Capítulo 31-35

 


Capítulo 31

Jade miró el despacho que no podía ser más ostentoso y soltó una risa ahogada. Sin embargo, cuando el cabeza de la familia Enders lo miraba, adornaba su rostro con una sonrisa ordinaria.

“¿De verdad nos vas a ceder esto a nuestra familia?”

“¿Por qué cree que existe la expresión de que es bueno tener un buen consuegro? Como le he causado problemas a Caleb, al menos debo hacer este nivel de disculpa.”

“Jajaja, así que era eso. Sin saberlo, yo……”

“¿Sí?”

“Ah, no es nada.”

La familia Enders cambió de tema apresuradamente y buscó su propia pluma. Como Jade ya había firmado, solo faltaba que el conde Enders firmara. El conde firmó con una mano que temblaba levemente. Incluso sin esto, entre los feudos que poseía, no había ni uno solo con una especialidad decente, por lo que la familia Enders no recaudaba muchos impuestos. Se las habían arreglado solo con el hecho de ser una familia noble, tradicional y noble que existía desde los tiempos de la fundación del país, pero pensar que un feudo así caería en sus manos.

Plop.

Así, el cabeza de familia de los Enders soltó la pluma, y el papel con la firma terminada quedó ordenadamente sobre la mesa. Con solo este trozo de papel, un feudo había pasado a manos de la familia Enders.

“Ya que estamos así, ¿qué le parece si fija una fecha pronto para ir a echar un vistazo?”

“¡Ah, ah! ¡Por supuesto que debo hacerlo! Es una buena sugerencia, joven marqués.”

“Entonces volveré a visitarlo más tarde.”

Jade dio un paso atrás a propósito.

“Cuando el corazón de Caleb se calme, claro.”

“……Sí, hazlo así.”

Jade salió así del despacho junto con el cabeza de familia de los Enders, y el cabeza de familia de los Enders incluso lo despidió. Después de que el carruaje de la familia Damian se marchó, el conde Enders le dijo a su sirviente y a Ivan como si estuviera masticando las palabras:

“¿Le pusieron las manos encima a Caleb?”

“……Sí.”

“Inútil.”

“……”

“Ese tipo todavía muestra interés en Caleb, así que no le toques más. No sabemos qué clase de furia provocará si se entera.”

“……Sí.”

“Primero sácalo del sótano y mételo en una habitación. Trátalo lo mejor posible y luego devuélvelo a la familia Damian.”

“Sí.”

“Y tú, ven conmigo en tres días al feudo que acabamos de recibir.”

“¿El feudo?”

“¡Sí! ¡Ese imbécil ha traído un feudo para calmar la ira de Caleb!”

Una sonrisa codiciosa llenó la boca del cabeza de familia de los Enders.

El cabeza de familia de los Enders le dijo a Ivan:

“No le digas nada a Caleb. Volverá a arruinarlo todo hablando de anulación del compromiso o lo que sea.”

“Sí, sí. Padre.”

“¡Ahora tú también debes mantener tu posición como un digno heredero, así que anda con la espalda derecha!”

“¡Sí……!”

Ivan asintió con la cabeza. Él pensó: 'Es verdad. El único "hijo" de verdad en esta familia era él'. Mientras pensaba eso, su padre ya había subido a su habitación. Ivan se quedó de pie en el lugar vacío, repitiendo en su mente la palabra 'digno heredero', y luego dio media vuelta para dirigirse a su habitación. Esa palabra era demasiado dulce.

'Necesito más dinero para reunir más fondos en el lugar de inversión del que habló Caleb.'

Aunque Caleb había mencionado algo sobre una anulación del compromiso o lo que fuera, esa información debiera ser real. Y además……

'Los chocolates que se enviarán a la princesa.'

Si lograba eso, él realmente se convertiría en el héroe de la facción de los viejos nobles. La persona que serviría al príncipe más de cerca sería él. Sería reconocido por su mayor mérito y obtendría el reconocimiento de todos. Ivan apretó los puños con fuerza mientras caminaba por el corredor. No importaba de dónde hubiera venido esa información, ni quién la hubiera planeado, si se realizaba por sus manos, podría quedarse con todo el mérito. Ivan también tenía cosas que quería poseer y por las que deseaba ser reconocido.

Más que nadie.

* * *

Jade atravesó la lluvia y regresó a la mansión Damian. Tomó la decisión de que traer a Caleb a la fuerza en ese momento no era lo correcto. Ellos se mostraban reacios a mostrar a Caleb. Fuera cual fuera la razón, era inevitable que solo se le vinieran a la cabeza malos pensamientos.

Muchas personas lo recibieron a su regreso, pero entre ellas, una pintora llamada Aena salió corriendo y le preguntó:

“¡Joven amo Caleb! ¿Dónde está el joven amo Caleb?”

“……No pude traerlo. Pero iré a buscarlo pronto.”

“¡No puede ser!”

Ella se dejó caer al suelo y gritó:

“¡Tiene que ir a buscarlo ahora mismo!”

Entonces Jade agachó el cuerpo. Luego, agarrando con fuerza sus dos antebrazos, siseó mostrando los dientes:

“El que está a punto de volverse loco soy yo. Habla. Qué demonios pasó antes de cumplir los quince años.”

Ante esas palabras, la pintora dijo de la nada:

“Él es mi musa.”

“Ese tipo de estupideces……”

No es lo que estoy pidiendo escuchar. Antes de que pudiera escupir esas palabras, ella añadió una frase más:

“Fue mi musa que sufría todos los días.”

“……”

“¿Qué pasó con el cuadro que le di?”

Ella miró al vacío como si estuviera embrujada y movió la cabeza de un lado a otro. Jade habló ejerciendo la mayor paciencia posible:

“Caleb lo hizo pedazos y lo tiró.”

“Supongo que habría sido así. Porque habría reconocido que era él mismo.”

“……¿Que pintaste a Caleb?”

“¡Sí……!”

Aena juntó las manos con un rostro en el que no se sabía si estaba llorando o riendo. Y en un momento dado, habló con voz enfadada:

“La familia Enders, esos idiotas no lo saben. ¡Lo fuerte que es el joven amo……!”

No saben cuán sublime y hermosa es esa fortaleza. Mientras decía eso, de pronto sus ojos se oscurecieron como los de un títere al que se le cortaron los hilos.

“¿Dijo que tiene curiosidad por su pasado? Entonces, dejen solos a los miembros de la familia Damian. Asegúrense de que los sirvientes no se enteren. Protejan el honor de nuestro joven amo.”

“……Lo haré.”

Jade llevó a la pintora hacia la sala de estar donde se reunirían los familiares. Era tarde en la noche, pero era una extraña combinación en la que incluso el padre y la madre se habían reunido. Eso significaba que los miembros de la familia, aparte de Jade, también se preocupaban al menos un poco por la existencia de llamada Caleb.

“……Es verdad que intentó no encargarse de los asuntos internos. Como alguien que se irá pronto.”

La marquesa sonrió con amargura. Al principio pensó que simplemente no confiaba en Jade, quien era un alfa, pero no era así. La marquesa reprochó a su esposo, el marqués:

“¿Cómo pudiste hacer un trato así sin decirme ni una sola palabra?”

“Porque un trato así no es algo que deba decirse en voz alta.”

“Aun así…….”

La marquesa suspiró profundamente. Le gustaba ese lado de su esposo, pero pensar que le había ocultado incluso a la persona interesada el asunto sobre su prometido le parecía una falta de consideración. Jade, quien había estado escuchando eso en silencio, abrió la boca con tono pesado mientras apretaba las manos con fuerza:

“Así que, pintora, ¿qué es lo que sabes?”

“Cuando era joven, fui una doncella que servía al joven amo Caleb.”

Así comenzó la historia de la pintora, quien dijo que había trabajado en la familia Enders cuando era joven.

* * *

Los condes de Enders, como era natural, habían contraído un matrimonio de conveniencia. Como los nobles ordinarios, el conde de Enders, Gemein, y Mary Jane, quien era hija de una familia de condes al igual que él, no se amaban, pero conocían perfectamente sus respectivas posiciones y cumplían fielmente con los deberes de la familia.

Por lo tanto, se casaron sin dificultad y, además, dos años después del matrimonio, dieron a luz al primer hijo sin contratiempos. Al ver al primogénito que se le parecía, la condesa sintió por primera vez lo que era el amor maternal, y al ver la forma en que su esposo cuidaba al niño, sintió por primera vez algo parecido al afecto. Sin embargo, tal como solían hacer los hombres de la nobleza, esa lealtad no duró mucho, y en aquel entonces Mary Jane era joven.

¡Bang!

Ella empujó la maceta de la mesa haciéndola caer al suelo y rompiéndose.

“Ahora, ahora mismo hay un segundo hijo tuyo creciendo en mi vientre, ¿y qué se supone que significa eso?”

“Mary Jane, ¡por qué demonios armas tanto alboroto! ¡Te dije que como estás embarazada, solo es una muchacha con la que me entretengo un rato!”

“¿¡Y se atreve a decir eso ahora!?”

“¡Cálmate, que los plebeyos afuera van a escucharlo todo!”

“¿Así que al menos sabe que debería avergonzarse?”

“¡Actuar de esta manera tan vulgar es lo que da más vergüenza!”

Gemein solía apreciar bastante a su esposa. Por esa razón, no quería forzar a su esposa que estaba embarazada, así que se divertía con una mujer que se le parecía mucho. Y esa imagen volvía loca a Mary Jane. Ella, que esperaba a su segundo hijo, se volvió cada vez más histérica, y cada vez que el conde regresaba de la calle, le revisaba la ropa directamente. Debido a esa actitud, el ambiente en la casa comenzó a volverse sombrío.

“……¿Madre?”

Ivan, atrapado en medio de todo eso, solía buscar a su madre con cautela constante, ya que ella siempre estaba llorando. La condesa de entonces sufría de una depresión extrema, pero aun así, cuando su hijo iba a verla, intentaba sonreírle lo mejor posible para recibirlo. Ese día, cuando Ivan fue a visitarla, ella lo recibió con la sonrisa más brillante que pudo.

“Ivan. Mi tesoro, ven aquí.”

“Sí, madre.”

Ivan se sentó en el sofá junto a su madre. Mary Jane les dijo a los sirvientes que trajeran galletas y té, y luego comenzó a acariciar lentamente su vientre ya abultado. No faltaba mucho para el día en que diera a luz al segundo. Ella suspiró. Que se rodeaba de una mujer parecida a ella porque no quería forzarla. Qué gran broma. Dejó escapar una fría sonrisa burliza en sus labios y, ante el llamado de Ivan, miró al niño con una sonrisa amable.

“Madre. ¿Cuándo va a nacer mi hermano menor?”

“Vaya, no lo sé con exactitud, ¿pero no tardará en nacer? Nuestro Ivan, ¿preferirías que fuera una hermana menor o un hermano menor?”

Y fue en ese momento cuando Mary Jane escuchó algo que nunca antes había pensado.

“No quiero que nazca ningún hermano menor.”

“……¿Eh, qué dijiste?”

“Desde que apareció un hermano menor, solo siguen pasando cosas malas.”

“……”

Ante esas palabras, los labios de Mary Jane temblaron. Pensaba que, desde la perspectiva de un niño, las cosas podían verse así. Pero con esa sola frase se sintió aliviada. Todo era simplemente culpa del niño. Si no hubiera surgido el segundo, no habría habido infidelidades por parte de su esposo, y si no hubiera habido infidelidades, ella no se habría comportado de manera tan histérica. Tampoco habría tenido días en los que deseara tanto morir. Ivan, que había arrojado una piedra sobre el lago, la miraba hacia arriba con unos ojos claros.

“……Ya veo, así es.”

Mary Jane habló como si estuviera embrujada. Sí, así fue. Si no hubiera aparecido el segundo, este tipo de cosas no habrían pasado. Ella murmuraba sola de esa manera, como una persona enloquecida. Sabía muy bien que el niño no tenía ninguna culpa, pero esta situación era demasiado difícil de soportar para ella sola, y como no podía descargar su furia con gran fuerza contra su esposo, era natural que su enojo se desviara hacia el niño. ¿Sería por eso? El parto del segundo hijo fue más difícil que cualquier otro.

“¡Aaaah!”

“¡Señora! ¡No debe perder el conocimiento! ¡Haga un poco más de fuerza!”

“¡Señora!”

Las vidas tanto de la madre como del niño corrían grave peligro. El segundo hijo nació recién después de pasar por dolores de parto durante casi todo un día entero. Nació un niño con ojos verdes que no se parecía ni al padre ni a la madre, tal vez habiendo heredado a los antepasados de la familia materna. La partera que recibió al bebé lo limpió bien y se lo tendió a Mary Jane.

“Es un varón sano, señora.”

“Lárgalo de aquí……”

Ella giró el rostro, empapada en sudor. Significa que no quería verlo. A la partera no le quedó más remedio que entregarle el niño a los sirvientes. Y se marchó diciendo que quedaba en buenas manos. A partir de ese día, el niño comenzó a crecer en manos de los sirvientes en lugar del regazo de su madre. Ni siquiera tenía una niñera adecuada. Dada esa situación, en la familia llamaban a Caleb de esta manera:

'El joven cuervo despreciado.'

Si lo llamaban así, al menos era una suerte.

'Un desperdicio mugriento y abandonado.'

Porque a sus espaldas solían decir cosas mucho peores. A pesar de su corta edad, Caleb era agudo. Cuando los sirvientes, que de alguna manera no podían matar a la sangre de la familia del conde, se turnaban para cuidar al niño y este apenas empezaba a caminar y hablar, el cabeza de familia de los Enders le dijo a su mayordomo con un tono como si dijera 'Ah, es verdad, yo tenía un segundo hijo':

“Todo noble que se precie debe ser enviado a la academia. Si ni siquiera puede graduarse de la academia, ¿qué dirán los demás de nuestra familia? Dale educación. Y si no puede, incluso a golpes.”

“Sí.”

“Puedes usar el sótano.”

“Entendido.”

En lugar de un tutor adecuado, el mayordomo quedó a cargo de su educación. Al tratarse de una familia antigua, el mayordomo también poseía cualidades lo suficientemente excelentes como para enseñar a cualquiera, pero era un hombre de la familia Enders. Significa que era un hombre parecido a una serpiente. Él le presentó una montaña de documentos a un niño que apenas podía hablar en voz alta y le dijo:

“Estas son las cosas que el joven amo debe lograr.”

“Sí, sí……”

En ese entonces, Caleb era pequeño. Demasiado pequeño. Era tan frágil y débil que si los sirvientes de buen corazón no lo hubieran cuidado, habría muerto hacía tiempo. Sin embargo, el mayordomo comenzó a disciplinarlo como si Caleb estuviera hecho de acero. Deseaba que Caleb, que ni siquiera había recibido una educación básica para aprender a leer, leyera todas las letras en el plazo de una hora, y pretendía que el niño, que jamás había aprendido a sumar, dominara el cálculo para la siguiente sesión.

Pero cómo iba a ser posible algo así.

“Sígame.”

“Y, yo lo siento.”

“Le dije que me siguiera.”

El joven Caleb le temía al mayordomo. Mientras caminaba con dificultad sobre sus piernas temblorosas, el mayordomo se adentraba cada vez más en lo profundo de la mansión. El lugar al que llegó de esa manera fue el almacén del sótano. No, era un sitio que se acercaba más a un calabozo subterráneo. El mayordomo abrió una caja apenas lo suficientemente grande para que entrara un niño pequeño.

“Entre.”

“¿S, sí……?”

“Espero que reflexione detenidamente aquí sobre qué es lo que ha hecho mal.”

“N, no quiero. No, no quiero entrar.”

“¿Acaso está diciendo que no quiere obedecer la orden del cabeza de familia?”

“……P, pero.”

Al ver que Caleb, aterrorizado, no podía mover los pies, el mayordomo se acercó y tiró de su brazo con brusquedad. De nada sirvió que Caleb soltara un grito ahogado. El mayordomo metió a fuerza a Caleb dentro de aquella caja de madera y cerró el exterior con un candado. Caleb golpeó la puerta de la caja desde adentro.

“¡Ábrame! Esto, ábrame esto. ¡Es demasiado pequeño!”

“No pasa nada. Espere aquí hasta que yo regrese.”

“Cuándo, cuándo va a venir. Exactamente cuándo.”

“Vendré cuando considere que ha reflexionado lo suficiente.”

“¡Eso exactamente cuándo……!”

A pesar de la voz lastimera de Caleb, el sonido de los zapatos de cuero se alejó y la puerta se cerró de inmediato. Atrapado dentro de la caja en medio de esa oscuridad, Caleb tuvo que temblar de miedo. No podía saber cuánto tiempo había estado en esa caja. Porque durante el tiempo que estuvo allí, no se le permitió ni comida ni agua. En un lugar donde ni siquiera entraba un hilo de luz, él se fue marchitando poco a poco.

¿Cuántas horas habrían pasado?

O tal vez, ¿cuántos días?

Por lo que había visto en los libros, el tiempo que un ser humano podía vivir sin agua era de apenas tres días, así que, ¿significaba eso que este tiempo que se sentía tan largo ni siquiera llegaba a tres días? Mientras pensaba en todo tipo de cosas, Caleb comenzó a rasguñar lentamente el interior de la puerta con sus uñas.

“Lo hice mal……”

Una voz demasiado desgarradora como para decir que pertenecía a un niño pequeño.

“Lo haré bien. Lo hice mal. Sáquenme de aquí……”

Repitió esas palabras durante toda la noche mientras rasguñaba el interior de la puerta hasta hacerse sangre y, después de cuánto tiempo más, pasó el mayordomo. Solo cuando vio las uñas de Caleb hechas pedazos, ensangrentadas y en un estado deplorable, el mayordomo dijo:

“Parece que ha reflexionado lo suficiente. Vamos a retomar las clases.”

“……Sí.”

A partir de ese día, Caleb apretó los dientes y comenzó a seguir las clases excesivas del mayordomo. Pasaba las noches en vela hasta sangrar por la nariz, y leía y volvía a leer lo que no entendía hasta comprenderlo. A veces, cuando iba a buscar libros al estudio, podía ver a lo lejos a Ivan relacionándose con su madre. Ivan siempre sonreía con un rostro alegre, pero cuando cruzaba miradas con él, desviaba la vista disimuladamente. En el fondo, a Caleb eso le daba un poco de pena. Pensaba que, al fin y al cabo, eran hermanos, como para andar evitándose de esa manera.

'……También me gustaría hablar con mi madre.'

Por eso Caleb reunió valor. Con los libros apretados contra su pecho, Caleb se acercó lentamente a su madre. Pero tan pronto como Mary Jane vio al segundo, a Caleb, frunció el entrecejo, aunque enseguida se las arregló para controlar su expresión.

“Vaya, ¿qué pasa, Caleb?”

“Q, quería ver a mi madre.”

“Sí, ya veo. ¿Entonces con eso ya es suficiente, no? Vete ahora. Parece que también tienes clases.”

“Ah, sí. Sí…….”

Ante esas palabras, las puntas de las orejas de Caleb se enrojecieron.

 

 

Capítulo 32

No era la timidez de haber hablado con su madre. Era porque había entendido el significado oculto detrás de la frase de que desapareciera de su vista de una vez. Significaba que no quería pasar ni un solo momento con él.

Aunque el joven Caleb no lo sabía en ese entonces, de manera muy graciosa, el conde de Enders había despedido cruelmente a su amante y regresado al hogar tan pronto como su esposa dio a luz al segundo y entró en período de recuperación. Por eso Mary Jane seguía odiando al segundo. En particular, incluso el hecho de que casi la matara con un parto difícil era algo que odiaba. El dicho de que de los diez dedos no hay ninguno que no duela era una mentira absoluta. Porque Caleb era el dedo que no dolía entre todos ellos.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“V, voy a retirarme.”

“Hazlo.”

La condesa pasó junto a Caleb llevándose únicamente a Ivan, y a Caleb no le quedó más remedio que quedarse congelado en el lugar. Esta familia no lo recibía bien. Sin embargo, ni siquiera podía llorar. No, simplemente no le salían lágrimas. Simplemente porque su interior estaba tan vacío, porque no tenía nada dentro. Había un agujero abierto en su interior que ni siquiera permitía que las lágrimas se acumularan, así que no salía nada.

Así, Caleb movió sus pasos para empezar a cumplir con la hora de clase. Aun así, el Caleb de entonces amaba a su familia. Se esforzaba por ser amado. Pensaba en su joven corazón que, si de algún modo lograba ser reconocido, le compartirían aunque fuera una pizca de afecto.

Pero el odio recibido sin conocer la razón no era algo que Caleb pudiera solucionar. En ese momento no lo sabía. El joven Caleb, que no sabía eso, se concentró en la clase del mayordomo hoy también para no quedar encerrado otra vez dentro de esa pequeña caja. Porque si se perdía ni una sola letra, sería castigado. Porque sería arrojado de nuevo a esa oscuridad.

“Entonces, comencemos la clase de hoy.”

“Sí.”

Caleb asintió con la cabeza. Caleb, que ahora dominaba por completo las disciplinas básicas, estaba aprendiendo la situación política extranjera y lenguas extranjeras. En realidad, esta parte era un área que ni siquiera Ivan había llegado a aprender. Era un nivel que los niños de su edad ni siquiera se atrevían a imaginar, pero el mayordomo siempre miraba a Caleb y lo presionaba diciendo que le faltaba mucho. Por eso Caleb creía que era un incapas.

En alguna ocasión, el mayordomo le había mencionado indirectamente al cabeza de familia de los Enders:

‘El joven amo Caleb tiene un buen talento para observar y aprender.’

‘Por mucho que sea así, es un niño que solo trae desgracias a nuestra familia. Si no hubiera sido por ese niño, nuestra familia no habría llegado a tal extremo en aquel entonces. Trátalo con más severidad que a nadie.’

‘……Entendido.’

El mayordomo solo inclinó profundamente la cabeza.

* * *

Las duras clases del mayordomo continuaron sin cesar. Aunque Caleb era de la línea directa del conde, era tratado como un hijo ilegítimo recogido de la calle. Solo los sirvientes lo sabían vagamente, y para la gente de afuera era una presencia fantasmal que no se conocía en absoluto. No era algo que la familia del conde hubiera provocado deliberadamente. Simplemente, como todos en la casa evitaban al niño de manera natural, lo excluían al salir, por lo que todos pensaban que en la familia del conde solo había un hijo. A menudo, Caleb miraba desde la ventana a su familia que se dirigía a algún lugar sin él. Al observar a su familia con los rostros llenos de sonrisas, algo solía surgir y reptar desde lo más profundo de su pecho. El joven Caleb no sabía qué era esta emoción. Porque para él era mucho más importante sobrevivir dentro de esta familia.

Caleb simplemente ignoró esa emoción y, sosteniendo un libro como todos los días, se dirigió a su pequeña habitación para hacer la tarea asignada para hoy.

Un día, para ser exactos, era el cumpleaños de la condesa. Numerosos regalos llegaron para ella. Entre ellos había obsequios llegados del extranjero, y literalmente, se incluyó un hermoso pájaro negro de plumaje liso. El problema era que, mientras en aquel país el pájaro negro era considerado un presagio de buena suerte, en el imperio era considerado un presagio de mala suerte. La condesa lo encontró sumamente desagradable.

“¡Estúpido, sin saber siquiera que en el imperio el pájaro negro se considera desagradable……!”

La condesa intentó deshacerse de ese pájaro tirándolo. Sin embargo, Ivan, que lo miraba tranquilamente, dijo:

“¿Qué tal si le damos eso a Caleb?”

Entonces la condesa puso una expresión momentáneamente desconcertada.

“Solo digo. Se parece a Caleb.”

Ivan ya tenía la edad en la que sabía todo lo que tenía que saber. Sabía que su hermano menor era tratado con desprecio en la casa, que su madre y su padre solo lo apreciaban a él, y que él estaba muy por encima de su hermano menor y que se le perdonaría cualquier cosa que le hiciera.

“……Ya veo. Se parece mucho a Caleb.”

Ante las palabras de Ivan, la condesa murmuró en voz baja.

“Como están en la misma situación, lo cuidará bien. ¿Quién sabe? Tal vez así la desgracia se desvíe hacia Caleb.”

“……Entonces, ¿harías el favor de encargarte tú mismo, hijo mío?”

“Sí, madre.”

Ivan mostró una amplia sonrisa. Y levantando la jaula con el pájaro dentro, comenzó a dirigirse hacia la habitación donde estaría Caleb. La condesa sintió por un instante cómo su corazón latía con fuerza. Hacía mucho tiempo que trataba a Caleb con desprecio. Sin embargo, no esperaba que eso fuera evidente incluso ante los ojos de Ivan. No, decir que no lo sabía habría significado que ella era una tonta. Sería más correcto decir que no esperaba que Ivan llegara a expresarlo abiertamente de esa manera.

'Hay que mantener el equilibrio de la familia.'

La condesa recuperó un poco la compostura.

'Aun así, cuando Ivan se convierta en el cabeza de familia, Caleb es quien deberá respaldarlo. No puedo arruinar por completo la relación entre esos dos.'

Mientras la condesa pensaba en eso, Ivan llegó a la pequeña habitación donde vivía Caleb. Esta habitación, que era de las más pequeñas entre las de invitados, era un lugar lúgubre que se asignaba cuando llegaban huéspedes no deseados. Y esa era la que ocupaba Caleb, quien pertenecía a la línea directa. Ivan abrió la puerta bruscamente en lugar de tocar. A la derecha de la puerta se veía de un vistazo el aspecto de la habitación austera, con la cama y, junto a la ventana, un escritorio.

“……¿Hyung?”

Caleb lo llamó. Fue inesperado. Era la primera vez que su hyung lo buscaba de esa manera directa. Ivan sonrió radiantemente y le mostró la jaula. El elegante pájaro negro era hermoso a simple vista. Caleb lo miró con ojos desconcertados.

“Es un regalo que llegó para madre, y dijo que se acordó de ti, así que te lo regaló para que lo tuvieras.”

“……¿Madre?”

“Sí. Así que vine a traértelo.”

Sin pedir permiso, Ivan entró y lo dejó sobre el escritorio de estudio de Caleb. El pájaro era más grande de lo que pensaba. Parecía que Caleb, que todavía no tenía un tamaño considerable debido a que no se le alimentaba bien, podría abrazarlo contra su pecho. Caleb sintó una emoción incontenible. El primer regalo que su madre le daba.

“Lo, lo cuidaré bien. ¿Podrás decirle a madre que lo cuidaré bien?”

Ante esas palabras, Ivan sonrió.

“Por supuesto.”

Después de decir eso, Ivan se marchó, y Caleb quedó completamente cautivado por la mirada de aquel pájaro de plumas totalmente negras. Se parecía a él, que tenía el cabello negro que no encajaba en absoluto con el resto de su familia. Tal vez la madre también pensó en eso cuando se lo dio. Le vino ese pensamiento a la cabeza. ¿No le habría dado este regalo madre porque a ella también le preocupaba ese aspecto suyo?

Caleb fue a la cocina a buscar algo de grano para alimentar al pájaro y terminó sus deberes. El pájaro lo miró ladeando la cabeza, y como Caleb pensaba que alguien lo estaba observando, se sentía bastante nervioso. Caleb giró la jaula dándole la espalda. Sin embargo, en ese momento el pájaro movió el cuerpo y volvió a mirar a Caleb. Era de una persistencia incomparable.

“¿No puedes mirar a otra parte?”

Entonces aquel pájaro abrió el pico.

“¿No puedo?”

“¡Ah!”

¡Bang!

Caleb cayó hacia atrás sin darse cuenta. ¡El pájaro había hablado!

¡El pájaro!

Caleb, que se había asustado de golpe por un instante, recordó de repente lo que había escuchado en sus clases. Había oído que en el extranjero había pájaros que imitaban la voz humana. ¿No sería ese tipo de pájaro? Caleb enderezó la silla, se sentó en ella y volvió a hablarle con cautela.

“¿Hola?”

“¡Hola! ¡Hola!”

“¡Shh! ¡Silencio!”

“¡Silencio!”

“Vaya……”

¿No había forma de arreglar que tuviera un tono de voz tan alto? Aunque pensaba eso, de algún modo a Caleb no le desagradaba, ya que parecía haber encontrado un compañero con quien hablar. De ese modo, Caleb le dio al pájaro el grano que había conseguido en la cocina y se quedó dormido.

* * *

Caleb le puso al pájaro el nombre de ‘Kale’ y comenzó a vivir junto a él. Kale era un pájaro sumamente inteligente. Era capaz de mantener una simple conversación y, aunque volara lejos, si lo llamaba por su nombre, escuchaba la voz de Caleb y regresaba para posarse aleteando en su brazo. Para Caleb, quien era un solitario en la casa, había nacido su único amigo.

Tras recibir sus clases, su radio de acción, que siempre solía limitarse a estar encerrado en el estudio o en su habitación, comenzó a experimentar un cambio. Empezó a salir al jardín en compañía de Kale. La condesa a menudo miraba a ese Caleb a través de la ventana y comenzaba a sentir un atisbo de compasión. Le invadía la culpa de pensar que los acontecimientos de aquel entonces no habían sido culpa de Caleb, y que sin embargo le había transferido todo su odio al niño. Pensaba que, al menos ahora, debía restablecer el equilibrio.

Sin embargo, alguien no podía hacer lo mismo. Ivan, el hermano mayor de Caleb. Era él.

‘¿Qué tiene eso de tan bueno? Teniendo un pájaro tan espantoso.’

A Ivan le encantaba acaparar por completo el amor de sus padres. Por eso pensaba que un segundo hermano no servía para nada. Si el pájaro negro era un ave que traía desgracias, se lo había regalado esperando que un infortunio azotara a su hermano menor. Pero Caleb, que había empezado a cuidar del pájaro negro, tenía mejor color en el rostro que nunca.

‘A ver qué puede tener de bueno algo así.’

Mientras andaba quejándose para sus adentros, alguien tocó a la puerta.

“Joven amo, la señora lo busca.”

“¿La madre? Iré enseguida.”

Ante las palabras de que su madre lo buscaba, Ivan salió de inmediato de la habitación. Claro, al fin y al cabo su madre solo lo buscaba a él. Pensaba que la posición de Caleb en esta familia jamás iba a cambiar. Pero la madre a la que se enfrentó en la habitación soltó unas palabras inesperadas.

“Mi hijo, Ivan.”

“Sí, madre.”

“Ya es hora de que empecemos a consolidar el centro de la familia.”

“¿A qué se refiere con el centro?”

“Estaba pensando que no podemos seguir dejando a Caleb de esa manera por siempre.”

“……¿A Caleb?”

“Sí. Cuando nosotros muramos, esta familia será tuya, pero ¿no deberías tener al menos un hermano que te sirva de apoyo? Como Caleb conoce muy bien su lugar, no se te rebelará. Por eso pensaba qué tal si, a partir de ahora, empiezan a llevarse bien.”

“Con eso de que nos llevemos bien, se refiere a……”

“Hablo de vivir verdaderamente como una ‘familia’ de ahora en adelante. Ivan.”

“……”

Con una sonrisa en el rostro, Ivan apretó con fuerza las manos que tenía colocadas sobre sus rodillas. Hasta ahora todo iba tan bien, no debería cambiar de opinión de esa manera, madre. A él le gustaba demasiado la familia que ya se había forjado por sí solo. Ivan pensaba eso, pero con la boca le respondió lo que su madre quería escuchar.

“Si la madre lo desea, tendré que hacerlo.”

“Sí, me alegra que comprendas el corazón de una madre.”

“No es nada.”

Con una cara sonriente, Ivan le sostuvo la mano a su madre. Aquella mano estaba tibia.

Ivan salió de su habitación tal como estaba. Su paso apresurado indicaba que su estado de ánimo no era nada bueno. Que ahora se pusiera a cuidar de Caleb. Cómo iba a ser posible algo así. Con una sonrisa torcida, Ivan le dijo a su sirviente personal:

“Saca mi rifle de caza.”

“Entendido.”

La velocidad de sus pasos, mientras caminaba con pisadas firmes, se hizo aún mayor. Las cosas, cuanto más rápido se hicieran, mucho mejor.

* * *

Al día siguiente por la mañana. Tan pronto como Caleb abrió los ojos y se levantó, vio la jaula vacía. Este pájaro astuto podía abrirla y salir por su cuenta sin importar que cerrara la puerta con llave. Y luego, ya fuera para un paseo nocturno o diurno, disfrutaba de su vuelo a su antojo y regresaba cuando tenía hambre o llegaba la hora.

Caleb abrió la ventana y gritó:

“¡Kale!”

Aunque antes solía regresar al llamarlo por su nombre, esta vez no hubo noticias. Supongo que habrá volado muy lejos. Pensando eso, Caleb salió a sus clases con la ventana abierta.

Sin embargo, ni siquiera después de que terminaron todas las clases, Kale regresó. No lograba concentrarse en las tareas, así que al final salió al jardín por su cuenta a buscar a Kale.

“¡Kale! ¡KALE!”

La voz de Caleb se fue volviendo cada vez más fuerte. Los demás sirvientes lo miraban extrañados, pero para Caleb lo importante era encontrar a Kale. El pájaro, que era tan inteligente que con solo oír su voz volaba y se posaba en su brazo, no se veía por ningún lado. Pero en ese momento.

Crujió.

De algún lado provino un sonido de crujido. Caleb se dio la vuelta de inmediato y vio a su hermano mayor de pie en el jardín oscuro. Sosteniendo algo negro con las manos.

“Hermano menor, pareces llevar un buen rato buscando algo.”

“……”

La mirada de Caleb se posó en ese objeto negro.

“¿Tal vez esto?”

Era Kale, ensangrentado y muerto a tiros. Ivan, que lo sostenía agarrándolo bruscamente por la base de las alas, lo sacudió un par de veces. Como si quisiera dejar en claro que estaba muerto sin lugar a dudas. Caleb miró a su hermano mayor con los ojos muy abiertos.

“¿Por qué……?”

“¿Que por qué?”

“……Sabías muy que era el ave que yo atesoraba.”

“Ah, es verdad. Pero estaba practicando la cacería y por accidente.”

“¿Por accidente?”

“Mi habilidad para cazar no es muy buena que digamos.”

“¿Acaso practicaste la cacería dentro de la misma mansión en primer lugar?”

“……Mjum, eso definitivamente suena un poco contradictorio.”

“Es un regalo que me dio la madre. ¡Era mi único amigo!”

“Entra en razón, Caleb, ¿cómo vas a ser amigo de una bestia? Como te tratan como a una bestia sin valor en la casa, ¿te crees que de verdad te has vuelto una?”

“……Cómo, cómo.”

“Caleb, no pasa nada. Al final, pájaros como este hay de sobra.”

Diciendo eso, Ivan arrojó el cadáver de Kale a los pies de Caleb.

“Lo de hoy de verdad lo siento. Como muestra de disculpa.”

Arrugó los ojos en una sonrisa.

“Te compraré uno nuevo.”

Ante esas palabras, la cabeza de Caleb le dio vueltas de rabia. Caleb se abalanzó de inmediato sobre Ivan y lo derribó agarrándolo del cuello con ambas manos.

“¡Tú lo sabías! ¡Todo! ¡Cuánto, cuánto quería yo a Kale……!”

“¡Jerg, ghg……!”

Una lágrima cayó de golpe de los ojos verdes de Caleb. Mientras le estrangulaban el cuello, Ivan torció el rostro de forma grotesca y sonrió. Aunque se ahogaba y boqueaba como si estuviera a punto de perder el aire, pensaba que le había ganado a Caleb. Porque pronto los sirvientes se acumularían allí.

“¡Joven amo!”

“¡Joven amo! ¡Deténgase! ¡Joven amo!”

Los sirvientes se acercaron apresuradamente y comenzaron a separar a los dos niños. Como era de esperarse, los sirvientes sometieron bruscamente a Caleb para apartarlo y trataron de proteger a Ivan, quien parecía la víctima. Caleb gritaba a voz en cuello. Preguntando por qué había matado a Kale. Diciendo que él ya lo sabía todo. Repitiendo las mismas palabras una y otra vez. Pero nadie escuchaba esa voz.

Todo ese revuelo llegó a los oídos de los esposos Enders. Se vio a la condesa bajar corriendo por las escaleras de prisa. Caleb se puso delante de la condesa. Por primera vez quiso reunir valor y suplicarle. Sin embargo, ella empujó a Caleb hacia un lado, se acercó a Ivan, miró los moretones que le quedaban en el cuello y abrió grandes los ojos.

“¡Cómo, cómo es posible que tengas esta clase de heridas……!”

“¡Madre……!”

“¡Cómo pudiste hacerle esto a tu hermano……!”

La condesa gritó con furia. Caleb se sostuvo el hombro donde lo habían empujado y miró a su madre con los ojos todavía húmedos. Los ojos de su madre estaban firmemente abiertos y llenos de hostilidad.

“……El regalo que la madre me dio, el hermano mayor lo mató.”

“¿El regalo que yo te di?”

“Sí, el pájaro negro. Aquel que la madre dijo que cuidara bien……”

“Ja.”

La condesa recordó aquel pájaro negro y de mal augurio que había llegado tiempo atrás.

“¡¿Con que estrangulaste el cuello de tu hermano solo porque mató a ese maldito pájaro negro que atrae la desgracia?!”

“……¿Qué?”

“¡¿Te di para que lo botaras y acabas armando semejante escándalo?! Régimen de……”

“……”

Caleb se quedó sin palabras y miró hacia arriba a su madre. Su madre detuvo los gritos y abrazó a Ivan. Mi pequeño, cuánto debió dolerte. Diciendo eso. Como si él no fuera un hijo parido por ella misma. ¿Cómo puede haber un trato tan diferente entre hijos salidos del mismo vientre?

“……Para mí era el primer regalo que la madre me había hecho en la vida.”

Caleb susurró en voz baja, pero en medio del alboroto esa diminuta voz no fue escuchada por nadie. Y en ese momento, el conde bajó por las escaleras. Al conde no le agradaba en absoluto este alboroto. Tsk, de todos modos era mejor que el segundo nunca hubiera existido. Pero qué se le iba a hacer, si ya había crecido tanto.

“Mayordomo.”

“Sí.”

“Haz que este de ahora en adelante viva en el sótano.”

El mayordomo levantó la cabeza.

“¿Se refiere de aquí en adelante y para siempre?”

“Sí, que le lleven la comida allí y dale la educación también en ese lugar.”

Al escuchar esas palabras, Caleb se sobresaltó con horror. El sótano, ¿qué clase de lugar era ese? La caja donde siempre lo encerraban cuando se portaba mal. Era el lugar donde estaba eso. Aunque ahora ya había crecido demasiado como para entrar en esa caja, estar cerca de ella equivalía a una tortura para Caleb. De inmediato corrió a aferrarse al dobladillo de la ropa de su padre.

“Padre, no quiero el sótano. ¡Padre!”

“¡Quítate de aquí! ¿Cómo vas a armar semejante alboroto y pretender que no pasa nada? ¡Como no conoces tu lugar, no me queda otra que enseñártelo!”

“¡Padre!”

“¡Cómo te atreves a levantar la voz! ¡Mayordomo!”

“Sí.”

“¡Lleva a este de una vez al sótano!”

“Sí.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

El mayordomo ordenó a los sirvientes que se llevaran al sótano a Caleb, quien forcejeaba y pataleaba. Los gritos de Caleb llamando a su padre y a su madre se fueron desvaneciendo poco a poco a lo lejos. Mientras escuchaba esa voz, Ivan sonrió a escondidas. Porque dentro de su territorio no necesitaba ningún pájaro negro llamado Caleb.

 

Capítulo 33

Así, Caleb comenzó a vivir encerrado en la oscura habitación del sótano. No, aquello ni siquiera podía llamarse vida. Como se sentaba en un rincón de ese lugar sin un solo rayo de luz y apenas podía ver algo de claridad el día en que le llevaban la comida o tenía clases. Y en ese entonces, Aena fue asignada como su doncella. En esa época Aena era joven, pero aguda. Sabía perfectamente cómo funcionaba la familia. Había escuchado los rumores que circulaban fragmentados sobre las duras clases que el mayordomo le daba a Caleb, la razón por la cual estaba encerrado en la habitación del sótano y por qué los miembros de la familia lo aborrecían.

Por esa razón, ella misma se ofreció para ser la doncella de Caleb, un puesto que nadie quería aceptar. Aena no había entrado a esta familia para trabajar de sirvienta el resto de su vida. Su sueño era ser pintora, y solo se había metido temporalmente a esta familia para ganar dinero con el fin de costear sus materiales de pintura. Y quedó cautivada.

“Joven amo, aquí está su comida de hoy.”

“……”

Por esos ojos verdes que brillaban nítidamente en la oscura habitación del sótano. Cada vez que veía esos ojos, sentía un cosquilleo electrizante en la columna y le daban impulsos de agarrar el pincel. Tras entregarle la comida a Caleb, Aena regresaba a su habitación y garabateaba algo con papel barato y carbón. Pero por mucho que dibujara y volviera a dibujar, no lograba capturar esa mirada. Aquello la frustraba terriblemente.

‘Tengo que hacerlo mejor, mejor, mejor.’

Aceptando esos papeles entre sus brazos, Aena pensaba en Caleb. Mi musa. Mi musa que, herida, terminó convertida en un monstruo. Se esforzó por plasmar sus ojos y su aspecto en el papel, y por fin había llegado hasta aquí.

Al escuchar todo esto, a Jade le costaba creer que toda esta historia perteneciera a Caleb. Tenía muy vívido el recuerdo de aquellos quince años cuando lo vio por primera vez. Con su piel pálida y la espalda erguida. No podía creer que esa apariencia suya, más noble que la de cualquier aristócrata, en realidad se hubiera forjado en el sótano a base de las cosas más frías del mundo.

Le temblaban las manos. Sentía que no sabía qué palabras pronunciar ni qué expresión poner. Se cubrió el rostro con ambas manos. Al verlo así, Aena juntó las manos.

“¡Al joven amo, tráigalo lo antes posible……!”

“¡Eso ya lo sé!”

Gritó Jade. Ahora por fin comprendía qué significaba ese deseo de querer borrarlo del registro nobiliario. Sería el deseo de arrebatarle todo: el honor como aristócrata, la vida misma. Pero el pensamiento de Jade era diferente. En ese instante lo que quería era estrujarles el cuello a esos malditos y clavarles una bala en la cabeza. ¿Qué importaba tanto esa tontería del registro nobiliario? Si al final, cuando la vida se acaba, nada de eso tiene sentido. Jade apretó los puños con fuerza. Tan fuerte que le quedaron marcadas las uñas.

“……Ya lancé algo que les va a servir, así que esos desgraciados pronto se van a mover.”

“¿Te refieres al documento del feudo que llevaste cuando fuiste a la familia Enders?”

Dijo la marquesa. Ante esas palabras, Jade sonrió apretando los dientes. Estaba sonriendo, pero eso no podía llamarse una sonrisa.

“……Creo que es un cebo bastante bueno, madre.”

“Jade…… esta madre tuya……”

Mientras la marquesa hablaba, el marqués le puso una mano en el hombro. Y le indicó que negara con la cabeza. Al ver su acción, la marquesa suspiró. No era como si ella no estuviera furiosa por las cochinadas que hicieron esos sujetos. Porque ni siquiera se atrevía a calibrar lo desesperados que debieron de ser los ultrajes y las injusticias que aquel niño, que parecía no saber dónde aferrarse con afecto, había sufrido durante su infancia.

“Si Caleb se fue a propósito hacia ese lugar, solo tenemos que hacer que desaparezca el lugar al que regresar.”

Los ojos dorados de Jade brillaron con viveza. Era una especie de furia. Furia por su pareja arrebatada, o más bien, furia por el pasado que su pareja le había estado ocultando. Y furia consigo mismo por no haberlo sabido hasta ahora. Conteniendo esa rabia con fuerza, Jade abrió la boca:

“Primero tendré que sobornar a los sirvientes.”

Dijo con una sonrisa fría y burlona, como si aún no fuera el momento de dejar estallar su ira.

* * *

El hogar de los Enders estaba en completo silencio. Caleb se encontraba encerrado en su habitación, mientras que el conde Enders y Ivan se estaban preparando para partir hacia el feudo donde florecían las rosas doradas. Tenían que ir en persona al feudo para anunciar que el señor había cambiado y también debían comprobar si el representante del señor estaba haciendo bien su trabajo. Querían ver con sus propios ojos cuánta riqueza les traería aquella rosa dorada.

“¿Está todo listo?”

“Sí, cabeza de familia.”

“Partamos de inmediato. Mientras tanto, no dejen entrar a ningún invitado a la mansión.”

“Sí, entendido.”

En ese momento, la condesa bajó las escaleras apoyándose en el brazo de las doncellas.

“Vayan con cuidado.”

“Así lo haré, tú también cuídate mucho.”

A la condesa le iba creciendo el vientre poco a poco. Era el momento en el que debía cuidar más de su cuerpo. Parecía incómoda ante la idea de quedarse a solas con Caleb en la mansión, pero en un lugar tan grande no habría ocasión de cruzarse con él. Sobre todo porque Caleb no tendría motivo para salir de su habitación. La condesa asintió con la cabeza y regresó a su habitación con el apoyo de las doncellas.

“Asegúrate de que Caleb no haga tonterías.”

“……Entendido.”

“Si se porta mal, tampoco estaría mal mantenerlo un rato en la habitación del sótano.”

Tras advertir severamente al mayordomo, el conde subió al carruaje junto a Ivan para dirigirse hacia el feudo de las rosas doradas. Como el camino hacia ese feudo era peligroso, el mayordomo le preguntó al sirviente que estaba revisando los carruajes:

“¿No habrá ningún problema con el carruaje, verdad?”

“Sí, lo he revisado bien hasta el último momento.”

El sirviente que respondió así inclinó profundamente la cabeza y asintió. Si acaso había algo extraño, era que le temblaban levemente las manos, pero el mayordomo pasó de largo sin percatarse de nada. Al fin y al cabo, los sirvientes de esta familia, a quienes reemplazaban a cada rato, siempre vivían tensos.

“Entonces partiremos.”

Los carruajes, unidos incluso a carretas de carga, comenzaron a ponerse en marcha uno tras otro. Caleb observaba aquello desde la ventana. Esta vez, ¿a dónde irían y por qué motivo? Como los sirvientes cerraban la boca herméticamente delante de él, no tenía forma de averiguar a dónde se dirigían.

‘¿Se estarán moviendo por lo de la inversión……?’

Eso era lo único que podía conjeturar por el momento. Pero aun así, el ambiente era extrañamente singular. Había un aire de tanta algarabía que uno se preguntaba si habría pasado algo más mientras él estaba en el sótano.

‘No me digas que Jade vino a visitarme.’

Imposible. Sonrió con amargura. Habiéndose marchado de esa manera sin siquiera darle una explicación, no había forma de que hubiera venido a buscarlo. Apartándose de la ventana de ese modo, se sentó en la cama. De todos modos, esta familia…….

* * *

Su Padre e Ivan habían partido hacía ya varias horas. Con un chirrido, se escuchó el sonido de unos nudillos tocando la puerta de la habitación de Caleb. Caleb no dijo nada, pero de inmediato se oyó el clic de la cerradura desenganchándose y la puerta se abrió.

“Es la cena, segundo joven amo.”

Parecía que el mayordomo le había llevado la comida en persona. En lugar de mostrar interés en la cena, Caleb preguntó por el padre y por Ivan, quienes se habían marchado horas antes.

“¿A dónde se han ido el padre y el hermano mayor?”

“Es un lugar que el segundo joven amo no necesita conocer.”

“Un lugar que no necesito conocer, dices……”

Al escuchar esas palabras, Caleb soltó una risa seca.

“La mayoría de los lugares en los que invierte la familia son sitios sobre los que yo he preguntado. ¿Y resulta que hay un lugar que no debo conocer? ¿Por qué, acaso vino a visitarnos alguien como Jade Damian?”

Ante esas palabras, el rabillo del ojo del mayordomo se contrajo. Y al percatarse de ese sutil movimiento, Caleb apretó los dientes. Se levantó de su asiento y volcó por completo la comida que el mayordomo traía en la bandeja, dejándola esparcida por el suelo.

¡Crash!

Los platos y la comida volcaron, ensuciando el suelo. A Caleb el asunto ni le hacía gracia, así que se quedó mirando fijamente al mayordomo en silencio.

“Responde con claridad. De lo contrario, no sé cómo voy a reaccionar. ¿Acaso tú tampoco quieres que me quede quieto?”

“……”

“Que a dónde fueron. Esos dos.”

El mayordomo guardó silencio durante unos segundos, pero al ver que Caleb no mostraba intenciones de dar marcha atrás, terminó por suspirar y abrió la boca.

“……El joven marqués Jade Damian vino trayendo el documento del feudo de la rosa dorada. Parece que lo trajo para evitar la anulación del compromiso.”

“Por fin……”

Caleb sintió que la rabia le subía hasta la coronilla. No sentía enojo hacia Jade, quien a pesar de haberse anulado el compromiso había traído los documentos del feudo. Sin embargo, sentía una furia desmedida hacia su padre, por haberse tragado eso tan descaradamente. Jade, él podía hacerlo. Como él se había marchado de esa manera, seguro querría atraparlo como fuera. Quién se creía él,

“¡Por qué demonios lo acepta! ¡Con qué derecho!”

“Joven amo, cálmese.”

“¿Calmarme? ¿Me pides que me calme?”

Caleb pateó el plato que estaba volcado en el suelo.

¡Clang!

El plato chocó contra la pared haciendo un ruido estruendoso mientras se rompía en pedazos que salieron disparados por todas partes.

“¿Quiénes se creen que son para aceptar algo así? ¿Qué han hecho para merecerlo? Aparte de venderme y apoyarse en la amabilidad de ellos, ¡qué diablos han hecho para aceptar algo así!”

“Joven amo, se lo diré una vez más. Si vuelve a infringir la advertencia, no nos quedará más remedio que encerrarlo en el sótano tal como ordenó el cabeza de familia.”

Al escuchar eso, Caleb se detuvo en seco y estalló en una carcajada.

“¿Acaso todavía me ves como ese crío?”

“……Entenderé que ha elegido bajar al sótano.”

“Ja, ja.”

Con un gesto de barbilla del mayordomo, los otros sirvientes agarraron a Caleb de ambos brazos. Antes de que pudieran sujetarle un brazo por completo, Caleb le torció el brazo a uno de los sirvientes arrojándolo al suelo, e inmediatamente atrapó al otro y lo empujó contra la pared. Luego, tomando un cuchillo que estaba tirado en el suelo, le dijo al mayordomo:

“¿Por qué, pensabas que solo me había estado divirtiendo en la academia?”

“……Tendremos que usar métodos rudos.”

“Ahora sí que se está poniendo divertido.”

Caleb rió de verdad.

Fue recién después de torcerle los brazos a los ocho sirvientes que logró ser sometido y encerrado en el sótano. En la oscuridad, sus ojos verdes mirándolos fijamente resultaban amenazantes. El mayordomo no pudo mirarlo directamente a los ojos, desvió la mirada y subió a la superficie. Durante el sometimiento, algunos sirvientes se habían atrevido a lastimar el rostro del noble, pero no tenía la intención de castigarlos por separado. Porque la orden del cabeza de familia era que, si el joven amo Caleb armaba un escándalo, debían encerrarlo en el sótano.

Seguramente no le importaría en absoluto las heridas causadas durante el proceso. Pensando de ese modo, el mayordomo se disponía a concluir su día en silencio cuando de repente... ¡Bang, bang! Alguien golpeó la entrada de la mansión con fiereza.

¿Un visitante a una hora tan tardana? El mayordomo frunció el ceño y abrió la puerta. Y al ver la figura del visitante que estaba allí parado, puso una expresión de perplejidad.

“Parece que he venido a un lugar al que no debería.”

“……Joven marqués Damian.”

“Estuve pensando y me pareció que ya no podía seguir esperando.”

Jade hizo brillar sus ojos dorados mientras curvaba los ojos en una sonrisa.

“Tengo que llevarme a Caleb ahora mismo.”

“Ahora mismo el amo no se encuentra……”

“Jaja, vengo a llevarme a mi prometido ya crecido, y encima me han aceptado un feudo a cambio, así que ponerme pegas de esta manera resulta inconveniente.”

“Eso es, pero sin duda deme tan solo unos días más de tiempo……”

Ante esas palabras, Jade mostró los dientes en una sonrisa. Una sonrisa que parecía contener la ira.

“Por qué, ¿acaso hay alguna razón por la que no puedas poner a Caleb frente a mí?”

“Eso……”

Por un instante, los ojos del mayordomo vacilaron, como si se preguntara si debería haber respondido que no había ninguna razón. Jade empujó con brusquedad el hombro del mayordomo y entró por completo. Aunque estaba solo, nadie se atrevía a tocarlo. Los sirvientes miraban al mayordomo como preguntando qué debían hacer, pero este pensaba que de todos modos Jade no lograría encontrar a Caleb. Porque él estaba ahora mismo en el sótano. Jade subió al segundo piso y buscó lo que parecía ser la habitación de Caleb, pero solo se encontró con una habitación del segundo piso hecha un desastre.

“Parece que ha pasado algo.”

“Es un asunto interno de la familia.”

“Vaya, ¿con que es así?”

Diciendo eso, Jade sacó la pistola que llevaba sujeta a la cintura. E inmediatamente empujó el cuello del mayordomo contra la pared, apuntándole con el arma a la cabeza. Uno de los sirvientes soltó un grito ahogado.

“Guíame de inmediato a ese sótano.”

“J-Joven marqués……”

El rostro del mayordomo, falto de aire, se puso completamente rojo. También era un misterio cómo diablos había averiguado lo del sótano. Jade habló con unos ojos que ardían con fiereza:

“Si crees que he venido sin saber nada, estás muy equivocado.”

Sus ojos dorados ardían de ira, y la fuerza de su brazo que presionaba el cuello del mayordomo se hizo cada vez más intensa. Al final, justo antes de perder el conocimiento, el mayordomo logró emitir un sonido:

“……Lo guiaré, lo guiaré.”

Solo entonces Jade retiró el brazo que presionaba su cuello, y el mayordomo cayó de rodillas al suelo con un estruendoso estertor, tomando aire con desesperación. Jade le dio una patada a la altura de las rodillas. El mayordomo enderezó sus rodillas temblorosas y se dirigió hacia el camino que bajaba al sótano. Cada vez que Jade pisaba los escalones que descendían profundamente, sentía que su corazón latía con fuerza. Pensar que tú, de quien habrías creído que creciste de la forma más preciosa que existe, viviste en un lugar así. Que tu infancia se había forjado en este maldito sitio antes de llegar a mis quince años.

‘No sabía absolutamente nada sobre ti.’

Así, el mayordomo se detuvo frente a cierta puerta de hierro.

“E-Es aquí.”

Miró una puerta que no tenía nada más que un agujero horizontal abierto a la altura de la estatura de Jade para poder mirar hacia adentro. Y con los ojos fríos y hundidos, abrió la puertecilla de ese agujero. En el interior se distinguía débilmente la silueta de una persona. Y se encontró con unos ojos verdes.

* * *

Cualquier persona tiene inevitablemente partes de su vida que no desea mostrar a los demás. Si le preguntaran a Caleb qué era eso para él, la respuesta era todo su pasado. Y con la inesperada intromisión de una figura como la de Jade en su vida, llegó a pensar más que nadie que no quería que él conociera su pasado. No quería decirle que, para alguien que probablemente lo creía perfecto, él en realidad había crecido de manera insignificante.

Sin embargo, cuando de nuevo se hallaba confinado en aquel sótano matando el tiempo en silencio, junto al murmullo de unas voces se abrió la rendija cuadrada de la puerta de hierro. Y cuando vio allí, no los comunes ojos castaños del mayordomo, sino unos ojos dorados. Sí, Jade. Al ver los ojos de aquel, a Caleb le faltó el aliento.

“¿Por qué estás tú...?”

Clack, creak.

Prefería mil veces que esa puerta no se hubiera abierto. Pero la puerta se abría, y Jade estaba de pie frente a él. Por un momento, Caleb ni siquiera fue capaz de levantarse del suelo y se quedó mirándolo hacia arriba. Al ver los moretones que quedaban en el rostro de Caleb y su ropa completamente desaliñada, todo aquello hizo que Jade pusiera cara de estar aguantando algo. Pero Caleb sintió vergüenza al ver esa expresión.

“Caleb.”

Por eso dijo algo así.

“¿Por qué ahora de todos los momentos?”

“Caleb……”

“¡Por qué demonios ahora mismo...!”

Tambaleándose, Caleb se levantó y le gritó a Jade. Su aspecto actual era demasiado patético. No era esa clase de imagen que siempre le había mostrado. Caleb quería esconderse en la oscuridad. Tenía ganas de meterse dentro de un sótano aún más profundo si es que existía alguno. Cuando Caleb, por puro instinto, giró el cuerpo hacia la parte más oscura de la habitación, Jade se acercó y lo abrazó por la espalda.

“Volvamos.”

“¿Con este aspecto? ¿A dónde?”

“A nuestra familia, por favor, Caleb.”

“¡Entonces deberías haber esperado un poco más...!”

Gritó Caleb como si estuviera desgarrándose la garganta.

“Cuando no tenga este aspecto……!”

La voz de Caleb se quebró. Abrazando su cuerpo, que parecía haberse desnutrido un poco a pesar de haber pasado pocos días, Jade lo arrastró hacia donde había luz. Caleb forcejeaba. No quería que lo viera en un lugar iluminado. Porque así su lamentable estado se notaría mucho más ante sus ojos.

“¡No me importa cómo te veas……!”

“¡A mí sí me importa, a mí me importa……!”

Si pierdo incluso el orgullo, lo único que no tengo, ¿qué diablos me va a quedar? Ante la pregunta de Caleb, Jade se limitó a abrazarlo con más fuerza. Forcejeando dentro de los brazos de Jade, Caleb terminó por hablarle con una voz cansada:

“Vete.”

“¡Caleb!”

“Ahora no voy a regresar.”

“¡Es el momento de ponerte terco! ¡Ahora mismo la familia te está...!”

“Estoy acostumbrado.”

“¡Acostumbrado, dices...!”

Caleb apretó los dientes al hablar. Su expresión al mirarlo estaba llena de furia y desesperación. Al ver ese rostro, Jade le habló con una voz que temblaba ligeramente:

“Pensé que estabas hecho de las cosas más preciosas del mundo. No podía olvidar cómo te vi la primera vez aquel día. Por eso quería tratarte con el mayor cuidado posible en el mundo……”

“Todo es una ilusión, Jade.”

Caleb le dijo con una sonrisa burlona.

“Son puras ilusiones tuyas.”

El rostro de Caleb estaba envuelto en algo que no se podía expresar con ninguna emoción. No era una burla ni tampoco resignación. Era simplemente la forma de hablar de alguien que corregía los hechos y una mirada vacía en exceso. Sus labios se abrieron:

“Yo no soy precioso.”

“Caleb……”

Jade adoptó una expresión de ira incontenible. Pero enseguida calmó su semblante, volviéndolo gélido. Sí, de alguna manera, o al vez un poco, ya se esperaba que reaccionara así. Eso fue lo que murmuró para sus adentros. Y levantando la mano, se cubrió la nariz y la boca con un pañuelo. En el preciso instante en que inhaló un par de veces pensando que era un olor extraño, Caleb perdió el conocimiento por completo.

 

 

Capítulo 34

Jade levantó a Caleb en brazos y subió desde el sótano. Al llevarlo hacia arriba, en lo alto de las escaleras del segundo piso se encontraba la condesa, apoyada por las doncellas. Estaba pálida, aunque no se distinguía con claridad si ese estado se debía a semejante comportamiento grosero o a que habían salido a la luz las cosas que le había hecho al segundo hijo.

“Cuidaré bien de mi prometido. Condesa.”

“E-Este tipo de asuntos……”

“Supongo que se encargará de explicarle las cosas al conde de la mejor manera. No querrán perder la riqueza y el honor que poseen ahora mismo, ¿o sí?”

“……”

Como si ya no tuviera nada más que decir, Jade subió al carruaje sosteniendo a Caleb en brazos. El carruaje cerró la puerta de un golpe seco, como si diera a entender que no había más asuntos que tratar en ese lugar, y se puso en marcha, dejando a la mansión hecha un desastre y abandonada a su suerte. Con Caleb abrazado contra su pecho, Jade recordó la mirada verde que había visto en el sótano. Aquel cuadro que solo destilaba veneno volvió a su mente.

Ahora comprendía por qué Caleb había reaccionado con tanta furia ante el cuadro que Aena había pintado. Era una obra que cualquiera habría reconocido de inmediato como un retrato de él mismo. Aena era una genio, pero aquello había tocado la fibra más dolorosa de Caleb.

‘Con que ya no esté en el mundo, bastará.’

Como el cuadro había sido destruido por las propias manos de ella tras ser enviado, ya había dejado de existir. No hacía falta que nadie más conocía su pasado. Con él solo bastaba, y eso era todo. No se necesitaba a nadie más. Si alguien intentaba averiguar algo más, estaba dispuesto a eliminarlo con sus propias manos.

“……Estoy preparado para matar a cualquiera, Caleb.”

Susurró mientras sostenía en brazos al desmayado Caleb. No hubo ninguna respuesta por parte de Caleb, pero Jade lo pensaba de verdad. Aunque Caleb yacía en silencio, desmayado con el rostro pálido y lleno de moretones, cada vez que Jade veía esas marcas de golpes, una intensa intención asesina se desataba en su interior. Lo único por lo que le agradecía a esa familia era por haberle enviado a Caleb. Pero si ni siquiera habían sabido hacer eso bien, entonces ya no tenían razón de existir. Y él ya se había encargando de imponerles un castigo por ello.

* * *

El tiempo no acompañaba, y una llovizna persistente había comenzado a caer. El conde Enders y Ivan descendían hacia el feudo de las rosas doradas bordeando un sinuoso y peligroso camino de acantilados.

“A todo esto, ¿cuánto demonios va a llover?”

“Parece que va a llover todo el día, padre.”

Respondió Ivan ante las quejas del conde. La lluvia caía con tanta fuerza que apenas se distinguía el frente del camino. No parecía que fuera a detenerse pronto. Con lo irregular que estaba el terreno, el carruaje daba sacudidas violentas. Ambos hombres guardaron silencio. Ponerse a conversar en una situación así era la forma más segura de morderse la lengua.

Creak, bang.

Y uno de los detalles que ninguno de los dos sabía era que la rueda trasera derecha estaba floja, a punto de salirse. Al fin y al cabo, habían terminado de revisar el carruaje justo antes de partir. Ni por asomo se les había cruzado por la cabeza que alguien hubiera sobornado a un sirviente para aflojar la rueda. Así continuaron avanzando por el escarpado camino del acantilado, hasta que en un momento dado.

¡CRAAAACK!

La rueda se salió por completo y el carruaje se inclinó bruscamente hacia un lado.

Un grito desgarrador estalló. En el interior del coche, acompañados por los alaridos de ambos, el carruaje rodó por el acantilado y desapareció por la pendiente. Fue un terrible accidente en el que el carruaje, el cochero e incluso los caballos cayeron por el precipicio, pero como el sonido de la tormenta lo ahogó todo, nadie lo presenció.

Allá abajo, en la base del acantilado, yacía un carruaje destrozado de la peor manera. Y, para sorpresa de todos, había alguien que había logrado sobrevivir entre los escombros. Ivan. Él seguía con vida.

“Ugh, a, padre……”

Sin embargo, no hubo respuesta de vuelta. Pronto, lo que apareció ante sus ojos fue la figura de su padre, muerto al ser atravesado en el cuello por un fragmento metálico del carruaje. Al ver eso, Ivan soltó un grito de horror. Pero él tampoco estaba en condiciones de moverse, con un brazo y una pierna rota.

‘El cochero, el cochero……’

Miró a su alrededor con desesperación. El cochero yacía muerto con el cuello doblado y los caballos ya habían perecido. Solo una oscuridad total envolvía a Ivan. No parecía haber ninguna manera de salir de allí por sus propios medios. Ivan comenzó a devanarse los sesos. Esperar un rescate en ese lugar sin provisiones ni nada era inútil. Para colmo, con la lluvia cayendo, sus heridas irían empeorando. En medio de eso, escuchó una presencia humana proveniente de algún lugar. Ivan estuvo a punto de pedir ayuda, pero de pronto sintió que algo andaba mal. ¿Por qué aparecería alguien de repente en un momento así? ¿En medio de semejante aguacero?

Arrastrando su brazo y su pierna fracturados, se ocultó a un lado.

No pasó mucho tiempo desde que se escondió cuando aparecieron tres o cuatro personas vestidas de negro. Inspeccionaron el lugar del accidente. Aquellos hombres cubrían sus rostros con telas oscuras, como si quisieran ocultar su identidad, y tras evaluar la situación, comentaron con aparente molestia:

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“El hijo mayor no está.”

“El padre ya murió, pero……”

“¿No habrá salido despedido a lo lejos?”

“Tenemos que buscar mejor por los alrededores.”

Diciendo eso, los sujetos vestidos de negro se dispersaron en distintas direcciones, mientras Ivan contenía la respiración como si la hubiera olvidado por completo antes de exhalar con lentitud. Alguien los estaba persiguiendo. Eso era lo único de lo que podía estar seguro. ¿Quién demonios había sido? Se puso a pensar en quiénes podrían querer eliminarlos. Y entonces dio con la respuesta. La familia Damian: aquellos que hasta ahora solo les habían ofrecido miel dulce, finalmente habían desenvainado sus espadas.

‘¿El feudo era un cebo desde el principio?’

Se apresuró a moverse para intentar sobrevivir, incluso con una pierna y un brazo rotos.

Mientras tanto, en la residencia de los Damian, estaban atendiendo a Caleb, quien había llegado inconsciente y en brazos de Jade. Los hematomas repartidos por todo su cuerpo eran tan graves que ni queriendo podían verse de forma optimista. Los marqueses fruncieron el ceño con profunda indignación.

“¡Cómo se atreven a hacerle algo así a su propio hijo……!”

Jade le informó al médico personal que ya le había administrado los medicamentos a Caleb. Como se trataba de los fármacos que él mismo le había entregado, el médico asintió sin cuestionar. Tras mencionar que no presentaba heridas graves más allá de las contusiones, concluyó la atención y se retiró de la estancia. Jade se quedó sentada al lado de Caleb matando el tiempo. En ese instante, uno de sus ayudantes se le acercó y le susurró discretamente al oído:

“Hemos confirmado la muerte del conde, pero al parecer no se ha encontrado el rastro del hijo mayor.”

“Qué molesto. Diles que rastreen minuciosamente los alrededores.”

“Sí.”

Jade acarició con suavidad los alborotados cabellos de Caleb y murmuró:

“Cualquier cosa que quieras, estoy dispuesto a dártela.”

Incluso si eso significaba matar a alguien.

Sin embargo, Jade no lo sabía. No sabía qué era lo que Caleb deseaba de verdad.

* * *

Caleb abrió los ojos a la mañana siguiente. Sosteniéndose la cabeza adolorida, recordó que Jade le había administrado un medicamento. ¿Cómo se atrevía a usar esa porquería conmigo para traerme a la fuerza?

Con ese pensamiento, se dispuso a ir a buscarlo de inmediato, pero la puerta se abrió con un chirrido y apareció Jade. Jade entró silenciosamente con las manos vacías y se sentó a su lado. Si hubiera aparecido cargando algo como una sopa, seguro que se la habría volcado encima. Al verlo con esa expresión, Jade le dijo:

“Pensé en traerte algo de comer, pero tuve el presentimiento de que ibas a tirármelo encima.”

“Parece que tu cabeza funciona de manera brillante para esa clase de cosas.”

“Algo así.”

“Entonces, ¿qué es lo que quieres lograr trayéndome a la fuerza?”

“Casarnos.”

“……Algo que no sea esa estupidez.”

“Caleb, hablo en serio.”

“Lo sé, por eso te digo que dejes de soñar con tonterías. De todos modos, yo…….”

“¿Tú qué?”

Ante esas palabras, Caleb guardó silencio. Jade lo miraba con tranquilidad.

“¿Qué es lo que quieres? Eso es lo que me da curiosidad.”

“…….”

“¿Venganza contra la familia que te crio de esa manera?”

“…….”

“Si es eso, ya está hecho.”

Dijo Jade con una amplia sonrisa. Ante esas palabras, la expresión de Caleb se endureció de inmediato.

“¿Qué se supone que significa eso?”

“Anoche casi lo termino. A tu hermano aún lo estoy buscando, pero el padre al menos murió con certeza.”

“Qué demonios estás…….”

“El feudo de la rosa dorada. Murieron en un accidente de carruaje mientras iban a verlo.”

Ante esas palabras, Caleb se quedó completamente congelado con el rostro rígido.

“¿Qué dijiste?”

Preguntó Caleb una vez más, y Jade respondió de nuevo:

“En el accidente de carruaje de ayer…….”

¡Paff!

Caleb le lanzó un puñetazo a Jade. Jade bloqueó el golpe por instinto, pero no pudo evitar que la silla se inclinara, cayendo hacia atrás con un fuerte estrépito. Jadeando, Caleb le preguntó:

“Qué significa eso. Que mi padre murió.”

“……Iba camino al feudo ayer cuando ocurrió un accidente de carruaje.”

“¿Fuiste tú quien organizó eso?”

“Sí. ¿Hay algún problema con eso?”

Ante sus palabras, la mirada de Caleb se afiló con fiereza.

“¡Era mi venganza!”

“Caleb, ¿tiene eso algún sentido?”

“¿Crees que no lo tiene?”

Cuando Caleb se levantó de su asiento, Jade se puso de pie frente a él para mirarlo. Caleb apretaba y aflojaba los puños con ambas manos, sin saber qué hacer con ellas. Las palmas de sus manos, que había apretado con tanta fuerza que le dejaron marcas de uñas, mostraban marcas rojas en forma de media luna.

“Con mis propias manos, ¡tenía que haberlo matado con mis propias manos……!”

Dijo Caleb con voz temblorosa.

“¿Sabes cuánto tiempo he estado soñando con ese día……?”

¿Acaso lo sabes?

Desde ese momento, Jade se dio cuenta de que algo andaba mal. Todo lo que había pensado —que con solo hacerle la venganza contra su familia Caleb volvería al lado suyo— había sido un completo error.

“Desde el principio hiciste lo mismo. Arruinaste mi venganza desde el primer momento.”

“……¿Desde el principio? ¿Qué quieres decir con eso?”

Jade preguntó tras guardar silencio por unos momentos. Con los ojos quemados por la negrura, Caleb esbozó una sonrisa burlona. Y habló con total claridad sobre aquel envenenamiento de la primera princesa del que hasta entonces nunca se había sabido con certeza quién había sido el autor intelectual.

“Desde el caso del envenenamiento solo te dedicaste a arruinar mis planes.”

Ante las palabras de Caleb, Jade se llevó una mano a la frente. Sus pupilas temblaban.

“……¿Te refieres a ese caso de envenenamiento de la primera princesa en el que toda tu familia casi muere?”

A pesar de las pupilas temblorosas de Jade, Caleb no se detuvo.

“Todos pudieron haber muerto. Pude haber acabado con todo. Y tú lo arruinaste.”

“¡Caleb, cálmate! ¿Qué estás diciendo ahora mismo?”

Jade endureció su rostro. El caso de envenenamiento de la primera princesa: aquel asunto por el que la familia Enders casi se va a la ruina y que su familia había logrado salvar a duras penas negociando con la princesa, ¿resulta que en realidad había sido obra de Caleb?

“……Traeré el cuerpo de tu padre, así que espera.”

Diciendo eso, Jade salió de la habitación. Al quedarse mirando la habitación vacía, Caleb se dejó caer en la cama y se quedó contemplando el techo un buen rato con la mirada perdida. ¿Que su padre había muerto? ¿Ese padre? Caleb intentaba hilar sus pensamientos en la cabeza, pero solo las palabras dichas por Jade daban vueltas en su mente. Entonces. ¿Qué se supone que debo hacer a partir de ahora?

Al salir de la habitación, Jade se mordió el labio inferior y envió un recado urgente a la princesa, pidiéndole hablar de nuevo sobre el caso de envenenamiento porque había algo más que quería comentarle.

Tras enviar aquel mensaje, pensando que no debía dejar a Caleb solo ni por un instante, no se apartó de su lado en todo el día. Caleb permanecía sentado con la mirada vacía, como alguien que ha perdido su propósito. No probaba bocado a pesar de que le ofrecían la comida. Sin importarle la angustia que sentía Jade, Caleb preguntó por su familia.

“¿Y mi madre?”

“……Tu madre se quedó en la mansión.”

“Con que al menos se salvó la mitad…….”

Él dijo eso y por fin probó un bocado. Que hubiera dejado vivir a su madre era, para él, lo más cercano a una buena noticia. Jade sintió un escalofrío en los huesos ante ese profundo odio. Y se recriminó a sí mismo por no haberlo comprendido antes. Jamás se imaginó que su determinación de hundir a todos en la miseria con sus propias manos, sin pedir ayuda ajena, fuera tan intensa.

“……Es posible que tu hermano siga vivo.”

“……Más le vale estarlo.”

Dijo Caleb mientras miraba a Jade. Si es que quedaba algún débil destello en medio de esa mirada vacía, era puro odio. ¿Qué le quedaba si le quitaban el odio?

Sintiendo un repentino temor ante esa idea, Jade decidió llevarlo a la fuerza a su propia habitación. Pensaba que no sabía qué clase de locura podría cometer por la noche; ya fuera ir tras el hermano desaparecido o buscar a su madre, ahora que él le había arruinado su venganza, no tenía idea de lo que sería capaz de hacer.

“Haz lo que quieras.”

Y Caleb, como si ya le diera igual todo, se mudó en silencio a la habitación de Jade.

Jade reflexionó una y otra vez sobre qué debía hacer para devolverle la vitalidad de antes. Por eso le preguntó:

“¿Qué clase de planes tenías tú?”

“……¿Acaso eso importa ahora?”

“Claro que importa. De todos modos, se nos vendrá encima muy pronto.”

“……Bueno, como aún quedan el hermano y la madre, supongo que sí.”

Hablaba Caleb con el tono de quien rememora algo muy lejano.

“Primero les daba información sobre buenas inversiones, y al final les señalaba una mala. Probablemente habrán metido una fortuna ahí.”

“¿Y después?”

“Le mandé un chocolate envenenado a la princesa. Aunque probablemente terminaría comiéndoselo su hermano menor.”

“¿Qué?”

“La princesa se iba a enojar muchísimo. Y todos los implicados habrían terminado en el patíbulo.”

“…….”

Al escuchar hasta ahí, Jade le preguntó:

“¿Y tu vida en medio de todo eso?”

Ante la pregunta, Caleb dejó escapar una risita, como si preguntara una obviedad. Jade se quedó sin palabras al comprender que en aquel plan ni siquiera la propia vida de Caleb tenía cabida. Quemar su propia vida junto con la venganza: eso era lo que Caleb deseaba. Pero Jade no iba a permitir algo así.

Ese mismo día, tras pedirle a los sirvientes que cuidaran bien de Caleb, Jade se encaminó hacia el palacio imperial. Había recibido una carta confirmando que la princesa podía concederle una audiencia. Al llegar al palacio de la princesa, la saludó conforme a la etiqueta y tomó asiento con su permiso.

“¿Por qué habrás vuelto a sacar el tema de aquel entonces como para hacerme llamar?”

“Pensé que había otro asunto interesante y quería informárselo, alteza.”

“¿Otro asunto además de ese?”

“Sí.”

“En aquella ocasión me asustaste enviándome una carta diciendo que habías puesto veneno, ¿qué treta traes entre manos ahora?”

“……¿Yo hice eso?”

Era la primera vez que Jade oía semejante cosa. ¿Enviar una carta avisando que había puesto veneno antes de perpetrarlo? Seguramente había sido obra de Caleb. Con tal de encontrar un motivo para destruir a la familia Enders, le servía cualquier método. Para no arruinar la suposición de la princesa, Jade sonrió para salir del paso y ella continuó con naturalidad:

“Al principio pensé que era alguna tontería, pero que hayas ideado semejante plan solo para casarte con el segundo hijo de los Enders me pareció de risa. Si no hubieras sido el primogénito de los Damian, no lo habría dejado pasar tan fácilmente.”

“Es un honor inmerecido.”

“Bien, entonces, ¿cuál es esa historia interesante que traes hoy?”

Jade abrió la boca con calma:

“Parece que en la familia Enders han vuelto a hacer de las suyas.”

“……¿Esos otra vez?”

La princesa levantó una ceja.

“Sin embargo, parece ser cosa exclusiva del hijo mayor.”

“¿Cómo sabes esto?”

“Pues porque mi prometido es el segundo hijo.”

“Ah, ¿el segundo hijo se enteró de eso y vino a soplártelo?”

“Así es.”

“Parece que ese segundo hijo no se lleva nada bien con su familia.”

“Por lo visto, no.”

“……En fin, la verdad es que era un caso extraño. Un segundo hijo del que no existía ningún rastro anterior a sus quince años.”

“……Supongo que eso no es lo importante ahora mismo.”

Al ver su reacción, la princesa asintió con una expresión de comprensión.

“Entonces, ¿en qué andan haciendo travesuras esta vez?”

“Con un chocolate muy famoso en la capital…….”

¡Clash!

Al oír eso, la criada que traía el juego de té dejó caer la taza, rompiéndola. Su rostro se había puesto completamente pálido. Antes de que la princesa alcanzara a decir nada, la sirvienta exclamó con urgencia:

“¡El chocolate que acaba de llegar para la alteza hoy mismo ha sido entregado al príncipe Romion, alteza!”

“¡Qué dices!”

La princesa se puso completamente blanca y se levantó de un salto. Jade le gritó:

“¡Tiene que ir a ver al príncipe Romion de inmediato!”

“¡Abran las puertas, ahora mismo!”

Diciendo eso, la princesa y Jade, seguidos por las criadas, se apresuraron a marchar hacia la sala de juegos que el príncipe Romion solía usar. Como el palacio de la princesa tenía una zona recreativa exclusiva para el príncipe Romion, era obvio que estaría allí. La princesa corrió desesperada hacia la sala de juegos y abrió la puerta ella misma. Y allí se topó con el príncipe Romion, justo cuando estaba a punto de llevarse un trozo de chocolate a la boca.

“¡Hermana!”

“¡Romion!”

Apenas se acercó a él, le arrebató el chocolate de la mano de un manotazo y lo atrajo hacia sus brazos, abrazándolo con fuerza.

“¡Revisen de inmediato si este chocolate tiene veneno! ¡Rápido!”

“¡Sí!”

“Romion, Romion, ¿te duele algo? ¿Llegaste a probar el chocolate?”

“N-No, no comí nada.”

“Menos mal. Qué alivio.”

Exhaló un suspiro de alivio mientras abrazaba al niño. E inmediatamente después, apretó los dientes con una expresión feroz.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Malditos Enders, la otra vez les perdoné la vida y ahora se empeñan en buscar su propia muerte.”

Una chispa de furia brillaba en su mirada.

 

 

Capítulo 35

Se emitió una orden de busca y captura contra la familia Enders. El cargo, una vez más, era el envenenamiento de la realeza. A través de la red de informantes extendida por innumerables lugares, la princesa descubrió, tras dar mil vueltas, que el origen del chocolate era Ivan. En realidad, como ya conocía la respuesta de antemano, averiguar no le había resultado difícil.

Tan pronto como se dictó la orden de búsqueda, los caballeros imperiales irrumpieron en la mansión, donde solo se encontraba la condesa. Y allí se reveló otro hecho que dejó a todos estupefactos.

“¡Así que fue obra de la familia Enders el haber derrumbado el campanario el día del cumpleaños de su majestad la emperatriz!”

“¡Y pensar que además fue por orden del príncipe heredero……!”

“Pero el segundo hijo de ese lugar, ¿no fue quien salvó a la gente de allí?”

“Según los rumores, el segundo hijo no se lleva muy bien con la familia…….”

Innumerables rumores comenzaron a remolinarse en torno a las familias Enders y Damian. Sin embargo, Caleb no tenía ninguna forma de enterarse de esto. Como Jade lo mantenía sobreprotegido dentro de la habitación, los sirvientes también medían cuidadosamente sus palabras frente a él. Caleb sabía que la situación actual se estaba desatando como un tifón de una forma u otra, pero le era imposible saber con exactitud cómo se estaba desarrollando. Por esa razón, la tarde en que Jade regresó, le dijo:

“Si vas a hacer esto, al menos compárteme cómo están marchando las cosas.”

“¿Por qué, para volver a idear un plan por tu cuenta, arriesgar tu vida en algo y luego desaparecer?”

“……Es mi vida, Jade Damian.”

“No, una vez que entraste a nuestra familia, eres alguien de nuestra familia.”

“Ja…….”

Jade pensaba que, por más que pudiera comprender otras cosas, el interior de la mente de Caleb era completamente indescifrable ni siquiera un paso hacia adelante. Si tan solo este aceptara de buen grado lo que él le brindaba, le compartiría todo y se lo entregaría sin dudar. Pero Caleb, convencido de que le habían arrebatado su venganza, era una incógnita sobre cómo volvería a escaparse de sus manos.

“Qué más se supone que puedo hacer aquí.”

“……Por lo que se ve, tu familia entró en registro domiciliario. Dicen que tu madre se desmayó. Quédate solo con eso en mente.”

“¿Entraron en registro domiciliario? ¿Por qué?”

“Parece que el chocolate que envió tu hermano se convirtió en un problema.”

“……Es más rápido de lo que pensaba.”

“Sí, como tuve que avisarlo con anticipación para argumentar que tú no tenías nada que ver en medio de todo eso.”

“……Con que fue así.”

Caleb asintió, como si ya hubiera renunciado a todo. Jade observó de reojo su expresión para comprobar si de verdad había desistido. No había ningún cambio en el rostro de Caleb. Si Caleb se proponía controlar sus expresiones, ni siquiera Jade tenía forma de averiguarlo. Chistando la lengua, Jade se quitó el traje formal que los sirvientes solían retirarle, se puso ropa de estar por casa y se acercó a él.

“Dime que me lo vas a dejar a mí, entonces te traeré y te ofrendaré lo que sea.”

“……Jade.”

Caleb lo agarró con fuerza del cuello de la camisa y lo atrajo de golpe hacia sí.

“Si yo hubiera querido una venganza tan simple como esta, apenas me gradué de la academia habría matado a tiros a toda la familia para luego meterme una bala en la cabeza y morir.”

“…….”

Como si ya se lo esperara, Jade apartó las manos de Caleb con suavidad. Luego, sujetó firmemente esas manos y acarició las articulaciones de los nudillos. Sus manos tenían callos que debían de estar ahí desde la época de la academia; no, desde mucho tiempo antes, y Jade sintió una profunda lástima por ello. Al comprender recién ahora los verdaderos sentimientos de alguien que se había esforzado arriesgando la vida.

“Por eso es que intento alejarte de este asunto.”

“¿Tengo que llegar a odiarte a ti también?”

“……¿Me odias?”

“…….”

“Sabiendo que no puedes responder.”

Jade sonrió tenuemente al decir aquello. Si de verdad él lo considerara un completo extraño, o si pudiera odiarlo aún más, no lo habría rechazado de esa manera aquel día. Caleb se mordió el labio inferior, y Jade le dio un suave beso en los labios que mordía en silencio. Al ver que Caleb no cedía ni al final para abrirle los labios, Jade retrocedió con una sonrisa.

“Si te quedas quieto, toda tu venganza habrá terminado.”

“¡Jamás he deseado algo así……!”

“No quiero que salgas lastimado.”

“¿Por qué demonios me amas a este nivel, Jade……? Qué soy yo para ti.”

“……Pues qué te diré.”

Jade frunció el ceño, como si no supiera cómo explicar el momento en que vio a Caleb por primera vez. Esa apariencia tan firme, como si estuviera esculpida en marfil, y aquel primer instante en el que cruzó miradas con esos ojos verdes y estrecharon sus manos todavía se le hacían tan vívidos en la memoria como si hubiese sido ayer.

‘¿Eres tú Jade Damian?’

‘……Así es.’

‘Soy Caleb Enders. Llevémonos bien de aquí en adelante.’

‘……Mucho gusto.’

Jade no había podido evitar responderle de forma tan tonta a pesar de su saludo cargado de hostilidad. Esos ojos verdes mirándolo, las cejas levemente levantadas, el tono de sus labios tan similar a su piel pálida. Su apariencia, que cualquiera habría dicho que parecía artificialmente hecha, se le había grabado a fuego en la mente. El olor ahogado de su feromona extrañamente no le resultaba desagradable en absoluto.

‘Ese tipo de feromona es un poco desagradable. ¿No te parece, Jade?’

Alguien le había dirigido la palabra, pero en lugar de asentir, Jade se había quedado mirando hacia donde Caleb se había marchado. Como si la tibieza de su temperatura corporal aún permaneciera atrapada en la palma de su mano, había cerrado y abierto el puño con fuerza varias veces. Decían que para un alfa su pareja destinada era por naturaleza un omega, pero ese día Jade cambió de opinión. Una pareja podía ser cualquiera, incluso si no era un omega.

“Yo solo pensé que, desde el momento en que te conocí ese día, había nacido únicamente para ti.”

“…….”

“Así que dame el derecho a mí también, el derecho a castigar todo lo que te hizo sufrir.”

Ante esas palabras, Caleb apretó los dientes y dijo:

“Toda esta porquería mía…… No quiero dejar que seas tú quien la limpie. ¿Entiendes?”

Ante esa respuesta, Jade soltó una risa en forma de suspiro y se encogió de hombros.

“Entonces las negociaciones se rompieron.”

“¿Qué?”

“Que nadie entre a esta habitación por un tiempo. Caleb, tú tampoco puedes salir.”

“¿Qué?”

“Hasta que yo resuelva todo este asunto.”

“¡Jade Damian!”

“Esta es mi decisión.”

Caleb gritó enfurecido, pero Jade soltó con total naturalidad que había decidido encerrar a Caleb en su propia habitación. Caleb le vociferó:

“¿En qué se diferencia esto de mi familia? ¿Encerrarme para hacer lo que te plazca?”

“Es diferente, te lo repito de nuevo, porque intento protegerte.”

“No me digas estupideces. Al final, mi voluntad vuelve a ser pisoteada y tergiversada para ser arrojada como basura en la calle.”

“Pero si te pido perdón, no te quedará más remedio que perdonarme.”

“……¡Tú!”

“Porque soy Jade Damian.”

“…….”

“No un Enders.”

Diciendo eso, Jade encerró a Caleb dentro de su habitación y echó la llave desde afuera. Aunque sabía que las pupilas verdes que alcanzaba a ver en el instante en que se cerraba la puerta estaban teñidas de rencor, pensó que no había de otra. No te valoras lo suficiente, Caleb. Pensando para sus adentros, Jade cerró la puerta de un golpe seco.

* * *

El príncipe se encontraba bajo arresto domiciliario en su propia habitación. El emperador había montado en cólera al descubrirse que había coludido con la familia Enders para atentar contra el campanario el día del cumpleaños de la emperatriz. Tomando esto como una oportunidad, la princesa se había lanzado a buscar al cabeza y al primogénito de los Enders, quienes se encontraban en paradero desconocido, pero con uno de ellos ya era demasiado tarde.

“¡Hemos encontrado el cadáver aquí!”

Al recibir la noticia de que se había hallado el cuerpo del conde con un fragmento de madera de carruaje clavado en el cuello, la princesa chasqueó la lengua. Era la oportunidad perfecta para torturarlo hasta la saciedad y acorralar aún más al príncipe. Lo único medio favorable era que el primogénito seguía desaparecido. Aunque habían rastreado minuciosamente los alrededores y aún no lo habían encontrado, eso probablemente significaba que había huido con vida.

“Registren las aldeas cercanas.”

“Entendido.”

Con una sonrisa torcida, la princesa se disponía a tomar su taza de té cuando, de repente, comentó:

“Últimamente es difícil hasta tomar una taza de té. Da miedo por si acaso llega a tener veneno.”

“Su alteza, decir esas cosas da miedo.”

“Aun así, como la mitad de esos malditos Enders están muertos o desaparecidos, supongo que ya podemos estar tranquilos, ¿no?”

Diciendo eso, disfrutó de su té con total tranquilidad. Ahora que el príncipe estaba confinado, no había nadie que pudiera detenerla. Tenía la intención de encontrar a Ivan, el primogénito de los Enders, para arrancarle toda clase de verdades y mentiras y así despojar al príncipe de su derecho a la sucesión al trono. Solo así podría sentarse en el puesto de heredera con total estabilidad.

“El marqués Damian y su prometido están haciendo un mejor trabajo del que pensaba.”

“Ahora que lo menciona, dicen que ese prometido es un Enders…….”

“Ese segundo hijo que la familia ni siquiera mostraba antes de la academia. No sé qué le habrá pasado, pero parece habérsele metido un veneno en contra de su propia casa.”

“Entonces, ¿ese segundo hijo se librará del castigo de la familia Enders?”

“Lo más probable es que sí. Además, con ese Damian protegiéndolo tanto, ¿qué se supone que puedo hacer?”

Soltando una carcajada, la princesa cogió un dulce y se lo llevó a la boca. Decía eso porque creía que las idas y venidas de Jade Damian eran para proteger al segundo, Caleb Enders. Si intentaba castigar también al segundo, lo más probable era que el rencor que Caleb albergaba contra su familia terminara dirigiéndose contra ella misma.

“Eso no se puede permitir. ¡Con lo útil que es esa familia!”

La princesa dejó el dulce que había estado mordisqueando y añadió:

“Nosotras solo tenemos que sentarnos a ver hasta dónde se propaga el veneno que él lleva dentro.”

Sus ojos se curvaron, reflejando pura diversión.

Mientras la princesa reía alegremente, Ivan Enders, tal como ella había pronosticado, se había filtrado en una aldea cercana. Había caído inconsciente al borde del camino sin recibir un tratamiento adecuado, pero al abrir los ojos se encontró despertando en una casa modesta y destartalada.

“¡D-Dónde estoy……!”

“No se mueva.”

Se escuchó una voz suave. Al levantar la vista, vio a una mujer plebeya de aspecto ordinario, con cabello y ojos castaños, que lo estaba observando. Parecía haberle limpiado el cuerpo con agua caliente y le había colocado férulas improvisadas en los brazos y las piernas. En otras palabras, lo estaba curando.

“Lo traje al verlo tirado en la calle. Se veía muy grave, así que lo curé.”

“Ah, te lo agradezco. Esta gracia…….”

“Hable de eso cuando esté completamente curado.”

“B-Bien, supongo……”

La mujer era extrañamente amable pero a la vez cortante. Lo cuidaba con tanta dedicación que incluso le daba la comida en la boca. Sin embargo, Ivan, al ver su propia ropa, pensó que la mujer había deducido su estatus y estaba actuando de esa manera con la esperanza de obtener algo a cambio.

“Cuando regrese, tendré que recompensarla.”

Pensando eso, Ivan le preguntó:

“A todo esto, ¿cómo te llamas……?”

Miró a su alrededor en aquella casa modesta. A pesar de ser un lugar humilde, tenía dos plantas, y desde el piso superior provenía un olor parecido al de las pinturas. Ella le respondió con una sonrisa radiante:

“Me llamo Aena.”

Aena mostró los colmillos con una sonrisa, pero él era de los que jamás recordaban el nombre de una antigua criada.

Aena salió de su casa tras prepararle gachas a Ivan y asegurarse de que se hubiera dormido, tal como lo hacía todos los días. Tomando un carruaje público, el lugar al que se dirigió no fue otro que la residencia de los Damian. Al llegar al feudo de los Damian, buscó de inmediato a Jade. Jade la hizo pasar sin demora a la sala de audiencias, pero levantó una ceja ante lo que ella le dijo:

“¿Que Ivan Enders está ahora mismo en tu casa?”

“Sí, mi casa queda a mitad de camino hacia el territorio de las rosas doradas, y al parecer arrastrándose llegó hasta allí. Me lo encontré tirado. Tuve suerte.”

“¿De verdad?”

“Estaba muy herido. Y yo me encargué de curarlo.”

“¿A qué se debe que hayas venido a buscarme?”

“¿No le servirá para la venganza de su joven amo?”

“……Parece que tú conoces la mente de Caleb mejor que yo.”

“Hablando francamente, el submarqués Damian cometió un error al meterse en la venganza del joven amo Caleb.”

“Tú también dices lo mismo.”

“¿El joven amo Caleb también le dijo algo así?”

“Sí.”

“Es que el joven amo no busca una venganza tan simple.”

“Entonces, ¿qué clase de venganza crees que quiere?”

“Eso no lo sé. Tendrá que preguntárselo usted mismo.”

Aena levantó lentamente la cabeza y cruzó la mirada con él.

“Usted es su prometido. Su futura pareja.”

“……Ya veo.”

“Sí. Cuidaré bien de Ivan.”

“Veo que tú ni siquiera le dices 'joven amo'.”

“Jajaja.”

Soltando una risa ligera, hizo una reverencia torpe y se retiró del lugar. Jade comenzó a devanarse los sesos sobre cómo debía actuar para brindarle a Caleb la venganza que realmente deseaba. Entonces recordó lo que Aena le había aconsejado: que se lo preguntara directamente a Caleb. El temperamento autodestructivo de Caleb era muy fuerte. Pero quizás, solo quizás, podría encontrar un punto medio. Ahora que él mismo había provocado semejante caos y había tendido toda una red para salvar a Caleb, este no echaría su propia vida a perder tan fácilmente.

Jade subió a su habitación. Abrió la puerta que había dejado cerrada por fuera. Con un chasquido, la puerta se abrió y Caleb quedó al descubierto bajo la luz brillante de la estancia.

“Caleb.”

“…….”

“Sé que estás enojado. He venido a hablar.”

“……¿De qué?”

“De que quizás tú y yo podamos encontrar un punto de acuerdo.”

“¿Un punto de acuerdo?”

“Sí. Encontré a tu hermano.”

Ante esas palabras, Caleb se puso de pie de un salto. Se acercó de inmediato a Jade y lo agarró del brazo.

“Dónde, dónde está. ¿Sigue vivo? ¿Tiene todas las extremidades intactas? ¿En qué estado se encuentra?”

“Cálmate. Parece estar un poco herido, pero su vida no corre peligro.”

“¿Se lo puede entregar a la princesa?”

“Todo lo que quieras, si eso es lo que deseas.”

“…….”

“Y si prefieres dármelo a mí, también puedes hacerlo.”

“…….”

“Caleb, pensándolo bien, creo que no querré dejar ir tan fácilmente a los humanos que te trataron de esa manera, tal como tú decías.”

“……Sí.”

“Por eso habrás querido involucrar a la realeza para que sufriera la tortura más larga posible antes de morir. Al punto de que no te importaba si tú mismo quedabas atrapado en eso.”

“…….”

“¿No te gustaría probar la tortura con tus propias manos?”

“…….”

Los ojos de Caleb se abrieron de par en par.

“Es el tipo que te ha atormentado desde que eras niño.”

Las pupilas de Caleb temblaban de manera evidente.

Jade le sujetó las manos y acercó su cuerpo al de él.

“Tal como están las cosas, no quisiera hacerte pasar por situaciones sucias. Pero si tú y yo debemos negociar, cederé hasta este punto.”

“…….”

“Te cederé a Ivan Enders.”

“Jade…….”

“Lo traeré ante ti con los cuatro miembros intactos. Así que, Caleb, quédate conmigo.”

Al oír eso, las pupilas de Caleb, que no dejaban de agitarse, recuperaron la estabilidad. Mirando a Jade, quien se había acercado a él, le dijo:

“Esto es lo único a lo que realmente puedo ceder.”

“Lo sé.”

“……Lo de mi madre lo decidiré yo.”

“De acuerdo.”

“Entonces, con eso basta.”

“Sí.”

Diciendo aquello, Jade sonrió y abrazó a Caleb. Y justo al lado de su oído, con los mismos labios con los que le había propuesto tortura y asesinato, le susurró palabras de amor.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Te amo, Caleb.”

Caleb dio un pequeño sobresalto. Sintió que aquellas palabras eran demasiado dulces. Aunque todo lo que había deseado se había arruinado, al mismo tiempo se había cumplido, y el afecto susurrado por aquel hombre, que era a la vez su peor enemigo y el único que lo había acariciado con ternura en medio de aquel deseo hecho trizas, resultaba extrañamente empalagoso. Caleb apartó lentamente el rostro y unió sus labios con los de él. Como si lo hubiera estado esperando, Jade deslizó su lengua hacia el interior de la boca entreabierta de Caleb, entrelazándola en un beso espeso y húmedo. Las feromonas comenzaron a desbordarse poco a poco, mezclando su dulzor característico con el aroma ahogado y densificándose sobre el suelo.

“Uff.”

“Ah…….”

Tras compartir el beso por un momento, Caleb apartó la cabeza.

“Todavía, todavía no.”

“¿Por qué?”

Jade mordisqueó su barbilla como si estuviera engatusándolo. Caleb sintió un picor en la piel, estimulado por las feromonas de Jade. Sin embargo, le resultaba cruel y frustrante que hasta ese ardor se hubiera convertido en un estímulo puramente sexual para su cuerpo. Sacudiendo la cabeza, Caleb empujó los hombros de Jade para alejarlo.

“Todo depende de lo que pase con Ivan. Primero él, después lo demás.”

“……Qué prometido tan despiadado.”

“……No hay de otra.”

Contentándose con lo que tenía, Jade le dio un beso más en la mejilla y salió de la habitación. Por supuesto, no olvidó cerrar la puerta con llave por fuera. Pudo percibir cómo las maldiciones de Caleb resonaban desde el interior, pero a Jade no le molestaba en absoluto. Al fin y al cabo, ya había llegado a un acuerdo con él. Con eso decidido, ordenó a sus subordinados que vigilaran de cerca los alrededores de la casa de Aena durante un tiempo. Era crucial que Ivan no se mudara de refugio ni lograra escapar.

‘No puedo permitirme perder a una presa que ya tengo en la mira.’

No iba a dejar escapar aquello que su propia pareja estaba esperando. Y aguardaba con ansias el dulce premio que le esperaba al final de todo.