1. En espera

 


 

1. En espera

 

Gong Ju-han apareció una hora y diez minutos después de la hora acordada. En cuanto entró en la oficina con pasos largos, sus ojos se encontraron con los del consejero y, como siempre, esbozó una sonrisa radiante. El consejero, que llevaba más de una hora esperando, no estaba de humor para cumplidos, pero no pudo evitar sentir curiosidad por la madre de Gong Ju-han, de quien ni siquiera se conocía el nombre; su rostro era una belleza de otro mundo. Por mucho que lo analizara, Ju-han no se parecía en nada a su padre, el presidente Gong Seong-jin.

“Llego tarde. Lo siento”.

Gong Ju-han se disculpó con una cortesía ligera, en un tono que carecía de sinceridad. Dado que el consejero iba a recibir una suma que superaba con creces sus honorarios habituales por el tiempo de espera, y que Ju-han había buscado desde el principio a alguien flexible que pudiera adaptarse a su caprichoso horario, no había razón para ofenderse de nuevo. Sin embargo, ser capaz de mostrarse tan relajado tras llegar una hora tarde era, en sí mismo, una forma de poder.

Sin darse cuenta, el consejero volvió a analizar a su interlocutor. Culpando a su deformación profesional, devolvió el saludo. Ante su falta de irritación, Gong Ju-han arqueó sus lánguidos ojos en una sonrisa.

Quizás fuera porque hoy, por casualidad, no vestía de traje. Apareció con un abrigo largo, un suéter de punto y el flequillo peinado hacia abajo, lo que a primera vista le daba el aspecto de un estudiante universitario. Si se lo hubiera cruzado en el cine o en la calle, el consejero habría pensado lo mismo.

Pero la razón por la que podía permitirse no vestir formal en una empresa donde todos trabajaban era que, a pesar de ser el hijo tardío y extramatrimonial del presidente del Grupo Sejung, era un talento cuya capacidad había sido reconocida a una edad temprana. Pronto, Ju-han se recostó en el sofá y entrelazó las manos con lentitud, tan cómodo como si aquella amplia oficina fuera su propia casa.

“Me preocupa que la depresión de Seo-hyun haya empeorado. Me enteré de que montó un escándalo hace unos días”.

Frente a un Gong Ju-han que fue directo al grano, el consejero tomó el registro de sesiones que tenía preparado sobre la mesa. No era el historial de Ju-han, sino el de su hermana menor, Gong Seo-hyun. Hoy era el día de informar a Ju-han sobre el contenido de las consultas mantenidas con ella durante el último mes.

Con el rostro de un hermano cariñoso que contrata a un terapeuta para su hermana deprimida, Gong Ju-han alzó una ceja en silencio. Su gesto pidiendo una respuesta era sutil y su tono suave, pero la tensión impregnaba el aire.

El consejero tragó saliva. Su pecho se sentía oprimido por la mezcla entre la presión de elegir sus palabras con cuidado y la culpa de compartir el contenido de una sesión privada con un tercero. Había aceptado una propuesta que iba en contra de su ética profesional debido a una suma de dinero que no podía rechazar. Se había endeudado excesivamente para mantener a sus ancianos padres y para cubrir el depósito del alquiler de sus hijos recién casados. Con el aumento de las tasas de interés, la situación se había vuelto inmanejable justo cuando recibió la llamada del secretario personal de Gong Ju-han.

Hubo un momento en que se preguntó si Ju-han lo había elegido entre tantos consejeros famosos precisamente por su situación financiera, pero a estas alturas era una preocupación inútil. ‘Encárgate de la terapia de mi hermana una vez por semana e infórmame del progreso una vez al mes. No es necesario grabar ni dar detalles minuciosos, solo necesito saber el estado general de su salud mental’. La propuesta había sido limpia y sin rodeos.

El consejero se humedeció los labios secos con la lengua y respondió.

“Al enfrentarse a heridas que estaba evitando, es posible que su estado depresivo empeore, pero es un proceso absolutamente necesario para Seo-hyun”.

“Si se refiere a ‘heridas que evita’, ¿habla del odio hacia su padre, que está demasiado ocupado patrocinando celebridades, o de la culpa hacia su madre, que estuvo sola hasta el día de su muerte, sin esposo ni hijos a su lado?”.

Gong Ju-han lanzó ejemplos extremadamente específicos y afilados para que el consejero no pudiera andarse con rodeos. Aunque exponía una historia familiar que era, en esencia, escupir sobre su propio rostro, no parecía cínico, sino indiferente. El consejero habló antes de que Ju-han volviera a alzar la ceja.

“Se podría decir que todo lo vivido en su infancia ha influido en la Seo-hyun actual. Usando las palabras de ella, el hecho de ser llamada ‘hija de una concubina’ dentro de la familia durante la escuela primaria...”.

El consejero carraspeó y levantó ligeramente la vista del registro. Lo que iba a decir a continuación también se aplicaba a Gong Ju-han, por lo que fue cauteloso.

“...Dice que es uno de los recuerdos más intensos que conserva, y eso es significativo. Su madre, de quien apenas tiene recuerdos por haberse separado siendo muy niña, es un tema tabú o mencionado de forma negativa, y su padre no mostraba interés por sus hijos, lo que debió generar inestabilidad emocional. Los niños necesitan la presencia de padres que los apoyen y los amen con firmeza, pero ellos no tuvieron a ese adulto. Al sentir que no pertenecían a la familia, debieron sufrir una crisis de identidad”.

Gong Ju-han suspiró y apoyó la cabeza de lado en el sofá. Tras mirar el techo con el ceño fruncido durante un rato, sacó un cigarrillo electrónico. ‘No dejará olor’, añadió como si se hubiera acordado tarde.

“¿Cuál cree que sea la razón por la que Seo-hyun solo sale con hombres del mundo del entretenimiento nocturno?”.

Tras quedarse pensativo mientras aspiraba lentamente el cigarrillo, Ju-han soltó la pregunta de repente. Y las interrogantes difíciles no terminaron ahí.

“No sé si se enteró, pero dicen que esta vez se está gastando decenas de millones en regalos para un tipo que parece un gigoló y que conoció en un host bar. Tengo curiosidad por saber por qué mi hermana siente esa necesidad de echar agua en un saco roto”.

Decenas de millones de wones solo en regalos. El consejero había oído que Seo-hyun era excesivamente generosa con sus parejas, pero la cifra era mayor de lo esperado. Mientras el consejero elegía sus palabras, Ju-han lanzó varias posibilidades, como si intentara encontrar la respuesta por sí mismo.

“¿Será por carencia afectiva y baja autoestima, intentando comprar el favor del otro con dinero? ¿O será que le resulta más fácil comprar el afecto que intercambiar emociones y cultivar el amor, siguiendo el ejemplo de su padre? ¿O quizás mantiene el interés en ese mundo porque quiere saber más sobre su madre, que perteneció a él? O tal vez...”.

Gong Ju-han, que hablaba sin interrupciones, entrecerró los ojos en una sonrisa repentina. En ese instante en que sus ojos y las comisuras de sus labios se curvaron, su rostro pareció iluminarse por completo.

“¿Será que la sangre no miente?”.

La mirada del consejero se detuvo en los labios rojos tras esa frase que fluyó como un monólogo.

Sangre de los bajos fondos.

Ciertamente, ambos hermanos eran los más hermosos entre los hijos del presidente Gong.

Toc, toc. Se escucharon dos golpes en la puerta. El consejero recuperó la compostura y saludó al secretario que entraba. Ju-han no pareció sorprendido, era evidente que la visita estaba autorizada.

“Es un asunto importante, con su permiso”.

“Adelante”.

En cuanto se aceptó la notificación disfrazada de cortesía, el secretario sacó una tableta y la instaló en un soporte. Mientras ajustaba el ángulo para que la pantalla fuera visible, Ju-han le hizo un cumplido ligero sobre su nuevo peinado. A pesar del tono juguetón, el secretario no se relajó y terminó su tarea sin un solo movimiento innecesario.

Dicen que se conoce la personalidad de alguien por cómo trata a sus subordinados. El consejero observó al secretario rígido antes de desviar la vista hacia la pantalla de la tableta.

Al encenderse, el rostro de un hombre llenó la pantalla. Era un joven de piel clara, ojos suaves y una impresión general limpia y atractiva. Sus pupilas oscuras brillaban con una luz tenue como si miraran más allá de la pantalla, y su nariz recta y labios definidos armonizaban sin que ningún rasgo destacara demasiado. Tenía un aura peculiar y atractiva: de esa belleza que parece que podrías encontrar en cualquier parte, pero que en realidad es imposible de hallar.

Luego apareció una toma de cuerpo completo en pantalla. Ya era guapo de rostro, pero al ver su físico, el consejero tuvo la certeza de que debía ser una celebridad. La línea que iba desde sus hombros anchos y cuadrados hasta sus largas piernas era excepcionalmente estilizada.

“Su nombre es Song Woo-hyun, tiene veinticinco años y ha tenido diversos trabajos, pero su ocupación principal es ser actor”.

Actor. En cuanto el secretario mencionó la profesión del hombre, Ju-han arrugó ligeramente la nariz. Era uno de los pocos momentos en los que mostraba molestia abiertamente.

“Parece que no asistió a la escuela preparatoria y ha vivido solo desde que era menor de edad, realizando varios trabajos a tiempo parcial. Empezó en el teatro a una edad temprana y ha tenido numerosas apariciones como extra, pero aún no ha conseguido un papel relevante. Su trabajo más famoso, considerando la fama del director, sería su última película, ‘Peregrinación’, pero se estrena en la segunda mitad de este año, así que no se sabe qué tan exitosa será, y su papel secundario es de apenas unos 5 minutos. El año pasado tuvo una respuesta decente por su papel en ‘Formas incorrectas de conversar’, lo que llevó a la creación de su primer club de fans, pero el número de miembros se mantiene alrededor de los doscientos. Actualmente, parece que tiene dificultades para vivir solo de la actuación y cubre sus gastos con múltiples trabajos de medio tiempo”.

Si era un asunto importante, resulta que es sobre un actor. El consejero suspiró internamente. ¿Estaba Ju-han usando su tiempo y autoridad para hablar de un actor desconocido que ni siquiera era para publicidad? Justo cuando iba a apartar la vista de la pantalla...

“Tiene un historial peculiar. Desde que era bebé hasta la secundaria, llamó mucho la atención en las redes sociales. Tenía unos 500,000 seguidores en ese entonces, así que no es exagerado decir que era más famoso de niño que ahora como actor”.

“Eso significa que sus padres manejaban la cuenta. ¿Cuál es la profesión de ellos?”.

“El padre trabajaba como freelance (Independiente) en video y la madre en una empresa de IT, pero parece que cuando empezaron a ganar dinero con la publicidad en redes, ambos dejaron sus empleos para dedicarse de lleno a ello. Subían fotos y videos varias veces al día, y la gran mayoría eran publicaciones publicitarias”.

La información captó el interés del consejero. El campo de la salud mental debe reflejar el flujo de los tiempos, y últimamente muchos médicos se interesaban en los trastornos de ansiedad que sufren los niños expuestos en redes sociales desde la infancia.

El secretario mostró una serie de publicaciones antiguas de Song Woo-hyun. Woo-hyun dándose la vuelta por primera vez y riendo a carcajadas; Woo-hyun dormitando en los brazos de su madre; Woo-hyun sollozando mientras contaba una pelea con un amigo; Woo-hyun sentado en el regazo de su padre comiendo un queso publicitario; un Woo-hyun de unos cinco años mirando con ansiedad en un video titulado ‘Cómo hablar sin herir al niño cuando se orina en los pantalones’; Woo-hyun, el ‘siempre confiable novio pequeño’, intentando ponerle sus diminutos guantes a su madre tras oírla murmurar que tenía frío...

A medida que Song Woo-hyun crecía, todas las publicaciones tenían un fuerte carácter de ‘contenido’. No solo el fondo, sino también los títulos y las miniaturas mostraban una clara intención de atraer atención. Al llegar a la primaria, parecía que no solo exhibía su vida, sino que vivía para exhibirla.

El consejero frunció el ceño al sentir una extraña disonancia en el último video del ‘novio pequeño’. La madre, como si supiera de antemano que el niño le ofrecería los guantes, extendió la mano con los dedos juntos de una forma que se sentía artificial, como una escena ensayada.

“¿Qué piensa usted?”.

¿Había sido descubierto observando con atención? Ju-han preguntó sin apartar la vista de la pantalla. ¿Qué piensa? El consejero no entendía por qué le interesaba su opinión.

“¿A qué se refiere?”.

“A este hombre, Song Woo-hyun”.

“Bueno... ¿no sería difícil saberlo sin conocerlo en persona?”.

“Es el novio de Seo-hyun. En los últimos tres meses, el dinero que Seo-hyun se ha gastado en este tipo supera los 40 millones de wones”.

Los ojos del consejero se abrieron de par en par. Mientras conectaba la información recién adquirida con Gong Seo-hyun, Ju-han alzó una ceja hacia el secretario, quien continuó de inmediato.

“A medida que Song Woo-hyun crecía, el contenido de las redes cambió de la crianza a la cocina, pero la respuesta disminuyó naturalmente y la pareja dejó de publicar. Parece que intentaron ganar dinero con la restauración y la inversión en acciones, pero sus gastos eran muy elevados y pedían dinero prestado constantemente. A principios de este año, le pidieron una suma de cientos de millones a un conocido, y al no poder manejarlo, parece que hace tres meses, el 11 de septiembre, cometieron un suicidio conjunto en un motel de Gyeonggi. Se dice que ambos sufrían de una depresión muy severa”.

“Ese conocido no les habría prestado ese dinero por nada. ¿Hubo indicios de fraude o inversiones falsas?”.

Suicidio conjunto. Y hace apenas tres meses. Ju-han pasó por alto esa información impactante y preguntó con frialdad. El secretario, aunque pareció desconcertado por un momento, respondió con presteza.

“No se hallaron pruebas de fraude intencionado, así que no se pudo determinar la razón exacta por la que se prestó tal suma, pero se sabe que era el tutor de Song Woo-hyun en la secundaria”.

“Sea cual sea la relación, debió ser alguien como Seo-hyun. De esos que lo dan todo por los demás y confían demasiado. Los estafadores tienen un olfato increíble para eso. Por algo dicen que los de las sectas y estafas piramidales merodean frente a las clínicas psiquiátricas”.

Ju-han bromeó, pero la sonrisa se quedó solo en sus labios, sin llegar a sus ojos. Recostado en el sofá, miró de reojo al consejero.

“Seo-hyun empezó a usar su tarjeta sin control alrededor de septiembre, así que supongo que empezaron a verse entonces”.

Al igual que sus padres, el hijo, Song Woo-hyun, debe ser un estafador que despluma a la gente a su alrededor. El mensaje de Ju-han era claro sin necesidad de decirlo. El consejero no podía apartar los ojos del Song Woo-hyun de la pantalla mientras repasaba los videos en su mente.

El enfoque pasó de la madre que sabía que su hijo le daría los guantes, al niño que actuaba con naturalidad según un guion preestablecido. El niño no tenía la culpa, pero poder recitar sus líneas de forma tan calmada y natural a esa edad debía ser una disposición innata. Pudo imaginar vívidamente a un Song Woo-hyun adulto manipulando a Gong Seo-hyun.

¿Será que la sangre no miente?

En el momento en que los ojos de Ju-han y su sonrisa burlona acudieron a su mente, el consejero recuperó la razón. Al levantar la cabeza, Ju-han le sonreía exactamente con la misma expresión que acababa de imaginar. El humo del cigarrillo escapó de sus labios y se dispersó. Incluso cuando el humo empañaba la visión, sus pupilas no perdieron la nitidez ni por un segundo.

El consejero expulsó los pensamientos sobre Song Woo-hyun y se enderezó. La terapia debía basarse en los hechos escuchados directamente de Gong Seo-hyun. No quería tener prejuicios sobre alguien a quien no conocía, y mucho menos dejar que eso influyera en la consulta.

Tras fumar en silencio durante un rato, Ju-han inclinó el torso hacia adelante.

“En fin, le agradecería que, como profesional, la guiara para que pueda tener una relación normal. No quiero interferir en la vida amorosa de mi hermana adulta, pero esto ya es demasiado”.

Ju-han agitó la mano en el aire con desgana, preparándose para dar por terminada la conversación. El consejero, en lugar de agradecer que aquel momento tan incómodo terminara pronto, sintió que sus labios se movían con atrevimiento. ‘Relación normal’. Le inquietaba que Ju-han usara las mismas palabras que Seo-hyun había repetido varias veces en consulta. ¿Acaso eran palabras que Ju-han le había inculcado?

“¿Qué tipo de relación considera usted que es ‘normal’?”.

Terminó haciendo la pregunta innecesaria. Ju-han, que estaba por levantarse, se detuvo a medio camino y lo miró. Su expresión no cambió mucho, por lo que no parecía enfadado, pero al consejero le sudaron las palmas de las manos temiendo haber cometido un error. Mientras dudaba si disculparse y marcharse rápido, Ju-han volvió a sentarse de golpe. Por primera vez desde que se conocieron, cruzó las piernas.

“¿Me está dando una consulta gratis? Me gusta”.

Su sonrisa era juguetona. Contrario a su preocupación, Ju-han empezó a reflexionar con una actitud bastante seria. Con las manos entrelazadas sobre la rodilla, movía las pupilas pensativo, frunciendo el ceño y dejando escapar un leve sonido desde su garganta.

Cada vez que veía a Ju-han, un minuto se sentía como diez, así que probablemente solo habían pasado unos tres minutos reales. Cuando el silencio se volvía cada vez más incómodo, habló con cautela.

“Para tener una relación normal... supongo que, para empezar, la otra persona no debería ser un prostituto”.

Aunque lo que acababa de decir distaba mucho de ser prudente, Gong Ju-han mantuvo su ceño fruncido, fingiendo una seriedad afectada.

“Como he visto y oído demasiado, supongo que los famosos también quedan descartados. Si un prostituto resulta ser además una celebridad... bueno, creo que tendría más química con mi padre que con Seo-hyun”.

“...”.

“¿Cuál cree que sea mi problema, doctor?”.

Las pupilas de Ju-han brillaban con una curiosidad centelleante, como si realmente estuviera ansioso por escuchar la respuesta. El consejero, con la palabra en la boca, optó por apretar los labios y guardar silencio.

No sé ni por dónde empezar, fue la frase que se quedó rondando en su mente sin llegar a salir.

***

“Nunca te he amado”.

Song Woo-hyun soltó esa frase cruel con una leve y burlona sonrisa en la comisura de sus labios. El vaho blanco de su aliento subió y se dispersó frente a sus ojos. Sus labios, que habían repetido la misma línea innumerables veces durante horas, estaban entumecidos por el viento gélido.

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Ya no sentía sus rasgos faciales y apenas podía doblar y estirar sus dedos rígidos dentro de los bolsillos. Quizás debido a la lluvia de ayer, la temperatura había caído bajo cero y el viento soplaba con tal fuerza que sentía que se le iba a caer la nariz del frío.

Ya habían pasado dos horas desde que le dijeron que esperara de pie.

Parecía que el rodaje se estaba retrasando continuamente; Kang Ha-jin, el actor principal de ‘Condiciones de una relación’, había llegado más tarde de lo previsto y, para colmo, justo cuando tocaba grabar las escenas exteriores, se desataron ráfagas de viento huracanado. Woo-hyun miró con envidia a un gato callejero que se acurrucaba bajo un coche que acababa de apagarse.

“Nunca te he amado... Ah, maldita sea”.

De tanto esperar, ahora hasta la pronunciación se le trababa y empezaba a moquear. Mientras se limpiaba la nariz húmeda con el dorso de la mano y soltaba un suspiro lleno de irritación, sintió que todo su cuerpo estaba tenso como una tabla. No podía estar así durante la grabación. Era la primera vez en su vida que interpretaba a un villano. Un exnovio que debía sonar despreciable desde la primera palabra no podía andar sorbiéndose los mocos.

¿Sería porque siempre le decían hasta el cansancio que tenía una cara de ‘buen chico’ que jamás diría una grosería? La mayoría de los papeles que le daban a Woo-hyun eran, en varios sentidos, ingenuos: el amigo torpe del protagonista, el familiar problemático que le trae desgracias, o la víctima de una estafa que termina en la ruina tras ser manipulado por completo.

Por supuesto, esos personajes también son necesarios para la narrativa y tienen su propio encanto, pero el tipo que le tocaba interpretar hoy, Kim Kyung-chan, era una basura humana como ninguna otra que hubiera hecho antes, y eso lo emocionaba. Un tipo que no solo usó a la protagonista, Chae-eun, de forma despiadada, sino que además la engañó con otra y terminó con ella. En medio de todo eso, la hería con palabras viles diciendo que ‘nunca la amó’; era un tipo cobarde y ruin.

Será divertido.

Woo-hyun sorbió por la nariz y sonrió levemente. Eran solo cinco líneas de diálogo, un villano plano en cierto sentido, pero tras analizarlas por su cuenta, el personaje cobró una dimensión compleja en su interior. Se había divertido tanto imaginando el trasfondo, la personalidad y los gustos de Kim Kyung-chan, detalles que probablemente ni el guionista se molestó en definir, que ya estaba tan inmerso que, si alguien gritaba ‘¡Kyung-chan!’, él volteaba de forma natural.

A Woo-hyun le encantaba actuar. Era una de las pocas cosas que disfrutaba de verdad, pero la razón principal era que le permitía vivir como otra persona. Independientemente de la intención del autor, el simple hecho de existir dentro de una historia que corría hacia un final significativo le hacía sentir que él mismo era una persona valiosa. Le gustaba que, mientras era otro personaje, podía olvidar a ‘Song Woo-hyun’ y su vida pasajera.

“Hace mucho frío, ¿verdad? Aquí tiene, caliente sus manos al menos con esto”.

“Ah, gracias”.

Un miembro del staff apareció de repente, puso un calentador de manos en su palma y se marchó. Woo-hyun hizo una reverencia hacia la espalda del trabajador, que ya se había alejado, y rápidamente sacudió el calentador para generar calor. A medida que amasaba el objeto con sus manos congeladas, la sensibilidad empezó a volver poco a poco. Fue entonces cuando notó la pegatina en el calentador. Tenía la foto de un actor junto a la frase: ¡Te amamos, actor Kang Ha-jin!. Al parecer, los fans habían enviado los calentadores al set como regalo.

Tras pasar una hora más frotándose el calentador contra la piel, finalmente llegó su turno. Woo-hyun infló las mejillas para relajar los músculos faciales y observó el humor del director. El director, que había estado de mal humor durante todo el rodaje, se encontraba en un estado de irritabilidad extrema debido al cansancio acumulado. A su lado, Kang Ha-jin se acercó caminando con indiferencia. Por alguna razón, aunque ya había terminado sus escenas, no se había ido; observó a Woo-hyun de arriba abajo con una mirada tan incómoda como la del director.

No le prestes atención.

Woo-hyun se arregló la ropa y miró de frente a la actriz Bae Su-min, que interpretaba a Chae-eun. Por el rabillo del ojo veía a Kang Ha-jin intercambiando breves palabras con el director, pero lo ignoró para concentrarse en Kim Kyung-chan.

Kim Kyung-chan está consumido por los celos ahora mismo. Aunque no lo demuestra abiertamente, está perturbado...

“¡Oye, tú! ¡Fuera!”.

Fue justo cuando esperaba la señal, inmerso en la situación. El director, de repente, señaló a Woo-hyun con el dedo.

“¿Perdone?”.

“Que salgas de ahí”.

No estaba claro si le pedía que esperara un poco más o si le estaba diciendo que se largara definitivamente, pero basándose en su experiencia pasada, lo más probable era lo segundo. Woo-hyun preguntó de nuevo con un hilo de esperanza.

“¿A qué se refiere...? ¿Debo seguir esperando?”.

El director ni siquiera lo miró y empezó a dar instrucciones a gritos al equipo. Mientras Woo-hyun intentaba entender la situación entre la gente que empezaba a moverse apresuradamente, un hombre se acercó con paso firme y se plantó al lado de Bae Su-min. Ocupó con total naturalidad el lugar que hasta hace un segundo era de Woo-hyun y saludó primero a la actriz.

“Hola, sunbae-nim. Soy un gran fan. Por favor, cuide de mí hoy”.

“¿Qué pasa? ¿Han cambiado al actor?”.

Preguntó Bae Su-min.

“¿Ah? ¡Vaya! ¿Es así? A mí no me comentaron esas circunstancias”.

Respondió el recién llegado con una sonrisa apenada.

El nuevo actor miró de reojo a Woo-hyun con una expresión compleja: esa mezcla de lástima por estar en una situación similar, pero también la incomodidad de no poder ofrecer consuelo.

Era algo que pasaba de vez en cuando. En un rodaje hay muchos cambios según los intereses y las situaciones, y los actores de reparto a veces se enteran de esos cambios solo cuando ya han llegado al set.

“Supongo que usted es demasiado guapo y alto para este papel, por eso no encajaba”.

El hombre le sonrió a Woo-hyun como si aquello fuera un cumplido. ¡Oye, desgraciado! ¿No oíste que te largues? ¿Estás sordo?. La voz feroz del director lo devolvió a la realidad. Tras asimilar la situación, Woo-hyun corrió rápidamente hacia los márgenes del set.

Realmente quería vivir como Kim Kyung-chan.

Le dolía irse, así que se quedó un rato observando el rodaje desde lejos.

El nuevo actor interpretaba a Kim Kyung-chan de una forma totalmente distinta a la suya. Su versión mostraba las emociones de forma cruda y tenía un tono de voz alto; en cambio, Woo-hyun había pensado que Kyung-chan sentiría una sensación de superioridad al decirle palabras crueles a su ex, pero que intentaría ocultar ese sentimiento, por lo que había optado por un tono más calmado.

Había llegado a esa conclusión por la frase que Kyung-chan añade al final: ‘Espero que tú también encuentres a alguien bueno’. En ese intento de transmitir que no sabía con quién estaba ella y que no le importaba (siendo mentira), Woo-hyun había creído ver el verdadero interior del personaje.

Aun así, no significaba que la interpretación de aquel actor estuviera mal. A juzgar por el reloj caro que llevaba puesto a propósito, parecía que él quería mostrar a un Kim Kyung-chan más fácil de leer. Quizás eso era lo más cercano a lo que el guionista pretendía.

Woo-hyun se dio la vuelta solo cuando el viento helado hizo que le ardieran las mejillas. Como nadie en el set le prestaba atención, permaneció allí como un fantasma silencioso antes de marcharse.

Al menos, como me maquillé después de tanto tiempo, parece que siento menos frío.

Woo-hyun llenaba su cabeza con pensamientos triviales mientras caminaba.

Si iban a cambiar al actor, podrían habérmelo dicho antes.

Era absurdo, pero no estalló en ira, ni se fue de compras para compensar la frustración, ni buscó a quién culpar. Así era este mundillo. Lo había vivido innumerables veces y lo viviría en el futuro; frustrarse solo le perjudicaba a él.

¿Qué habría hecho Kim Kyung-chan en su lugar hoy? Quizás se habría sentido tan miserable que se habría desquitado con alguien más débil. No, con esa mentalidad tan frágil no habría durado mucho en el mundo del espectáculo, así que no podría ser actor. ¿Qué profesión le pegaría?, se preguntó. Imaginar aquello le divirtió y mejoró un poco su humor.

Durante todo el camino hacia la estación de metro, dejó atrás al Song Woo-hyun real para imaginar diversos escenarios para Kim Kyung-chan.

***

“¿De verdad pasó eso? Qué gente tan cruel”.

Woo-hyun respondió con naturalidad, frunciendo el ceño. Acababa de dar un trago al whisky y sentía un calor ardiente en la garganta. Estaba dándole la razón con entusiasmo a una clienta que se quejaba de haber vivido bajo el yugo (dominio) de su familia política durante más de 30 años tras casarse joven en una familia chaebol.

Llevaba trabajando en aquel Talking Bar (bar de conversación) algo más de cuatro meses. Antes podía cubrir sus gastos básicos combinando trabajos de medio tiempo con la actuación, pero cuando sus padres murieron repentinamente, necesitó una gran suma de dinero y acabó aceptando este empleo. No le entusiasmaba, pero no estaba en posición de elegir. Con un trabajo normal, no habría tenido ni la esperanza de pagar la enorme deuda que sus padres le habían dejado a su antiguo mentor.

Antes de suicidarse, sus padres le pidieron una suma millonaria a Jang Myung-jun, el hombre a quien Woo-hyun consideraba más su padre que a sus progenitores biológicos, y se la gastaron a manos llenas. No sabía qué mentira le habrían contado al profesor Jang para que este llegara a hipotecar su casa para prestarles el dinero, pero estaba seguro de que él mismo formaba parte de esa farsa. Después de todo, él era el único vínculo entre ellos.

Era una venganza. Woo-hyun estaba seguro.

Sus padres no solo derrocharon el dinero, sino que con lo que quedaba pagaron todas sus deudas con los bancos y conocidos. El hecho de que hicieran eso y dejaran únicamente al profesor Jang con la deuda pendiente era un acto de pura maldad. Renunciar a la herencia y perder al profesor Jang, o aceptar la deuda y cargar con ella; cualquier opción era un callejón sin salida para Woo-hyun.

Fuera como fuera, el trabajo en sí no era difícil. Los clientes solían ser educados y, como estaba estrictamente prohibido contactarlos en privado o recibir propinas extra, no había complicaciones. Aunque era un lugar exclusivo para miembros que operaba con discreción, la gestión era impecable. Al ser sus principales clientas mujeres solitarias de alto estatus social, solo tenía que ser un buen conversador.

“¿Verdad que es demasiado? La gente no siempre tiene el mismo corazón que uno. No sé cómo pueden dormir por la noche después de actuar así con los demás”.

Dijo la clienta.

“De verdad... deben de haberla herido mucho”.

Respondió él.

Solo tenía que sentarse, escuchar con atención y empatizar; en cierto modo, era una extensión de la actuación.

“Ni me lo digas. ¿Ves estas ojeras? El insomnio me está matando últimamente”.

“¿Ah sí? Déjeme ver”.

“¡Ay, qué vas a ver! Estará lleno de arrugas”.

“No veo ninguna. Tiene la piel impecable”.

“Jajaja, qué ocurrente eres”.

Cuando la ‘Señora Park’ se rió agitando la mano, Woo-hyun le devolvió la sonrisa (a todas las clientas se las llamaba ‘Señora’). De buen humor, la mujer pidió otra botella de whisky caro que ni siquiera iba a beber.

La gente de familias poderosas venía aquí por la libertad que les otorgaba el anonimato. Woo-hyun era su ‘bosque de bambú’ donde gritar sus secretos.

En medio de su charla trivial, la Señora Park abrió mucho los ojos como si recordara algo.

“Es cierto. Esto es un poco delicado pero... ahora que me he enterado, siento que no sería humano si hiciera como que no lo sé. Oye, ¿es verdad que tus padres fallecieron hace poco?”.

Woo-hyun nunca hablaba de su vida privada y menos de su familia, pero aunque fuera un actor desconocido, los rumores volaban. Él asintió con calma.

“Sí”.

“Cielo... ¿por qué no dijiste nada? Sé que es tarde, pero toma esto”.

Como si lo tuviera preparado, la Señora Park sacó un sobre de su bolso y se lo pasó por debajo de la mesa. Al ver con qué destreza buscaba un ángulo que no captaran las cámaras de seguridad, Woo-hyun pensó que la regla de no aceptar dinero extra no se cumplía tanto como parecía. Él rechazó el sobre con una sonrisa dulce.

“Está bien, no es necesario”.

“¿Cómo que no? No pude ir ni al funeral”.

“De verdad, no se preocupe. No hubo funeral”.

La Señora Park se sorprendió, pero no indagó más. Significaba que no le interesaba la historia trágica detallada. Leyendo entre líneas, Woo-hyun cambió hábilmente a un tema superficial.

“Mejor recomiéndeme una clínica dermatológica. A mí sí que me preocupa que se me vea la cara apagada por el cansancio últimamente”.

“¿Apagada? Si pareces un trozo de tofu. A tu edad, con comer y dormir bien es suficiente”.

“¿Y si me cambio el peinado?”.

La Señora Park le explicó con detalle qué estilista era famoso por los cortes y a qué peluquería debía ir. El tema del funeral se olvidó en un instante y la conversación fluyó de forma superficial, evitando las emociones profundas.

“Me gusta que no seas un quejica”.

Dijo de pronto la mujer cuando se acababa su tiempo de reserva.

En su rostro, que había estado relajado, asomó un rastro de agotamiento. Era una escena familiar. No importa cuán alto sea el estatus o la riqueza, al final solo los emocionalmente aislados acuden a este lugar.

“Mi marido, mi hijo... todos solo quieren hablar de sí mismos, piensan que sus pensamientos son lo más importante del mundo... No sabes cómo se quejan los hombres. Estoy tan harta que a veces...”.

Siento que quiero taparles la boca a todos. La Señora Park susurró esto de forma íntima y le ofreció un cigarrillo. Cuando él se inclinó hacia adelante para aceptarlo dócilmente, los ojos claros de la mujer brillaron con satisfacción.

“¿Por qué los hombres no pueden ser todos como tú?”.

 

La llama del encendedor bailó ante sus ojos. Woo-hyun entrecerró los ojos suavemente tras el humo del cigarrillo.

“Ah, qué frío hace”.

Woo-hyun se subió la cremallera del abrigo hasta el cuello al salir del ascensor. Había bebido más de lo habitual y, como no había comido bien, sentía ardor de estómago. Como recomendaban no comerse los aperitivos que pedían los clientes, solo había ingerido un poco de fruta en todo el día.

La nevera estaba vacía, así que tenía que comprar algo para poder hacerse la cena. Pensando en el menú, se dirigió de forma natural a un supermercado de ingredientes cercano. Aunque estaba algo lejos de la estación, era de los más baratos en la zona de Gangnam. Para cuando llegara a su casa, el mercado de su barrio ya estaría cerrado, así que aunque los precios fueran altos aquí, no tenía otra opción.

Debí hacer la compra el fin de semana.

Como tenía síntomas de resfriado, se había pasado el día durmiendo. Por mucho que digan que internet es barato, al final comprar poco y a menudo en el mercado local resultaba más fresco y económico. Alguna vez compró caballa a mitad de precio con cupones y resultó tener la mitad del tamaño de la que vendían en su barrio.

“¡Woo-hyun!”.

Woo-hyun se detuvo al oír su nombre. Las únicas personas que podrían reconocerlo allí eran clientes. Al mirar alrededor, vio a un hombre con una bufanda color mostaza acercándose.

“¿Joo Jae-hyung?”.

El hombre que corría hacia él con alegría era, efectivamente, Joo Jae-hyung. Habían trabajado juntos en el bar, pero lo despidieron por salir a escondidas con una de las clientas.

“¡Vaya! Por poco no te alcanzo. He venido a Gangnam por unos asuntos y me he pasado para verte. Justo tengo un favor que pedirte”.

“Podrías haber llamado”.

“Lo hice, pero no respondiste. ¿No lo viste?”.

“¿Ah, sí? Lo siento. Como ves, acabo de terminar de trabajar ahora”.

Como estaba hambriento y exhausto, ni siquiera se dio cuenta de que lo estaban llamando. Woo-hyun hizo un esfuerzo de sociabilidad y fingió una expresión alegre. Cuando trabajaban juntos, sus horarios coincidían pero nunca fueron cercanos; sin embargo, Joo Jae-hyung lo contactaba con más frecuencia desde que lo habían despedido.

“¿Puedes recoger algo por mí? Esta vez te pagaré lo mismo por el recado. Por cada artículo”.

Todo era para pedirle un simple favor. Aunque sonaba sospechoso, no era nada turbio. Woo-hyun aceptó la tarjeta que Jae-hyung le tendía y revisó el nombre grabado en ella.

Gong Seo-hyun.

Era una figura de una familia chaebol tan famosa que incluso en los bares de membresía anónima todos murmuraban sobre ella; su identidad era legítima. Dado que a Jae-hyung lo habían despedido precisamente por involucrarse con ella, su relación era indiscutible.

Gong Seo-hyun solía darle regalos a Joo Jae-hyung, y como las marcas eran variadas y los artículos numerosos, él siempre buscaba a alguien que los recogiera por él. Woo-hyun pensó que sería más fácil contratar a un comprador personal o a alguien de una agencia de recados, pero decidió creer en las palabras de Jae-hyung: ‘Prefiero que mi amigo gane dinero antes que un desconocido’. Jae-hyung parecía el tipo de persona que no tenía amigos, al punto de considerar ‘amigo’ a un colega de trabajo con el que apenas hablaba. Además, Woo-hyun realmente necesitaba el dinero en ese momento.

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“Puedo hacerlo en mi día libre, ¿está bien?”.

“No hay problema. Te enviaré la lista por mensaje ahora. Ejem... son bastantes cosas”.

Joo Jae-hyung sacó su teléfono, envió el mensaje y le pidió a Woo-hyun que lo revisara de inmediato. Era obvio: quería presumir. Woo-hyun leyó el mensaje con indiferencia y frunció el ceño.

Incluso si cada artículo costaba unos pocos millones, eran demasiados. Había diversas marcas; desde ropa hasta relojes y bolsos, el total seguramente superaba las decenas de millones de wones como si nada.

“¿Es un ajuar? ¿Acaso se van a casar?”.

“No, son regalos de Navidad. Yo le dije de solo pasar el rato en un hotel, pero ella insistió en dármelos. Por cierto, ¿qué hay de ti? ¿Te han elegido para algún proyecto bueno?”.

“Lo de siempre. La economía está mal y se han cancelado muchas producciones”.

“Deberías irte a algún lado para despejarte. Unas vacaciones en en un hotel o un viaje al extranjero. Un viaje realmente te renueva”.

A partir de ahí, comenzó el alarde en serio. Woo-hyun escuchó los lujosos detalles de la vida reciente de Joo Jae-hyung, asintiendo de vez en cuando. A dónde había viajado, qué había comido en qué restaurante, a quién había conocido... Jae-hyung hablaba emocionado hasta que, finalmente, miró su muñeca unos 30 minutos después de la hora en que Woo-hyun debería haberse ido. Mostró su reloj con naturalidad y fingió sorpresa.

“Ya es esta hora... Me gustaría seguir hablando, pero lo siento. Mi novia vendrá a recogerme. Ah, ¿quieres que te lleve a la estación?”.

“No, está bien. Ve tú”.

“¡Te llamaré! ¡Comamos juntos la próxima vez!”.

“Claro”.

Al darse la vuelta, Woo-hyun soltó una risa amarga. Pensó que, si Jae-hyung pagaba tan bien por los recados, probablemente era porque el precio incluía el tener que escuchar sus alardes. Al ver la mirada de superioridad de Jae-hyung, finalmente comprendió por qué quería encargarle los recados precisamente a él: quería sentirse poderoso dando órdenes a alguien que antes estaba en su misma posición.

Que haga lo que quiera. No me importa mientras pueda pagar los intereses.

Había sido un día largo.

Hace un momento tenía hambre, pero ahora incluso la sensación de ardor en el estómago había desaparecido. Su motivación para hacer las compras y cocinar también se esfumó por completo. Ya eran las 10 de la noche. Solo quería irse a casa y recostarse en la cama.

Si veo un puesto de bungeoppang (pan con forma de pez) en el camino, compraré eso.

Woo-hyun tarareó una canción mientras emprendía el camino de regreso a casa a deshoras.

***

“Qué alivio”.

Woo-hyun murmuró para sí mismo con una sonrisa satisfecha. El supermercado local había tenido una gran oferta de inauguración y, después de mucho tiempo, regresaba con las manos llenas. En cuanto recibió el folleto, memorizó la fecha y fue justo a la hora de apertura, logrando comprar todos los productos populares con grandes descuentos.

Pollo para estofado, un cartón de huevos, leche y varios alimentos congelados. Parecía que tendría suficiente para comer durante al menos dos semanas solo vaciando la nevera. Woo-hyun organizó cuidadosamente los víveres en su pequeña nevera y, finalmente, tomó un plátano.

Quería comprar fresas o manzanas, pero estaban demasiado caras, así que eligió los plátanos. Aunque estaban bastante maduros, eran baratos por 2,300 wones. Woo-hyun colgó el racimo en un gancho multiusos bajo el gabinete superior de la cocina. Había oído que, si se guardaban así, los plátanos ‘creían’ que seguían colgados del árbol y maduraban más despacio.

Mientras pelaba un plátano muy maduro y le daba un mordisco, regó sus plantas. Como vivía en un semisótano, las puso justo frente a la ventana por temor a que no recibieran sol; sonrió al ver que una de ellas había florecido detrás de una hoja. Acarició con la yema del dedo la flor que aún parecía una pequeña protuberancia y, de repente, notó la ropa tendida en el tendedero. Dobló la ropa sintiendo el olor a suavizante de las prendas bien secas y limpió el suelo. Solo cuando terminaba su rutina sentía ganas de cocinar.

Aunque era pequeño, era su propio espacio. No importaba lo agotado que estuviera, se sentía en paz al regresar a este hogar que cuidaba con tanto esmero.

Woo-hyun terminó de comerse el plátano y abrió la aplicación del banco para revisar el dinero que había entrado. Sumando el pago por adelantado del recado y su salario de este mes, tenía más de lo habitual, pero sabía que había épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Apartó la cantidad mínima necesaria para vivir y transfirió el resto de inmediato a la cuenta del profesor Jang Myung-jun.

Poco después de enviar el dinero, llegó un mensaje del profesor. Woo-hyun, que estaba jugueteando con su teléfono, abrió el mensaje rápidamente.

 

[Profesor Jang Myung-jun

Has trabajado duro. No te sobreesfuerces; gasta lo que necesites y solo envíame lo que te sobre. Come bien y abrígate. Feliz Año Nuevo.

12:05 PM]

 

Mientras leía el breve mensaje varias veces, sus labios temblaron y terminaron haciendo un puchero. Era fin de año, época en la que todos intercambian saludos. Solo después de recibir este primer saludo se dio cuenta de lo solo que se había sentido. Cada año por estas fechas solía sentirse inquieto y se mantenía ocupado a propósito, pero este año había sido tan turbulento que los meses pasaron sin que tuviera tiempo de notar la soledad.

Escribió y borró una respuesta larga varias veces, para terminar enviando solo una línea: Feliz Año Nuevo para usted también, profesor. Decir que lo sentía o que rezaría para que la situación mejorara se sentía como una hipocresía.

Por haberle prestado dinero hipotecando su casa, el profesor estaba al borde del divorcio. Su esposa se había ido a casa de sus padres y estaban separados; el profesor intentó pedir dinero a varios conocidos y su reputación cayó por los suelos. Su hija, que acababa de entrar a la universidad, tenía cuatro trabajos de medio tiempo para ayudar a su padre, y se decía que el profesor sufría ataques de pánico y solo podía dormir si bebía. Woo-hyun se enteró de todo esto porque Hyun-woo, el hijo del profesor y antiguo compañero de clase, lo buscó para contarle con detalle cómo la familia estaba en la ruina.

Todo esto había sucedido porque el profesor fue amable con él.

Woo-hyun dejó el teléfono en el suelo y se puso de pie. Aunque era mucho dinero, no era una deuda imposible de pagar. Quién sabe, tal vez algún día se volviera famoso, pagara toda la deuda y pudiera devolver el favor. Por ahora, las dos personas más inútiles del mundo (sus padres) habían muerto y desaparecido, así que la situación no podía empeorar. Solo quedaba ir hacia arriba.

Con la esperanza de que solo vinieran cosas buenas, decidió abrir una lata de atún que había estado guardando. Haría un bibimbap con lechuga picada. Mientras se dirigía a la cocina relamiéndose, escuchó una vibración.

“¿Qué pasa? ¿Quién es?”.

Woo-hyun tomó el teléfono y frunció el ceño. Al ver un número desconocido, sintió náuseas. La voz del policía informándole de la muerte de sus padres volvió de repente a su mente, oprimiéndole el pecho. El clima, la hora, el aire y hasta el ruido ambiental de aquel momento en que recibió esa llamada estaban grabados a fuego en su memoria.

Recuperando la compostura, contestó. La voz aguda de un hombre, totalmente diferente a la de su recuerdo, captó su atención de inmediato.

—Es el servicio de mensajería rápida. ¿Habló con Song Woo-hyun? ¿Se encuentra en casa ahora?

¿Mensajería? ¿Un regalo de fin de año? No tengo a nadie que me envíe nada.

Woo-hyun miró hacia la entrada con confusión.

“¿Mensajería? ¿Quién lo envía?”.

—Me dijeron que si mencionaba al director Nam Yi-won, usted sabría quién es.

¿El director Nam Yi-won?

Por supuesto que lo conocía. Era un director famoso que había dirigido dramas muy populares como ‘La era de la insensatez’ y ‘¿Le ha pasado algo injusto?’. ¿Qué querría un director así con él?

Ansioso, Woo-hyun colgó y corrió hacia la puerta para esperar al repartidor. Salió en calcetines y sandalias, sin abrigo, temblando de frío, pero no se sentía capaz de volver a entrar. El repartidor, que dijo que llegaría pronto, apareció unos 15 minutos después.

“Firme aquí, por favor”.

“¡Muchas gracias!”.

Lo que le entregó fue un sobre de documentos bastante grueso. Woo-hyun firmó con la mirada clavada en el sobre, entró rápido a casa y lo abrió de inmediato. En ese breve instante, mil pensamientos cruzaron su mente.

Se siente pesado, parece un guion. No, es imposible que el director Nam Yi-won me envíe un guion. Debe ser una broma de alguien. ¿Será un atentado de alguien que odiaba a mis padres? Quizás usaron el nombre de un director famoso para que bajara la guardia, y al abrir el sobre explotará una pequeña bomba...

Pero al ver el contenido, sus ojos se abrieron de par en par por la impresión. No era una bomba, ni una broma malintencionada.

Eran la sinopsis y el guion de un drama.

Tal vez pusieron veneno en el papel, mejor no paso las hojas mojándome el dedo.

Woo-hyun acarició la primera página con manos temblorosas. Aquella idea absurda le parecía más creíble que la realidad.

En la primera página había un post-it amarillo. ‘Revíselo y llámeme, por favor’, decía la nota con la tinta ligeramente corrida; sentía que si seguía mirándola, las letras se desvanecerían ante sus ojos. Tras quedarse mirando fijamente el nombre y el número del director Nam Yi-won, Woo-hyun finalmente se desplomó en el suelo de la habitación. Su corazón latía tan fuerte que sentía que se le saldría por la boca. Estaba preparado para interpretar cualquier papel secundario con todas sus fuerzas.

El título era ‘Sobrevivir destacando’. El papel que le ofrecían era, sorprendentemente, el de un segundo protagonista masculino con bastante peso. No era el típico amigo amable que solo observa, sino un chaebol que se acerca a la protagonista para intentar arrebatársela al protagonista masculino por la pura y mezquina razón de querer fastidiarlo. Un narcisista que juega con el afecto de los demás, convencido de que todas las mujeres caen ante su encanto y estatus. Al final, termina enamorándose de la protagonista y solo después de perder su amor, alcanza la redención.

Mientras leía el perfil detallado del personaje, se le puso la piel de gallina. Nunca había tenido un papel tan interesante. Las configuraciones eran tan específicas que no necesitaba llenar los huecos con su imaginación; se sentía como una persona real. Desde qué comida le gustaba hasta qué traumas del pasado tenía.

“Vaya, no puede ser. Hasta se llama Ji Young-hyun”.

Young-hyun. Woo-hyun. El nombre era parecido; tenía un buen presentimiento. Woo-hyun olvidó su hambre y pasó varias horas leyendo la sinopsis y el guion una y otra vez. Para cuando llamó al director Nam Yi-won, el sol ya empezaba a ponerse.

“Hola”.

Cuando el largo tono de llamada cesó, Woo-hyun habló con cautela. Pensó que se había calmado, pero su voz sonaba claramente nerviosa.

—¿Hola? ¿Actor Song Woo-hyun?

Una voz animada respondió desde el otro lado, como si supiera exactamente quién era. Woo-hyun tragó saliva y respondió.

“Sí. Hola. Le llamo porque recibí el guion”.

—¿Hola? ¿Lo leyó todo?

“Por supuesto. He leído la sinopsis y el papel. Si me da la oportunidad, me esforzaré al máximo y daré lo mejor de mí”.

—¡Ah! Perfecto. Me gustaría hacer una lectura de guion antes de decidir el casting. ¿Nos vemos primero? ¿Qué te parece el lunes de la próxima semana?

“Sí, me parece bien”.

Woo-hyun buscó apresuradamente un bolígrafo y una libreta para anotar la hora y el lugar. Estaba dispuesto a salir corriendo aunque le hubieran dicho de verse a las 3 de la mañana.

—¿Cuánto mides y pesas ahora? No la estatura de tu perfil, sino tu estatura exacta sin plantillas.

“Mido 1.84 m descalzo. Me peso todos los días y oscilo entre los 72 y 74 kilos”.

—¿Podrías venir de traje el lunes? Ese día preferiría que pesaras 72 kilos.

“¡Ah, entiendo! ¡Iré pesando 72 kilos! ¡Muchas gracias!”.

—Nos vemos entonces.

La conversación terminó pronto. Woo-hyun saltó de alegría en cuanto colgó. El techo era bajo y creyó haberse golpeado un poco la cabeza, pero no le importó. Por suerte, tenía un traje. Lo compró hace unos años porque a veces se lo pedían para trabajos de seguridad, pero casi no lo había usado y estaba guardado al fondo del armario. Era barato, pero como ‘la presencia’ hace al traje, pensó que estaría bien.

Abrió el armario de par en par, sacó el traje que estaba en el rincón más profundo y respiró hondo. En el momento en que la sombra del traje negro oscureció su visión, imágenes de un funeral que nunca se celebró y de personas vestidas de luto pasaron borrosas por su mente.

Y recordó la escena de la morgue. Ese recuerdo de aquel día que no podía borrar de su memoria.

‘Sí, son mis padres’.

Aparte de los cortes en las muñecas, los cuerpos estaban intactos. Debieron morir por hemorragia, pero le resultó extraño que no se vieran tan pálidos. Murieron con los rostros contraídos. No parecía dolor, sino una expresión llena de resentimiento. Como si hasta el último aliento hubieran estado culpando a alguien.

Woo-hyun volvió a colgar el traje en el armario y tomó el guion. Subrayó las líneas de Ji Young-hyun e imaginó qué tipo de voz y tono tendría. Tenía curiosidad por las carencias de Ji Young-hyun, alguien que podía tener todo lo que quería. Pensó que alguien que juega con el afecto de los demás debe tener baja autoestima. Aunque la sinopsis no lo mencionaba, quizás sus relaciones familiares eran complejas, o siendo un chaebol, tal vez había algún secreto sobre su nacimiento.

Su mente se llenó de Ji Young-hyun. Así, Woo-hyun olvidó a su familia.

***

Solo después de conocer a Ji Young-hyun, Woo-hyun comprendió que la actuación no era para cualquiera. Para poder pensar y actuar como un millonario viviendo en un semisótano, se necesitaba un nivel de inmersión cercano al trastorno delirante. Ji Young-hyun era totalmente diferente a los papeles de gente común y bondadosa que había interpretado hasta entonces.

Cuando no había un trasfondo o configuración definida, podía recrear al personaje basado en su sentido común y experiencia, pero cuando se lo daban todo hecho, tenía que entender a un completo extraño desde la raíz. Dándose cuenta de lo superficial que había sido su corta carrera actoral, Woo-hyun se sintió perdido, como si fuera un principiante absoluto.

Buscó dramas ambientados en familias adineradas y consumió contenido sobre las diversas facetas de los narcisistas en la vida diaria. Anotaba cualquier personaje que tuviera el más mínimo parecido con Ji Young-hyun. Solo durmió dos horas la noche anterior por estudiar mientras trabajaba, pero aun así era divertido.

Al llegar a la zona de fumadores, Woo-hyun sacó un cigarrillo con calma. El dolor de cabeza punzante, probablemente por la falta de sueño, pareció aliviarse tras una calada profunda. Levantó la cabeza, exhaló el humo y miró hacia arriba, al edificio de las tiendas departamentales que se alzaba en medio de la ciudad. La fachada del edificio brillaba con las decoraciones lujosas de fin de año. Los árboles cercanos a la zona de fumadores también estaban envueltos en pequeñas luces, iluminando su vista.

 

[5:01 PM

He venido a recogerlo.]

 

Woo-hyun tomó una foto del centro comercial con el cigarrillo en la boca y la envió junto con el mensaje. Joo Jae-hyung le había pedido que informara una vez al llegar al centro comercial y otra vez después de recoger todo. Aunque dijo ‘pedir’, su tono era más autoritario que la primera vez, casi como una orden.

El dinero es poder, y la gente se vuelve adicta fácilmente a la autoridad. Si alguien como Joo Jae-hyung, que no tiene nada, ya está perdiendo la cabeza, ¿cómo sería Ji Young-hyun?

Ji Young-hyun es alguien acostumbrado a jugar con la gente usando dinero. Creció en un entorno que le permitía pensar así. Porque mucha gente cambia de actitud ante el dinero, y el dinero crea soluciones y excepciones con demasiada facilidad.

Incluso sin llegar a ser un chaebol, es fácil encontrar personas así. Hay camiones llenos de celebridades que cambiaron por completo tras ganar fama y riqueza de la noche a la mañana. Incluso los influencers de redes sociales pierden la cabeza. Al pensar en esto, Ji Young-hyun empezó a sentirse como alguien más familiar.

Tras terminar su cigarrillo, Woo-hyun entró en las tiendas departamentales con el paso mucho más ligero. Identificó la ubicación de las tiendas de las marcas en su lista y fue recogiendo los artículos uno por uno. Un cinturón por aquí, un sombrero y un bolso por allá, una chaqueta en otro lugar. Realmente había comprado una gran variedad de cosas.

Si en los recados anteriores su actitud era la de terminar rápido para irse a casa, esta vez mantenía los sentidos alerta y observaba su entorno con atención. Vio joyas relucientes, ropas ostentosas y a personas dispuestas a gastar grandes sumas de dinero por todo ese lujo y el ‘poder’ que simbolizaba.

Intentó proyectar a Ji Young-hyun en el paisaje que tenía ante sus ojos. Imaginó lo arrogante que sería él al comprar cosas que otros no pueden adquirir y disfrutar de lujos inalcanzables para el resto. Visualizó a un Ji Young-hyun que cree fervientemente que, además de controlar las acciones de los demás, puede manipular sus emociones a su antojo, y el entorno que lo moldeó de esa manera.

“Lo siento, parece que hubo un error durante la preparación del producto. ¿Le importaría esperar un momento en la sala privada del interior?”.

Sucedió en la última tienda, donde debía recoger dos chaquetas. El empleado se disculpó repetidamente, inclinando la cabeza, alegando que hubo una confusión.

No es para tanto, pensó Woo-hyun, y respondió rápidamente antes de que el empleado volviera a hacer otra reverencia.

“Está bien, tómese su tiempo”.

El empleado lo guio hacia el fondo de la tienda, a una sala privada que Woo-hyun ni siquiera sabía que existía. El espacio, diseñado para albergar a lo sumo a dos grupos, estaba bien equipado con un sofá largo, un espejo y hasta un probador. La iluminación era tenue, creando un ambiente oscuro y relajante para la vista. El empleado le sirvió una taza de té caliente con algunos bocadillos y salió de la habitación sin hacer el menor ruido.

Supongo que pagar 8 millones de wones por una chaqueta incluye este tipo de servicios, pensó Woo-hyun mientras disfrutaba del té y descansaba un poco. Estaba empezando a cansarse de cargar tantas bolsas de compras, que además eran enormes. Accesorios pequeños envueltos individualmente, metidos en cajas, y estas a su vez en bolsas... el exceso de embalaje era casi un crimen ambiental.

Pasaron 30 minutos mientras balanceaba las piernas, pero el empleado no regresaba. Empezó a impacientarse y a mirar hacia la puerta. Si se retrasaba más, se quedaría atrapado en la hora punta y tardaría cuarenta minutos más en llegar a casa. Pensó que sería mejor preguntar qué pasaba y pedir que le enviaran el paquete por mensajería.

Justo cuando se acomodaba para decidir qué hacer, la puerta finalmente se abrió.

Woo-hyun parpadeó atónito ante la escena inesperada. No era el empleado, sino otro cliente. Un hombre alto con un abrigo sobre el traje entró con paso firme y, para colmo, se sentó justo enfrente de Woo-hyun. Incluso le dedicó una sonrisa radiante al cruzar miradas. Su actitud era tan natural que cualquier extraño habría pensado que venían juntos.

Tras la sorpresa inicial por la aparición repentina del desconocido, Woo-hyun fingió estirarse para observarlo de reojo. En el mundo del espectáculo se ven muchas personas atractivas, pero este hombre era tan guapo que capturaba la atención de inmediato. Debido a la luz tenue, el contraste entre su piel y su cabello era más marcado, y gracias a eso, incluso a la distancia de la mesa, se distinguían sus largas pestañas. Sus cejas eran densas y rectas, dándole una impresión varonil, pero la forma de su rostro era estilizada y sus ojos caídos le daban un aire delicado y bonito.

Era un hombre extremadamente deslumbrante. Incluso con maquillaje para una sesión de fotos sería difícil lograr ese aura.

Me gustaría que la primera impresión de JiYoung-hyun tuviera esa atmósfera, pensó Woo-hyun en cuanto lo vio.

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Según la sinopsis, Ji Young-hyun era alguien que ‘no solo es guapo, sino que tiene un aire aristocrático y un aura que atrae todas las miradas’. La actitud del hombre, de la cual emanaba una confianza natural sin decir una palabra, y la sonrisa relajada que mostró al cruzar miradas, parecían encajar perfectamente con esa descripción.

Un empleado entró y puso té y bocadillos frente al hombre. Él ni siquiera miró al empleado; mantuvo su vista fija en Woo-hyun. Al sentir esa mirada que parecía tener algo que decir, Woo-hyun se olvidó por completo de preguntar cuánto tiempo más tendría que esperar.

¿Sería porque tenía los nervios de punta? Esta vez, el sonido de la puerta al cerrarse le pareció inusualmente fuerte. Se quedaron a solas.

Estando sentados frente a frente bebiendo té, sintió que debía decir algo. Nunca se le había dado mal charlar, pero por alguna razón sentía la boca seca. Sabiendo que sus miradas se cruzarían, Woo-hyun levantó los párpados.

Una vez más, el hombre sonrió. Un destello de picardía cruzó sus ojos brillantes y el ambiente se relajó al instante.

“Está nevando fuera”.

Dijo el hombre en voz baja mientras levantaba su taza. Al no ocurrírsele nada más, Woo-hyun solo forzó una leve sonrisa.

Un abrigo demasiado fino para el pleno invierno, unos zapatos excesivamente impecables como para haber caminado bajo la nieve, una piel que no parecía en absoluto reseca y uñas perfectamente cuidadas. Woo-hyun analizó al hombre de arriba abajo, pensando en Ji Young-hyun.

Alguien que nunca ha estado desesperado. Alguien para quien el mundo fluye según su voluntad. Alguien que no necesita leer el ánimo de los demás. Cosas que lo hacían lucir así, más allá de la ropa cara o los accesorios.

“¿No es usted actor?”.

Woo-hyun tardó unos segundos en darse cuenta de que la pregunta iba dirigida a él y abrió mucho los ojos. Solo lo habían reconocido ocasionalmente cuando era menor de edad en su barrio, donde los rumores corrían rápido, pero esta era la primera vez que alguien lo reconocía como actor.

No, pensó Woo-hyun, cerrando la boca y humedeciendo sus labios. No es que lo hubiera reconocido, sino que, al verlo alto y con buena cara, simplemente lanzó la pregunta por si era una celebridad.

“Lo soy, pero solo he hecho papeles pequeños, así que probablemente me esté confundiendo con otro actor”.

El hombre enderezó la cabeza e inclinó el torso hacia adelante, acercándose. Al acortarse la distancia, percibió un perfume intenso. Sus ojos, que de lejos parecían negros, revelaron un matiz marrón sutil al verlos de cerca.

“¿No salió en ‘Métodos de comunicación erróneos’?”.

Woo-hyun se sobresaltó al oír el título del drama. Song Dae-shik. Era el personaje que más amor había recibido y el único que compartía su apellido, por lo que le tenía mucho cariño.

Incluso si fue popular, el drama en sí no tuvo mucha audiencia y su tiempo en pantalla fue corto; era increíble que lo reconociera. Woo-hyun sintió que se le calentaba la nuca, pero respondió fingiendo naturalidad.

“Es cierto. Era Dae-shik, el hermano de la protagonista... ya sabe, el que comía mucho”.

“Incluso lo estafan”.

“¡Exacto! Es muy ingenuo y no sabe nada de la vida”.

Al recordar los días viviendo como Song Dae-shik, sintió una punzada de emoción. Cometió muchos errores y causó problemas, pero gracias a los buenos amigos y a su familia, Dae-shik pudo superar las adversidades y crecer. Aunque algunos lo criticaban por ser un personaje molesto, para Woo-hyun era pura ternura.

El hombre, con una sonrisa en el rostro, recorrió con la mirada los bocadillos de la mesa que Woo-hyun no había tocado y el montón de bolsas de compras acumuladas junto al sofá. Mientras su mirada vagaba, murmuró como si hablara para sí mismo.

“Los actores son realmente fascinantes. Verlos interpretar a alguien que es totalmente diferente a su yo real...”.

“Bueno, supongo que sí”.

Dae-shik era extremadamente pobre y glotón. Woo-hyun, que no sintió la necesidad de explicar que las bolsas no eran suyas, se encogió de hombros ligeramente.

El hombre guardó silencio. Al cerrar la boca se veía relajado, pero Woo-hyun, que estaba recibiendo esa mirada analítica, no lo estaba tanto. Estaba acostumbrado a las miradas de extraños hacia su actuación, pero cuando ese interés se dirigía al Song Woo-hyun real, siempre se sentía incómodo.

A pesar de eso, no quería irse. Pensó que intercambiar unas palabras más con ese hombre le ayudaría mucho a definir la imagen de Ji Young-hyun. De hecho, en los pocos minutos que llevaban sentados, Woo-hyun había obtenido más inspiración que en todos los días anteriores.

Diré cualquier cosa, pensó. Quería seguir escuchándolo hablar. Woo-hyun sacó un tema de conversación fácilmente.

“Como ya es Navidad, afuera todo está muy brillante. Hay villancicos por todas partes”.

“...”.

“¿Qué hará en Navidad? Todo el mundo parece irse de viaje o hacer fiestas”.

“¿Qué le vas a regalar a tu novia? Un regalo de Navidad”.

Preguntó el hombre de repente, mirándolo fijamente. Una pregunta inesperada para un primer encuentro.

Tras un momento de desconcierto, Woo-hyun frunció el ceño analizando la repentina pregunta. Preguntar por una novia de la nada... ¿no era el tipo de pregunta que se hace para tantear si alguien tiene pareja? Si respondía, significaría que la tenía, y si no, diría la verdad. Como alguien a quien le habían pedido el número muchas veces, Woo-hyun estaba acostumbrado a estas tácticas.

¿Es eso lo que busca?

Durante el largo silencio, el hombre no apartó la mirada ni una sola vez. Ciertamente, había una tensión difícil de explicar entre líneas. No parecía una pregunta lanzada al azar. Si recordaba su breve papel, debía ser porque su apariencia era de su gusto. El hecho de que se sentara justo enfrente y le hablara primero tenía sentido si esa era la razón.

No tenía tiempo para romances ni ganas de hacer amigos, pero... quería hablar más con él. No tenía claro cómo Ji Young-hyun abordaría a alguien que le gustara, y pensó que encontrarse con este hombre antes de la lectura de guion le ayudaría a encontrar el tono del personaje.

“No tengo novia”.

Sin entrar en detalles personales, solo un ligero flirteo.

“Ni novio tampoco”.

Ante el añadido en voz baja, el hombre finalmente parpadeó. Sus ojos, que parecieron quedar vacíos por un instante, recuperaron el enfoque. Su rostro inexpresivo pareció contraerse levemente antes de habla.

¿Habría sido un malentendido? Si lo fuera, incluso su reacción ante ello le causaba curiosidad.

“Ja”.

En lugar de una respuesta, una risa seca escapó de sus labios rojos. El hombre se mordió el labio inferior mientras sonreía y se puso de pie. Contra todo pronóstico de que se daría la vuelta para irse, al momento siguiente le tendió la mano a Woo-hyun con un rostro radiante.

“Soy Gong Ju-han”.

“Ah, yo me llamo Song Woo-hyun”.

El apretón de manos fue firme y cálido. Al estar de pie frente a frente, Gong Ju-han era ligeramente más alto. Woo-hyun se tranquilizó al ver que su rostro se volvía mucho más suave que al principio.

No se había equivocado. Woo-hyun revisó la hora y le tendió su teléfono.

“¿Quiere tomar un café mañana? Si me da su número, lo contactaré”.

“¿Qué tal un vino? Ahora mismo”.

Gong Ju-han ni siquiera miró el teléfono de Woo-hyun al hablar. Aunque sería bueno esperar un poco para que pasara la hora punta de salida del trabajo... Woo-hyun miró el montón de bolsas de compras y mostró una sonrisa de apuro.

“Es que llevo mucho equipaje”.

“Yo te llevo”.

Esa manera de convertir una sugerencia en una orden era exactamente como Ji Young-hyun. ‘Yo te llevo’. Al ver a Gong Ju-han recitar exactamente la misma línea que estaba en el guion, no pudo negarse. Tras dudarlo, Woo-hyun asintió.

“Está bien, entonces”.

“¿Vamos?”.

Gong Ju-han sonrió con los ojos entornados y puso las manos tras la espalda con aire juguetón. Parecía cederle el paso cortésmente, pero el hecho de que no se ofreciera a cargar ni una sola bolsa mientras veía a Woo-hyun empujar la puerta con el hombro le pareció tan propio de Ji Young-hyun que le encantó.

El bar de vinos estaba en la novena planta del mismo edificio. Como solo había que subir en ascensor, rechazó la oferta de Ju-han de llamar a un chófer para mover las bolsas al coche en el estacionamiento subterráneo. Eran objetos que no podía permitirse perder, pero además no le entusiasmaba la idea de volver a casa en el coche de un extraño. Sabía más o menos la hora del último tren y, en el peor de los casos, podía tomar un taxi.

El bar estaba en un rincón apartado, incluso tras salir del ascensor había que caminar un buen rato. La distancia desde la entrada hasta el mostrador también se sentía larga, pero el interior resultó ser aún más oscuro que la sala privada. Incluso el rostro del empleado que los recibió se veía pálido y fantasmal.

Afortunadamente, la habitación privada no era tan lúgubre como esperaba. Una de las paredes era totalmente de cristal, reflejando la vista nocturna de fin de año previa a la Navidad. En un rincón había un árbol decorado solo con adornos dorados. En medio de ese paisaje lujoso, lleno de luces de diferentes tamaños y tipos, Gong Ju-han encajaba a la perfección.

“Voy a pedir el menú del dia, si hay algo específico que quieras comer, dímelo”.

Como si fuera un lugar frecuente para él, Ju-han hizo un ligero gesto con la cabeza y el empleado retrocedió un paso sin dar ninguna explicación. Woo-hyun fingió revisar el menú y respondió que el menú del dia sería suficiente. También asintió aceptando cualquier vino. No había venido a comer, así que lo que pidieran le daba igual. Su atención estaba centrada en las expresiones y el lenguaje no verbal de Gong Ju-han.

La mesa era pequeña en comparación con el tamaño de la habitación, por lo que se sentía como un espacio exclusivo para dos. A pesar de estar sentados frente a frente, la distancia con Gong Ju-han era lo suficientemente corta como para ver bien su rostro. Sus ojos eran suaves y tenía una sonrisa en los labios, pero seguía siendo un hombre con un aura difícil de abordar. El brillo de las luces se reflejaba con nitidez en sus pupilas negras.

Había lanzado un pequeño anzuelo, pero no esperaba que mordiera tan rápido. Supuso que, si mostraba interés, lo haría de una forma más sutil y arrogante. Invitar a beber inmediatamente después de conocerse suele significar una invitación a tener sexo; ¿estaría tan excitado como para retener a alguien que estaba a punto de irse? No lo sabía. No importaba lo que estuviera pensando, no se notaba nada por fuera.

Por supuesto, lo mismo ocurría con Woo-hyun. Una vez que el empleado cerró la puerta y salió, Woo-hyun le dedicó una sonrisa radiante a Gong Ju-han.

“¿Le gusta el vino?”.

“No especialmente. No soy muy aficionado al alcohol. Simplemente me gusta el ambiente de este lugar”.

“Es cierto que el ambiente es bueno. Con el árbol y todo”.

Gong Ju-han rió suavemente y bajó la mirada. Al hacerlo, sus largas y densas pestañas capturaron la atención de Woo-hyun. De cerca, su rostro era tan impecable que resultaba increíble que no fuera una celebridad.

“¿A usted le gusta beber, Woo-hyun?”.

“Sí. Bebo de todo con moderación”.

No es que disfrutara bebiendo, pero mintió un poco haciendo uso de su sociabilidad. Su experiencia trabajando en talking bars (Bares de conversación) y en casi todos los empleos de servicio que había tenido le permitían soltar halagos y frases de cortesía hasta con los ojos cerrados. Al tener que beber siempre en situaciones incómodas para complacer a otros, no sabía si las reuniones sociales eran divertidas ni le encontraba el gusto al alcohol. Como no podía permitirse emborracharse, siempre estaba en tensión, por lo que tampoco entendía eso de que sentirse ebrio era agradable.

En cuanto terminó de hablar, entró el empleado para servir un steak tartar (filete tártaro) de ternera coreana y explicar los detalles del vino. Mientras escuchaba por un oído fingiendo interés, vio la comida y recordó que lo único que había comido en todo el día era un plátano. Debido al dolor de cabeza, no tenía apetito y salió de casa con un plátano en la boca. Pensó que volvería pronto y cenaría temprano, pero terminó pasando el día en ayunas.

Tenía hambre, pero Woo-hyun no tocó la comida. La sensación de ardor en el estómago le recordaba al talking bar, lo que irónicamente le hacía sentir más tranquilo. Solo tenía que hacer lo de siempre.

“Pensé que tendrías novia, me ha sorprendido”.

Dijo Gong Ju-han cuando volvieron a estar solos.

Woo-hyun dudó si eso significaba que lo creía heterosexual o si era un cumplido sobre su atractivo, así que optó por dar la respuesta que alguien interesado en él querría oír.

“¿Ah, sí? Es que hace bastante que no salgo con nadie”.

Era cierto; desde que salió con un chico que conoció en el ejército durante seis meses tras el servicio militar, no había vuelto a tener pareja. Sobrevivir ya era bastante difícil como para interesarse en el amor apasionado, ya fuera dándolo o recibiéndolo. A veces tenía encuentros de una noche si sentía deseo sexual, pero incluso eso lo había dejado hacía tiempo.

Incluso los amantes de una noche hacían demasiadas preguntas. En algún momento, sintió que tener que hablar de sí mismo solo por sexo era agotador. Masturbarse era suficiente para aliviar su deseo.

Una vez, una mujer con la que se acostó le preguntó si no había sido famoso en redes sociales cuando era niño. Esa noche, Woo-hyun buscó su antiguo usuario después de mucho tiempo. A pesar del paso de los años, quedaban fragmentos de videos dispersos en diferentes resoluciones y calidades. También había fotos de cuando hacía directos en internet. Como sus padres no le daban de comer si no era frente a la cámara, siempre hacían mukbangs en familia; encontró una imagen capturada de cuando estaba en primaria, comiendo fideos jjajangmyeon vorazmente con la salsa manchándole toda la boca.

(NT: Mukbangs: Tendencia de internet originada en Corea del Sur que consiste en transmitir en vivo o grabar un video mientras una persona ingiere grandes cantidades de alimentos.)

Sucedió hace mucho tiempo. Había pasado tanto tiempo que incluso se sentía como si fuera otra persona. Tras llegar a esa conclusión, cerró la ventana de búsqueda y nunca más volvió a mirar. Vivió sin tener encuentros de una noche y sin hacer nuevos amigos. Estaba tan ocupado que no tenía tiempo para aburrirse.

Gong Ju-han esbozó una pequeña sonrisa y levantó su copa. Woo-hyun estaba nervioso porque no había hecho esto en mucho tiempo, pero pensó.

No es como si nos volviéramos a ver; charlemos mezclando algunas mentiras y luego despidámonos. Cuando llegue a casa, tengo que probar a leer el guion con un tono diferente.

Woo-hyun le devolvió la sonrisa mientras chocaban las copas.

“Aparte de Dae-shik, ¿qué otros papeles ha interpretado?”.

Woo-hyun, que planeaba responder con algo inventado, abrió mucho los ojos ante la pregunta inesperada. De los nervios, terminó manteniendo demasiado vino en su boca mientras intentaba ganar tiempo.

Pensó que la conversación sobre citas continuaría, pero resultó ser sobre trabajo. Se preguntó si sería porque la profesión de actor le resultaba curiosa. Woo-hyun recorrió con su lengua el interior de su boca, empapada con el fragante aroma de la uva. Podía hablar todo lo que quisiera sobre sus personajes. El problema era que no tenía mucho que decir.

“Incluso si se los digo, no los conocerá. Hice muchos papeles sin nombre. Transeúnte 1, Detective 3, cosas así”.

“Cuénteme. Yo les pondré nombre”.

“¿Que usted les pondrá nombre?”.

“Seguro que puedo ponerles nombres mejores que ‘Dae-shik’”.

Gong Ju-han apoyó la barbilla en una mano y frunció el ceño con picardía. Luego, fingió pensar profundamente antes de mover los ojos para encontrar su mirada. Ponerle nombre a un extra que pasa de largo... El hombre que hace unos minutos parecía difícil de abordar, en ese instante le pareció tierno. ¿Tendría Ji Young-hyun ese mismo sentido del humor?

Gong Ju-han curvó la comisura de sus labios mientras miraba a un Woo-hyun sonriente.

“Pero, ¿no es su apariencia demasiado llamativa para hacer de transeúnte? En el buen sentido”.

“Jaja, no importa porque mi cara no sale lo suficientemente cerca en pantalla. Aunque, bueno... a veces siento que mi apariencia es un obstáculo”.

“¿Por ejemplo?”.

“Me gustaría hacer papeles de matón o estafador, pero no me los dan”.

Gong Ju-han, que lo miraba fijamente, ladeó la cabeza. Tras observarlo con los ojos entrecerrados, le preguntó.

“Siento que lo haría bien, ¿por qué no se los dan?”.

“Es la primera vez que escucho eso”.

“Diga algo malo”.

Las pupilas de Gong Ju-han brillaron con una luz traviesa. Probablemente lo dijo sin mucha intención, pero debido a su voz profunda, se creó una atmósfera extrañamente peligrosa. Woo-hyun memorizó la expresión y la voz de Gong Ju-han al decir eso. Quería intentar actuar con un tono similar más tarde, durante la lectura del guion.

“Incluso una línea de diálogo está bien. Lo que sea que se le ocurra”.

Ante la insistencia, de repente recordó a Kim Kyung-chan. Como era reciente y tenía pocos diálogos, los había practicado tanto que se le habían quedado pegados a la lengua. Mientras recordaba a Kim Kyung-chan y los sentimientos de un hombre consumido por los celos y la inferioridad frente a su exnovia, la mirada de Woo-hyun se volvió gélida. Woo-hyun soltó una risa seca y levantó la barbilla.

“Nunca te he amado. Solo estaba jugando contigo”.

La sonrisa desapareció lentamente de los labios de Ju-han. Abrió la boca para decir algo, pero tras dudar un momento, preguntó.

“¿De dónde es esa línea?”.

“Simplemente dije lo primero que se me ocurrió”.

Como no quería explicar la historia de la cancelación de su casting, respondió vagamente y cambió de tema preguntándole si le había parecido bien. Gong Ju-han asintió con expresión seria.

“Ya veo. Por un momento, estuve a punto de enojarme”.

Ante esas palabras, una risa genuina brotó de nuevo. No por obligación, sino embriagado por el ambiente, terminó de beber el vino que quedaba en su copa. Normalmente se ponía tenso para mantener la sobriedad mientras bebía, pero sin darse cuenta, parecía estarse relajando un poco.

Céntrate.

Mientras intentaba recomponerse mentalmente, Gong Ju-han preguntó.

“¿No le gusta la comida cruda?”.

“No”.

“Como no ha comido nada... Si no es de su gusto, ¿pedimos otra cosa?”.

Parecía que lo había estado observando no tocar ni el tartar ni las ostras. Como había escuchado hasta el cansancio que tocar la comida de la mesa te hacía ver codicioso y fuera de lugar, había desarrollado el hábito de no comer aunque el cliente se lo ofreciera. Aunque esto no era un *talking bar* y Gong Ju-han no era un cliente, no le sentaba bien la comida que no hubiera pagado con su propio dinero.

“Me gusta. Es solo que... estoy a dieta”.

Woo-hyun dio la primera excusa que se le ocurrió y probó un poco del tartar. Como la porción era pequeña de por sí, sintió que con eso ya había cumplido con su parte. Gong Ju-han, que miraba fijamente a Woo-hyun mientras este dejaba los cubiertos, murmuró.

“Dae-shik come muy poco”.

¿Cuánto tiempo hacía que nadie lo llamaba Dae-shik? Se rió al recordar cuando vivía como Dae-shik en el set de rodaje. En aquel entonces, para ser Dae-shik, comía mejor y más cantidad en casa. Aunque él vivía así a solas, nadie en la realidad lo había llamado nunca Dae-shik. Ese simple comentario le hizo sentir un ligero cosquilleo en el corazón.

Vaciaron la segunda y la tercera copa. Contrario a lo que esperaba de un narcisista, Gong Ju-han no dirigió la conversación de forma egocéntrica ni habló únicamente de sí mismo. Tampoco intentó indagar en su vida privada ni cruzó ninguna línea.

Sorprendentemente, Woo-hyun se sentía cómodo. Hacía mucho tiempo que no se sentía así de relajado conversando con alguien. Woo-hyun seguía sonriendo cuando Gong Ju-han dejó su copa vacía y sacó el siguiente tema.

“Siendo actor, supongo que ve muchas películas y dramas”.

“Así es. Es mi único pasatiempo”.

“¿Qué género le gusta?”.

“Eh... veo muchos dramas humanos”.

Resultó ser una respuesta honesta. Olvidando que pensaba responder con evasivas, Woo-hyun continuó.

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“Historias donde al final los personajes crecen y sanan. También me gustan las películas con puntos emotivos claros. Si el director diseña una escena para que llores, yo lloro sin falta”.

“¿Llora con facilidad?”.

Ante la pregunta, se dio cuenta demasiado tarde.

¿Estaré borracho?

Había dicho algo innecesario.

“No suelo llorar por mis propios problemas, pero creo que lloro mucho viendo películas o dramas. ¿Y usted... Ju-han? ¿Gong Ju-han?”.

Se sentía demasiado familiar llamarlo por su nombre sin el apellido, así que lo añadió tarde. Debido a eso, su intento de cambiar de tema resultó un poco torpe. Gong Ju-han soltó una risita y se encogió de hombros.

“¿Que si lloro con facilidad? No sé, ¿qué le parece a usted?”.

“No. Me refería a qué género le gusta”.

Parecía que el vino no le estaba sentando bien. Nunca se le había trabado la lengua por mucho que bebiera. Sintió que su rostro se calentaba, pero mantuvo una expresión serena. Por suerte, era de los que se ponían pálidos al beber.

Tras pensar un momento, Gong Ju-han respondió con cautela.

“Yo... creo que veo romances con relativa frecuencia”.

“¿De verdad? Pensé que le gustarían los thrillers criminales”.

“¿Por qué? ¿Visto de forma muy lúgubre?”.

No lo dijo con mala intención, pero como no pareció sonar como un cumplido, Gong Ju-han tomó el florero que estaba al borde de la mesa y lo puso frente a él. Como su traje era negro y la luz era escasa, las flores añadieron un toque de color.

Sobre las flores rojas, Gong Ju-han sonrió con un rostro aún más deslumbrante.

Gong Ju-han tenía, inesperadamente, bastante sentido del humor. Woo-hyun era bueno diciendo lo que el otro quería oír y siguiendo el ritmo, pero el humor era otra cuestión. Era algo con lo que se nacía. Ji Young-hyun, según el guion, también tenía respuestas agudas y hacía bromas, demostrando rapidez mental. Parecía que Ji Young-hyun también se ganaría el afecto de alguien nuevo con mucha facilidad, aunque fuera un desastre en sus relaciones amorosas.

Gong Ju-han no exageraba sus músculos faciales ni subía el tono de voz al bromear. Siempre hablaba con voz baja y tranquila, reía suavemente y daba una impresión traviesa con solo mover ligeramente las cejas. Siendo Ji Young-hyun también un hombre joven de unos 30 años, este ambiente le sentaba bien. Decidió que en la lectura de guion intentaría actuar con menos solemnidad de la que había planeado originalmente.

Woo-hyun, con los oídos atentos a la voz de Gong Ju-han, preguntó.

“¿Por qué le gusta el romance?”.

“Me divierte porque son historias imposibles”.

Como no entendió el significado de inmediato, Woo-hyun guardó silencio y Gong Ju-han se rió.

“Eso de actuar como si fueras a darlo todo por un amor tan increíble... Las emociones están destinadas a desvanecerse con el tiempo”.

Historias imposibles. Precisamente por eso Woo-hyun quería vivir dentro de la ficción. Deseaba ser el personaje de una historia donde, de alguna forma, se crece y se es feliz. Aunque fuera un papel pequeño sin nombre.

Desde el momento en que entendió y empatizó con esas palabras, Ji Young-hyun desapareció y Gong Ju-han se volvió nítido. Eran palabras que alguien que nunca ha estado desesperado no podría decir.

Woo-hyun cerró la boca al sentir la lengua rígida. Acariciando el borde de su copa vacía con la yema de los dedos, Gong Ju-han permaneció en silencio un rato. Sus pupilas lo miraban fijamente, como si quisieran atravesarlo, sin vacilar.

“¿Pasamos del postre? Te llevaré a casa”.

Gong Ju-han se puso de pie con una sonrisa. Esta vez, la sonrisa no llegó a sus ojos.

Mientras recogía sus cosas para marcharse, sintió una sensación extraña. No solía sentir arrepentimiento a menos que estuviera actuando, y le resultó desconcertante sentir eso después de haber estado sentado conversando durante dos horas. ¿Sería por lo último que dijo? Quería saber más, tenía curiosidad. No por Ji Young-hyun, sino por Gong Ju-han.

Woo-hyun, que caminaba delante, se detuvo ante la puerta precisamente por ese sentimiento difícil de explicar. Al darse la vuelta sin saber qué decir, Gong Ju-han, que lo seguía, se detuvo en seco. Estaban tan cerca que, si hubiera dado un paso más, sus pechos habrían chocado.

Naturalmente, Woo-hyun levantó la vista. Siendo él alto, hacía mucho que no tenía que mirar hacia arriba para ver a alguien.

Gong Ju-han, en lugar de preguntar por qué se había detenido de repente, simplemente arqueó una ceja en silencio. Ante él estaba un hombre acostumbrado a comunicarse con gestos mínimos, alguien que probablemente vivía rodeado de personas que analizaban cada uno de sus cambios de expresión.

Se preguntó si él también habría tenido alguna vez un amor por el que quisiera darlo todo; pero aunque sintiera curiosidad, nunca lo sabría. Woo-hyun descartó rápidamente su curiosidad. Se movían en mundos diferentes. Incluso los clientes del talking bar ni siquiera lo mirarían si se cruzaran en la calle.

Justo cuando iba a darse la vuelta hacia la puerta de nuevo, el brazo extendido de Gong Ju-han rozó su cintura como si lo rodeara. Woo-hyun, atrapado torpemente en sus brazos al acortarse la distancia de golpe, dio un paso atrás. Gong Ju-han sonrió tranquilamente mientras lo miraba desde arriba. Al mismo tiempo, se escuchó el clic de la puerta abriéndose a sus espaldas.

“Parece que te faltan manos”.

“Ah. Sí”.

Woo-hyun miró sus manos llenas de bolsas de compras y asintió. Antes se quedaba mirando con las manos en la espalda y ahora al menos abre la puerta, pensó con una risa interna mientras salía rápidamente de la habitación.

Al salir del bar de vinos, subieron juntos al ascensor. Al dejar la luz tenue y estar en un lugar iluminado, recordó de nuevo a Ji Young-hyun, a quien había olvidado por un momento. Esa era la razón por la que había bebido alcohol a pesar de que no le gustaba.

Haber reflexionado tanto seguramente le sería de ayuda. Woo-hyun miró la hora y se despidió.

“Voy a irme en taxi. Muchas gracias por lo de hoy”.

“Tienes hambre, ¿verdad?”.

Gong Ju-han respondió a la despedida con algo totalmente inesperado. Y antes de recibir respuesta, pulsó el botón del sótano 1.

El sótano 1 no era el estacionamiento, sino donde estaba la zona de restaurantes. Gong Ju-han miró fijamente a un Woo-hyun que lo observaba sin entender nada.

“Tengo algo de apetito. ¿Quieres comer algo ligero?”.

Después de saltarse el postre, proponer ir a la zona de restaurantes de repente... No creía que tuviera hambre de verdad; ¿sería porque le daba pena despedirse? Pensó en rechazar la invitación cortésmente, pero como le pesaba en la conciencia haberse marchado solo recibiendo invitaciones, decidió acompañarlo.

Aunque sería más caro que su presupuesto medio para comida, no es que no pudiera permitirse invitar una comida en la zona de restaurantes. Más que eso, tenía curiosidad por la intención de dirigirse allí de repente tras haber dicho que lo llevaría a casa. Había varios restaurantes en la planta del bar de vinos, así que se preguntó si elegir la zona de restaurantes había sido un gesto de consideración hacia él.

“Invito yo. Coma lo que quiera”.

En cualquier caso, si iban a comer, pensaba pagar con su dinero. De lo contrario, la comida no le sentaría bien. Gong Ju-han respondió mientras recorría con la mirada la zona de restaurantes, llena de olores de diversas comidas.

“Elige tú el menú, Woo-hyun. Casi no has probado nada de lo que yo elegí”.

¿Habría venido a comer de nuevo porque eso le preocupaba? Las palabras que lanzaba con naturalidad eran detallistas y amables. Woo-hyun se esforzó por no pensar demasiado y movió la vista rápidamente para elegir el menú.

“¿Quiere comer panecillos?”.

“Me parece bien”.

Eligió un lugar donde el olor fuera menos intenso y la distancia entre las mesas fuera relativamente grande. Además, los modelos de panecillos en exposición se veían bastante apetitosos.

“Yo pediré y traeré la comida, usted quédese sentado”.

Dijo Woo-hyun sacando una tarjeta. Gong Ju-han echó un vistazo fugaz a la tarjeta y se dio la vuelta para buscar una mesa vacía y sentarse.

“Un panecillo de salmón y uno de gambas, por favor”.

Había ayunado tanto que le apetecía algo frito. Al llevar una gamba frita entera, el tamaño de ese panecillo era mayor que los otros. Se relamió e iba a entregar la tarjeta que sostenía, pero al darse cuenta de que era la tarjeta negra de Gong Seo-hyun, la cambió por la suya propia para pagar.

¿Por qué agarré esta?

Parecía que su mano recordaba la tarjeta que había deslizado varias veces durante el día.

Cuando regresó a la mesa con los dos platos de panecillos, Gong Ju-han lo esperaba junto al montón de bolsas de compras.

“¡Buen provecho!”.

Woo-hyun tomó los palillos en cuanto dejó los platos. La gamba recién frita crujió en su boca. Tras masticar y tragar dos seguidos, Gong Ju-han, que lo miraba fijamente, puso un trozo de su panecilo de salmón en su plato.

Como tenía la boca llena, le agradeció con una inclinación de cabeza. Luego, compartió con él el panecillo de gambas más grande y suculento. Gong Ju-han pareció un poco sorprendido, como si hubiera esperado que Woo-hyun solo se limitara a recibir. No dijo nada, pero sus cejas se suavizaron en una línea redondeada.

Woo-hyun se sintió un poco cohibido. Al haber hecho la mayoría de sus comidas formales a solas, el simple acto de sentarse frente a alguien y compartir comida se sentía muy lejano. Lo más reciente había sido una única comida con Hyun-woo, quien venía de vez en cuando solo para verificar que no hubiera huido sin pagar su deuda.

El salmón, comido después de tanto tiempo, estaba delicioso.

“El salmón está riquísimo”.

“Comes muy bien la comida cruda”.

Murmuró Gong Ju-han mientras observaba en silencio.

Quizás fuera por los carbohidratos tan anhelados que finalmente entraban en su sistema, pero Woo-hyun asintió sin pensarlo mucho.

“Sí. Me gusta mucho”.

“¿Entonces lo de la dieta era de verdad?”.

“¿Qué dieta?”.

Solo después de preguntar por inercia recordó que había usado la dieta como excusa para no probar los aperitivos antes. Siguiendo la mirada de Gong Ju-han hacia el plato frente a él, vio el enorme panecillo de gamba frita bañado en salsa mayonesa. Fácilmente tendría unas 600 calorías.

“...Es verdad que estoy a dieta. Tengo que hacer una audición y me pidieron que bajara 2 kilos antes de ir. Y también tengo que crecer un centímetro más”.

En su nerviosismo por la contradicción, terminó soltando tonterías. La comisura de los labios de Gong Ju-han, que se curvaba cada vez más, no ayudaba. Tras beber un vaso de agua fría de un trago, a Woo-hyun se le ocurrió una respuesta más lógica.

“Es mi primera comida del día, así que está bien”.

“Si hubiera sabido esto, te habría traído directamente a la zona de restaurantes en lugar de al bar de vinos”.

“Es que eran platos desconocidos... supongo que por eso no me pasaban”.

“Uno debe comer lo que acostumbra; si te fuerzas, lo más probable es que te siente mal”.

“Come más”.

Dijo Gong Ju-han con una sonrisa en los ojos mientras le acercaba su plato. En él estaba el panecillo de salmón intacto, del cual solo había tomado una pieza. Tampoco había tocado el panecillo de gamba que Woo-hyun le compartió.

‘Uno debe comer lo que acostumbra’. Esa frase se quedó grabada en su mente. ¿Significaba que lo que Gong Ju-han ‘acostumbraba’ a comer era diferente?

No, probablemente solo vino aquí por consideración hacia él y quizás él mismo ni siquiera tenía hambre. Al igual que en el mundo del espectáculo, Woo-hyun llevaba mucho tiempo en trabajos de servicio y recientemente sirviendo alcohol, por lo que se había vuelto excesivamente sensible a las palabras que marcan límites o a las señales no verbales.

“Dame tu teléfono”.

Justo acababa de tragar el resto del panecillo de gamba. Gong Ju-han sostenía su propio teléfono con una mano y le extendía la otra a Woo-hyun.

¿Va a pedirme el número?, pensó Woo-hyun mientras le entregaba el dispositivo. Si al final no le apetecía hablar con él, bastaba con no contestar o bloquearlo.

Gong Ju-han marcó su número en el teléfono de Woo-hyun y se lo devolvió tal cual. Podría haber hecho una llamada para obtener el número de Woo-hyun, pero no lo hizo. Sus modales eran impecables y no resultaban agobiantes; en el fondo de esa actitud, debía de haber una confianza absoluta en que no sería rechazado.

Woo-hyun dejó los palillos sin tocar el panecillo de salmón.

Finalmente, decidió regresar a casa en el coche de Gong Ju-han. Después del gasto imprevisto, sumarle el costo del taxi que sería mayor de lo habitual debido a la nieve y al tráfico tras la hora punta, hacía que su promedio de gasto diario se disparara, algo que no le hacía sentir cómodo.

Por supuesto, la elocuencia de Gong Ju-han también influyó.

En lugar de su dirección exacta, Woo-hyun dio el nombre de una estación cercana. Su casa estaba subiendo una colina por un callejón estrecho, y le parecía incómodo pedir que lo llevaran hasta la puerta. Le preocupaba que el suelo estuviera resbaladizo por la nieve, pero como no estaba lejos de la estación, pensó que estaría bien.

“¿Te gusta la nieve?”.

Preguntó Gong Ju-han mientras miraba por la ventana. Antes de que pudiera responder, Ju-han rió al leer su expresión de desinterés.

“No te gusta. A mí tampoco me hace mucha gracia”.

“¿Es porque cuando se derrite se vuelve negra y pegajosa?”.

“Porque es resbaladiza. Si te resbalas, te haces daño”.

Fue una respuesta inesperada. Alguien como él podría vivir perfectamente sin tener que caminar jamás sobre la nieve si no quisiera. Woo-hyun apoyó la cabeza lateralmente en el asiento y preguntó.

“¿Alguna vez se ha lesionado por resbalar en la nieve?”.

Gong Ju-han guardó silencio y no respondió. Sin darse cuenta, la curiosidad de Woo-hyun volvió a asomar y lanzó una pregunta innecesaria. ¿Qué me pasa hoy?, pensó, y cambió de tema rápidamente.

“Mi casa también está en una colina, así que tengo que tener cuidado”.

“Entonces debería llevarte hasta la puerta, no a la estación”.

“Está muy cerca de la estación”.

“¿Y si te resbalas y todas tus compras salen rodando colina abajo y los transeúntes las recogen y huyen?”.

“Eso ya es echarme una maldición”.

Al reírse por lo absurdo del comentario, Gong Ju-han se encogió de hombros con descaro.

“El chófer estará esperando adelante, así que de todos modos no podré quedarme mucho tiempo”.

“¿No puedo entrar un momento solo para saludar e irme?”.

Continuó, con una voz tan baja que solo Woo-hyun pudo oírla.

¿Será que vamos a besarnos? Woo-hyun no pudo responder de inmediato y vaciló. Como dijo Gong Ju-han, había un chófer esperando, así que la estancia sería breve, pero el hecho de dejar entrar a un extraño en su espacio personal era algo tan raro que le costaba decidirse.

Woo-hyun miró al hermoso hombre que tenía enfrente, a quien probablemente no volvería a ver. Al escrutar esas pupilas que aún despertaban su curiosidad, recordó fragmentos de su conversación llena de risas.

“Está bien, entonces”.

Los labios vacilantes finalmente se abrieron.

‘Le llamaré’. Con esa frase de Gong Ju-han, el chófer se marchó con el coche hacia algún lugar. Woo-hyun se lamió los labios secos mientras miraba de reojo las luces traseras alejándose. Quizás fue una decisión tomada al ver lo estrecho del callejón, por donde apenas cabía un coche, pero el hecho de que hubiera enviado al chófer a otro sitio le ponía extrañamente nervioso. Parecía que planeaba quedarse más tiempo del esperado.

¿Debería ofrecerle algo? No tenía ni una triste bolsa de té en casa. La única fruta que tenía eran unos plátanos colgados, e incluso esos ya estaban demasiado maduros y llenos de manchas marrones. ¿Habría dejado la habitación limpia al salir? ¿Habría guardado el tendedero? Durante el breve trayecto desde el coche hasta su casa, Woo-hyun intentó visualizar con esfuerzo el último estado en el que dejó su hogar.

En el silencioso callejón se escuchó el leve arrastre de unos zapatos de cuero negros. Woo-hyun reguló su respiración lentamente y miró a Gong Ju-han, que estaba frente a su casa. La nieve que caía se posaba suavemente sobre su cabello negro y se derretía al instante.

Era una imagen que no encajaba en absoluto. Al ver a Gong Ju-han inspeccionando el edificio multifamiliar en silencio, a Woo-hyun le invadió un arrepentimiento tardío. No se volverían a ver y no tenían ningún asunto pendiente; se sentía un tonto por haber hecho esto solo por la posibilidad de un beso que ni siquiera sabía si ocurriría.

“Es por aquí”.

Ya era tarde para echarse atrás. Woo-hyun señaló el camino. El piso superior, iluminado, era la casa del dueño; para llegar al semisótano donde vivía Woo-hyun, había que bajar unas escaleras. Bajó frotando la suela de sus zapatillas contra el suelo por miedo a resbalar. Miró un poco hacia atrás, pero Gong Ju-han ni siquiera lo miraba a él; estaba ocupado observando los alrededores.

Quizás estaba desconcertado porque la realidad era distinta a sus expectativas. Después de comprar tantos artículos de lujo, que su casa fuera tan humilde podría haberle decepcionado, y Woo-hyun lo entendería. No sentía la necesidad de dar explicaciones. Si el interés del hombre se había esfumado, se marcharía por su cuenta.

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Al pensar así, se sintió más tranquilo. Woo-hyun sacó la llave de su cartera y abrió la puerta. Como la caldera se había congelado hacía apenas un par de días, al entrar sintió un frío gélido. Dejó las bolsas, encendió la luz y el interior de la casa quedó totalmente a la vista.

“Hace un poco de frío”.

El suelo que pisó tras quitarse los zapatos no estaba ‘un poco frío’, estaba como el hielo. No era un ambiente apto para invitar a nadie. Al darse cuenta de esa realidad evidente, sintió como si el frío que subía desde las plantas de sus pies le llegara hasta el pecho.

Desde la entrada, Gong Ju-han observó lentamente cada rincón: desde el techo hasta el suelo. Desde la estantería que le llegaba a la cintura junto al zapatero con pequeños objetos encima, hasta la alfombra con forma de perro que delimitaba la cocina, el calentador rojo, la ventana de semisótano por la que se veía la calle, la maceta y el montón de bolsas de marcas de lujo acumuladas. No dijo ni una palabra durante toda la inspección. Era como si estuviera admirando un paisaje inesperado.

Woo-hyun visualizó claramente la imagen de Ju-han dándose la vuelta para irse tras pedir disculpas. Mientras miraba a Gong Ju-han, quien no había hecho contacto visual ni una sola vez desde que entraron, Woo-hyun esperó ese momento.

Finalmente, los ojos de Gong Ju-han se entrecerraron en una sonrisa.

“Vives en un lugar muy limpio y bien cuidado”.

Su mirada, que antes estaba fija en el moho de la pared, se dirigió a Woo-hyun al instante siguiente. El hombre sonreía con una expresión que Woo-hyun no había visto antes.

“Se nota que es un espacio que aprecias”.

Esa mirada se sentía como la de una persona distinta a la que había visto todo el día. Ya no quedaba rastro de la picardía afectuosa ni en sus ojos ni en su voz. Woo-hyun lo observó en silencio, intentando descifrar sus intenciones. Tenía los dedos de los pies tan encogidos y fríos que ya no los sentía.

“Dicen que los estafadores no tienen sentido de la vergüenza. ¿Es verdad?”.

“...”.

“Si fuera yo, habría inventado cualquier excusa para no dejarme entrar aquí”.

Estafador. Al oír esa palabra familiar, Woo-hyun pensó automáticamente en los cobradores de deudas. Aunque fue hace años, antes de mudarse aquí, a menudo venían personas a las que sus padres debían dinero para desahogarse con él. Gritar era lo más suave; algunos tiraban ladrillos a las ventanas o untaban excrementos de perro en la puerta.

Sin embargo... tras repasar el día de hoy, Woo-hyun descartó esa idea. Un cobrador de deudas no tendría motivos para fingir amabilidad invitándole bebidas caras. Cuanto más recordaba la conversación que habían tenido, menos sentido tenía esa posibilidad.

“¿Eres gay?”.

Gong Ju-han ladeó la cabeza y dio un paso hacia él. Había algo extraño en la forma en que pronunció la palabra ‘gay’. Justo cuando se dio cuenta de que la sonrisa en sus labios era de burla, Ju-han añadió.

“¿O es que tienes mucho estómago cuando hay dinero de por medio?”.

La comprensión llegó lentamente. Gong Ju-han estaba indignado con él. Al ver el contraste entre la casa humilde y las compras de lujo, parecía que su decepción se había transformado en ira en la misma medida en que antes había sentido interés. No había otra forma de explicar ese cambio repentino de actitud.

‘Dicen que los estafadores no tienen sentido de la vergüenza’.

Al darse cuenta de que esas palabras iban dirigidas a él y no a sus padres, irónicamente, Woo-hyun sintió vergüenza.

No por tener una casa fría y pobre, ni por la rabia de que lo consideraran un tonto lleno de vanidad, sino porque durante todo el tiempo que estuvieron sentados riendo, su corazón se había acelerado. Había querido intercambiar unas palabras más antes de despedirse para siempre de alguien con quien había disfrutado genuinamente. Como no era común que tuviera motivos para reír de corazón, su soledad habitual se le había antojado más solitaria de lo normal. Este era el castigo por haberlo dejado entrar en su casa sabiendo que, inevitablemente, terminaría decepcionado.

“Si tanto te molesta, te devolveré el dinero de las copas. Dame tu número de cuenta”.

Woo-hyun sacó su teléfono para hacer la transferencia. Prefería devolver el dinero rápido y que se fuera antes que pelear. Tendría que darle todo el dinero que tenía, pero no le importaba.

En lugar de responder, Gong Ju-han dio un paso más. Sus zapatos, que aún no se había quitado, dejaron huellas en el suelo de la habitación. Al haber caminado sobre la nieve, dejaron una humedad pegajosa.

“Quítate los zapatos”.

Lo ordenó entre dientes, pero Gong Ju-han ni siquiera parpadeó. A medida que la vergüenza se disipaba, la ira empezó a hervir en su interior.

Maldito maleducado.

Woo-hyun acortó la distancia de golpe y empujó con fuerza el pecho de Gong Ju-han.

“¿Qué pasa? ¿Te has dado cuenta de que no estamos al mismo nivel y te has enojado? ¿Sientes que has perdido tu tiempo y tu dinero?”.

“...”.

“¿Me vas a llamar estafador solo por haberme invitado a una copa? Parece que tú tampoco eres para tanto”.

Woo-hyun abrió la puerta de par en par, puso un pie en el umbral para que no se cerrara y tiró de Gong Ju-han para sacarlo. Al mirar hacia arriba a aquel hombre que estaba a una distancia donde sus respiraciones se cruzaban, recordó que hace solo unos minutos se imaginaba besándolo y soltó una carcajada de incredulidad.

Si lo veía como a alguien cegado por el dinero y la vanidad, pues actuaría como tal. Era más fácil actuar así, como si fuera el problema de otra persona.

“Yo no tengo tanto estómago, y no creo que seas alguien a quien merezca la pena aguantar”.

Así que lárgate. Esa era su intención al echarlo. Si no fuera porque un puño voló directo a su cara.

“¡Argh!”.

Se escuchó un golpe seco y su nuca impactó contra la puerta. Un dolor punzante se extendió y sintió calor en su nariz antes de que empezara a sangrar.

La cara no.

Ese fue su primer pensamiento mientras se cubría la nariz y la boca con las manos, justo antes de recibir una patada en el pecho. Woo-hyun cayó sobre el suelo de hormigón cubierto de nieve.

“¿Por qué te pones así? Todos los de tu calaña hacen este tipo de montajes, ¿no?”.

“¿Te duele que te hayan atrapado?”.

Gong Ju-han se acuclilló a su lado con una sonrisa. Woo-hyun se incorporó rápidamente mientras se limpiaba la nariz ensangrentada con el dorso de la mano.

Lo habían golpeado. La rabia le hizo apretar los puños con fuerza, pero resistió desesperadamente. Ya tenía la nariz sangrando y el labio partido. Tenía que ir a la lectura de guion y trabajar en el talking bar; no podía permitirse hacer nada que le causara más heridas en la cara.

Al oírle hablar de ‘montajes' (gong-sa, término usado en el mundo del entretenimiento nocturno para referirse a estafas sentimentales por dinero), se preguntó si sería un cliente del talking bar. Si lo fuera, lo recordaría sin duda. Incluso si no fuera su cliente, alguien con esa apariencia tan llamativa habría sido el centro de todos los rumores.

Por donde quiera que lo mirara, era un hombre al que acababa de conocer hoy. Gong Ju-han, observando el rostro confundido de Woo-hyun, murmuró para sí mismo.

“Quería ver hasta dónde llegabas, y al final me dejaste entrar hasta aquí”.

Luego, sacudió levemente la cabeza y se puso de pie. Su rostro, mientras lo miraba desde arriba, ya no sonreía.

“Devuélvele la tarjeta a Seo-hyun y deja todo bien claro para que lo entienda”.

“...”.

“El número que guardaste antes es el de mi abogado. Ponte en contacto con él”.

Con esas últimas palabras, Gong Ju-han se alejó a grandes zancadas. Se escuchó el sonido metálico de la puerta exterior al cerrarse y, acto seguido, el ruido de un motor alejándose. Woo-hyun permaneció tumbado, mirando fijamente el cielo nocturno hasta que el ruido desapareció por completo. La nieve, fina como el polvo, caía suavemente empapando su rostro.

Gong Ju-han. Gong Seo-hyun. Repitió los nombres alternativamente en voz baja. Una vez que comprendió el malentendido, los fragmentos de la conversación con Gong Ju-han volvieron a su mente. Masticó durante un buen rato esos pedazos que, al tener los bordes tan afilados, ya no le provocaban cosquilleos, y no fue hasta que se apagó la luz de la casa del dueño de arriba que Woo-hyun entró tambaleándose en su casa.

Woo-hyun, que se quedó de pie en la entrada mirando distraído las huellas de zapatos que quedaban en el suelo, se dirigió lentamente hacia el baño. Su aspecto reflejado en el espejo era incluso más deplorable de lo que imaginaba. Mejillas hinchadas y manchadas de sangre nasal, labios partidos de un rojo vivo y ojos oscuros y apagados. Intentó evocar la imagen de Ji Young-hyun, pero el hombre desastroso del espejo era, sin duda, Song Woo-hyun.

Woo-hyun se lavó la cara con agua fría, se aplicó pomada en los labios y se acurrucó en el suelo, apoyando la mejilla contra la superficie para que bajara la hinchazón. De pronto, en un rincón de su campo visual, vio un plátano rodando por el suelo. Parecía haberse caído del gancho donde estaba colgado, la parte que tocaba el suelo estaba oscura y blanda.

***

“Haah”.

Woo-hyun soltó un largo suspiro y forzó la vista. Hacía media hora que había llegado a la estación más cercana a la empresa para la lectura del guion, pero desde entonces no había hecho más que mirar fijamente el espejo en el baño de la estación. Aunque se acercaba la hora de irse, no lograba dar el primer paso.

Las líneas que había leído una y otra vez estaban grabadas en su mente. Como siempre, se había esforzado al máximo analizando al personaje y dedicándose al ensayo. Sabía exactamente con qué tono y de qué manera actuar. Si le preguntaran sobre Ji Young-hyun, tendría mucho que decir. Pero... Woo-hyun miró fijamente su propio rostro en el espejo.

El hombre frente a él no se parecía en nada a Ji Young-hyun.

Un traje barato, mejillas con la hinchazón aún presente y labios con costras. Por más que intentara poner una expresión descarada, era inútil.

‘Dicen que los estafadores no tienen sentido de la vergüenza’.

En el momento en que bajaba la guardia, la voz de Gong Ju-han de aquel día rondaba sus oídos con insistencia. Al levantar la cabeza para escapar de la alucinación, se encontraba con su propia imagen, que en lugar de mostrar al hombre arrogante criado en la abundancia, revelaba crudamente sus carencias.

“Maldita sea”.

Woo-hyun estuvo a punto de darse unas palmaditas en la mejilla, pero se detuvo al recordar que su rostro ya estaba hecho un desastre. Había pasado por todo, que cobradores de deudas le lanzaran excrementos, que un director lo golpeara en la cabeza o que le cancelaran un casting el mismo día y siempre se mantuvo impasible, pero hacía mucho que no se sentía así de miserable. Hubiera sido mejor que le soltara un puñetazo desde el primer encuentro; ese bastardo se había esforzado demasiado en fastidiar a los demás. Seguramente lo sedujo de la misma forma porque pensó que él era quien había estafado a su hermana.

Ya verás. No voy a dejar pasar esto.

Estar furioso le ayudaría más a interpretar a Ji Young-hyun que quedarse atrapado en la miseria. Maldiciendo a Gong Ju-han para sus adentros, Woo-hyun salió del baño. Mientras caminaba de la estación a la empresa, intentó andar con determinación. Caminó con el rostro golpeado bien alto; todos lo miraban, pero él no bajó la cabeza.

Al llegar finalmente a su destino, Woo-hyun respiró hondo y subió al ascensor. En cuanto las puertas se cerraron y el ruido ambiental desapareció, su cabeza cayó inconscientemente, pero se esforzó por levantarla de nuevo.

Puedo hacerlo. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo.

Tras susurrarlo tres veces, el ascensor se detuvo en el tercer piso.

Nada más salir y mirar a su alrededor, divisó al director Nam Yi-won. Al fondo del pasillo, en una sala de reuniones no muy lejos del ascensor, se veía su espalda. Era famoso por ser alto y por su estilo llamativo, así que Woo-hyun pudo reconocerlo sin verle la cara. Como si lo estuvieran esperando, a través de la puerta abierta de la sala de reuniones, el director Nam Yi-won y la guionista Lee Hyun-jin hablaban frente a frente.

Le sudaron las palmas de las manos y el corazón le dio un vuelco. En ese momento, un hombre pasó mirándolo de reojo; Woo-hyun estaba tan tenso que incluso esa mirada fugaz le resultó hiriente. En cuanto entrara, lo acribillarían con miradas que evaluarían su sincronía con Ji Young-hyun, y le revolvía el estómago tener que presentarse ante ellos con un aspecto que no cumplía para nada con las expectativas.

A pesar de haber pasado innumerables veces por el momento de caer en picado hacia la decepción, nunca le resultaba fácil. Woo-hyun se frotó las palmas sudorosas contra los pantalones y se dirigió a la sala de reuniones.

“Hola, soy el actor Song Woo-hyun”.

Al hacer una reverencia, todas las miradas se centraron en él. En un instante, todos guardaron silencio y cayó una pesada atmósfera. Tanto el director como la guionista y los pocos miembros del equipo presentes no pudieron ocultar su asombro al ver el rostro de Woo-hyun.

“Vaya”.

La primera en romper el silencio fue la guionista Lee Hyun-jin. Dejó escapar una risa cínica y se presionó la sien. Woo-hyun bajó la mirada, incapaz de enfrentarla directamente mientras ella soltaba un quejido como si le hubiera dado un dolor de cabeza.

“Ya se lo dije, ¿no? Siempre hay una razón por la que alguien guapo y con buen físico no llega a triunfar”.

Como si no hubiera tenido expectativas desde el principio, la guionista Lee Hyun-jin se levantó de su asiento y recorrió a Woo-hyun con una mirada despectiva.

“Dije que no quería trabajar con alguien que hacía directos en internet desde joven. Esa imagen barata no se va a ningún lado. ¿Cómo vamos a trabajar con alguien que ni siquiera sabe cuidar su propia imagen?”.

Tras dejar esas palabras, la guionista abandonó la sala de reuniones, seguida por los miembros del equipo que salían uno a uno captando la situación. Woo-hyun, al notar que el director seguía allí mirándolo fijamente, volvió a inclinar la cabeza para disculparse. Al oír a la guionista decir que no quería contratarlo desde un principio, supuso que el director Nam Yi-won había sido quien intentó darle la oportunidad.

“Lo siento muchísimo”.

“Su cara. ¿Qué ha pasado?”.

Woo-hyun se quedó sin palabras ante la pregunta del director, quien pensó que simplemente se marcharía. No era algo que pudiera explicar con una sola frase y, además, no quería poner excusas. Fuera cual fuera el motivo, este lío ocurrió porque intentó meter a un desconocido en su casa. Además, fue él quien provocó a Gong Ju-han deliberadamente.

“Hubo una pelea. Me dio una oportunidad porque me vio con buenos ojos... lo siento”.

“Bueno, no se puede evitar”.

El director Nam Yi-won se encogió de hombros, se acercó y, de repente, tomó las dos manos de Woo-hyun. Al observar detenidamente los nudillos, parecía curioso por saber si Woo-hyun había soltado algún puñetazo. Tras comprobar que sus manos no tenían ni un rasguño, le tendió el guion.

“Ya que has venido hasta aquí, hagamos la lectura al menos una vez”.

 

“Tío, no llores”.

Un niño pequeño se acercó tambaleante y le tendió un caramelo. Solo entonces Woo-hyun levantó su rostro empapado y se frotó las mejillas húmedas. Había empezado a llorar y a sollozar desde el metro de camino a casa, y al bajar para hacer el transbordo, se sentó en un banco frente a él y siguió llorando. Llevaba tanto tiempo así que sus ojos estaban tan hinchados que apenas podía abrirlos.

“Esto... tenga”.

Tras recibir el caramelo del niño, una mujer se acercó y le dio un pañuelo de papel. ‘Gracias’. Su voz estaba completamente quebrada, por lo que ni siquiera esa corta frase salió correctamente.

Hizo la lectura del guion ante el director Nam Yi-won tal como había practicado. Curiosamente, sus ojos ardieron más después de terminar la lectura sin contratiempos que cuando escuchó las palabras crueles. No era por no haber conseguido el papel, sino porque se dio cuenta de la razón evidente por la que no podía ser Ji Young-hyun, y eso le indignaba.

Aunque actuara con todas sus fuerzas, como alguien que nunca ha estado desesperado, no se veía así. Fue una lectura en la que no pudo engañar a nadie.

Al llegar a casa y lavarse, no le quedaban fuerzas. Woo-hyun se comió todos los plátanos que estaban a punto de pudrirse y se acostó sobre una manta que extendió en un rincón de la habitación.

El día estaba inusualmente frío. Encendió el calentador eléctrico, pero la habitación no se calentaba lo suficiente y sentía escalofríos. La mirada de Woo-hyun, que recorría la habitación vacía, se detuvo durante un buen rato en el moho de la pared. Hoy, más que nunca, le resultaba difícil evadirse a través de la actuación. Al pensar en Ji Young-hyun, en Dae-shik o en otros papeles secundarios, Gong Ju-han aparecía de inmediato en sus pensamientos.

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“¡Oye, Song Woo-hyun!”.

Toc, toc, toc. En ese momento, se escucharon tres golpes en la puerta. Era la voz de Hyun-woo, el hijo del profesor Jang Myung-jun.

Como le resultaba difícil soportar el silencio, Woo-hyun caminó tambaleándose y abrió la puerta. Hyun-woo, que tenía los hombros encogidos por el frío, miró a Woo-hyun y frunció el ceño.

“¿Qué le pasa a tu cara?”.

“Nada. Una pelea”.

“Ya no eres un niño, ¿todavía te andas dando puñetazos?”.

“Hubo un malentendido”.

“¿Crees que puedes trabajar con esa cara?”.

Eran palabras motivadas por el dinero que debía cobrar cada mes, pero le agradó que hubiera alguien preguntando por él. No estaba en posición de discernir si esas palabras similares al consuelo eran sinceras o no. Recordando el caramelo y el pañuelo que traía en el bolsillo de su abrigo, Woo-hyun sonrió débilmente.

“Puedo trabajar en el Talking Bar. Dijeron que solo aceptarían reservas de clientes a los que no les importe, así que no sé cuánto entrará, pero enviaré todo lo que gane”.

Hyun-woo, que lo miraba con fastidio, soltó un suspiro.

“Voy a comprar gachas, así que espera”.

“No hace falta”.

“Cállate. Ni se te ocurra enfermar hasta que pagues todo el dinero”.

“Jaja, de verdad estoy bien. Acabo de cenar”.

Se sentía lleno después de haberse comido todos los plátanos restantes. Hyun-woo no parecía convencido, pero aceptó en silencio.

“Entonces me voy”.

“Espera”.

Woo-hyun detuvo a Hyun-woo, que se daba la vuelta sin mediar palabra, y se humedeció los labios. Era una desfachatez, pero tenía curiosidad por saber cómo estaba el profesor Jang Myung-jun. ¿Acaso Hyun-woo no lo habría buscado por culpa del profesor?

“¿Te ha enviado el profesor por casualidad?”.

“No. Mi padre no habla de ti”.

Hyun-woo respondió tajantemente y enfatizó con mirada severa.

“No contactes con mi padre”.

“...”.

“No esperes que te llame ni le envíes saludos. Te lo advierto”.

Me voy. Lanzando ese último saludo, Hyun-woo desapareció rápidamente de su vista. Woo-hyun se quedó parado en la entrada mirando a la nada, y cuando sintió frío en los pies, volvió a buscar la manta.

Dada la situación, era natural que Hyun-woo estuviera harto. De repente, recordó un pensamiento inmaduro de su época escolar y soltó una risa amarga. Había envidiado mucho a Hyun-woo, pensando en lo bueno que sería que el amable y confiable profesor Jang Myung-jun fuera su padre. Pensaba: ‘Si inviertes a Woo-hyun sale Hyun-woo, hasta los nombres se parecen, ¿por qué los padres son tan diferentes?’.

En ese momento, el teléfono parpadeó en la oscuridad. Era Joo Jae-hyung. Como le había dicho que no tenía tiempo para verse, le había llevado las cosas directamente a su casa; al parecer, acababa de abrir el paquete y verlo todo.

Le vinieron ganas de fumar. Woo-hyun tomo el teléfono con el ceño fruncido.

“Dime”.

—Oye, Woo-hyun. He recibido las cosas. Pero falta la tarjeta de Seo-hyun. Si se te ha olvidado, ¿quieres que nos veamos hoy? Como ha sido un error tuyo, me gustaría que vinieras tú aquí.

“Jae-hyung”.

Al interrumpirlo, Joo Jae-hyung pareció desconcertado y contuvo el aliento. Woo-hyun se echó el flequillo hacia atrás y, con calma, fue masticando y soltando cada palabra lentamente.

“El hermano de tu novia me confundió contigo y me pegó, así que ahora no puedo salir a la calle”.

—... ¿Qué?

“Me parece un poco absurdo que por haberle hecho un par de recados piense eso, ¿tienes alguna idea de por qué puede ser?”.

Le resultaba extraño que lo considerara su amante solo por haber ido a recogerlos algunas veces. Ante la pregunta lanzada para ver si sabía algo, Joo Jae-hyung balbuceó durante un buen rato.

—¿Quién sabe? ¿Por qué... por qué habrá hecho eso...? Sea como sea, tú eres el perjudicado y yo también lo siento, así que le diré a mi novia para que puedas conseguir una buena indemnización. Si ahora no puedes trabajar, incluiremos eso también...

“Déjalo”.

El hecho de que se rebajara y adoptara una postura tan sumisa de inmediato resultaba sospechoso. A medida que la conversación se alargaba, la irritación aumentaba, y Woo-hyun apretó con fuerza el teléfono en su mano.

“Necesito escuchar una disculpa directamente del señor Gong Ju-han. He arruinado una audición y estoy recluido en casa, los daños no son pocos. Transmíteselo así”.

—No, Woo-hyun. Ese señor no es alguien a quien se pueda ver así de fácil.

“¿No crees que tú podrás verlo pronto? Viendo que no usa a nadie y va pegándole a la gente él mismo, parece que no solo tiene mucho dinero, sino también mucho tiempo”.

—...

“Tú también consigue una buena indemnización”.

Colgó y arrojó el teléfono sobre la manta. Ignorando las llamadas que seguían llegando, se quedó recostado y sacó el caramelo del bolsillo del abrigo para comérselo. Mientras el caramelo se derretía dulcemente en su boca, una rabia contenida burbujeaba en su interior.

***

La comida familiar trimestral era un evento que no se había cancelado ni una sola vez desde la época de su bisabuelo. El presidente Gong también otorgaba una gran importancia a este ritual, creyendo firmemente que el negocio prosperaría solo si todos se sentaban a comer en la fecha y hora señaladas por un chamán famoso.

Por esa razón, todos los miembros de la familia Gong tenían que soportar hoy también una comida que les quitaba el apetito. Ju-han entró en la casa parpadeando con los ojos secos. Aunque el aire era puro y el jardín amplio, la casa principal siempre le resultaba asfixiante.

Ojalá pudiera vestir ropa cómoda, pero como si la digestión no fuera a ser ya de por sí difícil, el código de vestimenta era formal. Mientras tiraba ligeramente de su corbata y cruzaba el amplio salón, Gong Hee-seong, que estaba sentado apoyado en el sofá, frunció el ceño con una mueca de asco, como si hubiera visto algo despreciable.

“Ah, joder”.

Luego bebió agua, y la mano que sostenía el vaso temblaba visiblemente. ¿Había vuelto a las drogas después de decir que lo había dejado? Su madrastra sufría mucho por tener un hijo tan consentido en ese estado. Ju-han soltó una risita y pasó de largo.

Al dirigirse a la cocina, vio a Gong Se-young sentada sola ante la enorme mesa. Ella descubrió a Ju-han y le devolvió un ligero saludo con la mirada. Gong Se-young, la hija de la esposa legítima Lee Hee-seon y primogénita, lógicamente no aceptó a Ju-han ni a Seo-hyun al principio, pero con el paso del tiempo, abrió su corazón lo suficiente como para intercambiar conversaciones distantes. O más bien, la expresión ‘se dio por vencida’ encajaba mejor que ‘abrió su corazón’.

Ju-han pensaba que tal vez se debía a la gran diferencia de edad. Gong Se-young era más de diez años mayor que Ju-han, y Seo-hyun tenía casi la edad de su hija. Al haber heredado y estar gestionando con éxito filiales importantes, y contando con el sólido respaldo de la familia de su marido, desde su posición no tenía motivos para ver a los hijos de la amante, mucho más jóvenes, como competidores. Teniendo un hermano menor que no paraba de causar problemas, es posible que incluso le agradara Ju-han, quien al menos en apariencia era ejemplar.

La mirada de Se-young bajó mientras Ju-han se sentaba justo enfrente.

“¿Has venido?”.

“Sí”.

La conversación se cortó ahí. El hecho de que no se odiaran como cuando eran niños no significaba que tuvieran una relación cercana.

De pequeños, no solo la familia, sino incluso el personal de servicio era frío con ellos. En aquel entonces era doloroso, pero al recordarlo, entendía sus posturas. Si su propia madre estuviera viva y, de repente un día, su padre pidiera el divorcio diciendo que quería vivir con una mujer mucho más joven, él también los habría odiado.

La señora Lee Hee-seon sufrió una grave enfermedad emocional a raíz de aquello y finalmente luchó contra un cáncer. Ju-han, recordando que en su última visita ella había perdido mucho peso, preguntó por cortesía.

“¿Cómo está tu madre?”.

“La semana pasada parecía estar un poco mejor, pero hoy debe de estar cansada. Le cuesta mucho levantarse”.

“No le gusta nada eso de que nos reunamos todos para comer. Debe de ser por el estrés”.

“Más bien es porque se ha enterado de que hoy hay un invitado no deseado”.

“¿Un invitado no deseado?”.

“Park Ji-ho”.

Park Ji-ho era un actor lo suficientemente famoso como para que casi cualquiera reconociera su nombre. Ahora, entrando en la mitad de sus treinta, había mantenido una relación de patrocinio con su padre durante mucho tiempo, desde que era un novato en sus veinte. De entre todas las celebridades con las que su padre solía juntarse, Park Ji-ho era en quien más dinero había gastado, y el actor también se había esforzado mucho por mantener el interés de su padre. Tanto que, al final, terminó siendo invitado incluso a las comidas familiares.

“Dice que no es un patrocinio, sino que se aman. Por lo visto, hoy quiere presentarlo formalmente a la familia. Qué gran romántico nos ha salido”.

Se-young recorrió el rostro de Ju-han con la mirada y suspiró.

“Al menos es un hombre, así que no podrá tener hijos. Menos mal”.

Era un lamento sin malicia. Ju-han asintió y forzó una sonrisa. La situación de tener que comer con Park Ji-ho le revolvía el estómago, pero no tenía derecho a despreciarlo. Al fin y al cabo, tanto su madre como él debían de ser seres igual de horribles para Gong Se-young.

Se levantó con la intención de tomar un poco de aire y regresar justo antes de la comida. Al caminar hacia la entrada, se cruzó con Seo-hyun, que acababa de abrir la puerta. Parecía que le habían arreglado el cabello con esmero desde la mañana, Gong Seo-hyun lucía impecable de pies a cabeza.

Su hermana siempre se vestía con sumo cuidado para los eventos familiares. Nunca llegaba tarde. Su mirada, su expresión, su apariencia perfecta... todo en ella anhelaba la atención de un padre que ni siquiera la miraba, y verla así siempre le retorcía las entrañas a Ju-han.

Al ver a Ju-han, Seo-hyun se detuvo en seco. Ignorando su mirada afilada y hostil, Ju-han extendió los brazos con una sonrisa descarada en el rostro.

“¿Te has vestido muy bonita hoy, eh?”.

“¿Te has vuelto loco, de verdad?”.

Ojalá hubieran podido hablar después de la comida, pero a juzgar por la forma aterradora en que lo miraba, ella no pensaba dar marcha atrás fácilmente. Ju-han rodeó los hombros de Seo-hyun con el brazo de forma afectuosa, como si la escoltara, y la guio hacia una habitación de invitados cercana. Tras comprobar que la habitación estaba vacía, empujó suavemente a Seo-hyun hacia dentro y le susurró al oído.

“Hoy la pareja de papá se une a la mesa. Entra por un oído y que te salga por el otro lo que sea que oigas, y ni se te ocurra hablar con Gong Hee-seong. Parece que ha venido drogado”.

“Pídele perdón a Woo-hyun”.

¿Woo-hyun?

Ju-han parpadeó confundido al no recordar el nombre de inmediato, hasta que soltó un ‘Ah’. El nombre de aquel tipo del bar era Song Woo-hyun.

Por supuesto, habría corrido a contárselo todo a Seo-hyun. No le sorprendía. Ju-han soltó una risita y se dejó caer sobre la cama de la habitación de invitados.

“¿Es gay, no? En cuanto lo provoqué un poco, cayó enseguida”.

Si no hubiera cambiado de actitud aquel día, algo habría pasado sin duda. Aunque Ju-han no tenía experiencia con hombres, el interés de Song Woo-hyun hacia él era tan obvio que cualquiera con un poco de intuición se habría dado cuenta.

Parece que el hecho de que su ‘novio’ fuera gay fue un choque considerable para Seo-hyun, porque de repente empezó a revolverse su cabello perfecto con desesperación. Incluso pataleó en el suelo, incapaz de contener su rabia. Ju-han, sentado con las piernas estiradas sobre la cama, esperó con calma a que Seo-hyun volviera a hablar.

“Song Woo-hyun no es mi novio”.

Murmuró finalmente Seo-hyun entre dientes, con el rostro encendido.

Como pensó que había oído mal porque ella había mascullado las palabras, Ju-han arqueó las cejas. Entonces, Seo-hyun repitió con claridad y énfasis.

“Que no es mi novio. Sabía perfectamente que ibas a investigar mis antecedentes, así que elegí a un tipo que trabajaba en el mismo Talking Bar y fingí que era mi novio. Me dijeron que Song Woo-hyun también trabajaba como actor y que justo no tenía pareja”.

¿Fingir que era su novio?

Ju-han se levantó lentamente de la cama frunciendo el ceño. Seo-hyun incluso había puesto una foto de Song Woo-hyun en su perfil y había presumido de su novio actor guapo tanto ante el personal de la casa como ante él mismo. Nunca lo había engañado de forma tan deliberada, así que, más que enfado, sintió preocupación por el motivo que habría tenido para hacerlo.

“¿Por qué dijiste esa mentira?”.

“Porque mi novio... tiene antecedentes penales, y pensé que no me dejarías verlo”.

“¿Antecedentes?”.

La expresión de Ju-han se endureció de inmediato ante la palabra ‘antecedentes’. Seo-hyun bajó la mirada, evitando sus ojos con el rostro congestionado.

“Sabía que si te enterabas de que tenía antecedentes, no te quedarías de brazos cruzados”.

“Estaba usando tu tarjeta en las tiendas departamentales”.

“Eso fue... porque temía que vigilaras si compraba regalos para mi novio, así que le di dinero a él para que fuera a recogerlos. Si se lo pedía al chófer o a los empleados de la tienda, te habrías enterado, y mi novio me dijo que Woo-hyun era de confianza y que se lo encargáramos a él... ¡Ah! ¿Pero cómo se te ocurre ir a verlo en persona? ¿Es que no respetas mi vida privada? Por eso mentí, ¡sabía que harías algo así!”.

“¿Regalarle dinero a un estafador es tu ‘vida privada’?”.

Seo-hyun se mordió el labio, sin palabras. Ju-han miró de reojo el reloj y habló con tono despreocupado.

“Aceptemos que eso sea cierto. Si mentiste tan deliberadamente, eres tú quien debería pedir perdón”.

“¡Yo también pediré perdón, así que hazlo tú también! ¿Cómo puedes estar tan orgulloso después de haberle pegado a alguien? Me han dicho que por tener la cara así no pudo ni ir a su audición”.

Ante esas palabras, Ju-han no pudo evitar soltar una risa cínica. Retiró la mano que iba a agarrar el pomo de la puerta y se giró hacia Seo-hyun cruzándose de brazos. Al ver su rostro sonriente, Seo-hyun abrió la boca indignada.

“¿Te hace gracia?”.

“Si hubiera ido a la audición, ¿qué habría cambiado?”.

“...”.

“¿Alguien que se toma en serio su carrera de actor trabaja en un bar de alterne (acompañante)?”.

Por mucho que el mundo del espectáculo y el del ocio nocturno estén estrechamente ligados, los artistas viven de su imagen. Alguien con dos dedos de frente nunca habría puesto un pie en un lugar donde se vende compañía.

“No es un bar de alterne, es un Talking Bar. Es un sitio donde solo te sientas a hablar”.

Como esperaba, Seo-hyun intentó defenderlo. Ju-han, que ya sabía perfectamente lo que ella iba a decir, ni siquiera cambió su expresión.

“Seguro. Hablan mientras sirven copas, van a sus casas y se meten en la misma cama”.

“¡Oppa!”.

“Tú pagabas dinero para ver al tipo que conociste allí, ¿o no?”.

“...Le hacía regalos, nunca le pagué para que me viera”.

Ju-han chasqueó la lengua y se apoyó contra la puerta. Por el ruido que venía del exterior, parecía que su padre había llegado. Y con el invitado no deseado.

No había tiempo para esto. Miró fijamente a Seo-hyun y prosiguió con voz pausada.

“Talking Bar, pub o club de alterne... para los demás, todos son locales de ocio nocturno. ¿Hasta dónde crees que puede llegar como actor alguien que prefiere el dinero fácil a cuidar su imagen?”.

“...”.

“Como mucho acabará siendo el marido de alguna mujer rica. Tipos como esos consideran que su mayor logro en la vida es seducir a alguien como tú para asegurarse el futuro”.

“Si nuestra difunta madre te oyera decir eso, ¿qué crees que diría?”.

La voz entrecortada detuvo a Ju-han cuando iba a darse la vuelta. Tras quedarse quieto un momento, levantó la cabeza y su mirada gélida atravesó a Seo-hyun. En el instante en que Seo-hyun se secaba las lágrimas que empezaban a brotar, Gong Ju-han ya se había acercado hasta quedar frente a ella. Entonces, le apartó cariñosamente el cabello detrás de la oreja y susurró.

“Arréglate el cabello y sal”

Se escucharon pasos más ajetreados fuera de la habitación. Ju-han le dio unas palmaditas en el hombro a Seo-hyun y salió del cuarto.

***

—30 millones de wones es una cantidad muy grande. No es como si le hubiera roto los dientes, solo fue una ligera hinchazón que ya ha bajado. Además, me consta que sigue trabajando sin descanso.

Woo-hyun apretó los labios, indignado ante semejante descaro. Parecía que le estaban diciendo que, como no le impedía hacer vida normal, aceptara el dinero y se callara. Un tipo que decía ser abogado lo llamó de repente para hablar de la indemnización, cuando Woo-hyun le dijo que no quería dinero sino una disculpa, el abogado pareció interpretar que se estaba quejando de que la cantidad era insuficiente. Le enfurecía aún más que el número de teléfono estuviera guardado como ‘Gong Ju-han’.

“¿Me está diciendo que prefiere pagar treinta millones antes que pedir perdón?”.

—...

“Dígale que me da igual el dinero, que venga y se disculpe en persona. Si no, me pondré en contacto con la señorita Gong Seo-hyun”.

Como no quería perder más tiempo hablando, cortó la comunicación y colgó. Por suerte el teléfono no volvió a sonar, porque si lo hubiera hecho, no habría podido evitar soltar algún insulto.

Tal como decía el abogado, treinta millones de wones era una suma difícil de ignorar. Normalmente, como su orgullo solía ser pisoteado a diario, habría aceptado el dinero para pagar sus deudas, pero esta vez, por alguna razón, se sentía testarudo. No es que fuera a vivir entre lujos con ese dinero, su rutina de pagar deudas seguiría siendo la misma, pero sentía la necesidad imperiosa de que Gong Ju-han se disculpara.

“Haaa...”.

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Soltó un largo suspiro y el vaho blanco flotó en el aire. Otro día que terminaba sin incidentes. Debido a su rostro lastimado, tuvo pocos clientes con reserva y terminó temprano, pero le alegró poder cenar a una hora normal. Woo-hyun iba a bostezar, pero se tocó la comisura de los labios con un respingo. La herida aún no había cerrado del todo.

La hinchazón había bajado, pero aún era evidente que lo habían golpeado. De pronto, le pareció extraño que ninguno de los clientes de hoy le hubiera preguntado qué le había pasado. Aunque se sentía aliviado por no tener que responder, también le invadió la sensación de que ya ni siquiera lo trataban como a un ser humano. Últimamente su único contacto con los demás era en el Talking Bar, y parecía haberse acostumbrado demasiado a ese tipo de relaciones unilaterales.

Quizás por eso Gong Ju-han no dejaba de venirle a la mente. Aquella interacción no había sido unilateral, sino recíproca. Su tono amable, sus bromas que le hacían relajar la tensión... incluso aquel momento que después de mucho tiempo creyó real, resultó ser falso al final.

Me apetece algo caliente.

Mientras caminaba pesadamente pensando qué comer, el teléfono vibró de nuevo. Pensando que sería otra vez el abogado, miró la pantalla con una mueca de fastidio, pero era un número desconocido. ¿Sería Gong Ju-han? Solo de pensarlo se le aceleró el corazón por la rabia.

“¿Diga?”.

—Ah, esto... hola. Soy Gong Seo-hyun.

¿Gong Seo-hyun?

Justo acababa de mencionarla en la llamada con el abogado, ¿sería que le habían pasado el recado tan pronto? Esperó en silencio y Seo-hyun continuó con voz dubitativa.

—Siento que debo pedirle perdón... Si tiene tiempo, iré a buscarlo donde sea. ¿Podríamos vernos un momento?

Woo-hyun se detuvo y miró a su alrededor. Justo en el escaparate de un local frente a él, la foto de una sopa de fideos con carne parecía muy apetecible.

Seo-hyun debía de estar cerca, porque poco después de colgar llegó al restaurante. Woo-hyun, que tenía hambre, dejó que Seo-hyun apenas tocara su comida mientras él terminaba su plato hasta la última gota de caldo. Mientras Woo-hyun comía en silencio, Gong Seo-hyun, con la cabeza baja como una criminal, le explicó toda la situación.

Al escuchar toda la historia, le pareció aún más absurdo. Woo-hyun dejó los palillos y contuvo un suspiro.

“¿No debería haber venido hoy también ese tal Joo Jae-hyung?”.

“Es que... de repente no contesta a mis llamadas”.

Al responder, a Seo-hyun se le enrojecieron los ojos. Parecía que ya había llorado bastante antes de venir, porque tenía los párpados muy hinchados.

Había pensado que el tipo era simplemente patético, pero no imaginaba que tuviera antecedentes penales. Si el dueño del Talking Bar se enteraba, le daría un síncope (desmayo). Woo-hyun le tendió a Seo-hyun un pañuelo de papel que había sacado para limpiarse la boca. Verla soltar lágrimas como puños le resultaba tan penoso que, para cualquiera que los mirara, parecería que él la estaba haciendo llorar.

“No vuelva a ver a Joo Jae-hyung. A ese tipo solo le interesa su dinero”.

“Creo que ya se ha acabado de todos modos. Cuando fui a casa, vi que se había llevado todas las cosas que le había regalado y había desaparecido”.

¿No soy yo quien debería recibir consuelo? ¿Por qué estoy haciendo esto?

Le parecía ridículo, pero que ella se disculpara incluso inclinando la cabeza hizo que se calmara. Además, el caldo caliente le había entibiado el cuerpo y se sentía más generoso. Cuando Woo-hyun frunció el ceño al limpiarse la boca, Seo-hyun lo miró con cautela.

“Sobre lo de la audición... veré si puedo preguntar a conocidos para ver si puedo ayudarle en algo”.

“Déjelo. Aunque hubiera tenido la cara bien, me habrían rechazado igual”.

“No es verdad. Le ayudaré sin falta. La verdad es que no pensé que las cosas llegarían a este extremo. A mi hermano no le gusta ninguno de mis novios, así que pensé que si aparentaba estar en una buena relación con alguien decente, dejaría de preocuparse. Nunca imaginé que iría a buscarlo en persona. Jamás había hecho algo así”.

“¿Y por qué dice que a su hermano no le gustaba ninguno de sus novios?”.

“Bueno... mi hermano ni siquiera reconocía que lo mío fueran relaciones amorosas”.

“Si no eran relaciones, ¿entonces qué eran?”.

“Prostitución”.

Ante la impactante respuesta, Woo-hyun abrió mucho los ojos y Seo-hyun se rió. Verla reír en esta situación, como alguien que ya se ha resignado a todo, le hizo sentir mal. Joo Jae-hyung tendría el dinero como objetivo, pero desde el punto de vista de Seo-hyun, ella le daba cosas porque lo quería. Que su propio hermano la hiriera con palabras tan crudas...

“Bueno... ¿quiere ir a una cafetería a tomar algo dulce?”.

Lanzó la propuesta al sentir cierta empatía, pero Seo-hyun negó con la cabeza. Sorbió por la nariz y soltó un gran suspiro.

“En fin, con el carácter que tiene mi hermano, será difícil que se disculpe. Yo le pido perdón en su nombre todas las veces que haga falta. Y de verdad, haré lo que sea con lo de la audición”.

Woo-hyun negó con la cabeza indicando que no era necesario y volvió a ponerse el abrigo. Aunque Gong Seo-hyun le había explicado la situación y se había disculpado, no se sentía mucho mejor. Aunque todo hubiera empezado por culpa de Seo-hyun y Joo Jae-hyung, la persona de la que realmente quería recibir una disculpa no era de ellos, sino de Gong Ju-han.

Seo-hyun se levantó tras él y lo detuvo con expresión melancólica.

“No me apetece algo dulce, ¿por qué no vamos a tomar una copa? Me siento mal por lo ocurrido, yo invito”.

“Ah, es que no me gusta mucho el alcohol”.

“¿Ah, sí? Qué pena. A mi hermano le molesta mucho cuando uso mi tarjeta en un bar. Quería pedir un montón de whisky caro solo para sacarlo de quicio”.

Woo-hyun aguzó el oído ante aquellas palabras murmuradas. En cuanto él regresó de repente a la mesa y se sentó, Seo-hyun se acercó vacilante y tomó asiento frente a él.

“¿Qué pasa? ¿Quiere comer algo más?”.

“El abogado del señor Gong Ju-han me ofreció 30 millones de wones como indemnización”.

Woo-hyun le hizo escuchar la grabación de la llamada con el abogado como prueba. Luego, inclinándose hacia una Gong Seo-hyun que permanecía allí sentada parpadeando distraída, le preguntó.

“¿Podría darme usted ese dinero en su lugar?”.

“... ¿Yo?”.

“Sí. Pero sin decirles nada a su hermano ni al abogado. No intento cobrar la indemnización por duplicado; incluso escribiré un documento confirmando que he recibido todo el dinero y que no exigiré más”.

“Ah... sí. Podría transferirle el dinero ahora mismo, pero...”.

“No. En lugar de una transferencia, prefiero que use su tarjeta en el Talking Bar donde trabajo”.

“¿Perdón?”.

Gong Seo-hyun lo miró con ojos confusos, sin entender en absoluto. Woo-hyun esbozó una sonrisa traviesa y ella, tras reflexionar un momento, pareció recordar sus propias palabras anteriores y abrió la boca de par en par.

“¿Para sacar de quicio a mi hermano? ¡Woo-hyun, es usted un genio! ¡Me encanta! Ah, pero tengo prohibida la entrada en ese local”.

“Si dice que va a gastar 30 millones, la dejarán pasar. Yo hablaré con ellos”.

“¡Lo haré!”.

“Si es posible, ¿podría pagar de 5 en 5 millones, dos veces por semana, dividido en seis veces? Aunque sea molesto, si lo hace así, yo le invitaré a comer, al café y la entretendré cada vez que venga”.

“¡Me parece perfecto!”.

Si pasaba tres semanas seguidas gastando esas sumas, sería imposible que él no se enfureciera.

Si no respondo a las llamadas del abogado y desaparezco, ¿podrá aguantar sin venir a buscarme?

Gong Seo-hyun, que tenía los ojos brillantes de la emoción, borró de pronto la sonrisa y ladeó la cabeza.

“Pero si lo hacemos así, entre comisiones y demás, no te quedarás ni con la mitad de los 30 millones, ¿te parece bien?”.

Con tal de volver a ver a Gong Ju-han.

Woo-hyun asintió con una amplia sonrisa.

***

A medida que sus horas en el Talking Bar disminuían, Woo-hyun pasaba su tiempo libre repartiendo perfiles con entusiasmo y trabajando como peón jornalero. Sus turnos en obras de construcción se volvieron frecuentes, pero era un trabajo que solía hacer cuando necesitaba efectivo inmediato, así que le resultaba llevadero. Agotar sus energías físicas le ayudaba a dormir mejor por las noches y, además, siempre había lugares que lo contrataban si se ofrecía, por lo que no sentía ansiedad. El único inconveniente era que, incluso cargando materiales, sentía el gusanillo de querer actuar.

Últimamente había empezado a ver la serie del momento, ‘Aquel invierno’. Desde el primer episodio, los personajes desbordantes de personalidad lo atraparon con una fuerza increíble. Tras devorar en un santiamén los cinco capítulos emitidos hasta el momento, sintió un ardor en el pecho. Terminó hojeando de nuevo el guion de ‘Vivir para destacar’, repasando con nostalgia las líneas de Ji Young-hyun.

Por eso, en cuanto recibió una llamada de su agencia diciendo que pasara porque tenían ‘buenas noticias’, salió disparado. Estaba sentado apoyado en la ventana del autobús, comprobando su paga del día, cuando recibió el aviso y saltó en la siguiente parada. Durante los más de 30 minutos de trayecto en metro hasta la estación de Sillim, se obligó a permanecer de pie; estaba tan inquieto, entre la esperanza y los nervios, que no podía quedarse quieto.

No era común que el representante dijera ‘buenas noticias’, así que se preguntaba de qué se trataría. Ni siquiera cuando consiguió el papel de Dae-shik, que tenía bastante peso, había oído algo así. No, incluso un papel secundario con una sola frase estaría bien. Para cuando llegó al umbral de la humilde oficina de la agencia, apenas había logrado calmar su emoción y recuperar el sentido de la realidad. A grandes expectativas, grandes decepciones.

“¿Single Jungle (Selva Solitaria)?”.

Sin embargo, la noticia que el representante le dio con rostro orgulloso no se parecía a ningún guion que Woo-hyun hubiera imaginado. Le dijo que lo habían contactado para participar en un programa de citas llamado ‘Single Jungle’, algo totalmente ajeno a su carrera como actor.

Conocía bien el programa por su fama, pero jamás había imaginado que acabaría participando en él. Frente a un Woo-hyun que permanecía allí parado, el representante Park Ki-young empezó a jactarse de su logro.

“Resulta que coincidí en una cena con la guionista principal de ese programa, le hablé de ti y le encantó. ¿Lo sabes, no? Entre los participantes de la temporada pasada hubo uno que se hizo muy popular y empezó a actuar. ¿Cómo se llamaba... Jackson? He oído que ya lo han fichado para una película. Será un papel menor, pero menos es nada”.

“...”.

“Lo importante es que el público te reconozca la cara. Si vas allí, eres amable con las chicas y te editan bien, ¡saltarás a la fama de inmediato! Sinceramente, ¿dónde vas a encontrar a alguien con tu cara entre la gente común? Le enseñé tus fotos y la guionista se entusiasmó”.

El representante Park hacía aspavientos, pero Woo-hyun solo pestañeó sin saber cómo reaccionar. Al notar que no parecía muy convencido, el señor Park soltó un breve suspiro, se acercó a él y le puso una mano en el hombro.

“Tu pasado como estrella de las redes sociales cuando eras joven es digno de mención y, aunque suene mal decirlo... tus padres fallecieron recientemente. Me dijeron que si logramos plasmar bien esa historia conmovedora, no habrá nadie con un concepto tan claro como el tuyo. Como era de esperar de una guionista profesional, en cuanto le hablé de ti, ya tenía trazada toda la narrativa de tu personaje. Has captado la atención de la guionista principal de un programa de citas famoso. ¿Sabes lo buena que es esta oportunidad?”.

Si se trataba solo de fama, ya la había tenido de joven. Diciendo lo que la gente quería oír y actuando para conseguir visualizaciones. Aquella rutina de moverse como una marioneta obsesionada con las reacciones no tenía sentido. Envolver a Song Woo-hyun al gusto del consumidor para venderlo era un asunto completamente distinto a interpretar a un personaje en una obra.

“No quiero hacerlo”.

Cuando finalmente habló con voz pesada, el representante Park le dio varios toques en el pecho con el índice, enfurecido.

“¿Por qué, pedazo de idiota? ¿No quieres actuar? ¿Crees que te van a dar papeles por la cara? Cuando eres un don nadie, tienes que hacer cosas que no te gustan. ¿Por qué crees que la gente te va a contratar?”.

“No quiero llamar la atención de esa manera”.

“¿De esa manera? ¿Estás en posición de elegir? Te hacen estas ofertas ahora porque eres joven. ¡Ya tienes veinticinco años! ¡Cuando pases de los veintisiete, ya no habrá marcha atrás, imbécil!”.

“No quiero. Seguiré repartiendo perfiles con más empeño”.

“Es una oportunidad que conseguí rebajándome ante una persona mucho más joven que yo. Me esfuerzo por ayudarte y ni siquiera sabes cuál es tu lugar. ¡Uf, lárgate!”.

Incapaz de contener su ira, el representante Park le lanzó un montón de papeles que había sobre la mesa. Woo-hyun miró las hojas que revoloteaban tras golpearle la cabeza, hizo una reverencia y se dio la vuelta para salir.

¡Esto es la rescisión del contrato, desgraciado!, gritó una voz a sus espaldas, pero él la ignoró y caminó sin rumbo hasta que su vista se despejó.

¿Cuánto tiempo habría caminado? Cuando finalmente recobró el sentido y miró a su alrededor buscando la estación, Woo-hyun escuchó la vibración de su teléfono. Tras dudar un momento mientras movía sus dedos entumecidos por el frío, sacó el móvil y vio que tenía un mensaje.

 

Profesor Jang Myung-jun

Voy a divorciarme. Creo que tendré que pagar una pensión alimenticia.

8:43 PM

 

Era el profesor Jang Myung-jun.

***

 

“¿Single Jungle? ¡A mí también me ofrecieron participar en ese programa!”.

Gong Seo-hyun, con los ojos como platos, agarró a Woo-hyun por los hombros y lo sacudió. El contacto físico no estaba permitido en el Talking Bar, y Woo-hyun se preguntó brevemente si la regla se aplicaba en este caso. Sujetó suavemente los brazos de Seo-hyun y se liberó de su agarre de forma natural; lo había sacudido tanto que casi se marea.

Aunque aquel encuentro fue planeado para que un enfurecido Gong Ju-han fuera a buscarlo, tras pasar tiempo juntos, resultó que se llevaba bastante bien con Gong Seo-hyun. Ella era vivaz, encantadora e inocente. No porque fuera ignorante, sino porque no había segundas intenciones en sus palabras ni en sus actos. En cuanto supo que Woo-hyun y ella tenían la misma edad, empezó a tratarlo con cariño, como si fueran amigos de la infancia de toda la vida.

“Vamos, come”.

Como Woo-hyun no tocaba el plato de fruta de temporada que ella le había pedido, Seo-hyun tomó dos fresas, una en cada mano. Se metió una en la boca y obligó a Woo-hyun a aceptar la otra. Gracias a ella, Woo-hyun siempre terminaba con el estómago a reventar; como gastaba 5 millones cada vez, les traían un montón de platos de cortesía, y Gong Seo-hyun nunca comía sola.

Solo después de tragar la enorme fresa, Woo-hyun pudo preguntar.

“¿Dices que a ti también te ofrecieron participar?”.

“Sí. Tengo bastantes seguidores en redes sociales. Recibí un mensaje directo durante la segunda temporada. Me preguntaron si quería participar con el concepto de ‘heredera de familia rica’ o algo así. Mi hermano dijo que ni se me ocurriera decir tonterías, así que no fui, pero la segunda temporada fue un exitazo. Si hubiera ido, ahora podría ser una influencer”.

Woo-hyun sonrió al oír la mención a Gong Ju-han que surgió de forma natural. Le hizo gracia que hablaran de cosas tan triviales como el contenido de los mensajes directos, era una historia de hermanos más normal de lo que esperaba. Aparte de lo despreciable que pudiera ser, parecía que Gong Ju-han protegía a su hermana de una forma casi excesiva. Al observar a Gong Seo-hyun de cerca, empezaba a entender por qué.

Con hoy son tres veces, o sea, 15 millones de wones. Ya se habrá dado cuenta, ¿cómo reaccionará?

Mientras bajaba la mirada hacia su teléfono, Seo-hyun dijo de repente.

“Lo gracioso es que mi hermano, que antes decía que ni hablar, últimamente me dice que para andar con gigolós de bar, prefiere que vaya a un programa de esos y me consiga novio”.

Inmediatamente añadió, como si se hubiera dado cuenta de su error.

“No lo digo por despreciar. Yo también soy cliente”.

“Jajaja”.

Woo-hyun no pudo evitar soltar una carcajada y Seo-hyun se rió con él. Los ojos risueños de ella le resultaron familiares; los hermanos se parecían bastante.

“¡Vayamos juntos a ‘Single Jungle’! Si voy yo, llamaré muchísimo la atención por ser rica, así que me mirarán todos, pero yo pasaré de los demás y solo te seguiré a ti. No hace falta que seamos pareja oficial. Al final, simplemente recházame con elegancia”.

“Jajajaja, ¿pero qué dices?”.

“Es para compensarte por lo que hice. No es broma, piénsatelo bien”.

Aunque hablaba con expresión seria, no podía ser verdad. Woo-hyun se secó una lágrima de la risa y suspiró. Más de la mitad de sus conversaciones eran disparates de ese tipo y le dolía la barriga de tanto reír. Seo-hyun, mirándolo de reojo, murmuró.

“Gente como tú es la que debería triunfar”.

‘Gente como tú’. Aquellas palabras resonaron en él. Le pareció tierno que ya se pusiera de su parte a pesar del poco tiempo que se conocían.

Claro que lo dice porque no me conoce, si supiera más de mí se decepcionaría, pensó.

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Woo-hyun saboreó durante un rato el intenso aroma a fresa que quedaba en su boca. Como aún no estaba acostumbrado a hablar de sí mismo, siempre que lo intentaba recordaba sus charlas con Gong Ju-han y terminaba hablando de actuación y personajes. Tras dudar un momento, Woo-hyun habló.

“Hace poco intenté interpretar el papel de un hombre rico y exitoso, pero no salió bien. Supongo que no pude entender a alguien que nació teniéndolo todo y que nunca ha estado desesperado”.

Woo-hyun explicó qué clase de persona era Ji Young-hyun. Omitió el detalle de que le interesó porque se parecía a Gong Ju-han. Mientras hablaba, recordó los diálogos de la lectura del guion y empezó a recitarlos. Las frases grabadas en su mente salían sin trabas, pero seguían sin resultarle naturales al decirlas.

Seo-hyun, que había escuchado en silencio, hizo un sonido dubitativo.

“Por muy perfecto que parezca alguien, no existe nadie que no tenga alguna carencia. Ese rico también debe de tener algo”.

“...”.

“Alguien que realmente se ama a sí mismo y no echa nada de menos, no hace esas cosas tan malas”.

Woo-hyun asintió lentamente mientras reflexionaba sobre aquellas palabras. Sentía que empezaba a comprender, aunque todavía no del todo.

***

“¿Y Joo Jae-hyung?”.

Gong Ju-han preguntó con los ojos cerrados, recostado en el sofá con las piernas estiradas. Su insomnio crónico había empeorado últimamente y sentía punzadas en la cabeza. Ya estaba bastante ocupado con los asuntos de la empresa como para tener que preocuparse por tantos temas personales. Por más que resolviera uno tras otro, no parecían disminuir.

“Actualmente está bajo investigación policial por robo. Como ya tiene antecedentes, no se librará con una simple multa. Además, debe bastante dinero a sus anteriores novias que nunca devolvió, y una de ellas tiene registros hospitalarios de haber sido agredida por él, por lo que se podría añadir el cargo de agresión”.

“Sea lo que sea, asegúrese de que no vuelva a acercarse”.

“Sí, señor”.

Tras deshacerse de Joo Jae-hyung haciendo que pareciera que se había marchado robando dinero y objetos, ahora tenía a Gong Seo-hyun gastando 5 millones de wones cada vez en el mismo bar donde lo conoció.

La razón por la que Seo-hyun visitaba un bar donde ya no estaba Jae-hyung debía de ser Song Woo-hyun. Después de insistir tanto en ir a pedirle perdón en persona, parecía que estaba ayudando a su facturación por remordimiento. Ju-han respiró con calma y siguió preguntando.

“¿Y Song Woo-hyun?”.

“Tal como usted previó, la señorita Seo-hyun se está viendo con Song Woo-hyun”.

El secretario Kim mostró unas fotos en su tableta. En ellas aparecían Seo-hyun y Song Woo-hyun sentados amigablemente en una cafetería comiendo un gofre con helado. Para colmo, Gong Seo-hyun se cubría la boca con recato mientras hablaba con él mientras comían.

Era un hábito que nunca le había visto. Debía de ser algo que hacía cuando quería causar buena impresión a alguien que le gustaba. Tal vez no era solo una cuestión de remordimiento por la facturación del local.

Song Woo-hyun no respondía a las llamadas del abogado. Seguramente pensaba que 30 millones no eran nada comparado con lo que podía sacarle a ella. Si tuviera malas intenciones y le hiciera daño a Seo-hyun...

Podría usar a alguien para solucionarlo, pero debía ser cuidadoso por Seo-hyun. Acababa de quitarle de encima a Joo Jae-hyung y no podía ir cortando de raíz todas sus relaciones sociales una tras otra. Ya era una chica bastante inestable y no quería que pensara que todo el mundo la abandonaba.

“Hay algo más”.

“Haaa...”.

Parecía que le iba a dar migraña. Cuando Gong Ju-han echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el brazo del sofá, el secretario Kim le trajo un analgésico y agua. Solo después de que Ju-han se tragara la pastilla sin agua, el secretario prosiguió.

“Parece ser que la señorita Seo-hyun ha consultado sobre su participación en ‘Single Jungle’ a través de un mensaje directo a la guionista”.

Afortunadamente, eso estaba dentro de lo previsto. Ju-han respondió con indiferencia mientras se masajeaba la sien.

“Ya dijo otras veces que participaría y al final no lo hizo. Seguramente esta vez tampoco irá en serio”.

“Ojalá fuera así, pero el contenido de la consulta es bastante específico”.

“Tiene mucha imaginación, seguro que tiene algún concepto ideal en mente”.

“Entre los candidatos con los que se está negociando la participación, figura Song Woo-hyun”.

Ante esas palabras, abrió los párpados. En lugar de preguntar, arqueó las cejas y el secretario Kim carraspeó con la mirada baja.

“La señorita Seo-hyun ha dicho que participará con la condición de que incluyan a su ‘amor platónico’, Song Woo-hyun”.

Ju-han parpadeó un par de veces y se incorporó. No procesó de inmediato lo que acababa de oír. Que ella pusiera como condición ‘impulsar’ a Song Woo-hyun ya era absurdo, pero ¿qué era eso de ‘amor platónico’? ¿Cómo era posible que, a poco de deshacerse de Joo Jae-hyung, ya se hubiera enamorado de otro? Y para colmo, gastándose otra vez 5 millones de wones en un Talking Bar.

“¿Amor platónico?”.

Preguntó Ju-han entre dientes.

El secretario Kim, como si ya tuviera preparada la defensa para Seo-hyun, respondió con fluidez.

“Creo que no es del todo malo que la señorita Seo-hyun comience un nuevo amor. Es mejor que se recupere pronto a que se hunda en el dolor de una ruptura...”.

“Basta. Es suficiente”.

“Hay una cosa más...”.

“Dijo que solo era una”.

“Lo siento. Había dos cosas más”.

Ju-han no quería escuchar más, pero viendo que el secretario Kim seguía allí dubitativo, comprendió que debía de ser algo importante. Tras el suspiro de Ju-han, Kim volvió a hablar con cautela.

“Verá... no es otra cosa sino que la señorita le ha mencionado al actor Park Ji-ho...”.

“Ahorre los honoríficos”.

En cuanto surgió el nombre del amante de su padre, la mirada de Ju-han recuperó un enfoque nítido. Ante la repentina frialdad del ambiente, el secretario Kim se humedeció los labios.

“Parece que la señorita Seo-hyun también le habló de Song Woo-hyun a Park Ji-ho. Le dijo que es un chico que actúa muy bien y le pidió que corriera la voz entre sus conocidos, aunque fuera para un papel pequeño”.

“Ja”.

Ju-han soltó una risa seca de pura incredulidad. Que Gong Seo-hyun se hubiera rebajado a pedirle favores a Park Ji-ho por un gigoló al que apenas conocía... No solo estaba inflándole la facturación al bar, sino que estaba haciendo el trabajo que le correspondía a una agencia. Sin contactos en la industria, ¿qué tan desesperada estaba por ayudarlo como para recurrir a la concubina de su padre?

Sintiendo que le subía la temperatura, Ju-han se aflojó la corbata. De pronto, sobre el sofá vacío frente a él, se dibujó la imagen de Song Woo-hyun sentado. Quizás por la tenue luz del bar de vinos, recordaba vívidamente sus ojos brillantes. Aquel rostro que se quejaba de que no le daban papeles de estafador le había parecido inusualmente joven, lo cual le resultó irritante en su momento.

A medida que la conversación se alargaba, sus facciones se habían ido relajando y, para cuando subieron al coche, tenía las orejas rojas, tal vez por el frío. No hacía falta ser adivino para saber qué estaba pensando Song Woo-hyun cuando miraba de reojo las bolsas de compras, debatiéndose ante la tentación de invitarlo a su casa.

Había que tener la cara muy dura para invitar a alguien a ese estrecho semisótano, y sin embargo, a pesar de haber entrado primero y abrir la puerta, Song Woo-hyun no fue capaz de sostenerle la mirada de inmediato. Al recordar su aspecto pulcro y refinado mezclado con esa actitud de quien carga con una historia oculta, Ju-han pudo entender por qué Seo-hyun había caído tan fácil. Lamentablemente, ella creía que solo podía obtener afecto si resolvía los problemas de los demás, y Song Woo-hyun tenía una situación precaria y un físico que despertaba compasión.

Incluso si aquel día no tuvo intención de estafarlo, siendo alguien que trabajaba en un Talking Bar, no podía ser trigo limpio. Lo que estaba haciendo ahora confirmaba su juicio. Ju-han movió rítmicamente la punta de su zapato y, tras una pausa, habló.

“¿Dijo que todavía quiere verme?”.

“¿Se refiere a Song Woo-hyun? Sí. Últimamente es difícil contactar con él, pero la última vez que hablamos insistió en que debía escuchar una disculpa directamente de usted, señor director”.

Una disculpa. Eso significaba que no pensaba conformarse con los 30 millones. Era el mismo tipo que lo miraba con timidez y, al momento siguiente, se transformaba para soltar vulgaridades y agarrarlo por las solapas. Ju-han sonrió de lado y miró al secretario Kim.

“Veámonos”.

“¿Perdón? ¿Lo dice en serio? Es obvio lo que dirá, ¿vale la pena tratar con él personalmente?”.

“Parece que al enviar mensajes a través de terceros se están produciendo malentendidos”.

Aunque su expresión mostraba que no lo comprendía, el secretario Kim asintió y se inclinó. Ah, por cierto. Ju-han añadió algo más antes de que el secretario se marchara.

“Dijo que Song Woo-hyun no renunció a la herencia de las deudas de sus padres y que las está pagando, ¿verdad?”.

“Ah, sí. Así es”.

“¿Y el conocido que le prestó una gran suma de dinero era su tutor de secundaria?”.

“Sí, señor”.

“Deben de tener una relación muy especial”.

‘Parece un lugar muy apreciado’.

Recordaba perfectamente cómo Song Woo-hyun se alteró visiblemente cuando invadió aquel cuarto pequeño pero impecablemente ordenado. Si sabía qué botones pulsar, la conversación sería mucho más sencilla. El secretario Kim, leyendo entre líneas, respondió con rapidez.

“Lo investigaré”.

Una vez solo en la habitación, Ju-han chasqueó la lengua. Estaba cansado.

***

“Ah, tengo que regar las plantas”.

Woo-hyun murmuró para sí mismo sin cambiar su postura, tumbado de lado. Hacía una hora que había regresado de trabajar como peón y se había desplomado sobre la manta con el abrigo puesto. Se le pasó el tiempo volando simplemente mirando a la nada. Tenía que poner la lavadora, fregar los platos, organizar la nevera y regar las plantas. Sabía que tenía las tareas domésticas acumuladas, pero no quería mover ni un dedo.

No era por agotamiento físico. Si el cuidar y mantener su pequeño hogar le resultaba molesto en lugar de agradable, entonces...

“¿Estaré deprimido?...”.

Susurró distraído y soltó un suspiro.

Había llamado a su representante, pero este no respondió ni devolvió la llamada. Quizás esta vez sí le rescindirían el contrato. No le generaba dinero y se negaba a aceptar los trabajos que le conseguía, así que no tendría argumentos si lo despedían.

Aun así, no iría a ese programa de citas. Detestaba la idea de vender su desgracia personal. Woo-hyun endureció el gesto y se levantó lentamente. Obligándose a moverse, guardó el abrigo en el armario y regó las plantas. En días tan fríos, si les daba demasiada agua, se congelarían. Solo lo justo para que no se secaran... Tras regar con cuidado, llenó el hervidor eléctrico. Para fregar los platos sin que se le congelaran las manos, necesitaba calentar el agua de antemano.

¿A dónde iría si rescindían su contrato? Nueve de cada diez agencias pequeñas que aceptaban actores desconocidos estaban administradas por matones. Todos eran unos delincuentes y corría el riesgo de que se quedaran con su dinero aunque trabajara, pero no lo sabía. A estas alturas, estaba dispuesto a firmar con cualquiera que le consiguiera trabajo, aunque no le pagaran mucho.

Tengo ganas de fumar.

Woo-hyun se relamió, pero reprimió el deseo. Los cigarrillos eran caros y ya había reducido el consumo, así que mejor dejarlos del todo. Quizás por el intento de dejar de fumar, otros deseos se sentían más fuertes de lo habitual. Como el deseo sexual, por ejemplo.

El deseo sexual es algo natural y él estaba en plena juventud, pero le resultaba absurdo sentirlo cuando estaba tan apático que hasta posponía las tareas de casa. A veces, tras masturbarse, se sentía vacío y pensaba: ‘¿estoy yo para estas cosas?’. Durante el poco tiempo que llevaba en el Talking Bar, había visto y oído de todo, y pensaba que se había vuelto indiferente al sexo, pero no entendía por qué le pasaba esto de repente. No es que disfrutara con fantasías eróticas; era más bien un proceso eficiente de estimulación para descargar tensión y enfriar el cuerpo, lo cual lo hacía sentir aún más solo.

Woo-hyun apartó la vista de la entrada vacía. Justo cuando se decidía a dejar de pensar tonterías y poner la lavadora, sonó su teléfono. Al recogerlo rápido, vio un número desconocido.

¿Será Gong Ju-han?

Curiosamente, la primera imagen que le vino a la mente no fue la de aquel que le soltó un puñetazo con una sonrisa gélida, sino la de aquel que bromeaba con dulzura. Woo-hyun sacudió la cabeza para espantar el pensamiento y contestó.

“¿Diga?”.

—¿Hablo con Song Woo-hyun?

Al darse cuenta de que no era la voz de Gong Ju-han, sus hombros se relajaron. Reprimiendo la decepción, Woo-hyun respondió.

“Sí. ¿Quién es?”.

—Llamo para agendar una cita, ya que el señor director ha aceptado verle. Pensamos que sería conveniente mañana a las 5:00 PM.

El hombre, que ni siquiera se presentó, mencionó de inmediato al ‘director’. Para su frustración, Woo-hyun supo al instante que hablaba de Gong Ju-han. Se le escapó una risa irónica, pero lo que siguió fue peor. El hombre soltó una hora específica y luego designó el lugar a su antojo.

“Mañana a las 5:00 es mi hora de trabajo. Hagámoslo otro día”.

—Es difícil ajustar la agenda del director, así que ¿por qué no se toma el día libre y viene a vernos?

Lo pedía con una naturalidad absoluta, como si su trabajo no importara en absoluto. Si querían verlo, sería para ofrecerle algún tipo de disculpa, aunque fuera por compromiso, pero ¿quién se cree que es la parte que cometió el error para actuar así? Woo-hyun, indignado, replicó.

“Yo soy quien debe recibir la disculpa, ¿por qué tengo que faltar a mi trabajo? Ustedes deberían tenerme consideración. Pueden venir al bar donde trabajo”.

—Jaja, qué gracioso.

“No es broma”.

El hombre, que fingía una risa mecánica como un robot, se calló. Tras un breve ‘Humm’, volvió a preguntar.

—¿A qué hora termina mañana?

“Mañana trabajo de 3:00 a 9:00 PM. Como ya saben qué bar es, veámonos por los alrededores”.

—Lo siento, pero el director no se acerca... ni por los alrededores de esos sitios, así que es difícil. Las 9:00 es demasiado tarde. A la mañana siguiente debe asistir a una reunión importante muy temprano.

Esos sitios.

La forma en que lo dijo, haciendo una pausa como si escupiera algo sucio, le indignó aún más. El hombre empezó a soltar una retahíla de explicaciones, pero Woo-hyun ya no escuchaba. Todo eran estupideces.

“Yo también soy una persona ocupada. Si quieren verme el día y a la hora que desean, vengan a ‘ese sitio’ y hagan una reserva a nombre de Song Woo-hyun. Les atenderé muy bien”.

Woo-hyun apretó los dientes, habló con firmeza y colgó. Bloqueó el número de inmediato para que no volvieran a molestarlo. Estaba furioso, pero intentó no darle vueltas y se dirigió a la cocina. Tenía una pila de platos por fregar.

Fregar, lavar la ropa, regar. Una vez terminadas las tareas pendientes, sintió hambre. No tenía energía para cocinar algo elaborado, así que abrió la nevera buscando lechuga. Mezclar arroz con lechuga y pasta de pimiento (gochujang) era rico y fácil de preparar, por eso siempre compraba una bolsa de lechuga en la frutería cercana. Incluso con la inflación actual, por mil wones podía comprar suficiente para tres comidas, y además era saludable.

Woo-hyun preparó el arroz instantáneo y se hizo un tazón de arroz con lechuga en un segundo. Empezó a comer con avidez. Si por estar apático empezaba a saltarse comidas, estaba perdido. Tenía que comer algo para tener fuerzas para trabajar, y trabajar le ayudaba a estar menos deprimido. Tenía que esforzarse para ayudar al profesor con la pensión del divorcio. Como de momento no tenía trabajos de actuación, estaba buscando empleos de extra como invitado en bodas. Fingir ser amigo del novio o de la novia también era actuar, después de todo.

Al dejar el tazón vacío y tragar el último bocado, soltó una risa amarga. El contenido de la llamada de antes seguía rondando en su cabeza, haciéndole reír con ironía cada vez que se acordaba. Lo normal sería que alguien que golpea a otro por un malentendido estuviera tan arrepentido que no pudiera ni mirarlo a los ojos, pero nunca entendería cómo alguien podía ser tan cínico.

“A recogerlo de inmediato”.

Woo-hyun se levantó de un salto con el tazón y la cuchara. Podría terminar de fregar un solo plato antes de que se le congelaran las manos, así que mejor acabar rápido. Silbó mientras se movía con energía forzada, y el sonido empezó a llenar el espacio que antes estaba en silencio. La sensación de impotencia se fue disipando un poco.

Justo cuando intentaba entrar en calor dando pisotones y metiéndose las manos congeladas por el agua fría bajo las axilas, sonó el teléfono otra vez. Pensó que el tal secretario lo llamaba desde otro número y frunció el ceño, pero el remitente era Gong Seo-hyun.

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La veré en el bar, ¿por qué llama a esta hora?

La duda se resolvió pronto. Gong Seo-hyun solía llamar a menudo sin un motivo especial. Una vez lo llamó porque estaba aburrida en el coche. Las llamadas sin compromiso le resultaban, de hecho, más cómodas. Woo-hyun contestó mientras se daba palmaditas en el estómago lleno.

“¿Diga?”.

—¡Woo-hyun! ¿Qué haces?

“En casa. ¿Por qué?”.

—¿Podemos vernos ahora? ¡Quiero verte!

“¿Qué pasa? ¿Tienes alguna buena noticia?”.

—Sí. Quiero contártelo. Veámonos. Aunque sea un momento, ¿sí?

No sabía de qué se trataba, pero Seo-hyun estaba muy emocionada. Woo-hyun reflexionó sobre su escaso saldo bancario, el dinero que cobraría este mes y el mensaje del profesor Jang Myung-jun. Quería felicitarla si era algo bueno, pero tras no haber trabajado mucho este mes, no le sobraba el dinero.

Pero dice que es algo bueno.

Decidió que hoy saldría aunque fuera un plan modesto y los próximos días comería solo ramen una vez al día. Tras tomar la decisión, se levantó para lavarse los dientes y preguntó.

“¿Dónde nos vemos? Ya he cenado”.

—En Gangnam. Yo te paso a recoger.

“¿Tanto como ir a Gangnam?”.

—Vamos a un karaoke. Dicen que allí el aislamiento acústico es bueno, no hay mucho ruido y la comida es rica. Avísame cuando estés listo. Iré a la estación. Ten cuidado, que está nevando.

¿Está nevando?

No nevaba cuando volvió a casa. Woo-hyun corrió a mirar por la ventana. Al vivir en un semisótano, solo veía los zapatos de los peatones y no solía percibir el clima, pero ya había nevado y una fina capa cubría el suelo.

“Espero que no se congele la calle”.

Murmuró con el cepillo de dientes en la boca, pensando que mañana tendría que salir 30 minutos antes para ir a trabajar.

Seo-hyun, que solía desplazarse con chófer, llegó curiosamente en taxi. Llevaba unos tenis blancos que no pegaban con su abrigo beige y su minifalda, pero en una bolsa que traía al lado asomaba un par de zapatillas. Parecía que, tras insistirle tanto en que tuviera cuidado con el suelo, ella misma se había traído los tenis por el clima.

Al notar la mirada de Woo-hyun, Seo-hyun sonrió.

“Como nevaba, me puse los tenis para salir, pero me cambiaré allí. Siempre suelo llevar unos de repuesto en mi coche, pero hoy no los tenía”.

Aunque pensaba que al ir en taxi no caminaría mucho, resultó ser bastante meticulosa. Woo-hyun le devolvió la sonrisa y miró por la ventana. La había seguido porque ella quería ir a un karaoke, pero no le hacía mucha gracia ir hasta Gangnam para eso. Quizás era porque su lugar de trabajo estaba cerca de allí.

 

“Déjame aquí, por favor”.

Seo-hyun llamó al taxista tras observar los alrededores. Estaban justo frente a un callejón que desembocaba en la zona comercial. Afortunadamente, el karaoke no estaba lejos. Tal como había dicho, Seo-hyun no se cambió a las zapatillas hasta que llegaron al local. Woo-hyun se rió para sus adentros; aunque tenían la misma edad, ella le parecía una hermana pequeña e ingenua por preocuparse de quién la vería en un karaoke privado. Cuando ella extendió una mano al aire buscando apoyo, él le ofreció su brazo y ella lo aferró al instante. Sus pequeñas manos tenían las uñas perfectamente arregladas y brillantes.

“¿Cuál es tu canción favorita? Si la conozco, la cantaré para ti. Soy bueno cantando”.

Woo-hyun bromeó con modestia fingida para ocultar el rastro de orgullo. Hacía mucho que no iba a un karaoke y le apetecía lucirse un poco. Aunque no solía ir a menudo por falta de amigos, hubo un tiempo en que iba solo a los karaokes de monedas. Mientras añadía con timidez que quizás no conocía las canciones más recientes por haber estado tan ocupado, Seo-hyun vaciló un momento. Él pensó que estaba eligiendo una canción, pero ella soltó algo inesperado.

“Woo-hyun, escucha esto sin sentirte presionado”.

“¿Eh?”.

“En realidad... aquí hay personas que podrían ayudarte. Les dije que no bebes mucho, así que solo entra, charla un poco y sal. Si te llevas bien, puedes quedarte más tiempo. No es una reunión organizada solo para ti, simplemente les pedí que me dejaran presentarte en una junta que ya tenían. Olvidé sus nombres, pero dicen que son veteranos en la industria. Me dijeron que uno es un director de cine muy famoso”.

Woo-hyun balbuceó, desconcertado por la ráfaga de palabras. ¿Por qué le decía esto justo al llegar? ¿Temía que lo rechazara? Al fin y al cabo, lo estaba empujando a una reunión de desconocidos que ya estaban bebiendo; de haberlo sabido antes, probablemente no habría aceptado. Woo-hyun negó con la cabeza, incómodo.

“¿Por qué tendría que ir yo ahí?”.

“Solo entra y saluda. Es para que vean tu cara. Me dijeron que todo el mundo lo hace así. Los contactos y el marketing personal son esenciales, no solo en el espectáculo, sino en cualquier trabajo”.

“Seo-hyun, agradezco tu intención, pero esto...”.

“Nunca la conocí, pero el sueño de mi madre también era ser actriz”.

Mencionar a los padres era jugar sucio, y más si era en tiempo pasado. Si nunca la conoció, ¿habría muerto poco después de que ella naciera? Woo-hyun pensó involuntariamente en Gong Ju-han y guardó silencio. Seo-hyun aprovechó la pausa para mirarlo con ojos brillantes y decididos.

“Seguro que mi madre era tan hermosa y talentosa como tú. Quiero ayudarte como sea”.

“...”.

“¡Tú te ves mejor en persona! Si te ven una vez, se acordarán de ti más adelante y podrían llamarte aunque sea para un papel pequeño. Entra y canta solo una canción. Dijiste que eres bueno, ¿no? ¿Quién sabe? Quizás más adelante necesiten a alguien que sepa cantar y piensen en ti”.

Era la primera vez que veía a Gong Seo-hyun hablar con tanta elocuencia. Woo-hyun soltó una risa seca, sin saber qué decir, y se frotó la cara con una mano. No estaba seguro de cómo reaccionar ante esta situación repentina.

Gestionar contactos también es una habilidad. Su representante le había repetido hasta el cansancio que, incluso si lo contrataban como extra, debía intentar destacar ante los demás actores, el director o incluso el personal del set. Si todo el mundo se desesperaba por llamar la atención, ¿estaba él desperdiciando una oportunidad que le caía del cielo? Su representante quería rescindir el contrato, él se moría por actuar pero los castings eran casi imposibles de conseguir, y el profesor Jang Myung-jun tenía que lidiar con deudas, intereses y pensiones.

Woo-hyun apretó los puños y tragó saliva. Mostraría su seriedad por la actuación y, si podía, cantaría una canción. Quería intentarlo si existía aunque fuera una mínima posibilidad de obtener una audición en el futuro por haber causado una buena impresión.

“Está bien. Cantaré una canción y saldré”.

“¡Eso es! Tienes una voz preciosa. Seguro que cantas genial. ¡Tú puedes!”.

Al aceptar finalmente, Seo-hyun sonrió radiante para animarlo. Yo puedo, se murmuró a sí mismo mientras la seguía hacia el interior. En ese breve trayecto, sus palmas se empaparon de sudor. Estaba tan nervioso como en una audición real. No era una audición oficial, y la idea de meterse en la borrachera de unos desconocidos le revolvía el estómago.

Tras intercambiar una última mirada con Seo-hyun, Woo-hyun llamó a la puerta con cautela. Contó hasta tres, soltó un gran suspiro y entró con valentía.

Tres hombres que estaban en la sala, incluido uno que cantaba una balada de pie, lo miraron al unísono. Tal como Seo-hyun había avisado, el que cantaba le saludó con la mano. Todos tenían las caras rojas; parecía que ya venían ebrios de algún otro lugar.

Entre ellos, Woo-hyun reconoció un rostro. El director famoso que Seo-hyun mencionó era Kim Seung-yeop, un cineasta conocido por crear obras polémicas que le habían granjeado seguidores tanto en Oriente como en Occidente. Estaba recostado en un extremo del sofá, bebiendo whisky, y recorrió a Woo-hyun de pies a cabeza con ojos vidriosos. Su mirada, que bajaba del rostro al pecho y luego a las piernas, era viscosa.

Justo entonces terminó la canción y el silencio llenó la sala. Woo-hyun reaccionó rápido y se inclinó formalmente.

“Hola, soy el actor Song Woo-hyun. Yo... ¡cantaré una canción y me iré de inmediato!”.

“¿Qué canción ni qué nada? Ven a sentarte aquí”.

Él pensaba cantar un trote para animar el ambiente y mostrar su habilidad, pero recibió una negativa tajante. Al acercarse al director Kim Seung-yeop, este le hizo un sitio a su lado. En cuanto se sentó, le pusieron un vaso de soju delante. Era una orden silenciosa para que sirviera la bebida.

Es vida social, es vida social, se repetía Woo-hyun mientras abría la botella y llenaba los tres vasos. Al terminar, el director Kim derramó el agua que había en su vaso al suelo y le tendió el recipiente vacío a Woo-hyun. Al ver cómo llenaban ese vaso hasta los topes con soju, sus músculos se tensaron por una razón distinta a la de antes. Empezó a sospechar que aquel lugar que Seo-hyun le había preparado no era lo que él imaginaba.

Tras beber un sorbo y dejar el vaso, el hombre que antes cantaba se burló entre risas. ‘Es que mañana tengo que ir a trabajar temprano’, se excusó Woo-hyun mientras vigilaba atentamente la situación. Estaba listo para marcharse en cualquier momento si las cosas se torcían.

Como si le leyeran el pensamiento, los hombres se portaron amables por un rato. Le preguntaron por su agencia, hablaron de sus trabajos anteriores e incluso debatieron sobre filosofía de la actuación. Ninguno se presentó, pero por la charla dedujo que los otros dos, además de Kim Seung-yeop, eran un guionista y un productor de televisión. La atención volvió a centrarse en Woo-hyun, que solo escuchaba en silencio, cuando surgió el tema de los ‘contactos’.

“¿Cómo conoces a la señorita de familia rica? ¿Tienes buena mano con las mujeres, joven?”.

Le guiñó el ojo el guionista con picardía, como pidiéndole su secreto.

¿Su relación con Gong Seo-hyun? Woo-hyun dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

“Somos amigos”.

“¿Amigos?”.

La respuesta les hizo mucha gracia y soltaron carcajadas. ‘Bueno, hay muchos tipos de amistad’, dijeron entre ellos. Justo cuando los comentarios sugerentes empezaban a resultarle ofensivos, el director Kim Seung-yeop le agarró bruscamente la barbilla. Con los ojos entrecerrados, giró la cara de Woo-hyun de un lado a otro y ladeó la cabeza.

“Podría funcionar”.

“...”.

“Es una película que aún estoy escribiendo, pero hay un príncipe que muere capturado por los rebeldes. Tienes cara de niño bien, pero tu mirada tiene un punto insolente que podría encajar”.

Un príncipe que muere capturado por los rebeldes. Aunque solo fuera una frase, sintió un deseo inmediato por el papel. Woo-hyun mostró su entusiasmo con ojos brillantes.

“Si me da una oportunidad de audicionar, daré lo mejor de mí. Bajaré de peso si es necesario o aprenderé a montar a caballo si hace falta”.

“Arrodíllate aquí”.

“... ¿Perdón?”.

“Que te arrodilles. Quiero ver la composición”.

¿Realmente quería comprobar la sincronía con el personaje? Tratándose de un príncipe capturado y ejecutado, era lógico que hubiera una escena de rodillas. Woo-hyun observó el rostro serio del director. Si aquello era una audición improvisada, no podía dejar pasar la oportunidad.

Concéntrate. Un príncipe consciente de su destino trágico. Woo-hyun se calmó para entrar en el papel y se puso frente al director. Respiró hondo y, mientras hincaba las rodillas una tras otra, la mirada del director Kim seguía cada movimiento. Tras observarlo en silencio un buen rato, ordenó de repente.

“Despéinate un poco. Y desabrocha un par de botones de la camisa”.

“Si me explica la situación exacta, podría hacerlo mejor...”.

“Levanta la cabeza”

Woo-hyun obedeció en silencio, levantó el mentón y se desabrochó tres botones. Se revolvió el cabello con fuerza para que pareciera que alguien se lo había tironeado. Aunque estaba desconcertado por la audición repentina, la tensión le ayudaba a actuar. Era una situación de vida o muerte. No tenía mucha información, pero siendo un príncipe, pensó que debía mostrarse valiente hasta el final, aunque por dentro estuviera aterrado.

“Tienes las manos atadas a la espalda”.

Las peticiones eran específicas, como si estuviera dibujando una escena. Al poner las manos atrás como si estuvieran atadas, la camisa desabrochada se abrió del todo.

¿Qué les parece? Está demasiado pulcro para ser un prisionero. ¿Y si le echamos un poco de agua?, preguntó el director y los otros hombres asintieron. Cuando Woo-hyun abrió la boca para preguntar algo sobre el personaje, antes de emitir sonido, le lanzaron agua fría a la cara con fuerza.

No tardó mucho en darse cuenta de que no era agua, sino el soju de su propio vaso. Al parpadear, las gotas de alcohol de sus pestañas caían al suelo. Su mirada se posó en su camisa empapada y pegada al cuerpo.

“Bien. Ahora empieza a tener color. Acércate más”.

Llegó la siguiente orden. ¿Era un cumplido decir que ‘tenía color’? Incluso bajo el impacto de lo ocurrido, esas palabras fueron lo primero que procesó. Estaba confundido, pero se obligó a concentrarse. Se decía que este director era tan excéntrico como sus películas, así que quizás así es como hacía las audiciones.

Para mí no son rebeldes, son traidores.

Woo-hyun se acercó gateando de rodillas, manteniendo la inmersión en el papel. Al llegar justo a los pies de Kim Seung-yeop, el director relajó las piernas y las abrió. Woo-hyun se quedó helado al ver el interior de sus muslos, pero el director fue más rápido y le agarró bruscamente la parte posterior de la cabeza, tirando de él hacia su entrepierna.

Antes de que su rostro chocara contra las piernas del hombre, Woo-hyun liberó sus manos y rechazó el agarre de un empujón.

Vaya, este hombre ha bebido de más y quiere problemas, dijeron los otros dos hombres, levantándose por fin para detener al director. Mientras ellos lo sujetaban y se disculpaban por él, Woo-hyun recogió su abrigo en silencio.

Se sintió patético por haber intentado actuar hasta el final. Aunque sabía que no era culpa suya, no pudo evitar que el rostro le ardiera de humillación.

“Parece que al señorito le da asco chupársela a un hombre”.

Se burló el director a sus espaldas mientras Woo-hyun caminaba a zancadas hacia la puerta.

“Si quieres llegar alto, tienes que chupar de todo, sea hombre o mujer. Un don nadie y ya se pone exigente, ¿eh?”.

Woo-hyun se giró con el rostro lleno de asco, pero el director Kim se reía como si aquello fuera un capricho. El productor, incapaz de seguir mirando, salió corriendo y sacó a Woo-hyun de la sala. A través de la puerta que se cerraba, oyó el sonido de alguien escupiendo al suelo. ‘Idiota. ¿Para qué sirve alguien sin talento ni ambición?’. Aquella última frase resonó en sus oídos mucho después de salir al pasillo.

“Ese hombre tiene una borrachera muy pesada, pero hoy se ha pasado de la raya. Se ha divorciado hace poco y tiene mucho estrés por varias cosas. Compréndelo, joven. ¿Cómo dijiste que te llamabas?”.

“Me retiro”.

Woo-hyun hizo una inclinación al productor que intentaba consolarlo y fue directo al baño. Se lavó la cara y se arregló la ropa hasta que el olor a soju desapareció. Mientras movía las manos mecánicamente, la imagen del director mirándolo con las piernas abiertas se repetía en su cabeza.

“Hijo de puta". Murmurar el insulto le alivió un poco. Solo cuando comprobó que su rostro había recuperado su color normal, salió fuera. Había sido una mierda, pero no era para tanto. Buscaría a Seo-hyun para despedirse e iría a casa a dormir. Era mejor mentir y decir que le dolía el estómago; no quería que ella intentara organizar otra reunión similar para compensarlo.

La llamó y ella estaba en otra sala. Estaba cantando sola y tenía la cara roja incluso bajo las luces del karaoke. Al ver a Woo-hyun, se alegró y empezó a cancelar las canciones que tenía en cola para preguntarle.

“¿Y bien? ¿Hablaron? ¿Pero qué le pasa a tu pelo? Está mojado”.

“Me he lavado la cara. Bueno, hablamos, pero no creo que les haya gustado mucho”.

“No puede ser. ¿A quién no le vas a gustar tú? ¿Qué te han dicho?”.

Woo-hyun respondió con una sonrisa silenciosa. Por estar empapado, sentía escalofríos a pesar de estar bajo techo. Se abrochó bien el abrigo para que no se viera la camisa mojada y soltó lo que tenía preparado.

“Me siento un poco mal, quizás por el alcohol. Lo siento, pero hoy me iré antes. Hablamos en otro momento”.

“¿Te vas ya? ¿Qué pasa? ¿Estás enfadado?”.

Intentó actuar con normalidad, pero Seo-hyun era perspicaz. Como ella no cedía a sus excusas, los sentimientos que había reprimido empezaron a agitarse en su interior. No quería desquitarse con ella, pues sabía que su intención era buena, así que Woo-hyun bajó la mirada.

“Es solo que... en el futuro no hace falta que hagas esto. Yo mismo buscaré mis trabajos”.

“Pero Woo-hyun, me dijeron que esa gente tiene mucha influencia en la industria. Conocerlos es bueno sí o sí. ¿Por qué? ¿Es porque te hicieron beber? Venga, tienes que aguantar un poco de eso”.

“Seo-hyun”.

“Me dijeron que si sonríes y les sigues la corriente, te darán trabajo seguro. Eso es tu especialidad, ¿no?”.

Seo-hyun lo dijo sin malicia, como si esas palabras fueran un cumplido. Woo-hyun la miró con los ojos muy abiertos, fijamente a aquel rostro inocente. Le tomó tiempo procesar lo que acababa de oír.

Gong Seo-hyun no era ignorante. Había dicho que solo era para saludar, para que le vieran la cara, pero en realidad sabía que era una situación en la que Woo-hyun tendría que adularlos y aguantar humillaciones. Lo sabía y, aun así, lo había llamado. Probablemente porque tipos como Joo Jae-hyung, en lugar de quejarse, se lo habrían agradecido.

Era lógico que pensara así. Aunque el contacto físico o las citas privadas estuvieran prohibidos, siempre habría tipos como Joo Jae-hyung que romperían las reglas discretamente. Él tampoco estaba en posición de marcar una línea y decir que era diferente. Había sido un ingenuo al esperar ser tratado como un amigo mientras dejaba que ella gastara 5 millones de wones cada vez que se veían. Los rostros de los hombres que se echaron a reír cuando dijo que era amigo de Gong Seo-hyun bailaban ante sus ojos.

Al ver la expresión endurecida de Woo-hyun, Seo-hyun finalmente pareció darse cuenta.

“Yo solo... no pensé que te sentirías mal. Como tu trabajo es de ese tipo...”.

“Entiendo”.

Woo-hyun forzó una voz apagada para responder. Como no podía rebatirlo, cortó la conversación y se despidió.

“Daré por recibida toda la indemnización. Díselo a tu hermano. Gracias por aceptar un favor tan absurdo. Vete con cuidado y que te vaya bien”.

“Espera. ¿Pasó algo? Lo siento. Yo solo quería ayudar, quería que te fuera bien”.

En cuanto se dio la vuelta, Seo-hyun lo siguió apresuradamente y lo agarró del brazo. Woo-hyun se dejó sujetar y entornó los ojos. De pronto recordó lo que ella dijo sobre su madre, que quería ser actriz y por eso quería ayudarlo, y le dieron ganas de reír. Nadie enviaría a su madre a un lugar así. Simplemente se había inventado esa excusa para justificar sus actos caprichosos.

Sentía que el pecho le iba a estallar y la rabia le quemaba por dentro. Aun sabiendo que se arrepentiría, terminó soltando las palabras.

“Me dijeron que si se la chupaba bien, me darían un papel”.

“Woo-hyun... yo, yo...”.

“No sé cómo sería tu madre, pero yo no soy esa clase de persona”.

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El impacto se dibujó en cada rasgo de Seo-hyun. Se quedó clavada en el sitio, como si le hubieran dado una bofetada. La mano pálida que sujetaba a Woo-hyun cayó sin fuerza. Sus ojos, que parpadeaban como los de una muñeca, perdieron toda chispa, pareciendo una persona distinta.

Woo-hyun se marchó arrugando la nariz por el escozor. Caminó rápido y luego empezó a correr. Pronto, una sensación de humillación mayor a la que sintió ante el director lo invadió por completo.

 

Era tarde y, dado el clima, apenas había gente en el paseo de Cheonggyecheon. Seo-hyun miraba los copos de nieve que caían del cielo nocturno como motas de polvo blanco, inhalando el aire gélido. A pesar de haber estado expuesta al viento cortante durante horas, no sentía nada.

Su madre murió un día de nieve, tras caer accidentalmente en el muelle de un puerto. Su cuerpo fue hallado entre pesqueros atracados; al morir, llevaba puestos unos tacones de 9 centímetros. ¿Por qué su madre caminó sola por un muelle, con tacones, borracha y sobre un suelo congelado?

Seo-hyun sacó los tacones de la bolsa de compras y se los puso. Luego, observó el agua poco profunda del canal de Cheonggyecheon. Extendió ambos brazos y caminó de forma inestable por el borde resbaladizo.

Al intentar girarse, su cuerpo se tambaleó violentamente. En el momento en que el precario equilibrio se rompió, Seo-hyun relajó sus extremidades y se entregó al vacío. Con un chapuzón, el agua aterradoramente fría la tragó hasta la coronilla.

“¡Puaah!”.

Como el agua no era profunda, pudo salir a la superficie de inmediato. Al inhalar aire estando empapada, sintió un frío que le calaba hasta los huesos. Seo-hyun se abrazó a sí misma, temblando mientras sus dientes castañeteaban. Una señora que paseaba por allí la vio y le preguntó si estaba bien. Al no obtener respuesta, se quitó su abrigo para cubrirla y llamó apresuradamente por teléfono.

Este lugar estaba iluminado por ser una zona céntrica, pero el muelle donde encontraron a su madre debió de estar en tinieblas.

Debió de sentirse muy sola.

Seo-hyun, que miraba fijamente el agua negra, levantó la cabeza lentamente. Su cuerpo reaccionó antes que su mente al sonido de un lamento animal. El ladrido de un perro. Era el tono de llamada que tenía configurado para una sola persona.

Gong Ju-han.

Sobre la pantalla del teléfono, que no dejaba de sonar, brillaban nítidamente las tres sílabas de su nombre.

***

Ju-han soltó un largo suspiro nada más bajar del coche. Había pasado por casa un momento para comprobar el estado de Seo-hyun antes de volver a la oficina tras terminar un asunto urgente.

Anoche, en cuanto supo que Seo-hyun había sido encontrada cerca de Cheonggyecheon empapada como un ratón, la llevó a su casa independiente en Pangyo. Aunque en casa de Seo-hyun había servicio, no podía estar tranquilo. No se creyó la excusa de que se había resbalado por estar ebria.

No podía ser casualidad que se cayera al agua caminando con tacones altos en un día de nieve. Ella siempre había tenido comportamientos autodestructivos ocasionales, pero intentar recrear la muerte de su madre era algo que no podía pasar por alto. Un tercero no entendería por qué se enfurecía tanto por el tropiezo de una hermana inmadura, pero Ju-han conocía la gravedad del asunto. Esta vez fue en Cheonggyecheon, pero ¿quién sabía si la próxima vez la encontrarían en un río profundo?

Estaba fuera de sí. Ju-han se detuvo en seco mientras cruzaba el jardín, y el secretario Kim, que lo seguía, le tendió un cigarrillo. Ju-han suspiró y lo aceptó. Evitaba el tabaco por el olor, pero sentía que si no fumaba uno, no sería capaz de hablar con amabilidad.

“Dicen que la señorita... se ha calmado mucho. También le ha bajado la fiebre”.

Ju-han ignoró las palabras del secretario mientras aspiraba el humo. Aunque solo había dormido un par de horas por el alboroto de anoche, la rabia lo mantenía lúcido.

Últimamente, Seo-hyun estaba haciendo cosas impropias de ella, contactando con gente del espectáculo. Desde preguntar por programas de citas hasta llamar al amante de su padre. Se había desvivido por promocionar a Song Woo-hyun, así que seguramente ese gigoló era el responsable de esto. Ju-han fumó el cigarrillo hasta el final en silencio y lo apagó en el cenicero portátil que le tendía su secretario.

Tras soltar una larga bocanada de humo, se aplicó spray bucal y se sacudió la ropa. Ni el tabaco lograba disipar su furia.

Tras intercambiar saludos con los de servicio, llegó a la puerta de la habitación y llamó suavemente. Los sollozos que se oían desde el otro lado cesaron de inmediato.

Al entrar, vio a Seo-hyun acurrucada en la cama. Tenía los ojos hinchados y la almohada manchada de lágrimas. No era una exageración que hubiera pasado el día llorando sin probar bocado.

“¿Qué pasa?”.

Preguntó Ju-han con suavidad mientras se sentaba en el borde de la cama.

Estaba esforzándose por mantener la compostura, pues no le quedaba paciencia para esperar a que Seo-hyun, que ni siquiera levantaba la cabeza, se decidiera a hablar. Él le acarició el cabello con delicadeza y susurró.

“Tienes que decírmelo tú para que no haya malentendidos, Seo-hyun. ¿Qué pasará si vuelvo a culpar a la persona equivocada?”.

La forma de hablar era amable, pero las palabras eran una amenaza a medias, y Seo-hyun reaccionó con un respingo. El miedo oscilaba en sus ojos húmedos. Tras dudar un largo rato, habló con voz ronca.

“He vuelto a hacer una estupidez. Solo quería que le fuera bien...”.

“Pero”.

Era obvio que el sujeto omitido era Song Woo-hyun. Seo-hyun, notando la mirada gélida de Ju-han, lo sujetó con sus manos calientes por la fiebre.

“Woo-hyun no tiene la culpa. El director de cine que le presenté fue grosero con él, por eso se enfadó. Él no ha hecho nada malo, así que déjalo en paz”.

“¿Qué grosería? ¿Acoso sexual?”.

Era de esperar. Al ver que ella no podía responder ni negarlo, supuso que así era. Ju-han no pudo ocultar su disgusto y frunció el ceño. La gente con la que Park Ji-ho tuviera relación no podía ser de otra clase.

“¿Por qué haces esas cosas innecesarias? Ni siquiera conoces bien a la gente de ese mundillo”.

“Pensé que bastaría con que bailara y fuera simpático en el karaoke para que le dieran un papel”.

Ju-han soltó una risa burlona. Un director de cine citando a un actor desconocido sin carrera en un karaoke. O era para burlarse de él mientras bebían, o para algo mucho más degradante; ¿acaso iba a salir una conversación constructiva de un lugar así? Si hubiera una intención pura de dar una oportunidad, no lo citarían en un karaoke ruidoso. Seo-hyun era ingenua, pero Song Woo-hyun también le resultaba gracioso: dándoselas de digno y puritano cuando trabajaba en un hostal y se aprovechaba de Seo-hyun para inflar la cuenta.

Le irritaba profundamente que esto llegara a oídos de Park Ji-ho y, por ende, de su padre. Aquel hombre que ni siquiera llamó para preguntar cómo estaba su hija tras saber que se había caído al canal por imitar a su madre. Ju-han le tendió un pañuelo y se levantó.

“Song Woo-hyun sabrá cuidarse solo, no intentes ayudarlo. Céntrate en tu vida. Ve a terapia y, si te cuesta vivir sola, múdate aquí”.

“Le hice daño a Woo-hyun. Él no es esa clase de persona”.

“Deja de pensar en eso, date una ducha caliente y come algo. Nos vemos luego”.

“Le hice daño a Woo-hyun e insulté a mi madre”.

Ju-han, que estaba a punto de salir, se detuvo en seco. Lo había dicho en un murmullo, pero lo oyó claramente.

“¿Qué quieres decir con eso?”.

Seo-hyun no respondió y se cubrió con la manta hasta la cabeza. Ju-han miró un momento aquel bulto acurrucado y salió de la habitación. No importaba lo que se hubieran dicho; conocer los detalles no cambiaría nada. Ya tenía un plan para resolver el asunto.

“Si dice que quiere tomar el aire, acompáñenla y asegúrense de que no haga ninguna locura”.

Instruyó a los de servicio.

Luego, se dirigió al coche e hizo una señal al secretario Kim.

“Concierte una cita con Song Woo-hyun. No importa la hora, lo antes posible”.

“Entendido. Intentaré contactar con él”.

“No”.

Ju-han se detuvo y miró al secretario. Justo antes de subir al coche, dijo con indiferencia.

“Él se pondrá en contacto primero”.

***

50,000 wones, incluyendo el transporte. La boda y la sesión de fotos no duraron ni dos horas y, por suerte, le dieron un vale para el buffet, así que comió bien. Woo-hyun sonrió con amargura mientras transfería el dinero a la cuenta del profesor Jang Myung-jun. Se moría de ganas de llamarlo para preguntarle cómo estaba, pero no tenía vergüenza. Enviando apenas lo suficiente para cubrir los altos intereses, lo mejor era que el profesor no tuviera que oír su voz para no darle un disgusto.

Era principio de año y pronto sería el Año Nuevo Lunar. Las fiestas familiares le resultaban especialmente solitarias, así que trabajaba sin descanso a propósito. Habiendo perdido a su único amigo y a su agencia, no quería molestar al profesor por el egoísmo de sentirse solo. Para el profesor, recién divorciado, las fiestas serían aún más dolorosas. Woo-hyun se guardó el teléfono en el bolsillo y empezó a caminar.

Mientras caminaba pisando solo los ladrillos negros de la acera, sintió una vibración sorda. Como había subido su currículum a portales de empleo, el teléfono no paraba. Woo-hyun iba a contestar rápido, pero al ver el remitente, se detuvo en seco.

Profesor Jang Myung-jun.

Parpadeó varias veces para asegurarse de que no era una alucinación.

A pesar del frío, sentía punzadas de dolor por todo el cuerpo debido a la tensión. De camino a la cafetería, se detuvo varias veces para mirarse en los escaparates. Quería verse impecable para el profesor, así que incluso pasó por casa para retocarse el cabello antes de salir.

¿Le habría perdonado? El profesor nunca se había enfadado con él, pero tampoco estaba tan libre de rencor como para pedir verle por iniciativa propia, así que este encuentro era muy significativo. Hyun-woo le había advertido que no viera al profesor, pero no pudo evitarlo. La voz del profesor por teléfono sonaba más animada que antes y...

Le echaba de menos. Solo el hecho de poder verlo le hizo olvidar el estrés de los últimos días. Woo-hyun se frotó el pecho, donde el corazón le latía con fuerza, y entró en la cafetería.

“Profesor”.

“Ah, Woo-hyun, ya estás aquí”.

Le tomó tiempo encontrar al profesor sentado junto a la ventana. En el tiempo que llevaban sin verse, el profesor había perdido mucho peso. Tenía el cabello canoso y el semblante sombrío. La alegría del encuentro se desvaneció al instante, sustituida por una pesada culpa. Woo-hyun forzó una sonrisa y se sentó enfrente.

“Tengo un aspecto terrible, ¿verdad? Últimamente se me cae mucho el pelo.

“No, qué va. Se le ve bien”.

“No mientas. He tenido un brote de herpes zóster. Supongo que por el estrés del divorcio”.

(NT: herpes zóster: es una infección viral muy dolorosa causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster.)

“¿Herpes zóster? He oído que es dolorosísimo. ¿Está bien?”.

“Ya estoy mejor. Tú también pareces haber pasado lo tuyo, tienes la cara muy delgada”.

“Es porque hoy me he movido desde temprano y se me ha bajado la hinchazón”.

Aunque había perdido dos kilos en pocos días, Woo-hyun fingió que no era nada. A la pregunta de si le pasaba algo, respondió que todo iba bien. Antes solía desahogarse con el profesor y buscar consuelo, pero ahora no se sentía con derecho a quejarse.

“Pide lo que quieras. Invita el profesor. He visto que hay pasteles y pan”.

“Vengo de un buffet ahora mismo, estoy lleno”.

Le costó no llorar al decir que estaba bien y pedir solo un café. Aquellas palabras tan amables invitándole a pedir lo que quisiera le parecieron algo que ya no merecía. Con la excusa de esperar el café, se quedó de pie para recomponerse y volvió a la mesa con el rostro más sereno.

“Le echaba de menos, profesor”.

“Siento haber tardado tanto en llamarte”.

“No diga eso. Gracias por querer verme. He venido sin vergüenza a pesar de que Hyun-woo me dijo que no lo hiciera”.

“No se lo digas a Hyun-woo. Ese chico es un exagerado”.

Woo-hyun sonrió y calentó sus manos con la taza. Deseó que el tiempo pasara despacio. Al ser invierno, el sol se ponía pronto y ya empezaba a oscurecer fuera.

Mientras atesoraba cada segundo a su lado, el profesor tomó un sorbo de té y habló lentamente.

“En realidad, la razón por la que te he llamado hoy... como habrás imaginado, es para discutir la propuesta del señor Gong Ju-han, del Grupo Sejeong”.

El nombre que había estado clavado en su mente desde que lo conoció salió de repente de boca del profesor. Se quedó sin palabras por el desconcierto y, pensando que había oído mal, pidió que lo repitiera. El profesor confirmó que Gong Ju-han se había puesto en contacto con él.

“¿...Dijo que quería pagar mi deuda? ¿Y que yo le pagara a él?”.

Si ya era absurdo que mencionara a Gong Ju-han, lo que siguió lo era aún más. Gong Ju-han supuestamente se había compadecido de él y le ofrecía el favor de pagar su deuda de golpe para que Woo-hyun pudiera devolvérselo a él lentamente y sin intereses. De ese modo, Gong Ju-han obtendría el derecho de reembolso y Woo-hyun le debería el dinero a él en lugar de al profesor.

¿Por qué demonios hacía algo así? ¿Para no tener que pedir perdón? ¿Para eliminar al tipo que se aprovechaba de Seo-hyun?

Hace unos días, si Gong Ju-han se hubiera enterado de que Seo-hyun se había ofrecido a presentarle a un director de cine, parecía posible que llegara a tales extremos. Para alguien como Gong Ju-han, en lugar de andar con rodeos, le resultaría más fácil gastar unos cientos de millones para quitarse de la vista a un ser molesto. De todos modos, Woo-hyun no tenía intención de volver a contactar a Seo-hyun.

Al ver que Woo-hyun, de quien esperaba que hubiera venido preparado, tenía una expresión de estupefacción, Jang Myung-jun se inclinó hacia adelante y comenzó a persuadirlo.

“Solo los intereses de ahora suman millones de wones al mes, ¿no sería mejor aceptar la ayuda? Dijo que quiere ayudarte porque eres excepcionalmente trabajador. Al ser amigo de su hermana menor, no se portará como un prestamista usurero. No es alguien a quien le falte el dinero, así que tú también podrías respirar un poco”.

“.......”.

“Es un golpe de suerte. Es algo que pasa una vez en la vida. Al principio pensé que era una estafa y colgué, pero luego su secretario vino hasta mi casa y lo conocí personalmente en la empresa. Sus antecedentes son sólidos y, a diferencia de su apariencia, es muy afable y generoso. No es alguien que te haría daño. Incluso conocía el papel que interpretaste, Woo-hyun. El de Dae-shik”.

Se negó a verme a mí, pero se reunió con el profesor.

En medio de su asombro, Woo-hyun pudo imaginar fácilmente cuán atractivo y buena persona debió parecer Gong Ju-han ante su mentor. Con esa belleza deslumbrante, Gong Ju-han habría captado su atención de inmediato para luego sonreír dulcemente y susurrar palabras agradables al oído.

Si aceptaba la ayuda, tendría que humillarse primero. Era una situación en la que le habían dado una bofetada sin motivo, pero debía hacer una reverencia y dar las gracias.

“¿Conociste a ese hombre en el bar donde trabajas?”.

Ante la repentina pregunta, Woo-hyun se sobresaltó y levantó la vista. Aunque solo mencionó ‘un bar’, el contexto de la pregunta, considerando dónde podría un joven como él conocer a un magnate sugería que se refería a un talking bar. Nunca le había dicho al profesor que trabajaba en un lugar así, ¿se lo habría dicho Hyun-woo?

Sintió vergüenza y, al mismo tiempo, de forma descarada, una pizca de decepción. Le dolía que el profesor ni siquiera le hubiera dirigido una palabra para disuadirlo de trabajar en un talking bar, aunque fuera por cortesía. Inmediatamente, la autocrítica borró ese pensamiento inmaduro.

¿Cómo puedo ser tan desalmado?

Incluso en esta situación, el profesor nunca lo había culpado.

“Ese hombre dijo que eras amigo de su hermana, pero preguntaba por si acaso. ¿O conociste a la hermana allí?”.

“Sí”.

“Entonces se entiende. No parecía el tipo de persona que frecuentaría esos lugares”.

El profesor murmuró para sí, visiblemente aliviado.

Esos lugares.

Woo-hyun fingió no escucharlo y desvió la mirada. Mientras intentaba conscientemente vaciar su mente para no pensar en nada, el pecho le dolía con una punzada opresiva. Mientras jugueteaba con la taza para disimular, la voz reconfortante continuó.

“¿Qué es lo que te preocupa? ¿Te incomoda recibir ayuda de alguien a quien no conoces bien? No pienses así. A ti también tiene que pasarte algo bueno alguna vez. No está escrito en ningún lado que debas sufrir siempre”.

“Aun así, no me siento tranquilo”.

“Sé que es difícil deberle algo a alguien, pero si dejas de pagar millones en intereses cada mes, tu vida diaria mejorará notablemente de inmediato. Y de todos modos, tampoco te sientes tranquilo ahora, ¿verdad?”.

Decía "tu vida diaria", pero en realidad se refería a la suya propia. De una forma u otra, si el ambiente iba a ser incómodo, la intención de que al menos él fuera liberado de ese sufrimiento era evidente. Y era comprensible. Woo-hyun no podía apartar la vista del cuello holgado de la camisa del profesor. Alguna vez fue un hombre tan robusto como él, pero en pocos años se había vuelto frágil y envejecido, como un enfermo. Si había llegado a contraer herpes zóster, el estrés debía ser considerable.

¿Cómo podría decir que no? Era dinero que el profesor debía recuperar y su vida cambiaría al instante. En una situación donde ni siquiera sabía cuándo podría terminar de pagar, rechazarlo sería no tener humanidad. Frente a alguien que no buscaba un milagro, sino simplemente volver al punto de partida, ¿qué importancia tenía su insignificante orgullo?

Tras observar el prolongado silencio de Woo-hyun, Jang Myung-jun suspiró.

“Si te sientes tan incómodo, no puedo obligarte”.

“No, profesor. Si me ofrece ayuda, debo aceptarla con gratitud. ¿Cómo podría rechazarla? Es una suma que no sé si podré devolver en lo que me queda de vida”.

Ante las palabras esperadas, el rostro del profesor se iluminó al instante. Al ver al profesor sonreír, Woo-hyun le devolvió la sonrisa.

Quería seguir hablando más tiempo, pero el profesor miró su reloj y se marchó poco después diciendo que tenía una cita. Woo-hyun regresó a casa caminando bajo la luz de la tarde. Los rastros de su salida apresurada y agitada permanecían por toda la casa, incluyendo el recibidor. Los sentimientos que había experimentado apenas unas horas antes le parecían ahora remotos.

Antes de bañarse, Woo-hyun se paró frente al espejo del baño. Tocó su rostro golpeado e intentó forzar una sonrisa. Un rostro impecable, sin una sola herida, le devolvió la sonrisa desde el otro lado.

“Gracias”.

Gracias. Gracias por su ayuda. Sus labios temblaban ligeramente al repetir el agradecimiento, así que tensó la comisura de la boca. Tras practicar varias veces, pronto pudo decirlo con una expresión neutra y serena.

¿Qué importancia tiene esto?

Woo-hyun tomó aire y, sacando su teléfono, buscó el número del secretario en su lista de bloqueados.

***

Woo-hyun levantó la cabeza todo lo que pudo para contemplar el rascacielos frente a él. A pesar de doblar el cuello casi por completo, el edificio era tan colosal que no cabía entero en su campo de visión. Ese rascacielos de más de 30 pisos era la sede central del Grupo Sejeong, donde se alojaban la mayoría de sus filiales.

Sintió una brecha de realidad mucho más profunda que cuando se encontraron en la sección de lujo de las tiendas departamentales.

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Realmente toqué los nervios de un magnate de este calibre.

Una risa amarga escapó de sus labios ante el pensamiento. Para Gong Ju-han, si con esa cantidad de dinero podía hacer que un tipo impertinente inclinara la cabeza a sus pies, probablemente ni siquiera lo consideraría un gasto digno de preocupación.

Tras llamar para avisar de su llegada, el secretario bajó al poco tiempo. Mientras caminaba detrás de él, Woo-hyun apretó con fuerza el paquete de pasteles de arroz (tteok) que llevaba en la mano. Pensó que no debía presentarse con las manos vacías y encargó los pasteles en una tienda donde la gente solía hacer fila en el mercado. Aunque el sabor estaba garantizado, el envoltorio no era muy refinado, y ahora empezaba a preocuparle.

Se sentía extraño y con náuseas. A pesar de haber cruzado palabras y bromeado con él una vez, sentía que iba a encontrarse con un completo desconocido. Después de haber hecho de todo para ver a Gong Ju-han, incluyendo dejar que Seo-hyun usara su tarjeta, ahora que el encuentro era inminente, no podía prever ni la primera palabra de Gong Ju-han ni la suya propia.

Tras salir del ascensor y caminar un rato mirando fijamente la espalda del secretario, finalmente llegaron frente a la oficina del director ejecutivo. Antes de abrir la puerta, el secretario se dio la vuelta bruscamente y lo escaneó de arriba abajo.

“¿Qué es eso que trae?”.

“Ah, esto... es tteok. Me sentía mal viniendo con las manos vacías”.

“Démelo y pase”.

Sin darle tiempo a protestar por la forma tan descortés en que el secretario se deshizo del regalo, este llamó a la puerta y la abrió de par en par. Siendo casi empujado hacia adentro, Woo-hyun inhaló un aire tembloroso.

Nada más erguir la cabeza, sus ojos se cruzaron con los del hombre sentado tras el escritorio. El ‘Hola’ que pretendía pronunciar se quedó atrapado en su garganta. Ese rostro inexpresivo, que no mostraba ni sonrisa ni enfado, era completamente diferente al que recordaba.

Gong Ju-han lo observaba sin mostrar el más mínimo rastro de emoción. Había investigado su pasado, atrapado su debilidad y pagado arbitrariamente una deuda millonaria, pero ahora actuaba como si no tuviera ningún asunto pendiente, lo que generaba una extraña disonancia. Woo-hyun se lamió los labios secos y saludó con una inclinación.

“Hola”.

“Siéntate”.

Solo después de que Woo-hyun pronunciara su primera palabra, Gong Ju-han abrió la boca. Siguiéndolo hacia el sofá donde él se sentó primero, Woo-hyun también tomó asiento enfrente e intentó regular su respiración. Este era un hombre que, por un simple roce de nervios, había escalado la situación a niveles absurdos. Por miedo a que una palabra equivocada perjudicara al profesor Jang Myung-jun, no se atrevía a hablar con facilidad.

“Me dijeron que querías verme, pero no dices nada”.

Gong Ju-han ladeó la cabeza como si estuviera genuinamente desconcertado. Al encontrarse con ese brillo juguetón en sus ojos, recordó su primer encuentro. Aquella mirada que destellaba con picardía mientras lanzaba bromas amables. Le resultaba increíble que pudiera soltar semejantes palabras hipócritas con la misma sonrisa de aquel entonces.

Como pagaste la deuda del profesor para manipular a un tipo como yo a tu antojo, no tengo palabras.

La razón por la que decía esas tonterías sabiendo todo era obvia: quería que él se humillara por iniciativa propia. En su interior, quería reclamarle quién le había pedido que pagara nada, pero no podía. Gong Ju-han también debía saber que no podía hacerlo. Así que entró en ese escenario perfectamente diseñado para hablar y actuar tal como Gong Ju-han deseaba.

Woo-hyun reprimió su ira y pronunció las palabras preparadas. A pesar de ser actor, su voz sonaba tan plana y forzada como si estuviera leyendo un libro de texto.

“Gracias por pagar mi deuda. Prometo que se la devolveré fielmente”.

Como era obvio que no le prestaría tal suma de dinero sin más, Woo-hyun recitó las palabras que Gong Ju-han querría escuchar con total claridad.

“Tampoco volveré a contactar con Seo-hyun. Me aseguraré de no involucrarme con ella bajo ninguna circunstancia, y también le devolveré el dinero que gastó en el bar”.

“¿Por qué ese dinero?”.

Interrumpió bruscamente Gong Ju-han, que estaba recostado contra el respaldo del sofá escuchando en silencio.

Era el dinero que le había hecho gastar en lugar de una indemnización, pero se sentía tan sucio que no quería conservarlo. Como no podía ser tan honesto, tuvo que buscar palabras adecuadas. Apretó los puños apoyados sobre sus rodillas.

“Le pedí a Seo-hyun que gastara exactamente los 30 millones de wones que usted ofreció como indemnización, con la promesa de que consideraría que ya los había recibido. Pensé que, al menos por la rabia, usted accedería a verme. Pero dado que el acuerdo se ha llevado a cabo de una manera diferente y repentina, lo correcto es no aceptar ese dinero”.

Las comisuras de sus ojos oscuros parecieron curvarse y, en cuanto terminó de hablar, Gong Ju-han soltó una pequeña carcajada. Parecía que le resultaba cómico que, llegado a este punto, él intentara explicar lo de Seo-hyun y se empeñara en devolver el dinero. Woo-hyun ya esperaba ser objeto de burla. Las personas que se forman una idea equivocada de alguien rara vez cambian de opinión. Sabiendo eso, él solía vivir sin dar explicaciones aunque lo malinterpretaran. Pero, ¿por qué sus palabras se alargaban tanto esta vez?

Gong Ju-han movió sus ojos lentamente e inclinó el torso hacia adelante, acercándose. Una fragancia que se sentía fría pero a la vez fresca inundó su nariz. Esa mirada penetrante recorrió a Woo-hyun de arriba abajo, escudriñándolo.

“¿Estrictamente hablando, no fue una estafa?”.

Woo-hyun apretó los dientes, haciendo que los músculos de su mandíbula se tensaran. Respondió con firmeza.

“Nunca he estafado a nadie”.

“Bueno, ¿pero utilizar a la gente sí cuenta como utilizarla, no?”.

“Creo que estamos a la par en cuanto a utilizar a las personas que nos rodean”.

Aunque su cabeza sabía que debía contenerse, su boca no le obedeció. En cuanto lo dijo, se arrepintió, pero Gong Ju-han no se enfadó. Para alguien que había salido preparado para lo peor, incluso esperando otro puñetazo, su reacción fue suave. En lugar de estallar, murmuró con una sonrisa.

“Esa parte aumentó sus ventas en millones y a mí me quitaron mil millones, pero bueno, digamos que estamos a la par. Al fin y al cabo, el resfriado de uno es siempre el que más duele”.

“.......”.

“¿Algo más?”.

Había tanto desdén en sus ojos alargados que parecía estar esperando a ver hasta dónde llegaba. Bajo esa mirada gélida, la ira de Woo-hyun se desvaneció y la realidad de su situación se hizo cada vez más nítida. Este hombre era alguien capaz de hacer algo peor que amenazar con palabras aterradoras o ejercer violencia física. Con esa capacidad de ejecución que le permitió acercarse al profesor Jang Myung-jun sin previo aviso, no se sabía qué haría después. Woo-hyun estaba en una posición en la que, por derecho, debía andar con pies de plomo.

“Me dio mucha pena el señor Jang Myung-jun”.

Como si estuviera leyendo su mente, Gong Ju-han soltó el nombre del profesor. En ese instante, el corazón de Woo-hyun dio un vuelco.

“El estrés consume a la gente, así que tiene achaques por todas partes y hasta tuvo que jubilarse. Parece que en su entorno son muy sensibles a los rumores. Al verse acosado por las deudas y pedir dinero prestado aquí y allá, parece que se convirtió en el tema de conversación de la gente. Sospecho que la deshonra le resultó más difícil de soportar que el dinero mismo”.

“.......”.

“Ese es un hecho que no cambiará, acepte usted los 30 millones o no”.

A pesar de haber pasado por innumerables situaciones miserables, había una línea que Woo-hyun mantenía para conservar su integridad. El consuelo de no haber cruzado esa delgada línea era la fuerza que le permitía soportar la realidad. Sabía que devolver los 30 millones no cambiaría gran cosa, pero el deseo de hacerlo era por sí mismo. Gong Ju-han ni siquiera le permitió eso, pronunciando palabras crueles que señalaban que ese insignificante consuelo personal no tenía ningún sentido.

Casi habría preferido ser tratado como el gigoló que estafó a su hermana y se dirigía a un semisótano cargado de artículos de lujo. Porque ese no era el verdadero Song Woo-hyun. Pero ante un Gong Ju-han que conocía toda la situación, no quedaba escondite para Song Woo-hyun. Woo-hyun forzó su voz, que apenas salía.

“Aun así... no quiero aceptarlo”.

“¿Cree que usted es diferente? ¿Que no es ‘ese tipo de persona’?”.

¿Que tienes tus propios principios, actúas conforme a ellos y no haces cosas vergonzosas?. La voz que añadía estas preguntas era suave. Woo-hyun quería responder con orgullo, pero no tenía la certeza.

En su infancia, cuando vivía con sus padres, ellos habían pedido dinero prestado usándolo a él como excusa, y él se quedó de brazos cruzados. A veces pagaban y otras no, rompiendo relaciones, pero él pensó que no podía hacer nada desde su posición y simplemente miró hacia otro lado. Con ese dinero él también comió, se vistió y creció. Pasó días atormentándose, pensando si las consecuencias que ahora alcanzaban al profesor Jang Myung-jun no eran su karma.

Al ver que Woo-hyun no respondía, Gong Ju-han cruzó sus largas piernas.

“Supongamos...”.

Sus labios rojos se abrieron para susurrar de forma sugerente.

“Si ahora mismo te dijera que quiero acostarme contigo, ¿qué responderías?”.

Lo preguntaba con un rostro tan hermoso que cualquiera lo desearía, pero en su mirada no había ni un ápice de lujuria. No era una pregunta sobre su voluntad porque realmente quisiera hacerlo. No importa cómo justifiques tu situación, eres 'ese tipo de persona'. Era una conversación que solo terminaría cuando él lo admitiera.

“¿Y si, en caso de rechazarlo, la oferta de ayuda quedara anulada?”.

Responde. Solo así terminará esto. No es que realmente vaya a vender su cuerpo, son solo palabras, ¿por qué es tan difícil? Durante el silencio, su corazón se iba desgastando. Se mantenía en pie a duras penas, pero sentía que finalmente era empujado fuera de la línea y se desmoronaba. Woo-hyun abrió la boca y forzó las palabras que no querían salir.

“Creo que... respondería que sí”.

En el momento en que pronunció esa respuesta, sintió que algo dentro de su pecho finalmente se quebraba. Gong Ju-han arqueó ligeramente las cejas y bajó la mirada siguiendo la cabeza gacha de Woo-hyun. Luego, frunció el ceño como si hubiera visto algo desagradable.

“Relájate. No tengo afición por cosas tan sucias”.

“.......”.

“Consideraré que la indemnización ha sido recibida”.

Woo-hyun, con el rostro pálido, se mordió el labio. Gong Ju-han consultó brevemente su reloj y continuó sin demora.

“Como tampoco soy un filántropo, tengo una exigencia. Llama a Seo-hyun y reconcíliate con ella”.

Woo-hyun pensó que le prohibiría acercarse a ella, pero Gong Ju-han le exigió una reconciliación.

“Es una chica enferma. Su depresión es grave y se culpa mucho por lo sucedido, así que resuélvelo de buena manera. Solo quiero que el cierre sea natural, no te estoy pidiendo que sean amigos. No tiene contactos en la industria del entretenimiento, así que será mejor que ni piense en pedir ayuda”.

“Me pondré en contacto de inmediato para disculparme”.

A pesar de haber sido implacable con él, para su hermana era un hermano cariñoso que incluso se preocupaba por el dolor que ella sentiría al romperse la relación. Woo-hyun acarició distraídamente su teléfono sobre el pantalón. El número de Seo-hyun aún estaba guardado.

“Una cosa más”.

Gong Ju-han habló mientras se levantaba primero de su asiento.

“Deja el host bar y busca un trabajo decente para pagar. No soy un proxeneta, no puedo aceptar dinero ganado en esos lugares, ¿verdad?”.

“Sí”.

De todos modos, esa era su intención. Le alegraba poder dejarlo, ya que era un trabajo que había empezado solo por los altos intereses.

Sí, es lo mejor.

Woo-hyun se puso en pie manteniendo una expresión serena. Aunque sentía un ardor en los ojos, no evitó la mirada de Gong Ju-han.

“Le informaré al señor Jang Myung-jun sobre el estado de los pagos una vez por trimestre. Supongo que no querrás decepcionar a alguien a quien aprecias tanto”.

Alguien a quien aprecias.

Woo-hyun inhaló silenciosamente. Mientras el profesor estuviera de por medio, no podía actuar a su antojo. Gong Ju-han debía haber pagado la deuda sabiendo eso.

Si pago con honestidad, será bueno para el profesor y no será malo para mí.

Así que está bien.

“Puedes irte”.

“Gracias”.

Woo-hyun hizo una reverencia y se dio la vuelta rápidamente para salir. Se alejó con la mirada baja, los puños apretados y el rostro encendido. Ju-han observó su espalda con insistencia y, en cuanto oyó el sonido de la puerta cerrándose, frunció el ceño.

Había estado furioso por el asunto de Seo-hyun, pero tras acorralar hasta casi hacer llorar a un chico de la edad de su hermana, no se sentía precisamente eufórico. Mientras se masajeaba las sienes con la punta de los dedos, el secretario Kim llamó suavemente a la puerta.

“Señor Director. Dicen que esto es tteok (pastel de arroz), ¿lo tiro?”.

“¿Tteok?”.

“Es el regalo que trajo Song Woo-hyun”.

Ju-han soltó una risita burlona al abrir la caja, que era más que sencilla, casi ruda. No era solo pastel de arroz, sino hwajeon (pasteles decorados con pétalos de flores) de colores. No entendía por qué alguien que había venido tan rígido y tenso compraría algo así cuando no se trataba de una celebración.

“Por si acaso, creo que sería mejor que no lo coma”.

“¿Cree que intenta envenenarme?”.

Ante la advertencia del secretario Kim, Ju-han esbozó una sonrisa de lado y tomó un hwajeon. El hecho de que supiera bastante bien le resultó aún más absurdo.

“¿Con qué intención habrá traído esto?”

“Me parece que no pensaba en nada en particular...”.

“Traer hwajeon es bastante peculiar”.

“¿Quizás simplemente pensó que las flores eran bonitas?”.

¿Tanto así de simple es su forma de pensar?

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Mientras observaba el hwajeon de azalea roja, Ju-han descubrió una tarjeta clavada en el borde de la caja y la tomó. En el papel grueso, del tamaño de media palma, estaban escritas cinco letras con caligrafía pulcra y clara: ‘Gracias’.

Ju-han volteó la pequeña tarjeta distraídamente y entrecerró los ojos al notar unas marcas de presión. Parecía que, antes de escribir la nota, había colocado otro papel encima y practicado; se veían las huellas de haber presionado con fuerza. Al ponerla bajo la luz para ver mejor, leyó otro ‘Gracias’. Como si hubiera tenido que ensayar esa simple palabra varias veces.

***

"Pagaré ese dinero sin falta, pase lo que pase".

Woo-hyun caminaba a grandes zancadas mientras mordía con energía un hotteok (bollo dulce). Había pasado por la empresa por la mañana para un trabajo a tiempo parcial en un ensayo clínico de suplementos de salud, y ahora se dirigía al complejo deportivo donde se celebraba una competencia de atletismo para su siguiente empleo. Quizás por los efectos secundarios del ensayo clínico no tenía nada de apetito, pero si no ingería algo ahora, seguramente se marearía durante el trabajo. Aunque la textura elástica del hotteok le resultaba repulsiva, se obligó a masticar y tragar.

El trabajo de disfrazarse de botarga era de los más divertidos. La paga por hora era alta, pagaban en el momento y, como la cara del muñeco era bonita, recibía el cariño de todo el mundo. Algunos lo evitaban por el calor y la asfixia, pero para él era más cómodo encontrarse con la gente oculto tras la máscara. Especialmente en momentos como este.

No pienses demasiado, solo haz lo que puedas.

En lugar de trabajar a tiempo completo de 9 a 6, ganaba más dinero acumulando varios trabajos de jornada diaria. De lo que recibía, dejaba la mitad para gastos básicos y transfería el resto de inmediato. Al moverse y trabajar duro para vaciar su mente, ya había logrado pagar una cantidad considerable.

Tenía ansias de actuar, pero debía aceptar la realidad. Finalmente se había desvinculado de su pequeña agencia, lo que hacía que conseguir un papel fuera aún más remoto. Como faltaba poco para que terminara su contrato de cinco años, podría haber esperado, pero el representante exigió la rescisión. Probablemente le pareció imperdonable que alguien que no generaba dinero se negara a aceptar los trabajos que le conseguía con esfuerzo. Como lo habían contratado por su pasado famoso en redes sociales pero él se negaba a vender su historia personal, el representante debió sentirse estafado. Woo-hyun lo entendía, por lo que aceptó la rescisión sin rechistar. De hecho, debía estar agradecido de que lo dejaran ir sin problemas.

Tal vez no solo le faltaba suerte, sino también talento. Había mucha gente dispuesta a hacer lo que fuera por triunfar, pero él no estaba tan desesperado como para ir a un reality de citas. Quizás su padre tenía razón al decir que los que tenían que triunfar ya lo habían hecho, y que las probabilidades de éxito como streamer eran mucho más altas que como actor. ¿Cómo iba a debutar en una industria que vive de la imagen alguien que, aunque fuera de niño, ya había sido consumido haciendo mukbangs?

Las decisiones que tomó por falta de otras opciones lo habían traído hasta este punto. Sentía que había llegado a un callejón sin salida, donde no podía escapar de las miradas de desprecio.

“Maldito imbécil”.

Sintiendo un repentino arranque de indignación, Woo-hyun sacó su teléfono y abrió la aplicación del banco. 504,070 wones. Tras mirar fijamente el saldo restante y hacer cálculos mentales, llegó a una conclusión. Podía vivir sin los decimales. Transfirió 4,070 wones y soltó un breve suspiro. Era una miseria, pero sentía que con esos 4,070 wones se alejaba un poco más de esa mirada que lo menospreciaba.

Mientras caminaba buscando un basurero, un hombre con un gran cartel captó su atención. ABRAZOS GRATIS. El mensaje escrito en letras grandes atrajo su mirada. Era una campaña que fue muy popular hace tiempo, ¿aún se hacía? Al mirar más de cerca, vio que un amigo cercano estaba grabando un video.

Podría ser para contenido o una tarea universitaria. Entre los transeúntes que pasaban de largo con indiferencia, el hombre mantenía el cartel en alto con firmeza. Tras observarlo un buen rato sin poder apartar la vista, Woo-hyun finalmente corrió hacia él. Ante el hombre que lo miraba desde abajo, Woo-hyun, con el rostro enrojecido por el viento frío, preguntó.

“¿Puedo abrazarlo?”.

En lugar de responder, el hombre abrió los brazos y Woo-hyun lo abrazó con fuerza sin dudar. Como Woo-hyun era mucho más corpulento, el hombre quedó completamente envuelto en sus brazos. Aunque el hombre también estaba frío por llevar tiempo a la intemperie, incluso esa temperatura gélida se sintió cálida y derritió su corazón. Un desconocido que, sin preguntar nada y sin esperar nada, lo abrazaba con fuerza.

Le escocía la nariz, así que frunció el ceño para disimular. Tras un último apretón, Woo-hyun lo soltó.

“¡Gracias! Que tenga un buen día”.

“Antes de irse, mire a la cámara un momento, por favor”.

El hombre señaló sonriendo a su amigo que sostenía el teléfono. Woo-hyun dedicó una amplia sonrisa a la cámara y se despidió agitando la mano.

A ponerse el disfraz, recibir mucho cariño y recoger mis 80,000 wones.

Tras hacerse esa promesa silenciosa, sus pasos al alejarse eran más ligeros que antes.

***

El invierno se va y llega la primavera. Decían que el frío tardío de marzo desaparecería por el cambio climático, y este año el clima era bastante cálido desde principios de mes. Ju-han sonrió a la persona sentada frente a él. Por esta época, sus nervios solían calmarse y se sentía mucho más generoso. Lo suficiente como para aceptar una cita a ciegas a través de un conocido.

Solía tener relaciones constantes, pero como solía romper en invierno, pasó este fin de año y año nuevo solo. En invierno dormía peor y estaba de mal humor, así que estar soltero le resultaba más liberador. El año pasado también cortó con su novia a finales de noviembre, el día de la primera gran nevada.

“Me alegró recibir su contacto”.

Parecía que los rumores de su soltería habían corrido; la mujer que lo contactó a través de un intermediario era Lee Joo-young, nieta del presidente del Grupo Daejin. Le gustaba que su forma de hablar denotara seguridad, además de ser guapa y de una edad similar. Se sentía cómodo teniendo relaciones estables con mujeres maduras de familias acomodadas que no necesitaban nada de él. Si la brecha de edad o de poder adquisitivo era muy grande, era fácil acabar como sus padres. El ser humano es alguien que, incluso viviendo el ‘amor del siglo’ contra viento y marea, empieza a calcular pérdidas y ganancias en cuanto ese sentimiento se desvanece un poco.

Su madre, que quiso llevárselo para obtener la pensión alimenticia en medio del divorcio, y su padre, que lo quiso solo por odio a su madre. Su abuelo, que ordenó traer solo al nieto varón porque no necesitaba a una niña. Al final, el hecho de que su padre se los llevara a él y a Seo-hyun juntos no fue por respeto a su opinión de no ir a ninguna parte sin ella, sino simplemente porque quería ganar la batalla contra su madre.

“¿Es la comida de su agrado?”.

“Sí, es excelente. Es mi primera vez aquí, tendré que traer a mis amigas”.

“Parece una persona extrovertida. Yo también lo soy”.

En una relación que se busca por placer, no hay razón para cansarse mutuamente. Disfrutar de los mismos pasatiempos, tener citas, compartir el día a día y tener sexo. Sin montañas rusas, sin llantos ni peleas dramáticas. Al fin y al cabo, ¿no es la estabilidad la clave de lo que se considera una forma de amor ideal?

“Sí, mis aficiones son los deportes al aire libre. Me gusta la equitación y lo que más amo es el esquí. También sé patinar y andar en patineta. ¿Cuáles son sus aficiones, Ju-han?”.

Detestaba los deportes de invierno.

Si las aficiones no coinciden, no podemos salir.

El interés de Ju-han se evaporó al instante, pero mantuvo una sonrisa amable. Mientras planeaba regresar a la empresa en cuanto terminara la comida, continuó la conversación con cortesía.

“A mí me gusta conducir y el surf”.

“¿No juega al golf?”.

“El golf... solo lo juego cuando es estrictamente necesario”.

Joo-young se rió pensando que era una broma, pero su desagrado por el golf era real. Más que el juego en sí, odiaba tener que pasar todo el día con gente que no le agradaba manteniendo conversaciones largas y aburridas. No había mayor pérdida de tiempo que escuchar las estupideces que soltaban durante horas los que solo buscaban gestionar sus redes de contactos.

Tras apenas terminar el aperitivo y la mitad de la ensalada, Joo-young dejó los cubiertos. Sintiendo la necesidad de explicar por qué dejaba comida, añadió en cuanto cruzó la mirada con él.

“Es que estoy a dieta”.

“Ah, entiendo”.

Asintió con una respuesta vaga, pero de repente recordó a cierto tipo que había dicho lo mismo de la nada. ¿Sería porque la situación era muy parecida? Quizás se le quedó grabado por lo absurdo de verlo devorar tempura de langostinos tras decir que estaba a dieta. También fue gracioso aquello de que no solo quería perder peso, sino crecer un centímetro más.

Dijera lo que dijera sobre no poder hacer papeles de villano por su cara, ese último rostro al borde de las lágrimas se le venía a la mente de vez en cuando. Un hombre adulto y robusto llorando debería ser patético, pero el hecho de que aguantara sin dejar caer ni una sola lágrima le dejaba un mal sabor de boca. Tal vez fuera por haber visto demasiadas fotos de su infancia durante la investigación de sus datos personales. Que Seo-hyun sacara el tema cada vez que se veían tampoco ayudaba.

Le dejé pagar la deuda sin intereses, eso ya es una buena obra. ¿Acaso también tengo que cuidar su orgullo?

Ju-han apartó con indiferencia la imagen de Song Woo-hyun que le había asaltado.

Tras rechazar cortésmente el postre y regresar a la oficina, el secretario Kim lo recibió con el rostro demacrado. Al ver que Ju-han no parecía estar de mal humor, suspiró aliviado. Para él, que había trabajado a su lado desde que era un estudiante universitario haciendo prácticas en el Hotel Sejeong hasta alcanzar el puesto de director ejecutivo, este invierno había sido especialmente cruel. La ‘enfermedad del temperamento’ que a Ju-han le brotaba cada invierno había sido particularmente grave este año.

Había roto con su novia y Gong Seo-hyun se dedicaba a gastar dinero en host bars. En medio de eso, Ju-han acompañó al Presidente Gong en un viaje de negocios a Australia, un viaje importante para la expansión del Hotel Sejeong, al que el Presidente invitó no solo a su hijo sino también a su amante. Tras regresar de ese viaje infernal junto a la amante de su padre, tuvo que cuidar de la depresión de Seo-hyun, que había empeorado. Al intentar encontrar la causa, tuvo que deshacerse del ‘novio’ de Seo-hyun y, acto seguido, ella se lanzó al arroyo Cheonggyecheon.

A veces era abrumador, pero humanamente entendía por qué el carácter de Gong Ju-han era así. Como si le hubiera leído el pensamiento, Ju-han se giró hacia el secretario Kim con el ceño fruncido.

“Cierto. Organice la cantidad que ha pagado Song Woo-hyun e infórmele al señor Jang Myung-jun”.

“Sí, de hecho ya lo tengo organizado”.

“¿Habrá pagado unos cien mil wones?”.

Preguntó con desinterés, como si no esperara nada.

El secretario Kim encendió su tableta y abrió el archivo con el registro de depósitos de Song Woo-hyun. Al no haber intereses, pensó que pagaría lentamente, pero Song Woo-hyun era inesperadamente diligente.

“Hasta ayer, ha devuelto 5,437,270 wones”.

Ju-han, que revisaba los documentos apilados en su escritorio, clavó la vista en el secretario. Había confusión en sus ojos.

“¿...70 wones?”.

“Parece que cobra por diversos trabajos, porque envía dinero no una vez al mes, sino unas diez o quince veces. Las cantidades varían cada vez y son... pequeñas”.

Incluso después de escuchar la respuesta, Ju-han seguía con cara de no entender. El secretario Kim le entregó el historial de pagos organizado en Excel.

Los pagos grandes llegaban una vez al mes, entre un millón y un millón y medio de wones. Lo extraño era que, aparte de eso, depositaba pequeñas sumas cada dos o tres días, y a veces hasta dos veces en un mismo día. Al revisar la lista, Ju-han arqueó las cejas al máximo.

“12,300 wones, 25,000 wones... ¿4,070 wones?”.

“A mí también me resulta difícil de entender; debe ser muy tedioso enviar dinero así”.

Incluso si las comisiones por transferencia fueran gratuitas, ¿no le resultaba molesto? Ju-han se quedó mirando fijamente la lista de números, estupefacto.

“¿No será algún tipo de código? Si lo descifras, ¿saldrá un mensaje de maldición o algo así?”.

“No lo parece. Simplemente está haciendo varios trabajos a tiempo parcial y parece que envía el dinero cada vez que le pagan”.

“¿Qué clase de trabajo paga 4,070 wones? Ni siquiera llega al salario mínimo”.

“¿Quiere que le diga que no lo envíe en tantas partes y que lo haga una vez al mes?”.

Ya fuera en partes o una vez al mes, el asunto ya había captado su atención. Tras abrir y cerrar la boca varias veces, Ju-han finalmente preguntó.

“... ¿No decía que era actor?”.

“En ese sector, si son papeles secundarios, el pago suele estar al nivel de un trabajo a tiempo parcial”.

“Está bien. Infórmele al señor Jang Myung-jun y, en adelante, no hace falta que me dé detalles a mí”.

Incluso después de hacer un favor, tenía que sentirse como un prestamista despiadado. Ya de por sí estaba bastante ocupado como para andar revisando este tipo de cosas. Ju-han apartó con irritación la tableta de su vista y, una vez más, expulsó a Song Woo-hyun de su mente.

***

Ju-han se llevó a la boca el último trozo de filete cortado y dejó el cuchillo. Podía sentir la mirada de su padre fija en él mientras masticaba la carne sin entusiasmo, pero no le dio importancia. No había invitado a cenar a su padre por un repentino deseo de estrechar lazos familiares. Ju-han le dedicó una leve sonrisa a Seo-hyun, que se había mantenido en silencio durante toda la comida, y habló.

“Seo-hyun estuvo resfriada. Resulta que dio un mal paso y se cayó al arroyo Cheonggyecheon”.

“Ah, ¿sí? ¿Y ya está bien?”.

Su padre preguntó con indiferencia, como si fuera la primera vez que lo oía. Seguramente le habían informado, pero al parecer no era una información lo suficientemente importante como para recordarla. Para que un padre regañara a su hija adulta por emborracharse y caerse al río, cuestionando si planeaba avergonzarlo, debía existir al menos algo de afecto. Seo-hyun lo miró de reojo como reprochándole que sacara el tema, pero Ju-han continuó fingiendo inocencia.

“Se recuperó hace poco. Es lo que pasa por usar tacones en un día de nieve”.

Día de nieve. Tacones. A pesar de lanzar frases diseñadas para captar su atención, su padre se limpió con calma los restos de salsa de la comisura de la boca con una servilleta. Tras soltar un desganado ‘ten más cuidado en el futuro’, empezó a hablar efusivamente sobre el último trabajo del actor Park Ji-ho. Escuchar que Park Ji-ho había subido de peso a propósito para una película y que ahora no podía bajarlo, información que no le interesaba en absoluto, hizo que Ju-han perdiera el poco apetito que le quedaba.

Apoyando la barbilla en la mano con gesto indiferente mientras escuchaba los elogios de su padre hacia su amante, Ju-han no pudo aguantar más y lo interrumpió.

“Dicen que el peso ganado por el alcohol es difícil de perder; quizá bebió de más porque la película no vendió entradas”.

“No le fue tan mal, simplemente tuvo mala suerte con la competencia. Era una película bien hecha...”.

Bien hecha, mis narices. La película más reciente de Park Ji-ho, ‘Un giro del destino’, había contado con una inversión de más de diez mil millones de wones por parte de Sejeong Entertainment, pero la audiencia se había quedado un 30% por debajo del punto de equilibrio.

“¿Mala suerte con la competencia? Pensé que habían salido artículos sobre el monopolio de pantallas”.

Incapaz de rebatir el comentario de Ju-han, el presidente Gong soltó una carcajada forzada y le dio un sorbo a su vino.

“Solo entenderás cuando experimentes el amor verdadero. Ese sentimiento de querer dar todo lo que tienes. Tus relaciones apenas duran unos meses, así que es imposible que conozcas el amor. Ya no eres un niño, deberías casarte y sentar cabeza en lugar de andar perdiendo el tiempo”.

“Yo me encargaré de mis asuntos”.

Ju-han volvió a cortar la conversación tajantemente. Un amor que lo da todo. Hubo un tiempo en que su propia madre fue eso para su padre. Saboreando el aroma del vino, el presidente Gong se tomó su tiempo con aire relajado.

“Ji-ho dice que conoce a un actor que te admira. Al parecer se preparó para ser idol, así que canta como un profesional. ¿Por qué no te reúnes con él?”.

“Salir con celebridades solo genera más escándalos”.

“Opa...”.

Murmuró Seo-hyun con voz apenas audible, con cara de estarse indigestando, tratando de detenerlo.

Ante la franqueza de Ju-han, la risa del presidente Gong se desvaneció gradualmente. Se aclaró la garganta y la comisura de sus labios, ahora rígidos, tembló levemente. Su mirada, cargada de desagrado, se desplazó de Ju-han hacia Seo-hyun. Ella, notando de inmediato la atención de su padre, se enderezó en la silla con un sobresalto.

“Hablando de eso, ¿escuché que Seo-hyun también sale con un actor guapo últimamente? Me lo contó Ji-ho. Dijiste que le presentaste a un director”.

No recordaba que Seo-hyun se había caído al agua con tacones en un día de nieve, pero sabía con todo detalle que ella había contactado a Park Ji-ho. Incluso ese aparente interés por la vida de Seo-hyun era, en realidad, una provocación dirigida a Ju-han. El mensaje era: ‘Si tu hermana también sale con un artista, ¿de qué te sirve hablar de escándalos?’.

Ju-han observó el intercambio con ojos gélidos. Era una escena que había previsto desde que supo que Seo-hyun contactó a Park Ji-ho por el asunto de Song Woo-hyun.

“No es alguien con quien esté saliendo, es solo un amigo”.

“Parece que se entienden bien. Así es como empieza todo. Si en el futuro necesitas ayuda con algo, contacta a Ji-ho en cualquier momento. Me dijo que se alegró de poder hacerte ese favor”.

“... Sí”.

“El deseo de este padre es que mis hijos se lleven bien con la persona que amo”.

Al decir esto, el presidente Gong volvió a mirar a Ju-han. La conversación con Seo-hyun terminó ahí. Ju-han tragó su furia en silencio y sonrió.

 

“Seo-hyun”.

Nada más salir del restaurante, Ju-han se giró hacia ella. Al oír su nombre, Seo-hyun, que apenas había comido por estar pendiente del ambiente, levantó la cabeza con gesto abatido. Sabía que Ju-han debía estar furioso por lo de Park Ji-ho. Aunque él estaba realmente molesto, pensó que no servía de nada presionar a alguien que ya parecía arrepentido.

“¿Estás ocupada hoy?”.

“¿Yo? No. ¿Qué razón tendría para estarlo?”.

“Entonces, entretenme”.

Porque estoy deprimido. Ante el comentario tosco de Ju-han, el rostro de Seo-hyun se iluminó un poco. Al verla sonreír tímidamente, él no pudo seguir enojado y suspiró, lo que ella aprovechó para entrelazar su brazo con el de él alegremente.

“Oppa, ¿quieres ir a ver un musical? Yo invito”.

“Vaya, qué sorpresa que gastes dinero en mí. ¿También me vas a llevar de compras de lujo?”.

“¡Ay! ¿No puedes simplemente decir que sí sin quejarte?”.

Seo-hyun refunfuñó, pero estaba emocionada por tener un poco de vida cultural después de tanto tiempo. Mientras ella reservaba con entusiasmo las entradas para el musical, Ju-han despidió al chofer que los acompañaba. Como el chofer era nuevo, pensó que Seo-hyun se sentiría más cómoda para sincerarse si no había extraños presentes. Con esa intención, no había probado ni una gota de vino durante la cena.

Mientras conducía por las carreteras congestionadas por la hora pico, sintió deseos de dar un paseo largo. Decidió que, aunque fuera de madrugada, iría a algún lugar abierto y tranquilo. Seo-hyun, que lo observaba de reojo, rompió el silencio de repente.

“Me voy a aburrir mucho cuando te cases”.

“Aún no tengo planes de hacerlo”.

“¡Podrías hacerlo si conoces a alguien a quien ames! La novia que tuviste antes, se llevaban muy bien. Pensé que se casarían”.

“¿Quién?”.

“Ah... ¿cómo se llamaba? La del cabello corto”.

Como no habían sido precisamente pocas, parecía que ni siquiera recordaba su nombre.

cabello corto.

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Ju-han ladeó la cabeza, incapaz de identificar a quién se refería. Dado que le gustaban las mujeres con el cuello largo, los hombros bonitos y el cabello corto, la gran mayoría de sus exnovias encajaban en esa descripción.

Él quería escuchar cómo se sentía ella el día que saltó al río, pero antes de que pudiera cambiar de tema, Seo-hyun rompió el silencio.

“Creo que últimamente hay alguien que me interesa”.

“.......”.

“En realidad no iba a decírtelo, pero lo haré si prometes no enojarte”.

“Si vas a hablar de Song Woo-hyun, bájate del coche”.

Ante eso, Seo-hyun cerró la boca de golpe. Song Woo-hyun. Song Woo-hyun. Song Woo-hyun. Todo lo que tuvo que aguantar de su padre hoy fue por culpa de ese tipo, ¿y ahora ella volvía a sacarlo a colación? Ju-han apretó el volante con fuerza y se mordió los labios. Sentía que iba a tener una crisis nerviosa por culpa de alguien a quien apenas había visto un par de veces.

“¡Esta vez hablo en serio! Creo que yo también le gusto a Woo-hyun. Además, es muy trabajador. No sabes la de trabajos a tiempo parcial que tiene últimamente”.

“Es una ilusión tuya”.

“No, escúchame. Últimamente trabaja tanto que no podemos vernos. Pero parece que eso le pesa, porque me llama de vez en cuando para pedirme perdón por no poder estar en contacto. ¡Una vez me llamó incluso a las 10 PM!”.

“.......”.

“Bueno, en realidad eran las 9:30, pero de todos modos es tarde. ¿Quién llama a una amiga a esa hora? ¿No lo admites, oppa?”.

Parecía que el chico se estaba esforzando por alejarse de forma natural, tal como se le había ordenado. Pensando que esto era consecuencia de sus propias acciones, Ju-han miró fijamente a través de la ventana del coche en silencio. Seo-hyun se enrollaba un mechón de cabello en el dedo con las mejillas sonrojadas.

“Ni siquiera llama por algo importante. Solo... me pregunta cómo estuvo mi día. Me pregunta eso porque le gusto, si no, ¿por qué lo haría? Me dijo que llamaba de camino a casa, y cuando le pregunté qué hacía hasta tan tarde, me dijo que había estado haciendo trabajo físico pesado. Eso significa que, a pesar de estar agotado por trabajar todo el día, se acordó de mí por la noche y me llamó”.

Trabajo físico. ¿Acaso enviaba el dinero cada vez que cobraba el jornal? La cifra de 4,070 wones volvió a su mente y Ju-han frunció el ceño.

“¿Dijo que ya no actúa?”.

“No lo sé. Parece que ya ni siquiera va a audiciones. Me preocupa que de repente tenga tantos trabajos, ¿y si le pidió dinero prestado a mafiosos?”.

Le dejé pagar sin intereses y ahora soy un mafioso, qué injusto.

Ju-han se burló para sus adentros mientras giraba el volante. Seo-hyun, que en el restaurante tenía la mirada apagada, ahora parloteaba con ojos llenos de vida, así que no se atrevió a interrumpirla. Pero ella fue un paso más allá.

“¿No podría prestarle dinero yo? Por lo que dice de trabajar tanto, deben ser unos cuantos millones. Podría decirle que me lo devuelva todo junto cuando le vaya bien en el futuro”.

“No te metas y deja que pague su deuda solo”.

“¿Cómo puedes decir eso? He visto que también está haciendo algo como experimentos clínicos”.

¿Experimentos clínicos?

Las espesas cejas de Ju-han se contrajeron. Habían llegado varias sumas pequeñas... ¿En qué más estaba trabajando para ganar dinero además de la construcción y los experimentos? Seo-hyun siguió hablando sin que él se lo pidiera, y Ju-han no la detuvo.

“¿Suplementos de salud? Dijo que estaba probando algo así, ¿no es peligroso? ¿Y si tiene efectos secundarios?”.

“.......”.

“Entre la construcción y los experimentos, y trabajar hasta quedarse en los huesos... estoy segura de que se metió con gente muy peligrosa. De esos lugares sucios que hacen tráfico de personas si no pagas”.

Ju-han fingió no oírla mientras se concentraba en la carretera. Ante la mención de ‘gente peligrosa’, aquel rostro joven y al borde de las lágrimas volvió a cruzar su mente.

¿Por qué lloraba? ¿Estaba resentido?

Ju-han redujo la velocidad lentamente y se mordió el labio. No le había puesto un plazo ni le cobraba intereses; era un trato en el que él solo perdía. Pensó que el chico simplemente fingiría que pagaba, ya que no había forma de obligarlo. Mientras no perjudicara a Seo-hyun, a él no le importaba. Si el chico decidía matarse a trabajar por puro orgullo, era su problema.

Mientras esperaba el semáforo, sonó un timbre estridente con una melodía alegre. Antes de que empezara la letra, Seo-hyun respondió.

“¿Hola? ¿Sí... sí?”.

Al notar que su voz sonaba alarmada, Ju-han bajó el volumen de la música del coche. Seo-hyun, tras repetir respuestas cortas, colgó el teléfono con el rostro pálido.

“¿Qué pasa?”.

“Oppa. Por favor, llévame a la sala de urgencias del Hospital Universitario Hanjin ahora mismo”.

“¿Qué?”.

“Dicen que Woo-hyun se desmayó”.

¿Se desmaya Song Woo-hyun y te llaman a ti?

Pensó que era una broma y esperó, pero Seo-hyun empezó a hablar ansiosa.

“¡Rápido!”.

“¿Por qué tienes que ir tú?”.

“Entonces déjame bajar para tomar un taxi”.

Lo lógico sería llamar primero a la familia. Sus padres habían fallecido, pero ¿no había ni un solo pariente, por lejano que fuera, que se hiciera cargo? Ju-han apretó los dientes y giró el volante.

 

La visión borrosa se llenó con el patrón de un techo blanco. El mundo, que daba vueltas, se fue estabilizando lentamente hasta que pudo enfocar. En medio de la confusión por no entender qué pasaba, sentía náuseas por el mareo.

¿Dónde estoy?

Mientras parpadeaba aturdido, lo primero que Woo-hyun descubrió fue a un hombre de pie junto a su cama. Llevaba una chaqueta larga y amplia con una camiseta sencilla. Era una vestimenta informal que lo hacía ver diferente, pero era imposible no reconocer ese físico deslumbrante.

“¿Es una pesadilla...?”.

Ver a Gong Ju-han parado allí, junto a su cama, era señal inequívoca de una parálisis del sueño. Intentó mover los dedos para despertar, pero entonces vio la vía del suero clavada en su brazo. ¿Qué es esto?. Justo cuando fruncía el ceño, Seo-hyun, con su larga cabellera, acercó su rostro al de él. Antes de que pudiera asustarse, ella lo agarró por los hombros y empezó a sacudirlo.

“Woo-hyun, ¿estás bien? ¿Has vuelto en ti?”.

“Agg... me mareo”.

“Me llamaron para decirme que te habías desmayado. ¡Oye, dicen que es por exceso de trabajo y desnutrición!”.

Tanto la voz clara como la sensación de que sacudían todo su cuerpo eran demasiado reales. En cuanto se dio cuenta de que no era un sueño, recuperó la conciencia por completo.

No había tenido apetito en todo el día, así que había trabajado en ayunas y se dirigía a casa. No recordaba haber subido al metro, así que debía haberse desmayado en la calle. Trabajar duro era su rutina, y por mucho que se esforzara, nunca se había desmayado. Al parecer, no haber comido bien estos días fue el problema.

Como no tenía familia y pocos contactos guardados, ¿habían terminado llamando a Seo-hyun? Si era así, entonces el Gong Ju-han que acababa de ver también... La palidez regresó al rostro de Woo-hyun a medida que comprendía la situación. Sintió un vuelco en el corazón. Incapaz de quedarse acostado tranquilamente, se incorporó soportando el mareo.

“Siento haberte hecho venir hasta aquí”.

“¿De qué hablas? Por supuesto que tenía que venir. De ahora en adelante, yo seré tu tutora”.

Por encima de la cariñosa pero firme Seo-hyun, vio a Gong Ju-han, de pie con una postura relajada. No había dicho ni una palabra y su rostro no mostraba expresión alguna, pero su sola presencia hacía que el corazón de Woo-hyun se sintiera pesado.

No solo le debía dinero, ahora también le causaba molestias. Quién iba a decir que, por un simple desmayo, se pondrían a llamar a la gente de su entorno.

Mientras se esforzaba por actuar como si nada, empezó a sentirse mejor. Aunque le faltaban fuerzas, el mareo y las náuseas estaban remitiendo. Woo-hyun miró a Seo-hyun, que estaba acurrucada frente a la cama, y forzó una sonrisa.

“Ya estoy bien, vete a casa. Me quedaré un poco más y luego me iré por mi cuenta”.

“Ni hablar. Me iré cuando vea que estás bien. Nosotros te llevaremos”.

“Es tarde. ¿Qué hora es?”.

“Son... las 9:30 PM. Ah, es verdad. Debería haber cancelado la reserva del musical”.

Parece que tenías planes.

Woo-hyun miró de reojo a Gong Ju-han, que permanecía de pie en el borde de su campo de visión. Lo vio consultar su reloj mientras custodiaba el lugar en silencio.

“Usted y el señor Jang Myung-jun son muy cercanos, ¿no? Llámelo”.

Como si hubiera sentido su mirada, el hasta entonces silencioso Gong Ju-han finalmente habló. Ante la mención repentina de ese nombre, Seo-hyun aguzó el oído y miró a ambos alternadamente. Woo-hyun levantó con dificultad la vista hacia el hombre de quien había estado pendiente todo el tiempo. Su rostro, al alzar la cabeza, estaba pálido y sin rastro de sangre.

“El profesor está ocupado. Me daría mucha vergüenza molestarlo con algo así”.

“Para ser solo un profesor, ¿no es acaso más cercano que un padre?”.

Ante la pregunta de Ju-han, Woo-hyun cerró la boca, incapaz de afirmar o negar. En su lugar, Seo-hyun se levantó de un salto y tomó el teléfono de Woo-hyun. Diciendo que si existía una persona así era obvio que debían llamarla, le puso el teléfono frente a la cara al todavía aturdido Woo-hyun para desbloquearlo.

Jang Myung-jun.... Tras susurrar el nombre y buscar en la agenda, Seo-hyun finalmente sonrió con un ‘¡Ah!’. Solo entonces Woo-hyun se dio cuenta de lo que ella pretendía y, sobresaltado, estiró la mano.

“No lo llames”.

“Tu profesor tiene que saberlo. Estará preocupado. Aprende a decir cuando estás pasándolo mal. ¿Hasta cuándo vas a sufrir a solas? No tienes ni un gramo de autocompasión”.

“El profesor está ocupado. Últimamente no se siente bien de salud... No ha sido un accidente grave, solo es cansancio, no hay necesidad de avisarle por algo así”.

Era solo una llamada, pero Song Woo-hyun inventaba una lista de razones tras otra para detener a Seo-hyun. Ju-han observaba con los brazos cruzados, sin intención de intervenir. Jang Myung-jun debía saberlo. Si algo así volvía a ocurrir, era Jang Myung-jun y no Seo-hyun quien debía ejercer de tutor.

Su alumno le está pagando una deuda de cientos de millones, lo mínimo que puede hacer es eso.

Si ni siquiera podía informarle de que estaba enfermo, su relación era peor que la de dos desconocidos. Ju-han frunció el ceño al observar a Song Woo-hyun, que se había quedado demacrado en pocos meses. Woo-hyun tenía la mirada fija en Seo-hyun mientras ella marcaba, moviendo los dedos con nerviosismo sobre la manta.

Tras esperar un buen rato escuchando el tono de llamada, Seo-hyun frunció los labios.

“No contesta”.

“Es porque está ocupado”.

A pesar de que su pequeña esperanza se había desvanecido, Woo-hyun no parecía decepcionado, al contrario, se veía aliviado. Incluso defendió a Jang Myung-jun como si hubiera estado esperando ese resultado. Parecía esforzarse por encontrar una razón por la cual nadie venía a verlo a urgencias. No porque no les importara, sino porque todos estaban ocupados o tenían circunstancias inevitables.

Seo-hyun, mirando la pantalla del teléfono con gesto de disgusto, sacó su propio teléfono y marcó el número de Jang Myung-jun. Mientras lo intentaba de nuevo, se encogió de hombros.

“Probemos una vez más. A lo mejor contesta si ve un número diferente”.

Seo-hyun no se detuvo a pensar en lo que eso implicaba. Ju-han, que observaba la escena, caminó decididamente hacia ella.

“Seo-hyun”.

Fue justo cuando Seo-hyun se movió hacia la cama de al lado para esquivar la sombra que se le acercaba.

¿Diga?. Antes de que Ju-han pudiera arrebatarle el teléfono, una voz de hombre de mediana edad, baja y profunda, surgió del otro lado.

“¡Ah! Contestó. ¿Hola? ¿Hablo con el señor Jang Myung-jun?”.

Llamo desde el hospital. Han traído a Woo-hyun a urgencias.... La voz de Seo-hyun se fue alejando y suavizando mientras se distanciaba. Ju-han se quedó sin palabras ante la rapidez con la que todo sucedió. Inhaló profundamente y se giró despacio hacia Woo-hyun.

Woo-hyun tenía los ojos muy abiertos, fijos en la espalda de Seo-hyun. Mientras procesaba el hecho de que Jang Myung-jun no había contestado su llamada a propósito, su mirada errante vagó por el aire con soledad. Sus labios agrietados temblaron y, al bajar la cabeza, un calor rojo intenso brotó en sus pálidos ojos y mejillas. Solo cuando apretó los puños con fuerza cesó el temblor.

Momentos después, al levantar de nuevo la barbilla, su rostro ya lucía una calma que había borrado cualquier emoción. Su expresión era indiferente, pero el color de su piel no volvía a la normalidad, mostrando manchas rojizas como si acabara de recibir una bofetada. Era exactamente el rostro que Ju-han había recordado de vez en cuando estos últimos días.

Sus ojos, que habían estado flotando por el entorno hasta calmarse, buscaron a Ju-han. Woo-hyun lo miró directamente a los ojos y tensó la boca. Entonces, con una voz apenas audible para Ju-han pero firme, dijo.

“Me aseguraré de que no vuelvan a contactar con Seo-hyun”.

¿Qué otra cosa podría decirle Song Woo-hyun? Era una respuesta dentro de lo esperado, pero Ju-han guardó silencio al no saber cómo reaccionar. Woo-hyun no prometió que algo así no volvería a ocurrir; dijo que, aunque ocurriera, se aseguraría de que Seo-hyun no fuera avisada. Se excluía a sí mismo por completo, como si su propio bienestar no fuera digno de mención.

Woo-hyun llevaba una sudadera con el cuello algo cedido, lo que lo hacía ver más delgado que la última vez. Aunque su complexión era robusta, su cuello largo y sus clavículas marcadas delataban su pérdida de peso. Con la piel enrojecida hasta la nuca, Ju-han sintió una punzada de incomodidad, sabía que si se marchaba ahora, esta imagen volvería a asaltar su mente de vez en cuando.

En ese momento regresó Seo-hyun con expresión amarga tras terminar la breve llamada. Torció el labio inferior con evidente decepción y, mientras le devolvía el teléfono a Woo-hyun, se quejó.

“Le pregunté si podía venir ahora, pero dice que tiene una gripe muy fuerte y mucha fiebre. Dice que, si viene, solo te contagiará”.

“¿Ah, sí? Últimamente el cambio de temperatura es brusco y la gripe está de moda”.

A pesar de ser una excusa transparente, Woo-hyun defendió una vez más a Jang Myung-jun. Más allá de la autojustificación, parecía incluso aliviado por haber encontrado una razón lógica como la gripe. Tras observar el semblante de Woo-hyun, Seo-hyun continuó.

“Le pregunté si quería hablar contigo por teléfono, pero dijo que te llamará después. Que ahora le duele mucho la garganta y no puede hablar mucho tiempo”.

“Ah... entiendo”.

Al ver a Woo-hyun asintiendo, Ju-han se tragó una risa sarcástica que amenazaba con salir.

¿Tan difícil es preguntar una sola vez si estás bien?. Al final, Jang Myung-jun no había hecho más que dejar claro, una vez tras otra, que no quería hablar con él.

Cualquiera se habría enfadado o puesto serio ante una intromisión tan inútil, pero quizá por lo que Ju-han le había exigido antes, Woo-hyun ocultaba sus emociones bastante bien, llegando incluso a seguirle la corriente a Seo-hyun.

“Gracias. Gracias por venir hasta aquí a estas horas”.

“Deja de dar las gracias. Yo habría venido aunque tuviera gripe”.

“No te preocupes, iré a casa, comeré algo y dormiré. Por cierto, siento que no hayas podido ver el musical”.

“¿Crees que el musical importa ahora?”.

“Te llevaré a ver uno más adelante. ¿Cuál iban a ver hoy?”.

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Cuando Woo-hyun cambió el tema incómodo con naturalidad y mostró una sonrisa radiante, el ambiente de la conversación se aligeró al instante. Era lo bastante tierno como para que Seo-hyun pudiera confundirse y creer que le gustaba. Su forma de hablar era tan dulce como su apariencia, mantenía un contacto visual profundo y, de vez en cuando, sonreía con los ojos.

Hace un momento me dijo con firmeza que no volvería a contactar con ella... Supongo que, aunque no tenga fama, un actor es un actor.

Dado que trabajar en un talking bar requería dotes de persuasión, la escena no debería sorprenderle, pero resultaba interesante ver a Song Woo-hyun intercambiando palabras afectuosas con tanta soltura cuando no las sentía. Aquella mirada de niño herido había desaparecido, reemplazada por la de un hombre que dominaba la conversación con maestría.

Mientras observaba a Seo-hyun sonrojarse, retorcerse, lamentarse y reír frente a Song Woo-hyun, finalmente llegó el chofer que Ju-han había avisado. Ju-han hizo un leve gesto hacia la sorprendida Seo-hyun.

“Lleve a Seo-hyun a casa, por favor”.

“¿...Ahora? ¿Quieres que me vaya sola?”.

“Es tarde, ya es hora de que te vayas”.

“Entonces, ¿no podemos dejar a Woo-hyun de camino a nuestra casa?”.

“Gong Seo-hyun”.

Al llamarla por su nombre completo, Seo-hyun se desinfló. Sabía que Ju-han estaba tenso desde la cena y que no aceptaría más discusiones, así que finalmente asintió.

“¿Tú no vienes, oppa?”.

“Yo también me iré ahora”.

“Salgamos juntos”.

“Ve tú primero”.

Temiendo quizá que Ju-han le hiciera algo a Woo-hyun, Seo-hyun se demoró un largo rato mientras seguía al secretario. Ju-han aguantó con paciencia una ráfaga de preguntas inútiles: que si las defensas bajas causaban gripe, que cuánto se tardaba pasando por el barrio de Woo-hyun... hasta que finalmente le hizo una señal al secretario.

Cuando por fin se llevaron a Seo-hyun, el caótico entorno se ordenó un poco. Woo-hyun, juzgando que no había razón para quedarse más tiempo ahora que el suero había terminado, se quitó la vía y empezó a prepararse para irse a casa. Aunque era marzo, el aire aún era frío; se puso una chaqueta que no parecía abrigar mucho y se levantó tambaleándose.

“Yo también tengo planes mañana, así que me retiro. Es tarde, por favor, descanse. Siento las molestias y gracias por todo hoy”.

Tras subirse la cremallera, Woo-hyun hizo una reverencia hacia Ju-han. Al bajar y subir la cabeza tan rápido, sufrió un mareo repentino y tuvo que quedarse quieto esperando a que pasara. Nadie le regañaría por quedarse un poco más, pero parecía tener mucha prisa. Ju-han, sintiéndose inquieto ante la idea de dejarlo ir solo, lo vigiló de cerca. Sin dinero ni tutor, si se volvía a desmayar por ahí, no habría solución.

Pensando que tendría pesadillas si dejaba a ese debilucho Song Woo-hyun a su suerte, Ju-han se giró instintivamente hacia él. En ese preciso momento, nada más abrir los ojos tras un parpadeo, el cuerpo de Woo-hyun se tambaleó con fuerza.

“... Ah”.

Ju-han se acercó de un salto, le rodeó la cintura con el brazo y lo atrajo hacia sí; Song Woo-hyun cayó directamente en su pecho. Sintiendo todo el peso del chico, se dio cuenta de que, de no haberlo sujetado, habría sufrido una caída estrepitosa. Al mirar alternativamente el borde de la cama y el suelo rígido, sintió un vértigo momentáneo.

Su madre, tras resbalar, fue hallada con el cráneo fracturado. Dijeron que al caer se golpeó la cabeza contra el hormigón y se hundió en el agua ya inconsciente. Sin darse cuenta, Ju-han apretó el brazo con el que sostenía a Woo-hyun e inhaló profundamente. Mientras observaba la coronilla de la cabeza apoyada en su hombro, los latidos de su corazón recuperaron lentamente su ritmo habitual.

Woo-hyun parpadeó aturdido. En cuanto fue consciente de que estaba en brazos de Ju-han, una agitación turbulenta asomó a sus ojos. Al levantar la barbilla por la sorpresa, su aliento rozó la mejilla de Ju-han. Su mirada, que rozó los labios de este, se apartó velozmente.

“... Puedo caminar”.

Woo-hyun lo empujó con fuerza y se puso derecho. El pecho de Ju-han quedó dolorido por el impacto, quizá porque Woo-hyun no supo medir su fuerza por la sorpresa, pero al verlo allí de pie, con las piernas abiertas torpemente para mantener el equilibrio, no pudo reprocharle nada. Ju-han suspiró e indicó la cama con la cabeza.

“¿Por qué no te acuestas un poco más antes de irte?”.

“Estaré más cómodo durmiendo en casa. Adiós”.

Debido a que el mareo no remitía, Woo-hyun mantuvo la cabeza rígida incluso al despedirse. Sin esperar respuesta, empezó a dar pasos lentos uno tras otro.

Ju-han soltó un quejido bajo.

¿Cómo terminé involucrado en esto?

Era una cadena de eventos inesperados.

Woo-hyun, que parecía tener prisa, se demoró un largo rato en el mostrador de pagos. Al ver que la conversación con la empleada no terminaba, Ju-han no pudo aguantar más y se acercó. Al parecer, la charla se alargaba porque el costo era más alto de lo esperado. Con una expresión de total injusticia y los puños apretados, Woo-hyun preguntó.

“Trescientos mil wones es demasiado caro. ¿Cuánto tiempo estuve acostado?”.

“No se cobra proporcionalmente al tiempo. En su caso, al ser por desnutrición, es un caso leve y no urgente, por lo que el copago es alto. Además, ante una pérdida de conciencia, solemos hacer varias pruebas. Veo que se le hicieron un TAC y una resonancia”.

“... Espere un momento”.

Woo-hyun miró de reojo a Ju-han y giró un poco el cuerpo. Aun así, era evidente que estaba revisando su saldo en el teléfono. Aunque Ju-han no vio la cifra exacta, por el número de dígitos supuso que no llegaba ni a un millón de wones.

Si envió hasta el último centavo, ¿qué le va a quedar?

Ju-han le dedicó una sonrisa a la empleada y le entregó su tarjeta.

“Cárguelo aquí, por favor”.

“No, espere un momento”.

Ignorando la pregunta de Woo-hyun sobre si podía pagar a plazos, Ju-han liquidó la cuenta. Woo-hyun empezó a reclamarle por qué hacía algo que nadie le había pedido, pero pronto se quedó sin energías y terminó murmurando con resignación.

“Le enviaré los trescientos mil wones antes de que acabe el mes”.

“Olvídalo. Sube al coche, te llevaré”.

“Iré por mi cuenta”.

“He dicho que subas”.

Su paciencia se agotaba y su tono se volvió imperativo. Acostumbrado a gente que cumplía órdenes al instante, tratar con una terquedad tan irracional e ilógica le daba dolor de cabeza.

Había demasiadas cosas que no entendía. No lo acosaban con intereses ni lo amenazaban, ¿por qué se mataba a trabajar de esa manera para devolver el dinero?

Cuando le dijo que informaría trimestralmente a Jang Myung-jun, era para que mostrara un mínimo de voluntad. En casos como este, sin condiciones ni presiones, la mayoría intentaría no pagar. Si estaba pasando por todo este calvario por alguien como Jang Myung-jun, que ni siquiera le dirigía la palabra cuando estaba en urgencias, más que testarudo era un idiota.

Habría sido más fácil si hubiera aceptado por las buenas, pero Woo-hyun se plantó y resistió una última vez.

“Si insiste tanto, tomaré un taxi”.

“Me gustaría que dejaras de hacerme perder el tiempo discutiendo”.

“No, ¿a usted qué le importa lo que yo haga?”.

“¿Me vas a devolver apenas cinco millones y ya vas a actuar como si fuéramos extraños?”.

“... No es eso”.

Ante el gesto de Ju-han, Woo-hyun, que se mordía los labios sin palabras, lo siguió a regañadientes.

Woo-hyun miró fijamente las luces a través de la ventana. El interior del coche olía a una fragancia fresca y fría, similar a la que desprendía Gong Ju-han. Aunque mantenía la cabeza girada para que Ju-han no entrara en su campo de visión, todos sus sentidos parecían alerta hacia el hombre sentado a su lado.

La vergüenza que sintió aquel día en su oficina parecía regresar, se sentía incómodo por volver a deberle un favor y, estando tan agotado físicamente, sentía ganas de llorar. Su mente era un caos.

Tengo que comer algo en cuanto llegue a casa.

Si el rechazo que sentía por el olor a comida era un efecto secundario de los experimentos clínicos, dejaría ese trabajo. Se había sobreesforzado para no sentirse miserable, pero ahora que todo terminaba así, sentía que no había servido de nada.

Entiendo al profesor Jang Myung-jun.

Woo-hyun sonrió con amargura. Los pensamientos que había intentado ignorar llenaron su mente.

Nunca lo había llamado primero porque sabía que al profesor no le gustaría escuchar su voz. Era algo que ya sabía, pero al confirmarlo de esa manera, se sintió más vacío y solo que nunca. Guardaba la esperanza de que, al resolver el problema del dinero, podría recuperar poco a poco su relación con el profesor, aunque fuera lentamente, pero era puro egoísmo. Con los rumores, el honor perdido y el divorcio, quizá él mismo fuera para el profesor un error de la vida que prefería olvidar y no volver a mirar jamás.

“Lo siento. Seo-hyun fue un poco desconsiderada hace un momento”.

Sucedió mientras él mantenía la vista fija en las luces traseras de los coches, que se alargaban en un resplandor rojo. ‘Lo siento’. La voz baja y calmada resonó en sus oídos, pero no la asimiló de inmediato.

¿Acababa de pedir disculpas? Gong Ju-han, el hombre que se había negado a disculparse hasta el final, lo hacía ahora, y no por un error propio, sino por algo de su hermana.

Mientras repasaba lentamente el motivo de la disculpa, los labios de Woo-hyun se contrajeron de forma sutil. Se refería a que Seo-hyun hubiera usado su propio teléfono para contactar al profesor Jang Myung-jun. No era un error que cualquiera criticaría, pero le resultó más que sorprendente, casi absurdo que Ju-han percibiera su estado de ánimo con tanta delicadeza y se disculpara en su lugar. Ese criterio caprichoso de no disculparse cuando debe y hacerlo cuando no es necesario.

Al recordar cómo Ju-han había convencido a Seo-hyun para que se marchara, se le escapó una risa amarga. Woo-hyun le lanzó una mirada de reojo y murmuró.

“Es un hermano muy cariñoso”.

“.......”.

“No se disculpa por sus propios errores, pero lo hace en nombre de su hermana. No quiere que me lleve una mala impresión de Seo-hyun, ¿verdad?”.

Gong Ju-han no respondió, lo que pareció una afirmación silenciosa. Al volver la cabeza y encontrarse con su propio reflejo en la ventanilla, Woo-hyun sintió de pronto ganas de llorar. Se sentía dolido porque el profesor Jang no había contestado, pero se había obligado a reprimir ese sentimiento sabiendo que no tenía derecho a quejarse, sin embargo, escuchar ese ‘lo siento’ fue como si le dieran permiso para estar resentido.

¿Será porque estoy débil? Qué estupidez, querer llorar por algo así.

Woo-hyun parpadeó varias veces para disipar el ardor de sus ojos y se concentró en el paisaje exterior. De pronto, se dio cuenta de que no le había dado su dirección. ¿Iba por el camino correcto? Las calles eran estrechas y difíciles de encontrar. No era probable que recordara un lugar al que fue hace meses con un chofer. Lo miró con extrañeza, pero Gong Ju-han parecía conocer el destino con precisión, pues elegía los giros sin dudar.

“Puede dejarme en cualquier parte, iré por mi cuenta. Ya estoy bien, de verdad”.

“Vamos a comer algo primero”.

“... ¿Perdón?”.

“Yo tampoco he cenado. Y no me apetece comer solo”.

Conque por eso no dudaba a pesar de no saber la dirección: se dirigía a un restaurante por su propia cuenta. Su actitud, sin considerar siquiera la posibilidad de ser rechazado, era bastante descarada.

De repente, recordó aquel primer día cuando Ju-han lo llevó a la zona de restaurantes diciendo que tenía hambre y apenas probó bocado. ¿Estaría haciendo esto a propósito otra vez para que él comiera? ¿Porque le habían dicho que tenía desnutrición? Aunque se sentía como un exceso de egocentrismo, el recuerdo del brazo de Ju-han sosteniéndolo en urgencias hizo que su interior se revolviera. La sensación de aquel pecho firme apoyándolo era extraña. Hacía una eternidad que no se apoyaba en alguien, aunque fuera por un instante.

“Iremos a un sitio que conozco. Es comida japonesa, pero si te sientes mal del estómago, dímelo. Pediré que te preparen un juk (papilla de arroz). A estas horas, todas las tiendas de juk estarán cerradas”.

“Creo que me voy a indigestar si como con usted. La comida casera me sentaría mejor”.

Ante el comentario con doble intención, Gong Ju-han soltó una risita. Sus ojos, que se curvaron con brillo, eran iguales a los de su primera impresión.

“¿No te desmayaste precisamente por no comer bien en casa?”.

“Normalmente soy muy sano. Me dieron el Grado 1 en el examen militar. Solo ha sido cansancio por estos últimos días, así que no se preocupe, no me voy a morir sin pagarle el dinero”.

Se sintió irritado por esas frases que Ju-han lanzaba como si estuviera preocupado. Pensó que solo eran los regaños de alguien que teme que su deudor se desplome antes de saldar la cuenta. Aprovechando que el semáforo se puso en rojo, Ju-han, que miraba al frente, se giró hacia Woo-hyun. Al notar la mirada, Woo-hyun lo miró de reojo y sus ojos se cruzaron. Ju-han tenía una expresión sutil.

“Vi que enviaste 4,070 wones una vez. ¿Trabajando en qué ganaste esa cantidad?”.

¿Había enviado 4,070 wones? Ni siquiera lo recordaba; solía enviar dinero cada vez que sentía un arranque de rabia. Le pareció gracioso que Ju-han recordara la cifra exacta, seguramente por lo ridícula que era, así que Woo-hyun bromeó.

“Rompí mi alcancía”.

A Ju-han no pareció hacerle gracia la broma, su rostro permanecía serio. Al observar su expresión con cautela, las pocas fuerzas que le quedaban a Woo-hyun se agotaron rápidamente. Apoyó la cabeza en la ventanilla e inhaló despacio. Cerró los ojos y contó mentalmente, lo que alivió un poco su dolor de cabeza.

El cansancio lo invadió. Había sido un día largo.

“Es un restaurante de sushi, pero si se lo pides, probablemente te preparen algún panecillo. El tempura de langostino también está bien”.

Su visión se oscureció y el sueño empezó a vencerlo. Mientras su conciencia se desvanecía y sus otros sentidos se embotaban, solo esa voz grave permaneció nítida.

“Recuerdo que te gustaba el langostino”.

Sintió un vuelco en el pecho, como si estuviera mareado, y luego todo se volvió distante.

 

“... Ah”

En cuanto despertó de golpe, Woo-hyun enderezó la espalda con un sobresalto. Se había quedado profundamente dormido sin darse cuenta. Al despertar, su mente no se aclaró poco a poco, sino que recuperó la lucidez al instante, como si alguien hubiera encendido de golpe la luz en una habitación oscura.

Woo-hyun giró la cabeza hacia el asiento del conductor y sus ojos se encontraron con los de Gong Ju-han, que lo observaba con la cabeza ligeramente ladeada. Sobresaltado, miró el reloj: había pasado casi una hora. A juzgar por el hecho de que estaban en un estacionamiento subterráneo, debían de haber llegado hace tiempo... ¿Por qué no lo había despertado? ¿Desde cuándo lo estaba mirando? Quizá no llevaban tanto tiempo allí, dada la distancia entre el hospital y el restaurante. Ju-han, que lo observaba con calma mientras él se ponía nervioso, curvó las comisuras de los labios.

“No has dormido tanto”.

Woo-hyun cerró la boca al encontrarse con esos ojos risueños.

Vamos, dijo Ju-han brevemente antes de bajar del coche.

Woo-hyun bajó tras él, intentando sacudirse la sensación de que la mirada de Ju-han todavía permanecía sobre su rostro. Quizá por la pequeña siesta, se sentía mejor que antes, pero tenía una sensación extraña. Reprimió su agitación y caminó.

Me voy a indigestar.

Woo-hyun se mordió los labios con incomodidad al ver la cantidad excesiva de comida para solo dos personas. Afortunadamente, al tener los platos delante no sintió náuseas, pero tener una cena tan lujosa a altas horas de la noche lo hacía sentir abrumado antes de empezar.

Trajeron tempuras de langostino gigantescas, del largo de dos dedos corazón, recién fritas, y un tazón generoso de juk con abundante abulón. Cada vez que el camarero entraba, Gong Ju-han pedía nuevos platos sin descanso: todo tipo de sashimi e incluso panecillos que ni siquiera estaban en el menú. Él continuó comiendo con calma sin decir palabra; al parecer, no era mentira que no había cenado. Woo-hyun echaba miradas furtivas a Ju-han mientras calmaba su estómago vacío con el juk caliente.

Para cuando el juk, que antes quemaba la lengua, se volvió tibio, el dolor de estómago había desaparecido. Mientras masticaba el crujiente tempura, recordó la mirada que recibió en el coche. Estaba tan absorto reviviendo aquel breve e intenso momento en el que sus ojos se cruzaron en la penumbra, que ni siquiera se dio cuenta de que se había comido cuatro langostinos seguidos.

“¿Cómo has estado?”.

Sucedió mientras masticaba con entusiasmo la carne tersa del langostino bajo el rebozado crujiente. Gong Ju-han, que había guardado silencio durante toda la comida, soltó de pronto una pregunta trivial. ¿Era algo que se le preguntaba a alguien que acababa de salir de urgencias? Woo-hyun lo miró entornando los ojos, pensando que se estaba burlando, pero Ju-han manejaba los palillos con total naturalidad.

“Parece que has estado viviendo muy ocupado, incluso rompiendo alcancías. Me han dicho que hasta hiciste trabajos de experimentos clínicos”.

“Sí, bueno. He vivido con esfuerzo”.

“¿Y no actúas?”.

Tendrían que darme trabajo para eso, la frase le llegó hasta la garganta, pero la tragó junto con el langostino. Ahora que tenía el estómago lleno, sentía fuerzas para ser sarcástico, al menos para sus adentros. Woo-hyun se limpió las comisuras de los labios con una servilleta y respondió.

“Estoy buscando. Ayer mismo envié mi currículum”.

“¿En qué agencia estás?”.

“Ahora trabajo solo, sin agencia”.

Aunque estaba solo y cargado de deudas, sus ganas de actuar eran tan grandes que buscaba trabajos en comunidades de internet donde contrataban actores o personal de rodaje. Era un lugar donde se publicaban decenas de anuncios al día para cortometrajes o proyectos universitarios. A menudo eran trabajos poco profesionales donde pagaban unos 50,000 wones por todo el día, pero como el dinero no era su único objetivo, no le importaba.

Hacía apenas unos días se había postulado para un papel secundario en un cortometraje y leyó el guion con mucho interés. Al final no pudo hacerlo, pero se había sumergido por completo en el personaje. Era un joven de familia rica pero enfermizo de nacimiento, llegó a pensar que quizá perdió el apetito por estar demasiado inmerso en ese papel.

Era un personaje que, aunque no gozaba de salud, recibía mucho amor de su familia y amigos. Tras vivir inmerso en esa vida ficticia, se dio de bruces contra la realidad al despertar en urgencias. Una realidad fría donde no había nadie para cuidarlo, ni siquiera alguien que le hiciera una llamada para preguntar cómo estaba.

“¿Es difícil conseguir trabajo por no tener agencia?”.

Ju-han preguntó con curiosidad genuina, sin dobles intenciones. A Woo-hyun no solía importarle lo que otros pensaran, pero no quería que Gong Ju-han lo viera como un actor mediocre. Técnicamente, no es que no hubiera trabajado nada como actor.

Había buscado cualquier oportunidad para actuar, y la semana pasada trabajó como actor de recreación para un video de boda. Interpretó a una pareja universitaria muy acaramelada, aunque no era una actuación seria y el equipo de grabación era amateur, le divirtió caminar por el campus actuando como un estudiante. Woo-hyun dudó antes de responder.

“No es que no tenga trabajo en absoluto. Hace poco hice un trabajo como actor de recreación...”.

“Hacer de actor de recreación, ¿no significa renunciar a otro tipo de actuaciones?”.

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Aunque el trabajo que Woo-hyun hizo era diferente, entendió a qué se refería Ju-han. En el caso de los actores de recreación de programas de variedades, muchos actores evitaban trabajar con ellos por su imagen, y no era fácil que los contrataran para películas o dramas. Lo sabía, pero si no había otro camino, tenía que tomarlo, no estaba en posición de elegir. Su imagen ya estaba arruinada desde primaria, cuando tuvo que hacer transmisiones por internet. Woo-hyun forzó una sonrisa despreocupada.

“Mi imagen ya es mala de por sí. En fin, yo me las arreglaré”.

“Deja la construcción y los experimentos, y busca más trabajos de actuación. No hay mucha diferencia entre si me pagas dos millones o doscientos mil al mes”.

En cuanto escuchó eso, perdió el apetito y dejó los palillos. Mostró su desagrado abiertamente, pero Gong Ju-han permaneció tan calmado como siempre.

“Sé que mi primera impresión no fue buena, pero no soy una persona tan inflexible. Y mucho menos un usurero”.

“.......”.

“No hay prisa, así que haz tus cosas mientras me pagas lo que puedas. Si quieres actuar, esta edad debería ser tu mejor momento, digo esto porque me pregunto si te estás matando a trabajar por mi culpa. No hace falta que llegues a ese extremo”.

“Qué generoso. ¿Acaso su pasatiempo es la caridad?”.

Al mencionar la palabra ‘caridad’, las cejas de Gong Ju-han se contrajeron. Fue solo un instante, luego volvió a mirar a Woo-hyun con rostro impasible.

“No tengo intención de hacer caridad, pero tampoco de arruinarte la vida. No le diré nada a Jang Myung-jun, así que hazlo con moderación”.

En resumen: le daba lástima que hubiera acabado en urgencias por pagar la deuda, así que le pedía que se lo tomara con calma.

Todo en él era caprichoso. Desde usar a Jang Myung-jun para pisotearlo y ponerlo en una posición de inferioridad, hasta compadecerse ahora diciendo que se estaba sobreesforzando. Incluso esta cena. Era un hombre extremadamente arrogante.

“Usted decidió prestarme el dinero sin mi consentimiento, ¿y ahora también quiere decidir cómo debo pagarlo? ¿Por qué? ¿Se siente mal porque le doy lástima? A usted solo debería importarle que le pague, ¿por qué tengo que preocuparme además por su tranquilidad de conciencia?”.

Ante ese tono lleno de hostilidad, Ju-han sonrió. Su boca se curvó con luminosidad.

“Gracias a mí no tienes que pagar los millones de intereses que pagabas al mes, y Jang Myung-jun también se libró de la deuda. Al decirte que solo pagaras el capital, la única condición que puse fue que no te desquitaras con Seo-hyun, ¿no es así?”.

“.......”.

“Me pareció penoso que te mataras trabajando hasta desmayarte, por eso te dije que fueras con calma. No entiendo de qué te quejas”.

En ese proceso, su corazón se había roto innumerables veces, pero a Gong Ju-han no le importaba lo que él sintiera. Él era el que se portaba de forma necia y estúpida. Lo sabía, pero... Woo-hyun contuvo las emociones que brotaban por enésima vez en el día y recompuso su expresión.

“¿Siempre es así? ¿Cree que puede actuar así porque todo el mundo a su alrededor le sigue la corriente?”.

“¿Cómo soy yo, exactamente?”.

Gong Ju-han ladeó la cabeza y sus ojos recorrieron la piel enrojecida de Woo-hyun. Para sacudirse esa mirada persistente, Woo-hyun soltó las palabras que tenía guardadas con claridad.

“Me golpeó por un malentendido, y cuando le pedí que se disculpara, investigó mi pasado y arrastró al profesor Jang. Me impuso una deuda que no pedí y ahora, ¿dice que le doy lástima y que pague con calma? ¿Se está burlando de mí?”.

“.......”.

“No se compadezca de mí a su antojo cuando no sabe nada”.

La mirada de Ju-han siguió a Woo-hyun mientras este se levantaba de su asiento. Sin mover la cabeza, solo sus ojos se desplazaron hacia arriba.

“¿Qué es lo que no sé?”.

Movió una ceja como exigiendo una respuesta. La sonrisa bajo sus largas pestañas era, a diferencia de sus palabras, casi afectuosa.

“Creo que yo te conozco mejor que Jang Myung-jun. ¿No es así?”.

La tensión que mantenía en todos sus músculos se desvaneció de golpe. En cuanto se dio cuenta de que las palabras de Ju-han eran ciertas, que ese hombre, que solo había investigado su pasado, era la persona que mejor lo conocía en este mundo, la soledad caló hondo en sus huesos.

“Al ritmo que vas, tardarás cien años en pagar. Así que puedes elegir entre actuar o matarte a trabajar en empleos temporales hasta que te mueras”.

“.......”.

“Si lo has entendido, siéntate y termina de comer”.

Gong Ju-han sonrió mientras acercaba el plato de comida a Woo-hyun. Ante el hombre que había calado su soledad al instante, su corazón se sintió cada vez más pequeño. Hasta el punto de que le costaba mantenerse en pie.

“Sígueme la corriente”.

Al recibir la orden, Woo-hyun cerró la boca y volvió a sentarse. Clavó un palillo en dos langostinos a la vez y se los metió directamente en la boca. Masticó y volvió a masticar la fritura, que ya se había enfriado y reblandecido, y se la tragó junto con su desconsuelo.

Tras invitar a Woo-hyun a seguir comiendo, Ju-han dejó los cubiertos. Su mirada permaneció un rato sobre el rostro de Woo-hyun mientras este comía con dificultad.

“Voy a salir a fumar un cigarrillo. Si no quieres esperar, puedes irte primero”.

Tras terminar de comer, Woo-hyun se despidió mientras subía a la sala de fumadores del segundo piso. Por su tono al sugerir que Ju-han se marchara primero, se leía claramente que deseaba terminar con el encuentro allí mismo, pero Ju-han no cedió tan fácilmente.

“Dame uno a mí también”.

Tenía curiosidad. Quería ver cómo fumaba con esa cara de inocente. Le resultaba hasta tierno ver cómo se le tensaba la boca cuando le pedía un cigarrillo. Casi nunca fumaba tabaco convencional, y menos en una sala compartida, pero Ju-han lo siguió en silencio. Al fondo de un pasillo decorado con cuadros, apareció la sala de fumadores. Por muy lujoso que fuera el interior, el olor a tabaco impregnado en las paredes era inevitable; por suerte, el lugar estaba vacío.

Woo-hyun se puso un cigarrillo en los labios, lo encendió y luego sacó uno nuevo para ofrecérselo. Cuando Ju-han se lo llevó a la boca, Woo-hyun se acercó un paso para darle fuego. En sus ojos limpios, concentrados en la comisura de los labios de Ju-han, se reflejó una pequeña llama que desapareció al instante.

“¿Te sientes mejor del mareo?”.

“Sí. Gracias”.

Woo-hyun respondió con una sonrisa mecánica. A Ju-han se le escapó una risita al recordar aquel ‘gracias’ que el chico había escrito repetidamente en sus tarjetas.

Al observar su perfil pulcro mientras fumaba, recordó lo ocurrido en urgencias. Pensó que tenían una relación sólida por el hecho de haber mediado una gran suma de dinero, pero el afecto que Song Woo-hyun sentía por Jang Myung-jun parecía unilateral. Ju-han exhaló el humo con desgana y sacó el tema.

“Sobre el señor Jang Myung-jun.…”.

“Escuché que su madre también quería ser actriz”.

Conque no quieres responder.

Su técnica para desviar el tema era muy natural. Ante la mención de su madre, Ju-han cortó su frase anterior.

“Así fue”.

“Supongo que el gen está ahí. Me sorprendió la primera vez que vi al señor Gong Ju-han. Tiene mejor aspecto que cualquier celebridad que haya visto hasta ahora”.

Woo-hyun bromeó con descaro, fingiendo una adulación que no sentía. Parecía que se estaba tomando muy en serio lo de ‘seguirle la corriente’. El humo escapó entre los labios sonrientes de Ju-han.

“¿Ah, sí?”.

“Sí. Si no fuera así, no lo habría llevado a mi casa”.

Esas palabras fluidas, dichas como si compartieran un buen recuerdo y nada malo hubiera pasado aquel día, no eran sinceras. Song Woo-hyun desaparecía y, en su lugar, actuaba como la persona que el otro esperaba que fuera.

Seguramente era así como se comportaba en el talking bar. Aunque se habían visto pocas veces, Ju-han tuvo la sensación de que la vida diaria de Song Woo-hyun era más simple de lo que parecía. Entre los trabajos temporales para recoger las compras de Seo-hyun y el esfuerzo por pagar la deuda, su rutina no debía diferir mucho de la actual.

Ju-han lo observó en silencio mientras fumaba. Tenía las manos llenas de cicatrices, probablemente del trabajo en la construcción, y su estado nutricional era pésimo para su complexión robusta. Y ese profesor al que tanto apreciaba ni siquiera se había molestado en verlo una vez resuelto el problema de la deuda. Sin agencia, conseguir trabajo debía ser una odisea.

Tal vez... aquella audición que perdió por su culpa era la oportunidad de su vida.

Al llegar a ese pensamiento, frunció el ceño sin darse cuenta. Ju-han clavó la vista en la nuca de Woo-hyun, que ya había recuperado su color natural, y habló.

“Me haré responsable de que perdieras la audición por mi culpa”.

Como era cierto que el malentendido arruinó sus planes, se sentiría más tranquilo si restauraba las cosas a su estado original. Además, sería más fácil para el chico pagar la deuda si tenía éxito como actor que trabajando en empleos temporales.

No lo dijo con mala intención, pero de repente, desde el cuello hasta las orejas de Woo-hyun se tiñeron de un rojo intenso. Lo miró con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta, con un rostro que denotaba que estaba profundamente indignado por lo que acababa de escuchar.

“No sé qué quiere decir con eso, pero si se trata de dinero, no lo aceptaré”.

El actor que fingía se había esfumado, allí estaba el verdadero Song Woo-hyun. Ju-han bajó la mirada y sonrió.

“No hablo de dinero. Buscaré la forma de que puedas hacer una audición”.

“.......”.

“No será una obra grandiosa, ni digo que te vaya a dar el papel. Simplemente te devolveré exactamente esa oportunidad de audición que perdiste. Que consigas el papel o no, dependerá de ti”.

“... Espere, espere un momento. Déjeme aclarar una cosa. Sinceramente, sí llegué a hacer la audición. Aunque es cierto que me eliminaron antes de empezar la lectura por culpa del señor Gong Ju-han”.

Woo-hyun empezó a dar detalles innecesarios. Por lo visto, no tenía ni pizca de malicia ni astucia.

“Y esa audición no era una cualquiera, era una obra del director Nam Yi-won y la escritora Lee Hyun-jin”.

“¿Me estás pidiendo que te busque algo de ese nivel?”.

“No. Solo quiero que sepa exactamente qué fue lo que perdí por su culpa”.

A medida que hablaba, la indignación parecía apoderarse de él, y dio una calada profunda al cigarrillo. El gesto de fumar en serio, hasta hundir un poco las mejillas, no encajaba con su apariencia y le resultó gracioso a Ju-han.

Incluso si su imagen de niño se había desgastado, con ese rostro podría encajar en diversos papeles. Ju-han, con el cigarrillo en la boca, tomó suavemente la barbilla de Woo-hyun con una mano y la giró hacia él. Sus ojos se cruzaron, hubo un instante de vacilación en la mirada de Woo-hyun antes de fingir calma. Tenía un rostro limpio que podía ser inocente, astuto o descarado a voluntad. Con su buen físico, habiendo cumplido el servicio militar y fumando así, ¿no podría encajar incluso en un thriller?

Al prolongarse el contacto visual, los labios secos de Woo-hyun temblaron, delatando su agitación. Ju-han retiró la mano, apagó el cigarrillo en el cenicero, pero mantuvo su mirada entrelazada con la de Woo-hyun, que estaba sonrojado hasta la frente.

“Te contactarán, así que prepárate y hazlo bien”.

Ju-han bajó la vista hacia la nuez de Adán de Woo-hyun, que se movió al tragar saliva, y luego volvió a mirarlo a los ojos.

Tienes que pagarme mi dinero.

Sus cejas oscuras se movieron con picardía entre los mechones de su flequillo. Woo-hyun, incapaz de responder de inmediato, terminó asintiendo lentamente.