
Hae-seong no tenía la más mínima intención de guardar nada del dinero que le
daba Tae Ki-ho.
De todos modos, su vejez estaría bien
protegida por edificios y departamentos valorados en unos 30,000 millones de
wones en total, o que tal vez subirían de precio y valdrían aún más en el
futuro, así que no había razón para ser tacaño.
A Hae-seong le desconcertaba que Tae Ki-ho de
repente lo tratara como a un joven honesto, con principios y una mente recta.
Aunque le gustaba Pyeong-hwa, su propio futuro seguía siendo su prioridad, por
lo que Hae-seong meditó cómo interpretar la reacción de Tae Ki-ho.
En ese momento, el teléfono volvió a sonar. El
remitente era Pyeong-hwa.
Tae Ki-ho, sosteniendo la mano de Hae-seong
con una mano, estiró el otro brazo para contestar. Esta vez también era una
videollamada. Respondiendo con enorme alegría, Tae Ki-ho enfocó de inmediato en
la pantalla la mano de Hae-seong que tenía sujeta.
“¡Pyeong-hwa, yo...!”.
—¿Por qué... por qué papá le está agarrando la
mano a ese tipo ahora mismo?
Hae-seong, que había estado distraído con la
tarjeta que apenas se asomaba tapada por la mano de Tae Ki-ho, desvió la mirada.
En la pantalla, Pyeong-hwa contemplaba la mano de Tae Ki-ho que envolvía la
suya con los ojos inyectados en sangre. Sus ojos se humedecieron en un
parpadeo.
De repente, un clic resonó en la cabeza de
Hae-seong. Fue como si alguien hubiera chasqueado los fines e iluminado su
cerebro. Si hace un momento había comprendido algo por la actitud de Tae Ki-ho,
esta vez captó otra cosa por la mirada de Pyeong-hwa.
Miren a este bastardo astuto.
—¿Por qué tienes la cara roja? ¿Por qué papá
respira tan agitado?
“¡Ah... no, papá...!”.
—¿Papá? ¿Papá qué? ¿Acaso te vas a casar tú en
mi lugar, papá? ¿Qué significa ese ‘papá...’? ¡¿Qué sigue después de eso?!
¡¿Qué están haciendo ustedes dos?!
“¡Pyeong-hwa! ¡¿Cómo se va a casar papá?!
¡¿Cuántos años crees que tiene Hae-seong?!”.
—¿Soy yo o eso sonó como que si fuera más
joven te casarías con él?
La mirada de Pyeong-hwa destelló. ¿Cómo
demonios se le ocurrían esas ideas? Hae-seong, que lo encontraba absurdo, miró
a Tae Ki-ho, quien se moría de la incomodidad pero seguía sin soltarle la mano.
Luego, miró los dos ojos de Pyeong-hwa, que seguían fijos con furia en sus
manos unidas. Con una sonrisa de victoria, Hae-seong movió los dedos lentamente
para que Pyeong-hwa lo viera.
Tae Ki-ho se sobresaltó, pensando que
Hae-seong iba a tirar la tarjeta. Sin embargo, no pudo apretarla con fuerza
como antes, ya que la respiración agitada de Pyeong-hwa no presagiaba nada
bueno. Debido a que Hae-seong se movió y Tae Ki-ho se quedó petrificado, la
tarjeta se deslizó de la palma de su mano.
En la pantalla, Pyeong-hwa ni siquiera pareció
percatarse de ello. Tae Ki-ho, alarmado, bajó la cabeza. Fue justo después de
mirar la tarjeta caída debajo del sofá cuando Tae Ki-ho levantó la cabeza
bruscamente. Se debió a que unos dedos delgados y suaves se entrelazaron entre
los suyos.
Tae Ki-ho miró a Hae-seong con ojos llenos de
confusión. Hae-seong le dedicó una sonrisa de cuadro, no a Pyeong-hwa, sino a
Tae Ki-ho. Y luego, para que Pyeong-hwa lo viera bien, extendió la mano
entrelazada hacia la cámara.
Al mismo tiempo, movió el rostro con una
sonrisa sumamente radiante y hermosa para mirar a Pyeong-hwa. Las dos pupilas
de este temblaban sin parar y sus labios se crisparon, dejando al descubierto
sus emociones. Hae-seong suspiró para sus adentros.
¿Por qué me habré dado cuenta de esto recién
ahora?
Hae-seong, divirtiéndose al máximo, agitó la
mano con entusiasmo. De los ojos de Pyeong-hwa, que tenía todo el rostro
congestionado, finalmente cayó una lágrima. El chorro transparente que cortaba
su mejilla en línea recta le resultó excitante.
“¿...Hae, Hae-seong?”.
En el momento en que el desconcertado Tae
Ki-ho pronunció el nombre de Hae-seong, la llamada se cortó de nuevo. Vaya, ni
que fuera un pez mola mola (sensible). Hae-seong se prometió a sí mismo que lo
primero que haría sería corregir los modales telefónicos de Pyeong-hwa,
mientras soltaba la mano de Tae Ki-ho y recogía rápidamente la tarjeta.
Por temor a que Tae Ki-ho se la reclamara,
Hae-seong se la metió a toda prisa en el bolsillo trasero. Justo cuando Tae
Ki-ho, aliviado de que Hae-seong se quedara con la tarjeta, iba a abrir la
boca, Hae-seong se le adelantó.
“Me parece que a su hijo le gusto”.
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La mirada que había verificado hace un momento
era claramente distinta a los ojos con los que Pyeong-hwa lo había estado
vigilando hasta ahora. Hae-seong había visto ese tipo de mirada toda su vida.
Una mirada cargada de anhelo, afecto y deseo hacia él. Y aquellos que lo
miraban así, al final, incapaces de contener sus fervientes sentimientos, terminaban
declarándose.
Había estado tan sumido en su propio objetivo
que ni siquiera notó que los sentimientos de Pyeong-hwa estaban cambiando. Para
ser francos, nunca lo había buscado en particular, y tal vez se debiera a que
tampoco pensó ni deseó que el corazón de Pyeong-hwa cambiara.
Al ser consciente de los sentimientos de
Pyeong-hwa, su conciencia se reactivó. Había recibido mucho dinero y recibiría
más en el futuro. Ofrecer algo a cambio no era una tarea difícil. Además, al
ver que Pyeong-hwa le mostraba un sentimiento tan puro, le nacieron ganas de
ayudarlo. Seguía sin tener intenciones de hacerse responsable del futuro de
Pyeong-hwa, pero al menos quería rescatarlo de alguien como Woo Yeon-je, que se
aprovechaba de las emociones ajenas. Aunque su propio objetivo también fuera el
dinero, había cosas aceptables y otras que no.
Lo que Woo Yeon-je estaba derramando sobre él
era mera violencia, no amor. Quería que Pyeong-hwa se diera cuenta de esa
realidad. No podía soportar que un tipo así pisoteara la felicidad de
Pyeong-hwa para satisfacer su propia codicia. Quería darle a Pyeong-hwa la
oportunidad de conocer a alguien que lo apreciara y lo amara de verdad.
Hae-seong planeaba mostrarle la verdad a
Pyeong-hwa, quien estaba abrumado por las palabras de Woo Yeon-je y no sabía lo
que era real. Para que Woo Yeon-je no pudiera seguir jugando con él. Tampoco
tenía la intención de meterse en medio si Pyeong-hwa rompía con Woo Yeon-je. No
tomaba esta resolución por una razón superficial. Más bien, Hae-seong deseaba que
Pyeong-hwa se convirtiera en una persona lo suficientemente sólida como para
rechazarlo sin dudarlo, incluso cuando descubriera su verdadera naturaleza.
Quería ayudarlo a lograr eso.
Mínimo debo hacer eso. ¿Acaso es fácil sacarle
dinero a los demás? No puedo simplemente llevármelo gratis y encima estafarlo.
¡Y menos cuando se trataba de Pyeong-hwa, un
ángel que poseía los genes de un miembro lampiño transmitidos de generación en
generación!
Tras consolidar su decisión, Hae-seong miró a
Tae Ki-ho con seriedad.
“Aplace la boda solo un mes. Y no olvide
enviarme la información que le pedí que investigara”.
***
“¿La boda?”.
Y esa noticia le fue entregada a Pyeong-hwa
esa misma noche. Tae Ki-ho, que había regresado a casa a toda prisa tras
enterarse de que Pyeong-hwa ardía en fiebre, no tuvo más remedio que
confesarlo. Se debió a que no pudo soportar más a su hijo, quien en cuanto lo
vio, lo trató como a un bandido y lo insultó con la mirada. Tae Ki-ho era un
hombre que prefería morir antes que ganarse el odio de Pyeong-hwa.
Pyeong-hwa ni siquiera le abrió la puerta de
la habitación a Tae Ki-ho, que había llegado hecho un manojo de nervios. El
mayordomo, que estaba en la casa, también negó con la cabeza. Tae Ki-ho, como
si hubiera perdido su patria, rascó la puerta con desesperación, se puso de
rodillas y suplicó.
‘¡Pyeong-hwa, tienes que hablar con papá!
Vamos a resolverlo hablando, ¿sí?’.
‘No vale la pena hablar con papá... ¿Cómo
pudiste...?’.
‘¡¿De qué hablas?! ¡Pyeong-hwa!’.
‘¡Por más que yo...! Yo tampoco tengo derecho
a hablar, pero... ¡aun así!’.
Pyeong-hwa, envuelto como un rollo en las
cobijas y sentado al fondo de la habitación frente a la puerta, gritó con voz
gélida.
‘¡¿Cómo puedes pretender traer como mi
madrastra al hombre que vio... que vio mi miembro?!’.
Ante semejante declaración impactante, Tae
Ki-ho se quedó petrificado. ¿Madrastra? ¿Qué demonios significaba eso...? El
apuesto hombre de mediana edad, pálido como el papel, se volvió hacia el
mayordomo preguntándole si entendía de qué hablaba. El mayordomo miraba al
arrodillado Tae Ki-ho como si fuera una bestia. El hecho de que estuviera
murmurando junto a los otros empleados y se sobresaltaran al cruzar miradas con
él no pintaba nada bien.
Al final, tras enterarse de todo el
malentendido, Tae Ki-ho le relató a Pyeong-hwa detalladamente lo sucedido con
Hae-seong. Añadió que jamás ocurrió la bajeza que él imaginaba, e incluso
aportó una explicación que Pyeong-hwa no logró comprender: que él no era capaz
de lidiar con Hae-seong.
Solo entonces Pyeong-hwa abrió la puerta,
asomando su rostro completamente rojo y sumergido en las cobijas, y preguntó.
‘¿Por qué no puedes lidiar con él...?’.
‘¡Pues porque...!’.
Había demasiadas razones. A los ojos de Tae
Ki-ho, Hae-seong era la pareja ideal para Pyeong-hwa, pero para estar con él...
daba un poco de miedo, por así decirlo. ¿Acaso no había sido así hace un
momento? De la nada le tomó la mano, lo miró fijamente con sus enormes ojos y
lo presionó para que confiara en él; su expresión daba pavor.
‘¿Porque es demasiado hermoso?’
‘Sí. Hermo... ¿qué?’.
‘Lo sabía’.
Tae Ki-ho, que repitió las palabras sin darse
cuenta, se quedó helado en su lugar. ¿De qué estás hablando, Pyeong-hwa?
Mientras permanecía allí parado con cara de desconcierto, Pyeong-hwa, con la
mirada endurecida, sollozó diciendo que ya lo sabía.
Por eso, Tae Ki-ho finalmente abrió la boca.
Dado que Hae-seong lo había decidido así, Pyeong-hwa se enteraría tarde o
temprano de todos modos, pero no le quedó más remedio que decir las palabras
que juró jamás pronunciar. Y como era de esperarse, Pyeong-hwa no pudo
aceptarlo.
“¿Por qué? ¿Por qué quiere aplazarla?”.
“Hae-seong... dice que quiere hacerlo así”.
Desde ese día, Pyeong-hwa dejó de probar
bocado.
***
Hacía ya dos días que Hae-seong no se
comunicaba con Pyeong-hwa. Sin embargo, a través de Tae Ki-ho, quien ahora se
había convertido en su informante, seguía recibiendo reportes continuos sobre
el estado de Pyeong-hwa. Tae Ki-ho parecía sumamente agotado, probablemente por
los severos desplantes de Pyeong-hwa, pero escuchaba con atención las palabras
de Hae-seong.
Ciertamente, el giro de su cerebro era digno
del líder de un gran conglomerado. Su capacidad para discernir quién le
resultaría beneficioso merecía un aplauso especial. A Hae-seong le estaba empezando
a agradar Tae Ki-ho.
Suegro Tae
Hae-seong, Pyeong-hwa está muy enfermo. ¿No
podrías venir a comer con él?
Mientras se cambiaba de ropa, Hae-seong sopesó
la desesperada súplica que le había llegado desde la mañana. Como de todos
modos planeaba ir a provocar a Pyeong-hwa hoy, aceptó con gusto. Por supuesto,
no mencionó que ya tenía planeado ir, sino que respondió como si le hiciera un
favor diciendo que iría a la hora del almuerzo, a lo que Tae Ki-ho le rogó que
usara la tarjeta que le dio a su antojo y que comprara lo que quisiera.
Hae-seong le preguntó con total inocencia si
esa tarjeta también servía para el autobús. Ya que iba a usarla, planeaba
aprovecharla al máximo. Claro que eso no significaba que fuera a subirse a un
autobús. Hoy en día, ¿acaso no vivimos en un mundo hermoso donde las tarjetas
de autobús sirven para pagar los taxis? Obviamente pensaba tomar un taxi,
pero...
Suegro Tae
¿No tienes auto?
En cuestión de una hora, Tae Ki-ho envió un
lindo auto importado frente a la casa de Hae-seong.
“De verdad parece que me voy a casar con un
chaebol (magnate)...”.
—¿Me estás llamando ahora mismo solo para
presumir?
En la época en que a su padre le iba bien,
Hae-seong también tenía un auto. Claro que era un auto de la empresa y se lo
confiscaron rápido. En fin, el punto era que sabía conducir. Hae-seong, a quien
le faltaba de todo menos confianza, revivió de inmediato sus dotes de conductor
adormecidas.
“Pues claro. Si no, ¿para qué te llamaría?”.
—¿Acaso te acuerdas de que te dije que empecé
a trabajar desde ayer?
Antes de arrancar, Hae-seong le hizo una
videollamada a Hee-min y, sin preámbulos, llenó la pantalla mostrando el auto
para presumir. Hee-min, al descubrir el logotipo del coche importado, lo miró
con furia con sus ojos cargados de ojeras profundas.
“Ah, es verdad. Conseguiste trabajo, ¿no? ¿Qué
tal la empresa?”.
—¿Que qué tal...? Maldita sea...
Al ver el rostro distorsionado de Hee-min, que
parecía a punto de llorar, Hae-seong tarareó una melodía. Ante la expresión
llena de risa de Hae-seong, Hee-min tembló de rabia con los ojos encendidos.
—¿Tú también te estás burlando de mí porque es
una PYME (Empresa pequeña) de porquería?
“¿Eh? ¿A qué viene eso tan de repente...?”.
—Pero te puedes burlar. Sí, de acuerdo. Yo
también lo hago cada vez que respiro.
Hee-min no estaba cuerdo. Hae-seong cerró la
boca, guardándose la historia del sueño que había tenido la noche anterior.
—¿Sabes por qué una PYME de porquería es de
porquería? Porque es una empresa ‘fami-liar’ de mierda.
En la pantalla, Hee-min sacó un cigarrillo y
se rio a carcajadas. Hae-seong, escuchándolo a medias, terminó la videollamada,
la cambió a una llamada normal, colocó el teléfono en el soporte, encendió el
navegador y comenzó a conducir. No tardó en vislumbrar un callejón repleto de
mansiones de aspecto costoso.
—¿Sabes por qué una empresa familiar es una
mierda?
“¿Por qué?”.
—Porque literalmente la maneja pura maldita
familia. A donde mires, todos se apellidan Lee, Lee, Lee... ¡la puta madre!
“...”.
Hae-seong, que se dirigía a la casa de un
chaebol donde la familia lo controlaba todo, no supo qué responder.
—Pero el trabajo lo hace la gente que no es de
la familia. Es una estructura donde todos son Lee, pero solo los que no son Lee
trabajan. No hay ninguna base. ¿Sistema? Esa palabra solo se le puede aplicar
al aire acondicionado que está colgado.
“Ya veo...”.
—¿Y quién crees que es el único aquí que no es
de la familia?
“¿Quién?”.
—Yo.
“...”.
—¡Solo yo, maldita seaaaa! ¡Qué mundo tan
hermoso!
Hee-min empezó a cantar una canción incomprensible.
Era una melodía extraña, totalmente desprovista de tono y ritmo. Hae-seong
incluso llegó a pensar en pedirle a Tae Ki-ho que le consiguiera un puesto de
trabajo.
—Por cierto, ¿para qué llamaste?
“Bueno... creo que si te lo digo ahora, te vas
a enojar mucho”.
—Dilo. Total, seguro es una estupidez. Sirve
que despejo la mente.
“¿No te vas a enojar?”.
—¿Crees que me queda energía para enojarme
contigo?
Hee-min soltó una risa hueca, completamente
desganado. Tras meditarlo un poco, Hae-seong estacionó el auto a un lado del
callejón y comenzó a relatar el sueño que había tenido la noche anterior.
Había sido un sueño extraño. Parecía una
escena de su infancia que Hae-seong ni siquiera recordaba. A los cinco años,
cuando comprendió el concepto de los billetes, Hae-seong dejó de codiciar los
objetos materiales.
Incluso con los juguetes, él prefería el
dinero de papel. A los ocho años, la cosa empeoró. Como ya distinguía el valor
del dinero por el color de los billetes, se volvió aún más implacable. El Hae-seong
de ocho años ya consideraba el dinero como lo máximo en la vida.
Sin embargo, hubo un muñeco que capturó los
ojos de aquel Hae-seong. A pesar de llevar tan pocos años vivo, aquello le
causó un gran impacto porque era lo más hermoso que había visto en su vida.
Además, tenía un tamaño tan adorable que cabía perfectamente en su regazo si lo
abrazaba.
Quería sostenerlo y llenarlo de besos. Era
muchísimo más bonito que la muñeca Kongsooni que tenía su amigo del jardín de
niños. Hae-seong empezó a calcular cuánto tendría que pagar para quedarse con
ese muñeco.
Con su mente pequeña e inexperta, sacó
cuentas. ¿Cuánto costaría un objeto tan valioso? ¿Cuánto dinero se necesitaba
para poseer algo tan hermoso?
Pero los pensamientos no se detuvieron ahí. De
repente, su entorno dio un vuelco y la escena del sueño cambió a la casa donde
vivía de niño. Hae-seong abrió una puerta blanca y entró en una habitación
oscura. Frente a sus ojos apareció su pequeño escritorio.
Debajo estaba la alcancía de cerdito que tenía
escondida. Era de color dorado y tan enorme que apenas podía rodearla con los
brazos. Hae-seong la arrastró con dificultad hacia afuera. Incluso a la luz, la
alcancía que estaba llena a más de la mitad, pesaba una barbaridad.
Con ojos llenos de ilusión, Hae-seong presionó
ligeramente la ranura para abrirla un poco. Por dentro, estaba repleta de un
buen fajo de billetes y un montón de monedas.
¿No podré comprarlo con esto?
Inflado de optimismo, Hae-seong salió cargando
la pesada alcancía. Curiosamente, no le pareció pesada en absoluto. Se dirigió
directo al lugar donde estaba el muñeco. El camino por el que corría cambiaba a
toda velocidad, como si fuera una escena de caricatura.
El espacio donde apareció de nuevo era un
jardín con un amplio césped verde. Sin embargo, en ese enorme lugar donde no
había dónde esconderse, no pudo encontrar al muñeco por ninguna parte. En ese
momento, vio a su abuelo.
Mirándolo con cara de apuro, su abuelo negó
con la cabeza. Como si conociera perfectamente el corazón de Hae-seong, con un
rostro benévolo pero firme, aplastó la ilusión del niño.
Hae-seong le hizo un berrinche a su abuelo
exigiéndole que le devolviera el muñeco. Pero el abuelo solo le traía muñecos
feos. Entre ellos, había algunos que se parecían a Hee-min y a Gil-ju.
Hae-seong se enojó. Le reclamó que no quería
esas cosas feas, sino uno que era súper, súper hermoso. Cuando su abuelo le
pidió que se explicara mejor, Hae-seong comenzó a describir el rostro del
muñeco con total calma. La voz del niño pronto se volvió tan firme como la del
Hae-seong de veinticinco años.
El tono torpe del niño desapareció,
transformándose en el habla madura del Hae-seong actual. Finalmente, con un
tono claro y preciso, le dijo a su abuelo.
‘Creo que mide como un metro noventa, tiene
hombros anchísimos y un buen torso, pero su rostro es blanco y parece el de un
ángel. Tiene el cabello tupido, y sus ojos son negros y expresivos, ¿sabe? Su
cara es pequeñísima, del tamaño de la mía. Sus labios son rojos y hasta sus
pezones son de un rosa pálido, como si les hubieran vertido leche de fresa. Ah,
y su zona íntima es blanca y tiene el aspecto rosado de un ‘virgen’. Está liso
y suave, sin un solo vello... ¡Ese era el tipo de muñeco del que hablaba!’
Se despertó del sueño justo después de soltar
semejante sarta de locuras. Le pareció abrir los ojos tras vislumbrar la cara
de absoluto asco de su abuelo... En fin, había sido demasiado vívido. Se sentía
exactamente como si estuviera recordando un evento real de su pasado. Pero si
le preguntaban si algo así había ocurrido, la verdad no lo recordaba.
—Oye, creo que sé qué tipo de sueño es ese.
“¿Qué es?”.
Hae-seong, que había relatado el sueño con
bastante detalle, le devolvió la pregunta a Hee-min, quien le respondía con voz
seria. Tras un breve silencio, Hee-min soltó un largo suspiro, vaciló un
momento y finalmente habló.
—Es un sueño de concepción (un sueño que
anuncia un embarazo).
“¿Qué?”.
Hae-seong colgó de inmediato al sentir que no
valía la pena ni responderle.
Soy un imbécil por llamarte y contarte esto.
Tras cortar la llamada y terminar de
estacionarse, Hae-seong contempló el edificio que tenía enfrente.
Al verificar la dirección, coincidía con total
exactitud con la información que le había solicitado previamente a Tae Ki-ho.
Era el edificio que los tipos que conocían el secreto de Pyeong-hwa usaban como
su guarida principal.
Hae-seong confirmó el dato de que había tres
hombres adentro antes de irrumpir.
Y exactamente tres minutos después, los
dolorosos gritos de unos hombres resonaron de forma espeluznante fuera del
edificio.
***
Tras saldar cuentas desde la mañana, Hae-seong
fue a buscar a Pyeong-hwa de un humor excelente.
Y, justo enfrente, se topó con un personaje
que no le daba ninguna alegría ver.
“¿Por qué demonios dices que no se puede? ¿Acaso
no sabes quién soy yo?”.
Esa voz tan chillona y aguda.
“¿De verdad vas a poder lidiar con las
consecuencias de tratarme así? ¡Pyeong-hwa! ¡Tae Pyeong-hwa!”.
El que estaba armando el alboroto era Woo
Yeon-je. Forcejeaba con fastidio para zafarse del brazo del mayordomo que lo
retenía mientras gritaba a todo pulmón. Total, desde ahí adentro ni lo iban a
escuchar ni le llegaría el mensaje, así que no sabía para qué se esforzaba
tanto.
Hae-seong avanzó con la mirada clavada en Woo
Yeon-je. Al notar su presencia, tanto Yeon-je como el mayordomo giraron la
cabeza.
“¿Por qué estás tu...?”.
Al descubrir a Hae-seong, el rostro de Woo
Yeon-je se ensombreció gradualmente. Hae-seong, que caminaba con paso burlón,
cruzó miradas con el mayordomo; de inmediato se llevó ambas manos a la boca
para cubrirla y bajó las comisuras de las cejas. Era la viva imagen de un
protagonista triste y desvalido, una expresión que había aprendido de las
clases de actuación de YouTube a las que se había suscrito hacía unos días.
“¿Qué está sucediendo aquí?”.
Hae-seong incluso fingió una voz afligida que
no le pegaba para nada. Fue tan hipócrita que a él mismo se le puso la piel de
gallina. Woo Yeon-je lo fulminó con la mirada, estupefacto. Sus ojos, que
parecían reclamarle un ‘¿qué demonios estás haciendo?’, no eran cualquier cosa.
“¿Que qué sucede...? ¿Vino a ver a
Pyeong-hwa?”.
“Siií. Como no he podido comunicarme con él en
un par de días y me enteré de que no se sentía muy bien, me preocupé tanto
que...”.
Omitió por completo el detalle de que Tae
Ki-ho lo había llamado para pedirle que fuera a comer con Pyeong-hwa, y se
limitó a hablar con cara de angustia. Al oírlo, uno de los mayordomos que
estaba detrás de Woo Yeon-je soltó un ‘¡Ay, por Dios!’ mientras le daba
palmaditas en el brazo a su compañero. Estaban conmovidos por la devoción de
Hae-seong. Prácticamente se les salían las lágrimas al ver al prometido
preocupándose tanto y cuidando en todos los sentidos a su joven amo, quien ya
tenía pareja.
“Si tanto te preocupa Pyeong-hwa, ¿no deberías
haber evitado venir?”.
Woo Yeon-je no se guardaba nada. Hae-seong
ladeó la cabeza y miró de reojo a los mayordomos, quienes ya escaneaban a Woo
Yeon-je de arriba abajo con ojos de pocos amigos. ‘¿Y este por qué no cuida su
imagen pública?’.
“¿De verdad habría sido mejor así?”.
Hae-seong adoptó un tono melancólico,
dirigiéndose a los mayordomos en lugar de a Yeon-je. Los mayordomos
reaccionaron de inmediato, agitando las manos negativamente.
“¡Para nada! ¡El vicepresidente nos llamó
antes de irse a trabajar y nos encargó explícitamente que preparáramos una
buena comida porque hoy vendría el prometido!”.
Ante la entusiasta respuesta de ellos,
Hae-seong apretó los labios, bajó la mirada y asintió. Luego miró de reojo a
Woo Yeon-je, arqueando una ceja como diciendo ‘¿ahora qué vas a hacer?’.
Al notarlo, Yeon-je se puso a temblar de la
rabia.
“Entonces, ¿por qué no se lo preguntamos a
Pyeong-hwa?”.
Woo Yeon-je, torciendo un lado de la boca, se
cruzó de brazos y propuso el plan con arrogancia. Hae-seong vaciló un instante,
pero pronto asintió. No ganaba nada discutiendo aquí. De todas formas, todo lo
que pasara hoy llegaría a oídos de Tae Ki-ho.
“De acuerdo, hagámoslo así. Después de todo,
¡lo más importante es la voluntad de Pyeong-hwa!”.
Hae-seong respondió con una sonrisa bondadosa.
Al pedírselo a los mayordomos, estos dudaron un segundo pero terminaron
presionando el intercomunicador. Mientras los empleados estaban de espaldas,
Hae-seong le pintó el dedo medio a Woo Yeon-je, pero en cuanto escuchó la voz
de Pyeong-hwa, ocultó la mano a toda prisa.
“Joven amo, tiene dos visitas. Uno es el joven
Woo Yeon-je y el otro es su prometido”.
—¿...Mi prometido y Yeon-je?
“Sí. Pero como no pueden pasar los dos al
mismo tiempo... nos piden que le consultemos su decisión. ¿Qué prefiere
hacer?”.
El mayordomo preguntó, pero no hubo respuesta
inmediata. Woo Yeon-je soltó una burla mirando a Hae-seong. Frente a esa
actitud tan confiada de que Pyeong-hwa lo elegiría a él sin dudarlo, Hae-seong
curvó una comisura de sus labios.
Fue en ese instante cuando Pyeong-hwa
finalmente rompió el silencio. Su pequeña voz fluyó a través del altavoz.
—Por favor, esperen un momento.
Fue una voz inesperadamente baja y formal.
Siempre había pensado que tenía buena voz, pero el timbre que salía del
intercomunicador era prácticamente miel pura. Hae-seong, dándole la espalda a
Woo Yeon-je, se quedó contemplando embobado la mansión que parecía un palacio.
De repente, la barda perimetral le pareció tan
alta que tocaba el cielo. La vez anterior que vino no había tenido cabeza para
fijarse en el paisaje, pero ahora que lo veía, era impresionante. Los pinos que
se asomaban entre los muros altos se notaban carísimos a simple vista.
Dicen que los ricos plantan árboles de cientos
de millones en sus jardines... Si usaran ese dinero para plantar miles de
árboles en los cerros, al menos mejoraría el aire que ellos mismos contaminan.
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Hae-seong empezó a contar los árboles que veía
con el dedo: Uno, dos, trescientos millones.... Fue en ese momento. Una voz
fastidiosa interrumpió sus cálculos financieros.
“De verdad eres in-cre-í-ble”.
El tono desparramaba puro sarcasmo. Al voltear
hacia donde provenía la voz, vio a Woo Yeon-je de perfil, con los brazos
cruzados. Hae-seong miró de reojo a los mayordomos, quienes estaban distraídos
junto al pilar de la entrada mirando hacia el interior.
Ah... Así que nadie está viendo, ¿eh?»
Al ver esos ojos redondos que lo fulminaban,
Hae-seong juntó los labios haciendo un mohín tierno y bajó las cejas. Abrió
grandes los ojos y comenzó a parpadear a toda velocidad.
Una profunda arruga se formó en el hermoso
rostro de Woo Yeon-je. Hae-seong, disfrutando enormemente ver cómo le temblaban
los labios al otro, colocó su dedo índice derecho en medio de su labio
inferior.
“¿Yo?”.
Al soltar esa cursilería ladeando la cabeza, a
Woo Yeon-je se le abrió la boca de la impresión. Sin importarle la reacción
ajena, Hae-seong cambió de pose como si estuviera en una cabina de fotos
instantáneas. Se llevó la palma de la mano a la mejilla y luego formó una señal
de la paz con los dedos junto a sus ojos.
Y justo cuando cerró con broche de oro
guiñando un ojo... ¡clanc!, la enorme puerta principal se abrió con un pesado
crujido metálico. Las miradas de Hae-seong y Yeon-je se movieron al unísono.
“...”.
“...”.
¿...Un príncipe? Hae-seong se cubrió los ojos
con la palma de la mano como si fuera a quedarse ciego por el brillo. Luego,
entornando los ojos lo más que pudo, se quedó pasmado mirando a Pyeong-hwa,
quien lucía un aspecto impecable y pulcro.
La apariencia de Pyeong-hwa, ahora revelada
por completo, era tan espectacular que lo dejó sin palabras. A ver, ¿para qué
demonios se había arreglado tanto? Hae-seong se quedó atontado contemplando ese
rostro blanco y hermoso, vestido de forma impecable pero casual con una costosa
camisa Oxford blanca y pantalones de mezclilla azul claro.
Incluso parecía haberse arreglado el cabello;
se notaba un poco más corto y con un ligero permanente. Ese peinado, que le
daba un aire pulcro pero a la vez melancólico y suave, parecía diseñado
especialmente para él. Ante semejante perfección visual, Hae-seong no pudo
cerrar la boca abierta.
Su piel, tan blanca y tersa que parecía
maquillada, resplandecía bajo la luz del sol. ¿Qué razón habría para estar tan
producido dentro de su propia casa? Mientras Hae-seong lo meditaba, su mirada
se desvió de pronto hacia Woo Yeon-je.
¿Acaso planeaba verse con Woo Yeon-je?
Pensar que se había arreglado así por su
‘pareja’ cuando sus sentimientos ya se estaban mudando hacia él... Hae-seong
miró a Pyeong-hwa con ternura, pero al notar que la apariencia de Woo Yeon-je
tampoco se quedaba atrás, frunció el ceño.
¿Es que planeaban irse juntos a ver las flores
o qué?
Mientras los examinaba con desgana, Pyeong-hwa
habló con brusquedad.
“¿Qué me miras tanto?”.
“¿Yo?”.
Ante el agudo reclamo, Hae-seong giró la
cabeza para mirar a Pyeong-hwa y se señaló a sí mismo con el dedo. La mirada
con la que Pyeong-hwa lo fulminaba con los labios apretados parecía decirle:
‘¿A quién más le hablaría si no?’. Hae-seong se limitó a rascarse la frente sin
motivo.
“Entra ahora”.
Mirando fijamente a Hae-seong, quien se hacía
el desentendido, Pyeong-hwa señaló el interior de la entrada con la barbilla y
se hizo a un lado. Hae-seong, una vez más, se señaló a sí mismo preguntando con
la mirada: ‘¿Yo?’. Pyeong-hwa vio el gesto, pero fingió demencia y le lanzó una
mirada de reojo. Sus labios se fruncieron mientras murmuraba con tono afilado:
‘¿Pues quién más va a ser?’.
“Tae Pyeong-hwa... ¿Qué demonios estás haciendo?”.
Y, como era de esperarse, Woo Yeon-je no se
iba a quedar de brazos cruzados. Apartó a Hae-seong de un empujón y dio un paso
al frente. Aunque no lo empujó con mucha fuerza, Hae-seong exageró el
movimiento a propósito fingiendo que casi se caía. Pyeong-hwa, sobresaltado en
su sitio, estiró las manos con un amago de protegerlo.
“¿Me estás diciendo que lo dejas pasar a él?
¿A él y no a mí?”.
El rostro de Woo Yeon-je reflejaba una
incredulidad absoluta. Todo su cuerpo temblaba, como si estuviera experimentando
la mayor humillación de su vida. Sin embargo, su figura no inspiraba lástima ni
compasión.
Quizás al ver que Pyeong-hwa se encogía un
poco ante esa intensidad, Hae-seong, sin importarle quién lo viera se colocó
detrás de Yeon-je y fingió lanzarle puñetazos a la nuca. Al ver aquello, los
ojos de Pyeong-hwa se abrieron a más no poder.
Al notar que las pupilas de Pyeong-hwa se
desviaban detrás de él, Woo Yeon-je se dio la vuelta. Hae-seong abrió el puño a
la velocidad de la luz y fingió distracción mientras se acomodaba el cabello.
Tras lanzarle una mirada de sospecha, Yeon-je volvió a encarar a Pyeong-hwa.
Como no le bastó con eso, acortó la distancia y se le acercó.
“Pyeong-hwa, ¿por qué no respondes? ¿De verdad
me vas a hacer esto? Ya en la reunión pasada me dejaste plantado y te fuiste...
Desde entonces, te pido que nos veamos y me evitas. ¿Cuánto más tengo que
aguantar?”.
Woo Yeon-je suavizó un poco la voz en
comparación con antes. Acercándose al límite del rostro de Pyeong-hwa, lo
sujetó de ambos brazos con cara de estar a punto de llorar. En el rostro de
Pyeong-hwa, que miraba a Yeon-je, se reflejó una profunda culpa combinada con
ansiedad.
“Pyeong-hwa... Te lo he dicho un montón de
veces. De verdad no puedes hacerme esto. ¿Acaso te dejaste engatusar por ese
tipo? Tú no eres tonto”.
Para ser alguien que trataba a Pyeong-hwa como
a un completo idiota, se le daba muy bien hablar. Hae-seong contempló a
Pyeong-hwa, estupefacto por el discurso con el que Yeon-je lo manipulaba con
tanta destreza. El rostro de Pyeong-hwa estaba pálido y su mirada lucía
sombría.
Hae-seong apretó los labios ante la reacción
del menor. Ver esa expresión tan inocente que prácticamente confirmaba que se
había enamorado de él hizo que le diera un dolor de cabeza. Woo Yeon-je tampoco
parecía ignorar el significado de la reacción de Pyeong-hwa.
“Estás cometiendo un error”.
El error es que estés frente a mis ojos.
Hae-seong quiso apartar a Woo Yeon-je de
Pyeong-hwa de inmediato, pero contuvo su temperamento. Intervenir y armar un
escándalo era pan comido, pero tenía más curiosidad por ver cómo manejaba
Yeon-je a Pyeong-hwa y qué clase de amor le daba. Si es que de verdad eso era
amor.
Y también quería ver con qué ojos miraba
Pyeong-hwa a Woo Yeon-je.
“Lo siento. Pero él tenía una cita previa
conmigo, y mi abuelo llegará pronto. Si los ve, todos estaremos en
problemas...”.
¿Él? Hae-seong miró a Pyeong-hwa, quien usaba
un tono de extremo respeto para referirse a él, con los mismos ojos con los que
miraría a un cachorrito. Pyeong-hwa, con la mirada baja, esquivaba los ojos de
Yeon-je mientras temblaba de ansiedad. Hae-seong entornó los ojos mientras se
acariciaba la barbilla.
¿Debería salvarlo?
Se relamió los labios y se rascó la mejilla.
“¿El presidente?”.
Soltando de inmediato los brazos de
Pyeong-hwa, Woo Yeon-je dio un paso atrás. Su mirada desconfiada hacia los
alrededores no era normal. ‘Hum’, Hae-seong identificó quién era la única
persona que infundía respeto en la familia Tae.
“Además, ya te había dicho que no vinie...”.
“¡Oye!”.
Antes de que Pyeong-hwa pudiera terminar la
frase, Woo Yeon-je le gritó con furia y se volvió hacia Hae-seong. Al cruzar
miradas, Hae-seong arqueó las cejas fingiendo demencia, aunque lo había
escuchado todo a la perfección. Que Pyeong-hwa le había dicho que no fuera,
pero él se había metido a la fuerza de todos modos.
Si era así, ¿por qué Pyeong-hwa se había
arreglado tanto? La duda apuntó directo hacia el menor.
¿Acaaaaso... fue por mí?
Tras mirar con sospecha a Pyeong-hwa, quien
lucía un aspecto capaz de opacar a cualquier idol, Hae-seong se congeló al
notar la mirada de preocupación que el chico le dirigía. En el momento en que
Yeon-je gritó, Pyeong-hwa lo miró a él.
Como si temiera que Hae-seong se hubiera
asustado, su mirada preocupada resultó de lo más astuta. Aunque los gritos de
Woo Yeon-je no significaban nada para él, Hae-seong se llevó dos dedos a los
ojos y simuló limpiarse unas lágrimas falsas. Pyeong-hwa comenzó a agitarse,
sin saber qué hacer.
Bueno... Supongo que lo mejor será rescatarlo.
Como se comportaba de una forma tan tierna,
empezó a darle pena limitarse a observar. Además, ya no estaba siendo muy
divertido.
Hae-seong, que esperaba un drama digno de
telenovela matutina, se frotó la base de la nariz con expresión aburrida. Ya
tenía descifrado a Woo Yeon-je, así que no había motivos para dudar. Hae-seong
detectó en apenas un par de frases que Yeon-je era un rival sumamente fácil. Un
mocoso de veintidós años intentando hacer gaslighting (manipulación
psicológica) no era la gran cosa. Conectar esa breve charla con la actitud
defensiva que Pyeong-hwa había mostrado hasta ahora hacía que la respuesta
fuera obvia.
Combinando lo que había escuchado hace poco en
la fiesta de Kwak Tae-oh con el peligroso incidente de las feromonas que le
había contado Tae Ki-ho, Hae-seong también identificó el arma de Woo Yeon-je.
Estaba usando la enfermedad de Pyeong-hwa como
su escudo. Parece que había aprovechado que Pyeong-hwa vivía aislado debido a
su padecimiento para mantenerlo atado a su lado y obligarlo a obedecerle solo a
él. Tratándose de Pyeong-hwa, quien a pesar de su leve falta de modales era un
chico inocente y casi incorrupto, era lógico que cayera fácil ante trucos tan
baratos.
Con el rostro invadido por el aburrimiento,
Hae-seong se metió las manos en los bolsillos, frotó la suela del zapato contra
el suelo y soltó un hondo suspiro. Qué decepción.
La relación entre ambos, que imaginó más
profunda, resultó ser bastante insípida. Sin embargo, era motivo más que
suficiente para separarlos. Si Pyeong-hwa hubiera estado enamorado de verdad de
Woo Yeon-je, Hae-seong lo habría reformado y pulido para dejárselo al lado,
pero este no era el caso.
Hae-seong soltó una risita al notar cómo
Pyeong-hwa lo miraba de reojo. Pyeong-hwa demostraba con todo el cuerpo que se
moría de la ansiedad por lo que él pensara. En lugar de importarle Woo Yeon-je,
a quien en su momento llamó con orgullo su novio, estaba totalmente consumido
por el temor de importunar a Hae-seong.
Esa súplica lastimera que imploraba un ‘lo
siento tanto, por favor espérame un poco’ no iba dirigida a Woo Yeon-je, sino a
él. Tal como lo había descifrado en la oficina de Tae Ki-ho, Pyeong-hwa lo
miraba con esa misma mirada sedienta de afecto que Hae-seong ya había visto en
muchísimas personas. Le resultaba demasiado familiar como para ignorarla.
Hae-seong le dedicó una sonrisa afable para
indicarle que estaba dispuesto a esperar todo el tiempo que hiciera falta. Fue
en ese preciso instante cuando las mejillas de Pyeong-hwa se encendieron. Woo
Yeon-je, detectando la anomalía, frunció el ceño y se volvió hacia Hae-seong.
La mirada de Woo Yeon-je gritaba un: ‘¿Cómo te
atreves? ¡¿Tú?!’. También parecía reclamarle: ‘¡Si apenas llevas un mes de
conocerlo!’. Su mirada reflejaba una frustración absoluta, como queriendo dejar
en claro que él había conocido y estado con Pyeong-hwa primero, y que el que se
había entrometido entre los dos era un tal Wi Hae-seong.
Hae-seong se burló. No tenía la menor
intención de involucrarse, pero el que había provocado que interviniera no era
otro que Woo Yeon-je. El que había venido a fastidiar a Hae-seong, quien solo
quería quedarse sentado tranquilamente, sonándose la nariz y ganando dinero a
costa de ellos, también era Woo Yeon-je.
Hae-seong no pestañeó ni una sola vez al
sostenerle la mirada a los ojos que lo desafiaban. Simplemente se acercó a
ellos mientras tarareaba una canción de ‘trot’.
“Debes tratarme bien mientras esté aquí, no te
arrepientas después...”.
Tal vez por haber escuchado ese tarareo, la
mirada de Woo Yeon-je se volvió feroz. Sin importarle en lo más mínimo,
Hae-seong continuó repitiendo la misma estrofa mientras se aproximaba, cuando,
de repente, Pyeong-hwa intervino para calmar las aguas. Salió al frente,
dejando a Yeon-je detrás.
Era como si estuviera protegiendo a Yeon-je de
Hae-seong. Este último detuvo su caminata y miró de frente a Pyeong-hwa. Con
los labios firmemente apretados, Pyeong-hwa negó con la cabeza y tomó a Yeon-je
del brazo. El tirón con el que lo obligó a darse la vuelta fue bastante brusco.
A Hae-seong le pareció interesante la actitud
impulsiva de Pyeong-hwa, así que se limitó a observar. No se sintió ofendido ni
resentido en absoluto; solo estaba asombrado por ver, por primera vez, un
destello de masculinidad en ese joven e inocente amo.
Pyeong-hwa miró de reojo a Hae-seong mientras
arrastraba a Yeon-je un poco lejos de la entrada principal. Ambos seguían
discutiendo entre sí. El tiempo pasaba, y no parecía que fueran a detenerse
antes de que la paciencia de Hae-seong se agotara por completo. Al final,
Hae-seong intervino en la disputa de los dos.
“Disculpen”.
Woo Yeon-je, que hasta hace un momento tenía
el rostro completamente fruncido, se dio la vuelta para mirar a Hae-seong con
la cara de un novio bueno, afligido y lastimado.
Pyeong-hwa reaccionó de la misma manera al
notar la cercanía de la voz de Hae-seong. Al ver las cuatro pupilas fijas en
él, Hae-seong sonrió con total frescura.
“¿Por qué no entramos todos juntos?”.
Sugirió Hae-seong con ligereza, señalando la
puerta abierta con el pulgar.
“¿Qué dijo?”.
Preguntó Woo Yeon-je con una expresión de
desconcierto absoluto, como si jamás hubiera esperado escuchar esas palabras.
Los ojos de Pyeong-hwa, que no apartaban la vista de Hae-seong, también
mostraron incredulidad.
NO
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“Por mí no hay problema, así que comamos
juntos con el señor Yeon-je también”.
“¿No te importa que comamos con Yeon-je?”.
Pyeong-hwa se acercó a Hae-seong a grandes
zancadas y frunció el ceño, como intentando descifrar qué estaba tramando.
“Sí, está bien”.
“¿Incluso si me siento al lado de Yeon-je?”.
Preguntó Pyeong-hwa una vez más, incapaz de
comprenderlo. Parecía disgustado por algo, ya que no paraba de poner reparos.
Pyeong-hwa, te van a abrir un agujero en la
nuca con la mirada.
Hae-seong soltó una carcajada ronca mientras
miraba de reojo a Yeon-je, quien parecía querer asesinar a Pyeong-hwa con la
mirada.
“Es el novio de Pyeong-hwa. Ya que se van a
casar, sería bueno que yo también me llevara un poco mejor con él”.
“Yeon-je también es un Omega”.
¿Acaso crees que no lo sé?
Hae-seong se burló para sus adentros ante la
tontería que Pyeong-hwa acababa de soltar de la nada.
Capaz que termino seduciéndolo. Entre las
personas con las que había salido en el pasado también había Omegas; a
Hae-seong no le importaban los rasgos secundarios.
Por supuesto, no tenía la más mínima intención
de seducir a Woo Yeon-je, pero al ver a Pyeong-hwa recordándole que Yeon-je era
un Omega, sintió un brote de rebeldía.
“Yo también me he comido... a los Omegas...”.
Al ver que el rostro de Pyeong-hwa se ponía
pálido en un instante, Hae-seong cerró la boca rápidamente. Luego, sonrió con
descaro, como si nunca hubiera dicho semejante frase.
“Está bien, ¿qué tiene de malo? De todos
modos, ya nos conocemos2.
“Te dije que mi abuelo va a venir”.
“Yo hablaré con él. El abuelo no dirá mucho si
se lo pido yo”.
Aunque, claro, nunca lo había intentado, así
que no podía estar seguro. Sin embargo, Hae-seong tenía la confianza de
lograrlo. Ya fuera Tae Ki-ho, que engendró a Tae Pyeong-hwa, o Tae Yang-ho, que
engendró a Tae Ki-ho, al fin y al cabo todos eran de la misma calaña.
“Al señor Yeon-je tampoco le importa,
¿verdad?”.
Hae-seong se acercó con decisión a Yeon-je,
quien permanecía de pie con una expresión de incomprensión. Al mismo tiempo,
comenzó a liberar sutilmente sus feromonas, con la intensidad justa para que
otro miembro de su mismo rasgo pudiera percibirlas.
“¿Qué... qué estás haciendo...?”.
Yeon-je se sobresaltó ante la agresiva
liberación de feromonas de Hae-seong. Por muy desierta que estuviera la calle y
aunque los guardias fueran Betas, era la primera vez que veía a un Omega
liberar feromonas a plena luz del día en medio de un callejón.
Debido a la naturaleza de su rasgo, los Omegas
siempre se veían obligados a controlar estrictamente sus feromonas. Incluso
estando con el Alfa con el que salían, lo habitual era no liberarlas por temor
a lo que pudiera pasar. Después de todo, en un descuido, podrían terminar
sufriendo algún percance a manos de un Alfa desconocido.
Así era el mundo en el que vivían. Yeon-je no
pudo evitar alarmarse ante una liberación de feromonas que él jamás se habría
atrevido a realizar. Hae-seong miró a Yeon-je y le dedicó una sonrisa
afectuosa.
“¿Por qué esa cara?”.
Hae-seong liberó un poco más de feromonas y
luego las suprimió todas juntas rápidamente. En el instante en que el aire a su
alrededor recuperó la calma, el rostro de Woo Yeon-je se contrajo en una mueca
de humillación más lamentable que nunca.
Al ser un Omega recesivo, Yeon-je era incapaz
de controlar sus feromonas con tanta destreza. Si no era con medicamentos, ni
siquiera podía regular sus ciclos de celo. Y lo peor de todo era que no
toleraba las feromonas de un Alfa con el que no tuviera compatibilidad; por esa
misma razón, tampoco le resultaba fácil excitar a un Alfa.
Por puro instinto, Yeon-je miró a Pyeong-hwa.
Rogaba que no fuera así, pero Pyeong-hwa, habiendo percibido las feromonas de
Hae-seong, tenía el rostro completamente encendido y lucía avergonzado.
Mientras que con las feromonas de Yeon-je había llegado a vomitar y desmayarse
alegando que le resultaban repugnantes, ahora bebía con gusto las de Hae-seong
y se calentaba por ellas.
Hae-seong miró al enfurecido Yeon-je y volvió
a liberar sus feromonas una vez más. A pesar de ser un Omega, estaba haciendo
algo que normalmente solo hacían los Alfas entre sí. Yeon-je se quedó
completamente paralizado ante la imponente presión de aquellas feromonas.
Jamás en su vida había visto a un Omega tan
demente. Por muy dominante que fuera, ¿cómo podía un Omega exhibir y liberar
sus feromonas de esa manera tan descuidada, como si presumiera de ellas?
Yeon-je no tuvo más remedio que soportar el
ataque mientras fulminaba a Hae-seong con la mirada. Hae-seong rodeó los
hombros de Yeon-je con el brazo y bajó la vista hacia él. Lo hizo para
adaptarse a la menor estatura de Yeon-je, pero el gesto solo sirvió para
empeorar el humor de este último.
“Entremos de una vez. Me duelen las piernas,
así que hablemos más adentro”.
Sin embargo, ninguno de los dos pudo dar un
paso más, ya que Pyeong-hwa se acercó a una velocidad increíble y los separó.
Tras apartarlos rápidamente, comenzó a quitarse la camisa a toda prisa.
Hae-seong, que miraba con ojos llenos de
expectación a Pyeong-hwa por desvestirse tan de repente frente a la casa, no
tardó en poner una mueca de decepción al ver que llevaba una camiseta blanca
debajo.
“Este pervertido...”.
Pyeong-hwa, adivinando los pensamientos de
Hae-seong por su expresión, apretó los dientes y le arrojó la camisa desvestida
directamente sobre la cara. Luego, usó las mangas para envolverle la cabeza y
atarla. Aunque su visión quedó bloqueada de golpe, Hae-seong se quedó
completamente quieto; decidió no resistirse por el momento al escuchar la
respiración agitada de Pyeong-hwa fuera de la prenda.
“Y dices que no eres un cualquiera...”.
“¿Yo?”.
“Cierra la boca, se están filtrando tus
feromonas”.
“Las feromonas no se expulsan por la boca,
¿sabes?”.
“¡Ah... ya basta!”.
Gritó Pyeong-hwa. Su voz llena de frustración
daba bastante lástima. Hae-seong reprimió el impulso de añadir que cubrirlo con
una camisa no serviría para detenerlas y guardó silencio.
Acto seguido, contuvo por completo sus
feromonas para que Pyeong-hwa creyera que su intento de bloquearlas con la
camisa había funcionado.
“Ya está”.
Al notar que las feromonas de Hae-seong habían
desaparecido, la voz aliviada de Pyeong-hwa llegó a sus oídos. ¡Qué mocoso tan
tierno! Tener a tu novio enfrente y estar preocupado por controlar mis
feromonas... Seguro ni te imaginas lo que eso significa.
Hae-seong se mordió los labios con fuerza y
apretó los puños. Si no lo hacía, sentía que terminaría moliendo a golpes a
Pyeong-hwa... o mordiéndolo.
Una vez que recuperó la calma, Pyeong-hwa le
dio la espalda al bien cubierto Hae-seong y se volvió hacia Yeon-je. Los ojos
de este, que los fulminaban a ambos, estaban enrojecidos. Con el pecho oprimido
por la angustia, Pyeong-hwa titubeó un momento antes de articular palabra con
dificultad.
“Lo siento. Hablemos... hablemos más tarde.
Por hoy, solo...”.
“No quiero”.
“¿Qué?”.
“Tu prometido lo dijo, ¿no? Que comiéramos
juntos. Hagamos eso, yo también quiero”.
Declaró Woo Yeon-je con firmeza,
interrumpiendo las palabras de Pyeong-hwa que pretendían echarlo. Ante ese
comentario, Hae-seong soltó una burla por lo bajo con el rostro aún cubierto
por la camisa.
“Entremos”.
Se escucharon los pasos de Woo Yeon-je
avanzando. Inmediatamente después, se oyó el suspiro de impotencia de
Pyeong-hwa. Hae-seong, tanteando la camisa, estiró las manos hacia el frente
buscando a Pyeong-hwa. Al sentir que de repente le tocaban la cintura y luego
le apretaban el trasero, Pyeong-hwa se sobresaltó y se dio la vuelta hacia él.
Al percibir el movimiento, Hae-seong extendió
ambos brazos hacia los lados. Pyeong-hwa, mirando con apuro a Hae-seong que
parecía un espantapájaros, le extendió las manos.
“No vuelvas a.… liberar tus feromonas así a la
ligera. Promételo”.
Pyeong-hwa lo amonestó una vez más mientras
hacía el ademán de desatarle la camisa. Hae-seong le apartó la mano de un
manotazo y le ordenó como si fuera un maleante.
“Cárgame”.
“¿...Qué?”.
“Cárgame”.
Que lo cargara. Hae-seong, volviendo a
extender los brazos de par en par, sacó el pecho y sacudió las manos. Tampoco
se olvidó de lanzar la advertencia de que volvería a liberar sus feromonas si
no lo llevaba en brazos.
Poco después, los dos pies de Hae-seong se
elevaron en el aire.
“Es solo por esta vez”.
Hae-seong sacudió el cuerpo con la cabeza y
los hombros todavía cubiertos por la camisa. Pyeong-hwa le llamó la atención
pidiéndole que se quedara quieto.
Hae-seong se rio entre dientes, inclinó el
torso y hundió la cabeza en el hombro de Pyeong-hwa. Se divertía tanto con esta
travesura que ni siquiera le importaba que le costara respirar.
Yeon-je, que había entrado primero a la casa y
se encontraba sentado en el sofá de la sala según le habían indicado, no podía
cerrar la boca del asombro. El estado en el que entraron las otras dos personas
detrás de él era simplemente ridículo.
“¿No puedes quedarte quieto un momento?”.
“¿A esto se refiere la gente cuando dice que
no ve nada? Me agrada”.
Hae-seong estaba en brazos de Pyeong-hwa, con
los hombros todavía cubiertos por la camisa de este. Pyeong-hwa lo cargaba
pegado a su pecho como si fuera un niño pequeño, mientras jugueteaba con el
nudo de las mangas. Yeon-je no lograba comprender en absoluto qué clase de
situación era esta.
En varias ocasiones, el presidente Tae Yang-ho
lo había amenazado utilizando este tipo de situaciones, pero él nunca se había
preocupado. Estaba seguro de que, sin importar a qué gran partido pusieran al
lado de Tae Pyeong-hwa, este terminaría siendo suyo. De hecho, Pyeong-hwa tenía
un largo historial de haber rechazado fríamente a un sinfín de candidatos con
excelentes condiciones que el vicepresidente Tae Ki-ho le había impuesto.
Hubo un segundo hijo de un conglomerado que
huyó desde el principio debido a que Pyeong-hwa confesó tener pareja. Otro, el
hijo menor de una empresa de medios de comunicación, logró aguantar unos meses,
pero terminó retirándose lleno de complejo de inferioridad tras confirmar el
rostro de Yeon-je. Aparte de ellos, los candidatos que habían terminado
arruinados por darle prioridad a él superaban los dedos de una mano.
Pensó que esta vez no sería diferente. Además,
a diferencia de los muchos candidatos formidables que lo habían inquietado en
el pasado, los antecedentes familiares de este último eran bastante comunes. Su
error de cálculo fue haberlo subestimado como a un don nadie sin importancia.
De haber sabido que era un desquiciado
semejante, de haber sabido que Tae Pyeong-hwa cometería tales locuras incluso
teniéndolo a él enfrente... jamás habría permitido que se encontrara con ese
hombre en primer lugar.
Sin embargo, ya era tarde para arrepentirse.
Durante el tiempo en que Pyeong-hwa sentó a Hae-seong en el asiento de honor
que solía ocupar Tae Yang-ho y le desató la camisa con cuidado, Yeon-je hizo
trabajar su mente a toda marcha. ¿Acaso no eran muchos los años de esfuerzo que
había invertido?
Habían sido más de diez años de soportar
humillaciones con tal de formar parte de esta familia. No podía dejarse
arrebatar todo por un tipo sin educación que solo tenía una cara bonita.
Yeon-je cambió de expresión rápidamente.
Fingir el rostro bondadoso que tanto le gustaba a Pyeong-hwa no representaba
ninguna dificultad para él. En el instante en que Yeon-je cambió su semblante,
Hae-seong también logró liberarse de la camisa.
Hae-seong se acomodó el cabello revuelto y
sonrió con un brillo radiante. Se rio a carcajadas achicando los ojos y,
devolviéndole la camisa a Pyeong-hwa, añadió con tono de hombre maduro que
tener una estatura alta y hombros anchos era una gran ventaja.
Era imposible de comprender. Aunque poseía un
rostro tan hermoso que cautivaba a cualquiera, aparte de eso, era un hombre que
no estaba en su sano juicio. ¿Por qué razón ese témpano de hielo de Tae Yang-ho
y su hijo Tae Ki-ho se comportaban ante este hombre como si fueran un helado
derretido? Lo mismo iba para ese tonto de Tae Pyeong-hwa.
“Ah, señor Yeon-je, ¿estaba ahí? Como no huele
a nada y no podía ver, pensé que ya se había ido”.
Una declaración verdaderamente carente de la
más mínima educación cortó el silencio de la sala. ¿Acaso no le habían enseñado
que mencionar el olor de un Omega era una total falta de respeto? Yeon-je
tembló de rabia mientras fulminaba a Hae-seong con la mirada.
Pyeong-hwa también se volvió hacia Yeon-je con
sorpresa. Yeon-je decidió que no podía dejar pasar esta oportunidad y bajó la
mirada con tristeza. ‘Estoy tan triste por tu culpa, así que ven a sentarte a
mi lado de inmediato. Apresúrate y consuélame frente a esta persona’.
“Pyeong-hwa, tengo la boca un poco seca por
haber estado dentro de tu camisa. ¿Podrías traerme un poco de agua, por
favor?”.
Sin embargo, Hae-seong no le dio espacio para
hacerlo. Después de todo, Hae-seong solo le estaba devolviendo a Yeon-je lo que
este le había hecho a Pyeong-hwa, así que no sentía la menor culpa. Pyeong-hwa
tampoco tenía motivos para andar con cuidado.
¿Pretendes usar un momento de valiosa
enseñanza de esa manera tan vil? Ni lo sueñes.
“¿Eh?”.
Hae-seong tomó suavemente la barbilla de
Pyeong-hwa, quien se disponía a mirar a Yeon-je para obligarlo a girarse hacia
él y le acarició el cuello. Pyeong-hwa, tras titubear un momento, asintió
dócilmente y se levantó de su asiento. Fue a buscar el agua con total sumisión
al escuchar que era por su culpa.
Ni siquiera tuvo tiempo de comprobar
adecuadamente la tristeza de Yeon-je. Este último miró a Hae-seong con
indignación.
Esto definitivamente lo está haciendo a
propósito, ¿verdad?
Lo fulminó con una mirada feroz, pero
Hae-seong ni siquiera se molestó en ocultar sus intenciones; se limitó a
encogerse de hombros como diciendo: ¿Qué vas a hacer al respecto?
Poco después, Pyeong-hwa regresó con el vaso
de agua. Yeon-je lo miró con desagrado y soltó una tos falsa sin venir a
cuento. Pyeong-hwa, tras entregarle el agua a Hae-seong, recién ahí se volvió
hacia Yeon-je. Al ver la expresión de descuido en el rostro de Pyeong-hwa,
Yeon-je frunció ligeramente el ceño, pero en seguida relajó la fuerza de su
mirada.
“Pyeong-hwa, ¿podrías traerme agua a mí
también? Ya sabes a qué temperatura me gusta tomarla”.
Pyeong-hwa asintió lentamente. Al mismo
tiempo, miró de reojo a Hae-seong. Toda esta situación parecía resultarle
sumamente incómoda. Y con justa razón. Sin embargo, todo esto es consecuencia
de tus propios actos, Pyeong-hwa. No pretenderás ser el único feliz en medio de
una relación tan turbia, ¿verdad?
“Tome esto”.
Pero Hae-seong tampoco iba a permitir que las
cosas salieran como Yeon-je quería. Como si lo hubiera estado esperando, le
extendió a Yeon-je el vaso de agua que aún no había tocado con sus labios. Con
la otra mano, sujetó el brazo de Pyeong-hwa, quien se disponía a darse la
vuelta, y tiró de él.
Pyeong-hwa, arrastrado por la sorpresa,
terminó sentándose bruscamente en el reposabrazos del sofá individual donde se
encontraba Hae-seong. Este último soltó el brazo de Pyeong-hwa y le apretó el
muslo con fuerza. Pyeong-hwa dio un brinco con el rostro completamente
encendido.
“Vamos, tómelo. Parece que está tosiendo”.
Debido a que había fingido toser, Yeon-je no
tuvo más remedio que aceptar el agua y beberla. Hae-seong, como si fuera un
jefe molesto obligando a beber a un empleado, movió la mano de abajo hacia
arriba incitándolo a que se la tomara toda de un trago. Su rostro sonriente
resultaba extrañamente escalofriante, por lo que Yeon-je tuvo que beber el agua
tal como se lo ordenaba.
“La comida ya está lista, ¿les gustaría pasar
a comer antes de que se enfríe?”
Por fortuna, la tensión en el ambiente se
disipó con la aparición de la encargada del servicio. Hae-seong se levantó de
su asiento de un salto.
“Vaya, qué bien, ya tenía hambre. El
vicepresidente me dijo que habría mucha comida deliciosa y que viniera con el
estómago vacío, así que no he comido nada desde ayer por la tarde”.
“Cielo santo, si no hemos preparado gran
cosa...”.
“Qué dice, lo que comí la última vez estuvo
delicioso de verdad. Fue lo más rico que he probado en toda mi vida, incluso
más que la comida de mi madre. ¿Puedo servirme dos platos de arroz hoy?”.
Hae-seong se aferró con familiaridad al brazo
de la encargada y se dirigió al comedor. Tampoco se olvidó de agitar la mano
hacia Pyeong-hwa para indicarle que fuera a sentarse pronto. Pyeong-hwa, tras
dudar un momento, se volvió hacia Yeon-je.
“Vamos a comer. Primero comamos y luego...”.
“Siéntate a mi lado”.
“¿Eh?”.
“A mi lado, no con esa persona. No sé en otras
cosas, pero no voy a tolerar verlos sentados juntos. Eso sí que no lo soporto”.
Advirtió Yeon-je con una voz amenazante,
aprovechando el momento en que Hae-seong no estaba cerca. Justo cuando se
disponía a adelantarse, Pyeong-hwa le tomó el brazo de imprevisto. Al darse la
vuelta sorprendido, Yeon-je se encontró con una expresión que jamás le había
visto a Pyeong-hwa, quien pronunció en voz baja.
“Me sentaré tal como lo organizó el mayordomo.
Esa es la regla de nuestra casa y es una muestra de respeto hacia la persona
que lo preparó”.
“Oye...”.
“No es que intente ignorarte, sino que voy a
priorizar el respeto hacia alguien que se ha esforzado por nosotros. Esto no
tiene nada que ver con esa persona”.
Yeon-je se quedó paralizado en su sitio. Tras
terminar de hablar, Pyeong-hwa recuperó su expresión habitual.
“Vamos a comer”.
Incluso ante ese tono de voz que caía con
total serenidad, Yeon-je no pudo responder nada.
Había perdido los papeles por culpa de Wi
Hae-seong y terminó cruzando la línea. Había tocado el único aspecto en el que
Pyeong-hwa solía mostrarse implacable.
Pyeong-hwa solía ceder ante casi todas sus
peticiones y ablandarse por él, pero jamás daba su brazo a torcer en lo que
respecta al personal de la casa. Él mismo sabía mejor que nadie que la razón
por la que Pyeong-hwa lo compadecía y lo protegía se debía a ese mismo sentido
de la consideración, y aun así había cometido un error.
Yeon-je apresuró el paso para alcanzar a
Pyeong-hwa, quien ya caminaba por delante. Como para exhibirse ante Wi
Hae-seong, quien se dio la vuelta al escuchar los pasos, le tomó la mano con
firmeza y le dedicó una tierna sonrisa a Pyeong-hwa, quien lo miró con
extrañeza.
“Lo siento. Es solo que... me dolió mucho”.
Frotó deliberadamente la mejilla contra el
brazo de Pyeong-hwa con coquetería. Pyeong-hwa no se atrevió a apartar a
Yeon-je. Aunque miró de reojo a Hae-seong con cautela, no volvió a mostrarse
tan frío como antes. Yeon-je le apretó la mano con fuerza antes de soltarlo y
fue a sentarse en el asiento vacío.
Tal como era de esperarse, los lugares estaban
dispuestos para que Hae-seong y Pyeong-hwa se sentaran uno al lado del otro. Al
quedar solo en el lado opuesto, Yeon-je fulminó con la mirada a la empleada que
supuestamente había organizado la mesa. Sin embargo, al cruzar miradas, la
encargada tampoco se dejó intimidar y torció los labios.
Para el personal de la casa, Yeon-je siempre
había sido una espina en el ojo. A pesar de haber estado en una posición
similar a la de ellos, sus actitudes tras entablar una relación con Pyeong-hwa
habían sido deplorables. Para los empleados que habían sufrido tanto por su
culpa, Hae-seong era el salvador de este hogar.
Además, poseía un rostro hermoso y era
sumamente atento y carismático. Cada palabra que pronunciaba era tan afectuosa
y oportuna que lograba ablandar el corazón de los empleados mayores, ganándose
el aprecio de todos.
“Buen provecho. Que disfrute de la comida,
señor Yeon-je”.
“Cualquiera que lo escuche pensaría que lo
preparaste tu”.
“¡Ay, claro que no! Entonces, ¿qué tal si
antes de comer les damos un aplauso de agradecimiento al mayordomo y a las
señoras del servicio?”.
“No, gracias”.
Respondió Yeon-je con fastidio.
Sin embargo, Hae-seong aplaudió con entusiasmo
para hacerse notar y luego tomó la cuchara. Pyeong-hwa miró a Hae-seong con
curiosidad y, en silencio, lo imitó aplaudiendo también. Yeon-je se llevó una
mano a la frente y cerró los ojos con fuerza.
Después de eso, afortunadamente, la comida
transcurrió en silencio. En un momento dado, Yeon-je tomó un trozo de caballa
gorda y comenzó a retirarle las espinas con destreza. Acto seguido, y con toda
la intención de presumir, le ofreció el trozo de carne blanca a Pyeong-hwa.
“Pyeong-hwa, toma”.
Pyeong-hwa, que comía tranquilamente, levantó
la cabeza. Al ver el trozo de pescado que le ofrecían, volvió a mirar de reojo
a Hae-seong. Aunque negó con la cabeza indicando que estaba bien, Yeon-je se
quejó exageradamente diciendo que le dolía el brazo y no retiró la mano. Al
final, Pyeong-hwa extendió su cuchara y aceptó el pescado.
Yeon-je miró a Hae-seong con aire de triunfo.
Hae-seong, que había estado observando a los dos en silencio mientras masticaba
su arroz, soltó una risa irónica al notar esa expresión. Fijando la mirada
firmemente en Yeon-je, Hae-seong atrapó la muñeca de Pyeong-hwa, quien sostenía
la cuchara.
En un abrir y cerrar de ojos, la cuchara de
Pyeong-hwa fue a parar directamente a la boca de Hae-seong. El trozo de pescado
que Yeon-je había limpiado también se desvió directo a su boca.
“¡Pero qué estás...!”.
“Es que parecía que a Pyeong-hwa no se le
antojaba mucho. Vaya, qué rico. Está muy tierno”.
Sorprendido, Pyeong-hwa se quedó completamente
congelado en su sitio. Yeon-je, furioso, soltó los palillos de golpe sobre la
mesa. Hae-seong parpadeó repetidamente con una mirada llena de inocencia.
Yeon-je solo pudo morderse el labio inferior con frustración. Hiciera lo que
hiciera, Hae-seong no mostraba el menor rastro de celos o incomodidad por su
relación con Pyeong-hwa, lo cual lo asfixiaba de rabia.
Habiendo perdido el apetito por completo,
Yeon-je dejó los palillos definitivamente. Por su parte, demostrando que lo que
había dicho antes no era una broma, Hae-seong se terminó dos tazones de arroz
en un santiamén.
Para tener un aspecto de alguien que no se
comería ni medio tazón, devoraba la comida como si fuera un obrero tras una
larga jornada. Al verlo, Yeon-je no pudo evitar sentir un brote de temor.
¿De verdad podré hacerle frente a este
demente?
Con el rostro pálido y tenso, Yeon-je volvió a
poner a trabajar su mente.
Al terminar la comida, Pyeong-hwa se levantó
de la mesa diciendo que debía lavar los platos. Aunque nadie se lo pedía, él
siempre se arremangaba la camisa insistiendo en que esa era su tarea.
Al principio, a Yeon-je le gustaba porque
pensaba que lo hacía por él. Sin embargo, desde que descubrió que no era así,
detestaba esa actitud de Pyeong-hwa. Lo odiaba a pesar de saber que,
precisamente por ser así, él podía estar a su lado.
Ser amable con todo el mundo y compasivo con
los débiles no le servía de nada a Yeon-je. La única persona ante la que
Pyeong-hwa debía mostrar debilidad tenía que ser él. Aun así, hoy decidió
guardar silencio; por esta vez, se guardó el comentario de que no debía ser tan
espléndido con la servidumbre a la que se le pagaba.
Esto se debía a que necesitaba quedarse a
solas con Wi Hae-seong. Sin embargo, Hae-seong, ajeno a las intenciones de
Yeon-je, elogiaba a Pyeong-hwa con total tranquilidad.
“De repente me dieron ganas de envejecer junto
a Pyeong-hwa hasta que la muerte nos separe”.
“Deja de hablar como si fueras un anciano”.
“Te ayudaré a recoger la mesa”.
“La mejor forma de ayudar es quedándote
quieto”.
“Entendido~”.
Hae-seong soltó la tontería de que uno siempre
debe hacerle caso a su pareja. Pyeong-hwa, con las mejillas sonrojadas, se
retiró a toda prisa a lavar los platos, y la mesa quedó limpia en un instante.
En el momento en que la encargada del servicio sirvió los bocadillos para ambos
y se retiró, Yeon-je, que había permanecido callado hasta entonces, habló.
“Hagas lo que hagas, no voy a terminar con
Pyeong-hwa. No tiene idea de todas las humillaciones que he tenido que soportar
para llegar hasta aquí”.
Ante el repentino ataque verbal, Hae-seong
puso una expresión de desconcierto. Al ver esa mirada indiferente que reflejaba
un desinterés absoluto, Yeon-je apretó los dientes.
“El año pasado, el presidente me ofreció un
departamento independiente. Me dijo que también me daría dinero si lo deseaba.
Pero lo rechacé todo”.
Recién ahí la expresión de Hae-seong cambió.
Yeon-je interpretó el gesto a su conveniencia y esbozó una sonrisa de
satisfacción. Supuso que Hae-seong se sentía conmocionado al ver cuánto
cotizaba su valor dentro de esta familia. Mirando a Hae-seong de arriba abajo
con desdén, Yeon-je soltó una pequeña risa.
“Vaya, con que fue eso...”.
Sin embargo, lo que Hae-seong sintió ante esas
palabras no fue conmoción, sino lástima.
Debiste haberlo aceptado en ese momento...
Debiste tomarlo cuando te lo ofrecieron. Qué departamento ni qué ocho cuartos,
debiste exigirle al menos mil millones más, pedazo de tonto.
No obstante, al pensar en que Yeon-je habría
usado eso como excusa para atormentar aún más al pobre Pyeong-hwa, la lástima
se esfumó de inmediato. Mientras más lo trataba, más claro le resultaba el modo
en que Yeon-je chantajeaba a Pyeong-hwa para retenerlo.
De pronto, Hae-seong dirigió la mirada hacia
donde Pyeong-hwa lavaba los platos con esmero.
Qué hermosa mina de oro. Con ese trasero tan
firme y esos hombros anchos, es como un boleto de lotería que premia todos los
días. Y encima, con un corazón absurdamente blando.
Ya le parecía una lástima que el pobre fuera
explotado por él, como para permitir que otro tipo también se aprovechara de su
nobleza. Era un desperdicio. Pyeong-hwa era demasiado bueno tanto para él como
para Yeon-je.
Hae-seong reafirmó su decisión de salvar a
Pyeong-hwa. Luego, con una mirada implacable, se volvió hacia Yeon-je. Ante la
mala vibra que comenzó a invadir el lugar, Yeon-je encogió los hombros por puro
instinto. Hae-seong miró al temeroso Yeon-je y, con un tono falsamente
afectuoso, le dijo que comiera mucho, que aprovechara a comer ahora.
Porque no volvería a probar bocado igual.
Hae-seong clavó la mirada en el confundido
Yeon-je mientras pensaba: ‘Ahora que Tae Pyeong-hwa está en mis manos, la buena
voluntad de Tae Pyeong-hwa que entra en tu boca termina hoy’.
La guerra psicológica, de la cual Pyeong-hwa
no tenía la menor idea, llegó a su fin con el anuncio de que el presidente Tae
Yang-ho y el vicepresidente Tae Ki-ho habían llegado. Yeon-je salió de la casa
casi huyendo en cuanto el mayordomo Yoon terminó de hablar. Tras su partida,
los dos señores Tae entraron a la residencia.
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Ambos se mostraron sumamente complacidos de
ver a Hae-seong, pero, por desgracia, el encuentro no duró mucho tiempo. El
estado de salud de Pyeong-hwa, quien observaba la armoniosa escena de los tres,
comenzó a deteriorarse a pasos agigantados.
