17. El punto de colapso

 


17. El punto de colapso

La penetración era algo a lo que, sin importar cuántas veces lo hiciera, nunca terminaba de acostumbrarse. Gyeong-ju se balanceaba con facilidad sobre Yeong-jae. La intensa sensación de plenitud al atravesar sus paredes internas le provocaba una extraña punzada en el bajo vientre; sentía como si su cuerpo ya no le perteneciera.

El placer que lo visitaba desde hacía algún tiempo le deleitaba el cuerpo, pero al mismo tiempo le atormentaba la mente.

Se preguntaba si, de tanto hacerlo, terminaría olvidando por completo la forma natural en que los hombres se reproducían. O quizás era el miedo, o más bien el delirio, de que el fluido de Yeong-jae, al ser expulsado en su interior, diera paso a células parecidas a él que comenzarían a incubar y expandirse en ese espacio tan estrecho. Era un pensamiento absurdo que le invadía cada vez que sus cuerpos se entrelazaban.

Sin saber o sin importarle si Gyeong-ju tenía esos pensamientos irracionales, Yeong-jae se hundía en él como un animal hambriento, centrándose solo en su unión. Sujetaba su pelvis con tal fuerza que dejaba marcas rojas, mientras arremetía en su interior con aquel pene grande y cabezón, similar a la cabeza de una serpiente.

El órgano oscuro aparecía y desaparecía en su visión. Gyeong-ju se preguntaba cómo era posible que pudiera albergar tal tamaño, por lo que, naturalmente, bajó la mirada hacia abajo.

"Ah..."

Gyeong-ju se cubrió la boca con la mano, sin poder evitarlo. Pudo ver cómo su bajo vientre se movía como las olas del mar. La protuberancia redonda se hinchaba hacia afuera y se hundía siguiendo el ritmo de las estocadas de Yeong-jae.

"¿Por qué?"

Preguntó Yeong-jae, frunciendo el ceño, sin dejar de moverse ni un instante.

"Aquí..."

Respondió Gyeong-ju con una voz mitad gemido, señalando su propio vientre.

En el lugar donde apuntaba su dedo, parecía haber un alboroto, como si algo estuviera ocurriendo dentro. Se movía hacia arriba y hacia abajo; incluso, cuando la piel del abdomen se estiraba, un sonido desgarrador escapaba de su garganta sin permiso.

"¿Aquí?"

Yeong-jae tocó la parte que sobresalía. Como estaba palpando el pene que llenaba su interior, sus ojos brillaron con una intensidad depredadora.

"Estás completamente lleno."

Excitado, Yeong-jae arremetió con más fuerza, como si quisiera introducir hasta los pesados testículos, rozando su apertura y los alrededores.

Un gemido escapó de los labios de Gyeong-ju, quien se aferró con fuerza a los hombros de Yeong-jae, como si fuera a caerse al vacío.

Yeong-jae continuó atacando justo debajo del ombligo, presionando con el glande sobre sus zonas más sensibles, mientras las paredes internas de Gyeong-ju se contraían, como rechazando al intruso.

El sonido de la carne chocando con rapidez llenó la habitación, mezclado con sus jadeos agónicos. Solo la respiración pesada de quien corre hasta el límite de sus fuerzas inundaba el lugar.

"¡Ah, ah! ¡Ah, sí! ¡Yeong-jae!"

"Uff, vas a quedar preñado."

Los ojos de Gyeong-ju, enrojecidos por el placer atroz, se humedecieron. No sabía cómo Yeong-jae podía haber adivinado exactamente lo que él mismo había estado pensando.

Quizás fuera porque sabía que su cuerpo era físicamente incapaz de concebir, pero escuchar aquellas palabras le resultaba increíblemente erótico. Nunca antes las había oído, y no creía que algo que en cualquier otra circunstancia sonaría a broma pudiera estimularlo tanto en aquel momento.

"¡Ah, sí...!"

Desde que conoció a Yeong-jae, emitía gemidos en tonos que nunca pensó que existirían. A veces sentía que su orgullo masculino se desmoronaba... pero mientras Gyeong-ju se mordía el labio inferior, distraído por la vergüenza, Yeong-jae comenzó a embestir con más fuerza hacia lo profundo.

"¡Ha, ah, aaah!"

Desde abajo hacia arriba, golpeó ese punto exacto, provocando un impacto sordo. Gyeong-ju forcejeó, golpeando la espalda de Yeong-jae, quien disfrutaba de su reacción y se deslizaba con flexibilidad hacia el interior. El pene, ligeramente curvado hacia arriba, encajaba perfectamente en el centro de su cuerpo. La unión entre ambos se volvía cada vez más profunda.

La cabeza de la 'serpiente' se enterraba en un solo lugar, emitiendo sonidos húmedos. Como si una serpiente se estuviera enroscando, el órgano se expandió una vez más, hasta alcanzar su límite.

Gyeong-ju cerró los ojos, sintiendo de nuevo la vida palpitante de aquel pene en su interior. No podía distinguir si lo que ardía eran sus paredes internas o su propio corazón. Un calor abrasador se extendió hasta las puntas de sus dedos, haciéndole estremecer los hombros.

"¡Ah, Gyeong-ju, Gyeong-ju...!"

Yeong-jae se movía con frenesí, expandiendo brutalmente sus paredes con estocadas amplias. Por el ritmo, estaba claro que estaba a punto de eyacular.

Las manos que antes acariciaban sus caderas delgadas y su cintura curva ahora agarraban el centro de Gyeong-ju con una intensidad dolorosa, sacudiéndolo a gran velocidad como si quisiera exprimir todo el placer de su interior.

"¡Ah! ¡Yeong-jae! ¡Basta! ¡Ah!"

Sentir el estímulo tanto adelante como atrás era demasiado. Aunque eran sus orificios y su cuerpo los que estaban siendo profanados, se sentía como si le estuvieran apretando el corazón. Gyeong-ju, jadeando, finalmente soltó un grito.

"¡Aaah, ah!"

No fue solo una explosión abstracta de luz blanca frente a sus ojos. Un líquido blanquecino brotó realmente de su cuerpo.

Al mismo tiempo, Yeong-jae lo abrazó con fuerza. Hubo un momento en que Yeong-jae soltó un gemido pesado y su cuerpo se quedó completamente rígido. Lo que siguió fue lo esperado: un torrente de fluido tibio brotó de la cabeza del pene que lo penetraba.

El fluido, que intentaba subir hacia su bajo vientre, cayó sin fuerzas hacia abajo.

"Ha, ha, ha..."

Yeong-jae, respirando agitadamente, aflojó la fuerza de sus brazos. Su cuerpo quedó cubierto por el rastro viscoso de ambos.

Mirando fijamente el vello púbico y la entrepierna, sucios por la mezcla de semen blanquecino y otro más diluido, Yeong-jae tragó saliva. Luego, como si nunca hubiera hecho algo tan obsceno, puso una sonrisa juvenil y comenzó a darle besos cosquilleantes en las mejillas a Gyeong-ju.

"Estuvo increíble, como siempre."

"Qué empalagoso."

Gyeong-ju golpeó el pecho de Yeong-jae una y otra vez, aunque en el fondo no le disgustaba.

Apenas despertaron, sus miradas se cruzaron y la unión comenzó casi por instinto. Aunque lo hacían todos los días, todavía le daba vergüenza.

Ver a Yeong-jae reírse con picardía, con el rostro sudoroso como si hubiera jugado un partido de fútbol, le provocaba mil pensamientos, pero antes debía confirmar algo importante.

"Tenía algo que preguntarte."

"¿Qué pasa?"

"Eso... ¿qué es eso del 'negocio' que el jefe Kim dijo que era una buena oportunidad?"

Como si se encendiera una luz en su cerebro, Yeong-jae abrió los ojos de par en par.

"¡Ah! Quería decírtelo, pero se me olvidó. Pero no es nada. Es una mujer rica que viene mucho a Privé y parece estar sola. Dicen que no es tan generosa como parece con su billetera, o algo así."

Mientras decía esto, Yeong-jae rodeó su cintura con naturalidad. Gyeong-ju volvió a golpear su firme pecho.

"¿Entonces te pidió que intentaras seducirla?"

"Sí. Pero le dije que no, que no tenía intención de hacerlo."

Yeong-jae, rápido de reflejos, apretó su abrazo, dejando a Gyeong-ju completamente pegado a él. Aunque el hombre que lo abrazaba cálidamente le aseguró que lo había rechazado, Gyeong-ju no pudo evitar sentirse molesto.

"Creo que el jefe Kim es un poco extraño."

No solo porque eligiera a Yeong-jae entre tantos trabajadores para ese tipo de tareas, sino también por una punzada de inseguridad; temía que los despreciaran por no tener dinero.

"Sí. Yo también creo que es un poco raro."

Aunque a Gyeong-ju le preocupaban mil cosas, Yeong-jae parecía restarle importancia, respondiendo con ese tono juguetón de siempre.

De repente, su estómago rugió. A diferencia de su malestar mental, su cuerpo reaccionó instintivamente. A pesar de la cara de preocupación de Gyeong-ju, Yeong-jae le dio un toque en la mejilla y sonrió con picardía.

"¿Tienes hambre? Voy a prepararte algo de comer."

Yeong-jae se levantó, soportando de buen grado todas las quejas de Gyeong-ju.

Incluso al ponerse sus pantalones deportivos caídos por el suelo, su figura parecía sacada de una escena de película.

Mientras lo miraba embobado, como si Yeong-jae fuera un modelo de marca de ropa interior, Gyeong-ju bajó la vista en cuanto la silueta del otro desapareció. Allí estaba su pene de color rosa intenso, flácido y sin energía, y su parte trasera, apenas visible, parecía haberse cerrado apenas un momento antes.

El acto había terminado, pero la sensación que quedaba era extraña. No era solo el placer que subía como una ola, sino la sensación de vacío que quedaba después.

Después de ducharse, comieron la cena que Yeong-jae había preparado. Había comprado una freidora de aire hacía unos días y, como doraba las verduras y la carne a la perfección, todo lo que cocinaba últimamente sabía delicioso.

Antes de salir hacia el trabajo, ambos, perfumados, caminaron hacia la entrada.

"Ah. Iré a beber un vaso de agua."

Sintiendo sed de repente, Gyeong-ju se dio la vuelta y entró en la cocina. Mientras bebía agua directamente de la botella que sacó de la nevera, sus ojos se detuvieron en un punto de la puerta del refrigerador.

La foto de cuatro recuadros que se habían tomado hacía unos días estaba allí pegada, sola en el centro, junto a una pegatina en forma de corazón.

"¿Cuándo la pegó otra vez? No puede ser..."

Gruñó para sí mismo mientras guardaba la botella, pero no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios.

* * *

La felicidad no duró mucho. Al llegar a Privé y esperar en la sala de estar, Gyeong-ju experimentó cómo se le caía el corazón al suelo.

Una cliente de alto perfil acababa de solicitar la presencia de Yeong-jae.

“Yeong-jae, ha venido la que dice ser tu exmujer”.

Era precisamente aquella señora con la que decían que Yeong-jae había vivido.

“Dígale que no estoy”.

Yeong-jae negó con la cabeza de inmediato, dejando clara su negativa.

“¿Estás loco?”

El jefe gritó, atónito, pero Yeong-jae se mantuvo firme.

“Entonces, entraré con Gyeong-ju”.

“¿De qué hablas? Te llamaron a ti solo, así que obviamente no se puede. Gyeong-ju, yo te conseguiré a alguien mejor. Hay una actriz de treinta años allí fuera que tiene muy buenos modales, te pondré con ella”.

El jefe se esforzó al máximo por convencer a Yeong-jae, usando gestos y palabras, llegando incluso a escupir saliva en su desesperación.

“Jefe, no le ponga a hacer cosas raras a este chico”.

“No lo haré, pedazo de maricón”.

El jefe resopló, irritado.

Gyeong-ju solo quería irse a casa. Entre el tenso pulso entre ambos y la aparición de la exmujer… sintió como si toda la sangre se le drenara del cuerpo. Si algo terminó, terminó, ¿a qué venía ella a buscarlo hasta allí?

Yeong-jae, que seguía mirando al jefe con desconfianza, se revolvió el cabello.

“Saldar deudas del pasado no es nada fácil”.

Tras tomar una decisión, Yeong-jae agarró con fuerza la muñeca de Gyeong-ju.

“Lo siento, Gyeong-ju. Entiéndeme solo por esta vez. Jefe, me llevaré a este chico conmigo”.

“¡Oye!”

“Es alguien que comprende perfectamente mi situación, así que no se preocupe demasiado”.

El jefe Kim miró a ambos con la boca abierta, alternando la vista entre los dos.

“Vámonos. Confía en mí”.

Susurrando apenas audible, Yeong-jae salió de la sala sin soltar la mano de Gyeong-ju. Los gritos del jefe Kim llamándolos locos se fueron desvaneciendo tras ellos.

Caminaron por el pasillo, aún con las manos entrelazadas. Gyeong-ju no pudo evitar soltar una risita al imaginar la cara de sorpresa del jefe Kim, quien vio cómo se negaba a realizar el trabajo sucio y cómo ignoraba su orden de entrar solo a la habitación.

La forma en que se escabulleron juntos parecía la escena de una película de acción donde derrotan al villano que los atormentaba. Pensó que su comportamiento inmaduro se sentía como un romance de fin de siglo.

Sin embargo, ese sentimiento desapareció al llegar a la habitación 5. A través de la puerta entreabierta, Gyeong-ju reconoció a la misma clienta que había visto en 'NEXT LEVEL'.

La señora que se refería a Yeong-jae como un 'superviviente' y que parecía conocerlo muy bien.

Aunque seguía llevando las mismas joyas brillantes y extravagantes en los brazos y el cuello, su maquillaje era mucho más recargado que la última vez.

“¡Yeong-jae! ¿Eh?”

La clienta ensanchó los ojos al ver a Yeong-jae, pero al ver a Gyeong-ju detrás, su sonrisa se borró por completo.

“Hola, señora. He pensado entrar con él, ¿no le importa?”

“...Está bien. Si eso es lo que quieres”.

Aunque accedió, la clienta lo observó de arriba abajo con una mirada llena de dudas y hostilidad.

“Yeong-jae, ¿por qué ha pasado tanto tiempo?”

Ella abrazó a Yeong-jae sin reparos. Gyeong-ju pensó que ella estaba sola, pero oyó aplausos a un lado. Otra clienta con un estilo similar los miraba con calma mientras aplaudía.

“Ha venido, señora”.

Yeong-jae saludó a la amiga, como si también se conocieran.

“¿Hola, Yeong-jae? ¿Te ves mejor desde la última vez que te vi, no?”

“Sí, como puede ver. Vivo bien y como bien”.

“Vaya, vaya, sigues siendo tan descarado como siempre”.

El intercambio de palabras fue directo. Escuchando una conversación que fluía tan naturalmente como entre viejos conocidos, Gyeong-ju sintió que había entrado en un mundo que le era ajeno.

Lo mismo ocurrió al sentarse. Normalmente, los trabajadores masculinos se sientan junto a la clienta, pero nadie le indicó a Gyeong-ju que se acercara. No sabía si era porque Yeong-jae le hizo una seña para que se sentara a su lado o porque todos los ojos estaban clavados en Yeong-jae.

“Hace tiempo que no nos vemos, aunque extrañamente siento como si fuera hace un mes. ¿Cómo has estado?”

Sus ojos brillaban con afecto, recordando los tiempos en que vivieron juntos. Pero, a diferencia de ella, Yeong-jae ofrecía la misma sonrisa de servicio estándar que le daba a cualquier cliente en Privé.

“He estado bien”.

“Vaya, qué frío eres... Yo no he estado tan bien”.

“¿Por qué? ¿El chico con el que vivías ya no te resulta divertido?”

Ante el comentario dicho con una sonrisa ligera, la mirada de ella se volvió cortante.

“¿De qué estás hablando? Hace mucho que eso se acabó”.

Aunque lo miró con reproche, ella recuperó su sonrisa profesional al instante. Entonces, su mano delgada comenzó a moverse sobre la mesa.

“Aquí tienes”.

Finalmente, tomó la botella de licor que estaba sobre la mesa.

“Bebe un poco. Te gustaba esto, ¿no? Coñac”.

Gyeong-ju reconoció la botella: era el coñac Louis XIII que la clienta le había ofrecido anteriormente.

En aquel momento, sin saber nada, simplemente lo bebió todo de un trago. Le pareció una sensación extraña saber que era el licor favorito de Yeong-jae, que Gyeong-ju lo había bebido sin saberlo y que la señora conocía ese detalle desde antes.

Glug, glug. El líquido ámbar, denso y concentrado, cayó en la copa. La señora llenó la copa de Yeong-jae y, con un tenedor, pinchó un trozo de piña.

“Come un poco de fruta también”.

La intención de dárselo en la boca era obvia, pero Yeong-jae no se dejó atrapar fácilmente. Estiró el cuello, le arrebató el tenedor y dijo:

“Gracias”.

Luego, soltó una sonrisa tan radiante que hasta sus ojos se cerraron.

Aunque prácticamente rechazó que ella lo alimentara, la clienta no le dijo nada ante aquel despliegue de carisma.

Gyeong-ju no sabía qué hacer en medio de aquel pulso, que más que pulso era una batalla de egos.

Aunque no fuera una relación pública, el hecho de tener una conexión profunda con Yeong-jae y tener que ser testigo de esa escena lo hacía sentir tan incómodo como si estuviera sentado sobre espinas.

Mientras movía los dedos, Yeong-jae agarró su mano y la atrajo hacia sí.

“...”

Naturalmente, un silencio pesado cayó en la habitación. Gyeong-ju, sorprendido, le preguntó con la mirada, mientras la amiga de la clienta abría mucho los ojos, mirando a la clienta con significado. Solo el causante de aquel acto impulsivo parecía tranquilo; los demás estaban atónitos.

Para la mujer que había venido específicamente a ver a Yeong-jae, aquello era algo inaceptable.

“Yeong-jae, ¿por qué tocas a ese chico así?”

“Es que sufro de pies y manos fríos”.

“¿Tú? ¿Desde cuándo?”

Las cejas de la señora se arquearon ante la respuesta descarada. Era una reacción lógica, ya que, lejos de estar fríos, el tacto de sus palmas se sentía ardiente como el fuego.

“Señora, usted realmente no me conoce. Como tengo frío en las manos, siempre toco las suyas. ¿A que sí?”

Yeong-jae giró la cabeza y le preguntó a Gyeong-ju con una sonrisa enigmática.

“Sí”.

Gyeong-ju respondió que sí. Tenía que hacerlo, quería hacerlo y pensó que había hecho bien en hacerlo.

Aunque una mirada sospechosa se posó brevemente sobre ellos, el momento pasó. La clienta empezó a hablar animadamente, con sus ojos color café claro brillando.

A mitad de la conversación, un camarero entró con un carrito y puso otra botella de coñac de dos millones de wones sobre la mesa. Gyeong-ju no podía creer lo que veía al oír el descorche.

Tras un brindis solemne, la historia de la clienta continuó naturalmente. Cuando empezó a hablar de la construcción de resorts de golf en Tongyeong y Yeosu, Gyeong-ju escuchó con atención, quizás porque Yeosu era su ciudad natal.

Cuando mencionó que iba a construir un resort en Panglao, cerca de Bohol, porque muchos coreanos estaban visitando ese lugar, Gyeong-ju no pudo evitar sentirse impresionado. Para alguien como él, ignorante de lo que pasaba fuera de Corea, todo aquello sonaba como una historia de un universo lejano.

Al tener tanto público, ella continuaba hablando con entusiasmo. Comentó que este año finalmente se operó la vista y que ahora el mundo se veía colorido, y que por fin podía ver su rostro atractivo así; incluso tomó el rostro de Yeong-jae para examinar sus rasgos uno a uno.

“Cierto, ¿se están aburriendo? ¿Tú estás bien? ¿Y tú?”

La clienta, tras desahogarse, miró alternativamente a su amiga y a Gyeong-ju.

“Yo estoy bien”.

La amiga de la clienta asintió como si no fuera nada importante, pues solo había venido a ver al joven ex amante de su amiga.

“¿Qué 'estás bien'? Aprovechando que han venido, dense un beso”.

Los ojos de Gyeong-ju dieron vueltas. Estaba tan sorprendido que no pudo ni abrir la boca, observando la reacción de la amiga de la clienta.

“Vaya, ¿podemos?”

La amiga de la clienta soltó una carcajada juguetona y les hizo señas para que se acercaran. Naturalmente, la expresión de Yeong-jae se ensombreció.

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“Señora, no les pida esas cosas”.

“¿Qué importa? Tiene mucho dinero, úsenlo para sacarle provecho”.

“¿Por qué se pone así? Parece que se ha vuelto a ofender por algo”.

Yeong-jae respondió con una burla experta.

“¿Ofendida? ¿Qué clase de lugar crees que es este? Si no vas a hacer eso, mejor deja de ser trabajador”.

Aunque sus palabras, dichas en tono de broma, estaban llenas de veneno, no dejaban de tener algo de verdad, así que Gyeong-ju no pudo decir nada.

“Señora, pero... ¿no dijo que ya no quería buscar más trabajadores?”

Yeong-jae cambió de tema repentinamente.

“Eso dije”.

“¿No dijo que los 'gigolós' que enseñan golf en los campos eran mejores porque al menos sabían trabajar?”

La clienta pateó la espinilla de Yeong-jae con la punta afilada de su zapato. Yeong-jae fingió dolor, haciendo un gesto exagerado de 'ay'.

“Este chico recuerda todo lo que digo”.

Ella suspiró levemente y dejó la copa sobre la mesa.

“Olvídalo todo. Fue mi culpa. Creo que cometí un gran error en aquel entonces debido al proyecto de expansión del campo de golf”.

Gyeong-ju observaba a ambos con curiosidad. Aunque no entendía de qué hablaban, sentía una necesidad inmensa de conocer los detalles.

“Lo siento cada vez que lo pienso, pero no hay nadie como tú”.

Con esas palabras, la mirada de la clienta se fijó lentamente en Yeong-jae. Era una mirada profunda y obsesiva, cargada de recuerdos del pasado.

“Ella me ha dicho muchas veces que te extraña”.

A su lado, la amiga de la clienta asintió en silencio, dándole la razón. En ese momento, Gyeong-ju sintió que empezaba a entender el propósito de su visita.

“No solo por tu cara, sino porque eres el más amable, el más valiente y el más honesto. Y además... porque eres quien mejor lo hace durante más tiempo”.

“¡Pff!”

Gyeong-ju, que estaba bebiendo agua con gas, se atragantó al oír la última frase.

Cof, cof. Gyeong-ju se cubrió la boca y se disculpó con una inclinación de cabeza mientras tosía. Yeong-jae, ignorando los elogios de la clienta, le acariciaba la espalda con expresión de preocupación.

“En fin, Yeong-jae. He venido aquí porque tengo algo que decirte”.

Gyeong-ju se limpió la boca con una servilleta y frunció el ceño. Tenía la sensación de que no le gustaría lo que venía a continuación. Había oído historias de clientas adineradas que, incapaces de olvidar a un ex trabajador, venían a buscarlo.

Tanto la tensión como la presión se sentían presagios de algo malo.

“Yeong-jae. Vuelve a mi apartamento”.

Finalmente, la bomba estalló. En resumen, era una propuesta para que regresara con ella y, una vez más, intentara engañarla como trabajador.

* * *

Contrario a lo que Gyeong-ju temía, Yeong-jae rechazó la propuesta de la señora de inmediato.

Como si ya supiera que esa sería la respuesta, la señora simplemente decidió retirarse por el momento. Sin embargo, actuaba como si tuviera algún plan bajo la manga, sonriendo de manera enigmática de vez en cuando, y al dejar la habitación, no olvidó decir que volverían a verse.

Gyeong-ju no podía dejar de pensar en ella. Aunque Yeong-jae había dejado claro su rechazo, una parte de él se sentía intranquila.

Una mezcla de emociones cruzaba su mente. Por un lado, gratitud porque Yeong-jae cumplió su palabra; por otro, una punzada de culpa por sentir que estaba frenando el futuro de un as del mundo nocturno, y todo esto teñido por la ansiedad de que, algún día, Yeong-jae terminara dejándolo.

La rutina siguió igual que siempre.

Salían de trabajar cerca de las cuatro o cinco de la mañana, ligeramente ebrios; al llegar a casa, se desplomaban en la cama, se despertaban tarde, hacían el amor, escuchaban los susurros traviesos de Yeong-jae confesándole su amor, cenaban y, al caer la noche, volvían a Privé.

En la sala de espera, mientras ambos estaban sentados con las piernas cruzadas en la misma posición, la atención de Gyeong-ju fue captada por un sonido alegre que provenía del teléfono de Yeong-jae. Naturalmente, sus ojos se dirigieron a la pantalla.

"Espera un momento".

Yeong-jae se levantó, dejando atrás a un Gyeong-ju con los ojos desorbitados. Gyeong-ju observó la espalda de Yeong-jae salir de la sala con prisa, como si algo grave hubiera ocurrido. Estaba seguro de que en la pantalla decía "Maestro". O eso creía.

¿Por qué habría llamado de repente? Mientras esperaba a Yeong-jae con ansiedad, la puerta de la sala se abrió.

Su rostro, expandido por la expectativa, volvió a la normalidad al ver que no era Yeong-jae, sino el jefe Kim.

"¿Gyeong-ju? Ven un momento, quiero hablar contigo".

Como empleado, Gyeong-ju no tuvo más remedio que levantarse.

Desde que entró en la oficina del jefe Kim, no pudo evitar mirar a todas partes. Parecía haber más fotos que la última vez... se veían algunas junto a celebridades famosas.

El cuadro de ahí arriba tampoco estaba antes. ¿Cuánto costará un cuadro así? Había oído que a veces pagaban las cuentas de los bares con arte.

"¿El trabajo te resulta llevadero?"

Preguntó el jefe Kim de repente, mientras hojeaba unos papeles. Gyeong-ju, que estaba perdido mirando el cuadro, se sobresaltó.

"...Sí".

"¿Ah, sí?"

El jefe Kim inclinó la cabeza, como si la respuesta no le convenciera.

"No debería ser llevadero. Deberías sentir que es un trabajo agotador y miserable".

"...¿Perdón?"

"Gyeong-ju, ¿estás trabajando realmente al nivel del anticipo que te di?"

"Me estoy esforzando".

Aunque respondió eso, en el fondo se sintió incómodo, sabiendo que la intensidad de su trabajo había disminuido notablemente desde que entró en Privé.

"No, no. Lo que pasa es que en nuestro negocio hacemos encuestas a los clientes. Y resulta que todos dicen que eres un poco aburrido".

Su pecho se hundió al ver la expresión de reprimenda del jefe. A pesar de sus esfuerzos, estaba claro que no estaba valiendo el dinero que recibía.

"¿Yo?"

"Sí. Dicen que eres un poco rígido".

"Ah, intentaré ser más divertido de ahora en adelante".

De ahora en adelante, aunque le molestara lo que pidieran los clientes, simplemente lo haría. Desde que empezó a ir a todos lados con Yeong-jae, se había equivocado al creer que él también era un as como él.

"No se trata de eso. Incluso cuando te niegas a tener contacto físico, hay chicos que lo hacen de forma que no resulta molesta y otros que son simplemente aburridos. Tú eres de los segundos".

"..."

De repente, pensó en la ironía: tanto si lo hacía como si no, siempre había quejas. Pero, ¿qué podía hacer? En un lugar donde el que paga es el rey, lo correcto era aceptar y cambiar de actitud. Después de todo, era cierto que resultaba aburrido.

El jefe Kim, observando al nervioso Gyeong-ju, levantó una comisura de sus labios.

"Tenía una duda desde hace tiempo".

"Sí".

"¿Desde cuándo tú y Yeong-jae están así?"

¿Lo llamó solo para preguntar eso? Gyeong-ju temía que si ponía cara de tonto y fingía no saber nada, el jefe se enfadaría. Decidió que era mejor admitirlo, así que confesó con cierta ambigüedad:

"No hace mucho".

"¿Ah, sí? Entonces significa que no llevan mucho tiempo haciendo estas tonterías".

El jefe Kim hizo un círculo con una mano y levantó el dedo medio de la otra. Repitió el movimiento de meter y sacar el dedo del círculo.

Gyeong-ju fijó su mirada en ese gesto vulgar. Estaba claro qué estaba pensando el jefe Kim.

"Son una pareja fresca".

Al escuchar el monólogo del jefe, Gyeong-ju aceptó al menos que no llevaban tanto tiempo. Quizás por eso, porque no se conocían de mucho o porque habían negado sus sentimientos durante tanto tiempo, el fuego entre ellos ardía con tanta fuerza.

"Oye, ¿acaso Yeong-jae tiene una deuda contigo?"

"¿Perdón?"

El jefe Kim acercó su silla de oficina. No se había dado cuenta antes, pero al estar tan cerca, percibió un amargo olor a humo de tabaco. Como ya había cultivado plantas de un color verde sospechoso que desprendían ese mismo olor, Gyeong-ju no pudo evitar deducir lo que el jefe Kim acababa de hacer.

"No, es que he visto a chicos como Yeong-jae una o dos veces. Tengo buen olfato para estas cosas".

Gyeong-ju solo parpadeó y tragó saliva. Realmente no entendía a qué se refería el jefe Kim.

El jefe se cruzó de brazos y, mirándolo desde arriba con arrogancia, mostró una sonrisa retorcida.

"Para ser sinceros, el dinero lo necesitas tú".

"..."

"Por eso, ese tal Yeong-jae, que al principio me rechazó, de repente vino a buscarme para pedirme que lo aceptara. Ese debió ser el motivo".

Ante ese cambio repentino de atmósfera, Gyeong-ju se quedó paralizado. Quizás porque Yeong-jae no estaba allí, la vieja costumbre de sentir miedo y querer huir volvió a invadirlo.

"Vaya, vaya. ¿Así que no sabes nada?"

"..."

"Fui yo quien llamó a Yeong-jae al principio, pero el que vino arrastrándose por su propia cuenta fue él. Diciendo que necesitaba dinero. Que le diera dinero rápido, eso dijo".

Gyeong-ju solo pudo tragar saliva en silencio. La historia era diferente a lo que le habían contado.

"¿Sabes cuánto dinero le ha sacado a la empresa?"

"¿Cuánto...?"

Apenas pudo articular la palabra. El jefe Kim soltó una carcajada burlona, con una sola comisura de la boca alzada.

"200 millones de wones".

"..."

Los ojos de Gyeong-ju se abrieron hasta no poder más. La cifra que salió de los labios del jefe Kim era tan descomunal que perdió toda sensación de realidad. Los engranajes de su mente parecieron detenerse y el número quedó flotando ante sus ojos como una imagen visual.

"Mira esa cara. ¿Por qué te sorprendes tanto? Tú y Yeong-jae están en ligas distintas".

Pensando que se trataba de celos, el jefe Kim lo reprendió.

"¿Qué quieres que haga cuando me piden más dinero? Maldita sea... soy un mánager al que han estafado. Por eso ahora es el chico más caro de mi local. Pero mira, ¿crees que vale lo que cuesta? No intenta engañar a nadie ni fidelizar a los clientes. Ese tipo... es un maleducado, supongo que porque sabe que es muy bueno".

Tenía una expresión de pura insatisfacción reprimida, pues no podía enfadarse abiertamente.

Sin embargo, a Gyeong-ju ya no le importaba la cara del jefe Kim. En sus oídos, la cifra de 200 millones y la idea de que Yeong-jae había pedido dinero habían desplazado todos sus pensamientos.

"¿Dijo que necesitaba más dinero?"

Gyeong-ju finalmente pudo abrir sus labios secos.

Yeong-jae había dicho claramente que lo habían reclutado en Privé. Quería confirmar si eso era cierto o cuáles habían sido sus intenciones.

"Sí. Dijo que lo necesitaba para algo importante. Que tenía muchas deudas que pagar. Incluso llamó al mánager Kang, pero lo rechazó y vino conmigo. ¿Crees que el mánager Kang tiene 200 millones en efectivo?"

"..."

Así que también le pidió al mánager Kang.

Empezaba a comprender cuál era el plan de Yeong-jae al acumular tantas deudas.

"Pero, por mucho que necesite dinero, ¿por qué pedir 200 millones de repente? Ni que estuviera metido en apuestas deportivas".

"..."

"Tengo un olfato muy fino. Aunque, claro, los chicos que trabajan en estos bares suelen estar tan locos por el amor que piden dinero prestado a cualquiera. A veces, los que parecen más tranquilos como tú son los que causan más problemas".

"..."

"Sé sincero. ¿A quién mataste?"

El jefe Kim se apoyó en la mesa con el mentón sobre sus manos y una sonrisa maliciosa, como si pudiera leer fácilmente todos sus secretos.

"No matamos a nadie, pero sí hicimos que alguien muriera".

Por culpa del dinero.

Mientras miraba al suelo, bajando la guardia por un segundo, el jefe Kim golpeó el suelo con el pie y las ruedas de la silla rodaron rápidamente. De repente, el jefe Kim estaba justo frente a él.

"No matamos a nadie".

El olor del jefe Kim le golpeó la nariz y Gyeong-ju echó la cabeza hacia atrás.

Era un olor a tierra húmeda y hierba que le trajo recuerdos del pasado. Recuerdos de cuando fue pisoteado brutalmente por intentar ponerse de pie. Precisamente en este momento tenían que volver esos recuerdos que quería olvidar. Gyeong-ju apretó los puños, esforzándose por alejar el pasado.

"¿Eso es verdad?"

"Sí".

"...Mmm, ah, entonces, ¿qué será? ¿En qué demonios estará pensando Yeong-jae, eh?"

El jefe Kim frunció el ceño con una risita nerviosa. Aunque ponía una cara que decía que todo era culpa de Gyeong-ju, sus palabras decían otra cosa.

"En fin, no sé cómo lograste embaucarlo, pero viendo lo ciego que está por ti, pórtate bien. ¿Entendido?"

No sabía si las palabras del jefe Kim eran una amenaza, un consejo o una broma, pero algo era seguro: esa extraña sensación le tiraba de la ropa, obligándolo a mirar la realidad de frente una vez más.

* * *

“Soy Yeong-jae”.

“Soy Kei”.

Por alguna razón, hoy el jefe Kim los metió a ambos en la misma habitación. Gyeong-ju no sabía si aquello era una extensión de la amenaza que había escuchado poco antes sobre “esforzarse”, así que simplemente empezó a actuar como siempre.

“Eres guapo”.

Los ojos de la clienta escaneaban el rostro de Yeong-jae de un lado a otro, como si estuviera examinando el veteado de un corte de carne en una carnicería. Aunque seguramente el comentario iba dirigido a Yeong-jae, Gyeong-ju puso una expresión de timidez.

La clienta era muy hermosa; tanto que podría haber pasado por una celebridad. Gyeong-ju se preguntó si sería una empresaria exitosa a una edad temprana o tal vez una actriz, pero al escuchar la conversación, quedó claro que su ocupación distaba mucho de ser algo que apareciera en televisión. Resultaron ser la dueña y la madama de un establecimiento de categoría ten-pro cercano.

Antes de abrir siquiera una botella, fumaron durante mucho tiempo. Gyeong-ju estaba acostumbrado al humo y el olor llevaba impregnado en su ropa desde hacía mucho, pero hacía tiempo que no veía clientes que fumaran cigarrillo tras cigarrillo sin probar una gota de alcohol, así que se limitó a observar el ambiente tenso.

Una colilla, reducida a nada más que el filtro, fue lanzada al suelo. El tacón de un zapato de cuero negro la aplastó una y otra vez.

“Escuché que tú eres el as aquí, ¿no?”

La clienta habló finalmente. Tenía una voz suave y delicada, lo cual resultaba contradictorio para alguien que fumaba tanto.

“Por favor, manténgalo en secreto”.

Yeong-jae respondió con picardía.

“Qué idiota. Oye, sírveme”.

Ante el gesto de la clienta, Yeong-jae extendió la mano y destapó la botella como si hubiera estado esperando el momento. Un líquido amarillo cayó con elegancia en la copa de la mujer. Ella la levantó para humedecer sus labios y luego examinó la pesada botella girándola frente a sus ojos.

“¿Ochocientos mil wones por esta botella?”

“Sí”.

“Están locos. Este lugar es más caro que el nuestro”.

El golpe de la botella contra la mesa fue violento.

La clienta, hundida en el sofá, recorrió con la mirada primero a Yeong-jae y luego a Gyeong-ju, que estaba lejos. La inspección fue larga y tuvo un matiz depredador.

“He oído que ustedes dos salen juntos”.

Yeong-jae soltó una carcajada seca y Gyeong-ju miró a la mujer por un instante. Ocultó en su mirada la pregunta de cómo se había enterado.

“¿Que cómo lo sé? Fue el jefe Kim, ¿quién si no?”

Al mismo tiempo, la clienta sacó una cajetilla nueva de su bolso, rompió el celofán y encendió un cigarrillo. Hablaba con el cigarrillo colgando de los labios.

“Oh, por supuesto, el jefe Kim me dijo que no dijera nada, pero no tengo muchas ganas de guardar secretos. Ojo por ojo, diente por diente. Tengo más de una cuenta que saldar con él”.

Gyeong-ju se preguntó qué clase de venganza sería. Observaron en silencio cómo la llama del encendedor, con un clic, iluminaba el cigarrillo. Ninguno de los dos se sentía cómodo.

“Siento haberlos metido en medio de mi pelea con el jefe Kim”.

“¿Por qué se pelea con el jefe Kim?”

La clienta miró fijamente a Yeong-jae, que acababa de preguntar, y exhaló una espesa nube de humo que se disolvió en el aire.

“Antes salía con él”.

Un breve silencio cayó en la sala.

“Hubo un secreto que le conté en aquel entonces. Claro, ya no es un secreto. Cualquiera en este mundo lo sabe, maldita sea”.

“Ese tipo es un verdadero imbécil, unnie”.

Su acompañante, que masticaba chicle ruidosamente, estuvo de acuerdo.

“Lo que pasó fue que mi madre se suicidó después de tenerme. Me armé de valor para contárselo a él, ¿y qué hizo? ¿Ir divulgándolo por ahí?”

Quizás porque no había pasado mucho tiempo desde el funeral de su madre, la historia resultó impactante. Como era de esperar, todos tienen algo que no pueden contarle a nadie.

Gyeong-ju, sintiéndose abrumado, le dedicó una mirada de condolencia mientras ella seguía fumando como si nada, antes de mirar de reojo a Yeong-jae.

Sin embargo, algo andaba mal. La expresión de Yeong-jae, aunque parecía tranquila, era artificial. Se notaba un esfuerzo supremo por no fruncir el ceño.

Al concentrarse más, Gyeong-ju vio que las yemas de sus dedos temblaban levemente. Como pasaban todo el tiempo juntos, ya podía notar esos detalles. Yeong-jae estaba claramente tenso.

“Dejemos de hablar de mí. Esto no es un funeral, es un lugar para mover el trasero, ¿no?”

A pesar de sus palabras, el aire en la habitación se había enfriado como en un funeral. La clienta aplastó el cigarrillo en el cenicero húmedo, le dio un golpecito en el hombro a Yeong-jae y lo obligó a sostener su copa vacía.

“Relaja la cara, sonríe”.

La mujer, hablando con tono juguetón, llenó la copa con el líquido ámbar. Como nadie decía nada, el sonido del alcohol cayendo en el cristal fue el único ruido presente.

“En fin, ustedes dos”.

La clienta los señaló de nuevo.

“Sinceramente, que ustedes salgan juntos es un poco demasiado...”.

“Sí, con lo bien que se ven... ¿por qué no buscan chicas y ya, maldita sea?”.

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¿Por qué volvían a ese tema? Justo cuando Gyeong-ju se sentía más incómodo, la mujer, que no dejaba de mirarlo, lo señaló con el dedo.

“¿Acaso no puedes cumplir como hombre?”

“No. Sí puedo”.

Al negar con la mano, Gyeong-ju escuchó risas burlonas a su lado.

“Entonces, vive cumpliendo como hombre”.

“No, mejor demuéstralo ahora mismo. A ver si puedes”.

“...”

Gyeong-ju se quedó sin saber qué hacer, sonriendo por pura incomodidad, mientras Yeong-jae miraba a la clienta con una frialdad que ya no intentaba disimular.

“Toma, voy a ser generosa”.

Al ver lo que la clienta sacó de su bolso de cuero, Gyeong-ju abrió los ojos de par en par.

Era un fajo grueso de billetes de cincuenta mil wones, de aproximadamente un centímetro de espesor. No sabía la cantidad exacta, pero el hecho de que alguien llevara tal suma en efectivo ya era sorprendente.

“Si hacen lo que les digo, pueden llevárselo. Veamos hasta dónde pueden llegar estos maricones”.

La sonrisa sarcástica de la mujer presagiaba algo malo.

“Yeong-jae, dale un beso a la señora”.

Sin darle tiempo a reaccionar, la clienta giró la cara hacia Yeong-jae y adelantó un poco los labios.

Había ocurrido lo que Gyeong-ju temía. Los labios de la mujer eran, por naturaleza, irresistibles para cualquier hombre, y Gyeong-ju sintió cómo una ansiedad creciente burbujeaba en su interior.

“Yo no lo haré”.

La voz fría de Yeong-jae cayó como una losa.

“¿Te niegas en esta situación?”

“Has perdido la cabeza, idiota...”.

La mirada de la clienta se volvió agresiva. Aunque Gyeong-ju se sintió aliviado por la negativa de Yeong-jae, el peso del ambiente era insoportable.

“Yo... yo lo haré”.

Así que Gyeong-ju levantó la mano, ofreciéndose voluntario.

Yeong-jae giró la cabeza bruscamente y lo miró con incredulidad, preguntándole en silencio si estaba loco. Gyeong-ju solo se encogió de hombros a modo de respuesta.

“Vaya, si querías hacerlo, debiste decirlo”.

La clienta se acercó con una sonrisa satisfecha.

No hacía falta intercambiar miradas. Gyeong-ju, centrado únicamente en los labios de la mujer, se acercó con decisión. A esa distancia, podía oler el alcohol en su aliento. Ella entreabrió los labios ligeramente.

Fue un beso que sabía a una extraña mezcla de labial y tabaco. Cuando besaba a Yeong-jae, sentía hormigueos en el bajo vientre, pero con ella era como frotar los labios contra su propio antebrazo. Se sintió como un deporte extraño y mecánico donde solo se tocaba carne con carne.

Al separarse, Gyeong-ju se limpió los labios con el dorso de la mano. Era obvio que habrían quedado manchados de labial.

“¿Nos paga?”

Preguntó Gyeong-ju, juntando las manos y señalando el dinero con la barbilla.

“¿Qué tanta prisa tienes? Es demasiado dinero solo por un beso”.

La clienta chasqueó la lengua con desdén, se desabotonó los botones de la camisa y dejó al descubierto su pecho. Acto seguido, tomó la botella de Ballantine's de 21 años de la mesa y la derramó sobre su propia piel. Gyeong-ju se quedó boquiabierto, incapaz de intervenir ante la repentina locura de la mujer.

“He preparado un cóctel especial para ti”.

Sus dedos largos frotaron sensualmente su pecho mojado por el alcohol.

“¿Qué haces? Lámelo”.

La orden de la clienta fue suave, pero tajante.

Gyeong-ju se quedó paralizado, debatiéndose internamente. No quería hacerlo y le preocupaba la mirada gélida de Yeong-jae, pero su mente empezó a calcular rápidamente.

Ese dinero. Ese fajo. El dulce aroma del dinero.

Solo podía pensar en eso. Naturalmente, inclinó el cuerpo.

“Espera”.

En un instante, la voz de Yeong-jae lo agarró por la nuca. Gyeong-ju se quedó rígido, como si lo hubieran detenido a la fuerza.

“Nosotros... nos retiramos un momento”.

Sin soportarlo más, Yeong-jae se levantó con determinación.

“¿Qué es esto?”

Aunque la clienta mostró su desagrado, Yeong-jae, sin darle importancia, agarró a Gyeong-ju por la muñeca con fuerza y, sin darle tiempo a oponerse, lo sacó de la habitación a rastras.

“Suéltame”.

Apenas se cerró la puerta, Gyeong-ju se soltó de un tirón. Mientras se masajeaba la muñeca, miró a Yeong-jae, quien lo observaba con ojos cargados de una furia contenida.

“¿Qué te pasa?”

El tono gélido de Yeong-jae cortó el aire.

“¿Qué me pasa? ¿Qué pasa conmigo? Solo quiero ganar dinero”.

Gyeong-ju le respondió con la misma frialdad. Yeong-jae se frotó la cara con cansancio antes de hablar.

“No. Entiendo que quieras ganar dinero, pero hay un límite. No hace falta que sacrifiques tu orgullo de esa manera...”.

“¿Crees que este es momento de preocuparse por el orgullo?”

Gyeong-ju lo interrumpió de golpe. Las explicaciones de Yeong-jae no entraban en su cabeza. Solo podía pensar en lo que el jefe Kim le había dicho antes de entrar.

Sabía que el jefe Kim los había arrinconado hasta este punto y sabía que estaba descargando su frustración injustamente contra Yeong-jae, pero no podía detenerse. Una vez encendida, la emoción no hacía más que propagarse.

“No, lo que digo es... escúchame con calma. No hace falta que ganes ese dinero a toda costa”.

Yeong-jae trató de sujetarlo por los hombros para calmarlo, pero Gyeong-ju se apartó por instinto.

“¿Qué quieres decir con que no hace falta? ¿Crees que la deuda que tengo que pagar es una tontería?”

“Sé que no es poco dinero. Pero yo también estoy trabajando para pagarla”.

El corazón de Gyeong-ju se derrumbó ante esas palabras. Yeong-jae se había endeudado para entrar aquí solo por su culpa.

“Lo que tú ganas es tu dinero”.

Gyeong-ju no podía entenderlo. Por eso, solo salían palabras hirientes de su boca.

“¿De qué hablas? El dinero que gano es prácticamente tuyo”.

“¿De qué hablas tú? ¿Quién te pidió que pagaras mi deuda?”.

Yeong-jae, que había abandonado su orgullo por él, ahora estaba hiriendo el suyo. Era la peor situación que Gyeong-ju podía imaginar.

Gyeong-ju suspiró y apartó a Yeong-jae, que buscaba desesperadamente una excusa.

“Yo pagaré mi propia deuda, así que deja de decir tonterías. Y no te entrometas en mi trabajo”.

Tras gritar con firmeza, Gyeong-ju entró solo en la habitación.

* * *

La luz del sol se filtraba blanquecina a través de la ventana.

La claridad se deslizaba sobre el cuerpo robusto de Yeong-jae. La luz ascendía poco a poco hasta rozar sus párpados. Incómodo ante el brillo, Yeong-jae frunció el ceño con fuerza. Aunque era una luz que recibía siempre, hoy le resultaba especialmente difícil abrir los ojos. La razón era el agotamiento mental que arrastraba.

Se había desplomado en la cama al llegar a casa, a las 6 de la mañana, como si hubiera perdido el sentido. Más que sentir el cuerpo pesado, sentía la cabeza cargada. Quizás por eso no lograba despegar los ojos; solo su cerebro empezaba a activarse lentamente.

Aún con los ojos cerrados, Yeong-jae comenzó a repasar, uno a uno, los hechos ocurridos en Privé.

La llamada repentina de su maestro. El matiz de su voz, que parecía ofrecerle una oportunidad de volver a buscarlo y recibir perdón. En aquel entonces, se sintió feliz al pensar que su vida finalmente estaba avanzando.

Pero esa emoción no duró mucho. En el momento en que entró en la habitación junto a Gyeong-ju, volvió a caer en lo más hondo. Las clientas exigieron cosas que sobrepasaban los límites, y Gyeong-ju aceptó todas esas demandas. No era nada parecido a lo que habían acordado al principio.

Lo único que pudo consolarlo fue que, cuando volvieron a entrar en la habitación, por alguna razón, las clientas no exigieron nada peor. Al menos no los obligaron a quitarse los pantalones, algo que agradeció en su momento, pero eso no fue todo. Las yemas de los dedos de aquellas mujeres acariciaban los hombros de Gyeong-ju, recorrían sus muslos y dispersaban su aliento cerca de su rostro. Era una escena que, al recordarla, le seguía provocando un profundo asco.

"Uff..."

No podía soportarlo más. Yeong-jae se incorporó de golpe.

Miró fijamente a Gyeong-ju, que dormía a su lado, y con un impulso en los brazos, se subió encima de él. Aunque Gyeong-ju debería haber sentido el peso, seguía con los ojos cerrados.

"¿Cuándo piensas despertar?"

Yeong-jae le hizo cosquillas cerca del oído. Pensando en lo mucho que deseaba que despertara pronto para tener sexo, mordisqueó con suavidad la oreja blanda de Gyeong-ju antes de bajar la cabeza. Incluso succionó ligeramente la fina piel de su cuello. Yeong-jae dejaba pequeños besos por aquí y por allá, sintiendo el calor intenso de la piel de Gyeong-ju.

Sus labios bajaron por el cuello hasta detenerse en el pecho. Sintió con todo el rostro la leve curva de su cuerpo y mordió suavemente la piel. La superficie tersa sabía a una caricia para el corazón.

Yeong-jae pasó la lengua alrededor de la areola. Quizás porque el pezón estaba 'dormido', lo succionó con insistencia, estimulándolo con la lengua para que asomara.

Gyeong-ju seguía con la boca cerrada, pero giró la cabeza hacia el lado contrario. Al notar su reacción, Yeong-jae pensó que ya era hora de que despertara de una vez.

Con una sonrisa traviesa, Yeong-jae raspó con los dientes el pezón, que ya había despuntado, sin llegar a lastimarlo. Aunque él era quien daba el placer, su propia excitación iba en aumento.

Quería explorar más abajo. Su mano, que acariciaba los brazos y la cintura de Gyeong-ju, se deslizó hacia la ingle.

De repente, se escuchó la voz firme de Gyeong-ju:

"Bájate".

Yeong-jae se detuvo en seco. Sin embargo, las puntas de sus dedos aún se adentraban en el interior del muslo de Gyeong-ju.

"¿Por qué?"

Yeong-jae soltó un suspiro húmedo sobre la piel de Gyeong-ju, intentando ser seductor.

"Si te digo que no, es no. Un poco de respeto".

Pero, sorprendentemente, el tono con el que lo rechazó era gélido.

"..."

Yeong-jae, sobresaltado, levantó la cabeza y se encontró con Gyeong-ju, que acababa de abrir los ojos. Sus labios estaban apretados, lo que indicaba que estaba profundamente molesto.

Era un gesto que solo había visto cuando recién conocía a Gyeong-ju, algo que no había presenciado en mucho tiempo. Sintiéndose frente a un muro, Yeong-jae se levantó lentamente, sintiéndose fuera de lugar.

"Entendido. Yo solo... es que me encanta tu olor".

"Estoy muy cansado. No tengo ganas de eso".

Gyeong-ju cerró los ojos de nuevo y se cubrió el rostro. No parecía simple cansancio, sino un rechazo claro; sentía que no quería ni verle la cara.

"¿Qué te pasa? ¿Alguien te dijo algo?"

"No sé. Me duele la cabeza, en serio..."

Gyeong-ju apartó la manta de un tirón y salió de la cama. Yeong-jae lo observó desde atrás, confundido.

"..."

Era la primera vez que lo rechazaban de forma tan directa. Desde que empezaron a vivir juntos, compartir el cuerpo cada mañana se había convertido en una rutina natural.

Esa extrañeza le provocó una punzada en el estómago. No esperaba un despertar tan desconcertante.

Además, una extraña culpa lo invadió al darse cuenta de que había intentado forzar a alguien que claramente no tenía deseos.

'¿Solo estuve pensando en mis propias ganas?', se preguntó Yeong-jae, sintiéndose asqueado por su propia falta de control.

Ansioso, Yeong-jae se mordió el labio inferior y se frotó los muslos. ¿Por qué Gyeong-ju se mostraba tan sensible? ¿Acaso no se le había pasado el enfado de ayer? ¿Habrá sido tan ofensivo decirle que su dinero era el dinero de él?

Swoosh. Se escuchó el chorro de agua golpeando con fuerza en la ducha. Mientras escuchaba el sonido, Yeong-jae intentaba descifrar el motivo del enojo de Gyeong-ju. Quizás no fuera por el comentario del dinero; debía haber otra razón.

'¿Habré sido demasiado amable con las clientas sin darme cuenta? ¿Alguien vino a buscarme mientras yo no estaba? ¿O fui demasiado frío ayer?'

No tenía forma de saberlo, y cuanto menos sabía, más se le cerraba el pecho. Yeong-jae se inquietaba, golpeando la punta de sus pies contra el suelo. Sabía, por supuesto, que era un pecador. Le pasó por la cabeza, aunque fuera absurdo, ir a la iglesia a confesarse para buscar el perdón, y hasta ese pensamiento le pareció serio.

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"¡AAAAH!"

Un grito repentino de Gyeong-ju estalló en el baño. Yeong-jae, sobresaltado, saltó de la cama por instinto. Corrió hacia el baño en un estado de pánico total y abrió la puerta a toda prisa.

"¿Qué pasa?"

Escaneó cada rincón del baño temiendo un accidente, hasta que sus ojos se clavaron entre los chorros de la ducha.

A través del agua transparente, el rostro de Gyeong-ju apareció claramente, con el cabello mojado cayéndole por la frente mientras lo fulminaba con la mirada.

"¿Podrías tocar antes de entrar?"

Yeong-jae se dio cuenta de su error al instante.

"Perdón".

Se disculpó de inmediato, cerró la puerta y salió. Solo pudo suspirar; parecía que esa mañana solo era capaz de cometer error tras error.

* * *

Después de hacer sus necesidades, Yeong-jae se detuvo frente al lavabo, que bien podría haber estado en el vestíbulo de un hotel. Observó en silencio el agua que resbalaba por sus manos y luego se topó con su propio reflejo en el espejo.

"..."

Quizás por la preocupación, tenía unas tenues ojeras bajo los ojos. Yeong-jae se sacudió las manos y sacó un pañuelo de papel para secarlas con fuerza. ¿Y si algo le pasaba a Gyeong-ju mientras estaba sentado en la sala de espera? Cuanto más tiempo pasaba lejos de él, mayor se hacía su ansiedad.

Al abrir apresuradamente la puerta del baño, la música que antes se escuchaba de forma tenue cobró fuerza. Desde la sala contigua, la habitación número 1, se escuchaba la voz apasionada de un cantante con una banda, entonando una letra anticuada a un volumen excesivo. En su estado de sensibilidad actual, aquello le resultó un ruido insoportable.

Pasó por el pasillo, innecesariamente lujoso, y justo cuando estaba por entrar a la sala de espera de los trabajadores al final del vestíbulo, Yeong-jae se detuvo en seco y escondió su cuerpo tras el muro.

Sus hombros se tensaron de forma instintiva al reconocer una silueta familiar.

"..."

Yeong-jae asomó la cabeza con cuidado, fijando la mirada en aquel rostro inconfundible.

Tuvo la certeza absoluta y, al mismo tiempo, sintió que se le cortaba la respiración. ¿Cómo era posible que ese hombre estuviera allí? El sujeto de cabeza rapada que acosaba a Gyeong-ju, como si fuera un juego, aquel que le quitaba el aire, estaba parado en el vestíbulo.

Pero la escena más impactante estaba por llegar. Yeong-jae recordó haber visto al hombre que estaba junto al rapado en una de las fotos que el jefe Kim exhibía como si fuera un trofeo.

Aquel hombre era un ejecutivo de la Asociación Cheongmok, la organización que protegía a Privé, pero, para su sorpresa, estaba inclinando la cabeza ante el hombre rapado.

Eso no era todo. El sujeto de cabeza rapada le dio unas palmadas en el hombro. En aquel gesto había una autoridad innegable.

"Ja..."

Una sensación de mal augurio recorrió todo su cuerpo.

Había pensado que el hombre de cabeza rapada era simplemente un matón o un prestamista que molestaba a Gyeong-ju, pero si incluso la Asociación Cheongmok le bajaba la cabeza, la situación cambiaba en ciento ochenta grados.

Yeong-jae fingió ser un trabajador de paso y volvió a mirar por encima de la esquina. 'Vamos'. Escuchó el sonido de sus pasos atravesando el vestíbulo hacia la entrada, y solo entonces giró lentamente la cabeza en esa dirección.

Con el entrecejo ligeramente fruncido, Yeong-jae no pudo apartar la vista de ellos. Como una bestia que ha detectado el rastro del peligro, contuvo el aliento y observó en secreto sus espaldas mientras se alejaban.