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Jiing-!
Eran las dos de la
tarde, la hora perfecta para que el sopor post almuerzo hiciera estragos. El
sonido de las vibraciones resonó repetidamente por todo el aula.
¡Un salto!
Los hombros de Park
Woori, que estaba sentado con la barbilla apoyada en el escritorio junto a la
ventana y cabeceando de sueño, se estremecieron con fuerza, y sus párpados,
cerrados con pesadez, se abrieron lentamente.
“……”
Los ojos negros que
apenas lograban abrirse estaban nublados.
'Me quedé dormido un
momento.'
Pensarlo apenas un
instante bastó para que los párpados de Woori volvieran a parpadear con
lentitud. La brisa moderadamente fresca soplaba suavemente desde la ventana
abierta de par en par, y la voz del profesor de la asignatura avanzaba con una
lentitud desesperante.
Razonablemente
hablando, si va a dar la clase en inglés, ¿no debería ponerle algo de acento?
Ni que fuera una IA. Woori miró con insatisfacción al profesor, que continuaba
su explicación con un tono monótono y sin altibajos, y luego exhaló un suspiro
profundo.
'¿Qué hora es?'
El ceño de Woori se
frunció con fuerza al comprobar el reloj que llevaba en el brazo izquierdo.
Todavía faltaban treinta y siete minutos para que terminara la clase.
Para alguien como él,
que desde pequeño nunca le había encontrado el menor gusto al estudio, ese
tiempo se le hacía eterno.
Jaam-.
Incapaz de contener el
bostezo que brotaba de sus entrañas, abrió la boca de par en par, provocando
que los alfas situados a su alrededor fruncieran el ceño y lo miraran de reojo
con desprecio.
'Y eso que es un
omega.', 'Sinvergüenza y descarado.', 'Es porque es inferior.', 'Por su culpa
el ambiente de la clase se vuelve vulgar.' y un largo etcétera de susurros
comenzó a circular.
El ceño de otros
estudiantes, que escuchaban las maledicencias de aquellos alfas maleducados, se
contrajo con molestia. Antes de que el profesor de la asignatura pudiera lanzar
una advertencia para guardar silencio,
Woori giró el rostro
con desdén hacia los alfas que lo estaban criticando.
¡Se estremecieron!
Su rostro, de una
belleza tan impactante que rayaba en lo intimidante, exhaló un aura amenazante,
y la cobardía nacida de la envidia hizo que los alfas se desinflaran al
instante. Al ver a aquellos ignorantes incapaces de articular palabra, Woori
ladeó ligeramente la barbilla en dirección a la pantalla.
Cierren la boca y
concéntrense en la clase.
Habiendo interpretado
la silenciosa advertencia, los alfas estiraron los labios con un gesto de insatisfacción
y volvieron a enderezar el cuerpo.
'Inútiles de cuarta.'
Cuando era beta,
aquellos sujetos ni siquiera se habrían atrevido a cruzar miradas con él; pero
ahora que se había convertido en un omega inferior, perdían el norte e
intentaban subirsele a las barbas. Aunque su fuerza física se había reducido un
poco en comparación con sus días como beta, seguía teniendo de sobra para
lidiar con semejantes imbéciles.
Tras lanzar una última
mirada fulminante al alfa que había desviado la vista intentando huir, Woori
enderezó la cabeza.
“……”
Con una expresión
impasible, apoyado contra el escritorio y con los brazos cruzados, comenzó a
parpadear lentamente mientras observaba las diapositivas de la pantalla llenas
de inglés y gráficos. Y entonces.
¡Bache!
La cabeza de Woori,
que cabeceaba de sueño, se inclinó bruscamente hacia atrás.
Maldita sea. Por poco
me caigo. Despierto de golpe, Woori enderezó el torso. Justo en el momento en
que intentaba calmar los latidos desbocados de su corazón,
“¿Woori, estás bien…?”
Sung-hee, que estaba
sentado justo detrás de él, estiró el torso y le susurró en voz baja.
Si quien le hubiera
hablado hubiese sido Jae-joon o Jong-bum, ni se habría dignado a responderle,
pero se trataba de Sung-hee. Por mucho que Park Woori tuviera el nivel de
sociabilidad de un inadaptado social, era difícil ignorar las palabras de
Sung-hee, quien siempre le sonreía amablemente y le proponía charlas triviales.
Cuando Woori asintió
en silencio, Sung-hee enderezó el cuerpo, pareciendo más tranquilo.
Qué vergüenza. Las
pálidas orejas de Woori se encendieron ligeramente. Aunque su cara fuera más
dura que la suela de un zapato, la situación de estar cabeceando y casi venirse
de espaldas le resultó humillante. Ignorando como pudo el ardor de sus orejas,
obligó a su atención a centrarse en otra cosa.
Su mirada recayó en el
teléfono inteligente que había dejado sobre el escritorio. En la pantalla de
bloqueo aparecían el icono de la aplicación de mensajería y el de mensajes de
texto.
“……”
Una de las cejas de Woori
se elevó al ver la pantalla. La aplicación de mensajería era… bueno,
seguramente sería Choi Lee-yeon. ¿Pero y el mensaje de texto?
Antes de conocer a
Choi Lee-yeon, el teléfono inteligente de Park Woori era, en el sentido más
estricto de la palabra, solo un aparato para hacer llamadas. No tenía amigos
dignos de mención ni familiares que se preocuparan por preguntarle cómo estaba.
Lo más cercano a una función activa eran los avisos de la tienda de Gwanak por
cuestiones de trabajo, o las llamadas de su padre, o de Park Hee-.
“……”
La imagen de Hee-jeong
volando por los aires tras ser arrollado por el coche de Lee-yeon vino de golpe
a la mente de Woori. Apretando los dientes con fuerza, borró de inmediato esa
imagen de su memoria.
'No creo que se haya
muerto.'
Desde sus visita al
hospital la semana pasada, su padre no había vuelto a darle señales de vida. El
día que se enteró de que Hee-jeong estaba hospitalizado tras ser atropellado y
voló urgentemente desde Japón para irrumpir en la habitación del hospital
—acusándolo de haber arruinado a su hijo y acorralándolo con furia— parecía
ahora un sueño lejano, dado el silencio sepulcral que reinaba desde entonces.
Tampoco Lee-yeon le
había dado noticias sobre Hee-jeong. Y Woori, que tampoco tenía la más mínima
intención de averiguarlo, se abstuvo de investigar por su cuenta.
'Que se joda. Ya se
apañará.'
Además, con lo
orgulloso que era ese imbécil de Park Hee-jeong, seguro que la vergüenza le
impedía volver a dar la cara ante él.
Sintiendo una molesta
agitación en el pecho, Woori comenzó a juguetear con el teléfono.
Abrir la aplicación de
mensajería le daba demasiada vergüenza, así que optó por tocar la inofensiva
aplicación de mensajes de texto.
“……”
Los ojos de Woori,
hasta entonces inexpresivos, se abrieron de par en par.
Batallón de la Reserva
de la Universidad de Seoul Gwanak
Aviso de Entrenamiento
de Reservistas para el Año 20XX
Fecha de convocatoria:
XX de mes, XX de día
Lugar de reunión:
Puerta principal de la Universidad de Seoul Gwanak
Ubicación del campo de
entrenamiento: Campo de entrenamiento de la reserva de Gwanak-san
※ Impresión de la
notificación y vestimenta obligatorias.
※ En caso de poseer
vehículo propio, es posible trasladarse directamente al campo de entrenamiento.
※ Obligatorio
presentar el certificado de asistencia en la oficina administrativa al
finalizar el entrenamiento.
'¿Es en serio esto?'
Incapaz de dar crédito
a lo que veía, apagó y encendió la pantalla del teléfono varias veces, pero el
truco de magia de hacer cambiar las letras no ocurrió.
En realidad, que le
llegara un mensaje de la reserva no era algo tan descabellado. Apenas cuatro
meses atrás él era un beta que había cumplido su servicio militar en una unidad
de Yeoncheon, famosa por sus heladas extremas. De vez en cuando, al ver piñones
decorando algún plato de comida, recordaba las órdenes del comandante de
compañía de pelar piñones mientras maldecía a gritos, sacudiendo los árboles
para derribarlos y despojándolos de su cáscara uno por uno; un recuerdo que le
hacía sentir que la vida era una auténtica mierda.
Sin embargo.
'Pero si ahora soy un
omega.'
Por supuesto, los
tiempos habían cambiado y ya existían soldados omegas, e incluso se habían
formado unidades compuestas enteramente por ellos; pero esa orden de
convocatoria significaba que pretendían que él fuera a entrenarse metido en un
grupo de alfas, exactamente igual que en sus tiempos de beta.
“Ah……”
Woori emitió un
suspiro de resignación tras pensarlo mejor. Ahora que lo recordaba, no había
realizado el trámite para actualizar su condición de género secundario.
En el sistema del
Ministerio de Defensa, su perfil seguía registrado como beta, y al cumplirse
los plazos, el sistema le había enviado automáticamente la notificación para
presentarse en la reserva.
En el transcurso de
esos últimos cuatro meses se había desatado una auténtica tormenta de
acontecimientos. Él, que era un beta, se había transformado en un omega
inferior; se había comprometido con Choi Lee-yeon —a quien aborrecía con el
alma—; había recibido una confesión…; y, por sobre todas las cosas….
“……”
Woori bajó la mirada
con expresión sombría y echó un vistazo a su bajo vientre. Su abdomen, cubierto
por una camisa negra, lucía completamente plano.
Aquí dentro hay 'eso'.
La cruda realidad de
su embarazo seguía sin resultarle del todo tangible. Sus únicos pensamientos al
respecto oscilaban entre un 'Ah, de verdad' y un 'Vaya, hasta los inferiores
pueden quedar embarazados'. Un razonamiento tan superficial que funcionaba como
un mecanismo de defensa ante la negación de la realidad.
Simplemente no quería
pensar en el embarazo, ni mucho menos en el bebé.
Había vivido veintidós
años como un hombre beta, y su familia distaba mucho de lo que la sociedad
definía como tal. Yeon-ho jamás le había dirigido un 'te quiero' al pequeño
Woori. Nunca habían hecho una excursión familiar, ni mucho menos se habían
cruzado palabras dotadas de algo de calidez. Sin importarle en lo más mínimo
haber regado su esperma de manera irresponsable, Yeon-ho consideraba al hijo
ilegítimo nacido de improvisto como un estorbo, viendo en Woori poco más que
una ficha útil para sus intereses.
Y por si fuera poco,
ese engendro de hermano mayor no solo lo había acosado y sometido a abusos,
sino que, cegado por los celos al verlo feliz junto a Lee-yeon, había terminado
perdiendo la cabeza hasta el punto de secuestrarlo y encerrarlo.
¿Y ahora resultaba que
él estaba embarazado?
Si ni siquiera sabía
lo que era una familia, ¿iba a tener una propia?
Esa idea le resultaba
tan ajena como abrumadora. Por esa razón, se empeñaba en dar la espalda
desesperadamente a la realidad de su estado.
Y además-.
“……”
Woori fijó la vista
inexpresivamente a través de la ventana.
'¿Será verdad que a
Choi Lee-yeon le gusto?'
Por más vueltas que le
daba, era incapaz de creer en los sentimientos de Lee-yeon. Y el motivo era el
comportamiento que este había mantenido durante los últimos cuatro meses.
Lee-yeon era capaz de mostrarle afecto y, al instante siguiente, enfurecerse o
ignorarlo por completo ante cualquier rechazo.
Cuando Woori respondía
con un simple golpe seco, el otro respondía con una ráfaga de ametralladora a
base de sonrisas: diciéndole que solo jugaba con él porque le daba lástima, que
por qué se hacía el difícil, o que dejara la hipocresía a un lado.
Y a pesar de todo eso,
pretendía venir a decirle que lo amaba.
'Me gustas tanto que
me enojé.'
'Si el sunbae descubre
mis sentimientos…… temía que me menospreciara. Incluso ahora me dejo arrastrar
por cada una de las palabras del sunbae, y me asustaba saber qué pasaría si lo
admitía por completo, por eso no pude decirlo. Lo siento. Me equivoqué.'
'Así que, por favor,
no digas que no me volverás a ver…… No puedo vivir sin el sunbae……'
'Definitivamente no.'
Para alguien como
Woori, que de por sí no confiaba en la gente, le era difícil creerse sin más
los sentimientos de Lee-yeon. Por supuesto, no negaba el afecto y el interés
que Lee-yeon le demostraba. Tan solo pensaba una cosa.
'Será por capricho o
por un sentido de la responsabilidad.'
Si Choi Lee-yeon
llegara a enterarse de lo que estaba pensando, se volvería loco de frustración,
pero Woori se limitó a contemplar el mensaje con total indiferencia.
La fecha para la
convocatoria de la reserva era al día siguiente. Dadas las circunstancias, no
podía ir hoy mismo a la oficina administrativa a solicitar la corrección de su
condición secundaria, ni presentarse en el centro de reclutamiento para decirle
a gritos: '¡Ya soy un omega, así que no pienso hacer el entrenamiento!'.
'Total, tampoco es que
vaya a hacer gran cosa.'
A lo sumo le tocaría
hacer prácticas de tiro o algún juego de supervivencia en equipo. Podía
soportar algo así.
Woori se encontraba
sumido en esos pensamientos cuando ocurrió aquello.
El profesor se
despachó con un saludo mecánico, cogió sus materiales y salió zumbando del
aula. Un bullicio de conversaciones estalló de inmediato en el silencioso
salón. Al escuchar comentarios fugaces sobre la reserva militar, parecía que
había más de uno que se cruzaría con él al día siguiente en el campamento de
entrenamiento.
'Ja. Idiotas. Más les
valdría conseguir la exención.' Murmurando quejas para sus adentros, recogió
sus cosas y se dispuso a levantarse.
"Park. ¿Tienes la
misma clase ahora? Vámonos juntos."
Jae-joon, Sung-hee y
Jong-bum lo siguieron sin pararse a esperar su respuesta. El ceño de Woori se
contrajo al ver la actitud tan impertinente de sus compañeros. Aunque ponía una
cara tan maliciosa que le helaba la sangre a cualquiera, el grupo de Sung-hee
ya se había acostumbrado por completo a tratar con él.
¿Para qué gastar
saliva? Con una expresión hosca, Woori echó a andar.
"¿Qué? ¿Mañana
vas a la reserva? Ah, es verdad que tú no tienes la exención, ¿no?"
Yo me libré del
ejército y me fui a estudiar al extranjero. Mientras Jae-joon soltaba esa burla
con aire chulesco, Jong-bum cerró el puño con fuerza. Ante esa amenazante
atmósfera, Jae-joon cambió de tema rápidamente.
"Oye, ¿en qué
zona es?"
"Mmm... ¿Dónde
era?"
Justo en el instante
en que Jong-bum, con cara de no recordar bien, intentaba sacar del bolsillo
trasero de su pantalón el teléfono inteligente que llevaba guardado, alguien
respondió por él.
"En el campo de
entrenamiento de la reserva de Gwanak-san."
"……!!"
Las miradas de todos
los compañeros convergieron de golpe hacia la dirección de donde había surgido
la voz.
Haciendo caso omiso de
las miradas de asombro que le dirigían con los ojos bien abiertos como platos,
Woori apartó la vista con total indiferencia y reanudó su marcha con calma.
"Vaya, Woori, sí
que estás enterado de cosas del ejército."
Sung-hee, que estaba
al lado de Jae-joon, se le acercó con una sonrisa radiante siguiéndole el paso.
Al ver que Sung-hee lo dejaba plantado para ir tras él, Jae-joon se quedó
mirando la espalda de este con ojos llorosos.
"Porque yo
también he cumplido el servicio militar."
Cuando Woori lo soltó
como si nada, Sung-hee ladeó la cabeza extrañado.
"Pero si tú eres
omega."
"Hasta hace
cuatro meses era beta."
"¿Qué? ¿Que no
naciste siendo omega, sino que tu condición cambió a los veintitrés años?"
"Sí."
Ante la impasible
respuesta de Woori, los ojos de sus compañeros se abrieron como dos lunas
llenas.
Y no era para menos.
El hecho de que él, conocido hasta entonces como un simple beta, resultara ser
en realidad un omega inferior, y que además hubiera saltado la noticia de su
compromiso con 'ese' Choi Lee-yeon, había revolucionado por completo a todo el
campus hacía apenas unos días.
Por esa razón, todos
habían dado por hecho de forma natural que Park Woori siempre había sido un
omega inferior que había fingido ser beta por algún motivo misterioso. Sin
embargo, lo que acababa de decir con tanta tranquilidad contradecía por
completo lo que ellos pensaban.
Justo cuando Woori se
disponía a ignorar la reacción de sus compañeros, alguien volvió a hablar.
"……Oye, te lo
pregunto por si acaso."
Woori miró de reojo a
Sung-hee, quien le preguntó con expresión seria:
"Woori, ¿tú vas
mañana a la reserva?"
"Sí."
A los compañeros se
les salieron prácticamente los ojos de las órbitas del susto. Al verlos
exagerar tanto, Woori se limitó a pensar con sequedad que estaban locos.
Jae-joon intervino con tono cortante:
"Oye, ahora que
eres omega, ¿a qué vas a ir a un sitio así?"
"Porque me han
convocado."
"¿Qué??"
La respuesta tan
inocente de Woori dejó todavía más descolocados a los demás. El primero en
recuperar la compostura fue Jae-joon.
"¡¿Cómo vas a ir
solo porque te lo ordenen?!"
"Si no voy, me
quedará un antecedente penal."
Aunque ya tenía alguno
que otro en su historial, no le apetecía sumar uno nuevo. Esa última parte se
la guardó para sí mismo.
"¿Antecedente
penal? Oye, seguro que hay algún fallo en el sistema informático. Y dejando eso
de lado, que vayas mañana a la reserva, ¿lo sabe Choi—?"
"Oigan, ¿piensan
entrar al aula o no?"
En ese preciso
instante, el profesor que acababa de llegar interrumpió con tono educado al ver
al grupo discutiendo a gritos en la puerta.
"Ah,
disculpe."
Los estudiantes se
apresuraron a inclinar la cabeza y entraron a trompicones. Woori se sentó en el
extremo de la última fila junto a la ventana para preparar sus cosas. Sus
compañeros intentaron sentarse cerca de él, pero los sitios ya estaban
ocupados.
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Sin más remedio que
sentarse bastante lejos de él, los muchachos comenzaron a cuchichear con caras
de profunda preocupación.
"¿No deberíamos
avisarle a Choi Lee-yeon de esto? Por lo visto, parece que no sabe nada."
"……Pero a Woori
seguro que no le hace gracia que nosotros nos metamos a contarle cosas así a
Choi Lee-yeon."
"Pues Choi
Lee-yeon y Park Woori van siempre juntos a todas partes. ¿No es algo que ya
debería saber?"
"Oye, Bum. Si
estuvieras en su lugar, ¿dejarías tan tranquilo que tu omega se meta en una
auténtica cueva de alfas? ¡¿Estás loco?! Yo, si fuera él, lo encerraría con
llave en una habitación y me tragaría la llave."
Al escuchar aquello en
silencio, Sung-hee le replicó de inmediato con tono afilado:
"¿A mí también me
encerrarías?"
"¡Ay, no! ¡Eso es
que—!"
El profesor, que ya
tenía todo listo para dar clase, lanzó una mirada fulminante a Sung-hee,
Jae-joon y Jong-bum. Ante eso, los tres optaron por sentarse correctamente y
guardar silencio.
Y en cuanto terminó la
clase, antes de que ninguno pudiera dirigirle la palabra, Woori desapareció de
allí sin dejar rastro.
*
* *
Aparqué el coche en el
estacionamiento exterior del complejo de apartamentos y se quitó los cinturones
de seguridad con una expresión complicada. Miró con lentitud a través del
parabrisas hacia la entrada del edificio.
El lugar al que había
llegado no era su casa familiar, sino el apartamento de soltero de Choi
Lee-yeon.
'¿Es en serio esto?'
Con un dejo de
resignación en el rostro, contempló el edificio antes de suspirar y bajar del
vehículo.
Tecleó la contraseña
en la puerta principal del complejo y caminó hasta situarse frente a los
ascensores. Al pulsar el botón para subir, la cabina apareció en menos de un
minuto.
Mientras subían, su
mente volvió a rememorar la conversación que habían tenido unos días atrás.
'¿Acaso no es lógico
que vivas en mi casa?'
Aquel tono
extrañamente impertinente hizo que se detuviera la mano con la que estaba
desabrochando los botones de la bata de paciente, con la cabeza gacha.
Le parecía el colmo
del descaro.
'……¿Por qué demonios
tendría que mudarme a tu casa?'
Al formularle esa
contrapregunta, Lee-yeon le miró con una expresión que sugería que el absurdo
era él.
'Sí. Es obvio que el
sunbae debe vivir conmigo. ¿Acaso pensabas irte a la casa de ese viejo después
de pasar por todo eso?'
'¿Cuándo he dicho que
iba a volver con mi familia? Hasta que encuentre un piso propio, me iré a un
hotel—.'
'¿Y por qué rayos
tienes que irte a un hotel? Si tengo mi propia casa.'
'¡Porque no es mía!'
'Sunbae, ¿tienes idea
de lo difícil que es buscar un apartamento? Tienes que ir a inmobiliarias, ver
pisos con los agentes, comprobar si la propiedad tiene hipotecas pendientes, y
encima ocuparte de la interioridad.'
'Ya me apañaré.'
'¡Si ni siquiera estás
solo!'
'¿A qué viene sacar el
tema del embarazo ahora mismo?'
'¡Porque soy el padre
del bebé!'
¿A qué viene este tono
tan irritante? Justo en el momento
en que, incapaz de seguir conteniéndose, alzó la barbilla que tenía inclinada,
'Primero vístete.'
Lee-yeon le quitó la
bata de un manotazo, desabrochando por completo los botones que apenas había
soltado, tratándole como si fuera un crío tozudo. Agitó la cabeza con fuerza en
señal de protesta, pero las manos de Lee-yeon no mostraban la menor compasión.
Cogió un cuello alto que tenía preparado y se lo pasó a la fuerza por la
cabeza.
'¿Qué se supone que—
¡Ugh!'
Con un sonido sordo,
el estrecho tejido de la prenda rozó su rostro. Aunque uno intente quedarse
quieto al ponérselo, es inevitable despeinarse, y con todo el forcejeo, su
cabello mullido terminó revuelto como el de un vagabundo.
'……Puff.'
Lee-yeon soltó una
risita al ver su pelo corto, erizado en todas direcciones por la electricidad
estática como si fuera un diente de león.
¿Te hace gracia? Justo cuando se disponía a exigirle
explicaciones con la ira reflejada en el rostro, ocurrió algo.
'……'
Su mirada chocó contra
los ojos traviesos y felinos de Lee-yeon, curvados suavemente como lunas
crecientes, con las comisuras de los labios estiradas en una sonrisa divertida.
Era exasperante que,
en medio de una situación tan absurdamente injusta, Lee-yeon se viera tan
atractivo. El calor subió de golpe a su cara.
'Maldita sea.'
Con la lengua trabada,
giró la cabeza con brusquedad. Bajo la luz del sol que se filtraba por la
ventana, sus cabellos se mecían suavemente acompañando sus movimientos.
Al verlo, el halo de
hostilidad que ensombrecía el rostro de Lee-yeon se desvaneció al instante,
tornándose increíblemente suave. Extendió una mano para acomodarle el cabello
con delicadeza.
'¡Oye, no toques—!'
'El pelo del sunbae
parece un diente de león. ¿Puedo hacerte una foto?'
'¿Qué? Ni hablar.'
Le espetó con fastidio
absoluto. Quítame las manos de encima. Abrumado por la vergüenza, apartó
de un manotazo la mano con la que intentaba arreglarle el peinado.
¡Plas!
Un sonido seco y
nítido resonó con fuerza en la habitación del hospital.
'Ah.'
'……!'
Lee-yeon soltó un leve
suspiro mientras retiraba la mano con la que le había alcanzado el golpe. Su
reacción fue de absoluta indiferencia, pero él, que acababa de abofetearle la
mano, estuvo a punto de sufrir un colapso.
Solo quería apartarlo,
pero su cuerpo había reaccionado por instinto golpeándole.
Acabo de lastimar a
Choi Lee-yeon. Paralizado por el
pánico, fue incapaz de apartar los ojos de su dorso de la mano, que lucía
enrojecido.
¿Te duele mucho? Lo
siento.
Las palabras se
agolparon en la punta de su lengua, pero se negaron a salir de su boca.
Mientras se quedaba congelado sin saber qué hacer ni cómo mirarle,
Lee-yeon, que se había
estado mirando la mano con total calma, levantó la vista para encontrarse con
la suya. Luego, esbozó una sonrisa astuta mientras entrecerraba los ojos con
picardía.
'Tenía las manos
frías, así que me vino bien.'
'……!'
Verle sonreír sin
pizca de orgullo, diciendo que «gracias al sunbae la circulación le iba de
maravilla», le dejó completamente helado. Se sentía agradecido por el hecho
de que no se enojara por su torpeza, pero al mismo tiempo eso le irritaba
profundamente.
Si he hecho algo mal,
enfadarte y ya.
'¿Qué se supone que
haré si me termino acostumbrando a esta amabilidad tuya?'
Justo cuando abría los
labios con una expresión cargada de confusión, Lee-yeon, sin mostrar el menor
ápice de abatimiento, levantó uno de sus brazos caídos y lo introdujo con maña
en la manga de la camiseta.
Era un trato impropio
de un adulto, tratándole como a un niño pequeño, pero esta vez no tuvo fuerzas
para protestar y pedirle que se detuviera. Se dejó arrastrar indefenso por sus
atenciones.
Lee-yeon metió el otro
brazo por la manga restante y estiró el dobladillo de la camiseta, que se había
enrollado hacia el pecho, hasta dejarlo por debajo de su ombligo.
Luego, cuando sus
dedos rozaron la goma elástica del pantalón del hospital, ¡Zas! Agarró su
muñeca por puro reflejo. Sin embargo, apenas duró un instante antes de que
aflojara la fuerza de su agarre.
Un escalofrío le
recorrió la espalda.
El rostro de Lee-yeon,
que hasta entonces fingía serenidad, se tiñó de una excitación extraña. Sus
ojos marrones, abiertos de par en par, hervían repletos de un deseo desmedido.
Con un ruido sordo, el
pantalón se deslizó lánguidamente hasta sus tobillos.
Lee-yeon le sostuvo
uno de los tobillos y dijo con voz suave:
'Tienes que levantar
el pie.'
'……'
Su barbilla temblaba
de pura humillación, pero obedeció su orden y levantó el pie. Al verle
completamente despojado del pantalón, Lee-yeon cogió el pantalón plisado que
había dejado preparado sobre la cama y lo acercó a sus pies.
Comprendiendo que
cualquier resistencia adicional era inútil, introdujo los pies por las
aberturas del pantalón tal como él pretendía.
Deslizándose
suavemente...
La sensación fría de
la tela y el calor abrasador de las manos de Lee-yeon rozaron la parte exterior
de sus pantorrillas. ¡Un salto! Su cuerpo se estremeció ante la extraña
sensación que recorrió la parte baja de sus piernas.
Disfrutando claramente
de su reacción, Lee-yeon subió la tela con deliberada lentitud. Y cuando el
pantalón hubo ascendido hasta sus muslos, incapaz de contenerse por más tiempo,
presionó sus labios contra una de sus piernas.
Chof.
'……!!'
Aquel gesto de clara
índole sexual hizo que su cuerpo se endureciera como el hielo. Su respiración
se volvió pesada ante aquella respuesta tan inocente como turbadora.
Aquel al que tanto
había deseado, el que había encendido y consumido sus ansias hasta quemarle las
entrañas, por fin había caído en sus manos. Aunque detestaba que lo tocaran a
su capricho, se mostraba sumiso y obediente.
Y todo ello, llevando
en su vientre a su propio hijo.
Aquel hecho colmaba
por completo el instinto de posesión y el afán de exclusividad del alfa
dominante. A Lee-yeon se le nublaron los ojos de pura excitación. Justo cuando
iba a abrir los labios para clavar los dientes en el muslo firme pero pálido de
Woori,
‘¡Hic!’
Woori se tapó la boca
desesperadamente con ambas manos.
La vergüenza y el
bochorno tiñeron su rostro de un rojo tan lastimero que daba pena.
‘……’
Lee-yeon se detuvo
justo cuando se disponía a morder la carne del muslo.
Las miradas de ambos
se cruzaron. En el instante en que los ojos muy abiertos de Woori se
estrecharon, reflejando un turbador remolino de humillación,
Lee-yeon lo observó
con una expresión indescifrable antes de soltar una sonrisa socarrona.
‘Hasta con hipo eres
adorable, querido sunbae.’
La atmósfera, cargada
de una tensión sexual tan densa que rozaba la asfixia, se desmoronó con una
facilidad casi frustrante ante el tono juguetón de Lee-yeon.
‘¡Ya basta!’
‘Lo siento. ¿Me pasé
demasiado con la broma?’
Lee-yeon soltó una
risa ligera mientras terminaba de ponerle los pantalones. Con unos movimientos
tan naturales como despreocupados, su mano rozó la parte baja del abdomen de
Woori mientras le acomodaba la ropa.
Un respingo.
Cuando Woori lo miró
con evidente sorpresa, Lee-yeon habló con calma.
‘Sunbae, los hoteles
son peligrosos.’
‘¿Qué tiene de
peligroso?’
Recuperando la
compostura, Woori le preguntó con frialdad. Sin embargo, tal vez debido a la
culpa de haberlo golpeado momentos antes, su voz carecía de su habitual
mordiente. Lee-yeon disfrutó del matiz apagado en su tono antes de responder.
‘Todo es peligroso.’
Justo cuando Woori se
disponía a replicar si eso se podía considerar un argumento válido, Lee-yeon le
sonrió con afecto.
‘En un sitio lleno de
gente a la que no conoces de nada, ¿cómo puedes estar seguro de que estás a
salvo? Es demasiado peligroso que un omega se aloje solo.’
‘¡No es como si fuera
a meterme en un hostal de mala muerte, así que qué más da—!’
‘Da igual que sea un
hostal o un hotel. Hoy en día los tontos de los alfas están muy al acecho y son
muy peligrosos. ¿Acaso no has oído hablar de los crímenes dirigidos a omegas
que se quedan en estancias largas?’
Los labios de Woori
temblaron levemente. En efecto, bastaba con encender la televisión para ver que
las noticias sobre delitos contra omegas no cesaban. Lee-yeon tenía razón.
‘Sunbae, ni que
estuvieras solo.’
‘Eso es—.’
Sin embargo, aquella
situación no terminaba de convencerle. Más allá del afecto que sentía por
Lee-yeon, a Woori le repugnaba que tomaran decisiones por él de esa manera tan
arbitraria.
¿Y qué pasa con mi
opinión?
¿Por qué decidía todo
a su antojo y se limitaba a comunicárselo?
Un rincón de su pecho
se sentía extrañamente oprimido. Aunque le faltaba labia para expresar con
precisión lo que sentía, sabía perfectamente que aquello marchaba por un rumbo
terriblemente equivocado.
Lee-yeon lo observaba
fijamente con el entrecejo fruncido, descontento. Al levantar la vista ante su
mirada insistente, el alfa cambió de máscara al instante, adoptando con soltura
la expresión de un hombre tierno y devoto.
‘Sunbae y yo estamos
prometidos.’
La voz de Lee-yeon,
suave pero con un trasfondo extrañamente coercitivo, pesó sobre los hombros de
Woori. Los ojos de este parpadearon, reflejando una profunda confusión.
‘Aun así, es un
compromiso por contrato.’
‘¿Ni siquiera puedo
pedirle a mi propio prometido que se quede en mi casa por su propia seguridad?’
‘……’
‘¿Y menos aún a
alguien que lleva a mi hijo dentro? Si le pasa algo al sunbae, el bebé también
corre peligro. ¿Acaso es una exigencia tan desmedida?’
Las pupilas de Woori
temblaron con fuerza.
‘……¿Hace todo esto por
el bebé?’
¿Y no por mí?
Lee-yeon no se percató
del rostro endurecido de Woori. De hecho, ni siquiera se le pasó por la cabeza
prestarle atención.
Daba por sentado que,
con semejantes argumentos, Woori terminaría cediendo y tragándose las
objeciones. Se le había olvidado por completo que días atrás le había confesado
sus sentimientos, pidiéndole perdón por haberlo atormentado a causa de su
orgullo.
No podía evitarlo.
Choi Lee-yeon solo sabía recibir amor, pero jamás había amado a nadie; a sus
veintidós años no era más que un crío torpe. Era lógico que un hombre egoísta,
centrado únicamente en su ombligo, se dejara arrastrar por un sentimiento tan
abrumador como el amor sin saber gestionarlo con cordura.
Lo único que habitaba
en la cabeza de Choi Lee-yeon era la certeza absoluta de que debía mantener a
Park Woori a su lado. Por esa razón, era incapaz de leer las inseguridades de
Woori, quien seguía albergando la absurda sospecha de que «Lee-yeon solo se
había confesado por sentido de la responsabilidad tras enterarse del embarazo».
‘Tengo la obligación
de hacerme cargo del sunbae y de nuestro hijo.’
‘……Yo.’
‘Hago todo esto porque
te quiero con locura.’
La voz de Lee-yeon se
tornó aún más grave, un susurro íntimo destinado únicamente a los oídos de
Woori.
‘Me volvería loco de
la angustia si el sunbae no estuviera ante mis ojos.’
Más allá de la
injusticia que sentía en esa situación, Woori se vio conmovido por la franqueza
de aquellas palabras.
No podía evitarlo. Al
fin y al cabo, Lee-yeon era la única persona que había logrado llenar de
matices su gris y monótona existencia. Atrapado por el torbellino del afecto y
el amor, sensaciones que experimentaba por primera vez en su vida, era incapaz
de mantener el juicio firme.
‘Así que, por favor,
¿no podrías hacer caso a lo que te pido?’
Había una fuerza
ineludible en la voz de Lee-yeon. Al final, Woori terminó asintiendo en
silencio.
‘¡Vaya! ¡Muchísimas
gracias, sunbae!’
Lee-yeon lo abrazó con
fuerza, radiante de felicidad como un niño pequeño. Su abrazo era cálido y
reconfortante, pero al mismo tiempo dejó plantada en lo más hondo del pecho de
Woori una sutil semilla de inquietud. Un poso de viejos rencores comenzó a devorarlo
por dentro.
‘Lo haré mucho mejor a
partir de ahora. De verdad, te lo agradezco mucho, sunbae.’
Aunque no sabía si
aquello era lo correcto, Woori ya no tenía fuerzas para seguir discutiendo con
Lee-yeon.
*
* *
-Piso 18.
Dando vueltas a mil
cosas en la cabeza, llegó al piso 18 en un abrir y cerrar de ojos. Las puertas
del ascensor se abrieron con suavidad, y él dio unos pasos lentos hacia afuera.
En el piso 18 del edificio solo había una puerta.
De pie frente a ella,
su mirada recayó en la cerradura digital instalada en la madera.
Sacó la mano del
bolsillo y la acercó al panel táctil. Sin embargo, su mano se quedó
completamente congelada.
Tras pensárselo un
buen rato, se mordió con fuerza los labios.
Se sabía la
contraseña. Choi Lee-yeon se la había dicho muy amablemente desde el primer
día.
Ya iba por el cuarto
día desde que se había mudado a su casa, pero era la primera vez que entraba
solo. Lee-yeon siempre se había empeñado en acompañarlo, y como siempre era él
quien abría la puerta, Woori jamás había tenido que teclear la clave.
'Aun así, marcarla yo
mismo se siente un poco raro.'
Parecía como si de
verdad fuera su propia casa.
¡Fiiuuum! Las orejas de Woori se encendieron como si
estuvieran a punto de estallar, avergonzado por una tontería. Le sudaba la
palma de la mano que tenía en el aire.
No va a poder ser.
Mejor toco el timbre y ya.
Justo cuando iba a
desistir de poner la contraseña para apretar el botón del timbre, el pestillo
sonó con un clic electrónico y la puerta se abrió de par en par.
“……!”
“¡Sunbae!”
Vestido con un
delantal beis sobre su ropa de diario, Lee-yeon lo recibió con una sonrisa
radiante como una flor.
'Esto ya es trampa…….'
Su corazón latía con
una fuerza alarmante.
“¿Ya llegaste?”
Lee-yeon le dedicó una
sonrisa dulce al verlo tan avergonzado.
¡No! Con el mecanismo de defensa activado ante una
sonrisa que amenazaba con causarle un paro cardíaco, intentó darse la vuelta y
huir, pero Lee-yeon se le adelantó, le agarró la mano con suavidad y lo
arrastró hacia el interior. Con el sonido de la puerta cerrándose, se escuchó
también el cerrojo digital bloqueándose.
“¡M-suéltame un
momento! ¡Puedo entrar solo!”
“Es que quería cogerte
de la mano~.”
Las palabras
socarronas de Lee-yeon hicieron que a Woori empezara a salirle humo por la
coronilla.
Lee-yeon observó con
la mirada ensombrecida el cuello tenso y lleno de venas marcadas de Woori. Al
ver cómo latían con fuerza, su nuez se movió de arriba abajo. Parecía un
depredador agazapado estudiando a su presa antes de cazarla. Pero apenas duró
un segundo; enseguida recuperó su habitual expresión cariñosa.
“Sunbae, vamos a comer
rápido.”
“Espera—”
“Lo tengo todo
preparado.”
“¿Qué?”
Cuando se disponía a
rechistar y apartar la mano de Lee-yeon por la incomodidad, se quedó helado.
Lee-yeon tiró de su mano con aire triunfante.
“Tachán~.”
Con la mano que tenía
libre, señaló la mesa del comedor con orgullo. Sobre ella había una gran
variedad de platos apetitosos, acompañados de un cuenco de arroz y una sopa
humeante que desprendían un brillo delicioso. Solo entonces Woori fue capaz de
percibir el aroma a comida que inundaba toda la casa.
“Lo preparé pensando
en ti. Perdón por no haber podido venir contigo hoy.”
Los párpados de Woori
parpadearon con rapidez. Expulsado por su madre biológica, había pasado quince
años arrimado a la familia Park. Jamás nadie le había preparado una comida
pensando exclusivamente en él. Por supuesto, en la mansión siempre había una
empleada doméstica que cocinaba a sus horas, pero la sensación era
completamente distinta.
'Hecho únicamente para
mí.'
Ese simple pensamiento
le revolvió el estómago con una extraña agitación.
Era como si alguien le
estuviera acariciando el corazón por dentro con la punta afilada de una pluma.
Mientras se quedaba embobado mirando la mesa, abrumado por una emoción
indescriptible,
“¿Sunbae? ¿Te pasa
algo?”
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Preguntó Lee-yeon con
tono de preocupación. Al volver en sí, Woori se apresuró a decir:
“¿Por esto querías
irte antes?”
“¡Sí!”
“……¿Esto lo has hecho
tú?”
“¿Yo? Ni hablar.”
¡Crash!
La rotunda y sincera
negativa de Lee-yeon hizo añicos toda su emoción. Pero ¿qué clase de estupidez
es esa?
“Claro que lo ha hecho
la empleada.”
“Dijiste que lo habías
preparado tú.”
“Elegí el menú y miré
cómo lo cocinaba con unos ojitos muy tiernos y amorosos.”
“……?”
¿Que solo miró? ¿Ni
siquiera ayudó?
Cuando Woori lo miró
de reojo con cara de incredulidad, Lee-yeon respondió con total desparpajo.
“Yo coloqué la comida
en los platos.”
Estuvo a punto de
decir que lo había hecho todo él, pero como no le gustaba mentirle al sunbae,
prefirió decirle la verdad. Aquella actitud, más que segura de sí misma,
descarada, hizo que se le torcieran los labios a Woori.
Fiu.
“Qué tontería.”
La expresión de Woori,
antes rígida por la tensión, se relajó con suavidad.
La sonrisa de aquel
hombre, por lo general tan inexpresivo, poseía un atractivo magnético imposible
de ignorar. El corazón de Lee-yeon comenzó a latir con una fuerza indecorosa.
Lo tenía justo delante y aun así no podía dejar de mirarlo.
Mientras se quedaba
embobado contemplándolo sonreír de ese modo, Woori lo miró extrañado al ver que
no decía nada.
“¿Choi Lee-yeon?”
“Vamos a comer ya.”
Con total calma,
Lee-yeon volvió a ponerse su máscara habitual y arrastró una silla de la mesa.
Ante aquel gesto
natural de galantería, Woori abrió un poco los labios, pero terminó sentándose
obediente. Lee-yeon tomó asiento frente a él y cogió los palillos.
“Buen provecho.”
“……Tú también.”
'Este arroz no disminuye
ni un poco.'
Seguro que Choi
Lee-yeon le había echado algún hechizo al cuenco. Por mucho que comiera sin
parar, la cantidad de comida no bajaba.
Ya estaba lleno solo
con el arroz, pero además había una cantidad inmensa de acompañamientos, así
que terminárselo todo era tarea imposible.
'Para haber comido
esto, ya es un logro.'
Por culpa de su
gastritis crónica, Woori solía comer poquísimo, lo justo para mantenerse en
pie. Sin embargo, los platos de la mesa estaban prácticamente a la mitad.
Aquello era un atracón en toda regla.
Al rendirse y dejar
los palillos sobre la mesa, los ojos de Lee-yeon, que comía en silencio, se
abrieron de par en par.
“¿Ya has terminado?”
“Sí. Estoy lleno.”
“Pues en Pyeongchang
comías muchísimo más.”
“Porque allí nos
pasábamos el día andando de un lado para otro. Hoy me he tirado toda la clase
sentado, así que no tengo tanta hambre.”
“Aun así…… me preocupa
que comas tan poco. ¿Sabes lo delgado que estás para la altura que tienes?”
Lee-yeon actuaba
exactamente igual que una abuela que, viendo a su nieto gordito, sigue pensando
que está famélico e intenta meterle otra cucharada a la fuerza.
“¿Qué vas a hacer si
te desmayas por culpa de esto?”
“……? ¿Acaso no ves los
músculos que tengo?”
¿Es que este tío tiene
la cabeza hueca o qué? Estaba a punto de preguntarle seriamente si no
necesitaría someterse a una prueba de capacidad cognitiva, cuando Lee-yeon
interrumpió.
“Bueno, pues luego te
tomas una buena ración de fruta.”
“¿Fruta? Si yo no—”
“Y mañana, ¿terminas
las clases a las 4, verdad? No tienes ningún compromiso después, ¿no? ¿Podrás
venirte conmigo a casa?”
“¿Qué? ¿Por qué
cambias de tema tan de repente—?”
“Había pensado que
podríamos cenar fuera mañana. Así matamos dos pájaros un tiro y tenemos una
cita. ¿Qué te parece si vamos a ver una película nocturna y luego damos un
paseo tranquilo? Ah, espera, ¿igual por el bebé no es buena idea?”
“Oye. Choi—”
“Como creo que
terminaré antes, iré a buscarte frente a la puerta de la Universidad de Gyeongsang.”
“……”
Woori trajo a su mente
la película . Ya era un tipo bastante mandón de por sí, pero en los últimos
días la situación se estaba poniendo peor.
El verdadero problema
era que, aunque todo aquello le molestaba, en el fondo tampoco le disgustaba
del todo.
'……No lo entiendo. Si
ni siquiera me toca un pelo, ¿por qué actúa como si estuviera loquito por mí?'
Sus pensamientos
derivaron de pronto hacia otro rumbo.
Cuando convivían en el
hospital, debido a las circunstancias especiales y a que su cuerpo y rostro
estaban cubiertos de moratones, había asumido que Lee-yeon no lo tocaba
simplemente porque no le apetecía.
El día del alta
hospitalaria, Choi Lee-yeon había actuado como si tuviera intención de tocarlo,
pero por algún motivo se había detenido a abrocharle la ropa de nuevo, y en
casa seguía mostrándose de lo más recatado. Aunque se besaban cada vez que sus
miradas se cruzaban, no pasaba de ahí.
Y eso que ya no
quedaba ni rastro de los moretones ni de las heridas que le cubrían el rostro.
'No es propio de él
quedarse de brazos cruzados.'
Antes de comprometerse
con Woori, Lee-yeon tenía fama de ser un completo libertino. Con varios
compañeros sexuales en su haber, huelga decir más. Aunque había cortado por lo
sano con todos ellos tras su compromiso, Lee-yeon seguía conservando una
belleza despampanante, y la naturaleza de alfa dominante que poseía, ahora en
plena madurez, se había vuelto todavía más densa e irresistible.
Había presenciado más
de una vez cómo la gente por la calle se quedaba embobada mirándolo sin poder
apartar los ojos.
“¿Acaso te vas por ahí
a desahogarte?”
“¿Perdón?”
Ante aquella pregunta
sacada de la nada, Lee-yeon ladeó la cabeza extrañado.
Estás loco, Park
Woori.
Su corazón latía
desbocado, como si quisiera escaparse del pecho. Sin embargo, su rostro —con
una dureza capaz de resistir la suela de un zapato— se mantenía absolutamente
inexpresivo. Dando las gracias a su natural cara de póker, desvió el tema con
total soltura.
“Mañana no puedo.”
“¿Eh? ¿Por qué?”
El tono de Lee-yeon se
elevó de forma extraña ante la negativa.
¿Se ha enfadado? Woori lo miró desconcertado.
“Con las ganas que
tenía de pasar el rato con el sunbae….”
¿Habrá sido una
alucinación?
Woori parpadeó,
contemplando a Lee-yeon mientras este zapateaba con un aire aniñado y
caprichoso.
Lee-yeon le dedicó una
sonrisa empalagosa mientras se quejaba:
“¿Con quién vas a
quedar si no? ¿Con Sung-hee sunbae? ¿O tal vez con… Jae-joon sunbae?”
“¿Y a cuento de qué
iba a quedar yo con esos dos?”
Woori frunció el ceño
con repugnancia. Al verlo, los ojos de Lee-yeon se suavizaron sutilmente,
aunque solo por un instante.
“Bueno, si ya tenías
planes hechos, no se puede hacer nada. ¿A qué hora terminas? Estaré por la zona
para irnos juntos en cuanto acabes tus cosas.”
Una punzada de sutil
incomodidad le recorrió el pecho. ¿Por qué se sentía así? Tenía la garganta
completamente seca. Justo cuando se levantó de la silla para ir al dispensador
a beber un vaso de agua, Lee-yeon se puso de pie de un salto y se dirigió a la
cocina.
Glup, glup. Llenó un vaso con agua tibia y se lo tendió.
Tras mirar el vaso que
le ofrecía en silencio, Woori asintió levemente y se bebió el agua a sorbos rápidos.
“Qué bien bebe agua
nuestro sunbae.”
Lee-yeon lo colmó de
halagos con una expresión de orgullo desmesurado, como si estuviera viendo a un
cachorro.
Estando así. A Woori se le erizó elvellón de todo el
cuerpo. Y en ese preciso instante, tomó una decisión.
'Mejor no le digo nada
de la reserva.'
'Oye, Bum. Si
estuvieras en su lugar, ¿dejarías tan tranquilo que tu omega se meta en una
auténtica cueva de alfas? ¡¿Estás loco?! Yo, si fuera él, lo encerraría con
llave en una habitación y me tragaría la llave.'
Las palabras de
Jae-joon, escuchadas de pasada durante la última clase de la tarde, acudieron
de golpe a su mente.
Si ya le resultaba
mortalmente vergonzoso e incómodo soportar las atenciones y el cariño de
Lee-yeon tal como estaban las cosas, ni siquiera quería imaginarse cómo
reaccionaría si llegaba a enterarse de que iba a presentarse en la reserva
militar.
*
* *
Jiing-!
Los ojos de Woori, que
estaban cerradamente cerrados, se abrieron de golpe. Con la rapidez con la que
un oso agita su pata delantera, agarró con agilidad el teléfono inteligente que
había dejado en la mesita de noche junto a la cama y apagó la alarma.
Woori bajó la mirada
con expresión seria.
“……”
Por suerte, Lee-yeon
seguía dormido.
Sintiéndose más
aliviado, Woori volvió a dejarse caer en la cama como si se desplomara,
tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón. No había pasado mucho
tiempo cuando de repente se dio cuenta de que su brazo derecho le dolía
horriblemente por la presión.
“Mmm, sunbae……”
Al girar la cabeza
hacia un lado, vio que Lee-yeon se acurrucaba contra su hombro derecho en medio
de un leve balbuceo de sueño.
Lee-yeon estaba usando
su brazo derecho como almohada, y lo tenía completamente atrapado no solo con
los brazos, sino también con las piernas, rodeándolo con fuerza.
“……”
¿No se supone que
suele ser al revés? Y decías que estabas preocupado por el bebé y que no podías
dejarme solo. Si me vas a abrazar tan fuerte, ¿qué pasa si me aplastas la
barriga?
Al ver a Lee-yeon
acurrucado en su pecho como si fuera una princesa de cuento, Woori intentó
evocar la imagen típica de una pareja de alfa y omega que había visto en los
medios, pero enseguida negó con la cabeza.
Bueno, yo tampoco soy
precisamente el prototipo de omega común. Y además, es posible que ni se haya dado cuenta porque estaba
durmiendo.
“……Vaya.”
Woori soltó una risita
silenciosa al ver a Lee-yeon respirando con suavidad mientras dormía. Hasta su
cabello, alborotado como un nido de urraca, le parecía imponente, y su rostro
ligeramente hinchado se veía adorable.
Si es que tener el
filtro de la debilidad por alguien ya debe ser una enfermedad.
Mientras contemplaba
embobado el rostro adormilado de Lee-yeon, levantó el teléfono con la mano
izquierda para comprobar la hora.
Eran las 7:30 de la
mañana.
La convocatoria era a
las 9:00.
El tiempo era
demasiado ajustado si pretendía ducharse, ir a su casa familiar, cambiarse con
el uniforme militar y dirigirse después al campamento de entrenamiento de
Gwanak-san.
No queda de otra.
Tengo que levantarme.
Woori levantó despacio
el brazo que tenía ceñido a su cintura y apartó con cuidado la cabeza de
Lee-yeon hacia un lado. En ese instante, los párpados de Lee-yeon, que
reposaban cerrados, temblaron ligeramente.
Woori contuvo la
respiración por un segundo.
Por suerte, Lee-yeon
recuperó un ritmo de respiración pausado. Woori exhaló un suspiro, subió con
sumo cuidado la manta que se había deslizado hasta el pecho de este para
cubrirlo hasta el cuello y le susurró:
“Sigue durmiendo.”
“Mmm…….”
Como si estuviera respondiendo,
Lee-yeon soltó un murmullo y se sepultó todavía más bajo las sábanas.
La expresión
inexpresiva de Woori se suavizó involuntariamente al contemplarlo. Obligó a su
cuerpo, que se negaba por completo a moverse, a ponerse en pie y se dirigió al
baño.
Al terminar de
ducharse y comprobar la hora, vio que ya eran las 8:00. Si pensaba pasar por la
casa familiar a buscar el uniforme, tenía que darse prisa. Pasándose los dedos
de cualquier manera por el cabello mojado, se enfundó con rapidez una camiseta
fina y unos pantalones de deporte.
Estaba a punto de
salir del dormitorio cuando su mirada se desvió hacia la cama.
Lee-yeon seguía allí,
profundamente dormido, ajeno al mundo entero.
El sonido de su
respiración abrazado a la manta era sumamente tranquilo.
Tiene clase a las
10:00. Ya se despertará con la alarma.
Repasando mentalmente
el horario de Lee-yeon, que ya se sabía de memoria, dio un paso con el pie
derecho. Sin embargo, su rumbo no fue hacia la puerta, sino de regreso a la
cama.
Woori apoyó una
rodilla en el colchón e inclinó ligeramente el torso. Sus labios secos rozaron
la mejilla pálida de Lee-yeon.
Chof.
Era un roce
insignificante, un beso tan inocente que lo habría dado un niño pequeño, pero
mientras lo hacía, el rostro de Woori ardía de un rojo intenso.
Tuvo la extraña
sensación de que las feromonas de Choi Lee-yeon se le habían quedado pegadas en
los labios.
Ignorando el calor
abrasador que le quemaba las orejas, salió de la casa a toda prisa, como si
estuviera huyendo.
Al llegar a la casa
familiar, por suerte el coche de Yeon-ho no estaba. Con un suspiro de alivio,
Woori subió a la planta alta.
Entró en su
habitación, sacó el uniforme militar que guardaba en el compartimento más bajo
del armario y se vistió con rapidez.
Las botas están en el
tarjetero, la boina es de…… ¿dónde demonios está? ¿Y las anillas de goma?
Rebuscando con el ceño
fruncido entre los trastos del armario, Woori exclamó al fin:
“Las encontré.”
Sacó la boina y las
anillas de goma que habían quedado aplastadas entre un montón de objetos
viejos. Tras haber pasado más de un año hechas un ovillo, la gorra había
perdido toda la forma y lucía un aspecto deplorable.
Mirando la boina
arrugada con absoluta indiferencia, Woori comenzó a golpearla con fuerza contra
el borde del armario. Bastaron unos cinco golpes secos para que recuperara más
o menos su estructura original.
Con esto bastará. Se levantó, metió a empujones en el armario
la ropa que había desparramado al buscar el uniforme y bajó hacia la entrada.
Por último, sacó unas botas militares desgastadas del rincón del zapatero, se
las calzó y se subió al coche que había dejado aparcado frente a la puerta
principal.
Justo cuando iba a
aferrar el volante con las manos y pisar el acelerador, se detuvo un instante.
Tras pensarlo un momento, cogió el teléfono inteligente que había tirado en la
consola de carga y lo manoseó un rato. Pero al final volvió a arrojarlo al
cargador y agarró el volante con firmeza.
¡Vruuuum!
El coche de
importación con el parachoques dañado rugió con fuerza, atravesando a toda
velocidad el tranquilo vecindario residencial.
*
* *
"Estoy
reventado."
Los dos, al salir de
la oficina de administración con rostros que reflejaban un cansancio absoluto,
se presionaron la zona del entrecejo y las ojeras con los dedos pulgar e
índice.
El día de hoy había
sido demasiado largo. Tratándose de la reserva, pensaba que bastaría con armar
de forma aproximada el fusil, realizar algunos disparos, escuchar una charla
sobre táctica militar y dar por terminada la jornada. Sin embargo, los hicieron
participar hasta en un juego de paintball.
'Sabía que existía la
posibilidad de jugar al paintball, pero...'
Por lo general, cuando
se realiza un juego de paintball en la reserva, la gente suele tomárselo con
calma y cumplir por puro compromiso; pero, para su mala suerte, el grupo al que
pertenecía y el bando contrario resultaron ser el grupo de la muerte.
'Bastaba con hacernos
los desinteresados y cumplir con el trámite. Pero les dio por volverse locos y
disparar a matar como fuera. Unos imbéciles.'
Él carecía de
autoestima, pero era un sujeto cargado de un orgullo desmedido y una
competitividad feroz. De ninguna manera se iba a permitir perder. Por esa
razón, se camufló de forma impecable entre los matorrales y acribilló a balazos
de pintura al alfa del equipo rival.
"Ah, carajo...
Estoy molido, de verdad."
"..."
Woori miró de reojo y
con una expresión apática a Jong-bum, quien no paraba de quejarse a su lado.
Jong-bum parecía estar tan exhausto como él. Su rostro, que en circunstancias
normales lucía bastante arreglado, se encontraba completamente empapado de
sudor y manchado de pintura.
'Vaya que jugó bien
ese tipo.'
Le pareció algo
inesperado. Jong-bum era un alfa cuya presencia resultaba sumamente tenue en
comparación con la de Jae-joon, y sus cambios de ánimo eran tan leves que
proyectaba la imagen de alguien bastante pacífico. Por eso, ver cómo se le
nublaba la vista por la competitividad y comenzaba a ráfagas de disparos de
pintura en el juego de paintball resultó ser una escena totalmente fuera de lo
previsto.
'Gracias a eso, a mí
también se me encendió la sangre.'
Del mismo modo en que
los varones no suelen entablar amistad fácilmente a través de la conversación,
pero logran acortar distancias cuando practican algún deporte juntos, la
relación entre Woori y Jong-bum se volvió un poquito más cercana. Aparte de
eso...
'Ese sujeto también me
cubrió un poco el espaldas.'
Los alfas que se
encontraban en el centro de entrenamiento reaccionaron con una curiosidad
bastante vil y comenzaron a alborotarse al enterarse de la presencia de un
omega recesivo. No obstante, cada vez que intentaban aproximarse para dirigirle
aunque fuera una sola palabra a Woori, Jong-bum intervenía adelantándose a
hablarles a ellos o hablándole a Woori, desviando la atención con total
naturalidad.
Gracias a ello, los
alfas perdieron el interés y dejaron de molestar a Woori, quien ya no
desprendía olor a omega, permitiéndole concentrarse en la instrucción de manera
bastante cómoda.
Por esa razón, cuando
Jong-bum comentó que se desplazaría en metro hasta la universidad para entregar
los documentos de la reserva, Woori le ofreció llevarlo en su vehículo. Al fin
y al cabo, era un compañero de promoción al que tendría que seguir viendo hasta
la graduación y él mismo debía dirigirse al campus de todos modos.
Habiendo recibido su
ayuda de forma disimulada, no podía limitarse a decir 'Bueno, ahí nos vemos' e
irse solo a la universidad. Hacer algo semejante lo habría convertido en una
basura de persona.
Ya hice más que
suficiente. Sucedió justo cuando, tras finalizar la entrega de los documentos,
se disponían a abandonar el edificio principal.
"Oye. Park Woori."
"...?"
Woori miró de reojo a
Jong-bum. Al verlo tragar saliva en repetidas ocasiones con el rostro
desencajado por el cansancio, dio la impresión de que tenía la garganta seca.
Al observar esa escena, a él también le vino una sed repentina.
Pensándolo bien, desde
que se tomó una botella de agua mineral junto con el almuerzo empaquetado a
mediodía, no había probado ni una sola gota de agua.
"Tengo sed. Vamos
a echarnos un café."
"No quiero."
Woori rechazó
tajantemente la propuesta de Jong-bum. No tenía el menor deseo de sentarse a
sonreír y charlar con otra persona en una cafetería mientras tomaba un café.
Además...
'Escuché por ahí que
no se debe tomar café durante el embarazo.'
Recordó haber oído en
alguna parte que el café no era bueno para las gestantes.
Aunque intentaba
desviar la mirada y fingir demencia por no querer afrontar el hecho de que
estaba embarazada, en los momentos decisivos resultaba inevitable que la
preocupación le viniera a la cabeza.
Woori se frotó el
vientre de forma inconsciente.
"¿Qué le pasa a
ese?"
"¿Park Woori no
era un omega?"
"Miren cómo lleva
la gorra bien puesta."
"¿Cómo carajos va
a ser esa la cara de un omega?"
En ese instante, unos
estudiantes alfas que pasaban cerca de la oficina de administración comenzaron
a murmurar entre ellos al ver a Woori vestido con el uniforme militar. Debido a
la vida tan caótica que había llevado hasta entonces, las murmuraciones de los
estudiantes no le provocaban ni el más mínimo malestar. Le bastaba con
ignorarlos. Sin embargo, el problema fue lo que dijeron a continuación.
"¿El que está a
su lado no es el subdelegado de Administración de Empresas? ¿Qué clase de
relación tienen para andar juntos?"
En ese segundo, los
nervios de Woori se pusieron al límite.
'¿Estos infelices...?'
Le molestó
profundamente la manera en que sacaban a relucir a Jong-bum solo por el hecho
de ser alfa y por haber entrenado juntos en la reserva. El disimulado tono de
burla y el matiz sucio que llevaban impresas esas palabras fueron más que
suficientes para alterar sus nervios.
Justo cuando Woori,
lleno de rabia, apretaba los puños y se disponía a soltar un grito desmedido…
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"¿Entonces vamos
a la máquina expendedora?"
"...¿A la máquina
expendedora?"
Los puños que Woori
había apretado con fuerza se desataron lentamente. Aunque le resultaba molesto
sentarse a solas con un compañero en una cafetería, ir a una máquina
expendedora le parecía algo bastante aceptable. Sumado a eso, sentía una sed
insoportable.
Aun así, continuaba
dudando.
'Incluso en este
momento la gente está usándolo a él para criticarme, ¿no van a ver raro también
que vayamos juntos a la máquina expendedora?'
Woori frunció el ceño
profundamente mientras reflexionaba con severidad.
"..."
La mirada de Jong-bum
se posó sobre la frente lisa de Woori. Park Woori solía llevar el cabello
echado hacia atrás habitualmente, pero el día de hoy lució un aspecto un tanto
distinto. Su rostro, enmarcado por la boina, resplandecía con la tersura de un
huevo cocido recién pelado. A pesar de tener el cabello completamente cubierto,
extrañamente proyectaba una apariencia aún más atractiva.
'Es increíble.'
La espantosa boina
militar de fieltro color verde oliva, el pésimo uniforme de patrón digital y
las botas militares que le llegaban hasta la mitad de la espinilla; todo eso
cobraba un aspecto endiabladamente elegante en cuanto se lo ponía Park Woori.
Con un poco de exageración, parecía un actor interpretando el papel de un
soldado.
Jong-bum observó de
reojo a los alfas que murmuraban mientras miraban a Woori de arriba abajo.
Aunque en apariencia fingían criticarlo y burlarse, en sus ojos se albergaba un
deseo imposible de ocultar.
'Al fin y al cabo, es
un omega sumamente especial.'
Park Woori era
conocido en la universidad por ser un verdadero desastre ambulante. Buscaba
pleito con cualquiera que no le cayera bien, peleaba y llegaba incluso a los
golpes. Además, su familia administraba la empresa de préstamos privada más
importante de Corea.
Según los rumores, irrumpía
personalmente en las casas de los deudores para armar escándalos, y en la
sección de sucesos de los periódicos solía aparecer con frecuencia su nombre
completo bajo el titular: "El hijo menor de Lee Rae Financial vuelve a
hacer de las suyas. ¿Esta vez terminará en la celda del calabozo?". ¿Las
normas? ¿El sentido común de la sociedad? Daba la impresión de que jamás le
habían importado en lo más mínimo.
Sin embargo, el Park
Woori que había observado el día de hoy había cumplido con la instrucción de la
reserva de manera sorprendentemente rigurosa.
'Un tipo que parece
vivir por encima de la ley resultó ser inesperadamente applied.'
Mientras otros
miembros de la reserva ni siquiera llevaban la boina y se comportaban con
descaro diciendo "La perdí, ¿y qué?", sacándole canas verdes al
instructor, Park Woori había traído su boina bien puesta y ajustada. Incluso
llevaba puestas las ligas para los pantalones, unos accesorios que la gente
suele perder con facilidad.
Jong-bum fijó su
mirada con insistencia en la manzana de Adán de Woori, la cual se movía
levemente mientras él tragaba saliva. No obstante, terminó expulsando aquel
deseo junto con un suspiro.
La pareja de aquel
atractivo omega no era otro que Choi Lee-yeon. Se trataba de un rival al que
alguien como él ni siquiera podía aspirar a acercarse. Decidió sacudirse aquel
interés con ligereza.
Jong-bum le habló de
manera neutral al omega, quien continuaba sumido en sus dudas.
"Yo te lo invito.
A fin de cuentas, me trajiste en coche hasta la universidad."
"No hace
falta..."
"Con un par de
botellas de agua mineral bastará con dos mil wones, ¿no?"
Jong-bum habló en tono
de broma, haciendo énfasis deliberadamente en el costo tan bajo.
Al escuchar el tipo de
bebida y el precio, la expresión de Woori se relajó al instante. Tratándose de
agua, le parecía un pago aceptable a cambio del combustible. Y la realidad era
que tampoco llevaba dinero en efectivo encima.
Tenía sed, así que le
venía de maravilla.
"Está bien.
Invítamela."
"De
acuerdo."
Woori caminó detrás de
Jong-bum, quien se dirigía a la máquina expendedora sin volverse a mirarlo.
Jong-bum, que tenía un excelente sentido de la percepción, se dio cuenta de que
Woori venía detrás a paso lento a propósito, por lo que se adelantó corriendo
hacia la máquina y compró dos botellas de agua mineral.
"Toma.
Bebe."
El gesto con el que le
extendió una botella de agua al Woori que se acercaba pausadamente resultó del
todo natural.
Woori hizo un leve
gesto con la cabeza a modo de asentimiento sin pronunciar palabras de
agradecimiento. Jong-bum tampoco le dio mayor importancia, destapó su botella
de agua y comenzó a beber a grandes tragos.
"..."
La manzana de Adán de
Jong-bum se desplazaba de arriba abajo como si llevara un ritmo. Al ver cómo
tragaba el agua de forma tan fresca, Woori tragó saliva de manera involuntaria.
'Qué más da. Me la voy
a tomar.'
Woori, que había
pensado en tomar el agua e irse de inmediato, giró la tapa de la botella en el
mismo lugar donde estaba parado. Un leve chasquido de plástico rompiéndose
resonó suavemente en el pasillo. En el preciso instante en que se disponía a
beber un sorbo con gesto precavido.
"Aquí
estabas."
Una voz afectuosa pero
extrañamente apagada resonó a lo largo del concurrido pasillo.
No solo Woori y
Jong-bum, sino también las miradas de los estudiantes que rondaban por las
cercanías, se giraron al mismo tiempo hacia la dirección desde donde provino
aquella voz.
"¿Choi
Lee-yeon?"
"Sunbae."
Lee-yeon avanzó a
pasos agigantados en dirección a Woori. Al recibir los rayos de luz del
atardecer que se filtraban por la ventana del pasillo, su cabello de tono beige
ondeó suavemente como si estuviera bailando. Aunque la expresión de su rostro
mostraba una sonrisa tan pulcra como de costumbre, había algo en él que
resultaba distinto a lo habitual.
Sobre aquel rostro
agraciado, asomaban de forma intermitente emociones que pareció intentar
contener.
"...!"
El instinto de Woori
hizo sonar las alarmas. Aquel alfa era peligroso.
"No supimos nada
de ti en toda la mañana... Estaba un poco preocupado."
Lee-yeon, al detenerse
frente a los dos, le hizo un reclamo en tono suave. Ocurrió antes de que el
desconcertado Woori pudiera articular palabra alguna. Lee-yeon clavó su mirada
apagada en el rostro de Woori, quien llevaba puesta la boina.
Tras guardar silencio
durante un buen rato, Lee-yeon levantó su mano derecha. Mientras limpiaba con
su dedo pulgar la mancha de pintura fluorescente que Woori tenía en su mejilla
enjuta, no desvió la vista de él en ningún momento. Continuó manteniendo el
silencio.
"¿Qué pasa?
¿Están peleando?"
"Es la primera
vez que veo a Choi Lee-yeon enojado."
"Seguro Park
Woori hizo algo malo. Él no se enojaría así porque sí."
Los estudiantes que
presenciaban la escena comenzaron a murmurar entre ellos con evidente
curiosidad.
"...!"
El rostro pálido de
Woori se tornó de un tono extrañamente acalorado.
En realidad, a Woori
no le importaba si la gente hablaba mal de él o no. Sin embargo, odiaba este
tipo de situaciones.
¿Por qué Choi Lee-yeon
se enojaba como si él hubiera hecho algo malo?
Dice que le gusto.
Entonces, ¿por qué me expone y me condena públicamente?
'Lo siento. No volveré
a enojarme con usted, sunbae.'
En el parque de
atracciones me prometió que nunca más se enojaría conmigo. ¿Cuántas veces va
rompiendo esa promesa? ¿Acaso las promesas que hace conmigo no significan nada
para él?
"..."
A medida que lo
meditaba detenidamente, la rabia iba aumentando en un claro degradado. Sucedió
mientras Woori tragaba saliva intentando reprimir la furia que se le venía
encima.
La mirada de Lee-yeon
se posó en la prominente manzana de Adán de Woori, inusual para un omega, que
se movía levemente de arriba abajo.
Lee-yeon, quien había
guardado silencio todo este tiempo, abrió la boca.
"Eso de que tenía
un asunto pendiente ayer... ¿era esto?"
La voz de Lee-yeon era
pausada y tranquila, pero la extraña frialdad oculta en ella le revolvió las
entrañas a Woori.
Era cierto que a él le
gustaba de verdad Choi Lee-yeon, y que en su relación era él quien siempre
llevaba las de perder; sin embargo, eso no significaba que Choi Lee-yeon
tuviera derecho a juzgarlo e incriminarlo de manera injusta.
"Te avisé."
"¿Avisar?"
"Sí. Ayer te dejé
bien en claro: 'Mañana tengo un asunto pendiente, así que no podré estar
contigo'. Y esta mañana también..."
En ese instante,
Lee-yeon entrecerró levemente los ojos e interrumpió las palabras de Woori.
"'Ni pienses que
te hablaré antes de las seis'."
La voz de Lee-yeon era
baja y quieta, pero albergaba una densa capa de ira reprimida.
"¿A esto te
refieres?"
"..."
Ante las palabras de
Lee-yeon, tanto la gente de los alrededores como el propio Jong-bum miraron de
reojo a Woori con expresiones que decían 'eso ya es demasiado'.
Sin embargo, Woori se
mantenía firme.
Él jamás había enviado
un aviso de forma tan descarada e insolente como decía Lee-yeon.
"¿Cuándo dije yo
eso? Lo que dije fue: 'No puedo hablar antes de las seis. Te aviso cuando
termine'."
"¿No viene siendo
prácticamente lo mismo?"
Jong-bum, que estaba
atrapado en medio de Lee-yeon y Woori intentando adivinar el ambiente, expresó
su sincera opinión.
"..."
"..."
Sin embargo, dado que
tanto Lee-yeon como Woori lo miraron fijamente en silencio, él cerró la boca y
se puso a contemplar las montañas a lo lejos.
Lee-yeon volvió a
girar la cabeza, miró a Woori y dijo:
"Al despertarme
por la mañana, sunbae no estaba en la mecedora y solo dejó una simple línea por
mensajería. ¿Esperaba entonces que yo me quedara tranquilo aguardando su
mensaje?"
"¿Y qué más se
suponía que hiciera?"
"¿No pudo
habérmelo dicho ayer mientras comíamos?"
"¡No te lo dije
porque sabía que te pondrías así!"
"...¿Qué
dijo?"
"Te metes en
absolutamente todo lo que hago. ¡Si te decía que iba a la reserva, sabía
perfectamente cómo ibas a reaccionar, así que cómo querías que te lo
dijera!"
El grito de Woori,
cargado de indignación, resonó por todo el pasillo.
"¡Uf!"
Se escucharon ahogos
de sorpresa por todas partes. Ante las palabras de Woori, que sonaban hirientes
incluso para quienes solo escuchaban, los estudiantes que presenciaban la
escena abrieron los ojos de par en par.
Y lo mismo ocurrió con
Lee-yeon.
"¿Acaso yo me
meto en sus asuntos?"
"¡Sí! ¡Te metes
en todo!"
Cuando Lee-yeon
intentó refutar algo, Woori disparó sus palabras a toda velocidad.
"Cuando dije que
me quedaría en un hotel hasta encontrar casa, te enojaste. Y cuando te dije que
mañana tenía un asunto y no podría estar contigo, no paraste de preguntarme con
quién estaría y a qué hora terminaría."
"¡Eso
era...!"
"Armaste un drama
por una tontería sin importancia, como si hubiera ocurrido una gran tragedia,
sacándome de quicio. ¡¿Cómo querías que te lo contara?!"
"¿Dice que no es
una gran tragedia?"
Lee-yeon preguntó de
vuelta con voz cortante.
"¿Acaso que
sunbae desaparezca no es nada grave?"
"Tengo veintitrés
años. ¡No exageres tanto!"
Ante el grito de
Woori, el rostro de Lee-yeon se fue enrojeciendo gradualmente.
"¿Cómo puede
hablarme así, sunbae? ¡¿Tiene idea de lo preocupado que estaba?!"
"Por eso mismo,
¿por qué tenías que estar preocupado...?"
"¡¡Por miedo a
que ese imbécil hubiera vuelto a buscarlo!!"
Los ojos de Woori, que
estaban cargados de veneno, vacilaron por un instante.
'¿Estaba pensando en
Park Hee-jeong?'
Woori se quedó sin palabras.
Jamás imaginó, ni en sus sueños, que Lee-yeon estuviera tan preocupado por eso.
Pensó que... simplemente, como le había enviado un mensaje, estaría bien.
Ante las palabras
inesperadas de Lee-yeon, Woori no encontró ningún argumento para defenderse y
solo entreabrió los labios en silencio. El entrecejo plano y sereno de Lee-yeon
se frunció bruscamente.
"¿Cómo puede ser
una persona tan egoísta, sunbae?"
"¿Qué?"
Woori lo miró
incrédulo al sentirse juzgado de esa manera. Lee-yeon habló con tono de aflicción.
"Yo siempre estoy
pensando solo en sunbae, ¿por qué sunbae nunca piensa en mí?"
"¿A qué viene eso
ahora? No desvíes el tema principal."
"Sunbae es...
sunbae es..."
"¡Yo qué!"
"Me saca de
quicio todo lo que puede y luego, a solas con otro hombre..."
Lee-yeon hizo una
pausa en sus palabras. Cerró los ojos pareciendo intentar contener sus
emociones, pero al no poder aguantar más, volvió a abrirlos de golpe y exclamó:
"¡Los dos
vestidos combinados de esa manera! ¡¿Cómo puede hacerme esto, sunbae?!"
"¿Qué?"
"¡Si conmigo
nunca se ha puesto ropa combinada!"
Ante el grito lleno de
despecho de Lee-yeon, la expresión de Woori se deformó por completo.
Era algo
verdaderamente absurdo.
"¡Oye! ¿A esto le
llamas vestir combinados? ¡¡Es el uniforme militar!!"
"¡Claro que están
combinados!"
"¿Acaso iba a ir
en ropa de calle? ¡¿A un entrenamiento?!"
"¿Y por qué están
juntos los dos? Los dos... ¡¿por qué tenían que estar juntos?!"
"¡Vinimos a
entregar los documentos de la reserva, por qué más!"
"Por eso le
pregunto, ¡¿por qué tenían que venir los dos juntos?! ¡Pudieron entregarlos por
separado! Sunbae siempre anda solo por todas partes, ¡¿por qué con ese tipo
está acompañado, viste la misma ropa y toma de la misma agua?!"
Ante la rabieta
desatada por el estallido de celos de Lee-yeon, los rostros de los estudiantes
que observaban la pelea con expresión seria se desencajaron.
A Woori le ocurrió lo
mismo. Antes de empezar a salir, Lee-yeon solía discutir con él a la menor
oportunidad. Sin embargo, esta era la primera vez que lo veía hacer un
berrinche infantil de esa manera, sin lógica alguna.
Antes de que Woori
pudiera articular palabra, Lee-yeon asestó el golpe definitivo.
"Señor Woori, ¿no
le parece que se está pasando de la raya?"
"¿Qué?"
¿Señor Woori?
Las venas del cuello
de Woori se marcaron con fuerza. Estaba enfurecido.
'¿Qué fue lo que hice
tan mal?'
Sintió que si abría la
boca soltaría una grosería, así que apretó los labios con firmeza. Sin embargo,
al poco tiempo terminó por explotar.
"¿Qué fue lo que
hice tan mal para que arme semejante escándalo, Señor Choi Lee-yeon?"
"...¿Señor Choi
Lee-yeon?"
A pesar de haber
atacado primero, Lee-yeon abrió los ojos de par en par, luciendo herido por la
forma distante con la que Woori lo llamó. Las cuencas de sus ojos, que ya
estaban rojas como un melocotón, comenzaron a intensificar su tono carmesí. Muy
pronto, sus ojos de ciervo se llenaron de lágrimas.
'Esos ojos. El
problema son esos ojos.'
Al contemplar la
mirada de Lee-yeon, que parecía a punto de romper en llanto en cualquier
momento, sintió como si se hubiera convertido en el peor villano del mundo. Con
el corazón agitado, Woori desvió de inmediato la vista hacia el lóbulo de la
oreja de Lee-yeon y le espetó:
"Dígalo, Señor
Choi Lee-yeon. ¿En qué me pasé de la raya? ¿En irme a la reserva sin avisar? Ya
le dije que le envié un mensaje."
"Dijo que me
llamaría cuando terminara a las seis. Pero Señor Woori no me ha llama..."
"Ahora son las
cinco. Todavía no son las seis."
"¡¿Dónde se ha
visto eso?!"
"¡Aparentemente
aquí, pedazo de imbécil!"
El tono de voz de
ambos se elevó de manera extrema. Gracias a ello, incluso los estudiantes a los
que no les interesaba la pelea giraron la cabeza para fisgonear.
¿Acaso estos infelices
vinieron a ver un espectáculo? Justo en el instante en que un Woori indignado
se disponía a soltar un grito furioso.
Bzzz.
El sonido de la
vibración de un teléfono inteligente resonó justo en frente de ellos. La mirada
de Woori, que lanzaba chispas hacia los estudiantes, se dirigió sin querer
hacia adelante. Lee-yeon levantó el teléfono inteligente que sostenía en su
mano izquierda.
Al verificar la
pantalla, la expresión de Lee-yeon se endureció de golpe.
'¿Por qué tiene esa
expresión?'
Incluso en medio de
esta situación, le preocupaba Lee-yeon. ¿Habría ocurrido algo?
Lee-yeon cerró los
ojos con fuerza y, al abrirlos de nuevo, contestó la llamada.
"Sí,
abuelo."
¿Abuelo?
Una escena pasó como
un relámpago por la mente de Woori.
Aquella persona a la
que vio en las noticias hacía un mes, el día en que cuidó de Lee-yeon mientras
comían gachas juntos: el legislador Choi Hee-jae.
Era el abuelo paterno
de Lee-yeon.
"Estoy en la
universidad. Sí. Sí. Ah, ¿cómo cree que lo olvidaría?"
La voz de Lee-yeon
sonaba infinitamente afectuosa y mimosa, pero su rostro no reflejaba lo mismo
en absoluto. Al verlo manchado por el desconcierto, Woori sintió una extraña
sensación de inquietud.
En el momento en que
Woori no sabía qué hacer ni cómo reaccionar, Lee-yeon le extendió la mano que
tenía libre. Ante ese gesto tan natural, Woori también tomó su mano con total
naturalidad.
"Ya iba para
allá. ¿Cómo cree que olvidaría una promesa que hice con usted, abuelo?"
Apretándolo con
fuerza, Lee-yeon sujetó la mano de Woori y comenzó a caminar.
"Me acabo de
encontrar con mi sun... con Woori. Es que mi clase terminó tarde."
Ante la expresión
visiblemente apurada de Lee-yeon, los estudiantes que estaban bloqueando el
paso para curosear les abrieron camino.
"Llegaré antes de
las seis. Sí. Sí."
La voz de Lee-yeon al
hablar por teléfono con su abuelo transmitía tranquilidad, pero sus pasos hacia
el estacionamiento eran apresurados. En un rincón del pecho de Woori, comenzó a
crecer un mal presagio indescifrable.
*
* *
Las personas del
personal que estaban de pie frente a la puerta corrediza le hicieron una
reverencia a Lee-yeon y luego la abrieron.
Drrr.
Al abrirse la puerta
corrediza en silencio, dentro de la habitación donde flotaba un sutil aroma a
madera, se encontraban sentadas en fila tres personas ante una enorme mesa
cubierta con un denso barniz de laca. En el centro estaba el abuelo Hee-jae,
mientras que a su izquierda y derecha se sentaban Ki-seon y Yeon-joo.
No es como si
estuvieran en la formación de la ala de grulla. ¿Por qué se sientan así?
'A este paso, al chico
se le va a cortar la digestión mientras come.'
Lee-yeon se quejó para
sus adentros. De por sí, a él no le agradaba en absoluto esta reunión para
comer.
Por más que fueran
familia, al organizar una comida debían consultar con una semana de
anticipación, como mínimo, la disponibilidad de él y de Woori. Sin embargo, el
abuelo notificó de manera unilateral tres días atrás: "Este viernes, trae
a ese chico a Sajogwan a las seis".
A Lee-yeon le
molestaba que el abuelo se refiriera a Woori como "ese chico", y
tampoco le gustaba que decidiera las cosas a su antojo de esa manera. No
obstante, no podía desobedecer las órdenes de Hee-jae, la máxima autoridad de
la familia, por lo que no tuvo más remedio que ceder.
Y además...
'Lo había olvidado por
completo.'
De tanto disfrutar la
felicidad de vivir con Woori, se le había olvidado totalmente la cita con su
abuelo. A decir verdad, la noche anterior, justo antes de irse a dormir,
recordó la comida en Sajogwan; pero no podía despertar a Woori, quien se había
quedado dormido apenas un minuto después de acostarse en la cama.
Lee-yeon sintió una
gran felicidad mientras le daba toquecitos con el índice en la nariz a un Woori
plácidamente dormido, y resolvió contárselo a Woori al despertar a la mañana
siguiente. Y cuando se levantó por la mañana...
♥Nuestro Woori♥
No puedo hablar antes
de las seis. Te aviso cuando termine.
Woori ya había
desaparecido, dejando únicamente ese mensaje.
"¿Llegaste,
Lee-yeon?"
Yeon-joo saludó a
Lee-yeon al verlo entrar con una expresión de pocos amigos. La mirada de
Lee-yeon, que se había distraído un momento en sus pensamientos, se dirigió
hacia Yeon-joo. Ella frunció el ceño y lo miró de reojo con severidad.
Ante la mirada afilada
de Yeon-joo, Lee-yeon recobró el sentido de inmediato. Acto seguido, dibujó en
un instante una sonrisa perfecta y saludó a su abuelo.
"Ya llegué. ¿Cómo
ha estado?"
La voz pausada de
Lee-yeon resonó dentro de la habitación, donde flotaba una extraña tensión.
"Mi cachorrito.
¿Llegaste?"
Hee-jae, que estaba
sentado intentando mantener una postura imponente, le sonrió ampliamente a su
nieto para saludarlo. Sin embargo, al ver a Lee-yeon entrar solo, frunció el
ceño bruscamente.
"¿Por qué viniste
solo, Lee-yeon?"
"Woori fue al
baño."
La expresión de
Hee-jae, que parecía ser una persona afable, se volvió fría en un instante,
como si estuviera a punto de destrozar a cualquiera. Era una faceta tan
amenazante que le congelaría la sangre a cualquiera que la viera; no obstante,
los rostros de la familia Choi ni se inmutaron.
El carácter de Choi
Hee-jae era como una olla: se enfurecía con facilidad y se le pasaba el enojo
del mismo modo. Si la otra persona se desesperaba o se enojaba con él cuando
estaba furioso, su ira duraba bastante; pero si no reaccionaba o le seguía la
corriente de forma adecuada, se le pasaba rápidamente. Ki-seon y Yeon-joo,
quienes habían convivido con él durante muchos años, conocían muy bien ese
hecho, por lo que mantuvieron una expresión totalmente neutra.
Lee-yeon también sabía
perfectamente cómo tratar a Hee-jae. Sin embargo...
"¡Por esto es que
los chicos de familias sin educación no sirven! ¡Antes de venir a Sajogwan
debió vaciar la vejiga, o aguantarse!"
Hee-jae gritaba de
rabia soltando chispas de saliva.
"¡Dónde se ha
visto que un vulgar omega recesivo mande por delante a su futuro esposo! Y
además, ¡¿cómo demonios educaron a ese chico para que a una reunión con los
suegros...?! ¡Bah, qué falta de modales!"
"..."
"¡Esto no se
puede quedar así! En cuanto llegue, le voy a dar una reprimenda que lo hará
llorar..."
Al ver cómo se vertían
sin cesar palabras ofensivas hacia Woori, la sonrisa de Lee-yeon se borró por
completo y su rostro se endureció. Justo cuando un Lee-yeon incapaz de soportarlo
más se disponía a decir algo...
Toc, toc.
La puerta corrediza se
abrió en silencio tras dos golpes. La voz de Hee-jae, que llenaba la
habitación, se detuvo de golpe, y todas las miradas se dirigieron al mismo
tiempo hacia la puerta.
"...!"
Los ojos de Hee-jae,
Ki-seon y Yeon-joo se abrieron de par en par.
Se debía a la
vestimenta de Woori, quien estaba de pie frente a la puerta.
Woori entró un paso
hacia el interior del umbral sin esquivar las miradas de la familia de
Lee-yeon, quienes lo observaban perplejos.
"Buenas tardes.
Soy Park Woori."
Acompañándose de una
voz baja y firme, Woori hizo una profunda reverencia. En la figura de su cuerpo
inclinado casi a noventa grados se percibía un modal sumamente respetuoso. A
decir verdad, la palabra modales se quedaba corta. Una reverencia tan profunda
era un gesto que no se veía con frecuencia ni siquiera en el ámbito político
donde se desenvolvía Hee-jae.
En ese instante, por
la mente de Hee-jae pasó un relámpago de su época de máximo esplendor en los
años noventa. Recordó con nostalgia la imagen de los políticos más jóvenes
haciéndole reverencias de noventa grados al verlo. La mirada de Hee-jae se
suavizó como si se hubiera sumergido en la nostalgia.
Sin embargo, aquello
duró muy poco.
'Vaya manera de hacer
el ridículo.'
Hee-jae malinterpretó
a Woori pensando que era un omega desesperado por llamar la atención y parecer
especial. ¿Cómo se atreve un omega a llevar puesto el uniforme militar, que es
de uso exclusivo de los alfas? El espíritu autoritario de Hee-jae se activó y
su corazón se volvió frío.
"¡Sunbae! ¡No
haga esas cosas que le va a doler la espalda!"
Lee-yeon se levantó de
un salto y se acercó a Woori, quien aún mantenía la espalda inclinada. Justo
cuando la mano con la que pensaba sostenerlo estuvo a punto de tocarlo, Woori
corrigió su postura y lo rechazó cortésmente.
"Estoy
bien."
"¡No está bien!
Si tiene un bebé en la barriga..."
"El bebé de los
dos no tiene ningún problema con algo como esto."
Ante las firmes
palabras de Woori, la expresión de Lee-yeon se volvió peculiar.
Fwooosh.
Los lóbulos de las
orejas de piel clara de Lee-yeon se tiñeron de un rojo intenso. Esto se debía a
que ni la imponente actitud de Woori ni el hecho de que se refiriera al bebé en
su vientre como "el bebé de los dos" dejaron de hacer latir su
corazón.
"Míralo a
este."
Yeon-joo, quien
observaba la tímida reacción de su hijo, soltó una risa irónica. Le resultaba
sumamente curioso ver cómo ese chico, que solía ser tan orgulloso y solo
pensaba en sí mismo, era manipulado por un vulgar omega recesivo. Al ver cómo
no escuchaba ni la más mínima palabra de sus padres y en cambio se comportaba
así con su futura esposa, recordó aquel rumor que decía que criar a un hijo
alfa no servía de nada, sintiendo una mezcla de alivio y melancolía.
A Ki-seon le ocurrió
lo mismo. Aunque no se rió abiertamente como Yeon-joo, observó la conducta de
su hijo con evidente interés.
"Sunbae,
sién..."
"¿Puedo tomar
asiento?"
Antes de que Lee-yeon
le ofreciera sentarse, Woori preguntó con suma cortesía dirigiéndose a los
mayores. Ki-seon y Yeon-joo miraron de reojo a Hee-jae de forma simultánea.
Ante la respetuosa
pregunta de Woori, Hee-jae, quien se había visto forzado a sumergirse de nuevo
en la nostalgia por un instante, recobró el sentido. Endureció conscientemente
su expresión, que se había relajado por un segundo, y respondió con una voz
imponente.
"Está bien.
Siéntate."
"Muchas
gracias."
Woori hizo una leve
inclinación con la cabeza y, tomando la mano de un Lee-yeon que continuaba de
pie atónito como un pasmarote, lo guió hacia el asiento.
Tras hacer sentar a
Lee-yeon, Woori se acomodó cómodamente a su lado cruzando las piernas. Sin
embargo, mantenía la espalda erguida y recta como una espada, mostrando una
postura sumamente firme. Era una imagen por demás distante a la de un omega
común que acudía a conocer a la familia de su pareja.
Ante su actitud, que
parecía un tanto descarada pero extrañamente educada, la expresión de Hee-jae
se deformó ligeramente.
Un pesado silencio
reinó en la habitación.
Justo cuando Lee-yeon
se disponía a sacar algún tema de conversación para romper el ambiente tenso,
la puerta firmemente cerrada se abrió y el personal entró empujando carritos de
servicio. Tras servir los platos con manos expertas, los empleados hicieron una
reverencia y abandonaron la estancia, dejando la mesa repleta de platillos con
una apariencia deliciosa.
No obstante, nadie
llevó la comida a la boca. Esto se debía a que Hee-jae, el mayor y la máxima
autoridad del lugar, aún no había tomado los cubiertos.
Hee-jae, quien
observaba a Woori con una mirada indescifrable, habló de forma pausada.
"¿Qué clase de
vestimenta es un uniforme militar para venir a conocer a tus suegros? ¿Acaso
estás desesperado por parecer especial? No sé de dónde habrás pedido prestado
ese uniforme, pero ¿sabes que hacerse pasar por militar es un delito? Ah,
claro, ¿como ya tienes antecedentes penales no te importa?"
Ante la voz afilada de
Hee-jae, Lee-yeon frunció el ceño.
Sunbae no es esa clase
de persona. Antes de que Lee-yeon pudiera intervenir para defenderlo, Woori
habló primero.
"Vine
directamente tras concluir la instrucción de la reserva, por lo que no tuve
oportunidad de cambiarme de ropa. Le pido disculpas si le resultó
molesto."
"¿Qué?"
La mirada fría de
Hee-jae vaciló levemente de forma extraña. Fue en ese momento cuando observó
detenidamente la apariencia de Woori.
La imagen de Woori,
vistiendo el uniforme militar de patrón digital junto con la boina, lucía un tanto
húmeda. En el borde de la boina y en varias partes del uniforme quedaban marcas
de manchas de agua, entre las cuales se apreciaban restos de pintura
fluorescente por aquí y por allá.
Era imposible que
Hee-jae no reconociera esa escena. Se debía a que él era uno de los pocos alfas
entre los miembros de la Asamblea Nacional de aquella época que sí había
cumplido con el servicio militar.
Aquellas marcas eran
sin duda manchas de la pintura fluorescente utilizada en el juego de paintball
que se llevaba a cabo en los entrenamientos de la reserva de hoy en día.
Parecía haber intentado limpiar apresuradamente las manchas de pintura en el
baño sin lograr quitarlas por completo.
Hee-jae, quien había
determinado no dirigirle palabras amables a Woori dijera lo que dijese,
preguntó sin darse cuenta:
"¿Tú?"
"Sí. Cumplí el
servicio militar completo en el Ejército de Tierra."
"Pero si eres un
omega."
"Hace medio año
era un beta."
"¿Por qué no te
eximieron?"
Ante la afilada
pregunta de Hee-jae, Woori respondió con total serenidad.
"Obtuve grado uno
en el examen médico militar."
"¡No! ¡A lo que
me refiero no es a eso!"
"¿Perdón?"
"¿Tus padres no
movieron sus influencias?"
"Mi padre no
tiene ningún interés en mí."
"Aunque no tenga
interés, pudiste haberle pedido primero que te consiguiera la exención. ¿Por
qué no lo hiciste?"
"Porque no había
ninguna razón en particular para no ir."
Ante la firme
respuesta de Woori, las cejas de Hee-jae temblaron levemente. Esto se debía a
que aquel sujeto a quien consideraba un exconvicto sin modales resultó ser, de
forma inesperada, un joven con la cabeza bien puesta y con una ideología recta
poco común en estos tiempos.
En realidad, se quedó
bastante sorprendido.
'Los jóvenes de hoy en
día se la pasan pidiendo "hazme esto, hazme aquello" por cualquier
cosa. Sin hacer el menor esfuerzo, se la pasan quejándose de que es culpa del
país si no consiguen empleo. Todos tienen la cabeza echada a perder. ¿Saben por
qué es? ¡Porque no han ido al servicio militar! Hasta yo, que era el hijo de
una familia rica, lo cumplí por completo, ¡caramba!'
Hee-jae, quien solía
tener esas palabras en la boca todo el tiempo, era en realidad la misma persona
que promovió la promesa electoral de reducir el periodo de servicio obligatorio
para ganarse los votos del público, logrando tener un impacto significativo en
la reducción real de dicho periodo.
Choi Hee-jae, quien
gozaba de popularidad entre el público bajo la imagen de un "político
anciano pero de mente abierta", era en verdad un viejo autoritario de
ideas extremadamente conservadoras y cerradas en el ámbito privado.
Hee-jae valoraba el
tiempo por encima de todo. Por esa razón, consiguió la exención militar tanto
para su hijo Ki-seon como para sus nietos Lee-yeon e Lee-jun a fin de proteger
su tiempo; no obstante, en un rincón de su corazón no podía evitar sentir una
profunda frustración por no tener a nadie en la familia que hubiera cumplido
con el servicio militar.
Y justo ante ese
Hee-jae, se encontraba un omega que había completado el servicio militar.
'¿Cómo debería tomarme
esto?'
Aunque su expresión
continuaba siendo afilada, en la mente de Hee-jae se entrelazaban mil
pensamientos distintos.
De todos modos, no
deja de ser un hijo ilegítimo de una empresa de préstamos. Es más, ¿acaso no
cortó lazos por completo con esa familia después de aquel "incidente del
secuestro"? Ya que ni siquiera tiene familia materna que lo respalde,
podría resultar incluso más fácil de manejar.
Sin embargo... es un
omega recesivo.
Que haya un omega
recesivo en nuestra familia Choi; la sola idea ya resultaba un golpe para su
orgullo.
No obstante, en ese
preciso instante, una única palabra pasó como un relámpago por la mente de
Hee-jae.
'Pero si está
embarazada.'
Si obtuvo el grado uno
en el examen médico militar, seguro que dará a luz a los niños sin ningún tipo
de problema.
Hee-jae miraba a Woori
por encima del hombro con pensamientos totalmente fuera de época, pero en el
fondo de su corazón comenzaba a florecer una extraña satisfacción.
La mirada feroz con la
que Hee-jae observaba a Park Woori comenzó a suavizarse poco a poco.
*
* *
"Me voy a volver
loco."
Había devorado a la
fuerza el pescado corvina hervido, desmenuzado en trozos fáciles de comer,
junto con el arroz sumergido en té verde; pero con el postre que sirvieron a
continuación, le resultaba del todo imposible llevarse un bocado a la boca.
Woori se quedó mirando fijamente el pastel de arroz con fresas cortado bellamente
por la mitad y la bebida de sikhye como si fueran sus peores enemigos.
Aun así, tendría que
comerlo.
Tragándose un suspiro
en la garganta, estuvo a punto de tomar el tenedor para pinchar el pastel de
arroz cuando escuchó la voz baja de Lee-yeon.
"No comas."
Woori parpadeó y giró
la cabeza para mirar a Lee-yeon. ¿Acaso Choi Lee-yeon le acababa de decir que
no comiera?
'¿Este tipo que se
ponía loco si no me metía algo en la boca?'
La reacción de
Lee-yeon, totalmente opuesta a la habitual, tomó por sorpresa a Woori.
Sin embargo, Lee-yeon
tenía razones más que suficientes.
En circunstancias
normales, Lee-yeon se comportaba como una abuela ansiosa por meterle comida en
la boca a su nieto, pero a su manera siempre le daba de comer considerando el
estado en el que se encontraba Woori. Juraba que jamás le insistía si veía que Woori
estaba realmente lleno.
Pero la situación de
ahora era distinta.
Lee-yeon sentía culpa
por haber traído a Woori a una reunión tan incómoda sin habérselo notificado de
antemano. ¿Acaso solo era eso? Apenas una hora atrás, ambos habían estado
discutiendo acaloradamente en la universidad sobre quién tenía la culpa y quién
no.
Lee-yeon sabía
perfectamente lo difícil que resultaba venir a comer, arrastrado de la nada a
un lugar donde se encontraban no solo sus suegros sino también el abuelo,
estando ya bastante molesto por la pelea sobre la reserva. Aunque Woori le
hubiera gritado preguntándole si se consideraba un ser humano, no habría tenido
nada con qué defenderse.
Sin embargo,
"ese" Park Woori soportó la incomodidad y trató a su familia con
impecable respeto. Aunque no actuó de manera mimosa como un omega común, se
notaba a simple vista que estaba haciendo su mayor esfuerzo a su propia manera.
Estaba profundamente
agradecido y lo sentía muchísimo por Woori.
Lee-yeon, quien estuvo
observando disimuladamente el estado de Woori hasta que terminó el plato
principal, no pasó por alto su gesto de incomodidad al ver el postre. Si comía
a la fuerza, sin duda le daría una indigestión.
"Estoy bien.
Puedo com..."
"No está
bien."
Dijo Lee-yeon con
firmeza. Aunque en el rostro de Lee-yeon al mirar a Woori había una sonrisa
afectuosa, la firmeza en su mirada era innegable.
No obstante, Woori
tampoco dio un paso atrás.
'Por esto es que los
chicos de familias sin educación no sirven.'
'¿Cómo demonios
educaron a ese chico para que a una reunión con los suegros...? ¡Bah, qué falta
de modales!'
'Esto no se puede
quedar así. En cuanto llegue, le voy a dar una reprimenda que lo hará
llorar...'
'...'
Justo cuando estaba a
punto de entrar a la casa principal tras lavarse la cara rápidamente, Woori
escuchó la voz furiosa de Hee-jae. Los empleados que aguardaban fuera de la
puerta corrediza lo miraron de reojo con expresiones de preocupación.
Únicamente con la
firme convicción de no causarle problemas a Lee-yeon, Woori se inclinó con
absoluta sumisión ante Hee-jae, Ki-seon y Yeon-joo. No lo hacía por su propia
seguridad. Era puramente por Lee-yeon.
Sumado a eso.
'Tengo que hacerlo
mejor.'
Todos los alfas con
los que Woori se había cruzado hasta ahora eran sumamente caprichosos. Su
propio hermano Hee-jeong era un claro ejemplo. Por más que encontrara a un
omega que realmente le gustara, aquel interés jamás duraba más de un mes.
'Choi Lee-yeon no es
diferente.'
Aunque ahora mismo
actuaba como si quisiera mudarse juntos obsesionado con el bebé, hablando de
forma cruda, era muy probable que ese interés se apagara una vez que naciera el
niño. Por más que quisiera pensarlo de buena manera, los últimos cuatro meses
habían sido así.
Lee-yeon era un hombre
como la arena, que parecía poder atraparse pero se escurría entre los dedos.
Tan pronto trataba a alguien con amabilidad como lo rechazaba fríamente, y
cuando se le pasaba el enojo en cualquier momento, volvía a mostrarse cercano.
Según las palabras de
Lee-yeon, actuaba con ese mecanismo de defensa porque le gustaba demasiado, por
miedo a que Woori lo ignorara o lo manipulara a su antojo.
'No tiene sentido.'
Con solo recordar lo
sucedido en la oficina de administración de la universidad, la respuesta era
evidente. Él le había enviado un mensaje claro a Lee-yeon avisándole que no
podría comunicarse durante el día. Sin embargo, Choi Lee-yeon lo increpó frente
a todo el mundo y al final se enojó sacando a relucir razones absurdas.
Por supuesto, no es
que no entendiera la preocupación de Lee-yeon. Dado que había transcurrido
apenas una semana desde que fue secuestrado y encerrado por Park Hee-jeong, era
natural que estuviera preocupado.
Sin embargo, en el
coche camino a Sajogwan, no pronunció ni una sola palabra sobre la discusión en
la oficina de administración. Lee-yeon solo dijo:
'Perdón por no
habértelo dicho con anticipación.'
Y concluyó con:
'No te preocupes
demasiado. Es solo una comida sin importancia.'
Después de eso no dijo
absolutamente nada más. No hizo conversación ligera mientras conducía como
solía hacer, ni se giró a mirarlo. Solo condujo en silencio con el rostro
endurecido.
Si de por sí su
corazón estaba agitado por culpa del carácter caprichoso de Lee-yeon, encima
tuvo que escuchar a Hee-jae hablando mal de él.
"Puedo
com..."
"Si se siente mal
del estómago, al bebé también le costará trabajo."
Ante la voz firme de
Lee-yeon, los ojos de Woori vacilaron.
'Como lo pensaba, es
por el bebé.'
No hace esto porque le
guste yo.
El malentendido creció
así como una bola de nieve. Sus ganas de comer se desmoronaron por completo.
Lee-yeon, sin
sospechar ni un poco la verdad, le sonrió ampliamente a un Woori que dejaba el
tenedor en silencio.
"Woori, ¿por qué
no comes?"
Preguntó Ki-seon con
voz ligera. Aunque su pregunta era una simple curiosidad, a Woori le sonó de
alguna manera abrumadora.
El pastel de arroz con
fresas de aquí es realmente delicioso. Justo cuando Ki-seon se disponía a
decírselo a Woori, Hee-jae miró de reojo a Ki-seon y levantó la mirada en
silencio. Ki-seon cerró la boca.
Sin embargo, Woori,
que no notó aquella pequeña disputa por tener la mirada gacha, estuvo a punto
de tomar el tenedor cuando Hee-jae habló.
"¿Comiste de
más?"
Al no esperar que
Hee-jae le dirigiera la palabra, Woori se detuvo por un instante. Justo cuando
se disponía a negarlo tras un segundo de desconcierto.
"Tsk. ¿Acaso no
conoces tu propia capacidad? Si ya no te entra, basta con no comer. Encima no
estás solo, qué terquedad."
"..."
"Y preferiría que
corrigieras esa costumbre de hacer notar tus molestias en la mesa."
Ante las palabras de
Hee-jae, el aire de la habitación volvió a volverse pesado.
Lee-yeon, Ki-seon y
Yeon-joo intercambiaron miradas con un matiz extraño. Que Hee-jae hablara de
esa manera era una señal de que Woori le había caído bien. Sin embargo, al no
conocerlo, el rostro de Woori solo se endureció aún más.
Lo único afortunado
era que la piel de su rostro era más dura que la suela de un zapato, por lo que
su alteración no se hizo evidente.
Woori volvió a dejar
el tenedor en silencio, haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultar cómo su
rostro amenazaba con deformarse por la desesperación.
*
* *
Woori contempló
aturdido las luces de los faroles que se desvanecían tras la ventanilla del
coche. El camino hacia la casa de Lee-yeon le resultaba tan familiar como de
costumbre, pero hoy, por alguna razón, le parecía extraño.
Su mirada, fija en el
exterior, se detuvo en una familia que esperaba ante un semáforo. Un matrimonio
joven miraba con una Sonrisa de satisfacción a su hijo, que saltaba alegremente
con una bolsa de golosinas en la mano.
Srrr.
El vehículo de
Lee-yeon se detuvo suavemente, al parecer detenido por una luz roja.
Acompañado por el
tenue sonido del semáforo peatonal, el niño cruzó por el paso de peatones
levantando un brazo. El joven matrimonio lo seguía por detrás, soltando una
amplia sonrisa ante algo que les resultaba enormemente divertido.
Era una escena
ordinaria, sin nada de especial, pero Woori no podía apartar los ojos de ellos.
El semáforo peatonal
se detuvo y la luz verde para los vehículos se encendió. El coche de Lee-yeon
arrancó con suavidad.
"..."
El silencio reinaba en
el interior del coche.
En circunstancias
normales, Lee-yeon habría iniciado la conversación con cualquier tema trivial.
Sin embargo, en este momento no decía una sola palabra. Y como Lee-yeon
mantenía la boca cerrada, era imposible que se iniciara un diálogo.
Woori podría haber tomado
la iniciativa, pero para alguien torpe a la hora de tratar con los demás,
aquello no era en absoluto una tarea sencilla. Sumado a eso...
'¿Qué le habrá dicho
el legislador Choi Hee-jae?'
Justo cuando la comida
terminó y se disponían a levantarse del asiento, Hee-jae les habló de improviso
a Woori y a Lee-yeon.
'Lee-yeon, quédate un
momento.'
Al escuchar la voz
plana de Hee-jae, a Woori se le dio vuelta el corazón. Esa breve frase perturbó
su mente. En cuestión de segundos, los peores escenarios cruzaron por su cabeza
sin cesar.
Puntada.
Quizás debido al
estrés extremo, el estómago le comenzó a doler gradualmente. El dolor era tan
intenso que las palmas de sus manos sudaban, pero Woori mantuvo su expresión
bajo absoluto control. Apenas unos minutos atrás, el legislador Choi Hee-jae le
había advertido: "No hagas notar que te sientes mal". No quería
alterar aún más el estado de ánimo de esa gente.
Por fortuna, lo que
mejor sabía hacer Woori era aguantar y tragar en silencio.
'Sunbae. Vaya al coche
primero.'
Lee-yeon colocó las
llaves del coche en la mano de Woori y habló con suavidad. En la comisura de
sus labios flotaba, como siempre, una sonrisa afectuosa.
'Iré enseguida.'
Sin embargo, esa
sonrisa y ese tono de voz se sintieron extraños hoy.
Incapaz de soportar la
incomodidad, Woori se levantó de un salto, hizo una profunda reverencia y no
tuvo más remedio que salir de la habitación casi huyendo. Por suerte, al
respirar el aire limpio y fresco camino al estacionamiento, el estómago
revuelto se le fue calmando poco a poco.
Mirando hacia afuera e
inmerso en sus pensamientos, Woori echó un vistazo de reojo al perfil de
Lee-yeon con cautela. Con su aspecto pulcro, él lucía tan sereno y relajado
como de costumbre, y ni siquiera emanaba su feromona característica.
Woori se mordió los
labios con fuerza.
'¿Qué le habrá dicho?
¿Debería preguntarle?'
Buscó el momento para
preguntar varias veces, pero al final no pudo decir nada.
El simple hecho de
preguntar lesionaba su propio orgullo.
Y además, tenía miedo.
'Ah, mi abuelo dijo
que esto no puede ser. Que rompamos el compromiso cuanto antes, y sobre el
bebé... bueno, dice que haga lo que quiera.'
No podía imaginarse
otra respuesta que no fuera esa.
Existe un refrán que
dice que es mejor recibir el golpe cuanto antes. Sin embargo, eso es algo que
solo puede decir alguien que jamás ha sido golpeado. Woori había sufrido abusos
desde pequeño como si fuera tan natural como respirar. ¿Acaso no había
intentado afrontar los problemas y salir adelante? Pero cada vez que lo
intentaba, solo recibía golpizas más severas y un desprecio mayor.
'De todos modos, mi
futuro ya está determinado.'
Por más que lo
pensara, no parecía que en su futuro fueran a estar el bebé ni Lee-yeon.
Si la verdad solo
traía heridas, era mejor dejarla enterrada.
Tal vez no fuera un
final tan malo. Si hubiera seguido bajo el mando de su padre, lo habrían
vendido a un alfa defectuoso y con hijos, o a un hombre de mediana edad que le
doblara la edad. Si no hubiera conocido a Choi Lee-yeon, habría pasado toda su
vida sin conocer el sentimiento del amor...
Los puños apoyados
sobre sus muslos temblaban levemente.
Si nunca lo hubiera
tenido, no conocería el dolor de la pérdida. A Woori se le revolvía el estómago
de solo imaginar a Lee-yeon mostrándole esa hermosa sonrisa a otra persona y
susurrándole que la quería.
Lo mismo ocurría con
el bebé. Apenas podía valerse por sí mismo, ¿cómo iba a cuidar de un bebé?
Habiendo vivido toda
su vida como un beta, aún no podía creer el hecho de que estuviera esperando un
hijo.
Ni siquiera sabía lo
que era una familia o una madre.
La única madre que
Woori recordaba era la imagen de su espalda huyendo tras dejarlo en la puerta
de la casa de su padre.
Todo le resultaba
abrumador. Solo quería fingir demencia y huir.
"..."
No se podía evitar.
Por más que intentara actuar como un adulto, no era más que un tonto de
veintitrés años.
Fue en el momento en
que Woori miraba hacia afuera tragándose la rabia para sus adentros. El coche
se detuvo lentamente en el estacionamiento del edificio de departamentos y el
motor se apagó.
"Sunbae."
La voz de Lee-yeon
resonó en el interior del coche. Su tono continuaba siendo suave, pero los
hombros tensos de Woori no daban señales de relajarse.
Antes de que Lee-yeon
pudiera notar que Woori estaba congelado como el hielo, Woori respondió
brevemente manteniendo la mirada fija hacia adelante.
"Sí."
Debido a la extrema
tensión, la voz de Woori sonó bastante afilada.
Ante esa voz distante,
Lee-yeon parpadeó lentamente.
'Como lo imaginaba,
¿está enojado?'
Era natural que lo
estuviera. De la nada tuvo que ver a los suegros y hasta al abuelo. Lee-yeon
comprendía la rabia de Woori y sentía culpa por ello.
'Tengo que
disculparme.'
Con las manos apoyadas
sobre el volante, dejó salir un largo suspiro. No es que le doliera el orgullo
disculparse con Woori; era que tenía miedo de que Woori no le sonriera de
nuevo.
"... Uff."
"...!"
Sin embargo, Woori
interpretó aquel suspiro de determinación de Lee-yeon en otro sentido. Sus
puños cerrados con fuerza comenzaron a empaparse de sudor.
"Hoy realmente
pasó por mucho. Si fuera yo, no habría podido actuar como usted, sunbae.
Y..."
"..."
"De verdad lo
siento."
Ante esa sola frase, a
Woori se le cayó el corazón al piso.
Ese "lo
siento", al final, debía ser la señal para anunciar el fin. El fin de su
relación y la ruptura del compromiso.
Woori miró por la
ventanilla en silencio.
Más allá de que Choi
Lee-yeon lo quisiera, de que estuviera embarazada o de cualquier otra cosa, la
realidad era esa. Él era el apreciado hijo de la familia de un legislador de la
Asamblea Nacional, mientras que Woori era el hijo ilegítimo del dueño de una
empresa de préstamos y un exconvicto.
'Me gusta demasiado,
sunbae.'
'De verdad me gusta
muchísimo.'
No negaba la confesión
que Lee-yeon le había hecho en aquel entonces. Sin embargo, el corazón de las
personas tiende a cambiar. ¿Qué haría si Choi Lee-yeon, quien decía que le
gustaba, de pronto se volviera indiferente?
'Deja la
autocompasión, Park Woori. ¿Acaso estás grabando un drama?'
Fue en el momento en
que Woori tragaba saliva intentando serenar su corazón como fuera.
"Woori
sunbae."
La voz de Lee-yeon
resonó en el silencioso interior del coche. En sus oídos parecía retumbar la
frase: "Por favor, salga de mi casa ahora". No quería escucharla.
'Saldré por mi propia
cuenta.'
Woori se desabrochó el
cinturón de seguridad intentando sacudirse esa sensación de ahogo. Pensó que
debía tomar las llaves del coche e irse a cualquier parte.
Vayamos primero a la
sucursal de Gwanak. Aclaremos las ideas en la sala de descanso y busquemos casa
en cuanto amanezca. Justo cuando intentaba tomar la manija de la puerta del
coche pensando con determinación impostada.
"...!!"
Lee-yeon extendió la
mano hacia Woori.
La yema de sus dedos
tocó la mejilla de Woori. Ante ese contacto frío pero suave, se le erizó la
piel por completo.
Sssk.
El dorso de los dedos
de Lee-yeon acarició la mejilla delgada de Woori como si se deslizara. Cuando
un sorprendido Woori encogió los hombros, Lee-yeon le dio unos toquecitos en la
nariz para tranquilizarlo.
"Sunbae..."
En la oscuridad, los
labios de Lee-yeon brillaban de forma particular. Justo cuando Woori pensó
distraídamente si se habría aplicado algo como un brillo labial, Lee-yeon se
humedeció los labios con la lengua. Su lengua lucía tan rellenita y húmeda como
sus labios.
Woori lo sabía. Sabía
lo sucia que podía volverse esa linda lengua que parecía de conejo.
Ante semejante
estímulo visual, el rostro sombrío de Woori se encendió con un extraño calor.
Era imposible que Lee-yeon no notara ese cambio. Al ver a Woori incapaz de
apartar la mirada de sus labios, dejó escapar una risa baja.
"¿Está mirando
mis labios ahora mismo?"
"... No."
"No
mienta..."
"Tu lengua."
"... ¿Qué?"
Murmuró Woori con la
mirada perdida.
"Estaba mirando
tu lengua."
"...!!"
La sonrisa desapareció
del rostro burlón de Lee-yeon. Sobre aquel rostro innecesariamente hermoso se
posó la sombra de un macho.
Al encontrarse con esa
expresión gravemente ensombrecida, Woori recobró el sentido. ¿Qué acabo de
decir? Hablando francamente, esto era acoso sexual. Justo cuando intentaba huir
a toda prisa abrumado por la vergüenza que lo invadía.
"Me voy a volver
loco."
Lee-yeon soltó una
breve mala palabra y cubrió los labios de Woori con los suyos.
"¡Mmf!"
Ante el repentino beso
de Lee-yeon, Woori se quedó congelado como el hielo. Esa inocente reacción
encendió el deseo sexual de Lee-yeon. Lee-yeon le sujetó la nuca con una mano y
lo atrajo con fuerza hacia sí.
En el momento en que
un sorprendido Woori intentó empujar a Lee-yeon para alejarlo, se encontró de
frente con los ojos firmes de este.
"..."
"..."
Las pupilas de
Lee-yeon, que parecían albergar el destello del agua, estaban oscurecidas en
este instante. Y dentro de ellas se revelaba el deseo sin ocultar.
Apenas un minuto
atrás, Woori pensaba que lo correcto era marcharse antes de ser abandonado y
estaba a punto de llevarlo a cabo. Sin embargo, en este preciso instante, ya
fuera la realidad o el miedo, no podía recordar absolutamente nada.
Lee-yeon pasó la
lengua lentamente por los labios secos de Woori.
"¡Mmf...!"
Ante la excesiva
estimulación que sentía en los labios, los hombros de Woori se encogieron
solos. ¿Cómo se respiraba al besar? Presa del pánico, Woori contuvo la
respiración y comenzó a temblar; entonces Lee-yeon acarició con suavidad su
nuca con los dedos y lo atrajo aún más hacia sí.
"Respire,
sunbae."
A diferencia de su voz
habitual, la de Lee-yeon sonaba sumamente baja y tenaz. Su tono autoritario y
extrañamente dulce derrumbó la endeble barrera defensiva de Woori. Sus hombros,
que se habían alzado al máximo, se relajaron, y su cuerpo rígido como un tronco
se volvió completamente dócil.
Lee-yeon ladeó la
cabeza y lamió los labios fuertemente sellados de Woori. Ante la sutil
sensación de placer oculta tras las cosquillas, una sonrisa se le escapó a
Woori sin darse cuenta. Al verlo sonreír cubierto de saliva, Lee-yeon, que
también sonreía, le mordió ligeramente el labio inferior.
"¡Ah...!"
No le dolió, pero lo
tomó por sorpresa. Antes de que pudiera preguntar por qué hacía eso, la lengua
de Lee-yeon se deslizó entre los labios de Woori, que se habían entreabierto
por el susto.
Chmat, ah, ah.
La lengua de Lee-yeon,
colándose a su antojo, revolvió el interior de la boca de Woori. Recorrió no
solo el paladar sino también las encías, y lamió como un perro la lengua
congelada de Woori. Al rozar lengua con lengua, la saliva iba y venía entre las
bocas de ambos.
Un sonido húmedo
resonó en el interior de la boca. El espacio cerrado del coche se llenó por
completo con la feromona de Lee-yeon. Se sentía tan bien que Woori pensó que no
le importaría morir en ese instante.
¡Chmok!
Lee-yeon mordió la
lengua de Woori, que se había vuelto suave por el placer, y la succionó como si
estuviera haciendo sexo oral. Junto con un ruido vulgar, la presión que sintió
en la lengua le hizo dar un escalofrío involuntario. Ante una estimulación tan
excesiva, Woori movió el cuerpo inquieto.
"¡Ah, mm...
mmm...!"
En ese momento, la
mano de Lee-yeon envolvió la nuca de Woori con más fuerza, sujetándolo
firmemente para que no pudiera moverse. Luego ladeó la cabeza e introdujo la
lengua aún más profundo.
"¡Mmm, mm,
ah...!"
La deslumbrante
sensación del contacto y el roce entre ambas lenguas estimuló todo su cuerpo.
Ante el aliento caliente que sentía a corta distancia, la feromona de Woori
también comenzó a emanar gradualmente de su cuerpo. Aunque la feromona de Woori
era sumamente tenue, Lee-yeon, al ser un alfa dominante, sintió su aroma con
total precisión.
Al oler la feromona de
Woori, que se esparcía de forma sutil como una flor silvestre mojada, Lee-yeon
se excitó hasta el punto de sentir una presión punzante en los ojos. Exploró
con ferocidad el interior de la boca de Woori con la punta de la lengua
mientras bajaba su mano hacia abajo.
¡Squeeze!
Su enorme mano sujetó
con fuerza el pequeño trasero de Woori.
"¡Ah, Choi...
Choi..., ah!"
Ante una fuerza de
agarre tan intensa que resultaba difícil de creer que fuera el tacto de
Lee-yeon, el cuerpo de Woori, que yacía relajado por el placer, dio un brinco
repentino.
No es que le
desagradara. Simplemente lo tomó por sorpresa y le dolió un poco.
Por más que lo
sujetara con tanta fuerza, no era como si fuera a sentir carne como en otros
omegas. A Woori le resultaba difícil soportar el tacto de Lee-yeon, que amasaba
su trasero como si fuera masa de arroz.
Separando los labios
unidos, intentó empujar a Lee-yeon para alejarlo, pero un Lee-yeon cegado por
la excitación no aceptó su rechazo. Bajó la cabeza y clavó los dientes en la
nuca de Woori.
¡Chomp!
"¡Ah...!"
La voz de Woori, que
siempre solía ser baja, se elevó. Mierda. Lee-yeon, aún más excitado por ese
Intenso estímulo auditivo, succionó con fuerza la nuca que había quedado
marcada en rojo por sus dientes.
¡Chmok, ah!
La mirada de Woori se
volvió difusa. Aquel sonido, vuelto aún más vulgar, le daba una vergüenza
terrible y al mismo tiempo le gustaba con locura.
Lee-yeon succionaba y
mordía con fuerza la nuca de Woori, tal como un bebé amamantando. En medio del
dolor agudo, se percibía un placer dulce. La piel estaba bien, pero...
'Ojalá también me
chupara el pecho.'
Woori le ofreció el
pecho a Lee-yeon sin darse cuenta.
"...!!"
Ante la acción de
Woori, que reflejaba una clara intención de ser tocado, los ojos de Lee-yeon se
pusieron rojos. Justo en el momento en que mordía y chupaba la nuca de Woori
como una bestia, e intentaba sujetar el pecho de Woori, bastante grueso para
ser el de un omega...
"¡Guau,
guau!"
"¡Oye, Kim Dubu!
¡Tienes que ir al paso con tu hermana!"
Junto con el ladrido
de un perro, se escuchó el grito alegre de la dueña.
Las miradas de ambos
se dirigieron al mismo tiempo hacia la ventanilla. Cerca de la entrada común
del edificio de departamentos, una dueña que parecía ser estudiante era
arrastrada por un cachorro del tamaño de un puño.
El cachorro de pelo
blanco corría con entusiasmo moviendo sus cortas patas, y la dueña lo seguía
por detrás con una expresión llena de risas.
"..."
El ambiente lascivo se
esfumó en un solo instante.
Fwooosh.
El rostro pálido de
Woori se tiñó de un rojo intenso. ¿Qué demonios estaban haciendo en el
estacionamiento del edificio? Incapaz de soportar la incomodidad, apartó la
mirada primero.
Estaba tan
desconcertado que los planes que había recordado hasta antes de besarse ya
habían desaparecido por completo de su mente.
Lee-yeon observó a
Woori en silencio. En esa mirada serena parecía haber desaparecido el deseo,
pero no se había esfumado del todo. Lee-yeon intentó por todos los medios
desviar su atención de su pene erguido con ardor, dibujando una sonrisa lo más
inofensiva posible.
"Sunbae, vamos a
casa."
"¿Ah? Ah..."
Woori asintió con
torpeza, abrió la puerta del coche y bajó.
¡Crack!
Lee-yeon, que bajó, se
mordió con fuerza la carne blanda del interior de la boca con los molares.
Aunque sintió un sabor a hierro sanguinolento en la boca, siguió a Woori como
si nada pasara, tragándose en silencio el deseo que amenazaba con desbordarse.
