Extra 2. El príncipe con cero votos
Extra
2. El príncipe con cero votos
“Malditos
bastardos… Siguen ladrando…”
Yu-han
miraba fijamente la pantalla del teléfono mientras rechinaba los dientes.
Acababa
de salir de la ducha tras una intensa sesión de dos horas de entrenamiento en
el gimnasio de su casa. Con el ánimo bastante despejado, mientras se vestía y
se secaba el cabello, le vino a la cabeza la idea de «¿Seguirán todavía?»,
encendió el teléfono y se llevó una desagradable sorpresa.
Con esa cara, se veía venir que era un imbécil.
Se las daba de malote y me chuleaban con eso de la vibra
decadente y el estilo rebelde, nunca lo entendí. dcc
Los fans de este tipo solo le inflan el ego por la dicción, k.
Actúa como el orto, k.
Por fin dejaremos de verlo. Al hoyo, adiós.
Había
una cantidad incontable de artículos y videos de gente dispuesta a resumir las
polémicas de Woo Yu-han, y la sección de comentarios era prácticamente un
desfile de insultos de ese estilo.
Habían
pasado tres años desde que Yu-han debutó en la industria del entretenimiento.
Había alcanzado la cima con una rapidez pasmosa, sin llegar a experimentar
siquiera lo que podría considerarse un periodo de anonimato.
Tanto
como tenía una legión de fans, también había muchos que lo miraban con recelo,
y fue entonces cuando Yu-han cometió un tropiezo.
[¿El acto de insubordinación de Woo Yu-han al agredir a Jeon
Hae-seok, un sunbae al que debería respetar?]
[La verdadera cara de un Woo Yu-han que convirtió el set de
filmación en un caos]
La
mala relación entre Yu-han y Hae-seok no se había zanjado en aquella reunión de
bebidas organizada por Do-yeol tres años atrás.
A
medida que su nombre ganaba valor en el mercado, Yu-han había sido fichado para
la película de un director muy conocido, y resultó que uno de los
coprotagonistas era precisamente Hae-seok.
Por
supuesto que Yu-han no quería trabajar con Hae-seok, pero la agencia lo
presionó diciendo que no podían dejar escapar a semejante director,
argumentando que, al tratarse de un realizador que combinaba a la perfección el
favor del público y el prestigio artístico, debía aprovechar la oportunidad
para consolidarse con firmeza como actor de primera línea en ese preciso
momento.
Al
final, Yu-han firmó el contrato y se reencontró con Hae-seok después de tres
años.
Hae-seok,
por supuesto, también lo detestaba. Ya había estado a punto de llegar a las
manos con Yu-han en el pasado, y no le hacía ninguna gracia ver que un junior,
con una diferencia de años de experiencia abismal, ya estuviera alcanzando su
mismo nivel.
Hae-seok
comenzó a buscarle pleito desde las reuniones previas con pequeñas pullas y,
tan pronto como arrancó el rodaje, pasó descaradamente al acoso.
Buscaba
sacarlo de quicio criticando que su actuación era tan mediocre que arruinaba la
inmersión, encargándole recados insignificantes o soltando comentarios
denigrantes fingiendo hablar con otros, pero asegurándose de que Yu-han los
escuchara con claridad.
Al
final, Yu-han explotó y le propinó un puñetazo a Hae-seok.
Aun
así, conservando un mínimo de raciocinio, había contenido gran parte de su
fuerza al golpear, pero Hae-seok armó un escándalo monumental diciendo que se
moría y llamó a una ambulancia. Luego se metió al hospital con un diagnóstico
de tres semanas de baja médica, a pesar de que no se había roto nada ni le
había salido una sola gota de sangre.
La
noticia se esparció como la pólvora y, ese mismo día, los artículos salieron a
la luz, provocando que Yu-han fuera crucificado y enterrado a insultos.
Hae-seok
se dio el lujo de fingir ser el bueno declarando que, por tratarse de un
compañero de profesión y un junior, no presentaría denuncias ni demandas, pero
añadió que «hacía falta un sunbae que le pusiera los puntos sobre las íes»,
echando más leña al fuego de la opinión pública que criticaba a Yu-han.
Aunque
la agencia lo había obligado a redactar una carta de disculpa, la reacción del
público fue gélida.
Seguro se la escribió la agencia. Woo Yu-han jamás podría
escribir un texto tan largo.
Jajaja, la verdad. En lugar de hacer crecer tus músculos,
rellena ese cerebro hueco, Yu-han.
Todo
aquello había ocurrido la semana pasada. Yu-han había confiado en que el
revuelo se calmaría con el paso del tiempo, pero, desgraciadamente, no había
surgido ningún otro suceso capaz de eclipsar su controversia, por lo que seguía
recibiendo insultos como si fuera un estofado al que le sacan el jugo a fuego
lento.
Entre
la voluntad propia y la ajena, Yu-han se encontraba en un periodo de
autorreflexión y, de manera natural, comenzó a barajar la idea de retirarse.
Aunque
había ganado muchísimo dinero con rapidez —lo que le había permitido comprar el
departamento donde vivía con Ji-in y adquirir un buen auto—, la suma no era lo
suficientemente cuantiosa como para que ambos pudieran vivir holgadamente sin
trabajar el resto de su vida, por lo que tampoco podía permitirse decir a la
ligera: «¡Que os jodan a todos, imbéciles, lo dejo por lo asqueroso que es
esto!».
Para
aliviar el peso de aquella situación actual que le provocaba suspiros con solo
pensarlo, Yu-han masculló una retahíla de improperios y comenzó a caminar con
paso desolado por el pasillo de su apartamento con vistas al río Han.
“Ji-in.”
Yu-han
se detuvo frente a una de las puertas, tocó con los nudillos y la abrió.
Aquel
lugar era el estudio y despacho personal de Ji-in. En uno de los rincones de
aquel amplio espacio provisto de paneles de aislamiento acústico en todas las
paredes se encontraba el dueño de la habitación.
Ji-in
llevaba unos auriculares del tamaño de su propia cara y estaba tan enfrascado
en una partida de gosotop por internet que ni siquiera se percató de que
Yu-han había entrado.
“¿De
verdad no piensas verlo?”
Intentó
hablarle por si acaso, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Independientemente
de si se debía a que tenía la música muy alta o a que la habitación estaba
silenciosa, a través de los auriculares de Ji-in solo se filtraba el sonido
alegre de un ritmo de trot que resonaba con fuerza.
Al
comprobar que la tajante negativa de Ji-in de no verlo jamás era totalmente
sincera, Yu-han cerró la puerta. Se dirigió solo a la sala y encendió el
televisor.
«De una dulce ilusión a un amor apasionado… ¡El romance de doce
jóvenes que despertarán sus células sentimentales!»
El
programa que se emitiría diez minutos después, y que era la obra tan esperada
que por fin conseguiría arrancarle una sonrisa a Yu-han, era ni más ni menos
que el programa de citas en el que había participado Ji-in.
A
partir de su cuarto año de la carrera, Ji-in se había incorporado a una pequeña
compañía teatral fundada por Min-kwon y los veteranos, trabajando allí como
actor y miembro del equipo técnico.
Sin
embargo, al tratarse de una compañía sumamente modesta, no generaba ningún tipo
de ganancias. De hecho, terminaban poniendo dinero de su propio bolsillo.
Aunque Ji-in contaba con el respaldo de Yu-han, entre sus compañeros de la
compañía había casos con situaciones verdaderamente difíciles, al punto de
tener que alimentarse con rollos de kimbap de tienda de conveniencia o pasar
días enteros sin probar bocado.
Yu-han
le había repetido hasta la saciedad que, como él ganaba mucho dinero, no tenía
necesidad de preocuparse por eso y podía dedicarse a hacer las obras de teatro
que quisiera con total libertad, pero al parecer Ji-in no lograba estar
tranquilo. A pesar de haberse graduado el año pasado, seguía sin percibir
ingresos y la situación de la compañía teatral no hacía más que ensombrecerse,
por lo que Ji-in tomó una drástica decisión.
Se
propuso dar a conocer su rostro cuajara como cuajara y dar el salto a la
actuación televisiva.
“Vaya, ¿qué es esto? Parece un idol.”
“Tiene pinta de ser alguien muy joven.”
En
la escena en la que aparecía Ji-in, los panelistas del programa se inclinaron
hacia adelante, agitándose y armando un gran alboroto. Como tratándose de un
programa de telerrealidad con participantes anónimos, exagerar los halagos para
darles bombo era una regla no escrita del formato.
Por
su parte, Yu-han se quedó contemplando a Ji-in con una expresión de
embelesamiento absoluto.
Era
la primera vez que veía a Ji-in en televisión, y a los ojos de Yu-han su amado
se veía rematadamente tierno y apuesto, como si el mundo se hubiera detenido a
cámara lenta y llevara puesto un filtro de ensueño. Le resultaba fascinante
que, tras más de tres años de relación, todavía fuera capaz de sentir semejante
flechazo.
“¿No
se habrán enamorado todos de Seo Ji-in? Malditos bastardos…”
Llevado
por un exceso de afecto, Yu-han se inventó competidores que ni siquiera
existían y dejó escapar un fugaz destello de hostilidad.
“Mucho gusto. Me llamo Seo Ji-in.”
Apareció
la escena de la entrevista personal de Ji-in. Como en el primer episodio
todavía no se revelaban ni las edades ni las ocupaciones, Ji-in se limitó a
mencionar de forma breve cuáles eran su tipo ideal y su estilo en el amor.
“Mi tipo ideal… me gustaría que fuera alguien con quien pueda
conversar con fluidez. Como me gusta mucho el teatro, sería ideal si además
pudiéramos charlar sobre obras… Ah, en cuanto al físico… me gustan los ojos
alargados horizontalmente y sin párpado doble. Y si es alto, mejor. No me
importa incluso si es más alto que yo… En cuanto a mi experiencia amorosa, solo
he tenido una relación. Duró unos tres años.”
“¡¿Qué…?! ¡Mentira!”
“¿Tiene sentido que con esa cara solo haya tenido una?”
Cuando
Ji-in reveló su experiencia en el amor, los panelistas reaccionaron con
incredulidad, como si les resultara imposible de creer.
Para
Yu-han, escuchar aquellas referencias indirectas a su propia historia resultaba
sencillamente divertido. Le parecía tierno que Ji-in señalara sus propios
rasgos como su tipo ideal, y como el propio Yu-han le había dictado los
parámetros —diciéndole que dijera que habían salido tres años y que habían roto
hacía poco—, no había nada que le resultara chirriante.
“Como soy bastante tímido y no tengo un carácter muy lanzado…
supongo que por eso fue así.”
«¡Claro, si espiabas cuando me desnudaba, me levantabas la
toalla y hacías mil diabluras!»
Yu-han
sonreía de oreja a oreja mientras le hablaba a la pantalla como si Ji-in
estuviera allí presente.
Pensar
que podía considerarse tímido o poco lanzado cuando había tenido la osadía de
demostrarle lo mucho que le gustaba le parecía casi irónico.
Por
supuesto que en aquel entonces aquello era motivo para querer matarlo a
insultos, pero ahora se había convertido en un recuerdo que solo le arrancaba
carcajadas, por lo que Yu-han disfrutó de la emisión televisiva con un gusto
que hacía tiempo no sentía.
“Por otro lado, eso demuestra que no anda con cualquiera por
ahí. ¿No le irá de maravilla a la chica que sea su novia?”
“Totalmente. Demuestra que no se cree gran cosa a pesar de su
cara bonita.”
Los
panelistas cubrieron el asunto intentando presentar a Ji-in bajo la mejor luz
posible.
A
continuación aparecieron los demás participantes, pero a Yu-han no le
interesaba lo más mínimo ninguno de ellos; de hecho, las apariciones de Ji-in
eran sumamente escasas. Yu-han se limitaba a buscar los breves instantes en los
que Ji-in cruzaba fugazmente por el encuadre o aparecía de refilón en una
esquina para consumir el resto de su tiempo en pantalla.
“¿Por
qué se pone así con las manos?”
Al
percatarse de que Ji-in era incapaz de soltar los nervios, Yu-han soltó una
carcajada.
Al
igual que en su primera aparición, durante la dinámica en la que los
participantes se reunían a charlar, Ji-in mantenía los puños apretados y no
paraba de moverse con inquietud, sin saber qué hacer con su cuerpo. Parecía
como si sobre la cabeza de Ji-in flotara un letrero invisible que rezaba: «Quiero
irme a casa, la incomodidad me está matando».
Yu-han,
aunque sentía lástima al ver a Ji-in con los músculos de la cara completamente
rígidos, no podía evitar sonreír cada vez que captaba sus torpes movimientos.
Al ver lo nervioso que estaba Ji-in en momentos en los que no había nada de qué
reirse, Yu-han se palmoteaba los muslos de la risa.
“¡Yo
se lo llevo!”
Aun
así, Ji-in se esforzaba al máximo. Les cargaba el equipaje a las participantes
y les llevaba mantas para que se sentaran, mostrando la mejor educación que le
era posible.
“Prohibido.
Yo paso.”
“Ah,
este…”
“Es
que tengo unas piernas preciosas y quiero enseñarlas.”
Sin
embargo, no todas acogieron de buen grado la amabilidad de Ji-in. Una de las
participantes, llamada Hye-yeon, rechazó la manta que él le había ofrecido con
un comentario de lo más descarado.
Era
una chica de carácter directo y osado; de hecho, cuando estuvo a punto de
tropezar en las escaleras mientras cargaba el equipaje, se le había escapado un
improperio que la producción tuvo que censurar con un pitido.
“La
cara de Seo Ji-in.”
Hasta
aquello le hizo gracia a Yu-han. En el instante en que Ji-in ponía los ojos
grandes y redondos a girar de un lado a otro mientras examinaba de reojo la
reacción de Hye-yeon, parecía que se le estuvieran leyendo los pensamientos en
la frente.
‘¿Se
nota a leguas que es una cría y no tiene educación, no? ¿Será porque no sabe
cuántos años tengo? Aun así, hay que mantener los modales básicos como persona…
¿Es que acaso es una criatura que no conoce el país de la estricta cortesía
oriental?’
Seguramente
pensaría algo parecido, frustrado por la cruda realidad de no poder reprenderla
en voz alta.
“Yo
elegí a Hye-yeon.”
Pero
lo irónico fue que, en la votación de primera impresión, Ji-in terminó
eligiendo a Hye-yeon.
“Me
parece que tiene las ideas muy claras y es una mujer imponentemente genial. Me
gustaría conocerla más.”
“¿Acaso
no era para corregirle los malos modales?”
Yu-han
ladeó la cabeza.
Hae-yeon
no parecía tener el más mínimo interés en el arte como para ponerse a charlar
sobre obras de teatro, tenía los párpados dobles muy marcados y era bajita. No
cumplía con ni uno solo de los requisitos del tipo ideal que Ji-in había
mencionado antes.
Desde
el punto de vista de Yu-han, a Ji-in le gustaban las personas amables y atentas
con él, tal como lo era Baek Min-kwon, por lo que su elección de decantarse por
Hye-yeon le resultaba todavía más incomprensible.
“Ji-in
parece… un principito. Con la cara tan blanca…”
“¿Una
especie de principito tierno?”
“Es
adorable. Me dan ganas de cuidarlo.”
Así
fue como las participantes definieron su primera impresión de Ji-in.
Y
entonces se revelaron los resultados de las votaciones de Ji-in…
「Seo Ji-in 0 votos」
Yu-han
soltó una fuerte carcajada. Al ver a Ji-in, que ya de por sí estaba tenso y
que, con el añadido del desaliento, se encogía de hombros hasta hacerse cada
vez más pequeño, a Yu-han se le escaparon las lágrimas de la risa.
Probablemente
se rió con tanta fuerza que le dolió el abdomen, siendo quizá la carcajada más
sonora en lo que iba de año.
Si
le llamaron principito y no rey, es por algo: da la impresión de que no le ven
como un hombre.
Moviéndose
así de tieso, no tiene ningún atractivo.
Ese
tipo tampoco parece tener alma, tiene toda la pinta de aspirante a influencer.
Curioso
por saber cómo lo había visto el resto de la gente, Yu-han buscó las reacciones
en internet.
Aunque
había quienes miraban a Ji-in con malos ojos, no eran tantos. Los comentarios
negativos se contaban con los dedos de una mano, los justos para que Yu-han
pudiera entretenerse dándoles a «no me gusta» uno por uno.
A
mí me gustó Ji-in, es tierno y trabajador.
Aunque
Hye-yeon le corta el rollo, él sigue siendo amable. El chico es un buenazo.
Me
mata de risa que use un tono formal tan estricto con esa cara. No tiene ni una
pizca de imponencia y se toma todo demasiado en serio, es tierno.
¿No
es de los que le aceleran el corazón a los otakus de Ji-in?
ㄴSí, total. Si se
hubiera metido en el mundillo de los ídolos, tendría un montón de frikis
detrás.
ㄴTampoco exageres, no
te pases.
La
mayoría de la gente parecía ver a Ji-in con buenos ojos. Como su tiempo en
pantalla era de por sí escaso y el público estaba demasiado ocupado comentando
sobre los demás participantes encasillados en el rol de protagonistas o de
villanos, nadie le prestaba demasiada atención.
Yu-han
pensó que, para ser una primera aparición, el resultado no estaba nada mal. Con
paso ligero, se dirigió al estudio de Ji-in.
Ji-in
seguía jugando al gosotop en internet exactamente en la misma postura
que dos horas atrás.
“Oye,
príncipe de cero votos.”
Yu-han
le quitó los auriculares y lo abrazó por la espalda.
“¿Lo
viste todo? ¿Qué tal?”
Aunque
estaba ocupado bregando con Yu-han, que había aparecido de la nada para
mimarlo, Ji-in no pudo evitar sentir curiosidad por las opiniones sobre el
programa.
“¿Sabías
que estabas jodidamente tierno? Así, con las manitos apretadas.”
Yu-han
apretó los puños y los movió con torpeza para imitar al Ji-in que había visto
en la pantalla.
“¡Aaaah…!”
Muerto
de vergüenza, Ji-in se cubrió la cara con las manos. Los recuerdos del rodaje
acudieron de golpe a su mente. Con solo pensar que su nerviosismo había quedado
tan evidente ante los ojos de los demás, sentía unas ganas locas de patear las
sábanas de frustración.
Soltando
una carcajada sonora, Yu-han le apartó las manos con suavidad.
“Te
digo que te veías tierno. Las reacciones en internet son buenas. Dicen que eres
un buen chico y que eres adorable.”
“¿Busqué
en internet?”
Ji-in
preguntó esto último deshecho el rictus de preocupación que tenía un segundo
antes.
“Te
dije que no lo hicieras…”
Lo
miró con el ceño fruncido y una expresión de inquietud.
Como
los internautas seguían divirtiéndose insultando y ridiculizando a Yu-han en la
red, a Ji-in le aterraba la idea de que, al ponerse a buscar las reacciones
sobre su propia persona, Yu-han terminara topándose con algo que lo hiriera sin
necesidad.
Encontrando
tan adorable aquella actitud, Yu-han le dio besitos sucesivos en la punta de la
nariz, en la frente, en las mejillas y en los labios.
“¿Tienes
hambre? Vamos a ese sitio que tanto te gusta.”
Sabiendo
que Ji-in no había probado bocado en todo el día por culpa de los nervios,
Yu-han lo tomó de la mano y lo hizo levantarse.
“¿A
dónde?”
“A
comer estofado de morcilla.”
“¡Me
encanta! Pero salir… como que no da. Mejor pedimos a domicilio.”
“Sabe
mucho mejor si se come allá.”
“Es
que… Acabo de salir en la tele hace nada, por si alguien me reconoce.”
“¿Tan
rápido?”
Yu-han
soltó una risita burlona, pero comprendía perfectamente que Ji-in lo hacía por
consideración hacia él. Le preocupaba que, si salían a la calle, alguien
pudiera reconocer a Yu-han y decirle cosas desagradables.
A
Yu-han le daba igual, pero pensándolo mejor, sabía que si Ji-in escuchaba algo
así estando a su lado, se pondría tristísimo.
Al
final, Yu-han sacó el teléfono y pidió el estofado por delivery.
“Ya
está pedido. Eso sí, nos lo vamos a comer en la terraza.”
“Perfecto,
voy sacando el hornillo portátil.”
Ji-in
salió de la habitación dándose golpecitos en la cintura para aliviar la
rigidez.
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AOMINE5BL
Para
ser honestos, Ji-in se arrepentía de haber participado en el programa de citas.
Sentía que se la había pasado tenso todo el tiempo y que solo había dado una
imagen ridícula, y como en realidad no albergaba ninguna intención genuina de
encontrar pareja, temía que su fachada quedara expuesta ante todo el mundo.
Se
preguntaba por qué demonios se había metido allí y deseaba con toda el alma
poder retroceder el tiempo.
Sin
embargo, en cuanto pasó la hora de la primera emisión, una extraña sensación de
resignación comenzó a calmar sus ánimos. Era el peso de la realidad: el agua ya
se había derramado y de nada servía arrepentirse.
Y,
sobre todo, saber que a Yu-han le había parecido bien le aportaba una gran
tranquilidad. Aunque sabía de sobra que él mismo no lo había visto con sus
propios ojos y que Yu-han llevaba puestas las gafas del amor, lo que le impedía
ser del todo objetivo.
Quizás
porque él también llevaba puestas las gafas del amor, pero el simple hecho de
que Yu-han dijera que no pasaba nada hacía que a Ji-in le pareciera que, de
verdad, todo iba a salir bien.
“Vaya,
Ji-in. Mira el cielo.”
“Es
el clima perfecto para comer estofado de morcilla.”
Dicho
esto, Yu-han y Ji-in salieron a la terraza cargando el hornillo, los platos y
los boles. Limpiando y preparando la mesa del patio que llevaban tiempo sin
usar, ambos comenzaron a conversar con dulzura.
“Oye,
¿por qué elegiste a Hye-yeon?”
“Eso…
es secreto.”
“¿Por
qué? ¿Acaso la vas a elegir también al final?”
“Prohibido
hacer spoilers. Firmé un contrato de confidencialidad.”
“¿Hasta
conmigo?”
“Por
supuesto.”
“Qué
descaro… ¿Acaso somos unos extraños?”
“Hay
que saber separar lo personal de lo profesional, Yu-han. Te falta ética
laboral.”
“Vaya…”
*
* *
Cinco
semanas después, Ji-in y Yu-han estaban sentados uno al lado del otro en el
sofá de la sala y encendieron la televisión.
El
programa de citas de doce episodios ya había llegado a su mitad. Aunque Ji-in
seguía tenso, ya se había acostumbrado lo suficiente como para poder ver la
transmisión en vivo sentado junto a Yu-han. Ambos veían el programa con un
tazón de palomitas de maíz caramelizadas en el centro.
“Ah,
pi…”
Era
la escena en la que Ji-in y Hye-yeon estaban cocinando. Hye-yeon, que preparaba
curry, soltó de repente un improperio, por lo que se escuchó un pitido de
censura.
“Nuestra
Pi-hye-yeon.”
“Hoy
también va sin filtros.”
Los
panelistas del estudio comentaron en tono de broma.
«Pi-hye-yeon»
se había convertido en el apodo de Hye-yeon porque el sonido del pitido
aparecía con demasiada frecuencia cada vez que hablaba.
“Ah,
pi…”
“Yo
no he hecho nada.”
“No,
oppa, no te hablo a ti. No le puse zanahoria.”
“Ah…”
Lo
divertido era la reacción de Ji-in. Creyendo que Hye-yeon le estaba insultando
a él, se había puesto a la defensiva por reflejo.
—¿Por
qué pensó que el insulto iba dirigido a usted?
“Una
persona con la que salí antes tenía un vocabulario un poco áspero. Me salió sin
darme cuenta… Jaja…”
En
su entrevista personal, Ji-in se explicó con una sonrisa algo cohibida.
“Con
razón Ji-in se siente atraído por Hye-yeon.”
“¿Porque
quiere volver a una relación donde lo insulten?”
“¿Cómo
se llama ese término?”
“¿Síndrome
de Estocolmo?”
“¿Masoquismo?”
“Ay,
Dios mío, pobrecito Ji-in.”
Entre
carcajadas y muestras de compasión, los panelistas analizaron a Ji-in con
comentarios que parecían una broma pero sonaban muy reales.
Ji-in,
que veía esta escena desde su casa en ese momento, se limitó a sonreír
tomándoselo con buen humor.
“¿Cuándo
te he insultado yo a ti?”
Yu-han
era el único que no se reía. Mientras murmuraba por lo bajo ‘Joder, qué
sabrán estos’, vio sonreír a Ji-in y le lanzó la pregunta.
“Lo
haces a menudo.”
“No,
insulto a la situación. A ti directamente no te lo digo.”
“Para
el que lo escucha, es lo mismo.”
Ji-in
restó importancia al asunto y volvió a girar la cabeza hacia la televisión.
Aunque
Ji-in creía de verdad que vivía soportando los insultos de Yu-han, la verdad es
que eso le daba igual. En su momento había querido corregir sus horribles
hábitos lingüísticos, pero ahora cualquier palabra grosera que saliera de la
boca de Yu-han le parecía tierna.
Como
no tenía forma de saber esto, Yu-han tragó saliva para ahogar una maldición que
estaba a punto de escapársele de los labios.
“¡Lo
estás haciendo muy genial! Está delicioso, Hye-yeon.”
Terminada
su propia parte de la cocina, Ji-in se quedó al lado de Hye-yeon ayudándola,
animándola y elogiándola con entusiasmo. Incluso la miraba con ternura cada vez
que a Hye-yeon se le escapaba un insulto censurado con un pitido.
“¿Hay
que ver algo tan adorable en la forma en que insulta?”
“De
verdad que lo suyo es Estocolmo…”
“No,
bueno, lo de Estocolmo es broma, ¿pero no creen que los sentimientos de Ji-in
son sinceros? Aunque Saebom le pida una cita, él solo elige a Hye-yeon.”
Tal
como decían los panelistas, cada vez que surgía la oportunidad de tener una
cita, Ji-in buscaba a Hye-yeon sin dudarlo. El siguiente segmento mostraba
precisamente la escena en la que la había elegido para irse de cita. Como
habían grabado en verano, todos llevaban ropa ligera, y al entrar en un recinto
con el aire acondicionado muy fuerte, Hye-yeon empezó a pasar frío.
“Sabía
que pasaría esto, por eso traje un cárdigan.”
“Oh,
el oppa Ji-in tiene mucha sensibilidad.”
“Dame
tu bolso.”
Tras
ponerle el cárdigan a Hye-yeon, Ji-in incluso le cargó el bolso.
Ante
semejante despliegue de modales perfectos, los panelistas no escatimaron en
elogios.
Sin
embargo, Yu-han empezó a sentirse cada vez más extraño. Por supuesto, sabía que
era producto de la manipulación de la edición, pero parecía que Ji-in de verdad
estaba coladísimo por Hye-yeon.
Había
ido a ver las obras de teatro de Ji-in en varias ocasiones y lo había observado
desde la primera fila haciendo escenas de pareja con contacto físico incluido.
En aquel entonces no le había importado en absoluto, pero ahora no entendía por
qué le molestaba tanto.
‘¿Será porque el teatro es actuación, pero esto es una situación
real?’
Aun
sabiendo que había participantes que fingían estar ilusionados solo para
volverse famosos, y sabiendo que Ji-in también pertenecía a ese grupo, le
molestaba precisamente porque no actuaban bajo un guion establecido. Tratándose
de una situación donde los sentimientos reales podían mezclarse en cualquier
momento, cualquier mirada o gesto de Ji-in ponía de los nervios a Yu-han.
“Tómate
esto para refrescar el aliento.”
“¿Otra
vez pastillas para la garganta? Pareces un abuelo de verdad.”
Después
de comer, cuando Ji-in le ofreció una pastilla, Hye-yeon respondió con una
sonrisa burlona.
Los
panelistas soltaron suspiros de indignación, compadeciéndose de Ji-in por
pensar que se había sentido herido y reprendiendo la actitud de Hye-yeon.
Señalaban que, durante la cita, Hye-yeon había tenido varios comentarios y
gestos de menosprecio hacia Ji-in, y que lo de las pastillas había sido la gota
que derramaba el vaso.
“¡Es
una edición malísima! ¡Ella no me habló con esa grosería…!”
Ji-in
le reclamó a la televisión con el dedo índice estirado, luciendo muy frustrado.
Defendió con fervor que tanto lo de las pastillas como el resto de la cita
habían sido charlas en tono de broma, que él, como el implicado, jamás había
sentido que Hye-yeon lo menospreciara, y que solo habían cogido momentos
aislados para editarlos de forma maquiavélica y hacerla quedar mal.
“Si
no fuera por el contrato de confidencialidad, escribiría un post. Hye-yeon no
es esa clase de persona.”
“Ya
lo sé.”
“Aunque
hable de forma cortante, si la conoces es muy leal y buena.”
“Que
ya lo sé.”
Sintiendo
fastidio por tener que escuchar a Ji-in preocuparse tanto por otra persona,
Yu-han subió el volumen del televisor.
*
* *
Al
día siguiente, Yu-han y Ji-in salieron a las montañas a hacer una ruta de
senderismo.
Para
escalar solían usar gorras, mascarillas y gafas de sol para evitar que la gente
los reconociera, por lo que solían ir al monte a menudo. Hoy volvieron a su
montaña habitual, y mientras Ji-in iba al baño, Yu-han se quedó esperando con
el teléfono en la mano.
Aunque
le había dicho a Ji-in que no mirara las reacciones en internet, Yu-han
cotilleaba la opinión pública por su cuenta. Conforme avanzaban los episodios,
los comentarios criticando a Ji-in iban en aumento, así que no pudo evitarlo.
¿Soy el único al que le parece que Ji-in va de novio devoto? Se
nota un montón que finge.
Su trabajo es ser actor, seguro que es 100% actuación.
¿No decían que como actor teatral era un don nadie? Debe de
estar desesperado por volverse famoso.
Ji-in, ¿te crees que ser famoso es tan fácil?
A
partir del momento en que se revelaron sus edades y profesiones, las reacciones
negativas hacia Ji-in aumentaron. Al enterarse de que su oficio era el teatro,
mucha gente empezó a dudar de su sinceridad.
Para que haya devoción tiene que haber química; a Hye-yeon se la
suda y Ji-in va detrás como un acosador.
Hye-yeon pasa olímpicamente de él, jeje. Da grima ver lo
patético que es Ji-in.
ㄴ ¿Qué es «Ji-be»?
ㄴ Ji-in el abuelo.
Había
quienes veían de forma muy negativa el simple hecho de que a Ji-in le gustara
Hye-yeon. Como Hye-yeon jamás lo había elegido, consideraban lamentable y
patético que él insistiera en escogerla una y otra vez.
Yu-han
repasaba los comentarios despectivos sobre Ji-in mientras mascullaba insultos
entre dientes. Estaba mucho más furioso que cuando le tocaba leer los insultos
dirigidos a él mismo. Si pudiera, le encantaría ir a buscar uno por uno a los
autores de los comentarios maliciosos para darles una paliza.
¿De verdad soy el único al que le parece sincero? La mirada con
la que mira a Hye-yeon es real.
A mí también me parece que lo de Ji-in es genuino. Aunque hayas
entrado con el rol de ir de frente, con tantas horas de cámaras encima se te ve
el plumero al final. Estos ya van por el undécimo día.
A pesar de que Saebom lo eligió dos veces, él solo escoge a
Hye-yeon. Eso es 100% real.
Si la mirada de Ji-in es actuación, el tío tiene que ir directo
a los Óscar.
ㄴ Jajaja, claro,
¡como si no estuviera haciendo obras de teatro de mierda!
Por
supuesto, también había personas que creían en la autenticidad de los
sentimientos de Ji-in.
Sin
embargo, los comentarios de estos últimos apuñalaban el corazón de Yu-han por
un motivo totalmente distinto.
«Joder… Se ve que no fui el único que lo notó…»
Yu-han
rechinó los molares mientras sentía cómo los celos crecían sutilmente en su
interior. Con la mirada ardiendo como el fuego y aferrando con fuerza el
teléfono móvil, siguió deslizando la pantalla hacia abajo.
¿Han visto el post que escribió un compañero de universidad de
Ji-in? Decía que a los 25 años fue la primera relación de Ji-in y que no tuvo
pareja en toda la época escolar.
¿Es que Ji-in sufre de mitomanía?
Este aspirante a influencer ya no sabe qué inventarse.
Venga ya, imposible. Con esa cara, seguro que alguien ha tenido.
Dato innecesario: decían que Ji-in era amigo de Woo Yu-han. Los
dos salieron del departamento de teatro y cine de la Universidad de Hankook.
Ah, yo también leí eso, jeje. Al principio se llevaban tan mal
que casi llegan a las manos, pero luego se hicieron amigos, jeje. ¿Dicen que
Woo Yu-han incluso fue a ver una de sus obras de teatro de mierda? ¿Seguirán
siendo amigos?
¡Vaya tarado estaba hecho Woo Yu-han por entonces! Un caso
perdido de verdad.
Yu-han
apagó la pantalla del teléfono, pensando que solo había estado viendo
tonterías.
Justo
en ese momento, Ji-in iba de regreso. Al parecer se había pasado por una tienda
de conveniencia, ya que le entregó a Yu-han una bolsa con agua embotellada y
unos aperitivos.
“¿Y
mi mochila no me la vas a cargar?”
Yu-han
aceptó la bolsa con total naturalidad, la metió en su propia mochila y se
quejó.
“¿Eh?”
“A
Hye-yeon sí que le llevabas las cosas… y a mí solo me dejas cargar.”
“Pero
si… fuiste tú el que me dijo que me la quedara.”
Ji-in
puso cara de total incredulidad.
Era
verdad. Yu-han procuraba que Ji-in no cargara con nada de peso siempre que
podía. Sobre todo al hacer senderismo, las cosas pesadas como el agua las
llevaba Yu-han obligatoriamente.
Por
eso, aunque Ji-in se la había entregado sin mala intención, le pareció el colmo
que ahora le saliera con reproches.
“Hye-yeon
mide 1,60 y pesa 44 kilos.”
“¿Quién
ha dicho lo contrario?”
“Y
tú me sales con estas ahora que mides 1,91.”
“A
mí nunca me ofreciste tu ropa para abrigarme. Me acabo de encabronar un poco.”
“¿Acaso
te queda mi ropa? Cuando te presté el chándal dijiste que te quedaba chico y no
lo querías.”
“¡Porque
eso fue una táctica siniestra tuya!”
Yu-han
replicó frunciendo el entrecejo.
Lo
que decía Ji-in se remontaba a la época de la universidad. Se basaba en el
episodio en el que Ji-in, con la intención de ver el cuerpo desnudo de Yu-han,
fingió derramar un té de ssanghwa a propósito para obligarlo a cambiarse de
ropa frente a él, y por eso ahora le recriminaba que no podía prestarle ninguna
prenda.
Yu-han
no entendía qué pintaba ese recuerdo ahí y le lanzó una mirada de reproche a
Ji-in.
“¿De
verdad estás celoso?”
De
repente, Ji-in arqueó las comisuras de los labios como si hubiera comprendido
algo. Había entendido que Yu-han —quien desde que se convirtió en actor
profesional se comportaba como una pareja madura y comprensiva— estaba
sintiendo unos celos infantiles solo por ver un programa de citas.
“¿Por
qué iba a tener celos del príncipe de cero votos?”
“Pues
parece que sí. Y eso que ibas de guay…”
“Yo
soy guay.”
“No
me cuentes milongas. ¡Woo Yu-han es un celoso de primera—!”
“¡Que
yo no hago esas cosas!”
Yu-han
lo negó con expresión seria, pero, incapaz de seguir discutiendo, dio media
vuelta y huyó de allí como si escapara. Empezó a subir por el sendero de la
montaña a paso rápido.
“¡Príncipe
celoso! ¡Espérame!”
Ji-in
lo miró con ternura y fue tras él.
*
* *
Finalmente
había llegado el día de la última emisión del programa.
Para
el episodio de hoy, se había decidido que Ji-in lo vería en la sala y Yu-han lo
haría por separado en su despacho. Ji-in se negaba a verlos juntos porque decía
que le daba demasiada vergüenza la parte en la que aparecía.
Como
Yu-han tenía instalado un proyector en su despacho para revisar los trabajos en
los que participaba, le cedió amablemente la sala a Ji-in.
“Ji-in
oppa. Sal un momento.”
La
última noche, justo antes de la elección final. Hye-yeon llamó a Ji-in y
salieron juntos hacia el banco del jardín instalado en el alojamiento
compartido.
“Solo
quería decirte gracias por estas tres semanas.”
“¿Eh?
¿Por qué me lo agradeces…?”
“Porque
siempre me has cuidado. Y me has llevado a un montón de lugares bonitos… Como
yo nunca pude llevarte a ninguno, ahora que todo termina, me siento mal por
eso.”
Hye-yeon
habló esquivando la mirada, con una actitud muy distinta a la seguridad que
solía mostrar.
Ji-in
la miró con la boca abierta, luciendo desconcertado.
“Parece
que Hye-yeon le está diciendo de forma indirecta que mañana no lo va a elegir.”
“¿Porque
cree que Ji-in la va a escoger de nuevo?”
“Debe
de estar rechazándolo de antemano con educación.”
Los
panelistas del estudio analizaron las palabras de Hye-yeon y se compadecieron
de la situación y de Ji-in.
“No…
Hye-yeon. No tienes por qué sentirte mal por nada. Yo simplemente hice lo que
me dio la gana, y tú puedes hacer lo mismo. No te preocupes por mí.”
El
propio Ji-in agitaba las manos, expresándose con entusiasmo ante Hye-yeon para
asegurarle que no le importaba en absoluto y que no debía cargar con
remordimientos.
“Yo
también soy un ser humano, ¿cómo no voy a preocuparme?”
“No
me molesta para nada que no me elijas. De hecho, jamás esperé que lo hicieras…
Ah, lo siento muchísimo. No pensé que te haría sentir incómoda.”
Ji-in
se pasó una mano por el cabello, se tocó la frente y dejó escapar un suspiro.
Estaba tan desconcertado que su reacción demostraba que no se esperaba para
nada el comportamiento de Hye-yeon.
Al
ver esto hasta ese punto, Yu-han creyó comprender por fin por qué Ji-in había
estado eligiendo a Hye-yeon todo este tiempo.
Como
el objetivo de Ji-in al participar en el programa no era encontrar pareja, se
dedicaba a votar sistemáticamente a la persona que sabía que no lo elegiría a
él: alguien con gustos y disgustos muy claros y que parecía tener claro que
jamás lo vería con ojos románticos.
Por
esa misma razón, si aparecía alguna participante como Saebom que le demostraba
interés, él se mostraba tajante y la rechazaba para no darle falsas esperanzas.
Pensándolo
de ese modo, cobraba sentido por qué Ji-in se había esmerado tanto en tratar
bien a Hye-yeon. Al fin y al cabo, como la estaba utilizando para su propósito,
le había brindado el máximo nivel de educación posible.
Y
el hecho de que ahora Ji-in entrara en pánico al darse cuenta de que Hye-yeon
se sentía culpable encajaba perfectamente en esa misma lógica.
“Mañana
haz exactamente lo que te apetezca.”
Incluso
después de eso, Ji-in se esforzó fervientemente en demostrarle que no le
importaba con tal de quitarle presión de encima a Hye-yeon. Llegó a soltar un
comentario bastante caballeroso, animándola a mostrar hasta el final esa
franqueza y personalidad de marcada iniciativa que tanto la caracterizaban.
“No
me elijas bajo ningún concepto. ¿Entendido?”
“Entendido.
Oppa, tú tampoco me elijas a mí.”
Por
fortuna, la incomodidad de Hye-yeon fue disipándose y terminaron despidiéndose
entre bromas mutuas.
Sin
embargo, el micrófono de la recámara de Ji-in captó un sonido sospechoso. Era
el llanto ahogado de Ji-in debajo de las sábanas.
“Vaya.
¿Ji-in está llorando?”
“Ah…
Entonces lo que le dijo a Hye-yeon no era verdad…”
Los
panelistas exclamaron sorprendidos y comenzaron a especular sobre los motivos
del llanto de Ji-in.
Aunque
frente a ella había dicho que no le importaba, dedujeron que eso solo había
sido un gesto de consideración para hacerla sentir cómoda, y que en el fondo
Ji-in se sentía desolado y miserable. Interpretaron que esas lágrimas eran el
reflejo de la herida del desamor.
—¿Por
qué lloró?
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“Hubo
un asunto personal. Algo que no tiene nada que ver con las grabaciones… Lo
siento.”
Durante
la entrevista personal le preguntaron la razón por la cual había llorado
aquella noche, pero Ji-in respondió con una sonrisa cohibida.
—¿No
fue por Hye-yeon?
“Para
nada. No tiene absolutamente nada que ver con Hye-yeon.”
Ante
las insistentes preguntas que le siguieron, Ji-in negó rotundamente con la
cabeza, agitando las manos y adoptando una expresión tajante.
“Dicen
que por mucho que el equipo de producción le preguntaba, mantuvo el «no» hasta
el final.”
“¿No
lo hace para evitar que Hye-yeon quede mal parada?”
“Yo
creo que es eso.”
“Ji-in
es demasiado bueno…”
“Siendo
sinceros, Ji-in es de lo mejor que hay. Si yo fuera Hye-yeon, lo elegiría a
él.”
“Yo
también, yo también.”
Los
panelistas y el equipo de producción concluyeron eso sin creerse en absoluto
las palabras de Ji-in.
“Maldición…
¿Qué demonios…?”
A
Yu-han se le escapó el insulto de puro desconcierto. Al escuchar el llanto de
Ji-in, sintió una punzada en el pecho como si algo le estrujara el corazón,
pero al mismo tiempo experimentó una clara sensación de incredulidad.
En
la escena anterior estaba convencido de que Ji-in actuaba así porque no sentía
nada real por Hye-yeon, pero verla llorar a solas en la cama derrumbaba por
completo su teoría previa.
«La última noche… Ji-in no pudo conciliar el sueño con
facilidad.»
A
partir de ahí, los sollozos de Ji-in se prolongaron largamente mientras la
secuencia de aquel día concluía con unos subtítulos de tono nostálgico.
La
elección final no deparó sorpresas. Ji-in eligió a Hye-yeon y ella escogió a
otro hombre.
“Hye-yeon.
Quiero que sigamos llevándonos bien como oppa y dongsaeng de confianza fuera de
aquí. Lamento si te hice sentir incómoda.”
En
su entrevista individual, Ji-in le dedicó un mensaje en video a Hye-yeon,
luciendo hasta el último momento como un hombre entregado a un amor puro y
devoto.
“¡Maldita
sea… Seo Ji-in!”
Sin
pararse a buscar las reacciones en internet, Yu-han salió directo del despacho.
Tenía la firme intención de interrogar cara a cara al responsable para
averiguar qué demonios había estado haciendo allí.
“¡Seo
Ji-in! …¡Ji-in! ¡¿Ji-in?!”
Sin
embargo, la sala estaba vacía. Yu-han buscó por todas las habitaciones, pero no
había rastro de él en ninguna parte.
Yu-han
tomó su teléfono y lo llamó.
“¿Dónde
estás?”
—Salí
un rato afuera.
“Te
pregunto dónde.”
—A
ver a Hye-yeon.
“…¿Qué?”
Yu-han
creyó que le fallaban los oídos y repitió la pregunta.
Al
mirar a través de la ventana, vio que la tarde empezaba a oscurecer y la lluvia
había comenzado a caer. Le resultaba incomprensible que, a estas alturas de la
noche y con este tiempo desapacible, Ji-in hubiera dejado de ver el programa
para irse a ver con Hye-yeon.
—¿Viste
internet? Los insultos a Hye-yeon son demasiado crueles… ¿Cómo voy a quedarme
de brazos cruzados?
“¿Y
a ti qué mierda te importa eso?”
—Me
importa porque todo esto pasó por mi culpa. Es lo mínimo que puedo hacer como
ser humano…
Ji-in
hablaba con total naturalidad. No parecía albergar la menor noción de haber
hecho algo malo al salir a escondidas para ir a ver a Hye-yeon, ni imaginaba
siquiera que Yu-han pudiera molestarse, explicándoselo con un tono de completa
inocencia.
A
Yu-han le costaba asimilar esas explicaciones. La razón era simple: el magma de
celos que llevaba acumulando en su interior acababa de estallar.
Yu-han
gruñó con furia:
“¿Dónde
estás?”
Tras
bajar al sótano del estacionamiento, Ji-in giraba la cabeza a un lado y al otro
buscando el auto de Yu-han.
Como
Yu-han le había estado preguntando de forma casi maníaca dónde se encontraba,
Ji-in le había consultado con cautela a Hye-yeon si «podía ir Woo Yu-han».
Pensaba que la obsesión de Yu-han solo se calmaría si lo llevaba con él, y por
el lado de Hye-yeon, creía que recibir la visita de un sunbae que había sido
apaleado con críticas destructivas hasta casi arruinar su carrera le serviría
como un gran consuelo.
“¿Oppa
conoce a Woo Yu-han? ¡¿Cómo?! No… ¡llámalo ya. Hazlo venir ahora mismo!”
Hye-yeon
dejó atrás las lágrimas, con los ojos brillando de emoción, y le dio luz verde
a la visita de Yu-han. Tan entusiasmada estaba que fue a presumírselo a su
hermano mayor, mientras Ji-in se había quedado sentado en la sala de otra
persona como un adorno inútil hasta que recibió el mensaje de Yu-han
anunciándole que había llegado a la planta baja del edificio, momento en el
cual bajó al estacionamiento.
“Pero
qué…”
Aunque
Ji-in localizó el vehículo de Yu-han de inmediato, como este no se bajaba,
terminó acercándose al lado del conductor.
Justo
cuando Ji-in levantaba la mano para tocar la ventanilla, esta descendió
lentamente para revelar el rostro apuesto de Yu-han.
“Súbete.”
“¿Por
qué? Hye-yeon está esperando.”
“¿Para
volver a ir?”
“Tenemos
que ir juntos. Está súper emocionada con que vengas.”
“¿Y
a mí qué me importa esa tonta?”
“¿Qué
dices? Me dijiste que venías, así que le di la dirección y le avisé que
subiríamos.”
“Agh…
Súbete de una vez.”
Yu-han
soltó un suspiro pesado antes de hablar.
A
Ji-in le desconcertó ver el mal humor de Yu-han. Sabía que se había enfadado
porque se había marchado sin avisar, pero no lograba comprender por qué seguía
furioso si lo había llevado exactamente al lugar con Hye-yeon tal como él
deseaba.
A
pesar de que a Ji-in también le daban ganas de suspirar, optó por subir al
asiento del copiloto por si acaso alguien pasaba por allí y reconocía a Yu-han.
“¿Qué
te pasa?”
“Vine
a buscarte.”
“Acabo
de llegar. Todavía ni siquiera he podido consolarla como se debe…”
Ji-in
intentó razonar con él, pero su voz se fue apagando. Al tener a Yu-han justo a
su lado, intuía instintivamente que aquel no era un problema que se fuera a
resolver enseguida.
A
juzgar por el brillo obsesivo y febril que emanaba sutilmente de sus ojos
alargados, el estado de ánimo de Yu-han estaba gravemente torcido.
“Ya
hablaremos de esto en casa.”
Ji-in
trató de zanjar el asunto con esa frase con la intención de regresar con
Hye-yeon. Consideraba que consolarla era su máxima prioridad en ese momento,
tal como había venido a hacer.
Sin
embargo, en el preciso instante en que se disponía a abrir la puerta del auto,
Yu-han la bloqueó desde el asiento del conductor.
“¿Qué…
estás haciendo?”
“¿Sientes
algo por Hye-yeon?”
“…¿Qué?”
“Te
pregunto si todo lo demás era mentira.”
Yu-han
se inclinó hacia Ji-in. Su mirada afilada brillaba con fiereza, como si
estuviera a punto de devorarlo.
En
realidad, Yu-han tampoco creía que a Ji-in le gustara Hye-yeon en ese sentido.
Durante el trayecto en auto había tenido momentos breves de lucidez donde pudo
pensar de forma racional.
Yu-han
también había deducido de manera bastante lógica la razón por la cual Ji-in
había llorado: el agotamiento acumulado tras tres semanas de convivencia con
desconocidos bajo la vigilancia de cámaras veinticuatro horas al día, sumado a
la abrumadora sensación de alivio al fin de que todo terminara, le había hecho
flaquear las emociones.
A
eso se le sumaba el sentimiento de culpa hacia Hye-yeon, provocando que los
sentimientos de Ji-in desbordaran su cauce.
Aun
viéndolo de esa manera, a Yu-han le repugnaba el simple hecho de que Ji-in
hubiera derramado lágrimas por culpa de otra persona. Una mentalidad paranoica
lo arrastró con violencia, dictándole que sus lágrimas solo debían brotar por
él y por nadie más.
“…¿Cómo
puedes preguntar semejante estupidez?”
“Porque
lo que haces no tiene nada de estúpido ni de normal.”
Yu-han
habló con ferocidad. Le resultaba insoportable ver que, incluso ahora, Ji-in
seguía intranquilo y preocupado por otra persona en lugar de centrarse en él.
Tras
mirarlo fijamente a los ojos, Yu-han se abalanzó de repente sobre él para
besarlo. Cuando Ji-in, sobresaltado, intentó apartarlo, Yu-han se le vino
encima montándose en su regazo y reclinó por completo el respaldo del asiento.
“¡Mmh!
¡Ah!”
Abrumado
por aquel beso avasallador e impositivo, Ji-in intentó esquivarlo.
Pero
Yu-han continuó besándolo sin soltarle el rostro. Eso si es que se le podía
llamar beso al hecho de introducir la lengua unilateralmente para explorar su
boca y succionar sus labios con fiereza.
Yu-han
introdujo la mano por dentro de la ropa de Ji-in, le pellizcó los pezones y
frotó sus cuerpos entrelazados. Gracias a que sus cuerpos ya tenían el hábito
grabado por tantas veces, el roce forzado hizo que a ambos hombres se les
despertara una ligera reacción en la entrepierna.
Yu-han
le bajó los pantalones a Ji-in y, mientras le manoseaba la erección al
descubierto, comenzó a deslizarse hacia abajo. Tenía la intención de
practicarle un sexo oral.
“¡No
lo hagas!”
Comprendiendo
sus intenciones, Ji-in hizo un esfuerzo sobrehumano para tirar de Yu-han hacia
arriba.
Bien
sabía que los cristales oscuros del auto impedían que se viera el interior
desde fuera, pero aun así seguían en un espacio público por el que pasaba
gente. Para Ji-in, un hombre con la regla conservadora de que el sexo solo debe
hacerse en una cama y en un espacio cerrado a solas con su pareja, aquello era
motivo absoluto de pánico.
“Entonces
hazlo tú.”
“¿Qué
dijiste?”
“Uno
de los dos tiene que venirse para que podamos irnos.”
“¿Qué
estupideces dices, Yu-han…?”
Ji-in
cerró los ojos con fuerza. Se sentía aún más mareado porque sabía perfectamente
que Yu-han no iba a desistir de semejante estupidez. En el tono tan natural de
Yu-han percibía una determinación inquebrantable y de lo más peligrosa.
“…Terminemos
rápido….”
Al
final, Ji-in enderezó el cuerpo y se deslizó hacia el suelo del asiento del
copiloto. Como si seguía demorándose existía la posibilidad de que Hye-yeon
bajara, su único plan era hacer que Yu-han se viniera rápido para poder
largarse de allí.
Con
las rodillas apoyadas en la alfombrilla del auto, Ji-in bajó la bragueta del
pantalón de Yu-han. Sacó un pene viril grueso y pesado, y se lo metió en la
boca con total familiaridad. Al fin y al cabo, si no fuera por el lugar en el
que estaban, era algo que hacían casi a diario.
“Uf…”
Yu-han
se quedó sentado con el torso erguido, mirando hacia abajo cómo trabajaba
Ji-in. Con una mano se agarraba la base del pene para ponérselo más fácil y
asegurarse de que Ji-in pudiera abarcarlo bien en la boca.
Al
sentirse cálidamente envuelto por la estrecha y húmeda mucosa de Ji-in, Yu-han
dejó escapar un gemido bajo. Aunque era una sensación placentera que ya conocía
de sobra, el simple hecho de estar dentro de la boca de Ji-in hacía que
experimentara un estremecimiento cada vez que lo hacían.
“Seo
Ji-in… Eres mío.”
Dijo
Yu-han mientras le apartaba con suavidad el precioso cabello castaño. Los
sedosos mechones se deslizaron con ligereza entre sus dedos, haciéndole
cosquillas.
Mientras
disfrutaba de aquella sensación tan exasperante como tentadora, de pronto
Yu-han le asió con fuerza la cabellera. Manteniéndole el rostro sujeto, empezó
a mover las caderas para embestir su pene en el interior de su boca.
“¡Gulp!
¡Mm, ngh!”
“La
única persona que puede hacerte esto… Mierda, ah… soy yo.”
Yu-han
le habló en un tono de voz bajo, mirándole fijamente a la cara.
Los
ojos redondos y apacibles de Ji-in se habían teñido de rojo y se le llenaron de
lágrimas. Eran lágrimas de reflejo puramente fisiológico, provocadas por la
brutalidad con la que el pene de Yu-han le golpeaba el fondo de la garganta.
A
Yu-han le encantaba ver eso. Era justo la imagen que encajaba con su retorcido
pensamiento de que Ji-in solo debía llorar por su culpa.
Absorto
en la obsesión de provocar que las lágrimas de Ji-in cayeran por fin, Yu-han
arremetió con más fuerza aún.
“¡Ugh-uh!
¡Ngh! ¡Ah!”
Ji-in
intentó zafarse golpeando y empujando la cintura de Yu-han, pero fue inútil.
Atrapado en el reducido espacio del piso del copiloto, no tenía más opción que
recibir aquel falo con forma de arma. Abriendo la garganta todo lo que le era
posible, Ji-in succionó el pene de Yu-han hasta el límite de sus fuerzas.
Al
final, las lágrimas que se habían ido acumulando gota a gota en forma
transparente terminaron por desbordarse, surcándole las mejillas.
“Ah…”
Yu-han
contempló aquel caminito húmedo con satisfacción, levantando con elegancia la
comisura de los labios.
De
un movimiento brusco, Yu-han tiró de Ji-in hacia arriba con fuerza. Le dio la
vuelta de inmediato, lo tumbó boca arriba y se montó encima de él. Acto
seguido, le separó las piernas y comenzó a tantearle la entrada.
“¡Dijiste
que solo bastaba con mamarla!”
Ji-in
pataleó apartando las caderas. Había adivinado que Yu-han pretendía penetrarlo.
“¿Cuándo
dije eso?”
“¡Que
con eso ya podíamos irnos…!”
“Voy
a correrme dentro. No en la boca.”
Yu-han
inmovilizó sin esfuerzo el cuerpo que se retorcía bajo él y alineó la punta del
glande con la entrada de Ji-in. Sin previos roces ni preparativos, la embistió
de un solo golpe hasta la base.
“¡Hic!
¡Agh!”
Olvidadose
por completo de que tenía que guardar silencio, Ji-in soltó un grito.
Llevaban
haciendo el amor casi a diario durante tres años. Ji-in creía que su entrada ya
estaba más que adaptada al pene de Yu-han, pero recibir una estocada tan
salvaje y descomunal se le hacía bastante difícil de soportar.
Por
si fuera poco, en cuanto Yu-han comenzó a moverse, Ji-in perdió el poco juicio
que le quedaba. Lloró con sollozos, exactamente igual que alguien que estuviera
experimentando su primera penetración.
“¡Hah-ah!
¡No, ngh! ¡Se va a romper, ah-ah!”
“Tranquilo.
Uf, lo estás recibiendo tan bien…”
“¡Para
ya…! ¡Ngh! ¡Mm-mmh!”
La
abrumadora pesadez del cuerpo de Yu-han aplastándole y la furia de su pene
empujando sin piedad hacían que a Ji-in se le desvaneciera la razón.
Las
embestidas de Yu-han se volvieron tan frenéticas que parecía querer destrozarle
las entrañas. Dentro del habitáculo solo se escuchaban el chirrido del cuero de
los asientos al deslizarse y el sonido húmedo y obsceno de la carne de ambos
hombres chocando con fuerza.
Específicamente,
en la zona de contacto entre el ano de Ji-in y el pene de Yu-han, los fluidos
corporales producían un chapoteo sumamente lascivo.
El
ritmo de Yu-han se tornó tan desatado que el auto en el que iban comenzó a
balancearse.
De
repente, el fusible en la mente de Ji-in pareció reconectarse y una sirena
interior le recordó que tenía que calmar a Yu-han como fuera.
Pero
en el instante exacto en que Ji-in abrió la boca para hablar, Yu-han se
derrumbó hacia adelante, cubriendo por completo el torso de Ji-in con el suyo.
El impacto le aplastó los labios contra el propio hombro de Yu-han, dejándolo
sin la menor posibilidad de pronunciar palabra.
“¡Mmh!
¡Mph!”
Ji-in
lloraba emitiendo sonidos ahogados desde lo profundo de la garganta. Intentaba
pedirle que lo soltara, pero aquellos balbuceo ininteligibles solo servían para
avivar aún más el apetito sexual de Yu-han, haciendo que sus estocadas se
volvieran todavía más violentas y salvajes.
A
lo largo de todo aquello, Ji-in no había dejado de sentir un terror constante:
el miedo a ser descubierto por algún transeúnte o a que Hye-yeon bajara a
buscarlo en cualquier momento.
Pero,
al mismo tiempo, una inmensa e intensa ola de placer primario lo recorría.
Encontrarse en esa situación —con la boca tapada, las manos y los brazos
inmovilizados, e incapaz de oponer la más mínima resistencia mientras era
penetrado por Yu-han— desataba en su interior un orgasmo de lo más irracional.
Sin
saber en qué momento exacto había ocurrido, Ji-in, contradiciendo los ruegos
entre sollozos con los que le había pedido que parara instantes antes, comenzó
a apretar con exquisitez y avidez el pene de Yu-han. Lo hacía para sentir de
raíz y hasta la última fibra el falo que le removía con tanta temperatura el
interior del ano.
“Jamás
te soltaré, uf… Eres mío, para siempre…”
Aferrando
con fuerza el cuerpo de Ji-in, Yu-han dio el último acelerón. Con estocadas
cada vez más frenéticas y demoledoras —una clara prueba de su promesa de no
dejarlo ir jamás—, arremetió contra él.
Poco
después, Yu-han eyaculó una espesa y densa carga de semen en el interior de
Ji-in.
“Paró
de llover…”
Dijo
Ji-in mientras miraba a través de la ventanilla del coche. A pesar de la
oscuridad, la noche de Han River tras la tormenta se sentía tan despejada y
limpia que daban unas ganas irrefrenables de bajar los cristales.
Terminado
el encuentro, Ji-in no regresó junto a Hye-yeon, sino que salió de los
apartamentos acompañado por Yu-han. Se despidió de ella por teléfono,
excusándose con la promesa de que, si algún día abría un canal de YouTube, iría
como invitado cuantas veces hiciera falta.
La
razón era simple: si volvía a subir al piso de Hye-yeon con el pelo
completamente revuelto y la piel llena de marcas rojizas, iba a ser un cuadro.
El sexo en el espacio tan limitado y estrecho de un automóvil había dejado sus
ropas arrugadas e incluso con alguna mancha de semen. Sencillamente, no
presentaba un aspecto digno para comparecer ante otra persona.
Yu-han
y Ji-in compraron café en un autoservicio y se dirigieron a la orilla del río
Han, donde aparcaron con la intención de charlar con calma dentro del auto.
Yu-han quería aclarar de una vez por todas los malentendidos que no había
podido ni mencionar debido a su abrumadora excitación.
“Se
notaba a leguas que el objetivo de Hye-yeon era el mismo que el mío. Vino con
esa mentalidad y por eso la traté bien, todo eso es verdad.”
Ji-in
confirmó la mayor parte de las conjeturas que Yu-han se había hecho. No
obstante, en cuanto al motivo por el que había llorado la última noche, le
aclaró que su teoría solo acertaba a medias y le contó cómo fue en realidad.
“Ese
día era tu primer rodaje de una película. Estabas sufriendo por culpa de Jeon
Hae-seok y me enviaste un mensaje. ¿Te acuerdas?”
“Ah…
¿por la noche? Es verdad, sí…”
“Tú
no eres de los que se quejan de lo duro que es todo, así que pensé en lo
estresado que debías estar para llegar a ese extremo. Y encima desde el primer
día. Pero yo no podía irme de inmediato. Me sentía fatal por no poder estar a
tu lado…”
Ji-in
le explicó que la razón por la que sus emociones se habían desbordado no había
sido un falso remordimiento por Hye-yeon, sino la culpa que sentía hacia
Yu-han. Añadió que la razón por la cual había preferido ver la última emisión
por separado fue justamente porque le daba una vergüenza terrible ver el
fragmento en el que lloraba por culpa de Yu-han junto al propio interesado.
“¿Que
si miraba a Hye-yeon con ternura? Para ser sinceros, era porque me recordaba a
ti.”
“…¿A
mí?”
“Porque
las dos son iguales.”
“¿En
qué se supone que nos parecemos?”
“En
que tienen la boca sucia y un carácter de mil demonios.”
“Mierda,
qué…”
Yu-han
estuvo a punto de replicar que él no se parecía en nada a Hye-yeon, pero se
contuvo a mitad de frase. Ya había soltado un insulto por pura costumbre, por
lo que con eso ya le era imposible negar la primera parte sobre tener la «boca
sucia y carácter de mil demonios».
“¿Te
dio vergüenza?”
Preguntó
Ji-in con una carcajada.
“…Aun
así, ya saqué algo en claro.”
Sin
afirmar ni desmentir nada, Yu-han se aclaró la garganta antes de hablar.
“¿El
qué?”
“Dedícate
solo a actuar. Muéstramela solo a mí, esa faceta de la persona que es Seo Ji-in
en su día a día. Me pone de los nervios que otros sepan cómo eres.”
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Lo
soltó con bastante naturalidad. Le hizo una exigencia imperativa y descarada:
que de ahora en adelante Ji-in se olvidara no solo de los programas de citas,
sino también de los de variedades, y se centrara exclusivamente en la
actuación.
“Woo
Yu-han de verdad…”
A
Ji-in se le escapó una risa floja ante los caprichos tan absurdos y posesivos
de Yu-han.
Sin
embargo, lo que le resultaba todavía más incomprensible era comprobar que hasta
esa clase de actitudes en Yu-han le parecían adorables. Con un carácter propio
de un matón, unos hábitos lingüísticos groseros, un apetito sexual y un sentido
de la posesión tan abrumadores que rozaban lo insoportable, aquel gigante de
1,91 metros lograba que cualquier cosa que hiciera le pareciera tierna y
entrañable. Pensó que estaba perdido de verdad.
“Eso
de que cuando alguien te parece tierno ya estás acabado…”
Comentó
Ji-in con una sonrisa de autocompasión mientras negaba con la cabeza.
“Yo
ya estaba acabado desde hace mucho.”
Yu-han
respondió con eso en lugar de preguntarle a qué se refería. Aunque ignoraba qué
clase de razonamiento había llevado a Ji-in a pensar de esa manera, consideraba
que él mismo llevaba una enorme ventaja en lo que respecta a experimentar en
carne propia el principio de que «cuando alguien te parece tierno, estás
perdido».
“¿Eh?
Oye, a Jeon Hae-seok le acaba de estallar algo gordo.”
Al
encender el teléfono para consultar el pronóstico del tiempo, Ji-in se topó con
un titular de noticias en los widgets y entró a la página del artículo a toda
prisa.
[Un
miembro del personal de Jeon Hae-seok tras siete años destapa la tiranía y el
trato humillante de una estrella de primera línea]
[«No
aguantaba más»: ¿por qué el equipo de Jeon Hae-seok denunció al actor ante el
Ministerio de Trabajo?]
[Insultos,
agresiones físicas e incluso ingresos hospitalarios: la dolorosa confesión del
exmánager de Jeon Hae-seok]
[«A
mí también me pasó»: se multiplican las denuncias sobre las tropelías de Jeon
Hae-seok]
[¿La
ira justificada de Woo Yu-han? ¡Se reevalúa el caso de la agresión de Jeon
Hae-seok!]
[¿Qué
demonios le hizo Jeon Hae-seok a Woo Yu-han?]
“¡Eh,
mira! ¡Dicen que están reevaluando lo de Woo Yu-han!”
Exclamó
Ji-in con entusiasmo mientras escaneaba los titulares que aparecían en cascada.
Inclinó el teléfono hacia Yu-han para que pudiera leer las noticias, los videos
y comprobar las reacciones en los comentarios.
Woo Yu-han era la víctima. Le dio un puñetazo después de
aguantar carros y carretas, tiene que haber estado frustradísimo.
Aunque agredir estuvo mal, hay que reconocerlo.
Decían que Jeon Hae-seok le tiraba botellas de agua a la primera
de cambio y hasta ceniceros;; no me extrañaría que hubiera empezado pegándole a
Woo Yu-han O.O
Sinceramente, a personas como Jeon Hae-seok hay que darles su
buen par de golpes de vez en cuando.
Woo Yu-han es el típico gamberro de buen corazón, de acuerdo.
Ji-in
se alegró enormemente al ver que la injusticia que cargaba Yu-han empezaba a
disiparse.
Aunque
Yu-han pensaba que al menos aquello era un alivio, sentía un profundo rechazo
ante la volubilidad del público, capaz de cambiar de opinión de la noche a la
mañana como si se tratara de dar vuelta a una hoja de papel. Con ver que Ji-in
estaba contento le bastaba; no tenía el menor deseo de seguir leyendo notas ni
comentarios.
“¿Nos
vamos a casa?”
“Sí.
Déjame abrir un poquito la ventana.”
Ji-in
bajó el cristal de la ventanilla hasta la mitad.
De
inmediato, una fragancia fresca a flores y hierba se coló de golpe en el
interior del auto. Las plantas empapadas por la lluvia esparcían sus aromas
característicos a la redonda, llenando el aire de una atmósfera limpia y
embriagadora.
“Mmh.
Qué bien huele—”
Acercando
el rostro al marco de la ventanilla, Ji-in respiró hondo con los ojos cerrados.
Al
contemplar la nuca redondeada de Ji-in, Yu-han pensó en un cachorro capaz de
hallar la felicidad en las pequeñas cosas. Soltó una risita ahogada y puso el
auto en marcha.
Del
mismo modo en que la fragancia de las flores se intensifica después de la
lluvia, Yu-han sintió que, con cada ataque de celos superado, su amor por Ji-in
se hacía todavía más intenso.
