17. El punto de colapso
17. El punto de colapso
La
penetración era algo a lo que, sin importar cuántas veces lo hiciera, nunca
terminaba de acostumbrarse. Gyeong-ju se balanceaba con facilidad sobre
Yeong-jae. La intensa sensación de plenitud al atravesar sus paredes internas
le provocaba una extraña punzada en el bajo vientre; sentía como si su cuerpo
ya no le perteneciera.
El
placer que lo visitaba desde hacía algún tiempo le deleitaba el cuerpo, pero al
mismo tiempo le atormentaba la mente.
Se
preguntaba si, de tanto hacerlo, terminaría olvidando por completo la forma
natural en que los hombres se reproducían. O quizás era el miedo, o más bien el
delirio, de que el fluido de Yeong-jae, al ser expulsado en su interior, diera
paso a células parecidas a él que comenzarían a incubar y expandirse en ese espacio
tan estrecho. Era un pensamiento absurdo que le invadía cada vez que sus
cuerpos se entrelazaban.
Sin
saber o sin importarle si Gyeong-ju tenía esos pensamientos irracionales,
Yeong-jae se hundía en él como un animal hambriento, centrándose solo en su
unión. Sujetaba su pelvis con tal fuerza que dejaba marcas rojas, mientras
arremetía en su interior con aquel pene grande y cabezón, similar a la cabeza
de una serpiente.
El
órgano oscuro aparecía y desaparecía en su visión. Gyeong-ju se preguntaba cómo
era posible que pudiera albergar tal tamaño, por lo que, naturalmente, bajó la
mirada hacia abajo.
"Ah..."
Gyeong-ju
se cubrió la boca con la mano, sin poder evitarlo. Pudo ver cómo su bajo
vientre se movía como las olas del mar. La protuberancia redonda se hinchaba
hacia afuera y se hundía siguiendo el ritmo de las estocadas de Yeong-jae.
"¿Por
qué?"
Preguntó
Yeong-jae, frunciendo el ceño, sin dejar de moverse ni un instante.
"Aquí..."
Respondió
Gyeong-ju con una voz mitad gemido, señalando su propio vientre.
En
el lugar donde apuntaba su dedo, parecía haber un alboroto, como si algo
estuviera ocurriendo dentro. Se movía hacia arriba y hacia abajo; incluso,
cuando la piel del abdomen se estiraba, un sonido desgarrador escapaba de su
garganta sin permiso.
"¿Aquí?"
Yeong-jae
tocó la parte que sobresalía. Como estaba palpando el pene que llenaba su
interior, sus ojos brillaron con una intensidad depredadora.
"Estás
completamente lleno."
Excitado,
Yeong-jae arremetió con más fuerza, como si quisiera introducir hasta los
pesados testículos, rozando su apertura y los alrededores.
Un
gemido escapó de los labios de Gyeong-ju, quien se aferró con fuerza a los
hombros de Yeong-jae, como si fuera a caerse al vacío.
Yeong-jae
continuó atacando justo debajo del ombligo, presionando con el glande sobre sus
zonas más sensibles, mientras las paredes internas de Gyeong-ju se contraían,
como rechazando al intruso.
El
sonido de la carne chocando con rapidez llenó la habitación, mezclado con sus
jadeos agónicos. Solo la respiración pesada de quien corre hasta el límite de
sus fuerzas inundaba el lugar.
"¡Ah,
ah! ¡Ah, sí! ¡Yeong-jae!"
"Uff,
vas a quedar preñado."
Los
ojos de Gyeong-ju, enrojecidos por el placer atroz, se humedecieron. No sabía
cómo Yeong-jae podía haber adivinado exactamente lo que él mismo había estado
pensando.
Quizás
fuera porque sabía que su cuerpo era físicamente incapaz de concebir, pero
escuchar aquellas palabras le resultaba increíblemente erótico. Nunca antes las
había oído, y no creía que algo que en cualquier otra circunstancia sonaría a
broma pudiera estimularlo tanto en aquel momento.
"¡Ah,
sí...!"
Desde
que conoció a Yeong-jae, emitía gemidos en tonos que nunca pensó que
existirían. A veces sentía que su orgullo masculino se desmoronaba... pero
mientras Gyeong-ju se mordía el labio inferior, distraído por la vergüenza,
Yeong-jae comenzó a embestir con más fuerza hacia lo profundo.
"¡Ha,
ah, aaah!"
Desde
abajo hacia arriba, golpeó ese punto exacto, provocando un impacto sordo.
Gyeong-ju forcejeó, golpeando la espalda de Yeong-jae, quien disfrutaba de su
reacción y se deslizaba con flexibilidad hacia el interior. El pene,
ligeramente curvado hacia arriba, encajaba perfectamente en el centro de su
cuerpo. La unión entre ambos se volvía cada vez más profunda.
La
cabeza de la 'serpiente' se enterraba en un solo lugar, emitiendo sonidos
húmedos. Como si una serpiente se estuviera enroscando, el órgano se expandió
una vez más, hasta alcanzar su límite.
Gyeong-ju
cerró los ojos, sintiendo de nuevo la vida palpitante de aquel pene en su
interior. No podía distinguir si lo que ardía eran sus paredes internas o su
propio corazón. Un calor abrasador se extendió hasta las puntas de sus dedos,
haciéndole estremecer los hombros.
"¡Ah,
Gyeong-ju, Gyeong-ju...!"
Yeong-jae
se movía con frenesí, expandiendo brutalmente sus paredes con estocadas
amplias. Por el ritmo, estaba claro que estaba a punto de eyacular.
Las
manos que antes acariciaban sus caderas delgadas y su cintura curva ahora
agarraban el centro de Gyeong-ju con una intensidad dolorosa, sacudiéndolo a
gran velocidad como si quisiera exprimir todo el placer de su interior.
"¡Ah!
¡Yeong-jae! ¡Basta! ¡Ah!"
Sentir
el estímulo tanto adelante como atrás era demasiado. Aunque eran sus orificios
y su cuerpo los que estaban siendo profanados, se sentía como si le estuvieran
apretando el corazón. Gyeong-ju, jadeando, finalmente soltó un grito.
"¡Aaah,
ah!"
No
fue solo una explosión abstracta de luz blanca frente a sus ojos. Un líquido
blanquecino brotó realmente de su cuerpo.
Al
mismo tiempo, Yeong-jae lo abrazó con fuerza. Hubo un momento en que Yeong-jae
soltó un gemido pesado y su cuerpo se quedó completamente rígido. Lo que siguió
fue lo esperado: un torrente de fluido tibio brotó de la cabeza del pene que lo
penetraba.
El
fluido, que intentaba subir hacia su bajo vientre, cayó sin fuerzas hacia
abajo.
"Ha,
ha, ha..."
Yeong-jae,
respirando agitadamente, aflojó la fuerza de sus brazos. Su cuerpo quedó
cubierto por el rastro viscoso de ambos.
Mirando
fijamente el vello púbico y la entrepierna, sucios por la mezcla de semen
blanquecino y otro más diluido, Yeong-jae tragó saliva. Luego, como si nunca
hubiera hecho algo tan obsceno, puso una sonrisa juvenil y comenzó a darle
besos cosquilleantes en las mejillas a Gyeong-ju.
"Estuvo
increíble, como siempre."
"Qué
empalagoso."
Gyeong-ju
golpeó el pecho de Yeong-jae una y otra vez, aunque en el fondo no le
disgustaba.
Apenas
despertaron, sus miradas se cruzaron y la unión comenzó casi por instinto.
Aunque lo hacían todos los días, todavía le daba vergüenza.
Ver
a Yeong-jae reírse con picardía, con el rostro sudoroso como si hubiera jugado
un partido de fútbol, le provocaba mil pensamientos, pero antes debía confirmar
algo importante.
"Tenía
algo que preguntarte."
"¿Qué
pasa?"
"Eso...
¿qué es eso del 'negocio' que el jefe Kim dijo que era una buena
oportunidad?"
Como
si se encendiera una luz en su cerebro, Yeong-jae abrió los ojos de par en par.
"¡Ah!
Quería decírtelo, pero se me olvidó. Pero no es nada. Es una mujer rica que
viene mucho a Privé y parece estar sola. Dicen que no es tan generosa como
parece con su billetera, o algo así."
Mientras
decía esto, Yeong-jae rodeó su cintura con naturalidad. Gyeong-ju volvió a
golpear su firme pecho.
"¿Entonces
te pidió que intentaras seducirla?"
"Sí.
Pero le dije que no, que no tenía intención de hacerlo."
Yeong-jae,
rápido de reflejos, apretó su abrazo, dejando a Gyeong-ju completamente pegado
a él. Aunque el hombre que lo abrazaba cálidamente le aseguró que lo había
rechazado, Gyeong-ju no pudo evitar sentirse molesto.
"Creo
que el jefe Kim es un poco extraño."
No
solo porque eligiera a Yeong-jae entre tantos trabajadores para ese tipo de
tareas, sino también por una punzada de inseguridad; temía que los despreciaran
por no tener dinero.
"Sí.
Yo también creo que es un poco raro."
Aunque
a Gyeong-ju le preocupaban mil cosas, Yeong-jae parecía restarle importancia,
respondiendo con ese tono juguetón de siempre.
De
repente, su estómago rugió. A diferencia de su malestar mental, su cuerpo
reaccionó instintivamente. A pesar de la cara de preocupación de Gyeong-ju,
Yeong-jae le dio un toque en la mejilla y sonrió con picardía.
"¿Tienes
hambre? Voy a prepararte algo de comer."
Yeong-jae
se levantó, soportando de buen grado todas las quejas de Gyeong-ju.
Incluso
al ponerse sus pantalones deportivos caídos por el suelo, su figura parecía
sacada de una escena de película.
Mientras
lo miraba embobado, como si Yeong-jae fuera un modelo de marca de ropa
interior, Gyeong-ju bajó la vista en cuanto la silueta del otro desapareció.
Allí estaba su pene de color rosa intenso, flácido y sin energía, y su parte
trasera, apenas visible, parecía haberse cerrado apenas un momento antes.
El
acto había terminado, pero la sensación que quedaba era extraña. No era solo el
placer que subía como una ola, sino la sensación de vacío que quedaba después.
Después
de ducharse, comieron la cena que Yeong-jae había preparado. Había comprado una
freidora de aire hacía unos días y, como doraba las verduras y la carne a la
perfección, todo lo que cocinaba últimamente sabía delicioso.
Antes
de salir hacia el trabajo, ambos, perfumados, caminaron hacia la entrada.
"Ah.
Iré a beber un vaso de agua."
Sintiendo
sed de repente, Gyeong-ju se dio la vuelta y entró en la cocina. Mientras bebía
agua directamente de la botella que sacó de la nevera, sus ojos se detuvieron
en un punto de la puerta del refrigerador.
La
foto de cuatro recuadros que se habían tomado hacía unos días estaba allí
pegada, sola en el centro, junto a una pegatina en forma de corazón.
"¿Cuándo
la pegó otra vez? No puede ser..."
Gruñó
para sí mismo mientras guardaba la botella, pero no pudo evitar que una sonrisa
se dibujara en sus labios.
*
* *
La
felicidad no duró mucho. Al llegar a Privé y esperar en la sala de estar,
Gyeong-ju experimentó cómo se le caía el corazón al suelo.
Una
cliente de alto perfil acababa de solicitar la presencia de Yeong-jae.
“Yeong-jae,
ha venido la que dice ser tu exmujer”.
Era
precisamente aquella señora con la que decían que Yeong-jae había vivido.
“Dígale
que no estoy”.
Yeong-jae
negó con la cabeza de inmediato, dejando clara su negativa.
“¿Estás
loco?”
El
jefe gritó, atónito, pero Yeong-jae se mantuvo firme.
“Entonces,
entraré con Gyeong-ju”.
“¿De
qué hablas? Te llamaron a ti solo, así que obviamente no se puede. Gyeong-ju,
yo te conseguiré a alguien mejor. Hay una actriz de treinta años allí fuera que
tiene muy buenos modales, te pondré con ella”.
El
jefe se esforzó al máximo por convencer a Yeong-jae, usando gestos y palabras,
llegando incluso a escupir saliva en su desesperación.
“Jefe,
no le ponga a hacer cosas raras a este chico”.
“No
lo haré, pedazo de maricón”.
El
jefe resopló, irritado.
Gyeong-ju
solo quería irse a casa. Entre el tenso pulso entre ambos y la aparición de la
exmujer… sintió como si toda la sangre se le drenara del cuerpo. Si algo
terminó, terminó, ¿a qué venía ella a buscarlo hasta allí?
Yeong-jae,
que seguía mirando al jefe con desconfianza, se revolvió el cabello.
“Saldar
deudas del pasado no es nada fácil”.
Tras
tomar una decisión, Yeong-jae agarró con fuerza la muñeca de Gyeong-ju.
“Lo
siento, Gyeong-ju. Entiéndeme solo por esta vez. Jefe, me llevaré a este chico
conmigo”.
“¡Oye!”
“Es
alguien que comprende perfectamente mi situación, así que no se preocupe
demasiado”.
El
jefe Kim miró a ambos con la boca abierta, alternando la vista entre los dos.
“Vámonos.
Confía en mí”.
Susurrando
apenas audible, Yeong-jae salió de la sala sin soltar la mano de Gyeong-ju. Los
gritos del jefe Kim llamándolos locos se fueron desvaneciendo tras ellos.
Caminaron
por el pasillo, aún con las manos entrelazadas. Gyeong-ju no pudo evitar soltar
una risita al imaginar la cara de sorpresa del jefe Kim, quien vio cómo se
negaba a realizar el trabajo sucio y cómo ignoraba su orden de entrar solo a la
habitación.
La
forma en que se escabulleron juntos parecía la escena de una película de acción
donde derrotan al villano que los atormentaba. Pensó que su comportamiento
inmaduro se sentía como un romance de fin de siglo.
Sin
embargo, ese sentimiento desapareció al llegar a la habitación 5. A través de
la puerta entreabierta, Gyeong-ju reconoció a la misma clienta que había visto
en 'NEXT LEVEL'.
La
señora que se refería a Yeong-jae como un 'superviviente' y que parecía
conocerlo muy bien.
Aunque
seguía llevando las mismas joyas brillantes y extravagantes en los brazos y el
cuello, su maquillaje era mucho más recargado que la última vez.
“¡Yeong-jae!
¿Eh?”
La
clienta ensanchó los ojos al ver a Yeong-jae, pero al ver a Gyeong-ju detrás,
su sonrisa se borró por completo.
“Hola,
señora. He pensado entrar con él, ¿no le importa?”
“...Está
bien. Si eso es lo que quieres”.
Aunque
accedió, la clienta lo observó de arriba abajo con una mirada llena de dudas y
hostilidad.
“Yeong-jae,
¿por qué ha pasado tanto tiempo?”
Ella
abrazó a Yeong-jae sin reparos. Gyeong-ju pensó que ella estaba sola, pero oyó
aplausos a un lado. Otra clienta con un estilo similar los miraba con calma
mientras aplaudía.
“Ha
venido, señora”.
Yeong-jae
saludó a la amiga, como si también se conocieran.
“¿Hola,
Yeong-jae? ¿Te ves mejor desde la última vez que te vi, no?”
“Sí,
como puede ver. Vivo bien y como bien”.
“Vaya,
vaya, sigues siendo tan descarado como siempre”.
El
intercambio de palabras fue directo. Escuchando una conversación que fluía tan
naturalmente como entre viejos conocidos, Gyeong-ju sintió que había entrado en
un mundo que le era ajeno.
Lo
mismo ocurrió al sentarse. Normalmente, los trabajadores masculinos se sientan
junto a la clienta, pero nadie le indicó a Gyeong-ju que se acercara. No sabía
si era porque Yeong-jae le hizo una seña para que se sentara a su lado o porque
todos los ojos estaban clavados en Yeong-jae.
“Hace
tiempo que no nos vemos, aunque extrañamente siento como si fuera hace un mes.
¿Cómo has estado?”
Sus
ojos brillaban con afecto, recordando los tiempos en que vivieron juntos. Pero,
a diferencia de ella, Yeong-jae ofrecía la misma sonrisa de servicio estándar
que le daba a cualquier cliente en Privé.
“He
estado bien”.
“Vaya,
qué frío eres... Yo no he estado tan bien”.
“¿Por
qué? ¿El chico con el que vivías ya no te resulta divertido?”
Ante
el comentario dicho con una sonrisa ligera, la mirada de ella se volvió
cortante.
“¿De
qué estás hablando? Hace mucho que eso se acabó”.
Aunque
lo miró con reproche, ella recuperó su sonrisa profesional al instante.
Entonces, su mano delgada comenzó a moverse sobre la mesa.
“Aquí
tienes”.
Finalmente,
tomó la botella de licor que estaba sobre la mesa.
“Bebe
un poco. Te gustaba esto, ¿no? Coñac”.
Gyeong-ju
reconoció la botella: era el coñac Louis XIII que la clienta le había ofrecido
anteriormente.
En
aquel momento, sin saber nada, simplemente lo bebió todo de un trago. Le
pareció una sensación extraña saber que era el licor favorito de Yeong-jae, que
Gyeong-ju lo había bebido sin saberlo y que la señora conocía ese detalle desde
antes.
Glug, glug. El líquido ámbar, denso y concentrado, cayó en la copa. La
señora llenó la copa de Yeong-jae y, con un tenedor, pinchó un trozo de piña.
“Come
un poco de fruta también”.
La
intención de dárselo en la boca era obvia, pero Yeong-jae no se dejó atrapar
fácilmente. Estiró el cuello, le arrebató el tenedor y dijo:
“Gracias”.
Luego,
soltó una sonrisa tan radiante que hasta sus ojos se cerraron.
Aunque
prácticamente rechazó que ella lo alimentara, la clienta no le dijo nada ante
aquel despliegue de carisma.
Gyeong-ju
no sabía qué hacer en medio de aquel pulso, que más que pulso era una batalla
de egos.
Aunque
no fuera una relación pública, el hecho de tener una conexión profunda con
Yeong-jae y tener que ser testigo de esa escena lo hacía sentir tan incómodo
como si estuviera sentado sobre espinas.
Mientras
movía los dedos, Yeong-jae agarró su mano y la atrajo hacia sí.
“...”
Naturalmente,
un silencio pesado cayó en la habitación. Gyeong-ju, sorprendido, le preguntó
con la mirada, mientras la amiga de la clienta abría mucho los ojos, mirando a
la clienta con significado. Solo el causante de aquel acto impulsivo parecía
tranquilo; los demás estaban atónitos.
Para
la mujer que había venido específicamente a ver a Yeong-jae, aquello era algo
inaceptable.
“Yeong-jae,
¿por qué tocas a ese chico así?”
“Es
que sufro de pies y manos fríos”.
“¿Tú?
¿Desde cuándo?”
Las
cejas de la señora se arquearon ante la respuesta descarada. Era una reacción
lógica, ya que, lejos de estar fríos, el tacto de sus palmas se sentía ardiente
como el fuego.
“Señora,
usted realmente no me conoce. Como tengo frío en las manos, siempre toco las
suyas. ¿A que sí?”
Yeong-jae
giró la cabeza y le preguntó a Gyeong-ju con una sonrisa enigmática.
“Sí”.
Gyeong-ju
respondió que sí. Tenía que hacerlo, quería hacerlo y pensó que había hecho
bien en hacerlo.
Aunque
una mirada sospechosa se posó brevemente sobre ellos, el momento pasó. La
clienta empezó a hablar animadamente, con sus ojos color café claro brillando.
A
mitad de la conversación, un camarero entró con un carrito y puso otra botella
de coñac de dos millones de wones sobre la mesa. Gyeong-ju no podía creer lo
que veía al oír el descorche.
Tras
un brindis solemne, la historia de la clienta continuó naturalmente. Cuando
empezó a hablar de la construcción de resorts de golf en Tongyeong y Yeosu,
Gyeong-ju escuchó con atención, quizás porque Yeosu era su ciudad natal.
Cuando
mencionó que iba a construir un resort en Panglao, cerca de Bohol, porque
muchos coreanos estaban visitando ese lugar, Gyeong-ju no pudo evitar sentirse
impresionado. Para alguien como él, ignorante de lo que pasaba fuera de Corea,
todo aquello sonaba como una historia de un universo lejano.
Al
tener tanto público, ella continuaba hablando con entusiasmo. Comentó que este
año finalmente se operó la vista y que ahora el mundo se veía colorido, y que
por fin podía ver su rostro atractivo así; incluso tomó el rostro de Yeong-jae
para examinar sus rasgos uno a uno.
“Cierto,
¿se están aburriendo? ¿Tú estás bien? ¿Y tú?”
La
clienta, tras desahogarse, miró alternativamente a su amiga y a Gyeong-ju.
“Yo
estoy bien”.
La
amiga de la clienta asintió como si no fuera nada importante, pues solo había
venido a ver al joven ex amante de su amiga.
“¿Qué
'estás bien'? Aprovechando que han venido, dense un beso”.
Los
ojos de Gyeong-ju dieron vueltas. Estaba tan sorprendido que no pudo ni abrir
la boca, observando la reacción de la amiga de la clienta.
“Vaya,
¿podemos?”
La
amiga de la clienta soltó una carcajada juguetona y les hizo señas para que se
acercaran. Naturalmente, la expresión de Yeong-jae se ensombreció.
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“Señora,
no les pida esas cosas”.
“¿Qué
importa? Tiene mucho dinero, úsenlo para sacarle provecho”.
“¿Por
qué se pone así? Parece que se ha vuelto a ofender por algo”.
Yeong-jae
respondió con una burla experta.
“¿Ofendida?
¿Qué clase de lugar crees que es este? Si no vas a hacer eso, mejor deja de ser
trabajador”.
Aunque
sus palabras, dichas en tono de broma, estaban llenas de veneno, no dejaban de
tener algo de verdad, así que Gyeong-ju no pudo decir nada.
“Señora,
pero... ¿no dijo que ya no quería buscar más trabajadores?”
Yeong-jae
cambió de tema repentinamente.
“Eso
dije”.
“¿No
dijo que los 'gigolós' que enseñan golf en los campos eran mejores porque al
menos sabían trabajar?”
La
clienta pateó la espinilla de Yeong-jae con la punta afilada de su zapato.
Yeong-jae fingió dolor, haciendo un gesto exagerado de 'ay'.
“Este
chico recuerda todo lo que digo”.
Ella
suspiró levemente y dejó la copa sobre la mesa.
“Olvídalo
todo. Fue mi culpa. Creo que cometí un gran error en aquel entonces debido al
proyecto de expansión del campo de golf”.
Gyeong-ju
observaba a ambos con curiosidad. Aunque no entendía de qué hablaban, sentía
una necesidad inmensa de conocer los detalles.
“Lo
siento cada vez que lo pienso, pero no hay nadie como tú”.
Con
esas palabras, la mirada de la clienta se fijó lentamente en Yeong-jae. Era una
mirada profunda y obsesiva, cargada de recuerdos del pasado.
“Ella
me ha dicho muchas veces que te extraña”.
A
su lado, la amiga de la clienta asintió en silencio, dándole la razón. En ese
momento, Gyeong-ju sintió que empezaba a entender el propósito de su visita.
“No
solo por tu cara, sino porque eres el más amable, el más valiente y el más
honesto. Y además... porque eres quien mejor lo hace durante más tiempo”.
“¡Pff!”
Gyeong-ju,
que estaba bebiendo agua con gas, se atragantó al oír la última frase.
Cof, cof. Gyeong-ju se cubrió la boca y se disculpó con una inclinación
de cabeza mientras tosía. Yeong-jae, ignorando los elogios de la clienta, le
acariciaba la espalda con expresión de preocupación.
“En
fin, Yeong-jae. He venido aquí porque tengo algo que decirte”.
Gyeong-ju
se limpió la boca con una servilleta y frunció el ceño. Tenía la sensación de
que no le gustaría lo que venía a continuación. Había oído historias de
clientas adineradas que, incapaces de olvidar a un ex trabajador, venían a
buscarlo.
Tanto
la tensión como la presión se sentían presagios de algo malo.
“Yeong-jae.
Vuelve a mi apartamento”.
Finalmente,
la bomba estalló. En resumen, era una propuesta para que regresara con ella y,
una vez más, intentara engañarla como trabajador.
*
* *
Contrario
a lo que Gyeong-ju temía, Yeong-jae rechazó la propuesta de la señora de
inmediato.
Como
si ya supiera que esa sería la respuesta, la señora simplemente decidió
retirarse por el momento. Sin embargo, actuaba como si tuviera algún plan bajo
la manga, sonriendo de manera enigmática de vez en cuando, y al dejar la
habitación, no olvidó decir que volverían a verse.
Gyeong-ju
no podía dejar de pensar en ella. Aunque Yeong-jae había dejado claro su
rechazo, una parte de él se sentía intranquila.
Una
mezcla de emociones cruzaba su mente. Por un lado, gratitud porque Yeong-jae
cumplió su palabra; por otro, una punzada de culpa por sentir que estaba
frenando el futuro de un as del mundo nocturno, y todo esto teñido por la
ansiedad de que, algún día, Yeong-jae terminara dejándolo.
La
rutina siguió igual que siempre.
Salían
de trabajar cerca de las cuatro o cinco de la mañana, ligeramente ebrios; al
llegar a casa, se desplomaban en la cama, se despertaban tarde, hacían el amor,
escuchaban los susurros traviesos de Yeong-jae confesándole su amor, cenaban y,
al caer la noche, volvían a Privé.
En
la sala de espera, mientras ambos estaban sentados con las piernas cruzadas en
la misma posición, la atención de Gyeong-ju fue captada por un sonido alegre
que provenía del teléfono de Yeong-jae. Naturalmente, sus ojos se dirigieron a
la pantalla.
"Espera
un momento".
Yeong-jae
se levantó, dejando atrás a un Gyeong-ju con los ojos desorbitados. Gyeong-ju
observó la espalda de Yeong-jae salir de la sala con prisa, como si algo grave
hubiera ocurrido. Estaba seguro de que en la pantalla decía
"Maestro". O eso creía.
¿Por
qué habría llamado de repente? Mientras esperaba a Yeong-jae con ansiedad, la
puerta de la sala se abrió.
Su
rostro, expandido por la expectativa, volvió a la normalidad al ver que no era
Yeong-jae, sino el jefe Kim.
"¿Gyeong-ju?
Ven un momento, quiero hablar contigo".
Como
empleado, Gyeong-ju no tuvo más remedio que levantarse.
Desde
que entró en la oficina del jefe Kim, no pudo evitar mirar a todas partes.
Parecía haber más fotos que la última vez... se veían algunas junto a
celebridades famosas.
El
cuadro de ahí arriba tampoco estaba antes. ¿Cuánto costará un cuadro así? Había
oído que a veces pagaban las cuentas de los bares con arte.
"¿El
trabajo te resulta llevadero?"
Preguntó
el jefe Kim de repente, mientras hojeaba unos papeles. Gyeong-ju, que estaba
perdido mirando el cuadro, se sobresaltó.
"...Sí".
"¿Ah,
sí?"
El
jefe Kim inclinó la cabeza, como si la respuesta no le convenciera.
"No
debería ser llevadero. Deberías sentir que es un trabajo agotador y
miserable".
"...¿Perdón?"
"Gyeong-ju,
¿estás trabajando realmente al nivel del anticipo que te di?"
"Me
estoy esforzando".
Aunque
respondió eso, en el fondo se sintió incómodo, sabiendo que la intensidad de su
trabajo había disminuido notablemente desde que entró en Privé.
"No,
no. Lo que pasa es que en nuestro negocio hacemos encuestas a los clientes. Y
resulta que todos dicen que eres un poco aburrido".
Su
pecho se hundió al ver la expresión de reprimenda del jefe. A pesar de sus
esfuerzos, estaba claro que no estaba valiendo el dinero que recibía.
"¿Yo?"
"Sí.
Dicen que eres un poco rígido".
"Ah,
intentaré ser más divertido de ahora en adelante".
De
ahora en adelante, aunque le molestara lo que pidieran los clientes,
simplemente lo haría. Desde que empezó a ir a todos lados con Yeong-jae, se
había equivocado al creer que él también era un as como él.
"No
se trata de eso. Incluso cuando te niegas a tener contacto físico, hay chicos
que lo hacen de forma que no resulta molesta y otros que son simplemente
aburridos. Tú eres de los segundos".
"..."
De
repente, pensó en la ironía: tanto si lo hacía como si no, siempre había
quejas. Pero, ¿qué podía hacer? En un lugar donde el que paga es el rey, lo
correcto era aceptar y cambiar de actitud. Después de todo, era cierto que
resultaba aburrido.
El
jefe Kim, observando al nervioso Gyeong-ju, levantó una comisura de sus labios.
"Tenía
una duda desde hace tiempo".
"Sí".
"¿Desde
cuándo tú y Yeong-jae están así?"
¿Lo
llamó solo para preguntar eso? Gyeong-ju temía que si ponía cara de tonto y
fingía no saber nada, el jefe se enfadaría. Decidió que era mejor admitirlo,
así que confesó con cierta ambigüedad:
"No
hace mucho".
"¿Ah,
sí? Entonces significa que no llevan mucho tiempo haciendo estas
tonterías".
El
jefe Kim hizo un círculo con una mano y levantó el dedo medio de la otra.
Repitió el movimiento de meter y sacar el dedo del círculo.
Gyeong-ju
fijó su mirada en ese gesto vulgar. Estaba claro qué estaba pensando el jefe
Kim.
"Son
una pareja fresca".
Al
escuchar el monólogo del jefe, Gyeong-ju aceptó al menos que no llevaban tanto
tiempo. Quizás por eso, porque no se conocían de mucho o porque habían negado
sus sentimientos durante tanto tiempo, el fuego entre ellos ardía con tanta
fuerza.
"Oye,
¿acaso Yeong-jae tiene una deuda contigo?"
"¿Perdón?"
El
jefe Kim acercó su silla de oficina. No se había dado cuenta antes, pero al
estar tan cerca, percibió un amargo olor a humo de tabaco. Como ya había
cultivado plantas de un color verde sospechoso que desprendían ese mismo olor,
Gyeong-ju no pudo evitar deducir lo que el jefe Kim acababa de hacer.
"No,
es que he visto a chicos como Yeong-jae una o dos veces. Tengo buen olfato para
estas cosas".
Gyeong-ju
solo parpadeó y tragó saliva. Realmente no entendía a qué se refería el jefe
Kim.
El
jefe se cruzó de brazos y, mirándolo desde arriba con arrogancia, mostró una
sonrisa retorcida.
"Para
ser sinceros, el dinero lo necesitas tú".
"..."
"Por
eso, ese tal Yeong-jae, que al principio me rechazó, de repente vino a buscarme
para pedirme que lo aceptara. Ese debió ser el motivo".
Ante
ese cambio repentino de atmósfera, Gyeong-ju se quedó paralizado. Quizás porque
Yeong-jae no estaba allí, la vieja costumbre de sentir miedo y querer huir
volvió a invadirlo.
"Vaya,
vaya. ¿Así que no sabes nada?"
"..."
"Fui
yo quien llamó a Yeong-jae al principio, pero el que vino arrastrándose por su
propia cuenta fue él. Diciendo que necesitaba dinero. Que le diera dinero
rápido, eso dijo".
Gyeong-ju
solo pudo tragar saliva en silencio. La historia era diferente a lo que le
habían contado.
"¿Sabes
cuánto dinero le ha sacado a la empresa?"
"¿Cuánto...?"
Apenas
pudo articular la palabra. El jefe Kim soltó una carcajada burlona, con una
sola comisura de la boca alzada.
"200
millones de wones".
"..."
Los
ojos de Gyeong-ju se abrieron hasta no poder más. La cifra que salió de los
labios del jefe Kim era tan descomunal que perdió toda sensación de realidad.
Los engranajes de su mente parecieron detenerse y el número quedó flotando ante
sus ojos como una imagen visual.
"Mira
esa cara. ¿Por qué te sorprendes tanto? Tú y Yeong-jae están en ligas
distintas".
Pensando
que se trataba de celos, el jefe Kim lo reprendió.
"¿Qué
quieres que haga cuando me piden más dinero? Maldita sea... soy un mánager al
que han estafado. Por eso ahora es el chico más caro de mi local. Pero mira,
¿crees que vale lo que cuesta? No intenta engañar a nadie ni fidelizar a los
clientes. Ese tipo... es un maleducado, supongo que porque sabe que es muy
bueno".
Tenía
una expresión de pura insatisfacción reprimida, pues no podía enfadarse
abiertamente.
Sin
embargo, a Gyeong-ju ya no le importaba la cara del jefe Kim. En sus oídos, la
cifra de 200 millones y la idea de que Yeong-jae había pedido dinero habían
desplazado todos sus pensamientos.
"¿Dijo
que necesitaba más dinero?"
Gyeong-ju
finalmente pudo abrir sus labios secos.
Yeong-jae
había dicho claramente que lo habían reclutado en Privé. Quería confirmar si
eso era cierto o cuáles habían sido sus intenciones.
"Sí.
Dijo que lo necesitaba para algo importante. Que tenía muchas deudas que pagar.
Incluso llamó al mánager Kang, pero lo rechazó y vino conmigo. ¿Crees que el
mánager Kang tiene 200 millones en efectivo?"
"..."
Así
que también le pidió al mánager Kang.
Empezaba
a comprender cuál era el plan de Yeong-jae al acumular tantas deudas.
"Pero,
por mucho que necesite dinero, ¿por qué pedir 200 millones de repente? Ni que
estuviera metido en apuestas deportivas".
"..."
"Tengo
un olfato muy fino. Aunque, claro, los chicos que trabajan en estos bares
suelen estar tan locos por el amor que piden dinero prestado a cualquiera. A
veces, los que parecen más tranquilos como tú son los que causan más
problemas".
"..."
"Sé
sincero. ¿A quién mataste?"
El
jefe Kim se apoyó en la mesa con el mentón sobre sus manos y una sonrisa
maliciosa, como si pudiera leer fácilmente todos sus secretos.
"No
matamos a nadie, pero sí hicimos que alguien muriera".
Por
culpa del dinero.
Mientras
miraba al suelo, bajando la guardia por un segundo, el jefe Kim golpeó el suelo
con el pie y las ruedas de la silla rodaron rápidamente. De repente, el jefe
Kim estaba justo frente a él.
"No
matamos a nadie".
El
olor del jefe Kim le golpeó la nariz y Gyeong-ju echó la cabeza hacia atrás.
Era
un olor a tierra húmeda y hierba que le trajo recuerdos del pasado. Recuerdos
de cuando fue pisoteado brutalmente por intentar ponerse de pie. Precisamente
en este momento tenían que volver esos recuerdos que quería olvidar. Gyeong-ju
apretó los puños, esforzándose por alejar el pasado.
"¿Eso
es verdad?"
"Sí".
"...Mmm,
ah, entonces, ¿qué será? ¿En qué demonios estará pensando Yeong-jae, eh?"
El
jefe Kim frunció el ceño con una risita nerviosa. Aunque ponía una cara que
decía que todo era culpa de Gyeong-ju, sus palabras decían otra cosa.
"En
fin, no sé cómo lograste embaucarlo, pero viendo lo ciego que está por ti,
pórtate bien. ¿Entendido?"
No
sabía si las palabras del jefe Kim eran una amenaza, un consejo o una broma,
pero algo era seguro: esa extraña sensación le tiraba de la ropa, obligándolo a
mirar la realidad de frente una vez más.
*
* *
“Soy
Yeong-jae”.
“Soy
Kei”.
Por
alguna razón, hoy el jefe Kim los metió a ambos en la misma habitación.
Gyeong-ju no sabía si aquello era una extensión de la amenaza que había
escuchado poco antes sobre “esforzarse”, así que simplemente empezó a actuar
como siempre.
“Eres
guapo”.
Los
ojos de la clienta escaneaban el rostro de Yeong-jae de un lado a otro, como si
estuviera examinando el veteado de un corte de carne en una carnicería. Aunque
seguramente el comentario iba dirigido a Yeong-jae, Gyeong-ju puso una
expresión de timidez.
La
clienta era muy hermosa; tanto que podría haber pasado por una celebridad.
Gyeong-ju se preguntó si sería una empresaria exitosa a una edad temprana o tal
vez una actriz, pero al escuchar la conversación, quedó claro que su ocupación
distaba mucho de ser algo que apareciera en televisión. Resultaron ser la dueña
y la madama de un establecimiento de categoría ten-pro cercano.
Antes
de abrir siquiera una botella, fumaron durante mucho tiempo. Gyeong-ju estaba
acostumbrado al humo y el olor llevaba impregnado en su ropa desde hacía mucho,
pero hacía tiempo que no veía clientes que fumaran cigarrillo tras cigarrillo
sin probar una gota de alcohol, así que se limitó a observar el ambiente tenso.
Una
colilla, reducida a nada más que el filtro, fue lanzada al suelo. El tacón de
un zapato de cuero negro la aplastó una y otra vez.
“Escuché
que tú eres el as aquí, ¿no?”
La
clienta habló finalmente. Tenía una voz suave y delicada, lo cual resultaba
contradictorio para alguien que fumaba tanto.
“Por
favor, manténgalo en secreto”.
Yeong-jae
respondió con picardía.
“Qué
idiota. Oye, sírveme”.
Ante
el gesto de la clienta, Yeong-jae extendió la mano y destapó la botella como si
hubiera estado esperando el momento. Un líquido amarillo cayó con elegancia en
la copa de la mujer. Ella la levantó para humedecer sus labios y luego examinó
la pesada botella girándola frente a sus ojos.
“¿Ochocientos
mil wones por esta botella?”
“Sí”.
“Están
locos. Este lugar es más caro que el nuestro”.
El
golpe de la botella contra la mesa fue violento.
La
clienta, hundida en el sofá, recorrió con la mirada primero a Yeong-jae y luego
a Gyeong-ju, que estaba lejos. La inspección fue larga y tuvo un matiz
depredador.
“He
oído que ustedes dos salen juntos”.
Yeong-jae
soltó una carcajada seca y Gyeong-ju miró a la mujer por un instante. Ocultó en
su mirada la pregunta de cómo se había enterado.
“¿Que
cómo lo sé? Fue el jefe Kim, ¿quién si no?”
Al
mismo tiempo, la clienta sacó una cajetilla nueva de su bolso, rompió el
celofán y encendió un cigarrillo. Hablaba con el cigarrillo colgando de los
labios.
“Oh,
por supuesto, el jefe Kim me dijo que no dijera nada, pero no tengo muchas
ganas de guardar secretos. Ojo por ojo, diente por diente. Tengo más de una
cuenta que saldar con él”.
Gyeong-ju
se preguntó qué clase de venganza sería. Observaron en silencio cómo la llama
del encendedor, con un clic, iluminaba el cigarrillo. Ninguno de los dos
se sentía cómodo.
“Siento
haberlos metido en medio de mi pelea con el jefe Kim”.
“¿Por
qué se pelea con el jefe Kim?”
La
clienta miró fijamente a Yeong-jae, que acababa de preguntar, y exhaló una
espesa nube de humo que se disolvió en el aire.
“Antes
salía con él”.
Un
breve silencio cayó en la sala.
“Hubo
un secreto que le conté en aquel entonces. Claro, ya no es un secreto.
Cualquiera en este mundo lo sabe, maldita sea”.
“Ese
tipo es un verdadero imbécil, unnie”.
Su
acompañante, que masticaba chicle ruidosamente, estuvo de acuerdo.
“Lo
que pasó fue que mi madre se suicidó después de tenerme. Me armé de valor para
contárselo a él, ¿y qué hizo? ¿Ir divulgándolo por ahí?”
Quizás
porque no había pasado mucho tiempo desde el funeral de su madre, la historia
resultó impactante. Como era de esperar, todos tienen algo que no pueden
contarle a nadie.
Gyeong-ju,
sintiéndose abrumado, le dedicó una mirada de condolencia mientras ella seguía
fumando como si nada, antes de mirar de reojo a Yeong-jae.
Sin
embargo, algo andaba mal. La expresión de Yeong-jae, aunque parecía tranquila,
era artificial. Se notaba un esfuerzo supremo por no fruncir el ceño.
Al
concentrarse más, Gyeong-ju vio que las yemas de sus dedos temblaban levemente.
Como pasaban todo el tiempo juntos, ya podía notar esos detalles. Yeong-jae
estaba claramente tenso.
“Dejemos
de hablar de mí. Esto no es un funeral, es un lugar para mover el trasero,
¿no?”
A
pesar de sus palabras, el aire en la habitación se había enfriado como en un
funeral. La clienta aplastó el cigarrillo en el cenicero húmedo, le dio un
golpecito en el hombro a Yeong-jae y lo obligó a sostener su copa vacía.
“Relaja
la cara, sonríe”.
La
mujer, hablando con tono juguetón, llenó la copa con el líquido ámbar. Como
nadie decía nada, el sonido del alcohol cayendo en el cristal fue el único
ruido presente.
“En
fin, ustedes dos”.
La
clienta los señaló de nuevo.
“Sinceramente,
que ustedes salgan juntos es un poco demasiado...”.
“Sí,
con lo bien que se ven... ¿por qué no buscan chicas y ya, maldita sea?”.
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¿Por
qué volvían a ese tema? Justo cuando Gyeong-ju se sentía más incómodo, la
mujer, que no dejaba de mirarlo, lo señaló con el dedo.
“¿Acaso
no puedes cumplir como hombre?”
“No.
Sí puedo”.
Al
negar con la mano, Gyeong-ju escuchó risas burlonas a su lado.
“Entonces,
vive cumpliendo como hombre”.
“No,
mejor demuéstralo ahora mismo. A ver si puedes”.
“...”
Gyeong-ju
se quedó sin saber qué hacer, sonriendo por pura incomodidad, mientras
Yeong-jae miraba a la clienta con una frialdad que ya no intentaba disimular.
“Toma,
voy a ser generosa”.
Al
ver lo que la clienta sacó de su bolso de cuero, Gyeong-ju abrió los ojos de
par en par.
Era
un fajo grueso de billetes de cincuenta mil wones, de aproximadamente un
centímetro de espesor. No sabía la cantidad exacta, pero el hecho de que
alguien llevara tal suma en efectivo ya era sorprendente.
“Si
hacen lo que les digo, pueden llevárselo. Veamos hasta dónde pueden llegar
estos maricones”.
La
sonrisa sarcástica de la mujer presagiaba algo malo.
“Yeong-jae,
dale un beso a la señora”.
Sin
darle tiempo a reaccionar, la clienta giró la cara hacia Yeong-jae y adelantó
un poco los labios.
Había
ocurrido lo que Gyeong-ju temía. Los labios de la mujer eran, por naturaleza,
irresistibles para cualquier hombre, y Gyeong-ju sintió cómo una ansiedad
creciente burbujeaba en su interior.
“Yo
no lo haré”.
La
voz fría de Yeong-jae cayó como una losa.
“¿Te
niegas en esta situación?”
“Has
perdido la cabeza, idiota...”.
La
mirada de la clienta se volvió agresiva. Aunque Gyeong-ju se sintió aliviado
por la negativa de Yeong-jae, el peso del ambiente era insoportable.
“Yo...
yo lo haré”.
Así
que Gyeong-ju levantó la mano, ofreciéndose voluntario.
Yeong-jae
giró la cabeza bruscamente y lo miró con incredulidad, preguntándole en
silencio si estaba loco. Gyeong-ju solo se encogió de hombros a modo de
respuesta.
“Vaya,
si querías hacerlo, debiste decirlo”.
La
clienta se acercó con una sonrisa satisfecha.
No
hacía falta intercambiar miradas. Gyeong-ju, centrado únicamente en los labios
de la mujer, se acercó con decisión. A esa distancia, podía oler el alcohol en
su aliento. Ella entreabrió los labios ligeramente.
Fue
un beso que sabía a una extraña mezcla de labial y tabaco. Cuando besaba a
Yeong-jae, sentía hormigueos en el bajo vientre, pero con ella era como frotar
los labios contra su propio antebrazo. Se sintió como un deporte extraño y
mecánico donde solo se tocaba carne con carne.
Al
separarse, Gyeong-ju se limpió los labios con el dorso de la mano. Era obvio
que habrían quedado manchados de labial.
“¿Nos
paga?”
Preguntó
Gyeong-ju, juntando las manos y señalando el dinero con la barbilla.
“¿Qué
tanta prisa tienes? Es demasiado dinero solo por un beso”.
La
clienta chasqueó la lengua con desdén, se desabotonó los botones de la camisa y
dejó al descubierto su pecho. Acto seguido, tomó la botella de Ballantine's
de 21 años de la mesa y la derramó sobre su propia piel. Gyeong-ju se quedó
boquiabierto, incapaz de intervenir ante la repentina locura de la mujer.
“He
preparado un cóctel especial para ti”.
Sus
dedos largos frotaron sensualmente su pecho mojado por el alcohol.
“¿Qué
haces? Lámelo”.
La
orden de la clienta fue suave, pero tajante.
Gyeong-ju
se quedó paralizado, debatiéndose internamente. No quería hacerlo y le
preocupaba la mirada gélida de Yeong-jae, pero su mente empezó a calcular
rápidamente.
Ese
dinero. Ese fajo. El dulce aroma del dinero.
Solo
podía pensar en eso. Naturalmente, inclinó el cuerpo.
“Espera”.
En
un instante, la voz de Yeong-jae lo agarró por la nuca. Gyeong-ju se quedó
rígido, como si lo hubieran detenido a la fuerza.
“Nosotros...
nos retiramos un momento”.
Sin
soportarlo más, Yeong-jae se levantó con determinación.
“¿Qué
es esto?”
Aunque
la clienta mostró su desagrado, Yeong-jae, sin darle importancia, agarró a
Gyeong-ju por la muñeca con fuerza y, sin darle tiempo a oponerse, lo sacó de la
habitación a rastras.
“Suéltame”.
Apenas
se cerró la puerta, Gyeong-ju se soltó de un tirón. Mientras se masajeaba la
muñeca, miró a Yeong-jae, quien lo observaba con ojos cargados de una furia
contenida.
“¿Qué
te pasa?”
El
tono gélido de Yeong-jae cortó el aire.
“¿Qué
me pasa? ¿Qué pasa conmigo? Solo quiero ganar dinero”.
Gyeong-ju
le respondió con la misma frialdad. Yeong-jae se frotó la cara con cansancio
antes de hablar.
“No.
Entiendo que quieras ganar dinero, pero hay un límite. No hace falta que
sacrifiques tu orgullo de esa manera...”.
“¿Crees
que este es momento de preocuparse por el orgullo?”
Gyeong-ju
lo interrumpió de golpe. Las explicaciones de Yeong-jae no entraban en su
cabeza. Solo podía pensar en lo que el jefe Kim le había dicho antes de entrar.
Sabía
que el jefe Kim los había arrinconado hasta este punto y sabía que estaba
descargando su frustración injustamente contra Yeong-jae, pero no podía
detenerse. Una vez encendida, la emoción no hacía más que propagarse.
“No,
lo que digo es... escúchame con calma. No hace falta que ganes ese dinero a
toda costa”.
Yeong-jae
trató de sujetarlo por los hombros para calmarlo, pero Gyeong-ju se apartó por
instinto.
“¿Qué
quieres decir con que no hace falta? ¿Crees que la deuda que tengo que pagar es
una tontería?”
“Sé
que no es poco dinero. Pero yo también estoy trabajando para pagarla”.
El
corazón de Gyeong-ju se derrumbó ante esas palabras. Yeong-jae se había
endeudado para entrar aquí solo por su culpa.
“Lo
que tú ganas es tu dinero”.
Gyeong-ju
no podía entenderlo. Por eso, solo salían palabras hirientes de su boca.
“¿De
qué hablas? El dinero que gano es prácticamente tuyo”.
“¿De
qué hablas tú? ¿Quién te pidió que pagaras mi deuda?”.
Yeong-jae,
que había abandonado su orgullo por él, ahora estaba hiriendo el suyo. Era la
peor situación que Gyeong-ju podía imaginar.
Gyeong-ju
suspiró y apartó a Yeong-jae, que buscaba desesperadamente una excusa.
“Yo
pagaré mi propia deuda, así que deja de decir tonterías. Y no te entrometas en
mi trabajo”.
Tras
gritar con firmeza, Gyeong-ju entró solo en la habitación.
*
* *
La
luz del sol se filtraba blanquecina a través de la ventana.
La
claridad se deslizaba sobre el cuerpo robusto de Yeong-jae. La luz ascendía
poco a poco hasta rozar sus párpados. Incómodo ante el brillo, Yeong-jae
frunció el ceño con fuerza. Aunque era una luz que recibía siempre, hoy le
resultaba especialmente difícil abrir los ojos. La razón era el agotamiento
mental que arrastraba.
Se
había desplomado en la cama al llegar a casa, a las 6 de la mañana, como si
hubiera perdido el sentido. Más que sentir el cuerpo pesado, sentía la cabeza
cargada. Quizás por eso no lograba despegar los ojos; solo su cerebro empezaba
a activarse lentamente.
Aún
con los ojos cerrados, Yeong-jae comenzó a repasar, uno a uno, los hechos
ocurridos en Privé.
La
llamada repentina de su maestro. El matiz de su voz, que parecía ofrecerle una
oportunidad de volver a buscarlo y recibir perdón. En aquel entonces, se sintió
feliz al pensar que su vida finalmente estaba avanzando.
Pero
esa emoción no duró mucho. En el momento en que entró en la habitación junto a
Gyeong-ju, volvió a caer en lo más hondo. Las clientas exigieron cosas que
sobrepasaban los límites, y Gyeong-ju aceptó todas esas demandas. No era nada
parecido a lo que habían acordado al principio.
Lo
único que pudo consolarlo fue que, cuando volvieron a entrar en la habitación,
por alguna razón, las clientas no exigieron nada peor. Al menos no los
obligaron a quitarse los pantalones, algo que agradeció en su momento, pero eso
no fue todo. Las yemas de los dedos de aquellas mujeres acariciaban los hombros
de Gyeong-ju, recorrían sus muslos y dispersaban su aliento cerca de su rostro.
Era una escena que, al recordarla, le seguía provocando un profundo asco.
"Uff..."
No
podía soportarlo más. Yeong-jae se incorporó de golpe.
Miró
fijamente a Gyeong-ju, que dormía a su lado, y con un impulso en los brazos, se
subió encima de él. Aunque Gyeong-ju debería haber sentido el peso, seguía con
los ojos cerrados.
"¿Cuándo
piensas despertar?"
Yeong-jae
le hizo cosquillas cerca del oído. Pensando en lo mucho que deseaba que
despertara pronto para tener sexo, mordisqueó con suavidad la oreja blanda de
Gyeong-ju antes de bajar la cabeza. Incluso succionó ligeramente la fina piel
de su cuello. Yeong-jae dejaba pequeños besos por aquí y por allá, sintiendo el
calor intenso de la piel de Gyeong-ju.
Sus
labios bajaron por el cuello hasta detenerse en el pecho. Sintió con todo el
rostro la leve curva de su cuerpo y mordió suavemente la piel. La superficie
tersa sabía a una caricia para el corazón.
Yeong-jae
pasó la lengua alrededor de la areola. Quizás porque el pezón estaba 'dormido',
lo succionó con insistencia, estimulándolo con la lengua para que asomara.
Gyeong-ju
seguía con la boca cerrada, pero giró la cabeza hacia el lado contrario. Al
notar su reacción, Yeong-jae pensó que ya era hora de que despertara de una
vez.
Con
una sonrisa traviesa, Yeong-jae raspó con los dientes el pezón, que ya había
despuntado, sin llegar a lastimarlo. Aunque él era quien daba el placer, su
propia excitación iba en aumento.
Quería
explorar más abajo. Su mano, que acariciaba los brazos y la cintura de
Gyeong-ju, se deslizó hacia la ingle.
De
repente, se escuchó la voz firme de Gyeong-ju:
"Bájate".
Yeong-jae
se detuvo en seco. Sin embargo, las puntas de sus dedos aún se adentraban en el
interior del muslo de Gyeong-ju.
"¿Por
qué?"
Yeong-jae
soltó un suspiro húmedo sobre la piel de Gyeong-ju, intentando ser seductor.
"Si
te digo que no, es no. Un poco de respeto".
Pero,
sorprendentemente, el tono con el que lo rechazó era gélido.
"..."
Yeong-jae,
sobresaltado, levantó la cabeza y se encontró con Gyeong-ju, que acababa de
abrir los ojos. Sus labios estaban apretados, lo que indicaba que estaba
profundamente molesto.
Era
un gesto que solo había visto cuando recién conocía a Gyeong-ju, algo que no
había presenciado en mucho tiempo. Sintiéndose frente a un muro, Yeong-jae se
levantó lentamente, sintiéndose fuera de lugar.
"Entendido.
Yo solo... es que me encanta tu olor".
"Estoy
muy cansado. No tengo ganas de eso".
Gyeong-ju
cerró los ojos de nuevo y se cubrió el rostro. No parecía simple cansancio,
sino un rechazo claro; sentía que no quería ni verle la cara.
"¿Qué
te pasa? ¿Alguien te dijo algo?"
"No
sé. Me duele la cabeza, en serio..."
Gyeong-ju
apartó la manta de un tirón y salió de la cama. Yeong-jae lo observó desde
atrás, confundido.
"..."
Era
la primera vez que lo rechazaban de forma tan directa. Desde que empezaron a
vivir juntos, compartir el cuerpo cada mañana se había convertido en una rutina
natural.
Esa
extrañeza le provocó una punzada en el estómago. No esperaba un despertar tan
desconcertante.
Además,
una extraña culpa lo invadió al darse cuenta de que había intentado forzar a
alguien que claramente no tenía deseos.
'¿Solo
estuve pensando en mis propias ganas?', se preguntó Yeong-jae, sintiéndose
asqueado por su propia falta de control.
Ansioso,
Yeong-jae se mordió el labio inferior y se frotó los muslos. ¿Por qué Gyeong-ju
se mostraba tan sensible? ¿Acaso no se le había pasado el enfado de ayer?
¿Habrá sido tan ofensivo decirle que su dinero era el dinero de él?
Swoosh. Se escuchó el chorro de agua golpeando con fuerza en la ducha.
Mientras escuchaba el sonido, Yeong-jae intentaba descifrar el motivo del enojo
de Gyeong-ju. Quizás no fuera por el comentario del dinero; debía haber otra
razón.
'¿Habré
sido demasiado amable con las clientas sin darme cuenta? ¿Alguien vino a
buscarme mientras yo no estaba? ¿O fui demasiado frío ayer?'
No
tenía forma de saberlo, y cuanto menos sabía, más se le cerraba el pecho.
Yeong-jae se inquietaba, golpeando la punta de sus pies contra el suelo. Sabía,
por supuesto, que era un pecador. Le pasó por la cabeza, aunque fuera absurdo,
ir a la iglesia a confesarse para buscar el perdón, y hasta ese pensamiento le
pareció serio.
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"¡AAAAH!"
Un
grito repentino de Gyeong-ju estalló en el baño. Yeong-jae, sobresaltado, saltó
de la cama por instinto. Corrió hacia el baño en un estado de pánico total y
abrió la puerta a toda prisa.
"¿Qué
pasa?"
Escaneó
cada rincón del baño temiendo un accidente, hasta que sus ojos se clavaron
entre los chorros de la ducha.
A
través del agua transparente, el rostro de Gyeong-ju apareció claramente, con
el cabello mojado cayéndole por la frente mientras lo fulminaba con la mirada.
"¿Podrías
tocar antes de entrar?"
Yeong-jae
se dio cuenta de su error al instante.
"Perdón".
Se
disculpó de inmediato, cerró la puerta y salió. Solo pudo suspirar; parecía que
esa mañana solo era capaz de cometer error tras error.
*
* *
Después
de hacer sus necesidades, Yeong-jae se detuvo frente al lavabo, que bien podría
haber estado en el vestíbulo de un hotel. Observó en silencio el agua que
resbalaba por sus manos y luego se topó con su propio reflejo en el espejo.
"..."
Quizás
por la preocupación, tenía unas tenues ojeras bajo los ojos. Yeong-jae se
sacudió las manos y sacó un pañuelo de papel para secarlas con fuerza. ¿Y si
algo le pasaba a Gyeong-ju mientras estaba sentado en la sala de espera? Cuanto
más tiempo pasaba lejos de él, mayor se hacía su ansiedad.
Al
abrir apresuradamente la puerta del baño, la música que antes se escuchaba de
forma tenue cobró fuerza. Desde la sala contigua, la habitación número 1, se
escuchaba la voz apasionada de un cantante con una banda, entonando una letra
anticuada a un volumen excesivo. En su estado de sensibilidad actual, aquello
le resultó un ruido insoportable.
Pasó
por el pasillo, innecesariamente lujoso, y justo cuando estaba por entrar a la
sala de espera de los trabajadores al final del vestíbulo, Yeong-jae se detuvo
en seco y escondió su cuerpo tras el muro.
Sus
hombros se tensaron de forma instintiva al reconocer una silueta familiar.
"..."
Yeong-jae
asomó la cabeza con cuidado, fijando la mirada en aquel rostro inconfundible.
Tuvo
la certeza absoluta y, al mismo tiempo, sintió que se le cortaba la
respiración. ¿Cómo era posible que ese hombre estuviera allí? El sujeto de
cabeza rapada que acosaba a Gyeong-ju, como si fuera un juego, aquel que le
quitaba el aire, estaba parado en el vestíbulo.
Pero
la escena más impactante estaba por llegar. Yeong-jae recordó haber visto al
hombre que estaba junto al rapado en una de las fotos que el jefe Kim exhibía
como si fuera un trofeo.
Aquel
hombre era un ejecutivo de la Asociación Cheongmok, la organización que
protegía a Privé, pero, para su sorpresa, estaba inclinando la cabeza ante el
hombre rapado.
Eso
no era todo. El sujeto de cabeza rapada le dio unas palmadas en el hombro. En
aquel gesto había una autoridad innegable.
"Ja..."
Una
sensación de mal augurio recorrió todo su cuerpo.
Había
pensado que el hombre de cabeza rapada era simplemente un matón o un
prestamista que molestaba a Gyeong-ju, pero si incluso la Asociación Cheongmok
le bajaba la cabeza, la situación cambiaba en ciento ochenta grados.
Yeong-jae
fingió ser un trabajador de paso y volvió a mirar por encima de la esquina.
'Vamos'. Escuchó el sonido de sus pasos atravesando el vestíbulo hacia la
entrada, y solo entonces giró lentamente la cabeza en esa dirección.
Con
el entrecejo ligeramente fruncido, Yeong-jae no pudo apartar la vista de ellos.
Como una bestia que ha detectado el rastro del peligro, contuvo el aliento y
observó en secreto sus espaldas mientras se alejaban.
