3. Voy a ganar dinero, dinero, dinero.

 


3. Voy a ganar dinero, dinero, dinero.

Tras salir del Orfanato Estrella Fugaz, Mumyeong llevó a Yuseong directamente al hospital. Todo era por las huellas de violencia que presentaba.

Cuando un hombre con traje negro entró con un niño pequeño a la cabeza, todas las miradas en el hospital se dirigieron hacia ellos.

¿Un gánster y un niño? Al ver esa combinación, sentían curiosidad, pero Yuseong, como si estuviera dando un servicio a sus fans, comenzó a inclinar la cabeza saludando a cada persona uno por uno. Era una actitud en la que la servidumbre estaba grabada en el cuerpo. Mumyeong agarró la coronilla de Yuseong como si fuera una pelota de baloncesto para evitar que saludara a cualquiera.

Luego, al llegar a la recepción, dijo de sopetón:

“Algún hijo de puta le ha dado una paliza al crío. He venido a que lo curen. Voy a dejar fotos como prueba y también a denunciarlo a la policía. ¿En qué piso está el médico especializado en niños?”

“¿S-sí, perdón?”

La recepción se quedó congelada al instante. Todos parecían querer preguntar: «¿No será usted mismo ese hijo de puta?».

“El niño se llama Ha Yuseong.”

“¡Sí! ¡Mi nombre es Ha! Yu! Seong! ¡Un placer!”

Yuseong gritó de repente como si le hubieran apretado un botón. Al escuchar la voz inocente del niño, el ambiente en la recepción se relajó un poco.

Al menos, el tipo que le había dado la paliza no parecía ser ese apuesto gánster.

“E-espere un momento. El, el número de identificación del paciente es…”

La mirada de Mumyeong bajó bruscamente. Unos ojos inocentes y un tanto bobos lo miraban fijamente hacia arriba.

“Mocoso. ¿Te sabes tu número de identificación?”

“¿Qué es eso?”

Yuseong, que nunca había podido ir al hospital sin importar si estaba enfermo o herido, preguntó alegremente. Ante esa pura ignorancia, la expresión de Mumyeong se ensombreció.

“…….”

“…….”

“Solo proceda con la admisión.”

Al dirigirse a pediatría, Mumyeong tuvo que emplear toda su energía en evitar que Yuseong le hablara a cualquier extraño. Yuseong no paraba de querer presentarse y saludar a los demás. En el momento en que Mumyeong descuidaba la vista, el niño se apartaba de su lado para saludar a algún perfecto desconocido.

Un sentimiento nuevo llegó al mundo insensible de Mumyeong.

Era la vergüenza ajena.

Mumyeong sentía ganas de atar a Yuseong con una cuerda.

Finalmente, se sentó en el rincón más alejado de la sala de espera y sentó a Yuseong sobre su muslo. Primero pensaba convencerlo, y si no funcionaba, estaba dispuesto a taparle la boca o incluso irrumpir en la consulta del médico.

“A ver. Ha Yuseong.”

“¡Sí!”

“Ese hábito extraño de hablarle a cualquiera no es bueno. Primero, porque me da vergüenza, y segundo, porque en este mundo hay muchos tipos peligrosos. Como eres lindo, algún malnacido podría intentar llevarte.”

“¡Sí!”

“No respondas sin pensar.”

Mumyeong presionó las mejillas de Yuseong con ambas manos. El niño, con boca de pez, sacudió la cabeza frenéticamente. Cuando Mumyeong soltó las manos, Yuseong, con los ojos brillantes, replicó:

“¡Pero! ¡Aumentar los fans es algo muy importante! Así que no tenía otra opción.”

“¿Fans?”

¿Qué fans ni qué niño muerto? Cuando Mumyeong preguntó extrañado, Yuseong explicó su filosofía con entusiasmo.

“¡Fans que escuchen mis canciones! Por supuesto, sé muy bien que ahora soy el cantante exclusivo del señor. Pero en cualquier momento…”

Yuseong continuó hablando mientras vigilaba de reojo la expresión de Mumyeong.

“En cualquier momento usted puede cansarse de mí, ¿verdad? Me dijeron que vivir de lo que te da un solo fan es ser un mantenido. Para no ser eso, necesito muchos fans. Así, en el futuro, si algún día usted quiere abandonarme, al menos no me moriré de hambre.”

“…….”

Mumyeong se masajeó la frente, que le latía de dolor. Era un cúmulo de tonterías y no sabía por dónde empezar a corregirlo.

“Por el amor de Dios… ¿quién te enseñó esa palabra de ‘mantenido’? ¿Eh? A un niño de diez años.”

“La abuela.”

“…….”

“Dijo que si termino como el mantenido del edificio de al lado sería un desastre, que hay que conocer a mucha gente y que para ser cantante hay que tener muchísimos fans.”

“Bueno, digamos que tu abuela te dijo eso.”

Mumyeong acomodó a Yuseong entre sus brazos. El niño, aferrado a él, tenía los ojos brillantes de ansiedad. Como si Mumyeong fuera a decirle en cualquier momento: «Me he cansado de ti, así que arréglatelas solo».

“Cachorro. ¿Por qué piensas tanto en ser abandonado?”

“…….”

“Responde.”

“Es que…”

Yuseong continuó con vacilación:

“Papá dijo eso. Que si no era útil, me abandonaría. Que si no ganaba dinero, me abandonaría. Incluso la abuela decía que no me abandonaba solo porque, si me convertía en alfa, podría salvar las raíces de la familia.”

“…….”

“Como todavía soy un niño, si me abandonan no puedo vivir solo. No sé si seré un alfa, un omega o si me quedaré como un beta… En fin, ahora mismo necesito que haya al menos un adulto a mi lado… Y aunque sea así, cuando cumpla diecinueve años, seré un adulto, ¿no?”

Yuseong empezó a hacer cálculos complejos contando con los dedos.

“Si aguanto unos nueve o diez años, no, incluso solo hasta la edad en la que pueda trabajar a tiempo parcial. Si aguanto solo hasta entonces…”

“¿Si aguantas?”

“…….”

Yuseong no encontró más palabras y hundió su rostro en el pecho de Mumyeong.

“No lo sé.”

Murmuró Yuseong contra la ropa de Mumyeong.

“…….”

Mumyeong no sabía si consolar a este desafortunado niño o enfurecerse con la familia que le había dado semejante destino, así que simplemente bajó la mano y acarició suavemente la nuca de Yuseong.

“…….”

“Cachorro.”

“Sí.”

“Es verdad. Como eres un niño, necesitas tener al menos un adulto a tu lado.”

“... Sí.”

“Por eso estoy aquí ahora.”

“¿El señor?”

“No te voy a abandonar. ¿Para qué iba a hacerlo? Si nunca te he poseído.”

Yuseong inclinó la cabeza ante esas palabras ambiguas.

Mumyeong abrió la boca, pensando que se le trababa la garganta por decir algo tan impropio de él:

“Una persona no puede abandonar a otra. Porque las personas no pueden poseerse. Es un concepto que no tiene sentido. Así que yo, ni el hijo de puta de tu padre… ni tu abuela pueden abandonarte. No hay nadie en el mundo capaz de abandonarte. En todo caso, habrá personas con las que quieras estar.”

“…….”

“Ya sea un adulto, otro niño o un perro. Haz lo que quieras. Yo te ayudaré.”

“¿Hasta cuándo?”

“¿Hasta cuándo quieres? Dijiste que querías que te criara hasta que termines la secundaria. ¿Quieres que te críe realmente hasta entonces?”

Yuseong movió los ojos y luego asintió vigorosamente.

“¡Ja!”

En el instante en que soltó una carcajada, Mumyeong se dio cuenta. Que la existencia de este tal Ha Yuseong, aparecido de la nada, dejaría una gran huella en su vida. Una huella que duraría para siempre.

Tal como lo hizo la maestra.

“Está bien. Hagámoslo hasta que tú quieras.”

Dijo Mumyeong, esforzándose por contener un suspiro.

Era algo para lo que debió prepararse desde el principio. Hubiera sido mejor si no le importara lo que le pasara a este sujeto.

¿Será por pena? ¿O será porque la gratitud hacia la maestra es demasiado profunda? No podía dejar solo a este pobre perrito.

El sentimiento que Mumyeong sintió hoy, después de la vergüenza ajena, fue compasión. Era una emoción poco familiar para él, pero aun así, era mejor que la vergüenza.

“Mhm…”

Yuseong masticó las palabras de Mumyeong en silencio.

“Entonces, entonces.”

“Sí.”

“¿Cree que mamá tampoco me abandonó?”

La expresión de Mumyeong se endureció al instante.

“Solo recuerdo un poquito a mi mamá, pero era una buena persona. Pero papá dice que mamá me abandonó. Que no era útil, que no me parecía a mamá ni a papá, así que me abandonó porque no le gustaba…”

“Ha Yuseong.”

“Sí.”

“Ese hijo de pu—”

Justo cuando Mumyeong estaba a punto de soltar una maldición que ni un adulto de veinte años podría soportar, mucho menos un niño de diez:

“¡Ha Yuseong, puede pasar!”

Había llegado el turno de Yuseong.

* * *

"Hay claras evidencias de maltrato infantil."

El médico le mostró a la policía las radiografías y las fotos de la piel. Explicó que las lesiones eran producto de golpes de alguien o de haber sido golpeado con algún objeto.

"Ese... el señor de allá. ¿Qué relación tiene con el menor víctima?"

Uno de los policías, que había llegado tras el reporte del hospital, bajó la cabeza hacia Mumyeong. Este, que estaba sentado intentando contener sus ganas de fumar, levantó la mirada con ferocidad.

"Kwon Mumyeong. Soy quien rescató al niño... ¿Eh? ¿Detective Kim Hyuk-soo?"

"¿Ah? Representante Kwon. ¿Qué hace usted aquí?"

Uno de los policías que atendía el reporte de maltrato infantil era alguien a quien Mumyeong conocía bien: el detective Kim Hyuk-soo, de la unidad de delitos mayores. Era un hombre con el que colaboraba cuando era necesario, alguien que solía caminar por la delgada línea entre la legalidad y la ilegalidad.

"Eso mismo me pregunto yo. ¿Por qué un detective de la unidad de delitos mayores viene a un caso como este?"

"Es secreto, secreto."

"¿No será que lo degradaron?"

"Ay, este hombre..."

El detective Kim se alegró bastante al ver a Mumyeong. Sin embargo, quizás debido al aspecto amenazante de este, Yuseong, que normalmente se presentaría ante cualquiera, estaba aterrado.

"¡Vaya! Qué pequeño caballero más adorable. Me enteré de que pasaste por un mal momento, ay... cuánto lo siento, pequeño príncipe."

El detective Kim intentó hacerse el simpático, pero fue contraproducente. Yuseong se puso pálido y, agarrándose de la ropa de Mumyeong, retrocedió. Parecía un mapache frente a un oso gigante.

"Uf... ejem. Bueno, no soy precisamente un tipo que le guste a los niños. Representante Kwon, ¿dejamos al niño aquí y vamos a fumar un cigarrillo? Hace tiempo que no hablamos."

El detective Kim hizo el gesto de llevarse un cigarrillo a la boca y señaló con la barbilla. Mumyeong tenía unas ganas terribles de fumar, pero al ver a Yuseong aferrado a su ropa temblando, no pudo dar un paso.

Parecía que los efectos de la compasión que había sentido antes seguían presentes. ¿O sería ira? Ese perro que decía ser su padre...

"No hace falta."

Mumyeong mantuvo la calma como pudo y tomó la mano de Yuseong. Al sentirla en la suya, se sorprendió.

'¿Cómo puede tener la mano tan pequeña? Ni que fuera una patita de perro.'

Mumyeong acarició la pequeña mano, que estaba fría por el miedo. Yuseong, por su parte, se aferraba a la mano de Mumyeong como si fuera una cuerda de salvamento, sin dejar de temblar.

De sus diez años de vida, llevaba cinco en el mundo de las apuestas. Por experiencia, sabía que la llegada de la policía nunca traía nada bueno. Siempre terminaba en gritos y mesas volteadas. Se hablaba de sobornos, de muertes y de amenazas.

Yuseong no se había quedado paralizado por la apariencia imponente del detective, sino por la mera presencia de la policía.

"Vaya, parece que el pequeño se asustó."

El detective Kim no era tan mala persona como para torturar a un niño así. Se inclinó hacia Mumyeong y le susurró:

"Ese tipo que sueles traer de vez en cuando... ya sabes. Song Jae-yeol. Ese estafador que se hace pasar por pastor."

El detective bajó la voz para que nadie más escuchara.

"Huele mal. Todo eso huele muy mal."

"Ah, claro. Tan mal que hasta usted ha tenido que salir a atender un reporte de maltrato infantil. Vaya, parece que ha vendido más de lo que yo pensaba."

Mumyeong soltó una carcajada seca. Ya sabía que Song Jae-yeol estaba sacando gente de las casas de apuestas, pero creía que apenas los vendía a clubes o bares para sacar comisión. No pensó que fuera algo tan grave como para afectar al negocio.

Había decidido ignorarlo, pero parece que el asunto se le estaba yendo de las manos si hasta los detectives de la unidad de delitos mayores estaban empezando a intervenir.

En cualquier otro momento habría soltado un torrente de insultos, pero al sentir la mano pequeña y suave que sostenía, prefirió medir sus palabras. Tener esa mano cálida en la suya parecía apaciguar un poco su ira.

"Gracias por el aviso. Te enviaré algún 'bocadillo' de vez en cuando."

"No es necesario, pero sírvase, representante Kwon."

Los 'bocadillos' de los que hablaban eran personas como Song Jae-yeol. Aquellos que causaban problemas en los negocios o que habían sido desechados por la organización.

Era un tipo de soborno: a cambio de entregar a estos 'bocadillos' a la policía, pedía que no tocaran el cuerpo central de la organización.

'Si vas a traficar con personas, al menos hazlo con estilo'. Mumyeong sentía desprecio por el Pastor Song, incapaz de ver el panorama general por unas cuantas monedas.

"Por cierto, tengo que entrevistar a la víctima, pero... ¿será que me tiene demasiado miedo?"

"Ha Yuseong."

"Señor, quiero seguir con usted."

Ante la voz aterrorizada de Yuseong, el detective Kim se apresuró a consolarlo.

"Está bien, está bien. Quédate pegado al representante Kwon. Aunque este tipo tenga aspecto de aterrador, tiene una lealtad inquebrantable."

"El señor no da miedo. Es guapo."

"¡Jajaja! ¡Este pequeño ya sabe lo que es la lealtad!"

A medida que avanzaba la entrevista sobre el maltrato, el miedo de Yuseong se fue disipando.

Al final, terminó mostrando gran interés por los policías, cantó un par de canciones, tocó los chalecos policiales e incluso se tomó una foto conmemorativa con ellos.

Mumyeong sintió que este proceso legal para quedarse con Yuseong era complicado, molesto y ruidoso, pero, a su vez, que era algo soportable.

"¡Señor! ¡Señor! Cuando sea grande, quiero ser policía."

"¿Hace un momento no querías ser cantante?"

"Ah, entonces seré un policía que canta."

La expresión de Yuseong, saltando de alegría, se veía más radiante que nunca. Sentía que, al menos, lo había sacado de un lugar peligroso.

'Maestra. ¿Se sentía usted así en momentos como este?'

Se hizo a sí mismo una pregunta a la que sabía que nunca recibiría respuesta.

* * *

¿Acaso ahora debería llamarlo ‘mi casa’? Yuseong entró en el vestíbulo siguiendo a Mumyeong, moviéndose con timidez. Mumyeong, sin prestar la menor atención a si el niño entraba o no, estaba ocupado en una llamada telefónica. Una conversación que, además, tenía todo que ver con Yuseong.

“No puedo llevar al crío conmigo todo el día. Además, no es bueno que ese viejo lo vea. ¡Ja! ¿Has visto alguna vez a ese viejo tratar bien a un niño fuera de las cámaras?”

Yuseong seguía a Mumyeong a todas partes, allá donde fuera. Incluso se coló detrás de él hasta el vestidor, pero nadie le impidió el paso. Mumyeong parecía no darle ninguna importancia a su presencia.

“Ese asunto deberías haberlo resuelto en su momento. Convoca una reunión mañana mismo y contacta con el director general de HW.”

Mumyeong se desató la corbata con brusquedad y la lanzó al aire. Yuseong, que había aprendido a doblarlas gracias a los hombres de traje en las salas de apuestas, la atrapó al vuelo. La dobló con cuidado y la dejó en un rincón del vestidor.

Lo siguiente fue la chaqueta. Cuando Mumyeong se la quitó con irritación y buscó una percha, Yuseong se puso de puntillas, alcanzó una percha que colgaba en lo alto y se la ofreció. Mumyeong, sin dejar de hablar por teléfono y sin la menor sospecha, la arrebató y colgó la chaqueta. Luego, soltó la prenda esperando que alguien la sujetara por el otro lado.

Yuseong estiró los brazos rápidamente para alcanzarla, pero…. no llegó.

¡Plaf! La chaqueta aleteó y cayó al suelo.

¿Eh? ¿Qué fue eso?

Mumyeong giró la cabeza. No había nadie a su lado.

Su mirada bajó lentamente. Quien estaba allí no era Won-jun, sino el pequeño Yuseong, cuya cabeza estaba enterrada bajo la chaqueta que Mumyeong acababa de lanzar.

“Espera un segundo.”

Mumyeong hizo una pausa en su llamada y apartó la chaqueta que cubría la cabeza del niño. El fino cabello castaño de Yuseong estaba alborotado por la electricidad estática. El pequeño arrugó la nariz conteniendo un estornudo.

“Cachorro.”

“Sí.”

“Ve a jugar a la habitación pequeña.”

Mumyeong se dio la vuelta sin más y reanudó su conversación.

Yuseong, sabiendo que no era bienvenido allí, salió del vestidor de inmediato.

Sin embargo.

“¿Dónde estará la habitación pequeña?”

Yuseong recorrió la casa de Mumyeong de un lado a otro. Aunque sus piernas cortas revolotearon por todas partes, no logró encontrar la habitación que Mumyeong mencionaba.

“Todas las habitaciones son demasiado grandes. Son habitaciones gigantes.”

Yuseong frunció el ceño y apretó los labios. No se sentía bien al llevarle la contraria al señor, pero no tenía otra opción. Para Yuseong, todas las habitaciones eran ‘grandes’ si las comparaba con su casa anterior, que era tan minúscula y estaba tan abarrotada de trastos que no había ni un palmo donde pisar.

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Al final, Yuseong regresó junto a Mumyeong. Se acercó con cautela y le dio un pequeño tirón a la solapa de su ropa.

“Señor, señor….”

Mumyeong bajó la cabeza sin ocultar su molestia. Yuseong tiró de su ropa y dijo:

“Señor, señor. En esta casa no hay ninguna habitación ‘pequeña’.”

Mumyeong no respondió con palabras, sino que señaló hacia la izquierda con el dedo. La ‘conversación’ terminó tan rápido como empezó; él le dio la espalda de nuevo.

“Sigue hablando. Sí. No lo enfoques de esa manera….”

Yuseong hizo un puchero y se dirigió a la habitación de la izquierda. Como las distancias entre las estancias eran enormes, el camino se le hizo largo.

Al llegar, abrió la puerta de par en par. Se encontró con un espacio amplio y vacío, que solo contenía una cama más grande que la puerta. El tono marfil, sin un solo estampado, era casi cegador.

“El señor es un tonto. No se ha fijado en que no hay ninguna habitación pequeña.”

Mientras refunfuñaba para sí mismo, entró en la habitación y descubrió una bolsa de compras colocada cuidadosamente sobre la cama.

“¿Eh?”

Al revisarla por si acaso, encontró que estaba llena de ropa. Todas las prendas eran exactamente de su talla. En realidad, eran mudas de ropa que Won-jun había encargado a uno de sus subordinados.

El único problema era….

“¿Por qué solo hay dos colores?”

La ropa preparada para Yuseong solo venía en dos tonos: blanco y negro.

Yuseong dio vueltas observando las prendas y soltó un suspiro al darse cuenta de que en esa habitación ni siquiera había un espejo. Hasta en aquel cuchitril de semisótano donde vivía tenía uno, aunque estuviera recogido de la calle y tuviera una esquina rota.

“Esto no es ropa de escenario y los colores son muy aburridos. ¿Qué es esto?”

Por dentro, se sintió decepcionado. Quizás era porque el señor había sido tan amable que, sin darse cuenta, había empezado a esperar que le comprara un montón de ropa lujosa y deslumbrante. Al ser consciente de su propia avaricia, sacudió la cabeza con fuerza.

“No. No debo ser codicioso. Si empiezo a querer más, no tendré nunca suficiente.”

Aun así, sin poder dejar de lado su curiosidad, empezó a examinar la ropa con detalle. Cuanto más miraba, más confundido se sentía. No comprendía por qué el señor habría elegido esas prendas.

“¿Acaso esto no es un traje de hombre?”

El señor claramente le dijo que lo enviaría a la escuela primaria. ¿Por qué le compró trajes? Y encima, trajes negros como el carbón.

“Esto me resulta familiar…. ¡Ah!”

De repente, una revelación golpeó a Yuseong y sus mejillas se tiñeron de un rojo suave. Una sonrisa boba se dibujó en su rostro.

Todas las prendas aquí presentes se parecen muchísimo a la ropa de Mumyeong.

“¿Qué pasa? ¿No me digas que…?”

Yuseong levantó la vista hacia donde estaba Mumyeong. Aunque la pared se lo impedía, se sintió conmovido al imaginar al señor avergonzado en aquel momento.

¿Seguro que piensa que ya habré descubierto la ropa y estará muerto de vergüenza?

“¡El señor es un tonto! ¿Es que quería vestirme igual que él?”

¿Y si el motivo por el que lo envió a esta habitación —fingiendo indiferencia— era en realidad para que viera esto? ¿No sería este su estilo rudo y tímido, incapaz de admitir que había preparado ropa a juego para los dos?

Yuseong abrazó con fuerza los trajes recibidos de forma inesperada. La consideración de Mumyeong le pareció tierna y agradecida. No es una ilusión que también él se sienta un poco tímido.

“Ay, ay. Como soy muy maduro, haré como si no me hubiera dado cuenta. A veces, los adultos parecen más niños que los niños.”

No sabe si le quedarán bien, y la verdad es que no le entusiasman demasiado, pero Yuseong decidió que usaría esos trajes negros con estilo. También se aseguró a sí mismo que le diría lo contento que estaba por llevar la misma ropa que el señor. Ya que había recibido un ‘tributo’, es lógico ofrecer un servicio a sus fans.

Mientras Yuseong se divertía probándose los trajes frente a su cuerpo….

Mumyeong no tenía ni la menor idea de que Yuseong había recibido varios trajes negros. Él solo le había ordenado a Won-jun que preparara ropa para un niño.

Won-jun transmitió la orden al equipo de secretarios, quienes, a su vez, la pasaron a los subordinados de menor rango.

Pero, al tratar el asunto de Yuseong como algo confidencial, la tarea terminó cayendo en manos de los subordinados conocidos como ‘los matones’.

‘Preparen ropa para un misterioso joven maestro’. Era el primer recado de este tipo que recibían en su vida. ¿Cómo que hacer compras? ¿Y encima de ropa?

No tenían ninguna información sobre el niño, salvo que tenía diez años y una constitución pequeña. La imaginación de aquellos gánsteres se desbocó, alejándose infinitamente de la realidad. ¿Acaso el solitario representante Kwon tenía un hermano menor oculto? ¿O sería el hijo de un cliente? ¿O el propio cliente?

Si era un joven maestro relacionado con Mumyeong, el estilo era obvio.

Negro. Todo negro. Ropa interior, pijamas, trajes; todo tenía que ser negro.

¡Solo las camisas blancas! ¡Si es caro, está bien!

“¡Mmm! ¡Me gusta cuanto más lo miro! ¡Es muy elegante!”

Yuseong, imitando el tono de voz de su abuela, asintió repetidamente.

Fuera cual fuera el resultado, la persona que recibió el regalo estaba más que satisfecha.

* * *

Aquella noche, Mumyeong sentó al niño en el sofá de la sala y le hizo arremangarse el pijama. Era para aplicarle la pomada que le habían recetado en el hospital durante el día. Si aprendía a aplicársela hoy, a partir de mañana tendría que hacerlo él solo.

Mumyeong pensó para sus adentros:

‘¿Por qué la ropa de este mocoso es tan lúgubre? ¿No suelen traer dibujos o cosas así?’

Al subirle la manga holgada hasta por encima del codo, quedaron al descubierto los brazos llenos de heridas. La expresión de Mumyeong se tensó ligeramente.

“¿Por qué te pegaban?”

“Porque no ganaba suficiente dinero.”

“Ja.”

Fue lo que más le hirvió la sangre de todo lo que había escuchado ese año. ¿Golpear a un niño de diez años porque no ganaba dinero?

El niño, que lo observaba de reojo mientras Mumyeong mantenía el rostro rígido, abrió la boca con cautela:

“¿Cuánto piensa usted que gano?”

Mumyeong, mientras apretaba el tubo de crema sobre el brazo lastimado, levantó la mirada con desdén.

Yuseong, a pesar de estar midiendo la situación, no se guardó lo que quería decir:

“¿Cuánto quería ganar usted cuando me compró? Se supone que debería ganar más que el dinero que usted me dio, ¿no? Porque así es como le pago la deuda. ¿Verdad?”

Yuseong recordó el dinero que Mumyeong le había metido en el bolsillo. Se arrepintió tardíamente de no haber contado la cantidad exacta. No es que el señor tuviera que ser ese tipo de persona, pero existía la posibilidad de que intentara estafarlo ahora.

¿Cuánto habría sido? Era un fajo grueso, y el color amarillento de los billetes indicaba que no era una cifra cualquiera.

“Cachorro.”

“Sí.”

“¿Tienes algún bocadillo que te guste?”

Mumyeong cambió de tema de repente. Su tacto al aplicar la pomada sobre los brazos heridos era brusco, pero meticuloso.

Yuseong cayó de inmediato en su juego. En lugar de pensar en cuánto debía pagarle o cuándo tendría que volver a la casa de apuestas, empezó a imaginar sus galletas favoritas, dulces y saladas. Aunque la mayoría de las veces solo las había probado gracias a que alguien las dejaba olvidadas en la mesa de juego, aun así…

“Hay un bocadillo que me gusta. Está rico.”

“¿Cuánto cuesta?”

“El precio al consumidor es de 1,500 wones, pero si hay oferta en el mercado se puede comprar por 1,380. Pero la abuela casi nunca me lo compra, así que yo las propinas…”

“Olvídate. Digamos que son 1,500. ¿Quieres que te enseñe cómo ganar esos 1,500 wones?”

Yuseong levantó la vista y miró a Mumyeong como si fuera patético.

“Señor, ¿quién se conforma con 1,500 wones?”

Se lo dijo como si lo estuviera regañando. Yuseong tenía su orgullo.

“¿Sabe cuánto me pagaban por canción cuando cantaba en la casa de apuestas? Me daban mucho más de diez mil wones por cada una.”

“¿Y te quedabas con todo ese dinero en tu bolsillo?”

“…….”

“1,500 wones ya es un precio generoso para ti.”

La expresión del niño se volvió bastante seria. Mumyeong dio unos toquecitos sobre los brazos ya medicados y bajó las mangas. Mientras arremangaba el otro lado, continuó con indiferencia:

“Si mañana te despiertas solo y te lavas los dientes, te daré 1,500 wones. Es dinero que irá directo a tus manos.”

“…….”

“Así podrás comprarte ese bocadillo desde temprano en la mañana.”

“¿Desde temprano…?”

¿Comer un bocadillo al despertar? Era una idea impactante. Lo habitual era que no pudiera comer bocadillos porque era de mañana, ni porque era de día, ni porque era de noche.

“¿Puedo… comerlo apenas me despierte?”

“Como quieras.”

“¡Haaa…!”

La mandíbula de Yuseong se desencajó y no parecía capaz de cerrarse.

“Observa y aprende cómo ponerte la pomada. Desde mañana hazlo solo. Solo por hoy te ayudo.”

“E-entonces, ¿mañana vamos juntos a comprar el bocadillo?”

“…….”

La mirada, que antes estaba fija en los brazos heridos, se trasladó a unos ojos brillantes. Los ojos del pequeño resplandecían como estrellas.

Todo por esa simple frase de que podía comer un bocadillo al despertar.

Mumyeong sintió dos cosas. La primera fue una admiración al ver que los ojos del niño eran de un color castaño brillante, como joyas transparentes; bastante bonitos, de hecho.

‘Para ser un mocoso, tiene una cara bonita.’

Entendía por qué tenía tanta fama en las casas de apuestas. Era adorable. Tanto que incluso dejaba una impresión en alguien tan duro como una piedra como Mumyeong.

La segunda sensación fue el sentimiento suave que seguía a esa mirada de joya. ¿Cómo explicar este picor en la garganta? La pureza de la expectativa en esos ojos inocentes le parecía ridícula, y a la vez un poco tierna, tanto que Mumyeong estuvo a punto de soltar una carcajada.

Ya que estaba siendo generoso, decidió lanzar un trozo de pastel extra al pobre perro.

“Haré que puedas comprarlo apenas despiertes mañana.”

“¡Guau!”

“Siéntate. Mira y aprende a ponerte la medicina.”

“Sí.”

Yuseong, con el trasero flotando de emoción, se sentó y escuchó dócilmente la voz grave y calmada de Mumyeong.

“Desde ahora, no volverás a pisar ninguna casa de apuestas. Mi cantante exclusivo solo recibe mi dinero. Sea la cantidad que sea. ¿Entendido?”

“Sí.”

Yuseong asintió y se acercó a Mumyeong. La distancia se acortó tanto que parecía que iba a terminar en su regazo. Echó la cabeza hacia atrás y sostuvo la mirada de Mumyeong.

“Pero, ¿por qué no me deja cantar?”

“…….”

Los ojos de Mumyeong se desviaron hacia un lado con fastidio. Comenzó a buscar una excusa a medias, sin esforzarse demasiado.

“Mmm. Porque es de noche.”

“Tampoco me deja de día.”

“Ya terminé con la medicina.”

Mumyeong levantó al niño sujetándolo por un costado.

“Ah.”

Yuseong fue transportado hasta la habitación pequeña, suspendido como si fuera una almohada. Aunque la llamaban habitación pequeña, era tan espaciosa que resultaba vacía.

Por suerte, allí al menos había una cama donde el niño podía tumbarse. Después de decidir que esta casa sería su residencia principal, Mumyeong le había soltado a Won-jun una orden vaga: ‘La habitación pequeña está vacía, es raro. Llena el espacio con algo. Pon una cama o lo que sea’. Quién iba a decir que esa orden improvisada sería útil en un momento así.

Mumyeong tiró al niño sobre la cama y se dispuso a salir, pero Yuseong se levantó como un muñeco tentetieso y lo llamó.

“¡Señor, señor!”

“¿Qué?”

La mano de Mumyeong estaba sobre el interruptor de la luz. Era evidente que quería marcharse de allí de inmediato.

Sin importarle eso, Yuseong lo miró con ojos brillantes y le dedicó una sonrisa tímida.

“¡Gracias!”

“…….”

La comisura de los labios de Mumyeong tembló ligeramente. Sentía la garganta áspera. ¿Habrá fumado demasiado durante el día?

“De verdad, le diré cosas buenas delante del juez. Le diré que usted fue un secuestrador realmente bueno.”

“Duerme.”

¡Clac! La puerta se cerró.

Y a la mañana siguiente.

Mumyeong se despertó envuelto en una temperatura cálida. Sentía que se asfixiaba y le faltaba el aire. Algo le presionaba el cuello, así que lo apartó con fuerza y algo delgado salió volando. Era el brazo de Yuseong.

“¿Cuándo se metió este…?”

Parecía que se había infiltrado en la cama durante el rato que Mumyeong había dormido. ¿Con diez años y no sabe dormir solo?

¡Ronquido-¡puf! ¡Ronquido-¡puf! Yuseong dormía soltando ruidos extraños. Incluso había una mancha de baba en la ropa de Mumyeong. Disgustado, Mumyeong presionó las mejillas del niño con el índice y el corazón. A pesar de que la piel blanda se deformaba bajo la presión, Yuseong seguía sumido en un sueño profundo, sin moverse.

Quizás porque estaba soñando, hacía ruidos de estar masticando, lo cual le recordaba a cierto perro que había visto tiempo atrás.

Yuseong se movía, agitando los brazos y piernas, y se enredaba en Mumyeong. Cuando Mumyeong intentaba separarlo, el niño se volvía a pegar; si intentaba levantarse, se agarraba a él. Lo zarandeó un poco pensando que quizás fingía para gastarle una broma, pero la respiración del niño seguía siendo tranquila y constante.

Mumyeong envolvió al niño en el edredón como si fuera un rollo y salió de la cama.

Fue una mañana confusa en muchos aspectos.

Se sentía patético por no haberse dado cuenta de que ese mocoso se había metido en su cama. No podía creerlo. ¿Cuántos años llevaba sufriendo de insomnio? Él, que siempre reaccionaba como una fiera ante el más mínimo sonido o movimiento. ¿Y no se dio cuenta de los pasos de ese niño entrando en la habitación?

Y ni siquiera sabía qué hora era.

“¡Ja!”

Mumyeong rió al ver la cantidad de llamadas perdidas de Won-jun. Fue una risa tan feroz que su rostro, ya de por sí pálido, se veía casi afilado.

“A ver quién de los dos está realmente loco, si yo o tú, pequeño demonio.”

Mumyeong se quitó la ropa manchada de baba con irritación y salió de la habitación.

Mientras tanto, Yuseong seguía durmiendo plácidamente, babeando sin parar.

* * *

Dormir hasta tarde es una cosa, pero una promesa es una promesa. Mumyeong le entregó 1,500 wones en efectivo al niño, quien salió con restos de espuma de pasta de dientes alrededor de la boca. En realidad, como Mumyeong nunca lleva dinero encima, ese dinero salió de la billetera de Won-jun. Aun así, como era dinero que luego le devolvería, en conclusión, seguía siendo dinero de Mumyeong.

“Haaaaaa. 1,500 wones.”

El niño miró los 1,500 wones depositados en sus manos una, dos, tres, muchas veces. Se quedó allí parado, con la espuma aún en la comisura de los labios, durante unos quince minutos.

Mumyeong, que se preparaba para salir a trabajar, empezó a sentirse molesto por la presencia del niño. Evitarlo un par de veces estaba bien, pero al final, lo agarró por la nuca y lo lanzó hacia el sofá.

El niño rodó por el amplio sofá y, tras un momento, volvió en sí. Se incorporó de un salto y le gritó a Mumyeong:

“¿1,500 wones?”

Mumyeong, que acababa de salir del vestidor un rato después, preguntó de vuelta:

“¿Qué?”

“¿Puedo comprar un bocadillo?”

“Vendrá un secretario a llevarte a la escuela más tarde. Cómprate lo que quieras con él o no.”

“¿Es verdad?”

“Sí.”

El niño giró alrededor del sofá sosteniendo sus 1,500 wones. Aunque había ganado mucho dinero recorriendo las casas de apuestas, nunca había tenido la experiencia de tener el dinero que había ganado en sus propias manos.

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¡Tan solo por lavarse los dientes, tenía 1,500 wones en su poder!

¡Que este dinero era suyo!

“¿De verdad este dinero es mío?”

“Sí.”

Mumyeong lo miró desde arriba mientras se ajustaba la corbata. Podía ver esa cabecita, cuyo funcionamiento era un completo misterio, y el nido de pájaro que tenía en el pelo.

Él interpretaba la reacción inusual del niño a su propia manera:

‘Parece que le falta dinero.’

Desde hace rato estaba bloqueando el paso, mirando fijamente el dinero en sus manos... Al ver que no dejaba de repetir “1,500 wones, 1,500 wones”, Mumyeong dedujo que para el niño esa cantidad debía ser una miseria.

Ahora que lo pensaba, el pequeño había dicho una tontería ayer: que ganaba más de diez mil wones por canción. Era un prodigio de la mendicidad que recibía propinas de diez mil o cincuenta mil wones. ¿Cómo iba a ver 1,500 wones como dinero real?

‘¿Habré sido demasiado tacaño?’

El costo de vida ha subido mucho últimamente. Supongo que incluso los niños se dan cuenta de eso.

A Mumyeong le resultaba molesto que el niño estuviera protestando por falta de dinero, pero por otro lado le daba un poco de lástima, así que añadió, como quien le da una limosna a un mendigo:

“Si quieres ganar más dinero, tienes que hacer un trabajo que esté a la altura.”

Mumyeong también había escuchado algo por ahí: dizque educaba a los niños darles una mesada a cambio de completar sus tareas diarias o hacer pequeños recados.

“¿Un trabajo a la altura?”

La expresión del niño se volvió seria al instante. Antes de que Mumyeong pudiera añadir nada más, el pequeño asintió frenéticamente.

“Lo haré. Yo lo haré. Puedo hacerlo.”

“Ni siquiera sabes qué te voy a pedir.”

Mumyeong, sin pensarlo, acarició el nido de pájaro que tenía el niño en la cabeza y se dirigió a la entrada. Won-jun, que lo estaba esperando, se le acercó con urgencia.

“Representante, creo que deberíamos adelantar la reunión.”

“Sigue adelante con el plan. No te preocupes por lo que piense la junta directiva.”

Mumyeong salió por la puerta sin mirar atrás, como si hubiera olvidado la existencia del niño.

“¡Se, señor!”

El niño asomó la cabeza y gritó:

“¡Que le vaya bien!”

Quién sabe si ese mensaje llegó a escucharse.

“Pequeño maestro, le ayudaré a prepararse para la escuela.”

En lugar de Won-jun, el secretario que se había quedado atrás sujetó al niño por los hombros y lo hizo girar. Mientras era arrastrado hacia el baño, el niño preguntó con urgencia:

“¡El bocadillo! ¡¿Puedo comprar el bocadillo antes de ir a la escuela?!”

“Seremos flexibles. Primero, tiene que lavarse la cara de nuevo. Todavía tiene espuma de jabón. Y deje el dinero a un lado….”

“¡Ah! ¡No! ¡Los 1,500 wones! ¡No me los quite! ¡Son míos! ¡Son míos!”

“No se los quito, es que se van a mojar… Si los aprieta así… No, no, no se los voy a quitar. No, no se los quito, no se los quito. Está bien, quédeselos….”

El niño abrazó los 1,500 wones contra su pecho con ambas manos. El secretario, mientras tanto, le limpió enérgicamente la espuma de jabón de la cara.

Mientras el secretario le arreglaba el cabello, la pequeña cabeza del niño no dejaba de girar a toda velocidad:

‘El señor dijo que, si hago un trabajo por el que valga la pena ganar dinero, me dará dinero.’

No era cuestión de conformarse con 1,500 wones. Si lo hacía bien, podría conseguir 3,000, 5,000... ¡o incluso 10,000 wones!

¡Esta es mi oportunidad!

El niño tomó una decisión:

‘¡Con estos wones, ganaré mucho más dinero!’

Demostraré mi valor con una fortuna mucho más grande.

* * *

Pasado el momento de más ajetreo, cuando apenas había pasado la una y media de la tarde y por fin podía tomarse un respiro, Won-jun buscó a Mumyeong con expresión de apuro.

“Representante, ¿tiene un momento?”

“No. El representante necesita descansar, así que resuélvalo usted, jefe de sección Park. Siento que voy a vomitar los libros de contabilidad por la garganta.”

“Ah…. Se trata de ese niño, Ha Yuseong. Si lo desea, seguiré resolviéndolo yo mismo en el futuro.”

“¿Ha Yuseong?”

Mumyeong, con los pies cruzados sobre el escritorio, se quedó pensativo un momento.

Ha Yuseong, Ha Yuseong. ¿Qué hacer con ese mocoso? Era una molestia tener que intervenir en cada pequeña cosa, pero le incomodaba dejarlo todo en manos de otros.

Si hubiera sido ella, su maestra.

Si hubiera sido aquella mujer tan entrometida que lo rescató del barro, ¿qué habría hecho?

“Pásame la llamada.”

Mumyeong dijo con sequedad. Mantuvo su postura relajada, casi tumbado en la silla.

Puso el teléfono en modo altavoz y dejó caer la cabeza hacia atrás. Cerró los ojos y abrió sus labios resecos. Estaba simplemente cansado y decidió tratar esto como una tarea más de su trabajo.

“Habla Kwon Mumyeong.”

―Ah, ¿es usted el padre del alumno Ha Yuseong? Es su tutor….

“No soy su padre. Su tutor temporal. Algo así.”

La llamada provenía de la escuela de Yuseong.

Mumyeong se masajeó con el dedo índice el entrecejo fruncido y se arrepintió al instante. Pensó que no sería nada grave. Era el primer día que enviaba al niño a la escuela. No sería raro que fuera una llamada de cortesía para decirle que se estaba adaptando bien o algo así. Debí dejárselo a Won-jun.

―Es que….

Mientras escuchaba las palabras cautelosas del tutor entrar por un oído y salir por el otro, Mumyeong miró a través de los cristales del ventanal. Al caer la noche, tenía que reunir a los intermediarios de las casas de apuestas en Incheon. No había ni un segundo de descanso.

De día, tenía que dirigir la empresa fingiendo que era una compañía legítima de construcción y finanzas; de noche, tenía que gestionar varios casinos legales y garitos de apuestas ilegales. Aunque tenía a muchos jefes de sección e intermediarios a su cargo, todas las decisiones importantes tenían que pasar por sus manos.

Ese maldito viejo, el presidente Kwon. Si iba a darle algo, ¿no podría haber sido solo una cosa? ¿Qué pretendía pasándole tanto los negocios legales como los ilegales?

¿Acaso esto era para intentar joderlo de verdad?

―Robar vasos de la cafetería es algo por lo que hay que regañarlo, pero el hecho de que se haya puesto a organizar un juego de cubiletes para cobrar dinero requiere una educación en casa urgente, padre. O mejor dicho, tutor.

“…Espere un momento.”

Los ojos de Mumyeong, que divagaban, parpadearon lentamente. Levantó la mano, se presionó la sien donde palpitaba un dolor sordo y preguntó:

“¿Qué acaba de decir?”

―Necesita educación en casa.

“Antes de eso, ¿qué hizo el niño, Ha Yuseong?”

―Robó tres vasos de la cafetería y montó un juego de cubiletes. Formaba una especie de sistema donde cobraba dinero y les daba los bocadillos de la merienda como premio a quienes acertaran…. Ya le hemos confiscado los vasos y los bocadillos….

“…….”

Mumyeong se quedó sin palabras y miró fijamente el aparato telefónico. Era el teléfono de la oficina que veía todos los días, pero no entendía por qué le resultaba tan extraño.

Antes de que pudiera siquiera dudar de sus oídos, el bombardeo del tutor continuó.

―Además, parece que durante la clase de música organizó algún tipo de evento con apuestas y premios, fue descubierto y castigado. Aunque el niño está muy decaído y da mucha lástima, no debe dejarse llevar por la compasión y debe disciplinarlo adecuadamente. No sé dónde habrá aprendido eso, pero debe enseñarle que son comportamientos muy malos.

“Dónde lo aprendió….”

Era fácil de imaginar. Mumyeong se frotó el rostro y recordó aquella pensión cutre en un rincón del campo. El mundo de las apuestas era el patio de recreo de Yuseong.

―Y….

“¿Hay algo más?”

Todo esto había ocurrido en el primer día de escuela. No en la primera semana, sino el primer día.

Y, de hecho, el primer día ni siquiera había terminado.

―No, esto no es que Yuseong haya cometido ninguna falta grave.

El tutor añadió con cautela:

―Sé que hay aspectos del vestuario en los que los niños son testarudos, pero a partir de mañana, le agradecería que lo enviara con ropa normal y cómoda para las actividades. La ropa que llevaba Yuseong se rompió hoy. Desde mi punto de vista como tutor, no creo que sea ropa adecuada para un niño tan activo como él. Es muy, realmente muy activo.

“Lo comprobaré.”

Tras colgar, Mumyeong soltó un largo suspiro, algo poco habitual en él. Sentía un cansancio diferente al agotamiento físico.

Después de suspirar profundamente, sintió que era irónico. Su horario, absurdamente ocupado, y ese mocoso que, a pesar de haberlo sacado del mundo de las apuestas, no podía evitar seguir con sus viejas mañas.

“Won-jun.”

“Sí, representante.”

“Voy a salir ahora, así que ajusta mi agenda.”

Fue como un trueno en un día despejado.

“Re-representante….”

Mumyeong se levantó y se puso la chaqueta del traje.

“Tengo que ir a ver a Ha Yuseong. Quiero ver qué demonios ha estado haciendo. La curiosidad me mata.”

Mientras decía esto, una pequeña sonrisa se dibujaba en los labios de Mumyeong.

* * *

“Lo siento. Como los vasos de la cafetería son de acero inoxidable, el sonido de las canicas era demasiado fuerte y me descubrieron. Debería haber puesto algo debajo para amortiguar el sonido….”

Yuseong se disculpó con el rostro completamente rojo. Su posición, arrodillado en el suelo, parecía a la vez solemne y lamentable.

“…….”

Quizás interpretando el silencio de Mumyeong como algo ominoso, Yuseong comenzó a hurgar en su pecho. De su chaqueta negra, que se había desgastado en solo un día, cayeron monedas haciendo un ruido metálico.

Sus pequeñas manos contaron una a una las monedas que habían rodado por el suelo de mármol. Eran 2,250 wones.

“Esto es lo único que el profesor no me quitó.”

Mumyeong se masajeó la frente mientras miraba al niño desde arriba. Obligó a sus labios, que se negaban a despegarse, a abrirse para preguntar:

“¿Por qué tienes esa ropa hecha un asco?”

“Me caí mientras jugaba al fútbol….”

Yuseong bajó la cabeza, tratando de ocultar el dobladillo roto de su ropa.

“De verdad….”

Mumyeong lo pensó un buen rato antes de decir:

“Es increíble.”

No había otra palabra para expresarlo. Cuando salió de la empresa, Mumyeong no tenía nada que decirle a Yuseong. Ni siquiera tenía expectativas.

Después de todo, era un mocoso que había crecido en las casas de apuestas. Organizar una timba en la escuela era una táctica muy anticuada, pero no sorprendente.

Pensaba decirle una sola cosa: que no lo llamaran nunca más por ese tipo de asuntos vergonzosos. Yuseong no era más que una excusa para salir antes del trabajo.

Pero….

Al ver a Yuseong, sentimientos innecesarios lo invadían una y otra vez.

Como el desconcierto, la incredulidad, cosas así.

“¿Por qué el niño va vestido así? ¿Lo envías a un funeral? ¿Quieres publicitar que lo cría un gángster? ¿Qué idiota lo ha vestido así?”

Mumyeong suspiró y agarró a Yuseong por la nuca. El niño fue levantado sin fuerzas, como un gatito. Era tan ligero que, cuando Mumyeong lo agitaba, se dejaba llevar por el movimiento.

Won-jun y el resto del personal, alineados, bajaron la cabeza ante la reprimenda de Mumyeong.

“¿Les parece que este es el aspecto de un estudiante de primaria? Le ponen pantalones de traje y por eso el niño se cae cuando intenta jugar al fútbol. ¿Por qué le enviaron una chaqueta negra con este tiempo? ¿Le pusieron corbata también? ¿Por qué? Mejor haberlo enviado a trabajar a la oficina.”

Mumyeong soltó a Yuseong, dejándolo de nuevo en el suelo. El niño se arrodilló con delicadeza. Mumyeong golpeó el muslo de Yuseong con la punta de su zapato y le espetó con frialdad:

“No te arrodilles así como así.”

“Sí.”

Al notar el cambio de ambiente, Yuseong se levantó rápidamente.

“A partir de ahora, cuando compren algo para Ha Yuseong, pidan confirmación directa a él. Y desde el principio, asegúrense de comprar cosas que sean adecuadas para un niño.”

“Entendido.”

“Y tú, cachorro, si no te gusta algo, dilo. No tienes por qué aceptar todo lo que te den como un idiota.”

“¡Sí!”

Yuseong asintió con los ojos brillantes. Luego, puso a la fuerza las monedas que había ganado en la mano de Mumyeong y gritó:

“¡Señor! ¡Aunque yo! ¡Hoy solo he podido preparar esto como tributo!”

“…….”

“De los fondos de inversión que me dio hoy, argg.”

Mumyeong lo levantó en vilo. Yuseong se quedó quieto, colgando como un gato empapado.

Las monedas que Yuseong le había entregado estaban húmedas y calientes por el sudor y la temperatura del niño, y esa sensación le resultó sumamente desagradable. Mumyeong guardó las preciadas monedas de Yuseong en el bolsillo de su traje desgastado, haciendo que tintinearan.

“¿Te parezco un explotador que le roba el dinero sudado a los niños?”

“Sí.”

“Cachorro. Creo que deberías aprender a guardar silencio a veces.”

“Síii….”

Yuseong no dijo nada más y se limitó a observar la reacción de Mumyeong.

Hubo un momento, tras un duelo de miradas, en el que Yuseong pareció tener una idea. De repente, retorció su cuerpo, se movió con agilidad como una rana y se aferró a Mumyeong.

“¡Representante!”

Los que se sorprendieron fueron Won-jun y los secretarios detrás de él. Sin embargo, Mumyeong y Yuseong parecían no inmutarse.

Mumyeong contuvo suavemente a Won-jun, que estaba a punto de apartar al niño. Los hombres, que bajo su fachada de secretarios parecían luchadores de judo, bajaron las manos.

Mumyeong tomó a Yuseong, que se había pegado a él como una ardilla, y lo alzó. Al sostenerlo por las axilas, Yuseong se abrazó a él.

Mumyeong le sostuvo la espalda para que el niño pudiera acomodarse. Yuseong apoyó el cuerpo en él y levantó la cabeza con entusiasmo.

“¿Por qué te abrazas a mí si no has hecho nada bueno?”

Aunque su voz sonaba molesta, no parecía tener intención de apartarlo de inmediato.

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Yuseong era como un animal que sabe dónde encontrar un lugar seguro para dormir. Tenía instinto y era rápido para leer la situación.

En ese momento, Yuseong vio su lugar. Aquí, en un rincón del abrazo de ese gran tigre llamado Mumyeong, había un espacio pequeño donde podía refugiarse. Por eso se lanzó sin dudarlo.

Porque Yuseong era muy frágil y su vida había sido una lucha constante.

Yuseong miró fijamente a Mumyeong y le preguntó:

“¿No acepta el tributo?”

Mumyeong presionó el entrecejo del niño con el dedo índice y lo regañó:

“¿Qué gano yo con recibir mil o dos mil wones?”

“¿No me dio el dinero para que lo hiciera crecer?”

“Dijiste que comprarías un bocadillo.”

“Eso es una excusa, pensé que era capital de inversión.”

“¿De dónde sacaste esas palabras?”

“Soy bastante inteligente.”

“Entonces, usa eso para estudiar.”

Al mirarlo con atención, era un niño bastante adorable. Mumyeong soltó una risita.

“De ahora en adelante, no hagas tonterías ni montes timbas en la escuela. Me da vergüenza cuando me llaman.”

“¿Y qué pasa con el tributo?”

“No lo necesito.”

Yuseong parecía no creerle.

“Entonces eso no tiene sentido.”

Yuseong agarró su propia chaqueta y su camisa, sacudiéndolas.

“Esto, ¿me está diciendo que me da todo esto gratis? ¿Me mantiene gratis? No puede ser.”

“¿Por qué no puede ser?”

“…….”

Esta vez, quien se quedó sin palabras fue Yuseong.

Se quedó mirando a Mumyeong durante unos segundos, con la mente en blanco, y luego hundió la cabeza en el pecho del hombre.

“¿De verdad…?”

“Sí.”

“¿De verdad no lo acepta…?”

“Sí.”

“¿Me cría… gratis?”

“Sí. ¿Cuántas veces quieres que lo repita?”

“¿Y no me abandonará?”

“Sí.”

Mumyeong sintió que su pecho se humedecía un poco. Aunque pensó que era molesto, no pudo evitar que se le escapara una risita. Era absurdo. Se sorprendió a sí mismo consintiendo los caprichos de este pequeño ser.

Y pensó en el peso de la vida que este pequeño había tenido que soportar solo.

“¿Compraste el bocadillo esta mañana?”

“…No.”

“Como era de esperar.”

Mumyeong le dio un par de palmaditas en la espalda y luego lo apartó, agarrándolo como si fuera un gato callejero. La expresión, que había sido amable por un momento, volvió a ser indiferente, como si nunca lo hubiera abrazado.

Mumyeong revisó su camisa con los dedos. Tenía marcas de lágrimas y moco con la forma de la cara de Yuseong.

Sin decir nada, Mumyeong se quitó la ropa y la lanzó lejos. Una empleada del hogar que esperaba cerca recogió la prenda.

Yuseong le gritó a la espalda del hombre, bien formada y cubierta de cicatrices:

“¿Por qué se quita la ropa de repente? ¿Es usted un pervertido?”

Mumyeong respondió con irritación:

“Has dejado baba en mi ropa.”

“No he dejado baba….”

“Deja de decir tonterías y cámbiate de ropa. Vamos a salir a comprar esas galletas. Esos 1,500 wones o lo que sea.”

“¡Wow! ¡Wow! ¡De verdad!”

“Y de paso, tiremos ese traje de luto que llevas.”

“¿Qué es un traje de luto?”

“¡Jefe de sección Park! Cámbiele la ropa al niño.”

Desde aquel día, el vestuario de Yuseong se convirtió en una tarea importante bajo la responsabilidad directa del jefe de sección Park Won-jun.