Extra 1
Estar
contigo
“No.”
Ante
esa respuesta tan tajante, la boca de Siyul se abrió de par en par. Sus ojos
también se redondearon. Aunque había previsto que Kwon Yu-won reaccionaría así,
su determinación era mucho más firme de lo que esperaba.
“¿Por
qué no? Si últimamente tú también llegas tarde por la noche o incluso hay días
que ni vienes.”
“¿Eso
es lo mismo que vivir juntos?”
Siyul
gruñó con tono de queja, y Kwon Yu-won apretó el puño y abrió los ojos de par
en par. Verlo abrir tanto sus ojos, ya de por sí expresivos, hasta dejar ver el
blanco de sus pupilas, intimidaba un poco. Aun así, Siyul no se amilanó.
Armándose de valor, él también abrió mucho los ojos y le devolvió la mirada
feroz.
“¡¿Qué
diferencia hay?! Es exactamente lo mismo. Y además, cuando tú no estás, yo
ya….”
“En
aquel entonces no tuve otra opción, era por circunstancias fuera de mi
control.”
Kwon
Yu-won interrumpió a Siyul, dejando caer su cerveza sin alcohol sobre la mesa
con un golpe seco. Siyul curvó el labio inferior en un puchero. Aunque le lanzó
una mirada de protesta, Kwon Yu-won lo ignoró y se dedicó a comer los
aperitivos.
“Absolutamente
no. Ni siquiera te has casado y ya hablas de vivir juntos, qué tonterías
dices.”
El
tono que usaba recordaba al de un anciano gruñón de la era Joseon, agitando las
solapas de su hanbok. Siyul, sintiéndose frustrado, se bebió su cerveza de un
trago.
El
origen de todo era este: el trabajo estaba resuelto, Woo Hyun-se no paraba de
pincharle para que se mudara con él, y Siyul, al vivir en la posada, sentía que
el tiempo que pasaba con su pareja se reducía drásticamente, lo cual le causaba
una angustia insoportable.
Por
ello, intentó convencer a Kwon Yu-won para independizarse de una vez, pero,
como si su antigua terquedad de no querer alfas a su alrededor no hubiera
disminuido, apenas Siyul mencionó el tema, Yu-won se opuso rotundamente.
“¿Es
por el alquiler?”
Pensando
que tal vez le preocupaba no poder cubrir el costo del alquiler solo, Siyul
preguntó con cautela. Kwon Yu-won montó en cólera, preguntando si creía que era
capaz de hacer algo así solo por dinero.
“Entonces,
¿por qué?”
Aunque
preguntaba, Kwon Yu-won aplicaba la ley del silencio. Ante la negativa, Siyul
optó por usar el método de hacerse el desvalido, que solía funcionar mejor que
los gritos. Siyul miró a Kwon Yu-won con los ojos llorosos y cargados de
sentimiento. Aunque al principio Yu-won desvió la mirada, finalmente se rindió
ante aquella insistencia que lo seguía como un cachorro.
“Odio
a ese tipo, Woo Hyun-se. No me cae bien.”
“¿Por
qué, Hyung?”
“¿Qué
Hyung ni qué niño muerto? Es un viejo. ¿Por qué le dices Hyung a un tipo que te
lleva ocho años? Deberías decirle señor o abuelo.”
“Abuelo
me parece demasiado.”
¿Tratarlo
de anciano cuando ni siquiera tenía una sola cana? Siyul replicó tímidamente, a
lo que Kwon Yu-won soltó una carcajada. “¿Ya te has pasado a su bando?”, dijo
Yu-won, golpeando el brazo de Siyul con el puño mientras seguía refunfuñando.
“En
fin, no. Estoy en contra.”
“Ah,
Kwon Yu-won.”
Aunque
Siyul le sacudió el brazo rogándole, Kwon Yu-won se mantuvo firme. Aunque ya
era un adulto y Yu-won no era su tutor legal, por lo que no necesitaba un
permiso formal, Siyul quería ser reconocido oficialmente por la persona que era
más que un hermano para él.
“¿De
verdad no hay forma?”
“No.”
Viendo
que no cedería, no quedaba otra. Era mejor retirarse hoy y esperar a la próxima
oportunidad. Podía renunciar a otros temas, pero en cuanto a la independencia,
Siyul no quería darse por vencido tan fácilmente.
“Está
bien. Pero a cambio.”
Aun
así, necesitaba desquitarse por el mal trago. Siyul bebió lo que quedaba de su
cerveza y se limpió la boca. Kwon Yu-won, que estaba sentado de lado mirando a
lo lejos, giró la cabeza hacia Siyul. Este le sostuvo la mirada directamente.
“Tú
tampoco puedes dormir fuera.”
“¿Qué?”
Preguntó
Kwon Yu-won con voz atónita. Siyul no se echó atrás.
“También
habrá toque de queda. A las 12 de la noche.”
“Oye.”
“Hagámoslo
justo. Yo tampoco dormiré fuera. Y cumpliré el toque de queda.”
“¿Acaso
somos adolescentes? Te quejas porque te prohibí vivir juntos, ¿verdad?”
“¿Tienes
miedo?”
“¿Ah,
sí?”, dijo Kwon Yu-won entornando los ojos. No le tomó mucho tiempo decidirse.
“Está bien”, aceptó el desafío de Siyul sin dudar.
“Si
alguien incumple tres veces, pierde.”
“Tres
veces es mucho. Una sola.”
Kwon
Yu-won fue aún más estricto. Siyul aceptó las condiciones al instante.
“El
que gane pide un deseo.”
“De
acuerdo. Ve preparándote.”
Kwon
Yu-won se golpeó el pecho con confianza, seguro de que nunca perdería. Siyul
también brillaba con determinación. Con su independencia en juego, estaba
decidido a luchar con todas sus fuerzas.
Como
ya había dejado su trabajo en el restaurante de carne, el toque de queda de las
12 no era un problema. Solo tendría que ajustar el tiempo de sus citas con Woo
Hyun-se. Quería haberle dado buenas noticias, así que Siyul subió al coche con
los hombros caídos y gesto abatido.
“¿Te
fue bien con la charla?”
Como
el resultado no había sido bueno, a Siyul no le salía una sonrisa ni viendo a
Woo Hyun-se. Además, ni siquiera podía articular palabra. Él seguramente habría
tenido expectativas. Siyul, tras dudar, comenzó a explicar el suceso.
“Yu-won
fue muy tajante….”
Siyul
esperaba que Woo Hyun-se lo llevara a casa sin importarle la opinión de Yu-won.
Pero, para su sorpresa, Woo Hyun-se dio un paso atrás y esperó la decisión de
Siyul. Comparado con el pasado, cuando lo encerraba ciegamente sin dejarle dar
ni un paso fuera de la habitación, aquello era un avance monumental.
Siyul
siguió charlando de forma animada. Cuando mencionó la apuesta, Woo Hyun-se
soltó una pequeña carcajada. Con ternura, despeinó el cabello de Siyul, rodeó
su cuello con el brazo para atraerlo hacia él, le dio besitos en las mejillas y
finalmente le dio un mordisquito suave.
Woo
Hyun-se jugueteó con las suaves mejillas de Siyul como si fueran masa antes de
soltarlas, dejándolas empapadas de saliva. Él mismo se encargó de limpiar la
mejilla de Siyul con su pulgar.
Aunque
las cosas no salieron como esperaba, Woo Hyun-se no mostró ni un rastro de
decepción. Tal vez ya sospechaba que este sería el resultado.
“Pero
las 12, ¿no es muy temprano?”
“Es
que Yu-won suele llegar a las 2 de la mañana. Aunque su trabajo termina
temprano.”
No
había elegido las 12 al azar. Este era un juego que estaba seguro de ganar. Y
tenía que ganar.
“Eres
inteligente.”
“Por
eso no puedo quedarme mucho tiempo. Tengo que entrar un poco más tarde.”
Al
mirar el reloj, vio que ya eran las 10:30. Era una pena que el tiempo volara
sin haber hecho nada especial.
“Entonces,
ven aquí.”
Woo
Hyun-se palmeó sus muslos. Recordaba que antes solía hacerlo. En aquel entonces
dudó, pero ahora no. Sabiendo que cada segundo que pasaba era valioso, Siyul se
sentó rápidamente sobre los muslos de Woo Hyun-se, abriendo las piernas. Al
rodearle el cuello con los brazos, una lluvia de besos cubrió cada parte de su
rostro. Sus pies se movían al ritmo de su emoción.
“Definitivamente
voy a ganar.”
Woo
Hyun-se inclinó la cabeza hacia la nuca de Siyul. Con la punta de su nariz
recta, rozó la piel expuesta mientras inhalaba profundamente. Siyul soltó una
risita y encogió los hombros. Un aroma suave a flores de glicinia se escapó sin
control, llenando el interior del coche. El antebrazo de Woo Hyun-se, que
rodeaba la cintura de Siyul, se tensó con firmeza.
“¿Quieres
que te ayude?”
Preguntó
mientras lo miraba desde abajo. Siyul, envolviendo ese rostro con ambas manos,
le dio un beso ligero tal como Woo Hyun-se solía hacer. Empujó lentamente a Woo
Hyun-se, quien intentaba abalanzarse sobre él, y unió sus frentes.
“¿Cómo?”
“Hay
muchos métodos. Para empezar, puedo hacer que Park Hae-jung no pueda volver a
casa”.
“Ah”.
Eso
también era un método, ya que Park Hae-jung era, sin duda, la razón por la que
Kwon Yu-won regresaba tan tarde. Sin embargo, Siyul no quería recurrir a
medidas tan cobardes; quería competir de forma justa.
“No
hace falta. Me encargaré yo mismo. Seguramente no durará mucho”.
Kwon
Yu-won era mucho menos paciente que él. Era evidente que en menos de un mes
terminaría rindiéndose. Mientras Siyul sonreía con confianza, Woo Hyun-se, que
lo observaba en silencio, giró la cabeza y devoró sus labios. Chupó con fuerza
y se adentró en ese espacio como un hombre sediento. Siyul se estremeció, pero
poco a poco cerró los ojos. Su nariz se llenó del aroma fresco y dulce a bosque
de abedules.
Aunque
sabía que desde afuera no se podía ver el interior y que aquel era un lugar
apartado donde nadie pasaba, Siyul no pudo evitar ponerse nervioso pensando en
si alguien aparecería. Siyul intentó asomarse por la ventana, pero la mano de
Woo Hyun-se sujetó su mentón con suavidad y obligó a su rostro a girar de
nuevo.
Siyul
soltó un “ah”, echó la espalda hacia atrás y bajó la mirada. La entrepierna
sobre la que estaba sentado ya se sentía abultada. Él estaba en una situación
similar. Sus lóbulos y pabellones auriculares se tiñeron de carmesí en un
instante.
Pero
aquel no era el lugar adecuado. Debía recuperar la cordura mientras aún le
quedara algo de razón. Siyul intentó bajar apresuradamente, pero el brazo de
Woo Hyun-se que rodeaba su cintura lo mantuvo pegado con fuerza.
“Aquí
no podemos”.
“No
tengo tiempo para llegar hasta un hotel”.
“Aun
así…”.
Siyul
echó un vistazo rápido al reloj. Quedaba apenas una hora para el toque de
queda. Era poco tiempo para trasladarse a otro lugar.
Pero
no podía llegar a los extremos allí mismo. Siyul cerró y abrió los puños,
intentando reprimir el impulso que le hervía por dentro. Intentó no inhalar el
aroma que inundaba el coche y trató de calmar la sensación de hormigueo en su
vientre, pero cuanto más lo intentaba, peor era el resultado.
El
aire que inhalaba, retenido tras mucho esfuerzo, estaba saturado con el perfume
de Woo Hyun-se, y no podía evitar que su piel se humedeciera.
“Siyul”.
La
voz, susurrada en tono bajo, resultaba demasiado erótica. Siyul apretó los
párpados con fuerza, pensando que tal vez sería mejor no mirar. Arrugó sus
cejas, que tenían una forma perfecta. Entonces, ante la voz que lo llamaba una
vez más, abrió los ojos lentamente y el rostro de Woo Hyun-se llenó todo su
campo de visión.
Woo
Hyun-se también lucía un rostro que denotaba un inmenso autocontrol. Sus cejas
estaban ligeramente fruncidas y, por el esfuerzo de apretar los dientes, se
marcaba una hendidura clara en su mandíbula.
La
temperatura dentro del vehículo se disparó. Las mejillas de Siyul se
encendieron y sus labios se entreabrieron levemente. Mordió suavemente su labio
inferior con los dientes superiores mientras bajaba la vista. Solo podía ver
los labios del otro. Aquellos labios que quería morder y presionar.
“Si
no llegamos hasta el final…”.
Su
voluntad era débil y su impulso era como una antorcha sobre paja seca. No pudo
añadir “¿no estaría bien?”. Antes de que pudiera terminar la frase, Woo Hyun-se
se abalanzó sobre él. El tiempo escaso fue como echar aceite al fuego. Lo besó
con fiereza mientras levantaba la ropa de Siyul. Enterró su rostro en la piel
que brillaba blanca en la oscuridad y rozó su nariz contra ella.
Sus
labios recorrieron el pecho suave, buscando el pezón que sobresalía en el
centro, y lo tomó entre su boca. Lo succionó como un lactante y lo rozó con la
punta de la lengua. Cada vez que lo hacía, un escalofrío recorría la cintura de
Siyul, haciéndolo estremecer.
“Ah,
ugh”.
Sus
caderas se levantaban por sí solas. Su mente también se tiñó de rojo. La
entrepierna, atrapada en su ropa interior, se sentía sofocada, y el borde de su
entrada, que palpitaba, ya estaba húmedo. Cuando sus nalgas se tensaron y luego
se relajaron, un lubricante transparente comenzó a escurrirse.
Siyul
bajó las manos con desesperación. Aunque se propuso desabrochar la hebilla del
pantalón de Woo Hyun-se, su impaciencia hacía que sus manos resbalaran. Tras
luchar y quejarse, finalmente logró bajar la cremallera. Al bajar la ropa
interior, el pene de Woo Hyun-se se alzó con firmeza, esperando aquel momento.
En
poco tiempo, sus propios pantalones también bajaron hasta los muslos. Sus
nalgas blancas y suaves quedaron al descubierto, sin rastro de vello. Una mano
grande las cubrió. Al rozar su pelvis y agarrarlas con firmeza, la carne blanda
resaltó entre sus dedos.
“¡Huuu!”.
Sus
dedos se abrieron camino entre la hendidura. Tras frotar el borde de forma algo
precipitada, se introdujeron en la entrada que se abría y cerraba. La sensación
de ser abierto después de tanto tiempo le resultó extraña, por lo que Siyul
bajó la cabeza y enterró la frente en el cuello de Woo Hyun-se.
“Ah,
te dije que hasta el final no…”.
Aunque
se quejó, Woo Hyun-se no respondió. Solo mordió el lóbulo de su oreja, saboreó
sus curvas e insertó sus dedos profundamente. Los dedos, presionando contra las
mucosas húmedas, pronto pasaron de ser dos a tres.
“Terminaré
pronto”.
“Eso
dices siempre, ugh, nunca terminas rápido… ¡Ah!”.
Los
dedos salieron de golpe. El glande endurecido rozó el borde dilatado. La punta
roma entró lentamente hacia el interior. Solo después de forzar el camino
estrecho que se contraía constantemente, pudo entrar toda la cabeza gruesa.
“Huu”.
El
sudor frío brotó sobre sus escápulas. Apenas había recibido la cabeza y ya no
podía moverse ni un centímetro. Todos los trucos que había aprendido sobre cómo
manejar la situación se borraron de su mente.
Aun
así, era erótico. Su entrepierna seguía erguida y dura. En el aire denso que
llenaba el coche, saturado con el perfume de Woo Hyun-se, su piel se contraía y
expandía por sí sola, expulsando lubricante espeso.
“Ah,
hasta ahí, no… no entra todo”.
Había
logrado tragar hasta la mitad, pero más allá era imposible. Temiendo que Woo
Hyun-se se hiciera cargo y lo embistiera todo de golpe, Siyul apoyó las manos
en los hombros del otro y levantó el torso lentamente. Mirándolo a los ojos,
movió sus caderas lentamente, como si cabalgara.
Incluso
entrando a medias, su interior se sentía lleno. Cada vez que la punta rozaba
las mucosas, el calor subía por los hombros de Siyul hasta sus pezones, que
eran succionados y mordidos. Sus aureolas tenían un color más intenso de lo
normal. Tanto el área bajo sus ojos como su pene erecto estaban teñidos de
rosa.
“Huu,
ugh, haa…”.
Aunque
intentaba contenerse, los gemidos escapaban de sus labios. Rápidamente levantó
el borde de su ropa y lo mordió. Incluso rozar la parte superficial le bastaba.
Cada vez que la punta rozaba un punto sensible, las estrellas brillaban ante
sus ojos y gotas transparentes se formaban en su uretra.
Fue
entonces cuando Woo Hyun-se apretó con fuerza su pelvis. Siyul abrió los ojos
de par en par. Woo Hyun-se estaba justo frente a él, con una expresión que
denotaba que su paciencia se había agotado.
“Aguanta
un poco”.
Como
tenía la ropa en la boca, no pudo responder. Woo Hyun-se lo presionó hacia
abajo sin contemplaciones. Aprovechando su propio peso, Siyul se hundió de
golpe sobre los muslos del otro. La embestida penetró de un solo golpe hasta lo
más profundo de sus entrañas, que aún no se habían relajado.
La
boca de Siyul se abrió y la ropa que sostenía cayó lentamente. En sus nalgas y
justo sobre el cóccix se marcaron unos hoyuelos en forma de mariposa, y en sus
ojos, abiertos de par en par, se colgaron pequeñas lágrimas. Sin poder siquiera
tragar saliva, su vientre tembló violentamente.
La
sensación que recorrió su columna vertebral era, sin duda, el placer después de
la eyaculación. Bajó su mirada sorprendida. Sobre su ombligo habían salpicado
gotas de semen blanco y espeso.
“Ah…
espera, ¡espera…!”.
Intentó
detener a Woo Hyun-se con desesperación, pero era imposible. Mientras el fuego
de Siyul intentaba apagarse, Woo Hyun-se volvió a revolver en su interior.
Agarró sus nalgas con ambas manos y, usando pura fuerza, lo levantó para
dejarlo caer de nuevo sobre él. Aplastó su interior, golpeó y machacó la parte
más profunda.
Aunque
aún no se había disipado la estela del placer anterior, una nueva oleada lo
golpeó. Era una marea que llegaba sin descanso. En la punta de su pene, del que
ya había eyaculado, colgaba otra gota. Aunque debería haber descansado después
de haberse corrido una vez, el placer no le dio respiro y apretó sus
testículos. Ante la sensación de ardor en su uretra, los ojos de Siyul se
llenaron de lágrimas.
“Ya
me he corrido, Hyung. ¡Ah, en serio… te digo que ya me corrí!”.
A
pesar de sus forcejeos y protestas, Woo Hyun-se no soltó su cintura, sino que
aumentó la intensidad de sus embestidas. Selló los labios de Siyul con los
suyos para silenciar sus quejas. Los dedos de los pies de Siyul, encerrados en
sus zapatillas, se curvaron con fuerza antes de abrirse como pétalos. El brillo
de sus ojos se nubló.
La
carrocería del coche vibraba. Aunque no era verano ni invierno, los cristales
estaban empañados por una niebla de humedad. Cualquiera que pasara por allí
podría haber llamado a la puerta, pero ninguno de los dos le prestó atención.
Sería más exacto decir que no tenían margen para preocuparse por algo así.
En
la unión, empapada y saturada, se escuchaba el sonido húmedo de la fricción.
Espuma blanquecina se adhería tanto a los pliegues que se abrían como al pene
erguido y marcado por venas que aparecía y desaparecía. Siyul, que se había
hundido una vez más hasta tragarlo desde la punta hasta la raíz, se inclinó
profundamente mientras retorcía sus manos sobre los hombros de Woo Hyun-se. Un
contorno extraño se alzaba bajo la piel de su vientre plano.
“Hu,
u... Ah, ugh. ¡Ah!”
Comenzó
a derramar gotas de semen sobre la ropa de Woo Hyun-se hasta que, finalmente,
se vació una vez más. Su cuerpo se encogió como si hubiera exprimido hasta la
última gota de energía, no solo semen. También apretó con sus paredes internas
el pene que destrozaba su interior, como si quisiera reventar tanto la cabeza
como el cuerpo y las venas que lo recorrían.
Woo
Hyun-se soltó un gemido corto. Al retirarse apresuradamente, la punta de su
pene roció semen espeso sobre las nalgas pálidas de Siyul. Una vez, dos veces.
Y hasta la última gota. El semen que se acumuló sobre los hoyuelos en forma de
mariposa resbaló lentamente siguiendo la curva de sus caderas.
“Te
dije que... que hasta el final no...”.
Siyul
lo reprendió mientras yacía lánguido, usando a Woo Hyun-se como colchón. Era un
reproche inútil que no tendría efecto alguno. Woo Hyun-se soltó una risa grave
mientras acariciaba las nalgas de Siyul; el semen se estiraba pegajoso en las
puntas de sus dedos.
“Es
que me daba mucha lástima dejarte ir así”.
“……”.
Siyul
lo miró con resentimiento antes de ocultar su rostro en sus hombros anchos.
Siyul compartía la misma melancolía por el tiempo que se escapaba sin remedio.
“No
quiero que te vayas”.
“……Ganaré
y volveré”.
Woo
Hyun-se soltó un gruñido de insatisfacción. Lo abrazó con fuerza, frotando su
mejilla contra la de Siyul para calmar su propia frustración.
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Siyul
tampoco quería dejar marchar a Woo Hyun-se de esa manera. Pasar la noche juntos
no tenía como único objetivo mezclarse físicamente. Conocía la dulzura de
dormir uno al lado del otro en la cama. Sabía lo inmensa que era la
satisfacción y la sensación de plenitud al despertar y encontrar a Woo Hyun-se acostado
a su lado.
“Me
voy”.
Pero
no había tiempo para compartir el después. Siyul se vistió apresuradamente y
forzó una sonrisa. Su mirada reflejaba exactamente la de Woo Hyun-se. Temiendo
que si se quedaba más tiempo renunciaría a la apuesta y a todo lo demás, movió
sus pies, que se resistían a marcharse.
Woo
Hyun-se bajó del coche tras él. Lo abrazó una última vez, presionando su
barbilla contra la coronilla de Siyul. Aquellas palabras, "no quiero
dejarte ir", nunca se volvían tediosas, por mucho que las escuchara.
“Hasta
mañana, Hyung”.
Woo
Hyun-se se despidió con la mano mientras se apoyaba en la carrocería. Siyul
retrocedió uno, dos pasos, y solo cuando el otro le señaló el tiempo en su
muñeca, se dio la vuelta y echó a correr con todas sus fuerzas.
Siyul
no olvidó usar el desodorante mientras subía la colina corriendo. Se roció
generosamente de pies a cabeza hasta que el aroma de Woo Hyun-se desapareció
como nieve al sol. Aunque le daba pena que el rastro se borrara, era preferible
eso a que Kwon Yu-won lo atrapara y se burlara de él. Tenía la excusa perfecta:
la transpiración era por haber corrido.
Jadeando,
se agarró a la tapia de la posada. Al revisar su teléfono, eran exactamente las
11:57. Se había salvado por los pelos. Se puso de puntillas para mirar más allá
de la puerta, intentando comprobar si Kwon Yu-won ya había llegado. Las luces
estaban apagadas.
“¿Eh?”
¿Acaso
no había vuelto todavía? Sonriendo para sí mismo, pensando que quizás había
ganado incluso antes de que pasara una semana, abrió la puerta. En el momento
en que se disponía a cruzar el umbral, escuchó una respiración agitada desde abajo
en el callejón. También pasos rápidos.
Era
Kwon Yu-won. Con el cabello alborotado y el rostro encendido de rojo, llegó
frente a Siyul en un instante. Jadeando mientras se apoyaba en sus rodillas,
comprobó la hora tal como había hecho Siyul. Estaba pasando de las 11:59 a las
12:00.
“Sal...
Va... Do”.
Como
no eran más de las 12, no había roto su promesa. Siyul parpadeó mientras miraba
a Kwon Yu-won, que aún recuperaba el aliento. Más allá del aroma a naranja que
lo caracterizaba, un aroma extraño y ajeno emanaba de él. El perfume que
despedía era tan intenso que parecía que se hubiera bañado en él.
Tanto
él como Kwon Yu-won sabían quién era el culpable. Siyul se frotó bajo la nariz,
soltando un "tsk".
“Cuando
entres, lávate tú primero”.
Al
notar la expresión incómoda de Siyul, parece que Kwon Yu-won se dio cuenta,
porque tiró de su cuello y se olfateó. Al detectar el aroma ajeno que llevaba
encima, soltó un “¡Ah, maldita sea!” con rabia y entró corriendo a toda prisa.
Siyul
lo siguió a paso lento con una sonrisa radiante en los labios. Parecía que el
día en que se alzaría con la victoria no estaba nada lejos.
*
* *
Kwon
Yu-won resistió sorprendentemente bien. Solo el primer día estuvo al límite,
pero después empezó a llegar a casa mucho antes que Siyul, regañándolo por
haber perdido la disciplina. Al mismo tiempo, lo amenazaba diciendo que la
victoria ya era suya y que se fuera preparando.
Siyul
también se esforzó al máximo por cumplir el toque de queda. Con la posibilidad
de vivir con Woo Hyun-se en juego, no podía permitirse perder esta apuesta bajo
ningún concepto.
“Tres
cafés helados, aquí tienen.”
Siyul
los dejó sobre la bandeja con una sonrisa amable. El estudiante que lo
observaba con mirada perdida soltó un “¡Ah!”, reaccionó rápidamente y tomó la
bandeja. Corrió hacia donde estaban sus amigos mientras miraba de reojo hacia
el mostrador, soltando risitas.
¿Hice
algo mal? Mientras lo observaba con preocupación, un colega apoyó el codo sobre
el hombro de Siyul.
“Vaya,
la reacción es totalmente distinta cuando se trata de alguien guapo.”
“¿Guapo?”
“Sí.
Se rió mirándote a ti. Porque eres guapo.”
Aunque
había escuchado varias veces que era lindo, las ocasiones en las que le habían
dicho que era guapo se podían contar con los dedos de una mano. “No puede ser,
ni de broma”, negó con la mano modestamente, pensando que debía haber otra
razón.
Un
cliente se acercó y la conversación no pudo continuar. A diferencia de la
cafetería anterior donde había trabajado, aquí el flujo de gente era constante.
Al estar rodeados de oficinas, la hora del almuerzo se convertía en un caos
donde no había tiempo ni para respirar, y eso no era una exageración, sino la
realidad.
Aun
así, gracias a su experiencia, Siyul se estaba adaptando muy bien al nuevo
local. Antes pensaba que no tenía habilidad para el trabajo, pero al parecer la
experiencia no era en vano, pues las tareas pronto le resultaron naturales.
Y,
sobre todo.
Al
abrirse la puerta, su colega le dio un codazo en el costado. Siguiendo su gesto
con la cabeza, sus ojos se encontraron con un rostro demasiado familiar. Quizás
por ser más alto que el resto o por ese aspecto tan atractivo, todas las
personas sentadas en la cafetería le lanzaban una mirada furtiva a Woo Hyun-se.
Este
lugar estaba cerca de la oficina de Woo Hyun-se. La razón principal para
elegirlo fue aprender, ya que tostaban sus propios granos, pero en el fondo
albergaba la esperanza de poder verlo seguido.
Como
en este momento.
Siyul
se mantuvo en el mostrador, esforzándose por contener la sonrisa que quería
brotar. Aunque quería fingir que no conocía a Woo Hyun-se, era imposible
ocultar la risa que se escapaba y cómo se le cerraban los ojos de felicidad.
“¿Desea
ordenar?”
“Dos
cafés americanos helados.”
“¿Para
consumir aquí?”
“No.
Para llevar, por favor.”
A
Siyul le resultaba divertido tratarse como si fueran completos desconocidos.
Aunque intentaba hablar con solemnidad, no podía evitar que su voz cargara con
un tono de risa. Por miedo a soltar una carcajada si lo miraba a los ojos,
clavó la vista en la pantalla de cobro.
“Uno
con un trago extra de espresso, por favor.”
Otra
voz se entrometió entre los dos. Era Park Hae-jung. A diferencia de Woo
Hyun-se, que lucía radiante, el semblante de Park Hae-jung no era nada bueno.
Tenía los ojos hundidos y oscuros, un aspecto demacrado; claramente era la
imagen de alguien que llevaba noches y días sin dormir por exceso de trabajo.
“¿No
decías que te dolía el estómago?”
Preguntó
Woo Hyun-se con indiferencia. Park Hae-jung lo miró fijamente con ojos llenos
de resentimiento. La intención de querer darle un golpe era evidente en su
mirada. Woo Hyun-se, por su parte, recibió la hostilidad —que hasta un niño de
tres años habría notado— con total tranquilidad.
“¿Por
culpa de quién será?”
“¿Eso
es culpa mía?”
Siyul
no pudo escuchar el resto de la conversación por el ruido del molino de café.
Preparó los cafés con toda su dedicación. Puso las tazas, hechas con más esmero
que de costumbre, en la zona de entrega.
“Dos
americanos helados, uno con shot extra, aquí tienen.”
Las
yemas de los dedos de Woo Hyun-se rozaron las de Siyul al entregarle el café.
El contacto fue fugaz, pero el calor permaneció. Siyul cerró el puño y sonrió
para sí mismo en secreto.
Por
desgracia, debido a la apretada agenda de Woo Hyun-se, no pudieron verse después
del trabajo. Sentía una nostalgia inmensa, ya que siempre había tenido la
costumbre de reportarse al terminar, aunque solo fueran cinco minutos. Quizás
porque Woo Hyun-se lo había llevado a casa sin falta todos los días, el paisaje
que veía desde el autobús le resultaba extraño.
Ya estoy en el autobús.
La
respuesta llegó dos paradas después. Era un mensaje diciendo que, como tendría
tiempo tarde en la noche, pasaría aunque fuera un momento por donde Siyul se
alojaba. Siyul se alegró, pero al recordar a Kwon Yu-won, que últimamente
parecía poseído por el cumplimiento estricto del toque de queda, sus hombros
cayeron. Kwon Yu-won se sentaba a vigilar la puerta de la posada como si
estuviera a punto de declarar su victoria en cuanto Siyul llegara un segundo
tarde de la hora exacta.
Hoy es difícil. Yu-won está insoportable últimamente.
Entonces no se puede hacer nada.
Aun
así, le dolió leer el mensaje tan impasible de Woo Hyun-se. Siyul solo envió un
emoticono y apartó la vista del teléfono.
Cuando
el autobús se detuvo ante un semáforo en rojo, el teléfono vibró en su mano.
Siyul leyó el mensaje.
No soy el único trabajando horas extra.
Park Hae-jung lleva ya dos semanas.
“Guau”,
exclamó Siyul, anonadado. Aunque no trabajaba en una empresa, sabía
perfectamente lo duro que era el trabajo nocturno. ¿Hacerlo trabajar así
durante dos semanas seguidas? El fin de semana pasado, Kwon Yu-won ni siquiera
había salido, se había quedado encerrado en la posada. Todo el tiempo estuvo
pegado al móvil, suspirando, maldiciendo a Woo Hyun-se y levantándose de
repente con los dientes apretados.
Era
el mismo diablo. Aun así, no podía odiar a Woo Hyun-se. ¿No estaba acaso
asumiendo el papel de villano por su bien?
Espero que Kwon Yu-won decida pronto. Antes de que Park Hae-jung
muera.
¿No sería "antes de matarlo"? Por su aspecto demacrado en la cafetería,
existía la posibilidad de que muriera pronto por exceso de trabajo. Siyul dudó
un instante antes de escribir con cuidado.
No lo atormente tanto. Se veía muy cansado.
No te preocupes por los demás. Solo ocúpate de mí.
Siempre me preocupo por usted.
Inmediatamente
recibió una llamada. Al ver el nombre de Woo Hyun-se en la pantalla, pulsó el
botón de responder rápidamente. Como no podía hablar en el autobús, se puso los
auriculares y bajó el tono de voz.
―¿Así
que siempre te preocupas por mí?
Esa
forma tan directa de preguntar no había cambiado ni un ápice. “Sí”, respondió
tímidamente mientras miraba por la ventana. Un suspiro largo, un “jaaa”, se
escuchó del otro lado.
―Ni
siquiera puedo ir a verte ahora mismo. Si me escapo hoy otra vez, Park Hae-jung
probablemente me dispare en la cabeza.
“Eso
no puede ser”.
Siyul
soltó una risita ahogada. Sin más opción que dejarlo para la próxima, colgó el
teléfono.
Como
era de esperar, Kwon Yu-won estaba sentado en la entrada de la posada,
custodiándola como si fuera un guardia. Tenía las piernas abiertas de par en
par y los brazos apoyados sobre las rodillas flexionadas, una postura bastante
descuidada. Si tuviera un cigarrillo colgando de los labios, no tendría nada
que envidiarle a un delincuente de barrio. Mantenía la cabeza inclinada, pero
en cuanto vio a Siyul, se sacudió el polvo de los pantalones, se puso de pie y
entró a la habitación sin decir palabra.
Mientras
masticaba con desgana las gominolas que había comprado en la tienda de
conveniencia, su expresión al mirar la televisión no era nada buena. Miraba la
pantalla como si en el drama hubiera aparecido su peor enemigo. ¿Habrá tenido
algún problema en el trabajo? Siyul lo observó con cautela.
“¿Pasó
algo? Tienes una cara que asusta, parece que quieres matar a alguien.”
Kwon
Yu-won miró a Siyul y soltó un suspiro tan pesado que parecía que la tierra se
iba a hundir. Como eso no fue suficiente para aliviar su frustración, sacó una
cerveza de la bolsa y le dio un buen trago. Siyul se sentó a su lado y tomó una
lata también. Iba a darle un sorbo, pero el aroma que rozó su nariz no era el
olor punzante del alcohol, sino un olor a naranja mucho más intenso de lo
habitual.
“Oh”,
pensó, mirando a Kwon Yu-won. En lugar de los aperitivos de siempre, estaba
engullendo gominolas. Eran las mismas que le había dado a Siyul alguna vez,
aquellas que contenían supresores.
“Hay
alguien a quien quiero matar, sí.”
“¿A
quién?”
“A
Woo Hyun-se.”
Respondió
sin un ápice de duda. Aunque Siyul se rio, pensando en qué cosas decía, por
otro lado, comprendía perfectamente por qué tenía pensamientos tan terribles.
La imagen de Park Hae-jung, consumido por la fatiga y visto hace unas horas,
era la prueba irrefutable.
“Voy
a hacer una llamada.”
Kwon
Yu-won se levantó tambaleándose después de vaciar la primera lata. Siyul,
preocupado por verlo salir tan borracho —siendo que su tolerancia era de apenas
media lata—, se levantó también para seguirlo.
“Quédate
ahí. Solo hablaré aquí afuera. Ah, y volveré antes de las 12.”
A
pesar de tener las mejillas encendidas por el alcohol, levantó el dedo índice
asegurando que cumpliría el horario a rajatabla. Su terquedad y determinación
eran tan evidentes que Siyul negó con la cabeza.
Se
quedó bebiendo lo que quedaba de su cerveza mientras esperaba. No se oía nada,
por lo que seguramente estaba hablando fuera de la vista de la posada. Justo
cuando iba a volver a mirar la televisión pensando que volvería pronto, un
grito estalló y Siyul se levantó de un salto. ¿Se habría metido en una pelea?
Con un Yu-won ebrio, era perfectamente posible, así que abrió la puerta
apresuradamente y se metió en las zapatillas.
Kwon
Yu-won estaba sentado en el suelo fuera de la entrada, apoyado contra el muro.
Como seguía hablando, Siyul se acercó sigilosamente, amortiguando sus pasos.
“¿Que
este fin de semana también tienes un viaje de negocios? ¡La semana pasada
también tuviste uno!”
Se
oía el rechinar de sus dientes. El suspiro que soltó era mucho más denso y
pesado que cualquiera de los que Siyul había recibido jamás. Siyul adivinó
fácilmente quién era el interlocutor.
“¡Te
dije que este fin de semana no podía, yo...!”
Kwon
Yu-won alborotó su cabello con rabia y elevó la voz. No terminó de gritar,
simplemente cortó la frase y bajó la cabeza.
“...Entendido.
Cuelga.”
Dijo
con frialdad después de un largo rato y finalizó la llamada. Siyul, temiendo
ser descubierto, se levantó rápido. Pero el otro fue más rápido. Kwon Yu-won
abrió la puerta y miró a Siyul, que estaba allí de pie con las manos levantadas
como un ratón asustado.
“¿Qué
haces?”
“Nada,
es que me preocupaba por ti.”
“Está
a dos pasos, ¿qué me va a pasar? Vamos adentro.”
Kwon
Yu-won le dio una palmada en el hombro y entró primero. A diferencia de su
mirada feroz de hace un momento, el rostro que mostró al pasar parecía
ligeramente melancólico.
Kwon
Yu-won entró a la habitación y vació otras dos latas de cerveza. Considerando
que se mareaba con media, aquello era beber en exceso. Miró su teléfono, que no
paraba de recibir mensajes, un par de veces antes de apagarlo y dejarlo boca
abajo.
“…….”
Si
no supiera la situación, no pasaría nada, pero como entendía vagamente por qué
Woo Hyun-se estaba explotando a Park Hae-jung, su conciencia le pinchaba. Le
resultaba triste ver a Kwon Yu-won así, porque sabía mejor que nadie lo que
estaba sintiendo. ¿Debería pedirle a Woo Hyun-se que le diera un respiro a Park
Hae-jung este fin de semana? Siyul negó con la cabeza y dejó el móvil. Sería
meterse donde no lo llamaban.
En
su lugar, Siyul acomodó la manta de Kwon Yu-won, que se había quedado
acurrucado en el suelo. Quizás por el alcohol o porque tenía fiebre, Kwon
Yu-won murmuraba que tenía calor y pateaba la manta, soltando maldiciones entre
dientes. Siyul, adivinando perfectamente quién era el objetivo de su ira,
sonrió con amargura y le colocó una almohada bajo la cabeza.
Como
en la cafetería solo trabajaba entre semana, los fines de semana eran
totalmente de Siyul. Por supuesto, ya tenía planes. Siyul tarareaba una canción
mientras se arreglaba el pelo frente al espejo. Si lo subía dejando la frente
al descubierto no le gustaba, y si lo bajaba parecía un estudiante. No estaba
conforme con nada, así que peleó con el peine un buen rato.
“Ah,
simplemente ponte una gorra y vete.”
Kwon
Yu-won, que lo observaba desde un lado con cara de "qué ridículo",
soltó ese comentario. Tenía el entrecejo fruncido y los párpados caídos de
sueño. A su lado, apoyado contra la pared, había varios envoltorios vacíos de
gominolas.
Siyul
arrugó la nariz. El aroma de Kwon Yu-won se estaba escapando de nuevo. Aunque a
veces se relajaba cuando estaba a solas con él, era raro que fuera tan intenso.
Y
además, se estaba durmiendo. Un presentimiento cruzó su mente y Siyul separó
los labios.
“Kwon
Yu-won, tú, acaso…”
“¿Qué?”
“¿Estás
en pleno celo?”
Yu-won,
con aire molesto, solo se pasó la mano por el pelo y no respondió. Siguió
comiendo gominolas y le extendió otra a Siyul. Para no irritarlo más, la tomó y
se la comió en silencio.
“Ya
tomé supresores, estoy bien.”
“Solo
has comido gominolas. ¿Quieres que vaya a comprar medicina?”
“No.
Solo tengo que aguantar. Siempre lo he hecho, ¿qué importa ahora?”
Se
arrastró hacia su cama, gruñendo. Se acostó de espaldas a él y le dijo que se
fuera pronto, palabras que claramente no sentía. Siyul dudó. Woo Hyun-se lo
estaría esperando, pero no podía dejar solo a Kwon Yu-won, que jadeaba por el
calor que empezaba a subir.
“¿Quieres
comer algo?”
“No.
Vete ya. Dijiste que tenías una cita.”
“¿Cómo
voy a dejarte así?”
“Aunque
te quedes, haaa, es lo mismo. Ya tengo las gominolas, solo tengo que resistir
con eso. No te pases de las 12. La apuesta sigue en pie.”
Incluso
sin poder abrir bien los ojos, su espíritu de competencia ardía intensamente al
mencionar la apuesta. Aun así, Siyul no pudo moverse. Sentía culpa, ya que él
era una de las razones por las que Yu-won estaba separado de Park Hae-jung.
Siyul desordenó el pelo que tanto le había costado peinar y se sentó de golpe
junto a la cama.
“No
me voy. Voy a comer contigo.”
“Ah,
vete de una vez. Dijiste que te verías con Woo Hyun-se. No tengo ni apetito.”
“Traeré
gachas. ¿Gachas de abulón?”
“……Eso
es caro.”
“Recibí
mi sueldo hace poco, tengo dinero. Iré y volveré. Tú duerme.”
Ignorando
sus murmullos sobre que no se preocupara por él, Siyul salió de la posada. La
tienda de gachas estaba en la esquina, justo donde la calle de la colina
conectaba con la avenida principal. Mientras caminaba, sacó su móvil.
Le
pesaba cancelar su cita, pero dudaba que pudiera estar tranquilo con Woo
Hyun-se sabiendo que su amigo estaba enfermo. Se armó de valor y llamó. La voz
que respondió con un “Sí” era infinitamente cariñosa.
“Hyung,
hoy Yu-won está enfermo. Creo que tendré que cancelar nuestra cita.”
―…….
Woo
Hyun-se, de quien esperaba que aceptara sin importancia o preguntara por qué,
se quedó extrañamente en silencio. Incómodo y apenado por el silencio, Siyul
empezó a balbucear explicaciones.
“Es
que, si no estoy yo, no hay nadie que cuide de Yu-won…”
―¿Por
qué dices que no hay nadie?
“¿Eh?
Ah, es que no es tan grave como para ir al hospital.”
Siyul
pensó que se refería a enviarlo al hospital. No reveló que se trataba de un
celo. Aunque no es que el celo o el rut sean temas que deban ocultarse
estrictamente, al fin y al cabo, es un asunto privado.
—Lo
enviaré —respondió con ligereza.
Siyul
se detuvo en seco y presionó el teléfono contra su oreja.
“¿A
quién?”
—A
alguien que cuide de Kwon Yu-won en lugar del señor Kwon Siyul.
¿Quién
podría ser? Siyul colgó y estuvo un buen rato pensando en posibles candidatos,
pero no se le ocurrió ningún nombre. Park Hae-jung era la opción más lógica,
pero ¿no había escuchado decir que se iba de viaje de negocios?
Bueno,
Woo Hyun-se sabría qué hacer. Siyul dejó de lado su preocupación y siguió
caminando. Decidió enfocarse en el enfermo Kwon Yu-won.
Kwon
Yu-won, quizás solo decía que estaba bien por decir algo, apenas probó las
gachas y se sumió en un sueño profundo. Parecía tan profundamente dormido que,
aunque hubiera ruido fuera, solo se revolvía un poco sin llegar a abrir los
ojos. Siyul se dedicó con diligencia a humedecer una toalla en agua fría para
limpiar el sudor de la frente de Yu-won.
Mientras
revisaba a Yu-won de vez en cuando y jugaba en su teléfono —que había puesto en
silencio—, escuchó movimiento afuera. ¿Habría llegado un nuevo huésped a la
habitación contigua tras la partida del inquilino de larga estancia hace unos
días? Estaba mirando la pantalla con desinterés cuando unos pasos apresurados
se detuvieron justo frente a su puerta.
Se
escuchó un golpe seco: toc, toc. Solo entonces recordó que Woo Hyun-se
había dicho que enviaría a alguien.
“¿Quién
es?”
“Soy
Park Hae-jung.”
Fue
un nombre inesperado. ¿No se había ido de viaje? Siyul abrió la puerta con
curiosidad. Allí estaba Park Hae-jung, con el cabello completamente alborotado,
como si hubiera subido la colina corriendo.
“Me
dijeron que el señor Kwon Yu-won estaba enfermo.”
Park
Hae-jung respondió y escudriñó rápidamente el interior de la habitación. Cuando
preguntó si podía entrar, Siyul se hizo a un lado.
Park
Hae-jung se arrodilló de inmediato junto a Kwon Yu-won y examinó su rostro. Al
notar quizás una fragancia ajena, Kwon Yu-won abrió los ojos a medio gas.
Parpadeó varias veces y soltó un murmullo con una voz apenas audible.
“...
¿Park Hae-jung?”
“¿Se
encuentra bien?”
La
mirada de Kwon Yu-won seguía perdida, como si aún estuviera vagando en sus
sueños. Después de mirar fijamente a Park Hae-jung durante un buen rato, de
repente levantó los brazos y se envolvió alrededor del cuello del otro.
Siyul
se quedó helado, con un "¡hic!" de espanto, y giró la cabeza
bruscamente. Jamás en su vida habría imaginado que Kwon Yu-won se lanzaría a
besar a Park Hae-jung primero. Con aquel aroma a naranja que parecía inundar no
solo la habitación sino ondular más allá del muro, era evidente que Kwon Yu-won
no estaba en sus cabales.
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Park
Hae-jung, quien mantenía un poco más de cordura, separó a Kwon Yu-won, que se
le había pegado como un pulpo. Mientras sostenía en sus brazos al otro, que
seguía gimiendo y comportándose de forma caprichosa, miró a Siyul.
“El
representante espera abajo.”
“¿Hyung?”
“Sí.
Yo me encargaré de cuidar al señor Kwon Yu-won. Puede irse.”
Siyul
dudó un poco; no le convencía la idea de irse así como así, pero fue solo un
instante. Kwon Yu-won se frotaba contra Park Hae-jung como si hubiera olvidado
por completo que Siyul estaba en la misma habitación. Los gemidos cargados de
deseo eran el broche de oro. Park Hae-jung parecía extremadamente avergonzado,
sin saber si aceptar o rechazar aquellas atenciones.
Temiendo
ver algo que no debía, Siyul hizo una reverencia, repitió que quedaba en sus
manos y salió de la habitación apresuradamente, cerrando la puerta con cuidado.
“Guau...”
Ni
en un millón de años habría imaginado que Kwon Yu-won mostraría semejante
faceta. Sabía por rumores que salía con un alfa, pero verlo con sus propios
ojos era un choque inmenso. Siyul bajó la colina caminando como un autómata,
sin siquiera pensar en cerrar la boca.
“Oh.”
Al
final de la pendiente, vio una silueta familiar. Siyul entrecerró los ojos y
luego los abrió como platos. Era Woo Hyun-se.
Había
dicho que esperaría.
Woo
Hyun-se, que estaba apoyado contra la carrocería, se enderezó al verlo.
Extendió ambos brazos. Siyul aceleró el paso y luego echó a correr. Bajó la
cuesta casi rodando, se lanzó a los brazos de Woo Hyun-se y lo rodeó por la
cintura con fuerza. “¡Hyung!”, gritó con una voz cargada de felicidad.
“No
pensé que vendrías tú mismo.”
“Porque
te extrañaba.”
Woo
Hyun-se arrastraba las palabras al besar su frente blanca después de apartar su
flequillo. Incluso eso le encantaba. Los labios de Siyul se curvaron en una
sonrisa radiante.
De
repente, recobrando la cordura al pensar que serían el espectáculo de los
transeúntes, Siyul aclaró su garganta y se separó del abrazo. La mirada con la
que lo observó, un paso atrás, brillaba intensamente como si tuviera estrellas
incrustadas.
“Hyung,
creo que gané la apuesta.”
El
celo de Kwon Yu-won no terminaría en una sola noche y, además, le había echado
el combustible de Park Hae-jung encima. Aunque el método hubiera sido un poco
sucio, una victoria es una victoria.
“Así
que, vamos a vivir juntos.”
Incluso
si no hubiera mediado una apuesta, Siyul tenía pensado vivir con Woo Hyun-se
algún día. Ya no quería estar separado de él. Necesitaba tiempo para convencer
a Kwon Yu-won, pero tras lo visto hoy, parecía que no tendría que esforzarse
demasiado.
Como
si la sonrisa fuera contagiosa, los labios de Woo Hyun-se se curvaron igual que
los de Siyul. Tras una risa fresca, lo levantó en vilo. Siyul, ante la
sensación de sus pies dejando el suelo, se abrazó apresuradamente al cuello de
Woo Hyun-se. Por más que pataleara y pidiera que lo bajara por si alguien los
veía, Woo Hyun-se no cedía.
“Vamos
hoy mismo. Las maletas las recogeremos luego. En realidad, no hace falta que
traigas nada, ya tengo de todo.”
Woo
Hyun-se parecía haberlo planeado todo, actuando sin vacilar. ¿Quién iba a decir
que se sentiría tan feliz por su propuesta de vivir juntos? Siyul miró aquel
rostro encendido y terminó riendo igual que él. Como dicen, hierro caliente se
debe batir, así que, desde ese día, comenzaba su relación de manera oficial.
Como
Siyul había previsto, después del celo, Kwon Yu-won dio un paso atrás. No es
que admitiera su derrota, pero argumentó que debido a circunstancias
imprevistas debía extender la apuesta, hasta que Siyul lo regañó y finalmente
levantó la bandera blanca.
“Si
es así, te ayudaré a buscar casa. He ahorrado algo de dinero, así que puedo
sumar algo para el depósito.”
Siyul,
al no poder sacudirse la sensación de que estaba abandonando a Kwon Yu-won, quería
ayudar en todo lo que pudiera. Pero Kwon Yu-won se rio y se negó.
—¿Para
qué voy a usar tu dinero de bolsillo? Ahorra eso para comprarte dulces. Yo ya
tengo dónde vivir.
“¿Dónde?”
Kwon
Yu-won guardó silencio un momento. Siyul dedujo la respuesta en ese silencio.
“¿...El
señor Park Hae-jung?”
Siyul
añadió el "señor" porque no sabía bien qué denominación usar. Kwon
Yu-won susurró un “sí” con una voz tan baja que solo Siyul pudo escuchar.
—Kwon
Siyul.
“Sí.”
—Si
Woo Hyun-se te trata mal ni un poquito, ven directo conmigo. Pase lo que pase,
eres mi único hermano.
Aunque
provenían de un orfanato, su lazo era más fuerte que el de hermanos de sangre.
Para Siyul, Kwon Yu-won también era su hermano y su familia. Se le hizo un nudo
en la garganta y no pudo responder de inmediato. Solo soltó un “tsk” para
aclarar su nariz y, un segundo después, abrió la boca.
“Tú
también. Si pasa algo, llámame cuando sea. O aunque no pase nada, llámame. Y no
vuelvas a desaparecer sin avisar.”
Al
mencionar el pasado, Kwon Yu-won gritó al otro lado de la línea que nunca
volvería a hacerlo. Sabiendo que Park Hae-jung estaría pegado a él, supuso que
no se metería en demasiados problemas. Siyul dejó atrás sus preocupaciones y
colgó.
Era
una independencia real. Había experimentado vivir fuera mientras estaba
separado de Kwon Yu-won, pero no lo consideraba una autonomía completa. Aquel
era, por fin, su verdadero camino en solitario.
Salió
del dormitorio con el móvil en la mano. Woo Hyun-se, que estaba sentado en el
sofá mirando una tableta, levantó la cabeza. Cuando Siyul se acercó, Woo
Hyun-se abrió los brazos de forma natural. Siyul se hundió en ese refugio.
“¿Terminaste
de hablar?”
“Sí.”
Apoyó
la cabeza en su pecho y miró la tableta. Había varias ventanas abiertas con
documentos y noticias. Como no era un campo que le interesara, levantó la
cabeza para mirar a Woo Hyun-se. Su mandíbula firme, sus orejas y mejillas,
como si hubieran sido trazadas con un pincel grueso y trazos firmes.
De
repente, cruzó por su mente la idea de que Woo Hyun-se ya sabía todo sobre la
relación entre Kwon Yu-won y Park Hae-jung. Incluso el hecho de haber enviado a
Park Hae-jung a la posada, supuestamente para un viaje de negocios, lo
confirmaba. Pensándolo bien, desde que se mencionó la apuesta, él mismo había
sugerido que bastaría con "atormentar" a Park Hae-jung.
“Hyung,
ya lo sabías todo, ¿verdad?”
Preguntó
Siyul entrecerrando los ojos. Aunque debía de haberse dado cuenta de su mirada
sospechosa, Woo Hyun-se se hizo el desentendido con un tono astuto, preguntando
qué era exactamente lo que sabía. Solo después de que Siyul mencionara
directamente los nombres de Kwon Yu-won y Park Hae-jung, él soltó una carcajada
traviesa.
“Más
o menos.”
Como
imaginaba. Siyul intentó enderezarse, pero Woo Hyun-se lo sujetó y lo volvió a
sentar sobre sus muslos. Para evitar que escapara, apoyó su barbilla sobre la
coronilla esponjosa de Siyul.
“¿Cómo
te diste cuenta? ¿Acaso ese señor te lo contó?”
“No
exactamente. Fue porque, después de que Park Hae-jung fue enviado a donde
estaba Kwon Yu-won, ni siquiera pensaba en regresar.”
“¿Eh?
¿Solo por eso?”
“Sí.”
Woo
Hyun-se dejó la tableta a un lado y rodeó la cintura de Siyul con su brazo.
Inhaló profundamente mientras enterraba su nariz en la nuca expuesta de Siyul,
rozando su piel. El aroma a flores de glicinia se esparció suavemente.
Al
sentir ese aroma, era imposible concentrarse en el trabajo. Con calma, deslizó
su mano bajo la ropa de Siyul. Acarició su suave piel lentamente, deleitándose
con la fragancia.
Aunque
no conocía los detalles de su vida privada, sabía que Park Hae-jung tenía una
personalidad metódica en el trabajo. Por lo general, no miraba atrás una vez
que terminaba una tarea. Sin embargo, en el caso de Kwon Yu-won, aunque la
misión claramente había concluido, Park Hae-jung seguía pegado a él con
insistencia. La razón era tan evidente que ni siquiera se molestó en
preguntarle por qué.
‘Dije que lo protegieras, no que te enredaras con él.’
Aunque
se lo había dicho en tono de burla, el seco de Park Hae-jung ni siquiera se
molestó en dar una excusa. En fin, gracias a eso, se había librado de una persona
molesta, así que no tenía motivos para quejarse.
“Oh,
es la isla de Jeju.”
Mientras
Woo Hyun-se intentaba deslizar su mano hacia el interior de la cintura de sus
pantalones, Siyul, que estaba viendo la televisión, levantó la cabeza. Woo
Hyun-se dirigió su mirada hacia la pantalla. En ella, el agua azul intenso del
mar se agitaba con fuerza. Era el mar azul que no habían podido ver durante su
viaje anterior.
En
aquel entonces, debido a la tormenta de nieve, ni siquiera pudieron ver el
exterior, mucho menos el mar. Aunque no lamentaba el tiempo que pasaron
encerrados en la villa, al ver a Siyul absorto en el paisaje de la televisión,
sintió una punzada en el corazón por no haber podido disfrutar de un viaje como
es debido.
Además.
“…….”
En
Jeju, las circunstancias tampoco permitían disfrutar con tranquilidad. Se
preguntó qué estaría pasando por la mente de Siyul al ir a la villa, sabiendo
perfectamente sobre la noticia del compromiso.
“¿Nos
vamos de viaje?”
Cambiando
de parecer, retiró su mano de los pantalones y abrazó a Siyul. Este, que estaba
cómodamente instalado en sus brazos y no le quitaba los ojos a la pantalla, se
giró finalmente para mirarlo.
“Esta
vez, no a Jeju, sino al extranjero.”
“Nunca
he ido al extranjero.”
Al
escucharlo decir eso con timidez, sintió un dolor agudo en el pecho. Era una
sensación tan extraña, ya que nunca había sentido algo parecido por nadie. Woo
Hyun-se abrazó a Siyul y aspiró su aroma hasta llenarse, calmando así su
interior agitado.
“Vamos
a sacar tu pasaporte.”
Se
juró a sí mismo que esta vez solo crearían buenos recuerdos. Como si
comprendiera el deseo de Woo Hyun-se, Siyul asintió con la cabeza y le dedicó
una sonrisa radiante.
*
* *
Siyul
sacó la foto de su bolsillo y soltó un suspiro largo. No importaba cómo la
mirara, había salido fatal. Si lo hubiera sabido, habría buscado en internet
algún estudio que tomara buenas fotos. Como necesitaba la foto para el
pasaporte con urgencia, entró en la primera tienda que vio, sin saber que era
un lugar donde no hacían retoques digitales.
Había
querido pedirle que arreglara al menos los pelitos rebeldes, pero como el
fotógrafo era un anciano con el cabello blanco que no dejaba de decir
"¿Qué?" mientras se llevaba la mano a la oreja cada vez que Siyul
intentaba hablar, terminó por desistir.
‘Ay,
es que hoy olvidé mi audífono. ¿Entonces qué decías?’
‘...Nada,
no importa.’
‘La
foto salió bien, ¿verdad?’
El
hombre reía con orgullo, sintiéndose satisfecho con su trabajo, así que ¿cómo
iba Siyul a ser tan cruel como para decirle que la foto era un desastre? Siyul
solo pudo asentir a regañadientes.
Al
volver a casa después de tramitar la solicitud del pasaporte, la miró de nuevo
y solo pudo pensar en lo feo que se veía. Su cabello, que se había peinado con
esmero, estaba inflado como un nido de pájaros debido a la estática, y sus ojos
se veían apagados. Sus labios estaban abultados como los de un pez dorado,
dándole un aire tan despistado que parecía que se iba a quedar dormido en
cualquier momento.
Aun
así, era la foto para su pasaporte; quizás debió haber ido a otro lugar. Pero
como ya la había entregado, no había vuelta atrás.
Decidió
que debía deshacerse de las fotos restantes antes de que Woo Hyun-se las viera.
Se levantó con la intención de tirarlas a la basura, pero antes de que pudiera
salir de la sala, escuchó el sonido de la cerradura electrónica al ser
desbloqueada.
Siyul
se metió las fotos en el bolsillo apresuradamente y cambió de dirección.
—¡Hyung! —gritó con alegría al abrir la puerta y lanzarse a los brazos de Woo
Hyun-se. Este, por costumbre, lo levantó en vilo y comenzó a sellar su rostro
con besos.
“¿Aún
no has cenado, verdad?”
“No.
Estaba esperando para comer contigo.”
Aunque
era un poco tarde para la cena, no iba a perder la oportunidad de compartir
mesa con él. Woo Hyun-se le dio una palmada cariñosa en la espalda, como si
estuviera orgulloso de él, y fue a cambiarse de ropa.
Antiguamente,
una ayudante venía periódicamente a preparar los platos, pero últimamente Woo
Hyun-se parecía haber desarrollado un gusto por la cocina y preparaba
personalmente las comidas de Siyul siempre que tenía tiempo.
“¿Cuál
es el menú de hoy?”
Siyul
se pegó a la espalda de Woo Hyun-se como una cigarra y asomó la cabeza por
debajo de su brazo. A pesar de que su aspecto parecía más apto para preparar
solo pasta o platos occidentales, Woo Hyun-se cocinaba comida coreana realmente
bien.
“Adivina.”
“¿Sopa
de soja y... tteokgalbi?”
“Acertaste.”
No
era un producto precocinado cualquiera, sino un tteokgalbi de lujo,
ensartado en pinchos. Era imposible no salivar al ver cómo fluía el jugo de la
carne. ¿Cómo podía preparar cosas así tan fácilmente? Woo Hyun-se no solo tenía
talento natural para todo, sino que también tenía una mano privilegiada para la
cocina.
Pronto,
la mesa estuvo servida con los platos preparados por Woo Hyun-se. Siyul se
sentó frente a él con una sonrisa boba. Aunque le daba demasiada vergüenza
decirlo en voz alta, no podía evitar sentirse como un recién casado cada vez
que esto ocurría. El simple hecho de que esa palabra cruzara por su mente hizo
que sus orejas se tiñeran de rojo.
Al
terminar, dejaron los platos en el lavavajillas. Woo Hyun-se regresó al salón
con una taza de café y Siyul con un té helado dulce.
“Dijiste
que hoy te tomaste la foto para el pasaporte. ¿Dónde está?”
Siyul,
que bebía su té apoyado en su hombro, se tensó. Había planeado deshacerse de
ellas, pero se había distraído siguiendo a Woo Hyun-se y había perdido la
oportunidad.
“Ah,
eso...”
“Enséñamela.”
“¿No
puedes no verla? Ha salido muy mal.”
Tendría
que aguantarse cuando llegara el pasaporte, pero por ahora quería ocultarla. Ante
la vacilación de Siyul, Woo Hyun-se lo miró fijamente. De repente, extendió la
mano y la metió en su bolsillo. ¿Cómo demonios sabía que la había guardado ahí?
Menos mal que Siyul ya había dejado el té en la mesa, o lo habría derramado del
susto.
Woo
Hyun-se sacó con facilidad la bolsita transparente donde estaban las fotos.
Estaban arrugadas por haberlas metido de cualquier manera. Él las inspeccionó
dentro del plástico; una foto de fondo blanco, de lo más sencilla.
“¡Ah,
no la mires!”
El
rostro de Siyul, y hasta sus orejas, se pusieron de un rojo intenso. Intentó
levantarse de un salto para quitarle la foto, pero no era rival para Woo
Hyun-se. Él levantó el brazo lejos del alcance de Siyul, sin dejar de mirar la
foto de carnet.
“Es
linda, ¿por qué lo dices?”
“No
es linda en absoluto. Dámela. ¡Ay, Hyung!”
¿Cómo
podía ser linda esa foto con el pelo alborotado, cara inexpresiva y ojos
somnolientos? Siyul se colgó de él, forcejeando para recuperar la foto, pero
fue inútil.
Woo
Hyun-se lo mantuvo inmóvil abrazándolo por la cintura con un brazo mientras
examinaba la foto. Por más que se viera deforme y fea para Siyul, Woo Hyun-se
la miraba con una sonrisa sutil, como si estuviera viendo a una cría de animal
adorable.
“Me
quedaré con una.”
“No
quiero.”
“Gracias.”
Aunque
Siyul se negó rotundamente, Woo Hyun-se se rio con naturalidad y se guardó la
foto. Siyul se quejó, ofreciéndose a pagar una sesión nueva al día siguiente,
pero él insistió en que esa era suficiente. La foto terminó dentro de la
cartera de Woo Hyun-se.
“Dame
una tuya también. No es justo que solo te quedes tú con una mía.”
“No
tengo ninguna.”
“...Entonces
muéstrame al menos la de tu pasaporte.”
Siyul
infló las mejillas con molestia. Woo Hyun-se le apretó las mejillas jugando y
fue a buscar su pasaporte. Siyul había escuchado que, en general, las fotos de
pasaporte salían peor que en la vida real, así que abrió el documento con los
ojos bien abiertos, buscando cualquier defecto para burlarse de él.
“Tú
también has sa...”
Debería
ser normal que saliera mal, pero la foto que estaba allí no tenía ni un solo
punto donde encontrarle un fallo. Siyul se quedó con la boca abierta, mirando
la foto como si estuviera hechizado. Allí estaba un Woo Hyun-se que se veía
incluso más joven que ahora.
Parecía
una foto tomada sin más, pero no tenía ni un solo ángulo feo. El puente de la
nariz, la profundidad de sus párpados... sin la sonrisa que solía llevar, su
mirada se veía mucho más profunda, como si pudiera leer a través de la foto los
pensamientos más íntimos de Siyul.
¿Es
que estaba haciendo una sesión de moda para su pasaporte?
Woo
Hyun-se sonrió suavemente, notando la admiración de Siyul. Este alternaba la
mirada entre la persona real y la foto. Efectivamente, no superaba a la realidad,
pero esa expresión seria era tan refrescante que le costaba apartar la vista.
“Hyung,
¿de verdad no te quedan más fotos?”
Era
una pena que una foto tan excelente estuviera confinada solo al pasaporte.
Siyul preguntó mientras acariciaba la imagen con los dedos.
“Las
tiré todas.”
“No
deberías haberlo hecho. Yo quería una.”
“La
próxima vez que me haga una, serás el primero en recibirla.”
“Es
una promesa. Prométeme que me la darás a mí primero.”
Siyul
no podía confiar solo en su palabra, así que extendió su dedo meñique. Aunque
era un gesto un poco infantil para su edad, solía hacerlo a menudo con Kwon
Yu-won, así que para Siyul no fue nada extraño.
Woo
Hyun-se soltó una carcajada y entrelazó su dedo con el de Siyul. Como si eso no
fuera suficiente, Siyul unió las palmas de sus manos y las frotó contra las de
él. Solo después de haber "copiado" el sello de la promesa, soltó la
mano del otro, sintiéndose al fin satisfecho.
Aunque
Siyul pensó que sería a algún lugar cercano como Hong Kong o el sudeste asiático,
nunca imaginó que el destino estaría tan lejos. Era una isla famosa por sus
complejos turísticos en el Pacífico Sur, con un vuelo de más de 10 horas.
Siyul, que había estado tenso desde el día anterior, cayó profundamente dormido
sin siquiera disfrutar de la comodidad de los asientos de primera clase.
Llegar
al aeropuerto no fue el final del trayecto. Tuvieron que tomar un helicóptero y
viajar un trecho más antes de llegar finalmente al alojamiento. Siyul sufrió
mareos durante todo el camino, por lo que ni siquiera pudo ver el agua color
esmeralda del mar.
Recién
al llegar al resort el mareo se le pasó. Siyul no dejaba de mirar a su
alrededor con los ojos muy abiertos. Todo lo que veía era exactamente igual a
lo que antes solo conocía por la televisión. El césped verde, las palmeras
gigantes que parecían tocar el cielo y el mar azul oscuro que se extendía sin
fin eran paisajes que no pudo ver en Jeju.
No
podía creer que hubiera llegado hasta allí por su cuenta. Respiró hondo. El
aroma de la hierba era fresco, la brisa marina que le acariciaba las mejillas
era salada y refrescante, y la luz del sol que caía sobre su cabeza era cálida,
con una temperatura perfecta; ni demasiado frío ni demasiado calor.
El
alojamiento que les asignaron tras llevarlos en un carrito de golf era una casa
independiente. Lo primero que llamó su atención fue la cama king size,
donde podrían dormir hasta tres hombres adultos, y los muebles hechos a mano
con cáscaras de coco.
¡Splash! Ante el sonido de las olas rompiendo, Siyul se dirigió a la
terraza como hechizado. Más allá de una piscina privada, pequeña pero bastante
profunda, y de las palmeras que superaban la altura del techo, se veía el mar.
“¡Hyung,
desde aquí se ve el mar!”
Gritó
Siyul, respirando con agitación por la emoción. Justo en ese momento, una
ráfaga de viento alborotó su cabello negro. Woo Hyun-se, que se había acercado
a su lado, apartó los mechones rebeldes y dejó un beso ligero en la frente que
había quedado al descubierto.
“¿Te
gusta?”
“Muchísimo.
¿Cómo supo de un lugar así?”
“Investigué
mucho. Para venir con el señor Kwon Siyul.”
El
vuelo de larga distancia había sido agotador, pero al ver las olas ondulantes y
el horizonte que se extendía hasta el infinito, valió la pena. Quería correr al
mar de inmediato, pero el viejo dicho de que "incluso el monte Geumgang se
disfruta mejor después de comer" existía por algo. Como se había saltado
la comida del avión por dormir, su estómago gruñía, exigiendo combustible de
inmediato.
“¿Empezamos
por comer algo? Tengo hambre.”
Decidieron
llenar el estómago primero y se dirigieron a un restaurante cercano. Era el
único restaurante y bar de la isla. El menú estaba totalmente en inglés.
Intentó leerlo como fuera, pero su relación con el inglés era inexistente desde
hacía tiempo. Para él, las letras negras eran simples garabatos y el papel era
solo papel; no había forma de que pudiera entenderlo. No tuvo más remedio que
dejar la elección en manos de Woo Hyun-se.
Al
mirar alrededor, notó que todos tenían una o dos copas de cóctel en la mesa,
como si se hubieran puesto de acuerdo. Siyul también quería una, así que se
atrevió a proponerlo.
“¿Puedo
pedir un cóctel?”
“Uno
sin alcohol. Todavía es de día, sería una pena embriagarse.”
“Ay,
Hyung, ya soy mayor de veinte años. ¿No estaría bien si es algo de baja
graduación? Usted también lo sabe. Mi capacidad es de tres botellas de soju.
No me emborracharé con un solo cóctel.”
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No
le gustaba que lo trataran como a un niño, así que presumió de su tolerancia,
algo que Woo Hyun-se ya conocía bien. ¿Acaso un cóctel podía ser más fuerte que
el soju? Como solía hacer a menudo con Kwon Yu-won, acercó su rostro, se
movió de un lado a otro y le insistió tanto que Woo Hyun-se, fingiendo ser
derrotado, pidió el cóctel que Siyul había elegido.
Sin
embargo, el empleado miró a Siyul y a Woo Hyun-se alternativamente y negó con
la cabeza. Sin entender qué decía, Siyul solo observaba la conversación, hasta
que Woo Hyun-se, conteniendo la risa, se aclaró la garganta.
“Dice
que no puede vender alcohol a menores.”
“¿Eh?
¿No será que no distingue la edad porque somos asiáticos? ¿Dónde tengo cara de
tan joven?”
Aunque
la gente solía decirle que tenía cara de joven, al menos tenía la edad
suficiente para comprar alcohol en las tiendas de conveniencia sin que le
pidieran su identificación. Siyul intentó mostrar su edad extendiendo y
doblando sus dedos con entusiasmo, pero el empleado fue inflexible: nada de
alcohol hasta ver el pasaporte.
Como
estaban bastante lejos del alojamiento, no podían ir y volver caminando. No
tuvieron más remedio que pedir solo la cerveza para Woo Hyun-se.
“Es
cierto que el señor Kwon Siyul parece joven.”
Con
su piel color leche y una línea corporal esbelta y flexible, aún podía pasar
por un chico joven. En Corea no se había dado cuenta, pero al pensar en cómo
podían verlo los extranjeros, Woo Hyun-se sintió un sabor amargo en la boca.
Tragó su conciencia culpable junto con un trago de cerveza.
“Tendré
que empezar a peinarme hacia atrás.”
Como
si la presencia o ausencia de flequillo fuera el criterio para juzgar la edad,
Siyul se echó el cabello hacia atrás. Aun así, su aire juvenil no desaparecía.
Siyul miró a Woo Hyun-se a escondidas mientras bebía su refresco, preguntándose
cuándo lo verían finalmente como un adulto.
A
diferencia de él, Woo Hyun-se parecía un hombre plenamente maduro a primera
vista. Era sofisticado, relajado y, a veces, la palabra "sensual"
incluso venía a la mente. Sus rasgos marcados desde las orejas hasta la
mandíbula, la nuez de Adán que se movía cada vez que bebía cerveza, sus hombros
anchos y su pecho.
Siyul
también quería tener esa aura algún día, con el paso del tiempo. Quería ser
alguien a quien la gente mirara con solo estar de pie. Incluso ahora, varias
personas lo miraban de reojo, atraídas por él.
“¿Por
qué me miras así a escondidas? Puedes mirarme abiertamente.”
“Eso
no se puede. Hyung es mío, ¿por qué me pide que lo mire abiertamente? Debería
decirme que aparte la vista.”
Siyul
levantó las cejas para refutar semejante disparate. Estuvo a punto de golpear
la mesa con el puño, pero se contuvo. Woo Hyun-se parpadeó con sus ojos
alargados y miró a Siyul.
“Hablaba
del señor Kwon Siyul.”
“¿...Eh?”
“Porque
tú no dejas de mirarme a escondidas.”
“Ah.”
No
se refería a los demás, sino a él. La temperatura del bar, que antes se sentía
fresca, subió drásticamente. Siyul sacudió la solapa de su camisa, alegando que
hacía demasiado calor y que deberían bajar la temperatura del aire
acondicionado, tratando de cambiar de tema. Woo Hyun-se dejó la cerveza sobre
la mesa y se acercó suavemente. Le susurró al oído, a una distancia donde sus
labios casi lo rozaban:
“¿Soy
yo del señor Kwon Siyul?”
La
voz sonaba excesivamente dulce. Aunque Siyul bebió agua simple por la sed,
sintió la lengua entumecida. A pesar de que ya habían superado esa etapa, ¿por
qué le daba tanta vergüenza responder que sí? Siyul giró la cabeza y fingió
estar admirando el paisaje. Fuera de la ventana, un pájaro exótico pasó
volando, chirriando como si se estuviera burlando de él.
Al
día siguiente, temprano por la mañana, tomaron un bote y se quedaron hasta
tarde en una casa flotante en medio del mar abierto. Era un lugar para hacer
esnórquel entre arrecifes de coral. A pesar de ser su primera vez, Siyul nadaba
por el mar como un pez en el agua. Incluso sacó la parte superior del cuerpo
fuera de la superficie para tirar de la ropa de Woo Hyun-se, diciéndole que
había visto una raya enorme.
Regresaron
a la isla cuando la luz del sol se volvía dorada. Como había estado expuesto al
sol mientras flotaba en el mar, la piel de Siyul que quedaba fuera de la ropa
estaba bastante quemada.
Aunque
debería haberse bronceado, su piel lechosa solo se había puesto roja. Su frente
y sus mejillas estaban tan calientes que se quejaba de que le dolía incluso
cuando Woo Hyun-se las rozaba con sus labios. Nada más volver, le aplicó una
buena cantidad de gel de aloe vera, así que ahora la rojez había disminuido un
poco.
Cualquiera
se agotaría tras nadar solo una hora, pero él había estado flotando sobre las
olas durante toda la mañana y la tarde, así que no le quedaban fuerzas. Siyul
se quedó profundamente dormido nada más llegar al alojamiento.
Intentó
despertarse antes de la cena. Sin embargo, tal vez por el exceso, no pudo abrir
los ojos aunque llegó la hora. Sentía como si sus músculos estuvieran cargados
de piedras. La cama era como un pantano y sus párpados pesaban como plomo.
“¿Estás
bien?”
Woo
Hyun-se se sentó junto a la cama y apartó el cabello que se le había pegado a
la frente. Su mano se sentía fresca. Quizás era su cuerpo el que estaba
ardiendo.
Aunque
no se lo reveló a Woo Hyun-se, la verdad es que su estado no había sido bueno
desde que llegaron. Le daba mucho sueño y sentía como si sus pies se hundieran
en la tierra a cada paso. No quería arruinar este momento tan valioso solo por
estar enfermo, así que tomó analgésicos en secreto para aguantar, pero después
del esnórquel, parece que el cuerpo, que había estado resistiendo, finalmente
colapsó.
“Cancelaremos
el plan de mañana.”
“No,
solo necesito descansar hoy... No lo cancele.”
Mañana
era la experiencia de la isla desierta. Era una oportunidad que habían
conseguido gracias a una cancelación de reserva. No quería perder la
oportunidad de pasar cinco horas a solas con Woo Hyun-se en una isla desierta
cercana.
Pero
el cuerpo era el problema. Apenas podía mover un dedo. No sabía si era por la
fiebre que lo tenía tan sensible, pero el aroma de Woo Hyun-se que rozaba la
punta de su nariz se sentía aún más dulce. Era como miel pura. Aunque no era
una abeja ni una mariposa, sentía que se le hacía agua la boca y tenía un
hambre voraz. Se sentía vacío por dentro. Quería llenarse.
Siyul
se abrazó el vientre hambriento mientras restregaba su mejilla contra la mano
de Woo Hyun-se, pero de repente abrió mucho los ojos. Un líquido espeso se
deslizó por su piel, empapando su ropa interior. Al mismo tiempo, su parte baja
comenzó a erguirse lentamente. Solo con oler a Woo Hyun-se, solo con tener su
rostro cerca de su mano, su cuerpo actuaba por cuenta propia, excitándose como
si se hubiera roto.
Juntó
los muslos rápidamente. Estaba postrado en cama, sin poder siquiera salir a
pasear porque le dolía todo, y aun así, estaba entrando en celo; le daba mucha
vergüenza frente a Woo Hyun-se. Intentó convencerlo para que fuera a pasear,
pues le parecía un desperdicio que perdiera el día por su culpa.
Sin
embargo, sentía algo extraño en su interior. Era una sensación de picor, como
si plumas suaves le rozaran bajo la piel. Sus dedos de manos y pies se
enroscaban y un escalofrío le recorría la espalda. Su cuerpo estaba rígido,
esperando desesperadamente el toque de alguien. Incluso sus partes más íntimas
se sentían así.
Solo
entonces, Siyul comprendió qué era ese síntoma. Era un heat. Nunca lo había
experimentado antes, así que no tenía idea de que la fiebre, el peso del cuerpo
y la sensibilidad al aroma de los demás fueran señales de ello. Había pasado
media vida viendo a Kwon Yu-won pasar por lo mismo y, aun así, fue un idiota
por no darse cuenta.
En
cuanto lo reconoció, el calor se propagó. No tenía comparación con cualquier
malestar que hubiera sentido antes. Su interior se mojaba sin control y, por
más fuerza que hiciera con los glúteos, el líquido lubricante se escapaba hacia
afuera. Por fin comprendió por qué Kwon Yu-won maldecía cada vez que le venía
el celo. Un solo pensamiento ocupó su mente.
Quiero hacerlo.
Desesperadamente.
Quería
meter un dedo, o lo que fuera, y revolver su interior hasta que fuera un
desastre. Nadie lo había tocado, pero sus pezones picaban, se erigían y sus
areolas ardían. Tampoco podía controlar su propio aroma. Por más que se
esforzaba por contenerlo, el olor se extendía más amplio y espeso, traicionando
su voluntad.
Woo
Hyun-se no podía ignorarlo. La mano que le acariciaba el cabello con
preocupación se detuvo en seco.
“Hyung,
esto...”.
Siyul
sollozaba, exaltado por un calor que le resultaba ajeno. Woo Hyun-se se cubrió
la boca y giró la cabeza. Debía estar en una situación difícil. Había rogado
tanto por este viaje, asegurando que se curaría en un día, y ahora le estallaba
un heat. Sentía una culpa inmensa, pero más que eso, estaba a punto de
perder la razón porque solo quería calmar el fuego que rugía en su interior.
Siyul
no pudo soportarlo más y se aferró al brazo de Woo Hyun-se. Restregó su mejilla
contra su piel desnuda como un gato y se mordió los labios. Su respiración
agitada escapaba por su nariz, incapaz de salir por sus labios, que estaban
pegados a los de Woo Hyun-se.
“Haz
algo...”.
“No”.
La
negativa fue rotunda. Siyul sintió lágrimas en sus ojos ante tal crueldad. Él,
que normalmente se abalanzaba sobre Siyul aunque le pidiera que no lo hiciera,
¿por qué ahora no? Levantó la cabeza para reclamarle la razón, pero Woo Hyun-se
lo empujó ligeramente. Su cuerpo, sin fuerzas, cayó hacia atrás con el menor
contacto.
“Si
lo hacemos ahora, estando tan agotado, te vas a poner muy enfermo”.
Dicho
esto, metió la mano bajo la cintura de los pantalones holgados de Siyul. Siyul
soltó un chillido agudo y encogió los hombros. La mano de Woo Hyun-se envolvió
su miembro, que estaba rígido. En el momento en que su pulgar presionó y frotó
la punta, Siyul arqueó la espalda y levantó las caderas de manera involuntaria.
“¡Haa...!”
La
mano de Woo Hyun-se quedó empapada. Había sido una eyaculación demasiado
prematura. Aunque habían pasado muchas noches juntos, nunca había alcanzado el
clímax tan rápido. El rostro de Siyul se puso rojo como un tomate. Se cubrió la
cara con ambas manos. La risa leve de Woo Hyun-se alimentó su humillación.
“Por
hoy, hagamos solo esto”.
A
pesar de haber liberado su semen, su parte baja no flaqueaba. Su cuerpo seguía
envuelto en vapor caliente. Woo Hyun-se bajó su mano mojada. Entre sus piernas
abiertas, el líquido lubricante era abundante. Cada vez que Siyul daba un
espasmo, se acumulaba humedad en la grieta bien cerrada. Sentía como si toda el
agua de su cuerpo se hubiera concentrado en su parte baja.
“Señor
Kwon Siyul, debes tener sed”.
Hasta
esas palabras sonaban obscenas. Siyul se tapó el rostro con la almohada. Sabía
que parecía un avestruz escondiendo la cabeza en la arena, pero no se le
ocurría otra forma de ocultar su semblante. Su cerebro no funcionaba, estaba
poseído por un solo deseo.
Sentía
que un dedo iba a entrar. Los nudillos de Siyul, que agarraba la almohada con
fuerza, se marcaron. Sin darse cuenta, abrió un poco las piernas, pero la mano
de Woo Hyun-se, decepcionando sus expectativas, volvió arriba para agarrar su
miembro.
Fue
una decepción insoportable. Quería agarrar la muñeca de Woo Hyun-se y bajarla.
Juguetear de esa manera estaba bien, pero no era suficiente. Quería que sus
cuerpos se entrelazaran. Necesitaba un placer que fuera más allá de una simple
eyaculación. Si no lo hacía, temía volverse loco.
Ya
no pudo resistir más. Siyul reunió todas sus fuerzas, levantó el torso y
derribó a Woo Hyun-se sobre la cama. Logró sentarse encima de él, pero no pudo
avanzar más porque Woo Hyun-se lo detuvo agarrándole de las muñecas.
Siyul
miró a Woo Hyun-se jadeando. Él estaba al borde de la locura, mientras que Woo
Hyun-se, por el contrario, estaba tranquilo. El bulto que se tensaba bajo sus
caderas era prueba de su excitación, así que no entendía cómo podía estar tan
calmado.
Si
seguían así, el calor nunca desaparecería. Necesitaba la cooperación de Woo
Hyun-se. Pero él solo intentaba calmarlo sin hacer el menor movimiento. Eso lo
hizo enfurecer. Siyul retorció sus muñecas para liberarlas del agarre de Woo
Hyun-se, las sujetó él mismo y abrió la boca.
“Si
no lo hacemos ahora... huff... te odiaré por siempre”.
Fue
la mayor amenaza que Siyul pudo articular. Woo Hyun-se, probablemente queriendo
levantarse, se apoyó en sus codos y miró a Siyul. Al mismo tiempo, con un
movimiento rápido y severo, le dio un azote en los glúteos. Siyul contuvo el
aliento y enderezó la espalda. Incluso ese dolor punzante fue un estímulo.
“¿Quién
te enseñó a decir cosas tan malas?”.
Lo
reprendió con una voz fingidamente severa. Mientras se preguntaba si realmente
había dicho algo tan malo, hizo un puchero por la injusticia.
“Porque
tú... no dejas de ignorar lo que quiero...”.
“Aun
así, debes elegir lo que dices. Retráctate”.
“No
quiero”.
“Vamos”.
Le
apretó con fuerza los glúteos. Siyul curvó la espalda y cerró los ojos con
fuerza. El lubricante fluía por la abertura entre sus piernas.
Mientras
era reprendido, la cintura y las caderas de Siyul no dejaban de moverse. Hacía
calor. Solo hacía calor. Siyul agarró el bajo de su camiseta y la lanzó lejos.
Escucharía los regaños después, pero necesitaba resolver ese calor que llenaba
su cuerpo primero. Si Woo Hyun-se no lo ayudaba, estaba dispuesto a forzar la
situación.
“¿De
verdad... de verdad no lo vas a hacer?”.
La
urgencia le hizo olvidar el lenguaje formal. “Joder...”, murmuró Woo Hyun-se
lentamente. Incluso esa palabra, rara vez escuchada, se sintió como una caricia
en su cuerpo. Los hombros de Siyul temblaron levemente.
“De
verdad intenté contenerme por pensar en ti, señor Kwon Siyul”.
No
había necesidad de eso. Especialmente si era por él. Siyul pegó su pecho contra
el de Woo Hyun-se y restregó su mejilla contra la suya. Le susurró que lo
hiciera y le rogó que lo introdujera rápido.
Le
tiraron del cabello, haciendo que su cabeza se echara hacia atrás. Siyul apenas
pudo mirar hacia abajo. Woo Hyun-se estaba sonriendo. De una manera muy feroz.
“No
sabía que el gumiho que me sedujo era tan salvaje”.
Su
mano se hundió en su ropa como si quisiera comprobar si tenía cola. Sus dientes
rozaron su cuello. Aunque Siyul tembló ante el dolor punzante que casi rasga su
piel, al ser exactamente lo que tanto anhelaba, abrazó a Woo Hyun-se con todas
sus fuerzas.
No
debía maldecir a las bestias. Él mismo era la bestia. Era una serpiente
retorciéndose por no poder contener su celo, un gato rodando por el suelo.
Siyul lloraba y se aferraba a Woo Hyun-se mientras eyaculaba una y otra vez.
Solo él podía calmar el calor que quemaba sus entrañas. Pero ese fuego no se
apagaba por más que él soltara sus fluidos.
“¡Ah,
ah, huff... uh!”.
Su
voz estaba ronca desde hacía tiempo. Su cuerpo se sentía como si fuera
succionado por la cama, pero cada vez que Woo Hyun-se se hundía en su interior,
una sensación eléctrica recorría su columna vertebral, tensándole toda la
espalda. Sus glúteos se elevaban, intentando tragar hasta el último centímetro
de esa columna de carne que ya lo tenía desbordado.
“¿Qué
harás si te cansas ya? Tú pediste que lo hiciera”.
“Haa,
eso... ¡hic!”.
El
hueso de la cadera golpeaba con fuerza contra sus nalgas. La punta de su
miembro presionaba las paredes más profundas de su interior. Sus mucosas
expulsaban líquido lubricante que goteaba por la estrechez. Aunque logró
despegar su abdomen de la cama en esa posición, ya no pudo eyacular más.
Aun
así, el clímax existía. Siyul hundió la frente en la sábana mientras contraía
sus músculos internos. En ese camino que se estrechaba hasta casi cerrarse, Woo
Hyun-se extrajo su miembro de un solo golpe. Al retirar toda la presión de las
paredes internas, los dedos de los pies de Siyul se curvaron en direcciones
opuestas.
Woo
Hyun-se chasqueó la lengua y volteó a Siyul. Estaba completamente empapado. De
sudor, de su propia esencia y del fluido que Woo Hyun-se había derramado en él.
Su ombligo y su vientre blanco estaban cubiertos de líquido lechoso, y sus
pezones, que Woo Hyun-se había pellizcado, mordido y succionado, también
brillaban bajo una capa de humedad.
Su
frente, bajo sus ojos, sus mejillas, los lóbulos de sus orejas, sus hombros, su
pecho, sus rodillas, y las puntas de sus dedos de manos y pies estaban teñidos
de un rosa intenso. Sus piernas, abiertas de par en par, no podían cerrarse. El
borde de su entrada estaba hinchado, grueso como un anillo de plata. Al
introducir un dedo y presionar suavemente, brotó un chorro de lubricante
mezclado con esperma.
Siyul
se puso de lado y se acurrucó. El eco de la sensación era terriblemente largo y
el clímax parecía no tener fin. Abrió los labios para pedir un descanso, aunque
fuera breve, pero en lugar de voz, solo escaparon unos jadeos borrosos. Intentó
incorporarse agarrándose a la sábana para tratar de escapar, pero una mano
grande le agarró el tobillo con firmeza.
"¿Por
qué huyes?"
"Solo...
un poco, huff, deja que descanse..."
No
era que quisiera detenerse. Solo necesitaba un poco de tregua. Dejando de lado
la fiebre, resistir a Woo Hyun-se era una tarea extremadamente difícil.
Cada
vez que chocaban con fuerza, se sentía como si fuera embestido por un toro
gigante bien alimentado, y cuando él se movía con pequeños vaivenes, su vientre
plano temblaba tanto que sentía que su cerebro iba a explotar. Sentía un miedo
genuino a que, si continuaban experimentando semejante placer sin detenerse,
terminaría convirtiéndose en un idiota.
Woo
Hyun-se, ajeno a ese temor, ladeó la cabeza y se introdujo entre sus muslos. Al
ver a Siyul desplomado como una muñeca, lo subió directamente sobre su cuerpo.
"No,
es muy... muy profundo. Eso."
Al
darse cuenta de la posición, el rostro de Siyul se tornó pálido. Más que la
expectación, le aterrorizaban las olas que estaban por venir. Si entraba
demasiado profundo, temía que sus órganos internos resultaran dañados. Incluso
mientras su razón se paralizaba por el aroma embriagador de Woo Hyun-se, Siyul
intentó retroceder y tensó sus muslos para alejarse.
"¿A
dónde vas?"
Woo
Hyun-se lo puso en pie como si fuera un manojo de paja y lo sentó sobre su
miembro, que aún mantenía una rigidez firme. Alineó la punta con la entrada
suave y, sujetando la cintura de Siyul con ambas manos, lo presionó lentamente
hacia abajo. Miró a Siyul, quien se apoyaba en su pecho tratando de evitar el
descenso, y con una mueca de desdén, empujó su cintura hacia arriba con fuerza.
¡Haaa! Siyul sollozó mientras se desplomaba sobre el torso de Woo
Hyun-se. Sus testículos, contraídos, expulsaron semen con un último espasmo. El
impacto de sentir su cuerpo dividido en dos y el clímax le provocaron un
zumbido agudo en los oídos.
"Siyul,
si empezaste, debes ver el final."
Su
voz, susurrada mientras lamía el contorno de su oreja, era dulce. Y ese tono,
mezclado con su respiración agitada, resultaba obsceno.
"Te
lo dije... te dije que no podías."
"Ugh,
hic. Huff, haa..."
"Si
te abalanzaste sobre alguien que decía que no, debes... hacerte
responsable."
Lo
sujetó por las nalgas y lo embistió sin piedad. En la entrada por donde entraba
y salía su miembro, se formó una espuma blanca y espesa. Debido a las estocadas
profundas, el lubricante acumulado emitía un sonido viscoso y, a veces, incapaz
de soportar la presión, salpicaba desordenadamente.
La
zona de contacto estaba tan mojada como si la hubieran sumergido en agua. Cada
vez que los pesados testículos de Woo Hyun-se chocaban contra los glúteos de
Siyul y se separaban, se formaban hilos de seda blanca que se estiraban, se
rompían y volvían a aparecer.
"Huff,
ugh... ¡Ah, ah!"
Siyul
no podía hacer nada más que llorar y gemir. Su cabeza finalmente se había roto.
La saliva corría por sus labios entreabiertos. Todo su cuerpo drenaba agua. Sus
paredes internas succionaban el miembro mientras expulsaban líquido; de su boca
brotaba saliva que desbordaba, y de su punta, en lugar de semen, goteaba un
líquido casi transparente.
"...¡Ah!"
Siyul,
que se balanceaba sin control, se tensó de repente. La punta del miembro, que
había aumentado de tamaño en su interior, presionó contra un punto profundo.
Era esa entrada profunda que, invadida por el placer, se había revelado
tímidamente. Al ser tan delicada, el simple roce de la punta hacía que todo su
cuerpo temblara como un tambor.
Aunque
tenía la vista nublada por luces blancas y rojas, una señal de advertencia
resonó en su mente. Esto no estaba bien. Si entraba más, podría no haber vuelta
atrás. Aterrorizado, Siyul intentó levantar el torso apresuradamente.
Debido
a ese movimiento, el miembro cambió de ángulo y volvió a pinchar ese lugar
prohibido. Huu... Siyul gimió como si fuera a morir y sacudió la cabeza
frenéticamente. Gotitas minúsculas salieron disparadas hacia abajo.
"Hyung,
ahí no, ah, no. No quiero, hic..."
"¿Dónde,
aquí?"
Ignorando
las súplicas de Siyul, Woo Hyun-se se frotó intensamente solo en esa zona. Cada
vez que lo rozaba, el mundo se oscurecía y le faltaba el aire. Siyul empujó el
pecho de Woo Hyun-se con las manos, ya sin fuerza.
"En
serio no, no, ¡he dicho que no...!"
"Pero
aquí se siente bien."
"No,
no, ah, ah..."
Woo
Hyun-se tenía razón. Aunque el miedo le erizaba la piel, la sensación era puro
placer. No había ni un ápice de dolor allí dentro. Cuando la suave entrada en
su interior era presionada, el lubricante no solo se escapaba, sino que brotaba
como un chorro de agua.
Los
ojos de Siyul estaban llenos de lágrimas. Las lágrimas surcaban sus mejillas y
caían sobre el pecho de Woo Hyun-se. Incluso sus gemidos le resultaban
extraños. Quería bloquearlo, pero no tenía fuerzas ni para levantar las manos.
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No
sabía cuántos clímax lo habían pisoteado en ese corto lapso. El torso de Siyul
cayó hacia adelante. Inmediatamente, Woo Hyun-se le agarró el cabello y le
sujetó la nuca con fuerza. Mientras continuaba embistiendo sin descanso desde
abajo, Woo Hyun-se soltó una maldición áspera.
"Kwon
Siyul, mírame, rápido."
"Hyung,
huff... yo, ah..."
"Tienes
que abrir la boca. Eso es, así..."
Más
que un beso, aquello fue un acto sexual con la lengua. Era vulgar y lascivo.
Sus lenguas se enredaban y sus fluidos se mezclaban. Era un beso que le robaba
el alma, mordiendo sus labios y lamiendo su paladar, mientras le arrebataba el
aliento con fiereza.
La
cama crujía violentamente. El miembro dentro de él se hinchaba con avidez, pero
esta vez era diferente: se expandía de forma distinta, capa tras capa desde la
raíz. Siyul, asfixiado, forcejeó. La mano que sujetaba su nuca se tensó con
fuerza.
"Ah...
¡ah!"
"¡Ugh...!"
Woo
Hyun-se abrazó a Siyul con fuerza y enterró su frente entre sus hombros. Venas
y arterias se marcaron en sus sienes. Bajo la piel de los brazos que envolvían
a Siyul, gruesas venas se alzaron. Su miembro, hinchado al máximo, vertió un
esperma espeso en lo más profundo de su ser. Fue una cantidad mucho mayor a la
habitual. Continuó estremeciéndose durante un largo rato, drenando hasta la
última gota.
La
entrada quedó sellada, sin dejar escapar ni una gota de semen. Siyul, sentado
sobre Woo Hyun-se, se estremecía mientras permanecían unidos como dos conchas
marinas. Sentía que si se movía lo más mínimo, su vientre estallaría. Incluso
parecía que lo que contenía no era esperma, sino agua, moviéndose en su
interior.
Su
mente estaba en blanco. Le dolía. Tanto, que su visión se oscureció. El dolor
le impedía respirar. Lágrimas como copos de algodón caían por sus mejillas.
"Hyung,
huff, Hyung... hic, ugh."
"Solo
un poco... huff... solo un poco."
Woo
Hyun-se acariciaba suavemente la cintura tensa de Siyul. El aroma que emanaba
de su nuca y sus orejas se intensificó. Para calmar sus músculos rígidos y la
tensión como la de un cadáver, el aroma a bosque de abedules blancos y el
dulzor de la miel envolvieron a Siyul.
Ante
ese aroma extraño y sereno, el cuerpo rígido de Siyul se relajó lentamente. Sus
paredes internas se estremecieron, acariciando el enorme miembro que aún lo
llenaba. Cada vez que lo hacía, Woo Hyun-se fruncía el ceño, como si también
sintiera dolor, pero no redujo su aroma.
¿Cuánto
tiempo habrán estado abrazados? El dolor que le desgarraba el vientre se
desvaneció lentamente. En su lugar, otra sensación ocupó el espacio. Le causaba
un picor similar a la primera vez que sintió el calor del celo. Sus paredes
internas se cerraron, comprimiendo el miembro. A pesar de que no había espacio
para sacar o meter nada más, seguía sin haber un solo hueco.
"Ah,
ah..."
"Espera,
Kwon Siyul."
Woo
Hyun-se rodeó la cintura de Siyul con urgencia para presionarlo. Había sido un
intento de detenerlo, pero tuvo el efecto contrario. El interior de Siyul se
aferró al miembro como una serpiente enroscada. Un gemido bajo escapó entre los
dientes de Woo Hyun-se.
Ya
no sentía dolor. En su lugar, otra cosa se apoderó de su cuerpo. El rostro de
Siyul se encendió. Sus labios se abrieron y su vientre comenzó a moverse por sí
solo, contorsionándose.
"Huff,
huff...!"
Cada
vez que sus paredes internas envolvían y soltaban el miembro, rayos
relampagueaban ante sus ojos. Gotas de saliva se formaron en su labio inferior.
Woo Hyun-se succionó sus labios y los devoró con dulzura.
Incluso
su parte baja, debilitada por el dolor, estaba volviendo a hincharse. Sus
testículos, reducidos a un tamaño minúsculo, lanzaron un último espasmo de algo
parecido al semen. La punta ardía y escocía, como si una cerilla encendida
oscilara cerca de su glande.
Incluso
dentro de ese miembro blando, la humedad se acumulaba. Se sentía casi como una
urgencia por orinar. Siyul apretó su bajo vientre con todas sus fuerzas para
intentar contenerse, pero solo terminó presionando más el miembro atrapado en
su carne.
"Ah,
un momento, suéltame esto..."
Por
más que hubiera perdido la razón, Siyul gimió, tratando de no perder el
control. Pero no debería haber intentado levantar el torso. La punta de su
miembro, al abrirse paso entre el semen que llenaba su vientre, presionó el
punto más sensible. Siyul soltó un grito agudo.
Ni
siquiera pudo erguir el cuerpo. Se aferró a las sábanas y retorció la cintura.
Desde su parte baja, al límite, un chorro de agua que no pudo contener salió
disparado describiendo un arco. No solo se acumuló sobre los músculos
abdominales bien definidos de Woo Hyun-se, sino que resbaló por su cintura y
empapó la sábana.
"Huff,
haa, huff..."
Siyul
se desplomó sobre el torso de Woo Hyun-se, que se había convertido en un mar de
fluidos. La unión aún no se había disuelto. Siyul temblaba espasmódicamente
mientras levantaba la vista hacia Woo Hyun-se con los ojos nublados y
desenfocados. En el instante en que sus miradas se cruzaron, un destello brilló
en las pupilas del otro.
Woo
Hyun-se, aferrándose a la cintura de Siyul, se abalanzó sobre él de inmediato.
Su lengua gruesa llenó la cavidad de su boca, que estaba abierta buscando aire.
Los párpados y las pestañas de Siyul temblaron intensamente antes de cerrarse
lentamente.
El
cansancio lo invadió finalmente por completo. Siyul se sumió en un sueño
profundo, como si hubiera perdido el sentido.
* * *
Se
escuchó el canto de un pájaro en algún lugar. No era un sonido artificial. Como
no era una alarma y era un sonido extraño para escuchar en medio de la ciudad,
Siyul abrió los ojos perezosamente. El techo que entró en su campo de visión
tampoco le resultaba familiar. Un ventilador de techo, que parecía una versión
ampliada de las alas de una libélula, giraba lentamente. Las finas cortinas de
la cama que se mecían suavemente también eran algo que no tenía en su propia
casa.
“……Ah.”
Es
cierto. No estaba en casa. Era el lugar de vacaciones al que había venido con
Woo Hyun-se.
Al
girar la cabeza, vio a la persona que tanto lo había atormentado durmiendo
plácidamente. Dormía tan bien, como un bebé, con la cara medio hundida en la
almohada. Al verlo, los días y noches que habían pasado sin salir ni un solo
paso de esa habitación pasaron por su mente como una película.
El
rostro de Siyul se tiñó de rojo en un instante. Su corazón latía con tanta
fuerza que se cubrió la cara con ambas manos.
Fueron
unos días fieles a los instintos, ni más ni menos. Dormir, comer, ser penetrado
y penetrar; en cuanto sus miradas se cruzaban, se encendía una chispa que
estaban demasiado ocupados tratando de apagar. Pero era un fuego que no se
podía sofocar por mucho que se hidrataran o descargaran. Era feroz y
persistente. Incluso cuando pensaba que se había apagado, al despertar y
recuperar fuerzas, volvía a quemar el interior de Siyul.
No
hubo lugar en el que no se revolcaran: la cama, el sofá, el suelo, la alfombra
e incluso la ducha, donde todo estaba abierto a la vista. Todas las comidas
fueron servicio a la habitación. Y aun así, apenas probaba uno o dos bocados
antes de volver al punto de partida. No necesitaba comer para sentirse lleno, y
le parecía una pérdida de tiempo incluso el momento de llevar algo a la boca.
No
hubo una sola parte de su cuerpo que los labios de Woo Hyun-se no tocaran.
Incluso cuando descansaban un momento, alguna parte de ellos seguía conectada.
Entrelazaban sus dedos, uno de sus dedos de los pies terminaba en la boca de
Woo Hyun-se, o sus pezones, hinchados hasta casi pelarse, eran succionados sin
descanso.
Hacia
el final, incluso podían moverse lentamente mientras seguían unidos por el knotting.
La adicción al knotting no era un cuento de hadas. Aunque el deseo se
satisfacía lo suficiente con el sexo simple, el clímax que se alcanzaba con el knotting
era comparable a las drogas. Era más que placer. La sensación de que todo lo
demás se borraba y hasta su alma se deshacía llegaba a ser, en realidad,
aterradora.
Al
final, sus recuerdos eran fragmentarios. Incluso parecía haber juntado las
palmas de sus manos para rogarle desesperadamente que se detuviera, agotado y
cansado. Su ambición inicial de resolver el calor de su celo abalanzándose
sobre Woo Hyun-se se había desvanecido hace mucho.
No me digas que todavía no se ha cerrado. De repente, una idea aterradora cruzó su
mente, así que Siyul llevó rápidamente la mano entre sus piernas. Al tantear
con cuidado entre sus glúteos, afortunadamente, estaba bien cerrado. ¿Sería
esto también una característica de los Omegas? Exhaló un suspiro de alivio.
Bajó
de la cama en silencio para no despertar a Woo Hyun-se. Sus piernas no tenían
fuerza y se tambaleó, pero se sostuvo de la mesa y apenas pudo mantenerse en
pie. Con una mano en su dolorida cintura, recogió la camisa que había caído al
suelo y se la puso.
Escuchó
el sonido de las olas cerca. Caminó hacia allí como hechizado. Era el balcón
que había visto el primer día que llegaron. Más allá de la pequeña piscina
privada, se extendían las palmeras y el mar.
Siyul
dudó entre la hamaca de las palmeras y el sofá redondo del balcón, pero eligió
el sofá mullido. El sonido de las olas rompiendo y el choque de las hojas de
las palmeras con el viento llegaron a sus oídos.
Como
era de madrugada y el sol aún no salía, el mar y el cielo eran de un azul
pálido. Unas nubes blanquecinas cruzaban el lugar con tranquilidad.
Al
escuchar el crujido de la madera al ser pisada, Siyul giró la cabeza. Sin saber
cuándo se había despertado, Woo Hyun-se salió al balcón bostezando ampliamente.
Se inclinó para besar la frente de Siyul y se sentó a su lado. Con los ojos aún
cargados de sueño, restregó su oreja contra el hombro de Siyul.
Como
el aire de la madrugada era fresco, la temperatura corporal de Woo Hyun-se se
sintió agradable. Siyul también apoyó su cabeza sobre la de él. No hablaban,
pero el silencio no era incómodo. Era una atmósfera pacífica y suave.
Más
allá del horizonte, el cielo comenzó a teñirse de rojo lentamente. Antes de que
saliera el sol, Siyul llamó a Woo Hyun-se. Él abrió los ojos, que hasta
entonces mantenía cerrados, y miró a Siyul.
“Mira
allá, Hyung. Sale el sol.”
Las
llamas creadas por el sol parpadeaban sobre las olas. Las mejillas de Siyul
también se humedecieron con el tono anaranjado.
Pudo
ver un paisaje así gracias a Woo Hyun-se. Si no lo hubiera conocido en su vida,
probablemente seguiría vendiendo fármacos y caminando un día tras otro hacia el
abismo. Aunque su primer encuentro fue retorcido, al final, Woo Hyun-se lo
rescató del pantano.
Gracias
a ello, aprendió muchas cosas. El sentimiento de gustar de alguien, el
sentimiento de amar, y cómo esperar de una manera más madura.
De
repente, Siyul sintió el impulso de confesar todo con sinceridad. Fue tan
intenso que sintió que no podría contener las palabras que subían por su
garganta sin decirlas. Cuando lo llamó “Hyung”, Woo Hyun-se giró la cabeza.
“Todas
mis primeras veces son contigo, Hyung.”
¿Habrá
sido repentino? Woo Hyun-se miró a Siyul sin decir nada. La luz que mojaba sus
mejillas era del mismo color que las que teñían a Siyul. Como este tiempo que
compartían en el mismo espacio era valioso y dulce, Siyul sonrió levemente y
apoyó su frente contra la suya con suavidad.
“Mi
primer amor, mi primer beso, mi primera experiencia, hasta mi primer viaje al
extranjero, todo.”
“…….”
“Mi
última vez también serás tú.”
Se
sintió aliviado después de confesarlo. Woo Hyun-se, con los ojos muy abiertos
como si estuviera sorprendido o incrédulo, extendió su brazo y tomó la mano de
Siyul. Rozó la punta de su nariz contra la mejilla sonrojada de Siyul y le
susurró:
“De
ahora en adelante, todo lo mío es tuyo. Mi vida también, tómala, señor Kwon
Siyul. Es poca cosa comparado con lo que he recibido.”
Era
demasiado como respuesta a una confesión. Aun así, una gran sonrisa floreció en
el rostro de Siyul. Más profundo y radiante que el horizonte al amanecer.
“Te
amo.”
Su
corazón rebosaba de emoción, por lo que Siyul no pudo devolver la respuesta. En
su lugar, lo besó. Solo con ese beso ligero fue respuesta suficiente. Una
sonrisa, idéntica a la de Siyul, también se extendió por los labios y el rostro
de Woo Hyun-se.
* * *
Woo
Hyun-se estaba sentado en la silla, sumido en una profunda reflexión. Sobre el
escritorio descansaba la caja que llevaba varios días atormentando el bolsillo
de su pantalón. Al abrir el estuche de cuero rojo, un par de anillos
deslumbrantes comenzaron a brillar.
De
haber sido por él, habría encargado unos anillos con diamantes azules de gran
tamaño, pero conocía bien la personalidad de Kwon Siyul; si se los daba, dudaba
que se atreviera a usarlos. Por eso, eligió un diseño simple pero no demasiado
soso.
Para
ser considerados anillos de pareja resultaban algo excesivos, y para ser
anillos de boda, según los estándares de Woo Hyun-se, se quedaban cortos. No
eran ni lo uno ni lo otro, pero los compró con la firme determinación de marcar
el largo dedo de Kwon Siyul con una señal de que le pertenecía, antes de que
otros se atrevieran a codiciarlo.
Debió
habérselos dado antes del viaje.
“…….”
Aunque
eligió a propósito un lugar vacacional famoso por ser solo para parejas, las
emboscadas existían incluso allí. Aprovechando un breve momento en el que se
alejó, un blanco maloliente se le había pegado a Siyul. Tenía más capas de
grasa en el cuello que en el vientre.
¿Por
qué Siyul era tan popular entre los cerdos? Tiempo atrás, otro cerdo que había
molestado a Siyul en un bar fue devuelto a su manada. Más precisamente, al
estómago de unos jabalíes.
‘Tienen
un apetito voraz. En 10 minutos terminan.’
El
propietario de la granja, un joven de cabello rizado, le había abierto las
puertas de su terreno a Woo Hyun-se de buena gana. Tenían una relación forjada
a través de su conexión con la Isla Jushin.
Al
regresar, era evidente que el cerdo no estaba preguntando por el camino. Siyul
no entendía ni una palabra de lo que el tipo balbuceaba en inglés.
“¿Qué
ocurre?”
Siyul,
que miraba a su alrededor buscándolo, se veía desvalido y adorable, pero el
tipo que lo molestaba frente a él era basura que debía eliminar. Rodeó los
hombros de Siyul y preguntó. Al darse la vuelta y ver a Woo Hyun-se, el rostro
de Siyul brilló más que el sol. Cuando el cerdo preguntó quién era, respondió
con orgullo:
“Su
marido.”
Aunque
aún no habían registrado el matrimonio formalmente, él sería su marido y, en la
práctica, ya lo era. Tras decir eso, el tipo debería haberse retirado, pero, a
pesar de su aspecto, tenía buen ojo.
“Mentira.
Ni siquiera tienes anillo.”
“Lo
dejé olvidado.”
Mintió
con naturalidad mientras atraía a Siyul hacia él. Como parecía que el tipo no
entendía solo con palabras y Woo Hyun-se ya estaba considerando si tirarlo al
mar, el cerdo refunfuñó y se retiró. Fue una suerte no llegar a las manos; no
quería mostrarle esa faceta violenta a Siyul.
Incluso
ahora, al recordarlo, le hervía la sangre. ¿Habría podido evitar eso si le
hubiera puesto el anillo? Tenía ganas de reunir a conocidos y desconocidos para
celebrar una boda grandiosa de inmediato, pero la edad de Siyul le causaba
cierto conflicto.
Había
una diferencia de ocho años. La conciencia le pinchaba al recordar que, cuando
él se ahogaba en alcohol durante la universidad, Siyul apenas cargaba una
mochila de primaria.
Por
un lado, sentía que estaba encadenando a un joven con un futuro brillante; por
otro, confiaba plenamente en que nadie más que él estaría al lado de Kwon Siyul
en el futuro. Y haría todo lo posible para que así fuera, incluso si eso
significaba cruzar la línea marcada por la ley.
De
todos modos, si realmente le hubiera preocupado la edad, no habría llegado
hasta este punto. Era irónico que ahora buscara una conciencia limpia, cuando
siempre lo había comido, besado y disfrutado a su gusto. ¿Desde cuándo había
cultivado tal sentido de la moral?
Una
vez más, no pudo decidirse. Woo Hyun-se guardó la caja en su bolsillo sin
remedio. Siempre la llevaba encima para dársela en cualquier momento, pero la
caja seguía sin llegar a manos de su dueño.
Había
buscado oportunidades una y otra vez, pero siempre volvía con las manos vacías.
Intentó aplicar experiencias pasadas de cómo lo había hecho antes, pero fue
inútil. En realidad, nunca antes le había dado gran significado a un anillo.
Eran solo regalos que entregaba porque la otra parte los deseaba, nada más.
Pero
con Kwon Siyul era diferente. Al darle tanta importancia, su mente se quedaba
en blanco cada vez que intentaba dárselo. Parecía un idiota sin alma, dudando
de una forma impropia de él.
Reservó
un restaurante para crear atmósfera, pero desistió al sentir que solo resaltaba
la diferencia de edad; intentó dárselo durante un paseo nocturno, pero le
pareció demasiado poco sincero y lo pospuso. Así, desperdició dos semanas sin
siquiera sacar la caja del bolsillo.
“Hyung,
mira esto.”
Siyul,
que yacía con la cabeza en su regazo mirando el celular, le mostró la pantalla.
Woo Hyun-se, que veía televisión mientras su mente no dejaba de pensar en el
anillo, bajó la vista. Siyul sonreía radiante, una imagen que ablandaba sus
labios al instante.
“Es
una reseña nueva. Es un cliente habitual de nuestra cafetería, pero creo que
escribió mal.”
Tomó
el teléfono. Junto a una foto, había una reseña breve.
El empleado es delicioso y el café es amable. Cara de gran
bendición en la mañana de lunes a jueves.
Era
el turno de Siyul. Mientras él reía con alegría diciendo: “Dice que soy
delicioso”, los labios de Woo Hyun-se se tensaron en una línea recta.
“¿Cliente
habitual?”
Su
voz sonaba gélida. Apenas pudo ocultar el aroma gélido para no asustar a Siyul.
“Sí.
Viene todas las mañanas. Ah, ayer incluso compró un macarrón.”
“Denúncialo
por acoso.”
Antes
de devolverle el teléfono, Woo Hyun-se denunció la reseña por contenido
obsceno. ¿Error? Ni hablar, lo había hecho con toda la intención.
Parecía
que Kwon Siyul no solo brillaba ante sus ojos, sino también ante los de los
demás. Definitivamente, no podía seguir así. Todo esto era culpa suya por no
haberle puesto el sello de propiedad. Si esto seguía así, ese tipo de personas
solo aumentarían, nunca disminuirían.
No
podía seguir ignorando una situación tan grave. ¿Qué importaba la atmósfera o
el estilo? Ya no tenía tiempo para dudar.
Woo
Hyun-se apartó con cuidado la cabeza de Siyul, se bajó del sofá y se arrodilló
sobre una rodilla. Siyul se levantó de un salto.
“¿Hyung?”
Había
imaginado esta escena tantas veces, pero sus puntas de los dedos se
endurecieron al momento de entregar el anillo. Apretó y soltó los puños para
disipar la tensión y sacó la caja.
Siyul
miró el anillo con expresión atónita. Sacó uno de los dos y dejó la caja a un
lado. Tomó la mano izquierda de Siyul y deslizó el anillo por su largo y fino
dedo anular. Como había medido su talla secretamente mientras dormía, el anillo
entró sin dificultad.
“Debí
dártelo antes.”
“¿Esto
es mío?”
Siyul
extendió los dedos y miró el anillo con incredulidad. Woo Hyun-se besó
ligeramente el dorso de la mano de Siyul, donde ahora lucía el anillo. El “sí”
quedó amortiguado entre la piel de la mano y sus labios.
Lo
miró rápidamente. Por dentro temía que lo rechazara, pero afortunadamente no
hubo rechazo. Los ojos de Siyul estaban ligeramente enrojecidos.
“¿De
verdad puedo recibir esto? No tengo nada que darte, Hyung.”
“Con
que no te vayas a ningún lado y te quedes a mi lado, es suficiente.”
Los
regalos recibidos de Kwon Siyul eran más que suficientes con un simple par de
zapatos. Era un regalo que no quería recibir nunca más. Aunque en el pasado fue
así, jamás volvería a calzárselos. En el momento en que pusiera un pie en esos
zapatos, el error que cometió y la espalda de Kwon Siyul alejándose se
desplegarían ante sus ojos.
Por
eso, Woo Hyun-se se prometió a sí mismo que, en el futuro, solo se dedicaría a
llenar los brazos de Siyul con lo que fuera. Ya fueran simples objetos, amor o
algo mucho más grande, si Siyul llegaba a tambalearse por el peso, él lo
sostendría; todo estaba bien. De esa manera, quería ser un apoyo sólido para
Siyul, al mismo tiempo que lo ataba para que no pudiera escapar a ninguna
parte.
Woo
Hyun-se estaba dispuesto a ser, con gusto, el cerco y la familia de Kwon Siyul.
Tal como Kwon Siyul lo era para él, él también aspiraba a convertirse en una
raíz profunda en su vida, una presencia imposible de arrancar.
“Ponme
esto, Kwon Siyul.”
Ocultando
sus intenciones, que eran tan oscuras y pegajosas como el alquitrán, Woo
Hyun-se le tendió a Siyul el anillo restante y su propia mano izquierda. Ante
aquella actitud descarada, Siyul sonrió brillantemente y deslizó el anillo en
el dedo de Woo Hyun-se.
“Como
ya tienes el anillo, ahora tú también eres mío.”
¿No
era esa una declaración bastante atrevida? Aun así, era exactamente lo que él
deseaba con desesperación. Sin poder contenerse más, abrazó a Siyul con fuerza.
La risa que resonaba cerca de su oído rodó hacia el interior de su ser como las
olas que había visto en la isla.
De
las mejillas, del cuello y de los omóplatos de Siyul, con quien estaba en
estrecho contacto, brotó un aroma a flores de glicinia empapadas en miel. Era
un perfume parecido al de los brotes tiernos, una señal de que la primavera
había llegado. Kwon Siyul era la primavera cálida y tranquila que había llegado
a la vida de Woo Hyun-se, quien siempre había vivido en un invierno riguroso.
Sueño de madrugada
Siyul
estaba sentado en un columpio. El paisaje le resultaba familiar. El viejo
tobogán, el balancín con trozos de neumático debajo, e incluso la barra de
dominadas baja donde los niños solían colgarse. Era el pequeño patio de recreo
detrás del orfanato. En aquel arenal, junto a Kwon Yu-won, solía sacar agua con
cubos para construir castillos de arena hasta el anochecer.
Hacía
mucho que no se subía a un columpio y, olvidando que era un adulto, movía las
piernas con entusiasmo. No había nadie cerca, pero estaba bien. Alguien vendría
pronto. No sabía quién era, pero, por el momento, solo esperaba.
Sssk
— ante el sonido de la hierba separándose, Siyul detuvo sus pies. Algo grande y
oscuro se retorcía y salía del bosque, contorsionando su cuerpo serpenteante.
“Oh...”
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No
era una persona. Era una pitón del tamaño de una casa. Su tamaño rivalizaba con
el de las serpientes gigantes que habitaban en el Amazonas. Él, que solía
sobresaltarse incluso ante la vista de una pequeña culebra temiendo que fuera
venenosa, sentía algo extraño: no tenía ni una pizca de miedo ante esta
serpiente. Su brillante color negro era hermoso, y sus ojos oscuros parecían de
obsidiana. Más que evitarla, tenía ganas de acariciarla.
Como
si la serpiente comprendiera el corazón de Siyul, se acercó, se enroscó en un
círculo y alzó la cabeza con firmeza. Era más alta y más gruesa que Siyul,
quien se había levantado del columpio. Era una serpiente que parecía muy astuta
e inteligente.
Siyul
extendió la mano con cautela. A diferencia de su enorme tamaño, la serpiente
sacó su linda lengua y acercó la cabeza a la mano de Siyul. La textura que
sintió al tocarla era fría y suave, pero, de alguna manera, le provocaba una
profunda nostalgia. Como si esta serpiente fuera precisamente aquello que Siyul
había estado esperando mientras se mecía en el columpio.
La
serpiente movió la cola y envolvió el cuerpo de Siyul con firmeza. Como si
quisiera que lo mimara, inclinó la cabeza hacia un lado y otro, frotando su
hocico contra el cuello de Siyul.
“¿Vas
a venir conmigo? ... ¿Puedo dejarte hacerlo?”
Al
verla tan hermosa, le preocupaba si alguien la estaba criando, si había salido
de casa por error después de ser amada y mimada. Como si lo hubiera entendido,
la serpiente sacudió su largo cuello como si estuviera bailando. Parecía querer
decir que quería ir con él. Que pudiera comunicarse con una serpiente era
absurdo, pero lo aceptó naturalmente.
Al
principio dudó al pensar que podía tener dueño, pero cuanto más la miraba, más
la deseaba. Quería irse con esta serpiente.
“Entonces,
¿quieres ir conmigo?”
Siyul
acarició a la serpiente con cariño y le suplicó. La serpiente lo miró con sus
ojos negros y refinados, luego inclinó la cabeza y la frotó contra su vientre.
Una luz brillante emergió, y tras desvanecerse, la hermosa serpiente había
desaparecido por completo.
Siyul
no pudo distinguir de inmediato si era un sueño o la realidad incluso después
de abrir los ojos. Solo después de parpadear varias veces supo que había
soñado.
Aunque
la temperatura de la serpiente era fresca, el vientre donde las escamas habían
rozado estaba cálido. Bajó la mano lentamente y se acarició el abdomen.
Qué sueño tan curioso.
Al
notar el movimiento de Siyul al despertar, Woo Hyun-se se giró y lo abrazó con
sus dos brazos fuertes. Con sus piernas largas y gruesas, envolvió la parte
inferior de Siyul y lo atrajo hacia su pecho. La fuerza con la que lo envolvía
no tenía nada que envidiar a la de la serpiente que vio en el sueño.
¿Habrá sido él esa serpiente?
No
sabía qué significaba, pero parecía un sueño auspicioso. Pensando en contárselo
a Woo Hyun-se en cuanto amaneciera, Siyul también se giró para abrazarlo. Como
si estar abrazado a Siyul mientras dormía fuera placentero, el aroma de Woo
Hyun-se flotaba suavemente por la habitación.
Repasó
el sueño una vez más para no olvidarlo y Siyul volvió a conciliar el sueño. La
temperatura corporal que lo envolvía era más acogedora que una manta, y se
quedó dormido rápidamente.
Un día de primavera
Era
un día bastante caluroso para ser mediados de junio. La luz del sol penetraba
por la ventana e iluminaba el interior del autobús. Bajo el cielo azul sin una
sola nube, en los arrozales, las plantas de arroz, que brotaban como algas, se
mecían suavemente con el viento. Las flores silvestres de nombres desconocidos
abundaban a lo largo de los senderos entre los campos, y el milano que daba
vueltas sobre el pico de la montaña distante le daban un toque pastoral, muy
distinto al paisaje lleno de edificios de la ciudad.
El
autobús alquilado se detuvo después de recorrer durante un buen rato un camino
sinuoso como la cintura de una serpiente. Ante el aviso del conductor —“Hemos
llegado”—, todos empezaron a levantarse.
Woo
Joong-ryeol, sentado en los asientos delanteros, bajó del autobús con una cara
afable. Había pensado en ir en auto privado, pero siguió el consejo de su
asistente: “En momentos así, comportarse como una persona común ayuda a
mantener una buena imagen”, así que se adelantó y subió al autobús.
‘No,
le dije que se quedara estudiando en casa, pero insisten en seguirme. Dicen que
el voluntariado es importante. Aunque les dije que no era necesario,
insistieron tanto en venir... Como saben, no hay padre que pueda ganarles a sus
hijos. Así que vinimos juntos.’
El
sujeto, que apenas anteayer había puesto a Woo Hyun-se y a Woo Gi-ppeum en el
suelo para golpearles los muslos con un bate de béisbol, hablaba con mucha
elegancia. Como amenazó con romperles las costillas si no iban —diciendo que
les inventaría una buena excusa—, Woo Hyun-se tuvo que cancelar sus compromisos
previos. Woo Gi-ppeum tampoco tuvo opción.
‘¿No
dijeron que ambos obtuvieron el primer lugar en toda la escuela la otra vez?
Tienen buenas notas y una personalidad excelente. La sangre nunca engaña.’
‘Tiene
unos hijos maravillosos.’
La
gente, ajena a la faceta hipócrita de Woo Joong-ryeol, vertía elogios
repugnantes. Al ver tal adulación, Woo Gi-ppeum había girado la cabeza haciendo
una mueca de arcadas.
Woo
Hyun-se, quien había sido arrastrado por el cuello, también bajó del autobús.
Woo Gi-ppeum, que había cerrado los ojos apenas subió y no los había abierto ni
una vez, bajó las escaleras arrastrando los pies como un animal camino al
matadero. Mientras que la expresión de Woo Hyun-se era la de siempre, con esa
sonrisa habitual, la cara de Woo Gi-ppeum era la de alguien que había masticado
un insecto vivo un par de veces.
“Relaja
la expresión. La gente nos mira.”
“Joder.”
Cuando
Woo Hyun-se le lanzó aquel consejo en voz baja, Woo Gi-ppeum soltó un insulto
como si hubiera estado esperando el momento. En cuanto la gente se giró, cambió
su máscara en un abrir y cerrar de ojos. Sin duda, una velocidad realmente
relámpago.
Al
ver que controlaba tan bien sus expresiones frente a los demás, Woo Hyun-se
pensó que el dicho de que la sangre no engaña no debía ser ninguna tontería.
Sabiendo que para Woo Gi-ppeum eso sería un insulto mucho peor que cualquier
palabrota en el mundo, Woo Hyun-se se quedó callado.
Woo
Hyun-se se quedó de pie, con las manos a la espalda, contemplando el viejo
edificio y el letrero que tenía delante. Orfanato Nubes de Algodón. Era el
lugar de voluntariado de hoy.
Decían
que era un evento para celebrar el Día del Niño, en el que participaban el
grupo de voluntariado del gobierno local, algún cargo político, legisladores y
periodistas de la prensa regional. Woo Hyun-se se rio por dentro. Le parecía
divertido ver cómo aquellos señores, que normalmente no mirarían dos veces un
lugar así, se amontonaban como una jauría solo para tomarse una fotografía.
El
personal del orfanato y la directora salieron a recibir al grupo. La directora
era una mujer de mediana edad de aspecto apacible y amable, pero, a diferencia
de la sonrisa que lucía, su humor no parecía ser muy bueno.
El
orfanato estaba dividido por zonas: la clase de bebés y niños pequeños, la
clase de niños y la clase de adolescentes. A Woo Hyun-se y Woo Gi-ppeum les
tocó limpiar la sala de juegos de los niños, mientras que a los demás les
asignaron los pasillos y los baños. Como esperaba no cruzarse con los niños,
para Woo Hyun-se esto fue preferible.
Sin
embargo, parece que los asuntos de los adultos eran distintos. Uno de los
periodistas y uno de los legisladores tuvieron un pequeño altercado con la
directora. Woo Hyun-se fingió estar ordenando los juguetes mientras prestaba
atención a su conversación. Básicamente, se quejaban de que ya que habían
llegado hasta allí, deberían tomarse fotos, y preguntaban por qué se negaba si
la imagen junto a los niños era buena.
“Disculpe,
legislador, pero en nuestro centro el encuentro con los niños solo está
permitido para voluntarios de largo plazo.”
“No,
¿no nos avisaron de esto antes de venir? Al menos deberíamos tomarnos fotos. No
hemos hecho este largo viaje solo para limpiar.”
“Entonces,
podríamos hacer una foto de grupo al finalizar...”
“¿Dónde
quedaría una buena imagen con eso? Directora, usted que lo sabe todo, ¿por qué
se pone tan difícil?”
La
directora se veía muy angustiada. Había una razón por la que no parecía feliz
al recibir a la gente. Pero, como un brazalete en el brazo es sinónimo de
poder, ante la amenaza de que las donaciones podrían cortarse si no cooperaba,
la directora aceptó de mala gana.
Woo
Hyun-se, mientras volvía a colocar en su lugar los juguetes que había limpiado,
echó un vistazo a Woo Gi-ppeum, que estaba a su lado. Al ver que efectivamente
estaba escuchando a escondidas, Woo Gi-ppeum murmuró ‘pandilla de matones’ sin
siquiera girar la cabeza hacia ellos. Como estaba de acuerdo, asintió en
secreto.
Tras
terminar la limpieza, todos se dirigieron al auditorio. Los niños estaban
reunidos allí. Quizás porque les intimidaban los desconocidos, no se acercaban
primero y se mostraban tímidos. Los niños de la clase de adolescentes, al ver a
Woo Hyun-se y Woo Gi-ppeum que tenían su misma edad, se encogieron o, en
algunos casos, mostraron hostilidad.
Por
esto no quería venir.
Woo
Hyun-se chasqueó la lengua por dentro. Por lo general, los orfanatos no aceptan
voluntariados de adolescentes debido a la preocupación de que pudieran causar
incomodidad a sus iguales. ¿Acaso Woo Joong-ryeol no lo sabía? Sin importarles,
los habría traído por esa dichosa ‘buena imagen’.
Solo
después de que el grupo de voluntarios tomó la iniciativa de hacer juegos y
repartir comida, las caras serias empezaron a relajarse un poco. Incluso hubo
niños que pedían a la gente que los abrazara. Fue entonces cuando se tomaron
las fotos. Los reporteros se inclinaban ante Woo Joong-ryeol mientras este, con
delantal, repartía comida en las bandejas de los niños o los abrazaba con
familiaridad.
Woo
Hyun-se y Woo Gi-ppeum, aunque no querían, estaban al lado. No necesitaba ver
los titulares de las noticias para saber cómo serían.
“¡Llegó
el helado!”
Tras
el reparto, era la hora de la merienda. En cuanto oyeron la palabra helado, los
niños pequeños corrieron en masa. Aunque les gritaran que hicieran fila, no
hicieron caso. Lo rodearon formando un círculo como si estuvieran sitiando a
quien lo llevaba y cada uno estiró la mano. Incluso hubo algún niño que, con
mucha astucia, se llevó dos.
“Vaya,
¿es increíble, verdad?”
Mientras
observaba la escena de pie desde lejos, un voluntario que se había acercado le
habló a Woo Hyun-se. No sé si recibió el helado en medio del caos o si lo tenía
de antes, pero llevaba dos en la mano. Como le extendió uno, Woo Hyun-se lo
aceptó.
“¿A
ti los niños no te piden que les compres cosas?”
Mientras
que a Woo Gi-ppeum los niños se le acercaban a menudo, a Woo Hyun-se no se le
acercaba ninguno. Aunque sus facciones parecían bondadosas, sus orejas
abultadas y redondeadas como un mandu, o la cicatriz cerca del cuello,
parecían provocar un rechazo instintivo. Mientras jugueteaba con la oreja, de
la que ya habían quitado la sangre pero que aún seguía hinchada, respondió con
desgana.
“Sí.”
El
voluntario rio diciendo que tenía suerte y siguió hablando. Aunque a Woo
Hyun-se le resultaba molesto conversar, como no tenía nada mejor que hacer, se
quedó callado.
“Al
hacer voluntariado en orfanatos, siempre hay uno o dos niños astutos. En
realidad lo hacen porque están hambrientos de afecto, pero para un voluntario,
es algo bastante embarazoso.”
“¿Eso
cree?”
“Especialmente
ese niño de allá. Se llama Kwon Yu-won y es el veterano de este lugar. Es un
zorro. El niño ya está usando su encanto personal. Ten cuidado, muchacho. Si
viene a pedirte que le compres algo, terminarás comprándoselo sin darte
cuenta.”
El
voluntario señaló a uno del grupo. Era un niño de rasgos bonitos. Sus ojos,
ligeramente rasgados hacia arriba, eran brillantes y astutos. Incluso en ese
momento, estaba tirando del cuello de la camisa del voluntario, que parecía
ingenuo, para pedirle un helado. El voluntario, cautivado por el rostro lindo
del niño, le entregó su propia porción.
Sin
embargo, Kwon Yu-won no se comió el botín, sino que, teniéndolo en la mano,
corrió hacia un niño que estaba sentado en una esquina. El niño, que estaba
agachado dibujando algo en el suelo con el dedo, levantó la cabeza lentamente
al oír la llamada de Kwon Yu-won.
Justo
en ese momento, una persona pasó por delante y bloqueó la vista, así que no
pudo ver si el niño aceptó el helado o si lo rechazó. Pensó en seguir mirando,
pero al escuchar la risa forzada de Woo Joong-ryeol a sus espaldas, sintió un
rechazo profundo y giró el cuerpo.
Salió
del auditorio y buscó un lugar tranquilo y sin gente. Mientras seguía un aroma
dulce que flotaba desde algún lugar, descubrió detrás del edificio un banco
rodeado de glicinias. Racimos de flores, como racimos de uvas, colgaban de las
ramas.
Como
no había nadie, Woo Hyun-se se sentó cómodamente estirando las piernas sobre el
banco. Pensaba matar el tiempo y unirse al grupo cuando fuera hora de retirarse.
Si alguien lo descubría antes, no habría nada que hacer.
Cruzó
las piernas y levantó la cabeza apoyando los codos en el banco. Las flores
colgaban tanto que casi rozaban la punta de su nariz. Mientras levantaba la
mano para cortar una por el buen olor, sintió un pequeño movimiento cerca. Bajó
la mano y giró la cabeza.
Un
niño estaba parado detrás de la pared, asomando solo la mitad de su rostro y
dudando. Su rostro, pálido como una flor de calabaza, le resultó familiar.
Un
instante después recordó dónde lo había visto. Era el niño a quien el pequeño
astuto le había entregado el botín.
Normalmente
no le habría importado quién viniera, pero al ver los grandes ojos del niño,
desapareció su intención de ser indiferente. Aquellos ojos, que parecían a
punto de derramar lágrimas con solo un roce, despertaron su interés.
“Hola.”
Al
notar que el niño parecía tener miedo, le dedicó una sonrisa que parecía la más
amable del mundo y lo saludó. El niño miró de reojo a Woo Hyun-se un par de
veces y salió sigilosamente de detrás de la pared. Como su mirada se perdía
cerca de su mano, se preguntó qué estaba mirando; estaba obsesionado con el
helado de tubo que Woo Hyun-se sostenía sin pensarlo, al no tener dónde
tirarlo.
“¿Quieres
comer esto?”
Como
de todas formas no le gustaba lo dulce, se lo ofreció para que lo comiera, y el
niño dudó, moviéndose con torpeza. Pero, al final, pareció decidirse y se
acercó con cautela. Sin embargo, no podía abrir el envoltorio y se esforzaba,
gimoteando. Tenía una expresión apesadumbrada, mirando a Woo Hyun-se y luego al
helado.
“Dame
eso.”
Abrió
el envoltorio, le quitó la tapa y se lo puso en la mano. Solo entonces el niño
se sentó a su lado, balanceando las piernas mientras se metía el helado en la
boca.
El
niño, que estaba concentrado en comer, miró de repente a Woo Hyun-se. Frunció
el entrecejo como si estuviera pensando, y de pronto le ofreció el helado.
“¿Quieres
que lo coma yo?”
El
niño no respondió, solo asintió con la cabeza. Al ver que su esfuerzo era
adorable, Woo Hyun-se abrió la boca, pero antes de que pudiera probar el
helado, la expresión del niño se volvió suplicante. Sus labios enrojecidos se
entreabrieron también. Pensando que si realmente le daba un mordisco el niño
lloraría, sonrió de lado y enderezó el torso que tenía inclinado.
“Cómetelo
todo tú.”
Su
expresión, antes sombría, volvió a iluminarse. El niño terminó el helado poco a
poco. Tras succionar hasta la última gota, se levantó y tiró el envoltorio a la
basura.
El
niño, que había perdido toda la desconfianza por un solo helado, se subió
retorciéndose al regazo de Woo Hyun-se poco después. Se acomodó moviendo el
trasero, como un perrito que encuentra un cojín mullido. Woo Hyun-se, que de
repente se había convertido en una silla, se sintió desconcertado, pero no fue
tan cruel como para echarlo.
‘A
veces hay niños que piden que los abracen. Aun así, traten de no ceder en la
medida de lo posible. Si se acostumbran, los próximos voluntarios lo pasarán
mal.’
Recordó
vagamente la advertencia que le había dado un empleado. Pero no le importó. La
temperatura del niño, que se había metido en su regazo, estaba tan cálida como
si hubiera recibido los rayos de sol de mediados de junio en todo su cuerpo.
Como no había nadie mirando, Woo Hyun-se pensó “qué demonios” y rodeó
firmemente la cintura del niño con un brazo para que no se cayera.
El
niño parecía estar de buen humor, ya que tarareaba una melodía mientras
balanceaba sus piernas, que no llegaban al suelo. Sintiéndose curioso por saber
qué canción era, prestó atención. Aunque esperaba que fuera una canción
infantil, era una vieja canción de antaño.
Fly
me to the moon.
Let
me play among the stars…….
¿No
era una elección de canción algo adulta para que la cantara un niño? No
acertaba casi en ninguna nota ni compás. Aun así, la cantó con esmero, con una
pronunciación que se escapaba porque le faltaban los dos dientes frontales. Woo
Hyun-se hundió la cabeza en el cuello del niño y se rio entre dientes,
sacudiendo los hombros. No había tenido motivos para reír últimamente, pero
gracias a este niño estaba llenando su cuota de risas de todo un mes.
Al
terminar de cantar, el niño miró de reojo a Woo Hyun-se con ojos traviesos.
Aunque no dijo nada, sabía que esperaba un cumplido. Aclarándose la garganta,
Woo Hyun-se aplaudió dos veces.
“Cantas
bien.”
Solo
entonces el niño soltó una risita y se retorció. Woo Hyun-se soltó su brazo
rápidamente y el niño se movió torpemente para sentarse ahora en una posición
que le permitiera quedar frente a frente. Entonces, extendió la mano hacia la
oreja de Woo Hyun-se con cuidado. Su mano, delicada como una hoja de principios
de primavera, rozó la parte donde tenía la tirita.
“¿Esto
duele mucho?”
“…….”
Se
quedó sin palabras un momento mientras miraba al niño. Aunque simplemente debía
estar preguntando por su oreja hinchada, para Woo Hyun-se la pregunta sonó con
un significado mucho más profundo. La pequeña y cálida mano del niño parecía
acariciar mucho más que la herida de su oreja.
“No.
No me duele nada.”
“¿En
serio?”
“En
serio.”
Al
recibir la confirmación, el niño sonrió ampliamente. Incluso sin sus dientes
frontales, sonrió con total franqueza. Una brisa sopló entre ambos. Flores de
color violeta cayeron como lluvia sobre el cabello negro y los hombros
pequeños. Cuando el niño sacudió la cabeza, los racimos de flores aterrizaron
esta vez sobre el dorso de la mano, los muslos y las zapatillas de Woo Hyun-se.
A
Woo Hyun-se no le gustaban mucho los niños. Lloraban, hacían berrinches y eran
ruidosos. Pero este niño era diferente. Era como una criatura pequeña, joven y
delicada. Una que aún no había salido del regazo de su madre.
Sus
ojos eran tan claros como el agua de un arroyo, y cada uno de sus movimientos
era cuidadoso y adorable. El gesto de acariciar su oreja, el movimiento de sus
pies al compás de la canción.
Con
un niño así, podría tener un hermano menor.
O
un hijo.
“¿Quieres
ser mi hijo?”
Por
supuesto, era una propuesta absurda. Fue algo que salió de repente, sin ton ni
son, pero incluso pensando que era una broma, no podía dejar a este hermoso
niño bajo la sombra de Woo Joong-ryeol. Con el infierno que vivían él y Woo
Gi-ppeum era suficiente.
El
niño parpadeó lentamente con sus grandes ojos. Bajó la cabeza un instante tarde
y, poco después, negó con ella. Fue una elección sabia.
Woo
Hyun-se giró la vista primero al oír pasos acercándose. El niño que el
voluntario había calificado de astuto miraba hacia el banco, furioso. El niño
sentado sobre sus piernas se sobresaltó y bajó rápidamente al suelo. Woo
Hyun-se apretó y soltó el puño por un momento, sintiendo la nostalgia del calor
que acababa de desaparecer.
“¿Dónde
te habías metido? ¡Te he buscado un buen rato!”
“¿Me
buscaste?”
“Sí.
Iba a darte un dulce, pero no te veía por ningún lado…….”
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Kwon
Yu-won tomó con fuerza la mano de Siyul y lo atrajo hacia sí. Lo escondió a sus
espaldas y lanzó una mirada desafiante a Woo Hyun-se con ojos brillantes. No
había duda, parecía un gato montés con el pelaje erizado.
“Te
dije que no hablaras con extraños.”
“Es
buena persona……. Incluso me dio helado.”
“No
te fíes de los adultos. Ven, entremos.”
Kwon
Yu-won tiró del niño, que dudaba. Antes de salir del área de los bancos, el
niño se giró. Al encontrarse con la mirada de Woo Hyun-se, abrió la boca en
forma de media luna y sonrió abiertamente. Esa sonrisa resplandeciente era tan
brillante como las rosas que crecían en el muro, y tan encantadora como unas
hortensias floreciendo en abundancia.
“…….”
Con
la brisa, las flores de glicinia caían como una lluvia repentina. Después de
apartarse el cabello alborotado, el niño ya no se veía por ninguna parte.
Woo
Hyun-se se quedó solo. Pronto se sacudió el pantalón y se levantó. Antes de
abandonar el banco, miró hacia atrás un momento, tal como lo había hecho el
niño. Un grupo de flores de color violeta bailaba suavemente, esparciendo un
aroma que se parecía al del niño.
Woo
Hyun-se inhaló profundamente el aroma hasta los pulmones. Era una fragancia que
parecía que permanecería en su memoria por mucho tiempo.
—Fin.—
