6. Cola impregnada en tteokbokki de infusión de ajonjolí

 


6. Cola impregnada en tteokbokki de infusión de ajonjolí

"Oye, Kkondae. Salieron las notas."

Yu-han dijo mientras estaba acostado en la cama de Ji-in usando su celular.

Como seguía frecuentando la casa de Ji-in como si fuera la suya propia incluso después del fin del semestre, de la nada ya había llegado el periodo de verificación de notas. Como Yu-han no tenía nada que hacer y solo estaba jugando, apenas recibió el mensaje de Tae-young de que las notas habían salido, ingresó al sistema de información académica.

Yu-han no tenía muchas expectativas debido a que había perdido drásticamente el entusiasmo por la escuela desde principios de abril. Sin embargo, sentía curiosidad por la nota del seminario de creación que había hecho junto con Ji-in.

"...Qué."

Yu-han presionó actualizar varias veces pensando que había un error. Pero las notas seguían igual.

Las materias obligatorias de la especialidad de Yu-han eran todas A y A plus, y su promedio total era 4.2. Pensaba que estaría sembrado de C, pero las notas eran demasiado altas en comparación con lo que esperaba. Probablemente el hecho de haber llamado la atención de los profesores desde principios de semestre como el 'novato del año' se había convertido en una gran ventaja.

Yu-han se quedó desconcertado, pero como era obvio que tener notas altas era mejor que bajas, aceptó rápidamente sus propias notas. Más bien decidió verificar lo que más le daba curiosidad.

"Qué te salió en creación."

Yu-han se volvió de lado y miraba a Ji-in hacia abajo.

Ji-in estaba acostado en el suelo debajo de la cama leyendo una recopilación de obras de teatro del concurso de primavera. Hacía una hora había dicho con voz de anciano que le dolía la cintura y que en momentos así había que acostarse en el suelo.

"No sé."

"Entonces revísalo. Oye, rápido."

Yu-han estiró su larga pierna y empujó a Ji-in con el pie a modo de toque para apresurarlo.

"¿Ya ni siquiera usas las manos? Qué chico tan maleducado..."

Ji-in dejó el libro y frunció el ceño. Aun así, obedientemente buscó el celular y revisó las notas.

"A plus."

"Yo también."

Yu-han sonrió socarronamente y abrió su gran palma de la mano hacia Ji-in.

Justo después de que terminó la presentación del seminario de creación, cuando el profesor Chae Gi-beom dio una breve crítica, había dicho algo como: 'Se notaba que ambos no lograban sumergirse en los personajes en cada momento. La actuación fue malísima, pero valoro la valentía de haber creado un personaje con grandes cambios emocionales en una obra de diez minutos'.

Probablemente al recibir una A de esa forma y sumar puntos extra por haber tenido un turno temprano, se había convertido en A plus.

Yu-han estaba satisfecho de que, como resultado, ambos hubieran obtenido notas altas, quizás porque habían pasado muchas cosas con Ji-in mientras hacían el seminario de creación.

Pero Ji-in parecía no sentir ninguna emoción particular. Él le dio un aburrido cinco a la palma que Yu-han tenía abierta y comenzó a leer de nuevo la recopilación de obras de teatro.

"Qué te salió en lo demás."

Yu-han intentó continuar la conversación mirando fijamente a Ji-in sin soltar el brazo con el que se apoyaba.

Esta vez Ji-in no apartó los ojos del libro y solo le tendió el celular. Significaba que él mismo lo mirara y lo viera.

Lo que Yu-han deseaba era una conversación, pero de todos modos aceptó el celular y comprobó las notas de Ji-in.

Ji-in también casi todo era A o B y su promedio total era 3.8.

Como cada vez que Yu-han lo arrastraba al motel decía que 'este semestre parece arruinado', era seguro que él también había recibido notas más altas de lo esperado.

Aun así, parecía que no era un gran consuelo para Ji-in.

De hecho, Ji-in parecía haber perdido la vitalidad desde el día en que conoció la verdadera identidad de su padre biológico. Estaba ausente con frecuencia como una persona a la que le faltaba un tornillo, y daba la impresión de no sentir interés por nada en absoluto.

Yu-han miró a Ji-in con expresión seria.

"Por qué."

Ji-in terminó cerrando el libro ante la insistente mirada de Yu-han y dijo. Sentía que su rostro se iba a calentar.

"Vamos a Daegu."

"...¿De repente?"

"Cubre los malos recuerdos con recuerdos nuevos."

Yu-han lanzó un tiro directo sin andarse con vueltas. Como sabía por qué estaba deprimido, decía con total seguridad que lo iba a solucionar.

Cuando Yu-han escuchó la historia de que Ji-in estaba enfermo, su corazón se había tambaleado de forma sorprendente. Le había enviado dinero sin escatimar y se le había activado el instinto protector de que tenía que cuidar a Ji-in.

'¿De verdad por agarrarle cariño físico?'

A Yu-han le sorprendía si era un ser humano tan bueno, pero en todo caso en el presente tenía un gran deseo de ayudar en la recuperación de Ji-in.

Esa era la razón por la cual últimamente Yu-han llevaba a Ji-in al karaoke para hacerlo cantar a todo pulmón canciones de trot y, aunque no tuviera intención de tener sexo, andaba merodeando por su lado sin motivo cuidando su estado físico.

"No son malos recuerdos. Porque se trata de la abuela."

Ji-in dijo con una sonrisa amarga. Ji-in dejó vagar su mirada sin sentido hacia los músculos marcados en el antebrazo de Yu-han y sus largos dedos, ordenó sus pensamientos y luego abrió la boca.

"Aun así, como ya fuimos a Daegu, quiero ir a Gyeongju."

"¿Gyeongju?"

"Quiero ver Cheomseongdae y Seokguram."

"¿Por qué?"

"Fui de viaje escolar en primaria, pero no me acuerdo bien."

"¿Eso es todo?"

"Sí."

"Ja..."

Yu-han soltó una risa de incredulidad.

Por lo general, en momentos así uno dice que quiere ver el mar o una montaña cubierta de nieve, ese tipo de palabras sentimentales, pero querer ver Cheomseongdae y Seokguram demostraba que Seo Ji-in seguía siendo un ser humano peculiar.

Aun así, si tenía la intención de querer sentir la nostalgia de su época de estudiante de primaria, parecía que Ji-in no estaba tan deprimido. Yu-han se levantó de un salto de la cama diciendo que de inmediato iban a planificarlo.

* * *

Aquel fin de semana, Ji-in y Yu-han llegaron a Gyeongju tomando el KTX.

Originalmente habían pensado ir en el auto de Yu-han, pero como conduciendo eran cuatro horas y tomando el tren eran dos, los dos eligieron el KTX. En su lugar, bajaron en la estación de Gyeongju, alquilaron un auto y fueron directo a ver Seokguram.

Como a Ji-in le pareció una pena haber visto Seokguram a través de un vidrio enterizo en un espacio estrecho, dijo que también fueran al templo Bulguksa, que estaba cerca. Los dos, siendo golpeados por una multitud de turistas bajo el clima caluroso, recorrieron los bienes culturales incluyendo Dabotag y Seokgatap, y también entraron al museo de Bulguksa.

"¿El clima está increíble?"

Yu-han habló mientras se pasaba la mano por el pelo para despejarse.

Si el día solo hiciera calor, se habría podido soportar, pero como encima era húmedo, se transpiraba mucho y la incomodidad se disparaba. Cuando soplaba viento, no era fresco sino sofocante, al punto de dar risa floja.

Yu-han se había cansado de hacer un recorrido de bienes culturales sin interés, pero aun así sintió que valía la pena vivir cuando entraron al interior, que era comparativamente poco concurrido y fresco. Estaba dándose aire con un folleto que había traído del vestíbulo y luego miró a Ji-in.

"Anciano, ¿la está pasando bien?"

Yu-han sonreía con una sonrisita y capturaba a Ji-in con la cámara de su celular.

Ji-in estaba examinando los vestigios con las manos atrás y agachaba la cabeza leyendo detalladamente los textos explicativos. Si no fuera por su apariencia linda y un cuerpo con el núcleo bien trabajado, habría sido una estampa que sin duda parecía la de un abuelo.

A Yu-han le dio risa esa imagen y sacó varias fotos. Con el tiempo se había vuelto un hábito de Yu-han encender la cámara cada vez que se le escapaba la risa al ver a Ji-in.

"...Hmp."

Ji-in puso los ojos afilados y le echó una mirada de soslayo a Yu-han.

Si hubiera sido antes, habría empezado una disputa verbal con Yu-han con sermones inservibles de que 'ni siquiera conoces el orden de jerarquía entre mayores y menores', pero Ji-in terminó con una reacción sosa.

A Yu-han le daba pena este nivel de paz. Intentó revisar su condición picando a Ji-in una vez más cuando fueron a la tienda de recuerdos.

"Me preguntaba quién compraría este tipo de cosas."

Yu-han habló mientras miraba hacia abajo los objetos que Ji-in estaba eligiendo y metiendo.

Ji-in estaba guardando miniaturas de reliquias como varias pagodas, estatuas de Buda y la sonrisa de mil años. Aunque había productos reinterpretados con sofisticación con la sensibilidad de hoy en día, Ji-in elegía sin falta solo aquellos que imitaban honestamente los colores y las formas del original.

"……."

Yu-han inclinó la cabeza de manera oblicua y miró a Ji-in con una mirada de 'Eras tú'.

Ji-in le dio una mirada de soslayo a Yu-han al igual que en el museo. Aun así, esta vez no terminó de forma sosa y señaló el mostrador del lado.

"¿Quieres hacerlo? Dicen que es una pulsera de deseos."

Ji-in habló mientras levantaba una pulsera de cuentas.

En la pulsera, hecha de hilo de seda, estaban grabados de diversas maneras caracteres que deseaban que viniera la buena fortuna como salud y riqueza. Ji-in leyó la descripción de que se podía elegir según el signo del zodíaco y eligió la de Yu-han y la suya.

Así, los dos terminaron las compras, caminaron hacia el estacionamiento y se subieron al auto.

"Es la primera vez que hago algo así."

Yu-han habló antes de arrancar el motor sentado en el asiento del conductor. Había tenido la sensación de que su muñeca se sentía extraña desde que salió de la tienda de recuerdos, pero al quedarse mirando la pulsera sentado en el asiento, le vino a la memoria el hecho de que era la primera vez que hacía juego con objetos con alguien.

En Estados Unidos, Yu-han gastaba plata a manos llenas con sus parejas, pero jamás hacía juego con ítems de pareja. Si los recibía de regalo, los tiraba en algún rincón del cajón y nunca más los volvía a buscar. A Yu-han le desagradaba tanto esa sensación de sentirse atado.

'Pero ¿por qué lo hice con Seo Ji-in?'

Yu-han no entendía su propia acción de hacía un rato, pero pronto concluyó que probablemente lo había hecho para complacerlo, ya que era un viaje para la recuperación de Ji-in.

Además, la pulsera que llevaba en la muñeca le gustaba bastante. Yu-han pensaba que probablemente era porque se trataba de un objeto que contenía buenos deseos.

"¿Pulsera de deseos?"

Ji-in, que no tenía cómo saber la situación, preguntó con indiferencia mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

"Pulsera de pareja."

Yu-han levantó la muñeca y sonrió socarronamente. Con un rostro apuesto, esbozaba una sonrisa traviesa como un niño de primaria que presume la pulsera de un robot transformable.

Sin embargo, Ji-in respondió con desinterés.

"¿A esto se le puede llamar pulsera de pareja?"

"¿Por qué no?"

"Mucha gente además de nosotros las compraba. Si hay que decirlo con precisión, será una pulsera de amistad de turistas de Bulguksa."

Ji-in habló con frialdad y giró su mirada hacia la ventana.

Yu-han miró un momento el perfil de Ji-in y luego puso el auto en marcha.

Había pensado que la vitalidad le estaba volviendo un poco ya que recorría los bienes culturales con entusiasmo, pero parecía que todavía no era el caso. Yu-han se quedó sin palabras ante la reacción cínica de Ji-in, pero de todos modos no tenía pensado rendirse. Como era un viaje planeado para un itinerario de una noche y dos días, quedaba mucho tiempo.

Yu-han condujo hacia la calle turística más famosa de Gyeongju.

"Qué vas a comer."

Yu-han estacionó el auto en un estacionamiento cercano y salió afuera con Ji-in.

La calle Hwangridan no era muy larga, pero había muchísima gente y también mucha comida. Como la mayoría vendía bocadillos, la gente andaba por ahí con una comida en la mano cada uno, esparciendo un olor delicioso.

"Helado. Tengo sed."

Ji-in habló señalando un helado de maíz de color amarillo. Tenía un aspecto tierno y se veía rico con granos de maíz esparcidos sobre el helado en vaso, por lo que atrajo su mirada.

De esa manera, los dos calmaron su sed y se lanzaron a una comida formal.

Empezando por yukhoe en vaso, recorrieron todos los famosos alimentos vistos en las redes sociales como hotteok, mandu, rosquillas, tteok de miel y jjondeugi.

En lugar de comprar uno para compartir como las parejas amorosas, como cada uno comía con lo suyo en la mano, de repente Ji-in y Yu-han se sintieron llenos como si hubieran tenido una comida contundente.

Los dos acordaron finalmente comer el pan de diez wones más famoso y se dirigieron a buscar el local con la fila más larga. Había una cantidad inusualmente grande de lugares que vendían pan de diez wones, y debía haber una razón por la cual la gente se aglomeraba en un sitio.

"¿De verdad no me vas a decir cuánto fue?"

Ji-in habló de repente mientras esperaba haciendo la fila.

"¿Qué cosa?"

Yu-han observaba qué tanto avanzaba la gente usando su gran estatura y le devolvió la pregunta.

"La plata que le sacó mi papá."

"...Cien mil wones."

"No te burles."

"¿Diez wones?"

"¿Me estás tomando el pelo?"

"Si no vas a creer, para qué preguntas."

"Porque tú a cada rato..."

"Ya está, no sigas preguntando."

Yu-han volvió a desviar su mirada hacia las coronillas de las personas que estaban adelante y cortó la conversación.

Como el pan de diez wones era un método en el que se horneaban varios a la vez como el bungeoppang, cuando llegó el momento una gran cantidad de personas recibió sus panes de golpe y se retiró. Qué pena que los panes se acabaron justo delante de Ji-in y Yu-han, pero por otro lado era interesante poder ver de cerca el proceso de elaboración del pan de diez wones.

Ji-in miró fijamente cómo el empleado de medio tiempo vertía la masa en el molde y le ponía queso y salsa, y luego volvió a abrir la boca.

"Si hago medio tiempo puedo devolverlo. Aunque tardará un poco."

"...Qué vas a hacer?"

"Habrá muchas cosas que hacer. Parecería divertido hacer algo como esto..."

"Qué estupidez dices. No hagas semejantes pavadas."

Yu-han cortó tajantemente las palabras de Ji-in.

A él no le gustaba que Ji-in desperdiciara su fuerza laboral para ganar un dinero que para él no tenía sentido. Además, si hacía un trabajo de medio tiempo, el tiempo que pasaban juntos se reduciría al igual que cuando se encontraba con el padre biológico, y tampoco quería volver a caer en cavilaciones sintiendo un vacío de origen desconocido.

"Salieron dos panes de diez wones."

Unos minutos después, el empleado de medio tiempo gritó mirando el recibo del pedido. Le echó una mirada penetrante a Yu-han y le entregó dos panes de diez wones envueltos de cualquier manera.

* * *

"Kkondae... vamos a comer jokbal."

"Mmm... hay que ir."

Yu-han y Ji-in estaban tendidos en el corredor principal de madera (daecheongmaru) y dijeron con voz cansada.

Los dos se animaron mutuamente a ir diciendo varias veces 'vamos', pero ninguno de los dos se levantó primero.

La pensión de estilo coreano tradicional (hanok) que habían reservado como alojamiento era una casa independiente y tenía un patio amplio, por lo que era silenciosa. La comodidad de que no hubiera nadie más que ellos en este espacio tan amplio, el frío refrescante que subía desde el piso de madera y la brisa nocturna que soplaba suavemente ahora hacían que los dos se sintieran lánguidos.

"Da tanta pereza levantarse..."

"Yo no me puedo levantar..."

Ji-in coincidió con las palabras que Yu-han dijo para sí mismo y añadió.

Hace treinta minutos, habían ido a recorrer los sitios históricos que tenían fama de verse increíbles de noche. Era el camino de vuelta tras haber disfrutado de manera productiva el Cheomseongdae, el puente Woljeonggyo, el estanque Donggung y Wolji, y la Torre de Gyeongju.

La vista nocturna de los sitios históricos teñidos con luces de colores era hermosa. Era tan genial que superaba a lo que se veía en fotos, al punto de que varias veces pensaron que había sido una buena idea venir a Gyeongju.

Pero, como era de esperarse, había muchos turistas. Especialmente en 'Donggung y Wolji', famoso porque el palacio reflejado en el estanque era hermoso, la multitud de gente era tan densa que resultaba difícil moverse sin tropezar con otros.

Ji-in y Yu-han se habían tomado un momento para culparse mutuamente diciendo: '¿Por qué los universitarios que de todos modos no tienen nada que hacer vienen precisamente en fin de semana?'.

"¿Pedimos delivery?"

Ji-in habló mientras miraba embobado la hermosa veta de la madera de las tornapuntas (seokrae) y los tirantes (daedulbo).

Justo después de ver el Cheomseongdae aún tenían margen para hablar de comer para la cena el jokbal que habían visto en redes sociales, pero en ese momento ya no les quedaban fuerzas para salir.

"Ahí no hacen delivery."

"Jokbal no, pollo... pidamos comida de franquicia de siempre."

"¿Hasta aquí para venir a comer eso?"

"Puede que la sucursal de Gyeongju tenga otro sabor. Existe eso del toque personal de cada región."

A Ji-in le sobraba cansancio, por lo que empezó a decir disparates con seriedad.

Parece que Yu-han tenía un sentimiento similar, ya que no dijo nada más y abrió la aplicación de entrega a domicilio. Yu-han había buscado información variada como lugares de comida y sitios turísticos, y se encontraba en un estado en el que había gastado más energía que Ji-in por haber conducido y buscado el camino.

Así, los dos pidieron pollo y solo cuando llegó el repartidor se levantaron a los tumbos para armar la mesa.

"Oye, Kkondae."

Yu-han habló mientras comía pollo sacándolo con los palillos. Como recuperó un poco de energía gracias a la ingesta de proteínas, sacó el tema que le preocupaba desde la calle Hwangridan.

"De verdad no vas a hacer un trabajo de medio tiempo, ¿no?"

"Sí, lo voy a hacer."

"Te dije que no lo hagas. Que no se lo devuelvas."

"De todos modos tengo que ganar para el alquiler y los gastos de subsistencia."

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Ji-in habló mientras agarraba un muslo de pollo con la mano y lo desmenuzaba.

En la cuenta bancaria de Ji-in quedaba el dinero que había ganado en un trabajo de medio tiempo antes de retomar sus estudios y el dinero que había recibido del préstamo para gastos de subsistencia, pero aun así no era una cantidad suficiente para usar holgadamente hasta el siguiente semestre. Como el dinero del préstamo era una deuda que tendría que devolver algún día y los intereses se iban acumulando ordenadamente, tenía que ganar todo lo que pudiera.

"Con que te lo dé yo alcanza, ¿no?"

Yu-han habló como si fuera un problema simple y se preguntara por qué lo complicaban tanto.

"No quiero. ¿Por qué me lo vas a dar tú?"

Ji-in frunció el entrecejo por reflejo y le devolvió la pregunta.

"Porque somos novios."

Yu-han usó la lógica que Ji-in solía usar cuando le exigía citas.

"No digas estupideces."

Ji-in dijo mientras tiraba dentro de una bolsa los huesos de pollo de los que ya había arrancado la carne por encima.

Le parecía absurdo que Yu-han trajera la misma premisa como si fuera el mismo problema, considerando que tener citas entre novios era algo natural, mientras que correr con los gastos de subsistencia debía ser un caso minoritario.

Además, según los estándares de Ji-in, Yu-han seguía gastando mucho dinero incluso en el presente. Al fin y al cabo, cada vez que los dos se veían, Yu-han pagaba y se trasladaban en su auto.

Como Yu-han era alguien que por naturaleza solía comprar y regalar cosas por todos lados y la situación de sus carteras difería severamente, Ji-in lo dejaba pasar, pero no se sentía cómodo. Solo esperaba poder mantener las apariencias como la persona mayor algún día.

No había forma de que quisiera seguir debiéndole favores aquí.

"¿Por qué gastas el dinero de esa forma tan desaforada?"

Ji-in añadió como si estuviera enojado. Cuanto más lo pensaba, más detestable le parecía la propuesta de Yu-han.

"¿...Costumbre?"

Yu-han pensó un momento mientras comía el pollo desmenuzado y dijo.

"Lo gastaba a lo loco porque quería arruinar la casa. Pero al final no se pudo."

Yu-han recordó la primera vez que fue a Estados Unidos y recibió la tarjeta de su padre.

Desde una edad temprana en la que no sabía cómo usar el dinero, se la pasaba gastando sin pensar, pero jamás había recibido una advertencia sobre el dinero. No importaba cuánto gastara al mes, no era una magnitud de patrimonio que fuera a arruinarse.

"Solo jodí mi sentido económico."

Yu-han resumió brevemente mientras tiraba los huesos de pollo que había dejado limpios.

Desde que habían tenido una charla sincera en la parada de autobús, a Yu-han le resultó más cómodo hablar de sus asuntos internos con Ji-in. Repasar problemas en los que no habría pensado solo y llegar a su propia conclusión le resultaba extrañamente liberador también.

Ji-in miraba a Yu-han con expresión seria desde enfrente. Su enojo se calmó pronto ante la respuesta sincera de Yu-han. Ahora también le agradecía que le dijera cualquier cosa, y al conocer la historia familiar de Yu-han, supo entender los sentimientos de este.

"Con razón podías aguantar aunque te estafaran con la plata..."

Ji-in murmuró para sí mismo mientras desviaba su mirada hacia la mesa. Al comprender el hábito de consumo de Yu-han, terminó conectándolo y entendiendo hasta el motivo por el cual él se mostraba tan despreocupado ante el problema de la estafa del padre biológico.

Sin embargo, Yu-han inclinó la cabeza de manera oblicua.

'¿Que como solía gastar a lo loco por eso le mandó sin vacilar hasta la plata del hospital a Seo Ji-in? ¿Era porque era una pareja sexual que llevaba pegada varios meses, algo que hace incluso con un compañero con el que no es cercano?'

Al autoevaluarse, pensó que en un nivel primario tal vez eso fuera lo correcto. Al fin y al cabo, él siempre había vivido así.

Sin embargo, Yu-han había sentido una emoción abrumadora cuando reconoció que Ji-in estaba enfermo. Le había costado aceptarlo y hasta se arrepentía de haberse portado mal con Ji-in. Por eso, cuando supo que todo era mentira, sintió más bien alivio.

Si se trataba simplemente de un problema de malos hábitos de consumo, no podía explicar por qué su corazón se había tambaleado de esa manera.

"De todos modos, eso es asunto tuyo... No es el mío."

Ji-in habló también después de quedarse sumido en sus pensamientos.

Ji-in nunca había envidiado la riqueza que poseía Yu-han ni la había considerado injusta. Pensaba que era la parte con la que Yu-han había nacido.

Después de conocer la historia familiar de Yu-han, también llegó a pensar que era una compensación económica por las heridas que este había recibido de niño. Decía esto mientras consideraba que él tampoco había sido compensado por sus padres, pero que eso también era lo suyo.

"La abuela decía que no hay que codiciar lo ajeno."

"No es codicia, es que yo quiero dártelo."

"También decía que un hombre se gana el sustento con trabajo legítimo para alimentar a su familia."

"……."

"Significa que acepto mi parte de pobretón y me lo voy a ganar por mi cuenta. Como no tengo ninguna familia a la que alimentar, lo compensaré haciendo trabajos de medio tiempo."

Ji-in se limpió las manos con una toallita húmeda, bebió cola y dio por terminada la comida.

"Eso me deja el corazón tranquilo."

Ji-in se limpió la boca con una servilleta y dio por finalizado el breve altercado. Añadió además que sentía que había comido demasiado y le propuso a Yu-han dar un paseo una vez que terminaran de comer.

Yu-han se levantó diciendo que para él también era el final. Los dos tiraron la basura, ordenaron el lugar, salieron al patio y caminaron por el terreno de guijarros recibiendo la luz de la luna a pleno.

"Qué lindo suena. ¿No?"

Ji-in habló mientras escuchaba el sonido de las piedritas chocando y moliéndose bajo sus pies.

Yu-han se limitó a asentir con la cabeza mientras metía ambas manos en los bolsillos. Desde que había empezado a limpiar la mesa, parecía sumido en profundos pensamientos y no ponía ninguna expresión ni hablaba.

"Eso me deja el corazón tranquilo."

Yu-han estaba sintiendo en ese momento un impacto refrescante al escuchar la visión de la vida de Ji-in.

Hasta entonces, Yu-han había vivido tal como se le presentaba. Cuando se topó con el rostro descubierto de sus padres, se sintió muy confundido y agobiado, pero como Yu-han tenía trece años, no había nada que pudiera hacer. Ni siquiera se le había ocurrido la idea de escapar de su casa y solo se había dedicado a rebelarse.

Luego fue arrojado a Estados Unidos y como a su alrededor todos eran chicos que vivían de forma similar, pensó: 'Parece que originalmente es así'. Yu-han se esforzó por vivir sin pensar y dejó desatendidas la resignación y el desamparo que se iban acumulando ordenadamente en su interior. Para ser exactos, ni siquiera era consciente de que tales cosas se acumulaban.

Recién ahora Yu-han se daba cuenta de que, aunque pensaba que quería escapar de su casa, no se le había ocurrido ningún otro camino. Tal como siempre, solo pensaba en vivir holgadamente con el dinero de su padre y largarse en cuanto se convirtiera en celebridad para ganar mucho dinero.

Tal como decía Ji-in, bastaba con vivir con el corazón tranquilo aunque uno fuera un pobretón, pero ni se le había pasado por la cabeza que existiera un camino así.

"Cuando sea famoso como actor te llenaré tu parte."

Ji-in habló mientras miraba hacia arriba el perfil de Yu-han, que brillaba blanco bajo la luz de la luna.

Él supuso que la razón por la cual Yu-han seguía en silencio era por la conversación de hace un rato. Pensando que el humor de Yu-han se había puesto mal porque él había puesto demasiados límites, Ji-in añadió con una mezcla de broma y verdad.

"Es para rescatar a Woo Yu-han de tu familia."

Ji-in habló pasándose la mano por el pelo tal como solía hacerlo Yu-han. Puso también una expresión llena de melancolía para parecerse a un príncipe sobre un caballo blanco.

Yu-han soltó una risa floja mientras miraba hacia abajo lo que hacía Ji-in.

"¿Cuándo sea famoso?"

Yu-han habló mirando fijamente a Ji-in.

"¿Está bien si te compro una casa con el dinero que gane?"

"……."

Ji-in no pudo responder de inmediato. Yu-han parecía decirlo sinceramente, sin mezclar ni un uno por ciento de broma.

Además, aunque para él mismo ser actor y volverse famoso era difícil, que Yu-han se volviera famoso como celebridad parecía demasiado factible. ¿Acaso no era un tipo sumamente apuesto?

Ji-in se escabulló rápidamente por temor a terminar recibiendo una casa de parte de Yu-han.

"¿Qué clase de snob está tan desesperado por regalar dinero?"

Ji-in rio en tono de broma y le dio un golpecito en el amplio pecho a Yu-han. Luego señaló la cerca donde había un mural dibujado y arrastró a Yu-han diciendo que fueran a verlo de cerca.

Yu-han se dejó arrastrar de buena gana mientras seguía pensando en su propio futuro.

Ese día, Yu-han pensó por primera vez en salir de su casa con sus propias fuerzas, en independizarse y querer comprarle una casa a Ji-in.

* * *

Al día siguiente de regresar de Gyeongju, Yu-han se dirigió a la casa de Ji-in para almorzar juntos.

"Kkondae. ¿Te despertaste?"

Yu-han gritó mientras presionaba la contraseña de la cerradura digital y entraba a la casa.

Ji-in había estado durmiendo cuando lo llamó a eso de las once. Había contestado el teléfono con una voz moribunda, diciendo que aún no se le pasaba el cansancio del viaje, como si fuera una persona que acababa de volver de un viaje de un mes al extranjero en lugar de una escapada nacional de una noche y dos días.

Entró a la habitación preguntándose qué tanta lucidez habría recuperado Ji-in en dos horas.

"...¿Qué haces?"

"Para llevárselo a Min-kwon-hyung."

Ji-in estaba eligiendo los recuerdos de Gyeongju con ojos bien despiertos en la habitación con la luz encendida a todo lo que da.

En la imaginación de Yu-han, la imagen era que Ji-in estuviera acostado en la cama con los ojos medio cerrados en una habitación oscura con cortinas opacas, pero era totalmente distinta.

Ji-in eligió el abanico que había comprado el último día del viaje a Gyeongju, el imán de Cheomseongdae y la miniatura de la estatua de Buda, y dijo mientras los metía en una bolsa de papel.

"Quedé en verlo mañana."

"¿Por qué se van a ver?"

"Solo charlábamos y decidimos vernos."

"¿A solas?"

"Sí."

"Qué tanto, ni que fuera tanto tiempo desde la última vez que se vieron."

Yu-han habló con desconcierto.

Aunque ya era julio, ni siquiera había pasado un mes desde el final del semestre. Yu-han no entendía que se pusieran a charlar y hasta se vieran fuera de la universidad solo por no verse durante apenas quince días más o menos. Sabía que Min-kwon cuidaba bien a Ji-in, pero pensó '¿para qué?' si ni siquiera eran amigos íntimos.

Con una expresión de que algo no le gustaba, Yu-han miró la bolsa de papel que Ji-in había preparado. Dentro de esa gran bolsa también había una caja de pan de cebada de Gyeongju.

"A mí no me diste, ¿pero a Baek Min-kwon sí?"

"Dijiste que ni aunque te lo dieran lo querrías."

Ji-in se dio la vuelta hacia Yu-han con una expresión absurda mientras se cambiaba de ropa.

Pensaba qué clase de cosas decía ahora, después de haberlo criticado tanto diciendo: 'Todo esto que preguntabas quién lo compraría lo está comprando Seo Ji-in'.

Sinceramente, Yu-han no es que quisiera el pan de cebada ni los recuerdos, así que cambió de tema.

"¿No te estará vendiendo seguros? O tal vez sea un fraude piramidal."

"Qué estupideces dices."

"O tal vez te lleve a creer en una secta."

"¿Por qué hyung haría algo así?"

"Es sospechoso que de repente quiera verte."

Yu-han habló con expresión seria.

Yu-han no entendía por qué de repente le molestaba, sabiendo desde antes que Ji-in y Min-kwon se apreciaban y se querían de forma especial. Simplemente no le gustaba que los dos se vieran en privado afuera. Yu-han trajo a colación toda clase de motivos incómodos intentando convencer a Ji-in.

Como si el comentario no fuera digno de respuesta, Ji-in dejó entrar sus palabras por un oído y las dejó salir por el otro, terminó de cambiarse de ropa y se arregló el cabello a los apurones.

"¿A qué hora se ven mañana?"

Yu-han habló apoyándose contra la pared al lado del espejo que Ji-in estaba mirando.

Como había fallado en convencerlo, pensaba usar otro método.

"Quedamos en cenar."

"Voy."

"...?"

"Yo también quiero ver al presidente del centro de estudios después de tanto tiempo."

"¿No decías que para qué se veían? ¿Que si no le vendía seguros?"

"Voy a ir yo también para ver si lo hace o no."

"No quiero. No vengas."

"¿A que se va a poner más contento si voy? Díselo."

Yu-han señaló con la barbilla el celular de Ji-in, como indicándole que le mandara un mensaje ahora mismo.

Ji-in estaba desconcertado, pero no podía refutar las palabras de Yu-han de que Min-kwon se pondría más contento. Prácticamente todos los sunbaes de actuación querían a Yu-han, y Min-kwon definitivamente era uno de ellos. Pensó que si salía con Yu-han en lugar de ir solo, Min-kwon se alegraría más.

Sin embargo, a Ji-in le preocupaba la hostilidad que Yu-han había mostrado antes. Aunque Yu-han cuidaba su imagen frente a la gente de la carrera, de alguna manera se sentía inseguro.

Para prevenir cualquier imprevisto por si las moscas, Ji-in le advirtió a Yu-han:

"No digas estupideces enfrente de hyung. Y tampoco hables como un maleducado."

"¿Tengo tanta cara de vándalo?"

"Un poco."

Ji-in asintió con la cabeza con expresión solemne.

Yu-han recitó unos insultos entre dientes, pero enseguida respondió que entendía.

* * *

Al mediodía del día siguiente, Ji-in subió las escaleras de la estación de metro. Luego, al salir de la estación, subió con una amplia sonrisa al auto que se veía allí.

"¡Hyung!"

"¡Seo Ji-in!"

Min-kwon y Ji-in chocaron las manos alegremente y luego apretaron con fuerza las manos que se habían tomado mutuamente.

Nadie más subió al auto detrás de Ji-in. A pesar de haber quedado así con Yu-han de salir juntos el día anterior, Ji-in había ido a encontrarse con Min-kwon a solas.

"¿Cómo la pasaste desde que terminó el semestre?"

"Sí, todo bien. El otro día fui a Gyeongju."

"¿Gyeongju? ¿Para subirte al Draken?"

"No, para ver Seokguram. Te traje un regalo, hyung."

Ji-in soltó una carcajada y le entregó a Min-kwon la bolsa de papel que había preparado en su casa.

"Vaya, qué es esto. Gracias."

Min-kwon habló sorprendido por el regalo inesperado.

Miró dentro de la bolsa de papel y soltó una fuerte carcajada al sacar la miniatura de Seokguram. Se había echado a reír al percibir la tenacidad de Ji-in hacia Seokguram. Min-kwon le pellizcó la mejilla a Ji-in como si le pareciera tierno.

Si Yu-han hubiera visto esta escena, habría apretado los puños por la sensación de traición. Pero no era algo que Ji-in hubiera planeado. Había ocurrido puramente por casualidad.

"Ah... es una locura, haberme despertado a esta hora..."

Esta mañana, Ji-in se había despertado bastante temprano. Quizás porque Yu-han le había dado de comer anguila el día anterior, el cansancio del viaje se le había esfumado y la energía le brotaba a borbotones.

Ji-in había subido a la montaña detrás del vecindario con el estomago vacío y había ido a buscar agua mineral entre los abuelos y los señores mayores. Al volver a casa, se preparó y disfrutó de un delicioso desayuno antes de hojear los sitios de empleos de medio tiempo con el corazón devoto.

Ji-in pensaba ponerse en contacto con Min-kwon a las nueve para decirle que hoy saldría con Yu-han. Se le había olvidado comentárselo el día anterior.

Sin embargo, antes de que dieran las nueve, Min-kwon se había comunicado primero con él.

Ji-in, ¿puedes vernos hoy al mediodía? Me surgió algo para la tarde.

Ji-in le respondió de inmediato que de acuerdo. Como ya había empezado el día desde muy temprano por la mañana, podía salir al instante.

Ji-in dudó un momento sobre si debía o no avisarle a Yu-han sobre esto, pero se le pasó por alto al recordar que el propio Yu-han había dicho que tenía planes al mediodía. Pensó de manera simple que ya se verían juntos en otra ocasión y simplemente salió solo.

"Te invito algo rico, hyung. ¿Qué quieres comer?"

"Mmm... ¿budae-jjigae?"

Ji-in mencionó un menú que casi nunca comía con Yu-han. Como a Yu-han no le gustaban las comidas que solían preferir los señores mayores, Ji-in había evitado esos menús por tacto.

"Definitivamente congeniamos bien, Ji-in."

Min-kwon volvió a chocar las manos con Ji-in y puso el auto en marcha con entusiasmo.

"¿Un trabajo de medio tiempo? ¿Quieres que te recomiende uno?"

Al escuchar los avatares recientes de Ji-in, Min-kwon habló mientras sacaba el jamón del budae-jjigae para comerlo.

"Tengo un amigo entre mis conocidos que abrió un café. Creo que quedaba cerca de tu casa, espera un momento."

Min-kwon bajó los palillos que sostenía y sacó su celular. Y luego, mientras se comunicaba con alguien e intercambiaba mensajes, miraba alternativamente la pantalla y a Ji-in para decirle:

"Dice que queda cerca del centro comunitario de Palwol-dong."

"Vaya, a 10 minutos caminando."

"¿Qué tal por la tarde entre semana? De 11 a 4."

"Me sirve. Justo estaba buscando en ese horario."

"¿Desde cuándo puedes empezar?"

"Desde mañana mismo."

"Entonces le diré que vas a las 11. Si lo intentas y no te gusta, déjalo."

"¿No tengo que ir a entrevista?"

"Ay, con ser de la carrera de actuación de la facultad de artes escénicas entras directo con pase libre."

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Min-kwon sonrió amablemente y le dio un número de teléfono a Ji-in. Era el número del dueño del café que decía que era amigo de Min-kwon, y pronto le llegó un mensaje de su parte con la ubicación del local y algunos preparativos sencillos.

Ji-in se quedó perplejo al conseguir un trabajo de medio tiempo con las condiciones que deseaba en un abrir y cerrar de ojos. Como nunca antes había hecho algo valiéndose de contactos, le resultaba fascinante que pudiera conseguir empleo tan fácilmente.

"Le pedí que te pague un buen salario por hora. Como soy amigo íntimo tuyo, si tienes alguna queja dilo con confianza."

"De verdad muchas gracias."

"No es para tanto, hombre."

Min-kwon habló mientras volvía a sorber el caldo del budae-jjigae. Miró a Ji-in, a quien se le veía conmovido, con una expresión de ternura antes de ponerse de repente serio.

"Actualmente estoy asistiendo a una academia de actuación."

"...¿Estás tomando clases?"

"No, como instructor."

"Ah― ¿En dónde?"

"Cerca de la universidad. Lo abrió un sunbae de la promoción 13... Todavía no estoy seguro, apenas llevo unas semanas. Lo de que me surgió algo hoy a la noche también es por el trabajo en la academia."

"Aha..."

"Si después de un mes más o menos me parece bien, te aviso y lo hacemos juntos. Paga más que el café y el trabajo es menos pesado. Y también te sirve de ayuda para la actuación."

"¿Yo? Si apenas estoy en segundo año..."

Ji-in habló desanimado. No tenía confianza en si estaba en condiciones de recibir dinero y enseñar a alguien.

"La primera opción de los chicos del curso de ingreso es la carrera de actuación de la Universidad Hankuk. Los estudiantes actuales son sus favoritos."

Min-kwon animó a Ji-in como si tuviera más que suficientes cualificaciones. Incluso añadió que si él mismo, que era de la carrera de dirección, lo estaba haciendo, qué le iba a faltar a Ji-in, que era de actuación.

A partir de ahí, Min-kwon continuó explicándole las tareas de un instructor en una academia de actuación y le comentó las ventajas y desventajas que había experimentado. La idea era que, una vez que tuviera la certeza de que era un buen lugar de trabajo, le abriría un puesto, pero que antes de eso Ji-in lo pensara por sí mismo.

Ji-in escuchaba con atención la información que le daba Min-kwon mientras interiormente seguía conmovido. No se esperaba que lo cuidara hasta ese punto. La consideración de Min-kwon iba más allá de cuidarlo solo por ser de la misma escuela y la misma carrera; tenía la sensación de que lo apreciaba genuinamente como a un dongsaeng cercano.

"¿Por qué eres tan bueno conmigo? ¿No serás un hermano mayor perdido?"

Ji-in habló al salir del restaurante de budae-jjigae. No sabía cómo expresar tanta gratitud y por eso hizo esa broma sin más.

"De hecho... sí. ¿Te acuerdas de la estación de tren de hace 20 años?"

Min-kwon le siguió el juego a la broma comprendiendo los sentimientos de Ji-in. De repente, haciendo temblar ligeramente su voz, fingió confesar una verdad oculta.

Gracias a que era de la carrera de dirección y había sabido coordinar la actuación de los actores, la capacidad histriónica de Min-kwon era bastante excelente. Ciertamente estaba al nivel para enseñar a los estudiantes en una academia.

Ji-in y Min-kwon se miraron con nostalgia y al poco rato rompieron a reír al unísono. Luego, diciendo que irían a tomar un café, caminaron en busca de alguna cafetería cercana.

"Yo también me gano el sustento desde los veinte años para la matrícula. Me dijeron que como ya soy adulto, me las arregle por mi cuenta."

Min-kwon habló en un tono ligero, como si no fuera gran cosa. Era un asunto que fácilmente podría resultar doloroso e injusto, pero sonrió brillantemente hacia Ji-in como sugiriendo que no debían pensarlo de esa manera.

Aunque Min-kwon no conocía la situación exacta de Ji-in, dedujo que debía ser más o menos similar a la suya en el sentido de que tenía que pagarse la matrícula por sus propios medios.

"Pero si te independizas así de rápido, ¿sabes qué? ¡Pronto te vuelves todo un hombre!"

Min-kwon habló mientras le pasaba el brazo por los hombros a Ji-in. Se acercó mucho a su rostro y le susurró: "Así que volvámonos geniales solo entre nosotros".

Los dos entraron a la cafetería riendo en secretismo, como si compartieran un gran secreto.

Al recibir la energía saludable y proactiva de Min-kwon, Ji-in sentía que la energía le brotaba a borbotones, tal como cuando había comido anguila. Le servía como motivación y para cambiar de aire. Le parecía un consuelo sutil y reconfortante justo en el período en que sentía escepticismo sobre abrir el corazón debido a la traición de su padre biológico.

Ji-in pensaba que, al fin y al cabo, Min-kwon le caía muy bien y que quería verlo con frecuencia.

"¿Qué anda haciendo Yu-han últimamente?"

Min-kwon preguntó mientras bebía su café. Como el motivo por el cual se había acercado a Ji-in había sido para 'hacerlo reconciliarse con Woo Yu-han', Yu-han terminó sumándose al paquete aunque fuera un poco tarde.

"Dice que está buscando una agencia. Debe estar sacándose fotos de perfil ahora mismo."

Ji-in respondió bebiendo sorbos de su té de yuzu a la ligera. Por dentro pensaba que el té de yuzu de este lugar era delicioso porque no empalagaba ni estaba aguado, así que contestó sin darle demasiadas vueltas.

"¿Ah, sí? ¿Hoy hablaste con Yu-han?"

"No. Me dijo eso ayer."

"Ah― ¿Se hablan seguido ustedes dos?"

"Sí. A Gyeongju también fui con Yu-han."

"Vaya, sí que se volvieron cercanos. ¿Al punto de irse de viaje?"

El tono de voz de Min-kwon subió un tono. Se inclinó hacia adelante y miró a Ji-in con una expresión de absoluto asombro.

Por un momento, Ji-in se encogió por dentro. Se preguntó si habría revelado su cercanía con Yu-han con demasiada falta de precaución. Como parecía que Min-kwon lo escrutaba con los ojos brillantes, Ji-in repasó rápidamente las palabras que acababa de decir. Censuró mentalmente si acaso había algún margen para que se interpretaran de manera peligrosa.

Sin embargo, al instante siguiente, para disipar las preocupaciones de Ji-in, Min-kwon adoptó una expresión juguetona.

"¡Me das celos! Y pensar que si no fuera por mí, todavía se andarían insultando."

Min-kwon sonrió de oreja a oreja dejando ver sus dientes alineados y volvió a pellizcarle la mejilla a Ji-in. Parecía haberle tomado el gusto a tocarle las mejillas a Ji-in, ya que era la enésima vez que le estiraba la mano solo en el día de hoy.

Además, esta vez Min-kwon no apartó la mano de inmediato, sino que siguió manoseando la carne de la mejilla de Ji-in.

"Es súper blanda. Parece pastel de arroz glutinoso."

Min-kwon le pinchaba, pellizcaba y acariciaba la mejilla como si Ji-in fuera de slime.

Aunque estaba un poco cansado, Ji-in exhaló un suspiro de alivio por dentro al ver que sus temores habían resultado ser falsos. Se impuso a sí mismo el autocontrol de tener más cuidado con lo que decía aunque ahora fueran amigos cercanos, y le dejó la mejilla para que Min-kwon jugara con ella a su antojo.

* * *

Al terminar la sesión de fotos, Yu-han salió del estudio mientras hurgaba en sus bolsillos.

Con el cabello peinado con pomada y un traje de tela elegante, Yu-han brillaba como el modelo de una sesión fotográfica de alta costura. Desprendía una atmósfera que hacía pensar que lo que sacaría del bolsillo sería una cartera de cuero lisa o un reloj de lujo brillante.

Sin embargo, lo que Yu-han realmente sacó fue la pulsera de cuentas que había hecho juego con Ji-in en el templo Bulguksa. Se volvió a colocar en la muñeca la pulsera que se había quitado un momento para la sesión y caminó hasta el lugar donde había estacionado el auto.

Desde el vestíbulo del edificio del estudio hasta el estacionamiento al aire libre no se tardaba ni cinco minutos. Durante ese breve trayecto, todas las personas que se cruzaban con Yu-han se quedaban cautivadas por él.

'Seguro es una celebridad pero su cara es nueva', '¿Quién es?', '¿Quién es para ser tan apuesto?' pensaba cada uno para sus adentros mientras miraba a Yu-han.

Como siempre, Yu-han no les dedicó ni una sola mirada. En parte estaba acostumbrado a las miradas ajenas, pero esta vez se debía a que tenía un asunto urgente.

Apenas se subió al auto, Yu-han sacó el celular y llamó a alguna parte.

-¡Ey, Woo Yu-han!

Yu-han fue directo al grano sin rodeos con Do-yeol, quien gritó con voz alegre.

Mientras se tomaba las fotos de perfil, a Yu-han se le había ocurrido la idea de que sería genial irse de viaje al extranjero con Ji-in.

Ji-in se había divertido mucho haciendo turismo en Gyeongju. Si con un viaje nacional le gustaba tanto, era seguro que le gustaría aún más si iban al extranjero.

Especialmente tratándose de Ji-in, a quien le gustaba el teatro, creyó que le alegraría que lo llevara a Broadway para mostrarle una obra clásica. Aunque no entendiera el inglés al instante, como Ji-in conocía prácticamente la trama de todas las obras y más o menos se sabía de memoria los diálogos, apreciar una función no le representaría ningún problema.

Así, durante toda la sesión de fotos, Yu-han se quedó devanándose los sesos pensando en las cosas que podía hacer por Ji-in en Nueva York, un lugar que conocía muy bien. Cuando terminó la sesión, ya había decidido irse a pasar un mes a Nueva York con Ji-in.

Aunque en realidad no le había preguntado a Ji-in, estaba convencido de que a él también le gustaría, por supuesto.

-¿Con quién vas a ir?

"No lo sabes."

-Es mi casa, ¿al menos puedo saber quién va a venir?

Do-yeol exigió con seguridad.

Como eso no era mentira, Yu-han no pudo decirle que se callara como de costumbre. Aunque quería bloquear que Do-yeol se interesara en Ji-in, tenía un propósito que debía alcanzar antes que eso.

Como a Ji-in no le gustaban los hoteles, Yu-han estuvo pensando qué tipo de alojamiento sería bueno, y de forma natural se acordó de la casa de Do-yeol que se estaba pudriendo en Nueva York y tenía una buena ubicación al lado de Central Park. Como pensaba restringir el uso de la tarjeta de su padre de ahí en adelante, Yu-han quería pedir prestada la casa de Do-yeol si era posible.

"Seo Ji-in."

Al final, Yu-han dio una respuesta mezclada con un suspiro.

-...¿No estás bromeando?

"Sí."

-Qué pasa. ¿No era que solo se divertían?

"Al principio sí."

-¿Y ahora? ¿Te gustó en serio?

Do-yeol lo verificó de nuevo como si no pudiera creerlo.

Había pensado que Yu-han salía con Ji-in inusualmente por mucho tiempo, pero no se imaginaba que llegarían hasta a irse de viaje al extranjero, ni que se prepararía con tanto esmero pidiéndole la casa prestada. Era tan diferente al patrón que Yu-han había mostrado hasta ahora que Do-yeol no pudo evitar sorprenderse.

-¿Fue por eso que cancelaste cuando te iban a presentar a un modelo?

"¿Qué? ¿Cuándo...?"

Yu-han iba a refutar diciendo qué estupideces decía, pero enseguida se le cortaron las palabras. Se dio cuenta de que estaba hablando de lo que había pasado en el cumpleaños de Do-yeol.

Sin embargo, a Yu-han le daba pereza ponerse a corregir: 'En ese entonces tenía la cabeza hecha un lío por el problema de Seo Ji-in. Solo dije que lo vería porque de todos modos iría a la fiesta, no era que quisiera que me lo presentaran en serio'.

"Mierda, oye. ¿Me la vas a prestar o no? Si no, corta."

Yu-han habló con voz hastiada. Pensó que ya había aguantado suficiente la andanada de preguntas de Do-yeol.

-Claro que te la voy a prestar. Pero...

"Entonces corta. Tengo cosas que hacer."

Yu-han colgó unilateralmente con el entrecejo fruncido. Le molestaba haber perdido el tiempo en palabras inútiles.

Yu-han puso el auto en marcha y llamó a Ji-in. Y al escuchar la voz familiar del otro lado, aflojó sin darse cuenta el ceño que tenía fruncido.

"Terminé. ¿Dónde estás?"

-En casa.

"Voy ahora. ¿A qué hora y dónde quedaron en ver a Baek Min-kwon?"

Mientras esperaba la respuesta de Ji-in, Yu-han seguía pensando en el viaje a Nueva York. Al imaginarse lo mucho que se divertiría Ji-in en esa ciudad tan grande y ostentosa, y lo mucho que le agradecería, se le curvaron las comisuras de los labios por sí solas.

Sin embargo, la respuesta de Ji-in que se escuchó enseguida hizo que los músculos de la cara de Yu-han se pusieran tan rígidos como una piedra.

"......¿Qué dijiste?"

"Entonces... ¿se vieron los dos solos?"

Yu-han habló con voz enfadada mientras se quitaba la chaqueta del traje. Se desabotonó el botón superior de la camisa y los gemelos y se subió las mangas, como si sintiera que el calor le subía.

Ji-in miró con desconcierto la chaqueta de Yu-han, que había sido arrojada hacia su lado mientras estaba sentado en la cama.

"¿Sin mí?"

Yu-han preguntó mirando fijamente a Ji-in.

Al quedar al descubierto sus músculos pectorales varoniles y fuertes, y sus músculos de los brazos duros como el hierro, Ji-in sintió que Yu-han se veía aún más feroz.

"¿Ustedes dos a escondidas?"

"A escondidas no..."

"¿Por qué cambian la hora? ¿Por qué se van a ver solo ustedes dos?"

Yu-han habló acercándose a Ji-in. A pesar de haberle escuchado el motivo de Ji-in ya dos veces, Yu-han mantenía una actitud hostil como alguien que no lograba convencerse.

'¿Por qué me siento tan mal?'

Aunque no se lo preguntó muchas veces, Yu-han halló el motivo: la invasión de su territorio. Sintió celos y precaución de que Baek Min-kwon estuviera intentando meter las manos ahí, considerando que Seo Ji-in era de su propiedad.

Parece que le había tomado un cariño físico en serio a Ji-in. Como no se acostaba con este o aquel como en Estados Unidos, sino que trataba únicamente con Ji-in, era seguro que estaba sintiendo ese apego físico del que solo había oído hablar.

Yu-han concluyó que esa era la razón por la que sus emociones se alteraban constantemente por culpa de Ji-in.

Como era algo que experimentaba por primera vez en su vida, Yu-han también estaba desconcertado, pero no podía evitarlo. No podía dejarlo pasar a la ligera como antes, sin importarle quién tocara a Ji-in.

"Yu-han, cálmate..."

Ji-in dijo empujando los hombros de Yu-han, que se había acercado demasiado.

Sintió que, si se descuidaba, terminaría cayendo hacia atrás y acostado en la cama.

Ji-in estaba simplemente atónito. Se había asustado porque Yu-han se había presentado con una apariencia tan sexy que no desentonaría ni en una película, pero como se puso a hostigarlo como si fuera una pareja infiel persiguiendo a su novio, también llegó a pensar: '¿Este está practicando actuación?'.

"¿Y la pulsera?"

Yu-han preguntó de repente mientras le agarraba la muñeca a Ji-in.

"¿Qué pulsera...?"

"La pulsera de pareja."

Yu-han escudriñó con mirada aguda hasta la otra muñeca de Ji-in. Al comprobar que ambas estaban vacías, Yu-han puso una expresión escalofriante.

"Te dije que la llevaras puesta."

"Quién va a usar una pulsera en su casa."

Ji-in se excusó mientras intentaba torcer la muñeca para librarse del agarre.

Para ser honestos, desde que había vuelto de Gyeongju, Ji-in había guardado la pulsera en el cajón y nunca más la había sacado. Recordaba que Yu-han le había dicho que la usara todos los días, pero en ese momento Ji-in se lo había pasado por alto.

"¿Y cuando viste a Baek Min-kwon la tenías puesta?"

Yu-han preguntó mientras apretaba con fuerza la muñeca de Ji-in, que intentaba soltarse.

"Oye, Seo Ji-in."

"No, bueno, capaz mi pensamiento fue corto... ¿pero me tratas como si hubieras pillado a alguien cometiendo una infidelidad?"

Ji-in dudó un segundo, pero enseguida miró a Yu-han con seguridad y se sacudió su mano de encima. Tenía la confianza de que, como no había hecho nada malo, tampoco tenía nada por lo cual ser interrogado.

Pensaba que Min-kwon y él simplemente estaban compartiendo una profunda amistad de hombres como hyung y dongsaeng, y se preguntaba qué clase de malentendido extraño se estaba haciendo.

Además, a principios de semestre Ji-in había tenido la experiencia de hacer una prueba sin proponérselo dándole un abrazo gratis a Min-kwon. Ji-in estaba convencido de que jamás llegaría a querer a Min-kwon con el mismo significado con el que quería a Yu-han.

"¿De qué hablaron con él?"

Yu-han preguntó sin soltarle la mano, pero sin relajar la expresión.

"Solo me recomendó un trabajo de medio tiempo."

"¿Qué trabajo?"

"Un café. Queda cerca de casa y el dueño es amigo de hyung."

"¿Y?"

"Acordamos empezar desde mañana."

"¿No habías abandonado la idea de trabajar?"

"¿Quién dijo que lo abandoné?"

Ji-in replicó con desconcierto. Le parecía absurdo que Yu-han lo hubiera interpretado a su conveniencia, cuando creía que en Gyeongju habían cerrado bien el tema.

"Te dije que no lo hagas. No, yo te voy a conseguir algo más fácil. Haz eso."

"No quiero. ¿No te digo que ya quedamos en hacerlo?"

"¿No te gusta lo que yo te consigo? ¿Pero Baek Min-kwon sí?"

Yu-han continuó la disputa aferrándose a las palabras de Ji-in.

De hecho, lo que más quería decir era 'voy a comprar tu tiempo, no hagas trabajos de medio tiempo', pero como era obvio que solo conseguiría el efecto contrario —tal como lo había experimentado en Gyeongju—, no lo dijo en voz alta.

Sinceramente, incluso pensándolo objetivamente, Yu-han sabía que no tenía argumentos para detener a Ji-in. Solo sentía rechazo.

"¿Por qué no quieres? Da una razón fundamental."

Tras un estira y afloja que duró un rato, Ji-in dio en el clavo. Él también se había dado cuenta de que, a diferencia de lo habitual, Yu-han estaba discutiendo impulsado únicamente por las emociones y sin lógica.

"......"

Yu-han no pudo responder con facilidad.

¿Cómo iba a decirle que le había tomado un cariño físico? Ji-in creía que los dos salían de manera normal, así que si se lo decía ahora, se llevaría un gran shock preguntándose de qué diablos hablaba.

Basándose en el sentido común general, podría haberle dicho 'quiero que pases el tiempo solo conmigo', pero a Yu-han esas palabras se le habían quedado atragantadas en la garganta y no le salían. Aunque sabía que si actuaba como el personaje masculino de un romance como antes, Ji-in se alegraría y daría el brazo a torcer, le era imposible.

En aquel entonces, como no sentía ningún tipo de sentimiento, pudo fingir algo falso. Pero irónicamente, ahora que llevaba mezclados sentimientos sinceros, ya no le salía la actuación.

Yu-han sabía que, aunque lo intentara, su actuación iba a fracasar estrepitosamente.

"Eso es......"

Yu-han buscó afanosamente otra excusa. Sin embargo, como ocurre con las leyes de las relaciones humanas, en el momento en que se mezclan los sentimientos verdaderos, a uno no se le ocurren mentiras adecuadas.

Al final, Yu-han dijo algo que incluso a él le pareció estúpido.

"Porque no podemos tener sexo."

"Ja..."

Ji-in exhaló un suspiro profundo ante la respuesta de Yu-han tras demorarse un buen rato en hablar. Miró a Yu-han con una expresión que decía 'con razón eras tú' y le dijo:

"Podemos hacerlo de noche."

"Te vas a cansar."

"También lo hacíamos en la época de creación. Me esforzaré para que podamos hacerlo todas las noches como en ese entonces."

"......"

"¿Con eso basta?"

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Al ver la mirada llena de decepción de Ji-in, Yu-han se dio cuenta de que había actuado de forma muy torpe, pero ya no podía retractarse de lo que había dicho. Tampoco se le ocurría ninguna buena excusa para compensarlo.

Al final, Yu-han asintió con la cabeza de mala gana.

* * *

Quince días después, Yu-han miró con desaprobación al empleado de medio tiempo de la cafetería y se acercó al mostrador.

"Oye."

"Sí."

"Un americano helado."

"Ya tomaste uno hace rato."

"Voy a tomar otro."

"Toma té de jengibre."

El empleado dijo mientras sacaba un frasco de vidrio lleno de almíbar de jengibre.

El empleado que cambiaba el pedido de un cliente a su antojo era, por supuesto, Ji-in.

Tenía el rostro cansado, ya que apenas había terminado con los pedidos que llegaban sin parar. A pesar de eso, se preocupaba por la salud de Yu-han e intentaba prepararle té de jengibre.

La cafetería donde trabajaba Ji-in era un local pequeño con solo tres mesas.

Sin embargo, como tenía que preparar el café, cobrar y limpiar todo él solo, no tenía un respiro. También se debía a que, aunque le habían dicho que había pocos clientes, estos iban en aumento con los días.

Últimamente, Ji-in estaba muy ocupado adaptándose a su lugar de trabajo. Esa era la razón por la que, aunque Yu-han se apareciera todos los días merodeando por ahí antes de irse, no podía prestarle mucha atención.

"Kkondae."

"Sí..."

"Vete de viaje conmigo."

Yu-han aceptó el té de jengibre que Ji-in le entregaba y dijo lo que debió sacar a relucir quince días atrás.

Últimamente, Yu-han estaba asistiendo a entrevistas en agencias de entretenimiento.

Incluso si su padre no se lo hubiera ordenado, Yu-han tampoco quería entrar en cualquier lugar para realizar actividades superficiales y ganarse una imagen ridícula. Solo había enviado su perfil a agencias de actores de renombre y hoy había recibido una respuesta positiva de una de ellas.

Todavía le quedaban entrevistas en otras empresas y en la mayoría aún no le daban resultados, pero el pálpito era bueno. Parecía que iba a firmar un contrato pronto.

Por eso Yu-han pensó que no debía desperdiciar el tiempo así y que tenía que irse a pasear con Ji-in cuanto antes. Como pronto habría restricciones en su agenda y no tenía sentido seguir con un pulso que no funcionaba solo porque no le gustaba que Ji-in hiciera un trabajo de medio tiempo.

"¿No ves que estoy trabajando?"

Ji-in habló con voz cansada mientras lavaba la licuadora que se había acumulado.

"Diles que vas a descansar un rato. ¿Vas a pasarte las vacaciones haciendo solo trabajos de medio tiempo?"

"No, tú..."

Ji-in se detuvo justo cuando iba a replicar si acaso creía que descansar era así de fácil. El trabajo de medio tiempo era más pesado de lo que había esperado, así que las palabras de Yu-han lo conmovieron sin que se diera cuenta.

Ji-in recordó Gyeongju y pensó que si se trataba de un viaje así, le gustaría ir una vez más. Como todavía estaba en segundo año, consideró que podía disfrutar de la romanticismo y la tranquilidad de ser universitario.

"A dónde vamos a ir. ¿A Gangneung? ¿A Incheon?"

"Esta vez iremos un poco más lejos."

"¿A la isla de Jeju?"

Ji-in habló mientras se secaba las manos en el delantal tras terminar de lavar los platos.

Como afortunadamente no había nadie en el local, Ji-in salió de detrás del mostrador y se sentó al lado de Yu-han.

"A Nueva York."

"...¿A nu... qué?"

"Yo hice el plan. Primero escucha."

Yu-han tranquilizó a Ji-in y sacó el plan que había elaborado.

Hizo hincapié especialmente en Broadway y las obras clásicas, recalcando las cosas que Ji-in podría disfrutar en Nueva York.

En medio de la charla volvieron a entrar clientes, lo que obligó a Ji-in a atenderlos e interrumpir tres veces, pero Yu-han no se cansaba. Cuando los clientes se iban, Yu-han volvía a recordarle a Ji-in lo que había dejado a medias hacía rato y continuaba con su informe.

"Aun así, un mes es exagerado..."

Terminada toda la explicación, Ji-in se puso a ordenar un poco, lo pensó por un momento y abrió la boca lentamente.

"¿Una semana más o menos? La semana antes de que empiecen las clases."

"¿Una semana? ¿Qué vas a hacer con eso?"

Yu-han preguntó con una expresión de desconcierto mientras bebía su té de jengibre.

Había explicado con tantas ganas que sentía sed, ¿y lo que recibía a cambio era un período reducido a la mitad de la mitad? Qué sensación de vaciado.

"No tengo tiempo, ¿qué quieres que haga?"

"El jefe es amigo de Baek Min-kwon, así que te tratará bien. Pídele que te dé libre."

"Eso y esto son cosas distintas."

"¿Qué tiene de distinto? ¿Ni siquiera puedes pedir que te ajusten el horario?"

"Antes de ser amigo del hyung Min-kwon, es un acuerdo entre el jefe y yo."

"Ah, miren al empleado de medio tiempo súper fiel."

Yu-han exhaló un suspiro. Tuvo el presentimiento de que esta vez tampoco funcionaría su exigencia y enseguida se le bajó la obstinación.

Así, tras acordar el período en una semana, los dos abrieron el calendario del celular y fijaron las fechas del viaje. Ji-in se comunicó con el jefe de la cafetería para pedirle permiso y, afortunadamente, recibió un mensaje de aceptación.

Yu-han compró el boleto de avión ahí mismo en el acto. Aunque tenía que restringir el uso de la tarjeta de su padre, viajar en clase económica con su gran estatura de más de 190 centímetros iba a ser un martirio tanto para él como para los que lo rodeaban, así que sacó pasajes en clase ejecutiva pensando que ese sería su último gasto exorbitante.

"¿Ya está todo?"

Ji-in inclinó la cabeza y habló mientras miraba la pantalla del celular de Yu-han junto a él.

"Tengo que buscar las funciones y hacer las reservas."

"Eso hagámoslo con calma. Vámonos primero."

Ji-in dijo mientras salía de detrás del mostrador. Agarró el fuerte antebrazo de Yu-han y tiró de él hacia la puerta de salida.

"¿Eh, eh? ¿Estás echando a los clientes?"

"Qué clase de cliente eres tú."

"Entonces, ¿qué soy? Ya pagué todo."

"Siento que por tu culpa hay cada vez más gente."

Ji-in habló mientras miraba hacia afuera de la cafetería a través del ventanal.

A lo largo de la calle había unas cuantas personas que tomaban café y miraban de reojo hacia el interior del local. El jefe le había dicho claramente que no había muchos clientes. Además, nunca le había mencionado que hubiera curiosos manguereando desde afuera, y que empezaran a aparecer justo desde que Ji-in trabajaba ahí le resultaba sospechoso.

Ji-in dedujo que al final se había esparcido el rumor en alguna parte. Es decir, que un tipo muy alto y apuesto se aparecía todos los días a horas impredeterminadas.

"¿No es bueno que haya más?"

"Tiene que haber una cantidad moderada, ¡me estoy muriendo de cansancio!"

"Y eso que hace un rato decías lo del trato con el jefe y que tenías un montón de lealtad."

Aunque se quejaba, Yu-han se dejó arrastrar por Ji-in hacia afuera. Se despidió de Ji-in diciéndole que se verían en su casa por la noche y salió de la cafetería.

Y al cruzarse de miradas con las personas que rondaban frente al local, a Yu-han se le vino de repente a la cabeza un pensamiento: "¿Estos no vendrán por Seo Ji-in? Seo Ji-in se ve súper tierno".

Yu-han miró con ojos de advertencia a la gente en la calle y se subió a su auto.

* * *

Viernes por la noche, Ji-in se arrastró con el cuerpo cansado hacia un restaurante de mariscos. Era el local que vendía el estofado de abadejo que Yu-han había sugerido para la cena.

En realidad, Ji-in quería irse a casa a descansar, pero al pensar que el trabajo de medio tiempo de esta semana ya había terminado y que pasaría todo el fin de semana junto a Yu-han, logró reunir un poco de energía y empujó la puerta de vidrio.

“¡Ah…!”

Ji-in miró alrededor del restaurante y enseguida localizó a Yu-han. Fue gracias a que se cruzó con la mirada de un hombre indudablemente atractivo y de hombros anchos que destacaba por completo.

Ji-in sonrió de oreja a oreja por reflejo y saludó con la mano. Dio unos pasos hacia donde estaba Yu-han.

Sin embargo, cerca de la mesa donde se sentaba Yu-han, había otro rostro que se giró para mirar a Ji-in. Como solo le había prestado atención a Yu-han, no se había dado cuenta de que él tenía compañía.

“Hola, Ji-in hyung.”

“Ah… ah, hola….”

“¿Cuánto tiempo sin vernos? Hyung, te ves más lin… apuesto.”

Do-yeol recibió a Ji-in con una sonrisa alegre. A diferencia de su primer encuentro, que había sido espantoso, no lo llamó 'Seo-jin hyung' y, aunque estuvo a punto de tratarlo como a un dongsaeng diciendo que era tierno, se corrigió de inmediato y lo saludó con un tono bastante educado.

Aun así, para Ji-in seguía siendo desconcertante por igual. Creía que sería una cena a solas con Yu-han, por lo que la sola idea de que hubiera compañía inesperada lo dejó atónito.

Ji-in miró a Yu-han con una expresión que decía qué era todo eso.

Sin embargo, Yu-han simplemente le corrió la silla de al lado sin decir mucho.

“Ya que llegó el hyung, ¿pedimos? Como hay mucha gente aquí, tarda un poco.”

Do-yeol habló mientras desplegaba el menú.

Ji-in alternó la mirada entre la silla que Yu-han le había apartado y el menú, y terminó sentándose. Tampoco era cuestión de dar media vuelta e irse solo porque hubiera compañía inesperada.

Además, tal como decía Do-yeol, el restaurante estaba lleno de clientes, por lo que si no pedían rápido, parecía que tendrían que esperar un buen rato.

Así, los tres eligieron los platos y llamaron al empleado del restaurante. Cuando el mozo que había tomado el pedido se alejó de la mesa, Do-yeol desplegó tres vasos por iniciativa propia y sirvió agua.

“Fui yo el que le rogó que me dejara ver al hyung. Yu-han me dijo que me fuera a la mierda, pero le rogué muchísimo.”

Do-yeol le entregó el vaso de agua a Ji-in en primer lugar. En su rostro no había una picardía pesada, sino un afecto cordial.

“¿Por qué…?”

Ji-in sostuvo el vaso con una expresión desconcertada.

“Para pedirle disculpas al hyung.”

“…¿Eh?”

“¿Mi broma fue un poco pasada de la raya, no? Como es la primera vez que este idiota sale con un hombre, me dio curiosidad.”

“……”

“Lo siento, hyung. No lo volveré a hacer.”

Do-yeol habló guiñando un ojo como si estuviera haciendo un puchero.

Desde que había entrado al restaurante, Ji-in se había sentido desconcertado de principio a fin. Como no sabía qué decir, volvió a mirar a Yu-han.

“En ese momento te pusiste de mal humor. Te pide disculpas, ya está.”

Yu-han habló mientras bebía el agua que le había servido Do-yeol. Aunque omitió lo que venía después, la nuera era que recibir una disculpa tampoco le vendría mal a él.

Aquel día, aunque había quedado eclipsado por Jeon Hae-seok, Ji-in se había enojado de verdad con Do-yeol. Le había quedado tanta tirria que ni siquiera quería ir a la fiesta de cumpleaños de Do-yeol, pero como el artífice de esa tirria le estaba pidiendo disculpas, Yu-han juzgó que no era algo malo para Ji-in.

Si a Do-yeol se le ocurría volverse loco y portarse mal con Ji-in otra vez, pensó que esta vez bastaría con detenerlo él mismo. Por eso Yu-han aceptó el pedido de Do-yeol sin pedirle el consentimiento a Ji-in.

“Este idiota hizo las cosas sin saber que iba en serio con el hyung. Originalmente no es un tipo así.”

“No digas estupideces.”

“¿Por qué? ¿No es un elogio?”

Do-yeol miró a Yu-han como si de verdad no entendiera nada.

Al escuchar a Do-yeol, a Ji-in se le despertó el ego de Kkondae sabelotodo pensando: ‘¿Eso significa que si no fuera una relación seria, estaría bien portarse como un maleducado?’.

Si hubiera estado en sus manos, le habría dado una buena lección a Do-yeol por tener la cabeza podrida. Aunque Yu-han lo aceptaba con amor por ser su pareja, como Do-yeol era un completo extrañado, no le caía nada bien.

“Hyung, ¿vas a aceptar mis disculpas?”

“¿eh? si….”

Ji-in asintió de mala gana.

Aun así, Do-yeol era un amigo cercano de Yu-han y la única persona que conocía la relación entre ambos. Ji-in no podía negarse a aceptar las disculpas de Do-yeol.

Sin saber lo incosteable que se sentía Ji-in, Do-yeol solo se alegró de haber sido perdonado. Emocionado, cambió el tema de conversación al viaje a Nueva York de Yu-han y Ji-in.

Con curiosidad por saber qué harían ambos en Nueva York, Do-yeol recordó una y otra vez que él les prestaría su departamento y que eso sería de gran ayuda para el viaje.

“Sí, sí, muchas gracias, de verdad.”

Yu-han le dijo a Do-yeol como si estuviera harto.

Justo a tiempo, llegó la comida. Yu-han colocó con naturalidad trozos de abadejo sobre el plato de Ji-in y también pasó los suyos. Aunque bien pudo haberle dado el último pedazo de abadejo a Do-yeol, Yu-han dejó las pinzas tal cual.

Do-yeol admiró la consideración afectuosa de Yu-han.

“Ay, la mala educación de nuestro Yu-han. Ya que estabas agarrando, podrías haberme dado al mío también.”

“Trágatelo tú mismo.”

Yu-han habló mientras desmenuzaba el abadejo sin siquiera mirar a Do-yeol.

“Aun así, es divertido. Veo un lado distinto en Woo Yu-han.”

Do-yeol se rio por lo bajo mientras tomaba su porción de abadejo. Estaba acostumbrado a los malos tratos de Yu-han y le resultaba de lo más interesante ver una faceta diferente de su amigo.

“Hace un rato me contactaron de un lugar. Para que firmemos contrato.”

Yu-han habló mientras cogía un banchan con los palillos, sin importarle lo que pasara a su alrededor.

“¿En serio? ¡Felicidades!”

“¿Y esta vez de dónde es?”

Ji-in y Do-yeol miraron a Yu-han y hablaron uno tras otro.

La conversación de los tres derivó naturalmente hacia la agencia de entretenimiento con la que Yu-han iba a firmar. Yu-han habló con franqueza sobre las empresas en las que había tenido entrevistas y sobre los puntos que le causaban dudas. Quizás por habérselo soltado a personas con las que no tenía reservas, las palabras le salían con soltura.

Ji-in dejó los palillos y se sumó con seriedad a los dilemas de Yu-han como si fueran propios. Recordó noticias de los amigos de su promoción que ya habían entrado en agencias y hasta sacó el celular para preguntarles en ese mismo momento.

“¡Ah! ¿A que él también está en esa agencia? ¡Un modelo! Había dicho que actuaba….”

Do-yeol puso los ojos en blanco buscando si él también podía aportar algo, y habló como si se le hubiera encendido la bombilla. Sacó su teléfono y empezó a hojear sus redes sociales.

“¿Qué modelo?”

Preguntó Yu-han sin entender.

Do-yeol entró al perfil de redes sociales del modelo para verificar la agencia y, contento de que su memoria fuera correcta, le tendió la pantalla del celular.

“¡Él! El que ibas a que te presentaran….”

Do-yeol hablaba entusiasmado, pero se calló de golpe. La mirada afilada de Yu-han se había clavado en él como si fuera a atravesarle el cuello.

Ji-in miraba en silencio al modelo que aparecía en la pantalla del celular de Do-yeol.

El ambiente de la mesa, que hasta hace un momento era bastante ameno, se heló en un instante. Do-yeol bajó el teléfono rápidamente e intentó arreglar la situación.

“Ah, lo dije mal. ¡El que CASI iban a presentarme!”

Do-yeol habló con énfasis hacia Ji-in.

“Había ido a mi fiesta de cumpleaños, pero como este idiota no sabía que tenía pareja, decía que iba a hacerlo, y yo le dije que Yu-han me caía re mal y…”

Do-yeol agitaba las manos con fuerza, fruncía el ceño y se explayaba en una excusa exagerada con gestos corporales. Se golpeaba la boca a sí mismo diciendo: 'Ah, esta bocaza', haciendo un autocrítico escarnio para demostrar de cualquier modo la inocencia de Yu-han.

Ji-in observó en silencio el numerito unipersonal de Do-yeol y luego miró a Yu-han.

Yu-han estaba mirando a Do-yeol con cara de fastidio, pero al sentir la mirada de Ji-in, giró la cabeza hacia él.

“No era gran cosa.”

Yu-han intentó poner el tono más indiferente posible.

Aunque era verdad que no había sido gran cosa, también era cierto que había estado pensando en conocer a otra persona que no fuera Seo Ji-in, por lo que a Yu-han le pareció que se le ponía tensión en la garganta por algún motivo.

Lo mejor que podía haber hecho era decir sin tapujos que lo había hecho porque la ausencia de Ji-in lo tenía desubicado, pero Yu-han no podía hacer eso. Desde la última vez, se le dificultaba expresar con franqueza sus sentimientos hacia Ji-in.

“¡Oigan! Si firma el contrato, el padre se va a volver loco.”

Do-yeol cambió de tema rápidamente. Dio un golpe en la mesa para robarle la atención a Ji-in y subió un tono la voz para concentrar el foco en eso.

“Seguro. Puesto que su condición era que se graduara de la universidad.”

“¿Y si lo echan?”

“Desde un principio por eso estaba averiguando agencias.”

Yu-han dio una respuesta mezclada con un suspiro.

Al pensar en su padre, dejó de lado el asunto de estar tanteando el terreno con Ji-in. Le dolía la cabeza de solo pensar en los conflictos que tendría con su familia en cuanto empezara a promocionarse tras entrar a la agencia. Sabía que escapar de casa era bueno, pero que no iba a poder hacerlo en silencio ni de forma apacible.

“Si no tienes a dónde ir, vente a mi casa.”

“Aunque tuviera a dónde ir, a tu casa iría todos los días.”

“No, no me refería a eso….”

Ji-in le dijo a Yu-han mientras colocaba el estofado de abadejo sobre el arroz. Tal como Do-yeol lo había planeado, Ji-in parecía haber olvidado lo de hace un rato y volvió a involucrarse en las preocupaciones de Yu-han.

En realidad, en la cabeza de Ji-in seguían rondando como imágenes residuales el apuesto modelo, la apresurada excusa de Do-yeol y la genuina molestia de Yu-han. Aunque no podía borrar la sensación de que algo andaba mal, prefería creer en las palabras de Yu-han de que no era nada.

Ji-in masticó y tragó el bocado de arroz esperando que aquella incómoda escena se borrara de su mente.

* * *

“¿Por qué no me llevas? Si hasta tomé alcohol.”

Do-yeol habló mientras pagaba y salía del restaurante.

“Tomaste porque quisiste, ¿y yo por qué?”

Yu-han respondió con indiferencia mientras caminaba hacia el estacionamiento.

Cerca de terminar el estofado de abadejo, Do-yeol había pedido alcohol. Aunque Yu-han y Ji-in dijeron que no tomarían, él pidió licor destilado diciendo que bebería solo y se vació media botella.

Para el nivel de su tolerancia al alcohol habitual era poca cosa, pero por supuesto no podía ponerse al volante.

“¿Quieres que maneje borracho? ¿Qué pasa si me agarra un control?”

“¿Quién te dijo que manejes? Llama a un conductor designado.”

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Como Yu-han pensaba que Do-yeol se iría a su casa por su propia cuenta, su petición le parecía de lo más absurda. Yu-han no tenía la menor intención de aguantar las borracheras de Do-yeol.

“¿Me prestas el departamento y ni siquiera me vas a llevar?”

“Ah, maldición. ¿Hasta cuándo vas a presumir eso?”

“Hasta que me muera.”

“Entonces muérete hoy.”

Yu-han habló sin remordimientos, encontró su auto en el estacionamiento y abrió la puerta con la llave inteligente. Yu-han tenía pensado subir solo con Ji-in.

Sin embargo, Ji-in no fue hacia el asiento del copiloto como de costumbre, sino que abrió la puerta del asiento trasero.

“Llévalo. Me voy a dormir un rato atrás.”

Ji-in habló con los ojos medio cerrados. De por sí quería cerrar los ojos un momento, y pensó en dormir una siesta mientras llevaban a Do-yeol.

No era precisamente que Ji-in estuviera considerando a Do-yeol, sino que en verdad estaba muy cansado. En cuanto un plato de comida deliciosa y caliente entró de forma reconfortante en su cuerpo cargado de fatiga tras cinco días de trabajo de medio tiempo, sus ojos se cerraron rápidamente.

Como era seguro que se quedaría dormido apenas subiera al auto, Ji-in pensó que estaría bien que Do-yeol le hiciera un poco de compañía a Yu-han mientras tanto.

“¡Como siempre, hyung Ji-in! ¡El rey de la consideración!”

Do-yeol expresó su agradecimiento levantando ambos pulgares hacia Ji-in.

Ji-in le dedicó una sonrisa floja, subió a la parte trasera, se recostó apoyando la espalda y se quedó profundamente dormido incluso antes de que Yu-han encendiera el motor.

“Cierra la boca.”

¿Cuánto tiempo habría dormido? Ji-in se despertó sobresaltado al escuchar una palabra familiar.

“¿Que te calles? No abras la boca.”

La imponente y aterradora imagen de Yu-han vino de golpe a su mente como un video emergente.

Aquel sonido, esa imagen, el aire y la humedad tan aterradores se apoderaron de golpe de la mente de Ji-in, que estaba sumido en un sueño profundo.

“Qué más da. Si el hyung está durmiendo.”

“Duerma o no, cuida tu boca. Antes de que te la rompa.”

Yu-han habló con voz baja.

No era el tono de voz explosivo y lleno de ira de aquella vez, sino una advertencia silenciosa, pero a Ji-in le pareció que la nuca se le ponía helada y que se le erizaban los pelos.

Como ya no le temía a Yu-han y vivía mostrando su propio carácter a su manera, creía que lo había olvidado, pero parecía haber quedado guardado intacto en algún rincón.

Si no hubiera sido por la sensación de que el asiento donde estaba acostado se tambaleaba, el sonido familiar del escape y la ausencia de la voz de Do-yeol, Ji-in habría creído que había vuelto a aquel día en el que temblaba de miedo pensando que terminaría su vida en un estudio alquilado.

“Me dio miedo hace un rato. ¿A que sí?”

Do-yeol habló con una voz impregnada de risa.

“Maldito bastardo, ¿te diviertes?”

“Sí, me da mucha risa. Decir que le ibas a dar una buena lección y terminar andando de novios.”

Do-yeol se rio a carcajadas sin disimulo.

Ji-in, que acababa de despertar, no lograba descifrar de qué diablos estaban hablando. Como seguía atrapado bajo la sombra de la aterradora imagen de Yu-han, solo se le venía a la cabeza la idea: "¿A Im Do-yeol no le da miedo que Yu-han le hable así?". Ji-in no entendía a qué se refería con lo de que le había dado miedo hace un rato, ni de qué lección hablaba.

Sin embargo, a partir de la palabra noviazgo, pensó vagamente que el sujeto de la conversación podría ser él.

“Pensándolo bien, ¿no salió todo así gracias a mí?”

Do-yeol habló después de reírse un buen rato.

“¿Qué otra estupidez dices?”

“Yo te di la idea. Si no, te habrían denunciado por delito de acoso y tu papá te habría dado una paliza de muerte.”

“¿Qué delito de acoso ni qué ocho cuartos, imbécil?”

Yu-han habló con un tono bastante irritado. Guardó silencio después de eso, como si ya no quisiera hablar más.

“……”

Ji-in miró fijamente el vacío en el oscuro asiento trasero.

Aún no terminaba de entender bien la conversación entre Yu-han y Ji-in. Solo sentía instintivamente la sensación de haber escuchado algo que no debía.

Aun así, le pareció que no debía dejar que Yu-han o Do-yeol miraran hacia atrás y descubrieran que estaba despierto. Ji-in volvió a cerrar los ojos y fingió que dormía.

* * *

Al día siguiente, tras ver la función matinal, Yu-han y Ji-in se dirigieron a una librería cercana.

Si hubiera sido el Ji-in de siempre, se habría puesto a parlotear emocionado sobre qué le había parecido la obra recién vista o cómo la actuación de tal o cual actor le había resultado impactante. Y eso sin importarle si Yu-han ponía cara de querer que se callara o no, con tal de dejar salir lo mucho que se le encogía el pecho de emoción.

Sin embargo, Ji-in no había abierto la boca para nada desde el momento en que se levantó de la butaca del teatro. Solo respondía a lo que Yu-han le preguntaba y su expresión se mantuvo seca y desapasionada de principio a fin.

En realidad, había estado así desde que se despertó por la mañana, pero Yu-han no le dio mayor importancia. Simplemente lo dejó pasar a la ligera, creyendo que era uno de esos episodios en los que a Ji-in le dio por quedarse ausente y atontado como si se le hubiese aflojado un tornillo, algo que no le pasaba desde hacía tiempo.

“Oye. Esto se ve interesante. Dice que un árbol se come las mentiras.”

“…Sí, ya veo.”

Ji-in respondió sin fuerzas y desvió la mirada hacia otros libros cercanos.

Entre el montón de libros, Ji-in sacó uno al azar. Luego lo abrió y leyó la presentación del autor escrita en la primera página.

Sin embargo, los caracteres negros solo pasaban rozando frente a sus ojos sin lograr quedarse grabados en su cabeza. Al igual que cuando estaban viendo la obra, en la mente de Ji-in la conversación que Yu-han y Do-yeol habían tenido ayer se reproducía una y otra vez.

Aquellas palabras de las que no había entendido el contexto empezaban a tomar forma casi por completo dentro de su cabeza a base de darles vueltas sin parar. Y eso hacía que Ji-in fuera incapaz de concentrarse o de disfrutar de nada.

“Yu-han.”

“¿Qué?”

“……Lo que dijo Im Do-yeol ayer…”

Ji-in abrió la boca titubeando. Era tan agobiante seguir guardándoselo él solo que necesitaba decir cualquier cosa.

“Eso de que casi le presentan a un modelo.”

“…Sí.”

Yu-han respondió con voz baja mientras dejaba en el estante el libro que tenía en la mano.

“¿Me lo puedes contar con más detalle?”

“¿Qué quieres que te cuente con detalle? Eso es todo.”

“El trasfondo de lo que pasó antes y después. Algo sobre mí o cosas así…”

Ji-in eligió las palabras con cuidado, dándole vueltas al asunto. Quería preguntar de frente si acaso lo de casi conocer a otra persona se debía a que sus sentimientos hacia él eran tan ligeros, y si por eso aún lo seguía viendo de forma superficial... Pero como no se atrevía a soltarlo a secas, terminó dando mil vueltas para decirlo.

“Yo te di la idea. Si no, te habrían denunciado por delito de acoso y tu papá te habría dado una paliza de muerte.”

En realidad, lo que Ji-in más ganas tenía de preguntar era sobre la supuesta idea que Do-yeol le había dado a Yu-han.

Pero no se atrevía en absoluto a tocar ese tema. Sentía que hacerlo era remover los cimientos mismos de la relación entre ambos, y temía que, dependiendo de cuál fuera la verdad, eso se convirtiera en un motivo válido para terminar.

“No me voy a enojar.”

“Te digo que no había nada por lo que enojarse.”

“¿De verdad… no tienes nada más que decirme?”

“No. Si me hubiera importado algo, habría frenado el tema en cuanto salió la palabra ‘modelo’. Pero ni siquiera lo entendí.”

“……”

“Lo borré de mi cabeza. Porque no fue nada.”

Yu-han se defendió con total tranquilidad. Como esa parte al menos era cierta, no tenía por qué titubear al hablar ni cambiar de expresión.

“……”

Ji-in bajó la mirada hacia la altura de los hombros de Yu-han y asintió de manera casi imperceptible.

Como recordaba la cara que había puesto Yu-han la noche anterior cuando soltó un “¿Qué modelo?”, podía comprender y dar por buena su explicación.

Aun así, era imposible que una corazonada tan esquiva se esfumara con eso. Tenía la sensación de que el modelo era solo la punta del iceberg y que debajo de él se extendía un glaciar muchísimo más grande, arraigado como las raíces de un árbol.

Le invadió una inquietud muy similar a la que sintió cuando descubrió las apuestas de su padre biológico y escuchó sus explicaciones de lo más naturales.

Quizás se trataba de un trauma. A Ji-in le habría encantado confiar en Yu-han y dejarlo pasar tal como estaba, pero ya no sentía esa misma fuerza impulsora de antes.

Rrrrrr―

En ese instante, el teléfono en el bolsillo del pantalón de Yu-han comenzó a vibrar.

Yu-han miró fijo el rostro de Ji-in por un segundo antes de sacar el celular. Aunque presionó el botón de encendido para cortar la llamada, vio que tenía una cantidad inusualmente alta de notificaciones acumuladas y, por instinto, terminó abriendo la aplicación de mensajería.

“Maldición…”

Al leer el primer mensaje, la maldición se le escapó sola de los labios. Dejó escapar un suspiro mientras se pasaba la mano por el cabello.

“Tengo que ir a casa.”

Yu-han volvió a mirar a Ji-in y le dijo eso.

Se había olvidado por completo, pero era el cumpleaños de su madre. Por supuesto, a Yu-han le habrían dado ganas de saltárselo. Sin embargo, dado que tenía que quedarse en su casa hasta que comenzara a trabajar oficialmente con la agencia, estaba obligado a asistir a los eventos familiares. Sobre todo en fechas tan importantes como el cumpleaños de su madre.

Yu-han se dio cuenta de que Ji-in seguía con dudas y con la mosca detrás de la oreja, pero prefirió postergar cualquier otra conversación para después. En ese momento no se le ocurría qué más decir, y sobre todo, decidió autocomplacerse pensando que la desconfianza de Ji-in tampoco debía ser para tanto.

* * *

Una hora después, Ji-in estaba sentado aturdido con la espalda contra la pared de su estudio. La luz del atardecer que entraba por la ventana teñía de color sangre el interior de la habitación y la punta de sus pies.

Ji-in había pensado desde mucho antes que tenía que bañarse y prepararse para cenar. Sin embargo, debido a que sus brazos y piernas no se movían, se había quedado sentado así en silencio durante varias decenas de minutos.

De repente, Ji-in sacó su celular y entró a una red social que casi nunca usaba. Luego tipeó ‘Do-yeol Im’ en la barra de búsqueda y comenzó a hojear la lista que aparecía una tras otra.

Yu-han se dirigió a algún lugar con el ceño fruncido de manera amenazante.

Tras terminar la terrible cena, Yu-han se había dirigido a la casa de Ji-in. Tenía pensado pasar la noche en la casa de sus familiares, pero ya no aguantaba más a su familia. Yu-han necesitaba a Ji-in en ese mismo instante.

Sin embargo, cuando llegó a la casa de Ji-in, la habitación estaba vacía y el dueño no respondía el teléfono.

Yu-han se quedó cuidando la casa por el momento. Pensó que de repente le pudo haber surgido un compromiso a Ji-in, o que tal vez el trabajo de medio tiempo de la noche había fallado y se fue a trabajar en su lugar. Por ir a buscarlo a lo tonto podían cruzarse y, sobre todo, como su mente y su cuerpo estaban agotados, Yu-han simplemente se acostó mansamente en la cama a esperar a Ji-in.

Y una hora después, le llegó un mensaje de Ji-in.

Con el contenido increíble de que Do-yeol estaba borracho, así que fuera a recogerlo.

“……¿Qué es esto.”

Yu-han se detuvo frente a la entrada de cierto club. Para ser exactos, era frente a Do-yeol, que estaba tirado y medio mareado en un banco cercano, y Ji-in, que le estaba haciendo de almohada con las rodillas.

“Como no conozco la casa de Do-yeol. No podía dejarlo tirado e irme.”

Ji-in habló con total naturalidad.

Yu-han estaba atónito. Para haber tenido una cita perfectamente normal con él durante el día y haberse encontrado con Do-yeol por la noche sin decirle ni una sola palabra, la actitud de Ji-in era demasiado descarada.

Además, ¿acaso no habían ignorado sus llamadas durante una hora entera por estar bebiendo los dos? La situación era más que evidente, pero al menos le daba para dudar si es que acaso él se estaba perdiendo de algo o había entendido mal.

“¿Te llamó Im Do-yeol?”

Preguntó Yu-han aguantando la furia.

“No. Fui yo.”

Ji-in respondió sin parpadear ni una sola vez.

“¿Por qué?”

“Porque tenía algo que preguntarle.”

Ji-in habló mientras levantaba la vista para mirar fijamente a Yu-han.

Ji-in buscó a Do-yeol en las redes sociales y le mandó un mensaje. Le propuso tomar el alcohol que no pudieron beber ayer sin decirle nada a Yu-han, y Do-yeol aceptó de inmediato diciendo que le parecía bien.

Obtener la información deseada de alguien como Do-yeol, que estaba completamente desarmado y sumergido en alcohol, era más fácil que quitarle un dulce a un niño.

Ji-in recordó las respuestas que le había dado Do-yeol y no esquivó la mirada de Yu-han. Pensó que no debía apartarla.

“Uf… Hablamos de esto después.”

Yu-han se frotó el rostro con brusquedad con la mano y pospuso el enfrentamiento con Ji-in. Con tanto borracho y el volumen de la música, el lugar era demasiado ruidoso para una discusión así.

Yu-han tiró del brazo de Do-yeol para apartarlo de las piernas de Ji-in. Luego lo cargó malamente a cuestas y lo arrastró hasta el auto.

Yu-han tenía la firme intención de arrojar a Do-yeol frente a su casa lo más rápido posible para poder hablar como se debía con Ji-in.

“¿Qué le preguntaste? ¿Lo de ayer?”

Preguntó Yu-han con voz furiosa mientras estacionaba el auto frente a un parque poco transitado.

Ese lugar era un parque que quedaba bastante cerca de la casa de Ji-in, y también solía ser el sitio donde ambos iban a pasear a menudo.

“Porque tú no me dijiste nada.”

Ji-in respondió con calma, mirando fijamente algún punto en la negrura del otro lado de la ventanilla del auto.

“Te dije que eso era todo. ¿No confías en mi palabra y por eso te pusiste a investigar a mis espaldas?”

“¿Investigar a mis espaldas?”

“Ir a ver a escondidas a mi amigo para sacarle información es investigar a mis espaldas, ¿qué si no?”

Cuanto más hablaba, más se enojaba Yu-han. Ya estaba de mal humor por haber tenido que ir a la reunión familiar, y ver que Ji-in no confiaba en él lo ponía aún más caliente.

Pasaba por alto el detalle de que él mismo había provocado que Ji-in fuera a buscar a Do-yeol al negarse a decirle la verdad desde el principio.

“Que te pongas a cuestionar si confío o no confío es lo que me parece absurdo.”

Ji-in habló sin apartar la vista de la ventana. La voz de Ji-in, que había estado manteniendo la compostura, comenzó a temblar un poco.

“¿Qué es lo que te parece absurdo? ¿Acaso hice algo para que no confíes?”

“¿Lo preguntas porque no lo sabes?”

“Sí, no lo sé. Al que lastimaron fue a mí, ¿por qué actúas ahora como si fueras la víctima?”

Yu-han soltó una risita seca, como si le pareciera de lo más ridículo.

“Porque tú me mentiste desde el principio.”

Ji-in le dijo girando la cabeza hacia Yu-han. Aunque se esforzó por parecer calmado, en el momento en que miró a los ojos a Yu-han y sacó la verdad a relucir, las pupilas y la voz de Ji-in empezaron a temblar con fuerza.

Ji-in solo quería saber la verdad. Como imaginarse las cosas a solas solo servía para inflarlas y distorsionarlas, decidió que era mejor ir a ver a Do-yeol para confirmar los hechos como se debía.

“Era la primera vez que veía a alguien detestar tanto a otro. Decía que quería golpearlo hasta casi matarlo….”

“¿Le dije que lo hice porque me gustaba y que se lo quitara de encima? De repente me salió con que éramos amigos con derecho.”

“Como volvió a Corea y era un tipo que vivía deprimido y agobiado, supuse que solo quería usar su cuerpo.”

Sin embargo, la verdad que le había contado Do-yeol era mucho más cruel que lo que Ji-in se había imaginado.

“¿Por qué dijiste que te gustaba? ¿Por qué no dijiste con franqueza que solo estabas usando su cuerpo para descargar tus deseos?”

“……¿Qué… qué dijiste?”

Yu-han miró a Ji-in estupefacto. Jamás se imaginó que de los labios de Ji-in fuera a salir algo tan crudo y directo.

La ira se esfumó en un segundo, dejando un hueco lleno de desconcierto en su lugar.

“No tenía pensado denunciarte. Yo sabía muy bien que me había portado mal y por eso estabas enojado. Yo también pensaba que tenía bien merecido mi castigo.”

“……Oye, espera un momento….”

“Quizás incluso habría aceptado si me hubieras pedido ser tu pareja sexual.”

Ji-in continuó hablando con voz temblorosa.

En el momento en que escuchó la verdad de boca de Do-yeol, todas las acciones que Yu-han había tenido con él pasaron por la cabeza de Ji-in como una película en panorámica. Woo Yu-han, a quien no le interesaba en absoluto y solo se dedicaba a devorarlo en la cama. Como su único propósito era usar su cuerpo sin involucrar sentimientos, Yu-han había actuado de la manera más lógica y calculadora desde su punto de vista.

Yu-han había sido sumamente transparente; era él quien, por comportarse como un idiota creyendo que tenían una relación seria, no había sabido interpretarlo.

“Porque yo de verdad te…….”

A Ji-in le dio tanta miseria que ya no le salió la voz para terminar la frase.

Parecía mentira haber llegado a pensar que habría aceptado una propuesta de ser amigos con derecho. ¿Cómo iba a mantener ese tipo de relación si quería tanto a Yu-han? Incluso ahora, tras enterarse de la verdad con retraso, creyendo que eran novios, el dolor en el pecho era tan fuerte que sentía que se iba a romper el corazón.

“¿Por qué le haces caso solo a lo que dice Im Do-yeol y juzgas las cosas por eso? Tienes que escuchar mi versión también.”

Yu-han intentó enmendar la situación a la carrera. Como no sabía qué cosas ni hasta qué punto se las había contado Do-yeol, quería calmar el enojo de Ji-in aunque tuviera que inventar alguna mentira.

Hubo un tiempo en el que Yu-han pensó que si Ji-in decidía irse algún día, simplemente lo dejaría marchar con total frialdad. Fiel a su estilo de no retener a nadie ni prohibirle la entrada a nadie, no quería arrastrarse ni rogar de forma patética por alguien cuyo único vínculo con él había sido el roce de los cuerpos.

Pero al encontrarse de verdad en esa situación, Yu-han descubrió que no podía dejar ir a Ji-in. Quería retenerlo a toda costa, incluso si para ello tenía que recurrir a una mentira patética.

“¿Y ni una sola vez lo negaste?”

“¿Yo? ¿Cuándo?”

“Ayer en el auto.”

“……”

“Lo escuché todo.”

Ji-in habló con voz gélida.

“Tú me has tratado como a un imbécil hasta el final.”

Los grandes ojos de Ji-in se llenaron de lágrimas a toda velocidad. Apartó la rápida mirada y dejó caer las lágrimas de golpe.

Lo que Yu-han vio fueron gotas de agua cayendo por debajo de la barbilla de Ji-in. Al contemplar algo tan transparente y lastimero, a Yu-han se le quitaron por completo las ganas de seguir intentando zafarse de la situación con mentiras.

“Sí, al principio fue así. Pero después yo también comencé a hablar en serio. ¿Eso no te lo contó Im Do-yeol?”

Yu-han se pasó la mano por el cabello y admitió los hechos. Empezó a vomitar por fin esa sinceridad que hasta entonces se le había quedado atascada en la garganta por culpa de no sabía muy bien qué, si por torpeza o por puro orgullo.

“Me lo dijo. Pero no te creo.”

Ji-in respondió con frialdad mientras se secaba las lágrimas que le brotaban sin parar.

“Yo también me encariñé de estar juntos. Me empezó a gustar verte, aunque no tuviera nada que ver con el sexo.”

Yu-han le confesó su amor por primera vez en su vida. Para cualquiera que los oyera desde fuera, habrían parecido palabras extrañas dignas de un «¿A esto le llamas una confesión de amor?», pero Yu-han hablaba con el corazón en la mano y de forma sincera.

“No soporto la idea de que veas a otros tipos, quiero que estés solo conmigo. Deseo hacerte de mi exclusiva propiedad.”

“Yu-han. Yo te amaba.”

Ji-in se giró para mirar a Yu-han con una expresión que reflejaba lo absurdo de la situación. El contorno de los ojos de Ji-in, que no había dejado de derramar lágrimas un solo instante, estaba completamente enrojecido.

“Por primera vez en mi vida. Te amé como a un ser único e irrepetible en este mundo.”

“……”

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“¿Pensabas que me iba a poner contento si me decías que solo me tratabas como a un juguete sexual y que al final te encariñaste de mi cuerpo? ¿Creías que iba a pasar por alto todo y seguir jugando a que somos novios?”

Ji-in le dirigió a Yu-han una mirada cargada de amor y desprecio al mismo tiempo.

De repente, a Ji-in le invadió una sensación de déjà vu. Esa patética necesidad de querer enterarse de los hechos y confirmarlos de la propia boca de la persona implicada. Era exactamente lo mismo que le había pasado con su padre biológico.

‘¿Qué demonios esperaba escuchar de Yu-han?’

La verdad repugnante no iba a cambiar por mucho que intentara que se la confirmaran, solo conseguía volverse todavía más asquerosa. Ji-in se dio cuenta de que lo que estaba haciendo en ese momento se parecía demasiado a autolesionarse. Le bastaba con saber que, aunque no llegara hasta el final, ya conocía perfectamente el desenlace de aquella historia.

Ji-in ya no quería seguir conversando con Yu-han. Se dio la vuelta y abrió la puerta del auto.

“No nos volvamos a ver.”

“¡Seo Ji-in!”

Yu-han le agarró rápidamente el brazo. Quería confesarle que, desde hacía un tiempo, se preocupaba por él en cada momento y lo necesitaba, que él también había sido la primera persona en su vida a la que le gustaba de verdad. Quería convencerlo durante toda la noche para que cambiara de opinión.

Sin embargo, cuando Ji-in se sacudió su mano para quitársela de encima, Yu-han no tuvo la fuerza suficiente para apretarla con firmeza. Se quedó allí sentado, mirando con total impotencia la espalda de Ji-in mientras se alejaba sin siquiera volverse a mirar atrás.

“Yo te amaba.”

La confesión, que sonaba como un grito desesperado de Ji-in, le arrebató las pocas fuerzas que le quedaban en todo el cuerpo a Yu-han.

Frente al amor de Ji-in, su propia confesión se antojaba demasiado pobre, ruin y miserable.

Era como si alguien le estuviera gritando con fuerza en ambos oídos que él no tenía el menor derecho a retener a Seo Ji-in.

“Maldición…….”

Yu-han exhaló un suspiro que parecía brotar desde el fondo de sus pulmones y apoyó la frente contra el volante.

* * *

Diez días después, el auto de Yu-han se detuvo frente a la cafetería donde trabajaba Ji-in.

Yu-han se quedó con la parte posterior de la cabeza apoyada en el reposacabezas, limitándose a mirar a Ji-in a través del vidrio de la ventanilla y de la puerta de cristal de la cafetería.

“No nos volvamos a ver.”

Desde aquel día, esta era la segunda vez que Yu-han venía a buscar a Ji-in. El día después de la pelea y hoy, que había firmado el contrato con la agencia.

Yu-han pensaba que le faltaban motivos para retener a Ji-in. No quería separarse de él, pero era incapaz de explicar sus sentimientos más allá de decir que se había encariñado de su cuerpo. Aunque era evidente que Ji-in le gustaba, consideraba que sus sentimientos no eran tan profundos como los de él.

Por eso, incluso al llegar hasta la cafetería, no se atrevía a entrar.

En una relación normal, este nivel de sentimiento habría sido suficiente. Sin embargo, como ya lo había engañado y lastimado, necesitaba un afecto mucho más profundo e intenso para poder recuperarlo.

Por supuesto, también podría haberse acercado confesándole su amor con palabras grandilocuentes para exagerar lo que sentía. Omitiendo términos tan precisos pero vulgares como «encariñamiento físico», y endulzándole el oído con expresiones poéticas y melifluas que parecerían sacadas de una obra de Shakespeare.

Aun así, Yu-han no quería engañar a Ji-in. Por mucho que se basara en la sinceridad, y aunque fuera un sentimiento con gran potencial para crecer en el futuro, no quería volver a hacer otra falsa confesión jamás.

“Sonríe bien…”

Yu-han murmuró para sus adentros mientras observaba fijamente el pálido rostro de Ji-in.

Aunque la distancia impedía distinguirlo con total claridad, la pequeña y redonda cara de Ji-in parecía mucho mejor. Sonreía con naturalidad al atender a los clientes y se movía con agilidad mientras trabajaba.

La última vez que Yu-han había ido, Ji-in se había mostrado sin fuerzas y se quedaba ausente a menudo. Parecía que hasta cometía errores de vez en cuando. Como correspondía al día siguiente de una ruptura, no le había regalado ni una sola sonrisa.

Comparado con aquel día, el Ji-in del presente se veía completamente bien.

Aliviado por el cambio en Ji-in, Yu-han al mismo tiempo sintió un ligero ardor en el pecho.

Se preguntó si de verdad lo estaría olvidando.

“Yo te amaba. Por primera vez en mi vida. Te amé como a un ser único e irrepetible en este mundo.”

Sin embargo, en lo más hondo del corazón de Yu-han yacía una extraña convicción. Se trataba de una confianza un tanto arrogante: la certeza de que Ji-in no lo olvidaría fácilmente y de que terminaría volviendo.

Yu-han todavía no había cancelado su boleto de avión a Nueva York ni le había devuelto a Do-yeol las llaves del departamento.

Era porque, durante su relación con Ji-in, había podido percibir de primera mano cuánto lo amaba. Aunque Yu-han era alguien ajeno al amor, sabía de sobra que un sentimiento de esa naturaleza no se desvanecía tan fácilmente.

Además, Yu-han podía ver a Ji-in cuando quisiera. Sabía dónde trabajaba, dónde vivía y hasta conocía la contraseña de la puerta de entrada.

Quizás por esa razón no sentía prisa, a pesar de extrañarlo. Aunque reflexionaba a diario sobre cómo recuperar a Ji-in, en el fondo seguía creyendo que este no se marcharía de verdad.

* * *

Unos días después, el auto de Yu-han abrió la puerta con brusquedad y hurgó en la consola central.

Yu-han, que acababa de salir de una audición en una productora de cine, sintió un deseo intenso de fumar. Era la primera audición que le conseguía la agencia y, aunque había practicado bastante a su manera, sentía que la había arruinado por completo.

“Maldición, ¿dónde está….”

Como no encontraba lo que quería, Yu-han se metió de lleno en el auto y abrió la guantera.

Arrojando al suelo del asiento del copiloto toda clase de cosas heterogéneas, como el registro del auto, toallitas húmedas y una botella de agua, Yu-han hurgó en la caja hasta que por fin dio con la cajetilla de cigarrillos.

Pero, al mismo tiempo, otro objeto se le quedó en la mano. Era una pulsera de los deseos hecha con cuentas redondas de rosario budista.

“…….”

Yu-han se quedó mirando el objeto por un momento, olvidando temporalmente sus ganas de fumar.

Había sido una pulsera que llevaba puesta con frecuencia durante un tiempo, pero como Ji-in había dejado de usarla, Yu-han también se la puso cada vez menos hasta que un día la guardó en la guantera y se olvidó de ella.

Con una expresión agridulce, Yu-han jugueteó con la pulsera y, después de mucho tiempo, se la colocó en la muñeca. Luego se dirigió a la zona de fumadores y encendió un cigarrillo con la mano que llevaba la pulsera.

“¿Woo Yu-han?”

Cuando el cigarrillo iba por la mitad, se oyó una voz familiar.

Yu-han miró hacia un lado e inclinó la cabeza para ocultar la expresión que amenazaba con torcerse por un instante.

“….Buenos días, sunbae.”

“¿Viniste a la audición?”

Min-kwon preguntó señalando con la barbilla el edificio de la productora que estaba justo en frente.

Cuando Yu-han respondió que sí, Min-kwon puso cara de alegría.

Contó que su amigo también estaba haciendo la misma audición allí dentro. Añadió que estaba esperando mientras hacía de conductor hoy para apoyar a su amigo.

“¿Dijiste que estabas buscando agencia? ¿Ya entraste a una?”

“Sí.”

“¿A cuál?”

“New Culture En….”

“Vaya, ¿entraste ahí? Pensé que no fichaban a novatos absolutos.”

Min-kwon exclamó con admiración antes de que Yu-han terminara de decir el nombre de la empresa.

Para que un novato entrara en una agencia de actores de renombre como New Culture Entertainment, a la que había entrado Yu-han, era necesario haberse hecho un nombre en el cine independiente o tener antecedentes de premios en festivales de cortometrajes. Incluso cumpliendo ambos requisitos, muchas veces no lograban entrar.

Sin embargo, ¿no era Yu-han un simple estudiante universitario de cine y teatro sin experiencia previa? A Min-kwon le parecía increíble que, según le había contado Ji-in hacía poco, se hubiera decidido a entrar en una agencia hacía nada y ya lo hubiera conseguido con tanta rapidez.

“Como era de esperarse… Con lo tuyo, es obvio que abres puertas.”

Sin poder evitarlo, Min-kwon recorrió a Yu-han con la mirada de pies a cabeza.

Un rostro atractivo sin un gramo de grasa, con un aire afilado y un encanto muy personal, además de una estatura imponente como la de un modelo y un cuerpo robusto y fornido.

En sus tres años en la universidad, Min-kwon jamás había visto un novato tan apuesto y con tanta aura como Woo Yu-han. Los exalumnos graduados decían exactamente lo mismo al ver a Yu-han.

Aunque Min-kwon era de los que decían que la cara no lo es todo en la actuación, frente a una presencia visual tan abrumadora como la de Yu-han no le quedaba más remedio que callar. Tratándose de una profesión donde la imagen lo es todo, tenía que aceptar la verdad absoluta de que el físico manda.

“Sí…. Gracias.”

Yu-han intentó dar por terminada la charla apagando el cigarrillo contra el cenicero de pie. No estaba de humor para ponerse a charlar de cosas así de pie junto a Min-kwon.

Sin embargo, justo cuando Yu-han saludó y se disponía a dar media vuelta, una frase de Min-kwon lo atrapó en seco.

“Ah, ¿cómo está Ji-in?”

“¿De qué… habla?”

“Dicen que dejó la cafetería. ¿Le pasó algo malo?”

“…¿Qué? ¿Que la dejó?”

Yu-han preguntó incrédulo. Hacía poco que había ido a ver a Ji-in trabajando con total normalidad, ¿y ahora resultaba que lo había dejado? No entendía de qué hablaba.

“¿No lo sabías? Como decían que eran muy amigos, pensé que estarías enterado….”

Min-kwon también dijo, desconcertado por la reacción de Yu-han. Añadió que Ji-in lo había dejado el día anterior y le transmitió los detalles que le había contado su amigo, el dueño del local.

“Dijo que últimamente estaba raro. Se equivocaba seguido con las cuentas y preparaba mal las bebidas…. ¡Dicen que hasta se ponía a llorar de la nada! Se cortaba con las tazas y platos que rompía. Se veía bastante mal, así que como Ji-in pidió descansar, lo dejó irse de inmediato, según él.”

“…….”

“Yo me enteré hoy y lo llamé, pero tenía el teléfono apagado… ¡Oye, eh! ¡Woo Yu-han!”

Min-kwon gritó hacia la espalda de Yu-han, que ya se estaba alejando a zancadas.

Yu-han caminó rápidamente hacia su auto y llamó a Ji-in. Pero, tal como había dicho Min-kwon, solo se escuchaba el mensaje de que el teléfono estaba apagado.

Aun así, Yu-han siguió llamando mientras manejaba hacia la casa de Ji-in. Sintió un presentimiento siniestro. Al caer en la cuenta de que la aparente normalidad con la que había visto a Ji-in el otro día había sido efímera, le fue imposible quedarse tranquilo.

“¡Seo Ji-in! ¡¿Estás adentro?! ¡Ji-in!”

Apenas llegó frente a la casa de Ji-in, Yu-han tocó el timbre y golpeó la puerta de la entrada.

Como no hubo respuesta desde el interior, introdujo la contraseña de la cerradura electrónica, pero sonó el tono de error. Parecía que Ji-in había cambiado el código.

Yu-han se pasó la mano por el cabello con gesto irritable. Por lógica, tendría que haber esperado frente a la casa hasta que Ji-in regresara, pero una corazonada le decía que no debía hacer eso.

Sabiendo que Ji-in había estado tan mal como para romper a llorar de repente en un sitio donde nadie lo veía y cortarse con objetos filosos hasta sangrar, a Yu-han se le venieron a la cabeza toda clase de escenas terribles. Incluso llegó a imaginar lo peor: que Ji-in estuviera desmayado y a solas dentro de la casa. Se le revolvió el estómago y sintió latir con fuerza las sienes.

“Ah, maldición….”

Yu-han salió del edificio. Y se paró exactamente en aquel lugar donde alguna vez había fumado y hecho saltar de la furia a Ji-in.

La ventana del segundo piso donde vivía Ji-in estaba completamente cerrada. Aún así, pensando que quizás había otra opción, Yu-han echó un vistazo a los alrededores antes de trepar por la pared. Apoyándose en las tuberías exteriores del edificio y en los huecos de los ladrillos, subió hasta el segundo piso y empujó el marco de la ventana.

Por suerte, el seguro no estaba echado. Yu-han empujó la ventana con facilidad y se metió al interior de la vivienda.

“¡Ji-in, ¿estás aquí?! ¡Ji-in!”

Yu-han cruzó la habitación vacía, salió a la cocina e incluso abrió la puerta del baño para comprobarlo.

Sin embargo, Ji-in no estaba en ninguna parte. Al no haber indicios de desorden en los muebles, parecía que las preocupaciones de Yu-han sobre una dolencia física de Ji-in eran infundadas.

Exhaló un suspiro de alivio por el momento y volvió a la habitación de Ji-in.

Y se puso a observar el lugar por si algo había cambiado.

“…….”

La mochila y el bolso cruzado que Ji-in solía alternar no estaban.

Eran sus únicas bolsas, y el hecho de que faltaran ambas le pareció de lo más extraño.

Yu-han abrió el armario de Ji-in a toda velocidad. Las pocas prendas que tenía estaban a medio vaciar. Lo mismo pasaba con la cómoda donde guardaba los calcetines y la ropa interior.

Yu-han comprendió que Ji-in se había marchado a algún lugar llevándose solo lo indispensable. El hecho de que no se hubiera llevado todo indicaba que no se había mudado para siempre, sino que parecía tratarse de un viaje corto, pero….

“La abuela….”

Yu-han miró fijamente la pared vacía y murmuró con tono sombrío.

La foto de la abuela de Ji-in, que solía colgar justo en el centro de la pared, ya no estaba.

El hecho de que se hubiera llevado precisamente la foto de su abuela en un viaje breve y pensado para despejarse fue lo que terminó de inquietar a Yu-han.

* * *

Yu-han pasó una semana entera buscando a Ji-in por todas partes.

Recorrió innumerables veces la zona de Jongno que tanto le gustaba a Ji-in, e incluso bajó hasta Daegu para buscar por todos los restaurantes de sopa de fideos con perilla que había.

Por si acaso se trataba de aquello de que la oscuridad está a los pies del faro, en cuanto tenía un rato libre se pasaba por el karaoke o el parque que Ji-in solía frecuentar.

Pero Ji-in no aparecía por ningún lado. Y, por supuesto, tampoco regresó aquel viaje corto que creía que había emprendido.

Yu-han incluso consiguió los números de los compañeros de la universidad de Ji-in y los llamó a todos, pero fue un esfuerzo en vano. Nadie sabía el paradero actual de Ji-in.

De lo que más se arrepentía Yu-han era de no haberle preguntado a Ji-in nada sobre su abuela. Era evidente que Ji-in se estaba quedando en un lugar relacionado con su abuela o que la visitaba a menudo, pero Yu-han no sabía en qué columbario estaba depositada ni en qué restaurante de sopa de fideos con perilla había trabajado.

“¿Dónde estás… Seo Ji-in…?”

Yu-han murmuró mientras pasaba las fotos de su celular, tumbado en la cama de Ji-in. Las fotos que antes le arrancaban una sonrisa de inmediato —como la de Ji-in bebiendo un café con leche— ahora se le antojan lejanas y nostálgicas.

Hoy también, después de dar pasos sin fruto alguno, Yu-han se encontraba sumamente agotado. Más que el cuerpo, era su mente la que estaba rendida.

Enfrentarse a la realidad de que no podía encontrar a Ji-in en ninguna parte, y eso durante toda una semana, estaba volviendo loco a Yu-han. Cuando se le cruzaba por la cabeza la idea de que tal vez no volvería a ver a Ji-in nunca más, un escalofrío helado le recorría la columna vertebral de arriba abajo.

Sabiendo que sin Ji-in no podía concentrarse en nada, y que lo buscaba con tanta desesperación que hasta ignoraba las llamadas de la agencia a la que acababa de entrar, ¿por qué había tomado tan a la ligera el amor que este le entregaba?

A Yu-han le daban ganas de golpearse a sí mismo por haber sido tan ingenuo en el pasado, pensando que Ji-in volvería y que jamás se marcharía de verdad.

“Pedazo de imbécil, espabila.”

Yu-han se incorporó de un salto y se fustigó a sí mismo. Aun así, no podía seguir dando palos de ciego de esa manera.

Yu-han salió de la cama y empezó a rebuscar en los cajones de Ji-in. Quizás por ahí hubiera alguna información sobre la abuela.

Esta vez, en vez de andar dando tumbos a ciegas, se propuso reordenar las ideas para buscar datos precisos y moverse con estrategia.

* * *

“Estudiante, ¿ya comiste?”

“Todavía no. Quería caminar un poco antes de comer.”

Ji-in saludó al dueño del hostal y salió por el gran portón.

Al sentir los rayos directos del sol clavándosele en la cabeza, levantó la vista hacia el cielo. Con los ojos cerrados y sintiendo aquel calor abrasador y deslumbrante, Ji-in avanzó lentamente hacia la orilla del río.

Ya casi se cumplían dos semanas desde que Ji-in había llegado a Daegu. Para ser exactos, 12 días.

Durante su primera semana, se había bajado en el pueblo rural donde supuestamente vivían su abuela y su padre biológico, alquilado una habitación en el hostal y se había pasado el tiempo durmiendo. Repetía la rutina de comer solo una vez al día, sentarse un rato junto al río cerca del alojamiento y volver a encerrarse a dormir.

Ji-in dedujo que había sido un error intentar hacer como si no pasara nada y continuar con su vida cotidiana después de separarse de Yu-han. Su energía se había agotado tanto que necesitaba recargarla con un sueño interminable.

Aun así, después de dormir hasta hartarse durante una semana, recuperó las fuerzas suficientes para andar por ahí. Había estado de viaje durante tres días y cuatro noches por el centro de Daegu y acababa de regresar ayer al hostal en el pueblo rural.

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Ji-in tenía la intención de quedarse allí hasta que comenzaran las clases para recuperarse de las heridas que le quedaban. Era un viaje de despedida para olvidar a Yu-han.

Aunque tendría que volver a ver a Yu-han al regresar a la escuela, Ji-in confiaba en que, si pasaba un tiempo sin verlo antes de eso, sus sentimientos se ordenarían de algún modo.

“¡Estudiante! ¡¿Esto es tuyo?!”

Fue cuando Ji-in caminaba por la orilla del río que solía frecuentar. Un hombre que había ido a pescar le gritó desde su espalda.

Al volverse, el hombre sostenía en la mano un objeto familiar. Era el libro que Ji-in llevaba sujeto contra el costado cuando paseaba.

“Ah… Gracias.”

Ji-in regresó rápidamente, hizo una reverencia cortés y recibió el libro.

Se trataba del primer volumen de Los miserables, de Victor Hugo. Como era un libro que había disfrutado mucho de pequeño, lo había traído para releerlo durante su estancia en Daegu, pero todavía no lograba pasar del primer tomo.

Aunque parte de la culpa la tenía el hecho de que Ji-in se había pasado el día durmiendo y no había podido leer, había otra razón detrás de eso….

“Para vivir, para escapar del hambre del alma, amaba.”

Esa era la razón por la que aparecía aquella frase que había tocado el corazón de Ji-in en su infancia y que últimamente le ayudaba a justificarse cada vez que intentaba confiar en la gente.

Lo curioso era que el protagonista de aquella frase terminaba siendo miserablemente abandonado por la persona a la que amaba con el fin de escapar del hambre.

Ji-in se preguntaba si acaso él mismo no estaría sufriendo el mismo desenlace ya escrito.

‘Para ser sinceros, desde el principio no creí que le gustara a Yu-han. Como a mí me gustaba y quería vivir de otra forma, me engañé a mí mismo.’

La confianza de Ji-in había empezado con la idea de darle el beneficio de la duda y probar a confiar en Yu-han. Puesto que el cimiento de su confianza estaba hecho de granos de arena, era una ley natural que las demás creencias edificadas sobre él se derrumbaran estrepitosamente.

A Ji-in le invadía el remordimiento de pensar que todo había ocurrido por su propia necedad.

Sin embargo, enseguida sacudió la cabeza y desvió sus pasos hacia el lado contrario.

Decidió dejar de lado los pensamientos melancólicos y concentrarse en almorzar.

Ji-in tenía la intención de comer sopa de fideos con perilla otra vez hoy. Era el alimento que había consumido cuando solo comía una vez al día durante aquella semana, y le traía gratos recuerdos de su abuela, a los que había extrañado al no poder disfrutarlos mientras viajaba por el centro hasta ayer.

Ji-in se propuso que, mientras llenaba el estómago con la sopa de fideos con perilla bien caliente, intentaría pensar un poco menos en Woo Yu-han.

“Ah……”

Sin embargo, cuanto más se acercaba al restaurante, más lento se volvía el paso de Ji-in. Había un auto conocido estacionado frente al local.

Incluso pensando que era imposible, Ji-in se acercó despacio para comprobar la placa.

Y a los pocos pasos, la puerta del auto se abrió y un hombre alto descendió de él.

“Seo Ji-in.”

Yu-han pronunció ese nombre que tanto añoraba con el rostro demacrado.

Pensándolo bien, apenas llevaba medio mes sin ver a Ji-in, pero para Yu-han era como si hubieran transcurrido más de tres meses. Contuvo el impulso de correr hacia él de un salto y abrazarlo, y se acercó a Ji-in.

“¿Cómo… llegaste hasta aquí?”

Preguntó Ji-in, mirándolo hacia arriba con una expresión desconcertada. No era el centro de Daegu, sino un pueblo rural apartado, por lo que no comprendía cómo era posible cruzarse con Yu-han allí. Ni remotamente se le había pasado por la cabeza que hubiera venido a buscarlo adrede.

“Vi los papeles de la abuela. Los que estaban en el cajón.”

Yu-han miraba a Ji-in sin parpadear, como si quisiera compensar todo el tiempo que había estado sin poder verlo.

El rostro de Ji-in, con el que se reencontraba después de tanto tiempo, lucía ligeramente bronceado. Las mejillas, que antes eran redondas, parecían haber perdido algo de volumen, dándole un aspecto desmejorado en general.

“Fui recorriendo los restaurantes de por aquí y mostrando tu foto.”

Yu-han había descubierto un montón de documentos mientras revisaba los cajones de Ji-in.

Entre ellos había un sinfín de registros de empadronamiento, certificados de residencia y certificados de relaciones familiares que la abuela había solicitado mientras vivía.

Probablemente Ji-in había guardado todos esos papeles a pesar de estar caducados porque quería conservar los certificados donde el nombre de su abuela no apareciera tachado con la palabra «fallecida».

Para Yu-han había sido una suerte. Él había comprobado el historial de cambios de dirección en el certificado de la abuela y, como en Daegu solo figuraban dos lugares, acotó la zona y se dedicó a recorrer los establecimientos que vendían sopa de fideos con perilla.

Fue en medio de esa búsqueda cuando, en este restaurante, el dueño le dio la grata noticia de que Ji-in solía ir muy a menudo.

Impulsado por la expectativa de que pronto podría encontrar a Ji-in, Yu-han se había pasado el primer día entero vigilando la puerta del restaurante sin importarle el cansancio.

Sin embargo, Ji-in no apareció. Aunque las palabras del dueño aseguraban que había estado viniendo hasta ayer, ni al día siguiente ni al otro logró divisar la más mínima sombra de Ji-in.

Yu-han se había propuesto esperar estacionado frente al restaurante durante todo el horario de apertura todos los días, con la firme determinación de denunciar su desaparición si Ji-in no aparecía antes del fin de semana.

Y hoy, que era el cuarto día, por fin pudo encontrarse con Ji-in.

“¿Por qué… hiciste tanto?”

Preguntó Ji-in como si le costara creerlo. No lograba entender por qué Yu-han se había tomado tantas molestias y había pasado por tanto sufrimiento para ir a buscarlo.

En el fondo creía saberlo, pero a Ji-in le costaba dar crédito a sus propias suposiciones. Pensaba que el afecto que Yu-han sentía por él era infinitamente superficial.

“Porque quería verte.”

Yu-han respondió con naturalidad. Como si se tratara de una verdad tan evidente como respirar para poder vivir.

“¿Tú no?”

Preguntó Yu-han tragando saliva con dificultad.

Las pupilas de Yu-han, que siempre se mostraban serenas e imperturbables, se agitaban con inquietud. Miraba a Ji-in como si le suplicara algo con desesperación.

Ante aquella faceta tan poco familiar de Yu-han, Ji-in no supo qué responder. Le costaba fingir que no había querido verlo, pero sentía que tampoco debía decir la verdad confesando que sí lo había extrañado.

Ji-in giró la cabeza para esquivar la mirada de Yu-han.

“Dijimos que ya no nos veríamos más.”

Ji-in dio media vuelta con la intención de marcharse.

“Yo necesito seguir viéndote.”

Yu-han lo agarró del brazo y lo hizo girar a la fuerza.

“Nosotros ya terminamos.”

“¿Quién dice que se terminó?”

Yu-han habló con un nudo en la garganta. Sus ojos vacilantes se humedecieron.

Apretando los dientes como si soportara algo insoportable, Yu-han abrió lentamente los labios.

“Te amo.”

“……¿Qué… qué dijiste?”

“Lo entendí mientras te buscaba. Esto no puede ser solo un simple encariñamiento físico.”

Yu-han habló con una expresión de profundo sufrimiento.

Hasta hacía poco, Yu-han pensaba que sus sentimientos no eran lo suficientemente profundos como para retener a Ji-in. Creía que le faltaban motivos y que aún no era el momento adecuado.

Pero se equivocaba. Si los sentimientos de Yu-han se hubieran limitado a un mero apego carnal, solo habría sentido un leve remordimiento cuando Ji-in desapareció. Jamás le habría dolido tanto, como si hubiera sufrido un grave accidente.

“Sentía como si mi cuerpo se hiciera trizas al no estar tú. No puedo concentrarme en nada. Si esto no es amor, no hay forma de explicar este dolor de mierda.”

Yu-han frunció el ceño recordando un sufrimiento que le seguía pareciendo horrendo.

Estaba desorientado ante un dolor que experimentaba por primera vez en su vida. Si hubiera tenido la experiencia previa de amar a alguien y arrepentirse después, tal vez habría tenido algo de inmunidad, pero como Ji-in también era el primero para Yu-han, le resultaba imposible mantener la compostura.

“¿Desde cuándo me amas?”

Ji-in preguntó de repente tras mantenerse callado un momento.

“…No lo sé.”

Yu-han bajó la mirada al responder. Quería darle cualquier respuesta para transmitirle su sinceridad, pero de verdad era incapaz de señalar el punto exacto en el que sus sentimientos se habían profundizado tanto.

“¿Te diste cuenta de que ya estabas amándome cuando abriste los ojos?”

Ji-in habló como si le estuviera completando la respuesta a Yu-han.

“¿Acaso hay una razón para amar?”

“……Ji-in.”

Yu-han miró a Ji-in con una expresión de estupor.

En el pequeño rostro de Ji-in se reflejaban una sonrisa leve y teñida de ironía, y una profunda tristeza.

“¿Por qué…? No, ¿desde cuándo te gusto?”

“No lo sé. Cuando me di cuenta, ya me estabas gustando.”

Eran las palabras que Yu-han le había dicho a Ji-in en el pasado al hacerle aquella falsa confesión.

“A que no hay una razón para que te guste alguien.”

En aquel entonces, como Yu-han no quería a Ji-in, se había zafado del asunto recurriendo a una frase tan gastada.

Ahora las cosas eran distintas, en ese momento y en el presente no eran iguales, y aunque simplemente era incapaz de precisar un momento exacto entre la multitud de instantes y emociones variadas, Ji-in volvió a dar por sentado que era otra mentira y se negó a creer en la confesión de Yu-han.

Yu-han se pasó la mano por el cabello y cerró los ojos con gesto de frustración. Tenía que decir algo, lo que fuera.

“No sé el momento exacto. Simplemente… Simplemente me hacía bien estar contigo. Me sentía en paz y me encontraba sonriendo sin darme cuenta…”

Yu-han desenterró aquellos momentos difusos y comenzó a enumerar razones de manera atropellada.

“Sentía que me había convertido en alguien decente. Porque me decías: ‘Tú no eres como mi familia, no eres un materialista’… Porque me mirabas con unos ojos puros y sin segundas intenciones… Sentía que era un tipo que valía la pena.”

“……”

La mano de Ji-in fue apretándose con más fuerza mientras escuchaba la confesión de Yu-han.

Ji-in presionó con fuerza la palma de su mano contra la esquina del libro que sostenía, reprimiendo la marea de emociones que amenazaba con desbordarlo.

Sentía una mezcla de desconcierto y furia.

‘¡¿Después de lastimarme así, apareces de la nada a decir que me amas?! ¿Crees que te voy a creer si cambias de opinión ahora? ¿Piensas que voy a tragarme esto? ¡Yo estoy intentando superarlo, así que con qué derecho vienes a removerlo todo otra vez!’

Lo que más enfurecía a Ji-in era el hecho de que su corazón se estaba tambaleando.

No quería creerle a Yu-han, sabía muy bien que no debía confiar en él, pero con solo oír las palabras «te amo», le daban ganas de pasar por alto todo lo ocurrido y fundirse en un abrazo con él.

Era lógico. ¿Cuánto había anhelado escuchar una confesión de amor de labios de Yu-han?

Cuando Yu-han acababa de pronunciar esas palabras, Ji-in había llegado a pensar que, de tanto desearlo, se había creado una ilusión en sueños.

Para Ji-in, que seguía sin poder superar a Yu-han y que todavía lo amaba, aquella situación era demasiado agobiante.

“Pensé que solo eras un vago inútil… pero estando contigo me di cuenta de que no era así.”

“Ya no quiero seguir escuchando.”

Ji-in se dio la vuelta y echó a andar. Si continuaba frente a Yu-han, temía caer en la tentación y albergar la esperanza de que esta vez sería diferente.

“Yo siento lo mismo por ti. Te amo como a un ser único e irrepetible en este mundo.”

Yu-han lo seguía de cerca mientras le suplicaba sin cesar.

“Ya no te mentiré. Si me das solo una oportunidad más…”

“No quiero.”

Ji-in cortó las palabras de Yu-han sin volverse siquiera a mirar atrás.

“No te creo. Nunca más.”

Ji-in se lo repetía no solo para alejar a Yu-han, sino como un juramento para sí mismo. Se había repetido infinidad de veces que intentar reconstruir la confianza con alguien que ya lo había traicionado una vez era una estupidez que ni los peces cometerían.

“¡Seo Ji-in! ¡Un momento, Ji-in!”

Yu-han lo persiguió con insistencia.

Ji-in caminaba con los ojos fijos en el frente, como si estuviera en Sodoma y Gomorra, donde mirar atrás lo convertiría en una estatua de sal.

Y por fin pudo divisar el portón verde del hostal. Ji-in aceleró el paso para entrar lo antes posible.

“¡Ji-in!”

Como Yu-han no podía permitirse dejarlo marchar así, le agarró con fuerza de la muñeca.

“¡No…!”

Ji-in sacudió la muñeca con violencia para librarse del agarre. Pero debido a que puso demasiada fuerza, golpeó a Yu-han en el rostro con la esquina del libro que llevaba, produciendo un seco chasquido.

“Ah…”

Ji-in se quedó mirándolo, impresionado.

Había un hilo de sangre enrojecida sobre la ceja de Yu-han. Al parecer, la esquina del libro le había impactado justo en la zona del hueso de la ceja.

A Ji-in se le encogió el corazón. Sin embargo, no podía quedarse allí parado a examinar la herida de Yu-han.

Ji-in se mordió el labio inferior hasta ponérselo blanco, le dio la espalda a Yu-han, entró al lugar y cerró la puerta de un fuerte portazo.

Ese día, Ji-in no dio ni un solo paso fuera de su habitación en el hostal.

Se quedó mirando embobado la pared donde colgaba la foto de su abuela hasta que se quedó dormido, y al volver a despertar, se pasó la madrugada repasando los recuerdos compartidos con Yu-han.

Los recuerdos que Ji-in había traído consigo eran las notas con reseñas de teatro que había escrito con Yu-han, las fotos de cuatro poses, el guion del seminario de creación y la pulsera de los deseos que habían comprado en Bulguksa.

Ji-in acariciaba cada uno de esos objetos mientras rememoraba las escenas en las que él y Yu-han aparecían encuadrados en el mismo plano.

“Ahora sé que se puede amar… aunque el comienzo haya sido torcido…”

Ji-in ojeó el guion del seminario de creación y recitó en voz alta la última línea.

Había sido un parlamento que dijo volcando sus verdaderos sentimientos como Seo Ji-in, sin lograr meterse del todo en el personaje. Se supone que no debía hacer eso en el escenario durante la presentación, pero al mirar a Yu-han, Ji-in no había podido contener el amor que se desbordaba en su interior.

“Lo entendí mientras te buscaba. Esto no puede ser solo un simple encariñamiento físico.”

“Te amo como a un ser único e irrepetible en este mundo.”

De repente, a Ji-in le vino a la cabeza la confesión de Yu-han.

Las palabras de Yu-han habían sido muy parecidas a aquello. Esa súplica desgarradora de que al principio no era amor, pero que ahora se había transformado en ello.

Ji-in pensaba que ese tipo de evolución en los sentimientos era perfectamente posible.

Sin embargo, no podía aceptarlo tratándose del caso entre Yu-han y él. El grito de su razón diciéndole que no debía confiar en Yu-han era demasiado fuerte.

“Voy a quemarlo todo…”

Tras observar el cielo del alba que comenzaba a aclararse a través del cristal de la ventana, Ji-in reunió en un solo lugar todos sus recuerdos con Yu-han.

En el patio del hostal había un fogón al aire libre. Aunque había sido construido para cocinar, desde el primer día que llegó Ji-in había habido un hombre que le daba un uso alternativo. Decía que era para quemar las fotos que se había tomado con su exmujer tras el divorcio.

El dueño del hostal había suspirado, pero al ver al hombre llorar con tanta melancolía, se limitó a chasquear la lengua. Le había dicho a Ji-in, que estaba a su lado: “Estudiante, si hay algo que quieras quemar, quémalo también”, y se había metido a su habitación.

Probablemente el dueño lo había dicho en un tono de mero lamento, pero Ji-in decidió interpretarlo como un permiso concedido. De todos modos, ya tenía pensado deshacerse de los recuerdos de Yu-han, y convertirlos en cenizas para que jamás pudieran volver a resucitar le parecía una excelente idea.

Ji-in salió de la habitación sosteniendo ambos objetos cargados de recuerdos en las manos.

* * *

Ji-in salió a comer su primera comida del día en un restaurante de gukbap que abría temprano por la mañana.

Después, dio un paseo por la orilla del río que tanto solía frecuentar y se sentó en el suelo a leer. No era Los miserables, el libro con el que había lastimado a Yu-han, sino uno que había tomado de la estantería de la sala del hostal.

Era de un autor del que nunca había oído hablar, pero se dejaba leer bastante bien. Ji-in se concentró en la lectura con bastante empeño.

“……”

Sin embargo, de pronto tuvo una sensación extraña. Ji-in bajó el libro y miró a su alrededor.

No muy lejos de allí, Yu-han estaba sentado. Parecía que también había conseguido alojamiento, ya que lucía prolijo mientras contemplaba el agua del río que fluía lentamente. Además, llevaba una curita adherida sobre la ceja.

Ji-in se puso de pie.

Al percibir el movimiento, Yu-han giró la cabeza para mirarlo. No le dirigió la palabra ni tampoco se levantó a seguirlo.

Tampoco lo persiguió cuando Ji-in abandonó la orilla del río para regresar al hostal.

No obstante, cuando Ji-in fue a almorzar la sopa de fideos con perilla a la hora del almuerzo, Yu-han entró al restaurante al poco tiempo. Se sentó en una mesa desde donde Ji-in quedaba a la vista y pidió exactamente el mismo plato de sopa de fideos con perilla.

Tampoco se acercó en esa ocasión. Al parecer, su intención era limitarse a vigilarlo y esperar sin presionarlo. Por esa razón, a pesar de que había habitaciones libres en el hostal de Ji-in, debió de haber buscado alojamiento en otra parte.

Aun así, era imposible que Ji-in pudiera ignorar a Yu-han.

‘Aunque no vea a Woo Yu-han, no hago más que pensar en él, y si encima se pone a merodear delante de mí todo el tiempo, ¿cómo supone que voy a ordenar mis pensamientos?’

Ji-in mascullaba por lo bajo mientras subía por la colina de baja altura situada en la parte trasera del hostal. El motivo era que había vuelto a notar que Yu-han lo venía siguiendo desde atrás.

Al tratarse de un pueblo diminuto y conocer la ubicación del hostal, parecía que Yu-han lo encontraba con facilidad en cuanto se proponía. Como conocía de sobra la reducida área por la que solía moverse, le bastaba con dar una vuelta por los alrededores para dar con él en un abrir y cerrar de ojos.

Al final, Ji-in se detuvo en seco y giró sobre sus talones.

“¿Vas a quedarte aquí todo el tiempo?”

Le preguntó a Yu-han con un tono agresivo.

Yu-han se limitó a mirarlo en absoluto silencio.

“Entonces me iré yo.”

Dicho esto, Ji-in bajó de la colina. No tenía el menor deseo de conversar con Yu-han; solo quería advertirle que, si él no se marchaba, lo haría él mismo para que se apartara de una vez.

Sin embargo, las advertencias no surtían efecto en Yu-han. Al día siguiente, volvió a rondar los alrededores de Ji-in sin falta.

Harto de la situación, Ji-in sacó el teléfono celular y consultó los horarios de los colectivos disponibles para irse de allí lo antes posible. Había uno de larga distancia que salía esa misma noche.

Compró el pasaje de inmediato, regresó al hostal y se puso a preparar el equipaje.

Para terminar, Ji-in se dirigió a la orilla del río.

Lo que más le había gustado durante su estancia en Daegu era quedarse ensimismado mirando el agua. Perderse contemplando cómo el agua limpia y mansa corría con serenidad lograba tranquilizar su espíritu de algún modo. Quería sentarse a la vera del río un rato más antes de marcharía a tomar el colectivo.

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No obstante, como daba por sentado que Yu-han volvería a aparecer, Ji-in se encaminó hacia una zona mucho más alejada de la que solía frecuentar. Aunque si se proponía buscarlo terminaría encontrándolo, al menos le tomaría bastante tiempo y eso le permitiría disfrutar de un respiro de libertad.

“Vaya, qué fresco está…”

Y una de las formas de libertad que Ji-in decidió regalarse fue nadar un poco. Estiró los brazos, movió las piernas con suavidad y se deslizó entre las corrientes del agua.

No había nadie en aquel tramo del río que había escogido Ji-in. Todo se debía a que el sol caía a plomo.

En el sitio al que iba todos los días abundaban los árboles plantados a lo largo del terraplén, por lo que las zonas de sombra eran comunes, pero allí no ocurría lo mismo. A unos diez metros hacia atrás solo se erguían unos cuantos árboles dispersos.

Como no quedaba cerca del pueblo ni ofrecía sombras, ni siquiera los pescadores se acercaban por esa parte del río. Mientras disfrutaba de la quietud contemplando el agua, a Ji-in le había invadido el impulso de meterse al río. Hacía calor, no había nadie alrededor y, dado que era la última oportunidad, quería disfrutar con todo su cuerpo de aquel hermoso paraje fluvial.

“Ha sido una buena nadada…”

Tras un rato de jugar a solas en el agua practicando estilos como el nado de espaldas y la brazada de rana, Ji-in salió a la orilla.

Caminó hasta el lugar donde se había despojado del calzado y se dejó caer de golpe sobre la tierra.

Después de nadar un rato con total frescura y recibir el calor del sol en todo el cuerpo, la sensación no era agobiante, sino más bien cálida y acogedora.

“Haa…”

Sin embargo, la tranquilidad duró poco. Ji-in exhaló un suspiro profundo al posar la vista en los objetos que había dejado amontonados junto a sus zapatos.

Allí reposaban los recuerdos que compartía con Yu-han: las notas escritas, las fotografías, el guion y la pulsera.

A decir verdad, Ji-in no había conseguido quemar aquellos recuerdos la madrugada anterior.

Había llegado hasta el mismo borde del fogón, pero le había sido imposible arrojar los objetos al interior y prenderles fuego.

Esta vez, Ji-in había llevado consigo los recuerdos con la firme determinación de deshacerse de ellos de una vez por todas. Tenía planeado cavar un hoyo hondo cerca del río y enterrarlos allí.

“……”

Sin embargo, sus manos se negaban a obedecerle. En lugar de ponerse a cavar la tierra, Ji-in se quedó acariciando con tristeza aquellos recuerdos. Luego, apoyando los dedos sobre la tierra junto a ellos, trazó unas palabras:

Adiós, Woo Yu-han

‘¿De verdad podré despedirme de él para siempre…?’

Ji-in se quedó mirando con la mirada perdida las letras que acababa de trazar. Si era incapaz de deshacerse de un objeto tan insignificante como aquel, dudaba mucho de ser capaz de borrar de su mente a una presencia tan abrumadora como la de Woo Yu-han. Tampoco sabía a dónde iría a parar ni qué clase de esfuerzo debía hacer para intentar olvidarlo.

Con un movimiento lánguido, se puso de pie y se encaminó hacia los árboles situados a espaldas del lugar. Quería apartar por un instante la vista de aquellos recuerdos que no era capaz ni de tirar ni de conservar, y el calor comenzaba a intensificarse tras haber permanecido tanto tiempo bajo el sol abrasador.

Al llegar bajo la frondosidad del follaje, Ji-in se tendió en el suelo sintiéndose aplastado como si una roca gigante hubiera caído sobre él.

“Inhala… exhala.”

Inhaló con fuerza el aroma profundo de la madera bajo aquel toldo de color verde tierno que tejían las hojas de los árboles.

De repente, un recuerdo acudió a su mente: la ocasión en que practicaba la proyección de la voz junto a Yu-han en la montaña detrás de la escuela. Era en la época en que no hacía más que atormentar a Yu-han porque era incapaz de descifrar lo que sentía.

Era un episodio que no guardaba nada especialmente grato ni para Yu-han ni para él, por lo que resultaba un misterio por qué le venía a la memoria con tanta nostalgia. Quizás se debía a que él mismo se obligaba a dar todo por terminado.

Mientras sentía la brisa suave que soplaba en el ambiente, Ji-in continuó pensando incansablemente en Yu-han.

En un momento dado, sus párpados empezaron a cerrarse poco a poco. Tal vez por no haber dormido como es debido ni anteayer ni ayer a causa de estar dándole vueltas a la cabeza con los pensamientos sobre Yu-han, se sumió de inmediato en un sueño ligero.

“¡Ji-in! ¡Ji-in!”

¿Cuánto tiempo habría transcurrido? Ji-in despertó sobresaltado al oír unos gritos desesperados que le helaron la sangre.

Incorporando la parte superior de su cuerpo y con los ojos semicerrados, escudriñó los alrededores.

Al fondo distinguió la espalda de un hombre que corría a toda velocidad hacia el río. A diferencia de lo que él mismo había hecho antes para darse un baño, su forma de avanzar era la de alguien fuera de sí, arrojándose al agua sin importarle en absoluto la profundidad.

“¡Seo Ji-in! ¡¡Ji-in!!”

Para colmo, aquel hombre iba llamándolo por su nombre.

Tan pronto como reconoció que se trataba de Yu-han, Ji-in se puso en pie de un salto y echó a correr a la máxima velocidad que le daban las piernas.

“¡Yu-han! ¡Woo Yu-han! ¡Eh!”

Gritó con todas sus fuerzas hasta desgarrarse la garganta. En su mente solo latía un imperativo de urgencia: tenía que detener a Yu-han a como fuera lugar. Ni siquiera tenía la lucidez mental para averiguar por qué motivo o con qué propósito pretendía meterse al río.

Aquel cauce presentaba un relieve traicionero donde la profundidad aumentaba de forma drástica conforme uno se adentraba. Poco antes, el propio Ji-in había tenido sumo cuidado de no rebasar la zona segura al nadar.

No obstante, en ese preciso instante, Yu-han se precipitaba de cabeza de forma insensata, sin comprobar la profundidad ni reparar en nada. Con la mirada perdida y sin percibir los gritos de Ji-in, avanzaba con frenesí hacia las zonas más hondas.

“¡Ji-in! ¡¿Dónde estás?! ¡Ji-in!”

Con el rostro completamente bañado en lo que no sabía si eran lágrimas o agua del río, Yu-han profería alaridos desesperados. En un abrir y cerrar de ojos, la profundidad del agua ya le cubría el pecho.

Fue entonces cuando una mano blanquecina se estiró con rapidez y aferró con fuerza el cuello de su camisa.

“¡Estoy aquí! ¡¡Woo Yu-han!!”

Ji-in tiró de él con todas sus fuerzas mientras el agua le llegaba justo por debajo de la barbilla. A pesar de que cada vez que abría la boca tragaba agua del río, no le importó lo más mínimo y le gritó con fiereza.

“¿Seo… Ji-in…?”

Sintiendo el impulso constante que lo retenía y escuchando aquella voz que lo llamaba, Yu-han reconoció al fin a la persona que tenía enfrente. Lo miró con unos ojos cargados de una incredulidad absoluta, como si acabara de despertar de una pesadilla o se hubiera adentrado de repente en el sueño que tanto anhelaba.

“¿De verdad eres tú…?”

Murmuró Yu-han mientras le acunaba el rostro con suma cautela. Sus pupilas, su voz y las puntas de sus dedos temblaban de manera incontrolable.

“¡Sí, soy yo! ¡¿Se puede saber qué estás haciendo?!”

Ji-in lo regañó mientras le apretaba las manos con firmeza, tirando de él con brusquedad para sacarlo hacia una zona menos profunda.

Aunque comprobó que Yu-han había recuperado la razón, la alteración no cedía en el interior de Ji-in. El susto morrocotudo que le había dado con semejante locura le hacía sentir como si el corazón estuviera a punto de rompérsele el pecho.

‘¡Con lo mal que lo paso intentando olvidarte, se te ocurre hacer una imbecilidad así! Si te llega a pasar algo, ¿qué se supone que iba a hacer yo? ¡¿Acaso quieres matarme de un infarto?!’

Pensó Ji-in con desesperación.

Si Yu-han hubiera sufrido alguna lesión o perdido el conocimiento, es probable que él mismo se hubiera desmayado allí mismo. Tan solo recrear esa escena en su imaginación le provocaba un dolor agudo que le encogía todas las entrañas.

“P-Pensé que habías muerto…”

“¿…Qué?”

Ji-in se quedó petrificado ante una respuesta que jamás habría imaginado. Interrumpió de golpe el esfuerzo por arrastrarlo y levantó la vista para contemplarlo.

“Dijiste… que te ibas despidiendo y dejando los zapatos… para marcharte…”

Balbuceaba Yu-han de forma inconexa, alternando la mirada entre la orilla del río, la superficie del agua y el rostro de Ji-in.

El autor de repente empezó a buscar a Ji-in por todas partes.

Había ido al hostal por si acaso se había marchado, pero como el dueño no estaba, no pudo preguntarle nada.

Como Ji-in seguía sin aparecer por ningún rincón del pueblo a pesar de que lo buscó con insistencia, Yu-han fue al río que solía frecuentar y rastreó tanto la parte superior como la inferior. Así fue como terminó llegando hasta allí.

Sin embargo, en medio del terraplén del río encontró los zapatos de Ji-in. A su lado estaban colocados los objetos que guardaban los recuerdos de ambos, y abajo se leía una frase cargada de significado: Adiós, Woo Yu-han.

De inmediato, a Yu-han se le vino a la cabeza lo que Ji-in le había dicho el día anterior acerca de que se marchaba.

Quizás porque había estado sufriendo de ansiedad constante ante la idea de perder a Ji-in recientemente, Yu-han se imaginó de golpe un escenario extremo.

Una vez que esa idea aterradora se le grabó en la cabeza, Yu-han perdió la capacidad de pensar con raciocinio y de juzgar que Ji-in no era alguien capaz de provocar un gran susto a los mayores en un pueblo tan pequeño, y menos aún en el lugar donde había vivido su abuela.

Lo único que se le venía a la mente eran razones plausibles para pensar que, dado que él le había causado una desesperación inmensa a Ji-in —quien ya la pasaba mal por la ausencia de su abuela y la traición de su padre biológico—, era comprensible que quisiera acabar con todo.

Por esa razón, Yu-han se metió al agua a ciegas, sin reparar en cuál era la profundidad del río ni en quién lo llamaba a gritos desde atrás. Su única obsesión era encontrar a Ji-in como fuera. No le importaba lo que le pasara a él en el proceso.

Al rememorar la escena, las lágrimas brotaron a causa de un terror desgarrador.

Las lágrimas transparentes, que no paraban de brotar, se acumularon y quedaron suspendidas de sus espesas pestañas.

“Tú… ¿por qué…?”

Ji-in solo atinaba a abrir y cerrar los labios sin saber qué decir.

El gigantesco malentendido de Yu-han ya era bastante desconcertante por sí solo, pero al ver sus lágrimas, la situación superó el desconcierto hasta dejarlo con la mente en blanco.

Ji-in sintió que la furia que hacía un momento le apretaba las entrañas era muy similar al miedo que Yu-han estaba demostrando en ese instante.

Un estado de desesperación equiparable al pánico de la supervivencia, ese de pensar que no se puede vivir sin el otro.

Tras mirarlo desde arriba con una mirada llena de zozobra, Yu-han lo envolvió de repente en un abrazo.

“No desaparezcas. No puedo vivir sin ti…”

Yu-han lo abrazó con tanta firmeza que la punta de su barbilla rozaba el hombro de Ji-in. Y le susurró con desesperación, suplicándole sin descanso que no se fuera.

El cuerpo de Yu-han temblaba. Aquel cuerpo grande y fuerte se estremecía mientras lloraba como si estuviera derrumbándose.

“……”

Ji-in se dejó abrazar sin oponer resistencia, percibiendo en todo su cuerpo la profunda aflicción de Yu-han. Su desesperación le hizo añicos el corazón. A los ojos de Ji-in también comenzaron a asomarse las lágrimas, que enseguida resbalaron a toda velocidad por sus sienes.

Solo entonces pudo creer en las palabras de Yu-han. Comprendió por fin, en carne propia, que él lo amaba.

Desde el día en que vio a Yu-han en Daegu, se había dejado dominar por la obsesión de que no debía confiar en él. Por eso no lo había entendido.

No había comprendido por qué un Woo Yu-han al que nunca le faltaba de nada estaba haciendo semejante esfuerzo, ni se le había pasado por la cabeza que no tenía sentido que lo hubiera seguido hasta Daegu solo por un simple capricho carnal, persiguiéndolo todo el día y llorando tembloroso; en su lugar, se había limitado a alejarlo.

“No me iré… No iré a ninguna parte…”

Ji-in levantó los brazos para colocar las manos en la espalda de Yu-han y comenzó a consolarlo con suavidad.

Con el muro de su corazón derribado, Ji-in sintió el amor de Yu-han y percibió cómo su propio amor, que había estado reprimiendo con todas sus fuerzas, irrumpía con la fuerza de una marea.

Comprendió que ya ni siquiera podía esforzarse por borrar a Yu-han, y que era incapaz de vivir sin amarlo. Ji-in sentía que aquel amor era tan intenso que le resultaba imposible controlarse a sí mismo.

Ji-in estiró aún más los brazos con los que lo consolaba y terminó por rodearle la espalda.

El cuerpo de Woo Yu-han, al que volvía a abrazar después de tanto tiempo, seguía igual de cálido.

Esa misma noche, Ji-in y Yu-han se acostaron uno al lado del otro en la misma habitación.

Como ambos se habían quedado sin fuerzas, necesitaban recuperar la energía agotada. Habían decidido dormir plácidamente en el alojamiento de Ji-in y subir juntos al día siguiente.

Sin embargo, como Yu-han se había girado de lado y lo miraba fíjamente con una intensidad capaz de lanzar rayos, a Ji-in le resultó imposible conciliar el sueño.

“No voy a ir a ninguna parte. Duerme tranquilo.”

Ji-in incorporó la parte superior de su cuerpo y presionó el hombro de Yu-han, obligándolo a recostarse boca arriba a la fuerza.

Pero al mirarlo de frente desde arriba, la herida de su frente capturó su atención. Al parecer, la curita se le había desprendido durante el altercado en el río. La cortadura seguía roja y abierta, y verla le causó un profundo remordimiento a Ji-in.

Se inclinó y posó con delicadeza los labios sobre la herida de Yu-han.

“Iremos a la farmacia antes de salir mañana.”

Pensando que tenía que comprar pomada y vendas, Ji-in volvió a recostarse boca arriba. Estaba decidido a curar, aunque fuera tarde, la herida que él mismo había provocado.

Yu-han respondió que de acuerdo mientras le tomaba una mano. Luego entrelazó sus dedos con los suyos y los colocó sobre su propio pecho, como si solo así pudiera quedarse tranquilo.

“Hace un rato dijiste que sentíamos lo mismo.”

Dijo Yu-han de repente. Mientras yacía inmóvil mirando al techo, otro pensamiento había cruzado su mente.

“No era así.”

“¿Qué no es así?”

Ji-in giró la cabeza para mirarlo.

“Lo mío es mucho más grande.”

“¿…En qué te basas?”

“Tú intentaste abandonarme, pero yo jamás podría hacer algo así.”

“No… la situación era distinta.”

“Aunque dijeras que ya no me amas, yo no podría dejarte ir.”

Yu-han habló con absoluta seriedad, mirando al frente.

No lo decía solo para complacer a Ji-in, sino que era una verdad de la que se había percatado con dolor. Incluso si llegara el día en que Ji-in decidiera abandonarlo, él jamás sería capaz de soltarlo.

Ji-in pensaba exactamente lo mismo y creía que, ahora que su amor era aún más profundo, a él le pasaba lo mismo, pero prefirió guardárselo para sí. Como alguien que ya había sufrido un desengaño amoroso una vez, le daba miedo que decirlo a la ligera lo hiciera tropezar con la misma piedra otra vez.

“¿De verdad me amas tanto?”

En su lugar, Ji-in esbozó una leve sonrisa en las comisuras de los labios y habló. Quería disipar el pesado ambiente que seguía flotando entre ambos y, aprovechando la ocasión, gastarle una broma después de tanto tiempo para sacarle una sonrisa a Yu-han.

“Sí.”

“Entonces de ahora en adelante háblame como a un hyung.”

“¿…Qué?”

“Y trátame de usted. Te has estado propasando demasiado con este hyung que es cuatro años mayor y al que debes respeto.”

“¿Qué tendrá que ver eso con el amor?”

“Claro que tiene que ver. Te lo estoy pidiendo yo, que soy a quien amas tanto.”

“Ah…”

Yu-han exhaló un largo suspiro. Le encantaba llamarlo por su nombre, pero tal como acababa de oír, tratándose de los deseos de la persona que amaba, no había nada que no estuviera dispuesto a concederle.

“Está bien.”

“¿De verdad?”

“No creo que pueda cambiar de golpe, pero lo intentaré.”

“Vaya…”

Ji-in soltó una exclamación de asombro. Solo lo había dicho como una broma, pero al ver lo fácil que había cedido, pensó que valía la pena intentarlo.

Así que decidió probar con otra cosa.

“Y de ahora en adelante, mantengamos una relación platónica.”

“¿…Cómo dijiste?”

Yu-han giró la cabeza para mirarlo. Su hermoso rostro reflejaba una incredulidad total.

“Últimamente ha sido un noviazgo demasiado terrenal.”

“¿Dices que no vamos a hacerlo en vez de que no podamos?”

“Exacto.”

“¿Cómo no vamos a hacerlo si te amo? Lo que quiero es hacerlo más.”

“Por eso mismo, el amor platónico es la forma definitiva de amor. Es ese amor espiritual que trasciende los deseos de la carne, ¿no?”

Ji-in soltó una sarta de argumentos que parecían una falacia pero que no terminaban de serlo. Añadió que si tanto decía que lo amaba, qué le costaba aguantarse las ganas, intentando convencer a Yu-han con ahínco.

Tampoco era que a Ji-in le desagradara en absoluto tener relaciones. Como le gustaba Yu-han desde el principio, para ser sinceros, los encuentros íntimos con él también le habían resultado placenteros, por lo que estaba totalmente de acuerdo en que amar hacía que uno quisiera hacerlo más.

Sin embargo, dado que Yu-han se le había estado tirando encima como una fiera en celo durante todo ese tiempo, quería frenarlo un poco y de paso ponerlo a prueba. Tenía curiosidad por ver cuánto tiempo sería capaz de aguantar sin hacerlo si él, con lo fogoso que era, se lo prohibía.

Yu-han lo escuchó en silencio por unos momentos antes de entrecerrar los ojos con suspicacia.

“Me huele a que estás tramando algo…”

“¡Ejem! ¡¿Cómo vas a insinuar que tu hyung trama algo?!”

Sintiéndose culpable, Ji-in lo reprendió de inmediato. Abrió mucho los ojos adoptando una expresión de adulto severo, levantó las cejas y apretó con fuerza el labio inferior.

Aunque a Yu-han le habrían encantado las cosas de otra manera apenas unas horas después de haber recuperado a Ji-in con tanto esfuerzo, no pudo evitar que le pareciera una absoluta ridiculez.

No sabía de qué manera se supone que debía tratar como a un superior a una pareja tan sumamente adorable y tierna. Lo único que deseaba era tirarlo a la cama y llenarle todo el cuerpo de besos.

Yu-han contuvo a duras penas el impulso desbordado y lo abrazó con fuerza para impedir que Ji-in siguiera haciendo monerías.

“¡Suéltame! ¡¿Cómo le haces esto a tu hyung?!”

“Hyung, duérmase.”

“¡Este bribón de Woo Yu-han!”

“Cierre un poquito la boca, por favor.”

“¿Qué dices? ¡Qué insolente!”

Sepultado en el abrazo de Yu-han, Ji-in forcejeaba como si estuviera protagonizando un drama histórico.

Cuanto más se movía, más fuerte lo estrechaba Yu-han contra él. Como si jamás tuviera la intención de soltarlo.

Por fin, después de muchísimo tiempo, una sonrisa se dibujó en los labios de Yu-han.

Fin de Te daré tu merecido, sunbae