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Jiing-!

Eran las dos de la tarde, la hora perfecta para que el sopor post almuerzo hiciera estragos. El sonido de las vibraciones resonó repetidamente por todo el aula.

¡Un salto!

Los hombros de Park Woori, que estaba sentado con la barbilla apoyada en el escritorio junto a la ventana y cabeceando de sueño, se estremecieron con fuerza, y sus párpados, cerrados con pesadez, se abrieron lentamente.

“……”

Los ojos negros que apenas lograban abrirse estaban nublados.

'Me quedé dormido un momento.'

Pensarlo apenas un instante bastó para que los párpados de Woori volvieran a parpadear con lentitud. La brisa moderadamente fresca soplaba suavemente desde la ventana abierta de par en par, y la voz del profesor de la asignatura avanzaba con una lentitud desesperante.

Razonablemente hablando, si va a dar la clase en inglés, ¿no debería ponerle algo de acento? Ni que fuera una IA. Woori miró con insatisfacción al profesor, que continuaba su explicación con un tono monótono y sin altibajos, y luego exhaló un suspiro profundo.

'¿Qué hora es?'

El ceño de Woori se frunció con fuerza al comprobar el reloj que llevaba en el brazo izquierdo. Todavía faltaban treinta y siete minutos para que terminara la clase.

Para alguien como él, que desde pequeño nunca le había encontrado el menor gusto al estudio, ese tiempo se le hacía eterno.

Jaam-.

Incapaz de contener el bostezo que brotaba de sus entrañas, abrió la boca de par en par, provocando que los alfas situados a su alrededor fruncieran el ceño y lo miraran de reojo con desprecio.

'Y eso que es un omega.', 'Sinvergüenza y descarado.', 'Es porque es inferior.', 'Por su culpa el ambiente de la clase se vuelve vulgar.' y un largo etcétera de susurros comenzó a circular.

El ceño de otros estudiantes, que escuchaban las maledicencias de aquellos alfas maleducados, se contrajo con molestia. Antes de que el profesor de la asignatura pudiera lanzar una advertencia para guardar silencio,

Woori giró el rostro con desdén hacia los alfas que lo estaban criticando.

¡Se estremecieron!

Su rostro, de una belleza tan impactante que rayaba en lo intimidante, exhaló un aura amenazante, y la cobardía nacida de la envidia hizo que los alfas se desinflaran al instante. Al ver a aquellos ignorantes incapaces de articular palabra, Woori ladeó ligeramente la barbilla en dirección a la pantalla.

Cierren la boca y concéntrense en la clase.

Habiendo interpretado la silenciosa advertencia, los alfas estiraron los labios con un gesto de insatisfacción y volvieron a enderezar el cuerpo.

'Inútiles de cuarta.'

Cuando era beta, aquellos sujetos ni siquiera se habrían atrevido a cruzar miradas con él; pero ahora que se había convertido en un omega inferior, perdían el norte e intentaban subirsele a las barbas. Aunque su fuerza física se había reducido un poco en comparación con sus días como beta, seguía teniendo de sobra para lidiar con semejantes imbéciles.

Tras lanzar una última mirada fulminante al alfa que había desviado la vista intentando huir, Woori enderezó la cabeza.

“……”

Con una expresión impasible, apoyado contra el escritorio y con los brazos cruzados, comenzó a parpadear lentamente mientras observaba las diapositivas de la pantalla llenas de inglés y gráficos. Y entonces.

¡Bache!

La cabeza de Woori, que cabeceaba de sueño, se inclinó bruscamente hacia atrás.

Maldita sea. Por poco me caigo. Despierto de golpe, Woori enderezó el torso. Justo en el momento en que intentaba calmar los latidos desbocados de su corazón,

“¿Woori, estás bien…?”

Sung-hee, que estaba sentado justo detrás de él, estiró el torso y le susurró en voz baja.

Si quien le hubiera hablado hubiese sido Jae-joon o Jong-bum, ni se habría dignado a responderle, pero se trataba de Sung-hee. Por mucho que Park Woori tuviera el nivel de sociabilidad de un inadaptado social, era difícil ignorar las palabras de Sung-hee, quien siempre le sonreía amablemente y le proponía charlas triviales.

Cuando Woori asintió en silencio, Sung-hee enderezó el cuerpo, pareciendo más tranquilo.

Qué vergüenza. Las pálidas orejas de Woori se encendieron ligeramente. Aunque su cara fuera más dura que la suela de un zapato, la situación de estar cabeceando y casi venirse de espaldas le resultó humillante. Ignorando como pudo el ardor de sus orejas, obligó a su atención a centrarse en otra cosa.

Su mirada recayó en el teléfono inteligente que había dejado sobre el escritorio. En la pantalla de bloqueo aparecían el icono de la aplicación de mensajería y el de mensajes de texto.

“……”

Una de las cejas de Woori se elevó al ver la pantalla. La aplicación de mensajería era… bueno, seguramente sería Choi Lee-yeon. ¿Pero y el mensaje de texto?

Antes de conocer a Choi Lee-yeon, el teléfono inteligente de Park Woori era, en el sentido más estricto de la palabra, solo un aparato para hacer llamadas. No tenía amigos dignos de mención ni familiares que se preocuparan por preguntarle cómo estaba. Lo más cercano a una función activa eran los avisos de la tienda de Gwanak por cuestiones de trabajo, o las llamadas de su padre, o de Park Hee-.

“……”

La imagen de Hee-jeong volando por los aires tras ser arrollado por el coche de Lee-yeon vino de golpe a la mente de Woori. Apretando los dientes con fuerza, borró de inmediato esa imagen de su memoria.

'No creo que se haya muerto.'

Desde sus visita al hospital la semana pasada, su padre no había vuelto a darle señales de vida. El día que se enteró de que Hee-jeong estaba hospitalizado tras ser atropellado y voló urgentemente desde Japón para irrumpir en la habitación del hospital —acusándolo de haber arruinado a su hijo y acorralándolo con furia— parecía ahora un sueño lejano, dado el silencio sepulcral que reinaba desde entonces.

Tampoco Lee-yeon le había dado noticias sobre Hee-jeong. Y Woori, que tampoco tenía la más mínima intención de averiguarlo, se abstuvo de investigar por su cuenta.

'Que se joda. Ya se apañará.'

Además, con lo orgulloso que era ese imbécil de Park Hee-jeong, seguro que la vergüenza le impedía volver a dar la cara ante él.

Sintiendo una molesta agitación en el pecho, Woori comenzó a juguetear con el teléfono.

Abrir la aplicación de mensajería le daba demasiada vergüenza, así que optó por tocar la inofensiva aplicación de mensajes de texto.

“……”

Los ojos de Woori, hasta entonces inexpresivos, se abrieron de par en par.

Batallón de la Reserva de la Universidad de Seoul Gwanak

Aviso de Entrenamiento de Reservistas para el Año 20XX

Fecha de convocatoria: XX de mes, XX de día

Lugar de reunión: Puerta principal de la Universidad de Seoul Gwanak

Ubicación del campo de entrenamiento: Campo de entrenamiento de la reserva de Gwanak-san

※ Impresión de la notificación y vestimenta obligatorias.

※ En caso de poseer vehículo propio, es posible trasladarse directamente al campo de entrenamiento.

※ Obligatorio presentar el certificado de asistencia en la oficina administrativa al finalizar el entrenamiento.

'¿Es en serio esto?'

Incapaz de dar crédito a lo que veía, apagó y encendió la pantalla del teléfono varias veces, pero el truco de magia de hacer cambiar las letras no ocurrió.

En realidad, que le llegara un mensaje de la reserva no era algo tan descabellado. Apenas cuatro meses atrás él era un beta que había cumplido su servicio militar en una unidad de Yeoncheon, famosa por sus heladas extremas. De vez en cuando, al ver piñones decorando algún plato de comida, recordaba las órdenes del comandante de compañía de pelar piñones mientras maldecía a gritos, sacudiendo los árboles para derribarlos y despojándolos de su cáscara uno por uno; un recuerdo que le hacía sentir que la vida era una auténtica mierda.

Sin embargo.

'Pero si ahora soy un omega.'

Por supuesto, los tiempos habían cambiado y ya existían soldados omegas, e incluso se habían formado unidades compuestas enteramente por ellos; pero esa orden de convocatoria significaba que pretendían que él fuera a entrenarse metido en un grupo de alfas, exactamente igual que en sus tiempos de beta.

“Ah……”

Woori emitió un suspiro de resignación tras pensarlo mejor. Ahora que lo recordaba, no había realizado el trámite para actualizar su condición de género secundario.

En el sistema del Ministerio de Defensa, su perfil seguía registrado como beta, y al cumplirse los plazos, el sistema le había enviado automáticamente la notificación para presentarse en la reserva.

En el transcurso de esos últimos cuatro meses se había desatado una auténtica tormenta de acontecimientos. Él, que era un beta, se había transformado en un omega inferior; se había comprometido con Choi Lee-yeon —a quien aborrecía con el alma—; había recibido una confesión…; y, por sobre todas las cosas….

“……”

Woori bajó la mirada con expresión sombría y echó un vistazo a su bajo vientre. Su abdomen, cubierto por una camisa negra, lucía completamente plano.

Aquí dentro hay 'eso'.

La cruda realidad de su embarazo seguía sin resultarle del todo tangible. Sus únicos pensamientos al respecto oscilaban entre un 'Ah, de verdad' y un 'Vaya, hasta los inferiores pueden quedar embarazados'. Un razonamiento tan superficial que funcionaba como un mecanismo de defensa ante la negación de la realidad.

Simplemente no quería pensar en el embarazo, ni mucho menos en el bebé.

Había vivido veintidós años como un hombre beta, y su familia distaba mucho de lo que la sociedad definía como tal. Yeon-ho jamás le había dirigido un 'te quiero' al pequeño Woori. Nunca habían hecho una excursión familiar, ni mucho menos se habían cruzado palabras dotadas de algo de calidez. Sin importarle en lo más mínimo haber regado su esperma de manera irresponsable, Yeon-ho consideraba al hijo ilegítimo nacido de improvisto como un estorbo, viendo en Woori poco más que una ficha útil para sus intereses.

Y por si fuera poco, ese engendro de hermano mayor no solo lo había acosado y sometido a abusos, sino que, cegado por los celos al verlo feliz junto a Lee-yeon, había terminado perdiendo la cabeza hasta el punto de secuestrarlo y encerrarlo.

¿Y ahora resultaba que él estaba embarazado?

Si ni siquiera sabía lo que era una familia, ¿iba a tener una propia?

Esa idea le resultaba tan ajena como abrumadora. Por esa razón, se empeñaba en dar la espalda desesperadamente a la realidad de su estado.

Y además-.

“……”

Woori fijó la vista inexpresivamente a través de la ventana.

'¿Será verdad que a Choi Lee-yeon le gusto?'

Por más vueltas que le daba, era incapaz de creer en los sentimientos de Lee-yeon. Y el motivo era el comportamiento que este había mantenido durante los últimos cuatro meses. Lee-yeon era capaz de mostrarle afecto y, al instante siguiente, enfurecerse o ignorarlo por completo ante cualquier rechazo.

Cuando Woori respondía con un simple golpe seco, el otro respondía con una ráfaga de ametralladora a base de sonrisas: diciéndole que solo jugaba con él porque le daba lástima, que por qué se hacía el difícil, o que dejara la hipocresía a un lado.

Y a pesar de todo eso, pretendía venir a decirle que lo amaba.

'Me gustas tanto que me enojé.'

'Si el sunbae descubre mis sentimientos…… temía que me menospreciara. Incluso ahora me dejo arrastrar por cada una de las palabras del sunbae, y me asustaba saber qué pasaría si lo admitía por completo, por eso no pude decirlo. Lo siento. Me equivoqué.'

'Así que, por favor, no digas que no me volverás a ver…… No puedo vivir sin el sunbae……'

'Definitivamente no.'

Para alguien como Woori, que de por sí no confiaba en la gente, le era difícil creerse sin más los sentimientos de Lee-yeon. Por supuesto, no negaba el afecto y el interés que Lee-yeon le demostraba. Tan solo pensaba una cosa.

'Será por capricho o por un sentido de la responsabilidad.'

Si Choi Lee-yeon llegara a enterarse de lo que estaba pensando, se volvería loco de frustración, pero Woori se limitó a contemplar el mensaje con total indiferencia.

La fecha para la convocatoria de la reserva era al día siguiente. Dadas las circunstancias, no podía ir hoy mismo a la oficina administrativa a solicitar la corrección de su condición secundaria, ni presentarse en el centro de reclutamiento para decirle a gritos: '¡Ya soy un omega, así que no pienso hacer el entrenamiento!'.

'Total, tampoco es que vaya a hacer gran cosa.'

A lo sumo le tocaría hacer prácticas de tiro o algún juego de supervivencia en equipo. Podía soportar algo así.

Woori se encontraba sumido en esos pensamientos cuando ocurrió aquello.

El profesor se despachó con un saludo mecánico, cogió sus materiales y salió zumbando del aula. Un bullicio de conversaciones estalló de inmediato en el silencioso salón. Al escuchar comentarios fugaces sobre la reserva militar, parecía que había más de uno que se cruzaría con él al día siguiente en el campamento de entrenamiento.

'Ja. Idiotas. Más les valdría conseguir la exención.' Murmurando quejas para sus adentros, recogió sus cosas y se dispuso a levantarse.

"Park. ¿Tienes la misma clase ahora? Vámonos juntos."

Jae-joon, Sung-hee y Jong-bum lo siguieron sin pararse a esperar su respuesta. El ceño de Woori se contrajo al ver la actitud tan impertinente de sus compañeros. Aunque ponía una cara tan maliciosa que le helaba la sangre a cualquiera, el grupo de Sung-hee ya se había acostumbrado por completo a tratar con él.

¿Para qué gastar saliva? Con una expresión hosca, Woori echó a andar.

"¿Qué? ¿Mañana vas a la reserva? Ah, es verdad que tú no tienes la exención, ¿no?"

Yo me libré del ejército y me fui a estudiar al extranjero. Mientras Jae-joon soltaba esa burla con aire chulesco, Jong-bum cerró el puño con fuerza. Ante esa amenazante atmósfera, Jae-joon cambió de tema rápidamente.

"Oye, ¿en qué zona es?"

"Mmm... ¿Dónde era?"

Justo en el instante en que Jong-bum, con cara de no recordar bien, intentaba sacar del bolsillo trasero de su pantalón el teléfono inteligente que llevaba guardado, alguien respondió por él.

"En el campo de entrenamiento de la reserva de Gwanak-san."

"……!!"

Las miradas de todos los compañeros convergieron de golpe hacia la dirección de donde había surgido la voz.

Haciendo caso omiso de las miradas de asombro que le dirigían con los ojos bien abiertos como platos, Woori apartó la vista con total indiferencia y reanudó su marcha con calma.

"Vaya, Woori, sí que estás enterado de cosas del ejército."

Sung-hee, que estaba al lado de Jae-joon, se le acercó con una sonrisa radiante siguiéndole el paso. Al ver que Sung-hee lo dejaba plantado para ir tras él, Jae-joon se quedó mirando la espalda de este con ojos llorosos.

"Porque yo también he cumplido el servicio militar."

Cuando Woori lo soltó como si nada, Sung-hee ladeó la cabeza extrañado.

"Pero si tú eres omega."

"Hasta hace cuatro meses era beta."

"¿Qué? ¿Que no naciste siendo omega, sino que tu condición cambió a los veintitrés años?"

"Sí."

Ante la impasible respuesta de Woori, los ojos de sus compañeros se abrieron como dos lunas llenas.

Y no era para menos. El hecho de que él, conocido hasta entonces como un simple beta, resultara ser en realidad un omega inferior, y que además hubiera saltado la noticia de su compromiso con 'ese' Choi Lee-yeon, había revolucionado por completo a todo el campus hacía apenas unos días.

Por esa razón, todos habían dado por hecho de forma natural que Park Woori siempre había sido un omega inferior que había fingido ser beta por algún motivo misterioso. Sin embargo, lo que acababa de decir con tanta tranquilidad contradecía por completo lo que ellos pensaban.

Justo cuando Woori se disponía a ignorar la reacción de sus compañeros, alguien volvió a hablar.

"……Oye, te lo pregunto por si acaso."

Woori miró de reojo a Sung-hee, quien le preguntó con expresión seria:

"Woori, ¿tú vas mañana a la reserva?"

"Sí."

A los compañeros se les salieron prácticamente los ojos de las órbitas del susto. Al verlos exagerar tanto, Woori se limitó a pensar con sequedad que estaban locos. Jae-joon intervino con tono cortante:

"Oye, ahora que eres omega, ¿a qué vas a ir a un sitio así?"

"Porque me han convocado."

"¿Qué??"

La respuesta tan inocente de Woori dejó todavía más descolocados a los demás. El primero en recuperar la compostura fue Jae-joon.

"¡¿Cómo vas a ir solo porque te lo ordenen?!"

"Si no voy, me quedará un antecedente penal."

Aunque ya tenía alguno que otro en su historial, no le apetecía sumar uno nuevo. Esa última parte se la guardó para sí mismo.

"¿Antecedente penal? Oye, seguro que hay algún fallo en el sistema informático. Y dejando eso de lado, que vayas mañana a la reserva, ¿lo sabe Choi—?"

"Oigan, ¿piensan entrar al aula o no?"

En ese preciso instante, el profesor que acababa de llegar interrumpió con tono educado al ver al grupo discutiendo a gritos en la puerta.

"Ah, disculpe."

Los estudiantes se apresuraron a inclinar la cabeza y entraron a trompicones. Woori se sentó en el extremo de la última fila junto a la ventana para preparar sus cosas. Sus compañeros intentaron sentarse cerca de él, pero los sitios ya estaban ocupados.

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Sin más remedio que sentarse bastante lejos de él, los muchachos comenzaron a cuchichear con caras de profunda preocupación.

"¿No deberíamos avisarle a Choi Lee-yeon de esto? Por lo visto, parece que no sabe nada."

"……Pero a Woori seguro que no le hace gracia que nosotros nos metamos a contarle cosas así a Choi Lee-yeon."

"Pues Choi Lee-yeon y Park Woori van siempre juntos a todas partes. ¿No es algo que ya debería saber?"

"Oye, Bum. Si estuvieras en su lugar, ¿dejarías tan tranquilo que tu omega se meta en una auténtica cueva de alfas? ¡¿Estás loco?! Yo, si fuera él, lo encerraría con llave en una habitación y me tragaría la llave."

Al escuchar aquello en silencio, Sung-hee le replicó de inmediato con tono afilado:

"¿A mí también me encerrarías?"

"¡Ay, no! ¡Eso es que—!"

El profesor, que ya tenía todo listo para dar clase, lanzó una mirada fulminante a Sung-hee, Jae-joon y Jong-bum. Ante eso, los tres optaron por sentarse correctamente y guardar silencio.

Y en cuanto terminó la clase, antes de que ninguno pudiera dirigirle la palabra, Woori desapareció de allí sin dejar rastro.

* * *

Aparqué el coche en el estacionamiento exterior del complejo de apartamentos y se quitó los cinturones de seguridad con una expresión complicada. Miró con lentitud a través del parabrisas hacia la entrada del edificio.

El lugar al que había llegado no era su casa familiar, sino el apartamento de soltero de Choi Lee-yeon.

'¿Es en serio esto?'

Con un dejo de resignación en el rostro, contempló el edificio antes de suspirar y bajar del vehículo.

Tecleó la contraseña en la puerta principal del complejo y caminó hasta situarse frente a los ascensores. Al pulsar el botón para subir, la cabina apareció en menos de un minuto.

Mientras subían, su mente volvió a rememorar la conversación que habían tenido unos días atrás.

'¿Acaso no es lógico que vivas en mi casa?'

Aquel tono extrañamente impertinente hizo que se detuviera la mano con la que estaba desabrochando los botones de la bata de paciente, con la cabeza gacha.

Le parecía el colmo del descaro.

'……¿Por qué demonios tendría que mudarme a tu casa?'

Al formularle esa contrapregunta, Lee-yeon le miró con una expresión que sugería que el absurdo era él.

'Sí. Es obvio que el sunbae debe vivir conmigo. ¿Acaso pensabas irte a la casa de ese viejo después de pasar por todo eso?'

'¿Cuándo he dicho que iba a volver con mi familia? Hasta que encuentre un piso propio, me iré a un hotel—.'

'¿Y por qué rayos tienes que irte a un hotel? Si tengo mi propia casa.'

'¡Porque no es mía!'

'Sunbae, ¿tienes idea de lo difícil que es buscar un apartamento? Tienes que ir a inmobiliarias, ver pisos con los agentes, comprobar si la propiedad tiene hipotecas pendientes, y encima ocuparte de la interioridad.'

'Ya me apañaré.'

'¡Si ni siquiera estás solo!'

'¿A qué viene sacar el tema del embarazo ahora mismo?'

'¡Porque soy el padre del bebé!'

¿A qué viene este tono tan irritante? Justo en el momento en que, incapaz de seguir conteniéndose, alzó la barbilla que tenía inclinada,

'Primero vístete.'

Lee-yeon le quitó la bata de un manotazo, desabrochando por completo los botones que apenas había soltado, tratándole como si fuera un crío tozudo. Agitó la cabeza con fuerza en señal de protesta, pero las manos de Lee-yeon no mostraban la menor compasión. Cogió un cuello alto que tenía preparado y se lo pasó a la fuerza por la cabeza.

'¿Qué se supone que— ¡Ugh!'

Con un sonido sordo, el estrecho tejido de la prenda rozó su rostro. Aunque uno intente quedarse quieto al ponérselo, es inevitable despeinarse, y con todo el forcejeo, su cabello mullido terminó revuelto como el de un vagabundo.

'……Puff.'

Lee-yeon soltó una risita al ver su pelo corto, erizado en todas direcciones por la electricidad estática como si fuera un diente de león.

¿Te hace gracia? Justo cuando se disponía a exigirle explicaciones con la ira reflejada en el rostro, ocurrió algo.

'……'

Su mirada chocó contra los ojos traviesos y felinos de Lee-yeon, curvados suavemente como lunas crecientes, con las comisuras de los labios estiradas en una sonrisa divertida.

Era exasperante que, en medio de una situación tan absurdamente injusta, Lee-yeon se viera tan atractivo. El calor subió de golpe a su cara.

'Maldita sea.'

Con la lengua trabada, giró la cabeza con brusquedad. Bajo la luz del sol que se filtraba por la ventana, sus cabellos se mecían suavemente acompañando sus movimientos.

Al verlo, el halo de hostilidad que ensombrecía el rostro de Lee-yeon se desvaneció al instante, tornándose increíblemente suave. Extendió una mano para acomodarle el cabello con delicadeza.

'¡Oye, no toques—!'

'El pelo del sunbae parece un diente de león. ¿Puedo hacerte una foto?'

'¿Qué? Ni hablar.'

Le espetó con fastidio absoluto. Quítame las manos de encima. Abrumado por la vergüenza, apartó de un manotazo la mano con la que intentaba arreglarle el peinado.

¡Plas!

Un sonido seco y nítido resonó con fuerza en la habitación del hospital.

'Ah.'

'……!'

Lee-yeon soltó un leve suspiro mientras retiraba la mano con la que le había alcanzado el golpe. Su reacción fue de absoluta indiferencia, pero él, que acababa de abofetearle la mano, estuvo a punto de sufrir un colapso.

Solo quería apartarlo, pero su cuerpo había reaccionado por instinto golpeándole.

Acabo de lastimar a Choi Lee-yeon. Paralizado por el pánico, fue incapaz de apartar los ojos de su dorso de la mano, que lucía enrojecido.

¿Te duele mucho? Lo siento.

Las palabras se agolparon en la punta de su lengua, pero se negaron a salir de su boca. Mientras se quedaba congelado sin saber qué hacer ni cómo mirarle,

Lee-yeon, que se había estado mirando la mano con total calma, levantó la vista para encontrarse con la suya. Luego, esbozó una sonrisa astuta mientras entrecerraba los ojos con picardía.

'Tenía las manos frías, así que me vino bien.'

'……!'

Verle sonreír sin pizca de orgullo, diciendo que «gracias al sunbae la circulación le iba de maravilla», le dejó completamente helado. Se sentía agradecido por el hecho de que no se enojara por su torpeza, pero al mismo tiempo eso le irritaba profundamente.

Si he hecho algo mal, enfadarte y ya.

'¿Qué se supone que haré si me termino acostumbrando a esta amabilidad tuya?'

Justo cuando abría los labios con una expresión cargada de confusión, Lee-yeon, sin mostrar el menor ápice de abatimiento, levantó uno de sus brazos caídos y lo introdujo con maña en la manga de la camiseta.

Era un trato impropio de un adulto, tratándole como a un niño pequeño, pero esta vez no tuvo fuerzas para protestar y pedirle que se detuviera. Se dejó arrastrar indefenso por sus atenciones.

Lee-yeon metió el otro brazo por la manga restante y estiró el dobladillo de la camiseta, que se había enrollado hacia el pecho, hasta dejarlo por debajo de su ombligo.

Luego, cuando sus dedos rozaron la goma elástica del pantalón del hospital, ¡Zas! Agarró su muñeca por puro reflejo. Sin embargo, apenas duró un instante antes de que aflojara la fuerza de su agarre.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

El rostro de Lee-yeon, que hasta entonces fingía serenidad, se tiñó de una excitación extraña. Sus ojos marrones, abiertos de par en par, hervían repletos de un deseo desmedido.

Con un ruido sordo, el pantalón se deslizó lánguidamente hasta sus tobillos.

Lee-yeon le sostuvo uno de los tobillos y dijo con voz suave:

'Tienes que levantar el pie.'

'……'

Su barbilla temblaba de pura humillación, pero obedeció su orden y levantó el pie. Al verle completamente despojado del pantalón, Lee-yeon cogió el pantalón plisado que había dejado preparado sobre la cama y lo acercó a sus pies.

Comprendiendo que cualquier resistencia adicional era inútil, introdujo los pies por las aberturas del pantalón tal como él pretendía.

Deslizándose suavemente...

La sensación fría de la tela y el calor abrasador de las manos de Lee-yeon rozaron la parte exterior de sus pantorrillas. ¡Un salto! Su cuerpo se estremeció ante la extraña sensación que recorrió la parte baja de sus piernas.

Disfrutando claramente de su reacción, Lee-yeon subió la tela con deliberada lentitud. Y cuando el pantalón hubo ascendido hasta sus muslos, incapaz de contenerse por más tiempo, presionó sus labios contra una de sus piernas.

Chof.

'……!!'

Aquel gesto de clara índole sexual hizo que su cuerpo se endureciera como el hielo. Su respiración se volvió pesada ante aquella respuesta tan inocente como turbadora.

Aquel al que tanto había deseado, el que había encendido y consumido sus ansias hasta quemarle las entrañas, por fin había caído en sus manos. Aunque detestaba que lo tocaran a su capricho, se mostraba sumiso y obediente.

Y todo ello, llevando en su vientre a su propio hijo.

Aquel hecho colmaba por completo el instinto de posesión y el afán de exclusividad del alfa dominante. A Lee-yeon se le nublaron los ojos de pura excitación. Justo cuando iba a abrir los labios para clavar los dientes en el muslo firme pero pálido de Woori,

‘¡Hic!’

Woori se tapó la boca desesperadamente con ambas manos.

La vergüenza y el bochorno tiñeron su rostro de un rojo tan lastimero que daba pena.

‘……’

Lee-yeon se detuvo justo cuando se disponía a morder la carne del muslo.

Las miradas de ambos se cruzaron. En el instante en que los ojos muy abiertos de Woori se estrecharon, reflejando un turbador remolino de humillación,

Lee-yeon lo observó con una expresión indescifrable antes de soltar una sonrisa socarrona.

‘Hasta con hipo eres adorable, querido sunbae.’

La atmósfera, cargada de una tensión sexual tan densa que rozaba la asfixia, se desmoronó con una facilidad casi frustrante ante el tono juguetón de Lee-yeon.

‘¡Ya basta!’

‘Lo siento. ¿Me pasé demasiado con la broma?’

Lee-yeon soltó una risa ligera mientras terminaba de ponerle los pantalones. Con unos movimientos tan naturales como despreocupados, su mano rozó la parte baja del abdomen de Woori mientras le acomodaba la ropa.

Un respingo.

Cuando Woori lo miró con evidente sorpresa, Lee-yeon habló con calma.

‘Sunbae, los hoteles son peligrosos.’

‘¿Qué tiene de peligroso?’

Recuperando la compostura, Woori le preguntó con frialdad. Sin embargo, tal vez debido a la culpa de haberlo golpeado momentos antes, su voz carecía de su habitual mordiente. Lee-yeon disfrutó del matiz apagado en su tono antes de responder.

‘Todo es peligroso.’

Justo cuando Woori se disponía a replicar si eso se podía considerar un argumento válido, Lee-yeon le sonrió con afecto.

‘En un sitio lleno de gente a la que no conoces de nada, ¿cómo puedes estar seguro de que estás a salvo? Es demasiado peligroso que un omega se aloje solo.’

‘¡No es como si fuera a meterme en un hostal de mala muerte, así que qué más da—!’

‘Da igual que sea un hostal o un hotel. Hoy en día los tontos de los alfas están muy al acecho y son muy peligrosos. ¿Acaso no has oído hablar de los crímenes dirigidos a omegas que se quedan en estancias largas?’

Los labios de Woori temblaron levemente. En efecto, bastaba con encender la televisión para ver que las noticias sobre delitos contra omegas no cesaban. Lee-yeon tenía razón.

‘Sunbae, ni que estuvieras solo.’

‘Eso es—.’

Sin embargo, aquella situación no terminaba de convencerle. Más allá del afecto que sentía por Lee-yeon, a Woori le repugnaba que tomaran decisiones por él de esa manera tan arbitraria.

¿Y qué pasa con mi opinión?

¿Por qué decidía todo a su antojo y se limitaba a comunicárselo?

Un rincón de su pecho se sentía extrañamente oprimido. Aunque le faltaba labia para expresar con precisión lo que sentía, sabía perfectamente que aquello marchaba por un rumbo terriblemente equivocado.

Lee-yeon lo observaba fijamente con el entrecejo fruncido, descontento. Al levantar la vista ante su mirada insistente, el alfa cambió de máscara al instante, adoptando con soltura la expresión de un hombre tierno y devoto.

‘Sunbae y yo estamos prometidos.’

La voz de Lee-yeon, suave pero con un trasfondo extrañamente coercitivo, pesó sobre los hombros de Woori. Los ojos de este parpadearon, reflejando una profunda confusión.

‘Aun así, es un compromiso por contrato.’

‘¿Ni siquiera puedo pedirle a mi propio prometido que se quede en mi casa por su propia seguridad?’

‘……’

‘¿Y menos aún a alguien que lleva a mi hijo dentro? Si le pasa algo al sunbae, el bebé también corre peligro. ¿Acaso es una exigencia tan desmedida?’

Las pupilas de Woori temblaron con fuerza.

‘……¿Hace todo esto por el bebé?’

¿Y no por mí?

Lee-yeon no se percató del rostro endurecido de Woori. De hecho, ni siquiera se le pasó por la cabeza prestarle atención.

Daba por sentado que, con semejantes argumentos, Woori terminaría cediendo y tragándose las objeciones. Se le había olvidado por completo que días atrás le había confesado sus sentimientos, pidiéndole perdón por haberlo atormentado a causa de su orgullo.

No podía evitarlo. Choi Lee-yeon solo sabía recibir amor, pero jamás había amado a nadie; a sus veintidós años no era más que un crío torpe. Era lógico que un hombre egoísta, centrado únicamente en su ombligo, se dejara arrastrar por un sentimiento tan abrumador como el amor sin saber gestionarlo con cordura.

Lo único que habitaba en la cabeza de Choi Lee-yeon era la certeza absoluta de que debía mantener a Park Woori a su lado. Por esa razón, era incapaz de leer las inseguridades de Woori, quien seguía albergando la absurda sospecha de que «Lee-yeon solo se había confesado por sentido de la responsabilidad tras enterarse del embarazo».

‘Tengo la obligación de hacerme cargo del sunbae y de nuestro hijo.’

‘……Yo.’

‘Hago todo esto porque te quiero con locura.’

La voz de Lee-yeon se tornó aún más grave, un susurro íntimo destinado únicamente a los oídos de Woori.

‘Me volvería loco de la angustia si el sunbae no estuviera ante mis ojos.’

Más allá de la injusticia que sentía en esa situación, Woori se vio conmovido por la franqueza de aquellas palabras.

No podía evitarlo. Al fin y al cabo, Lee-yeon era la única persona que había logrado llenar de matices su gris y monótona existencia. Atrapado por el torbellino del afecto y el amor, sensaciones que experimentaba por primera vez en su vida, era incapaz de mantener el juicio firme.

‘Así que, por favor, ¿no podrías hacer caso a lo que te pido?’

Había una fuerza ineludible en la voz de Lee-yeon. Al final, Woori terminó asintiendo en silencio.

‘¡Vaya! ¡Muchísimas gracias, sunbae!’

Lee-yeon lo abrazó con fuerza, radiante de felicidad como un niño pequeño. Su abrazo era cálido y reconfortante, pero al mismo tiempo dejó plantada en lo más hondo del pecho de Woori una sutil semilla de inquietud. Un poso de viejos rencores comenzó a devorarlo por dentro.

‘Lo haré mucho mejor a partir de ahora. De verdad, te lo agradezco mucho, sunbae.’

Aunque no sabía si aquello era lo correcto, Woori ya no tenía fuerzas para seguir discutiendo con Lee-yeon.

* * *

-Piso 18.

Dando vueltas a mil cosas en la cabeza, llegó al piso 18 en un abrir y cerrar de ojos. Las puertas del ascensor se abrieron con suavidad, y él dio unos pasos lentos hacia afuera. En el piso 18 del edificio solo había una puerta.

De pie frente a ella, su mirada recayó en la cerradura digital instalada en la madera.

Sacó la mano del bolsillo y la acercó al panel táctil. Sin embargo, su mano se quedó completamente congelada.

Tras pensárselo un buen rato, se mordió con fuerza los labios.

Se sabía la contraseña. Choi Lee-yeon se la había dicho muy amablemente desde el primer día.

Ya iba por el cuarto día desde que se había mudado a su casa, pero era la primera vez que entraba solo. Lee-yeon siempre se había empeñado en acompañarlo, y como siempre era él quien abría la puerta, Woori jamás había tenido que teclear la clave.

'Aun así, marcarla yo mismo se siente un poco raro.'

Parecía como si de verdad fuera su propia casa.

¡Fiiuuum! Las orejas de Woori se encendieron como si estuvieran a punto de estallar, avergonzado por una tontería. Le sudaba la palma de la mano que tenía en el aire.

No va a poder ser. Mejor toco el timbre y ya.

Justo cuando iba a desistir de poner la contraseña para apretar el botón del timbre, el pestillo sonó con un clic electrónico y la puerta se abrió de par en par.

“……!”

“¡Sunbae!”

Vestido con un delantal beis sobre su ropa de diario, Lee-yeon lo recibió con una sonrisa radiante como una flor.

'Esto ya es trampa…….'

Su corazón latía con una fuerza alarmante.

“¿Ya llegaste?”

Lee-yeon le dedicó una sonrisa dulce al verlo tan avergonzado.

¡No! Con el mecanismo de defensa activado ante una sonrisa que amenazaba con causarle un paro cardíaco, intentó darse la vuelta y huir, pero Lee-yeon se le adelantó, le agarró la mano con suavidad y lo arrastró hacia el interior. Con el sonido de la puerta cerrándose, se escuchó también el cerrojo digital bloqueándose.

“¡M-suéltame un momento! ¡Puedo entrar solo!”

“Es que quería cogerte de la mano~.”

Las palabras socarronas de Lee-yeon hicieron que a Woori empezara a salirle humo por la coronilla.

Lee-yeon observó con la mirada ensombrecida el cuello tenso y lleno de venas marcadas de Woori. Al ver cómo latían con fuerza, su nuez se movió de arriba abajo. Parecía un depredador agazapado estudiando a su presa antes de cazarla. Pero apenas duró un segundo; enseguida recuperó su habitual expresión cariñosa.

“Sunbae, vamos a comer rápido.”

“Espera—”

“Lo tengo todo preparado.”

“¿Qué?”

Cuando se disponía a rechistar y apartar la mano de Lee-yeon por la incomodidad, se quedó helado. Lee-yeon tiró de su mano con aire triunfante.

“Tachán~.”

Con la mano que tenía libre, señaló la mesa del comedor con orgullo. Sobre ella había una gran variedad de platos apetitosos, acompañados de un cuenco de arroz y una sopa humeante que desprendían un brillo delicioso. Solo entonces Woori fue capaz de percibir el aroma a comida que inundaba toda la casa.

“Lo preparé pensando en ti. Perdón por no haber podido venir contigo hoy.”

Los párpados de Woori parpadearon con rapidez. Expulsado por su madre biológica, había pasado quince años arrimado a la familia Park. Jamás nadie le había preparado una comida pensando exclusivamente en él. Por supuesto, en la mansión siempre había una empleada doméstica que cocinaba a sus horas, pero la sensación era completamente distinta.

'Hecho únicamente para mí.'

Ese simple pensamiento le revolvió el estómago con una extraña agitación.

Era como si alguien le estuviera acariciando el corazón por dentro con la punta afilada de una pluma. Mientras se quedaba embobado mirando la mesa, abrumado por una emoción indescriptible,

“¿Sunbae? ¿Te pasa algo?”

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Preguntó Lee-yeon con tono de preocupación. Al volver en sí, Woori se apresuró a decir:

“¿Por esto querías irte antes?”

“¡Sí!”

“……¿Esto lo has hecho tú?”

“¿Yo? Ni hablar.”

¡Crash!

La rotunda y sincera negativa de Lee-yeon hizo añicos toda su emoción. Pero ¿qué clase de estupidez es esa?

“Claro que lo ha hecho la empleada.”

“Dijiste que lo habías preparado tú.”

“Elegí el menú y miré cómo lo cocinaba con unos ojitos muy tiernos y amorosos.”

“……?”

¿Que solo miró? ¿Ni siquiera ayudó?

Cuando Woori lo miró de reojo con cara de incredulidad, Lee-yeon respondió con total desparpajo.

“Yo coloqué la comida en los platos.”

Estuvo a punto de decir que lo había hecho todo él, pero como no le gustaba mentirle al sunbae, prefirió decirle la verdad. Aquella actitud, más que segura de sí misma, descarada, hizo que se le torcieran los labios a Woori.

Fiu.

“Qué tontería.”

La expresión de Woori, antes rígida por la tensión, se relajó con suavidad.

La sonrisa de aquel hombre, por lo general tan inexpresivo, poseía un atractivo magnético imposible de ignorar. El corazón de Lee-yeon comenzó a latir con una fuerza indecorosa. Lo tenía justo delante y aun así no podía dejar de mirarlo.

Mientras se quedaba embobado contemplándolo sonreír de ese modo, Woori lo miró extrañado al ver que no decía nada.

“¿Choi Lee-yeon?”

“Vamos a comer ya.”

Con total calma, Lee-yeon volvió a ponerse su máscara habitual y arrastró una silla de la mesa.

Ante aquel gesto natural de galantería, Woori abrió un poco los labios, pero terminó sentándose obediente. Lee-yeon tomó asiento frente a él y cogió los palillos.

“Buen provecho.”

“……Tú también.”

'Este arroz no disminuye ni un poco.'

Seguro que Choi Lee-yeon le había echado algún hechizo al cuenco. Por mucho que comiera sin parar, la cantidad de comida no bajaba.

Ya estaba lleno solo con el arroz, pero además había una cantidad inmensa de acompañamientos, así que terminárselo todo era tarea imposible.

'Para haber comido esto, ya es un logro.'

Por culpa de su gastritis crónica, Woori solía comer poquísimo, lo justo para mantenerse en pie. Sin embargo, los platos de la mesa estaban prácticamente a la mitad. Aquello era un atracón en toda regla.

Al rendirse y dejar los palillos sobre la mesa, los ojos de Lee-yeon, que comía en silencio, se abrieron de par en par.

“¿Ya has terminado?”

“Sí. Estoy lleno.”

“Pues en Pyeongchang comías muchísimo más.”

“Porque allí nos pasábamos el día andando de un lado para otro. Hoy me he tirado toda la clase sentado, así que no tengo tanta hambre.”

“Aun así…… me preocupa que comas tan poco. ¿Sabes lo delgado que estás para la altura que tienes?”

Lee-yeon actuaba exactamente igual que una abuela que, viendo a su nieto gordito, sigue pensando que está famélico e intenta meterle otra cucharada a la fuerza.

“¿Qué vas a hacer si te desmayas por culpa de esto?”

“……? ¿Acaso no ves los músculos que tengo?”

¿Es que este tío tiene la cabeza hueca o qué? Estaba a punto de preguntarle seriamente si no necesitaría someterse a una prueba de capacidad cognitiva, cuando Lee-yeon interrumpió.

“Bueno, pues luego te tomas una buena ración de fruta.”

“¿Fruta? Si yo no—”

“Y mañana, ¿terminas las clases a las 4, verdad? No tienes ningún compromiso después, ¿no? ¿Podrás venirte conmigo a casa?”

“¿Qué? ¿Por qué cambias de tema tan de repente—?”

“Había pensado que podríamos cenar fuera mañana. Así matamos dos pájaros un tiro y tenemos una cita. ¿Qué te parece si vamos a ver una película nocturna y luego damos un paseo tranquilo? Ah, espera, ¿igual por el bebé no es buena idea?”

“Oye. Choi—”

“Como creo que terminaré antes, iré a buscarte frente a la puerta de la Universidad de Gyeongsang.”

“……”

Woori trajo a su mente la película . Ya era un tipo bastante mandón de por sí, pero en los últimos días la situación se estaba poniendo peor.

El verdadero problema era que, aunque todo aquello le molestaba, en el fondo tampoco le disgustaba del todo.

'……No lo entiendo. Si ni siquiera me toca un pelo, ¿por qué actúa como si estuviera loquito por mí?'

Sus pensamientos derivaron de pronto hacia otro rumbo.

Cuando convivían en el hospital, debido a las circunstancias especiales y a que su cuerpo y rostro estaban cubiertos de moratones, había asumido que Lee-yeon no lo tocaba simplemente porque no le apetecía.

El día del alta hospitalaria, Choi Lee-yeon había actuado como si tuviera intención de tocarlo, pero por algún motivo se había detenido a abrocharle la ropa de nuevo, y en casa seguía mostrándose de lo más recatado. Aunque se besaban cada vez que sus miradas se cruzaban, no pasaba de ahí.

Y eso que ya no quedaba ni rastro de los moretones ni de las heridas que le cubrían el rostro.

'No es propio de él quedarse de brazos cruzados.'

Antes de comprometerse con Woori, Lee-yeon tenía fama de ser un completo libertino. Con varios compañeros sexuales en su haber, huelga decir más. Aunque había cortado por lo sano con todos ellos tras su compromiso, Lee-yeon seguía conservando una belleza despampanante, y la naturaleza de alfa dominante que poseía, ahora en plena madurez, se había vuelto todavía más densa e irresistible.

Había presenciado más de una vez cómo la gente por la calle se quedaba embobada mirándolo sin poder apartar los ojos.

“¿Acaso te vas por ahí a desahogarte?”

“¿Perdón?”

Ante aquella pregunta sacada de la nada, Lee-yeon ladeó la cabeza extrañado.

Estás loco, Park Woori.

Su corazón latía desbocado, como si quisiera escaparse del pecho. Sin embargo, su rostro —con una dureza capaz de resistir la suela de un zapato— se mantenía absolutamente inexpresivo. Dando las gracias a su natural cara de póker, desvió el tema con total soltura.

“Mañana no puedo.”

“¿Eh? ¿Por qué?”

El tono de Lee-yeon se elevó de forma extraña ante la negativa.

¿Se ha enfadado? Woori lo miró desconcertado.

“Con las ganas que tenía de pasar el rato con el sunbae….”

¿Habrá sido una alucinación?

Woori parpadeó, contemplando a Lee-yeon mientras este zapateaba con un aire aniñado y caprichoso.

Lee-yeon le dedicó una sonrisa empalagosa mientras se quejaba:

“¿Con quién vas a quedar si no? ¿Con Sung-hee sunbae? ¿O tal vez con… Jae-joon sunbae?”

“¿Y a cuento de qué iba a quedar yo con esos dos?”

Woori frunció el ceño con repugnancia. Al verlo, los ojos de Lee-yeon se suavizaron sutilmente, aunque solo por un instante.

“Bueno, si ya tenías planes hechos, no se puede hacer nada. ¿A qué hora terminas? Estaré por la zona para irnos juntos en cuanto acabes tus cosas.”

Una punzada de sutil incomodidad le recorrió el pecho. ¿Por qué se sentía así? Tenía la garganta completamente seca. Justo cuando se levantó de la silla para ir al dispensador a beber un vaso de agua, Lee-yeon se puso de pie de un salto y se dirigió a la cocina.

Glup, glup. Llenó un vaso con agua tibia y se lo tendió.

Tras mirar el vaso que le ofrecía en silencio, Woori asintió levemente y se bebió el agua a sorbos rápidos.

“Qué bien bebe agua nuestro sunbae.”

Lee-yeon lo colmó de halagos con una expresión de orgullo desmesurado, como si estuviera viendo a un cachorro.

Estando así. A Woori se le erizó elvellón de todo el cuerpo. Y en ese preciso instante, tomó una decisión.

'Mejor no le digo nada de la reserva.'

'Oye, Bum. Si estuvieras en su lugar, ¿dejarías tan tranquilo que tu omega se meta en una auténtica cueva de alfas? ¡¿Estás loco?! Yo, si fuera él, lo encerraría con llave en una habitación y me tragaría la llave.'

Las palabras de Jae-joon, escuchadas de pasada durante la última clase de la tarde, acudieron de golpe a su mente.

Si ya le resultaba mortalmente vergonzoso e incómodo soportar las atenciones y el cariño de Lee-yeon tal como estaban las cosas, ni siquiera quería imaginarse cómo reaccionaría si llegaba a enterarse de que iba a presentarse en la reserva militar.

* * *

Jiing-!

Los ojos de Woori, que estaban cerradamente cerrados, se abrieron de golpe. Con la rapidez con la que un oso agita su pata delantera, agarró con agilidad el teléfono inteligente que había dejado en la mesita de noche junto a la cama y apagó la alarma.

Woori bajó la mirada con expresión seria.

“……”

Por suerte, Lee-yeon seguía dormido.

Sintiéndose más aliviado, Woori volvió a dejarse caer en la cama como si se desplomara, tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón. No había pasado mucho tiempo cuando de repente se dio cuenta de que su brazo derecho le dolía horriblemente por la presión.

“Mmm, sunbae……”

Al girar la cabeza hacia un lado, vio que Lee-yeon se acurrucaba contra su hombro derecho en medio de un leve balbuceo de sueño.

Lee-yeon estaba usando su brazo derecho como almohada, y lo tenía completamente atrapado no solo con los brazos, sino también con las piernas, rodeándolo con fuerza.

“……”

¿No se supone que suele ser al revés? Y decías que estabas preocupado por el bebé y que no podías dejarme solo. Si me vas a abrazar tan fuerte, ¿qué pasa si me aplastas la barriga?

Al ver a Lee-yeon acurrucado en su pecho como si fuera una princesa de cuento, Woori intentó evocar la imagen típica de una pareja de alfa y omega que había visto en los medios, pero enseguida negó con la cabeza.

Bueno, yo tampoco soy precisamente el prototipo de omega común. Y además, es posible que ni se haya dado cuenta porque estaba durmiendo.

“……Vaya.”

Woori soltó una risita silenciosa al ver a Lee-yeon respirando con suavidad mientras dormía. Hasta su cabello, alborotado como un nido de urraca, le parecía imponente, y su rostro ligeramente hinchado se veía adorable.

Si es que tener el filtro de la debilidad por alguien ya debe ser una enfermedad.

Mientras contemplaba embobado el rostro adormilado de Lee-yeon, levantó el teléfono con la mano izquierda para comprobar la hora.

Eran las 7:30 de la mañana.

La convocatoria era a las 9:00.

El tiempo era demasiado ajustado si pretendía ducharse, ir a su casa familiar, cambiarse con el uniforme militar y dirigirse después al campamento de entrenamiento de Gwanak-san.

No queda de otra. Tengo que levantarme.

Woori levantó despacio el brazo que tenía ceñido a su cintura y apartó con cuidado la cabeza de Lee-yeon hacia un lado. En ese instante, los párpados de Lee-yeon, que reposaban cerrados, temblaron ligeramente.

Woori contuvo la respiración por un segundo.

Por suerte, Lee-yeon recuperó un ritmo de respiración pausado. Woori exhaló un suspiro, subió con sumo cuidado la manta que se había deslizado hasta el pecho de este para cubrirlo hasta el cuello y le susurró:

“Sigue durmiendo.”

“Mmm…….”

Como si estuviera respondiendo, Lee-yeon soltó un murmullo y se sepultó todavía más bajo las sábanas.

La expresión inexpresiva de Woori se suavizó involuntariamente al contemplarlo. Obligó a su cuerpo, que se negaba por completo a moverse, a ponerse en pie y se dirigió al baño.

Al terminar de ducharse y comprobar la hora, vio que ya eran las 8:00. Si pensaba pasar por la casa familiar a buscar el uniforme, tenía que darse prisa. Pasándose los dedos de cualquier manera por el cabello mojado, se enfundó con rapidez una camiseta fina y unos pantalones de deporte.

Estaba a punto de salir del dormitorio cuando su mirada se desvió hacia la cama.

Lee-yeon seguía allí, profundamente dormido, ajeno al mundo entero.

El sonido de su respiración abrazado a la manta era sumamente tranquilo.

Tiene clase a las 10:00. Ya se despertará con la alarma.

Repasando mentalmente el horario de Lee-yeon, que ya se sabía de memoria, dio un paso con el pie derecho. Sin embargo, su rumbo no fue hacia la puerta, sino de regreso a la cama.

Woori apoyó una rodilla en el colchón e inclinó ligeramente el torso. Sus labios secos rozaron la mejilla pálida de Lee-yeon.

Chof.

Era un roce insignificante, un beso tan inocente que lo habría dado un niño pequeño, pero mientras lo hacía, el rostro de Woori ardía de un rojo intenso.

Tuvo la extraña sensación de que las feromonas de Choi Lee-yeon se le habían quedado pegadas en los labios.

Ignorando el calor abrasador que le quemaba las orejas, salió de la casa a toda prisa, como si estuviera huyendo.

Al llegar a la casa familiar, por suerte el coche de Yeon-ho no estaba. Con un suspiro de alivio, Woori subió a la planta alta.

Entró en su habitación, sacó el uniforme militar que guardaba en el compartimento más bajo del armario y se vistió con rapidez.

Las botas están en el tarjetero, la boina es de…… ¿dónde demonios está? ¿Y las anillas de goma?

Rebuscando con el ceño fruncido entre los trastos del armario, Woori exclamó al fin:

“Las encontré.”

Sacó la boina y las anillas de goma que habían quedado aplastadas entre un montón de objetos viejos. Tras haber pasado más de un año hechas un ovillo, la gorra había perdido toda la forma y lucía un aspecto deplorable.

Mirando la boina arrugada con absoluta indiferencia, Woori comenzó a golpearla con fuerza contra el borde del armario. Bastaron unos cinco golpes secos para que recuperara más o menos su estructura original.

Con esto bastará. Se levantó, metió a empujones en el armario la ropa que había desparramado al buscar el uniforme y bajó hacia la entrada. Por último, sacó unas botas militares desgastadas del rincón del zapatero, se las calzó y se subió al coche que había dejado aparcado frente a la puerta principal.

Justo cuando iba a aferrar el volante con las manos y pisar el acelerador, se detuvo un instante. Tras pensarlo un momento, cogió el teléfono inteligente que había tirado en la consola de carga y lo manoseó un rato. Pero al final volvió a arrojarlo al cargador y agarró el volante con firmeza.

¡Vruuuum!

El coche de importación con el parachoques dañado rugió con fuerza, atravesando a toda velocidad el tranquilo vecindario residencial.

* * *

"Estoy reventado."

Los dos, al salir de la oficina de administración con rostros que reflejaban un cansancio absoluto, se presionaron la zona del entrecejo y las ojeras con los dedos pulgar e índice.

El día de hoy había sido demasiado largo. Tratándose de la reserva, pensaba que bastaría con armar de forma aproximada el fusil, realizar algunos disparos, escuchar una charla sobre táctica militar y dar por terminada la jornada. Sin embargo, los hicieron participar hasta en un juego de paintball.

'Sabía que existía la posibilidad de jugar al paintball, pero...'

Por lo general, cuando se realiza un juego de paintball en la reserva, la gente suele tomárselo con calma y cumplir por puro compromiso; pero, para su mala suerte, el grupo al que pertenecía y el bando contrario resultaron ser el grupo de la muerte.

'Bastaba con hacernos los desinteresados y cumplir con el trámite. Pero les dio por volverse locos y disparar a matar como fuera. Unos imbéciles.'

Él carecía de autoestima, pero era un sujeto cargado de un orgullo desmedido y una competitividad feroz. De ninguna manera se iba a permitir perder. Por esa razón, se camufló de forma impecable entre los matorrales y acribilló a balazos de pintura al alfa del equipo rival.

"Ah, carajo... Estoy molido, de verdad."

"..."

Woori miró de reojo y con una expresión apática a Jong-bum, quien no paraba de quejarse a su lado. Jong-bum parecía estar tan exhausto como él. Su rostro, que en circunstancias normales lucía bastante arreglado, se encontraba completamente empapado de sudor y manchado de pintura.

'Vaya que jugó bien ese tipo.'

Le pareció algo inesperado. Jong-bum era un alfa cuya presencia resultaba sumamente tenue en comparación con la de Jae-joon, y sus cambios de ánimo eran tan leves que proyectaba la imagen de alguien bastante pacífico. Por eso, ver cómo se le nublaba la vista por la competitividad y comenzaba a ráfagas de disparos de pintura en el juego de paintball resultó ser una escena totalmente fuera de lo previsto.

'Gracias a eso, a mí también se me encendió la sangre.'

Del mismo modo en que los varones no suelen entablar amistad fácilmente a través de la conversación, pero logran acortar distancias cuando practican algún deporte juntos, la relación entre Woori y Jong-bum se volvió un poquito más cercana. Aparte de eso...

'Ese sujeto también me cubrió un poco el espaldas.'

Los alfas que se encontraban en el centro de entrenamiento reaccionaron con una curiosidad bastante vil y comenzaron a alborotarse al enterarse de la presencia de un omega recesivo. No obstante, cada vez que intentaban aproximarse para dirigirle aunque fuera una sola palabra a Woori, Jong-bum intervenía adelantándose a hablarles a ellos o hablándole a Woori, desviando la atención con total naturalidad.

Gracias a ello, los alfas perdieron el interés y dejaron de molestar a Woori, quien ya no desprendía olor a omega, permitiéndole concentrarse en la instrucción de manera bastante cómoda.

Por esa razón, cuando Jong-bum comentó que se desplazaría en metro hasta la universidad para entregar los documentos de la reserva, Woori le ofreció llevarlo en su vehículo. Al fin y al cabo, era un compañero de promoción al que tendría que seguir viendo hasta la graduación y él mismo debía dirigirse al campus de todos modos.

Habiendo recibido su ayuda de forma disimulada, no podía limitarse a decir 'Bueno, ahí nos vemos' e irse solo a la universidad. Hacer algo semejante lo habría convertido en una basura de persona.

Ya hice más que suficiente. Sucedió justo cuando, tras finalizar la entrega de los documentos, se disponían a abandonar el edificio principal.

"Oye. Park Woori."

"...?"

Woori miró de reojo a Jong-bum. Al verlo tragar saliva en repetidas ocasiones con el rostro desencajado por el cansancio, dio la impresión de que tenía la garganta seca. Al observar esa escena, a él también le vino una sed repentina.

Pensándolo bien, desde que se tomó una botella de agua mineral junto con el almuerzo empaquetado a mediodía, no había probado ni una sola gota de agua.

"Tengo sed. Vamos a echarnos un café."

"No quiero."

Woori rechazó tajantemente la propuesta de Jong-bum. No tenía el menor deseo de sentarse a sonreír y charlar con otra persona en una cafetería mientras tomaba un café. Además...

'Escuché por ahí que no se debe tomar café durante el embarazo.'

Recordó haber oído en alguna parte que el café no era bueno para las gestantes.

Aunque intentaba desviar la mirada y fingir demencia por no querer afrontar el hecho de que estaba embarazada, en los momentos decisivos resultaba inevitable que la preocupación le viniera a la cabeza.

Woori se frotó el vientre de forma inconsciente.

"¿Qué le pasa a ese?"

"¿Park Woori no era un omega?"

"Miren cómo lleva la gorra bien puesta."

"¿Cómo carajos va a ser esa la cara de un omega?"

En ese instante, unos estudiantes alfas que pasaban cerca de la oficina de administración comenzaron a murmurar entre ellos al ver a Woori vestido con el uniforme militar. Debido a la vida tan caótica que había llevado hasta entonces, las murmuraciones de los estudiantes no le provocaban ni el más mínimo malestar. Le bastaba con ignorarlos. Sin embargo, el problema fue lo que dijeron a continuación.

"¿El que está a su lado no es el subdelegado de Administración de Empresas? ¿Qué clase de relación tienen para andar juntos?"

En ese segundo, los nervios de Woori se pusieron al límite.

'¿Estos infelices...?'

Le molestó profundamente la manera en que sacaban a relucir a Jong-bum solo por el hecho de ser alfa y por haber entrenado juntos en la reserva. El disimulado tono de burla y el matiz sucio que llevaban impresas esas palabras fueron más que suficientes para alterar sus nervios.

Justo cuando Woori, lleno de rabia, apretaba los puños y se disponía a soltar un grito desmedido…

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"¿Entonces vamos a la máquina expendedora?"

"...¿A la máquina expendedora?"

Los puños que Woori había apretado con fuerza se desataron lentamente. Aunque le resultaba molesto sentarse a solas con un compañero en una cafetería, ir a una máquina expendedora le parecía algo bastante aceptable. Sumado a eso, sentía una sed insoportable.

Aun así, continuaba dudando.

'Incluso en este momento la gente está usándolo a él para criticarme, ¿no van a ver raro también que vayamos juntos a la máquina expendedora?'

Woori frunció el ceño profundamente mientras reflexionaba con severidad.

"..."

La mirada de Jong-bum se posó sobre la frente lisa de Woori. Park Woori solía llevar el cabello echado hacia atrás habitualmente, pero el día de hoy lució un aspecto un tanto distinto. Su rostro, enmarcado por la boina, resplandecía con la tersura de un huevo cocido recién pelado. A pesar de tener el cabello completamente cubierto, extrañamente proyectaba una apariencia aún más atractiva.

'Es increíble.'

La espantosa boina militar de fieltro color verde oliva, el pésimo uniforme de patrón digital y las botas militares que le llegaban hasta la mitad de la espinilla; todo eso cobraba un aspecto endiabladamente elegante en cuanto se lo ponía Park Woori. Con un poco de exageración, parecía un actor interpretando el papel de un soldado.

Jong-bum observó de reojo a los alfas que murmuraban mientras miraban a Woori de arriba abajo. Aunque en apariencia fingían criticarlo y burlarse, en sus ojos se albergaba un deseo imposible de ocultar.

'Al fin y al cabo, es un omega sumamente especial.'

Park Woori era conocido en la universidad por ser un verdadero desastre ambulante. Buscaba pleito con cualquiera que no le cayera bien, peleaba y llegaba incluso a los golpes. Además, su familia administraba la empresa de préstamos privada más importante de Corea.

Según los rumores, irrumpía personalmente en las casas de los deudores para armar escándalos, y en la sección de sucesos de los periódicos solía aparecer con frecuencia su nombre completo bajo el titular: "El hijo menor de Lee Rae Financial vuelve a hacer de las suyas. ¿Esta vez terminará en la celda del calabozo?". ¿Las normas? ¿El sentido común de la sociedad? Daba la impresión de que jamás le habían importado en lo más mínimo.

Sin embargo, el Park Woori que había observado el día de hoy había cumplido con la instrucción de la reserva de manera sorprendentemente rigurosa.

'Un tipo que parece vivir por encima de la ley resultó ser inesperadamente applied.'

Mientras otros miembros de la reserva ni siquiera llevaban la boina y se comportaban con descaro diciendo "La perdí, ¿y qué?", sacándole canas verdes al instructor, Park Woori había traído su boina bien puesta y ajustada. Incluso llevaba puestas las ligas para los pantalones, unos accesorios que la gente suele perder con facilidad.

Jong-bum fijó su mirada con insistencia en la manzana de Adán de Woori, la cual se movía levemente mientras él tragaba saliva. No obstante, terminó expulsando aquel deseo junto con un suspiro.

La pareja de aquel atractivo omega no era otro que Choi Lee-yeon. Se trataba de un rival al que alguien como él ni siquiera podía aspirar a acercarse. Decidió sacudirse aquel interés con ligereza.

Jong-bum le habló de manera neutral al omega, quien continuaba sumido en sus dudas.

"Yo te lo invito. A fin de cuentas, me trajiste en coche hasta la universidad."

"No hace falta..."

"Con un par de botellas de agua mineral bastará con dos mil wones, ¿no?"

Jong-bum habló en tono de broma, haciendo énfasis deliberadamente en el costo tan bajo.

Al escuchar el tipo de bebida y el precio, la expresión de Woori se relajó al instante. Tratándose de agua, le parecía un pago aceptable a cambio del combustible. Y la realidad era que tampoco llevaba dinero en efectivo encima.

Tenía sed, así que le venía de maravilla.

"Está bien. Invítamela."

"De acuerdo."

Woori caminó detrás de Jong-bum, quien se dirigía a la máquina expendedora sin volverse a mirarlo. Jong-bum, que tenía un excelente sentido de la percepción, se dio cuenta de que Woori venía detrás a paso lento a propósito, por lo que se adelantó corriendo hacia la máquina y compró dos botellas de agua mineral.

"Toma. Bebe."

El gesto con el que le extendió una botella de agua al Woori que se acercaba pausadamente resultó del todo natural.

Woori hizo un leve gesto con la cabeza a modo de asentimiento sin pronunciar palabras de agradecimiento. Jong-bum tampoco le dio mayor importancia, destapó su botella de agua y comenzó a beber a grandes tragos.

"..."

La manzana de Adán de Jong-bum se desplazaba de arriba abajo como si llevara un ritmo. Al ver cómo tragaba el agua de forma tan fresca, Woori tragó saliva de manera involuntaria.

'Qué más da. Me la voy a tomar.'

Woori, que había pensado en tomar el agua e irse de inmediato, giró la tapa de la botella en el mismo lugar donde estaba parado. Un leve chasquido de plástico rompiéndose resonó suavemente en el pasillo. En el preciso instante en que se disponía a beber un sorbo con gesto precavido.

"Aquí estabas."

Una voz afectuosa pero extrañamente apagada resonó a lo largo del concurrido pasillo.

No solo Woori y Jong-bum, sino también las miradas de los estudiantes que rondaban por las cercanías, se giraron al mismo tiempo hacia la dirección desde donde provino aquella voz.

"¿Choi Lee-yeon?"

"Sunbae."

Lee-yeon avanzó a pasos agigantados en dirección a Woori. Al recibir los rayos de luz del atardecer que se filtraban por la ventana del pasillo, su cabello de tono beige ondeó suavemente como si estuviera bailando. Aunque la expresión de su rostro mostraba una sonrisa tan pulcra como de costumbre, había algo en él que resultaba distinto a lo habitual.

Sobre aquel rostro agraciado, asomaban de forma intermitente emociones que pareció intentar contener.

"...!"

El instinto de Woori hizo sonar las alarmas. Aquel alfa era peligroso.

"No supimos nada de ti en toda la mañana... Estaba un poco preocupado."

Lee-yeon, al detenerse frente a los dos, le hizo un reclamo en tono suave. Ocurrió antes de que el desconcertado Woori pudiera articular palabra alguna. Lee-yeon clavó su mirada apagada en el rostro de Woori, quien llevaba puesta la boina.

Tras guardar silencio durante un buen rato, Lee-yeon levantó su mano derecha. Mientras limpiaba con su dedo pulgar la mancha de pintura fluorescente que Woori tenía en su mejilla enjuta, no desvió la vista de él en ningún momento. Continuó manteniendo el silencio.

"¿Qué pasa? ¿Están peleando?"

"Es la primera vez que veo a Choi Lee-yeon enojado."

"Seguro Park Woori hizo algo malo. Él no se enojaría así porque sí."

Los estudiantes que presenciaban la escena comenzaron a murmurar entre ellos con evidente curiosidad.

"...!"

El rostro pálido de Woori se tornó de un tono extrañamente acalorado.

En realidad, a Woori no le importaba si la gente hablaba mal de él o no. Sin embargo, odiaba este tipo de situaciones.

¿Por qué Choi Lee-yeon se enojaba como si él hubiera hecho algo malo?

Dice que le gusto. Entonces, ¿por qué me expone y me condena públicamente?

'Lo siento. No volveré a enojarme con usted, sunbae.'

En el parque de atracciones me prometió que nunca más se enojaría conmigo. ¿Cuántas veces va rompiendo esa promesa? ¿Acaso las promesas que hace conmigo no significan nada para él?

"..."

A medida que lo meditaba detenidamente, la rabia iba aumentando en un claro degradado. Sucedió mientras Woori tragaba saliva intentando reprimir la furia que se le venía encima.

La mirada de Lee-yeon se posó en la prominente manzana de Adán de Woori, inusual para un omega, que se movía levemente de arriba abajo.

Lee-yeon, quien había guardado silencio todo este tiempo, abrió la boca.

"Eso de que tenía un asunto pendiente ayer... ¿era esto?"

La voz de Lee-yeon era pausada y tranquila, pero la extraña frialdad oculta en ella le revolvió las entrañas a Woori.

Era cierto que a él le gustaba de verdad Choi Lee-yeon, y que en su relación era él quien siempre llevaba las de perder; sin embargo, eso no significaba que Choi Lee-yeon tuviera derecho a juzgarlo e incriminarlo de manera injusta.

"Te avisé."

"¿Avisar?"

"Sí. Ayer te dejé bien en claro: 'Mañana tengo un asunto pendiente, así que no podré estar contigo'. Y esta mañana también..."

En ese instante, Lee-yeon entrecerró levemente los ojos e interrumpió las palabras de Woori.

"'Ni pienses que te hablaré antes de las seis'."

La voz de Lee-yeon era baja y quieta, pero albergaba una densa capa de ira reprimida.

"¿A esto te refieres?"

"..."

Ante las palabras de Lee-yeon, tanto la gente de los alrededores como el propio Jong-bum miraron de reojo a Woori con expresiones que decían 'eso ya es demasiado'.

Sin embargo, Woori se mantenía firme.

Él jamás había enviado un aviso de forma tan descarada e insolente como decía Lee-yeon.

"¿Cuándo dije yo eso? Lo que dije fue: 'No puedo hablar antes de las seis. Te aviso cuando termine'."

"¿No viene siendo prácticamente lo mismo?"

Jong-bum, que estaba atrapado en medio de Lee-yeon y Woori intentando adivinar el ambiente, expresó su sincera opinión.

"..."

"..."

Sin embargo, dado que tanto Lee-yeon como Woori lo miraron fijamente en silencio, él cerró la boca y se puso a contemplar las montañas a lo lejos.

Lee-yeon volvió a girar la cabeza, miró a Woori y dijo:

"Al despertarme por la mañana, sunbae no estaba en la mecedora y solo dejó una simple línea por mensajería. ¿Esperaba entonces que yo me quedara tranquilo aguardando su mensaje?"

"¿Y qué más se suponía que hiciera?"

"¿No pudo habérmelo dicho ayer mientras comíamos?"

"¡No te lo dije porque sabía que te pondrías así!"

"...¿Qué dijo?"

"Te metes en absolutamente todo lo que hago. ¡Si te decía que iba a la reserva, sabía perfectamente cómo ibas a reaccionar, así que cómo querías que te lo dijera!"

El grito de Woori, cargado de indignación, resonó por todo el pasillo.

"¡Uf!"

Se escucharon ahogos de sorpresa por todas partes. Ante las palabras de Woori, que sonaban hirientes incluso para quienes solo escuchaban, los estudiantes que presenciaban la escena abrieron los ojos de par en par.

Y lo mismo ocurrió con Lee-yeon.

"¿Acaso yo me meto en sus asuntos?"

"¡Sí! ¡Te metes en todo!"

Cuando Lee-yeon intentó refutar algo, Woori disparó sus palabras a toda velocidad.

"Cuando dije que me quedaría en un hotel hasta encontrar casa, te enojaste. Y cuando te dije que mañana tenía un asunto y no podría estar contigo, no paraste de preguntarme con quién estaría y a qué hora terminaría."

"¡Eso era...!"

"Armaste un drama por una tontería sin importancia, como si hubiera ocurrido una gran tragedia, sacándome de quicio. ¡¿Cómo querías que te lo contara?!"

"¿Dice que no es una gran tragedia?"

Lee-yeon preguntó de vuelta con voz cortante.

"¿Acaso que sunbae desaparezca no es nada grave?"

"Tengo veintitrés años. ¡No exageres tanto!"

Ante el grito de Woori, el rostro de Lee-yeon se fue enrojeciendo gradualmente.

"¿Cómo puede hablarme así, sunbae? ¡¿Tiene idea de lo preocupado que estaba?!"

"Por eso mismo, ¿por qué tenías que estar preocupado...?"

"¡¡Por miedo a que ese imbécil hubiera vuelto a buscarlo!!"

Los ojos de Woori, que estaban cargados de veneno, vacilaron por un instante.

'¿Estaba pensando en Park Hee-jeong?'

Woori se quedó sin palabras. Jamás imaginó, ni en sus sueños, que Lee-yeon estuviera tan preocupado por eso. Pensó que... simplemente, como le había enviado un mensaje, estaría bien.

Ante las palabras inesperadas de Lee-yeon, Woori no encontró ningún argumento para defenderse y solo entreabrió los labios en silencio. El entrecejo plano y sereno de Lee-yeon se frunció bruscamente.

"¿Cómo puede ser una persona tan egoísta, sunbae?"

"¿Qué?"

Woori lo miró incrédulo al sentirse juzgado de esa manera. Lee-yeon habló con tono de aflicción.

"Yo siempre estoy pensando solo en sunbae, ¿por qué sunbae nunca piensa en mí?"

"¿A qué viene eso ahora? No desvíes el tema principal."

"Sunbae es... sunbae es..."

"¡Yo qué!"

"Me saca de quicio todo lo que puede y luego, a solas con otro hombre..."

Lee-yeon hizo una pausa en sus palabras. Cerró los ojos pareciendo intentar contener sus emociones, pero al no poder aguantar más, volvió a abrirlos de golpe y exclamó:

"¡Los dos vestidos combinados de esa manera! ¡¿Cómo puede hacerme esto, sunbae?!"

"¿Qué?"

"¡Si conmigo nunca se ha puesto ropa combinada!"

Ante el grito lleno de despecho de Lee-yeon, la expresión de Woori se deformó por completo.

Era algo verdaderamente absurdo.

"¡Oye! ¿A esto le llamas vestir combinados? ¡¡Es el uniforme militar!!"

"¡Claro que están combinados!"

"¿Acaso iba a ir en ropa de calle? ¡¿A un entrenamiento?!"

"¿Y por qué están juntos los dos? Los dos... ¡¿por qué tenían que estar juntos?!"

"¡Vinimos a entregar los documentos de la reserva, por qué más!"

"Por eso le pregunto, ¡¿por qué tenían que venir los dos juntos?! ¡Pudieron entregarlos por separado! Sunbae siempre anda solo por todas partes, ¡¿por qué con ese tipo está acompañado, viste la misma ropa y toma de la misma agua?!"

Ante la rabieta desatada por el estallido de celos de Lee-yeon, los rostros de los estudiantes que observaban la pelea con expresión seria se desencajaron.

A Woori le ocurrió lo mismo. Antes de empezar a salir, Lee-yeon solía discutir con él a la menor oportunidad. Sin embargo, esta era la primera vez que lo veía hacer un berrinche infantil de esa manera, sin lógica alguna.

Antes de que Woori pudiera articular palabra, Lee-yeon asestó el golpe definitivo.

"Señor Woori, ¿no le parece que se está pasando de la raya?"

"¿Qué?"

¿Señor Woori?

Las venas del cuello de Woori se marcaron con fuerza. Estaba enfurecido.

'¿Qué fue lo que hice tan mal?'

Sintió que si abría la boca soltaría una grosería, así que apretó los labios con firmeza. Sin embargo, al poco tiempo terminó por explotar.

"¿Qué fue lo que hice tan mal para que arme semejante escándalo, Señor Choi Lee-yeon?"

"...¿Señor Choi Lee-yeon?"

A pesar de haber atacado primero, Lee-yeon abrió los ojos de par en par, luciendo herido por la forma distante con la que Woori lo llamó. Las cuencas de sus ojos, que ya estaban rojas como un melocotón, comenzaron a intensificar su tono carmesí. Muy pronto, sus ojos de ciervo se llenaron de lágrimas.

'Esos ojos. El problema son esos ojos.'

Al contemplar la mirada de Lee-yeon, que parecía a punto de romper en llanto en cualquier momento, sintió como si se hubiera convertido en el peor villano del mundo. Con el corazón agitado, Woori desvió de inmediato la vista hacia el lóbulo de la oreja de Lee-yeon y le espetó:

"Dígalo, Señor Choi Lee-yeon. ¿En qué me pasé de la raya? ¿En irme a la reserva sin avisar? Ya le dije que le envié un mensaje."

"Dijo que me llamaría cuando terminara a las seis. Pero Señor Woori no me ha llama..."

"Ahora son las cinco. Todavía no son las seis."

"¡¿Dónde se ha visto eso?!"

"¡Aparentemente aquí, pedazo de imbécil!"

El tono de voz de ambos se elevó de manera extrema. Gracias a ello, incluso los estudiantes a los que no les interesaba la pelea giraron la cabeza para fisgonear.

¿Acaso estos infelices vinieron a ver un espectáculo? Justo en el instante en que un Woori indignado se disponía a soltar un grito furioso.

Bzzz.

El sonido de la vibración de un teléfono inteligente resonó justo en frente de ellos. La mirada de Woori, que lanzaba chispas hacia los estudiantes, se dirigió sin querer hacia adelante. Lee-yeon levantó el teléfono inteligente que sostenía en su mano izquierda.

Al verificar la pantalla, la expresión de Lee-yeon se endureció de golpe.

'¿Por qué tiene esa expresión?'

Incluso en medio de esta situación, le preocupaba Lee-yeon. ¿Habría ocurrido algo?

Lee-yeon cerró los ojos con fuerza y, al abrirlos de nuevo, contestó la llamada.

"Sí, abuelo."

¿Abuelo?

Una escena pasó como un relámpago por la mente de Woori.

Aquella persona a la que vio en las noticias hacía un mes, el día en que cuidó de Lee-yeon mientras comían gachas juntos: el legislador Choi Hee-jae.

Era el abuelo paterno de Lee-yeon.

"Estoy en la universidad. Sí. Sí. Ah, ¿cómo cree que lo olvidaría?"

La voz de Lee-yeon sonaba infinitamente afectuosa y mimosa, pero su rostro no reflejaba lo mismo en absoluto. Al verlo manchado por el desconcierto, Woori sintió una extraña sensación de inquietud.

En el momento en que Woori no sabía qué hacer ni cómo reaccionar, Lee-yeon le extendió la mano que tenía libre. Ante ese gesto tan natural, Woori también tomó su mano con total naturalidad.

"Ya iba para allá. ¿Cómo cree que olvidaría una promesa que hice con usted, abuelo?"

Apretándolo con fuerza, Lee-yeon sujetó la mano de Woori y comenzó a caminar.

"Me acabo de encontrar con mi sun... con Woori. Es que mi clase terminó tarde."

Ante la expresión visiblemente apurada de Lee-yeon, los estudiantes que estaban bloqueando el paso para curosear les abrieron camino.

"Llegaré antes de las seis. Sí. Sí."

La voz de Lee-yeon al hablar por teléfono con su abuelo transmitía tranquilidad, pero sus pasos hacia el estacionamiento eran apresurados. En un rincón del pecho de Woori, comenzó a crecer un mal presagio indescifrable.

* * *

Las personas del personal que estaban de pie frente a la puerta corrediza le hicieron una reverencia a Lee-yeon y luego la abrieron.

Drrr.

Al abrirse la puerta corrediza en silencio, dentro de la habitación donde flotaba un sutil aroma a madera, se encontraban sentadas en fila tres personas ante una enorme mesa cubierta con un denso barniz de laca. En el centro estaba el abuelo Hee-jae, mientras que a su izquierda y derecha se sentaban Ki-seon y Yeon-joo.

No es como si estuvieran en la formación de la ala de grulla. ¿Por qué se sientan así?

'A este paso, al chico se le va a cortar la digestión mientras come.'

Lee-yeon se quejó para sus adentros. De por sí, a él no le agradaba en absoluto esta reunión para comer.

Por más que fueran familia, al organizar una comida debían consultar con una semana de anticipación, como mínimo, la disponibilidad de él y de Woori. Sin embargo, el abuelo notificó de manera unilateral tres días atrás: "Este viernes, trae a ese chico a Sajogwan a las seis".

A Lee-yeon le molestaba que el abuelo se refiriera a Woori como "ese chico", y tampoco le gustaba que decidiera las cosas a su antojo de esa manera. No obstante, no podía desobedecer las órdenes de Hee-jae, la máxima autoridad de la familia, por lo que no tuvo más remedio que ceder.

Y además...

'Lo había olvidado por completo.'

De tanto disfrutar la felicidad de vivir con Woori, se le había olvidado totalmente la cita con su abuelo. A decir verdad, la noche anterior, justo antes de irse a dormir, recordó la comida en Sajogwan; pero no podía despertar a Woori, quien se había quedado dormido apenas un minuto después de acostarse en la cama.

Lee-yeon sintió una gran felicidad mientras le daba toquecitos con el índice en la nariz a un Woori plácidamente dormido, y resolvió contárselo a Woori al despertar a la mañana siguiente. Y cuando se levantó por la mañana...

♥Nuestro Woori♥

No puedo hablar antes de las seis. Te aviso cuando termine.

Woori ya había desaparecido, dejando únicamente ese mensaje.

"¿Llegaste, Lee-yeon?"

Yeon-joo saludó a Lee-yeon al verlo entrar con una expresión de pocos amigos. La mirada de Lee-yeon, que se había distraído un momento en sus pensamientos, se dirigió hacia Yeon-joo. Ella frunció el ceño y lo miró de reojo con severidad.

Ante la mirada afilada de Yeon-joo, Lee-yeon recobró el sentido de inmediato. Acto seguido, dibujó en un instante una sonrisa perfecta y saludó a su abuelo.

"Ya llegué. ¿Cómo ha estado?"

La voz pausada de Lee-yeon resonó dentro de la habitación, donde flotaba una extraña tensión.

"Mi cachorrito. ¿Llegaste?"

Hee-jae, que estaba sentado intentando mantener una postura imponente, le sonrió ampliamente a su nieto para saludarlo. Sin embargo, al ver a Lee-yeon entrar solo, frunció el ceño bruscamente.

"¿Por qué viniste solo, Lee-yeon?"

"Woori fue al baño."

La expresión de Hee-jae, que parecía ser una persona afable, se volvió fría en un instante, como si estuviera a punto de destrozar a cualquiera. Era una faceta tan amenazante que le congelaría la sangre a cualquiera que la viera; no obstante, los rostros de la familia Choi ni se inmutaron.

El carácter de Choi Hee-jae era como una olla: se enfurecía con facilidad y se le pasaba el enojo del mismo modo. Si la otra persona se desesperaba o se enojaba con él cuando estaba furioso, su ira duraba bastante; pero si no reaccionaba o le seguía la corriente de forma adecuada, se le pasaba rápidamente. Ki-seon y Yeon-joo, quienes habían convivido con él durante muchos años, conocían muy bien ese hecho, por lo que mantuvieron una expresión totalmente neutra.

Lee-yeon también sabía perfectamente cómo tratar a Hee-jae. Sin embargo...

"¡Por esto es que los chicos de familias sin educación no sirven! ¡Antes de venir a Sajogwan debió vaciar la vejiga, o aguantarse!"

Hee-jae gritaba de rabia soltando chispas de saliva.

"¡Dónde se ha visto que un vulgar omega recesivo mande por delante a su futuro esposo! Y además, ¡¿cómo demonios educaron a ese chico para que a una reunión con los suegros...?! ¡Bah, qué falta de modales!"

"..."

"¡Esto no se puede quedar así! En cuanto llegue, le voy a dar una reprimenda que lo hará llorar..."

Al ver cómo se vertían sin cesar palabras ofensivas hacia Woori, la sonrisa de Lee-yeon se borró por completo y su rostro se endureció. Justo cuando un Lee-yeon incapaz de soportarlo más se disponía a decir algo...

Toc, toc.

La puerta corrediza se abrió en silencio tras dos golpes. La voz de Hee-jae, que llenaba la habitación, se detuvo de golpe, y todas las miradas se dirigieron al mismo tiempo hacia la puerta.

"...!"

Los ojos de Hee-jae, Ki-seon y Yeon-joo se abrieron de par en par.

Se debía a la vestimenta de Woori, quien estaba de pie frente a la puerta.

Woori entró un paso hacia el interior del umbral sin esquivar las miradas de la familia de Lee-yeon, quienes lo observaban perplejos.

"Buenas tardes. Soy Park Woori."

Acompañándose de una voz baja y firme, Woori hizo una profunda reverencia. En la figura de su cuerpo inclinado casi a noventa grados se percibía un modal sumamente respetuoso. A decir verdad, la palabra modales se quedaba corta. Una reverencia tan profunda era un gesto que no se veía con frecuencia ni siquiera en el ámbito político donde se desenvolvía Hee-jae.

En ese instante, por la mente de Hee-jae pasó un relámpago de su época de máximo esplendor en los años noventa. Recordó con nostalgia la imagen de los políticos más jóvenes haciéndole reverencias de noventa grados al verlo. La mirada de Hee-jae se suavizó como si se hubiera sumergido en la nostalgia.

Sin embargo, aquello duró muy poco.

'Vaya manera de hacer el ridículo.'

Hee-jae malinterpretó a Woori pensando que era un omega desesperado por llamar la atención y parecer especial. ¿Cómo se atreve un omega a llevar puesto el uniforme militar, que es de uso exclusivo de los alfas? El espíritu autoritario de Hee-jae se activó y su corazón se volvió frío.

"¡Sunbae! ¡No haga esas cosas que le va a doler la espalda!"

Lee-yeon se levantó de un salto y se acercó a Woori, quien aún mantenía la espalda inclinada. Justo cuando la mano con la que pensaba sostenerlo estuvo a punto de tocarlo, Woori corrigió su postura y lo rechazó cortésmente.

"Estoy bien."

"¡No está bien! Si tiene un bebé en la barriga..."

"El bebé de los dos no tiene ningún problema con algo como esto."

Ante las firmes palabras de Woori, la expresión de Lee-yeon se volvió peculiar.

Fwooosh.

Los lóbulos de las orejas de piel clara de Lee-yeon se tiñeron de un rojo intenso. Esto se debía a que ni la imponente actitud de Woori ni el hecho de que se refiriera al bebé en su vientre como "el bebé de los dos" dejaron de hacer latir su corazón.

"Míralo a este."

Yeon-joo, quien observaba la tímida reacción de su hijo, soltó una risa irónica. Le resultaba sumamente curioso ver cómo ese chico, que solía ser tan orgulloso y solo pensaba en sí mismo, era manipulado por un vulgar omega recesivo. Al ver cómo no escuchaba ni la más mínima palabra de sus padres y en cambio se comportaba así con su futura esposa, recordó aquel rumor que decía que criar a un hijo alfa no servía de nada, sintiendo una mezcla de alivio y melancolía.

A Ki-seon le ocurrió lo mismo. Aunque no se rió abiertamente como Yeon-joo, observó la conducta de su hijo con evidente interés.

"Sunbae, sién..."

"¿Puedo tomar asiento?"

Antes de que Lee-yeon le ofreciera sentarse, Woori preguntó con suma cortesía dirigiéndose a los mayores. Ki-seon y Yeon-joo miraron de reojo a Hee-jae de forma simultánea.

Ante la respetuosa pregunta de Woori, Hee-jae, quien se había visto forzado a sumergirse de nuevo en la nostalgia por un instante, recobró el sentido. Endureció conscientemente su expresión, que se había relajado por un segundo, y respondió con una voz imponente.

"Está bien. Siéntate."

"Muchas gracias."

Woori hizo una leve inclinación con la cabeza y, tomando la mano de un Lee-yeon que continuaba de pie atónito como un pasmarote, lo guió hacia el asiento.

Tras hacer sentar a Lee-yeon, Woori se acomodó cómodamente a su lado cruzando las piernas. Sin embargo, mantenía la espalda erguida y recta como una espada, mostrando una postura sumamente firme. Era una imagen por demás distante a la de un omega común que acudía a conocer a la familia de su pareja.

Ante su actitud, que parecía un tanto descarada pero extrañamente educada, la expresión de Hee-jae se deformó ligeramente.

Un pesado silencio reinó en la habitación.

Justo cuando Lee-yeon se disponía a sacar algún tema de conversación para romper el ambiente tenso, la puerta firmemente cerrada se abrió y el personal entró empujando carritos de servicio. Tras servir los platos con manos expertas, los empleados hicieron una reverencia y abandonaron la estancia, dejando la mesa repleta de platillos con una apariencia deliciosa.

No obstante, nadie llevó la comida a la boca. Esto se debía a que Hee-jae, el mayor y la máxima autoridad del lugar, aún no había tomado los cubiertos.

Hee-jae, quien observaba a Woori con una mirada indescifrable, habló de forma pausada.

"¿Qué clase de vestimenta es un uniforme militar para venir a conocer a tus suegros? ¿Acaso estás desesperado por parecer especial? No sé de dónde habrás pedido prestado ese uniforme, pero ¿sabes que hacerse pasar por militar es un delito? Ah, claro, ¿como ya tienes antecedentes penales no te importa?"

Ante la voz afilada de Hee-jae, Lee-yeon frunció el ceño.

Sunbae no es esa clase de persona. Antes de que Lee-yeon pudiera intervenir para defenderlo, Woori habló primero.

"Vine directamente tras concluir la instrucción de la reserva, por lo que no tuve oportunidad de cambiarme de ropa. Le pido disculpas si le resultó molesto."

"¿Qué?"

La mirada fría de Hee-jae vaciló levemente de forma extraña. Fue en ese momento cuando observó detenidamente la apariencia de Woori.

La imagen de Woori, vistiendo el uniforme militar de patrón digital junto con la boina, lucía un tanto húmeda. En el borde de la boina y en varias partes del uniforme quedaban marcas de manchas de agua, entre las cuales se apreciaban restos de pintura fluorescente por aquí y por allá.

Era imposible que Hee-jae no reconociera esa escena. Se debía a que él era uno de los pocos alfas entre los miembros de la Asamblea Nacional de aquella época que sí había cumplido con el servicio militar.

Aquellas marcas eran sin duda manchas de la pintura fluorescente utilizada en el juego de paintball que se llevaba a cabo en los entrenamientos de la reserva de hoy en día. Parecía haber intentado limpiar apresuradamente las manchas de pintura en el baño sin lograr quitarlas por completo.

Hee-jae, quien había determinado no dirigirle palabras amables a Woori dijera lo que dijese, preguntó sin darse cuenta:

"¿Tú?"

"Sí. Cumplí el servicio militar completo en el Ejército de Tierra."

"Pero si eres un omega."

"Hace medio año era un beta."

"¿Por qué no te eximieron?"

Ante la afilada pregunta de Hee-jae, Woori respondió con total serenidad.

"Obtuve grado uno en el examen médico militar."

"¡No! ¡A lo que me refiero no es a eso!"

"¿Perdón?"

"¿Tus padres no movieron sus influencias?"

"Mi padre no tiene ningún interés en mí."

"Aunque no tenga interés, pudiste haberle pedido primero que te consiguiera la exención. ¿Por qué no lo hiciste?"

"Porque no había ninguna razón en particular para no ir."

Ante la firme respuesta de Woori, las cejas de Hee-jae temblaron levemente. Esto se debía a que aquel sujeto a quien consideraba un exconvicto sin modales resultó ser, de forma inesperada, un joven con la cabeza bien puesta y con una ideología recta poco común en estos tiempos.

En realidad, se quedó bastante sorprendido.

'Los jóvenes de hoy en día se la pasan pidiendo "hazme esto, hazme aquello" por cualquier cosa. Sin hacer el menor esfuerzo, se la pasan quejándose de que es culpa del país si no consiguen empleo. Todos tienen la cabeza echada a perder. ¿Saben por qué es? ¡Porque no han ido al servicio militar! Hasta yo, que era el hijo de una familia rica, lo cumplí por completo, ¡caramba!'

Hee-jae, quien solía tener esas palabras en la boca todo el tiempo, era en realidad la misma persona que promovió la promesa electoral de reducir el periodo de servicio obligatorio para ganarse los votos del público, logrando tener un impacto significativo en la reducción real de dicho periodo.

Choi Hee-jae, quien gozaba de popularidad entre el público bajo la imagen de un "político anciano pero de mente abierta", era en verdad un viejo autoritario de ideas extremadamente conservadoras y cerradas en el ámbito privado.

Hee-jae valoraba el tiempo por encima de todo. Por esa razón, consiguió la exención militar tanto para su hijo Ki-seon como para sus nietos Lee-yeon e Lee-jun a fin de proteger su tiempo; no obstante, en un rincón de su corazón no podía evitar sentir una profunda frustración por no tener a nadie en la familia que hubiera cumplido con el servicio militar.

Y justo ante ese Hee-jae, se encontraba un omega que había completado el servicio militar.

'¿Cómo debería tomarme esto?'

Aunque su expresión continuaba siendo afilada, en la mente de Hee-jae se entrelazaban mil pensamientos distintos.

De todos modos, no deja de ser un hijo ilegítimo de una empresa de préstamos. Es más, ¿acaso no cortó lazos por completo con esa familia después de aquel "incidente del secuestro"? Ya que ni siquiera tiene familia materna que lo respalde, podría resultar incluso más fácil de manejar.

Sin embargo... es un omega recesivo.

Que haya un omega recesivo en nuestra familia Choi; la sola idea ya resultaba un golpe para su orgullo.

No obstante, en ese preciso instante, una única palabra pasó como un relámpago por la mente de Hee-jae.

'Pero si está embarazada.'

Si obtuvo el grado uno en el examen médico militar, seguro que dará a luz a los niños sin ningún tipo de problema.

Hee-jae miraba a Woori por encima del hombro con pensamientos totalmente fuera de época, pero en el fondo de su corazón comenzaba a florecer una extraña satisfacción.

La mirada feroz con la que Hee-jae observaba a Park Woori comenzó a suavizarse poco a poco.

* * *

"Me voy a volver loco."

Había devorado a la fuerza el pescado corvina hervido, desmenuzado en trozos fáciles de comer, junto con el arroz sumergido en té verde; pero con el postre que sirvieron a continuación, le resultaba del todo imposible llevarse un bocado a la boca. Woori se quedó mirando fijamente el pastel de arroz con fresas cortado bellamente por la mitad y la bebida de sikhye como si fueran sus peores enemigos.

Aun así, tendría que comerlo.

Tragándose un suspiro en la garganta, estuvo a punto de tomar el tenedor para pinchar el pastel de arroz cuando escuchó la voz baja de Lee-yeon.

"No comas."

Woori parpadeó y giró la cabeza para mirar a Lee-yeon. ¿Acaso Choi Lee-yeon le acababa de decir que no comiera?

'¿Este tipo que se ponía loco si no me metía algo en la boca?'

La reacción de Lee-yeon, totalmente opuesta a la habitual, tomó por sorpresa a Woori.

Sin embargo, Lee-yeon tenía razones más que suficientes.

En circunstancias normales, Lee-yeon se comportaba como una abuela ansiosa por meterle comida en la boca a su nieto, pero a su manera siempre le daba de comer considerando el estado en el que se encontraba Woori. Juraba que jamás le insistía si veía que Woori estaba realmente lleno.

Pero la situación de ahora era distinta.

Lee-yeon sentía culpa por haber traído a Woori a una reunión tan incómoda sin habérselo notificado de antemano. ¿Acaso solo era eso? Apenas una hora atrás, ambos habían estado discutiendo acaloradamente en la universidad sobre quién tenía la culpa y quién no.

Lee-yeon sabía perfectamente lo difícil que resultaba venir a comer, arrastrado de la nada a un lugar donde se encontraban no solo sus suegros sino también el abuelo, estando ya bastante molesto por la pelea sobre la reserva. Aunque Woori le hubiera gritado preguntándole si se consideraba un ser humano, no habría tenido nada con qué defenderse.

Sin embargo, "ese" Park Woori soportó la incomodidad y trató a su familia con impecable respeto. Aunque no actuó de manera mimosa como un omega común, se notaba a simple vista que estaba haciendo su mayor esfuerzo a su propia manera.

Estaba profundamente agradecido y lo sentía muchísimo por Woori.

Lee-yeon, quien estuvo observando disimuladamente el estado de Woori hasta que terminó el plato principal, no pasó por alto su gesto de incomodidad al ver el postre. Si comía a la fuerza, sin duda le daría una indigestión.

"Estoy bien. Puedo com..."

"No está bien."

Dijo Lee-yeon con firmeza. Aunque en el rostro de Lee-yeon al mirar a Woori había una sonrisa afectuosa, la firmeza en su mirada era innegable.

No obstante, Woori tampoco dio un paso atrás.

'Por esto es que los chicos de familias sin educación no sirven.'

'¿Cómo demonios educaron a ese chico para que a una reunión con los suegros...? ¡Bah, qué falta de modales!'

'Esto no se puede quedar así. En cuanto llegue, le voy a dar una reprimenda que lo hará llorar...'

'...'

Justo cuando estaba a punto de entrar a la casa principal tras lavarse la cara rápidamente, Woori escuchó la voz furiosa de Hee-jae. Los empleados que aguardaban fuera de la puerta corrediza lo miraron de reojo con expresiones de preocupación.

Únicamente con la firme convicción de no causarle problemas a Lee-yeon, Woori se inclinó con absoluta sumisión ante Hee-jae, Ki-seon y Yeon-joo. No lo hacía por su propia seguridad. Era puramente por Lee-yeon.

Sumado a eso.

'Tengo que hacerlo mejor.'

Todos los alfas con los que Woori se había cruzado hasta ahora eran sumamente caprichosos. Su propio hermano Hee-jeong era un claro ejemplo. Por más que encontrara a un omega que realmente le gustara, aquel interés jamás duraba más de un mes.

'Choi Lee-yeon no es diferente.'

Aunque ahora mismo actuaba como si quisiera mudarse juntos obsesionado con el bebé, hablando de forma cruda, era muy probable que ese interés se apagara una vez que naciera el niño. Por más que quisiera pensarlo de buena manera, los últimos cuatro meses habían sido así.

Lee-yeon era un hombre como la arena, que parecía poder atraparse pero se escurría entre los dedos. Tan pronto trataba a alguien con amabilidad como lo rechazaba fríamente, y cuando se le pasaba el enojo en cualquier momento, volvía a mostrarse cercano.

Según las palabras de Lee-yeon, actuaba con ese mecanismo de defensa porque le gustaba demasiado, por miedo a que Woori lo ignorara o lo manipulara a su antojo.

'No tiene sentido.'

Con solo recordar lo sucedido en la oficina de administración de la universidad, la respuesta era evidente. Él le había enviado un mensaje claro a Lee-yeon avisándole que no podría comunicarse durante el día. Sin embargo, Choi Lee-yeon lo increpó frente a todo el mundo y al final se enojó sacando a relucir razones absurdas.

Por supuesto, no es que no entendiera la preocupación de Lee-yeon. Dado que había transcurrido apenas una semana desde que fue secuestrado y encerrado por Park Hee-jeong, era natural que estuviera preocupado.

Sin embargo, en el coche camino a Sajogwan, no pronunció ni una sola palabra sobre la discusión en la oficina de administración. Lee-yeon solo dijo:

'Perdón por no habértelo dicho con anticipación.'

Y concluyó con:

'No te preocupes demasiado. Es solo una comida sin importancia.'

Después de eso no dijo absolutamente nada más. No hizo conversación ligera mientras conducía como solía hacer, ni se giró a mirarlo. Solo condujo en silencio con el rostro endurecido.

Si de por sí su corazón estaba agitado por culpa del carácter caprichoso de Lee-yeon, encima tuvo que escuchar a Hee-jae hablando mal de él.

"Puedo com..."

"Si se siente mal del estómago, al bebé también le costará trabajo."

Ante la voz firme de Lee-yeon, los ojos de Woori vacilaron.

'Como lo pensaba, es por el bebé.'

No hace esto porque le guste yo.

El malentendido creció así como una bola de nieve. Sus ganas de comer se desmoronaron por completo.

Lee-yeon, sin sospechar ni un poco la verdad, le sonrió ampliamente a un Woori que dejaba el tenedor en silencio.

"Woori, ¿por qué no comes?"

Preguntó Ki-seon con voz ligera. Aunque su pregunta era una simple curiosidad, a Woori le sonó de alguna manera abrumadora.

El pastel de arroz con fresas de aquí es realmente delicioso. Justo cuando Ki-seon se disponía a decírselo a Woori, Hee-jae miró de reojo a Ki-seon y levantó la mirada en silencio. Ki-seon cerró la boca.

Sin embargo, Woori, que no notó aquella pequeña disputa por tener la mirada gacha, estuvo a punto de tomar el tenedor cuando Hee-jae habló.

"¿Comiste de más?"

Al no esperar que Hee-jae le dirigiera la palabra, Woori se detuvo por un instante. Justo cuando se disponía a negarlo tras un segundo de desconcierto.

"Tsk. ¿Acaso no conoces tu propia capacidad? Si ya no te entra, basta con no comer. Encima no estás solo, qué terquedad."

"..."

"Y preferiría que corrigieras esa costumbre de hacer notar tus molestias en la mesa."

Ante las palabras de Hee-jae, el aire de la habitación volvió a volverse pesado.

Lee-yeon, Ki-seon y Yeon-joo intercambiaron miradas con un matiz extraño. Que Hee-jae hablara de esa manera era una señal de que Woori le había caído bien. Sin embargo, al no conocerlo, el rostro de Woori solo se endureció aún más.

Lo único afortunado era que la piel de su rostro era más dura que la suela de un zapato, por lo que su alteración no se hizo evidente.

Woori volvió a dejar el tenedor en silencio, haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultar cómo su rostro amenazaba con deformarse por la desesperación.

* * *

Woori contempló aturdido las luces de los faroles que se desvanecían tras la ventanilla del coche. El camino hacia la casa de Lee-yeon le resultaba tan familiar como de costumbre, pero hoy, por alguna razón, le parecía extraño.

Su mirada, fija en el exterior, se detuvo en una familia que esperaba ante un semáforo. Un matrimonio joven miraba con una Sonrisa de satisfacción a su hijo, que saltaba alegremente con una bolsa de golosinas en la mano.

Srrr.

El vehículo de Lee-yeon se detuvo suavemente, al parecer detenido por una luz roja.

Acompañado por el tenue sonido del semáforo peatonal, el niño cruzó por el paso de peatones levantando un brazo. El joven matrimonio lo seguía por detrás, soltando una amplia sonrisa ante algo que les resultaba enormemente divertido.

Era una escena ordinaria, sin nada de especial, pero Woori no podía apartar los ojos de ellos.

El semáforo peatonal se detuvo y la luz verde para los vehículos se encendió. El coche de Lee-yeon arrancó con suavidad.

"..."

El silencio reinaba en el interior del coche.

En circunstancias normales, Lee-yeon habría iniciado la conversación con cualquier tema trivial. Sin embargo, en este momento no decía una sola palabra. Y como Lee-yeon mantenía la boca cerrada, era imposible que se iniciara un diálogo.

Woori podría haber tomado la iniciativa, pero para alguien torpe a la hora de tratar con los demás, aquello no era en absoluto una tarea sencilla. Sumado a eso...

'¿Qué le habrá dicho el legislador Choi Hee-jae?'

Justo cuando la comida terminó y se disponían a levantarse del asiento, Hee-jae les habló de improviso a Woori y a Lee-yeon.

'Lee-yeon, quédate un momento.'

Al escuchar la voz plana de Hee-jae, a Woori se le dio vuelta el corazón. Esa breve frase perturbó su mente. En cuestión de segundos, los peores escenarios cruzaron por su cabeza sin cesar.

Puntada.

Quizás debido al estrés extremo, el estómago le comenzó a doler gradualmente. El dolor era tan intenso que las palmas de sus manos sudaban, pero Woori mantuvo su expresión bajo absoluto control. Apenas unos minutos atrás, el legislador Choi Hee-jae le había advertido: "No hagas notar que te sientes mal". No quería alterar aún más el estado de ánimo de esa gente.

Por fortuna, lo que mejor sabía hacer Woori era aguantar y tragar en silencio.

'Sunbae. Vaya al coche primero.'

Lee-yeon colocó las llaves del coche en la mano de Woori y habló con suavidad. En la comisura de sus labios flotaba, como siempre, una sonrisa afectuosa.

'Iré enseguida.'

Sin embargo, esa sonrisa y ese tono de voz se sintieron extraños hoy.

Incapaz de soportar la incomodidad, Woori se levantó de un salto, hizo una profunda reverencia y no tuvo más remedio que salir de la habitación casi huyendo. Por suerte, al respirar el aire limpio y fresco camino al estacionamiento, el estómago revuelto se le fue calmando poco a poco.

Mirando hacia afuera e inmerso en sus pensamientos, Woori echó un vistazo de reojo al perfil de Lee-yeon con cautela. Con su aspecto pulcro, él lucía tan sereno y relajado como de costumbre, y ni siquiera emanaba su feromona característica.

Woori se mordió los labios con fuerza.

'¿Qué le habrá dicho? ¿Debería preguntarle?'

Buscó el momento para preguntar varias veces, pero al final no pudo decir nada.

El simple hecho de preguntar lesionaba su propio orgullo.

Y además, tenía miedo.

'Ah, mi abuelo dijo que esto no puede ser. Que rompamos el compromiso cuanto antes, y sobre el bebé... bueno, dice que haga lo que quiera.'

No podía imaginarse otra respuesta que no fuera esa.

Existe un refrán que dice que es mejor recibir el golpe cuanto antes. Sin embargo, eso es algo que solo puede decir alguien que jamás ha sido golpeado. Woori había sufrido abusos desde pequeño como si fuera tan natural como respirar. ¿Acaso no había intentado afrontar los problemas y salir adelante? Pero cada vez que lo intentaba, solo recibía golpizas más severas y un desprecio mayor.

'De todos modos, mi futuro ya está determinado.'

Por más que lo pensara, no parecía que en su futuro fueran a estar el bebé ni Lee-yeon.

Si la verdad solo traía heridas, era mejor dejarla enterrada.

Tal vez no fuera un final tan malo. Si hubiera seguido bajo el mando de su padre, lo habrían vendido a un alfa defectuoso y con hijos, o a un hombre de mediana edad que le doblara la edad. Si no hubiera conocido a Choi Lee-yeon, habría pasado toda su vida sin conocer el sentimiento del amor...

Los puños apoyados sobre sus muslos temblaban levemente.

Si nunca lo hubiera tenido, no conocería el dolor de la pérdida. A Woori se le revolvía el estómago de solo imaginar a Lee-yeon mostrándole esa hermosa sonrisa a otra persona y susurrándole que la quería.

Lo mismo ocurría con el bebé. Apenas podía valerse por sí mismo, ¿cómo iba a cuidar de un bebé?

Habiendo vivido toda su vida como un beta, aún no podía creer el hecho de que estuviera esperando un hijo.

Ni siquiera sabía lo que era una familia o una madre.

La única madre que Woori recordaba era la imagen de su espalda huyendo tras dejarlo en la puerta de la casa de su padre.

Todo le resultaba abrumador. Solo quería fingir demencia y huir.

"..."

No se podía evitar. Por más que intentara actuar como un adulto, no era más que un tonto de veintitrés años.

Fue en el momento en que Woori miraba hacia afuera tragándose la rabia para sus adentros. El coche se detuvo lentamente en el estacionamiento del edificio de departamentos y el motor se apagó.

"Sunbae."

La voz de Lee-yeon resonó en el interior del coche. Su tono continuaba siendo suave, pero los hombros tensos de Woori no daban señales de relajarse.

Antes de que Lee-yeon pudiera notar que Woori estaba congelado como el hielo, Woori respondió brevemente manteniendo la mirada fija hacia adelante.

"Sí."

Debido a la extrema tensión, la voz de Woori sonó bastante afilada.

Ante esa voz distante, Lee-yeon parpadeó lentamente.

'Como lo imaginaba, ¿está enojado?'

Era natural que lo estuviera. De la nada tuvo que ver a los suegros y hasta al abuelo. Lee-yeon comprendía la rabia de Woori y sentía culpa por ello.

'Tengo que disculparme.'

Con las manos apoyadas sobre el volante, dejó salir un largo suspiro. No es que le doliera el orgullo disculparse con Woori; era que tenía miedo de que Woori no le sonriera de nuevo.

"... Uff."

"...!"

Sin embargo, Woori interpretó aquel suspiro de determinación de Lee-yeon en otro sentido. Sus puños cerrados con fuerza comenzaron a empaparse de sudor.

"Hoy realmente pasó por mucho. Si fuera yo, no habría podido actuar como usted, sunbae. Y..."

"..."

"De verdad lo siento."

Ante esa sola frase, a Woori se le cayó el corazón al piso.

Ese "lo siento", al final, debía ser la señal para anunciar el fin. El fin de su relación y la ruptura del compromiso.

Woori miró por la ventanilla en silencio.

Más allá de que Choi Lee-yeon lo quisiera, de que estuviera embarazada o de cualquier otra cosa, la realidad era esa. Él era el apreciado hijo de la familia de un legislador de la Asamblea Nacional, mientras que Woori era el hijo ilegítimo del dueño de una empresa de préstamos y un exconvicto.

'Me gusta demasiado, sunbae.'

'De verdad me gusta muchísimo.'

No negaba la confesión que Lee-yeon le había hecho en aquel entonces. Sin embargo, el corazón de las personas tiende a cambiar. ¿Qué haría si Choi Lee-yeon, quien decía que le gustaba, de pronto se volviera indiferente?

'Deja la autocompasión, Park Woori. ¿Acaso estás grabando un drama?'

Fue en el momento en que Woori tragaba saliva intentando serenar su corazón como fuera.

"Woori sunbae."

La voz de Lee-yeon resonó en el silencioso interior del coche. En sus oídos parecía retumbar la frase: "Por favor, salga de mi casa ahora". No quería escucharla.

'Saldré por mi propia cuenta.'

Woori se desabrochó el cinturón de seguridad intentando sacudirse esa sensación de ahogo. Pensó que debía tomar las llaves del coche e irse a cualquier parte.

Vayamos primero a la sucursal de Gwanak. Aclaremos las ideas en la sala de descanso y busquemos casa en cuanto amanezca. Justo cuando intentaba tomar la manija de la puerta del coche pensando con determinación impostada.

"...!!"

Lee-yeon extendió la mano hacia Woori.

La yema de sus dedos tocó la mejilla de Woori. Ante ese contacto frío pero suave, se le erizó la piel por completo.

Sssk.

El dorso de los dedos de Lee-yeon acarició la mejilla delgada de Woori como si se deslizara. Cuando un sorprendido Woori encogió los hombros, Lee-yeon le dio unos toquecitos en la nariz para tranquilizarlo.

"Sunbae..."

En la oscuridad, los labios de Lee-yeon brillaban de forma particular. Justo cuando Woori pensó distraídamente si se habría aplicado algo como un brillo labial, Lee-yeon se humedeció los labios con la lengua. Su lengua lucía tan rellenita y húmeda como sus labios.

Woori lo sabía. Sabía lo sucia que podía volverse esa linda lengua que parecía de conejo.

Ante semejante estímulo visual, el rostro sombrío de Woori se encendió con un extraño calor. Era imposible que Lee-yeon no notara ese cambio. Al ver a Woori incapaz de apartar la mirada de sus labios, dejó escapar una risa baja.

"¿Está mirando mis labios ahora mismo?"

"... No."

"No mienta..."

"Tu lengua."

"... ¿Qué?"

Murmuró Woori con la mirada perdida.

"Estaba mirando tu lengua."

"...!!"

La sonrisa desapareció del rostro burlón de Lee-yeon. Sobre aquel rostro innecesariamente hermoso se posó la sombra de un macho.

Al encontrarse con esa expresión gravemente ensombrecida, Woori recobró el sentido. ¿Qué acabo de decir? Hablando francamente, esto era acoso sexual. Justo cuando intentaba huir a toda prisa abrumado por la vergüenza que lo invadía.

"Me voy a volver loco."

Lee-yeon soltó una breve mala palabra y cubrió los labios de Woori con los suyos.

"¡Mmf!"

Ante el repentino beso de Lee-yeon, Woori se quedó congelado como el hielo. Esa inocente reacción encendió el deseo sexual de Lee-yeon. Lee-yeon le sujetó la nuca con una mano y lo atrajo con fuerza hacia sí.

En el momento en que un sorprendido Woori intentó empujar a Lee-yeon para alejarlo, se encontró de frente con los ojos firmes de este.

"..."

"..."

Las pupilas de Lee-yeon, que parecían albergar el destello del agua, estaban oscurecidas en este instante. Y dentro de ellas se revelaba el deseo sin ocultar.

Apenas un minuto atrás, Woori pensaba que lo correcto era marcharse antes de ser abandonado y estaba a punto de llevarlo a cabo. Sin embargo, en este preciso instante, ya fuera la realidad o el miedo, no podía recordar absolutamente nada.

Lee-yeon pasó la lengua lentamente por los labios secos de Woori.

"¡Mmf...!"

Ante la excesiva estimulación que sentía en los labios, los hombros de Woori se encogieron solos. ¿Cómo se respiraba al besar? Presa del pánico, Woori contuvo la respiración y comenzó a temblar; entonces Lee-yeon acarició con suavidad su nuca con los dedos y lo atrajo aún más hacia sí.

"Respire, sunbae."

A diferencia de su voz habitual, la de Lee-yeon sonaba sumamente baja y tenaz. Su tono autoritario y extrañamente dulce derrumbó la endeble barrera defensiva de Woori. Sus hombros, que se habían alzado al máximo, se relajaron, y su cuerpo rígido como un tronco se volvió completamente dócil.

Lee-yeon ladeó la cabeza y lamió los labios fuertemente sellados de Woori. Ante la sutil sensación de placer oculta tras las cosquillas, una sonrisa se le escapó a Woori sin darse cuenta. Al verlo sonreír cubierto de saliva, Lee-yeon, que también sonreía, le mordió ligeramente el labio inferior.

"¡Ah...!"

No le dolió, pero lo tomó por sorpresa. Antes de que pudiera preguntar por qué hacía eso, la lengua de Lee-yeon se deslizó entre los labios de Woori, que se habían entreabierto por el susto.

Chmat, ah, ah.

La lengua de Lee-yeon, colándose a su antojo, revolvió el interior de la boca de Woori. Recorrió no solo el paladar sino también las encías, y lamió como un perro la lengua congelada de Woori. Al rozar lengua con lengua, la saliva iba y venía entre las bocas de ambos.

Un sonido húmedo resonó en el interior de la boca. El espacio cerrado del coche se llenó por completo con la feromona de Lee-yeon. Se sentía tan bien que Woori pensó que no le importaría morir en ese instante.

¡Chmok!

Lee-yeon mordió la lengua de Woori, que se había vuelto suave por el placer, y la succionó como si estuviera haciendo sexo oral. Junto con un ruido vulgar, la presión que sintió en la lengua le hizo dar un escalofrío involuntario. Ante una estimulación tan excesiva, Woori movió el cuerpo inquieto.

"¡Ah, mm... mmm...!"

En ese momento, la mano de Lee-yeon envolvió la nuca de Woori con más fuerza, sujetándolo firmemente para que no pudiera moverse. Luego ladeó la cabeza e introdujo la lengua aún más profundo.

"¡Mmm, mm, ah...!"

La deslumbrante sensación del contacto y el roce entre ambas lenguas estimuló todo su cuerpo. Ante el aliento caliente que sentía a corta distancia, la feromona de Woori también comenzó a emanar gradualmente de su cuerpo. Aunque la feromona de Woori era sumamente tenue, Lee-yeon, al ser un alfa dominante, sintió su aroma con total precisión.

Al oler la feromona de Woori, que se esparcía de forma sutil como una flor silvestre mojada, Lee-yeon se excitó hasta el punto de sentir una presión punzante en los ojos. Exploró con ferocidad el interior de la boca de Woori con la punta de la lengua mientras bajaba su mano hacia abajo.

¡Squeeze!

Su enorme mano sujetó con fuerza el pequeño trasero de Woori.

"¡Ah, Choi... Choi..., ah!"

Ante una fuerza de agarre tan intensa que resultaba difícil de creer que fuera el tacto de Lee-yeon, el cuerpo de Woori, que yacía relajado por el placer, dio un brinco repentino.

No es que le desagradara. Simplemente lo tomó por sorpresa y le dolió un poco.

Por más que lo sujetara con tanta fuerza, no era como si fuera a sentir carne como en otros omegas. A Woori le resultaba difícil soportar el tacto de Lee-yeon, que amasaba su trasero como si fuera masa de arroz.

Separando los labios unidos, intentó empujar a Lee-yeon para alejarlo, pero un Lee-yeon cegado por la excitación no aceptó su rechazo. Bajó la cabeza y clavó los dientes en la nuca de Woori.

¡Chomp!

"¡Ah...!"

La voz de Woori, que siempre solía ser baja, se elevó. Mierda. Lee-yeon, aún más excitado por ese Intenso estímulo auditivo, succionó con fuerza la nuca que había quedado marcada en rojo por sus dientes.

¡Chmok, ah!

La mirada de Woori se volvió difusa. Aquel sonido, vuelto aún más vulgar, le daba una vergüenza terrible y al mismo tiempo le gustaba con locura.

Lee-yeon succionaba y mordía con fuerza la nuca de Woori, tal como un bebé amamantando. En medio del dolor agudo, se percibía un placer dulce. La piel estaba bien, pero...

'Ojalá también me chupara el pecho.'

Woori le ofreció el pecho a Lee-yeon sin darse cuenta.

"...!!"

Ante la acción de Woori, que reflejaba una clara intención de ser tocado, los ojos de Lee-yeon se pusieron rojos. Justo en el momento en que mordía y chupaba la nuca de Woori como una bestia, e intentaba sujetar el pecho de Woori, bastante grueso para ser el de un omega...

"¡Guau, guau!"

"¡Oye, Kim Dubu! ¡Tienes que ir al paso con tu hermana!"

Junto con el ladrido de un perro, se escuchó el grito alegre de la dueña.

Las miradas de ambos se dirigieron al mismo tiempo hacia la ventanilla. Cerca de la entrada común del edificio de departamentos, una dueña que parecía ser estudiante era arrastrada por un cachorro del tamaño de un puño.

El cachorro de pelo blanco corría con entusiasmo moviendo sus cortas patas, y la dueña lo seguía por detrás con una expresión llena de risas.

"..."

El ambiente lascivo se esfumó en un solo instante.

Fwooosh.

El rostro pálido de Woori se tiñó de un rojo intenso. ¿Qué demonios estaban haciendo en el estacionamiento del edificio? Incapaz de soportar la incomodidad, apartó la mirada primero.

Estaba tan desconcertado que los planes que había recordado hasta antes de besarse ya habían desaparecido por completo de su mente.

Lee-yeon observó a Woori en silencio. En esa mirada serena parecía haber desaparecido el deseo, pero no se había esfumado del todo. Lee-yeon intentó por todos los medios desviar su atención de su pene erguido con ardor, dibujando una sonrisa lo más inofensiva posible.

"Sunbae, vamos a casa."

"¿Ah? Ah..."

Woori asintió con torpeza, abrió la puerta del coche y bajó.

¡Crack!

Lee-yeon, que bajó, se mordió con fuerza la carne blanda del interior de la boca con los molares. Aunque sintió un sabor a hierro sanguinolento en la boca, siguió a Woori como si nada pasara, tragándose en silencio el deseo que amenazaba con desbordarse.