4 (parte 2)
Woo
Hyun-se tuvo que dirigirse personalmente al bar, ya que su interlocutor, por su
agenda excesivamente cargada, no tenía tiempo para ir a él. Al entrar en el
reservado, guiado por un empleado, el ruido ensordecedor que parecía estallar
como bombas cesó de golpe. Por cortesía, pidió alcohol y algo de picar, y se
recostó en el sofá.
Últimamente,
le resultaba cansado hasta respirar, así que no tenía el menor deseo de estar
allí. Sin embargo, el anzuelo que le había lanzado la otra parte era demasiado
tentador como para no morderlo.
—He
conseguido un vídeo muy interesante.
La
voz, cargada de una maliciosa picardía, era sugerente. Por experiencia, sabía
que las cosas rara vez terminaban bien cuando aquel bastardo trataba de atraer
a alguien de esa manera. Pero, como no era un hombre que contactara por
trivialidades, Woo Hyun-se decidió mantener la llamada en lugar de colgar.
“¿Qué
vídeo?”.
—Me
da reparo enviártelo. Será mejor que vengas a verlo tú mismo.
“Qué
pesado eres con ir y venir”.
—Si
no quieres, no vengas.
Esa
actitud distante y caprichosa era señal inequívoca de que no era nada común.
Por eso, en ese preciso momento, se encontraba allí.
Tras
unos minutos de espera con los ojos cerrados, la puerta se abrió. Woo Hyun-se
levantó los párpados lentamente. Quien entró lo miraba con una postura bastante
desaliñada para alguien que debía recibir a un invitado: con las manos
profundamente hundidas en los bolsillos y la cabeza ligeramente inclinada.
Aunque
estaba sonriendo, su mirada era feroz. Tal vez fuera por la forma afilada de
sus ojos, que le daban ese aspecto temible.
“¿Por
qué llamas así a alguien que está ocupado? ¿Te aburres tanto últimamente,
representante Joo?”.
“Vaya,
mira quién habla. Tan largo que tienes la lengua después de haber venido
meneando la cola”.
El
sujeto se sentó pesadamente en el sofá, moviendo la larga cicatriz que cruzaba
su nariz. Se sirvió un trago y lo bebió de un golpe. Woo Hyun-se lo miró de
reojo, pero no lo detuvo.
“¿Es
cierto que estás muy ocupado con tu nuevo ‘compañero de alcoba’? Corre el rumor
de que el representante Woo está rejuveneciendo”.
“Al
diablo con lo de ‘compañero de alcoba’”.
Había
decidido no beber, pero atrajo la copa vacía hacia sí, se sirvió un trago y
soltó una risa seca. No sabía de dónde demonios habían sacado ese término ni
por qué todos se empeñaban en usarlo con él. Aunque no ocultaba su irritación,
el otro, descaradamente, seguía picando algo de comer mientras jugueteaba con
su móvil.
Aunque
se había molestado en venir, lo trataba peor que a un perro callejero. Aún así,
Woo Hyun-se se lo permitió. Aquel sujeto había nacido así.
Su
encuentro con Joo Shin-do se remontaba a mucho tiempo atrás. Se habían conocido
al poner un pie en este mundo y habían tenido más peleas a puñetazos de los que
podía contar con los dedos de las manos y los pies. Más tarde, incluso habían
blandido cuchillos, dejándose cicatrices como recuerdo: Woo Hyun-se en el costado,
el otro en el tobillo. Aquel tipo había intentado perforarle los pulmones y Woo
Hyun-se había intentado cortarle el tendón del tobillo.
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Tras
ese pasado manchado de sangre, ahora eran socios comerciales. Incluso podría
llamarlo amigo, si se esforzaba.
“¿Qué
vídeo es?”.
“¿No
deberías tomarte un calmante antes de verlo? El representante Woo es
sorprendentemente débil de corazón; podría desmayarse al verlo”.
“Enséñamelo
y deja de hablar”.
Estaba
harto de seguirle el juego. Joo Shin-do miró fijamente a Woo Hyun-se con
expresión inexpresiva y luego curvó los labios en una sonrisa. Sus ojos, que se
plegaban formando una línea, parecían los ojos de una cabra, tan astutos como
sus pupilas horizontales.
Joo
Shin-do tecleó algo en su móvil y se lo extendió. Era el vídeo que había hecho
que Woo Hyun-se se tomara la molestia de acudir hasta allí. Parecía grabado a
escondidas, ya que los protagonistas no miraban a la cámara. Risas estridentes
y una mesa ampliamente servida, casi un banquete decadente.
“……”.
Los
personajes fueron revelando sus rostros uno a uno. Muchos le eran conocidos.
Woo Hyun-se se separó lentamente del respaldo del sofá para observar la
pantalla. Sus ojos, antes desprovistos de interés, se encendieron.
Todos
estaban desnudos, sin ni siquiera ropa interior. Era un vídeo de hombres
mayores divirtiéndose de forma obscena, rodeados de jóvenes que no parecían
pasar de la edad universitaria. No distinguían género; alguien joven yacía en
el sofá como si estuviera drogado, mientras un cuerpo envejecido y flácido se
acercaba a él tambaleándose.
“Hasta
aquí”.
Joo
Shin-do presionó el botón de pausa y guardó el teléfono. Woo Hyun-se se frotó
la mandíbula con su mano grande.
En
lugar de horror, lo primero que sintió fue una carcajada. Era el gran
patriarca. Sabía que se divertía de forma sucia, pero no imaginó que fuera algo
tan repugnante. Orgías, drogas… no había nada en lo que no se hubiera metido.
“¿Lo
grabaste tú?”.
“Dije
que lo conseguí”.
“¿De
quién?”.
“No
deberías intentar descubrir secretos comerciales”.
Si
hubiera seguido la lógica de su vida hasta ahora, lo correcto habría sido
manipular a Joo Shin-do para borrar ese vídeo, pero Woo Hyun-se no tenía la
menor intención. En el momento en que vio las imágenes, un destello de
iluminación cruzó su mente. Eso era un tesoro. Debía tenerlo a toda costa.
“Joo,
envíame eso”.
“Vaya,
¿llevas un día o dos en el negocio, representante Woo? Si me lo pides con las
manos vacías, ¿qué queda de mí? Tengo muchas bocas que alimentar. Tengo que
trabajar duro para mantener a mis hijos. Aunque no lo parezca, soy cabeza de
familia”.
Joo
Shin-do puso todas las pegas posibles. Era lo esperado. Woo Hyun-se tamborileó
sobre la mesa como si estuviera usando una calculadora y habló.
“Te
cambiaré el porcentaje de reparto de beneficios durante los próximos seis
meses”.
“Este
cabrón quiere llevarse algo gratis sin respetar las normas. ¿Es que el
representante Woo saca dinero de la tierra? Es un milagro que sigas en el
negocio siendo así”.
“12
meses”.
“3
años”.
“18
meses”.
“2
años y 6 meses. No acepto menos. Venga, hoy estoy de buen humor y te lo paso”.
No
podía esperarse menos de un gánster; se estaba lucrando con un simple vídeo. En
otra ocasión, habría insultado, volcado la mesa y empezado una pelea a
puñetazos, pero en ese momento, él era el que necesitaba el vídeo. Conociendo
el carácter de Joo Shin-do, si la conversación se alargaba, solo seguiría
exigiendo más. Woo Hyun-se levantó una mano en señal de aceptación.
Aún
así, no podía sacudirse la sensación de que era un mal negocio. Solo un año ya
suponía una pérdida enorme, ¿y encima dos años y medio? La rabia lo dominó y le
lanzó un tomate cherry que tenía en la mano. Joo Shin-do, a pesar de estar
concentrado en su móvil, esquivó el proyectil moviendo ligeramente la cabeza.
“El
que no tiene ética comercial eres tú, pedazo de cabrón. No es el original, solo
una copia, ¿y quieres arrancarme el hígado para comértelo?”.
“¿Para
qué iba yo a querer tu hígado, representante Woo? ¿Para cocinar una sopa de
entrañas? Sabes que no como eso”.
“¿Y
no dices que ahora te gusta?”.
“Al
joven amo no le gusta”.
“Loco……”.
Woo
Hyun-se sentía un verdadero rechazo hacia aquello. Le irritaba ver a aquel
hombre que, mientras miraba con total normalidad las entrañas palpitantes de
otros seres, parecía capaz de hacer un drama si al ‘joven amo’ se le hacía un
simple corte en un dedo.
Al
principio, pensó que se aburriría de aquella personalidad tan desquiciada y lo
abandonaría después de jugar con él, pero, por algún vínculo del pasado, Joo
Shin-do estaba obsesionado hasta lo patológico con esa persona. Woo Hyun-se no
podía evitar sentir una mezcla de asombro y burla ante la increíble
transformación de ese amigo —o más bien, mal amigo— que antes no tenía
escrúpulos.
Joo
Shin-do, que hasta entonces no había mirado a Woo Hyun-se, se llevó de pronto
el móvil a la oreja. Tras escuchar las palabras típicas de Joo Shin-do, el
rostro de Woo Hyun-se se deformó por completo.
Cuando
empezó a hablar sobre su vida nocturna —temas que no quería saber ni escuchar—,
no pudo soportarlo más y se lavó las orejas con el alcohol que le quedaba en la
palma de la mano. Aunque le escocía, prefería desinfectarse los oídos
contaminados por aquella basura.
“Iré
enseguida, así que sal. ……¿Cómo que no se puede? ¿Qué excusa vas a poner?
¿Quieres que le prenda fuego al edificio?”.
Sabía
desde hacía mucho que Joo Shin-do estaba loco, pero parecía que su locura iba a
más cada día. Algún día tendría que meterlo él mismo en un manicomio. Y, por
supuesto, él se quedaría con el resto de las acciones, siendo la única persona
normal.
Joo
Shin-do colgó el teléfono y se levantó. Revisó el mechero que llevaba en el
pecho, como si realmente fuera a incendiar algo. A Woo Hyun-se le pareció que
al mundo le habría ido mejor si ese tipo no fuera tan aficionado a las personas,
y envió sus más sinceras condolencias al tal ‘joven amo’ que tenía que lidiar
con él.
Al
mismo tiempo, Woo Hyun-se comprendió el sentimiento que subyacía bajo todas
esas locuras: obligar a alguien a cambiar su esencia, prepararse para quemar
una empresa…
Cuando
esa palabra flotó en su conciencia, sintió un sabor amargo. Se sintió como si
estuviera mirando al techo de una habitación de hotel desconocida, con los ojos
bien abiertos en una madrugada en la que no podía conciliar el sueño. Su
interior estaba vacío, lleno de rabia, frustración y molestia…
Lo
extrañaba como un loco.
Le
irritaba no tenerlo a su lado. La memoria no era suficiente. Necesitaba sujetar
sus muñecas y tobillos, sentirlo en sus brazos y embriagarse con su aroma,
acariciar su suave cabello y entrelazarse como serpientes. Solo así sentía que
podría saciar, aunque fuera un poco, esa sed incesante.
“¿Tanto
te gusta?”.
Lanzó
la pregunta a la espalda de Joo Shin-do, que ya se marchaba. El otro se giró
levemente. En sus ojos, que reflejaban un matiz rojizo, no había rastro de
interés por los demás, ni curiosidad, ni una pizca de la calidez que un ser
humano debería tener. Joo Shin-do solo llevaba una piel humana; si se la
quitabas, encontrarías una serpiente milenaria.
“¿Tanto
te gusta estar tirado a sus pies como un perro si te lo pide?”.
“……”.
Joo
Shin-do observó a Woo Hyun-se fijamente, como si quisiera atravesar sus
pensamientos. Woo Hyun-se le sostuvo la mirada con calma. Tras un largo
silencio, Joo Shin-do soltó una risita burlona y lo señaló con el dedo.
“No
me esperaba esto del representante Woo; resulta que eres alguien sin nada de
romanticismo”.
No
era de otra persona, sino de Joo Shin-do, de quien no quería escuchar tales
palabras. Aun así, Woo Hyun-se le devolvió la sonrisa. Era la sonrisa que suele
poner alguien a quien han tocado en lo más profundo.
Joo
Shin-do, que ya se dirigía a salir de la habitación, se giró como si acabara de
recordar algo, diciendo: "Ah". Con las manos profundamente hundidas
en los bolsillos, lo lanzó con indiferencia.
“Representante
Woo, me enteré de que tu primo se va a estudiar al extranjero pronto.”
El
único primo al que Joo Shin-do podía referirse era Woo Tae-ju. Aquel chico
simpático, sin percatarse de la terrible cicatriz en el puente de la nariz de
Joo Shin-do, no dejaba de llamarlo ‘hyung’ cada vez que lo veía.
“Sí.”
“Por
eso será, supongo, que lo vi divirtiéndose en una sala privada.”
¿Y
a mí qué? Woo Hyun-se hizo un gesto con la mano para que se largara, sin el
menor interés en el tema. Joo Shin-do curvó sus ojos con elegancia. Sus
dientes, al asomar por entre los labios, estaban tan alineados que daban rabia.
“Tu
'compañero de alcoba' también se veía muy animado.”
Woo
Hyun-se, que estaba sacando un cigarrillo con indiferencia, levantó la cabeza
de golpe. La luz en sus ojos al mirar a Joo Shin-do era gélida. Estaba a punto
de saltar de su asiento para agarrarlo por el cuello, pero Joo Shin-do desvió
su mano extendida con un golpe seco en el aire.
“¿Por
qué está Kwon Siyul aquí?”
El
dorso de su mano se puso rojo al instante. Woo Hyun-se, sin importarle, mostró
los dientes. Su aroma también se volvió hostil, como si fuera a matar a alguien
en ese mismo instante.
“Es
un chico joven, lo normal es que se divierta, ¿no?”
“Apártate.”
Empujó
el hombro de Joo Shin-do y salió de la habitación. A sus espaldas, escuchó las
burlas del otro sobre no entrometerse en los juegos de los niños y mantener la
compostura, pero las ignoró. Caminó a grandes zancadas por el pasillo oscuro.
Al
bajar las escaleras, divisó la habitación llena de rostros conocidos. Pero a
través del cristal, el resto del mundo desapareció y solo pudo ver a Kwon
Siyul.
No
sabía qué le resultaba tan divertido, pero Siyul reía con los ojos curvados
como medias lunas, sentado junto a Woo Tae-ju, con el brazo apoyado sobre sus
hombros.
“…….”
Por
un momento, el mundo se quedó en silencio. Su vista se tiñó de negro, y solo
después de parpadear, el campo visual regresó. Sus pies ya se estaban moviendo
por cuenta propia. Era como si alguien le estuviera empujando violentamente la
espalda. Como si una voz le susurrara que entrara de inmediato y cortara ese
brazo que descansaba sobre sus hombros.
Woo
Hyun-se siguió esa voz que lo incitaba y se dirigió a la sala. Al abrir la
puerta de golpe, todas las miradas se concentraron en él al instante. Kwon
Siyul, incluido. Abrió mucho los ojos, como si no esperara verlo allí.
Woo
Tae-ju, sentado a su lado, lo reconoció e intentó levantarse de forma torpe.
Apenas pudo articular un “Hyung Hyun-se...”, cuando Woo Hyun-se caminó directo
hacia él, agarró su nuca con una fuerza brutal y estrelló su cabeza contra la
mesa. Con un sonido seco, los nudillos y tendones de la mano de Woo Hyun-se se
marcaron al presionar el cráneo de Tae-ju.
“Te
dije que no pusieras los ojos en lo que es mío.”
La
violencia sumada a la sorpresa hizo que todos se levantaran aterrorizados. Pero
nadie se atrevió a detener a Woo Hyun-se. Un aura asesina, tan afilada que uno
sentía que podría cortarse solo con rozarla, brotaba de todo su cuerpo. Todos
temían que esa hoja letal se desviara de Tae-ju y se dirigiera hacia ellos.
“¡Hyung,
suéltame……!”
Tae-ju,
con la mejilla aplastada contra la mesa, logró articular a duras penas. Woo
Hyun-se no respondió; en su lugar, levantó la cabeza del chico. Con los gritos
de fondo, estaba a punto de volver a golpearlo cuando:
“―¡Para!”
Una
mano blanca se aferró a la muñeca de Woo Hyun-se. Al bajar la mirada, encontró
a Kwon Siyul con el rostro blanco como el papel. Su tez estaba tan pálida que
parecía a punto de vomitar, quizás incapaz de soportar la abrumadora energía
que irradiaba Woo Hyun-se. La mano que lo sujetaba temblaba violentamente.
“¡Para,
hyung! Si haces esto, va a morir de verdad.”
“…….”
“Suelta
esa mano…….”
Woo
Hyun-se solo se quedó mirando fijamente a Siyul. Con tres golpes más, el chico
se habría quedado tranquilo, pero Siyul le pedía que parara tras un solo
impacto. Sus ojos al mirarlo estaban llenos de súplica. Lo estaba deteniendo
con sinceridad.
Eso
fue lo que menos le gustó. No lo hacía por él. Incluso temblando de miedo,
Siyul se aferraba a su brazo solo para salvar a Woo Tae-ju.
La
mano de Woo Hyun-se se cerró con más fuerza. Tae-ju, con el cuello doblado
hacia atrás, apretó los dientes por el dolor. Si golpeaba una vez más, Tae-ju
pasaría las próximas semanas tranquilamente en un hospital.
“¡Por
favor……!”
Siyul
se aferró a la ropa de Woo Hyun-se con ambas manos. Sus ojos se llenaron de
lágrimas. Su aroma también se hizo presente; el perfume a glicinias era tan
frágil que parecía a punto de desvanecerse.
“…….”
Aunque
quería matarlo, no era tan estúpido como para cometer un asesinato frente a
tanta gente. Planeaba darle una paliza moderada y enviarlo al hospital, nada
más.
Woo
Hyun-se chasqueó la lengua y aflojó la mano. Dejó a Tae-ju, que cayó al suelo
tosiendo, y se arregló la manga de la camisa, que se había desordenado. Incluso
después de que las miradas se desviaran y alguien se apresurara a atender a
Tae-ju, Woo Hyun-se solo seguía mirando a Siyul.
“Hablemos
un poco.”
“……Fuera.
Hablemos fuera.”
Siyul
respondió apretando los dientes, incluso con los puños cerrados. Si Kwon Siyul
estaba dispuesto a salir de allí por su propia voluntad, no tenía por qué
seguir castigando a Tae-ju.
Woo
Hyun-se tomó la iniciativa y abrió la puerta. Solo después de que Kwon Siyul
salió, él lo siguió.
Al
entrar en un callejón solitario, Siyul se detuvo. Woo Hyun-se reprimió a duras
penas las ganas de encender un cigarrillo. Al ver el rostro impoluto de Kwon
Siyul, algo oscuro y espeso brotó en su interior. Se sentía profundamente
frustrado.
¿Por
qué no estaba a su lado, y por qué, en cambio, se sentaba tan cerca de Woo
Tae-ju y sonreía tan alegremente?
No
debió dejar ir a Tae-ju tan fácilmente. Mínimo debería haberle roto algo para
que no apareciera ante él o ante Siyul en varios meses. O convertirlo en un
incapaz para aislarlo del mundo.
……O
quizás a Kwon Siyul.
“¿Qué
es lo que quiere decirme?”
Preguntó
Kwon Siyul con audacia. Woo Hyun-se, en lugar de un cigarrillo, se mordió los
labios y se pasó la mano por el cabello. El pelo, que había crecido más de la
cuenta, caía sobre su frente sin que el gesto sirviera de mucho.
Si
pudiera llenar sus pulmones de humo, quizás sus nervios se calmarían un poco.
La imagen de Siyul riendo con el brazo de Tae-ju sobre sus hombros lo
perseguía.
“¿Para
esto te fuiste?”
Siyul
no pareció entender. Woo Hyun-se dejó escapar una maldición. No quería
mostrarse tan desmoronado frente a él. Aunque su mente sabía que Siyul era
mucho más joven, no podía seguir fingiendo calma.
Desde
que Kwon Siyul se fue, el control también se le había escapado de las manos. Ya
no podía usar la máscara de antes, no podía frenar las palabras que salían de
su boca y golpeaba sin dudar en cuanto tenía oportunidad. Se había preguntado
mil veces por qué, pero la conclusión era siempre la misma: el problema era
Kwon Siyul.
El
día que lo abandonó y se marchó, Kwon Siyul se llevó también algo de su
interior.
“¿Era
Woo Tae-ju tu nueva pareja?”
Se
lo dijo claramente. Kwon Siyul apretó los labios. Lo fulminó con la mirada y
luego apartó la cara con brusquedad. Su aroma había desaparecido de nuevo. Por
mucho que intentara reprimirlo, no funcionaba. Que Siyul ocultara su aroma
frente a él era lo que lo hacía estallar.
“Delante
de mí.”
Dio
un paso adelante. Kwon Siyul retrocedió la misma distancia. La brecha entre
ambos ya era lo suficientemente grande.
Que
te alejes más. Quería agarrarlo de los hombros. Pero temía romperle los huesos
si lo hacía, así que Woo Hyun-se clavó sus uñas en sus propias palmas.
“No
ocultes tu aroma.”
Mientras
que a los demás les regalaba ese aroma primaveral, con él lo ocultaba como si
fuera un completo extraño. No podía entenderlo. No quería entenderlo.
Anhelaba
que Kwon Siyul volviera a ser el de antes. Quería que, al verlo, sus ojos se
curvaran y sonriera como si una flor estuviera brotando. Quería que de su nuca,
de sus muñecas, de sus orejas, emanara ese perfume a glicinias, mucho más dulce
que el que otros pudiesen sentir. Esa era la cortesía mínima que Kwon Siyul le
debía.
“Puedes
hacer al menos eso.”
Aunque
ya hubieran terminado.
No
pudo decir lo que le vino a la mente después. Woo Hyun-se, en vez de abrir la
boca, se pasó la mano por el rostro. Ocultó su propio aroma, que fluctuaba
inestable, por miedo a que Siyul se diera cuenta.
“……¿Quién
te crees que eres?”
Woo
Hyun-se, que miraba hacia otro lado, se giró ante la respuesta inesperada. A la
misma distancia de hace un momento, Kwon Siyul lo miraba fijamente con los
puños apretados. Su mirada era helada.
“¿Quién
te crees que eres para decirme eso? Ya no tenemos ninguna relación.”
“Kwon
Siyul.”
Lo
llamó por su nombre, casi como un gemido. Siyul intentó pasar de largo. Sus
pasos eran rápidos y firmes. Lo agarró para que no pudiera irse. Siyul se soltó
con frialdad.
“¡¿Qué
diablos quieres de mí?!”
Había
muchas. Tantas que, al no saber por dónde empezar, Woo Hyun-se cerró los labios
con fuerza y se esforzó por ordenar sus pensamientos caóticos.
De
repente, le vinieron a la mente imágenes que no lo abandonaban, ni en su casa
ni cuando se trasladaba al hotel: un secador roto, un solo cabello negro y bien
cuidado pegado a la almohada, y todas esas escenas que le asaltaban la vista.
Cada una de las acciones estúpidas que cometió: levantar y dejar el teléfono
decenas de veces deseando escuchar la voz de Kwon Siyul, repasar los mensajes
intercambiados hasta memorizarlos, y levantarse de un salto para agarrar las
llaves del coche, listo para ir a buscarlo.
No
podía confesar estos síntomas a Kwon Siyul. Era un fenómeno que nunca antes
había experimentado, ni siquiera cuando alguien cercano a él se marchaba, ni
siquiera cuando fue su propia madre.
Kwon
Siyul le había arrebatado algo. Lo había despojado, lo había extorsionado. Pero
Woo Hyun-se aún no sabía qué era.
Tras
esperar a que Woo Hyun-se, que permanecía de pie como una estatua, hablara,
Siyul soltó una carcajada: "Ja...". En las arrugas de sus ojos se
acumulaba una profunda decepción.
“Cada
vez que haces esto, me confundes. No importa lo que diga, tú te vas a casar de
todas formas. Si de todas maneras me vas a abandonar, ¿por qué juegas así con las
personas? Deja de jugar conmigo. Por favor, hazlo ya.”
¿Acaso
había jugado alguna vez con Kwon Siyul? ¿Acaso había pensado alguna vez en
abandonarlo?
El
principio fue claramente el interés. Jugar con un niño pequeño, alguien que aún
tenía olor a leche y que no tenía a nadie a su alrededor para ayudarlo. Jugar a
ser un santo y darle un poco de apoyo. ¿Desde cuándo cambió ese sentimiento?
Fue
en cada momento, sin excepción. Desde que despertaba por la mañana y la luz del
sol se posaba en las mejillas de Kwon Siyul; desde que lo miraba y sonreía
tímidamente; desde la primera vez que lo llamó ‘hyung’; desde que se acurrucaba
suavemente o lo abrazaba con audacia; hasta cuando se apartaba de encima de sus
pies por temor a lastimarlo.
“Ya
he puesto todo en orden. No... no me gustas, hyung. Ni un poco.”
Sin
embargo, ahora Kwon Siyul decía que ya no quedaba ningún vínculo entre ellos.
Con los mismos labios que una vez confesaron que le gustaba, ahora declaraba
que ya no era así.
“No
volveré a verte, hyung. Tampoco me voy a mudar. No vuelvas a contactarme nunca
más.”
No
pudo responder nada. Kwon Siyul ya no le pertenecía. El día que salió por la
puerta, aquel día en que Siyul le puso los zapatos en los pies, Kwon Siyul
escapó de la cerca que él mismo había construido.
El
hecho, que antes solo reconocía con la razón, finalmente llegó a su corazón. De
ahora en adelante, no podría exigirle absolutamente nada a Kwon Siyul.
Woo
Hyun-se y Kwon Siyul ya no eran un ‘nosotros’, ahora eran un ‘yo’ y un ‘tú’.
“Me
voy.”
Los
ojos de Kwon Siyul estaban rojos. No derramó lágrimas, pero aun así, su rostro
era el de alguien que lloraba. Woo Hyun-se quiso abrazarlo, pero el otro pasó a
su lado con indiferencia. Woo Hyun-se no pudo girarse. No pudo detenerlo. No
pudo.
Incluso
después de que el sonido de los pasos se desvaneciera, Woo Hyun-se se quedó
allí parado, como un bobo.
Fuera
del callejón, el ambiente era ruidoso. Pero a su alrededor, en el hueco entre
los edificios donde permanecía Woo Hyun-se, reinaba una calma extraña. Aunque
se apresuraba a decirse que debía marcharse, que todo había terminado, no podía
dar ni un paso; era como si sus tobillos estuvieran enredados en raíces de
árboles.
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Aunque
el ruido de la calle y las luces de los carteles se filtraban hacia el
callejón, no llegaban hasta donde él estaba. Woo Hyun-se permaneció en la
oscuridad, mirando sin cesar el lugar por donde Kwon Siyul se había marchado,
como si esperara que la otra persona regresara, le tomara de la mano y lo
arrastrara hacia la luz.
Solo
mucho después se dio cuenta de que aquello era un delirio vacío. Woo Hyun-se
sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo. Tenía unas ganas terribles de
fumar desde que estaba con Kwon Siyul. Al sacar uno y llevárselo a los labios,
sus dedos, que sostenían el cigarrillo, temblaban levemente. No era por el
frío. "Mierda", maldijo, cerrando el puño.
Kwon
Siyul se había ido. Aunque sabía bien que todo había terminado, nunca antes
había sido tan evidente. Sintió una náusea insoportable. No sirvió de nada
inhalar profundamente el humo para intentar calmarse.
Intentó
atribuirlo a causas superficiales: la falta de sueño, el agotamiento por la
cantidad de trabajo, o quizás el alcohol que había bebido hace rato. Pero, en
realidad, lo sabía. El protagonista que le desgarraba el interior con garras
afiladas era Kwon Siyul.
Había
sido arrogante al pensar que, como el otro se había ido primero, bastaba con
soltarlo. No era la primera vez que pasaba por una ruptura. Creía que con el paso
del tiempo la sensación de vacío desaparecería y podría seguir viviendo como
siempre. Ese también fue un error. Lo que había sido posible en las
separaciones con otros, era imposible en el caso de Kwon Siyul.
No
quería dejarlo ir. No quería que terminara.
Nunca
había sentido esta sensación tan miserable. Sentía como si hubiera caído sin
fin hacia un abismo, solo para chocar contra el suelo y hacerse añicos tras
escuchar esas palabras de Kwon Siyul: "No me gustas". El dolor
atravesó su esternón y amenazó con aplastar su corazón también. El vacío que
dejó Kwon Siyul era demasiado grande. No era un tamaño que pudiera llenarse en
absoluto.
Kwon
Siyul era una mala hierba. Una hierba común que por casualidad llamó su
atención.
Como
suele ocurrir con las malas hierbas, Kwon Siyul, sin que nadie lo notara, había
echado raíces densas hasta lo más profundo de su ser. Aunque no le dio agua, la
planta buscó la luz del sol por sí misma y creció con fuerza. Eran dientes de
león, violetas, rosas silvestres. Florecieron descontroladamente y llenaron su
campo con su propio aroma.
Y
aun así.
Después
de dejar que esas flores crecieran libremente en sus campos, que antes no
tenían más que su mirada, Kwon Siyul salió volando como una mariposa. No podía
ser así. El que había sido abandonado era él.
“……Ah.”
Ante
la repentina revelación, Woo Hyun-se levantó la cabeza. Al bajar su mano, que
temblaba levemente, la colilla que quedaba del filtro cayó al suelo.
Este
era el precio. El precio de haberse dado cuenta demasiado tarde de que aquello
era amor.
*
* *
Siyul
miró el edificio con la boca abierta. La pared exterior blanca con luces
azuladas parecía inspirada en alguna ciudad mediterránea. Los coches alineados
en el aparcamiento y la vestimenta de las personas que entraban eran elegantes
y lujosas.
Como
le habían dicho que era una reunión de trabajo, pensó que sería en el mismo
restaurante de carne que la vez anterior, pero este lugar era totalmente
distinto. Si lo hubiera sabido, se habría arreglado un poco más. Le molestaba
haber venido con una sudadera vieja y un abrigo deslucido.
Siyul
se revolvió el pelo innecesariamente y tiró de los bordes de su ropa para
alisar las arrugas. Aun así, no se parecía en nada a ellos. Inseguro por su
aspecto desaliñado, metió las manos en los bolsillos y empezó a juguetear con
su móvil.
¿Aún
no era demasiado tarde para llamar y decir que no podía ir porque había surgido
algo?
Como
si hubiera adivinado su duda, el teléfono que sostenía vibró. Se sorprendió y,
al mirar la pantalla, vio el nombre de Woo Tae-ju. Al contestar, escuchó a
Tae-ju llamándolo con alegría entre el ruido bullicioso: ¡Hyung!
—¿Dónde
está?
“Ah,
ya llegué. Estoy frente a la entrada principal”.
—¿De
verdad? Espere un poco. Salgo enseguida.
Le
daba vergüenza atravesar aquel ambiente solo, así que le vino bien. Poco
después, Woo Tae-ju salió disparado. Recuperando el aliento, se apoyó en sus
rodillas frente a Siyul.
“¿Ha
esperado mucho? Todavía hace frío, debí haber salido antes. Vamos dentro,
hyung”.
“¿Los
demás ya llegaron?”
“Sí.
Todos llegaron temprano”.
Parecía
que él era el último. Siguió a un apurado Woo Tae-ju por pasillos y escaleras
decoradas con cuadros y esculturas hasta llegar al tercer piso.
El
tercer piso era una sala privada de extremo a extremo. Al abrir la puerta y
entrar, Yang Hye-na fue la primera en verlo y levantó la mano con entusiasmo,
su voz llena de alegría al llamarlo.
“¡Guau!
Pensé que ya te habías olvidado de nosotros”.
“¿Cómo
han estado?”
“¡Claro
que bien! Tenemos que mantenernos en contacto”.
No
solo Hye-na, sino también el barman y el chef rodearon a Siyul para preguntarle
cómo estaba. La conversación fluía cálidamente, igual que cuando trabajaban
juntos en el bar. Sin darse cuenta, la expresión de Siyul, que estaba rígida
por la tensión, empezó a suavizarse.
Aun
así, no se sentía completamente cómodo. Cada vez que Woo Tae-ju le dirigía la
palabra, buscaba instintivamente algún parecido con Woo Hyun-se. Las razones
por las que no debería haber venido le venían a la mente una y otra vez,
haciendo que el asiento se sintiera como una silla de espinas.
Aunque
se moría de ganas por marcharse, Kang Ji-won, demostrando su talento para
preparar cócteles, no paraba de pasarle vasos. Yang Hye-na también comenzó a
contar historias interminables que habían quedado pendientes. Incluso Woo
Tae-ju, que se había sentado a su lado para asegurarse de que no se fuera, se
unió a la charla, haciendo imposible interrumpir el ambiente.
Tenía
que decir que ya se iba.
Mientras
tomaba tragos de alcohol buscando el momento adecuado para hablar, un brazo
pesado rodeó sus hombros. Woo Tae-ju, con las mejillas encendidas por el
alcohol, se colgó de él con una sonrisa tonta.
“Hyung,
¿por qué bebe solo habiendo llegado hasta aquí? Ah, tiene el vaso vacío. Se lo
serviré yo”.
“No,
está bien. He bebido mucho”.
“Venga,
solo un trago. Solo uno”.
Aunque
quería evitarlo, Tae-ju lo arrastró hacia sí, como si quisiera protegerlo de
los demás, y levantó la botella. Por mucho que Siyul se retorciera, el agarre
de Tae-ju era como el de un gigante borracho. Sentía el brazo dolorido por la
presión.
“Esto...”.
Queriendo
no arruinar el ambiente, Siyul forzó una sonrisa y abrió la boca. Pero antes de
terminar la frase, la puerta se abrió de golpe, como si fuera a romperse. El
familiar aroma que irrumpió en el lugar hizo que los ojos de Siyul se abrieran
de par en par.
¿Estaba
soñando? Woo Hyun-se entró a paso firme. Miró fijamente a Siyul y luego clavó
la vista en Woo Tae-ju, quien intentaba levantarse.
“¡Ugh!”,
Siyul se tapó instintivamente la nariz con la mano, aunque sabía que no era un
olor que se percibiera por el olfato. Woo Hyun-se se acercó en un instante,
agarró a Woo Tae-ju de la nuca y lo estampó contra la mesa.
El
rostro de Tae-ju se deformó por el dolor. Si le golpeaba una vez más, aquel
podría ser su último cumpleaños. Soportando un aroma tan espeso que casi
recordaba al sabor a sangre, Siyul se levantó de un salto y agarró la muñeca de
Woo Hyun-se.
Logró
detenerlo y salir del lugar. La conversación en el callejón no tuvo sentido;
solo repitieron hasta el cansancio cosas que ya estaban terminadas. Era como
hurgar en una herida que aún no había cicatrizado para volver a causar dolor y
sangrar.
No
le mencionó que había visto a su familia. En realidad, quiso decírselo varias
veces. Tenía ganas de devolverle el reproche a Hyun-se, sintiendo un nudo en la
garganta.
Pero
Siyul, hasta el final, se tragó la humillación. Solo le dijo, mintiendo, que no
quería volver a verlo. Contuvo las lágrimas que querían brotar, mirando al
frente; no podía mostrarse más patético frente a Woo Hyun-se.
“Ya
he puesto todo en orden. No... no me gustas, hyung. Ni un poco”.
Definitivamente,
no debió venir. Repitiendo su arrepentimiento una y otra vez, Siyul dejó atrás
a Woo Hyun-se y salió del callejón. Quería mirar atrás, tanto como aquel día en
que le puso los zapatos, pero no lo hizo. Con los puños tan apretados que sus
uñas se le clavaron en la piel, se alejó todo lo que pudo del hombre que se
había quedado inmóvil.
Las
lágrimas que había contenido estallaron cuando estuvo lo suficientemente lejos.
Sus mangas no tenían tiempo de secarse, pues las lágrimas caían incesantemente.
Más tarde, hasta levantar la mano le resultaba agotador, así que dejó que
cayeran sin control.
No
pudo ni subir al autobús. No quería recibir miradas curiosas o lástima de
desconocidos. En su lugar, se quedó sollozando un buen rato en una parada
desierta, hasta que el viento gélido de la noche, que le golpeaba las mejillas,
finalmente lo calmó.
El
teléfono estaba apagado. El que le dio Hyun-se podía aguantar dos días sin
cargar, pero su viejo teléfono se tomaba un descanso después de medio día.
Guardó el inútil aparato en el bolsillo y siguió caminando.
Alternando
el metro y el autobús, llegó al callejón de la posada. Siyul se apoyó en la
pared, tambaleándose. No quería entrar todavía. Se frotó bruscamente el rostro,
donde las marcas de lágrimas ya se habían secado, y se sentó junto a la puerta
de hierro oxidado.
“Qué
idiota soy”.
Se
insultó a sí mismo y rebuscó en los bolsillos. Cuando sacó un cigarrillo y lo
puso en sus labios, una gota le cayó en la frente y levantó la vista. Empezaba
a llover. El olor a polvo y tierra húmeda se mezcló lentamente con el aire.
Sin
más remedio, guardó el cigarrillo y entró. Normalmente, el lugar estaría lleno
de ronquidos, pero hoy estaba en silencio sepulcral, como si todos estuvieran
fuera.
Siyul
entró en su habitación y, sin encender la luz, se dejó caer al suelo. Al mirar
al techo, sus ojos secos se humedecieron. Nunca había sido de lágrima fácil,
pero desde que le dio la espalda a Woo Hyun-se, los días que lloraba eran
incontables.
Lloraba
por todo. Al despertar, sus mejillas estaban mojadas, y cuando descansaba un
poco del trabajo, una lágrima se deslizaba bajo sus ojos.
No
debería ser así. Aunque se prometió no llorar más, se consolaba diciendo que,
como nadie lo veía, estaba bien.
Woo
Hyun-se era cruel.
Si
hubiera sido firme diciendo que era el final, no le habría dejado esperanzas,
pero le lanzaba migajas de atención como a un perro hambriento.
¿Por
qué se enfureció tanto con Woo Tae-ju? ¿Por qué le dijo que se mudara a la casa
que le había preparado? Esa arrogancia de reclamar que aún era suyo frente a
otros era, para Siyul, que estaba sediento de afecto y de Woo Hyun-se, el
alimento necesario para sobrevivir, como comer sal para calmar la sed.
Aunque
se obligara a parar, aunque se enfadara y culpara a la otra parte, el
sentimiento que le quedaba dentro no se reducía ni un grano de arena. Seguía
siendo del tamaño de una montaña. Intentar eliminar aunque fuera una
cucharadita le causaba un dolor como si le estuvieran cortando la carne a
jirones.
Siyul
cerró los ojos con fuerza. Aun así, dentro de sus ojos oscuros, él estaba
grabado. Sus comidas, su ropa, sus pasos, hasta sus noches, todo estaba
domesticado por Woo Hyun-se. No había lugar, ni dentro ni fuera, que no llevara
su rastro.
El
lugar donde estaban esculpidos sus recuerdos no era un sitio físico, sino su
cuerpo y su alma.
“……”.
Las
lágrimas se hicieron más gruesas. Siyul agachó la cabeza. La vieja almohada,
llena de pelusas, se tiñó de manchas oscuras.
Aun
así, Siyul le estaba agradecido. Por haberle permitido escribir una página
brillante en su miserable vida.
El
sonido de la lluvia, cada vez más fuerte, golpeaba el delgado techo de la
posada. Ante el constante golpeteo, los párpados de Siyul se estremecieron. Sus
ojos, al abrirse, aún estaban nublados.
No
sabía en qué momento se había quedado dormido. Levantó con esfuerzo su cabeza,
hundida en la almohada, y miró por la ventana. El agua dibujaba líneas caóticas
en el vidrio.
Al
mirar el teléfono, vio que eran poco más de las 2 de la madrugada.
A
esta hora, Woo Hyun-se siempre aparecía en su mente. Era como un zorro
domesticado. Tenía que olvidarlo, pero Siyul no tenía ni una pizca de confianza
en que fuera posible. Se cubrió los ojos con el antebrazo, retorciéndose en un
intento de borrar al menos su silueta de su mente.
Fue
entonces cuando se escuchó un golpe pesado en la puerta: ¡toc, toc!.
Siyul, que estaba mirando hacia el suelo, se sobresaltó ante el golpe
inesperado. Se quedó en silencio, conteniendo la respiración, pensando que
quizás algún borracho se había equivocado de lugar.
El
sonido volvió a escucharse: ¡toc, toc!. Eran golpes dados con el puño,
pero no con la fuerza suficiente para destrozar la madera. Al notar que él
permanecía callado, una voz baja se filtró por la rendija de la puerta:
"Soy yo".
Siyul
se levantó de un salto. Woo Hyun-se había venido. ¿Era acaso una alucinación?
¿O seguía perdido en un sueño? Solo después de darse un golpe en la mejilla,
donde aún quedaban restos de lágrimas, y sentir el escozor, supo que aquello
era real.
Mientras
dudaba y se preguntaba qué hacer —si fingir que no había nadie o qué—, Woo
Hyun-se volvió a llamar. Parecía dispuesto a seguir golpeando hasta que él
abriera. Pensando que acabaría despertando a todo el edificio, Siyul, tras
mucho dudar, agarró el pomo de la puerta.
Woo
Hyun-se estaba allí, erguido. No entró en la habitación, sino que se quedó
plantado en el umbral, como una estatua. Quizás por haber estado bajo la
lluvia, el agua clara goteaba de su cabello, de la punta de su barbilla y de
sus mangas.
La
primera vez que Woo Hyun-se lo buscó, también se había quedado fuera, sin
entrar. Verlo allí, de pie en aquel pasaje estrecho lleno de puestos de ropa,
resultaba terriblemente extraño.
“Por
qué……”.
La
garganta se le cerró. Tragó saliva para humedecer su boca reseca y levantó la
vista. La mirada que lo observaba desde arriba era oscura. La luz mortecina de
una farola, brillando débilmente más allá de la pared, proyectaba sombras sobre
los ojos y las mejillas de Woo Hyun-se.
“Yo”.
Siyul
miró fijamente a Woo Hyun-se. El hombre dejó la frase a medias y se frotó el
rostro con la mano mojada. Parecía querer expulsar algo, pero una bola pesada
le obstruía la garganta. Volvió a decir "yo", con una torpeza
impropia de él.
Siyul
dio un paso atrás. Se obligó a sí mismo a no ceder, a no caer en su juego.
"Sin importar si está mojado o si tiene algo que decir, tengo que
rechazarlo fríamente", se repetía. Al notar que Siyul intentaba alejarse,
Woo Hyun-se sujetó la puerta con urgencia para detenerlo.
“―¡Debí
haberte dicho que me enamoré de ti a primera vista, en lugar de soltar esa
estupidez de querer dormir contigo……!”
Lo
dijo de golpe, como una ráfaga. Siyul, que estaba dándose la vuelta, se detuvo
en seco. Se quedó allí, mirando a Woo Hyun-se con la boca abierta. No podía
creer lo que oían sus oídos. Eran palabras que, en todo el tiempo que había
pasado con él, jamás le había escuchado decir.
“No
te dije que me gustabas. Ni que te amaba. Debí empezar por ahí. Yo, yo a ti……”.
¿Alguna
vez Woo Hyun-se había tartamudeado? ¿Había dudado alguna vez? Aunque se frotaba
el rostro con brusquedad, no apartaba la vista de Siyul ni un segundo.
“Me
di cuenta demasiado tarde de que te amaba”.
La
luz de la farola se filtró también en los ojos de Siyul. Sus pupilas se
dilataron, se acumularon lágrimas que humedecieron sus pestañas y terminaron
por resbalar. Justo cuando había logrado dejar de llorar, Woo Hyun-se lo
arruinó todo. Las lágrimas comenzaron a caer una tras otra, como si su conducto
lagrimal se hubiera roto.
“Por
qué”, logró articular con la voz ahogada.
“¿Por
qué, por qué lo dices ahora? ¿Por qué ahora que todo ha pasado? ¿Por qué?”.
Woo
Hyun-se volvía a usar su ternura como un arma para acorralarlo. Debido a esto,
Siyul no podía descartar ni una sola pizca del afecto que sentía. Aunque se
esforzara por alejarse, el monte de sus sentimientos no disminuía; al
contrario, crecía.
Quería
abrazarlo. Al mismo tiempo, quería empujarlo lejos. Sin saber qué hacer, Siyul
se dejó caer al suelo.
Ámame un poco más.
Ámame lo suficiente como para que ni siquiera piense en casarme
con nadie más.
Yo podría amarte mucho más que eso.
Si al menos lo hicieras, no soltaría tu mano ni en el momento de
mi muerte.
Siyul
no pudo decir nada de lo que tenía acumulado en el pecho; solo se dedicó a
llorar. No quería mostrarse tan patético, pero sus ojos no se secaban. Esa
simple frase de amor rompió el dique que retenía sus lágrimas.
Ahora
lo entendía. Aquella frase era lo único que había deseado con desesperación.
“De
verdad te odio, hyung”.
Sin
poder reprocharle nada más, sin poder rechazarlo con frialdad, Siyul solo se
quejó como hizo el primer día que Woo Hyun-se lo encerró. No le devolvió el
"te amo". Eso era lo único que le quedaba para proteger su orgullo.
Woo
Hyun-se se arrodilló frente a él. Como un niño que ha cometido una falta,
extendió la mano con muchísima cautela. Siyul giró la cabeza bruscamente,
rechazándolo. Woo Hyun-se cerró los dedos en el aire, esforzándose por
encontrar su mirada.
“Como
nunca me había pasado esto, no sé qué hacer. ¿Qué sigue ahora? Por favor,
enséñame, Siyul, mi compañero”.
Como
si quisiera suavizar el ambiente —tal como solía llamarlo 'compañero' en la
cama—, Woo Hyun-se intentó calmarlo. Su voz, llena de desesperación, sonaba
como la de alguien que realmente no conocía la respuesta.
No
debía ceder. Recordando todo el sufrimiento que había pasado, Siyul apretó los
puños. Se mordió los labios con fuerza, luchando por mantener su determinación.
Pero.
Miró
de reojo a Woo Hyun-se. El otro lo observaba con ansiedad, esperando cualquier
palabra que saliera de sus labios. Su mirada directa parecía capaz de atravesar
todos los secretos que guardaba bajo llave.
Siempre
solía estar relajado y sonriente, ¿no es injusto que ahora me mire como un
perrito empapado por la lluvia?
Moviendo
los dedos de los pies, que se habían mojado con el agua de lluvia, Siyul soltó
con una voz apenas audible:
“Pase”.
*
* *
'Dormir
aquí.'
Woo
Hyun-se lo exigió con descaro. Por supuesto, le dije que no. Le había cedido el
espacio solo para que se refugiara mientras paraba de llover, no para que se
quedara a dormir. Pasar la noche juntos en esta relación, a la que ya era
difícil ponerle nombre, resultaba incómodo. Cuando Siyul negó con la cabeza,
Woo Hyun-se añadió con una sonrisa:
‘No
haré nada.’
¿Acaso
no había un historial de todas las veces que, tras decir eso, lo había
molestado toda la noche? Aunque lo miró con incredulidad, Woo Hyun-se ya había
entrado con paso firme en la habitación. Su cabeza casi rozaba el techo, y su
coronilla terminó por tocar la lámpara saliente.
Podría
haberlo echado, pero al mirar hacia afuera, la lluvia seguía cayendo sin
tregua. Siyul suspiró profundamente. No era tan despiadado como para mandar a
la calle a alguien que se había empapado por completo.
Tal
vez solo por un día no estaría mal.
Solo
por una noche.
Haberle
permitido quedarse no significaba haber aceptado a Woo Hyun-se por completo.
Las heridas que había recibido aún eran tan frescas que ni siquiera habían
formado costra, así que no podía borrar todo lo sucedido solo por unas
palabras.
No
había cepillos de dientes de repuesto en la casa. También necesitaba agua
embotellada. A él le bastaba con la del grifo, pero no podía ofrecerle lo mismo
a Woo Hyun-se. Cuando Siyul se puso el abrigo para salir un momento, Woo
Hyun-se le agarró el borde de la ropa de inmediato, como si temiera que Siyul
fuera a abandonarlo allí mismo.
“¿A
dónde vas?”
“A
comprar un cepillo de dientes. No tengo uno para ti”.
“Yo
iré”.
“Entonces
vamos juntos”.
Solo
había un paraguas. Siyul miró los hombros anchos de Woo Hyun-se y luego el
paraguas. No podía permitir que alguien que ya estaba mojado se mojara más, así
que se lo tendió para que él lo usara.
Sin
embargo, durante el camino bajo la lluvia, el paraguas estuvo inclinado todo el
tiempo hacia el lado de Siyul. Siyul miraba constantemente el hombro del otro,
que se teñía de un color más oscuro a medida que se empapaba. Aunque Siyul
empujó el mango hacia él diciendo que estaba bien, Woo Hyun-se negó con la cabeza.
“Ya
estoy empapado, así que no importa”.
El
camino a la tienda de conveniencia fue largo y corto a la vez. El aroma de Woo
Hyun-se, a diferencia de hace un momento, cuando fluctuaba de forma inestable,
ahora estaba calmado. Ese aroma sutil se mezcló con la niebla espesa que dejaba
la lluvia, penetrando en su piel como si fuera humedad.
Al
llegar, metió una cuchilla y un cepillo de dientes nuevo en la cesta. Siyul
miró de reojo la espalda de Woo Hyun-se y, pensando que su ropa interior
también estaría empapada, agarró un par nuevo. Primero, le daba reparo darle la
suya, y segundo, era obvio que no le quedarían. ¿No se le quedaría atascada en
la pantorrilla aunque intentara meter un pie?
Cuando
pusieron los artículos en el mostrador, Woo Hyun-se dejó también la botella de
agua y la bebida que había traído. Siyul bajó la mirada. Era la bebida de yogur
que él solía tomar.
“Hyung,
tú no bebes eso”.
“Ahora
sí”.
“¿No
decías que no te gustaba lo dulce?”
“……Eso
parece”.
Woo
Hyun-se miró la bebida y soltó una risita. La mirada de Siyul se quedó fija en
las comisuras de sus labios, que se elevaron con naturalidad.
“Debo
haberme vuelto adicto en este tiempo”.
Como
para demostrarlo, Woo Hyun-se salió de la tienda y abrió la tapa. Bebió con
ganas, pero aun así frunció el ceño. Aunque se excusó diciendo que era por el
gas, Siyul no pudo ser engañado. Esa era la expresión que ponía cuando se
obligaba a tragar algo que no le gustaba.
“Lo
ves. Y eso que no te gusta”.
¡Puff! Siyul finalmente no pudo aguantarse y estalló en carcajadas.
Era imposible no reírse al verlo con el entrecejo fruncido tras haber dado un
sorbo a algo que le desagradaba.
¿Cuánto
tiempo se pasó riendo hasta que le dolió el estómago? Incluso le salieron
lágrimas. Al sentir la mirada penetrante sobre su mejilla, se secó los ojos y
giró la cabeza. Woo Hyun-se lo estaba mirando en silencio.
Había
visto su sonrisa incontables veces, pero esta era un poco diferente. Era más
suave, más dulce, y sus ojos, al entornarse con esa sonrisa, parecían capaces
de derretir a cualquiera. El aroma que lo envolvía ya no era el de un bosque
invernal, sino más bien el de una miel dulzona.
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Ejem.
Siyul aclaró su garganta para contener la risa. Sentía las orejas ardiendo. Se
puso la capucha de la sudadera para ocultarse.
“Dame
eso. Yo me lo tomaré”.
Woo
Hyun-se le entregó la bebida de buena gana. Siyul bebió a grandes tragos. Hacía
tiempo que no la tomaba. El sabor era el mismo de siempre, no había cambiado ni
un ápice. Seguía siendo dulce.
Quizás
por las risas en la tienda, aunque estaban solos en la pequeña habitación, ya
no había tanta incomodidad como al principio. Siyul veía la televisión en
silencio y se giró al escuchar el sonido de la puerta del baño abriéndose.
Woo
Hyun-se salió tras bañarse. Al ver su cabello mojado, sintió el impulso de
agarrar el secador y secárselo. En aquel entonces, Woo Hyun-se solía entornar
los ojos y sonreír con satisfacción, como un gato tomando el sol en el suelo.
Pero
no se podía usar el secador a esas horas en la posada. Los vecinos golpeaban la
pared quejándose por el ruido, y a veces venían directamente a gritar y señalar
con el dedo. Aunque Woo Hyun-se fingía olvidarlo, no era momento para eso. Ante
Woo Hyun-se, que lo miraba esperando algo, Siyul negó con la cabeza.
“Sécalo
con la toalla. Aquí no se puede usar el secador”.
Woo
Hyun-se frotó su cabello mojado con la toalla, con un gesto de decepción. De
todos modos, al tenerlo corto, se secaría pronto.
Mientras
tanto, Siyul se apresuró a extender la ropa de cama. Había querido pedírsela al
dueño, pero también estaba fuera. Solo había dos mantas, así que le cedió la
más mullida a Woo Hyun-se para que la usara como base. Colocó su propia manta a
una distancia de una almohada de la suya.
Aunque
habían comprado ropa interior nueva, no le quedaba bien a Woo Hyun-se. Al
final, Siyul tuvo que buscar unos pantalones holgados que guardaba en un rincón
por ser demasiado grandes para él y dárselos. Aun así, al ponérselos, le
quedaban tan ajustados en los muslos que se pegaban a su piel.
Siyul
intentó no mirar hacia allí, pero las piernas sólidas y el contorno que
inevitablemente se marcaba en la parte inferior lo tentaban constantemente.
Aprovechando
que Woo Hyun-se se giró un momento, Siyul negó con la cabeza y se pellizcó el
muslo con fuerza. El dolor punzante lo hizo volver en sí.
“Duerme
de aquel lado”.
El
lado de la pared era más acogedor. Woo Hyun-se miró ambos lados y se acostó de
golpe en el lugar donde Siyul planeaba dormir, cerca del baño. Sus pies, y
hasta los tobillos, quedaron fuera de la manta. Como sus plantas tocaban la
pared, tuvo que doblar las rodillas.
“En
el lado de la pared hace menos frío”.
“¿Por
qué te acostaste tan lejos?”
Woo
Hyun-se extendió el brazo. Agarró la manta de Siyul y empezó a tirar de ella
poco a poco. Siyul se la arrebató bruscamente de las manos.
“No”.
“Vamos,
no seas así. Dijiste que hacía frío”.
“Te
dije que no”.
“Dije
que no haré nada”.
“Aunque
lo digas, no”.
Incluso
negó con la cabeza. Ante la negativa rotunda, Woo Hyun-se suspiró levemente.
Luego, abrazando la almohada como si fuera un peluche, se giró por completo
hacia Siyul. Sus pupilas, bajo las pestañas inusualmente densas, parecían
brillar con humedad. Miró a Siyul con esos ojos cargados de melancolía.
“No
puedo dormir”.
“……”.
“No
he podido dormir bien desde que Kwon Siyul se fue. Dicen que es insomnio, y los
medicamentos no me hacen efecto”.
Debió
haber sido tajante y decir que ese no era su problema. Sin embargo, Siyul solo
se sobresaltó y no fue capaz de alejarse de Woo Hyun-se. Ahora que lo
escuchaba, parecía que se había demacrado en el tiempo que no se habían visto.
¿Y si las sombras bajo sus ojos no eran por la luz, sino por la falta de sueño?
“……Si
estoy cerca, ¿puedes dormir bien?”
“Quién
sabe. Habría que probarlo”.
Más
que la seguridad de una afirmación, ese tono de "vamos a
experimentar" conmovió el corazón de Siyul. Quería ser el clavo ardiendo
al que Woo Hyun-se pudiera aferrarse. ……Después de todo, solo sería una noche.
Asintió, dando un consentimiento a regañadientes.
La
distancia se redujo a la mitad. A Woo Hyun-se pareció bastarle eso, pues ya no
tiró más de la manta.
Siyul
se acostó mirando hacia la pared y movió los pies. En poco tiempo, el alba
comenzaría a clarear. Necesitaba dormir aunque fuera unas pocas horas para ir a
trabajar mañana. Sin embargo, todos sus sentidos estaban alerta a cada pequeño
movimiento del otro. Cuando escuchaba el aroma que llenaba la habitación o el
sonido de alguien removiéndose, sus párpados se abrían solos, venciendo al
sueño.
“¿No
puedes dormir?”
Preguntó
Siyul en voz baja, en medio de la oscuridad absoluta.
“Tengo
un poco de sueño”.
“Entonces
duerme ya”.
Lo
dijo con brusquedad a propósito. Woo Hyun-se se movió, escuchándose el crujido
de las mantas al girarse.
“Creo
que podría dormir si Kwon Siyul me tomara de la mano”.
Siyul
no respondió y cerró los ojos con fuerza. No debía permitir que ni siquiera las
puntas de sus dedos tocaran a Woo Hyun-se. Si llegaba a sentir su temperatura
corporal, era muy probable que terminara rodando hacia sus brazos.
No
pasó mucho tiempo para que Woo Hyun-se, quien decía tener sueño, se quedara
dormido. Se escuchó su respiración acompasada detrás de él. Solo entonces,
Siyul se giró desde su posición hacia la pared. Cambió de postura con sumo
cuidado, evitando que el roce de la ropa o las sábanas hiciera ruido, para
observar a Woo Hyun-se.
Agitó
la mano sobre sus ojos. No despertaba. Su respiración seguía igual. Decía que
tenía insomnio, pero si era por el efecto que él causaba o porque le había
mentido, el caso es que dormía profundamente.
Para
no despertarlo, contuvo el aliento y, con los ojos ya acostumbrados a la
penumbra, recorrió sus rasgos. Sus cejas rectas y oscuras, sus ojos largos y
profundos, bajando por el puente de la nariz hasta los labios.
Unos
labios que, cuando reía, se veían frescos, y que habitualmente mantenían una
sonrisa suave. Siyul observó por un largo rato esos labios, los cuales se
hundían al presionarlos y recuperaban su forma con elasticidad. Era un lugar
donde jamás había posado la mirada a propósito mientras Woo Hyun-se estaba
despierto.
“……”.
Siyul
se mordió su propio labio inferior y se dio la vuelta bruscamente. Se acostó
mirando hacia la pared, tal como estaba al principio, cruzó los brazos y cerró
los ojos con tal fuerza que se le arrugó el entrecejo. No había forma de que no
pudiera dormir. Tenía que lograrlo.
Una
luz blanquecina de madrugada se filtró por las rendijas de las cortinas
apolilladas. Woo Hyun-se abrió los ojos lentamente. Para alguien que acababa de
despertar, su mirada era clara y lúcida. Parecía como si no hubiera dormido ni
un solo minuto.
El
brazo de Siyul estaba extendido hasta su lado. Woo Hyun-se lo observó
fijamente, apoyándose en la tenue luz, y luego tomó su mano con la delicadeza
con la que se sujeta una fina capa de hielo. La acercó a su rostro y enterró la
punta de la nariz en ella.
El
suave aroma a glicinias que Siyul se había esforzado por ocultar desde que
entró en la habitación finalmente brotaba de su piel. Lo inhaló profundamente,
sin que el otro lo supiera, y lo retuvo en lo más profundo de sus pulmones,
como si estuviera saboreando el humo de un cigarrillo, embriagándose
ávidamente.
Ese
aroma derritió su ansiedad. Limó la inquietud que le brotaba como espinas y
atrajo el sueño que se había alejado y no regresaba.
Tal
como lo comprendió de repente en aquel callejón sucio y estrecho, una nueva
revelación alcanzó a Woo Hyun-se.
Si no tengo a Kwon Siyul, pasaré el resto de mi vida en noches
de insomnio.
Viviré masticando solo remordimientos y pérdidas, siendo un ser
incompleto.
Algo indispensable.
Sin Kwon Siyul, tanto el presente como el futuro carecían de
sentido.
No
era la mente, sino el instinto el que hablaba. Ese instinto salvaje que, hasta
ahora, lo había salvado incontables veces en el umbral entre la vida y la
muerte.
Siyul
se removió haciendo un pequeño sonido. Afortunadamente, su mano no se soltó.
Woo Hyun-se la sujetó con firmeza y cerró los ojos.
Por
ahora, esto bastaba.
Fue
un sueño reparador después de mucho tiempo.
Los
párpados de Siyul se estremecieron. Sus pestañas temblaron y sus ojos se
abrieron lentamente. Sus pupilas, aún impregnadas de sueño, lucían totalmente
aturdidas.
Siyul
parpadeó varias veces y miró hacia arriba. Una mano enorme cubría su visión.
Esa mano servía de cortina, bloqueando la luz que las persianas no habían
podido detener. Observó las líneas marcadas y largas de la palma de la mano
antes de girar la cabeza.
“¿Dormiste
bien?”
Woo
Hyun-se estaba a su lado. Ante esa situación, que parecía un sueño, las cejas
de Siyul se arquearon y las comisuras de sus labios se curvaron
involuntariamente.
“Sí.
¿Y usted, hyung?”
“Gracias
a ti”.
La
voz de Woo Hyun-se, que provenía de su lado, sonaba inusualmente vívida.
Gracias a eso, supo que era la realidad. Siyul se aclaró la garganta para
sacudirse la incomodidad.
Había
sido un lugar incómodo para dormir, sin duda. La manta extendida era tan fina
que se sentía el suelo, y debido a la lluvia, la habitación, que ya era fría,
estaba más fresca que de costumbre. Aun así, el semblante de Woo Hyun-se era
más luminoso que el amanecer. Sus mejillas tenían color y sus ojos brillaban
con claridad. Las sombras bajo sus ojos se habían atenuado tanto que, si no se
miraba con atención, ni se notaban.
“¿Hoy
vas a trabajar, verdad?”
Woo
Hyun-se apartó el cabello de Siyul detrás de su oreja. Siyul se frotó los ojos.
Quizás porque aún no estaba despierto del todo, o porque Woo Hyun-se estaba
allí, se sintió como si hubiera regresado al pasado. A aquellos días en que
ambos despertaban juntos en una cama acogedora. A ese tiempo en que se
susurraban saludos matutinos mientras frotaban sus pies.
Un
"sí" salió lentamente de sus labios. La punta de la nariz de Woo
Hyun-se rozó la suya. Cuando Siyul frunció el entrecejo, el hombre se alejó
naturalmente, como si nada hubiera pasado. No le pidió que se separara, pero
aunque sentía nostalgia, no podía retenerlo.
“¿Qué
hora es?”
“Las
8. Vamos a desayunar juntos”.
Siyul
entraba a trabajar en la cafetería a las 10. Se estiró hacia arriba con los
brazos extendidos. Tras tensar y relajar hasta la punta de los pies, se
levantó.
Al
salir de la posada, Siyul buscó primero una tienda de ropa. La ropa con la que
Woo Hyun-se había llegado estaba todavía húmeda y no podía usarla. Lo único que
encontró de su talla fue una sudadera negra y unos pantalones vaqueros. Woo
Hyun-se aceptó la ropa de buena gana, ignorando la preocupación de Siyul sobre
si usaría algo de segunda mano. De paso, cambió sus zapatos por unas zapatillas
deportivas.
“Son
cómodas”.
Aunque
se había puesto lo primero que encontró, le quedaba sorprendentemente bien. Con
el cabello naturalmente despeinado sobre la frente y la vestimenta ligera, Woo
Hyun-se parecía mucho más joven de lo que era. Siyul luchó por apartar la
mirada que se desviaba constantemente hacia él y comenzó a caminar.
“¿Te
apetece una sopa de arroz?”
“Sí”.
Ahora
que lo pensaba, ¿acaso el primer lugar donde bebieron juntos no fue un puesto
callejero? Siyul se mordió los labios rápidamente para evitar soltar una
risita. Se sentía patético por estar tan emocionado como un niño, aunque
intentara disimularlo.
El
restaurante no estaba lejos de la tienda. Aunque el exterior era humilde y el
interior estrecho, el sazón del dueño era excelente y los acompañamientos eran
abundantes. Al ser temprano, Woo Hyun-se y Siyul eran los únicos clientes. Se
sentaron en una mesa un poco alejada de la cocina.
“Aquí
cocinan muy bien. Solía venir de vez en cuando con Yu-won”.
“¿Eso
es así?”
La
sopa llegó poco después de ordenar. Como el caldo burbujeaba en el cuenco de
barro, esperaron a que se enfriara un poco. Picaban el sabroso kkakdugi,
verduras y salchichas rosadas que no servían cuando venía con Kwon Yu-won.
El
dueño miró de reojo a Woo Hyun-se al tomar el pedido y, diciendo que nunca en
su vida había visto a alguien tan guapo, les trajo un acompañamiento extra.
“¿Te
gusta la comida?”
“Sí”.
Qué alivio. Siyul, que se había preocupado por si no le gustaba, levantó
la cuchara al ver que Woo Hyun-se asentía.
El
cuenco de Woo Hyun-se quedó vacío primero. Ante la mirada fija que le dirigía,
Siyul se limpió rápidamente la boca con una servilleta por si tuviera algún
grano de arroz pegado. Pero por más que se frotó, no había nada.
“¿Tengo
algo en la cara?”
“No”.
“¿Entonces
por qué me mira tanto?”
“Porque
quiero verte”.
Ante
las palabras que llegaron de repente, su rostro ardió. Cada lugar donde caía la
mirada del otro parecía estallar en llamas. Siyul bajó la cabeza y se puso a
remover la sopa sin sentido.
“Kwon
Siyul”, lo llamó Woo Hyun-se en voz baja. Siyul levantó la cabeza como si
estuviera hechizado. Sabía que de ahora en adelante, sin importar dónde
estuviera, si escuchaba esa voz, se daría la vuelta inconscientemente incluso
caminando por la calle.
“Voy
a cancelar mi compromiso”.
“¿Eh?”
Su
corazón latía con demasiada fuerza. Cancelar el compromiso. La palabra
que tanto había esperado y deseado salió de los labios del otro. No preguntó de
nuevo por haber escuchado mal; fue por la sorpresa.
“Entonces……”.
“¿Por
qué?”
Siyul
estaba realmente bien. No quería derribar ahora la pared que había construido
laboriosamente durante tanto tiempo. Sería él quien saliera herido si esa pared
se derrumbaba. Tampoco quería repetir el ciclo de esperar y decepcionarse. Fue
una experiencia dolorosa.
“El
compromiso……. No hace falta que lo canceles. Ya no”.
Era
sincero. Sus sentimientos por Woo Hyun-se eran algo que podía guardar solo para
sí mismo. Su límite era escuchar noticias de él por casualidad algún día y
sentir una alegría secreta.
“No.
Lo haré”.
“……”.
“Y
volveré por ti”.
La
cuchara que removía la sopa se detuvo en seco. No te dejes engañar. No
confíes. Si volvía a caer, sería él mismo quien terminaría lastimado.
“Aun
así... Si dices eso y luego decides casarte de todas formas...”.
No
creía tener la fuerza para soportar lo mismo por segunda vez. ¿Cuánto había
luchado por sobrevivir después de salir de la casa de Woo Hyun-se? Había
intentado borrar, ignorar y evitar su nombre, su aroma y su existencia, que
surgían en su mente a cada instante. Y aun así, atrapado por él, rezaba para encontrarlo
al menos en sus sueños.
Si
Woo Hyun-se lo abandonaba una vez más, su existencia, que de por sí ya era
insignificante, podría caer al suelo y ser pisoteada hasta desintegrarse como
el polvo.
En
ese momento, realmente desearía morir. Desearía desaparecer por completo, sin
un ápice de apego a la vida.
Sentía
un calor intenso bajo los ojos. Había llorado tanto de madrugada que no quería
soltar ni una lágrima más. Si lloraba allí, se ganaría la etiqueta de llorón
sin remedio, así que se forzó a tragar la sopa, que ya estaba templada, para
contenerse.
“Eso
no va a pasar”.
Su
respuesta fue tajante. Siyul tragó la comida y lo miró fijamente. Los blancos
de sus ojos, impecables, estaban ligeramente enrojecidos. Parecía haber
humedad, pero no llegó a desbordarse.
“¿Cómo
puede estar tan seguro?”
“Porque
la única persona con la que quiero casarme es con Kwon Siyul”.
Lo
dijo con naturalidad mientras se llevaba el vaso de agua a los labios. Como
cuando, hace tiempo, a la orilla del río, le preguntó si debían dormir juntos.
“Esperaré
hasta que me aceptes. Gracias a alguien, ahora se me da muy bien esperar”.
Aquella
voz, aquella oración, derribó de un solo golpe el muro que Siyul se había
esforzado tanto en construir. En realidad, era un muro lleno de grietas y huecos.
Un muro tan inestable que parecía que se desplomaría con solo un toque, y Woo
Hyun-se lo había atravesado con demasiada facilidad.
Me haces derrumbarme, me reconstruyes, y con un solo gesto me
haces caer de nuevo....
Siyul
bajó la cabeza. Su expresión debía ser un desastre. Sentía ganas de llorar y de
reír al mismo tiempo. No tenía nombre para esta emoción que le brotaba.
¿Sería
ira?
No,
lo supo pronto. Era éxtasis. Tenía las mejillas y la frente ardiendo, y sentía
como si las orejas se le fueran a quemar. Extendió las palmas de sus manos para
cubrirse el rostro tanto como pudo.
“De
verdad eres lo peor, hyung”.
Lo
único que podía hacer era quejarse con reproche. Woo Hyun-se era, sin duda, un
maestro en elevarlo a lo más alto para luego dejarlo caer al suelo y volver a
levantarlo.
¿Cómo
podía ser tan estúpido?
Después
de tanto sufrir, no había aprendido nada. Frente a Woo Hyun-se, sus estándares
y determinaciones se desmoronaban como haces de paja mal amarrados. Las amenazas
le daban miedo, las heridas aún dolían y el tormento que había vivido seguía
vívido en su mente y corazón.
Aun
así, le gustaba Woo Hyun-se. No encontraba nada que le gustara más. Era el
deseo más grande en una vida insignificante donde no tenía nada que desear ni
hacer.
“Lo
sé”.
Woo
Hyun-se tomó suavemente la mano de Siyul y la apartó de su rostro. Al quedar al
descubierto, vio que el otro sonreía de forma traviesa, casi como un niño. Era
una sonrisa tan descarada como podía serlo.
Entonces,
y ahora, Siyul cayó rendido. Era alguien que no podía resistirse sin terminar
cediendo.
Al
salir del restaurante, Siyul miró la espalda de Woo Hyun-se en silencio. En
realidad, después del desayuno, Siyul tenía planeado decirle adiós.
“……”.
Esa
había sido su resolución antes de llegar allí. Pero ahora, sus pensamientos
habían cambiado por completo. Vivir toda una vida sin ver a este hombre era
demasiado cruel. ¿Acaso no había tragado ya suficiente desdicha desde el
momento en que nació? Quería dejar a Woo Hyun-se como su única ración de
suerte.
Para
lograrlo, debía mostrarse digno frente a él. Siyul, tras tomar una decisión,
sacó un sobre que había guardado a escondidas. Desde aquel día, lo había dejado
tirado en un rincón sin querer mirarlo.
“Hyung.
Voy a devolverle esto”.
Cuando
le entregó el sobre, Woo Hyun-se lo miró con extrañeza. Al abrirlo, su
expresión se endureció al instante.
“¿Qué
es esto?”
“Es...
me lo dio una persona que no se parece en nada a usted, hyung. Pero no lo
quiero aceptar”.
Todavía
le aterraba aquella amenaza feroz de que devastaría cada lugar y cada persona
que Siyul tocara. Pero reunió el valor necesario. El miedo a vivir sin ver a
Woo Hyun-se era mucho mayor que la amenaza de que arruinaría su vida. Quizás
ocurrieran cosas difíciles en el futuro, pero primero tenía que sobrevivir, y
luego ya pensaría en el resto.
“Me
lo dieron para que no lo viera a usted... pero no pude hacerlo. No tengo
fuerzas para eso”.
El
rostro de Woo Hyun-se al mirar el sobre se tornó sombrío. Siyul se sobresaltó.
El aroma que rozó su piel era afilado como una hoja de espada. Aunque no era
una presencia visible, parecía que una niebla negra se agitaba sobre los
hombros de Woo Hyun-se.
El
olor era tan intenso que le mareaba, revolviéndole el estómago. Siyul sintió
que subía un líquido ácido y se tapó la boca. Apenas pudo articular un “Hyung”,
cuando el aura, que parecía cristales rotos, se calmó. Aunque no desapareció
del todo, seguía habiendo un filo latente, difícil de ocultar.
El
sobre en las manos de Woo Hyun-se quedó arrugado al instante. Fuu, soltó
un largo suspiro, como si exhalara humo de cigarrillo, y se pasó la mano por el
cabello.
“¿Cuándo?”
“Hace
unos días”.
Tras
un momento de reflexión, Woo Hyun-se pareció recordar algo y se giró
bruscamente hacia Siyul. Luego, agarrándolo de ambos hombros, inspeccionó todo
su cuerpo de arriba abajo. Siyul lo miraba aturdido por la repentina
agresividad, pero esta vez, Woo Hyun-se agarró el dobladillo de su camisa y la
levantó de un tirón.
Por
muy solitario que fuera el callejón, alguien podía pasar en cualquier momento.
Siyul intentó bajarla a toda prisa, pero las manos de Woo Hyun-se, que
aferraban la tela, eran inamovibles. Su mirada se clavó en su abdomen, donde
los hematomas aún no se habían borrado del todo. Se escuchó un crac de
dientes apretados. Su mandíbula se tensó, marcando los músculos bajo la piel.
Más
que nada, el aura asesina que apenas había logrado apagar resurgió como si
fuera a empapar todo el entorno. El rostro de Siyul se puso blanco como el
papel. Solo cuando se tapó la boca haciendo un esfuerzo por no vomitar y tomó
la mano de Woo Hyun-se, el aura se calmó.
“¿Dónde,
dónde te golpearon?”
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¿Fue
su imaginación, o su voz temblaba al final? Dudó si confesarlo o no. Ante la
insistencia silenciosa de Siyul, que mordía sus labios, Woo Hyun-se le exigió
una respuesta. Su escrutinio era tan profundo que parecía que sacaría toda la
verdad a la luz, así que Siyul habló con dificultad.
“En
la cara, en el estómago...”.
Woo
Hyun-se recorrió con sus manos esas zonas. El recuerdo de aquel momento hizo
que Siyul cerrara los ojos con fuerza. En aquel entonces tuvo miedo y rabia,
pero ahora, habiendo pasado el tiempo, estaba bien. Todo había pasado. Las
heridas abiertas habían formado costras, se habían caído y la piel nueva había
crecido. Solo quedaban los moretones desvaneciéndose.
“Ya
no me duele nada. No se preocupe”.
Aunque
intentó tranquilizarlo, la expresión de Woo Hyun-se se volvió aún más oscura.
Siyul inclinó la cabeza para encontrar su mirada y le dedicó una sonrisa
radiante.
“De
verdad estoy bien...”.
Antes
de que pudiera terminar la frase, Woo Hyun-se lo abrazó con fuerza. La mejilla
de Siyul quedó aplastada contra su firme pecho. Con un brazo rodeando su
cintura y la otra mano apretando la nuca, lo atrajo hacia sí. Lo abrazó tan
fuerte que Siyul sintió que le faltaba el aire.
“Lo
siento”.
“……”.
“Lo
siento”.
Siyul
levantó las manos para apartarlo, pero se detuvo al escuchar ese susurro bajo y
directo a su oído.
Siyul
cambió la trayectoria de sus manos y rodeó lentamente la cintura de Woo
Hyun-se. Aunque seguía sin poder respirar bien, no quería perderse el sonido
rítmico de los latidos que golpeaban su tímpano. En medio de ese aroma dulce
que parecía protegerlo del viento frío, y bajo ese calor que derretía su
cuerpo, Siyul deseaba quedarse allí por mucho tiempo. Por muchísimo tiempo más.
*
* *
In
Seo-hee se sentó con calma en la silla de la cafetería. Estaba bastante lejos
de la empresa. Su ‘prometido’, que solía gestionar sus asuntos mediante
mensajes de texto o delegando incluso eso en la organizadora de bodas, la había
citado diciendo que tenía algo urgente que discutir.
Cuando
ella le sugirió hacerlo por mensaje, él insistió en que era un asunto
importante y que debía hacerse cara a cara. Ella se negó rotundamente a que
fuera cerca de su oficina y fijó la cita en un lugar lo más apartado posible.
Woo
Hyun-se llegó exactamente a la hora acordada. Quizás por la prisa, vestía ropa
informal y su cabello, suave como el de un estudiante universitario, estaba
despeinado sobre su frente. Incluso llevaba zapatillas deportivas en lugar de
zapatos de vestir. Observándolo con detenimiento, notó que los puños y el
cuello de su ropa estaban desgastados y deshilachados. Habiendo visto siempre
sus pantalones impecablemente planchados, aquella apariencia le resultó
bastante refrescante.
Sin
embargo, el ambiente no era distendido. Woo Hyun-se parecía querer enterrar a alguien
allí mismo. Aunque no portaba armas y mantenía su sonrisa habitual, una sed de
sangre latía en su interior, filtrándose ocasionalmente como si atravesara una
red mal tejida. Quizás por eso, su vestimenta informal parecía una preparación
para algo más.
In
Seo-hee escaneó la cafetería en silencio. Aunque algunos miraban a Woo Hyun-se,
parecían notar solo su aspecto físico y no mostraban miedo; eso era prueba de
que él lo ocultaba bien. O quizás, simplemente lo percibían como un alfa
superior.
“Gracias
por dedicarme tu tiempo”.
“¿Qué
ocurre?”.
Cada
vez que la energía emanaba de Woo Hyun-se, la piel expuesta de Seo-hee sentía
un ligero escozor. Ignorando la piel de gallina, ella preguntó directamente al
grano, pero él solo respondió con una sonrisa afable.
“Anulemos
el compromiso”.
Sosteniendo
su taza de café, ella solo levantó la vista para mirarlo. El tono era tan
casual como si estuviera invitándola a comer, pero el contenido era impactante.
Seo-hee dejó la taza sobre la mesa y se enderezó.
“Tengo
entendido que todo lo relacionado con la boda ya está cerrado”.
Había
gastado mucho dinero en su amante para organizar esto; la casa, el salón de
bodas, todo estaba listo. ¿Qué pasaría con los terrenos, edificios y acciones
que recibiría como regalo de bodas? ¿Qué pasaría con la indemnización por
cancelación? Era un negocio que terminaría en cuanto se vistieran y celebraran
la ceremonia; no entendía por qué quería arruinarlo todo justo antes del
desenlace perfecto.
“¿Cuál
es la razón? ¿Por qué cambiaste de opinión de repente?”.
Woo
Hyun-se no había pedido ni siquiera un café, dando a entender que no planeaba
quedarse mucho tiempo.
“Porque
soy un alfa recesivo”.
“¿Disculpa?”.
Seo-hee
frunció el ceño con incredulidad ante lo que consideraba un sinsentido. Era
imposible que Woo Hyun-se fuera recesivo.
“Pensé
que era dominante, pero resultó ser un maldito recesivo. Básicamente lo mismo
que un beta. Con eso, el diputado Kim lo entenderá perfectamente”.
Irónicamente,
Woo Hyun-se conocía mejor que ella a su abuela. La mujer, cuya conciencia de
clase y autoritarismo estaban profundamente arraigados en sus huesos, anularía
el compromiso en cuanto se enterara de que él era recesivo. De por sí, ella
apenas lo había aceptado porque era un dominante, a pesar de que le molestaba
el hecho de que no fuera hijo biológico de la familia.
“No,
pero, ¿por qué de repente?”.
Woo
Hyun-se sonrió enseñando sus dientes alineados. Su sonrisa parecía la de un
villano tramando una travesura.
“¿Cuál
es la verdadera razón?”.
“¿Es
necesario que lo diga?”.
“Lo
mantendré confidencial”.
La
pregunta nacía de una mera curiosidad personal. Fuera cual fuera la razón, no
tenía necesidad de divulgarlo.
Sintió
la mirada fija de él, como si estuviera evaluando si su boca era lo
suficientemente cerrada o si era una parlanchina. El escrutinio agudo terminó
solo cuando Seo-hee bebió un sorbo de café para soportar el aburrimiento. Como
si no le importara si ella iba contando rumores, Woo Hyun-se soltó con
indiferencia:
“Porque
me he enamorado de alguien”.
“……”.
Seo-hee
lo observó con seriedad, preguntándose si había escuchado mal. ¿Se habría
golpeado la cabeza y sufrido una regresión temporal? Los intereses en juego
entre ellos eran demasiado complejos para romper el compromiso por una razón
tan trivial. No tenían la edad para dejarse llevar por las emociones y
arruinarlo todo.
“¿Estás
en tu sano juicio?”.
“Sí,
completamente. He dormido bien y todo”.
Respondió
como si no hubiera otra verdad más clara. No parecía haber intención de dar
marcha atrás. Como no tenía suficiente afecto por él como para intentar
convencerlo, Seo-hee simplemente se encogió de hombros.
“¿De
verdad se termina con esto?”.
“Sí”.
Si
él quería cargar con todas las culpas, a ella no le importaba. Como ella estaba
a salvo, simplemente se encogió de hombros.
“¿Era
necesario reunirse para hablar de esto?”.
Seo-hee
se quejó mientras comprobaba la hora en su móvil. Reunirse con Woo Hyun-se no
era aburrido, pero tampoco divertido.
“Aunque
sea, fuimos prometidos; es de cortesía verse la cara para decir estas cosas”.
“Buscas
cortesía en lugares innecesarios”.
Aún
quedaba más de medio café, pero no le importó dejarlo. Woo Hyun-se,
compartiendo el sentimiento, se levantó de la mesa y extendió una mano. Ya que
él había tenido la cortesía, ella haría lo mismo.
“Aun
así, gracias a esto, practiqué la boda lo suficiente. Cuídate”.
Su
actitud era tan profesional como si despidiera a un cliente. Woo Hyun-se le
estrechó la mano. Un apretón seco fue el adiós entre ambos.
Al
abrir los labios, un humo blanquecino se escapó. Tras consumir el cigarrillo
hasta dejar solo el filtro, lo depositó en un cenicero portátil. Tuvo ganas de
arrojarlo frente a aquella maldita mansión, pero se contuvo; no quería ponerse
al mismo nivel que un hombre que había vendido su moral al mejor postor.
Apoyado
en el muro de la mansión, Woo Hyun-se sacó su teléfono y revisó el video
enviado por Shin Do. Era largo; cinco minutos hubieran bastado, pero esto era
suficiente para que todo el país conociera aquellas caras.
Sabía
que la constructora Seogwang pagaba sobornos a ese gran señor, pero no sabía
que también proporcionaba favores sexuales. Los personajes involucrados eran
espectaculares: el presidente de la constructora, un veterano del partido al
que pertenecía el político y hasta un editorialista de un periódico reputado.
Era
el tipo de material que los medios de comunicación devorarían con avidez: el
video sórdido de personas tan "elevadas".
Difuminó
los rostros de las víctimas, pero dejó al descubierto la identidad de los
instigadores. Con unos cuantos clics, el video se propagó por internet. Cada vez
que actualizaba la página, las visitas se disparaban. También envió fuentes
anónimas y fiables a medios digitales y físicos. Era una bomba que estallaría
mañana, o quizás en pocas horas.
Deslizó
sus manos en los guantes que tenía preparados. Al cerrar y abrir los puños, el
cuero rígido se volvió flexible. Sintió un éxtasis creciente ante aquel
contacto frío y suave que sentía después de tanto tiempo.
Estiró
los músculos de su cuello girando la cabeza de derecha a izquierda y abrió la
puerta de la mansión. Al cruzar el jardín y entrar, el secretario Yoon, quien
ya había sido avisado, salió apresuradamente a su encuentro.
Al
haber escuchado la noticia de la anulación del compromiso, su expresión no era
la de siempre. Parecía haber recibido un golpe; su cabello estaba revuelto y
había una mancha de sangre seca en su frente. Al parecer, el "gran
señor" le había lanzado un cenicero.
El
papel del secretario Yoon era diferente al del asesor; era un hombre que,
incluso si se trataba de trabajo sucio, se inclinaba y obedecía las órdenes del
gran señor.
“Lo
está esperando”.
Woo
Hyun-se lo miró fijamente. Sabía que solo seguía órdenes, pero la ira era igual
para todos.
“Usted
es el secretario Yoon, ¿verdad? El que trajo a Siyul aquí”.
El
secretario Yoon, que se inclinaba respetuosamente, levantó la cabeza con un
sobresalto. Woo Hyun-se estaba sonriendo.
“Vamos
a darnos un golpe”.
No
sentía ni una pizca de compasión. El secretario Yoon, que recibió una patada
repentina en el estómago, cayó de espaldas con un gemido sordo. Se escuchó el
jadeo de espanto de la empleada doméstica, pero él no le prestó atención
alguna. A los ojos de Woo Hyun-se, todos los que presenciaron cómo traían a
Kwon Siyul a ese lugar y se mantuvieron en silencio eran cómplices.
“¿Está
en la casa de huéspedes?”, preguntó dirigiéndose al secretario Yoon, quien aún
seguía en el suelo sin poder levantarse. Como el hombre se demoraba
sosteniéndose el abdomen, Woo Hyun-se chasqueó la lengua y lo agarró de los
cabellos. Solo entonces el otro asintió con desesperación.
Tras
arrojar al secretario a un lado, reanudó su marcha. Incluso mientras se
encontraba con In Seo-hee, su mente solo tenía un pensamiento. Sus pasos se
aceleraron. Atravesó en un instante el pequeño sendero que unía la casa
principal con la de huéspedes.
“¡Joven
amo!”.
El
secretario, que lo había seguido como pudo, lo llamó con urgencia. Él no miró
atrás. Tal vez porque el alboroto exterior le alertó de su llegada, en el
preciso instante en que abrió la puerta, un objeto plateado salió volando hacia
él a gran velocidad. Aunque giró el hombro para esquivarlo, no pudo evitar que
unas tijeras afiladas le rozaran la mejilla. Un hilo de sangre comenzó a correr
por la larga herida.
“¡Maldito
seas!”.
Un
grito atronador sacudió el estudio. Woo Hyun-se no movió ni un músculo ante Woo
Jung-ryeol, el ‘gran señor’. Su rostro estaba del color de un dátil seco por la
ira, y sus cejas, pobladas y arqueadas, se tensaban sobre sus ojos.
“¿Te
he consentido tanto que finalmente has perdido la cabeza?”.
Woo
Hyun-se encontró divertido el sonido de sus dientes chocando. Fue él mismo
quien preparó este escenario, así que, ¿cómo iba a haber perdido la cabeza?
Woo
Jung-ryeol buscó a su alrededor y sacó un palo de una bolsa de golf cercana. El
cabezal, reluciente y sin una sola marca, brillaba con la misma intensidad que
unas tijeras de podar.
“Un
sujeto que no se ha muerto de hambre gracias a mí, debería tener al menos un
poco de gratitud. Te falta recibir más castigo”.
“¿Por
qué lo hizo?”, preguntó Woo Hyun-se, con una calma que contrastaba con el tono
cargado de furia del otro. Miró fijamente a Woo Jung-ryeol, quien respiraba con
dificultad.
“¿Por
qué lo tocó?”.
Siyul
era un niño tan bondadoso y manso que desesperaba a cualquiera que lo viera.
Alguien más habría corrido a agarrarlo por la solapa, insultándolo y
escupiéndole por haber sido víctima de tal trato, pero él solo se lo guardaba
todo dentro.
Incluso
ese dinero que le entregó a la fuerza bajo el pretexto de una compensación era
un factor que avivaba su ira. Apenas cincuenta mil wones. Para Siyul sería
mucho dinero, pero para Woo Jung-ryeol era menos que el valor de una de sus
macetas. Lo había tasado según su rango. El precio más bajo posible para que no
pudiera ni protestar.
Woo
Hyun-se sabía mejor que nadie cómo golpeaba Woo Jung-ryeol a la gente. Aunque
Siyul le dijo sonriendo que ya no le dolía, que estaba curado, la imagen de
Kwon Siyul siendo arrastrado allí, recibiendo bofetadas y patadas, hacía que su
cabeza hirviera de rabia. Sus manos se cerraron con tal fuerza que los nudillos
y los tendones se marcaron bajo el guante.
“¿Qué
dijiste? ¡En lugar de agradecerme que tu padre se encargó de esta rata porque
tú no pudiste, vienes con esto!”.
Woo
Jung-ryeol agarró el palo con firmeza y lo blandió. En el pasado, simplemente
habría recibido el golpe y terminado con eso, pero ahora no. No había razón
para tolerarlo. No era cualquiera, era Kwon Siyul. Ese niño tan pequeño y
joven.
El
ser más preciado para él.
Si
de pequeño lo aguantaba sin rechistar, ahora podía arrebatarle el arma de las
manos en un instante. Woo Jung-ryeol soltó una maldición al ver el palo
arrebatado de sus manos, y miró a su alrededor buscando otra cosa. Woo Hyun-se
lo ignoró y examinó el objeto. Era un hierro del 11, un palo familiar; la
elasticidad de la varilla no estaba mal.
“Secretario
Yoon, fue testigo. De ahora en adelante, lo que haga será defensa propia”.
Como
aún no había recibido ningún golpe, estrictamente hablando no era defensa
propia, pero dado que Kwon Siyul sí había sido golpeado unilateralmente, podría
compensarse con eso. Dos bofetadas y una patada en el vientre. Pagarlo tal cual
no era suficiente. Para que el negocio sea rentable, los intereses deben
cobrarse con interés compuesto. Woo Hyun-se agarró el palo con ambas manos.
El
palo se elevó y describió un gran arco. El sonido del metal cortando el aire
fue seguido por un golpe seco contra carne y hueso.
Aunque
solo recibió un golpe, Woo Jung-ryeol cayó al suelo gritando que se moría
mientras se agarraba el brazo. Al verlo retorcerse, Woo Hyun-se soltó una
carcajada. Ni siquiera había empezado bien y ya estaba exagerando. ¿Dónde había
quedado el hombre que le rompió una costilla a Woo Gi-ppeum y le marcó una
fisura en el brazo a él en su día?
“¡Por
favor, joven amo, no haga esto!”.
El
secretario Yoon, que observaba inquieto desde atrás, se lanzó hacia adelante
con desesperación. Woo Hyun-se inclinó la cabeza, observándolo bloquearle el
paso.
“Quítate.
A menos que quieras morir con él”.
Su
mirada contenía una sinceridad absoluta. El contenido de los informes que el
secretario Yoon había entregado secretamente a Woo Jung-ryeol cruzó su mente.
Aunque ahora viviera como un empresario respetable, hubo un tiempo en que Woo
Hyun-se era un hombre que vivía navegando entre la ilegalidad y la ley, sin que
su ropa terminara de secarse de la sangre salpicada.
El
secretario Yoon dudó por un momento, cerró los ojos con fuerza y se apartó. Era
un hombre que sabía calcular bien.
Cada
vez que el palo de golf descendía, salpicaban gotas de sangre roja. Se escuchó
el sonido de carne siendo machacada. Súplicas de clemencia mezcladas con
insultos vulgares brotaban de forma inarticulada, pero nadie estaba allí para
escuchar. El secretario Yoon solo se limitó a sacudir los hombros, fingiendo no
ver lo que ocurría ante él.
Cuánto
tiempo pasó, no lo sabía. La silueta oscura que se proyectaba en la pared bajó
el brazo que sostenía el palo largo. Los gritos también se extinguieron. El
hombre, brutalmente golpeado, se acurrucó y solo se estremecía en el suelo. En
la tos que expulsó, se mezclaban sangre y trozos de dientes. Su barbilla estaba
cubierta de espuma sanguinolenta.
Fuu.
Mientras recuperaba el aliento, Woo Hyun-se dejó caer el palo de golf al suelo.
El cabezal ya no conservaba su color original. Sangre espesa y viscosa se
alargaba como un fluido antes de gotear al suelo.
“No
nos volvamos a ver nunca más. Dicen que los lazos de sangre no pueden romperse,
pero afortunadamente, eso no es algo que nos concierna a nosotros”.
Woo
Jung-ryeol solo podía emitir sonidos de dolor; no podía responder. Se retorcía
alejándose cada vez que la ropa de Woo Hyun-se rozaba algo, como si estuviera
aterrorizado.
“Como
hay un afecto por haberme criado, no te enviaré a una granja. No soy tan
bestia”.
Woo
Hyun-se limpió minuciosamente el palo y la varilla con un pañuelo. Se aseguró
de que no quedara sangre y lo colocó en su lugar original. Solo después de
terminar todo el trabajo, se quitó los guantes mordiendo las puntas.
En
su figura ya no quedaba rastro del Woo Hyun-se pulcro y ordenado de antes. Sus
ojos entrecerrados, las comisuras relajadas y el rostro encendido por la
violencia lo hacían parecer una fiera satisfecha tras haber probado la sangre.
Su cabello despeinado y las gotas de sangre en sus pantalones parecían ser su
verdadera naturaleza.
“Secretario
Yoon”.
El
secretario dio un salto al ser llamado. Estaba tan pálido que parecía que le
habían drenado toda la vida.
“Que
esto no salga de aquí. ¿Entiende? Aunque fuera traído de fuera, un hijo es un
hijo, y los padres siempre deben encubrir las faltas de sus hijos. Revelar la
verdad no le traerá más que deshonra”.
“Sí,
sí”.
“Estará
mejor después de un descanso. No sé si tendrá tiempo de recuperarse, eso sí”.
“¿Cómo?”.
Tras
dejar a un hombre convertido en una masa sangrienta, Woo Hyun-se sonrió con
frescura. Era una sonrisa de alivio. Detrás de él, un teléfono antiguo sonó con
estruendo. Al mismo tiempo, el celular en el bolsillo del secretario Yoon
vibró. Era un sonido extremadamente funesto.
Woo
Hyun-se se dio la vuelta dejando al secretario Yoon atendiendo la llamada. Iba
a salir del estudio cuando dijo “Ah”, cambió de rumbo y caminó con paso firme
hacia la ventana.
“Casi
lo olvido”.
Era
el bonsái que Woo Jung-ryeol atesoraba más que a sus hijos. Decía que era un
regalo, un cerezo traído desde Japón, que valía una fortuna.
Woo
Hyun-se levantó la maceta y, sin dudarlo, la arrojó contra el suelo. Con un ¡paf!,
la maceta se hizo añicos. Las ramas que Woo Jung-ryeol habría cuidado con
esmero se quebraron sin resistencia, revelando unas raíces horriblemente
retorcidas sobre los trozos de tierra.
Qué
fácil era.
Debería
haberlo hecho antes.
Solo
lamentaba los largos años que había vivido inclinando la cabeza. Woo Hyun-se
salió del estudio pisando ligeramente el cerezo que pronto se convertiría en
leña seca. A diferencia de cuando entró, lleno de ira, sus pasos al salir eran
ligeros, como los de alguien que se había librado de todas sus cargas.
*
* *
“¡Oye,
pedazo de loco!”
El
grito desgarró el aire y retumbó en toda la oficina. No hacía falta preguntar
quién había irrumpido; su voz era inconfundible. Woo Hyun-se se frotó la oreja,
que le zumbaba, y bajó la mano. Mientras el secretario se esforzaba en vano por
detenerla diciendo: «No puede entrar, por favor», la puerta se abrió de golpe.
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Woo
Gi-ppeum lucía un aspecto deplorable, con su peinado impecable totalmente
deshecho, señal inequívoca de su furia. Miró fijamente a Woo Hyun-se, quien
estaba sentado en su silla, y se acercó a zancadas mientras resoplaba. Levantó
la mano como si fuera a darle una bofetada, pero terminó golpeando el
escritorio con tal fuerza que pareció que iba a destrozarlo; luego, abrió los
ojos de par en par.
“Si
vas a volverte loco, hazlo con elegancia, ¿qué demonios se supone que es
esto?”.
El
secretario, que observaba desde atrás, miraba a ambos con nerviosismo. Woo
Hyun-se le hizo una seña para que se fuera y el hombre, con buen juicio, se
retiró rápidamente.
“¿Qué
pasa?”.
“¡No
solo lo del compromiso, dime qué diablos pasó con padre!”.
“¿El
secretario Yoon te sopló algo?”.
Woo
Gi-ppeum vaciló. El secretario Yoon no había dicho nada y su padre, ingresado
en el hospital, seguía inconsciente. La razón oficial era un accidente de
tráfico: había intentado evitar a un animal que se cruzó en la carretera cuando
volvía a casa. Como era una zona rural sin cámaras de seguridad y el secretario
Yoon se había encargado de llevar el coche siniestrado al desguace de forma muy
diligente, la excusa parecía creíble.
En
realidad, para el ‘gran señor’ era mejor seguir escondido en el hospital. Woo
Gi-ppeum estaba a punto de desmayarse de solo ver las noticias. Aceptaba
sobornos, un escándalo habitual, pero el video filtrado era el problema.
No,
llamarlo ‘problema’ era quedarse corto. Era una bomba. Algún lunático había
arrojado un manojo de granadas en la pacífica casa familiar.
Video de Woo Jung-ryeol, universitario declara: 'Fue una
relación sexual no deseada', el impacto se extiende.
[Exclusiva] ¿El partido sabía del video del chalet y los favores
sexuales? El sueño del líder del partido se esfuma.
Se confirma que el personaje del video es el presidente de
Seogwang Construction, Min Won-sik; surgen sospechas de tráfico de influencias.
¿Quiénes son los personajes en el video de Woo Jung-ryeol?
'Fiesta de alucinógenos y drogas en el chalet'.
Los
medios competían por publicar los títulos más sensacionalistas, y un enjambre
de periodistas ya rodeaba la mansión. Dado que el caso era tan monumental, el
hecho de que su padre estuviera hospitalizado por un accidente ni siquiera era
noticia.
“Eres
tú, ¿verdad? El que difundió el video”.
Ella
había intentado encontrar al responsable por medios privados, pero el titular
del teléfono desechable era tan misterioso que no pudo localizarlo. Aun así, no
podía quitarse de la cabeza la idea de que el autor intelectual era Woo
Hyun-se. No había dos personas en el mundo capaces de semejante locura.
“No
sé de qué hablas, no seas paranoica”.
Woo
Hyun-se se encogió de hombros, negándolo. Aunque no hubiera pruebas físicas,
Woo Gi-ppeum lo sabía. El culpable era él.
Reprimiendo
sus ganas de golpearlo agarrándose su propio cabello, Woo Gi-ppeum soltó un
grito de pura frustración. Aunque ella gritó, él apenas frunció el ceño.
Tras
desahogarse, Woo Gi-ppeum soltó un suspiro, se dejó caer en el sofá y se frotó
las sienes; el dolor de cabeza al pensar en cómo arreglar este desastre era
insoportable. Muchos periodistas ya estaban apuntando hacia la galería de arte.
“Dime
la razón. ¿Cuál es el motivo? ¿Qué pecado cometió nuestro padre para que
hicieras esto?”.
El
hecho de que su padre estuviera hospitalizado no le causaba ira; al contrario,
le resultaba un alivio. Si el hombre moría ahí mismo, ella no derramaría ni una
sola lágrima en el funeral.
Había
desechado los lazos de sangre hacía mucho tiempo. Solo seguía el juego familiar
esperando recoger las migajas que cayeran.
Su
ira provenía de tener a los periodistas pegados a ella como moscas. En cuanto
supo por un contacto que el video circulaba, envió a su marido e hijos al
extranjero, y ella misma tenía planeado seguirles pronto.
“Te
dije que yo no hice nada”.
“Deja
de mentir, pedazo de mierda. Si no fuiste tú, ¿quién más lo haría?”.
“¿Acaso
el viejo no tiene enemigos? Debió vivir una vida decente, ¿qué es esto? Un
hombre que aspiraba a líder del partido... y la víctima es un estudiante
universitario. Qué final tan deplorable”.
Woo
Hyun-se hablaba con total naturalidad mientras navegaba por el artículo de
internet. Woo Gi-ppeum lo miró con furia.
“Así
que vas a negarlo hasta el final”.
“¿Qué
respuesta esperas obtener insistiendo?”.
“La
verdad”.
“La
verdad es lo que tus ojos ven, hermana”.
Esa
actitud provocadora le provocó una migraña que la obligó a presionar sus
sienes. Tal vez por la irritación, le vino un recuerdo a la mente.
No
le interesaba la vida privada de su hermano, pero a veces, incluso queriendo
ignorarlo, llegaban rumores: que Woo Hyun-se tenía un amante, que no era una
mujer, sino un joven apuesto. En aquel entonces, ella se burló pensando en cómo
él se atrevía a meterse con un chico tan joven. Pensó que sería un pasatiempo
pasajero.
“……No
me digas que tú…”.
Esa
parecía ser la razón del compromiso roto. ¿Se atrevió el padre a tocar a ese
chico? Era una posibilidad real. Ella misma había vivido lo mismo en el pasado,
incluso perdió al bebé que esperaba.
“¿Estás
arruinando el compromiso y atacando al padre solo por el chico con el que sales
ahora?”.
Woo
Hyun-se la miró de reojo. No lo negó. Woo Gi-ppeum se frotó la cara con ambas
manos, incrédula. No podía creerlo. Aquel Woo Hyun-se, un hombre tan codicioso
que no soltaba nada que pudiera beneficiarlo, estaba tirando todo por la borda.
“¿Solo
por eso?”.
Era
una elección completamente opuesta a la suya. Ella había ignorado la
humillación que sufrió su gran amor en el pasado, y tras ver su vientre vacío,
solo había reprimido el dolor y el resentimiento. No tenía el coraje para
enfrentarse a su padre. Había vivido sin desviarse del camino trazado por él,
esperando pacientemente la herencia.
“¿‘Solo
por eso’?”.
Woo
Hyun-se, que hasta hace un momento parecía ignorar todo, reaccionó ante ese
adjetivo despectivo. Efectivamente, él era el culpable, y su padre no tardaría
en saberlo. Ese sería el momento en que su nombre desaparecería del testamento.
Aunque
podría vivir de lo que él mismo había ganado, el renunciar a esa inmensa mina
de oro que le garantizaba una vida de lujo para generaciones era algo que ella,
con su sentido común, no podía entender.
¿Había
perdido la cabeza? A pesar de todo, era su hermano, así que le dio un consejo:
“Woo
Hyun-se, esto es solo una fase. Ahora no escuchas a nadie, pero… ¿por qué creas
este problema solo por no poder controlar tus emociones, a tu edad?”.
Woo
Hyun-se permaneció en silencio, observándola como si quisiera ver hasta dónde
llegaría.
“¿Y
qué edad tienes para hablar de amor? Madura un poco. El amor no te da de
comer”.
Le
había hablado con la sinceridad de quien ha vivido, pero Woo Hyun-se se mostró
indiferente. Sintiéndose frustrada porque hablar con él era inútil, se llevó la
mano a la frente. Cuando ella dejó de hablar, él finalmente soltó una sonrisa
relajada.
“Qué
mujer más…”.
Ella
bajó la mano y lo miró. Él se quitó las gafas y chasqueó la lengua de forma
exagerada, imitando a alguien. Luego, la señaló con el dedo índice.
“Te
falta romanticismo”.
Lo
que dijo después fue el colmo, algo que terminó de encender la mecha de Woo
Gi-ppeum. Sus nudillos se tensaron ante esa respuesta tan despreocupada.
“¡Oye,
idiota! ¿Acaso no entiendes la situación? Cuando padre despierte, ¿a quién
crees que va a destrozar primero? ¿A ti? No. ¡A ese amante al que proteges lo
van a enterrar vivo en la montaña, ¿por qué no lo entiendes?!”
Woo
Hyun-se escuchó todo el despliegue sin inmutarse y simplemente la llamó
“hermana” con calma. Woo Gi-ppeum buscó en su bolsillo y sacó una caja de
cigarrillos, decidida a pagar cualquier multa si alguien se atrevía a
prohibirle fumar allí.
“¿Qué
quieres, pedazo de malagradecido?”.
“¿Crees
que conseguirás un escaño vendiendo un par de cuadros?”.
La
mano que encendía el encendedor se detuvo. Sabía que él conocía el dinero negro
que había desviado.
“¿A
quién vas a convencer con eso?”.
“Tú…”.
El
calor que le había subido hasta la cabeza comenzó a disiparse. Woo Gi-ppeum
miró a Woo Hyun-se con el filtro del cigarrillo en los labios. Esa cara
sonriente parecía la de un demonio a punto de ofrecer un trato irresistible.
“Yo
te apoyaré”.
“……”.
Mentiría
si dijera que no le interesaba. Woo Gi-ppeum lo analizó con frialdad. Había
planeado postularse después de la muerte de su padre, pero con la actitud
inflexible de este, esperar le tomaría décadas, quizá hasta tener el pelo
blanco como una princesa de un país isleño. Si Woo Hyun-se la ayudaba en todos
los aspectos, había esperanza.
Pero…
“Me
llamarán la hija de un pervertido, ¿cómo piensas evitar eso?”.
“¿Cuánto
crees que durará ese estigma? El público olvida más rápido de lo que crees.
Para cuando te postules, nadie recordará quién fue Woo Jung-ryeol”.
“……”.
“Si
eso te molesta tanto, cambia tu apellido por el de nuestra madre. O cámbiate el
nombre. ‘Gi-ppeum’ no suena muy político, después de todo”.
Era
un cebo demasiado valioso como para rechazarlo sin más, aunque también
resultaba tentador. Si se deshacía de su padre, quien era tanto su mayor apoyo
electoral como su mayor obstáculo para lanzarse a la carrera política...
La
respuesta ya estaba clara, pero Woo Gi-ppeum fingió dudar. Con el simple hecho
de no haber respondido con un rotundo "no digas estupideces" y
haberse mostrado seria, Woo Hyun-se ya habría adivinado qué decisión había
tomado.
“¿Y
qué ganas tú con todo esto?”.
Woo
Hyun-se, un comerciante hasta la médula, no iba a darle nada a cambio de nada.
Como era de esperar, como si hubiera estado esperando precisamente esa
pregunta, él sonrió ampliamente.
“Haz
de escudo. No dejes que ese hombre toque a Kwon Siyul”.
Era
una petición algo compleja. Pero no imposible. Aunque su voluntad ya se
inclinaba claramente hacia el sí, no aceptó de inmediato. Era una cuestión de
orgullo. Woo Gi-ppeum esbozó una mueca de burla.
“¿Por
qué? ¿No eres capaz de protegerlo tú solo?”.
“Imposible.
Es solo por tener un seguro extra”.
Y
añadió, con un tono que denotaba cierto cansancio:
“Él
no es un amante, ni tampoco un capricho pasajero”.
“Estás
loco…”.
Lo
miró con repugnancia de arriba abajo. Él se puso de nuevo las gafas que tenía
en la mano y se dio la vuelta.
“¿Tienes
algo más que preguntar?”.
Tanto
su rostro como su actitud dejaban claro que, si el asunto había terminado, ella
podía largarse. Como el trato no le parecía del todo malo, Woo Gi-ppeum sacudió
la cabeza con desdén.
“Pues
mejor así. Adiós. No esperes que te acompañe a la salida”.
Woo
Gi-ppeum se despidió mostrando el dedo corazón y salió de la oficina. El breve
y desagradable encuentro concluyó con un golpe seco de la puerta, que cerró
como si quisiera destrozarla.
*
* *
La
lluvia que cayó durante la noche parecía haber limpiado el polvo, dejando un
aire fresco y agradable por la mañana. Siyul inhaló profundamente y reanudó su
camino, con un paso mucho más ligero de lo habitual.
En
el trayecto, vio muchas flores que no había notado antes. Entre las grietas de
la acera brotaban dientes de león blancos, y en la montaña que se vislumbraba a
lo lejos, el amarillo de las forsitias comenzaba a salpicar el paisaje. Un
cerezo, impaciente, había abierto sus cinco pétalos mucho antes de lo esperado.
Era un paisaje primaveral que no había logrado percibir hasta ese momento.
La
gente que pasaba también lucía vestimentas más livianas. Debido al clima
caprichoso, se mezclaban prendas de invierno y primavera, pero la mayoría
optaba por abrigos o cárdigans delgados. Siyul también había guardado su larga
chaqueta acolchada en el fondo del armario y se había puesto una sudadera
gruesa, pero suficiente por sí sola; era su sudadera morada favorita.
Con
la capucha sobre su cabello aún húmedo, cruzó el paso de peatones a paso
rápido. Al entrar en el callejón y girar en la esquina, apareció la cafetería
donde trabajaba. En el letrero amarillo brillante se leía <Día de
Primavera>. Debido a su ubicación, no recibía tantos clientes como los locales
de la avenida principal, pero gracias a que el dueño tenía buena mano para los
postres, los pedidos a domicilio eran bastante frecuentes.
Siyul
era el encargado de abrir. Subía las sillas a las mesas, barría y trapeaba el
suelo, rellenaba los recipientes de café y pulía el cristal de la vitrina hasta
que brillaba. Para cuando terminaba, el cliente habitual de siempre ya solía
merodear cerca del local.
“¿Ya
puedo entrar?”
Era
el dueño de la tienda de ropa de al lado. Cada vez que veía a Siyul, decía que
le recordaba a su hijo que trabajaba lejos y le regalaba algún aperitivo, como
pasteles de arroz o galletas. Siyul lo recibió con una sonrisa radiante,
dándole la bienvenida.
“¿Un
café con leche caliente, como siempre? ¿Con leche baja en grasa?”
“Sí.
Vaya, ya ni tengo que decirlo. Por esto no puedo ir a otro lado.”
“Páseme
su tarjeta de puntos, se lo sellaré.”
Tras
sellar la tarjeta, Siyul preparó la leche. Sin embargo, hoy notó una mirada
persistente siguiéndolo. Pensando que quizás tenía algo en la cara, se frotó la
mejilla con timidez. El hombre estiró el cuello para examinarlo de arriba abajo
antes de hablar.
“Chico,
¿te ha pasado algo bueno hoy? Te ves muy radiante.”
“Ah,
es solo que hace buen tiempo. He visto muchas flores.”
“¿De
verdad? Yo pensé que tenías una cita o algo así. Cuando empezaste a venir aquí,
siempre tenías cara de entierro.”
“¿En
serio?”
“Sí.
Hasta me preguntaba qué habría visto el dueño en ti para contratarte. Parecía
que ibas a romper a llorar en cualquier momento, incluso cuando sonreías. Pero
hoy no hay rastro de eso. Estás muy alegre. Por eso te preguntaba, ¿acaso
tienes novia?”
El
hombre se reía cómodamente en la silla, como si estuviera en su propia casa.
Siyul le devolvió la sonrisa y le entregó el café. Como el hombre no tenía
prisa, no se fue de inmediato. Se quedó sentado bebiendo a sorbos, moviendo el
dedo rápidamente sobre la pantalla de su teléfono. Tras revisar las noticias,
soltó un suspiro cargado de desprecio.
“Hoy
en día todo es un caos. Un hombre tan mayor y haciendo tales cosas...”
“¿Por
qué? ¿Ha pasado algo?”
“¿No
has visto las noticias? Hoy solo se habla de eso en todas partes.”
Como
Siyul rara vez veía la televisión y apenas usaba el teléfono para juegos y
mensajes, no tenía idea de lo que ocurría en el mundo. Al verlo confundido, el
hombre se inclinó hacia adelante como si fuera a contarle un chisme importante.
Miró a los alrededores por precaución y le susurró:
“Es
por el video. No es que quisiera verlo, pero me lo envió la madre de Young...
Resulta que se reunieron varios en un chalet, se quitaron todo y hacían esas
cosas... Se les veía toda la cara.”
El
hombre agitó la mano frente a su nariz con gesto de asco. Solo con oírlo, Siyul
pudo imaginar qué clase de cosas hacían. “Puaj,” exclamó Siyul, poniendo la
misma cara de repugnancia.
“No
tenía idea. ¿Quiénes eran? ¿Celebridades?”
“No,
era... ¿cómo se llamaba? No me acuerdo.”
El
hombre se rascó la cabeza y buscó en su teléfono. Luego, diciendo “Ah,” le
mostró la pantalla. Siyul miró la foto con calma, hasta que de repente abrió
los ojos de par en par.
“Eso,
es esta persona. ¡Resulta que se llamaba Woo Jung-ryeol! ¡Vaya! ¡Y decía que
aspiraba a ser líder del partido! ¿Cómo puede un tipo tan corrupto ser un
líder? Deberían quitarle el escaño de inmediato.”
“Este
hombre…”
El
cliente buscó y le mostró que había más personas, pero Siyul no pudo apartar la
vista del primero. A diferencia de esa mirada fría y feroz que le había
dedicado en el pasado —como si fuera alguien a quien podía aplastar sin
piedad—, en la foto de perfil mostraba una sonrisa muy amable.
Era
el hombre que lo había llevado a la mansión, lo había golpeado y lo había
amenazado de forma terrorífica. Había pensado que, al llamarlo “presidente,”
dirigiría alguna empresa, pero resultaba ser un congresista con una insignia de
oro.
“En
fin, los políticos son unos hipócritas. Qué asco.”
El
hombre guardó el teléfono con un escalofrío. Siyul soltó una carcajada
liberadora. Había escuchado el proverbio sobre la ley de causa y efecto, pero
nunca pensó que se cumpliera realmente. Sin embargo, al ver algo así, parecía
que la lógica del mundo no era tan injusta.
El
trabajo en la cafetería solo requería esfuerzo durante la apertura; después,
todo estaba tranquilo. Siyul sacudió el polvo de los rincones y regó las plantas;
ya no quedaba nada por hacer. Por costumbre, tomó su teléfono y vio que le
había llegado un mensaje de Kwon Yu-won.
Hace
poco, Yu-won había regresado. ¿Cuánto tiempo había esperado ansiosamente su
vuelta? Siyul lo había abrazado y llorado sin consuelo.
Pero,
lejos de quedarse tranquilo, Yu-won salía a todas partes cada noche, como si
escondiera un tarro de miel en algún lugar. A veces llegaba casi al amanecer.
Aunque
Siyul le preguntaba preocupado si se había metido en algo peligroso, él negaba
con evasivas. Al final, Siyul lo tomó por el cuello de la camisa y le exigió la
verdad.
“¡Ah,
no es por lo que te preocupas! ¡Es que tengo a alguien que me gusta!”
“¡¿Quién
es?!”
“¡Park
Hae-jung!”
Siyul
se había llevado un susto tremendo al oír el grito. Las orejas y el cuello de
Yu-won se habían puesto de color rosado mientras decía el nombre. Siyul ya
conocía a Park Hae-jung; era quien había ayudado a Yu-won con su trabajo.
“¿No
es él un alfa?”
“……Pues
sí, así es.”
Yu-won,
visiblemente avergonzado, desvió la mirada y murmuró aquello. Al principio fue
un choque, pero Siyul pronto asintió. Él mismo había manifestado como omega y,
manteniendo el secreto ante Yu-won, había pasado tiempo con Woo Hyun-se.
¿Cuándo habría imaginado que él terminaría conviviendo con un hombre alfa? La
vida era impredecible.
“Puede
que llegue tarde hoy.”
“Duerme
tú primero.”
Antes
no habría entendido nada, pero ahora conocía las implicaciones de ese mensaje.
Por un momento pensó en decirle que, si iba a llegar de madrugada, mejor que se
quedara donde estuviera, pero sabía que Yu-won llamaría para gritarle que no
era lo que pensaba. Así que solo respondió con un par de caracteres.
Siyul
hojeó su bandeja de entrada con indiferencia. Pero luego, sintiendo como si
estuviera esperando algo con desesperación, dejó el teléfono sobre la mesa de
inmediato.
“…….”
Inclinó
la cabeza por un instante y se llevó la mano a la nuca. Solo con recordarlo, su
piel se sentía arder. Sus mejillas y orejas debían estar encendidas de color
rojo; no necesitaba un espejo para saberlo.
Ahora
lo admitía. Incluso en el momento en que salió disparado de la casa de Woo
Hyun-se, y durante todo el tiempo transcurrido desde entonces, su corazón no
había cambiado ni un ápice. Seguía igual. Lo suficiente como para que esa
simple frase, ‘me di cuenta demasiado tarde de que te amaba’, derritiera por
completo su resentimiento hasta hacerlo desaparecer. Si era cierto que el que
quiere más siempre pierde, entonces él jamás podría ganarle a Woo Hyun-se.
El
cascabel de la puerta sonó con un tintineo. Siyul levantó la cabeza de golpe
para recibir al nuevo cliente. Su rostro estaba radiante, con una sonrisa tan
luminosa como los cerezos florecidos antes de tiempo. ¡Bienvenido! Su voz al
saludar estaba llena de energía.
Al
principio se sentía torpe al preparar el café, pero con el tiempo aprendió a
hacerlo rápido y con buen sabor. Le parecía fascinante descubrir cómo el sabor
cambiaba según el tueste, o cómo los granos revelaban características únicas
según su origen y el tipo de suelo. Cada vez que un cliente le elogiaba
diciendo que el café estaba delicioso, se le inflaba el pecho de orgullo.
Aprender
esto de manera profesional no sonaba mal. Para alguien que vivía el día a día
sin planes, esa era la primera vez que encontraba algo que realmente quería
hacer. No era solo por el dinero. Quería aprender de forma sistemática para
poder crear un café más fragante y sabroso... y también quería dárselo a probar
a alguien en particular.
Tras
superar la hora punta junto al dueño, la hora de salida estaba por fin a la
vuelta de la esquina. Como hoy era el día de descanso del restaurante de carne,
no tenía ningún plan después del trabajo.
“¿Ya
puedo entrar?”
El
dueño, que acababa de entregarle un pedido al repartidor, llamó a Siyul. Al
girarse, el hombre señaló con un gesto de los ojos hacia el otro lado del
cristal. Gracias al buen tiempo, algunos clientes estaban sentados aquí y allá
en la terraza. Sin embargo, la persona que el dueño señalaba estaba sola, sin
acompañantes.
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“¿Por
casualidad conoces a esa persona?”
Con
solo ver sus hombros anchos, su postura erguida y esos pabellones auriculares
redondos y bonitos, como un signo de interrogación, supo al instante quién era.
Siyul abrió los ojos de par en par. ¿Cómo sabía que él trabajaba aquí? Y más
importante aún, ¿qué clase de persona aparecía así de repente sin haber enviado
un solo mensaje?
Tenía
tantas ganas de salir corriendo que sus pies se movieron por instinto. El
latido de su corazón era tan fuerte que no sabía si el sonido provenía de su
pecho o si lo escuchaba justo al lado de su oído.
“Lleva
sentado ahí desde hace rato. De vez en cuando miro hacia adentro y me parece
que te está observando.”
El
dueño inclinó la cabeza con curiosidad. Siyul levantó la vista para comprobar
la hora. Justo era momento de terminar su turno.
“Jefe,
prepararé dos cafés y saldré.”
“¿Incluso
para ese caballero?”
El
dueño corrigió el tratamiento al notar que parecía haber una diferencia de edad
importante. Siyul asintió con entusiasmo.
“Sí.
Es alguien a quien conozco.”
“Ah,
entonces está bien. Quédate ahí, yo se los llevo.”
“¡No!
Solo quiero hacerlos para llevar. Yo me encargo.”
Quería
salir de inmediato, pero para no demostrar que lo había estado esperando con
tanta ansia, Siyul se entretuvo deliberadamente en la barra mientras extraía
los shots. Echó un vistazo hacia afuera, pero el otro no giró la cabeza. Seguía
sentado con las piernas estiradas, relajado, disfrutando de la luz del sol.
Parecía como si no hubiera venido a ver a Siyul, sino que simplemente estuviera
descansando bajo el sol primaveral de paso.
Siyul
cerraba las manos para ocultar el temblor de sus dedos mientras terminaba de
preparar las dos tazas. Le pareció que el resultado había sido un desastre,
pero no tuvo valor para volver a hacerlas.
Tras
discutir brevemente con el dueño, que insistía en no cobrarle, finalmente metió
el dinero en la caja y se despidió indicando que se retiraba. Aunque intentó
fingir tranquilidad, las puntas de sus dedos, aferradas a los vasos, estaban
pálidas por la tensión.
Cuando
la campana sonó al abrir la puerta, el hombre se giró. Los otros clientes de la
terraza ya se habían ido. Efectivamente, el cliente solitario era Woo Hyun-se.
“Ha
venido sin avisar.”
Woo
Hyun-se se dio la vuelta. Al ver a Siyul, su expresión indiferente se relajó
por completo.
“Para
sorprenderte, Kwon Siyul. ¿Te sorprendiste?”
“Solo
un poco. Muy poco, de verdad.”
Esperando
que su voz no temblara, Siyul se sentó frente a Woo Hyun-se. Al dejar los cafés
sobre la mesa, Hyun-se tomó una botella de plástico que tenía en la silla de al
lado y la deslizó hacia Siyul. Nada más ver el envoltorio familiar, Siyul soltó
una carcajada.
“¿Por
qué compró esto?”
“Porque
lo vi. Ahora, donde sea que vaya, esto se me aparece frente a los ojos.”
Siyul
dejó el café que iba a beber y tomó la bebida que le había dado Woo Hyun-se.
Todavía estaba fría.
“¿La
limpieza... ha terminado?”
Lo
miró con fijeza. El torso de Woo Hyun-se estaba ligeramente inclinado hacia él,
como si quisiera acortar la distancia aunque fuera un milímetro.
“Sí.
Me divorcié.”
“Oh,”
los labios de Siyul se redondearon. Era el momento en que aquello que creía
imposible se volvía realidad. Nada más escucharlo, sintió que sus labios se
secaban. Siyul entrelazó sus manos entre sus muslos. No sabía con qué expresión
mirar a Woo Hyun-se.
“Entonces
era cierto.”
“No
le mentiría a Kwon Siyul sobre algo así.”
Siyul
giró la cabeza y frunció los labios. Estaba feliz, pero no quería mostrarlo. Se
sentía avergonzado sin motivo.
Woo
Hyun-se golpeó su mejilla rítmicamente con una mano apoyada en su barbilla.
Solo entonces, Siyul notó la herida. Una línea larga y horizontal cruzaba la
mejilla del hombre. Había pasado lo mismo la última vez; incluso herido, no se
ponía ni una tirita. Como si quisiera demostrar algo para que él lo notara. Las
cejas de Siyul se curvaron con tristeza. Rápidamente desvió la mirada para
ocultar la compasión que, sin duda, se reflejaba en su rostro.
“¿Cómo
se hizo esa herida?”
“¿Herida?”
“Aquí.”
Señaló
su propio pómulo. Woo Hyun-se palpó la zona, lanzó un ‘ah’ y soltó una risita.
“Es
una herida de guerra.”
“¿De
guerra?”
En
lugar de responder, Woo Hyun-se le tendió su teléfono. Siyul dirigió su mirada
hacia donde él señalaba al decir ‘esto’.
“Dale
ahí.”
Inclinó
la cabeza con curiosidad y presionó el botón de reproducción en el centro de la
pantalla. Al instante, movimientos de color piel se agitaron en el dispositivo.
Era el mismo video que el dueño de la tienda de ropa había mencionado. Menos
mal que estaba en silencio; de lo contrario, habría quedado marcado como un
pervertido ante todos los presentes.
Siyul
se sobresaltó y cerró el video a la velocidad del rayo. Dejó el teléfono boca
abajo y miró a Woo Hyun-se con el rostro encendido de rojo. El hombre, tras
haber cometido semejante obscenidad en un lugar público, le devolvía una
sonrisa de satisfacción.
“¿Está
loco?”
“Es
mi tío paterno.”
“……¿Sí?”
“Ese
hombre que te llevó. Él no paraba de presionarme para que me casara. Este
video...”
Woo
Hyun-se acercó sus labios al oído de Siyul. El aliento que rozaba su piel le
hacía cosquillas, así que encogió los hombros, pero lo que escuchó fue
impactante.
“Yo
lo filtré.”
“¿No
era familia suya?”
Preguntó
Siyul, alejándose rápidamente del hombre. Woo Hyun-se bebió un sorbo del café
que Siyul le había preparado y negó con la cabeza.
“Desde
el momento en que te tocó, ya no.”
“…….”
“De
ahora en adelante, tengo la intención de mostrarle a Kwon Siyul todas las
cartas que tengo en mi mano. Manipúlame como quieras. Puedes chantajearme si
deseas.”
‘Te
daré la perla de dragón, te daré todo.’
No
sabía por qué recordaba tan repentinamente las palabras de aquella chamana.
Sentía los labios inquietos y una sensación de ligereza, como si le flotaran
plumas en el pecho. Sus dedos se movían solos, nerviosos.
“……¿Por
qué? ¿Por qué llegó a ese extremo?”
No
pensaba que el castigo recibido por el legislador fuera excesivo en comparación
con sus actos, ni sentía lástima por él. Pero, por otro lado, le inquietaba
saber que Woo Hyun-se se había ensuciado las manos personalmente por él.
"Aun
así, ¿no es familia por sangre? Incluso si te hizo algo tan malo."
El
video que pasó de largo estaba muy lejos de ser algo normal, incluso para
Siyul. Era la vergüenza más absoluta, una humillación tan grande que, antes de
ser descubierto, preferiría mil veces hundir la cabeza en un cuenco de agua y
morir.
"Solo
me queda una cosa. Todo lo demás no sirve para nada."
¿Qué
será esa única cosa? Siyul no preguntó directamente, sino que se quedó mirando
al otro. Al leer el signo de interrogación que flotaba en sus pupilas, Woo Hyun-se
lo llamó: "Kwon Siyul."
"¿Quieres
salir conmigo?"
Una
brisa primaveral sopló, alborotando el cabello de Woo Hyun-se. El aire frío del
río fue arrastrado desde el fondo de sus recuerdos. Al igual que aquella
conversación que compartieron frente a las oscuras aguas del río.
Aunque
es una brisa primaveral, es demasiado ardiente. Esa es la causa de que sus
mejillas estén tan calientes. Siyul refrescó su rostro con la botella de
plástico que sostenía, pero el calor no desaparecía. Más bien, se extendió
hacia su nuca y alcanzó su pecho, que desde hace rato latía alborotado.
"……Hyung,
¿te gusto?"
La
pregunta que rondaba su garganta salió a duras penas. Debió haberla hecho desde
el principio. Fue un tonto por abotonar la camisa empezando por la parte
equivocada. Esta vez, quería abotonarla bien, una a una, desde abajo.
"Sí."
"¿Me
amas?"
"Ajá."
A
pesar de la pregunta tan directa, la respuesta llegó al instante. Siyul apretó
los labios y luego los soltó.
"Entonces,
¿podrás amarme más de lo que lo has hecho hasta ahora, más que en este
momento?"
"Ya
lo estoy haciendo."
Había
escuchado suficiente. No tenía más dudas. Siyul giró la cabeza y se cubrió
debajo de la nariz con la palma de la mano. No quería que Woo Hyun-se viera sus
mejillas teñidas de rojo ni las comisuras de sus labios, que insistían en
elevarse.
"¿Cuál
es tu respuesta?"
Preguntó
Woo Hyun-se con sutileza. ¿Debería pedirle tiempo, hacerse de rogar, o hacerlo
sufrir un poco? Pero a Siyul no le apetecía nada de eso. Había perdido
demasiado tiempo valioso. Simplemente, Woo Hyun-se le gustaba.
Siyul
extendió la mano con timidez. Puso su mano sobre el dorso de la de Woo Hyun-se
y entrelazó sus dedos entre los suyos, que eran más gruesos y firmes.
"Te
dejaré pasar la primera vez."
¿Habrá
entendido que no habría una segunda? Siyul, reuniendo valor, miró suavemente a Woo
Hyun-se.
Los
ojos de Siyul se abrieron como platos. Woo Hyun-se estaba sonriendo con una
expresión que nunca antes había visto. El proceso simple de curvar las
comisuras de los ojos y elevar los labios cambió por completo con un solo
destello en su mirada. Parecía que cualquiera que lo viera se derretiría
lentamente, como una vela sobre el fuego. La emoción que albergaba en sus
pupilas llegó también a Siyul.
Incluso
el aroma de Woo Hyun-se, que siempre recordaba a un bosque invernal, se mezcló
con fragancias de primavera. Los brotes nuevos que rompían la tierra helada
alzaron sus tallos y capullos, y finalmente florecieron para anunciar que la
primavera había llegado. El aroma dulce que emanaba era como una lluvia cálida
de primavera que empapaba a Siyul.
De
'tú y yo', de vuelta a 'nosotros'.
Siyul
apretó con más fuerza la mano que sujetaba el dorso de Woo Hyun-se. No quería
soltarlo. Haber quedado atrapado en un invierno frío una vez fue más que
suficiente.
Ahora,
era un espléndido día de primavera. Como todas las estaciones por venir serían
también primaveras eternas si estaba al lado de Woo Hyun-se, Siyul ya no le
tenía miedo a nada.
―Fin.
