1. En espera
1. En espera
Gong Ju-han apareció una hora y diez minutos
después de la hora acordada. En cuanto entró en la oficina con pasos largos,
sus ojos se encontraron con los del consejero y, como siempre, esbozó una
sonrisa radiante. El consejero, que llevaba más de una hora esperando, no
estaba de humor para cumplidos, pero no pudo evitar sentir curiosidad por la
madre de Gong Ju-han, de quien ni siquiera se conocía el nombre; su rostro era
una belleza de otro mundo. Por mucho que lo analizara, Ju-han no se parecía en
nada a su padre, el presidente Gong Seong-jin.
“Llego tarde. Lo siento”.
Gong Ju-han se disculpó con una cortesía
ligera, en un tono que carecía de sinceridad. Dado que el consejero iba a
recibir una suma que superaba con creces sus honorarios habituales por el
tiempo de espera, y que Ju-han había buscado desde el principio a alguien
flexible que pudiera adaptarse a su caprichoso horario, no había razón para
ofenderse de nuevo. Sin embargo, ser capaz de mostrarse tan relajado tras llegar
una hora tarde era, en sí mismo, una forma de poder.
Sin darse cuenta, el consejero volvió a
analizar a su interlocutor. Culpando a su deformación profesional, devolvió el
saludo. Ante su falta de irritación, Gong Ju-han arqueó sus lánguidos ojos en
una sonrisa.
Quizás fuera porque hoy, por casualidad, no
vestía de traje. Apareció con un abrigo largo, un suéter de punto y el
flequillo peinado hacia abajo, lo que a primera vista le daba el aspecto de un
estudiante universitario. Si se lo hubiera cruzado en el cine o en la calle, el
consejero habría pensado lo mismo.
Pero la razón por la que podía permitirse no
vestir formal en una empresa donde todos trabajaban era que, a pesar de ser el
hijo tardío y extramatrimonial del presidente del Grupo Sejung, era un talento
cuya capacidad había sido reconocida a una edad temprana. Pronto, Ju-han se
recostó en el sofá y entrelazó las manos con lentitud, tan cómodo como si
aquella amplia oficina fuera su propia casa.
“Me preocupa que la depresión de Seo-hyun haya
empeorado. Me enteré de que montó un escándalo hace unos días”.
Frente a un Gong Ju-han que fue directo al
grano, el consejero tomó el registro de sesiones que tenía preparado sobre la
mesa. No era el historial de Ju-han, sino el de su hermana menor, Gong Seo-hyun.
Hoy era el día de informar a Ju-han sobre el contenido de las consultas
mantenidas con ella durante el último mes.
Con el rostro de un hermano cariñoso que
contrata a un terapeuta para su hermana deprimida, Gong Ju-han alzó una ceja en
silencio. Su gesto pidiendo una respuesta era sutil y su tono suave, pero la
tensión impregnaba el aire.
El consejero tragó saliva. Su pecho se sentía
oprimido por la mezcla entre la presión de elegir sus palabras con cuidado y la
culpa de compartir el contenido de una sesión privada con un tercero. Había
aceptado una propuesta que iba en contra de su ética profesional debido a una
suma de dinero que no podía rechazar. Se había endeudado excesivamente para
mantener a sus ancianos padres y para cubrir el depósito del alquiler de sus
hijos recién casados. Con el aumento de las tasas de interés, la situación se
había vuelto inmanejable justo cuando recibió la llamada del secretario
personal de Gong Ju-han.
Hubo un momento en que se preguntó si Ju-han
lo había elegido entre tantos consejeros famosos precisamente por su situación
financiera, pero a estas alturas era una preocupación inútil. ‘Encárgate de la
terapia de mi hermana una vez por semana e infórmame del progreso una vez al
mes. No es necesario grabar ni dar detalles minuciosos, solo necesito saber el
estado general de su salud mental’. La propuesta había sido limpia y sin
rodeos.
El consejero se humedeció los labios secos con
la lengua y respondió.
“Al enfrentarse a heridas que estaba evitando,
es posible que su estado depresivo empeore, pero es un proceso absolutamente
necesario para Seo-hyun”.
“Si se refiere a ‘heridas que evita’, ¿habla
del odio hacia su padre, que está demasiado ocupado patrocinando celebridades,
o de la culpa hacia su madre, que estuvo sola hasta el día de su muerte, sin
esposo ni hijos a su lado?”.
Gong Ju-han lanzó ejemplos extremadamente
específicos y afilados para que el consejero no pudiera andarse con rodeos.
Aunque exponía una historia familiar que era, en esencia, escupir sobre su
propio rostro, no parecía cínico, sino indiferente. El consejero habló antes de
que Ju-han volviera a alzar la ceja.
“Se podría decir que todo lo vivido en su
infancia ha influido en la Seo-hyun actual. Usando las palabras de ella, el
hecho de ser llamada ‘hija de una concubina’ dentro de la familia durante la
escuela primaria...”.
El consejero carraspeó y levantó ligeramente
la vista del registro. Lo que iba a decir a continuación también se aplicaba a
Gong Ju-han, por lo que fue cauteloso.
“...Dice que es uno de los recuerdos más
intensos que conserva, y eso es significativo. Su madre, de quien apenas tiene
recuerdos por haberse separado siendo muy niña, es un tema tabú o mencionado de
forma negativa, y su padre no mostraba interés por sus hijos, lo que debió
generar inestabilidad emocional. Los niños necesitan la presencia de padres que
los apoyen y los amen con firmeza, pero ellos no tuvieron a ese adulto. Al
sentir que no pertenecían a la familia, debieron sufrir una crisis de
identidad”.
Gong Ju-han suspiró y apoyó la cabeza de lado
en el sofá. Tras mirar el techo con el ceño fruncido durante un rato, sacó un
cigarrillo electrónico. ‘No dejará olor’, añadió como si se hubiera acordado
tarde.
“¿Cuál cree que sea la razón por la que
Seo-hyun solo sale con hombres del mundo del entretenimiento nocturno?”.
Tras quedarse pensativo mientras aspiraba
lentamente el cigarrillo, Ju-han soltó la pregunta de repente. Y las
interrogantes difíciles no terminaron ahí.
“No sé si se enteró, pero dicen que esta vez
se está gastando decenas de millones en regalos para un tipo que parece un
gigoló y que conoció en un host bar. Tengo curiosidad por saber por qué mi
hermana siente esa necesidad de echar agua en un saco roto”.
Decenas de millones de wones solo en regalos.
El consejero había oído que Seo-hyun era excesivamente generosa con sus
parejas, pero la cifra era mayor de lo esperado. Mientras el consejero elegía
sus palabras, Ju-han lanzó varias posibilidades, como si intentara encontrar la
respuesta por sí mismo.
“¿Será por carencia afectiva y baja
autoestima, intentando comprar el favor del otro con dinero? ¿O será que le
resulta más fácil comprar el afecto que intercambiar emociones y cultivar el
amor, siguiendo el ejemplo de su padre? ¿O quizás mantiene el interés en ese
mundo porque quiere saber más sobre su madre, que perteneció a él? O tal
vez...”.
Gong Ju-han, que hablaba sin interrupciones,
entrecerró los ojos en una sonrisa repentina. En ese instante en que sus ojos y
las comisuras de sus labios se curvaron, su rostro pareció iluminarse por
completo.
“¿Será que la sangre no miente?”.
La mirada del consejero se detuvo en los
labios rojos tras esa frase que fluyó como un monólogo.
Sangre de los bajos fondos.
Ciertamente, ambos hermanos eran los más
hermosos entre los hijos del presidente Gong.
Toc, toc. Se escucharon dos golpes en la
puerta. El consejero recuperó la compostura y saludó al secretario que entraba.
Ju-han no pareció sorprendido, era evidente que la visita estaba autorizada.
“Es un asunto importante, con su permiso”.
“Adelante”.
En cuanto se aceptó la notificación disfrazada
de cortesía, el secretario sacó una tableta y la instaló en un soporte.
Mientras ajustaba el ángulo para que la pantalla fuera visible, Ju-han le hizo
un cumplido ligero sobre su nuevo peinado. A pesar del tono juguetón, el
secretario no se relajó y terminó su tarea sin un solo movimiento innecesario.
Dicen que se conoce la personalidad de alguien
por cómo trata a sus subordinados. El consejero observó al secretario rígido
antes de desviar la vista hacia la pantalla de la tableta.
Al encenderse, el rostro de un hombre llenó la
pantalla. Era un joven de piel clara, ojos suaves y una impresión general
limpia y atractiva. Sus pupilas oscuras brillaban con una luz tenue como si
miraran más allá de la pantalla, y su nariz recta y labios definidos
armonizaban sin que ningún rasgo destacara demasiado. Tenía un aura peculiar y
atractiva: de esa belleza que parece que podrías encontrar en cualquier parte,
pero que en realidad es imposible de hallar.
Luego apareció una toma de cuerpo completo en
pantalla. Ya era guapo de rostro, pero al ver su físico, el consejero tuvo la
certeza de que debía ser una celebridad. La línea que iba desde sus hombros
anchos y cuadrados hasta sus largas piernas era excepcionalmente estilizada.
“Su nombre es Song Woo-hyun, tiene veinticinco
años y ha tenido diversos trabajos, pero su ocupación principal es ser actor”.
Actor. En cuanto el secretario mencionó la
profesión del hombre, Ju-han arrugó ligeramente la nariz. Era uno de los pocos
momentos en los que mostraba molestia abiertamente.
“Parece que no asistió a la escuela
preparatoria y ha vivido solo desde que era menor de edad, realizando varios
trabajos a tiempo parcial. Empezó en el teatro a una edad temprana y ha tenido
numerosas apariciones como extra, pero aún no ha conseguido un papel relevante.
Su trabajo más famoso, considerando la fama del director, sería su última
película, ‘Peregrinación’, pero se estrena en la segunda mitad de este año, así
que no se sabe qué tan exitosa será, y su papel secundario es de apenas unos 5
minutos. El año pasado tuvo una respuesta decente por su papel en ‘Formas
incorrectas de conversar’, lo que llevó a la creación de su primer club de
fans, pero el número de miembros se mantiene alrededor de los doscientos.
Actualmente, parece que tiene dificultades para vivir solo de la actuación y
cubre sus gastos con múltiples trabajos de medio tiempo”.
Si era un asunto importante, resulta que es
sobre un actor. El consejero suspiró internamente. ¿Estaba Ju-han usando su
tiempo y autoridad para hablar de un actor desconocido que ni siquiera era para
publicidad? Justo cuando iba a apartar la vista de la pantalla...
“Tiene un historial peculiar. Desde que era
bebé hasta la secundaria, llamó mucho la atención en las redes sociales. Tenía
unos 500,000 seguidores en ese entonces, así que no es exagerado decir que era
más famoso de niño que ahora como actor”.
“Eso significa que sus padres manejaban la
cuenta. ¿Cuál es la profesión de ellos?”.
“El padre trabajaba como freelance
(Independiente) en video y la madre en una empresa de IT, pero parece que
cuando empezaron a ganar dinero con la publicidad en redes, ambos dejaron sus
empleos para dedicarse de lleno a ello. Subían fotos y videos varias veces al
día, y la gran mayoría eran publicaciones publicitarias”.
La información captó el interés del consejero.
El campo de la salud mental debe reflejar el flujo de los tiempos, y
últimamente muchos médicos se interesaban en los trastornos de ansiedad que
sufren los niños expuestos en redes sociales desde la infancia.
El secretario mostró una serie de
publicaciones antiguas de Song Woo-hyun. Woo-hyun dándose la vuelta por primera
vez y riendo a carcajadas; Woo-hyun dormitando en los brazos de su madre;
Woo-hyun sollozando mientras contaba una pelea con un amigo; Woo-hyun sentado
en el regazo de su padre comiendo un queso publicitario; un Woo-hyun de unos
cinco años mirando con ansiedad en un video titulado ‘Cómo hablar sin herir al
niño cuando se orina en los pantalones’; Woo-hyun, el ‘siempre confiable novio
pequeño’, intentando ponerle sus diminutos guantes a su madre tras oírla
murmurar que tenía frío...
A medida que Song Woo-hyun crecía, todas las
publicaciones tenían un fuerte carácter de ‘contenido’. No solo el fondo, sino
también los títulos y las miniaturas mostraban una clara intención de atraer
atención. Al llegar a la primaria, parecía que no solo exhibía su vida, sino
que vivía para exhibirla.
El consejero frunció el ceño al sentir una
extraña disonancia en el último video del ‘novio pequeño’. La madre, como si
supiera de antemano que el niño le ofrecería los guantes, extendió la mano con
los dedos juntos de una forma que se sentía artificial, como una escena
ensayada.
“¿Qué piensa usted?”.
¿Había sido descubierto observando con
atención? Ju-han preguntó sin apartar la vista de la pantalla. ¿Qué piensa? El
consejero no entendía por qué le interesaba su opinión.
“¿A qué se refiere?”.
“A este hombre, Song Woo-hyun”.
“Bueno... ¿no sería difícil saberlo sin
conocerlo en persona?”.
“Es el novio de Seo-hyun. En los últimos tres
meses, el dinero que Seo-hyun se ha gastado en este tipo supera los 40 millones
de wones”.
Los ojos del consejero se abrieron de par en
par. Mientras conectaba la información recién adquirida con Gong Seo-hyun,
Ju-han alzó una ceja hacia el secretario, quien continuó de inmediato.
“A medida que Song Woo-hyun crecía, el
contenido de las redes cambió de la crianza a la cocina, pero la respuesta
disminuyó naturalmente y la pareja dejó de publicar. Parece que intentaron
ganar dinero con la restauración y la inversión en acciones, pero sus gastos
eran muy elevados y pedían dinero prestado constantemente. A principios de este
año, le pidieron una suma de cientos de millones a un conocido, y al no poder
manejarlo, parece que hace tres meses, el 11 de septiembre, cometieron un
suicidio conjunto en un motel de Gyeonggi. Se dice que ambos sufrían de una
depresión muy severa”.
“Ese conocido no les habría prestado ese
dinero por nada. ¿Hubo indicios de fraude o inversiones falsas?”.
Suicidio conjunto. Y hace apenas tres meses.
Ju-han pasó por alto esa información impactante y preguntó con frialdad. El
secretario, aunque pareció desconcertado por un momento, respondió con presteza.
“No se hallaron pruebas de fraude
intencionado, así que no se pudo determinar la razón exacta por la que se
prestó tal suma, pero se sabe que era el tutor de Song Woo-hyun en la
secundaria”.
“Sea cual sea la relación, debió ser alguien
como Seo-hyun. De esos que lo dan todo por los demás y confían demasiado. Los
estafadores tienen un olfato increíble para eso. Por algo dicen que los de las
sectas y estafas piramidales merodean frente a las clínicas psiquiátricas”.
Ju-han bromeó, pero la sonrisa se quedó solo
en sus labios, sin llegar a sus ojos. Recostado en el sofá, miró de reojo al
consejero.
“Seo-hyun empezó a usar su tarjeta sin control
alrededor de septiembre, así que supongo que empezaron a verse entonces”.
Al igual que sus padres, el hijo, Song Woo-hyun,
debe ser un estafador que despluma a la gente a su alrededor. El mensaje de
Ju-han era claro sin necesidad de decirlo. El consejero no podía apartar los
ojos del Song Woo-hyun de la pantalla mientras repasaba los videos en su mente.
El enfoque pasó de la madre que sabía que su
hijo le daría los guantes, al niño que actuaba con naturalidad según un guion
preestablecido. El niño no tenía la culpa, pero poder recitar sus líneas de
forma tan calmada y natural a esa edad debía ser una disposición innata. Pudo
imaginar vívidamente a un Song Woo-hyun adulto manipulando a Gong Seo-hyun.
¿Será que la sangre no miente?
En el momento en que los ojos de Ju-han y su
sonrisa burlona acudieron a su mente, el consejero recuperó la razón. Al
levantar la cabeza, Ju-han le sonreía exactamente con la misma expresión que
acababa de imaginar. El humo del cigarrillo escapó de sus labios y se dispersó.
Incluso cuando el humo empañaba la visión, sus pupilas no perdieron la nitidez
ni por un segundo.
El consejero expulsó los pensamientos sobre
Song Woo-hyun y se enderezó. La terapia debía basarse en los hechos escuchados
directamente de Gong Seo-hyun. No quería tener prejuicios sobre alguien a quien
no conocía, y mucho menos dejar que eso influyera en la consulta.
Tras fumar en silencio durante un rato, Ju-han
inclinó el torso hacia adelante.
“En fin, le agradecería que, como profesional,
la guiara para que pueda tener una relación normal. No quiero interferir en la
vida amorosa de mi hermana adulta, pero esto ya es demasiado”.
Ju-han agitó la mano en el aire con desgana,
preparándose para dar por terminada la conversación. El consejero, en lugar de
agradecer que aquel momento tan incómodo terminara pronto, sintió que sus labios
se movían con atrevimiento. ‘Relación normal’. Le inquietaba que Ju-han usara
las mismas palabras que Seo-hyun había repetido varias veces en consulta.
¿Acaso eran palabras que Ju-han le había inculcado?
“¿Qué tipo de relación considera usted que es
‘normal’?”.
Terminó haciendo la pregunta innecesaria.
Ju-han, que estaba por levantarse, se detuvo a medio camino y lo miró. Su
expresión no cambió mucho, por lo que no parecía enfadado, pero al consejero le
sudaron las palmas de las manos temiendo haber cometido un error. Mientras
dudaba si disculparse y marcharse rápido, Ju-han volvió a sentarse de golpe.
Por primera vez desde que se conocieron, cruzó las piernas.
“¿Me está dando una consulta gratis? Me
gusta”.
Su sonrisa era juguetona. Contrario a su
preocupación, Ju-han empezó a reflexionar con una actitud bastante seria. Con
las manos entrelazadas sobre la rodilla, movía las pupilas pensativo,
frunciendo el ceño y dejando escapar un leve sonido desde su garganta.
Cada vez que veía a Ju-han, un minuto se
sentía como diez, así que probablemente solo habían pasado unos tres minutos
reales. Cuando el silencio se volvía cada vez más incómodo, habló con cautela.
“Para tener una relación normal... supongo
que, para empezar, la otra persona no debería ser un prostituto”.
Aunque lo que acababa de decir distaba mucho
de ser prudente, Gong Ju-han mantuvo su ceño fruncido, fingiendo una seriedad
afectada.
“Como he visto y oído demasiado, supongo que
los famosos también quedan descartados. Si un prostituto resulta ser además una
celebridad... bueno, creo que tendría más química con mi padre que con Seo-hyun”.
“...”.
“¿Cuál cree que sea mi problema, doctor?”.
Las pupilas de Ju-han brillaban con una
curiosidad centelleante, como si realmente estuviera ansioso por escuchar la
respuesta. El consejero, con la palabra en la boca, optó por apretar los labios
y guardar silencio.
No sé ni por dónde empezar, fue la frase que
se quedó rondando en su mente sin llegar a salir.
***
“Nunca te he amado”.
Song Woo-hyun soltó esa frase cruel con una
leve y burlona sonrisa en la comisura de sus labios. El vaho blanco de su
aliento subió y se dispersó frente a sus ojos. Sus labios, que habían repetido
la misma línea innumerables veces durante horas, estaban entumecidos por el
viento gélido.
NO
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Ya no sentía sus rasgos faciales y apenas
podía doblar y estirar sus dedos rígidos dentro de los bolsillos. Quizás debido
a la lluvia de ayer, la temperatura había caído bajo cero y el viento soplaba
con tal fuerza que sentía que se le iba a caer la nariz del frío.
Ya habían pasado dos horas desde que le dijeron
que esperara de pie.
Parecía que el rodaje se estaba retrasando
continuamente; Kang Ha-jin, el actor principal de ‘Condiciones de una relación’,
había llegado más tarde de lo previsto y, para colmo, justo cuando tocaba
grabar las escenas exteriores, se desataron ráfagas de viento huracanado.
Woo-hyun miró con envidia a un gato callejero que se acurrucaba bajo un coche
que acababa de apagarse.
“Nunca te he amado... Ah, maldita sea”.
De tanto esperar, ahora hasta la pronunciación
se le trababa y empezaba a moquear. Mientras se limpiaba la nariz húmeda con el
dorso de la mano y soltaba un suspiro lleno de irritación, sintió que todo su
cuerpo estaba tenso como una tabla. No podía estar así durante la grabación.
Era la primera vez en su vida que interpretaba a un villano. Un exnovio que
debía sonar despreciable desde la primera palabra no podía andar sorbiéndose
los mocos.
¿Sería porque siempre le decían hasta el cansancio
que tenía una cara de ‘buen chico’ que jamás diría una grosería? La mayoría de
los papeles que le daban a Woo-hyun eran, en varios sentidos, ingenuos: el
amigo torpe del protagonista, el familiar problemático que le trae desgracias,
o la víctima de una estafa que termina en la ruina tras ser manipulado por
completo.
Por supuesto, esos personajes también son
necesarios para la narrativa y tienen su propio encanto, pero el tipo que le
tocaba interpretar hoy, Kim Kyung-chan, era una basura humana como ninguna otra
que hubiera hecho antes, y eso lo emocionaba. Un tipo que no solo usó a la protagonista,
Chae-eun, de forma despiadada, sino que además la engañó con otra y terminó con
ella. En medio de todo eso, la hería con palabras viles diciendo que ‘nunca la
amó’; era un tipo cobarde y ruin.
Será divertido.
Woo-hyun sorbió por la nariz y sonrió
levemente. Eran solo cinco líneas de diálogo, un villano plano en cierto
sentido, pero tras analizarlas por su cuenta, el personaje cobró una dimensión
compleja en su interior. Se había divertido tanto imaginando el trasfondo, la
personalidad y los gustos de Kim Kyung-chan, detalles que probablemente ni el guionista
se molestó en definir, que ya estaba tan inmerso que, si alguien gritaba
‘¡Kyung-chan!’, él volteaba de forma natural.
A Woo-hyun le encantaba actuar. Era una de las
pocas cosas que disfrutaba de verdad, pero la razón principal era que le
permitía vivir como otra persona. Independientemente de la intención del autor,
el simple hecho de existir dentro de una historia que corría hacia un final
significativo le hacía sentir que él mismo era una persona valiosa. Le gustaba
que, mientras era otro personaje, podía olvidar a ‘Song Woo-hyun’ y su vida
pasajera.
“Hace mucho frío, ¿verdad? Aquí tiene,
caliente sus manos al menos con esto”.
“Ah, gracias”.
Un miembro del staff apareció de repente, puso
un calentador de manos en su palma y se marchó. Woo-hyun hizo una reverencia
hacia la espalda del trabajador, que ya se había alejado, y rápidamente sacudió
el calentador para generar calor. A medida que amasaba el objeto con sus manos
congeladas, la sensibilidad empezó a volver poco a poco. Fue entonces cuando
notó la pegatina en el calentador. Tenía la foto de un actor junto a la frase: ¡Te
amamos, actor Kang Ha-jin!. Al parecer, los fans habían enviado los calentadores
al set como regalo.
Tras pasar una hora más frotándose el
calentador contra la piel, finalmente llegó su turno. Woo-hyun infló las
mejillas para relajar los músculos faciales y observó el humor del director. El
director, que había estado de mal humor durante todo el rodaje, se encontraba
en un estado de irritabilidad extrema debido al cansancio acumulado. A su lado,
Kang Ha-jin se acercó caminando con indiferencia. Por alguna razón, aunque ya
había terminado sus escenas, no se había ido; observó a Woo-hyun de arriba
abajo con una mirada tan incómoda como la del director.
No le prestes atención.
Woo-hyun se arregló la ropa y miró de frente a
la actriz Bae Su-min, que interpretaba a Chae-eun. Por el rabillo del ojo veía
a Kang Ha-jin intercambiando breves palabras con el director, pero lo ignoró para
concentrarse en Kim Kyung-chan.
Kim Kyung-chan está consumido por los
celos ahora mismo. Aunque no lo demuestra abiertamente, está perturbado...
“¡Oye, tú! ¡Fuera!”.
Fue justo cuando esperaba la señal, inmerso en
la situación. El director, de repente, señaló a Woo-hyun con el dedo.
“¿Perdone?”.
“Que salgas de ahí”.
No estaba claro si le pedía que esperara un
poco más o si le estaba diciendo que se largara definitivamente, pero basándose
en su experiencia pasada, lo más probable era lo segundo. Woo-hyun preguntó de nuevo
con un hilo de esperanza.
“¿A qué se refiere...? ¿Debo seguir
esperando?”.
El director ni siquiera lo miró y empezó a dar
instrucciones a gritos al equipo. Mientras Woo-hyun intentaba entender la
situación entre la gente que empezaba a moverse apresuradamente, un hombre se
acercó con paso firme y se plantó al lado de Bae Su-min. Ocupó con total
naturalidad el lugar que hasta hace un segundo era de Woo-hyun y saludó primero
a la actriz.
“Hola, sunbae-nim. Soy un gran fan. Por favor,
cuide de mí hoy”.
“¿Qué pasa? ¿Han cambiado al actor?”.
Preguntó Bae Su-min.
“¿Ah? ¡Vaya! ¿Es así? A mí no me comentaron
esas circunstancias”.
Respondió el recién llegado con una sonrisa
apenada.
El nuevo actor miró de reojo a Woo-hyun con
una expresión compleja: esa mezcla de lástima por estar en una situación
similar, pero también la incomodidad de no poder ofrecer consuelo.
Era algo que pasaba de vez en cuando. En un
rodaje hay muchos cambios según los intereses y las situaciones, y los actores
de reparto a veces se enteran de esos cambios solo cuando ya han llegado al
set.
“Supongo que usted es demasiado guapo y alto
para este papel, por eso no encajaba”.
El hombre le sonrió a Woo-hyun como si aquello
fuera un cumplido. ¡Oye, desgraciado! ¿No oíste que te largues? ¿Estás sordo?.
La voz feroz del director lo devolvió a la realidad. Tras asimilar la
situación, Woo-hyun corrió rápidamente hacia los márgenes del set.
Realmente quería vivir como Kim
Kyung-chan.
Le dolía irse, así que se quedó un rato
observando el rodaje desde lejos.
El nuevo actor interpretaba a Kim Kyung-chan
de una forma totalmente distinta a la suya. Su versión mostraba las emociones
de forma cruda y tenía un tono de voz alto; en cambio, Woo-hyun había pensado
que Kyung-chan sentiría una sensación de superioridad al decirle palabras
crueles a su ex, pero que intentaría ocultar ese sentimiento, por lo que había optado
por un tono más calmado.
Había llegado a esa conclusión por la frase que
Kyung-chan añade al final: ‘Espero que tú también encuentres a alguien bueno’.
En ese intento de transmitir que no sabía con quién estaba ella y que no le
importaba (siendo mentira), Woo-hyun había creído ver el verdadero interior del
personaje.
Aun así, no significaba que la interpretación
de aquel actor estuviera mal. A juzgar por el reloj caro que llevaba puesto a
propósito, parecía que él quería mostrar a un Kim Kyung-chan más fácil de leer.
Quizás eso era lo más cercano a lo que el guionista pretendía.
Woo-hyun se dio la vuelta solo cuando el
viento helado hizo que le ardieran las mejillas. Como nadie en el set le
prestaba atención, permaneció allí como un fantasma silencioso antes de
marcharse.
Al menos, como me maquillé después de
tanto tiempo, parece que siento menos frío.
Woo-hyun llenaba su cabeza con pensamientos
triviales mientras caminaba.
Si iban a cambiar al actor, podrían
habérmelo dicho antes.
Era absurdo, pero no estalló en ira, ni se fue
de compras para compensar la frustración, ni buscó a quién culpar. Así era este
mundillo. Lo había vivido innumerables veces y lo viviría en el futuro;
frustrarse solo le perjudicaba a él.
¿Qué habría hecho Kim Kyung-chan en su lugar
hoy? Quizás se habría sentido tan miserable que se habría desquitado con
alguien más débil. No, con esa mentalidad tan frágil no habría durado mucho en
el mundo del espectáculo, así que no podría ser actor. ¿Qué profesión le
pegaría?, se preguntó. Imaginar aquello le divirtió y mejoró un poco su humor.
Durante todo el camino hacia la estación de
metro, dejó atrás al Song Woo-hyun real para imaginar diversos escenarios para
Kim Kyung-chan.
***
“¿De verdad pasó eso? Qué gente tan cruel”.
Woo-hyun respondió con naturalidad, frunciendo
el ceño. Acababa de dar un trago al whisky y sentía un calor ardiente en la
garganta. Estaba dándole la razón con entusiasmo a una clienta que se quejaba
de haber vivido bajo el yugo (dominio) de su familia política durante más de 30
años tras casarse joven en una familia chaebol.
Llevaba trabajando en aquel Talking Bar (bar
de conversación) algo más de cuatro meses. Antes podía cubrir sus gastos
básicos combinando trabajos de medio tiempo con la actuación, pero cuando sus
padres murieron repentinamente, necesitó una gran suma de dinero y acabó
aceptando este empleo. No le entusiasmaba, pero no estaba en posición de
elegir. Con un trabajo normal, no habría tenido ni la esperanza de pagar la enorme
deuda que sus padres le habían dejado a su antiguo mentor.
Antes de suicidarse, sus padres le pidieron
una suma millonaria a Jang Myung-jun, el hombre a quien Woo-hyun consideraba
más su padre que a sus progenitores biológicos, y se la gastaron a manos llenas.
No sabía qué mentira le habrían contado al profesor Jang para que este llegara
a hipotecar su casa para prestarles el dinero, pero estaba seguro de que él
mismo formaba parte de esa farsa. Después de todo, él era el único vínculo
entre ellos.
Era una venganza. Woo-hyun estaba seguro.
Sus padres no solo derrocharon el dinero, sino
que con lo que quedaba pagaron todas sus deudas con los bancos y conocidos. El
hecho de que hicieran eso y dejaran únicamente al profesor Jang con la deuda
pendiente era un acto de pura maldad. Renunciar a la herencia y perder al
profesor Jang, o aceptar la deuda y cargar con ella; cualquier opción era un
callejón sin salida para Woo-hyun.
Fuera como fuera, el trabajo en sí no era
difícil. Los clientes solían ser educados y, como estaba estrictamente
prohibido contactarlos en privado o recibir propinas extra, no había
complicaciones. Aunque era un lugar exclusivo para miembros que operaba con
discreción, la gestión era impecable. Al ser sus principales clientas mujeres
solitarias de alto estatus social, solo tenía que ser un buen conversador.
“¿Verdad que es demasiado? La gente no siempre
tiene el mismo corazón que uno. No sé cómo pueden dormir por la noche después
de actuar así con los demás”.
Dijo la clienta.
“De verdad... deben de haberla herido mucho”.
Respondió él.
Solo tenía que sentarse, escuchar con atención
y empatizar; en cierto modo, era una extensión de la actuación.
“Ni me lo digas. ¿Ves estas ojeras? El
insomnio me está matando últimamente”.
“¿Ah sí? Déjeme ver”.
“¡Ay, qué vas a ver! Estará lleno de arrugas”.
“No veo ninguna. Tiene la piel impecable”.
“Jajaja, qué ocurrente eres”.
Cuando la ‘Señora Park’ se rió agitando la
mano, Woo-hyun le devolvió la sonrisa (a todas las clientas se las llamaba
‘Señora’). De buen humor, la mujer pidió otra botella de whisky caro que ni
siquiera iba a beber.
La gente de familias poderosas venía aquí por
la libertad que les otorgaba el anonimato. Woo-hyun era su ‘bosque de bambú’
donde gritar sus secretos.
En medio de su charla trivial, la Señora Park
abrió mucho los ojos como si recordara algo.
“Es cierto. Esto es un poco delicado pero...
ahora que me he enterado, siento que no sería humano si hiciera como que no lo
sé. Oye, ¿es verdad que tus padres fallecieron hace poco?”.
Woo-hyun nunca hablaba de su vida privada y
menos de su familia, pero aunque fuera un actor desconocido, los rumores
volaban. Él asintió con calma.
“Sí”.
“Cielo... ¿por qué no dijiste nada? Sé que es
tarde, pero toma esto”.
Como si lo tuviera preparado, la Señora Park
sacó un sobre de su bolso y se lo pasó por debajo de la mesa. Al ver con qué
destreza buscaba un ángulo que no captaran las cámaras de seguridad, Woo-hyun
pensó que la regla de no aceptar dinero extra no se cumplía tanto como parecía.
Él rechazó el sobre con una sonrisa dulce.
“Está bien, no es necesario”.
“¿Cómo que no? No pude ir ni al funeral”.
“De verdad, no se preocupe. No hubo funeral”.
La Señora Park se sorprendió, pero no indagó
más. Significaba que no le interesaba la historia trágica detallada. Leyendo
entre líneas, Woo-hyun cambió hábilmente a un tema superficial.
“Mejor recomiéndeme una clínica dermatológica.
A mí sí que me preocupa que se me vea la cara apagada por el cansancio
últimamente”.
“¿Apagada? Si pareces un trozo de tofu. A tu edad,
con comer y dormir bien es suficiente”.
“¿Y si me cambio el peinado?”.
La Señora Park le explicó con detalle qué
estilista era famoso por los cortes y a qué peluquería debía ir. El tema del
funeral se olvidó en un instante y la conversación fluyó de forma superficial,
evitando las emociones profundas.
“Me gusta que no seas un quejica”.
Dijo de pronto la mujer cuando se acababa su
tiempo de reserva.
En su rostro, que había estado relajado, asomó
un rastro de agotamiento. Era una escena familiar. No importa cuán alto sea el
estatus o la riqueza, al final solo los emocionalmente aislados acuden a este
lugar.
“Mi marido, mi hijo... todos solo quieren
hablar de sí mismos, piensan que sus pensamientos son lo más importante del
mundo... No sabes cómo se quejan los hombres. Estoy tan harta que a veces...”.
Siento que quiero taparles la boca a todos. La
Señora Park susurró esto de forma íntima y le ofreció un cigarrillo. Cuando él
se inclinó hacia adelante para aceptarlo dócilmente, los ojos claros de la mujer
brillaron con satisfacción.
“¿Por qué los hombres no pueden ser todos como
tú?”.
La llama del encendedor bailó ante sus ojos.
Woo-hyun entrecerró los ojos suavemente tras el humo del cigarrillo.
“Ah, qué frío hace”.
Woo-hyun se subió la cremallera del abrigo
hasta el cuello al salir del ascensor. Había bebido más de lo habitual y, como
no había comido bien, sentía ardor de estómago. Como recomendaban no comerse
los aperitivos que pedían los clientes, solo había ingerido un poco de fruta en
todo el día.
La nevera estaba vacía, así que tenía que
comprar algo para poder hacerse la cena. Pensando en el menú, se dirigió de
forma natural a un supermercado de ingredientes cercano. Aunque estaba algo
lejos de la estación, era de los más baratos en la zona de Gangnam. Para cuando
llegara a su casa, el mercado de su barrio ya estaría cerrado, así que aunque
los precios fueran altos aquí, no tenía otra opción.
Debí hacer la compra el fin de semana.
Como tenía síntomas de resfriado, se había
pasado el día durmiendo. Por mucho que digan que internet es barato, al final
comprar poco y a menudo en el mercado local resultaba más fresco y económico.
Alguna vez compró caballa a mitad de precio con cupones y resultó tener la
mitad del tamaño de la que vendían en su barrio.
“¡Woo-hyun!”.
Woo-hyun se detuvo al oír su nombre. Las
únicas personas que podrían reconocerlo allí eran clientes. Al mirar alrededor,
vio a un hombre con una bufanda color mostaza acercándose.
“¿Joo Jae-hyung?”.
El hombre que corría hacia él con alegría era,
efectivamente, Joo Jae-hyung. Habían trabajado juntos en el bar, pero lo
despidieron por salir a escondidas con una de las clientas.
“¡Vaya! Por poco no te alcanzo. He venido a
Gangnam por unos asuntos y me he pasado para verte. Justo tengo un favor que pedirte”.
“Podrías haber llamado”.
“Lo hice, pero no respondiste. ¿No lo viste?”.
“¿Ah, sí? Lo siento. Como ves, acabo de
terminar de trabajar ahora”.
Como estaba hambriento y exhausto, ni siquiera
se dio cuenta de que lo estaban llamando. Woo-hyun hizo un esfuerzo de
sociabilidad y fingió una expresión alegre. Cuando trabajaban juntos, sus
horarios coincidían pero nunca fueron cercanos; sin embargo, Joo Jae-hyung lo
contactaba con más frecuencia desde que lo habían despedido.
“¿Puedes recoger algo por mí? Esta vez te
pagaré lo mismo por el recado. Por cada artículo”.
Todo era para pedirle un simple favor. Aunque
sonaba sospechoso, no era nada turbio. Woo-hyun aceptó la tarjeta que Jae-hyung
le tendía y revisó el nombre grabado en ella.
Gong Seo-hyun.
Era una figura de una familia chaebol tan
famosa que incluso en los bares de membresía anónima todos murmuraban sobre
ella; su identidad era legítima. Dado que a Jae-hyung lo habían despedido
precisamente por involucrarse con ella, su relación era indiscutible.
Gong Seo-hyun solía darle regalos a Joo
Jae-hyung, y como las marcas eran variadas y los artículos numerosos, él
siempre buscaba a alguien que los recogiera por él. Woo-hyun pensó que sería
más fácil contratar a un comprador personal o a alguien de una agencia de
recados, pero decidió creer en las palabras de Jae-hyung: ‘Prefiero que mi
amigo gane dinero antes que un desconocido’. Jae-hyung parecía el tipo de
persona que no tenía amigos, al punto de considerar ‘amigo’ a un colega de
trabajo con el que apenas hablaba. Además, Woo-hyun realmente necesitaba el
dinero en ese momento.
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“Puedo hacerlo en mi día libre, ¿está bien?”.
“No hay problema. Te enviaré la lista por
mensaje ahora. Ejem... son bastantes cosas”.
Joo Jae-hyung sacó su teléfono, envió el
mensaje y le pidió a Woo-hyun que lo revisara de inmediato. Era obvio: quería
presumir. Woo-hyun leyó el mensaje con indiferencia y frunció el ceño.
Incluso si cada artículo costaba unos pocos
millones, eran demasiados. Había diversas marcas; desde ropa hasta relojes y
bolsos, el total seguramente superaba las decenas de millones de wones como si
nada.
“¿Es un ajuar? ¿Acaso se van a casar?”.
“No, son regalos de Navidad. Yo le dije de
solo pasar el rato en un hotel, pero ella insistió en dármelos. Por cierto,
¿qué hay de ti? ¿Te han elegido para algún proyecto bueno?”.
“Lo de siempre. La economía está mal y se han
cancelado muchas producciones”.
“Deberías irte a algún lado para despejarte.
Unas vacaciones en en un hotel o un viaje al extranjero. Un viaje realmente te
renueva”.
A partir de ahí, comenzó el alarde en serio.
Woo-hyun escuchó los lujosos detalles de la vida reciente de Joo Jae-hyung,
asintiendo de vez en cuando. A dónde había viajado, qué había comido en qué
restaurante, a quién había conocido... Jae-hyung hablaba emocionado hasta que,
finalmente, miró su muñeca unos 30 minutos después de la hora en que Woo-hyun
debería haberse ido. Mostró su reloj con naturalidad y fingió sorpresa.
“Ya es esta hora... Me gustaría seguir
hablando, pero lo siento. Mi novia vendrá a recogerme. Ah, ¿quieres que te
lleve a la estación?”.
“No, está bien. Ve tú”.
“¡Te llamaré! ¡Comamos juntos la próxima vez!”.
“Claro”.
Al darse la vuelta, Woo-hyun soltó una risa
amarga. Pensó que, si Jae-hyung pagaba tan bien por los recados, probablemente
era porque el precio incluía el tener que escuchar sus alardes. Al ver la
mirada de superioridad de Jae-hyung, finalmente comprendió por qué quería
encargarle los recados precisamente a él: quería sentirse poderoso dando
órdenes a alguien que antes estaba en su misma posición.
Que haga lo que quiera. No me importa
mientras pueda pagar los intereses.
Había sido un día largo.
Hace un momento tenía hambre, pero ahora
incluso la sensación de ardor en el estómago había desaparecido. Su motivación
para hacer las compras y cocinar también se esfumó por completo. Ya eran las 10
de la noche. Solo quería irse a casa y recostarse en la cama.
Si veo un puesto de bungeoppang (pan
con forma de pez) en el camino, compraré eso.
Woo-hyun tarareó una canción mientras
emprendía el camino de regreso a casa a deshoras.
***
“Qué alivio”.
Woo-hyun murmuró para sí mismo con una sonrisa
satisfecha. El supermercado local había tenido una gran oferta de inauguración
y, después de mucho tiempo, regresaba con las manos llenas. En cuanto recibió
el folleto, memorizó la fecha y fue justo a la hora de apertura, logrando
comprar todos los productos populares con grandes descuentos.
Pollo para estofado, un cartón de huevos,
leche y varios alimentos congelados. Parecía que tendría suficiente para comer
durante al menos dos semanas solo vaciando la nevera. Woo-hyun organizó
cuidadosamente los víveres en su pequeña nevera y, finalmente, tomó un plátano.
Quería comprar fresas o manzanas, pero estaban
demasiado caras, así que eligió los plátanos. Aunque estaban bastante maduros,
eran baratos por 2,300 wones. Woo-hyun colgó el racimo en un gancho multiusos
bajo el gabinete superior de la cocina. Había oído que, si se guardaban así,
los plátanos ‘creían’ que seguían colgados del árbol y maduraban más despacio.
Mientras pelaba un plátano muy maduro y le
daba un mordisco, regó sus plantas. Como vivía en un semisótano, las puso justo
frente a la ventana por temor a que no recibieran sol; sonrió al ver que una de
ellas había florecido detrás de una hoja. Acarició con la yema del dedo la flor
que aún parecía una pequeña protuberancia y, de repente, notó la ropa tendida
en el tendedero. Dobló la ropa sintiendo el olor a suavizante de las prendas
bien secas y limpió el suelo. Solo cuando terminaba su rutina sentía ganas de
cocinar.
Aunque era pequeño, era su propio espacio. No
importaba lo agotado que estuviera, se sentía en paz al regresar a este hogar
que cuidaba con tanto esmero.
Woo-hyun terminó de comerse el plátano y abrió
la aplicación del banco para revisar el dinero que había entrado. Sumando el
pago por adelantado del recado y su salario de este mes, tenía más de lo
habitual, pero sabía que había épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Apartó
la cantidad mínima necesaria para vivir y transfirió el resto de inmediato a la
cuenta del profesor Jang Myung-jun.
Poco después de enviar el dinero, llegó un
mensaje del profesor. Woo-hyun, que estaba jugueteando con su teléfono, abrió
el mensaje rápidamente.
[Profesor Jang Myung-jun
Has trabajado duro. No te sobreesfuerces;
gasta lo que necesites y solo envíame lo que te sobre. Come bien y abrígate.
Feliz Año Nuevo.
12:05 PM]
Mientras leía el breve mensaje varias veces,
sus labios temblaron y terminaron haciendo un puchero. Era fin de año, época en
la que todos intercambian saludos. Solo después de recibir este primer saludo
se dio cuenta de lo solo que se había sentido. Cada año por estas fechas solía
sentirse inquieto y se mantenía ocupado a propósito, pero este año había sido
tan turbulento que los meses pasaron sin que tuviera tiempo de notar la
soledad.
Escribió y borró una respuesta larga varias
veces, para terminar enviando solo una línea: Feliz Año Nuevo para usted
también, profesor. Decir que lo sentía o que rezaría para que la situación
mejorara se sentía como una hipocresía.
Por haberle prestado dinero hipotecando su
casa, el profesor estaba al borde del divorcio. Su esposa se había ido a casa
de sus padres y estaban separados; el profesor intentó pedir dinero a varios
conocidos y su reputación cayó por los suelos. Su hija, que acababa de entrar a
la universidad, tenía cuatro trabajos de medio tiempo para ayudar a su padre, y
se decía que el profesor sufría ataques de pánico y solo podía dormir si bebía.
Woo-hyun se enteró de todo esto porque Hyun-woo, el hijo del profesor y antiguo
compañero de clase, lo buscó para contarle con detalle cómo la familia estaba
en la ruina.
Todo esto había sucedido porque el profesor
fue amable con él.
Woo-hyun dejó el teléfono en el suelo y se
puso de pie. Aunque era mucho dinero, no era una deuda imposible de pagar.
Quién sabe, tal vez algún día se volviera famoso, pagara toda la deuda y
pudiera devolver el favor. Por ahora, las dos personas más inútiles del mundo
(sus padres) habían muerto y desaparecido, así que la situación no podía
empeorar. Solo quedaba ir hacia arriba.
Con la esperanza de que solo vinieran cosas
buenas, decidió abrir una lata de atún que había estado guardando. Haría un
bibimbap con lechuga picada. Mientras se dirigía a la cocina relamiéndose,
escuchó una vibración.
“¿Qué pasa? ¿Quién es?”.
Woo-hyun tomó el teléfono y frunció el ceño.
Al ver un número desconocido, sintió náuseas. La voz del policía informándole
de la muerte de sus padres volvió de repente a su mente, oprimiéndole el pecho.
El clima, la hora, el aire y hasta el ruido ambiental de aquel momento en que
recibió esa llamada estaban grabados a fuego en su memoria.
Recuperando la compostura, contestó. La voz
aguda de un hombre, totalmente diferente a la de su recuerdo, captó su atención
de inmediato.
—Es el servicio de mensajería rápida. ¿Habló
con Song Woo-hyun? ¿Se encuentra en casa ahora?
¿Mensajería? ¿Un regalo de fin de año?
No tengo a nadie que me envíe nada.
Woo-hyun miró hacia la entrada con confusión.
“¿Mensajería? ¿Quién lo envía?”.
—Me dijeron que si mencionaba al director Nam Yi-won,
usted sabría quién es.
¿El director
Nam Yi-won?
Por supuesto que lo conocía. Era un director
famoso que había dirigido dramas muy populares como ‘La era de la insensatez’ y
‘¿Le ha pasado algo injusto?’. ¿Qué querría un director así con él?
Ansioso, Woo-hyun colgó y corrió hacia la
puerta para esperar al repartidor. Salió en calcetines y sandalias, sin abrigo,
temblando de frío, pero no se sentía capaz de volver a entrar. El repartidor,
que dijo que llegaría pronto, apareció unos 15 minutos después.
“Firme aquí, por favor”.
“¡Muchas gracias!”.
Lo que le entregó fue un sobre de documentos
bastante grueso. Woo-hyun firmó con la mirada clavada en el sobre, entró rápido
a casa y lo abrió de inmediato. En ese breve instante, mil pensamientos
cruzaron su mente.
Se siente pesado, parece un guion. No,
es imposible que el director Nam Yi-won me envíe un guion. Debe ser una broma
de alguien. ¿Será un atentado de alguien que odiaba a mis padres? Quizás usaron
el nombre de un director famoso para que bajara la guardia, y al abrir el sobre
explotará una pequeña bomba...
Pero al ver el contenido, sus ojos se abrieron
de par en par por la impresión. No era una bomba, ni una broma malintencionada.
Eran la sinopsis y el guion de un drama.
Tal vez pusieron veneno en el papel,
mejor no paso las hojas mojándome el dedo.
Woo-hyun acarició la primera página con manos
temblorosas. Aquella idea absurda le parecía más creíble que la realidad.
En la primera página había un post-it
amarillo. ‘Revíselo y llámeme, por favor’, decía la nota con la tinta
ligeramente corrida; sentía que si seguía mirándola, las letras se
desvanecerían ante sus ojos. Tras quedarse mirando fijamente el nombre y el
número del director Nam Yi-won, Woo-hyun finalmente se desplomó en el suelo de
la habitación. Su corazón latía tan fuerte que sentía que se le saldría por la
boca. Estaba preparado para interpretar cualquier papel secundario con todas
sus fuerzas.
El título era ‘Sobrevivir destacando’. El
papel que le ofrecían era, sorprendentemente, el de un segundo protagonista
masculino con bastante peso. No era el típico amigo amable que solo observa,
sino un chaebol que se acerca a la protagonista para intentar arrebatársela al
protagonista masculino por la pura y mezquina razón de querer fastidiarlo. Un
narcisista que juega con el afecto de los demás, convencido de que todas las
mujeres caen ante su encanto y estatus. Al final, termina enamorándose de la
protagonista y solo después de perder su amor, alcanza la redención.
Mientras leía el perfil detallado del
personaje, se le puso la piel de gallina. Nunca había tenido un papel tan
interesante. Las configuraciones eran tan específicas que no necesitaba llenar
los huecos con su imaginación; se sentía como una persona real. Desde qué
comida le gustaba hasta qué traumas del pasado tenía.
“Vaya, no puede ser. Hasta se llama Ji
Young-hyun”.
Young-hyun. Woo-hyun. El nombre era parecido;
tenía un buen presentimiento. Woo-hyun olvidó su hambre y pasó varias horas
leyendo la sinopsis y el guion una y otra vez. Para cuando llamó al director
Nam Yi-won, el sol ya empezaba a ponerse.
“Hola”.
Cuando el largo tono de llamada cesó, Woo-hyun
habló con cautela. Pensó que se había calmado, pero su voz sonaba claramente
nerviosa.
—¿Hola? ¿Actor Song
Woo-hyun?
Una voz animada respondió desde el otro lado,
como si supiera exactamente quién era. Woo-hyun tragó saliva y respondió.
“Sí. Hola. Le llamo porque recibí el guion”.
—¿Hola? ¿Lo leyó todo?
“Por supuesto. He leído la sinopsis y el
papel. Si me da la oportunidad, me esforzaré al máximo y daré lo mejor de mí”.
—¡Ah! Perfecto. Me gustaría hacer una lectura
de guion antes de decidir el casting. ¿Nos vemos primero? ¿Qué te parece el
lunes de la próxima semana?
“Sí, me parece bien”.
Woo-hyun buscó apresuradamente un bolígrafo y
una libreta para anotar la hora y el lugar. Estaba dispuesto a salir corriendo
aunque le hubieran dicho de verse a las 3 de la mañana.
—¿Cuánto mides y pesas ahora? No la estatura
de tu perfil, sino tu estatura exacta sin plantillas.
“Mido 1.84 m descalzo. Me peso todos los días
y oscilo entre los 72 y 74 kilos”.
—¿Podrías venir de traje el lunes? Ese día preferiría
que pesaras 72 kilos.
“¡Ah, entiendo! ¡Iré pesando 72 kilos! ¡Muchas
gracias!”.
—Nos vemos entonces.
La conversación terminó pronto. Woo-hyun saltó
de alegría en cuanto colgó. El techo era bajo y creyó haberse golpeado un poco
la cabeza, pero no le importó. Por suerte, tenía un traje. Lo compró hace unos
años porque a veces se lo pedían para trabajos de seguridad, pero casi no lo
había usado y estaba guardado al fondo del armario. Era barato, pero como ‘la presencia’
hace al traje, pensó que estaría bien.
Abrió el armario de par en par, sacó el traje
que estaba en el rincón más profundo y respiró hondo. En el momento en que la
sombra del traje negro oscureció su visión, imágenes de un funeral que nunca se
celebró y de personas vestidas de luto pasaron borrosas por su mente.
Y recordó la escena de la morgue. Ese recuerdo
de aquel día que no podía borrar de su memoria.
‘Sí, son mis padres’.
Aparte de los cortes en las muñecas, los
cuerpos estaban intactos. Debieron morir por hemorragia, pero le resultó
extraño que no se vieran tan pálidos. Murieron con los rostros contraídos. No
parecía dolor, sino una expresión llena de resentimiento. Como si hasta el
último aliento hubieran estado culpando a alguien.
Woo-hyun volvió a colgar el traje en el
armario y tomó el guion. Subrayó las líneas de Ji Young-hyun e imaginó qué tipo
de voz y tono tendría. Tenía curiosidad por las carencias de Ji Young-hyun,
alguien que podía tener todo lo que quería. Pensó que alguien que juega con el
afecto de los demás debe tener baja autoestima. Aunque la sinopsis no lo
mencionaba, quizás sus relaciones familiares eran complejas, o siendo un
chaebol, tal vez había algún secreto sobre su nacimiento.
Su mente se llenó de Ji Young-hyun. Así,
Woo-hyun olvidó a su familia.
***
Solo después de conocer a Ji Young-hyun,
Woo-hyun comprendió que la actuación no era para cualquiera. Para poder pensar
y actuar como un millonario viviendo en un semisótano, se necesitaba un nivel
de inmersión cercano al trastorno delirante. Ji Young-hyun era totalmente
diferente a los papeles de gente común y bondadosa que había interpretado hasta
entonces.
Cuando no había un trasfondo o configuración
definida, podía recrear al personaje basado en su sentido común y experiencia,
pero cuando se lo daban todo hecho, tenía que entender a un completo extraño
desde la raíz. Dándose cuenta de lo superficial que había sido su corta carrera
actoral, Woo-hyun se sintió perdido, como si fuera un principiante absoluto.
Buscó dramas ambientados en familias
adineradas y consumió contenido sobre las diversas facetas de los narcisistas
en la vida diaria. Anotaba cualquier personaje que tuviera el más mínimo
parecido con Ji Young-hyun. Solo durmió dos horas la noche anterior por
estudiar mientras trabajaba, pero aun así era divertido.
Al llegar a la zona de fumadores, Woo-hyun
sacó un cigarrillo con calma. El dolor de cabeza punzante, probablemente por la
falta de sueño, pareció aliviarse tras una calada profunda. Levantó la cabeza,
exhaló el humo y miró hacia arriba, al edificio de las tiendas departamentales
que se alzaba en medio de la ciudad. La fachada del edificio brillaba con las
decoraciones lujosas de fin de año. Los árboles cercanos a la zona de fumadores
también estaban envueltos en pequeñas luces, iluminando su vista.
[5:01 PM
He venido a recogerlo.]
Woo-hyun tomó una foto del centro comercial
con el cigarrillo en la boca y la envió junto con el mensaje. Joo Jae-hyung le
había pedido que informara una vez al llegar al centro comercial y otra vez
después de recoger todo. Aunque dijo ‘pedir’, su tono era más autoritario que
la primera vez, casi como una orden.
El dinero es poder, y la gente se vuelve
adicta fácilmente a la autoridad. Si alguien como Joo Jae-hyung, que no tiene
nada, ya está perdiendo la cabeza, ¿cómo sería Ji Young-hyun?
Ji Young-hyun es alguien acostumbrado a jugar
con la gente usando dinero. Creció en un entorno que le permitía pensar así.
Porque mucha gente cambia de actitud ante el dinero, y el dinero crea
soluciones y excepciones con demasiada facilidad.
Incluso sin llegar a ser un chaebol, es fácil
encontrar personas así. Hay camiones llenos de celebridades que cambiaron por
completo tras ganar fama y riqueza de la noche a la mañana. Incluso los
influencers de redes sociales pierden la cabeza. Al pensar en esto, Ji
Young-hyun empezó a sentirse como alguien más familiar.
Tras terminar su cigarrillo, Woo-hyun entró en
las tiendas departamentales con el paso mucho más ligero. Identificó la ubicación
de las tiendas de las marcas en su lista y fue recogiendo los artículos uno por
uno. Un cinturón por aquí, un sombrero y un bolso por allá, una chaqueta en
otro lugar. Realmente había comprado una gran variedad de cosas.
Si en los recados anteriores su actitud era la
de terminar rápido para irse a casa, esta vez mantenía los sentidos alerta y
observaba su entorno con atención. Vio joyas relucientes, ropas ostentosas y a
personas dispuestas a gastar grandes sumas de dinero por todo ese lujo y el ‘poder’
que simbolizaba.
Intentó proyectar a Ji Young-hyun en el
paisaje que tenía ante sus ojos. Imaginó lo arrogante que sería él al comprar
cosas que otros no pueden adquirir y disfrutar de lujos inalcanzables para el
resto. Visualizó a un Ji Young-hyun que cree fervientemente que, además de
controlar las acciones de los demás, puede manipular sus emociones a su antojo,
y el entorno que lo moldeó de esa manera.
“Lo siento, parece que hubo un error durante
la preparación del producto. ¿Le importaría esperar un momento en la sala
privada del interior?”.
Sucedió en la última tienda, donde debía
recoger dos chaquetas. El empleado se disculpó repetidamente, inclinando la
cabeza, alegando que hubo una confusión.
No es para tanto, pensó Woo-hyun, y respondió
rápidamente antes de que el empleado volviera a hacer otra reverencia.
“Está bien, tómese su tiempo”.
El empleado lo guio hacia el fondo de la
tienda, a una sala privada que Woo-hyun ni siquiera sabía que existía. El
espacio, diseñado para albergar a lo sumo a dos grupos, estaba bien equipado
con un sofá largo, un espejo y hasta un probador. La iluminación era tenue,
creando un ambiente oscuro y relajante para la vista. El empleado le sirvió una
taza de té caliente con algunos bocadillos y salió de la habitación sin hacer
el menor ruido.
Supongo que pagar 8 millones de wones por una
chaqueta incluye este tipo de servicios, pensó Woo-hyun mientras disfrutaba del
té y descansaba un poco. Estaba empezando a cansarse de cargar tantas bolsas de
compras, que además eran enormes. Accesorios pequeños envueltos
individualmente, metidos en cajas, y estas a su vez en bolsas... el exceso de
embalaje era casi un crimen ambiental.
Pasaron 30 minutos mientras balanceaba las
piernas, pero el empleado no regresaba. Empezó a impacientarse y a mirar hacia
la puerta. Si se retrasaba más, se quedaría atrapado en la hora punta y
tardaría cuarenta minutos más en llegar a casa. Pensó que sería mejor preguntar
qué pasaba y pedir que le enviaran el paquete por mensajería.
Justo cuando se acomodaba para decidir qué
hacer, la puerta finalmente se abrió.
Woo-hyun parpadeó atónito ante la escena
inesperada. No era el empleado, sino otro cliente. Un hombre alto con un abrigo
sobre el traje entró con paso firme y, para colmo, se sentó justo enfrente de
Woo-hyun. Incluso le dedicó una sonrisa radiante al cruzar miradas. Su actitud
era tan natural que cualquier extraño habría pensado que venían juntos.
Tras la sorpresa inicial por la aparición
repentina del desconocido, Woo-hyun fingió estirarse para observarlo de reojo.
En el mundo del espectáculo se ven muchas personas atractivas, pero este hombre
era tan guapo que capturaba la atención de inmediato. Debido a la luz tenue, el
contraste entre su piel y su cabello era más marcado, y gracias a eso, incluso
a la distancia de la mesa, se distinguían sus largas pestañas. Sus cejas eran
densas y rectas, dándole una impresión varonil, pero la forma de su rostro era
estilizada y sus ojos caídos le daban un aire delicado y bonito.
Era un hombre extremadamente deslumbrante.
Incluso con maquillaje para una sesión de fotos sería difícil lograr ese aura.
Me gustaría que la primera impresión de JiYoung-hyun
tuviera esa atmósfera, pensó Woo-hyun en cuanto lo vio.
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Según la sinopsis, Ji Young-hyun era alguien
que ‘no solo es guapo, sino que tiene un aire aristocrático y un aura que atrae
todas las miradas’. La actitud del hombre, de la cual emanaba una confianza
natural sin decir una palabra, y la sonrisa relajada que mostró al cruzar
miradas, parecían encajar perfectamente con esa descripción.
Un empleado entró y puso té y bocadillos
frente al hombre. Él ni siquiera miró al empleado; mantuvo su vista fija en
Woo-hyun. Al sentir esa mirada que parecía tener algo que decir, Woo-hyun se
olvidó por completo de preguntar cuánto tiempo más tendría que esperar.
¿Sería porque tenía los nervios de punta? Esta
vez, el sonido de la puerta al cerrarse le pareció inusualmente fuerte. Se
quedaron a solas.
Estando sentados frente a frente bebiendo té,
sintió que debía decir algo. Nunca se le había dado mal charlar, pero por
alguna razón sentía la boca seca. Sabiendo que sus miradas se cruzarían,
Woo-hyun levantó los párpados.
Una vez más, el hombre sonrió. Un destello de
picardía cruzó sus ojos brillantes y el ambiente se relajó al instante.
“Está nevando fuera”.
Dijo el hombre en voz baja mientras levantaba
su taza. Al no ocurrírsele nada más, Woo-hyun solo forzó una leve sonrisa.
Un abrigo demasiado fino para el pleno
invierno, unos zapatos excesivamente impecables como para haber caminado bajo
la nieve, una piel que no parecía en absoluto reseca y uñas perfectamente
cuidadas. Woo-hyun analizó al hombre de arriba abajo, pensando en Ji
Young-hyun.
Alguien que nunca ha estado desesperado.
Alguien para quien el mundo fluye según su voluntad. Alguien que no necesita
leer el ánimo de los demás. Cosas que lo hacían lucir así, más allá de la ropa
cara o los accesorios.
“¿No es usted actor?”.
Woo-hyun tardó unos segundos en darse cuenta
de que la pregunta iba dirigida a él y abrió mucho los ojos. Solo lo habían
reconocido ocasionalmente cuando era menor de edad en su barrio, donde los
rumores corrían rápido, pero esta era la primera vez que alguien lo reconocía
como actor.
No, pensó Woo-hyun, cerrando la boca y
humedeciendo sus labios. No es que lo hubiera reconocido, sino que, al verlo
alto y con buena cara, simplemente lanzó la pregunta por si era una celebridad.
“Lo soy, pero solo he hecho papeles pequeños,
así que probablemente me esté confundiendo con otro actor”.
El hombre enderezó la cabeza e inclinó el
torso hacia adelante, acercándose. Al acortarse la distancia, percibió un
perfume intenso. Sus ojos, que de lejos parecían negros, revelaron un matiz marrón
sutil al verlos de cerca.
“¿No salió en ‘Métodos de comunicación
erróneos’?”.
Woo-hyun se sobresaltó al oír el título del
drama. Song Dae-shik. Era el personaje que más amor había recibido y el único
que compartía su apellido, por lo que le tenía mucho cariño.
Incluso si fue popular, el drama en sí no tuvo
mucha audiencia y su tiempo en pantalla fue corto; era increíble que lo
reconociera. Woo-hyun sintió que se le calentaba la nuca, pero respondió
fingiendo naturalidad.
“Es cierto. Era Dae-shik, el hermano de la
protagonista... ya sabe, el que comía mucho”.
“Incluso lo estafan”.
“¡Exacto! Es muy ingenuo y no sabe nada de la
vida”.
Al recordar los días viviendo como Song
Dae-shik, sintió una punzada de emoción. Cometió muchos errores y causó
problemas, pero gracias a los buenos amigos y a su familia, Dae-shik pudo
superar las adversidades y crecer. Aunque algunos lo criticaban por ser un
personaje molesto, para Woo-hyun era pura ternura.
El hombre, con una sonrisa en el rostro,
recorrió con la mirada los bocadillos de la mesa que Woo-hyun no había tocado y
el montón de bolsas de compras acumuladas junto al sofá. Mientras su mirada
vagaba, murmuró como si hablara para sí mismo.
“Los actores son realmente fascinantes. Verlos
interpretar a alguien que es totalmente diferente a su yo real...”.
“Bueno, supongo que sí”.
Dae-shik era extremadamente pobre y glotón.
Woo-hyun, que no sintió la necesidad de explicar que las bolsas no eran suyas,
se encogió de hombros ligeramente.
El hombre guardó silencio. Al cerrar la boca
se veía relajado, pero Woo-hyun, que estaba recibiendo esa mirada analítica, no
lo estaba tanto. Estaba acostumbrado a las miradas de extraños hacia su
actuación, pero cuando ese interés se dirigía al Song Woo-hyun real, siempre se
sentía incómodo.
A pesar de eso, no quería irse. Pensó que
intercambiar unas palabras más con ese hombre le ayudaría mucho a definir la
imagen de Ji Young-hyun. De hecho, en los pocos minutos que llevaban sentados,
Woo-hyun había obtenido más inspiración que en todos los días anteriores.
Diré cualquier cosa, pensó. Quería seguir
escuchándolo hablar. Woo-hyun sacó un tema de conversación fácilmente.
“Como ya es Navidad, afuera todo está muy
brillante. Hay villancicos por todas partes”.
“...”.
“¿Qué hará en Navidad? Todo el mundo parece
irse de viaje o hacer fiestas”.
“¿Qué le vas a regalar a tu novia? Un regalo
de Navidad”.
Preguntó el hombre de repente, mirándolo
fijamente. Una pregunta inesperada para un primer encuentro.
Tras un momento de desconcierto, Woo-hyun
frunció el ceño analizando la repentina pregunta. Preguntar por una novia de la
nada... ¿no era el tipo de pregunta que se hace para tantear si alguien tiene
pareja? Si respondía, significaría que la tenía, y si no, diría la verdad. Como
alguien a quien le habían pedido el número muchas veces, Woo-hyun estaba
acostumbrado a estas tácticas.
¿Es eso lo que busca?
Durante el largo silencio, el hombre no apartó
la mirada ni una sola vez. Ciertamente, había una tensión difícil de explicar
entre líneas. No parecía una pregunta lanzada al azar. Si recordaba su breve
papel, debía ser porque su apariencia era de su gusto. El hecho de que se
sentara justo enfrente y le hablara primero tenía sentido si esa era la razón.
No tenía tiempo para romances ni ganas de
hacer amigos, pero... quería hablar más con él. No tenía claro cómo Ji
Young-hyun abordaría a alguien que le gustara, y pensó que encontrarse con este
hombre antes de la lectura de guion le ayudaría a encontrar el tono del
personaje.
“No tengo novia”.
Sin entrar en detalles personales, solo un
ligero flirteo.
“Ni novio tampoco”.
Ante el añadido en voz baja, el hombre
finalmente parpadeó. Sus ojos, que parecieron quedar vacíos por un instante,
recuperaron el enfoque. Su rostro inexpresivo pareció contraerse levemente
antes de habla.
¿Habría sido un malentendido? Si lo fuera,
incluso su reacción ante ello le causaba curiosidad.
“Ja”.
En lugar de una respuesta, una risa seca
escapó de sus labios rojos. El hombre se mordió el labio inferior mientras
sonreía y se puso de pie. Contra todo pronóstico de que se daría la vuelta para
irse, al momento siguiente le tendió la mano a Woo-hyun con un rostro radiante.
“Soy Gong Ju-han”.
“Ah, yo me llamo Song Woo-hyun”.
El apretón de manos fue firme y cálido. Al
estar de pie frente a frente, Gong Ju-han era ligeramente más alto. Woo-hyun se
tranquilizó al ver que su rostro se volvía mucho más suave que al principio.
No se había equivocado. Woo-hyun revisó la
hora y le tendió su teléfono.
“¿Quiere tomar un café mañana? Si me da su número,
lo contactaré”.
“¿Qué tal un vino? Ahora mismo”.
Gong Ju-han ni siquiera miró el teléfono de
Woo-hyun al hablar. Aunque sería bueno esperar un poco para que pasara la hora
punta de salida del trabajo... Woo-hyun miró el montón de bolsas de compras y
mostró una sonrisa de apuro.
“Es que llevo mucho equipaje”.
“Yo te llevo”.
Esa manera de convertir una sugerencia en una
orden era exactamente como Ji Young-hyun. ‘Yo te llevo’. Al ver a Gong Ju-han
recitar exactamente la misma línea que estaba en el guion, no pudo negarse. Tras
dudarlo, Woo-hyun asintió.
“Está bien, entonces”.
“¿Vamos?”.
Gong Ju-han sonrió con los ojos entornados y
puso las manos tras la espalda con aire juguetón. Parecía cederle el paso
cortésmente, pero el hecho de que no se ofreciera a cargar ni una sola bolsa
mientras veía a Woo-hyun empujar la puerta con el hombro le pareció tan propio
de Ji Young-hyun que le encantó.
El bar de vinos estaba en la novena planta del
mismo edificio. Como solo había que subir en ascensor, rechazó la oferta de
Ju-han de llamar a un chófer para mover las bolsas al coche en el estacionamiento
subterráneo. Eran objetos que no podía permitirse perder, pero además no le
entusiasmaba la idea de volver a casa en el coche de un extraño. Sabía más o
menos la hora del último tren y, en el peor de los casos, podía tomar un taxi.
El bar estaba en un rincón apartado, incluso
tras salir del ascensor había que caminar un buen rato. La distancia desde la
entrada hasta el mostrador también se sentía larga, pero el interior resultó
ser aún más oscuro que la sala privada. Incluso el rostro del empleado que los
recibió se veía pálido y fantasmal.
Afortunadamente, la habitación privada no era
tan lúgubre como esperaba. Una de las paredes era totalmente de cristal,
reflejando la vista nocturna de fin de año previa a la Navidad. En un rincón
había un árbol decorado solo con adornos dorados. En medio de ese paisaje
lujoso, lleno de luces de diferentes tamaños y tipos, Gong Ju-han encajaba a la
perfección.
“Voy a pedir el menú del dia, si hay algo
específico que quieras comer, dímelo”.
Como si fuera un lugar frecuente para él,
Ju-han hizo un ligero gesto con la cabeza y el empleado retrocedió un paso sin
dar ninguna explicación. Woo-hyun fingió revisar el menú y respondió que el
menú del dia sería suficiente. También asintió aceptando cualquier vino. No
había venido a comer, así que lo que pidieran le daba igual. Su atención estaba
centrada en las expresiones y el lenguaje no verbal de Gong Ju-han.
La mesa era pequeña en comparación con el
tamaño de la habitación, por lo que se sentía como un espacio exclusivo para
dos. A pesar de estar sentados frente a frente, la distancia con Gong Ju-han
era lo suficientemente corta como para ver bien su rostro. Sus ojos eran suaves
y tenía una sonrisa en los labios, pero seguía siendo un hombre con un aura
difícil de abordar. El brillo de las luces se reflejaba con nitidez en sus
pupilas negras.
Había lanzado un pequeño anzuelo, pero no
esperaba que mordiera tan rápido. Supuso que, si mostraba interés, lo haría de
una forma más sutil y arrogante. Invitar a beber inmediatamente después de
conocerse suele significar una invitación a tener sexo; ¿estaría tan excitado
como para retener a alguien que estaba a punto de irse? No lo sabía. No
importaba lo que estuviera pensando, no se notaba nada por fuera.
Por supuesto, lo mismo ocurría con Woo-hyun.
Una vez que el empleado cerró la puerta y salió, Woo-hyun le dedicó una sonrisa
radiante a Gong Ju-han.
“¿Le gusta el vino?”.
“No especialmente. No soy muy aficionado al
alcohol. Simplemente me gusta el ambiente de este lugar”.
“Es cierto que el ambiente es bueno. Con el
árbol y todo”.
Gong Ju-han rió suavemente y bajó la mirada.
Al hacerlo, sus largas y densas pestañas capturaron la atención de Woo-hyun. De
cerca, su rostro era tan impecable que resultaba increíble que no fuera una
celebridad.
“¿A usted le gusta beber, Woo-hyun?”.
“Sí. Bebo de todo con moderación”.
No es que disfrutara bebiendo, pero mintió un
poco haciendo uso de su sociabilidad. Su experiencia trabajando en talking bars
(Bares de conversación) y en casi todos los empleos de servicio que había
tenido le permitían soltar halagos y frases de cortesía hasta con los ojos
cerrados. Al tener que beber siempre en situaciones incómodas para complacer a
otros, no sabía si las reuniones sociales eran divertidas ni le encontraba el
gusto al alcohol. Como no podía permitirse emborracharse, siempre estaba en
tensión, por lo que tampoco entendía eso de que sentirse ebrio era agradable.
En cuanto terminó de hablar, entró el empleado
para servir un steak tartar (filete tártaro) de ternera coreana y explicar los
detalles del vino. Mientras escuchaba por un oído fingiendo interés, vio la
comida y recordó que lo único que había comido en todo el día era un plátano.
Debido al dolor de cabeza, no tenía apetito y salió de casa con un plátano en
la boca. Pensó que volvería pronto y cenaría temprano, pero terminó pasando el
día en ayunas.
Tenía hambre, pero Woo-hyun no tocó la comida.
La sensación de ardor en el estómago le recordaba al talking bar, lo que
irónicamente le hacía sentir más tranquilo. Solo tenía que hacer lo de siempre.
“Pensé que tendrías novia, me ha sorprendido”.
Dijo Gong Ju-han cuando volvieron a estar
solos.
Woo-hyun dudó si eso significaba que lo creía
heterosexual o si era un cumplido sobre su atractivo, así que optó por dar la
respuesta que alguien interesado en él querría oír.
“¿Ah, sí? Es que hace bastante que no salgo
con nadie”.
Era cierto; desde que salió con un chico que
conoció en el ejército durante seis meses tras el servicio militar, no había
vuelto a tener pareja. Sobrevivir ya era bastante difícil como para interesarse
en el amor apasionado, ya fuera dándolo o recibiéndolo. A veces tenía
encuentros de una noche si sentía deseo sexual, pero incluso eso lo había
dejado hacía tiempo.
Incluso los amantes de una noche hacían
demasiadas preguntas. En algún momento, sintió que tener que hablar de sí mismo
solo por sexo era agotador. Masturbarse era suficiente para aliviar su deseo.
Una vez, una mujer con la que se acostó le
preguntó si no había sido famoso en redes sociales cuando era niño. Esa noche,
Woo-hyun buscó su antiguo usuario después de mucho tiempo. A pesar del paso de
los años, quedaban fragmentos de videos dispersos en diferentes resoluciones y
calidades. También había fotos de cuando hacía directos en internet. Como sus
padres no le daban de comer si no era frente a la cámara, siempre hacían
mukbangs en familia; encontró una imagen capturada de cuando estaba en
primaria, comiendo fideos jjajangmyeon vorazmente con la salsa manchándole toda
la boca.
(NT: Mukbangs: Tendencia de internet originada
en Corea del Sur que consiste en transmitir en vivo o grabar un video mientras
una persona ingiere grandes cantidades de alimentos.)
Sucedió hace mucho tiempo. Había pasado tanto
tiempo que incluso se sentía como si fuera otra persona. Tras llegar a esa
conclusión, cerró la ventana de búsqueda y nunca más volvió a mirar. Vivió sin
tener encuentros de una noche y sin hacer nuevos amigos. Estaba tan ocupado que
no tenía tiempo para aburrirse.
Gong Ju-han esbozó una pequeña sonrisa y
levantó su copa. Woo-hyun estaba nervioso porque no había hecho esto en mucho
tiempo, pero pensó.
No es como si nos volviéramos a ver; charlemos
mezclando algunas mentiras y luego despidámonos. Cuando llegue a casa, tengo
que probar a leer el guion con un tono diferente.
Woo-hyun le devolvió la sonrisa mientras
chocaban las copas.
“Aparte de Dae-shik, ¿qué otros papeles ha
interpretado?”.
Woo-hyun, que planeaba responder con algo
inventado, abrió mucho los ojos ante la pregunta inesperada. De los nervios,
terminó manteniendo demasiado vino en su boca mientras intentaba ganar tiempo.
Pensó que la conversación sobre citas
continuaría, pero resultó ser sobre trabajo. Se preguntó si sería porque la
profesión de actor le resultaba curiosa. Woo-hyun recorrió con su lengua el
interior de su boca, empapada con el fragante aroma de la uva. Podía hablar
todo lo que quisiera sobre sus personajes. El problema era que no tenía mucho
que decir.
“Incluso si se los digo, no los conocerá. Hice
muchos papeles sin nombre. Transeúnte 1, Detective 3, cosas así”.
“Cuénteme. Yo les pondré nombre”.
“¿Que usted les pondrá nombre?”.
“Seguro que puedo ponerles nombres mejores que
‘Dae-shik’”.
Gong Ju-han apoyó la barbilla en una mano y
frunció el ceño con picardía. Luego, fingió pensar profundamente antes de mover
los ojos para encontrar su mirada. Ponerle nombre a un extra que pasa de
largo... El hombre que hace unos minutos parecía difícil de abordar, en ese
instante le pareció tierno. ¿Tendría Ji Young-hyun ese mismo sentido del humor?
Gong Ju-han curvó la comisura de sus labios
mientras miraba a un Woo-hyun sonriente.
“Pero, ¿no es su apariencia demasiado
llamativa para hacer de transeúnte? En el buen sentido”.
“Jaja, no importa porque mi cara no sale lo
suficientemente cerca en pantalla. Aunque, bueno... a veces siento que mi
apariencia es un obstáculo”.
“¿Por ejemplo?”.
“Me gustaría hacer papeles de matón o
estafador, pero no me los dan”.
Gong Ju-han, que lo miraba fijamente, ladeó la
cabeza. Tras observarlo con los ojos entrecerrados, le preguntó.
“Siento que lo haría bien, ¿por qué no se los
dan?”.
“Es la primera vez que escucho eso”.
“Diga algo malo”.
Las pupilas de Gong Ju-han brillaron con una
luz traviesa. Probablemente lo dijo sin mucha intención, pero debido a su voz
profunda, se creó una atmósfera extrañamente peligrosa. Woo-hyun memorizó la
expresión y la voz de Gong Ju-han al decir eso. Quería intentar actuar con un
tono similar más tarde, durante la lectura del guion.
“Incluso una línea de diálogo está bien. Lo
que sea que se le ocurra”.
Ante la insistencia, de repente recordó a Kim
Kyung-chan. Como era reciente y tenía pocos diálogos, los había practicado
tanto que se le habían quedado pegados a la lengua. Mientras recordaba a Kim
Kyung-chan y los sentimientos de un hombre consumido por los celos y la
inferioridad frente a su exnovia, la mirada de Woo-hyun se volvió gélida.
Woo-hyun soltó una risa seca y levantó la barbilla.
“Nunca te he amado. Solo estaba jugando
contigo”.
La sonrisa desapareció lentamente de los
labios de Ju-han. Abrió la boca para decir algo, pero tras dudar un momento,
preguntó.
“¿De dónde es esa línea?”.
“Simplemente dije lo primero que se me ocurrió”.
Como no quería explicar la historia de la
cancelación de su casting, respondió vagamente y cambió de tema preguntándole
si le había parecido bien. Gong Ju-han asintió con expresión seria.
“Ya veo. Por un momento, estuve a punto de
enojarme”.
Ante esas palabras, una risa genuina brotó de
nuevo. No por obligación, sino embriagado por el ambiente, terminó de beber el
vino que quedaba en su copa. Normalmente se ponía tenso para mantener la
sobriedad mientras bebía, pero sin darse cuenta, parecía estarse relajando un
poco.
Céntrate.
Mientras intentaba recomponerse mentalmente,
Gong Ju-han preguntó.
“¿No le gusta la comida cruda?”.
“No”.
“Como no ha comido nada... Si no es de su
gusto, ¿pedimos otra cosa?”.
Parecía que lo había estado observando no
tocar ni el tartar ni las ostras. Como había escuchado hasta el cansancio que
tocar la comida de la mesa te hacía ver codicioso y fuera de lugar, había
desarrollado el hábito de no comer aunque el cliente se lo ofreciera. Aunque
esto no era un *talking bar* y Gong Ju-han no era un cliente, no le sentaba
bien la comida que no hubiera pagado con su propio dinero.
“Me gusta. Es solo que... estoy a dieta”.
Woo-hyun dio la primera excusa que se le
ocurrió y probó un poco del tartar. Como la porción era pequeña de por sí,
sintió que con eso ya había cumplido con su parte. Gong Ju-han, que miraba
fijamente a Woo-hyun mientras este dejaba los cubiertos, murmuró.
“Dae-shik come muy poco”.
¿Cuánto tiempo hacía que nadie lo llamaba
Dae-shik? Se rió al recordar cuando vivía como Dae-shik en el set de rodaje. En
aquel entonces, para ser Dae-shik, comía mejor y más cantidad en casa. Aunque
él vivía así a solas, nadie en la realidad lo había llamado nunca Dae-shik. Ese
simple comentario le hizo sentir un ligero cosquilleo en el corazón.
Vaciaron la segunda y la tercera copa.
Contrario a lo que esperaba de un narcisista, Gong Ju-han no dirigió la
conversación de forma egocéntrica ni habló únicamente de sí mismo. Tampoco
intentó indagar en su vida privada ni cruzó ninguna línea.
Sorprendentemente, Woo-hyun se sentía cómodo.
Hacía mucho tiempo que no se sentía así de relajado conversando con alguien.
Woo-hyun seguía sonriendo cuando Gong Ju-han dejó su copa vacía y sacó el
siguiente tema.
“Siendo actor, supongo que ve muchas películas
y dramas”.
“Así es. Es mi único pasatiempo”.
“¿Qué género le gusta?”.
“Eh... veo muchos dramas humanos”.
Resultó ser una respuesta honesta. Olvidando
que pensaba responder con evasivas, Woo-hyun continuó.
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“Historias donde al final los personajes
crecen y sanan. También me gustan las películas con puntos emotivos claros. Si
el director diseña una escena para que llores, yo lloro sin falta”.
“¿Llora con facilidad?”.
Ante la pregunta, se dio cuenta demasiado
tarde.
¿Estaré borracho?
Había dicho algo innecesario.
“No suelo llorar por mis propios problemas,
pero creo que lloro mucho viendo películas o dramas. ¿Y usted... Ju-han? ¿Gong Ju-han?”.
Se sentía demasiado familiar llamarlo por su
nombre sin el apellido, así que lo añadió tarde. Debido a eso, su intento de
cambiar de tema resultó un poco torpe. Gong Ju-han soltó una risita y se
encogió de hombros.
“¿Que si lloro con facilidad? No sé, ¿qué le
parece a usted?”.
“No. Me refería a qué género le gusta”.
Parecía que el vino no le estaba sentando
bien. Nunca se le había trabado la lengua por mucho que bebiera. Sintió que su
rostro se calentaba, pero mantuvo una expresión serena. Por suerte, era de los
que se ponían pálidos al beber.
Tras pensar un momento, Gong Ju-han respondió
con cautela.
“Yo... creo que veo romances con relativa
frecuencia”.
“¿De verdad? Pensé que le gustarían los
thrillers criminales”.
“¿Por qué? ¿Visto de forma muy lúgubre?”.
No lo dijo con mala intención, pero como no
pareció sonar como un cumplido, Gong Ju-han tomó el florero que estaba al borde
de la mesa y lo puso frente a él. Como su traje era negro y la luz era escasa,
las flores añadieron un toque de color.
Sobre las flores rojas, Gong Ju-han sonrió con
un rostro aún más deslumbrante.
Gong Ju-han tenía, inesperadamente, bastante
sentido del humor. Woo-hyun era bueno diciendo lo que el otro quería oír y
siguiendo el ritmo, pero el humor era otra cuestión. Era algo con lo que se
nacía. Ji Young-hyun, según el guion, también tenía respuestas agudas y hacía
bromas, demostrando rapidez mental. Parecía que Ji Young-hyun también se
ganaría el afecto de alguien nuevo con mucha facilidad, aunque fuera un
desastre en sus relaciones amorosas.
Gong Ju-han no exageraba sus músculos faciales
ni subía el tono de voz al bromear. Siempre hablaba con voz baja y tranquila,
reía suavemente y daba una impresión traviesa con solo mover ligeramente las
cejas. Siendo Ji Young-hyun también un hombre joven de unos 30 años, este
ambiente le sentaba bien. Decidió que en la lectura de guion intentaría actuar
con menos solemnidad de la que había planeado originalmente.
Woo-hyun, con los oídos atentos a la voz de
Gong Ju-han, preguntó.
“¿Por qué le gusta el romance?”.
“Me divierte porque son historias imposibles”.
Como no entendió el significado de inmediato,
Woo-hyun guardó silencio y Gong Ju-han se rió.
“Eso de actuar como si fueras a darlo todo por
un amor tan increíble... Las emociones están destinadas a desvanecerse con el
tiempo”.
Historias imposibles. Precisamente por eso
Woo-hyun quería vivir dentro de la ficción. Deseaba ser el personaje de una
historia donde, de alguna forma, se crece y se es feliz. Aunque fuera un papel
pequeño sin nombre.
Desde el momento en que entendió y empatizó
con esas palabras, Ji Young-hyun desapareció y Gong Ju-han se volvió nítido.
Eran palabras que alguien que nunca ha estado desesperado no podría decir.
Woo-hyun cerró la boca al sentir la lengua
rígida. Acariciando el borde de su copa vacía con la yema de los dedos, Gong
Ju-han permaneció en silencio un rato. Sus pupilas lo miraban fijamente, como
si quisieran atravesarlo, sin vacilar.
“¿Pasamos del postre? Te llevaré a casa”.
Gong Ju-han se puso de pie con una sonrisa.
Esta vez, la sonrisa no llegó a sus ojos.
Mientras recogía sus cosas para marcharse,
sintió una sensación extraña. No solía sentir arrepentimiento a menos que
estuviera actuando, y le resultó desconcertante sentir eso después de haber
estado sentado conversando durante dos horas. ¿Sería por lo último que dijo?
Quería saber más, tenía curiosidad. No por Ji Young-hyun, sino por Gong Ju-han.
Woo-hyun, que caminaba delante, se detuvo ante
la puerta precisamente por ese sentimiento difícil de explicar. Al darse la
vuelta sin saber qué decir, Gong Ju-han, que lo seguía, se detuvo en seco.
Estaban tan cerca que, si hubiera dado un paso más, sus pechos habrían chocado.
Naturalmente, Woo-hyun levantó la vista.
Siendo él alto, hacía mucho que no tenía que mirar hacia arriba para ver a
alguien.
Gong Ju-han, en lugar de preguntar por qué se
había detenido de repente, simplemente arqueó una ceja en silencio. Ante él
estaba un hombre acostumbrado a comunicarse con gestos mínimos, alguien que
probablemente vivía rodeado de personas que analizaban cada uno de sus cambios
de expresión.
Se preguntó si él también habría tenido alguna
vez un amor por el que quisiera darlo todo; pero aunque sintiera curiosidad,
nunca lo sabría. Woo-hyun descartó rápidamente su curiosidad. Se movían en
mundos diferentes. Incluso los clientes del talking bar ni siquiera lo mirarían
si se cruzaran en la calle.
Justo cuando iba a darse la vuelta hacia la
puerta de nuevo, el brazo extendido de Gong Ju-han rozó su cintura como si lo
rodeara. Woo-hyun, atrapado torpemente en sus brazos al acortarse la distancia
de golpe, dio un paso atrás. Gong Ju-han sonrió tranquilamente mientras lo
miraba desde arriba. Al mismo tiempo, se escuchó el clic de la puerta
abriéndose a sus espaldas.
“Parece que te faltan manos”.
“Ah. Sí”.
Woo-hyun miró sus manos llenas de bolsas de
compras y asintió. Antes se quedaba mirando con las manos en la espalda y ahora
al menos abre la puerta, pensó con una risa interna mientras salía rápidamente
de la habitación.
Al salir del bar de vinos, subieron juntos al
ascensor. Al dejar la luz tenue y estar en un lugar iluminado, recordó de nuevo
a Ji Young-hyun, a quien había olvidado por un momento. Esa era la razón por la
que había bebido alcohol a pesar de que no le gustaba.
Haber reflexionado tanto seguramente le sería
de ayuda. Woo-hyun miró la hora y se despidió.
“Voy a irme en taxi. Muchas gracias por lo de
hoy”.
“Tienes hambre, ¿verdad?”.
Gong Ju-han respondió a la despedida con algo
totalmente inesperado. Y antes de recibir respuesta, pulsó el botón del sótano
1.
El sótano 1 no era el estacionamiento, sino
donde estaba la zona de restaurantes. Gong Ju-han miró fijamente a un Woo-hyun
que lo observaba sin entender nada.
“Tengo algo de apetito. ¿Quieres comer algo
ligero?”.
Después de saltarse el postre, proponer ir a
la zona de restaurantes de repente... No creía que tuviera hambre de verdad;
¿sería porque le daba pena despedirse? Pensó en rechazar la invitación
cortésmente, pero como le pesaba en la conciencia haberse marchado solo
recibiendo invitaciones, decidió acompañarlo.
Aunque sería más caro que su presupuesto medio
para comida, no es que no pudiera permitirse invitar una comida en la zona de restaurantes.
Más que eso, tenía curiosidad por la intención de dirigirse allí de repente
tras haber dicho que lo llevaría a casa. Había varios restaurantes en la planta
del bar de vinos, así que se preguntó si elegir la zona de restaurantes había
sido un gesto de consideración hacia él.
“Invito yo. Coma lo que quiera”.
En cualquier caso, si iban a comer, pensaba
pagar con su dinero. De lo contrario, la comida no le sentaría bien. Gong
Ju-han respondió mientras recorría con la mirada la zona de restaurantes, llena
de olores de diversas comidas.
“Elige tú el menú, Woo-hyun. Casi no has
probado nada de lo que yo elegí”.
¿Habría venido a comer de nuevo porque eso le
preocupaba? Las palabras que lanzaba con naturalidad eran detallistas y
amables. Woo-hyun se esforzó por no pensar demasiado y movió la vista
rápidamente para elegir el menú.
“¿Quiere comer panecillos?”.
“Me parece bien”.
Eligió un lugar donde el olor fuera menos
intenso y la distancia entre las mesas fuera relativamente grande. Además, los
modelos de panecillos en exposición se veían bastante apetitosos.
“Yo pediré y traeré la comida, usted quédese
sentado”.
Dijo Woo-hyun sacando una tarjeta. Gong Ju-han
echó un vistazo fugaz a la tarjeta y se dio la vuelta para buscar una mesa
vacía y sentarse.
“Un panecillo de salmón y uno de gambas, por
favor”.
Había ayunado tanto que le apetecía algo
frito. Al llevar una gamba frita entera, el tamaño de ese panecillo era mayor
que los otros. Se relamió e iba a entregar la tarjeta que sostenía, pero al
darse cuenta de que era la tarjeta negra de Gong Seo-hyun, la cambió por la
suya propia para pagar.
¿Por qué agarré esta?
Parecía que su mano recordaba la tarjeta que
había deslizado varias veces durante el día.
Cuando regresó a la mesa con los dos platos de
panecillos, Gong Ju-han lo esperaba junto al montón de bolsas de compras.
“¡Buen provecho!”.
Woo-hyun tomó los palillos en cuanto dejó los
platos. La gamba recién frita crujió en su boca. Tras masticar y tragar dos
seguidos, Gong Ju-han, que lo miraba fijamente, puso un trozo de su panecilo de
salmón en su plato.
Como tenía la boca llena, le agradeció con una
inclinación de cabeza. Luego, compartió con él el panecillo de gambas más
grande y suculento. Gong Ju-han pareció un poco sorprendido, como si hubiera
esperado que Woo-hyun solo se limitara a recibir. No dijo nada, pero sus cejas
se suavizaron en una línea redondeada.
Woo-hyun se sintió un poco cohibido. Al haber
hecho la mayoría de sus comidas formales a solas, el simple acto de sentarse
frente a alguien y compartir comida se sentía muy lejano. Lo más reciente había
sido una única comida con Hyun-woo, quien venía de vez en cuando solo para
verificar que no hubiera huido sin pagar su deuda.
El salmón, comido después de tanto tiempo,
estaba delicioso.
“El salmón está riquísimo”.
“Comes muy bien la comida cruda”.
Murmuró Gong Ju-han mientras observaba en
silencio.
Quizás fuera por los carbohidratos tan
anhelados que finalmente entraban en su sistema, pero Woo-hyun asintió sin
pensarlo mucho.
“Sí. Me gusta mucho”.
“¿Entonces lo de la dieta era de verdad?”.
“¿Qué dieta?”.
Solo después de preguntar por inercia recordó
que había usado la dieta como excusa para no probar los aperitivos antes.
Siguiendo la mirada de Gong Ju-han hacia el plato frente a él, vio el enorme panecillo
de gamba frita bañado en salsa mayonesa. Fácilmente tendría unas 600 calorías.
“...Es verdad que estoy a dieta. Tengo que
hacer una audición y me pidieron que bajara 2 kilos antes de ir. Y también
tengo que crecer un centímetro más”.
En su nerviosismo por la contradicción,
terminó soltando tonterías. La comisura de los labios de Gong Ju-han, que se
curvaba cada vez más, no ayudaba. Tras beber un vaso de agua fría de un trago,
a Woo-hyun se le ocurrió una respuesta más lógica.
“Es mi primera comida del día, así que está
bien”.
“Si hubiera sabido esto, te habría traído
directamente a la zona de restaurantes en lugar de al bar de vinos”.
“Es que eran platos desconocidos... supongo
que por eso no me pasaban”.
“Uno debe comer lo que acostumbra; si te
fuerzas, lo más probable es que te siente mal”.
“Come más”.
Dijo Gong Ju-han con una sonrisa en los ojos
mientras le acercaba su plato. En él estaba el panecillo de salmón intacto, del
cual solo había tomado una pieza. Tampoco había tocado el panecillo de gamba
que Woo-hyun le compartió.
‘Uno debe comer lo que acostumbra’. Esa frase
se quedó grabada en su mente. ¿Significaba que lo que Gong Ju-han ‘acostumbraba’
a comer era diferente?
No, probablemente solo vino aquí por
consideración hacia él y quizás él mismo ni siquiera tenía hambre. Al igual que
en el mundo del espectáculo, Woo-hyun llevaba mucho tiempo en trabajos de
servicio y recientemente sirviendo alcohol, por lo que se había vuelto
excesivamente sensible a las palabras que marcan límites o a las señales no
verbales.
“Dame tu teléfono”.
Justo acababa de tragar el resto del panecillo
de gamba. Gong Ju-han sostenía su propio teléfono con una mano y le extendía la
otra a Woo-hyun.
¿Va a pedirme el número?, pensó Woo-hyun
mientras le entregaba el dispositivo. Si al final no le apetecía hablar con él,
bastaba con no contestar o bloquearlo.
Gong Ju-han marcó su número en el teléfono de
Woo-hyun y se lo devolvió tal cual. Podría haber hecho una llamada para obtener
el número de Woo-hyun, pero no lo hizo. Sus modales eran impecables y no
resultaban agobiantes; en el fondo de esa actitud, debía de haber una confianza
absoluta en que no sería rechazado.
Woo-hyun dejó los palillos sin tocar el panecillo
de salmón.
Finalmente, decidió regresar a casa en el
coche de Gong Ju-han. Después del gasto imprevisto, sumarle el costo del taxi
que sería mayor de lo habitual debido a la nieve y al tráfico tras la hora
punta, hacía que su promedio de gasto diario se disparara, algo que no le hacía
sentir cómodo.
Por supuesto, la elocuencia de Gong Ju-han
también influyó.
En lugar de su dirección exacta, Woo-hyun dio
el nombre de una estación cercana. Su casa estaba subiendo una colina por un
callejón estrecho, y le parecía incómodo pedir que lo llevaran hasta la puerta.
Le preocupaba que el suelo estuviera resbaladizo por la nieve, pero como no
estaba lejos de la estación, pensó que estaría bien.
“¿Te gusta la nieve?”.
Preguntó Gong Ju-han mientras miraba por la
ventana. Antes de que pudiera responder, Ju-han rió al leer su expresión de
desinterés.
“No te gusta. A mí tampoco me hace mucha
gracia”.
“¿Es porque cuando se derrite se vuelve negra
y pegajosa?”.
“Porque es resbaladiza. Si te resbalas, te
haces daño”.
Fue una respuesta inesperada. Alguien como él
podría vivir perfectamente sin tener que caminar jamás sobre la nieve si no
quisiera. Woo-hyun apoyó la cabeza lateralmente en el asiento y preguntó.
“¿Alguna vez se ha lesionado por resbalar en
la nieve?”.
Gong Ju-han guardó silencio y no respondió.
Sin darse cuenta, la curiosidad de Woo-hyun volvió a asomar y lanzó una
pregunta innecesaria. ¿Qué me pasa hoy?, pensó, y cambió de tema rápidamente.
“Mi casa también está en una colina, así que
tengo que tener cuidado”.
“Entonces debería llevarte hasta la puerta, no
a la estación”.
“Está muy cerca de la estación”.
“¿Y si te resbalas y todas tus compras salen
rodando colina abajo y los transeúntes las recogen y huyen?”.
“Eso ya es echarme una maldición”.
Al reírse por lo absurdo del comentario, Gong
Ju-han se encogió de hombros con descaro.
“El chófer estará esperando adelante, así que
de todos modos no podré quedarme mucho tiempo”.
“¿No puedo entrar un momento solo para saludar
e irme?”.
Continuó, con una voz tan baja que solo
Woo-hyun pudo oírla.
¿Será que vamos a besarnos? Woo-hyun no pudo
responder de inmediato y vaciló. Como dijo Gong Ju-han, había un chófer
esperando, así que la estancia sería breve, pero el hecho de dejar entrar a un
extraño en su espacio personal era algo tan raro que le costaba decidirse.
Woo-hyun miró al hermoso hombre que tenía
enfrente, a quien probablemente no volvería a ver. Al escrutar esas pupilas que
aún despertaban su curiosidad, recordó fragmentos de su conversación llena de
risas.
“Está bien, entonces”.
Los labios vacilantes finalmente se abrieron.
‘Le llamaré’. Con esa frase de Gong Ju-han, el
chófer se marchó con el coche hacia algún lugar. Woo-hyun se lamió los labios
secos mientras miraba de reojo las luces traseras alejándose. Quizás fue una
decisión tomada al ver lo estrecho del callejón, por donde apenas cabía un
coche, pero el hecho de que hubiera enviado al chófer a otro sitio le ponía
extrañamente nervioso. Parecía que planeaba quedarse más tiempo del esperado.
¿Debería ofrecerle algo? No tenía ni una
triste bolsa de té en casa. La única fruta que tenía eran unos plátanos
colgados, e incluso esos ya estaban demasiado maduros y llenos de manchas
marrones. ¿Habría dejado la habitación limpia al salir? ¿Habría guardado el
tendedero? Durante el breve trayecto desde el coche hasta su casa, Woo-hyun
intentó visualizar con esfuerzo el último estado en el que dejó su hogar.
En el silencioso callejón se escuchó el leve
arrastre de unos zapatos de cuero negros. Woo-hyun reguló su respiración
lentamente y miró a Gong Ju-han, que estaba frente a su casa. La nieve que caía
se posaba suavemente sobre su cabello negro y se derretía al instante.
Era una imagen que no encajaba en absoluto. Al
ver a Gong Ju-han inspeccionando el edificio multifamiliar en silencio, a
Woo-hyun le invadió un arrepentimiento tardío. No se volverían a ver y no
tenían ningún asunto pendiente; se sentía un tonto por haber hecho esto solo
por la posibilidad de un beso que ni siquiera sabía si ocurriría.
“Es por aquí”.
Ya era tarde para echarse atrás. Woo-hyun
señaló el camino. El piso superior, iluminado, era la casa del dueño; para
llegar al semisótano donde vivía Woo-hyun, había que bajar unas escaleras. Bajó
frotando la suela de sus zapatillas contra el suelo por miedo a resbalar. Miró
un poco hacia atrás, pero Gong Ju-han ni siquiera lo miraba a él; estaba
ocupado observando los alrededores.
Quizás estaba desconcertado porque la realidad
era distinta a sus expectativas. Después de comprar tantos artículos de lujo,
que su casa fuera tan humilde podría haberle decepcionado, y Woo-hyun lo
entendería. No sentía la necesidad de dar explicaciones. Si el interés del
hombre se había esfumado, se marcharía por su cuenta.
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Al pensar así, se sintió más tranquilo.
Woo-hyun sacó la llave de su cartera y abrió la puerta. Como la caldera se
había congelado hacía apenas un par de días, al entrar sintió un frío gélido.
Dejó las bolsas, encendió la luz y el interior de la casa quedó totalmente a la
vista.
“Hace un poco de frío”.
El suelo que pisó tras quitarse los zapatos no
estaba ‘un poco frío’, estaba como el hielo. No era un ambiente apto para
invitar a nadie. Al darse cuenta de esa realidad evidente, sintió como si el
frío que subía desde las plantas de sus pies le llegara hasta el pecho.
Desde la entrada, Gong Ju-han observó
lentamente cada rincón: desde el techo hasta el suelo. Desde la estantería que
le llegaba a la cintura junto al zapatero con pequeños objetos encima, hasta la
alfombra con forma de perro que delimitaba la cocina, el calentador rojo, la
ventana de semisótano por la que se veía la calle, la maceta y el montón de
bolsas de marcas de lujo acumuladas. No dijo ni una palabra durante toda la
inspección. Era como si estuviera admirando un paisaje inesperado.
Woo-hyun visualizó claramente la imagen de
Ju-han dándose la vuelta para irse tras pedir disculpas. Mientras miraba a Gong
Ju-han, quien no había hecho contacto visual ni una sola vez desde que
entraron, Woo-hyun esperó ese momento.
Finalmente, los ojos de Gong Ju-han se
entrecerraron en una sonrisa.
“Vives en un lugar muy limpio y bien cuidado”.
Su mirada, que antes estaba fija en el moho de
la pared, se dirigió a Woo-hyun al instante siguiente. El hombre sonreía con
una expresión que Woo-hyun no había visto antes.
“Se nota que es un espacio que aprecias”.
Esa mirada se sentía como la de una persona
distinta a la que había visto todo el día. Ya no quedaba rastro de la picardía
afectuosa ni en sus ojos ni en su voz. Woo-hyun lo observó en silencio,
intentando descifrar sus intenciones. Tenía los dedos de los pies tan encogidos
y fríos que ya no los sentía.
“Dicen que los estafadores no tienen sentido
de la vergüenza. ¿Es verdad?”.
“...”.
“Si fuera yo, habría inventado cualquier
excusa para no dejarme entrar aquí”.
Estafador. Al oír esa palabra familiar,
Woo-hyun pensó automáticamente en los cobradores de deudas. Aunque fue hace
años, antes de mudarse aquí, a menudo venían personas a las que sus padres
debían dinero para desahogarse con él. Gritar era lo más suave; algunos tiraban
ladrillos a las ventanas o untaban excrementos de perro en la puerta.
Sin embargo... tras repasar el día de hoy,
Woo-hyun descartó esa idea. Un cobrador de deudas no tendría motivos para
fingir amabilidad invitándole bebidas caras. Cuanto más recordaba la
conversación que habían tenido, menos sentido tenía esa posibilidad.
“¿Eres gay?”.
Gong Ju-han ladeó la cabeza y dio un paso
hacia él. Había algo extraño en la forma en que pronunció la palabra ‘gay’.
Justo cuando se dio cuenta de que la sonrisa en sus labios era de burla, Ju-han
añadió.
“¿O es que tienes mucho estómago cuando hay
dinero de por medio?”.
La comprensión llegó lentamente. Gong Ju-han
estaba indignado con él. Al ver el contraste entre la casa humilde y las
compras de lujo, parecía que su decepción se había transformado en ira en la
misma medida en que antes había sentido interés. No había otra forma de
explicar ese cambio repentino de actitud.
‘Dicen que los estafadores no tienen sentido
de la vergüenza’.
Al darse cuenta de que esas palabras iban
dirigidas a él y no a sus padres, irónicamente, Woo-hyun sintió vergüenza.
No por tener una casa fría y pobre, ni por la
rabia de que lo consideraran un tonto lleno de vanidad, sino porque durante
todo el tiempo que estuvieron sentados riendo, su corazón se había acelerado.
Había querido intercambiar unas palabras más antes de despedirse para siempre
de alguien con quien había disfrutado genuinamente. Como no era común que
tuviera motivos para reír de corazón, su soledad habitual se le había antojado
más solitaria de lo normal. Este era el castigo por haberlo dejado entrar en su
casa sabiendo que, inevitablemente, terminaría decepcionado.
“Si tanto te molesta, te devolveré el dinero
de las copas. Dame tu número de cuenta”.
Woo-hyun sacó su teléfono para hacer la
transferencia. Prefería devolver el dinero rápido y que se fuera antes que
pelear. Tendría que darle todo el dinero que tenía, pero no le importaba.
En lugar de responder, Gong Ju-han dio un paso
más. Sus zapatos, que aún no se había quitado, dejaron huellas en el suelo de
la habitación. Al haber caminado sobre la nieve, dejaron una humedad pegajosa.
“Quítate los zapatos”.
Lo ordenó entre dientes, pero Gong Ju-han ni
siquiera parpadeó. A medida que la vergüenza se disipaba, la ira empezó a
hervir en su interior.
Maldito maleducado.
Woo-hyun acortó la distancia de golpe y empujó
con fuerza el pecho de Gong Ju-han.
“¿Qué pasa? ¿Te has dado cuenta de que no
estamos al mismo nivel y te has enojado? ¿Sientes que has perdido tu tiempo y
tu dinero?”.
“...”.
“¿Me vas a llamar estafador solo por haberme
invitado a una copa? Parece que tú tampoco eres para tanto”.
Woo-hyun abrió la puerta de par en par, puso
un pie en el umbral para que no se cerrara y tiró de Gong Ju-han para sacarlo.
Al mirar hacia arriba a aquel hombre que estaba a una distancia donde sus
respiraciones se cruzaban, recordó que hace solo unos minutos se imaginaba
besándolo y soltó una carcajada de incredulidad.
Si lo veía como a alguien cegado por el dinero
y la vanidad, pues actuaría como tal. Era más fácil actuar así, como si fuera
el problema de otra persona.
“Yo no tengo tanto estómago, y no creo que
seas alguien a quien merezca la pena aguantar”.
Así que lárgate. Esa era su intención al
echarlo. Si no fuera porque un puño voló directo a su cara.
“¡Argh!”.
Se escuchó un golpe seco y su nuca impactó
contra la puerta. Un dolor punzante se extendió y sintió calor en su nariz
antes de que empezara a sangrar.
La cara no.
Ese fue su primer pensamiento mientras se
cubría la nariz y la boca con las manos, justo antes de recibir una patada en
el pecho. Woo-hyun cayó sobre el suelo de hormigón cubierto de nieve.
“¿Por qué te pones así? Todos los de tu calaña
hacen este tipo de montajes, ¿no?”.
“¿Te duele que te hayan atrapado?”.
Gong Ju-han se acuclilló a su lado con una
sonrisa. Woo-hyun se incorporó rápidamente mientras se limpiaba la nariz
ensangrentada con el dorso de la mano.
Lo habían golpeado. La rabia le hizo apretar
los puños con fuerza, pero resistió desesperadamente. Ya tenía la nariz
sangrando y el labio partido. Tenía que ir a la lectura de guion y trabajar en
el talking bar; no podía permitirse hacer nada que le causara más heridas en la
cara.
Al oírle hablar de ‘montajes' (gong-sa,
término usado en el mundo del entretenimiento nocturno para referirse a estafas
sentimentales por dinero), se preguntó si sería un cliente del talking bar. Si
lo fuera, lo recordaría sin duda. Incluso si no fuera su cliente, alguien con
esa apariencia tan llamativa habría sido el centro de todos los rumores.
Por donde quiera que lo mirara, era un hombre
al que acababa de conocer hoy. Gong Ju-han, observando el rostro confundido de
Woo-hyun, murmuró para sí mismo.
“Quería ver hasta dónde llegabas, y al final
me dejaste entrar hasta aquí”.
Luego, sacudió levemente la cabeza y se puso
de pie. Su rostro, mientras lo miraba desde arriba, ya no sonreía.
“Devuélvele la tarjeta a Seo-hyun y deja todo
bien claro para que lo entienda”.
“...”.
“El número que guardaste antes es el de mi
abogado. Ponte en contacto con él”.
Con esas últimas palabras, Gong Ju-han se
alejó a grandes zancadas. Se escuchó el sonido metálico de la puerta exterior
al cerrarse y, acto seguido, el ruido de un motor alejándose. Woo-hyun
permaneció tumbado, mirando fijamente el cielo nocturno hasta que el ruido
desapareció por completo. La nieve, fina como el polvo, caía suavemente
empapando su rostro.
Gong Ju-han. Gong
Seo-hyun. Repitió los
nombres alternativamente en voz baja. Una vez que comprendió el malentendido,
los fragmentos de la conversación con Gong Ju-han volvieron a su mente. Masticó
durante un buen rato esos pedazos que, al tener los bordes tan afilados, ya no
le provocaban cosquilleos, y no fue hasta que se apagó la luz de la casa del
dueño de arriba que Woo-hyun entró tambaleándose en su casa.
Woo-hyun, que se quedó de pie en la entrada
mirando distraído las huellas de zapatos que quedaban en el suelo, se dirigió
lentamente hacia el baño. Su aspecto reflejado en el espejo era incluso más
deplorable de lo que imaginaba. Mejillas hinchadas y manchadas de sangre nasal,
labios partidos de un rojo vivo y ojos oscuros y apagados. Intentó evocar la
imagen de Ji Young-hyun, pero el hombre desastroso del espejo era, sin duda,
Song Woo-hyun.
Woo-hyun se lavó la cara con agua fría, se
aplicó pomada en los labios y se acurrucó en el suelo, apoyando la mejilla
contra la superficie para que bajara la hinchazón. De pronto, en un rincón de
su campo visual, vio un plátano rodando por el suelo. Parecía haberse caído del
gancho donde estaba colgado, la parte que tocaba el suelo estaba oscura y
blanda.
***
“Haah”.
Woo-hyun soltó un largo suspiro y forzó la
vista. Hacía media hora que había llegado a la estación más cercana a la
empresa para la lectura del guion, pero desde entonces no había hecho más que
mirar fijamente el espejo en el baño de la estación. Aunque se acercaba la hora
de irse, no lograba dar el primer paso.
Las líneas que había leído una y otra vez
estaban grabadas en su mente. Como siempre, se había esforzado al máximo
analizando al personaje y dedicándose al ensayo. Sabía exactamente con qué tono
y de qué manera actuar. Si le preguntaran sobre Ji Young-hyun, tendría mucho
que decir. Pero... Woo-hyun miró fijamente su propio rostro en el espejo.
El hombre frente a él no se parecía en nada a
Ji Young-hyun.
Un traje barato, mejillas con la hinchazón aún
presente y labios con costras. Por más que intentara poner una expresión
descarada, era inútil.
‘Dicen que los estafadores no tienen sentido
de la vergüenza’.
En el momento en que bajaba la guardia, la voz
de Gong Ju-han de aquel día rondaba sus oídos con insistencia. Al levantar la
cabeza para escapar de la alucinación, se encontraba con su propia imagen, que
en lugar de mostrar al hombre arrogante criado en la abundancia, revelaba
crudamente sus carencias.
“Maldita sea”.
Woo-hyun estuvo a punto de darse unas
palmaditas en la mejilla, pero se detuvo al recordar que su rostro ya estaba
hecho un desastre. Había pasado por todo, que cobradores de deudas le lanzaran
excrementos, que un director lo golpeara en la cabeza o que le cancelaran un
casting el mismo día y siempre se mantuvo impasible, pero hacía mucho que no se
sentía así de miserable. Hubiera sido mejor que le soltara un puñetazo desde el
primer encuentro; ese bastardo se había esforzado demasiado en fastidiar a los
demás. Seguramente lo sedujo de la misma forma porque pensó que él era quien
había estafado a su hermana.
Ya verás. No voy a dejar pasar esto.
Estar furioso le ayudaría más a interpretar a
Ji Young-hyun que quedarse atrapado en la miseria. Maldiciendo a Gong Ju-han
para sus adentros, Woo-hyun salió del baño. Mientras caminaba de la estación a
la empresa, intentó andar con determinación. Caminó con el rostro golpeado bien
alto; todos lo miraban, pero él no bajó la cabeza.
Al llegar finalmente a su destino, Woo-hyun
respiró hondo y subió al ascensor. En cuanto las puertas se cerraron y el ruido
ambiental desapareció, su cabeza cayó inconscientemente, pero se esforzó por
levantarla de nuevo.
Puedo hacerlo. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo.
Tras susurrarlo tres veces, el ascensor se
detuvo en el tercer piso.
Nada más salir y mirar a su alrededor, divisó
al director Nam Yi-won. Al fondo del pasillo, en una sala de reuniones no muy
lejos del ascensor, se veía su espalda. Era famoso por ser alto y por su estilo
llamativo, así que Woo-hyun pudo reconocerlo sin verle la cara. Como si lo
estuvieran esperando, a través de la puerta abierta de la sala de reuniones, el
director Nam Yi-won y la guionista Lee Hyun-jin hablaban frente a frente.
Le sudaron las palmas de las manos y el
corazón le dio un vuelco. En ese momento, un hombre pasó mirándolo de reojo; Woo-hyun
estaba tan tenso que incluso esa mirada fugaz le resultó hiriente. En cuanto
entrara, lo acribillarían con miradas que evaluarían su sincronía con Ji
Young-hyun, y le revolvía el estómago tener que presentarse ante ellos con un
aspecto que no cumplía para nada con las expectativas.
A pesar de haber pasado innumerables veces por
el momento de caer en picado hacia la decepción, nunca le resultaba fácil. Woo-hyun
se frotó las palmas sudorosas contra los pantalones y se dirigió a la sala de
reuniones.
“Hola, soy el actor Song Woo-hyun”.
Al hacer una reverencia, todas las miradas se
centraron en él. En un instante, todos guardaron silencio y cayó una pesada
atmósfera. Tanto el director como la guionista y los pocos miembros del equipo
presentes no pudieron ocultar su asombro al ver el rostro de Woo-hyun.
“Vaya”.
La primera en romper el silencio fue la
guionista Lee Hyun-jin. Dejó escapar una risa cínica y se presionó la sien. Woo-hyun
bajó la mirada, incapaz de enfrentarla directamente mientras ella soltaba un
quejido como si le hubiera dado un dolor de cabeza.
“Ya se lo dije, ¿no? Siempre hay una razón por
la que alguien guapo y con buen físico no llega a triunfar”.
Como si no hubiera tenido expectativas desde
el principio, la guionista Lee Hyun-jin se levantó de su asiento y recorrió a Woo-hyun
con una mirada despectiva.
“Dije que no quería trabajar con alguien que
hacía directos en internet desde joven. Esa imagen barata no se va a ningún
lado. ¿Cómo vamos a trabajar con alguien que ni siquiera sabe cuidar su propia
imagen?”.
Tras dejar esas palabras, la guionista
abandonó la sala de reuniones, seguida por los miembros del equipo que salían
uno a uno captando la situación. Woo-hyun, al notar que el director seguía allí
mirándolo fijamente, volvió a inclinar la cabeza para disculparse. Al oír a la
guionista decir que no quería contratarlo desde un principio, supuso que el
director Nam Yi-won había sido quien intentó darle la oportunidad.
“Lo siento muchísimo”.
“Su cara. ¿Qué ha pasado?”.
Woo-hyun se quedó sin palabras ante la
pregunta del director, quien pensó que simplemente se marcharía. No era algo
que pudiera explicar con una sola frase y, además, no quería poner excusas.
Fuera cual fuera el motivo, este lío ocurrió porque intentó meter a un
desconocido en su casa. Además, fue él quien provocó a Gong Ju-han
deliberadamente.
“Hubo una pelea. Me dio una oportunidad porque
me vio con buenos ojos... lo siento”.
“Bueno, no se puede evitar”.
El director Nam Yi-won se encogió de hombros,
se acercó y, de repente, tomó las dos manos de Woo-hyun. Al observar
detenidamente los nudillos, parecía curioso por saber si Woo-hyun había soltado
algún puñetazo. Tras comprobar que sus manos no tenían ni un rasguño, le tendió
el guion.
“Ya que has venido hasta aquí, hagamos la
lectura al menos una vez”.
“Tío, no llores”.
Un niño pequeño se acercó tambaleante y le
tendió un caramelo. Solo entonces Woo-hyun levantó su rostro empapado y se
frotó las mejillas húmedas. Había empezado a llorar y a sollozar desde el metro
de camino a casa, y al bajar para hacer el transbordo, se sentó en un banco
frente a él y siguió llorando. Llevaba tanto tiempo así que sus ojos estaban
tan hinchados que apenas podía abrirlos.
“Esto... tenga”.
Tras recibir el caramelo del niño, una mujer
se acercó y le dio un pañuelo de papel. ‘Gracias’. Su voz estaba completamente
quebrada, por lo que ni siquiera esa corta frase salió correctamente.
Hizo la lectura del guion ante el director Nam
Yi-won tal como había practicado. Curiosamente, sus ojos ardieron más después
de terminar la lectura sin contratiempos que cuando escuchó las palabras
crueles. No era por no haber conseguido el papel, sino porque se dio cuenta de
la razón evidente por la que no podía ser Ji Young-hyun, y eso le indignaba.
Aunque actuara con todas sus fuerzas, como
alguien que nunca ha estado desesperado, no se veía así. Fue una lectura en la
que no pudo engañar a nadie.
Al llegar a casa y lavarse, no le quedaban
fuerzas. Woo-hyun se comió todos los plátanos que estaban a punto de pudrirse y
se acostó sobre una manta que extendió en un rincón de la habitación.
El día estaba inusualmente frío. Encendió el
calentador eléctrico, pero la habitación no se calentaba lo suficiente y sentía
escalofríos. La mirada de Woo-hyun, que recorría la habitación vacía, se detuvo
durante un buen rato en el moho de la pared. Hoy, más que nunca, le resultaba
difícil evadirse a través de la actuación. Al pensar en Ji Young-hyun, en Dae-shik
o en otros papeles secundarios, Gong Ju-han aparecía de inmediato en sus
pensamientos.
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“¡Oye, Song Woo-hyun!”.
Toc, toc, toc. En ese momento, se escucharon
tres golpes en la puerta. Era la voz de Hyun-woo, el hijo del profesor Jang
Myung-jun.
Como le resultaba difícil soportar el
silencio, Woo-hyun caminó tambaleándose y abrió la puerta. Hyun-woo, que tenía
los hombros encogidos por el frío, miró a Woo-hyun y frunció el ceño.
“¿Qué le pasa a tu cara?”.
“Nada. Una pelea”.
“Ya no eres un niño, ¿todavía te andas dando
puñetazos?”.
“Hubo un malentendido”.
“¿Crees que puedes trabajar con esa cara?”.
Eran palabras motivadas por el dinero que
debía cobrar cada mes, pero le agradó que hubiera alguien preguntando por él.
No estaba en posición de discernir si esas palabras similares al consuelo eran
sinceras o no. Recordando el caramelo y el pañuelo que traía en el bolsillo de
su abrigo, Woo-hyun sonrió débilmente.
“Puedo trabajar en el Talking Bar. Dijeron que
solo aceptarían reservas de clientes a los que no les importe, así que no sé
cuánto entrará, pero enviaré todo lo que gane”.
Hyun-woo, que lo miraba con fastidio, soltó un
suspiro.
“Voy a comprar gachas, así que espera”.
“No hace falta”.
“Cállate. Ni se te ocurra enfermar hasta que
pagues todo el dinero”.
“Jaja, de verdad estoy bien. Acabo de cenar”.
Se sentía lleno después de haberse comido
todos los plátanos restantes. Hyun-woo no parecía convencido, pero aceptó en
silencio.
“Entonces me voy”.
“Espera”.
Woo-hyun detuvo a Hyun-woo, que se daba la
vuelta sin mediar palabra, y se humedeció los labios. Era una desfachatez, pero
tenía curiosidad por saber cómo estaba el profesor Jang Myung-jun. ¿Acaso
Hyun-woo no lo habría buscado por culpa del profesor?
“¿Te ha enviado el profesor por casualidad?”.
“No. Mi padre no habla de ti”.
Hyun-woo respondió tajantemente y enfatizó con
mirada severa.
“No contactes con mi padre”.
“...”.
“No esperes que te llame ni le envíes saludos.
Te lo advierto”.
Me voy. Lanzando ese último saludo, Hyun-woo
desapareció rápidamente de su vista. Woo-hyun se quedó parado en la entrada
mirando a la nada, y cuando sintió frío en los pies, volvió a buscar la manta.
Dada la situación, era natural que Hyun-woo
estuviera harto. De repente, recordó un pensamiento inmaduro de su época
escolar y soltó una risa amarga. Había envidiado mucho a Hyun-woo, pensando en
lo bueno que sería que el amable y confiable profesor Jang Myung-jun fuera su
padre. Pensaba: ‘Si inviertes a Woo-hyun sale Hyun-woo, hasta los nombres se
parecen, ¿por qué los padres son tan diferentes?’.
En ese momento, el teléfono parpadeó en la
oscuridad. Era Joo Jae-hyung. Como le había dicho que no tenía tiempo para
verse, le había llevado las cosas directamente a su casa; al parecer, acababa
de abrir el paquete y verlo todo.
Le vinieron ganas de fumar. Woo-hyun tomo el
teléfono con el ceño fruncido.
“Dime”.
—Oye, Woo-hyun. He recibido las cosas. Pero
falta la tarjeta de Seo-hyun. Si se te ha olvidado, ¿quieres que nos veamos
hoy? Como ha sido un error tuyo, me gustaría que vinieras tú aquí.
“Jae-hyung”.
Al interrumpirlo, Joo Jae-hyung pareció
desconcertado y contuvo el aliento. Woo-hyun se echó el flequillo hacia atrás
y, con calma, fue masticando y soltando cada palabra lentamente.
“El hermano de tu novia me confundió contigo y
me pegó, así que ahora no puedo salir a la calle”.
—... ¿Qué?
“Me parece un poco absurdo que por haberle hecho
un par de recados piense eso, ¿tienes alguna idea de por qué puede ser?”.
Le resultaba extraño que lo considerara su
amante solo por haber ido a recogerlos algunas veces. Ante la pregunta lanzada
para ver si sabía algo, Joo Jae-hyung balbuceó durante un buen rato.
—¿Quién sabe? ¿Por qué... por qué habrá hecho
eso...? Sea como sea, tú eres el perjudicado y yo también lo siento, así que le
diré a mi novia para que puedas conseguir una buena indemnización. Si ahora no
puedes trabajar, incluiremos eso también...
“Déjalo”.
El hecho de que se rebajara y adoptara una
postura tan sumisa de inmediato resultaba sospechoso. A medida que la
conversación se alargaba, la irritación aumentaba, y Woo-hyun apretó con fuerza
el teléfono en su mano.
“Necesito escuchar una disculpa directamente
del señor Gong Ju-han. He arruinado una audición y estoy recluido en casa, los
daños no son pocos. Transmíteselo así”.
—No, Woo-hyun. Ese señor no es alguien a quien
se pueda ver así de fácil.
“¿No crees que tú podrás verlo pronto? Viendo
que no usa a nadie y va pegándole a la gente él mismo, parece que no solo tiene
mucho dinero, sino también mucho tiempo”.
—...
“Tú también consigue una buena indemnización”.
Colgó y arrojó el teléfono sobre la manta.
Ignorando las llamadas que seguían llegando, se quedó recostado y sacó el
caramelo del bolsillo del abrigo para comérselo. Mientras el caramelo se
derretía dulcemente en su boca, una rabia contenida burbujeaba en su interior.
***
La comida familiar trimestral era un evento
que no se había cancelado ni una sola vez desde la época de su bisabuelo. El
presidente Gong también otorgaba una gran importancia a este ritual, creyendo
firmemente que el negocio prosperaría solo si todos se sentaban a comer en la
fecha y hora señaladas por un chamán famoso.
Por esa razón, todos los miembros de la
familia Gong tenían que soportar hoy también una comida que les quitaba el
apetito. Ju-han entró en la casa parpadeando con los ojos secos. Aunque el aire
era puro y el jardín amplio, la casa principal siempre le resultaba asfixiante.
Ojalá pudiera vestir ropa cómoda, pero como si
la digestión no fuera a ser ya de por sí difícil, el código de vestimenta era
formal. Mientras tiraba ligeramente de su corbata y cruzaba el amplio salón,
Gong Hee-seong, que estaba sentado apoyado en el sofá, frunció el ceño con una
mueca de asco, como si hubiera visto algo despreciable.
“Ah, joder”.
Luego bebió agua, y la mano que sostenía el
vaso temblaba visiblemente. ¿Había vuelto a las drogas después de decir que lo
había dejado? Su madrastra sufría mucho por tener un hijo tan consentido en ese
estado. Ju-han soltó una risita y pasó de largo.
Al dirigirse a la cocina, vio a Gong Se-young
sentada sola ante la enorme mesa. Ella descubrió a Ju-han y le devolvió un ligero
saludo con la mirada. Gong Se-young, la hija de la esposa legítima Lee Hee-seon
y primogénita, lógicamente no aceptó a Ju-han ni a Seo-hyun al principio, pero
con el paso del tiempo, abrió su corazón lo suficiente como para intercambiar
conversaciones distantes. O más bien, la expresión ‘se dio por vencida’
encajaba mejor que ‘abrió su corazón’.
Ju-han pensaba que tal vez se debía a la gran
diferencia de edad. Gong Se-young era más de diez años mayor que Ju-han, y
Seo-hyun tenía casi la edad de su hija. Al haber heredado y estar gestionando
con éxito filiales importantes, y contando con el sólido respaldo de la familia
de su marido, desde su posición no tenía motivos para ver a los hijos de la
amante, mucho más jóvenes, como competidores. Teniendo un hermano menor que no
paraba de causar problemas, es posible que incluso le agradara Ju-han, quien al
menos en apariencia era ejemplar.
La mirada de Se-young bajó mientras Ju-han se
sentaba justo enfrente.
“¿Has venido?”.
“Sí”.
La conversación se cortó ahí. El hecho de que
no se odiaran como cuando eran niños no significaba que tuvieran una relación
cercana.
De pequeños, no solo la familia, sino incluso
el personal de servicio era frío con ellos. En aquel entonces era doloroso,
pero al recordarlo, entendía sus posturas. Si su propia madre estuviera viva y,
de repente un día, su padre pidiera el divorcio diciendo que quería vivir con
una mujer mucho más joven, él también los habría odiado.
La señora Lee Hee-seon sufrió una grave
enfermedad emocional a raíz de aquello y finalmente luchó contra un cáncer.
Ju-han, recordando que en su última visita ella había perdido mucho peso,
preguntó por cortesía.
“¿Cómo está tu madre?”.
“La semana pasada parecía estar un poco mejor,
pero hoy debe de estar cansada. Le cuesta mucho levantarse”.
“No le gusta nada eso de que nos reunamos
todos para comer. Debe de ser por el estrés”.
“Más bien es porque se ha enterado de que hoy
hay un invitado no deseado”.
“¿Un invitado no deseado?”.
“Park Ji-ho”.
Park Ji-ho era un actor lo suficientemente
famoso como para que casi cualquiera reconociera su nombre. Ahora, entrando en
la mitad de sus treinta, había mantenido una relación de patrocinio con su
padre durante mucho tiempo, desde que era un novato en sus veinte. De entre
todas las celebridades con las que su padre solía juntarse, Park Ji-ho era en
quien más dinero había gastado, y el actor también se había esforzado mucho por
mantener el interés de su padre. Tanto que, al final, terminó siendo invitado
incluso a las comidas familiares.
“Dice que no es un patrocinio, sino que se
aman. Por lo visto, hoy quiere presentarlo formalmente a la familia. Qué gran
romántico nos ha salido”.
Se-young recorrió el rostro de Ju-han con la
mirada y suspiró.
“Al menos es un hombre, así que no podrá tener
hijos. Menos mal”.
Era un lamento sin malicia. Ju-han asintió y
forzó una sonrisa. La situación de tener que comer con Park Ji-ho le revolvía
el estómago, pero no tenía derecho a despreciarlo. Al fin y al cabo, tanto su
madre como él debían de ser seres igual de horribles para Gong Se-young.
Se levantó con la intención de tomar un poco
de aire y regresar justo antes de la comida. Al caminar hacia la entrada, se
cruzó con Seo-hyun, que acababa de abrir la puerta. Parecía que le habían
arreglado el cabello con esmero desde la mañana, Gong Seo-hyun lucía impecable
de pies a cabeza.
Su hermana siempre se vestía con sumo cuidado
para los eventos familiares. Nunca llegaba tarde. Su mirada, su expresión, su
apariencia perfecta... todo en ella anhelaba la atención de un padre que ni
siquiera la miraba, y verla así siempre le retorcía las entrañas a Ju-han.
Al ver a Ju-han, Seo-hyun se detuvo en seco.
Ignorando su mirada afilada y hostil, Ju-han extendió los brazos con una
sonrisa descarada en el rostro.
“¿Te has vestido muy bonita hoy, eh?”.
“¿Te has vuelto loco, de verdad?”.
Ojalá hubieran podido hablar después de la
comida, pero a juzgar por la forma aterradora en que lo miraba, ella no pensaba
dar marcha atrás fácilmente. Ju-han rodeó los hombros de Seo-hyun con el brazo
de forma afectuosa, como si la escoltara, y la guio hacia una habitación de
invitados cercana. Tras comprobar que la habitación estaba vacía, empujó
suavemente a Seo-hyun hacia dentro y le susurró al oído.
“Hoy la pareja de papá se une a la mesa. Entra
por un oído y que te salga por el otro lo que sea que oigas, y ni se te ocurra
hablar con Gong Hee-seong. Parece que ha venido drogado”.
“Pídele perdón a Woo-hyun”.
¿Woo-hyun?
Ju-han parpadeó confundido al no recordar el
nombre de inmediato, hasta que soltó un ‘Ah’. El nombre de aquel tipo del bar
era Song Woo-hyun.
Por supuesto, habría corrido a contárselo todo
a Seo-hyun. No le sorprendía. Ju-han soltó una risita y se dejó caer sobre la
cama de la habitación de invitados.
“¿Es gay, no? En cuanto lo provoqué un poco,
cayó enseguida”.
Si no hubiera cambiado de actitud aquel día,
algo habría pasado sin duda. Aunque Ju-han no tenía experiencia con hombres, el
interés de Song Woo-hyun hacia él era tan obvio que cualquiera con un poco de
intuición se habría dado cuenta.
Parece que el hecho de que su ‘novio’ fuera
gay fue un choque considerable para Seo-hyun, porque de repente empezó a
revolverse su cabello perfecto con desesperación. Incluso pataleó en el suelo,
incapaz de contener su rabia. Ju-han, sentado con las piernas estiradas sobre
la cama, esperó con calma a que Seo-hyun volviera a hablar.
“Song Woo-hyun no es mi novio”.
Murmuró finalmente Seo-hyun entre dientes, con
el rostro encendido.
Como pensó que había oído mal porque ella
había mascullado las palabras, Ju-han arqueó las cejas. Entonces, Seo-hyun
repitió con claridad y énfasis.
“Que no es mi novio. Sabía perfectamente que
ibas a investigar mis antecedentes, así que elegí a un tipo que trabajaba en el
mismo Talking Bar y fingí que era mi novio. Me dijeron que Song Woo-hyun
también trabajaba como actor y que justo no tenía pareja”.
¿Fingir que era su novio?
Ju-han se levantó lentamente de la cama
frunciendo el ceño. Seo-hyun incluso había puesto una foto de Song Woo-hyun en
su perfil y había presumido de su novio actor guapo tanto ante el personal de
la casa como ante él mismo. Nunca lo había engañado de forma tan deliberada,
así que, más que enfado, sintió preocupación por el motivo que habría tenido
para hacerlo.
“¿Por qué dijiste esa mentira?”.
“Porque mi novio... tiene antecedentes
penales, y pensé que no me dejarías verlo”.
“¿Antecedentes?”.
La expresión de Ju-han se endureció de
inmediato ante la palabra ‘antecedentes’. Seo-hyun bajó la mirada, evitando sus
ojos con el rostro congestionado.
“Sabía que si te enterabas de que tenía
antecedentes, no te quedarías de brazos cruzados”.
“Estaba usando tu tarjeta en las tiendas
departamentales”.
“Eso fue... porque temía que vigilaras si
compraba regalos para mi novio, así que le di dinero a él para que fuera a
recogerlos. Si se lo pedía al chófer o a los empleados de la tienda, te habrías
enterado, y mi novio me dijo que Woo-hyun era de confianza y que se lo
encargáramos a él... ¡Ah! ¿Pero cómo se te ocurre ir a verlo en persona? ¿Es
que no respetas mi vida privada? Por eso mentí, ¡sabía que harías algo así!”.
“¿Regalarle dinero a un estafador es tu ‘vida
privada’?”.
Seo-hyun se mordió el labio, sin palabras.
Ju-han miró de reojo el reloj y habló con tono despreocupado.
“Aceptemos que eso sea cierto. Si mentiste tan
deliberadamente, eres tú quien debería pedir perdón”.
“¡Yo también pediré perdón, así que hazlo tú
también! ¿Cómo puedes estar tan orgulloso después de haberle pegado a alguien?
Me han dicho que por tener la cara así no pudo ni ir a su audición”.
Ante esas palabras, Ju-han no pudo evitar
soltar una risa cínica. Retiró la mano que iba a agarrar el pomo de la puerta y
se giró hacia Seo-hyun cruzándose de brazos. Al ver su rostro sonriente,
Seo-hyun abrió la boca indignada.
“¿Te hace gracia?”.
“Si hubiera ido a la audición, ¿qué habría
cambiado?”.
“...”.
“¿Alguien que se toma en serio su carrera de
actor trabaja en un bar de alterne (acompañante)?”.
Por mucho que el mundo del espectáculo y el
del ocio nocturno estén estrechamente ligados, los artistas viven de su imagen.
Alguien con dos dedos de frente nunca habría puesto un pie en un lugar donde se
vende compañía.
“No es un bar de alterne, es un Talking Bar.
Es un sitio donde solo te sientas a hablar”.
Como esperaba, Seo-hyun intentó defenderlo.
Ju-han, que ya sabía perfectamente lo que ella iba a decir, ni siquiera cambió
su expresión.
“Seguro. Hablan mientras sirven copas, van a
sus casas y se meten en la misma cama”.
“¡Oppa!”.
“Tú pagabas dinero para ver al tipo que
conociste allí, ¿o no?”.
“...Le hacía regalos, nunca le pagué para que
me viera”.
Ju-han chasqueó la lengua y se apoyó contra la
puerta. Por el ruido que venía del exterior, parecía que su padre había
llegado. Y con el invitado no deseado.
No había tiempo para esto. Miró fijamente a
Seo-hyun y prosiguió con voz pausada.
“Talking Bar, pub o club de alterne... para
los demás, todos son locales de ocio nocturno. ¿Hasta dónde crees que puede
llegar como actor alguien que prefiere el dinero fácil a cuidar su imagen?”.
“...”.
“Como mucho acabará siendo el marido de alguna
mujer rica. Tipos como esos consideran que su mayor logro en la vida es seducir
a alguien como tú para asegurarse el futuro”.
“Si nuestra difunta madre te oyera decir eso,
¿qué crees que diría?”.
La voz entrecortada detuvo a Ju-han cuando iba
a darse la vuelta. Tras quedarse quieto un momento, levantó la cabeza y su
mirada gélida atravesó a Seo-hyun. En el instante en que Seo-hyun se secaba las
lágrimas que empezaban a brotar, Gong Ju-han ya se había acercado hasta quedar
frente a ella. Entonces, le apartó cariñosamente el cabello detrás de la oreja
y susurró.
“Arréglate el cabello y sal”
Se escucharon pasos más ajetreados fuera de la
habitación. Ju-han le dio unas palmaditas en el hombro a Seo-hyun y salió del
cuarto.
***
—30 millones de wones es una cantidad muy
grande. No es como si le hubiera roto los dientes, solo fue una ligera
hinchazón que ya ha bajado. Además, me consta que sigue trabajando sin
descanso.
Woo-hyun apretó los labios, indignado ante
semejante descaro. Parecía que le estaban diciendo que, como no le impedía
hacer vida normal, aceptara el dinero y se callara. Un tipo que decía ser
abogado lo llamó de repente para hablar de la indemnización, cuando Woo-hyun le
dijo que no quería dinero sino una disculpa, el abogado pareció interpretar que
se estaba quejando de que la cantidad era insuficiente. Le enfurecía aún más
que el número de teléfono estuviera guardado como ‘Gong Ju-han’.
“¿Me está diciendo que prefiere pagar treinta
millones antes que pedir perdón?”.
—...
“Dígale que me da igual el dinero, que venga y
se disculpe en persona. Si no, me pondré en contacto con la señorita Gong
Seo-hyun”.
Como no quería perder más tiempo hablando,
cortó la comunicación y colgó. Por suerte el teléfono no volvió a sonar, porque
si lo hubiera hecho, no habría podido evitar soltar algún insulto.
Tal como decía el abogado, treinta millones de
wones era una suma difícil de ignorar. Normalmente, como su orgullo solía ser
pisoteado a diario, habría aceptado el dinero para pagar sus deudas, pero esta
vez, por alguna razón, se sentía testarudo. No es que fuera a vivir entre lujos
con ese dinero, su rutina de pagar deudas seguiría siendo la misma, pero sentía
la necesidad imperiosa de que Gong Ju-han se disculpara.
“Haaa...”.
NO
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Soltó un largo suspiro y el vaho blanco flotó
en el aire. Otro día que terminaba sin incidentes. Debido a su rostro
lastimado, tuvo pocos clientes con reserva y terminó temprano, pero le alegró
poder cenar a una hora normal. Woo-hyun iba a bostezar, pero se tocó la
comisura de los labios con un respingo. La herida aún no había cerrado del
todo.
La hinchazón había bajado, pero aún era
evidente que lo habían golpeado. De pronto, le pareció extraño que ninguno de
los clientes de hoy le hubiera preguntado qué le había pasado. Aunque se sentía
aliviado por no tener que responder, también le invadió la sensación de que ya
ni siquiera lo trataban como a un ser humano. Últimamente su único contacto con
los demás era en el Talking Bar, y parecía haberse acostumbrado demasiado a ese
tipo de relaciones unilaterales.
Quizás por eso Gong Ju-han no dejaba de
venirle a la mente. Aquella interacción no había sido unilateral, sino
recíproca. Su tono amable, sus bromas que le hacían relajar la tensión...
incluso aquel momento que después de mucho tiempo creyó real, resultó ser falso
al final.
Me apetece algo caliente.
Mientras caminaba pesadamente pensando qué
comer, el teléfono vibró de nuevo. Pensando que sería otra vez el abogado, miró
la pantalla con una mueca de fastidio, pero era un número desconocido. ¿Sería
Gong Ju-han? Solo de pensarlo se le aceleró el corazón por la rabia.
“¿Diga?”.
—Ah, esto... hola. Soy Gong Seo-hyun.
¿Gong Seo-hyun?
Justo acababa de mencionarla en la llamada con
el abogado, ¿sería que le habían pasado el recado tan pronto? Esperó en
silencio y Seo-hyun continuó con voz dubitativa.
—Siento que debo pedirle perdón... Si tiene
tiempo, iré a buscarlo donde sea. ¿Podríamos vernos un momento?
Woo-hyun se detuvo y miró a su alrededor.
Justo en el escaparate de un local frente a él, la foto de una sopa de fideos
con carne parecía muy apetecible.
Seo-hyun debía de estar cerca, porque poco
después de colgar llegó al restaurante. Woo-hyun, que tenía hambre, dejó que
Seo-hyun apenas tocara su comida mientras él terminaba su plato hasta la última
gota de caldo. Mientras Woo-hyun comía en silencio, Gong Seo-hyun, con la
cabeza baja como una criminal, le explicó toda la situación.
Al escuchar toda la historia, le pareció aún
más absurdo. Woo-hyun dejó los palillos y contuvo un suspiro.
“¿No debería haber venido hoy también ese tal
Joo Jae-hyung?”.
“Es que... de repente no contesta a mis
llamadas”.
Al responder, a Seo-hyun se le enrojecieron
los ojos. Parecía que ya había llorado bastante antes de venir, porque tenía
los párpados muy hinchados.
Había pensado que el tipo era simplemente
patético, pero no imaginaba que tuviera antecedentes penales. Si el dueño del
Talking Bar se enteraba, le daría un síncope (desmayo). Woo-hyun le tendió a
Seo-hyun un pañuelo de papel que había sacado para limpiarse la boca. Verla
soltar lágrimas como puños le resultaba tan penoso que, para cualquiera que los
mirara, parecería que él la estaba haciendo llorar.
“No vuelva a ver a Joo Jae-hyung. A ese tipo
solo le interesa su dinero”.
“Creo que ya se ha acabado de todos modos.
Cuando fui a casa, vi que se había llevado todas las cosas que le había
regalado y había desaparecido”.
¿No soy yo quien debería recibir consuelo?
¿Por qué estoy haciendo esto?
Le parecía ridículo, pero que ella se
disculpara incluso inclinando la cabeza hizo que se calmara. Además, el caldo
caliente le había entibiado el cuerpo y se sentía más generoso. Cuando Woo-hyun
frunció el ceño al limpiarse la boca, Seo-hyun lo miró con cautela.
“Sobre lo de la audición... veré si puedo
preguntar a conocidos para ver si puedo ayudarle en algo”.
“Déjelo. Aunque hubiera tenido la cara bien,
me habrían rechazado igual”.
“No es verdad. Le ayudaré sin falta. La verdad
es que no pensé que las cosas llegarían a este extremo. A mi hermano no le
gusta ninguno de mis novios, así que pensé que si aparentaba estar en una buena
relación con alguien decente, dejaría de preocuparse. Nunca imaginé que iría a
buscarlo en persona. Jamás había hecho algo así”.
“¿Y por qué dice que a su hermano no le
gustaba ninguno de sus novios?”.
“Bueno... mi hermano ni siquiera reconocía que
lo mío fueran relaciones amorosas”.
“Si no eran relaciones, ¿entonces qué eran?”.
“Prostitución”.
Ante la impactante respuesta, Woo-hyun abrió
mucho los ojos y Seo-hyun se rió. Verla reír en esta situación, como alguien
que ya se ha resignado a todo, le hizo sentir mal. Joo Jae-hyung tendría el
dinero como objetivo, pero desde el punto de vista de Seo-hyun, ella le daba
cosas porque lo quería. Que su propio hermano la hiriera con palabras tan
crudas...
“Bueno... ¿quiere ir a una cafetería a tomar
algo dulce?”.
Lanzó la propuesta al sentir cierta empatía,
pero Seo-hyun negó con la cabeza. Sorbió por la nariz y soltó un gran suspiro.
“En fin, con el carácter que tiene mi hermano,
será difícil que se disculpe. Yo le pido perdón en su nombre todas las veces
que haga falta. Y de verdad, haré lo que sea con lo de la audición”.
Woo-hyun negó con la cabeza indicando que no
era necesario y volvió a ponerse el abrigo. Aunque Gong Seo-hyun le había
explicado la situación y se había disculpado, no se sentía mucho mejor. Aunque
todo hubiera empezado por culpa de Seo-hyun y Joo Jae-hyung, la persona de la
que realmente quería recibir una disculpa no era de ellos, sino de Gong Ju-han.
Seo-hyun se levantó tras él y lo detuvo con
expresión melancólica.
“No me apetece algo dulce, ¿por qué no vamos a
tomar una copa? Me siento mal por lo ocurrido, yo invito”.
“Ah, es que no me gusta mucho el alcohol”.
“¿Ah, sí? Qué pena. A mi hermano le molesta
mucho cuando uso mi tarjeta en un bar. Quería pedir un montón de whisky caro
solo para sacarlo de quicio”.
Woo-hyun aguzó el oído ante aquellas palabras
murmuradas. En cuanto él regresó de repente a la mesa y se sentó, Seo-hyun se
acercó vacilante y tomó asiento frente a él.
“¿Qué pasa? ¿Quiere comer algo más?”.
“El abogado del señor Gong Ju-han me ofreció
30 millones de wones como indemnización”.
Woo-hyun le hizo escuchar la grabación de la
llamada con el abogado como prueba. Luego, inclinándose hacia una Gong Seo-hyun
que permanecía allí sentada parpadeando distraída, le preguntó.
“¿Podría darme usted ese dinero en su lugar?”.
“... ¿Yo?”.
“Sí. Pero sin decirles nada a su hermano ni al
abogado. No intento cobrar la indemnización por duplicado; incluso escribiré un
documento confirmando que he recibido todo el dinero y que no exigiré más”.
“Ah... sí. Podría transferirle el dinero ahora
mismo, pero...”.
“No. En lugar de una transferencia, prefiero
que use su tarjeta en el Talking Bar donde trabajo”.
“¿Perdón?”.
Gong Seo-hyun lo miró con ojos confusos, sin
entender en absoluto. Woo-hyun esbozó una sonrisa traviesa y ella, tras
reflexionar un momento, pareció recordar sus propias palabras anteriores y
abrió la boca de par en par.
“¿Para sacar de quicio a mi hermano? ¡Woo-hyun,
es usted un genio! ¡Me encanta! Ah, pero tengo prohibida la entrada en ese
local”.
“Si dice que va a gastar 30 millones, la
dejarán pasar. Yo hablaré con ellos”.
“¡Lo haré!”.
“Si es posible, ¿podría pagar de 5 en 5
millones, dos veces por semana, dividido en seis veces? Aunque sea molesto, si
lo hace así, yo le invitaré a comer, al café y la entretendré cada vez que
venga”.
“¡Me parece perfecto!”.
Si pasaba tres semanas seguidas gastando esas
sumas, sería imposible que él no se enfureciera.
Si no respondo a las llamadas del abogado y
desaparezco, ¿podrá aguantar sin venir a buscarme?
Gong Seo-hyun, que tenía los ojos brillantes
de la emoción, borró de pronto la sonrisa y ladeó la cabeza.
“Pero si lo hacemos así, entre comisiones y
demás, no te quedarás ni con la mitad de los 30 millones, ¿te parece bien?”.
Con tal de volver a ver a Gong Ju-han.
Woo-hyun asintió con una amplia sonrisa.
***
A medida que sus horas en el Talking Bar
disminuían, Woo-hyun pasaba su tiempo libre repartiendo perfiles con entusiasmo
y trabajando como peón jornalero. Sus turnos en obras de construcción se
volvieron frecuentes, pero era un trabajo que solía hacer cuando necesitaba
efectivo inmediato, así que le resultaba llevadero. Agotar sus energías físicas
le ayudaba a dormir mejor por las noches y, además, siempre había lugares que
lo contrataban si se ofrecía, por lo que no sentía ansiedad. El único
inconveniente era que, incluso cargando materiales, sentía el gusanillo de
querer actuar.
Últimamente había empezado a ver la serie del
momento, ‘Aquel invierno’. Desde el primer episodio, los personajes
desbordantes de personalidad lo atraparon con una fuerza increíble. Tras
devorar en un santiamén los cinco capítulos emitidos hasta el momento, sintió
un ardor en el pecho. Terminó hojeando de nuevo el guion de ‘Vivir para
destacar’, repasando con nostalgia las líneas de Ji Young-hyun.
Por eso, en cuanto recibió una llamada de su
agencia diciendo que pasara porque tenían ‘buenas noticias’, salió disparado.
Estaba sentado apoyado en la ventana del autobús, comprobando su paga del día,
cuando recibió el aviso y saltó en la siguiente parada. Durante los más de 30
minutos de trayecto en metro hasta la estación de Sillim, se obligó a
permanecer de pie; estaba tan inquieto, entre la esperanza y los nervios, que
no podía quedarse quieto.
No era común que el representante dijera ‘buenas
noticias’, así que se preguntaba de qué se trataría. Ni siquiera cuando
consiguió el papel de Dae-shik, que tenía bastante peso, había oído algo así.
No, incluso un papel secundario con una sola frase estaría bien. Para cuando llegó
al umbral de la humilde oficina de la agencia, apenas había logrado calmar su
emoción y recuperar el sentido de la realidad. A grandes expectativas, grandes
decepciones.
“¿Single Jungle (Selva Solitaria)?”.
Sin embargo, la noticia que el representante
le dio con rostro orgulloso no se parecía a ningún guion que Woo-hyun hubiera
imaginado. Le dijo que lo habían contactado para participar en un programa de
citas llamado ‘Single Jungle’, algo totalmente ajeno a su carrera como actor.
Conocía bien el programa por su fama, pero
jamás había imaginado que acabaría participando en él. Frente a un Woo-hyun que
permanecía allí parado, el representante Park Ki-young empezó a jactarse de su
logro.
“Resulta que coincidí en una cena con la
guionista principal de ese programa, le hablé de ti y le encantó. ¿Lo sabes,
no? Entre los participantes de la temporada pasada hubo uno que se hizo muy
popular y empezó a actuar. ¿Cómo se llamaba... Jackson? He oído que ya lo han
fichado para una película. Será un papel menor, pero menos es nada”.
“...”.
“Lo importante es que el público te reconozca
la cara. Si vas allí, eres amable con las chicas y te editan bien, ¡saltarás a
la fama de inmediato! Sinceramente, ¿dónde vas a encontrar a alguien con tu
cara entre la gente común? Le enseñé tus fotos y la guionista se entusiasmó”.
El representante Park hacía aspavientos, pero Woo-hyun
solo pestañeó sin saber cómo reaccionar. Al notar que no parecía muy
convencido, el señor Park soltó un breve suspiro, se acercó a él y le puso una
mano en el hombro.
“Tu pasado como estrella de las redes sociales
cuando eras joven es digno de mención y, aunque suene mal decirlo... tus padres
fallecieron recientemente. Me dijeron que si logramos plasmar bien esa historia
conmovedora, no habrá nadie con un concepto tan claro como el tuyo. Como era de
esperar de una guionista profesional, en cuanto le hablé de ti, ya tenía
trazada toda la narrativa de tu personaje. Has captado la atención de la
guionista principal de un programa de citas famoso. ¿Sabes lo buena que es esta
oportunidad?”.
Si se trataba solo de fama, ya la había tenido
de joven. Diciendo lo que la gente quería oír y actuando para conseguir
visualizaciones. Aquella rutina de moverse como una marioneta obsesionada con
las reacciones no tenía sentido. Envolver a Song Woo-hyun al gusto del
consumidor para venderlo era un asunto completamente distinto a interpretar a
un personaje en una obra.
“No quiero hacerlo”.
Cuando finalmente habló con voz pesada, el representante
Park le dio varios toques en el pecho con el índice, enfurecido.
“¿Por qué, pedazo de idiota? ¿No quieres
actuar? ¿Crees que te van a dar papeles por la cara? Cuando eres un don nadie,
tienes que hacer cosas que no te gustan. ¿Por qué crees que la gente te va a
contratar?”.
“No quiero llamar la atención de esa manera”.
“¿De esa manera? ¿Estás en posición de elegir?
Te hacen estas ofertas ahora porque eres joven. ¡Ya tienes veinticinco años!
¡Cuando pases de los veintisiete, ya no habrá marcha atrás, imbécil!”.
“No quiero. Seguiré repartiendo perfiles con
más empeño”.
“Es una oportunidad que conseguí rebajándome
ante una persona mucho más joven que yo. Me esfuerzo por ayudarte y ni siquiera
sabes cuál es tu lugar. ¡Uf, lárgate!”.
Incapaz de contener su ira, el representante
Park le lanzó un montón de papeles que había sobre la mesa. Woo-hyun miró las
hojas que revoloteaban tras golpearle la cabeza, hizo una reverencia y se dio
la vuelta para salir.
¡Esto es la rescisión del contrato,
desgraciado!, gritó una voz a sus espaldas, pero él la ignoró y caminó sin
rumbo hasta que su vista se despejó.
¿Cuánto tiempo habría caminado? Cuando
finalmente recobró el sentido y miró a su alrededor buscando la estación, Woo-hyun
escuchó la vibración de su teléfono. Tras dudar un momento mientras movía sus
dedos entumecidos por el frío, sacó el móvil y vio que tenía un mensaje.
Profesor Jang Myung-jun
Voy a divorciarme. Creo que tendré que pagar
una pensión alimenticia.
8:43 PM
Era el profesor Jang Myung-jun.
***
“¿Single Jungle? ¡A mí también me ofrecieron
participar en ese programa!”.
Gong Seo-hyun, con los ojos como platos,
agarró a Woo-hyun por los hombros y lo sacudió. El contacto físico no estaba
permitido en el Talking Bar, y Woo-hyun se preguntó brevemente si la regla se
aplicaba en este caso. Sujetó suavemente los brazos de Seo-hyun y se liberó de
su agarre de forma natural; lo había sacudido tanto que casi se marea.
Aunque aquel encuentro fue planeado para que
un enfurecido Gong Ju-han fuera a buscarlo, tras pasar tiempo juntos, resultó
que se llevaba bastante bien con Gong Seo-hyun. Ella era vivaz, encantadora e
inocente. No porque fuera ignorante, sino porque no había segundas intenciones
en sus palabras ni en sus actos. En cuanto supo que Woo-hyun y ella tenían la
misma edad, empezó a tratarlo con cariño, como si fueran amigos de la infancia
de toda la vida.
“Vamos, come”.
Como Woo-hyun no tocaba el plato de fruta de
temporada que ella le había pedido, Seo-hyun tomó dos fresas, una en cada mano.
Se metió una en la boca y obligó a Woo-hyun a aceptar la otra. Gracias a ella, Woo-hyun
siempre terminaba con el estómago a reventar; como gastaba 5 millones cada vez,
les traían un montón de platos de cortesía, y Gong Seo-hyun nunca comía sola.
Solo después de tragar la enorme fresa, Woo-hyun
pudo preguntar.
“¿Dices que a ti también te ofrecieron
participar?”.
“Sí. Tengo bastantes seguidores en redes
sociales. Recibí un mensaje directo durante la segunda temporada. Me
preguntaron si quería participar con el concepto de ‘heredera de familia rica’
o algo así. Mi hermano dijo que ni se me ocurriera decir tonterías, así que no
fui, pero la segunda temporada fue un exitazo. Si hubiera ido, ahora podría ser
una influencer”.
Woo-hyun sonrió al oír la mención a Gong
Ju-han que surgió de forma natural. Le hizo gracia que hablaran de cosas tan
triviales como el contenido de los mensajes directos, era una historia de
hermanos más normal de lo que esperaba. Aparte de lo despreciable que pudiera
ser, parecía que Gong Ju-han protegía a su hermana de una forma casi excesiva.
Al observar a Gong Seo-hyun de cerca, empezaba a entender por qué.
Con hoy son tres veces, o sea, 15 millones de
wones. Ya se habrá dado cuenta, ¿cómo reaccionará?
Mientras bajaba la mirada hacia su teléfono,
Seo-hyun dijo de repente.
“Lo gracioso es que mi hermano, que antes
decía que ni hablar, últimamente me dice que para andar con gigolós de bar,
prefiere que vaya a un programa de esos y me consiga novio”.
Inmediatamente añadió, como si se hubiera dado
cuenta de su error.
“No lo digo por despreciar. Yo también soy
cliente”.
“Jajaja”.
Woo-hyun no pudo evitar soltar una carcajada y
Seo-hyun se rió con él. Los ojos risueños de ella le resultaron familiares; los
hermanos se parecían bastante.
“¡Vayamos juntos a ‘Single Jungle’! Si voy yo,
llamaré muchísimo la atención por ser rica, así que me mirarán todos, pero yo
pasaré de los demás y solo te seguiré a ti. No hace falta que seamos pareja
oficial. Al final, simplemente recházame con elegancia”.
“Jajajaja, ¿pero qué dices?”.
“Es para compensarte por lo que hice. No es
broma, piénsatelo bien”.
Aunque hablaba con expresión seria, no podía
ser verdad. Woo-hyun se secó una lágrima de la risa y suspiró. Más de la mitad
de sus conversaciones eran disparates de ese tipo y le dolía la barriga de
tanto reír. Seo-hyun, mirándolo de reojo, murmuró.
“Gente como tú es la que debería triunfar”.
‘Gente como tú’. Aquellas palabras resonaron
en él. Le pareció tierno que ya se pusiera de su parte a pesar del poco tiempo
que se conocían.
Claro que lo dice porque no me conoce, si
supiera más de mí se decepcionaría, pensó.
NO
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Woo-hyun saboreó durante un rato el intenso
aroma a fresa que quedaba en su boca. Como aún no estaba acostumbrado a hablar
de sí mismo, siempre que lo intentaba recordaba sus charlas con Gong Ju-han y
terminaba hablando de actuación y personajes. Tras dudar un momento, Woo-hyun
habló.
“Hace poco intenté interpretar el papel de un
hombre rico y exitoso, pero no salió bien. Supongo que no pude entender a
alguien que nació teniéndolo todo y que nunca ha estado desesperado”.
Woo-hyun explicó qué clase de persona era Ji
Young-hyun. Omitió el detalle de que le interesó porque se parecía a Gong
Ju-han. Mientras hablaba, recordó los diálogos de la lectura del guion y empezó
a recitarlos. Las frases grabadas en su mente salían sin trabas, pero seguían
sin resultarle naturales al decirlas.
Seo-hyun, que había escuchado en silencio,
hizo un sonido dubitativo.
“Por muy perfecto que parezca alguien, no
existe nadie que no tenga alguna carencia. Ese rico también debe de tener algo”.
“...”.
“Alguien que realmente se ama a sí mismo y no
echa nada de menos, no hace esas cosas tan malas”.
Woo-hyun asintió lentamente mientras
reflexionaba sobre aquellas palabras. Sentía que empezaba a comprender, aunque
todavía no del todo.
***
“¿Y Joo Jae-hyung?”.
Gong Ju-han preguntó con los ojos cerrados,
recostado en el sofá con las piernas estiradas. Su insomnio crónico había
empeorado últimamente y sentía punzadas en la cabeza. Ya estaba bastante
ocupado con los asuntos de la empresa como para tener que preocuparse por
tantos temas personales. Por más que resolviera uno tras otro, no parecían
disminuir.
“Actualmente está bajo investigación policial
por robo. Como ya tiene antecedentes, no se librará con una simple multa.
Además, debe bastante dinero a sus anteriores novias que nunca devolvió, y una
de ellas tiene registros hospitalarios de haber sido agredida por él, por lo
que se podría añadir el cargo de agresión”.
“Sea lo que sea, asegúrese de que no vuelva a
acercarse”.
“Sí, señor”.
Tras deshacerse de Joo Jae-hyung haciendo que
pareciera que se había marchado robando dinero y objetos, ahora tenía a Gong
Seo-hyun gastando 5 millones de wones cada vez en el mismo bar donde lo
conoció.
La razón por la que Seo-hyun visitaba un bar
donde ya no estaba Jae-hyung debía de ser Song Woo-hyun. Después de insistir
tanto en ir a pedirle perdón en persona, parecía que estaba ayudando a su
facturación por remordimiento. Ju-han respiró con calma y siguió preguntando.
“¿Y Song Woo-hyun?”.
“Tal como usted previó, la señorita Seo-hyun
se está viendo con Song Woo-hyun”.
El secretario Kim mostró unas fotos en su
tableta. En ellas aparecían Seo-hyun y Song Woo-hyun sentados amigablemente en
una cafetería comiendo un gofre con helado. Para colmo, Gong Seo-hyun se cubría
la boca con recato mientras hablaba con él mientras comían.
Era un hábito que nunca le había visto. Debía
de ser algo que hacía cuando quería causar buena impresión a alguien que le
gustaba. Tal vez no era solo una cuestión de remordimiento por la facturación
del local.
Song Woo-hyun no respondía a las llamadas del
abogado. Seguramente pensaba que 30 millones no eran nada comparado con lo que
podía sacarle a ella. Si tuviera malas intenciones y le hiciera daño a
Seo-hyun...
Podría usar a alguien para solucionarlo, pero
debía ser cuidadoso por Seo-hyun. Acababa de quitarle de encima a Joo Jae-hyung
y no podía ir cortando de raíz todas sus relaciones sociales una tras otra. Ya
era una chica bastante inestable y no quería que pensara que todo el mundo la
abandonaba.
“Hay algo más”.
“Haaa...”.
Parecía que le iba a dar migraña. Cuando Gong
Ju-han echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el brazo del sofá, el
secretario Kim le trajo un analgésico y agua. Solo después de que Ju-han se
tragara la pastilla sin agua, el secretario prosiguió.
“Parece ser que la señorita Seo-hyun ha
consultado sobre su participación en ‘Single Jungle’ a través de un mensaje
directo a la guionista”.
Afortunadamente, eso estaba dentro de lo
previsto. Ju-han respondió con indiferencia mientras se masajeaba la sien.
“Ya dijo otras veces que participaría y al
final no lo hizo. Seguramente esta vez tampoco irá en serio”.
“Ojalá fuera así, pero el contenido de la
consulta es bastante específico”.
“Tiene mucha imaginación, seguro que tiene
algún concepto ideal en mente”.
“Entre los candidatos con los que se está
negociando la participación, figura Song Woo-hyun”.
Ante esas palabras, abrió los párpados. En
lugar de preguntar, arqueó las cejas y el secretario Kim carraspeó con la
mirada baja.
“La señorita Seo-hyun ha dicho que participará
con la condición de que incluyan a su ‘amor platónico’, Song Woo-hyun”.
Ju-han parpadeó un par de veces y se
incorporó. No procesó de inmediato lo que acababa de oír. Que ella pusiera como
condición ‘impulsar’ a Song Woo-hyun ya era absurdo, pero ¿qué era eso de ‘amor
platónico’? ¿Cómo era posible que, a poco de deshacerse de Joo Jae-hyung, ya se
hubiera enamorado de otro? Y para colmo, gastándose otra vez 5 millones de
wones en un Talking Bar.
“¿Amor platónico?”.
Preguntó Ju-han entre dientes.
El secretario Kim, como si ya tuviera
preparada la defensa para Seo-hyun, respondió con fluidez.
“Creo que no es del todo malo que la señorita
Seo-hyun comience un nuevo amor. Es mejor que se recupere pronto a que se hunda
en el dolor de una ruptura...”.
“Basta. Es suficiente”.
“Hay una cosa más...”.
“Dijo que solo era una”.
“Lo siento. Había dos cosas más”.
Ju-han no quería escuchar más, pero viendo que
el secretario Kim seguía allí dubitativo, comprendió que debía de ser algo
importante. Tras el suspiro de Ju-han, Kim volvió a hablar con cautela.
“Verá... no es otra cosa sino que la señorita
le ha mencionado al actor Park Ji-ho...”.
“Ahorre los honoríficos”.
En cuanto surgió el nombre del amante de su
padre, la mirada de Ju-han recuperó un enfoque nítido. Ante la repentina
frialdad del ambiente, el secretario Kim se humedeció los labios.
“Parece que la señorita Seo-hyun también le
habló de Song Woo-hyun a Park Ji-ho. Le dijo que es un chico que actúa muy bien
y le pidió que corriera la voz entre sus conocidos, aunque fuera para un papel
pequeño”.
“Ja”.
Ju-han soltó una risa seca de pura
incredulidad. Que Gong Seo-hyun se hubiera rebajado a pedirle favores a Park
Ji-ho por un gigoló al que apenas conocía... No solo estaba inflándole la
facturación al bar, sino que estaba haciendo el trabajo que le correspondía a una
agencia. Sin contactos en la industria, ¿qué tan desesperada estaba por
ayudarlo como para recurrir a la concubina de su padre?
Sintiendo que le subía la temperatura, Ju-han
se aflojó la corbata. De pronto, sobre el sofá vacío frente a él, se dibujó la
imagen de Song Woo-hyun sentado. Quizás por la tenue luz del bar de vinos,
recordaba vívidamente sus ojos brillantes. Aquel rostro que se quejaba de que
no le daban papeles de estafador le había parecido inusualmente joven, lo cual
le resultó irritante en su momento.
A medida que la conversación se alargaba, sus
facciones se habían ido relajando y, para cuando subieron al coche, tenía las
orejas rojas, tal vez por el frío. No hacía falta ser adivino para saber qué
estaba pensando Song Woo-hyun cuando miraba de reojo las bolsas de compras,
debatiéndose ante la tentación de invitarlo a su casa.
Había que tener la cara muy dura para invitar
a alguien a ese estrecho semisótano, y sin embargo, a pesar de haber entrado
primero y abrir la puerta, Song Woo-hyun no fue capaz de sostenerle la mirada
de inmediato. Al recordar su aspecto pulcro y refinado mezclado con esa actitud
de quien carga con una historia oculta, Ju-han pudo entender por qué Seo-hyun
había caído tan fácil. Lamentablemente, ella creía que solo podía obtener
afecto si resolvía los problemas de los demás, y Song Woo-hyun tenía una
situación precaria y un físico que despertaba compasión.
Incluso si aquel día no tuvo intención de
estafarlo, siendo alguien que trabajaba en un Talking Bar, no podía ser trigo
limpio. Lo que estaba haciendo ahora confirmaba su juicio. Ju-han movió
rítmicamente la punta de su zapato y, tras una pausa, habló.
“¿Dijo que todavía quiere verme?”.
“¿Se refiere a Song Woo-hyun? Sí. Últimamente
es difícil contactar con él, pero la última vez que hablamos insistió en que
debía escuchar una disculpa directamente de usted, señor director”.
Una disculpa. Eso significaba que no pensaba
conformarse con los 30 millones. Era el mismo tipo que lo miraba con timidez y,
al momento siguiente, se transformaba para soltar vulgaridades y agarrarlo por
las solapas. Ju-han sonrió de lado y miró al secretario Kim.
“Veámonos”.
“¿Perdón? ¿Lo dice en serio? Es obvio lo que
dirá, ¿vale la pena tratar con él personalmente?”.
“Parece que al enviar mensajes a través de
terceros se están produciendo malentendidos”.
Aunque su expresión mostraba que no lo
comprendía, el secretario Kim asintió y se inclinó. Ah, por cierto. Ju-han
añadió algo más antes de que el secretario se marchara.
“Dijo que Song Woo-hyun no renunció a la
herencia de las deudas de sus padres y que las está pagando, ¿verdad?”.
“Ah, sí. Así es”.
“¿Y el conocido que le prestó una gran suma de
dinero era su tutor de secundaria?”.
“Sí, señor”.
“Deben de tener una relación muy especial”.
‘Parece un lugar muy apreciado’.
Recordaba perfectamente cómo Song Woo-hyun se
alteró visiblemente cuando invadió aquel cuarto pequeño pero impecablemente
ordenado. Si sabía qué botones pulsar, la conversación sería mucho más
sencilla. El secretario Kim, leyendo entre líneas, respondió con rapidez.
“Lo investigaré”.
Una vez solo en la habitación, Ju-han chasqueó
la lengua. Estaba cansado.
***
“Ah, tengo que regar las plantas”.
Woo-hyun murmuró para sí mismo sin cambiar su
postura, tumbado de lado. Hacía una hora que había regresado de trabajar como
peón y se había desplomado sobre la manta con el abrigo puesto. Se le pasó el
tiempo volando simplemente mirando a la nada. Tenía que poner la lavadora,
fregar los platos, organizar la nevera y regar las plantas. Sabía que tenía las
tareas domésticas acumuladas, pero no quería mover ni un dedo.
No era por agotamiento físico. Si el cuidar y
mantener su pequeño hogar le resultaba molesto en lugar de agradable,
entonces...
“¿Estaré deprimido?...”.
Susurró distraído y soltó un suspiro.
Había llamado a su representante, pero este no
respondió ni devolvió la llamada. Quizás esta vez sí le rescindirían el
contrato. No le generaba dinero y se negaba a aceptar los trabajos que le
conseguía, así que no tendría argumentos si lo despedían.
Aun así, no iría a ese programa de citas.
Detestaba la idea de vender su desgracia personal. Woo-hyun endureció el gesto
y se levantó lentamente. Obligándose a moverse, guardó el abrigo en el armario
y regó las plantas. En días tan fríos, si les daba demasiada agua, se
congelarían. Solo lo justo para que no se secaran... Tras regar con cuidado,
llenó el hervidor eléctrico. Para fregar los platos sin que se le congelaran
las manos, necesitaba calentar el agua de antemano.
¿A dónde iría si rescindían su contrato? Nueve
de cada diez agencias pequeñas que aceptaban actores desconocidos estaban administradas
por matones. Todos eran unos delincuentes y corría el riesgo de que se quedaran
con su dinero aunque trabajara, pero no lo sabía. A estas alturas, estaba
dispuesto a firmar con cualquiera que le consiguiera trabajo, aunque no le
pagaran mucho.
Tengo ganas de fumar.
Woo-hyun se relamió, pero reprimió el deseo.
Los cigarrillos eran caros y ya había reducido el consumo, así que mejor
dejarlos del todo. Quizás por el intento de dejar de fumar, otros deseos se
sentían más fuertes de lo habitual. Como el deseo sexual, por ejemplo.
El deseo sexual es algo natural y él estaba en
plena juventud, pero le resultaba absurdo sentirlo cuando estaba tan apático
que hasta posponía las tareas de casa. A veces, tras masturbarse, se sentía
vacío y pensaba: ‘¿estoy yo para estas cosas?’. Durante el poco tiempo que
llevaba en el Talking Bar, había visto y oído de todo, y pensaba que se había
vuelto indiferente al sexo, pero no entendía por qué le pasaba esto de repente.
No es que disfrutara con fantasías eróticas; era más bien un proceso eficiente
de estimulación para descargar tensión y enfriar el cuerpo, lo cual lo hacía
sentir aún más solo.
Woo-hyun apartó la vista de la entrada vacía.
Justo cuando se decidía a dejar de pensar tonterías y poner la lavadora, sonó
su teléfono. Al recogerlo rápido, vio un número desconocido.
¿Será Gong Ju-han?
Curiosamente, la primera imagen que le vino a
la mente no fue la de aquel que le soltó un puñetazo con una sonrisa gélida,
sino la de aquel que bromeaba con dulzura. Woo-hyun sacudió la cabeza para
espantar el pensamiento y contestó.
“¿Diga?”.
—¿Hablo con Song Woo-hyun?
Al darse cuenta de que no era la voz de Gong
Ju-han, sus hombros se relajaron. Reprimiendo la decepción, Woo-hyun respondió.
“Sí. ¿Quién es?”.
—Llamo para agendar una cita, ya que el señor
director ha aceptado verle. Pensamos que sería conveniente mañana a las 5:00
PM.
El hombre, que ni siquiera se presentó,
mencionó de inmediato al ‘director’. Para su frustración, Woo-hyun supo al
instante que hablaba de Gong Ju-han. Se le escapó una risa irónica, pero lo que
siguió fue peor. El hombre soltó una hora específica y luego designó el lugar a
su antojo.
“Mañana a las 5:00 es mi hora de trabajo.
Hagámoslo otro día”.
—Es difícil ajustar la agenda del director,
así que ¿por qué no se toma el día libre y viene a vernos?
Lo pedía con una naturalidad absoluta, como si
su trabajo no importara en absoluto. Si querían verlo, sería para ofrecerle
algún tipo de disculpa, aunque fuera por compromiso, pero ¿quién se cree que es
la parte que cometió el error para actuar así? Woo-hyun, indignado, replicó.
“Yo soy quien debe recibir la disculpa, ¿por
qué tengo que faltar a mi trabajo? Ustedes deberían tenerme consideración.
Pueden venir al bar donde trabajo”.
—Jaja, qué gracioso.
“No es broma”.
El hombre, que fingía una risa mecánica como
un robot, se calló. Tras un breve ‘Humm’, volvió a preguntar.
—¿A qué hora termina mañana?
“Mañana trabajo de 3:00 a 9:00 PM. Como ya
saben qué bar es, veámonos por los alrededores”.
—Lo siento, pero el director no se acerca...
ni por los alrededores de esos sitios, así que es difícil. Las 9:00 es
demasiado tarde. A la mañana siguiente debe asistir a una reunión importante
muy temprano.
Esos sitios.
La forma en que lo dijo, haciendo una pausa
como si escupiera algo sucio, le indignó aún más. El hombre empezó a soltar una
retahíla de explicaciones, pero Woo-hyun ya no escuchaba. Todo eran
estupideces.
“Yo también soy una persona ocupada. Si
quieren verme el día y a la hora que desean, vengan a ‘ese sitio’ y hagan una
reserva a nombre de Song Woo-hyun. Les atenderé muy bien”.
Woo-hyun apretó los dientes, habló con firmeza
y colgó. Bloqueó el número de inmediato para que no volvieran a molestarlo.
Estaba furioso, pero intentó no darle vueltas y se dirigió a la cocina. Tenía
una pila de platos por fregar.
Fregar, lavar la ropa, regar. Una vez
terminadas las tareas pendientes, sintió hambre. No tenía energía para cocinar
algo elaborado, así que abrió la nevera buscando lechuga. Mezclar arroz con
lechuga y pasta de pimiento (gochujang) era rico y fácil de preparar, por eso
siempre compraba una bolsa de lechuga en la frutería cercana. Incluso con la
inflación actual, por mil wones podía comprar suficiente para tres comidas, y
además era saludable.
Woo-hyun preparó el arroz instantáneo y se
hizo un tazón de arroz con lechuga en un segundo. Empezó a comer con avidez. Si
por estar apático empezaba a saltarse comidas, estaba perdido. Tenía que comer
algo para tener fuerzas para trabajar, y trabajar le ayudaba a estar menos
deprimido. Tenía que esforzarse para ayudar al profesor con la pensión del
divorcio. Como de momento no tenía trabajos de actuación, estaba buscando
empleos de extra como invitado en bodas. Fingir ser amigo del novio o de la
novia también era actuar, después de todo.
Al dejar el tazón vacío y tragar el último
bocado, soltó una risa amarga. El contenido de la llamada de antes seguía
rondando en su cabeza, haciéndole reír con ironía cada vez que se acordaba. Lo
normal sería que alguien que golpea a otro por un malentendido estuviera tan
arrepentido que no pudiera ni mirarlo a los ojos, pero nunca entendería cómo
alguien podía ser tan cínico.
“A recogerlo de inmediato”.
Woo-hyun se levantó de un salto con el tazón y
la cuchara. Podría terminar de fregar un solo plato antes de que se le
congelaran las manos, así que mejor acabar rápido. Silbó mientras se movía con
energía forzada, y el sonido empezó a llenar el espacio que antes estaba en
silencio. La sensación de impotencia se fue disipando un poco.
Justo cuando intentaba entrar en calor dando
pisotones y metiéndose las manos congeladas por el agua fría bajo las axilas,
sonó el teléfono otra vez. Pensó que el tal secretario lo llamaba desde otro
número y frunció el ceño, pero el remitente era Gong Seo-hyun.
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La veré en el bar, ¿por qué llama a esta hora?
La duda se resolvió pronto. Gong Seo-hyun
solía llamar a menudo sin un motivo especial. Una vez lo llamó porque estaba
aburrida en el coche. Las llamadas sin compromiso le resultaban, de hecho, más
cómodas. Woo-hyun contestó mientras se daba palmaditas en el estómago lleno.
“¿Diga?”.
—¡Woo-hyun! ¿Qué haces?
“En casa. ¿Por qué?”.
—¿Podemos vernos ahora? ¡Quiero verte!
“¿Qué pasa? ¿Tienes alguna buena noticia?”.
—Sí. Quiero contártelo. Veámonos. Aunque sea
un momento, ¿sí?
No sabía de qué se trataba, pero Seo-hyun
estaba muy emocionada. Woo-hyun reflexionó sobre su escaso saldo bancario, el
dinero que cobraría este mes y el mensaje del profesor Jang Myung-jun. Quería
felicitarla si era algo bueno, pero tras no haber trabajado mucho este mes, no
le sobraba el dinero.
Pero dice que es algo bueno.
Decidió que hoy saldría aunque fuera un plan
modesto y los próximos días comería solo ramen una vez al día. Tras tomar la
decisión, se levantó para lavarse los dientes y preguntó.
“¿Dónde nos vemos? Ya he cenado”.
—En Gangnam. Yo te paso a recoger.
“¿Tanto como ir a Gangnam?”.
—Vamos a un karaoke. Dicen que allí el
aislamiento acústico es bueno, no hay mucho ruido y la comida es rica. Avísame
cuando estés listo. Iré a la estación. Ten cuidado, que está nevando.
¿Está nevando?
No nevaba cuando volvió a casa. Woo-hyun
corrió a mirar por la ventana. Al vivir en un semisótano, solo veía los zapatos
de los peatones y no solía percibir el clima, pero ya había nevado y una fina
capa cubría el suelo.
“Espero que no se congele la calle”.
Murmuró con el cepillo de dientes en la boca,
pensando que mañana tendría que salir 30 minutos antes para ir a trabajar.
Seo-hyun, que solía desplazarse con chófer,
llegó curiosamente en taxi. Llevaba unos tenis blancos que no pegaban con su
abrigo beige y su minifalda, pero en una bolsa que traía al lado asomaba un par
de zapatillas. Parecía que, tras insistirle tanto en que tuviera cuidado con el
suelo, ella misma se había traído los tenis por el clima.
Al notar la mirada de Woo-hyun, Seo-hyun
sonrió.
“Como nevaba, me puse los tenis para salir,
pero me cambiaré allí. Siempre suelo llevar unos de repuesto en mi coche, pero
hoy no los tenía”.
Aunque pensaba que al ir en taxi no caminaría
mucho, resultó ser bastante meticulosa. Woo-hyun le devolvió la sonrisa y miró
por la ventana. La había seguido porque ella quería ir a un karaoke, pero no le
hacía mucha gracia ir hasta Gangnam para eso. Quizás era porque su lugar de
trabajo estaba cerca de allí.
“Déjame aquí, por favor”.
Seo-hyun llamó al taxista tras observar los
alrededores. Estaban justo frente a un callejón que desembocaba en la zona
comercial. Afortunadamente, el karaoke no estaba lejos. Tal como había dicho,
Seo-hyun no se cambió a las zapatillas hasta que llegaron al local. Woo-hyun se
rió para sus adentros; aunque tenían la misma edad, ella le parecía una hermana
pequeña e ingenua por preocuparse de quién la vería en un karaoke privado.
Cuando ella extendió una mano al aire buscando apoyo, él le ofreció su brazo y
ella lo aferró al instante. Sus pequeñas manos tenían las uñas perfectamente
arregladas y brillantes.
“¿Cuál es tu canción favorita? Si la conozco,
la cantaré para ti. Soy bueno cantando”.
Woo-hyun bromeó con modestia fingida para
ocultar el rastro de orgullo. Hacía mucho que no iba a un karaoke y le apetecía
lucirse un poco. Aunque no solía ir a menudo por falta de amigos, hubo un
tiempo en que iba solo a los karaokes de monedas. Mientras añadía con timidez
que quizás no conocía las canciones más recientes por haber estado tan ocupado,
Seo-hyun vaciló un momento. Él pensó que estaba eligiendo una canción, pero
ella soltó algo inesperado.
“Woo-hyun, escucha esto sin sentirte
presionado”.
“¿Eh?”.
“En realidad... aquí hay personas que podrían
ayudarte. Les dije que no bebes mucho, así que solo entra, charla un poco y
sal. Si te llevas bien, puedes quedarte más tiempo. No es una reunión
organizada solo para ti, simplemente les pedí que me dejaran presentarte en una
junta que ya tenían. Olvidé sus nombres, pero dicen que son veteranos en la industria.
Me dijeron que uno es un director de cine muy famoso”.
Woo-hyun balbuceó, desconcertado por la ráfaga
de palabras. ¿Por qué le decía esto justo al llegar? ¿Temía que lo rechazara?
Al fin y al cabo, lo estaba empujando a una reunión de desconocidos que ya
estaban bebiendo; de haberlo sabido antes, probablemente no habría aceptado. Woo-hyun
negó con la cabeza, incómodo.
“¿Por qué tendría que ir yo ahí?”.
“Solo entra y saluda. Es para que vean tu
cara. Me dijeron que todo el mundo lo hace así. Los contactos y el marketing
personal son esenciales, no solo en el espectáculo, sino en cualquier trabajo”.
“Seo-hyun, agradezco tu intención, pero
esto...”.
“Nunca la conocí, pero el sueño de mi madre
también era ser actriz”.
Mencionar a los padres era jugar sucio, y más
si era en tiempo pasado. Si nunca la conoció, ¿habría muerto poco después de
que ella naciera? Woo-hyun pensó involuntariamente en Gong Ju-han y guardó
silencio. Seo-hyun aprovechó la pausa para mirarlo con ojos brillantes y
decididos.
“Seguro que mi madre era tan hermosa y
talentosa como tú. Quiero ayudarte como sea”.
“...”.
“¡Tú te ves mejor en persona! Si te ven una
vez, se acordarán de ti más adelante y podrían llamarte aunque sea para un
papel pequeño. Entra y canta solo una canción. Dijiste que eres bueno, ¿no?
¿Quién sabe? Quizás más adelante necesiten a alguien que sepa cantar y piensen
en ti”.
Era la primera vez que veía a Gong Seo-hyun
hablar con tanta elocuencia. Woo-hyun soltó una risa seca, sin saber qué decir,
y se frotó la cara con una mano. No estaba seguro de cómo reaccionar ante esta
situación repentina.
Gestionar contactos también es una habilidad.
Su representante le había repetido hasta el cansancio que, incluso si lo
contrataban como extra, debía intentar destacar ante los demás actores, el
director o incluso el personal del set. Si todo el mundo se desesperaba por
llamar la atención, ¿estaba él desperdiciando una oportunidad que le caía del
cielo? Su representante quería rescindir el contrato, él se moría por actuar
pero los castings eran casi imposibles de conseguir, y el profesor Jang
Myung-jun tenía que lidiar con deudas, intereses y pensiones.
Woo-hyun apretó los puños y tragó saliva.
Mostraría su seriedad por la actuación y, si podía, cantaría una canción.
Quería intentarlo si existía aunque fuera una mínima posibilidad de obtener una
audición en el futuro por haber causado una buena impresión.
“Está bien. Cantaré una canción y saldré”.
“¡Eso es! Tienes una voz preciosa. Seguro que
cantas genial. ¡Tú puedes!”.
Al aceptar finalmente, Seo-hyun sonrió
radiante para animarlo. Yo puedo, se murmuró a sí mismo mientras la seguía
hacia el interior. En ese breve trayecto, sus palmas se empaparon de sudor.
Estaba tan nervioso como en una audición real. No era una audición oficial, y
la idea de meterse en la borrachera de unos desconocidos le revolvía el estómago.
Tras intercambiar una última mirada con
Seo-hyun, Woo-hyun llamó a la puerta con cautela. Contó hasta tres, soltó un
gran suspiro y entró con valentía.
Tres hombres que estaban en la sala, incluido
uno que cantaba una balada de pie, lo miraron al unísono. Tal como Seo-hyun
había avisado, el que cantaba le saludó con la mano. Todos tenían las caras
rojas; parecía que ya venían ebrios de algún otro lugar.
Entre ellos, Woo-hyun reconoció un rostro. El
director famoso que Seo-hyun mencionó era Kim Seung-yeop, un cineasta conocido
por crear obras polémicas que le habían granjeado seguidores tanto en Oriente
como en Occidente. Estaba recostado en un extremo del sofá, bebiendo whisky, y
recorrió a Woo-hyun de pies a cabeza con ojos vidriosos. Su mirada, que bajaba
del rostro al pecho y luego a las piernas, era viscosa.
Justo entonces terminó la canción y el
silencio llenó la sala. Woo-hyun reaccionó rápido y se inclinó formalmente.
“Hola, soy el actor Song Woo-hyun. Yo...
¡cantaré una canción y me iré de inmediato!”.
“¿Qué canción ni qué nada? Ven a sentarte aquí”.
Él pensaba cantar un trote para animar el
ambiente y mostrar su habilidad, pero recibió una negativa tajante. Al
acercarse al director Kim Seung-yeop, este le hizo un sitio a su lado. En
cuanto se sentó, le pusieron un vaso de soju delante. Era una orden silenciosa
para que sirviera la bebida.
Es vida social, es vida social, se repetía Woo-hyun
mientras abría la botella y llenaba los tres vasos. Al terminar, el director
Kim derramó el agua que había en su vaso al suelo y le tendió el recipiente
vacío a Woo-hyun. Al ver cómo llenaban ese vaso hasta los topes con soju, sus
músculos se tensaron por una razón distinta a la de antes. Empezó a sospechar
que aquel lugar que Seo-hyun le había preparado no era lo que él imaginaba.
Tras beber un sorbo y dejar el vaso, el hombre
que antes cantaba se burló entre risas. ‘Es que mañana tengo que ir a trabajar
temprano’, se excusó Woo-hyun mientras vigilaba atentamente la situación.
Estaba listo para marcharse en cualquier momento si las cosas se torcían.
Como si le leyeran el pensamiento, los hombres
se portaron amables por un rato. Le preguntaron por su agencia, hablaron de sus
trabajos anteriores e incluso debatieron sobre filosofía de la actuación.
Ninguno se presentó, pero por la charla dedujo que los otros dos, además de Kim
Seung-yeop, eran un guionista y un productor de televisión. La atención volvió
a centrarse en Woo-hyun, que solo escuchaba en silencio, cuando surgió el tema
de los ‘contactos’.
“¿Cómo conoces a la señorita de familia rica?
¿Tienes buena mano con las mujeres, joven?”.
Le guiñó el ojo el guionista con picardía,
como pidiéndole su secreto.
¿Su relación con Gong Seo-hyun? Woo-hyun dijo
lo primero que se le vino a la cabeza.
“Somos amigos”.
“¿Amigos?”.
La respuesta les hizo mucha gracia y soltaron
carcajadas. ‘Bueno, hay muchos tipos de amistad’, dijeron entre ellos. Justo
cuando los comentarios sugerentes empezaban a resultarle ofensivos, el director
Kim Seung-yeop le agarró bruscamente la barbilla. Con los ojos entrecerrados,
giró la cara de Woo-hyun de un lado a otro y ladeó la cabeza.
“Podría funcionar”.
“...”.
“Es una película que aún estoy escribiendo,
pero hay un príncipe que muere capturado por los rebeldes. Tienes cara de niño
bien, pero tu mirada tiene un punto insolente que podría encajar”.
Un príncipe que muere capturado por los
rebeldes. Aunque solo fuera una frase, sintió un deseo inmediato por el papel. Woo-hyun
mostró su entusiasmo con ojos brillantes.
“Si me da una oportunidad de audicionar, daré
lo mejor de mí. Bajaré de peso si es necesario o aprenderé a montar a caballo
si hace falta”.
“Arrodíllate aquí”.
“... ¿Perdón?”.
“Que te arrodilles. Quiero ver la composición”.
¿Realmente quería comprobar la sincronía con
el personaje? Tratándose de un príncipe capturado y ejecutado, era lógico que
hubiera una escena de rodillas. Woo-hyun observó el rostro serio del director.
Si aquello era una audición improvisada, no podía dejar pasar la oportunidad.
Concéntrate. Un príncipe consciente de su
destino trágico. Woo-hyun se calmó para entrar en el papel y se puso frente al
director. Respiró hondo y, mientras hincaba las rodillas una tras otra, la
mirada del director Kim seguía cada movimiento. Tras observarlo en silencio un
buen rato, ordenó de repente.
“Despéinate un poco. Y desabrocha un par de
botones de la camisa”.
“Si me explica la situación exacta, podría
hacerlo mejor...”.
“Levanta la cabeza”
Woo-hyun obedeció en silencio, levantó el
mentón y se desabrochó tres botones. Se revolvió el cabello con fuerza para que
pareciera que alguien se lo había tironeado. Aunque estaba desconcertado por la
audición repentina, la tensión le ayudaba a actuar. Era una situación de vida o
muerte. No tenía mucha información, pero siendo un príncipe, pensó que debía
mostrarse valiente hasta el final, aunque por dentro estuviera aterrado.
“Tienes las manos atadas a la espalda”.
Las peticiones eran específicas, como si
estuviera dibujando una escena. Al poner las manos atrás como si estuvieran
atadas, la camisa desabrochada se abrió del todo.
¿Qué les parece? Está demasiado pulcro para
ser un prisionero. ¿Y si le echamos un poco de agua?, preguntó el director y
los otros hombres asintieron. Cuando Woo-hyun abrió la boca para preguntar algo
sobre el personaje, antes de emitir sonido, le lanzaron agua fría a la cara con
fuerza.
No tardó mucho en darse cuenta de que no era
agua, sino el soju de su propio vaso. Al parpadear, las gotas de alcohol de sus
pestañas caían al suelo. Su mirada se posó en su camisa empapada y pegada al
cuerpo.
“Bien. Ahora empieza a tener color. Acércate
más”.
Llegó la siguiente orden. ¿Era un cumplido
decir que ‘tenía color’? Incluso bajo el impacto de lo ocurrido, esas palabras
fueron lo primero que procesó. Estaba confundido, pero se obligó a
concentrarse. Se decía que este director era tan excéntrico como sus películas,
así que quizás así es como hacía las audiciones.
Para mí no son rebeldes, son traidores.
Woo-hyun se acercó gateando de rodillas,
manteniendo la inmersión en el papel. Al llegar justo a los pies de Kim
Seung-yeop, el director relajó las piernas y las abrió. Woo-hyun se quedó
helado al ver el interior de sus muslos, pero el director fue más rápido y le
agarró bruscamente la parte posterior de la cabeza, tirando de él hacia su
entrepierna.
Antes de que su rostro chocara contra las
piernas del hombre, Woo-hyun liberó sus manos y rechazó el agarre de un
empujón.
Vaya, este hombre ha bebido de más y quiere
problemas, dijeron los otros dos hombres, levantándose por fin para detener al
director. Mientras ellos lo sujetaban y se disculpaban por él, Woo-hyun recogió
su abrigo en silencio.
Se sintió patético por haber intentado actuar
hasta el final. Aunque sabía que no era culpa suya, no pudo evitar que el
rostro le ardiera de humillación.
“Parece que al señorito le da asco chupársela
a un hombre”.
Se burló el director a sus espaldas mientras Woo-hyun
caminaba a zancadas hacia la puerta.
“Si quieres llegar alto, tienes que chupar de
todo, sea hombre o mujer. Un don nadie y ya se pone exigente, ¿eh?”.
Woo-hyun se giró con el rostro lleno de asco,
pero el director Kim se reía como si aquello fuera un capricho. El productor,
incapaz de seguir mirando, salió corriendo y sacó a Woo-hyun de la sala. A
través de la puerta que se cerraba, oyó el sonido de alguien escupiendo al
suelo. ‘Idiota. ¿Para qué sirve alguien sin talento ni ambición?’. Aquella
última frase resonó en sus oídos mucho después de salir al pasillo.
“Ese hombre tiene una borrachera muy pesada,
pero hoy se ha pasado de la raya. Se ha divorciado hace poco y tiene mucho
estrés por varias cosas. Compréndelo, joven. ¿Cómo dijiste que te llamabas?”.
“Me retiro”.
Woo-hyun hizo una inclinación al productor que
intentaba consolarlo y fue directo al baño. Se lavó la cara y se arregló la
ropa hasta que el olor a soju desapareció. Mientras movía las manos
mecánicamente, la imagen del director mirándolo con las piernas abiertas se
repetía en su cabeza.
“Hijo de puta". Murmurar el insulto le
alivió un poco. Solo cuando comprobó que su rostro había recuperado su color
normal, salió fuera. Había sido una mierda, pero no era para tanto. Buscaría a
Seo-hyun para despedirse e iría a casa a dormir. Era mejor mentir y decir que
le dolía el estómago; no quería que ella intentara organizar otra reunión
similar para compensarlo.
La llamó y ella estaba en otra sala. Estaba
cantando sola y tenía la cara roja incluso bajo las luces del karaoke. Al ver a
Woo-hyun, se alegró y empezó a cancelar las canciones que tenía en cola para
preguntarle.
“¿Y bien? ¿Hablaron? ¿Pero qué le pasa a tu
pelo? Está mojado”.
“Me he lavado la cara. Bueno, hablamos, pero
no creo que les haya gustado mucho”.
“No puede ser. ¿A quién no le vas a gustar tú?
¿Qué te han dicho?”.
Woo-hyun respondió con una sonrisa silenciosa.
Por estar empapado, sentía escalofríos a pesar de estar bajo techo. Se abrochó
bien el abrigo para que no se viera la camisa mojada y soltó lo que tenía
preparado.
“Me siento un poco mal, quizás por el alcohol.
Lo siento, pero hoy me iré antes. Hablamos en otro momento”.
“¿Te vas ya? ¿Qué pasa? ¿Estás enfadado?”.
Intentó actuar con normalidad, pero Seo-hyun
era perspicaz. Como ella no cedía a sus excusas, los sentimientos que había
reprimido empezaron a agitarse en su interior. No quería desquitarse con ella,
pues sabía que su intención era buena, así que Woo-hyun bajó la mirada.
“Es solo que... en el futuro no hace falta que
hagas esto. Yo mismo buscaré mis trabajos”.
“Pero Woo-hyun, me dijeron que esa gente tiene
mucha influencia en la industria. Conocerlos es bueno sí o sí. ¿Por qué? ¿Es porque
te hicieron beber? Venga, tienes que aguantar un poco de eso”.
“Seo-hyun”.
“Me dijeron que si sonríes y les sigues la
corriente, te darán trabajo seguro. Eso es tu especialidad, ¿no?”.
Seo-hyun lo dijo sin malicia, como si esas
palabras fueran un cumplido. Woo-hyun la miró con los ojos muy abiertos,
fijamente a aquel rostro inocente. Le tomó tiempo procesar lo que acababa de
oír.
Gong Seo-hyun no era ignorante. Había dicho
que solo era para saludar, para que le vieran la cara, pero en realidad sabía
que era una situación en la que Woo-hyun tendría que adularlos y aguantar
humillaciones. Lo sabía y, aun así, lo había llamado. Probablemente porque
tipos como Joo Jae-hyung, en lugar de quejarse, se lo habrían agradecido.
Era lógico que pensara así. Aunque el contacto
físico o las citas privadas estuvieran prohibidos, siempre habría tipos como
Joo Jae-hyung que romperían las reglas discretamente. Él tampoco estaba en
posición de marcar una línea y decir que era diferente. Había sido un ingenuo
al esperar ser tratado como un amigo mientras dejaba que ella gastara 5
millones de wones cada vez que se veían. Los rostros de los hombres que se
echaron a reír cuando dijo que era amigo de Gong Seo-hyun bailaban ante sus
ojos.
Al ver la expresión endurecida de Woo-hyun,
Seo-hyun finalmente pareció darse cuenta.
“Yo solo... no pensé que te sentirías mal.
Como tu trabajo es de ese tipo...”.
“Entiendo”.
Woo-hyun forzó una voz apagada para responder.
Como no podía rebatirlo, cortó la conversación y se despidió.
“Daré por recibida toda la indemnización.
Díselo a tu hermano. Gracias por aceptar un favor tan absurdo. Vete con cuidado
y que te vaya bien”.
“Espera. ¿Pasó algo? Lo siento. Yo solo quería
ayudar, quería que te fuera bien”.
En cuanto se dio la vuelta, Seo-hyun lo siguió
apresuradamente y lo agarró del brazo. Woo-hyun se dejó sujetar y entornó los
ojos. De pronto recordó lo que ella dijo sobre su madre, que quería ser actriz
y por eso quería ayudarlo, y le dieron ganas de reír. Nadie enviaría a su madre
a un lugar así. Simplemente se había inventado esa excusa para justificar sus
actos caprichosos.
Sentía que el pecho le iba a estallar y la
rabia le quemaba por dentro. Aun sabiendo que se arrepentiría, terminó soltando
las palabras.
“Me dijeron que si se la chupaba bien, me
darían un papel”.
“Woo-hyun... yo, yo...”.
“No sé cómo sería tu madre, pero yo no soy esa
clase de persona”.
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El impacto se dibujó en cada rasgo de
Seo-hyun. Se quedó clavada en el sitio, como si le hubieran dado una bofetada.
La mano pálida que sujetaba a Woo-hyun cayó sin fuerza. Sus ojos, que
parpadeaban como los de una muñeca, perdieron toda chispa, pareciendo una
persona distinta.
Woo-hyun se marchó arrugando la nariz por el
escozor. Caminó rápido y luego empezó a correr. Pronto, una sensación de
humillación mayor a la que sintió ante el director lo invadió por completo.
Era tarde y, dado el clima, apenas había gente
en el paseo de Cheonggyecheon. Seo-hyun miraba los copos de nieve que caían del
cielo nocturno como motas de polvo blanco, inhalando el aire gélido. A pesar de
haber estado expuesta al viento cortante durante horas, no sentía nada.
Su madre murió un día de nieve, tras caer
accidentalmente en el muelle de un puerto. Su cuerpo fue hallado entre
pesqueros atracados; al morir, llevaba puestos unos tacones de 9 centímetros.
¿Por qué su madre caminó sola por un muelle, con tacones, borracha y sobre un
suelo congelado?
Seo-hyun sacó los tacones de la bolsa de
compras y se los puso. Luego, observó el agua poco profunda del canal de
Cheonggyecheon. Extendió ambos brazos y caminó de forma inestable por el borde
resbaladizo.
Al intentar girarse, su cuerpo se tambaleó
violentamente. En el momento en que el precario equilibrio se rompió, Seo-hyun
relajó sus extremidades y se entregó al vacío. Con un chapuzón, el agua
aterradoramente fría la tragó hasta la coronilla.
“¡Puaah!”.
Como el agua no era profunda, pudo salir a la
superficie de inmediato. Al inhalar aire estando empapada, sintió un frío que
le calaba hasta los huesos. Seo-hyun se abrazó a sí misma, temblando mientras
sus dientes castañeteaban. Una señora que paseaba por allí la vio y le preguntó
si estaba bien. Al no obtener respuesta, se quitó su abrigo para cubrirla y
llamó apresuradamente por teléfono.
Este lugar estaba iluminado por ser una zona
céntrica, pero el muelle donde encontraron a su madre debió de estar en
tinieblas.
Debió de sentirse muy sola.
Seo-hyun, que miraba fijamente el agua negra,
levantó la cabeza lentamente. Su cuerpo reaccionó antes que su mente al sonido
de un lamento animal. El ladrido de un perro. Era el tono de llamada que tenía
configurado para una sola persona.
Gong Ju-han.
Sobre la pantalla del teléfono, que no dejaba
de sonar, brillaban nítidamente las tres sílabas de su nombre.
***
Ju-han soltó un largo suspiro nada más bajar
del coche. Había pasado por casa un momento para comprobar el estado de
Seo-hyun antes de volver a la oficina tras terminar un asunto urgente.
Anoche, en cuanto supo que Seo-hyun había sido
encontrada cerca de Cheonggyecheon empapada como un ratón, la llevó a su casa
independiente en Pangyo. Aunque en casa de Seo-hyun había servicio, no podía
estar tranquilo. No se creyó la excusa de que se había resbalado por estar
ebria.
No podía ser casualidad que se cayera al agua
caminando con tacones altos en un día de nieve. Ella siempre había tenido
comportamientos autodestructivos ocasionales, pero intentar recrear la muerte
de su madre era algo que no podía pasar por alto. Un tercero no entendería por
qué se enfurecía tanto por el tropiezo de una hermana inmadura, pero Ju-han
conocía la gravedad del asunto. Esta vez fue en Cheonggyecheon, pero ¿quién
sabía si la próxima vez la encontrarían en un río profundo?
Estaba fuera de sí. Ju-han se detuvo en seco
mientras cruzaba el jardín, y el secretario Kim, que lo seguía, le tendió un
cigarrillo. Ju-han suspiró y lo aceptó. Evitaba el tabaco por el olor, pero
sentía que si no fumaba uno, no sería capaz de hablar con amabilidad.
“Dicen que la señorita... se ha calmado mucho.
También le ha bajado la fiebre”.
Ju-han ignoró las palabras del secretario
mientras aspiraba el humo. Aunque solo había dormido un par de horas por el
alboroto de anoche, la rabia lo mantenía lúcido.
Últimamente, Seo-hyun estaba haciendo cosas
impropias de ella, contactando con gente del espectáculo. Desde preguntar por
programas de citas hasta llamar al amante de su padre. Se había desvivido por
promocionar a Song Woo-hyun, así que seguramente ese gigoló era el responsable
de esto. Ju-han fumó el cigarrillo hasta el final en silencio y lo apagó en el
cenicero portátil que le tendía su secretario.
Tras soltar una larga bocanada de humo, se
aplicó spray bucal y se sacudió la ropa. Ni el tabaco lograba disipar su furia.
Tras intercambiar saludos con los de servicio,
llegó a la puerta de la habitación y llamó suavemente. Los sollozos que se oían
desde el otro lado cesaron de inmediato.
Al entrar, vio a Seo-hyun acurrucada en la
cama. Tenía los ojos hinchados y la almohada manchada de lágrimas. No era una
exageración que hubiera pasado el día llorando sin probar bocado.
“¿Qué pasa?”.
Preguntó Ju-han con suavidad mientras se
sentaba en el borde de la cama.
Estaba esforzándose por mantener la
compostura, pues no le quedaba paciencia para esperar a que Seo-hyun, que ni
siquiera levantaba la cabeza, se decidiera a hablar. Él le acarició el cabello
con delicadeza y susurró.
“Tienes que decírmelo tú para que no haya
malentendidos, Seo-hyun. ¿Qué pasará si vuelvo a culpar a la persona equivocada?”.
La forma de hablar era amable, pero las
palabras eran una amenaza a medias, y Seo-hyun reaccionó con un respingo. El
miedo oscilaba en sus ojos húmedos. Tras dudar un largo rato, habló con voz
ronca.
“He vuelto a hacer una estupidez. Solo quería
que le fuera bien...”.
“Pero”.
Era obvio que el sujeto omitido era Song Woo-hyun.
Seo-hyun, notando la mirada gélida de Ju-han, lo sujetó con sus manos calientes
por la fiebre.
“Woo-hyun no tiene la culpa. El director de
cine que le presenté fue grosero con él, por eso se enfadó. Él no ha hecho nada
malo, así que déjalo en paz”.
“¿Qué grosería? ¿Acoso sexual?”.
Era de esperar. Al ver que ella no podía
responder ni negarlo, supuso que así era. Ju-han no pudo ocultar su disgusto y
frunció el ceño. La gente con la que Park Ji-ho tuviera relación no podía ser
de otra clase.
“¿Por qué haces esas cosas innecesarias? Ni
siquiera conoces bien a la gente de ese mundillo”.
“Pensé que bastaría con que bailara y fuera
simpático en el karaoke para que le dieran un papel”.
Ju-han soltó una risa burlona. Un director de
cine citando a un actor desconocido sin carrera en un karaoke. O era para
burlarse de él mientras bebían, o para algo mucho más degradante; ¿acaso iba a
salir una conversación constructiva de un lugar así? Si hubiera una intención
pura de dar una oportunidad, no lo citarían en un karaoke ruidoso. Seo-hyun era
ingenua, pero Song Woo-hyun también le resultaba gracioso: dándoselas de digno
y puritano cuando trabajaba en un hostal y se aprovechaba de Seo-hyun para
inflar la cuenta.
Le irritaba profundamente que esto llegara a
oídos de Park Ji-ho y, por ende, de su padre. Aquel hombre que ni siquiera
llamó para preguntar cómo estaba su hija tras saber que se había caído al canal
por imitar a su madre. Ju-han le tendió un pañuelo y se levantó.
“Song Woo-hyun sabrá cuidarse solo, no
intentes ayudarlo. Céntrate en tu vida. Ve a terapia y, si te cuesta vivir
sola, múdate aquí”.
“Le hice daño a Woo-hyun. Él no es esa clase
de persona”.
“Deja de pensar en eso, date una ducha
caliente y come algo. Nos vemos luego”.
“Le hice daño a Woo-hyun e insulté a mi madre”.
Ju-han, que estaba a punto de salir, se detuvo
en seco. Lo había dicho en un murmullo, pero lo oyó claramente.
“¿Qué quieres decir con eso?”.
Seo-hyun no respondió y se cubrió con la manta
hasta la cabeza. Ju-han miró un momento aquel bulto acurrucado y salió de la
habitación. No importaba lo que se hubieran dicho; conocer los detalles no
cambiaría nada. Ya tenía un plan para resolver el asunto.
“Si dice que quiere tomar el aire, acompáñenla
y asegúrense de que no haga ninguna locura”.
Instruyó a los de servicio.
Luego, se dirigió al coche e hizo una señal al
secretario Kim.
“Concierte una cita con Song Woo-hyun. No
importa la hora, lo antes posible”.
“Entendido. Intentaré contactar con él”.
“No”.
Ju-han se detuvo y miró al secretario. Justo
antes de subir al coche, dijo con indiferencia.
“Él se pondrá en contacto primero”.
***
50,000 wones, incluyendo el transporte. La
boda y la sesión de fotos no duraron ni dos horas y, por suerte, le dieron un
vale para el buffet, así que comió bien. Woo-hyun sonrió con amargura mientras
transfería el dinero a la cuenta del profesor Jang Myung-jun. Se moría de ganas
de llamarlo para preguntarle cómo estaba, pero no tenía vergüenza. Enviando
apenas lo suficiente para cubrir los altos intereses, lo mejor era que el
profesor no tuviera que oír su voz para no darle un disgusto.
Era principio de año y pronto sería el Año
Nuevo Lunar. Las fiestas familiares le resultaban especialmente solitarias, así
que trabajaba sin descanso a propósito. Habiendo perdido a su único amigo y a
su agencia, no quería molestar al profesor por el egoísmo de sentirse solo.
Para el profesor, recién divorciado, las fiestas serían aún más dolorosas. Woo-hyun
se guardó el teléfono en el bolsillo y empezó a caminar.
Mientras caminaba pisando solo los ladrillos
negros de la acera, sintió una vibración sorda. Como había subido su currículum
a portales de empleo, el teléfono no paraba. Woo-hyun iba a contestar rápido,
pero al ver el remitente, se detuvo en seco.
Profesor Jang Myung-jun.
Parpadeó varias veces para asegurarse de que
no era una alucinación.
A pesar del frío, sentía punzadas de dolor por
todo el cuerpo debido a la tensión. De camino a la cafetería, se detuvo varias
veces para mirarse en los escaparates. Quería verse impecable para el profesor,
así que incluso pasó por casa para retocarse el cabello antes de salir.
¿Le habría perdonado? El profesor nunca se
había enfadado con él, pero tampoco estaba tan libre de rencor como para pedir
verle por iniciativa propia, así que este encuentro era muy significativo.
Hyun-woo le había advertido que no viera al profesor, pero no pudo evitarlo. La
voz del profesor por teléfono sonaba más animada que antes y...
Le echaba de menos. Solo el hecho de poder
verlo le hizo olvidar el estrés de los últimos días. Woo-hyun se frotó el
pecho, donde el corazón le latía con fuerza, y entró en la cafetería.
“Profesor”.
“Ah, Woo-hyun, ya estás aquí”.
Le tomó tiempo encontrar al profesor sentado
junto a la ventana. En el tiempo que llevaban sin verse, el profesor había
perdido mucho peso. Tenía el cabello canoso y el semblante sombrío. La alegría
del encuentro se desvaneció al instante, sustituida por una pesada culpa. Woo-hyun
forzó una sonrisa y se sentó enfrente.
“Tengo un aspecto terrible, ¿verdad?
Últimamente se me cae mucho el pelo.
“No, qué va. Se le ve bien”.
“No mientas. He tenido un brote de herpes
zóster. Supongo que por el estrés del divorcio”.
(NT: herpes zóster: es una infección viral muy
dolorosa causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster.)
“¿Herpes zóster? He oído que es dolorosísimo.
¿Está bien?”.
“Ya estoy mejor. Tú también pareces haber
pasado lo tuyo, tienes la cara muy delgada”.
“Es porque hoy me he movido desde temprano y
se me ha bajado la hinchazón”.
Aunque había perdido dos kilos en pocos días, Woo-hyun
fingió que no era nada. A la pregunta de si le pasaba algo, respondió que todo
iba bien. Antes solía desahogarse con el profesor y buscar consuelo, pero ahora
no se sentía con derecho a quejarse.
“Pide lo que quieras. Invita el profesor. He
visto que hay pasteles y pan”.
“Vengo de un buffet ahora mismo, estoy lleno”.
Le costó no llorar al decir que estaba bien y
pedir solo un café. Aquellas palabras tan amables invitándole a pedir lo que
quisiera le parecieron algo que ya no merecía. Con la excusa de esperar el
café, se quedó de pie para recomponerse y volvió a la mesa con el rostro más
sereno.
“Le echaba de menos, profesor”.
“Siento haber tardado tanto en llamarte”.
“No diga eso. Gracias por querer verme. He
venido sin vergüenza a pesar de que Hyun-woo me dijo que no lo hiciera”.
“No se lo digas a Hyun-woo. Ese chico es un
exagerado”.
Woo-hyun sonrió y calentó sus manos con la
taza. Deseó que el tiempo pasara despacio. Al ser invierno, el sol se ponía
pronto y ya empezaba a oscurecer fuera.
Mientras atesoraba cada segundo a su lado, el
profesor tomó un sorbo de té y habló lentamente.
“En realidad, la razón por la que te he
llamado hoy... como habrás imaginado, es para discutir la propuesta del señor Gong
Ju-han, del Grupo Sejeong”.
El nombre que había estado clavado en su mente
desde que lo conoció salió de repente de boca del profesor. Se quedó sin
palabras por el desconcierto y, pensando que había oído mal, pidió que lo
repitiera. El profesor confirmó que Gong Ju-han se había puesto en contacto con
él.
“¿...Dijo que quería pagar mi deuda? ¿Y que yo
le pagara a él?”.
Si ya era absurdo que mencionara a Gong
Ju-han, lo que siguió lo era aún más. Gong Ju-han supuestamente se había
compadecido de él y le ofrecía el favor de pagar su deuda de golpe para que Woo-hyun
pudiera devolvérselo a él lentamente y sin intereses. De ese modo, Gong Ju-han
obtendría el derecho de reembolso y Woo-hyun le debería el dinero a él en lugar
de al profesor.
¿Por qué demonios hacía algo así? ¿Para no
tener que pedir perdón? ¿Para eliminar al tipo que se aprovechaba de Seo-hyun?
Hace unos días, si Gong Ju-han se hubiera
enterado de que Seo-hyun se había ofrecido a presentarle a un director de cine,
parecía posible que llegara a tales extremos. Para alguien como Gong Ju-han, en
lugar de andar con rodeos, le resultaría más fácil gastar unos cientos de
millones para quitarse de la vista a un ser molesto. De todos modos, Woo-hyun
no tenía intención de volver a contactar a Seo-hyun.
Al ver que Woo-hyun, de quien esperaba que
hubiera venido preparado, tenía una expresión de estupefacción, Jang Myung-jun
se inclinó hacia adelante y comenzó a persuadirlo.
“Solo los intereses de ahora suman millones de
wones al mes, ¿no sería mejor aceptar la ayuda? Dijo que quiere ayudarte porque
eres excepcionalmente trabajador. Al ser amigo de su hermana menor, no se
portará como un prestamista usurero. No es alguien a quien le falte el dinero,
así que tú también podrías respirar un poco”.
“.......”.
“Es un golpe de suerte. Es algo que pasa una
vez en la vida. Al principio pensé que era una estafa y colgué, pero luego su
secretario vino hasta mi casa y lo conocí personalmente en la empresa. Sus
antecedentes son sólidos y, a diferencia de su apariencia, es muy afable y
generoso. No es alguien que te haría daño. Incluso conocía el papel que
interpretaste, Woo-hyun. El de Dae-shik”.
Se negó a verme a mí, pero se reunió con el
profesor.
En medio de su asombro, Woo-hyun pudo imaginar
fácilmente cuán atractivo y buena persona debió parecer Gong Ju-han ante su
mentor. Con esa belleza deslumbrante, Gong Ju-han habría captado su atención de
inmediato para luego sonreír dulcemente y susurrar palabras agradables al oído.
Si aceptaba la ayuda, tendría que humillarse
primero. Era una situación en la que le habían dado una bofetada sin motivo,
pero debía hacer una reverencia y dar las gracias.
“¿Conociste a ese hombre en el bar donde
trabajas?”.
Ante la repentina pregunta, Woo-hyun se
sobresaltó y levantó la vista. Aunque solo mencionó ‘un bar’, el contexto de la
pregunta, considerando dónde podría un joven como él conocer a un magnate
sugería que se refería a un talking bar. Nunca le había dicho al profesor que
trabajaba en un lugar así, ¿se lo habría dicho Hyun-woo?
Sintió vergüenza y, al mismo tiempo, de forma
descarada, una pizca de decepción. Le dolía que el profesor ni siquiera le
hubiera dirigido una palabra para disuadirlo de trabajar en un talking bar,
aunque fuera por cortesía. Inmediatamente, la autocrítica borró ese pensamiento
inmaduro.
¿Cómo puedo ser tan desalmado?
Incluso en esta situación, el profesor nunca
lo había culpado.
“Ese hombre dijo que eras amigo de su hermana,
pero preguntaba por si acaso. ¿O conociste a la hermana allí?”.
“Sí”.
“Entonces se entiende. No parecía el tipo de
persona que frecuentaría esos lugares”.
El profesor murmuró para sí, visiblemente
aliviado.
Esos lugares.
Woo-hyun fingió no escucharlo y desvió la
mirada. Mientras intentaba conscientemente vaciar su mente para no pensar en
nada, el pecho le dolía con una punzada opresiva. Mientras jugueteaba con la
taza para disimular, la voz reconfortante continuó.
“¿Qué es lo que te preocupa? ¿Te incomoda
recibir ayuda de alguien a quien no conoces bien? No pienses así. A ti también
tiene que pasarte algo bueno alguna vez. No está escrito en ningún lado que
debas sufrir siempre”.
“Aun así, no me siento tranquilo”.
“Sé que es difícil deberle algo a alguien,
pero si dejas de pagar millones en intereses cada mes, tu vida diaria mejorará
notablemente de inmediato. Y de todos modos, tampoco te sientes tranquilo
ahora, ¿verdad?”.
Decía "tu vida diaria", pero en
realidad se refería a la suya propia. De una forma u otra, si el ambiente iba a
ser incómodo, la intención de que al menos él fuera liberado de ese sufrimiento
era evidente. Y era comprensible. Woo-hyun no podía apartar la vista del cuello
holgado de la camisa del profesor. Alguna vez fue un hombre tan robusto como
él, pero en pocos años se había vuelto frágil y envejecido, como un enfermo. Si
había llegado a contraer herpes zóster, el estrés debía ser considerable.
¿Cómo podría decir que no? Era dinero que el
profesor debía recuperar y su vida cambiaría al instante. En una situación
donde ni siquiera sabía cuándo podría terminar de pagar, rechazarlo sería no
tener humanidad. Frente a alguien que no buscaba un milagro, sino simplemente
volver al punto de partida, ¿qué importancia tenía su insignificante orgullo?
Tras observar el prolongado silencio de
Woo-hyun, Jang Myung-jun suspiró.
“Si te sientes tan incómodo, no puedo
obligarte”.
“No, profesor. Si me ofrece ayuda, debo
aceptarla con gratitud. ¿Cómo podría rechazarla? Es una suma que no sé si podré
devolver en lo que me queda de vida”.
Ante las palabras esperadas, el rostro del
profesor se iluminó al instante. Al ver al profesor sonreír, Woo-hyun le
devolvió la sonrisa.
Quería seguir hablando más tiempo, pero el
profesor miró su reloj y se marchó poco después diciendo que tenía una cita.
Woo-hyun regresó a casa caminando bajo la luz de la tarde. Los rastros de su
salida apresurada y agitada permanecían por toda la casa, incluyendo el
recibidor. Los sentimientos que había experimentado apenas unas horas antes le
parecían ahora remotos.
Antes de bañarse, Woo-hyun se paró frente al
espejo del baño. Tocó su rostro golpeado e intentó forzar una sonrisa. Un
rostro impecable, sin una sola herida, le devolvió la sonrisa desde el otro
lado.
“Gracias”.
Gracias. Gracias por su ayuda. Sus labios
temblaban ligeramente al repetir el agradecimiento, así que tensó la comisura
de la boca. Tras practicar varias veces, pronto pudo decirlo con una expresión
neutra y serena.
¿Qué importancia tiene esto?
Woo-hyun tomó aire y, sacando su teléfono,
buscó el número del secretario en su lista de bloqueados.
***
Woo-hyun levantó la cabeza todo lo que pudo
para contemplar el rascacielos frente a él. A pesar de doblar el cuello casi
por completo, el edificio era tan colosal que no cabía entero en su campo de
visión. Ese rascacielos de más de 30 pisos era la sede central del Grupo
Sejeong, donde se alojaban la mayoría de sus filiales.
Sintió una brecha de realidad mucho más
profunda que cuando se encontraron en la sección de lujo de las tiendas
departamentales.
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Realmente toqué los nervios de un magnate de
este calibre.
Una risa amarga escapó de sus labios ante el
pensamiento. Para Gong Ju-han, si con esa cantidad de dinero podía hacer que un
tipo impertinente inclinara la cabeza a sus pies, probablemente ni siquiera lo
consideraría un gasto digno de preocupación.
Tras llamar para avisar de su llegada, el
secretario bajó al poco tiempo. Mientras caminaba detrás de él, Woo-hyun apretó
con fuerza el paquete de pasteles de arroz (tteok) que llevaba en la mano.
Pensó que no debía presentarse con las manos vacías y encargó los pasteles en
una tienda donde la gente solía hacer fila en el mercado. Aunque el sabor
estaba garantizado, el envoltorio no era muy refinado, y ahora empezaba a
preocuparle.
Se sentía extraño y con náuseas. A pesar de
haber cruzado palabras y bromeado con él una vez, sentía que iba a encontrarse
con un completo desconocido. Después de haber hecho de todo para ver a Gong
Ju-han, incluyendo dejar que Seo-hyun usara su tarjeta, ahora que el encuentro
era inminente, no podía prever ni la primera palabra de Gong Ju-han ni la suya
propia.
Tras salir del ascensor y caminar un rato
mirando fijamente la espalda del secretario, finalmente llegaron frente a la
oficina del director ejecutivo. Antes de abrir la puerta, el secretario se dio
la vuelta bruscamente y lo escaneó de arriba abajo.
“¿Qué es eso que trae?”.
“Ah, esto... es tteok. Me sentía mal viniendo
con las manos vacías”.
“Démelo y pase”.
Sin darle tiempo a protestar por la forma tan
descortés en que el secretario se deshizo del regalo, este llamó a la puerta y
la abrió de par en par. Siendo casi empujado hacia adentro, Woo-hyun inhaló un
aire tembloroso.
Nada más erguir la cabeza, sus ojos se
cruzaron con los del hombre sentado tras el escritorio. El ‘Hola’ que pretendía
pronunciar se quedó atrapado en su garganta. Ese rostro inexpresivo, que no
mostraba ni sonrisa ni enfado, era completamente diferente al que recordaba.
Gong Ju-han lo observaba sin mostrar el más
mínimo rastro de emoción. Había investigado su pasado, atrapado su debilidad y
pagado arbitrariamente una deuda millonaria, pero ahora actuaba como si no
tuviera ningún asunto pendiente, lo que generaba una extraña disonancia.
Woo-hyun se lamió los labios secos y saludó con una inclinación.
“Hola”.
“Siéntate”.
Solo después de que Woo-hyun pronunciara su primera
palabra, Gong Ju-han abrió la boca. Siguiéndolo hacia el sofá donde él se sentó
primero, Woo-hyun también tomó asiento enfrente e intentó regular su
respiración. Este era un hombre que, por un simple roce de nervios, había
escalado la situación a niveles absurdos. Por miedo a que una palabra
equivocada perjudicara al profesor Jang Myung-jun, no se atrevía a hablar con
facilidad.
“Me dijeron que querías verme, pero no dices
nada”.
Gong Ju-han ladeó la cabeza como si estuviera
genuinamente desconcertado. Al encontrarse con ese brillo juguetón en sus ojos,
recordó su primer encuentro. Aquella mirada que destellaba con picardía
mientras lanzaba bromas amables. Le resultaba increíble que pudiera soltar
semejantes palabras hipócritas con la misma sonrisa de aquel entonces.
Como pagaste la deuda del profesor para
manipular a un tipo como yo a tu antojo, no tengo palabras.
La razón por la que decía esas tonterías
sabiendo todo era obvia: quería que él se humillara por iniciativa propia. En
su interior, quería reclamarle quién le había pedido que pagara nada, pero no
podía. Gong Ju-han también debía saber que no podía hacerlo. Así que entró en
ese escenario perfectamente diseñado para hablar y actuar tal como Gong Ju-han
deseaba.
Woo-hyun reprimió su ira y pronunció las
palabras preparadas. A pesar de ser actor, su voz sonaba tan plana y forzada
como si estuviera leyendo un libro de texto.
“Gracias por pagar mi deuda. Prometo que se la
devolveré fielmente”.
Como era obvio que no le prestaría tal suma de
dinero sin más, Woo-hyun recitó las palabras que Gong Ju-han querría escuchar
con total claridad.
“Tampoco volveré a contactar con Seo-hyun. Me
aseguraré de no involucrarme con ella bajo ninguna circunstancia, y también le
devolveré el dinero que gastó en el bar”.
“¿Por qué ese dinero?”.
Interrumpió bruscamente Gong Ju-han, que
estaba recostado contra el respaldo del sofá escuchando en silencio.
Era el dinero que le había hecho gastar en
lugar de una indemnización, pero se sentía tan sucio que no quería conservarlo.
Como no podía ser tan honesto, tuvo que buscar palabras adecuadas. Apretó los
puños apoyados sobre sus rodillas.
“Le pedí a Seo-hyun que gastara exactamente
los 30 millones de wones que usted ofreció como indemnización, con la promesa
de que consideraría que ya los había recibido. Pensé que, al menos por la
rabia, usted accedería a verme. Pero dado que el acuerdo se ha llevado a cabo
de una manera diferente y repentina, lo correcto es no aceptar ese dinero”.
Las comisuras de sus ojos oscuros parecieron
curvarse y, en cuanto terminó de hablar, Gong Ju-han soltó una pequeña
carcajada. Parecía que le resultaba cómico que, llegado a este punto, él
intentara explicar lo de Seo-hyun y se empeñara en devolver el dinero. Woo-hyun
ya esperaba ser objeto de burla. Las personas que se forman una idea equivocada
de alguien rara vez cambian de opinión. Sabiendo eso, él solía vivir sin dar
explicaciones aunque lo malinterpretaran. Pero, ¿por qué sus palabras se
alargaban tanto esta vez?
Gong Ju-han movió sus ojos lentamente e
inclinó el torso hacia adelante, acercándose. Una fragancia que se sentía fría
pero a la vez fresca inundó su nariz. Esa mirada penetrante recorrió a Woo-hyun
de arriba abajo, escudriñándolo.
“¿Estrictamente hablando, no fue una estafa?”.
Woo-hyun apretó los dientes, haciendo que los
músculos de su mandíbula se tensaran. Respondió con firmeza.
“Nunca he estafado a nadie”.
“Bueno, ¿pero utilizar a la gente sí cuenta
como utilizarla, no?”.
“Creo que estamos a la par en cuanto a
utilizar a las personas que nos rodean”.
Aunque su cabeza sabía que debía contenerse,
su boca no le obedeció. En cuanto lo dijo, se arrepintió, pero Gong Ju-han no
se enfadó. Para alguien que había salido preparado para lo peor, incluso
esperando otro puñetazo, su reacción fue suave. En lugar de estallar, murmuró
con una sonrisa.
“Esa parte aumentó sus ventas en millones y a
mí me quitaron mil millones, pero bueno, digamos que estamos a la par. Al fin y
al cabo, el resfriado de uno es siempre el que más duele”.
“.......”.
“¿Algo más?”.
Había tanto desdén en sus ojos alargados que
parecía estar esperando a ver hasta dónde llegaba. Bajo esa mirada gélida, la
ira de Woo-hyun se desvaneció y la realidad de su situación se hizo cada vez
más nítida. Este hombre era alguien capaz de hacer algo peor que amenazar con
palabras aterradoras o ejercer violencia física. Con esa capacidad de ejecución
que le permitió acercarse al profesor Jang Myung-jun sin previo aviso, no se
sabía qué haría después. Woo-hyun estaba en una posición en la que, por
derecho, debía andar con pies de plomo.
“Me dio mucha pena el señor Jang Myung-jun”.
Como si estuviera leyendo su mente, Gong
Ju-han soltó el nombre del profesor. En ese instante, el corazón de Woo-hyun
dio un vuelco.
“El estrés consume a la gente, así que tiene
achaques por todas partes y hasta tuvo que jubilarse. Parece que en su entorno
son muy sensibles a los rumores. Al verse acosado por las deudas y pedir dinero
prestado aquí y allá, parece que se convirtió en el tema de conversación de la
gente. Sospecho que la deshonra le resultó más difícil de soportar que el
dinero mismo”.
“.......”.
“Ese es un hecho que no cambiará, acepte usted
los 30 millones o no”.
A pesar de haber pasado por innumerables
situaciones miserables, había una línea que Woo-hyun mantenía para conservar su
integridad. El consuelo de no haber cruzado esa delgada línea era la fuerza que
le permitía soportar la realidad. Sabía que devolver los 30 millones no
cambiaría gran cosa, pero el deseo de hacerlo era por sí mismo. Gong Ju-han ni
siquiera le permitió eso, pronunciando palabras crueles que señalaban que ese
insignificante consuelo personal no tenía ningún sentido.
Casi habría preferido ser tratado como el
gigoló que estafó a su hermana y se dirigía a un semisótano cargado de artículos
de lujo. Porque ese no era el verdadero Song Woo-hyun. Pero ante un Gong Ju-han
que conocía toda la situación, no quedaba escondite para Song Woo-hyun.
Woo-hyun forzó su voz, que apenas salía.
“Aun así... no quiero aceptarlo”.
“¿Cree que usted es diferente? ¿Que no es ‘ese
tipo de persona’?”.
¿Que tienes tus propios principios, actúas
conforme a ellos y no haces cosas vergonzosas?. La voz que añadía estas
preguntas era suave. Woo-hyun quería responder con orgullo, pero no tenía la
certeza.
En su infancia, cuando vivía con sus padres,
ellos habían pedido dinero prestado usándolo a él como excusa, y él se quedó de
brazos cruzados. A veces pagaban y otras no, rompiendo relaciones, pero él
pensó que no podía hacer nada desde su posición y simplemente miró hacia otro
lado. Con ese dinero él también comió, se vistió y creció. Pasó días
atormentándose, pensando si las consecuencias que ahora alcanzaban al profesor
Jang Myung-jun no eran su karma.
Al ver que Woo-hyun no respondía, Gong Ju-han
cruzó sus largas piernas.
“Supongamos...”.
Sus labios rojos se abrieron para susurrar de
forma sugerente.
“Si ahora mismo te dijera que quiero acostarme
contigo, ¿qué responderías?”.
Lo preguntaba con un rostro tan hermoso que
cualquiera lo desearía, pero en su mirada no había ni un ápice de lujuria. No
era una pregunta sobre su voluntad porque realmente quisiera hacerlo. No
importa cómo justifiques tu situación, eres 'ese tipo de persona'. Era una
conversación que solo terminaría cuando él lo admitiera.
“¿Y si, en caso de rechazarlo, la oferta de
ayuda quedara anulada?”.
Responde. Solo así terminará esto. No es que
realmente vaya a vender su cuerpo, son solo palabras, ¿por qué es tan difícil?
Durante el silencio, su corazón se iba desgastando. Se mantenía en pie a duras
penas, pero sentía que finalmente era empujado fuera de la línea y se
desmoronaba. Woo-hyun abrió la boca y forzó las palabras que no querían salir.
“Creo que... respondería que sí”.
En el momento en que pronunció esa respuesta,
sintió que algo dentro de su pecho finalmente se quebraba. Gong Ju-han arqueó
ligeramente las cejas y bajó la mirada siguiendo la cabeza gacha de Woo-hyun.
Luego, frunció el ceño como si hubiera visto algo desagradable.
“Relájate. No tengo afición por cosas tan
sucias”.
“.......”.
“Consideraré que la indemnización ha sido
recibida”.
Woo-hyun, con el rostro pálido, se mordió el
labio. Gong Ju-han consultó brevemente su reloj y continuó sin demora.
“Como tampoco soy un filántropo, tengo una
exigencia. Llama a Seo-hyun y reconcíliate con ella”.
Woo-hyun pensó que le prohibiría acercarse a ella,
pero Gong Ju-han le exigió una reconciliación.
“Es una chica enferma. Su depresión es grave y
se culpa mucho por lo sucedido, así que resuélvelo de buena manera. Solo quiero
que el cierre sea natural, no te estoy pidiendo que sean amigos. No tiene
contactos en la industria del entretenimiento, así que será mejor que ni piense
en pedir ayuda”.
“Me pondré en contacto de inmediato para
disculparme”.
A pesar de haber sido implacable con él, para
su hermana era un hermano cariñoso que incluso se preocupaba por el dolor que
ella sentiría al romperse la relación. Woo-hyun acarició distraídamente su
teléfono sobre el pantalón. El número de Seo-hyun aún estaba guardado.
“Una cosa más”.
Gong Ju-han habló mientras se levantaba
primero de su asiento.
“Deja el host bar y busca un trabajo decente
para pagar. No soy un proxeneta, no puedo aceptar dinero ganado en esos
lugares, ¿verdad?”.
“Sí”.
De todos modos, esa era su intención. Le
alegraba poder dejarlo, ya que era un trabajo que había empezado solo por los
altos intereses.
Sí, es lo mejor.
Woo-hyun se puso en pie manteniendo una
expresión serena. Aunque sentía un ardor en los ojos, no evitó la mirada de
Gong Ju-han.
“Le informaré al señor Jang Myung-jun sobre el
estado de los pagos una vez por trimestre. Supongo que no querrás decepcionar a
alguien a quien aprecias tanto”.
Alguien a quien aprecias.
Woo-hyun inhaló silenciosamente. Mientras el
profesor estuviera de por medio, no podía actuar a su antojo. Gong Ju-han debía
haber pagado la deuda sabiendo eso.
Si pago con honestidad, será bueno para el
profesor y no será malo para mí.
Así que está bien.
“Puedes irte”.
“Gracias”.
Woo-hyun hizo una reverencia y se dio la
vuelta rápidamente para salir. Se alejó con la mirada baja, los puños apretados
y el rostro encendido. Ju-han observó su espalda con insistencia y, en cuanto
oyó el sonido de la puerta cerrándose, frunció el ceño.
Había estado furioso por el asunto de
Seo-hyun, pero tras acorralar hasta casi hacer llorar a un chico de la edad de
su hermana, no se sentía precisamente eufórico. Mientras se masajeaba las
sienes con la punta de los dedos, el secretario Kim llamó suavemente a la
puerta.
“Señor Director. Dicen que esto es tteok
(pastel de arroz), ¿lo tiro?”.
“¿Tteok?”.
“Es el regalo que trajo Song Woo-hyun”.
Ju-han soltó una risita burlona al abrir la
caja, que era más que sencilla, casi ruda. No era solo pastel de arroz, sino
hwajeon (pasteles decorados con pétalos de flores) de colores. No entendía por
qué alguien que había venido tan rígido y tenso compraría algo así cuando no se
trataba de una celebración.
“Por si acaso, creo que sería mejor que no lo
coma”.
“¿Cree que intenta envenenarme?”.
Ante la advertencia del secretario Kim, Ju-han
esbozó una sonrisa de lado y tomó un hwajeon. El hecho de que supiera bastante
bien le resultó aún más absurdo.
“¿Con qué intención habrá traído esto?”
“Me parece que no pensaba en nada en particular...”.
“Traer hwajeon es bastante peculiar”.
“¿Quizás simplemente pensó que las flores eran
bonitas?”.
¿Tanto así de simple es su forma de pensar?
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Mientras observaba el hwajeon de azalea roja,
Ju-han descubrió una tarjeta clavada en el borde de la caja y la tomó. En el
papel grueso, del tamaño de media palma, estaban escritas cinco letras con
caligrafía pulcra y clara: ‘Gracias’.
Ju-han volteó la pequeña tarjeta
distraídamente y entrecerró los ojos al notar unas marcas de presión. Parecía
que, antes de escribir la nota, había colocado otro papel encima y practicado;
se veían las huellas de haber presionado con fuerza. Al ponerla bajo la luz
para ver mejor, leyó otro ‘Gracias’. Como si hubiera tenido que ensayar esa
simple palabra varias veces.
***
"Pagaré ese dinero sin falta, pase lo que
pase".
Woo-hyun caminaba a grandes zancadas mientras
mordía con energía un hotteok (bollo dulce). Había pasado por la empresa por la
mañana para un trabajo a tiempo parcial en un ensayo clínico de suplementos de
salud, y ahora se dirigía al complejo deportivo donde se celebraba una
competencia de atletismo para su siguiente empleo. Quizás por los efectos
secundarios del ensayo clínico no tenía nada de apetito, pero si no ingería
algo ahora, seguramente se marearía durante el trabajo. Aunque la textura
elástica del hotteok le resultaba repulsiva, se obligó a masticar y tragar.
El trabajo de disfrazarse de botarga era de
los más divertidos. La paga por hora era alta, pagaban en el momento y, como la
cara del muñeco era bonita, recibía el cariño de todo el mundo. Algunos lo
evitaban por el calor y la asfixia, pero para él era más cómodo encontrarse con
la gente oculto tras la máscara. Especialmente en momentos como este.
No pienses demasiado, solo haz lo que puedas.
En lugar de trabajar a tiempo completo de 9 a
6, ganaba más dinero acumulando varios trabajos de jornada diaria. De lo que
recibía, dejaba la mitad para gastos básicos y transfería el resto de
inmediato. Al moverse y trabajar duro para vaciar su mente, ya había logrado
pagar una cantidad considerable.
Tenía ansias de actuar, pero debía aceptar la
realidad. Finalmente se había desvinculado de su pequeña agencia, lo que hacía
que conseguir un papel fuera aún más remoto. Como faltaba poco para que
terminara su contrato de cinco años, podría haber esperado, pero el
representante exigió la rescisión. Probablemente le pareció imperdonable que
alguien que no generaba dinero se negara a aceptar los trabajos que le
conseguía con esfuerzo. Como lo habían contratado por su pasado famoso en redes
sociales pero él se negaba a vender su historia personal, el representante
debió sentirse estafado. Woo-hyun lo entendía, por lo que aceptó la rescisión
sin rechistar. De hecho, debía estar agradecido de que lo dejaran ir sin
problemas.
Tal vez no solo le faltaba suerte, sino
también talento. Había mucha gente dispuesta a hacer lo que fuera por triunfar,
pero él no estaba tan desesperado como para ir a un reality de citas. Quizás su
padre tenía razón al decir que los que tenían que triunfar ya lo habían hecho,
y que las probabilidades de éxito como streamer eran mucho más altas que como
actor. ¿Cómo iba a debutar en una industria que vive de la imagen alguien que,
aunque fuera de niño, ya había sido consumido haciendo mukbangs?
Las decisiones que tomó por falta de otras
opciones lo habían traído hasta este punto. Sentía que había llegado a un
callejón sin salida, donde no podía escapar de las miradas de desprecio.
“Maldito imbécil”.
Sintiendo un repentino arranque de
indignación, Woo-hyun sacó su teléfono y abrió la aplicación del banco. 504,070
wones. Tras mirar fijamente el saldo restante y hacer cálculos mentales, llegó
a una conclusión. Podía vivir sin los decimales. Transfirió 4,070 wones y soltó
un breve suspiro. Era una miseria, pero sentía que con esos 4,070 wones se
alejaba un poco más de esa mirada que lo menospreciaba.
Mientras caminaba buscando un basurero, un
hombre con un gran cartel captó su atención. ABRAZOS GRATIS. El mensaje escrito
en letras grandes atrajo su mirada. Era una campaña que fue muy popular hace
tiempo, ¿aún se hacía? Al mirar más de cerca, vio que un amigo cercano estaba
grabando un video.
Podría ser para contenido o una tarea
universitaria. Entre los transeúntes que pasaban de largo con indiferencia, el
hombre mantenía el cartel en alto con firmeza. Tras observarlo un buen rato sin
poder apartar la vista, Woo-hyun finalmente corrió hacia él. Ante el hombre que
lo miraba desde abajo, Woo-hyun, con el rostro enrojecido por el viento frío,
preguntó.
“¿Puedo abrazarlo?”.
En lugar de responder, el hombre abrió los
brazos y Woo-hyun lo abrazó con fuerza sin dudar. Como Woo-hyun era mucho más
corpulento, el hombre quedó completamente envuelto en sus brazos. Aunque el
hombre también estaba frío por llevar tiempo a la intemperie, incluso esa
temperatura gélida se sintió cálida y derritió su corazón. Un desconocido que,
sin preguntar nada y sin esperar nada, lo abrazaba con fuerza.
Le escocía la nariz, así que frunció el ceño
para disimular. Tras un último apretón, Woo-hyun lo soltó.
“¡Gracias! Que tenga un buen día”.
“Antes de irse, mire a la cámara un momento,
por favor”.
El hombre señaló sonriendo a su amigo que
sostenía el teléfono. Woo-hyun dedicó una amplia sonrisa a la cámara y se
despidió agitando la mano.
A ponerse el disfraz, recibir mucho cariño y
recoger mis 80,000 wones.
Tras hacerse esa promesa silenciosa, sus pasos
al alejarse eran más ligeros que antes.
***
El invierno se va y llega la primavera. Decían
que el frío tardío de marzo desaparecería por el cambio climático, y este año
el clima era bastante cálido desde principios de mes. Ju-han sonrió a la
persona sentada frente a él. Por esta época, sus nervios solían calmarse y se sentía
mucho más generoso. Lo suficiente como para aceptar una cita a ciegas a través
de un conocido.
Solía tener relaciones constantes, pero como
solía romper en invierno, pasó este fin de año y año nuevo solo. En invierno
dormía peor y estaba de mal humor, así que estar soltero le resultaba más
liberador. El año pasado también cortó con su novia a finales de noviembre, el
día de la primera gran nevada.
“Me alegró recibir su contacto”.
Parecía que los rumores de su soltería habían
corrido; la mujer que lo contactó a través de un intermediario era Lee
Joo-young, nieta del presidente del Grupo Daejin. Le gustaba que su forma de
hablar denotara seguridad, además de ser guapa y de una edad similar. Se sentía
cómodo teniendo relaciones estables con mujeres maduras de familias acomodadas
que no necesitaban nada de él. Si la brecha de edad o de poder adquisitivo era
muy grande, era fácil acabar como sus padres. El ser humano es alguien que,
incluso viviendo el ‘amor del siglo’ contra viento y marea, empieza a calcular
pérdidas y ganancias en cuanto ese sentimiento se desvanece un poco.
Su madre, que quiso llevárselo para obtener la
pensión alimenticia en medio del divorcio, y su padre, que lo quiso solo por
odio a su madre. Su abuelo, que ordenó traer solo al nieto varón porque no
necesitaba a una niña. Al final, el hecho de que su padre se los llevara a él y
a Seo-hyun juntos no fue por respeto a su opinión de no ir a ninguna parte sin
ella, sino simplemente porque quería ganar la batalla contra su madre.
“¿Es la comida de su agrado?”.
“Sí, es excelente. Es mi primera vez aquí,
tendré que traer a mis amigas”.
“Parece una persona extrovertida. Yo también
lo soy”.
En una relación que se busca por placer, no
hay razón para cansarse mutuamente. Disfrutar de los mismos pasatiempos, tener
citas, compartir el día a día y tener sexo. Sin montañas rusas, sin llantos ni
peleas dramáticas. Al fin y al cabo, ¿no es la estabilidad la clave de lo que
se considera una forma de amor ideal?
“Sí, mis aficiones son los deportes al aire libre.
Me gusta la equitación y lo que más amo es el esquí. También sé patinar y andar
en patineta. ¿Cuáles son sus aficiones, Ju-han?”.
Detestaba los deportes de invierno.
Si las aficiones no coinciden, no podemos
salir.
El interés de Ju-han se evaporó al instante,
pero mantuvo una sonrisa amable. Mientras planeaba regresar a la empresa en
cuanto terminara la comida, continuó la conversación con cortesía.
“A mí me gusta conducir y el surf”.
“¿No juega al golf?”.
“El golf... solo lo juego cuando es estrictamente
necesario”.
Joo-young se rió pensando que era una broma,
pero su desagrado por el golf era real. Más que el juego en sí, odiaba tener
que pasar todo el día con gente que no le agradaba manteniendo conversaciones
largas y aburridas. No había mayor pérdida de tiempo que escuchar las
estupideces que soltaban durante horas los que solo buscaban gestionar sus
redes de contactos.
Tras apenas terminar el aperitivo y la mitad
de la ensalada, Joo-young dejó los cubiertos. Sintiendo la necesidad de
explicar por qué dejaba comida, añadió en cuanto cruzó la mirada con él.
“Es que estoy a dieta”.
“Ah, entiendo”.
Asintió con una respuesta vaga, pero de
repente recordó a cierto tipo que había dicho lo mismo de la nada. ¿Sería
porque la situación era muy parecida? Quizás se le quedó grabado por lo absurdo
de verlo devorar tempura de langostinos tras decir que estaba a dieta. También
fue gracioso aquello de que no solo quería perder peso, sino crecer un
centímetro más.
Dijera lo que dijera sobre no poder hacer papeles
de villano por su cara, ese último rostro al borde de las lágrimas se le venía
a la mente de vez en cuando. Un hombre adulto y robusto llorando debería ser
patético, pero el hecho de que aguantara sin dejar caer ni una sola lágrima le
dejaba un mal sabor de boca. Tal vez fuera por haber visto demasiadas fotos de
su infancia durante la investigación de sus datos personales. Que Seo-hyun
sacara el tema cada vez que se veían tampoco ayudaba.
Le dejé pagar la deuda sin intereses, eso ya
es una buena obra. ¿Acaso también tengo que cuidar su orgullo?
Ju-han apartó con indiferencia la imagen de
Song Woo-hyun que le había asaltado.
Tras rechazar cortésmente el postre y regresar
a la oficina, el secretario Kim lo recibió con el rostro demacrado. Al ver que
Ju-han no parecía estar de mal humor, suspiró aliviado. Para él, que había
trabajado a su lado desde que era un estudiante universitario haciendo
prácticas en el Hotel Sejeong hasta alcanzar el puesto de director ejecutivo,
este invierno había sido especialmente cruel. La ‘enfermedad del temperamento’
que a Ju-han le brotaba cada invierno había sido particularmente grave este
año.
Había roto con su novia y Gong Seo-hyun se
dedicaba a gastar dinero en host bars. En medio de eso, Ju-han acompañó al
Presidente Gong en un viaje de negocios a Australia, un viaje importante para
la expansión del Hotel Sejeong, al que el Presidente invitó no solo a su hijo
sino también a su amante. Tras regresar de ese viaje infernal junto a la amante
de su padre, tuvo que cuidar de la depresión de Seo-hyun, que había empeorado.
Al intentar encontrar la causa, tuvo que deshacerse del ‘novio’ de Seo-hyun y,
acto seguido, ella se lanzó al arroyo Cheonggyecheon.
A veces era abrumador, pero humanamente
entendía por qué el carácter de Gong Ju-han era así. Como si le hubiera leído
el pensamiento, Ju-han se giró hacia el secretario Kim con el ceño fruncido.
“Cierto. Organice la cantidad que ha pagado
Song Woo-hyun e infórmele al señor Jang Myung-jun”.
“Sí, de hecho ya lo tengo organizado”.
“¿Habrá pagado unos cien mil wones?”.
Preguntó con desinterés, como si no esperara
nada.
El secretario Kim encendió su tableta y abrió
el archivo con el registro de depósitos de Song Woo-hyun. Al no haber
intereses, pensó que pagaría lentamente, pero Song Woo-hyun era inesperadamente
diligente.
“Hasta ayer, ha devuelto 5,437,270 wones”.
Ju-han, que revisaba los documentos apilados
en su escritorio, clavó la vista en el secretario. Había confusión en sus ojos.
“¿...70 wones?”.
“Parece que cobra por diversos trabajos,
porque envía dinero no una vez al mes, sino unas diez o quince veces. Las
cantidades varían cada vez y son... pequeñas”.
Incluso después de escuchar la respuesta,
Ju-han seguía con cara de no entender. El secretario Kim le entregó el
historial de pagos organizado en Excel.
Los pagos grandes llegaban una vez al mes,
entre un millón y un millón y medio de wones. Lo extraño era que, aparte de
eso, depositaba pequeñas sumas cada dos o tres días, y a veces hasta dos veces
en un mismo día. Al revisar la lista, Ju-han arqueó las cejas al máximo.
“12,300 wones, 25,000 wones... ¿4,070 wones?”.
“A mí también me resulta difícil de entender;
debe ser muy tedioso enviar dinero así”.
Incluso si las comisiones por transferencia
fueran gratuitas, ¿no le resultaba molesto? Ju-han se quedó mirando fijamente
la lista de números, estupefacto.
“¿No será algún tipo de código? Si lo
descifras, ¿saldrá un mensaje de maldición o algo así?”.
“No lo parece. Simplemente está haciendo
varios trabajos a tiempo parcial y parece que envía el dinero cada vez que le
pagan”.
“¿Qué clase de trabajo paga 4,070 wones? Ni
siquiera llega al salario mínimo”.
“¿Quiere que le diga que no lo envíe en tantas
partes y que lo haga una vez al mes?”.
Ya fuera en partes o una vez al mes, el asunto
ya había captado su atención. Tras abrir y cerrar la boca varias veces, Ju-han
finalmente preguntó.
“... ¿No decía que era actor?”.
“En ese sector, si son papeles secundarios, el
pago suele estar al nivel de un trabajo a tiempo parcial”.
“Está bien. Infórmele al señor Jang Myung-jun
y, en adelante, no hace falta que me dé detalles a mí”.
Incluso después de hacer un favor, tenía que
sentirse como un prestamista despiadado. Ya de por sí estaba bastante ocupado
como para andar revisando este tipo de cosas. Ju-han apartó con irritación la
tableta de su vista y, una vez más, expulsó a Song Woo-hyun de su mente.
***
Ju-han se llevó a la boca el último trozo de
filete cortado y dejó el cuchillo. Podía sentir la mirada de su padre fija en
él mientras masticaba la carne sin entusiasmo, pero no le dio importancia. No
había invitado a cenar a su padre por un repentino deseo de estrechar lazos
familiares. Ju-han le dedicó una leve sonrisa a Seo-hyun, que se había
mantenido en silencio durante toda la comida, y habló.
“Seo-hyun estuvo resfriada. Resulta que dio un
mal paso y se cayó al arroyo Cheonggyecheon”.
“Ah, ¿sí? ¿Y ya está bien?”.
Su padre preguntó con indiferencia, como si
fuera la primera vez que lo oía. Seguramente le habían informado, pero al
parecer no era una información lo suficientemente importante como para
recordarla. Para que un padre regañara a su hija adulta por emborracharse y
caerse al río, cuestionando si planeaba avergonzarlo, debía existir al menos
algo de afecto. Seo-hyun lo miró de reojo como reprochándole que sacara el
tema, pero Ju-han continuó fingiendo inocencia.
“Se recuperó hace poco. Es lo que pasa por
usar tacones en un día de nieve”.
Día de nieve. Tacones. A pesar de lanzar
frases diseñadas para captar su atención, su padre se limpió con calma los
restos de salsa de la comisura de la boca con una servilleta. Tras soltar un
desganado ‘ten más cuidado en el futuro’, empezó a hablar efusivamente sobre el
último trabajo del actor Park Ji-ho. Escuchar que Park Ji-ho había subido de
peso a propósito para una película y que ahora no podía bajarlo, información
que no le interesaba en absoluto, hizo que Ju-han perdiera el poco apetito que
le quedaba.
Apoyando la barbilla en la mano con gesto indiferente
mientras escuchaba los elogios de su padre hacia su amante, Ju-han no pudo
aguantar más y lo interrumpió.
“Dicen que el peso ganado por el alcohol es
difícil de perder; quizá bebió de más porque la película no vendió entradas”.
“No le fue tan mal, simplemente tuvo mala
suerte con la competencia. Era una película bien hecha...”.
Bien hecha, mis narices. La película más
reciente de Park Ji-ho, ‘Un giro del destino’, había contado con una inversión
de más de diez mil millones de wones por parte de Sejeong Entertainment, pero
la audiencia se había quedado un 30% por debajo del punto de equilibrio.
“¿Mala suerte con la competencia? Pensé que
habían salido artículos sobre el monopolio de pantallas”.
Incapaz de rebatir el comentario de Ju-han, el
presidente Gong soltó una carcajada forzada y le dio un sorbo a su vino.
“Solo entenderás cuando experimentes el amor
verdadero. Ese sentimiento de querer dar todo lo que tienes. Tus relaciones
apenas duran unos meses, así que es imposible que conozcas el amor. Ya no eres
un niño, deberías casarte y sentar cabeza en lugar de andar perdiendo el tiempo”.
“Yo me encargaré de mis asuntos”.
Ju-han volvió a cortar la conversación
tajantemente. Un amor que lo da todo. Hubo un tiempo en que su propia madre fue
eso para su padre. Saboreando el aroma del vino, el presidente Gong se tomó su
tiempo con aire relajado.
“Ji-ho dice que conoce a un actor que te
admira. Al parecer se preparó para ser idol, así que canta como un profesional.
¿Por qué no te reúnes con él?”.
“Salir con celebridades solo genera más
escándalos”.
“Opa...”.
Murmuró Seo-hyun con voz apenas audible, con
cara de estarse indigestando, tratando de detenerlo.
Ante la franqueza de Ju-han, la risa del
presidente Gong se desvaneció gradualmente. Se aclaró la garganta y la comisura
de sus labios, ahora rígidos, tembló levemente. Su mirada, cargada de
desagrado, se desplazó de Ju-han hacia Seo-hyun. Ella, notando de inmediato la
atención de su padre, se enderezó en la silla con un sobresalto.
“Hablando de eso, ¿escuché que Seo-hyun
también sale con un actor guapo últimamente? Me lo contó Ji-ho. Dijiste que le
presentaste a un director”.
No recordaba que Seo-hyun se había caído al
agua con tacones en un día de nieve, pero sabía con todo detalle que ella había
contactado a Park Ji-ho. Incluso ese aparente interés por la vida de Seo-hyun
era, en realidad, una provocación dirigida a Ju-han. El mensaje era: ‘Si tu hermana
también sale con un artista, ¿de qué te sirve hablar de escándalos?’.
Ju-han observó el intercambio con ojos
gélidos. Era una escena que había previsto desde que supo que Seo-hyun contactó
a Park Ji-ho por el asunto de Song Woo-hyun.
“No es alguien con quien esté saliendo, es
solo un amigo”.
“Parece que se entienden bien. Así es como
empieza todo. Si en el futuro necesitas ayuda con algo, contacta a Ji-ho en
cualquier momento. Me dijo que se alegró de poder hacerte ese favor”.
“... Sí”.
“El deseo de este padre es que mis hijos se
lleven bien con la persona que amo”.
Al decir esto, el presidente Gong volvió a
mirar a Ju-han. La conversación con Seo-hyun terminó ahí. Ju-han tragó su furia
en silencio y sonrió.
“Seo-hyun”.
Nada más salir del restaurante, Ju-han se giró
hacia ella. Al oír su nombre, Seo-hyun, que apenas había comido por estar
pendiente del ambiente, levantó la cabeza con gesto abatido. Sabía que Ju-han
debía estar furioso por lo de Park Ji-ho. Aunque él estaba realmente molesto,
pensó que no servía de nada presionar a alguien que ya parecía arrepentido.
“¿Estás ocupada hoy?”.
“¿Yo? No. ¿Qué razón tendría para estarlo?”.
“Entonces, entretenme”.
Porque estoy deprimido. Ante el comentario
tosco de Ju-han, el rostro de Seo-hyun se iluminó un poco. Al verla sonreír
tímidamente, él no pudo seguir enojado y suspiró, lo que ella aprovechó para
entrelazar su brazo con el de él alegremente.
“Oppa, ¿quieres ir a ver un musical? Yo invito”.
“Vaya, qué sorpresa que gastes dinero en mí.
¿También me vas a llevar de compras de lujo?”.
“¡Ay! ¿No puedes simplemente decir que sí sin
quejarte?”.
Seo-hyun refunfuñó, pero estaba emocionada por
tener un poco de vida cultural después de tanto tiempo. Mientras ella reservaba
con entusiasmo las entradas para el musical, Ju-han despidió al chofer que los
acompañaba. Como el chofer era nuevo, pensó que Seo-hyun se sentiría más cómoda
para sincerarse si no había extraños presentes. Con esa intención, no había
probado ni una gota de vino durante la cena.
Mientras conducía por las carreteras
congestionadas por la hora pico, sintió deseos de dar un paseo largo. Decidió
que, aunque fuera de madrugada, iría a algún lugar abierto y tranquilo.
Seo-hyun, que lo observaba de reojo, rompió el silencio de repente.
“Me voy a aburrir mucho cuando te cases”.
“Aún no tengo planes de hacerlo”.
“¡Podrías hacerlo si conoces a alguien a quien
ames! La novia que tuviste antes, se llevaban muy bien. Pensé que se casarían”.
“¿Quién?”.
“Ah... ¿cómo se llamaba? La del cabello corto”.
Como no habían sido precisamente pocas,
parecía que ni siquiera recordaba su nombre.
cabello corto.
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Ju-han ladeó la cabeza, incapaz de identificar
a quién se refería. Dado que le gustaban las mujeres con el cuello largo, los
hombros bonitos y el cabello corto, la gran mayoría de sus exnovias encajaban
en esa descripción.
Él quería escuchar cómo se sentía ella el día
que saltó al río, pero antes de que pudiera cambiar de tema, Seo-hyun rompió el
silencio.
“Creo que últimamente hay alguien que me
interesa”.
“.......”.
“En realidad no iba a decírtelo, pero lo haré
si prometes no enojarte”.
“Si vas a hablar de Song Woo-hyun, bájate del
coche”.
Ante eso, Seo-hyun cerró la boca de golpe. Song Woo-hyun. Song
Woo-hyun. Song Woo-hyun.
Todo lo que tuvo que aguantar de su padre hoy fue por culpa de ese tipo, ¿y
ahora ella volvía a sacarlo a colación? Ju-han apretó el volante con fuerza y
se mordió los labios. Sentía que iba a tener una crisis nerviosa por culpa de
alguien a quien apenas había visto un par de veces.
“¡Esta vez hablo en serio! Creo que yo también
le gusto a Woo-hyun. Además, es muy trabajador. No sabes la de trabajos a
tiempo parcial que tiene últimamente”.
“Es una ilusión tuya”.
“No, escúchame. Últimamente trabaja tanto que
no podemos vernos. Pero parece que eso le pesa, porque me llama de vez en
cuando para pedirme perdón por no poder estar en contacto. ¡Una vez me llamó
incluso a las 10 PM!”.
“.......”.
“Bueno, en realidad eran las 9:30, pero de
todos modos es tarde. ¿Quién llama a una amiga a esa hora? ¿No lo admites, oppa?”.
Parecía que el chico se estaba esforzando por
alejarse de forma natural, tal como se le había ordenado. Pensando que esto era
consecuencia de sus propias acciones, Ju-han miró fijamente a través de la
ventana del coche en silencio. Seo-hyun se enrollaba un mechón de cabello en el
dedo con las mejillas sonrojadas.
“Ni siquiera llama por algo importante.
Solo... me pregunta cómo estuvo mi día. Me pregunta eso porque le gusto, si no,
¿por qué lo haría? Me dijo que llamaba de camino a casa, y cuando le pregunté
qué hacía hasta tan tarde, me dijo que había estado haciendo trabajo físico
pesado. Eso significa que, a pesar de estar agotado por trabajar todo el día,
se acordó de mí por la noche y me llamó”.
Trabajo físico. ¿Acaso enviaba el dinero cada
vez que cobraba el jornal? La cifra de 4,070 wones volvió a su mente y Ju-han
frunció el ceño.
“¿Dijo que ya no actúa?”.
“No lo sé. Parece que ya ni siquiera va a
audiciones. Me preocupa que de repente tenga tantos trabajos, ¿y si le pidió
dinero prestado a mafiosos?”.
Le dejé pagar sin intereses y ahora soy un
mafioso, qué injusto.
Ju-han se burló para sus adentros mientras
giraba el volante. Seo-hyun, que en el restaurante tenía la mirada apagada,
ahora parloteaba con ojos llenos de vida, así que no se atrevió a
interrumpirla. Pero ella fue un paso más allá.
“¿No podría prestarle dinero yo? Por lo que
dice de trabajar tanto, deben ser unos cuantos millones. Podría decirle que me
lo devuelva todo junto cuando le vaya bien en el futuro”.
“No te metas y deja que pague su deuda solo”.
“¿Cómo puedes decir eso? He visto que también
está haciendo algo como experimentos clínicos”.
¿Experimentos clínicos?
Las espesas cejas de Ju-han se contrajeron.
Habían llegado varias sumas pequeñas... ¿En qué más estaba trabajando para
ganar dinero además de la construcción y los experimentos? Seo-hyun siguió
hablando sin que él se lo pidiera, y Ju-han no la detuvo.
“¿Suplementos de salud? Dijo que estaba
probando algo así, ¿no es peligroso? ¿Y si tiene efectos secundarios?”.
“.......”.
“Entre la construcción y los experimentos, y
trabajar hasta quedarse en los huesos... estoy segura de que se metió con gente
muy peligrosa. De esos lugares sucios que hacen tráfico de personas si no pagas”.
Ju-han fingió no oírla mientras se concentraba
en la carretera. Ante la mención de ‘gente peligrosa’, aquel rostro joven y al
borde de las lágrimas volvió a cruzar su mente.
¿Por qué lloraba? ¿Estaba resentido?
Ju-han redujo la velocidad lentamente y se
mordió el labio. No le había puesto un plazo ni le cobraba intereses; era un
trato en el que él solo perdía. Pensó que el chico simplemente fingiría que
pagaba, ya que no había forma de obligarlo. Mientras no perjudicara a Seo-hyun,
a él no le importaba. Si el chico decidía matarse a trabajar por puro orgullo,
era su problema.
Mientras esperaba el semáforo, sonó un timbre
estridente con una melodía alegre. Antes de que empezara la letra, Seo-hyun
respondió.
“¿Hola? ¿Sí... sí?”.
Al notar que su voz sonaba alarmada, Ju-han
bajó el volumen de la música del coche. Seo-hyun, tras repetir respuestas
cortas, colgó el teléfono con el rostro pálido.
“¿Qué pasa?”.
“Oppa. Por favor, llévame a la sala de
urgencias del Hospital Universitario Hanjin ahora mismo”.
“¿Qué?”.
“Dicen que Woo-hyun se desmayó”.
¿Se desmaya Song Woo-hyun y te llaman a ti?
Pensó que era una broma y esperó, pero
Seo-hyun empezó a hablar ansiosa.
“¡Rápido!”.
“¿Por qué tienes que ir tú?”.
“Entonces déjame bajar para tomar un taxi”.
Lo lógico sería llamar primero a la familia.
Sus padres habían fallecido, pero ¿no había ni un solo pariente, por lejano que
fuera, que se hiciera cargo? Ju-han apretó los dientes y giró el volante.
La visión borrosa se llenó con el patrón de un
techo blanco. El mundo, que daba vueltas, se fue estabilizando lentamente hasta
que pudo enfocar. En medio de la confusión por no entender qué pasaba, sentía
náuseas por el mareo.
¿Dónde estoy?
Mientras parpadeaba aturdido, lo primero que
Woo-hyun descubrió fue a un hombre de pie junto a su cama. Llevaba una chaqueta
larga y amplia con una camiseta sencilla. Era una vestimenta informal que lo
hacía ver diferente, pero era imposible no reconocer ese físico deslumbrante.
“¿Es una pesadilla...?”.
Ver a Gong Ju-han parado allí, junto a su
cama, era señal inequívoca de una parálisis del sueño. Intentó mover los dedos
para despertar, pero entonces vio la vía del suero clavada en su brazo. ¿Qué es
esto?. Justo cuando fruncía el ceño, Seo-hyun, con su larga cabellera, acercó
su rostro al de él. Antes de que pudiera asustarse, ella lo agarró por los
hombros y empezó a sacudirlo.
“Woo-hyun, ¿estás bien? ¿Has vuelto en ti?”.
“Agg... me mareo”.
“Me llamaron para decirme que te habías
desmayado. ¡Oye, dicen que es por exceso de trabajo y desnutrición!”.
Tanto la voz clara como la sensación de que
sacudían todo su cuerpo eran demasiado reales. En cuanto se dio cuenta de que
no era un sueño, recuperó la conciencia por completo.
No había tenido apetito en todo el día, así
que había trabajado en ayunas y se dirigía a casa. No recordaba haber subido al
metro, así que debía haberse desmayado en la calle. Trabajar duro era su
rutina, y por mucho que se esforzara, nunca se había desmayado. Al parecer, no
haber comido bien estos días fue el problema.
Como no tenía familia y pocos contactos guardados,
¿habían terminado llamando a Seo-hyun? Si era así, entonces el Gong Ju-han que
acababa de ver también... La palidez regresó al rostro de Woo-hyun a medida que
comprendía la situación. Sintió un vuelco en el corazón. Incapaz de quedarse
acostado tranquilamente, se incorporó soportando el mareo.
“Siento haberte hecho venir hasta aquí”.
“¿De qué hablas? Por supuesto que tenía que
venir. De ahora en adelante, yo seré tu tutora”.
Por encima de la cariñosa pero firme Seo-hyun,
vio a Gong Ju-han, de pie con una postura relajada. No había dicho ni una
palabra y su rostro no mostraba expresión alguna, pero su sola presencia hacía
que el corazón de Woo-hyun se sintiera pesado.
No solo le debía dinero, ahora también le
causaba molestias. Quién iba a decir que, por un simple desmayo, se pondrían a
llamar a la gente de su entorno.
Mientras se esforzaba por actuar como si nada,
empezó a sentirse mejor. Aunque le faltaban fuerzas, el mareo y las náuseas
estaban remitiendo. Woo-hyun miró a Seo-hyun, que estaba acurrucada frente a la
cama, y forzó una sonrisa.
“Ya estoy bien, vete a casa. Me quedaré un
poco más y luego me iré por mi cuenta”.
“Ni hablar. Me iré cuando vea que estás bien.
Nosotros te llevaremos”.
“Es tarde. ¿Qué hora es?”.
“Son... las 9:30 PM. Ah, es verdad. Debería
haber cancelado la reserva del musical”.
Parece que tenías planes.
Woo-hyun miró de reojo a Gong Ju-han, que
permanecía de pie en el borde de su campo de visión. Lo vio consultar su reloj
mientras custodiaba el lugar en silencio.
“Usted y el señor Jang Myung-jun son muy
cercanos, ¿no? Llámelo”.
Como si hubiera sentido su mirada, el hasta
entonces silencioso Gong Ju-han finalmente habló. Ante la mención repentina de
ese nombre, Seo-hyun aguzó el oído y miró a ambos alternadamente. Woo-hyun levantó
con dificultad la vista hacia el hombre de quien había estado pendiente todo el
tiempo. Su rostro, al alzar la cabeza, estaba pálido y sin rastro de sangre.
“El profesor está ocupado. Me daría mucha
vergüenza molestarlo con algo así”.
“Para ser solo un profesor, ¿no es acaso más
cercano que un padre?”.
Ante la pregunta de Ju-han, Woo-hyun cerró la
boca, incapaz de afirmar o negar. En su lugar, Seo-hyun se levantó de un salto
y tomó el teléfono de Woo-hyun. Diciendo que si existía una persona así era obvio
que debían llamarla, le puso el teléfono frente a la cara al todavía aturdido
Woo-hyun para desbloquearlo.
Jang Myung-jun.... Tras susurrar el nombre y
buscar en la agenda, Seo-hyun finalmente sonrió con un ‘¡Ah!’. Solo entonces
Woo-hyun se dio cuenta de lo que ella pretendía y, sobresaltado, estiró la
mano.
“No lo llames”.
“Tu profesor tiene que saberlo. Estará
preocupado. Aprende a decir cuando estás pasándolo mal. ¿Hasta cuándo vas a
sufrir a solas? No tienes ni un gramo de autocompasión”.
“El profesor está ocupado. Últimamente no se
siente bien de salud... No ha sido un accidente grave, solo es cansancio, no
hay necesidad de avisarle por algo así”.
Era solo una llamada, pero Song Woo-hyun
inventaba una lista de razones tras otra para detener a Seo-hyun. Ju-han
observaba con los brazos cruzados, sin intención de intervenir. Jang Myung-jun
debía saberlo. Si algo así volvía a ocurrir, era Jang Myung-jun y no Seo-hyun
quien debía ejercer de tutor.
Su alumno le está pagando una deuda de cientos
de millones, lo mínimo que puede hacer es eso.
Si ni siquiera podía informarle de que estaba
enfermo, su relación era peor que la de dos desconocidos. Ju-han frunció el
ceño al observar a Song Woo-hyun, que se había quedado demacrado en pocos
meses. Woo-hyun tenía la mirada fija en Seo-hyun mientras ella marcaba,
moviendo los dedos con nerviosismo sobre la manta.
Tras esperar un buen rato escuchando el tono
de llamada, Seo-hyun frunció los labios.
“No contesta”.
“Es porque está ocupado”.
A pesar de que su pequeña esperanza se había
desvanecido, Woo-hyun no parecía decepcionado, al contrario, se veía aliviado.
Incluso defendió a Jang Myung-jun como si hubiera estado esperando ese
resultado. Parecía esforzarse por encontrar una razón por la cual nadie venía a
verlo a urgencias. No porque no les importara, sino porque todos estaban
ocupados o tenían circunstancias inevitables.
Seo-hyun, mirando la pantalla del teléfono con
gesto de disgusto, sacó su propio teléfono y marcó el número de Jang Myung-jun.
Mientras lo intentaba de nuevo, se encogió de hombros.
“Probemos una vez más. A lo mejor contesta si
ve un número diferente”.
Seo-hyun no se detuvo a pensar en lo que eso
implicaba. Ju-han, que observaba la escena, caminó decididamente hacia ella.
“Seo-hyun”.
Fue justo cuando Seo-hyun se movió hacia la
cama de al lado para esquivar la sombra que se le acercaba.
¿Diga?. Antes de que Ju-han pudiera
arrebatarle el teléfono, una voz de hombre de mediana edad, baja y profunda,
surgió del otro lado.
“¡Ah! Contestó. ¿Hola? ¿Hablo con el señor
Jang Myung-jun?”.
Llamo desde el hospital. Han traído a Woo-hyun
a urgencias.... La voz de Seo-hyun se fue alejando y suavizando mientras se
distanciaba. Ju-han se quedó sin palabras ante la rapidez con la que todo
sucedió. Inhaló profundamente y se giró despacio hacia Woo-hyun.
Woo-hyun tenía los ojos muy abiertos, fijos en
la espalda de Seo-hyun. Mientras procesaba el hecho de que Jang Myung-jun no
había contestado su llamada a propósito, su mirada errante vagó por el aire con
soledad. Sus labios agrietados temblaron y, al bajar la cabeza, un calor rojo
intenso brotó en sus pálidos ojos y mejillas. Solo cuando apretó los puños con
fuerza cesó el temblor.
Momentos después, al levantar de nuevo la
barbilla, su rostro ya lucía una calma que había borrado cualquier emoción. Su
expresión era indiferente, pero el color de su piel no volvía a la normalidad,
mostrando manchas rojizas como si acabara de recibir una bofetada. Era
exactamente el rostro que Ju-han había recordado de vez en cuando estos últimos
días.
Sus ojos, que habían estado flotando por el
entorno hasta calmarse, buscaron a Ju-han. Woo-hyun lo miró directamente a los
ojos y tensó la boca. Entonces, con una voz apenas audible para Ju-han pero
firme, dijo.
“Me aseguraré de que no vuelvan a contactar
con Seo-hyun”.
¿Qué otra cosa podría decirle Song Woo-hyun?
Era una respuesta dentro de lo esperado, pero Ju-han guardó silencio al no
saber cómo reaccionar. Woo-hyun no prometió que algo así no volvería a ocurrir;
dijo que, aunque ocurriera, se aseguraría de que Seo-hyun no fuera avisada. Se
excluía a sí mismo por completo, como si su propio bienestar no fuera digno de
mención.
Woo-hyun llevaba una sudadera con el cuello
algo cedido, lo que lo hacía ver más delgado que la última vez. Aunque su
complexión era robusta, su cuello largo y sus clavículas marcadas delataban su
pérdida de peso. Con la piel enrojecida hasta la nuca, Ju-han sintió una
punzada de incomodidad, sabía que si se marchaba ahora, esta imagen volvería a
asaltar su mente de vez en cuando.
En ese momento regresó Seo-hyun con expresión
amarga tras terminar la breve llamada. Torció el labio inferior con evidente
decepción y, mientras le devolvía el teléfono a Woo-hyun, se quejó.
“Le pregunté si podía venir ahora, pero dice
que tiene una gripe muy fuerte y mucha fiebre. Dice que, si viene, solo te
contagiará”.
“¿Ah, sí? Últimamente el cambio de temperatura
es brusco y la gripe está de moda”.
A pesar de ser una excusa transparente,
Woo-hyun defendió una vez más a Jang Myung-jun. Más allá de la
autojustificación, parecía incluso aliviado por haber encontrado una razón
lógica como la gripe. Tras observar el semblante de Woo-hyun, Seo-hyun continuó.
“Le pregunté si quería hablar contigo por
teléfono, pero dijo que te llamará después. Que ahora le duele mucho la
garganta y no puede hablar mucho tiempo”.
“Ah... entiendo”.
Al ver a Woo-hyun asintiendo, Ju-han se tragó
una risa sarcástica que amenazaba con salir.
¿Tan difícil es preguntar una sola vez si
estás bien?. Al final, Jang Myung-jun no había hecho más que dejar claro, una
vez tras otra, que no quería hablar con él.
Cualquiera se habría enfadado o puesto serio
ante una intromisión tan inútil, pero quizá por lo que Ju-han le había exigido
antes, Woo-hyun ocultaba sus emociones bastante bien, llegando incluso a
seguirle la corriente a Seo-hyun.
“Gracias. Gracias por venir hasta aquí a estas
horas”.
“Deja de dar las gracias. Yo habría venido
aunque tuviera gripe”.
“No te preocupes, iré a casa, comeré algo y
dormiré. Por cierto, siento que no hayas podido ver el musical”.
“¿Crees que el musical importa ahora?”.
“Te llevaré a ver uno más adelante. ¿Cuál iban
a ver hoy?”.
NO
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Cuando Woo-hyun cambió el tema incómodo con
naturalidad y mostró una sonrisa radiante, el ambiente de la conversación se
aligeró al instante. Era lo bastante tierno como para que Seo-hyun pudiera
confundirse y creer que le gustaba. Su forma de hablar era tan dulce como su
apariencia, mantenía un contacto visual profundo y, de vez en cuando, sonreía
con los ojos.
Hace un momento me dijo con firmeza que no
volvería a contactar con ella... Supongo que, aunque no tenga fama, un actor es
un actor.
Dado que trabajar en un talking bar requería
dotes de persuasión, la escena no debería sorprenderle, pero resultaba
interesante ver a Song Woo-hyun intercambiando palabras afectuosas con tanta
soltura cuando no las sentía. Aquella mirada de niño herido había desaparecido,
reemplazada por la de un hombre que dominaba la conversación con maestría.
Mientras observaba a Seo-hyun sonrojarse,
retorcerse, lamentarse y reír frente a Song Woo-hyun, finalmente llegó el
chofer que Ju-han había avisado. Ju-han hizo un leve gesto hacia la sorprendida
Seo-hyun.
“Lleve a Seo-hyun a casa, por favor”.
“¿...Ahora? ¿Quieres que me vaya sola?”.
“Es tarde, ya es hora de que te vayas”.
“Entonces, ¿no podemos dejar a Woo-hyun de
camino a nuestra casa?”.
“Gong Seo-hyun”.
Al llamarla por su nombre completo, Seo-hyun
se desinfló. Sabía que Ju-han estaba tenso desde la cena y que no aceptaría más
discusiones, así que finalmente asintió.
“¿Tú no vienes, oppa?”.
“Yo también me iré ahora”.
“Salgamos juntos”.
“Ve tú primero”.
Temiendo quizá que Ju-han le hiciera algo a
Woo-hyun, Seo-hyun se demoró un largo rato mientras seguía al secretario.
Ju-han aguantó con paciencia una ráfaga de preguntas inútiles: que si las
defensas bajas causaban gripe, que cuánto se tardaba pasando por el barrio de
Woo-hyun... hasta que finalmente le hizo una señal al secretario.
Cuando por fin se llevaron a Seo-hyun, el
caótico entorno se ordenó un poco. Woo-hyun, juzgando que no había razón para
quedarse más tiempo ahora que el suero había terminado, se quitó la vía y
empezó a prepararse para irse a casa. Aunque era marzo, el aire aún era frío;
se puso una chaqueta que no parecía abrigar mucho y se levantó tambaleándose.
“Yo también tengo planes mañana, así que me
retiro. Es tarde, por favor, descanse. Siento las molestias y gracias por todo
hoy”.
Tras subirse la cremallera, Woo-hyun hizo una
reverencia hacia Ju-han. Al bajar y subir la cabeza tan rápido, sufrió un mareo
repentino y tuvo que quedarse quieto esperando a que pasara. Nadie le regañaría
por quedarse un poco más, pero parecía tener mucha prisa. Ju-han, sintiéndose
inquieto ante la idea de dejarlo ir solo, lo vigiló de cerca. Sin dinero ni
tutor, si se volvía a desmayar por ahí, no habría solución.
Pensando que tendría pesadillas si dejaba a
ese debilucho Song Woo-hyun a su suerte, Ju-han se giró instintivamente hacia
él. En ese preciso momento, nada más abrir los ojos tras un parpadeo, el cuerpo
de Woo-hyun se tambaleó con fuerza.
“... Ah”.
Ju-han se acercó de un salto, le rodeó la
cintura con el brazo y lo atrajo hacia sí; Song Woo-hyun cayó directamente en
su pecho. Sintiendo todo el peso del chico, se dio cuenta de que, de no haberlo
sujetado, habría sufrido una caída estrepitosa. Al mirar alternativamente el
borde de la cama y el suelo rígido, sintió un vértigo momentáneo.
Su madre, tras resbalar, fue hallada con el
cráneo fracturado. Dijeron que al caer se golpeó la cabeza contra el hormigón y
se hundió en el agua ya inconsciente. Sin darse cuenta, Ju-han apretó el brazo
con el que sostenía a Woo-hyun e inhaló profundamente. Mientras observaba la
coronilla de la cabeza apoyada en su hombro, los latidos de su corazón
recuperaron lentamente su ritmo habitual.
Woo-hyun parpadeó aturdido. En cuanto fue
consciente de que estaba en brazos de Ju-han, una agitación turbulenta asomó a
sus ojos. Al levantar la barbilla por la sorpresa, su aliento rozó la mejilla
de Ju-han. Su mirada, que rozó los labios de este, se apartó velozmente.
“... Puedo caminar”.
Woo-hyun lo empujó con fuerza y se puso
derecho. El pecho de Ju-han quedó dolorido por el impacto, quizá porque
Woo-hyun no supo medir su fuerza por la sorpresa, pero al verlo allí de pie,
con las piernas abiertas torpemente para mantener el equilibrio, no pudo
reprocharle nada. Ju-han suspiró e indicó la cama con la cabeza.
“¿Por qué no te acuestas un poco más antes de
irte?”.
“Estaré más cómodo durmiendo en casa. Adiós”.
Debido a que el mareo no remitía, Woo-hyun
mantuvo la cabeza rígida incluso al despedirse. Sin esperar respuesta, empezó a
dar pasos lentos uno tras otro.
Ju-han soltó un quejido bajo.
¿Cómo terminé involucrado en esto?
Era una cadena de eventos inesperados.
Woo-hyun, que parecía tener prisa, se demoró
un largo rato en el mostrador de pagos. Al ver que la conversación con la
empleada no terminaba, Ju-han no pudo aguantar más y se acercó. Al parecer, la
charla se alargaba porque el costo era más alto de lo esperado. Con una
expresión de total injusticia y los puños apretados, Woo-hyun preguntó.
“Trescientos mil wones es demasiado caro.
¿Cuánto tiempo estuve acostado?”.
“No se cobra proporcionalmente al tiempo. En
su caso, al ser por desnutrición, es un caso leve y no urgente, por lo que el
copago es alto. Además, ante una pérdida de conciencia, solemos hacer varias
pruebas. Veo que se le hicieron un TAC y una resonancia”.
“... Espere un momento”.
Woo-hyun miró de reojo a Ju-han y giró un poco
el cuerpo. Aun así, era evidente que estaba revisando su saldo en el teléfono.
Aunque Ju-han no vio la cifra exacta, por el número de dígitos supuso que no
llegaba ni a un millón de wones.
Si envió hasta el último centavo, ¿qué le va a
quedar?
Ju-han le dedicó una sonrisa a la empleada y
le entregó su tarjeta.
“Cárguelo aquí, por favor”.
“No, espere un momento”.
Ignorando la pregunta de Woo-hyun sobre si
podía pagar a plazos, Ju-han liquidó la cuenta. Woo-hyun empezó a reclamarle
por qué hacía algo que nadie le había pedido, pero pronto se quedó sin energías
y terminó murmurando con resignación.
“Le enviaré los trescientos mil wones antes de
que acabe el mes”.
“Olvídalo. Sube al coche, te llevaré”.
“Iré por mi cuenta”.
“He dicho que subas”.
Su paciencia se agotaba y su tono se volvió
imperativo. Acostumbrado a gente que cumplía órdenes al instante, tratar con
una terquedad tan irracional e ilógica le daba dolor de cabeza.
Había demasiadas cosas que no entendía. No lo
acosaban con intereses ni lo amenazaban, ¿por qué se mataba a trabajar de esa
manera para devolver el dinero?
Cuando le dijo que informaría trimestralmente
a Jang Myung-jun, era para que mostrara un mínimo de voluntad. En casos como
este, sin condiciones ni presiones, la mayoría intentaría no pagar. Si estaba
pasando por todo este calvario por alguien como Jang Myung-jun, que ni siquiera
le dirigía la palabra cuando estaba en urgencias, más que testarudo era un
idiota.
Habría sido más fácil si hubiera aceptado por
las buenas, pero Woo-hyun se plantó y resistió una última vez.
“Si insiste tanto, tomaré un taxi”.
“Me gustaría que dejaras de hacerme perder el
tiempo discutiendo”.
“No, ¿a usted qué le importa lo que yo haga?”.
“¿Me vas a devolver apenas cinco millones y ya
vas a actuar como si fuéramos extraños?”.
“... No es eso”.
Ante el gesto de Ju-han, Woo-hyun, que se
mordía los labios sin palabras, lo siguió a regañadientes.
Woo-hyun miró fijamente las luces a través de
la ventana. El interior del coche olía a una fragancia fresca y fría, similar a
la que desprendía Gong Ju-han. Aunque mantenía la cabeza girada para que Ju-han
no entrara en su campo de visión, todos sus sentidos parecían alerta hacia el
hombre sentado a su lado.
La vergüenza que sintió aquel día en su
oficina parecía regresar, se sentía incómodo por volver a deberle un favor y,
estando tan agotado físicamente, sentía ganas de llorar. Su mente era un caos.
Tengo que comer algo en cuanto llegue a casa.
Si el rechazo que sentía por el olor a comida
era un efecto secundario de los experimentos clínicos, dejaría ese trabajo. Se
había sobreesforzado para no sentirse miserable, pero ahora que todo terminaba
así, sentía que no había servido de nada.
Entiendo al profesor Jang Myung-jun.
Woo-hyun sonrió con amargura. Los pensamientos
que había intentado ignorar llenaron su mente.
Nunca lo había llamado primero porque sabía
que al profesor no le gustaría escuchar su voz. Era algo que ya sabía, pero al
confirmarlo de esa manera, se sintió más vacío y solo que nunca. Guardaba la
esperanza de que, al resolver el problema del dinero, podría recuperar poco a poco
su relación con el profesor, aunque fuera lentamente, pero era puro egoísmo.
Con los rumores, el honor perdido y el divorcio, quizá él mismo fuera para el
profesor un error de la vida que prefería olvidar y no volver a mirar jamás.
“Lo siento. Seo-hyun fue un poco
desconsiderada hace un momento”.
Sucedió mientras él mantenía la vista fija en
las luces traseras de los coches, que se alargaban en un resplandor rojo. ‘Lo
siento’. La voz baja y calmada resonó en sus oídos, pero no la asimiló de
inmediato.
¿Acababa de pedir disculpas? Gong Ju-han, el
hombre que se había negado a disculparse hasta el final, lo hacía ahora, y no
por un error propio, sino por algo de su hermana.
Mientras repasaba lentamente el motivo de la
disculpa, los labios de Woo-hyun se contrajeron de forma sutil. Se refería a
que Seo-hyun hubiera usado su propio teléfono para contactar al profesor Jang
Myung-jun. No era un error que cualquiera criticaría, pero le resultó más que
sorprendente, casi absurdo que Ju-han percibiera su estado de ánimo con tanta
delicadeza y se disculpara en su lugar. Ese criterio caprichoso de no
disculparse cuando debe y hacerlo cuando no es necesario.
Al recordar cómo Ju-han había convencido a
Seo-hyun para que se marchara, se le escapó una risa amarga. Woo-hyun le lanzó
una mirada de reojo y murmuró.
“Es un hermano muy cariñoso”.
“.......”.
“No se disculpa por sus propios errores, pero
lo hace en nombre de su hermana. No quiere que me lleve una mala impresión de
Seo-hyun, ¿verdad?”.
Gong Ju-han no respondió, lo que pareció una
afirmación silenciosa. Al volver la cabeza y encontrarse con su propio reflejo
en la ventanilla, Woo-hyun sintió de pronto ganas de llorar. Se sentía dolido
porque el profesor Jang no había contestado, pero se había obligado a reprimir
ese sentimiento sabiendo que no tenía derecho a quejarse, sin embargo, escuchar
ese ‘lo siento’ fue como si le dieran permiso para estar resentido.
¿Será porque estoy débil? Qué estupidez,
querer llorar por algo así.
Woo-hyun parpadeó varias veces para disipar el
ardor de sus ojos y se concentró en el paisaje exterior. De pronto, se dio
cuenta de que no le había dado su dirección. ¿Iba por el camino correcto? Las
calles eran estrechas y difíciles de encontrar. No era probable que recordara
un lugar al que fue hace meses con un chofer. Lo miró con extrañeza, pero Gong
Ju-han parecía conocer el destino con precisión, pues elegía los giros sin
dudar.
“Puede dejarme en cualquier parte, iré por mi
cuenta. Ya estoy bien, de verdad”.
“Vamos a comer algo primero”.
“... ¿Perdón?”.
“Yo tampoco he cenado. Y no me apetece comer
solo”.
Conque por eso no dudaba a pesar de no saber
la dirección: se dirigía a un restaurante por su propia cuenta. Su actitud, sin
considerar siquiera la posibilidad de ser rechazado, era bastante descarada.
De repente, recordó aquel primer día cuando
Ju-han lo llevó a la zona de restaurantes diciendo que tenía hambre y apenas
probó bocado. ¿Estaría haciendo esto a propósito otra vez para que él comiera?
¿Porque le habían dicho que tenía desnutrición? Aunque se sentía como un exceso
de egocentrismo, el recuerdo del brazo de Ju-han sosteniéndolo en urgencias
hizo que su interior se revolviera. La sensación de aquel pecho firme
apoyándolo era extraña. Hacía una eternidad que no se apoyaba en alguien, aunque
fuera por un instante.
“Iremos a un sitio que conozco. Es comida
japonesa, pero si te sientes mal del estómago, dímelo. Pediré que te preparen
un juk (papilla de arroz). A estas horas, todas las tiendas de juk estarán
cerradas”.
“Creo que me voy a indigestar si como con
usted. La comida casera me sentaría mejor”.
Ante el comentario con doble intención, Gong
Ju-han soltó una risita. Sus ojos, que se curvaron con brillo, eran iguales a
los de su primera impresión.
“¿No te desmayaste precisamente por no comer
bien en casa?”.
“Normalmente soy muy sano. Me dieron el Grado
1 en el examen militar. Solo ha sido cansancio por estos últimos días, así que
no se preocupe, no me voy a morir sin pagarle el dinero”.
Se sintió irritado por esas frases que Ju-han
lanzaba como si estuviera preocupado. Pensó que solo eran los regaños de
alguien que teme que su deudor se desplome antes de saldar la cuenta.
Aprovechando que el semáforo se puso en rojo, Ju-han, que miraba al frente, se
giró hacia Woo-hyun. Al notar la mirada, Woo-hyun lo miró de reojo y sus ojos
se cruzaron. Ju-han tenía una expresión sutil.
“Vi que enviaste 4,070 wones una vez.
¿Trabajando en qué ganaste esa cantidad?”.
¿Había enviado 4,070 wones? Ni siquiera lo
recordaba; solía enviar dinero cada vez que sentía un arranque de rabia. Le
pareció gracioso que Ju-han recordara la cifra exacta, seguramente por lo
ridícula que era, así que Woo-hyun bromeó.
“Rompí mi alcancía”.
A Ju-han no pareció hacerle gracia la broma,
su rostro permanecía serio. Al observar su expresión con cautela, las pocas
fuerzas que le quedaban a Woo-hyun se agotaron rápidamente. Apoyó la cabeza en
la ventanilla e inhaló despacio. Cerró los ojos y contó mentalmente, lo que
alivió un poco su dolor de cabeza.
El cansancio lo invadió. Había sido un día
largo.
“Es un restaurante de sushi, pero si se lo
pides, probablemente te preparen algún panecillo. El tempura de langostino
también está bien”.
Su visión se oscureció y el sueño empezó a
vencerlo. Mientras su conciencia se desvanecía y sus otros sentidos se
embotaban, solo esa voz grave permaneció nítida.
“Recuerdo que te gustaba el langostino”.
Sintió un vuelco en el pecho, como si
estuviera mareado, y luego todo se volvió distante.
“... Ah”
En cuanto despertó de golpe, Woo-hyun enderezó
la espalda con un sobresalto. Se había quedado profundamente dormido sin darse
cuenta. Al despertar, su mente no se aclaró poco a poco, sino que recuperó la
lucidez al instante, como si alguien hubiera encendido de golpe la luz en una
habitación oscura.
Woo-hyun giró la cabeza hacia el asiento del
conductor y sus ojos se encontraron con los de Gong Ju-han, que lo observaba
con la cabeza ligeramente ladeada. Sobresaltado, miró el reloj: había pasado
casi una hora. A juzgar por el hecho de que estaban en un estacionamiento
subterráneo, debían de haber llegado hace tiempo... ¿Por qué no lo había
despertado? ¿Desde cuándo lo estaba mirando? Quizá no llevaban tanto tiempo
allí, dada la distancia entre el hospital y el restaurante. Ju-han, que lo
observaba con calma mientras él se ponía nervioso, curvó las comisuras de los
labios.
“No has dormido tanto”.
Woo-hyun cerró la boca al encontrarse con esos
ojos risueños.
Vamos, dijo Ju-han brevemente antes de bajar
del coche.
Woo-hyun bajó tras él, intentando sacudirse la
sensación de que la mirada de Ju-han todavía permanecía sobre su rostro. Quizá
por la pequeña siesta, se sentía mejor que antes, pero tenía una sensación
extraña. Reprimió su agitación y caminó.
Me voy a indigestar.
Woo-hyun se mordió los labios con incomodidad
al ver la cantidad excesiva de comida para solo dos personas. Afortunadamente,
al tener los platos delante no sintió náuseas, pero tener una cena tan lujosa a
altas horas de la noche lo hacía sentir abrumado antes de empezar.
Trajeron tempuras de langostino gigantescas,
del largo de dos dedos corazón, recién fritas, y un tazón generoso de juk con
abundante abulón. Cada vez que el camarero entraba, Gong Ju-han pedía nuevos
platos sin descanso: todo tipo de sashimi e incluso panecillos que ni siquiera
estaban en el menú. Él continuó comiendo con calma sin decir palabra; al
parecer, no era mentira que no había cenado. Woo-hyun echaba miradas furtivas a
Ju-han mientras calmaba su estómago vacío con el juk caliente.
Para cuando el juk, que antes quemaba la
lengua, se volvió tibio, el dolor de estómago había desaparecido. Mientras
masticaba el crujiente tempura, recordó la mirada que recibió en el coche.
Estaba tan absorto reviviendo aquel breve e intenso momento en el que sus ojos
se cruzaron en la penumbra, que ni siquiera se dio cuenta de que se había comido
cuatro langostinos seguidos.
“¿Cómo has estado?”.
Sucedió mientras masticaba con entusiasmo la
carne tersa del langostino bajo el rebozado crujiente. Gong Ju-han, que había
guardado silencio durante toda la comida, soltó de pronto una pregunta trivial.
¿Era algo que se le preguntaba a alguien que acababa de salir de urgencias?
Woo-hyun lo miró entornando los ojos, pensando que se estaba burlando, pero
Ju-han manejaba los palillos con total naturalidad.
“Parece que has estado viviendo muy ocupado,
incluso rompiendo alcancías. Me han dicho que hasta hiciste trabajos de
experimentos clínicos”.
“Sí, bueno. He vivido con esfuerzo”.
“¿Y no actúas?”.
Tendrían que darme trabajo para eso, la frase
le llegó hasta la garganta, pero la tragó junto con el langostino. Ahora que
tenía el estómago lleno, sentía fuerzas para ser sarcástico, al menos para sus
adentros. Woo-hyun se limpió las comisuras de los labios con una servilleta y
respondió.
“Estoy buscando. Ayer mismo envié mi currículum”.
“¿En qué agencia estás?”.
“Ahora trabajo solo, sin agencia”.
Aunque estaba solo y cargado de deudas, sus
ganas de actuar eran tan grandes que buscaba trabajos en comunidades de
internet donde contrataban actores o personal de rodaje. Era un lugar donde se
publicaban decenas de anuncios al día para cortometrajes o proyectos
universitarios. A menudo eran trabajos poco profesionales donde pagaban unos
50,000 wones por todo el día, pero como el dinero no era su único objetivo, no
le importaba.
Hacía apenas unos días se había postulado para
un papel secundario en un cortometraje y leyó el guion con mucho interés. Al
final no pudo hacerlo, pero se había sumergido por completo en el personaje.
Era un joven de familia rica pero enfermizo de nacimiento, llegó a pensar que
quizá perdió el apetito por estar demasiado inmerso en ese papel.
Era un personaje que, aunque no gozaba de
salud, recibía mucho amor de su familia y amigos. Tras vivir inmerso en esa
vida ficticia, se dio de bruces contra la realidad al despertar en urgencias.
Una realidad fría donde no había nadie para cuidarlo, ni siquiera alguien que
le hiciera una llamada para preguntar cómo estaba.
“¿Es difícil conseguir trabajo por no tener
agencia?”.
Ju-han preguntó con curiosidad genuina, sin
dobles intenciones. A Woo-hyun no solía importarle lo que otros pensaran, pero
no quería que Gong Ju-han lo viera como un actor mediocre. Técnicamente, no es
que no hubiera trabajado nada como actor.
Había buscado cualquier oportunidad para
actuar, y la semana pasada trabajó como actor de recreación para un video de
boda. Interpretó a una pareja universitaria muy acaramelada, aunque no era una
actuación seria y el equipo de grabación era amateur, le divirtió caminar por
el campus actuando como un estudiante. Woo-hyun dudó antes de responder.
“No es que no tenga trabajo en absoluto. Hace
poco hice un trabajo como actor de recreación...”.
“Hacer de actor de recreación, ¿no significa
renunciar a otro tipo de actuaciones?”.
NO
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Aunque el trabajo que Woo-hyun hizo era
diferente, entendió a qué se refería Ju-han. En el caso de los actores de
recreación de programas de variedades, muchos actores evitaban trabajar con
ellos por su imagen, y no era fácil que los contrataran para películas o dramas.
Lo sabía, pero si no había otro camino, tenía que tomarlo, no estaba en
posición de elegir. Su imagen ya estaba arruinada desde primaria, cuando tuvo
que hacer transmisiones por internet. Woo-hyun forzó una sonrisa despreocupada.
“Mi imagen ya es mala de por sí. En fin, yo me
las arreglaré”.
“Deja la construcción y los experimentos, y
busca más trabajos de actuación. No hay mucha diferencia entre si me pagas dos
millones o doscientos mil al mes”.
En cuanto escuchó eso, perdió el apetito y
dejó los palillos. Mostró su desagrado abiertamente, pero Gong Ju-han
permaneció tan calmado como siempre.
“Sé que mi primera impresión no fue buena,
pero no soy una persona tan inflexible. Y mucho menos un usurero”.
“.......”.
“No hay prisa, así que haz tus cosas mientras
me pagas lo que puedas. Si quieres actuar, esta edad debería ser tu mejor
momento, digo esto porque me pregunto si te estás matando a trabajar por mi
culpa. No hace falta que llegues a ese extremo”.
“Qué generoso. ¿Acaso su pasatiempo es la
caridad?”.
Al mencionar la palabra ‘caridad’, las cejas
de Gong Ju-han se contrajeron. Fue solo un instante, luego volvió a mirar a
Woo-hyun con rostro impasible.
“No tengo intención de hacer caridad, pero
tampoco de arruinarte la vida. No le diré nada a Jang Myung-jun, así que hazlo
con moderación”.
En resumen: le daba lástima que hubiera
acabado en urgencias por pagar la deuda, así que le pedía que se lo tomara con
calma.
Todo en él era caprichoso. Desde usar a Jang
Myung-jun para pisotearlo y ponerlo en una posición de inferioridad, hasta
compadecerse ahora diciendo que se estaba sobreesforzando. Incluso esta cena.
Era un hombre extremadamente arrogante.
“Usted decidió prestarme el dinero sin mi
consentimiento, ¿y ahora también quiere decidir cómo debo pagarlo? ¿Por qué?
¿Se siente mal porque le doy lástima? A usted solo debería importarle que le
pague, ¿por qué tengo que preocuparme además por su tranquilidad de conciencia?”.
Ante ese tono lleno de hostilidad, Ju-han
sonrió. Su boca se curvó con luminosidad.
“Gracias a mí no tienes que pagar los millones
de intereses que pagabas al mes, y Jang Myung-jun también se libró de la deuda.
Al decirte que solo pagaras el capital, la única condición que puse fue que no
te desquitaras con Seo-hyun, ¿no es así?”.
“.......”.
“Me pareció penoso que te mataras trabajando
hasta desmayarte, por eso te dije que fueras con calma. No entiendo de qué te
quejas”.
En ese proceso, su corazón se había roto
innumerables veces, pero a Gong Ju-han no le importaba lo que él sintiera. Él
era el que se portaba de forma necia y estúpida. Lo sabía, pero... Woo-hyun
contuvo las emociones que brotaban por enésima vez en el día y recompuso su
expresión.
“¿Siempre es así? ¿Cree que puede actuar así
porque todo el mundo a su alrededor le sigue la corriente?”.
“¿Cómo soy yo, exactamente?”.
Gong Ju-han ladeó la cabeza y sus ojos
recorrieron la piel enrojecida de Woo-hyun. Para sacudirse esa mirada
persistente, Woo-hyun soltó las palabras que tenía guardadas con claridad.
“Me golpeó por un malentendido, y cuando le
pedí que se disculpara, investigó mi pasado y arrastró al profesor Jang. Me
impuso una deuda que no pedí y ahora, ¿dice que le doy lástima y que pague con
calma? ¿Se está burlando de mí?”.
“.......”.
“No se compadezca de mí a su antojo cuando no sabe
nada”.
La mirada de Ju-han siguió a Woo-hyun mientras
este se levantaba de su asiento. Sin mover la cabeza, solo sus ojos se
desplazaron hacia arriba.
“¿Qué es lo que no sé?”.
Movió una ceja como exigiendo una respuesta.
La sonrisa bajo sus largas pestañas era, a diferencia de sus palabras, casi
afectuosa.
“Creo que yo te conozco mejor que Jang
Myung-jun. ¿No es así?”.
La tensión que mantenía en todos sus músculos
se desvaneció de golpe. En cuanto se dio cuenta de que las palabras de Ju-han
eran ciertas, que ese hombre, que solo había investigado su pasado, era la
persona que mejor lo conocía en este mundo, la soledad caló hondo en sus
huesos.
“Al ritmo que vas, tardarás cien años en
pagar. Así que puedes elegir entre actuar o matarte a trabajar en empleos
temporales hasta que te mueras”.
“.......”.
“Si lo has entendido, siéntate y termina de
comer”.
Gong Ju-han sonrió mientras acercaba el plato
de comida a Woo-hyun. Ante el hombre que había calado su soledad al instante,
su corazón se sintió cada vez más pequeño. Hasta el punto de que le costaba
mantenerse en pie.
“Sígueme la corriente”.
Al recibir la orden, Woo-hyun cerró la boca y
volvió a sentarse. Clavó un palillo en dos langostinos a la vez y se los metió
directamente en la boca. Masticó y volvió a masticar la fritura, que ya se
había enfriado y reblandecido, y se la tragó junto con su desconsuelo.
Tras invitar a Woo-hyun a seguir comiendo,
Ju-han dejó los cubiertos. Su mirada permaneció un rato sobre el rostro de
Woo-hyun mientras este comía con dificultad.
“Voy a salir a fumar un cigarrillo. Si no
quieres esperar, puedes irte primero”.
Tras terminar de comer, Woo-hyun se despidió
mientras subía a la sala de fumadores del segundo piso. Por su tono al sugerir
que Ju-han se marchara primero, se leía claramente que deseaba terminar con el
encuentro allí mismo, pero Ju-han no cedió tan fácilmente.
“Dame uno a mí también”.
Tenía curiosidad. Quería ver cómo fumaba con
esa cara de inocente. Le resultaba hasta tierno ver cómo se le tensaba la boca
cuando le pedía un cigarrillo. Casi nunca fumaba tabaco convencional, y menos
en una sala compartida, pero Ju-han lo siguió en silencio. Al fondo de un
pasillo decorado con cuadros, apareció la sala de fumadores. Por muy lujoso que
fuera el interior, el olor a tabaco impregnado en las paredes era inevitable;
por suerte, el lugar estaba vacío.
Woo-hyun se puso un cigarrillo en los labios,
lo encendió y luego sacó uno nuevo para ofrecérselo. Cuando Ju-han se lo llevó
a la boca, Woo-hyun se acercó un paso para darle fuego. En sus ojos limpios,
concentrados en la comisura de los labios de Ju-han, se reflejó una pequeña
llama que desapareció al instante.
“¿Te sientes mejor del mareo?”.
“Sí. Gracias”.
Woo-hyun respondió con una sonrisa mecánica. A
Ju-han se le escapó una risita al recordar aquel ‘gracias’ que el chico había
escrito repetidamente en sus tarjetas.
Al observar su perfil pulcro mientras fumaba,
recordó lo ocurrido en urgencias. Pensó que tenían una relación sólida por el
hecho de haber mediado una gran suma de dinero, pero el afecto que Song
Woo-hyun sentía por Jang Myung-jun parecía unilateral. Ju-han exhaló el humo
con desgana y sacó el tema.
“Sobre el señor Jang Myung-jun.…”.
“Escuché que su madre también quería ser
actriz”.
Conque no quieres responder.
Su técnica para desviar el tema era muy
natural. Ante la mención de su madre, Ju-han cortó su frase anterior.
“Así fue”.
“Supongo que el gen está ahí. Me sorprendió la
primera vez que vi al señor Gong Ju-han. Tiene mejor aspecto que cualquier
celebridad que haya visto hasta ahora”.
Woo-hyun bromeó con descaro, fingiendo una
adulación que no sentía. Parecía que se estaba tomando muy en serio lo de ‘seguirle
la corriente’. El humo escapó entre los labios sonrientes de Ju-han.
“¿Ah, sí?”.
“Sí. Si no fuera así, no lo habría llevado a
mi casa”.
Esas palabras fluidas, dichas como si
compartieran un buen recuerdo y nada malo hubiera pasado aquel día, no eran
sinceras. Song Woo-hyun desaparecía y, en su lugar, actuaba como la persona que
el otro esperaba que fuera.
Seguramente era así como se comportaba en el
talking bar. Aunque se habían visto pocas veces, Ju-han tuvo la sensación de
que la vida diaria de Song Woo-hyun era más simple de lo que parecía. Entre los
trabajos temporales para recoger las compras de Seo-hyun y el esfuerzo por
pagar la deuda, su rutina no debía diferir mucho de la actual.
Ju-han lo observó en silencio mientras fumaba.
Tenía las manos llenas de cicatrices, probablemente del trabajo en la
construcción, y su estado nutricional era pésimo para su complexión robusta. Y
ese profesor al que tanto apreciaba ni siquiera se había molestado en verlo una
vez resuelto el problema de la deuda. Sin agencia, conseguir trabajo debía ser
una odisea.
Tal vez... aquella audición que perdió por su
culpa era la oportunidad de su vida.
Al llegar a ese pensamiento, frunció el ceño
sin darse cuenta. Ju-han clavó la vista en la nuca de Woo-hyun, que ya había
recuperado su color natural, y habló.
“Me haré responsable de que perdieras la
audición por mi culpa”.
Como era cierto que el malentendido arruinó
sus planes, se sentiría más tranquilo si restauraba las cosas a su estado
original. Además, sería más fácil para el chico pagar la deuda si tenía éxito
como actor que trabajando en empleos temporales.
No lo dijo con mala intención, pero de
repente, desde el cuello hasta las orejas de Woo-hyun se tiñeron de un rojo
intenso. Lo miró con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta, con un
rostro que denotaba que estaba profundamente indignado por lo que acababa de
escuchar.
“No sé qué quiere decir con eso, pero si se
trata de dinero, no lo aceptaré”.
El actor que fingía se había esfumado, allí
estaba el verdadero Song Woo-hyun. Ju-han bajó la mirada y sonrió.
“No hablo de dinero. Buscaré la forma de que
puedas hacer una audición”.
“.......”.
“No será una obra grandiosa, ni digo que te
vaya a dar el papel. Simplemente te devolveré exactamente esa oportunidad de
audición que perdiste. Que consigas el papel o no, dependerá de ti”.
“... Espere, espere un momento. Déjeme aclarar
una cosa. Sinceramente, sí llegué a hacer la audición. Aunque es cierto que me
eliminaron antes de empezar la lectura por culpa del señor Gong Ju-han”.
Woo-hyun empezó a dar detalles innecesarios.
Por lo visto, no tenía ni pizca de malicia ni astucia.
“Y esa audición no era una cualquiera, era una
obra del director Nam Yi-won y la escritora Lee Hyun-jin”.
“¿Me estás pidiendo que te busque algo de ese
nivel?”.
“No. Solo quiero que sepa exactamente qué fue
lo que perdí por su culpa”.
A medida que hablaba, la indignación parecía
apoderarse de él, y dio una calada profunda al cigarrillo. El gesto de fumar en
serio, hasta hundir un poco las mejillas, no encajaba con su apariencia y le
resultó gracioso a Ju-han.
Incluso si su imagen de niño se había
desgastado, con ese rostro podría encajar en diversos papeles. Ju-han, con el
cigarrillo en la boca, tomó suavemente la barbilla de Woo-hyun con una mano y
la giró hacia él. Sus ojos se cruzaron, hubo un instante de vacilación en la
mirada de Woo-hyun antes de fingir calma. Tenía un rostro limpio que podía ser
inocente, astuto o descarado a voluntad. Con su buen físico, habiendo cumplido
el servicio militar y fumando así, ¿no podría encajar incluso en un thriller?
Al prolongarse el contacto visual, los labios
secos de Woo-hyun temblaron, delatando su agitación. Ju-han retiró la mano,
apagó el cigarrillo en el cenicero, pero mantuvo su mirada entrelazada con la
de Woo-hyun, que estaba sonrojado hasta la frente.
“Te contactarán, así que prepárate y hazlo
bien”.
Ju-han bajó la vista hacia la nuez de Adán de
Woo-hyun, que se movió al tragar saliva, y luego volvió a mirarlo a los ojos.
Tienes que pagarme mi dinero.
Sus cejas oscuras se movieron con picardía
entre los mechones de su flequillo. Woo-hyun, incapaz de responder de inmediato,
terminó asintiendo lentamente.
