Make a landing

 


Make a landing

¡Chirrido...!

Con el áspero sonido de los frenos pisados a destiempo, el coche que avanzaba lentamente resbaló sobre la pista nevada. El torso de Luke, que se inclinaba hacia adelante, fue detenido por una mano que se apoyó firmemente contra su pecho. Al mismo tiempo, la carrocería se detuvo de golpe y quedó inclinada.

—Ha... —exhaló Luke, con la mirada bajando con retraso. La mano blanca que bloqueaba su paso tenía los nudillos marcados debido a la gran fuerza que estaba ejerciendo.

Siguiendo las venas de color azul intenso sobre el dorso de la mano, se asomaba la manga de un suéter azul marino. Ethan, sentado en el asiento del copiloto, miraba fijamente el capó delantero. Hace apenas un momento, cuando lo había mirado de reojo, parecía sumido en sus pensamientos, pero era imposible saber en qué momento había estirado el brazo.

Ethan, examinando la carretera, chasqueó la lengua.

“El camino está mal. Debería haberme dado cuenta antes”.

“¿A que sí? Dilo rápido para que no sea culpa mía”.

“¿Por qué no lo dijiste antes?”.

“Porque pensé que dirías que era una excusa”.

“Si es la verdad, ¿por qué no?”.

La mano que seguía apoyada en su pecho se retiró por fin despacio. Mientras Ethan volvía a examinar el exterior a través de la ventanilla, Luke se frotó suavemente la zona del corazón donde la mano había estado apoyada hasta hacía un segundo. El susto del momento en que el coche había resbalado ya no dejaba rastro; en su lugar, solo quedaba latiendo un ritmo completamente distinto.

“¿Conduzco yo ahora?”.

“¿No deberíamos cambiar de sitio en vez de tener que empujar el coche?”.

“Pisa otra vez”.

El sonido de una rueda girando en falso resonó con fuerza. Escuchando ese sonido con atención, Ethan apoyó un momento la mano en el muslo de Luke y abrió la puerta del copiloto. Los copos de nieve que revoloteaban desde el cielo gris se precipitaron hacia el interior del vehículo.

Por fortuna, no venían coches en ninguna de las dos direcciones. Para ser exactos, desde que habían empezado a bordear el río, ni siquiera se veían personas, y mucho menos automóviles. Lo único que llenaba Trollhättan, cubierta de nieve blanca, era el sonido del agua. Situada a cuarenta minutos de Gotemburgo, la segunda ciudad de Suecia, era una pequeña localidad surcada por el río que bajaba del cercano lago Vänern, un lugar desconocido incluso para Luke.

Tampoco es que este fuera su destino. Simplemente, las prácticas de conducción en la nieve que habían empezado en Gotemburgo los habían llevado hasta allí.

El primer día que Ethan se ofreció a enseñarle a conducir, Luke, mientras desayunaba, se había imaginado de todo durante el parpadeo de un instante.

‘¿A eso lo llamas conducir? ¿A dónde estás mirando ahora? ¡Te acabo de decir que eso no es el freno! Gira el volante con suavidad. Un poco más suave. Piensa en la distancia de frenado. ¿Estás insultando a la conducción ahora mismo?’, y un largo etcétera….

Aunque había llegado a imaginarse el peor de los escenarios, contrariamente a sus preocupaciones, Ethan solía comportarse como un profesor de conducción bastante decente. Aunque no supiera incorporarse y terminara saliendo hacia la autopista, o aunque fuera incapaz de cambiar de carril en la salida donde debía girar y terminara avanzando de frente junto al resto de los coches, él se limitaba a aceptarlo y no decía gran cosa. Le daba curiosidad saber cómo demonios lograba contenerse, pero todavía no se había atrevido a preguntarlo por miedo a revolver un panal de abejas sin necesidad.

Luke también abrió la puerta del asiento del conductor y salió. El coche que se había quedado atascado era un viejo automóvil de diseño cuadrado cuya fábrica estaba en las inmediaciones. Aunque se había quedado mirándolo como hechizado en cuanto lo vio, había creído que el hecho de que Ethan le hubiera pedido que eligiera el coche que quería conducir era una muestra de su amor.

Mientras Luke salía del estrecho asiento del conductor sumido en esos pensamientos, Ethan dio la vuelta por delante del coche y comprobó la rueda delantera del lado del conductor.

Inclinó aún más el torso, probablemente para medir la profundidad de la nieve acumulada. Copos de nieve gruesos y dispersos se adherían a su ropa y a su cabello. Luke, que había salido detrás de él, se quedó mirando el copo de nieve que se posaba sobre su nuca al descubierto y estiró el pulgar para limpiarle la humedad. Ethan no prestó atención a ese gesto y preguntó:

“Este coche... ¿era de tracción trasera?”.

“Si tú lo recuerdas así, será que sí”.

Ante la respuesta tan segura de Luke, Ethan soltó una risita y volvió a enderezarse. En ese corto intervalo, la nevada se había intensificado.

Esta vez fue Ethan quien se montó en el asiento del conductor. Luke, acomodándose torpemente en el de copiloto, volvió a proponer:

“Pruebo a empujar yo”.

“Súbete primero”.

Por supuesto, no era que desconfiara de las habilidades de conducción de Ethan. Aunque en ese momento lo único poco fiable eran las condiciones de la carretera y el tiempo.

Al cerrar la puerta del copiloto, el mundo entero volvió a sumirse en el silencio. La mano de Ethan volvió a alzarse hacia el pecho de Luke. Por poco se echa a reír, pero la seriedad de su expresión hizo que la sonrisa que colgaba de sus labios se desvaneciera. Los latidos del corazón se aceleraron de nuevo. Sin saberlo, Ethan movió los pies con cautela.

El sonido de la rueda girando en falso fue aumentando hasta que un frenazo seco sacudió el coche. En ese instante, cambió de marcha y volvió a pisar el pedal con decisión. Volvió a cambiar de velocidad, dio marcha atrás haciendo que la rueda patinara una vez más, y entonces...

“Cuidado”.

Apenas lo dijo, el coche dio marcha atrás y, aprovechando el impulso, saltó hacia adelante con fuerza. El vehículo, que había pisado la nieve y subido bruscamente por el pequeño talud, comenzó a avanzar. Tan pronto como el coche, que había estado circulando por el campo nevado, regresó a la carretera, la mano que le sujetaba el pecho se cerró con fuerza en un puño.

“Ya está”.

Una expresión de júbilo se volvió hacia Luke. En su rostro brillaba una sonrisa idéntica a la de un niño que acaba de empezar a pedalear en bicicleta. Al encontrarse con aquella mirada, Luke se descubrió sonriendo también, contagiado. Pareciendo caer en la cuenta de repente ante esa sonrisa, Ethan cerró los labios con firmeza y dijo:

“No, lo digo porque ha funcionado, nada más”.

Se justificó a solas. Luke se sintió un poco ofendido.

“Yo no he dicho nada”.

Aunque la verdad es que tenía un poquito de ganas de gastarle una broma. Como si no fuera capaz de señalar un futuro que aún no había ocurrido, Ethan terminó guardando silencio. Aun así, el rastro evidente de felicidad seguía intacto en la comisura de sus ojos.

“Es curioso, la verdad”.

“¿Qué cosa?”.

“Que alguien que gana grandes premios con coches de carreras se ponga tan contento solo por salir de un hoyo de nieve”.

“¿Dónde hay jerarquías para la alegría?”.

“Entonces, ¿te has alegrado tanto como en una victoria de Gran Premio? ¿Como cuando te proclamaste campeón?”.

“Si lo comparas así, por supuesto que pierde un poco”.

“¿Cuánto?”.

En el breve intervalo en el que intercambiaban esa insignificante discusión, la nevada seguía volviéndose más densa. Ethan, que medía en grados el nivel de alegría que le había producido salir del bache de nieve a instancias de Luke, alzó la vista de repente.

“Parece que va a nevar más fuerte”.

“Ya ves”.

Al buscar en el teléfono, la previsión meteorológica había cambiado por completo de ‘nublado’ a ‘nieve’. Y se suponía que los copos seguirían cayendo hasta la mañana siguiente. Con la cantidad de nieve que se acumulaba sin parar en aquel norte de Europa, el espesor iba a ser tremendo, de eso no había duda. Luke sentenció:

“Lo vamos a tener difícil para volver”.

“¿Buscamos un alojamiento?”.

“Lo busco yo”.

“¿Para que se lo encargues a Sarah?”.

“Seguro que Sarah prefiere que se lo encargues a ella antes que a nadie”.

Tan pronto como Luke le envió un mensaje, Sarah respondió de inmediato. Luke le tendió el teléfono a Ethan sin decir palabra. Ethan desvió la mirada hacia allí por pura inercia para comprobar el contenido. Al encontrarse con la mirada de Luke a través de la pantalla, este abrió los ojos de par en par a propósito.

“Tú me dijiste que al conducir hay que mirar solo al frente”.

“Lo he hecho adrede para decirte eso justo ahora”.

“Ya, ya”.

“En fin, Sarah dice que esperemos un poco. Que por aquí no hay absolutamente nada”.

Aquel comentario hizo que Ethan detuviera el coche lentamente en el arcén.

Un todoterreno que parecía ser un vehículo con tracción en las cuatro ruedas, acercándose desde la distancia, pasó lentamente a su lado. Debido a eso, la nieve levantada cubrió brevemente el parabrisas antes de ser limpiada por completo por el limpiaparabrisas. Al ver aquello, Ethan movió un dedo para pulsar la aplicación de reservas de alojamiento en su teléfono.

“Buscaré yo mismo”.

Por suerte, en aquella plataforma mundial que conecta alojamientos privados particulares con huéspedes, aparecían varios lugares disponibles para reservar.

Entre ellos, había una cabaña que parecía estar muy bien cuidada. La casa, situada a la orilla del río en Trollhättan, tenía un tejado puntiagudo de color rojo intenso y, justo enfrente, un enorme árbol de coníferas. El interior también parecía bastante aceptable. Aunque se acercaba más a la sensación de una casa de campo europea acogedora que a un establecimiento hotelero.

Ethan, que revisaba las fotos detalladamente para Luke, le extendió el teléfono hacia un lado.

“Este parece el mejor. ¿Qué tal?”.

“Mjum”.

Tras recibirlo y comprobarlo, Luke dio su visto bueno sin vacilar.

“Es original y está bien. ¿Crees que podremos llegar hasta allí?”.

“Esto no es nada. Pulsa de inmediato para reservar”.

Tras echar un vistazo rápido al mapa y calcular la zona circundante a ojo, Ethan condujo el coche.

El coche, que avanzaba despacio, también cruzó el centro urbano de Trollhättan. La ciudad tenía cierta envergadura. Parece que incluso había una universidad. Observando con atención a la gente que iba y venía con gorros bajados, Ethan encontró un supermercado.

Luke coincidió en que salir de nuevo a cenar iba a ser bastante molesto. Una vez dentro del supermercado, los dos recorrieron los pasillos arrastrando un carrito y cogiendo cosas al azar según les apetecía. Leche, pan de molde, crema de cacahuete, queso, jamón... Como ninguno de los dos frenaba al otro, los productos acumulados parecían no tener fin.

Tras cargar la compra a ambas manos en el asiento trasero, volvieron a arrancar el motor. ¿Cuánto habría pasado desde que salieron de la ciudad? Al acercarse de nuevo a la orilla del río, apareció una casa con un tejado rojo muy llamativo.

Mientras tanto, había entrado un mensaje en la aplicación de alojamiento. Las instrucciones sobre cómo entrar y el funcionamiento de la calefacción eran largas. También mencionaba que la leña para la chimenea estaba en el cobertizo y que debían cogerla ellos mismos. Habría estado preparada si hubieran reservado con antelación, pero debido a lo repentino de la reserva y a la fuerte nevada, el propietario no podía acudir en persona.

Tras aparcar el coche, Ethan entró por la puerta principal con los brazos llenos de leña. El interior tenía una estructura de cocina combinada con sala de estar y un dormitorio al fondo.

Luke encendió el radiador bajo la ventana y comenzó a colocar los alimentos comprados sobre la encimera como si fueran piezas de una exposición. Las provisiones eran tan abundantes que habrían permitido sobrevivir sin problemas durante varios días encerrados.

El interior aún carecía de suficiente calidez. Ethan, buscando algo útil que hacer, vació un montón de leña frente a la chimenea. Apiló la madera de forma hueca para que circulara el aire y encendió una cerilla para arrojarla, pero el fuego no prendía bien. Por suerte, había un soplete en un rincón.

Luke, que ya había terminado de colocar los víveres, se acercó al lado de Ethan, quien forcejeaba con el fuego. Ethan le entregó el soplete colocado dócilmente sobre la palma de la mano abierta. Cuando Luke ajustó algo, las llamas comenzaron a brotar con mucha más fuerza. Ethan, que observaba el perfil de Luke sentado a su lado y dedicado por completo a avivar el fuego, le preguntó:

“¿No tienes hambre?”.

“Un poco”.

Tras responder distraído y un momento después, las llamas crecieron con fuerza al fin. Gracias al fuego parpadeante, el rostro de Luke al volverse parecía teñirse de un tono rojizo.

“Ahora sí que tengo hambre”.

“Me lo imaginaba”.

Tras sentarse en el borde de la cama para tomar un ligero desayuno tardío y haber vagado como almas en pena, aquel era el lugar al que habían llegado. Ethan se acercó con pasos perezosos hacia la encimera y cogió una manzana.

Luke también estiró las rodillas y se puso de pie. Con la idea de cerrar las cortinas, se acercó a la ventana, pero su mirada quedó atrapada por un instante en el lago de aguas oscuras y la incesante nevada. Al final, bajó la mano que había levantado hacia la cortina. Pensó que era poco probable que hubiera algún paparazzi sacando fotos con cámaras fuera en un día así, y el resultado también mezclaba un poco de atrevimiento: si alguien quería mirar, que mirase.

Entre tanto, Ethan se volvió hacia Luke con expresión decidida.

“¿Qué tal un sándwich de manzana y queso brie?”.

“Haz lo que quieras”.

Parecía meter ingredientes sin fin, pero el sándwich terminó escupiendo todo el relleno durante el proceso de cortarlo por la mitad. Al verlo desde el lado, a Luke se le escapó una carcajada ante la estupefacción de Ethan debido al sándwich desparramado por todas partes. Aunque intentó consolarle lo mejor que pudo.

“No pasa nada. Parece una ensalada perfecta. ¿No estabas intentando hacer una ensalada de manzana con brie y trozos de pan de molde? Ay. ¿Por qué pegas? Si me estoy poniendo de tu parte. Ay”.

“¿No piensas cerrar esa boca?”.

“Me lo comeré todo yo”.

“Para qué vas a comer esto habiendo tantas cosas que están bien”.

“De todos modos, esas también... ¡Ay!”.

Para tener una expresión de desconcierto, Ethan tenía la mano pesada. Aun así, Luke tenía muchas ganas de comérselo como su propia porción.

Poco después, un sándwich apretado de cualquier manera vio la luz como segunda obra. Al ofrecer aquel segundo intento que al menos mantenía la forma de un sándwich, Ethan miró fijamente el primero con cara de confusión. El primer intento, convertido en ensalada, parecía mucho más apetecible que aquel segundo bloque aplastado y apretado a la fuerza.

Mientras tanto, Luke se metió con rapidez un trozo de manzana del primer sándwich en la boca. Era un trozo tan grande que hacía pensar cómo demonios se le había ocurrido meterlo dentro del sándwich.

“¿Quieres que los cambiemos?”.

“...No”.

Tras examinarlo un buen rato, Ethan también terminó admitiendo que el aspecto de la ensalada se veía mejor que aquel sándwich aplastado como si hubiera pasado por una plancha.

Los temas que surgieron durante la comida fueron de lo más triviales. El sabor de la leche, cuántos años podría tener aquella casa... Hasta que en un momento dado:

“¿Era George? Ese mánager”.

“Aprende al menos a memorizar los nombres”.

“Como sea. Ese mánager creo que no le caigo bien”.

“No digas tonterías”.

Ethan mintió sin dudar ni un segundo. A Luke tampoco debió de parecerle tan importante.

“¿O Dean? Ese amigo parece que me evita”.

“Eso sí que será verdad”.

“¿Qué le habré hecho yo?”.

“Es verdad. De ahora en adelante queda prohibido acercarse a Dean durante mis partidos”.

“¿Por qué? ¿Ese amigo se siente incómodo?”.

“...No es eso, simplemente pasa”.

Luke atinó con tanta exactitud en el motivo que dejó a Ethan sin palabras por un momento. Con una sonrisa pícara mientras daba un bocado al pan de molde, Luke preguntó:

“¿No hay nada más que me vayas a prohibir?”.

“No”.

“Mentira”.

“Elige. O hay como unas cien cosas, o no hay ninguna”.

“Podría enterarme de las cien esta misma noche”.

Al otro lado de la ventana hacia la que Luke dirigió la mirada, seguía nevando. Gracias al calor que ya se había acumulado en el interior, se formó una fina capa de vaho empañando los cristales. Ethan, que había pensado en correr las cortinas, pospuso la idea al ver los ojos azules de Luke contemplando fijamente el cielo gris. En su lugar, dio un buen bocado al sándwich.

 

 

A pesar de la fuerte nevada, que amenazaba con bloquear los caminos, el trabajo seguía llegando a través de las comunicaciones. Lo mismo le ocurría a Luke, quien se encontraba sentado en el borde de la mesa junto a la ventana, hablando sin cesar sobre negocios. Para ser exactos, se parecía más a un «rechazo constante» que a una «charla de negocios».

“No. Eso no me gusta. Que por qué. He dicho que no me gusta. ¿Acaso hace falta un motivo para que algo no te guste?”.

Desafortunadamente, la voz de Sarah, que exigía escuchar una razón clara de su desagrado, iba subiendo de tono al otro lado del teléfono. Ethan, sentado a la cabecera de la cama mientras escuchaba aquella conversación, bajó la vista por un instante hacia un mensaje de texto. Y luego, con cautela, se puso de pie. Luke exclamó hacia la espalda de Ethan, que se marchaba en silencio:

“¿A dónde vas?”.

Gracias a que ya se dirigía hacia la entrada, Ethan pudo recomponer la expresión antes de volverse hacia Luke.

“Voy a comprobar el coche para ver si podremos salir mañana”.

“Yo creo que ni hablar”.

“Aun así, por si acaso”.

Aunque se había mostrado tenso por un momento, tal vez fuera porque la excusa había colado. Luke asintió dócilmente y volvió a acercar el teléfono a la oreja. Mientras escuchaba a Sarah retomar su tono elevado, Ethan se calzó las zapatillas con calma. Al abrir la puerta, una ráfaga de aire gélido acompañada de copos de nieve se precipitó hacia el interior.

Cruj, cruj. ¿Cuántas veces sonó la nieve compactándose bajo sus pasos? Solo al llegar a la orilla del lago gris, que reflejaba el tono del cielo, Ethan volvió a sacar el teléfono.

El dueño del número, aún desconocido, era el contacto de un abogado que su agencia le había presentado recientemente. Fue una persona a la que pidió que le presentaran tan pronto como se enteró de que los asuntos suyos que Chris revisaba cada vez que tenía tiempo libre ya se habían vuelto tan colosales que no podía seguir pidiéndoselos como un favor. Por supuesto, Chris le había dicho que podía seguir encargándose de ellos, pero le daba vergüenza pedirle semejante cosa al ver las ojeras tan oscuras que tenía bajo los ojos.

El tono de llamada apenas dio un par de destellos antes de que la otra persona respondiera.

-Ethan. No te estaré llamando en un mal momento, ¿verdad?

“No, para nada”.

-Me sabe mal molestar en medio de tus vacaciones, pero ya es hora de ir cerrando esto.

“Claro que sí”.

El contenido del contrato que el abogado desgranaba uno tras otro era, en su mayoría, cosas que Ethan ya conocía. Aunque habría que hacer algunos ajustes específicos, como ya había recibido explicaciones suficientes antes de venir, no había nada de qué preocuparse gravemente.

Casi al final de la charla, el abogado preguntó con tono ligero:

-¿Lo que comentamos el otro día? ¿Lo has pensado?

“Eso es...”.

Un hilo de vaho se escapó junto a la voz de Ethan. Esperando a que respondiera a pesar de la vacilación, el interlocutor añadió:

-Puede que al principio cause rechazo, pero la verdad es que es de lo más común. No es más que una medida de seguridad.

“......”.

-Hablando con franqueza, no me esperaba que aún no hubieran firmado un acuerdo de confidencialidad. De hecho, creí que Luke Lindberg habría sido el primero en proponerlo. Bueno, dentro de lo que cabe, es un alivio. Al fin y al cabo, él también es una persona que tiene mucho que perder.

“¿Eso cree?”.

-¿Quieres que te envíe al menos un borrador?

“Todavía no”.

Incluso sin haber dado su visto bueno de inmediato, el competente abogado de la agencia se adelantó a los pensamientos de Ethan una vez más.

-Total, solo es para que le eches un vistazo. No te agobies. Si no es hoy, creo que yo también estaré ausente unos días.

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“Ah, es verdad, dijiste que te ibas de vacaciones. ¿A dónde vas?”.

-Bueno. ¿Me recomendarías algún sitio?

Aparte de esa conversación, el abogado resultaba ser un compañero de charla bastante agradable. Justo cuando Ethan, que sugería de manera distraída un par de opciones para las vacaciones, empezó a notar el frío en la punta de los pies, el abogado se despidió.

Feliz Año Nuevo. Ethan también devolvió el saludo y colgó. Metió los dedos, congelados hasta ponerse de un rojo vivo, en los bolsillos de su plumas y fijó la mirada distraída sobre la superficie distante del agua. Un acuerdo de confidencialidad. Un acuerdo de confidencialidad...

No era una palabra desconocida. Al fin y al cabo, para participar en el desarrollo de los coches de carreras de Fórmula 1, llevaba firmando cada año contratos plagados de todo tipo de cláusulas de confidencialidad.

Sin embargo, tratándose no de la tecnología o los secretos del desarrollo de un equipo, sino de un acuerdo de confidencialidad exclusivamente para su propia relación amorosa... Al exhalar un suspiro ante una extraña e indescriptible sensación de incomodidad, un vaho blanco se desvaneció en el aire.

Sí. Tal vez en el fondo no fuera para tanto. El abogado que revisaba los contratos de Ethan cuando se conocieron no había parado de repetir ‘unbelievable’ al enterarse de que no existía un acuerdo de confidencialidad con Luke en su relación.

‘Si se lo comentas, todo será más fácil. Supongo que él ya estará más que acostumbrado a firmar ese tipo de contratos. Si te resulta incómodo, ¿quieres que me ponga en contacto con el departamento legal de los Lindberg para coordinarlo?’.

‘No hace falta. Si tengo que hablar de eso, prefiero hacerlo yo mismo en persona’.

El verdadero significado de aquella respuesta improvisada había sido: ‘Si alguna vez tengo que hablar del tema, prefiero hacerlo con mis propias palabras’, pero el abogado lo había entendido de forma ligeramente distinta. ‘¡Ah, perfecto, avísame en cuanto hables con él, Ethan!’, había replicado, y viendo que hoy volvía a preguntar, era evidente que seguía esperándolo.

Por supuesto, sabía que esas cosas existían. ¿Sería el único al que le resultaba tan ajeno? Incluso le había preguntado a Hessen. Tras soltar un par de tonterías, al insinuar de pasada si un acuerdo de confidencialidad con la pareja era algo habitual, Hessen le había respondido con total naturalidad: ‘¿Qué pasa, por fin estás saliendo con alguien?’.

Ante aquel tono tan espontáneo, Ethan no se atrevió a seguir indagando en los detalles. Hessen, tras soltar algunas risitas mientras intentaba rascar información, le aconsejó que él ya lo había usado una vez y que se ofrecía a mostrarle un ejemplo si necesitaba inspiración.

Después, también le había mencionado el tema a George de pasada. George se había mostrado radiante y le dio unas fuertes palmadas en el hombro: ‘Me parece una idea estupenda. Está claro que el otro también tiene mucho que perder, ¡pero ni punto de comparación con nosotros! Ethan, ya es hora de que empieces a valorar lo que vales’.

Exacto. Todo el mundo decía que era lo normal. Si era así, tal vez aquello fuera lo correcto, pero...

Los pasos con los que pretendía regresar se desviaron hacia el lateral de la cabaña al mismo tiempo que recordaba la excusa que había dado justo antes de salir. El coche, aparcado obedientemente, ya acumulaba una capa de nieve encima. Tuk, tuk. Tras golpear la rueda con la bota sin motivo aparente para quitarle la nieve, Ethan volvió a dirigirse hacia la casa.

Al abrir la puerta y entrar, el calor del interior vino acompañado de golpe por el olor a casa ajena. Entre todo aquello, también flotaban la fragancia y el aroma corporal que le resultaban tan familiares. Sin embargo, no había rastro de Luke por ninguna parte.

¿A dónde habrá ido? Mientras miraba a su alrededor, escuchó un tarareo proveniente del cuarto de baño contiguo al dormitorio. Al oír también el sonido del agua, parecía que se estaba duchando. Evaluando el interior que oscurecía por momentos, Ethan encendió una a una las luces indirectas de la sala de estar y el dormitorio, y se sentó en la cama.

Poco después, la puerta del baño se abrió y una vaharada de vapor caliente llegó hasta sus pies. Pis, pis. Se escucharon unos pasos mojados. De pie justo frente a Ethan, Luke se secaba las gotas de agua con una toalla larga que llevaba ceñida flojamente a la cintura. Una gota que se deslizó por sus cabellos rubios y desordenados cayó de golpe sobre el empeine. Ethan preguntó:

“Vaya, qué milagro que te hayas puesto algo encima para salir”.

“Aquí hace un poco de frío”.

“¿Ah, sí?”.

Ahora que lo mencionaba, la verdad es que se sentía un ambiente un tanto fresco. Quizás se debía a que estaba demasiado lejos de la chimenea.

La cabeza de Luke, inclinada mientras terminaba de quitarse la humedad, se ladeó aún más.

“¿Pasa algo?”.

“No”.

“Parece que pasa algo”.

“Cuestiones de trabajo”.

“¿Qué clase de trabajo?”.

“El contrato”.

“Ah. ¿Que ya has echado a Chris?”.

“No lo he echado, lo he dejado marchar. No sabía que se me habían acumulado tantas cosas”.

“A Chris se le veía bastante entretenido”.

“Sí, a costa de restarle años a su propia vida”.

Con razón pensó que se le veía el contorno de los ojos cada vez más oscuro. Ethan negó con la cabeza con desgana, pensando que parecía que todas las personas que orbitaban alrededor de esta industria trabajaban de esa misma manera.

Afortunadamente, al parecer era un tema plausible, ya que Luke no mostró más dudas. Parecía que de verdad hacía algo de frío, porque Luke, con una toalla grande más echada sobre los hombros, se sentó de golpe a su lado. Ethan se echó hacia atrás y miró fijamente la espalda desnuda de Luke.

“Si tienes tanto frío, ponte ropa”.

“Como me la voy a quitar enseguida, no tiene sentido”.

Al cruzarse con su mirada, cuyos ojos se entrecerraron y volvieron a abrir con un guiño disimulado, Ethan respondió dócilmente.

“Eso es verdad”.

Al asentir con total naturalidad, la cabeza de Luke volvió a ladearse una vez más. Ethan curvó los labios con una sonrisa burlona y tiró de la nuca de Luke para acercarlo. El rostro que se dejó arrastrar dócilmente se acercó y sus labios se entrelazaron. Estaban blandos y cálidos, debían de haber estado en contacto con el agua caliente hace poco.

Mientras abría los labios, Ethan pensó. Si lo pensaba bien, ¿había sido por entonces? Aquel día en que Sarah se había presentado con algo y se había marchado tal cual tras recibir un portazo. Dejando a un lado la lista de tareas que se había quitado de en medio de esa manera, ¿por qué no había vuelto a sacar el tema del acuerdo de confidencialidad?

Mientras le daba vueltas al asunto, Ethan se encogió, sobresaltado por el picor en la punta de la lengua. Entonces pudo ver con total claridad el iris azul intenso que se había acercado ante sus ojos. Los labios se separaron lentamente y los ojos de Luke se estrecharon.

“¿En qué estás pensando mientras te besas conmigo?”.

“En que tengo que ir a ducharme”.

“Mentira”.

“Es verdad”.

Apropiándose de una sonrisa en los labios y sin apartar la mirada, Ethan se levantó despacio. Se estiró largamente y se quitó de un solo movimiento el suéter que llevaba puesto. Arrojó la ropa descuidadamente junto a la cabecera de la cama y, desabrochando la hebilla del pantalón, se marchó. Sintiendo que la mirada de Luke lo seguía desde atrás, Ethan le señaló con un dedo.

“No entres a medias”.

“¿De verdad?”.

“De verdad”.

El rostro que le dedicó una sonrisa encantadora a modo de respuesta desapareció tras cerrarse la puerta del cuarto de baño. Ethan, que terminó de despojarse de la ropa, entró en la ducha.

Al girar el grifo, el agua caliente cayó de golpe, mojándole el cuerpo desde la coronilla. ¿Cuánto tiempo habría estado de pie así? Por lo general, los pequeños pensamientos solían disiparse durante la ducha, pero hoy no parecía surtir mucho efecto.

Ethan, que se aplicó el champú de forma mecánica mientras se lavaba el pelo, pensó. ¿Lo saco a relucir? Lo del acuerdo de confidencialidad.

No, no para proponer hacer esa maldita cosa, sino por qué no lo habían hecho. ¿No sería la respuesta que yo esperaba la correcta? Movió las manos siguiendo la espuma que resbalaba. Mientras frotaba su cuerpo con una esponja empapada en jabón.

¿Habría tenido una sensación similar a la mía? Si nos descubren, yo también tengo mucho que perder. Sí, pensándolo bien, era Ethan quien andaba con pies de pluma por miedo a que lo descubrieran. Por eso tal vez había confiado en él.

¿Le resultaría también molesto a Luke ese acuerdo? Aunque todo el mundo decía que para él un contrato así no era nada. Aun así...

Llevando la mano hacia atrás para frotarse la zona lumbar, Ethan movió los dedos sin pensarlo y se detuvo de repente. Maldita sea. Retiró los dedos con los que había estado explorando y apretando el interior, cerró el puño y, en un arrebato, golpeó la mampara de la ducha. Se oyó un ruido estruendoso, un golpe seco, pero gracias a que había aflojado la fuerza en el último segundo, el cristal no se rompió.

Estiró la mano adolorida y volvió a abrir el agua. Los pasos apresurados que venían de fuera se escucharon más fuertes que el sonido del agua al caer. Tras un sonido ruidoso y caótico de los tiradores al intentar abrir el pomo de la puerta cerrada con llave, se oyó la voz de Luke.

“¿Qué ha sido ese ruido?”.

“No es nada”.

“¡Cómo que no es nada!”.

“Solo... me he caído un momento”.

“¡¿Qué?!”

Esta vez la puerta empezó a traquetear como si fuera a salirse del quicio. Ethan se quitó los restos de espuma y volvió a gritar con urgencia.

“¡Casi me caigo y me he agarrado a eso! ¡¿Vas a dejar esa puerta en paz o qué?!”

La puerta se calmó por fin. Solo después de que Luke se alejara tras hacer un par de preguntas más pudo tranquilizarse de verdad. Para entonces, la espuma del jabón llevaba ya mucho tiempo lavada por el agua que seguía cayendo sin parar.

—Ha...

A veces, al ver las acciones que realizaba de manera inconsciente, se daba cuenta de que los años pasados junto a Luke se le habían metido bastante en los huesos. No es que eso le disgustara, pero cada vez que se encontraba cara a cara con su propia inconsciencia de una forma tan imprevista, solía sentir una extraña sensación de ajenidad. Bueno, aunque tampoco era como si no fuera a hacerlo...

Sí, hoy sería mejor dejarlo bien claro. No podía seguir dejándose arrastrar por Luke y perder el control de la situación para siempre. Hoy, a modo de servicio y para recuperar las riendas con firmeza.

Así que, para lograrlo... un poco más...

...

¿Sería porque había estado recibiendo el agua caliente durante demasiado tiempo? Le dio un mareo repentino. Sí, seguro que era por eso. Ethan, apoyado contra la pared, alzó ligeramente la barbilla. Tras mirar fijamente la esquina del techo, volvió a deslizar la mano hacia abajo.

Poco después, tras secarse a grandes rasgos el agua que goteaba de su cuerpo, Ethan abrió la puerta del baño. Luke estaba apostado justo en frente de la puerta como una roca. Vio cómo las pupilas dilatadas se reducían de golpe al enfocarlo. A pesar de eso, Ethan habló con fingida naturalidad.

“¿Qué haces de pie ahí?”.

“Me había asustado pensando que te había pasado algo”.

“Ya te he dicho que no era nada”.

Y, con esa excusa, se dirigió primero hacia la cama, pero Luke, que lo seguía de cerca, le arrebató el brazo de repente. Era la mano con la que, hacía apenas un momento y sin darse cuenta, había golpeado la mampara de la ducha. A diferencia de su piel acalorada por el calor, la mirada de Luke reflejó un brillo de asombro al ver la carne enrojecida e hinchada.

“Dijiste que solo te habías agarrado”.

“Me he golpeado”.

“¿No será otra vez eso? Como la otra vez que no pudiste contener el genio”.

“No”.

Al hablar mientras clavaba deliberadamente sus ojos azules en los suyos, la cabeza de Luke, que lo miraba fijamente, se inclinó despacio. Levantando su mano con los nudillos ligeramente inflamados, los besó suavemente con los labios mientras esbozaba una ligera sonrisa.

“Últimamente se te da bastante mejor mentir”.

“Gracias a quién he aprendido”.

“¿De verdad?”.

Plop. Plop. Los labios que se posaron sobre los nudillos ascendieron por el dorso de la mano, la muñeca y el brazo. Los labios de Luke, que se acercaron un paso más, rozaron de repente la zona del hombro cubierta por la toalla. Cuando sus labios tocaron el borde de la mandíbula, la mano de Ethan lo empujó para apartarlo. Luke, desplazado hacia atrás, dio dos pasos tambaleándose y se dejó caer de golpe en el borde de la cama. Ethan terminó de empujar sus hombros, ahora más bajos, para tumbarlo.

“Tú, acuéstate”.

“Ajá”.

“Como es debido”.

Para cumplir con el deseo de abrazar el cuerpo que se acercaba, los brazos de Luke se abrieron de forma reflejada por esas palabras. Sobre el cuerpo de Luke, que se había estirado por completo apoyándose en la cama, se derramó suavemente la luz de baja intensidad. La sombra proyectada bajo sus piernas flexionadas, la toalla ceñida con holgura a la cintura, los pectorales marcados y el cuello estirado con elegancia.

Ethan, que lo observaba con detenimiento, apoyó la mano y acarició con suavidad la zona de la rodilla que había quedado al descubierto. En fin, lo único que tiene bonito es...

En ese momento, al bajar su propia mirada, descubrió el pene erguido que levantaba la tela de la toalla y no pudo evitar soltar una risita ahogada. Al acariciar la zona abultada fingiendo que le tocaba el muslo, se podía notar bajo la tela algo duro que latía con calor. Cuando comenzó a rodear y acariciar lentamente el cuerpo del pene, los ojos de Luke se entrecerraron levemente.

“No me molestes”.

“¿Molestar?”.

“Estás molestando ahora mismo”.

Las comisuras de sus labios, que decaían como si aquello fuera una injusticia, resultaban detestables.

Supongo que el mayor problema lo tengo yo, que sabiendo eso, termino cediendo a lo que quiere. Pensando así, la yema del dedo de Ethan se deslizó por debajo de la toalla. Al acariciar suavemente con la palma de la mano el glande hinchado de un tono rojizo oscuro, flotó en el aire un aroma corporal húmedo y penetrante.

Bajó aún más la mano para moverla. Debajo de las venas abultadas de forma irregular, bajó hasta la raíz donde rozaba el vello púbico escaso y volvió a moverse. Con cada movimiento de ida y vuelta de su mano, el pene erecto dejaba caer un líquido transparente. Untó con él la palma de su mano y volvió a moverse. El sonido húmedo comenzó a intensificarse.

La toalla desordenada alrededor de su cintura no era más que un estímulo visual. La retiró, acarició la zona de la cadera y agitó con más fuerza la mano que aferraba su pene. La cabeza de Luke, que exhalaba gemidos, se ladeó torpemente sobre las sábanas.

“Ha... Oye, ¿has hecho algo mal hoy?”.

“¿Yo?”.

“Si no, por qué este servicio tan bueno”.

“Hay días así”.

Ethan se arrodilló y se montó a horcajadas sobre los muslos de Luke. Luego extendió la mano izquierda hacia abajo. Se tocó su propio pene, que ya estaba erecto, y dejó escapar un gemido sincero.

“Ah...”.

Mirando de frente los ojos azules de Luke, exhaló largamente el aliento que se le iba acumulando. El desnivel de su caja torácica al subir y bajar tumbado se hizo aún más pronunciado. Ante la mano que se estiraba hacia él, Ethan frunció el ceño.

“Te dije que te estuvieras quieto”.

Aferró con fuerza el pene de Luke. Luke, que había fruncido y arrugado el ojo izquierdo, terminó por...

“Ha...”.

Con un suspiro, dejó caer su mano lacio sobre la sábana. En cambio, las miradas seguidas entre ambos seguían siendo las mismas. Muerdiéndose levemente el labio inferior, Ethan movió ambas manos. La suya propia y también la de Luke. Por un momento, el sonido de la respiración de ambos se alternó para llenar la habitación.

“Tsk”.

Como no estaba conteniéndose a propósito, el orgasmo llegó rápido. En lugar de limpiar y secar el semen que escurría del glande que tenía aprisionado en el puño, Ethan estiró la mano hacia atrás. Al enderezar la cintura, Luke miró fijamente los músculos abdominales tensos y murmuró:

“Solo lo frotaré contra la parte baja del abdomen”.

“Ha...”.

“¿Sí...?”.

Sus ojos con la mirada fija parecían capaces de atravesarlo todo, pero su voz sonaba tan suplicante. Cuando Ethan lo miró fijamente, las pestañas ensombrecidas revolotearon siguiendo la mirada baja.

Ethan aplicó fuerza en las rodillas para acercar aún más su cuerpo. Al acortar la distancia y bajar el cuerpo, sus dedos izquierdos volvieron a hurgar en su parte trasera. Por fin, el pene de Luke rozó y se frotó contra su vientre. Tras unos cuantos roces en los que el líquido expulsado con retorcimientos humedecía de manera uniforme la parte baja del abdomen...

“ahhh...”.

El cuerpo de Luke se tensó y el semen brotó a borbotones. El líquido blanquecino que resbalaba por su abdomen esbelto se acumuló superficialmente en su ombligo. Con un estremecimiento en la cadera como si raspara esa zona, Luke apretó los puños con fuerza. Las sábanas atrapadas en sus manos se estiraron con tanta intensidad que parecía que iban a romperse.

“¿Cuándo vas a metérmelo?”.

“Espera un momento...”.

“Date prisa...”.

Apenas había enderezado la cintura y bajado un poco el tren inferior que se resistía con fuerza, cuando Ethan tragó saliva por el contacto de aquella punta roma. Haán... Ha. Mientras exhalaba respiraciones profundas capaces de quemar, una temperatura abrasadora se frotaba contra su parte baja con una textura tersa.

Bajó la cintura un momento, pero al resultarle insoportable la sensación de apertura, volvió a levantar el tren inferior. Al ver aquello, la barbilla de Luke se alzó con tensión. Sin embargo, se las arregló milagrosamente para no mover la cintura. En su lugar, aplicó tanta fuerza en la parte baja del abdomen, cerca de las caderas, que las venas abultadas se marcaban con nitidez. Acariciando esa zona como para calmarlo, Ethan volvió a bajar el cuerpo.

“ahh... Ugh, ugh...”.

“Mjum...”.

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Bajaba lentamente y volvía a subir de forma superficial. Rompiendo las paredes internas que se sentían ásperas por mucho que estuvieran húmedas, el calor comenzó a acumularse gradualmente.

Aunque la sensación de sentir el interior completamente lleno resultaba molesta, gracias a la costumbre..., justo cuando pensaba eso, el puente de la nariz de Ethan se arrugó con fuerza. Tocando a tientas la mano de su amante que se apoyaba contra su pecho, Luke preguntó:

“¿Te pasa algo incómodo?”.

“No es nada, fuu...”.

Aplicó fuerza en las rodillas para levantar el tren inferior y volver a dejarse caer golpeándolo. Con un leve suspiro de asombro, Luke frunció un ojo. Sus labios, que empezaban a adquirir un tono violáceo, murmuraron:

“Oye, no habremos muerto en la carretera con nieve, ¿verdad?”.

“¿Qué?”.

“Pensé que había llegado al cielo...”.

“Vaya tela”.

En el momento en que se detuvo estupefacto, el impulso de la cintura que se mecía hizo que su cuerpo se alzara y bajara bruscamente. Ante el pene que penetró hondo, Ethan se estremeció de cuerpo entero, y Luke, tumbado debajo, también se puso tan rígido que los músculos del cuello se le marcaron al límite. No obstante, las comisuras de sus labios curvadas en una sonrisa seguían allí. Ethan, presionando su abdomen firme, levantó la cabeza.

“ugh...”.

El ritmo de levantar las caderas y volver a bajarlas se aceleró gradualmente. El movimiento de la cintura hacía que la respiración se acelerara y la caja torácica de Luke subiera y bajara, algo que se podía ver con total claridad a simple vista. También las gotas de sudor húmedas en sus sienes marcadas por las venas. Ha. Ha... Así es como se siente esto. Era la primera vez. Aunque ya había estado arriba antes, nunca se había lanzado a hacerlo con tanta intensidad y propósito.

El rostro de Ethan, empapado de una débil sensación de victoria y placer, volvió a distorsionarse. La causa era que el pene, introducido de manera oblicua y a la fuerza, se movía en su interior presionando el punto exacto de máximo placer. ¡Huerk...! Exhalando el aliento, el codo izquierdo de Ethan cedió. Apoyando la palma de la mano en el pecho de Luke para enderezar el torso, Ethan movió las nalgas ampliamente de arriba abajo. El pene, que salía por completo para volver a rasgar y entrar, empezó a resultarle cada vez más difícil de soportar. Sobre todo, cada vez que se retorcía en su interior.

Al final, incapaz de aguantar más, urgió a Luke:

“Quédate... quieto de una vez”.

“Aunque... siento que me voy a morir, estoy quieto”.

“Lo de dentro también”.

“Ah. Eso es...”.

El rostro de Luke, que sonreía pícaramente con algunas zonas enrojecidas, tenía una expresión tan inocente como la de un niño.

“Es que hay cosas que no puedo controlar”.

“ugh”.

Los dedos que le acariciaban cerca de la barbilla se deslizaron de repente dentro de su boca. Ethan, que lo miró con el ceño levemente fruncido, los mordisqueó despacio con los incisivos. Hasta aquí. Pensaba llegar solo hasta este punto.

Luke, que captó esa señal con la destreza de un fantasma, le acarició la línea de la mandíbula con un tacto infinitamente suave y hurgó superficialmente en su boca con el pulgar. A continuación, delineó el contorno de la comisura de sus labios con el dedo húmedo y le preguntó:

“¿No estás... cansado?”.

“Decías que parecía el cielo”.

“Parecer parece el cielo, pero... fuu... Siento que se me va a reventar ahí abajo”.

“Pues córrete. Hsuut”.

“¿No puedo moverme un poquito?”.

“Quédate quieto...”.

“¿Hmm?”.

Para escuchar el pequeño susurro, el torso, que se había incorporado ligeramente, se acercó. Luke, abrazándolo como para rodear su cintura que se curvaba con flexibilidad, cambió de postura. Se sentía de forma exagerada y clara cómo el pene, que se retorcía, penetraba y cruzaba el límite interior.

“¡Huk…!”.

Con la cintura tambaleándose y encorvado, el cuerpo de Ethan se estremeció con pequeños espasmos. Por un momento, su campo de visión se hizo añicos como si fueran destellos blancos. Al segundo siguiente, el pecho de Luke, al que se aferraba, estaba muchísimo más cerca. Con la clavícula justo enfrente y la mejilla apoyada contra ella, Ethan logró por fin enderezar la cintura.

Por suerte, Luke aún no se había desbocado. En su lugar, se entregó dócilmente al cuerpo de Ethan, que le rodeaba el cuello con los brazos. Sus grandes manos acariciaban suavemente su espalda y la parte superior de los glúteos. Aquellas palmas cálidas subían y bajaban, apaciguando la piel de gallina que le había brotado.

Fuu, exhaló Luke con suavidad, apartando con su aliento los cabellos de la oreja de Ethan. Chup, y tras presionar sus labios contra el lóbulo, susurró:

“¿Lo hago yo ahora?”.

“……”.

“¿Hmm?”.

Chup. Chup. Los labios, que recorrieron el lóbulo de la oreja hasta la zona de los pómulos, se posaron con un aire mimoso sobre el puente de la nariz de Ethan. Ante la sensación de sus labios que mordisqueaban su labio inferior con cuidado, pidiendo permiso, los brazos de Ethan descendieron. Buscó sus brazos, tensos y abultados por la fuerza, y entrelazó los dedos con los suyos. Al menos quería mantener esas manos bajo su propio dominio.

Leyendo esa intención a la perfección, Luke se dejó atrapar y, reclinando ligeramente el torso para que Ethan se apoyara cómodo en su pecho, dio una estocada hacia arriba con la cadera. ¡Huk…!, y con un sonido similar escapándose, Ethan tensó los muslos que le rodeaban la cintura con holgura. Enterró la nariz en el hombro que se mecía y respiró hondo.

El placer que estallaba desde las entrañas donde era penetrado, la sensación del pene frotándose contra su abdomen firme, y las manos unidas con los dedos entrelazados. Sentía que todo su cuerpo estaba enredado y prisionero.

“¡ugh, ah. ugh, ah…!”.

“¡ugh, maldición…!”.

Maldita sea. Eso le gustaba de forma enloquecedora.

“Ah. ugh, ah…. Mírate”.

“ah. Ha…”.

Luke, que había echado la barbilla hacia atrás sumido en el placer, se inclinó ante la llamada. Aun así, el impulso de su cadera hizo que el contorno de los ojos de Ethan se contrajera en un tic.

Consiguieron cruzar las miradas por fin. Los ojos de Luke, ardiendo en un azul intenso, se concentraban de manera directa solo en él. La forma en que se contraían los músculos alrededor de sus finas cejas, el enrojecimiento de su mirada y el contorno de sus labios exhalando un aliento cálido. Cuando le agarró la mejilla tanteando, los ojos de Luke se curvaron en un gesto de debilidad.

“¿Por qué?”.

“Na, da…”.

Sí. Este aspecto le pegaba mucho más. Mucho más que esa cara de andar preocupado por los fosos de los pits o esa expresión de estar pálido y ido, sin saber qué hacer.

Soltando una risita comprensiva, Luke volvió a alzar la cadera con fuerza. El placer, como si fuera a partirlo por dentro, hizo que las manos de Ethan resbalaran. Luke, volviendo a atrapar esas manos entrelazadas, le susurró:

“Otra vez. ugh… Solo miras mi cara”.

“Eso, no es… ugh…”.

“De verdad, ¿es que solo te gusta mi cara…?”.

Mientras intentaba adoptar un aire lastimero y absurdo para recibir el cuerpo que se inclinaba y se echaba sobre él, las manos con los dedos entrelazados presionaron las de Ethan. Con el cuerpo hundiéndose aún más a medida que se inclinaba, la parte baja de su cuerpo se fue acoplando de forma profunda. Al notar que estaba a punto de entrar por completo hasta la raíz, Ethan soltó un gemido agudo.

“No, sigas, hasta ahí”.

“Si ya entra todo”.

“Estás loco…”.

Cuanto más se inclinaba el torso de Luke, el cuerpo que se estremecía solo terminaba siendo abrazado y presionado hacia abajo. Ah… huán…. La voz de Ethan se ahogó aún más.

Como si considerara un desperdicio incluso ese aliento, sus labios se volvieron a unir. Todo el aire que salía mientras le perforaba los glúteos, que temblaban sin control, era devorado por completo dentro de sus labios húmedos.

“Ah… ha, ah…. ugh, ugh. ugh”.

Ya ni sabía en qué momento le habían sujetado la cintura con tanta fuerza. Al segundo siguiente, Ethan se encontraba atrapado en un abrazo tan intenso que parecía que iba a aplastarle el cuerpo, respirando con dificultad. Las pulsaciones del pene eyaculando en su interior se sentían con total nitidez en el fondo de su vientre. Cada vez que la sensación de sus estocadas revolvía sus adentros como un remolino, el campo de visión se le ponía blanco.

A través de su vista difusa, se podía ver el ceño fruncido y concentrado de Luke. Ethan, que logró besar brevemente la punta de su barbilla —ahora tensa por apretar los dientes—, tanteó las manos que rodeaban su cintura. Volvió a entrelazar los dedos con fuerza para aferrarse a él.

* * *

El hecho de que los ojos de Luke, que dormía profundamente, se movieran con inquietud se debió a que resonó un ruido sordo. En su campo de visión, al levantar los pesados párpados para volver a cerrarlos de inmediato, apareció la ventana del frente, que no había alcanzado a cubrir con las cortinas.

El cielo revelado a través de las cortinas abiertas de par en par estaba claro. Todavía no había aclarado por completo, pero parecía justo antes del amanecer.

Definitivamente se había escuchado un ruido. Pero qué más daba, el pensamiento de dejarse llevar y volver a recostarse se agitó de nuevo al ver el rostro cansado de Ethan, que dormía apoyado sobre su brazo izquierdo extendido.

Sí, seguro que no pasaba nada. Era absurdo que alguien hubiera avanzado hasta allí abriéndose paso entre toda esa nieve. Aunque los paparazis solían cometer locuras verdaderamente absurdas de vez en cuando. Aunque era una nieve como para que hasta ellos acabaran sepultados por completo.

Al final, Luke retiró con cuidado el brazo que servía de almohada a la cabeza de Ethan. Fue una labor que requirió bastante tiempo. Gracias a que se movió conteniendo hasta la respiración, Ethan dejó escapar un largo respiro por un momento, pero no se despertó.

Tras contemplar ese rostro por un instante, Luke salió de la cama y se acercó sigilosamente a la ventana situada frente al lecho.

Fuera, en la claridad, no se veía nada. En el lago congelado y cubierto de nieve de trecho en trecho había agujeros negros dispersos, y aunque el árbol frente a la ventana era gigantesco, no tenía el grosor suficiente como para que una persona se ocultara en él. Sobre todo, no se veía ni una sola huella.

Mientras Luke examinaba el exterior durante un buen rato apoyando la mejilla en el cristal frío, una masa de nieve se precipitó de repente frente a sus ojos. Al levantar la vista buscando el punto de origen...

“Ah”.

Al parecer, la nieve acumulada en el tejado inclinado no había soportado el peso y se había desprendido. Aun así, por si acaso, volvió a comprobar el manto de nieve blanca una última vez antes de retroceder.

Kiiik....

Un sector flojo del suelo de madera fue pisado de lleno por un talón descuidado. Luke se encogió de hombros y se dio la vuelta. Ethan, con los ojos todavía pesados por el sueño, incorporó un poco el torso y preguntó:

“¿Pasa algo?”.

“No. Es que el tiempo se ha despejado”.

“Menos mal...”.

Murmurando esas palabras, volvió a sumergirse bajo las mantas. Al ver que la espalda desnuda que había quedado al descubierto subía y bajaba con suavidad, Luke regresó a la cama.

Lo mejor sería dejarlo dormir. Con lo mucho que le costaba mantenerse despierto y lo agobiado que lo había tenido la noche anterior.

Pero.

En verdad esa era su intención. La mano que se estiró por voluntad propia rozó disimuladamente la suave piel de su espalda. Su espalda, calentita y radiante debido al sueño profundo, se sentía tersa. La estructura ósea marcada bajo su piel suave era simplemente magnífica.

Al abrazar por la espalda su cuerpo exhausto, este se acopló con docilidad en sus brazos. Mordisqueando con los labios el lóbulo blando de su oreja, Luke le recorrió la cintura con la palma de la mano. Deslizó la mano ampliamente por la zona cóncava del costado y se coló entre el cuerpo y el colchón.

La piel húmeda se deslizaba bajo su mano sin mostrar la menor señal de tensión. Acarició lentamente su delgado vientre con la palma. Al frotar despacio su parte baja contra las nalgas que revelaban su carnosidad, su pene se puso firme en un instante.

Chup. Chup. Aunque inclinara los labios y se pegara a su espalda con aire mimoso, Ethan no decía nada. Esto equivalía prácticamente a una autorización. Al empujar el pene hacia el interior suave, ahora blando por haber sido castigado a fondo el día anterior...

“Ha...”.

Los ojos, fruncidos primero y abiertos después, lo miraron de reojo por un instante, pero eso fue todo. Luke bajó el cuerpo de manera pausada y se adentró en el interior de Ethan. Poco después, al juguetear con la parte baja de su abdomen que ahora se curvaba de forma larga y abultada a diferencia de antes, la nuca hundida en la almohada se estremeció brevemente. Sin embargo, ni siquiera emitió un murmullo; se entregó por completo con el cuerpo.

Acariciando con suavidad el vientre bajo, donde parecía percibirse su latido, Luke hundió profundamente el rostro en el aroma corporal de Ethan. Los días de antaño, cuando mantenía la guardia en extremo, se sentían como una vida pasada lejana. Sobre todo, cada vez que se entregaba a él de un modo tan absoluto.

“Cariño, ¿puedo moverme un poco más?”.

“……”.

“¿Hmm?”.

La mirada de Ethan, que se giró de golpe, mostraba un atisbo de filo, aunque atenuado. Pero Ethan hoy también le seguía el juego. Aquella mirada suya, capaz de volverse infinitamente firme, se curvaba levemente; se contraía un momento por la incomodidad de no poder evitarlo, y enseguida se relajaba con suavidad, como rindiéndose a la resignación. Cada vez que eso ocurría, Luke se sumía en una sensación de plenitud, como si vagara a su antojo por una llanura blanca y nevada donde nadie más había podido poner un pie.

“...Haz lo que quieras”.

Era un murmullo, pero una aprobación en toda regla. Luke disfrutó al máximo de cómo la emoción que crecía de forma paulatina en su interior se intensificaba aún más. Aplicando fuerza en las rodillas, apoyó las manos en el colchón justo al lado del costado de Ethan para erguir el torso. Al penetrar y desgarrar el interior reblandecido con un pene firme, los glúteos presionados se mecían. Fijó los huesos de las muñecas con firmeza para inmovilizar su cadera. Al entrar y salir el pene de un rojo oscuro, las nalgas se aplastaban todavía más y los gemidos adoloridos se difuminaban confusamente. Mordisqueando la nuca con suavidad, Luke le susurró:

“Haz que escuche tu voz”.

“……”.

“Ha... Con lo bien que se siente así”.

Con la intención de incitarlo sutilmente, aplicó fuerza en la cadera y presionó con golpes secos. Ah. Qué bien. Al gemido que Luke soltaba sin reparos se le mezclaban los suyos, reprimidos y ahogados en un ¡hsuut, ugh...!.

“Se siente... tan bien”.

“Ha... ugh...”.

Kii-ik. El quejido del colchón se coló entre los gemidos de dolor. La cama endeble que se mecía le molestaba un poco al principio, pero una vez que encontró el ritmo, le pareció bastante agradable. Kii-ik. Kik. Al parecer tranquilizado por ese sonido, el gemido de Ethan se elevó aún más.

“Ah... ugh...”.

“Fuu...”.

“¡Ugh... ugh...!”.

La cadera que se mecía abajo se puso rígida y los glúteos temblaron con fuerza. Incapaz de soportar la sensación de opresión que lo apretaba con fuerza, Luke también eyaculó. Al presionar el vientre bajo mientras se retorcía, un gemido ahogado de ¡hsuup...! brotó con más intensidad.

Ah. Qué bien. Al murmurar con aire mimoso mientras hundía el rostro entre su cuello y su hombro, el rostro de Ethan se volvió hacia Luke. En el estrecho resquicio entre ambos, unos ojos negrísimos miraban fijamente a Luke.

Eran unos ojos difusos, completamente empapados de placer. Al ofrecerle los labios, Ethan los mordió como si se los entregara y luego los cosquilleó con la lengua. Compartiendo la respiración a través de besos superficiales, ambos cuerpos se hundieron pesadamente. Ah. Luke gimió ante el interior que seguía succionándolo y apretándolo sin parar. El aliento cálido volvió a mezclarse entre los dos.

 

 

 

Tras disputar el segundo asalto, Ethan y Luke volvieron a enredarse y se durmieron, despertándose solo cuando el sol ya estaba en lo más alto del cielo. Si la luz del sol, que se había alargado al no haber corrido las cortinas, no se hubiera detenido junto a la cabecera de la cama, quizás ambos se habrían pasado el día entero holgazaneando.

Ethan calculó el tiempo y movió las manos de un lado a otro. Por suerte, el teléfono estaba en la mesita de noche. Abrió la aplicación y prorrogó la reserva del alojamiento. Afortunadamente, como parecía que hoy tampoco había otros huéspedes, la aceptación fue inmediata.

“Bien. Entonces...”.

Ya que se había prorrogado la reserva... y había comida de sobra.

¿Hacía falta levantarse? Mientras pensaba en ello con el cuerpo exhausto y lacio, se lo anunció a Luke, que justo en ese momento salía del cuarto de baño.

“Ya he prolongado la reserva”.

“Creo que aunque no la hubieras prolongado, no habría venido nadie”.

“Aun así”.

“¿Descansamos un rato más antes de ponernos en marcha?”.

“¿Crees que los coches podrán circular?”.

“Un momento”.

Luke se acercó a grandes zancadas hacia la puerta de entrada, vistiendo apenas una bata de estar por casa. Era una actitud que desmentía por completo sus palabras de la noche anterior sobre el frío que hacía.

A diferencia del día anterior, la puerta no se abrió con facilidad.

“¿Mh?”.

Tras inclinar la cabeza un instante, Luke empujó la puerta con un poco más de fuerza. Como eso no bastó, tuvo que usar las dos manos y abrirla apartando a empujones la nieve acumulada. Tras calcular la altura de la capa de nieve, Luke se volvió hacia Ethan.

“Con toda esta nieve, ¿crees que se puede conducir?”.

Ethan, que se había girado sin pensar, respondió:

“Con este panorama, hasta los Grandes Premios se cancelan”.

“¿A que sí?”.

“Si tienes tantas ganas, ponte a despejarla”.

“Hm. No. Con esto hay que llamar a alguien”.

Ethan pareció pensarlo un momento antes de asentir. De todos modos, parecía que solo se podía salir una vez que las máquinas quitanieves avanzaran un poco con el trabajo. Temblando de arriba abajo con todo su corpulento cuerpo, Luke cerró la puerta de un golpe seco.

Por suerte, el interior se mantenía templado gracias a la estufa que había estado encendida toda la noche. Luke tarareó una melodía mientras se acercaba a la zona de la cocina. Abrió la nevera y, al verla repleta, exclamó admirado:

“Ya te dije que había hecho la compra ayer pensando en todo”.

“Ya”.

Clac. Clac. Mermelada, crema de cacahuete, leche y el pan que se había guardado a temperatura ambiente fueron desfilando sobre la mesa junto a la ventana. Entre tanto, Ethan reunió fuerzas en su pesado cuerpo y entró en el baño.

Cuando salió de asearse, vio que Luke ya había lavado la fruta y la había dejado en un plato sobre la mesa. Tras echar un vistazo disimulado al plato repleto de gotas de agua, Ethan cogió una manzana y la frotó enérgicamente contra su propia camiseta. Al ver eso, Luke retiró el agua del cuenco de fruta y volvió a acercarse.

Dos rebanadas de pan de molde descansaban sobre la palma de su gran mano. Mucha mantequilla y un montón de jamón curado. Sal y pimienta. Ethan se dio cuenta de que los sándwiches que preparaba Luke eran exactamente de su gusto. Y tal como imaginaba, el primer sándwich terminado fue depositado con delicadeza frente a Ethan.

Ethan lo miró fijamente. Su cabello rubio ligeramente aplastado y una expresión notablemente más relajada. La luz se filtraba por la ventana situada al lado de la mesa. Una claridad aún más deslumbrante que la nieve que había cubierto el mundo entero.

Esta vez, el pan de molde se cubrió primero de una generosa capa de mermelada. Era el estilo favorito de Luke. Y luego crema de cacahuete, queso y todo lo demás.

Era una estampa agradable. De forma impulsiva, Ethan dejó escapar un pensamiento que le vino a la cabeza de repente.

“Cuando yo me retire en el futuro...”.

La mano que seguía untando mermelada en el pan al compás de su tarareo se detuvo en seco. Al encontrarse con sus ojos muy abiertos, Ethan sirvió la leche en silencio.

“Tú también retírate”.

“……”.

“¿Te enteras?”.

“¿A qué viene eso de repente?”.

“Es injusto. Si solo tengo tiempo libre yo, qué sentido tiene. Si vamos a estar ociosos, estemos los dos”.

Por algún motivo, en el último instante al soltar esas palabras, sintió que las mejillas le ardían y terminó adoptando un tono brusco. Ethan se mordió levemente el labio inferior, levantó el cartón de leche y volvió a servir más en el vaso.

¿Cuánto tiempo pasó mirando fijamente solo el vaso, como si la altura de la leche servida le importara más que nada en el mundo?

“Pues si tú lo dices”.

No era un tono burlón como el que había esperado. Tampoco un tono solemne. Era simplemente una voz natural y sencilla, perfecta para aquel preciso instante. La mirada de Ethan se dirigió en silencio hacia el otro lado de la mesa. La expresión de Luke, que estaba a punto de levantar uno de los vasos con leche, se volvió súbita y extrañamente seria.

“Pero, oye, si nos retiramos los dos, ¿de qué vamos a vivir?”.

“Nos sobra para vivir de sobra”.

“Pero piénsalo, Ethan. Cuando nos retiremos tendremos que construir una casa para vivir juntos, y como tendremos mucho tiempo, viajaremos un montón. Haremos hobbies. Compraremos caballos. Hay demasiadas cosas que hacer”.

“Exactamente, ¿qué clase de casa piensas construir para que nos preocupe de qué vamos a vivir?”.

“Escúchame. Primero, imagina nuestro propio parque temático...”.

“Otra vez con el parque temático. ¿No habíamos quedado en que eso era historia pasada?”.

“Yo quiero dejar de dibujar planos, pero como tú sigues empeñado en ser campeón, la historia no hace más que alargarse”.

“No, no es eso... Da igual. Sigue”.

Como de todas formas no tenía nada mejor que hacer, hasta le apetecía escuchar hasta dónde pensaba llegar. Cuando Ethan asintió, el relato de Luke fue ganando terreno poco a poco.

“Al lado de la pista pondremos una sección para que los niños puedan disfrutar junto a sus padres. Una atracción gigante con forma de coche...”.

Al oírle hablar, Ethan recordó de repente. Todos los innumerables acontecimientos que habían desfilado hasta este preciso instante, desde aquel chico que había sufrido un accidente de coche y aquel Luke incapaz de apartar el pie del freno, hasta verle ahora explayarse tan entusiasmado sobre un parque temático de coches.

Y también sobre su propio cambio. Sobre el motivo por el cual él mismo —que antes solo tenía como meta ganar y avanzar a toda velocidad— había empezado, por primera vez, a pensar en el final.

“¿Me estás escuchando?”.

“Sí. Sigue”.

“La sala de los campeones tendrá secciones diferenciadas por años. El primer año dará una sensación más minimalista, y a partir del segundo...”.

Por supuesto, eso no significaba que fuera a dejarlo ahora mismo, pero aun así, si algún día llegaba el momento... Sí, solo se había permitido imaginar aquel día en el que se detendrían de forma natural.

Sí. Aunque fuera así.

Fin