2. Ese hombre, Choi Lee-yeon

 


2. Ese hombre, Choi Lee-yeon

“En fin, con esto terminamos la clase.”

Ante las secas palabras del profesor, la tensión que abarrotaba los hombros de los estudiantes se desvaneció. El profesor presionó el control remoto y cambió la diapositiva. Apareció una nueva con las pautas para la parte práctica.

“Las prácticas empiezan desde hoy. Formen un equipo con el compañero que acaban de verificar, tengan su cita, redacten un informe y envíenlo a mi correo electrónico antes de la medianoche de este domingo. En la parte inferior del formato de informe hay un espacio para adjuntar una foto de verificación...”.

“¡...!”

“Al tomar la foto de verificación, asegúrense de que la fecha y la hora aparezcan en la configuración de la cámara. Si se omite esta parte, habrá una penalización, y si de casualidad se descubre que enviaron una foto manipulada, será un F automático sin discusión”.

El aviso del profesor alborotó el aula. Él anunció con un tono ligeramente más alto que antes:

“El formato del informe se puede descargar en el tablón de anuncios de la materia de cultura general en la página de la universidad. Bien, eso es todo por hoy, buen trabajo”.

“Muchas gracias”.

Los estudiantes se apresuraron a despedirse del profesor, quien hablaba a toda prisa. El profesor apagó la pantalla con el control remoto, ordenó su computadora portátil y abandonó el aula sin siquiera mirar atrás.

“Ay, esto es una locura”.

Murmuró uno de los estudiantes. Actuando como una mecha, aquello hizo que el aula, antes silenciosa, estallara en bullicio en un instante.

Las voces de los alumnos que conversaban estaban sumamente agitadas. Con el paso de los minutos, las feromonas comenzaron a filtrarse sigilosamente en el ambiente del salón.

Había quedado atrás la generación del milenio y había llegado la generación Z. A diferencia del pasado, hoy en día la liberación de feromonas ya no se consideraba una grosería absoluta. A los jóvenes de ahora les gustaba desplegarlas de manera oportuna para presumir su atractivo, sin llegar a estorbar en la vida cotidiana.

El ambiente dentro del aula se volvió extrañamente pegajoso. Sin importar si eran alfas u omegas, todos hacían alarde de su atractivo sexual mientras sus rostros se encendían de rubor.

Él era el único que no encajaba en esa atmósfera.

Chasqueó la lengua al ver a los estudiantes retorciéndose como perros con ganas de defecar. Era evidente que armaban semejante alboroto por culpa de las feromonas o lo que fuera. Lo único que él podía percibir en ese momento era el aire húmedo por la lluvia. Se sentía como si estuviera dentro de una pecera.

Con una extraña sensación de repulsión que le ponía la piel de gallina, se frotó los antebrazos con las palmas de las manos. Quizás debido al estrés, su cuerpo temblaba con escalofríos.

En lugar de poseer un rasgo, él era resistente. Cuando una epidemia respiratoria se propagaba a nivel mundial, él estaba en el servicio militar; casualmente, un alfa de su misma habitación había regresado contagiado y el dormitorio quedó arrasado. Mientras todos los alfas de constitución robusta caían enfermos y agonizaban contagiados, él se mantuvo completamente intacto.

Un mareo repentino hizo que todo le diera vueltas y cerró los ojos con fuerza. Para colmo, las náuseas se apoderaron de su estómago. Justo cuando tragaba saliva seca intentando calmar el revuelo en su interior,

el bullicioso salón se quedó en silencio.

Ante esa quietud antinatural, abrió los ojos que mantenía cerrados.

“…….”

Su mirada indiferente parpadeó por un instante. Lee-yeon, que estaba sentado al otro lado, se encontraba de pie justo en frente de él.

Por suerte, su personalidad no era de las que dejaban ver las emociones al exterior. Ni Lee-yeon ni el resto de los estudiantes notaron su desconcierto.

Lee-yeon le sonrió al verlo desde abajo. Ante su atractiva sonrisa, los estudiantes de los alrededores soltaron suspiros de admiración.

Cuando lo había visto en el Ministerio de Asuntos Históricos estaba tan oscuro que solo distinguía su silueta, y cuando lo vio en el aula, solo alcanzaba a ver su torso.

‘Es bastante grande’.

Pensó que solo era un larguirucho de torso alto, pero el cuerpo de Lee-yeon visto de cerca era sumamente macizo.

“…….”

Mientras tanto, Lee-yeon recordaba la información que un compañero de curso le había entregado por mensajería instantánea en cuanto se definieron las parejas:

‘Park Woori, estudiante de segundo año, 23 años, de la carrera de administración de empresas, que se reincorporó este año tras pausar sus estudios dos años por el servicio militar. Su carácter es sumamente violento, se recomienda precaución’.

Cuando Lee-yeon, que pertenecía a la promoción del año siguiente, cursaba primero, él estaba en el ejército, y al año siguiente Lee-yeon se fue de intercambio estudiantil corto, por lo que jamás se habían cruzado.

A pesar de pertenecer a otra carrera y ser un año mayor que él, pero estando en el mismo curso, Lee-yeon lo saludó usando un trato de extrema cortesía:

“Hola, sunbae”.

“…….”

Él no le devolvió el saludo a pesar de la cortesía de Lee-yeon.

Los alumnos de alrededor cuchicheaban e insultaban su actitud grosera, que resultaba descortés hasta rozar la falta de respeto, pero Lee-yeon actuó como si no le importara. Al contrario, sonrió arqueando los ojos.

¿Se ríe? A él aquello le pareció el colmo.

Lee-Yeon le extendió la mano izquierda mientras lo miraba fijamente con ojos fríos.

“Soy Choi Lee-yeon, de la carrera de ciencias políticas y diplomacia, promoción del año pasado”.

Bajo un rostro de belleza deslumbrante se escondía un físico robusto. Debajo de las mangas remangadas hasta los codos, los músculos de sus antebrazos se dividían en dos. Era un tipo insoportable por donde se le mirara.

Él no dijo nada, mostrando su disconformidad. Lee-yeon preguntó con total naturalidad:

“No se ve bien de salud, ¿se encuentra bien?”

“¿Qué te importa?”

Los alumnos cuchicheaban criticando su pésima educación y lo insultaban, sintiendo lástima por Lee-yeon.

Él sentía un agotamiento absoluto.

Su padre, que le advirtió que no lo perdonaría si sacaba una sola F en cualquiera de las asignaturas. Su medio hermano, que buscaba cualquier excusa para fastidiarlo. Un cuerpo que parecía venirse abajo de manera extraña. Y el pervertido enfrente de él.

Se le cruzó por la cabeza la idea de abandonar la asignatura. Que su padre le diera una paliza con un palo de golf y se acabara todo.

¡Rasc! En el momento en que se levantó de la silla e intentó apartar con el hombro a Lee-yeon, quien le bloqueaba el paso:

“Sunbae, ¿sabe que está lloviendo afuera?”

“…….”

“¿Tiene paraguas? Si no tiene, vayamos juntos al próximo salón. Yo tengo uno”.

Lee-Yeon dio un paso hacia él.

Los rostros de ambos hombres se acercaron más de lo necesario.

¡Ah! Los rostros de los estudiantes que los observaban atentamente se enrojecieron.

Él ladeó la cabeza con desdén. Tras contemplar fijamente el rostro agraciado de Lee-yeon, levantó la barbilla y le susurró al oído:

“Parece que tienes muchísimas ganas de que te muelan a golpes delante de todo el mundo”.

Aunque no recurrió a la violencia física directa, su expresión reflejaba que bien podría propinarle un puñetazo a Lee-yeon sin dudarlo.

Ante aquella violenta advertencia, los ojos de Lee-yeon brillaron con un destello de interés. Él era la primera persona en toda su vida que le mostraba hostilidad de manera tan abierta.

Qué divertido. Lee-yeon le susurró como si hablara solo, mientras lo miraba con una expresión que sugería querer descuartizarlo vivo:

“Entonces yo también lo voy a decir”.

“……?”

“Lo de ayer, cuando saliste corriendo de los pasillos del ministerio tras asustarte al ver mi pene”.

“……¿Qué?”

Las venas del cuello de él se tensaron con fuerza.

“¡¿Cuándo rayos yo...?!”.

“Shh”.

Lee-Yeon exhaló un largo suspiro justo en su oreja mientras él intentaba gritarle enfurecido.

¡Tirón! Al rozar su aliento contra el lóbulo de su oreja, la piel de su nuca se erizó por completo.

Lee-Yeon alzó la voz a propósito:

“Sí. Te acompañaré con el paraguas hasta donde vayas. Aprovechando y así programamos lo de nuestra cita”.

Él soltó una fría sonrisa sarcástica ante ese tono descarado.

Así que quieres jugar a las fuercitas, ¿eh?

Mientras se colgaba la mochila al hombro, hizo un gesto con la cabeza hacia Lee-yeon, indicándole que fuera adelante.

“Como digas”.

Ante su aceptación, Lee-yeon sonrió con una luminosidad radiante.

“……”

“……”

El edificio donde se impartía la clase teórica se llamaba, de forma irrisoria, el Edificio Peace.

¿Peace, mis polainas? A él la sola palabra «paz» le causaba sarpullido.

Ambos caminaban por el pasillo del quinto piso del Edificio Peace. Los estudiantes que cruzaban el pasillo se quedaban con los ojos bien abiertos, mirándolos fijamente debido a aquella combinación inverosímil.

El área frente a los ascensores ya estaba atestada de alumnos. Las escaleras mecánicas ubicadas justo al lado no eran la excepción.

Las miradas de él y de Lee-yeon se cruzaron. Sin mediar palabra ni discutir quién iba primero, se dirigieron hacia las escaleras.

Las escaleras estaban bastante alejadas de las escaleras mecánicas y casi no transitaba nadie por ahí.

Bajaron hacia la planta baja manteniendo una distancia de apenas dos palmos entre ambos.

Sin embargo, había un detalle que ambos habían pasado por alto. Los dos eran celebridades, cada uno a su manera. Los alumnos que los vieron descender las escaleras en paralelo comenzaron a seguirlos de cerca de manera disimulada.

Fue cuando él y Lee-yeon llegaron al segundo piso. Lee-yeon habló:

“Hablemos afuera”.

“……”

Él no respondió a las palabras de Lee-yeon. Este último tampoco le dio mayor importancia a su silencio.

Al llegar a la planta baja, se podía ver la lluvia cayendo a cántaros más allá de las puertas de la entrada principal del Edificio Peace. Había muy pocos estudiantes deambulando por el exterior.

La gran mayoría de los alumnos parecía no tener paraguas, ya que se retorcían las manos con impaciencia frente al vestíbulo.

Lee-Yeon sacó un paraguas pequeño del bolso cruzado que llevaba al hombro.

“……”

Al verlo, él frunció el ceño con fastidio. Para ser un marica, sí que era precavido. No le gustaba absolutamente nada de ese tipo.

“¡Vaya...! Es Choi Lee-yeon”.

“¿Y no está Park Woori también con él?”

“¿Qué rayos hacen los dos juntos...?”

El revuelo comenzó a extenderse entre los estudiantes ubicados en el vestíbulo ante la aparición de ambos.

Lee-yeon se paró frente a la entrada y abrió el paraguas. El paraguas negro, que se abrió con un chasquido seco, tenía el tamaño justo para una sola persona, pero resultaba claramente inadecuado para que lo compartieran dos.

En un principio, él planeaba irse bajo la lluvia sin más. Justo en el instante en que intentó adelantarse y caminar, sin importarle que Lee-yeon abriera el paraguas o no:

“Sunbae. Compartámoslo”.

Lee-yeon alzó la voz a propósito. Los cuchicheos de los estudiantes se intensificaron. Los alumnos los observaban descaradamente con una curiosidad desbordante.

Lee-Yeon se plantó firme, actuando como si no fuera a mover ni un solo pie hasta que él se acercara. Ante la actitud obstinada de Lee-yeon, él frunció el ceño con irritación y se paró a su lado.

“Vámonos”.

“……”

Al compás de los pasos de Lee-yeon, que avanzaba hacia adelante, él adelantó el pie derecho.

En medio de un aguacero que impedía ver más allá de las narices, dos hombres corpulentos se desvanecieron de la vista.

Qué incomodidad. Aunque al menos la cabeza se libraba del agua, el hombro derecho y la pierna derecha terminaron empapados por la lluvia. Y había algo todavía más desagradable: el hombro de Lee-yeon rozaba de vez en cuando contra su hombro izquierdo.

Qué asco. Justo cuando exhalaba un suspiro con la cabeza palpitándole de dolor,

Lee-Yeon movió los labios manteniendo la vista fija al frente.

“Park Woori-ssi”.

¿Dónde demonios había dejado el trato de sunbae? Lee-yeon lo llamó de tú y por su nombre entero a secas.

Él se había enterado de la existencia de Lee-yeon ese mismo día. Por más ermitaño que fuera, él conocía al menos de vista los rostros de sus compañeros de promoción o de los superiores. Eso significaba que Lee-yeon era un estudiante de un curso inferior.

Aun así, él no le reprochó nada a pesar de la insolencia de Lee-yeon. Sorprendentemente, no era alguien que prestara demasiada atención a los títulos o las jerarquías de edad.

“¿Qué quieres, Choi Lee-yeon-ssi?”

“Abandone esta asignatura, Park Woori-ssi”.

Pero lo que sí toleraba menos era la pésima educación de la gente.

Ante la exigencia descarada de Lee-yeon, las venas del cuello de él —quien también mantenía la mirada fija al frente— se tensaron con fuerza.

Lo que más habría querido en ese momento era derribar a Lee-yeon al suelo y propinarle una paliza hasta que su carita bonita pareciera una pasta de soja fermentada, pero la mala suerte quiso que justo en ese momento estuvieran pasando frente al edificio del consejo estudiantil. Había estudiantes caminando por ahí con paraguas.

Si le ponía una mano encima a Lee-yeon en ese lugar, los alumnos de alrededor empezarían a gritar despavoridos, y Hee-jeong saldría disparado del local del consejo estudiantil. Para colmo, con total seguridad le soltaría sermones insoportables y le iría con el cuento a su padre añadiendo mil y un adornos exagerados.

Hoy su estado físico era pésimo. Si en estas condiciones se arriesgaba a recibir los insultos de Hee-jeong y una paliza con un palo de golf de parte de su padre, lo más seguro es que terminara desmayándose.

Hace un rato había pensado en renunciar a la clase teórica, pero pensándolo mejor, aquello había sido una exageración. Él no tenía ninguna inclinación fetichista por disfrutar de las palizas ajenas.

Además, aunque le costara admitirlo y le diera rabia, el sujeto de en frente también era un problema.

Los pasillos del Ministerio de Asuntos Históricos con los que se había topado ayer con Lee-yeon no eran un sitio al que uno pudiera entrar simplemente pagando dinero.

El ministerio operaba bajo un sistema estricto de membresía exclusiva. Y las condiciones para convertirse en miembro eran de lo más rigurosas. No se podía ingresar sin la recomendación de un miembro actual, y aunque de algún modo consiguiera dicha recomendación, la administración del ministerio investigaba de forma independiente los antecedentes del solicitante para evaluar su elegibilidad.

En otras palabras, era un lugar al que nadie podía acceder sin un prestigio y un poder considerables.

Nada en esta vida es fácil. Justo cuando se pasaba la mano con fastidio hacia atrás para apartarse el flequillo apelmazado por la humedad, Lee-yeon habló mirando al frente:

“Desde pequeño he trazado todo el plan de mi vida. Y ahora mismo, todo marcha a la perfección tal como lo planeé”.

“……”

“El año pasado estudié en París y este año me reincorporé a la universidad”.

“¿Y eso a mí qué?”.

“Pues resulta que, por culpa de cierta persona maleducada, impertinente y carente de todo sentido común, mi plan de vida está a punto de venirse abajo”.

¿Que él era grosero, maleducado y carente de sentido común? Al escuchar aquellas críticas, los ojos de él se inyectaron en sangre.

“Lo grosero habrá sido tener el pito de fuera en un lugar público, tú”.

“Ese es un lugar diseñado precisamente para eso. ¿Es que acaso no frecuenta los salones Sajeogwan ni una vez?”.

“No hay forma de que eso...”.

[Mensaje Web]

Estimado cliente: Le damos la bienvenida a Sajeogwan, el paraíso terrenal donde podrá disfrutar de excelentes comidas y omegas de primera calidad.

Gracias al cariño de nuestros miembros durante el año pasado, nuestro establecimiento ha logrado ganar el Premio Presidencial en la categoría de cocina coreana.

Seguiremos esforzándonos para ofrecerles un mejor servicio y calidad.

El mensaje que Sajeogwan había enviado a principios de año cruzó raudo por su mente. Ahora que lo pensaba, Sajeogwan era exactamente ese tipo de lugar.

Mientras él se quedaba mudo a mitad de camino, a punto de replicar pero deteniéndose en seco, Lee-yeon continuó con sus burlas sin apartar la vista del frente.

“Ah, ¿es porque Park Woori-ssi es un beta que no lo sabe?”.

Un arrebato de furia lo sacudió de pies a cabeza. Una vena más saltó en el cuello de él.

“Mis calificaciones y mi reputación son infinitamente superiores a las de Park Woori-ssi. Antes de tomarme el año sabático, era el número uno de mi carrera. Me catalogan como un estudiante ejemplar. Para que mi vida siga el curso del plan que he trazado, debo mantenerme impecable hasta la graduación. ¿Y pretende que renuncie a la clase teórica? No tiene ni pies ni cabeza”.

“…….”

“Así que lo correcto es que sea Park Woori-ssi quien renuncie a la asignatura. Además, estéticamente queda mucho mejor. De todos modos, Park Woori-ssi, usted va por la vida a duras penas”.

“…….”

“¿Acaso me equivoco?”.

Ante las palabras descaradas de Lee-yeon, el rostro de él se tornó de un azul pálido a causa de la ira.

En ese preciso instante, se le quitaron por completo las ganas de abandonar la materia. ¿A beneficio de quién iba a renunciar a la clase? ¡Antes muerto que dejar ganar a este sujeto, y si se salvaba, solo sería él!

“No das ni una sola, maldito desgraciado”.

“¿Qué dice?”.

“Que todo lo que has dicho es mentira”.

Dijo él, mirando a Lee-yeon con una ferocidad asesina.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¿Calificaciones? Las mías también son buenas. ¿Reputación? Oye, la mía es mucho más alta que la tuya. No vengas a presumir tus tonterías frente a alguien con más experiencia. Quieres que te mate, ¿verdad?”.

Lo de las calificaciones era una total mentira, pero lo de la reputación era cierto.

Por supuesto, no se trataba de una reputación positiva como la de Lee-yeon, sino de una nefasta.

Su nombre era tratado prácticamente como una peste dentro del campus.

“¿Crees que eres el único que ha trazado un plan de vida? Yo también lo hice. Para que las cosas marchen conforme a ese plan, necesito cursar esta materia y acumular créditos”.

De hecho, no tenía ningún plan de vida. Si acaso se le podía llamar plan a algo, consistía en heredar un poco de dinero tras la muerte de su padre, abrir una cuenta de ahorros y luego rasurarse la cabeza para meterse en una ermita en lo profundo de las montañas.

“Y estéticamente hablando, lo que encaja mejor es que tú, el estudiante ejemplar, me tengas «miedo» a «mí» y abandones la clase. Si alguien tiene que dejarla, sé tú”.

“No me da la gana”.

¡Stop! Los pasos de ambos hombres, que avanzaban hacia adelante, se detuvieron en seco.

Él y Lee-yeon se miraron con intenciones asesinas el uno al otro desde el estrecho espacio del paraguas.

“¿Tanta ganas tienes de salir conmigo en una cita?”.

“No me da la gana”.

“Yo tampoco quiero”.

“Digo lo mismo”.

“Así que renuncia tú”.

“Que renuncie Park Woori-ssi”.

“Que no me da la gana”.

“Y yo le digo que opino igual”.

¡Chispas! Pequeños destellos brotaron de los ojos de ambos hombres. No había margen para la negociación.

Había comenzado un juego de la gallina que solo terminaría cuando uno de los dos cayera muerto.

¡Shhhhh!

La lluvia comenzó a caer con muchísima más fuerza. Tanto los hombros como las piernas de ambos terminaron completamente empapados. Aunque la cabeza se libraba de mojarse, parecían un par de ratas de alcantarilla sacadas del agua.

Frente a la fuente central del campus del edificio principal, la zona más transitada de todas, un par de hombres tan altos no podían pasar desapercibidos de ninguna manera. Desde los estudiantes que caminaban por los senderos hasta los alumnos que se asomaban por las ventanas del edificio principal. Las miradas clavadas en ellos aumentaban por momentos.

La expresión de Lee-yeon, que hasta entonces había estado sumamente fría y ensombrecida, se fue suavizando poco a poco.

Ugh. Al presenciar aquel cambio sin perderse ni un solo detalle, él sintió arcadas.

Verlo fingiendo una buena fachada frente a los demás le hizo acordar a Park Hee-jeong. Sintió que le daría un ataque de estrés postraumático.

Justo cuando iba a reclamarle a Lee-yeon si le parecía divertido vivir así:

“Woori”.

“……!”

Se escuchó una voz que jamás debió haberse hecho presente. La cabeza de él giró de inmediato, con una rapidez pasmosa. Y al ver al hombre que lo había llamado, su cuerpo tembló levemente con un sobresaltó.

“…….”

Lee-Yeon arqueó una ceja al notar el rostro pálido como el papel que se le había quedado a su compañero. ¿A quién diablos habría visto para que un tipo tan arrogante y desvergonzado se pusiera de esa manera?

Su mirada se deslizó hacia donde él estaba mirando. Y entonces, con una sonrisa automática por pura costumbre, saludó a Hee-jeong.

Era el presidente del consejo estudiantil con el que se había cruzado por casualidad cuando vino a la universidad durante las vacaciones de invierno, antes de reincorporarse.

Hee-jeong se había acercado a charlar amistosamente, al parecer conociendo a un compañero de promoción de Lee-yeon, y fue ese mismo compañero quien le había presentado a Lee-yeon en su momento.

Tratándose del heredero de una compañía de préstamos, le había sorprendido bastante descubrir que era una persona tan moral y con una reputación impecable en la escuela.

“Hola, señor Hee-jeong.”

“Hola. Lee-yeon”.

Hee-jeong se acercó a ellos sosteniendo un paraguas negro y largo.

A medida que la distancia se acortaba, la mirada de él se iba apagando hasta parecerse a la de un pescado muerto. Lee-yeon sintió una extraña molestia al ver cómo los ojos de su compañero perdían todo vestigio de vida.

Hee-jeong se detuvo justo frente a ambos y preguntó con tono familiar:

“¿Se conocen?”.

“No”.

“Sí, sunbae”.

Ante las respuestas contradictorias, el entrecejo de Hee-jeong se contrajo con molestia.

Él fulminó a Lee-yeon con la mirada. Este último ignoró olímpicamente la hostilidad de su compañero y le explicó a Hee-jeong con total naturalidad:

“Tomamos la misma clase teórica. Y además tenemos que hacer el trabajo en equipo juntos”.

“...... Ah. ”.

“Sí”.

Hee-jeong sonrió mientras decía: «Ya veo, con que es eso». Lee-yeon también observó a Hee-jeong con una sonrisa enigmática.

Tras un breve momento de silencio, Lee-yeon habló:

“Bien, nosotros nos iremos adelantando”.

“¿A dónde van los dos?”.

“Nuestro sunbae no tiene paraguas, así que decidí acompañarlo hasta el salón de clases”. Qué amable es Lee-yeon.

“No es para tanto”.

Lee-Yeon le dio un suave toque en el hombro a él y le susurró de modo que solo él pudiera escuchar:

“Tendremos que terminar lo que estábamos diciendo”.

Un ligero destello de vida asomó en los ojos de él, que hasta entonces los mantenía discretamente bajan. Justo cuando se disponía a irse con Lee-yeon fingiendo que no le quedaba de otra:

“Pero oye, Lee-yeon”.

“¿Sí?”.

“Estás completamente empapado de ropa”.

Fue en el momento en que, ante las palabras de Hee-jeong, Lee-yeon echó un vistazo de reojo a su hombro izquierdo. Hee-jeong dijo:

“Vas a ser una molestia, Woori”.

“......”

“Ven aquí”.

No era una sugerencia, sino una orden. Ya no podía seguir haciéndose el fuerte. Él exhaló un suspiro ahogado en su garganta y le susurró a Lee-yeon:

“Hablemos la próxima vez”.

Él salió de debajo del paraguas de Lee-yeon con la barbilla bien alta. Y pasó de largo junto a Hee-jeong.

Hee-jeong soltó una risita al verlo pasar a su lado. Caminando a grandes zancadas tras él, le cubrió con su paraguas mientras este último ya estaba completamente empapado.

Ante Hee-jeong, que imitaba la imagen de un hermano amable, él sintió un asco insoportable.

Él recorrió con la mirada los alrededores. Todavía había muchos estudiantes mirando hacia allá. ¿Debería seguir comportándose como un salvaje? Justo cuando se preguntaba qué carajos debía hacer para satisfacer a Hee-jeong,

Hee-jeong le ofreció refugio bajo su paraguas y le dijo a Lee-yeon con una sonrisa:

“Le has ahorrado molestias a mi hermano pequeño. Gracias, Lee-yeon”.

Pásala bien. Ante la despedida de Hee-jeong, Lee-yeon observó a él con una sonrisa indescifrable. E inmediatamente después, volviendo la mirada hacia Hee-jeong, esbozó una sonrisa apacible.

“No hay de qué. Me voy retirando”.

Tras hacer una reverencia formal a Hee-jeong, Lee-yeon se marchó sin siquiera mirar atrás.

Hee-jeong contempló la ancha espalda de Lee-yeon desapareciendo bajo la lluvia y habló con frialdad:

“Hablemos un momento”.

¡Chirrido!

Él aparcó de manera brusca el coche extranjero con el parachoques colgando en el aparcamiento del edificio de Irae Financial Loan en Gwanak.

Al bajarse del vehículo, entró pisando fuerte al edificio.

“Jefe de sucursal...”.

Los empleados que casualmente se encontraban en la primera planta intentaron saludarlo, pero al ver la expresión tan feroz que portaba desde el otro lado de las puertas de cristal, se quedaron callados.

Subió las escaleras hasta la sala de descanso del tercer piso. Al abrir la puerta que estaba firmemente cerrada, se encontró con que la estancia estaba a oscuras y solo funcionaba el purificador de aire.

Él se pasó la mano hacia atrás para apartarse el flequillo apelmazado por la lluvia y encendió la luz.

Con un chasquido, apareció ante su vista un panorama de sobra conocido. Esa imagen calmó un poco el fuego que le hervía en las entrañas.

Se dejó caer pesadamente en el sofá negro de varias plazas. Y empezó a golpear el cojines con los puños una y otra vez.

¡Plaf! ¡Plaf! Cada vez que sus puños agredían el cojines, una nubecita de polvo salía disparada.

“...... Haah”.

Tras haber pasado alrededor de un minuto golpeando el cojín, como si le diera pereza continuar, arrojó el cojín en su lugar y se tendió de golpe en el sofá largo.

Choi Lee-yeon. Nieto de un miembro de la Asamblea Nacional por el distrito de Gangnam, exprecandidato a fiscal. Su madre era contadora y su padre, el socio director de un bufete de abogados muy famoso. Su hermano menor ingresó este año en el Departamento de Administración Tributaria de la Universidad de Seúl Gwanak. Era, literalmente, de la realeza.

Y pensar que no quería saber nada de esta clase de información. Sentía una profunda autoindignación al recordar el hermoso y maravilloso árbol genealógico de Lee-yeon que Hee-jeong le había metido a la fuerza en la cabeza.

Cinco horas antes, Hee-jeong lo había arrastrado a un salón de actos vacío y, dándole golpecitos en la frente con el dedo índice, le había dicho:

‘¿Qué demonios se te pasó por la cabeza para aceptar hacer el trabajo en equipo con Choi Lee-yeon?’

‘......’

‘¿Pensaste que si te juntas con él tu patética e insignificante vida iba a mejorar un poco? ¿Creíste que podrías recoger alguna migaja que cayera a su lado? ¿Qué pretendes, volverte una especie de Cenicienta o algo así?’

‘Jamás se me ha cruzado algo así por la cabeza’.

‘Aunque fueras un omega, con Choi Lee-yeon ni lo sueñes. Tu nivel es el de una segunda esposa vieja y barata de un alfa anciano’.

‘¿Por qué carajos insistes en decir cosas así...?’

‘Con lo que eres, un simple hijo bastardo, ¿qué clase de sueños te atreves a tener?

Las cejas de él, alzadas al máximo por la rabia, se crisparon.

“¿A quién tratas como si fuera un omega?”.

Maldito enfermo.

Como ya se había vuelto inmune a los insultos verbales y no parpadeaba ante casi nada, era evidente que ahora había cambiado la táctica de acoso hacia ese terreno.

Crujido, rechinó los dientes con fuerza.

“Ugh......”.

¿Será porque tensó los músculos al apretar la mandíbula? El dolor de cabeza que había estado sintiendo de vez en cuando desde esa mañana se intensificó.

Al palpitarle la sien con fuerza, la mirada rebosante de veneno en sus ojos perdió toda su firmeza. Él se quedó mirando el techo con la mirada perdida mientras parpadeaba lentamente.

Su mano derecha, que pendía hacia el suelo del sofá, dio un respingo. Su cuerpo ya no temblaba como antes, pero cada articulación le dolía como si le diera un tormento sordo.

Seguramente así se sentía contraer una gripe fuerte. ¿Debería ir al hospital?

“...... Qué pereza”.

Pensó que durmiendo un rato se le pasaría.

Sus ojos se cerraron lentamente.

 

 

“Jefe de sucursal”.

“…….”

Abrió los ojos ante la voz del asistente Kim, que se escuchaba tenue. Sus oscuros ojos, que parpadeaban con lentitud, lucían sumamente cansados, pero pronto recuperaron la agudeza de siempre.

……Aunque su cuerpo seguía sintiéndose laxo y pesado.

Aun así, no había necesidad de andar exhibiéndolo. Se incorporó en el sofá fingiendo que no pasaba nada.

El asistente Kim le entregó educadamente la tablet que sostenía. Tras recibirla de sus manos, él comenzó a deslizarse por la pantalla con total familiaridad.

Era la lista de cobros de ese día.

“¿Y las llamadas?”.

“Ya se hicieron todas”.

“¿Probabilidades de cobro?”.

“En el distrito de Gwanak, a excepción de seis personas, parece que el dinero se ingresará en el transcurso del día de hoy. Sin embargo, dado que esta mañana se emitió un aviso oficial, se recomienda evitar las movilizaciones ‘sobre el terreno’ y optar por subir los intereses en su lugar”.

Él parpadeó ante las palabras del asistente Kim. Era diferente a lo que su padre le había dicho ayer.

Parecía que la influencia de Hee-jeong estaba metida en el asunto. Seguro que hacía esto porque le ardían las entrañas de ver que su padre lo había felicitado.

“¿Qué se supone que debemos hacer? Hablan sin tener la más mínima idea del trabajo real”.

El asistente Kim hizo como si no hubiera escuchado sus murmullos cargados de fastidio. Este último le preguntó:

“¿Qué hacemos?”.

“Hay que hacer lo que ordenan. Notifícales a todos que a partir de hoy se les incrementará un 3% los intereses. Si empiezan con sus tonterías de que van a denunciarnos a la Superintendencia Financiera, mándales una copia del contrato donde aparece especificada esa cláusula”.

“Entendido”.

Tras recibir su visto bueno definitivo, el asistente Kim hizo una reverencia y se dispuso a recuperar la tablet. Sin embargo, él no se la devolvió.

“¿Jefe de sucursal?”.

“Un momento”.

Él se quedó mirando fijamente la pantalla de la tablet. Para ser exactos, observaba el nombre y la fotografía adjunta escritos en el contrato financiero.

En la imagen había un joven que se parecía a Choi Lee-yeon, pero que al mismo tiempo tenía rasgos distintos.

Él leyó con detenimiento el contrato del muchacho.

Nombre | Choi Lee-jun

Edad | 20 años

Estudios | Departamento de Administración Tributaria de la Universidad de Seúl Gwanak

Préstamo | 200 millones

“Jaja”.

Él soltó una risa seca de incredulidad.

“¿En qué estaban pensando para prestarle 200 millones a alguien así? ¿Hicieron su trabajo como se debe?”.

“Sí. Si revisa los documentos adjuntos más atrás, verá los bienes raíces y el vehículo que el deudor dejó como garantía, además del certificado de inscripción a la universidad que respalda la posibilidad de pago futuro”.

Él leyó minuciosamente los anexos del contrato financiero de Lee-jun. El asistente Kim tenía razón. En los papeles era impecable.

“Un mocoso de mierda, ¿en qué andará metido?”.

“Quién sabe. Pero…… ¿acaso lo conoce, señor?”.

No conocía a Lee-jun, pero sí conocía al hermano de este. Él no respondió a las palabras del asistente Kim y, en su lugar, le preguntó:

“¿Tienes idea de dónde se encuentra este tipo ahora mismo?”.

“Un momento–”.

El asistente Kim sacó su teléfono inteligente del bolsillo trasero del pantalón y llamó a alguien.

Unos cinco minutos después, tras averiguar toda la información, el asistente Kim informó:

“Le pedí que lo verificara a uno de los colaboradores de la organización en ese distrito, y me dice que el vehículo del deudor está aparcado frente a su apartamento y que la luz de la habitación está encendida”.

“Parece que está en su casa”.

“¿Quiere que prepare a los muchachos?”.

Las comisuras de sus labios, frías y ensombrecidas, se curvaron lentamente hacia arriba.

* * *

El apartamento de Lee-jun estaba ubicado en Cheongdam-dong. Era demasiado lujoso para que un joven de veinte años viviera solo en él.

Cuando él llegó al apartamento de Lee-jun, «todos los preparativos» ya habían concluido.

Él marcó la contraseña de la entrada principal del edificio, a la cual solo los residentes tenían permitido acceder. La puerta principal, firmemente cerrada, se abrió. Al entrar, pudo ver la garita de seguridad.

A través de la pequeña ventana de la garita, se alcanzaba a ver a un vigilante aterrorizado, temblando de miedo. Su lado se encontraba un miembro de la Songpa-pa, una organización criminal que colaboraba con Irae. El miembro de la banda lo vio e inclinó la cabeza a modo de saludo.

Él también le devolvió el saludo con un gesto vago y se paró frente al ascensor para presionar el botón.

El ascensor bajó a la planta baja. Sreuk, las puertas se abrieron suavemente sin nadie en su interior.

Al subir al ascensor, él marcó el piso 17. Al poco tiempo, las puertas se cerraron y el aparato comenzó a ascender.

3 piso……, 8 piso……, 12 piso……, 15 piso…….

17 piso.

Ding. Las puertas del ascensor se abrieron acompañadas de un tono de aviso de llegada.

El edificio tenía una sola unidad de vivienda por cada planta. Era una estructura sumamente cómoda para trabajar.

Tras bajar del ascensor, él tocó el timbre de la suite 1700. Se escuchó un ding-dong y, en menos de cinco segundos, la puerta se abrió.

El matón colaborador lo miró de reojo, inclinando la cabeza con desgana.

“Llegó”.

“…….”

Para tratarse del hijo de su empleador, el tono del pandillero era bastante descortés, pero él replicó con una actitud aún más arrogante, inclinando la barbilla de manera insoportable.

¿Por qué todos los betas tienen que ser tan imbéciles?, masculló el gánster por lo bajo, frustrado por la pésima educación de su interlocutor.

Aun así, no había necesidad de andar haciéndolo notar. El pandillero hizo una seña a otro de los matones para que los guiara. Al recibir la señal, el otro sujeto le hizo una reverencia a medias y dijo:

“Ya está todo preparado”.

El gánster caminó por el pasillo que conducía a la sala de estar. Cada vez que daba un paso, dejaba marcas de suelas de zapatos sobre el impecable suelo. Él lo siguió por el pasillo sin molestarse en quitarse el calzado.

Tras recorrer unos 100m de pasillo, apareció una amplia sala de estar. La estancia contaba con una iluminación de tonos cálidos y una de sus paredes era completamente de cristal, lo que permitía disfrutar de una vista panorámica impresionante de la vida nocturna de Cheongdam-dong.

Era un espacio verdaderamente magnífico; sin embargo, la lámpara de pie y las plantas de hojas verdes dispuestas con fines decorativos yacían esparcidas por el suelo, y la pantalla del televisor montado en la pared estaba destrozada, como si hubiera recibido un golpe brutal. El sofá de dos plazas estaba volcado y la alfombra se encontraba arruinada, pisoteada por suelas de zapatos.

Y justo en el centro, sentado en una silla de comedor y atado firmemente con cinta adhesiva de embalaje, un joven alfa lloraba desconsoladamente.

La boca del alfa estaba envuelta con la misma cinta, al igual que su torso. El alfa los miraba con lágrimas brotando sin parar de los ojos.

“¡Uuuuu!”

Era el hermano menor de Lee-yeon, Choi Lee-jun.

Cuando él se detuvo frente a Lee-jun, el gánster colocó una silla de comedor justo detrás suyo. Plof. Él se sentó de golpe sin siquiera molestarse en mirar hacia atrás.

Al verlo cruzar las piernas y mirarlo con una expresión insolente y amenazante, Lee-jun estuvo a punto de desmayarse.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Cabello negro, piel pálida, ojeras tan marcadas que le llegaban hasta los pómulos bajo unos ojos cansados, cejas levantadas con irritación y un cuerpo enfundado en ropas oscuras que desprendía una vibra intimidante a primera vista.

A los ojos de cualquiera, la imagen de él escoltado por un gánster era la personificación misma del cerebro criminal que orquestaba todo aquello.

“U…… aiyá, aiyá-e-eo…… bu, uuu……”.

Lee-jun le suplicaba con toda el alma, mirándolo fijamente. Ver a un alfa de facciones apuestas llorando a moco tendido y rogando piedad resultaba bastante patético.

Si la persona frente a él hubiera sido un omega, probablemente su corazón se habría ablandado ante el atractivo de Lee-jun y las feromonas de sumisión que irradiaba, decidiendo perdonarle la vida.

Pero desafortunadamente, quien estaba frente a Lee-jun era Park Woori, el beta de Irae Financial Loan.

Incapaz de percibir feromonas y habiéndose encargado desde su infancia de los trabajos sucios y molestos de su negocio familiar, ya estaba más que acostumbrado a esa clase de situaciones.

El gánster que le había cedido la silla arrojó, como parte de su actuación, un difusor de alta gama que estaba sobre la mesita auxiliar justo al lado de donde se encontraba atado Lee-jun.

¡Crash! Con el sonido de la botella del difusor haciéndose añicos. El líquido aromático que contenía se desparramó por el suelo.

Un olor tan intenso como si le hubieran metido a la fuerza mil rosas por las fosas nasales invadió por completo el espacio cerrado.

El estómago de él, que ya de por sí se sentía revuelto, terminó de dar la vuelta.

“…….”

¿Es una broma? ¿Tenía que tirar justo esa porquería? Él miró al gánster de reojo en silencio, con frialdad.

Al ver su reacción, el gánster se puso visiblemente nervioso, sin imaginar que el olor fuera tan potente.

Ejem. El gánster le entregó el contrato financiero que había rebuscado por toda la casa de Lee-jun. Él tomó el contrato financiero que el gánster le entregó y lo revisó con atención.

Era el original del contrato destinado al deudor, el mismo que había visto en la tablet.

‘Firma autógrafa correcta, firma y huella digital en cada cláusula desfavorable bien estampadas, copia de identificación y demás anexos completos. Sin rastros de golpes visibles en el exterior’.

La probabilidad de que terminara en una simple multa en caso de ser demandado por agresión, allanamiento de morada y daños a la propiedad era del 84%. Impecable.

Él enrolló el contrato del deudor hasta formar un tubo. Y comenzó a darle golpecitos juguetones con el papel enrollado en el entrecejo de Lee-jun.

“¿Por qué no pagas la deuda?”.

“¡Auh, aiyá-e-eo!!”.

“Tú dijiste que ibas a saldarla de golpe. La fecha límite de pago es hoy a la medianoche, ¿y qué hora crees que es? Son las 11:25. ¿Acaso crees que puedes juntar 560 millones de wones en 35 minutos?”.

“¡U…… u-uouo?!”.

Ante sus palabras gélidas, Lee-jun puso los ojos en blanco del susto. Su expresión parecía decir: «¡Yo solo pedí prestados 200 millones, por qué demonios tengo que devolver 560!».

Él le extendió el contrato a Lee-jun para que lo leyera y le habló con tono calmado y metódico:

“Señor Choi Lee-jun. Préstamo de 200 millones, interés mensual del 15%, plazo de 12 meses. Haz el cálculo de los intereses: son 360 millones. ¿Correcto? Ahora suma los 360 millones de intereses al capital de 200 millones. ¿Cuánto da? Dijiste que ibas a la Universidad de Seúl Gwanak, ¿no? ¿Acaso no sabes sumar?”.

“¡Auh, uouo, uuu-uh, uh!”.

Era como si tratara de decir: «¡Yo nunca escuché nada de eso!».

Para que le quedara bien claro, él señaló con su propio dedo índice la cláusula del contrato donde se especificaba claramente el interés mensual del 15%.

“Aquí está”.

“¡Aouo!”.

“Seguro que el empleado te lo advirtió cuando viniste a pedir el préstamo y recibiste la asesoría. ¿Por qué ahora te haces el desentendido?”.

Aunque seguramente se lo habían dicho a la velocidad de la luz mientras de fondo sonaba la música del local a todo volumen.

Él se guardó el resto de los pensamientos.

“En nuestras oficinas grabamos absolutamente todas las asesorías. Si lo pides, podemos darte las grabaciones como prueba”.

“¡I-iaer, aiya……!”.

“Y mira esta parte: ‘Si no se efectúa el reembolso dentro del plazo estipulado y el Acreedor determina que el Deudor carece de capacidad de pago, el Acreedor podrá tomar medidas desfavorables. Dichas medidas desfavorables abarcan cualquier acción por parte del Acreedor, y el Deudor se compromete a no plantear objeciones al respecto’. ¿Ves la cláusula?”.

La fuente era notablemente más pequeña que la tasa de interés anual, y tanto el espaciado entre letras como el ancho estaban comprimidos al máximo. Pero de que estaba escrita, estaba escrita, tal como él decía.

“¡I-iaer, aiyá, aiyá!!”.

“¿De qué estafa hablas? Si está todo escrito aquí. Y mira esto. Tú firmaste y pusiste tu huella digital aquí mismo, ¿o me equivoco?”.

“¡Iiyá!! ¡E-esto no es... ao-o-o, y-yoya-a!”.

“¿Y qué importa que tu abuelo y tu madre sean abogados? Tú firmaste y pusiste tu huella digital en el contrato. La ley no te va a proteger de esto, porque fuiste tú quién lo aceptó”.

“¡Ué, e-e-ier!”.

“¿Tu mamá y tu abuelo jamás te enseñaron sobre estas cosas?”.

Golpeteó con el papel la cabeza de Lee-jun, quien lo miraba furioso con los ojos inyectados en sangre.

“¿De dónde sacas tanta confianza?”.

Lee-jun murmuró algo, lleno de resentimiento. Esa imagen se sobrepuso tenuemente a la de Lee-yeon.

Si Hee-jeong llegaba a enterarse de esto, armaría un escándalo y lo criticaría con espuma en la boca por haber desobedecido sus órdenes, pero con hacer esto al menos sentía que se le calmaba el pecho oprimido.

Ese día por la mañana, él había estado a punto de enfermarse de coraje por la humillación que le habían hecho pasar Lee-yeon y Hee-jeong. Por eso, a pesar de sentirse mal, se había arrastrado hasta allí de todos modos.

Qué alivio tan grande.

Él comprendió que su decisión había sido la correcta. Ver al muchacho que se parecía a Lee-yeon llorando a lágrima viva por la frustración era de lo más reconfortante. Y además, lo que él buscaba era otra cosa.

Por lo general, Irae Financial Loan enviaba un ultimátum antes de recurrir a la intimidación con los deudores.

‘Llama a alguien que pueda traer el dinero’.

En el momento en que el deudor se comunicaba con alguien, Irae empezaba a usar la fuerza.

Basándose en su experiencia acumulada durante años, los deudores sin hermanos solían llamar a su pareja o a algún amigo, mientras que aquellos con hermanos se contactaban con ellos. A veces algunos llamaban a sus padres, aunque ese no era el caso de Lee-jun.

Era evidente que no se atrevería a pedirle ayuda a su abuelo, que se preparaba para su tercer mandato como legislador, ni a su padre abogado o a su madre contadora. Decirles una sola palabra significaba ser expulsado de casa, que le confiscaran el auto y la mesada, y terminar confinado en su propio domicilio.

Los jóvenes mimados siempre se comportaban igual.

Justo cuando él estaba saboreando el rostro bañado en lágrimas de Lee-jun mientras cruzaba las piernas,

Golpe!

Se escuchó el sonido de algo rompiéndose en la entrada principal y unos gritos. Se oían pasos furiosos recorriendo el pasillo, seguidos de otros que los perseguían de cerca.

Un destello de viveza cruzó por los ojos de él.

“¡Choi Lee-jun!”.

“¡Maldición, ¿quieres parar ya?!”

El gánster que vigilaba la entrada y Lee-yeon aparecieron enredados en un forcejeo frente a la sala de estar. Al parecer habían peleado durante el camino, ya que el cabello de Lee-yeon estaba completamente desordenado.

Increíblemente, el rostro del gánster que lo había estado persiguiendo parecía haber sido golpeado por alguien, ya que estaba todo hinchado y lastimado. Según recordaba él, la cara del gánster estaba intacta cuando custodiaba la puerta.

¿Será capaz de ganarse la vida con esa cara? Justo cuando él miraba al gánster con lástima,

“……¿Park Woori?”.

“……”

Sus ojos se cruzaron con los de Lee-yeon, quien seguía siendo sujetado de la solapa por el gánster mientras él estaba sentado con las piernas cruzadas en el sillón.

Él miró a Lee-yeon, que lo fulminaba con la mirada inyectada en sangre, y esbozó una sonrisa cínica.

“¿Llegaste?”.

“¡Park Woori, tú...!”

Con la furia acumulada hasta el límite, Lee-yeon se sacudió de encima al gánster que lo sostenía de la ropa. El gánster soltó un grito e intentó someterlo.

Con el rostro congelado en una expresión gélida, Lee-yeon agarró al gánster por la solapa y le plantó un puñetazo directo en la mandíbula con todas sus fuerzas.

¡Crack! Con el sonido de un hueso rompiéndose, el gánster cayó al suelo.

Él quedó impresionado por la rapidez y la precisión de los golpes de Lee-yeon. El contraataque que había lanzado era tan impecable que no parecía el de un simple aficionado; era evidente que había practicado artes marciales de forma profesional.

“¡¿Este maldito idiota...?!”.

Ante las heridas de su compañero, el otro gánster que estaba en la sala de estar rugió de rabia y se abalanzó contra Lee-yeon.

En ese momento comenzó la pelea entre ambos. El gánster que había quedado aturdido en el suelo dio un respingo, se puso de pie de un salto y empezó a lanzar golpes a diestra y siniestra para dominar a Lee-yeon. Tres alfas se enfrascaron en una caótica trifulca.

No lo hace nada mal.

Había pensado que solo tenía músculos de adorno, pero resultó ser un peleador callejero hecho y derecho. Él observó con interés cómo Lee-yeon dominaba abrumadoramente a los gánsteres.

¡Plaf! El gánster de la sala recibió una patada de Lee-yeon y cayó de bruces al suelo. Al parecer el impacto contra el suelo fue fuerte, porque empezó a salirle sangre a chorros de la nariz.

“¡Maldito bastardo!”.

Parece que los gánsteres se habían enojado de verdad, porque comenzaron a liberar sus feromonas. Las feromonas agresivas de los dos alfas inundaron por completo la sala de estar.

En ese instante, el rostro de él se puso pálido como el papel.

“……!”

Su campo de visión se estrechó y le costaba respirar con normalidad. Todo su cuerpo ardía de fiebre, pero su piel estaba helada. Era como si le hubieran prendido fuego por dentro.

El dolor en el bajo vientre, que había estado molestándole de a poco desde hace rato, ahora se sentía como si le estuvieran retorciendo las entrañas. Su estado físico estaba empeorando a pasos agigantados.

No me queda de otra.

Tiene que acabar esto rápido para irme.

Haciendo su mejor esfuerzo para fingir que no pasaba nada, controló su expresión. Se levantó del asiento y le dio una patada a la silla en la que estaba sentado Lee-jun, quien no paraba de tener arcadas.

“¡I-iaer...!”

“¡Choi Lee-jun!”.

Justo en el momento en que la cara de Lee-jun iba a estrellarse contra el suelo,

Él lo agarró de la nuca y tiró de él hacia arriba.

Vaya. Por poco y le provoca una conmoción cerebral. Él chasqueó la lengua y soltó la nuca de Lee-jun con algo más de suavidad.

Con un golpe sordo, Lee-jun cayó de bruces contra el suelo.

Él se puso en cuclillas al lado de Lee-jun y le arrancó la cinta adhesiva que le cubría la boca.

¡Zas! La cinta se desprendió de su piel con fuerza. No solo la comisura de los labios de Lee-jun, que temblaban sin control, sino también sus mejillas estaban completamente rojas.

Los ojos de Lee-jun reflejaban una profunda injusticia. Llamó a gritos a su única tabla de salvación, Lee-yeon.

“¡Hyung— ¡Ay!”

“Silencio”.

Él agarró del cabello a Lee-jun, quien tenía una mejilla pegada al suelo, y luego le ordenó a Lee-yeon, que lo miraba con intenciones asesinas:

“Arrodíllate”.

Los dientes de Lee-yeon rechuncharon con fuerza. Al ver que Lee-yeon seguía de pie sobre sus dos piernas, él sacudió bruscamente el cabello de Lee-jun que sostenía en su mano derecha.

“¡Ay! ¡Me duele!”.

Lee-jun soltó lágrimas a borbotones mientras gritaba que se iba a morir.

Yeon lo miró con una furia capaz de matarlo. Su presencia era tan intensa que hizo que el gánster de la entrada, que intentaba abalanzarse sobre él, se encogiera del susto. Sin embargo, él —el principal causante de toda aquella ira— sonrió con frialdad al ver el rostro bonito de Lee-yeon completamente desencajado.

“Te dije que te arrodilles. Choi Lee-yeon”.

“……”

De el cuerpo de Lee-yeon comenzaron a filtrarse sigilosamente las feromonas que había estado reprimiendo hasta ese momento.

Las feromonas agresivas de un alfa dominante oprimían la respiración de todos los presentes, como un viento helado en pleno invierno o el calor sofocante del sol en una noche tropical. Tanto los gánsteres como su propio hermano menor, Lee-jun, sufrían ante las feromonas enfurecidas del alfa dominante.

Para él tampoco era nada fácil. Ya de por sí le costaba respirar, y ahora la presión era aún mayor. Pero si perdía en esa batalla psicológica, todo su esfuerzo se iría por el chusco.

¿Por qué diablos crees que estoy haciendo esto, pasando por alto incluso las órdenes de Park Hee-jeong?

Ignorando a la fuerza el dolor punzante en su vientre, él aguantó la mirada feroz de Lee-yeon.

Lee-Yeon soltó bruscamente la solapa del gánster de la sala. ¡Agggh! El gánster rodó por el suelo como un guiñapo, pero justo cuando se disponía a levantarse para enfrentarlo de nuevo,

Lee-Yeon dobló las rodillas y se arrodilló.

Qué tipo tan detestable.

Al ver esa escena, a él le dio un vuelco al corazón, pero de pura frustración. Se supone que ver a alguien arrodillado de ese modo, como un perro derrotado en una pelea, debía ser patético, pero no lo parecía en absoluto.

Parecía sacado de una escena en la que una hermosa heroína, acorralada por las amenazas y la coacción de un villano que le dice «si no te arrodillas, el héroe morirá», cede y dobla las rodillas a regañadientes.

Los ojos de Lee-yeon, fijos en él, brillaban con ferocidad. Incapaz de contener sus emociones, las feromonas brotaban del cuerpo de Lee-yeon sin cesar.

“¡Hyung!”.

Lee-jun sollozaba a lágrima viva, como si estuviera a punto de morirse de la frustración. El ambiente en la sala de estar era tan tenso que parecía un cristal a punto de romperse.

Para colmo, la opresión en el pecho de él empeoraba por momentos. Sentía como si estuviera encerrado durante দুই horas en una sauna hirviendo donde ni siquiera se podía respirar.

Fingiendo una absoluta tranquilidad, él arrojó el contrato financiero de Lee-jun a los pies de Lee-yeon.

¡Tuk! El fajo de documentos, firmemente sujeto con una grapa, cayó justo frente a las rodillas de Lee-yeon.

Lee-Yeon levantó el contrato que le habían arrojado como si fuera basura. Sus claros ojos se movieron rápidamente de izquierda a derecha. Luego, su expresión se torció con rapidez.

“Le prestamos 200 millones, el interés es del 15% mensual, y la fecha límite de pago es hoy a la medianoche”.

“…….”

“Si miras el contrato, en la cláusula correspondiente tu hermano menor firmó y puso su huella digital en todo”.

Cuanto más hablaba él, más pálido se ponía el rostro de Lee-jun. Este último apartó la mirada, incapaz de seguir soportando ver el rostro de Lee-yeon, que se deformaba como el de un demonio.

“Si miras el apartado 5-1 de la parte inferior de la página 4 del contrato, dice: ‘Si no se efectúa el reembolso dentro del plazo estipulado y el Acreedor determina que el Deudor carece de capacidad de pago, el Acreedor podrá tomar medidas desfavorables. Dichas medidas desfavorables abarcan cualquier acción por parte del Acreedor, y el Deudor se compromete a no plantear objeciones al respecto’. Y, por supuesto, también están la firma y la huella digital de tu hermano menor. Ve a denunciarlo si quieres. Ah, ¿o acaso ya lo hiciste?”.

“……No”.

“Da igual si lo haces”.

Se burló él. El rostro de Lee-yeon se volvió tan helado que parecía capaz de matar a alguien. Él ignoró con total ligereza aquella mirada asesina.

“A ver. Qué hora es ahora... Son las 11:43. Quedan 17 minutos para las 12”.

“…….”

“Si sumas el capital y los intereses, son 560 millones. Págalo de una vez”.

Los ojos de Lee-yeon se cerraron con fuerza. Guardó silencio, como si estuviera sopesando algo en su mente. Pasó un minuto más o menos hasta que abrió los ojos.

“……Puedo conseguir el dinero para este domingo”.

“¿Cuántas veces tengo que decirte que es para hoy a la medianoche? Eres un imbécil. Y por lo que veo estás muy confundido; se supone que deberías estar suplicándome de rodillas, rogando que te demos unos días más de plazo. No comportándote de esa manera tan grosera”.

Ante su tono gélido, el entrecejo de Lee-yeon se frunció. Tragó saliva con fuerza, como si estuviera conteniendo la rabia, y le preguntó:

“¿Qué es lo que quieres?”.

“Nada”.

Ante su respuesta descarada, Lee-yeon soltó un improperio inusualmente áspero.

“No digas estupideces. Si no quisieras nada, no me habrías dicho todo esto y habrías estado echando espuma por la boca exigiendo que te retirara todo el dinero de mi cuenta bancaria”.

“Oh”.

“¿Qué diablos quieres de mí?”.

No lo hace nada mal. Él apartó las manos del cabello de Lee-jun.

¡Agh! Lee-jun giró rápidamente la cabeza hacia un lado para evitar golpearse la frente contra el suelo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Él caminó hacia donde estaba Lee-yeon. Y se puso en cuclillas frente a él con una actitud de matón, diciendo:

“Renuncia a la clase teórica”.

“……¿Qué?”.

Lee-Yeon lo miró desde abajo con una expresión de absoluta incredulidad.

“La clase teórica. Renuncia tú”.

“…….”

“No quiero hacerla contigo”.

“¡¿Por una razón tan estúpida como esa...?!”.

“¿Estúpida dices? Hablo en serio. Escribe una carta de compromiso frente a mí renunciando a la clase. Y hagámoslo notariar con un abogado. Por supuesto, los gastos corren por tu cuenta”.

Tanto Lee-yeon como todos los alfas presentes en la sala soltaron un suspiro de incredulidad. ¿Estaba armando todo هذا lío solo por eso?

Él también lo sabía. Sabía que la gente lo miraba como si estuviera loco.

Pero él estaba desesperado.

No quería hacer el trabajo en equipo con alguien como Choi Lee-yeon.

Ya era bastante asqueroso tener que cruzarse una vez a semana en la clase teórica, como para encima tener que salir en una cita con él, tomarse fotos y redactar un informe al respecto. Prefería morir antes que hacer eso.

Aun cediendo mil veces y logrando hacer de algún modo el trabajo con Lee-yeon, el verdadero problema era Hee-jeong.

La personalidad de Hee-jeong era tan retorcida que no soportaba ver a su hermanastro haciendo amigos. Él solo deseaba que Woori fuera infeliz y estuviera solo para siempre.

Desde que Woori llegó a la casa de Lee-yeon-ho a los ocho años, cada vez que intentaba hacer algún amigo, Hee-jeong aparecía como un fantasma para sabotear sus relaciones sociales.

Para colmo, parecía que Choi Lee-yeon y Park Hee-jeong se conocían. ¿Y querían que tuviera citas con Choi Lee-yeon durante medio año? Ese psicópata seguro que lo acosaría hasta llevarlo al borde de la locura.

Imaginar el futuro hizo que su estómago se retorciera de forma agónica. Él abrió bien los ojos y espetó:

“Y tú vas a decirle a todo el mundo que le tienes tanto miedo a Park Woori que no puedes seguir tomando la clase. Si haces eso, te extenderé el plazo de pago hasta la próxima semana”.

“…….”

“Si te niegas, se lo contaré a la prensa. Diré que el nieto de un miembro de la Asamblea Nacional por tres mandatos de Gangnam, exprecandidato a fiscal, pidió un préstamo de 560 millones y se esconde sin pagar. Y que no solo insultó al empleado de Irae que le exigía el pago, sino que también lo agredió físicamente”.

Ante sus descaradas palabras, Lee-jun exclamó indignado:

“¡Oye, al que golpearon fue a m—! ¡Uf!”.

Él se propinó una bofetada a sí mismo con la palma de la mano. ¡Zas! Un sonido tan fuerte resonó en la sala que costaba creer que hubiera sido provocado por un manotazo.

El aire de la sala se heló ante aquella automutilación repentina.

“…….”

Su cabeza, que había girado hacia la izquierda, volvió a su posición original. Se había golpeado tan fuerte que la comisura de sus labios del lado derecho estaba rota y sangraba.

Mirando a los alfas, que se habían quedado petrificados como estatuas de hielo, se tocó ligeramente la comisura de los labios y dijo:

“Me golpearon. ¿O no es así?”.

Avergonzados por esa bajeza impropia de jóvenes de la alta sociedad, los miembros de la banda de Songpa negaron con la cabeza, asqueados. Era un chantaje y una extorsión que ni un vándalo de callejón se atrevería a cometer.

“Si sale un artículo sobre tu hermano menor, tu abuelo va a desmayarse. Y tus padres se van a volver locos. ¿Me equivoco?”.

“…….”

Ante sus amenazas, las venas del cuello de Lee-yeon se tensaron con violencia.

Cerró los ojos, como intentando contener sus emociones. Pero al ver que la rabia lo dominaba, volvió a abrir los ojos de par en par y fulminó a Lee-jun con la mirada. Sus ojos inyectados en sangre desprendían una furia cegadora.

¡Ayyy! Lee-jun se encogió de miedo, aterrorizado por la mirada asesina que su hermano le dirigía.

Ya está.

Disimuladamente, él se secó la palma de la mano empapada de sudor en el pantalón. Luego, con un gesto de la cabeza, les indicó a los gánsteres, que lo miraban con los ojos muy abiertos por la sorpresa, que se largaran. Tras recibir la señal, los hombres dudaron un momento antes de abandonar en silencio el apartamento de Lee-jun.

Una vez que hubo echado a los gánsteres, él se puso de pie fingiendo que no pasaba nada. Se cruzó de brazos, se apoyó contra una de las paredes de la sala y respiró hondo, intentando tomar aire lo más lento posible. El dolor en su vientre seguía siendo insoportable.

“¿Qué hiciste con ese dinero?”.

“……”.

“¡Choi Lee-jun!”.

Ante el grito apremiante de Lee-yeon, Lee-jun confesó sollozando:

“¡In... invertí en bitcóin!”.

“……¿Qué?”.

“Un amigo me dijo que se iba a disparar al cielo, que definitivamente iba a funcionar, así que compré... snif... y lo perdí todo. Todo... Intenté comprar otra cosa para recuperar las pérdidas, pero... ¡incluso... incluso eso... lo perdí todo! Quería decirle la verdad a mamá o a papá para pagar el préstamo, ¡pero... pero sentía que me iban a matar a golpes!”.

“……”.

“¡Hyung... buaaa... sálvame... hyung!”.

¿Acaso está loco? No sabe uno si tiene agallas o es simplemente estúpido. Justo cuando él se secaba con el dorso de la mano la frente empapada de sudor frío,

Las feromonas brotaron de manera explosiva del cuerpo de Lee-yeon. Las feromonas de un alfa dominante eran agresivas y despiadadas.

Lee-jun lloraba a moco tendido, suplicando que lo perdonara y que le perdonara la vida ante las feromonas de Lee-yeon que lo aplastaban como si fueran a matarlo.

“……¡Ugh!”.

Él se tapó la boca apresuradamente con la mano derecha.

No podía respirar. Su campo de visión se estrechaba y todo su cuerpo ardía de calor, como si estuviera envuelto en llamas.

Su cuerpo, tambaleándose como si estuviera borracho, terminó desplomándose contra el suelo.

¡Pum! Un sonido sordo resonó en la sala de estar.

El rostro feroz de Lee-yeon, que había estado fulminando a su hermano menor como si fuera a matarlo, se dirigió hacia él. Y entonces,

“……?”.

El ceño de Lee-yeon, que había estado crispado con fiereza, se contrajo con un estremecimiento.

“Hy... ¿hyung? Esa persona”.

Ante las palabras de Lee-jun, Lee-yeon levantó la mano izquierda indicándole que guardara silencio.

Él, que se había desmayado por un instante, abrió los ojos de golpe. Qué vergüenza tan grande. Intentó levantarse fingiendo que no pasaba nada, pero sus extremidades no respondían; no tenían fuerza. Cayó de nuevo una y otra vez.

“……¡Maldición……!”.

Sus ojos, abiertos de par en par, estaban inyectados en sangre. No, lo único rojo no eran sus pupilas con los vasos sanguíneos rotos; su piel, que había estado pálida como la de un enfermo, se había vuelto rojiza y manchada debido a la fiebre.

La altiva nariz de Lee-yeon se estremeció.

De él, que se retorcía en el suelo como un gusano, emanaba un olor a omega.

Lee-Yeon frunció el ceño al percibir las feromonas que se escapaban débilmente de su cuerpo. Por lo que Lee-yeon sabía y había experimentado, él era un beta.

Lee-Yeon, al ser un alfa dominante, poseía órganos sensoriales sumamente agudos para percibir las castas. Ni en la oficina de administración ni en el aula había logrado sentir ninguna feromona proveniente de él. Entonces, ¿por qué olía a feromonas de Park Woori?

Y para colmo, a feromonas de omega.

Lee-Yeon lo examinó con frialdad.

El sudor brotaba de su rostro como la lluvia. Su piel, que antes lucía como una hoja de papel en blanco, estaba sonrojada por la fiebre.

Él rechinó los dientes con fuerza. Apoyando una mano contra la pared, logró ponerse de pie por fin y comenzó a respirar agitadamente. Al levantar la cabeza, su mirada se cruzó directamente con la de Lee-yeon.

Al ver su expresión, Lee-yeon apretó los puños con fuerza.

“……”.

El Park Woori que Lee-yeon conocía era alguien apático como si nada en el mundo le importara, grosero al punto de tratar a la gente como basura, consumido por la ira y la furia, o con la mirada apagada como un pez muerto. Pero en ese momento, las pupilas de Park Woori temblaban descontroladamente como un barquito de papel enfrentándose a una tormenta.

Como si estuviera completamente abrumado ante una situación que experimentaba por primera vez.

Un suspiro de asombro escapó de los labios de Lee-yeon.

“……Ah”.

¿Acaso se había manifestado de manera repentina? Había escuchado alguna vez que en ocasiones raras la manifestación ocurría después de los veinte años. Aun así, veintitrés años era extremadamente tarde, por no decir tardísimo.

Aunque eso no era asunto suyo.

El rostro de Lee-yeon, que antes estaba arrugado como una lata inservible, comenzó a alisarse lentamente. Sus ojos, que un momento antes reflejaban una profunda desesperación y derrota, brillaron. Y sonrió, como si acabara de presenciar algo sumamente divertido.

Maldición. Ante la sonrisa de Lee-yeon, él sacó apresuradamente el teléfono inteligente que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón.

No sabía exactamente qué era lo que andaba mal, pero definitivamente algo iba muy mal. Lo único que cruzaba por su mente era que tenía que huir de allí lo antes posible. Justo cuando intentaba llamar a los gánsteres que aún no se habían alejado demasiado,

¡Plas!

Lee-Yeon, que se había puesto de pie en un abrir y cerrar de ojos, le arrebató violentamente el teléfono inteligente de las manos.

“……!”.

Los ojos de él se abrieron tanto que ya no podían ensancharse más.

Lee-Yeon lo agarró de la solapa de la ropa.

“¡Sué... étame!”.

Aterrorizado, él hizo un esfuerzo desesperado por apartar la mano de Lee-yeon, pero fue en vano.

Intentó rasguñarlo desesperadamente con las uñas, pero en lugar de aflojarse, el agarre de Lee-yeon en su solapa se volvió aún más fuerte.

Por primera vez en su vida sintiendo una amenaza real a su supervivencia, su garganta se secó por completo.

Y lo que era aún más enloquecedor es que, al encontrarse tan cerca de Lee-yeon, su bajo vientre comenzó a palpitar con un hormigueo intenso.

Era exactamente la misma sensación que cuando uno se masturba y sujeta su propio miembro con la mano: los nervios periféricos se estimulan, el pene flácido se endurece y el bajo vientre se tensa con fuerza.

La parte baja de su cuerpo se sintió pesada. Su pene, fuertemente eregido, quedó oprimido contra su ajustada ropa interior, y hasta eso se sentía extrañamente placentero. Ante ese estado corporal tan absurdo, sus ojos se oscurecieron de absoluta desesperación.

……No debe verlo. Él pataleó desesperadamente intentando escapar de Lee-yeon.

Cuanto más movía su cuerpo, más fiebre le daba, al margen de la excitación. Su cuerpo entero quemaba y ardía como si lo estuvieran quemando en la hoguera. Cada célula nerviosa de su cuerpo estaba tan hiperestimulada que se retorcía de dolor, como si estuvieran exprimiendo un trapo empapado de agua.

Mientras forcejeaba y se debate, su pie resbaló. En el preciso instante en que perdió el equilibrio de forma inevitable y estaba a punto de desplomarse contra el suelo,

“¡Ugh……!”.

Lee-Yeon tiró de su solapa hacia arriba, obligándolo a ponerse de pie a la fuerza.

Sin embargo, esa fuerza no provenía de su propio cuerpo. Intentó apoyarse debidamente en ambas piernas, pero al no tener fuerza, se tambaleaba de un lado a otro. Si Lee-yeon no lo hubiera sostenido de la ropa, ya se habría derrumbado en el suelo hacía rato.

Lee-Yeon lo sacudió indicándole que se mantuviera firme. Su cuerpo se mecía sin fuerzas, exhalando patéticamente las feromonas de un omega recién manifestado.

Quizás debido a su tardía manifestación, el olor a feromonas que desprendía era sumamente tenue. Era un aroma tan imperceptible que solo se lograría captar prestando absoluta atención, como una solitaria flor silvestre creciendo en medio del asfalto.

Sin embargo, ese aroma fresco e inocente estimulaba despiadadamente el instinto sádico del alfa.

Por supuesto, para un alfa dominante no era más que un olor molesto que irritaba sus sentidos, pero para el hermano menor de Lee-yeon, Lee-jun, las cosas eran completamente distintas. Aquel alfa novato, de apenas veinte años, quedó completamente hechizado por las feromonas de omega que aquel hombre —antes temido como el mismísimo ángel de la muerte— derrochaba de forma tan descuidada.

Lee-jun perdió el juicio, embriagado por las feromonas de un omega de rango inferior recién manifestado.

Crujido. El cuerpo de Lee-jun, atado firmemente con cinta adhesiva a la silla, se retorció. Si sus manos hubieran estado libres, habría obligado a aquel omega, incapaz de mantener la compostura en su primera manifestación, a postrarse como un perro para violarlo ahí mismo.

Lee-Yeon contempló con ojos fríos a su hermano menor, que se hallaba en un estado de frenesí absoluto como una bestia.

La fuerza de un alfa en celo supera cualquier expectativa. Si Lee-jun llegaba a soltarse de la cinta y se abalanzaba sobre Park Woori, por si acaso, —por si realmente, por muy poco que fuera— llegaba a embarazarlo, eso habría sido una molestia insoportable por donde se le mirara.

 

Yeon arrojó a él al suelo sin contemplaciones. ¡Pum! Su cuerpo rodó por la superficie de la madera. Él temblaba de pies a cabeza debido a la abrumadora estimulación que sentía en todo el cuerpo.

Sin siquiera dignarse a mirar al otro, Lee-yeon le propinó un puñetazo directo a la mandíbula a su hermano, quien gemía como una bestia en celo. ¡Plaf! El golpe, conectado a la perfección, sacudió con fuerza el cerebro de Lee-jun.

Gasp.

La cabeza de Lee-jun se estrelló contra el suelo.

Yeon contempló con mirada gélida a su hermano inconsciente, arrastró por las patas una silla volteada y lo metió a empujones en el vestidor. Como si eso no fuera suficiente, arrastró una pesada mesa auxiliar del pasillo y bloqueó la puerta del vestidor con ella.

Habiendo prevenido de antemano cualquier comportamiento imprudente por parte de su hermano, Lee-yeon regresó a la sala. Y, agarrándolo de la nuca a él, que aún no lograba recuperar la compostura tras su primera manifestación, lo levantó a la fuerza.

“¡S-suelta... ugh, suéltame!”.

“……”.

“¡Choi Lee-yeon!”.

Él pronunció el nombre de Lee-yeon como un grito desesperado. Sin embargo, Lee-yeon hizo oídos sordos y lo arrastró hasta la habitación de su hermano.

Él forcejeó con todas sus fuerzas para evitar ser arrastrado por Lee-yeon, echando el cuerpo hacia atrás, intentando arañar el antebrazo de Lee-yeon con las uñas y dándole patadas en las piernas con desesperación, pero todo fue en vano.

“Quédate quieto.”.

Con voz gélida, Lee-yeon aplicó más fuerza en su agarre sobre la nuca de él y lo arrastró como si fuera un perro. Luego, abrió la puerta de la habitación firmemente cerrada y lo arrojó sobre la cama.

¡Creeec! Los muelles de la cama emitieron un grito lastimero al no poder soportar el peso de ambos.

“……?”.

Él parpadeó, mirando fijamente la lámpara apagada del techo.

¿Por qué demonios lo lleva a la cama?

Pensó que lo arrastraría hasta el balcón para amenazarlo con arrojarlo al vacío, o que lo llevaría al baño para golpearlo mientras le rociaba agua con la ducha. Pero, ¿una habitación?.

*……¿Se equivocó de lugar?*.

De un modo u otro, esta era una oportunidad imperdible. Él se apresuró a incorporar el torso sobre el colchón.

¡Plaf! Lee-yeon se abalanzó sobre su abdomen y lo derribó violentamente. La espalda de él chocó de golpe contra el colchón.

Pero ¿qué le pasa a este tipo?.

Yeon lo miraba desde arriba con ojos fríos, mientras él lo observaba con una expresión de total desconcierto. Sus ojos parpadeaban con una inocencia que no encajaba en absoluto con la situación.

A pesar de tener toda la pinta de alguien que se la pasa de fiesta en fiesta jugando de forma libertina, ¿cómo podía actuar con tanta ingenuidad?.

Como si jamás en su vida le hubieran dado por detrás, parecía no habérsele cruzado por la cabeza que él era quien terminaría recibiéndolo. Lee-yeon esbozó una sonrisa burlona al ver a un desconcertado él que no entendía la magnitud de la situación.

“……!”.

Crujido

El rostro de él se desfiguró. Aunque no alcanzaba a comprender exactamente qué tipo de situación era esa, la expresión de Lee-yeon parecía la de alguien que mira a un completo imbécil. Era obvio que lo estaba tratando como a un idiota.

Asumiendo el riesgo de llevarse un par de golpes, él hizo un esfuerzo sobrehumano para sacarse de encima a Lee-yeon, que seguía montado sobre su abdomen. But su cuerpo simplemente se negaba a obedecer; no tenía ni una pizca de fuerza. Pese a que intentaba forcejear con todas sus energías, su cuerpo apenas lograba sacudirse un poco.

Sentía unas ganas locas de volverse loco de la frustración. Y su orgullo herido ardía con fiereza.

Rechinando los dientes, él le espetó con furia:

“¡Si me vas a golpear, hazlo de una vez, y si no, déjate de estupideces!”.

“……”.

“¡Qué clase de estupidez es esta!”.

Al ver a él respirando agitadamente por la frustración, Lee-yeon soltó una risita burlona.

“¿Cómo voy a golpearte?”.

“……¿Qué?”.

“No soy ningún maldito desgraciado.”.

Él fulminó con la mirada a Lee-yeon, quien seguía soltando incoherencias. Lee-yeon esbozó otra sonrisa leve y, con un dedo, le dio un golpecito en la barbilla.

“¿Qué crees que...?!”.

“Siendo un alfa, ¿cómo le voy a pegar a un omega?”.

“……¿Este maldito... se tragó veneno para ratas o qué?”.

Olvidándose por completo de la situación en la que estaban, él murmuró con los ojos abiertos como platos por la incredulidad.

Los ojos de Lee-yeon se curvaron, como si le pareciera sumamente divertido. Ante esa expresión de disfrute en el rostro de Lee-yeon, las cejas de él se arquearon con furia.

¿A qué viene esta broma de tan bajo nivel? Él levantó ambos brazos con la intención de empujar a Lee-yeon por el pecho para quitárselo de encima.

¡Whoosh! Lee-yeon le arrebató violentamente ambas muñecas en el aire y se las inmovilizó contra el colchón.

Sometido en un abrir y cerrar de ojos, él abrió los ojos desmesuradamente, como si lo hubieran apuñalado. Justo cuando iba a gritarle preguntándole qué demonios se creía que hacía, Lee-yeon lo presionó contra la cama y dejó caer sus feromonas sobre él.

“……!!”.

Oprimido por las sólidas y dominantes feromonas que aplastaban su cuerpo entero, él encogió el cuerpo y abrió la boca sin emitir sonido. A pesar de la aversión mental que sentía, el instinto de omega se rindió ante él y comenzó a regocijarse sumiso.

Su cuerpo comenzó a transformarse poco a poco. Para poder aceptar el miembro vigoroso de un alfa que pudiera sembrar una semilla en su interior, su orificio comenzó a segregar líquido lubricante, y sus pechos se hincharon voluptuosamente para brindarle el placer de la succión a su alfa.

Era una sensación demasiado extraña y ajena para alguien que se había pasado la vida entera viviendo como beta. Las pupilas de sus ojos abiertos de par en par se inyectaron en sangre. Él supo por instinto que lo que emanaba de Lee-yeon eran feromonas y que algo sumamente extraño le estaba ocurriendo a su propio cuerpo.

Inclinándose sobre él, que temblaba como un niño bajo su peso, Lee-yeon le susurró con crueldad:

“Hueles a omega.”.

“¡Diablos, no digas estupideces!”.

Negando la realidad con desesperación, él sacudió la cabeza frenéticamente, como queriendo rechazarlo todo.

“¡No, ugh! ¡Claro que no, yo... yo soy un beta!”.

Lee-Yeon sabía perfectamente que él estaba experimentando un cambio repentino en su casta. Sin embargo, en lugar de intentar calmarlo, optó por lanzarle una amenaza directa.

“¿Cómo demonios logras ocultarlo hasta ahora?”.

“¡Apártate... de mí!”.

Deleitándose al contemplar el rostro pálido y aterrorizado de él, Lee-yeon le susurró con crueldad:

“Lo que eres un omega. ¿Los demás lo saben?”.

“¡Es una tontería, no digas idioteces... ugh!”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Lee-Yeon soltó una risita burlona y deslizó su mano izquierda hacia la entrepierna de él. Sus dedos largos, firmes y masculinos frotaron con fuerza la zona de sus glúteos.

“……!!”.

La boca de él se abrió de par en par. En su pálido y varonil cuello, de líneas gruesas y alargadas, se tensaron las venas con violencia.

Su campo de visión se contrajo mientras su garganta se secaba por completo. Sentía una picazón insoportable en la piel, como si miles de insectos recorrieran su cuerpo, y su corazón latía desbocado, a un ritmo frenético.

Gotera.

Ante el roce de Lee-yeon, su orificio, que había permanecido firmemente cerrado, se abrió ligeramente y comenzó a expulsar algo.

Era un líquido de una viscosidad sumamente densa. Deslizándose lentamente como un hilo de orina, empapó por completo su ropa interior.

“Qué clase de beta se pasa la vida chorreando jugos por el culo, Park Woori.”.

Algo que jamás, bajo ninguna circunstancia, debió haber ocurrido, acababa de suceder. Él parpadeó, sumido en una absoluta desesperación.

“Los omega están subordinados a los alfa.”.

Un estremecimiento lo recorrió entero. Los hombros de él se encogieron ante la voz gélida de Lee-yeon.

Siendo betas, ellos habían sido ignorados por el mundo. Pero aun así, ser beta era preferible a ser omega.

Para la sociedad, un omega no era más que una simple máquina reproductora de hijos para los alfa. Aunque en pleno siglo XXI, bajo la bandera de los derechos humanos y otras consignas, se había elevado la edad mínima de educación obligatoria para los omegas de quince a diecinueve años y se garantizaba su inserción en la sociedad, aquello no pasaba de ser una medida burocrática sin peso real.

Basta con mirar la Universidad de Seúl Gwanak, donde ellos estudiaban. Incluso dentro del campus de la institución más prestigiosa de Corea del Sur, el acoso sexual y la discriminación de los alfas hacia los omegas estaban a la orden del día.

Lee-yeon le dirigió una burla a él, que lo miraba con incredulidad y ojos desorbitados.

“Que tú eres un omega-.”.

“……!”.

“¿Te parecería bien que todo el mundo se enteré?”.

“……!!”.

¿Que si estaría bien? Ni de broma. Si los enemigos descubrían que era un omega, lo más seguro es que terminara brutalmente asesinado.

En esta vida, él había cometido demasiados actos atroces. Con el fin de hacer destacar a Hee-jeong, se había dedicado a hacer diabluras sin importarle si era dentro o fuera del campus, y se había encargado personalmente de todos los trabajos sucios de Irae Financial Loan.

“Sería divertido ver en las páginas sociales de los periódicos titulares como: ‘El hijo menor de 23 años de Irae Financial Loan, que era beta, resultó ser un omega’ o ‘¿Por qué el representante de Irae ocultó que su hijo menor era un omega?’. ¿A que sí.”.

Lee-Yeon le devolvió exactamente la misma amenaza que él había soltado un momento antes.

Él decidió negarlo todo obstinadamente.

“¡Claro que no!.”.

¿Debería fingir que todo es un malentendido? ¿O tal vez acusarlo de haber consumido drogas?

Había vivido veintitrés años como beta y creía que lo sería hasta el día de su muerte, pero su rasgo se había manifestado tardíamente. Ser un omega jamás se le había cruzado por la cabeza. De haber podido, habría querido ponerse a correr por toda la habitación gritando qué clase de maldita broma era esa y por qué demonios se había manifestado precisamente como omega.

Las pupilas de sus ojos, abiertos de par en par, se oscurecieron de pura desesperación. Sus dedos, juntados a la fuerza en las manos de Lee-yeon y presionados contra la cama, temblaban de manera imperceptible.

Al verlo sumido en la confusión, Lee-yeon le susurró con la persuasión de un demonio:

“Puedo mantener la boca cerrada.”.

“…….”.

“No le diré a nadie que eres un omega.”.

Ante las palabras de Lee-yeon, él rechinó los dientes con furia.

“……¿Qué es lo que quieres?”.

“Amplía el plazo de pago de Choi Lee-jun por un año más sin intereses.”.

“¿Qué? ¡¿Dónde se te quedó la conciencia?!”.

El rostro de él se puso blanco como el papel.

La exigencia de Lee-yeon era simplemente excesiva.

Todo lo relacionado con Irae Financial Loan terminaba llegando a los oídos de su padre, Yeon-ho, y de Hee-jeong. Ir hoy en persona a la casa de Lee-jun ya era un acto arriesgado que había hecho bajo su propio riesgo, sabiendo que Hee-jeong y su padre podrían matarlo a golpes si se enteraban.

Su plan original era usar la seguridad de Lee-jun para amenazar a Lee-yeon, obligarlo a renunciar a la clase teórica y luego, haciendo como si les estuviera haciendo un favor, subir los intereses para alargar el plazo de pago apenas una semana.

¿Pero un año entero sin intereses? Ese tipo tenía que estar loco. Aunque en realidad podría arreglárselas de algún modo en secreto, el riesgo de que lo descubrieran era abrumadoramente grande.

Lee-Yeon conocía muy bien ese detalle. Después de todo, ya había terminado de investigar a fondo sobre él.

Park Woori. 23 años. El hijo descarriado del representante de Irae Financial Loan. Un hijo ilegítimo y beta a quien no le extrañaría ver echado de casa en cualquier momento.

Si él aceptaba el trato y su familia se enteraba más adelante, se metería en un lío monumental. Pero eso era algo que a Lee-yeon le importaba un comino.

Haciéndose el desentendido, Lee-yeon murmuró:

“¿Cómo habrás hecho para ocultar tus feromonas de forma tan perfecta? Es increíble. Ni siquiera yo me había dado cuenta de que eras un omega.”.

“…….”.

“O tal vez... ¿te has manifestado de repente como omega?”.

Gotas de sudor frío brotaron en la frente de él. Hasta hacía una hora, él tenía la absoluta certeza de que era un beta. Sin embargo, por alguna extraña razón, se había manifestado como omega. Y Choi Lee-yeon estaba convencido de ello.

Ya no podía seguir negando que era un omega. Tal como había dicho Lee-yeon, un líquido extraño fluía sin parar de su orificio. Las mentiras también tenían un límite.

¿Debería fingir que lo llevaba ocultando todo este tiempo, tal como decía el sujeto? ¿O quizás confesarle la verdad y decirle que se le había manifestado de golpe?

Incluso mientras su cuerpo ardía de fiebre a causa del celo inducido por las feromonas de un alfa dominante, su mente daba vueltas intentando encontrar la salida que menos dañara su orgullo.

La primera opción evitaría que pareciera patético. La segunda le resultaba detestable porque lo hacía ver demasiado lamentable.

Justo cuando él, tras sopesar lo que consideraba su mejor opción, se disponía a decirle que llevaba ocultándolo todo este tiempo y que bastaba con que el otro mantuviera la boca cerrada,

“A menos que te hayas manifestado de beta a omega de la noche a la mañana.”.

“……?”.

Lee-Yeon, que parecía leer sus pensamientos con total claridad, continuó:

“¿Acaso sabes cómo controlar las feromonas?”.

“……?”.

“¿Y qué hay de comprar supresores? Ya sabes que los supresores solo se pueden adquirir con receta médica si tienes tu rasgo registrado oficialmente ante el gobierno.”.

“…….”.

“¿Y el ciclo de calor? Es muy difícil sobrevivir al ciclo de calor sin inhibidores. ¿Y qué harás si te da un ataque de celo en plena calle o frente a tus padres y hermanos? ¿Crees que podrás lidiar con eso?”.

“…….”.

¿Qué diablos está diciendo este maldito...?.

Él miraba con total hartazgo a Lee-yeon mientras este soltaba semejantes incoherencias. Lee-yeon le dedicó una sonrisa sigilosa y le susurró:

“Te enseñaré a sobrevivir como omega.”.

“…….”.

“Y si lo deseas, incluso puedo hacer que parezca que sigues siendo un beta. Después de todo, no tienes ni idea de cómo hacer algo así.”.

En su mente resonó repentinamente la cruel conversación que había tenido ese mismo día con Hee-jeong:

‘¿En qué estabas pensando al proponerle hacer el trabajo en equipo con Choi Lee-yeon?’.

‘…….’.

‘¿Creíste que juntarte con él iba a mejorar tu miserable vida? ¿Pensaste que podrías recoger alguna migaja estando a su lado? ¿Qué pretendes ser, una Cenicienta o algo así?’.

‘Jamás se me ha cruzado algo así por la cabeza.’.

‘Aunque fueras un omega, con Choi Lee-yeon no tienes ninguna oportunidad. Tu nivel es el de una vieja concubina alfa de sesenta años.’.

‘¿Por qué insistes en hablarme de esa manera...?. البنات’.

‘No eres más que un hijo ilegítimo, ¿con qué derecho sueñas tan alto?’.

Si Park Hee-jeong llegaba a enterarse de que se había manifestado como omega...

Las hirientes palabras de Hee-jeong repiquetecían una y otra vez en sus oídos.

‘Tu nivel es el de una vieja concubina alfa.’.

Al ver a él mirándolo con una expresión de absoluta derrota, Lee-yeon sonrió como un rotundo vencedor.

“¿Qué dices?”.

“…….”.

“Es el precio de tu vida.”.

Él parpadeó, completamente atónito. En realidad, no estaba entendiendo absolutamente nada de lo que Lee-yeon le decía.

“Y no voy a renunciar a la clase teórica. Si quieres renunciar, hazlo tú.”.

Pero de una cosa sí estaba seguro.

Estaba jodido.

* * *

Modificar apresuradamente el plan de vida que se había trazado ese mismo día.

Había pensado que, al morir su padre, guardaría el dinero de la herencia como fondo de emergencia, se repartiría la cabeza y se haría monje budista, pero ya no se pudo. Al final, los monjes también terminaban siendo alfas, y él era un omega. No podía meterse por su propia cuenta en la boca del lobo de los alfas.

Así que juntaría todo el dinero posible, compraría la mayor cantidad de supresores o lo que fuera, construiría una casa en lo más profundo de las montañas de Gangwon, comería hierba y viviría como un anciano solitario hasta el día en que se fuera al otro mundo.

Crujido. Crujido.

Él miraba atónito a Lee-yeon, que andaba revisando la habitación de Lee-jun en busca del botiquín de primeros auxilios.

Justo cuando Lee-yeon se puso a rebuscar en el escritorio ubicado a un lado de la habitación, se escuchó el sonido de papeles arrugándose seguido por el cierre de un cajón.

Lee-Yeon, que había estado acurrucado frente al escritorio, se puso de pie.

“……”.

La luz anaranjada de la lámpara teñía los castaños claros cabellos de Lee-yeon con un tono cálido.

A diferencia de la piel pálida de él, que lucía demacrada, la piel de Lee-yeon era sumamente blanca y tersa. Su hermoso rostro hacía que su cuerpo pareciera delgado a simple vista, pero si se le miraba con detenimiento, tenía el cuello grueso y los hombros increíblemente anchos.

El cuerpo robusto, típico de un alfa, se fundía en un conjunto que no reflejaba ni una pizca de debilidad. Para cualquier omega, habría sido natural desear entregarse en los brazos de Lee-yeon, quien además de ser un alfa dominante poseía un rostro sumamente hermoso.

Pero ese no era su caso.

Una vez sellado el acuerdo entre ambos, Lee-yeon abrió de par en par las ventanas de la habitación para ventilar. También retiró las feromonas que había desatado intencionalmente sobre él. Luego, con un tono gélido, le dijo a él, que respiraba con dificultad tras haberse empapado de sudor:

‘Estás en celo’.

‘……¿Qué? ¿En... en qué?’.

‘A los omegas les pasa eso por ciclo. Espera. Te daré supresores’.

Tras pronunciar esas palabras, Lee-yeon se había dedicado a buscar los supresores de Lee-jun.

Tal vez por el hecho de haberse alejado de Lee-yeon, pudo recuperar un poco el aliento. Bueno, decir que había mejorado era un decir, ya que el hormigueo en el bajo vientre y el miembro erguido con tensión seguían exactamente igual.

Sin embargo, en lo único en que él era un verdadero experto era en soportar y aguantar en silencio. Intentó disimular su expresión lo mejor que pudo, fingiendo que no pasaba absolutamente nada.

Mientras él aguantaba estoicamente el celo de su cuerpo, Lee-yeon regresó y se sentó en el borde de la cama con una caja que contenía jeringas y pastillas.

Con la cercanía de Lee-yeon, su cuerpo volvió a incendiarse. Frunciendo el ceño, él echó un poco el torso hacia atrás.

Lee-Yeon le arrojó la caja como si se la tirara a un animal silvestre que se muestra receloso. La caja chocó contra las rodillas de él, que las tenía levantadas, y cayó a sus pies.

La actitud de Lee-yeon, como si estuviera deshaciéndose de basura, hizo que las venas se le marcaran en el cuello. No obstante, ya no le quedaban fuerzas ni para enojarse.

Él recogió la caja con furia contenida. En la parte delantera de la caja se leía «Supresor de rut» y, en la parte inferior, había un pictograma de una gota de agua con una equis tachada. Daba a entender, probablemente, que podía ingerirse sin agua.

Pero si era de rut, ¿no era acaso para alfas?

“Es para alfas, ¿puedo tomarlo yo?”.

“Tómatelo y ya”.

Él arqueó una ceja. Lógicamente, sospechaba que las versiones para alfas y omegas no existían por capricho. Sin embargo, la expresión impasible de Lee-yeon le transmitía una extraña sensación de confianza.

Además, su cuerpo se sentía verdaderamente mal. Aunque fingía estar bien por puro orgullo, sentía que si seguía así terminaría derritiéndose de fiebre hasta morir.

‘Los supresores deben ser todos iguales, ¿no?’.

‘Total, yo soy fuerte’.

Sin pensarlo dos veces, él abrió la caja del supresor de rut para alfas. Adentro venían una jeringa y una pastilla del tamaño de una uña de pulgar.

Primero sacó la pastilla envuelta y se la tragó. Parecía ser de las que se pasan sin agua, ya que se deslizó suavemente por su garganta. A continuación, tomó la jeringa.

¿Cómo y dónde se supone que se inyecta esto? Justo cuando iba a levantar la caja para leer las instrucciones mientras miraba fijo la jeringa,

“Súbete la manga de un brazo”.

Ante la orden de Lee-yeon, él obedeció de manera inconsciente y se arremangó el brazo izquierdo.

Maldición. Inmediatamente después, frunció el ceño con frustración al sentir que su orgullo volvía a ser pisoteado.

Sin siquiera dignarse a mirarlo, Lee-yeon le arrebató la jeringa de las manos. Echó un vistazo rápido para calcular la zona del antebrazo teñida de rojo por el flujo sanguíneo, colocó la boquilla de la jeringa justo debajo de la flexión del codo y presionó el émbolo.

¡Ardor!

La jeringa funcionaba de forma similar a una lanceta para extraer sangre cuando uno se empacha. Al presionar Lee-yeon el émbolo, la aguja oculta en el interior saltó, perforó su piel e introdujo el medicamento.

‘Qué dolor tan maldito’.

Él frunció el ceño con furia mientras fulminaba con la mirada el brazo izquierdo donde acababa de recibir la inyección. Lee-yeon guardó la jeringa vacía en la caja y dijo:

“En diez minutos la fiebre empezará a bajar. Dejé tres supresores más sobre el escritorio, llévatelos y póntelos por la mañana. Como eres de rango inferior, tu celo durará apenas un día. No salgas de la casa hasta que termine”.

“¿Cómo voy a saber cuándo se acaba el celo?”.

“Cuando dejen de salir jugos de tu agujero, se habrá acabado”.

Él hizo una mueca de asco absoluto. Lee-yeon se levantó de la cama y añadió:

“Lo que podía hacer por ti ya terminó”.

“……¿Ya terminó de verdad?”.

“¿Qué más necesitas?”.

Ante la fría respuesta de Lee-yeon, él cerró la boca justo cuando se disponía a replicar. Inclinó la cabeza con rapidez.

Exhalando un suspiro de fastidio ante la actitud de él, que evitaba su mirada por pura molestia, Lee-yeon dio media vuelta y agregó antes de irse:

“……El celo es, literalmente, entrar en celo. Para un omega, el cuerpo se prepara físicamente para la reproducción, se despierta el deseo sexual y las feromonas se maximizan. Para un alfa, con el fin de embarazar al omega donde sea que esté, una parte de su cuerpo se inflama constantemente y sus feromonas también se maximizan. No hay diferencia con el celo de una bestia”.

“……”.

“El supresor que te di es el mismo que uso yo, y funciona de maravilla. Es sumamente efectivo incluso para los dominantes, así que ni hablar de alguien de rango inferior como tú”.

“……”.

Él seguía guardando absoluto silencio.

Ante su mutismo, el ceño de Lee-yeon se frunció.

‘……¿Por qué rayos le estoy hablando en un tono tan consolador?’.

Lee-Yeon desvió la mirada de la puerta y lo miró de reojo.

Las orejas de él, que tenía el rostro enterrado entre las rodillas, estaban pálidas. Hace un momento hasta las manos las tenía rojas, pero ahora parecía haber recuperado su color natural.

El efecto del medicamento parecía estar haciendo efecto, pero el interesado se veía confundido. Probablemente se sentía deprimido por el repentino cambio en su cuerpo tras haber vivido veintitrés años como beta.

No es mi problema, pensó Lee-yeon con frialdad mientras tomaba el pomo de la puerta.

“Me voy primero”.

“……”.

“Sal de la casa de mi hermano de una vez”.

“……”.

“Se supone que haremos el trabajo en práctica el domingo. Pero con tu celo no vas a poder ir a ninguna parte. ¿Qué quieres hacer?”.

“……”.

Él seguía sin decir una sola palabra. Ante su continuo silencio, el ceño de Lee-yeon se frunció.

Con lo normal que es el ciclo de calor para todos, ¿por qué armar tanto drama? Lee-yeon exhaló un suspiro por lo bajo y, justo cuando giraba el pomo para salir,

¡Agh! ¡Agh! ¡Agh!

Las orejas de Lee-yeon se estremecieron. Se escuchaba un sonido ahogado viniendo de alguna parte. Era como si, tras correr un maratón y estar a punto de colapsar, su corazón latiera tan deprisa que respirara con la boca abierta. Enseguida se oyó cómo el colchón de la cama se hundía de golpe.

La cabeza de Lee-yeon, que apuntaba hacia la puerta, giró rápidamente hacia atrás.

Él, que había estado sentado con las rodillas encogidas, yacía en la cama acurrucado como un bicho bola. Sus manos, aferradas a las sábanas, estaban pálidas y temblaban sin control.

“……Oye. Park Woori”.

Lee-Yeon caminó casi a zancadas hacia la cama donde él estaba. Apoyó una rodilla en el colchón y lo dio vuelta.

Fum.

Obligado a recostarse boca arriba, el cuerpo de él cayó lacio sobre la cama. Sus ojos, abiertos de par en par, estaban inyectados en sangre y de su boca abierta, que respiraba con dificultad, emanaba un aliento dulzón.

La ropa que llevaba puesta estaba empapada en sudor. Cada vez que su cuerpo se estremecía, un leve rastro de feromonas se escapaba sin parar.

Era un efecto secundario.

“Maldición”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

La había regado. Siendo adulto, recibir un par de veces en una emergencia inhibidores de otra casta no debió haber sido problema, pero el cuerpo de Park Woori parecía ser la excepción.

“……¡Ugh! ……¡Agh!”.

A pesar de que el dolor por un choque de feromonas tan repentino debía ser agonizante, Park Woori estaba soportando la fiebre del celo sin siquiera pedir ayuda.

A decir verdad, a Lee-yeon le importaba poco si él vivía o moría. De hecho, pensando en su hermano Lee-jun, tal vez habría sido mejor que el cuerpo y la mente de él se desmoronaran por el shock.

Pero tampoco era tan malnacido como para quedarse de brazos cruzados mirando cómo el omega frente a él se consumía lentamente mientras ansiaba desesperadamente las feromonas de un alfa.

Poniéndolo en perspectiva, el choque de feromonas de él había ocurrido por culpa de Lee-yeon, quien le dio una instrucción de dosificación incorrecta. Cualquier otra persona se habría hecho la vista gorda diciendo que no era su intención, pero Lee-yeon, que había recibido una buena educación en casa, consideraba natural asumir la responsabilidad de sus actos.

Yeon se montó sobre el cuerpo de él. Agitó la mano de un lado a otro frente a los ojos desorbitados de aquel chico. Las pupilas de él respondieron débilmente al movimiento. Al menos parecía consciente.

¿Debería liberar mis feromonas? Lee-yeon lo bañó con sus propias feromonas como si se tratara de una ducha.

¡Se estremeció!

El cuerpo de él se sacudió como un pez fuera del agua. Sosteniéndolo con todo su cuerpo para calmar sus violentos temblores, Lee-yeon evaluó su estado con mirada fría.

Las feromonas inestables del omega comenzaron a estabilizarse poco a poco al ser aplastadas por las feromonas del alfa dominante. El cuerpo del omega se fue ablandando melosamente, preparándose para el coito.

Se podía solucionar.

Para un alfa dominante como Lee-yeon, el sexo no era más que un acto sin sentido: si tenía hambre comía, y si quería eyacular buscaba a un omega adecuado y descargaba, tal como se come cuando hay hambre.

La forma en que un alfa obtenía placer era simple. Bastaba con inflar y friccionar el pene para liberar la semilla. Podía desparramar su esperma perfectamente incluso en alguien sin afecto alguno de por medio.

Lee-Yeon bajó hasta la cintura de él y se colocó entre sus muslos. Su mano rozó los botones del pantalón de él.

¡Zas! Él, que yacía lacio como una ropa mojada, incorporó el torso por reflejo y agarró la mano de Lee-yeon que intentaba desabrocharle los pantalones. Con la voz completamente ronca, le lanzó una advertencia:

“No…… pongas tus manos…… en mi cuerpo”.

Semejante a un reflejo de su profundo rechazo a la situación, los vasos sanguíneos de los ojos con los que fulminaba a Lee-yeon terminaron por reventarse. Sus ojos caídos estaban húmedos y sus labios, que siempre mantenía cerrados en una línea terca, se encontraban levemente abiertos para respirar con la boca, desprendiendo un aroma dulzón. Su cuerpo, tan robusto como el de cualquier alfa, se derretía y temblaba delicadamente como la mantequilla a temperatura ambiente.

Desde la primera vez que se cruzaron en el jardín de la oficina administrativa hasta los encuentros en el aula, Lee-yeon había pensado que, sin importar lo basura que fuera su personalidad, el rostro y el cuerpo de Park Woori al menos valían bastante la pena.

Las pupilas inyectadas en sangre de él lo fulminaban como si quisiera matarlo.

“¡Lárgate…… de aquí!”.

“……”.

A pesar de su voz áspera, de su cuerpo seguían escapándose hilos de feromonas que suplicaban por un alfa.

Esa imagen de un hombre que en nada se parecía a un omega, sufriendo por no poder aceptar un cuerpo que anhelaba la eyaculación de un alfa, estimulaba despiadadamente el instinto sádico del alfa dominante.

La zona íntima de Lee-yeon, que había permanecido inamovible ante las feromonas en celo de él, comenzó a llenarse de sangre. Las pupilas de colores claros de Lee-yeon, antes serenas y frías, empezaron a arder intensamente.

Nunca antes me había comido un cuerpo así. Qué divertido.

Lee-Yeon le informó con lentitud:

“Tienes que tener sexo conmigo”.

“¿Qué? ¡Estás maldito……! ¡Dame otro supresor!”.

“Los supresores ya no te hacen efecto”.

“Ese, ese…… ugh, no debe haberme hecho efecto. ¡Sal a comprar otro!”.

“No puedo salir a comprarlo. Ya te dije que los supresores solo se pueden conseguir con receta médica. Y en este vecindario ni siquiera hay sala de urgencias”.

“……Podría haber una”.

“No la hay”.

Ante la cruel respuesta de Lee-yeon, las pupilas de él se oscurecieron de absoluta desesperación. Lee-yeon le habló con un tono casi consolador:

“Tú también debes sentir que te estás volviendo loco por el celo”.

“……”.

“Para detener el celo solo hay dos métodos. O te pones un supresor, o recibes el semen de un alfa”.

“¡M-maldición……!”.

Él escupió un insulto lleno de frustración.

Yeon lo observó fijamente mientras el otro le sostenía la mano con intenciones asesinas, pero luego desenredó suavemente los dedos que lo aferraban. A continuación, tomó con delicadeza ambas muñecas que flotaban en el aire.

La fuerza con la que Lee-yeon presionaba sus muñecas era sumamente débil. No estaba sometiendo su resistencia por la fuerza, ni siquiera le dolía.

“……?”.

Si iba a actuar así, ¿para qué lo había retenido? Incluso en medio de la confusión provocada por la furia y la fiebre del celo, él lo miró desde abajo con total incomprensión.

Sin saber siquiera que esa expresión suya estaba estimulando el deseo primitivo del alfa.

Al ver que lo miraba como si no entendiera nada, Lee-yeon sintió un cosquilleo recorriéndole la nuca.

¿Acaso estaba fingiendo ser demasiado inocente? O tal vez el tipo de omega que le gustaba a Park Woori era ‘así’. Como lo único que solía ver era ese tipo de actitud, la imitaba sin darse cuenta.

Lee-Yeon soltó una pequeña risa al ver las tretas fingidas de él.

‘……¿Te estás burlando de mí?’.

Aquella sonrisa, que claramente era una burla, hizo que las venas del cuello de él se tensaran violentamente. Aunque no sabía exactamente qué intenciones ocultaba la mirada de Lee-yeon, aquello lo hizo enfurecer.

“¡No me mires…… ugh, con esa clase de mirada!”.

Aferrándose únicamente a su orgullo, él ignoró por completo los latidos frenéticos de su corazón, la tensión en los músculos de su pecho, el cosquilleo en su bajo vientre, la erección que latía con fuerza dentro de su ajustada ropa interior y sus pantalones, y el líquido que seguía escurriendo sin parar de su orificio. No, más bien intentó ignorarlo con todas sus fuerzas.

Lee-Yeon le susurró en voz baja:

“Ese tipo de mirada…… ¿cómo es?”.

Deslizarse.

Sujetando su muñeca derecha, Lee-yeon recorrió lentamente con el pulgar de su mano izquierda la tierna y oculta piel del interior de la manga. La piel de la parte interna de la muñeca, aún más pálida que el dorso de la mano, era mucho más suave y sensible que cualquier otra zona.

La barbilla de él se estremeció.

“……!!”.

Era una sensación extraña, como si la parte más suave de una pluma le acariciara la piel delicada.

Las únicas veces que él, siendo beta, había tenido contacto físico con alguien era cuando se dedicaba a moler a golpes a sus contrincantes hasta dejarlos echos polvo. Para alguien como él, que se había pasado veintitrés años viviendo como un virgen empedernido, aquello era un estímulo imposible de soportar. Aterrorizado ante un contacto físico tan descarado por primera vez en su vida, zapateó con ambas piernas.

“Shh……”.

Como si intentara calmarlo en medio de su forcejeo, Lee-yeon exhaló un suspiro en voz baja y reanudó la lluvia de feromonas que había interrumpido. Las potentes y atractivas feromonas alfa de Lee-yeon se precipitaron sobre su cuerpo.

¡Ugh! Él aspiró aire con desesperación.

Era una sensación extraña, similar a meterse en un sauna a 40°C y pasar treinta minutos adentro sin poder salir. Hacía calor, resultaba sofocante y, sin embargo, se sentía extrañamente excitado hasta el punto de volverse loco.

A pesar de que ni siquiera lo había tocado, su pene se estremecía como si estuviera a punto de eyacular en cualquier momento. La erección, presionada con fuerza por su ropa interior y sus pantalones ajustados, se sentía oprimida. Pero lo que era aún más enloquecedor era que hasta esa sensación de fricción y tirantez en su órgano se sentía bien.

Su cintura comenzó a arquearse por impulso propio hacia adelante y hacia atrás. Su pene, aprisionado por la ropa interior y el pantalón, rozaba sutilmente contra el abdomen de Lee-yeon.

Lee-Yeon recriminó a aquel chico que, con tanta picardía, se frotaba contra su vientre:

“¿Acaso te estás masturbando a presión?”.

“Q-qué…… ¡¿qué dices?!”.

La razón de él, que se había esfumado por culpa de las feromonas alfa, regresó de golpe. Sintió una vergüenza titánica por lo que acababa de hacer.

Lee-Yeon experimentó el impulso de devorar de un solo bocado a ese omega que temblaba de humillación. Sin embargo, el sexo practicado bajo la coacción no era precisamente de su agrado.

Más que obligar por la fuerza a un omega que lo detestaba para violarlo, a Lee-yeon le encantaba ver cómo el deseo sexual hacía enloquecer por completo al omega hasta treparse a su pene para moverse frenéticamente sobre él.

“¡Apártate, lár…… lárgate!”.

Con el rostro enrojecido de vergüenza hasta el cuello, él gritó furioso mientras negaba con la cabeza frenéticamente, pero lejos de alejarse, Lee-yeon se pegó aún más a su cuerpo. Lentamente, pero sin dejar lugar a dudas, posicionó su propia erección —tan firme e imponente como la de él— justo en el espacio abierto en forma de M entre sus muslos.

Algo cálido, grueso y duro presionaba con insistencia y firmeza la zona íntima oculta bajo su ropa interior y su pantalón. Él tuvo que apretar los dientes con fuerza para contener un gemido que amenazaba con escaparse por sí solo. Con una sensación de placer tan exquisita que le erizaba hasta los cabellos de la nuca, los dedos de los pies de él se encogieron.

“……!”.

Su orificio, herméticamente cerrado, se estremeció relamiéndose y dejó escapar hilos de líquido lubricante.

Un fluido cálido y de alta viscosidad se deslizó lentamente entre los pliegues de sus glúteos hasta terminar impregnando por completo su ropa interior. Al sentir la zona trasera completamente húmeda, él sacudió la cabeza de un lado a otro como queriendo negar la realidad.

¡No sé nada, yo no sé nada de esto!

Justo cuando intentaba volver a soltar la mano que Lee-yeon le tenía atrapada para quitárselo de encima, Lee-yeon incorporó el torso e inmovilizó su mano derecha contra el colchón con ayuda de su mano izquierda.

Lentamente, Lee-yeon alzó la otra mano con la que le sostenía la muñeca izquierda y le susurró:

“¿Sabías una cosa?”.

“……”.

“Tienes las manos grandes…… pero las muñecas delgadas”.

El ceño de él se frunció ante semejante disparate. ¿Qué le pasaba a este tipo para andar juzgando la muñeca de los demás? Justo iba a decirle que se dejara de tonterías y se largara de una buena vez, cuando

Lee-Yeon tiró hacia atrás de su mano con un movimiento firme. El dorso de su mano, de nudillos prominentes y largos, quedó expuesto de manera natural hacia afuera. La correa de titanio del reloj se deslizó un poco hacia abajo por la gravedad.

Llevando sus labios a la zona de su muñeca que asomaba justo sobre la reluciente correa plateada, Lee-yeon susurró:

“Eso es jodidamente erótico. Al punto de que dan ganas de lamerlo.”.

“¡Maldito enfermo, eso es acoso sexual, ugh...!”.

Ignorando el terror de él, Lee-yeon lo miró fijamente y le besó la muñeca.

Un sonido húmedo resonó con fuerza en la habitación de Lee-jun.

“……!!”.

Los ojos de él se abrieron tanto que parecía que se saldrían de sus órbitas. Había perdido la cordura ante la seducción de otra persona, o mejor dicho, de un alfa, por primera vez en su vida.

Al verlo comportarse como una doncella asustada, Lee-yeon esbozó una sonrisa burlona.

“¿Por qué actúas siempre como un ingenuo? Tampoco es que sea tu primera vez teniendo sexo.”.

“…….”.

Ante esas palabras, la mirada desafiante de él se nubló. Tal como decía el otro, era un completo novato.

Siendo un beta, jamás había tenido sexo ni mucho menos tomado de la mano a una mujer; a sus veintitrés años, y habiendo pasado incluso por el servicio militar, de repente se había convertido en omega y se encontraba en esta situación con un maldito alfa menor que él. Rechinó los dientes ante la ola de injusticia que lo golpeaba con fuerza.

Mirándolo con desdén al verlo rígido como una estatua, Lee-yeon lo provocó:

“Piénsalo de forma sencilla. A partir de ahora, ya no vas a usar tu verga; vas a tener sexo con el agujero que tienes justo debajo de ella.”.

“…….”.

“¿Acaso hay tanta diferencia entre tener sexo con el pene o con el agujero? Al final es lo mismo.”.

Las palabras desinteresadas de Lee-yeon hicieron que él rechinara los dientes con furia. No sabía exactamente qué era lo que más le molestaba, pero en ese momento, absolutamente todo lo que decía Lee-yeon lo ponía de los nervios.

“……Sí, claro, idiota.”.

Se juró a sí mismo que, aunque tuviera que morir en el intento, jamás dejaría que Lee-yeon descubriera que seguía virgen tanto por delante como por atrás. Seguro que si se enteraba de su edad y de su inexperiencia, se burlaría de él sin piedad.

Mirando fijamente a Lee-yeon con una expresión desafiante, replicó con sarcasmo:

“El sexo es sexo, da igual. Hazlo de una vez y ya está.”.

Con una sonrisa cargada de malicia, Lee-yeon lamió su muñeca con la lengua.

“¡Ngh……!”.

No me gusta. Se siente extraño.

Ante la sensación blanda y húmeda en su muñeca, el cuerpo de él se puso rígido como un tronco de madera. Sus ojos desorbitados temblaban como los de un barco a punto de zozobrar en medio de una tormenta.

Viendo esa actitud inexperta, cualquiera se habría dado cuenta de que era puro fanfarroneo, pero lo cierto es que el propio Lee-yeon estaba al borde del límite, con la razón completamente nublada por la excitación. No notó en absoluto el miedo que él estaba sintiendo.

Tras lamer con esmero la tierna piel de su muñeca como si fuera un gato, Lee-yeon abrió grande la boca y mordió sin llegar a hacerle daño, abarcando la correa del reloj junto con la carne de la palma de su mano.

“¡Ugh, no, no lo hagas! Rápido, ¡suéltame!”.

Estremeciéndose de pies a cabeza, él intentó apartar la muñeca que seguía siendo mordida y saboreada por Lee-yeon. Sin embargo, este no aflojó ni un ápice la fuerza con la que lo sujetaba. Por el contrario, frotó sus labios contra la palma rígida y tensa de aquel chico.

Los suaves labios de Lee-yeon, libres de cualquier aspereza, barrieron de manera seductora la palma empapada en sudor de su mano. Asqueado por la situación, él gritó a todo pulmón:

“¿Qué demonios haces, idiota asqueroso, ugh, oye! ¡Para ya!”.

Deseoso de no perderse ni un solo detalle de la expresión de repulsión de él, Lee-yeon devoraba su rostro con la mirada mientras le lamía la palma de la mano con insistencia.

“……!”.

La palma de la mano de él se contrajo por reflejo, intentando cerrar el puño. Con una actitud que dejaba claro que no se lo permitiría, Lee-yeon sacudió la cabeza de un lado a otro para estirarle los dedos que querían doblarse. Y, ex profeso, haciendo sonar chasquidos audibles al lamerle la piel, lo miró fijamente a los ojos.

¡Ugh! Incapaz de soportar la tremenda vergüenza, él terminó girando la cabeza hacia un lado.

La sonrisa en los labios de Lee-yeon se profundizó aún más. Dándole un último beso en la palma, Lee-yeon finalmente soltó su mano.

Tan pronto como sintió sus brazos libres, él se apresuró a llevarse la mano izquierda —ahora cubierta de saliva— hacia el pecho. Lee-yeon también liberó su otra muñeca, la cual había tenido inmovilizada contra el colchón.

¿Qué trama este tipo ahora? Justo cuando lo miraba con una profunda sospecha, un sonido suave acompañó la apertura de los botones de su pantalón.

“¡Oye, oye, espera! ¡¿Qué crees que haces?!”.

Asustado, él incorporó el torso de inmediato. Intentó detener a Lee-yeon, quien ya le había bajado la bragueta y estaba metiendo la mano dentro de su ropa interior, pero el otro fue mucho más rápido.

Con un solo movimiento, Lee-yeon le bajó los pantalones y la ropa interior de golpe.

“……!”.

Las piernas de él, que solo conservaban los calcetines puestos, patalearon en el aire antes de encogerse como un camarón. Gracias a eso, la cintura de Lee-yeon quedó atrapada y presionada entre sus muslos.

Al ver el pene de un color pálido idéntico al de su piel, que erguida e imponente se mecía palpitante bajo su camisa, Lee-yeon no pudo ocultar su asombro:

“Vaya. El pene de Park Woori es bastante grande. No le pide nada a la de cualquier alfa.”.

“……!”.

“Pero qué pena. Ya no vas a poder usarla.”.

Viendo cómo de su flamante pene brotaban hilos continuos de líquido preseminal, Lee-yeon chasqueó la lengua con genuina lástima. Para alguien como él, que por primera vez en su vida recibía una crítica sobre su pene por parte de un tercero, la humillación era tal que sentía que iba a volverse loco. A pesar de su natural descaro, aquella situación le resultaba demasiado extraña y abrumadora.

Al girar la cabeza bruscamente hacia el otro lado, su campo de visión captó un pequeño reloj LED del tamaño de la palma de una mano. Con un extremo romo y firme, de seguro si le golpeaba la cabeza con eso a Lee-yeon, lo dejaría inconsciente al instante.

‘¿Lo dejo inconsciente y me largo de aquí corrompiendo la huida...?’.

Estaba en un callejón sin salida. Incluso si lograba noquear a Choi Lee-jun y salir del departamento de este último, tampoco podía regresar a su propia casa. Su padre lo estaba esperando allí.

Si su padre lo viera en ese momento, chorreando feromonas de omega, de seguro pensaría que se había sacado la lotería y lo vendería de inmediato al primer alfa de pacotilla que apareciera, sin importarle la universidad ni nada. Y ese alfa, sin lugar a dudas, sería un hombre casado con tres hijos o algún imbécil con alguna deficiencia. Yeon-ho no parecía ser de los que se quedaran atrás; de hecho, era capaz de superar con creces a Hee-jeong en eso de rematarlo como la vieja concubina de un alfa anciano.

Había pensado en ir a la sucursal de Irae en Gwanak, pero los empleados allí también eran alfas. Aunque ya era tarde y probablemente no hubiera nadie, a veces los trabajadores se quedaban toda la noche. Seguro que encontraría a alguien en la oficina. ¿Por qué no el subgerente Kim, por ejemplo?

¿Será mejor tener sexo con Choi Lee-yeon o con el subgerente Kim?

Él había perdido todo instinto de resistencia.

Solo quería terminar de una vez con eso del celo o lo que fuera. Su torso, que había incorporado a medias, volvió a caer hacia atrás. Se quedó tendido con la espalda apoyada en el colchón, mirando fijamente el techo.

Al ver que él, que antes rebosaba de vida, se había quedado rígido como un pescado salado, el ceño de Lee-yeon se contrajo con irritación.

“Termina rápido.”

“…….”

Con esos ojos vidriosos de pescado seco, se atrevía a lanzarle una orden arrogante como si lo estuviera retando a intentarlo; a Lee-yeon no le gustó ni un poco, por lo que endureció el rostro. Sin embargo, como estaba de espaldas a la lámpara, la expresión de desagrado de él era invisible para el otro.

Repitiéndolo una vez más, el estilo de Lee-yeon no consistía en tumbar a la fuerza a alguien que le desagradaba para penetrarlo a golpes.

¡Zas! Lee-yeon lo agarró de la solapa y lo puso de pie en un santiamén.

“……!”

En un abrir y cerrar de ojos, terminó montado sobre la entrepierna de Lee-yeon. ¡Maldición! Él se horrorizó al sentir el bulto duro y erguido justo entre sus glúteos.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Los labios de Lee-yeon, que habían estado firmemente sellados, se abrieron ligeramente:

“El que está en apuros eres tú, Park Woori.”

Él lo miró desde arriba con una expresión que decía qué clase de estupidez estás diciendo. Tras sujetarlo de la cintura con ambas manos, Lee-yeon dio una fuerte embestida hacia arriba con las caderas.

El contorno grueso y duro del pene de Lee-yeon, aprisionada bajo su ropa interior y sus pantalones, frotó con rudeza el espacio entre los glúteos de él, que ya estaba empapado de líquido preseminal.

“……¡Ugh……!”

Aquella obscena embestida de Lee-yeon, que imitaba el ritmo de un coito, lo hizo dar pequeños brincos hacia arriba y abajo. Aterrorizado, él apoyó ambas manos en el pecho de Lee-yeon y levantó las caderas para evitar que rozaran contra la ingle del otro.

Sujetándose del pecho de Lee-yeon como si le estuviera agarrando la solapa en medio de un forcejeo, este le advirtió a modo de ultimátum:

“Hazlo tú.”

“……¿Qué?”

“Intenta penetrarte tú mismo con mi pene.”

“……!”

“No es taper difícil, ¿o sí? Hazlo tal como hacías cuando eras beta y algún omega te montaba el pene para moverse sobre ella.”

Park Woori se encontraba enfrentando la mayor crisis de sus veintitrés años de vida. Tenía que tomar la iniciativa en un acto sexual que jamás en su vida había practicado, y para colmo, en una posición que ni en sus peores pesadillas se había imaginado.

Era exactamente igual a que el NPC que te da la primera misión en un juego de rol de acción le entregara una espada de madera a un usuario de nivel 1 y le ordenara derrotar al jefe final.

……¿Acaso crees que no puedo hacerlo?

“N-no…… hay nada…… uff, que no pueda hacer.”

Lleno de orgullo y fingiendo que no pasaba nada, se echó hacia atrás, se metió entre los muslos de Lee-yeon y se arrodilló. Extendió una mano hacia la cintura de Lee-yeon y desabotonó con torpeza los vaqueros firmemente cerrados.

“……?”

Su mano se detuvo a mitad de camino cuando iba a bajar la cremallera. El contorno curvo se veía extraño. ¿Qué clase de curva era esa? Con la cabeza ladeada por la duda, tiró de la cremallera hacia abajo. El bulto que antes apuntaba en diagonal comenzó a erguirse cada vez más hacia arriba.

¿Era una ilusión óptica? Sin pensarlo demasiado, él bajó la ropa interior de Lee-yeon.

¡Pum! El pene grande e imponente de Lee-yeon, que había estado oprimida por los calzoncillos y los vaqueros, se disparó directo hacia el cielo.

“…….”

Erigida con total firmeza, el pene de Lee-yeon tenía el grosor de una lata de cola y el largo de una salchicha de tamaño familiar.

Justo el día anterior, como en el estudio de pintura reinaba la penumbra, solo había alcanzado a distinguir vagamente la silueta del pene de Lee-yeon. Al ne poder calcular ni su tamaño ni su longitud, había asumido en silencio que debía ser más pequeña que la suya.

¿La razón? El rostro de Lee-yeon era tan delicado y hermoso que rayaba en lo increíble, y además, siendo beta en ese entonces, él no tenía idea de que los rasgos de un alfa guardaban proporción con el tamaño de su pene. Al poseer la genética de un alfa dominante, Lee-yeon tenía una verga mucho más grande que la de cualquier alfa común.

Su aspecto también era monstruoso. A diferencia de la piel impecable de Lee-yeon, su pene era de un tono rojo negruzco, con un tronco grueso surcado por venas prominentes que lo hacían ver rugoso, y lo más decisivo: carecía por completo de vello púbico.

Él se quedó sin palabras al contemplar el pene pálido y desprovisto de pelo de Lee-yeon, que se mecía de arriba abajo.

……Es repugnante.

Viendo que el otro se quedaba allí contemplando su pene como si le estuviera rindiendo culto, Lee-yeon sacudió las caderas a propósito para estimular su espíritu competitivo.

“¿Tienes miedo?”

“……!!”

Miedo. Soltando una risa burlona, él abrió las piernas sobre el pene de Lee-yeon y se puso de rodillas.

De su zona íntima, que se había abierto ligeramente entre los glúteos, brotó un hilillo de líquido preseminal como si se le estuviera haciendo agua la boca. El fluido cayó directo sobre el glande del pene de Lee-yeon, que estaba justo debajo. El líquido de él se acumuló en la pequeña abertura horizontal de la uretra antes de empezar a deslizarse hacia abajo.

Exhalando un suspiro caliente, Lee-yeon le dio una orden:

“Ah…… hazlo.”

“No me des órdenes.”

Le gruñó a Lee-yeon a modo de desafío. Soltando una risita, Lee-yeon recostó la cabeza contra el colchón, levantándola ligeramente antes de cederle el control.

Al desaparecer aquella mirada que lo escrutaba como si lo estuviera juzgando, la expresión de él se endureció con gravedad. Aunque no tenía experiencia, sabía más o menos cómo se hacía. Justo el día anterior había visto a su padre tirarse a un omega. Tras dudar un momento, se montó justo encima de la parte baja del abdomen de Lee-yeon y agarró el pene del otro, que se mecía palpitante.

La sensación de un pene ajeno y caliente al tocar las yemas de sus dedos le pareció sumamente repugnante. Pero enseguida, con una actitud de que sea lo que Dios quiera, alineó su orificio contra la punta con forma de capullo y dejó caer las caderas hacia abajo con todas sus fuerzas.

“……!”

“……!”

Sonidos que apenas podían considerarse gemidos escaparon de los labios de ambos.

Él se quedó sin aliento cuando el glande penetró a la fuerza, abriendo su estrecho orificio como el ojo de una aguja, mientras que a Lee-yeon se le cortó la respiración sintiendo que su verga iba a doblarse debido a que un hombre corpulento se dejaba caer sobre él de forma tan imprudente.

¡Zas, chof!

En medio de todo aquello, la cabeza del pene, con forma de punta de flecha, quedó medio enterrada dentro de su orificio.

“…….”

El pálido rostro de Lee-yeon se tiñó de rojo. La sensación de su orificio rodeando su zona íntima era mucho mejor de lo que había esperado. Los ojos de Lee-yeon se cerraron por instinto. Al quedarse sin visión, la textura que sentía en su pene se volvió mucho más nítida y cruda.

La tierna carne del interior del orificio de él estaba completamente empapada de líquido lubricante, húmeda al tacto. A pesar de que su mente lo aborrecía, su orificio anhelaba el pene del alfa, contorsionando su interior rosado e intentando tragar un poco más de la cabeza del pene como fuera. Las paredes de su interior succionaban el glande de Lee-yeon con fuerza, como si le estuvieran dando un beso.

Al ser su primera vez teniendo sexo por detrás, su orificio se negaba a dilatarse más. Sin embargo, sediento y segregando cantidades obscenas de líquido preseminal, se esforzaba por tragarse aún más el pene de Lee-yeon.

Lamiéndose los labios secos, Lee-yeon agarró con ambas manos las caderas de él y las abrió de par en par hacia los lados. Aterrorizado, él comenzó a golpear el pecho de Lee-yeon con los puños, golpe tras golpe.

“¡No…… lo…… abras más!”.

“Relájate”.

“……!”.

“Siéntate. Eso es, así”.

Él cerró los ojos con fuerza. El dolor era tan intenso que habría querido volver a alzar la cintura, pero si lo hacía, era evidente que parecería que estaba huyendo. No quería mostrarle un lado débil a Lee-yeon.

Apretando los dientes con fuerza, soportó el dolor que hacía que su cuerpo pareciera partirse en dos.

La determinación mental venció al dolor. Con un sonido sordo, el glande que había estado a mitad de camino terminó por ser tragado por completo.

Un suspiro caliente brotó de los labios de Lee-yeon.

“Ah……”.

El líquido lubricante que manaba sin parar desde el interior comenzó a escurrir a gotas por su orificio ensanchado al límite, humedeciendo la imponente y erguida vara de Lee-yeon.

A diferencia del cuerpo de él, que era rígido como un trozo de madera, Lee-yeon sentía que iba a volverse loco por culpa de aquellas paredes internas tan calientes que se adherían de forma fantástica. Jamás en su vida había probado un orificio tan abrasador y terso.

¿No era un desperdicio semejante orificio para alguien de clase baja? Sentido el colmo de lo absurdo, Lee-yeon abrió los ojos.

“……Ugh……”.

“…….”

En el preciso instante en que vio a aquel chico temblando con la cabeza gacha, el rostro de Lee-yeon, que se había puesto rojo, se enfrió a toda velocidad.

El ceño de Park Woori estaba arrugado como una lata de refresco aplastada, sus cejas —que debían lucir altivas— se encontraban caídas con tristeza, y sus labios estaban destrozados de tanto haberlos mordido. Sus ojos, cerrados con fuerza, temblaban sin poder derramar lágrimas debido al orgullo herido.

‘¿Por qué no puede hacer algo tan simple?’.

Lee-Yeon era incapaz de comprender por qué el otro sufría tanto dolor. Tratándose de un omega, lo natural era que pudiera aceptar el pene de un alfa sin problemas. Esa era la razón de ser de un omega.

A decir verdad, Lee-yeon sabía muy bien que su pene salía de los rangos de tamaño convencional. No obstante, los omegas con los que había estado hasta el momento, aunque lloraban a mares ante su monstruosa verga, siempre terminaban acogiéndola a la perfección ya fuera por delante o por detrás.

……Aunque bien es cierto que jamás se había acostado con alguien virgen o inexperto. Básicamente porque no tenía la inclinación perversa de buscar a alguien torpe.

Lee-Yeon bajó la mirada para examinar el pene de él. Lejos de estar erguida y tensa, colgaba lacia y derrotada.

Esto no va a funcionar. Lee-yeon chasqueó la lengua por lo bajo.

No tenía la menor intención de someter a la fuerza y violar a alguien que lo estaba pasando tan mal. Así que, sujetando las caderas de él con ambas manos tal como las tenía abiertas, tiró de ellas hacia arriba.

Con un chasquido seco, el pene de Lee-yeon salió de su orificio.

“¡Huu-gh……!”.

El líquido lubricante que escurrió del orificio de él —forzado a dilatarse a la fuerza— quedó adherido al meato urinario del glande de Lee-yeon, estirándose en finos hilos.

Qué pena. Lamiéndose el labio inferior con la lengua, Lee-yeon recorrió de forma viscosa el espacio entre los glúteos de él. Pero eso fue todo.

Incorporando el torso sin más rodeos, recostó a él sobre el colchón.

“Q-qué…… ugh, ¡¿qué crees que haces?!”

“Quédate quieto”.

Lee-Yeon abrió las piernas de él por completo y se metió entre sus muslos. Agarrando su propia verga palpitante con la mano izquierda, comenzó a masturbarse.

Él lo miró de reojo como si se tratara de un loco rematado mientras lo veía masturbarse de la nada. Soltando una risita ante la mirada de perplejidad que el otro le dedicaba, como si lo juzgara de pervertido, Lee-yeon usó la mano derecha —la que estaba libre— para darle unos suaves golpecitos en la barbilla con un dedo, en un gesto que pretendía disipar su tensión.

“¡Oye! ¡¿Qué clase de estupidez……!”.

“Cállate. Me desconcentras”.

Ante la descarada exigencia de Lee-yeon, él se quedó sin palabras. De hecho, para alguien como él que experimentaba algo así por primera vez, ni siquiera tenía clara cuál era la falla exacta. Supuso que tal vez en medio del sexo uno podía masturbarse y ya está. Por lo menos, sintió un gran alivio al notar que el horrible dolor en su orificio había desaparecido por completo.

¡Chof, zaf, chof! La vara, ya recubierta con el líquido lubricante que él había segregado antes, friccionaba contra la palma de la mano de Lee-yeon produciendo un sonido obsceno.

Al mirar el rostro insolente del chico que lo observaba desde abajo, Lee-yeon experimentó una extraña sensación de inocencia. Aquella discordancia tan bizarra e inverosímil hizo que su placer se disparara hasta el clímax absoluto.

Apretando los dientes con fuerza, Lee-yeon separó el orificio de él hacia ambos lados con la mano derecha, tal como si estuviera cortando algo con unas tijeras.

¿Acaso iba a volver a introducirlo? El tacto de esos dedos rozando en medio de sus muslos hizo que los hombros de él se pusieran rígidos como una tabla. Ya ni siquiera podía decir que se negaba por puro orgullo de no querer perder. Mientras mordía sus labios, preparándose para el dolor que sabía que estaba a punto de llegar, Lee-yeon habló:

“Hng…… Me voy a venir.”.

Deteniendo la masturbación, alineó la punta de su pene con el orificio de él y presionó con firmeza hasta que solo la parte inicial quedó dentro.

El meato urinario del pene de Lee-yeon, ya introducido en el interior del orificio, comenzó a vaciar el esperma.

¡Un chorro! ¡Otro chorro! ¡Y otro más!

Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, él sintió cómo algo inundaba las paredes de sus entrañas.

Se siente extraño. Sintiéndose asqueado por aquella sensación de algo esparciéndose por su interior, se aferró con fuerza a las sábanas de la cama.

“…….”.

“……Ah…… qué bien.”.

Murmuró Lee-yeon tras descargar hasta la última gota de semen dentro de su orificio. Verlo con ese aire tan fresco y despejado hizo que a él le viniera una bilis de coraje.

Yeon lo examinó con insistencia. Las feromonas de omega que habían estado emanando sin parar de él se habían detenido por completo. Por lo general, el ciclo de celo de un omega solía prolongarse durante cuatro días incluso si el alfa realizaba el nudo; sin embargo, debido a que Park Woori era un caso extremo de omega de baja categoría, parecía que el simple hecho de recibir el esperma del alfa, sin necesidad de un nudo, había bastado para dar por concluido su celo.

“Ya se acabó.”.

“……¿Qué se acabó?”.

Preguntó él, aún con la mente aturdida y sin terminar de procesarlo. Lee-yeon asintió con la cabeza. Parpadeando con desconcierto, él procedió a evaluar el estado de su propio cuerpo. Ahora que lo pensaba, tanto la sensación de calor sofocante como el cosquilleo en el bajo vientre habían desaparecido por completo, y parecía que su orificio ya no expulsaba ningún tipo de líquido.

“No era gran cosa.”.

Dijo él, tratando de mantener una fachada de bravuconería.

Soltando una pequeña risa, Lee-yeon apartó el pene que había estado apoyado contra el orificio del chico, lo acomodó dentro de su ropa interior y se subió los pantalones. Tras arreglarse la ropa, bajó de la cama.

Al ver que Lee-yeon hacía aquello, él también incorporó el torso sobre el colchón. Entre su orificio, que había quedado ligeramente abierto, comenzaron a gotear los restos del esperma eyaculado por Lee-yeon. Extendió la mano para arrancar un trozo de papel higiénico del rollo que estaba sobre la mesita de noche.

¿Acaso se vino con todo o qué? Envolviendo sus dedos índice y anular con papel higiénico, intentó limpiar la entrada del orificio por donde el líquido seguía escurriendo sin parar.

Lee-yeon le advirtió:

“Por lo menos hoy no te limpies el semen de adentro.”.

“¿Por qué?”.

“Pierde el efecto. Déjalo que se absorba.”.

Ante la poco amable respuesta de Lee-yeon, él arrugó la nariz con desagrado.

Uff. Qué sensación tan pegajosa y desagradable. Soltando un suspiro corto, contrajo con fuerza los músculos de su orificio para detener el flujo, lo que hizo que su ceño se frunciera con dolor.

“……Ugh……”.

El orificio, que había sido forzado a dilatarse, palpitaba con una intensidad indescriptible.

Ante un dolor tan extraño e inédito, un sudor frío brotó en su frente. Soportando aquella extraña punzada allá abajo, estiró la mano hacia una esquina de la cama, donde sus pantalones y su ropa interior yacían arrugados como la piel reseca de una serpiente.

La ropa interior estaba completamente empapada de líquido preseminal. Mirando la prenda con expresión de total incredulidad, terminó arrojándola directamente en la papelera situada al lado de la cama antes de ponerse los pantalones.

Justo cuando se subía la bragueta y abrochaba el botón, Lee-yeon le apuntó con algo que parecía un desodorante de telas.

¡Psh! ¡Psh! ¡Psh! Y comenzó a rociar su cuerpo con una cantidad exagerada de spray neutralizador. Parecía como si estuviera exterminando mosquitos a base de insecticida.

“¡¿Qué crees que haces?!”.

“Quédate quieto”.

Sin importarle las quejas y el mal humor del otro, Lee-yeon continuó rociando el spray durante un buen rato antes de arrojárselo directamente. Atrapando el envase al vuelo, él lo miró con una mezcla de fastidio y desconcierto. Con voz fría, Lee-yeon le indicó:

“Es un desodorante de feromonas. Eliminará tu olor a omega. Cuando salgas a la calle, aplícalo cada una hora más o menos.”.

“…….”.

“Como este ya lo usé, compra uno nuevo. Te costará unos diez mil wones en cualquier tienda de conveniencia o farmacia.”.

Él se guardó cualquier respuesta, limitándose a no decir nada. A Lee-yeon, por su parte, tampoco le importó en lo más mínimo que el otro ni siquiera fuera capaz de darle las gracias.

Un silencio extraño y tenso flotó durante un buen rato en la habitación de Lee-jun. Apenas cinco minutos antes habían estado fundidos el uno con el otro, exponiendo sus partes más íntimas, y ahora la distancia entre ambos parecía abismal.

Él no lograba sacudirse de encima esa molesta sensación de desconcierto. Ya no quería seguir ni un segundo más en ese lugar.

“Me voy a……”.

“Vámonos”.

“¿Qué?”.

Él alzó la vista para mirar a Lee-yeon. De pie junto a la puerta, Lee-yeon lo miraba desde arriba como si se preguntara qué demonios estaba haciendo. Tras hacerle un gesto con la cabeza para que se apurara y saliera, cruzó el umbral.

¿Qué le pasa? Arrugando las cejas, él salió arrastrando los pies de la habitación de Lee-jun. Lee-yeon le soltó:

“Date prisa”.

“…….”.

Iba a salir de todos modos, sin necesidad de que se lo ordenaran. Por reflejo estuvo a punto de replicarle con una grosería, pero se tragó las palabras de inmediato. Estaba demasiado cansado. Las ojeras bajo sus ojos ya casi le llegaban a la barbilla.

Silenciosamente, Lee-yeon observó la espalda del chico mientras este caminaba tambaleándose hacia la entrada, y luego regresó la gran mesita de entrada que bloqueaba el vestidor a su lugar original. Entró al vestidor para desatar a Lee-jun, quien seguía desmayado con las extremidades atadas con cinta adhesiva a una silla, y volvió a salir.

Cuando Lee-yeon llegó al recibidor, él ya se estaba poniendo los zapatos pisando los talones hacia adentro. Viendo esa costumbre de calzarse a los tropezones que tanto detestaba, a Lee-yeon se le frunció el ceño.

Una vez que terminó de ponerse los zapatos, él abrió la puerta y salió. Lee-yeon hizo lo propio con sus zapatillas y también abandonó el departamento.

Él se cruzó de brazos y apoyó un hombro contra la pared, justo en el lado opuesto al botón del ascensor.

Mientras Lee-yeon miraba con desaprobación cómo él pisaba los talones de sus zapatos para ponérselos, el ascensor llegó. Justo en el instante en que él enderezaba la postura para subirse al ascensor,

“……Ah”.

Habiendo notado que le faltaba algo, hurgó en los bolsillos traseros de su pantalón. Se había dejado el teléfono y las llaves del auto. Uff……. Soltando un suspiro, giró sobre sus tallones para volver a entrar al departamento de Lee-jun.

Lee-Yeon lo empujó con fuerza hacia el interior del ascensor, cuyas puertas seguían abiertas de par en par.

Con el rostro fruncido por el cansancio, él estaba a punto de decirle a Lee-yeon que se largara, cuando este último, que se habia metido con él en el ascensor, presionó el botón de cierre y le dijo:

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Tu teléfono y las llaves del auto los traje yo”.

“……”.

Sin siquiera darle las gracias, él le tendió la mano derecha. Con la misma indiferencia, Lee-yeon le entregó el teléfono. Mientras se metía el celular a empujones en el bolsillo trasero izquierdo, él reclamó:

“Las llaves del auto”.

“Te las doy más rato”.

“No digas estupideces y dámelas ahora”.

Ante su tono irritado, Lee-yeon se cruzó de brazos y lo recorrió de arriba abajo con la mirada. Parecía exactamente un carnicero en un matadero evaluando si la carne estaba fresca o pasada. Sintiéndose hervir de la rabia, él levantó los ojos con desafío.

Lee-Yeon le dijo:

“¿Cómo vas a manejar en ese estado?”.

“¿Por qué no?”.

“No puedes”.

En el preciso instante en que iba a replicarle que sí podía a aquel categórico veredicto, un mareo repentino lo invadió. A duras penas logró sostenerse para no tambalearse. Al ver el reflejo de esa escena en las puertas del ascensor, Lee-yeon negó con la cabeza como diciendo «te lo dije».

Con un suave ding, las puertas del ascensor se abrieron. Tomándole ligeramente la mano izquierda, Lee-yeon lo arrastró hacia la puerta principal del vestíbulo.

“Tu auto está afuera, ¿no?”.

“……”.

Él movió los labios sin emitir sonido. Si hubiera dependido de sus deseos, le habría propinado una paliza inolvidable a ese tipo tan mandón, pero sus extremidades no tenían fuerzas y su cuerpo se sentía pesados como ropa empapada. En ese momento, dejarse guiar por Lee-yeon era la mejor opción.

Que pase lo que tenga que pasar. Parpadeó con pesadez.

“……”.

Al salir por la puerta principal, Lee-yeon se detuvo en seco.

Se quedó mirando en silencio un auto extranjero de color blanco que estaba estacionado en diagonal frente al lujoso edificio. Tras guardar silencio por un buen rato, hizo un gesto con la barbilla hacia el vehículo y preguntó:

“¿Es tuyo?”.

“……”.

Sin siquiera dignarse a mirarlo, él se quedó contemplando en silencio el coche, cuyo parachoques amenazaba con desprenderse en cualquier momento. El silencio equivalía a un sí.

Viendo cómo uno de los lados del parachoques colgaba a punto de tocar el suelo, Lee-yeon murmuró con tono serio:

“……¿No tiene dinero?”.

Las palabras de Lee-yeon, que lo trataban poco menos que como a un pordiosero, lo hicieron enojar. Sin embargo, rindiéndose a la suerte de que todo se fuera al diablo, apartó la mano de Lee-yeon de un golpe y caminó hacia el asiento del copiloto del coche extranjero blanco.

En cuanto agarró la manija de la puerta del pasajero, Lee-yeon presionó el botón para destrabar los seguros. Los espejos retrovisores del vehículo, que estaban plegados, se abrieron mientras se desactivaba el bloqueo. Él abrió la puerta, se dejó caer pesadamente en el asiento del copiloto y se abrochó el cinturón de seguridad. A continuación, Lee-yeon se sentó en el asiento del conductor, se puso el cinturón, encendió el motor y ajustó el ángulo del espejo retrovisor.

Sin decir una sola palabra, él sacó el teléfono del bolsillo trasero, lo dejó en el cargador inalámbrico de la consola central y tocó en el navegador el destino guardado en favoritos: su casa familiar.

El tiempo estimado que arrojó el GPS fue de veintiún minutos. No era un trayecto ni muy largo ni muy corto.

Tras comprobar el espejo retrovisor, Lee-yeon condujo el auto con suavidad siguiendo la ruta marcada por el navegador.