4. Wolfie el conejo

 


4. Wolfie el conejo

Alexei se puso en contacto con él bien entrada la noche, cuando todos ya dormían. En aquel pequeño pueblo sin zonas de ocio, todo quedó sumido en un silencio de tumba pasado las diez de la noche; para el momento en que Yuri contestó la llamada, ni siquiera se escuchaban los búhos. Al ver el nombre de Alexei en la pantalla, Yuri dejó el libro que estaba leyendo y echó un breve vistazo a la habitación situada al otro extremo de la sala. En su interior, Chariot dormía profundamente, agotado tras la larga jornada en el agua.

El regreso al refugio se produjo cuando los alrededores ya comenzaban a sumirse en la penumbra. Durante el trayecto a través de las calles cubiertas por el crepúsculo, ambos mantuvieron un silencio absoluto, limitándose a marchar uno al lado del otro con apenas un par de palmos de distancia. La separación era, sin duda, mayor que cuando salieron del refugio, pero el aire que templaba el calor seguía colándose tenuemente por aquel estrecho espacio.

A pesar de que el silencio y la quietud eran algo que Yuri siempre procuraba mantener a su lado, hoy le resultaban extraños. Consciente en exceso de la presencia de Chariot a su costado, Yuri obligaba su mirada a mantenerse al frente. Sin embargo, cada vez que oía las chanclas mojadas y chasqueantes de Chariot al pisar y separarse del suelo, sus ojos se desviaban una y otra vez hacia el lado, obligándolo a tensar el cuello repetidamente.

Un Chariot silencioso le resultaba desconcertante.

Parecía que ya se había acostumbrado a sus comentarios insulsos y a ese contacto que no lo dejaba en paz ni un solo instante, al punto de que a Yuri le costaba creer que ese caminar sosegado fuera exactamente la situación que había deseado con desesperación pocos días atrás. Tenía la sensación de que, en cualquier momento, Chariot iba a abalanzarse sobre él de improviso para sacarle un tema descabellado.

A pesar de su revuelta agitación interior, el paisaje del anochecer que presenció de regreso a casa resultó ser hermoso. Las familias que volvían a casa para cenar, las niñas pequeñas que corrían riendo y la superficie del lago reflejando un crepúsculo de un rojo incandescente componían una escena acogedora que Yuri solo solía ver en las pinturas.

¿Estará Chariot disfrutando también de este momento?

A Yuri le entró curiosidad por saber qué pasaba por su cabeza. Le frustraba que, estando en el mismo espacio, fuera incapaz de adivinar los sentimientos de la persona que tenía al lado. Sin embargo, no se atrevió a preguntar. Si sus propias palabras habían provocado que Chariot dejara de sentirse atraído por él, lo mejor para ambos sería mantener las cosas tal como estaban.

Tras una larga caminata de regreso a casa, intercambiaron algunas conversaciones triviales. Chariot le propuso que se duchara primero, y a Yuri le pareció una sugerencia tan oportuna que la aceptó de buena gana. No se demoró tanto tiempo en el baño como el día anterior. Recordando a Chariot de pie frente a la puerta con una mirada de preocupación, Yuri se apresuró a terminar la ducha más rápido de lo habitual y salió. Al hacerlo, vio a Chariot preparando la cena.

Los ingredientes que Chariot había sacado eran para hacer bistec. Al ver que ya había sazonado los lomos rojos con sal y pimienta y se disponía a cortar las verduras, Yuri se ofreció a encargarse de ello. Con el argumento de que no podía permitir que su empleador le preparara la cena por tercera vez, Chariot se encogió de hombros y le cedió el lugar. Ver a Chariot dándole advertencias una y otra vez por puro nerviosismo logró calmar un poco la incomodidad que había sentido durante toda la tarde.

Mientras Chariot se duchaba, Yuri concluyó la preparación y, para las nueve de la noche, la cena —que a su juicio había quedado bastante decente— ya estaba lista. Aunque todavía era un poco temprano para irse a la cama, Chariot comenzó a prepararse para dormir, algo muy distinto al día anterior, cuando merodeaba impaciente alrededor de Yuri aburrido por la falta de ocupación.

Como apenas llevaban tres días compartiendo el mismo techo, Yuri no podía asegurar con certeza cómo era realmente el comportamiento propio de Chariot, pero notaba con claridad que se estaba mostrando distinto a los días previos. Si bien Yuri solía ser muy sensible ante la hostilidad, era sumamente torpe para captar cualquier otra clase de emoción. Le costaba descifrar el semblante de Chariot, y le desconcertaba verse a sí mismo tan pendiente de sus estados de ánimo. Había olvidado lo agotador que resultaba calcular el humor ajeno a través de gestos y expresiones insignificantes.

Una vez que Chariot se metió en la habitación diciendo que iba a acostarse, Yuri volvió a inspeccionar los alrededores de la casa y le dejó un mensaje a Alexei para que lo llamara. Aunque ya estaba listo para descansar, el cuerpo no le pedía meterse en la cama. Tras pensarlo un poco, puso a calentar agua en la tetera y revisó el armario. Al abrir la tapa de un tarro de galletas de cerámica, descubrió una gran variedad de infusiones. Trasteó entre los sobres que había apartado, todos de tonos amarillos y rojos, y se dio cuenta de que parecían seleccionados a propósito con los sabores que le gustaban a Chariot.

Naranja y jengibre soleados, caramelo salado, manzanilla, limón y jengibre, vainilla y chai, melocotón, mango y fruta de la pasión, hibisco con frambuesa silvestre...

Tras leer despacio aquellos nombres entrañables, Yuri se decantó por el de naranja y jengibre soleados. No lo hizo por curiosidad hacia el sabor, sino porque el color del envoltorio era el que más se asemejaba al cabello de Chariot. Aunque ninguna paleta de colores lograría capturar con fidelidad aquel rubio rojizo que brillaba con esplendor, a partir de entonces cada vez que viera tonos dorados o cobrizos vendría a su mente la imagen de Chariot.

La infusión resultó estar mucho más buena de lo que esperaba. No era empalagosa y tenía un toque fresco ideal para beber de forma continuada. Tomó el libro de Tolstói que había dejado a medias el día anterior, se sentó en el sofá y se dispuso a aguardar el contacto de Alexei.

El libro era tan breve que, por despacio que se leyera, se terminaba en una hora. Aunque sabía que el gran literato ruso había escrito muchas más obras, aquel famoso relato corto era lo único que conocía. Pasó por alto los pasajes que ya no le decían nada —pues hacía tiempo que había dejado de creer en dios— hasta detenerse en el tramo final, el cual siempre conseguía capturar su atención.

El ángel que había desobedecido las palabras de Dios fue desterrado a la tierra como castigo, y tras convivir con la familia que lo acogió, logró comprender por fin la última enseñanza: había entendido que las personas viven no por la preocupación de sí mismas, sino por el amor. Tras pronunciar aquellas palabras, Mijaíl —un ángel que llevaba el mismo nombre que el padre de Alexei— regresó a los cielos.

Yuri contempló el nombre de Mijaíl durante unos instantes antes de cerrar el libro. En la época en que sus padres perdieron la vida de forma trágica, cuando Alexei apenas tenía doce años, solía rezar por ellos antes de dormir, convencido de que ambos habían marchado al lado de Dios.

Por entonces creía que con el simple hecho de esforzarse por obrar con rectitud ya había valido la pena.

Justo en el instante en que apartaba aquellos recuerdos que solo dejaban un retrogusto amargo, el teléfono comenzó a sonar. Hablando del rey de Roma. Al cumplirse su pensamiento sobre Alexei con tanta puntualidad, Yuri esbozó una ligera sonrisa y se levantó del asiento. Tras echar un vistazo a la habitación de Chariot, quien probablemente dormía a causa del cansancio, salió al exterior amortiguando los pasos todo lo posible.

Cuidando de cerrar la puerta con la firmeza justa en el pestillo para no despertar a Chariot, contestó la llamada y escuchó de inmediato la voz quejumbrosa de Alexei al otro lado de la línea.

-¿Qué hacías para tardar tanto en contestar?

“Me estaba preparando mentalmente por si volvías a portarte como un niño caprichoso.”

-Ja, tonterías.

Alexei añadió un insulto, ofendido por la expresión de que era un niño. Yuri esbozó una sonrisa impasible y pasó por alto sus palabras.

-¿Y tus heridas?

-Esto no es nada comparado con enfrentarse a la banda de Vólkov. Si tuviera el nivel como para caer ante esta clase de mindundis, ni siquiera habría empezado a trabajar como mercenario.

Era una muestra de confianza que podía parecer soberbia, pero si se pensaba en las situaciones por las que Alexei había pasado, no se trataba de una exageración. Los Perros del Infierno se extendían por todo Norteamérica y su tamaño era considerable, pero al compararlos con la mafia rusa o la siciliana, su historia y su crueldad quedaban cortas. Eso no significaba que no hubiera monstruos entre sus filas, pero a los ojos de Alexei debían de parecerle poca cosa en comparación con Ígor.

-Aun así, tendrás que tener mucho cuidado, Yuri.

El tono burlón se volvió serio de inmediato mientras Alexei bajaba la voz. Rara vez era sincero un tipo que solía decir que, en la mayoría de las situaciones, era mejor tomárselo a risa antes que ponerse serio. La mano que sujetaba el teléfono se apretó con fuerza. Yuri cerró los labios resecos, guardó silencio unos segundos y preguntó:

“Dime.”

-Tal como sospechabas ayer, el interés de estos tipos por Goodnight no se debe a una simple relación amorosa. Yuri, esto es un encargo de asesinato.

Al escuchar la palabra asesinato, Yuri visualizó de inmediato al hombre del ascensor. Quedaba confirmado que el sujeto no había apuntado a Chariot por error. Como el intruso que se había metido en la habitación de Chariot llevaba una pistola eléctrica, también había barajado la posibilidad de un secuestro o una extorsión, pero por desgracia las cosas no iban por ahí.

“¿Cómo lo averiguaste?”

-De la organización de los Perros del Infierno, además de los tiradores habituales, andaban buscando mercenarios. Conseguí que me introdujeran a través de un conocido y me dieron la orden de matar a Goodnight.

La agradable brisa nocturna se volvió de pronto helada. Aferrando con fuerza el teléfono con las manos frías, Yuri alzó la vista y volvió a examinar los alrededores, concentrando todos sus sentidos por si se le pasaba por alto algún rastro de presencia ajena. Al escuchar lo que decía Alexei, se apoderó de él un presentimiento de que algo grave estaba a punto de suceder en cualquier momento.

Tranquilízate.

Se repitió Yuri a sí mismo para contener la agitación que lo embargaba de golpe. Cuanto más peligrosa era la situación, mantener la cabeza fría constituía la mejor manera de incrementar las probabilidades de supervivencia.

“¿No hay más detalles?”

-Vaya pregunta, parece que olvidas con quién estás hablando. Claro que averigüé más. Escucha bien. Desde hace medio mes circulaba por la organización el rumor de que el amante del jefe de la sucursal de Vancouver y un deportista famoso andaban liados, y el jefe le ordenó al tipo que lo extorsionara para sacarle dinero. Al principio el plan consistía en secuestrarlo, exigir el rescate y dejarlo marchar, pero desde hace cuatro días se emitió una orden de búsqueda para toda la organización. Ofrecieron una recompensa a quien diera con su paradero y dejaron la tarea de rastrearlo y liquidarlo en manos de los sicarios.

“¿Qué sentido tiene que saquen tanto provecho de todo esto? ¿No es una decisión demasiado grande para que la tome simplemente el jefe de una sucursal?”

-Opinó igual. Por eso, al seguir rascando un poco más, tómala. En el origen de todo esto hay un cliente. Alguien con la suficiente capacidad financiera como para sobornar en secreto a una banda sin que su identidad quede al descubierto.

Era un desarrollo tan familiar que resultaba exasperante.

Ígor Vólkov había pagado con dinero sucio para asesinar a funcionarios gubernamentales con el fin de deshacerse de los agentes antidrogas que lo presionaban. A los valientes miembros de su ‘familia’ que mataban policías les entregaba una recompensa segura. Cuantas más recompensas ofrecía, más personas se animaban a participar por propia iniciativa, y a mayor número de participantes, más se intensificaba la locura.

Una vez que la cacería empezaba, no terminaba hasta que alguien moría. Ya fuera Chariot o las numerosas polillas que lo perseguían, la historia siempre terminaba con derramamiento de sangre.

Había pensado que se trataría de un asunto difícil, pero... no quería que fuera algo tan complicado. El motivo de su angustia momentánea no era la situación que él mismo tendría que afrontar, sino el porvenir que le tocaría soportar a Chariot.

Chariot no era una persona que debiera pasar por algo así.

¿Acaso no era un chico inocente que le abría fácilmente el corazón a alguien como él, una basura? Viendo lo mucho que detestaba a los criminales, su vida debía de estar muy lejos de los asuntos sucios, por lo que era imposible siquiera imaginar cuánto debía de atormentarle el tener que esconderse de unos seres humanos que querían matarlo sin motivo aparente.

“...¿Acaso no hay ninguna posibilidad de que el lado de Chariot solicite una tregua, tal como se planeó al principio?”

Preguntó albergando la esperanza de que, de algún modo, todo pudiera terminar sin derramamiento de sangre, pero Alexei soltó un bufido despectivo.

-Yuri, ya sabemos cómo son estos tipos. La probabilidad de que finjan aceptar y luego te porven la espalda es diez veces mayor.

Sí, era cierto. Preguntar algo así había sido una estupidez.

-Si terminara así, sería ideal para todos, pero viendo cómo están las cosas, es imposible. Si se trata de un famoso del nivel de Goodnight, su patrimonio debe de ser considerable, así que hay algo en juego mucho mayor que el dinero que él pueda ofrecer, por eso se lanzan como buitres.

“¿La identidad del cliente?”

-Lo único que se puede averiguar con la escoria de más abajo llega hasta aquí. Para indagar más que esto, tengo que acercarme a uno de los cabecillas.

“Para lograr eso, supongo que habrá que pagar un precio, ¿no?”

Para formar parte de una banda y ganarse el reconocimiento de los superiores, era obligatorio pasar por una novatada que pudiera convertirse en una debilidad en cualquier momento. La única manera de confiar en Alexei, contratado como mercenario, era que cumpliera a la perfección con la tarea encomendada. Sin embargo, Chariot, a quien Alexei debía eliminar en teoría, seguía con vida... lo que significaba que aún quedaba algo más por hacer.

Como si hubiera acertado con su deducción, Alexei dejó escapar un suspiro apagado y se quedó en silencio durante unos instantes. A través de la silenciosa quietud se percibía una respiración inestable. Yuri dejó pasar varios minutos, permitiendo que el silencio se profundizara. No obstante, a medida que este se prolongaba, Yuri también comenzó a inquietarse.

-¿Samuel, dijiste? Me refiero al tipo con el que se vio Goodnight.

Alexei abrió la boca un buen rato después.

Al mencionar el nombre de Samuel, un presentimiento nefasto se instaló en lo más hondo de su pecho, pesándole con fuerza. Yuri conocía muy bien el significado de aquella voz en su amigo.

Muerte.

Muerte.

Un eco vacío y desolador, semejante a la voz de un difunto, brotó de Alexei.

-Ayudé a limpiar el cadáver.

Apretando los dientes, el muchacho tragó saliva con dolor. Aunque era un desconocido para él, aquel hombre era indudablemente la persona con la que Chariot había compartido afecto en el pasado y a la que seguía viendo hasta hace poco.

Al enterarse de que una vida se había esfumado de forma efímera, Yuri ahogó un suspiro apesadumbrado. Cerrando los ojos con fuerza, expresó su pesar por el difunto de rostro desconocido. Aunque no creía que fuera precisamente una buena persona, tampoco parecía lo suficientemente malvado como para merecer la pena capital. Si hasta le había dejado un mensaje a Chariot advirtiéndole del peligro para que pidiera ayuda, sin duda le quedaba algo de conciencia.

Tras suspirar por aquella amarga noticia, el pensamiento de Yuri recayó sobre Chariot, sintiéndose todavía más acongojado. Dadas la forma de ser de Chariot, si llegaba a enterarse de esto, caería en una profunda desesperación. Aquel hombre que siempre lamentaba que las despedidas fueran tristes y se entristecía de antemano ante el inminente adiós con alguien a quien conoció por un encargo, si llegaba a enterarse de que su anterior pareja había partido de verdad para siempre...

-Su estado no era del todo bueno. Joder, tuve que encargarme de recogerlo tal cual lo habían dejado tirado en el suelo de la fábrica.

Alexei no dio demasiados detalles, pero con solo ver lo mal que lo estaba pasando, Yuri creía saber qué clase de escena había tenido lugar. Le compadecía a Chariot y le daba lástima Alexei. A diferencia de él, Alexei no estaba acostumbrado a ver tantos cadáveres. Aunque había presenciado rostros horribles y golpeados hasta quedar irreconocibles, todos seguían con vida.

Sin embargo, los muertos eran otra historia.

Un cuerpo rígido, desprovisto por completo de vitalidad, transmitía al testigo una tristeza indescriptible. Resultaba desgarrador pensar que el alma que albergaba ya no volvería a brillar con belleza, y que aquel rostro capaz de moverse con dinamismo y reflejar toda clase de emociones se hubiera quedado inmóvil y azulado, conservando una sola expresión para siempre.

-Fue una ejecución, Yuri.

Yuri se limitó a escuchar en silencio el murmullo de Alexei. Más que decir palabras vacías, escuchar en silencio era la forma en que ambos solían consolarse mutuamente.

-Pero ya me conoces, ¿no? Lo oculté en un lugar que solo yo conozco. Si encuentro el momento oportuno para entregarlo a la policía... al menos su familia no tendrá que pasar la eternidad buscando a un hijo desaparecido.

“...Hiciste bien. En cuanto regrese, lo haremos juntos. Me aseguraré de que no tengas que pasar por algo así tú solo.”

Al consolar a Alexei con serenidad, la respiración de su amigo comenzó a calmarse poco a poco. De algún modo, podía imaginarse la expresión de Alexei: con el ceño fruncido mientras masticaba un cigarrillo con rabia.

-De acuerdo.

Y tras refunfuñar, se relajaría aliviado de contar con su apoyo.

Imaginando la reacción de su viejo amigo, Yuri le concedió un poco más de tiempo para tranquilizarse. Aunque había presenciado toda clase de inmundicias y cometido tareas desagradables, a Alexei siempre le dolía el corazón con este tipo de cosas. Aunque jamás lo demostraba por fuera, era una buena persona que sufría siguiendo su propia conciencia y experimentaba un profundo remordimiento.

Mientras esperaba a que Alexei se calmara, la luz de la habitación de Chariot se encendió de repente al otro lado de la ventana. Observando a través de las cortinas, donde se perfilaba la silueta de Chariot, Yuri frunció levemente el ceño. Creía que estaba durmiendo profundamente por el cansancio, así que despertarse a estas alturas le parecía extraño. ¿Acaso habría tenido una pesadilla?

El motivo por el cual Chariot se había levantado le preocupaba, por- lo que pensó que ya era hora de ir terminando la llamada. Así evitaría también el riesgo de que Chariot apareciera de repente al notar su ausencia y escuchara por accidente la conversación. Mientras escuchaba a Alexei, aprovechó para plantearle con cautela una duda que le venía rondando la cabeza.

“es extraño. Al fin y al cabo, se trataba del amante del jefe de la sucursal, ¿y resulta ser una ejecución? ¿Acaso la llevó a cabo el propio jefe?”

Entonces recibió una respuesta que no esperaba para nada.

-Porque no era su amante.

“¿Qué?”

-Samuel era alguien contratado. Por el contexto, es seguro. Samuel comenzó a dejarse ver cerca del jefe de la sucursal justo en la época en que Goodnight dijo que lo había conocido, y hasta entonces ninguno de los subordinados había visto jamás al jefe rodeado de Samuel.

“No le encuentro sentido a eliminar de esa manera a alguien a quien has contratado.”

-Supongo que eso también tendré que averiguarlo yo.

La silueta de Chariot deambuló por el interior de la habitación antes de desaparecer al instante. Al notar que la luz del área de la sala se volvía mucho más intensa, dedujo que probablemente había salido hacia la cocina. Intentando poner orden en su mente revuelta, Yuri le advirtió a Alexei:

“Alyosha, si la situación ha llegado al punto de que tú tengas que hacer ese tipo de cosas, esto ya supera lo que podemos resolver por nuestra cuenta. Incluso si pudiéramos, volveríamos a estar en el mismo peligro de antes.”

Aunque Chariot, quien había realizado el encargo, por supuesto no lo sabía, las personas que lo perseguían tenían propósitos mucho más sucios y peligrosos de lo que imaginaba. Mantener esta conversación con Alexei le devolvía por un instante la sensación de haber regresado al mundo del que se había alejado.

No obstante, Alexei ya no pertenecía a ese entorno. Yuri deseaba que se retirara de una vez por todas.

“Por el bien de Valeri, no sigas escarbando más allá de esto. Lo que has descubierto hasta ahora es información suficiente; deja el resto en manos de los profesionales que Chariot pueda contratar. Ya no estás solo.”

Alexei tenía a un hombre que lo amaba más que a su propia vida, y Alexei se había entregado en cuerpo y alma a esa persona, sobreviviendo con tenacidad. No quería que Alexei volviera a adentrarse en aquel pantano del que tanto le había costado salir.

-¿Y tú qué?

“¿A qué te refieres?”

-Si yo lo dejo, ¿acaso tú también lo dejarás y volverás de inmediato? Me estás ayudando simplemente porque sí, pero no era porque quisieras meterte en esto.

En ese preciso instante, la luz de la habitación de Yuri se encendió. Al ver la sombra de Chariot asomándose con timidez a través de la puerta de su alcoba, Yuri guardó silencio. Comprobar de primera mano que lo estaba buscando con tanta certeza le hizo ver que abandonar el encargo en ese momento era inviable. No podía irse a ninguna parte dejando a ese chico solo.

“Los guardaespaldas de Chariot todavía no han llegado.”

-Entonces yo también seguiré. Si de peligro se trata, eres tú quien está con Chariot, no yo. Así que no pienso detener hasta que regreses a Vancouver.

“...Prioriza tu seguridad ante todo, Alyosha.”

-Entendido.

"¿Se habló de la ubicación de Chariot?"

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-Aún no. Como perdieron tu rastro desde que entraste en la autopista, parece que solo han dado órdenes a las sucursales de todo Canadá. Menos mal que nuestro cliente no ha mostrado su rostro imprudentemente como en el hotel. Internet también ha estado limpio de avistamientos desde entonces.

Alexei susurró en voz baja:

-Pero ten cuidado. Por alguna razón no tengo buena espina.

El instinto de Alexei era de los que no fallan, así que Yuri asintió.

“Entendido. Ya cuelgo.”

-Hablo en serio, Yuri. Cuídate.

“Tú igual.”

-Tengo mal presentimiento. Pero seguir diciendo esto da mala suerte, así que lo dejaré aquí. En fin, no bajes la guardia bajo ningún concepto.

Le resultaba extraño que Alexei, alguien que solía sonreír incluso en las situaciones más extremas, le repitiera tantas veces algo así. Pensando en cómo tranquilizar a un Alexei que hablaba en un susurro grave y serio, a Yuri no le quedó más remedio que responderle con un asentimiento.

Porque las desgracias no se evitan simplemente teniendo cuidado.

Tras una advertencia más, la llamada terminó. Cuando la voz de Alexei se desvaneció, Yuri quedó envuelto en la oscuridad teñida de negro. El ambiente era escalofriantemente silencioso y, al no haber farolas, todo a su alrededor era una boca de lobo.

Tiene la sensación de haber vuelto a su lugar de origen.

Aunque es verdad que siempre había actuado con cautela mientras protegía a Chariot, todas las horas compartidas con él habían sido tan disparatadas y alegres que hasta entonces le había dado la impresión de estar de vacaciones. Al mirar a Chariot, no había lugar para que la tristeza se instalara. Como una escultura tallada con afecto y amor, Chariot hacía sonreír a quienes estaban a su lado. Incluso a alguien como Yuri.

Sin embargo, a partir del momento en que escuchó la noticia de la muerte de Samuel, Yuri recordó de nuevo cómo era en realidad el mundo al que pertenecía. Al escuchar algo que habría destruido a Chariot por el impacto, Yuri no tembló de miedo. Simplemente sintió pesar y lástima. Ya llevaba demasiado tiempo habitando en un mundo donde era normal recibir noticias de ese tipo sin cesar.

Una vez que se despida de Chariot, solo le volverán a quedar esta clase de sentimientos.

A pesar de que todavía les quedaban algunos días más juntos, Yuri imaginó la soledad que volvería a experimentar una vez que Chariot desapareciera. Al hacerlo, una desesperación insoportable brotó de su interior.

Al rememorar la monotonía de unos días repetidos sin fin, experimentó la sensación de que una arena reseca se le metía en la boca. Esos días que hasta entonces había considerado una vida más o menos aceptable, tras conocer a Chariot, se le antojaban ahora como una celda carcelaria cubierta de moho.

“¿Wolfie?”

Quien lo sacó de su hundimiento en una depresión asfixiante fue la voz que lo llamó. Al levantar la cabeza con un sobresalto, vio a Chariot asomándose por la puerta de la cabaña y mirando hacia allí. Del otro lado de la puerta abierta brotaba con suavidad una luz anaranjada. Como la llama de una vela que ilumina la oscuridad, un resplandor pequeño pero nítido capturó la mirada de Yuri. Chariot se acercó hacia él, que lo miraba como si estuviera embelesado.

“¿Qué haces de pie afuera? ¿Pasa algo?”

Chariot se fue aproximando cada vez más hasta plantarse de inmediato frente a Yuri. Al contemplar de cerca al joven —con los talones de las zapatillas pisados, una camiseta blanca de manga corta fina y unos pantalones azul marino de perneras anchas—, la oscuridad que lo atormentaba retrocedió como si la hubieran ahuyentado. En el preciso instante en que Chariot se paró enfrente, el penetrante aroma de sus feromonas golpeó con fuerza a Yuri, haciéndole por fin reaccionar y parpadear.

No debes hablarle de Samuel.

Incluso si para Chariot era una persona importante, ahora no era el momento. Si llegaba a enterarse de semejante realidad mientras huía, lo único que conseguiría sería llenarlo de inquietud.

“Solo estaba revisando los alrededores. ¿Por qué te despertaste?”

“Ah, eso es….”

Chariot dejó la frase en el aire con una expresión apenada. Parpadeando de forma inquieta con sus pestañas bien formadas y desviando la mirada de un lado a otro, preguntó en voz baja:

“¿Tienes por casualidad pastillas para la gripe?”

“…¿Pastillas para la gripe?”

Yuri frunció el ceño ante la pregunta imprevista. Al ver su rostro, Chariot dejó escapar un leve gemido de «m-mm» mientras se frotaba los labios.

“La verdad es que desde que salí de nadar he tenido fiebre.”

Chariot se apretaba y soltaba los labios repetidamente con el pulgar y el índice. Al escuchar su voz tímida, aquello parecía ser un hábito inconsciente que le salía cuando se sentía avergonzado. Mientras contemplaba tranquilamente cómo sus labios, de por sí rojizos, se tornaban todavía más encendidos, Yuri desvió la mirada con lentitud. Su vista fue a parar por un instante a un lugar indebido.

“No te lo dije porque pensé que me regañarías por haber nadado tanto tiempo… pero siento que la fiebre sigue subiendo.”

“Ya veo.”

Aunque ignoraba qué le había llevado a sacar esa conclusión, Yuri no tenía la menor intención de regañarlo. Al contrario, la fuerte preocupación por saber hasta qué punto era grave la fiebre se apoderó de él con tanta fuerza que terminó estirando la mano. Al apoyar con cuidado el dorso de la mano en la frente de Chariot, que se mantenía quieto y obediente, percibió un calor ardiente. La situación no era normal.

“¿Has estado así desde la tarde?”

Al principio, Chariot se había encogido un poco cuando Yuri le puso el dorso de la mano en la frente, pero al parecer la agradable temperatura fresca le gustó, ya que al poco rato comenzó a frotar ligeramente su frente contra la mano mientras respondía:

“Sí.”

Aquella actitud semejante a la de un niño pidiendo mimo dejó a Yuri sin palabras por un instante. Jamás le habían enseñado de qué manera debía tratar a alguien que se comportaba de un modo tan adorable.

“Aunque te hubiera regañado, creo que lo mejor para ambos habría sido avisar antes. Tienes una fiebre considerable, Chariot.”

“Eso es verdad, pero….”

Chariot levantó un poco la cabeza sin dejar de frotar la frente. A causa de ese movimiento, el dorso de la mano de Yuri rozó el puente de su nariz hacia abajo, y Chariot aprovechó la ocasión para sujetar la muñeca de Yuri y empezar a frotarse la mejilla contra ella.

“Yuri, está tan fresco que se siente… muy bien.”

¿Sería porque llevaban más de medio día sin tocarse? A pesar de tratarse de una conducta de lo más caprichosa, no logró enfadarse. Mientras dejaba que lo hiciera sin oponer resistencia, las acciones de Chariot se volvieron cada vez más insinuantes.

Como si no le bastara con apoyar la mejilla en la mano de Yuri imitando a un gato, sus labios acabaron rozando la piel. Al notar una temperatura corporal muchísimo más abrasiva que la de la frente y ver que Yuri movía los dedos con un sobresalto, la fuerza con la que Chariot le sujetaba la muñeca se intensificó de golpe. Aquel arrebato propio de una bestia que lo atrapaba para impedirle huir hizo que a Yuri se le helara la espalda.

“Tú….”

Se lo temía.

“Te ha llegado el rut.”

Las feromonas de Chariot se habían vuelto densas de una manera descarada. Siendo él mismo un alfa, era imposible que no reconociera el olor de un alfa en pleno periodo de celo.

Cuanto más atractivo y poderoso era un alfa, más intensas resultaban sus feromonas, las cuales cumplían la función de ahuyentar a los alfas intrusos y seducir a los omegas. Las feromonas de Chariot eran tan espesas que hasta le escocía la piel en la superficie.

Aunque le había estado rondando la cabeza desde por la mañana, jamás se le ocurrió que el rut pudiera presentarse, dado que había tomado inhibidores. Además, resultaba incomprensible su propio estado al no haberse dado cuenta hasta ahora, a pesar de que el celo de Chariot ya había comenzado. ¿Cómo era posible que hubiera estado a su lado durante toda la tarde sin percatarse de algo tan evidente?

Sin embargo, no sentía ningún tipo de rechazo.

¿Sería porque Chariot era alguien que en el pasado ya se había relacionado con otros alfas? A pesar de tratarse de feromonas de un alfa que reclamaba su territorio, no experimentaba ninguna clase de animadversión. De tratarse de un rut cualquiera, el olor del contrario debería resultarle tan repulsivo como para provocarle náuseas.

“¿Eh…?”

Ante el comentario de que le había llegado el rut, Chariot lo contempló con los ojos medio nublados. En el instante en que vio esos ojos verdes ligeramente desenfocados, una sensación turbia le recorrió la nuca. Sintiéndose como si hubiera presenciado una escena clandestina, Yuri desvió la mirada y dijo:

“Eso que tienes ahora es fiebre de celo. Una vez que el rut se desata, tu cuerpo no deja de arder hasta que logres aplacarlo. Se nota que jamás has dejado pasar un rut sin aliviarlo.”

Las pupilas de Chariot parpadeaban con lentitud, apagándose y encendéndose a ratos, hasta que por fin recuperaron el aspecto habitual. Exhalando respiraciones cargadas de agitación, respondió como si de verdad no tuviera ni idea:

“¿Esto va a seguir así?”

“Así es.”

“Pero si me siento fatal….”

“Pronto te sentirás peor.”

Al principio, la fiebre de celo se manifiesta de forma parecida a un malestar corporal provocado por la temperatura alta, pero en lugar de provocar sensación de frío, hace sufrir al cuerpo con una sed abrasadora y un calor sofocante. La racionalidad propia de un ser humano desaparece para dejar paso únicamente a un deseo intenso, dominado por la certeza de que uno perderá la cabeza si no satisface esa urgencia de inmediato. Aliviarlo mediante la masturbación sirve tan solo por un instante; lo único que perdura es un instinto primario y violento, semejante al de una bestia en plena época de apareamiento, que desea cometer cualquier locura con tal de saciar esa necesidad.

El rut de un alfa resultaba incomparablemente más peligroso que el ciclo de celo de un omega, por lo que se establecía como norma general tomar por cuenta propia los inhibidores o evitar salir al exterior en esas fechas con el fin de impedir que, al perder el juicio, se cometieran actos indebidos. Estaba estipulado por ley sin importar el país, y de no ser así, se había convertido de todos modos en una norma social establecida. De eso hacía mucho tiempo, en eras bárbaras, pero en la actualidad la gran mayoría de los estados regulaban el rut de forma estricta.

Yuri no quería gastar dinero en comprar inhibidores innecesariamente, así que solía buscar un omega con el que coincidiera el ciclo, o bien se encerraba en casa y aguantaba por su cuenta. Incluso Ígor, que exprimía a la gente hasta la médula, le ordenaba cumplir estrictamente con los plazos del rut antes de volver. Un alfa cegado por el deseo sexual era propenso a cometer errores, y tener a un sujeto así en el terreno no aportaba ninguna ventaja.

Aun así, gracias a esta experiencia, Yuri sabía muy bien cuán dolorosa y miserable podía volver la fiebre de celo a una persona. Aunque el joven apuesto que tenía delante parecía no tener la menor idea de lo que era.

“Pero si tomé inhibidores.”

“Tal vez los compraste mal.”

“No puede ser. ¿Acaso no le pregunté al farmacéutico antes de comprarlos?”

Mientras observaba en silencio a Chariot, que protestaba con una voz cargada de injusticia, este pareció querer dar explicaciones y guio a Yuri hacia el interior de la casa. Yuri, que no había soltado la muñeca que llevaba un buen rato fuertemente apresada, pensó de camino a casa que tal vez aquello era precisamente lo que había deseado desde un principio.

No le desagradaba en absoluto. Con todo y lo caprichoso y maleducado que se comportaba.

Una vez dentro de la casa, Chariot corrió a la cocina y comenzó a rebuscar en los armarios. Siguiéndolo con calma, Yuri cerró la puerta principal en sustitución de Chariot, quien de nuevo había olvidado echar la llave.

Mientras escuchaba el chasquido seco del cerrojo al encajar y cerrar, repasó mentalmente la conversación que había tenido con Alexei. Aunque era improbable que alguien destrozara la puerta y entrara en ese mismo instante, se preguntó con serenidad de qué era capaz si una situación así se presentaba dentro de poco.

Chariot había acudido en busca de un "mercenario bondadoso" porque quería que la menor cantidad posible de personas saliera lastimada. Sin embargo, el método de protección que anhelaba no era más que una ilusión idealista. La circunstancia en la que se encontraba iba mucho más allá de distinguir quién tenía razón; no existían más opciones que matar o ser asesinado.

Un ser humano dispuesto a matar a otros por sus propios intereses no cambia. Yuri había aprendido a través de numerosas vivencias que, incluso si fingen retroceder al verse en desventaja, al final terminan clavándote un puñal por la espalda. Cuantas más cicatrices se acumulaban en su cuerpo, mayores eran las lecciones que aprendía sin haberlas buscado.

Aun así, lo importante supongo que sería acatar la voluntad de Chariot. Combatir priorizando mantenerlos con vida requería muchísimo esfuerzo y existía la posibilidad de que hasta el propio Chariot saliera herido, pero si eso lograba tranquilizar el corazón de Chariot...

“¿Ves, Yuri? ¿No dice claramente aquí que es un inhibidor?”

Zarandeando la caja que acababa de hallar para que la viera, Chariot lo miró con fijeza. Al contemplar de cerca las blancas mejillas del joven, ligeramente enrojecidas por el calor, Yuri desvió la mirada con lentitud para examinar el envase del medicamento. El número de farmacéuticas dedicadas a la producción de inhibidores era limitado, y aquel que Chariot había comprado pertenecía a una de ellas.

Tras proferir un leve sonido ronco, Yuri cruzó la sala de estar y se encaminó hacia la cocina. Incapaz de modular sus feromonas como alguien entrenado, Chariot las esparcía libremente a su alrededor.

Avanzando paso a paso entre un denso vapor de feromonas que flotaba de forma translúcida, el cuerpo de Yuri comenzó a tensarse de manera gradual. La sensación era idéntica a la de aproximarse a un león en reposo. Aunque sabía perfectamente que aquel hombre de rasgos hermosos e inocentes jamás le haría daño alguno, la poderosa presión propia de un alfa inmerso en el rut lo envolvió por completo. No, más que una simple presión...

Despertó de forma paralela un impulso extraño y desconcertante.

Al fin, tras detenerse frente a Chariot, situado junto al fregadero al otro lado de la barra americana, Yuri se colocó deliberadamente en el extremo opuesto. Guiado por el instinto de que cualquier mínima cercanía desencadenaría algo peligroso, mantuvo una distancia prudencial.

Al verlo llegar, Chariot le tendió el fármaco. Pese a que él no poseía conocimientos de farmacia y examinar aquello no serviría de nada, la mirada de Chariot reflejaba una fe absoluta en que Yuri lo solucionaría todo.

En el instante en que Yuri se disponía a aferrar la caja, sus dedos rozaron por accidente los de Chariot. Al acariciar la superficie lisa y redondeada de una de sus uñas, la expresión de absoluta inocencia que adornaba el rostro de Chariot se transformó de inmediato. La pupila situada en el centro de sus ojos verdes se contrajo hasta volverse un punto oscuro, y sobre su pálido semblante, mientras contemplaba a Yuri con fijeza, afloró con la intensidad del fuego un deseo inocultable. Al presenciarlo, tuvo la impresión de haber retrocedido a aquella tarde junto al lago, donde ambos habían perdido la razón anhelándose mutuamente.

Atrapado por aquella mirada fija como si estuviera adherida con pegamento, Yuri sintió la boca completamente seca. ¿Acaso el mero contacto visual podía resultar tan penetrante y lascivo? Con tan solo sostenerle la mirada, la saliva le faltaba en la garganta y un calor intenso le abrasaba el vientre. Paralizado por la tensión de cada exhalación, vio cómo Chariot inclinaba lentamente el torso hacia adelante.

Al ser un hombre que le superaba por más de medio cuerpo y contar con un torso igual de ancho y prolongado, a Chariot le bastó con desplazar ligeramente su centro de gravedad para alcanzar a Yuri sin esfuerzo. El ancho de la barra americana apenas equivalía a la superficie necesaria para dos platos, y con la inclinación del joven la distancia se redujo tanto que un roce de labios habría resultado de lo más natural.

Como una bestia acechando a su presa, Chariot aproximó el rostro con esmero inclinando ligeramente la cabeza. Sus largas y curvadas pestañas doradas parpadeaban mientras recorrían de manera descarada los labios de Yuri. Contemplando aquel par de ojos verdes en movimiento, este aferró con fuerza la caja de pastillas.

Debo apartarlo...

Aquel pensamiento surgió en su mente para desvanecerse al instante como una burbuja de jabón. El mínimo límite que se había empeñado en preservar como una línea de defensa ya carecía de todo sentido. Si Chariot lo deseaba, podía abalanzarse sobre él en cualquier momento tal como lo estaba haciendo, y Yuri era incapaz de impedirlo.

“Lo... siento.”

Justo en el instante en que el pálido presentimiento de un inminente desastre cruzó su cabeza, Chariot susurró con la voz completamente ronca. Tras exhalar un suspiro largo y frustrado, sacudió la cabeza y dio un paso atrás.

“Mierda. Parece que es el rut de verdad.”

Mientras se revolvía los cabellos con desesperación y murmuraba maldiciones, Chariot se apartó a toda prisa de Yuri. A continuación, comenzó a deambular con desconcierto frente a la mesa del comedor con los ojos cerrados.

“¿Cómo se atreven a vender como inhibidor algo que no surte ningún efecto? Debería demandarlos.”

Tras observar en silencio cómo Chariot intentaba aferrarse a lo último que le quedaba de cordura, Yuri movió por fin su cuerpo rígido y abrió la caja de medicamentos. Extrajo el folleto del interior y, recorriendo con el dedo las instrucciones de uso y los efectos secundarios, localizó la advertencia impresa:

Comenzar la toma siete días antes de que inicie el ciclo. Iniciar la ingesta justo antes de este puede provocar efectos secundarios.

En otras palabras... esto significaba que el fármaco adquirido por Chariot era un medicamento empleado para inhibir el rut de forma periódica y a largo plazo. Aunque se trataba de un inhibidor, no correspondía en absoluto a la situación actual de Chariot.

A pesar de haber cometido un error tan evidente, Yuri no sintió que el joven fuera un insensato o un descuidado; su actitud aturdida y desorientada le inspiraba una profunda compasión. Era completamente normal que se hubiera confundido si jamás había tenido que superar un celo recurriendo a inhibidores. Aunque bien es cierto que existía la opción de haberlo consultado en internet previamente...

“Supongo que ya no sirve de nada una vez que ha empezado, ¿verdad?”

Acercándose de nuevo de forma repentina, Chariot le hizo la pregunta. Yuri deslizó ligeramente el folleto hacia abajo, cruzó la mirada con él y asintió con la cabeza.

“Así es.”

“Entonces... ¿tengo que seguir soportando este dolor?”

“Enseguida te sentirás mucho peor.”

Yuri le respondió basándose en su propia experiencia, y el rostro de Chariot palideció de manera lastimosa. La fiebre de celo constituía un tormento originado en el interior, por lo que difería radicalmente de saber soportar una lesión física; para alguien carente de tolerancia como Chariot, se trataba sin duda de una prueba extremadamente dura.

Y, al menos en lo referente a esta circunstancia particular, Yuri carecía de cualquier medio para ayudarlo.

Según sus conocimientos, el rut solo se aplacaba al compartirlo con un omega. Únicamente cuando distintas feromonas se entrelazaban para suplir las carencias y neutralizarse mutuamente, el organismo lograba apaciguar su cometido. Por esa razón, a Yuri le había parecido siempre absurdo que sujetos de la misma naturaleza mantuvieran relaciones afectivas. Nacer como alfa u omega con tales naturalezas convertía la época de celo en una maldición que se repetía sin pausa hasta la llegada de la vejez, momento en el que cesaban las funciones reproductivas.

Yuri deseaba que Chariot no sufriera. Habría sido ideal que los inhibidores surtieran efecto, pero esa opción ya había quedado atrás, de modo que solo restaba una alternativa.

Me pareció ver su bolso por esta zona.

Yuri giró el rostro para inspeccionar el área del sofá en la sala. Recordaba perfectamente haber visto a Chariot arrojar su equipaje por los alrededores del sofá al regresar a la casa. Tal como había supuesto, la bolsa yacía desparramada en el suelo.

Decidido a dejar en paz momentáneamente a un desconcertado Chariot, Yuri se encaminó hacia la sala. Pudo percatarse de que Chariot, que merodeaba por la cocina como un muchacho distraído, detenía sus movimientos para observarlo. Sin prestar atención a la mirada clavada en su espalda, se acercó al sofá, se inclinó y tomó el bolso de Chariot.

Estaba seguro de haber metido dentro el portavasos con el número telefónico del barista.

“¡Yuri, espera!”

Sin embargo, en el instante en que Yuri aferró la bolsa, Chariot se le acercó de un salto y sujetó el extremo contrario. Ambos terminaron tirando de los laterales del bolso deportivo, cuya abertura semihundida y con los cordones flojos mostraba parcialmente su interior.

“¿Por qué diablos vas a revisar mi bolso?”

“Tengo que buscar algo.”

“Entonces tendrías que habérmelo dicho. ¿Qué estás buscando?”

Temeroso de que hubiera en el interior algo prohibido a los ojos ajenos, Chariot continuó estirando del bolso con semblante tenso. Dicho forcejeo ensanchó aún más la boca de la bolsa deportiva.

“El omega que vi por la mañana.”

“...¿Qué dijiste?”

El rostro de Chariot se volvió feroz. Las suaves esquinas de sus ojos se elevaron y sus cejas de color castaño rojizo se torcieron con molestia.

“¿Acaso estabas buscando ese portavasos?”

“Sí.”

“¿No decías que no te interesaba?”

“Así es. Pero no por mí, sino por ti.”

Incluso cuando Yuri no continuó dando explicaciones, Chariot pareció comprender lo que significaban sus palabras. El ceño fruncido se endureció hasta volverse amenazante, y luego, con la expresión completamente borrada, Chariot arrebató la bolsa con fuerza y dijo:

“Quítate esa idea de la cabeza. La persona que quiero no es ese omega.”

Ligeramente asustado por las feromonas que se alzaron amenazantes debido a la ira, Yuri soltó la bolsa, y dentro de ella, al agitarse en el aire, resonó el sonido sordo de algo pesado cayendo al suelo. Al girar la mirada por reflejo hacia el origen del sonido, vio un libro.

El libro que había caído de manera recta sobre el suelo se titulaba Anna Karénina. Yuri, quien ciertamente no recordaba haber visto a Chariot meter un libro así cuando salieron de casa, lo contempló desconcertado, y en ese momento Chariot soltó un largo suspiro.

“No me sale nada bien.”

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Murmurando con voz apenada, Chariot arrojó de cualquier manera la bolsa que había estado intentando arrebatarle sobre el sofá, y luego agachó la cintura para extender el brazo hacia el libro en el suelo. Tomando con cuidado el lomo del libro con sus largos dedos, Chariot enderezó su postura, lo giró hacia adelante y hacia atrás, y luego, al ver a Yuri detenido sin entender qué ocurría, le tendió el libro.

“Tómalo. Es tuyo.”

Esta vez, Yuri lo miró con ojos de incredulidad y preguntó de vuelta:

“…¿Qué?”

“Quería dártelo antes en el lago, pero como caíste al agua... No, no es que te esté echando la culpa. No se dio la oportunidad de dártelo después y lo había estado guardando, pero... en fin.”

Como Yuri se quedó completamente estático sin siquiera pensar en recibirlo, Chariot le tendió el libro una vez más.

“Parecía que te gustaba leer... así que lo compré para dártelo. En el café al que fuimos por la tarde también venden libros.”

Las oscuras y densas cejas de Yuri se torcieron en ese instante. Un impacto punzante, como si hubiera recibido un golpe fuerte en la nuca, se propagó y dejó su mente completamente en blanco. Jamás se habría imaginado algo así. Algo que ni siquiera había recibido de Alexei o de su padre, quienes sabían que él leía,

“¿Lo aceptarías? Si no te disgusta.”

jamás pensó que lo recibiría de este hombre.

“Elegí el libro basándome en lo que a mí me gusta. Como estabas leyendo a Tolstói... La historia es un poco larga y aburrida, pero a mí hasta eso me agrada. Espera. No habrás leído ya este libro, ¿verdad?”

De repente se le cerró la garganta, por lo que Yuri no pudo emitir ninguna respuesta. Al prolongarse su silencio, el libro que Chariot sostenía tembló levemente. El hombre estaba nervioso. Teniendo un rostro tan hermoso, temblaba como un novato que solicita una cita por primera vez.

Mirando aquellos ojos verdes que contemplaban el libro con súplica mientras mantenía los labios apretados, Yuri extendió lentamente la mano. Con el rostro abatido, la expresión de Chariot se volvió sumamente seria, como si no quisiera perderse ni un solo movimiento de él. Sin sonreír y más prudente, Chariot era más hermoso que nunca. Sus cejas de color castaño rojizo, que parecían haber sido plantadas una a una dando forma, destacaban, y el puente recto de su nariz y sus elegantes fosas nasales proyectaban una sombra tenue sobre sus mejillas que le daba un aire de escultura.

Sin embargo, una escultura no lo haría sentirse tan feliz de esta manera. Solo el Chariot vivo era el que insuflaba vitalidad en el corazón de Yuri.

Con la sensación de estar viviendo un sueño, Yuri recibió el libro que Chariot le extendía. Al sentir el peso denso en la palma de su mano, la realidad comenzó a hacerse presente por fin. Prestando atención a la mirada de Chariot que no se apartaba de él, Yuri sostuvo la parte trasera del libro como si tratara algo preciado y luego abrió lentamente la primera página. Al pasar la rígida portada y desplegar la primera hoja, apareció la siguiente oración:

Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz es infeliz a su manera.

…Ah.

Cuando Yuri se vio obligado a acompañar a Chariot y escuchó la historia sobre su guardaespaldas, había recordado esta oración. Una frase que había escuchado en alguna parte pero cuyo origen desconocía, y que Yuri solía rumiar de vez en cuando para no volverse miserable mientras atravesaba la vida. Pensando que no era el único que llevaba una vida así, y que en el mundo debía haber incontables familias infelices.

Sin embargo, aquella frase que creía una historia transmitida como un refrán resultó ser una frase sacada de un libro.

Le pareció increíble.

Y también sintió escalofríos.

Resultaba incomprensible que la línea que había atravesado toda la vida de Yuri fuera encontrada precisamente en ese lugar, y que hubiera sido Chariot quien se la enseñara.

Tampoco podía creer que hubiera recordado que él leía y se hubiera tomado la molestia de ir a un café con librería, ni que adoptara esa apariencia de novato nervioso tras haber fallado al buscar una oportunidad para entregárselo.

Como el ángel que apareció de repente un día en la casa del zapatero Semión, jamás llegó a pensar que una luz llamada Chariot aparecería en su propia vida, donde ni siquiera había una lámpara.

“¿No te gusta? Aunque el final de ese libro no es gran cosa, aun así lo suficientemente...”

El hombre que solía decir que podía seducir a quien quisiera con solo desearlo, estaba sumamente nervioso por el simple hecho de regalar un libro y continuaba haciendo preguntas sin parar. Acariciando con cuidado el libro, Yuri exhaló lentamente el aire, levantó la cabeza y cruzó su mirada con la de Chariot.

“No lo he leído.”

Como esta sensación era completamente nueva, Yuri no sabía qué expresión estaba poniendo. No obstante, sabía muy bien que su rostro lucía indudablemente distinto al de costumbre. Aunque era una noche teñida de oscuridad, sintió que los globos oculares le escocían y los ojos se le encogían ligeramente. La tensión en su boca fuertemente cerrada se relajó y las comisuras de sus labios se elevaron por sí solas.

“Gracias. Me gusta mucho.”

Susurró Yuri con sinceridad. La curva formada en sus comisuras se acentuó un poco más y se formaron suaves arrugas alrededor de sus ojos. En sus antes tranquilas pupilas azules brotaron destellos y sus espesas cejas negras se curvaron hermosamente.

Su rostro cambió como un lago que brilla bajo la luz de la luna en una noche silenciosa.

Yuri cerró suavemente la tapa del libro como alguien que manipula un objeto de suma importancia. Temeroso de que el libro pudiera arrugarse, sus ojos, que antes sonreían, se tornaron un poco serios. Bajando la cabeza para contemplar el libro, acarició con la punta de los dedos el título. Sobre el título grabado en relieve se había aplicado pintura dorada. Tras confirmar nuevamente con el tacto que el libro en sus manos era real al frotar las letras doradas, Yuri volvió a levantar la vista hacia Chariot y sonrió.

Agradeciéndole,

Los labios de su boca que se disponían a proferir un agradecimiento que jamás sería suficiente...

“Maldita sea, Yuri.”

fueron devorados por Chariot.

“Estaba decidido a aguantar. Había tratado de resistir de cualquier modo.”

Palabras incomprensibles resonaron cerca de su oído. Una sombra proyectada como una tormenta cubrió por completo a Yuri y lo arrastró hacia Chariot. El hombre que se abalanzó sobre él como el destino lo abrazó con fuerza contra su pecho. Siguiendo a Chariot, quien inclinó la cabeza para rozar sus labios contra los suyos, Yuri también abrió la boca.

Exhalando al instante una respiración agitada de manera mutua, ambos comenzaron a saborearse como si lo hubieran estado esperando. Un calor abrasador se expandió con intensidad por todas partes, como si se hubiera desatado un incendio.

Chariot, que empujó a Yuri haciéndolo tumbarse en el sofá, se montó sobre él. Al verlo desde arriba mientras seguía aferrando el libro incluso tras ser empujado, Chariot puso una expresión como si estuviera a punto de volverse loco, inclinó su torso y volvió a besarlo. Agarrando las mejillas de Chariot, quien lo besaba con impaciencia, Yuri también introdujo su lengua.

Ambos sabían con absoluta precisión lo que iba a suceder después.

La mano de Chariot se deslizó por dentro de su ropa. Como el sol derritiendo el hielo, todas las zonas que tocaba su mano comenzaron a fundirse cálidamente.

Era la primera vez que mezclaba sus cuerpos deseando tan intensamente a la otra persona.

Tampoco antes había hecho cosas como aferrarse con tanta desesperación a alguien para besarlo, ni dejar que un extraño introdujera sus manos para quitarle la ropa. Para un Yuri que hasta entonces solo se había dedicado a elegir el mal menor entre lo peor y lo secundario, jamás había habido un día en el que hubiera tomado una decisión dejándose llevar por un impulso en su interior.

Quizás por eso todo a su alrededor le resultaba tan extraño. Aunque ya se había besado con Chariot una vez en el lago, en lugar de sentirse familiar, su cuerpo temblaba al punto de que le costaba incluso respirar. Había tenido relaciones innumerables veces, pero estaba tan tenso y mareado como si estuviera experimentando su primera vez. Tras mezclar sus lenguas, apartó un momento los labios y exhaló una respiración agitada, momento en el cual Chariot aplicó fuerza en el brazo que sostenía la parte baja de su espalda para volver a acercarlo.

Los dedos que se habían apartado brevemente de sus mejillas volvieron a envolver a Chariot. La piel, tan suave que rozaba lo terso, le parecía tan noble que Yuri no se atrevía a ejercer fuerza en sus manos. Temía que si llegaba a sujetarlo con firmeza, una persona tan hermosa pudiera lastimarse, por lo que tenía miedo.

Mientras Yuri apenas lograba responder a los besos que se sucedían sin darle tregua, la mano que se había introducido bajo su camiseta acarició con destreza la piel descubierta. En el pálido abdomen de Yuri se delineaban con belleza unos firmes músculos abdominales que creaban tenues sombras, envueltos por finas venas azuladas y una cicatriz que se vislumbraba tenuemente sobre ellos.

Chariot acarició con la yema de los dedos la cicatriz alargada situada en su costado izquierdo. Una cicatriz con bordes irregulares como un papel rasgado y rellenada con una carne de tonalidad blanquecina, diferente a la piel original de Yuri, cuyo origen ni siquiera recordaba cuándo se la había hecho. Hacía mucho tiempo que había dejado de calcular en qué lugar y de qué forma se había lastimado.

El cuerpo de Yuri temblaba levemente, como si cada roce le provocara un escalofrío. Deteniendo sus movimientos como si quisiera comprobar la reacción de Yuri, Chariot bajó la mirada hacia su rostro. En el fondo de sus oscurecidos ojos verdes se reflejaba nítidamente la imagen de Yuri.

“No te hagas daño.”

Susurró Chariot con una voz baja y ronca. Por alguna razón, aquellas palabras parecieron desgarrarle el pecho con tanta profundidad que Yuri cerró los ojos con fuerza de manera involuntaria. Acostumbrado desde siempre a recibir heridas y sin importarle en absoluto el dolor, enfrentarse a la mirada cargada de preocupación de aquel hombre hizo que de repente una emoción melancólica lo embargara.

“No me duele.”

Cuando Yuri respondió con voz ronca y abrió los ojos, Chariot esbozó una suave sonrisa, como si se sintiera aliviado. Tan frágil y hermosa resultaba aquella sonrisa que Yuri estrechó con mayor fuerza los brazos que tenía alrededor de la cintura del joven. La fuerza se intensificó en las manos con las que aferraba los anchos hombros de Chariot, y entre los cuerpos de ambos ya no quedaba ni un solo espacio libre.

Yuri pensó que no le importaba consumirse hasta quedar reducido a cenizas si era devorado por aquel calor abrasador. Era la salvación que, por primera vez dentro de un mundo incierto y violento, había elegido siguiendo su propia voluntad. Chariot, compartiendo aparentemente el mismo sentimiento, se adentró aún más mientras volvía a unir sus labios, y el mundo de Yuri, que había permanecido congelado, comenzó a derretirse por completo.

Desde el momento en que el tacto rozó su cicatriz, la atención de Yuri también se desvió hacia ese lugar. Había pensado en dejarlo pasar y fingir que no se daba cuenta si solo lo tocaba por encima, pero Chariot continuó acariciando suavemente la cicatriz. Al detener los besos, Yuri agarró la barbilla de Chariot, frunció el ceño y le advirtió. Parecía que detestaba la idea de que Chariot viera una forma que él mismo consideraba espantosa cada vez que se miraba en el espejo.

“Deja de tocar ahí.”

Resistiendo la fuerza con la que agarraba su barbilla, Chariot bajó la mirada para contemplar su abdomen. Al notar que la mirada de este se posaba de forma tan descarada sobre la cicatriz, Yuri incorporó ligeramente el torso y encogió el vientre de modo que la cicatriz quedara lo más oculta posible. Cuando intentaba volver a bajar la ropa para cubrirse, Chariot sujetó su brazo y lo inmovilizó aplastándolo. Presionando con fuerza la muñeca derecha de Yuri con uno de sus brazos, Chariot se montó sobre la parte inferior del cuerpo de Yuri como una bestia.

“¿No se puede tocar?”

“Así es.”

“¿Por qué?”

“Aunque lo toques no siento nada, y no me gusta.”

En el campo de visión de Yuri, que había quedado completamente tumbado sobre el sofá, solo se veía el rostro de Chariot. Se quedó mudo por un instante al verlo inclinado sobre él con los ojos enrojecidos por el calor. Parpadeando sus largas pestañas mientras susurraba, Chariot lucía tan irreal como una criatura legendaria que lo hubiera visitado en secreto, tal como había pensado desde antes.

Aprovechando ese breve instante, Chariot bajó la cabeza y recorrió la parte superior del cuerpo de Yuri. Deslizando su camiseta de un solo tirón hasta por encima del pecho con la otra mano que no estaba sujetando su muñeca, contempló con atención la cicatriz que cubría su torso y luego inclinó la cintura. El hermoso rostro que llenaba su campo de visión desapareció y, en su lugar, un hermoso cabello castaño rojizo dorado se mecía suavemente ante sus ojos. Al percatarse de ello tarde, Yuri recuperó la compostura y se retorció, pero Chariot fue más rápido.

Como si una pluma hubiera caído, suavemente, un trozo de carne húmedo rozó la cicatriz de su costado. Como una bestia acariciando una herida, Chariot sacó la lengua y lambió largamente la cicatriz blanca. Con la ilusión de que un pequeño calor ascendía desde una zona donde los nervios estaban gravemente dañados y ya no se podía sentir nada, Yuri torció la cintura sin poder evitarlo y dejó escapar un leve gemido.

“Ah, ugh, ugh...”

Un picor se expandió por el interior de su cuerpo acompañado de una sensación similar a un estrechamiento en la garganta. La lengua que había lamido cariñosamente la cicatriz se desplazó lentamente hasta alcanzar los alrededores del ombligo de Yuri. Demasiado asustado por la sensación de estar tocando una zona tan sensible, frunció el ceño y abrió la boca. Estuvo a punto de soltar un sonido extraño como un ahogamiento, pero logró contenerlo por poco antes de que Chariot volviera a estimularlo.

Chariot puso su lengua puntiaguda y la deslizó siguiendo la línea del torso que dividía rectamente el centro del abdomen. Ante la sensación húmeda que lo recorría barriendo la piel, Yuri agarró apresuradamente los mechones de su cabello. Aquello era tan embarazoso que el estómago se le revolvía con ganas de vomitar, haciéndole insoportable seguir aceptando las caricias.

“Basta, haz... para ya y simplemente...”

¿Qué debería hacer y cómo? Al quedarse callado ante la duda que surgió de improviso, Chariot levantó la cabeza y cruzó miradas con él. Unas pupilas de un tono mucho más oscuro y con las pupilas más pequeñas que antes lo contemplaban como si quisieran devorarlo.

“Simplemente, ¿cómo quieres que te trate?”

Viendo el estado de las feromonas que se agitaban, era indudable que Chariot estaba excitado. La palma de la mano que presionaba su muñeca también ardía como el fuego, y lo único que deseaba un alfa que ya había entrado en su rut era evidente. Aunque ya lo había pensado en el lago, parecía que este hombre quería ‘poseerlo’.

“Es la primera vez que trato con un alfa... pero si lo deseas, puedo poseerte.”

Sin embargo, como jamás se había imaginado en una situación así, Yuri susurró de esa manera. Aunque la complexión de Chariot era un poco más grande, a fin de cuentas el tamaño no importaba para poseer a alguien. Pero apenas escuchó las palabras de Yuri, Chariot volvió a bajar la cabeza. Con el cabello aún sujeto, bajó el rostro y posó sus labios sobre los curvos músculos del pecho de Yuri. Tras hacerlo, comenzó a lamer los pezones de Yuri, los cuales ya se habían endurecido por el contacto con el aire exterior.

Los ojos de Yuri se abrieron de par en par ante la extraña sensación que se propagaba desde su pecho. Un destello de desconcierto cruzó sus pupilas azules y, aterrorizado, sostuvo los hombros de Chariot. ¿Chuparle el pecho? Él ni siquiera era un omega, no había forma de que pudiera sentir algo por lamerle ahí...

“Tú, ¿sabes cómo poseer a un alfa?”

No debería sentirse nada.

“Para hacerlo entre alfas, hay que aflojarse bien. A diferencia de los omegas, por la parte de atrás no se humedece, así que tendrías que lamerme y tocarme hasta que me falle la fuerza en todo el cuerpo.”

Las manos de Yuri perdieron fuerza repentinamente. Todo se debía a Chariot, quien extendía ampliamente su lengua para lamer con viscosidad los pezones rosados que sobresalían en punta. Un intenso placer punzante, como si una aguja se clavara de golpe, se descargó sobre sus pezones.

“¡Ah, ugh…!”

La excitación que se había calmado un momento antes debido al contacto con la cicatriz se avivó con furia como un incendio forestal. Al escuchar el gemido de Yuri, Chariot mordió suavemente el pezón erguido con sus dientes, luego juntó los labios para cubrir la areola y succionó haciendo un sonido claro. La bonita y redonda zona rosada asentada en su pecho fue completamente tragada por el interior de la boca de Chariot.

“Ja... ugh, ugh, jo...”

Yuri exhalaba respiraciones temblorosas mientras repetía el gesto de doblar y estirar los dedos con los que aferraba los hombros de Chariot. Un placer electrizante se extendía desbocado desde sus pequeños pezones, impidiéndole por completo mantener la compostura. Era un placer totalmente diferente al de tocar los genitales, al punto de resultar tan extraño que daba miedo.

Era indudablemente su propio cuerpo, pero no parecía suyo. Jamás se había imaginado que pudiera experimentar semejante sensación en un cuerpo que había sido manejado como una herramienta durante decenas de décadas. Al comprobar que Yuri se había quedado mudo y rígido por el placer, Chariot trasladó sus labios al otro pecho sin demora.

Cuando Chariot succionó con gusto aquel pequeño y duro capullo rosado que parecía suplicar ser tocado, la respuesta en la parte inferior del cuerpo de Yuri fue inmediata. Un líquido transparente brotó de golpe por la punta de su pene, el cual había permanecido firmemente erecto y descuidado debido a que nadie le prestaba atención.

Yuri recuperó la conciencia tardíamente al sentir algo fluir por el glande. ¿Qué demonios estaba pasando en ese momento? En poco tiempo se estaba excitando de una forma que jamás había experimentado antes. Abrumado por la cadena de reacciones sucesivas, Yuri frunció los ojos con confusión. Chariot, que había estado saboreando el pezón de Yuri como si fuera un dulce caramelo, separó los labios y cruzó la mirada con él.

“¿Podrás hacerlo, Wolfie?”

Sus ojos de un verde claro se curvaron con picardía, formando una sonrisa ambigua. Al contemplar sus labios enrojecidos tras haber estado chupando su pecho y su rostro teñido de un profundo deseo, sintió que hasta sus propios globos oculares se contagiaban de aquel picor. Tras observarlo con ternura, como si le pareciera adorable un Yuri desconcertado por el extraño placer, Chariot extendió la mano y envolvió las mejillas de Yuri. Debido al desplazamiento del centro de gravedad, la fuerza con la que Chariot presionaba su muñeca se volvió aún más intensa.

“A mi parecer, creo que no podrás.”

Chariot lucía sumamente satisfecho. Al verlo sonreír alegremente con las comisuras de los labios curvadas hacia arriba, Yuri olvidó por completo el orgullo de insistir en que sí podía.

“Sintiendo todo esto con solo haberlo chupado un poco... decir esas cosas es ridículo.”

Parecía más valioso dejar que Chariot pusiera esa cara de satisfacción antes que mantener el orgullo respecto a su condición de alfa.

Esto no se trataba de elegir entre lo peor y lo malo, sino de escoger entre la segunda mejor opción y la mejor...

“Y además, el que tiene la rut soy yo, Yuri.”

Y lo mejor para Yuri era ver satisfecho a Chariot.

“Quiero poseerte.”

Chariot le había estado diciendo palabras con esa clase de insinuaciones desde el primer momento en que lo vio. Aunque tenían una complexión física similar y él no era un omega, era incapaz de comprender por qué lo deseaba de esa manera, pero no le desagradaba en absoluto que siguiera pensando así incluso después de haber visto su cuerpo espantoso y lleno de cicatrices. Su actitud le daba la sensación de que realmente no le importaba qué tipo de persona era.

Durante toda su vida, Yuri había creído que jamás habría nadie que lo deseara tras conocer su verdadera identidad. Y mucho menos alguien bondadoso y corriente como Chariot.

Sin embargo, lo que Yuri en realidad deseaba era exactamente lo opuesto a su propia creencia.

Anhelaba estar al lado de alguien que, a diferencia de él, fuera una persona bondadosa y afectuosa. Deseaba tener a su lado a alguien que le enseñara que las cosas no comunes eran normales, alguien que no negara ni despreciara la vida que le había tocado vivir. Pero como sabía que desear eso era una ambición demasiado grande, no había puesto a nadie a su lado.

Habiendo comprendido sus propios límites hacía mucho tiempo, aquel hombre había aprendido a conformarse con cosas insignificantes y trataba de darle significado tan solo al hecho de seguir respirando y viviendo.

Y sin embargo, este invitado inesperado que apareció un día...

“…Eres realmente extraño.”

...lo había hecho comprender qué era lo que había estado deseando todo ese tiempo.

“Quién sabe.”

Aquello que ni su padre ni sus amigos, quienes lo habían observado durante toda su vida a su lado, habían logrado enseñarle, se lo había hecho entender un hombre a quien apenas conocía desde hacía pocos días. Ciertamente, Chariot no le otorgaría ningún significado especial, y en el mejor de los casos aquello no sería más que una aventura pasajera de pleno verano que cruzaba su vida, pero...

“En mi opinión, me parece más extraño alguien que no desee a una persona tan hermosa como tú.”

Si lograba perdurar aunque fuera como un pequeño fragmento en la vida de una persona tan encantadora, con eso solo ya se sentiría sumamente feliz.

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La resistencia era imposible. Chariot sabía cómo hacerlo capitular sin necesidad de apuntarle con la pistola a la cabeza. Bastaban solo unas pocas palabras para que Yuri se viera consumido por un fuerte anhelo de hacer aquello que este deseaba. Aunque estaba tomando una decisión completamente irracional y que jamás le traería ningún beneficio, no había rastro de arrepentimiento en su corazón.

“Lo he estado pensando desde hace rato.”

Yuri miró de reojo el brazo que sujetaba su muñeca derecha y, alzando la vista hacia Chariot, quien lo retenía de forma tan impertinente, dijo:

“Hablas demasiado.”

El cambio de postura ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Habiendo estado tumbado y complaciéndolo de buena gana, Yuri empujó con fuerza hacia atrás los hombros de Chariot y lo derribó de un solo golpe. Chariot, que quedó tendido con la cabeza colgando peligrosamente al borde del sofá, lo miró parpadeando con sorpresa. Al verse a sí mismo contemplando aquel hermoso rostro que no terminaba de entender qué había ocurrido, una sensación de satisfacción se apoderó de él.

Voy a hacer algo que no estaba en mis planes... pero al menos la postura la decido yo.

Montándose sobre Chariot, quien hasta hace un momento lo había estado oprimiendo, cargó todo su peso y presionó la cintura de este con sus muslos para evitar que pudiera escapar. Al comprender la situación tardíamente, en el rostro de Chariot se asomaron un ligero disgusto, perplejidad y un intenso deseo de conquista.

“¿Qué es esto?”

“¿ trajiste algún tipo de lubricante?”

“No lo traje. ¿Acaso crees que estoy tan dominado por el deseo sexual como para pensar en tener sexo mientras huyo? Espera, por ahí no van los tiros. ¿Qué se supone que estamos haciendo, Wolfie?”

“No hay de otra.”

Sentado a horcajadas sobre él, Yuri se quitó de golpe la camiseta, que se había enrollado hasta el pecho. Tras arrojar la prenda al suelo, bajó lentamente las manos hacia la parte inferior de su ropa y agarró el extremo rígido de la bragueta, endurecida por su ya evidente excitación.

Al desabrochar el botón y bajar la cremallera, el expresivo rostro de Chariot se ensombreció. Era obvio que debía estar imaginando que aquella era la situación que menos deseaba en el mundo.

A partir de ese momento, tendría que meterse la enorme y tosca cosa de ese sujeto por atrás, así que al menos recibiría como pago una cara de asombro momentánea.

“Yuri, no quiero usar la fuerza para someterte. Lo que dije antes va en serio. No me hagas perder la cabeza.”

Chariot le susurró con un tono bastante serio. Su voz, profundamente reprimida y con un matiz metálico al advertirle en silencio, parecía haber llegado a su límite. Ciertamente, en cuanto a pura fuerza física, saldría perdiendo frente a Chariot. Al fin y al cabo, había una diferencia de complexión, y los músculos que Chariot había esculpido practicando hockey debían poseer una densidad abrumadora. Si se tratara de correr para matarse las tornas serían opuestas, pero ahora...

“Silencio.”

Con su dedo índice, Yuri presionó con firmeza los labios rojos de Chariot, que se movían de forma petulante, y luego introdujo los dedos índice y medio dentro de su boca. La lengua de Chariot, que intentaba decir algo de nuevo, rozó sus dedos. Ligeramente estremecido, Chariot lo contempló fijamente, y Yuri, cruzando su mirada con la suya, alzó lentamente las caderas.

Una atmósfera ambigua rozó a ambos, y Chariot comenzó a comprender poco a poco lo que estaba sucediendo. Su lengua inmóvil humedeció con viscosidad los dos dedos de Yuri, quien dejó escapar un suspiro de respiración más agitada por la excitación, permitiendo tranquilamente que le lamiera los dedos.

Con la mirada baja y como si le estuviera practicando una felación, Chariot succionó con fuerza los dedos de Yuri. Al filtrarse un sonido húmedo desde sus labios y propagarse al exterior, sintió una sensación insoportable. Con la otra mano, bajó por completo sus pantalones junto con la ropa interior que llevaba debajo, mientras presionaba con fuerza la lengua de Chariot con sus dedos antes de retirarlos.

Llevó lentamente sus dedos, empapados de saliva, hacia la parte trasera. Al sentir el contacto de los dedos húmedos en esa zona posterior, que jamás había tocado salvo al asearse, un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. Un sentimiento de rechazo lo acompañó al mismo tiempo. Aunque una vez tomada la decisión el curso de acción ya estaba fijado, quizás se debía a que jamás se había atrevido a imaginar que mantendría una relación usando esa clase de partes.

“…Uff, ah.”

Sintió ganas de vomitar. Cerrando los ojos con fuerza y frunciendo ligeramente el ceño, Yuri introdujo con firmeza los dedos hacia el interior sin vacilar. Al meter el dedo índice en el interior de aquel pliegue estrechamente cerrado, el esfínter se contrajo con fuerza intentando expulsar el dedo. Su cuerpo expresó rechazo ante la sensación del cuerpo extraño y se tensó con rigidez, pero Yuri hundió el dedo índice a mayor profundidad con aún más fuerza. A su forma de ser le iba mejor resolver las cosas de un solo golpe antes que andar titubeando.

…Ah.

Las arrugas de su entrecejo pálido se profundizaron todavía más. Era difícil imaginar cómo demonios lograría introducir el pene de Chariot en un orificio que se sentía tan estrecho con tan solo meter un dedo. Tratándose de un carajo de tamaño normal uno se las apañaría para meterlo a presión de alguna forma, pero el grosor y la longitud del de Chariot no tenían comparación con los de nadie.

No le quedaba otra que desgarrarse.

Sufrir daños en los órganos internos no era el tipo de dolor al que estuviera acostumbrado a soportar, pero dado que lo hacía por voluntad propia y no por una imposición forzada, creyó que podría resistirlo. Yuri exhaló la respiración que había contenido brevemente debido a la tensión e intentó relajar su cuerpo mediante una profunda inhalación. Cuando agitó el pecho para respirar con dificultad y se dispuso a introducir también el dedo medio, sintió de repente un fuerte estímulo en la parte delantera.

Sorprendido, Yuri abrió levemente los ojos y bajó la mirada para descubrir que Chariot estaba sujetando su pene. Sin apartar la vista de Yuri en ningún momento, Chariot envolvió el eje con la palma de la mano y comenzó a agitarlo con lentitud. Aunque el tamaño del de Yuri también era considerable, las manos de Chariot eran tan grandes que le era posible abarcar toda la columna por completo.

“Sigue haciendo lo tuyo.”

Le ordenó Chariot en voz baja. Tras dudar un momento, Yuri cerró los labios con fuerza y ensanchó la entrada del orificio con el dedo medio. Dos dedos eran ciertamente abrumadores. ¿Qué demonios habrían hecho aquellos que se habían relacionado con Chariot para lograrlo...?

“Haa...”

Mientras abría la entrada por la fuerza, los labios de Yuri se separaron ligeramente ante el placer que arreciaba con cada vez más intensidad desde el frente. Chariot estaba estimulando su pene con una destreza verdaderamente experta. Con una mano apretaba y soltaba el eje con suavidad mientras lo agitaba, como si lo hiciera con la boca, y con la otra pulía con el pulgar la punta del glande, por donde había empezado a brotar un líquido preseminal.

La yema del dedo, algo áspera y dura debido a las callosidades, friccionó el meato urinario, haciendo que una sensación electrizante se propagara a través de su pene.

“Uff, ha..., ugh...”

El pene, que había decaído un instante al introducir los dedos en el orificio, se volvió a poner completamente erecto y duro. La forma en que se estremecía dentro de la mano de Chariot parecía la de alguien suplicando que lo tocaran. Al verlo con los ojos medio abiertos, Yuri experimentó un sentimiento de humillación, al tiempo que admitía que el trabajo manual que le estaba brindando era demencialmente alucinante. Jamás había probado semejantes caricias.

“Ah, haa, ah.”

Los gemidos se fueron volviendo cada vez más frecuentes y cortos. Exhalando respiraciones bajas y ahogadas, Yuri se descubrió a sí mismo moviendo la cintura de un lado a otro sin darse cuenta. No tenía tiempo de percatarse de que Chariot lo miraba fijamente mientras repetía los movimientos lentos hacia adelante y hacia atrás, tal como solía hacer al penetrar. Debido a los más de tres años que había pasado practicando la abstinencia, Yuri reaccionaba con extrema sensibilidad. Absorto en perseguir el placer familiar, se había olvidado por completo de lo que estaba haciendo. Su mano se limitaba a permanecer torpemente apoyada en su parte trasera sin cumplir el propósito original de dilatar el orificio.

“¿Te gusta tanto?”

“Haa..., ha, ugh, uff...”

Asintiendo con la cabeza en un estado de trance, Yuri se mordió con fuerza el labio inferior. Al contemplar con satisfacción sus ojos torcidos de forma lasciva, Chariot volvió a hablar.

“Entonces concéntrate solo en esta sensación.”

A causa del intenso torrente de placer, la voz de Chariot se oyó amortiguada y resonante. Inclinando el cuello enrojecido por el calor, Yuri dejó escapar un largo y satisfecho “mmm”. Apenas pensó que le encantaría que su mano lo apretara con un poco más de fuerza, Chariot envolvió el eje apretándolo con algo más de intensidad. Ah, esto... Al coincidir exactamente con el incremento del estímulo, Yuri intuyó que el clímax estaba a la vuelta de la esquina. Si seguía así, así, solo un poco más...

“Ha, ugh.”

Lo que detuvo su avance hacia el clímax fue el estímulo que sintió repentinamente en la parte trasera. Al abrir los ojos con sobresalto, vio que Chariot había retirado su propia muñeca tras apartarla. Había dejado de estimular su glande y, retirando por completo los dedos que apenas rozaban la entrada, introdujo en el interior del orificio de Yuri unos dedos que de algún modo ya había humedecido con su propia saliva.

“¿Por qué? Tienes que seguir agitándolo.”

Chariot lucía con un tono de voz extrañamente irritado. Sin comprender el motivo de semejante matiz, Yuri frunció el ceño con los ojos turbados por el calor. Al mirarlo fijamente con unas mejillas que mostraban un rubor notablemente superior al habitual, Chariot soltó una risa seca y fingida.

“De verdad, sabiendo lo apuesto que eres...”

Los dedos que se abrieron paso serpenteando hacia el interior se adentraron mucho más hondo en comparación con cuando el propio Yuri se había hurgado. Aunque no era exactamente que hubiera vacilado, tal vez por falta de destreza, Chariot exploró con soltura el interior de las paredes internas que hasta entonces se habían sentido sumamente secas, acariciando con suavidad.

“Es difícil regañarte cuando pones esa cara.”

“¿Qué clase de... cara?”

No pudo terminar la frase. La sensación de compresión en sus órganos internos era tan extraña que Yuri se quedó congelado con las cejas torcidas y la boca abierta. Como alguien que busca algo, Chariot presionó aquí y allá dentro del orificio. Con precisión, los dedos que tantearon en dirección al bajo vientre de Yuri encontraron cierto punto hinchado y redondeado que quedó atrapado en la yema.

“Se esconde muy hondo, igual que tú.”

“O sea, ¿qué...?”

Lo que significaba aquello se lo demostró Chariot con sus actos. El dedo que apenas rozaba un lugar específico presionó finalmente con la fuerza justa en algún punto intermedio entre las vísceras y el bajo vientre.

“¡Ah, ugh...!”

Con una sorpresa que lo dejó sobrecogido, Yuri encorvó la cintura.

Cuando intentó levantar las nalgas de manera involuntaria para sacar los dedos, Chariot lo imitó. Al presionar y frotar con la fuerza justa cierta zona que también lograba percibir en sí mismo, el pene de Yuri se puso rígido mientras sufría un espasmo. Una sensación punzante se propagó por todo su cuerpo y un escalofrío le recorrió hasta el cerebro. Ya no era capaz de distinguir si aquello era placer o dolor.

“Basta, Chari, ah, maldita sea, de-…”

—Ugh... —Yuri cerró los ojos con fuerza y dejó escapar un gemido suplicante entre sus dientes apretados.

Todo se debía a que la mano que sujetaba su pene estaba agitando el eje de una forma mucho más lasciva y suave que antes. Exhalando respiraciones agitadas y pesadas —haa, joo—, Chariot movía las manos hacia adelante y hacia atrás mientras lo miraba con una intensidad obsesiva.

“Haa, ha, haa, ha... Ha, jo...”

Su mente comenzó a nublarse. La sensación que golpeaba desde el interior hacía que el cuerpo de Yuri se adormeciera con un cosquilleo, mientras que en la parte delantera se expandía un placer familiar, pero mucho más intenso que cualquiera que hubiera sentido jamás. Y a medida que el tiempo transcurría lentamente, Yuri empezó a reconocer también como placer la sensación que se propagaba dentro de su orificio.

El límite se acercaba. Con una expresión levemente fruncida, Yuri tensó la barbilla. Las embestidas de su cintura se volvieron cada vez más rápidas. Teniendo en cuenta que no había parado de agitarlo, lo normal era que le dolieran los brazos, pero Chariot no mostraba el menor síntoma de cansancio mientras movía las manos con rapidez para seguirle el ritmo.

Estando a un paso del clímax, cruzó fugazmente por la mente de Yuri el pensamiento de que, a pesar de ser Chariot quien estaba sufriendo el rut, solo él estaba experimentando el placer de forma tan unilateral. Sintiendo que no estaba bien correrse primero de esa manera, intentó detenerlo por un momento, pero en ese preciso instante los dedos de Chariot se deslizaron hacia afuera.

Con la concentración dispersada justo antes de alcanzar el orgasmo, Yuri abrió los ojos en busca de Chariot. En el preciso instante en que lo miró con reproche a través de sus ojos azules bañados por el calor, preguntándose por qué le había quitado los dedos de repente...

“Me estaba volviendo loco de tanto aguantar, Wolfie.”

Otra cosa rozó la entrada del orificio de donde acababan de salir los dedos. Como si estuviera besando un diminuto orificio rosado de pliegues apretados, un glande enorme se frotó contra él. Sorprendido por un contacto tan abrasador que no admitía comparación con los dedos, Yuri abrió los ojos de par en par y separó los labios. Antes de que pudiera articular palabra alguna, Chariot usó la mano que había retirado para sujetar la cintura de Yuri y fijarla, mientras elevaba la suya con fuerza para empujar hacia arriba.

¡Paff!

El pene de Chariot, que parecía imposible de introducir por ningún método, se clavó de golpe en el interior de Yuri. Los pliegues se estiraron por completo en un instante y la entrada, que había permanecido estrechamente cerrada, se abrió tanto como el grosor del pene. Una sensación punzante y ardiente, al punto de hacerle creer por una fracción de segundo que se había desgarrado, se esparció por todo el orificio. Ah, aaah, exhaló Yuri un gemido sin voz mientras encorvaba el torso.

Ahora mismo, adentro, o sea, atrás...

“Ugh, Yuri, maldición, aprietas demasiado.”

El pene, la cosa de Chariot, dentro de mí...

“Ah, siento que voy a partirme en dos. Haa, duele, Yuri.”

Había entrado.

Incapaz de creérselo, abrió los ojos desmesurados y bajó la mirada para comprobar que, efectivamente, el pene de Chariot se encontraba medio introducido en su interior. Pareciendo sumamente impaciente, Chariot apenas se había bajado los pantalones por debajo de las cadera. Sin detenerse a pensar en terminar de quitarse la ropa, Chariot seguía tirando de la cintura de Yuri. No había forma de escapar, por más que quisiera.

“Si ni siquiera ha entrado la mitad... ¿qué pretendes hacer?”

Tras quejarse con un tono que mezclaba un fingido berrinche, Chariot empujó su cintura hacia arriba con una fuerza tan descomunal que le cortó la respiración. Aunque apenas había metido menos de la mitad, la sensación de que todas sus vísceras quedaban atravesadas le dio ganas de vomitar, pero Chariot continuó abriéndose paso hacia adentro, como queriendo demostrarle que aún faltaba un largo trecho.

“Basta, de-, ugh, ¡ugh...!”

Un dolor abrasador escaló desde abajo recorriendo las paredes internas. La piel de su abdomen se tensó con tanta rigidez que parecía a punto de estallar, haciendo que acumulara una enorme tensión en el vientre. Pedirle que se relajara era una exigencia excesiva. Su cuerpo, que recibía a un alfa por primera vez en su vida, no sabía cómo reaccionar y se quedó rígidamente contracturado. Más que el dolor, lo que le resultaba agónico era la presión interna que le impedía respirar. El dolor, al menos, era algo que podía soportar.

“Relájate, Yuri, despacio, expulsa el aire. Eso es. Ajá.”

Chariot movió la otra mano que había dejado inmóvil un momento y comenzó a masajear el pene de Yuri. El pene, que había decaído un instante por la fuerte impresión, empezó a endurecerse de nuevo a medida que Chariot lo acariciaba. La mano que frotaba y agitaba el eje —sch-sch— ascendió poco a poco hasta la parte superior, apretando y soltando con la palma la corona del glande redondeado.

Tal como había pensado antes, la habilidad de Chariot era ridículamente buena. Era incapaz de entender cómo unas simples caricias con la mano podían llevar a alguien a un estado de excitación semejante; sin embargo, Yuri confió su cuerpo a sus manos y obligó a sus músculos a aflojarse poco a poco. Esforzándose por respirar hondo como fuera, la tensión fue cediendo de manera paulatina. Exhalando un suspiro de cansancio —haa, ha— mientras relajaba el cuerpo por completo, el pene de Chariot terminó de deslizarse por fin hacia adentro.

“Ah...”

Cuando la entrada del orificio, que hasta ese momento se había dedicado a morderlo con fuerza sin dejarle espacio, se abrió suavemente por completo, Chariot también exhaló un suspiro de satisfacción, dejando atrás el ligero gesto de dolor que había mostrado.

La cintura y la cadera de Yuri conservaban casi el mismo ancho que se estrechaba al descender desde el tórax. Con el enorme pene hincado entre unas nalgas pequeñas pero de formas perfectamente elevadas, Yuri se dejó caer y se desplomó sobre el cuerpo de Chariot. El volumen era tan abrumador que, sin exagerar, parecía sobrar espacio para llenar por completo el interior de su vientre. De hecho, las nalgas de Yuri, que habían tragado la grossura de Chariot, se encontraban abiertas de par en par de un modo que daba lástima.

Debido a la sensación de estar fijo e inmovilizado sobre una estaca, Yuri ni siquiera se atrevía a intentar un movimiento. Ugh, uergh, con las cejas tristemente arqueadas y exhalando respiraciones cortas, Chariot lo contempló con una fascinación propia de alguien embrujado por un fantasma, antes de soltar de inmediato una maldición:

“De verdad, estás jodidamente hermoso.”

Como si estuviera a punto de volverse loco, como si no supiera qué hacer con semejante sentimiento.

“Esa cara que pones me va a hacer perder la cabeza...”

Murmurando con una voz desprovista de cordura, Chariot apartó la mano con la que había estado estimulando su pene. Al ver que se esfumaba fugazmente el contacto, Yuri abrió ligeramente los labios, y Chariot le susurró:

“Tranquilo, haré que te corras de otro modo.”

No entendía a qué se refería, pero tampoco había nada que Yuri pudiera hacer al respecto. Atrapado como una bestia en una trampa, era incapaz de moverse ni un solo milímetro.

“Es que yo, de verdad, aguanté muchísimo...”

Un gimoteo cargado de fingido reproche resonó a continuación. A pesar de encontrarse en medio del tormento, aquella actitud le pareció tan tierna que Yuri dejó escapar una pequeña y seca risa mientras fruncía el ceño. Al percatarse con rapidez de que le parecía adorable, Chariot se abalanzó sobre él como alguien que llevaba una eternidad esperando ese preciso instante.

“Ahora haré exactamente lo que me plazca.”

Levantando ligeramente la cintura de Yuri, Chariot retiró la suya hacia atrás. Con la sensación de que el pene que con tanta dificultad había introducido se deslizaba hacia afuera a medio camino, Yuri abrió la boca y dejó escapar un gemido mudo: uungh.... Chariot lo observó con la mirada perdida mientras él fruncía los ojos y endurecía la barbilla. Tras inflar el pecho para expulsar el aire y bajar la vista para mirar a Chariot, se encontró con unos ojos de un verde brillante que destellaban con frenesí.

A través de aquella mirada profunda y rebosante de deseo que lo ansiaba de manera exclusiva, Yuri sintió un escalofrío indescifrable. Apenas un estremecimiento recorrió su piel provocándole la carne de gallina, la parte inferior de su cuerpo se precipitó hacia abajo de golpe. ¡Paff! El pene lo atravesó en línea recta, como si pretendiera alisar por completo los sinuosos recovecos de sus vísceras. Acompañado de la sensación de recibir un golpe directo en el bajo vientre, Yuri encorvó la cintura y exhaló un suspiro entrecortado que se ahogó en su garganta.

Tras sujetar y fijar la cintura de este, que amenazaba con venirse abajo, Chariot dio rienda suelta al anhelo que había estado reprimiendo durante tanto tiempo. Contemplándolo con los ojos completamente desprovistos de razón, Chariot comenzó a mover las caderas de forma salvaje. Sus huesos pélvicos friccionaban sin descanso contra las nalgas de Yuri, haciendo resonar con fuerza el ruidoso choque de la carne: ¡slap, slap, slap!

“Ha, hugh, ugh, uff...”

Durante un buen rato, Yuri no pudo hacer absolutamente nada más que esforzarse por exhalar el aire con dificultad. Todo su cuerpo se mecía de arriba a abajo con tanta violencia que le zumbaba el cráneo, y cuando la zona del perineo abierto rozaba contra los testículos de Chariot, llegaba a percibir un dolor tan agudo que parecía que iba a quedarle un hematoma. Incapaz de sostener su propio cuerpo, Yuri alternaba entre bajar la cabeza y echarla hacia atrás. Cada vez que lo hacía, se marcaban los tendones de su cuello y un sonido lastimero y ululante se escapaba en voz baja.

“Ugh, ugh, ungh, ah.”

El sofá rechinaba de forma demencial, desplazándose por toda la habitación siguiendo el ritmo de los movimientos de Chariot. Incapaz de contener la respiración y limitándose a dejar salir los sonidos tal cual brotaban de su garganta, en el preciso instante en que la gruesa masa de carne que lo acribillaba por dentro golpeó con fuerza aquella zona hinchada de antes, Yuri soltó un grito que sonó como un alarido y se desplomó sobre el cuerpo de Chariot.

“¡Uuuungh...!”

Un placer tan intenso que pareció ponerle los ojos en blanco se acumuló en el fondo de su vientre. Aunque el dolor ardiente y punzante seguía ahí, la sensación que acababa de experimentar era tan inmensa que lograba eclipsarlo por completo. Con los ojos abiertos de par en par, Yuri comenzó a convulsionar con el cuerpo temblando. Su organismo reaccionaba por capricho propio, sin guardar la más mínima relación con su voluntad. Por más que intentara detener los temblores, la vibración que se expandía desde su entrepierna lo dominaba de tal forma que le impedía recuperar la lucidez.

“Yuri... vas a tener que aguantar un poco más.”

Chariot susurró aquello mientras le acariciaba la espalda de arriba a abajo, a Yuri, quien había quedado devuelto boca abajo sobre su pecho. Cuando Yuri intentó alzar las manos para apoyarse en el sofá y tratar de erguir el cuerpo como fuera, Chariot lo incorporó abrazándolo. Al ver a Yuri abrir los ojos desmesurados por la sorpresa, Chariot esbozó una sonrisa ambigua y lo tumbó de nuevo en el sofá tal como al principio. En ese instante, el peso de Chariot recayó de golpe, provocando que su pene penetrara perforando hasta lo más recóndito del interior.

“¡Ah, ugh...!”

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Con la boca abierta y los ojos muy abiertos, Yuri alzó la cintura hacia arriba. Fue la sensación de un placer tan intenso que parecía atravesarle desde la coronilla, como si un rayo hubiera descendido sobre él. ¡Uungh, ugh!, un gemido escapó de manera ineludible entre sus labios abiertos. La sensación de que algo andaba mal, mezclada con un placer que jamás había experimentado, le deshizo el cerebro por completo.

Ya no era capaz de pensar en nada más.

Mientras inclinaba la barbilla y torcía la cintura, Chariot lo contempló con los ojos oscurecidos por completo antes de extraer de un solo tirón el pene que lo había hincado hasta el fondo. Junto con la sensación de que se le arrancaban las vísceras, le sobrevino un vacío absoluto en el vientre. Al desaparecer Chariot, quien lo había colmado hasta cortarle la respiración, Yuri alzó la vista con los ojos apenas enfocados.

Chariot observó satisfecho y sonrió al alfa que yacía tendido con las piernas abiertas bajo su cuerpo. Aquel varón robusto, que parecía incapaz de derrumbarse ante ninguna amenaza, se hallaba tumbado con un aspecto tan lascivo que cualquiera que lo conociera en su día a día jamás habría podido imaginar.

Sobre su piel pálida, que contrastaba con el cabello negro desordenado, brillaba una capa de sudor cristalino, y a través de los pantalones caídos cerca de los muslos, el perineo situado bajo su pene y sus nalgas habían quedado teñidos de un rojo intenso debido a tener que soportar a un joven vigoroso. Tras absorber con la mirada cada mínimo detalle, incluidos sus ojos azules ligeramente desenfocados por la excitación, Chariot dejó escapar un suspiro gutural propio de una bestia saciada.

Paradójicamente, quien sintió una extraña sensación de vacío fue Yuri. La ausencia de aquello que le llenaba el vientre por completo y el hecho de haber quedado abandonado a medias en esa postura lo consumían de impaciencia. Sin saber siquiera qué era lo que deseaba, Yuri miró hacia arriba con un rostro que suplicaba algo.

“Sí, ya lo sé.”

Susurró Chariot como si lo comprendiera todo y bajó la cintura. Acto seguido, tiró con decisión de la ropa interior de Yuri que colgaba de sus muslos y sujetó sus blancos tobillos, curvados con la forma de una luna creciente. Tras arrastrar sus largas piernas con ambas manos para apoyarlas sobre sus hombros, Chariot volvió a acoplar su cuerpo con firmeza y empujó su pene frotándolo entre las nalgas abiertas.

“Aquí tienes, esto es lo que Yuri quería.”

Debido a que había tragado algo absurdamente grande, el orificio, que no había alcanzado a cerrarse del todo, recibió a Chariot con mucha más facilidad que antes. Con los ojos entrecerrados, Yuri se concentró en la sensación de cómo aquella masa de carne dura y resbaladiza abría y colmaba su interior blando. La idea de que dos personas provistas de cuerpos distintos pudieran unirse de un modo tan absoluto... le parecía algo tan fascinante que costaba creerlo.

Una vez comprendido esto, a Yuri le empezó a gustar de manera incontrolable mantenerse conectado a Chariot de ese modo. No quedaba espacio para pensar que aquello era poco propio de un alfa o que no correspondía al papel que originalmente se le había asignado. El calor vital de otra persona y los gestos de un cuerpo que lo deseaba se volvían de un escalofriante y puro éxtasis.

Olvidándose del dolor, Yuri retorció la cintura para acogerlo todavía más, y Chariot, tras detenerse un instante, dejó escapar una maldición y frunció el ceño. Como liberando una emoción incontenible, Chariot giró la cabeza y le hincó los dientes con fuerza en el tobillo. Una marca en forma de media luna quedó grabada sobre su tendón de Aquiles.

“Ha, ugh.”

Hasta el dolor del mordisco empezó a tornarse en un estímulo, haciendo que Yuri frunciera sus espesas cejas y emitiera un quejido. Chariot reanudó las embestidas mientras frotaba su mejilla contra el tobillo de Yuri.

Al contar Yuri con un soporte corporal mucho más estable, Chariot comenzó a estocarlo por dentro a una velocidad que no admitía comparación con la anterior. ¡Uungh, ah, uungh!, exhalando los gemidos que brotaban solos junto con su respiración, Yuri se mecía zarandeado de un lado a otro. La carne desnuda friccionaba con rudeza contra la tela del sofá, al punto de que ahora le ardía más la espalda que la parte baja.

“¡Ha, ugh, ah, ugh...!”

Sosteniendo las piernas de Yuri mientras permanecía de rodillas, Chariot inclinó el torso en un abrir y cerrar de ojos, acortando cada vez más la distancia entre ambos. Al tener que recibirlo con el cuerpo medio doblado, Yuri terminó por acostumbrarse a la sensación del pene entrando y saliendo para golpear las profundidades de su carne. Únicamente lo que Chariot le transmitía se sentía con total nitidez.

“¡Ugh, ah, ugh, ah, Chariot...!”

Un placer mezclado con dolor comenzó a colmar el bajo vientre de Yuri. Cada vez que el pene alargado friccionaba con fuerza contra las paredes internas y la punta del glande rasguñaba el fondo como un gancho al retirarse, la carne de gallina se le esparcía por todo el cuerpo. Era imposible saber si ser penetrado se sentía así de forma natural, si los demás también experimentaban aquello, o si, para empezar, aquello era un placer que un ser humano tenía permitido tolerar.

“¡Ugh, ah, ugh, ugh, ugh!”

Llegados a este punto, Chariot se abalanzó sobre él fundiendo sus cuerpos casi como si quisiera aplastarlo. Con cada estocada, el peso que dejaba caer hacía resonar un sonido de ahogo: ¡ugh, ugh!. Sentía como si estuviera siendo empujado una y otra vez hacia el fondo del sofá.

“¡Haa, ugh, ah, ugh, ugh...!”

Sin saber exactamente cuánto tiempo transcurrió, ambos se enredaron como si fueran un solo cuerpo. Aunque la necesidad constante de gemir le oprimía los pulmones, deseaba que aquello no terminara jamás. Con el campo de visión mareado debido a la forma en que su torso se agitaba sin tregua, lo único que alcanzaba a divisar era el cabello rubio rojizo de Chariot y sus ojos entrecerrados de una manera lasciva.

La noción de que el tiempo —que parecía haberse detenido— volvía por fin a transcurrir llegó cuando notó que los movimientos de Chariot comenzaban a volverse mucho más violentos que antes. A causa de las rápidas embestidas que se aceleraban a medida que se aproximaban al clímax, el orificio se calentó de forma extrema.

Sintiendo el interior abrasador como si hubiera sufrido una leve quemadura, Yuri bajó instintivamente una mano hacia la zona de unión entre él y Chariot. Sus pálidos dedos deslizados sobre el abdomen pasaron de largo por su propio pene —que continuaba erecto y respondiendo sin necesidad de ser tocado desde hacía rato— para terminar acariciando su perineo.

Inflamado y febril a raíz de la fricción, el orificio se sentía mucho más caliente que cuando había introducido los dedos por primera vez para tocarlo, y en esas condiciones seguía tragándose el pene de Chariot. Al compás del movimiento del pene que entraba y salía por la junta, Yuri abrió levemente los labios y exhaló un suspiro acalorado.

Lo estaba tragando por completo. Chariot se hallaba dentro de él.

Al tocar directamente la zona de contacto y pensar en ello, un estremecimiento recorrió su cabeza hasta hacerle cosquillear el interior del cráneo. Al mismo tiempo, el placer que ya había alcanzado el límite se mezcló con aquel escalofrío, y en una fracción de segundo imprevista, Yuri contrajo con fuerza su parte trasera y echó la cabeza hacia atrás.

“¡Ah, aaah... ¡Ah, ugh, ugh, ah...!”

Un clímax abrumador lo embistió de golpe, como si lo hubiera arrollado un vehículo. En el instante exacto en que Chariot hincó la punta de su pene hasta el fondo de su núcleo, el semen brotó despedido de la punta del pene de Yuri, que se contraía en solitario. El líquido blanquecino, que emergió a chorros debido a la prolongada abstinencia, arrojó una cantidad considerable. El orgasmo se prolongó de forma continua e interminable.

A causa de la postura doblada en dos, su propio semen salpicó de manera viscosa el rostro, el cuello y el pecho de Yuri. Al contemplar aquella escena, Chariot tensó también la barbilla y propuso un último empuje definitivo hacia el fondo con su cintura. Con la ingesta de los testículos aplastada contra las nalgas de Yuri, Chariot exhaló un áspero ¡ugh! y hundió la frente sobre el pecho de aquel.

“Haa, haa, haa...”

Una respiración agitada y jadeante se acumuló en el hueco de la clavícula de Yuri. El semen de Chariot, derramado en el interior de sus paredes internas, también quedó acumulado en lo más hondo de su vientre. Tratándose del esperma de un alfa en pleno rut, el volumen superaba al habitual. Junto con la sensación de pesadez que el líquido dejaba en su abdomen, un denso aroma a feromonas se esparció por el entorno. Quizás por haber eyaculado hacía un instante o por tratarse de una relación bajo los efectos del rut, experimentaba la extraña sensación de que las feromonas se adherían de forma pegajosa a su piel.

Todo su cuerpo había quedado teñido por las huellas que Chariot le había dejado. Las feromonas, el semen en el vientre, el sudor mezclado de ambos, las respiraciones y el calor sofocante que emanaba de sus pieles. Probablemente motivos como esos explicaban por qué, a pesar de haber alcanzado el clímax, su mente aún no lograba regresar a la lucidez. El ancho pecho de Yuri subía y bajaba rítmicamente mientras yacía tendido, y Chariot mantuvo la frente enterrada en ese tórax agitado durante varios minutos. Aunque no intercambiaban palabra alguna, la satisfacción mutua se percibía con absoluta claridad.

Aproximadamente cuando el sudor comenzó a enfriarse un poco, Yuri sintió sed. Aunque en los alfas y omegas en celo el deseo sexual suele anteponerse al apetito, jamás había experimentado una sequedad en la garganta tan intensa de tanto gemir. Al tomar consciencia tardía de aquella sed, Yuri emitió un sonido gutural e intentó erguir el torso, momento en el cual Chariot también alzó la cabeza.

Sus bonitos ojos verdes adoptaron un matiz adormilado. Sus párpados parpadeaban con coquetería, luciendo como los de un gato satisfecho que había comido a placer. Habitualmente recordaba a un perro grande, pero tras el acto, Chariot aparentaba ser una bestia felina y cautivadora. Al cruzar la mirada con él, Yuri experimentó un fuerte sentimiento de vínculo hacia el hombre que lo tenía aplastado bajo su peso. Tenía la extraña impresión de haber quedado conectado a algo invisible.

Acababan de ser testigos del instante más íntimo del otro. Sus cuerpos seguían unidos por la parte inferior, y él mismo le había mostrado su patética faceta jadeando sin control. Al recuperar una pizca de raciocinio, asomó de manera tardía un atisbo de vergüenza. Aunque no resultaba incómodo, pensó que sin duda debió haber lucido de lo más ridículo.

“…Quisiera, beber... un poco de agua.”

Pensando que no podían seguir de esa manera, Yuri despegó los labios. No obstante, al no salirle la voz habitual y escaparse tan solo un ronco susurro metálico, tuvo que aclararse la garganta un par de veces antes de que el sonido lograra articularse con propiedad.

Cuando murmuró con la voz seca y quebrada, Chariot extendió una mano hacia su rostro. El gesto de limpiar con el pulgar el semen que había salpicado sobre los párpados de Yuri hizo que este cobrara consciencia tardía de su propio estado. Cierto, al eyacular le había saltado semen por todas partes.

“Te doy cinco minutos.”

Mientras Yuri enrojecía la nuca en silencio y presa de la confusión, Chariot pronunció aquellas enigmáticas palabras. Al mirarlo con ojos llenos de desconcierto, Chariot se incorporó y por fin lo liberó. A lo mejor por haber mantenido la misma postura durante más tiempo del pensado, al enderezar la espalda y estirar las piernas, los músculos le protestaron con un leve calambre.

“No tengo la menor idea... de lo que estás diciendo.”

Apoyando el brazo en el respaldo del sofá para enderezar el torso, Yuri sintió la espalda sumamente entumecida. Le resultaba extraño experimentar esa clase de dolor sordo sin haber recibido ningún golpe. Como jamás había martirizado su cuerpo con algo parecido al sexo, en el preciso instante en que intentó apoyar los pies en el suelo para levantarse, volvió a desplomarse al experimentar una sensación de vacío que le arrebató la fuerza de la mitad inferior de su cuerpo de forma instantánea.

¿Qué es esto?

Mientras miraba sus propios muslos con la mirada desconcertada, una sombra se proyectó sobre su cabeza. Al levantar despacio la vista, vio que Chariot le tendía la mano. Con esa misma expresión de no comprender nada, Chariot le explicó el motivo de aquel fenómeno insólito.

“Es porque te han fallado las fuerzas en las piernas.”

Tardíamente, Yuri comprendió que los omegas que se quejaban pidiendo mimos para que los sostuvieran no lo decían simplemente porque quisieran un poco de contacto físico. Le costaba levantarse porque le faltaban fuerzas en la cintura.

Y sin embargo, desgastarse la cintura de esa manera sin haber estado haciendo el amor durante todo el día como en aquella ocasión...

“Vamos, la mano.”

Chariot tiró de él mientras se esforzaba por comprender lo que le había ocurrido a su propio cuerpo. A duras penas logrando ponerse de pie gracias a la fuerza con la que tiraba de él, Yuri consiguió por fin equilibrarse tras aplicar fuerza en las plantas de los pies. Cada paso que daba siguiendo a Chariot, quien lo agarraba de la muñeca y se dirigía primero a la cocina, hacía que su cintura resonara con dolor y que por la parte trasera le ascendiera un escozor. No era únicamente el orificio posterior el que le dolía, la espalda también.

Al llegar por fin a la cocina, se dirigió al fregadero y, antes de servir agua en un vaso, comprendió que necesitaba un breve momento de reajuste personal. Apoyando los codos en la mesa mientras cargaba peso sobre el torso y exhalaba un suspiro apagado, se pasó una mano por el cabello para apartarlo y le dijo a Chariot:

“Creo que vas a tener que servirme tú.”

Antes de que Yuri se lo pidiera, Chariot ya estaba sacando un vaso para llenarlo de agua. Al escuchar lo que le acababa de decir, ladeó la cabeza hacia atrás y preguntó con una sonrisa burlona:

“¿Estás cansado, Wolfie?”

Habiendo movido el cuerpo de aquella manera tan alocada, se suponía que el que debía estar mucho más agotado a nivel físico era Chariot; sin embargo, al verlo lucir tan exageradamente fresco, Yuri frunció el ceño. Se preguntó si aquello pretendía ser una pregunta seria.

“¿Lo preguntas en serio?”

“Sí. Sinceramente, estoy sorprendido. Por muy alfa que sea alguien, los demás suelen terminar sin poder caminar bien aunque los ayuden, pero tú te ves bien, Wolfie.”

Tras cerrar el grifo, Chariot dejó un vaso lleno de agua frente a él. Yuri se quedó pensativo al contemplar el vaso sobre la mesa antes de abrir lentamente los labios.

“¿Acaso tienes la necesidad de hablar de otras personas justo después de acostarte conmigo?”

No es que ignorara que, aunque era su primera relación con un alfa, para Chariot no lo era. No obstante, al preguntárselo con el ceño fruncido por considerar fuera de lugar soltar semejante comentario en ese ambiente, Chariot abrió los ojos de par en par.

“¿Estás enojado, Wolfie?”

“Solo no entiendo por qué dijiste algo así.”

“¡Perdón! ¡Te juro que no lo decía con intención de comparar...! Es que nunca antes había podido llegar tan lejos.”

Ignorando a Chariot, que se apresuraba a explicar el motivo de sus palabras de manera tardía, Yuri extendió la mano y agarró el vaso. Tampoco es que estuviera furioso. La sensación no había sido agradable, pero al fin y al cabo no salían juntos...

Tampoco es que pudieran salir.

Yuri se tragó aquel silencioso murmullo que añadió mentalmente junto con el agua. Al humedecer su garganta reseca, se sintió un poco mejor. Una vez que la sed hizo acto de presencia, incapaz de resistirla, bebió de forma consecutiva. Al parecer había bebido con cierta prisa, ya que el agua se deslizó por su barbilla siguiendo la curva de su mandíbula y quedó retenida un instante sobre su nuez. Al observarlo fijamente con atención, Chariot dejó escapar un suspiro gutural antes de abrir la boca:

“Oye, Wolfie. Sé que no te va a gustar nada lo que voy a decirte ahora...”

Yuri dejó caer el vaso sobre la mesa con fuerza y fulminó con la mirada a Chariot. Al verle decir cosas semejantes, previó que volvería a soltar alguna estupidez como las de antes, así que con la intención de cortarlo de raíz antes de escuchar habladurías innecesarias, le habló con cierta rudeza:

“Ya que sabes tanto, ¿por qué no cierras la maldita boca?”

Apenas lo dijo, sintió un atisbo de remordimiento por haber sido un poco áspero, pero Chariot se limitó a exhalar un suspiro cargado de preocupación y se dio la vuelta para volver a llenar de agua el vaso. Como la garganta le seguía ardiendo de sed, Yuri aceptó de buena gana el recipiente dispuesto a beber de nuevo, pero al contemplar la escena, Chariot soltó de sopetón:

“Estoy en celo.”

Logrando evitar por muy poco un atragantamiento, Yuri frunció el ceño y miró fijamente a Chariot.

“Ver cómo se mueve tu nuez al tragar se ve tan lascivo que no pude evitarlo. Es culpa tuya, Wolfie.”

Las tonterías continuaban. Arrugando sus espesas cejas, se disponía a decirle que ya era suficiente cuando Chariot se le acercó y lo abrazó por la espalda. Rodeando su cintura con ambos brazos y pegando su cuerpo por completo al suyo, frotó su pene contra el espacio entre las nalgas de Yuri, donde aún quedaban las marcas de sus manos. Aunque sin duda acababa de eyacular hacía poco, la pesada rigidez de una nueva erección presionaba contra el pliegue de sus nalgas, sin que alcanzara a comprender en qué momento había vuelto a empalmarse.

Con una expresión de absoluta incredulidad, Yuri dejó el vaso a un lado. Mientras se disponía a tragar saliva fulminándolo con la mirada, Chariot lo besó de repente. Introduciendo su lengua en el interior de su boca, donde aún quedaban restos de agua, Chariot se dedicó a saborearla y tragarla. Con la sensación de haber regresado al momento en que se besaron en medio del lago, Yuri olvidó por completo el impulso de regañarlo y entrelazó su lengua con la suya.

“Tengo sed, Yuri. Dame de beber.”

Le suplicó Chariot, frotando su frente contra su cuello. Quizás debido a la forma en que su suave cabello le hacía cosquillas en la piel, una extraña agitación se apoderó de la zona de su pecho. Concluyendo una breve vacilación, Yuri levantó lentamente el vaso y lo llevó a sus labios, y mientras miraba fijamente a Chariot, quien lo devoraba con la mirada, dio un trago reteniendo el agua en su interior. Apenas apartó el vaso, Chariot lo besó con el apetito de una bestia hambrienta. Las lenguas se mezclaron mientras el agua pasaba de una boca a la otra.

Incluso después de haber bebido lo que tanto deseaba, Chariot no apartó los labios. Girando ligeramente el torso mientras envolvía la nuca de Chariot con las manos, Yuri accedió de buena gana y dejó escapar suspiros agitados: —Mmm, aah...—. Apenas escuchó aquel sonido, Chariot deslizó una vez más el pene hacia el interior de Yuri, el cual llevaba rato excitándose de nuevo y recuperando volumen.

Sus talones se elevaron del suelo y el vacío de su interior quedó colmado de golpe.

Debido a que Chariot era de mayor estatura, la penetración no resultó difícil a pesar de encontrarse de pie. Las paredes internas, que ya se habían ensanchado hasta el límite y amoldado a la forma de Chariot, lo acogieron tragándose el pene, aun cuando parecían a punto de quedarle grandes. Dejando escapar un quejido y echando la cabeza hacia atrás ——¡Aah...!—, Yuri comenzó a ser tomado por Chariot en esa misma postura. Gracias a que Chariot mantenía una mano apoyada sobre su vientre, el abdomen de Yuri evitó golpearse contra el borde de la isla de cocina.

A pesar de haber estado acoplados como perros hacía apenas unos instantes, volvieron a mezclar sus cuerpos otra vez. Mientras era penetrado de pie, Yuri se encontró en un momento dado inclinado hacia adelante y siendo sacudido sin tregua, con Chariot superponiendo su mano sobre el dorso de la suya extendida sobre la mesa. Girando la muñeca que se apoyaba contra la superficie, Yuri entrelazó los dedos con los de Chariot. En el preciso instante en que las palmas hicieron contacto, Chariot entrelazó sus manos de forma firme.

Sobre el mismo sitio donde habían compartido la comida quedaron las marcas del sudor que ambos habían derramado y el semen de un Yuri que volvía a alcanzar el clímax. Incluso tras concluir la segunda eyaculación, Chariot lo condujo hasta su habitación con su pene profundamente enterrado en el interior de Yuri.

Apenas se cerró la puerta y sintió el impacto de ser arrojado sobre la cama, dio comienzo un tercer asalto. Para cuando se quiso dar cuenta, el exterior comenzaba a clarear con los primeros rayos del amanecer, pero la noche de ambos estaba lejos de terminar. Sin tener ni un solo respiro para curiosear qué había dentro de la habitación de Chariot, Yuri pasó cerca de medio día más al borde de la cama. La antaño pulkka y limpia cama de Chariot quedó empapada de humedad a causa del semen de Yuri. Con el paso de las horas, llegó un punto en el que ni el propio Yuri era capaz de distinguir si lo que expulsaba era semen o si simplemente se estaba desangrando por dentro.

El joven alfa sumido en el rut mantuvo retenido a Yuri durante un período cercano a las dos horas. Dejando en ridículo las ocasiones en que solía pasar días enteros en vela realizando trabajos mucho más violentos y pesados, Yuri alternaba entre caer dormido como un muerto y despertar de nuevo. La sensación de tener el canal ensanchado le resultó por fin más familiar, y la presencia constante de la temperatura corporal de Chariot a su lado comenzó a ocurrírsele como algo completamente natural.

Quien lo despertaba cada vez que perdía brevemente el conocimiento y quedaba totalmente lacio era Chariot, quien le besaba los labios para obligarlo a tragar agua. El agua que tocaba la punta de su lengua se sentía tan dulce en cada ocasión que Yuri dejó de percibir la dulzura como algo extraño.

Siguieron, siguieron, siguieron, siguieron, siguieron haciéndolo.

El día se hizo a la vez larguísimo y efímero. Para cuando el tiempo en que se habían enredado perdiendo la razón terminó por sobrepasar a las horas transcurridas en plena lucidez, el rut de Chariot por fin llegó a su fin. Fue justo cuando presenciaban por tercera vez cómo el alba teñía el horizonte a través de las cortinas.

Tras constatar que Chariot se había quedado finalmente dormido abrazándolo con fuerza, Yuri cerró también los ojos. Aunque cabía esperar que unos brazos rodeándolo con tanta firmeza le resultaran pesados, lejos de sentir eso, le proporcionaron una profunda sensación de sosiego. Parpadeando un par de veces con los párpados enrojecidos e hinchados de tanto llorar a causa del cansancio extremo al que había sido sometido, consiguió por fin conciliar el sueño al percibir las feromonas de Chariot acariciándolo con suavidad.

* * *

Yuri y su primera experiencia no fueron precisamente ideales.

Aunque sus padres no habían omitido educarlo sobre el rut y el ciclo de calor, cuando llegó su primer rut, desafortunadamente ya no quedaban padres a su lado que pudieran tenderle un consejo. Tenía diez años —diecinueve años—, y el rut lo alcanzó al filo de un infierno que era el principio del verano.

Al principio pensó que se trataba tan solo de un poco de fiebre. Como no era para tanto como para tomar un antipirético, salió a tomar el té y a trabajar de todos modos. Morir habría sido preferible antes que seguir haciendo cualquier cosa por Igor, a quien aborrecía con toda el alma, pero Yuri tenía una razón por la cual no podía permitirse morir. Además, si él fallecía, Alexei se habría quedado completamente solo en el mundo sin nadie en quien apoyarse.

Aquel día visitó el club que regentaba Igor. La gran mayoría de los establecimientos nocturnos de Sarátov habían sido creados por él, pero aquel club en particular era un lugar predilecto por los Volkov padre e hijo. No se trataba de un sitio construido con fines comerciales, sino de un castillo erigido de forma exclusiva para ellos.

Igor cometía toda clase de atrocidades allí. Drogar a omegas traídos de quién sabe dónde para armar fiestas, o hacer que los visitantes beban hasta perder el sentido por motivos de negocios. Si un trato fallaba se desataba una pelea, siendo de lo más habitual que los disparos resonaran con fuerza entre la música estridente.

La juventud de Yuri había quedado encadenada a ese lugar. Desde que dejó la escuela en la secundaria, se encargaba de vigilar el exterior mientras sucedían semejantes atrocidades. A la hora del almuerzo, cuando el club cerraba, se dedicaba a limpiar y barrer toda clase de porquerías: vidrios rotos, cenizas de cigarrillo, pañuelos manchados de sangre, condones desgarrados, jeringas, polvo blanco y vómito.

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Era un mediodía soleado, de esos en que el duro invierno que se prolongaba hasta la primavera por fin terminaba y el termómetro volvía a marcar temperaturas positivas. Aquellas personas con la fortuna de disfrutar de la vida cotidiana a pesar de vivir en una ciudad tan infernal salían de picnic, como si hubieran estado aguardando únicamente ese momento. Había escuchado que, si uno visitaba por esas fechas un parque situado en el barrio rico donde se agrupaban oficinas gubernamentales como la comisaría o los bomberos, podía contemplar la escena de la gente tomando el sol en traje de baño.

En ocasiones había sentido curiosidad por ver aquello, maravillado de que existiera un lugar así en una ciudad hecha por completo de pesadillas, pero hacía tiempo que esos sentimientos se habían esfumado.

Yuri dejó atrás a unos tiernos hermanos gemelos que caminaban tomados de las manos de sus padres, rozó a una pareja que paseaba entrelazando los brazos mientras compartían un helado, y se adentró en solitario por un callejón al que nadie acudía. Pasando por un angosto camino donde ya no quedaban carteles de ballet sino únicamente cubos de basura, se llegaba a una fábrica, y caminando un poco más se encontraba el club.

Para su mala suerte, Igor se encontraba allí ese día. A diferencia de su rutina habitual, el hombre parecía haber estado observando la juerga de su hijo hasta altas horas de la mañana, y fumaba un puro rodeado de su séquito. Yuri intentó pasar de largo tras hacer una reverencia respetuosa, pero Igor lo llamó.

“Kiselyov, te ha llegado el celo.”

En lugar de usar el término rut, Igor se refería al celo tanto para Alexei como para Yuri con la palabra celo.

“Qué cara de no enterarte de nada. Ah, vaya. Como tu madre se ha petateado y tu padre se largó a sabe Dios dónde, no hay ningún adulto que te enseñe.”

Asegurando que él mismo se encargaría de educarlo en lugar de su fugitivo padre y su difunta madre, encerró a Yuri dentro de una jaula. Bogdan, uno de los hombres de confianza de Igor que se encontraba a su lado, golpeó la cabeza del resistente Yuri con un madero, provocando que sangrara en aquel instante.

Encerrado dentro de una caja metálica de forma cuadrada provista de barrotes, Yuri fue abandonado durante aproximadamente una hora. Recuperó el conocimiento cuando se abrió la puerta de la reja y percibió una sensación similar a un aroma dulzón. Al sobresaltarse y abrir los ojos, vio que el omega con el que Igor solía divertirse cerraba la puerta de la reja con pasos tambaleantes. Era un hombre tres o cuatro años mayor que él que, siguiendo los retorcidos gustos sexuales de Igor, llevaba los pezones perforados con joyas.

Un vaporoso camisón de seda se abrió, dejando al descubierto la desnudez blanca del omega. El joven se encontraba fuera de sí debido al alcohol y las drogas, y tras dedicarle una risita a Yuri, extendió una mano pequeña y fina. Cada vez que se movía, se esparcía un dulzor que jamás en su vida había olido antes.

El simple hecho de inhalar, o más bien de encontrarse en el mismo espacio, hacía que el dulzor le revolviera las entrañas y su cuerpo respondiera. Tal como había dicho Igor, su organismo se sentía avivado de deseo por un omega capaz de engendrar descendencia ahora que se hallaba en pleno celo.

No obstante, el corazón de Yuri no sentía lo mismo. Las náuseas lo invadieron y, al sufrir arcadas, el omega se rio a carcajadas con burla. Tranquilo, va a ser una sensación increíble. Una vez que pierdas la virginidad, te vas a morir de ganas por clavarle el pene a cualquier omega que veas de ahora en adelante. Yo soy bueno. ¿Quieres que te chupe el pene primero?

Ante aquel susurro vulgar, Yuri empujó al omega una y otra vez, pero el sujeto, por más que caía al suelo, se levantaba y volvía a aferrarse a él. Contemplando aquella escena grotesca, Yuri sopesó la idea de dejar inconsciente al omega, pero Igor se lo impidió.

“Si quieres echarlo, de acuerdo. Pero entonces ese mocoso va a morir. No me importaría cortarle el cuello y enviárselo de regalo a la casa de tu único amigo. Ah, pensándolo bien, ese tal Sorokin tampoco tardará en entrar en celo. A diferencia de ti, ese chico tiene agallas, así que tal vez hasta le agrade que le mande un omega.”

Yuri fulminó a Igor con la vista, con los vasos sanguíneos al borde de la ruptura, al ver que mencionaba a la única persona valiosa que le quedaba. El omega, incapaz de sentir la más mínima alarma a pesar de que le acababan de decir que iba a morir, volvió a arrastrarse torpemente como un perro hacia Yuri. Cuanto más se acercaba el sujeto, más nauseabundo era el ascenso de aquel aroma a flores artificiales y empalagosas.

Yuri fijó su mirada en la coronilla del omega, quien finalmente había llegado hasta su frente y se hallaba agachado con las nalgas en alto. Extendiendo la mano con lentitud, aferró un puñado de cabello castaño. Reprimiendo la furia que lo instaba a tirar del pelo del omega para apartarlo de un empujón, Yuri atestiguó directamente, con los ojos inyectados en sangre, lo que le estaba ocurriendo.

Pase lo que pase, se juró no perder la razón.

Para evitar comportarse como una bestia tal como deseaba Igor, Yuri se mordió el interior de la boca una y otra vez. La carne de su paladar quedó hecha jirones y la sangre no paraba de manar. Solo después de tragarse docenas de veces aquella saliva mezclada con sangre terminó el espectáculo. Sin embargo, Igor no perdonó que Yuri se comportara de un modo contrario a sus intenciones.

Lo que sucedió a continuación quedó borrado de su mente.

Yuri no recordaba cada uno de los sucesos ocurridos en su vida.

Para sobrevivir, no le quedaba de otra.

Sin embargo, cada vez que se aproximaba la época del rut o vislumbraba a otro alfa atravesándolo, lo primero que venía a la mente de Yuri era aquella enorme caja de hierro que lo había mantenido cautivo y el dulzor que desprendía un perfume barato.

* * *

Un aroma a tortitas tostadas y dulces flotaba desde algún lugar. Su cuerpo, respondiendo al apetito tentador, se estremeció y dio un par de vueltas en la cama. Tras el sonido de las ramas de un árbol cercano que, zarandeadas por el viento, golpeaban suavemente el cristal de la ventana —toc, toc—, él abrió los ojos.

La luz del sol se filtraba con suavidad a través de unas cortinas de color azul celeste, proyectando sobre la cama la silueta de la ventana en forma de sombra. ¿Acaso se debía a que había caído en un sueño profundo y fulminante, sin haber tomado siquiera pastillas para dormir? Yuri contempló aquella escena de aspecto irreal y onírico durante varios minutos.

Los rayos del sol eran apacibles. No deslumbraban como los del sol del mediodía y poseían una tonalidad calmada que invitaba a la paz. Parpadeando con los ojos resecos y rígidos, Yuri giró la cabeza con lentitud para inspeccionar los alrededores. El lugar donde se encontraba era una habitación dotada de una cómoda de madera de secuoya vieja, una mesita de noche desgastada y una lámpara de pie con un diseño elegante.

La mirada de Yuri se detuvo sobre la mesita de noche, situada un poco más allá de la cama. Había un marco de fotografía. En él, un hombre y una mujer que sostenían en brazos a un niño de belleza feérica sonreían felices con un lago de aguas color esmeralda enclavado entre imponentes cordilleras como fondo.

El hombre adulto de cabello rubio tenía un rostro verdaderamente parecido al de Chariot. Poseía unas facciones más marcadas y una imagen un tanto más masculina que el Chariot actual, pero todos sus rasgos —salvo la línea de la mandíbula o el puente de la nariz— recordaban inevitablemente a Chariot.

En sus brazos descansaba una mujer mucho más baja que él; pelirroja y de rizos, miraba de frente con unos ojos verdes de un matiz casi místico. Aunque no sonreía con la misma radiante alegría que el hombre, bastaba con ver la sutil curva de sus labios y la forma en que rodeaba el brazo de este para comprender cuán dichosa era.

El niño acurrucado en sus brazos era indudablemente Chariot. El rubio rojizo, herencia perfecta de los genes de sus padres, y aquellos ojos verdes que miraban frentes sin titubear dejaban en claro que se trataba de la descendencia de ambos. Era una fotografía que inspiraba asombro ante el hecho de que dos personas totalmente ajenas pudieran unirse y crear una hermosa vida en la que se mezclara la sangre de los dos.

Yuri se quedó sumido en sus pensamientos, incapaz de apartar los ojos de la foto familiar. Pensándolo bien, apenas sabía nada sobre Chariot. Todo lo que conocía se resumía en que era un jugador de hockey con una popularidad e ingresos descomunales, que su edad oficial difería de la real por un margen de un año, y que provenía de una familia tan acaudalada que incluso disponía de un oráculo particular.

Pero...

Tampoco es como si solo supiera esas cosas.

Chariot sabe nadar muy bien. Tiene una resistencia física tan envidiable que es capaz de charlar tras conducir durante toda la madrugada, y devora con gusto cualquier dulce que le compren. Si hace buen tiempo, su estado de ánimo se eleva a la par y se divierte como un niño, y además...

Dice que le atrae un tipo de físico como el de Yuri y...

Se ponía celoso cuando conversaba con otro omega, pero recuperaba el ánimo enseguida con el más mínimo elogio, y poseía una capacidad de consideración tan asombrosa que adivinaba lo que quería sin necesidad de que él lo dijera en voz alta.

Y además, su fuerza física es bestial. Y ni hablar de su libido, que rebosa de forma enfermiza.

Yuri soltó una risita ante el último pensamiento que cruzó por su mente. Exhalando un suspiro de satisfacción, enderezó lentamente el torso y estiró los músculos inclinando el cuello entumecido hacia ambos lados. Al comenzar a moverse, la sensibilidad regresó a todo su cuerpo y el estado físico se hizo patente de manera gradual.

No era como si lo hubieran vapuleado, pero no había ni un solo rincón que no le doliera. Su cuerpo, castigado por haber aguantado a Chariot durante casi tres días, suplicaba a gritos piedad. Lo más molesto era la cintura. Al moverse con lentitud y apoyar los pies en el suelo, reapareció aquella sensación de pérdida de fuerza que ya había experimentado antes. Como desde entonces no había tenido la necesidad de bajar de la cama, casi lo había olvidado.

Por mucho que fuera el rut, esto me parece un poco de locos.

Poco a poco fue asimilando el hecho de haberse pasado dos días enteros haciendo el sexo de manera ininterrumpida. Si bien él mismo llevaba más de tres años de abstinencia, Chariot, a pesar de descargar periódicamente su celo recurriendo a parejas, se había comportado como una bestia hambrienta. Aun así, seguro que en algún momento hubo instantes en los que habría podido detenerse si se lo hubiera propuesto; sin embargo, al ver lo mucho que lo anhelaba sin descanso, había optado por seguirle el juego hasta el final y así habían terminado las cosas.

Así que llevaba más de dos días sin probar bocado.

Nada más pensarlo, su estómago famélico reclamó con ardor. En ese mismo instante, el olor a tortitas que provenía de fuera de la habitación estimuló su olfato, provocando que Yuri sintiera un hambre feroz. Aunque normalmente no le gustaba añadir sirope de maple por considerarlo demasiado empalagoso, hoy le apetecían unas tortitas rebosantes de sirope y con un trozo de mantequilla fundida encima. Yuri se sorprendió a sí mismo, ya que hacía muchísimo tiempo que no deseaba una comida de forma tan específica.

Dejando escapar un bajo gemido, se incorporó aplicando toda la fuerza posible en las mitad inferior de sus extremidades tal como había aprendido de la experiencia anterior. En el preciso instante en que se puso completamente de pie, la zona de las nalgas y los muslos protestó con punzadas, mientras que por la parte trasera sintió una sensación febril y punzante. Apenas dio un paso, algo resbaló y escurrió por el interior de su orificio, que aún permanecía ligeramente abierto.

La extraña sensación de que un líquido manara de forma continua, como si le hubieran vertido algo dentro, le produjo un escalofrío tan ajeno que al bajar la mirada descubrió que el semen descendía resbalando por sus muslos. No se detenía en un solo goteo, sino que fluía de manera ininterrumpida hasta alcanzar sus tobillos. Yuri recordó entonces que habían cometido la locura de no usar preservativo. Menos mal que no soy omega, pero...

Mientras Yuri bajaba la cabeza para examinar con apuro los rastros que Chariot le había dejado, la puerta de la habitación se abrió de par en par.

“¡Buenos días, Wolfie!”

El hombre que hizo su entrada acompañado de una voz jovial sostenía con la otra mano una mesa plegable con la superficie redonda. Al abrir la puerta con energía y ver a Yuri de pie, se detuvo con sorpresa y desvió la mirada hacia la desnudez de este. Un matiz lascivo se apoderó de sus radiantes ojos verdes antes de recorrer a Yuri desde el pecho hasta descender con lentitud por toda su figura.

Sintiendo como si lo hubieran tocado con los ojos, Yuri alzó levemente una ceja. Por lo que intuía, tanto él como Chariot debían estar ya secos de tanto eyacular, pero al ver aquel rostro Yuri comprendió al instante que seguía pensando en la noche anterior.

Yuri, haa, tu interior quema de una forma absurda. Siento que mi pene se va a derretir, ¿qué hago? La piel se siente tan fresca, pero por dentro estás hirviendo como un volcán.

Basta, Charry, ya no... Ya no sale nada...

Recordó la escena en la que, totalmente agotado y sin fuerzas, había recibido las embestidas de Chariot mientras este lo presionaba desde atrás y hurgaba en su orificio abrasador. En un principio, Chariot lo había mantenido con ambos brazos hacia atrás mientras tiraba de sus muñecas para penetrarlo; pero cuando a Yuri le fallaron las fuerzas en las piernas y se vio incapaz de aguantar siquiera esa postura, lo había obligado a ponerse boca abajo, hundiéndolo a medias en la cama mientras lo embestía y soltaba semejantes barbaridades.

En aquel momento, su mente estaba tan obnubilada que ni siquiera había tenido el respiro necesario para avergonzarse de la enorme cicatriz que tenía en la espalda, muy superior a la que mostraba en el pecho. Los estigmas de su cuerpo pasaron a ser secundarios ante la total entrega al acto con Chariot, y tras exhibir así su anatomía por completo, sentía que ya no importaba si se mostraba de ese modo frente a Chariot ahora.

“No pongas esa cara. No me quedan fuerzas para contenerme.”

Aquella sincera advertencia recayó sobre Yuri, quien, contagiado por el recuerdo de Chariot, también había estado pensando en la madrugada pasada. Sorprendido de que, tras haber hecho algo así, aún fuera capaz de repetir, Yuri cruzó su mirada con la de él, haciendo que Chariot se aclarara la garganta ruidosamente antes de dar unos pasos hacia el interior de la estancia.

“Esto es grave. Yuri, ¿podrías ponerte algo de ropa? Si sigo mirándote unos segundos más, siento que de verdad tendré que echar otra ronda.”

“Mi ropa está en mi habitación.”

“Ponte la mía.”

Diciendo esto, Chariot desvió la vista de forma forzada y señaló hacia el rincón bajo la ventana donde había dejado aparte su maleta. El equipaje abierto aún albergaba numerosas prendas. Tras observarlo un instante en silencio, Yuri caminó con parsimonia y cogió en primer lugar una camisa blanca de manga corta situada en la parte superior. No obstante, como era obvio que terminaría manchada de semen, ponerse unos pantalones estaba descartado.

“¿Ya te la pusiste?”

Preguntó Chariot tras desplegar al otro lado la mesita plegable que había traído consigo. Yuri enderezó de nuevo el torso, frunciendo ligeramente el ceño debido al dolor generalizado, antes de borrar cualquier expresión de su rostro y asentir.

“Sí.”

“Me fascina tanto cuando dices ‘sí’.”

Tras soltar un cumplido fuera de lugar, Chariot dirigió de inmediato la mirada hacia Yuri. Con la urgencia de alguien que apenas lograba contener el deseo de ver lo que tanto anhelaba, Yuri no pudo evitar esbozar una sonrisa socarrona. Como Chariot era de complexión más grande, su camiseta le quedaba una talla más holgada, alcanzando una longitud que cubría apenas la altura de sus nalgas.

“No, espera.”

Justo al contrario de lo que pretendía con su petición de que se vistiera, Chariot se mostró contrariado.

“¿Por qué no llevas pantalones? ¡Esto es jodidamente provocativo...!”

Se llevó una mano a la cara para cubrirse, pero enseguida separó los dedos para espiar a Yuri a través de la rendija. Aquella conducta tan extraña le pareció tan adorable a Yuri que avanzó paso a paso —tap, tap— en su dirección. Tenía ganas de tocar a Chariot.

“Yuri, no te acerques. Tenemos que comer.”

“Me he vestido tal como pediste, ¿cuál es el problema?”

“¡Ir solo con la camisa sin pantalones es básicamente una invitación!”

“No puedo manchar tu ropa.”

Yuri se acercó al costado del fornido hombre que se dirigía hacia un rincón y extendió la mano con cautela para rozarle los cabellos. Tras ver la fotografía familiar hacía un rato, se había quedado con unas enormes ganas de acariciarle el pelo a Chariot, por lo que en cuanto la suavidad rozó la yema de sus dedos, una sonrisa afloró a sus labios.

“Deja de ponerte tan tierno y baja la mano.”

“...Estás eligiendo exactamente las acciones necesarias para volverme loco.”

Tras frotarse el rostro con rudeza en un gesto de frustración, Chariot terminó por bajar la mano tal como le había pedido Yuri. Lo contempló con fijeza, con los ojos teñidos de un rojo intenso que devoraban a Yuri con la mirada. Soportando aquellos ojos verdes que apenas parpadeaban, Yuri preguntó:

“Si yo no he hecho nada.”

“¿Por qué eres tan tierno?”

No le parecía que estuviera haciendo nada del otro mundo, pero Chariot lucía considerablemente afectado.

“¿Por qué me sonríes así? ¿Y por qué tu voz suena tan suave? ¡Para colmo te pones esa camisa tan indecente y te acercas a tocarme el cabello, acaso eso no es una señal de que quieres más?”

Durante el sexo apenas había abierto la boca, pero bastaba con regresar a la normalidad para que recuperara su habitual locuacidad. Con la sensación de haber descubierto una nueva faceta en el contraste de su personalidad, Yuri curvó un solo lado de sus labios en una sonrisa silenciosa antes de bajar la mirada.

“¿No vas a decirme qué es esta mesa?”

“¡Primero respóndeme tú, Wolfie!”

“¿Y eso?”

“¿Eres de los que sonríen, tocan y se comportan así con cualquiera con el que se acuestan?”

Chariot preguntó con una expresión que sugería que se sentiría profundamente ofendido si la respuesta era afirmativa. Era muy probable que terminara enfadándose, tal como lo había hecho en la cafetería. Yuri exhaló un suspiro con una sonrisa y negó con la cabeza.

“No.”

Aquella respuesta tan concisa hizo que el semblante de Chariot volviera a adoptar un aire adorable. Al ver el alivio que cruzaba por sus ojos, Yuri no pudo evitar sonreír de nuevo.

“Nunca había hecho algo así con nadie más.”

“...Me alegro entonces.”

¿De qué se alegraba exactamente? Chariot soltó una respuesta que solo conseguía desconcertarlo. Aunque tenía ganas de preguntarle qué significaba aquello, prefirió guardárselo para sí mismo, temiendo abrigar falsas esperanzas en solitario. Al fin y al cabo, podía tratarse simplemente de un deseo de posesión temporal tras haber mantenido relaciones.

“Entonces, ¿qué hay de esta mesa?”

“Pensé que te costaría levantar la mesa de la cama, así que quise prepararte un almuerzo tardío aquí.”

Chariot carraspeó para aclarar su voz, que sonaba ronca y baja, mientras echaba un rápido vistazo a la parte baja de Yuri. Los contornos de sus firmes muslos presentaban múltiples marcas de congestión sanguínea. Eran rastros dejados por los besos con los que Chariot lo había marcado por todo el cuerpo, succionando con fuerza. Seguro que en los hombros también había marcas de mordiscos.

Ante aquella mirada furtiva que descendía hasta el interior de sus muslos, Yuri golpeó ligeramente la mesa con el dorso de la mano. Sinceramente, sentía que si Chariot volvía a abalanzarse sobre él, terminaría cediendo, por lo que le pareció más conveniente disipar aquella atmósfera turbia antes de que fuera tarde.

“No hace falta comer aquí. Vamos al comedor.”

“¿De verdad estás bien?”

“Sí.”

Por suerte, ahora que su celo había terminado, Chariot parecía haber recuperado el autocontrol, ya que asintió con retraso y volvió al tema de conversación que habían dejado a medias.

“Entonces vayamos a la cocina. Espera. No pensarás salir así tal como estás, ¿verdad?”

Yuri se encogió de hombros.

“¿Qué pasa?”

“Chariot, ¿de verdad no te das cuenta?”

Al ver sus ojos verdes muy abiertos, comprendió que aún no había recordado la clase de desastre que había provocado.

“Tu semen no deja de gotear, así que no puedo ponerme nada hasta que termine de limpiarme por completo.”

“...!”

Chariot abrió los ojos de par en par y separó ligeramente los labios. Con la mirada titubeante, bajó despacio los ojos hacia el abdomen de Yuri y, al parecer al percatarse por fin de los fluidos que escurrían, se quedó con la boca abierta y moviendo los labios sin emitir sonido.

“Ah, maldición, lo siento muchísimo.”

A pesar de estar disculpándose, mantuvo la vista fija en la zona de la ingle y los muslos, apenas cubiertos por el borde de la camiseta.

“No traje condones, así que no pude usarlos. Y ni se me pasó por la cabeza salir a comprarlos. Supongo que tendré que hacerme cargo. Mmm. ¿Quieres que te... ayude a sacarlo directamente?”

Aquel comentario que vino a continuación era, con toda probabilidad, una mezcla de culpa y buena voluntad, pero por algún motivo sonaba una vez más a una invitación para repetir.

“Me daré una ducha rápida y saldré. Come mientras tanto.”

Yuri se dio la vuelta para salir primero y cortar de tajo las intenciones de Chariot. Un suspiro de frustración resonó a sus espaldas mientras Chariot lo seguía apresuradamente.

“Teniendo en cuenta que mis manos son más grandes y que fui yo el causante del lío, ¿no sería mejor que me encargue de cuidarte?”

“No.”

Ante la negativa cargada de evidente pesar que lo persiguió, Yuri sonrió mientras caminaba de espaldas.

“Maldición, Yuri. Cada minuto y cada segundo aquí se siente como una prueba de autocontrol. Eres demasiado peligroso para mí.”

Mientras dejaba atrás aquel cumplido que no era tal y cerraba la puerta del baño, escuchó a Chariot soltar un suspiro indescifrable antes de regresar a la cocina. ¿Alguna vez había tenido un día que comenzara con un aire tan alegre como el de hoy?

Asombrado ante una vivencia que jamás había experimentado, se quitó la camiseta por un momento. Antes de entrar en la cabina de ducha, al echar un vistazo casual a su propio cuerpo, en lugar de centrarse en las cicatrices como solía hacer, sus ojos se dirigieron de forma inevitable a las marcas que Chariot le había dejado. Su vista se desviaba sola hacia ellas.

Desde las marcas de dientes en los hombros hasta los rastros de mordiscos suaves, todo su cuerpo estaba cubierto de un extremo a otro. Con la curiosidad de saber hasta dónde había llegado a besarlo y morderlo, apartó la vista del espejo para examinar la parte inferior, descubriendo que los tobillos y la cara interna de los muslos acumulaban una gran cantidad de tonos rojizos. Eran chupones tan explícitos que, de ser vistos por alguien de mayor edad, habrían resultado innecesariamente embarazosos por su densidad.

Y, sin embargo, no le desagradaban.

Era prácticamente lo mismo que haber sido marcado por otro alfa, pero quizás se debía a que aquel acto no tenía la intención de someterlo. Parecía la prueba indiscutible de que Chariot lo deseaba con intensidad, por lo que Yuri continuó inspeccionando las marcas una y otra vez mientras se lavaba el cuerpo con ligereza bajo el chorro de agua. Lo hacía con el temor de que, si se lavaba sin más, aquellas huellas desaparecieran de inmediato. A pesar de saber que se desvanecerían de forma natural con el paso del tiempo, se inclinó para tocar su flanco izquierdo, aferrándose a ellas como alguien reacio a soltar lo que le gusta.

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La cicatriz que Chariot había sido el primero en besar. En lugar de múltiples marcas, allí solo quedaba una mancha más oscura. Como si hubiera insistido una y otra vez en el mismo sitio, parecía un leve hematoma. Jamás habría imaginado que un matiz así pudiera depositarse cerca de una piel que siempre había sido de un blanco falto de vida.

Absorto en la extraña sensación que le producía acariciar la cicatriz, Yuri volvió en sí de golpe al escuchar la voz de Chariot llamándolo desde el exterior. Se había bañado por completo mientras su mente vagaba en otra parte.

Al salir tras terminar la ducha, Chariot lo recibió junto a una isla de cocina repleta de comida. Con la misma expresión de ligera preocupación que había mostrado antes, al ver a Yuri salir sano y salvo, su rostro se relajó en una mueca de alivio.

“Ven rápido, Wolfie. Unas tortitas frías son un pecado.”

El sonido alegre de los platos al ser acomodados resonó en el ambiente. Yuri pasó de largo hacia la habitación para ponerse unos calzoncillos y unos pantalones, mientras escuchaba de fondo las quejas de Chariot, que lo llamaba de nuevo con tono de berrinche antes de encaminarse otra vez hacia la cocina.

A Yuri le agradaba bastante la distribución de aquella casa. Al no estar dividida en dos plantas y contar con una estructura rectangular que agrupaba en la planta baja la cocina, la sala de estar y habitaciones a ambos lados, resultaba muy sencillo saber dónde se encontraba el otro.

Al sentarse junto a Chariot, quien lo aguardaba, quedó todo dispuesto para disfrutar por fin de un almuerzo tardío —o más bien una merienda temprana—.

“¿Habías comprado ingredientes para preparar algo así?”

En los platos de ambos se apilaban cuatro tortitas. Al lado del plato con las tortitas coronadas por una rodaja de mantequilla, había una ensalada elaborada con granadas, almendras, col rizada y lechuga, acompañada por unos platos principales de carne asada y macarrones con queso. Recordaba que habían comprado carne, pero el resto de los acompañamientos le resultaba desconocido.

“La harina para las tortitas la encontré por aquí.”

Pareciendo tener bastante hambre, apenas Yuri tomó asiento, Chariot cortó un trozo generoso de carne, lo ensartó en el tenedor y, tras lanzarle una mirada cautelosa, reveló un secreto:

“En realidad, la fecha de caducidad está un poco vencida... pero supongo que no pasa nada, ¿no?”

Solo había una forma de comprobarlo. Yuri estiró la mano hacia las tortitas que llevaba un buen rato anhelando, cortó un bocado grande y, mirando fijamente a Chariot, se lo metió en la boca. Olvidándose por completo de su propia porción de carne, Chariot se quedó contemplándolo en silencio mientras masticaba. Al cruzarse con sus ojos, que exhibían un nerviosismo sutil a la espera de una evaluación, Yuri esbozó una sonrisa burlona y bajó el tenedor.

“¿Quién dijo semejante cosa? Sabe exactamente igual a si lo hubieran hecho con harina recién molida.”

Un brillo radiante iluminó por fin el rostro de Chariot. Al ver aquella sonrisa que florecía con la vivacidad de una peonía, en el interior de Yuri germinó un fuerte deseo de ver a aquel hombre sonreír más, mucho más. Quería hacer feliz a ese hombre. A cualquier precio.

“Menos mal. ¿Está rico?”

“Mucho.”

“¿Quieres que le ponga sirope?”

De haber sido el Yuri de antes, lo habría rechazado, pero en ese momento le apetecía la versión cubierta de sirope.

“Sí.”

La sonrisa de Chariot se ensanchó. Tomó con sus propias manos la botella de sirope y la esparció sobre las tortitas de Yuri. Tras formar con el líquido un par de puntos redondos y trazar una curva debajo para simular una cara sonriente, Yuri no pudo contener una carcajada.

“¿Qué es esto?”

Pareciendo un niño pequeño. Al añadir aquello en voz baja mientras reía con los ojos entrecerrados, Chariot estalló también en una risa ligera y contagiosa: ¡jajaja!. Después de exprimir el sirope a su gusto hasta que Yuri le dijo que parara, Chariot le tendió la botella. Siguiendo el gesto que parecía pedirle que hiciera lo mismo, Yuri, a diferencia de Chariot, cubrió con esmero y de manera uniforme las tortitas con una red de sirope.

Durante los minutos siguientes reinó un breve silencio mientras ambos devoraban los alimentos con cierta prisa. No obstante, aun sin mediar palabras, intercambiaban miradas de vez en cuando acompañadas de sonrisas, y Yuri terminó con sus cuatro tortitas en un santiamén. Al alternar entre la carne y la ensalada y vaciar aproximadamente la mitad, empezó a sentirse más relajado. Con el estómago parcialmente lleno, una agradable sensación de saciedad se apoderó de él.

“Vaya, siento que he vuelto a la vida. Es la primera vez que paso tanto tiempo encerrado en el dormitorio sin probar bocado.”

Chariot dejó el cuchillo sobre la mesa casi al mismo tiempo. Tratándose de un joven de gran estatura y apetito voraz, ya había dado cuenta de su porción de carne y se había comido la mitad de los macarrones con queso.

“Menos mal que no pasó a mayores. Hemos tenido suerte.”

Yuri reflexionó sobre su propio descuido. Aunque prefería no evocar la conversación que había tenido con Alexei en un momento así, de todos modos necesitaba recordarse a sí mismo una y otra vez que Chariot se encontraba en una situación peligrosa.

“Si piensas que han pasado seis días desde que llegamos aquí y no ha pasado nada, ¿no significa que ahora estamos a bueca recaudo?”

No, Chariot. Las cosas no están tan optimistas como crees. Samuel está muerto y hay muchos tipos buscándote.

En circunstancias normales, le habría recordado a medias la realidad... Pero Yuri optó por pronunciar otras palabras en su lugar.

“Parece que por ahora no han descubierto nuestra ubicación.”

“¿Verdad?”

Con el rostro iluminado por el entusiasmo, Chariot extendió el tenedor hacia la ensalada de Yuri. Dejándolo con gusto que comiera su parte de la comida, Yuri se sumió en sus pensamientos. Deseaba continuar conversando con el hombre a su lado y, en lugar de abordar temas que lo pusieran ansioso de inmediato, prefería indagar en asuntos más personales.

Tras dudar un instante tras otro, Yuri reunió valor. Hacerle una clase de preguntas así le resultaba repulsivo, como si estuviera infringiendo las normas que él mismo se había impuesto, pero el deseo de saber más sobre Chariot pesaba mucho más.

“¿La que está en la habitación es una foto familiar?”

Chariot, que se dedicaba a seleccionar únicamente los granos de granada con el tenedor, se detuvo en seco al escuchar la pregunta. Acaso fue un error. Justo cuando una sensación de fracaso amenazaba con abrumarlo al creer que había hecho una pregunta innecesaria, Chariot volvió la cabeza para cruzar la mirada con él.

“Parece que por fin te has empezado a interesar un poco por mí.”

Por suerte, su pregunta no había arruinado el humor de Chariot. Al contrario, lucía divertido.

“Porque parecía evidente que eran tus padres.”

“Bueno, es innegable que heredé únicamente lo más sobresaliente de mi madre y de mi padre. ¿No dirías que soy el caso más exitoso de combinación genética?”

Tras regalarse semejante autoelogio, Chariot comenzó a contarle sobre su pasado, tal como Yuri había deseado.

“Tienes razón, Wolfie. Fue durante una ocasión en que mis padres me llevaron a visitar el lago Louise. Le pedimos a un transeúnte que nos tomara una foto y salió tan bien que mandaron a revelar varias copias. Cuando mi padre vivía, nuestra familia solía venir todos los veranos desde Boston hasta Calgary, recorría los alrrededores de Banff y luego terminaba viniendo aquí.”

Yuri vio cómo la nostalgia se posaba en aquellos ojos verdes que remontaban las profundidades del tiempo. Era la profunda sombra de la pérdida, una que solo alguien que ha perdido a alguien es capaz de reconocer.

“Así fue hasta que cumplí trece años.”

Tras tragar con lentitud un grano de granada, Chariot guardó silencio. Mientras observaba aquella mirada que, aunque lo contemplaba a él, parecía perdida en un punto remoto, Yuri extendió la mano con lentitud. Y entonces, sobre la mano de Chariot que descansaba en su muslo, superpuso la suya.

Chariot, que miraba fijamente un punto lejano más allá de la consciencia, se sobresaltó, bajó la cabeza y examinó su mano. Tras dudar un momento, Yuri dijo en voz baja:

“Si no quieres, no tienes que seguir hablando.”

Con la breve intención de transmitirle que no era necesario remover recuerdos innecesarios, rozó levemente el dorso de su mano y estuvo a punto de retirarla, cuando...

“No.”

Chariot lo detuvo antes de que pudiera retroceder.

En lugar de agarrarle la muñeca como solía hacerlo, esta vez lo hizo de un modo distinto.

Girando la palma hacia arriba, estrechó la mano de Yuri y entrelazó sus dedos con firmeza. Los dedos que se deslizaban entre los espacios lo sujetaron con fuerza. En el preciso instante en que ambas palmas hicieron contacto, su corazón comenzó a latir con furia. Con un pulso tan acelerado que le hizo sentir una oleada de calor, Yuri cerró los labios con fuerza. Parecía haber retrocedido a sus años de inexperiencia.

“Yo... quiero que sepas sobre mí.”

Chariot abrió la boca sin apartar los ojos de sus manos unidas. El simple hecho de mantener los dedos entrelazados le provocaba un temblor increíble, y tras escuchar semejantes palabras, su mente se revolvió por completo. De manera inconsciente, Yuri buscaba algún indicio. Una pista que le otorgara la esperanza de que lo suyo con Chariot no se limitaría a ser un simple romance pasajero como tantos otros.

¿Le habría contado Chariot esta misma historia a alguien más en el pasado? Tal vez se trataba solo de una anécdota que todo el mundo conocía y que simplemente compartía con él también. Aun así, deseaba con fuerza que no fuera el caso.

Dado que todos los sucesos vividos durante los últimos días junto a él se sentían tan intensos que dolían en el pecho, esperaba que para Chariot tampoco se tratara de un instante cotidiano cualquiera.

Un anhelo brotó desde lo más hondo de su ser.

Dentro de su corazón, antes frío y endurecido como una roca, aún corría sangre. Contuvo el aliento con dificultad para calmar el ardor interno y se dispuso a escuchar con atención la historia de Chariot. No quería perderse ni una sola palabra de lo que dijera.

“Mi padre falleció justo antes de que yo ingresara al internado. Se habían ido de vacaciones con mi madre, pero ocurrió un accidente: mi padre murió y mi madre tuvo que pasar una larga temporada ingresada en el hospital.”

Ante un relato mucho más grave de lo que había anticipado, Yuri guardó silencio. A los trece años, la edad coincidía prácticamente con el momento en que Alexei había perdido a ambos padres. Perder a un padre a una edad tan temprana representaba, sin duda, una desesperación inimaginable para Yuri. Aunque él también había perdido a su madre, por aquel entonces ya era prácticamente un adulto.

“El fideicomiso originalmente le correspondía a mi padre. Mis abuelos decidieron pasarlo a mi nombre, y el fideicomiso incluía cosas que superaban por completo lo que me habría tocado como nieto. Por eso, mi fideicomiso es el legado de mi padre, y estoy obligado a protegerlo. No es solo por el dinero, sino porque la mansión de Boston que pertenecía a mi padre, o las acciones de la casa de campo familiar, se sienten para mí como fragmentos de mis recuerdos.”

Ahora comprendía perfectamente la razón por la cual Chariot se había enfadado la primera vez que tanto Alexei como él se habían tomado a la ligera el asunto de su fideicomiso.

Porque los rastros dejados por alguien que ya no existe en este mundo... son algo que uno desea proteger a cualquier precio, cueste lo que cueste.

Por mucho que uno se esfuerce, la memoria tiene límites y, conforme avanzan los años, las sensaciones se desvanecen. Por esa razón, algunos necesitaban objetos para recordar a los difuntos, otros requerían vídeos y fotografías, y otros tantos seguían los pasos de la voluntad de quien había muerto.

“Me esforcé muchísimo por cumplir las condiciones del fideicomiso. Siempre tuve presente la posibilidad de que alguien pudiera usar mi fama para extorsionarme de algún modo absurdo. Jamás he bebido y conocido a nadie de esa forma, ni he asistido a fiestas privadas. Cuando me llegaba el rut, por lo general elegía alfas, y si llegaba a ver a un omega, extremaba las precauciones con el uso de anticonceptivos. Como creía que empezar a salir con alguien solo serviría para magnificar mis defectos, jamás me he declarado a nadie. Solo tenía que resistir hasta retirarme, pero...”

Chariot se frotó con torpeza la frente para apartar el flequillo que se le había descolgado ligeramente.

“Quién iba a pensar que terminaría en una situación así.”

Percibiendo su intención de aligerar la atmósfera, Yuri añadió unas palabras con tono neutral.

“Decías que eras muy estricto, pero esta vez ni siquiera se te pasó por la cabeza usar un condón.”

“¡Eso fue...!”

Sorprendido, Chariot alzó el rostro de inmediato para examinar a Yuri. Al advertir que los ojos del hombre frente a él esbozaban una débil sonrisa, arrugó las cejas y rio.

“La culpa de eso es tuya.”

“¿Por qué razón?”

“Porque desde el primer instante en que te vi, mandaste a volar toda mi razón.”

Chariot susurró aquello mientras acariciaba suavemente el dorso de la mano de Yuri.

“Vaya, lo sé. En realidad todo es culpa mía. Lo siento. Aunque estuviera en pleno rut, no debí actuar así... Luego, antes de que cierren la farmacia, te compraré un neutralizador. Dicen que se usa justamente para prevenir este tipo de imprevistos desafortunados. Dolly me enseñó a usarlos ahora que también comencé a relacionarme con alfas.”

De modo que existía algo así. Yuri masticó mentalmente el nombre del medicamento mientras ladeaba la cabeza ante la mención de alguien llamado Dolly.

“¿Dolly?”

“Dolly es mi guardaespaldas. Se llama Dorothy. Es una de las personas que Wolfie conocerá muy pronto. Desde que falleció mi padre, Dolly se ha mantenido siempre al lado de mi madre y el mío, viviendo con nosotros como si fuera parte de la familia.”

“¿Eso significa que no son familia?”

“No. Dolly llegó a nosotros a través de unas circunstancias muy particulares.”

Recordando tal vez un episodio entrañable, Chariot esbozó una sonrisa apacible y continuó con su relato.

“Para explicarte cómo conocimos a Dolly, primero tienes que saber un poco más sobre mi padre. La verdad es que a él se le daba de maravilla el hockey. Los chicos populares suelen decantarse por el fútbol americano, pero él eligió el hockey, al punto de que antes de ir a la universidad ya despertaba el interés de varios equipos para becarlo. Él mismo ansiaba convertirse en jugador profesional, pero mis abuelos se opusieron rotundamente. Mi abuela hizo una huelga de hambre total durante diez días seguidos, al punto de que tuvieron que ingresarla al hospital.”

Al surgir el tema de sus abuelos, el entrecejo de Chariot se frunció levemente.

“No le quedó de otra y, al igual que todos los miembros de la familia, mi padre tuvo que estudiar derecho. Los miembros de la familia Goodnight se dedican a la política o forman parte del gremio judicial. Y aunque terminó volviéndose abogado...”

El ceño fruncido se desvaneció por completo.

“Jaja, en contra de los deseos de mis abuelos, en lugar de ingresar a un bufete corporativo, terminó siendo defensor público. Si de verdad iba a dedicarse a esa clase de labores, al menos le suplicaron que fuera abogado de oficio en exclusiva, pero él acabó marchándose derechito a la oficina de defensores públicos de Boston.”

Aunque Yuri no tenía la menor idea de en qué consistía la diferencia entre ambas opciones, era plenamente capaz de percibir que el hombre de la fotografía le había heredado a su hijo no solo el físico, sino también el carácter. Esa vena sutilmente terca y caprichosa también habitaba en Chariot.

“Tras atravesar un camino tan turbulento trabajando como defensor público, conoció a Dolly. Nunca me ha contado con exactitud cuál fue el caso que los unió, pero parecía que, gracias a mi padre, la vida de Dolly había dado un vuelco total. A partir de entonces, juró devolverle el favor ofreciéndose voluntariamente a permanecer a nuestro lado.”

Parecía una historia sacada de una película. El hecho de que pudiera considerarse familia a alguien que en principio era un completo extraño.

“Parecía una buena persona.”

Ajar la vida de una persona es verdaderamente sencillo, pero hacer lo contrario es algo sumamente grandioso. Yuri habló con sinceridad, y Chariot acogió sus palabras con agrado.

“Gracias por decirlo así.”

“Es de verdad.”

“No sé por qué, me alegra. Significa que hay una persona más que conoció a mi padre, y esa persona eres tú, Wolfie.”

De repente, el dorso de su mano sintió picor. Yuri examinó la mano pensando que quizás Chariot volvía a tocarla, pero no era así. Por lo visto, esa sensación se debía a que Chariot había pronunciado unas palabras tan hermosas que resultaban bochornosas de escuchar. A veces, Chariot era capaz de concebir pensamientos de una belleza sorprendente.

“Pero al final solo he estado hablando yo.”

Mientras Yuri pensaba en cómo era posible albergar semejantes palabras en su cabeza, la fuerza con la que entrelazaban los dedos lo hizo regresar de golpe a la realidad. Y, en el momento preciso, Chariot le preguntó:

“A mí también me gustaría escuchar la historia de Wolfie.”

“...”

Sus espesas cejas negras se tensaron por un instante.

A diferencia de los relatos de Chariot, no había ninguna parte hermosa en la vida de Yuri. Habiendo estado inmerso en una guarida de criminales desde el mismo instante en que nació, por mucho que intentara adornarla, su existencia resultaba infinitamente más sórdida que la de Chariot.

Sin embargo, no deseaba mentir. El anhelo de quedar bien ante él era tan fuerte que por un segundo cruzó por su mente esa idea, pero hacerlo habría significado traicionar su confianza.

“Como ya sabes...”

Yuri apenas logró abrir los labios.

“Tengo un historial delictivo grave.”

Confesar sus propios crímenes, aquellos que había mantenido sepultados en lo más hondo de su pecho, resultaba tan humillante y tortuoso que ninguna palabra bastaba para describirlo. Había pensado que, tras soportar toda clase de insultos y reproches por parte de los habitantes y policías de Sarátov que conocían perfectamente la ralea de tipo que era, ya no le quedaba nada capaz de atormentarlo.

No obstante, al escuchar de nuevo sus propias palabras rebotar en sus oídos y regresar al interior de su mente, Yuri sintió deseos de morir.

La muerte es la vía de escape más fácil. Equivale a abandonar el lugar donde uno se encuentra en lugar de hacer frente a sus faltas. Mientras se mantenga con vida, un pecador siempre cargará en su memoria con los delitos que le pertenecen, y por más que huya, tendrá que convivir con ellos; sin embargo, al morir, esa necesidad desaparecía.

Por esa razón, Yuri jamás había acariciado la idea de morir. Su expiación consistía en vivir en silencio, sin permitirse ninguna clase de alegría, para pagar de ese modo el precio de sus culpas. No obstante, los destellos de felicidad que había descubierto durante los últimos días junto a Chariot habían derribado las normas acumuladas a lo largo de tanto tiempo, dejando al descubierto por un instante el repugnante deseo que se ocultaba tras ellas.

Aquel dulce susurro resonaba en sus oídos: si mueres, todo habrá terminado.

“Yuri.”

Chariot lo sujetó al ver que adoptaba un semblante que parecía al borde de la muerte. Mirándolo fijamente a los ojos azules, en los cuales la concentración iba regresando de a poco, Chariot mostraba una expresión apenada. Arrugando su lindo entrecejo mientras sufría en silencio por él, buscó las palabras más acertadas que podía ofrecerle.

“No te preguntaré qué clase de actos cometiste. Pero supongo que debe haber habido un motivo que te condujo a hacerlos.”

El nudo informe que había estado apretando la garganta de Yuri se aflojó un poco.

“En los últimos días he visto a alguien paciente, a una persona amable que se preocupa por mí. No creo en absoluto que eso sea una fachada. Wolfie, tú no me exigiste nada. Al contrario, me alejaste, y aun teniendo la oportunidad de marcharte y dejar atrás a alguien tan insufrible como yo, regresaste para protegerme.”

Sin embargo, aquellas palabras llenas de afecto con las que Chariot lo validaba no hacían más que avivar su tormento. Yuri no merecía escuchar semejantes cosas.

“Imagino que tuviste tus propias circunstancias.”

Cuanto más le concedía Chariot un resquicio de justificación al camino que había recorrido, más fuerte se volvía en su interior el deseo de escuchar reproches y ataques despiadados. Estaba habituado al dolor y le resultaba mucho más cómodo encerrarse en esa clase de dinámicas. Al final, incapaz de resistir por más tiempo, Yuri negó con la cabeza y frenó aquel intento de consuelo que no era tal.

“Sin importar cuáles hayan sido mis circunstancias, al final no son más que excusas. Yo tuve opciones.”

Morir o matar.

Yuri se había visto en una encrucijada en repetidas ocasiones.

Y en cada una de ellas, había optado por la vida en lugar de la muerte. Todas eran decisiones que él mismo había tomado.

Un corazón endurecido en una sola dirección durante tanto tiempo se rebeló con dureza, rechazando cualquier muestra de clemencia adicional. Chariot lo contempló con mirada serena y permitió que el silencio reinara durante un buen rato. Mientras el mutismo se prolongaba, las olas que agitaban su ánimo se calmaron. Al comprobar que la expresión de Yuri lucía considerablemente más sosegada, Chariot no dio un paso atrás y volvió a acercarse a él.

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“Lo único que quiero es saber de ti, no juzgarte. Pero... si de verdad prefieres no hablar de ello, dejaré de insistir. Aunque no lo sepa, eso no cambiará el hecho de que me pareces alguien amable.”

Al escuchar que no lo juzgaba, las pestañas de Yuri temblaron levemente. Las palmas de sus manos, entrelazadas con las de Chariot, ya se encontraban húmedas de sudor. Sintió un gran impulso de soltar la mano para secárselas, pero comprendió que si rompía el contacto en ese momento, nada cambiaría. Al final, volvería a hacer lo de siempre: apartar a Chariot y quedarse de nuevo en absoluta soledad.

Aun así, Yuri se negaba a soltar la mano que lo retenía.

Deseaba retener aquel calor reconfortante durante el mayor tiempo posible. Y si aquello le exigía cambiar, el proceso, por más doloroso que resultara, merecía la pena.

¿Qué debía decir?

Un hombre cuyo único deseo había sido apagar su vida en silencio, en un rincón desconocido para el resto del mundo, no tenía idea de cómo explicarle su existencia a otra persona. A diferencia de la gente común, no podía relajar los hombros y hablar de los trabajos de sus padres, del colegio al que asistió, de su carrera universitaria o de su profesión.

Tras dudar sobre por dónde empezar, Yuri decidió imitar a Chariot y hablar de sus padres. Al menos ellos, a diferencia de él, sin duda habían tenido una época en la que vivieron de forma honrada.

“...Mis padres vinieron de la Unión Soviética.”

Al escuchar las palabras salir con dificultad de sus propios labios, un escalofrío le recorrió la piel. La palabra Soviética sonaba extrañamente ajena. Jamás le había hablado a nadie sobre aquella tierra que constituía sus raíces y el origen de sus padres. Incluso dentro de su propia familia, a partir de determinado momento habían dejado de mencionar el país derrumbado, convirtiendo el término en algo que el tiempo se encargó de sepultar.

“Allá ambos desempeñaban labores comunes. Mi madre era enfermera y mi padre regentaba una carnicería.”

Comparado con el progenitor de Chariot, se trataba de un oficio insignificante, pero al menos de esto Yuri no sentía vergüenza. Aunque reprochaba las decisiones tomadas por su padre, no renegaba de su vida. Su esposo se había esmerado en dar lo mejor de sí para sobrevivir en cada momento, haciéndolo por su esposa y por el hijo que ella llevaba en el vientre. Aunque, siendo ingenuo y necio, escogió una senda equivocada... y bien sabía que el responsable de todo aquello era un monstruo llamado Igor Volkov.

Aun así, ¿de qué servía culpar a aquel sujeto del origen de todos sus males?

Resentirse con los demás solo lo conduciría una vez más a caer en el patético bucle de considerarse un infeliz.

“Luego, en la época en que la Unión Soviética se derrumbaba, emigraron a Estados Unidos. Llegaron a través de una de las tantas rutas habituales de los inmigrantes de aquel entonces... A partir de ahí, muchas cosas cambiaron. Estados Unidos no era un país donde uno se quedara de brazos cruzados esperando recibir ayuda, sino un lugar donde había que ganarse el dinero con el propio esfuerzo; y para dos personas procedentes de una sociedad completamente distinta, aquí no eran absolutamente nada. Necesitaban el apoyo de alguien.”

El mundo solía ser cruel hasta rozar lo inadmisible.

Esforzarse al máximo y vivir con honradez no garantizaba en absoluto una existencia segura y próspera. Su padre, que tendía a confiar con demasiada facilidad en los demás, consideraba a Igor Volkov un líder benevolente dedicado a socorrer a sus compatriotas. Jamás imaginó que se trataba de un demonio dispuesto a empujarlo al fuego del infierno y a calcinarle la vida, y le estrechaba la mano repetidas veces con una reverencia, expresándole su más profundo agradecimiento.

“Mi padre recibió ayuda de la persona equivocada.”

Un hombre tan ingenuo como necio.

“Yo heredé los pecados de ese padre.”

En lugar de legarle recuerdos entrañables como los del padre de Chariot, el suyo le había transmitido una época de sufrimiento. De no ser por su madre, es muy probable que Yuri hubiera crecido abrigando un profundo rencor hacia él. Sin embargo, dado que su madre lo amaba y se compadecía de él con tanta intensidad, a Yuri no le quedó más remedio que terminar comprendiéndolo.

“La ciudad donde vivía era un sitio gobernado por un criminal que actuaba como si fuera un señor feudal. Tarde o temprano, todos los que habitaban allí terminaban pidiéndole dinero prestado, y con el menor descuido uno se veía enredado en asuntos ilegales. Mi padre cayó en sus redes y contrajo una deuda, y de manera natural yo terminé heredando las labores que él realizaba.”

Aun así, el que peor parte se llevaba era su padre.

Porque Yuri no tenía forma de imaginar lo que pasaba por la mente de un esposo que, hasta el final de sus días, se aferraba a los objetos que su difunta esposa había amado.

Por esa razón, Yuri no guardaba resentimiento hacia nadie.

El único culpable era él mismo, por no haber tenido la fuerza suficiente para cambiar las circunstancias.

Mientras relataba una historia en la que había cometido errores idénticos a los de su padre por pura torpeza, Yuri titubeó antes de añadir unas últimas palabras:

“Jamás le puse la mano encima a ninguna mujer, ni a los ancianos, ni a los niños.”

Intentó dar más detalles, pero la voz se le trabó en la garganta. Afirmar que nunca había dañado a personas inocentes que no fueran criminales resultaba incoherente, puesto que él mismo había colaborado en su momento para mantener en marcha los negocios de Igor. Aunque más tarde ayudó a Alexei a derribar tanto a los Volkov como sus instalaciones, aquello no era más que su deber.

Esto era todo lo que Yuri podía hacer por el momento. No se atrevía a pronunciar la horrible palabra ‘mafia’. Un criminal y un miembro de la mafia pertenecían a categorías de pecado completamente distintas. Decir en voz alta la clase de estigma con el que había tenido que cargar requería de él mucho más valor de lo que había imaginado. Sus pensamientos se dispersaban de forma caótica y su corazón latía como si fuera a estallar.

Incapaz de imaginar qué clase de mirada le estaría dirigiendo Chariot, Yuri se había quedado contemplando las manos entrelazadas durante toda la confesión. Aterrorizado ante la idea de que este soltara su mano de inmediato y se levantara de la mesa, su piel, ya de por sí pálida, se tornó de un tono azulado.

Incluso después de que el breve relato de Yuri llegara a su fin, Chariot no emitió ninguna respuesta. Le invadió el impulso de alzar el rostro para examinar la expresión de Chariot, pero se detuvo por el miedo a encontrarse con una cara de desprecio, como si estuviera viendo a un insecto. Mientras su cuerpo, rígido por la tensión, experimentaba pequeños temblores, Chariot por fin abrió la boca.

“Entonces, tu nombre real definitivamente no es Yuri Campbell.”

El corazón dio un vuelco en su pecho. El motivo fue que, por un instante, fue incapaz de comprender con qué intención le preguntaba aquello. Las yemas de sus dedos se enfriaron. Levantando la cabeza con lentitud, Yuri escrutó el rostro de Chariot con dificultad.

Por suerte, Chariot no estaba poniendo la horrible expresión que había imaginado. Tampoco había en su mirada rastro de decepción o temor, ni manifestaba la menor intención de apartarse de su lado en ese momento. Ambos seguían con una mano unida a la otra.

“Dijiste que tus padres eran rusos, ¿no? Tu apellido no puede ser Campbell.”

Al advertir la duda que asomaba en los ojos de Yuri al no comprender la pregunta, Chariot lo explicó con una suave sonrisa.

“Como Wolfie también sabe mi nombre, lo justo es que yo sepa el tuyo.”

…Era a eso a lo que se refería.

Una cálida sensación de alivio lo envolvió con serenidad. La sangre comenzó a circular de nuevo por sus manos heladas. Un cosquilleo brotó desde las yemas de sus dedos teñidas de un rubor intenso. Yuri abrió los labios con lentitud.

“…Kiselyov.”

Aquel nombre, que no había pronunciado en voz alta desde su huida de Sarátov, escapó por fin de sus labios.

“Yuri Kiselyov.”

A decir verdad, a Yuri le gustaba su apellido. En la época en que contrajeron matrimonio, su padre le había sugerido que conservara el apellido de su madre tal cual, pero ella le respondió que Kiselyov le parecía muchísimo más bonito que Kozlova. Recordando a su madre en los días de su juventud, diciendo que deseaba que todo el mundo al escuchar su nombre supiera que era la mujer de un Kiselyov, Yuri también había querido preservar ese apellido.

“¿No suena muchísimo más genial que el nombre Campbell?”

Al escuchar el asombro mezclado con admiración en la voz de Chariot, Yuri, quien aún se sentía un poco encogido, pudo por fin relajar el corazón. Al ver aquellos ojos verdes que brillaban de sorpresa, Yuri también esbozó una leve sonrisa. Al advertir que había recuperado la sonrisa, Chariot repitió su apellido.

“Kiselyov.”

Su pronunciación del ruso resultó torpe. Yuri lo corrigió pronunciándolo de nuevo de manera correcta.

“Kise-lyov.”

“Kiselyo-v.”

La empeñosa imitación del ruso por parte de Chariot le resultó tan entrañable que la sonrisa de Yuri se ensanchó aún más. Al escuchar una risa baja y divertida —jaja—, Chariot también rió contagiado. Con una sonrisa tan adorable que dejaba un pequeño hoyuelo en una de sus mejillas, Chariot preguntó con un tono cargado de coquetería:

“¿Lo he dicho tan mal?”

“Sí.”

“Entonces enséñame a leerlo bien. Mi sueño siempre ha sido aprender ruso algún día.”

Era evidente que se acababa de inventar un deseo que jamás había tenido, pero no sonaba para nada mal. Asintiendo con lentitud, Yuri le reveló un detalle más sobre su persona, a modo de disculpa por no poder ofrecerle una explicación perfecta.

“Puedo decirte mi nombre, pero tampoco se me da muy bien el ruso. En inglés, mi nivel de lectura y escritura es apenas el de un estudiante de secundaria… Así que te va a tomar bastante tiempo leer todos los libros que me regalaste.”

Temeroso de que Chariot pudiera decepcionarse si le tomaba leer los obsequios más lento de lo previsto, Yuri se lo adelantó. Al escucharlo en silencio, Chariot le hizo una propuesta inesperada:

“¿Y si… te ayudo?”

“¿Cómo?”

“Si encuentras alguna parte difícil mientras lees, me preguntas. O si prefieres, te los leo yo en voz alta.”

Pensando que a estas alturas ya no poseía la capacidad para aprender cosas como gramática, ni albergaba el deseo de otorgarse a sí mismo ninguna posibilidad de superación, Yuri parpadeó ante semejante ocurrencia. Era una sugerencia que con solo escucharla ya le alegraba el ánimo. Imaginar a Chariot leyendo a su lado…

“Es decir… una vez que todo esto termine, tanto tú como yo regresaremos a Vancouver.”

“…Así es.”

Aunque ignoraba cuándo ocurriría exactamente, aquella frase que daba por sentada una realidad en un futuro cercano comenzó a poner nervioso a Yuri. Se dejó llevar por la ilusión de que Chariot tal vez estuviera insinuando algo que él solo se atrevía a imaginar en lo más hondo de sus pensamientos.

“Así que tal vez podré pasar por tu casa después del trabajo para leer juntos.”

Ojalá no fuera solo una ilusión.

“También está la opción de que traigas tus libros cuando vengas a pasar el fin de semana a mi casa.”

Tal vez….

De verdad pudiera llegar a suceder aquello que tanto imaginaba.

La razón, que se había instalado en su interior a base de sufrir repetidas decepciones tras abrigar esperanzas, le lanzó una advertencia punzante: que se abstuviera de ilusionarse hasta tener la absoluta certeza. Podía ser que Chariot hablara así solo por el deseo de ser un buen amigo, o tal vez se trataba de una propuesta para mantener la simple dinámica de compañeros habituales.

Aun así, dejando eso de lado, la mera idea de seguir manteniendo contacto con Chariot le produjo una alegría incontrolable. Apretó con fuerza el puño con la mano libre —la que no estaba unida a la de Chariot— y respondió desviando la vista con disimulo:

“Si no te resulta una molestia, a mí también me parece bien.”

“Para nada. No me molesta en lo absoluto.”

La atmósfera se tornó extraña debido a que Chariot respondió antes de que terminara de hablar la frase. Al apartar la mirada de otro lado para devolverla a su sitio y encontrarse con Chariot, vio que sus mejillas estaban sonrojadas. Al mirarlo con sobresalto, notó cómo un hermoso tono rosado se expandía con lentitud hasta teñirle los lóbulos de las orejas.

Aunque no era la primera vez que alguien se sonrojaba a su lado, ver a Chariot reaccionar de ese modo hizo que hasta al propio Yuri le diera vergüenza. Permanecieron un momento en silencio, mirándose el uno al otro y apartando la vista de forma intermitente, hasta que el aire incómodo comenzó a hacerles conscientes incluso de su propio respirar, momento en el cual Chariot se aclaró la garganta primero:

“¿Ya terminaste de comer?”

“Sí.”

Menos mal que había sacado otro tema. Yuri se apresuró a asentir, y ambos, tras dudar un instante, separaron las manos que mantenían unidas. Con la vaga sensación de pesar por alejarse, sus dedos se deslizaron lentamente hasta soltarse por completo. Aunque le invadió un vacío, no podían quedarse así para siempre.

“Yo me encargo de recoger. Como he molestado demasiado a Wolfie todo este tiempo, de ahora en adelante déjame hacer todas las tareas a mí. Hasta te llevaré agua.”

“No hace falta.”

“Te lo ruego, Wolfie. Dame la oportunidad de compensártelo.”

Chariot posó su mano sobre el hombro de Yuri y lo miró fijamente con seriedad. Al ver la expresión de arrepentimiento que inundaba aquellos ojos verdes, a Yuri también le entró la duda de si él se estaría preocupando demasiado por su comentario sobre el condón.

Si bien no era una conducta ejemplar, sabía de sobra que ninguno de los dos estaba en condiciones de pensar en eso en aquel momento, y la idea tampoco le molestaba lo más mínimo. Había pretendido ser una broma ligera, pero como no era precisamente de los que solían hacer chistes, probablemente había sonado demasiado serio.

Dicen que cuando uno no actúa como acostumbra, termina metiendo la pata; y eso era exactamente lo que acababa de pasar. Mientras meditaba sobre cómo hacer que Chariot recuperara el buen humor, recordó que el primer día este había manifestado el deseo de beber cerveza.

Habían acordado comprarla al día siguiente, pero entre una cosa y la otra se les había pasado por alto hasta llegar a ese día.

“Entonces… lo mejor será que vaya yo a comprar la cerveza que querías beber. De paso aprovecho para comprar el neutralizador.”

“No, eso también lo haré yo. Tú quédate recostado en la cama descansando un rato más.”

Aunque la sensación de que se preocuparan por él no le desagradaba del todo, los dolores musculares mejoraban conforme se movía, y Yuri tampoco era lo suficientemente endeble como para venirse abajo por algo así.

“Es mejor que te expongas lo menos posible. Por más que cubras tu rostro, alguien con tu estatura y tu complexión física no pasa desapercibido en ninguna parte y dejará huella en la memoria de la gente. Como soy yo el que quiere salir a moverse, no hace falta que hagas nada de eso.”

A pesar de que se había limitado a expresar una verdad obvia, Chariot parecía tan complacido como si le hubieran dado un cumplido. Tras apartarse un mechón de cabello con fingida indiferencia, rio con timidez y asintió con la cabeza.

“Entonces… te encargo una que sea de la cervecería de la isla de Vancouver. Con que sea de tipo pale ale me vale, pero si es de sabor a sandía o pomelo, sería perfecto. Y si no hay, una Coors Light.”

Yuri grabó su petición en la memoria con una sonrisa. Observar a alguien que poseía gustos definidos siempre resultaba grato. Esa era precisamente la razón por la cual entretenerse viendo a Alexei o a Timaeus le parecía divertido, pero las preferencias de Chariot le resultaban todavía más fascinantes por pertenecer a una clase a la que normalmente no tenía acceso.

“Si no te importa, cómprame también la marca de alcohol que sueles beber tú. Me da curiosidad.”

Yuri, que iba memorizando las exigencias de Chariot, se quedó un poco descolocado ante aquella última petición. Jamás se imaginó que algo así pudiera despertarle interés.

La verdad era que no tenía ninguna en particular.

Por lo general, él se inclinaba siempre por la opción más barata. Tener gustos definidos implicaba un gasto de dinero, y para alguien criado como Yuri, eso equivalía a una especie de lujo innecesario.

Tras pensárselo un instante, asintió. Ir a echar un vistazo era mejor que decepcionar a Chariot diciéndole que no tenía ninguna.

“Entendido.”

“Gracias, Wolfie.”

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Con una sonrisa tan radiante que contagiaba alegría a cualquiera que lo viera, Chariot lo envolvió en un abrazo repentino. Yuri abrió los ojos de par en par, tomado por sorpresa. No esperaba un gesto de tal intimidad de manera tan imprevista.

Dudando sobre cómo reaccionar, levantó despacio las manos para darle palmadas en la espalda. Intentó que el tacto fuera lo más calmado posible, pero la tensión le impidió actuar con naturalidad. Sin embargo, al parecer esa torpeza tampoco le importó a Chariot, quien apretó con más fuerza el abrazo antes de soltarlo poco después con un deje de evidente pesar.

Incorporándose con lentitud, Chariot le dedicó una sonrisa amable y le lanzó una despedida sumamente agradable de escuchar:

“Que te vaya bien, Yuri.”

Hacía mucho tiempo que Yuri no experimentaba lo que significaba tener a alguien esperándote al regresar. Sí, aquella era la sensación. Esa preocupación por la persona que se deja atrás, presente incluso antes de partir, que te hace desear regresar a casa de inmediato en el mismo instante en que cruzas la puerta.

“…Sí. No tardaré mucho.”

“En ese caso tendré que darme prisa. Quiero terminar de limpiar toda la casa antes de que regrese Wolfie. Después de tres días abandonada, esto es un desastre.”

Decidido y con la voz rebosante de entusiasmo, Chariot llevó su plan a la práctica de inmediato. Cargando dos platos en una sola mano como si fuera un mesero profesional, comenzó a ordenar la mesa con destreza. Al verlo apresurarse, sintió de algún modo que debía marchar a su mismo ritmo, así que Yuri también salió de la cocina.

Tras pasar brevemente por la habitación para tomar las llaves del coche y la cartera, estuvo a punto de marchar, pero antes de cerrar la puerta giró la cabeza para mirar hacia atrás. Observó fijamente la almohada donde había escondido el cuchillo militar y se lo pensó durante unos segundos. Cuarenta minutos de trayecto de ida y vuelta, a lo sumo una hora. La idea misma de entrar a una licorería portando un arma blanca le resultó hoy tan incómoda que, al final, Yuri dejó el cuchillo en su sitio.

Albergando el deseo de que la optimista e infundada teoría de Chariot —la de que si algo malo iba a pasar, ya habría ocurrido— resultara ser cierta, salió de la habitación y fue despedido por Chariot, quien le agitó la mano desde la cocina. Al contemplar a aquel hermoso hombre sonriendo con tanta luminosidad, Yuri rogó para que, al menos por ese día, no sucediera ninguna desgracia. Y, si era posible, que se mantuviera así hasta la llegada del nuevo guardaespaldas de Chariot, o tal vez incluso mucho más tiempo después.

Alcanzado apenas por los primeros estertores del atardecer, el anochecer temprano en Big Fox se mostraba fresco y hermoso. Tras contemplar en silencio el lago bajo los tintes del crepúsculo, Yuri subió al coche y puso en marcha el motor. Conectó al puerto USB del vehículo el teléfono móvil —que había dejado olvidado sin acordarse de cargarlo— y repasó mentalmente el camino que Chariot había recorrido la última vez. Así, a pesar de llevar apenas una semana allí, Big Fox se le antojaba tan familiar como si lo hubiera visitado infinidad de veces.

Justo antes de girar el volante con suavidad para abandonar los terrenos de la cabaña, Yuri se preguntó por un instante si debería haber llevado el cuchillo consigo, pero se repitió que todo iría bien. En el maletero del coche seguía habiendo un arma de fuego, y en una situación donde tuviera que recurrir a ella, un simple cuchillo militar de poco le habría servido.

Sin embargo, Yuri había olvidado la lección que se había repetido a sí misma durante toda la vida. La desgracia es como un accidente imposible de prever que irrumpe sin previo aviso; y pensar que lo había comprendido a través de un episodio tan espantoso…

Aquel hombre, marcado por una existencia sombría, había bajado estúpidamente la guardia, cegado por el sueño de una noche de pleno verano que había venido a su encuentro.

Fin del volumen 2