2 (Universo alterno)
2 (Universo alterno)
Entre
decoraciones extravagantes, gente vestida con elegancia reía y conversaba.
Sun-woo, que se integraba con naturalidad en el ambiente, descubrió a Ha
Seung-bin pasando a su lado y salió del grupo con fluidez.
Hoy
era el evento del 80º aniversario de la fundación del clan de los Dragones de
Komodo. Había asistido acompañando a I-won, representante del clan de los
Lobos, pero como este se había ido, se quedó solo; afortunadamente, usar a Ha
Seung-bin como excusa le sirvió para escapar.
"Ha
Seung-bin."
Al
tocarle el hombro, Seung-bin dio un salto de sorpresa, pero al identificar el
rostro de Sun-woo, mostró un alivio evidente.
"¿Por
qué te asustas tanto?"
"Pensé
que era Kim Yeo-jin. Tengo que irme antes de que ella llegue."
Si
los rumores de que habían terminado su compromiso de mala manera eran ciertos,
Seung-bin estaba poniendo toda su atención en mirar a todos lados para ver si
su ex prometida aparecía. Irónicamente, esa actitud era exactamente el tipo de
cosas que le gustaban a Kim Yeo-jin, una híbrida de serpiente, por lo que
Sun-woo negó con la cabeza.
"¿No
es raro que la noona Yeo-jin venga a este tipo de lugares?"
"Es
cercana a los Komodo de su clan. ¿Viniste con Choi I-won?"
Sun-woo
asintió ante la pregunta.
"I-won
tuvo un asunto y se fue antes."
"¿Y
tú cuándo te vas?"
"Quién
sabe. ¿Pronto?"
Como
le habían pedido que solo se dejara ver un momento, ya debería ser suficiente
para irse. Sun-woo miraba su reloj cuando Ha Seung-bin lo tomó de la muñeca y
empezó a insistir para que se lo llevara con él.
"¿Trajiste
el coche, verdad? Entonces llévame. Saludare rápido y volveré. ¿Entendido? ¡Lo
prometiste! ¡Nos vamos juntos!"
Ante
sus quejas para que no lo dejara solo, Sun-woo terminó por aceptar y, solo
entonces, Seung-bin se dirigió hacia el interior del salón.
Sun-woo
tomó una copa sin alcohol y, evitando a los híbridos de reptiles que ocupaban
más de la mitad de los invitados, se dirigió a una terraza poco concurrida.
No tengo nada personal en contra de ellos, pero me siento
incómodo cerca de los reptiles...
Desde
que I-won empezó a disputar la sucesión seriamente, estos eventos se habían
vuelto frecuentes y un poco agotadores. Mientras esperaba a Seung-bin bebiendo
a sorbos, las voces de otros invitados llegaron desde el otro lado del
separador.
"No
puedo ir. Ese día es la presentación del clan de los Leopardos de las
nieves."
"¿En
serio? No creo que pueda conseguir una invitación... Oppa, ¿no podrías
llevarme?"
"Lo
pensaré. Hay demasiada gente pidiéndome ir juntos."
"Por
favor. Tengo muchas ganas de ir."
"¿También
va a salir el menor de allí?"
"Si
no se ha dicho nada hasta ahora, supongo que no, ¿verdad?"
"¿Quién?
¿Te refieres a Eun I-chae?"
"No,
hay alguien más después de Eun I-chae. Pero parece que nunca se ha dejado ver
fuera. Nadie lo ha visto nunca. Ni siquiera sé su nombre."
"¿Cómo
es posible?"
Las
voces de quienes hablaban disminuyeron de repente.
"Debe
ser verdad el rumor de que le falta un tornillo. Si fuera de otro clan, habría
sido un escándalo enorme, pero lo mantienen escondido bajo un halo de
misterio."
"Escuché
que... ni siquiera puede transformarse en humano..."
Sun-woo,
que se había convertido en un oyente involuntario, frunció el ceño y se
levantó. Él ya conocía los rumores sobre el clan de los Leopardos de las
nieves, pero escuchar conversaciones de esa manera le resultaba desagradable.
No estaba en posición de juzgar a ninguna familia.
Tan
pronto como salió de la zona apartada hacia un lugar más iluminado, se topó con
alguien.
"Hola,
Sun-woo."
"Noona.
Has venido."
Era
Kim Yeo-jin, a quien Ha Seung-bin tanto trataba de evitar. Yeo-jin, con el
cabello perfectamente peinado hacia atrás, examinó a Sun-woo con ojos que se
curvaron en forma de arco.
"Sun-woo,
cada día estás más guapo. ¿Qué haces solo hoy? Siempre estabas pegado al lobo
como si fueran pareja."
"I-won
tenía cosas que hacer y se fue antes. Yo también pensaba irme pronto."
"Estás
ocupado, no te retendré. Vete con cuidado."
Sun-woo
inclinó la cabeza ligeramente para saludarla.
"Noona,
hoy te ves especialmente guapa. Y además..."
Sun-woo
le quitó una pequeña pluma azul que le molestaba desde hace rato y le guiñó un
ojo.
"Me
llevaré a Seung-bin. Me lo pidieron."
"...Qué
astuto eres, como un zorro."
Dejando
atrás a Yeo-jin, quien soltó un suspiro de incredulidad, se dirigió en la
dirección en la que había ido Seung-bin. No tuvo que ir muy lejos; siguiendo el
leve olor a alcohol que se extendía por el pasillo lleno de habitaciones,
encontró a Ha Seung-bin durmiendo con la cabeza apoyada en una mesa.
"Oye.
Despierta."
"Mmm...
Noona..."
Al
levantarlo por los hombros, Seung-bin se abrazó a su cintura, lo cual le
pareció repulsivo, así que lo empujó por la frente con la punta de los dedos.
El labial corrido alrededor de su boca y las plumitas azules que revoloteaban a
su alrededor eran un espectáculo lamentable. Sun-woo soltó un suspiro, cargó a
Seung-bin sobre un hombro y lo sacó del lugar.
Apenas
logró subirlo al coche, donde el chico recuperó un poco la conciencia y se
quejó de malestar. El olor a alcohol era tan fuerte que Sun-woo abrió la
ventana en silencio.
"Ah,
estoy borracho..."
"¿Cómo
pudiste beber tanto en tan poco tiempo?"
"Entré
a saludar y estaba Kim Yeo-jin allí. Oye, ¿quieres que te cuente algo gracioso?
Kim Yeo-jin dijo que está viendo a alguien últimamente. ¿No es ridículo? ¿Cómo
puede estar saliendo con un hombre tan poco después de romper su compromiso?
¿Será verdad? Lo habrá dicho para ponerme nervioso, ¿no?"
"Quién
sabe. No creo que la noona sea del tipo que miente con eso. Como ella
también es sucesora, supongo que empezará a sentir presión por casarse. Ya está
en edad de hacerlo..."
"¿Por
qué dices eso? Mi noona no es así. Cuidado con lo que dices."
"..."
Ante
la reacción de enojo de Ha Seung-bin, Sun-woo soltó una risa burlona.
Dicen que no hay que meterse en peleas de pareja.
Pero
no había dicho ninguna mentira. Aunque Seung-bin, al estar lejos de la
sucesión, no parecía darse cuenta todavía, los sucesores de cada familia ya
tenían compromisos concertados desde temprano o estaban apresurando los
preparativos para el matrimonio. I-won también mantenía encuentros con un
pariente lejano de los lobos bajo la premisa de matrimonio, y esa era la razón
por la que se había retirado antes.
Tras
dejar a Seung-bin en su casa mientras escuchaba sus lamentos, Sun-woo estaba
por volver a subir a su coche cuando se detuvo y tomó su teléfono.
Encendió
un cigarrillo y esperó, pero I-won no respondió. Sun-woo cortó la llamada,
envió un mensaje diciendo que todo había terminado bien y guardó el móvil.
Pensando
en fumar uno antes de irse, se dirigió a un callejón poco transitado mientras
movía el cigarrillo entre sus labios. En un lugar sin farolas, al encender el
encendedor, escuchó un "pío" debajo de él. Pensó que era demasiado
pequeño y que quizás había escuchado mal, pero por si acaso, encendió la
linterna del teléfono.
En
el lugar iluminado, algo sucio estaba acurrucado formando una bola. Un ovillo
de pelo cubierto de barro y polvo, apenas identificable, temblaba
violentamente.
Sun-woo
se acercó a grandes zancadas y sujetó la nuca del animal de un solo movimiento.
Este se retorció y mostró los dientes en señal de advertencia, pero, al parecer
falto de fuerzas, solo dejó escapar un siseo metálico.
Al
encontrarse con esos ojos azules que lo miraban fijamente mientras extendía sus
cuatro patas hacia abajo, Sun-woo murmuró aturdido:
"...¿Un
gato?"
*
* *
La
mansión estaba completamente patas arriba.
"¿Qué
significa eso? ¿Qué le pasa a Hyeon-chae?"
"Presidente..."
El
presidente Eun, Choi Se-kyung e incluso Chae Shin-ho, que estaba presente,
corrieron a la residencia principal tras recibir la noticia.
"Director
Yang, informe la situación exactamente. ¿Qué ha pasado?"
Ante
la urgencia de Eun Woo-kyung, el Director Yang, que dudaba, finalmente abrió
los labios con dificultad.
"Estábamos
realizando el examen de crecimiento del hermano menor, pero después del
almuerzo de hoy, dijo de repente que no quería seguir siendo examinado y salió
de la mansión. La última vez que se le vio fue en la entrada del vecindario,
transformado en su forma original..."
"¿Qué
has dicho?"
"Ah...
Hyeon-chae..."
Choi
Se-kyung se tambaleó con una expresión de desolación.
A
diferencia de otros híbridos, los leopardos de las nieves tienen un periodo de
crecimiento corto pero intenso. Una vez que llega su etapa de desarrollo,
crecen rápidamente, pero hasta entonces, su cuerpo es más pequeño que el de
otros animales pequeños de su misma edad y su velocidad para procesar emociones
o relaciones es más lenta.
Debido
a esto, el riesgo de exposición al peligro es alto, por lo que pasan su infancia
sin salir de los límites del clan y solo se muestran al mundo tras alcanzar su
madurez. Por eso los leopardos de las nieves son conocidos por ser misteriosos.
Hyeon-chae,
el menor, tenía un ritmo especialmente lento, por lo que aún no había llegado a
su etapa de crecimiento. Aunque su edad biológica humana se acercaba a la edad
adulta, su forma animal era más pequeña que la de un gato...
Justo
acababan de empezar una investigación para inducir el crecimiento de manera
artificial, temiendo que, si esperaban demasiado, algo saliera mal. Hacía
tiempo que habían terminado de hablarlo con Hyeon-chae y él mismo había dado su
consentimiento, por lo que nadie podía entender por qué se había escapado de
casa ahora.
Al
pensar en el menor, tan pequeño y delicado comparado con el resto de la
familia, estando solo, solo podían acudir a sus mentes los peores escenarios.
"Cariño,
¿por qué nuestro Hyeon-chae... qué vamos a hacer? Si a nuestro Hyeon-chae, ese
pequeño, le pasa algo..."
"Es
extraño que se haya escapado sin decir nada. No es un niño así."
"¿Podría
ser que se haya sentido herido por las pruebas?"
"He
enviado a los hombres a buscarlo. Les diré que nos traigan noticias en cuanto
tengan contacto."
"Shin-ho,
solo localicen dónde está, no se acerquen. Yo seré quien hable con él."
Mientras
los adultos hablaban, Eun Woo-yeon llegó tarde tras recibir un mensaje de Eun
Woo-kyung. En ambas manos, traía a dos grandes leopardos de las nieves siendo
arrastrados por el cuello.
"Woo-yeon,
qué... ¿I-chae y Chae-yeon?"
"Explíquenlo."
Dijo
Woo-yeon con voz gélida mientras los arrojaba al centro. Chae-yeon e I-chae,
que se transformaron en humanos antes de caer al suelo, empezaron a tartamudear
excusas ante las miradas centradas en ellos.
"No
dijimos nada grave. Solo era una broma."
"Le
dije que el dolor del crecimiento sería horrible... parece que Hyeon-chae se
asustó..."
Eun
Woo-kyung, quien observaba la escena con los brazos cruzados mientras ellos
evitaban mirarlo a los ojos, levantó una ceja.
"¿Hyeon-chae
se escapó solo por un simple dolor de crecimiento? Tienen que decir cosas que
tengan sentido. El menor se ha ido solo y no sabemos dónde está ni qué está
haciendo, ¿y todavía no piensan decir la verdad?"
Ante
la voz gélida de Eun Woo-kyung, Chae-yeon e I-chae se miraron entre sí. Con
expresiones de derrota, cerraron los ojos con fuerza y apenas pudieron
continuar.
"Le
dijimos que cuando creciera lo casaríamos por conveniencia... que su pareja ya
estaba elegida... solo le dijimos eso..."
"Fue
realmente una broma, un chiste. No pensamos que Hyeon-chae se lo creería."
Ante
las respuestas inmaduras de ambos, los presentes se llevaron las manos a la
cabeza.
"Si
tienen algo más que esconder, díganlo ahora. Si me entero después por el menor,
sepan que ambos estarán castigados sin salir durante un año."
"¿Un
año?"
"¡Eun
I-chae le dijo al menor que se casaría con un gorila!"
"¡Oye!
¡Eun Chae-yeon! ¡Tú también le mentiste diciendo que mamá y papá empezaron el
experimento porque querían deshacerse rápido de él!"
"¡¿Y
eso tiene sentido?!"
Choi
Se-kyung, que ya no podía aguantar más, gritó con todas sus fuerzas. Eun
Chae-yeon y Eun I-chae, al notar el ambiente, se entristecieron y cerraron la
boca.
"Lo
sentimos."
"Nos
equivocamos..."
No
fue por malas intenciones. Simplemente, después de ver que el menor, que hasta
ahora había sido indiferente y sin emociones, empezó a mostrar reacciones
emocionales al comenzar la investigación, les pareció fascinante y quisieron
gastarle una pequeña broma que se salió de control.
El
presidente Eun y Choi Se-kyung tenían sus propios motivos para estar
preocupados. Como Woo-kyung y Woo-yeon ya tenían parejas prometidas, no era
raro que Hyeon-chae se creyera la broma. Pero, aunque ellos dos sí tenían una
conexión con alguien desde hacía tiempo, nadie los había obligado.
Siguiendo
un gesto de Chae Shin-ho, Eun Woo-yeon se llevó a Eun Chae-yeon y a Eun I-chae
de la habitación. Eun Woo-kyung dijo:
"Voy
a ver con Shin-ho dónde está. Ustedes dos no se preocupen demasiado."
"Ha...
muévanse con discreción para que esto no llegue a oídos del patriarca. Si se
entera, esto acabará en un desastre."
"Entendido."
"Como
dije antes, en cuanto lo encuentren, no se acerquen, primero informen. Se ha
escapado creyendo las palabras de Chae-yeon e I-chae; si intentan atraparlo a
la fuerza, solo empeorarán las cosas."
La
imagen del menor, que solía ser increíblemente obstinado cuando algo se le
metía en la cabeza, cruzó por sus mentes. Los cuatro reunidos allí soltaron un
profundo suspiro al unísono.
*
* *
Al
no poder dejar atrás a una criatura en un estado tan deplorable, Sun-woo se
quitó la chaqueta y envolvió cuidadosamente al gato para levantarlo. Tal vez
porque estaba muy agotado, el gato no ofreció resistencia y se quedó dormido
con los ojos cerrados durante el camino a casa.
Al
llegar, preparó agua tibia en el lavabo, pero al salir, la criatura había
desaparecido por completo. Preguntándose dónde podría haberse escondido algo
tan pequeño, Sun-woo miró a su alrededor, sonrió levemente al ver las pequeñas
huellas negras en el suelo y siguió el rastro. El gato se había escondido en el
vestidor.
"¡Kyaang!"
"Sí,
sí. Lo entiendo. Pero aun así, tienes que lavarte. ¿Qué pasaría si te
resfriaras? Eres tan joven..."
Esquivando
sus intentos de morderle la mano, lo agarró nuevamente por la nuca y lo llevó
al baño. Le preocupaba que el gato odiara el agua, pero afortunadamente,
parecía disfrutar de la calidez, apoyando la barbilla en el borde del lavabo y
emitiendo un ronroneo.
Había
estado revolcándose tanto en el suelo que el agua salía turbia constantemente.
Masajeó su cuerpo, que era sorprendentemente firme, y tras lavarlo varias
veces, finalmente apareció su pelaje original. Era un ejemplar magnífico, de
color plateado blanquecino con tenues manchas atigradas. Al principio, pensó
que eran manchas de suciedad y las frotó con fuerza, pero al oír sus quejas
molestas, se dio cuenta de que era su patrón natural.
El
gato ronroneó tranquilamente mientras lo sacaba para secarlo, pero cuando
Sun-woo dejó el secador y acarició su esponjoso pelaje, de repente saltó lejos,
arrugó su pequeño entrecejo y mostró los dientes. Aunque era una amenaza, sus
colmillos, diminutos como granos de arroz, solo resultaban adorables.
"Minino."
"……¡Kya-ak!"
Sun-woo
se acercó sigilosamente y le dio un toque en la parte trasera, a lo que el gato
respondió mostrando ferozmente los dientes y huyendo a toda prisa a un rincón.
Se escondió debajo del sofá y lo miró fijamente; solo sus ojos azules brillaban
en la oscuridad. Hacía un momento estaba en sus brazos dejándose mimar, pero
ahora se mostraba totalmente hostil, como si se enfrentara a un enemigo.
¿A los gatos les gustaban las cajas...?
Rascándose
la cabeza, Sun-woo sacó una caja del trastero y la dejó en medio del salón para
que el gato la viera. Cuando se puso la ropa y fue hacia la entrada, el gato se
acercó con curiosidad.
"Siéntete
cómodo."
Dijo
Sun-woo con dulzura antes de cerrar la puerta y salir. Mientras caminaba por
las calles nocturnas, su mente no podía dejar de pensar en el gato que había
dejado en casa.
Al
principio sospechó que podría ser un joven híbrido perdido, pero como no
respondía a sus palabras y no sentía feromonas, parecía que no era un híbrido.
Sin embargo, era muy hermoso. ¿Sería el gato de alguien?
Recordó
al gato mostrando los dientes con ferocidad y soltó una risita. ¿Instintivamente
sentirá que soy un híbrido de perro?
Como
ya era tarde, pensó en dejarlo dormir esa noche y buscar a su dueño mañana.
Fue
a una tienda de conveniencia cercana y compró comida para gatos y leche. Antes
de entrar, pensó en fumar, pero volvió a guardar el cigarrillo en lo profundo
de su bolsillo al sentir que al gato no le gustaría. No puedo ganarme más su
odio.
Sacó
cuencos adecuados y vertió leche, agua y comida respectivamente. Aunque debía
tener hambre, el gato ni siquiera miró la comida, escondiéndose debajo del sofá
y vigilando los movimientos de Sun-woo con sus ojos azules brillantes. Pensó
que comería solo y lo dejó estar, mientras él calentaba una sopa de costilla
que tenía en la nevera. Era un regalo de su madre; pensando que se echaría a
perder si la dejaba más tiempo, decidió cenarla.
No
creía tener hambre, pero al oler la comida, su apetito despertó. Justo cuando
estaba por comer, sonó el teléfono en su cama. Levantándose de inmediato, vio
que era I-won, tal como esperaba.
"I-won.
Sí. Todo salió bien. Me encontré con Ha Seung-bin y vine con él……."
Mientras
respondía a su pregunta sobre cómo estuvo su día, escuchó un estrépito de algo
cayendo afuera.
● ¿Qué es ese ruido?
"……No
es nada. Debe ser un plato que se cayó. Estaba por cenar."
● Ten cuidado. Si no tienes planes mañana, nos
vemos.
Sun-woo
salió de la habitación y contuvo el aliento ante la escena: la comida que iba a
cenar estaba en el suelo, y el gato, cuya piel estaba impecable hacía poco, lo
miraba con ojos de susto, completamente empapado. Su cola, que ya era gruesa,
se había inflado al doble.
Al
dar un paso hacia él, el gato saltó sorprendido y salió disparado de la cocina.
● ¿Nam Sun-woo?
"Eh….
I-won. ¿Qué dijiste?"
● ¿Por qué estás tan distraído? Dije que nos
viéramos mañana si no tienes planes.
"Ah,
mañana será difícil. Tengo cosas que hacer."
● ¿Qué cosas?
"I-won.
Te llamaré luego. Hay un caos aquí fuera… tengo que limpiar."
Tras
colgar con una excusa, Sun-woo se agachó para recoger el plato.
Afortunadamente, no se rompió. Limpió lo que pudo y siguió las huellas que
conducían desde la cocina.
En
el cuarto oscuro, no se sentía movimiento alguno.
"Sal."
"……."
Al
intentar levantar al gato de su escondite, este mostró sus colmillos con
intención de morder, así que Sun-woo no tuvo más remedio que transformarse en
su forma original. Su campo de visión bajó y un pelaje negro brillante cubrió
su cuerpo.
El
gato, al ver a Sun-woo transformado en un ágil perro negro, se quedó congelado
con la boca pequeña y abierta. Sun-woo apartó la ropa con la nariz y mordió la
nuca del gato para levantarlo. La criatura, estirada con las extremidades
colgando, era más pesada de lo que pensaba.
Pensando
que tal vez no era un gatito, saltó sobre el sofá. Lo colocó entre sus patas y
lamió el pelaje mojado con su lengua; el gato lo miró con ojos desconcertados.
● Me parece que si te vuelvo a bañar, te vas a
enojar. Pequeño. Tenme paciencia. ¿Sí?
● …….
● Pero qué rico. Siento que me convertí en un
carnívoro. Esto.
Murmurando
para sí mismo mientras lamía el pelaje con sabor a sopa de carne, el gato
inclinó la cabeza, aunque no entendía nada. Al verlo relajarse, Sun-woo le
cubrió los ojos con la mano para que no se asustara y volvió a su forma humana.
Al
cargarlo de nuevo, el gato estaba mucho más tranquilo. Mientras lo lavaba y
secaba, el gato lo observaba fijamente con sus ojos azules transparentes.
Pensó
que era un travieso, pero mientras lo lavaba, reflexionó y se preguntó si
tendría hambre. Si no le interesaba la leche ni el alimento, pero se abalanzó
sobre su sopa de costilla, seguramente era porque…….
Envolvió
al gato en una toalla como un burrito y volvió a la cocina.
Al
calentar la sopa, la nariz rosada del gato se movió. Sun-woo soltó una
carcajada ante su reacción y le sirvió un poco en un plato ancho, enfriándolo
previamente. El gato comió con gusto, con sus orejas gruesas temblando; era
imposible apartar la vista al oír cómo ronroneaba de placer.
¿Acaso a los gatos no les gusta la leche? Sun-woo soltó una risita, recordando los
prejuicios comunes sobre animales y comidas. Al fin y al cabo, si fuera por
eso, los perros solo comerían huesos.
Al
acariciar su cuello con el dedo índice, el gato giró los ojos pero no se
resistió, centrado totalmente en comer.
"Perdón.
No sé mucho de gatos. Pensé que con leche bastaba."
El
gato, tras vaciar el plato, lo miró fijamente. Los pelos húmedos alrededor de
su boca lo hacían ver muy adorable.
"¿Quieres
más?"
El
gato golpeó el plato con su pata, instándolo. Sun-woo rio al ver sus patas
delanteras, tan gruesas como la mitad de su palma.
"Viendo
tus patas tan grandes, vas a crecer muchísimo, pequeñín."
Tras
darle toda la sopa, el gato quedó con la panza llena, y Sun-woo se conformó con
un trozo de pan del congelador.
Como
parecía preferir los lugares oscuros y apartados, Sun-woo limpió el rincón del
vestidor y puso un cojín grueso. Al dejar al gato sobre él, sus ojos azules
brillaron como joyas en la oscuridad mientras observaban a Sun-woo.
"Mañana
encontraré a tu dueño. Espera un poco. ……Buenas noches."
Sun-woo
se palmeó su propia panza y se dirigió a su habitación.
*
* *
La
calidez que sentía en su costado era reconfortante. Mientras acariciaba su
pelaje suave, el ronroneo sonaba como una canción.
Sun-woo
buscó a tientas el lugar a su lado, pero al desistir de encontrar su teléfono,
se giró para acariciar al gato.
"Mmm...
¿cuándo viniste?"
Al
juguetear con sus orejas redondas y blandas, unas largas pestañas se
levantaron, revelando unos ojos azules, claros como un cielo despejado.
"Eres
realmente hermoso."
El
gato, que estaba echado con la barbilla apoyada en sus manos gruesas, observaba
a Sun-woo en silencio. Le resultaba fascinante que, siendo tan precavido ayer,
hoy le permitiera acercarse tanto.
"¿Tienes
hambre? Vamos a comer. A ver si hay algo que te guste..."
Mientras
murmuraba y caminaba hacia afuera, los pies de Sun-woo se detuvieron en seco.
En medio de la sala, su teléfono estaba hecho pedazos.
"¿Qué
es esto? Minino, ¿fuiste tú?"
Preguntó
desconcertado, pero el gato, que seguía echado en la misma posición
observándolo, solo movió su cola regordeta de un lado a otro.
Ante
una situación tan inesperada, ni siquiera sintió enfado.
"......¿Tenías
tanta hambre?"
Sun-woo
se rascó la cabeza y sacó un poco de carne de res que estaba en el congelador
para empezar a asarla. Recién entonces, el gato se acercó dando saltitos,
soltando unos píos.
Después
de comer, Sun-woo intentó llevar al gato a la comisaría cercana para encontrar
a su dueño. Sin embargo, el gato, que hasta entonces había estado muy dócil,
comenzó a resistirse violentamente, forcejeando hasta que finalmente escapó
hacia la parte superior de un armario alto en el dormitorio. Sun-woo miró su
brazo, donde los arañazos del gato mostraban un rastro leve de sangre, y
murmuró: "Esto será difícil...".
Salió
apresurado a comprar un teléfono nuevo y se dirigió a la comisaría. En el caso
de animales callejeros, había una posibilidad de que fueran híbridos jóvenes
inmaduros para la transformación humana, por lo que era prioritario denunciar
el hallazgo. Justo cuando iba a entrar en la estación, recibió una llamada de
Seo-rin.
● Nam Sun-woo. Ya llegué, ¿dónde estás?
"¿Ya
estás aquí? Estoy cerca. Voy para allá."
Como
Seo-rin había venido por su petición, no podía hacerla esperar, así que Sun-woo
dio media vuelta con el coche hacia casa. Al llegar, Seo-rin lo esperaba frente
a la puerta con un pequeño transportín en la mano.
"¿Estás
bien del brazo?"
"Solo
es un rasguño."
Mientras
abría la puerta con una sonrisa, una silueta que estaba cerca de la entrada
desapareció a gran velocidad. Seo-rin, que lo seguía, no pareció verlo, pues
estaba muy ocupada buscando al gato por toda la casa.
"¿Dónde
está el gato? No lo veo."
"Se
escondió hace un momento. Parece que es muy miedoso."
"¿Ah,
sí? Entonces no saldrá hasta que yo me vaya. Ah, pero..."
Seo-rin,
sin siquiera quitarse los zapatos, se tapó la nariz.
"¿Qué
es este aroma de feromonas? Ah..."
"Perdona.
¿Es por mí?"
"No,
no es eso. No es el tuyo, Sun-woo, pero... ¿ha venido alguien a casa
últimamente?"
"Pues
solo I-won o mis padres."
"¿Será
olor a lobo...? No, es diferente al almizcle de los lobos."
"Es
grosero llamar 'almizcle' a un perro. Ventilaré la casa, pasa."
Sun-woo
se rio y se acercó a la ventana para abrirla de par en par. Recién entonces,
Seo-rin entró con sus cosas.
Había
llamado a Seo-rin con la esperanza de que ayudara a encontrar al dueño del
gato, ya que, al ser ella misma una híbrida felina, tenía experiencia cuidando
gatos.
Como
era de esperar, Seo-rin empezó a sacar cosas de su bolso con total confianza.
"¿Dijiste
que no necesitabas comida, verdad? Solo traje premios. Y esto es una selección
de juguetes y un transportín."
"¿Por
qué trajiste tantas cosas? Si de todos modos encontraré pronto al dueño."
Ante
este comentario despreocupado, Seo-rin dudó un momento antes de hablar.
"¿De
verdad vas a denunciarlo? Revisé en el camino hacia aquí y todavía no hay
ningún reporte de pérdida. ¿Por qué no te lo quedas un poco más?"
"¿Qué
quieres decir? ¿Que no lo denunciemos?"
"Me
preocupan los casos de abuso de híbridos o los criaderos ilegales que hay
últimamente. Dicen que, si alguien reclama ser el dueño, pueden llevárselo sin
seguir ningún proceso."
Al
comprender finalmente la preocupación de Seo-rin, Sun-woo dejó escapar un
suspiro pausado.
"Si
realmente lo perdió, el dueño también lo denunciará, ¿no? Sería mejor esperar a
ver eso y contactarlo entonces."
"......Bueno,
eso es un problema. Lo pensaré."
Sun-woo
ya había oído hablar de los casos en los bajos fondos. Pensaba que no tenían
nada que ver con él, pero tras escuchar a Seo-rin, se dio cuenta de que el
asunto no era menor. Además, el gato era demasiado hermoso; probablemente,
incluso gente que no es su dueño podría intentar reclamarlo al verlo.
Sun-woo
miró de reojo hacia el vestidor donde estaba el gato y puso su mano sobre el
transportín.
"Creo
que este transportín será un poco pequeño."
"¿Eh?
No, para nada. Es el más grande que tengo. No es un perro; ¿qué tan grande
puede ser un gato?"
"Más
o menos de este tamaño, creo."
Sun-woo
abrió ambas manos para medirlo, y Seo-rin inclinó la cabeza, confundida.
"¿No
dijiste que era un cachorro?"
"Sí,
es un bebé, pero es un poco grande."
Queriendo
demostrárselo, se levantó para buscar al gato. Sin embargo, apenas abrió la
puerta, el gato gruñó mostrando su descontento, por lo que Seo-rin intervino
para detenerlo.
"Déjalo.
Dice que no quiere. No hace falta verlo."
"Esta
mañana no estaba así."
"Los
gatos suelen ser muy volubles. Y por cierto, no le des la espalda."
"¿La
espalda? ¿Por qué?"
"Le
gusta mucho que lo lleven a caballito."
Antes
siquiera de que pudiera girarse, sintió un escalofrío cuando unas uñas rasparon
su espalda de arriba abajo.
"......Entiendo.
Tendré cuidado."
Después
de ayudarlo con algunas cosas más, Seo-rin se levantó diciendo que debía irse.
Sun-woo, que regresó tras despedirla, soltó una carcajada al abrir la puerta:
el gato, que antes se escondía desesperadamente, ahora estaba sentado
educadamente en la entrada esperando para recibirlo.
"Seo-rin
también es un gato, deberías haberla conocido."
Su
cola gruesa se movía con suavidad. Sun-woo agitó un juguete frente a él y le
ofreció algunos premios, lo que despertó un poco su interés. No podía apartar
la vista de lo adorable que resultaba.
Nunca
tuvo la intención de tener una mascota. Ya era mitad animal él mismo, así que
no veía la necesidad. Pero ahora, entendía un poco el sentimiento de los
híbridos que vivían con animales.
Como
I-won estaba muy ocupado, Sun-woo tenía tiempo de sobra para cuidar al gato. En
sus momentos de soledad, la presencia del animal le resultaba muy grata.
Mientras
Sun-woo estaba sumido en sus pensamientos, el gato dio un salto para atrapar el
juguete con forma de mariposa y cayó sobre su pecho. El animal escondió sus
uñas, acomodó su peso pesado sobre él con sus patas acolchadas y, sintiéndose
bastante cómodo sobre su pecho, se puso a ronronear. Sun-woo lo acarició
mientras el gato cerraba los ojos y frotaba su cabeza contra él, y murmuró:
"......¿Qué
haremos si el dueño no aparece? ¿Tú qué opinas? ¿Debería ir de todas formas a
la comisaría? ¿No quieres ir a casa?"
Mientras
le acariciaba las mejillas, el gato saltó al suelo y, como para dejar clara su
postura, golpeó el transportín con sus patas delanteras. Sun-woo miró el
transportín rodar, aturdido; luego, el gato saltó al sofá, agarró el teléfono
recién comprado y lo miró fijamente.
Por
alguna razón, Sun-woo sintió que entendía lo que intentaba decir, así que
extendió la mano lentamente con expresión de apuro.
"......Minino.
Eso no."
El
gato colocó el teléfono cuidadosamente junto a sus patas delanteras. El hecho
de que sus almohadillas se vieran ligeramente sugería una amenaza: si lo
enfadaban, aplastaría el teléfono hasta destruirlo, y Sun-woo empezó a sudar
frío. Aunque no sabía qué le había molestado tanto, el hecho de que su
teléfono, con menos de dos horas de uso, estuviera a punto de ser destruido
hizo que su cerebro trabajara a toda velocidad.
Tras
pensarlo bien, finalmente habló:
"¿No
debería pedirte que te vayas a casa?"
"¡Piii!"
Solo
entonces, el gato saltó al suelo y se pegó a su lado. Sun-woo soltó un suspiro
de alivio mientras acariciaba la cabeza redonda del gato.
*
* *
El
gato que llegó un día sin previo aviso terminó absorbiendo toda su atención en
un abrir y cerrar de ojos. Ya fueran esos ojos azules como la escarcha que
seguían sus pasos, el calor intenso que se pegaba a su lado en cualquier
momento, o su forma de actuar, como si comprendiera cada palabra que decía, acompañada
de un ronroneo silencioso.
Incluso
sentirse culpable por alejarse un momento debido a las clases se convirtió en
la norma.
"Nam
Sun-woo, hoy jugamos fútbol con los de Educación Física. ¿Te vas a unir?"
"No.
Tengo que irme."
"No
puedes, si faltas tú, nos falta gente."
"Dile
a alguien del otro equipo que se salga. Lo siento. ¡Me voy!"
Sus
compañeros lo observaban atónitos mientras Sun-woo desaparecía cargando su
mochila a toda prisa.
"¿Qué
le pasa a ese últimamente? ¿A dónde va siempre?"
"Dice
que a casa."
"¿Escondió
algo bueno en casa o qué...?"
Sun-woo,
como si siguiera una rutina establecida, pasaba por la carnicería, compraba
carne y se dirigía a su hogar. Al marcar el código y entrar, el gato salía
caminando silenciosamente desde el dormitorio con el sueño aún pegado a los
ojos.
"¿Esperaste
mucho? Vamos a comer ya."
Mientras
se cambiaba de ropa y hervía la carne, el gato, de buen humor, incluso lo
seguía por todas partes emitiendo pequeños píos. Parecía tener hambre, ya que
se apoyó en las piernas de Sun-woo y se puso de pie sobre sus dos patas
traseras.
"Espera
un poco. Ya casi está……. ¿Mmm?"
Sun-woo
dejó las pinzas y se inclinó para levantar al gato. Pesaba mucho más de lo
esperado, obligándolo a tensar los músculos de sus antebrazos.
"Vaya,
qué pesado estás."
Miró
al gato, que se dejaba llevar por la inercia con una pesadez notable, y ladeó
la cabeza.
"¿Has...
crecido?"
"Kya-ung."
Incluso
el tenue patrón de su pelaje parecía haberse vuelto un poco más intenso. Sus
ojos también brillaban con un azul tan transparente como el hielo. Sun-woo,
cautivado por lo hermoso que lucía, le dio varios besos seguidos en la cara. El
gato no se apartó, incluso mientras ronroneaba.
Fue
un alivio no haberlo denunciado, tal como dijo Seo-rin. Siendo tan hermoso,
seguramente habría atraído a muchas personas aunque no fueran sus dueños. Sin
embargo, no podía evitar sentirse amargado cada vez que revisaba si había algún
reporte de desaparición.
Si
el dueño apareciera de verdad... entonces tendría que dejarlo ir. Pensar en
ello le causaba un poco de tristeza.
Perdido
en sus pensamientos, solo reaccionó cuando la olla empezó a hervir y
desbordarse; sorprendido, bajó al gato, apagó el fuego y volvió en sí.
Al
gato le encantaba la sopa de carne por encima de todo, pero también disfrutaba
de la carne hervida o asada. Aunque comía carne cruda, no era su favorita. No
es que su porción diaria fuera excesiva, pero verlo crecer de forma tan
acelerada cada día le provocaba una pequeña preocupación: ¿acaso no había
podido alimentarse bien antes?
Desafortunadamente,
los juguetes que Seo-rin le había traído no despertaron el interés del gato.
Como lo único que parecía atraerle era su propia cola, Sun-woo se transformaba
en su forma original cada noche para jugar con él. Correteaban por toda la sala
despejada jugando a quitarse pelotas y se revolcaban en pequeñas luchas de
lucha libre.
Al
verlo desde la perspectiva de su propia forma canina, el crecimiento del gato
era aún más evidente. Cuando se conocieron, podía levantarlo fácilmente
mordiendo su nuca, pero en apenas una semana, ya casi no podía elevarlo del
suelo, y si se esforzaba, sus patas traseras y su cola quedaban arrastrándose.
Se preguntaba si los gatos crecían siempre a esta velocidad.
Cuando
se hizo tarde, se fueron a la cama juntos. Sun-woo movió su cola, que había
quedado atrapada bajo las gruesas patas blancas del gato, y este saltó de
inmediato para intentar atraparla. Después de jugar un rato atrapando la cola
negra que se mecía con desgana, el gato pareció cansarse, la mordió con fuerza
y se quedó mirando fijamente a Sun-woo. Era tan adorable que Sun-woo lo empujó
suavemente con sus patas traseras, recibiendo solo unos pitidos de respuesta.
-Ven
aquí.
Llamó
Sun-woo, levantando la manta a su lado con el hocico. El gato se tumbó en el
hueco creado y agitó su rechoncha cola. Parecía disfrutar del calor corporal de
Sun-woo, porque empezó a ronronear y, en poco tiempo, cayó en un sueño
profundo. Sun-woo observó la cola regordeta que descansaba sobre su propio
cuerpo como una manta, soltó una risita y se acurrucó también hasta quedarse
dormido.
*
* *
Sun-woo
revisó el refrigerador y sofocó un gemido. Es un problema. No hay pollo. Como
el gato había disfrutado tanto del pollo que le dio para almorzar, Sun-woo
había planeado preparárselo como plato principal para la cena. Por mucho que
buscó la carne que juraba haber comprado, no apareció por ninguna parte.
Tuvo
la tentación momentánea de darle otro tipo de carne, pero al ver esos ojos
azules que lo observaban en silencio desde el suelo, su decisión fue
instantánea.
"Oppa
traerá carne para ti."
Al
ponerse la chaqueta, el gato emitió unos quejidos, manifestando su disgusto con
todo su cuerpo. Sun-woo, ya con los zapatos puestos, se arrodilló en la entrada
y, sin parar, llenó de besos y mordisqueos su panza rosada, sus almohadillas
negras y sus mejillas redondas. Después de jugar un buen rato con él, se
levantó.
"Volveré
pronto. Espérame."
"Kya-ung."
El
gato comía sin quejarse cualquier tipo de carne que le diera, pero había
algunas que prefería notablemente sobre otras. Parecía ser una cuestión de
calidad, aunque a Sun-woo, al ser omnívoro, le costaba distinguir esa
diferencia. Aun así, tenía una carnicería de confianza donde solía comprar, así
que, aunque quedara algo lejos, prefería ir hasta allá.
No
era un camino corto y el lugar no era ideal para aparcar el coche, así que
mientras caminaba de regreso, disfrutando del paseo, sintió una presencia
siguiéndolo y se dio la vuelta. Estaba seguro de que había sentido algo, pero
el callejón estaba vacío.
"......¿Habrá
sido una ilusión?"
Quizás
solo fue el viento. Últimamente, entre tantos juegos de caza con el gato,
sentía que sus sentidos se habían vuelto demasiado agudos.
Sun-woo
sacudió la cabeza y continuó su camino.
"¿Ya
estás aquí, Sun-woo?"
El
rostro del carnicero se iluminó con una sonrisa al recibirlo. Y no era para
menos, ya que Sun-woo se había convertido en un cliente habitual, comprando
carne casi cada dos días. Al principio compraba de todo un poco, pero al ver
que volvía siempre por los cortes de mejor calidad, en menos de un mes se había
ganado un lugar destacado en la lista VIP de una tienda frecuentada
principalmente por híbridos carnívoros.
Tenía
una personalidad tan agradable y era tan apuesto que era imposible no tenerle
aprecio. El carnicero, con su largo instinto comercial, había estado convencido
de que era un animal carnívoro, seguramente un lobo, y se llevó una gran
sorpresa al enterarse de que era un híbrido de perro. Pero ahora, pensaba que
esa amabilidad y calidez le sentaban muy bien.
"¿Qué
te doy hoy?"
"Pollo.
Creía que tenía, pero se me acabó. Tuve que salir de prisa."
"Te
daré uno de los mejores, espera un momento."
"Sí.
Muchas gracias."
Mientras
el carnicero entraba a la cámara frigorífica, Sun-woo curioseaba las carnes
exhibidas en la vitrina. Se acercó a la sección de cortes especiales, que nunca
antes había comprado, y mientras se preguntaba si al gato le gustaría algo así,
se tropezó ligeramente con la mujer que estaba parada un poco más atrás.
"Vaya,
lo siento mucho. Estaba mirando y no la vi."
La
mujer, tras las gafas de sol, observó fijamente a Sun-woo, quien se disculpaba
inclinado con expresión apenada.
A
pesar de que ya había oscurecido, el hecho de que llevara gafas de sol
resultaba extraño. Aunque las gafas grandes cubrían la mitad de su rostro, su
apariencia y aura eran tan impactantes que, al apartar la mirada, Sun-woo pensó
para sí mismo: ¿Será alguna celebridad?. En ese momento, la mujer
extendió la mano y lo sujetó del hombro.
"Oye."
"...¿Necesita
algo?"
"Parece
que vienes mucho por aquí. A comprar carne."
A
diferencia del ambiente serio, era una pregunta inesperada. Sun-woo miró la
vitrina y asintió levemente.
"Sí.
Últimamente vengo bastante. Siento que aquí tienen la mejor calidad."
"Disculpa
la indiscreción, ¿eres un híbrido de lobo? ¿O tal vez un zorro?"
Ante
la pregunta de la mujer, Sun-woo sofocó una risa.
Últimamente,
todo el mundo le preguntaba si era un lobo. Cuando solía andar con I-won,
queriendo pertenecer a su grupo, se impregnaba de feromonas ajenas y desgarraba
carne que ni siquiera le gustaba, y nadie lo confundía con un lobo, diciendo
que el olor a perro no se podía ocultar.
Pensando
en lo absurdo de la situación, negó con la cabeza.
"No.
No es para mí, tengo un gato en casa."
"¿Un...
gato?"
"Sí.
Come muy bien carne. Como es lo que come, quiero darle lo mejor que
pueda......"
Sun-woo
dejó de hablar al ver que el carnicero salía del fondo con una bolsa negra.
"Aquí
tienes, ya está todo limpio y preparado. Y esto es cecina que nos dieron
nuestros proveedores para que la probemos, porque inauguraron una fábrica
nueva. La puse como cortesía, pruébala."
"Vaya,
muchas gracias."
Sun-woo
recibió la bolsa con una sonrisa radiante. Tras pagar, se despidió de la mujer
con un gesto de cabeza.
"Me
retiro. Que pase buena noche."
"Sí."
La
mirada de la mujer no se apartó de la espalda de Sun-woo mientras este se
alejaba. Poco después, un sedán negro se acercó y se detuvo frente a la tienda.
Woo-yeon
lanzó su perfume con desdén y les hizo un gesto a sus subordinados con la
barbilla.
"Síganlo.
Es territorio de lobos, así que tengan cuidado de que no los descubran."
"Entendido.
A la orden."
*
* *
Al
abrir la puerta de entrada, el gato, como de costumbre, ya estaba allí
esperándolo. Sun-woo dejó la bolsa y extendió la mano hacia él.
"Debes
haber tenido hambre. Oppa te preparará algo delicioso enseguida……."
"¡Kya-ak!"
El
gato dio un salto y se puso a tres metros de distancia en un segundo. Tenía
todo el pelaje erizado y su cola, que ya era regordeta, se había inflado hasta
duplicar su tamaño. Pegado al suelo, miraba a Sun-woo con unos ojos que
parecían denotar una traición, así que Sun-woo, también desconcertado, retiró
la mano lentamente para no asustarlo más.
"Minino.
¿Por qué? ¿Qué pasa?"
Se
quitó los zapatos con cautela y entró; el gato seguía rondándolo sin bajar la
guardia. Poco a poco, sus pupilas, dilatadas por la sorpresa, comenzaron a
reducirse, y pronto empezó a frotar su pelaje contra las piernas de Sun-woo,
poniéndose de pie sobre dos patas para pedirle que se agachara.
Tan
pronto como Sun-woo se arrodilló, el gato empezó a lamerle la cara, el cuello y
los hombros con su lengua caliente y húmeda.
"Ah,
jajaja. Me pinchas, animalito. Me haces cosquillas."
Sun-woo
se relajó al ver cómo el gato emitía unos pitidos mientras mordía y tiraba de
su abrigo.
"Te
digo que me pinchas. ¿Por qué te asustaste tanto? ¡Si oppa te trajo cecina y
todo para ti!"
Al
final, el gato terminó mordiendo y sacudiendo con fuerza el abrigo que Sun-woo
le había quitado. Solo cuando una de las mangas quedó desgarrada pareció quedar
satisfecho, acercándose luego para comer tranquilamente el pollo hervido que
Sun-woo había preparado con esmero.
Viendo
al gato comer haciendo ruidos de satisfacción, como si lo ocurrido hace un
momento hubiera sido una mentira, Sun-woo soltó un suspiro de alivio en su
interior.
Ciertamente, criar a un gato es agotador.
*
* *
Pasada
la medianoche, unos ojos azules brillaron intensamente en la oscuridad. Tras
confirmar que Sun-woo dormía profundamente, Hyeon-chae se levantó con cuidado,
escabulléndose de los brazos que lo sostenían. Sun-woo, al perder el calor y el
volumen esponjoso que lo acompañaba, frunció el ceño y se removió inquieto por
un instante.
Poco
después, su respiración se estabilizó y su pecho subió y bajó con un ritmo
constante. Al ver esto, Hyeon-chae saltó del borde de la cama. Sus almohadillas
gruesas y el pelaje mullido que las rodeaba amortiguaron el impacto, evitando
el más mínimo ruido.
Cerró
la puerta del dormitorio con la cola y se dirigió tranquilamente hacia la
entrada. Al tirar del pomo y apoyar la pata sobre el seguro, el sonido mecánico
de la cerradura fue casi imperceptible.
Al
bajar las escaleras y salir al exterior, percibió una mezcla abrumadora de
feromonas de diversos animales. Su nariz rosada se movió con rapidez. La más
intensa era la de los lobos. Tras identificar, entre todas ellas, el rastro
sutil de un leopardo de las nieves, lo siguió inmediatamente.
Con
los ojos brillando en la oscuridad, saltó en un instante y mordió el cuello del
individuo. La mujer, que forcejeaba, reconoció las feromonas de Hyeon-chae y se
transformó al instante en su forma animal con un sonido sordo. Hyeon-chae, que
presionaba con su gruesa pata el rostro del leopardo marrón que yacía panza
arriba en señal de sumisión, movió los ojos para fijar a su siguiente objetivo.
En
un momento, cuatro leopardos fueron capturados y permanecían allí, con la
cabeza gacha y pegada al suelo en señal de respeto. Hyeon-chae, con ojos fríos
como la escarcha, observó desde el ejemplar negro hasta el amarillento y mostró
los dientes.
-Es
mío. No lo toquen.
-Joven
amo... Su familia está preocupada.
Hyeon-chae,
enfurecido por el leopardo negro que había sido el primero en hablar con
valentía, lanzó un rugido estruendoso. Todos los lobos de los alrededores
levantaron las orejas, sobresaltados por el sonido que debieron escuchar, pero
a Hyeon-chae no le importó y gruñó una advertencia.
-No
se entrometan. Ni siquiera se acerquen a merodear por aquí.
Dicho
esto, dio media vuelta y regresó a casa con la misma rapidez con la que había
salido.
Poco
después, ante el aullido de los lobos que patrullaban el área, los leopardos se
dispersaron apresuradamente en todas direcciones.
Cuando
amaneció, el reporte llegó a oídos de Eun Woo-yeon. Sus ojos destellaron al
saber que había sometido a cuatro de ellos de un solo golpe y que los había
forzado a adoptar su forma animal mediante sus feromonas.
"......Pequeño.
Estás creciendo."
*
* *
Desde
el momento en que el gato creció bastante, Sun-woo intentó llevarlo fuera de
casa. Aunque Seo-rin le insistió repetidamente en que no era necesario y el
propio gato no parecía sentirse agobiado, para la mente de Sun-woo —que era un
híbrido de perro—, le seguía pareciendo insuficiente.
Sin
embargo, decidió seguir el consejo de Seo-rin, la experta, y llegaron a un
acuerdo dramático: irían a jugar al jardín de la azotea. Como los inquilinos
del edificio donde vivía Sun-woo no solían usar ese espacio, no estaba bien
cuidado; estaba lleno de malas hierbas y apenas había muebles como bancos o
maceteros. Por eso, resultó ser un lugar perfecto para correr y jugar con el
gato.
¿Había
vuelto a su forma animal tan a menudo desde que era pequeño? Quizás era porque,
al crecer, interiorizó que debía ocultar su forma original. Después de todo,
para que él, un híbrido de perro, pudiera convivir entre una manada de lobos,
le convenía más estar en forma humana. De ese modo, nadie lo menospreciaba ni
se contaban chismes sobre él. Pero aquí, al volver a su forma original y correr
hasta quedarse sin aliento sin tener que cuidar lo que otros pensaran, se
sentía increíblemente bien.
El
gato, que aún no alcanzaba ni la mitad de su tamaño, era extremadamente ágil y
tenía una capacidad de salto asombrosa; tanto, que le arrebató el balón a
Sun-woo varias veces. Lo que empezó como un juego ligero por parte de Sun-woo
pronto se convirtió en algo serio.
Tras
correr y jugar hasta mucho después de la hora de comer, un Sun-woo agotado se
tumbó sobre el césped junto al gato y miró hacia el cielo. Ese momento de
calma, recuperando el aliento mientras contemplaba el cielo azul, se sentía
especialmente bien.
Sun-woo,
que en algún momento había vuelto a su forma humana, murmuró:
"El
cielo está muy despejado hoy. Es igualito al color de tus ojos."
"……."
"No,
miento. Tus ojos son más bonitos. Son tan claros y transparentes que... aunque
te vayas más tarde, creo que cada vez que mire al cielo me acordaré de
ti."
El
gato se arrastró lentamente hasta subirse encima de Sun-woo y se echó sobre él.
De repente, el peso que presionaba su pecho le dejó sin aliento.
"¡Ugh!
...Pequeño. ¿Cuándo te volviste tan pesado?"
El
gato lo miraba fijamente, sin importarle si Sun-woo estaba incómodo o no, y
apoyó su cabeza sobre sus patas delanteras juntas. Sus patas, gruesas y
esponjosas, estaban teñidas de negro por el polvo y la tierra. Al ver que
parecían como si llevara puestos unos zapatos marrones, Sun-woo no pudo evitar
soltar una carcajada.
"Mira
qué sucias están tus patas. Vamos a tener que lavarlas."
"¡Pii!"
"Aunque
no quieras, no importa. Como hoy te revolcaste en la hierba, toca baño."
El
gato dejó caer la cabeza con resignación, como si fuera una tragedia. Aunque
fingiera que no le gustaba, Sun-woo sabía que, una vez que llenara la bañera,
terminaría disfrutándolo.
Las
almohadillas negras y blandas de sus patas eran adictivas, así que Sun-woo las
tomó con ambas manos para jugar con ellas. Cada vez que las presionaba, las
afiladas garras aparecían y desaparecían. Al ver esas puntas translúcidas que
brillaban bajo el sol, Sun-woo se planteó: '¿Debería cortárselas?', pero como
el gato no había vuelto a sacar las uñas desde el primer día que le hizo una
herida en el brazo, y además sus patas eran tan regordetas y esponjosas que
escondían las garras, no vio gran necesidad.
"Mi
pequeñín. Mira qué garras tan impresionantes y afiladas tienes. Seguro que
serías un gran cazador. Pareces todo un tigre."
Sun-woo
se reía con bobada mientras sacudía las patas del gato, pero al escuchar un
gruñido proveniente de su vientre vacío, lo tomó en brazos y se levantó.
"¿Tienes
hambre? Vamos a bañarnos rápido y luego a comer."
El
rumor de que Sun-woo se había vuelto un ermitaño se extendió rápidamente. Choi
I-won, Nam Jun-woo e incluso sus padres lo contactaron preguntándole si pasaba
algo, pero como no podía decirles que era porque estaba criando a un gato,
simplemente les dio excusas vagas.
El
clan de los lobos tenía un fuerte sentido de comunidad y un vínculo profundo,
lo que los hacía ser muy cerrados. Como detestaban especialmente a los felinos
o a los simios, hasta donde Sun-woo sabía, no había ni una sola persona en su
grupo que criara gatos.
Dar
excusas no era difícil. La mayoría las aceptaba sin sospechar, pero siempre hay
alguien que, incluso ante una justificación impecable, se vuelve especialmente
molesto. Como tipos de la calaña de Ha Seung-bin.
Mientras
estaba jugando con el gato en la bañera llena de agua tibia, escuchó que
llamaban a la puerta. Alguien golpeaba la puerta como si quisiera romperla y
tocaba el timbre sin parar; irritado por el ruido, Sun-woo se levantó de la
bañera. Cuando el gato forcejeó para intentar seguirlo, Sun-woo le acarició la
cabeza con una sonrisa.
"Quédate
un momento. Vuelvo enseguida."
Se
secó el cuerpo rápidamente y se puso una camiseta. Al mirar la pantalla del
interfono, arrugó el rostro al ver a Ha Seung-bin allí mismo.
"¿Qué
rayos? De repente..."
Al
abrir la puerta, Ha Seung-bin entró sin darle oportunidad de detenerlo.
"Nam
Sun-woo, vive contestando el teléfono, ¿quieres? ¿Eh? Soy yo quien te cuida,
porque si fuera alguien más, ni lo sueñes."
"Estaba
bañándome. Si tienes algo que darme, dámelo rápido y vete."
Señaló
con la barbilla las cosas que traía en ambas manos, y Ha Seung-bin, con cara de
ofendido, ocultó su carga.
"Si
me sigues echando, ¡me las voy a llevar!"
Sun-woo
se frotó el rostro con brusquedad, ocultando su deseo de que eso ocurriera.
Toda su atención estaba puesta en el baño.
"No
estoy en condiciones de recibir visitas ahora."
"¿De
repente te pones así? Quítate. ...¿Qué es todo esto?"
Ha
Seung-bin, que finalmente logró entrar a empujones, miró a su alrededor con
cara de desconcierto. La casa, que estaba vacía cuando vino antes, ahora estaba
llena de suministros para animales: cuencos de agua por todas partes, cojines
esponjosos, un transportín junto a la entrada y hasta un tronco del tamaño de
un muslo que parecía haber sacado de un bosque.
"......Nam
Sun-woo. ¿Acaso desarrollaste el síndrome de transformación?"
"No
es eso."
"Claro
que sí. ¡Lo es! Ahora todo tiene sentido. Por eso no contestabas llamadas y
desapareciste, ¿verdad? Y por eso no dejabas que nadie viniera a casa."
"Voy
a terminar de bañarme."
El
síndrome de transformación: una enfermedad donde el híbrido se siente muy
incómodo con su forma humana y se niega a volver a ella. Sun-woo entró al baño,
dejando solo en la sala al idiota que, convencido de que Sun-woo sufría esa
enfermedad, lo miraba con ojos a punto de llorar.
Le
dolió el corazón al ver al gato esperando en el mismo lugar, tal como él le
había dicho.
"Perdón.
Esperaste mucho. El agua todavía está tibia."
Mientras
se quitaba la ropa mojada y abría el grifo, el gato se acurrucó en sus brazos
quejándose. Quería jugar con él, pero si tardaba más en salir, era evidente que
Ha Seung-bin empezaría a golpear la puerta del baño, así que lavó al gato
rápidamente y se duchó él también.
"Ups,
aunque no quieras, tengo que secarte el pelo. Si te resfrías, será un
problema."
Lo
envolvió en una toalla mientras el animal pía sin parar. Antes podía envolverlo
como un burrito, pero ahora sus patas colgaban por todas partes.
Entró
en el dormitorio, lo secó y, tras dejarlo esponjoso con el secador, el gato se
tumbó plano, cubriéndose la cara con sus patas gruesas como si se hubiera
rendido. Su cola, moviéndose de lado a lado, le hacía cosquillas en la mejilla.
Estaba
tan concentrado en eso, olvidando que Seung-bin estaba fuera, que el gato
levantó la cabeza de repente. Movió sus orejas redondas y miró hacia la puerta.
Poco después, Ha Seung-bin abrió la puerta del dormitorio de un empujón.
"¿Por
qué tardas tanto? No te habrás transformado en tu forma original,
¿verdad?"
Ha
Seung-bin, que había entrado refunfuñando por la espera, se congeló al
encontrarse con dos pares de ojos mirándolo.
Tal
vez aguantó a duras penas el impulso de volver a su forma original, pero una
pluma azul salió volando.
"¿Qué,
qué es esto? ...¿Quiénes son ustedes?"
"No
es un híbrido, es un gato. Lo encontré en la calle y lo tengo solo hasta que
encuentre a su dueño."
"¿No
es un híbrido?"
"Si
fuera híbrido, lo habría devuelto a su casa hace rato."
Ha
Seung-bin asintió ante la respuesta de Sun-woo y examinó al gato con ojos
sospechosos.
"Más
que eso, ¡esto es un gato! ¡Si parece un tigre!"
"Es
que creció un poco, pero cuando lo encontré era pequeño."
Sun-woo
abrió las manos para mostrarle el tamaño que tenía, y Ha Seung-bin parpadeó
estupefacto.
"¿En
serio...? Es extremadamente blanco. ¿Es albino o algo así? Nunca había visto un
gato tan grande."
"Es
que come muy bien. Ah, es cierto, por tu culpa ni siquiera le he dado de comer.
Bebé, te lo haré enseguida. Espera un poco."
Mientras
acariciaba su pelaje seco y esponjoso y le daba un beso en la frente, Ha
Seung-bin lo miró con expresión extraña.
Mientras
asaba la carne, el gato subió a su lugar designado en la isla de la cocina y
observó a Sun-woo. Cuando Sun-woo comenzó a asar la carne, Ha Seung-bin
insistió en que también le preparara algo, así que terminó preparando una
comida para tres personas, incluyendo ensalada y filete.
Seung-bin
observaba con extrañeza al gato de ojos azules, que no apartaba la vista de
Sun-woo ni un segundo, incluso con la carne deliciosa frente a él. Intentó
tocar a escondidas las patas, que eran excesivamente grandes y esponjosas para
ser de un gato, pero antes de que pudiera rozarlo, el gato sacó las uñas.
Seung-bin soltó un grito agudo y se escondió detrás de Sun-woo.
"¿Qué
pasa?"
"E-ese,
ese me quiso atacar."
"No
puede ser."
"¡Es
verdad! Solo intenté tocarle una pata y de repente las garras..."
"Mi
bebé. ¿De verdad hiciste eso?"
Al
preguntarle con dulzura mientras le acariciaba la cabeza, el gato emitió unos
sonidos suaves y se frotó contra él. Al verlo tan manso y hermoso, Ha Seung-bin
también se rascó la cabeza, avergonzado.
"Tal
vez solo quería que le rascaran la espalda... Pero, ¿qué nombre es
'bebé'?"
"No
es un nombre. No le puse nombre."
"¿Por
qué?"
"Porque
si le pongo nombre, me dará pena cuando llegue el momento de despedirnos."
"Qué
gracioso. Si ya le estás dando todo. ¿Va a cambiar algo si no le pones
nombre?"
"¿Será?"
El
gato levantó la cabeza y observó fijamente a Sun-woo, quien reía con naturalidad.
*
* *
Las
cosas que trajo Ha Seung-bin eran, en su mayoría, encargos de sus padres. Al
ver que entre ellas se incluía el licor que I-won había prometido darle,
Sun-woo inclinó la cabeza.
"¿Estuviste
en la casa principal?"
"Sí.
Como iba para allá, me ofrecí a traértelo."
Sun-woo
respondió con indiferencia mientras miraba a Seung-bin con curiosidad. Aunque
eran amigos de Choi I-won, Seung-bin, siendo un híbrido de ave cristalina, no
solía tener motivos para visitar la residencia central del clan. Al notar la
mirada de Sun-woo, Seung-bin, que tomaba un sorbo de café, dijo con una sonrisa
algo tímida:
"Es
que Yeo-jin noona tenía que ir por unos asuntos. Así que la
acompañé."
"……¿Están
saliendo otra vez?"
"Sí.
Aquel tipo de la otra vez no era nada serio, solo fue una cita a ciegas y no
volvieron a verse."
Ahora
Sun-woo comprendía por qué Ha Seung-bin había irrumpido en su casa tan
emocionado.
Así que vino a alardear de su romance.
Como
era evidente que la historia de sus éxitos amorosos sería larga, tomó al gato
que estaba echado en el suelo y lo subió a su lado. El gato, tras dar un par de
vueltas para acomodarse, se sentó pegando su cuerpo al muslo de Sun-woo y
levantó ambas patas delanteras hasta ponerlas sobre sus orejas. Parecía como si
estuviera imitando el gesto de 'se me hace ruido', lo que hizo que Sun-woo
soltara una carcajada mientras acariciaba su cabeza redonda.
Después
de hablar sin parar durante un buen rato, Ha Seung-bin, con aire satisfecho, se
bebió de un trago el café ya frío y, al ver al gato tendido junto a Sun-woo, lo
señaló con el dedo.
"Oye,
ese se está durmiendo."
"Estará
cansado de tanto jugar afuera hace un rato."
"Ya
eres todo un amo de gatos, ¿eh? Pero... ¿I-won lo sabe? Me da que lo odiaría a
muerte."
"Si
I-won se entera, estamos listos. No dejaré que sepa nada. De todos modos, antes
de eso, habré encontrado a su dueño."
"¿Y
tienes intención real de buscarlo?"
Ante
esa pregunta, Sun-woo se quedó callado, sin saber qué responder. Ha Seung-bin,
recordando algo, cambió de tema:
"Oye,
¿quieres que te presente a alguien?"
"¿A
qué viene eso de repente?"
"Llevas
mucho tiempo sin salir con nadie. I-won también está muy ocupado últimamente, y
al gato le va a dar igual si te vas un rato."
"No
me interesa."
Sun-woo
respondió con desgano, pero Ha Seung-bin acercó su silla y siguió insistiendo.
"No
seas así, acepta. Tarde o temprano tendrás que independizarte y formar tu
propia familia."
"¿Qué
tiene que ver una cosa con la otra? Tú tramas algo."
"¿Qué
voy a tramar? ¡No digas tonterías!"
Sun-woo
pensó que Seung-bin simplemente quería contagiar al mundo entero de su
felicidad tras reconciliarse con Kim Yeo-jin, pero ahora se daba cuenta de que
había otro motivo. Lanzó la pelota de juguete que estaba cerca y le exigió que
confesara, provocando que Seung-bin se quejara exageradamente tras recibir un
golpe de refilón.
"¡Ay!
¡Duele! No es eso, es que Choi I-won..."
"¿Qué
pasa con I-won?"
"Bueno...
por casualidad salió tu tema. Yeo-jin noona bromeó diciendo que te ficharía
en cuanto te graduaras, y te juro que I-won se puso súper serio. Me habló tan
mal que ella se sintió ofendida. ¿Sabes lo difícil que fue para mí estar en
medio?"
Sun-woo
soltó una risa incómoda. Al verlo, Seung-bin preguntó con una mirada incrédula:
"¿Todavía
no le has dicho a I-won que planeas independizarte?"
"......No.
Todavía no. Ya sabes que él está muy ocupado últimamente."
Además,
no hacía mucho que había tomado esa decisión.
Sintiendo
una sed repentina, Sun-woo tomó su taza para beber, pero al notar una mirada
fija, giró la cabeza y vio al gato observándolo intensamente. Sun-woo acarició
el pelaje esponjoso del gato mientras miraba a Seung-bin.
"¿No
se lo has dicho, verdad?"
"¿Acaso
estoy loco? No podría sacar ese tema con el ambiente que había... Mira, hazme
caso, acepta la cita y empieza a conocer gente. I-won da por sentado que te
quedarás con él porque sabe que no estás viendo a nadie."
Si
hasta un despistado como Ha Seung-bin decía eso, la tensión en aquella reunión
debió ser más que evidente. Bueno, no es que no tuviera razón.
Tras
pensarlo un momento, Sun-woo asintió.
"Está
bien, hagámoslo entonces."
En
ese instante, el pelaje bajo su mano se erizó bruscamente. Sun-woo miró de
reojo al gato y, sin darle importancia, siguió acariciando su cabeza.
Ha
Seung-bin se puso en marcha como si hubiera estado esperando ese momento. Tan
pronto como Sun-woo aceptó, le mostró una lista de más de diez fotos y empezó a
presionarlo para que eligiera, lo que le causó un fuerte dolor de cabeza. Solo
había dicho que 'la idea no sonaba mal', nada más.
Mientras
hojeaba las fotos a toda velocidad, Sun-woo comentó casualmente que, ya que
estaba, preferiría a alguien mamífero, quizás un híbrido de perro como él, y
antes de que se diera cuenta, ya tenía un número de teléfono en su móvil.
"Le
avisaré de que te ponga el número, así que escríbele tú primero."
"Ha
Seung-bin, espera un segundo..."
"Ah,
dice que está bien. Te paso el número."
"……."
En
un abrir y cerrar de ojos, ya tenía una cita para el fin de semana. Tras despedir
a Seung-bin, Sun-woo miró la notificación en su pantalla, soltó un suspiro
profundo y se pasó la mano por el cabello.
*
* *
El
gato no comía. Ya eran tres días.
Al
principio, Sun-woo pensó que solo era falta de apetito. No había razón para que
dejara de comer algo que disfrutaba tanto, así que lo atribuyó a un simple
capricho. Sin embargo, al llegar el mediodía, el gato no probó ni bocado ni
agua, y aunque Sun-woo sacó toda la carne que tenía en el refrigerador, el
resultado fue el mismo.
Dándose
cuenta tarde de la gravedad del asunto, Sun-woo corrió al supermercado más
cercano y compró todo lo que creyó que el gato podría comer.
"Pequeño.
Prueba un poco, ¿sí?"
El
pecho de Sun-woo se destrozó al ver al ovillo de pelo blanco aferrado a sus
piernas, sin siquiera levantar la cabeza.
Al
ver que no mejoraba, intentó llevarlo al veterinario, pero el gato escapó como
un rayo. Incluso después de lograr meterlo en el transportín, el gato forcejeó
tanto que terminó haciéndose daño, así que Sun-woo no tuvo más remedio que ir
solo a buscar una prescripción.
A
diferencia de cuando estaba en forma humana, donde escondía su cara entre sus
patas delanteras sin dejar que Sun-woo viera sus ojos, en su forma animal se
dejaba guiar un poco más. Sun-woo, convertido en su forma de perro negro, lamió
las patas delanteras y la cara del gato. Cuando los ojos azules lo miraron en
silencio, Sun-woo tomó la medicina con el hocico y, con cuidado, le abrió la
boca.
-Solo
toma esto, por favor. ¿Sí? Pequeño...
Un
gemido lastimero salió de su garganta. El gato, que mantenía la boca cerrada y
giraba la cara, volvió a mirar a Sun-woo al escuchar ese sonido.
Finalmente,
Sun-woo logró meter la lengua en la pequeña abertura de la boca del gato y
administrarle la medicina, sintiendo una alegría inmensa. Su cola se movió con
fuerza de lado a lado. Recordando que su boca parecía arder de fiebre, Sun-woo
fue por agua y, al volver, empezó a lamerle los labios; el gato, que emitía
unos sonidos guturales, también sacó la lengua para lamer la humedad.
Aunque
Sun-woo se sorprendió al sentir la lengua áspera, a la que no estaba
acostumbrado, la alegría de saber que el gato por fin había bebido agua lo
eclipsó todo. Sun-woo le dio de beber agua del cuenco, aunque la mitad se
derramara.
Para
cuando el recipiente quedó vacío, las caras de ambos estaban empapadas, como si
hubieran estado nadando. A diferencia de Sun-woo, cuyo pelaje era naturalmente
liso, la diferencia en el gato esponjoso antes y después de mojarse era
notable.
Al
ver esa escena tan tierna, Sun-woo se echó a reír rodando por el suelo, y el
gato se apresuró a usar sus patas delanteras para secarse y arreglarse el
pelaje.
Aunque
el gato aceptaba pequeñas cantidades de medicina, agua o comida líquida cuando
Sun-woo insistía, seguía sin querer masticar nada por voluntad propia. Sun-woo
permaneció a su lado en su forma animal todo el tiempo. Como era de esperar,
tuvo que cancelar la cita que tenía programada para el fin de semana.
Aunque
sabía que Ha Seung-bin montaría un escándalo, pidió disculpas a la otra
persona, quien, afortunadamente, no pareció ofenderse y sugirió verse en otra
ocasión.
Justo
cuando pensaba que se quedarían juntos todo el tiempo, Sun-woo se levantó de un
salto tras recibir una llamada repentina de I-won.
No
podía faltar a una llamada de la residencia central. Cuando se transformó en
humano, se lavó y se vistió, el gato, al notar que se iba, corrió desesperado y
se aferró a sus piernas. Al verlo tan débil, piando con voz ronca, a Sun-woo le
dio tanta pena que lo tomó en brazos y lo consoló con voz dulce.
"Solo
iré un momento a la casa principal. Parece que es algo urgente. Volveré pronto,
¿sí?"
Pareció
entenderlo, porque el llanto cesó pronto. Lo dejó sobre el cojín más suave y le
dio varios besos en la frente. Deseando que descansara un poco mientras él no
estaba, Sun-woo salió de casa.
No
era habitual recibir llamadas repentinas, así que supuso que algo debía haber
pasado. No solo Sun-woo, sino otros miembros del clan llegaron apresurados.
"¿Qué
está pasando?"
"No
sé. A mí también me llamaron hace poco."
Nadie
sabía el motivo exacto. Mientras todos cuchicheaban esperando a los superiores,
I-won finalmente apareció. Su rostro parecía más serio de lo habitual y, al
verlo de lejos, Sun-woo sintió preocupación; sin embargo, cuando la mirada de
I-won recorrió el lugar y se encontró con la de Sun-woo, su expresión se relajó
instantáneamente, a lo que Sun-woo respondió levantando la mano en señal de
saludo.
El
motivo de la reunión no era gran cosa. Principalmente, les advirtieron que
tuvieran cuidado y extremaran la vigilancia, ya que gente sospechosa andaba
rondando su territorio últimamente. I-won se disculpó por convocarlos por algo
menor y dio por terminada la reunión con un breve anuncio sobre un evento
próximo.
Tras
la corta sesión, mientras Sun-woo saludaba a quienes no veía hace tiempo, I-won
se le acercó. Con un gesto, despidió a los demás y se sentó en la silla frente
a él.
"Hace
tiempo que no te veía."
"¿Eso
crees? Bueno, es la primera vez desde aquel banquete."
"¿Qué
has estado haciendo? No he tenido noticias tuyas."
Ante
la pregunta, Sun-woo soltó una risa. Recordó al gato que absorbía toda su
atención, pero cambió de tema sin mostrarlo.
"No
te he contactado para no molestarte. Estás muy ocupado últimamente."
"Qué
tontería..."
I-won
resopló, giró la cabeza y, tras una pausa, habló:
"No
tienes que ocultarme nada."
"¿Qué?"
Ante
la pregunta inesperada, las comisuras de los labios de Sun-woo temblaron.
Si me puse desodorante y me revisé bien antes de salir, ¿cómo lo
supo? Mientras Sun-woo
intentaba pensar en una excusa, I-won lo observaba fijamente.
"He
oído que sales con alguien últimamente."
"……¿Yo?"
Ante
la cara de asombro de Sun-woo, I-won frunció el ceño.
"¿No
es cierto? Ha Seung-bin dijo que iban a verse hoy."
"Ah…,
eso."
Maldito bocazas. ¿Ya lo dijo?
Sun-woo,
aliviado de que no lo hubieran descubierto con el gato, se rio y negó con la
cabeza.
"No
es nada. Me lo propusieron, pero nada más. Ni siquiera nos hemos visto.
Teníamos una cita hoy, pero la cancelé."
"¿Por
culpa de mi llamada?"
"No
fue por eso, es que estoy muy ocupado con los trabajos de la universidad. De
hecho, fue una suerte. Si hubiera sido una reunión de hoy, habría tenido que
cancelar a última hora."
Al
escuchar una respuesta sincera, I-won relajó su rostro.
"Bien
hecho. No aceptes presentaciones de Ha Seung-bin. ¿Qué sabe él sobre lo que te
conviene? Si vas a conocer a alguien, es mejor que yo mismo te lo
presente."
"Ya
te dije que no me interesa. Tú, siendo del linaje directo, tienes que casarte
pronto, pero a mí me falta mucho."
"Ya,
ya. Veremos más adelante."
I-won
rio satisfecho y preguntó: "¿Te quedarás a comer?". Sun-woo miró la
hora y negó.
"No,
tengo que irme rápido."
"¿Qué
es lo que te tiene tan ocupado? ¿Tienes tantos trabajos?"
"……Sí,
un poco."
Si
contaba el tiempo de regreso, el gato llevaría tres horas solo. Sun-woo tenía
prisa porque pensaba pasar por el veterinario de camino.
Al
ver que Sun-woo se levantaba para irse, I-won arqueó una ceja y extendió la
mano.
"Nam
Sun-woo, un segundo."
Sun-woo
se encogió al sentir el roce en su cuello, y cuando I-won retiró la mano, tenía
un pelo blanco entre los dedos.
"¿Qué
es esto?"
I-won
movió la nariz. Sun-woo se apresuró a arrebatarle el pelo antes de que pudiera
olerlo y dijo con naturalidad:
"Pasé
por el veterinario, quizá se me pegó ahí."
"¿Por
qué fuiste allí? ¿Estás enfermo?"
"Estoy
bien. I-won, tengo que irme de verdad."
"Está
bien, entendido."
I-won
asintió y lo abrazó de forma natural. Era un gesto de afecto común entre
híbridos de lobo al que Sun-woo estaba acostumbrado, pero hoy se sintió tenso.
"¿Vendrás
en la próxima luna llena?"
"¿En
la luna llena? Es un evento familiar, ¿por qué iría yo?"
"¿Y
por qué no podrías venir?"
"Ya
veré. Te avisaré."
Mientras
le daba palmaditas en la espalda, el fuerte aroma de las feromonas de I-won
hizo que a Sun-woo se le erizaran los vellos del cuello. Si fueran lobos del
mismo clan, esas feromonas de sangre pura habrían sido reconfortantes, pero el
problema era que él era un perro. Por muy I-won que fuera, el aroma de un
depredador superior le resultaba desagradable.
"Oye.
I-won."
Al
soltar esa advertencia en voz baja, I-won se separó y rio con los ojos
cerrados.
"Perdón.
Lo olvidé."
"……Ya
está. Me voy."
Sun-woo
suspiró, negó con la cabeza y se dio la vuelta.
De
camino a casa, pasó por el veterinario para avisar que el gato estaba comiendo
un poco más y recibió medicamentos nuevos. Al llegar a casa y abrir la puerta,
el gato, que debía haber estado esperando en la entrada, se levantó lentamente.
Al
verlo gemir y arañar la puerta, Sun-woo tiró la bolsa de medicinas y se agachó
para abrazarlo, pero el gato lanzó un alarido parecido a un grito y se retorció
con fuerza.
"¡Pequeño!"
El
gato se soltó de sus brazos y comenzó a retorcerse de dolor mientras arañaba el
suelo. Sun-woo, que iba a acercarse, se detuvo de repente al pensar en algo.
¿Será por las feromonas de lobo?
Se
quitó la chaqueta y se roció con desodorante hasta quedar empapado. No solo
abrió todas las ventanas de la casa, sino que llevó al gato al único cuarto
cerrado, el dormitorio, y lo acostó en la cama. El pecho blanco del gato subía
y bajaba con una rapidez aterradora. Maldiciendo por su negligencia, Sun-woo se
mordió los labios y sacó el teléfono.
Como
no podía llevarlo al hospital, debía llamar a un médico. Mientras acariciaba el
pecho del gato, esperó a que respondieran. Tras una breve espera, la llamada
conectó y, mientras Sun-woo comenzaba a hablar, bajó la mirada hacia el gato.
"Hola.
Soy Nam Sun-woo, el que estuvo hace un rato. Es que..."
Sun-woo
se quedó con la boca abierta a mitad de la frase. El gato que estaba bajo sus
manos había desaparecido por completo, y en su lugar, un chico estaba
acurrucado. El teléfono resbaló de su mano.
Donde
antes había pelo blanco con manchas, ahora había una piel suave y clara; el
cabello esponjoso, que antes coronaba esos hermosos ojos azules, ahora
enmarcaba una cara de ángel. Sun-woo, en estado de shock, miró hacia abajo con
ojos temblorosos.
¿Tendría
unos dieciséis años? Si no fuera por las dos orejas gruesas que asomaban sobre
su suave cabello castaño y la cola regordeta que se movía a su lado, nunca
habría pensado que el chico frente a él era el mismo ser que su gato.
¿El
gato que había estado protegiendo era un híbrido?
Mientras
miraba embobado esas mejillas blancas teñidas de un suave rosa melocotón, los
ojos que estaban cerrados y fruncidos se abrieron lentamente, revelando unas
pupilas azules, un poco más oscuras y calmadas que cuando estaba en su forma
animal.
"Sun-woo..."
Murmuró
el chico. Al darse cuenta de que había hablado, se sobresaltó y se cubrió la
boca con ambas manos. Al ver al chico con lágrimas en los ojos, como si fuera a
romper a llorar, Sun-woo esbozó una pequeña sonrisa, asintió con afecto y dijo:
"Sí,
soy Sun-woo."
"……Sun-woo."
Al
saber que el gato era un híbrido, solo pudo pensar en una cosa. Sun-woo se
acercó y le susurró con preocupación:
"¿Qué
te duele? ¿Estás bien ahora? ¿Por qué no quieres comer? ¿No puedes dejar que te
lleve al hospital?"
Cuando
el chico extendió las manos como pidiendo un abrazo, Sun-woo se inclinó y lo
estrechó fuertemente. El chico preguntó con voz húmeda:
"¿No
me vas a echar?"
"¿Por
qué preguntas eso?"
"Dijiste
el otro día que si era un híbrido, me mandarías a casa."
"¿Es
por eso que ocultaste que eras un híbrido? ¿Por miedo a que te echara?"
El
chico bajó la cabeza. Sun-woo, conteniendo una sonrisa al notar sus
intenciones, se alejó un poco para mirarlo a los ojos.
"Gatito.
¿Cómo te llamas?"
El
gato, moviendo sus labios rosados, bajó sus ojos de largas pestañas y susurró:
"……Eun
Hyeon-chae."
*
* *
Debido
a su identidad inesperada, Sun-woo tuvo que volver a llamar, pero esta vez a un
hospital para híbridos en lugar de a uno veterinario.
Confirmó
que el desmayo de Hyeon-chae se debió, efectivamente, a las feromonas de I-won.
Era demasiado pedir que un cachorro en pleno desarrollo como Hyeon-chae
soportara algo que incluso a él, acostumbrado tras décadas de convivencia, le
resultaba difícil de asimilar.
Afortunadamente,
le aseguraron que no había de qué preocuparse si la exposición había sido
accidental y breve, y que síntomas como las convulsiones eran fenómenos
temporales. Le dijeron que siguiera observándolo y que solo acudiera si su
estado empeoraba, lo cual alivió bastante a Sun-woo.
Sentados
frente a frente en la mesa, Sun-woo dejó una taza frente a Hyeon-chae. Al
parecer, algo no le gustó, pues miró alternativamente su taza y a Sun-woo;
luego, tomando su taza, caminó alrededor de la mesa y se sentó en la silla
justo al lado de Sun-woo. Al verlo sentarse tan pegado a él, Sun-woo no pudo
evitar sonreír; a pesar de saber que ya no era un gato, no pudo evitar
acariciarle la cabeza. Sus orejas redondas y puntiagudas se estremecieron de
gusto.
Los
huesos de sus manos, que jugueteaban con la taza, eran blancos y firmes. A
Sun-woo le pareció tierno que, incluso al adoptar forma humana, no fuera capaz
de ocultar sus orejas y su cola. Mientras bebía un sorbo de café mirándolo,
Sun-woo retomó la conversación que había quedado a medias por la llamada al
hospital.
"Hyeon-chae."
Hyeon-chae,
que apretaba la taza, levantó la vista. Sun-woo buscaba cuidadosamente las
palabras para no herirlo, pero Hyeon-chae, mirándolo fijamente, soltó de
repente:
"……Me
quieres echar."
"No,
no es que te quiera echar."
Sun-woo
soltó una risa absurda, giró su silla y quedó frente a él.
"Hyeon-chae,
eres un híbrido. Si te sigo teniendo conmigo, habrá problemas."
"Pero
si me estás echando."
"No
es porque no quiera estar contigo, es por la ley……."
Mientras
Sun-woo intentaba consolarlo, un rugido de estómago resonó entre ambos. Sun-woo
miró hacia el vientre de Hyeon-chae. El chico se sonrojó y se cubrió el
estómago apresuradamente.
Sun-woo,
que se aguantó la risa para no hacerlo enfadar, se levantó y dijo:
"Primero,
vamos a comer."
Sun-woo
temía que no comiera, pero Hyeon-chae lo siguió a la cocina sin rechistar. El
hecho de que no se sentara a la mesa sino que rondara a su lado era tan
parecido a cuando era un gato que Sun-woo no podía dejar de sonreír.
"Siéntate
aquí y mírame."
Cuando
Sun-woo arrimó una silla para él, Hyeon-chae se sentó dócilmente a observarlo.
En lugar de su pequeña ropa, le había prestado una camisa suya, pero le quedaba
enorme. Sun-woo miró las manos escondidas bajo las mangas largas y se preguntó
qué hacer con ese pequeño.
Ahora
que sabía que era un híbrido, no podía seguir teniéndolo bajo su cuidado como
si nada. Sin embargo, su primer encuentro, donde parecía abandonado, y su
negativa a volver a casa le pesaban tanto que no podía decirle simplemente que
regresara a su hogar. Ignorando si entendía el dilema de Sun-woo, Hyeon-chae se
limitaba a mirarlo como si lo estuviera estudiando.
"¿Por
qué no comías?"
"……Porque
no tenía mucha hambre."
"¿Por
qué? ¿Estabas enfermo? ¿O tal vez querías comer otra cosa? Debiste haberte
sorprendido cuando te di alimento para gatos."
Sun-woo
le preguntó todas las razones que se le habían ocurrido. Hyeon-chae, que
golpeaba el suelo con la punta de los pies, negó con la cabeza ante todas las
preguntas sin mirarlo. Sun-woo pensó distraídamente en lo largas que eran sus
pestañas, cuando de repente, Hyeon-chae levantó la mirada y sus ojos azules,
ocultos hasta entonces, se clavaron en él.
"Dijiste
que tenías una cita."
"¿Te
preocupaba quedarte solo en casa?"
"No.
Es porque me gustas, Sun-woo."
Sun-woo
parpadeó, atónito. Mientras Sun-woo seguía procesando la repentina confesión,
Hyeon-chae continuó con tranquilidad:
"Estaba
esperando para casarme contigo. Solo me falta crecer un poco más, pero me dolió
mucho escuchar que te ibas a ver con otro híbrido."
"……Si
sigues diciendo esas cosas, me van a arrestar."
Sun-woo
soltó una risa incómoda y decidió ignorarlo, pero Hyeon-chae tiró suavemente de
su camisa para llamar su atención.
"Sun-woo.
Cásate conmigo."
"No,
no puedo."
"¿Por
qué?"
"Porque
nunca he pensado en casarme. Y además, tal vez ni siquiera lo haga."
"Pero
si dijiste que ibas a una cita. ¿Vas a salir a citas pero no te vas a
casar?"
"……."
Era
una conversación sin pizca de lógica. Comprendiendo que las explicaciones
racionales no servirían de nada, Sun-woo levantó a Hyeon-chae junto con su
silla, lo puso frente a la mesa y, mientras servía la comida, intentó
explicárselo:
"Originalmente,
se puede salir a citas sin necesidad de casarse. Y, además, tengo pensado salir
con alguien de mi misma especie, un perro híbrido."
"¿Eres
un purista, Sun-woo? Me dijeron que el purismo es malo."
Él mismo era un mestizo de varias especies, así que eso era imposible. Sun-woo soltó una risita amarga al verse
acusado de purista solo por mencionar una preferencia.
"Solo
hablaba de mis gustos."
"Cuéntame
más. Sobre tus gustos."
Al
ver sus ojos mirándolo con atención, Sun-woo, con un toque de picardía, le
despeinó el cabello esponjoso.
"Tiene
que ser más alto que yo, y preferiblemente mayor."
"……Ya
no quiero escuchar."
Sus
orejas, que antes se movían con curiosidad, se quedaron mustias y caídas.
Sintiéndose un poco mal por haber sido tan duro con el pequeño, Sun-woo le puso
la carne en el plato y añadió:
"Ven
cuando seas mayor."
"¿Cuánto?"
"Cuando
tengas más de veinte años."
Desde
que trajo a ese gato que temblaba en la calle, Sun-woo lo había mimado tanto
que incluso Seo-rin y Ha Seung-bin se habían sorprendido. Era natural que
Hyeon-chae, acostumbrado a recibir tanto amor, tuviera una idea equivocada.
Pero, con los años, seguramente lo olvidaría. Después de todo, eso son los
niños.
Hyeon-chae
inclinó la cabeza, repitiendo: "¿Veinte años?". No dijo nada más,
pero su cola, que se movía lentamente detrás de él, se veía muy feliz.
Sintiendo
que el tema estaba resuelto, Sun-woo le sirvió más comida. Cuando Hyeon-chae
vio la montaña de verduras sobre dos filetes de carne, lo miró confundido.
"¿Eh……?"
"Hasta
ahora no tuve otra opción, pero esto se acabó. Tienes desnutrición."
Hyeon-chae
apretó el tenedor, arrugó la nariz y puso cara de puchero, como si protestara
por no querer comer.
"Tienes
que comer muchas verduras para crecer rápido."
Ante
eso, Hyeon-chae pinchó una zanahoria y miró a Sun-woo.
"Si
soy más alto que tú y tengo más de veinte años, nos casamos."
"Ya,
ya, entendido. Come rápido antes de que se enfríe."
Como
si nunca se hubiera negado, Hyeon-chae tomó el tenedor y el cuchillo y comenzó
a comer. Era la primera vez que cenaban sentados frente a frente. Verlo comer
tan ordenadamente le gustó tanto a Sun-woo que no pudo apartar la mirada en un
buen rato.
Tras
esa cena tardía, Sun-woo preparó la habitación de invitados, frente a su
vestidor, para que Hyeon-chae durmiera allí. Puso mantas suaves y esponjosas y
apiló encima su cojín favorito. Estaba a punto de poner un cuenco de agua en la
puerta cuando recordó que Hyeon-chae ya podía servirse él mismo, y soltó una
risita.
"Listo.
Hyeon-chae, ……¿eh?"
Al
darse la vuelta tras extender la manta, se encontró con Hyeon-chae llorando a
lágrima viva. Sus mejillas rosadas estaban empapadas y las lágrimas caían por
su barbilla; eran gotas tan grandes que Sun-woo instintivamente estuvo a punto
de poner la mano para recogerlas.
"¿Qué
pasa? ¿Por qué lloras, Hyeon-chae?"
"¿No
te gusto porque soy un híbrido?"
"¿Por
qué dices eso de repente?"
"Es
porque no quieres dormir conmigo. Porque soy un híbrido. No me abrazas, no me
das besos y me mandas a dormir a otro lado."
"Eso
es porque..."
De
repente, Hyeon-chae se transformó en su forma animal. Sun-woo, que soltó una
carcajada ante esa actitud tan directa, se acercó y lo levantó. Parecía que
había crecido más, pues ahora era tan pesado que tenía que usar ambas manos.
"Eun
Hyeon-chae."
El
gato emitió un sonido gutural, quizás por la sorpresa. Sun-woo acercó su rostro
y le susurró una advertencia:
"¿Te
parece bien transformarte y dejarme con la palabra en la boca solo porque estás
enfadado?"
"¡Grrr……!"
"Si
te sientes triste, deberías intentar hablarlo primero. Como no vuelvas a forma
humana, me vas a decepcionar mucho."
Ante
el tono severo, Hyeon-chae bajó la mirada, dudó un momento y volvió a su forma
humana. Ver su rostro lloroso con las orejas gachas le partió el corazón, así
que lo estrechó en sus brazos.
"No
es porque no me gustes. Es solo que temí que te sintieras incómodo."
"Eso
es imposible. Yo te quiero, Sun-woo."
"……Ya
veo."
En
realidad, quien se sentía incómodo era el propio Sun-woo. Se sintió un poco
avergonzado al darse cuenta de que había usado esa excusa con el joven
Hyeon-chae, quien no sabía nada.
Tras
acariciar sus orejas y su cabello, Sun-woo tomó el cojín de la cama y salió de
la habitación. Colocó el cojín cerca del lugar donde siempre solían dormir, y
Hyeon-chae saltó a la cama con alivio.
Mientras
se acostaba a su lado, Sun-woo le explicó por qué ya no podían dormir abrazados
como antes o por qué no podían darse besos. Habló con cuidado durante diez
minutos para evitar que la respuesta fuera un simple "entonces me quedo
como gato", hasta que, finalmente, Hyeon-chae asintió.
Al
mirar de reojo, vio cómo movía las puntas de sus dedos sobre la manta; era
fácil adivinar lo que pensaba. Sun-woo extendió el brazo y le tomó la mano.
"¿Eres
un perro de pura sangre?"
"No.
Dicen que tengo sangre mezclada. La mayoría de los perros híbridos son así. Los
de pura sangre son raros."
"De
todos los híbridos que he visto, Sun-woo es el más genial."
Sun-woo
rio con satisfacción ante su inocente admiración.
"¿En
serio? Bueno, si retrocedes lo suficiente en el árbol genealógico, quizás
encuentres un lobo."
"Odio
a los lobos."
"¿Por
qué? Los lobos son geniales."
Hyeon-chae
cerró la boca, como si no estuviera de acuerdo, y Sun-woo decidió hablar:
"¿Y
tú? ……Nunca había visto un gato tan hermoso como tú."
Su
pelaje blanco como la nieve con motas grises, su cola que se movía suavemente
atrayendo su mirada, y esos ojos azules que lo observaban en silencio.
Hyeon-chae,
emocionado por la dulce mirada de Sun-woo, hizo vibrar su cola y finalmente
susurró la verdad que había ocultado desde el principio:
"No
soy un gato."
"¿Entonces?"
"Soy
un leopardo de las nieves."
"¿Qué?
¿Un leopardo de las nieves? ¿Tú?"
"Sí."
Sun-woo,
dudando de lo que oía, le preguntó de nuevo, y Hyeon-chae asintió mientras
apretaba su mano.
Detrás
de Hyeon-chae, que lo miraba con ojos brillantes, su cola regordeta se movía
con alegría. Solo entonces, Sun-woo notó que las manchas tenues sobre su pelaje
blanco eran muy similares a las de un leopardo que él conocía. Y, además, era
bien sabido que el linaje directo del clan del leopardo de las nieves llevaba
el apellido Eun.
"Eun
Hyeon-chae……."
Un
suspiro escapó de sus labios. ¿Había estado cuidando al hijo menor del clan del
leopardo de las nieves durante semanas? Un escalofrío le recorrió la espalda.
Las posibles consecuencias pasaron por su mente a toda velocidad: la presencia
de un descendiente directo en el territorio de los lobos podría derivar en una
gran guerra entre clanes, sin contar el poder que ostentaba esa familia ilustre
que él conocía.
"¿Tus
padres... saben que estás aquí?"
Ante
la pregunta cautelosa, los ojos azules de Hyeon-chae se entrecerraron.
"……Me
quieren echar."
"Jajaja,
no, tonto."
Sun-woo
lo atrajo hacia sus brazos. Hyeon-chae ronroneaba como cuando era un gato,
incluso en su forma humana, lo cual era señal de que estar tan cerca le
gustaba. Sun-woo le acarició la espalda. Si le pedía a Kim Yeo-jin, a través de
Ha Seung-bin, que se comunicara con el clan del leopardo sin que I-won se
enterara, podría resolverlo. Aunque lo correcto era devolverlo de inmediato, su
corazón no quería.
Sun-woo
dudó, pero preguntó:
"¿Puedes
decirme por qué estabas así ese día y por qué te fuiste de casa?"
"……Porque
no quería casarme con alguien que no conozco."
Todos
los leopardos de las nieves existentes eran de linaje directo. Aunque
Hyeon-chae fuera joven, no era raro que tuvieran compromisos matrimoniales
desde pequeños. ¿Fue la fuga de un joven señor?
Sun-woo
se rio para sus adentros y preguntó en broma:
"¿Ya
tenías un prometido? ¿Y por eso me estabas cortejando?"
"¡No!
No tengo nadie. Me voy a casar contigo."
Hyeon-chae
apretó con fuerza su ropa. Sun-woo rio al ver esa reacción tan intensa a una
pequeña broma y le acarició la cabeza.
"No
tienes que hacerlo si no quieres."
"Me
voy a casar contigo."
"Está
bien. Pero primero crece. Y consigue el permiso de tus padres."
"¡Eso
no estaba en las condiciones!"
"¿Sabes
que los híbridos de sangre pura, incluso siendo adultos, necesitan el permiso
de sus padres para registrar su matrimonio?"
Sun-woo
abrazó al pequeño leopardo, que protestaba lleno de energía, mientras
jugueteaba con su cola. Al ver que sus ojos se cerraban por el sueño, Sun-woo
le dijo:
"Vamos
a pasear mañana. No hemos salido a jugar nunca desde que estás aquí."
"¿A
dónde?"
"Mmm,
¿tienes algún lugar al que quieras ir?"
"Quiero
ir a todos lados……."
Sun-woo
rio mientras veía que el pequeño no podía decidirse, y lo calmó diciéndole que
podía decírselo mañana.
*
* *
La
oscuridad era profunda y el silencio, absoluto. Sintiendo el calor bajo sus
dedos, Hyeon-chae se giró hacia el lado. Observó el pecho de Sun-woo, que subía
y bajaba rítmicamente en un sueño profundo, antes de incorporarse con lentitud
y acercarse a él. Solo con mirarlo, su corazón latía tan fuerte que sentía que
se le escaparía del pecho.
"Sun-woo……."
Aquellas
cosas que sus padres le decían: que lo entendería cuando fuera mayor, que lo
sentiría sin necesidad de que nadie se lo enseñara. Aunque todavía no
comprendía del todo qué era aquello o cómo debía actuar, todos sus sentidos
estaban volcados en Sun-woo; todas sus emociones eran movidas por él.
Sun-woo
era el centro de su mirada y, cuando no estaba, sentía ansiedad. Observarlo no
era suficiente. Con el crecimiento de su cuerpo, un instinto había despertado,
y ese deseo de posesión, que había estado reprimido durante años, levantó la
cabeza con violencia.
Hyeon-chae
se esforzó al máximo por controlarlo. Para no abalanzarse sobre la espalda de
Sun-woo o morder el cuello largo y expuesto que tenía ante sí. Para no atacar
el punto débil que aquel perro negro mostraba con tanta vulnerabilidad y
dejarle su propia marca.
Era
difícil, pero podía hacerlo. Porque él quería a Sun-woo.
Emociones
intensas, cuyo nombre ni siquiera conocía, revolvían por completo su mente y su
corazón. Sus ojos azules brillaron con peligro mientras miraba al Sun-woo
dormido. Salió de entre las mantas y acercó su rostro al de él. Todos sus
movimientos fueron tan cautelosos que ni siquiera se produjo el más mínimo
ruido.
Finalmente,
cuando estuvo tan cerca que sus alientos podrían haberse entrelazado, se detuvo
un instante antes de depositar un beso firme sobre la mejilla tersa de Sun-woo,
justo donde se formaba aquel hoyuelo tan atractivo al sonreír.
¿Sería
porque había hecho algo malo sin que Sun-woo lo supiera? De forma extraña,
sintió una opresión en el pecho, como si fuera a vomitar. ……Pero, al fin y al
cabo, Sun-woo no le había dado un beso primero.
Justificándose
en su interior, Hyeon-chae se acostó de nuevo y se acurrucó con delicadeza en
los brazos de Sun-woo. Sintiendo el calor familiar entre sueños, Sun-woo
extendió un brazo y lo abrazó con fuerza.
Me gustas demasiado. Me voy a casar con Sun-woo.
Lo tomaré todo, absolutamente todo, y me lo llevaré conmigo.
*
* *
Aunque
le preocupaba que pudiera llover, afortunadamente el tiempo estaba soleado y
agradable. Sun-woo, que extendió los brazos para abrir suavemente el ventanal,
soltó una carcajada al ver al leopardo de las nieves que seguía durmiendo
pegado a su pecho.
Claramente
habían acordado solo tomarse de las manos, así que no sabía en qué momento la
distancia se había acortado tanto. ¿Acaso lo abracé yo por costumbre? Por
eso precisamente quería que durmiéramos separados...
La
ropa de cama mullida, el calor reconfortante y la luz del sol hacían que fuera
un placer quedarse ahí, pero Sun-woo, que no había olvidado la promesa del día
anterior, se levantó de un salto.
Hyeon-chae,
que estaba estirado, parpadeó con ojos somnolientos.
"……¿Sun-woo?"
"Dijimos
que iríamos a divertirnos. Tenemos que levantarnos. Lávate, desayunamos y nos
vamos."
Aunque
acababa de despertar y tenía los ojos llenos de sueño, Hyeon-chae se levantó
dócilmente siguiendo a Sun-woo. Cuando Sun-woo terminó de lavarse y se sacudía
el cabello mojado, parpadeó sorprendido al ver a Hyeon-chae sentado en el borde
de la cama, perdido en sus pensamientos.
Aunque
mantenía su cabello suave y su rostro de rasgos finos, notó que el puente de su
nariz estaba sutilmente más alto y su mandíbula más marcada; además, las mangas
que hasta el día anterior cubrían sus manos ahora caían justo donde debían, en
las muñecas, y sus pies descansaban cómodamente en el suelo al sentarse.
"Hyeon-chae……
¿has crecido?"
¿Se
le podía llamar "crecer"? Quizás "evolucionar" era un
término más apropiado.
Ante
la pregunta atónita de Sun-woo, Hyeon-chae se examinó a sí mismo con
naturalidad, respondió un "sí" y se puso de pie.
"Yo
también voy a lavarme, Sun-woo."
Al
pasar a su lado, el cabello fresco de Hyeon-chae rozó la punta de su nariz. Ayer
ni siquiera me llegaba al hombro……
Sun-woo
se pasó la mano por la cara lentamente, sintiendo como si estuviera dentro de
un sueño.
Mientras
comían frente a frente, Sun-woo observó a Hyeon-chae de reojo. Seguía siendo
joven, pero a diferencia de cuando parecía un bebé, la grasa infantil había
desaparecido y sus rasgos se habían vuelto más profundos. Si no fuera por sus
orejas redondas y adorables, nadie habría dicho que era el mismo de antes, por
lo que decidió que ya no debía llamarlo "bebé", ni siquiera por
error.
"Parece
que has crecido diez centímetros en un solo día. Y ya no tienes cola."
"Los
leopardos de las nieves crecemos de golpe."
"¿Cuántos
años tienes?"
Al
pensarlo, se dio cuenta de que no sabía la edad exacta de Hyeon-chae. Mientras
esperaba con curiosidad, Hyeon-chae bajó la mirada con las mejillas sonrojadas.
"Aún
no tengo veinte."
"Eso
es obvio…… Jajaja."
Sun-woo,
que entendía perfectamente por qué mencionaba esa edad, soltó una carcajada. El
tema de la edad se perdió entre las insistencias de Hyeon-chae sobre casarse
—un tema del que no se cansaba—, y terminaron un desayuno ligero.
Como
Hyeon-chae no sabía a dónde ir, Sun-woo eligió un parque temático de reciente
apertura que gozaba de gran popularidad. Estaba a solo una hora y contaba con
excelentes instalaciones para híbridos, desde piscinas hasta zonas de
ejercicio, lo cual parecía ideal para ambos.
Cuando
Sun-woo salió con las llaves del coche y el móvil, Hyeon-chae estaba sentado
tranquilamente en el sofá con ropa nueva. Sun-woo le había dado una de sus
prendas, que le quedaba holgada y le ajustaba bien. Al ver que, a pesar de su
tamaño, seguía siendo un chico obediente, Sun-woo sonrió y le puso una gorra.
Las orejas quedaron perfectamente escondidas bajo la visera.
Si
no hubiera sabido que era un leopardo de las nieves, no habría importado, pero
ahora que lo sabía, sus orejas redondas y gruesas, y las marcas de su cola,
eran tan características que no podía dejarlas a la vista.
"Te
queda bien."
Acarició
su cabeza cubierta por la gorra y dijo "Vamos", a lo que Hyeon-chae
se levantó y le tomó la mano.
Aunque
no era fin de semana, el parque estaba lleno. Planeaban recorrer las cinco
zonas, pero como a Hyeon-chae le encantaban las atracciones intensas, se
quedaron más tiempo del esperado en la primera área. Sun-woo quería mostrarle
más cosas, pero cada vez que iba a proponer cambiar de zona, Hyeon-chae lo
miraba fijamente señalando la montaña rusa……
Sin
poder decirle que no, Sun-woo terminó subiéndose cinco veces seguidas antes de
poder salir de esa zona.
A
la hora de comer, fueron a una hamburguesería cercana. Pidieron dos
hamburguesas cada uno, pero al ver que Hyeon-chae jugueteaba con la suya sin
comer, Sun-woo se dio cuenta de que estaba quitando la lechuga a escondidas.
"¿Qué
haces, Hyeon-chae?"
"Me
la voy a comer."
Sun-woo
soltó una risita y le tomó la mano para detenerlo, ya que intentaba meter la
lechuga de vuelta en el pan.
"Si
no quieres, no tienes que comerla. ¿Aún te sabe mal?"
"……Practicaré."
"Qué
buen chico."
Después
de comer, pasearon en un crucero por el lago, recorrieron el jardín de rosas en
un trencito y disfrutaron de la tirolina y los karts en la zona de actividades.
Aunque
Sun-woo había elegido el parque pensando en divertir a Hyeon-chae, sentía que
él se había divertido más. Sentados en un banco con helados y churros, Sun-woo
tomó su teléfono para tomarle una foto a Hyeon-chae, que tenía helado en la
punta de la nariz, cuando unos estudiantes uniformados se acercaron
tímidamente.
"Disculpe,
¿podemos preguntar algo? ¿Dónde compró esa diadema?"
"¿Diadema?"
"Sí,
la que lleva él. ¡Es una diadema de leopardo de las nieves! ¡Es preciosa!"
Sun-woo
miró donde señalaba el estudiante: a la cabeza redonda y las orejas erguidas de
Hyeon-chae.
……¿Dónde está la gorra?
La
gorra que llevaba hace un momento había desaparecido, y las orejas blancas y
regordetas de Hyeon-chae estaban al descubierto. Al darse cuenta, Hyeon-chae
abrió mucho los ojos y se llevó las manos a la cabeza. Los estudiantes soltaron
un grito al ver cómo sus orejas rebotaban con elasticidad bajo su tacto.
"Wow,
parecen de verdad."
"¿Son
nuevas? Vamos a comprarlas todas."
Sun-woo
soltó una risita ante la confusión. Era normal ver gente con diademas de
animales en el parque, y como los leopardos de las nieves no eran comunes, era
lógico que pensaran que era un accesorio. Aunque era un alivio que no supieran
la verdad, Sun-woo se apresuró a aclarar antes de decepcionarlos.
"Lo
siento, pero esto no se vende aquí. Lo traje de casa."
"Ah……
¿en serio?"
"Seguro
que lo pediste por internet. Te dije que ahí hay más variedad y es más
barato."
"Pero
comprarlo aquí tiene su encanto."
"Oiga,
¿ustedes son famosos?"
"¡Oye,
no hagas eso! ¡Gracias por la información! ¡Adiós!"
Los
estudiantes se marcharon corriendo. Hyeon-chae seguía tocándose las orejas,
visiblemente incómodo.
"Perdona.
Perdí la gorra."
"No
pasa nada. Alguien la encontrará y la usará. Además…… ¿te molesta?"
"Un
poco……."
Sun-woo
le bajó las manos, buscó con la mirada y encontró una tienda de recuerdos, así
que llevó a Hyeon-chae de la mano hacia allá.
Probaron
varias gorras, pero Hyeon-chae no parecía complacido con los diseños
infantiles. Sun-woo, que se reía mientras le tomaba fotos, vio una sección al
lado y trajo una diadema.
"¿Qué
te parece esta?"
Sobre
la cabeza de Sun-woo descansaban unas orejas negras y puntiagudas. Hyeon-chae
se mordió el labio.
"……No
se parece en nada a ti, Sun-woo."
"¿No?
Supongo que tienes razón."
Como
no encontró diademas de perro con orejas erguidas (solo las había caídas y
marrones), había elegido una de lobo, así que era evidente la diferencia con su
verdadera forma. Sun-woo se rio suavemente y, cuando iba a quitársela,
Hyeon-chae le sujetó el brazo.
"No.
Te queda bien."
"Entonces
la usaré."
Ambos
salieron caminando con sus orejas de animal. Durante el resto del recorrido,
Hyeon-chae miraba a Sun-woo de reojo constantemente, como si quisiera grabar
cada detalle en su memoria.
Al
llegar a la última zona, ya estaba cayendo el sol. A pesar de haber ido rápido,
el parque era tan grande que apenas empezaban a encenderse las luces nocturnas.
Esta
última zona era la más popular, diseñada para que los híbridos pudieran
transformarse y experimentar, pero como ninguno quería que Hyeon-chae revelara
su forma, solo se limitaron a observar.
Para
no irse sin más, subieron a un observatorio con forma de árbol para ver el
parque iluminado. Un empleado con una cámara tomaba fotos a los visitantes y,
al acercarse a ellos, Sun-woo le preguntó a Hyeon-chae:
"¿Quieres
que nos tome una foto?"
Las
orejas blancas de Hyeon-chae se erizaron.
"……¿Cómo
lo sabías?"
Sun-woo
sonrió, puso una mano sobre su hombro y respondió:
"Simplemente
lo sé."
Se
tomaron la foto con el parque nocturno de fondo. Sun-woo anotó su número para
recibir el enlace. Mientras Sun-woo pagaba, Hyeon-chae escribió algo
discretamente junto al número.
Al
dirigirse al estacionamiento, Sun-woo se detuvo al sentir un extraño déjà vu.
Todos los coches estacionados alrededor del suyo tenían el motor encendido.
Eran del mismo color y modelo.
"Hyeon-chae.
Espera……."
Cuando
se abrió la puerta del coche, Hyeon-chae soltó un jadeo y se puso frente a
Sun-woo para protegerlo. El pelaje de sus orejas y su cabello estaban erizados.
Del
coche bajó una mujer alta. A medida que se acercaba, se hacían visibles su
largo cabello claro y su hermoso rostro.
Sun-woo
buscó en su memoria hasta que, al ver esos ojos marrones con destellos azules,
comprendió que era la familia de Hyeon-chae. El instinto de supervivencia ante
un depredador superior le erizó el vello de la nuca.
Mientras
ambos se miraban en silencio, Hyeon-chae mostró los dientes y gruñó:
"¿Por
qué vienes aquí?"
"¿Crees
que he venido sola? Mi padre y Eun Woo-kyung están dentro. No salieron por
consideración al señor Sun-woo. Ah, soy Eun Woo-yeon, la hermana mayor de
Hyeon-chae. ¿Puedo llamarte Sun-woo?"
"……Por
supuesto. Es un placer conocerla."
"No
es la mejor situación para un placer, pero bueno…… supongo que debería empezar
por darte las gracias."
"Sun-woo.
Vámonos."
Hyeon-chae
intentó llevarse a Sun-woo, pero se detuvo al escuchar a Woo-yeon.
"Gracias
por cuidar a Hyeon-chae y por contactarnos."
"Vinieron
más rápido de lo que pensaba."
Sun-woo,
que ni se inmutó cuando Hyeon-chae tiró de él, respondió a Woo-yeon, dejando a
Hyeon-chae mirándolo con incredulidad.
"¿Sun-woo……?"
"Deberíamos
ser nosotros quienes te recompensen, Sun-woo. Pero las circunstancias no lo
permiten. ¿Lo entiendes?"
Los
ojos azules de Hyeon-chae se llenaron de lágrimas en un instante. A Sun-woo le
dolió el pecho, como si le hubieran puesto una piedra, y le costaba respirar.
Sun-woo
miró a Woo-yeon y dijo:
"¿Puedo
hablar un momento a solas con Hyeon-chae?"
"……Adelante."
Llevó
a Hyeon-chae al coche y lo llamó por su nombre. En lugar de responder,
Hyeon-chae bajó la cabeza y las lágrimas comenzaron a caer.
"Hyeon-chae."
"¿Por
qué tengo que irme? Me gustas, ¿por qué me echas?"
"Porque
todavía eres un bebé."
"¡Puedo
crecer más! ¡Creceré!"
Hyeon-chae
levantó la cabeza y lo desafió:
"¿De
verdad contactaste tú? ¡Mientes! Ni siquiera sabías el número de Eun Woo-yeon."
Sun-woo
apretó los puños, ocultando su dolor al ver a Hyeon-chae expresar su tristeza
con todo su ser: sus orejas caídas, sus ojos hinchados de tanto aguantar el
llanto y su respiración agitada.
"……Lo
sabías. Sabías que si salías de la zona de los lobos, tu familia vendría por
ti."
"¡Cómo……!
¡Pensé que íbamos a divertirnos!"
Sun-woo
evitó su mirada, incapaz de ver esos ojos llenos de traición. Lo sabía. Sabía
que si salía del territorio de los lobos, lo encontrarían incluso sin que él
avisara, y ya había confirmado con Kim Yeo-jin que Woo-yeon conocía su hogar y
su existencia.
"Hyeon-chae.
¿Te divertiste hoy?"
"……¿Por
qué preguntas eso ahora?"
"¿Te
divertiste?"
Ante
su tono dulce, Hyeon-chae apretó los labios y lo fulminó con la mirada. Cuando
sus ojos se suavizaron, susurró en voz baja:
"……Sí.
Me divertí."
"Yo
también. Me divertí mucho hoy. Siempre quise salir a jugar así contigo. No
importa quién seas…… no podemos quedarnos encerrados en casa solo por
escondernos."
Ante
sus palabras, Hyeon-chae se mordió el labio. Lloró en silencio durante un rato
antes de tomar la mano de Sun-woo y decir con voz húmeda:
"Prometimos
casarnos."
"Te
dije que vinieras cuando fueras mayor."
"Creceré
pronto. Así que espérame, Sun-woo."
Sun-woo
asintió, atrajo a Hyeon-chae y lo abrazó, acariciando su espalda mientras
susurraba:
"Te
daré mi número. Llámame cuando cumplas veinte."
"Sí."
"Y
si pasa algo urgente, puedes llamar antes."
Hyeon-chae
se calmó y se puso en pie. Si no fuera por sus pestañas húmedas, parecería que
no había pasado nada.
"Me
voy. No te bajes."
"¿Ni
siquiera puedo despedirte?"
"No.
No quiero que me veas así."
Sun-woo,
apoyado en el volante, se despidió con la mano. Hyeon-chae lo miró por última
vez y se dio la vuelta.
Al
cerrarse las puertas y arrancar los seis coches que lo rodeaban, Sun-woo se
quedó solo en el silencio del estacionamiento, soltando un suspiro de
resignación.
*
* *
Fue
mucho lo que dejó aquel huésped que solo se quedó durante un mes.
Al
regresar a casa, lo que me recibió fue el silencio. La emoción que solía sentir
al abrir la puerta se desvaneció rápidamente. Con una sensación de vacío,
intenté limpiar la casa, pero había demasiadas cosas por ordenar. Incluso solté
una risa amarga al tener que apartar el rascador que seguía en el centro de la
sala.
Aunque
lo correcto era tirar los objetos que ya no tendrían uso, Sun-woo los pospuso y
simplemente los guardó todos en la habitación de invitados.
Así
pasó el tiempo.
Poco
a poco, las cosas volvieron a su lugar. Sun-woo, que no solía cocinar mucho,
dejó de estar frente a la encimera y empezó a comer cualquier cosa rápida en la
barra de la cocina; además, se volvió frecuente que llegara tarde a casa tras
sus reuniones con amigos.
Aun
así, a veces lo recordaba. La mirada azul que lo seguía en silencio, el joven
leopardo de las nieves que, sin saber nada del mundo, se le pegaba
insistentemente para pedirle matrimonio.
Un
día, llegó una notificación al móvil pidiendo que confirmara unas fotografías.
Era un mensaje del parque temático.
Al
abrir el enlace, aparecieron las fotos de él y Hyeon-chae, sonriendo con el
parque iluminado de fondo. Recordó la pregunta inocente de Hyeon-chae —¿Cómo
supiste que quería tomarme una foto?— y una sonrisa se dibujó en sus
labios.
En
realidad, era fácil saber qué le gustaba a Hyeon-chae. Siempre que sus ojos,
que solían estar fijos en él, se desviaban hacia otro lado, esa era la
respuesta.
Mientras
guardaba las fotos con naturalidad, Sun-woo entró en su álbum tras mucho
tiempo. Como apenas había tomado fotos desde que Hyeon-chae se fue, bastaba con
subir un poco para que apareciera una avalancha de recuerdos de aquella época.
Desde
las más de cien fotos que tomaron en un solo día en el parque temático, hasta
el día a día de aquel pequeño leopardo blanco que documentó sin saber siquiera
que era un híbrido.
"……Eres
realmente hermoso."
Aunque
sabía que debía borrarlas y guardarlas solo como recuerdos, seguía
posponiéndolo día tras día. Aquellas cosas que decidió aplazar se habían
acumulado, llenando la habitación de invitados y escondiéndose en lo profundo
del congelador.
Durante
el año que pasó, no hubo ninguna noticia de Hyeon-chae.
*
* *
El
aire frío golpeaba el rostro de Sun-woo mientras observaba el cielo. Sobre la
aguja puntiaguda del edificio, la nieve se acumulaba en capas gruesas. Nam
Jun-woo, que bajó después de él, se acercó tiritando.
"¿Por
qué Ha Seung-bin tiene que celebrar su boda en un lugar como este?"
"Es
un tipo que vive en un cuento de hadas. Si tienes frío, deberías haberte puesto
una chaqueta."
"¿Qué
chaqueta ni qué niño muerto? ¿Sabes cuánta gente famosa viene aquí?"
Al
parecer, su interés en acompañarlo no era fraternal, sino puramente
oportunista. Sun-woo soltó una risa burlona y le hizo un gesto con la barbilla
para que entrara.
"¿Qué?
¿Vas a fumar?"
"¿Qué
fumar? Si hace siglos que lo dejé……."
Sun-woo
había dejado el cigarrillo por culpa de Hyeon-chae y aún no se atrevía a probar
ni uno. Como el hotel estaba dentro de una estación de esquí, el aparcamiento
era un caos y consideró mover el coche a otra zona. Nam Jun-woo, que lo miraba
con sospecha, entró primero. Tras aparcar en un sitio más adecuado, Sun-woo
bajó del vehículo, inhaló profundamente el aire gélido y, temblando por el
cambio brusco de temperatura, se apresuró a entrar.
El
salón de la boda era un despliegue de diversidad. Debido a la amplia red de
contactos de Kim Yeo-jin y a la naturaleza sociable de Ha Seung-bin, los
invitados pertenecían a especies de lo más variadas. Como era una invitación
entre familias, también había otros miembros del clan de los lobos, por lo que
Sun-woo debía extremar la precaución con su comportamiento. Buscó a Nam Jun-woo
por todas partes, pero parecía haberse esfumado. Mientras se dirigía al jardín
central, un hombre alto pasó rozándolo. A pesar de que el aroma era claramente
el de un depredador, no le resultó amenazante. Justo cuando iba a pasar de
largo, una voz lo llamó por la espalda.
"Sun-woo."
Se
detuvo en seco. Su corazón dio un vuelco al reconocer una voz que, aunque
distinta, le resultó dolorosamente familiar. Antes de que pudiera girarse, el
hombre se acercó con naturalidad y lo envolvió en un abrazo. Al sentir aquella
calidez, extraña pero inconfundible, Sun-woo sintió que su corazón golpeaba su
pecho con fuerza.
"……¿Por
qué no me llamaste en todo este tiempo?"
"Porque
te extrañaba. Y porque sabía que si te llamaba, saldría corriendo a buscarte de
inmediato, así que me contuve."
"Hubieras
venido simplemente a verme."
Lo
dijo sin pensar, pero era una verdad que ni siquiera se había atrevido a
admitir para sus adentros.
Escuchó
una risa suave cerca de su oído. Los brazos de Hyeon-chae bajaron hasta rodear
las manos de Sun-woo. Fue entonces cuando Sun-woo lo vio: en el dedo anular de
la mano izquierda de Hyeon-chae brillaba un anillo. El impacto fue tan fuerte
que sintió un vacío en el estómago. Incapaz de hablar, solo pudo abrir los
labios, atónito. Hyeon-chae entrelazó sus dedos con los de él, mostrando que en
la mano de Sun-woo había un anillo idéntico.
"Ya
soy mayor de veinte años. He esperado a que pasara mi cumpleaños y he
conseguido el permiso, porque temía que te arrepintieras."
"……Eun
Hyeon-chae."
"Cásate
conmigo, Sun-woo."
El
reencuentro y la repentina propuesta fueron interrumpidos por el sonido de las
campanas que marcaban el inicio de la ceremonia. La gente comenzó a moverse
hacia el salón, y Sun-woo, al ver a Nam Jun-woo y otros lobos acercándose, se
soltó del abrazo con urgencia.
"Luego,
hablemos luego, ¿sí?"
Al
ver a Nam Jun-woo saludarlo, Sun-woo fingió normalidad y caminó hacia el salón,
pero antes de entrar, miró hacia atrás. Hyeon-chae permanecía allí, inmóvil,
observándolo con una mirada fija y silenciosa.
Una
vez dentro, Sun-woo se sentó en su mesa designada y saludó a los demás,
manteniendo la compostura mientras los murmullos de los invitados llegaban a
sus oídos.
"¿Ese
hombre es aquel……?"
"Dicen
que es la primera vez que sale en público. Es un leopardo de las nieves, por
eso es tan hermoso."
"Decían
que no era muy inteligente, pero parece que eran puros rumores."
"¿Han
invitado a la boda al miembro más joven del clan del leopardo de las nieves, a
quien nunca habían dejado ver? La familia de la novia tiene contactos
increíbles."
"Es
que la novia es muy amiga del segundo hijo de los leopardos de las
nieves."
Sun-woo
intentó ignorarlos, pero sus ojos se desviaron involuntariamente. Hyeon-chae
estaba sentado con los invitados de Kim Yeo-jin. En aquel salón tenuemente
iluminado, el cabello claro del joven leopardo brillaba intensamente. Sun-woo
no pudo evitar quedar cautivado, preguntándose por qué había aparecido así, de
la nada, con tantas preguntas acumuladas en el pecho. Suspiró profundamente y,
con un esfuerzo sobrehumano, apartó finalmente la mirada de aquel joven que
había vuelto a poner su mundo de cabeza.
*
* *
"¡Maldita
sea! ¡Vete con la hermana Jung-in! Ya hablé con ella."
"¿Qué?
¿Por qué tendría que hacer eso?"
"Tengo
asuntos que atender y no puedo irme a casa todavía. Si puedes esperar un poco,
podemos irnos juntos, si quieres."
"¿Cuánto
tiempo?"
"No
sé. ¿Unas tres horas?"
Nam
Jun-woo soltó una maldición. Ya estaba descontento por tener que venir hasta
Gangwon-do cuando había lugares de sobra para celebrar bodas en Seúl, y la
actitud repentina de Sun-woo solo hizo que su irritación se disparara.
"Imbécil.
Me siento incómodo con la hermana Jung-in."
"Por
eso te pedí disculpas. ¿Quieres que busque otro vehículo?"
"Olvídalo.
Joder…… Me voy."
Quizás
esperar tres horas habría sido mejor que subir al coche de Choi Jung-in, pero
tenía planes para la cena y no podía perder el tiempo. Nam Jun-woo se marchó
refunfuñando.
Habiéndose
librado del estorbo, Sun-woo se apoyó en la ventana y observó a los invitados
que se marchaban. Aunque habían preparado varias habitaciones en el hotel por
si alguien deseaba quedarse, la mayoría optó por regresar.
Cuando
el vestíbulo, antes tan concurrido, quedó vacío salvo por él, sintió una
presencia silenciosa a sus espaldas. Al darse la vuelta, vio a la persona que
había estado esperando.
"Sun-woo."
"……Hyeon-chae."
La
mirada de Hyeon-chae se dirigió hacia abajo. Al ver cómo observaba fijamente su
mano izquierda, ahora desprovista del anillo, Sun-woo se sintió extrañamente
incómodo y abrió la boca para justificarse.
"Me
quité el anillo. Por si surgían malentendidos."
"¿Qué
clase de malentendidos?"
"Tú
sabrás. Es obvio."
Hyeon-chae
puso mala cara ante la respuesta cargada de una risa ligera.
"Se
supone que te vas a casar conmigo."
"Eso
es, ……ja."
Sun-woo
soltó un suspiro de frustración, miró a su alrededor y dijo:
"Después
de tanto tiempo, no deberíamos estar así. Sentémonos a hablar."
Se
sentaron en el café de la galería del hotel. Sun-woo tomó su taza de café,
humedeció sus labios y observó a Hyeon-chae, que seguía con el ceño fruncido,
mirando de reojo la mano vacía de Sun-woo.
"No
imaginé que nos encontraríamos aquí. ……¿Cómo has estado? ¿Todo bien?"
"Sí.
¿Y tú?"
"Yo……"
Por
un instante, se detuvo al recordar la sensación de vacío que sintió tras la
partida de Hyeon-chae, pero aquello ya era pasado. Sun-woo respondió con un
tono casual:
"Yo
también he estado bien. ¿Qué ha pasado? En este año has crecido tanto que casi
no te reconozco."
Y
ya no tienes orejas.
Recordar
el pasado le provocó una risa involuntaria. Hyeon-chae, quizás pensando lo
mismo, se tocó el cabello mientras se sonrojaba.
"Ya
terminé de crecer."
Sun-woo
solo descubrió tras su partida que los leopardos de las nieves tenían un
crecimiento acelerado. Sin duda, su estatura era menos de la mitad de la
actual……
También
tenía curiosidad por saber cuánto habría crecido su forma animal, aquella que
era tan linda que la había confundido con un gatito. Se sintió un poco apenado
al pensar que, si no sucedía nada especial, ya no tendría oportunidad de verlo.
"¿Cuántos
años tienes ahora? ¿De verdad tienes más de veinte?"
"Sí.
Veinte."
Si
tenía exactamente veinte, significaba que tenía dieciocho cuando se conocieron.
Era increíble cómo alguien de dieciocho años podía haber sido tan pequeño y
cómo había podido crecer tanto en apenas un año.
Por
otro lado, se dio cuenta tardíamente de que, para Hyeon-chae, la condición de
tener "veinte años" no había sido una restricción, sino una
motivación.
Con
razón se rindió tan fácilmente.
Aunque
se sentía mal por Hyeon-chae, quien lo reencontraba después de tanto tiempo,
Sun-woo sintió que debía expresar sus intenciones con claridad. Jugando con el
anillo que sentía a través de su abrigo, habló con dificultad:
"Me
alegra volver a verte, Hyeon-chae. Pero, lo siento, voy a rechazar tu
propuesta."
Hyeon-chae
levantó la cabeza de golpe ante sus palabras.
"Siento
si te hice entender lo contrario. Pero cuando dije que lo habláramos al cumplir
veinte, era solo una forma de hablar. Si eras menor de edad, ni siquiera era
una opción. Y ahora, mi respuesta es un no."
"¿Por
qué? Me lo prometiste. ……¿Es porque no te gusto?"
"No.
No es eso. Como te dije antes, no tengo intención de casarme."
"¿Y
qué tendría que pasar para que quisieras casarte?"
"Quién
sabe. Tal vez si encuentro a alguien a quien ame lo suficiente como para querer
casarme."
Considerando
que ya habría entendido el mensaje, Sun-woo dejó el anillo que había estado
manipulando sobre la mesa frente a Hyeon-chae y se levantó.
Sentía
mucho gusto por ver a Hyeon-chae nuevamente y le hubiera encantado pasar más
tiempo hablando, pero pensó que el joven necesitaría espacio para aceptar el
rechazo.
"Nos
vemos la próxima."
Creía
que todo había terminado bien. Sin embargo……
Mientras
almorzaba con I-won después de mucho tiempo, Sun-woo no dejaba de mirar de
reojo hacia un lado. La persona sentada en la mesa de enfrente no dejaba de
llamar su atención. Aunque no podía verle el rostro porque llevaba un gorro
hundido y la distancia era considerable, su complexión y la forma en que el
cabello claro sobresalía bajo el gorro se parecían demasiado a alguien que
había visto el día anterior.
"……Sun,
Nam Sun-woo."
"Sí.
Te escucho."
"¿Qué
escuchas? ¿Qué es lo que tanto miras?"
Sun-woo
detuvo apresuradamente a I-won cuando este intentó girarse para mirar.
"El
aroma es bueno. Solo quería ver qué era."
"Pídelo."
"Olvídalo.
Estoy lleno. Más importante, ¿de qué estábamos hablando?"
"Nada
importante, solo preguntaba si no tenías planes de casarte."
Sun-woo
se tensó ante la pregunta de I-won. ¿Por qué le preocupaba tanto la opinión del
hombre que estaba sentado frente a él? Una respuesta que normalmente habría
fluido con naturalidad ahora se sentía extraña e incómoda.
"¿A
qué viene eso del matrimonio de repente? Ni siquiera estoy viendo a
nadie."
"¿Si
te presento a alguien, aceptarías?"
"¿Quién?"
"Es
un primo de Hee-jun. Es amable y callado. Tiene mucha lealtad hacia el clan,
pero como ha decidido trabajar conmigo, creo que probablemente a ti también
te……"
¡Clang!
Las palabras de I-won fueron opacadas por el sonido de un plato rompiéndose.
Los empleados se acercaron a la mesa de enfrente para preguntar si todo estaba
bien, y el hombre que estaba sentado pagó la cuenta y salió del local.
Sun-woo
soltó una risa amarga ante la actitud que parecía una protesta para que le
prestara atención, y negó con la cabeza hacia I-won.
"Todavía
no tengo pensado casarme."
"……Entiendo.
Está bien."
Ante
la firme negativa, I-won no volvió a sacar el tema del matrimonio.
*
* *
A
partir de entonces, el acoso continuó. Dondequiera que fuera Sun-woo, aparecían
un par de hombres con trajes y aspecto afilado o el joven del gorro hundido. Ya
casi se sabía de memoria la matrícula del sedán negro que seguía a su coche.
Como
lo seguían descaradamente incluso dentro del territorio de los lobos, Sun-woo
empezó a salir lo menos posible de la zona, preocupado por una posible fricción
entre familias.
Aunque
estuvo a punto de perder la paciencia y contactarlo directamente, no era fácil
conseguir el número de un Hyeon-chae que apenas comenzaba a moverse en los
círculos sociales.
Sun-woo
salió a la terraza y, apoyado en la barandilla, dejó escapar un suspiro lento.
Al bajar la vista, vio la figura que llevaba días sentada en el banco del
parque justo enfrente.
"Qué
insistente……."
No
podía dejar de pensar en Hyeon-chae, que rondaba constantemente a su alrededor.
Muy a su pesar.
¿Es ese el método de caza de un leopardo de las nieves?
¿Qué pretende siguiéndome a todas partes? Si tiene mi número,
¿por qué no me llama? ¿No sabe separar el trabajo de la vida privada? ¿Qué
espera conseguir entrando hasta el territorio de los lobos con ese rostro tan
llamativo?
Aunque
no era de los que se quejaban, sentía una frustración creciente. Podría haber
bajado ahora mismo y capturarlo, pero su terquedad, tan evidente, le provocaba
una mezcla de enojo y un sentimiento infantil de competitividad.
Ya se irá a casa cuando se canse.
Sun-woo
lo ignoró y entró de nuevo en la casa.
Cuando
terminó de bañarse, el sonido de las gotas de lluvia, tap, tatap, lo
detuvo en seco mientras se dirigía al dormitorio. Al mirar por la ventana, vio
que la lluvia arreciaba.
Ya se habrá ido a casa, ¿verdad?
El
pensamiento sobre Hyeon-chae llegó de forma natural y Sun-woo se mordió el
labio. Habría sido fácil comprobarlo saliendo a la terraza, pero sus pies no se
movían. Sentía que, si lo hacía, confirmaría que realmente le importaba Eun
Hyeon-chae. Tendría que admitir qué era ese sentimiento que hasta ahora se
había esforzado por ignorar.
Forzó
su vista lejos de la ventana y dio unos pasos hacia el dormitorio. Sin embargo,
terminó cediendo y se encaminó hacia la terraza.
Seguro que no está. ¿Qué hora es? Con este aguacero, no puede
ser tan tonto como para……
Como
el sol ya se había puesto y el cielo estaba oscuro, no veía nada. Sun-woo se
inclinó, escudriñando el lugar donde Hyeon-chae solía sentarse.
Solo
veía la oscuridad absoluta y, al convencerse de que no había nadie, relajó el
cuerpo para retirarse. Pero justo en ese momento, un coche pasó por la
carretera. La luz de los faros iluminó una parte del parque durante un
instante, revelando la silueta de un paraguas negro.
Al
saber que había alguien esperando en la oscuridad, Sun-woo olvidó cerrar la
puerta de la terraza, se puso los zapatos a toda prisa y bajó corriendo las
escaleras.
Al
llegar al vestíbulo, se dio cuenta de que había olvidado el paraguas, pero era
más urgente confirmar quién era el que esperaba allí.
Cruzó
la carretera bajo la lluvia torrencial y, a medida que la figura se hacía más
clara, sus pasos se fueron ralentizando.
Al
oír el sonido de alguien corriendo, Hyeon-chae se giró y, al ver a Sun-woo
empapándose bajo la lluvia, se sobresaltó y se acercó rápidamente.
"Sun-woo,
¿por qué estás bajo la lluvia? ¿No tienes paraguas?"
"……Eun
Hyeon-chae, ¿quién te dijo que esperaras aquí?"
Ante
el tono rígido de Sun-woo, los hombros de Hyeon-chae temblaron. Tartamudeó,
intentando medir la situación, antes de decir:
"No
estaba esperando. Un lugar público es para todos, ¿no?"
"¿No
esperabas? Entonces qué pérdida de tiempo. Yo me voy. Diviértete en este lugar
público."
Sun-woo
hizo ademán de darse la vuelta, pero Hyeon-chae lo agarró del brazo
rápidamente.
"¡Sí
estaba esperando! Esperaba que salieras. ……¿Estás enfadado?"
Sun-woo,
que iba a lanzarle una reprimenda, se detuvo al ver el cabello mojado de
Hyeon-chae. Al observar su estado, notó que, a pesar de tener paraguas, tanto
su cabello como sus ropas estaban empapados; era un desastre.
Sun-woo
cerró la boca y tiró del brazo de Hyeon-chae.
"Entra
a casa, hablaremos allí."
Hyeon-chae,
al parecer feliz de estar de vuelta en casa tras tanto tiempo, no dejaba de
mover los ojos de un lado a otro. Al verlo bajo la luz, parecía un ratón
ahogado, lo que provocó una risa amarga en Sun-woo. Trajo una toalla y,
mientras secaba el cabello de Hyeon-chae sentado en el sofá, le preguntó:
"¿Has
cenado?"
"……Sí."
"Te
castigaré si mientes. ¿Has comido?"
Solo
entonces, la parte trasera de su cabeza, redonda, asintió levemente negando.
Mientras terminaba de secarlo, Sun-woo se preguntaba qué darle de comer, pero
Hyeon-chae miró hacia arriba y dijo:
"Pareces
el Sun-woo de antes."
"……Tú
no pareces el Hyeon-chae de antes. No escuchas y te comportas como un
tonto."
Ante
el regaño, Hyeon-chae bajó la cabeza, desanimado. Sun-woo sintió como si las
orejas, que ahora no se veían, estuvieran caídas, así que acarició su cabello
ya seco.
"Vamos
a comer algo."
Buscó
en la nevera, pero no encontró nada decente. Encontró carne en el fondo del
congelador que no había tirado, pero era demasiado vieja para dársela.
Cuando
regresó después de pedir comida a domicilio, encontró a Hyeon-chae frente a la
puerta abierta de la habitación de invitados.
"No
he limpiado ahí."
Sun-woo
se acercó, curioso por lo que miraba, y se detuvo en seco, confundido al ver la
habitación llena de artículos para gatos.
"No
has tirado nada."
"……."
"Parece
que Sun-woo también me estaba esperando."
Hyeon-chae
dijo eso con total franqueza y se dirigió al salón sin mirar atrás, pero
Sun-woo se quedó parado en la habitación, incapaz de apartar la vista.
Una
premonición clara se clavó en su corazón.
Ah…. No debí dejar entrar a Eun Hyeon-chae en casa.
Hyeon-chae
ronroneaba satisfecho, feliz de estar en el nido lleno del aroma de Sun-woo que
tanto había deseado. Por el contrario, Sun-woo se mantuvo a distancia,
observando al hermoso intruso.
Aunque
su rostro, firme y de facciones marcadas, delataba su crecimiento masculino,
sus pestañas largas y delicadas, sus ojos azules como el hielo y sus labios
rosados seguían siendo los mismos de cuando era pequeño.
Es realmente hermoso. ¿Es esto trampa?
Hyeon-chae
parecía especialmente hermoso, incluso más que otros leopardos de las nieves.
Más que cualquier otro híbrido que hubiera visto.
Las
mejillas blancas de Hyeon-chae, que recibían la mirada de Sun-woo, se fueron
sonrojando. Le gustaba que Sun-woo se centrara en él. Temía que, si le hablaba,
Sun-woo volvería a mentir diciendo que no tenía interés en él, así que se
contuvo jugueteando con sus dedos.
Sun-woo
había rechazado su propuesta, pero estaba bien. Porque acabarían casándose.
Sun-woo era su pareja de por vida.
Cuando
Sun-woo le dijo que "no lo amaba lo suficiente como para casarse",
había querido llorar, pero se contuvo. Y esperó. Esperó a que Sun-woo le
abriera su corazón.
……Tal
como ahora.
El
silencio cálido y lleno de hormigueo fue roto por el timbre.
"……Ah,
debe ser la comida."
Cuando
Sun-woo se levantó, Hyeon-chae dejó escapar un suspiro de decepción. Incluso
lanzó una mirada furtiva de odio al repartidor. El repartidor, un híbrido de
conejo, sintió la hostilidad que emanaba desde dentro y, asustado, desapareció
rápidamente.
Como
Sun-woo ya había cenado algo ligero, sirvió solo a Hyeon-chae y se sentó
enfrente con una lata de cerveza. Sun-woo levantó una ceja al ver a Hyeon-chae
masticar cuidadosamente la ensalada que acompañaba el pedido.
"¿Ahora
sí comes bien tus verduras?"
"He
practicado. Para comer y crecer rápido."
Hyeon-chae
miró fijamente a Sun-woo. Al ver que buscaba un halago, Sun-woo soltó una
risita y dijo: "Lo has hecho bien", tras lo cual Hyeon-chae bajó la
vista a su plato con satisfacción.
Sun-woo
bebía su cerveza mientras observaba a Hyeon-chae, que comía de forma silenciosa
y hermosa, cuando de pronto se detuvo con los labios pegados a la lata.
¿Cómo lo envío a casa?
"Hyeon-chae.
¿Viniste con el conductor, verdad? Ese señor con gafas que siempre te
acompaña."
"Se
fue primero."
"……Debí
no haber bebido alcohol. Así podría haberte llevado yo. ¿Puedes tomar un taxi
para irte, verdad?"
Hyeon-chae
dejó los cubiertos. Sun-woo también levantó las comisuras de sus labios ante la
insatisfacción que Hyeon-chae mostraba deliberadamente.
"No
puedes quedarte a dormir."
"Siempre
dormíamos juntos, ¿por qué no? Me quiero quedar."
"¿Quieres
causarle problemas a este hermano? Ya te dije que no."
Su
rostro, con los ojos bajados para evitar el contacto visual y los labios
apretados, era tan terco. Aun así, no podía odiarlo en absoluto. Intentó
reprimir sus ganas de pedirle que se quedara y habló:
"Eras
pequeño entonces y ahora has crecido. ……Es complicado que durmamos
juntos."
"Entonces
también había crecido y ahora soy más grande. Siempre me echas, ¿qué somos
Sun-woo y yo?"
Sun-woo
miró con una sonrisa al chico que murmuraba con tono dolido y le agarró la mano
con fuerza. Miró a Hyeon-chae, que se detuvo sorprendido, y cerró los ojos
sonriendo.
"Somos
alguien que se preocupa mucho el uno por el otro."
"……."
"Así
que hoy, ve a casa. Hyeon-chae."
Hyeon-chae,
que parecía aturdido como si se hubiera quedado sin palabras, asintió
distraídamente ante el gesto de Sun-woo de darle golpecitos en el dorso de la
mano.
*
* *
En
el momento en que Sun-woo reconoció sus sentimientos hacia Eun Hyeon-chae y
comprendió que aquel que alguna vez fue solo un gato perdido ahora podía ser el
objeto de su afecto, dejó de dudar y actuó.
Consiguió
su número de teléfono y establecieron una serie de acuerdos. Por ejemplo, nada
de acechar, nada de seguirlo a escondidas y nada de contratar personas para
vigilarlo.
Hyeon-chae,
por su parte, añadió rápidamente sus propios deseos a cada condición de
Sun-woo: contestar el teléfono cuando lo llamara, comer juntos, no tener citas
con nadie más y, por supuesto, no casarse con nadie que no fuera él.
Aunque
esta última fue descartada de inmediato, Sun-woo no parecía disgustado.
Eran
promesas bastante íntimas y cercanas para alguien con quien ni siquiera estaba
saliendo formalmente. Pero como desde el principio el tema de
"casarse" había estado sobre la mesa, ninguno de los dos sintió que
aquello fuera extraño.
Mientras
Sun-woo introducía su número directamente en el teléfono de Hyeon-chae, vio el
fondo de pantalla y preguntó con sorpresa:
"¿Cómo
conseguiste esta foto?"
No
era otra que la foto que se habían tomado juntos en el parque temático a
sugerencia de un empleado. Más precisamente, era una foto recortada en la que
el rostro de Hyeon-chae estaba medio cortado para que el rostro sonriente de
Sun-woo quedara justo en el centro.
"Me
la pasaron después de pedir el contacto de la otra persona."
Hyeon-chae
respondió como si no fuera nada importante, ocultando el hecho de que el
presidente Choi casi se desmaya, entre el susto y la alegría, al ver la foto de
su hijo menor adjunta en el correo que le llegó de repente.
Sun-woo,
jugueteando con su propio teléfono y el de Hyeon-chae, preguntó:
"¿Llevas
esto puesto hace más de un año? Mi cara se va a desgastar de tanto verla."
"Sí……."
"Bien,
toma."
Sun-woo
le entregó su teléfono. En el fondo de pantalla aparecía la foto que ambos se
tomaron juntos ese día en el parque con el móvil de Sun-woo. Como la habían
tomado pegando sus mejillas, no había necesidad de cortar el rostro de
Hyeon-chae para ver a Sun-woo en grande.
Hyeon-chae,
que nunca antes había hecho nada más que tomar fotos, jugueteó con el teléfono
fascinado. Sun-woo se rio al verlo y estiró la mano para alborotar su suave
cabello.
"Deberemos
ir a algún lado más tarde para actualizarla. Ahora que es primavera, las flores
estarán floreciendo."
"Todo
me gusta."
Hyeon-chae
susurró mientras se apoyaba ligeramente en el hombro de Sun-woo.
Antes
de que se hiciera demasiado tarde, Sun-woo llevó a Hyeon-chae a la entrada y le
puso los zapatos. Cuando Hyeon-chae lo miró con esa cara tan bonita y susurró
"¿De verdad te vas?", Sun-woo sintió que su voluntad se tambaleaba,
pero se mantuvo firme.
"Hyeon-chae,
todavía eres joven y nunca has salido con nadie. ¿Qué pensarían si empezáramos
durmiendo fuera desde el primer día?"
"¿Estamos
saliendo?"
"……."
"……No
me voy."
Sun-woo
estalló en carcajadas y atrapó a Hyeon-chae justo cuando se quitaba los zapatos
con el rostro enfurruñado para intentar volver a entrar.
"No,
Hyeon-chae. No es eso……. Es solo que siento que vamos demasiado rápido."
"Ni
siquiera te casas conmigo, ¿qué es lo que va rápido? Mentiroso."
La
mirada de Sun-woo se posó en los labios que Hyeon-chae tenía sobresalientes en
un puchero. Tenían una forma tan lisa y suave que, sin darse cuenta, se lamió
los labios secos. El hecho de estar abrazando la cintura de Hyeon-chae con sus
cuerpos tan pegados le provocó una crisis de cercanía. Sin embargo, Hyeon-chae,
con sus ojos inocentes y ajeno a todo, no parecía tener idea de nada, lo que
hizo que un leve sentimiento de autodesprecio lo invadiera.
Sun-woo
soltó una risa desamparada y apoyó la frente en el hombro de Hyeon-chae.
"Jaja……
¿Qué estoy haciendo con un niño como tú……?"
"Ya
pasé los veinte. No soy un niño."
"Sí.
Hyeon-chae no es un niño."
Sun-woo
le dio unas palmaditas en la cintura con tono juguetón, pensó un momento y
añadió:
"Tengamos
tres citas. Y si todo va bien, empezaremos a salir. Una relación con miras al
matrimonio, tal como quieres."
Al
escuchar la palabra "matrimonio" salir de la boca de Sun-woo, el
rostro de Hyeon-chae se iluminó de alegría.
*
* *
Quizás
porque pensó que la cifra de tres veces que Sun-woo había mencionado era un
obstáculo que debía superar cuanto antes, Hyeon-chae lo contactó al día
siguiente y le propuso, con total seguridad, tener una cita ese mismo día.
Sun-woo,
que se rio durante un buen rato, le preguntó qué le parecía el día siguiente,
ya que ese día debía ir a la universidad. Hyeon-chae aceptó, y así quedó fijada
la fecha de su primera cita.
Fue
un itinerario de cita de lo más convencional. Comieron en un restaurante
delicioso, pasearon por un parque cercano y luego se dirigieron al cine.
Sentado
en la oscuridad de la sala, Sun-woo observaba cómo el rostro de Hyeon-chae se
iluminaba con el reflejo de la pantalla, hasta que, con disimulo, extendió el
brazo sobre el apoyabrazos y tomó su mano.
Al
sentir el contacto de la piel, Hyeon-chae se sobresaltó y giró la cabeza. Al
ver a Sun-woo mirando al frente, concentrado en la película, parpadeó despacio
antes de bajar la vista hacia sus manos entrelazadas.
Como
no podía apartar la mirada de sus manos unidas, Sun-woo entrelazó sus dedos
firmemente con los suyos y los balanceó con suavidad.
"Debes
ver la película."
Aquella
voz baja, susurrada solo para él, le provocó un escalofrío en la nuca que le
resultó deliciosamente agradable. Sin más remedio que obedecer a la vigilancia
de Sun-woo, Hyeon-chae giró la cabeza hacia la pantalla. Eso sí, Hyeon-chae
disfrutaba tanto de la sensación de sus dedos entrelazados y de la firmeza con
la que Sun-woo lo sujetaba —imposible de soltar—, que le robaba miradas a sus
manos unidas sin que Sun-woo se diera cuenta.
Después
de la película, fueron a un salón de juegos dentro del mismo edificio y, al
llegar la hora, cenaron.
A
pesar de haber estado pegados todo el día, al caer el sol, el pensamiento de
que la hora de despedirse se acercaba le provocaba una profunda tristeza.
El
plan final era que cada uno tomara el autobús hacia su respectiva casa, pero
Hyeon-chae, quien debía viajar siete paradas más, se bajó repentinamente junto
a Sun-woo.
"¿Por
qué te bajaste?"
"Porque
no quería despedirme. Porque quería pasar más tiempo con Sun-woo……."
Al
verlo decir eso con tono apesadumbrado y sujetando su mano con fuerza, no tuvo
corazón para ser tajante. Era tan encantador incluso cuando entrelazaba sus
dedos o jugueteaba con ellos siempre que tenía la oportunidad, tal como le
había gustado que hiciera hoy.
"¿Qué
voy a hacer contigo? Ya te dije que no puedes ir a mi casa."
"Entonces
me mudaré al mismo edificio."
"¿Quieres
que las familias de los lobos y de los leopardos de las nieves inicien una
guerra?"
Hyeon-chae,
al darse cuenta de que aquello tampoco tenía sentido, hizo un mohín con los
labios.
Sun-woo
acordó quedarse con él hasta que el conductor de Hyeon-chae llegara, así que se
sentó con él en el banco del parque donde Hyeon-chae siempre lo esperaba.
Al
sentarse, notó que estaban en un lugar un poco oscuro, fuera del alcance de las
farolas. Le dio un vuelco al corazón al pensar que siempre lo había esperado en
un sitio así, así que, con la excusa de reprenderlo, le dio un suave golpe en
el brazo.
"Mejor
hubieras llamado por teléfono. O venido a mi casa. Sabes dónde vivo. ¿Por qué
esperar como un necio? Ni siquiera sabías cuándo saldría yo."
"Estaba
buscando el momento oportuno."
"¿Qué
momento?"
Los
ojos azules de Hyeon-chae brillaron en la oscuridad. Hyeon-chae lo miró
fijamente y dijo:
"El
momento en el que pudiera atrapar a Sun-woo. Pero como no lo veía claro,
simplemente esperé."
Sun-woo
soltó una pequeña risa ante la respuesta tan propia de un leopardo de las nieves.
"¿Cómo
puedes esperar tanto tiempo? Debes saber cuándo rendirte."
"No
me rindo con Sun-woo."
"Tu
caza fue un fracaso. Al final, no lograste atraparme."
"Sí…….
Es que Sun-woo es difícil. Pero ya sabía que sería así. Eras tan genial y
deseaba tanto tenerte, que sabía que no sería fácil atraparte."
Sun-woo
observó a Hyeon-chae mientras este hablaba con parsimonia y, por impulso,
inclinó la cabeza y lo besó.
Los
labios de Sun-woo rozaron los suaves labios de Hyeon-chae, se separaron un
instante y luego volvieron a encajar perfectamente. Hyeon-chae, que se había
quedado congelado con los ojos abiertos de par en par, sintió cómo la cabeza le
ardía hasta casi estallar cuando los labios se separaron tras un pequeño sonido
de chu.
Sun-woo,
con el rostro despojado de toda sonrisa, miró a Hyeon-chae, que solo acertaba a
abrir y cerrar la boca. Se miraron en silencio, y en aquel espacio que
compartían se generó una tensión más fuerte que nunca.
Sin
saber quién dio el primer paso, volvieron a juntar los labios. Cuando
Hyeon-chae cerró los ojos con fuerza y presionó los suyos sin saber bien cómo,
Sun-woo soltó una risa ahogada y abrió sus labios con la lengua para adentrarse.
Abrazó
sus hombros, que temblaban levemente, y acarició su lengua cálida y suave. Ante
un placer que nunca antes había experimentado, Hyeon-chae se estremeció y dejó
escapar un gemido tenue.
Sun-woo,
al oír el sonido de un coche acercándose a lo lejos, retiró los labios
lentamente. Limpió con su manga el rastro de humedad brillante que había dejado
en la comisura de sus labios y dijo con tono bromista:
"¿Por
qué reaccionas tanto? Esto va a ser un problema después."
Hyeon-chae
sintió que las palabras de Sun-woo solo le llegaban a medias. Embriagado por el
rostro sonriente de Sun-woo, Hyeon-chae se quedó mirándolo aturdido, olvidando
incluso parpadear.
*
* *
La
vida no siempre sigue el plan establecido, y las citas no fueron la excepción.
Tal vez los engranajes empezaron a desajustarse desde el primer día, cuando
cometieron el desliz de besarse antes de lo que ambos habían previsto.
Su
segunda cita, un viaje de un día a Suwon, fue un completo desastre. Tan pronto
como se encontraron y cada vez que tenían un respiro en el coche, sus labios se
buscaban, por lo que no solo no llegaron a Suwon, sino que ni siquiera lograron
salir de Seúl.
Incluso
dejando de lado que para Hyeon-chae era su primer beso, Sun-woo jamás imaginó que
él mismo perdería la cabeza de tal manera, obsesionado con algo tan simple. Al
despedirse, al ver los labios hinchados del otro, no pudieron evitar reír
durante un buen rato, solo para terminar besándose de nuevo sin cansarse jamás.
Hyeon-chae
quería programar la siguiente cita cuanto antes, pero el ciclo lunar del clan
de los lobos coincidió con su agenda, obligando a Sun-woo a estar fuera de casa
durante una semana entera. Al ser un asunto del clan, Hyeon-chae no tuvo más
remedio que dejarlo ir.
Apenas
regresó, Sun-woo llamó a Hyeon-chae para que fuera a su casa. Mañana sería el
último día de su cita y planeaban salir temprano por la mañana. De paso, le
preocupaba el ánimo decaído de Hyeon-chae, así que tenía pensado que durmieran
juntos esa noche.
Sin
segundas intenciones, solo planeaban tomarse de la mano y dormir como antes,
pero...
"Juu...,
ah, duele..., Sun-woo..."
Hyeon-chae,
que gemía de dolor bajo las mantas, se transformó de repente en su forma
animal. Un hermoso y enorme leopardo de las nieves, blanco como la nieve,
ocupaba la mitad de la cama. Parecía sufrir; gruñía mientras se acurrucaba de
lado, se retorcía y, con las patas juntas, mordisqueaba su propia cola.
Sun-woo
se mordió el labio mientras observaba. Sabía perfectamente lo que sucedía: Hyeon-chae
estaba en celo.
En
otros tiempos, el celo solía provocar toda clase de incidentes, pero hoy las
cosas eran distintas. Aunque el primer celo solía ser intenso, con la edad la
frecuencia disminuía, y si se tomaban medicamentos preventivos, pasaba casi
desapercibido; hoy en día era algo totalmente controlable. Incluso había
híbridos que no experimentaban celo en absoluto. Sun-woo nunca lo había pasado.
Sin
embargo, existía una regla de oro en el celo: si uno estaba solo, debía cerrar
la puerta con llave desde dentro y evitar transformarse en su forma animal,
resistiendo en su estado humano.
La
regla existía porque, al adoptar la forma animal, los impulsos y la agresividad
se intensificaban.
A
Sun-woo le bajó un sudor frío por la espalda al ver cómo el leopardo lo
observaba con ojos azul intenso, sacando las garras ante el menor movimiento.
Aun así, al ver que no se lanzaba contra él y que, en su lugar, se mordía la
cola desesperadamente, supo que Hyeon-chae estaba tratando de contenerse con
todas sus fuerzas.
¿Debería irme? ¿Dejarlo así?
Debió
haberlo previsto, pero ocurrió de forma tan repentina que no tuvo tiempo de
prepararse.
Mientras
dudaba, vio que la cola que Hyeon-chae mordisqueaba empezaba a sangrar. Sin
pensarlo más, Sun-woo se transformó también en su forma animal y se acercó.
Bajó
el cuerpo y dio un paso tras otro; la mirada del leopardo lo seguía con
intensidad. Sun-woo saltó y apoyó sus patas sobre el pecho del otro. El
leopardo, sorprendido, soltó su cola.
Sun-woo
lamió la sangre que manchaba la cola que se movía lentamente, apartó al
leopardo con el hocico y sostuvo su mirada azul. Gruñendo con los dientes al
descubierto, Sun-woo regresó lentamente a su forma humana. Al verlo en su
estado natural, acarició con calma el pecho y el cuello del leopardo, que aún
mostraba los colmillos, y le susurró para calmarlo:
"Hyeon-chae,
vuelve a tu forma humana. Solo así podré ayudarte. ¿Sí?"
Hyeon-chae
emitía gemidos desde el fondo de su garganta y arañaba la cama con
desesperación hasta que, finalmente, poco a poco, regresó a su forma humana.
"Sun-woo,
uuu... creo que voy a atacarte."
Sun-woo
tomó el rostro acalorado de Hyeon-chae entre sus manos y descendió para
besarlo. Mientras devoraba los sollozos que escapaban entre sus labios, se
quitó la ropa lentamente.
"¿...Sun-woo?"
"No
te voy a atacar. Puedes morderme si quieres, no tienes que contenerte."
Cuando
la mano de Sun-woo, que se deslizaba por debajo de su camiseta, tocó su
vientre, Hyeon-chae supo exactamente hacia dónde apuntaba su deseo. No quería
atacar a Sun-woo, sino...
"Oh...,
jaja, Eun Hyeon-chae."
Como
si ser un leopardo fuera su verdadera naturaleza, Hyeon-chae invirtió la
posición en un instante y miró fijamente a Sun-woo. Lentamente, pero con total
determinación, inclinó la cabeza, acercó su nariz al cuello de Sun-woo y aspiró
profundamente. Sun-woo se estremeció al sentir la piel sensible ser lamida
mientras Hyeon-chae bajaba poco a poco. Lamió su pecho firme, sus pezones, su
vientre marcado por músculos tensos, hasta llegar al borde de su pantalón.
Ante
la mirada expectante de Sun-woo, este suspiró y asintió.
Al
bajarle el pantalón, fue sorprendente ver su sexo erecto. Hyeon-chae lo tomó en
su boca, provocando que Sun-woo se retorciera soltando un gemido.
"Hut,
Eun Hyeon-chae, espera un momento..."
A
pesar de sus palabras, Hyeon-chae lo sujetó firmemente por la cintura con ambas
manos, observándolo mientras lamía cada rincón, desde el miembro tenso hasta la
base y el frenillo.
Era
la primera vez que veía a Sun-woo con el rostro tan rojo. Le encantaba verlo
así, concentrado únicamente en él, sin pensar en nada más.
Ante
la caricia despiadada, Sun-woo terminó eyaculando dentro de la boca de
Hyeon-chae. Hyeon-chae, tras recibir un regaño por haberlo tragado todo, se
acercó tímidamente hacia abajo.
"¡Hyeon-chae!
...Agh."
Cuando
lamió aquel pequeño orificio, Sun-woo comenzó a agitarse. Hyeon-chae sujetó sus
muslos para acercarlo y comenzó a succionar y estimular con la lengua.
Instintivamente
supo qué hacer: cómo proceder para que su pareja no sintiera dolor.
La
entrada, que antes estaba cerrada, comenzó a ceder ante la lengua que entraba y
salía rítmicamente. Mientras succionaba cada pliegue, Sun-woo, fuera de sí por
la excitación, sujetó el hermoso rostro del joven.
"Usa
tus dedos para abrirte."
"Sí..."
Parecía
demasiado pequeño para entrar, pero cuando Sun-woo se relajó al máximo, dos
dedos entraron con dificultad. Aun así, no era suficiente, por lo que Sun-woo
tomó una botella de loción —algo que ni siquiera había pensado preparar— y se
la entregó.
El
sonido de la fricción aumentó cuando la loción penetró en la abertura.
Hyeon-chae no podía apartar la vista de los pliegues que se contraían, formando
una espuma blanca.
Al
ver que la sangre se acumulaba en la parte baja, Hyeon-chae se movió inquieto.
Sun-woo, riendo ante la escena, se irguió, besó a Hyeon-chae y lo guio para que
apoyara la espalda contra la pared.
Sujetó
el sexo que rozaba contra su muslo con ardor y, lentamente, alineó la punta con
su entrada.
A
pesar de que aún no había penetrado, el tamaño imponente hizo que Sun-woo se
lamiera los labios secos. En ese instante, las manos grandes de Hyeon-chae
rodearon la cintura de Sun-woo y llevaron su pecho hacia su boca. Al sentir la
lengua sobre su zona más sensible, Sun-woo tragó saliva y descendió lentamente.
El
dolor insoportable de la primera vez lo hizo jadear, con el cuello arqueado
hacia atrás. Intentó alejarse por instinto, pero Hyeon-chae ejerció presión
sobre su cintura para obligarlo a bajar.
"Ah,
hru..."
Intentó
resistir, pero no pudo vencer la fuerza de Hyeon-chae. Sus muslos cedieron y,
en un segundo, la mitad del miembro estaba dentro. Mientras intentaba tolerar
aquel dolor agudo que parecía partir su cuerpo en dos, Hyeon-chae comenzó a
moverse con impulsos rápidos.
Sentir
esas mucosas calientes envolviendo y apretando cada parte de su ser lo hacía
sentir como si se estuviera derritiendo.
"Sun-woo,
ah... me encanta, por favor, más..."
"¡Hah...!
Ugh, Hyeon-chae, espera... Ugh."
Se
aferró a la espalda de Hyeon-chae mientras su cuerpo se sacudía. Entre el dolor
que resonaba en todo su ser, el placer comenzó a expandirse.
El
sexo de Sun-woo, que había quedado flácido tras la primera eyaculación, volvió
a erguirse. La sensación del roce entre sus vientres y el placer desconocido
que se propagaba desde el interior, al estar unido a Hyeon-chae, le nublaron la
mente.
Hyeon-chae,
incapaz de controlar sus instintos, mordió el cuello de Sun-woo. Incluso ese
dolor se transformó en placer, haciendo que Sun-woo eyaculara nuevamente con un
gemido.
Las
paredes internas se contrajeron con fuerza, apretando el miembro de Hyeon-chae.
Él, a su vez, liberó su deseo en lo más profundo de Sun-woo.
Tras
recuperar el aliento, Sun-woo suspiró aliviado. Sin embargo, al sentir cómo
Hyeon-chae seguía entrando y saliendo lentamente sin haberse retirado, levantó
la cabeza para mirarlo.
"Hyeon-chae,
tú..."
La
relación entre leopardos de las nieves nunca terminaba en una sola vez.
*
* *
Sun-woo
soltó un gemido cuando el miembro de Hyeon-chae se retiró lentamente.
Hyeon-chae, que acababa de descubrir mucho más de lo que podía procesar en un
solo momento, no sabía qué hacer al ver a Sun-woo adolorido y empezó a
sollozar. Sun-woo extendió los brazos y lo atrajo hacia sí en un abrazo.
"Sun-woo...
¿estás bien? Lo siento. Te hice daño. Fui un tonto."
"No
has hecho nada malo."
Sun-woo,
mirándolo con ojos llenos de ternura, apartó un mechón de su cabello y presionó
sus labios contra su frente. En los ojos azules que lo observaban aún quedaba
el rastro de la pasión. Sun-woo le dio unas palmaditas en la mejilla y le pidió
que fuera a preparar agua tibia en la bañera.
Al
salir de la ducha, el cuerpo de Sun-woo estaba marcado con aún más rastros
rojizos que cuando comenzaron. Sun-woo sentó a Hyeon-chae —quien lo seguía de
cerca— en el sofá y secó su cabello de tono claro con una toalla.
Mientras
observaba la suavidad de su pelo, sintió una repentina punzada de nostalgia por
las orejas que ya no tenía.
Miró
el reloj y se dio cuenta de que ya había pasado la medianoche. Observó a
Hyeon-chae, quien estaba sentado justo a su lado, desprendiendo el mismo aroma
a champú y vistiendo el mismo tipo de pijama, y finalmente abrió la boca.
"......Supongo
que esto debería contar como nuestra tercera cita, ¿no?"
Ante
aquel susurro lleno de cariño, los ojos de Hyeon-chae brillaron intensamente.
Se levantó de un salto y trotó hacia el dormitorio. Cuando regresó, traía el
puño fuertemente cerrado.
Sun-woo,
quien ya se imaginaba el escenario, sonrió para sus adentros y fingió que iba a
dejarse tomar la mano, pero en un movimiento rápido, arrebató el anillo que
Hyeon-chae escondía en su puño. Luego, tomó la mano de Hyeon-chae y le colocó
el anillo, susurrándole al oído:
"Hyeon-chae.
¿Quieres empezar a salir conmigo?"
Por
culpa de Sun-woo, el anillo había dejado de ser un anillo de compromiso. Aunque
a Hyeon-chae le molestó un poco haber sido superado en su propio juego, no pudo
apartar la vista del hermoso rostro de Sun-woo, que le sonreía, y asintió con
entusiasmo.
Footprint (AU de híbridos) Fin.
