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Era el sexto escándalo. Si se contaban los que habían logrado frenar antes de que salieran a la luz o los chismes de internet, tendría que doblar y desdoblar los dedos varias veces, pero dejando todo eso de lado y tomando en cuenta únicamente los escándalos que se habían hecho públicos de forma oficial, ese era exactamente el sexto.
En realidad, a Cha Se-jin le importaban muy poco los escándalos. Había salido con esas personas y se había acostado con ellas, pero como eran líos con gente con la que nunca había mantenido una relación formal, no sentía nada ni tenía nada que decir al respecto.
Había pensado en decir unas palabras simplemente porque había gente exigiendo su postura, pero si decía con total honestidad que solo se había acostado con ella porque se le había antojado, parecería demasiado superficial; y decir que se habían frecuentado en buenos términos pero que no habían logrado madurar hasta convertirse en una pareja era una mentira demasiado grande, así que optó por mantener la boca cerrada.
Recordando las palabras de sus padres acerca de que su encanto residía en mantener la boca cerrada, pensó que, si se quedaba callado, el asunto desaparecería por sí solo con el tiempo, como si nunca hubiera ocurrido. Lo único que tenía que hacer era guardar silencio y recluirse en su casa durante unos tres días, ambas partes por igual. Tal como lo había hecho siempre hasta entonces.
Sin embargo, esta vez el asunto se había agravado un poco.
[Exclusiva]
El protagonista chaebol de los dramas existía también en la vida real.
El encuentro "simplemente porque sí", sin "amor" ni "sinceridad", del segundo hijo del grupo S.
14.04.2026 | Periodista Gu Rae-ah
Aquel 'protagonista chaebol' cuyo nombre era evidente incluso detrás de un seudónimo volvió a convertirse en el centro de atención.
Hace dos semanas, el actor A, quien había confirmado los rumores de noviazgo tras ser captado saliendo alegremente del país junto a la persona C, encendió una transmisión en vivo en la madrugada del pasado día 26 desde su cuenta secreta (una cuenta privada alternativa que no era su perfil oficial).
Durante la transmisión, el actor A derramó lágrimas y soltó declaraciones ambiguas como: "Jamás le importé", "No sabía que lo nuestro no era nada", "Qué tonto por haberme hecho ilusiones" y "Maldito idiota".
En aquel momento, el accidentado directo del actor A, quien se encontraba en estado de ebriedad, fue interrumpido de urgencia cuando un conocido llegó a su casa, pero un breve clip que parecía haber sido grabado y filtrado por alguien comenzó a difundirse con rapidez a través de las redes sociales.
Por su parte, el grupo S se ha distanciado del asunto bajo el argumento de que se trata de "un tema desconocido", aunque ya se vislumbran proyecciones de que esta controversia afectará de manera considerable al gran proyecto que dicho grupo empresarial tiene en marcha.
Ante esto, los internautas han reaccionado con comentarios como "A estas alturas esto es una enfermedad mental", "Ya se sabe perfectamente de quién hablan, para qué siguen usando iniciales" y "Tenía ocho conocidos en esa cuenta secreta, ¿quién fue el que filtró el video? Corta relación con todos ellos", elevando así el nivel de críticas hacia la persona C.
Cha Se-jin bajó la mirada para comprobar en la pantalla de la tableta que su padre le había dejado enfrente. Tanto el título como el contenido y los comentarios visibles en la parte inferior eran verdaderamente absurdos.
Para ser francos, le parecía un poco ridículo. La culpa era de quien se había hecho ilusiones de que se trataba del amor del siglo tan solo por haberse acostado un par de veces por puro capricho, así que no entendía por qué demonios tenía que escuchar semejantes tonterías. Simplemente no lo comprendía.
Aun así, aquel no era el momento de ponerse a debatir qué tenía sentido y qué no. Gracias a que Han Se-rin había montado el espectáculo de su vida justo después de haberse emborrachado y mediante una transmisión en vivo desde su cuenta secreta, él se encontraba en una situación sumamente complicada.
"Cha Se-jin."
Sus padres, quienes habían dejado pasar los cinco escándalos anteriores bajo el argumento de que se trataba de su vida privada, ya no mostraban ni rastro de sonrisa, y hasta habían añadido su apellido antes de su nombre, algo que rara vez hacían. Sus rostros dejaban ver claramente que ya no pensaban tolerar nada más.
Cha Se-jin dedicó una sonrisa con los ojos a sus padres, quienes parecían furiosos. Nueve de cada diez veces, esa era la llave maestra para calmar el enojo de ambos.
"¿No vas a poner una actitud seria? ¿Te parece que tus padres están bromeando?"
Al caer en ese diez por ciento de probabilidades en el que su táctica fallaba, Cha Se-jin enderezó la espalda. Si el contenido era prácticamente idéntico al de los cinco escándalos anteriores, no lograba comprender con exactitud por qué sus padres estaban tan enojados esta vez a diferencia de las demás.
"Hay un límite para entender y dejar pasar las cosas bajo la excusa de que es tu vida privada. Si tus padres se esfuerzan por comprenderte, tú al menos deberías intentar moderarte."
"Pido disculpas por haber causado revuelo. Pero aun así, uno no puede enamorarse de todas las personas con las que se acuesta. Desde un principio no nos estábamos frecuentando porque nos gustáramos."
"Ella dijo que te conoció porque le gustabas."
"Ese es problema de ella, a mí ella no me gusta. Que a ella le guste no significa que obligatoriamente deba gustarme a mí también. Me dijo que podíamos vernos sin importar nada de eso, ¿y ahora que le digo que no tengo intenciones de salir formalmente me convierte de repente en una basura? ¿No les parece eso una locura? No me jodan, mamá, papá. ¿Qué demonios hice yo tan mal?"
Al ver el rostro de Cha Se-jin, quien lucía una genuina expresión de agravio, sus padres suspiraron al unísono. Se preguntaban qué diablos debían hacer con el segundo hijo, el único que desentonaba tanto entre los tres. Ninguno de los otros dos, ni el mayor ni el menor, vivía de una manera tan licenciosa y frívola, así que no tenían la menor idea de cómo él había terminado así por su cuenta.
No es que le hubieran dado una mala educación, ni que lo hubieran criado ciegamente consintiéndolo; le habían dado exactamente las mismas oportunidades en todo y lo habían disciplinado con firmeza en los aspectos necesarios, y aun así, él se había salido de la raya por voluntad propia y de forma provocativa.
"Aun así, esto no está bien. No es la primera ni la segunda vez, ya te hemos perdonado todo lo que podíamos. ¿Hasta cuándo piensas seguir viviendo así?"
"¿No puedo simplemente seguir viviendo así...?"
"¿Qué?"
"O sea, dicen que a los demás les empieza a gustar alguien después de acostarse un par de veces, pero a mí no. No me empieza a gustar nadie. Simplemente me aburre muchísimo y me parece una tontería."
"Veo que ni siquiera diciendo las cosas por las buenas logras entrar en razón."
Al escuchar las palabras de Cha Se-jin, su padre cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir, con una expresión que denotaba que no había respuesta posible. A continuación, continuó con un tono mucho más severo.
"Si vas a seguir viviendo de esa manera, vete al extranjero y no vuelvas a pisar este país. Y ni se te ocurra contactarnos."
Ah, su padre venía dispuesto a jugarse el todo por el todo. Ante la mención de irse al extranjero, Cha Se-jin se sintió un poco intimidado.
Sabía por experiencia propia que, al tener dinero y una buena educación, el idioma no era un problema sin importar a dónde fuera, y que su rostro apuesto junto a su físico superior serían recibidos con agrado en cualquier rincón del mundo, por lo que no se trataba de una tarea difícil; sin embargo, una cosa era irse por voluntad propia y otra muy distinta ser desterrado en circunstancias completamente diferentes.
"O si no, cásate y asienta cabeza como Jae-hyeok."
Mientras su mente trabajaba a toda velocidad intentando averiguar cómo convencer y aplacar a sus padres, la palabra "matrimonio" se incrustó de repente en sus pensamientos. Cha Se-jin levantó la vista de la tableta y miró alternativamente a su padre y a su madre.
"¿Jae-hyeok? ¿Ki Jae-hyeok?"
"Sí. Lo vi anteayer cuando fuimos invitados a cenar a casa del presidente Ki y me di cuenta de que Jae-hyeok ha cambiado de una forma increíble. El mismo tipo que antes del matrimonio era idéntico a ti, ahora se ha vuelto un hombre fuerte y confiable."
Cha Se-jin contuvo las ganas de vomitar que le provocaba imaginarse a Ki Jae-hyeok tal como lo describía su padre. Llevaba ya un año sin hablarle precisamente porque le irritaba que ese maldito, que se había la pasado divirtiéndose y haciendo desastres de una forma mucho más sucia e incomparable a la suya, hubiera fingido recular de la noche a la mañana tras un matrimonio arreglado, dándose aires de esposo cariñoso y de padre que jamás en su vida había salido de fiesta, mientras se dedicaba a darle lecciones de moral.
Al contrario de lo que él había pensado —que ni bien pasara un mes el sujeto no podría reprimir su naturaleza fiestera y saldría corriendo—, Ki Jae-hyeok no había aparecido ni una sola vez en ninguna reunión con alcohol en todo el año. Incluso cuando llegaban a encontrarse por casualidad en algún evento social oficial, lo miraba a él y a sus amigos con una expresión que parecía decir si seguían viviendo de esa manera, lo cual lo ponía de muy mal humor.
"Elige."
Tras mirar sucesivamente a sus padres, cuyos rostros dejaban claro que esta vez no tenían la menor intención de perdonarlo, Cha Se-jin se encogió de hombros con ligereza, como si lo que le pedían no le costara lo más mínimo.
"Me casaré."
Quienes se mostraron desconcertados ante aquella respuesta tan ligera y sencilla fueron precisamente sus padres. Habían soltado semejante ultimátum extremo pensando que, con tal de evitarlo, él al menos fingiría moderarse, pero no cabía duda de que era para sorprenderse que aceptara casarse sin la menor vacilación...
"Ya lo venía pensando desde antes."
"¿Qué cosa? ¿El matrimonio?"
"Sí. Es algo así como... un destino ineludible, ¿no? Tratándose de un matrimonio arreglado en una familia chaebol. Viendo lo que hizo mi hyung, sabía que tarde o temprano me tocaría a mí también."
"Se-jin, nosotros no estamos bromeando. Además, tu caso es diferente al de tu hermano. Él lo eligió por su propia cuenta porque lo necesitaba."
"Yo tampoco estoy bromeando, mamá. A mí no me importa con quién casarme. De todos modos, jamás me voy a casar por amor. Ya que va a ser así, es mejor que al menos le sirva de ayuda a la empresa."
Desde el principio, no habían tenido la menor intención de obligarlo a un matrimonio sin amor. Aunque los matrimonios arreglados fueran moneda corriente entre las familias chaebol, eso no significaba que fueran estrictamente obligatorios. Sin embargo, el mayor se había presentado por propia iniciativa asegurando que necesitaba un matrimonio arreglado para poder dedicarse a lo que quería y alcanzar sus metas, y ahora el menor —quien era tan libre que ya rayaba en lo irresponsable— soltaba con total naturalidad que aceptaría un enlace de esa clase. Las cosas no podían ser más distintas entre ambos, así que no lograban entender cómo el resultado era exactamente el mismo.
Tenían ganas de reprenderlo con severidad, diciéndole que un matrimonio arreglado no era algo que cualquiera pudiera hacer, que cuanto más arreglado fuera más detalles se evaluaban y más importantes eran las condiciones, que quién querría casarse con alguien cuyo historial estaba tan manchado como el suyo, y que casarse no era algo que debiera tomarse a la ligera tan a la brava, queriendo así dejar el asunto como si jamás se hubiera mencionado; pero sabían perfectamente que, de hacer eso, volverían al punto de partida.
Si se detenía a pensar en los escándalos que seguirían surgiendo —el séptimo, el octavo... el décimo, el vigésimo—, sentían que no podían simplemente dejar de la mano a un hijo que no solo se tomaba todo a la ligera, sino que además tenía pensamientos sumamente banales sobre algo tan serio como el "matrimonio".
No les quedaba más remedio que aprovechar la ocasión para enseñarle cuán aterradoras podían ser las palabras lanzadas a la ligera y la enorme responsabilidad que conllevaban.
"De acuerdo. Entonces buscaré a alguien. Y que no se te ocurra salir con otra cosa después."
"Sí. Ah, pero mamá."
Claro, tenía que ser así. A fin de cuentas, tratándose de un evento tan trascendental en la vida como el "matrimonio", era imposible que se lo tomara con la ligereza de un juego. Al ver a sus padres aguardar con la expectativa de que su hijo adoptara por fin una postura normal, Cha Se-jin esbozó una sonrisa sutil.
"Me fijo muchísimo en la cara. Si es feo, no me cazo."
Ante aquellas palabras tan frívolas y ligeras que fluyeron acompañadas de esa hermosa sonrisa capaz de derretirles el corazón sin importar qué tontería hubiera hecho, los padres de Cha Se-jin se quedaron definitivamente sin palabras.
Era su propio hijo, pero verdaderamente... no tenía remedio.
2
Beep, beep-beep, beep. Al terminar de marcar con el escáner de códigos de barras el gimbap triangular, el pan, la cerveza, el vaso de ramen y la salchicha, el hombre con la capucha puesta metió los productos a la fuerza dentro de los bolsillos de su sudadera. Sosteniendo en ambas manos un vaso de ramen y una lata de cerveza que no habían alcanzado a entrar, el sujeto se quedó titubeando en el lugar a pesar de que ya había terminado de hacer sus compras.
"¿No quiere tomar esto conmigo?"
"¿Disculpe?"
"Compré tanto que alcanza para compartir".
"...Ah, no se preocupe, gracias".
Desde hacía aproximadamente un mes, el hombre se pasaba por la tienda de conveniencia todos los días sin faltar ni uno, observándolo con insistencia como si siempre tuviera algo que decir, y desde hacía unos días había empezado a soltarle preguntas sueltas. ¿Es menor de edad? ¿Hasta qué hora trabaja? ¿Podemos hablar un rato si espero? Aunque uno no debería juzgar a las personas por una sola frase, la primera pregunta con la que de buenas a primeras le consultó si era menor de edad le dejó una sensación extraña e inquietante, obligándolo a mantenerse en guardia desde entonces.
De pie detrás del mostrador, Eun-won miró hacia arriba para encontrarse con el hombre sin poder disimular su expresión de apuro, y volvió a rechazar la invitación del sujeto que seguía custodiando la entrada del mostrador.
"Entonces tómese al menos una lata de cerveza conmigo".
"...Eh, es que estoy en medio de mi turno".
"¿Y si espero a que termine su turno?"
"...Lo siento mucho".
Sintiendo cierto miedo al ver que, a pesar de su negativa, el rostro del hombre seguía allí parado observándolo en silencio, Eun-won retrocedió tambaleándose un poco. En ese preciso instante escuchó el sonido de la puerta de la tienda al abrirse. Aquella melodía, que escuchaba decenas de veces al día sin generarle la menor emoción, le resultó en ese momento sumamente reconfortante.
"Bienvenido".
La persona que entró a la tienda vestía un traje formal. Aunque eso no tenía nada de extraño, Eun-won tuvo la impresión de que no se trataba de alguien que hubiera venido a comprar algo. Y, tal como lo había intuido, el hombre se acercó directamente al mostrador.
El sujeto echó un vistazo a Eun-won y luego giró la cabeza para mirar hacia abajo, donde todavía seguía plantado el individuo con la sudadera con capucha. Su mirada parecía preguntarle si es que acaso le quedaba algún asunto pendiente. Sintiéndose intimidado por aquella mirada, el hombre de la sudadera huyó apresuradamente de la tienda de conveniencia. Solo entonces el hombre de traje volvió a dirigir su atención hacia Eun-won, inclinó el tronco con absoluta formalidad y le hizo una reverencia.
"Buenas noches, joven amo".
"...¿Disculpe?"
"La señora lo está esperando".
"...¿A qué se refiere con eso...?"
Confundido por aquel saludo tan repentino y por unas palabras difíciles de procesar de buenas a primeras, Eun-won aguardó a que continuara hablando.
"Lo envía el presidente Seo Jun-hyeok".
En el momento en que escuchó ese nombre, los labios de Eun-won, que hasta entonces habían permanecido ligeramente cerrados, se entreabrieron. Aunque se trataba de un nombre que jamás lo había aceptado como parte de su familia hasta el final, para Eun-won seguía siendo el nombre de su padre. Incluso a pesar de que habían transcurrido seis años desde la última vez que lo vio.
Seis años atrás, había tenido la oportunidad de encontrarse una sola vez con aquel padre que acababa de enterarse de su existencia, así como con la esposa de este. Y eso había sido todo. Le habían soltado sin rodeos que no podían aceptar ni necesitaban a un hijo concebido en secreto, y menos aún si era un omega, y a partir de ese momento no volvieron a comunicarse con él. Por su parte, Eun-won también había intentado vivir tratando de olvidar los recuerdos de aquel día.
"...¿Por qué me busca...?"
Y, sin embargo, ¿por qué demonios querían verlo de repente? Si podían seguir viviendo cada quien por su lado como hasta ahora, tal como unos totales desconocidos... ¿por qué carajos lo hacían?
"La señora se lo explicará. Por favor, acompáñeme".
"...¿Ahora mismo?"
"Sí. Lo llevaré de inmediato".
"...Eh, es que ahora estoy trabajando y no puedo abandonar mi puesto así como así".
"Ya he pedido el permiso correspondiente".
Incapaz de comprender qué clase de permiso ni cómo demonios lo había conseguido, Eun-won se quedó con los labios entreabiertos en silencio, justo en el momento en que su teléfono comenzó a vibrar. Revisó el dispositivo que guardaba dentro del chaleco del uniforme de la tienda. Era un mensaje del propietario del establecimiento.
[Jefe: ya me enteré de todo]
[Jefe: ve corriendo]
[Jefe: voy a llegar en un momento]
[Jefe: no cierres con seguro]
[Jefe: el vecino se encargará de echar un vistazo]
Al levantar la vista con expresión de absoluto desconcierto, el hombre de traje le dirigió otra reverencia y reiteró su petición de que lo acompañara.
"...¿Puedo ir a cambiarme de ropa un momento?"
"Sí. Adelante".
Saliendo del área del mostrador, Eun-won se metió a prisa en el pequeño casillero del almacén y cerró la puerta. La señora, es decir, aquella mujer a la que solo había visto una única vez hacía seis años —al igual que a su padre— y que lógicamente lo había mirado con desdén, lo estaba esperando.
"......"
¿Por qué... por qué querrá verme? ¿Por qué de esta manera tan repentina...? ¿Será que ya se enteraron de que mamá murió? No, aun si fuera así, ¿qué razón tendrían para venir a buscarme...?
Tras quitarse el uniforme de la tienda de conveniencia y tomar la mochila con la que había llegado directamente desde la escuela, salió al exterior y se encontró con que el hombre —que parecía tanto un guardaespaldas como un empleado— seguía esperando en el mismo lugar. Siguió sus pasos sintiendo una profunda incomodidad y una tremenda carga ante los modales excesivamente formales y ceremoniosos del sujeto.
"Lo llevaré a la residencia principal en Baekdam-dong".
Frente a la tienda de conveniencia aguardaba un auto negro de gran tamaño. Tras abrirle la puerta trasera y mencionarle el destino, Eun-won le agradeció con una ligera inclinación de cabeza y subió al vehículo. Su corazón latía con fuerza, martillando de forma acelerada debido al desconcierto y al sobresalto que aún no lograba calmar.
El trayecto duró unos cuarenta minutos y el lugar de llegada le resultó sumamente extraño. Y con mayor razón, dado que ni siquiera hacía seis años había tenido la oportunidad de pisar la casa de aquel hombre al que llamaban padre.
El empleado apostado en la entrada reconoció el automóvil y le cedió el paso de inmediato, y el vehículo avanzó sin detenerse hasta traspasar el portón principal para detenerse frente a otra entrada secundaria.
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Tan pronto como el auto se inmovilizó, una mujer abrió la puerta. Desconcertado e intimidado, Eun-won descendió del vehículo mientras abrazaba con más fuerza su mochila contra el pecho.
"Bienvenido, joven amo. Es un placer saludarlo por primera vez. Soy la ama de llaves Kang Min-young. Puede llamarme simplemente ama de llaves Kang".
"...Ah, hola. Me llamo Seo Eun-won".
"Qué bueno que haya llegado bien, joven amo Eun-won. Permítame acompañarlo adentro. La señora lo está esperando".
"...Ah... Sí..."
"Le llevaré su mochila".
"Ah... no, no hace falta. Estoy bien así..."
Al ver que Eun-won se negaba por temor a quedarse sin su bolso, el ama de llaves Kang le dedicó una sonrisa y lo guio hacia la zona del jardín.
Traspasando el gran acceso principal se encontraba otro recinto interior: un jardín. Aquel espacio, perfectamente cuidado, parecía sacado de un vivero de prestigio. A pesar de ser de noche, la iluminación era lo suficientemente brillante como para hacerlo resplandecer, y era tan inmenso que recorrerlo por completo debía tomarle a cualquiera por lo menos unos treinta minutos.
Caminando un poco por el sendero que atravesaba aquel jardín, llegaron por fin a lo que podía considerarse propiamente una "casa". Eun-won siguió los pasos del ama de llaves Kang para adentrarse en el edificio.
"¿Llegó Eun-won?"
Apenas cruzó el umbral de la entrada, un rostro que no podía calificar precisamente como familiar, pero al que tampoco consideraba un completo desconocido, se acercó a él llamándolo con efusividad y alegría por su nombre. Abrumado por aquella incongruencia, Eun-won se quedó completamente paralizado, limitándose a observar a la señora que se aproximaba.
"Vaya, sigues igual de hermoso. Qué alegría verte".
A pesar de que habían transcurrido seis años, la señora parecía una de esas personas a las que el tiempo sencillamente ignoraba, pues no había cambiado en absoluto. Es más, hasta le daba la impresión de que lucía más joven que antes. Había oído que antes de casarse había sido una actriz muy famosa, y tenerla tan cerca le hizo comprobar que era totalmente cierto.
"...Buenas noches".
"Te habrá tomado por sorpresa que te contactara de la nada, ¿verdad? Disculpa, yo misma habría querido ir a buscarte, pero tenía algunos asuntos pendientes. Menos mal que no se hizo más tarde. No tendría ningún sentido que yo llegara tarde el día que mi hijo regresa a casa. Entremos".
...¿Su hijo? Ya de por sí le parecía extrañísimo que lo hubieran mandado a llamar de la nada, pero escuchar a la señora recibirlo con tanta familiaridad y referirse a él como su hijo lo dejó aún más incapacitado para articular palabra. A Eun-won no le quedó más remedio que obedecer y caminar tras ella mientras esta le daba palmadas afectuosas en la espalda para guiarlo al interior de la casa.
"¿Prefieres que cenemos de una vez si aún no lo has hecho? Le diré al personal que lo prepare enseguida".
"Ah... No, muchas gracias. Ya cené".
"¿De verdad? Entonces hablemos un rato mientras tomamos un poco de té con postre. Ama de llaves Kang, traiga lo que preparó. Ah, Eun-won, siéntate por aquí".
Tras darle la indicación con una sonrisa, la señora hizo que Eun-won se sentara en el sofá, ubicándose ella misma justo a su lado en vez de ocupar el asiento de en frente. Para ese punto, a Eun-won le costaba trabajo incluso respirar con normalidad.
"¿Cómo van tus estudios en la universidad? ¿Hay algo que te esté costando mucho?"
"...Todo bien".
"Me enteré de que trabajas en una tienda de conveniencia. ¿Desde cuándo estás ahí?"
"...Estuve trabajando todo el tiempo que duró la secundaria... y después de haberlo dejado por un tiempo, volví a empezar hace unos tres meses".
Las preguntas incómodas se sucedieron una tras otra. Aunque se trataba simplemente de responder con la verdad, las palabras no lograban fluir con facilidad de sus labios. Como si notara que necesitaba un respiro, el ama de llaves Kang apareció con el té y los postres, procediendo a explicar el sabor, los ingredientes y el aroma de cada uno.
"Gracias, ama de llaves Kang. Déjanos solos por una hora, por favor. Quisiera conversar con él con más tranquilidad".
"Sí, señora".
Tras hacer una reverencia respetuosa, el ama de llaves Kang salió de la sala de estar y cerró la puerta. Al verla marchar, la señora cortó un trozo de pay y lo colocó directamente sobre el plato de Eun-won.
"Lamento no haber estado más pendiente de ti todo este tiempo. Me enteré de que pasaste por un momento muy difícil hace tres años".
"......"
"No sé si lo sepas, pero nosotros también sufrimos una gran pérdida hace dos años".
3
Ante la palabra que pronunció la señora, a Eun-won le vino a la mente la noticia que había visto sobre el hijo mayor del grupo Baum, quien había fallecido tras caerse de un caballo mientras montaba. Como jamás lo había visto en persona, no experimentó la tristeza típica de perder a alguien cercano, pero le quedó grabada en la memoria la sensación de incomodidad y opresión que lo llevó a buscar artículos relacionados durante varios días.
"Pasé por un momento muy difícil después de que Yoon-han se fuera. Como tenía muchas responsabilidades a mi cargo, fingí que había vuelto a mi rutina diaria, pero no fue nada fácil".
"......"
"Cuando logré recobrar la compostura, tanto el padre de Yoon-han como yo empezamos a pensar en ti, Eun-won".
Escuchar aquella voz suave y carente de energía le produjo una sensación sumamente extraña. No lograba entender el motivo por el cual lo habían mandado a llamar de repente para contarle todo aquello.
"Supongo que te resultará incómodo que te hable de esto de la nada, especialmente por la actitud que mostramos contigo hace seis años. En aquel entonces fui muy tonta. Me costaba demasiado aceptar que mi esposo tuviera un hijo tan grande".
"......"
"Por eso, hasta cierto punto, me agradaba que tu padre te diera la espalda a ti y a tu madre".
"......"
"Lo siento mucho, Eun-won. No debí haberme portado tan mal contigo en ese entonces..."
Ante la repentina disculpa, el corazón de Eun-won comenzó a latir de manera desbocada. Jamás se le había cruzado por la cabeza la idea de recibir una disculpa, ni tampoco había esperado que aceptaran su existencia. Aunque la actitud que tanto el hombre al que llamaban padre como su esposa habían mostrado hacía seis años era algo que inevitablemente lo había lastimado, él no se había pasado la vida recordando aquel día con rencor, por lo que semejante disculpa le resultaba aún más inoportuna.
"Sé que es tarde, pero si me lo permites, quiero empezar a comportarme como una verdadera madre a partir de ahora".
"...¿Disculpe?"
"Tu padre también ha cambiado muchísimo. Parece que la partida de Yoon-han lo hizo reflexionar sobre muchas cosas. Se arrepiente profundamente de haberle dado la espalda a su propia sangre de esa manera, y yo opino exactamente igual".
La señora, que observaba en silencio las manos de Eun-won entrelazadas sobre su regazo, cubrió el dorso de estas con las suyas. Eun-won encogió los hombros, tomado por sorpresa ante aquella temperatura desconocida que lo envolvía.
"Ven a vivir con nosotros, Eun-won".
"......"
"Ven y vive de ahora en adelante como mi hijo, como nuestro hijo. Me gustaría que volvieras al lugar que te corresponde".
A pesar de ser cálido y suave, aquel tono albergaba sin duda una extraña sensación de disonancia. Todo sucedía demasiado rápido... y de golpe. Había llevado una vida completamente aislada, sin el menor tipo de comunicación, y de repente... le hablaban de ser su hijo. Saltándose muchísimas etapas intermedias, aquello le parecía absolutamente incomprensible.
"Perdón por hablarte de esto tan tarde".
"......"
"Debí haber hecho esto en cuanto supe de tu existencia... Lo siento de verdad, Eun-won. ¿Me darías la oportunidad de actuar como tu madre de ahora en adelante? Quiero que formemos una familia".
Aun cuando la situación era repentina, desconcertante e incomprensible, las nociones de familia, de madre y de aquella calidez que se extendía hacia él le pinchaban una y otra vez lo más profundo del corazón. Sentía eso con mayor intensidad porque, desde que se hablara quedado completamente solo en el mundo, no había podido escuchar ni sentir nada semejante en ninguna parte.
Sin embargo, eso no significaba que pudiera aceptar de buenas a primeras una hospitalidad tan extraña. ¿Cómo iba a volverse parte de una familia de la noche a la mañana con personas a las que, hasta hacía apenas una hora, creía que no volvería a ver en el resto de su vida?
"...Agradezco sus palabras. Pero... como ya pasó mucho tiempo y tampoco es algo que tenga muy presente... no hace falta que se preocupe..."
Por un instante, los labios de la señora, que hasta ese momento mantenían una sonrisa sumamente apacible, se tensaron. Aunque, al cerrar y abrir los ojos, recuperó de inmediato esa expresión cariñosa y comprensiva.
"Comprendo perfectamente cómo te sientes. Sé que no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Lo entiendo todo, pero al verte de nuevo me dio tanta alegría y a la vez tanta culpa que... creo que nos precipitamos demasiado. Disculpa".
"...No se preocupe... Estoy bien..."
"Aun así, piénsalo al menos una vez, ¿sí? Aunque sea tarde, quiero compensarte dándote todo lo que desees y que vivamos muy bien juntos de aquí en adelante".
Para ese momento, la señora le sostenía las manos con ambas suyas, suplicándole con la mirada. Al ver sus ojos anegados en lágrimas, el corazón de Eun-won se aflojó levemente.
"...Lo pensaré..."
"Gracias, muchas gracias de verdad. Tu padre también se pondrá muy contento".
A pesar de que decir que lo pensaría no equivalía a afirmar que se mudaría a esa casa, la señora sonrió radiante en repetidas ocasiones y le expresó su agradecimiento. La calidez que sentía en las manos y en la mirada, combinada con aquella atmósfera extraña y en cierto modo discordante, hacía que su corazón latiera con agitación sin lograr encajar del todo, adoptando formas dispares.
"Tu padre no tardará en llegar, ¿te gustaría quedarte a saludarlo?".
"...Ah, no, no. Creo que hoy... es mejor que me vaya a casa".
"De acuerdo, como prefieras. ¿Ha sido abrumador escuchar tantas cosas de golpe, verdad? Vayamos despacio. El auto te está esperando afuera, así que úsalo para regresar, Eun-won".
"No hace falta. Regresaré por mi cuenta..."
"Te trajimos desde lejos, así que es lógico que te llevemos de regreso. No te sientas presionado. Es algo que te corresponde disfrutar, y muy pronto todo esto te parecerá completamente natural y te acostumbrarás. Ah, espera un momento".
Tras dedicarle una sonrisa, la señora pasó a su lado y se encaminó hacia otra dirección. Eun-won se quedó de pie en su sitio, intentando poner en orden los acontecimientos que se le habían venido encima de golpe, pero sus pensamientos no lograban unirse con claridad.
"Lleva esto contigo. Nuestro pastelero hace un pay de manzana excelente. Como estabas incómodo, ni siquiera pudiste probarlo".
Sin darle siquiera la oportunidad de decir que no era necesario, la señora llamó al personal para que le entregaran una caja que contenía un pay grande.
"Cárgalo en el auto".
"Sí, señora".
Mirando de nuevo a Eun-won con una sonrisa de oreja a oreja, la señora le dio unas palmaditas en la espalda. Aquella caricia era tan parecida a las que su verdadera madre solía darle que sintió cómo el calor le subía a los ojos. Ante el recuerdo de su madre, que llenaba por completo su cabeza, Eun-won no supo cómo reaccionar. Creía que tras tres años ya se había recuperado lo suficiente como para no llorar en cualquier sitio, pero al parecer se equivocaba.
"Gracias por venir hoy, Eun-won. Nos veremos de nuevo muy pronto. Te contactaré".
"...Sí. Me retiro. Hasta luego".
La señora lo acompañó hasta la salida de la casa, cruzando el jardín y llegando justo donde estaba estacionado el automóvil, y volvió a darle unas palmaditas en la espalda. Eun-won inclinó la cabeza para despedirse y subió a la parte trasera del vehículo que el chofer le había abierto. La presencia de tantas miradas clavadas en él y un trato al que no estaba acostumbrado lo hacían sentirse tan ajeno que su cuerpo se mantenía rígido a cada instante.
Toc-toc. El sonido de unos nudillos golpeando la ventanilla hizo que esta bajara lentamente. Eun-won inclinó un poco el torso para mirar a la señora, que se había asomado para quedar a su altura.
"Ten cuidado en el camino. Me dio muchísimo gusto verte hoy".
Como no sabía exactamente qué responder, volvió a inclinar la cabeza a modo de saludo y el auto se puso en marcha. Eun-won exhaló un suspiro prolongado mientras observaba cómo el cristal polarizado de color negro volvía a ascender.
"Lo llevaré a su domicilio".
"...Sí".
Al ver que el chofer ni siquiera preguntó, a pesar de que él nunca le había indicado la dirección de su casa, Eun-won dejó caer la mirada hacia el suelo. Era lógico que quienes habían investigado su paradero para dar con el lugar donde trabajaba supieran perfectamente dónde vivía. Sabía que aquello significaba que lo habían mandado a espiar, lo cual era un motivo legítimo para sentirse ofendido y reclamar, pero en ese momento ya no le quedaban fuerzas para eso.
"......"
Qué ahogo... Mirando la negrura de la noche a través de la ventanilla, Eun-won volvió a exhalar un suspiro tenue.
"Oigan, me voy a casar".
Al escuchar las palabras tan casuales con las que Cha Se-jin soltó semejante bomba, Do Hae-jun se atragantó al tragar mal un sorbo de champaña y comenzó a toser. Kang Seo-hu, que estaba comiendo queso mientras veía un partido de fútbol, miró a Cha Se-jin con cara de no haber comprendido nada de lo que acababa de oír.
"¿Qué vas a hacer?"
"Casarme".
"Vaya, joder. ¿Con Han Se-rin? ¡Vaya que valió la pena abrir una cuenta secreta para despotricar!".
"Oye, la puta madre. ¿Estás loco? ¿Crees que me voy a casar con esa?"
"¿Ah, no? ¿Entonces con quién te vas a casar de la de repente?"
Girando la cabeza hacia atrás al compás del ángulo con el que levantó su copa para vaciar la champaña de un solo trago, Cha Se-jin soltó una risita divertida.
"No lo sé, yo tampoco".
"¿No lo sabes?"
"Ajá, aún no lo sé".
Comprendiendo por fin el sentido de sus palabras, Do Hae-jun le sirvió más champaña en la copa mientras negaba con la cabeza.
"¿Vas a seguir los pasos de Ki Jae-hyeok?"
"¿Quién demonios seguiría una ruta de imbéciles como esa?"
"Jae-hyeok también decía al principio que casarse no iba a cambiar nada en su vida. El problema fue cuando se le fue la cabeza por completo por su pareja".
"Por eso te digo, ¿a quién se le ocurre perder la cabeza por una esposa de matrimonio arreglado?"
"Él decía que nació para el matrimonio. Que es maravilloso. Nos cruzamos brevemente en un evento la semana pasada y me soltó que si pensaba seguir viviendo así, que espabile de una vez".
"Ese imbécil y su complejo de nerd, ¿a cuenta de qué se pone a dar órdenes? Voy a ver cuánto tiempo más le dura la gracia. ¿Con suerte dos años? Maldita sea, que vuelva a acercarse a mí en cuanto termine".
Recordando a su antiguo amigo que había cambiado por completo con el matrimonio, Cha Se-jin negó con la cabeza con evidente fastidio. Con solo pensarlo le daban ganas de insultarlo por lo patético que le parecía.
"Ay, qué puta lástima por la persona que se va a casar contigo".
"¿Por qué? Casarse conmigo es lo mejor que le va a pasar en la vida".
Mirando a Kang Seo-hu, quien cuestionaba qué de bueno podía tener eso, Cha Se-jin cruzó una de sus largas piernas sobre la otra y ladeó la cabeza con aire socarrón.
Para ser sinceros, aquel matrimonio arreglado era un negocio redondo donde la otra parte salía ganando por completo. Ya fuera por tamaño, fama, ingresos o beneficios, era el grupo Sewon —un conglomerado con el que nadie podía competir—, y el simple hecho de volverse miembro de este ya constituía una ventaja descomunal, a lo que se sumaba además el detalle de quedar vinculado bajo el título de esposo de nada menos que de Cha Se-jin.
Por el contrario, para él todo eran pérdidas. Llevar el título de hombre casado antes de cumplir los treinta era una desventaja, y aunque todavía no conocía el rostro de su futuro cónyuge, si resultaba que no le gustaba ni un poco, tendría que resignarse a vivir viéndole la cara por obligación, lo cual también era una pérdida. Y si encima de eso le llegaba la época de celo y terminaba acostándose con alguien cuyo rostro le causaba rechazo...
...Mierda, ¿y si mejor cancelo lo de la boda? No, esto parece mal.
4
Recordando una vez más que el matrimonio arreglado era el sino de la familia propietaria de un conglomerado chaebol, Cha Se-jin comenzó a arrepentirse un poco de haber pensado en casarse sin más con el único propósito de lograr la estabilidad mental y física de sus padres. Aunque les había pedido explícitamente que lo eligieran basándose estrictamente en el físico, sabía muy bien que, hicieran lo que hiciesen, era poco probable que alguien terminara cumpliendo con sus estándares.
Ah... las probabilidades de que esto fuera a la mierda eran jodidamente altas.
A estas alturas, hasta le parecía admirable Ki Jae-hyeok, quien se había enamorado perdidamente y había dado un giro total tras conocer a su pareja de matrimonio arreglado. Para él, que cumplía con el papel del hijo obediente que satisfacía las expectativas de sus padres, el destino de los chaebol, y ese magnífico rol de aceptar con resignación una grandeza semejante, el riesgo de tener que casarse con alguien que ni siquiera era de su tipo era simplemente demasiado alto.
Por supuesto, como aún no sabía quién era la otra persona, no podía asegurar al cien por cien que todo se hubiera ido a la mierda, pero sinceramente sentía que las probabilidades de que así fuera rondaban el noventa y nueve por ciento. Aunque se conocía al dedillo los círculos de la alta sociedad, jamás había visto un rostro que lograra capturar su atención en lo más mínimo. A menos que apareciera de la nada una cara nueva por arte de magia, la posibilidad de que eso pasara era prácticamente cero.
Cha Se-jin cerró los ojos y reclinó la cabeza hacia atrás al rememorar los rostros de varios omegas del mundo chaebol que con seguridad intentarían endosarle como pareja. Con solo imaginarseasus caras, sintió como si se le anulara la capacidad de tener una erección para el resto de su vida.
Ah, mañana le diré a mamá que ya no quiero casarme. Ay, ¿por qué demonios, maldita sea, no se me ocurrió pensar que iba a terminar escogiendo entre personas que ya conozco? Mierda, mierda... qué puta mierda.
"¿Y a este qué le pasa de repente?"
"Déjalo. A ver hasta dónde calca exactamente los pasos de Ki Jae-hyeok. Ese maldito de Jae... ¡Ah, joder. ¡Golazo!"
En la pantalla que cubría por completo la enorme pared, la red del arco se sacudió con fuerza. Al mismo tiempo, el cuerpo de Cha Se-jin —notablemente más alto y grande debido a su condición de alfa dominante— se desparramó lánguidamente sobre el sofá. Era una noche donde las alegrías y las tristezas corrían por caminos separados.
Desde primera hora de la mañana, tras llevarse a la boca un bocado de sushi con caviar, Cha Se-jin observó a sus padres charlar alegremente hasta que decidió que no podía seguir callado y abrió la boca.
"No me voy a casar".
Lejos de sorprenderse por su repentino cambio de parecer como si ya se lo esperaran, sus padres negaron con la cabeza.
"Es tarde. Ya estamos en pláticas".
"No, mamá. Lo piense por donde lo piense, esto es una pérdida para mí. ¿Los matrimonios arreglados no se hacen acaso para que ambas partes saquen algún provecho? ¿Y qué beneficio vamos a sacar nosotros haciendo un matrimonio arreglado a estas alturas? Puedo conseguir todo lo que quiera sin necesidad de pasar por algo así".
"Sí. Es verdad que puedes conseguir las cosas sin llegar a eso, pero es muy difícil recibir el respaldo absoluto que solo te otorga una familia".
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"Es que los candidatos que van a poner sobre la mesa como opciones son todos iguales, ¿cómo pretenden que me case con gente así? No lo voy a hacer. ¿Por qué tendría que hacerlo? Esos muertos de hambre se morirán por estar conmigo, pero yo paso. No quiero".
Mientras Cha Se-jin negaba con la cabeza y se recostaba contra el respaldo de la silla, su madre soltó un suspiro, cerró los ojos con fuerza por un instante y volvió a abrirlos con expresión seria.
"¿Te crees que todos se mueren por casarse contigo?"
"¿Acaso no es obvio? La gente sin dos dedos de frente es la que se alborota. Ya pasó lo mismo con mi hyung".
Ante aquella expresión que rebasaba los límites, la madre de Cha Se-jin, con el rostro endurecido, soltó los palillos que sostenía y habló con absoluta seriedad. Su padre, que amagaba con regañarlo, se quedó callado al instante.
"¿Sabes quién está adoptando una postura sumamente sumisa en este matrimonio? Tu padre y yo".
"¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué mamá y papá habrían de estar en una posición sumisa? ¿Tiene eso algún sentido?"
"Párate a pensar en la cantidad de escándalos en los que te has metido todo este tiempo. Y eso solo contando los que salieron en los medios, porque los rumores de boca en boca son incontables. Y esos chismes no se quedan dando vueltas solo a nuestro alzar, Se-jin: todos conocen tus andanzas a la perfección. Y con pelos y señales".
"Pues si tanto les molesta, que les digan que no y punto. ¿A qué viene que mi mamá y mi papá se pongan a su nivel?"
"Antes de que podamos decirles que no, parece que el asunto está a punto de desmoronarse por su parte. Con lo mucho que están tardando y pidiendo más tiempo, está más que claro. Si yo estuviera en su lugar, tampoco querría casarme con alguien envuelto en semejantes escándalos".
Al ver a su madre negar con la cabeza como si le doliera la cabeza, Cha Se-jin exhaló un suspiro caliente, invadido por la irritación. Se preguntaba quién demonios se creía que era la otra parte para atreverse a rechazarlo de esa manera.
"¿Qué es exactamente lo que han dicho los otros?"
"Que necesitan más tiempo. Si pasan de darlo por hecho a salir con esas excusas, es obvio lo que pasa. Lo más seguro es que no quieran casarse contigo. Seguramente esa familia esté intentando ganar tiempo para convencer a la otra parte. Pensé que, al tener un hándicap similar, nos entenderíamos con facilidad, pero... En fin, Se-jin, intenta portarte bien y quédate tranquilo un tiempo, sin buscar líos. Permíteme pedirte ese favor, ¿sí?"
Aunque las palabras de su madre resonaban en sus oídos, ninguna lograba cuajar ni tomar forma dentro de su cabeza. Lo único que cruzaba su mente era el deseo fulminante de presentarse allí mismo para verle la cara a ese tal "pretendiente" que había tenido la audacia de "rechazarlo".
No sabía de quién se trataba, pero de seguro en cuanto le viera el rostro lo reconocería de inmediato. ¿En qué demonios estaría pensando para cometer semejante insensatez y creer que saldría ileso? Tras golpear rítmicamente el borde de la mesa con la punta de los dedos, Cha Se-jin se puso de pie de un salto, se despidió de sus padres y salió a zancadas del comedor.
"Secretario Jung. Un momento, por favor".
Al ver al secretario personal de su madre esperando fuera del comedor, Cha Se-jin hizo un gesto seco con la cabeza para indicarle que salieran al pasillo. El secretario Jung inclinó respetuosamente el torso y siguió sus pasos.
Deteniéndose en el descanso de la escalera, lejos de la sala y sin nadie alrededor, Cha Se-jin clavó su mirada en el secretario Jung. Al ser alguien que estaba al tanto de absolutamente todo lo relacionado con los asuntos de su madre, con seguridad tendría la respuesta que buscaba.
"¿De qué familia es de donde están viniendo estas propuestas de matrimonio?"
"Eso es algo que no puedo revelarle a la ligera".
"Mira, yo soy la parte involucrada directamente en esto. Si el matrimonio lo voy a hacer yo, ¿por qué no me lo van a decir a mí? ¿Acaso no tiene lógica? Podrán ocultárselo a cualquiera, pero a mí me lo tienen que decir".
"......"
"Habla. ¿De dónde son? ¿Dónde es que están estirando el tiempo?"
Tras dudarlo con evidente apuro en el rostro, el secretario Jung pareció tomar una decisión y abrió la boca.
"De Baum".
"¿Baum? Si son de Baum, no están a nuestro nivel ni de broma. Oye, ¿y esos no tienen un solo hijo? Murió. En un picadero de caballos. No sabía que les quedaba un hijo menor".
"La situación actual hace que la colaboración de Baum Construction sea absolutamente indispensable para el proyecto del resort Arkhé que el presidente está impulsando. Por supuesto, para el grupo Baum también representa una ventaja descomunal el simple hecho de volverse parte de la familia Sewon".
"¿Y entonces a qué viene tanto rodeo? ¿Es verdad lo que dice mi madre? ¿Que la otra parte no me traga?"
Tras tomar aire unos segundos, el secretario Jung titubeó una y otra vez intentando encontrar las palabras adecuadas, sin éxito. Impaciente, Cha Se-jin se apoyó de costado contra la barandilla de la escalera, bajando la vista de manera descarada hacia el secretario con una mirada que rozaba la hostilidad.
"Suéltalo de una vez. No te pongas a buscar rodeos".
"Tal como acaba de decir el director, al ser usted... la persona directamente involucrada en este asunto, se lo diré tal cual".
Al ver que asentía con la cabeza exigiendo que dejara de darle vueltas, el secretario Jung bajó la mirada, exhaló un corto suspiro y continuó.
"Hasta el momento es solo una suposición de nuestra parte, pero... tomando en cuenta que la familia Baum, que al principio se mostraba sumamente entusiasmada con el enlace, de repente ha empezado a pedir más tiempo... me temo que las cosas no están marchando muy bien con el prometido en cuestión. La señora cree que el motivo detrás de todo esto son los escándalos del director".
"¿El secretario Jung también piensa igual?"
"...A menos que... haya algún inconveniente directamente con la persona implicada, cuesta creer que actuarían de este modo de la nada".
Tras confirmar la opinión del secretario Jung, Cha Se-jin enderezó la postura ladeada que tenía. Definitivamente iba a tener que ir en persona a verle la cara a ese sujeto. Tenía que comprobar con sus propios ojos qué tan creído se lo tenía como para darse el lujo de dudar cuando la tabla de salvación de su vida —nada menos que un matrimonio con él— se le había puesto enfrente en bandeja de plata, y ponerlo en ridículo ante todos; solo así lograría calmar un poco la rabia que sentía.
"Supongo que tienes la dirección de su casa, ¿no?"
"...¿Piensa ir a buscarlo?"
"¿Por qué? ¿Acaso está prohibido?"
"Si llega a causar el efecto contrario..."
"Eso no va a pasar, así que hoy... mmm. Tengo compromisos hasta la tarde, pero me gustaría echarle un vistazo por la noche. Mándame la dirección, sea su casa o cualquier otro sitio donde pueda encontrarlo. Ah, y ni se te ocurra decirle nada a mi madre. Primero lo veo yo y luego ya veo qué hago".
"Ah, director. Hay algo que aún no he podido decirle..."
"Sí, sí, ya capté la idea, solo mándame la dirección".
"...Bien, comprendo. Averiguaré el domicilio y me pondré en contacto con usted".
Después de que el secretario le dedicara una ligera inclinación a modo de saludo, Cha Se-jin pasó de largo junto a él y salió a toda prisa del edificio principal. Le habría encantado ir a verle la cara en ese preciso instante, pero le frustraba enormemente tener programada una serie de reuniones de negocios consecutivas de las que no podía escapar ni arruinar bajo ningún concepto, viéndose obligado a resignarse y esperar pacientemente hasta la noche.
5
[Jung Ji-seong: Le envío la dirección. 45, Dopyeong-ro 12-gil, Seongun-gu, Seúl, 1. er piso, local 103 (Fast Way, sucursal Dopyeong).]
[Jung Ji-seong: Solo necesita llegar antes de las 11.]
Tras introducir en voz alta la dirección enviada por el secretario Jung en el sistema de navegación y comprobar que le tomaría treinta y cuatro minutos llegar, Cha Se-jin salió del estacionamiento. Había pensado en llamar a un chófer debido al cansancio, pero por muy discreto que fuera alguien, la diferencia entre que hubiera testigos y que no los hubiera era abismal, así que prefirió conducir él mismo.
Hoy estaba adoptando el papel de un hijo obediente que cumplía el deseo más ferviente de su madre: quedarse tranquilo y no meterse en ningún lío, al menos por un tiempo. Por supuesto, el acto mismo de ir a ver en persona a la persona que lo había rechazado como pareja de matrimonio se salía por completo de la definición de hijo obediente.
Mientras conducía hacia el distrito de Seongun-gu por una carretera despejada debido a lo avanzado de la hora, Cha Se-jin sintió de repente una extraña sensación de disonancia y volvió a revisar el mensaje que le había mandado el secretario Jung.
"......"
Es Seongun-gu, sí. Pero un momento, ¿el presidente de Baum no vive también en Baekdam-dong? ¿A qué viene de la nada lo de Seongun-gu?
Seongun-gu no era precisamente lo que se consideraba una zona residencial exclusiva; es decir, no era el tipo de lugar que las familias chaebol elegían para establecer sus viviendas. Más bien era un sector donde la reurbanización apenas comenzaba, con edificios derruidos por todas partes y nuevos bloques de apartamentos levantándose aquí y allá.
Además, había otra cosa que no lograba comprender. Bueno, tratándose de Seongun-gu, se podría pensar que, como Baum tenía gran prestigio en el sector de la construcción y se encargaba de la reurbanización de la zona, tal vez residían allí temporalmente por motivos de trabajo; sin embargo, las palabras entre paréntesis, "Fast Way, sucursal Dopyeong", no había por dónde interpretarlas con lógica.
Eso es una tienda de conveniencia.
...¿Acaso era una tienda de conveniencia del grupo Baum? No, ni hablar. Esas las maneja la familia de Ki Jae-hyeok. ¿Cuándo habrían pasado a manos de Baum? Y aun suponiendo que fuera así, ¿qué pinta una tienda de conveniencia en todo esto? ¿Acaso pretendían que fuera a una tienda de conveniencia a tener una cita?
Apenas a tres minutos de llegar a su destino, tras caer en la cuenta de lo "absurda" que era aquella dirección, Cha Se-jin marcó de inmediato el número del secretario Jung. Sin embargo, este no le contestó el teléfono. Tras empujar con la lengua la pared interna de su mejilla en un gesto de fastidio, Cha Se-jin le dejó un mensaje de texto al secretario preguntándole qué significaba esa tienda de conveniencia, y giró el volante siguiendo las indicaciones del GPS que le ordenaban doblar a la derecha a sesenta metros.
─ A ciento ochenta metros, habrá llegado a su destino.
Al avanzar en línea recta por un callejón estrecho, el sonido del dispositivo anunció de inmediato que había llegado a su destino y que el guiado había finalizado. Inclinándose sobre el volante, Cha Se-jin alzó la vista para contemplar la única tienda de conveniencia que resplandecía con una luz inusualmente brillante en medio de la negrura del callejón.
Al tratarse de una calle de sentido único, no solo era sumamente angosta, sino que tampoco había un espacio adecuado para estacionar. Todo el mundo dejaba los autos lo más pegados posible a los comercios, y aun así las ruedas quedaban prácticamente invadiendo la calzada.
Cha Se-jin aparcó el auto de cualquier manera frente a la tienda y descendió. A los costados del establecimiento se veían bares de dudosa apertura, moteles y viviendas particulares.
"......"
En la puerta de la tienda se leían con claridad las letras de "Fast Way, sucursal Dopyeong". No lograba entender qué demonios hacía allí ni a quién se suponía que iba a encontrar en un sitio así, pero ya que había llegado hasta el lugar, pensó en darles el beneficio de la duda y echar un vistazo. Si al entrar confirmaba que aquello era una auténtica locura, al día siguiente se encargaría de machacar al secretario Jung.
Cha Se-jin abrió la puerta de la tienda sin vacilar. Al abrirse, resonó una melodía mecánica. Hacía bastante tiempo que no pisaba una tienda de conveniencia, pero una tan pequeña y ubicada en un rincón tan apartado era la primera vez en su vida.
Era obvio que el secretario Jung le había dado esa dirección tan disparatada solo para jugarle una broma pesada, y pensaba regresar de inmediato para buscarlo y...
"Bienvenido".
Justo en el momento en que se disponía a dar media vuelta al considerar que no había nada más que ver, oyó una voz sumamente fina y melodiosa. Girando el cuerpo de manera refleja hacia el origen del sonido, los ojos de Cha Se-jin se posaron en el empleado de turno que estaba detrás del mostrador.
"......"
Vaya, joder. Qué cara.
En su mente estalló un elogio de la más alta categoría. Era un pensamiento que jamás había albergado al ver a nadie, y por supuesto, una exclamación que jamás se había permitido formular.
No lograba comprender cómo era posible que hubiera un rostro semejante dentro de la sucursal Dopyeong de Fast Way. No, con solo verle la cara, de repente pensó que tal vez el secretario Jung sí le había dado la dirección correcta después de todo.
Era así de hermoso. El rostro que lo estaba mirando y al que él estaba observando. Y de una forma jodidamente increíble. Además...
"...¿Necesita algo en específico? Dígame y se lo busco".
Proveniente de algún lugar, flotaba en el aire un aroma demasiado dulce y suave para ser el característico olor de una tienda de conveniencia. Era exactamente como... leche hirviendo a la que le hubieran vaciado un montón de jarabe de azúcar; una fragancia blanca y sumamente delicada...
Al notar que el empleado volvía a hablarle, extrañado quizás de que se quedara mirándolo fijamente sin decir una palabra, Cha Se-jin contuvo una respiración de la que ni siquiera sabía si estaba exhalando o no, y se acercó al mostrador.
De cerca, su belleza era tal que por un instante lo dejó sin palabras. Era algo que rozaba lo inverosímil. No cabía la menor posibilidad de que el hijo de Baum estuviera por ahí vistiendo el chaleco de una tienda de conveniencia, así que lo más probable era que el secretario Jung se hubiera tomado la molestia de buscar semejante rostro solo para enviarlo allí y arruinarle la vida.
Mierda, sí que conoce a la perfección mis gustos.
"...¿Qué es lo que..."
"Ah, lo que necesito".
Al intentar buscar de repente algo que pudiera necesitar en una tienda de conveniencia después de tanto tiempo, no se le ocurrió absolutamente nada en la cabeza. Cha Se-jin apartó con esfuerzo la mirada del rostro del empleado, que se negaba a despegarse de él, y señaló los cigarrillos ubicados en la balda superior, justo detrás del mostrador.
Al percatarse de inmediato de lo que quería, el empleado giró el cuerpo para alcanzar la cajetilla, momento en el que sintió una vibración proveniente del bolsillo de su pantalón. Al comprobar en la pantalla el nombre del secretario Jung, Cha Se-jin descolgó la llamada.
"Dígame".
─ Director, ¿acaba usted de llegar?
"Sí. Explícate".
─ Quería darle más detalles junto con la dirección, pero debido a que tuve que entrar a una junta de urgencia, olvidé por completo llamarlo. Mis más sinceras disculpas.
"Ya sé que te olvidaste, ahora dime qué demonios pasa. ¿Qué es este lugar?"
─ La persona con la que se está negociando su matrimonio es el hijo ilegítimo de Baum.
"¿Qué?"
Al escuchar la palabra "hijo ilegítimo", levantó la vista que tenía clavada en el suelo y se topó con los ojos del empleado, quien había dejado una cajetilla de cigarrillos sobre el mostrador y aguardaba pacientemente a que terminara su llamada.
"Pensé que al tener un hándicap similar nos entenderíamos con facilidad..."
La frase "hándicap" que su madre había mencionado por la mañana cruzó fugazmente por su mente. Su propio hándicap era su pésima reputación; el hándicap de la otra parte era... ser un hijo ilegítimo.
─ Mientras investigaba la dirección me pareció extraño que se tratara de una tienda de conveniencia, así que seguí indagando y descubrí que no se trata de un hijo ilegítimo común y corriente.
"¿Ah, no?"
─ Al parecer se supo de su existencia hace tiempo, pero jamás lo llevaron a la residencia principal. Y las cosas siguen igual hasta el día de hoy. Por esa razón, Seo Eun-won vive completamente al margen de la familia Baum, y supongo que la otra parte necesita tiempo para convencerlo y sacar adelante este matrimonio.
"Hasta el nombre es bonito".
─ ¿Disculpe?
"Olvídalo, ya entendí. Hablamos de esto mañana en casa".
Cortando la llamada sin más preámbulos, Cha Se-jin volvió a posar la mirada en Eun-won, quien seguía aguardándolo con total mansedumbre detrás del mostrador.
Por fin le encontraba sentido a todo. El hecho de que el hijo de Baum estuviera trabajando en una tienda de conveniencia, y también que la familia Baum —al haberse quedado sin cartas que jugar tras la muerte de su heredero en un accidente en el picadero de caballos años atrás— hubiera aparecido de la nada de forma tan repentina para proponer este enlace.
"...¿Ya no necesita nada más? ¿Le cobro solo esto?"
"Sí, por hoy solo esto".
"Muy bien, procederé al cobro. Por favor, acerque su tarjeta".
A lo largo de su vida había visto sin duda a una infinidad de omegas bonitos, al punto de perder la cuenta, pero jamás se había topado con un rostro como aquel. Superando sus elevadísimos estándares —o más bien, el hecho de que jamás nadie le hubiera parecido atractivo—, aquel chico cumplía absolutamente con todos sus requisitos.
En cuanto retiró la tarjeta del lector, Eun-won la sostuvo con ambas manos y se la extendió. Cha Se-jin bajó la mirada para examinar la mano blanca y limpia que se aproximaba a él. Sus dedos eran finos y alargados, y las uñas en los extremos lucían un tono rosado muy tenue. En pocas palabras, todo aquello que quedaba al descubierto fuera de la ropa era hermoso. Lo suficiente como para hacerle imaginar cómo sería aquello que no se alcanzaba a ver.
"¿Trabajas hasta las once?"
"¿Disculpe? Ah... sí".
"¿Desde qué hora entras?"
"Desde las siete..."
"Ah, entonces son pocas horas".
"...¿Por qué lo pregunta...?"
"Bueno, es que mañana voy a volver, y no quisiera que nos cruzáramos por culpa de los horarios".
Un destello de desconfianza se asomó por su rostro puro y agraciado. Aunque era evidente que lo estaba catalogando sin rodeos como un tipo extraño, a Cha Se-jin no le molestó en lo más mínimo. Al contrario, las ganas de seguir fastidiándolo se le antojaban irrefrenables.
Tenía tantas ganas de hacerlo sentir aún más desconcertado, de dejarlo sin saber qué pensar, y de ponerse tan intimidante que terminara soltando lágrimas de frustración. Ah, seguro que con la cara llorosa se vería jodidamente hermoso, de verdad.
"...¿Seguro que no necesita nada más...?"
"No, nada más. Hoy ya vi lo que quería ver, así que me voy".
"...Que tenga buena noche".
"Sí, nos vemos mañana".
Al ver que Eun-won lo despedía pidiéndole que se fuera sin atreverse a replicar, a pesar de tener una expresión que reflejaba no entender absolutamentenada de lo que decía, Cha Se-jin esbozó una sonrisa burlona. Acto seguido, aplastó con fuerza la cajetilla de cigarrillos que acababa de comprar con una sola mano y la arrojó al bote de basura ubicado junto a la puerta de la tienda.
Y con la misma melodía con la que había ingresado —aunque esta vez generándole una sensación completamente distinta en el pecho— resonando de fondo, abandonó la tienda de conveniencia.
6
Antes de terminar su turno y tras limpiar la tienda de conveniencia, Eun-won se dirigió hacia la entrada para vaciar el bote de basura y le quitó la tapa.
"......"
Le llamó la atención ver que una cajetilla de cigarrillos sin abrir había sido arrojada allí de cualquier manera, completamente abollada y con el plástico protector roto.
"Hoy ya vi lo que quería ver, así que me voy".
El rostro del hombre que se había la pasado diciendo incoherencias que no había forma de comprender volvió a invadir su mente. Aunque lidiar con clientes que le hablaban de tú sin ninguna confianza ya era cosa de todos los días y no le provocaba ningún fastidio, resultaba bastante raro encontrarse con alguien que soltara ese tipo de frases desconcertantes.
"Mañana voy a volver, y no quisiera que nos cruzáramos por culpa de los horarios".
...¿Por qué demonios iba a volver al día siguiente...?
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Viendo que se había atrevido a preguntarle sin rodeos hasta qué hora trabajaba y encima le aseguraba que regresaría al día siguiente, era evidente que no se trataba de un cliente ordinario. Si tuviera que clasificarlo en alguna categoría... se parecía bastante a esos tipos pesados y pervertidos que se pasaban todos los días vistiendo sudaderas con capucha para proponerle cenar juntos, pedirle su número y tratar de rozarle las manos disimuladamente.
"......"
Definitivamente era la primera vez que veía a ese cliente. No lo había visto ni cuando trabajaba allí en el pasado, ni tampoco en los tres meses que llevaba de haber regresado a la tienda. Si lo hubiera visto antes, seguro que lo recordaría. ¿Cómo se iba a olvidar alguien de haber visto un rostro así en su vida?
Era la primera vez que presenciaba a alguien tan alto y apuesto en toda su existencia. Su apariencia rozaba lo irreal, al punto de que él mismo se había quedado allí plantado, mirándolo fijamente y embobado durante un buen rato, sin decir una sola palabra mientras el sujeto lo observaba con intensidad.
Además, de aquel hombre emanaba un aroma imposible de ignorar. Al principio había creído que se trataba de algún perfume, pero al notar que su atención se desviaba hacia él una y otra vez y que el corazón se le estrujaba, concluyó que aquello no era perfume, sino un aroma de feromonas.
Las feromonas de aquel hombre eran sumamente densas. Aunque jamás se había topado con un rastro similar, poseían una extraña y cautivadora adicción. Era un hecho incuestionable que los omegas se sintieran atraídos por las feromonas de un alfa —una ley natural que escapaba por completo a su voluntad—, pero, dejando eso de lado, el aroma era tan impactante que se le había grabado en la cabeza con la clara etiqueta de ser un "buen olor".
¿Acaso se sentiría algo parecido si uno se comiera un helado de vainilla sumamente espeso en medio de un bosque repleto únicamente de árboles?
Eun-won sacudió la cabeza con rapidez para apartar de su mente la imagen del rastro de feromonas del hombre. No tenía la menor idea de por qué se ponía a pensar en tonterías semejantes.
Si mañana de verdad vuelve a aparecerse por aquí para comportarse de forma extraña y asustarme, lo voy a reportar con la policía.
Asintiendo levemente para sí mismo con una determinación que al menos servía para algo, Eun-won tiró de los cordones de la bolsa de basura sobre la cajetilla abollada para cerrarla hermosamente, la cargó con fuerza y salió de la tienda.
Tras arrojar la bolsa atada al contenedor grande ubicado en la parte posterior del establecimiento y terminar de acomodar el reciclaje que había dejado separado previamente, se dispuso a entrar, pero en ese preciso instante se detuvo un automóvil. Al ver un vehículo tan grande y de aspecto costoso —algo insólito en aquel callejón—, Eun-won recordó de inmediato lo ocurrido unos días atrás. El día en que la residencia de Baekdam-dong había mandado a alguien por él.
"......"
Aunque desde entonces la señora le enviaba mensajes varias veces al día preguntándole cómo estaba y qué tal iba su día, Eun-won todavía no lograba procesar ninguna de esas cosas como Dios manda. Era una sensación muy similar a la que había experimentado seis años atrás, cuando se enteró de que su verdadero padre era el presidente de "Baum", el gigantesco conglomerado que dominaba con mano de hierro el sector de la construcción.
Se decía a sí mismo que, si las cosas eran así, pues tendrían que serlo, pero... era un asunto tan descomunal que le parecía algo ajeno, completamente desvinculado de su propia realidad, como si le estuviera ocurriendo a cualquier otra persona.
"Has crecido bastante. Creo que la última vez que te vi eras mucho más bajito".
La puerta del lado del conductor se abrió y de ella descendió un hombre al que solo había visto una única vez en su vida, pero cuya presencia era imposible de borrar de la memoria. Eun-won se quedó mirando desconcertado al padre que se había aproximado a grandes zancadas, hasta que finalmente inclinó el cuerpo con recato para saludarlo.
"Me dijeron que tu turno terminaba más o menos a esta hora".
"...Ah... Sí, todavía me faltan unos diez minutos".
"Ya veo. Tómate tu tiempo para terminar y sal cuando estés listo".
"...Sí..."
No preguntó qué hacía allí ni cuál era el motivo de su visita. Y no hacía falta preguntar porque ya se lo imaginaba todo. Eun-won volvió a inclinar la cabeza a modo de reverencia y se metió de nuevo a la tienda de conveniencia.
"......"
Aunque tras cruzarse con la señora ya se olfateaba que, dadas las circunstancias, tarde o temprano terminaría viendo a su padre más pronto que tarde, jamás se le pasó por la cabeza que el mismísimo presidente se presentara en persona a buscarlo, por lo que se sentía profundamente abrumado y con un nudo en el estómago.
Colocándose una mano sobre el pecho para calmar el ritmo desenfrenado de sus latidos y acariciándose con suavidad, Eun-won volvió a entrar al área del mostrador y se dejó caer en la silla con la mirada perdida. Por mucho que adivinara lo que venía a decirle, en su interior seguía sintiendo que no tenía la menor idea de lo que estaba pasando.
"¡Eun-won!"
En ese momento, la puerta se abrió y el propietario de la tienda entró con una sonrisa en el rostro. Poniéndose de pie de inmediato, Eun-won salió del mostrador para despedirse del jefe, quien le dio unas palmadas en la espalda felicitándolo por el esfuerzo, y caminó directo hacia el almacén.
Incluso mientras se cambiaba de ropa, y al salir con su mochila al hombro para toparse con su "padre" que seguía aguardándolo pacientemente en el mismo sitio, la idea de que todo aquello era una fantasía no se despegaba de su cabeza. Cuando conoció a la señora la sensación de irrealidad no había sido tan intensa, pero al estar frente a su padre el desajuste con la realidad alcanzaba niveles agobiantes.
"Tengo algo de qué hablar contigo, y mmm... ¿podrías regalarme un poco de tu tiempo?"
"Ah... Sí, tengo tiempo..."
"Perfecto, entonces sube al auto".
Al ver que su padre señalaba el asiento del copiloto y se dirigía hacia la puerta del conductor, Eun-won subió al vehículo con sumo cuidado. El sonido de la puerta del conductor abriéndose y cerrándose resonó en el habitáculo, y pocos instantes después el auto se puso en marcha.
Durante todo el trayecto, mientras el vehículo devoraba el asfalto hasta llegar a su destino, Eun-won se enfrentó a un silencio tan asfixiante que se limitó a aferrarse con fuerza a las asas de su mochila, acariciándola una y otra vez sobre sus piernas. En términos reales el viaje apenas duró unos diez minutos, pero para Eun-won ese lapso se alargó como si hubieran transcurrido dos horas enteras. La incomodidad y la tensión del momento eran así de agobiantes.
El lugar de destino resultó ser una cafetería. Apenas el automóvil se detuvo frente a la entrada, un hombre con traje formal que aguardaba en las inmediaciones se apresuró a abrirles la puerta. Eun-won inclinó la cabeza para agradecerle y siguió los pasos de su padre al interior del local.
"......"
A pesar de tratarse de un establecimiento bastante amplio, no había ni un solo alma en su interior. Ni siquiera se avistaba a ningún empleado atendiendo.
Los grandes ventanales de cristal estaban completamente cubiertos por persianas bajadas, y de entre la gran cantidad de mesas disponibles, únicamente una tenía un par de tazas dispuestas sobre la superficie. Su padre se encaminó directamente hacia allí y le indicó que se sentara. Esperando a que el hombre tomara asiento primero, Eun-won se acomodó con extrema cautela en el lado opuesto.
"Como ya es tarde, pensé que el café no te caería muy bien, así que mandé a preparar té. Tendría que haberte preguntado antes qué es lo que te gusta, disculpa".
"Ah, no se preocupe. Cualquier cosa está bien para mí..."
Mientras intercambiaban un par de palabras sobre la infusión, el guardaespaldas o empleado que los había acompañado salió discretamente del local, dejando el ambiente sumamente silencioso. Dominado por la tensión y el apuro, Eun-won sopló con suavidad la taza de té cuyo sabor ni siquiera era capaz de distinguir, dio un pequeño sorbo y humedeció sus resecos labios.
"Cuando me dijeron que pediste tiempo para pensarlo, quise venir a buscarte de inmediato, pero pensé que estaba actuando con demasiada precipitación y decidí esperarte unos días".
"......"
"Sé que venir a plantársete enfrente de esta manera tan unilateral tampoco es algo que te resulte agradable, pero... sentí que si seguía titubeando y lo retrasaba más, terminaría arrepintiéndome".
Aunque sabía perfectamente que era su padre, como jamás había tenido una figura paterna cerca en toda su vida, el simple hecho de encontrarse cara a cara con él le resultaba de lo más extraño. Incapaz de sostenerle la mirada, Eun-won se mantuvo con los ojos fijos en la taza tibia, jugueteando con ella.
"Hace seis años... fui un cobarde".
"......"
"Me aterraba la idea de que aceptar tu existencia pudiera poner en peligro mi empresa y mi familia... Y como yo no sabía nada de ese asunto, creí que lo mejor era seguir viviendo como si nada, haciendo como que no existías. Sabía muy bien que ni tú ni tu madre vendrían a reclamarme nada".
"......"
"Aunque todo salió tal como lo deseaba, desde entonces y hasta el día de hoy no he tenido ni un solo día de tranquilidad mental. Llegué a pensar que tú y tu madre eran una mancha en mi reputación que me arrastraba hacia abajo... pero me equivoqué. Mis propias acciones cobardes y mezquinas de hace seis años fueron las que terminaron atándome de pies y manos".
Ante aquellas palabras pronunciadas en voz baja, Eun-won reunió un poco de valor y alzó la vista. Visto bajo la luz brillante de la cafetería después de seis años, su padre lucía completamente diferente a como lo recordaba.
Ya no había en su mirada esa expresión fría y cargada de repugnancia, como si estuviera contemplando algo sucio e inaceptable salido de lo más profundo de la miseria; tampoco reflejaba ese desprecio rotundo que parecía gritar que deseaba huir de allí al instante.
"Como ya habrás oído, la pérdida de tu hermano me golpeó con tanta fuerza que empecé a pensar mucho más en ti. Se supone que a un hijo muerto uno termina enterrándolo en el corazón, pero la idea de haberte dado la espalda y abandonado a tu suerte cuando estabas vivito y coleando me genera una culpa tan grande que ya no la soporto".
"......"
"Sé que es demasiado tarde, Eun-won".
La mano de su padre se deslizó sobre la superficie de la mesa y se extendió hacia él. Cubriendo con firmeza los dedos de Eun-won que aún sostenían la taza, su mano era grande y cálida. Eun-won se quedó mirando en silencio el contacto de la mano de su padre sobre la suya.
"Lo siento de verdad. Sé que por el resto de mi vida no habrá forma de compensarte por esto".
"......"
"¿Me darías la oportunidad de enmendar todo este daño? Quiero convertirme en un padre, en una familia en la que puedas apoyarte por el resto de tus días".
7
El padre de Eun-won apretó con más fuerza la mano que sostenía la del chico. Eun-won se quedó mirando los ojos de su padre, repletos de una profunda súplica, antes de desviar la mirada hacia el suelo. La señora le había dicho prácticamente lo mismo, pero el sentimiento que experimentaba ahora era muy diferente al de aquel momento.
¿Se debía acaso a que, a pesar de ser un padre ajeno y al que apenas conocía, seguía siendo su padre? Eun-won pensó en su madre, quien se había marchado de este mundo preocupándose por él hasta el último instante, sin poder siquiera cerrar los ojos por completo. Una madre que, a pesar de haber sido abandonada y tratada con fría indiferencia por aquel hombre, jamás había proferido un solo reproche ni un ápice de rencor en toda su vida.
Su madre siempre le había dicho lo mismo: que su padre no era una persona fría. Que si se había alejado era solo por circunstancias inevitables, pero que sin duda alguna llegaría el día en que no se olvidaría de él, lo buscaría y se convertiría en un padre firme y protector. Por esa razón, le recalcaba que jamás debía albergar odio hacia su padre. Recordándole siempre que, una vez que ella partiera, la única familia que le quedaría en el mundo sería su padre.
"......"
Eun-won sabía perfectamente que aquellas palabras no eran más que un escudo protector que su madre había inventado para calmar su propio dolor. Sabía que su padre los había abandonado a él y a su madre, y que jamás volvería a buscarlos.
Sin embargo, no sentía resentimiento. Al fin y al cabo, nunca había tenido esa figura en su vida. No era como si la hubiera tenido y de pronto se la hubieran arrebatado, ni como si le hubieran dado falsas esperanzas para luego quitárselas. Sencillamente, desde el principio se trataba de una existencia que nunca le había pertenecido.
Pero... en una situación como aquella, donde ni siquiera su madre estaba a su lado y no le quedaba un solo rincón en el mundo donde apoyarse o descansar en paz, encontrarse frente a alguien que le aseguraba que podía confiar en él hacía que su corazón flaqueara una y otra vez. Al menos la mirada con la que lo observaba y la desesperación con la que le sostenía la mano no parecían fingidas.
A pesar de ser consciente de que le hablaban tocando su punto más vulnerable, diciéndole exactamente lo que más ansiaba escuchar y lo que más deseaba poseer, a Eun-won ni por un segundo se le pasó por la cabeza la idea de que su padre estuviera mostrando esa desesperación con un "motivo oculto". Él no era el tipo de persona capaz de actuar con segundas intenciones, ni de hurgar en las debilidades ajenas para fingir una sinceridad que no sentía con tal de conseguir un objetivo.
"Ven a vivir a casa".
"......"
"Ya no quiero que sigas viviendo aquí afuera, pasando dificultades y trabajando de esta manera. Vámonos a casa, Eun-won".
Aunque el tono de voz rebosaba súplica, la mirada que se posaba sobre sus cabellos exigía una respuesta inmediata. Con la intención de arrancarle el resultado que deseaba, los ojos que fingían una sinceridad calculada para lograr meterlo bajo su techo lo antes posible escudriñaban el rostro de Eun-won, que se mantenía con la cabeza gacha.
"Eun-su también habría querido esto. De hecho, fue ella quien me lo suplicó".
"...¿Mi mamá te pidió eso?"
"Así es. Me dijo que, aunque ella quedara fuera, se asegurara de que tú, Eun-won, vivieras bajo la protección de tu padre y no pasaras penurias. Ha pasado... demasiado tiempo, pero a partir de ahora me encargaré de compensarlo todo y seré un buen padre, cumpliendo incluso la parte de Eun-su".
Al salir el nombre de su madre a relucir, el corazón de Eun-won se agitó de un modo aún más caótico, perdiendo el poco rumbo que le quedaba. Y el presidente de Baum no dejó pasar desapercibido ese momento de extrema vulnerabilidad.
"Sé que es verdaderamente tarde... pero lo he comprendido demasiado tarde, tras haberlo perdido todo. Permíteme tener la oportunidad de actuar también como familia para Eun-su. Si me das tu permiso, celebraremos los ritos funerarios de Eun-su cada año en nuestra propia casa. Mi esposa también está de acuerdo".
"...¿De verdad harían algo así?"
Al ver la reacción de Eun-won, los ojos de su padre brillaron con la certeza de que ya lo tenía atrapado, y volviendo a revestir su expresión con un aire de profunda y desesperada devoción paternal, asintió con la cabeza.
"Claro que sí, por supuesto que debemos hacerlo. Ya no tienes que preocuparte por nada. Tienes una familia sólida que te respalda".
Familia. Una familia sólida. A Eun-won se le aflojó el alma al escuchar que recordarían y cuidarían de su madre, sumado a la promesa de tener un respaldo incondicional. Aquel era el resultado de seguir incidiendo una y otra vez en las partes más frágiles de un chico que, al no tener a dónde apoyarse, se había visto obligado a mantenerse en pie en solitario con extrema rigidez para no venirse abajo.
"¿Vendrás a casa, verdad?"
Ante aquella pregunta final que clavaba el último clavo, Eun-won exhaló un suspiro profundo y asintió con la cabeza. El débil "Sí" que brotó de sus labios hizo que las comisuras de los labios de su padre se elevaran con absoluta satisfacción.
"Bien, te lo agradezco. Muchas gracias de verdad, Eun-won. Muchas gracias por darme la oportunidad de ser tu familia".
La mano grande, cálida y de tacto un tanto áspero que envolvía la suya volvió a ejercer presión. Eun-won le devolvió una pequeña sonrisa a su padre, quien lo miraba con lágrimas en los ojos y le repetía una y otra vez lo agradecido que estaba.
Había caído de lleno en la trampa de aquel nombre tan cálido: la "familia".
Mientras nadaba a sus anchas en la piscina ubicada en el sótano del edificio principal a primera hora de la mañana, Cha Se-jin vio entrar al secretario Jung ataviado con su traje formal, por lo que nadó con total parsimonencia hasta el borde de la alberca. En lugar de salir del agua, apoyó los brazos mojados sobre el borde de mármol.
"¿Llegaste?"
"Buenos días, director".
"Cuéntame con más detalle de lo que hablábamos ayer".
"Tal como le comenté, Seo Eun-won es el hijo ilegítimo de Baum. Sin embargo, cuando el presidente Seo Jun-hyeok se enteró de su existencia, decidió darle la espalda, por lo que el chico ha estado viviendo solo con su madre. A raíz de que Seo Eun-won perdió a su madre hace tres años y se quedó viviendo solo, la familia Baum parece haberlo localizado para utilizarlo en este matrimonio arreglado".
"Por lo visto, a juzgar por el hecho de que todavía sigue trabajando en la tienda de conveniencia, ni siquiera han sido capaces de meterlo en su casa. En otras palabras, ¡ni hablar de casarse, si ni siquiera lo han podido llevar a vivir con ellos, y aun así vinieron a hablarnos de boda como si estuvieran listos para hacerlo de inmediato?".
Tras escuchar a Cha Se-jin sintetizar la situación de forma lógica, el secretario Jung asintió con la cabeza y emitió una breve respuesta de conformidad.
"¿Y mi mamá y mi papá, al no saber toda esta trastienda, se deben estar imaginando que las demoras de la otra parte se deben a que yo sigo causando problemas?"
"...Así es".
"Ah, joder. Con que por culpa de esos estafadores farsantes el único que queda como un vago de porquería soy yo, mientras mi mamá y mi papá se la pasan con el alma en un hilo, ¿no? Encima de que tener que cargar con un hijo fuera del matrimonio es algo que ni regalado aceptaría, mueren de miedo de que se cancele la boda. Aunque pensándolo bien, lo de que no lo aceptaría... la cara del chico la verdad es que está para perdonarle todo. ¿Ya lo viste?"
"Ah, solo en fotografía. El presidente quedó sumamente satisfecho. Me comentó que con un rostro así, dudaba mucho que usted fuera a poner objeciones por el físico".
"Como era de esperarse, mi madre conoce a la perfección mis gustos".
Con una sonrisa socarrona, Cha Se-jin salió de la piscina, aceptó la toalla que le tendía el secretario Jung para secarse el agua y se quedó sumido en sus pensamientos por un momento.
"Mmm... Bueno, tampoco es que nos vayamos a casar este mismo mes, así que les daré un poco más de tiempo. Aunque me cabrea un montón tener que aguantar sus mentiras y sus juegitos, al menos tiene su gracia".
"Entendido. Entonces, ¿hasta qué punto considera prudente que le informe a la presidenta? ¿Le comento absolutamente todo tal cual es?"
"A mamá dile simplemente que no se ve muy bien andar ventilando rumores de matrimonio con un hijo ilegítimo oculto, coméntaselo así por encimita. Sinceramente, es una situación un tanto peculiar. Por muy mala fama que yo tenga, ¿dónde vas a encontrar en este mundillo a alguien con un historial más manchado que el mío? Si se van a casar conmigo, lo mínimo es que estén igual de quemados por ahí que yo".
Tras secarse la humedad de cualquier manera, Cha Se-jin se sentó en una tumbona y se bebió de un trago el café que aún conservaba algunos cubos de hielo. Comprendiendo que la charla había concluido, el secretario Jung hizo una reverencia impecable y abandonó el área de la piscina. Apartando la vista de su espalda, Cha Se-jin se llevó un cubito de hielo a la boca para masticarlo con fuerza mientras dejaba caer su peso hacia atrás en el respaldo del asiento.
Le vino a la memoria el rostro de Eun-won, preguntándole si necesitaba algo sin tener la menor idea de quién era él. ¿Qué clase de expresión pondría si se presentaba en la tienda de conveniencia a la misma hora que el día anterior? Y más aún, ¿con qué cara lo miraría cuando lo tuviera enfrente como su prometido?
Quizás porque era la primera vez en su vida que veía un rostro que le provocaba semejante apetito y le arrancaba un elogio automático nada más verlo, con solo imaginarse sus facciones los pensamientos se le enlazaban en una cadena interminable.
Tragando el último sorbo de café, Cha Se-jin levantó el teléfono para consultar la hora. Quizás debido a la descarga de dopamina, se había despertado al alba y, a pesar de haberse echado un chapuzón matutino poco común en él, apenas eran las ocho en punto.
Como tenía hambre, iría a desayunar, luego se marcharía a la oficina a cumplir con sus obligaciones por compromiso... Ah, ¿a qué hora caería la noche? Necesitaba que el sol se ocultara de una vez para poder ir a fastidiarlo. Desesperado ante el hecho de que aún fuera de mañana, Cha Se-jin se estiró lánguidamente sobre la tumbona.
Aquel pintaba para ser el inicio de un día en el que el tiempo se arrastraría con una lentitud exasperante.
---
Al día siguiente de haber respondido que aceptaba mudarse a la casa de su padre, un automóvil apareció estacionado frente al lugar donde vivía. Aunque le había contestado al chofer que no era necesario y que prefería ir a la escuela por su cuenta —algo que no entraba en sus planes en absoluto—, tras recibir una llamada del propio padre, no le quedó más remedio que subir al vehículo.
"Eres mi hijo. Y quiero que mi hijo reciba el trato que corresponde a su posición. Son cosas de las que tendrías que haber disfrutado desde hace mucho tiempo y a las que debes acostumbrarte a partir de ahora, así que te pido que no te niegues por mucho que te resulte extraño. ¿Podrías hacerme ese favor?".
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Aquella había sido una mañana incomparablemente más cómoda que las de antes, muy lejos de tener que abordar un autobús abarrotado de gente para viajar de pie durante varias paradas, o de subirse a un metro donde no solo no había asientos libres, sino que a veces ni siquiera había espacio para pararse, obligándolo a dejar pasar varios trenes seguidos para poder llegar a clases.
Sin embargo, por alguna razón su corazón no terminaba de estar tranquilo, por lo que Eun-won se mantuvo con los músculos completamente tensos durante todo el trayecto a la escuela, mordisqueándose una y otra vez el interior de los labios.
Aunque le habían asegurado que a partir del momento en que tomó aquella decisión todo aquello se volvía de lo más natural, él seguía siendo exactamente el mismo chico de ayer que el de hoy, por lo que aquel entorno transformado de la noche a la mañana se antojaba tan ajeno que le costaba creer que fuera suyo.
8
"......"
¿Sería acaso que, con el paso de los días, hasta este tipo de vida terminaba volviéndose de lo más natural? ¿Se acostumbraría uno a viajar en un auto conducido por un chofer, a no tener que desgastarse ni forcejear para ganarse la vida, y a dedicarse simplemente a elegir lo que le apeteciera para vivir así... sin más?
"Además, me gustaría que dejaras el trabajo en la tienda de conveniencia de inmediato. Si te encuentras en una situación en la que no te resulta fácil dejarlo de un día para otro, avísame. Mandaré a alguien para que se encargue de resolverlo sin que se arme ningún tipo de revuelo".
Desde el momento en que había decidido mudarse a esa casa, sabía perfectamente que tendría que dejar el trabajo de medio tiempo en la tienda de conveniencia. Sin embargo, al tratarse de un sitio tan especial para él, prefería disculparse y explicarle la situación directamente al propietario en persona, sin intermediarios, para cerrar esa etapa de la mejor manera posible.
"Muy bien. Entonces deja que seas tú quien organice lo de tu salida del trabajo, pero a cambio, cántate a la idea de venirte a vivir a casa hoy mismo. Mandaré un auto a la hora en que termines tu turno. Tu habitación ya está completamente lista, y las pocas cosas que tengas que mudar las mandaremos a buscar con alguien mañana, así que ven tú primero. Me quedaré mucho más tranquilo en cuanto estés bajo este techo".
Al escuchar aquel tono cargado de preocupación, Eun-won accedió dócilmente. Aunque no sentía que su mente estuviera preparada del todo, pedir que esperaran hasta que lograra reunir una disposición absoluta tampoco tenía sentido, pues ni él mismo sabía cuándo llegaría ese momento, por lo que decidió limitarse a seguir el ritmo que le marcaba su padre.
"......"
En ese caso, cuando terminaran las clases, iría a la biblioteca a avanzar con unos trabajos pendientes... luego pasaría por la tienda de conveniencia para comer algo rápido... y como el jefe le había dicho que hoy llegaría temprano, hablaría con él, ordenaría su casillero y listo.
A pesar de tratarse de una jornada que no difería en lo absoluto de cualquier otra, por alguna razón su corazón latía con una prisa inusual. Al percatarse de que su mente no dejaba de anticiparse a lo que vendría después y de tropezar con un torbellino de emociones, Eun-won sacudió la cabeza con fuerza para dispersar aquellos pensamientos.
"Ya terminó la clase. ¿En qué tanto andas pensando?"
"......"
"¡Oye, Seo Eun-won! ¡Tierra llamando a Eun-won!"
Sobresaltado por aquella voz que se coló de golpe en su espacio, Eun-won giró la cabeza y se encontró con Yoon Ji-un, quien estaba sentado a su lado. Mientras guardaba su tableta en la mochila, Ji-un señaló hacia el frente. Al volver a enfocar la vista hacia el estrado, vio que el profesor ya iba saliendo del aula. Al parecer la clase había concluido hacía rato, sin que él tuviera el menor recuerdo de cómo se le había pasado el tiempo.
"¿Te pasa algo?"
"¿Eh? Ah, no, nada".
Al ver la reacción inexpresiva de Eun-won, Ji-un soltó una risita como si le pareciera aburrido, cerró la cremallera de su mochila y le dio un apretón en el hombro.
"Oye, de verdad, ¿hoy tampoco vas a poder? ¿No puedes faltar al trabajo de medio tiempo ni por un solo día? Los chicos insisten en que te llevemos con nosotros. Hoy vamos a ir a un izakaya que acaban de abrir, anímate a venir, ¿sí?"
"Ah... hoy lo tengo un poco difícil, pero a partir de la próxima semana me apunto. Es que ya voy a dejar el trabajo de medio tiempo".
"¿En serio? ¡Vaya, qué excelente noticia! Entonces la próxima semana nos vamos a juntar a beber porque es el cumpleaños de Kim Do-gyeol, así que acompáñanos".
"¿De verdad puedo ir? Si ni siquiera tengo confianza con Do-gyeol... Casi nunca hemos hablado..."
"Pues vas y te haces amigo de él, así de fácil. Los demás también tienen curiosidad por conocerte. ¡Quedamos en que la próxima semana vas sin falta, ¿eh?".
"Sí..."
La vida universitaria difería abismalmente de la época de la escuela secundaria y preparatoria. Durante aquellos años, incluso si uno trabajaba de medio tiempo saliendo de clases, el hecho de compartir el mismo salón durante todo el día facilitaba muchísimo entablar amistades; sin embargo, en la universidad eso resultaba endiabladamente difícil.
Para acercarse a personas reunidas de todas partes, que no compartían ningún punto en común con uno, se requería hacer un esfuerzo consciente, y Eun-won carecía tanto de la holgura mental como de la audacia necesarias. Además, tras la partida de su madre, había aprendido a la mala que cuanto más se entregaba el corazón, más dolorosa era la despedida, lo que le impedía abrirse con facilidad y lo condenaba a deambular siempre en solitario.
Ji-un había sido precisamente la única persona que se le había acercado sin reparos, le había dirigido la palabra por iniciativa propia y lo había acompañado a comer cuando los horarios coincidían, convirtiéndose en su amigo. Eun-won le devolvió una sonrisa al ver cómo Ji-un le arrancaba una promesa tras otra de que la semana entrante no faltaría por nada del mundo.
Con solo pensar que quizás a él también le aguardaba esa tranquilidad de la que hasta entonces no había experimentado ni un ápice, una extraña sensación de entusiasmo comenzó a agitarle el pecho.
Tras pasarse todo el día aguardando a que el sol cayera de una vez por todas, Cha Se-jin pisó por fin el callejón de la tienda de conveniencia envuelto ya en las sombras de la noche. Se detuvo bajo el letrero luminoso del establecimiento, estacionando el auto en medio de la calzada con la misma arrogancia de la víspera, y antes de descender echó un vistazo a su rostro en el espejo retrovisor.
Aunque, para ser honesto, ni siquiera necesitaba comprobar nada al poseer una cara perfecta por antonomasia, al menos quería tener la gentileza de revisar su aspecto antes de ir a ver a su futura "pareja".
Apenas bajó del vehículo, Cha Se-jin empujó la puerta de la tienda y se adentró en el local. Quizás porque esta vez ya sabía de antemano que Eun-won se encontraba allí, a diferencia del día anterior, apenas cruzó el umbral notó cómo el característico olor a tienda se mezclaba con aquel dulzón aroma a leche que había percibido la víspera.
Tomó una inhalación profunda, permitiendo que la fragancia se colara hasta lo más hondo de su ser, y sintió que aquel rastro —que recordaba a la leche caliente rebosante de jarabe de azúcar— se deslizaba hacia la parte baja de su abdomen, provocándole una punzada de deseo tan extraña como irresistible. A pesar de aborrecer todo lo dulce por lo general, extrañamente aquello no le causaba el menor rechazo. No, no era solo que no le molestara; de manera instintiva, las yemas de sus dedos y su lengua sentían un anhelo azucarado.
"Bienven..."
"Ah, hola".
Eun-won, que se había quedado a mitad del saludo al reconocerlo, se detuvo de golpe, pero Cha Se-jin completó las palabras por él y se acercó al mostrador. Aunque para cualquier alfa común y corriente el rastro resultara casi imperceptible, él, al ser uno de los poquísimos alfas dominantes que existían, lograba percibir con mayor intensidad aquel aroma tan delicado y suave.
"Aunque lo vuelva a ver, sigue siendo exactamente mi tipo".
"¿Disculpe?"
"Sí, hablo de tu cara".
"......"
"Tú también lo sabes, ¿no? Sabes perfectamente cómo es tu rostro".
Incluso aquella expresión teñida de desconfianza y evidente fastidio lucía exageradamente hermosa. Era como si alguien se hubiera esmerado demasiado al crearlo, al punto de hacer cuestionable que fuera necesario dotar a una persona de semejante atractivo. Con seguridad se habían tomado tantas molestias con él como las que se habían tomado al moldearlo a él mismo.
"...Por favor, indíqueme si necesita algo".
"¿Cuántos años tienes?"
Al saltarse el protocolo y lanzarle una pregunta completamente personal y alejada de la compra, el matiz de recelo que flotaba sobre su semblante se acentuó de inmediato.
Aunque averiguar sus datos habría sido tarea fácil si se lo hubiera propuesto, Cha Se-jin había optado deliberadamente por no investigar nada sobre Eun-won. Había preferido descubrirlo todo por sí mismo para que la jugada tuviera más gracia, y la verdad es que había sido una elección de lo más acertada.
"Mmm..."
Adivinar la edad de Eun-won basándose únicamente en su apariencia resultaba una tarea bastante complicada. Si uno se guiaba tan solo por sus facciones, bien podría haber pasado por un estudiante de preparatoria. Pero aquello carecía por completo de sentido. Era imposible que le hubieran encajado a un alumno de secundaria o preparatoria como pareja para su matrimonio arreglado, y de haberlo intentado, sus padres lo habrían descartado al instante.
"¿No serás estudiante de secundaria, verdad?"
"Claro que no".
"¿Entonces vas a la preparatoria?"
"Tampoco".
Al no tener la menor intención de responder a preguntas de índole personal, Eun-won se vio pillado desprevenido por aquellas conjeturas sobre la secundaria y la preparatoria, lo que hizo que se le escapara una negativa inmediata.
"¿Entonces cuántos tienes? ¿Veinte? No, eso significaría que nos llevamos demasiados años. Mmm... ¿veintitrés? Aunque no lo parece... A ver, dime la verdad. Tienes diecisiete, ¿estoy en lo cierto?"
"Que no, que no voy a la preparatoria".
"¿De verdad que no?"
"Sí".
"Vaya, entonces sí eres de secundaria. Tienes toda la cara de tener unos quince años".
Ante semejante conclusión tajante donde lo catalogaba como un estudiante de secundaria, a Eun-won se le cayó el alma a los pies por lo absurdo de la situación. Había ocasiones en las que la gente le echaba un poco menos de la edad que tenía debido a sus rasgos, pero nadie se había atrevido jamás a preguntarle si iba a la secundaria, dejándolo tan perplejo que las palabras se le trabaron en la garganta.
"No es así".
"Entonces sueltalo, ¿qué edad tienes?"
"...Tengo veinte años".
"Vaya, mierda... Eres ocho años menor que yo".
Tras arrancarle la verdad a base de bromas y descubrir por fin su edad, Cha Se-jin ladeó la cabeza con aire atribulado. Aunque al mirarlo ya se figuraba que debía de ser bastante joven, confirmar que lo era tanto lo dejó un tanto desconcertado.
¿Casarse con alguien que hasta hacía unos meses iba a la escuela vistiendo uniforme escolar...? Recordando las gamberradas que él mismo andaba haciendo por esas fechas unos meses atrás, Cha Se-jin exhaló un corto suspiro. Por su cabeza cruzó fugazmente la duda de si de verdad debía seguir adelante con ese matrimonio.
"¿Estás en la universidad?"
"......"
"¿A qué facultad vas?"
"......"
"¿Tienes pareja?"
"...Cliente. Le suplico que... evite ese tipo de preguntas personales. Y si no va a comprar nada..."
"Ah, perdona. Es verdad, esto es una tienda de conveniencia. Déjame buscar algo que llevarme".
Sin inmutarse lo más mínimo ante la reprimenda de Eun-won y esbozando una sonrisa burlona, Cha Se-jin se adentró en los pasillos de la tienda, examinó varias botellas de vino dispuestas en uno de los estantes y regresó al mostrador cargando con algunas de ellas.
"De lo que venden en esta tienda, ¿cuál es el artículo más caro?"
"......"
"No te lo pregunto para hacerme el gracioso, tengo curiosidad de verdad".
"...El licor de importación de edición limitada. Solo nos llegó una botella, y ese es el producto con el precio más alto".
"Dámelo".
"¿Disculpe?"
"Que me llevo eso".
Al ver que tras indagar por lo más caro del lugar se disponía a comprarlo sin más preámbulos, Eun-won titubeó, tomado por sorpresa. Comprar algo siempre era una opción, por supuesto, pero después de soltarle preguntas indiscretas una tras otra y recibir la advertencia de que se marchara si no iba a adquirir nada, verle actuar de aquel modo tan repentino no le inspiraba ninguna confianza.
"¿Dónde está?"
"Ah... como está guardado en el almacén, tendría que ir a buscarlo... ¿De verdad lo va a comprar?"
"Sí, hablo en serio. Dámelo".
"...Muy bien. Espere un momento".
En una tienda de conveniencia grande ubicada en una zona comercial concurrida, o en establecimientos donde el flujo de clientes era masivo, incluso si se organizaban eventos de venta para licores exclusivos y mucho más caros que aquel, estos volaban apenas pisaban los estantes; pero en ese lugar las cosas funcionaban de otro modo.
Aun así, como debían cumplir con los requerimientos de algún evento promocional, una botella de licor tasada en más de medio millón de wones había llegado a la sucursal justo en las navidades pasadas; sin embargo, transcurridos varios meses, no solo no se había vendido, sino que ni siquiera se había presentado un solo curioso dispuesto a preguntar por ella, según le había contado el jefe.
Al tratarse de un producto de exhibición, habían intentado mantenerlo a la vista, pero debido a lo angosto de la tienda y al riesgo constante de que los clientes lo golpearan y rompieran por accidente, el propietario había decidido terminar mandando la costosa botella al fondo del almacén. Recordando las palabras del dueño, Eun-won se dirigió al estante interior del depósito, alzó la caja que contenía el licor y regresó al mostrador.
9
"Ah..."
Mientras tanto, sobre el mostrador, además del vino que el hombre acababa de dejar hacía un momento, había quedado una enorme cantidad de artículos amontonados por todas partes. Aunque llevaba varios años trabajando en tiendas de conveniencia desde sus tiempos de estudiante, jamás en su vida había visto a un cliente que comprara semejante cantidad de cosas. El mostrador estaba abrumadoramente lleno.
"...¿Va a comprar todo esto?"
"Sí. Cóbramelo".
"...Sí..."
Levantando la cesta de plástico ubicada debajo del mostrador, Eun-won comenzó a escanear los productos uno por uno para pasarlos al interior del cesto.
Bip, bip, bip...
El sonido de los códigos de barras resonaba dentro de la silenciosa tienda de conveniencia. Al ver a Eun-won trabajando con la mirada fija y cabizbaja, Cha Se-jin soltó una sonrisa sutil.
"¿Ya puedo hacerte preguntas, no crees? Después de todo, acabo de gastarme una fortuna comprando un montón".
"...Que haya comprado mucho no significa que tenga derecho a hacerme preguntas personales".
"Tampoco es que te haya preguntado algo difícil de responder. Digo, no te pregunté cuáles son tus preferencias en la cama, ni tampoco te consulté qué zona prefieres que te toquen para disfrutar más".
Totalmente desconcertado por un comentario que, lo interpretara por donde lo interpretara, no era más que un acoso descarado, Eun-won dejó de pasar los códigos de barras por un instante y alzó la vista para mirar fijamente a Cha Se-jin. Definitivamente, no se había equivocado al catalogarlo desde el principio como un tipo pervertido y pesado.
"¿Estás en la universidad?"
Tal como el hombre había señalado, responder a eso no era realmente difícil. Simplemente no tenía ninguna necesidad de decírselo. Sin embargo, como todavía le quedaban decenas de productos por escanear y tenía la sospecha de que, si se negaba a contestar, el sujeto continuaría soltando barbaridades de índole pervertida, pensó que lo mejor era tomárselo con calma y charlar de cosas cotidianas como parte de una charla trivial.
"...Sí".
"¿Tienes pareja?"
"...No".
"¿Has pensado en casarte?"
Bip...
Tras escanear la botella de vino, Eun-won volvió a alzar la cabeza para mirar a Cha Se-jin, preguntándose si su sentido del oído le había jugado una mala pasada. Le había dicho que tenía veinte años, que cursaba estudios universitarios y hasta le había aclarado que no tenía pareja, por lo que le resultaba incomprensible que de repente le soltara una pregunta sobre sus intenciones de matrimonio. Y más aún con esa expresión en el rostro, como si tuviera una curiosidad genuina por saberlo.
Por supuesto, se trataba de una interrogante a la que podía responder con un rotundo "no" de manera inmediata, pero lo cierto es que la tomó por total sorpresa debido a que jamás, ni por un solo segundo, se le había cruzado la idea del matrimonio por la cabeza. Y el hecho de que se lo preguntara un completo desconocido que acababa de pisar la tienda por segunda vez en su vida hacía que la situación fuera todavía más surrealista.
"No tengo".
¿Acaso trabaja para una agencia de citas matrimoniales...? Si tuviera una ocupación de ese tipo, se podría entender que por deformación profesional sintiera curiosidad por esas cosas. Aunque el verdadero problema era que absolutamente nada en el aspecto de aquel hombre encajaba con alguien que se dedicara a algo así.
"Bueno, claro, a quién se le ocurre pensar en casarse a los veinte años hoy en día".
"......"
...Si ya lo sabe, ¿para qué diablos pregunta?
Lanzándole una rápida ojeada de reojo al hombre cuya mente era un auténtico misterio imposible de descifrar, Eun-won se apresuró a escanear el código de barras de la botella de licor más cara. Antes de registrar el precio del licor, la cuenta total ya acumulaba doscientos mil wones, y con un solo "bip", la cifra se disparó rebasando holgadamente los setecientos mil wones.
"El pago será con esto".
"¿Le pongo las cosas en bolsas de plástico?"
"Sí".
"Creo que va a necesitar varias..."
"Mete las que quieras, como veas".
Añadiendo varias bolsas de plástico adicionales para asegurarse de que todo cupiera sin romperse, Eun-won tomó la tarjeta que el hombre le tendía, la introdujo en la ranura del lector y pronunció unas palabras que rara vez se atrevía a decir en voz alta.
"¿Desea pagar en mensualidades?"
"¿En... qué cosa?"
"...Debido a una promoción temporal de la compañía de tarjetas, es posible diferir el pago sin intereses hasta en cinco meses".
"¿Cinco meses sin intereses?"
"Sí..."
Al verse momentáneamente descolocado por una propuesta de pago a plazos que jamás en su vida le habían ofrecido en una situación así, Cha Se-jin terminó estallando en una carcajada. Setenta millones, setecientos millones, o para colmo ni siquiera setenta mil, ¿sino que le ofrecían facilidades de pago a plazos por una compra de setocientos mil wones? Frotándose con los dedos los lagrimales donde se le habían acumulado un par de lágrimas por la risa, Cha Se-jin negó con la cabeza.
"No, no hace falta, nada de pagos a plazos".
"Entendido... Entonces procederé al cobro en un solo pago... Por favor, firme aquí".
Incapaz de contener las risas y las lágrimas que seguían brotando de la pura gracia que le causaba la escena, Cha Se-jin firmó de cualquier manera en la pantalla mientras se le escapaba un resoplido mezclado con carcajadas.
"¿Le entrego el recibo?"
"Sí, dámelo. Es la primera cosa que mi futuro cónyuge me regala en persona, así que tengo que conservarlo".
"¿Disculpe?"
"No, nada, olvídalo. Solo te pedía el recibo".
Al cabo de un instante, un recibo bastante largo doblado en tres partes fue depositado frente a Cha Se-jin junto con su tarjeta de crédito. Aunque había escuchado claramente la palabra "cónyuge", tal vez por pensar que no cabía posibilidad de que se refiriera a eso, Eun-won se limitó a acomodar los productos uno por uno con sumo esmero dentro de las bolsas de plástico sin pedirle que se explicara, lo que hizo que Cha Se-jin inclinara la cabeza divertido ante la escena.
"Tengo el presentimiento de que me voy a casar antes de que termine el año".
Era una afirmación tan estrambótica como la pregunta sobre sus planes de matrimonio que le había soltado momentos antes. Eun-won sopesó las palabras del hombre mientras se aseguraba de acomodar el vino de forma que no corriera riesgo de romperse.
...¿Se supone que debo felicitarlo? Como él es el que se va a casar, ¿será que lo tiene tan metido en la cabeza que por eso se puso a preguntarme a mí también...?
Mientras debatía mentalmente sobre el tipo de reacción que debía mostrar al tiempo que terminaba de acomodar los primeros cinco artículos, Eun-won desplegó una nueva bolsa de plástico con un leve crujido y abrió los labios con timidez.
"...Ah... Felicidades".
"¿Que me felicitas?"
Al escuchar sus felicitaciones, el hombre inclinó su esbelta figura hacia adelante, doblándose ligeramente mientras volvía a reírse a carcajadas. Mientras un sonido a medio camino entre la risa y el llanto flotaba en el aire, Eun-won se apresuró a llenar una tercera bolsa de plástico hasta el tope.
"Ay, Dios, me va a dar algo. Sí, gracias por la felicitación. Pero, oye, ¿quieres que te cuente algo gracioso?"
"......"
"Yo sé perfectamente con quién me voy a casar, pero la otra parte no tiene la menor idea de con quién le toca contraer matrimonio".
"...¿En serio?"
"Me pregunto cuándo se enterará. Ojalá lo descubra pronto... Aunque, bien pensado, tal vez no estaría mal que siguiera ignorándolo un poco más"
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Tras contemplar desde arriba a Eun-won, quien lo miraba sin comprender absolutamente nada, Cha Se-jin levantó del mostrador con una sola mano las cinco bolsas atiborradas de compras y amagó con marcharse, pero de repente, como si hubiera recordado algo, volvió a dejar caer las bolsas al suelo. Acto seguido, giró de nuevo el cuerpo hacia el lugar donde estaba Eun-won y examinó con la mirada la superficie del mostrador.
Extrayendo un caramelo de palo del copioso exhibidor de chuches con forma de torre que reposaba en un extremo, Cha Se-jin se lo tendió a Eun-won. Con una expresión de total desconcierto, el chico alternó la mirada entre el caramelo y el rostro de Cha Se-jin.
"Cobra esto".
"Ah..."
Era una reacción que jamás habría podido prever de un sujeto que se la había pasado soltando tonterías y comportándose de manera extraña justo antes de irse. Incapaz de procesar siquiera la idea básica de que tenía que cobrar el artículo, Eun-won se quedó allí plantado con la mente en blanco hasta que finalmente encontró el botón del caramelo en la pantalla táctil de la caja registradora.
"¿Cuánto es?"
"Quinientos wones".
"Mejor cárgate unos diez millones de wones de golpe".
"...Cobraré quinientos wones".
Tomando de nuevo con ambas manos la tarjeta oscura que Cha Se-jin le presentaba, Eun-won procesó el importe exacto del caramelo y le devolvió la tarjeta junto con el tique de compra.
"Es la primera vez que compro algo de quinientos wones en mi vida. Gracias a ti, hoy estoy coleccionando un montón de "primeras veces"".
Desde la instrucción sobre los pagos a plazos y las compras de licores de dudosa procedencia hasta la adquisición de un caramelo de quinientos wones.
Guardando la cartera en el bolsillo, Cha Se-jin recogió el dulce de envoltorio rosado que reposaba sobre el mostrador. Y sin prisa, comenzó a retirar el plástico protector.
Sus grandes manos y su descomunal estatura no compaginaban en absoluto con la delicadeza requerida para despegar un simple envoltorio de caramelo, y sus torpes intentos por quitar el plástico dejaban en evidencia que no estaba acostumbrado a esas tareas. Aunque Eun-won intentó desviar la vista a propósito para no mirarlo, sus ojos terminaron regresando una y otra vez hacia aquel punto.
"......"
Estar allí contemplando a un hombre alto, de manos grandes, que exhalaba un rastro de feromonas intensas y profundas —un aroma que distaba muchísimo de tener relación alguna con los dulces— concentrado con tanta seriedad en abrir la diminuta funda de un caramelo...
Al pensar que la escena de algún modo resultaba hasta tierna, Eun-won sacudió la cabeza con fuerza para espantar semejante idea. Llamar tierno a alguien era algo que solo cuadraba con el gato de esmoquin que solía merodear por los alrededores de la tienda, no con el mazacote de hombre que tenía plantado enfrente.
Justo cuando volvía a agitar la cabeza para dispersar esos pensamientos, oyó el crujido del plástico al terminar de desprenderse. Contemplando el dulce con una expresión de satisfacción, como si hubiera realizado una hazaña descomunal, Cha Se-jin le dedicó una sonrisa a Eun-won. Acto seguido, presionó suavemente con el caramelo de color rosa los labios sellados del chico.
"Pensé que te iba a gustar".
"......"
"Vamos, abre la boca".
Sosteniendo la mirada de Eun-won mientras continuaba presionando con el caramelo la línea de sus labios, Cha Se-jin pateó ligeramente con la punta del zapato la pared inferior del mostrador. Sobresaltado por el ruido, Eun-won abrió ligeramente la boca por pura inercia. Sin dejar escapar la oportunidad, Cha Se-jin introdujo la golosina redonda en el interior de su cavidad bucal, sin soltar en ningún momento el palito de plástico blanco que seguía sosteniendo entre sus dedos.
"......"
"......"
Cha Se-jin movió la mano con extrema lentitud. El palito blanco se adentró un poco más en la boca de Eun-won antes de retroceder. Al observar cómo el mango se acortaba y se alargaba con un ritmo pausado, Cha Se-jin sintió que una oleada de sensaciones se concentraba con fuerza en la parte baja de su abdomen. La estampa que se reflejaba en sus retinas era de un erotismo exasperante.
Cada vez que el objeto redondo y duro se deslizaba hacia adentro y hacia afuera, rozaba la lengua blanda y húmeda del chico. A pesar de no estar tocándolo con sus propias manos, la ligera fricción que se transmitía le provocó un placer tan placentero que estuvo a punto de provocarle una erección espontánea. Mandando el caramelo y todo lo demás al diablo, lo que en verdad deseaba era meterle los dedos en la boca, restregárselos contra la lengua y chupar hasta disolver por completo esa parte suya impregnada de dulzor.
Aun así, disfrutar de aquella situación improvisada le resultaba bastante divertido. Le encantaba ver cómo Eun-won lo felicitaba por un matrimonio sin saber siquiera que la persona con quien iba a casarse era él mismo. Le fascinaba también comprobar que, a pesar de mantener una actitud recelosa, el chico terminaba bajando la guardia sin darse cuenta para responder dócilmente a sus preguntas, y le parecía entrañable que actuara con total naturalidad, ignorando por completo el atractivo que desprendía y lo adorables que resultaban sus acciones.
10
"......"
Absolutamente desconcertado por la repentina acción de Cha Se-jin y sin saber cómo reaccionar, Eun-won tardó un instante en recuperar la compostura y alzó la mano. Al verlo, Cha Se-jin, que seguía frotando la lengua del chico con el caramelo, retiró por fin los dedos. Eun-won se apresuró a sacar el caramelo de su boca. Su cavidad bucal, impregnada de dulzor, quedó vibrando con un intenso aroma y sabor a fresa.
"Ya te di tu regalo, así que me voy. Nos vemos mañana".
"......"
"Y ese deseo de felicidad que me diste... espero que de verdad haya un día en el que pueda devolvértelo".
Con una sonrisa socarrona, Cha Se-jin levantó las bolsas con las compras que reposaban en el suelo y abandonó la tienda de conveniencia. Tragándose la saliva con sabor a fresa que se le había acumulado en la boca, Eun-won desvió la mirada hacia el gran ventanal de cristal del establecimiento. A través del cristal, pudo ver cómo Cha Se-jin arrojaba las bolsas de cualquier manera en el maletero de su auto, se subía al vehículo y se alejaba.
"......"
Fue justo después de quedarse completamente solo cuando sintió que las fuerzas le abandonaban por completo. Dejándose caer abatido sobre la silla, Eun-won exhaló un suspiro larguísimo. No lograba explicarse qué demonios había ocurrido en aquel lapso que, aunque corto, se le había antojado eterno.
...Es un sujeto verdaderamente raro.
No, calificarlo simplemente de "raro" se quedaba corto. Era una mezcla de un pervertido con una categoría completamente nueva de cliente problemático. Una fusión de ambas cosas en su máxima expresión.
Sacudiendo la cabeza, Eun-won se llevó a la boca, casi sin darse cuenta, el caramelo que aún sostenía en la mano. En el preciso instante en que el aroma y el sabor a fresa, que ya empezaban a disiparse, volvieron a invadirle la boca con furia, abrió los ojos de par en par, se quitó el dulce con rapidez y lo arrojó sin pensarlo al bote de basura situado debajo del mostrador.
Bueno, concéntrate, cabeza hueca. ¿Por qué demonios te lo vuelves a meter en la boca...?
Aun sabiendo que ya no tenía nada dentro, le parecía seguir sintiendo en la lengua la fricción del caramelo. Aquel objeto duro y redondo frotándose perezosamente, provocando que se le hiciera agua la boca mientras la sensación dulce y acidita de la fresa se expandía sin freno por su paladar, le dejaba una extraña y desconcertante pesadez en el cuerpo.
Por el amor de Dios, concéntrate... ¿A qué viene estar piense y piense en eso? Como si se tratara de un recuerdo maravilloso.
Dándose un par de palmaditas en las mejillas con ambas manos para espantar los pensamientos, Eun-won respiró hondo. Al inhalar, el aire arrastró consigo aquel rastro pesado y profundo que Cha Se-jin había dejado atrás; una fragancia con un toque imponente pero extrañamente reconfortante. Era un olor completamente ajeno al dulzor dulzón del caramelo. Algo que jamás emanaría de alguien de veinte años como él.
Tampoco es que hubiera conocido antes a un adulto que desprendiera un aroma tan agradable. Al fin y al cabo, no todas las feromonas alfa resultaban placenteras. A pesar de haber tropezado con una gran variedad de personas a lo largo de sus distintos trabajos de medio tiempo, jamás en su vida le había tocado percibir un rastro capaz de cautivar y focalizar los sentidos con semejante intensidad.
Sorprendido al sorprenderse a sí mismo disfrutando de aquel aroma y deseando volver a inhalarlo, Eun-won sacudió la cabeza con brusquedad. Volvió a propinarse un par de palmadas en las mejillas, sacó su teléfono celular y le redactó un mensaje al propietario de la tienda.
Le informó que el costoso licor había sido vendido, que la mitad de los vinos en exhibición habían volado, que un solo cliente había realizado una compra por una cantidad absurda de dinero, y además...
"Ay, no..."
Tendría que haberle advertido que lo reportara a la policía antes de que volviera a presentarse al día siguiente... y se le había pasado por alto.
Aunque en su caso, al tratarse de su último turno, le bastaba con no aparecerse al día siguiente y santas pascuas, pensar que su jefe iba a tener que lidiar al día siguiente con toda la rareza que él acababa de sufrir le arrancó un suspiro resignado. Eun-won se apresuró a añadir un par de líneas más al mensaje dirigido al propietario.
[Jefe, nos ha salido un cliente bastante pesado que suele pasarse por aquí pasadas las diez]
[Le sugiero que también tenga cuidado]
[Ah, y por cierto, creo que sería mejor dejar los caramelos guardados debajo del mostrador por un tiempo]
"¡Bienvenido a casa, Eun-won!"
Apenas se subió al auto que lo aguardaba frente a la tienda de conveniencia y llegó a la residencia familiar en Baekdam-dong, la señora se le acercó con una cálida sonrisa para estrecharle las manos con fuerza. Al contemplar aquel semblante tan radiante y lleno de brillo, Eun-won se quedó embobado por un instante antes de inclinar la cabeza con respeto a modo de saludo.
"De ahora en adelante... se lo ruego, cuide de mí..."
"Claro que sí, tú también cuida de mí. Vamos a llevarnos de lo mejor, de verdad. Al fin y al cabo, ya somos una familia. Me encargaré personalmente de que no vuelvas a pasar malos ratos, así que quítate cualquier preocupación de la cabeza y dedícate a estudiar con tranquilidad, a hacer todo lo que te apetezca y a disfrutar de la vida como te mereces, Eun-won".
El tacto de las manos que le sostenían y acariciaban las suyas era sumamente cálido. Devolviéndole una sonrisa tímida a modo de respuesta, Eun-won alzó la vista hacia el hombre que permanecía de pie junto a su esposa.
"Qué bueno que llegaste. Si alguna vez se te presenta cualquier dificultad, no dudes en hablar. Ahora nos tienes a nosotros. Ya no tienes que seguir pasando penalidades".
"...Sí... Muchas gracias..."
"No hay nada que agradecer. Como ya se nos hizo tarde, ve arriba a descansar un buen rato. Cariño, ¿podrías enseñarle su habitación a Eun-won? Todavía tengo unos asuntos de trabajo que resolver".
Ante las palabras del padre, la señora sonrió y, dándole un par de palmaditas afectuosas en la espalda, guio a Eun-won hacia las escaleras.
"Había pensado en alojarte en la casa de invitados de forma independiente, pero me dio cosa pensar que te ibas a sentir demasiado asustado estando tú solo en un espacio tan grande, así que mandé a preparar una habitación en la segunda planta por el momento. Y te lo aclaro por si acaso: no es la recámara que solía usar Yoon-han. De hecho, mandamos a demoler la otra dependencia donde él se quedaba porque era demasiado doloroso verla".
"...Debió de ser... muy duro para ustedes".
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"Sí, lo fue muchísimo. Y supongo que seguirá siéndolo por el resto de la vida. Aunque bueno, al menos ya no me la paso llorando todos los días. Ay, Dios... perdóname, no era mi intención sacarte este tema tan pesado de la nada".
"No se preocupe... Estoy bien".
"Pero qué chico tan dócil y de buen corazón".
Efectuando un par de caricias más en la espalda de Eun-won, Yeo Hee-jin abrió la puerta de la habitación asignada. Al contemplar el panorama que se extendía al otro lado del umbral, Eun-won se quedó paralizado por el asombro.
La recámara era más amplia que la suma de todas las habitaciones de la casa donde había vivido hasta entonces. En el interior de ese espacio colosal se encontraba una cama enorme, un escritorio y toda clase de mobiliario perfectamente distribuido. Jamás en su vida había presenciado un cuarto de semejantes dimensiones. Era tan grande y lujoso que más que una recámara parecía una vivienda entera.
"Pensé que te gustaría algo que fuera a la vez elegante y acogedor, así que me tomé la libertad de decorarlo yo misma, ¿qué te parece? ¿Te gusta?".
Un edredón de tonos cálidos y una alfombra sumamente suave extendida sobre el suelo le conferían a la estancia una atmósfera extraordinariamente confortable. Tras dar unos pasos hacia adentro para inspeccionar cada rincón, Eun-won respondió a la pregunta de Yeo Hee-jin.
"Sí, me gusta mucho. Le agradezco que se haya tomado tantas molestias... Jamás imaginé que harían algo así por mí".
"No tienes que agradecer nada. Ahora que uno de nuestros hijos se ha venido a vivir a casa, esto es lo mínimo que podemos hacer. Tienes el cuarto de baño tanto aquí dentro como al fondo del pasillo en la segunda planta. Puedes usar el que prefieras porque ambos son totalmente tuyos. Y si llegas a necesitar cualquier otra cosa, avísame sin pena".
"Sí... lo haré".
Soltando una suave risa al ver la obediencia con la que Eun-won asentía, la señora abrió una de las cajoneras, extrajo un juego de ropa de descanso perfectamente doblado y lo depositó sobre el colchón.
"Como no conocía tus gustos, preferí dejarte un par de mudas de estilos sencillos por ahora. Dime, ¿cómo tienes el horario para mañana al salir de la escuela? ¿Qué te parece si vamos a comprar ropa juntos, Eun-won?".
"Ah... Mañana lo tengo bastante bien. Salgo de las clases de la tarde alrededor de las cuatro, ¿le viene bien a esa hora?"
"Perfecto, de todos modos me encargué de despejar toda mi agenda para mañana por si acaso. Así que iremos de compras juntos y, al regresar, los tres cenaremos algo delicioso en familia".
"Sí..."
"¿Estás muy cansado? Anda, descansa como se debe. Que duermas bien y tengas dulces sueños, Eun-won. Gracias a ti, siento que nosotros también vamos a descansar de maravilla esta noche. Ve a descansar".
Tras despedirse de Yeo Hee-jin, quien se marchó repitiendo sus muestras de afecto una y otra vez, Eun-won se quedó observando cómo la puerta se cerraba antes de volver a examinar su entorno. Al no haber estado acostumbrado jamás a habitar un espacio de tal magnitud, se quedó momentáneamente con la mente en blanco, sin saber qué hacer ni por dónde empezar. Permaneció allí plantado unos segundos hasta lograr sacudirse el desconcierto.
Caminando hacia la zona de la cama, Eun-won estiró la mano para palpar la textura suave de la camiseta y el pantalón dejados allí. Francamente, no creía que se hubieran tomado la molestia de prepararle hasta el último detalle, por lo que sintió una punzada de profunda calidez en el pecho.
Había estado sometido a una tensión tremenda durante todo el día ante la perspectiva de instalarse en aquella casa, y ahora que el estrés comenzaba a disiparse, el cansancio acumulado le pasó factura de golpe. Acercándose con sumo cuidado, abrió la puerta del baño integrado en la habitación. Incluso dentro del baño flotaba esa misma fragancia delicada y agradable que caracterizaba al resto del cuarto.
"...Vaya..."
Al asomarse al interior y comprobar que no le pedía nada a cualquier baño de revista —muy lejos de parecer el rincón de una casa común—, examinó la bañera y la cabina de ducha antes de regresar a la carrera hacia la cama para recuperar la ropa limpia.
Al abrir por curiosidad el cajón superior, descubrió ropa interior completamente nueva, perfectamente lavada y doblada con esmero. Sintiendo una ligera punzada de vergüenza, Eun-won cerró el cajón de golpe y prefirió sacar de su propia mochila la ropa interior que él mismo había traído. Su mente comprendía que tendría que habituarse a ese tipo de atenciones tarde o temprano, pero por el momento le resultaba sumamente extraño. Ver que manos ajenas invadían terrenos que siempre había gestionado en absoluta soledad le provocaba un ineludible rechazo.
Tras adentrarse en el baño y dejar los avituallamientos listos, Eun-won se quitó la ropa y cruzó el umbral de la cabina de ducha. Se quedó contemplando la grifería reluciente, que carecía de la más mínima mancha de humedad, y al accionar el monomando sintió cómo un torrente de agua templada se precipitaba sobre su cabeza.
Los restos de tensión que aún se aferraban a sus músculos se disolvieron al contacto con el calor. Esforzándose por aceptar de buen grado aquella temperatura todavía extraña que envolvía su anatomía, Eun-won cerró los ojos.
Tras terminar de asearse, se secó con esmero, aplicó un poco de tónico y loción hidratante de los frascos dispuestos sobre el largo lavabo de mármol y procedió a secarse el cabello. Al enfundarse en aquellas prendas que, aunque un poco holgadas, se sentían extraordinariamente suaves al roce con la piel, y tomar asiento al borde de la cama, experimentó de nuevo la necesidad imperiosa de cerciorarse de que no estaba soñando.
Ya no se trataba de aquella recámara diminuta impregnada de un olor perenne a humedad y encierro. Tampoco escucharía el estruendo de las tuberías retumbando en las paredes cada vez que los vecinos del piso de arriba abrían el grifo, ni temblarían los cristales por los gritos de algún borracho vociferando en la calle o pateando las paredes del edificio.
"......"
Rozando con las yemas de los dedos la superficie del edredón, tan suave como la ropa que llevaba puesta, Eun-won se deslizó con sumo cuidado bajo las sábanas. El colchón era sumamente amplio y confortable. Incluso la ropa de cama despedía esa misma fragancia fresca y limpia. Invadido por una sensación tan acogedora como revitalizante —como si los textiles hubieran sido secados al aire libre bajo los rayos directos del sol y la brisa del cielo—, sintió que la rigidez con la que había mantenido su cuerpo en tensión se desvanecía por completo, obligándolo a abandonarse al descanso.
