2. Cherry Delight

 


2. Cherry Delight

A finales de octubre, Vancouver se alborotaba con el ambiente de Halloween.

Al ir al supermercado, enormes calabazas daban la bienvenida a los clientes en todas partes, y los escaparates e interiores de las tiendas estaban decorados con murciélagos y fantasmas de calabaza. Al caminar por los barrios residenciales, no era difícil ver casas que decoraban sus patios delanteros con personajes de películas de terror.

Halloween ya era por sí sola una de las principales festividades de Norteamérica, por lo que el bullicio era natural, pero el Halloween de este año era aún más escandaloso. Esto se debía a que Chariot Goodnight, el capitán del Vancouver Red Maple, había regresado con un espléndido partido de retornos.

Tras el final de los playoffs, debido a una lesión, su nombre había sido incluido en la lista de bajas de larga duración y se había anunciado que probablemente no podría participar durante un tiempo en la próxima temporada; sin embargo, el joven apareció en el primer partido como un regalo sorpresa.

Los aficionados, que ya conocían el gran incidente que lo había rodeado durante el verano, enviaron amor y apoyo infinitos al capitán que había regresado por el equipo. Chariot Goodnight, quien ya era querido de por sí, terminó por cautivar por completo los corazones de los ciudadanos de Vancouver con esta decisión de regresar.

Chariot Goodnight, quien en su entrevista había asegurado que esta temporada pondría sus manos en la Copa Stanley, demostró su promesa desplegando un rendimiento sin precedentes desde el primer partido. Anotó 2 puntos y dio 1 asistencia ya en el primer periodo, venciendo por 6 a 2 a los Winnipeg Jets, candidatos al campeonato de la Copa Stanley y un equipo históricamente fuerte.

A partir de ahí comenzó la carrera imparable de Chariot. Ganó 3 a 1 en el partido como visitante contra los Red Wings tres días después, registrando 1 punto de anotación y 2 asistencias para participar en todos los goles, y de nuevo tres días después, en un partido en casa contra los Predators, continuó anotando 2 puntos en solitario.

Incluso las personas que normalmente no tenían interés en el hockey prestaron atención a Chariot Goodnight debido al conflicto de la familia Goodnight, y gracias a que demostró una racha de victorias continuas, el número de nuevos aficionados aumentó considerablemente. Más allá de su habilidad, su brillante apariencia física debió jugar un papel fundamental.

Al Chariot que había regresado le llovían ofertas de publicidad una tras otra. ¿Sería gracias a que los partidos marchaban bien, el dinero fluía sin parar y la base de fans se había expandido? A pesar de haber pasado por un momento aterrador, Chariot Goodnight lucía feliz en sus apariciones en entrevistas. Habiendo sufrido un crimen de esa magnitud, habría sido difícil estar bien, y debido a su rápida recuperación, mucha gente se preocupaba preguntándose si tal vez estaría ocultando sus inquietudes al aparecer ante las cámaras.

Sin embargo, sorprendentemente, Chariot estaba bien.

Dicen que después de pasar por el peor momento solo quedan cosas buenas por delante; él, que había estado cruzando el infierno durante el verano, estaba experimentando el cielo al llegar el otoño.

“Berry, vamos a despertar a Wolfie.”

Incapaz de contener su energía desbordante y levantado desde la madrugada, Chariot acababa de regresar de terminar su carrera matutina junto al perro que había adoptado hacía poco. Había corrido hasta Stanley Park, situado no muy lejos de su apartamento, y tras trotar durante aproximadamente una hora, regresó al edificio justo a las ocho de la mañana.

Me ha costado lo indecible aguantar las ganas de volver antes de tiempo.

En el dormitorio del ático, situado en la planta más alta del condominio donde vivía ahora, su apuesto amado dormía profundamente. Como no tardaría en despertar, Chariot se subió apresuradamente al ascensor con el deseo de estar a su lado en el instante exacto en que abriera los ojos.

Preocupado por si su amado se hubiera despertado mientras él estaba ausente, Chariot respondió de manera distraída incluso al saludo del conserje. Como vivía allí desde que fue traspasado a Vancouver, Chariot tenía una relación cercana con el personal de recepción, los cuales solían dedicarle al menos un minuto de charla informal cuando se saludaban por las mañanas, por lo que debió de resultarles extraño verle pasar de largo de esa manera. Tendría que comprarles café y algunos aperitivos al bajar más tarde.

Evitando a las personas que salían a trabajar y llegando a la planta más alta por un margen estrecho, Chariot se detuvo con cautela frente a la puerta. Acto seguido, introdujo y giró la llave lenta, muy lentamente, intentando hacer el menor ruido posible al abrir. Con un pequeño clic, el sonido del pestillo al abrirse resonó débilmente, y Chariot abrió la puerta conteniendo la respiración.

El interior estaba en silencio. Yuri parecía seguir durmiendo.

Menos mal. Voy a lavarle las patas a Berry rápido y a reunirme con Yuri. Como si hubiera entendido los deseos de su dueño, justo al entrar a la casa, Berry se quedó de pie con docilidad, mirando fijamente a Chariot. Él miró al perro, que había estado corriendo animadamente con él por el parque, y sonrió de oreja a oreja.

“Cuando se despierte Yuri, te prepararé un cuenco lleno de comida para el desayuno. Espera un poquito, Berry.”

Berry, que sacaba la lengua para regular su temperatura corporal, movía la cola de un lado a otro. Mirando con afecto aquella gruesa cola marrón que no dejaba de agitarse, Chariot le acarició la cabeza.

Berry, el perro callejero al que habían rescatado unas semanas atrás, era un pastor australiano que, según se estimaba, acababa de cumplir un año de edad, encontrándose en su etapa de mayor vitalidad. Al principio estaba tan flaco que las costillas se le marcaban bajo su abundante pelaje, pero tras acudir regularmente al veterinario, cuidar su estado y alimentarlo en abundancia, engordó rápidamente.

Berry no llevaba ningún microchip que revelara con certeza quién era su dueño. Sin embargo, los análisis de sangre arrojaron anticuerpos contra la rabia, lo que dejaba claro que, por mucho o poco tiempo que lo hubiera criado, había estado en manos de alguien.

Habiendo estado expuesto a muchos peligros mientras vagaba solo tras ser abandonado, por suerte Berry no se había contagiado de enfermedades difíciles de tratar como el gusano del corazón. Las patas traseras, que le cojeaban del dolor, volvieron a la normalidad tras transcurrir unos diez días.

Aquel perro precoz, que había soportado bien el largo vuelo desde Boston hasta Vancouver, obtuvo su licencia de animales a nombre de Berry. También completó su registro en la clínica veterinaria, que contaba con amables enfermeras y veterinarios.

El pelaje de Berry, ahora robusto, brillaba con salud. Su pelo de tono marrón rojizo era suave y esponjoso al cepillarlo bien, resultando muy agradable al tacto, y a Yuri también le encantaba el pelaje castaño del animal.

“Te quedas aquí. ¿Entendido? Espera.”

Berry, que apenas estaba comenzando su entrenamiento, ya había aprendido órdenes como sentado, tumbado y traer, y recientemente estaba practicando el espera. Cuando Yuri decía espera con su tono grave y pausado, el perro obedecía tan bien que creyó que lo había aprendido al instante, pero no era así. Con frecuencia, dependiendo de su estado de ánimo, Berry ignoraba a Chariot cuando este le ordenaba esperar.

Extendiendo la mano para hacer el gesto de esperar, Chariot desató con un leve matiz de tensión la correa que llevaba en la cintura. Berry, que había esperado dócilmente a que se soltara la correa, se quedó quieto incluso cuando Chariot le quitó el collar. Justo en el momento en que iba a alegrarse al pensar que el animal por fin había aprendido a obedecer la orden de esperar, Berry se precipitó velozmente corriendo hacia el dormitorio.

“¡Berry! ¡Espera, un momento!”

Se apresuró a llamarlo por su nombre y a perseguirlo, pero ya era tarde. Empujando con el cuerpo la puerta del dormitorio, que estaba entreabierta, Berry saltó directamente sobre la manta de la cama donde Yuri estaba acostado, sin haberse siquiera lavado las patas. Había entrado a hurtadillas desde la puerta principal para despertarlo él mismo en persona, pero Berry le había robado semejante honor.

“Berry...”

Yuri, que soportaba el peso de aquel pesado animal de más de sesenta libras sin inmutarse, pronunció su nombre en voz baja. Al oír que Yuri lo llamaba, Berry sacudió las orejas, bajó el torso y movió la cola como loco. Revolviéndose e incitando a levantarse mientras levantaba y bajaba las patas delanteras para armar revuelo, Berry hizo que Yuri abriera los ojos.

¡Los ojos de Yuri recién despierto se supone que debo verlos yo primero...!

A pesar de que Chariot se había precipitado hacia la cama consumido por los celos hacia su propio perro, ya era tarde. Con la mirada azul aún teñida de somnolencia, Yuri bajó la vista hacia Berry y estiró lentamente la mano para acariciarle la coronilla.

Al principio le resultaba incómodo que lo tocaran, pero ahora el tacto de aquellas caricias le resultaba bastante familiar.

“Sí, ya voy... Me levantaré.”

Debido a que acababa de despertar, la voz de Yuri sonaba profundamente seductora. Heredera de su atractivo y varonil aspecto, su voz era profunda y moderadamente grave. Como su forma de hablar era calmada y no solía exteriorizar sus emociones tanto como Chariot, cualquiera que lo viera de pasada podría pensar que era una persona puramente seria y circunspecta.

Pero Wolfie es en realidad alguien sumamente adorable.

Como no le interesaba comer, cocinaba de cualquier manera, y la forma en que sostenía el bolígrafo era un tanto distinta a la de los demás, lo que hacía que su letra fuera un desastre absoluto. Jamás se negaba cuando Chariot le proponía hacer algo, e incluso de vez en cuando soltaba alguna broma.

“Buenos días, Wolfie.”

Aunque le fastidiaba un poco que Berry le hubiera robado la oportunidad de darle el primer saludo de la mañana, Chariot decidió saludarlo como un adulto. Al seguir el sonido de su voz, Yuri giró la cabeza, curvó con suavidad las comisuras de los labios y le devolvió el saludo matutino.

“Buenos días.”

Incorporándose despacio mientras retiraba la sábana blanca de la cama, Yuri lo observó con atención. Por el contrario, Chariot contemplaba febrilmente los ojos azules que lo recorrían de arriba a abajo. Aquellas pupilas, que se ondulaban con la calma de un río profundo, lejos de aclararse al recibir la luz del sol, parecían volverse aún más intensas. El ambiente que desprendían cambiaba según el matiz con el que brillara el sol.

Los ojos revelan el alma. Cuando Chariot contemplaba los ojos azules de Yuri, solía percibir un dolor profundo, una silenciosa melancolía y una afectuosa firmeza.

En aquel primer flechazo, lo que había cautivado a Chariot era, sin duda, el alma que habitaba tras su mirada. Había pensado que eran unos ojos tan excepcionales que costaría volver a ver otros semejantes, pero, aun cuando llegara a cruzarse con otros ojos azules parecidos, ninguno le transmitía la resonancia que sentía al estar con Yuri.

“¿A dónde fuiste tan temprano? Me pareció escuchar que salías de madrugada.”

Le preguntó Yuri al ver que vestía ropa deportiva. Chariot, que lo estaba mirando extasiado, volvió en sí y se acercó a Berry, que seguía montado encima de Yuri.

“¿A eso de las seis? Como Berry se despertó temprano, fuimos corriendo hasta Stanley Park. ¡Ya hace bastante frío ahí fuera! Tendrás que abrigarte bien, Wolfie.”

“A juzgar por tu ropa, diría que el que va bastante desabrigado eres tú.”

Como su temperatura corporal solía ser alta de por sí, salía a correr vistiendo únicamente camiseta y pantalones cortos. Al comprobar su propia indumentaria, Chariot esbozó una sonrisa picara y replicó:

“Yo tengo calefacción incorporada, así que no hay problema. Ya lo verás en invierno. Estar a mi lado te mantendrá caliente vayas donde vayas.”

Al oírle decir que se pegaría a él todo el tiempo, Yuri esbozó una sonrisa tenue.

“Eso espero.”

Yuri siempre respondía con total seriedad a semejantes tonterías. Incapaz de contener la avalancha de emociones que se agolpaba en su pecho, Chariot apartó a zarandazos a Berry para quitarlo de encima de Yuri y ocupó su lugar. Al dejarse caer sobre él para abrazarlo con fuerza, escuchó una risa ahogada que resonaba baja en su garganta.

“Pesas, Charry.”

“¿Y Berry no pesa?”

“Berry también pesa. Y cada día que pasa se nota más.”

“Como es macho, es probable que aumente al menos otras diez libras.”

“Mmm.”

Sosteniendo las mejillas de Yuri mientras este asentía con la cabeza, Chariot comenzó a dejarle besos por todas partes: en la frente, en los labios, en las mejillas. Yuri se dejaba hacer con pasividad mientras aquellos labios blanditos picoteaban su rostro como un pájaro, y extendiendo la mano, le devolvió la caricia alborotándole el cabello a Chariot tal como solía hacerlo con Berry.

“Vaya, tengo el pelo mojado. Está sucio, no deberías tocarlo.”

Recordando de repente que había sudado mucho, Chariot apartó la cabeza hacia atrás para evitar el contacto. Yuri respondió con absoluta tranquilidad:

“No me importa.”

¿Cómo se las apañaba Yuri para encontrar siempre la respuesta perfecta? Aquella contestación tan entrañable, que le hizo cosquillas en lo más hondo de las costillas, hizo que Chariot hundiera el rostro por completo contra su pecho. Al apoyar la oreja contra su tórax, que subía y bajaba de forma rítmica, pudo escuchar el débil latido del corazón de Yuri. Era la prueba inequívoca de que estaba vivo y sano.

“A mí tampoco me importa que tú estés cubierto de sudor, Yuri.”

Con la oreja pegada a aquel pecho que se movía con regularidad, Chariot inhaló con fuerza el aroma a feromonas que desprendía Yuri tras haberse despertado. Al ver que, a pesar de haberle pedido que no le tocara el pelo, Yuri extendía la mano para acariciarle la oreja, la sensación de bienestar fue en aumento. Pero en el instante en que los dedos de Yuri rozaron con suavidad el interior del cartílago, Chariot abrió los ojos de par en par.

“No puedo seguir así. Voy a darme una ducha.”

Maldición. Por poco se le pone erecto.

De repente, aquella caricia se había sentido tan deliciosa que le provocó una sensación lasciva. Levantándose a toda prisa, Chariot salió disparado de la cama mientras Yuri lo observaba desconcertado antes de pronunciar:

“De acuerdo. Entonces yo... iré preparando el desayuno.”

Desde que había regresado a Vancouver y comenzado a frecuentar la casa de Chariot, Yuri se había puesto a cocinar junto a él, y ahora ya era capaz de preparar algunas cosas de forma medianamente decente. Aunque la variedad no era muy amplia. Sándwiches, tortitas y aquella cazuela que habían hecho juntos por primera vez seguían siendo lo único que dominaba.

“Gracias, Yuri. Te lo dejo a ti.”

“Sí.”

Antes de quedarse mirando a Yuri un segundo más y terminar con una erección incontrolable, Chariot huyó de la cama a toda prisa y se metió directo en el cuarto de baño contiguo. Apenas cerró la puerta, comenzó a despojarse de la ropa superior y se metió bajo el chorro de agua fría que abrió al máximo. Al inclinar la cabeza mientras el agua helada le empapaba la coronilla, pudo ver su pene viril semierguido.

Aquel pene grueso y de gran tamaño había vagado sin rumbo por todas partes sin saber siquiera qué era lo que quería, pero ahora, aquel magnífico objeto solo deseaba penetrar en un único lugar. El interior de Yuri.

Ah, maldición. Tengo tantas ganas de hacerlo...

Aunque el agua que empapaba su cuerpo estaba fría, el aliento que exhalaba con los labios entreabiertos quemaba a causa de la excitación. Envolviendo su pene con su mano grande, Chariot comenzó a frotar aquella masa pesada de carne de arriba abajo.

Lo hacía a escondidas cada mañana, cada noche, cada vez que entraba a ducharse, pero sus deseos no disminuían. Fuu, exhaló un suspiro profundo mientras manejaba su pene con destreza y ritmo. Lo apretaba y frotaba provocando una sensación de opresión mientras rozaba ligeramente el glande. Con las venas de los antebrazos marcadas a causa de la tensión, apretó los dientes apoyando la frente contra el cristal de la ducha.

“Ah, fuu..., ugh...”

El ritmo de sus movimientos se iba acelerando cada vez más, pero una vez que alcanzaba ese nivel de excitación, le era imposible eyacular sin pensar en Yuri. Se sentía un poco canalla al imaginarse violando en su mente a un Yuri que no sabía nada de aquello, pero, por otro lado, tampoco podía permitirse tocar a alguien que apenas se estaba curando, y menos aún a un hombre que se recuperaba de una herida de bala.

Quiero meterme dentro. Quiero agarrar con las manos esas nalgas firmes y levantadas para abrirlas, y hacerme paso a empujones por ese hueco rosado que jamás le ha permitido tocar a nadie más que a Chariot Goodnight.

Recordando la noche en Big Fox, Chariot cerró los ojos con fuerza. Al rememorar el momento en que lo había tumbado en la cama para abrirle las nalgas, la sensación que solía seguir a continuación acudió a su mente de forma natural.

Tras introducir los dedos entre aquellos apretados pliegues rosados para separarlos con delicadeza, y deslizar lentamente el glande utilizando como lubricante el semen que ya había dejado desparramado en abundancia dentro de Yuri… el estrecho interior se oponía con fuerza para expulsar el pene, hasta que de pronto se abría de par en par. En el instante en que hundía su pene profundamente en su interior de manera deslizante, las cálidas paredes internas se aferraban a él, y al comenzar a moverse de adelante hacia atrás por aquel suave pasaje, Yuri soltaba un gemido bajo.

“Charry, ah…”

Aunque en aquella ocasión no había pronunciado su nombre de esa forma, de tanto imaginárselo, con el tiempo su memoria había acabado por embellecer el recuerdo a su favor. Siguiendo a Yuri, quien exhalaba un suspiro profundo mientras murmuraba su apodo, el orificio de este también contraía con fuerza el pene de Chariot. Aunque el propio Yuri no lo supiera, su cuerpo ya se había habituado tanto a Chariot que repetía el ciclo de contraerse y relajarse cada vez que el pene entraba y salía.

Y entonces… ah, si le presionaba justo ahí en la profundidad, emitía un sonido tan hermoso.

Chariot movió la mano con la que se frotaba el pene para recordar exactamente a qué profundidad se encontraba el punto que volvía loco a Yuri. Si lo enterraba hasta la raíz, le rozaba el colon, pero si presionaba firmemente la pared abdominal justo aquí, en este preciso punto intermedio… exacto. Era aquí.

Al introducir la mitad del pene y presionar con firmeza el glande hacia la zona del bajo vientre una y otra vez, la voz de Yuri cambiaba por completo. Mmm, ah, ugh, uck, siguiendo el compás de sus gemidos cada vez más elevados, el interior de Yuri se volvía también cada vez más caliente, y al raspar aquella zona mientras embestía el interior, las paredes internas temblaban con violencia, estrechándose con tanta fuerza que parecía como si quisieran trozar el pene de Chariot.

“Mmm, ugh, ah, Charry, más, más adentro, profundo, pene…”

Recordando aquellas palabras que Yuri nunca había llegado a decir en realidad, Chariot continuó devanándose los sesos con fantasías cargadas de erotismo. Al retirar el pene con suavidad hacia atrás, la carne roja e interior se quedaba adherida al pene persiguiéndolo, y al embestir con fiereza hacia dentro sin llegar a sacarlo por completo, Yuri contraía con fuerza los muslos y levantaba las caderas.

“¡Mmm, ah, ah!”

Aquel tono grave y calmado que solía tener adquiría ahora una tentadora temperatura y se elevaba a causa de Chariot. Cada vez que lo embestía con fuerza, profundizando hasta las inmediaciones del colon, Yuri echaba la cabeza hacia atrás mientras contraía las nalgas. Sus gemidos, cada vez más audibles y lascivos, brotaban sin tregua hasta el punto de quebrarle ligeramente la voz. Se volvía loco con los gemidos obscenos de Yuri resonando en sus oídos, enloquecía por la forma en que su orificio lo apretaba con elasticidad allá abajo, y obtenía una inmensa satisfacción al acariciar las pequeñas y firmes nalgas de Yuri con las manos.

Y entonces… en el instante en que le clavaba el pene de lleno en aquel colon al que parecía a punto de abrirle paso desde hacía rato, el gemido de Yuri se elevaba de forma aguda.

“¡Ugh, ah, mmm…!”

Maldición. Qué cosa más obscena. Como le abría el paso hasta el fondo, sentía tanto placer que solía correrse en el acto. Arqueaba la espalda por completo, tensaba las piernas con rigidez y, apretando mi pene con fuerza, se negaba a soltarlo.

Profundamente estimulado tras presenciar el clímax de Yuri, Chariot continuó hurgando en su interior mientras este se venía. Debido a las rápidas estocadas de entrada y salida, Yuri intentaba incorporarse apoyándose en la cama mientras suplicaba entre sollozos: “Basta, basta”.

Al oprimir sus hombros para impedir que escapara y embestir el pene desde arriba como si estuviera machacando, Yuri abrió los labios mientras su cuerpo entero se estremecía con violencia. Sus ojos azules, teñidos de un rubor encendido, se abrieron de par en par, y su interior, vuelto sumamente sensible, contraía el pene con un calor capaz de fundirlo. Disfrutando al contemplar a un Yuri que alcanzaba un nuevo clímax sin necesidad de eyacular él mismo, Chariot también se derramó.

“¡Ah, ugh…!”

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Al mismo tiempo que terminaba su fantasía, un líquido resbaladizo manchó las yemas de los dedos de Chariot. Aunque tal vez Yuri no lo recordara, cerca del final de su periodo de celo, Yuri también se había corrido únicamente mediante el método del orgasmo seco. Recordando con éxtasis aquel rostro apuesto que se mostraba confundido al no comprender qué era lo que estaba sintiendo, Chariot exhaló un suspiro agitado. El semen diluido resbalaba por sus dedos y caía gota a gota al suelo de la cabina de ducha, mezclándose con el agua.

Tras permanecer con la frente apoyada un momento, sumergido en los residuos del orgasmo, Chariot levantó la cabeza soltando un gemido quejumbroso. Cerró los ojos con fuerza y se arrojó agua fría en la cara, pero la excitación seguía sin disiparse por completo y permanecía acumulada en su bajo vientre.

Tenía la cabeza repleta de un Yuri sumamente erótico. Cada vez que escuchaba la voz grave de Yuri, le venía a la mente aquel gemido agudo que contrastaba por completo con ella, y cuando lo tocaba con una sonrisa perezosa, recordaba cómo le arañaba los hombros y se aferraba a él.

Quiero hacerlo.

Realmente, tengo unas ganas inmensas de hacerlo.

Sin embargo, Chariot no se atrevía a pronunciar tales palabras por propia iniciativa. Ni siquiera le era posible deslizar disimuladamente la mano por su cintura para acariciarle las nalgas. Todo se debía a las palabras que Yuri le había dicho antes de llegar a Vancouver.

Durante aproximadamente una semana después de empezar a salir, Yuri lograba poner a Chariot en aprietos cada vez que se besaban. Aquel hombre mayor, a quien todavía le costaba besar con soltura, solía soltar un gemido electrizante cada vez que Chariot le rozaba el paladar, y al escuchar cómo su voz se elevaba ligeramente, Chariot terminaba erecto allá abajo.

Y, por supuesto, Yuri, que se besaba con él pegado cuerpo a cuerpo, se percataba de aquel cambio sin dificultad. Para ambos la excitación era mutua, por lo que, dando por hecho que al estar excitados lo natural era continuar, Yuri introducía las manos bajo la ropa de Chariot. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces tuvo que detener las manos que intentaban bajarle los pantalones.

En momentos así, Chariot se encontraba literalmente al borde de la locura. Como apenas había transcurrido un mes desde que Yuri yaciera inconsciente, su sentido de la moral y la razón hacían sonar alarmas advirtiéndole que jamás debía tocar a Yuri.

Aunque Yuri solía asegurar que ya estaba completamente curado, su condición física no había regresado todavía al estado de antes, y era evidente que su masa muscular había disminuido un poco. Con la pérdida de peso, la complexión de Yuri lucía mucho más esbelta que en el pasado, proyectando una fragilidad tal que a Chariot a veces le asaltaba la falsa impresión de que sus huesos se romperían si aplicaba tan solo un poco de fuerza.

Y dado que el propio Yuri solía restarle importancia a sus heridas, Chariot no terminaba de creerse del todo sus afirmaciones de que se encontraba bien. Puesto que en el hospital, antes de marchar de Boston, le habían advertido que recuperar por completo su resistencia física le llevaría como mínimo varios meses, Chariot se había propuesto mantener el celibato hasta el uno de enero.

Con esa firme intención en mente, cada vez que rechazaba las provocaciones y caricias de Yuri, el día antes de partir hacia Vancouver, Yuri retiró las manos y le preguntó:

“¿De verdad no piensas hacerlo hasta que mi cuerpo se recupere por completo?”

Sinceramente, en el preciso instante en que escuchó aquella pregunta estuvo a punto de venirse abajo, pero Chariot se contuvo.

“Hablo en serio. El sexo entre alfas exige muchísima energía física. Wolfie, tú todavía no estás en condiciones para eso.”

“¿Cuándo se supone que estarás tranquilo al respecto?”

Aunque su rostro inexpresivo impedía saber con exactitud qué sentía Yuri, Chariot intuyó de inmediato que este se encontraba bastante contrariado. La razón era que las feromonas de Yuri, habitualmente frescas como una brisa, se habían vuelto notablemente más densas. Al ver que su amado mayor —quien solía concederle absolutamente todo lo que le pedía— había recuperado aquella actitud distante y helada similar a la de cuando se conocieron, Chariot adoptó una expresión ligeramente intimidada, lo que hizo que Yuri suspirara.

“Muy bien, que así sea entonces. Dejaremos de hacerlo hasta que me recupere.”

“Bien, entonces quedamos en eso. No lo haremos hasta que me recupere.”

Lo que Chariot tanto había deseado se había cumplido, pero ahora que Yuri mismo era quien proponía no hacerlo, una fuerte sensación de frustración lo invadió. Con cautela, Chariot le había preguntado:

“¿Y cuándo será eso?”

Al final, Chariot terminó haciéndole a Yuri la misma pregunta que este le había lanzado antes. Yuri lo había observado en silencio con sus tranquilos ojos azules. Chariot, que esperaba su respuesta con el cuerpo completamente tenso, sufrió una gran decepción con lo que vino a continuación.

“¿No dijeron en el hospital que tendría que esforzarme unos meses más para recuperar mi condición física? Si es así, será el año que viene. Aunque creo que tú pensabas lo mismo.”

Yuri conocía demasiado bien a Chariot. Como en realidad ya estaba ideando un plan para pedirle que lo dejara hacer el amor con él como regalo de Año Nuevo, no pudo decir nada y se limitó a asentir con la cabeza.

“Hasta entonces, yo también tendré cuidado.”

Tras decir eso, Yuri dejó de poner a prueba a Chariot. Aunque se besaban todos los días, antes de que la intensidad fuera excesiva, Yuri apartaba los labios con disimulo. Cuanto más entrelazaban sus lenguas, más se excitaban, por lo que las tres semanas transcurridas desde su regreso a Vancouver las habían vivido como una pareja sumamente casta.

Al menos, eso era lo que parecía desde el exterior.

Sin embargo, desde su regreso, Chariot se había dedicado a masturbarse sin parar todos los días, martirizando sus brazos y sus manos. Tener a Yuri al lado y no poder tocarlo requería un nivel de paciencia muy superior a lo imaginable.

A diferencia de Boston, donde dormían en habitaciones separadas, en Vancouver los dos compartían la misma cama. Cuando intentaba conciliar el sueño con Yuri acostado sobre su sólida cama tamaño king, cualquier mínimo estímulo —desde el sonido de su respiración hasta el crujido de las sábanas cada vez que se movía levemente— lo ponía al límite.

Por si fuera poco, las situaciones de peligro acechaban en cada rincón de la rutina diaria para asaltar a Chariot. Como Yuri apenas compraba ropa, de vez en cuando le pedía prestados los pijamas o las camisetas a Chariot, y cada vez que lo veía puesto su ropa, le venía a la memoria aquella mañana en Big Fox y le costaba un mundo mirarlo directamente a los ojos.

Aquel día, Yuri solo llevaba puesta una camiseta suya y nada más por debajo. Yuri, dejando escapar por la parte interna de sus muslos el semen que Chariot le había dejado dentro. Yuri, con cada rincón de su cuerpo, hasta la punta de los dedos, completamente teñido por sus marcas…

Quiero devorarlo de un solo bocado y tragármelo. Mordisquearle los lóbulos de las orejas y dejarle todo el pálido cuerpo lleno de marcas de besos. Cuando acerco los labios a su espalda, marcada por una gran cicatriz, me mira con esos ojos que parecen pedirme que continúe a pesar de la vergüenza, y dan ganas de metérselo viéndolo así.

Habría sido mucho mejor no haberlo hecho nunca.

Si no hubiera sabido cómo era el cuerpo desnudo de Yuri, cuán obscena era su voz oculta, cómo se contraía su interior y hasta qué punto llegaba a quemar, probablemente solo habría sentido expectativas.

Pero debido al historial de haberse pasado cerca de tres días retozando en la cama devorándolo de la cabeza a los pies, el deseo de Chariot no hacía más que crecer como una bola de fuego.

“Tengo tantas ganas de hacerlo…”

Murmurando con la mirada medio perdida, Chariot logró recuperar la compostura a duras penas y comenzó a ducharse. Se enjabonó generosamente para quitarse el olor a sudor y lavó a conciencia el suelo por si acaso hubiera quedado algún rastro de semen. Justo cuando salía por fin después de alargar una ducha de quince minutos a casi cuarenta, se encontró de frente con Yuri, que estaba de pie junto a la puerta del baño, y dio un respingo de puro susto.

“¡Qué susto, Wolfie!”

¿Desde cuándo estaba ahí? ¿Habrá escuchado los ruidos de cuando me estaba masturbando? Si es así, me moriría de la vergüenza. No tiene nada de genial. Si llega a descubrir que me estoy masturbaron porque no aguantaba las ganas, pensará que carezco por completo de autocontrol.

Chariot se sintió tan desconcertado como un muchacho atrapado cometiendo una fechoría. Reaccionando de forma exagerada con una mirada que delataba culpabilidad por donde se la mirara, Yuri arqueó una ceja.

“Ya sé que a Wolfie se le da muy bien infiltrarse, pero lo de hace un momento ha sido tremendo. Casi se me cae el corazón y ahora mismo debe estar rodando por el suelo. ¿Qué haríamos si Berry se piensa que es un juguete y se lo lleva mordiendo?”

Sintiéndose abrumado por aquella mirada fija que lo examinaba en silencio, Chariot soltó lo primero que se le vino a la cabeza. Al escuchar sus tonterías, Yuri separó lentamente los labios.

“Te has tardado mucho en la ducha.”

“Ah, ¿te refieres a eso? Como he corrido un montón hoy y olía a sudor, supongo que por eso me ha costado más tiempo lavarme.”

Yuri emitió un «mjm» con doble sentido.

“¿Más que cuando regresas de un partido?”

El tiempo medio de ducha de Chariot tras terminar un partido cubierto de sudor era de veinte minutos. Al recordar ese detalle, Chariot desvió la mirada y cambió de tema de inmediato.

“¿Está listo el desayuno, Wolfie? Como he corrido tanto, tengo un hambre voraz. Y Berry también tiene que comer.”

“Berry ya ha comido.”

En momentos así, el rostro impenetrable de Yuri resulta un poco frustrante. A juzgar por la mención al tiempo de la ducha, parecía saber algo, pero como su expresión no delataba absolutamente nada, era imposible adivinar lo que pensaba. Puede que hoy me haya pillado. Pero no sabrá lo que he estado haciendo durante las últimas tres semanas, ¿o sí...?

“Te vas a resfriar, así que sécate bien y ven. Te lo tendré servido.”

Por suerte, en lugar de seguir interrogándolo sobre el tiempo que pasó en la ducha y meterlo en más aprietos, Yuri se limitó a mostrarle una amable preocupación antes de retirarse. Exhalando un suspiro de alivio, Chariot se secó a toda prisa y se cambió de ropa.

Al salir de la habitación principal, un reconfortante olor a tortitas inundaba el pasillo. Hoy toca tortitas. Parece que Yuri ya ha aprendido a preparar este tipo de platos.

El aroma de la comida despertó un apetito voraz en su estómago. Dirigiéndose a la cocina a toda prisa, vio una auténtica montaña de tortitas servida sobre la isla de la cocina. Teniendo en cuenta que Chariot era de un apetito voraz y solía comerse varias porciones, aun así aquello parecía más abundante de lo habitual.

Al acercarse a mirar con detalle, notó que aquello era algo distinto a las tortitas que solían comer. Eran un poco más finas, y al lado del plato no había la fruta de costumbre, sino salmón ahumado y crema agria.

“Wolfie, ¿qué es esto?”

“Blinis.”

Tras dejarle un plato vacío, un tenedor y un cuchillo delante, Yuri le explicó con total tranquilidad:

“Son tortitas de estilo ruso. Pensé que te gustaría probarlas.”

“¡Vaya, gracias!”

Quién diría que Yuri, que apenas intentaba calentar beicon en el microondas, avanzaría tanto. Al ver que se había tomado la molestia de prepararle semejante plato, Chariot sintió un amor tan sincero y tierno hacia él que, en cuanto se sentó a su lado, estiró ambos brazos para envolverlo en un fuerte abrazo. Yuri, que se dejó manejar el torso con total docilidad, soltó una risita ahogada.

“Ya se han enfriado un poco. Cómelas antes de que se enfríen más.”

“Sí, Wolfie. Buen provecho para mí. Tienen una pinta increíble. Desayunar lo que ha preparado Yuri por la mañana me convierte en el tipo más afortunado del mundo. Seguro que con esto gano el partido de hoy.”

A decir verdad, antes de regresar a Vancouver, Chariot se había planteado retrasar su reaparición un mes entero porque sentía que todavía no estaba listo. Y no era para menos, ya que durante el mes que Yuri pasó inconsciente, Chariot se había saltado todos los entrenamientos.

Había retomado las sesiones de entrenamiento en cuanto Yuri comenzó con su rehabilitación, pero al tener que compaginarlo con las demandas judiciales y la colaboración con la policía, su volumen de ejercicio había sido marcadamente inferior al habitual.

Había estado dándole vueltas durante varios días preguntándose si no sería mejor recuperar el tono físico por completo antes de modificar las alineaciones del equipo, pero con solo mirar a Yuri le invadía una vaga sensación de que todo saldría bien, así que terminó pidiendo al club que actualizaran la alineación. Y su decisión había sido la acertada. Últimamente se encontraba en un estado de forma fantástico.

Tras desatar una retahíla de elogios con gran entusiasmo, Chariot estiró el tenedor para probar el plato. Al pinchar uno de los blinis apilados, la textura se sintió más fina y elástica que la de una tortita común. Cuando cogió tres de golpe para ponerlas en su plato, Yuri le acercó el plato de salmón ahumado y la crema agria.

“Se come poniéndolo encima, ¿verdad?”

“Exacto.”

“Comer así hace que uno se sienta como millonario.”

Aquel montón de tortitas apiladas como una montaña ofrecía una gran satisfacción visual. Al escuchar su inocente comentario, Yuri esbozó una leve sonrisa antes de servirse su propia porción en el plato.

“Si quisieras, podría hacer que tortitas como estas llenaran por completo la superficie de la mesa.”

“Pero no habrían sido hechas por Wolfie.”

Tras llevarse a la boca un trozo de salmón ahumado para probarlo y dejar escapar un gemido de satisfacción, Chariot dio inicio formal al desayuno. Siguiendo el método de Yuri, derritió mantequilla en el centro, extendió la crema agria por todas partes y colocó el salmón ahumado encima al gusto.

Al cortarlo en un tamaño adecuado y llevárselo a la boca, la textura elástica de la tortita y el sabor salado del salmón se fusionaron en perfecta armonía. Aunque las tortitas acompañadas de fruta estaban ricas, aquel plato tenía un aire de desayuno contundente que le encantaba.

Yuri se quedó observándolo comer durante unos minutos y, al comprobar que Chariot no hacía ninguna queja, se tranquilizó y comenzó a comer él también.

El desayuno transcurrió en silencio. A Yuri no le gustaba hablar mientras comía, y Chariot prefería saciar primero el apetito antes de abrir la boca.

Una vez calmada la urgencia del hambre, Chariot recuperó un poco la tranquilidad. Mientras cortaba un trozo de blini y se lo llevaba a la boca, se dedicó a espiar descaradamente a Yuri y se sirvió una segunda porción de tortitas. Al contemplar el esbelto cuello de Yuri y el movimiento de su marcada nuez mientras masticaba y tragaba la comida, Chariot pensó para sus adentros que hasta la forma de comer de su amado era apuesto y rebosaba sensualidad.

Además, su torpeza con la cocina le resultaba sumamente adorable.

A las tortitas les faltaba un punto de cocción en el centro. Algunas estaban un poco más tostadas que otras, y el grosor variaba por completo de una a otra. Sin embargo, como aquella falta de uniformidad en la textura y la forma parecía formar parte del propio estilo culinario de Yuri, Chariot continuó comiendo con absoluta satisfacción.

Ambos terminaron con todas las tortitas. Al contrario de lo que habían temido al ver el plato tan lleno, gracias al toque salado y acidito, las tortitas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Yuri miraba con ternura a Chariot, quien tenía una expresión de satisfacción muy parecida a la de Berry tras terminar de comer.

Después de recoger juntos la mesa, ambos salieron a la terraza con sendas tazas de té. Mientras contemplaban a lo lejos la bahía False Creek, daban pequeños sorbos a su té negro mezclado con mermelada.

Contemplando con afecto al hombre que se sentaba en silencio a su lado mirando hacia el mismo horizonte, Chariot comenzó a planear en su mente qué clase de cita tendría con Yuri en cuanto regresara de entrenar.

* * *

[¿Wolfie, estás fuera?]

El teléfono de Yuri, que había salido a la calle debido a la repentina llamada de Alexéi, vibró levemente. Su teléfono, que solía no sonar nunca, había empezado a sonar todos los días desde que comenzó a salir con Chariot.

Debido al hábito de revisar el teléfono raras veces, al principio Yuri solía ver los mensajes de Chariot tarde, pero ahora, acostumbrado a esperar sus mensajes, consultaba el celular con frecuencia. Siguiendo este nuevo hábito, Yuri sacó el teléfono y descubrió un mensaje que Chariot le había mandado justo en ese momento. Había llegado hacía cinco minutos.

[Sí. ¿Por qué?]

Para seguir el ritmo de Chariot, a Yuri no le quedaba más remedio que responder con frases cortas. Como prefería las llamadas, no estaba acostumbrado a escribir, y como tenía las manos grandes mientras la pantalla del teléfono era pequeña, solía cometer erratas a menudo. En cambio, Chariot, a pesar de tener las manos igual de grandes, escribía a una velocidad tremenda. Mientras Yuri apenas terminaba de escribir un «Sí», Chariot ya era capaz de redactar un mensaje largo en un abrir y cerrar de ojos.

[¡Pensé que no tenías planes para cenar!]

Unos emoticonos que se derretían como fantasmas llegaron uno tras otro. Preguntándose de dónde sacaba esas cosas tan adorables para usarlas, esbozó una leve sonrisa y redactó su respuesta con calma.

[Surgieron.]

[¿Cuándo?]

Hace diez minutos. Alyosha vino por los alrededores y vine a verlo.

Mientras Yuri redactaba su mensaje con cuidado, los puntos suspensivos que indican que se está escribiendo un mensaje parpadeaban sin cesar en la ventana de chat. Al parecer incapaz de esperar varios minutos, Chariot lo llamó por teléfono a mitad de la redacción. Yuri contestó a la llamada de Chariot pensando que era un alivio.

“Hola.”

-Hola, Wolfie. ¡Te extrañaba!

Al escuchar a Chariot lanzarle un «te extrañaba» de inmediato, el rostro inexpresivo de Yuri se relajó sutilmente. Bajando las comisuras de los labios con suavidad, le devolvió la respuesta:

“Yo también. ¿Ya terminaron los entrenamientos?”

-Sí, terminaron y venía de camino a casa.

“Pero, ¿cómo sabías que había salido?”

Fue una pregunta formulada sin ninguna intención en particular, pero Chariot se quedó en silencio. Pensando que se había cortado la llamada, bajó la vista hacia el teléfono y, tras comprobar que la llamada seguía activa, llamó a Chariot:

“¿Chariot?”

-No, es que...

No parecía el tipo de persona que le pondría un rastreador o algo parecido. Yuri echó un vistazo de reojo al cuello de su chaqueta y, para tranquilizar a su asustado amado, le dio la respuesta por él:

“¿Revisaste el estado de cuenta de la tarjeta?”

Probablemente, el método más razonable con el que Chariot podría comprobar si había salido o no era el registro de uso de su tarjeta de crédito. Tras recibir la llamada de Alexéi diciéndole que se había acercado al centro y que si podían verse un momento, Yuri se había pasado por una tienda de conveniencia cercana para comprar tabaco. Como solían fumar juntos cada vez que se veían con Alexéi, al pensar de forma natural en que iba a encontrarse con él, le vinieron ganas de fumar.

Desde que andaba con Chariot, Yuri llevaba varios meses haciendo un involuntario ayuno de tabaco. Aunque solía fumar con frecuencia, por consideración hacia Chariot —que era deportista—, ni siquiera había vuelto a probar el cigarro desde la época en que ejercía como su guardaespaldas. Quizás por haber estado dándole vueltas a ese pensamiento, aunque no se le había antojado demasiado mientras estaban juntos, tras tanto tiempo de repente le picó el gusanillo.

Tras encender un cigarro en la zona de fumadores frente a la cafetería donde había quedado con Alexéi, aspiró el humo con calma. El humo áspero penetró en lo más hondo de sus pulmones dejando un sabor picante. Quizás por ser la primera vez en mucho tiempo, tenía la boca pastosa y la sensación le desagradaba.

-Saltó una notificación y lo vi sin querer. Jamás lo revisaría a propósito, te lo juro. El novio de Wolfie no es un acosador de ese estilo. De verdad.

Eso significa que lo revisaba periódicamente. Yuri sonrió sin emitir sonido alguno y sacudió la ceniza del cigarro. Por más que retuvo el humo un par de veces más, aquella sensación de quedarse prendado en la boca no regresaba como antes.

Convivir con él le había permitido descubrir algo: Chariot no tenía ninguna habilidad para decir pequeñas mentiras. Ocultar cosas y mentir eran dos cosas distintas, y en el caso de Chariot, aunque a menudo era capaz de ocultar sus emociones, le era imposible mentir. Cada vez que se le notaba tanto como ahora, lo único que podía pensar era en lo adorable que resultaba.

Como aquella mañana cuando se estaba duchando, ¿verdad?

Aquel chico que normalmente terminaba de ducharse en quince minutos, de un momento a otro había empezado a encerrarse durante media hora sin salir. Había empezado a hacerlo exactamente desde su llegada a Vancouver, y aunque al principio Yuri lo había dejado pasar sin prestarle atención, al ver que el tiempo de ducha se prolongaba de forma constante, se convenció de algo.

Tiene tantas ganas de hacerlo que se masturba solo todos los días, pero bien que se pone terco.

Los pequeños gemidos que se alcanzaban a escuchar cuando se acercaba demasiado le daban pistas muy directas, pero cada vez que Chariot se escurría inventando la excusa de ir a ducharse, sus feromonas despedían invariablemente un aroma rebosante de excitación. Habiendo experimentado de primera mano su periodo de celo, Yuri ya era capaz de reconocer qué clase de feromonas desprendía cuando se excitaba.

Desde que le había escuchado varias veces masturbarse mientras pronunciaba su nombre, al propio Yuri también le entraban ansias. Cada vez que Chariot salía a entrenar y se duchaba a solas, Yuri también se tocaba el pene por su cuenta. Al recordar las feromonas de Chariot, tan densas que casi le faltaba el aire, y aquel cuerpo que lo oprimía con fuerza, el bajo vientre le temblaba con un cosquilleo y le resultaba facilísimo excitarse.

En ocasiones, movido por el deseo de volver a sentir aquella sensación de cuando Chariot le hurgaba por detrás, se introducía un dedo en el orificio. Aunque aquella actitud le resultaba de lo más extraña a sí mismo, pensando que de todos modos nadie lo estaba viendo, Yuri empujaba su dedo corazón hacia el interior reseco e intentaba dar con aquel punto exacto que Chariot solía machacar. No obtuvo ningún resultado. No lograba sentir ningún placer especial. En su lugar, lo único que se acumulaba era una sensación de carencia.

Aunque el esfuerzo que hacía por contenerse en señal de respeto hacia él era verdaderamente encomiable, Yuri empezaba a tener ganas de poner fin de una vez por todas a aquella absurda vida de abstinencia. Para volver a trenzarse a golpes y forcejeos como en los viejos tiempos seguramente harían falta varios meses, o tal vez medio año más, pero Yuri llevaba ya muchísimo tiempo recuperado hasta el punto de que su vida cotidiana no sufría ningún tipo de interferencia. El cuerpo de Yuri gozaba de una gran capacidad de recuperación. Aunque lo había machacado durante tanto tiempo hasta dejarlo hecho jirones, si seguía con vida era precisamente gracias a esa innata capacidad de regeneración.

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Por lo tanto, dejarse penetrar por Chariot era algo que estaba más que dispuesto a hacer. Aunque le supusiera un poco de esfuerzo, como era algo que deseaba hacer por propia voluntad, seguro que lo disfrutaría; sin embargo, aquella tremenda experiencia con las heridas de bala había convertido a Chariot en un auténtico cobarde en todo lo relacionado con su persona. Por esa razón, esta vez sería el propio Yuri quien tomaría la iniciativa. Pese a lo que dijera Chariot, pensaba abalanzarse sobre él en cuanto viera la oportunidad.

-¿Wolfie? ¿Por qué no respondes?

Su joven amado, que intentaba zafarse con una mentira tan evidente que cantaba a la legua, lo volvió a llamar. Yuri, que rememoraba las torpes excusas de su amado, regresó de golpe a la realidad.

“Es que estaba fumando un cigarro.”

-…¿Un cigarro? Yuri, ¿tú también fumas? ¡Jamás te había visto fumar!

“Porque delante de ti nunca lo he hecho. Hace mal para la salud.”

Y a juzgar por las cosas, parecía muy poco probable que tuviera que volver a hacerlo en el futuro. El logotipo de la marca impreso en la cajetilla de cartón correspondía sin duda a la misma marca que solía fumar habitualmente, pero el sabor no era el de antes. Lo único que conseguía era impregnar de olor sus dedos y su ropa sin aportarle la menor sensación de alivio o tranquilidad. Aunque el tabaco había sido un hábito constante desde su adolescencia, la dependencia se desprendió de él mucho más fácilmente de lo esperado. Tampoco es que sintiera un deseo irrefrenable. Simplemente, de repente le entró unas ganas locas de ver a Chariot.

Haber invitado a Alyosha a casa no habría sido mala idea.

Así habría tenido la oportunidad de presentarle a Berry.

Como Chariot estaba entrenando y no quería interrumpirlo, había salido a la calle, pero si hubiera sabido que este iba a llegar tan pronto, le habría convenido mil veces más verlo directamente en casa.

-Yo no sabía... que Wolfie fumaba.

“Lo voy a dejar. Si es por la salud, no te preocupes.”

-Claro que me preocupa muchísimo la salud... pero lo que me fastidia es no haber sabido que fumabas.

“¿Por qué?”

-Porque nunca te he visto fumar. Seguro que te ves increíblemente sexy.

Había escuchado que vicios como el alcohol o el tabaco podían llegar a ser motivo de conflicto incluso en parejas que acababan de empezar a salir. Al principio pensó que se había alarmado por ese motivo, pero ahora veía que lo decía con segundas intenciones. Aunque pensó que a su novio le daba por querer verle en cualquier situación extraña, Yuri estaba dispuesto a fumarse un cigarro de mala calidad una vez más solo por complacer a Chariot.

“Fumaré uno por última vez si tanto lo deseas.”

-¿De verdad? ¿Harías eso por mí?

“No tiene nada de difícil.”

Aceptando con total docilidad la petición de Chariot, Yuri le formuló la pregunta que le rondaba por la cabeza:

“Pero dime, ¿por qué revisaste el extracto de la tarjeta?”

La tarjeta que Yuri había sacado por error era la tarjeta de crédito que le había dado Chariot. La última vez que fueron a hacer las compras le había dicho que pagara con su tarjeta, y cuando Yuri intentó devolvérsela, terminó obligándolo a quedársela diciéndole que la llevara siempre con él de ahí en adelante.

Como Yuri también tenía su propia tarjeta de débito, no tenía ninguna necesidad de usar la de otra persona. Tras recibirla hacía un par de semanas, la había olvidado por completo hasta que la encontró guardada en su chaqueta. Al meter la mano en el bolsillo sin pensar y sacar el plástico, se quedó un rato mirando fijo el nombre de Chariot Goodnight antes de decidir pagar con ella.

Simplemente porque sí.

Se podría decir que momentos así eran los que le hacían sentir de verdad que Chariot era su novio...

Esa clase de sensación le había invadido y le dio la pretensión de pagar con ella. Tan pronto como realizó el pago, la aplicación debió de enviarle una notificación, porque no tardó más de unos minutos en llamarlo o preguntarle por su paradero mediante un mensaje.

-Me puse tan feliz de que Wolfie por fin me comprara algo con mi tarjeta que lo estuve mirando. Te pedí desde antes que la usaras, pero en tres semanas no la habías usado ni una sola vez.

Hace un momento decía que no era el tipo de novio que revisaba esas cosas, y Chariot, olvidándose por completo de su propia excusa, terminó soltando toda la verdad sin filtros. No sabía si era por pura naturaleza o por su juventud, pero era un muchacho de lo más inocente. Parecía entender cómo funcionaba el mundo, pero al mismo tiempo era tan ingenuo que le daba preocupación; si se cruzaba con alguien como Alexéi, seguro que lo esquilmaban por completo.

Hablando del rey de Roma, Alexéi hizo su aparición justo en ese momento. Al verle vestido con ropa cómoda para moverse, supuso que todavía se encontraba en pleno horario de trabajo. Haciéndole gestos a Yuri desde la cafetería, cruzó hacia el otro lado ignorando el semáforo en rojo del paso de peatones.

“¿Querías que usara tu tarjeta?”

-Sí. Así podría saber qué clase de cosas suele comprar Wolfie por ahí. Creo que me daría tranquilidad ver eso cuando no podamos estar juntos.

Aunque tratándose de un deseo que, dicho por boca de otros, podría sonar algo sospechoso, a Yuri le dio exactamente igual. Es más, si Chariot no tenía reparos en compartir sus movimientos, era algo que incluso le venía bien a Yuri. Como al inocente de Chariot le podía dar por seguir a cualquier extraño que se le acercara fingiendo ser fan, justo había estado pensando en preguntarle qué le parecería instalar una aplicación de rastreo de ubicación mutua entre novios.

Asintiendo con la cabeza, Yuri metió la mano en el bolsillo y frotó la tarjeta. Al acariciar con la punta de los dedos las letras en relieve del plástico, sintió que volvía aquella misma sensación de satisfacción que había experimentado antes en la tienda de conveniencia.

“Entendido.”

Ya le debía demasiados favores a Chariot como para querer cargar con más deudas, pero puesto que era el propio interesado quien lo deseaba, no tenía ninguna razón para negarse.

“De ahora en adelante la usaré de vez en cuando. Charry, ha aparecido Alyosha, así que tengo que colgar. Nos vemos en casa al rato.”

-¿El señor Alexéi?

“Sí. Me llamó Alyosha y salí a verlo.”

Chariot guardó silencio durante unos instantes. No se escuchaba nada más que su respiración entrecortada. Tras un breve lapso de silencio, Chariot volvió a preguntar:

-¿A qué hora vas a volver, Wolfie?

“Volveré en cuanto termine de cenar. Asegúrate de comer tú también. Ya le dejé su comida puesta a Berry, así que con que le des algún premio bastará.”

-……Ya veo. Así que saliste a cenar con el señor Alexéi.

“¿Bueno?”

-No, por nada, Wolfie. Que te diviertas. Como ya estoy en casa, colgaré. Que la pases muy bien.

Se despidió con una voz que había perdido todo el ánimo de golpe y colgó antes que nadie. ¿Qué demonios le pasaba para que aquel chico que hasta hacía unos minutos estaba tan contento se pusiera triste de repente? Mientras Yuri sostenía el teléfono con una expresión de desconcierto, Alexéi, que acababa de llegar a su altura, le preguntó:

“¿Qué cara de amargura traes?”

“Alyosha.”

Yuri le ofreció un cigarro. Alexéi, que se disponía a aceptar la cajetilla con expresión alegre, se lo pensó mejor durante un segundo y se lo devolvió a Yuri.

“Olvídate. Últimamente estoy intentando dejar de fumar.”

“¿Por culpa de Valeri?”

“Sí. En casa ya lo dejé por completo y solo pienso fumar de vez en cuando en el trabajo cuando me sucede algo bien molesto.”

“Se va a poner contento.”

Como Valeri siempre cuidaba de Alexéi con auténtica devoción, con seguridad se pondría feliz al enterarse de la noticia de su abandono del tabaco. Alexéi esbozó una sonrisa de satisfacción y le pasó un brazo por los hombros:

“Pues sí. Le dije que ya no iba a fumar y se le notaba una alegría disimulada de lo más graciosa. Intentó disimularlo, pero se le notaba tanto que enseguida lo descubri.”

Vaya, parece que es un rasgo común entre los jóvenes. Como Valeri tenía una edad similar a la de Chariot, al parecer todavía eran demasiado inexpertos a la hora de ocultar sus emociones.

“Vámonos, Yuri. Ah, ya que hemos salido, también le he dicho a Heather que viniera, ¿te importa? Desde que regresamos de Boston no la hemos visto en absoluto, y creo que lo menos que podemos hacer es darle las gracias en persona.”

Yuri tenía muchas cosas que agradecerle a Heather. De no haber sido por ella, jamás habría dado con el hilo conductor tan importante que buscaba, ni mucho menos habría llegado a conocer a Chariot.

“Está bien. Como aún no le he dado las gracias debidamente, invito yo a cenar.”

“Ni hablar. Ya dije que invitaba yo.”

En circunstancias normales, Yuri habría dejado que Alexéi hiciera lo que le viniera en gana, pero en ese momento seguía dándole vueltas al bajón repentino que le había entrado a Chariot por teléfono. Recordando lo mucho que se había alegrado al enterarse de que iba a usar su tarjeta, pensó que, ya que de todas formas habían salido, pagar la cena con ella tal vez lograra animarle el día.

“Pensándolo bien, como Heather es prácticamente la benefactora de Chariot, lo más lógico es que pague Chariot.”

Aunque es probable que ya le hubiera hecho suficientes compensaciones económicas a Heather, de todas formas...

“Da la casualidad de que llevo encima la tarjeta de ese chico.”

Al sacar la tarjeta del bolsillo y agitarla un poco, Alexéi puso cara de gran interés.

“¿De verdad me dices eso? O sea, que llevas encima la tarjeta de uno de los tipos más ricos de Vancouver. Qué digo, como hace poco heredó el fideicomiso, con toda probabilidad debe ser de los hombres más ricos de Canadá entera.”

Tal y como decía Alexéi, Chariot había heredado un cuantioso fideicomiso antes de dar el salto a Vancouver. Como se había llevado a cabo en riguroso secreto entre los penes de la familia, no había trascendido al exterior. A Alexéi se lo había contado el propio Chariot de primera mano. Al fin y al cabo, el origen de todo aquel encargo había sido Alexéi, y como Chariot era su cliente, con aquella conversación daban por concluida de manera oficial su relación laboral.

De ese modo, Chariot terminó por heredar el legado de su padre. El día que se había presentado ante sus abuelos con la intención de renunciar al fideicomiso, resultó que se estaba gestando una reorganización patrimonial a gran escala en el seno de la familia. Con el único propósito de erradicar por completo hasta la más mínima posibilidad de que un suceso tan nefasto volviera a repetirse y terminara por recaer una herencia sobre Jackson Goodnight o Joseph Goodnight, los abuelos de Chariot habían tomado la determinación de adelantar la asignación de los bienes que a Chariot le correspondía recibir por derecho propio.

En el testamento, también habían modificado las condiciones para que no se le heredara ningún tipo de bien a la descendencia de Joseph o Jackson. Aquella pareja, que casi había muerto a manos de su propio hijo por culpa del dinero, parecía sentir una auténtica repulsión hacia su hijo menor  y estaba decidida a llevar a cabo todos los trámites legales para apartarlo de la familia de forma definitiva.

Gracias a eso, no llegó a suceder que Chariot renunciara a la herencia de su padre. Sin embargo, no por ello desaparecía el hecho de que Chariot hubiera tomado semejante determinación por su cuenta.

……Tratándose de un muchacho que había llegado a tomar una decisión de tal calibre por él, a Yuri también le apetecía concederle todo lo que Chariot deseara. Por el momento, lo único que estaba en sus manos era utilizar su tarjeta tal como se lo había pedido y compartirle en qué andaba y qué hacía.

“No vayas a elegir un sitio demasiado caro.”

“El estándar de caro no debe basarse en ti, sino en el señor Goodnight. No te preocupes que le sacaré provecho moderadamente. Si tanto desconfías de mí, ¿qué te parece si le preguntas a Heather y lo deciden entre los dos?”

“Me parece que por ese lado será más limpio.”

Por suerte, tal y como deseaba Alexéi, Heather no eligió un restaurante excesivamente caro. No obstante, al reunirse los tres para charlar sobre el caso, el tiempo se les vino encima y, entre todas las cosas que Heather terminó pidiendo tras la cena en un bar de cócteles, al final se dio el resultado que Alexéi buscaba.

Cuando terminó de despedir a Alexéi y a Heather, que se subieron juntos a un taxi, se dio cuenta de que se había hecho bastante tarde. Habían salido antes de que el sol se ocultara por completo, pero de pronto todo a su alrededor se encontraba sumido en la penumbra. Al mirar la luna alta en el cielo, Yuri recordó con retraso que no había estado pendiente del teléfono como es debido en todo ese rato. Como todavía le costaba revisar el celular de manera periódica cuando quedaba con alguien, se le había pasado por alto por completo.

Apresurándose a revisar el teléfono, Yuri escaneó las notificaciones con una mirada de desconcierto. Había bastantes más mensajes de los que pensaba.

[Today 17:30 Wolfie, esperaré tranquilamente junto a Berry. Tienes que volver sin tardar demasiado. Foto.]

[Today 18:00 ¿Dónde están cenando?]

[Today 18:55 Así que comieron en Nightingale. Ese lugar es buenísimo. ¡Era un sitio al que también me habría gustado ir con Wolfie... ¡Vamos juntos la próxima vez!]

[Today 21:00 Si sigues sin mirar, me voy a preocupar.]

[Today 21:00 Llámame en cuanto veas esto.]

Desconocía cómo se comunicaban por lo general las parejas normales, pero Yuri comprendió de inmediato que, al menos esta vez, había cometido un error imperdonable. No se imaginaba que Chariot fuera a preocuparse hasta ese extremo. Al fin y al cabo estaban en Vancouver y no en Boston, y como ninguno de los dos acostumbraba a estar tan pendiente del teléfono mientras trabajaba, no sabía cuál era la frecuencia adecuada.

A decir verdad, le importaba poco lo que hicieran los demás. La relación entre Yuri y Chariot era exclusiva de ellos dos, y él quería aprender a compaginarse con las exigencias de Chariot.

Apenas terminó de leer el último mensaje, Yuri le marcó a Chariot. Sin embargo, al contrario de lo que pedía su mensaje pidiendo que lo llamara de inmediato, Chariot no contestó. Mirando la pantalla con expresión apurada, Yuri echó a correr a toda velocidad rumbo a su casa.

* * *

Como no se había alejado demasiado de los alrededores de casa, tardó apenas diez minutos en llegar corriendo hasta el condominio. Sin duda, su condición física había mermado bastante, ya que con apenas ese poco trote le faltaba el aire.

Apenas llegó a casa y abrió la puerta, resonaron las pisadas de Berry. Tac, tac, tac. Corriendo a su encuentro como si lo hubiera estado esperando todo el día, Berry lo miró y lanzó un ladrido:

“¡Guau!”

“Shh, Berry.”

Tras cerrar la puerta con cuidado y acariciar a Berry, Yuri echó un vistazo más allá del pasillo. Las luces estaban encendidas, pero no se oía ni un alma.

“...¿Cherry?”

No obtuvo respuesta ni siquiera tras llamarlo en voz baja. Chariot, que solía salir corriendo gritando «¡Wolfie!» sin importar lo que estuviera haciendo en cuanto Yuri regresaba, brillaba por su ausencia. Sintiendo que una punzada de inquietud lo invadía, bajó la mirada hacia Berry y le preguntó:

“Berry, ¿dónde está tu amo?”

Berry, que había estado moviendo la cola de un lado a otro con entusiasmo, ladeó la cabeza ante su pregunta y, al escuchar el nombre de Cherry, de repente echó a correr en dirección al dormitorio. Siguiendo al perro que avanzaba a toda prisa, Yuri divisó el dormitorio a oscuras. Berry se coló a la fuerza por la puerta entreabierta y se metió de un salto hacia el interior.

Supongo que se quedaron juntos y se durmió por ahí.

Aunque pensaba que era un alivio que Berry le hubiera hecho compañía durante el tiempo que estuvo fuera, ver el dormitorio a las a oscuras le encogió el ánimo. Tras dejar su chaqueta en el lavadero, Yuri abrió despacio la puerta de la habitación. La luz procedente del pasillo atravesaba la cama en diagonal, iluminando tenuemente al hombre que yacía tendido sobre ella.

Yuri comprobó la hora. Tras mirar el despertador, cuyos dígitos acababan de cambiar para marcar exactamente las diez de la noche, volvió a llamar a Chariot con extrema precaución:

“¿Cherry?”

Como cabía esperar, no hubo respuesta. Habiendo salido a correr por el parque desde la madrugada y habiéndose pasado el día entero de entrenamientos, era de lo más normal que estuviera agotado. Recordó que Chariot le había comentado que esta semana tenía más carga de entrenamiento que la anterior debido a un partido durante el fin de semana.

Debí volver antes...

Repitiendo aquel inútil arrepentimiento en su mente, Yuri se quedó observando a Chariot mientras dormía. Su cabellera rubia y rojiza, extendida con suavidad sobre la almohada blanca, adquiría en la penumbra un tono mucho más apagado de lo habitual.

Con el rostro girado hacia un lado y los ojos cerrados, Chariot parecía un Eros durmiente. Sus largas pestañas, el puente perfecto de su nariz y sus labios rosados fueron recorridos con detenimiento por la mirada de Yuri antes de descender hacia abajo. El torso, semejante al de una estatua de mármol blanco, se encontraba fuera de las mantas.

Como era una persona calurosa, a Chariot le gustaba dormir sin camiseta. Acostumbraba a patear las sábanas hasta casi echarlas fuera, y la única persona que se encargaba de arroparlo como Dios manda era el propio Yuri. Era entonces cuando Chariot envolvía a Yuri entre sus brazos, atrayéndolo hacia él mientras este último quedaba sepultado bajo las mantas.

El brazo derecho de Chariot, extendido hacia el lado que había quedado vacío, abrazaba una almohada; era evidente que la estaba aferrando como si fuera su sustituto. Al mirar a Chariot desde abajo, Berry dio un saltito y se aupó hacia el lado derecho. Acomodándose en las inmediaciones de aquel brazo derecho que parecía tan solitario, el animal se acurrucó formando un círculo perfecto como si fuera un cojín.

Yuri dudó por un momento si debía despertarlo o not, pero al final decidió dejarlo dormir. Seguramente sería mejor opción no molestar a alguien que estaba tan agotado.

Tras cerrar la puerta en silencio, Yuri se encaminó al baño de invitados. Quería quitarse el ligero olor a comida y el rastro del cigarro que había fumado un momento antes. Cuando estaba con Chariot, lo único que deseaba era percibir su aroma corporal.

Se quitó la ropa, entró en la cabina de ducha y abrió el grifo para dejar caer el agua templada; primero humedeció su cabello y luego dejó que el agua recorriera todo su cuerpo. Al aplicarse gel de ducha y comenzar a frotarse la piel, la textura irregular de la misma rozó contra la yema de sus dedos.

Debido a que la pérdida de peso había venido acompañada de una disminución en su masa muscular, al deslizar la mano por la zona de su abdomen —cuyos músculos se notaban mucho más difusos que antes—, sus dedos rozaron una de las nuevas cicatrices. Al bajar la vista, su campo visual abarcó aquel costado teñido de blanco por la piel de nueva formación.

Por más que lo mirara, seguían pareciéndole unas marcas espantosas, pero Chariot, lejos de aterrorizarse como los demás, se había dedicado a besarlas con calidez.

……Maldita sea, Chariot.

¿En qué clase de persona se suponía que lo había convertido? Jamás se le habría pasado por la cabeza que iba a terminar extrañando a alguien mientras se tocaba las cicatrices.

Aquel entonces comenzó a echar de menos aquella noche. La noche en que Chariot besó la larga cicatriz que le atravesaba el costado izquierdo. Le resultaba imposible olvidar aquellos momentos en los que el calor se extendía sobre su piel blanca, tan desprovista de sensibilidad debido a que sus terminaciones nerviosas habían muerto.

Se acordaba de la manera en que Chariot se comportaba: sacaba la lengua como una fiera lamiendo una herida para recorrerle el costado, y luego iba ascendiendo poco a poco por el abdomen hasta chupar su pecho. Le resultaba precioso ver aquel cabello rubio y rojizo meciéndose con suavidad frente a sus ojos a causa de la inclinación del torso, y el puente recto de su nariz marcándose con claridad en medio de su frente. Incluso el ceño ligeramente fruncido por la concentración lograba robarle toda la atención.

Imitando lo que Chariot solía hacer en el pasado, Yuri se frotó el abdomen mojado y luego apoyó la mano sobre su pecho. Por mucho que recorriera la parte superior de su torso con aquella torpe caricia, no lograba evocar la misma sensación de entonces; sin embargo, en su momento, una sensación de cosquilleo tan intensa que le ponía la piel de gallina se había extendido por todo su cuerpo.

Exhalando un suspiro cargado de anhelo, Yuri frunció ligeramente el ceño y giró la llave del grifo con brusquedad. Aunque cambió la temperatura del agua a un tono gélido y se la dejó caer por todo el cuerpo, el arrebato de agitación que sentía no desaparecía en absoluto. El calor que llevaba semanas acumulándose en su interior abarrotaba su bajo vientre. Estaba tan abrasador que sabía que no conseguiría conciliar el sueño a menos que se aliviara por la fuerza.

Sin más remedio, estiró la mano hacia abajo y, repitiendo el mismo procedimiento que había seguido durante estas últimas semanas, agarró su pene y comenzó a agitarlo. Al frotarlo con la palma áspera de su mano, consiguió una erección de manera natural siguiendo el estímulo, pero no se ponía tan firme como en aquellas ocasiones. Con los labios apretados y la cabeza gacha, mientras se masturbaba de forma desganada, decidió probar con un método distinto.

Aun cuando la vez pasada no había obtenido ningún resultado provechoso, tal vez esta vez fuera diferente. No necesitaba que fuera un estímulo tan descomunal como el de aquella vez, con tal de que pudiera reproducir aunque fuera un poco la sensación de estar teniendo sexo con Chariot.

Apoyando las manos contra la pared de la cabina de ducha, Yuri inclinó la cabeza apoyando la frente en el antebrazo. Con los ojos medio cerrados, estiró la mano derecha hacia atrás y la situó entre sus glúteos. Tras remover el pliegue de las nalgas con los dedos resbaladizos por la espuma del jabón, empujó con lentitud su dedo corazón hacia el centro del arrugado orificio, que permanecía fuertemente cerrado.

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“Ah, la sensación...”

Quizás se debía a que lo tenía mucho más presente en la cabeza de lo habitual. En el momento en que el dedo se deslizó hacia el interior de aquel estrecho orificio, una leve sensación de placer lo rozó brevemente. Con la extraña sensación de bienestar que se desataba al forzar la apertura del esfínter contraído, la respiración de Yuri se volvió áspera. Tal vez, pensó, esta vez sí lograría percibir algo.

El dedo que había introducido con lentitud en el interior presionó aquí y allá contra las paredes internas. Pero cada vez que Yuri presionaba con firmeza el interior mullido usando su dedo corazón, lo único que conseguía era una sensación de consistencia blanda. A diferencia de Chariot, quien había sabido dar exactamente con el punto que le provocaba aquella extraña sensación a la primera, Yuri era incapaz de pillarle el truco. Era su propio cuerpo, y aun así daba la impresión de que Chariot lo conocía mucho mejor que él.

Sin más alternativa, Yuri optó por renunciar a la idea de encontrar dicha sensación y decidió centrarse únicamente en la sensación de estiramiento que acababa de experimentar. Tras regular su respiración, sacó el dedo corazón con un movimiento seco y esta vez intentó introducir el orificio con dos dedos, añadiendo el índice. Gracias al jabón, logró meter dos dedos en el interior como pudo. Al percibir una estrechez considerablemente mayor que al introducir uno solo, Yuri frunció los ojos.

En aquella ocasión... ¿había llegado a meter hasta tres? Como el pene de Chariot era descomunalmente grande, sentía que necesitaría introducir al menos tres dedos para acercarse remotamente a una sensación parecida.

Apretando los labios con fuerza y regulando de nuevo su respiración, sacó los dedos, juntó también el anular dándoles forma y los empujó hacia el interior del orificio. Ah, esta vez sí que le costó un esfuerzo tremendo. Aunque consiguió meterlos a la fuerza haciendo presión, en ese punto la tenue sensación de placer que había logrado vislumbrar se esfumó por completo.

“Hah, ah...”

“Quizás sea distinto si me muevo.” Con los ojos cerrados con fuerza, Yuri comenzó a mover la mano derecha, concentrándose al máximo en la parte trasera. A medida que movía los tres dedos dentro del orificio hacia adelante y hacia atrás, una extraña sensación que había sentido hace un momento empezó a ascender desde cerca de los pliegues. Cada vez que las articulaciones de sus dedos rozaban la entrada apretada, un escalofrío le recorría la espalda de vez en cuando.

“Ah, ah, ¡ugh...!”

Siguió hurgando ahí durante varios minutos, pero no lograba sentir un placer que lo llevara al clímax. Exhalando un aliento frenético y entrecortado, sacó los dedos de golpe y se enjuagó el cuerpo con el chorro de agua. Con manos impacientes, agarró la toalla que estaba colgada, se secó el cabello y, en el momento en que abrió la puerta del baño, vio a Chariot de pie, apoyado en el marco de la entrada de la habitación de invitados.

Yuri se sobresaltó y se detuvo frente al baño, y Chariot, que estaba apoyado en la puerta con los brazos cruzados, abrió la boca.

“Llegaste tarde, Yuri.”

Su rostro blanco, a diferencia de lo habitual, casi no tenía expresión. Yuri lo miró con ojos confundidos. Claramente, debía haber escuchado lo que hacía dentro, pero, para ser alguien que había oído esos sonidos, Chariot parecía bastante calmado.

“...Lo siento por hacerte esperar. Olvidé revisar el teléfono.”

“......”

Al no recibir una respuesta de su agrado, Chariot mantuvo los labios apretados y volvió a cruzarse de brazos. Ante su actitud claramente enfadada, a Yuri dejó de importarle si la otra persona había escuchado o no. Desesperado, dejó caer sus oscuras cejas y pidió perdón.

“¿Qué puedo hacer para que me perdones? Dímelo, Cherry.”

Al acercarse y preguntarle en voz baja, hubo un cambio en la expresión de Chariot. Aunque seguía con los labios apretados, vio cómo se arrugaba un poco el puente de su nariz. ¿Había pasado de estar enfadado a estar simplemente resentido? Yuri observó su expresión con cautela y se acercó un paso más.

“No quiero verte enfadado. Si me dices qué hice mal, no volveré a hacer que pase algo así.”

“...¿Más que yo?”

Chariot finalmente abrió la boca.

“¿Te gusta más jugar con el señor Alexéi que conmigo?”

Esperaba que le reprochara no haber visto los mensajes, pero salió el nombre de Alexéi. Yuri lo miró con expresión desconcertada y, de inmediato, negó con la cabeza.

“No, Cherry. No es así.”

“......”

Aunque su expresión se suavizó un poco, Chariot seguía con los brazos cruzados. Yuri, sintiéndose frustrado, se acercó lentamente y puso una mano sobre los brazos de Chariot. En cuanto la mano de Yuri lo tocó, Chariot se tensó y tensó los bíceps.

“Por supuesto que estar contigo es lo que más me gusta, ¿por qué haces esa pregunta?”

“...Ja. Está bien.”

Al susurrar Yuri con suavidad, Chariot bajó la cabeza. Pensando que estaba evitando su mirada, Yuri se inclinó como solía hacer él y se puso a su altura. Los ojos verdes, que habían estado ocultos por el flequillo, lo observaban fijamente, y de repente, el rostro antes inexpresivo de Chariot se relajó y agarró a Yuri por la cintura.

“¡Ah, quería enfadarme de verdad cuando volvieras...! ¡Eso era lo que quería hacer...!”

Atrapado en aquel gran abrazo, Yuri se dio cuenta enseguida de la razón por la que Chariot había bajado la cabeza. Era porque sus pantalones estaban tensos debido a su erección. En cuanto sintió la dureza de su pene presionando contra sus muslos, el cuerpo de Yuri también se calentó. Pensó que estaba enfadado, pero que estuviera tan excitado significaba...

“¿Te masturbaste pensando en mí? ¿Sí? ¿Fue así, Wolfie?”

Resulta que sí lo había escuchado.

“...Sí.”

“Ja, maldita sea. Me vuelves loco. Quiero hacerlo ahora mismo. De verdad, siento que me voy a volver loco.”

Chariot, murmurando con una voz que parecía haber llegado al límite de su paciencia, abrazó a Yuri con fuerza, casi sofocándolo. Yuri, que también lo abrazó, humedeció sus labios secos y susurró:

“No lo hice por delante, lo hice por detrás.”

Ante las palabras que escaparon de los labios de Yuri, atrapado en sus brazos, el pecho de Chariot, que estaba pegado al suyo, se infló profundamente. Inhalando de forma aguda, el joven apretó las manos que rodeaban la espalda de Yuri.

“Pensando en ti... me metí los dedos, Cherry.”

Al terminar la frase, fue levantado en vilo. Chariot, cargando a Yuri por la cintura, salió de la habitación de invitados y se dirigió al dormitorio. Yuri, que perdió el equilibrio por la fuerza repentina, se agarró apresuradamente a los hombros de Chariot y miró a su alrededor con ojos desconcertados.

“¿Me está llevando en brazos? ...¿A mí?”

Yuri abrió la boca en una postura que era más que extraña, incómoda, pero antes de que pudiera expresar su queja, llegaron al dormitorio. Chariot, que dejó a Yuri en la cama en la misma postura en la que lo cargaba, le ordenó a Berry, quien los esperaba con ojos inocentes:

“Berry, hoy duerme fuera. Ya tienes tu cama en el salón.”

Berry, que normalmente ignoraba las palabras de Chariot, pareció darse cuenta de que su amo no estaba como siempre, así que saltó de la cama y salió de la habitación. Tan pronto como Berry salió, Chariot cerró la puerta y subió a la cama.

“Hoy no te voy a dejar dormir. Es tu culpa por haberlo provocado.”

Gateando sobre sus rodillas, agarró los tobillos de Yuri, que estaba acostado. Las palmas de sus manos, al agarrar su piel desnuda y húmeda, ardían como si fueran fuego. Yuri se estremeció ante el fuerte calor que sentía en los tobillos. Le recordó lo caliente que estaba el cuerpo de Chariot cuando se introducía en él.

“...¿No habías dicho que no lo harías hasta que te dijera que estaba completamente curado?”

“¿Y aun así susurras que te has tocado solo por detrás?”

Chariot replicó con una voz tan grave que parecía quebrarse. Era una afirmación a medias.

“No pude hacerlo bien. A diferencia de cuando tú lo haces, no se sintió especialmente bien.”

Chariot, soltando un gemido que contenía un improperio, abrió sus piernas. Sin tiempo para resistirse, sus muslos se abrieron y su entrepierna quedó totalmente expuesta. Chariot inspeccionó crudamente su sexo abierto. Incluso en la oscuridad de la habitación, los ojos verdes de Chariot brillaban intensamente. Como una bestia en la oscuridad.

“...Wolfie es un lobo muy malo.”

“Sí... te hice daño hoy, ¿verdad?”

“Como he visto al señor Alexéi toda mi vida, no hace falta que lo veas tan a menudo. Hoy también quería ir a Nightingale con Wolfie. Yo lo planeé primero.”

Ah, ¿era por eso? Yuri se dio cuenta mientras miraba a Chariot, que inclinaba su torso entre las piernas de Yuri. Se preguntaba por qué mencionaba a Alexéi, pero parecía que estaba sintiendo unos celos absurdos. Hoy era el segundo día desde que regresaron a Vancouver que Yuri veía a Alexéi, pero parecía que su joven amante, que quería monopolizar cada día de Yuri, tampoco quería eso.

“Vamos mañana.”

“Mañana no. Vamos a follar.”

¿No era el partido pasado mañana...? Aunque pensaba en eso, Yuri no mostró ninguna queja. Era un momento que deseaba sinceramente, así que nada más importaba ahora. No tenía ni la serenidad para señalar ese detalle. Cuando Chariot se posicionó entre sus piernas, apoyando sus muslos y empujando hacia arriba, la parte baja de su vientre se sintió pesada, acompañada por una sensación de hundimiento en su cintura. Estaba terriblemente excitado.

“¿Va a penetrarme así?”

Yuri recordaba esta postura. Su cuerpo estaba medio doblado y lo penetraban desde arriba, una postura tan profunda que sentía que le estaban hurgando hasta la garganta, por lo que era difícil mantener la conciencia. Aunque le preocupaba que pudiera ser un poco difícil ser penetrado en esa postura desde el principio, para alguien que quería sentir el calor de Chariot todo el tiempo, no le importaba en absoluto.

Yuri esperaba que Chariot sacara su pene y lo penetrara, pero ocurrió algo diferente a lo que esperaba.

“Cherry, ¿qué estás…?”

Chariot, que rodeaba las pantorrillas de Yuri con sus brazos, empujó sus piernas hacia arriba hasta dejar al descubierto su orificio, y luego hundió el rostro entre su entrepierna, dejando su zona íntima completamente expuesta. Yuri, que aunque lo veía con sus propios ojos no terminaba de entender qué estaba haciendo, reaccionó tarde cuando la lengua de Chariot tocó su orificio.

“¡Cherry…!”

Chariot, presionando con fuerza sus piernas y hundiendo su rostro bajo la ingle, comenzó a lamer el orificio como si hubiera estado esperando ese momento. La punta de su lengua, afilada y firme, hurgaba en los pliegues estrechos.

“Ah, ugh.”

Yuri abrió los ojos de par en par y dejó escapar un sonido con la boca abierta. El placer que sintió apenas la lengua hizo contacto fue demasiado intenso. La sensación de la punta de la lengua recorriendo los pliegues como si los estuviera contando se extendió vívidamente. Yuri, con los labios entreabiertos mientras soltaba gemidos sin voz, ah, ah, se retorció en la cintura y apretó las sábanas con fuerza. Sentía que, si no se sujetaba de algo, no podría soportar aquel placer demencial.

“¡Mmm, ah, ugh, jaa…!”

Entonces, cuando Chariot extendió la lengua y comenzó a succionar la parte inferior como si fuera un perro lamiéndolo, un gemido leve brotó de sus labios entreabiertos.

“Basta, Cherry, ahí, ugh, me derrito… ¡ugh, ah, ugh…!”

No era una exageración; realmente sentía que su cuerpo se estaba derritiendo por debajo. Comparada con la temperatura corporal fría de Yuri, la lengua de Chariot se sentía mucho más caliente, y mientras su zona inferior se tensaba, una extraña sensación comenzó a fluir hacia el interior del orificio. Sin darse cuenta, su orificio comenzó a contraerse.

“Wolfie, tu orificio palpita. ¿Estás tan desesperado por ser penetrado?”

Chariot apartó la lengua con la que lamía vorazmente y susurró. Su aliento caliente, al rozar sus testículos y el perineo, le provocó otro tipo de estímulo, y Yuri sintió que estaba a punto de llegar al clímax. Apenas recuperando la cordura, intentó regular su respiración y decir que simplemente lo penetrara. Sentía que llegar al clímax de esa manera no era algo que debiera ocurrirle a un Alfa.

“Sí, así que, solo penetra… ¡agh, ah, ah, ah, ah!”

Las palabras para pedir la penetración se quedaron atrapadas. Chariot volvió a bajar la cabeza y, esta vez, comenzó a introducir su lengua dentro del orificio. Definitivamente, pedir que lo penetrara no significaba esto en absoluto.

“¡Ah, ah, basta, basta, voy a… llegar… ugh!”

Su cuerpo perdió el control por completo. Con la parte inferior totalmente relajada, Yuri aceptó un placer tan violento que se volvió insoportable. Cuando la lengua gruesa se introdujo dentro del orificio y removió su interior, vio estrellas frente a sus ojos. Su visión se tiñó de blanco y negro, con destellos centelleantes. Yuri, con los ojos casi en blanco, arqueó la espalda al máximo. Sus dedos de los pies se contrajeron mientras estiraba sus piernas, que aún estaban sujetas por Chariot.

“¡Haa, hu, hu, ja, ugh, Cherry, Cherry…!”

Ah, no. Sin saber realmente qué era lo que estaba mal, Yuri soltó palabras incoherentes en su frenesí. Chariot, como si quisiera que Yuri perdiera la razón por completo, metió y sacó la lengua hasta la raíz, imitando el movimiento de una penetración. La sensación de aquella carne suave llenando y saliendo del orificio le provocaba un placer totalmente distinto al de ser penetrado por un pene.

Se derritió desde el interior. Sus paredes internas, que ya estaban calientes, se sintieron como si estuvieran hirviendo, y ese calor se extendió hasta su vientre. El placer pesado que llenaba desde su vientre hasta el perineo era casi doloroso. Mientras apretaba y soltaba las sábanas desesperadamente, Yuri alcanzó el orgasmo al mismo tiempo que Chariot acariciaba suavemente cerca de sus pliegues con la lengua.

¡…!

Sintió tanto placer que su garganta se contrajo. Con la cintura elevada y el pene erecto hacia el vacío, Yuri roció semen sobre su propio cuerpo. El líquido blanquecino se dispersó por su torso pálido, que acababa de salir de la ducha.

“¡Ugh, ugh, ah, ugh, hu…!”

Apenas pudo recuperar el aliento. Chariot observó a Yuri, que temblaba y emitía gemidos tardíos, con una expresión de extrema satisfacción, como si estuviera completamente feliz.

Cuando Chariot soltó sus pantorrillas, las piernas de Yuri cayeron pesadamente sobre la cama. Sus extremidades inferiores, empapadas de placer, no tenían fuerzas. Chariot acarició lentamente el abdomen de Yuri, que subía y bajaba con su respiración agitada.

Sus dedos tocaron la cicatriz. Chariot acarició la larga y blanca cicatriz con la misma suavidad de antes, y luego bajó la cabeza para besar la cintura izquierda de Yuri. El sonido del contacto de sus labios resonó suavemente. Ante esa sensación, Yuri arqueó el torso y contrajo el abdomen con fuerza. Quizás fuera porque acababa de eyacular, pero cada lugar que tocaba Chariot reaccionaba con una sensibilidad extrema.

“Parece que al orificio de Wolfie le gusta mucho que lo succionen. Estaba tan caliente por dentro que sentía que mi lengua se quedaba pegada. Es incomparablemente más caliente que cuando te hurgaba con los dedos.”

Chariot, diciendo obscenidades con total naturalidad, se movió hacia un pequeño cajón al lado de la cama. Abrió el cajón, sacó un recipiente de plástico y volvió a su lugar. Levantó uno de los muslos de Yuri, que aún estaba lánguido por los efectos del clímax. Ante la mirada fija de Chariot sobre su orificio húmedo, Yuri se sobresaltó, apretó su interior y, sin querer, dejó escapar un sonido de aliento que parecía revelar su expectativa.

“¿Por qué estás tan sensible? ¡Es incomparable con la última vez!”

Chariot murmuró como si estuviera en apuros y abrió la tapa de plástico. Colocándose entre las piernas de Yuri, metió la mano bajo sus nalgas para abrir la carne. Mientras Yuri se estremecía ante un tipo de estímulo diferente al de la lengua, un líquido frío tocó su perineo. Yuri miró hacia abajo, frunciendo el ceño ante la sensación refrescante en su zona inferior, que hasta hace poco ardía de calor. Chariot estaba vaciando el lubricante como si lo estuviera vertiendo.

“Cherry, ahora, por favor… penetra.”

“Wolfie es un lobo malo hoy, así que no haré lo que me pidas.”

Chariot negó con la cabeza y comenzó a introducir el lubricante en su interior, que ya estaba totalmente relajado. A medida que una sustancia espesa y fría seguía fluyendo dentro, sintió como si su bajo vientre se hinchara. En el momento en que Yuri frunció el ceño por el disgusto, Chariot movió los dedos.

“Recuérdalo bien, Wolfie. Es aquí.”

El dedo medio se introdujo en el orificio empapado, presionando contra la pared interna hasta que se detuvo en un punto determinado. Yuri, que lo miraba con la mente en blanco, se encorvó y soltó un gemido cuando Chariot comenzó a presionar con fuerza en ese lugar.

“¡Ugh…!”

El placer golpeó su coronilla como un rayo. Ante la punzada afilada que recorrió su columna vertebral, su orificio apretó el dedo con fuerza. Chariot, con una sonrisa ladeada, disfrutó observando a su Alfa reaccionar con tanta sensibilidad.

“Ah, qué hermoso.”

“¡Ugh, ugh, ah, ah, ah, mmm…!”

Sus gemidos nasales salieron como un torrente. El placer que borraba su mente era difícil de soportar en su sano juicio. Mientras empujaba las sábanas con sus pies y retorcía la parte inferior de su cuerpo como si tuviera convulsiones, Chariot seguía hurgando en su interior sin importarle que fuera difícil de soportar.

Splash, splash, el lubricante, derretido por el calor corporal, se convirtió en líquido dentro y produjo sonidos húmedos. Al oír los sonidos que solo un Omega debería emitir, el rostro y el cuello de Yuri se calentaron hasta casi explotar. La vergüenza insoportable pronto se convirtió en un placer proporcional que terminó de conquistar a Yuri.

Chariot, que había metido los dedos hasta el fondo, siguió tocando solo ese punto. Al presionar repetidamente su próstata con una fuerza que no era ni muy fuerte ni muy débil, Yuri volvió a sentir que estaba a punto de llegar al límite.

“Ugh, ah, Cherry, ugh, ¡basta…!”

Yuri, que soltaba palabras sin sentido como "creo que voy a venir", "voy a venir", "ya", a medida que el movimiento de sus manos lo incitaba a continuar, eyaculó finalmente de nuevo. De su pene, que estaba rígido y presionado contra su vientre, comenzó a brotar semen un poco más líquido que el anterior.

Chariot usó su otra mano para extender el líquido que se había esparcido a lo largo de los músculos abdominales. Yuri, bañado por completo en su propio semen y tras haber experimentado dos orgasmos seguidos en rápida sucesión, se quedó lánguido, como si se hubiera desmayado.

Solo después de haber hecho que Yuri se corriera dos veces, Chariot se bajó los pantalones. La punta de su gruesa vara, que había estado erecta de forma amenazante desde que escuchó a Yuri masturbándose a solas, brillaba, humedecida por lo que parecía ser líquido preseminal o semen. Chariot, quien sostenía con ambas manos la pelvis de Yuri, que estaba exhausto y respirando con dificultad, soltó un suspiro largo y profundo de impaciencia.

“Mira. Te lo dije claramente… que todavía no tenías la resistencia suficiente. Que para hacer esto como antes, tendrías que esperar unos meses… te lo dije.”

El grueso glande rozó el orificio. Chariot, alineando la punta de su pene con la pequeña abertura que goteaba lubricante como si fuera líquido, comenzó a empujar lentamente y a penetrar. La gruesa vara de carne rasgó las estrechas paredes internas. Un sonido viscoso, schlap, resonó desde abajo.

“Ugh, haa…”

El orificio, que estaba desesperado por engullir el pene, se adhirió a él como si lo hubiera estado esperando. Gracias a que la entrada estaba tan relajada y fundida hasta volverse viscosa, Chariot pudo entrar en su interior sin prisas.

Haaaa… Chariot soltó un gemido cargado de satisfacción y hundió su pene hasta la raíz. Los pliegues, que antes estaban apretados, se estiraron por completo hasta quedar tensos, y Yuri sintió que se quedaba sin aliento ante la sensación de ser llenado hasta el bajo vientre, las vísceras y la boca del estómago. Aunque parecía que no cabía más, Chariot siguió empujándose hasta alcanzar un punto específico; Yuri, que estaba medio inconsciente, abrió los ojos de golpe.

Al alzar los párpados con esfuerzo, vio que Chariot lo estaba mirando. Sus ojos, ya acostumbrados a la oscuridad, enfocaron el rostro de Chariot con más claridad que antes. Chariot, que intentaba cruzar su mirada con él mientras su rostro estaba sonrojado, sonrió brillantemente en cuanto Yuri lo vio. Chariot, sonriendo hasta que sus ojos se entrecerraron, susurró con dulzura:

“Te dejaré comer todo lo que quieras, Wolfie.”

Espera…

Yuri, que intentaba pedir desesperadamente un momento para recuperar el aliento, soltó un gemido en lugar de palabras.

“¡Ah, ugh, ugh, ah…! ¡Ugh…!”

El pene, que ya estaba hasta el fondo, rompió una barrera que no debía ser traspasada y comenzó el acto sexual. Yuri, con los ojos vueltos hacia atrás hasta el límite, tembló por la violenta sensación que parecía hacer vibrar su cerebro. Espera, espera, no puedo soportar esto, intentó decir, pero Chariot lo detuvo con sus movimientos.

“Haa, Yuri, tu orificio… está jodidamente caliente. Siento que si sigo adentro me voy a derretir. Ha, ugh, hace un momento, me apretaste increíblemente, ¡ah…!”

El hombre, que había estado conteniéndose para no embestirlo con furia, comenzó a mover su cintura de forma desenfrenada ante el placer que finalmente saboreaba. Como si quisiera demostrar que solo deseaba este momento, embistió con fuerza el interior del orificio. Schlap, schlap, schlap; el sonido de su pene friccionando el interior húmedo se escapaba al exterior de forma obscena.

Tras continuar con la embestida, Chariot comenzó a sacudir su cintura sin salir de su interior. Sus nalgas abiertas rozaban la ingle de Chariot, dejando la piel enrojecida por la fricción.

“¡Ugh, ugh, ugh, ah, ugh, ah!”

Cada vez que lo penetraba, los gemidos escapaban solos. La velocidad con la que Chariot lo embestía era tan rápida que sus gemidos no podían seguirle el ritmo. Se sentía atormentado por no poder respirar adecuadamente y, al mismo tiempo, sentía una excitación tan grande por parte de Chariot que sentía que su cabeza iba a estallar.

“Yuri, haa, eres… ah, tan hermoso.”

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Chariot, con los ojos entrecerrados de una forma lasciva, bajó una de las manos que sostenía la pelvis de Yuri. Sintiendo con la punta de sus dedos cómo los pliegues hinchados y suaves no soltaban el pene que penetraba su interior después de tanto tiempo, soltó un suspiro ahogado. Bien, bien… bien. Murmurando sin cesar lo bien que se sentía, Chariot removió y abrió el interior de Yuri con su pene.

“Ugh, ugh, ugh… Cherry, ah… más, más…”

Ante las constantes palabras de que "todo estaba bien", Yuri también perdió la razón. Estimuló a Chariot, quien lo embestía con una fuerza difícil de digerir, pidiéndole más y más, y él mismo levantó su cintura. Estaba dispuesto a ser destrozado si seguía chocando así, siempre y cuando pudiera sentir a Chariot con todo su cuerpo.

“¡Yuri…!”

Chariot lo abrazó, superponiendo sus cuerpos. Con los pechos pegados sin dejar espacio alguno, él respondió de buena gana a los deseos de su amante y movió su cintura con alegría. Aunque sus huesos ilíacos chocaban causando dolor, el placer de ser uno solo era mucho mayor que cualquier dolor. Era exactamente la sensación que Yuri había deseado.

“Ugh, ugh, ah, ahí, Cherry, ugh, eso es…”

Cada vez que Chariot embestía, se sentía bien en todas partes. El interior, que no sentía placer cuando él mismo se tocaba, ahora gritaba pidiendo más embestidas al azar, y cuando Chariot golpeaba exactamente los puntos que le hacían sentir placer, su orificio temblaba espasmódicamente, apretando el pene.

La sensación del pecho de Chariot rozando sus pezones erectos, el placer de la piel empapada en sudor deslizándose al contacto, y el impacto de sus partes inferiores chocando mientras sus piernas estaban entrelazadas, llenaron a Yuri. Se sentía tan bien que estaba a punto de volverse loco, ya que podía sentir el calor corporal de Chariot más vívidamente que en cualquier otro acto.

“Te amo, Yuri, te amo demasiado…”

Yuri asintió ante sus murmullos mientras le besaba las mejillas. Aferrándose a sus hombros como si se colgara de él, soportando aquel acto, difícil pero igualmente extasiante, susurró al oído de Chariot:

“Continúa, Cherry. Todo lo que quieras.”

Chariot giró la cabeza y su mirada recorrió a Yuri con intensidad. Al ver aquellos ojos, que parecían no ver nada más que a Yuri, un sentimiento de satisfacción floreció con fuerza. Como cuando tocó la tarjeta que tenía escrito el nombre de Chariot.

No fue una exageración cuando dijo que no lo dejaría dormir. Chariot permaneció unido a él toda la noche, como si quisiera marcar el camino del interior de Yuri con la forma de su propio pene. Como si estuviera aliviando el rencor que había contenido hasta ahora, Chariot volvía a moverse inmediatamente después de eyacular. No usaron condón. Yuri también lo quería así.

Debido a la mezcla abundante de lubricante y semen, después de un tiempo, cada vez que Chariot removía su interior, el líquido se desbordaba. Recibió tanto semen que su bajo vientre se sentía lleno. ¿Habían estado unidos hasta que amaneció? Cuando Yuri pensó que su resistencia física estaba realmente agotada, Chariot lo hizo girar.

Chariot, presionando con su mano la cintura de Yuri mientras este estaba apoyado en la cama, comenzó a mover su cintura besando las cicatrices que decoraban la espalda de su amante. Yuri, quien pensaba que no podía soportar ni un minuto más, se sintió increíblemente excitado ante los besos tiernos que recorrían su espalda.

Hipnotizado por la sensación de ser llenado por completo mientras besaban su espalda, Yuri eyaculó varias veces más. Al final, no salía nada, pero su cuerpo convulsionaba espasmódicamente hasta llegar al orgasmo. Aquel tipo de orgasmo consumió tanta energía que, a pesar de sus ganas de resistir, Yuri terminó durmiéndose como si se hubiera desmayado. Sus ojos se volvieron hacia atrás por sí solos.

Yuri abrió los ojos hacia el atardecer. Tenía la sensación de que se había desmayado y recuperado la conciencia, tal como le había ocurrido cuando soportó el rut de Chariot. Justo frente a su rostro al despertar apareció la nariz negra de Berry. Cuando Yuri parpadeó lentamente, Berry comenzó a lamerle la cara como si hubiera estado esperando ese momento. Ayer Chariot le había cubierto todo el cuerpo de saliva y hoy Berry le empapaba el rostro.

“Berry…”

Justo cuando la lengua ligeramente áspera se acercaba con la intención de lamerle incluso los globos oculares, Yuri apartó a Berry. Tras haberlo lamer con toda su dedicación, Berry levantó las patas delanteras para apoyarse en la cama. Al parecer, el animal no estaba en condiciones de subir, así que Yuri buscó a Chariot.

“Cherry.”

Su voz estaba completamente ronca. Lo llamó en voz baja con un tono notablemente más bajo de lo habitual, pero, quién sabe cómo, la voz de Chariot se escuchó desde la cocina.

“¡Wolfie!”

“…Berry está intentando subir a la cama.”

“Vaya, Berry. Esa cama la ensució Wolfie ayer, así que está sucia.”

La voz de Chariot se fue acercando cada vez más. Yuri quiso incorporarse para recibirlo, pero todo su cuerpo dolía y estaba magullado, por lo que emitió un gemido de dolor y volvió a recostarse boca abajo. Las agujetas repartidas por todas partes no dejaban de ser molestias que uno podía ignorar, pero le faltaban las fuerzas y le costaba mucho levantarse.

“La cama que ensució Wolfie solo la puedo usar yo, Berry. Anda, ve a comer.”

Chariot, que abrió la puerta y entró, miró a Berry y señaló hacia afuera con la mano. Al escuchar la palabra "comida", Berry alzó las orejas y salió corriendo tan pronto vio el gesto. Habiendo conseguido sacar a Berry con facilidad, Chariot se dejó caer sobre las sábanas, que aún estaban húmedas por los fluidos corporales. La sensación de la cama hundiéndose por el peso de Chariot hizo que le doliera la cintura.

Mientras ahogaba un gemido y se limitaba a fruncir el ceño, Chariot lo abrazó por la espalda y le besó los omóplatos. Yuri, relajando el rostro poco a poco ante aquella agradable sensación, se dio la vuelta para mirar a los ojos a Chariot, que estaba acostado a su lado. Chariot, pegado a él, curvó sus ojos verdes con una sonrisa suave.

“¿Dormiste bien?”

“…No.”

No sentía para nada que hubiera dormido. Como se había quedado dormido pasado el amanecer, tampoco es que hubiera descansado mucho. Parecía que a Chariot le pasaba lo mismo, ya que, apenas le preguntó a Yuri, bostezó levemente.

“Yo tampoco dormí mucho. Si no fuera por la hora del paseo de Berry, habría dormido un poco más.”

“¿Fuiste a pasearlo?”

“Solo estuve fuera como una hora. Como Berry hace sus necesidades al aire libre, hay que sacarlo tres veces al día.”

En circunstancias normales, tres o cuatro veces no habrían supuesto ningún problema, pero resultaba sorprendente que hubiera salido a pasear tras pasar la noche en blanco. Yuri sintió un ligero resentimiento hacia su propia condición física debilitada, antes de admitir que, en términos de resistencia, Chariot siempre llevaba la ventaja.

“Y además, tengo que darle la medicina a Wolfie.”

“¿Había alguna medicina que soliera tomar?”

“Compré un neutralizador.”

Chariot se incorporó de inmediato y le tendió a Yuri el vaso de agua y las pastillas que había preparado con antelación. Con una mirada llena de dudas sobre por qué el hombre que había dicho que no pensaba tener sexo hasta el próximo año tenía un neutralizador preparado de antemano, Yuri aceptó las pastillas y se las tomó. Como tenía mucha sed, vació el vaso de agua de un solo trago y sin parar.

“Bebe despacio, Wolfie.”

Yuri asintió y bajó el vaso. Chariot observó atentamente las gotas de agua que se habían deslizado por sus labios debido a la prisa, le quitó el vaso para dejarlo caer descuidadamente en la mesita de noche y se abalanzó sobre él. Yuri sonrió levemente al ver a Chariot, que sacaba la lengua para lamerle la barbilla.

Cuando acarició la cabeza de Chariot tal como lo hacía con Berry, este soltó un suspiro de satisfacción, consciente de ello o no. Chariot continuó besando la línea afilada de su mandíbula con besos cortos y repetidos, antes de retirarse con una expresión de clara indecisión.

“Quiero seguir, pero como parece que vas a volver a desmayarte, me aguantaré.”

“¿No dijiste hace un momento que no tenías pensado hacer nada hasta el año que viene?”

“Wolfie me provocó demasiado ayer. Si lo planeaste como un método para evitar que me enfadara, no tengo más remedio que decir que fue una idea totalmente genial.”

“Todo porque alguien dijo que no tenía pensado hacer nada hasta el año que viene.”

Chariot soltó una carcajada —¡jajaja!— y se dejó caer de golpe sobre la almohada. No sabía de dónde la había cogido, pero ya estaba bien acomodada.

“Verás, Wolfie, no sabía que tenía un deseo sexual tan fuerte.”

“Recuerdo que solías tener bastantes parejas.”

Chariot, que estaba acostado, giró su cuerpo de lado con un movimiento fluido. Negando con la cabeza y rechazándolo firmemente, confesó con un tono que parecía el de alguien que lo había pensado muy en serio:

“Como suelo pasar por el rut de forma periódica, la verdad es que en los días normales casi no lo hacía. Pero contigo, Wolfie, quiero hacerlo todo el tiempo, aunque no estemos en rut.”

Curiosamente, a Yuri le pasaba algo parecido. Antes de conocer a Chariot, había lidiado con sus rut durante tres años a base de medicamentos, y no tenía ninguna queja al respecto. Debido a los desagradables recuerdos de cuando experimentó su primer rut, Yuri era, por así decirlo, una persona bastante abstemia. Cuando a veces surgían los deseos, le bastaba con aliviarlos por su cuenta. Besar, recibir caricias... le parecía que todo eso era innecesario e incómodo.

“Supongo que no es algo de lo que debamos preocuparnos.”

“¿Por qué?”

“A mí me pasa lo mismo. Así que haz lo que quieras cuando quieras.”

Se miraron a los ojos en silencio. Aunque no mantenían ninguna conversación en particular y solo se miraban a los ojos, su estado de ánimo iba mejorando poco a poco.

“Estaba pensando en comprobar si Wolfie me estaba mintiendo, pero parece que no.”

Satisfecho con la respuesta de Yuri, Chariot estiró su brazo derecho y envolvió a Yuri en sus brazos. Yuri, que estaba meditando si debía cambiar las sábanas antes de dormir, pensó que ya no le importaba en lo más mínimo en cuanto Chariot lo abrazó.

“No hay necesidad de mentir sobre algo así.”

“Pero tú siempre intentas adaptarte mucho a mí, Wolfie. Podrías decirme que no quieres hacer algo aunque en realidad no te apetezca.”

“Bueno… pensándolo bien, no creo que sea así. Al final, lo que tú querías era algo que yo también deseaba.”

Yuri recordó lo que había estado pensando la noche anterior mientras hablaba por teléfono. Bostezando levemente, cerró los ojos y dijo:

“Eso que decías sobre querer ver mi historial de transacciones para saber cuándo, dónde y qué ando haciendo.”

“…¿Dije yo eso?”

“Sí.”

“Qué extraño. No recuerdo haber dicho semejante tontería de acosador…”

Con un simple bostezo, el sueño lo invadió de tal forma que le costaba muchísimo volver a abrir los ojos. Asintiendo con la cabeza, Yuri acarició la cabeza de Chariot como señal de que debían dormir ya.

“Pero entonces, Wolfie, ¿significa eso que tú también quieres saber qué ando haciendo yo?”

Yuri asintió levemente con la barbilla. Si hubiera sido su yo de antes, ni se habría atrevido a desearlo, pero cuanto más tiempo pasaba con Chariot, menos difícil le resultaba permitirse ser codicioso. Al ver el leve movimiento de asentimiento con la barbilla, Chariot lo abrazó con más fuerza y preguntó:

“Yo estoy totalmente de acuerdo. ¿Entonces uso yo la tarjeta de Wolfie?”

“Más que eso…”

Quería terminar la frase, pero llegó su límite. Sus párpados se volvieron tan pesados que era imposible articular palabra.

“¿Más que eso? ¿El qué? Wolfie, ¿ya te has dormido?”

Le daba pena ver su expresión de curiosidad ansiosa, pero pensándolo bien, a ambos les sobraba tiempo. Mañana, y pasado mañana también, Yuri estaría a su lado mientras Chariot lo deseara. No hacía falta decirlo de inmediato; les quedaban innumerables oportunidades para hablar de lo que ambos querían.

“Buenas noches, Wolfie.”

El hombre para quien el mañana que se avecinaba solía ser una carga ya no estaba en ese lugar. A partir de entonces, el mañana de Yuri dejó de ser la prolongación de un día inconcluso. Su mañana se convirtió en el momento de descubrir cosas nuevas que hasta ayer desconocía.

Por supuesto, tampoco hacía falta descubrir alegrías nuevas a cada instante. Yuri ya tenía a un padre vigoroso, a un amigo entrañable que lo había acompañado durante mucho tiempo, y al hombre al que amaba —el que le había dado un vuelco absoluto a su vida— junto a un adorable perro. Porque, al fin y al cabo, a veces lo más familiar es lo que otorga la mayor de las alegrías.

De este modo, justo antes de quedarse dormido, lo último que pasó por la mente de Yuri fue la brillante sonrisa de Chariot, que sería lo primero que vería al despertar.