Extra 2. El príncipe con cero votos

 


Extra 2. El príncipe con cero votos

“Malditos bastardos… Siguen ladrando…”

Yu-han miraba fijamente la pantalla del teléfono mientras rechinaba los dientes.

Acababa de salir de la ducha tras una intensa sesión de dos horas de entrenamiento en el gimnasio de su casa. Con el ánimo bastante despejado, mientras se vestía y se secaba el cabello, le vino a la cabeza la idea de «¿Seguirán todavía?», encendió el teléfono y se llevó una desagradable sorpresa.

Con esa cara, se veía venir que era un imbécil.

Se las daba de malote y me chuleaban con eso de la vibra decadente y el estilo rebelde, nunca lo entendí. dcc

Los fans de este tipo solo le inflan el ego por la dicción, k. Actúa como el orto, k.

Por fin dejaremos de verlo. Al hoyo, adiós.

Había una cantidad incontable de artículos y videos de gente dispuesta a resumir las polémicas de Woo Yu-han, y la sección de comentarios era prácticamente un desfile de insultos de ese estilo.

Habían pasado tres años desde que Yu-han debutó en la industria del entretenimiento. Había alcanzado la cima con una rapidez pasmosa, sin llegar a experimentar siquiera lo que podría considerarse un periodo de anonimato.

Tanto como tenía una legión de fans, también había muchos que lo miraban con recelo, y fue entonces cuando Yu-han cometió un tropiezo.

[¿El acto de insubordinación de Woo Yu-han al agredir a Jeon Hae-seok, un sunbae al que debería respetar?]

[La verdadera cara de un Woo Yu-han que convirtió el set de filmación en un caos]

La mala relación entre Yu-han y Hae-seok no se había zanjado en aquella reunión de bebidas organizada por Do-yeol tres años atrás.

A medida que su nombre ganaba valor en el mercado, Yu-han había sido fichado para la película de un director muy conocido, y resultó que uno de los coprotagonistas era precisamente Hae-seok.

Por supuesto que Yu-han no quería trabajar con Hae-seok, pero la agencia lo presionó diciendo que no podían dejar escapar a semejante director, argumentando que, al tratarse de un realizador que combinaba a la perfección el favor del público y el prestigio artístico, debía aprovechar la oportunidad para consolidarse con firmeza como actor de primera línea en ese preciso momento.

Al final, Yu-han firmó el contrato y se reencontró con Hae-seok después de tres años.

Hae-seok, por supuesto, también lo detestaba. Ya había estado a punto de llegar a las manos con Yu-han en el pasado, y no le hacía ninguna gracia ver que un junior, con una diferencia de años de experiencia abismal, ya estuviera alcanzando su mismo nivel.

Hae-seok comenzó a buscarle pleito desde las reuniones previas con pequeñas pullas y, tan pronto como arrancó el rodaje, pasó descaradamente al acoso.

Buscaba sacarlo de quicio criticando que su actuación era tan mediocre que arruinaba la inmersión, encargándole recados insignificantes o soltando comentarios denigrantes fingiendo hablar con otros, pero asegurándose de que Yu-han los escuchara con claridad.

Al final, Yu-han explotó y le propinó un puñetazo a Hae-seok.

Aun así, conservando un mínimo de raciocinio, había contenido gran parte de su fuerza al golpear, pero Hae-seok armó un escándalo monumental diciendo que se moría y llamó a una ambulancia. Luego se metió al hospital con un diagnóstico de tres semanas de baja médica, a pesar de que no se había roto nada ni le había salido una sola gota de sangre.

La noticia se esparció como la pólvora y, ese mismo día, los artículos salieron a la luz, provocando que Yu-han fuera crucificado y enterrado a insultos.

Hae-seok se dio el lujo de fingir ser el bueno declarando que, por tratarse de un compañero de profesión y un junior, no presentaría denuncias ni demandas, pero añadió que «hacía falta un sunbae que le pusiera los puntos sobre las íes», echando más leña al fuego de la opinión pública que criticaba a Yu-han.

Aunque la agencia lo había obligado a redactar una carta de disculpa, la reacción del público fue gélida.

Seguro se la escribió la agencia. Woo Yu-han jamás podría escribir un texto tan largo.

Jajaja, la verdad. En lugar de hacer crecer tus músculos, rellena ese cerebro hueco, Yu-han.

Todo aquello había ocurrido la semana pasada. Yu-han había confiado en que el revuelo se calmaría con el paso del tiempo, pero, desgraciadamente, no había surgido ningún otro suceso capaz de eclipsar su controversia, por lo que seguía recibiendo insultos como si fuera un estofado al que le sacan el jugo a fuego lento.

Entre la voluntad propia y la ajena, Yu-han se encontraba en un periodo de autorreflexión y, de manera natural, comenzó a barajar la idea de retirarse.

Aunque había ganado muchísimo dinero con rapidez —lo que le había permitido comprar el departamento donde vivía con Ji-in y adquirir un buen auto—, la suma no era lo suficientemente cuantiosa como para que ambos pudieran vivir holgadamente sin trabajar el resto de su vida, por lo que tampoco podía permitirse decir a la ligera: «¡Que os jodan a todos, imbéciles, lo dejo por lo asqueroso que es esto!».

Para aliviar el peso de aquella situación actual que le provocaba suspiros con solo pensarlo, Yu-han masculló una retahíla de improperios y comenzó a caminar con paso desolado por el pasillo de su apartamento con vistas al río Han.

“Ji-in.”

Yu-han se detuvo frente a una de las puertas, tocó con los nudillos y la abrió.

Aquel lugar era el estudio y despacho personal de Ji-in. En uno de los rincones de aquel amplio espacio provisto de paneles de aislamiento acústico en todas las paredes se encontraba el dueño de la habitación.

Ji-in llevaba unos auriculares del tamaño de su propia cara y estaba tan enfrascado en una partida de gosotop por internet que ni siquiera se percató de que Yu-han había entrado.

“¿De verdad no piensas verlo?”

Intentó hablarle por si acaso, pero no obtuvo ninguna respuesta.

Independientemente de si se debía a que tenía la música muy alta o a que la habitación estaba silenciosa, a través de los auriculares de Ji-in solo se filtraba el sonido alegre de un ritmo de trot que resonaba con fuerza.

Al comprobar que la tajante negativa de Ji-in de no verlo jamás era totalmente sincera, Yu-han cerró la puerta. Se dirigió solo a la sala y encendió el televisor.

«De una dulce ilusión a un amor apasionado… ¡El romance de doce jóvenes que despertarán sus células sentimentales!»

El programa que se emitiría diez minutos después, y que era la obra tan esperada que por fin conseguiría arrancarle una sonrisa a Yu-han, era ni más ni menos que el programa de citas en el que había participado Ji-in.

A partir de su cuarto año de la carrera, Ji-in se había incorporado a una pequeña compañía teatral fundada por Min-kwon y los veteranos, trabajando allí como actor y miembro del equipo técnico.

Sin embargo, al tratarse de una compañía sumamente modesta, no generaba ningún tipo de ganancias. De hecho, terminaban poniendo dinero de su propio bolsillo. Aunque Ji-in contaba con el respaldo de Yu-han, entre sus compañeros de la compañía había casos con situaciones verdaderamente difíciles, al punto de tener que alimentarse con rollos de kimbap de tienda de conveniencia o pasar días enteros sin probar bocado.

Yu-han le había repetido hasta la saciedad que, como él ganaba mucho dinero, no tenía necesidad de preocuparse por eso y podía dedicarse a hacer las obras de teatro que quisiera con total libertad, pero al parecer Ji-in no lograba estar tranquilo. A pesar de haberse graduado el año pasado, seguía sin percibir ingresos y la situación de la compañía teatral no hacía más que ensombrecerse, por lo que Ji-in tomó una drástica decisión.

Se propuso dar a conocer su rostro cuajara como cuajara y dar el salto a la actuación televisiva.

“Vaya, ¿qué es esto? Parece un idol.”

“Tiene pinta de ser alguien muy joven.”

En la escena en la que aparecía Ji-in, los panelistas del programa se inclinaron hacia adelante, agitándose y armando un gran alboroto. Como tratándose de un programa de telerrealidad con participantes anónimos, exagerar los halagos para darles bombo era una regla no escrita del formato.

Por su parte, Yu-han se quedó contemplando a Ji-in con una expresión de embelesamiento absoluto.

Era la primera vez que veía a Ji-in en televisión, y a los ojos de Yu-han su amado se veía rematadamente tierno y apuesto, como si el mundo se hubiera detenido a cámara lenta y llevara puesto un filtro de ensueño. Le resultaba fascinante que, tras más de tres años de relación, todavía fuera capaz de sentir semejante flechazo.

“¿No se habrán enamorado todos de Seo Ji-in? Malditos bastardos…”

Llevado por un exceso de afecto, Yu-han se inventó competidores que ni siquiera existían y dejó escapar un fugaz destello de hostilidad.

“Mucho gusto. Me llamo Seo Ji-in.”

Apareció la escena de la entrevista personal de Ji-in. Como en el primer episodio todavía no se revelaban ni las edades ni las ocupaciones, Ji-in se limitó a mencionar de forma breve cuáles eran su tipo ideal y su estilo en el amor.

“Mi tipo ideal… me gustaría que fuera alguien con quien pueda conversar con fluidez. Como me gusta mucho el teatro, sería ideal si además pudiéramos charlar sobre obras… Ah, en cuanto al físico… me gustan los ojos alargados horizontalmente y sin párpado doble. Y si es alto, mejor. No me importa incluso si es más alto que yo… En cuanto a mi experiencia amorosa, solo he tenido una relación. Duró unos tres años.”

“¡¿Qué…?! ¡Mentira!”

“¿Tiene sentido que con esa cara solo haya tenido una?”

Cuando Ji-in reveló su experiencia en el amor, los panelistas reaccionaron con incredulidad, como si les resultara imposible de creer.

Para Yu-han, escuchar aquellas referencias indirectas a su propia historia resultaba sencillamente divertido. Le parecía tierno que Ji-in señalara sus propios rasgos como su tipo ideal, y como el propio Yu-han le había dictado los parámetros —diciéndole que dijera que habían salido tres años y que habían roto hacía poco—, no había nada que le resultara chirriante.

“Como soy bastante tímido y no tengo un carácter muy lanzado… supongo que por eso fue así.”

«¡Claro, si espiabas cuando me desnudaba, me levantabas la toalla y hacías mil diabluras!»

Yu-han sonreía de oreja a oreja mientras le hablaba a la pantalla como si Ji-in estuviera allí presente.

Pensar que podía considerarse tímido o poco lanzado cuando había tenido la osadía de demostrarle lo mucho que le gustaba le parecía casi irónico.

Por supuesto que en aquel entonces aquello era motivo para querer matarlo a insultos, pero ahora se había convertido en un recuerdo que solo le arrancaba carcajadas, por lo que Yu-han disfrutó de la emisión televisiva con un gusto que hacía tiempo no sentía.

“Por otro lado, eso demuestra que no anda con cualquiera por ahí. ¿No le irá de maravilla a la chica que sea su novia?”

“Totalmente. Demuestra que no se cree gran cosa a pesar de su cara bonita.”

Los panelistas cubrieron el asunto intentando presentar a Ji-in bajo la mejor luz posible.

A continuación aparecieron los demás participantes, pero a Yu-han no le interesaba lo más mínimo ninguno de ellos; de hecho, las apariciones de Ji-in eran sumamente escasas. Yu-han se limitaba a buscar los breves instantes en los que Ji-in cruzaba fugazmente por el encuadre o aparecía de refilón en una esquina para consumir el resto de su tiempo en pantalla.

“¿Por qué se pone así con las manos?”

Al percatarse de que Ji-in era incapaz de soltar los nervios, Yu-han soltó una carcajada.

Al igual que en su primera aparición, durante la dinámica en la que los participantes se reunían a charlar, Ji-in mantenía los puños apretados y no paraba de moverse con inquietud, sin saber qué hacer con su cuerpo. Parecía como si sobre la cabeza de Ji-in flotara un letrero invisible que rezaba: «Quiero irme a casa, la incomodidad me está matando».

Yu-han, aunque sentía lástima al ver a Ji-in con los músculos de la cara completamente rígidos, no podía evitar sonreír cada vez que captaba sus torpes movimientos. Al ver lo nervioso que estaba Ji-in en momentos en los que no había nada de qué reirse, Yu-han se palmoteaba los muslos de la risa.

“¡Yo se lo llevo!”

Aun así, Ji-in se esforzaba al máximo. Les cargaba el equipaje a las participantes y les llevaba mantas para que se sentaran, mostrando la mejor educación que le era posible.

“Prohibido. Yo paso.”

“Ah, este…”

“Es que tengo unas piernas preciosas y quiero enseñarlas.”

Sin embargo, no todas acogieron de buen grado la amabilidad de Ji-in. Una de las participantes, llamada Hye-yeon, rechazó la manta que él le había ofrecido con un comentario de lo más descarado.

Era una chica de carácter directo y osado; de hecho, cuando estuvo a punto de tropezar en las escaleras mientras cargaba el equipaje, se le había escapado un improperio que la producción tuvo que censurar con un pitido.

“La cara de Seo Ji-in.”

Hasta aquello le hizo gracia a Yu-han. En el instante en que Ji-in ponía los ojos grandes y redondos a girar de un lado a otro mientras examinaba de reojo la reacción de Hye-yeon, parecía que se le estuvieran leyendo los pensamientos en la frente.

‘¿Se nota a leguas que es una cría y no tiene educación, no? ¿Será porque no sabe cuántos años tengo? Aun así, hay que mantener los modales básicos como persona… ¿Es que acaso es una criatura que no conoce el país de la estricta cortesía oriental?’

Seguramente pensaría algo parecido, frustrado por la cruda realidad de no poder reprenderla en voz alta.

“Yo elegí a Hye-yeon.”

Pero lo irónico fue que, en la votación de primera impresión, Ji-in terminó eligiendo a Hye-yeon.

“Me parece que tiene las ideas muy claras y es una mujer imponentemente genial. Me gustaría conocerla más.”

“¿Acaso no era para corregirle los malos modales?”

Yu-han ladeó la cabeza.

Hae-yeon no parecía tener el más mínimo interés en el arte como para ponerse a charlar sobre obras de teatro, tenía los párpados dobles muy marcados y era bajita. No cumplía con ni uno solo de los requisitos del tipo ideal que Ji-in había mencionado antes.

Desde el punto de vista de Yu-han, a Ji-in le gustaban las personas amables y atentas con él, tal como lo era Baek Min-kwon, por lo que su elección de decantarse por Hye-yeon le resultaba todavía más incomprensible.

“Ji-in parece… un principito. Con la cara tan blanca…”

“¿Una especie de principito tierno?”

“Es adorable. Me dan ganas de cuidarlo.”

Así fue como las participantes definieron su primera impresión de Ji-in.

Y entonces se revelaron los resultados de las votaciones de Ji-in…

Seo Ji-in 0 votos

Yu-han soltó una fuerte carcajada. Al ver a Ji-in, que ya de por sí estaba tenso y que, con el añadido del desaliento, se encogía de hombros hasta hacerse cada vez más pequeño, a Yu-han se le escaparon las lágrimas de la risa.

Probablemente se rió con tanta fuerza que le dolió el abdomen, siendo quizá la carcajada más sonora en lo que iba de año.

Si le llamaron principito y no rey, es por algo: da la impresión de que no le ven como un hombre.

Moviéndose así de tieso, no tiene ningún atractivo.

Ese tipo tampoco parece tener alma, tiene toda la pinta de aspirante a influencer.

Curioso por saber cómo lo había visto el resto de la gente, Yu-han buscó las reacciones en internet.

Aunque había quienes miraban a Ji-in con malos ojos, no eran tantos. Los comentarios negativos se contaban con los dedos de una mano, los justos para que Yu-han pudiera entretenerse dándoles a «no me gusta» uno por uno.

A mí me gustó Ji-in, es tierno y trabajador.

Aunque Hye-yeon le corta el rollo, él sigue siendo amable. El chico es un buenazo.

Me mata de risa que use un tono formal tan estricto con esa cara. No tiene ni una pizca de imponencia y se toma todo demasiado en serio, es tierno.

¿No es de los que le aceleran el corazón a los otakus de Ji-in?

Sí, total. Si se hubiera metido en el mundillo de los ídolos, tendría un montón de frikis detrás.

Tampoco exageres, no te pases.

La mayoría de la gente parecía ver a Ji-in con buenos ojos. Como su tiempo en pantalla era de por sí escaso y el público estaba demasiado ocupado comentando sobre los demás participantes encasillados en el rol de protagonistas o de villanos, nadie le prestaba demasiada atención.

Yu-han pensó que, para ser una primera aparición, el resultado no estaba nada mal. Con paso ligero, se dirigió al estudio de Ji-in.

Ji-in seguía jugando al gosotop en internet exactamente en la misma postura que dos horas atrás.

“Oye, príncipe de cero votos.”

Yu-han le quitó los auriculares y lo abrazó por la espalda.

“¿Lo viste todo? ¿Qué tal?”

Aunque estaba ocupado bregando con Yu-han, que había aparecido de la nada para mimarlo, Ji-in no pudo evitar sentir curiosidad por las opiniones sobre el programa.

“¿Sabías que estabas jodidamente tierno? Así, con las manitos apretadas.”

Yu-han apretó los puños y los movió con torpeza para imitar al Ji-in que había visto en la pantalla.

“¡Aaaah…!”

Muerto de vergüenza, Ji-in se cubrió la cara con las manos. Los recuerdos del rodaje acudieron de golpe a su mente. Con solo pensar que su nerviosismo había quedado tan evidente ante los ojos de los demás, sentía unas ganas locas de patear las sábanas de frustración.

Soltando una carcajada sonora, Yu-han le apartó las manos con suavidad.

“Te digo que te veías tierno. Las reacciones en internet son buenas. Dicen que eres un buen chico y que eres adorable.”

“¿Busqué en internet?”

Ji-in preguntó esto último deshecho el rictus de preocupación que tenía un segundo antes.

“Te dije que no lo hicieras…”

Lo miró con el ceño fruncido y una expresión de inquietud.

Como los internautas seguían divirtiéndose insultando y ridiculizando a Yu-han en la red, a Ji-in le aterraba la idea de que, al ponerse a buscar las reacciones sobre su propia persona, Yu-han terminara topándose con algo que lo hiriera sin necesidad.

Encontrando tan adorable aquella actitud, Yu-han le dio besitos sucesivos en la punta de la nariz, en la frente, en las mejillas y en los labios.

“¿Tienes hambre? Vamos a ese sitio que tanto te gusta.”

Sabiendo que Ji-in no había probado bocado en todo el día por culpa de los nervios, Yu-han lo tomó de la mano y lo hizo levantarse.

“¿A dónde?”

“A comer estofado de morcilla.”

“¡Me encanta! Pero salir… como que no da. Mejor pedimos a domicilio.”

“Sabe mucho mejor si se come allá.”

“Es que… Acabo de salir en la tele hace nada, por si alguien me reconoce.”

“¿Tan rápido?”

Yu-han soltó una risita burlona, pero comprendía perfectamente que Ji-in lo hacía por consideración hacia él. Le preocupaba que, si salían a la calle, alguien pudiera reconocer a Yu-han y decirle cosas desagradables.

A Yu-han le daba igual, pero pensándolo mejor, sabía que si Ji-in escuchaba algo así estando a su lado, se pondría tristísimo.

Al final, Yu-han sacó el teléfono y pidió el estofado por delivery.

“Ya está pedido. Eso sí, nos lo vamos a comer en la terraza.”

“Perfecto, voy sacando el hornillo portátil.”

Ji-in salió de la habitación dándose golpecitos en la cintura para aliviar la rigidez.

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Para ser honestos, Ji-in se arrepentía de haber participado en el programa de citas. Sentía que se la había pasado tenso todo el tiempo y que solo había dado una imagen ridícula, y como en realidad no albergaba ninguna intención genuina de encontrar pareja, temía que su fachada quedara expuesta ante todo el mundo.

Se preguntaba por qué demonios se había metido allí y deseaba con toda el alma poder retroceder el tiempo.

Sin embargo, en cuanto pasó la hora de la primera emisión, una extraña sensación de resignación comenzó a calmar sus ánimos. Era el peso de la realidad: el agua ya se había derramado y de nada servía arrepentirse.

Y, sobre todo, saber que a Yu-han le había parecido bien le aportaba una gran tranquilidad. Aunque sabía de sobra que él mismo no lo había visto con sus propios ojos y que Yu-han llevaba puestas las gafas del amor, lo que le impedía ser del todo objetivo.

Quizás porque él también llevaba puestas las gafas del amor, pero el simple hecho de que Yu-han dijera que no pasaba nada hacía que a Ji-in le pareciera que, de verdad, todo iba a salir bien.

“Vaya, Ji-in. Mira el cielo.”

“Es el clima perfecto para comer estofado de morcilla.”

Dicho esto, Yu-han y Ji-in salieron a la terraza cargando el hornillo, los platos y los boles. Limpiando y preparando la mesa del patio que llevaban tiempo sin usar, ambos comenzaron a conversar con dulzura.

“Oye, ¿por qué elegiste a Hye-yeon?”

“Eso… es secreto.”

“¿Por qué? ¿Acaso la vas a elegir también al final?”

“Prohibido hacer spoilers. Firmé un contrato de confidencialidad.”

“¿Hasta conmigo?”

“Por supuesto.”

“Qué descaro… ¿Acaso somos unos extraños?”

“Hay que saber separar lo personal de lo profesional, Yu-han. Te falta ética laboral.”

“Vaya…”

* * *

Cinco semanas después, Ji-in y Yu-han estaban sentados uno al lado del otro en el sofá de la sala y encendieron la televisión.

El programa de citas de doce episodios ya había llegado a su mitad. Aunque Ji-in seguía tenso, ya se había acostumbrado lo suficiente como para poder ver la transmisión en vivo sentado junto a Yu-han. Ambos veían el programa con un tazón de palomitas de maíz caramelizadas en el centro.

“Ah, pi…”

Era la escena en la que Ji-in y Hye-yeon estaban cocinando. Hye-yeon, que preparaba curry, soltó de repente un improperio, por lo que se escuchó un pitido de censura.

“Nuestra Pi-hye-yeon.”

“Hoy también va sin filtros.”

Los panelistas del estudio comentaron en tono de broma.

«Pi-hye-yeon» se había convertido en el apodo de Hye-yeon porque el sonido del pitido aparecía con demasiada frecuencia cada vez que hablaba.

“Ah, pi…”

“Yo no he hecho nada.”

“No, oppa, no te hablo a ti. No le puse zanahoria.”

“Ah…”

Lo divertido era la reacción de Ji-in. Creyendo que Hye-yeon le estaba insultando a él, se había puesto a la defensiva por reflejo.

—¿Por qué pensó que el insulto iba dirigido a usted?

“Una persona con la que salí antes tenía un vocabulario un poco áspero. Me salió sin darme cuenta… Jaja…”

En su entrevista personal, Ji-in se explicó con una sonrisa algo cohibida.

“Con razón Ji-in se siente atraído por Hye-yeon.”

“¿Porque quiere volver a una relación donde lo insulten?”

“¿Cómo se llama ese término?”

“¿Síndrome de Estocolmo?”

“¿Masoquismo?”

“Ay, Dios mío, pobrecito Ji-in.”

Entre carcajadas y muestras de compasión, los panelistas analizaron a Ji-in con comentarios que parecían una broma pero sonaban muy reales.

Ji-in, que veía esta escena desde su casa en ese momento, se limitó a sonreír tomándoselo con buen humor.

“¿Cuándo te he insultado yo a ti?”

Yu-han era el único que no se reía. Mientras murmuraba por lo bajo ‘Joder, qué sabrán estos’, vio sonreír a Ji-in y le lanzó la pregunta.

“Lo haces a menudo.”

“No, insulto a la situación. A ti directamente no te lo digo.”

“Para el que lo escucha, es lo mismo.”

Ji-in restó importancia al asunto y volvió a girar la cabeza hacia la televisión.

Aunque Ji-in creía de verdad que vivía soportando los insultos de Yu-han, la verdad es que eso le daba igual. En su momento había querido corregir sus horribles hábitos lingüísticos, pero ahora cualquier palabra grosera que saliera de la boca de Yu-han le parecía tierna.

Como no tenía forma de saber esto, Yu-han tragó saliva para ahogar una maldición que estaba a punto de escapársele de los labios.

“¡Lo estás haciendo muy genial! Está delicioso, Hye-yeon.”

Terminada su propia parte de la cocina, Ji-in se quedó al lado de Hye-yeon ayudándola, animándola y elogiándola con entusiasmo. Incluso la miraba con ternura cada vez que a Hye-yeon se le escapaba un insulto censurado con un pitido.

“¿Hay que ver algo tan adorable en la forma en que insulta?”

“De verdad que lo suyo es Estocolmo…”

“No, bueno, lo de Estocolmo es broma, ¿pero no creen que los sentimientos de Ji-in son sinceros? Aunque Saebom le pida una cita, él solo elige a Hye-yeon.”

Tal como decían los panelistas, cada vez que surgía la oportunidad de tener una cita, Ji-in buscaba a Hye-yeon sin dudarlo. El siguiente segmento mostraba precisamente la escena en la que la había elegido para irse de cita. Como habían grabado en verano, todos llevaban ropa ligera, y al entrar en un recinto con el aire acondicionado muy fuerte, Hye-yeon empezó a pasar frío.

“Sabía que pasaría esto, por eso traje un cárdigan.”

“Oh, el oppa Ji-in tiene mucha sensibilidad.”

“Dame tu bolso.”

Tras ponerle el cárdigan a Hye-yeon, Ji-in incluso le cargó el bolso.

Ante semejante despliegue de modales perfectos, los panelistas no escatimaron en elogios.

Sin embargo, Yu-han empezó a sentirse cada vez más extraño. Por supuesto, sabía que era producto de la manipulación de la edición, pero parecía que Ji-in de verdad estaba coladísimo por Hye-yeon.

Había ido a ver las obras de teatro de Ji-in en varias ocasiones y lo había observado desde la primera fila haciendo escenas de pareja con contacto físico incluido. En aquel entonces no le había importado en absoluto, pero ahora no entendía por qué le molestaba tanto.

‘¿Será porque el teatro es actuación, pero esto es una situación real?’

Aun sabiendo que había participantes que fingían estar ilusionados solo para volverse famosos, y sabiendo que Ji-in también pertenecía a ese grupo, le molestaba precisamente porque no actuaban bajo un guion establecido. Tratándose de una situación donde los sentimientos reales podían mezclarse en cualquier momento, cualquier mirada o gesto de Ji-in ponía de los nervios a Yu-han.

“Tómate esto para refrescar el aliento.”

“¿Otra vez pastillas para la garganta? Pareces un abuelo de verdad.”

Después de comer, cuando Ji-in le ofreció una pastilla, Hye-yeon respondió con una sonrisa burlona.

Los panelistas soltaron suspiros de indignación, compadeciéndose de Ji-in por pensar que se había sentido herido y reprendiendo la actitud de Hye-yeon. Señalaban que, durante la cita, Hye-yeon había tenido varios comentarios y gestos de menosprecio hacia Ji-in, y que lo de las pastillas había sido la gota que derramaba el vaso.

“¡Es una edición malísima! ¡Ella no me habló con esa grosería…!”

Ji-in le reclamó a la televisión con el dedo índice estirado, luciendo muy frustrado. Defendió con fervor que tanto lo de las pastillas como el resto de la cita habían sido charlas en tono de broma, que él, como el implicado, jamás había sentido que Hye-yeon lo menospreciara, y que solo habían cogido momentos aislados para editarlos de forma maquiavélica y hacerla quedar mal.

“Si no fuera por el contrato de confidencialidad, escribiría un post. Hye-yeon no es esa clase de persona.”

“Ya lo sé.”

“Aunque hable de forma cortante, si la conoces es muy leal y buena.”

“Que ya lo sé.”

Sintiendo fastidio por tener que escuchar a Ji-in preocuparse tanto por otra persona, Yu-han subió el volumen del televisor.

* * *

Al día siguiente, Yu-han y Ji-in salieron a las montañas a hacer una ruta de senderismo.

Para escalar solían usar gorras, mascarillas y gafas de sol para evitar que la gente los reconociera, por lo que solían ir al monte a menudo. Hoy volvieron a su montaña habitual, y mientras Ji-in iba al baño, Yu-han se quedó esperando con el teléfono en la mano.

Aunque le había dicho a Ji-in que no mirara las reacciones en internet, Yu-han cotilleaba la opinión pública por su cuenta. Conforme avanzaban los episodios, los comentarios criticando a Ji-in iban en aumento, así que no pudo evitarlo.

¿Soy el único al que le parece que Ji-in va de novio devoto? Se nota un montón que finge.

Su trabajo es ser actor, seguro que es 100% actuación.

¿No decían que como actor teatral era un don nadie? Debe de estar desesperado por volverse famoso.

Ji-in, ¿te crees que ser famoso es tan fácil?

A partir del momento en que se revelaron sus edades y profesiones, las reacciones negativas hacia Ji-in aumentaron. Al enterarse de que su oficio era el teatro, mucha gente empezó a dudar de su sinceridad.

Para que haya devoción tiene que haber química; a Hye-yeon se la suda y Ji-in va detrás como un acosador.

Hye-yeon pasa olímpicamente de él, jeje. Da grima ver lo patético que es Ji-in.

¿Qué es «Ji-be»?

Ji-in el abuelo.

Había quienes veían de forma muy negativa el simple hecho de que a Ji-in le gustara Hye-yeon. Como Hye-yeon jamás lo había elegido, consideraban lamentable y patético que él insistiera en escogerla una y otra vez.

Yu-han repasaba los comentarios despectivos sobre Ji-in mientras mascullaba insultos entre dientes. Estaba mucho más furioso que cuando le tocaba leer los insultos dirigidos a él mismo. Si pudiera, le encantaría ir a buscar uno por uno a los autores de los comentarios maliciosos para darles una paliza.

¿De verdad soy el único al que le parece sincero? La mirada con la que mira a Hye-yeon es real.

A mí también me parece que lo de Ji-in es genuino. Aunque hayas entrado con el rol de ir de frente, con tantas horas de cámaras encima se te ve el plumero al final. Estos ya van por el undécimo día.

A pesar de que Saebom lo eligió dos veces, él solo escoge a Hye-yeon. Eso es 100% real.

Si la mirada de Ji-in es actuación, el tío tiene que ir directo a los Óscar.

Jajaja, claro, ¡como si no estuviera haciendo obras de teatro de mierda!

Por supuesto, también había personas que creían en la autenticidad de los sentimientos de Ji-in.

Sin embargo, los comentarios de estos últimos apuñalaban el corazón de Yu-han por un motivo totalmente distinto.

«Joder… Se ve que no fui el único que lo notó…»

Yu-han rechinó los molares mientras sentía cómo los celos crecían sutilmente en su interior. Con la mirada ardiendo como el fuego y aferrando con fuerza el teléfono móvil, siguió deslizando la pantalla hacia abajo.

¿Han visto el post que escribió un compañero de universidad de Ji-in? Decía que a los 25 años fue la primera relación de Ji-in y que no tuvo pareja en toda la época escolar.

¿Es que Ji-in sufre de mitomanía?

Este aspirante a influencer ya no sabe qué inventarse.

Venga ya, imposible. Con esa cara, seguro que alguien ha tenido.

Dato innecesario: decían que Ji-in era amigo de Woo Yu-han. Los dos salieron del departamento de teatro y cine de la Universidad de Hankook.

Ah, yo también leí eso, jeje. Al principio se llevaban tan mal que casi llegan a las manos, pero luego se hicieron amigos, jeje. ¿Dicen que Woo Yu-han incluso fue a ver una de sus obras de teatro de mierda? ¿Seguirán siendo amigos?

¡Vaya tarado estaba hecho Woo Yu-han por entonces! Un caso perdido de verdad.

Yu-han apagó la pantalla del teléfono, pensando que solo había estado viendo tonterías.

Justo en ese momento, Ji-in iba de regreso. Al parecer se había pasado por una tienda de conveniencia, ya que le entregó a Yu-han una bolsa con agua embotellada y unos aperitivos.

“¿Y mi mochila no me la vas a cargar?”

Yu-han aceptó la bolsa con total naturalidad, la metió en su propia mochila y se quejó.

“¿Eh?”

“A Hye-yeon sí que le llevabas las cosas… y a mí solo me dejas cargar.”

“Pero si… fuiste tú el que me dijo que me la quedara.”

Ji-in puso cara de total incredulidad.

Era verdad. Yu-han procuraba que Ji-in no cargara con nada de peso siempre que podía. Sobre todo al hacer senderismo, las cosas pesadas como el agua las llevaba Yu-han obligatoriamente.

Por eso, aunque Ji-in se la había entregado sin mala intención, le pareció el colmo que ahora le saliera con reproches.

“Hye-yeon mide 1,60 y pesa 44 kilos.”

“¿Quién ha dicho lo contrario?”

“Y tú me sales con estas ahora que mides 1,91.”

“A mí nunca me ofreciste tu ropa para abrigarme. Me acabo de encabronar un poco.”

“¿Acaso te queda mi ropa? Cuando te presté el chándal dijiste que te quedaba chico y no lo querías.”

“¡Porque eso fue una táctica siniestra tuya!”

Yu-han replicó frunciendo el entrecejo.

Lo que decía Ji-in se remontaba a la época de la universidad. Se basaba en el episodio en el que Ji-in, con la intención de ver el cuerpo desnudo de Yu-han, fingió derramar un té de ssanghwa a propósito para obligarlo a cambiarse de ropa frente a él, y por eso ahora le recriminaba que no podía prestarle ninguna prenda.

Yu-han no entendía qué pintaba ese recuerdo ahí y le lanzó una mirada de reproche a Ji-in.

“¿De verdad estás celoso?”

De repente, Ji-in arqueó las comisuras de los labios como si hubiera comprendido algo. Había entendido que Yu-han —quien desde que se convirtió en actor profesional se comportaba como una pareja madura y comprensiva— estaba sintiendo unos celos infantiles solo por ver un programa de citas.

“¿Por qué iba a tener celos del príncipe de cero votos?”

“Pues parece que sí. Y eso que ibas de guay…”

“Yo soy guay.”

“No me cuentes milongas. ¡Woo Yu-han es un celoso de primera—!”

“¡Que yo no hago esas cosas!”

Yu-han lo negó con expresión seria, pero, incapaz de seguir discutiendo, dio media vuelta y huyó de allí como si escapara. Empezó a subir por el sendero de la montaña a paso rápido.

“¡Príncipe celoso! ¡Espérame!”

Ji-in lo miró con ternura y fue tras él.

* * *

Finalmente había llegado el día de la última emisión del programa.

Para el episodio de hoy, se había decidido que Ji-in lo vería en la sala y Yu-han lo haría por separado en su despacho. Ji-in se negaba a verlos juntos porque decía que le daba demasiada vergüenza la parte en la que aparecía.

Como Yu-han tenía instalado un proyector en su despacho para revisar los trabajos en los que participaba, le cedió amablemente la sala a Ji-in.

“Ji-in oppa. Sal un momento.”

La última noche, justo antes de la elección final. Hye-yeon llamó a Ji-in y salieron juntos hacia el banco del jardín instalado en el alojamiento compartido.

“Solo quería decirte gracias por estas tres semanas.”

“¿Eh? ¿Por qué me lo agradeces…?”

“Porque siempre me has cuidado. Y me has llevado a un montón de lugares bonitos… Como yo nunca pude llevarte a ninguno, ahora que todo termina, me siento mal por eso.”

Hye-yeon habló esquivando la mirada, con una actitud muy distinta a la seguridad que solía mostrar.

Ji-in la miró con la boca abierta, luciendo desconcertado.

“Parece que Hye-yeon le está diciendo de forma indirecta que mañana no lo va a elegir.”

“¿Porque cree que Ji-in la va a escoger de nuevo?”

“Debe de estar rechazándolo de antemano con educación.”

Los panelistas del estudio analizaron las palabras de Hye-yeon y se compadecieron de la situación y de Ji-in.

“No… Hye-yeon. No tienes por qué sentirte mal por nada. Yo simplemente hice lo que me dio la gana, y tú puedes hacer lo mismo. No te preocupes por mí.”

El propio Ji-in agitaba las manos, expresándose con entusiasmo ante Hye-yeon para asegurarle que no le importaba en absoluto y que no debía cargar con remordimientos.

“Yo también soy un ser humano, ¿cómo no voy a preocuparme?”

“No me molesta para nada que no me elijas. De hecho, jamás esperé que lo hicieras… Ah, lo siento muchísimo. No pensé que te haría sentir incómoda.”

Ji-in se pasó una mano por el cabello, se tocó la frente y dejó escapar un suspiro. Estaba tan desconcertado que su reacción demostraba que no se esperaba para nada el comportamiento de Hye-yeon.

Al ver esto hasta ese punto, Yu-han creyó comprender por fin por qué Ji-in había estado eligiendo a Hye-yeon todo este tiempo.

Como el objetivo de Ji-in al participar en el programa no era encontrar pareja, se dedicaba a votar sistemáticamente a la persona que sabía que no lo elegiría a él: alguien con gustos y disgustos muy claros y que parecía tener claro que jamás lo vería con ojos románticos.

Por esa misma razón, si aparecía alguna participante como Saebom que le demostraba interés, él se mostraba tajante y la rechazaba para no darle falsas esperanzas.

Pensándolo de ese modo, cobraba sentido por qué Ji-in se había esmerado tanto en tratar bien a Hye-yeon. Al fin y al cabo, como la estaba utilizando para su propósito, le había brindado el máximo nivel de educación posible.

Y el hecho de que ahora Ji-in entrara en pánico al darse cuenta de que Hye-yeon se sentía culpable encajaba perfectamente en esa misma lógica.

“Mañana haz exactamente lo que te apetezca.”

Incluso después de eso, Ji-in se esforzó fervientemente en demostrarle que no le importaba con tal de quitarle presión de encima a Hye-yeon. Llegó a soltar un comentario bastante caballeroso, animándola a mostrar hasta el final esa franqueza y personalidad de marcada iniciativa que tanto la caracterizaban.

“No me elijas bajo ningún concepto. ¿Entendido?”

“Entendido. Oppa, tú tampoco me elijas a mí.”

Por fortuna, la incomodidad de Hye-yeon fue disipándose y terminaron despidiéndose entre bromas mutuas.

Sin embargo, el micrófono de la recámara de Ji-in captó un sonido sospechoso. Era el llanto ahogado de Ji-in debajo de las sábanas.

“Vaya. ¿Ji-in está llorando?”

“Ah… Entonces lo que le dijo a Hye-yeon no era verdad…”

Los panelistas exclamaron sorprendidos y comenzaron a especular sobre los motivos del llanto de Ji-in.

Aunque frente a ella había dicho que no le importaba, dedujeron que eso solo había sido un gesto de consideración para hacerla sentir cómoda, y que en el fondo Ji-in se sentía desolado y miserable. Interpretaron que esas lágrimas eran el reflejo de la herida del desamor.

—¿Por qué lloró?

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“Hubo un asunto personal. Algo que no tiene nada que ver con las grabaciones… Lo siento.”

Durante la entrevista personal le preguntaron la razón por la cual había llorado aquella noche, pero Ji-in respondió con una sonrisa cohibida.

—¿No fue por Hye-yeon?

“Para nada. No tiene absolutamente nada que ver con Hye-yeon.”

Ante las insistentes preguntas que le siguieron, Ji-in negó rotundamente con la cabeza, agitando las manos y adoptando una expresión tajante.

“Dicen que por mucho que el equipo de producción le preguntaba, mantuvo el «no» hasta el final.”

“¿No lo hace para evitar que Hye-yeon quede mal parada?”

“Yo creo que es eso.”

“Ji-in es demasiado bueno…”

“Siendo sinceros, Ji-in es de lo mejor que hay. Si yo fuera Hye-yeon, lo elegiría a él.”

“Yo también, yo también.”

Los panelistas y el equipo de producción concluyeron eso sin creerse en absoluto las palabras de Ji-in.

“Maldición… ¿Qué demonios…?”

A Yu-han se le escapó el insulto de puro desconcierto. Al escuchar el llanto de Ji-in, sintió una punzada en el pecho como si algo le estrujara el corazón, pero al mismo tiempo experimentó una clara sensación de incredulidad.

En la escena anterior estaba convencido de que Ji-in actuaba así porque no sentía nada real por Hye-yeon, pero verla llorar a solas en la cama derrumbaba por completo su teoría previa.

«La última noche… Ji-in no pudo conciliar el sueño con facilidad.»

A partir de ahí, los sollozos de Ji-in se prolongaron largamente mientras la secuencia de aquel día concluía con unos subtítulos de tono nostálgico.

La elección final no deparó sorpresas. Ji-in eligió a Hye-yeon y ella escogió a otro hombre.

“Hye-yeon. Quiero que sigamos llevándonos bien como oppa y dongsaeng de confianza fuera de aquí. Lamento si te hice sentir incómoda.”

En su entrevista individual, Ji-in le dedicó un mensaje en video a Hye-yeon, luciendo hasta el último momento como un hombre entregado a un amor puro y devoto.

“¡Maldita sea… Seo Ji-in!”

Sin pararse a buscar las reacciones en internet, Yu-han salió directo del despacho. Tenía la firme intención de interrogar cara a cara al responsable para averiguar qué demonios había estado haciendo allí.

“¡Seo Ji-in! …¡Ji-in! ¡¿Ji-in?!”

Sin embargo, la sala estaba vacía. Yu-han buscó por todas las habitaciones, pero no había rastro de él en ninguna parte.

Yu-han tomó su teléfono y lo llamó.

“¿Dónde estás?”

—Salí un rato afuera.

“Te pregunto dónde.”

—A ver a Hye-yeon.

“…¿Qué?”

Yu-han creyó que le fallaban los oídos y repitió la pregunta.

Al mirar a través de la ventana, vio que la tarde empezaba a oscurecer y la lluvia había comenzado a caer. Le resultaba incomprensible que, a estas alturas de la noche y con este tiempo desapacible, Ji-in hubiera dejado de ver el programa para irse a ver con Hye-yeon.

—¿Viste internet? Los insultos a Hye-yeon son demasiado crueles… ¿Cómo voy a quedarme de brazos cruzados?

“¿Y a ti qué mierda te importa eso?”

—Me importa porque todo esto pasó por mi culpa. Es lo mínimo que puedo hacer como ser humano…

Ji-in hablaba con total naturalidad. No parecía albergar la menor noción de haber hecho algo malo al salir a escondidas para ir a ver a Hye-yeon, ni imaginaba siquiera que Yu-han pudiera molestarse, explicándoselo con un tono de completa inocencia.

A Yu-han le costaba asimilar esas explicaciones. La razón era simple: el magma de celos que llevaba acumulando en su interior acababa de estallar.

Yu-han gruñó con furia:

“¿Dónde estás?”

Tras bajar al sótano del estacionamiento, Ji-in giraba la cabeza a un lado y al otro buscando el auto de Yu-han.

Como Yu-han le había estado preguntando de forma casi maníaca dónde se encontraba, Ji-in le había consultado con cautela a Hye-yeon si «podía ir Woo Yu-han». Pensaba que la obsesión de Yu-han solo se calmaría si lo llevaba con él, y por el lado de Hye-yeon, creía que recibir la visita de un sunbae que había sido apaleado con críticas destructivas hasta casi arruinar su carrera le serviría como un gran consuelo.

“¿Oppa conoce a Woo Yu-han? ¡¿Cómo?! No… ¡llámalo ya. Hazlo venir ahora mismo!”

Hye-yeon dejó atrás las lágrimas, con los ojos brillando de emoción, y le dio luz verde a la visita de Yu-han. Tan entusiasmada estaba que fue a presumírselo a su hermano mayor, mientras Ji-in se había quedado sentado en la sala de otra persona como un adorno inútil hasta que recibió el mensaje de Yu-han anunciándole que había llegado a la planta baja del edificio, momento en el cual bajó al estacionamiento.

“Pero qué…”

Aunque Ji-in localizó el vehículo de Yu-han de inmediato, como este no se bajaba, terminó acercándose al lado del conductor.

Justo cuando Ji-in levantaba la mano para tocar la ventanilla, esta descendió lentamente para revelar el rostro apuesto de Yu-han.

“Súbete.”

“¿Por qué? Hye-yeon está esperando.”

“¿Para volver a ir?”

“Tenemos que ir juntos. Está súper emocionada con que vengas.”

“¿Y a mí qué me importa esa tonta?”

“¿Qué dices? Me dijiste que venías, así que le di la dirección y le avisé que subiríamos.”

“Agh… Súbete de una vez.”

Yu-han soltó un suspiro pesado antes de hablar.

A Ji-in le desconcertó ver el mal humor de Yu-han. Sabía que se había enfadado porque se había marchado sin avisar, pero no lograba comprender por qué seguía furioso si lo había llevado exactamente al lugar con Hye-yeon tal como él deseaba.

A pesar de que a Ji-in también le daban ganas de suspirar, optó por subir al asiento del copiloto por si acaso alguien pasaba por allí y reconocía a Yu-han.

“¿Qué te pasa?”

“Vine a buscarte.”

“Acabo de llegar. Todavía ni siquiera he podido consolarla como se debe…”

Ji-in intentó razonar con él, pero su voz se fue apagando. Al tener a Yu-han justo a su lado, intuía instintivamente que aquel no era un problema que se fuera a resolver enseguida.

A juzgar por el brillo obsesivo y febril que emanaba sutilmente de sus ojos alargados, el estado de ánimo de Yu-han estaba gravemente torcido.

“Ya hablaremos de esto en casa.”

Ji-in trató de zanjar el asunto con esa frase con la intención de regresar con Hye-yeon. Consideraba que consolarla era su máxima prioridad en ese momento, tal como había venido a hacer.

Sin embargo, en el preciso instante en que se disponía a abrir la puerta del auto, Yu-han la bloqueó desde el asiento del conductor.

“¿Qué… estás haciendo?”

“¿Sientes algo por Hye-yeon?”

“…¿Qué?”

“Te pregunto si todo lo demás era mentira.”

Yu-han se inclinó hacia Ji-in. Su mirada afilada brillaba con fiereza, como si estuviera a punto de devorarlo.

En realidad, Yu-han tampoco creía que a Ji-in le gustara Hye-yeon en ese sentido. Durante el trayecto en auto había tenido momentos breves de lucidez donde pudo pensar de forma racional.

Yu-han también había deducido de manera bastante lógica la razón por la cual Ji-in había llorado: el agotamiento acumulado tras tres semanas de convivencia con desconocidos bajo la vigilancia de cámaras veinticuatro horas al día, sumado a la abrumadora sensación de alivio al fin de que todo terminara, le había hecho flaquear las emociones.

A eso se le sumaba el sentimiento de culpa hacia Hye-yeon, provocando que los sentimientos de Ji-in desbordaran su cauce.

Aun viéndolo de esa manera, a Yu-han le repugnaba el simple hecho de que Ji-in hubiera derramado lágrimas por culpa de otra persona. Una mentalidad paranoica lo arrastró con violencia, dictándole que sus lágrimas solo debían brotar por él y por nadie más.

“…¿Cómo puedes preguntar semejante estupidez?”

“Porque lo que haces no tiene nada de estúpido ni de normal.”

Yu-han habló con ferocidad. Le resultaba insoportable ver que, incluso ahora, Ji-in seguía intranquilo y preocupado por otra persona en lugar de centrarse en él.

Tras mirarlo fijamente a los ojos, Yu-han se abalanzó de repente sobre él para besarlo. Cuando Ji-in, sobresaltado, intentó apartarlo, Yu-han se le vino encima montándose en su regazo y reclinó por completo el respaldo del asiento.

“¡Mmh! ¡Ah!”

Abrumado por aquel beso avasallador e impositivo, Ji-in intentó esquivarlo.

Pero Yu-han continuó besándolo sin soltarle el rostro. Eso si es que se le podía llamar beso al hecho de introducir la lengua unilateralmente para explorar su boca y succionar sus labios con fiereza.

Yu-han introdujo la mano por dentro de la ropa de Ji-in, le pellizcó los pezones y frotó sus cuerpos entrelazados. Gracias a que sus cuerpos ya tenían el hábito grabado por tantas veces, el roce forzado hizo que a ambos hombres se les despertara una ligera reacción en la entrepierna.

Yu-han le bajó los pantalones a Ji-in y, mientras le manoseaba la erección al descubierto, comenzó a deslizarse hacia abajo. Tenía la intención de practicarle un sexo oral.

“¡No lo hagas!”

Comprendiendo sus intenciones, Ji-in hizo un esfuerzo sobrehumano para tirar de Yu-han hacia arriba.

Bien sabía que los cristales oscuros del auto impedían que se viera el interior desde fuera, pero aun así seguían en un espacio público por el que pasaba gente. Para Ji-in, un hombre con la regla conservadora de que el sexo solo debe hacerse en una cama y en un espacio cerrado a solas con su pareja, aquello era motivo absoluto de pánico.

“Entonces hazlo tú.”

“¿Qué dijiste?”

“Uno de los dos tiene que venirse para que podamos irnos.”

“¿Qué estupideces dices, Yu-han…?”

Ji-in cerró los ojos con fuerza. Se sentía aún más mareado porque sabía perfectamente que Yu-han no iba a desistir de semejante estupidez. En el tono tan natural de Yu-han percibía una determinación inquebrantable y de lo más peligrosa.

“…Terminemos rápido….”

Al final, Ji-in enderezó el cuerpo y se deslizó hacia el suelo del asiento del copiloto. Como si seguía demorándose existía la posibilidad de que Hye-yeon bajara, su único plan era hacer que Yu-han se viniera rápido para poder largarse de allí.

Con las rodillas apoyadas en la alfombrilla del auto, Ji-in bajó la bragueta del pantalón de Yu-han. Sacó un pene viril grueso y pesado, y se lo metió en la boca con total familiaridad. Al fin y al cabo, si no fuera por el lugar en el que estaban, era algo que hacían casi a diario.

“Uf…”

Yu-han se quedó sentado con el torso erguido, mirando hacia abajo cómo trabajaba Ji-in. Con una mano se agarraba la base del pene para ponérselo más fácil y asegurarse de que Ji-in pudiera abarcarlo bien en la boca.

Al sentirse cálidamente envuelto por la estrecha y húmeda mucosa de Ji-in, Yu-han dejó escapar un gemido bajo. Aunque era una sensación placentera que ya conocía de sobra, el simple hecho de estar dentro de la boca de Ji-in hacía que experimentara un estremecimiento cada vez que lo hacían.

“Seo Ji-in… Eres mío.”

Dijo Yu-han mientras le apartaba con suavidad el precioso cabello castaño. Los sedosos mechones se deslizaron con ligereza entre sus dedos, haciéndole cosquillas.

Mientras disfrutaba de aquella sensación tan exasperante como tentadora, de pronto Yu-han le asió con fuerza la cabellera. Manteniéndole el rostro sujeto, empezó a mover las caderas para embestir su pene en el interior de su boca.

“¡Gulp! ¡Mm, ngh!”

“La única persona que puede hacerte esto… Mierda, ah… soy yo.”

Yu-han le habló en un tono de voz bajo, mirándole fijamente a la cara.

Los ojos redondos y apacibles de Ji-in se habían teñido de rojo y se le llenaron de lágrimas. Eran lágrimas de reflejo puramente fisiológico, provocadas por la brutalidad con la que el pene de Yu-han le golpeaba el fondo de la garganta.

A Yu-han le encantaba ver eso. Era justo la imagen que encajaba con su retorcido pensamiento de que Ji-in solo debía llorar por su culpa.

Absorto en la obsesión de provocar que las lágrimas de Ji-in cayeran por fin, Yu-han arremetió con más fuerza aún.

“¡Ugh-uh! ¡Ngh! ¡Ah!”

Ji-in intentó zafarse golpeando y empujando la cintura de Yu-han, pero fue inútil. Atrapado en el reducido espacio del piso del copiloto, no tenía más opción que recibir aquel falo con forma de arma. Abriendo la garganta todo lo que le era posible, Ji-in succionó el pene de Yu-han hasta el límite de sus fuerzas.

Al final, las lágrimas que se habían ido acumulando gota a gota en forma transparente terminaron por desbordarse, surcándole las mejillas.

“Ah…”

Yu-han contempló aquel caminito húmedo con satisfacción, levantando con elegancia la comisura de los labios.

De un movimiento brusco, Yu-han tiró de Ji-in hacia arriba con fuerza. Le dio la vuelta de inmediato, lo tumbó boca arriba y se montó encima de él. Acto seguido, le separó las piernas y comenzó a tantearle la entrada.

“¡Dijiste que solo bastaba con mamarla!”

Ji-in pataleó apartando las caderas. Había adivinado que Yu-han pretendía penetrarlo.

“¿Cuándo dije eso?”

“¡Que con eso ya podíamos irnos…!”

“Voy a correrme dentro. No en la boca.”

Yu-han inmovilizó sin esfuerzo el cuerpo que se retorcía bajo él y alineó la punta del glande con la entrada de Ji-in. Sin previos roces ni preparativos, la embistió de un solo golpe hasta la base.

“¡Hic! ¡Agh!”

Olvidadose por completo de que tenía que guardar silencio, Ji-in soltó un grito.

Llevaban haciendo el amor casi a diario durante tres años. Ji-in creía que su entrada ya estaba más que adaptada al pene de Yu-han, pero recibir una estocada tan salvaje y descomunal se le hacía bastante difícil de soportar.

Por si fuera poco, en cuanto Yu-han comenzó a moverse, Ji-in perdió el poco juicio que le quedaba. Lloró con sollozos, exactamente igual que alguien que estuviera experimentando su primera penetración.

“¡Hah-ah! ¡No, ngh! ¡Se va a romper, ah-ah!”

“Tranquilo. Uf, lo estás recibiendo tan bien…”

“¡Para ya…! ¡Ngh! ¡Mm-mmh!”

La abrumadora pesadez del cuerpo de Yu-han aplastándole y la furia de su pene empujando sin piedad hacían que a Ji-in se le desvaneciera la razón.

Las embestidas de Yu-han se volvieron tan frenéticas que parecía querer destrozarle las entrañas. Dentro del habitáculo solo se escuchaban el chirrido del cuero de los asientos al deslizarse y el sonido húmedo y obsceno de la carne de ambos hombres chocando con fuerza.

Específicamente, en la zona de contacto entre el ano de Ji-in y el pene de Yu-han, los fluidos corporales producían un chapoteo sumamente lascivo.

El ritmo de Yu-han se tornó tan desatado que el auto en el que iban comenzó a balancearse.

De repente, el fusible en la mente de Ji-in pareció reconectarse y una sirena interior le recordó que tenía que calmar a Yu-han como fuera.

Pero en el instante exacto en que Ji-in abrió la boca para hablar, Yu-han se derrumbó hacia adelante, cubriendo por completo el torso de Ji-in con el suyo. El impacto le aplastó los labios contra el propio hombro de Yu-han, dejándolo sin la menor posibilidad de pronunciar palabra.

“¡Mmh! ¡Mph!”

Ji-in lloraba emitiendo sonidos ahogados desde lo profundo de la garganta. Intentaba pedirle que lo soltara, pero aquellos balbuceo ininteligibles solo servían para avivar aún más el apetito sexual de Yu-han, haciendo que sus estocadas se volvieran todavía más violentas y salvajes.

A lo largo de todo aquello, Ji-in no había dejado de sentir un terror constante: el miedo a ser descubierto por algún transeúnte o a que Hye-yeon bajara a buscarlo en cualquier momento.

Pero, al mismo tiempo, una inmensa e intensa ola de placer primario lo recorría. Encontrarse en esa situación —con la boca tapada, las manos y los brazos inmovilizados, e incapaz de oponer la más mínima resistencia mientras era penetrado por Yu-han— desataba en su interior un orgasmo de lo más irracional.

Sin saber en qué momento exacto había ocurrido, Ji-in, contradiciendo los ruegos entre sollozos con los que le había pedido que parara instantes antes, comenzó a apretar con exquisitez y avidez el pene de Yu-han. Lo hacía para sentir de raíz y hasta la última fibra el falo que le removía con tanta temperatura el interior del ano.

“Jamás te soltaré, uf… Eres mío, para siempre…”

Aferrando con fuerza el cuerpo de Ji-in, Yu-han dio el último acelerón. Con estocadas cada vez más frenéticas y demoledoras —una clara prueba de su promesa de no dejarlo ir jamás—, arremetió contra él.

Poco después, Yu-han eyaculó una espesa y densa carga de semen en el interior de Ji-in.

“Paró de llover…”

Dijo Ji-in mientras miraba a través de la ventanilla del coche. A pesar de la oscuridad, la noche de Han River tras la tormenta se sentía tan despejada y limpia que daban unas ganas irrefrenables de bajar los cristales.

Terminado el encuentro, Ji-in no regresó junto a Hye-yeon, sino que salió de los apartamentos acompañado por Yu-han. Se despidió de ella por teléfono, excusándose con la promesa de que, si algún día abría un canal de YouTube, iría como invitado cuantas veces hiciera falta.

La razón era simple: si volvía a subir al piso de Hye-yeon con el pelo completamente revuelto y la piel llena de marcas rojizas, iba a ser un cuadro. El sexo en el espacio tan limitado y estrecho de un automóvil había dejado sus ropas arrugadas e incluso con alguna mancha de semen. Sencillamente, no presentaba un aspecto digno para comparecer ante otra persona.

Yu-han y Ji-in compraron café en un autoservicio y se dirigieron a la orilla del río Han, donde aparcaron con la intención de charlar con calma dentro del auto. Yu-han quería aclarar de una vez por todas los malentendidos que no había podido ni mencionar debido a su abrumadora excitación.

“Se notaba a leguas que el objetivo de Hye-yeon era el mismo que el mío. Vino con esa mentalidad y por eso la traté bien, todo eso es verdad.”

Ji-in confirmó la mayor parte de las conjeturas que Yu-han se había hecho. No obstante, en cuanto al motivo por el que había llorado la última noche, le aclaró que su teoría solo acertaba a medias y le contó cómo fue en realidad.

“Ese día era tu primer rodaje de una película. Estabas sufriendo por culpa de Jeon Hae-seok y me enviaste un mensaje. ¿Te acuerdas?”

“Ah… ¿por la noche? Es verdad, sí…”

“Tú no eres de los que se quejan de lo duro que es todo, así que pensé en lo estresado que debías estar para llegar a ese extremo. Y encima desde el primer día. Pero yo no podía irme de inmediato. Me sentía fatal por no poder estar a tu lado…”

Ji-in le explicó que la razón por la que sus emociones se habían desbordado no había sido un falso remordimiento por Hye-yeon, sino la culpa que sentía hacia Yu-han. Añadió que la razón por la cual había preferido ver la última emisión por separado fue justamente porque le daba una vergüenza terrible ver el fragmento en el que lloraba por culpa de Yu-han junto al propio interesado.

“¿Que si miraba a Hye-yeon con ternura? Para ser sinceros, era porque me recordaba a ti.”

“…¿A mí?”

“Porque las dos son iguales.”

“¿En qué se supone que nos parecemos?”

“En que tienen la boca sucia y un carácter de mil demonios.”

“Mierda, qué…”

Yu-han estuvo a punto de replicar que él no se parecía en nada a Hye-yeon, pero se contuvo a mitad de frase. Ya había soltado un insulto por pura costumbre, por lo que con eso ya le era imposible negar la primera parte sobre tener la «boca sucia y carácter de mil demonios».

“¿Te dio vergüenza?”

Preguntó Ji-in con una carcajada.

“…Aun así, ya saqué algo en claro.”

Sin afirmar ni desmentir nada, Yu-han se aclaró la garganta antes de hablar.

“¿El qué?”

“Dedícate solo a actuar. Muéstramela solo a mí, esa faceta de la persona que es Seo Ji-in en su día a día. Me pone de los nervios que otros sepan cómo eres.”

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Lo soltó con bastante naturalidad. Le hizo una exigencia imperativa y descarada: que de ahora en adelante Ji-in se olvidara no solo de los programas de citas, sino también de los de variedades, y se centrara exclusivamente en la actuación.

“Woo Yu-han de verdad…”

A Ji-in se le escapó una risa floja ante los caprichos tan absurdos y posesivos de Yu-han.

Sin embargo, lo que le resultaba todavía más incomprensible era comprobar que hasta esa clase de actitudes en Yu-han le parecían adorables. Con un carácter propio de un matón, unos hábitos lingüísticos groseros, un apetito sexual y un sentido de la posesión tan abrumadores que rozaban lo insoportable, aquel gigante de 1,91 metros lograba que cualquier cosa que hiciera le pareciera tierna y entrañable. Pensó que estaba perdido de verdad.

“Eso de que cuando alguien te parece tierno ya estás acabado…”

Comentó Ji-in con una sonrisa de autocompasión mientras negaba con la cabeza.

“Yo ya estaba acabado desde hace mucho.”

Yu-han respondió con eso en lugar de preguntarle a qué se refería. Aunque ignoraba qué clase de razonamiento había llevado a Ji-in a pensar de esa manera, consideraba que él mismo llevaba una enorme ventaja en lo que respecta a experimentar en carne propia el principio de que «cuando alguien te parece tierno, estás perdido».

“¿Eh? Oye, a Jeon Hae-seok le acaba de estallar algo gordo.”

Al encender el teléfono para consultar el pronóstico del tiempo, Ji-in se topó con un titular de noticias en los widgets y entró a la página del artículo a toda prisa.

[Un miembro del personal de Jeon Hae-seok tras siete años destapa la tiranía y el trato humillante de una estrella de primera línea]

[«No aguantaba más»: ¿por qué el equipo de Jeon Hae-seok denunció al actor ante el Ministerio de Trabajo?]

[Insultos, agresiones físicas e incluso ingresos hospitalarios: la dolorosa confesión del exmánager de Jeon Hae-seok]

[«A mí también me pasó»: se multiplican las denuncias sobre las tropelías de Jeon Hae-seok]

[¿La ira justificada de Woo Yu-han? ¡Se reevalúa el caso de la agresión de Jeon Hae-seok!]

[¿Qué demonios le hizo Jeon Hae-seok a Woo Yu-han?]

“¡Eh, mira! ¡Dicen que están reevaluando lo de Woo Yu-han!”

Exclamó Ji-in con entusiasmo mientras escaneaba los titulares que aparecían en cascada. Inclinó el teléfono hacia Yu-han para que pudiera leer las noticias, los videos y comprobar las reacciones en los comentarios.

Woo Yu-han era la víctima. Le dio un puñetazo después de aguantar carros y carretas, tiene que haber estado frustradísimo.

Aunque agredir estuvo mal, hay que reconocerlo.

Decían que Jeon Hae-seok le tiraba botellas de agua a la primera de cambio y hasta ceniceros;; no me extrañaría que hubiera empezado pegándole a Woo Yu-han O.O

Sinceramente, a personas como Jeon Hae-seok hay que darles su buen par de golpes de vez en cuando.

Woo Yu-han es el típico gamberro de buen corazón, de acuerdo.

Ji-in se alegró enormemente al ver que la injusticia que cargaba Yu-han empezaba a disiparse.

Aunque Yu-han pensaba que al menos aquello era un alivio, sentía un profundo rechazo ante la volubilidad del público, capaz de cambiar de opinión de la noche a la mañana como si se tratara de dar vuelta a una hoja de papel. Con ver que Ji-in estaba contento le bastaba; no tenía el menor deseo de seguir leyendo notas ni comentarios.

“¿Nos vamos a casa?”

“Sí. Déjame abrir un poquito la ventana.”

Ji-in bajó el cristal de la ventanilla hasta la mitad.

De inmediato, una fragancia fresca a flores y hierba se coló de golpe en el interior del auto. Las plantas empapadas por la lluvia esparcían sus aromas característicos a la redonda, llenando el aire de una atmósfera limpia y embriagadora.

“Mmh. Qué bien huele—”

Acercando el rostro al marco de la ventanilla, Ji-in respiró hondo con los ojos cerrados.

Al contemplar la nuca redondeada de Ji-in, Yu-han pensó en un cachorro capaz de hallar la felicidad en las pequeñas cosas. Soltó una risita ahogada y puso el auto en marcha.

Del mismo modo en que la fragancia de las flores se intensifica después de la lluvia, Yu-han sintió que, con cada ataque de celos superado, su amor por Ji-in se hacía todavía más intenso.