Capítulo 46-50
Capítulo 46
El
combate en la zona fronteriza se prolongó durante seis meses más, pero acabó
concluyendo con la rendición formal de Alber. El problema principal había sido
que cedieron demasiado terreno en el transcurso del primer enfrentamiento. Tras
recuperarse de sus heridas, Caleb se reincorporó a la batalla y acumuló
innumerables méritos. Aunque le dejaba un sabor amargo en la boca saber que eso
equivalía a haber arrebatado más vidas enemigas que nadie, en este tipo de
conflictos a pequeña escala, acortar los plazos lo máximo posible era siempre
la opción más beneficiosa.
El
Imperio, tras aceptar la capitulación de Alber, exigió y obtuvo un acuerdo de
paz por cien años. Como se trataba de términos mucho más favorables para el
reino que para el propio Imperio, la medida generó bastantes críticas, pero la
princesa imperial al parecer consideró que el Imperio no tenía necesidad de
ensanchar más sus fronteras.
De
ese modo, la unidad especial, que incluía a Orkan y a Caleb, asumió la
vanguardia para guiar de regreso a los demás cuerpos militares hacia la capital
imperial. En particular, la unidad especial de Raio encabezaba la marcha debido
a que en sus filas figuraba el soldado que había desempeñado el papel más
sobresaliente en la campaña. Caleb, aquel que había perdido su apellido y se
perfilaba como la figura principal de la antigua facción aristocrática. ¿Quién
habría imaginado que alguien que se había quedado completamente solo elegiría
un camino semejante?
“Cuando
volvamos, te darán una condecoración.”
“Y
un ascenso es algo que se da por sentado.”
“¿De
veras cree eso, mi capitán?”
“No
intentes hacerte el frío y el distante. Todos sabemos que te alistaste en el
ejército con la firme intención de ganarte esos galones.”
Ante
el comentario, Caleb esbozó una sonrisa sutil. Los miembros de la familia
Damian no eran personas que fuesen a rechazarlo solo porque él hubiera pasado a
ser un plebeyo. Sin embargo, Caleb albergaba el deseo irrenunciable de pararse
a su lado con la frente en alto. Ese era el verdadero motivo por el que había
entrado al ejército. Y alguien tan astuto como su superior conocía
perfectamente esas intenciones. Borrando la sonrisa de sus labios, Caleb
respondió con seriedad:
“Probablemente
mi prometido se habrá consumido en la preocupación hasta el mismo día en que
regrese del servicio.”
“Dicen
que el único hijo y heredero de la casa Damian te tiene puesto en un pedestal
de esa manera, ¿no se te ocurrió que podías haberte quedado viviendo con todas
las comodidades en lugar de buscarte esto?”
Le
preguntó el capitán de la unidad especial con curiosidad. Caleb se limitó a
negar con la cabeza.
“Ese
tipo de vida jamás habría encajado conmigo.”
“Ya
veo. Una existencia complicada, sin duda.”
Así
fue como emprendieron el largo viaje de retorno hacia la capital.
El
camino de regreso era extenuante. Para empezar, la zona fronteriza quedaba a
una distancia considerable, y con el clima volviéndose cada vez más caluroso,
no les quedó más remedio que detenerse a reabastecerse de agua en repetidas
ocasiones en los pueblos aledaños que cruzaban en la ruta. No obstante, al
haber llegado finalmente al poblado situado justo en las inmediaciones de la
capital, por fin todos tuvieron la oportunidad de afeitarse la barba con
prolijidad y asearse como es debido. Solo en ese momento los soldados y los
miembros de la unidad especial recuperaron una apariencia propiamente humana.
Los
efectivos militares que aguardaban las puertas de la capital mostraban un
evidente entusiasmo. Lo mismo ocurría con los integrantes de la unidad
especial. Como era la primera batalla real en la que participaba desde su
incorporación al ejército, Orkan lucía en el rostro una expresión teñida de una
peculiar expectación. Al notar que se trataba exactamente del mismo gesto que
solía poner durante los días de la academia, Caleb le preguntó:
“¿Qué
es lo que le causa tanta emoción?”
“Pensar
en la cara que pondrá tu prometido cuando te vea entrar cabalgando a mi lado.”
“……¿Acaso
tiene el pasatiempo de buscar que le disparen?”
“Eso
se considera insubordinación, sargento.”
“Yo
en ningún momento dije que fuera a ser yo quien le disparara.”
“Lo
que pasa es que tu prometido tiene un fusible demasiado corto.”
“Eso
ya no es culpa mía.”
Intercambiando
esa clase de bromas, ambos se retiraron a sus respectivas habitaciones para
pasar la última noche antes de la llegada. Y a la mañana siguiente, ataviados
con sus impecables uniformes militares, el cabello perfectamente peinado hacia
atrás y montados a caballo, los dos hombres se adentraron literalmente hombro
con hombro en el camino que conducía a su triunfal entrada en la capital
imperial.
*
* *
En
la capital, las noticias sobre la victoria en la zona fronteriza llevaban
semanas circulando de mano en mano a través de los periódicos que volaban por
las calles. Mientras que la gran mayoría de los ciudadanos no tenía nada de qué
preocuparse, Jade sentía que su vida se consumía lentamente, día tras día,
preso de la angustia. Al principio, había perdido una cantidad considerable de
peso, pero tras escuchar las palabras de la marquesa, decidió cambiar
drásticamente de actitud.
‘Caleb
va a volver, ¿cómo crees que se sentiría si te ve hecho un manojo de huesos?’
A
partir de aquel día, Jade comenzó a entrenar rigurosamente una vez al día,
batiéndose en duelos contra los caballeros de su propia familia sin excepción.
No volvía a saltarse ninguna comida, y era perfectamente visible cómo su cuerpo
iba adquiriendo fuerza y solidez jornada tras jornada.
Aun
así, en cuanto llegó la noticia de la victoria acompañada de la confirmación de
que todo había terminado, recuperó el ánimo al instante y comenzó a contar los
días esperando el regreso de Caleb. Y hoy, al enterarse de que el ejército
desplegado en la frontera finalmente había llegado, había pasado la noche en
vela sin lograr conciliar el sueño ni por un instante. Desde aquella primera
carta, no había vuelto a recibir noticias directas de Caleb, por lo que le era
imposible saber cómo lo había estado pasando. ¿Se habría lastimado? ¿Habría
sufrido alguna herida de gravedad? ¿Le llegaría alguna mala noticia? Todo en su
cabeza eran motivos de zozobra.
La
hora fijada para la llegada de las tropas era el mediodía, justo cuando el sol
alcanzaba su punto más alto en el firmamento. Jade, con una determinación
inquebrantable, condujo su carruaje hasta la avenida por donde discurriría el
desfile. A ambos lados de la calle se agolpaba una enorme muchedumbre alineada
en hileras, mientras que los carruajes y coches esperaban estacionados un poco
más atrás. Jade aguardaba en el interior de su carruaje a que diera comienzo la
marcha. Aunque percibía la expectación generalizada de la gente, él solo tenía
la mente puesta en el deseo de que Caleb volviera sano y salvo, por lo que se
limitaba a mirar a través de la ventana con el rostro lleno de profunda
preocupación.
‘Si
de verdad fuera una mala noticia, ni siquiera haría falta que yo estuviera aquí
fuera.’
Pensaba
Jade con el semblante rígido. Cuando un soldado en campaña fallece, las
autoridades militares acuden en persona a notificarlo a su domicilio. Por esa
razón había decidido salir de casa por su propia cuenta. Si los oficiales
llegaban a presentarse en su hogar, sabía que no resistiría el golpe y se
vendría abajo por completo. Jade pasó el tiempo con los nervios de punta hasta
que, por fin, resonó el clarín. Las puertas de las murallas de la capital se
habían abierto.
Jade
abrió la portezuela del carruaje. Asomó medio cuerpo hacia el exterior y
escudriñó a los primeros en aparecer. Encabezando la marcha se encontraba la
unidad especial de Raio, ataviados con uniformes militares completamente
distintos a los de las tropas comunes. Jade abrió los ojos de par en par. A la
cabeza de la formación, montado a caballo, venía Caleb.
¡Waaaaa!
La
multitud estalló en vítores. Jade saltó del carruaje sin pensarlo, abriéndose
paso a empujones entre la marea de gente, y gritó con todas sus fuerzas:
“¡Caleb!”
Al
quedar su voz sepultada bajo el bullicio de los espectadores, volvió a gritar
con desesperación y con el aliento a punto de agotarse:
“¡Caleb!”
En
el tono de Jade se desbordaba una súplica desgarradora. Aunque sabía
perfectamente que Caleb terminaría volviendo a su mansión tarde o temprano, la
abrumadora emoción de verlo allí, en ese preciso instante, le atenazaba el
pecho de tal modo que no podía quedarse quieto. Y justo cuando volvió a
llamarlo por su nombre, aquellos ojos verdes giraron para posarse directamente
sobre él. Sus orbes dorados, cálidos como la luz del sol.
Caleb
le dedicó una sonrisa leve antes de volver a adoptar una expresión impasible y
fijar la vista al frente. Aunque fue un intercambio de miradas fugaz, el simple
hecho de que Caleb lo hubiera reconocido bastaba para que el corazón de Jade
latiera desbocado. Abriéndose paso a través de la densa multitud, Jade regresó
a su carruaje y le ordenó de inmediato al cochero:
“¡Llévanos
al Palacio Imperial!”
“Sí,
mi señor.”
El
punto final de aquel desfile era el palacio. Por esa razón, calculó que lo más
sensato era adelantarse y llegar allí antes que nadie, instando al cochero a
apresurar el paso. El carruaje viró bruscamente y enfiló hacia las
instalaciones reales. Frente a las puertas del palacio ya se había congregado
una multitud considerable. Destacaba especialmente la presencia de numerosos
periodistas que, con toda seguridad, aguardaban ansiosos para pescar cualquier
primicia o titular sensacionalista. Sin embargo, Jade los ignoró por completo;
mandó a estacionar su vehículo y se quedó a la espera de su comitiva.
¿Cuánto
tiempo pasó? Las puertas del palacio se abrieron y segundos después la columna
militar hizo su llegada a la entrada. En la plataforma dispuesta frente al
recinto, el emperador y la princesa ya se encontraban sentados uno al lado del
otro. Daban la impresión de que todo estaba preparado para recibir formalmente
a las tropas.
No
obstante, a los recintos interiores solo se le permitía el acceso a los
militares debidamente autorizados. Jade tuvo que conformarse con aguardar en el
exterior, clavando la mirada con desesperación en la nuca de Caleb, a quien
apenas lograba distinguir.
Mientras
tanto, para Caleb, su llegada al Palacio Imperial se antojaba todavía como un
espejismo. Todas las vivencias de su estancia en el frente seguían tan vívidas
que le parecía que habían ocurrido apenas el día anterior, haciéndole difícil
asimilar que se hallaba de nuevo en el corazón del Imperio. Al alcanzar la
explanada del palacio, desmontó del caballo al unísono con el resto de los
integrantes de la unidad especial.
“Valientes
soldados de mi imperio. Les agradezco enormemente que me hayan traído la
victoria.”
Declaró
el emperador, dirigiéndose a los hombres alineados frente a él. Todos
mantuvieron el rostro severo, mirando rígidamente al frente mientras rendían un
impecable saludo militar. El emperador esbozó una sonrisa de satisfacción ante
la estampa antes de continuar:
“Les
agradezco que hayan repelido con éxito la repentina agresión de Alber. Con
esto, el Imperio se consolidará aún más y avanzará hacia un futuro mejor.”
Satisfecho
de que las exigencias de tributos planteadas en el acuerdo de paz con Alber
hubieran sido aceptadas sin objeciones, el emperador se encontraba de excelente
humor, lo que provocaba que su discurso bajo el calor del sol se alargara más
de la cuenta. Al notar que la escena se estaba tornando excesivamente
prolongada, la princesa intervino con suavidad para cortar la intervención:
“Ninguno
de los aquí presentes es prescindible. Son ustedes los orgullosos soldados de
nuestro imperio.”
Con
estas palabras, la princesa abrió los brazos en un gesto magnánimo. En el
exterior, la zona circundante bullía de una muchedumbre expectante. Entre ella
se distinguían rostros cargados de una intensa emoción; la princesa sabía
perfectamente que se trataba de los familiares de los soldados. Dirigiéndose a
ellos, decretó:
“Sé
de sobra que sobran las palabras en un momento así. Lo mejor que podemos hacer
por ustedes es devolverlos al calor de sus hogares a la mayor brevedad posible.
Procedan con la ceremonia.”
“A
sus órdenes, Alteza.”
Siguiendo
las directrices de la princesa, el acto dio comienzo. El foco principal recaía
sobre la unidad especial organizada por Raio, y de manera muy especial sobre
aquel que había acumulado los mayores méritos en la campaña, el soldado que se
había infiltrado en solitario en territorio enemigo.
“Que
el sargento Caleb ascienda a la plataforma principal.”
“A
sus órdenes, Alteza.”
Caleb
se detuvo justo en el peldaño inferior al estrado de la realeza y alzó la vista
hacia la princesa. Ella lo contempló con una expresión de genuina complacencia,
visiblemente satisfecha tanto con el hecho de que un vástago de la extinguida
vieja aristocracia se hubiera convertido en uno de sus soldados como por los
sobresalientes resultados que había cosechado.
“Se
le otorga la más alta condecoración militar del Imperio y su ascenso inmediato.
A partir de hoy, dejas de ser un sargento y, por recomendación directa de la
coronel Raio, asciendes oficialmente al rango de alféizar Caleb.”
“Muchas
gracias.”
La
princesa tomó la medalla entregada por un cortesano y se la fijó personalmente
en el pecho. Una vez que Caleb le rindió el saludo reglamentario portando su
nueva insignia, la princesa esbozó una sonrisa de aprobación y dio media
vuelta. Con ese gesto, dejó sentenciado ante todos los presentes que la sangre
de los antiguos líderes aristocráticos ya no representaba ninguna amenaza.
Aunque Caleb era perfectamente consciente de las intenciones ocultas tras las
palabras de la princesa, eso le importaba muy poco; a partir de ese momento, lo
único verdaderamente importante para él estaba en otra parte.
“Bien,
ya pueden retirarse. Vuelvan todos con sus familias.”
Con
la venia de la princesa, las filas de soldados comenzaron a marchar de manera
ordenada hacia las salidas. Apenas cruzaron los umbrales del palacio, la gente
se abalanzó sobre ellos para fundirse en abrazos o derramar lágrimas mientras
estrechaban las manos de sus seres queridos. Caleb aguardó pacientemente en el
extremo de la formación a que llegara su turno. Había visto a Jade con absoluta
claridad desde el camino.
‘Seguro
que ha venido hasta aquí.’
Caleb
dirigió una mirada fugaz hacia la princesa, como pidiendo autorización tácita,
y al verla asentir con una sonrisa imperceptible, dio el paso al frente y
comenzó a marchar fuera del recinto imperial. Y en el preciso instante en que
puso un pie en el exterior del palacio, sus ojos chocaron de inmediato con
aquella dorada y añorada mirada.
“Caleb…….”
“Jade.”
“Caleb……!”
“Jade,
espra……!”
Antes
de que Caleb alcanzara a detenerlo, Jade corrió directamente hacia él, le rodeó
la cintura con los brazos y lo besó sin vacilar. La fuerza del impulso hizo que
el cuerpo de Caleb se inclinara hacia atrás, mientras un dulce y embriagador
aroma a feromonas envolvía el ambiente. Ante la audaz escena protagonizada por
el héroe que acababa de cosechar los mayores laureles en la guerra, los
periodistas apostados en el lugar comenzaron a disparar las cámaras de manera
frenética, redactando mentalmente los artículos del día siguiente. Al advertir
el revuelo, Caleb pensó por un segundo que al día siguiente tendría que lidiar
con un buen dolor de cabeza, pero enseguida concluyó que calmar a su pareja era
la máxima prioridad, estrechándolo con fuerza contra su pecho. El intenso aroma
dulzón de Jade se mezcló con el rastro áspero y polvoriento que aún impregnaba
sus propias ropas.
A
la mañana siguiente, las portadas de todos los periódicos amanecieron
ilustradas con la imagen del apasionado reencuentro entre Caleb y Jade.
*
* *
Al
día siguiente, Caleb frunció el ceño mientras contemplaba la primera plana del
periódico. Inclinó la cabeza al ver que su imagen junto a la de Jade aparecía
impresa con absoluta claridad.
“¿Qué
es esto?”
“Se
llama cámara fotográfica; es algo que los periodistas han empezado a utilizar
recientemente.”
“¿De
verdad?”
“Aunque
antes solían usar muchas más ilustraciones ridículas.”
Caleb
dio un sorbo a su té mientras examinaba detalladamente la portada. Resultaba
fascinante ver cómo todo había quedado plasmado con tanta precisión: desde cómo
Jade le había rodeado la cintura hasta el instante en que unieron sus labios.
Caleb apartó el periódico a un lado, mientras Jade, sentado enfrente, vacilaba
un momento antes de atreverse a decir algo.
“Si
tienes algo que decir, dilo, Jade.”
“Se
trata de tu madre.”
“Mi
madre…….”
“Sí,
hace tiempo que dio a luz al niño.”
“Si
es así, ¿no se supone que ya debería haber muerto?”
“Gracias
a que la princesa consideró tus circunstancias, todavía sigue con vida.”
Ante
esas palabras, Caleb esbozó una fría y burlona sonrisa.
“Hizo
mal en andarse con consideraciones innecesarias.”
“Caleb,
el niño……”
“¿A
quién se parece?”
“¿Qué?”
“Que
a quién se parece el niño.”
“¿Quieres
ir a verlo tú mismo?”
Caleb
se quedó mirándolo en silencio antes de terminar asentiendo con la cabeza.
“……De
acuerdo.”
Tras
esa charla, ambos comenzaron los preparativos para dirigirse al palacio de la
princesa, donde se encontraba la excondesa. Al terminar de arreglarse la ropa y
peinarse con pulcritud, el mediodía ya había quedado atrás. Aunque Caleb estaba
convencido de que su corazón no se tambalearía ni un ápice al ver a su madre,
Jade parecía pensar de otro modo, probablemente temeroso de que el lamentable
estado en el que ella se encontraba terminara ablandándolo.
“No
hay posibilidad de que mis sentimientos cambien.”
“En
cuanto a tu madre, supongo que no. Pero el niño……”
“Ya
veremos eso cuando llegue el momento.”
Caleb
evitó dar una respuesta clara respecto al pequeño. En esta ocasión, se
desplazaron en automóvil. Durante el trayecto, aprovechó para reclamarle a Jade
lo complicado que le había resultado no poder conducir un vehículo durante la
misión y verse obligado a capturar un rehén.
“¿Tienes
idea de lo molesto que fue para mí? Si me lo hubieras advertido desde antes, me
habría evitado todo ese problema.”
“……Eso,
supongo que fue culpa mía.”
“Exacto.”
Al
ver que Jade admitía su error con tanta docilidad, Caleb soltó un bufido
desganado, sin encontrarle gracia al asunto, y se limitó a observar cómo
conducía. El automóvil avanzó hasta adentrarse en el recinto del palacio. Como
ya le habían avisado previamente a la princesa, cruzaron la primera puerta sin
contratiempos y no tardaron en llegar frente al palacio privado de esta.
“Sean
bienvenidos.”
“No
venimos a ver a la princesa, sino a otra persona.”
“Ya
fuimos notificados de antemano. Por favor, síganme por aquí.”
El
cortesano los condujo por los pasillos hasta la habitación donde se encontraba
la excondesa. A medida que se aproximaban, se diría que la temperatura
ambiental iba descendiendo de forma perceptible. Poco a poco, comenzó a
escucharse el eco de unos sollozos. Caleb sintió que el ánimo se le
ensombrecía; y con seguridad, aquello no se debía únicamente al llanto.
“Fui
yo quien volvió a parir a un demonio.”
Las
palabras que se colaban entre los lamentos eran indudablemente de esa clase. Al
ver la expresión de preocupación en el rostro de Jade, Caleb torció los labios
en una mueca a modo de sonrisa. El eunuco a cargo hizo una reverencia
silenciosa y procedió a abrir la puerta. Caleb dio un paso al frente por su
cuenta y cruzó el umbral. Y allí se encontró con su madre, reducida al estado
de una mujer desquiciada.
“Cuánto
tiempo sin verla, madre.”
Aquella
imagen de paloma delicada y distinguida había desaparecido por completo; ahora
lucía con el cabello revuelto y enmarañado mientras lo miraba fijamente con los
ojos desorbitados de terror.
“¡Aaaah!”
Nada
más verlo, la excondesa soltó un grito desgarrador y se encogió acurrucándose
en una esquina de la cama.
“¡El
demonio ha venido! ¡El demonio ha venido!”
A
continuación, prosiguió murmurando frases inconexas sin parar.
“¡¿Cómo
es posible que esa criatura tan pequeña ya haya crecido tanto?!”
Ante
aquel comportamiento totalmente enajenado, Caleb no soltó un suspiro, sino una
ligera sonrisa. Al verla, ella volvió a pegar un grito despavorido. Los
sirvientes se apresuraron a sujetarla de las extremidades para intentar
calmarla mientras le decían:
“¡Es
su segundo hijo!”
“¡Por
favor, entre en razón!”
“¿M-Mi
segundo hijo?”
Al
escuchar aquello, un brillo de lucidez cruzó fugazmente los ojos de la
excondesa. E impulsada por una fuerza que parecía imposible para una mujer en
su condición, se abalanzó directamente hacia él. De no ser porque los
cortesanos que la sujetaban de brazos y piernas se arrastraron por el suelo
resistiendo con todas sus fuerzas, las uñas de la mujer le habrían arañado el
rostro a Caleb sin duda alguna.
“¡M-Maldito
seas! ¡Maldito seas por destruir a nuestra familia!”
“Si
es así, ¿cómo cree que debería haber actuado con nuestra familia?”
“¡Tú...
tú lo arruinaste todo! ¡Jamás debí haberte parido!”
“Pues
debió haberme ahorrado el nacer, entonces.”
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Le
respondió Caleb con voz gélida.
“Si
hubiera hecho eso, al menos nos habríamos evitado tanto sufrimiento.”
Ante
tales palabras, el cuerpo de la mujer se quedó completamente rígido.
Capítulo 47
“Tú
y yo nos habríamos ahorrado tanto sufrimiento.”
Caleb
dijo aquello con total serenidad. Hablando con franqueza, no era una charla
destinada exclusivamente a su madre. Su padre, fallecido mucho tiempo atrás,
también debería haber escuchado esas palabras. Sin embargo, la única persona
que quedaba con vida era ella.
“Si
hubiera sabido al nacer que terminaría encerrado en ese sótano, si hubiera
tenido idea de lo helado que llegaba a ser, jamás habría deseado nacer. Para
empezar, vine al mundo sin haberlo pedido.”
“……Yo,
yo.”
La
condesa movía los labios con torpeza.
“¡Yo
jamás elegí tenerte……!”
“Fueron
ustedes los eligieron darme la vida. ¿Acaso me presenté en su vientre para
susurrarles como un demonio que me parieran?”
Ante
esas palabras, la boca de la condesa quedó firmemente sellada. Aunque abrió y
cerró los labios varias veces como si quisiera replicar, terminó emitiendo
sonidos carentes de todo sentido.
“No,
no fue así…….”
“Fueron
ustedes quienes decidieron tenerme, y también quienes me arrojaron a ese
calabozo subterráneo. Todas esas elecciones fueron suyas, y este es el precio
que deben pagar. Asúmanlo sin más. Todo esto es el karma que ustedes mismos
acarrearon sobre sus hombros.”
“…….”
Al
oírlo, la condesa lució completamente desprovista de alma. Claro, era un hijo
que ella misma había decidido traer al mundo. Por mucho que hubiera llegado a
aborrecer al segundo, la verdad era que había optado por tenerlo. ¿Cómo había
reaccionado la primera vez que supo de su existencia? Su esposo le había besado
la mejilla y su primogénito le había entregado un ramo de flores para
felicitarla. Sí, en aquel entonces se sintió dichosa. Pero, ¿en qué momento
exacto el segundo hijo se había convertido en una maldición? ¿Cuándo fue?
“Me
alegré... Me alegré de verdad la primera vez que supo que venías en camino.”
“¿De
qué sirve remover eso ahora?”
Caleb
respondió con frialdad, como si hablara con una total desconocida.
“……Cuando
me enteré de que estabas en mi vientre, me puse genuinamente feliz, Caleb.”
“…….”
“Entonces,
¿por qué, por qué, cómo fue que……!”
¡Aaaah!
La condesa comenzó a gritar de nuevo y los sirvientes se abalanzaron sobre
ella. Considerando que aquella conversación ya no tenía el menor valor, Caleb
dio media vuelta y salió de la habitación. Jade pensaba que de aquel
intercambio brotaba un frío glacial. Caleb había arrancado por completo todo
afecto hacia su familia; solo así se explicaban las palabras que acababa de
pronunciar. Aunque para Jade era un sentimiento imposible de comprender, lo
único que deseaba era arroparlo y protegerlo.
“¿Quieres
ir a ver al niño?”
“Sí.
Ese era el propósito de venir aquí.”
Dejando
atrás el dormitorio donde resonaban los gritos, los cortesanos comenzaron a
guiar a ambos hacia la estancia donde se encontraba el pequeño. La habitación
destinada al bebé era pequeña pero acogedora, y contaba con una nodriza
competente a su cargo.
“Caleb,
se parece a ti.”
Y,
para su sorpresa, el pequeño lucía idénticos ojos verdes y cabellos oscuros
como los de Caleb. Al verlo, Caleb abrió los ojos de par en par por un instante
antes de extender lentamente los brazos hacia la criatura. Demasiado pequeño
aún, el infante mantenía las manitas cerradas en puños mientras los observaba
con unos ojos de un verde nítido que recordaban fielmente a los de Caleb. Al
tomarlo en brazos, el peso le pareció ligero pero firme. Mirándolo fijamente,
Caleb pronunció:
“Llevémoslo
con nosotros.”
“Sí.
Al fin y al cabo, la princesa ya nos ha dado su autorización.”
“Gracias
por haberlo hablado con ella de antemano.”
“No
hay de qué.”
De
ese modo, ambos abandonaron el palacio llevando consigo únicamente a un niño en
brazos. Y poco después, comenzaron a circular rumores de que una mujer de la
nobleza había sido enviada a un lejano destierro desde el recinto real. A Caleb
le importaba poco lo que ocurriera con ella, pero era evidente que Jade había
intervenido. Seguramente quería aligerarle cualquier posible carga a Caleb
hasta el último momento. Aunque este ya se había despojado de todo sentimiento
filial, al constatar que Jade seguía velando por su bienestar, optó por guardar
silencio.
Al
fin y al cabo, no volvería a ver jamás a su madre.
*
* *
El
día a día en la casa de los Damian tras el regreso de Caleb transcurría mucho
más atareado de lo que habían imaginado. En ese momento, Caleb se encontraba
disfrutando de su permiso militar, el cual aprovechaba para aprender de la
marquesa cómo se administraban los asuntos de la familia. Al principio se había
negado a ocuparse de ello, pero una vez que empezó a instruirse, descubrió que
era capaz de asimilarlo todo con rapidez. Lo único que le preocupaba era la
tarea de elegir la decoración para los banquetes en su rol de anfitrión,
aunque, para su sorpresa, el gusto de Caleb —que muchos habrían catalogado de
anticuado— resultó ser lo suficientemente refinado como para ganarse la
aprobación de la marquesa.
“Siempre
he pensado que los gustos de mis padres eran demasiado conservadores.”
“¿De
verdad?”
“¿Qué
motivos tendría ahora para mentirle?”
Ninguno
de los dos había contribuido en nada a la formación de su propio criterio
estético.
Fuera
de las horas de instrucción con la marquesa, solía pasar el tiempo al lado del
niño. Aunque en realidad se limitaba a sentarse a leer junto a la cuna mientras
la nodriza de la familia se encargaba de los cuidados, aquello bastaba y
sobraba para que el pequeño fuera reconociendo su rostro. Y aún quedaba
pendiente lo más importante de todo.
“¿Todavía
no se han decidido por un nombre para el niño?”
Le
preguntó la marquesa a ambos.
“Es
que elegir un nombre es sumamente difícil, madre.”
Se
quejó Jade con fingida exageración, dirigiéndose a la marquesa. Ella asintió
comprensiva; a fin de cuentas, cuando una queja tiene fundamento, deja de ser
un simple drama. Tras meditarlo unos instantes, la marquesa dirigió la mirada
hacia Caleb, quien permanecía leyendo a su lado con el ceño ligeramente
fruncido, dando muestras de estar plenamente concentrado en su libro.
“Caleb,
¿a ti no se te ocurre nada?”
“……La
verdad es que no tengo ningún talento para esas cosas.”
Caleb
contempló al bebé en silencio. Le invadía una ligera inquietud al pensar qué
pasaría si el niño terminaba heredando no solo sus facciones, sino también su
áspera personalidad. Seguramente Jade tendría que batallar bastante con él. Por
esa razón, tras sopesar sus palabras por un momento, Caleb abrió la boca:
“Dylan.”
“¿Dylan?”
“Sí.”
“Dylan…….
No suena mal. Haré que crezca rodeado de mucho amor.”
Dijo
la marquesa mientras tomaba al niño en brazos. Su voz rebosaba de un cariño
genuino. Aunque no era descendiente directo de su propia sangre, lo mecía con
tanta suavidad como si se tratara de un nieto legítimo, acariciando con ternura
sus mejillas blanditas.
“Dylan
Damian. No está mal. Quedémonos con ese nombre para el niño, entonces.”
“¿De
verdad les parece bien?”
Preguntó
Caleb con un dejo de duda, pero Jade y la marquesa asintieron al unísono con
total naturalidad.
“Al
fin y al cabo, lo has elegido tú.”
“¡Claro,
si lo has elegido tú!”
Así
que por supuesto que está bien. Le respondieron ambos con una sonrisa radiante,
dejando a Caleb un tanto desconcertado antes de terminar asintiendo con la
cabeza. De ese modo, el niño pasó a llamarse Dylan. Un niño destinado a ser
amado. Alguien que, a diferencia de él, crecería recibiendo todo el afecto
posible dentro de aquella familia.
*
* *
Pensar
que traer al niño consigo significaría el final de sus preocupaciones era un
error; al contrario, aquello apenas marcaba el comienzo de todo. Ahora empezaba
a comprender por qué la princesa le había concedido un permiso tan prolongado:
la razón era evidente.
“¡Tenemos
que preparar la boda de ambos!”
Había
perdido la cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que mencionaron por
primera vez la ceremonia nupcial. Mientras Caleb se mostraba displicente con un
simple «ah», la marquesa lucía una expresión de suma gravedad. Prometidos
formalmente pero sin una boda celebrada... no había asunto más alarmante que
ese en la alta sociedad. Podía dar pie a que los demás asumieran que el
compromiso terminaría rompiéndose.
“Por
más que hayas cosechado grandes méritos en esta última campaña y obtenido un
ascenso, hay mucha gente rondando y codiciando el lado de Jade, querida nuera.”
“Nuera...
¿perdón?”
Caleb
intentó replicar ante semejante título, uno al que su mente se negaba a
habituarse, pero la marquesa ni siquiera se dignó a soltar una risa burlona.
“Por
eso debemos celebrar la boda sin más demora. ¿Entendido?”
“Por
el momento... entendido.”
Ante
la insistencia de la marquesa, a Caleb no le quedó más remedio que asentir con
la cabeza. A partir de esa misma jornada, los preparativos para la boda se
convirtieron en su nueva rutina: desde el diseño de las tenidas formales y la
decoración de la sala de recepciones hasta la selección de los obsequios para
los invitados y la redacción de las invitaciones. No había un solo detalle que
escapara al trabajo humano. Menos mal que su propia familia se había arruinado
por completo y no había parientes de su lado exigiendo nada; de lo contrario,
la lista de pendientes habría sido interminable.
“Es
la segunda vez en mi vida que me alegro de que mi familia se haya arruinado.”
“Decir
que te alegras de la ruina de tu propia casa... vaya comentarios te mandas.”
Por
entonces, Caleb ya compartía habitación con Jade de manera natural. Por
supuesto, todavía no habían llegado a intimar de esa forma. Jade estaba
ejerciendo la mayor paciencia de su vida para no forzarlo, recordando que había
sufrido heridas de consideración en el frente. Si bien sus lesiones ya estaban
completamente sanadas, Caleb optaba por dejar las cosas como estaban, intrigado
por ver hasta dónde llegaría la resistencia de su prometido.
“Mañana
toca volver a elegir las flores frescas para el salón de bodas.”
“Las
flores son todas iguales, ¿a santo de qué hay que ponerse a elegir semejantes
nimiedades?”
“Calma,
Caleb. Las flores no son todas iguales.”
Jade
lo atrajo hacia su pecho y cerró los ojos. Caleb dejó escapar un suspiro quedo
y asentía a regañadientes. El calor corporal de Jade y el ritmo constante de
sus latidos acababan por arrastrarlo lentamente hacia el sueño.
Despertarse
en sus brazos significaba descubrir que la mañana ya se había instalado por
completo. Mientras Jade se ponía de pie con agilidad para mudarse de ropa, él
apenas abría los ojos con pesadez para incorporarse. Resultaba insólito. En
medio de las operaciones militares, su mente operaba siempre con los sentidos
al límite, capaz de despertar incluso ante el más leve crujir de un insecto en
la hierba.
“Ni
se te ocurra pensar en meterte al ejército.”
“¿Por
qué demonios iba a alistarme? Si por mí fuera, te sacaría de ahí a ti también
ahora mismo.”
“No
tengo intención de renunciar por un buen tiempo.”
“……Supongo
que sí. Porque consideras que solo así podrás llevar mi apellido con la frente
en alto a mi lado. Pero Caleb, ya te lo he dicho mil veces: a mí me da igual
que estés arruinado o que no tengas una sola moneda.”
“Por
eso mismo no me gusta, Jade.”
Caleb
se levantó de la cama, se aseó con rapidez, se secó el cuerpo y se cambió de
ropa. Ya entrada la mañana, tras convocar a los proveedores al salón de
recepción tal como la marquesa exigía, se vio obligado a acompañarla a elegir
los arreglos florales y las telas destinadas al banquete. Después de haber
tenido que escoger los tejidos y las joyas para los trajes de ceremonia, le
tocaba el turno a la ambientación integral del salón. Esa fase del proceso
prometía ser una auténtica batalla campal.
“Pienso
mandar a reemplazar todas las lámparas de araña. Ya están un poco pasadas de
moda; toca renovarlas.”
“¿No
hace ni un año que instalaron esas arañas de cristal?”
“Cierto,
es verdad. Aunque ya cumplieron su ciclo.”
“……”
Ante
la réplica de Jade, Caleb optó por guardar silencio. Madre e hijo compartían
una misma alteración congénita en el sentido de la proporción económica. Solo
el salón principal donde se llevaría a cabo la ceremonia contaba con ocho
gigantescas lámparas de araña. Resultaba imposible calcular la fortuna que
costaría cambiarlas todas juntas, pero al ver que se apañaban solos, decidió no
intervenir y dejarles hacer. Al final, ambos se ponían de acuerdo con una
sincronía pasmosa para despilfarrar el patrimonio. Había momentos en los que se
preguntaba si el marqués estaba al tanto de semejantes disparates.
“Propongo
esta araña de cristales para la entrada, madre.”
“No
me digas que te gusta, si eso es demasiado anticuado.”
“No
es anticuado, se le dice clásico. Y encaja bastante bien con la imagen de
Caleb.”
“La
gente no se detiene a mirar el techo, hijo mío; se quedan con los destellos y
el brillo. Por lo tanto, esta otra opción resulta mucho más adecuada.”
“Tampoco
está mal, ¿pero no te parece que brilla demasiado?”
“¿Y
qué importa? Si de todos modos van a criticarnos por gastar dinero a manos
llenas en cada detalle, ¿no fuiste tú mismo el que dijo que debíamos mostrarles
una opulencia inalcanzable?”
“Bueno,
en eso tienes razón.”
Incapaz
de seguirles el ritmo en esa clase de discusiones, Caleb prefirió mantener la
boca cerrada y se limitó a beber su té a grandes sorpresas.
Tras
un largo debate, la marquesa y su hijo parecieron llegar a un consenso y despidieron
a los asesores. Caleb los contempló con la mirada vacía, experimentando un
desgaste mental muy superior al de cualquier refriega militar. Tenía la
sensación de que hasta sus propios rostros brillaban de satisfacción tras el
derroche.
“Gastar
dinero a lo grande después de tanto tiempo sienta de maravilla.”
Comentó
la marquesa, y Jade asintió con la cabeza.
Claro, tu idéntico comportamiento de la misma manera.
Caleb
soltó una risa seca y exhaló un suspiro mental. Desde luego, sabía de sobra que
la fortuna de aquella casa era tan inagotable que semejantes gastos no harían
mella alguna, pero con la mentalidad austera con la que había crecido, cada una
de esas cifras seguía provocándole un vuelco en el estómago.
“Caleb,
¿subimos a descansar un rato?”
“Estoy
bien.”
Caleb
se levantó del asiento. Jade se encargó de asistir a la marquesa, mientras
Caleb hacía un esfuerzo consciente por caminar con paso firme, intentando
aplacar el mareo que le producían las sumas astronómicas que acababan de
discutirse. Sin embargo, aquel aturdimiento duró poco. Con el correr de los
días, terminó acostumbrándose a la peculiar escala de valores económicos de la
familia, y así, la fecha de la boda se fue aproximando de manera inexorable.
El
público en general también aguardaba el enlace con enorme expectación. Los
miembros de la vieja aristocracia empezaban a inclinar la cabeza ante la nueva
nobleza, integrándose de forma paulatina en los círculos del poder, y un
matrimonio entre ambas facciones —por mucho que uno de los bandos hubiera
quedado reducido a cenizas— se perfilaba como el puente definitivo, por lo que
todo el mundo se moría por asistir. De hecho, la marquesa deseaba que la unión
de ambos quedara registrada ante una multitud de testigos como el símbolo
perpetuo de su futuro en común.
“Cuánto
tiempo llevaban esperando este momento los dos, ¿verdad?”
“Así
es.”
“……”
Caleb
se limitó a dar otro sorbo prudente a su té, considerando que contradecirla en
ese punto resultaría innecesariamente incómodo. Para ser honestos, jamás se
imaginó que su relación con Jade llegaría tan lejos como para formalizar un
matrimonio. Aunque con el tiempo había terminado aceptando esos sentimientos,
el camino recorrido hasta ese punto había estado plagado de demasiados
obstáculos.
“Les
organizaremos la boda perfecta.”
“Sí,
madre.”
“Cariño,
tampoco exageres tanto.”
Intervino
el marqués con suavidad desde su lugar en la mesa, pero la marquesa fingió no
escucharlo y continuó expresando su entusiasmo con total desparpajo. Al ver la
inusual alegría que iluminaba el rostro de su esposa, el marqués terminó
rindiéndose con una sonrisa indulgente. Al final parecía que los hombres de
aquella familia estaban irremediablemente perdidos frente a sus respectivas
parejas.
Con
el paso de las jornadas, llegó finalmente el día señalado, precedido por el
reparto de las invitaciones exclusivas. El acontecimiento acaparó las portadas
de los diarios y se convirtió en el tema de conversación predilecto de la
sociedad entera, superando en atención a cualquier otro enlace recordado.
“¡Casarse
con el prometido que acaba de regresar sano y salvo del frente! ¡Qué clase de
romance es este!”
“¿No
dicen que su historia parece sacada de una novela? ¡Un romance prohibido entre
familias enemigas!”
La
crónica de su historia de amor ya circulaba de boca en boca entre la plebe con
tintes novelescos. Al indagar sobre el origen de tales rumores, descubrieron
que el responsable era el mismo periodista que había capturado la famosa
fotografía el día del recibimiento; como a Jade le pareció que la publicidad no
era del todo perjudicial, optó por dejarlo correr. Aunque sospechaba que a
Caleb no le haría ninguna gracia enterarse, se consolaba pensando que bastaba
con mantenerlo en secreto. A fin de cuentas, Caleb solía prestarle poca
atención a los chismes del vulgo, incluso ahora que él mismo formaba parte de
los ciudadanos comunes.
“¿Qué
estás leyendo?”
El
impreso que ojeaba en ese instante era un suplemento editorial frecuentado por
la aristocracia. Caleb apartó el papel a un lado y le propinó un beso rápido en
los labios a Jade. Con el tiempo, había terminado familiarizándose con ese tipo
de muestras de afecto espontáneas, mientras que Jade sentía una punzada de
intensa emoción cada vez que ocurría, como si estuviera domesticando a una
fiera salvaje que se resistía a ceder del todo. Aunque por dentro procuraba
disimularlo, Caleb notaba perfectamente lo delatador que era su semblante.
Devolviéndole una sonrisa socarrona, le espetó:
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“Más
te vale concentrarte. Hoy es el gran día de la boda.”
“Cuento
contigo, mi fiar. Misma promesa.”
Caleb
no pudo evitar sonreír ante el comentario.
Acto
seguido, ambos se retiraron a sus respectivas habitaciones para someterse al
riguroso protocolo previo: baños de inmersión con aceites aromáticos, manicura
y una sesión de cuidado estético que dejó su piel con un brillo pulido. Tras
secar y peinar el cabello hacia atrás con fijador, se afeitaron con esmero y
aplicaron un sutil maquillaje. La elección de Caleb fue un traje formal de
color negro, mientras que Jade optó por uno totalmente blanco; la sugerencia de
mantener gamas separadas en lugar de vestir iguales había partido de la
marquesa.
“¿No
les parece que ir idénticos resultaría aburrido?”
Les
había dicho la marquesa, señalándole a Caleb que, dado que su hijo vestía de
blanco, a él le correspondía el negro. Luego, acariciándole los oscuros
mechones de cabello, añadió:
“El
tono oscuro hará resaltar tu pelo mejor que cualquier otra cosa.”
Seguramente
lo había dicho sabiendo que los cabellos oscuros habían sido motivo de
complejas inseguridades para él en el pasado. Era una familia
desconcertantemente perceptiva; adivinaban detalles de su vida de los que jamás
había hablado en voz alta. Pero incorporarse a un clan semejante había sido una
decisión que el propio Caleb había tomado por voluntad propia.
“Supongo
que tendré que estar a la altura.”
“¡Vaya,
por favor, no mueva los labios!”
“……”
Caleb
se vio obligado a mantener la boca cerrada mientras una sustancia de brillo
sutil se deslizaba sobre sus labios. Aunque aquella clase de protocolos le
resultaban asfixiantes, había decidido armarse de paciencia, asumiendo que eran
trámites ineludibles al integrarse de lleno en la alta sociedad. Tras terminar
los preparativos, se dirigió a la antesala designada para los novios, mientras
Jade ocupaba el recinto contiguo.
En
el interior de su habitación, Jade caminaba de un lado a otro incapaz de
permanecer sentado, devorado por la preocupación de que Caleb decidiera no
presentarse a tiempo. Al ver su desesperación, uno de los ayudantes le preguntó
con ironía:
“¿A
acaso teme que el alféizar Caleb decida escapar a último minuto?”
“¡¿Y
si de repente se arrepiente y decide que ya no quiere casarse conmigo?!”
“Por
los cielos, tranquilícese. No va a pasar nada de eso, así que haga el favor de
sentarse. Y no se toque el peinado, que va a arruinarse el arreglo.”
“¡Sé
perfectamente que Caleb no es una persona irresponsable, pero aun así……!”
“¡Disculpen
la interrupción, pero ha llegado el momento de que el señor Jade haga su
entrada en el salón!”
Anunció
de pronto una de las sirvientas, abriendo la puerta de par en par con urgencia.
Capítulo 48
El
salón estaba repleto de aristócratas. Los invitados, ataviados con esmero para
la ocasión, aguardaban la llegada de los novios.
“Quién
iba a decir que esos dos de verdad se casarían.”
“Y
pensar que el segundón de la familia ‘Enders’ lograría semejantes méritos en el
campo de batalla.”
“Chis,
querida. Cuidado con quién escucha.”
A
pesar de las palabras susurradas, las miradas de los presentes quedaban
cautivadas por el esplendor del salón. Era difícil hallar un recinto de
semejantes proporciones en cualquier otra parte, lo cual evidenciaba el empeño
absoluto que la casa Damian había invertido en aquel enlace. Puesto que tal
despliegue reflejaba la cálida acogida que la familia brindaba a Caleb Enders
—o mejor dicho, al recién ascendido subteniente Caleb—, nadie tenía intención
de granjearse la enemistad de los recién casados.
“¡Entra
el estimado señor Jade Damian!”
En
ese instante, las fanfarrias rompieron el silencio y la música comenzó a sonar.
Jade Damian, enfundado en un impecable traje blanco, comenzó a avanzar por el
pasillo. Al contemplar su físico más fornido y su rostro despejado, los
asistentes no pudieron evitar expresar expresiones de pesar, en especial los
miembros de aquellas familias que contaban con omegas o hijas en edad de
casarse. Pero no había nada que hacer; aquel hombre ya tenía dueño.
Con
un semblante extrañamente tenso, Jade recorrió el camino nupcial hasta
detenerse frente al sacerdote que oficiaría la ceremonia. Al reparar en la
expresión que el novio llevaba puesta, el religioso sonrió con indulgencia y le
murmuró:
“Se
nota que aprecias muchísimo a tu pareja.”
“……Temo
que decida escapar incluso en este preciso instante.”
“Vaya,
qué poca fe le tienes.”
“Que
una figura eclesiástica me diga eso no hace más que asustarme.”
El
oficiante esbozó una leve sonrisa y, de inmediato, las trompetas volvieron a
estallar. Por la puerta abierta hizo su aparición la figura de Caleb, ataviado
con un traje formal negro. En cuanto distinguió su silueta, el rostro rígido de
Jade se transformó por completo en un parpadeo. La fuerte tensión dio paso a
una sonrisa radiante y sus ojos se arquearon con suavidad. Al ver cómo
brillaban aquellas pupilas doradas, Caleb soltó una risa seca. ¿Qué clase de
reacción era esa? ¿Acaso seguía temiendo que saliera huyendo? Desconocedor de
la angustia que Jade venía arrastrando, Caleb avanzó con paso firme por la
alfombra roja hasta situarse a su lado. Los trajes blanco y negro contrastaban
a la perfección, evidenciando que ambos formaban una pareja inseparable. Aunque
algunos invitados observaban con recelo la estampa de dos alfas juntos, al
tratarse de un vínculo validado por ellos mismos, ya nadie tenía objeción
alguna que hacer.
“Las
personas aquí presentes se han reunido para consagrar su amor eterno”, proclamó
el oficiante.
“Sí.”
“Sí.”
Respondieron
Caleb y Jade ante la sonrisa complacida del sacerdote. A diferencia de la
inquietud perpetua de Jade, Caleb miraba al frente con una firmeza
inquebrantable, tal vez impulsado por su temple militar o quizá debido a la
certeza de que Jade Damian le pertenecía por completo.
“¿Juran
amarse apasionadamente el uno al otro y permanecer unidos hasta el final de sus
días?”
Ante
la pregunta, Jade replicó con la voz quebrada por la emoción:
“Lo
juro.”
Caleb
desvió la mirada al percibir la atención de su prometido, encontrándose con
unos ojos dorados que titilaban intensamente. Al verse reflejado en aquella
mirada, Caleb volvió a soltar una risa divertida. ¿De verdad había llegado a
pensar que lo rechazaría allí mismo? Tenía el aspecto de un cachorro empapado
por la lluvia, y todo en medio de una ceremonia de bodas.
“Lo
juro.”
Apenas
Caleb pronunció el juramento, el rostro de Jade se iluminó todavía más. Al
escuchar la respuesta, el oficiante continuó:
“Procederemos
con el intercambio de anillos.”
Los
allegados más cercanos —en el caso de Caleb, al carecer de vínculos familiares,
suplidos por los amigos de Jade— se acercaron para hacer entrega de las
sortijas. Con los dedos temblando a causa de la emoción, Jade tomó el anillo
con incrustaciones de diamante y lo deslizó con sumo cuidado en el dedo de
Caleb. Aquel temblor en las manos denotaba una devoción abrumadora. Por su
parte, Caleb apresuró el gesto para colocarle el suyo a Jade, consciente de
que, de tardar un segundo más, aquel hombre iba a romper a llorar ahí mismo.
Tras alternar la mirada entre su propio dedo y el de Caleb, Jade soltó el labio
inferior que mordía con fuerza y sonrió con total plenitud.
“……”
Caleb
se quedó absorto ante aquella sonrisa por un instante. Pensó que así era
exactamente como sonreía un ser humano al experimentar la felicidad absoluta.
Jade Damian, ese maldito que siempre conseguía hacerle experimentar las
primicias de todo. Al final, a Caleb no le quedó más remedio que devolverle el
gesto. Sonreír le resultaba extraño —estirar las comisuras de los labios y
arquear la mirada en una expresión genuina y exenta de hostilidad era algo
completamente nuevo para él—, pero descubrió que la sensación no era nada
desagradable.
“Y
ahora, el beso de compromiso…… Vaya, parece que no será necesario.”
Antes
de que el oficiante terminara de hablar, Jade ya había tomado a Caleb de la
cintura para besarlo en los labios. Caleb le rodeó el cuello con los brazos y
le correspondió sin vacilar. Maldito Jade. Aquel hombre que lo había ansiado
sin descanso. Caleb sabía perfectamente que gracias a esa obstinación había
logrado llegar hasta allí. ¿Cómo no iba a amarlo? ¿Cómo no encariñarse con alguien
que lo había rescatado del calabozo para inundar su vida de afecto?
“Te
amo, Caleb.”
Le
susurró Jade al separarse ligeramente.
“……Te
amo, Jade.”
Respondió
Caleb. Incapaz de contener la marea de emociones que le abarrotaba el pecho,
Jade lo alzó en brazos de inmediato. Aunque Caleb le propinó un golpe en el
hombro exigiendo que lo bajara por haber perdido la cabeza, la sonrisa radiante
con la que lo sostenía firmemente por los muslos era tan sincera que nadie se
atrevió a afearle la conducta; a fin de cuentas, nadie osaría cuestionar la
dicha de un novio en el día de su enlace. Tras depositarlo suavemente en el
suelo, Jade le besó la mejilla y le entrelazó la mano. Caleb exhaló un suspiro
resignado, aunque no pudo evitar dejar escapar una sonrisa cómplice.
De
la mano de su esposo, Jade dirigió la vista hacia los invitados, quienes
respondieron rompiendo en un estruendoso aplauso en honor a la nueva pareja.
Ambos se miraron una vez más antes de que el oficiante exclamara con una
sonrisa satisfecha:
“¡Que
los novios abandonen el recinto!”
Siguiendo
el mismo camino por el que habían entrado, los dos enfilaron la salida mientras
los aristócratas los seguían con la mirada hasta el automóvil dispuesto en el
exterior. El vehículo, adornado de extremo a extremo con flores frescas y
cintas, distaba mucho de encajar con las preferencias de Caleb, pero en
comparación con una carroza nupcial tradicional resultaba un medio de
transporte razonable, así que decidió pasarlo por alto. En esta ocasión, fue
Caleb quien tomó el asiento del conductor. Con el rostro lleno de aprensión,
Jade le advirtió:
“Caleb,
recuerda hacer exactamente lo que te enseñé el otro día……”
“Cállate.
Ya lo recuerdo.”
¡Rrr-bruuum!
“¡Caleb!”
“¡Que
te calles!”
Los
asistentes se quedaron perplejos al ver cómo el automóvil arrancaba de golpe y
se ponía en marcha a toda velocidad. Aunque había aprendido nociones básicas
sobre la conducción gracias a Jade, manejar seguía resultándole una actividad
poco familiar. Lo mismo ocurría con su nueva condición de esposo avanzando
junto a él. Sin embargo, al igual que aquel coche que avanzaba a tirones entre
frenazos y arrancadas, tenía la firme creencia de que, si permanecían unidos,
serían capaces de superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.
*
* *
Los
dos regresaron a la mansión en coche. Al menos tenían que emprender su viaje de
luna de miel. En condiciones normales, se suponía que él mismo debía conducir
hasta el destino, pero tras recorrer ese breve tramo al volante, Caleb tuvo que
admitir una realidad: para él, conducir equivalía a someterse a una prueba
masiva de paciencia. Dudar no dudaba, el problema era la paciencia descomunal
que requería.
“Mejor
cambiemos a un carruaje, Caleb. De todos modos llevamos muchísimo equipaje y……”
“……Está
bien.”
Caleb
terminó cediendo y descendió del vehículo. Mientras ambos bajaban tambaleándose
un poco, los sirvientes de la residencia se apresuraron a conducirlos a sus
habitaciones respectivas para que se mudaran a ropa cómoda y acomodaran el
bulto de equipaje en una diligencia con tres o cuatro compartimentos. Al
parecer, ya se esperaban semejante desenlace.
“¿Se
lo olía tu madre?”
“Supongo
que, al verme conducir contigo al lado, ya se imaginaba que terminaríamos así.”
“……”
Caleb
guardó silencio, plenamente consciente de que sus habilidades al volante eran
lamentables. Aun así, para ser un primer intento en tan poco tiempo, no lo
había hecho tan mal. O eso pensaba cuando el carruaje se puso en movimiento.
“¿Dijiste
que nuestro destino es Mertzen?”
“Sí,
un feudo costero a dos semanas de viaje de aquí.”
“El
mar……”
Caleb
jamás había visto el mar en persona. Desconocía si sus padres o Eivan lo
habrían presenciado alguna vez, dado que solían viajar por distintas partes sin
incluirlo. No obstante, eso no significaba que ignorara lo que era el mar; para
eso estaban los libros, después de todo. Sin embargo, no albergaba grandes
expectativas. Al fin y al cabo, ¿qué podía ser sino un río gigantesco?
De
ese modo, el carruaje que transportaba a ambos emprendió su marcha.
La
travesía en carruaje durante dos semanas no resultó precisamente cómoda.
Cambiar de sitio para dormir cada noche no era lo ideal, y lidiar con los
constantes intentos de Jade por enredarse con él en la cama resultaba agotador.
Jade, por su parte, no parecía conforme.
“Ya
estamos casados, ¿por qué no?”
“No
quiero hacerlo en un lugar así.”
“Nos
estamos hospedando en los mejores mesones que encontramos a lo largo de los
pueblos.”
“Espera.
Hasta que lleguemos a la finca de tu familia.”
“……Ya
te veré yo después.”
“Verás
qué cosa.”
Caleb
soltó una risa seca y logró rechazar los ataques con una defensa impecable
durante esas dos semanas. Con el paso de los días, el carruaje se fue acercando
cada vez más a la propiedad. Y fue en ese preciso instante cuando Caleb contempló
el mar por primera vez.
“……”
A
lo largo del camino hacia la residencia, una vasta extensión de mar azulado se
abrió ante sus ojos. Un océano sin fin que se extendía sin barreras. Como el
día estaba despejado, la luz de un sol radiante hacía brillar la superficie del
agua. Caleb se petrificó por un instante, con la mirada cautivada por aquel
paisaje. Al ver su reacción, Jade esbozó una sonrisa nostálgica, se deslizó con
disimulo a su lado, le rodeó la cintura con el brazo y le besó la nuca.
“¿Te
gusta?”
“……Sí.”
“Desde
la finca se podrá ver el mar a la perfección.”
Tras
esas dos semanas de travesía, la pareja finalmente alcanzó la propiedad
vacacional de la casa Damian. Al notar su llegada, los sirvientes que ya habían
sido avisados con antelación comenzaron a moverse de un lado a otro con
presteza.
A
medida que el carruaje penetraba en los terrenos de la finca, los empleados
aguardaban alineados a ambos lados del camino.
“Sean
bienvenidos, jóvenes señores.”
Saludaron
los sirvientes haciendo una reverencia. Jade avanzó con naturalidad mientras le
comentaba:
“Pasaremos
un buen tiempo aquí, Caleb.”
“Eso
ya lo sé.”
“Si
algo te incomoda, dímelo de inmediato.”
“Como
si fuera a andar con timidez o a medir cada paso.”
“Bueno,
es verdad, ¿cuándo te ha importado eso?”
Comentó
Jade con una sonrisa socarrona mientras le rodeaba la cintura y lo atraía hacia
sí. Caleb le propinó un codazo displicente y apartó su mano con un resoplido.
Cuando
Caleb le preguntó a uno de los empleados más cercanos acerca de la habitación,
este hizo una profunda reverencia antes de guiarlos hacia su aposento, con Jade
pisándole los talones. Los sirvientes intercambiaron miradas de soslayo.
¿Parece que el joven señor vive bajo el pulgar de su esposo? Eso parece. Los
murmullos parecían flotar en el aire.
La
alcoba compartida contaba con una terraza colosal que ofrecía una perspectiva
directa del mar. El dormitorio era sumamente espacioso, y la cama tenía
dimensiones tales que cuatro o cinco personas habrían podido rodar en ella sin
estorbarse. Ignorando el lecho, Caleb caminó directamente hacia la terraza y se
asomó para abarcar con la mirada la inmensidad oceánica. Aqu aquello distaba
por completo de la idea de un simple río grande que se había formado en la
cabeza. Mientras contemplaba el horizonte con embeleso, sintió que Jade se le
acercaba por la espalda para ceñirle la cintura.
“Me
alegra ver que te gusta.”
“Tampoco
es que todo ese mar sea tuyo.”
“Pero
al menos los terrenos de enfrente me pertenecen por completo.”
“Vaya……”
Caleb
soltó una risa incrédula. Al verlo, Jade pareció perder lo poco que le quedaba
de paciencia, lo levantó en vilo y se dirigió directamente hacia la cama.
Había
aguantado lo indecible durante las últimas dos semanas. Tras despojarse de la
camisa, Jade abrió un cajón y extrajo un frasco de aceite aromático; todo
estaba perfectamente dispuesto. Caleb se reclinó sobre el colchón y observó la
escena con resignación.
“……Y
yo que creí que me ibas a dejar seguir viendo el mar.”
“El
mar lo puedes contemplar al despertar también.”
“Qué
bien hablas cuando te conviene.”
Jade
se encargó de quitarle los zapatos a Caleb y los calcetines largos que llevaba
debajo. Luego ascendió con paciencia por su cuerpo, desabotonando con calma el
chaleco, el chaleco y la camisa uno por uno. Al quedar al descubierto el torso
pálido como el marfil, tragó saliva con fuerza. Sus movimientos se detuvieron
de golpe al tropezar con la cicatriz que surcaba el hombro izquierdo de Caleb;
una marca que la ropa o las batas siempre se encargaban de ocultar, y de la que
Caleb solía apartar la vista a propósito.
Los
rastros de los disparos recibidos en el frente de batalla seguían marcados en
su piel. Jade posó los dedos sobre ellos y comenzó a acariciar la zona con
lentitud.
“Debió
de doler horrores.”
“No
digas obviedades.”
Caleb
emitió una risa breve y estiró los brazos hacia él, enlazando las manos
alrededor de su cuello para tirar de él con impaciencia, buscando el contacto
visual de forma imperativa.
“¿Vas
a seguir con eso o qué?”
“……Sí,
voy a seguir.”
“Más
te vale.”
Caleb
incorporó el torso, terminó de quitarse la camisa que tenía los botones
deshechos y se desabrochó el cinturón del pantalón. Jade hizo lo propio con el
suyo hasta quedar completamente desnudos. Bajo la clara luz del día, ambos cuerpos
masculinos se presionaron el uno contra el otro. Jade separó las piernas de
Caleb, se acomodó en medio y comenzó a lamerle pausadamente la garganta. Al
percatarse de que seguían sin asearse tras el viaje, Caleb intentó apartarlo un
instante, pero Jade, adivinando sus intenciones, entrelazó sus dedos con fuerza
contra el colchón.
“No
pasa nada.”
“……Me
incomoda.”
“Te
digo que no importa.”
“……”
Jade
le dejó una hilera de suaves marcas con los dientes en la nuca. Ante aquello,
Caleb mordió su propio labio inferior con sutileza y comenzó a acariciar el
cabello de Jade con lentitud. Jamás se habría imaginado que sentiría ternura al
ver a alguien marcar su piel de esa manera, por lo que la situación actual le
resultaba sumamente desconcertante.
“Caleb……”
Murmuró
Jade con la voz cargada de un suspiro. Sin embargo, Caleb sabía perfectamente
que aquel gesto no era más que otra forma de verificar su presencia. Con el fin
de reafirmarle que estaba allí, bajó la mano y aferró la erección que ya se
alzaba firme, comenzando a deslizar la mano de arriba abajo con lentitud.
“¡Ugh……”
Jade
apretó los dientes. Mientras seguía mordisqueando el cuello de Caleb, el
estímulo en su pene hizo que redoblara la fuerza con la que contenía el gesto.
Caleb exhaló un suspiro cálido y tembloroso, y Jade superpuso su mano sobre la
de él.
“Muévela
con más fuerza.”
A
petición de Jade, Caleb aceleró el movimiento de su mano. Jade volvió a
concentrarse en la nuca y comenzó a succionar los pezones de Caleb, que se
habían endurecido debido a la piel de gallina. El sonido de los chasquidos al
chupar se mezclaba con el roce rítmico de la mano en su pene. Pese a estar
recibiendo estímulos en el pecho, Caleb sintió cómo la sangre se precipitaba
hacia abajo, provocándole un cosquilleo insoportable en el otro pezón. Aquella
era la clase de placer que Jade había grabado a fuego en su cuerpo; sosteniendo
el pene con una mano, comenzó a rascar y masajear su otro pecho con la otra.
Al
percatarse, Jade esbozó una sonrisa sin soltar el pezón de sus labios.
“¿Te
pica por ahí?”
“Cállate……”
Murmuró
Caleb apretando los dientes, lo que impulsó a Jade a retirar su mano para
succionar con mayor ahínco el pezón contrario, mientras comenzaba a pellizcarlo
y retorcerlo con los dedos.
“¡Mnh,
ah……”
Caleb
dejó escapar un gemido ante aquel placer tan conocido. Jade respondió al
sonido, sintiendo cómo un líquido preseminal comenzaba a gotear profusamente
por la punta del pene que Caleb seguía batiendo. Con un sonido húmedo y
constante, cuando el orgasmo estuvo a punto de alcanzarlos, Jade apartó con
suavidad la mano de Caleb para rodear su erección con los dedos.
“¡ugh……”
“Caleb,
tócate los pezones tú mismo.”
“¿Qué
dices…… ¡Ah, ugh……”
Jade
abrió la boca de par en par e introdujo el pene rígido de Caleb en su interior.
Hundiendo el glande con soltura, empujó la columna entera directo hacia el
fondo de su garganta sin vacilar. Caleb arqueó la cintura y retorció las
piernas. Jade succionaba con tanta intensidad que sus mejillas se hundían,
provocando ruidos húmedos constantes, mientras Caleb se limitaba a pellizcar su
propio pecho para intensificar las sensaciones de la misma forma.
“¡Ah-ah,
mnh, mmmh……”
Tras
vaciarlo casi por completo en su garganta entre succiones profundas y dejar
escapar hilos de saliva, Jade retiró la boca en el instante en que Caleb
comenzó a temblar de la cintura. Acto seguido, descendió por sus muslos,
lamiendo largamente el perineo hasta presionar su lengua directamente contra la
entrada humedecida por la saliva, provocando que Caleb diera un respingo y
agitara las piernas con un sobresaltó.
“¡Jade……”
“Tranquilo.
Te va a encantar.”
Capítulo 49
El
tacto de la lengua lamiendo con parsimonia su perineo hizo que Caleb
estremeciera todo el cuerpo. ¿Había sido mala idea molestarse en traer aceite
aromático? Pensativo, Jade presionó la punta de la lengua contra la carne de la
zona inferior. Sujetando las piernas de Caleb para obligarlas a abrirse de
manera natural, comenzó a lamer la piel con lentitud. Al emitir un quejido
ahogado desde el fondo de la garganta, Caleb sacudió los dedos de los pies con
un temblor casi imperceptible, incapaz de soportar la vergüenza. Sintiendo que
aquella reacción era lo más tierno del mundo, Jade separó los labios un
instante para hablarle:
“Caleb,
sostén tus piernas así.”
“Esto
no, detén……”
“Sé
un buen chico.”
“Tú,
maldito……”
Tras
contemplar por un momento a Caleb, quien terminó obedeciendo y sujetándose la
parte posterior de las rodillas tal como se lo habías pedido, Jade presionó la
carne alrededor de la entrada y comenzó a lamerla con insistencia. Cada roce de
la lengua provocaba espasmos involuntarios en su cuerpo.
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“ugh,
ah, mnh, ah……”
El
gemido ronco de Caleb acariciaba los oídos de Jade. Le fascinaba ver cómo su
cuerpo se encogía y temblaba cada vez que su lengua se movía. Presionando con
mayor firmeza, Jade deslizó la lengua directamente hacia el interior del
orificio, que ya se encontraba húmedo y receptivo. Notó cómo el cuerpo de Caleb
daba un respingo. Forzando un poco más la presión, Jade dobló y comprimió el
torso de Caleb, percibiendo cómo este se aferraba con fuerza a sus propias
piernas mientras alzaba la vista hacia él. Con los párpados enrojecidos,
parecía a punto de estallar en llanto de la frustración.
Ignorando
temporalmente la erección que se convulsionaba con impaciencia, Jade introdujo
un dedo en la cavidad que su lengua acababa de abandonar.
“¡Ah,
mnh, aiiih……”
Chas, chas, chas.
Al
remover el dedo mientras la lengua seguía adentro, el sonido húmedo y obsceno
provocado por la saliva comenzó a resonar en el ambiente. Empapando las paredes
internas con más fluidos, Jade introdujo un segundo dedo.
“¡Ah,
ugh! ¡Un poco más, más despacio……!”
“ugh……”
Emitiendo
un gemido sordo, Jade separó las paredes con ambos dedos mientras continuaba
lamiendo el interior con la lengua, generando un sonido sordo y viscoso. El
ruido de la base de su mano chocando contra el borde del orificio llenaba la
estancia. Cada vez que los nudillos gruesos rozaban el punto sensible, Caleb
encogía y estiraba los dedos de los pies de forma espasmódica.
“¡ugh-ah,
mnh, ugh, ah……!”
El
roce de los dedos de Jade contra la entrada desataba sensaciones punzantes. En
especial, cada vez que la punta de sus largos dedos arañaba cierto punto
específico, un líquido transparente brotaba de la punta de la erección de
Caleb. Con los ojos teñidos de un rojo fisiológico, Caleb soportaba el asedio
como podía. Al encontrar aquella expresión infinitamente adorable, Jade retiró
la lengua por un momento y se dedicó únicamente a embestir la zona con los
dedos. Chas, chasc, chasc, chash. Con tres dedos removiendo el interior,
la erección de Caleb se curvaba espasmódicamente, y ver cómo se aferraba con
desesperación a las piernas que le había pedido sostener —tal como un
prisionero de su propia obediencia— le resultaba tan insultantemente tierno que
sentía que iba a morir de afecto. Saboreando los labios con deleite, Jade
presionó con fuerza el punto exacto que sabía que volvía loco a Caleb.
“¡Ah-ugh……!”
“Qué
bien obedeces las órdenes, nuestro querido Caleb……”
Tras
depositar un beso en los párpados de Caleb, continuó presionando y masajeando
aquel punto con intensidad, provocando que Caleb soltara un chorro de semen con
un estremecimiento violento, sacudiéndose de pies a cabeza. El rastro de
líquido blanquecino que goteaba sin parar de su pene poseía un aire
indeciblemente lascivo.
El
aire de la habitación ya estaba saturado por completo con las feromonas de
ambos varones. El aroma denso y picante se mezclaba con el dulzor empalagoso
hasta volver la respiración casi insostenible. Retirando los dedos, Jade tanteó
la erección de Caleb con curiosidad. Ver el pene recién eyaculado temblando de
forma tan obscena hizo que una chispa de deseo brillara en sus ojos.
Acto
seguido, Jade cogió el frasco de aceite que había dejado tirado a un lado.
Aunque la zona ya estaba completamente empapada, comenzó a introducir la
boquilla del envase directamente en el interior de Caleb, quien seguía aferrado
a sus piernas.
“¡Jade……!”
“Shh,
no es nada malo.”
“¡Ah,
ugh……!”
En
cuanto la mitad del aceite hubo penetrado en su interior, Jade retiró el
frasco. Luego, inclinándose, enterró la nariz junto al orificio para inhalar el
dulzor que emanaba. Aunque pensó que tal vez no había sido la mejor elección
—dado que el rastro del aroma áspero y característico de Caleb se había diluido
un poco—, al menos se había ablandado lo suficiente como para devorar su pene
sin resistencia. Enderezándose y acariciando su propia erección un par de veces
para avivarla, la colocó contra la entrada húmeda.
“Voy
a entrar……”
“Más
despa..., espera. ¡Hi-ugh!”
¡Pum!
Un
pene largo y grueso llenó el interior en cuestión de segundos, haciendo que el
aceite albergado en las paredes salpicara hacia los lados y goteara por fuera.
Sintiéndose completamente abrumado por la plenitud en su vientre, Caleb se
retorció y le suplicó con la respiración entrecortada:
“¡H-ugh,
ah, está tan, tan lleno……!”
“No
digas obscenidades……”
“¡De
verdad, ah-ugh……!”
Ante
el pene que lo llenaba hasta la misma curva profunda, Caleb terminó soltando lágrimas
mientras su cuerpo entero se sacudía. Jade se inclinó para lamer las lágrimas
de su rostro mientras empujaba su erección aún más hondo, alcanzando aquella
curva. Con el pene ocupando cada rincón hasta rozar los límites del vello
púbico, el orificio se había estirado de manera agónica, contrayéndose con
espasmos alrededor del grosor que lo abarrotaba. Sintiendo una urgencia casi
insoportable por vaciarse en esa cavidad tan apretada, Jade sujetó con firmeza
las piernas de Caleb y comenzó a mover la cadera con estocadas secas y sonoras.
“¡ugh-ah!
¡Ah! ¡A-ugh! ¡A-ah-ah……!”
A
plena luz del día, Caleb exponía toda su vulnerabilidad, llorando
desconsoladamente cada vez que el pene se hundía en su vientre. Aquella escena
avivó la excitación de Jade, haciendo que su pene se engrosara todavía más en
el interior. Al percibir cómo crecía dentro de su abdomen, Caleb gimió y se
aferró a las sábanas con desesperación.
“¡Es
muy grande, dema..., demasiado! ¡Basta, por fa……!”
“Todavía
no hemos empezado de verdad.”
Apretando
los dientes, Jade continuó con el ritmo de sus embestidas, mientras el sonido
de la piel chocando contra la carne resonaba de forma obscena por todo el
dormitorio. Quería doblegar a Caleb por completo en aquella cama, anhelaba
convertirse en el único dueño absoluto de su cuerpo, incluso tratándose de dos
alfas. Por ese motivo, tomó las manos de Caleb —que desgarraban las sábanas— y
las llevó hasta sus propios pezones, los cuales ya se encontraban enrojecidos e
hinchados.
“Pellizca
tus pezones con fuerza, hazlo bien. Te hará sentir mucho mejor.”
“¿Pero
qué dices de..., hiiik……!”
¡Chas!
Como
respuesta a la protesta de Caleb, Jade le propinó una embestida más profunda.
La combinación de las embestidas despiadadas y el calor abrasador que subía
desde su vientre encendía las paredes internas. Para disipar aquella sensación
avasalladora, Caleb obedeció e hizo exactamente lo que le pedía: comenzó a
rascar, pellizcar y retorcer sus propios pezones irritados. El dolor punzante
se mezclaba con un cosquilleo enloquecedor; sentir el interior desgarrado por
las embestidas mientras atormentaba sus pechos al mismo tiempo nublaba sus
sentidos hasta perder la noción de la realidad.
“¡Ah,
ah, ah, ugh-ah, a-ah-ah……!”
Jade
sonrió con los dientes apretados. Ver a Caleb recibiendo su pene hasta el fondo
mientras se masturbaba los pezones por propia cuenta resultaba una estampa tan
indecente que rozaba la locura. Los pezones habían doblado su tamaño anterior,
y Caleb cumplía fielmente las órdenes como un soldado disciplinado, acatando
cada palabra sobre cómo jugar con su propio cuerpo.
Chas, chasc, chasc, chash, slup, chas!
Con
cada estocada, el aceite seguía brotando del orificio. Excitado al límite por
aquella escena, Jade le susurró al oído:
“¿Qué
tal si probamos otra vez a irnos hacia atrás, como la otra vez?”
“¡No,
no quiero, deté..., no lo hagas……!”
“Claro
que puedes, ¿sí? Caleb.”
Ah,
las Súplicas desesperadas de Caleb resonaban en el aire, aunque para Jade no
eran más que melodías ahogadas por el placer. Retrayendo un poco la cadera,
Jade comenzó a presionar y frotar directamente el punto álgido de su interior.
Ante aquello, Caleb sacudió la cabeza con un respingo y se retorció entero.
Presionando el cuerpo de Caleb hacia abajo, Jade embistió con fuerza hasta que
el glande golpeó con un sonido seco la curva profunda. El resultado fue
inmediato: Caleb arqueó la espalda con violencia y expulsó un borbotón de semen
espeso desde la punta de su pene. Al verlo, Jade sonrió con satisfacción y
volvió a estimular el mismo punto con un sonido húmedo, provocando que Caleb
gimiera largamente y restregara la nuca contra las sábanas en busca de alivio.
“¡ugh-ah,
ah-ah, ah-ah, ugh-ah, por favor……!”
“ugh,
¿te gusta?”
Contemplando
el cuerpo de Caleb teñido de un rojo encendido, Jade se lamió los labios con
calma. Aunque había alcanzado el orgasmo posterior sin necesidad de tocarle el
pene, lo que buscaba no era una eyaculación común, sino ese orgasmo abrasador y
seco que ya había experimentado una vez. Caleb sabía perfectamente lo que se
avecinaba, por lo que intentó resistirse con cada fibra de su ser, pero su
cuerpo, atrapado bajo el peso de los brazos de Jade, terminó sucumbiendo de
nuevo ante la marea de placer.
“Vamos,
Caleb, una vez más……”
“Ah,
Jade, basta……”
“Mi
novio, Caleb. Mi querido Caleb, te amo.”
Acercando
su cuerpo para superponerlo por completo, Jade reanudó el movimiento de las
caderas. Las palabras repletas de afecto cayeron como un susurro sobre el cuerpo
febril de Caleb, haciéndole temblar de pies a cabeza. El cariño desbordante
impregnaba sus feromonas hasta volver el aire irrespirable. De haber sido un
omega, sin duda se habría quedado encinta en semejante coito; a veces se
preguntaba si el hecho de ser un alfa era una auténtica bendición o una
maldición.
“¡ugh-ah!
¡Ah, ugh-ah, hiik……!”
Caleb
se estremecía con cada estocada rítmica. Volviendo a hundir la cadera con
lentitud hasta encajar el glande en la curva más profunda, Jade comenzó a
balancearse de arriba abajo. La presión de las paredes internas ensanchadas de
forma tirante hizo que la sensación previa al paroxismo volviera a trepar por
su espina dorsal. Sin embargo, Caleb advirtió que aquella vez había algo
diferente. Desesperado por detenerlo, pataleó e intentó protestar:
“Espera,
Jade. Un momento, a-ah, ugh, ugh-ugh……!”
Por
más que suplicara, Jade se limitó a sujetarle los dos brazos contra el colchón
y continuó embistiéndolo sin piedad. La voz de Caleb se quebró en un grito
agudo antes de arquear la espalda con un espasmo tan violento que su cuerpo
entero se paralizó. Tenía la boca abierta, pero ningún sonido lograba salir de
su garganta, y de su pene ya no brotaba absolutamente nada. Desde el fondo
mismo donde el pene estaba enterrado, una sensación abrasadora trepó
directamente hasta su cerebro, quemando sus pensamientos. Incapaz siquiera de
forcejear, Caleb se quedó temblando como una hoja dentro de su cuerpo, con las
lágrimas resbalándole por las mejillas. Le costó varios segundos recuperar el aliento
antes de soltar un suspiro quebrado. Como muestra de aprobación, Jade depositó
un beso sobre su mejilla húmeda, y solo entonces Caleb dejó caer todo el peso
de su cuerpo, desplomándose lacio sobre el colchón. Su pene seguía enhiesto y
dolorido, pero sentía que si alguien se atrevía a rozarlo de nuevo, moriría en
el acto.
“Ya...,
basta por favor……”
Caleb
se encogió en posición fetal, aferrándose con desesperación a las sábanas. Al
ver aquello, Jade esbozó una sonrisa radiante, le apartó los mechones de la
frente y le besó suavemente la oreja. Con la esperanza de que aquello fuera el
final, Caleb cerró los ojos con fuerza, pero las palabras que siguieron
resultaron crueles:
“Todavía
no hemos terminado, Caleb.”
Los
ojos de Caleb se abrieron de par en par con una expresión de absoluta
incredulidad.
*
* *
¡Chas, chas, chas, chas!
“¡ugh-ah!
¡Ah-ah! ¡Por favor, basta, te lo suplico, Jade……!”
“ugh,
ha……. Caleb, llora un poco más para mí. ¿Sí?”
Caleb
se encontraba apoyado sobre el colchón boca abajo, con la cadera levantada,
recibiendo la erección de Jade con todo el cuerpo. Cada vez que el cuerpo de
Jade se estrellaba contra el suyo, los glúteos de Caleb se teñían de un rojo
todavía más intenso. Su zona posterior estaba completamente empapada por el
semen que Jade había vertido en su interior, y el líquido continuaba goteando
sin parar desde el orificio. Si la primera tanda había sido exclusivamente para
asegurar el orgasmo de Caleb, esta vez le tocaba satisfacer los deseos egoístas
de Jade. Bueno, pensándolo bien, al final todo terminaba girando en torno a
Jade de una u otra forma.
“¡ugh-ah!
¡Ah-ah! ¡Duele, me duele……!”
“¿Qué
te duele? ¿Aquí, por dentro?”
Jade
empujó su pene con fuerza hacia el fondo y giró la cadera. Al notar cómo las
paredes internas eran rasguadas de nuevo, Caleb sacudió y arqueó la cintura,
que ya se le caía de agotamiento. Por más que intentaba incorporarse, cada vez
que el otro comenzaba a embestirlo perdía todas las fuerzas, viéndose reducido
a la patética postura de mantener la cadera en alto. Aunque le suplicó en
repetidas ocasiones, Jade parecía decidido a vengarse por las dos semanas en
las que Caleb le había prohibido tocarlo, estimulando cada rincón de su
anatomía sin compasión.
“¡Pide,
pídeme perdón……!”
¡Pum!
“¡ugh!”
“¿El
qué? ¿Perdón por qué cosa?”
“¡Por
haberme, ah... por haberme tenido dos semanas enteras sin dejar que te tocara,
maldito……!”
“Ah,
eso... bueno, eso sí que fue agotador. ¿Me estás pidiendo que te disculpe?”
“¡Sí,
ugh-sí...! ¡Así que, ah……!”
“Entonces
discúlpame un poco más, Caleb.”
Sujetando
con firmeza la cadera de Caleb para mantenerla bien alzada, Jade enterró su
pene con mayor profundidad en el orificio. Caleb soltó un grito desgarrador,
expulsando por la punta de su pene un líquido que ya ni siquiera era semen,
sino puro rocío de puro desgaste. Cuando los gritos se convirtieron en sollozos
y el calor febril nubló por completo sus pensamientos, Jade le exigió:
“Dime:
'Cariño, por favor perdóname'.”
“¡Qué,
estás, diciendo... ah-ugh! ¡Ah! ¡A-ah-ah!”
Ante
la negativa de Caleb, Jade reanudó las embestidas con una fuerza todavía mayor
desde atrás. Con los dos brazos inmovilizados hacia la espalda y el torso
suspendido, Caleb tuvo que soportar que lo golpearan sin miramientos, siendo
violado hasta alcanzar la curva más profunda de su interior. Las embestidas no
daban señales de detenerse, y las paredes internas se abrasaban cada vez más.
Una urgencia implacable por alcanzar el clímax comenzó a trepar de nuevo. Al
final, Caleb se estremeció violentamente y alcanzó el orgasmo en completo
silencio, con la punta de su erección temblando sin arrojar ya nada.
La
única diferencia radicaba en un pequeño detalle.
¡Chas, chasc, pum, pum!
“¡Me
vine, ah, ya me vine……!”
Mientras
que la otra vez Jade se detenía tras un orgasmo sin eyaculación, esta vez no
tenía la menor intención de frenar el ritmo de sus embestidas. El interior,
contrayéndose por los espasmos del reflejo, apretaba el pene con más fuerza
todavía, haciendo que Caleb sintiera que perdía la razón. Tenía la absoluta
impresión de que estaba recibiendo un castigo divino. Los dedos de los pies se
le encogían y sus jadeos se volvían cada vez más apremiantes. ¿Había hecho algo
tan grave para merecer aquello? Los brazos que le retenían temblaban con
violencia, y cada vez que su pene flácido se golpeaba contra su propio vientre
a causa de los impactos, sentía punzadas de dolor. Incapaz de aguantar más,
Caleb abrió los labios para suplicarle el perdón que le exigía:
“Ca...
cari...ño. Perdó... ah-ugh, per... name, ah-ugh, per... ¡dóname, por favor...!
¡Hiiik, aaak! ¡Ah……!”
“ugh,
¿cómo dices?”
Ante
esas palabras, Jade redujo la velocidad de sus movimientos. Llamándolo con un
tono empalagoso de ternura, giró el cuerpo de Caleb para obligarlo a voltearse
mientras seguía dentro de él. La sensación de la erección rotando en el
interior hizo que Caleb volviera a derramar lágrimas, pero Jade continuó removiendo
el espacio con un sonido húmedo mientras preguntaba de nuevo:
“¿Qué
decías, cariño?”
“Perdó...
ah, na... ¡por favor, cariño...! ¡Ah, a-ah-ak!”
¡Pum! ¡Pum! ¡Chasc, chasc! ¡Chas! ¡Chas!
En
el momento en que Caleb pronunció aquellas palabras, Jade fue incapaz de
contener el torrente de deseo oscuro que bullía en su interior. Agarrándolo de
la pelvis con desesperación, comenzó a alzar y estampar la cadera como si
aquello fuera el último acto de su vida. Caleb prorrumpió en llanto,
aferrándose a él mientras emitía chillidos desgarradores. Su pene goteaba sin
parar, y el fondo de su cavidad estaba anegado por el semen acumulado. Cada vez
que Jade embestía con furia, los fluidos salpicaban por todas partes, cubriendo
los cuerpos de ambos con una capa de blancuzca y viscosa lascivia. Jade buscó a
la fuerza los labios de Caleb para fundirse en un beso; entrelazando su lengua
con la de quien acababa de gritarle, mordisqueó con saña su carne antes de
soltar un gemido ronco: ¡ugh!, y eyaculó por fin. Al instante, los ojos
de Caleb se abrieron de par en par y comenzó a agitarse en su regazo con
desesperación.
“¡No,
deténte……!”
“Ja……—de”
Jade
esbozó una sonrisa de profunda satisfacción mientras envolvía a Caleb en un
abrazo férreo. Aunque este forcejeaba con todas sus fuerzas, ya no había forma
de evitar lo que se estaba hinchando en las profundidades de su vientre.
El
Knotting.
Un
acto reservado de un alfa hacia su omega. Al percibir cómo el extremo del pene
de Jade se ensanchaba y engrosaba descomunalmente dentro de su abdomen, Caleb
comenzó a temblar de pies a cabeza. El rechazo instintivo de su propia
naturaleza como alfa hacía que su cuerpo convulsionara de pánico. Jade lo
sujetaba con fuerza, ignorando sus contorsiones, a la espera de que el nudo
terminara de fijarse. Con los dientes apretados y el cuerpo sacudido por
espasmos ante la sensación de tener el vientre abultado a la fuerza, Caleb
pataleaba levemente. Jade depositó un suave beso en su mejilla para calmarlo:
“Duele...
¡maldita sea……!”
“¿Te
duele? Perdón. Es que me he dejado llevar por la emoción...”
“¿El
rut... no se supone que solo ocurre durante el rut……?”
“También
pasa fuera de él, Caleb. ¿Cómo demonios te dieron las clases de educación sexual?”
“En
los malditos manuales escolares. ¡Maldita sea!”
“Ah...
con razón.”
Caleb
tiritaba y apretaba los dientes al sentir cómo el extremo ensanchado del pene
de Jade parecía seguir expandiéndose en su interior. Mientras tanto, desde
arriba, Jade contemplaba el vientre abultado de su esposo con una expresión de
insondable satisfacción. ¿Qué se suponía que debía hacer con un alfa tan
jodidamente adorable que estaba absorbiendo su nudo en ese instante?
“Tendremos
que quedarnos así al menos medio día.”
“...Maldito
seas.”
Musitó
Caleb con la voz completamente rota. Jade inclinó la cabeza para atrapar entre
sus labios uno de los pezones de Caleb —que debido a la fricción y el llanto se
encontraba enrojecido y notablemente más grande que antes— y comenzó a succionarlo
con suavidad entre risas. Caleb dio un respingo ante el contacto; al menos
parecía que haberlo entrenado para responder a los estímulos simultáneos arriba
y abajo había valido la pena.
El
knotting se prolongó por más de media jornada. El pene de Jade, que iba
vaciando lentamente su carga desde el interior, comenzó a reducir su tamaño de
forma paulatina, mientras Caleb jadeaba, atormentado por la abrumadora cantidad
de semen que seguía desbordándose a pesar de la disminución del grosor. Jade
besaba cada rincón del cuerpo de Caleb, esperando a que este terminara de
acostumbrarse a su nudo —aunque, al no ser un omega, no había forma humana de
que pudiera acostumbrarse del todo—. Frunciendo el ceño con una sonrisa
divertida en los labios, Jade le acarició el vientre y le murmuró:
“Aguanta
un poco más, mi querido Caleb.”
“Cállate……”
“ugh,
lo siento.”
Jade
retiró despacio su pene, que parecía listo para deslizarse por completo. Cada
vez que movía el falo con suavidad, un torrente de esperma brotaba hacia el
fondo con ruidos húmedos. Ante cada oleada, Caleb emitía gemidos lastimeros y
encogía el cuerpo. Varios minutos más transcurrieron antes de que el nudo
cediera por fin. Cuando Jade extrajo su pene con lentitud, se alcanzó a ver
cómo el orificio, ensanchado por las dimensiones del nudo, se abría y cerraba
en pequeños parpadeos. Incapaz de cerrarse por completo, el canal seguía
dejando escapar hilos de semen en una estampa profundamente obscena. Jade apretó
los dientes. Si se le ocurría proponer otra ronda en ese estado, probablemente
lo mataría a golpes. Con una sonrisa forzada y los dientes apretados, Jade
cubrió el cuerpo de Caleb adecuadamente con una sábana, llamó a los sirvientes
y ordenó que prepararan agua para el baño. Los empleados cumplieron con
rapidez, tras lo cual Jade cargó a Caleb en brazos, colmándole las mejillas de
besos, y se encaminó hacia el cuarto de baño.
¡Splash!
Al
sumergir ambos cuerpos en la bañera, el agua caliente se desbordó y los
envolvió por completo. Al sentir el calor, Caleb abrió los ojos a duras penas y
levantó la mirada hacia Jade. Sin pensarlo dos veces, le mordió los labios en
cuanto este intentó besarlo.
“Ouch,
ouch.”
“Muere.”
“Qué
palabras tan crueles.”
“……¿A
quién se le ocurre hacer un knotting cuando ni siquiera estoy en celo?”
“Eso
no es algo que yo pueda controlar a voluntad.”
Jade
sonrió con suavidad y comenzó a fregar el cuerpo de Caleb con lentitud.
Confeccionando espuma con un jabón suave, limpiaba su piel con un paño para
evitar causarle dolor. Al parecer, las atenciones le resultaron placenteras a
Caleb, ya que se dejó recostar contra su pecho en silencio durante un buen
rato. Sin embargo, en cuanto el paño suave rozó uno de sus pezones, que aún permanecían
encendidos y ultrasensibles, su cuerpo dio un respingo violento.
“¡Ah-ugh……!”
“……”
Jade
tragó saliva con fuerza. El estado actual de Caleb era demasiado peligroso. Tan
solo con frotar ese cuerpo al límite de la sensibilidad, sintió que su zona baja
amenazaba con responder otra vez. De hecho, al notar cómo la erección de Jade
comenzaba a endurecerse bajo sus caderas, Caleb abrió los ojos con furia y le
lanzó una mirada fulminante.
“……Ya
sabes que esto tampoco lo controlo.”
“……Eso
ya lo sé.”
Jade
arrojó un poco de agua sobre el pezón que acababa de masajear con suavidad para
enjuagar los restos de jabón, y comentó:
“El
simple hecho de que el agua caliente caiga sobre los pezones ya me provoca una
sensación punzante.”
Su
propio cuerpo actuaba de manera extraña. A pesar de haberlo agotado por
completo hacía tan poco, no dejaba de sentir una urgencia voraz. Al ver que
Caleb apartaba la vista con los dientes apretados, Jade soltó una risa baja.
“……No
te rías.”
“¿Quieres
que lo haga sin que te duela?”
“……”
“El
knotting ya terminó, ¿no?”
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Dicho
esto, Jade comenzó a masajear el endurecido pezón de Caleb. Con la espalda
pegada al pecho de Jade, Caleb frotó la nuca contra su cuello. Cada vez que le
frotaban los pezones, la sangre se precipitaba hacia su bajo vientre, haciendo
que su pene se pusiera dolorosamente firme.
“Ah,
ah, ah-ugh…….”
“¿Ahora
te gusta incluso con solo tocarte los pezones?”
“Claro
que, no…….”
“Claro
que sí.”
Jade
comenzó a trazar pequeños círculos alrededor del pezón, atormentándolo al
negarse a rascar y presionar la zona exacta que más le gustaba. Caleb estuvo a
punto de suplicarle que se centrara en ese punto, pero su orgullo herido lo
obligó a mantener la boca cerrada, viéndose forzado a soportar el juego en
silencio. Mientras Jade jugueteaba haciendo remolinos sobre la areola, el
pezón, ya erecto, se teñía de un rojo aún más intenso, como si suplicara ser
castigado con más fuerza. El calor del agua del baño parecía avivar el rubor de
su piel. Emitiendo un leve gemido, Caleb aferró los brazos de Jade y apretó los
dientes:
“Hazlo,
hazlo más…….”
“¿Cómo?
¿Más cosquillas?”
Ante
la pregunta, Caleb se mordisqueó los labios con furia hasta que terminó por
soltar un grito ahogado:
“¡Más
fuerte, ah-ugh……!”
A
la par de esas palabras, Jade pellizcó ambos pezones de Caleb al mismo tiempo.
Caleb emitió un sonido similar a un chillido y arqueó el pecho hacia adelante.
Ver los pezones carmesíes estirados e hinchados de esa forma resultaba
excesivamente tentador. Jade los jugueteó y retorció entre sus dedos unas
cuantas veces antes de levantar el cuerpo de Caleb en el aire.
“……ugh,
¿qué haces?”
“¿Puedes
moverte tú solo un poco?”
“¿Qué?”
Sosteniéndolo
en vilo para obligarlo a mirarlo de frente, Jade hundió su pene de golpe en la
cavidad que aún continuaba relajada. Incapaz de emitir ni un grito, Caleb
arqueó la espalda hacia atrás con violencia, mientras Jade, conteniendo la
respiración por la fuerza con la que las paredes internas lo estrechaban, lo
abrazaba con desesperación. El interior, que se había dilatado al extremo
debido al knotting, contraía las paredes con desesperación para atrapar
el falo. Con una sonrisa de satisfacción y los dientes apretados, Jade bajó la
cabeza para atrapar entre sus labios el mismo pezón que acababa de pellizcar.
Comenzó a succionarlo con fuerza, propinándole palmadas rítmicas en los glúteos
como una orden silenciosa para que empezara a moverse.
“Maldito,
ah, ah…….”
Cada
vez que el pezón era mordisqueado, y con la sensación de plenitud absoluta
haciendo que el interior se contrajera de manera rítmica, la presencia del pene
se volvía ineludible. Con el cuerpo suplicando estímulos, Caleb tembló de pies
a cabeza y terminó por mecer las caderas. El agua chapoteaba con fuerza,
dejando al descubierto sus pálidos glúteos con cada movimiento. Cada vez que
aquellas nalgas tersas apretaban el pene, Jade succionaba con más saña el
pezón. Con cada succión, Caleb sentía un picor tan intenso al borde del
paroxismo que una sensación extraña comenzó a invadirlo. Y justo en el instante
en que Jade le propinó un mordisco firme en el pezón:
“¡ugh-ah……!”
“¿Caleb?”
Sin
darle tiempo a las paredes internas a contraerse, Caleb se estremeció de pies a
cabeza y alcanzó el clímax de golpe. Fue un orgasmo extraño, donde apenas pudo
expulsar líquido preseminal sin lograr eyacular propiamente. Al comprender de
inmediato lo que ocurría, Jade esbozó una sonrisa astuta, arrastró los labios
sobre su piel y comenzó a frotar y masajear los glúteos con aspereza mientras
estimulaba el pezón con la lengua.
“¿Te
has venido con los pezones?”
“No,
claro que no……. ¡Ah-ah, ugh……!”
“Claro
que sí.”
Jade
comenzó a masajear el pezón opuesto, rozando la punta con la lengua de forma
juguetona. Sintiendo una punzada de ardor en el pecho, Caleb intentó echar las
nalgas hacia atrás, pero Jade no tenía la menor intención de ceder. Agarrándolo
de la pelvis, lo empujó hacia abajo para clavarlo en lo más hondo. Cuando el
glande golpeó la curva más profunda de su interior, Caleb soltó un chillido desesperado,
mientras Jade presionaba ese mismo punto exacto sin piedad mientras le
masticaba el pezón. Con un lamento prolongado y un nuevo temblor que recorrió
su torso, Caleb volvió a expulsar un hilo de líquido preseminal. Era su segundo
orgasmo consecutivo provocado únicamente a través de los pezones.
“¡ugh-ah,
ah, ah-ah……!”
“¿Qué
vas a hacer con un cuerpo tan sensible?”
Jade
rió con diversión mientras lamía la piel de su cuello. Con los dientes
apretados, Caleb le lanzó una mirada fulminante y le propinó un golpe seco en
el hombro. Al parecer el impacto le dolió lo suficiente como para hacerle
fruncir el ceño, aunque la sonrisa no desapareció de su rostro. Acto seguido,
volvió a golpear suavemente sus glúteos como señal para que reanudara el
movimiento.
“ugh……”
Sabiendo
perfectamente que él también tenía parte de culpa en aquella situación, Caleb
volvió a balancear las caderas con lentitud. Para entonces, el agua se había
desbordado tanto que la mitad de sus glúteos quedaba al descubierto fuera de la
bañera. Cada vez que subía y bajaba la cadera, el sonido de la piel y el agua
friccionando entre sí resonaba de forma obscena por todo el baño. Caleb habría
querido taparse los oídos para no escucharlo, pero los sonidos que él mismo
estaba profiriendo resultaban todavía peores.
“¡ugh-ah,
ah, a-ah, a-ah... ¡Jade, ah……!”
“Eso
es, Caleb, sí, muy bien.”
Cada
vez que alzaba y dejaba caer el cuerpo por voluntad propia, la sensación del
pene arañando el interior le arrancaba gemidos que rozaban el llanto. Al
principio las cosas no eran así, pero empezaba a sospechar que su cuerpo se
estaba acostumbrando demasiado a ese ritmo. Por un instante, pensó en
abandonarse por completo, cediendo el control a las sensaciones y apagando la
razón. No obstante, lograba retener un ápice de lucidez al recordar que él
también era un alfa, aunque a Jade le habría fascinado que decidiera soltar esa
última amarra.
¡Splash, chas, splash, splash!
Por
más que moviera la cadera, Jade no parecía tener ninguna intención de correrse
todavía. Teniendo en cuenta la velocidad con la que embestía en su interior,
los movimientos de Caleb —limitados al margen de placer que su propio cuerpo
podía soportar— jamás serían suficientes para satisfacerlo. Al cabo de unos
momentos, la urgencia de la eyaculación volvió a apoderarse de él, haciéndolo
temblar de nuevo antes de arrojar un nuevo chorro de semen.
“ugh-ah,
a-ah-ah……”
“Parece
que no hay de otra, mi querido Caleb.”
Sin
previo aviso, Jade extrajo el pene de su interior. Tomándolo de la cintura, lo
obligó a apoyarse y ladearse contra el borde de la bañera. Sabiendo muy bien
hasta qué punto se derrumbaría tras aquello, Caleb dio un grito de pánico, pero
ya era tarde: la erección volvió a hundirse profundamente en su canal con un
empuje brutal.
“¡ugh……!”
¡Chas, chas! ¡Chas! ¡Chas! ¡Chas!
“¡ugh-ah!
¡Ah! ¡A-ah! ¡ugh-ah! ¡Ah-ah!”
Jamás
había sentido el pene golpear su interior con semejante fuerza y profundidad.
Hasta ese momento, Caleb había creído que Jade se estaba conteniendo de algún
modo. Sin embargo, ante las embestidas salvajes que castigaban su punto más
sensible hasta hacerle daño, su cuerpo comenzó a temblar y a retorcerse en
todas direcciones. Lejos de ceder, Jade lo sujetó con firmeza de la pelvis y
comenzó a clavarle el pene como un poseso, entregándose por completo a su
propio placer egoísta. Aquel hombre que siempre se había movido pensando en las
limitaciones de Caleb había decidido, por fin, dar rienda suelta a sus propios
deseos.
“Cariño,
¿te gusta? ¿Eh?”
“¡ugh-ah!
¡Ah! ¡A-ah-ah! ¡ugh! ¡A-ah-ah! ¡Ah……!”
Sintiendo
que su abdomen no solo estaba caliente, sino al borde de la combustión, Caleb
derramó lágrimas mientras su pene expulsaba líquido sin parar. Los intentos por
sacudirse la cadera para escapar solo conseguían que pareciera que estaba
suplicando por más. Más allá de los golpes secos, la forma en que embestía contra
su fondo dejaba al descubierto un oscuro afán de posesión, como si Jade deseara
marcarlo y teñirlo de su ser hasta el último rincón. Incapaz de soportar el
delirio por más tiempo, Caleb abrió los labios, dispuesto a decir lo que fuera
con tal de aplacarlo:
“Cari...,
cariño... ¡Ah-ugh! ¡Ah! ¡Cariño, basta! ¡Cariño!”
“Mierda,
me vas a volver loco.”
Ante
aquellas palabras, Jade apretó los dientes y esbozó una sonrisa torcida. Aunque
la intención detrás de llamarlo así era calmarlo, el efecto conseguido fue
exactamente el opuesto; el uso de ese apelativo funcionó como el detonante
definitivo para que aumentara la furia de sus embestidas, sacudiendo la cadera
de arriba abajo con una violencia desmedida.
“¡ugh-ah!
¡A-ah-ah! ¡Ah! ¡A-ah-ah……!”
“Cariño,
te ves tan hermoso. Te amo, cariño. ¿Sí?”
Inclinándose
hacia adelante para hundir el pene hasta el fondo absoluto del cuerpo de Caleb,
Jade eyaculó. Mientras le depositaba un beso en la nuca y le susurraba palabras
al oído, el cuerpo de Caleb se desplomó lacio contra el borde, perdiendo las
pocas fuerzas que le quedaban.
“¿Eh?
¿Caleb?”
“……”
“¿Caleb?”
Jade
se quedó en silencio por un instante al ver que no obtenía la menor respuesta.
Vaya, creo que esta vez me he pasado.
*
* *
Jade
cuidó de Caleb con esmero mientras yacía inconsciente tras aquello, pero en
cuanto despertó, se ganó un puñetazo en toda la cara.
“Ya
te pedí perdón…….”
“Cállate.”
“Siempre
me dices que me calle.”
“Porque
eres ruidoso.”
“No
fui el único al que le gustó.”
Ante
las palabras de Jade, Caleb amagó con levantar el puño de nuevo, lo que hizo
que Jade cerrara la boca al instante. Caleb pasó el día entero en cama y solo
logró incorporarse al día siguiente. Cuando Jade tuvo la ocurrencia de decirle
que no se esforzara demasiado, se llevó otro golpe de regalo. Jade llegó a
pensar que, a este ritmo, él era más bien un esposo maltratado, pero prefirió
guardarse el pensamiento por miedo a llevarse otra paliza.
Caleb
se cambió de ropa y salió de inmediato al exterior. Al parecer, tenía unas
ganas irrefrenables de ver el mar. Con un atuendo ligero y el cabello suelto,
Jade lo contempló embobado durante unos segundos antes de arreglarse a toda
prisa para acompañarlo hacia la costa.
Frente
al mar se extendía una playa de arena fina y suave. Ambos caminaron pisando la
arena con un crujido sutil mientras contemplaban la inmensidad del océano.
Caleb no podía apartar los ojos del agua. ¿Le habría gustado tanto el mar por
ser la primera vez que lo veía? Pensando en eso, Jade le tendió la mano y se la
tomó. Caleb hizo un amago de retirar la mano por reflejo, pero enseguida se
arrepintió y le devolvió el apretón. Disfrutando de la textura de su piel, Jade
sonrió y le estrechó la mano con un poco más de fuerza.
“Vengamos
siempre.”
“¿Siempre?”
“Sí,
incluso venir cada año no estaría mal.”
“……No
suena mal.”
Caleb
asintió con la cabeza y se quitó los zapatos. Jade soltó su mano por un
momento, permitiendo que Caleb se acercara a la orilla para sumergir los pies
en las olas que avanzaban tímidamente sobre la arena. La sensación del agua
filtrándose entre los dedos de los pies le resultó tan extraña que se quedó
inmóvil un buen rato. Le fascinaba ver cómo la blanca espuma de la marea rompía
en la orilla antes de regresar al mar.
“La
próxima vez traigamos a nuestro hijo.”
“¿hijo?”
“Cuando
sea un poco más grande.”
“Sí,
cuando crezca un poco más.”
“Quiero
enseñarle un mundo más amplio.”
Jade
guardó silencio por un instante ante aquella ocurrencia. Mirando fijamente el
horizonte marino, Caleb añadió:
“No
quiero criarlo en el mundo tan reducido que a mí me tocó ver, sino enseñándole
horizontes mucho más grandes.”
“……Sí,
hagamos eso.”
Jade
esbozó una sonrisa nostálgica. En ese momento, Caleb, que seguía contemplando
el mar, se giró hacia él. A diferencia de otras ocasiones, esta vez llevaba una
sonrisa genuina en el rostro: con el ceño relajado y las comisuras de los
labios curvadas con suavidad. Era aquella misma sonrisa que le había regalado
alguna vez en el pasado. Olvidándose de que llevaba los zapatos puestos, Jade
corrió hacia él y lo besó en los labios. Esta vez, Caleb no lo rechazó; se dejó
sostener y le correspondió el beso con calma. Los labios se abrieron y las
lenguas se entrelazaron con parsimonia. Aquel beso profundo quedó grabado entre
ambos como una promesa silenciosa.
“……Tienes
que cumplir tu palabra y venir conmigo.”
Dos
personas contemplaron el océano sellando aquel pacto, mientras las olas rugían
y mantenían su brillo azulado, como si prometieran estar siempre ahí,
inmutables.
*
* *
Tras
regresar de su luna de miel, aquella pareja de alfas se convirtió por un tiempo
en el centro de atención de la capital, aunque el revuelo fue disminuyendo de
manera gradual. Decían que incluso se habían abierto apuestas clandestinas
sobre cuánto duraría su matrimonio o cuándo se divorciarían, pero al no surgir
ninguna noticia al respecto, la gente pareció dejar de mencionarlos por
completo.
Y
entre los dos tenían un hijo —no se sabía muy bien de dónde lo habían sacado—
que guardaba un parecido asombroso con uno de ellos. Se rumoreaba que, en lugar
de enviarlo a la academia, preferían pasar el tiempo viajando juntos por
montañas, campos y el extranjero.
“Dylan.”
“¡Papá!”
En
esta ocasión habían venido de viaje a la costa en el extranjero. Al llamar a
Dylan, que jugaba en la orilla, el niño corrió hacia Caleb con los brillantes
ojos verdes muy abiertos. Caleb lo alzó en brazos con una sonrisa suave. Dylan
ya tenía cinco años. Era una edad en la que la musculatura empezaba a
endurecerse, pero su cuerpo seguía siendo frágil y propenso a lastimarse.
“Dámelo
a mí.”
“Estoy
bien.”
Y
Jade, a pesar de que ya habían pasado cinco años desde su matrimonio y de que
Caleb llevaba cinco años de servicio en el ejército, seguía temiendo que
pudiera romperse al menor descuido. El mayor deseo de Jade seguía siendo que
Caleb obtuviera la baja definitiva. Aunque Caleb siempre se burlaba con una
risita, Jade parecía incapaz de renunciar a ese anhelo.
“Conseguir
estas vacaciones también te costó lo suyo.”
“Las
vacaciones en el país no son problema. Lo difícil era salir al extranjero.”
“¿Papás,
están peleando?”
“No,
Dylan.”
“Ni
hablar.”
Ambos
le dedicaron una sonrisa radiante y le limpiaron la arena de las manitos antes
de ir a comer. Parecía una buena idea bañar al niño antes de dirigirse al
restaurante. Se encaminaron a la habitación para asearlo con calma antes de ir
al comedor con vistas al mar. Mientras Jade bañaba al niño en el hotel, Caleb
salió a la terraza para contemplar el océano.
“Ya
terminé de bañar al niño, cariño.”
“¿Ah,
ya?”
“Siempre
te quedas mirando el mar así.”
“Es
que me hace acordar al primer mar que vi.”
“¿El
primer mar que viste?”
Ante
esas palabras, Jade soltó una suave risa.
“Es
un honor.”
“Menos
mal que nuestro primer viaje de bodas fue allí. Si no fuera por eso, te habría
matado a golpes después de la noche de bodas.”
“Qué
miedo, por Dios.”
Diciendo
aquello, Jade secó los restos de agua del cuerpo de Dylan, que seguía envuelto
en una toalla, y lo cambió de ropa. El niño poseía un carácter calmado y
sereno. Cada vez que lo veía así, Caleb sentía un leve vuelco en el corazón,
pues le recordaba demasiado a sí mismo cuando era pequeño.
“¡Vamos!”
En
ese momento, Jade alzó al niño en brazos y se dirigió hacia la puerta. Al
verlo, Caleb parpadeó un par de veces antes de reaccionar. Ah, es cierto. A
diferencia de él, Dylan tenía a Jade a su lado.
Cuando
Caleb estalló en una suave carcajada, Jade parpadeó sin entender el motivo,
pero terminó sonriendo también. Al parecerle divertido verle así, Caleb dejó
escapar una risa baja y cerró la puerta de la habitación del hotel con calma
tras de sí.
Click.
Era
la imagen de una familia perfecta. Una en la que nadie podría abrigar la menor
duda.
—
FIN
