4. Wolfie el conejo
4. Wolfie el conejo
Alexei
se puso en contacto con él bien entrada la noche, cuando todos ya dormían. En
aquel pequeño pueblo sin zonas de ocio, todo quedó sumido en un silencio de
tumba pasado las diez de la noche; para el momento en que Yuri contestó la
llamada, ni siquiera se escuchaban los búhos. Al ver el nombre de Alexei en la
pantalla, Yuri dejó el libro que estaba leyendo y echó un breve vistazo a la
habitación situada al otro extremo de la sala. En su interior, Chariot dormía
profundamente, agotado tras la larga jornada en el agua.
El
regreso al refugio se produjo cuando los alrededores ya comenzaban a sumirse en
la penumbra. Durante el trayecto a través de las calles cubiertas por el
crepúsculo, ambos mantuvieron un silencio absoluto, limitándose a marchar uno
al lado del otro con apenas un par de palmos de distancia. La separación era,
sin duda, mayor que cuando salieron del refugio, pero el aire que templaba el
calor seguía colándose tenuemente por aquel estrecho espacio.
A
pesar de que el silencio y la quietud eran algo que Yuri siempre procuraba
mantener a su lado, hoy le resultaban extraños. Consciente en exceso de la
presencia de Chariot a su costado, Yuri obligaba su mirada a mantenerse al
frente. Sin embargo, cada vez que oía las chanclas mojadas y chasqueantes de
Chariot al pisar y separarse del suelo, sus ojos se desviaban una y otra vez
hacia el lado, obligándolo a tensar el cuello repetidamente.
Un
Chariot silencioso le resultaba desconcertante.
Parecía
que ya se había acostumbrado a sus comentarios insulsos y a ese contacto que no
lo dejaba en paz ni un solo instante, al punto de que a Yuri le costaba creer
que ese caminar sosegado fuera exactamente la situación que había deseado con
desesperación pocos días atrás. Tenía la sensación de que, en cualquier momento,
Chariot iba a abalanzarse sobre él de improviso para sacarle un tema
descabellado.
A
pesar de su revuelta agitación interior, el paisaje del anochecer que presenció
de regreso a casa resultó ser hermoso. Las familias que volvían a casa para
cenar, las niñas pequeñas que corrían riendo y la superficie del lago
reflejando un crepúsculo de un rojo incandescente componían una escena
acogedora que Yuri solo solía ver en las pinturas.
¿Estará
Chariot disfrutando también de este momento?
A
Yuri le entró curiosidad por saber qué pasaba por su cabeza. Le frustraba que,
estando en el mismo espacio, fuera incapaz de adivinar los sentimientos de la
persona que tenía al lado. Sin embargo, no se atrevió a preguntar. Si sus
propias palabras habían provocado que Chariot dejara de sentirse atraído por
él, lo mejor para ambos sería mantener las cosas tal como estaban.
Tras
una larga caminata de regreso a casa, intercambiaron algunas conversaciones
triviales. Chariot le propuso que se duchara primero, y a Yuri le pareció una
sugerencia tan oportuna que la aceptó de buena gana. No se demoró tanto tiempo
en el baño como el día anterior. Recordando a Chariot de pie frente a la puerta
con una mirada de preocupación, Yuri se apresuró a terminar la ducha más rápido
de lo habitual y salió. Al hacerlo, vio a Chariot preparando la cena.
Los
ingredientes que Chariot había sacado eran para hacer bistec. Al ver que ya
había sazonado los lomos rojos con sal y pimienta y se disponía a cortar las
verduras, Yuri se ofreció a encargarse de ello. Con el argumento de que no
podía permitir que su empleador le preparara la cena por tercera vez, Chariot
se encogió de hombros y le cedió el lugar. Ver a Chariot dándole advertencias
una y otra vez por puro nerviosismo logró calmar un poco la incomodidad que
había sentido durante toda la tarde.
Mientras
Chariot se duchaba, Yuri concluyó la preparación y, para las nueve de la noche,
la cena —que a su juicio había quedado bastante decente— ya estaba lista.
Aunque todavía era un poco temprano para irse a la cama, Chariot comenzó a
prepararse para dormir, algo muy distinto al día anterior, cuando merodeaba
impaciente alrededor de Yuri aburrido por la falta de ocupación.
Como
apenas llevaban tres días compartiendo el mismo techo, Yuri no podía asegurar
con certeza cómo era realmente el comportamiento propio de Chariot, pero notaba
con claridad que se estaba mostrando distinto a los días previos. Si bien Yuri
solía ser muy sensible ante la hostilidad, era sumamente torpe para captar
cualquier otra clase de emoción. Le costaba descifrar el semblante de Chariot,
y le desconcertaba verse a sí mismo tan pendiente de sus estados de ánimo.
Había olvidado lo agotador que resultaba calcular el humor ajeno a través de
gestos y expresiones insignificantes.
Una
vez que Chariot se metió en la habitación diciendo que iba a acostarse, Yuri
volvió a inspeccionar los alrededores de la casa y le dejó un mensaje a Alexei
para que lo llamara. Aunque ya estaba listo para descansar, el cuerpo no le
pedía meterse en la cama. Tras pensarlo un poco, puso a calentar agua en la
tetera y revisó el armario. Al abrir la tapa de un tarro de galletas de
cerámica, descubrió una gran variedad de infusiones. Trasteó entre los sobres
que había apartado, todos de tonos amarillos y rojos, y se dio cuenta de que
parecían seleccionados a propósito con los sabores que le gustaban a Chariot.
Naranja
y jengibre soleados, caramelo salado, manzanilla, limón y jengibre, vainilla y
chai, melocotón, mango y fruta de la pasión, hibisco con frambuesa silvestre...
Tras
leer despacio aquellos nombres entrañables, Yuri se decantó por el de naranja y
jengibre soleados. No lo hizo por curiosidad hacia el sabor, sino porque el
color del envoltorio era el que más se asemejaba al cabello de Chariot. Aunque
ninguna paleta de colores lograría capturar con fidelidad aquel rubio rojizo
que brillaba con esplendor, a partir de entonces cada vez que viera tonos
dorados o cobrizos vendría a su mente la imagen de Chariot.
La
infusión resultó estar mucho más buena de lo que esperaba. No era empalagosa y
tenía un toque fresco ideal para beber de forma continuada. Tomó el libro de
Tolstói que había dejado a medias el día anterior, se sentó en el sofá y se
dispuso a aguardar el contacto de Alexei.
El
libro era tan breve que, por despacio que se leyera, se terminaba en una hora.
Aunque sabía que el gran literato ruso había escrito muchas más obras, aquel
famoso relato corto era lo único que conocía. Pasó por alto los pasajes que ya
no le decían nada —pues hacía tiempo que había dejado de creer en dios— hasta
detenerse en el tramo final, el cual siempre conseguía capturar su atención.
El
ángel que había desobedecido las palabras de Dios fue desterrado a la tierra
como castigo, y tras convivir con la familia que lo acogió, logró comprender por
fin la última enseñanza: había entendido que las personas viven no por la
preocupación de sí mismas, sino por el amor. Tras pronunciar aquellas palabras,
Mijaíl —un ángel que llevaba el mismo nombre que el padre de Alexei— regresó a
los cielos.
Yuri
contempló el nombre de Mijaíl durante unos instantes antes de cerrar el libro.
En la época en que sus padres perdieron la vida de forma trágica, cuando Alexei
apenas tenía doce años, solía rezar por ellos antes de dormir, convencido de
que ambos habían marchado al lado de Dios.
Por
entonces creía que con el simple hecho de esforzarse por obrar con rectitud ya
había valido la pena.
Justo
en el instante en que apartaba aquellos recuerdos que solo dejaban un
retrogusto amargo, el teléfono comenzó a sonar. Hablando del rey de Roma. Al
cumplirse su pensamiento sobre Alexei con tanta puntualidad, Yuri esbozó una
ligera sonrisa y se levantó del asiento. Tras echar un vistazo a la habitación
de Chariot, quien probablemente dormía a causa del cansancio, salió al exterior
amortiguando los pasos todo lo posible.
Cuidando
de cerrar la puerta con la firmeza justa en el pestillo para no despertar a
Chariot, contestó la llamada y escuchó de inmediato la voz quejumbrosa de
Alexei al otro lado de la línea.
-¿Qué
hacías para tardar tanto en contestar?
“Me
estaba preparando mentalmente por si volvías a portarte como un niño
caprichoso.”
-Ja,
tonterías.
Alexei
añadió un insulto, ofendido por la expresión de que era un niño. Yuri esbozó
una sonrisa impasible y pasó por alto sus palabras.
-¿Y
tus heridas?
-Esto
no es nada comparado con enfrentarse a la banda de Vólkov. Si tuviera el nivel
como para caer ante esta clase de mindundis, ni siquiera habría empezado a
trabajar como mercenario.
Era
una muestra de confianza que podía parecer soberbia, pero si se pensaba en las
situaciones por las que Alexei había pasado, no se trataba de una exageración.
Los Perros del Infierno se extendían por todo Norteamérica y su tamaño era
considerable, pero al compararlos con la mafia rusa o la siciliana, su historia
y su crueldad quedaban cortas. Eso no significaba que no hubiera monstruos
entre sus filas, pero a los ojos de Alexei debían de parecerle poca cosa en
comparación con Ígor.
-Aun
así, tendrás que tener mucho cuidado, Yuri.
El
tono burlón se volvió serio de inmediato mientras Alexei bajaba la voz. Rara
vez era sincero un tipo que solía decir que, en la mayoría de las situaciones,
era mejor tomárselo a risa antes que ponerse serio. La mano que sujetaba el
teléfono se apretó con fuerza. Yuri cerró los labios resecos, guardó silencio
unos segundos y preguntó:
“Dime.”
-Tal
como sospechabas ayer, el interés de estos tipos por Goodnight no se debe a una
simple relación amorosa. Yuri, esto es un encargo de asesinato.
Al
escuchar la palabra asesinato, Yuri visualizó de inmediato al hombre del
ascensor. Quedaba confirmado que el sujeto no había apuntado a Chariot por
error. Como el intruso que se había metido en la habitación de Chariot llevaba
una pistola eléctrica, también había barajado la posibilidad de un secuestro o
una extorsión, pero por desgracia las cosas no iban por ahí.
“¿Cómo
lo averiguaste?”
-De
la organización de los Perros del Infierno, además de los tiradores habituales,
andaban buscando mercenarios. Conseguí que me introdujeran a través de un
conocido y me dieron la orden de matar a Goodnight.
La
agradable brisa nocturna se volvió de pronto helada. Aferrando con fuerza el
teléfono con las manos frías, Yuri alzó la vista y volvió a examinar los
alrededores, concentrando todos sus sentidos por si se le pasaba por alto algún
rastro de presencia ajena. Al escuchar lo que decía Alexei, se apoderó de él un
presentimiento de que algo grave estaba a punto de suceder en cualquier
momento.
Tranquilízate.
Se
repitió Yuri a sí mismo para contener la agitación que lo embargaba de golpe.
Cuanto más peligrosa era la situación, mantener la cabeza fría constituía la
mejor manera de incrementar las probabilidades de supervivencia.
“¿No
hay más detalles?”
-Vaya
pregunta, parece que olvidas con quién estás hablando. Claro que averigüé más.
Escucha bien. Desde hace medio mes circulaba por la organización el rumor de
que el amante del jefe de la sucursal de Vancouver y un deportista famoso
andaban liados, y el jefe le ordenó al tipo que lo extorsionara para sacarle
dinero. Al principio el plan consistía en secuestrarlo, exigir el rescate y
dejarlo marchar, pero desde hace cuatro días se emitió una orden de búsqueda
para toda la organización. Ofrecieron una recompensa a quien diera con su
paradero y dejaron la tarea de rastrearlo y liquidarlo en manos de los
sicarios.
“¿Qué
sentido tiene que saquen tanto provecho de todo esto? ¿No es una decisión
demasiado grande para que la tome simplemente el jefe de una sucursal?”
-Opinó
igual. Por eso, al seguir rascando un poco más, tómala. En el origen de todo
esto hay un cliente. Alguien con la suficiente capacidad financiera como para
sobornar en secreto a una banda sin que su identidad quede al descubierto.
Era
un desarrollo tan familiar que resultaba exasperante.
Ígor
Vólkov había pagado con dinero sucio para asesinar a funcionarios
gubernamentales con el fin de deshacerse de los agentes antidrogas que lo
presionaban. A los valientes miembros de su ‘familia’ que mataban policías les
entregaba una recompensa segura. Cuantas más recompensas ofrecía, más personas
se animaban a participar por propia iniciativa, y a mayor número de
participantes, más se intensificaba la locura.
Una
vez que la cacería empezaba, no terminaba hasta que alguien moría. Ya fuera
Chariot o las numerosas polillas que lo perseguían, la historia siempre
terminaba con derramamiento de sangre.
Había
pensado que se trataría de un asunto difícil, pero... no quería que fuera algo
tan complicado. El motivo de su angustia momentánea no era la situación que él
mismo tendría que afrontar, sino el porvenir que le tocaría soportar a Chariot.
Chariot
no era una persona que debiera pasar por algo así.
¿Acaso
no era un chico inocente que le abría fácilmente el corazón a alguien como él,
una basura? Viendo lo mucho que detestaba a los criminales, su vida debía de
estar muy lejos de los asuntos sucios, por lo que era imposible siquiera
imaginar cuánto debía de atormentarle el tener que esconderse de unos seres
humanos que querían matarlo sin motivo aparente.
“...¿Acaso
no hay ninguna posibilidad de que el lado de Chariot solicite una tregua, tal
como se planeó al principio?”
Preguntó
albergando la esperanza de que, de algún modo, todo pudiera terminar sin
derramamiento de sangre, pero Alexei soltó un bufido despectivo.
-Yuri,
ya sabemos cómo son estos tipos. La probabilidad de que finjan aceptar y luego
te porven la espalda es diez veces mayor.
Sí,
era cierto. Preguntar algo así había sido una estupidez.
-Si
terminara así, sería ideal para todos, pero viendo cómo están las cosas, es
imposible. Si se trata de un famoso del nivel de Goodnight, su patrimonio debe
de ser considerable, así que hay algo en juego mucho mayor que el dinero que él
pueda ofrecer, por eso se lanzan como buitres.
“¿La
identidad del cliente?”
-Lo
único que se puede averiguar con la escoria de más abajo llega hasta aquí. Para
indagar más que esto, tengo que acercarme a uno de los cabecillas.
“Para
lograr eso, supongo que habrá que pagar un precio, ¿no?”
Para
formar parte de una banda y ganarse el reconocimiento de los superiores, era
obligatorio pasar por una novatada que pudiera convertirse en una debilidad en
cualquier momento. La única manera de confiar en Alexei, contratado como
mercenario, era que cumpliera a la perfección con la tarea encomendada. Sin
embargo, Chariot, a quien Alexei debía eliminar en teoría, seguía con vida...
lo que significaba que aún quedaba algo más por hacer.
Como
si hubiera acertado con su deducción, Alexei dejó escapar un suspiro apagado y
se quedó en silencio durante unos instantes. A través de la silenciosa quietud
se percibía una respiración inestable. Yuri dejó pasar varios minutos,
permitiendo que el silencio se profundizara. No obstante, a medida que este se
prolongaba, Yuri también comenzó a inquietarse.
-¿Samuel,
dijiste? Me refiero al tipo con el que se vio Goodnight.
Alexei
abrió la boca un buen rato después.
Al
mencionar el nombre de Samuel, un presentimiento nefasto se instaló en lo más
hondo de su pecho, pesándole con fuerza. Yuri conocía muy bien el significado
de aquella voz en su amigo.
Muerte.
Muerte.
Un
eco vacío y desolador, semejante a la voz de un difunto, brotó de Alexei.
-Ayudé
a limpiar el cadáver.
Apretando
los dientes, el muchacho tragó saliva con dolor. Aunque era un desconocido para
él, aquel hombre era indudablemente la persona con la que Chariot había
compartido afecto en el pasado y a la que seguía viendo hasta hace poco.
Al
enterarse de que una vida se había esfumado de forma efímera, Yuri ahogó un
suspiro apesadumbrado. Cerrando los ojos con fuerza, expresó su pesar por el
difunto de rostro desconocido. Aunque no creía que fuera precisamente una buena
persona, tampoco parecía lo suficientemente malvado como para merecer la pena
capital. Si hasta le había dejado un mensaje a Chariot advirtiéndole del
peligro para que pidiera ayuda, sin duda le quedaba algo de conciencia.
Tras
suspirar por aquella amarga noticia, el pensamiento de Yuri recayó sobre
Chariot, sintiéndose todavía más acongojado. Dadas la forma de ser de Chariot,
si llegaba a enterarse de esto, caería en una profunda desesperación. Aquel
hombre que siempre lamentaba que las despedidas fueran tristes y se entristecía
de antemano ante el inminente adiós con alguien a quien conoció por un encargo,
si llegaba a enterarse de que su anterior pareja había partido de verdad para
siempre...
-Su
estado no era del todo bueno. Joder, tuve que encargarme de recogerlo tal cual
lo habían dejado tirado en el suelo de la fábrica.
Alexei
no dio demasiados detalles, pero con solo ver lo mal que lo estaba pasando,
Yuri creía saber qué clase de escena había tenido lugar. Le compadecía a
Chariot y le daba lástima Alexei. A diferencia de él, Alexei no estaba
acostumbrado a ver tantos cadáveres. Aunque había presenciado rostros horribles
y golpeados hasta quedar irreconocibles, todos seguían con vida.
Sin
embargo, los muertos eran otra historia.
Un
cuerpo rígido, desprovisto por completo de vitalidad, transmitía al testigo una
tristeza indescriptible. Resultaba desgarrador pensar que el alma que albergaba
ya no volvería a brillar con belleza, y que aquel rostro capaz de moverse con
dinamismo y reflejar toda clase de emociones se hubiera quedado inmóvil y azulado,
conservando una sola expresión para siempre.
-Fue
una ejecución, Yuri.
Yuri
se limitó a escuchar en silencio el murmullo de Alexei. Más que decir palabras
vacías, escuchar en silencio era la forma en que ambos solían consolarse
mutuamente.
-Pero
ya me conoces, ¿no? Lo oculté en un lugar que solo yo conozco. Si encuentro el
momento oportuno para entregarlo a la policía... al menos su familia no tendrá
que pasar la eternidad buscando a un hijo desaparecido.
“...Hiciste
bien. En cuanto regrese, lo haremos juntos. Me aseguraré de que no tengas que
pasar por algo así tú solo.”
Al
consolar a Alexei con serenidad, la respiración de su amigo comenzó a calmarse
poco a poco. De algún modo, podía imaginarse la expresión de Alexei: con el
ceño fruncido mientras masticaba un cigarrillo con rabia.
-De
acuerdo.
Y
tras refunfuñar, se relajaría aliviado de contar con su apoyo.
Imaginando
la reacción de su viejo amigo, Yuri le concedió un poco más de tiempo para
tranquilizarse. Aunque había presenciado toda clase de inmundicias y cometido
tareas desagradables, a Alexei siempre le dolía el corazón con este tipo de
cosas. Aunque jamás lo demostraba por fuera, era una buena persona que sufría
siguiendo su propia conciencia y experimentaba un profundo remordimiento.
Mientras
esperaba a que Alexei se calmara, la luz de la habitación de Chariot se
encendió de repente al otro lado de la ventana. Observando a través de las
cortinas, donde se perfilaba la silueta de Chariot, Yuri frunció levemente el
ceño. Creía que estaba durmiendo profundamente por el cansancio, así que
despertarse a estas alturas le parecía extraño. ¿Acaso habría tenido una
pesadilla?
El
motivo por el cual Chariot se había levantado le preocupaba, por- lo que pensó
que ya era hora de ir terminando la llamada. Así evitaría también el riesgo de
que Chariot apareciera de repente al notar su ausencia y escuchara por
accidente la conversación. Mientras escuchaba a Alexei, aprovechó para
plantearle con cautela una duda que le venía rondando la cabeza.
“es
extraño. Al fin y al cabo, se trataba del amante del jefe de la sucursal, ¿y
resulta ser una ejecución? ¿Acaso la llevó a cabo el propio jefe?”
Entonces
recibió una respuesta que no esperaba para nada.
-Porque
no era su amante.
“¿Qué?”
-Samuel
era alguien contratado. Por el contexto, es seguro. Samuel comenzó a dejarse
ver cerca del jefe de la sucursal justo en la época en que Goodnight dijo que
lo había conocido, y hasta entonces ninguno de los subordinados había visto
jamás al jefe rodeado de Samuel.
“No
le encuentro sentido a eliminar de esa manera a alguien a quien has
contratado.”
-Supongo
que eso también tendré que averiguarlo yo.
La
silueta de Chariot deambuló por el interior de la habitación antes de
desaparecer al instante. Al notar que la luz del área de la sala se volvía
mucho más intensa, dedujo que probablemente había salido hacia la cocina.
Intentando poner orden en su mente revuelta, Yuri le advirtió a Alexei:
“Alyosha,
si la situación ha llegado al punto de que tú tengas que hacer ese tipo de
cosas, esto ya supera lo que podemos resolver por nuestra cuenta. Incluso si
pudiéramos, volveríamos a estar en el mismo peligro de antes.”
Aunque
Chariot, quien había realizado el encargo, por supuesto no lo sabía, las
personas que lo perseguían tenían propósitos mucho más sucios y peligrosos de
lo que imaginaba. Mantener esta conversación con Alexei le devolvía por un
instante la sensación de haber regresado al mundo del que se había alejado.
No
obstante, Alexei ya no pertenecía a ese entorno. Yuri deseaba que se retirara
de una vez por todas.
“Por
el bien de Valeri, no sigas escarbando más allá de esto. Lo que has descubierto
hasta ahora es información suficiente; deja el resto en manos de los
profesionales que Chariot pueda contratar. Ya no estás solo.”
Alexei
tenía a un hombre que lo amaba más que a su propia vida, y Alexei se había
entregado en cuerpo y alma a esa persona, sobreviviendo con tenacidad. No
quería que Alexei volviera a adentrarse en aquel pantano del que tanto le había
costado salir.
-¿Y
tú qué?
“¿A
qué te refieres?”
-Si
yo lo dejo, ¿acaso tú también lo dejarás y volverás de inmediato? Me estás
ayudando simplemente porque sí, pero no era porque quisieras meterte en esto.
En
ese preciso instante, la luz de la habitación de Yuri se encendió. Al ver la
sombra de Chariot asomándose con timidez a través de la puerta de su alcoba,
Yuri guardó silencio. Comprobar de primera mano que lo estaba buscando con
tanta certeza le hizo ver que abandonar el encargo en ese momento era inviable.
No podía irse a ninguna parte dejando a ese chico solo.
“Los
guardaespaldas de Chariot todavía no han llegado.”
-Entonces
yo también seguiré. Si de peligro se trata, eres tú quien está con Chariot, no
yo. Así que no pienso detener hasta que regreses a Vancouver.
“...Prioriza
tu seguridad ante todo, Alyosha.”
-Entendido.
"¿Se
habló de la ubicación de Chariot?"
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-Aún
no. Como perdieron tu rastro desde que entraste en la autopista, parece que
solo han dado órdenes a las sucursales de todo Canadá. Menos mal que nuestro
cliente no ha mostrado su rostro imprudentemente como en el hotel. Internet
también ha estado limpio de avistamientos desde entonces.
Alexei
susurró en voz baja:
-Pero
ten cuidado. Por alguna razón no tengo buena espina.
El
instinto de Alexei era de los que no fallan, así que Yuri asintió.
“Entendido.
Ya cuelgo.”
-Hablo
en serio, Yuri. Cuídate.
“Tú
igual.”
-Tengo
mal presentimiento. Pero seguir diciendo esto da mala suerte, así que lo dejaré
aquí. En fin, no bajes la guardia bajo ningún concepto.
Le
resultaba extraño que Alexei, alguien que solía sonreír incluso en las
situaciones más extremas, le repitiera tantas veces algo así. Pensando en cómo
tranquilizar a un Alexei que hablaba en un susurro grave y serio, a Yuri no le
quedó más remedio que responderle con un asentimiento.
Porque
las desgracias no se evitan simplemente teniendo cuidado.
Tras
una advertencia más, la llamada terminó. Cuando la voz de Alexei se desvaneció,
Yuri quedó envuelto en la oscuridad teñida de negro. El ambiente era
escalofriantemente silencioso y, al no haber farolas, todo a su alrededor era
una boca de lobo.
Tiene
la sensación de haber vuelto a su lugar de origen.
Aunque
es verdad que siempre había actuado con cautela mientras protegía a Chariot,
todas las horas compartidas con él habían sido tan disparatadas y alegres que
hasta entonces le había dado la impresión de estar de vacaciones. Al mirar a
Chariot, no había lugar para que la tristeza se instalara. Como una escultura
tallada con afecto y amor, Chariot hacía sonreír a quienes estaban a su lado.
Incluso a alguien como Yuri.
Sin
embargo, a partir del momento en que escuchó la noticia de la muerte de Samuel,
Yuri recordó de nuevo cómo era en realidad el mundo al que pertenecía. Al
escuchar algo que habría destruido a Chariot por el impacto, Yuri no tembló de
miedo. Simplemente sintió pesar y lástima. Ya llevaba demasiado tiempo
habitando en un mundo donde era normal recibir noticias de ese tipo sin cesar.
Una
vez que se despida de Chariot, solo le volverán a quedar esta clase de
sentimientos.
A
pesar de que todavía les quedaban algunos días más juntos, Yuri imaginó la soledad
que volvería a experimentar una vez que Chariot desapareciera. Al hacerlo, una
desesperación insoportable brotó de su interior.
Al
rememorar la monotonía de unos días repetidos sin fin, experimentó la sensación
de que una arena reseca se le metía en la boca. Esos días que hasta entonces
había considerado una vida más o menos aceptable, tras conocer a Chariot, se le
antojaban ahora como una celda carcelaria cubierta de moho.
“¿Wolfie?”
Quien
lo sacó de su hundimiento en una depresión asfixiante fue la voz que lo llamó.
Al levantar la cabeza con un sobresalto, vio a Chariot asomándose por la puerta
de la cabaña y mirando hacia allí. Del otro lado de la puerta abierta brotaba
con suavidad una luz anaranjada. Como la llama de una vela que ilumina la oscuridad,
un resplandor pequeño pero nítido capturó la mirada de Yuri. Chariot se acercó
hacia él, que lo miraba como si estuviera embelesado.
“¿Qué
haces de pie afuera? ¿Pasa algo?”
Chariot
se fue aproximando cada vez más hasta plantarse de inmediato frente a Yuri. Al
contemplar de cerca al joven —con los talones de las zapatillas pisados, una
camiseta blanca de manga corta fina y unos pantalones azul marino de perneras
anchas—, la oscuridad que lo atormentaba retrocedió como si la hubieran
ahuyentado. En el preciso instante en que Chariot se paró enfrente, el
penetrante aroma de sus feromonas golpeó con fuerza a Yuri, haciéndole por fin
reaccionar y parpadear.
No debes hablarle de Samuel.
Incluso
si para Chariot era una persona importante, ahora no era el momento. Si llegaba
a enterarse de semejante realidad mientras huía, lo único que conseguiría sería
llenarlo de inquietud.
“Solo
estaba revisando los alrededores. ¿Por qué te despertaste?”
“Ah,
eso es….”
Chariot
dejó la frase en el aire con una expresión apenada. Parpadeando de forma
inquieta con sus pestañas bien formadas y desviando la mirada de un lado a
otro, preguntó en voz baja:
“¿Tienes
por casualidad pastillas para la gripe?”
“…¿Pastillas
para la gripe?”
Yuri
frunció el ceño ante la pregunta imprevista. Al ver su rostro, Chariot dejó
escapar un leve gemido de «m-mm» mientras se frotaba los labios.
“La
verdad es que desde que salí de nadar he tenido fiebre.”
Chariot
se apretaba y soltaba los labios repetidamente con el pulgar y el índice. Al
escuchar su voz tímida, aquello parecía ser un hábito inconsciente que le salía
cuando se sentía avergonzado. Mientras contemplaba tranquilamente cómo sus
labios, de por sí rojizos, se tornaban todavía más encendidos, Yuri desvió la
mirada con lentitud. Su vista fue a parar por un instante a un lugar indebido.
“No
te lo dije porque pensé que me regañarías por haber nadado tanto tiempo… pero
siento que la fiebre sigue subiendo.”
“Ya
veo.”
Aunque
ignoraba qué le había llevado a sacar esa conclusión, Yuri no tenía la menor
intención de regañarlo. Al contrario, la fuerte preocupación por saber hasta
qué punto era grave la fiebre se apoderó de él con tanta fuerza que terminó
estirando la mano. Al apoyar con cuidado el dorso de la mano en la frente de
Chariot, que se mantenía quieto y obediente, percibió un calor ardiente. La
situación no era normal.
“¿Has
estado así desde la tarde?”
Al
principio, Chariot se había encogido un poco cuando Yuri le puso el dorso de la
mano en la frente, pero al parecer la agradable temperatura fresca le gustó, ya
que al poco rato comenzó a frotar ligeramente su frente contra la mano mientras
respondía:
“Sí.”
Aquella
actitud semejante a la de un niño pidiendo mimo dejó a Yuri sin palabras por un
instante. Jamás le habían enseñado de qué manera debía tratar a alguien que se
comportaba de un modo tan adorable.
“Aunque
te hubiera regañado, creo que lo mejor para ambos habría sido avisar antes.
Tienes una fiebre considerable, Chariot.”
“Eso
es verdad, pero….”
Chariot
levantó un poco la cabeza sin dejar de frotar la frente. A causa de ese
movimiento, el dorso de la mano de Yuri rozó el puente de su nariz hacia abajo,
y Chariot aprovechó la ocasión para sujetar la muñeca de Yuri y empezar a
frotarse la mejilla contra ella.
“Yuri,
está tan fresco que se siente… muy bien.”
¿Sería
porque llevaban más de medio día sin tocarse? A pesar de tratarse de una
conducta de lo más caprichosa, no logró enfadarse. Mientras dejaba que lo
hiciera sin oponer resistencia, las acciones de Chariot se volvieron cada vez
más insinuantes.
Como
si no le bastara con apoyar la mejilla en la mano de Yuri imitando a un gato,
sus labios acabaron rozando la piel. Al notar una temperatura corporal
muchísimo más abrasiva que la de la frente y ver que Yuri movía los dedos con
un sobresalto, la fuerza con la que Chariot le sujetaba la muñeca se
intensificó de golpe. Aquel arrebato propio de una bestia que lo atrapaba para
impedirle huir hizo que a Yuri se le helara la espalda.
“Tú….”
Se
lo temía.
“Te
ha llegado el rut.”
Las
feromonas de Chariot se habían vuelto densas de una manera descarada. Siendo él
mismo un alfa, era imposible que no reconociera el olor de un alfa en pleno
periodo de celo.
Cuanto
más atractivo y poderoso era un alfa, más intensas resultaban sus feromonas,
las cuales cumplían la función de ahuyentar a los alfas intrusos y seducir a
los omegas. Las feromonas de Chariot eran tan espesas que hasta le escocía la
piel en la superficie.
Aunque
le había estado rondando la cabeza desde por la mañana, jamás se le ocurrió que
el rut pudiera presentarse, dado que había tomado inhibidores. Además,
resultaba incomprensible su propio estado al no haberse dado cuenta hasta
ahora, a pesar de que el celo de Chariot ya había comenzado. ¿Cómo era posible
que hubiera estado a su lado durante toda la tarde sin percatarse de algo tan
evidente?
Sin
embargo, no sentía ningún tipo de rechazo.
¿Sería
porque Chariot era alguien que en el pasado ya se había relacionado con otros
alfas? A pesar de tratarse de feromonas de un alfa que reclamaba su territorio,
no experimentaba ninguna clase de animadversión. De tratarse de un rut
cualquiera, el olor del contrario debería resultarle tan repulsivo como para
provocarle náuseas.
“¿Eh…?”
Ante
el comentario de que le había llegado el rut, Chariot lo contempló con los ojos
medio nublados. En el instante en que vio esos ojos verdes ligeramente
desenfocados, una sensación turbia le recorrió la nuca. Sintiéndose como si
hubiera presenciado una escena clandestina, Yuri desvió la mirada y dijo:
“Eso
que tienes ahora es fiebre de celo. Una vez que el rut se desata, tu cuerpo no
deja de arder hasta que logres aplacarlo. Se nota que jamás has dejado pasar un
rut sin aliviarlo.”
Las
pupilas de Chariot parpadeaban con lentitud, apagándose y encendéndose a ratos,
hasta que por fin recuperaron el aspecto habitual. Exhalando respiraciones
cargadas de agitación, respondió como si de verdad no tuviera ni idea:
“¿Esto
va a seguir así?”
“Así
es.”
“Pero
si me siento fatal….”
“Pronto
te sentirás peor.”
Al
principio, la fiebre de celo se manifiesta de forma parecida a un malestar
corporal provocado por la temperatura alta, pero en lugar de provocar sensación
de frío, hace sufrir al cuerpo con una sed abrasadora y un calor sofocante. La
racionalidad propia de un ser humano desaparece para dejar paso únicamente a un
deseo intenso, dominado por la certeza de que uno perderá la cabeza si no
satisface esa urgencia de inmediato. Aliviarlo mediante la masturbación sirve
tan solo por un instante; lo único que perdura es un instinto primario y
violento, semejante al de una bestia en plena época de apareamiento, que desea
cometer cualquier locura con tal de saciar esa necesidad.
El
rut de un alfa resultaba incomparablemente más peligroso que el ciclo de celo
de un omega, por lo que se establecía como norma general tomar por cuenta
propia los inhibidores o evitar salir al exterior en esas fechas con el fin de
impedir que, al perder el juicio, se cometieran actos indebidos. Estaba
estipulado por ley sin importar el país, y de no ser así, se había convertido
de todos modos en una norma social establecida. De eso hacía mucho tiempo, en
eras bárbaras, pero en la actualidad la gran mayoría de los estados regulaban
el rut de forma estricta.
Yuri
no quería gastar dinero en comprar inhibidores innecesariamente, así que solía
buscar un omega con el que coincidiera el ciclo, o bien se encerraba en casa y
aguantaba por su cuenta. Incluso Ígor, que exprimía a la gente hasta la médula,
le ordenaba cumplir estrictamente con los plazos del rut antes de volver. Un
alfa cegado por el deseo sexual era propenso a cometer errores, y tener a un
sujeto así en el terreno no aportaba ninguna ventaja.
Aun
así, gracias a esta experiencia, Yuri sabía muy bien cuán dolorosa y miserable
podía volver la fiebre de celo a una persona. Aunque el joven apuesto que tenía
delante parecía no tener la menor idea de lo que era.
“Pero
si tomé inhibidores.”
“Tal
vez los compraste mal.”
“No
puede ser. ¿Acaso no le pregunté al farmacéutico antes de comprarlos?”
Mientras
observaba en silencio a Chariot, que protestaba con una voz cargada de
injusticia, este pareció querer dar explicaciones y guio a Yuri hacia el
interior de la casa. Yuri, que no había soltado la muñeca que llevaba un buen
rato fuertemente apresada, pensó de camino a casa que tal vez aquello era
precisamente lo que había deseado desde un principio.
No
le desagradaba en absoluto. Con todo y lo caprichoso y maleducado que se
comportaba.
Una
vez dentro de la casa, Chariot corrió a la cocina y comenzó a rebuscar en los
armarios. Siguiéndolo con calma, Yuri cerró la puerta principal en sustitución
de Chariot, quien de nuevo había olvidado echar la llave.
Mientras
escuchaba el chasquido seco del cerrojo al encajar y cerrar, repasó mentalmente
la conversación que había tenido con Alexei. Aunque era improbable que alguien
destrozara la puerta y entrara en ese mismo instante, se preguntó con serenidad
de qué era capaz si una situación así se presentaba dentro de poco.
Chariot
había acudido en busca de un "mercenario bondadoso" porque quería que
la menor cantidad posible de personas saliera lastimada. Sin embargo, el método
de protección que anhelaba no era más que una ilusión idealista. La
circunstancia en la que se encontraba iba mucho más allá de distinguir quién
tenía razón; no existían más opciones que matar o ser asesinado.
Un
ser humano dispuesto a matar a otros por sus propios intereses no cambia. Yuri
había aprendido a través de numerosas vivencias que, incluso si fingen
retroceder al verse en desventaja, al final terminan clavándote un puñal por la
espalda. Cuantas más cicatrices se acumulaban en su cuerpo, mayores eran las
lecciones que aprendía sin haberlas buscado.
Aun
así, lo importante supongo que sería acatar la voluntad de Chariot. Combatir
priorizando mantenerlos con vida requería muchísimo esfuerzo y existía la
posibilidad de que hasta el propio Chariot saliera herido, pero si eso lograba
tranquilizar el corazón de Chariot...
“¿Ves,
Yuri? ¿No dice claramente aquí que es un inhibidor?”
Zarandeando
la caja que acababa de hallar para que la viera, Chariot lo miró con fijeza. Al
contemplar de cerca las blancas mejillas del joven, ligeramente enrojecidas por
el calor, Yuri desvió la mirada con lentitud para examinar el envase del
medicamento. El número de farmacéuticas dedicadas a la producción de
inhibidores era limitado, y aquel que Chariot había comprado pertenecía a una
de ellas.
Tras
proferir un leve sonido ronco, Yuri cruzó la sala de estar y se encaminó hacia
la cocina. Incapaz de modular sus feromonas como alguien entrenado, Chariot las
esparcía libremente a su alrededor.
Avanzando
paso a paso entre un denso vapor de feromonas que flotaba de forma translúcida,
el cuerpo de Yuri comenzó a tensarse de manera gradual. La sensación era
idéntica a la de aproximarse a un león en reposo. Aunque sabía perfectamente
que aquel hombre de rasgos hermosos e inocentes jamás le haría daño alguno, la
poderosa presión propia de un alfa inmerso en el rut lo envolvió por completo.
No, más que una simple presión...
Despertó
de forma paralela un impulso extraño y desconcertante.
Al
fin, tras detenerse frente a Chariot, situado junto al fregadero al otro lado
de la barra americana, Yuri se colocó deliberadamente en el extremo opuesto.
Guiado por el instinto de que cualquier mínima cercanía desencadenaría algo
peligroso, mantuvo una distancia prudencial.
Al
verlo llegar, Chariot le tendió el fármaco. Pese a que él no poseía
conocimientos de farmacia y examinar aquello no serviría de nada, la mirada de
Chariot reflejaba una fe absoluta en que Yuri lo solucionaría todo.
En
el instante en que Yuri se disponía a aferrar la caja, sus dedos rozaron por
accidente los de Chariot. Al acariciar la superficie lisa y redondeada de una
de sus uñas, la expresión de absoluta inocencia que adornaba el rostro de
Chariot se transformó de inmediato. La pupila situada en el centro de sus ojos
verdes se contrajo hasta volverse un punto oscuro, y sobre su pálido semblante,
mientras contemplaba a Yuri con fijeza, afloró con la intensidad del fuego un
deseo inocultable. Al presenciarlo, tuvo la impresión de haber retrocedido a
aquella tarde junto al lago, donde ambos habían perdido la razón anhelándose
mutuamente.
Atrapado
por aquella mirada fija como si estuviera adherida con pegamento, Yuri sintió la
boca completamente seca. ¿Acaso el mero contacto visual podía resultar tan
penetrante y lascivo? Con tan solo sostenerle la mirada, la saliva le faltaba
en la garganta y un calor intenso le abrasaba el vientre. Paralizado por la
tensión de cada exhalación, vio cómo Chariot inclinaba lentamente el torso
hacia adelante.
Al
ser un hombre que le superaba por más de medio cuerpo y contar con un torso
igual de ancho y prolongado, a Chariot le bastó con desplazar ligeramente su
centro de gravedad para alcanzar a Yuri sin esfuerzo. El ancho de la barra
americana apenas equivalía a la superficie necesaria para dos platos, y con la
inclinación del joven la distancia se redujo tanto que un roce de labios habría
resultado de lo más natural.
Como
una bestia acechando a su presa, Chariot aproximó el rostro con esmero
inclinando ligeramente la cabeza. Sus largas y curvadas pestañas doradas
parpadeaban mientras recorrían de manera descarada los labios de Yuri.
Contemplando aquel par de ojos verdes en movimiento, este aferró con fuerza la
caja de pastillas.
Debo
apartarlo...
Aquel
pensamiento surgió en su mente para desvanecerse al instante como una burbuja
de jabón. El mínimo límite que se había empeñado en preservar como una línea de
defensa ya carecía de todo sentido. Si Chariot lo deseaba, podía abalanzarse
sobre él en cualquier momento tal como lo estaba haciendo, y Yuri era incapaz
de impedirlo.
“Lo...
siento.”
Justo
en el instante en que el pálido presentimiento de un inminente desastre cruzó
su cabeza, Chariot susurró con la voz completamente ronca. Tras exhalar un suspiro
largo y frustrado, sacudió la cabeza y dio un paso atrás.
“Mierda.
Parece que es el rut de verdad.”
Mientras
se revolvía los cabellos con desesperación y murmuraba maldiciones, Chariot se
apartó a toda prisa de Yuri. A continuación, comenzó a deambular con
desconcierto frente a la mesa del comedor con los ojos cerrados.
“¿Cómo
se atreven a vender como inhibidor algo que no surte ningún efecto? Debería
demandarlos.”
Tras
observar en silencio cómo Chariot intentaba aferrarse a lo último que le
quedaba de cordura, Yuri movió por fin su cuerpo rígido y abrió la caja de
medicamentos. Extrajo el folleto del interior y, recorriendo con el dedo las
instrucciones de uso y los efectos secundarios, localizó la advertencia
impresa:
Comenzar
la toma siete días antes de que inicie el ciclo. Iniciar la ingesta justo antes
de este puede provocar efectos secundarios.
En
otras palabras... esto significaba que el fármaco adquirido por Chariot era un
medicamento empleado para inhibir el rut de forma periódica y a largo plazo.
Aunque se trataba de un inhibidor, no correspondía en absoluto a la situación
actual de Chariot.
A
pesar de haber cometido un error tan evidente, Yuri no sintió que el joven
fuera un insensato o un descuidado; su actitud aturdida y desorientada le
inspiraba una profunda compasión. Era completamente normal que se hubiera
confundido si jamás había tenido que superar un celo recurriendo a inhibidores.
Aunque bien es cierto que existía la opción de haberlo consultado en internet
previamente...
“Supongo
que ya no sirve de nada una vez que ha empezado, ¿verdad?”
Acercándose
de nuevo de forma repentina, Chariot le hizo la pregunta. Yuri deslizó
ligeramente el folleto hacia abajo, cruzó la mirada con él y asintió con la
cabeza.
“Así
es.”
“Entonces...
¿tengo que seguir soportando este dolor?”
“Enseguida
te sentirás mucho peor.”
Yuri
le respondió basándose en su propia experiencia, y el rostro de Chariot
palideció de manera lastimosa. La fiebre de celo constituía un tormento
originado en el interior, por lo que difería radicalmente de saber soportar una
lesión física; para alguien carente de tolerancia como Chariot, se trataba sin
duda de una prueba extremadamente dura.
Y,
al menos en lo referente a esta circunstancia particular, Yuri carecía de
cualquier medio para ayudarlo.
Según
sus conocimientos, el rut solo se aplacaba al compartirlo con un omega.
Únicamente cuando distintas feromonas se entrelazaban para suplir las carencias
y neutralizarse mutuamente, el organismo lograba apaciguar su cometido. Por esa
razón, a Yuri le había parecido siempre absurdo que sujetos de la misma
naturaleza mantuvieran relaciones afectivas. Nacer como alfa u omega con tales
naturalezas convertía la época de celo en una maldición que se repetía sin
pausa hasta la llegada de la vejez, momento en el que cesaban las funciones
reproductivas.
Yuri
deseaba que Chariot no sufriera. Habría sido ideal que los inhibidores
surtieran efecto, pero esa opción ya había quedado atrás, de modo que solo
restaba una alternativa.
Me pareció ver su bolso por esta zona.
Yuri
giró el rostro para inspeccionar el área del sofá en la sala. Recordaba
perfectamente haber visto a Chariot arrojar su equipaje por los alrededores del
sofá al regresar a la casa. Tal como había supuesto, la bolsa yacía
desparramada en el suelo.
Decidido
a dejar en paz momentáneamente a un desconcertado Chariot, Yuri se encaminó
hacia la sala. Pudo percatarse de que Chariot, que merodeaba por la cocina como
un muchacho distraído, detenía sus movimientos para observarlo. Sin prestar
atención a la mirada clavada en su espalda, se acercó al sofá, se inclinó y
tomó el bolso de Chariot.
Estaba
seguro de haber metido dentro el portavasos con el número telefónico del
barista.
“¡Yuri,
espera!”
Sin
embargo, en el instante en que Yuri aferró la bolsa, Chariot se le acercó de un
salto y sujetó el extremo contrario. Ambos terminaron tirando de los laterales
del bolso deportivo, cuya abertura semihundida y con los cordones flojos
mostraba parcialmente su interior.
“¿Por
qué diablos vas a revisar mi bolso?”
“Tengo
que buscar algo.”
“Entonces
tendrías que habérmelo dicho. ¿Qué estás buscando?”
Temeroso
de que hubiera en el interior algo prohibido a los ojos ajenos, Chariot
continuó estirando del bolso con semblante tenso. Dicho forcejeo ensanchó aún
más la boca de la bolsa deportiva.
“El
omega que vi por la mañana.”
“...¿Qué
dijiste?”
El
rostro de Chariot se volvió feroz. Las suaves esquinas de sus ojos se elevaron
y sus cejas de color castaño rojizo se torcieron con molestia.
“¿Acaso
estabas buscando ese portavasos?”
“Sí.”
“¿No
decías que no te interesaba?”
“Así
es. Pero no por mí, sino por ti.”
Incluso
cuando Yuri no continuó dando explicaciones, Chariot pareció comprender lo que
significaban sus palabras. El ceño fruncido se endureció hasta volverse
amenazante, y luego, con la expresión completamente borrada, Chariot arrebató
la bolsa con fuerza y dijo:
“Quítate
esa idea de la cabeza. La persona que quiero no es ese omega.”
Ligeramente
asustado por las feromonas que se alzaron amenazantes debido a la ira, Yuri
soltó la bolsa, y dentro de ella, al agitarse en el aire, resonó el sonido
sordo de algo pesado cayendo al suelo. Al girar la mirada por reflejo hacia el
origen del sonido, vio un libro.
El libro que había caído de manera recta sobre el suelo se
titulaba 《Anna
Karénina》. Yuri, quien ciertamente no recordaba haber
visto a Chariot meter un libro así cuando salieron de casa, lo contempló
desconcertado, y en ese momento Chariot soltó un largo suspiro.
“No
me sale nada bien.”
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Murmurando
con voz apenada, Chariot arrojó de cualquier manera la bolsa que había estado
intentando arrebatarle sobre el sofá, y luego agachó la cintura para extender
el brazo hacia el libro en el suelo. Tomando con cuidado el lomo del libro con
sus largos dedos, Chariot enderezó su postura, lo giró hacia adelante y hacia
atrás, y luego, al ver a Yuri detenido sin entender qué ocurría, le tendió el
libro.
“Tómalo.
Es tuyo.”
Esta
vez, Yuri lo miró con ojos de incredulidad y preguntó de vuelta:
“…¿Qué?”
“Quería
dártelo antes en el lago, pero como caíste al agua... No, no es que te esté
echando la culpa. No se dio la oportunidad de dártelo después y lo había estado
guardando, pero... en fin.”
Como
Yuri se quedó completamente estático sin siquiera pensar en recibirlo, Chariot
le tendió el libro una vez más.
“Parecía
que te gustaba leer... así que lo compré para dártelo. En el café al que fuimos
por la tarde también venden libros.”
Las
oscuras y densas cejas de Yuri se torcieron en ese instante. Un impacto punzante,
como si hubiera recibido un golpe fuerte en la nuca, se propagó y dejó su mente
completamente en blanco. Jamás se habría imaginado algo así. Algo que ni
siquiera había recibido de Alexei o de su padre, quienes sabían que él leía,
“¿Lo
aceptarías? Si no te disgusta.”
jamás
pensó que lo recibiría de este hombre.
“Elegí
el libro basándome en lo que a mí me gusta. Como estabas leyendo a Tolstói...
La historia es un poco larga y aburrida, pero a mí hasta eso me agrada. Espera.
No habrás leído ya este libro, ¿verdad?”
De
repente se le cerró la garganta, por lo que Yuri no pudo emitir ninguna
respuesta. Al prolongarse su silencio, el libro que Chariot sostenía tembló
levemente. El hombre estaba nervioso. Teniendo un rostro tan hermoso, temblaba
como un novato que solicita una cita por primera vez.
Mirando
aquellos ojos verdes que contemplaban el libro con súplica mientras mantenía
los labios apretados, Yuri extendió lentamente la mano. Con el rostro abatido,
la expresión de Chariot se volvió sumamente seria, como si no quisiera perderse
ni un solo movimiento de él. Sin sonreír y más prudente, Chariot era más
hermoso que nunca. Sus cejas de color castaño rojizo, que parecían haber sido
plantadas una a una dando forma, destacaban, y el puente recto de su nariz y
sus elegantes fosas nasales proyectaban una sombra tenue sobre sus mejillas que
le daba un aire de escultura.
Sin
embargo, una escultura no lo haría sentirse tan feliz de esta manera. Solo el
Chariot vivo era el que insuflaba vitalidad en el corazón de Yuri.
Con
la sensación de estar viviendo un sueño, Yuri recibió el libro que Chariot le
extendía. Al sentir el peso denso en la palma de su mano, la realidad comenzó a
hacerse presente por fin. Prestando atención a la mirada de Chariot que no se
apartaba de él, Yuri sostuvo la parte trasera del libro como si tratara algo
preciado y luego abrió lentamente la primera página. Al pasar la rígida portada
y desplegar la primera hoja, apareció la siguiente oración:
Todas
las familias felices se parecen; cada familia infeliz es infeliz a su manera.
…Ah.
Cuando
Yuri se vio obligado a acompañar a Chariot y escuchó la historia sobre su
guardaespaldas, había recordado esta oración. Una frase que había escuchado en
alguna parte pero cuyo origen desconocía, y que Yuri solía rumiar de vez en
cuando para no volverse miserable mientras atravesaba la vida. Pensando que no
era el único que llevaba una vida así, y que en el mundo debía haber
incontables familias infelices.
Sin
embargo, aquella frase que creía una historia transmitida como un refrán
resultó ser una frase sacada de un libro.
Le
pareció increíble.
Y
también sintió escalofríos.
Resultaba
incomprensible que la línea que había atravesado toda la vida de Yuri fuera
encontrada precisamente en ese lugar, y que hubiera sido Chariot quien se la
enseñara.
Tampoco
podía creer que hubiera recordado que él leía y se hubiera tomado la molestia
de ir a un café con librería, ni que adoptara esa apariencia de novato nervioso
tras haber fallado al buscar una oportunidad para entregárselo.
Como
el ángel que apareció de repente un día en la casa del zapatero Semión, jamás
llegó a pensar que una luz llamada Chariot aparecería en su propia vida, donde
ni siquiera había una lámpara.
“¿No
te gusta? Aunque el final de ese libro no es gran cosa, aun así lo
suficientemente...”
El
hombre que solía decir que podía seducir a quien quisiera con solo desearlo,
estaba sumamente nervioso por el simple hecho de regalar un libro y continuaba
haciendo preguntas sin parar. Acariciando con cuidado el libro, Yuri exhaló
lentamente el aire, levantó la cabeza y cruzó su mirada con la de Chariot.
“No
lo he leído.”
Como
esta sensación era completamente nueva, Yuri no sabía qué expresión estaba
poniendo. No obstante, sabía muy bien que su rostro lucía indudablemente
distinto al de costumbre. Aunque era una noche teñida de oscuridad, sintió que
los globos oculares le escocían y los ojos se le encogían ligeramente. La
tensión en su boca fuertemente cerrada se relajó y las comisuras de sus labios
se elevaron por sí solas.
“Gracias.
Me gusta mucho.”
Susurró
Yuri con sinceridad. La curva formada en sus comisuras se acentuó un poco más y
se formaron suaves arrugas alrededor de sus ojos. En sus antes tranquilas
pupilas azules brotaron destellos y sus espesas cejas negras se curvaron
hermosamente.
Su
rostro cambió como un lago que brilla bajo la luz de la luna en una noche
silenciosa.
Yuri
cerró suavemente la tapa del libro como alguien que manipula un objeto de suma
importancia. Temeroso de que el libro pudiera arrugarse, sus ojos, que antes
sonreían, se tornaron un poco serios. Bajando la cabeza para contemplar el
libro, acarició con la punta de los dedos el título. Sobre el título grabado en
relieve se había aplicado pintura dorada. Tras confirmar nuevamente con el
tacto que el libro en sus manos era real al frotar las letras doradas, Yuri
volvió a levantar la vista hacia Chariot y sonrió.
Agradeciéndole,
Los
labios de su boca que se disponían a proferir un agradecimiento que jamás sería
suficiente...
“Maldita
sea, Yuri.”
fueron
devorados por Chariot.
“Estaba
decidido a aguantar. Había tratado de resistir de cualquier modo.”
Palabras
incomprensibles resonaron cerca de su oído. Una sombra proyectada como una
tormenta cubrió por completo a Yuri y lo arrastró hacia Chariot. El hombre que
se abalanzó sobre él como el destino lo abrazó con fuerza contra su pecho.
Siguiendo a Chariot, quien inclinó la cabeza para rozar sus labios contra los
suyos, Yuri también abrió la boca.
Exhalando
al instante una respiración agitada de manera mutua, ambos comenzaron a
saborearse como si lo hubieran estado esperando. Un calor abrasador se expandió
con intensidad por todas partes, como si se hubiera desatado un incendio.
Chariot,
que empujó a Yuri haciéndolo tumbarse en el sofá, se montó sobre él. Al verlo
desde arriba mientras seguía aferrando el libro incluso tras ser empujado,
Chariot puso una expresión como si estuviera a punto de volverse loco, inclinó
su torso y volvió a besarlo. Agarrando las mejillas de Chariot, quien lo besaba
con impaciencia, Yuri también introdujo su lengua.
Ambos
sabían con absoluta precisión lo que iba a suceder después.
La
mano de Chariot se deslizó por dentro de su ropa. Como el sol derritiendo el
hielo, todas las zonas que tocaba su mano comenzaron a fundirse cálidamente.
Era
la primera vez que mezclaba sus cuerpos deseando tan intensamente a la otra
persona.
Tampoco
antes había hecho cosas como aferrarse con tanta desesperación a alguien para
besarlo, ni dejar que un extraño introdujera sus manos para quitarle la ropa.
Para un Yuri que hasta entonces solo se había dedicado a elegir el mal menor
entre lo peor y lo secundario, jamás había habido un día en el que hubiera
tomado una decisión dejándose llevar por un impulso en su interior.
Quizás
por eso todo a su alrededor le resultaba tan extraño. Aunque ya se había besado
con Chariot una vez en el lago, en lugar de sentirse familiar, su cuerpo
temblaba al punto de que le costaba incluso respirar. Había tenido relaciones
innumerables veces, pero estaba tan tenso y mareado como si estuviera
experimentando su primera vez. Tras mezclar sus lenguas, apartó un momento los
labios y exhaló una respiración agitada, momento en el cual Chariot aplicó
fuerza en el brazo que sostenía la parte baja de su espalda para volver a
acercarlo.
Los
dedos que se habían apartado brevemente de sus mejillas volvieron a envolver a
Chariot. La piel, tan suave que rozaba lo terso, le parecía tan noble que Yuri
no se atrevía a ejercer fuerza en sus manos. Temía que si llegaba a sujetarlo
con firmeza, una persona tan hermosa pudiera lastimarse, por lo que tenía
miedo.
Mientras
Yuri apenas lograba responder a los besos que se sucedían sin darle tregua, la
mano que se había introducido bajo su camiseta acarició con destreza la piel
descubierta. En el pálido abdomen de Yuri se delineaban con belleza unos firmes
músculos abdominales que creaban tenues sombras, envueltos por finas venas
azuladas y una cicatriz que se vislumbraba tenuemente sobre ellos.
Chariot
acarició con la yema de los dedos la cicatriz alargada situada en su costado
izquierdo. Una cicatriz con bordes irregulares como un papel rasgado y rellenada
con una carne de tonalidad blanquecina, diferente a la piel original de Yuri,
cuyo origen ni siquiera recordaba cuándo se la había hecho. Hacía mucho tiempo
que había dejado de calcular en qué lugar y de qué forma se había lastimado.
El
cuerpo de Yuri temblaba levemente, como si cada roce le provocara un
escalofrío. Deteniendo sus movimientos como si quisiera comprobar la reacción
de Yuri, Chariot bajó la mirada hacia su rostro. En el fondo de sus oscurecidos
ojos verdes se reflejaba nítidamente la imagen de Yuri.
“No
te hagas daño.”
Susurró
Chariot con una voz baja y ronca. Por alguna razón, aquellas palabras
parecieron desgarrarle el pecho con tanta profundidad que Yuri cerró los ojos
con fuerza de manera involuntaria. Acostumbrado desde siempre a recibir heridas
y sin importarle en absoluto el dolor, enfrentarse a la mirada cargada de
preocupación de aquel hombre hizo que de repente una emoción melancólica lo
embargara.
“No
me duele.”
Cuando
Yuri respondió con voz ronca y abrió los ojos, Chariot esbozó una suave
sonrisa, como si se sintiera aliviado. Tan frágil y hermosa resultaba aquella
sonrisa que Yuri estrechó con mayor fuerza los brazos que tenía alrededor de la
cintura del joven. La fuerza se intensificó en las manos con las que aferraba
los anchos hombros de Chariot, y entre los cuerpos de ambos ya no quedaba ni un
solo espacio libre.
Yuri
pensó que no le importaba consumirse hasta quedar reducido a cenizas si era
devorado por aquel calor abrasador. Era la salvación que, por primera vez
dentro de un mundo incierto y violento, había elegido siguiendo su propia
voluntad. Chariot, compartiendo aparentemente el mismo sentimiento, se adentró
aún más mientras volvía a unir sus labios, y el mundo de Yuri, que había
permanecido congelado, comenzó a derretirse por completo.
Desde
el momento en que el tacto rozó su cicatriz, la atención de Yuri también se
desvió hacia ese lugar. Había pensado en dejarlo pasar y fingir que no se daba
cuenta si solo lo tocaba por encima, pero Chariot continuó acariciando suavemente
la cicatriz. Al detener los besos, Yuri agarró la barbilla de Chariot, frunció
el ceño y le advirtió. Parecía que detestaba la idea de que Chariot viera una
forma que él mismo consideraba espantosa cada vez que se miraba en el espejo.
“Deja
de tocar ahí.”
Resistiendo
la fuerza con la que agarraba su barbilla, Chariot bajó la mirada para
contemplar su abdomen. Al notar que la mirada de este se posaba de forma tan
descarada sobre la cicatriz, Yuri incorporó ligeramente el torso y encogió el
vientre de modo que la cicatriz quedara lo más oculta posible. Cuando intentaba
volver a bajar la ropa para cubrirse, Chariot sujetó su brazo y lo inmovilizó
aplastándolo. Presionando con fuerza la muñeca derecha de Yuri con uno de sus
brazos, Chariot se montó sobre la parte inferior del cuerpo de Yuri como una
bestia.
“¿No
se puede tocar?”
“Así
es.”
“¿Por
qué?”
“Aunque
lo toques no siento nada, y no me gusta.”
En
el campo de visión de Yuri, que había quedado completamente tumbado sobre el
sofá, solo se veía el rostro de Chariot. Se quedó mudo por un instante al verlo
inclinado sobre él con los ojos enrojecidos por el calor. Parpadeando sus
largas pestañas mientras susurraba, Chariot lucía tan irreal como una criatura
legendaria que lo hubiera visitado en secreto, tal como había pensado desde
antes.
Aprovechando
ese breve instante, Chariot bajó la cabeza y recorrió la parte superior del
cuerpo de Yuri. Deslizando su camiseta de un solo tirón hasta por encima del
pecho con la otra mano que no estaba sujetando su muñeca, contempló con
atención la cicatriz que cubría su torso y luego inclinó la cintura. El hermoso
rostro que llenaba su campo de visión desapareció y, en su lugar, un hermoso
cabello castaño rojizo dorado se mecía suavemente ante sus ojos. Al percatarse
de ello tarde, Yuri recuperó la compostura y se retorció, pero Chariot fue más
rápido.
Como
si una pluma hubiera caído, suavemente, un trozo de carne húmedo rozó la
cicatriz de su costado. Como una bestia acariciando una herida, Chariot sacó la
lengua y lambió largamente la cicatriz blanca. Con la ilusión de que un pequeño
calor ascendía desde una zona donde los nervios estaban gravemente dañados y ya
no se podía sentir nada, Yuri torció la cintura sin poder evitarlo y dejó
escapar un leve gemido.
“Ah,
ugh, ugh...”
Un
picor se expandió por el interior de su cuerpo acompañado de una sensación
similar a un estrechamiento en la garganta. La lengua que había lamido
cariñosamente la cicatriz se desplazó lentamente hasta alcanzar los alrededores
del ombligo de Yuri. Demasiado asustado por la sensación de estar tocando una
zona tan sensible, frunció el ceño y abrió la boca. Estuvo a punto de soltar un
sonido extraño como un ahogamiento, pero logró contenerlo por poco antes de que
Chariot volviera a estimularlo.
Chariot
puso su lengua puntiaguda y la deslizó siguiendo la línea del torso que dividía
rectamente el centro del abdomen. Ante la sensación húmeda que lo recorría
barriendo la piel, Yuri agarró apresuradamente los mechones de su cabello.
Aquello era tan embarazoso que el estómago se le revolvía con ganas de vomitar,
haciéndole insoportable seguir aceptando las caricias.
“Basta,
haz... para ya y simplemente...”
¿Qué
debería hacer y cómo? Al quedarse callado ante la duda que surgió de improviso,
Chariot levantó la cabeza y cruzó miradas con él. Unas pupilas de un tono mucho
más oscuro y con las pupilas más pequeñas que antes lo contemplaban como si
quisieran devorarlo.
“Simplemente,
¿cómo quieres que te trate?”
Viendo
el estado de las feromonas que se agitaban, era indudable que Chariot estaba
excitado. La palma de la mano que presionaba su muñeca también ardía como el
fuego, y lo único que deseaba un alfa que ya había entrado en su rut era
evidente. Aunque ya lo había pensado en el lago, parecía que este hombre quería
‘poseerlo’.
“Es
la primera vez que trato con un alfa... pero si lo deseas, puedo poseerte.”
Sin
embargo, como jamás se había imaginado en una situación así, Yuri susurró de
esa manera. Aunque la complexión de Chariot era un poco más grande, a fin de
cuentas el tamaño no importaba para poseer a alguien. Pero apenas escuchó las
palabras de Yuri, Chariot volvió a bajar la cabeza. Con el cabello aún sujeto,
bajó el rostro y posó sus labios sobre los curvos músculos del pecho de Yuri.
Tras hacerlo, comenzó a lamer los pezones de Yuri, los cuales ya se habían
endurecido por el contacto con el aire exterior.
Los
ojos de Yuri se abrieron de par en par ante la extraña sensación que se
propagaba desde su pecho. Un destello de desconcierto cruzó sus pupilas azules
y, aterrorizado, sostuvo los hombros de Chariot. ¿Chuparle el pecho? Él ni
siquiera era un omega, no había forma de que pudiera sentir algo por lamerle ahí...
“Tú,
¿sabes cómo poseer a un alfa?”
No
debería sentirse nada.
“Para
hacerlo entre alfas, hay que aflojarse bien. A diferencia de los omegas, por la
parte de atrás no se humedece, así que tendrías que lamerme y tocarme hasta que
me falle la fuerza en todo el cuerpo.”
Las
manos de Yuri perdieron fuerza repentinamente. Todo se debía a Chariot, quien
extendía ampliamente su lengua para lamer con viscosidad los pezones rosados
que sobresalían en punta. Un intenso placer punzante, como si una aguja se
clavara de golpe, se descargó sobre sus pezones.
“¡Ah,
ugh…!”
La
excitación que se había calmado un momento antes debido al contacto con la
cicatriz se avivó con furia como un incendio forestal. Al escuchar el gemido de
Yuri, Chariot mordió suavemente el pezón erguido con sus dientes, luego juntó
los labios para cubrir la areola y succionó haciendo un sonido claro. La bonita
y redonda zona rosada asentada en su pecho fue completamente tragada por el
interior de la boca de Chariot.
“Ja...
ugh, ugh, jo...”
Yuri
exhalaba respiraciones temblorosas mientras repetía el gesto de doblar y
estirar los dedos con los que aferraba los hombros de Chariot. Un placer
electrizante se extendía desbocado desde sus pequeños pezones, impidiéndole por
completo mantener la compostura. Era un placer totalmente diferente al de tocar
los genitales, al punto de resultar tan extraño que daba miedo.
Era
indudablemente su propio cuerpo, pero no parecía suyo. Jamás se había imaginado
que pudiera experimentar semejante sensación en un cuerpo que había sido
manejado como una herramienta durante decenas de décadas. Al comprobar que Yuri
se había quedado mudo y rígido por el placer, Chariot trasladó sus labios al
otro pecho sin demora.
Cuando
Chariot succionó con gusto aquel pequeño y duro capullo rosado que parecía
suplicar ser tocado, la respuesta en la parte inferior del cuerpo de Yuri fue
inmediata. Un líquido transparente brotó de golpe por la punta de su pene, el
cual había permanecido firmemente erecto y descuidado debido a que nadie le
prestaba atención.
Yuri
recuperó la conciencia tardíamente al sentir algo fluir por el glande. ¿Qué
demonios estaba pasando en ese momento? En poco tiempo se estaba excitando de
una forma que jamás había experimentado antes. Abrumado por la cadena de
reacciones sucesivas, Yuri frunció los ojos con confusión. Chariot, que había estado
saboreando el pezón de Yuri como si fuera un dulce caramelo, separó los labios
y cruzó la mirada con él.
“¿Podrás
hacerlo, Wolfie?”
Sus
ojos de un verde claro se curvaron con picardía, formando una sonrisa ambigua.
Al contemplar sus labios enrojecidos tras haber estado chupando su pecho y su
rostro teñido de un profundo deseo, sintió que hasta sus propios globos
oculares se contagiaban de aquel picor. Tras observarlo con ternura, como si le
pareciera adorable un Yuri desconcertado por el extraño placer, Chariot
extendió la mano y envolvió las mejillas de Yuri. Debido al desplazamiento del
centro de gravedad, la fuerza con la que Chariot presionaba su muñeca se volvió
aún más intensa.
“A
mi parecer, creo que no podrás.”
Chariot
lucía sumamente satisfecho. Al verlo sonreír alegremente con las comisuras de
los labios curvadas hacia arriba, Yuri olvidó por completo el orgullo de
insistir en que sí podía.
“Sintiendo
todo esto con solo haberlo chupado un poco... decir esas cosas es ridículo.”
Parecía
más valioso dejar que Chariot pusiera esa cara de satisfacción antes que
mantener el orgullo respecto a su condición de alfa.
Esto
no se trataba de elegir entre lo peor y lo malo, sino de escoger entre la
segunda mejor opción y la mejor...
“Y
además, el que tiene la rut soy yo, Yuri.”
Y
lo mejor para Yuri era ver satisfecho a Chariot.
“Quiero
poseerte.”
Chariot
le había estado diciendo palabras con esa clase de insinuaciones desde el
primer momento en que lo vio. Aunque tenían una complexión física similar y él
no era un omega, era incapaz de comprender por qué lo deseaba de esa manera,
pero no le desagradaba en absoluto que siguiera pensando así incluso después de
haber visto su cuerpo espantoso y lleno de cicatrices. Su actitud le daba la
sensación de que realmente no le importaba qué tipo de persona era.
Durante
toda su vida, Yuri había creído que jamás habría nadie que lo deseara tras
conocer su verdadera identidad. Y mucho menos alguien bondadoso y corriente
como Chariot.
Sin
embargo, lo que Yuri en realidad deseaba era exactamente lo opuesto a su propia
creencia.
Anhelaba
estar al lado de alguien que, a diferencia de él, fuera una persona bondadosa y
afectuosa. Deseaba tener a su lado a alguien que le enseñara que las cosas no
comunes eran normales, alguien que no negara ni despreciara la vida que le
había tocado vivir. Pero como sabía que desear eso era una ambición demasiado
grande, no había puesto a nadie a su lado.
Habiendo
comprendido sus propios límites hacía mucho tiempo, aquel hombre había
aprendido a conformarse con cosas insignificantes y trataba de darle
significado tan solo al hecho de seguir respirando y viviendo.
Y
sin embargo, este invitado inesperado que apareció un día...
“…Eres
realmente extraño.”
...lo
había hecho comprender qué era lo que había estado deseando todo ese tiempo.
“Quién
sabe.”
Aquello
que ni su padre ni sus amigos, quienes lo habían observado durante toda su vida
a su lado, habían logrado enseñarle, se lo había hecho entender un hombre a
quien apenas conocía desde hacía pocos días. Ciertamente, Chariot no le
otorgaría ningún significado especial, y en el mejor de los casos aquello no
sería más que una aventura pasajera de pleno verano que cruzaba su vida,
pero...
“En
mi opinión, me parece más extraño alguien que no desee a una persona tan
hermosa como tú.”
Si
lograba perdurar aunque fuera como un pequeño fragmento en la vida de una
persona tan encantadora, con eso solo ya se sentiría sumamente feliz.
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La
resistencia era imposible. Chariot sabía cómo hacerlo capitular sin necesidad
de apuntarle con la pistola a la cabeza. Bastaban solo unas pocas palabras para
que Yuri se viera consumido por un fuerte anhelo de hacer aquello que este
deseaba. Aunque estaba tomando una decisión completamente irracional y que
jamás le traería ningún beneficio, no había rastro de arrepentimiento en su
corazón.
“Lo
he estado pensando desde hace rato.”
Yuri
miró de reojo el brazo que sujetaba su muñeca derecha y, alzando la vista hacia
Chariot, quien lo retenía de forma tan impertinente, dijo:
“Hablas
demasiado.”
El
cambio de postura ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Habiendo estado tumbado
y complaciéndolo de buena gana, Yuri empujó con fuerza hacia atrás los hombros
de Chariot y lo derribó de un solo golpe. Chariot, que quedó tendido con la
cabeza colgando peligrosamente al borde del sofá, lo miró parpadeando con
sorpresa. Al verse a sí mismo contemplando aquel hermoso rostro que no
terminaba de entender qué había ocurrido, una sensación de satisfacción se
apoderó de él.
Voy a hacer algo que no estaba en mis planes... pero al menos la
postura la decido yo.
Montándose
sobre Chariot, quien hasta hace un momento lo había estado oprimiendo, cargó
todo su peso y presionó la cintura de este con sus muslos para evitar que
pudiera escapar. Al comprender la situación tardíamente, en el rostro de
Chariot se asomaron un ligero disgusto, perplejidad y un intenso deseo de
conquista.
“¿Qué
es esto?”
“¿
trajiste algún tipo de lubricante?”
“No
lo traje. ¿Acaso crees que estoy tan dominado por el deseo sexual como para
pensar en tener sexo mientras huyo? Espera, por ahí no van los tiros. ¿Qué se
supone que estamos haciendo, Wolfie?”
“No
hay de otra.”
Sentado
a horcajadas sobre él, Yuri se quitó de golpe la camiseta, que se había
enrollado hasta el pecho. Tras arrojar la prenda al suelo, bajó lentamente las
manos hacia la parte inferior de su ropa y agarró el extremo rígido de la
bragueta, endurecida por su ya evidente excitación.
Al
desabrochar el botón y bajar la cremallera, el expresivo rostro de Chariot se
ensombreció. Era obvio que debía estar imaginando que aquella era la situación
que menos deseaba en el mundo.
A
partir de ese momento, tendría que meterse la enorme y tosca cosa de ese sujeto
por atrás, así que al menos recibiría como pago una cara de asombro momentánea.
“Yuri,
no quiero usar la fuerza para someterte. Lo que dije antes va en serio. No me
hagas perder la cabeza.”
Chariot
le susurró con un tono bastante serio. Su voz, profundamente reprimida y con un
matiz metálico al advertirle en silencio, parecía haber llegado a su límite.
Ciertamente, en cuanto a pura fuerza física, saldría perdiendo frente a
Chariot. Al fin y al cabo, había una diferencia de complexión, y los músculos
que Chariot había esculpido practicando hockey debían poseer una densidad
abrumadora. Si se tratara de correr para matarse las tornas serían opuestas,
pero ahora...
“Silencio.”
Con
su dedo índice, Yuri presionó con firmeza los labios rojos de Chariot, que se
movían de forma petulante, y luego introdujo los dedos índice y medio dentro de
su boca. La lengua de Chariot, que intentaba decir algo de nuevo, rozó sus
dedos. Ligeramente estremecido, Chariot lo contempló fijamente, y Yuri,
cruzando su mirada con la suya, alzó lentamente las caderas.
Una
atmósfera ambigua rozó a ambos, y Chariot comenzó a comprender poco a poco lo
que estaba sucediendo. Su lengua inmóvil humedeció con viscosidad los dos dedos
de Yuri, quien dejó escapar un suspiro de respiración más agitada por la
excitación, permitiendo tranquilamente que le lamiera los dedos.
Con
la mirada baja y como si le estuviera practicando una felación, Chariot
succionó con fuerza los dedos de Yuri. Al filtrarse un sonido húmedo desde sus
labios y propagarse al exterior, sintió una sensación insoportable. Con la otra
mano, bajó por completo sus pantalones junto con la ropa interior que llevaba
debajo, mientras presionaba con fuerza la lengua de Chariot con sus dedos antes
de retirarlos.
Llevó
lentamente sus dedos, empapados de saliva, hacia la parte trasera. Al sentir el
contacto de los dedos húmedos en esa zona posterior, que jamás había tocado
salvo al asearse, un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. Un sentimiento de
rechazo lo acompañó al mismo tiempo. Aunque una vez tomada la decisión el curso
de acción ya estaba fijado, quizás se debía a que jamás se había atrevido a
imaginar que mantendría una relación usando esa clase de partes.
“…Uff,
ah.”
Sintió
ganas de vomitar. Cerrando los ojos con fuerza y frunciendo ligeramente el
ceño, Yuri introdujo con firmeza los dedos hacia el interior sin vacilar. Al
meter el dedo índice en el interior de aquel pliegue estrechamente cerrado, el
esfínter se contrajo con fuerza intentando expulsar el dedo. Su cuerpo expresó
rechazo ante la sensación del cuerpo extraño y se tensó con rigidez, pero Yuri
hundió el dedo índice a mayor profundidad con aún más fuerza. A su forma de ser
le iba mejor resolver las cosas de un solo golpe antes que andar titubeando.
…Ah.
Las
arrugas de su entrecejo pálido se profundizaron todavía más. Era difícil
imaginar cómo demonios lograría introducir el pene de Chariot en un orificio
que se sentía tan estrecho con tan solo meter un dedo. Tratándose de un carajo
de tamaño normal uno se las apañaría para meterlo a presión de alguna forma,
pero el grosor y la longitud del de Chariot no tenían comparación con los de
nadie.
No
le quedaba otra que desgarrarse.
Sufrir
daños en los órganos internos no era el tipo de dolor al que estuviera
acostumbrado a soportar, pero dado que lo hacía por voluntad propia y no por
una imposición forzada, creyó que podría resistirlo. Yuri exhaló la respiración
que había contenido brevemente debido a la tensión e intentó relajar su cuerpo
mediante una profunda inhalación. Cuando agitó el pecho para respirar con
dificultad y se dispuso a introducir también el dedo medio, sintió de repente
un fuerte estímulo en la parte delantera.
Sorprendido,
Yuri abrió levemente los ojos y bajó la mirada para descubrir que Chariot
estaba sujetando su pene. Sin apartar la vista de Yuri en ningún momento,
Chariot envolvió el eje con la palma de la mano y comenzó a agitarlo con
lentitud. Aunque el tamaño del de Yuri también era considerable, las manos de
Chariot eran tan grandes que le era posible abarcar toda la columna por
completo.
“Sigue
haciendo lo tuyo.”
Le
ordenó Chariot en voz baja. Tras dudar un momento, Yuri cerró los labios con
fuerza y ensanchó la entrada del orificio con el dedo medio. Dos dedos eran
ciertamente abrumadores. ¿Qué demonios habrían hecho aquellos que se habían
relacionado con Chariot para lograrlo...?
“Haa...”
Mientras
abría la entrada por la fuerza, los labios de Yuri se separaron ligeramente
ante el placer que arreciaba con cada vez más intensidad desde el frente.
Chariot estaba estimulando su pene con una destreza verdaderamente experta. Con
una mano apretaba y soltaba el eje con suavidad mientras lo agitaba, como si lo
hiciera con la boca, y con la otra pulía con el pulgar la punta del glande, por
donde había empezado a brotar un líquido preseminal.
La
yema del dedo, algo áspera y dura debido a las callosidades, friccionó el meato
urinario, haciendo que una sensación electrizante se propagara a través de su
pene.
“Uff,
ha..., ugh...”
El
pene, que había decaído un instante al introducir los dedos en el orificio, se
volvió a poner completamente erecto y duro. La forma en que se estremecía
dentro de la mano de Chariot parecía la de alguien suplicando que lo tocaran.
Al verlo con los ojos medio abiertos, Yuri experimentó un sentimiento de
humillación, al tiempo que admitía que el trabajo manual que le estaba
brindando era demencialmente alucinante. Jamás había probado semejantes
caricias.
“Ah,
haa, ah.”
Los
gemidos se fueron volviendo cada vez más frecuentes y cortos. Exhalando
respiraciones bajas y ahogadas, Yuri se descubrió a sí mismo moviendo la
cintura de un lado a otro sin darse cuenta. No tenía tiempo de percatarse de
que Chariot lo miraba fijamente mientras repetía los movimientos lentos hacia
adelante y hacia atrás, tal como solía hacer al penetrar. Debido a los más de
tres años que había pasado practicando la abstinencia, Yuri reaccionaba con
extrema sensibilidad. Absorto en perseguir el placer familiar, se había
olvidado por completo de lo que estaba haciendo. Su mano se limitaba a
permanecer torpemente apoyada en su parte trasera sin cumplir el propósito
original de dilatar el orificio.
“¿Te
gusta tanto?”
“Haa...,
ha, ugh, uff...”
Asintiendo
con la cabeza en un estado de trance, Yuri se mordió con fuerza el labio
inferior. Al contemplar con satisfacción sus ojos torcidos de forma lasciva,
Chariot volvió a hablar.
“Entonces
concéntrate solo en esta sensación.”
A
causa del intenso torrente de placer, la voz de Chariot se oyó amortiguada y
resonante. Inclinando el cuello enrojecido por el calor, Yuri dejó escapar un
largo y satisfecho “mmm”. Apenas pensó que le encantaría que su mano lo
apretara con un poco más de fuerza, Chariot envolvió el eje apretándolo con
algo más de intensidad. Ah, esto... Al coincidir exactamente con el
incremento del estímulo, Yuri intuyó que el clímax estaba a la vuelta de la
esquina. Si seguía así, así, solo un poco más...
“Ha,
ugh.”
Lo
que detuvo su avance hacia el clímax fue el estímulo que sintió repentinamente
en la parte trasera. Al abrir los ojos con sobresalto, vio que Chariot había
retirado su propia muñeca tras apartarla. Había dejado de estimular su glande
y, retirando por completo los dedos que apenas rozaban la entrada, introdujo en
el interior del orificio de Yuri unos dedos que de algún modo ya había
humedecido con su propia saliva.
“¿Por
qué? Tienes que seguir agitándolo.”
Chariot
lucía con un tono de voz extrañamente irritado. Sin comprender el motivo de
semejante matiz, Yuri frunció el ceño con los ojos turbados por el calor. Al
mirarlo fijamente con unas mejillas que mostraban un rubor notablemente
superior al habitual, Chariot soltó una risa seca y fingida.
“De
verdad, sabiendo lo apuesto que eres...”
Los
dedos que se abrieron paso serpenteando hacia el interior se adentraron mucho
más hondo en comparación con cuando el propio Yuri se había hurgado. Aunque no
era exactamente que hubiera vacilado, tal vez por falta de destreza, Chariot
exploró con soltura el interior de las paredes internas que hasta entonces se
habían sentido sumamente secas, acariciando con suavidad.
“Es
difícil regañarte cuando pones esa cara.”
“¿Qué
clase de... cara?”
No
pudo terminar la frase. La sensación de compresión en sus órganos internos era
tan extraña que Yuri se quedó congelado con las cejas torcidas y la boca
abierta. Como alguien que busca algo, Chariot presionó aquí y allá dentro del
orificio. Con precisión, los dedos que tantearon en dirección al bajo vientre
de Yuri encontraron cierto punto hinchado y redondeado que quedó atrapado en la
yema.
“Se
esconde muy hondo, igual que tú.”
“O
sea, ¿qué...?”
Lo
que significaba aquello se lo demostró Chariot con sus actos. El dedo que
apenas rozaba un lugar específico presionó finalmente con la fuerza justa en
algún punto intermedio entre las vísceras y el bajo vientre.
“¡Ah,
ugh...!”
Con
una sorpresa que lo dejó sobrecogido, Yuri encorvó la cintura.
Cuando
intentó levantar las nalgas de manera involuntaria para sacar los dedos,
Chariot lo imitó. Al presionar y frotar con la fuerza justa cierta zona que
también lograba percibir en sí mismo, el pene de Yuri se puso rígido mientras
sufría un espasmo. Una sensación punzante se propagó por todo su cuerpo y un
escalofrío le recorrió hasta el cerebro. Ya no era capaz de distinguir si
aquello era placer o dolor.
“Basta,
Chari, ah, maldita sea, de-…”
—Ugh...
—Yuri cerró los ojos con fuerza y dejó escapar un gemido suplicante entre sus
dientes apretados.
Todo
se debía a que la mano que sujetaba su pene estaba agitando el eje de una forma
mucho más lasciva y suave que antes. Exhalando respiraciones agitadas y pesadas
—haa, joo—, Chariot movía las manos hacia adelante y hacia atrás
mientras lo miraba con una intensidad obsesiva.
“Haa,
ha, haa, ha... Ha, jo...”
Su
mente comenzó a nublarse. La sensación que golpeaba desde el interior hacía que
el cuerpo de Yuri se adormeciera con un cosquilleo, mientras que en la parte
delantera se expandía un placer familiar, pero mucho más intenso que cualquiera
que hubiera sentido jamás. Y a medida que el tiempo transcurría lentamente,
Yuri empezó a reconocer también como placer la sensación que se propagaba
dentro de su orificio.
El
límite se acercaba. Con una expresión levemente fruncida, Yuri tensó la
barbilla. Las embestidas de su cintura se volvieron cada vez más rápidas.
Teniendo en cuenta que no había parado de agitarlo, lo normal era que le
dolieran los brazos, pero Chariot no mostraba el menor síntoma de cansancio
mientras movía las manos con rapidez para seguirle el ritmo.
Estando
a un paso del clímax, cruzó fugazmente por la mente de Yuri el pensamiento de
que, a pesar de ser Chariot quien estaba sufriendo el rut, solo él estaba
experimentando el placer de forma tan unilateral. Sintiendo que no estaba bien
correrse primero de esa manera, intentó detenerlo por un momento, pero en ese
preciso instante los dedos de Chariot se deslizaron hacia afuera.
Con
la concentración dispersada justo antes de alcanzar el orgasmo, Yuri abrió los
ojos en busca de Chariot. En el preciso instante en que lo miró con reproche a
través de sus ojos azules bañados por el calor, preguntándose por qué le había
quitado los dedos de repente...
“Me
estaba volviendo loco de tanto aguantar, Wolfie.”
Otra
cosa rozó la entrada del orificio de donde acababan de salir los dedos. Como si
estuviera besando un diminuto orificio rosado de pliegues apretados, un glande
enorme se frotó contra él. Sorprendido por un contacto tan abrasador que no
admitía comparación con los dedos, Yuri abrió los ojos de par en par y separó
los labios. Antes de que pudiera articular palabra alguna, Chariot usó la mano
que había retirado para sujetar la cintura de Yuri y fijarla, mientras elevaba
la suya con fuerza para empujar hacia arriba.
¡Paff!
El
pene de Chariot, que parecía imposible de introducir por ningún método, se
clavó de golpe en el interior de Yuri. Los pliegues se estiraron por completo
en un instante y la entrada, que había permanecido estrechamente cerrada, se
abrió tanto como el grosor del pene. Una sensación punzante y ardiente, al
punto de hacerle creer por una fracción de segundo que se había desgarrado, se
esparció por todo el orificio. Ah, aaah, exhaló Yuri un gemido sin voz
mientras encorvaba el torso.
Ahora
mismo, adentro, o sea, atrás...
“Ugh,
Yuri, maldición, aprietas demasiado.”
El pene, la cosa de Chariot, dentro de mí...
“Ah,
siento que voy a partirme en dos. Haa, duele, Yuri.”
Había
entrado.
Incapaz
de creérselo, abrió los ojos desmesurados y bajó la mirada para comprobar que,
efectivamente, el pene de Chariot se encontraba medio introducido en su
interior. Pareciendo sumamente impaciente, Chariot apenas se había bajado los
pantalones por debajo de las cadera. Sin detenerse a pensar en terminar de
quitarse la ropa, Chariot seguía tirando de la cintura de Yuri. No había forma
de escapar, por más que quisiera.
“Si
ni siquiera ha entrado la mitad... ¿qué pretendes hacer?”
Tras
quejarse con un tono que mezclaba un fingido berrinche, Chariot empujó su
cintura hacia arriba con una fuerza tan descomunal que le cortó la respiración.
Aunque apenas había metido menos de la mitad, la sensación de que todas sus
vísceras quedaban atravesadas le dio ganas de vomitar, pero Chariot continuó
abriéndose paso hacia adentro, como queriendo demostrarle que aún faltaba un
largo trecho.
“Basta,
de-, ugh, ¡ugh...!”
Un
dolor abrasador escaló desde abajo recorriendo las paredes internas. La piel de
su abdomen se tensó con tanta rigidez que parecía a punto de estallar, haciendo
que acumulara una enorme tensión en el vientre. Pedirle que se relajara era una
exigencia excesiva. Su cuerpo, que recibía a un alfa por primera vez en su
vida, no sabía cómo reaccionar y se quedó rígidamente contracturado. Más que el
dolor, lo que le resultaba agónico era la presión interna que le impedía
respirar. El dolor, al menos, era algo que podía soportar.
“Relájate,
Yuri, despacio, expulsa el aire. Eso es. Ajá.”
Chariot
movió la otra mano que había dejado inmóvil un momento y comenzó a masajear el
pene de Yuri. El pene, que había decaído un instante por la fuerte impresión,
empezó a endurecerse de nuevo a medida que Chariot lo acariciaba. La mano que
frotaba y agitaba el eje —sch-sch— ascendió poco a poco hasta la parte
superior, apretando y soltando con la palma la corona del glande redondeado.
Tal
como había pensado antes, la habilidad de Chariot era ridículamente buena. Era
incapaz de entender cómo unas simples caricias con la mano podían llevar a
alguien a un estado de excitación semejante; sin embargo, Yuri confió su cuerpo
a sus manos y obligó a sus músculos a aflojarse poco a poco. Esforzándose por
respirar hondo como fuera, la tensión fue cediendo de manera paulatina. Exhalando
un suspiro de cansancio —haa, ha— mientras relajaba el cuerpo por
completo, el pene de Chariot terminó de deslizarse por fin hacia adentro.
“Ah...”
Cuando
la entrada del orificio, que hasta ese momento se había dedicado a morderlo con
fuerza sin dejarle espacio, se abrió suavemente por completo, Chariot también
exhaló un suspiro de satisfacción, dejando atrás el ligero gesto de dolor que
había mostrado.
La
cintura y la cadera de Yuri conservaban casi el mismo ancho que se estrechaba
al descender desde el tórax. Con el enorme pene hincado entre unas nalgas
pequeñas pero de formas perfectamente elevadas, Yuri se dejó caer y se desplomó
sobre el cuerpo de Chariot. El volumen era tan abrumador que, sin exagerar,
parecía sobrar espacio para llenar por completo el interior de su vientre. De
hecho, las nalgas de Yuri, que habían tragado la grossura de Chariot, se
encontraban abiertas de par en par de un modo que daba lástima.
Debido
a la sensación de estar fijo e inmovilizado sobre una estaca, Yuri ni siquiera
se atrevía a intentar un movimiento. Ugh, uergh, con las cejas
tristemente arqueadas y exhalando respiraciones cortas, Chariot lo contempló
con una fascinación propia de alguien embrujado por un fantasma, antes de
soltar de inmediato una maldición:
“De
verdad, estás jodidamente hermoso.”
Como
si estuviera a punto de volverse loco, como si no supiera qué hacer con
semejante sentimiento.
“Esa
cara que pones me va a hacer perder la cabeza...”
Murmurando
con una voz desprovista de cordura, Chariot apartó la mano con la que había
estado estimulando su pene. Al ver que se esfumaba fugazmente el contacto, Yuri
abrió ligeramente los labios, y Chariot le susurró:
“Tranquilo,
haré que te corras de otro modo.”
No
entendía a qué se refería, pero tampoco había nada que Yuri pudiera hacer al
respecto. Atrapado como una bestia en una trampa, era incapaz de moverse ni un
solo milímetro.
“Es
que yo, de verdad, aguanté muchísimo...”
Un
gimoteo cargado de fingido reproche resonó a continuación. A pesar de
encontrarse en medio del tormento, aquella actitud le pareció tan tierna que
Yuri dejó escapar una pequeña y seca risa mientras fruncía el ceño. Al
percatarse con rapidez de que le parecía adorable, Chariot se abalanzó sobre él
como alguien que llevaba una eternidad esperando ese preciso instante.
“Ahora
haré exactamente lo que me plazca.”
Levantando
ligeramente la cintura de Yuri, Chariot retiró la suya hacia atrás. Con la
sensación de que el pene que con tanta dificultad había introducido se
deslizaba hacia afuera a medio camino, Yuri abrió la boca y dejó escapar un
gemido mudo: uungh.... Chariot lo observó con la mirada perdida mientras
él fruncía los ojos y endurecía la barbilla. Tras inflar el pecho para expulsar
el aire y bajar la vista para mirar a Chariot, se encontró con unos ojos de un
verde brillante que destellaban con frenesí.
A
través de aquella mirada profunda y rebosante de deseo que lo ansiaba de manera
exclusiva, Yuri sintió un escalofrío indescifrable. Apenas un estremecimiento
recorrió su piel provocándole la carne de gallina, la parte inferior de su
cuerpo se precipitó hacia abajo de golpe. ¡Paff! El pene lo atravesó en
línea recta, como si pretendiera alisar por completo los sinuosos recovecos de
sus vísceras. Acompañado de la sensación de recibir un golpe directo en el bajo
vientre, Yuri encorvó la cintura y exhaló un suspiro entrecortado que se ahogó
en su garganta.
Tras
sujetar y fijar la cintura de este, que amenazaba con venirse abajo, Chariot
dio rienda suelta al anhelo que había estado reprimiendo durante tanto tiempo.
Contemplándolo con los ojos completamente desprovistos de razón, Chariot
comenzó a mover las caderas de forma salvaje. Sus huesos pélvicos friccionaban
sin descanso contra las nalgas de Yuri, haciendo resonar con fuerza el ruidoso
choque de la carne: ¡slap, slap, slap!
“Ha,
hugh, ugh, uff...”
Durante
un buen rato, Yuri no pudo hacer absolutamente nada más que esforzarse por
exhalar el aire con dificultad. Todo su cuerpo se mecía de arriba a abajo con
tanta violencia que le zumbaba el cráneo, y cuando la zona del perineo abierto
rozaba contra los testículos de Chariot, llegaba a percibir un dolor tan agudo
que parecía que iba a quedarle un hematoma. Incapaz de sostener su propio
cuerpo, Yuri alternaba entre bajar la cabeza y echarla hacia atrás. Cada vez
que lo hacía, se marcaban los tendones de su cuello y un sonido lastimero y
ululante se escapaba en voz baja.
“Ugh,
ugh, ungh, ah.”
El
sofá rechinaba de forma demencial, desplazándose por toda la habitación
siguiendo el ritmo de los movimientos de Chariot. Incapaz de contener la
respiración y limitándose a dejar salir los sonidos tal cual brotaban de su
garganta, en el preciso instante en que la gruesa masa de carne que lo
acribillaba por dentro golpeó con fuerza aquella zona hinchada de antes, Yuri
soltó un grito que sonó como un alarido y se desplomó sobre el cuerpo de
Chariot.
“¡Uuuungh...!”
Un
placer tan intenso que pareció ponerle los ojos en blanco se acumuló en el
fondo de su vientre. Aunque el dolor ardiente y punzante seguía ahí, la
sensación que acababa de experimentar era tan inmensa que lograba eclipsarlo
por completo. Con los ojos abiertos de par en par, Yuri comenzó a convulsionar
con el cuerpo temblando. Su organismo reaccionaba por capricho propio, sin
guardar la más mínima relación con su voluntad. Por más que intentara detener
los temblores, la vibración que se expandía desde su entrepierna lo dominaba de
tal forma que le impedía recuperar la lucidez.
“Yuri...
vas a tener que aguantar un poco más.”
Chariot
susurró aquello mientras le acariciaba la espalda de arriba a abajo, a Yuri, quien
había quedado devuelto boca abajo sobre su pecho. Cuando Yuri intentó alzar las
manos para apoyarse en el sofá y tratar de erguir el cuerpo como fuera, Chariot
lo incorporó abrazándolo. Al ver a Yuri abrir los ojos desmesurados por la
sorpresa, Chariot esbozó una sonrisa ambigua y lo tumbó de nuevo en el sofá tal
como al principio. En ese instante, el peso de Chariot recayó de golpe,
provocando que su pene penetrara perforando hasta lo más recóndito del
interior.
“¡Ah,
ugh...!”
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Con
la boca abierta y los ojos muy abiertos, Yuri alzó la cintura hacia arriba. Fue
la sensación de un placer tan intenso que parecía atravesarle desde la
coronilla, como si un rayo hubiera descendido sobre él. ¡Uungh, ugh!, un
gemido escapó de manera ineludible entre sus labios abiertos. La sensación de
que algo andaba mal, mezclada con un placer que jamás había experimentado, le
deshizo el cerebro por completo.
Ya
no era capaz de pensar en nada más.
Mientras
inclinaba la barbilla y torcía la cintura, Chariot lo contempló con los ojos
oscurecidos por completo antes de extraer de un solo tirón el pene que lo había
hincado hasta el fondo. Junto con la sensación de que se le arrancaban las
vísceras, le sobrevino un vacío absoluto en el vientre. Al desaparecer Chariot,
quien lo había colmado hasta cortarle la respiración, Yuri alzó la vista con
los ojos apenas enfocados.
Chariot
observó satisfecho y sonrió al alfa que yacía tendido con las piernas abiertas
bajo su cuerpo. Aquel varón robusto, que parecía incapaz de derrumbarse ante
ninguna amenaza, se hallaba tumbado con un aspecto tan lascivo que cualquiera
que lo conociera en su día a día jamás habría podido imaginar.
Sobre
su piel pálida, que contrastaba con el cabello negro desordenado, brillaba una
capa de sudor cristalino, y a través de los pantalones caídos cerca de los
muslos, el perineo situado bajo su pene y sus nalgas habían quedado teñidos de
un rojo intenso debido a tener que soportar a un joven vigoroso. Tras absorber
con la mirada cada mínimo detalle, incluidos sus ojos azules ligeramente
desenfocados por la excitación, Chariot dejó escapar un suspiro gutural propio
de una bestia saciada.
Paradójicamente,
quien sintió una extraña sensación de vacío fue Yuri. La ausencia de aquello
que le llenaba el vientre por completo y el hecho de haber quedado abandonado a
medias en esa postura lo consumían de impaciencia. Sin saber siquiera qué era
lo que deseaba, Yuri miró hacia arriba con un rostro que suplicaba algo.
“Sí,
ya lo sé.”
Susurró
Chariot como si lo comprendiera todo y bajó la cintura. Acto seguido, tiró con
decisión de la ropa interior de Yuri que colgaba de sus muslos y sujetó sus
blancos tobillos, curvados con la forma de una luna creciente. Tras arrastrar
sus largas piernas con ambas manos para apoyarlas sobre sus hombros, Chariot
volvió a acoplar su cuerpo con firmeza y empujó su pene frotándolo entre las
nalgas abiertas.
“Aquí
tienes, esto es lo que Yuri quería.”
Debido
a que había tragado algo absurdamente grande, el orificio, que no había
alcanzado a cerrarse del todo, recibió a Chariot con mucha más facilidad que
antes. Con los ojos entrecerrados, Yuri se concentró en la sensación de cómo
aquella masa de carne dura y resbaladiza abría y colmaba su interior blando. La
idea de que dos personas provistas de cuerpos distintos pudieran unirse de un
modo tan absoluto... le parecía algo tan fascinante que costaba creerlo.
Una
vez comprendido esto, a Yuri le empezó a gustar de manera incontrolable
mantenerse conectado a Chariot de ese modo. No quedaba espacio para pensar que
aquello era poco propio de un alfa o que no correspondía al papel que
originalmente se le había asignado. El calor vital de otra persona y los gestos
de un cuerpo que lo deseaba se volvían de un escalofriante y puro éxtasis.
Olvidándose
del dolor, Yuri retorció la cintura para acogerlo todavía más, y Chariot, tras
detenerse un instante, dejó escapar una maldición y frunció el ceño. Como
liberando una emoción incontenible, Chariot giró la cabeza y le hincó los
dientes con fuerza en el tobillo. Una marca en forma de media luna quedó
grabada sobre su tendón de Aquiles.
“Ha,
ugh.”
Hasta
el dolor del mordisco empezó a tornarse en un estímulo, haciendo que Yuri
frunciera sus espesas cejas y emitiera un quejido. Chariot reanudó las
embestidas mientras frotaba su mejilla contra el tobillo de Yuri.
Al
contar Yuri con un soporte corporal mucho más estable, Chariot comenzó a
estocarlo por dentro a una velocidad que no admitía comparación con la
anterior. ¡Uungh, ah, uungh!, exhalando los gemidos que brotaban solos
junto con su respiración, Yuri se mecía zarandeado de un lado a otro. La carne
desnuda friccionaba con rudeza contra la tela del sofá, al punto de que ahora
le ardía más la espalda que la parte baja.
“¡Ha,
ugh, ah, ugh...!”
Sosteniendo
las piernas de Yuri mientras permanecía de rodillas, Chariot inclinó el torso
en un abrir y cerrar de ojos, acortando cada vez más la distancia entre ambos.
Al tener que recibirlo con el cuerpo medio doblado, Yuri terminó por
acostumbrarse a la sensación del pene entrando y saliendo para golpear las
profundidades de su carne. Únicamente lo que Chariot le transmitía se sentía
con total nitidez.
“¡Ugh,
ah, ugh, ah, Chariot...!”
Un
placer mezclado con dolor comenzó a colmar el bajo vientre de Yuri. Cada vez
que el pene alargado friccionaba con fuerza contra las paredes internas y la
punta del glande rasguñaba el fondo como un gancho al retirarse, la carne de
gallina se le esparcía por todo el cuerpo. Era imposible saber si ser penetrado
se sentía así de forma natural, si los demás también experimentaban aquello, o
si, para empezar, aquello era un placer que un ser humano tenía permitido
tolerar.
“¡Ugh,
ah, ugh, ugh, ugh!”
Llegados
a este punto, Chariot se abalanzó sobre él fundiendo sus cuerpos casi como si
quisiera aplastarlo. Con cada estocada, el peso que dejaba caer hacía resonar
un sonido de ahogo: ¡ugh, ugh!. Sentía como si estuviera siendo empujado
una y otra vez hacia el fondo del sofá.
“¡Haa,
ugh, ah, ugh, ugh...!”
Sin
saber exactamente cuánto tiempo transcurrió, ambos se enredaron como si fueran
un solo cuerpo. Aunque la necesidad constante de gemir le oprimía los pulmones,
deseaba que aquello no terminara jamás. Con el campo de visión mareado debido a
la forma en que su torso se agitaba sin tregua, lo único que alcanzaba a
divisar era el cabello rubio rojizo de Chariot y sus ojos entrecerrados de una
manera lasciva.
La
noción de que el tiempo —que parecía haberse detenido— volvía por fin a
transcurrir llegó cuando notó que los movimientos de Chariot comenzaban a
volverse mucho más violentos que antes. A causa de las rápidas embestidas que
se aceleraban a medida que se aproximaban al clímax, el orificio se calentó de
forma extrema.
Sintiendo
el interior abrasador como si hubiera sufrido una leve quemadura, Yuri bajó
instintivamente una mano hacia la zona de unión entre él y Chariot. Sus pálidos
dedos deslizados sobre el abdomen pasaron de largo por su propio pene —que
continuaba erecto y respondiendo sin necesidad de ser tocado desde hacía rato—
para terminar acariciando su perineo.
Inflamado
y febril a raíz de la fricción, el orificio se sentía mucho más caliente que
cuando había introducido los dedos por primera vez para tocarlo, y en esas
condiciones seguía tragándose el pene de Chariot. Al compás del movimiento del
pene que entraba y salía por la junta, Yuri abrió levemente los labios y exhaló
un suspiro acalorado.
Lo
estaba tragando por completo. Chariot se hallaba dentro de él.
Al
tocar directamente la zona de contacto y pensar en ello, un estremecimiento
recorrió su cabeza hasta hacerle cosquillear el interior del cráneo. Al mismo
tiempo, el placer que ya había alcanzado el límite se mezcló con aquel
escalofrío, y en una fracción de segundo imprevista, Yuri contrajo con fuerza
su parte trasera y echó la cabeza hacia atrás.
“¡Ah,
aaah... ¡Ah, ugh, ugh, ah...!”
Un
clímax abrumador lo embistió de golpe, como si lo hubiera arrollado un
vehículo. En el instante exacto en que Chariot hincó la punta de su pene hasta
el fondo de su núcleo, el semen brotó despedido de la punta del pene de Yuri,
que se contraía en solitario. El líquido blanquecino, que emergió a chorros
debido a la prolongada abstinencia, arrojó una cantidad considerable. El
orgasmo se prolongó de forma continua e interminable.
A
causa de la postura doblada en dos, su propio semen salpicó de manera viscosa
el rostro, el cuello y el pecho de Yuri. Al contemplar aquella escena, Chariot
tensó también la barbilla y propuso un último empuje definitivo hacia el fondo
con su cintura. Con la ingesta de los testículos aplastada contra las nalgas de
Yuri, Chariot exhaló un áspero ¡ugh! y hundió la frente sobre el pecho
de aquel.
“Haa,
haa, haa...”
Una
respiración agitada y jadeante se acumuló en el hueco de la clavícula de Yuri.
El semen de Chariot, derramado en el interior de sus paredes internas, también
quedó acumulado en lo más hondo de su vientre. Tratándose del esperma de un
alfa en pleno rut, el volumen superaba al habitual. Junto con la sensación de
pesadez que el líquido dejaba en su abdomen, un denso aroma a feromonas se
esparció por el entorno. Quizás por haber eyaculado hacía un instante o por
tratarse de una relación bajo los efectos del rut, experimentaba la extraña
sensación de que las feromonas se adherían de forma pegajosa a su piel.
Todo
su cuerpo había quedado teñido por las huellas que Chariot le había dejado. Las
feromonas, el semen en el vientre, el sudor mezclado de ambos, las
respiraciones y el calor sofocante que emanaba de sus pieles. Probablemente
motivos como esos explicaban por qué, a pesar de haber alcanzado el clímax, su
mente aún no lograba regresar a la lucidez. El ancho pecho de Yuri subía y
bajaba rítmicamente mientras yacía tendido, y Chariot mantuvo la frente
enterrada en ese tórax agitado durante varios minutos. Aunque no intercambiaban
palabra alguna, la satisfacción mutua se percibía con absoluta claridad.
Aproximadamente
cuando el sudor comenzó a enfriarse un poco, Yuri sintió sed. Aunque en los
alfas y omegas en celo el deseo sexual suele anteponerse al apetito, jamás
había experimentado una sequedad en la garganta tan intensa de tanto gemir. Al
tomar consciencia tardía de aquella sed, Yuri emitió un sonido gutural e
intentó erguir el torso, momento en el cual Chariot también alzó la cabeza.
Sus
bonitos ojos verdes adoptaron un matiz adormilado. Sus párpados parpadeaban con
coquetería, luciendo como los de un gato satisfecho que había comido a placer.
Habitualmente recordaba a un perro grande, pero tras el acto, Chariot
aparentaba ser una bestia felina y cautivadora. Al cruzar la mirada con él,
Yuri experimentó un fuerte sentimiento de vínculo hacia el hombre que lo tenía
aplastado bajo su peso. Tenía la extraña impresión de haber quedado conectado a
algo invisible.
Acababan
de ser testigos del instante más íntimo del otro. Sus cuerpos seguían unidos
por la parte inferior, y él mismo le había mostrado su patética faceta jadeando
sin control. Al recuperar una pizca de raciocinio, asomó de manera tardía un
atisbo de vergüenza. Aunque no resultaba incómodo, pensó que sin duda debió
haber lucido de lo más ridículo.
“…Quisiera,
beber... un poco de agua.”
Pensando
que no podían seguir de esa manera, Yuri despegó los labios. No obstante, al no
salirle la voz habitual y escaparse tan solo un ronco susurro metálico, tuvo
que aclararse la garganta un par de veces antes de que el sonido lograra
articularse con propiedad.
Cuando
murmuró con la voz seca y quebrada, Chariot extendió una mano hacia su rostro.
El gesto de limpiar con el pulgar el semen que había salpicado sobre los párpados
de Yuri hizo que este cobrara consciencia tardía de su propio estado. Cierto,
al eyacular le había saltado semen por todas partes.
“Te
doy cinco minutos.”
Mientras
Yuri enrojecía la nuca en silencio y presa de la confusión, Chariot pronunció
aquellas enigmáticas palabras. Al mirarlo con ojos llenos de desconcierto,
Chariot se incorporó y por fin lo liberó. A lo mejor por haber mantenido la
misma postura durante más tiempo del pensado, al enderezar la espalda y estirar
las piernas, los músculos le protestaron con un leve calambre.
“No
tengo la menor idea... de lo que estás diciendo.”
Apoyando
el brazo en el respaldo del sofá para enderezar el torso, Yuri sintió la
espalda sumamente entumecida. Le resultaba extraño experimentar esa clase de
dolor sordo sin haber recibido ningún golpe. Como jamás había martirizado su
cuerpo con algo parecido al sexo, en el preciso instante en que intentó apoyar
los pies en el suelo para levantarse, volvió a desplomarse al experimentar una
sensación de vacío que le arrebató la fuerza de la mitad inferior de su cuerpo
de forma instantánea.
¿Qué es esto?
Mientras
miraba sus propios muslos con la mirada desconcertada, una sombra se proyectó
sobre su cabeza. Al levantar despacio la vista, vio que Chariot le tendía la
mano. Con esa misma expresión de no comprender nada, Chariot le explicó el
motivo de aquel fenómeno insólito.
“Es
porque te han fallado las fuerzas en las piernas.”
Tardíamente,
Yuri comprendió que los omegas que se quejaban pidiendo mimos para que los
sostuvieran no lo decían simplemente porque quisieran un poco de contacto
físico. Le costaba levantarse porque le faltaban fuerzas en la cintura.
Y
sin embargo, desgastarse la cintura de esa manera sin haber estado haciendo el
amor durante todo el día como en aquella ocasión...
“Vamos,
la mano.”
Chariot
tiró de él mientras se esforzaba por comprender lo que le había ocurrido a su
propio cuerpo. A duras penas logrando ponerse de pie gracias a la fuerza con la
que tiraba de él, Yuri consiguió por fin equilibrarse tras aplicar fuerza en
las plantas de los pies. Cada paso que daba siguiendo a Chariot, quien lo
agarraba de la muñeca y se dirigía primero a la cocina, hacía que su cintura
resonara con dolor y que por la parte trasera le ascendiera un escozor. No era
únicamente el orificio posterior el que le dolía, la espalda también.
Al
llegar por fin a la cocina, se dirigió al fregadero y, antes de servir agua en
un vaso, comprendió que necesitaba un breve momento de reajuste personal.
Apoyando los codos en la mesa mientras cargaba peso sobre el torso y exhalaba
un suspiro apagado, se pasó una mano por el cabello para apartarlo y le dijo a
Chariot:
“Creo
que vas a tener que servirme tú.”
Antes
de que Yuri se lo pidiera, Chariot ya estaba sacando un vaso para llenarlo de
agua. Al escuchar lo que le acababa de decir, ladeó la cabeza hacia atrás y
preguntó con una sonrisa burlona:
“¿Estás
cansado, Wolfie?”
Habiendo
movido el cuerpo de aquella manera tan alocada, se suponía que el que debía
estar mucho más agotado a nivel físico era Chariot; sin embargo, al verlo lucir
tan exageradamente fresco, Yuri frunció el ceño. Se preguntó si aquello
pretendía ser una pregunta seria.
“¿Lo
preguntas en serio?”
“Sí.
Sinceramente, estoy sorprendido. Por muy alfa que sea alguien, los demás suelen
terminar sin poder caminar bien aunque los ayuden, pero tú te ves bien,
Wolfie.”
Tras
cerrar el grifo, Chariot dejó un vaso lleno de agua frente a él. Yuri se quedó
pensativo al contemplar el vaso sobre la mesa antes de abrir lentamente los
labios.
“¿Acaso
tienes la necesidad de hablar de otras personas justo después de acostarte
conmigo?”
No
es que ignorara que, aunque era su primera relación con un alfa, para Chariot
no lo era. No obstante, al preguntárselo con el ceño fruncido por considerar
fuera de lugar soltar semejante comentario en ese ambiente, Chariot abrió los
ojos de par en par.
“¿Estás
enojado, Wolfie?”
“Solo
no entiendo por qué dijiste algo así.”
“¡Perdón!
¡Te juro que no lo decía con intención de comparar...! Es que nunca antes había
podido llegar tan lejos.”
Ignorando
a Chariot, que se apresuraba a explicar el motivo de sus palabras de manera
tardía, Yuri extendió la mano y agarró el vaso. Tampoco es que estuviera
furioso. La sensación no había sido agradable, pero al fin y al cabo no salían
juntos...
Tampoco
es que pudieran salir.
Yuri
se tragó aquel silencioso murmullo que añadió mentalmente junto con el agua. Al
humedecer su garganta reseca, se sintió un poco mejor. Una vez que la sed hizo
acto de presencia, incapaz de resistirla, bebió de forma consecutiva. Al
parecer había bebido con cierta prisa, ya que el agua se deslizó por su
barbilla siguiendo la curva de su mandíbula y quedó retenida un instante sobre
su nuez. Al observarlo fijamente con atención, Chariot dejó escapar un suspiro
gutural antes de abrir la boca:
“Oye,
Wolfie. Sé que no te va a gustar nada lo que voy a decirte ahora...”
Yuri
dejó caer el vaso sobre la mesa con fuerza y fulminó con la mirada a Chariot.
Al verle decir cosas semejantes, previó que volvería a soltar alguna estupidez
como las de antes, así que con la intención de cortarlo de raíz antes de escuchar
habladurías innecesarias, le habló con cierta rudeza:
“Ya
que sabes tanto, ¿por qué no cierras la maldita boca?”
Apenas
lo dijo, sintió un atisbo de remordimiento por haber sido un poco áspero, pero
Chariot se limitó a exhalar un suspiro cargado de preocupación y se dio la
vuelta para volver a llenar de agua el vaso. Como la garganta le seguía
ardiendo de sed, Yuri aceptó de buena gana el recipiente dispuesto a beber de
nuevo, pero al contemplar la escena, Chariot soltó de sopetón:
“Estoy
en celo.”
Logrando
evitar por muy poco un atragantamiento, Yuri frunció el ceño y miró fijamente a
Chariot.
“Ver
cómo se mueve tu nuez al tragar se ve tan lascivo que no pude evitarlo. Es
culpa tuya, Wolfie.”
Las
tonterías continuaban. Arrugando sus espesas cejas, se disponía a decirle que
ya era suficiente cuando Chariot se le acercó y lo abrazó por la espalda.
Rodeando su cintura con ambos brazos y pegando su cuerpo por completo al suyo,
frotó su pene contra el espacio entre las nalgas de Yuri, donde aún quedaban
las marcas de sus manos. Aunque sin duda acababa de eyacular hacía poco, la
pesada rigidez de una nueva erección presionaba contra el pliegue de sus
nalgas, sin que alcanzara a comprender en qué momento había vuelto a
empalmarse.
Con
una expresión de absoluta incredulidad, Yuri dejó el vaso a un lado. Mientras
se disponía a tragar saliva fulminándolo con la mirada, Chariot lo besó de
repente. Introduciendo su lengua en el interior de su boca, donde aún quedaban
restos de agua, Chariot se dedicó a saborearla y tragarla. Con la sensación de
haber regresado al momento en que se besaron en medio del lago, Yuri olvidó por
completo el impulso de regañarlo y entrelazó su lengua con la suya.
“Tengo
sed, Yuri. Dame de beber.”
Le
suplicó Chariot, frotando su frente contra su cuello. Quizás debido a la forma
en que su suave cabello le hacía cosquillas en la piel, una extraña agitación
se apoderó de la zona de su pecho. Concluyendo una breve vacilación, Yuri
levantó lentamente el vaso y lo llevó a sus labios, y mientras miraba fijamente
a Chariot, quien lo devoraba con la mirada, dio un trago reteniendo el agua en
su interior. Apenas apartó el vaso, Chariot lo besó con el apetito de una
bestia hambrienta. Las lenguas se mezclaron mientras el agua pasaba de una boca
a la otra.
Incluso
después de haber bebido lo que tanto deseaba, Chariot no apartó los labios.
Girando ligeramente el torso mientras envolvía la nuca de Chariot con las
manos, Yuri accedió de buena gana y dejó escapar suspiros agitados: —Mmm,
aah...—. Apenas escuchó aquel sonido, Chariot deslizó una vez más el pene
hacia el interior de Yuri, el cual llevaba rato excitándose de nuevo y
recuperando volumen.
Sus
talones se elevaron del suelo y el vacío de su interior quedó colmado de golpe.
Debido
a que Chariot era de mayor estatura, la penetración no resultó difícil a pesar
de encontrarse de pie. Las paredes internas, que ya se habían ensanchado hasta
el límite y amoldado a la forma de Chariot, lo acogieron tragándose el pene,
aun cuando parecían a punto de quedarle grandes. Dejando escapar un quejido y
echando la cabeza hacia atrás ——¡Aah...!—, Yuri comenzó a ser tomado por
Chariot en esa misma postura. Gracias a que Chariot mantenía una mano apoyada
sobre su vientre, el abdomen de Yuri evitó golpearse contra el borde de la isla
de cocina.
A
pesar de haber estado acoplados como perros hacía apenas unos instantes,
volvieron a mezclar sus cuerpos otra vez. Mientras era penetrado de pie, Yuri
se encontró en un momento dado inclinado hacia adelante y siendo sacudido sin
tregua, con Chariot superponiendo su mano sobre el dorso de la suya extendida
sobre la mesa. Girando la muñeca que se apoyaba contra la superficie, Yuri
entrelazó los dedos con los de Chariot. En el preciso instante en que las
palmas hicieron contacto, Chariot entrelazó sus manos de forma firme.
Sobre
el mismo sitio donde habían compartido la comida quedaron las marcas del sudor
que ambos habían derramado y el semen de un Yuri que volvía a alcanzar el clímax.
Incluso tras concluir la segunda eyaculación, Chariot lo condujo hasta su
habitación con su pene profundamente enterrado en el interior de Yuri.
Apenas
se cerró la puerta y sintió el impacto de ser arrojado sobre la cama, dio
comienzo un tercer asalto. Para cuando se quiso dar cuenta, el exterior
comenzaba a clarear con los primeros rayos del amanecer, pero la noche de ambos
estaba lejos de terminar. Sin tener ni un solo respiro para curiosear qué había
dentro de la habitación de Chariot, Yuri pasó cerca de medio día más al borde
de la cama. La antaño pulkka y limpia cama de Chariot quedó empapada de humedad
a causa del semen de Yuri. Con el paso de las horas, llegó un punto en el que
ni el propio Yuri era capaz de distinguir si lo que expulsaba era semen o si
simplemente se estaba desangrando por dentro.
El
joven alfa sumido en el rut mantuvo retenido a Yuri durante un período cercano
a las dos horas. Dejando en ridículo las ocasiones en que solía pasar días
enteros en vela realizando trabajos mucho más violentos y pesados, Yuri
alternaba entre caer dormido como un muerto y despertar de nuevo. La sensación
de tener el canal ensanchado le resultó por fin más familiar, y la presencia
constante de la temperatura corporal de Chariot a su lado comenzó a ocurrírsele
como algo completamente natural.
Quien
lo despertaba cada vez que perdía brevemente el conocimiento y quedaba
totalmente lacio era Chariot, quien le besaba los labios para obligarlo a
tragar agua. El agua que tocaba la punta de su lengua se sentía tan dulce en
cada ocasión que Yuri dejó de percibir la dulzura como algo extraño.
Siguieron, siguieron, siguieron, siguieron, siguieron
haciéndolo.
El
día se hizo a la vez larguísimo y efímero. Para cuando el tiempo en que se
habían enredado perdiendo la razón terminó por sobrepasar a las horas
transcurridas en plena lucidez, el rut de Chariot por fin llegó a su fin. Fue
justo cuando presenciaban por tercera vez cómo el alba teñía el horizonte a
través de las cortinas.
Tras
constatar que Chariot se había quedado finalmente dormido abrazándolo con
fuerza, Yuri cerró también los ojos. Aunque cabía esperar que unos brazos
rodeándolo con tanta firmeza le resultaran pesados, lejos de sentir eso, le
proporcionaron una profunda sensación de sosiego. Parpadeando un par de veces
con los párpados enrojecidos e hinchados de tanto llorar a causa del cansancio
extremo al que había sido sometido, consiguió por fin conciliar el sueño al
percibir las feromonas de Chariot acariciándolo con suavidad.
*
* *
Yuri
y su primera experiencia no fueron precisamente ideales.
Aunque
sus padres no habían omitido educarlo sobre el rut y el ciclo de calor, cuando
llegó su primer rut, desafortunadamente ya no quedaban padres a su lado que
pudieran tenderle un consejo. Tenía diez años —diecinueve años—, y el rut lo
alcanzó al filo de un infierno que era el principio del verano.
Al
principio pensó que se trataba tan solo de un poco de fiebre. Como no era para
tanto como para tomar un antipirético, salió a tomar el té y a trabajar de
todos modos. Morir habría sido preferible antes que seguir haciendo cualquier
cosa por Igor, a quien aborrecía con toda el alma, pero Yuri tenía una razón
por la cual no podía permitirse morir. Además, si él fallecía, Alexei se habría
quedado completamente solo en el mundo sin nadie en quien apoyarse.
Aquel
día visitó el club que regentaba Igor. La gran mayoría de los establecimientos
nocturnos de Sarátov habían sido creados por él, pero aquel club en particular
era un lugar predilecto por los Volkov padre e hijo. No se trataba de un sitio
construido con fines comerciales, sino de un castillo erigido de forma
exclusiva para ellos.
Igor
cometía toda clase de atrocidades allí. Drogar a omegas traídos de quién sabe
dónde para armar fiestas, o hacer que los visitantes beban hasta perder el
sentido por motivos de negocios. Si un trato fallaba se desataba una pelea,
siendo de lo más habitual que los disparos resonaran con fuerza entre la música
estridente.
La
juventud de Yuri había quedado encadenada a ese lugar. Desde que dejó la
escuela en la secundaria, se encargaba de vigilar el exterior mientras sucedían
semejantes atrocidades. A la hora del almuerzo, cuando el club cerraba, se
dedicaba a limpiar y barrer toda clase de porquerías: vidrios rotos, cenizas de
cigarrillo, pañuelos manchados de sangre, condones desgarrados, jeringas, polvo
blanco y vómito.
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Era
un mediodía soleado, de esos en que el duro invierno que se prolongaba hasta la
primavera por fin terminaba y el termómetro volvía a marcar temperaturas
positivas. Aquellas personas con la fortuna de disfrutar de la vida cotidiana a
pesar de vivir en una ciudad tan infernal salían de picnic, como si hubieran
estado aguardando únicamente ese momento. Había escuchado que, si uno visitaba
por esas fechas un parque situado en el barrio rico donde se agrupaban oficinas
gubernamentales como la comisaría o los bomberos, podía contemplar la escena de
la gente tomando el sol en traje de baño.
En
ocasiones había sentido curiosidad por ver aquello, maravillado de que
existiera un lugar así en una ciudad hecha por completo de pesadillas, pero
hacía tiempo que esos sentimientos se habían esfumado.
Yuri
dejó atrás a unos tiernos hermanos gemelos que caminaban tomados de las manos
de sus padres, rozó a una pareja que paseaba entrelazando los brazos mientras
compartían un helado, y se adentró en solitario por un callejón al que nadie
acudía. Pasando por un angosto camino donde ya no quedaban carteles de ballet
sino únicamente cubos de basura, se llegaba a una fábrica, y caminando un poco
más se encontraba el club.
Para
su mala suerte, Igor se encontraba allí ese día. A diferencia de su rutina
habitual, el hombre parecía haber estado observando la juerga de su hijo hasta
altas horas de la mañana, y fumaba un puro rodeado de su séquito. Yuri intentó
pasar de largo tras hacer una reverencia respetuosa, pero Igor lo llamó.
“Kiselyov,
te ha llegado el celo.”
En
lugar de usar el término rut, Igor se refería al celo tanto para Alexei
como para Yuri con la palabra celo.
“Qué
cara de no enterarte de nada. Ah, vaya. Como tu madre se ha petateado y tu
padre se largó a sabe Dios dónde, no hay ningún adulto que te enseñe.”
Asegurando
que él mismo se encargaría de educarlo en lugar de su fugitivo padre y su
difunta madre, encerró a Yuri dentro de una jaula. Bogdan, uno de los hombres
de confianza de Igor que se encontraba a su lado, golpeó la cabeza del
resistente Yuri con un madero, provocando que sangrara en aquel instante.
Encerrado
dentro de una caja metálica de forma cuadrada provista de barrotes, Yuri fue
abandonado durante aproximadamente una hora. Recuperó el conocimiento cuando se
abrió la puerta de la reja y percibió una sensación similar a un aroma dulzón.
Al sobresaltarse y abrir los ojos, vio que el omega con el que Igor solía
divertirse cerraba la puerta de la reja con pasos tambaleantes. Era un hombre
tres o cuatro años mayor que él que, siguiendo los retorcidos gustos sexuales
de Igor, llevaba los pezones perforados con joyas.
Un
vaporoso camisón de seda se abrió, dejando al descubierto la desnudez blanca
del omega. El joven se encontraba fuera de sí debido al alcohol y las drogas, y
tras dedicarle una risita a Yuri, extendió una mano pequeña y fina. Cada vez
que se movía, se esparcía un dulzor que jamás en su vida había olido antes.
El
simple hecho de inhalar, o más bien de encontrarse en el mismo espacio, hacía
que el dulzor le revolviera las entrañas y su cuerpo respondiera. Tal como
había dicho Igor, su organismo se sentía avivado de deseo por un omega capaz de
engendrar descendencia ahora que se hallaba en pleno celo.
No
obstante, el corazón de Yuri no sentía lo mismo. Las náuseas lo invadieron y,
al sufrir arcadas, el omega se rio a carcajadas con burla. Tranquilo, va a
ser una sensación increíble. Una vez que pierdas la virginidad, te vas a morir
de ganas por clavarle el pene a cualquier omega que veas de ahora en adelante.
Yo soy bueno. ¿Quieres que te chupe el pene primero?
Ante
aquel susurro vulgar, Yuri empujó al omega una y otra vez, pero el sujeto, por
más que caía al suelo, se levantaba y volvía a aferrarse a él. Contemplando
aquella escena grotesca, Yuri sopesó la idea de dejar inconsciente al omega,
pero Igor se lo impidió.
“Si
quieres echarlo, de acuerdo. Pero entonces ese mocoso va a morir. No me
importaría cortarle el cuello y enviárselo de regalo a la casa de tu único
amigo. Ah, pensándolo bien, ese tal Sorokin tampoco tardará en entrar en celo.
A diferencia de ti, ese chico tiene agallas, así que tal vez hasta le agrade
que le mande un omega.”
Yuri
fulminó a Igor con la vista, con los vasos sanguíneos al borde de la ruptura,
al ver que mencionaba a la única persona valiosa que le quedaba. El omega,
incapaz de sentir la más mínima alarma a pesar de que le acababan de decir que
iba a morir, volvió a arrastrarse torpemente como un perro hacia Yuri. Cuanto
más se acercaba el sujeto, más nauseabundo era el ascenso de aquel aroma a
flores artificiales y empalagosas.
Yuri
fijó su mirada en la coronilla del omega, quien finalmente había llegado hasta
su frente y se hallaba agachado con las nalgas en alto. Extendiendo la mano con
lentitud, aferró un puñado de cabello castaño. Reprimiendo la furia que lo
instaba a tirar del pelo del omega para apartarlo de un empujón, Yuri atestiguó
directamente, con los ojos inyectados en sangre, lo que le estaba ocurriendo.
Pase
lo que pase, se juró no perder la razón.
Para
evitar comportarse como una bestia tal como deseaba Igor, Yuri se mordió el
interior de la boca una y otra vez. La carne de su paladar quedó hecha jirones
y la sangre no paraba de manar. Solo después de tragarse docenas de veces
aquella saliva mezclada con sangre terminó el espectáculo. Sin embargo, Igor no
perdonó que Yuri se comportara de un modo contrario a sus intenciones.
Lo
que sucedió a continuación quedó borrado de su mente.
Yuri
no recordaba cada uno de los sucesos ocurridos en su vida.
Para
sobrevivir, no le quedaba de otra.
Sin
embargo, cada vez que se aproximaba la época del rut o vislumbraba a otro alfa
atravesándolo, lo primero que venía a la mente de Yuri era aquella enorme caja
de hierro que lo había mantenido cautivo y el dulzor que desprendía un perfume
barato.
*
* *
Un
aroma a tortitas tostadas y dulces flotaba desde algún lugar. Su cuerpo,
respondiendo al apetito tentador, se estremeció y dio un par de vueltas en la
cama. Tras el sonido de las ramas de un árbol cercano que, zarandeadas por el
viento, golpeaban suavemente el cristal de la ventana —toc, toc—, él
abrió los ojos.
La
luz del sol se filtraba con suavidad a través de unas cortinas de color azul
celeste, proyectando sobre la cama la silueta de la ventana en forma de sombra.
¿Acaso se debía a que había caído en un sueño profundo y fulminante, sin haber
tomado siquiera pastillas para dormir? Yuri contempló aquella escena de aspecto
irreal y onírico durante varios minutos.
Los
rayos del sol eran apacibles. No deslumbraban como los del sol del mediodía y
poseían una tonalidad calmada que invitaba a la paz. Parpadeando con los ojos
resecos y rígidos, Yuri giró la cabeza con lentitud para inspeccionar los
alrededores. El lugar donde se encontraba era una habitación dotada de una
cómoda de madera de secuoya vieja, una mesita de noche desgastada y una lámpara
de pie con un diseño elegante.
La
mirada de Yuri se detuvo sobre la mesita de noche, situada un poco más allá de
la cama. Había un marco de fotografía. En él, un hombre y una mujer que
sostenían en brazos a un niño de belleza feérica sonreían felices con un lago
de aguas color esmeralda enclavado entre imponentes cordilleras como fondo.
El
hombre adulto de cabello rubio tenía un rostro verdaderamente parecido al de
Chariot. Poseía unas facciones más marcadas y una imagen un tanto más masculina
que el Chariot actual, pero todos sus rasgos —salvo la línea de la mandíbula o
el puente de la nariz— recordaban inevitablemente a Chariot.
En
sus brazos descansaba una mujer mucho más baja que él; pelirroja y de rizos,
miraba de frente con unos ojos verdes de un matiz casi místico. Aunque no
sonreía con la misma radiante alegría que el hombre, bastaba con ver la sutil
curva de sus labios y la forma en que rodeaba el brazo de este para comprender
cuán dichosa era.
El
niño acurrucado en sus brazos era indudablemente Chariot. El rubio rojizo,
herencia perfecta de los genes de sus padres, y aquellos ojos verdes que
miraban frentes sin titubear dejaban en claro que se trataba de la descendencia
de ambos. Era una fotografía que inspiraba asombro ante el hecho de que dos
personas totalmente ajenas pudieran unirse y crear una hermosa vida en la que
se mezclara la sangre de los dos.
Yuri
se quedó sumido en sus pensamientos, incapaz de apartar los ojos de la foto
familiar. Pensándolo bien, apenas sabía nada sobre Chariot. Todo lo que conocía
se resumía en que era un jugador de hockey con una popularidad e ingresos
descomunales, que su edad oficial difería de la real por un margen de un año, y
que provenía de una familia tan acaudalada que incluso disponía de un oráculo
particular.
Pero...
Tampoco
es como si solo supiera esas cosas.
Chariot
sabe nadar muy bien. Tiene una resistencia física tan envidiable que es capaz
de charlar tras conducir durante toda la madrugada, y devora con gusto
cualquier dulce que le compren. Si hace buen tiempo, su estado de ánimo se
eleva a la par y se divierte como un niño, y además...
Dice
que le atrae un tipo de físico como el de Yuri y...
Se
ponía celoso cuando conversaba con otro omega, pero recuperaba el ánimo
enseguida con el más mínimo elogio, y poseía una capacidad de consideración tan
asombrosa que adivinaba lo que quería sin necesidad de que él lo dijera en voz
alta.
Y
además, su fuerza física es bestial. Y ni hablar de su libido, que rebosa de
forma enfermiza.
Yuri
soltó una risita ante el último pensamiento que cruzó por su mente. Exhalando
un suspiro de satisfacción, enderezó lentamente el torso y estiró los músculos
inclinando el cuello entumecido hacia ambos lados. Al comenzar a moverse, la
sensibilidad regresó a todo su cuerpo y el estado físico se hizo patente de
manera gradual.
No
era como si lo hubieran vapuleado, pero no había ni un solo rincón que no le
doliera. Su cuerpo, castigado por haber aguantado a Chariot durante casi tres
días, suplicaba a gritos piedad. Lo más molesto era la cintura. Al moverse con
lentitud y apoyar los pies en el suelo, reapareció aquella sensación de pérdida
de fuerza que ya había experimentado antes. Como desde entonces no había tenido
la necesidad de bajar de la cama, casi lo había olvidado.
Por mucho que fuera el rut, esto me parece un poco de locos.
Poco
a poco fue asimilando el hecho de haberse pasado dos días enteros haciendo el
sexo de manera ininterrumpida. Si bien él mismo llevaba más de tres años de
abstinencia, Chariot, a pesar de descargar periódicamente su celo recurriendo a
parejas, se había comportado como una bestia hambrienta. Aun así, seguro que en
algún momento hubo instantes en los que habría podido detenerse si se lo
hubiera propuesto; sin embargo, al ver lo mucho que lo anhelaba sin descanso,
había optado por seguirle el juego hasta el final y así habían terminado las
cosas.
Así
que llevaba más de dos días sin probar bocado.
Nada
más pensarlo, su estómago famélico reclamó con ardor. En ese mismo instante, el
olor a tortitas que provenía de fuera de la habitación estimuló su olfato,
provocando que Yuri sintiera un hambre feroz. Aunque normalmente no le gustaba
añadir sirope de maple por considerarlo demasiado empalagoso, hoy le apetecían
unas tortitas rebosantes de sirope y con un trozo de mantequilla fundida
encima. Yuri se sorprendió a sí mismo, ya que hacía muchísimo tiempo que no
deseaba una comida de forma tan específica.
Dejando
escapar un bajo gemido, se incorporó aplicando toda la fuerza posible en las
mitad inferior de sus extremidades tal como había aprendido de la experiencia
anterior. En el preciso instante en que se puso completamente de pie, la zona
de las nalgas y los muslos protestó con punzadas, mientras que por la parte
trasera sintió una sensación febril y punzante. Apenas dio un paso, algo
resbaló y escurrió por el interior de su orificio, que aún permanecía ligeramente
abierto.
La
extraña sensación de que un líquido manara de forma continua, como si le
hubieran vertido algo dentro, le produjo un escalofrío tan ajeno que al bajar
la mirada descubrió que el semen descendía resbalando por sus muslos. No se
detenía en un solo goteo, sino que fluía de manera ininterrumpida hasta
alcanzar sus tobillos. Yuri recordó entonces que habían cometido la locura de
no usar preservativo. Menos mal que no soy omega, pero...
Mientras
Yuri bajaba la cabeza para examinar con apuro los rastros que Chariot le había
dejado, la puerta de la habitación se abrió de par en par.
“¡Buenos
días, Wolfie!”
El
hombre que hizo su entrada acompañado de una voz jovial sostenía con la otra
mano una mesa plegable con la superficie redonda. Al abrir la puerta con
energía y ver a Yuri de pie, se detuvo con sorpresa y desvió la mirada hacia la
desnudez de este. Un matiz lascivo se apoderó de sus radiantes ojos verdes
antes de recorrer a Yuri desde el pecho hasta descender con lentitud por toda
su figura.
Sintiendo
como si lo hubieran tocado con los ojos, Yuri alzó levemente una ceja. Por lo
que intuía, tanto él como Chariot debían estar ya secos de tanto eyacular, pero
al ver aquel rostro Yuri comprendió al instante que seguía pensando en la noche
anterior.
Yuri, haa, tu interior quema de una forma absurda. Siento que mi
pene se va a derretir, ¿qué hago? La piel se siente tan fresca, pero por dentro
estás hirviendo como un volcán.
Basta, Charry, ya no... Ya no sale nada...
Recordó
la escena en la que, totalmente agotado y sin fuerzas, había recibido las
embestidas de Chariot mientras este lo presionaba desde atrás y hurgaba en su
orificio abrasador. En un principio, Chariot lo había mantenido con ambos
brazos hacia atrás mientras tiraba de sus muñecas para penetrarlo; pero cuando
a Yuri le fallaron las fuerzas en las piernas y se vio incapaz de aguantar
siquiera esa postura, lo había obligado a ponerse boca abajo, hundiéndolo a
medias en la cama mientras lo embestía y soltaba semejantes barbaridades.
En
aquel momento, su mente estaba tan obnubilada que ni siquiera había tenido el
respiro necesario para avergonzarse de la enorme cicatriz que tenía en la
espalda, muy superior a la que mostraba en el pecho. Los estigmas de su cuerpo
pasaron a ser secundarios ante la total entrega al acto con Chariot, y tras
exhibir así su anatomía por completo, sentía que ya no importaba si se mostraba
de ese modo frente a Chariot ahora.
“No
pongas esa cara. No me quedan fuerzas para contenerme.”
Aquella
sincera advertencia recayó sobre Yuri, quien, contagiado por el recuerdo de
Chariot, también había estado pensando en la madrugada pasada. Sorprendido de
que, tras haber hecho algo así, aún fuera capaz de repetir, Yuri cruzó su
mirada con la de él, haciendo que Chariot se aclarara la garganta ruidosamente
antes de dar unos pasos hacia el interior de la estancia.
“Esto
es grave. Yuri, ¿podrías ponerte algo de ropa? Si sigo mirándote unos segundos
más, siento que de verdad tendré que echar otra ronda.”
“Mi
ropa está en mi habitación.”
“Ponte
la mía.”
Diciendo
esto, Chariot desvió la vista de forma forzada y señaló hacia el rincón bajo la
ventana donde había dejado aparte su maleta. El equipaje abierto aún albergaba
numerosas prendas. Tras observarlo un instante en silencio, Yuri caminó con
parsimonia y cogió en primer lugar una camisa blanca de manga corta situada en
la parte superior. No obstante, como era obvio que terminaría manchada de
semen, ponerse unos pantalones estaba descartado.
“¿Ya
te la pusiste?”
Preguntó
Chariot tras desplegar al otro lado la mesita plegable que había traído
consigo. Yuri enderezó de nuevo el torso, frunciendo ligeramente el ceño debido
al dolor generalizado, antes de borrar cualquier expresión de su rostro y
asentir.
“Sí.”
“Me
fascina tanto cuando dices ‘sí’.”
Tras
soltar un cumplido fuera de lugar, Chariot dirigió de inmediato la mirada hacia
Yuri. Con la urgencia de alguien que apenas lograba contener el deseo de ver lo
que tanto anhelaba, Yuri no pudo evitar esbozar una sonrisa socarrona. Como
Chariot era de complexión más grande, su camiseta le quedaba una talla más
holgada, alcanzando una longitud que cubría apenas la altura de sus nalgas.
“No,
espera.”
Justo
al contrario de lo que pretendía con su petición de que se vistiera, Chariot se
mostró contrariado.
“¿Por
qué no llevas pantalones? ¡Esto es jodidamente provocativo...!”
Se
llevó una mano a la cara para cubrirse, pero enseguida separó los dedos para
espiar a Yuri a través de la rendija. Aquella conducta tan extraña le pareció
tan adorable a Yuri que avanzó paso a paso —tap, tap— en su dirección.
Tenía ganas de tocar a Chariot.
“Yuri,
no te acerques. Tenemos que comer.”
“Me
he vestido tal como pediste, ¿cuál es el problema?”
“¡Ir
solo con la camisa sin pantalones es básicamente una invitación!”
“No
puedo manchar tu ropa.”
Yuri
se acercó al costado del fornido hombre que se dirigía hacia un rincón y
extendió la mano con cautela para rozarle los cabellos. Tras ver la fotografía
familiar hacía un rato, se había quedado con unas enormes ganas de acariciarle
el pelo a Chariot, por lo que en cuanto la suavidad rozó la yema de sus dedos, una
sonrisa afloró a sus labios.
“Deja
de ponerte tan tierno y baja la mano.”
“...Estás
eligiendo exactamente las acciones necesarias para volverme loco.”
Tras
frotarse el rostro con rudeza en un gesto de frustración, Chariot terminó por
bajar la mano tal como le había pedido Yuri. Lo contempló con fijeza, con los
ojos teñidos de un rojo intenso que devoraban a Yuri con la mirada. Soportando
aquellos ojos verdes que apenas parpadeaban, Yuri preguntó:
“Si
yo no he hecho nada.”
“¿Por
qué eres tan tierno?”
No
le parecía que estuviera haciendo nada del otro mundo, pero Chariot lucía
considerablemente afectado.
“¿Por
qué me sonríes así? ¿Y por qué tu voz suena tan suave? ¡Para colmo te pones esa
camisa tan indecente y te acercas a tocarme el cabello, acaso eso no es una
señal de que quieres más?”
Durante
el sexo apenas había abierto la boca, pero bastaba con regresar a la normalidad
para que recuperara su habitual locuacidad. Con la sensación de haber
descubierto una nueva faceta en el contraste de su personalidad, Yuri curvó un
solo lado de sus labios en una sonrisa silenciosa antes de bajar la mirada.
“¿No
vas a decirme qué es esta mesa?”
“¡Primero
respóndeme tú, Wolfie!”
“¿Y
eso?”
“¿Eres
de los que sonríen, tocan y se comportan así con cualquiera con el que se
acuestan?”
Chariot
preguntó con una expresión que sugería que se sentiría profundamente ofendido
si la respuesta era afirmativa. Era muy probable que terminara enfadándose, tal
como lo había hecho en la cafetería. Yuri exhaló un suspiro con una sonrisa y
negó con la cabeza.
“No.”
Aquella
respuesta tan concisa hizo que el semblante de Chariot volviera a adoptar un
aire adorable. Al ver el alivio que cruzaba por sus ojos, Yuri no pudo evitar
sonreír de nuevo.
“Nunca
había hecho algo así con nadie más.”
“...Me
alegro entonces.”
¿De
qué se alegraba exactamente? Chariot soltó una respuesta que solo conseguía
desconcertarlo. Aunque tenía ganas de preguntarle qué significaba aquello,
prefirió guardárselo para sí mismo, temiendo abrigar falsas esperanzas en
solitario. Al fin y al cabo, podía tratarse simplemente de un deseo de posesión
temporal tras haber mantenido relaciones.
“Entonces,
¿qué hay de esta mesa?”
“Pensé
que te costaría levantar la mesa de la cama, así que quise prepararte un
almuerzo tardío aquí.”
Chariot
carraspeó para aclarar su voz, que sonaba ronca y baja, mientras echaba un
rápido vistazo a la parte baja de Yuri. Los contornos de sus firmes muslos
presentaban múltiples marcas de congestión sanguínea. Eran rastros dejados por
los besos con los que Chariot lo había marcado por todo el cuerpo, succionando
con fuerza. Seguro que en los hombros también había marcas de mordiscos.
Ante
aquella mirada furtiva que descendía hasta el interior de sus muslos, Yuri
golpeó ligeramente la mesa con el dorso de la mano. Sinceramente, sentía que si
Chariot volvía a abalanzarse sobre él, terminaría cediendo, por lo que le
pareció más conveniente disipar aquella atmósfera turbia antes de que fuera
tarde.
“No
hace falta comer aquí. Vamos al comedor.”
“¿De
verdad estás bien?”
“Sí.”
Por
suerte, ahora que su celo había terminado, Chariot parecía haber recuperado el
autocontrol, ya que asintió con retraso y volvió al tema de conversación que
habían dejado a medias.
“Entonces
vayamos a la cocina. Espera. No pensarás salir así tal como estás, ¿verdad?”
Yuri
se encogió de hombros.
“¿Qué
pasa?”
“Chariot,
¿de verdad no te das cuenta?”
Al
ver sus ojos verdes muy abiertos, comprendió que aún no había recordado la
clase de desastre que había provocado.
“Tu
semen no deja de gotear, así que no puedo ponerme nada hasta que termine de
limpiarme por completo.”
“...!”
Chariot
abrió los ojos de par en par y separó ligeramente los labios. Con la mirada
titubeante, bajó despacio los ojos hacia el abdomen de Yuri y, al parecer al
percatarse por fin de los fluidos que escurrían, se quedó con la boca abierta y
moviendo los labios sin emitir sonido.
“Ah,
maldición, lo siento muchísimo.”
A
pesar de estar disculpándose, mantuvo la vista fija en la zona de la ingle y
los muslos, apenas cubiertos por el borde de la camiseta.
“No
traje condones, así que no pude usarlos. Y ni se me pasó por la cabeza salir a
comprarlos. Supongo que tendré que hacerme cargo. Mmm. ¿Quieres que te... ayude
a sacarlo directamente?”
Aquel
comentario que vino a continuación era, con toda probabilidad, una mezcla de
culpa y buena voluntad, pero por algún motivo sonaba una vez más a una
invitación para repetir.
“Me
daré una ducha rápida y saldré. Come mientras tanto.”
Yuri
se dio la vuelta para salir primero y cortar de tajo las intenciones de
Chariot. Un suspiro de frustración resonó a sus espaldas mientras Chariot lo
seguía apresuradamente.
“Teniendo
en cuenta que mis manos son más grandes y que fui yo el causante del lío, ¿no
sería mejor que me encargue de cuidarte?”
“No.”
Ante
la negativa cargada de evidente pesar que lo persiguió, Yuri sonrió mientras
caminaba de espaldas.
“Maldición,
Yuri. Cada minuto y cada segundo aquí se siente como una prueba de autocontrol.
Eres demasiado peligroso para mí.”
Mientras
dejaba atrás aquel cumplido que no era tal y cerraba la puerta del baño,
escuchó a Chariot soltar un suspiro indescifrable antes de regresar a la
cocina. ¿Alguna vez había tenido un día que comenzara con un aire tan alegre
como el de hoy?
Asombrado
ante una vivencia que jamás había experimentado, se quitó la camiseta por un
momento. Antes de entrar en la cabina de ducha, al echar un vistazo casual a su
propio cuerpo, en lugar de centrarse en las cicatrices como solía hacer, sus
ojos se dirigieron de forma inevitable a las marcas que Chariot le había
dejado. Su vista se desviaba sola hacia ellas.
Desde
las marcas de dientes en los hombros hasta los rastros de mordiscos suaves,
todo su cuerpo estaba cubierto de un extremo a otro. Con la curiosidad de saber
hasta dónde había llegado a besarlo y morderlo, apartó la vista del espejo para
examinar la parte inferior, descubriendo que los tobillos y la cara interna de
los muslos acumulaban una gran cantidad de tonos rojizos. Eran chupones tan
explícitos que, de ser vistos por alguien de mayor edad, habrían resultado
innecesariamente embarazosos por su densidad.
Y,
sin embargo, no le desagradaban.
Era
prácticamente lo mismo que haber sido marcado por otro alfa, pero quizás se debía
a que aquel acto no tenía la intención de someterlo. Parecía la prueba
indiscutible de que Chariot lo deseaba con intensidad, por lo que Yuri continuó
inspeccionando las marcas una y otra vez mientras se lavaba el cuerpo con
ligereza bajo el chorro de agua. Lo hacía con el temor de que, si se lavaba sin
más, aquellas huellas desaparecieran de inmediato. A pesar de saber que se
desvanecerían de forma natural con el paso del tiempo, se inclinó para tocar su
flanco izquierdo, aferrándose a ellas como alguien reacio a soltar lo que le
gusta.
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La
cicatriz que Chariot había sido el primero en besar. En lugar de múltiples
marcas, allí solo quedaba una mancha más oscura. Como si hubiera insistido una
y otra vez en el mismo sitio, parecía un leve hematoma. Jamás habría imaginado
que un matiz así pudiera depositarse cerca de una piel que siempre había sido
de un blanco falto de vida.
Absorto
en la extraña sensación que le producía acariciar la cicatriz, Yuri volvió en
sí de golpe al escuchar la voz de Chariot llamándolo desde el exterior. Se
había bañado por completo mientras su mente vagaba en otra parte.
Al
salir tras terminar la ducha, Chariot lo recibió junto a una isla de cocina
repleta de comida. Con la misma expresión de ligera preocupación que había
mostrado antes, al ver a Yuri salir sano y salvo, su rostro se relajó en una
mueca de alivio.
“Ven
rápido, Wolfie. Unas tortitas frías son un pecado.”
El
sonido alegre de los platos al ser acomodados resonó en el ambiente. Yuri pasó
de largo hacia la habitación para ponerse unos calzoncillos y unos pantalones,
mientras escuchaba de fondo las quejas de Chariot, que lo llamaba de nuevo con
tono de berrinche antes de encaminarse otra vez hacia la cocina.
A
Yuri le agradaba bastante la distribución de aquella casa. Al no estar dividida
en dos plantas y contar con una estructura rectangular que agrupaba en la
planta baja la cocina, la sala de estar y habitaciones a ambos lados, resultaba
muy sencillo saber dónde se encontraba el otro.
Al
sentarse junto a Chariot, quien lo aguardaba, quedó todo dispuesto para
disfrutar por fin de un almuerzo tardío —o más bien una merienda temprana—.
“¿Habías
comprado ingredientes para preparar algo así?”
En
los platos de ambos se apilaban cuatro tortitas. Al lado del plato con las
tortitas coronadas por una rodaja de mantequilla, había una ensalada elaborada
con granadas, almendras, col rizada y lechuga, acompañada por unos platos
principales de carne asada y macarrones con queso. Recordaba que habían
comprado carne, pero el resto de los acompañamientos le resultaba desconocido.
“La
harina para las tortitas la encontré por aquí.”
Pareciendo
tener bastante hambre, apenas Yuri tomó asiento, Chariot cortó un trozo
generoso de carne, lo ensartó en el tenedor y, tras lanzarle una mirada
cautelosa, reveló un secreto:
“En
realidad, la fecha de caducidad está un poco vencida... pero supongo que no
pasa nada, ¿no?”
Solo
había una forma de comprobarlo. Yuri estiró la mano hacia las tortitas que
llevaba un buen rato anhelando, cortó un bocado grande y, mirando fijamente a
Chariot, se lo metió en la boca. Olvidándose por completo de su propia porción
de carne, Chariot se quedó contemplándolo en silencio mientras masticaba. Al
cruzarse con sus ojos, que exhibían un nerviosismo sutil a la espera de una
evaluación, Yuri esbozó una sonrisa burlona y bajó el tenedor.
“¿Quién
dijo semejante cosa? Sabe exactamente igual a si lo hubieran hecho con harina
recién molida.”
Un
brillo radiante iluminó por fin el rostro de Chariot. Al ver aquella sonrisa
que florecía con la vivacidad de una peonía, en el interior de Yuri germinó un
fuerte deseo de ver a aquel hombre sonreír más, mucho más. Quería hacer feliz a
ese hombre. A cualquier precio.
“Menos
mal. ¿Está rico?”
“Mucho.”
“¿Quieres
que le ponga sirope?”
De
haber sido el Yuri de antes, lo habría rechazado, pero en ese momento le
apetecía la versión cubierta de sirope.
“Sí.”
La
sonrisa de Chariot se ensanchó. Tomó con sus propias manos la botella de sirope
y la esparció sobre las tortitas de Yuri. Tras formar con el líquido un par de
puntos redondos y trazar una curva debajo para simular una cara sonriente, Yuri
no pudo contener una carcajada.
“¿Qué
es esto?”
Pareciendo
un niño pequeño. Al añadir aquello en voz baja mientras reía con los ojos
entrecerrados, Chariot estalló también en una risa ligera y contagiosa: ¡jajaja!.
Después de exprimir el sirope a su gusto hasta que Yuri le dijo que parara,
Chariot le tendió la botella. Siguiendo el gesto que parecía pedirle que
hiciera lo mismo, Yuri, a diferencia de Chariot, cubrió con esmero y de manera
uniforme las tortitas con una red de sirope.
Durante
los minutos siguientes reinó un breve silencio mientras ambos devoraban los
alimentos con cierta prisa. No obstante, aun sin mediar palabras,
intercambiaban miradas de vez en cuando acompañadas de sonrisas, y Yuri terminó
con sus cuatro tortitas en un santiamén. Al alternar entre la carne y la
ensalada y vaciar aproximadamente la mitad, empezó a sentirse más relajado. Con
el estómago parcialmente lleno, una agradable sensación de saciedad se apoderó
de él.
“Vaya,
siento que he vuelto a la vida. Es la primera vez que paso tanto tiempo
encerrado en el dormitorio sin probar bocado.”
Chariot
dejó el cuchillo sobre la mesa casi al mismo tiempo. Tratándose de un joven de
gran estatura y apetito voraz, ya había dado cuenta de su porción de carne y se
había comido la mitad de los macarrones con queso.
“Menos
mal que no pasó a mayores. Hemos tenido suerte.”
Yuri
reflexionó sobre su propio descuido. Aunque prefería no evocar la conversación
que había tenido con Alexei en un momento así, de todos modos necesitaba
recordarse a sí mismo una y otra vez que Chariot se encontraba en una situación
peligrosa.
“Si
piensas que han pasado seis días desde que llegamos aquí y no ha pasado nada,
¿no significa que ahora estamos a bueca recaudo?”
No, Chariot. Las cosas no están tan optimistas como crees.
Samuel está muerto y hay muchos tipos buscándote.
En
circunstancias normales, le habría recordado a medias la realidad... Pero Yuri
optó por pronunciar otras palabras en su lugar.
“Parece
que por ahora no han descubierto nuestra ubicación.”
“¿Verdad?”
Con
el rostro iluminado por el entusiasmo, Chariot extendió el tenedor hacia la
ensalada de Yuri. Dejándolo con gusto que comiera su parte de la comida, Yuri
se sumió en sus pensamientos. Deseaba continuar conversando con el hombre a su
lado y, en lugar de abordar temas que lo pusieran ansioso de inmediato,
prefería indagar en asuntos más personales.
Tras
dudar un instante tras otro, Yuri reunió valor. Hacerle una clase de preguntas
así le resultaba repulsivo, como si estuviera infringiendo las normas que él
mismo se había impuesto, pero el deseo de saber más sobre Chariot pesaba mucho
más.
“¿La
que está en la habitación es una foto familiar?”
Chariot,
que se dedicaba a seleccionar únicamente los granos de granada con el tenedor,
se detuvo en seco al escuchar la pregunta. Acaso fue un error. Justo
cuando una sensación de fracaso amenazaba con abrumarlo al creer que había
hecho una pregunta innecesaria, Chariot volvió la cabeza para cruzar la mirada
con él.
“Parece
que por fin te has empezado a interesar un poco por mí.”
Por
suerte, su pregunta no había arruinado el humor de Chariot. Al contrario, lucía
divertido.
“Porque
parecía evidente que eran tus padres.”
“Bueno,
es innegable que heredé únicamente lo más sobresaliente de mi madre y de mi
padre. ¿No dirías que soy el caso más exitoso de combinación genética?”
Tras
regalarse semejante autoelogio, Chariot comenzó a contarle sobre su pasado, tal
como Yuri había deseado.
“Tienes
razón, Wolfie. Fue durante una ocasión en que mis padres me llevaron a visitar
el lago Louise. Le pedimos a un transeúnte que nos tomara una foto y salió tan
bien que mandaron a revelar varias copias. Cuando mi padre vivía, nuestra
familia solía venir todos los veranos desde Boston hasta Calgary, recorría los
alrrededores de Banff y luego terminaba viniendo aquí.”
Yuri
vio cómo la nostalgia se posaba en aquellos ojos verdes que remontaban las
profundidades del tiempo. Era la profunda sombra de la pérdida, una que solo
alguien que ha perdido a alguien es capaz de reconocer.
“Así
fue hasta que cumplí trece años.”
Tras
tragar con lentitud un grano de granada, Chariot guardó silencio. Mientras
observaba aquella mirada que, aunque lo contemplaba a él, parecía perdida en un
punto remoto, Yuri extendió la mano con lentitud. Y entonces, sobre la mano de
Chariot que descansaba en su muslo, superpuso la suya.
Chariot,
que miraba fijamente un punto lejano más allá de la consciencia, se sobresaltó,
bajó la cabeza y examinó su mano. Tras dudar un momento, Yuri dijo en voz baja:
“Si
no quieres, no tienes que seguir hablando.”
Con
la breve intención de transmitirle que no era necesario remover recuerdos
innecesarios, rozó levemente el dorso de su mano y estuvo a punto de retirarla,
cuando...
“No.”
Chariot
lo detuvo antes de que pudiera retroceder.
En
lugar de agarrarle la muñeca como solía hacerlo, esta vez lo hizo de un modo
distinto.
Girando
la palma hacia arriba, estrechó la mano de Yuri y entrelazó sus dedos con firmeza.
Los dedos que se deslizaban entre los espacios lo sujetaron con fuerza. En el
preciso instante en que ambas palmas hicieron contacto, su corazón comenzó a
latir con furia. Con un pulso tan acelerado que le hizo sentir una oleada de
calor, Yuri cerró los labios con fuerza. Parecía haber retrocedido a sus años
de inexperiencia.
“Yo...
quiero que sepas sobre mí.”
Chariot
abrió la boca sin apartar los ojos de sus manos unidas. El simple hecho de
mantener los dedos entrelazados le provocaba un temblor increíble, y tras
escuchar semejantes palabras, su mente se revolvió por completo. De manera
inconsciente, Yuri buscaba algún indicio. Una pista que le otorgara la
esperanza de que lo suyo con Chariot no se limitaría a ser un simple romance
pasajero como tantos otros.
¿Le
habría contado Chariot esta misma historia a alguien más en el pasado? Tal vez
se trataba solo de una anécdota que todo el mundo conocía y que simplemente
compartía con él también. Aun así, deseaba con fuerza que no fuera el caso.
Dado
que todos los sucesos vividos durante los últimos días junto a él se sentían
tan intensos que dolían en el pecho, esperaba que para Chariot tampoco se
tratara de un instante cotidiano cualquiera.
Un
anhelo brotó desde lo más hondo de su ser.
Dentro
de su corazón, antes frío y endurecido como una roca, aún corría sangre.
Contuvo el aliento con dificultad para calmar el ardor interno y se dispuso a
escuchar con atención la historia de Chariot. No quería perderse ni una sola
palabra de lo que dijera.
“Mi
padre falleció justo antes de que yo ingresara al internado. Se habían ido de
vacaciones con mi madre, pero ocurrió un accidente: mi padre murió y mi madre
tuvo que pasar una larga temporada ingresada en el hospital.”
Ante
un relato mucho más grave de lo que había anticipado, Yuri guardó silencio. A
los trece años, la edad coincidía prácticamente con el momento en que Alexei
había perdido a ambos padres. Perder a un padre a una edad tan temprana
representaba, sin duda, una desesperación inimaginable para Yuri. Aunque él
también había perdido a su madre, por aquel entonces ya era prácticamente un
adulto.
“El
fideicomiso originalmente le correspondía a mi padre. Mis abuelos decidieron
pasarlo a mi nombre, y el fideicomiso incluía cosas que superaban por completo
lo que me habría tocado como nieto. Por eso, mi fideicomiso es el legado de mi
padre, y estoy obligado a protegerlo. No es solo por el dinero, sino porque la
mansión de Boston que pertenecía a mi padre, o las acciones de la casa de campo
familiar, se sienten para mí como fragmentos de mis recuerdos.”
Ahora
comprendía perfectamente la razón por la cual Chariot se había enfadado la
primera vez que tanto Alexei como él se habían tomado a la ligera el asunto de
su fideicomiso.
Porque
los rastros dejados por alguien que ya no existe en este mundo... son algo que
uno desea proteger a cualquier precio, cueste lo que cueste.
Por
mucho que uno se esfuerce, la memoria tiene límites y, conforme avanzan los
años, las sensaciones se desvanecen. Por esa razón, algunos necesitaban objetos
para recordar a los difuntos, otros requerían vídeos y fotografías, y otros
tantos seguían los pasos de la voluntad de quien había muerto.
“Me
esforcé muchísimo por cumplir las condiciones del fideicomiso. Siempre tuve
presente la posibilidad de que alguien pudiera usar mi fama para extorsionarme
de algún modo absurdo. Jamás he bebido y conocido a nadie de esa forma, ni he
asistido a fiestas privadas. Cuando me llegaba el rut, por lo general elegía
alfas, y si llegaba a ver a un omega, extremaba las precauciones con el uso de
anticonceptivos. Como creía que empezar a salir con alguien solo serviría para
magnificar mis defectos, jamás me he declarado a nadie. Solo tenía que resistir
hasta retirarme, pero...”
Chariot
se frotó con torpeza la frente para apartar el flequillo que se le había
descolgado ligeramente.
“Quién
iba a pensar que terminaría en una situación así.”
Percibiendo
su intención de aligerar la atmósfera, Yuri añadió unas palabras con tono
neutral.
“Decías
que eras muy estricto, pero esta vez ni siquiera se te pasó por la cabeza usar
un condón.”
“¡Eso
fue...!”
Sorprendido,
Chariot alzó el rostro de inmediato para examinar a Yuri. Al advertir que los
ojos del hombre frente a él esbozaban una débil sonrisa, arrugó las cejas y
rio.
“La
culpa de eso es tuya.”
“¿Por
qué razón?”
“Porque
desde el primer instante en que te vi, mandaste a volar toda mi razón.”
Chariot
susurró aquello mientras acariciaba suavemente el dorso de la mano de Yuri.
“Vaya,
lo sé. En realidad todo es culpa mía. Lo siento. Aunque estuviera en pleno rut,
no debí actuar así... Luego, antes de que cierren la farmacia, te compraré un
neutralizador. Dicen que se usa justamente para prevenir este tipo de
imprevistos desafortunados. Dolly me enseñó a usarlos ahora que también comencé
a relacionarme con alfas.”
De
modo que existía algo así. Yuri masticó mentalmente el nombre del medicamento
mientras ladeaba la cabeza ante la mención de alguien llamado Dolly.
“¿Dolly?”
“Dolly
es mi guardaespaldas. Se llama Dorothy. Es una de las personas que Wolfie
conocerá muy pronto. Desde que falleció mi padre, Dolly se ha mantenido siempre
al lado de mi madre y el mío, viviendo con nosotros como si fuera parte de la
familia.”
“¿Eso
significa que no son familia?”
“No.
Dolly llegó a nosotros a través de unas circunstancias muy particulares.”
Recordando
tal vez un episodio entrañable, Chariot esbozó una sonrisa apacible y continuó
con su relato.
“Para
explicarte cómo conocimos a Dolly, primero tienes que saber un poco más sobre
mi padre. La verdad es que a él se le daba de maravilla el hockey. Los chicos
populares suelen decantarse por el fútbol americano, pero él eligió el hockey,
al punto de que antes de ir a la universidad ya despertaba el interés de varios
equipos para becarlo. Él mismo ansiaba convertirse en jugador profesional, pero
mis abuelos se opusieron rotundamente. Mi abuela hizo una huelga de hambre
total durante diez días seguidos, al punto de que tuvieron que ingresarla al
hospital.”
Al
surgir el tema de sus abuelos, el entrecejo de Chariot se frunció levemente.
“No
le quedó de otra y, al igual que todos los miembros de la familia, mi padre
tuvo que estudiar derecho. Los miembros de la familia Goodnight se dedican a la
política o forman parte del gremio judicial. Y aunque terminó volviéndose
abogado...”
El
ceño fruncido se desvaneció por completo.
“Jaja,
en contra de los deseos de mis abuelos, en lugar de ingresar a un bufete
corporativo, terminó siendo defensor público. Si de verdad iba a dedicarse a
esa clase de labores, al menos le suplicaron que fuera abogado de oficio en
exclusiva, pero él acabó marchándose derechito a la oficina de defensores
públicos de Boston.”
Aunque
Yuri no tenía la menor idea de en qué consistía la diferencia entre ambas
opciones, era plenamente capaz de percibir que el hombre de la fotografía le
había heredado a su hijo no solo el físico, sino también el carácter. Esa vena
sutilmente terca y caprichosa también habitaba en Chariot.
“Tras
atravesar un camino tan turbulento trabajando como defensor público, conoció a
Dolly. Nunca me ha contado con exactitud cuál fue el caso que los unió, pero
parecía que, gracias a mi padre, la vida de Dolly había dado un vuelco total. A
partir de entonces, juró devolverle el favor ofreciéndose voluntariamente a
permanecer a nuestro lado.”
Parecía
una historia sacada de una película. El hecho de que pudiera considerarse
familia a alguien que en principio era un completo extraño.
“Parecía
una buena persona.”
Ajar
la vida de una persona es verdaderamente sencillo, pero hacer lo contrario es
algo sumamente grandioso. Yuri habló con sinceridad, y Chariot acogió sus
palabras con agrado.
“Gracias
por decirlo así.”
“Es
de verdad.”
“No
sé por qué, me alegra. Significa que hay una persona más que conoció a mi
padre, y esa persona eres tú, Wolfie.”
De
repente, el dorso de su mano sintió picor. Yuri examinó la mano pensando que
quizás Chariot volvía a tocarla, pero no era así. Por lo visto, esa sensación
se debía a que Chariot había pronunciado unas palabras tan hermosas que
resultaban bochornosas de escuchar. A veces, Chariot era capaz de concebir
pensamientos de una belleza sorprendente.
“Pero
al final solo he estado hablando yo.”
Mientras
Yuri pensaba en cómo era posible albergar semejantes palabras en su cabeza, la
fuerza con la que entrelazaban los dedos lo hizo regresar de golpe a la
realidad. Y, en el momento preciso, Chariot le preguntó:
“A
mí también me gustaría escuchar la historia de Wolfie.”
“...”
Sus
espesas cejas negras se tensaron por un instante.
A
diferencia de los relatos de Chariot, no había ninguna parte hermosa en la vida
de Yuri. Habiendo estado inmerso en una guarida de criminales desde el mismo
instante en que nació, por mucho que intentara adornarla, su existencia
resultaba infinitamente más sórdida que la de Chariot.
Sin
embargo, no deseaba mentir. El anhelo de quedar bien ante él era tan fuerte que
por un segundo cruzó por su mente esa idea, pero hacerlo habría significado
traicionar su confianza.
“Como
ya sabes...”
Yuri
apenas logró abrir los labios.
“Tengo
un historial delictivo grave.”
Confesar
sus propios crímenes, aquellos que había mantenido sepultados en lo más hondo
de su pecho, resultaba tan humillante y tortuoso que ninguna palabra bastaba
para describirlo. Había pensado que, tras soportar toda clase de insultos y
reproches por parte de los habitantes y policías de Sarátov que conocían
perfectamente la ralea de tipo que era, ya no le quedaba nada capaz de
atormentarlo.
No
obstante, al escuchar de nuevo sus propias palabras rebotar en sus oídos y
regresar al interior de su mente, Yuri sintió deseos de morir.
La
muerte es la vía de escape más fácil. Equivale a abandonar el lugar donde uno
se encuentra en lugar de hacer frente a sus faltas. Mientras se mantenga con
vida, un pecador siempre cargará en su memoria con los delitos que le
pertenecen, y por más que huya, tendrá que convivir con ellos; sin embargo, al
morir, esa necesidad desaparecía.
Por
esa razón, Yuri jamás había acariciado la idea de morir. Su expiación consistía
en vivir en silencio, sin permitirse ninguna clase de alegría, para pagar de
ese modo el precio de sus culpas. No obstante, los destellos de felicidad que
había descubierto durante los últimos días junto a Chariot habían derribado las
normas acumuladas a lo largo de tanto tiempo, dejando al descubierto por un
instante el repugnante deseo que se ocultaba tras ellas.
Aquel
dulce susurro resonaba en sus oídos: si mueres, todo habrá terminado.
“Yuri.”
Chariot
lo sujetó al ver que adoptaba un semblante que parecía al borde de la muerte.
Mirándolo fijamente a los ojos azules, en los cuales la concentración iba
regresando de a poco, Chariot mostraba una expresión apenada. Arrugando su
lindo entrecejo mientras sufría en silencio por él, buscó las palabras más
acertadas que podía ofrecerle.
“No
te preguntaré qué clase de actos cometiste. Pero supongo que debe haber habido
un motivo que te condujo a hacerlos.”
El
nudo informe que había estado apretando la garganta de Yuri se aflojó un poco.
“En
los últimos días he visto a alguien paciente, a una persona amable que se
preocupa por mí. No creo en absoluto que eso sea una fachada. Wolfie, tú no me
exigiste nada. Al contrario, me alejaste, y aun teniendo la oportunidad de
marcharte y dejar atrás a alguien tan insufrible como yo, regresaste para
protegerme.”
Sin
embargo, aquellas palabras llenas de afecto con las que Chariot lo validaba no
hacían más que avivar su tormento. Yuri no merecía escuchar semejantes cosas.
“Imagino
que tuviste tus propias circunstancias.”
Cuanto
más le concedía Chariot un resquicio de justificación al camino que había
recorrido, más fuerte se volvía en su interior el deseo de escuchar reproches y
ataques despiadados. Estaba habituado al dolor y le resultaba mucho más cómodo
encerrarse en esa clase de dinámicas. Al final, incapaz de resistir por más
tiempo, Yuri negó con la cabeza y frenó aquel intento de consuelo que no era
tal.
“Sin
importar cuáles hayan sido mis circunstancias, al final no son más que excusas.
Yo tuve opciones.”
Morir o matar.
Yuri
se había visto en una encrucijada en repetidas ocasiones.
Y
en cada una de ellas, había optado por la vida en lugar de la muerte. Todas
eran decisiones que él mismo había tomado.
Un
corazón endurecido en una sola dirección durante tanto tiempo se rebeló con
dureza, rechazando cualquier muestra de clemencia adicional. Chariot lo
contempló con mirada serena y permitió que el silencio reinara durante un buen
rato. Mientras el mutismo se prolongaba, las olas que agitaban su ánimo se
calmaron. Al comprobar que la expresión de Yuri lucía considerablemente más
sosegada, Chariot no dio un paso atrás y volvió a acercarse a él.
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“Lo
único que quiero es saber de ti, no juzgarte. Pero... si de verdad prefieres no
hablar de ello, dejaré de insistir. Aunque no lo sepa, eso no cambiará el hecho
de que me pareces alguien amable.”
Al
escuchar que no lo juzgaba, las pestañas de Yuri temblaron levemente. Las
palmas de sus manos, entrelazadas con las de Chariot, ya se encontraban húmedas
de sudor. Sintió un gran impulso de soltar la mano para secárselas, pero
comprendió que si rompía el contacto en ese momento, nada cambiaría. Al final,
volvería a hacer lo de siempre: apartar a Chariot y quedarse de nuevo en
absoluta soledad.
Aun
así, Yuri se negaba a soltar la mano que lo retenía.
Deseaba
retener aquel calor reconfortante durante el mayor tiempo posible. Y si aquello
le exigía cambiar, el proceso, por más doloroso que resultara, merecía la pena.
¿Qué
debía decir?
Un
hombre cuyo único deseo había sido apagar su vida en silencio, en un rincón
desconocido para el resto del mundo, no tenía idea de cómo explicarle su
existencia a otra persona. A diferencia de la gente común, no podía relajar los
hombros y hablar de los trabajos de sus padres, del colegio al que asistió, de
su carrera universitaria o de su profesión.
Tras
dudar sobre por dónde empezar, Yuri decidió imitar a Chariot y hablar de sus padres.
Al menos ellos, a diferencia de él, sin duda habían tenido una época en la que
vivieron de forma honrada.
“...Mis
padres vinieron de la Unión Soviética.”
Al
escuchar las palabras salir con dificultad de sus propios labios, un escalofrío
le recorrió la piel. La palabra Soviética sonaba extrañamente ajena.
Jamás le había hablado a nadie sobre aquella tierra que constituía sus raíces y
el origen de sus padres. Incluso dentro de su propia familia, a partir de
determinado momento habían dejado de mencionar el país derrumbado, convirtiendo
el término en algo que el tiempo se encargó de sepultar.
“Allá
ambos desempeñaban labores comunes. Mi madre era enfermera y mi padre regentaba
una carnicería.”
Comparado
con el progenitor de Chariot, se trataba de un oficio insignificante, pero al
menos de esto Yuri no sentía vergüenza. Aunque reprochaba las decisiones
tomadas por su padre, no renegaba de su vida. Su esposo se había esmerado en
dar lo mejor de sí para sobrevivir en cada momento, haciéndolo por su esposa y por
el hijo que ella llevaba en el vientre. Aunque, siendo ingenuo y necio, escogió
una senda equivocada... y bien sabía que el responsable de todo aquello era un
monstruo llamado Igor Volkov.
Aun
así, ¿de qué servía culpar a aquel sujeto del origen de todos sus males?
Resentirse
con los demás solo lo conduciría una vez más a caer en el patético bucle de
considerarse un infeliz.
“Luego,
en la época en que la Unión Soviética se derrumbaba, emigraron a Estados
Unidos. Llegaron a través de una de las tantas rutas habituales de los
inmigrantes de aquel entonces... A partir de ahí, muchas cosas cambiaron.
Estados Unidos no era un país donde uno se quedara de brazos cruzados esperando
recibir ayuda, sino un lugar donde había que ganarse el dinero con el propio esfuerzo;
y para dos personas procedentes de una sociedad completamente distinta, aquí no
eran absolutamente nada. Necesitaban el apoyo de alguien.”
El
mundo solía ser cruel hasta rozar lo inadmisible.
Esforzarse
al máximo y vivir con honradez no garantizaba en absoluto una existencia segura
y próspera. Su padre, que tendía a confiar con demasiada facilidad en los
demás, consideraba a Igor Volkov un líder benevolente dedicado a socorrer a sus
compatriotas. Jamás imaginó que se trataba de un demonio dispuesto a empujarlo
al fuego del infierno y a calcinarle la vida, y le estrechaba la mano repetidas
veces con una reverencia, expresándole su más profundo agradecimiento.
“Mi
padre recibió ayuda de la persona equivocada.”
Un
hombre tan ingenuo como necio.
“Yo
heredé los pecados de ese padre.”
En
lugar de legarle recuerdos entrañables como los del padre de Chariot, el suyo
le había transmitido una época de sufrimiento. De no ser por su madre, es muy
probable que Yuri hubiera crecido abrigando un profundo rencor hacia él. Sin
embargo, dado que su madre lo amaba y se compadecía de él con tanta intensidad,
a Yuri no le quedó más remedio que terminar comprendiéndolo.
“La
ciudad donde vivía era un sitio gobernado por un criminal que actuaba como si
fuera un señor feudal. Tarde o temprano, todos los que habitaban allí
terminaban pidiéndole dinero prestado, y con el menor descuido uno se veía
enredado en asuntos ilegales. Mi padre cayó en sus redes y contrajo una deuda,
y de manera natural yo terminé heredando las labores que él realizaba.”
Aun
así, el que peor parte se llevaba era su padre.
Porque
Yuri no tenía forma de imaginar lo que pasaba por la mente de un esposo que,
hasta el final de sus días, se aferraba a los objetos que su difunta esposa
había amado.
Por
esa razón, Yuri no guardaba resentimiento hacia nadie.
El
único culpable era él mismo, por no haber tenido la fuerza suficiente para
cambiar las circunstancias.
Mientras
relataba una historia en la que había cometido errores idénticos a los de su
padre por pura torpeza, Yuri titubeó antes de añadir unas últimas palabras:
“Jamás
le puse la mano encima a ninguna mujer, ni a los ancianos, ni a los niños.”
Intentó
dar más detalles, pero la voz se le trabó en la garganta. Afirmar que nunca
había dañado a personas inocentes que no fueran criminales resultaba
incoherente, puesto que él mismo había colaborado en su momento para mantener
en marcha los negocios de Igor. Aunque más tarde ayudó a Alexei a derribar
tanto a los Volkov como sus instalaciones, aquello no era más que su deber.
Esto
era todo lo que Yuri podía hacer por el momento. No se atrevía a pronunciar la
horrible palabra ‘mafia’. Un criminal y un miembro de la mafia pertenecían a
categorías de pecado completamente distintas. Decir en voz alta la clase de
estigma con el que había tenido que cargar requería de él mucho más valor de lo
que había imaginado. Sus pensamientos se dispersaban de forma caótica y su corazón
latía como si fuera a estallar.
Incapaz
de imaginar qué clase de mirada le estaría dirigiendo Chariot, Yuri se había
quedado contemplando las manos entrelazadas durante toda la confesión.
Aterrorizado ante la idea de que este soltara su mano de inmediato y se
levantara de la mesa, su piel, ya de por sí pálida, se tornó de un tono
azulado.
Incluso
después de que el breve relato de Yuri llegara a su fin, Chariot no emitió
ninguna respuesta. Le invadió el impulso de alzar el rostro para examinar la
expresión de Chariot, pero se detuvo por el miedo a encontrarse con una cara de
desprecio, como si estuviera viendo a un insecto. Mientras su cuerpo, rígido
por la tensión, experimentaba pequeños temblores, Chariot por fin abrió la
boca.
“Entonces,
tu nombre real definitivamente no es Yuri Campbell.”
El
corazón dio un vuelco en su pecho. El motivo fue que, por un instante, fue
incapaz de comprender con qué intención le preguntaba aquello. Las yemas de sus
dedos se enfriaron. Levantando la cabeza con lentitud, Yuri escrutó el rostro
de Chariot con dificultad.
Por
suerte, Chariot no estaba poniendo la horrible expresión que había imaginado.
Tampoco había en su mirada rastro de decepción o temor, ni manifestaba la menor
intención de apartarse de su lado en ese momento. Ambos seguían con una mano
unida a la otra.
“Dijiste
que tus padres eran rusos, ¿no? Tu apellido no puede ser Campbell.”
Al
advertir la duda que asomaba en los ojos de Yuri al no comprender la pregunta,
Chariot lo explicó con una suave sonrisa.
“Como
Wolfie también sabe mi nombre, lo justo es que yo sepa el tuyo.”
…Era
a eso a lo que se refería.
Una
cálida sensación de alivio lo envolvió con serenidad. La sangre comenzó a
circular de nuevo por sus manos heladas. Un cosquilleo brotó desde las yemas de
sus dedos teñidas de un rubor intenso. Yuri abrió los labios con lentitud.
“…Kiselyov.”
Aquel
nombre, que no había pronunciado en voz alta desde su huida de Sarátov, escapó
por fin de sus labios.
“Yuri
Kiselyov.”
A
decir verdad, a Yuri le gustaba su apellido. En la época en que contrajeron
matrimonio, su padre le había sugerido que conservara el apellido de su madre
tal cual, pero ella le respondió que Kiselyov le parecía muchísimo más bonito
que Kozlova. Recordando a su madre en los días de su juventud, diciendo que
deseaba que todo el mundo al escuchar su nombre supiera que era la mujer de un
Kiselyov, Yuri también había querido preservar ese apellido.
“¿No
suena muchísimo más genial que el nombre Campbell?”
Al
escuchar el asombro mezclado con admiración en la voz de Chariot, Yuri, quien
aún se sentía un poco encogido, pudo por fin relajar el corazón. Al ver
aquellos ojos verdes que brillaban de sorpresa, Yuri también esbozó una leve
sonrisa. Al advertir que había recuperado la sonrisa, Chariot repitió su
apellido.
“Kiselyov.”
Su
pronunciación del ruso resultó torpe. Yuri lo corrigió pronunciándolo de nuevo
de manera correcta.
“Kise-lyov.”
“Kiselyo-v.”
La
empeñosa imitación del ruso por parte de Chariot le resultó tan entrañable que
la sonrisa de Yuri se ensanchó aún más. Al escuchar una risa baja y divertida
—jaja—, Chariot también rió contagiado. Con una sonrisa tan adorable que dejaba
un pequeño hoyuelo en una de sus mejillas, Chariot preguntó con un tono cargado
de coquetería:
“¿Lo
he dicho tan mal?”
“Sí.”
“Entonces
enséñame a leerlo bien. Mi sueño siempre ha sido aprender ruso algún día.”
Era
evidente que se acababa de inventar un deseo que jamás había tenido, pero no
sonaba para nada mal. Asintiendo con lentitud, Yuri le reveló un detalle más
sobre su persona, a modo de disculpa por no poder ofrecerle una explicación
perfecta.
“Puedo
decirte mi nombre, pero tampoco se me da muy bien el ruso. En inglés, mi nivel
de lectura y escritura es apenas el de un estudiante de secundaria… Así que te
va a tomar bastante tiempo leer todos los libros que me regalaste.”
Temeroso
de que Chariot pudiera decepcionarse si le tomaba leer los obsequios más lento
de lo previsto, Yuri se lo adelantó. Al escucharlo en silencio, Chariot le hizo
una propuesta inesperada:
“¿Y
si… te ayudo?”
“¿Cómo?”
“Si
encuentras alguna parte difícil mientras lees, me preguntas. O si prefieres, te
los leo yo en voz alta.”
Pensando
que a estas alturas ya no poseía la capacidad para aprender cosas como
gramática, ni albergaba el deseo de otorgarse a sí mismo ninguna posibilidad de
superación, Yuri parpadeó ante semejante ocurrencia. Era una sugerencia que con
solo escucharla ya le alegraba el ánimo. Imaginar a Chariot leyendo a su lado…
“Es
decir… una vez que todo esto termine, tanto tú como yo regresaremos a
Vancouver.”
“…Así
es.”
Aunque
ignoraba cuándo ocurriría exactamente, aquella frase que daba por sentada una
realidad en un futuro cercano comenzó a poner nervioso a Yuri. Se dejó llevar
por la ilusión de que Chariot tal vez estuviera insinuando algo que él solo se
atrevía a imaginar en lo más hondo de sus pensamientos.
“Así
que tal vez podré pasar por tu casa después del trabajo para leer juntos.”
Ojalá
no fuera solo una ilusión.
“También
está la opción de que traigas tus libros cuando vengas a pasar el fin de semana
a mi casa.”
Tal vez….
De
verdad pudiera llegar a suceder aquello que tanto imaginaba.
La
razón, que se había instalado en su interior a base de sufrir repetidas
decepciones tras abrigar esperanzas, le lanzó una advertencia punzante: que se
abstuviera de ilusionarse hasta tener la absoluta certeza. Podía ser que
Chariot hablara así solo por el deseo de ser un buen amigo, o tal vez se
trataba de una propuesta para mantener la simple dinámica de compañeros
habituales.
Aun
así, dejando eso de lado, la mera idea de seguir manteniendo contacto con
Chariot le produjo una alegría incontrolable. Apretó con fuerza el puño con la
mano libre —la que no estaba unida a la de Chariot— y respondió desviando la
vista con disimulo:
“Si
no te resulta una molestia, a mí también me parece bien.”
“Para
nada. No me molesta en lo absoluto.”
La
atmósfera se tornó extraña debido a que Chariot respondió antes de que
terminara de hablar la frase. Al apartar la mirada de otro lado para devolverla
a su sitio y encontrarse con Chariot, vio que sus mejillas estaban sonrojadas.
Al mirarlo con sobresalto, notó cómo un hermoso tono rosado se expandía con
lentitud hasta teñirle los lóbulos de las orejas.
Aunque
no era la primera vez que alguien se sonrojaba a su lado, ver a Chariot
reaccionar de ese modo hizo que hasta al propio Yuri le diera vergüenza.
Permanecieron un momento en silencio, mirándose el uno al otro y apartando la
vista de forma intermitente, hasta que el aire incómodo comenzó a hacerles
conscientes incluso de su propio respirar, momento en el cual Chariot se aclaró
la garganta primero:
“¿Ya
terminaste de comer?”
“Sí.”
Menos
mal que había sacado otro tema. Yuri se apresuró a asentir, y ambos, tras dudar
un instante, separaron las manos que mantenían unidas. Con la vaga sensación de
pesar por alejarse, sus dedos se deslizaron lentamente hasta soltarse por
completo. Aunque le invadió un vacío, no podían quedarse así para siempre.
“Yo
me encargo de recoger. Como he molestado demasiado a Wolfie todo este tiempo,
de ahora en adelante déjame hacer todas las tareas a mí. Hasta te llevaré
agua.”
“No
hace falta.”
“Te
lo ruego, Wolfie. Dame la oportunidad de compensártelo.”
Chariot
posó su mano sobre el hombro de Yuri y lo miró fijamente con seriedad. Al ver
la expresión de arrepentimiento que inundaba aquellos ojos verdes, a Yuri
también le entró la duda de si él se estaría preocupando demasiado por su
comentario sobre el condón.
Si
bien no era una conducta ejemplar, sabía de sobra que ninguno de los dos estaba
en condiciones de pensar en eso en aquel momento, y la idea tampoco le
molestaba lo más mínimo. Había pretendido ser una broma ligera, pero como no
era precisamente de los que solían hacer chistes, probablemente había sonado
demasiado serio.
Dicen
que cuando uno no actúa como acostumbra, termina metiendo la pata; y eso era
exactamente lo que acababa de pasar. Mientras meditaba sobre cómo hacer que
Chariot recuperara el buen humor, recordó que el primer día este había
manifestado el deseo de beber cerveza.
Habían
acordado comprarla al día siguiente, pero entre una cosa y la otra se les había
pasado por alto hasta llegar a ese día.
“Entonces…
lo mejor será que vaya yo a comprar la cerveza que querías beber. De paso
aprovecho para comprar el neutralizador.”
“No,
eso también lo haré yo. Tú quédate recostado en la cama descansando un rato
más.”
Aunque
la sensación de que se preocuparan por él no le desagradaba del todo, los
dolores musculares mejoraban conforme se movía, y Yuri tampoco era lo
suficientemente endeble como para venirse abajo por algo así.
“Es
mejor que te expongas lo menos posible. Por más que cubras tu rostro, alguien
con tu estatura y tu complexión física no pasa desapercibido en ninguna parte y
dejará huella en la memoria de la gente. Como soy yo el que quiere salir a
moverse, no hace falta que hagas nada de eso.”
A
pesar de que se había limitado a expresar una verdad obvia, Chariot parecía tan
complacido como si le hubieran dado un cumplido. Tras apartarse un mechón de
cabello con fingida indiferencia, rio con timidez y asintió con la cabeza.
“Entonces…
te encargo una que sea de la cervecería de la isla de Vancouver. Con que sea de
tipo pale ale me vale, pero si es de sabor a sandía o pomelo, sería
perfecto. Y si no hay, una Coors Light.”
Yuri
grabó su petición en la memoria con una sonrisa. Observar a alguien que poseía
gustos definidos siempre resultaba grato. Esa era precisamente la razón por la
cual entretenerse viendo a Alexei o a Timaeus le parecía divertido, pero las
preferencias de Chariot le resultaban todavía más fascinantes por pertenecer a
una clase a la que normalmente no tenía acceso.
“Si
no te importa, cómprame también la marca de alcohol que sueles beber tú. Me da
curiosidad.”
Yuri,
que iba memorizando las exigencias de Chariot, se quedó un poco descolocado
ante aquella última petición. Jamás se imaginó que algo así pudiera despertarle
interés.
La
verdad era que no tenía ninguna en particular.
Por
lo general, él se inclinaba siempre por la opción más barata. Tener gustos
definidos implicaba un gasto de dinero, y para alguien criado como Yuri, eso
equivalía a una especie de lujo innecesario.
Tras
pensárselo un instante, asintió. Ir a echar un vistazo era mejor que
decepcionar a Chariot diciéndole que no tenía ninguna.
“Entendido.”
“Gracias,
Wolfie.”
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Con
una sonrisa tan radiante que contagiaba alegría a cualquiera que lo viera,
Chariot lo envolvió en un abrazo repentino. Yuri abrió los ojos de par en par,
tomado por sorpresa. No esperaba un gesto de tal intimidad de manera tan
imprevista.
Dudando
sobre cómo reaccionar, levantó despacio las manos para darle palmadas en la
espalda. Intentó que el tacto fuera lo más calmado posible, pero la tensión le
impidió actuar con naturalidad. Sin embargo, al parecer esa torpeza tampoco le
importó a Chariot, quien apretó con más fuerza el abrazo antes de soltarlo poco
después con un deje de evidente pesar.
Incorporándose
con lentitud, Chariot le dedicó una sonrisa amable y le lanzó una despedida
sumamente agradable de escuchar:
“Que
te vaya bien, Yuri.”
Hacía
mucho tiempo que Yuri no experimentaba lo que significaba tener a alguien
esperándote al regresar. Sí, aquella era la sensación. Esa preocupación por la
persona que se deja atrás, presente incluso antes de partir, que te hace desear
regresar a casa de inmediato en el mismo instante en que cruzas la puerta.
“…Sí.
No tardaré mucho.”
“En
ese caso tendré que darme prisa. Quiero terminar de limpiar toda la casa antes
de que regrese Wolfie. Después de tres días abandonada, esto es un desastre.”
Decidido
y con la voz rebosante de entusiasmo, Chariot llevó su plan a la práctica de
inmediato. Cargando dos platos en una sola mano como si fuera un mesero
profesional, comenzó a ordenar la mesa con destreza. Al verlo apresurarse,
sintió de algún modo que debía marchar a su mismo ritmo, así que Yuri también
salió de la cocina.
Tras
pasar brevemente por la habitación para tomar las llaves del coche y la
cartera, estuvo a punto de marchar, pero antes de cerrar la puerta giró la
cabeza para mirar hacia atrás. Observó fijamente la almohada donde había
escondido el cuchillo militar y se lo pensó durante unos segundos. Cuarenta
minutos de trayecto de ida y vuelta, a lo sumo una hora. La idea misma de
entrar a una licorería portando un arma blanca le resultó hoy tan incómoda que,
al final, Yuri dejó el cuchillo en su sitio.
Albergando
el deseo de que la optimista e infundada teoría de Chariot —la de que si algo
malo iba a pasar, ya habría ocurrido— resultara ser cierta, salió de la
habitación y fue despedido por Chariot, quien le agitó la mano desde la cocina.
Al contemplar a aquel hermoso hombre sonriendo con tanta luminosidad, Yuri rogó
para que, al menos por ese día, no sucediera ninguna desgracia. Y, si era
posible, que se mantuviera así hasta la llegada del nuevo guardaespaldas de
Chariot, o tal vez incluso mucho más tiempo después.
Alcanzado
apenas por los primeros estertores del atardecer, el anochecer temprano en Big
Fox se mostraba fresco y hermoso. Tras contemplar en silencio el lago bajo los
tintes del crepúsculo, Yuri subió al coche y puso en marcha el motor. Conectó
al puerto USB del vehículo el teléfono móvil —que había dejado olvidado sin
acordarse de cargarlo— y repasó mentalmente el camino que Chariot había
recorrido la última vez. Así, a pesar de llevar apenas una semana allí, Big Fox
se le antojaba tan familiar como si lo hubiera visitado infinidad de veces.
Justo
antes de girar el volante con suavidad para abandonar los terrenos de la
cabaña, Yuri se preguntó por un instante si debería haber llevado el cuchillo
consigo, pero se repitió que todo iría bien. En el maletero del coche seguía
habiendo un arma de fuego, y en una situación donde tuviera que recurrir a
ella, un simple cuchillo militar de poco le habría servido.
Sin
embargo, Yuri había olvidado la lección que se había repetido a sí misma
durante toda la vida. La desgracia es como un accidente imposible de prever que
irrumpe sin previo aviso; y pensar que lo había comprendido a través de un
episodio tan espantoso…
Aquel
hombre, marcado por una existencia sombría, había bajado estúpidamente la
guardia, cegado por el sueño de una noche de pleno verano que había venido a su
encuentro.
Fin del volumen 2
