2. El rincón oscuro de la lavandería
2.
El rincón oscuro de la lavandería
"Esta
no es mi ropa de escenario."
Yuseong
se quejó mientras miraba la ropa que acababa de ponerse. Won-junn suspiró para
sus adentros, preguntándose cómo un secretario de alguien como Mumyeong había
terminado haciendo de niñera.
Después
de tragar saliva, Won-junn le puso un chaleco de punto a Yuseong y negó con la
cabeza.
"Una
persona no puede vivir siempre usando solo ropa de escenario."
"¡Pero
un cantante debe estar preparado para dar una actuación en cualquier
momento!"
"¿Entonces
quieres decir que tienes que vivir usando ropa de escenario incluso en tu día a
día?"
Won-junn
respondió con un toque de irritación. Yuseong asintió vigorosamente.
"¡Sí,
exactamente! Yo debo ser así."
Won-junn
pensó que el niño estaba siendo terco debido a su corta edad. Pero Yuseong no
se detuvo ahí y soltó una explicación bastante absurda.
"Originalmente,
uno tiene ropa para dormir y ropa de escenario. Se usan las dos. Como soy
cantante, tengo que hacerlo así."
"¿Qué
clase de tontería es esa...?"
Won-junn
estaba a punto de reprenderlo, pero al verlo fijamente, se detuvo. De repente,
como si hubiera comprendido algo, le preguntó:
"Entonces,
¿normalmente solo tienes dos conjuntos de ropa?"
"¡Sí!
Otras personas tienen muchas prendas, pero yo solo tengo dos. Porque soy
cantante."
Yuseong
evitó la mirada, jugueteando con sus dedos con timidez.
"En
realidad.... Como soy un cantante de segunda, no puedo usar otra ropa.... Podré
usar más cuando tenga más fans y gane más dinero."
"¿Qué
quieres decir con eso...?"
Won-junn
lo miraba estupefacto. Yuseong, realmente avergonzado, se retorcía sobre sí
mismo.
"Que
todavía no puedo usar otra ropa."
"……."
"Dijeron
que solo puedo usar ropa de escenario. Que todavía no tengo el valor suficiente
para usar otra cosa...."
Mientras
escuchaba el relato de Yuseong, el rostro de Won-junn se tornó serio.
En
ese momento, Mumyeong salió del estudio. Miró alternativamente a Won-junn, que
tenía una expresión grave, y a Yuseong, que seguía avergonzado. Mumyeong había
escuchado todo lo que Yuseong acababa de decir.
"Vaya
sarta de estupideces estoy escuchando."
Mumyeong
soltó con frialdad.
"¡Representante!"
Won-junn
llamó a Mumyeong con urgencia. 'Estupideces' no era una mentira, pero no era el
vocabulario adecuado para usar frente a un niño.
Sin
embargo, Mumyeong no se detuvo.
"Ni
que fueras un mendigo de la dinastía Joseon. Ser imbécil también es una
enfermedad. ¿Que solo usas ropa de escenario? ¿Cuánto puede costar la ropa de
un niño como para que eso sea lo que tiras en el pozo de las apuestas...?
"¡Ugh,
representante, representante!"
Won-junn
le tapó los oídos a Yuseong mientras negaba con la cabeza frenéticamente.
Mumyeong se detuvo a pensar un segundo si su conducta había sido inapropiada.
Indudablemente, lo fue.
Mumyeong
se acomodó el botón de la manga y se disculpó con calma.
"Lo
siento, pequeño. Haz como si no hubieras oído nada. ¿Dijiste que tenías diez
años? Tienes tiempo de sobra para aprender malas palabras dentro de cinco
años."
Mumyeong
no dijo que no debiera aprender malas palabras. Las maldiciones también tienen su
utilidad si uno sabe cuándo usarlas.
"Hmph.
Un artista como yo no debe decir malas palabras."
Yuseong
respondió como si estuviera resentido, pero al levantar la vista hacia
Mumyeong, su expresión cambió. Estaba lleno de curiosidad.
"¿A
dónde va, señor?"
Mumyeong
ajustó el botón de su manga y dijo con desdén:
"A
la lavanderia."
Yuseong
inclinó la cabeza, confundido. ¿Un adulto que va tranquilamente a la lavanderia
en pleno día?
"Señor,
¿usted no tiene un trabajo?"
Yuseong
preguntó con total inocencia. Mumyeong sintió un ligero temblor en el párpado.
Era la primera vez en su vida que escuchaba una pregunta así. Incluso Won-junn,
que estaba al lado, se quedó petrificado.
¿Preguntarle
a Kwon Mumyeong si tenía trabajo...? ¿Era esto lo que llamaban 'maldad pura'?
"Won-junn,
¿quién cuidará al niño?"
"Ah,
estaba buscando a alguien a través de mi esposa, pero, bueno... creo que podrá
estar disponible en un par de horas..."
"¡No,
no! ¡Eso no! ¿Me van a dejar aquí? ¡Yo también voy! ¡Yo también!"
Yuseong
comenzó a sacudirse los hombros, tratando de ser encantador. Los adultos solían
perder la cabeza cuando un pequeño Yuseong hacía pucheros así. Bueno, excepto
su padre.
En
cualquier caso, Yuseong creyó que su arma secreta también funcionaría con
Mumyeong. Pero esa creencia se hizo añicos rápidamente.
"Tú
quédate jugando en otro lado. Vendré a buscarte más tarde."
"¡¿Por
quéeee?! ¡Yo también voy a la lavanderia! ¡Quiero ir a la lavanderia!"
Era
un lugar mágico donde podía respirar el olor a ropa limpia y seca, donde se podía
comprar ropa de escenario única y donde reparaban las prendas que ya le
quedaban pequeñas.
Para
Yuseong, cuya vida carecía de cualquier aliciente divertido, la lavanderia era
un lugar que le proporcionaba cierto consuelo.
"……."
"……."
Las
miradas de Mumyeong y Won-junn se cruzaron.
La
lavanderia a la que se referían no era una común.
"Yo
también quiero ir. ¿Hay perritos allí?"
En
el barrio donde vivía Yuseong había tres lavanderias, y todas tenían perros.
Dos eran perros callejeros y una era un caniche grande. No eran perros
especialmente bonitos, pero amaban a la gente y, sobre todo, congeniaban bien
con Yuseong.
"Perros
hay, sí."
Mumyeong
respondió sin darle importancia. En la lavanderia a la que iban, tenían tres
rottweilers haciendo guardia. Tenían la cabeza más grande que la de Yuseong,
hombros anchos y eran los cazadores de cazadores que salivaban apenas veían a
alguien débil.
Para
Mumyeong, ya fuera un caniche de cabeza redonda o un rottweiler de hombros
cuadrados, un perro era un perro, así que no tenía ninguna opinión al respecto.
Sin
embargo, al ver los ojos brillantes de Yuseong, Won-junn pensó que esto se
complicaría.
"¡Yo
también quiero ir! ¡Yo también!"
"Hm."
Al
ver a Yuseong saltar de emoción, Mumyeong cambió un poco de opinión.
Originalmente pensaba dejarlo con Won-junn y ocuparse de sus asuntos, pero...
Bueno,
allí había muchos niños de la edad de Yuseong. Pensó que esos niños podrían
jugar con él. Sería mejor que dejarlo solo con un adulto extraño.
"Está
bien. Vamos."
"¡Representante!"
Mumyeong
ignoró la llamada de Won-junn y siguió caminando.
"Será
mejor que estar aburrido."
"¡Guau!
¡También veré a los perritos!"
Yuseong
lo siguió saltando alegremente.
Won-junn
se rascó la barbilla, sintiéndose en una situación difícil, y no tuvo más
remedio que seguir sus pasos.
*
* *
Yuseong
subió con naturalidad al asiento trasero del coche, el mismo en el que había
viajado una vez antes. En el instante en que Mumyeong se disponía a sacar un
fajo de documentos de su maletín, Yuseong se inclinó rápidamente hacia él.
"Señor,
¿quiere que le cante una canción?"
"No."
Yuseong
bajó la cabeza con desánimo y guardó silencio por un momento. Mumyeong, sin
siquiera dedicarle una mirada, extrajo los papeles.
El
coche arrancó con suavidad. Tras unos instantes de calma, Yuseong le dio un
toquecito en el brazo a Mumyeong.
"Señor,
señor."
"……."
"¿De
verdad no quiere que le cante?"
"Sr.
Park."
Ante
la llamada de Mumyeong, Won-junn encendió la radio de inmediato. Mientras
tanto, Mumyeong se colocó unos auriculares con cancelación de ruido.
"¡Qué
mala onda! ¡Es un abusivo!"
Yuseong,
desconcertado, se cruzó de brazos y se recostó contra el respaldo. El trato que
recibía como cantante era deplorable. No tenía a quién quejarse.
Hinchando
los mofletes, Yuseong se puso a tararear para sí mismo. Era una canción
improvisada, de autoría y composición desconocida, surgida de la mente de Ha
Yuseong.
Poco
después, el coche dejó atrás la ciudad y se adentró en las afueras. Yuseong
dejó de lado su fingido enfado y se pegó a la ventanilla, observando el paisaje
con frenesí.
Los
árboles que pasaban a gran velocidad, los coches de mil colores y los letreros
de todos los tamaños tenían cautivada la mente del niño.
"Guau.
Guau..."
Mumyeong
lanzó una mirada furtiva a Yuseong. El niño estaba totalmente absorto en el
espectáculo exterior.
Le
resultaba curioso que alguien pudiera disfrutar tanto simplemente viendo los
árboles temblar. Fascinado por esa reacción, Mumyeong se quitó los auriculares
y habló sin pensarlo:
"¿Te
divierte tanto?"
Yuseong,
encantado de que Mumyeong le dirigiera la palabra, respondió encogiéndose de
hombros:
"¡Es
increíble! Nunca había subido a un coche. ¡Parece que los árboles están
bailando! ¡Vamos súper rápido, ¿verdad?!"
"¿Nunca
habías subido a un coche?"
"No.
He subido a autobuses, pero nunca en un coche así."
Mumyeong
pensó que eso era imposible. Después de todo, el salón de apuestas que Yuseong
frecuentaba no era un lugar al que se pudiera llegar a pie. Aquella lujosa
pensión ilegal estaba escondida en lo profundo de las montañas para evitar
redadas.
"Entonces,
¿cómo ibas a esa casa... a esa pensión? Dijeron que no era la primera vez que
ibas."
"Bajaba
del tren y caminaba. Iba con papá."
Ante
la valiente respuesta de Yuseong, Mumyeong dudó de sus propios oídos.
¿Que
subía caminando por aquel valle montañoso?
"¿Eso
es verdad? ¿Subiste caminando la colina hasta Dongjari House? ¿Estás mintiendo
para dar lástima?"
"¡¿Mentir?!
¡Es la verdad!"
Yuseong
se acomodó en el asiento.
"Si
tomas el tren temprano por la tarde, llegas a una estación que parece un
pueblo. Desde allí, hay un camino cuesta arriba todo el tiempo. Así que solo
hay que caminar."
"……."
Mumyeong
conocía bien el camino del que hablaba Yuseong. En el mundo de las apuestas,
era común que quienes pedían prestado dinero salieran huyendo. Parte de su
trabajo era localizar de antemano los lugares donde esa clase de gente solía
esconderse.
"……."
Mumyeong
arrugó el entrecejo al recordar aquel sendero. Incluso para él, un hombre
adulto y robusto, era un camino extenuante. Estaba lleno de senderos estrechos,
sinuosos y laberínticos, cubiertos de maleza y llenos de insectos...
Y
la pendiente era increíblemente empinada.
"¿Subiste
caminando por ese camino? ¿Vistiendo ese traje de escenario?"
Preguntó
Mumyeong, sin salir de su asombro.
"Es
mejor que recibir una paliza. Si decía que no quería ir, papá me pegaba. Pero
caminar es mejor que recibir golpes."
"Cuéntame
más."
Ordenó
Mumyeong. Yuseong inclinó la cabeza, confundido.
"¿Sobre
qué?"
"Sobre
por qué te pegaba. Y cuánto te pegaba."
Ante
las palabras de Mumyeong, el rostro de Yuseong se oscureció profundamente.
¿Recordaría el momento de la violencia? Mumyeong sintió un malestar en el
pecho. Le invadió una lástima absurda. Él lo había recogido porque dijeron que
era el hijo de la maestra, no porque sintiera algo por el niño.
Sin
embargo, escuchar a aquel pequeño hocico hablar de golpes y palizas le revolvía
el estómago de una forma extraña.
"Pero...."
Yuseong
dudó en responder y observó a Mumyeong con recelo.
"¿Pero
qué?"
"No
se lo dirá a papá, ¿verdad? Que le conté todo esto...."
"¿Qué
interés podría tener yo en ese malnacido... en esa persona? No tengo nada que
ver con él."
Ante
la respuesta de Mumyeong, el semblante de Yuseong mejoró un poco. Se acercó a
Mumyeong y le susurró al oído:
"Me
pegan igual si cuento esto, así que es un secreto."
"……."
La
expresión de Mumyeong se contorsionó de forma sutil. Won-junn miraba de reojo
por el espejo retrovisor continuamente.
Definitivamente,
era algo inesperado. Mumyeong no solo había metido a alguien en su casa, sino
que ahora se interesaba por su vida privada. Mumyeong nunca prestaba atención a
lo que hicieran los demás en la calle, a menos que necesitara usarlo como punto
débil.
Para
Mumyeong, que era como un estanque profundo y oscuro, Yuseong era una piedra
que acababa de caer al agua, creando ondas en su calma.
"Debió
ser horrible."
Murmuró
Mumyeong, con una indiferencia que apenas ocultaba un atisbo, un átomo de
compasión.
"Mm.
¿Lo de ir al salón de apuestas? ¡No me disgustaba!"
Respondió
Yuseong con alegría.
"¿No
te disgustaba?"
"Claro
que no. Había fans esperando por mí."
Yuseong
habló con orgullo.
"No
me gusta que papá me pegue, pero me gusta encontrarme con mis fans. Cantar es
divertido, y bailar... bueno, no bailo muy bien, pero si me lo piden, puedo
hacerlo. Así que todo está bien."
Tras
responder con firmeza, Yuseong cruzó los brazos de repente y frunció los
labios.
"Dijo
que yo era su cantante exclusivo, ¿por qué no me pide que cante y solo me hace
hablar?"
Mumyeong
soltó una carcajada seca.
"Entonces,
canta algo."
Le
dio permiso. Lo hizo sabiendo que no alcanzaría a cantar más de unas pocas estrofas;
su destino estaba a la vuelta de la esquina.
Pero
Yuseong, ignorando las intenciones de Mumyeong, se alegró infinitamente de que
le permitieran cantar.
"¡Si!
¡Entonces, como vamos a la lavanderia, cantaré 'El rincón sombreado de la
lavanderia'!"
"Vaya
elección de canción..."
Mumyeong
se quejó en voz baja, pero Yuseong, sin inmutarse, comenzó a cantar.
"¡Encuéntrame
en la lavanderia, cariño! En el rincón sombreado y oscuro~, me detuve sin tener
dónde poner mi corazón~, en ese lugar de la lavanderia~"
No
había pasado mucho tiempo desde que comenzó aquella extraña melodía cuando el
coche se detuvo lentamente.
"Hemos
llegado. El pastor Song dice que saldrá a recibirlo."
"¿Eh?
¿Hay un pastor en una lavanderia?"
Yuseong
giró la cabeza hacia la ventanilla, confundido. Lo que le dio la bienvenida fue
un cartel enorme. Las letras eran grandes y vulgares.
Orfanato Estrella Fugaz
El
rostro de Yuseong se tornó mortalmente pálido.
*
* *
"Aquí
tiene el registro. Compruébelo. Está lavado de forma impecable."
Un
cigarrillo se consumía rápidamente entre las yemas de los dedos de Mumyeong.
Sus ojos negros e impasibles escanearon los documentos de arriba abajo.
El
papel estaba repleto de números de principio a fin. Aunque el tiempo que
Mumyeong dedicó a revisar el registro fue breve, sus ojos eran precisos para
detectar cualquier error.
"Como
el monto que depositó esta vez es bastante grande.... Jeje."
"Independientemente
de la cantidad que te confíe, deberías ser capaz de manejarlo bien, ¿no
crees?"
El
Pastor Song, o más bien, Song Jae-yeol, un estafador que fingía ser pastor,
tragó saliva y esperó a que llegara la señal de 'aprobado' de Mumyeong.
"Por
supuesto. Por supuesto que sí."
Este
lugar, el Orfanato Estrella Fugaz, dirigido por el Pastor Song, era conocido como
la 'lavanderia'. Por supuesto, no era un lugar donde se lavaran sábanas con
diligencia como en una lavanderia común. Lo que allí se lavaba era algo
distinto.
Efectivo
e identidades. Al pasar por el Orfanato Estrella Fugaz, hasta el dinero sucio
salía como dinero de origen legítimo, y un niño abandonado en las apuestas era
revelado como el hijo ilegítimo de una familia corporativa. Todo eso era
posible gracias al escaso talento del Pastor Song.
Mumyeong,
tras revisar todos los registros que el Pastor Song había traído, dio una
bocanada al cigarrillo con satisfacción. El cigarrillo, recién encendido, ya se
había convertido en una colilla.
"Vendré
de nuevo a fin de mes."
Mumyeong,
tras cerrar el fajo de documentos sobre la mesa, aplastó el cigarrillo en el
cenicero.
Un
suspiro de alivio, un "fuuuu~", escapó de los labios del Pastor Song.
Uno pensaría que podría echar un vistazo rápido alguna vez, pero este tipo, que
no tenía sangre ni lágrimas, revisaba los registros meticulosamente cada vez.
Como siempre estaba vigilando, no podía llevarse ni un solo billete de mil
wones más de la comisión permitida.
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"Si
la próxima vez vuelve a hacer negocios tan grandes, será un poquitito difícil,
representante."
Dijo
el Pastor Song agachando la cabeza, pero Mumyeong, sin prestarle atención, sacó
un nuevo cigarrillo. El proceso de llevárselo a la boca y encenderlo parecía
una escena de película.
"¿Va
bien el negocio de gente?"
Preguntó
Mumyeong con indiferencia, exhalando una bocanada de humo. El Pastor Song se
puso rígido, como si un rayo le hubiera caído por la columna vertebral.
"¿Negocio
de... de gente? Jajaja."
"No
te pases de listo."
Mumyeong
sostuvo la mirada del Pastor Song. En sus pupilas negras se podía leer un
mensaje de advertencia intenso.
Cuando
el Pastor Song tragó saliva por el miedo puro, Mumyeong soltó una risita y se
levantó de su asiento.
"¡Que
le vaya bien!"
El
Pastor Song se inclinó hasta doblar su cintura por la mitad hacia el Mumyeong
que se daba la vuelta.
¡Bam!
La puerta se cerró, y tan pronto como Mumyeong salió, la expresión del Pastor
Song cambió drásticamente.
"Este
mocoso maleducado, tan joven y sin modales...."
Miró
con rabia el cenicero usado por Mumyeong y luego miró a su alrededor sin
motivo. Por supuesto, el Pastor Song estaba solo en la oficina.
El
Pastor Song corrió apresuradamente hacia el mueble al que Mumyeong le había
dado la espalda. Tiró de las manijas frenéticamente, pero estaba cerrado y no
abría. Aun así, no sentía alivio y examinó si había señales de que alguien lo
hubiera tocado.
Moviendo
los ojos de un lado a otro como si fuera un detective buscando huellas
dactilares, se limpió el sudor frío que corría por su cuello.
De
todos modos, esta mañana había terminado una transacción urgente. El miedo que
sintió al pensar que todo había sido descubierto fue tremendo.
Solo
recordar esos ojos, similares a los de una bestia, le enfriaba la espalda.
"Este
tipo es como un fantasma.... ¿Cómo lo supo y vino a advertirme de nuevo? Joder,
ni siquiera puedo ser su esbirro sin que sea un fastidio."
Y
no era para menos, el Pastor Song realmente estaba haciendo negocios con
personas sin reportárselo a Mumyeong.
Entre
los niños que llegaban al orfanato, de vez en cuando aparecía alguno con un
rasgo. La mayoría eran inferiores, pero con suerte, a veces lograba captar a
uno superior.
A
los que eran pequeños pero se habían manifestado pronto, los vendía a familias
ricas que necesitaban hijos a cambio de un buen dinero extra. También les
inventaba historias, como que eran hijos ilegítimos o que se habían perdido de
pequeños y fueron encontrados tarde.
Hasta
aquí, esto era un 'servicio' que Mumyeong también utilizaba a menudo. Después
de todo, si dejaba a todos los niños abandonados en las apuestas en
instalaciones legales, se le pondrían restricciones al funcionamiento de las
mismas apuestas.
Sin
embargo, el verdadero negocio que el Pastor Song no le reportaba a Mumyeong era
otro.
Elegía
a personas con rasgo que, tras frecuentar las apuestas, estaban escasas de
dinero, los enviaba a establecimientos y se quedaba con la comisión. Ese era el
negocio de personas que el Pastor Song hacía a espaldas de Mumyeong.
Elegía
a los que tenían la edad adecuada y, si uno los miraba bien, eran atractivos, y
los obligaba a vender su cuerpo. Como todos eran individuos que habían caído en
el juego tal como se cae en la adicción a las drogas, si se les permitía entrar
de nuevo al mundo de las apuestas, estaban dispuestos no solo a abrirse de
piernas, sino también a que les arrancaran los órganos si fuera necesario.
"No
es que me falte conciencia, es que no vendo órganos. Maldita sea, negocio de
personas, dicen."
El
Pastor Song refunfuñaba mientras ordenaba los cajones.
"¡Uaaaaaa!"
En
ese momento, se escuchó un llanto afuera. El Pastor Song, que operaba un
orfanato pero odiaba a los niños, abrió la cortina de un tirón.
¿Había
alguien en el Orfanato Estrella Fugaz con pulmones tan potentes? ¿Qué demonios
era eso? Al mirar, se quedó de piedra. Era el mocoso que Kwon Mumyeong había
traído.
El
Pastor Song examinó a Yuseong detenidamente después de un momento. Sus ojos
eran similares a los de un dueño de casa de empeño evaluando un objeto. Calculó
su valor comercial.
'Es
bonito. Buena voz. Es un producto de alta calidad. Y si además se manifiesta,
¡es de lo mejor!'
¿Había
dicho que era un niño que el representante Kwon había recogido? Si ese de
sangre fría lo recogió, seguramente debía haber una razón especial.
No
debe ser que lo lleve a todos lados solo porque es lindo. ¿Para qué servirá
haberlo recogido?
El
Pastor Song sonrió con malicia al ver a Mumyeong acercándose a Yuseong.
"Mientras
él mismo anda metido en el negocio de personas. Vaya entrometido."
Una
vez que ya no tenga utilidad para Mumyeong, lo recogeré y lo venderé. Si tiene
talento, podrá ir a un bar, o con suerte, a la industria del entretenimiento.
Conseguir un buen patrocinador y llevarme una comisión enorme.
"¡Jajajajaja!
Qué cosas. Siempre me estoy adelantando a los hechos."
El
Pastor Song rió alegremente. Su mirada seguía clavada en Yuseong.
*
* *
"¡Uaaahhh,
buaaaa! ¡Sabía que pasaría esto! ¡Es mi destino!"
"Primero,
cálmate. ¿Por qué llora tanto?"
Won-junn
intentó consolar a Yuseong, pero fue inútil. ¿De dónde sacaba tanta potencia
vocal? Parecía que el edificio entero se iba a venir abajo solo con sus
sollozos.
"¿Acaso
le pegaste? ¿Por qué se siente tan desgraciado como para hacer este
alboroto?"
Mumyeong
se acercó mientras se masajeaba las sienes, sintiendo un dolor punzante.
Won-junn negó con la cabeza frenéticamente, diciendo que no tenía idea.
"No,
solo le sugerí que comiéramos algo y empezó a llorar de repente... Vaya
situación."
"¡Buaaaaaaaa!"
Yuseong,
que lloraba a todo pulmón, de repente se inclinó hacia adelante haciendo una
reverencia profunda frente a Mumyeong. Mumyeong estaba tan estupefacto que,
dudando de su propia cordura, entrecerró los ojos y se tensó.
Yuseong
dobló su cuerpo como si fuera ropa sucia para saludar a Mumyeong, mientras
seguía emitiendo gemidos entrecortados.
"¡Aunque
solo fue una noche! ¡Le agradezco, snif, que me cuidara, hip! ¡Muchas
gracias!"
Mumyeong
miró al niño desde arriba. Se sentía como el primer terrestre que se encuentra
con un alienígena, incapaz de entender a esa pequeña criatura en absoluto.
Mumyeong
preguntó:
"¿Qué
clase de tontería es esa?"
Yuseong
se limpió la cara, empapada en lágrimas y mocos, con el dorso de la mano y
respondió:
"¿Ahora
ya soy un huérfano, verdad? ¿Me va a abandonar? ¡Hip! ¡Es cierto que como no
tengo mamá, me dicen mucho que soy un huérfano de mierda! ¡Pero es diferente
estar en un orfanato a simplemente ser huérfano, buaaaa...!"
"……."
"¡Incluso
mi papá, aunque me pegaba, no me había, hip, enviado a un orfanato! ¡Aunque a
veces, snif, pensaba que un orfanato sería mejor...! ¡Buaaaaaa!"
¿De
qué estaba hablando? ¿Quién estaba abandonando a quién? ¿Y qué era eso de
'huérfano de mierda'?
Ya
era bastante lamentable que la maestra hubiera fallecido, ¿y qué clase de hijo
de puta se atrevía a usar ese término? Debería ir ahora mismo a...
Mumyeong,
apretando los dientes por dentro, giró la cabeza de repente.
Orfanato Estrella Fugaz
El
enorme cartel parecía burlarse de él desde arriba. Comprendió la situación al
instante.
'Huérfano
de mierda'.
¿Por
qué esa frase se le clavaba tan profundamente en el pecho? Pensó que era una
herida que se había vuelto insensible hacía mucho tiempo.
Mumyeong,
sintiendo que su humor se había vuelto una basura, le quitó las pequeñas manos
de la cara a Yuseong, que seguía lleno de lágrimas.
"No
te voy a abandonar. No vine aquí para dejarte abandonado."
"¿Eh?"
Yuseong
sacudió la cabeza, incrédulo.
"Es
mentira. Dice eso para que me calme, luego dirá que va al baño y se irá en el
coche abandonándome."
Mumyeong
sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió la pequeña cara empapada. Cuando se lo
puso en la nariz, Yuseong se sonó con fuerza. Mumyeong, sin ningún rastro de
pesar, tiró el pañuelo al suelo. Así, aquel pañuelo de marca terminó su vida
como un pañuelo desechable.
"No
te voy a abandonar."
"Snif,
hip…."
"Escucha,
mocoso. No vine con la intención de dejarte aquí e irme."
"¡Pero
me engañó diciendo que íbamos a la lavanderia y me trajo a un orfanato!"
Yuseong
replicó con firmeza.
Mumyeong
dudó un momento sobre cómo esquivar la pregunta. En cierto modo, era una
lavanderia, pero no podía explicárselo a un niño.
"Originalmente
era una lavanderia."
Mumyeong
decidió improvisar. Total, solo tenía diez años; si un adulto insistía,
acabaría creyéndolo.
"Yo
traigo aquí la ropa a lavar. ¿Entendido?"
"……."
Yuseong
seguía sintiendo que algo no cuadraba, pero no era tan brillante como para
identificar qué se le escapaba. Mumyeong era demasiado serio, Yuseong era un
niño, y además estaba agotado tras tanto llorar, así que no estaba en sus
cabales.
"Realmente
no me va a abandonar, ¿verdad?"
"Sí."
"No
me abandone. Usted me compró."
El
niño, que había seguido a un extraño sin dudarlo, temía más ser abandonado por
Mumyeong, que no era su padre, que por cualquier otra cosa.
Como
si quisiera demostrar su propio valor.
"Puedo
hacer bien lo que sea que me mande. Los adultos dicen que soy muy trabajador.
Incluso si me envía a una fábrica, me ganaré el pan."
"……."
"Así
que, por favor, no me abandone…."
Un
niño que imploraba reconocimiento antes que amor, alguien que parecía haber
asumido de antemano que no merecía ser amado. Mumyeong captó con agudeza que el
alma de Yuseong estaba fragmentada.
En
su corazón, algo parecido a una delicada alga marina se agitó débilmente.
Era
compasión.
"Qué
vas a hacer tú en una fábrica, siendo tan pequeño. Con que comas, duermas y
hagas tus necesidades bien, es suficiente."
"Eso
lo hago muy bien, snif…."
Mumyeong
levantó a Yuseong en brazos de repente. No tanto para consolarlo, sino para
mostrarle el escenario del orfanato.
Era
humilde y andrajoso.
Sin
embargo, los niños que estaban en el patio, incluso en aquel lugar donde no
había nada que hacer, se las arreglaban para encontrar juegos y divertirse.
"¿Ves
a los niños de tu edad allí?"
"Sí."
"Vine
aquí para que juegues con ellos."
"……."
"Cuando
los adultos... estén lavando la ropa. Tú te quedarás aquí jugando con los niños
de tu edad. No es que quiera abandonarte. La idea de abandonarte…."
Mumyeong
había planeado enviar a Yuseong a una casa adecuada tras recogerlo de las
apuestas. Limpiar su identidad, enviarlo a una familia decente, con una excusa
decente.
Eso
no podía considerarse abandono.
"Nunca
pensé en abandonarte."
"Uhm….
¡sí!"
Yuseong,
convencido de que no sería abandonado, se aferró a los hombros de Mumyeong.
Sus
miradas se cruzaron. Mumyeong pensó que Yuseong era ligero como una semilla de
diente de león.
"Entonces,
entonces, si realmente no me va a abandonar…."
"Sí."
"Yo…."
Yuseong
dudó, observando la reacción de Mumyeong.
"¿Puedo
ir a jugar fútbol? Los niños de allí dijeron que iban a jugar, y vine a
despedirme de usted antes de que me abandonara."
"¿Por
eso llorabas tanto? ¿Porque te dolía ser abandonado? ¿O porque te ibas a perder
el fútbol?"
"¡Eish!"
Yuseong
se frotó los ojos con las mangas. Con la cara roja, le dio un toque en el
hombro a Mumyeong.
"¡Quiero
ir a jugar al fútbol!"
"¿Y
la comida?"
"¿Puedo
comer luego?"
"¿Por
qué? Podrías simplemente no comer. Si hace un momento llorabas y hacías
berrinche diciendo que no comerías."
"Entonces
no comeré."
"Ja."
Mumyeong
dejó a Yuseong en el suelo y soltó una carcajada seca.
"No
se puede ni bromear contigo."
"Siempre
me dijeron que no debo beber agua frente a los niños."
"Supongo
que se referían a no beber agua fría sin precaución. ¿Cómo vas a dejar de beber
agua del todo?"
"El
mensaje se entiende, así que está bien."
Mumyeong
despeinó el cabello de Yuseong. El pequeño sintió que el muro que Mumyeong
había levantado a su alrededor se había agrietado un poco.
Aunque
era joven, Yuseong era agudo y no pensaba que Mumyeong lo hubiera recogido por
cariño o por una lástima especial.
'Tengo
algún otro uso para él.'
El
padre de Yuseong solía decir que 'si no eres útil, te abandonaré'. De hecho,
cuando las propinas eran pocas, solía dejar a Yuseong solo en el salón de
apuestas y se iba a casa.
Yuseong
tenía que demostrar su utilidad constantemente para no ser abandonado. Se
esforzaba por conseguir cada comida, cada vaso de agua. La fortaleza de vida
que un niño de diez años había construido era tan inmensa y sólida que seguía
en pie incluso frente a Mumyeong.
Yuseong
pensó que, al igual que su padre, Mumyeong también había encontrado alguna
utilidad en él, y que si lograba demostrarla, no sería abandonado y podría
sobrevivir.
Aunque,
por ahora, no sabía muy bien en qué consistía esa 'utilidad'. Desde luego,
cantar no parecía serlo.
Hasta
que descubriera las intenciones de Mumyeong, Yuseong decidió que usaría todas
sus habilidades de encanto con él. Si le tomaba cariño, no podría abandonarlo
tan fácilmente.
"Juega
solo 30 minutos."
Mumyeong
le dio permiso. Yuseong saltó de alegría. Quería acurrucarse junto a Mumyeong,
pero se contuvo, sabiendo que el hombre aún no le había abierto su corazón por
completo.
A
juicio de Yuseong, para vivir a costa de alguien, uno de los requisitos
fundamentales era conocer su propio lugar.
Si
no podías demostrar tu utilidad, no debías actuar de forma excesiva. Debías
mantener un perfil bajo.
El
llanto descontrolado de hace un momento había sido un impulso al creer que lo
abandonarían. Ahora debía comportarse con propiedad.
"Ya
vuelvo."
Yuseong
le hizo una reverencia educada a Mumyeong y, como si nunca hubiera llorado,
salió corriendo hacia donde estaban los otros niños.
Mumyeong
observó la espalda de Yuseong mientras se alejaba y pensó vagamente:
'Es
como un…. perro.'
¿Realmente
era hijo de la maestra? ¿Cómo es que no se parecía a ninguno de sus padres y
parecía haber caído del cielo?
La
maestra solía ser considerada atractiva en el vecindario. Tal vez se parecía a
eso. O quizás no.
Lo
que sí era seguro es que se sentía como un perro inteligente, casi molesto.
Un
perro que distingue si la persona frente a él lo quiere o lo odia, y que actúa
con astucia. No era un perro de raza. Era un perro callejero, un chucho de
pueblo con un moco colgando de la nariz, que no sabía de dónde venía.
"Qué
lindo."
Mumyeong
se sorprendió a sí mismo murmurando eso y sintió una ligera molestia.
Fuera
lindo o no, de todas formas lo tenía allí para pagar una deuda de gratitud. Era
mejor no tener sentimientos innecesarios. Si les tomaba cariño, luego sería un
problema. Usar las emociones mínimas solo cuando fuera necesario; ese era el
método de Mumyeong para lidiar con los sentimientos.
La
alegría, la tristeza, el odio, el cariño... todo eso consume energía. Mumyeong
estaba ocupado y, desde muy joven, había aprendido claramente lo agotador que
es dejar que los sentimientos controlen a una persona.
La
maestra fue la única excepción que había creado. La maestra... fue realmente
una excepción.
Y
ahora, el hijo de ese hombre quería crear una nueva excepción. Por supuesto,
Mumyeong no tenía la intención de permitirlo hasta ese punto.
"Representante."
Won-junn
devolvió a Mumyeong a la realidad mientras este miraba a Yuseong con la mirada
perdida. Mumyeong ajustó su expresión y miró a Won-junn.
"¿Cómo
quiere hacer con la comida? Pensé que comería con el Pastor Song…."
"He
cambiado de opinión."
Mumyeong
buscó su cigarrillo mientras fruncía ligeramente el entrecejo. En cuanto lo
sacó, Won-junn se lo encendió con naturalidad.
"Me
da náuseas ver la cara de ese viejo estafador. Por eso no puedo dejar de fumar.
Me da más miedo que me estafen hasta la muerte antes de que me mate el cáncer
de pulmón."
Mumyeong
le dijo esto a Won-junn mientras aspiraba el humo del cigarrillo profundamente.
"Dos
omegas desaparecidos del casino. Parece que están metidos con ese viejo.
Investiga un poco. Precisamente tenía que vender a los que eran la imagen del
lugar. Ese pez gordo que siempre perdía a propósito se está quejando de que los
echa de menos. Tendré que pagar el favor por el dinero que me dio."
"Había
indicios de que estaban pidiendo dinero prestado al Pastor Song desde hace
tiempo. Probablemente los secuestró usando eso como excusa."
"El
dinero que se mueve aquí apenas llega a unos pocos cientos de millones. Si les
ofrecemos una suma mayor, vendrán por su cuenta. Son unos infelices que han
probado el vicio del juego y ya no tienen remedio. Préstales una buena
cantidad. Que se diviertan subiendo las apuestas."
"Entendido.
Eliminaré la comida del horario. Entonces, partiremos de inmediato…."
Won-junn
se detuvo a mitad de la frase y giró la cabeza hacia el patio del orfanato.
Podía verse a Yuseong saltando de aquí para allá. Su cabello se movía con una
ligereza tal que parecía algodón de azúcar con sabor a chocolate.
"……."
Mumyeong
respondió con el humo de su cigarrillo y el silencio. Won-junn entendió
perfectamente y asintió inclinando la cabeza.
"Esperaré
en el coche."
Cuando
Won-junn se alejó, Mumyeong volvió a echar un vistazo a Yuseong. Gracias al
pequeño, tenía 30 minutos libres.
"Fuu…."
Soltó
un largo suspiro y reflexionó sobre su comportamiento inusual. ¿No estaba
siendo demasiado blando con Yuseong? Pero claro, nunca había tenido que tratar
con un niño de diez años antes.
"Ese
pequeño... creció recibiendo golpes."
Mumyeong
observó una vez más a Yuseong, que seguía saltando felizmente, y luego llamó a
alguien por teléfono.
"Ah,
soy Kwon Mumyeong. Hay un tipo al que quiero investigar."
*
* *
"¡Si
me abandonas, me quedaré aquí! ¡Mi cara ensombrecida, nadie la verá!"
En
medio del patio del Orfanato Estrella Fugaz, una melodía de trot resonó
con fuerza.
Los
niños, agotados tras jugar al fútbol, estaban desparramados por la arena
observando a Yuseong. No es que les interesara mucho la canción, simplemente
les resultaba fascinante que alguien cantara de esa manera.
"¿Qué
es esa canción?"
"No
sé... es la primera vez que la oigo..."
"Quédate
aquí. Si los maestros nos ven, nos pondrán a limpiar."
"Tienes
razón. Mejor quedémonos aquí."
Los
niños respondieron con desgana a la actuación de Yuseong y se quedaron sentados
descansando. Cualquiera se habría sentido decepcionado por la reacción
indiferente del público, pero Yuseong, sin inmutarse, cantó con pasión.
"¡Esperaré
en el rincón sombreado de la lavanderia!"
Al
terminar, Yuseong hizo una reverencia tras otra. Los niños, confundidos, solo
lo miraban con los ojos muy abiertos.
"Parece
que solo me divertí yo."
Yuseong
se rascaba la cabeza avergonzado, cuando, de repente, una persona comenzó a
aplaudir.
"Bravo.
¡Bravo! Cantas realmente bien."
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El
Pastor Song se acercó con una sonrisa falsa. Al verlo, el rostro de los niños
se tornó pálido y se dispersaron en un instante.
Yuseong,
ajeno a la realidad del orfanato, se sintió agradecido de que un adulto lo
elogiara tan efusivamente. Correspondió al aplauso con una reverencia y saltó
del cantero.
"Muchas
gracias. Acabo de conocer a un nuevo fan."
El
Pastor Song soltó una carcajada ante el comentario de Yuseong.
"¡Jajaja!
No solo cantas bien, también bromeas de forma encantadora. Pequeño, ¿cómo te
llamas?"
El
Pastor Song se inclinó, revelando una dentadura irregular mientras sonreía
ampliamente.
"¡Hola!
¡Soy! ¡Ha! ¡Yu! ¡Seong! ¡Mucho gusto!"
Yuseong
saludó como un cantante novato bien disciplinado. El Pastor Song asintió
diciendo: "Sí, sí".
"Eres
Yuseong. ¿Te gusta cantar?"
"¡Sí!
¡Me encanta!"
"Lo
haces muy bien. Serás un gran cantante en el futuro."
"Yo
ya me considero cantante. Cuando sea mayor, seré un gran cantante adulto."
Yuseong
respondió con firmeza. El Pastor Song mantuvo la sonrisa y preguntó con voz
suave:
"Claro.
Viniste con el representante Kwon, ¿verdad?"
"¿El
señor? Mhm, sí."
"¿Qué
relación tienen? ¿Es tu tío?"
Los
ojos de Yuseong oscilaron de un lado a otro.
"Él...
él es quien me cuida por ahora."
Yuseong
respondió con cautela. A diferencia de cuando fanfarroneaba diciendo que era su
'cantante exclusivo', esta vez fue prudente. Temía enfurecer a Mumyeong si
hablaba de más.
'No
puedo ser abandonado todavía. Ni siquiera sé dónde estoy. Si tengo que ser
abandonado, preferiría que fuera en un orfanato de Seúl.'
Yuseong
movía los dedos mientras pensaba.
El
Pastor Song se inclinó un poco más y suavizó su tono.
"Soy
el director de este orfanato. Todos mis amigos aquí son como mis hijos."
"...
Ya veo."
"Como
hay tantos niños de tu edad, me da curiosidad. ¿Quién es tu padre?"
'¿Quizás
un empresario famoso...? Se ve tan bien cuidado. ¿Será un hijo ilegítimo de
alguien del mundo corporativo o del espectáculo? ¿Podré sacar información
valiosa?'
Los
ojos del Pastor Song brillaban con codicia.
"Mi
papá es..."
Justo
cuando Yuseong dudaba:
"¡Ha
Yuseong!"
Una
voz firme lo llamó. A lo lejos, Mumyeong estaba de pie, con las manos en los
bolsillos de su pantalón de vestir y una postura despreocupada.
"¡Oh!
¡Es él!"
Yuseong
levantó la cabeza como un conejo alerta y salió corriendo hacia Mumyeong,
olvidándose por completo del Pastor Song.
"¡Señor!
Estaba cantando, ¿a dónde fue?"
"Tenía
algo que hacer."
Mumyeong
despeinó bruscamente el cabello de Yuseong. El niño empezó a girar alrededor de
Mumyeong y Won-junn diciendo cosas sin importancia.
Mumyeong
dejó pasar las palabras de Yuseong y clavó la mirada en el Pastor Song. Este se
puso en pie lentamente.
"Representante
Kwon, relaje la expresión. Jeje, da miedo."
"¿Tenías
algún asunto con el mocoso?"
"¿Asunto?
No, solo pensaba si planeaba dejarlo a mi cargo. Le pregunté su nombre."
Ante
la palabra 'cargo', Yuseong se tensó. Mumyeong colocó a Yuseong detrás de su
espalda y bajó la mirada con desdén.
"Song
Jae-yeol."
"...
Sí, representante."
"Empecemos
a elegir bien con quién hacemos negocios."
"......"
"Soy
tu cliente, Pastor Song. No es de buena educación husmear en el bolso de un
cliente."
"Lo
siento mucho."
"Asegúrate
de que el próximo encargo sea impecable."
"Por
supuesto."
Mumyeong
observó al Pastor Song un momento más antes de darse la vuelta lentamente. Era
el comportamiento de una fiera que deja ir a su presa intencionadamente.
"Que
le vaya bien."
El
Pastor Song hizo una reverencia respetuosa. Los tres rottweilers ladraban
ferozmente al ver a Mumyeong.
Mumyeong
se alejó con Yuseong caminando con calma. En cuanto Won-junn abrió la puerta
del coche, Mumyeong metió a Yuseong dentro sin miramientos.
Yuseong,
intimidado sin motivo aparente, se encogió en el rincón más profundo del
asiento.
"Uf."
Mumyeong
suspiró al ver al niño moverse. Yuseong aspiró el denso olor a tabaco que
emanaba de Mumyeong.
"Estos
viejos no tienen nada mejor que hacer que intentar aprovecharse de un
mocoso."
"Así
es."
"Esto
se ha puesto complicado."
Mumyeong
buscó un cigarrillo con irritación, pero al ver al pequeño moviéndose a su
lado, retiró la mano.
"¿Fue
divertido ver la lavanderia?"
"Mhm.
No vi nada de ropa lavada. Usted no trajo nada. ¿Dónde la dejó?"
"He
decidido no volver a dejarla aquí."
"¿Por
qué?"
"Porque
el dueño me cae mal."
Yuseong
le dio vueltas a las palabras de Mumyeong, pero acabó rindiéndose. No entendía
nada, así que concluyó con un sencillo: 'Mhm, el señor es un hombre de cambios
de humor'.
"Por
cierto, hoy no recibí un encore. Supongo que tengo que practicar
más."
"Como
quieras."
"Ahora..."
Yuseong
dudó antes de preguntar: "¿Vamos... a casa...?"
Mumyeong
sabía perfectamente a qué se refería. Yuseong no estaba seguro de si podía
considerar su casa como un hogar al que regresar.
"Luego.
Hoy estoy ocupado."
"Ahhh."
"No
tienes nada de ropa en mi casa. ¿Vas a dormir de nuevo usando mi abrigo como
capa?"
"¡Oh...!".
Los
ojos de Yuseong se abrieron como platos.
"Te
quedarás en mi casa por un tiempo."
"Oh,
¿hasta cuándo?"
"Quién
sabe."
Mumyeong
respondió con seriedad.
"Termina
la escuela a mi lado."
"¡Ah...!
¿La primaria?"
"¿Solo
piensas terminar la primaria?"
"¡Entonces
críeme hasta la secundaria!"
Yuseong
gritó directamente al oído de Mumyeong. Aunque ya tenía buena voz, la emoción
la hizo tan aguda que casi revienta los tímpanos de Mumyeong.
"Baja
la voz. La secundaria... no lo sé. Vamos a pensarlo."
"¡Aunque
usted finja que no, sabía que pensaba dejarme en la lavanderia Estrella
Fugaz!"
Mumyeong
frunció el entrecejo mientras revolvía el cabello de Yuseong con fuerza.
"Nunca
tuve la intención de dejarte ahí. No hay nada que aprender de ese viejo
siniestro. Te criaré yo mismo hasta que encontremos una buena familia o lo que
sea, así que deja de hacerte el pobre."
"Entonces,
¿mientras tanto? Mientras me secuestra... ¿puedo estar con usted?"
"¿Secuestro?"
La
verdad era que, técnicamente, era un secuestro. Si se miraba bien, sí.
Desde
la perspectiva de los adultos, era un rescate de una situación de abuso
infantil, pero desde la visión de un niño que no entendía la diferencia...
Simplemente
era un extraño llevándoselo a la fuerza. Era la extraña personalidad de
Yuseong, capaz de acurrucarse junto a un desconocido, la que hacía que esta
situación fuera inusual.
"Secuestro...
parece que me he convertido en un secuestrador de la noche a la mañana."
"No
pasa nada. Si vamos a juicio, testificaré que usted fue un buen secuestrador.
Me dio comida rica, mantas suaves, y a veces me acarició la cabeza... Aunque no
es muy cariñoso, diré que me cuidó bien."
"......"
Mumyeong
miró al niño. Su expresión parecía decir '¿qué clase de estupideces está
diciendo este pequeño?', pero a Yuseong no le importó.
Solo
estaba feliz y aliviado de saber que no sería abandonado y que tendría una vida
estable por un tiempo.
"Señor,
mis testimonios seguro le reducirán la condena."
"......"
"Aunque
tendré que volver a las apuestas a cantar para pagarle las provisiones, no
importa. Después de todo, soy su cantante exclusivo...".
Yuseong
seguía hablando sin parar. Mumyeong lo empujó hacia la ventanilla. Prefería que
volviera a jugar solo mirando por el cristal como hace unas horas.
"Sería
mejor que... hablaras un poco menos."
"¡Sí!
¿O prefiere que hable cantando? Como un musical. Pero nunca he visto uno."
"Solo
cállate. No hables. Nada."
"......"
Yuseong
permaneció en silencio un momento antes de susurrar:
"¿Ni
siquiera puedo responder? ¿O solo asiento con la cabeza?"
"...
Ja."
Mumyeong
se llevó la mano a la frente. Por fin empezaba a comprender el lío en el que se
había metido.
Decidió
criar al hijo de la maestra sin pensarlo.
A
un pequeño al que apenas conoció ayer.
