Extra 1

 


Estar contigo

“No.”

Ante esa respuesta tan tajante, la boca de Siyul se abrió de par en par. Sus ojos también se redondearon. Aunque había previsto que Kwon Yu-won reaccionaría así, su determinación era mucho más firme de lo que esperaba.

“¿Por qué no? Si últimamente tú también llegas tarde por la noche o incluso hay días que ni vienes.”

“¿Eso es lo mismo que vivir juntos?”

Siyul gruñó con tono de queja, y Kwon Yu-won apretó el puño y abrió los ojos de par en par. Verlo abrir tanto sus ojos, ya de por sí expresivos, hasta dejar ver el blanco de sus pupilas, intimidaba un poco. Aun así, Siyul no se amilanó. Armándose de valor, él también abrió mucho los ojos y le devolvió la mirada feroz.

“¡¿Qué diferencia hay?! Es exactamente lo mismo. Y además, cuando tú no estás, yo ya….”

“En aquel entonces no tuve otra opción, era por circunstancias fuera de mi control.”

Kwon Yu-won interrumpió a Siyul, dejando caer su cerveza sin alcohol sobre la mesa con un golpe seco. Siyul curvó el labio inferior en un puchero. Aunque le lanzó una mirada de protesta, Kwon Yu-won lo ignoró y se dedicó a comer los aperitivos.

“Absolutamente no. Ni siquiera te has casado y ya hablas de vivir juntos, qué tonterías dices.”

El tono que usaba recordaba al de un anciano gruñón de la era Joseon, agitando las solapas de su hanbok. Siyul, sintiéndose frustrado, se bebió su cerveza de un trago.

El origen de todo era este: el trabajo estaba resuelto, Woo Hyun-se no paraba de pincharle para que se mudara con él, y Siyul, al vivir en la posada, sentía que el tiempo que pasaba con su pareja se reducía drásticamente, lo cual le causaba una angustia insoportable.

Por ello, intentó convencer a Kwon Yu-won para independizarse de una vez, pero, como si su antigua terquedad de no querer alfas a su alrededor no hubiera disminuido, apenas Siyul mencionó el tema, Yu-won se opuso rotundamente.

“¿Es por el alquiler?”

Pensando que tal vez le preocupaba no poder cubrir el costo del alquiler solo, Siyul preguntó con cautela. Kwon Yu-won montó en cólera, preguntando si creía que era capaz de hacer algo así solo por dinero.

“Entonces, ¿por qué?”

Aunque preguntaba, Kwon Yu-won aplicaba la ley del silencio. Ante la negativa, Siyul optó por usar el método de hacerse el desvalido, que solía funcionar mejor que los gritos. Siyul miró a Kwon Yu-won con los ojos llorosos y cargados de sentimiento. Aunque al principio Yu-won desvió la mirada, finalmente se rindió ante aquella insistencia que lo seguía como un cachorro.

“Odio a ese tipo, Woo Hyun-se. No me cae bien.”

“¿Por qué, Hyung?”

“¿Qué Hyung ni qué niño muerto? Es un viejo. ¿Por qué le dices Hyung a un tipo que te lleva ocho años? Deberías decirle señor o abuelo.”

“Abuelo me parece demasiado.”

¿Tratarlo de anciano cuando ni siquiera tenía una sola cana? Siyul replicó tímidamente, a lo que Kwon Yu-won soltó una carcajada. “¿Ya te has pasado a su bando?”, dijo Yu-won, golpeando el brazo de Siyul con el puño mientras seguía refunfuñando.

“En fin, no. Estoy en contra.”

“Ah, Kwon Yu-won.”

Aunque Siyul le sacudió el brazo rogándole, Kwon Yu-won se mantuvo firme. Aunque ya era un adulto y Yu-won no era su tutor legal, por lo que no necesitaba un permiso formal, Siyul quería ser reconocido oficialmente por la persona que era más que un hermano para él.

“¿De verdad no hay forma?”

“No.”

Viendo que no cedería, no quedaba otra. Era mejor retirarse hoy y esperar a la próxima oportunidad. Podía renunciar a otros temas, pero en cuanto a la independencia, Siyul no quería darse por vencido tan fácilmente.

“Está bien. Pero a cambio.”

Aun así, necesitaba desquitarse por el mal trago. Siyul bebió lo que quedaba de su cerveza y se limpió la boca. Kwon Yu-won, que estaba sentado de lado mirando a lo lejos, giró la cabeza hacia Siyul. Este le sostuvo la mirada directamente.

“Tú tampoco puedes dormir fuera.”

“¿Qué?”

Preguntó Kwon Yu-won con voz atónita. Siyul no se echó atrás.

“También habrá toque de queda. A las 12 de la noche.”

“Oye.”

“Hagámoslo justo. Yo tampoco dormiré fuera. Y cumpliré el toque de queda.”

“¿Acaso somos adolescentes? Te quejas porque te prohibí vivir juntos, ¿verdad?”

“¿Tienes miedo?”

“¿Ah, sí?”, dijo Kwon Yu-won entornando los ojos. No le tomó mucho tiempo decidirse. “Está bien”, aceptó el desafío de Siyul sin dudar.

“Si alguien incumple tres veces, pierde.”

“Tres veces es mucho. Una sola.”

Kwon Yu-won fue aún más estricto. Siyul aceptó las condiciones al instante.

“El que gane pide un deseo.”

“De acuerdo. Ve preparándote.”

Kwon Yu-won se golpeó el pecho con confianza, seguro de que nunca perdería. Siyul también brillaba con determinación. Con su independencia en juego, estaba decidido a luchar con todas sus fuerzas.

Como ya había dejado su trabajo en el restaurante de carne, el toque de queda de las 12 no era un problema. Solo tendría que ajustar el tiempo de sus citas con Woo Hyun-se. Quería haberle dado buenas noticias, así que Siyul subió al coche con los hombros caídos y gesto abatido.

“¿Te fue bien con la charla?”

Como el resultado no había sido bueno, a Siyul no le salía una sonrisa ni viendo a Woo Hyun-se. Además, ni siquiera podía articular palabra. Él seguramente habría tenido expectativas. Siyul, tras dudar, comenzó a explicar el suceso.

“Yu-won fue muy tajante….”

Siyul esperaba que Woo Hyun-se lo llevara a casa sin importarle la opinión de Yu-won. Pero, para su sorpresa, Woo Hyun-se dio un paso atrás y esperó la decisión de Siyul. Comparado con el pasado, cuando lo encerraba ciegamente sin dejarle dar ni un paso fuera de la habitación, aquello era un avance monumental.

Siyul siguió charlando de forma animada. Cuando mencionó la apuesta, Woo Hyun-se soltó una pequeña carcajada. Con ternura, despeinó el cabello de Siyul, rodeó su cuello con el brazo para atraerlo hacia él, le dio besitos en las mejillas y finalmente le dio un mordisquito suave.

Woo Hyun-se jugueteó con las suaves mejillas de Siyul como si fueran masa antes de soltarlas, dejándolas empapadas de saliva. Él mismo se encargó de limpiar la mejilla de Siyul con su pulgar.

Aunque las cosas no salieron como esperaba, Woo Hyun-se no mostró ni un rastro de decepción. Tal vez ya sospechaba que este sería el resultado.

“Pero las 12, ¿no es muy temprano?”

“Es que Yu-won suele llegar a las 2 de la mañana. Aunque su trabajo termina temprano.”

No había elegido las 12 al azar. Este era un juego que estaba seguro de ganar. Y tenía que ganar.

“Eres inteligente.”

“Por eso no puedo quedarme mucho tiempo. Tengo que entrar un poco más tarde.”

Al mirar el reloj, vio que ya eran las 10:30. Era una pena que el tiempo volara sin haber hecho nada especial.

“Entonces, ven aquí.”

Woo Hyun-se palmeó sus muslos. Recordaba que antes solía hacerlo. En aquel entonces dudó, pero ahora no. Sabiendo que cada segundo que pasaba era valioso, Siyul se sentó rápidamente sobre los muslos de Woo Hyun-se, abriendo las piernas. Al rodearle el cuello con los brazos, una lluvia de besos cubrió cada parte de su rostro. Sus pies se movían al ritmo de su emoción.

“Definitivamente voy a ganar.”

Woo Hyun-se inclinó la cabeza hacia la nuca de Siyul. Con la punta de su nariz recta, rozó la piel expuesta mientras inhalaba profundamente. Siyul soltó una risita y encogió los hombros. Un aroma suave a flores de glicinia se escapó sin control, llenando el interior del coche. El antebrazo de Woo Hyun-se, que rodeaba la cintura de Siyul, se tensó con firmeza.

“¿Quieres que te ayude?”

Preguntó mientras lo miraba desde abajo. Siyul, envolviendo ese rostro con ambas manos, le dio un beso ligero tal como Woo Hyun-se solía hacer. Empujó lentamente a Woo Hyun-se, quien intentaba abalanzarse sobre él, y unió sus frentes.

“¿Cómo?”

“Hay muchos métodos. Para empezar, puedo hacer que Park Hae-jung no pueda volver a casa”.

“Ah”.

Eso también era un método, ya que Park Hae-jung era, sin duda, la razón por la que Kwon Yu-won regresaba tan tarde. Sin embargo, Siyul no quería recurrir a medidas tan cobardes; quería competir de forma justa.

“No hace falta. Me encargaré yo mismo. Seguramente no durará mucho”.

Kwon Yu-won era mucho menos paciente que él. Era evidente que en menos de un mes terminaría rindiéndose. Mientras Siyul sonreía con confianza, Woo Hyun-se, que lo observaba en silencio, giró la cabeza y devoró sus labios. Chupó con fuerza y se adentró en ese espacio como un hombre sediento. Siyul se estremeció, pero poco a poco cerró los ojos. Su nariz se llenó del aroma fresco y dulce a bosque de abedules.

Aunque sabía que desde afuera no se podía ver el interior y que aquel era un lugar apartado donde nadie pasaba, Siyul no pudo evitar ponerse nervioso pensando en si alguien aparecería. Siyul intentó asomarse por la ventana, pero la mano de Woo Hyun-se sujetó su mentón con suavidad y obligó a su rostro a girar de nuevo.

Siyul soltó un “ah”, echó la espalda hacia atrás y bajó la mirada. La entrepierna sobre la que estaba sentado ya se sentía abultada. Él estaba en una situación similar. Sus lóbulos y pabellones auriculares se tiñeron de carmesí en un instante.

Pero aquel no era el lugar adecuado. Debía recuperar la cordura mientras aún le quedara algo de razón. Siyul intentó bajar apresuradamente, pero el brazo de Woo Hyun-se que rodeaba su cintura lo mantuvo pegado con fuerza.

“Aquí no podemos”.

“No tengo tiempo para llegar hasta un hotel”.

“Aun así…”.

Siyul echó un vistazo rápido al reloj. Quedaba apenas una hora para el toque de queda. Era poco tiempo para trasladarse a otro lugar.

Pero no podía llegar a los extremos allí mismo. Siyul cerró y abrió los puños, intentando reprimir el impulso que le hervía por dentro. Intentó no inhalar el aroma que inundaba el coche y trató de calmar la sensación de hormigueo en su vientre, pero cuanto más lo intentaba, peor era el resultado.

El aire que inhalaba, retenido tras mucho esfuerzo, estaba saturado con el perfume de Woo Hyun-se, y no podía evitar que su piel se humedeciera.

“Siyul”.

La voz, susurrada en tono bajo, resultaba demasiado erótica. Siyul apretó los párpados con fuerza, pensando que tal vez sería mejor no mirar. Arrugó sus cejas, que tenían una forma perfecta. Entonces, ante la voz que lo llamaba una vez más, abrió los ojos lentamente y el rostro de Woo Hyun-se llenó todo su campo de visión.

Woo Hyun-se también lucía un rostro que denotaba un inmenso autocontrol. Sus cejas estaban ligeramente fruncidas y, por el esfuerzo de apretar los dientes, se marcaba una hendidura clara en su mandíbula.

La temperatura dentro del vehículo se disparó. Las mejillas de Siyul se encendieron y sus labios se entreabrieron levemente. Mordió suavemente su labio inferior con los dientes superiores mientras bajaba la vista. Solo podía ver los labios del otro. Aquellos labios que quería morder y presionar.

“Si no llegamos hasta el final…”.

Su voluntad era débil y su impulso era como una antorcha sobre paja seca. No pudo añadir “¿no estaría bien?”. Antes de que pudiera terminar la frase, Woo Hyun-se se abalanzó sobre él. El tiempo escaso fue como echar aceite al fuego. Lo besó con fiereza mientras levantaba la ropa de Siyul. Enterró su rostro en la piel que brillaba blanca en la oscuridad y rozó su nariz contra ella.

Sus labios recorrieron el pecho suave, buscando el pezón que sobresalía en el centro, y lo tomó entre su boca. Lo succionó como un lactante y lo rozó con la punta de la lengua. Cada vez que lo hacía, un escalofrío recorría la cintura de Siyul, haciéndolo estremecer.

“Ah, ugh”.

Sus caderas se levantaban por sí solas. Su mente también se tiñó de rojo. La entrepierna, atrapada en su ropa interior, se sentía sofocada, y el borde de su entrada, que palpitaba, ya estaba húmedo. Cuando sus nalgas se tensaron y luego se relajaron, un lubricante transparente comenzó a escurrirse.

Siyul bajó las manos con desesperación. Aunque se propuso desabrochar la hebilla del pantalón de Woo Hyun-se, su impaciencia hacía que sus manos resbalaran. Tras luchar y quejarse, finalmente logró bajar la cremallera. Al bajar la ropa interior, el pene de Woo Hyun-se se alzó con firmeza, esperando aquel momento.

En poco tiempo, sus propios pantalones también bajaron hasta los muslos. Sus nalgas blancas y suaves quedaron al descubierto, sin rastro de vello. Una mano grande las cubrió. Al rozar su pelvis y agarrarlas con firmeza, la carne blanda resaltó entre sus dedos.

“¡Huuu!”.

Sus dedos se abrieron camino entre la hendidura. Tras frotar el borde de forma algo precipitada, se introdujeron en la entrada que se abría y cerraba. La sensación de ser abierto después de tanto tiempo le resultó extraña, por lo que Siyul bajó la cabeza y enterró la frente en el cuello de Woo Hyun-se.

“Ah, te dije que hasta el final no…”.

Aunque se quejó, Woo Hyun-se no respondió. Solo mordió el lóbulo de su oreja, saboreó sus curvas e insertó sus dedos profundamente. Los dedos, presionando contra las mucosas húmedas, pronto pasaron de ser dos a tres.

“Terminaré pronto”.

“Eso dices siempre, ugh, nunca terminas rápido… ¡Ah!”.

Los dedos salieron de golpe. El glande endurecido rozó el borde dilatado. La punta roma entró lentamente hacia el interior. Solo después de forzar el camino estrecho que se contraía constantemente, pudo entrar toda la cabeza gruesa.

“Huu”.

El sudor frío brotó sobre sus escápulas. Apenas había recibido la cabeza y ya no podía moverse ni un centímetro. Todos los trucos que había aprendido sobre cómo manejar la situación se borraron de su mente.

Aun así, era erótico. Su entrepierna seguía erguida y dura. En el aire denso que llenaba el coche, saturado con el perfume de Woo Hyun-se, su piel se contraía y expandía por sí sola, expulsando lubricante espeso.

“Ah, hasta ahí, no… no entra todo”.

Había logrado tragar hasta la mitad, pero más allá era imposible. Temiendo que Woo Hyun-se se hiciera cargo y lo embistiera todo de golpe, Siyul apoyó las manos en los hombros del otro y levantó el torso lentamente. Mirándolo a los ojos, movió sus caderas lentamente, como si cabalgara.

Incluso entrando a medias, su interior se sentía lleno. Cada vez que la punta rozaba las mucosas, el calor subía por los hombros de Siyul hasta sus pezones, que eran succionados y mordidos. Sus aureolas tenían un color más intenso de lo normal. Tanto el área bajo sus ojos como su pene erecto estaban teñidos de rosa.

“Huu, ugh, haa…”.

Aunque intentaba contenerse, los gemidos escapaban de sus labios. Rápidamente levantó el borde de su ropa y lo mordió. Incluso rozar la parte superficial le bastaba. Cada vez que la punta rozaba un punto sensible, las estrellas brillaban ante sus ojos y gotas transparentes se formaban en su uretra.

Fue entonces cuando Woo Hyun-se apretó con fuerza su pelvis. Siyul abrió los ojos de par en par. Woo Hyun-se estaba justo frente a él, con una expresión que denotaba que su paciencia se había agotado.

“Aguanta un poco”.

Como tenía la ropa en la boca, no pudo responder. Woo Hyun-se lo presionó hacia abajo sin contemplaciones. Aprovechando su propio peso, Siyul se hundió de golpe sobre los muslos del otro. La embestida penetró de un solo golpe hasta lo más profundo de sus entrañas, que aún no se habían relajado.

La boca de Siyul se abrió y la ropa que sostenía cayó lentamente. En sus nalgas y justo sobre el cóccix se marcaron unos hoyuelos en forma de mariposa, y en sus ojos, abiertos de par en par, se colgaron pequeñas lágrimas. Sin poder siquiera tragar saliva, su vientre tembló violentamente.

La sensación que recorrió su columna vertebral era, sin duda, el placer después de la eyaculación. Bajó su mirada sorprendida. Sobre su ombligo habían salpicado gotas de semen blanco y espeso.

“Ah… espera, ¡espera…!”.

Intentó detener a Woo Hyun-se con desesperación, pero era imposible. Mientras el fuego de Siyul intentaba apagarse, Woo Hyun-se volvió a revolver en su interior. Agarró sus nalgas con ambas manos y, usando pura fuerza, lo levantó para dejarlo caer de nuevo sobre él. Aplastó su interior, golpeó y machacó la parte más profunda.

Aunque aún no se había disipado la estela del placer anterior, una nueva oleada lo golpeó. Era una marea que llegaba sin descanso. En la punta de su pene, del que ya había eyaculado, colgaba otra gota. Aunque debería haber descansado después de haberse corrido una vez, el placer no le dio respiro y apretó sus testículos. Ante la sensación de ardor en su uretra, los ojos de Siyul se llenaron de lágrimas.

“Ya me he corrido, Hyung. ¡Ah, en serio… te digo que ya me corrí!”.

A pesar de sus forcejeos y protestas, Woo Hyun-se no soltó su cintura, sino que aumentó la intensidad de sus embestidas. Selló los labios de Siyul con los suyos para silenciar sus quejas. Los dedos de los pies de Siyul, encerrados en sus zapatillas, se curvaron con fuerza antes de abrirse como pétalos. El brillo de sus ojos se nubló.

La carrocería del coche vibraba. Aunque no era verano ni invierno, los cristales estaban empañados por una niebla de humedad. Cualquiera que pasara por allí podría haber llamado a la puerta, pero ninguno de los dos le prestó atención. Sería más exacto decir que no tenían margen para preocuparse por algo así.

En la unión, empapada y saturada, se escuchaba el sonido húmedo de la fricción. Espuma blanquecina se adhería tanto a los pliegues que se abrían como al pene erguido y marcado por venas que aparecía y desaparecía. Siyul, que se había hundido una vez más hasta tragarlo desde la punta hasta la raíz, se inclinó profundamente mientras retorcía sus manos sobre los hombros de Woo Hyun-se. Un contorno extraño se alzaba bajo la piel de su vientre plano.

“Hu, u... Ah, ugh. ¡Ah!”

Comenzó a derramar gotas de semen sobre la ropa de Woo Hyun-se hasta que, finalmente, se vació una vez más. Su cuerpo se encogió como si hubiera exprimido hasta la última gota de energía, no solo semen. También apretó con sus paredes internas el pene que destrozaba su interior, como si quisiera reventar tanto la cabeza como el cuerpo y las venas que lo recorrían.

Woo Hyun-se soltó un gemido corto. Al retirarse apresuradamente, la punta de su pene roció semen espeso sobre las nalgas pálidas de Siyul. Una vez, dos veces. Y hasta la última gota. El semen que se acumuló sobre los hoyuelos en forma de mariposa resbaló lentamente siguiendo la curva de sus caderas.

“Te dije que... que hasta el final no...”.

Siyul lo reprendió mientras yacía lánguido, usando a Woo Hyun-se como colchón. Era un reproche inútil que no tendría efecto alguno. Woo Hyun-se soltó una risa grave mientras acariciaba las nalgas de Siyul; el semen se estiraba pegajoso en las puntas de sus dedos.

“Es que me daba mucha lástima dejarte ir así”.

“……”.

Siyul lo miró con resentimiento antes de ocultar su rostro en sus hombros anchos. Siyul compartía la misma melancolía por el tiempo que se escapaba sin remedio.

“No quiero que te vayas”.

“……Ganaré y volveré”.

Woo Hyun-se soltó un gruñido de insatisfacción. Lo abrazó con fuerza, frotando su mejilla contra la de Siyul para calmar su propia frustración.

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Siyul tampoco quería dejar marchar a Woo Hyun-se de esa manera. Pasar la noche juntos no tenía como único objetivo mezclarse físicamente. Conocía la dulzura de dormir uno al lado del otro en la cama. Sabía lo inmensa que era la satisfacción y la sensación de plenitud al despertar y encontrar a Woo Hyun-se acostado a su lado.

“Me voy”.

Pero no había tiempo para compartir el después. Siyul se vistió apresuradamente y forzó una sonrisa. Su mirada reflejaba exactamente la de Woo Hyun-se. Temiendo que si se quedaba más tiempo renunciaría a la apuesta y a todo lo demás, movió sus pies, que se resistían a marcharse.

Woo Hyun-se bajó del coche tras él. Lo abrazó una última vez, presionando su barbilla contra la coronilla de Siyul. Aquellas palabras, "no quiero dejarte ir", nunca se volvían tediosas, por mucho que las escuchara.

“Hasta mañana, Hyung”.

Woo Hyun-se se despidió con la mano mientras se apoyaba en la carrocería. Siyul retrocedió uno, dos pasos, y solo cuando el otro le señaló el tiempo en su muñeca, se dio la vuelta y echó a correr con todas sus fuerzas.

Siyul no olvidó usar el desodorante mientras subía la colina corriendo. Se roció generosamente de pies a cabeza hasta que el aroma de Woo Hyun-se desapareció como nieve al sol. Aunque le daba pena que el rastro se borrara, era preferible eso a que Kwon Yu-won lo atrapara y se burlara de él. Tenía la excusa perfecta: la transpiración era por haber corrido.

Jadeando, se agarró a la tapia de la posada. Al revisar su teléfono, eran exactamente las 11:57. Se había salvado por los pelos. Se puso de puntillas para mirar más allá de la puerta, intentando comprobar si Kwon Yu-won ya había llegado. Las luces estaban apagadas.

“¿Eh?”

¿Acaso no había vuelto todavía? Sonriendo para sí mismo, pensando que quizás había ganado incluso antes de que pasara una semana, abrió la puerta. En el momento en que se disponía a cruzar el umbral, escuchó una respiración agitada desde abajo en el callejón. También pasos rápidos.

Era Kwon Yu-won. Con el cabello alborotado y el rostro encendido de rojo, llegó frente a Siyul en un instante. Jadeando mientras se apoyaba en sus rodillas, comprobó la hora tal como había hecho Siyul. Estaba pasando de las 11:59 a las 12:00.

“Sal... Va... Do”.

Como no eran más de las 12, no había roto su promesa. Siyul parpadeó mientras miraba a Kwon Yu-won, que aún recuperaba el aliento. Más allá del aroma a naranja que lo caracterizaba, un aroma extraño y ajeno emanaba de él. El perfume que despedía era tan intenso que parecía que se hubiera bañado en él.

Tanto él como Kwon Yu-won sabían quién era el culpable. Siyul se frotó bajo la nariz, soltando un "tsk".

“Cuando entres, lávate tú primero”.

Al notar la expresión incómoda de Siyul, parece que Kwon Yu-won se dio cuenta, porque tiró de su cuello y se olfateó. Al detectar el aroma ajeno que llevaba encima, soltó un “¡Ah, maldita sea!” con rabia y entró corriendo a toda prisa.

Siyul lo siguió a paso lento con una sonrisa radiante en los labios. Parecía que el día en que se alzaría con la victoria no estaba nada lejos.

* * *

Kwon Yu-won resistió sorprendentemente bien. Solo el primer día estuvo al límite, pero después empezó a llegar a casa mucho antes que Siyul, regañándolo por haber perdido la disciplina. Al mismo tiempo, lo amenazaba diciendo que la victoria ya era suya y que se fuera preparando.

Siyul también se esforzó al máximo por cumplir el toque de queda. Con la posibilidad de vivir con Woo Hyun-se en juego, no podía permitirse perder esta apuesta bajo ningún concepto.

“Tres cafés helados, aquí tienen.”

Siyul los dejó sobre la bandeja con una sonrisa amable. El estudiante que lo observaba con mirada perdida soltó un “¡Ah!”, reaccionó rápidamente y tomó la bandeja. Corrió hacia donde estaban sus amigos mientras miraba de reojo hacia el mostrador, soltando risitas.

¿Hice algo mal? Mientras lo observaba con preocupación, un colega apoyó el codo sobre el hombro de Siyul.

“Vaya, la reacción es totalmente distinta cuando se trata de alguien guapo.”

“¿Guapo?”

“Sí. Se rió mirándote a ti. Porque eres guapo.”

Aunque había escuchado varias veces que era lindo, las ocasiones en las que le habían dicho que era guapo se podían contar con los dedos de una mano. “No puede ser, ni de broma”, negó con la mano modestamente, pensando que debía haber otra razón.

Un cliente se acercó y la conversación no pudo continuar. A diferencia de la cafetería anterior donde había trabajado, aquí el flujo de gente era constante. Al estar rodeados de oficinas, la hora del almuerzo se convertía en un caos donde no había tiempo ni para respirar, y eso no era una exageración, sino la realidad.

Aun así, gracias a su experiencia, Siyul se estaba adaptando muy bien al nuevo local. Antes pensaba que no tenía habilidad para el trabajo, pero al parecer la experiencia no era en vano, pues las tareas pronto le resultaron naturales.

Y, sobre todo.

Al abrirse la puerta, su colega le dio un codazo en el costado. Siguiendo su gesto con la cabeza, sus ojos se encontraron con un rostro demasiado familiar. Quizás por ser más alto que el resto o por ese aspecto tan atractivo, todas las personas sentadas en la cafetería le lanzaban una mirada furtiva a Woo Hyun-se.

Este lugar estaba cerca de la oficina de Woo Hyun-se. La razón principal para elegirlo fue aprender, ya que tostaban sus propios granos, pero en el fondo albergaba la esperanza de poder verlo seguido.

Como en este momento.

Siyul se mantuvo en el mostrador, esforzándose por contener la sonrisa que quería brotar. Aunque quería fingir que no conocía a Woo Hyun-se, era imposible ocultar la risa que se escapaba y cómo se le cerraban los ojos de felicidad.

“¿Desea ordenar?”

“Dos cafés americanos helados.”

“¿Para consumir aquí?”

“No. Para llevar, por favor.”

A Siyul le resultaba divertido tratarse como si fueran completos desconocidos. Aunque intentaba hablar con solemnidad, no podía evitar que su voz cargara con un tono de risa. Por miedo a soltar una carcajada si lo miraba a los ojos, clavó la vista en la pantalla de cobro.

“Uno con un trago extra de espresso, por favor.”

Otra voz se entrometió entre los dos. Era Park Hae-jung. A diferencia de Woo Hyun-se, que lucía radiante, el semblante de Park Hae-jung no era nada bueno. Tenía los ojos hundidos y oscuros, un aspecto demacrado; claramente era la imagen de alguien que llevaba noches y días sin dormir por exceso de trabajo.

“¿No decías que te dolía el estómago?”

Preguntó Woo Hyun-se con indiferencia. Park Hae-jung lo miró fijamente con ojos llenos de resentimiento. La intención de querer darle un golpe era evidente en su mirada. Woo Hyun-se, por su parte, recibió la hostilidad —que hasta un niño de tres años habría notado— con total tranquilidad.

“¿Por culpa de quién será?”

“¿Eso es culpa mía?”

Siyul no pudo escuchar el resto de la conversación por el ruido del molino de café. Preparó los cafés con toda su dedicación. Puso las tazas, hechas con más esmero que de costumbre, en la zona de entrega.

“Dos americanos helados, uno con shot extra, aquí tienen.”

Las yemas de los dedos de Woo Hyun-se rozaron las de Siyul al entregarle el café. El contacto fue fugaz, pero el calor permaneció. Siyul cerró el puño y sonrió para sí mismo en secreto.

Por desgracia, debido a la apretada agenda de Woo Hyun-se, no pudieron verse después del trabajo. Sentía una nostalgia inmensa, ya que siempre había tenido la costumbre de reportarse al terminar, aunque solo fueran cinco minutos. Quizás porque Woo Hyun-se lo había llevado a casa sin falta todos los días, el paisaje que veía desde el autobús le resultaba extraño.

Ya estoy en el autobús.

La respuesta llegó dos paradas después. Era un mensaje diciendo que, como tendría tiempo tarde en la noche, pasaría aunque fuera un momento por donde Siyul se alojaba. Siyul se alegró, pero al recordar a Kwon Yu-won, que últimamente parecía poseído por el cumplimiento estricto del toque de queda, sus hombros cayeron. Kwon Yu-won se sentaba a vigilar la puerta de la posada como si estuviera a punto de declarar su victoria en cuanto Siyul llegara un segundo tarde de la hora exacta.

Hoy es difícil. Yu-won está insoportable últimamente.

Entonces no se puede hacer nada.

Aun así, le dolió leer el mensaje tan impasible de Woo Hyun-se. Siyul solo envió un emoticono y apartó la vista del teléfono.

Cuando el autobús se detuvo ante un semáforo en rojo, el teléfono vibró en su mano. Siyul leyó el mensaje.

No soy el único trabajando horas extra.

Park Hae-jung lleva ya dos semanas.

“Guau”, exclamó Siyul, anonadado. Aunque no trabajaba en una empresa, sabía perfectamente lo duro que era el trabajo nocturno. ¿Hacerlo trabajar así durante dos semanas seguidas? El fin de semana pasado, Kwon Yu-won ni siquiera había salido, se había quedado encerrado en la posada. Todo el tiempo estuvo pegado al móvil, suspirando, maldiciendo a Woo Hyun-se y levantándose de repente con los dientes apretados.

Era el mismo diablo. Aun así, no podía odiar a Woo Hyun-se. ¿No estaba acaso asumiendo el papel de villano por su bien?

Espero que Kwon Yu-won decida pronto. Antes de que Park Hae-jung muera.

¿No sería "antes de matarlo"? Por su aspecto demacrado en la cafetería, existía la posibilidad de que muriera pronto por exceso de trabajo. Siyul dudó un instante antes de escribir con cuidado.

No lo atormente tanto. Se veía muy cansado.

No te preocupes por los demás. Solo ocúpate de mí.

Siempre me preocupo por usted.

Inmediatamente recibió una llamada. Al ver el nombre de Woo Hyun-se en la pantalla, pulsó el botón de responder rápidamente. Como no podía hablar en el autobús, se puso los auriculares y bajó el tono de voz.

―¿Así que siempre te preocupas por mí?

Esa forma tan directa de preguntar no había cambiado ni un ápice. “Sí”, respondió tímidamente mientras miraba por la ventana. Un suspiro largo, un “jaaa”, se escuchó del otro lado.

―Ni siquiera puedo ir a verte ahora mismo. Si me escapo hoy otra vez, Park Hae-jung probablemente me dispare en la cabeza.

“Eso no puede ser”.

Siyul soltó una risita ahogada. Sin más opción que dejarlo para la próxima, colgó el teléfono.

Como era de esperar, Kwon Yu-won estaba sentado en la entrada de la posada, custodiándola como si fuera un guardia. Tenía las piernas abiertas de par en par y los brazos apoyados sobre las rodillas flexionadas, una postura bastante descuidada. Si tuviera un cigarrillo colgando de los labios, no tendría nada que envidiarle a un delincuente de barrio. Mantenía la cabeza inclinada, pero en cuanto vio a Siyul, se sacudió el polvo de los pantalones, se puso de pie y entró a la habitación sin decir palabra.

Mientras masticaba con desgana las gominolas que había comprado en la tienda de conveniencia, su expresión al mirar la televisión no era nada buena. Miraba la pantalla como si en el drama hubiera aparecido su peor enemigo. ¿Habrá tenido algún problema en el trabajo? Siyul lo observó con cautela.

“¿Pasó algo? Tienes una cara que asusta, parece que quieres matar a alguien.”

Kwon Yu-won miró a Siyul y soltó un suspiro tan pesado que parecía que la tierra se iba a hundir. Como eso no fue suficiente para aliviar su frustración, sacó una cerveza de la bolsa y le dio un buen trago. Siyul se sentó a su lado y tomó una lata también. Iba a darle un sorbo, pero el aroma que rozó su nariz no era el olor punzante del alcohol, sino un olor a naranja mucho más intenso de lo habitual.

“Oh”, pensó, mirando a Kwon Yu-won. En lugar de los aperitivos de siempre, estaba engullendo gominolas. Eran las mismas que le había dado a Siyul alguna vez, aquellas que contenían supresores.

“Hay alguien a quien quiero matar, sí.”

“¿A quién?”

“A Woo Hyun-se.”

Respondió sin un ápice de duda. Aunque Siyul se rio, pensando en qué cosas decía, por otro lado, comprendía perfectamente por qué tenía pensamientos tan terribles. La imagen de Park Hae-jung, consumido por la fatiga y visto hace unas horas, era la prueba irrefutable.

“Voy a hacer una llamada.”

Kwon Yu-won se levantó tambaleándose después de vaciar la primera lata. Siyul, preocupado por verlo salir tan borracho —siendo que su tolerancia era de apenas media lata—, se levantó también para seguirlo.

“Quédate ahí. Solo hablaré aquí afuera. Ah, y volveré antes de las 12.”

A pesar de tener las mejillas encendidas por el alcohol, levantó el dedo índice asegurando que cumpliría el horario a rajatabla. Su terquedad y determinación eran tan evidentes que Siyul negó con la cabeza.

Se quedó bebiendo lo que quedaba de su cerveza mientras esperaba. No se oía nada, por lo que seguramente estaba hablando fuera de la vista de la posada. Justo cuando iba a volver a mirar la televisión pensando que volvería pronto, un grito estalló y Siyul se levantó de un salto. ¿Se habría metido en una pelea? Con un Yu-won ebrio, era perfectamente posible, así que abrió la puerta apresuradamente y se metió en las zapatillas.

Kwon Yu-won estaba sentado en el suelo fuera de la entrada, apoyado contra el muro. Como seguía hablando, Siyul se acercó sigilosamente, amortiguando sus pasos.

“¿Que este fin de semana también tienes un viaje de negocios? ¡La semana pasada también tuviste uno!”

Se oía el rechinar de sus dientes. El suspiro que soltó era mucho más denso y pesado que cualquiera de los que Siyul había recibido jamás. Siyul adivinó fácilmente quién era el interlocutor.

“¡Te dije que este fin de semana no podía, yo...!”

Kwon Yu-won alborotó su cabello con rabia y elevó la voz. No terminó de gritar, simplemente cortó la frase y bajó la cabeza.

“...Entendido. Cuelga.”

Dijo con frialdad después de un largo rato y finalizó la llamada. Siyul, temiendo ser descubierto, se levantó rápido. Pero el otro fue más rápido. Kwon Yu-won abrió la puerta y miró a Siyul, que estaba allí de pie con las manos levantadas como un ratón asustado.

“¿Qué haces?”

“Nada, es que me preocupaba por ti.”

“Está a dos pasos, ¿qué me va a pasar? Vamos adentro.”

Kwon Yu-won le dio una palmada en el hombro y entró primero. A diferencia de su mirada feroz de hace un momento, el rostro que mostró al pasar parecía ligeramente melancólico.

Kwon Yu-won entró a la habitación y vació otras dos latas de cerveza. Considerando que se mareaba con media, aquello era beber en exceso. Miró su teléfono, que no paraba de recibir mensajes, un par de veces antes de apagarlo y dejarlo boca abajo.

“…….”

Si no supiera la situación, no pasaría nada, pero como entendía vagamente por qué Woo Hyun-se estaba explotando a Park Hae-jung, su conciencia le pinchaba. Le resultaba triste ver a Kwon Yu-won así, porque sabía mejor que nadie lo que estaba sintiendo. ¿Debería pedirle a Woo Hyun-se que le diera un respiro a Park Hae-jung este fin de semana? Siyul negó con la cabeza y dejó el móvil. Sería meterse donde no lo llamaban.

En su lugar, Siyul acomodó la manta de Kwon Yu-won, que se había quedado acurrucado en el suelo. Quizás por el alcohol o porque tenía fiebre, Kwon Yu-won murmuraba que tenía calor y pateaba la manta, soltando maldiciones entre dientes. Siyul, adivinando perfectamente quién era el objetivo de su ira, sonrió con amargura y le colocó una almohada bajo la cabeza.

Como en la cafetería solo trabajaba entre semana, los fines de semana eran totalmente de Siyul. Por supuesto, ya tenía planes. Siyul tarareaba una canción mientras se arreglaba el pelo frente al espejo. Si lo subía dejando la frente al descubierto no le gustaba, y si lo bajaba parecía un estudiante. No estaba conforme con nada, así que peleó con el peine un buen rato.

“Ah, simplemente ponte una gorra y vete.”

Kwon Yu-won, que lo observaba desde un lado con cara de "qué ridículo", soltó ese comentario. Tenía el entrecejo fruncido y los párpados caídos de sueño. A su lado, apoyado contra la pared, había varios envoltorios vacíos de gominolas.

Siyul arrugó la nariz. El aroma de Kwon Yu-won se estaba escapando de nuevo. Aunque a veces se relajaba cuando estaba a solas con él, era raro que fuera tan intenso.

Y además, se estaba durmiendo. Un presentimiento cruzó su mente y Siyul separó los labios.

“Kwon Yu-won, tú, acaso…”

“¿Qué?”

“¿Estás en pleno celo?”

Yu-won, con aire molesto, solo se pasó la mano por el pelo y no respondió. Siguió comiendo gominolas y le extendió otra a Siyul. Para no irritarlo más, la tomó y se la comió en silencio.

“Ya tomé supresores, estoy bien.”

“Solo has comido gominolas. ¿Quieres que vaya a comprar medicina?”

“No. Solo tengo que aguantar. Siempre lo he hecho, ¿qué importa ahora?”

Se arrastró hacia su cama, gruñendo. Se acostó de espaldas a él y le dijo que se fuera pronto, palabras que claramente no sentía. Siyul dudó. Woo Hyun-se lo estaría esperando, pero no podía dejar solo a Kwon Yu-won, que jadeaba por el calor que empezaba a subir.

“¿Quieres comer algo?”

“No. Vete ya. Dijiste que tenías una cita.”

“¿Cómo voy a dejarte así?”

“Aunque te quedes, haaa, es lo mismo. Ya tengo las gominolas, solo tengo que resistir con eso. No te pases de las 12. La apuesta sigue en pie.”

Incluso sin poder abrir bien los ojos, su espíritu de competencia ardía intensamente al mencionar la apuesta. Aun así, Siyul no pudo moverse. Sentía culpa, ya que él era una de las razones por las que Yu-won estaba separado de Park Hae-jung. Siyul desordenó el pelo que tanto le había costado peinar y se sentó de golpe junto a la cama.

“No me voy. Voy a comer contigo.”

“Ah, vete de una vez. Dijiste que te verías con Woo Hyun-se. No tengo ni apetito.”

“Traeré gachas. ¿Gachas de abulón?”

“……Eso es caro.”

“Recibí mi sueldo hace poco, tengo dinero. Iré y volveré. Tú duerme.”

Ignorando sus murmullos sobre que no se preocupara por él, Siyul salió de la posada. La tienda de gachas estaba en la esquina, justo donde la calle de la colina conectaba con la avenida principal. Mientras caminaba, sacó su móvil.

Le pesaba cancelar su cita, pero dudaba que pudiera estar tranquilo con Woo Hyun-se sabiendo que su amigo estaba enfermo. Se armó de valor y llamó. La voz que respondió con un “Sí” era infinitamente cariñosa.

“Hyung, hoy Yu-won está enfermo. Creo que tendré que cancelar nuestra cita.”

―…….

Woo Hyun-se, de quien esperaba que aceptara sin importancia o preguntara por qué, se quedó extrañamente en silencio. Incómodo y apenado por el silencio, Siyul empezó a balbucear explicaciones.

“Es que, si no estoy yo, no hay nadie que cuide de Yu-won…”

―¿Por qué dices que no hay nadie?

“¿Eh? Ah, es que no es tan grave como para ir al hospital.”

Siyul pensó que se refería a enviarlo al hospital. No reveló que se trataba de un celo. Aunque no es que el celo o el rut sean temas que deban ocultarse estrictamente, al fin y al cabo, es un asunto privado.

—Lo enviaré —respondió con ligereza.

Siyul se detuvo en seco y presionó el teléfono contra su oreja.

“¿A quién?”

—A alguien que cuide de Kwon Yu-won en lugar del señor Kwon Siyul.

¿Quién podría ser? Siyul colgó y estuvo un buen rato pensando en posibles candidatos, pero no se le ocurrió ningún nombre. Park Hae-jung era la opción más lógica, pero ¿no había escuchado decir que se iba de viaje de negocios?

Bueno, Woo Hyun-se sabría qué hacer. Siyul dejó de lado su preocupación y siguió caminando. Decidió enfocarse en el enfermo Kwon Yu-won.

Kwon Yu-won, quizás solo decía que estaba bien por decir algo, apenas probó las gachas y se sumió en un sueño profundo. Parecía tan profundamente dormido que, aunque hubiera ruido fuera, solo se revolvía un poco sin llegar a abrir los ojos. Siyul se dedicó con diligencia a humedecer una toalla en agua fría para limpiar el sudor de la frente de Yu-won.

Mientras revisaba a Yu-won de vez en cuando y jugaba en su teléfono —que había puesto en silencio—, escuchó movimiento afuera. ¿Habría llegado un nuevo huésped a la habitación contigua tras la partida del inquilino de larga estancia hace unos días? Estaba mirando la pantalla con desinterés cuando unos pasos apresurados se detuvieron justo frente a su puerta.

Se escuchó un golpe seco: toc, toc. Solo entonces recordó que Woo Hyun-se había dicho que enviaría a alguien.

“¿Quién es?”

“Soy Park Hae-jung.”

Fue un nombre inesperado. ¿No se había ido de viaje? Siyul abrió la puerta con curiosidad. Allí estaba Park Hae-jung, con el cabello completamente alborotado, como si hubiera subido la colina corriendo.

“Me dijeron que el señor Kwon Yu-won estaba enfermo.”

Park Hae-jung respondió y escudriñó rápidamente el interior de la habitación. Cuando preguntó si podía entrar, Siyul se hizo a un lado.

Park Hae-jung se arrodilló de inmediato junto a Kwon Yu-won y examinó su rostro. Al notar quizás una fragancia ajena, Kwon Yu-won abrió los ojos a medio gas. Parpadeó varias veces y soltó un murmullo con una voz apenas audible.

“... ¿Park Hae-jung?”

“¿Se encuentra bien?”

La mirada de Kwon Yu-won seguía perdida, como si aún estuviera vagando en sus sueños. Después de mirar fijamente a Park Hae-jung durante un buen rato, de repente levantó los brazos y se envolvió alrededor del cuello del otro.

Siyul se quedó helado, con un "¡hic!" de espanto, y giró la cabeza bruscamente. Jamás en su vida habría imaginado que Kwon Yu-won se lanzaría a besar a Park Hae-jung primero. Con aquel aroma a naranja que parecía inundar no solo la habitación sino ondular más allá del muro, era evidente que Kwon Yu-won no estaba en sus cabales.

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Park Hae-jung, quien mantenía un poco más de cordura, separó a Kwon Yu-won, que se le había pegado como un pulpo. Mientras sostenía en sus brazos al otro, que seguía gimiendo y comportándose de forma caprichosa, miró a Siyul.

“El representante espera abajo.”

“¿Hyung?”

“Sí. Yo me encargaré de cuidar al señor Kwon Yu-won. Puede irse.”

Siyul dudó un poco; no le convencía la idea de irse así como así, pero fue solo un instante. Kwon Yu-won se frotaba contra Park Hae-jung como si hubiera olvidado por completo que Siyul estaba en la misma habitación. Los gemidos cargados de deseo eran el broche de oro. Park Hae-jung parecía extremadamente avergonzado, sin saber si aceptar o rechazar aquellas atenciones.

Temiendo ver algo que no debía, Siyul hizo una reverencia, repitió que quedaba en sus manos y salió de la habitación apresuradamente, cerrando la puerta con cuidado.

“Guau...”

Ni en un millón de años habría imaginado que Kwon Yu-won mostraría semejante faceta. Sabía por rumores que salía con un alfa, pero verlo con sus propios ojos era un choque inmenso. Siyul bajó la colina caminando como un autómata, sin siquiera pensar en cerrar la boca.

“Oh.”

Al final de la pendiente, vio una silueta familiar. Siyul entrecerró los ojos y luego los abrió como platos. Era Woo Hyun-se.

Había dicho que esperaría.

Woo Hyun-se, que estaba apoyado contra la carrocería, se enderezó al verlo. Extendió ambos brazos. Siyul aceleró el paso y luego echó a correr. Bajó la cuesta casi rodando, se lanzó a los brazos de Woo Hyun-se y lo rodeó por la cintura con fuerza. “¡Hyung!”, gritó con una voz cargada de felicidad.

“No pensé que vendrías tú mismo.”

“Porque te extrañaba.”

Woo Hyun-se arrastraba las palabras al besar su frente blanca después de apartar su flequillo. Incluso eso le encantaba. Los labios de Siyul se curvaron en una sonrisa radiante.

De repente, recobrando la cordura al pensar que serían el espectáculo de los transeúntes, Siyul aclaró su garganta y se separó del abrazo. La mirada con la que lo observó, un paso atrás, brillaba intensamente como si tuviera estrellas incrustadas.

“Hyung, creo que gané la apuesta.”

El celo de Kwon Yu-won no terminaría en una sola noche y, además, le había echado el combustible de Park Hae-jung encima. Aunque el método hubiera sido un poco sucio, una victoria es una victoria.

“Así que, vamos a vivir juntos.”

Incluso si no hubiera mediado una apuesta, Siyul tenía pensado vivir con Woo Hyun-se algún día. Ya no quería estar separado de él. Necesitaba tiempo para convencer a Kwon Yu-won, pero tras lo visto hoy, parecía que no tendría que esforzarse demasiado.

Como si la sonrisa fuera contagiosa, los labios de Woo Hyun-se se curvaron igual que los de Siyul. Tras una risa fresca, lo levantó en vilo. Siyul, ante la sensación de sus pies dejando el suelo, se abrazó apresuradamente al cuello de Woo Hyun-se. Por más que pataleara y pidiera que lo bajara por si alguien los veía, Woo Hyun-se no cedía.

“Vamos hoy mismo. Las maletas las recogeremos luego. En realidad, no hace falta que traigas nada, ya tengo de todo.”

Woo Hyun-se parecía haberlo planeado todo, actuando sin vacilar. ¿Quién iba a decir que se sentiría tan feliz por su propuesta de vivir juntos? Siyul miró aquel rostro encendido y terminó riendo igual que él. Como dicen, hierro caliente se debe batir, así que, desde ese día, comenzaba su relación de manera oficial.

Como Siyul había previsto, después del celo, Kwon Yu-won dio un paso atrás. No es que admitiera su derrota, pero argumentó que debido a circunstancias imprevistas debía extender la apuesta, hasta que Siyul lo regañó y finalmente levantó la bandera blanca.

“Si es así, te ayudaré a buscar casa. He ahorrado algo de dinero, así que puedo sumar algo para el depósito.”

Siyul, al no poder sacudirse la sensación de que estaba abandonando a Kwon Yu-won, quería ayudar en todo lo que pudiera. Pero Kwon Yu-won se rio y se negó.

—¿Para qué voy a usar tu dinero de bolsillo? Ahorra eso para comprarte dulces. Yo ya tengo dónde vivir.

“¿Dónde?”

Kwon Yu-won guardó silencio un momento. Siyul dedujo la respuesta en ese silencio.

“¿...El señor Park Hae-jung?”

Siyul añadió el "señor" porque no sabía bien qué denominación usar. Kwon Yu-won susurró un “sí” con una voz tan baja que solo Siyul pudo escuchar.

—Kwon Siyul.

“Sí.”

—Si Woo Hyun-se te trata mal ni un poquito, ven directo conmigo. Pase lo que pase, eres mi único hermano.

Aunque provenían de un orfanato, su lazo era más fuerte que el de hermanos de sangre. Para Siyul, Kwon Yu-won también era su hermano y su familia. Se le hizo un nudo en la garganta y no pudo responder de inmediato. Solo soltó un “tsk” para aclarar su nariz y, un segundo después, abrió la boca.

“Tú también. Si pasa algo, llámame cuando sea. O aunque no pase nada, llámame. Y no vuelvas a desaparecer sin avisar.”

Al mencionar el pasado, Kwon Yu-won gritó al otro lado de la línea que nunca volvería a hacerlo. Sabiendo que Park Hae-jung estaría pegado a él, supuso que no se metería en demasiados problemas. Siyul dejó atrás sus preocupaciones y colgó.

Era una independencia real. Había experimentado vivir fuera mientras estaba separado de Kwon Yu-won, pero no lo consideraba una autonomía completa. Aquel era, por fin, su verdadero camino en solitario.

Salió del dormitorio con el móvil en la mano. Woo Hyun-se, que estaba sentado en el sofá mirando una tableta, levantó la cabeza. Cuando Siyul se acercó, Woo Hyun-se abrió los brazos de forma natural. Siyul se hundió en ese refugio.

“¿Terminaste de hablar?”

“Sí.”

Apoyó la cabeza en su pecho y miró la tableta. Había varias ventanas abiertas con documentos y noticias. Como no era un campo que le interesara, levantó la cabeza para mirar a Woo Hyun-se. Su mandíbula firme, sus orejas y mejillas, como si hubieran sido trazadas con un pincel grueso y trazos firmes.

De repente, cruzó por su mente la idea de que Woo Hyun-se ya sabía todo sobre la relación entre Kwon Yu-won y Park Hae-jung. Incluso el hecho de haber enviado a Park Hae-jung a la posada, supuestamente para un viaje de negocios, lo confirmaba. Pensándolo bien, desde que se mencionó la apuesta, él mismo había sugerido que bastaría con "atormentar" a Park Hae-jung.

“Hyung, ya lo sabías todo, ¿verdad?”

Preguntó Siyul entrecerrando los ojos. Aunque debía de haberse dado cuenta de su mirada sospechosa, Woo Hyun-se se hizo el desentendido con un tono astuto, preguntando qué era exactamente lo que sabía. Solo después de que Siyul mencionara directamente los nombres de Kwon Yu-won y Park Hae-jung, él soltó una carcajada traviesa.

“Más o menos.”

Como imaginaba. Siyul intentó enderezarse, pero Woo Hyun-se lo sujetó y lo volvió a sentar sobre sus muslos. Para evitar que escapara, apoyó su barbilla sobre la coronilla esponjosa de Siyul.

“¿Cómo te diste cuenta? ¿Acaso ese señor te lo contó?”

“No exactamente. Fue porque, después de que Park Hae-jung fue enviado a donde estaba Kwon Yu-won, ni siquiera pensaba en regresar.”

“¿Eh? ¿Solo por eso?”

“Sí.”

Woo Hyun-se dejó la tableta a un lado y rodeó la cintura de Siyul con su brazo. Inhaló profundamente mientras enterraba su nariz en la nuca expuesta de Siyul, rozando su piel. El aroma a flores de glicinia se esparció suavemente.

Al sentir ese aroma, era imposible concentrarse en el trabajo. Con calma, deslizó su mano bajo la ropa de Siyul. Acarició su suave piel lentamente, deleitándose con la fragancia.

Aunque no conocía los detalles de su vida privada, sabía que Park Hae-jung tenía una personalidad metódica en el trabajo. Por lo general, no miraba atrás una vez que terminaba una tarea. Sin embargo, en el caso de Kwon Yu-won, aunque la misión claramente había concluido, Park Hae-jung seguía pegado a él con insistencia. La razón era tan evidente que ni siquiera se molestó en preguntarle por qué.

‘Dije que lo protegieras, no que te enredaras con él.’

Aunque se lo había dicho en tono de burla, el seco de Park Hae-jung ni siquiera se molestó en dar una excusa. En fin, gracias a eso, se había librado de una persona molesta, así que no tenía motivos para quejarse.

“Oh, es la isla de Jeju.”

Mientras Woo Hyun-se intentaba deslizar su mano hacia el interior de la cintura de sus pantalones, Siyul, que estaba viendo la televisión, levantó la cabeza. Woo Hyun-se dirigió su mirada hacia la pantalla. En ella, el agua azul intenso del mar se agitaba con fuerza. Era el mar azul que no habían podido ver durante su viaje anterior.

En aquel entonces, debido a la tormenta de nieve, ni siquiera pudieron ver el exterior, mucho menos el mar. Aunque no lamentaba el tiempo que pasaron encerrados en la villa, al ver a Siyul absorto en el paisaje de la televisión, sintió una punzada en el corazón por no haber podido disfrutar de un viaje como es debido.

Además.

“…….”

En Jeju, las circunstancias tampoco permitían disfrutar con tranquilidad. Se preguntó qué estaría pasando por la mente de Siyul al ir a la villa, sabiendo perfectamente sobre la noticia del compromiso.

“¿Nos vamos de viaje?”

Cambiando de parecer, retiró su mano de los pantalones y abrazó a Siyul. Este, que estaba cómodamente instalado en sus brazos y no le quitaba los ojos a la pantalla, se giró finalmente para mirarlo.

“Esta vez, no a Jeju, sino al extranjero.”

“Nunca he ido al extranjero.”

Al escucharlo decir eso con timidez, sintió un dolor agudo en el pecho. Era una sensación tan extraña, ya que nunca había sentido algo parecido por nadie. Woo Hyun-se abrazó a Siyul y aspiró su aroma hasta llenarse, calmando así su interior agitado.

“Vamos a sacar tu pasaporte.”

Se juró a sí mismo que esta vez solo crearían buenos recuerdos. Como si comprendiera el deseo de Woo Hyun-se, Siyul asintió con la cabeza y le dedicó una sonrisa radiante.

* * *

Siyul sacó la foto de su bolsillo y soltó un suspiro largo. No importaba cómo la mirara, había salido fatal. Si lo hubiera sabido, habría buscado en internet algún estudio que tomara buenas fotos. Como necesitaba la foto para el pasaporte con urgencia, entró en la primera tienda que vio, sin saber que era un lugar donde no hacían retoques digitales.

Había querido pedirle que arreglara al menos los pelitos rebeldes, pero como el fotógrafo era un anciano con el cabello blanco que no dejaba de decir "¿Qué?" mientras se llevaba la mano a la oreja cada vez que Siyul intentaba hablar, terminó por desistir.

‘Ay, es que hoy olvidé mi audífono. ¿Entonces qué decías?’

‘...Nada, no importa.’

‘La foto salió bien, ¿verdad?’

El hombre reía con orgullo, sintiéndose satisfecho con su trabajo, así que ¿cómo iba Siyul a ser tan cruel como para decirle que la foto era un desastre? Siyul solo pudo asentir a regañadientes.

Al volver a casa después de tramitar la solicitud del pasaporte, la miró de nuevo y solo pudo pensar en lo feo que se veía. Su cabello, que se había peinado con esmero, estaba inflado como un nido de pájaros debido a la estática, y sus ojos se veían apagados. Sus labios estaban abultados como los de un pez dorado, dándole un aire tan despistado que parecía que se iba a quedar dormido en cualquier momento.

Aun así, era la foto para su pasaporte; quizás debió haber ido a otro lugar. Pero como ya la había entregado, no había vuelta atrás.

Decidió que debía deshacerse de las fotos restantes antes de que Woo Hyun-se las viera. Se levantó con la intención de tirarlas a la basura, pero antes de que pudiera salir de la sala, escuchó el sonido de la cerradura electrónica al ser desbloqueada.

Siyul se metió las fotos en el bolsillo apresuradamente y cambió de dirección. —¡Hyung! —gritó con alegría al abrir la puerta y lanzarse a los brazos de Woo Hyun-se. Este, por costumbre, lo levantó en vilo y comenzó a sellar su rostro con besos.

“¿Aún no has cenado, verdad?”

“No. Estaba esperando para comer contigo.”

Aunque era un poco tarde para la cena, no iba a perder la oportunidad de compartir mesa con él. Woo Hyun-se le dio una palmada cariñosa en la espalda, como si estuviera orgulloso de él, y fue a cambiarse de ropa.

Antiguamente, una ayudante venía periódicamente a preparar los platos, pero últimamente Woo Hyun-se parecía haber desarrollado un gusto por la cocina y preparaba personalmente las comidas de Siyul siempre que tenía tiempo.

“¿Cuál es el menú de hoy?”

Siyul se pegó a la espalda de Woo Hyun-se como una cigarra y asomó la cabeza por debajo de su brazo. A pesar de que su aspecto parecía más apto para preparar solo pasta o platos occidentales, Woo Hyun-se cocinaba comida coreana realmente bien.

“Adivina.”

“¿Sopa de soja y... tteokgalbi?”

“Acertaste.”

No era un producto precocinado cualquiera, sino un tteokgalbi de lujo, ensartado en pinchos. Era imposible no salivar al ver cómo fluía el jugo de la carne. ¿Cómo podía preparar cosas así tan fácilmente? Woo Hyun-se no solo tenía talento natural para todo, sino que también tenía una mano privilegiada para la cocina.

Pronto, la mesa estuvo servida con los platos preparados por Woo Hyun-se. Siyul se sentó frente a él con una sonrisa boba. Aunque le daba demasiada vergüenza decirlo en voz alta, no podía evitar sentirse como un recién casado cada vez que esto ocurría. El simple hecho de que esa palabra cruzara por su mente hizo que sus orejas se tiñeran de rojo.

Al terminar, dejaron los platos en el lavavajillas. Woo Hyun-se regresó al salón con una taza de café y Siyul con un té helado dulce.

“Dijiste que hoy te tomaste la foto para el pasaporte. ¿Dónde está?”

Siyul, que bebía su té apoyado en su hombro, se tensó. Había planeado deshacerse de ellas, pero se había distraído siguiendo a Woo Hyun-se y había perdido la oportunidad.

“Ah, eso...”

“Enséñamela.”

“¿No puedes no verla? Ha salido muy mal.”

Tendría que aguantarse cuando llegara el pasaporte, pero por ahora quería ocultarla. Ante la vacilación de Siyul, Woo Hyun-se lo miró fijamente. De repente, extendió la mano y la metió en su bolsillo. ¿Cómo demonios sabía que la había guardado ahí? Menos mal que Siyul ya había dejado el té en la mesa, o lo habría derramado del susto.

Woo Hyun-se sacó con facilidad la bolsita transparente donde estaban las fotos. Estaban arrugadas por haberlas metido de cualquier manera. Él las inspeccionó dentro del plástico; una foto de fondo blanco, de lo más sencilla.

“¡Ah, no la mires!”

El rostro de Siyul, y hasta sus orejas, se pusieron de un rojo intenso. Intentó levantarse de un salto para quitarle la foto, pero no era rival para Woo Hyun-se. Él levantó el brazo lejos del alcance de Siyul, sin dejar de mirar la foto de carnet.

“Es linda, ¿por qué lo dices?”

“No es linda en absoluto. Dámela. ¡Ay, Hyung!”

¿Cómo podía ser linda esa foto con el pelo alborotado, cara inexpresiva y ojos somnolientos? Siyul se colgó de él, forcejeando para recuperar la foto, pero fue inútil.

Woo Hyun-se lo mantuvo inmóvil abrazándolo por la cintura con un brazo mientras examinaba la foto. Por más que se viera deforme y fea para Siyul, Woo Hyun-se la miraba con una sonrisa sutil, como si estuviera viendo a una cría de animal adorable.

“Me quedaré con una.”

“No quiero.”

“Gracias.”

Aunque Siyul se negó rotundamente, Woo Hyun-se se rio con naturalidad y se guardó la foto. Siyul se quejó, ofreciéndose a pagar una sesión nueva al día siguiente, pero él insistió en que esa era suficiente. La foto terminó dentro de la cartera de Woo Hyun-se.

“Dame una tuya también. No es justo que solo te quedes tú con una mía.”

“No tengo ninguna.”

“...Entonces muéstrame al menos la de tu pasaporte.”

Siyul infló las mejillas con molestia. Woo Hyun-se le apretó las mejillas jugando y fue a buscar su pasaporte. Siyul había escuchado que, en general, las fotos de pasaporte salían peor que en la vida real, así que abrió el documento con los ojos bien abiertos, buscando cualquier defecto para burlarse de él.

“Tú también has sa...”

Debería ser normal que saliera mal, pero la foto que estaba allí no tenía ni un solo punto donde encontrarle un fallo. Siyul se quedó con la boca abierta, mirando la foto como si estuviera hechizado. Allí estaba un Woo Hyun-se que se veía incluso más joven que ahora.

Parecía una foto tomada sin más, pero no tenía ni un solo ángulo feo. El puente de la nariz, la profundidad de sus párpados... sin la sonrisa que solía llevar, su mirada se veía mucho más profunda, como si pudiera leer a través de la foto los pensamientos más íntimos de Siyul.

¿Es que estaba haciendo una sesión de moda para su pasaporte?

Woo Hyun-se sonrió suavemente, notando la admiración de Siyul. Este alternaba la mirada entre la persona real y la foto. Efectivamente, no superaba a la realidad, pero esa expresión seria era tan refrescante que le costaba apartar la vista.

“Hyung, ¿de verdad no te quedan más fotos?”

Era una pena que una foto tan excelente estuviera confinada solo al pasaporte. Siyul preguntó mientras acariciaba la imagen con los dedos.

“Las tiré todas.”

“No deberías haberlo hecho. Yo quería una.”

“La próxima vez que me haga una, serás el primero en recibirla.”

“Es una promesa. Prométeme que me la darás a mí primero.”

Siyul no podía confiar solo en su palabra, así que extendió su dedo meñique. Aunque era un gesto un poco infantil para su edad, solía hacerlo a menudo con Kwon Yu-won, así que para Siyul no fue nada extraño.

Woo Hyun-se soltó una carcajada y entrelazó su dedo con el de Siyul. Como si eso no fuera suficiente, Siyul unió las palmas de sus manos y las frotó contra las de él. Solo después de haber "copiado" el sello de la promesa, soltó la mano del otro, sintiéndose al fin satisfecho.

Aunque Siyul pensó que sería a algún lugar cercano como Hong Kong o el sudeste asiático, nunca imaginó que el destino estaría tan lejos. Era una isla famosa por sus complejos turísticos en el Pacífico Sur, con un vuelo de más de 10 horas. Siyul, que había estado tenso desde el día anterior, cayó profundamente dormido sin siquiera disfrutar de la comodidad de los asientos de primera clase.

Llegar al aeropuerto no fue el final del trayecto. Tuvieron que tomar un helicóptero y viajar un trecho más antes de llegar finalmente al alojamiento. Siyul sufrió mareos durante todo el camino, por lo que ni siquiera pudo ver el agua color esmeralda del mar.

Recién al llegar al resort el mareo se le pasó. Siyul no dejaba de mirar a su alrededor con los ojos muy abiertos. Todo lo que veía era exactamente igual a lo que antes solo conocía por la televisión. El césped verde, las palmeras gigantes que parecían tocar el cielo y el mar azul oscuro que se extendía sin fin eran paisajes que no pudo ver en Jeju.

No podía creer que hubiera llegado hasta allí por su cuenta. Respiró hondo. El aroma de la hierba era fresco, la brisa marina que le acariciaba las mejillas era salada y refrescante, y la luz del sol que caía sobre su cabeza era cálida, con una temperatura perfecta; ni demasiado frío ni demasiado calor.

El alojamiento que les asignaron tras llevarlos en un carrito de golf era una casa independiente. Lo primero que llamó su atención fue la cama king size, donde podrían dormir hasta tres hombres adultos, y los muebles hechos a mano con cáscaras de coco.

¡Splash! Ante el sonido de las olas rompiendo, Siyul se dirigió a la terraza como hechizado. Más allá de una piscina privada, pequeña pero bastante profunda, y de las palmeras que superaban la altura del techo, se veía el mar.

“¡Hyung, desde aquí se ve el mar!”

Gritó Siyul, respirando con agitación por la emoción. Justo en ese momento, una ráfaga de viento alborotó su cabello negro. Woo Hyun-se, que se había acercado a su lado, apartó los mechones rebeldes y dejó un beso ligero en la frente que había quedado al descubierto.

“¿Te gusta?”

“Muchísimo. ¿Cómo supo de un lugar así?”

“Investigué mucho. Para venir con el señor Kwon Siyul.”

El vuelo de larga distancia había sido agotador, pero al ver las olas ondulantes y el horizonte que se extendía hasta el infinito, valió la pena. Quería correr al mar de inmediato, pero el viejo dicho de que "incluso el monte Geumgang se disfruta mejor después de comer" existía por algo. Como se había saltado la comida del avión por dormir, su estómago gruñía, exigiendo combustible de inmediato.

“¿Empezamos por comer algo? Tengo hambre.”

Decidieron llenar el estómago primero y se dirigieron a un restaurante cercano. Era el único restaurante y bar de la isla. El menú estaba totalmente en inglés. Intentó leerlo como fuera, pero su relación con el inglés era inexistente desde hacía tiempo. Para él, las letras negras eran simples garabatos y el papel era solo papel; no había forma de que pudiera entenderlo. No tuvo más remedio que dejar la elección en manos de Woo Hyun-se.

Al mirar alrededor, notó que todos tenían una o dos copas de cóctel en la mesa, como si se hubieran puesto de acuerdo. Siyul también quería una, así que se atrevió a proponerlo.

“¿Puedo pedir un cóctel?”

“Uno sin alcohol. Todavía es de día, sería una pena embriagarse.”

“Ay, Hyung, ya soy mayor de veinte años. ¿No estaría bien si es algo de baja graduación? Usted también lo sabe. Mi capacidad es de tres botellas de soju. No me emborracharé con un solo cóctel.”

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No le gustaba que lo trataran como a un niño, así que presumió de su tolerancia, algo que Woo Hyun-se ya conocía bien. ¿Acaso un cóctel podía ser más fuerte que el soju? Como solía hacer a menudo con Kwon Yu-won, acercó su rostro, se movió de un lado a otro y le insistió tanto que Woo Hyun-se, fingiendo ser derrotado, pidió el cóctel que Siyul había elegido.

Sin embargo, el empleado miró a Siyul y a Woo Hyun-se alternativamente y negó con la cabeza. Sin entender qué decía, Siyul solo observaba la conversación, hasta que Woo Hyun-se, conteniendo la risa, se aclaró la garganta.

“Dice que no puede vender alcohol a menores.”

“¿Eh? ¿No será que no distingue la edad porque somos asiáticos? ¿Dónde tengo cara de tan joven?”

Aunque la gente solía decirle que tenía cara de joven, al menos tenía la edad suficiente para comprar alcohol en las tiendas de conveniencia sin que le pidieran su identificación. Siyul intentó mostrar su edad extendiendo y doblando sus dedos con entusiasmo, pero el empleado fue inflexible: nada de alcohol hasta ver el pasaporte.

Como estaban bastante lejos del alojamiento, no podían ir y volver caminando. No tuvieron más remedio que pedir solo la cerveza para Woo Hyun-se.

“Es cierto que el señor Kwon Siyul parece joven.”

Con su piel color leche y una línea corporal esbelta y flexible, aún podía pasar por un chico joven. En Corea no se había dado cuenta, pero al pensar en cómo podían verlo los extranjeros, Woo Hyun-se sintió un sabor amargo en la boca. Tragó su conciencia culpable junto con un trago de cerveza.

“Tendré que empezar a peinarme hacia atrás.”

Como si la presencia o ausencia de flequillo fuera el criterio para juzgar la edad, Siyul se echó el cabello hacia atrás. Aun así, su aire juvenil no desaparecía. Siyul miró a Woo Hyun-se a escondidas mientras bebía su refresco, preguntándose cuándo lo verían finalmente como un adulto.

A diferencia de él, Woo Hyun-se parecía un hombre plenamente maduro a primera vista. Era sofisticado, relajado y, a veces, la palabra "sensual" incluso venía a la mente. Sus rasgos marcados desde las orejas hasta la mandíbula, la nuez de Adán que se movía cada vez que bebía cerveza, sus hombros anchos y su pecho.

Siyul también quería tener esa aura algún día, con el paso del tiempo. Quería ser alguien a quien la gente mirara con solo estar de pie. Incluso ahora, varias personas lo miraban de reojo, atraídas por él.

“¿Por qué me miras así a escondidas? Puedes mirarme abiertamente.”

“Eso no se puede. Hyung es mío, ¿por qué me pide que lo mire abiertamente? Debería decirme que aparte la vista.”

Siyul levantó las cejas para refutar semejante disparate. Estuvo a punto de golpear la mesa con el puño, pero se contuvo. Woo Hyun-se parpadeó con sus ojos alargados y miró a Siyul.

“Hablaba del señor Kwon Siyul.”

“¿...Eh?”

“Porque tú no dejas de mirarme a escondidas.”

“Ah.”

No se refería a los demás, sino a él. La temperatura del bar, que antes se sentía fresca, subió drásticamente. Siyul sacudió la solapa de su camisa, alegando que hacía demasiado calor y que deberían bajar la temperatura del aire acondicionado, tratando de cambiar de tema. Woo Hyun-se dejó la cerveza sobre la mesa y se acercó suavemente. Le susurró al oído, a una distancia donde sus labios casi lo rozaban:

“¿Soy yo del señor Kwon Siyul?”

La voz sonaba excesivamente dulce. Aunque Siyul bebió agua simple por la sed, sintió la lengua entumecida. A pesar de que ya habían superado esa etapa, ¿por qué le daba tanta vergüenza responder que sí? Siyul giró la cabeza y fingió estar admirando el paisaje. Fuera de la ventana, un pájaro exótico pasó volando, chirriando como si se estuviera burlando de él.

Al día siguiente, temprano por la mañana, tomaron un bote y se quedaron hasta tarde en una casa flotante en medio del mar abierto. Era un lugar para hacer esnórquel entre arrecifes de coral. A pesar de ser su primera vez, Siyul nadaba por el mar como un pez en el agua. Incluso sacó la parte superior del cuerpo fuera de la superficie para tirar de la ropa de Woo Hyun-se, diciéndole que había visto una raya enorme.

Regresaron a la isla cuando la luz del sol se volvía dorada. Como había estado expuesto al sol mientras flotaba en el mar, la piel de Siyul que quedaba fuera de la ropa estaba bastante quemada.

Aunque debería haberse bronceado, su piel lechosa solo se había puesto roja. Su frente y sus mejillas estaban tan calientes que se quejaba de que le dolía incluso cuando Woo Hyun-se las rozaba con sus labios. Nada más volver, le aplicó una buena cantidad de gel de aloe vera, así que ahora la rojez había disminuido un poco.

Cualquiera se agotaría tras nadar solo una hora, pero él había estado flotando sobre las olas durante toda la mañana y la tarde, así que no le quedaban fuerzas. Siyul se quedó profundamente dormido nada más llegar al alojamiento.

Intentó despertarse antes de la cena. Sin embargo, tal vez por el exceso, no pudo abrir los ojos aunque llegó la hora. Sentía como si sus músculos estuvieran cargados de piedras. La cama era como un pantano y sus párpados pesaban como plomo.

“¿Estás bien?”

Woo Hyun-se se sentó junto a la cama y apartó el cabello que se le había pegado a la frente. Su mano se sentía fresca. Quizás era su cuerpo el que estaba ardiendo.

Aunque no se lo reveló a Woo Hyun-se, la verdad es que su estado no había sido bueno desde que llegaron. Le daba mucho sueño y sentía como si sus pies se hundieran en la tierra a cada paso. No quería arruinar este momento tan valioso solo por estar enfermo, así que tomó analgésicos en secreto para aguantar, pero después del esnórquel, parece que el cuerpo, que había estado resistiendo, finalmente colapsó.

“Cancelaremos el plan de mañana.”

“No, solo necesito descansar hoy... No lo cancele.”

Mañana era la experiencia de la isla desierta. Era una oportunidad que habían conseguido gracias a una cancelación de reserva. No quería perder la oportunidad de pasar cinco horas a solas con Woo Hyun-se en una isla desierta cercana.

Pero el cuerpo era el problema. Apenas podía mover un dedo. No sabía si era por la fiebre que lo tenía tan sensible, pero el aroma de Woo Hyun-se que rozaba la punta de su nariz se sentía aún más dulce. Era como miel pura. Aunque no era una abeja ni una mariposa, sentía que se le hacía agua la boca y tenía un hambre voraz. Se sentía vacío por dentro. Quería llenarse.

Siyul se abrazó el vientre hambriento mientras restregaba su mejilla contra la mano de Woo Hyun-se, pero de repente abrió mucho los ojos. Un líquido espeso se deslizó por su piel, empapando su ropa interior. Al mismo tiempo, su parte baja comenzó a erguirse lentamente. Solo con oler a Woo Hyun-se, solo con tener su rostro cerca de su mano, su cuerpo actuaba por cuenta propia, excitándose como si se hubiera roto.

Juntó los muslos rápidamente. Estaba postrado en cama, sin poder siquiera salir a pasear porque le dolía todo, y aun así, estaba entrando en celo; le daba mucha vergüenza frente a Woo Hyun-se. Intentó convencerlo para que fuera a pasear, pues le parecía un desperdicio que perdiera el día por su culpa.

Sin embargo, sentía algo extraño en su interior. Era una sensación de picor, como si plumas suaves le rozaran bajo la piel. Sus dedos de manos y pies se enroscaban y un escalofrío le recorría la espalda. Su cuerpo estaba rígido, esperando desesperadamente el toque de alguien. Incluso sus partes más íntimas se sentían así.

Solo entonces, Siyul comprendió qué era ese síntoma. Era un heat. Nunca lo había experimentado antes, así que no tenía idea de que la fiebre, el peso del cuerpo y la sensibilidad al aroma de los demás fueran señales de ello. Había pasado media vida viendo a Kwon Yu-won pasar por lo mismo y, aun así, fue un idiota por no darse cuenta.

En cuanto lo reconoció, el calor se propagó. No tenía comparación con cualquier malestar que hubiera sentido antes. Su interior se mojaba sin control y, por más fuerza que hiciera con los glúteos, el líquido lubricante se escapaba hacia afuera. Por fin comprendió por qué Kwon Yu-won maldecía cada vez que le venía el celo. Un solo pensamiento ocupó su mente.

Quiero hacerlo.

Desesperadamente.

Quería meter un dedo, o lo que fuera, y revolver su interior hasta que fuera un desastre. Nadie lo había tocado, pero sus pezones picaban, se erigían y sus areolas ardían. Tampoco podía controlar su propio aroma. Por más que se esforzaba por contenerlo, el olor se extendía más amplio y espeso, traicionando su voluntad.

Woo Hyun-se no podía ignorarlo. La mano que le acariciaba el cabello con preocupación se detuvo en seco.

“Hyung, esto...”.

Siyul sollozaba, exaltado por un calor que le resultaba ajeno. Woo Hyun-se se cubrió la boca y giró la cabeza. Debía estar en una situación difícil. Había rogado tanto por este viaje, asegurando que se curaría en un día, y ahora le estallaba un heat. Sentía una culpa inmensa, pero más que eso, estaba a punto de perder la razón porque solo quería calmar el fuego que rugía en su interior.

Siyul no pudo soportarlo más y se aferró al brazo de Woo Hyun-se. Restregó su mejilla contra su piel desnuda como un gato y se mordió los labios. Su respiración agitada escapaba por su nariz, incapaz de salir por sus labios, que estaban pegados a los de Woo Hyun-se.

“Haz algo...”.

“No”.

La negativa fue rotunda. Siyul sintió lágrimas en sus ojos ante tal crueldad. Él, que normalmente se abalanzaba sobre Siyul aunque le pidiera que no lo hiciera, ¿por qué ahora no? Levantó la cabeza para reclamarle la razón, pero Woo Hyun-se lo empujó ligeramente. Su cuerpo, sin fuerzas, cayó hacia atrás con el menor contacto.

“Si lo hacemos ahora, estando tan agotado, te vas a poner muy enfermo”.

Dicho esto, metió la mano bajo la cintura de los pantalones holgados de Siyul. Siyul soltó un chillido agudo y encogió los hombros. La mano de Woo Hyun-se envolvió su miembro, que estaba rígido. En el momento en que su pulgar presionó y frotó la punta, Siyul arqueó la espalda y levantó las caderas de manera involuntaria.

“¡Haa...!”

La mano de Woo Hyun-se quedó empapada. Había sido una eyaculación demasiado prematura. Aunque habían pasado muchas noches juntos, nunca había alcanzado el clímax tan rápido. El rostro de Siyul se puso rojo como un tomate. Se cubrió la cara con ambas manos. La risa leve de Woo Hyun-se alimentó su humillación.

“Por hoy, hagamos solo esto”.

A pesar de haber liberado su semen, su parte baja no flaqueaba. Su cuerpo seguía envuelto en vapor caliente. Woo Hyun-se bajó su mano mojada. Entre sus piernas abiertas, el líquido lubricante era abundante. Cada vez que Siyul daba un espasmo, se acumulaba humedad en la grieta bien cerrada. Sentía como si toda el agua de su cuerpo se hubiera concentrado en su parte baja.

“Señor Kwon Siyul, debes tener sed”.

Hasta esas palabras sonaban obscenas. Siyul se tapó el rostro con la almohada. Sabía que parecía un avestruz escondiendo la cabeza en la arena, pero no se le ocurría otra forma de ocultar su semblante. Su cerebro no funcionaba, estaba poseído por un solo deseo.

Sentía que un dedo iba a entrar. Los nudillos de Siyul, que agarraba la almohada con fuerza, se marcaron. Sin darse cuenta, abrió un poco las piernas, pero la mano de Woo Hyun-se, decepcionando sus expectativas, volvió arriba para agarrar su miembro.

Fue una decepción insoportable. Quería agarrar la muñeca de Woo Hyun-se y bajarla. Juguetear de esa manera estaba bien, pero no era suficiente. Quería que sus cuerpos se entrelazaran. Necesitaba un placer que fuera más allá de una simple eyaculación. Si no lo hacía, temía volverse loco.

Ya no pudo resistir más. Siyul reunió todas sus fuerzas, levantó el torso y derribó a Woo Hyun-se sobre la cama. Logró sentarse encima de él, pero no pudo avanzar más porque Woo Hyun-se lo detuvo agarrándole de las muñecas.

Siyul miró a Woo Hyun-se jadeando. Él estaba al borde de la locura, mientras que Woo Hyun-se, por el contrario, estaba tranquilo. El bulto que se tensaba bajo sus caderas era prueba de su excitación, así que no entendía cómo podía estar tan calmado.

Si seguían así, el calor nunca desaparecería. Necesitaba la cooperación de Woo Hyun-se. Pero él solo intentaba calmarlo sin hacer el menor movimiento. Eso lo hizo enfurecer. Siyul retorció sus muñecas para liberarlas del agarre de Woo Hyun-se, las sujetó él mismo y abrió la boca.

“Si no lo hacemos ahora... huff... te odiaré por siempre”.

Fue la mayor amenaza que Siyul pudo articular. Woo Hyun-se, probablemente queriendo levantarse, se apoyó en sus codos y miró a Siyul. Al mismo tiempo, con un movimiento rápido y severo, le dio un azote en los glúteos. Siyul contuvo el aliento y enderezó la espalda. Incluso ese dolor punzante fue un estímulo.

“¿Quién te enseñó a decir cosas tan malas?”.

Lo reprendió con una voz fingidamente severa. Mientras se preguntaba si realmente había dicho algo tan malo, hizo un puchero por la injusticia.

“Porque tú... no dejas de ignorar lo que quiero...”.

“Aun así, debes elegir lo que dices. Retráctate”.

“No quiero”.

“Vamos”.

Le apretó con fuerza los glúteos. Siyul curvó la espalda y cerró los ojos con fuerza. El lubricante fluía por la abertura entre sus piernas.

Mientras era reprendido, la cintura y las caderas de Siyul no dejaban de moverse. Hacía calor. Solo hacía calor. Siyul agarró el bajo de su camiseta y la lanzó lejos. Escucharía los regaños después, pero necesitaba resolver ese calor que llenaba su cuerpo primero. Si Woo Hyun-se no lo ayudaba, estaba dispuesto a forzar la situación.

“¿De verdad... de verdad no lo vas a hacer?”.

La urgencia le hizo olvidar el lenguaje formal. “Joder...”, murmuró Woo Hyun-se lentamente. Incluso esa palabra, rara vez escuchada, se sintió como una caricia en su cuerpo. Los hombros de Siyul temblaron levemente.

“De verdad intenté contenerme por pensar en ti, señor Kwon Siyul”.

No había necesidad de eso. Especialmente si era por él. Siyul pegó su pecho contra el de Woo Hyun-se y restregó su mejilla contra la suya. Le susurró que lo hiciera y le rogó que lo introdujera rápido.

Le tiraron del cabello, haciendo que su cabeza se echara hacia atrás. Siyul apenas pudo mirar hacia abajo. Woo Hyun-se estaba sonriendo. De una manera muy feroz.

“No sabía que el gumiho que me sedujo era tan salvaje”.

Su mano se hundió en su ropa como si quisiera comprobar si tenía cola. Sus dientes rozaron su cuello. Aunque Siyul tembló ante el dolor punzante que casi rasga su piel, al ser exactamente lo que tanto anhelaba, abrazó a Woo Hyun-se con todas sus fuerzas.

No debía maldecir a las bestias. Él mismo era la bestia. Era una serpiente retorciéndose por no poder contener su celo, un gato rodando por el suelo. Siyul lloraba y se aferraba a Woo Hyun-se mientras eyaculaba una y otra vez. Solo él podía calmar el calor que quemaba sus entrañas. Pero ese fuego no se apagaba por más que él soltara sus fluidos.

“¡Ah, ah, huff... uh!”.

Su voz estaba ronca desde hacía tiempo. Su cuerpo se sentía como si fuera succionado por la cama, pero cada vez que Woo Hyun-se se hundía en su interior, una sensación eléctrica recorría su columna vertebral, tensándole toda la espalda. Sus glúteos se elevaban, intentando tragar hasta el último centímetro de esa columna de carne que ya lo tenía desbordado.

“¿Qué harás si te cansas ya? Tú pediste que lo hiciera”.

“Haa, eso... ¡hic!”.

El hueso de la cadera golpeaba con fuerza contra sus nalgas. La punta de su miembro presionaba las paredes más profundas de su interior. Sus mucosas expulsaban líquido lubricante que goteaba por la estrechez. Aunque logró despegar su abdomen de la cama en esa posición, ya no pudo eyacular más.

Aun así, el clímax existía. Siyul hundió la frente en la sábana mientras contraía sus músculos internos. En ese camino que se estrechaba hasta casi cerrarse, Woo Hyun-se extrajo su miembro de un solo golpe. Al retirar toda la presión de las paredes internas, los dedos de los pies de Siyul se curvaron en direcciones opuestas.

Woo Hyun-se chasqueó la lengua y volteó a Siyul. Estaba completamente empapado. De sudor, de su propia esencia y del fluido que Woo Hyun-se había derramado en él. Su ombligo y su vientre blanco estaban cubiertos de líquido lechoso, y sus pezones, que Woo Hyun-se había pellizcado, mordido y succionado, también brillaban bajo una capa de humedad.

Su frente, bajo sus ojos, sus mejillas, los lóbulos de sus orejas, sus hombros, su pecho, sus rodillas, y las puntas de sus dedos de manos y pies estaban teñidos de un rosa intenso. Sus piernas, abiertas de par en par, no podían cerrarse. El borde de su entrada estaba hinchado, grueso como un anillo de plata. Al introducir un dedo y presionar suavemente, brotó un chorro de lubricante mezclado con esperma.

Siyul se puso de lado y se acurrucó. El eco de la sensación era terriblemente largo y el clímax parecía no tener fin. Abrió los labios para pedir un descanso, aunque fuera breve, pero en lugar de voz, solo escaparon unos jadeos borrosos. Intentó incorporarse agarrándose a la sábana para tratar de escapar, pero una mano grande le agarró el tobillo con firmeza.

"¿Por qué huyes?"

"Solo... un poco, huff, deja que descanse..."

No era que quisiera detenerse. Solo necesitaba un poco de tregua. Dejando de lado la fiebre, resistir a Woo Hyun-se era una tarea extremadamente difícil.

Cada vez que chocaban con fuerza, se sentía como si fuera embestido por un toro gigante bien alimentado, y cuando él se movía con pequeños vaivenes, su vientre plano temblaba tanto que sentía que su cerebro iba a explotar. Sentía un miedo genuino a que, si continuaban experimentando semejante placer sin detenerse, terminaría convirtiéndose en un idiota.

Woo Hyun-se, ajeno a ese temor, ladeó la cabeza y se introdujo entre sus muslos. Al ver a Siyul desplomado como una muñeca, lo subió directamente sobre su cuerpo.

"No, es muy... muy profundo. Eso."

Al darse cuenta de la posición, el rostro de Siyul se tornó pálido. Más que la expectación, le aterrorizaban las olas que estaban por venir. Si entraba demasiado profundo, temía que sus órganos internos resultaran dañados. Incluso mientras su razón se paralizaba por el aroma embriagador de Woo Hyun-se, Siyul intentó retroceder y tensó sus muslos para alejarse.

"¿A dónde vas?"

Woo Hyun-se lo puso en pie como si fuera un manojo de paja y lo sentó sobre su miembro, que aún mantenía una rigidez firme. Alineó la punta con la entrada suave y, sujetando la cintura de Siyul con ambas manos, lo presionó lentamente hacia abajo. Miró a Siyul, quien se apoyaba en su pecho tratando de evitar el descenso, y con una mueca de desdén, empujó su cintura hacia arriba con fuerza.

¡Haaa! Siyul sollozó mientras se desplomaba sobre el torso de Woo Hyun-se. Sus testículos, contraídos, expulsaron semen con un último espasmo. El impacto de sentir su cuerpo dividido en dos y el clímax le provocaron un zumbido agudo en los oídos.

"Siyul, si empezaste, debes ver el final."

Su voz, susurrada mientras lamía el contorno de su oreja, era dulce. Y ese tono, mezclado con su respiración agitada, resultaba obsceno.

"Te lo dije... te dije que no podías."

"Ugh, hic. Huff, haa..."

"Si te abalanzaste sobre alguien que decía que no, debes... hacerte responsable."

Lo sujetó por las nalgas y lo embistió sin piedad. En la entrada por donde entraba y salía su miembro, se formó una espuma blanca y espesa. Debido a las estocadas profundas, el lubricante acumulado emitía un sonido viscoso y, a veces, incapaz de soportar la presión, salpicaba desordenadamente.

La zona de contacto estaba tan mojada como si la hubieran sumergido en agua. Cada vez que los pesados testículos de Woo Hyun-se chocaban contra los glúteos de Siyul y se separaban, se formaban hilos de seda blanca que se estiraban, se rompían y volvían a aparecer.

"Huff, ugh... ¡Ah, ah!"

Siyul no podía hacer nada más que llorar y gemir. Su cabeza finalmente se había roto. La saliva corría por sus labios entreabiertos. Todo su cuerpo drenaba agua. Sus paredes internas succionaban el miembro mientras expulsaban líquido; de su boca brotaba saliva que desbordaba, y de su punta, en lugar de semen, goteaba un líquido casi transparente.

"...¡Ah!"

Siyul, que se balanceaba sin control, se tensó de repente. La punta del miembro, que había aumentado de tamaño en su interior, presionó contra un punto profundo. Era esa entrada profunda que, invadida por el placer, se había revelado tímidamente. Al ser tan delicada, el simple roce de la punta hacía que todo su cuerpo temblara como un tambor.

Aunque tenía la vista nublada por luces blancas y rojas, una señal de advertencia resonó en su mente. Esto no estaba bien. Si entraba más, podría no haber vuelta atrás. Aterrorizado, Siyul intentó levantar el torso apresuradamente.

Debido a ese movimiento, el miembro cambió de ángulo y volvió a pinchar ese lugar prohibido. Huu... Siyul gimió como si fuera a morir y sacudió la cabeza frenéticamente. Gotitas minúsculas salieron disparadas hacia abajo.

"Hyung, ahí no, ah, no. No quiero, hic..."

"¿Dónde, aquí?"

Ignorando las súplicas de Siyul, Woo Hyun-se se frotó intensamente solo en esa zona. Cada vez que lo rozaba, el mundo se oscurecía y le faltaba el aire. Siyul empujó el pecho de Woo Hyun-se con las manos, ya sin fuerza.

"En serio no, no, ¡he dicho que no...!"

"Pero aquí se siente bien."

"No, no, ah, ah..."

Woo Hyun-se tenía razón. Aunque el miedo le erizaba la piel, la sensación era puro placer. No había ni un ápice de dolor allí dentro. Cuando la suave entrada en su interior era presionada, el lubricante no solo se escapaba, sino que brotaba como un chorro de agua.

Los ojos de Siyul estaban llenos de lágrimas. Las lágrimas surcaban sus mejillas y caían sobre el pecho de Woo Hyun-se. Incluso sus gemidos le resultaban extraños. Quería bloquearlo, pero no tenía fuerzas ni para levantar las manos.

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No sabía cuántos clímax lo habían pisoteado en ese corto lapso. El torso de Siyul cayó hacia adelante. Inmediatamente, Woo Hyun-se le agarró el cabello y le sujetó la nuca con fuerza. Mientras continuaba embistiendo sin descanso desde abajo, Woo Hyun-se soltó una maldición áspera.

"Kwon Siyul, mírame, rápido."

"Hyung, huff... yo, ah..."

"Tienes que abrir la boca. Eso es, así..."

Más que un beso, aquello fue un acto sexual con la lengua. Era vulgar y lascivo. Sus lenguas se enredaban y sus fluidos se mezclaban. Era un beso que le robaba el alma, mordiendo sus labios y lamiendo su paladar, mientras le arrebataba el aliento con fiereza.

La cama crujía violentamente. El miembro dentro de él se hinchaba con avidez, pero esta vez era diferente: se expandía de forma distinta, capa tras capa desde la raíz. Siyul, asfixiado, forcejeó. La mano que sujetaba su nuca se tensó con fuerza.

"Ah... ¡ah!"

"¡Ugh...!"

Woo Hyun-se abrazó a Siyul con fuerza y enterró su frente entre sus hombros. Venas y arterias se marcaron en sus sienes. Bajo la piel de los brazos que envolvían a Siyul, gruesas venas se alzaron. Su miembro, hinchado al máximo, vertió un esperma espeso en lo más profundo de su ser. Fue una cantidad mucho mayor a la habitual. Continuó estremeciéndose durante un largo rato, drenando hasta la última gota.

La entrada quedó sellada, sin dejar escapar ni una gota de semen. Siyul, sentado sobre Woo Hyun-se, se estremecía mientras permanecían unidos como dos conchas marinas. Sentía que si se movía lo más mínimo, su vientre estallaría. Incluso parecía que lo que contenía no era esperma, sino agua, moviéndose en su interior.

Su mente estaba en blanco. Le dolía. Tanto, que su visión se oscureció. El dolor le impedía respirar. Lágrimas como copos de algodón caían por sus mejillas.

"Hyung, huff, Hyung... hic, ugh."

"Solo un poco... huff... solo un poco."

Woo Hyun-se acariciaba suavemente la cintura tensa de Siyul. El aroma que emanaba de su nuca y sus orejas se intensificó. Para calmar sus músculos rígidos y la tensión como la de un cadáver, el aroma a bosque de abedules blancos y el dulzor de la miel envolvieron a Siyul.

Ante ese aroma extraño y sereno, el cuerpo rígido de Siyul se relajó lentamente. Sus paredes internas se estremecieron, acariciando el enorme miembro que aún lo llenaba. Cada vez que lo hacía, Woo Hyun-se fruncía el ceño, como si también sintiera dolor, pero no redujo su aroma.

¿Cuánto tiempo habrán estado abrazados? El dolor que le desgarraba el vientre se desvaneció lentamente. En su lugar, otra sensación ocupó el espacio. Le causaba un picor similar a la primera vez que sintió el calor del celo. Sus paredes internas se cerraron, comprimiendo el miembro. A pesar de que no había espacio para sacar o meter nada más, seguía sin haber un solo hueco.

"Ah, ah..."

"Espera, Kwon Siyul."

Woo Hyun-se rodeó la cintura de Siyul con urgencia para presionarlo. Había sido un intento de detenerlo, pero tuvo el efecto contrario. El interior de Siyul se aferró al miembro como una serpiente enroscada. Un gemido bajo escapó entre los dientes de Woo Hyun-se.

Ya no sentía dolor. En su lugar, otra cosa se apoderó de su cuerpo. El rostro de Siyul se encendió. Sus labios se abrieron y su vientre comenzó a moverse por sí solo, contorsionándose.

"Huff, huff...!"

Cada vez que sus paredes internas envolvían y soltaban el miembro, rayos relampagueaban ante sus ojos. Gotas de saliva se formaron en su labio inferior. Woo Hyun-se succionó sus labios y los devoró con dulzura.

Incluso su parte baja, debilitada por el dolor, estaba volviendo a hincharse. Sus testículos, reducidos a un tamaño minúsculo, lanzaron un último espasmo de algo parecido al semen. La punta ardía y escocía, como si una cerilla encendida oscilara cerca de su glande.

Incluso dentro de ese miembro blando, la humedad se acumulaba. Se sentía casi como una urgencia por orinar. Siyul apretó su bajo vientre con todas sus fuerzas para intentar contenerse, pero solo terminó presionando más el miembro atrapado en su carne.

"Ah, un momento, suéltame esto..."

Por más que hubiera perdido la razón, Siyul gimió, tratando de no perder el control. Pero no debería haber intentado levantar el torso. La punta de su miembro, al abrirse paso entre el semen que llenaba su vientre, presionó el punto más sensible. Siyul soltó un grito agudo.

Ni siquiera pudo erguir el cuerpo. Se aferró a las sábanas y retorció la cintura. Desde su parte baja, al límite, un chorro de agua que no pudo contener salió disparado describiendo un arco. No solo se acumuló sobre los músculos abdominales bien definidos de Woo Hyun-se, sino que resbaló por su cintura y empapó la sábana.

"Huff, haa, huff..."

Siyul se desplomó sobre el torso de Woo Hyun-se, que se había convertido en un mar de fluidos. La unión aún no se había disuelto. Siyul temblaba espasmódicamente mientras levantaba la vista hacia Woo Hyun-se con los ojos nublados y desenfocados. En el instante en que sus miradas se cruzaron, un destello brilló en las pupilas del otro.

Woo Hyun-se, aferrándose a la cintura de Siyul, se abalanzó sobre él de inmediato. Su lengua gruesa llenó la cavidad de su boca, que estaba abierta buscando aire. Los párpados y las pestañas de Siyul temblaron intensamente antes de cerrarse lentamente.

El cansancio lo invadió finalmente por completo. Siyul se sumió en un sueño profundo, como si hubiera perdido el sentido.

* * *

Se escuchó el canto de un pájaro en algún lugar. No era un sonido artificial. Como no era una alarma y era un sonido extraño para escuchar en medio de la ciudad, Siyul abrió los ojos perezosamente. El techo que entró en su campo de visión tampoco le resultaba familiar. Un ventilador de techo, que parecía una versión ampliada de las alas de una libélula, giraba lentamente. Las finas cortinas de la cama que se mecían suavemente también eran algo que no tenía en su propia casa.

“……Ah.”

Es cierto. No estaba en casa. Era el lugar de vacaciones al que había venido con Woo Hyun-se.

Al girar la cabeza, vio a la persona que tanto lo había atormentado durmiendo plácidamente. Dormía tan bien, como un bebé, con la cara medio hundida en la almohada. Al verlo, los días y noches que habían pasado sin salir ni un solo paso de esa habitación pasaron por su mente como una película.

El rostro de Siyul se tiñó de rojo en un instante. Su corazón latía con tanta fuerza que se cubrió la cara con ambas manos.

Fueron unos días fieles a los instintos, ni más ni menos. Dormir, comer, ser penetrado y penetrar; en cuanto sus miradas se cruzaban, se encendía una chispa que estaban demasiado ocupados tratando de apagar. Pero era un fuego que no se podía sofocar por mucho que se hidrataran o descargaran. Era feroz y persistente. Incluso cuando pensaba que se había apagado, al despertar y recuperar fuerzas, volvía a quemar el interior de Siyul.

No hubo lugar en el que no se revolcaran: la cama, el sofá, el suelo, la alfombra e incluso la ducha, donde todo estaba abierto a la vista. Todas las comidas fueron servicio a la habitación. Y aun así, apenas probaba uno o dos bocados antes de volver al punto de partida. No necesitaba comer para sentirse lleno, y le parecía una pérdida de tiempo incluso el momento de llevar algo a la boca.

No hubo una sola parte de su cuerpo que los labios de Woo Hyun-se no tocaran. Incluso cuando descansaban un momento, alguna parte de ellos seguía conectada. Entrelazaban sus dedos, uno de sus dedos de los pies terminaba en la boca de Woo Hyun-se, o sus pezones, hinchados hasta casi pelarse, eran succionados sin descanso.

Hacia el final, incluso podían moverse lentamente mientras seguían unidos por el knotting. La adicción al knotting no era un cuento de hadas. Aunque el deseo se satisfacía lo suficiente con el sexo simple, el clímax que se alcanzaba con el knotting era comparable a las drogas. Era más que placer. La sensación de que todo lo demás se borraba y hasta su alma se deshacía llegaba a ser, en realidad, aterradora.

Al final, sus recuerdos eran fragmentarios. Incluso parecía haber juntado las palmas de sus manos para rogarle desesperadamente que se detuviera, agotado y cansado. Su ambición inicial de resolver el calor de su celo abalanzándose sobre Woo Hyun-se se había desvanecido hace mucho.

No me digas que todavía no se ha cerrado. De repente, una idea aterradora cruzó su mente, así que Siyul llevó rápidamente la mano entre sus piernas. Al tantear con cuidado entre sus glúteos, afortunadamente, estaba bien cerrado. ¿Sería esto también una característica de los Omegas? Exhaló un suspiro de alivio.

Bajó de la cama en silencio para no despertar a Woo Hyun-se. Sus piernas no tenían fuerza y se tambaleó, pero se sostuvo de la mesa y apenas pudo mantenerse en pie. Con una mano en su dolorida cintura, recogió la camisa que había caído al suelo y se la puso.

Escuchó el sonido de las olas cerca. Caminó hacia allí como hechizado. Era el balcón que había visto el primer día que llegaron. Más allá de la pequeña piscina privada, se extendían las palmeras y el mar.

Siyul dudó entre la hamaca de las palmeras y el sofá redondo del balcón, pero eligió el sofá mullido. El sonido de las olas rompiendo y el choque de las hojas de las palmeras con el viento llegaron a sus oídos.

Como era de madrugada y el sol aún no salía, el mar y el cielo eran de un azul pálido. Unas nubes blanquecinas cruzaban el lugar con tranquilidad.

Al escuchar el crujido de la madera al ser pisada, Siyul giró la cabeza. Sin saber cuándo se había despertado, Woo Hyun-se salió al balcón bostezando ampliamente. Se inclinó para besar la frente de Siyul y se sentó a su lado. Con los ojos aún cargados de sueño, restregó su oreja contra el hombro de Siyul.

Como el aire de la madrugada era fresco, la temperatura corporal de Woo Hyun-se se sintió agradable. Siyul también apoyó su cabeza sobre la de él. No hablaban, pero el silencio no era incómodo. Era una atmósfera pacífica y suave.

Más allá del horizonte, el cielo comenzó a teñirse de rojo lentamente. Antes de que saliera el sol, Siyul llamó a Woo Hyun-se. Él abrió los ojos, que hasta entonces mantenía cerrados, y miró a Siyul.

“Mira allá, Hyung. Sale el sol.”

Las llamas creadas por el sol parpadeaban sobre las olas. Las mejillas de Siyul también se humedecieron con el tono anaranjado.

Pudo ver un paisaje así gracias a Woo Hyun-se. Si no lo hubiera conocido en su vida, probablemente seguiría vendiendo fármacos y caminando un día tras otro hacia el abismo. Aunque su primer encuentro fue retorcido, al final, Woo Hyun-se lo rescató del pantano.

Gracias a ello, aprendió muchas cosas. El sentimiento de gustar de alguien, el sentimiento de amar, y cómo esperar de una manera más madura.

De repente, Siyul sintió el impulso de confesar todo con sinceridad. Fue tan intenso que sintió que no podría contener las palabras que subían por su garganta sin decirlas. Cuando lo llamó “Hyung”, Woo Hyun-se giró la cabeza.

“Todas mis primeras veces son contigo, Hyung.”

¿Habrá sido repentino? Woo Hyun-se miró a Siyul sin decir nada. La luz que mojaba sus mejillas era del mismo color que las que teñían a Siyul. Como este tiempo que compartían en el mismo espacio era valioso y dulce, Siyul sonrió levemente y apoyó su frente contra la suya con suavidad.

“Mi primer amor, mi primer beso, mi primera experiencia, hasta mi primer viaje al extranjero, todo.”

“…….”

“Mi última vez también serás tú.”

Se sintió aliviado después de confesarlo. Woo Hyun-se, con los ojos muy abiertos como si estuviera sorprendido o incrédulo, extendió su brazo y tomó la mano de Siyul. Rozó la punta de su nariz contra la mejilla sonrojada de Siyul y le susurró:

“De ahora en adelante, todo lo mío es tuyo. Mi vida también, tómala, señor Kwon Siyul. Es poca cosa comparado con lo que he recibido.”

Era demasiado como respuesta a una confesión. Aun así, una gran sonrisa floreció en el rostro de Siyul. Más profundo y radiante que el horizonte al amanecer.

“Te amo.”

Su corazón rebosaba de emoción, por lo que Siyul no pudo devolver la respuesta. En su lugar, lo besó. Solo con ese beso ligero fue respuesta suficiente. Una sonrisa, idéntica a la de Siyul, también se extendió por los labios y el rostro de Woo Hyun-se.

* * *

Woo Hyun-se estaba sentado en la silla, sumido en una profunda reflexión. Sobre el escritorio descansaba la caja que llevaba varios días atormentando el bolsillo de su pantalón. Al abrir el estuche de cuero rojo, un par de anillos deslumbrantes comenzaron a brillar.

De haber sido por él, habría encargado unos anillos con diamantes azules de gran tamaño, pero conocía bien la personalidad de Kwon Siyul; si se los daba, dudaba que se atreviera a usarlos. Por eso, eligió un diseño simple pero no demasiado soso.

Para ser considerados anillos de pareja resultaban algo excesivos, y para ser anillos de boda, según los estándares de Woo Hyun-se, se quedaban cortos. No eran ni lo uno ni lo otro, pero los compró con la firme determinación de marcar el largo dedo de Kwon Siyul con una señal de que le pertenecía, antes de que otros se atrevieran a codiciarlo.

Debió habérselos dado antes del viaje.

“…….”

Aunque eligió a propósito un lugar vacacional famoso por ser solo para parejas, las emboscadas existían incluso allí. Aprovechando un breve momento en el que se alejó, un blanco maloliente se le había pegado a Siyul. Tenía más capas de grasa en el cuello que en el vientre.

¿Por qué Siyul era tan popular entre los cerdos? Tiempo atrás, otro cerdo que había molestado a Siyul en un bar fue devuelto a su manada. Más precisamente, al estómago de unos jabalíes.

‘Tienen un apetito voraz. En 10 minutos terminan.’

El propietario de la granja, un joven de cabello rizado, le había abierto las puertas de su terreno a Woo Hyun-se de buena gana. Tenían una relación forjada a través de su conexión con la Isla Jushin.

Al regresar, era evidente que el cerdo no estaba preguntando por el camino. Siyul no entendía ni una palabra de lo que el tipo balbuceaba en inglés.

“¿Qué ocurre?”

Siyul, que miraba a su alrededor buscándolo, se veía desvalido y adorable, pero el tipo que lo molestaba frente a él era basura que debía eliminar. Rodeó los hombros de Siyul y preguntó. Al darse la vuelta y ver a Woo Hyun-se, el rostro de Siyul brilló más que el sol. Cuando el cerdo preguntó quién era, respondió con orgullo:

“Su marido.”

Aunque aún no habían registrado el matrimonio formalmente, él sería su marido y, en la práctica, ya lo era. Tras decir eso, el tipo debería haberse retirado, pero, a pesar de su aspecto, tenía buen ojo.

“Mentira. Ni siquiera tienes anillo.”

“Lo dejé olvidado.”

Mintió con naturalidad mientras atraía a Siyul hacia él. Como parecía que el tipo no entendía solo con palabras y Woo Hyun-se ya estaba considerando si tirarlo al mar, el cerdo refunfuñó y se retiró. Fue una suerte no llegar a las manos; no quería mostrarle esa faceta violenta a Siyul.

Incluso ahora, al recordarlo, le hervía la sangre. ¿Habría podido evitar eso si le hubiera puesto el anillo? Tenía ganas de reunir a conocidos y desconocidos para celebrar una boda grandiosa de inmediato, pero la edad de Siyul le causaba cierto conflicto.

Había una diferencia de ocho años. La conciencia le pinchaba al recordar que, cuando él se ahogaba en alcohol durante la universidad, Siyul apenas cargaba una mochila de primaria.

Por un lado, sentía que estaba encadenando a un joven con un futuro brillante; por otro, confiaba plenamente en que nadie más que él estaría al lado de Kwon Siyul en el futuro. Y haría todo lo posible para que así fuera, incluso si eso significaba cruzar la línea marcada por la ley.

De todos modos, si realmente le hubiera preocupado la edad, no habría llegado hasta este punto. Era irónico que ahora buscara una conciencia limpia, cuando siempre lo había comido, besado y disfrutado a su gusto. ¿Desde cuándo había cultivado tal sentido de la moral?

Una vez más, no pudo decidirse. Woo Hyun-se guardó la caja en su bolsillo sin remedio. Siempre la llevaba encima para dársela en cualquier momento, pero la caja seguía sin llegar a manos de su dueño.

Había buscado oportunidades una y otra vez, pero siempre volvía con las manos vacías. Intentó aplicar experiencias pasadas de cómo lo había hecho antes, pero fue inútil. En realidad, nunca antes le había dado gran significado a un anillo. Eran solo regalos que entregaba porque la otra parte los deseaba, nada más.

Pero con Kwon Siyul era diferente. Al darle tanta importancia, su mente se quedaba en blanco cada vez que intentaba dárselo. Parecía un idiota sin alma, dudando de una forma impropia de él.

Reservó un restaurante para crear atmósfera, pero desistió al sentir que solo resaltaba la diferencia de edad; intentó dárselo durante un paseo nocturno, pero le pareció demasiado poco sincero y lo pospuso. Así, desperdició dos semanas sin siquiera sacar la caja del bolsillo.

“Hyung, mira esto.”

Siyul, que yacía con la cabeza en su regazo mirando el celular, le mostró la pantalla. Woo Hyun-se, que veía televisión mientras su mente no dejaba de pensar en el anillo, bajó la vista. Siyul sonreía radiante, una imagen que ablandaba sus labios al instante.

“Es una reseña nueva. Es un cliente habitual de nuestra cafetería, pero creo que escribió mal.”

Tomó el teléfono. Junto a una foto, había una reseña breve.

El empleado es delicioso y el café es amable. Cara de gran bendición en la mañana de lunes a jueves.

Era el turno de Siyul. Mientras él reía con alegría diciendo: “Dice que soy delicioso”, los labios de Woo Hyun-se se tensaron en una línea recta.

“¿Cliente habitual?”

Su voz sonaba gélida. Apenas pudo ocultar el aroma gélido para no asustar a Siyul.

“Sí. Viene todas las mañanas. Ah, ayer incluso compró un macarrón.”

“Denúncialo por acoso.”

Antes de devolverle el teléfono, Woo Hyun-se denunció la reseña por contenido obsceno. ¿Error? Ni hablar, lo había hecho con toda la intención.

Parecía que Kwon Siyul no solo brillaba ante sus ojos, sino también ante los de los demás. Definitivamente, no podía seguir así. Todo esto era culpa suya por no haberle puesto el sello de propiedad. Si esto seguía así, ese tipo de personas solo aumentarían, nunca disminuirían.

No podía seguir ignorando una situación tan grave. ¿Qué importaba la atmósfera o el estilo? Ya no tenía tiempo para dudar.

Woo Hyun-se apartó con cuidado la cabeza de Siyul, se bajó del sofá y se arrodilló sobre una rodilla. Siyul se levantó de un salto.

“¿Hyung?”

Había imaginado esta escena tantas veces, pero sus puntas de los dedos se endurecieron al momento de entregar el anillo. Apretó y soltó los puños para disipar la tensión y sacó la caja.

Siyul miró el anillo con expresión atónita. Sacó uno de los dos y dejó la caja a un lado. Tomó la mano izquierda de Siyul y deslizó el anillo por su largo y fino dedo anular. Como había medido su talla secretamente mientras dormía, el anillo entró sin dificultad.

“Debí dártelo antes.”

“¿Esto es mío?”

Siyul extendió los dedos y miró el anillo con incredulidad. Woo Hyun-se besó ligeramente el dorso de la mano de Siyul, donde ahora lucía el anillo. El “sí” quedó amortiguado entre la piel de la mano y sus labios.

Lo miró rápidamente. Por dentro temía que lo rechazara, pero afortunadamente no hubo rechazo. Los ojos de Siyul estaban ligeramente enrojecidos.

“¿De verdad puedo recibir esto? No tengo nada que darte, Hyung.”

“Con que no te vayas a ningún lado y te quedes a mi lado, es suficiente.”

Los regalos recibidos de Kwon Siyul eran más que suficientes con un simple par de zapatos. Era un regalo que no quería recibir nunca más. Aunque en el pasado fue así, jamás volvería a calzárselos. En el momento en que pusiera un pie en esos zapatos, el error que cometió y la espalda de Kwon Siyul alejándose se desplegarían ante sus ojos.

Por eso, Woo Hyun-se se prometió a sí mismo que, en el futuro, solo se dedicaría a llenar los brazos de Siyul con lo que fuera. Ya fueran simples objetos, amor o algo mucho más grande, si Siyul llegaba a tambalearse por el peso, él lo sostendría; todo estaba bien. De esa manera, quería ser un apoyo sólido para Siyul, al mismo tiempo que lo ataba para que no pudiera escapar a ninguna parte.

Woo Hyun-se estaba dispuesto a ser, con gusto, el cerco y la familia de Kwon Siyul. Tal como Kwon Siyul lo era para él, él también aspiraba a convertirse en una raíz profunda en su vida, una presencia imposible de arrancar.

“Ponme esto, Kwon Siyul.”

Ocultando sus intenciones, que eran tan oscuras y pegajosas como el alquitrán, Woo Hyun-se le tendió a Siyul el anillo restante y su propia mano izquierda. Ante aquella actitud descarada, Siyul sonrió brillantemente y deslizó el anillo en el dedo de Woo Hyun-se.

“Como ya tienes el anillo, ahora tú también eres mío.”

¿No era esa una declaración bastante atrevida? Aun así, era exactamente lo que él deseaba con desesperación. Sin poder contenerse más, abrazó a Siyul con fuerza. La risa que resonaba cerca de su oído rodó hacia el interior de su ser como las olas que había visto en la isla.

De las mejillas, del cuello y de los omóplatos de Siyul, con quien estaba en estrecho contacto, brotó un aroma a flores de glicinia empapadas en miel. Era un perfume parecido al de los brotes tiernos, una señal de que la primavera había llegado. Kwon Siyul era la primavera cálida y tranquila que había llegado a la vida de Woo Hyun-se, quien siempre había vivido en un invierno riguroso.

Sueño de madrugada

Siyul estaba sentado en un columpio. El paisaje le resultaba familiar. El viejo tobogán, el balancín con trozos de neumático debajo, e incluso la barra de dominadas baja donde los niños solían colgarse. Era el pequeño patio de recreo detrás del orfanato. En aquel arenal, junto a Kwon Yu-won, solía sacar agua con cubos para construir castillos de arena hasta el anochecer.

Hacía mucho que no se subía a un columpio y, olvidando que era un adulto, movía las piernas con entusiasmo. No había nadie cerca, pero estaba bien. Alguien vendría pronto. No sabía quién era, pero, por el momento, solo esperaba.

Sssk — ante el sonido de la hierba separándose, Siyul detuvo sus pies. Algo grande y oscuro se retorcía y salía del bosque, contorsionando su cuerpo serpenteante.

“Oh...”

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No era una persona. Era una pitón del tamaño de una casa. Su tamaño rivalizaba con el de las serpientes gigantes que habitaban en el Amazonas. Él, que solía sobresaltarse incluso ante la vista de una pequeña culebra temiendo que fuera venenosa, sentía algo extraño: no tenía ni una pizca de miedo ante esta serpiente. Su brillante color negro era hermoso, y sus ojos oscuros parecían de obsidiana. Más que evitarla, tenía ganas de acariciarla.

Como si la serpiente comprendiera el corazón de Siyul, se acercó, se enroscó en un círculo y alzó la cabeza con firmeza. Era más alta y más gruesa que Siyul, quien se había levantado del columpio. Era una serpiente que parecía muy astuta e inteligente.

Siyul extendió la mano con cautela. A diferencia de su enorme tamaño, la serpiente sacó su linda lengua y acercó la cabeza a la mano de Siyul. La textura que sintió al tocarla era fría y suave, pero, de alguna manera, le provocaba una profunda nostalgia. Como si esta serpiente fuera precisamente aquello que Siyul había estado esperando mientras se mecía en el columpio.

La serpiente movió la cola y envolvió el cuerpo de Siyul con firmeza. Como si quisiera que lo mimara, inclinó la cabeza hacia un lado y otro, frotando su hocico contra el cuello de Siyul.

“¿Vas a venir conmigo? ... ¿Puedo dejarte hacerlo?”

Al verla tan hermosa, le preocupaba si alguien la estaba criando, si había salido de casa por error después de ser amada y mimada. Como si lo hubiera entendido, la serpiente sacudió su largo cuello como si estuviera bailando. Parecía querer decir que quería ir con él. Que pudiera comunicarse con una serpiente era absurdo, pero lo aceptó naturalmente.

Al principio dudó al pensar que podía tener dueño, pero cuanto más la miraba, más la deseaba. Quería irse con esta serpiente.

“Entonces, ¿quieres ir conmigo?”

Siyul acarició a la serpiente con cariño y le suplicó. La serpiente lo miró con sus ojos negros y refinados, luego inclinó la cabeza y la frotó contra su vientre. Una luz brillante emergió, y tras desvanecerse, la hermosa serpiente había desaparecido por completo.

Siyul no pudo distinguir de inmediato si era un sueño o la realidad incluso después de abrir los ojos. Solo después de parpadear varias veces supo que había soñado.

Aunque la temperatura de la serpiente era fresca, el vientre donde las escamas habían rozado estaba cálido. Bajó la mano lentamente y se acarició el abdomen.

Qué sueño tan curioso.

Al notar el movimiento de Siyul al despertar, Woo Hyun-se se giró y lo abrazó con sus dos brazos fuertes. Con sus piernas largas y gruesas, envolvió la parte inferior de Siyul y lo atrajo hacia su pecho. La fuerza con la que lo envolvía no tenía nada que envidiar a la de la serpiente que vio en el sueño.

¿Habrá sido él esa serpiente?

No sabía qué significaba, pero parecía un sueño auspicioso. Pensando en contárselo a Woo Hyun-se en cuanto amaneciera, Siyul también se giró para abrazarlo. Como si estar abrazado a Siyul mientras dormía fuera placentero, el aroma de Woo Hyun-se flotaba suavemente por la habitación.

Repasó el sueño una vez más para no olvidarlo y Siyul volvió a conciliar el sueño. La temperatura corporal que lo envolvía era más acogedora que una manta, y se quedó dormido rápidamente.

Un día de primavera

Era un día bastante caluroso para ser mediados de junio. La luz del sol penetraba por la ventana e iluminaba el interior del autobús. Bajo el cielo azul sin una sola nube, en los arrozales, las plantas de arroz, que brotaban como algas, se mecían suavemente con el viento. Las flores silvestres de nombres desconocidos abundaban a lo largo de los senderos entre los campos, y el milano que daba vueltas sobre el pico de la montaña distante le daban un toque pastoral, muy distinto al paisaje lleno de edificios de la ciudad.

El autobús alquilado se detuvo después de recorrer durante un buen rato un camino sinuoso como la cintura de una serpiente. Ante el aviso del conductor —“Hemos llegado”—, todos empezaron a levantarse.

Woo Joong-ryeol, sentado en los asientos delanteros, bajó del autobús con una cara afable. Había pensado en ir en auto privado, pero siguió el consejo de su asistente: “En momentos así, comportarse como una persona común ayuda a mantener una buena imagen”, así que se adelantó y subió al autobús.

‘No, le dije que se quedara estudiando en casa, pero insisten en seguirme. Dicen que el voluntariado es importante. Aunque les dije que no era necesario, insistieron tanto en venir... Como saben, no hay padre que pueda ganarles a sus hijos. Así que vinimos juntos.’

El sujeto, que apenas anteayer había puesto a Woo Hyun-se y a Woo Gi-ppeum en el suelo para golpearles los muslos con un bate de béisbol, hablaba con mucha elegancia. Como amenazó con romperles las costillas si no iban —diciendo que les inventaría una buena excusa—, Woo Hyun-se tuvo que cancelar sus compromisos previos. Woo Gi-ppeum tampoco tuvo opción.

‘¿No dijeron que ambos obtuvieron el primer lugar en toda la escuela la otra vez? Tienen buenas notas y una personalidad excelente. La sangre nunca engaña.’

‘Tiene unos hijos maravillosos.’

La gente, ajena a la faceta hipócrita de Woo Joong-ryeol, vertía elogios repugnantes. Al ver tal adulación, Woo Gi-ppeum había girado la cabeza haciendo una mueca de arcadas.

Woo Hyun-se, quien había sido arrastrado por el cuello, también bajó del autobús. Woo Gi-ppeum, que había cerrado los ojos apenas subió y no los había abierto ni una vez, bajó las escaleras arrastrando los pies como un animal camino al matadero. Mientras que la expresión de Woo Hyun-se era la de siempre, con esa sonrisa habitual, la cara de Woo Gi-ppeum era la de alguien que había masticado un insecto vivo un par de veces.

“Relaja la expresión. La gente nos mira.”

“Joder.”

Cuando Woo Hyun-se le lanzó aquel consejo en voz baja, Woo Gi-ppeum soltó un insulto como si hubiera estado esperando el momento. En cuanto la gente se giró, cambió su máscara en un abrir y cerrar de ojos. Sin duda, una velocidad realmente relámpago.

Al ver que controlaba tan bien sus expresiones frente a los demás, Woo Hyun-se pensó que el dicho de que la sangre no engaña no debía ser ninguna tontería. Sabiendo que para Woo Gi-ppeum eso sería un insulto mucho peor que cualquier palabrota en el mundo, Woo Hyun-se se quedó callado.

Woo Hyun-se se quedó de pie, con las manos a la espalda, contemplando el viejo edificio y el letrero que tenía delante. Orfanato Nubes de Algodón. Era el lugar de voluntariado de hoy.

Decían que era un evento para celebrar el Día del Niño, en el que participaban el grupo de voluntariado del gobierno local, algún cargo político, legisladores y periodistas de la prensa regional. Woo Hyun-se se rio por dentro. Le parecía divertido ver cómo aquellos señores, que normalmente no mirarían dos veces un lugar así, se amontonaban como una jauría solo para tomarse una fotografía.

El personal del orfanato y la directora salieron a recibir al grupo. La directora era una mujer de mediana edad de aspecto apacible y amable, pero, a diferencia de la sonrisa que lucía, su humor no parecía ser muy bueno.

El orfanato estaba dividido por zonas: la clase de bebés y niños pequeños, la clase de niños y la clase de adolescentes. A Woo Hyun-se y Woo Gi-ppeum les tocó limpiar la sala de juegos de los niños, mientras que a los demás les asignaron los pasillos y los baños. Como esperaba no cruzarse con los niños, para Woo Hyun-se esto fue preferible.

Sin embargo, parece que los asuntos de los adultos eran distintos. Uno de los periodistas y uno de los legisladores tuvieron un pequeño altercado con la directora. Woo Hyun-se fingió estar ordenando los juguetes mientras prestaba atención a su conversación. Básicamente, se quejaban de que ya que habían llegado hasta allí, deberían tomarse fotos, y preguntaban por qué se negaba si la imagen junto a los niños era buena.

“Disculpe, legislador, pero en nuestro centro el encuentro con los niños solo está permitido para voluntarios de largo plazo.”

“No, ¿no nos avisaron de esto antes de venir? Al menos deberíamos tomarnos fotos. No hemos hecho este largo viaje solo para limpiar.”

“Entonces, podríamos hacer una foto de grupo al finalizar...”

“¿Dónde quedaría una buena imagen con eso? Directora, usted que lo sabe todo, ¿por qué se pone tan difícil?”

La directora se veía muy angustiada. Había una razón por la que no parecía feliz al recibir a la gente. Pero, como un brazalete en el brazo es sinónimo de poder, ante la amenaza de que las donaciones podrían cortarse si no cooperaba, la directora aceptó de mala gana.

Woo Hyun-se, mientras volvía a colocar en su lugar los juguetes que había limpiado, echó un vistazo a Woo Gi-ppeum, que estaba a su lado. Al ver que efectivamente estaba escuchando a escondidas, Woo Gi-ppeum murmuró ‘pandilla de matones’ sin siquiera girar la cabeza hacia ellos. Como estaba de acuerdo, asintió en secreto.

Tras terminar la limpieza, todos se dirigieron al auditorio. Los niños estaban reunidos allí. Quizás porque les intimidaban los desconocidos, no se acercaban primero y se mostraban tímidos. Los niños de la clase de adolescentes, al ver a Woo Hyun-se y Woo Gi-ppeum que tenían su misma edad, se encogieron o, en algunos casos, mostraron hostilidad.

Por esto no quería venir.

Woo Hyun-se chasqueó la lengua por dentro. Por lo general, los orfanatos no aceptan voluntariados de adolescentes debido a la preocupación de que pudieran causar incomodidad a sus iguales. ¿Acaso Woo Joong-ryeol no lo sabía? Sin importarles, los habría traído por esa dichosa ‘buena imagen’.

Solo después de que el grupo de voluntarios tomó la iniciativa de hacer juegos y repartir comida, las caras serias empezaron a relajarse un poco. Incluso hubo niños que pedían a la gente que los abrazara. Fue entonces cuando se tomaron las fotos. Los reporteros se inclinaban ante Woo Joong-ryeol mientras este, con delantal, repartía comida en las bandejas de los niños o los abrazaba con familiaridad.

Woo Hyun-se y Woo Gi-ppeum, aunque no querían, estaban al lado. No necesitaba ver los titulares de las noticias para saber cómo serían.

“¡Llegó el helado!”

Tras el reparto, era la hora de la merienda. En cuanto oyeron la palabra helado, los niños pequeños corrieron en masa. Aunque les gritaran que hicieran fila, no hicieron caso. Lo rodearon formando un círculo como si estuvieran sitiando a quien lo llevaba y cada uno estiró la mano. Incluso hubo algún niño que, con mucha astucia, se llevó dos.

“Vaya, ¿es increíble, verdad?”

Mientras observaba la escena de pie desde lejos, un voluntario que se había acercado le habló a Woo Hyun-se. No sé si recibió el helado en medio del caos o si lo tenía de antes, pero llevaba dos en la mano. Como le extendió uno, Woo Hyun-se lo aceptó.

“¿A ti los niños no te piden que les compres cosas?”

Mientras que a Woo Gi-ppeum los niños se le acercaban a menudo, a Woo Hyun-se no se le acercaba ninguno. Aunque sus facciones parecían bondadosas, sus orejas abultadas y redondeadas como un mandu, o la cicatriz cerca del cuello, parecían provocar un rechazo instintivo. Mientras jugueteaba con la oreja, de la que ya habían quitado la sangre pero que aún seguía hinchada, respondió con desgana.

“Sí.”

El voluntario rio diciendo que tenía suerte y siguió hablando. Aunque a Woo Hyun-se le resultaba molesto conversar, como no tenía nada mejor que hacer, se quedó callado.

“Al hacer voluntariado en orfanatos, siempre hay uno o dos niños astutos. En realidad lo hacen porque están hambrientos de afecto, pero para un voluntario, es algo bastante embarazoso.”

“¿Eso cree?”

“Especialmente ese niño de allá. Se llama Kwon Yu-won y es el veterano de este lugar. Es un zorro. El niño ya está usando su encanto personal. Ten cuidado, muchacho. Si viene a pedirte que le compres algo, terminarás comprándoselo sin darte cuenta.”

El voluntario señaló a uno del grupo. Era un niño de rasgos bonitos. Sus ojos, ligeramente rasgados hacia arriba, eran brillantes y astutos. Incluso en ese momento, estaba tirando del cuello de la camisa del voluntario, que parecía ingenuo, para pedirle un helado. El voluntario, cautivado por el rostro lindo del niño, le entregó su propia porción.

Sin embargo, Kwon Yu-won no se comió el botín, sino que, teniéndolo en la mano, corrió hacia un niño que estaba sentado en una esquina. El niño, que estaba agachado dibujando algo en el suelo con el dedo, levantó la cabeza lentamente al oír la llamada de Kwon Yu-won.

Justo en ese momento, una persona pasó por delante y bloqueó la vista, así que no pudo ver si el niño aceptó el helado o si lo rechazó. Pensó en seguir mirando, pero al escuchar la risa forzada de Woo Joong-ryeol a sus espaldas, sintió un rechazo profundo y giró el cuerpo.

Salió del auditorio y buscó un lugar tranquilo y sin gente. Mientras seguía un aroma dulce que flotaba desde algún lugar, descubrió detrás del edificio un banco rodeado de glicinias. Racimos de flores, como racimos de uvas, colgaban de las ramas.

Como no había nadie, Woo Hyun-se se sentó cómodamente estirando las piernas sobre el banco. Pensaba matar el tiempo y unirse al grupo cuando fuera hora de retirarse. Si alguien lo descubría antes, no habría nada que hacer.

Cruzó las piernas y levantó la cabeza apoyando los codos en el banco. Las flores colgaban tanto que casi rozaban la punta de su nariz. Mientras levantaba la mano para cortar una por el buen olor, sintió un pequeño movimiento cerca. Bajó la mano y giró la cabeza.

Un niño estaba parado detrás de la pared, asomando solo la mitad de su rostro y dudando. Su rostro, pálido como una flor de calabaza, le resultó familiar.

Un instante después recordó dónde lo había visto. Era el niño a quien el pequeño astuto le había entregado el botín.

Normalmente no le habría importado quién viniera, pero al ver los grandes ojos del niño, desapareció su intención de ser indiferente. Aquellos ojos, que parecían a punto de derramar lágrimas con solo un roce, despertaron su interés.

“Hola.”

Al notar que el niño parecía tener miedo, le dedicó una sonrisa que parecía la más amable del mundo y lo saludó. El niño miró de reojo a Woo Hyun-se un par de veces y salió sigilosamente de detrás de la pared. Como su mirada se perdía cerca de su mano, se preguntó qué estaba mirando; estaba obsesionado con el helado de tubo que Woo Hyun-se sostenía sin pensarlo, al no tener dónde tirarlo.

“¿Quieres comer esto?”

Como de todas formas no le gustaba lo dulce, se lo ofreció para que lo comiera, y el niño dudó, moviéndose con torpeza. Pero, al final, pareció decidirse y se acercó con cautela. Sin embargo, no podía abrir el envoltorio y se esforzaba, gimoteando. Tenía una expresión apesadumbrada, mirando a Woo Hyun-se y luego al helado.

“Dame eso.”

Abrió el envoltorio, le quitó la tapa y se lo puso en la mano. Solo entonces el niño se sentó a su lado, balanceando las piernas mientras se metía el helado en la boca.

El niño, que estaba concentrado en comer, miró de repente a Woo Hyun-se. Frunció el entrecejo como si estuviera pensando, y de pronto le ofreció el helado.

“¿Quieres que lo coma yo?”

El niño no respondió, solo asintió con la cabeza. Al ver que su esfuerzo era adorable, Woo Hyun-se abrió la boca, pero antes de que pudiera probar el helado, la expresión del niño se volvió suplicante. Sus labios enrojecidos se entreabrieron también. Pensando que si realmente le daba un mordisco el niño lloraría, sonrió de lado y enderezó el torso que tenía inclinado.

“Cómetelo todo tú.”

Su expresión, antes sombría, volvió a iluminarse. El niño terminó el helado poco a poco. Tras succionar hasta la última gota, se levantó y tiró el envoltorio a la basura.

El niño, que había perdido toda la desconfianza por un solo helado, se subió retorciéndose al regazo de Woo Hyun-se poco después. Se acomodó moviendo el trasero, como un perrito que encuentra un cojín mullido. Woo Hyun-se, que de repente se había convertido en una silla, se sintió desconcertado, pero no fue tan cruel como para echarlo.

‘A veces hay niños que piden que los abracen. Aun así, traten de no ceder en la medida de lo posible. Si se acostumbran, los próximos voluntarios lo pasarán mal.’

Recordó vagamente la advertencia que le había dado un empleado. Pero no le importó. La temperatura del niño, que se había metido en su regazo, estaba tan cálida como si hubiera recibido los rayos de sol de mediados de junio en todo su cuerpo. Como no había nadie mirando, Woo Hyun-se pensó “qué demonios” y rodeó firmemente la cintura del niño con un brazo para que no se cayera.

El niño parecía estar de buen humor, ya que tarareaba una melodía mientras balanceaba sus piernas, que no llegaban al suelo. Sintiéndose curioso por saber qué canción era, prestó atención. Aunque esperaba que fuera una canción infantil, era una vieja canción de antaño.

Fly me to the moon.

Let me play among the stars…….

¿No era una elección de canción algo adulta para que la cantara un niño? No acertaba casi en ninguna nota ni compás. Aun así, la cantó con esmero, con una pronunciación que se escapaba porque le faltaban los dos dientes frontales. Woo Hyun-se hundió la cabeza en el cuello del niño y se rio entre dientes, sacudiendo los hombros. No había tenido motivos para reír últimamente, pero gracias a este niño estaba llenando su cuota de risas de todo un mes.

Al terminar de cantar, el niño miró de reojo a Woo Hyun-se con ojos traviesos. Aunque no dijo nada, sabía que esperaba un cumplido. Aclarándose la garganta, Woo Hyun-se aplaudió dos veces.

“Cantas bien.”

Solo entonces el niño soltó una risita y se retorció. Woo Hyun-se soltó su brazo rápidamente y el niño se movió torpemente para sentarse ahora en una posición que le permitiera quedar frente a frente. Entonces, extendió la mano hacia la oreja de Woo Hyun-se con cuidado. Su mano, delicada como una hoja de principios de primavera, rozó la parte donde tenía la tirita.

“¿Esto duele mucho?”

“…….”

Se quedó sin palabras un momento mientras miraba al niño. Aunque simplemente debía estar preguntando por su oreja hinchada, para Woo Hyun-se la pregunta sonó con un significado mucho más profundo. La pequeña y cálida mano del niño parecía acariciar mucho más que la herida de su oreja.

“No. No me duele nada.”

“¿En serio?”

“En serio.”

Al recibir la confirmación, el niño sonrió ampliamente. Incluso sin sus dientes frontales, sonrió con total franqueza. Una brisa sopló entre ambos. Flores de color violeta cayeron como lluvia sobre el cabello negro y los hombros pequeños. Cuando el niño sacudió la cabeza, los racimos de flores aterrizaron esta vez sobre el dorso de la mano, los muslos y las zapatillas de Woo Hyun-se.

A Woo Hyun-se no le gustaban mucho los niños. Lloraban, hacían berrinches y eran ruidosos. Pero este niño era diferente. Era como una criatura pequeña, joven y delicada. Una que aún no había salido del regazo de su madre.

Sus ojos eran tan claros como el agua de un arroyo, y cada uno de sus movimientos era cuidadoso y adorable. El gesto de acariciar su oreja, el movimiento de sus pies al compás de la canción.

Con un niño así, podría tener un hermano menor.

O un hijo.

“¿Quieres ser mi hijo?”

Por supuesto, era una propuesta absurda. Fue algo que salió de repente, sin ton ni son, pero incluso pensando que era una broma, no podía dejar a este hermoso niño bajo la sombra de Woo Joong-ryeol. Con el infierno que vivían él y Woo Gi-ppeum era suficiente.

El niño parpadeó lentamente con sus grandes ojos. Bajó la cabeza un instante tarde y, poco después, negó con ella. Fue una elección sabia.

Woo Hyun-se giró la vista primero al oír pasos acercándose. El niño que el voluntario había calificado de astuto miraba hacia el banco, furioso. El niño sentado sobre sus piernas se sobresaltó y bajó rápidamente al suelo. Woo Hyun-se apretó y soltó el puño por un momento, sintiendo la nostalgia del calor que acababa de desaparecer.

“¿Dónde te habías metido? ¡Te he buscado un buen rato!”

“¿Me buscaste?”

“Sí. Iba a darte un dulce, pero no te veía por ningún lado…….”

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Kwon Yu-won tomó con fuerza la mano de Siyul y lo atrajo hacia sí. Lo escondió a sus espaldas y lanzó una mirada desafiante a Woo Hyun-se con ojos brillantes. No había duda, parecía un gato montés con el pelaje erizado.

“Te dije que no hablaras con extraños.”

“Es buena persona……. Incluso me dio helado.”

“No te fíes de los adultos. Ven, entremos.”

Kwon Yu-won tiró del niño, que dudaba. Antes de salir del área de los bancos, el niño se giró. Al encontrarse con la mirada de Woo Hyun-se, abrió la boca en forma de media luna y sonrió abiertamente. Esa sonrisa resplandeciente era tan brillante como las rosas que crecían en el muro, y tan encantadora como unas hortensias floreciendo en abundancia.

“…….”

Con la brisa, las flores de glicinia caían como una lluvia repentina. Después de apartarse el cabello alborotado, el niño ya no se veía por ninguna parte.

Woo Hyun-se se quedó solo. Pronto se sacudió el pantalón y se levantó. Antes de abandonar el banco, miró hacia atrás un momento, tal como lo había hecho el niño. Un grupo de flores de color violeta bailaba suavemente, esparciendo un aroma que se parecía al del niño.

Woo Hyun-se inhaló profundamente el aroma hasta los pulmones. Era una fragancia que parecía que permanecería en su memoria por mucho tiempo.

—Fin.—