Capítulo 6: Fracaso

 


Capítulo  6: Fracaso

Elwin, recién despertado, estaba completamente aturdido. Parpadeó varias veces, esperando que fuera un sueño, pero la figura de Dwight no desaparecía.

“¿Cómo has... entrado aquí?”

En el instante en que logró articular esas palabras, Elwin se dio cuenta de que respiraba con dificultad. Simultáneamente, un calor extraño comenzó a extenderse por su piel. Sentía la carne hormiguear y el pulso galopando; no, era algo más profundo, algo que vibraba con insistencia dentro de él.

‘¿Por qué mi cuerpo reacciona así? Aún no debería ser el momento.’

Siendo un Omega adulto, Elwin sabía bien qué significaban esos síntomas. Era una sensación similar a la que precedía al celo. Aún faltaba mucho para su ciclo; aquello era algo repentino. Recordó entonces que la habitación estaba impregnada de un olor extraño y desconocido. No era el aroma del licor que había bebido, sino una fragancia que se arremolinaba de forma amenazadora y vívida.

“Sir Dwight. ¿Por qué haces esto? Ugh... detén... el aroma.”

Probablemente, eran las feromonas de Dwight. Ese olor, al que nunca antes había prestado atención, estaba consumiendo todo el aire de la habitación, intentando envolver a Elwin por completo. Ante el jadeo de este, Dwight soltó una risita burlona.

“Lo sabes perfectamente, deja de fingir.”

“¿Qué...?”

“Ya ha pasado tiempo suficiente para que el efecto del fármaco surta efecto, ¿acaso no sientes cómo te humedeces ahí abajo? No es momento de fingir sorpresa, deberías estar agradeciéndome que haya venido.”

¿Efecto de un fármaco? ¿Significaba eso que el licor que había bebido antes estaba adulterado? Mientras su mente aturdida intentaba hilar los recuerdos, su cuerpo se calentaba cada vez más. Si aquello seguía así, su celo estallaría sin remedio. Elwin se esforzó al máximo para intentar calmar sus propias feromonas.

“Regresa... a tu habitación... Ugh. Si te detienes ahora, no te pediré explicaciones.”

“Ja.”

Ante las palabras que Elwin apenas pudo pronunciar, Dwight soltó una carcajada y emitió un aroma aún más denso y espeso. Elwin sintió náuseas ante la presión de aquellas feromonas aplastantes.

“¡Ugh, basta...!”

Ante Elwin, que se retorcía de dolor, Dwight estiró los labios en una sonrisa. ¿Acaso sentía satisfacción al ver a Elwin sufrir? Su rostro, apenas iluminado por la luz de la luna, también estaba sonrojado. Las feromonas que llenaban la habitación no solo estaban alterando a Elwin; él también estaba afectado. De Elwin, cuyo cuerpo ya estaba bajo el efecto del fármaco, emanaba un aroma dulce como la miel. Con una mirada siniestra, como la de alguien acechando a su presa, Dwight dio un paso hacia la cama de Elwin.

“¡Elwin! ¡Elwiiin!”

Echo, el loro que observaba la situación desde su percha, aleteó con fuerza y gritó. Dwight se giró hacia el escritorio con expresión de fastidio.

“¡Maldita bestia! ¡Cállate de una vez!”

“¡Caw! ¡Idiota! ¡Aaaagh! ¡Idiota!”

Ante la reacción de Eco, que parecía devolverle sus propias palabras, el cuello de Dwight se puso rojo de rabia.

“¡Cállate! ¡Maldita sea, en esta casa no hay ni una sola cosa que sirva!”

Dwight agitó las manos con brusquedad intentando atrapar a Eco. El pájaro, asustado, saltó esquivándolo, pero Dwight arremetió de nuevo con las manos en garra, con la intención de retorcerle el cuello al loro.

“¡No!”

Ante tal despliegue de brutalidad, Elwin corrió impulsivamente y se aferró al brazo de Dwight. Intentó detenerlo, pero Dwight logró agarrar a Eco por el cuello con una sola mano y lo arrojó contra el suelo.

“¡Echo! ¡Ugh, suéltalo! ¡Esto, ugh!”

Plumas grises se dispersaron por el aire mientras los lastimeros graznidos del loro resonaban en la habitación. Elwin, horrorizado, intentó correr hacia Eco, pero Dwight lo atrapó por la cintura. Por más que se resistió con todas sus fuerzas, fue arrastrado sin remedio.

“¡Ah, ugh...!”

Finalmente, Elwin fue arrojado sobre la cama, en la misma situación que el pobre pájaro. Debido al forcejeo, su cabeza daba más vueltas que nunca. Su cuerpo temblaba ante el celo que empezaba a apoderarse de él.

“Je, jeje.”

Dwight se reía, como si la imagen de Elwin derrotado y vulnerable le resultara entretenida. Sus ojos, al mirar a Elwin, mostraban unas venas rojas inquietantes. Susurró, curvando sus finos labios:

“Todo esto es culpa suya, sir Elwin.”

“¿Qué... qué estás diciendo?”

“Teniendo en cuenta que te morías de ganas por gustarme.”

Era miserable, pero Elwin no podía decir que no. Cuando Elwin intentó levantarse a la fuerza en lugar de responder, Dwight le sujetó las muñecas con brutalidad y lo inmovilizó contra la cama.

“¿A qué viene este alboroto de repente? Ahora que te he dado una oportunidad, ¿quieres hacerte el difícil?”

“¡Suéltame, ugh! ¡Suéltame!”

“Shhh, no seas molesto. Si eres un Omega, ¡comórtate como tal y abre las piernas dócilmente!”

Tras inmovilizar las manos de Elwin, Dwight intentó meter una rodilla entre sus piernas. Como Elwin pataleaba desesperadamente y no podía lograrlo, Dwight chasqueó la lengua y liberó sus feromonas con mayor intensidad.

El aroma, insoportablemente denso, derritió la conciencia de Elwin. Aunque lo odiaba con toda su alma, su instinto se rebelaba. Las lágrimas se acumularon en sus ojos ante el miedo de perder su juicio. ¿Por qué ocurrió algo tan terrible? ¿Dónde empezó todo a salir mal? Si Dwight no hubiera llegado a esta casa, si Elwin no hubiera trazado ese plan erróneo de casarse con él... O si, desde un principio, él no fuera un Omega. Si no hubiera albergado el sueño absurdo de querer proteger a su familia siendo un simple Omega.

“Jeje, así es. Es más fácil para ambos de esta manera, ¿no?”

A medida que el cuerpo de Elwin se desplomaba por la fiebre, Dwight inhaló profundamente, satisfaciéndose con sus propias feromonas. Fue justo cuando Elwin giró la cabeza para evitar las manos de Dwight, que se acercaban, cuando alguien golpeó la puerta. Bang, bang, bang. Aquel sonido fue como un rayo de luz en la oscuridad y los ojos de Elwin se abrieron de par en par. Intentó abrir los labios para pedir ayuda, pero la mano tosca de Dwight le tapó la boca.

“¡Ugh, umph!”

Dwight abrió los ojos de par en par, ordenándole silencio, pero Elwin se agitó de nuevo. Miró hacia la puerta con súplica en los ojos.

‘Aunque no haya respuesta, por favor, entra.’

Se escuchó el sonido del pomo girando, pero, por alguna razón, la puerta no se abría y solo se oían los chasquidos de la cerradura. Cuando la desesperación comenzó a reflejarse en los ojos azules de Elwin, Dwight sonrió con crueldad: al parecer, había cerrado la puerta con llave al entrar.

“Shhh. Mantente quieto, ¡ugh...!”

En el instante en que Dwight le susurraba con arrogancia, Elwin abrió la boca y mordió con fuerza los dedos que lo tapaban. Apenas se liberó de aquella mano, Elwin gritó con todas sus fuerzas:

“¡Ayuda!”

Aunque no sabía por qué, Elwin sentía que sabía quién estaba al otro lado de la puerta. Reunió hasta el último aliento para gritar de nuevo:

“¡Leon! ¡Leon...! ¡Aaaah!”

Al momento siguiente, Dwight tiró del cabello de Elwin, obligándolo a girar la cabeza hacia un lado. El aire le faltó y el mundo, que ya le daba vueltas, comenzó a girar vertiginosamente.

“¡Cállate! ¡No me causes más problemas!”

Mientras tanto, el sonido de alguien golpeando la puerta se intensificó antes de detenerse bruscamente. Dwight estiró el cuello para mirar hacia la puerta y luego, soltando una risita, miró hacia abajo, hacia Elwin, que yacía bajo él.

“¿Qué hacemos ahora, sir Elwin? Parecía que esperabas que apareciera un príncipe en un caballo blanco.”

Dwight, con una mueca de burla, presionó el rostro de Elwin contra la cama con más fuerza mientras agarraba el cuello de su camisa. Elwin, con la cara enterrada en la almohada, sentía que la realidad se desdibujaba por completo.

"Si te portas bien, haré que no duela... ¿eh?"

Dwight, que susurraba con voz siniestra, terminó la frase con un tono de estupor, y había una buena razón para ello. De repente, como si una bomba hubiera estallado, un estruendo enorme sacudió la habitación.

Antes de que Elwin pudiera siquiera comprender qué sucedía, el peso de Dwight, que estaba pegado a su espalda, desapareció. Se escuchó el sonido de algo pesado siendo aplastado contra el suelo de madera, seguido por un gemido de dolor de Dwight.

"¡Ugh... Aagh! ¡¿P-pero qué es esto?!"

La voz irritada de Dwight se cortó en seco. En su lugar, solo se escuchó una serie de golpes sordos, como si estuvieran flagelando carne.

Cuando Elwin logró levantar la cabeza de la almohada y mirar hacia atrás, la puerta había sido arrancada de cuajo y yacía tirada en el suelo; Dwight, por su parte, ya estaba desplomado, recibiendo una paliza que lo dejaba hecho trizas.

En un abrir y cerrar de ojos, el hombre corpulento que había destrozado la puerta y reducido a Dwight a una masa informe, al reconocer a Elwin, adoptó una expresión sumamente suave y vulnerable. Su rostro mostraba una mezcla pura de afecto y preocupación.

"Sir Elwin, ¿se encuentra bien?"

Los ojos claros de Leon eran exactamente como Elwin imaginaba: un rayo de luz en medio de la oscuridad. Las lágrimas que Elwin había estado conteniendo finalmente cayeron por sus mejillas.

Leon, al ver a Elwin llorar, pareció desconcertado y quiso acercarse a la cama, pero se detuvo un momento. El ambiente alrededor de Elwin estaba pegajoso por el exceso de feromonas. Sus mejillas estaban encendidas, y su pijama y cabello estaban completamente desordenados.

Los ojos de Leon, que habían estado afilados y tensos al enfrentarse a Dwight, se enrojecieron rápidamente. Las venas en su cuello palpitaban con claridad. Es cierto, él también es un Alfa, pensó Elwin, pero a diferencia de hace un momento, no sintió miedo ni incomodidad. Solo sintió un alivio infinito.

‘Viniste. Escuchaste mi voz y viniste.’

Mientras Elwin no podía articular palabra y solo dejaba caer sus lágrimas, se escuchó el alboroto de los empleados que acudían tras el escándalo. Los sirvientes hombres rodearon a Dwight, y poco después, Toby entró corriendo en la habitación, sollozando, para administrarle a Elwin inhibidores y sedantes.

"¡Ah, joven amo! ¿Qué ha pasado? Debe haber pasado un susto terrible."

Aunque decía eso, el pánico de Toby era incluso más evidente que el de Elwin. No solo Toby; todos en la habitación estaban sumidos en el caos. Debería poner orden en la situación. ¿Qué haré de ahora en adelante? Aunque Elwin seguía en estado de shock, se preocupó por los asuntos de la casa, pero, quizás porque por fin se sentía a salvo, el sueño lo venció apenas tomó la medicina.

Elwin giró sus ojos, que se cerraban pesadamente, buscando la sombra de alguien. Entre la multitud que murmuraba, vio a Leon, quien también estaba tomando un inhibidor. Al cruzar sus miradas, Leon curvó levemente los ojos, dedicándole una expresión de consuelo.

En medio de su nebulosa conciencia, Elwin sintió una melancolía inexplicable. Debería darle las gracias, pero... no. Lo que realmente quiero decirle, lo que siente mi corazón es...

* * *

"Lo siento, joven amo."

A la mañana siguiente, cuando Elwin recobró el sentido, lo primero que encontró fue el rostro de Toby, con los ojos completamente hinchados. Aunque Elwin sentía todo el cuerpo dolorido, le dio lástima ver a Toby tan demacrado tras pasar la noche en vela.

"Toby, ¿te has quedado aquí toda la noche? Vaya... Y ¿por qué te disculpas? No es culpa tuya."

"Pero... he estado instándolo todo este tiempo. Fue una estupidez y una imprudencia por mi parte, joven amo. Por favor, perdóneme."

Frente a un Elwin que no entendía la razón de aquello, el puente de la nariz pecosa de Toby se tiñó de un rojo intenso.

"Snif, snif. Si hubiera sabido que el señor Dwight era una persona tan malvada, snif, nunca lo habría incitado. Buahhh. Pensar que incluso le serví alcohol... pensar que estaba a punto de enviar al joven amo a la habitación de alguien así, buaaaa..."

Toby lloraba con las mejillas temblorosas. Era asombroso que de unos ojos tan hinchados, que apenas podían abrirse, pudieran brotar lágrimas tan gruesas. Elwin estaba un poco confundido. Sinceramente, de Toby se habría esperado que, incluso en esta situación, dijera con ligereza: "¡¿El señor Dwight se coló en su dormitorio? ¡Debería haber aprovechado la oportunidad cuando la tuvo!".

‘No. Eso no puede ser. Toby solo tiene sentimientos de lealtad hacia mí.’

Elwin levantó la mano y dio palmaditas en la espalda de su viejo amigo.

"No es así, Toby. Al fin y al cabo, el que trazó el plan de casarse con esa persona fui yo. Tú solo me ayudaste."

"Ah, pero joven amo. Incluso sobre ese plan... Ahora que lo pienso, no era un plan diseñado para su bienestar. El joven amo tomó esa decisión solo para proteger a la familia. ¿Qué vamos a hacer, joven amo? Solo de pensar que el condado de Ravenwell podría caer en manos de una persona así..."

Las palabras de Toby pesaron aún más en el corazón de Elwin, pero respondió con calma, esforzándose por mantener la compostura.

"Pensemos en ese problema más tarde. ¿Dónde está el señor Dwight ahora?"

"Ese tipo... me gustaría echarlo de la mansión ahora mismo, pero si lo hacemos, corremos el riesgo de ser nosotros los expulsados. Como no podíamos dejarlo dormir en una habitación cercana a la del joven amo, le asignamos la habitación del señor Alfred en la casa de huéspedes. Los empleados varones se turnan para hacer guardia fuera."

"Ya veo. Todos han pasado por mucho trabajo para poner orden."

"No, lo que importa es el corazón del joven amo. ¿Qué haremos ahora? Yo querría ir directamente a ver al juez de paz, pero el señor Alfred dijo que debíamos esperar y dejarlo en manos del joven amo. Insistió en que este asunto no debe llegar a oídos de la gente del pueblo ni de la señorita Eleanor."

Como bien había juzgado Alfred, el problema no era sencillo. Aunque no era una mentalidad racional, en la sociedad aún prevalecía el ambiente de que, si un Omega soltero era víctima de actos viles por parte de un Alfa, se consideraba una deshonra para el Omega y su familia. Especialmente en las familias nobles, muchos casos así se ocultaban y se enterraban en silencio.

Es más, entre los jóvenes del territorio ya circulaba el rumor de que Elwin intentaba ganarse el favor de Dwight a toda costa. Si esto salía a la luz, probablemente habría más gente dispuesta a culpar a Elwin. Podrían burlarse diciendo que, si eso era lo que quería, ¿por qué se quejaba ahora?

‘Dwight también dijo algo parecido. ¿Será que al final yo mismo me busqué este destino?’

'Teniendo en cuenta que te morías de ganas por gustarme', 'Si eres un Omega, ¡comórtate como tal y abre las piernas dócilmente!'. Las palabras que Dwight le escupió la noche anterior parecían volver a herir el corazón de Elwin. El miedo y la incomodidad de aquel momento se hicieron presentes de nuevo.

Cuando Elwin giró la cabeza, evitando que Toby viera su rostro blanco como el papel, su palidez se acentuó aún más. La percha sobre el escritorio. Eco, el loro, no estaba en su lugar habitual.

"¡Eh, Echo! ¿A dónde ha ido Echo...?"

Elwin se levantó con sobresalto y fue hacia la jaula. Aunque normalmente no era el lugar preferido de Echo —el loro consideraba la existencia misma de la 'jaula' como una ofensa a su orgullo—, efectivamente, no estaba allí.

"¿Quizás Echo esté en el jardín?"

Mientras la boca se le secaba ante el temor de que le hubiera pasado algo grave, Toby dijo aquello con total naturalidad. Elwin se preguntó cómo era posible, ya que el animal casi nunca salía de la habitación ni aunque dejaran la puerta abierta, pero aun así, miró por la ventana.

'Ah...'

Su mirada, que escaneaba el jardín, se detuvo en Leon, que paseaba tranquilamente. Sobre su hombro, un gran loro gris estaba posado cómodamente. Elwin suspiró aliviado, aunque le resultaba curioso ver a Eco, que solía ser tan esquivo con los extraños, posado sobre el hombro de alguien que apenas conocía.

"Mire a ese animal. Anoche, quizá porque el ambiente estaba alterado, estuvo muy inquieto, pero ahora parece estar encantado."

"Ah, quizás ayer actuó así porque realmente estaba herido. Por poco sale gravemente lastimado. ¿No parece que le moleste nada?"

"Vaya, y no le cuento los quejidos que soltaba, pura exageración. Como empezó a lloriquear y a armar alboroto, el señor Leon se acercó a revisarlo para ver si estaba herido. Dice que sabe mucho de eso porque antes cuidaba halcones en la zona fronteriza. Mire, mire al señor Echo. Incluso le está dando besos al señor Leon."

"Vaya, es cierto. ¿Por qué estará así?"

"¡Eso digo yo! A mí, que le doy de comer y le limpio la jaula todos los días, ni me mira. Ahora veo que no es que fuera esquivo con la gente, ¡es que era selectivo con las caras!"

Sin duda, con la apariencia de Leon, era fácil ganarse el afecto tanto de personas como de animales. Además, siendo Echo un pájaro tan inteligente, era lógico que hubiera tomado cariño a Leon después de lo ocurrido anoche.

"O tal vez sabe que fue él quien lo salvó."

Elwin murmuró para sí mismo, recordando de nuevo la mirada de Leon de la noche anterior. Aquellos ojos cálidos que lo observaban en medio del ambiente oscuro y pesado. Tal vez, incluso ardientes.

En ese momento, Leon, que paseaba por el jardín, levantó la vista hacia la ventana de la habitación de Elwin. En el instante en que sus ojos se encontraron, las mejillas de Elwin se tiñeron de rojo, y Leon, moviendo exageradamente los labios, le preguntó algo.

'¿Está... bien? Eso es lo que dice, ¿verdad?'

Cuando Elwin asintió, Leon sonrió con brillantez y movió los labios de nuevo. Al leer sus labios, Elwin no pudo evitar sentirse desconcertado.

'¿Qué? Ahora mismo... ¿dice que va a venir aquí?'

Antes de que pudiera reaccionar, Leon comenzó a caminar con paso firme hacia la mansión. Elwin entró en pánico, moviéndose de un lado a otro.

"¡Parece que el señor Leon va a venir! Debo tener un aspecto terrible. Toby, mírame la cara. Ah, primero tengo que ponerme las gafas."

Toby abrió los ojos con sorpresa al ver a Elwin moverse de forma tan agitada. Pues el joven amo, a pesar de tener un rostro delicado como si hubiera sido esculpido con mimo, nunca antes se había preocupado por cómo lo veían los demás.

Al notar tarde las mejillas de Elwin, sonrojadas como pétalos de rosa, Toby se arrepintió. Pensando que, aun sirviéndole de cerca, no se había dado cuenta de los sentimientos de su joven amo, se movió con más premura.

"No se preocupe. Usted siempre luce espléndido, ya sea recién levantado o cuando duerme profundamente. Primero póngase la bata, y solo hace falta peinarse un poco, ¿verdad?"

Justo cuando Toby terminó de arreglar a Elwin, llamaron a la puerta. Respondió con voz temblorosa que podían pasar, pero, por alguna razón, la puerta no se abrió de inmediato.

Entonces, con un sonido de estrépito, la puerta entera se desprendió del marco. Al parecer, la puerta que había sido arrancada simplemente la habían encajado de nuevo durante la noche. Leon levantó la enorme puerta con facilidad y la dejó a un lado con total naturalidad.

'Ese hombre siempre que tiene la oportunidad arranca la puerta.'

A pesar de todo, a Elwin se le escapó una risita. Leon, al ver la sonrisa de Elwin, sonrió también. Toby, viendo el ambiente afectuoso entre ambos, alternó la mirada entre los dos y salió rápidamente de la habitación.

"¡Entonces, que disfruten de su conversación!"

Aunque Elwin no sabía por qué Toby, que hasta hace poco no dejaba de llorar, se veía de repente tan animado, sus mejillas seguían encendidas. Mientras dudaba sobre qué decir, fue alguien más, aparte de 'los dos', quien tomó la iniciativa.

"¡Echo! ¡Echo!"

Echo chilló con fuerza, como si no entendiera por qué Toby lo había excluido de la conversación. Al ver cómo frotaba su pico contra el cabello negro y brillante de Leon, parecía que ambos se habían vuelto bastante cercanos durante la noche.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¿Echo es el nombre de este amigo? Me lo hizo saber él mismo. Me parece un animal muy inteligente.”

Como Eco tenía la tendencia de volverse obsesivo cuando algo captaba su atención, probablemente había repetido “¡Echo!”, “¡Echo!” hasta dejarle los oídos sangrando a Leon hasta que este se aprendió su nombre. Elwin, sintiéndose avergonzado por la extravagancia de su loro, preguntó sonrojado:

“¿Echo no le causó molestias durante la noche?”

“¿Molestias? Al contrario, me resultó muy divertido. Supongo que al ver que todos estaban ocupados, se acercó a mí para que le hiciera compañía. ¿Verdad, Echo?”

Leon acarició el ala del loro y, con cautela, desvió la mirada para observar a Elwin. Aunque mantenía su expresión ligera habitual, se notaba que estaba examinando si Elwin se encontraba bien. Sintiéndose incapaz de quedarse callado y dejar que Leon evitara hablar de lo sucedido anoche, Elwin tomó la iniciativa.

“Sobre lo de ayer…… no sé cómo darle las gracias. Si no hubiera sido por usted, Leon, habría sido un desastre.”

“Ah, no tiene nada que agradecer.”

“¿Y usted está bien, Leon? ¿No ha sufrido ninguna herida?”

“Yo estoy perfectamente. Mi única preocupación es si el joven amo se encuentra bien.”

Leon continuó hablando con una actitud aún más cautelosa.

“Sir Elwin. Revisé la copa que utilizó en la cena por si acaso, y hay algo que me inquieta. ¿No sintió usted algo diferente a lo habitual ayer……?”

“¿El señor Dwight puso algo en la bebida, verdad? Lo sospechaba.”

“Ja. Como imaginé.”

Leon giró la cabeza, evitando mostrarle a Elwin su expresión de furia. Podía ver cómo los músculos de su mandíbula se tensaban, como si estuviera apretando los dientes con fuerza. Aunque le resultaba un poco embarazoso sacar el tema frente a alguien que estaba claramente indignado por él, Elwin, sintiendo el peso de su conciencia, confesó con honestidad.

“Eh, sobre eso…… la verdad es que yo tampoco soy tan inocente.”

“¿Eh? ¿A qué se refiere?”

Leon, quizás ofendido, giró la cabeza bruscamente y agarró con firmeza los hombros de Elwin. El movimiento fue tan apasionado que Eco se sobresaltó y salió volando hacia su percha. Entre el aleteo, Leon habló con una seriedad que Elwin jamás le había visto antes.

“Lo que sucedió ayer no es culpa suya bajo ningún concepto. Si siente algo así, es solo porque su corazón es demasiado bondadoso y se culpa por cosas que no debería; así que, bórrelo de su mente. Y si alguien vuelve a decir semejante tontería, ignórelo. O mejor aún, dígamelo a mí. No dejaré que quien diga semejante barbaridad se salga con la suya.”

Las palmas de las manos de Leon sobre sus hombros ardían. Parecía estar conteniendo el deseo de abrazar a Elwin con fuerza. Elwin estuvo a punto de decirle que no necesitaba contenerse, pero como la culpa aún persistía, confesó balbuceando:

“G-gracias. Pero a lo que me refiero con que no soy inocente…… no es exactamente eso.”

“¿……Sí?”

“En realidad, yo también estuve a punto de hacer algo parecido. Bueno, no es que yo lo hiciera, pero…… me refiero a la noche que fui a su habitación, Leon.”

Hablando con propiedad, la víctima de aquel incidente había sido Leon, por lo que Elwin bajó la mirada, sintiéndose un descarado.

“Ese día, Toby hizo algo extraño con el menú de la cena. A decir verdad, parece que el objetivo era el señor Dwight…… ¿sabe qué efecto tienen las ostras, la salsa de trufa, el vino de oporto y el chocolate caliente?”

“Ah.”

“Sin querer, yo bebí mucho alcohol y usted también bebió mucho vino ese día. Por poco provoco un accidente sin que usted tuviera intención alguna…… Lo siento. Lamento haberlo guardado en secreto hasta ahora. Yo solo…….”

Mientras el rostro de Elwin se teñía de un rojo cada vez más intenso, las manos de Leon, que apretaban sus hombros, se soltaron. La mirada que hasta hace un momento lo observaba con intensidad también se apartó. Elwin preguntó, sintiéndose empequeñecido.

“Leon, imagino que está enfadado, ¿cierto?”

“Ah…… No, en absoluto, sir Elwin.”

Al mirar de cerca, pareció que el rostro de Leon también estaba sonrojado. Leon se llevó la mano a la nariz, frotándola, y carraspeó.

“Ejem. Existe la creencia popular de que el vino de oporto o los alimentos que mencionó tienen esos efectos, pero no dejan de ser solo leyendas. Si fuera verdad, esos menús no se servirían en los banquetes reales.”

“¿Ah, sí? Entonces…….”

“Ejem. La razón por la que yo…… me comporté así aquel día, fue simplemente porque estaba en la misma habitación que usted. No pretendo culparle, pero es que usted desprende un aroma extremadamente agradable y…….”

Dios mío. ¿Significaba eso que la razón por la que las feromonas de Elwin se descontrolaron aquel día tampoco fue por el vino, sino porque simplemente perdió el autocontrol por sí solo? Ni siquiera era su ciclo ni había tomado fármacos, ¿y aun así estuvo a punto de entrar en celo?

‘Entonces, al final, significa que me excité yo solo.’

Elwin, incapaz de mirar a Leon a la cara por razones distintas a las de hace un momento, se giró hacia el otro lado, frotándose el puente de la nariz igual que había hecho Leon.

“Ya, ya veo. En cualquier caso, una vez más…… le he causado muchas molestias, Leon.”

“No. ¿Molestias? Para nada.”

Tras esas palabras, un silencio sutil cayó entre ambos. Leon, intentando disipar el rubor de su rostro, finalmente se rindió y dio un paso atrás.

“Si sigo aquí, terminaré causándole molestias de verdad. Seguramente aún está cansado, así que descanse un poco más.”

Al ver a Leon hacer una reverencia formal, Elwin comprendió, en una rara ocasión, por qué Leon decía cosas tan ambiguas.

Elwin deseaba que Leon se quedara un poco más, pero al mismo tiempo sentía que, si seguía mirándolo, algo que crecía en su pecho terminaría explotando. Parecía que Leon sentía lo mismo.

Leon se dirigió a la puerta y recogió la hoja que había desmontado momentos antes, pero luego añadió, como si hubiera olvidado algo importante:

“Ah, por cierto, sir Elwin. Lo que le dije antes sobre su honor…… ahora veo que estaba equivocado.”

“¿Sí?”

“Su honor siempre le pertenece solo a usted; yo no puedo protegerlo ni arrebatárselo. Solo dije algo superficial porque deseaba que usted me tratara con confianza.”

“…….”

“Lo sucedido ayer, ni cualquier otra cosa, puede empañar su honor. Aunque usted ya lo sabe bien, supongo. Con su permiso.”

Leon levantó de nuevo la enorme puerta y abandonó la habitación. Mientras sentía la suave fragancia que Leon había dejado tras de sí, Elwin rumiaba sus palabras.

Su honor le pertenecía a él. Era un hecho que Elwin ya conocía, tal como dijo Leon, pero la sensación de que alguien lo reafirmara como si lo grabara en el corazón era diferente.

Elwin recordó las sucias palabras que Dwight había escupido la noche anterior. Curiosamente, esas palabras ya no hirieron su corazón como hace un momento. Simplemente se desvanecieron como tonterías sin sentido.

‘Estoy bien, de verdad.’

Y cuando despertó tras dormir un poco más, el cuerpo de Elwin se sintió renovado, incluso el dolor muscular había desaparecido por completo.

Por supuesto, el ambiente en la casa aún no era del todo sereno. Quedaban muchas cosas por resolver, y otras que parecían no tener solución. Al salir de la habitación, Elwin se acercó a Alfred, quien lucía demacrado tras un solo día.

“Alfred, muchas gracias por su arduo trabajo durante la noche.”

“Ay, joven amo, quien ha pasado por un mal momento es usted. ¿Cómo pudo sucederle algo así a un ángel como usted…….”

Alfred sentía un cariño tan profundo por Elwin que, a veces, incluso sin motivo alguno, se le humedecían los ojos al mirarlo. Así que, en este momento, su dolor era inmenso. El viejo mayordomo estaba a punto de romper a llorar.

“Estoy bien. Todos me han ayudado. He oído que el señor Dwight está en la casa de huéspedes. Siento que su lugar de descanso se haya visto afectado.”

“¿Qué importa mi descanso? En el apuro, le pedí que se quedara allí, pero el verdadero problema es qué haremos con él. Ah…… si se me permite decir algo impertinente, me pregunto si es realmente correcto dejar el honorable título de Ravenwell en manos de alguien así…….”

El motivo por el cual los empleados, a pesar de sentirse aliviados al ver a Elwin más animado y saludable, seguían sintiéndose inquietos era precisamente ese. Ese es el carácter de quien será el nuevo cabeza de familia. Elwin también tenía la mente hecha un lío.

“No lo sé. Más allá de otros asuntos, es posible hacer saber a la familia del barón que, tras el incidente de ayer, es difícil aceptar al señor Dwight como heredero. Entonces, probablemente enviarán al hijo mayor como heredero...”

Si eso sucedía, el territorio de Ravenwell recibiría a un señor probablemente un poco mejor que Dwight, pero, en cualquier caso, parecía que Elwin tendría que dejar este lugar. Mientras estaba sumido en sus pensamientos, Toby, que había salido al jardín, entró corriendo en la casa apresuradamente y gritó:

“¡Joven amo! ¡El señor Dale ha llegado!”

“¿El señor Dale?”

“¡Sí! Dijo que envió un telegrama al salir de Savar, pero ¿cómo es posible que una persona llegue antes que el telegrama? Parece que la red telegráfica aún no ha sido reparada. Ah, estoy preocupado. ¿Se habrá resuelto sin problemas la liquidación de las acciones?”

Toby parloteaba como si estuviera feliz. Dale era uno de los empleados más antiguos de la casa condal y, hasta hace unos años, era quien se encargaba de las finanzas del territorio. Después de que el anterior conde iniciara el negocio minero, se fue a Savar con él para ayudar en los negocios.

En la última carta enviada desde Savar, Dale dijo que regresaría después de transferir a nombre de Elwin la mayor cantidad posible de acciones del negocio, que habían quedado en un caos tras la muerte del conde. Para Elwin, era una fuente de fondos que equivalía a su última esperanza. Con alegría, Elwin corrió hacia el recibidor para recibirlo.

“Joven amo, ha pasado mucho tiempo. No tengo cara para presentarme ante usted al no haber podido regresar con el señor conde.”

El leal empleado hizo una reverencia ante Elwin, luciendo todavía el cansancio del largo viaje. Solo con ver el rostro de Elwin, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Elwin también sintió una emoción indescriptible. Dale era la persona que había permanecido al lado del conde en tierras extranjeras hasta el final. Aunque quería que le contara cómo fueron los últimos momentos de su padre, no pudo preguntárselo de repente, así que lo saludó con calma.

“No diga eso. Ha tenido un viaje largo y difícil.”

“¿Cómo se compara con el sufrimiento del joven amo, que se ha esforzado por proteger el territorio solo? Si no hubiera sido por los fondos que usted enviaba, tanto el señor conde como yo habríamos estado en apuros.”

“¿Cuántas dificultades no habrán pasado en un país extranjero? Me alegra saber que pude ser de pequeña ayuda.”

“Debí haber regresado antes para servir a su lado, pero me retrasé porque había mucho que organizar. Aun así, se resolvió satisfactoriamente. Para decírselo brevemente...”

“Ah, un momento.”

Elwin detuvo a Dale, quien buscaba entre su maletín como si fuera a entregarle los libros de contabilidad en ese instante. Sería un problema si este tipo de información llegara a oídos de Dwight o de su sirviente, Isaac.

Aunque la familia del barón tuviera derechos de sucesión, estos solo se referían al título y al territorio; no podían interferir en las inversiones en negocios extranjeros que el conde había realizado en vida, pero no quería darles motivos para buscar problemas innecesarios.

“¿Por qué no vamos a mi habitación para hablar?”

“Eso sería lo mejor. Casi me pongo a contarle una larga historia de pie.”

Aunque accedió de inmediato, Dale parecía extrañado por la actitud vacilante de Elwin y miró a su alrededor. Como el ambiente en la mansión era tan turbulento, era inevitable que él, recién llegado, sintiera la tensión.

“Por cierto, ¿tiene invitados? Vi un carruaje extraño frente al establo hace un momento. Y un empleado que no conozco estaba observando los alrededores con atención.”

Probablemente, la persona que vio Dale era Isaac. Desde la mañana, entraba y salía de los establos con la excusa de vigilar que el carruaje de la familia del barón estuviera bien. Los empleados de Elwin susurraban que quizá Dwight estaba planeando huir pronto tras haber cometido un delito.

“Sí. El heredero de la familia del barón está aquí. Aunque, por ciertas circunstancias, está ahora en la casa de huéspedes, en la habitación del señor Alfred.”

“¿El señor Oswald?”

Oswald era el nombre del hijo mayor de la familia del barón, el hermano de Dwight. Elwin negó con la cabeza.

“No, es el hijo menor, el señor Dwight. Recibimos una carta de la familia del barón informando que lo habían designado a él como heredero.”

Ante esas palabras, Dale se detuvo un momento, como si hubiera algo extraño. Justo cuando Elwin iba a preguntarle por qué había reaccionado así al leer su breve expresión, los ojos de Dale se abrieron aún más.

“Ese señor es...”

Al ver a Dale murmurando lentamente, Elwin siguió su mirada y vio que Leon se acercaba por el pasillo. Leon, al notar que lo observaban, se acercó a paso firme, así que Elwin se lo presentó a Dale.

“Esta persona es el señor Leon, quien vino como invitado junto con el señor Dwight. Es... compañero de clase de la escuela pública del señor Dwight. Señor Leon, él es Dale, un empleado de nuestra casa.”

Como añadir que “en realidad no parecen compañeros de clase” habría hecho la explicación demasiado larga, lo dejó así. Al ver a Dale, Leon esbozó una sonrisa fresca y radiante. Era una expresión intrigante, igual que el día que llegó por primera vez a esta casa.

“Encantado de conocerlo, señor Dale.”

“Ah, sí... encantado.”

Leon pareció enviarle una mirada corta a Dale, luego hizo una leve reverencia a Elwin y desapareció por el otro lado del pasillo. Dale, que se quedó mirando su espalda con ojos atónitos, reaccionó de repente, entró en la habitación y le preguntó a Elwin:

“E-entonces, joven amo. ¿Me está diciendo que el hijo menor de la familia del barón es quien ha venido como heredero? Y que ese señor Leon... lo acompaña.”

“Sí. ¿Acaso hay algo extraño?”

“No. No es que sea exactamente extraño, pero...”

Dale, pensando profundamente, sacó un fajo de documentos de su maletín y se los entregó a Elwin.

“Como verá usted mismo al leer los documentos, para informarle brevemente: las inversiones del señor conde han sido puestas a buen recaudo mediante un fideicomiso. Olvidé algo en el carruaje de alquiler, así que, con su permiso, iré un momento.”

Dale hizo una reverencia y se dio la vuelta apresuradamente. Como Dale tenía un carácter tranquilo y minucioso, era imposible que hubiera olvidado algo en el carruaje. Probablemente estaba buscando una excusa para ir a ver a Dwight, que estaba en la casa de huéspedes.

A Elwin también le convenía. Como Dale había acompañado al conde cuando visitaron la casa del barón Greymont camino a Savar, ya conocería al segundo hijo del barón. Sin embargo, lo que le preocupaba era la actitud de Dale, que parecía cuestionar la situación actual.

‘Aunque es raro que el segundo hijo herede el título de la casa principal... ¿acaso sintió que había algo más extraño además de eso?’

Con una sensación de inquietud, Elwin revisó los documentos que Dale le había entregado. Tal como él dijo, se había establecido un fideicomiso para que los beneficios generados por el negocio minero fueran directamente a Elwin. A diferencia de lo que temía, todo estaba resuelto de forma impecable. Le dolía el corazón al imaginar cuánto se habrían esforzado por él.

Quizás, con estos certificados, todos los problemas económicos podrían resolverse. Por supuesto, eso era hablando de futuros beneficios, pero en esa parte no tenía más remedio que confiar en su padre.

‘Entonces, ahora yo...’

Si no tuviera que preocuparse por el sustento, ¿podría dejar este lugar sin mirar atrás? Elwin organizó todos los documentos con la sensación de que no podía llegar a una respuesta fácilmente.

Cuando Elwin salió de la habitación, el ambiente en la casa condal estaba nuevamente agitado. Al escuchar el murmullo de los empleados, por un momento temió que Dale hubiera dicho algo al enfrentarse a Dwight, pero el problema no era ese.

“Snif, snif. Realmente, ya no puedo soportarlo más...”

Elwin se sorprendió al escuchar los sollozos de una joven. Al mirar hacia donde provenía el sonido, vio que la persona que lloraba no era otra que Selena. Ella, que se había encerrado en su habitación durante días sin dejarse ver, lucía notablemente demacrada y tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar.

Elwin lo intuyó. Al parecer, ella se había enterado de lo que hizo Dwight la noche anterior. Aunque el mayordomo Alfred había ordenado estrictamente no dejar que la historia llegara a oídos de Eleanor o de extraños, seguramente no se le ocurrió pedirle silencio a Selena.

Incluso un Elwin, torpe en cuestiones de amor, se había dado cuenta; por tanto, era probable que todos supieran desde hace tiempo qué clase de relación existía entre Dwight y Selena. Quizás las criadas, que siempre habían apreciado a Selena, pensaron que debían informarle de lo ocurrido.

“Snif, snif. Ah, Sir Elwin. Lo siento. Yo, yo...”

Al descubrir a Elwin, Selena lloró con aún más desconsuelo. Como alguien que valoraba la ‘caballerosidad’, a Elwin le resultaba incómodo ver a una mujer, alguien más débil que él, en tal estado.

“Señorita Selena, estoy bien. ¿Por qué llora con tanta tristeza? ¿Por qué no intenta calmarse tomando un poco de té caliente?”

Ante las palabras de consuelo, Selena reprimió el llanto a la fuerza, pero respondió mientras su cuerpo seguía temblando violentamente.

“No, snif, sir Elwin. Si usted supiera todo sobre mi error... no podría decirme eso. Snif...”

En la mano de Selena, que había estado temblando desde hacía un momento, se encontraba un sobre sellado. Tras morderse los labios por un largo rato, como si estuviera dudando, finalmente se decidió y habló:

“Yo, quiero confesarlo todo. Si vamos a la ciudad, ¿no está el juez? Debo llevarle esto y reportarlo.”

“¿Esa carta?”

“Sí. Sir Elwin... no tengo cara para decírselo directamente.”

El rostro de Selena estaba más serio que nunca. La carta que había escrito parecía ser una denuncia relatando la falta de alguien. Quizás era una confesión de sus propias fechorías.

Elwin estaba convencido de que tenía que ver con él. Si fuera simplemente una confesión de que se había hecho pasar por noble, no habría razón para sentir una culpa tan profunda. La boca de Elwin se secó por la curiosidad y la preocupación. Sintió el impulso de interrogarla sobre cuál era su falta, pero...

“Lo siento. Usted me trató tan amablemente... Lo siento, sir Elwin...”

Los labios de Selena estaban amoratados y sus mejillas, que solían estar llenas de vida, lucían pálidas. Elwin, que por naturaleza no era una persona de carácter duro, no pudo decir nada más al verla así.

“Iré a la ciudad ahora mismo. En carruaje... no, no. ¿Cree que tardaré demasiado si voy caminando? Si desconfía de mí, puede enviar a un empleado conmigo.”

Selena ya actuaba como si se considerara una criminal. Como Elwin se sentía inquieto por dejarla ir sola, rápidamente examinó sus opciones. Necesitaba a alguien en quien pudiera confiar y que no hiciera sentir incómoda a Selena.

“Señor Leon. ¿Podría, por favor, acompañar a la señorita Selena a la ciudad?”

Elwin llamó a Leon, que observaba la situación desde cerca, y este asintió con prontitud.

“Si es su petición, joven amo, por supuesto que lo haré.”

“Se lo agradezco. Prepararé el carruaje.”

Al echar un vistazo a Selena, pudo notar que al menos se sentía aliviada al saber que iría con Leon. Elwin le habló con una mirada que contenía tanto duda como lástima.

“Aún no sé cuál es la falta a la que se refiere, señorita Selena.”

“…….”

“El hecho de que usted se haya adelantado a confesarlo sin que yo lo supiera, demuestra que, aunque haya cometido un error, es una persona valiente. Por lo tanto, quiero creer que no volverá a repetir el mismo error.”

Ante las tranquilas palabras de Elwin, Selena derramó, sin hacer ruido, muchas más lágrimas que antes. Poco después de que ella partiera hacia la ciudad con Leon, Dale, quien había ido al anexo, regresó. Como su expresión seguía siendo sombría, Elwin le preguntó con cautela:

“¿Encontró el equipaje que había olvidado en el carruaje de alquiler?”

Aunque la pregunta fue formulada así, el verdadero significado era: “¿Dwight es realmente el segundo hijo del barón?”. Dale asintió con la cabeza, como si hubiera comprendido perfectamente las intenciones de Elwin.

“Sí, lo encontré sin problemas. Pero, el señor... el invitado que vino con el señor Dwight, ¿dónde está?”

“¿Se refiere al señor Leon? Surgió algo urgente y tuvo que salir a la ciudad.”

Ante esto, Dale puso una expresión como si estuviera sumido en sus pensamientos y volvió a preguntar:

“Joven amo. ¿Ha revisado bien los documentos que le entregué hace un momento?”

“Sí. Estaban muy bien organizados. Se ha esforzado mucho. Por hoy, descanse bien.”

“Oh, no. Creo que también debo ir a la ciudad por un momento. Tengo un asunto pendiente en la oficina de correos.”

Dale se preparó para salir de nuevo, sin haber terminado de recuperarse de la fatiga del viaje. A Elwin le empezó a doler la cabeza aún más.

Había algo sospechoso en él desde que se vieron por primera vez. ¿Dale iba a reunirse con Leon? Si la identidad de Dwight era certera, ¿por qué Dale seguía luciendo tan desconcertado y confundido? Y, ¿qué era esa ‘falta’ de la que hablaba Selena?

‘Hay demasiado que no sé. ¿Desde dónde perdí el hilo de la situación?’

Las premoniciones funestas nunca fallan. Poco después de que Dale saliera de la mansión, uno de los empleados masculinos que custodiaba la puerta de la habitación donde estaba confinado Dwight en el anexo, cruzó hasta la mansión y buscó a Elwin.

“Joven amo. ¿Podría examinar el equipaje del señor Dwight? Dice que necesita que le traigan algo.”

Aunque lo dijo con naturalidad, Elwin, quien tenía una corazonada extraña, le preguntó:

“¿Qué dijo que necesitaba?”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Dice que se siente mal. De repente comenzó a gemir diciendo que padecía una enfermedad crónica y buscó desesperadamente al señor Alfred; luego, al verme, me pidió que le trajera medicina. Debería al menos fingir que lo busco, pero como es un invitado de alta alcurnia, quería recibir primero su permiso.”

¿Una enfermedad crónica en Dwight? Era la primera vez que escuchaba algo así. La perplejidad de Elwin creció. ¿Dwight quería deshacerse de la vigilancia y marcharse de la casa condal?

Si fuera así, aunque hubiera cometido errores, seguía siendo un heredero; si quería irse, solo tenía que decirlo y marcharse. Los empleados de la casa condal no se atreverían a retenerlo a la fuerza.

‘El hecho de que busque al señor Alfred y luego envíe a un vigilante hacia aquí significa que...’

En ese instante, un pensamiento cruzó la mente de Elwin y un escalofrío recorrió su espalda. Se levantó de su asiento y salió de la habitación rápidamente.

“Debo volver al anexo, por ahora. ¿Dónde está el señor Isaac? ¿Y el señor Alfred...?”

Justo cuando se apresuraba a bajar al primer piso, un grito agudo resonó desde el jardín.

“¡Aaaah! ¡Señor Alfred!”

Ante el sonido que le heló la sangre, Elwin aceleró aún más el paso. Los otros empleados, asustados, siguieron a Elwin. Todos los que salieron al jardín no pudieron evitar quedar horrorizados ante la escena que tenían frente a sus ojos.

En el jardín estaban Dwight, Isaac y Alfred. O mejor dicho, Alfred no podía mantenerse en pie por sí mismo. El viejo mayordomo tenía un hematoma rojo en el borde del ojo y sus labios estaban rotos, sangrando. Aunque seguía consciente, parecía incapaz de caminar por sí solo, siendo arrastrado a la fuerza.

Y Dwight, quien probablemente era el responsable de haber dejado así al pobre mayordomo, rodeaba violentamente el cuello del anciano con su brazo. Retrocedía paso a paso mientras apuntaba con un pequeño cuchillo, que tenía en la punta de sus dedos, justo debajo de la barbilla de Alfred.

“¡Retrocedan todos!”

Cuando Dwight gritó de forma amenazante, todos los empleados que murmuraban se callaron. Isaac, quien se había adelantado un poco a Dwight y blandía una daga mientras vigilaba los alrededores, también amenazó de forma imprudente:

“¡Ya escucharon al señor Dwight! ¡Dijo que retrocedan todos!”

Elwin no podía sentir que esta situación fuera real. ¿Cuál sería el motivo para que alguien, siendo el segundo hijo de una familia baronal, organizara una toma de rehenes como si fuera un bandido?

“¿No me han escuchado? ¡Si intentan hacer alguna tontería, sabrán que esta vieja vida se terminará!”

Como no estaba acostumbrado a situaciones así, Dwight tenía las manos temblando. Lo que sostenía en su mano era un pequeño cuchillo de cocina que solía dejarse en las habitaciones de invitados junto a los platos de fruta. Era un arma insignificante con la que ni siquiera se podía apuñalar profundamente, pero con ese temblor en sus manos, parecía que terminaría hiriendo a Alfred solo por accidente.

Pensar en por qué había ocurrido esto era un asunto para después. Lo importante ahora era resolver este caos sin que nadie resultara herido. Mientras los empleados retrocedían vacilantes, Elwin se quedó en el sitio, inclinó ligeramente el cuerpo y le habló a Dwight.

“Señor Dwight. Cálmese. No hay necesidad de llegar a esto.”

“¿Qué? ¡Cállate!”

Ante la voz calmada de Elwin, Dwight le gritó, visiblemente irritado. Aunque la voz de Elwin también temblaba, dio un paso adelante con mucho cuidado y volvió a hablar:

“Si desea algo, lo ayudaré tanto como pueda. Primero, suelte al señor Alfred y hablemos.”

“¡No intentes engañarme! ¿Crees que hay algo más que yo quiera de este agujero?”

Mientras decía esto, Dwight levantó su brazo izquierdo, el que no estaba sujetando a Alfred, y ajustó su postura. Llevaba una bolsa de cuero ancha encajada en el costado. Elwin entrecerró los ojos al reconocer la bolsa, pero Dwight solo alzó más la voz.

“¡Atrás! ¡He dicho que retrocedan! ¡Lo único que quiero es salir de este maldito lugar!”

Mientras gritaba, Dwight retrocedió tambaleándose hasta cruzar casi todo el jardín. Echó un vistazo hacia los establos cerca de la puerta principal y le gruñó al mozo de cuadra que estaba allí:

“¡Tú, ahí! ¡Apártate!”

“Oh, eh...”

“¡He dicho que te largues! ¡A menos que quieras ver cómo le abro un agujero en la garganta a este viejo!”

Ante las palabras viles, el mozo se asustó y retrocedió a un lado. Como si lo hubieran planeado de antemano, Isaac corrió rápidamente hacia el establo y desató las riendas de un caballo. La situación era clara: en cuanto Dwight e Isaac montaran, saldrían de la mansión a toda velocidad.

Tanto Elwin como los empleados del condado sintieron el peligro y la necesidad de detener a Dwight, pero nadie se atrevió a dar un paso por temor a que le hicieran daño a Alfred, quien estaba prisionero.

Por fortuna —o desgracia—, el viejo mayordomo, que había dedicado su vida a la familia, no era tan fácil de manejar. Alfred, quien hasta hace poco colgaba inerte sin poder resistirse, recuperó el sentido ante el relincho de los caballos y comenzó a forcejear con todas sus fuerzas.

“¡Grrr, este viejo! ¡Quédate quieto!”

Dwight, desconcertado, lo reprendió, pero no se atrevió a blandir el cuchillo. Parecía temer que algo saliera mal y por eso retiró la mano, pero debido al forcejeo desesperado de Alfred, la piel del cuello del anciano sufrió un corte.

La situación era crítica, con la hoja rozando la fina piel del cuello, pero Alfred persistía con tenacidad. Parecía estar tratando de arrebatarle a Dwight la bolsa de cuero que llevaba en la mano izquierda.

En ese instante, Elwin comprendió la naturaleza del objeto que Dwight portaba. Sintió un escalofrío y, justo entonces, Isaac se acercó a Dwight con dos caballos.

“Joven amo, aquí...”

“¡Agh! ¡Qué molestia! ¡Isaac, haz algo con este viejo!”

Mientras arrebataba las riendas de manos de Isaac con la izquierda, Dwight soltó violentamente a Alfred con la derecha. El anciano, sin poder resistir la fuerza, fue arrojado hacia atrás.

Isaac, que miraba hacia otro lado para asegurar los caballos, fue arrastrado por Alfred al caer, y la daga que tenía cayó al suelo. Todos los empleados de la casa se dieron cuenta de que ese era el momento de actuar.

“¡Señor Alfred!”

“¡El cuchillo! ¡Alejen ese cuchillo primero!”

Los empleados y Elwin se lanzaron hacia adelante simultáneamente. Mientras Elwin pisaba la daga caída para alejarla, los demás corrieron hacia el caído Alfred.

Sin embargo, para entonces, Dwight ya había montado a caballo. A pesar de abandonar a Isaac, no dudó ni un segundo; tiró de las riendas y golpeó los costados del caballo, sin importarle dejar atrás a su cómplice.

El caballo, acostumbrado a los paseos, respondió rápidamente a las señales de Dwight. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba fuera de los muros del condado.

“Ah...”

Elwin miró el polvo levantado por los cascos con una mezcla de desesperación y ansiedad. Aunque tenía prisa, su prioridad era comprobar el estado de Alfred.

Mientras los empleados ayudaban al anciano, inmovilizaron a Isaac, quien se había enredado en la caída. Isaac intentó resistirse, pero sin el cuchillo no pudo usar su fuerza.

El estado de Alfred era terrible. Tenía el rostro y las muñecas llenos de hematomas y sangraba por la herida superficial del cuello. Además, su expresión era tan llena de angustia y dolor como cuando se enteró de la muerte del conde.

“Joven amo, debe atraparlo. Ese tipo, el señor Dwight...”

La voz de Alfred era desesperada. Efectivamente, el objeto que Dwight se llevó era lo que Elwin sospechaba. Se sintió mareado, pero no había tiempo que perder. Elwin montó sin dudar en el caballo que Isaac había traído.

“Vayan a la ciudad y llamen a un médico, y avisen al juez de paz sobre el incidente. Ata a ese hombre firmemente hasta que llegue la autoridad y lleven al señor Alfred adentro. ¡Rápido!”

Después de dar instrucciones calmadas a los empleados, Elwin arrancó a galope. Tenía que darse prisa, pues Dwight estaría huyendo desesperadamente.

Quedaban marcas de huellas apresuradas hacia la puerta principal. Elwin siguió el rastro de las herraduras. Aunque pronto se perdieron bajo las hojas secas, Elwin solo dudó un instante antes de adivinar el destino.

‘Debe haber ido a la estación de tren.’

Tal vez desde aquel día en que se apresuró a salir de paseo ignorando que Selena se quedaba atrás, Dwight había estado planeando esta fuga. Como había hecho varios viajes de reconocimiento con Isaac, ya debía conocer bien el camino.

‘Si fue a la estación, ¿piensa tomar el tren? Si es así, ¿qué tren podría salir a esta hora...?’

Como se interesaba por los ferrocarriles, Elwin conocía de memoria los horarios de la estación local. Al recordar los datos, su rostro palideció. Hoy era el día que partía el tren directo a la capital. Al parecer, la única verdad en todas las mentiras de Dwight era su intención de “pasar por el condado camino a la capital”.

‘Tengo que darme prisa.’

Si perdía ese tren, el siguiente directo no saldría hasta dentro de una semana. Se decía que la capital era un lugar inmenso y laberíntico; si Dwight lograba llegar allí, esconderse sería pan comido.

Elwin galopó más rápido. El atajo hacia la estación desde el condado era un sendero de montaña difícil incluso para caballos, y hoy estaba en peores condiciones.

Pequeñas ramas dispersas se enredaban en las patas del caballo, y en cada curva había tierra resbaladiza. Al principio, Elwin solo sentía la prisa, pero al repetirse la situación varias veces, se dio cuenta de que eran rastros artificiales.

Dwight, aun en su huida, había hecho todo lo posible para obstaculizar el camino de quien lo persiguiera. Era una táctica ruin pero eficaz. Como Elwin cabalgaba deprisa y sin silla, su cuerpo se balanceaba violentamente cada vez que tenía que detenerse.

“Hah...”

Una vez más, Elwin tiró de las riendas para evitar que el caballo resbalara. El sol comenzaba a ocultarse, lanzando rayos de luz que cegaban a través de las hojas.

Elwin apretó los dientes, lleno de terquedad y furia. No podía quedarse de brazos cruzados por más difícil que fuera; eso era exactamente lo que Dwight quería. Elwin se armó de valor, respiró hondo y se aferró a las riendas.

A partir de ahí, comenzaba un descenso empinado. Era el tramo donde Selena casi cae, pero para Elwin no fue tan difícil. De hecho, parecía que Dwight, ocupado en bajar sin caerse, no había tenido tiempo de poner más trampas, así que el camino estaba despejado.

Cuando llevaba la mitad del descenso, Elwin contuvo el aliento para escuchar. No muy lejos, se oían sonidos de cascos y respiraciones agitadas.

‘¡Los alcancé!’

Elwin aumentó la velocidad bajando por el camino empinado. Como esperaba, poco después vio la espalda de Dwight a lo lejos.

Aunque intentó acercarse en silencio para que no lo detectara, Dwight miró hacia atrás. Al girar la cabeza, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer, por lo que gritó con irritación:

“¡Aaagh!”

Aun así, Elwin saltó con calma sobre el montón de piedras y se acercó a Dwight. Cuando la tierra levantada por los cascos del caballo de Dwight empezó a golpearle el rostro, Elwin dijo con firmeza:

“Señor Dwight. Deténgase.”

“¿Qué? ¡Deténgase usted! Si no quiere salir malparado.”

Las palabras sarcásticas de Dwight no eran solo fanfarronería. Cuando Elwin tiró de las riendas para acortar la distancia, Dwight hurgó en el bolsillo de su chaqueta con una mano.

Elwin lo perseguía a una distancia peligrosamente cercana, donde apenas podía alcanzarlo. En ese camino estrecho y curvo, donde los árboles a lo largo del precipicio comenzaban a escasear y la luz del atardecer teñía la vista de rojo, Dwight lanzó algo que sacó de su bolsillo hacia atrás.

Al sentir el destello de un objeto plateado volando hacia él, Elwin giró instintivamente la cabeza del caballo. Sin embargo, no fue suficiente para evitar el cuerpo del enorme animal, y el objeto lanzado por Dwight rozó el hombro del caballo.

“¡Ah...!”

En el instante en que la piel del caballo se rasgó y brotó sangre roja, el animal, sobresaltado, levantó las patas delanteras. Al perder el control sobre la pendiente inestable, el cuerpo de Elwin se deslizó hacia atrás.

Elwin intentó resistir aferrándose a las riendas, pero tanto él como el caballo, que giraba en la curva, se tambalearon sin remedio hacia el borde del camino. Fue un momento precario, a punto de caer por el acantilado junto con el animal.

“¡Sir Elwin!”

Junto con el urgente sonido de cascos, escuchó una voz familiar. La mano de Leon, que lo había estado siguiendo de cerca, le sujetó la cintura. Su otra mano envolvió el dorso de la mano de Elwin, presionando las riendas hacia abajo.

“Tranquilo, tranquilo.”

Con una orden experta para calmar a la bestia excitada, las patas del caballo, que estaban a punto de resbalar en el camino de tierra, lograron recuperar el equilibrio justo en el borde del precipicio.

“¡Señor Leon...!”

Elwin llamó el nombre del hombre que lo había sujetado mientras recuperaba el aliento. Era una sorpresa maravillosa. ¿Cómo había logrado llegar hasta allí alguien que había ido a la ciudad? Incluso si hubiera regresado a casa y salido de nuevo inmediatamente después de que Elwin partiera, el camino no era fácil.

“Sir Elwin. ¿Se encuentra bien?”

“Estoy bien. Pero...”

Elwin revisó la herida bajo la crin del caballo. No era profunda, pero se preguntaba qué demonios había lanzado para desgarrar la gruesa piel del animal.

Al mirar hacia el borde del precipicio, vio el objeto plateado en cuestión tirado en el suelo. En cuanto reconoció de qué se trataba, un escalofrío le recorrió la espalda.

Era el cuchillo de cocina que poco antes había apuntado a la garganta de Alfred. Por pequeño que fuera, un cuchillo es un cuchillo; si en lugar de al hombro del caballo, se hubiera dirigido a Elwin, la situación podría haber resultado en una herida grave o incluso la muerte.

“Cómo se atrevió a hacer tal cosa.”

La voz de Leon temblaba de furia y horror, compartiendo el mismo pensamiento. Parecía incluso más impactado que Elwin ante el hecho de que este casi hubiera sufrido un accidente. Pero no era momento de quedarse atónito. Elwin recobró la compostura y miró hacia adelante con urgencia.

“No es momento para esto. ¡Rápido...!”

“Sí. Debemos ir a atraparlo.”

Afortunadamente, aunque el caballo de Elwin seguía alterado, la herida no era profunda y podía seguir corriendo si se le animaba. Leon también sujetó las riendas con firmeza. Ambos descendieron de nuevo por el sendero.

Aunque era frustrante, el último acto desesperado de Dwight fue bastante efectivo. Mientras perdían tiempo recuperándose del percance, él se había alejado considerablemente. Hasta que bajaron de la colina y la plaza frente a la estación de tren estuvo a la vista, Elwin y Leon ni siquiera habían visto la espalda de Dwight. Lo único que divisaron fue...

“Vaya.”

Una multitud de personas reunida frente a la estación para el tren expreso a la capital, que solo pasaba una vez por semana. En medio de la densa multitud, se veía un espacio vacío donde la gente se mantenía alejada.

Allí, un caballo con aspecto confundido había sido abandonado, y la gente se mantenía a distancia por miedo a que el animal sin dueño se desbocara.

Elwin reconoció al caballo al instante. Era uno de los pura sangre de los que la casa condal presumía. Robar el caballo de otro y abandonarlo en medio de la plaza; era un hombre despreciable en todos los sentidos.

‘Ni siquiera tuvo tiempo de atar el caballo. El tren está por salir. ¿Podré alcanzarlo?’

Al mirar el reloj de la plaza, Elwin sintió el mismo impulso que Dwight: abandonar el caballo y correr. Al ver el vapor blanco elevándose tras la estación, parecía que el tren estaba a punto de partir.

Con el corazón acelerado, Elwin saltó del caballo en cuanto llegó a la plaza. En ese momento, como si Leon pudiera leer sus pensamientos, gritó:

“¡Vaya rápido, sir Elwin! Yo me encargaré de esto.”

Él ya estaba sujetando las riendas del caballo que Dwight había abandonado. Fue un gesto de ayuda, pero Elwin no tuvo tiempo de agradecerle. Un fuerte silbato, “¡Puuuuuu!”, anunció la salida del tren.

Elwin corrió hacia el interior de la estación. El lugar estaba lleno de gente que despedía o recibía pasajeros y de otros esperando el siguiente convoy. Se abrió paso entre la multitud con todas sus fuerzas, pero cuando llegó al andén, las ruedas ya chirriaban, a punto de comenzar a girar.

Entre el temblor inquietante y el ruido, Elwin miró con ojos desesperados el enorme cuerpo negro del tren. Y enseguida, divisó a Dwight, que acababa de subir al vagón delantero.

“¡Quédese ahí!”

Aunque estaba lejos, Dwight pareció escuchar el grito de Elwin, pues giró la cabeza y le dedicó una sonrisa llena de vileza. Entonces, el tren se puso en marcha. Con la mente en blanco, Elwin corrió sin más hacia el último vagón.

‘Aún no ha ganado velocidad. Si es ahora, puedo saltar sobre el tren. Si tan solo logro subir, entonces...’

Al ver a Elwin correr hacia las vías, el ferroviario en el andén puso cara de pánico. Pero Elwin no veía nada más. Un poco más, solo un poco más. Corrió hasta que su corazón sintió que iba a estallar, y en el instante en que intentó extender la mano hacia la barandilla del último vagón...

“¡Sir Elwin!”

Alguien abrazó el cuerpo de Elwin con ambos brazos. Elwin, que estaba casi al borde del andén, se tambaleó y se detuvo debido a la fuerte fuerza que lo retenía.

“¡No, señor Dwight, en ese tren...!”

Elwin gritó con dolor, pero el tren, que ya había ganado velocidad, salió de la estación con un rugido. En medio del sentimiento de vacío y frustración, Elwin vio cómo la mole de hierro negro desaparecía entre el humo blanco y alargado.

“Ah...”

“Lo siento, sir Elwin. Es que era demasiado peligroso...”

Leon tenía razón. En su desesperación, estuvo a punto de cometer una locura. Incluso si hubiera logrado sujetar la barandilla, no habría sido una situación en la que pudiera saltar al tren. A lo sumo, habría terminado siendo arrastrado antes de caer sobre las vías.

‘Así es. De todos modos, ya es demasiado tarde.’

¿Desde cuándo fue demasiado tarde? ¿Desde que empezó a perseguir a Dwight a caballo? ¿Desde que no notó los movimientos sospechosos en el anexo? No, ¿acaso todo no empezó a salir mal desde el momento en que aceptaron a un hombre así como invitado?

Tenía la vista nublada. Aunque Elwin siempre había resuelto los problemas, ya fuera cuando recibió la noticia de que se había acabado el dinero de su padre en el extranjero, ante la sequía en el territorio, o cuando planeaba enfrentar la crisis de perder su título y su feudo, esta vez realmente no veía salida.

‘¿Qué debo hacer? ¿Queda algo que pueda hacer? Para mí, ¿qué es lo que queda...?’

Aunque sentía las fuerzas flaquear y ganas de desplomarse allí mismo, Leon lo sostuvo silenciosamente. Sus brazos firmes le dieron palmaditas en los hombros a Elwin y le acariciaron la espalda temblorosa, transmitiéndole consuelo.

¿Será porque eran manos que lo habían salvado del peligro dos veces? Elwin tuvo la ilusión de que, solo con que esas manos permanecieran a su lado, aún quedaba esperanza.

‘Así es. Sea como sea, tengo que hacer lo que pueda.’

Elwin apoyó la mano sobre el brazo de Leon, que lo rodeaba, y respiró hondo lentamente. Aunque no habría sido extraño resignarse y dar todo por perdido, no podía detenerse aunque no viera el camino. Elwin tenía cosas que proteger y personas que lo ayudaban.

“Volvamos a casa.”

Tras calmar el temblor de su cuerpo, Elwin dijo aquello con un rostro que había recuperado la serenidad. Leon asintió con una sonrisa suave.

“Hagamos eso. Tanto los caballos como usted deben estar agotados, así que será mejor tomar el camino más llano.”

Al regresar a casa, intentando controlar un corazón que amenazaba con desmoronarse, se encontró con que el ambiente en la mansión era lúgubre y tenso. En los ojos de los empleados que lo miraban se vislumbraba un hilo de esperanza, pero Elwin se vio obligado a darles la amarga noticia.

“Lo perdí casi al alcance de la mano. El señor Dwight tomó el tren hacia la capital. Debí haberme dado más prisa, pero esto se ha vuelto muy complicado...”

“Oh...”

“No, no, joven amo. Ha pasado por mucho.”

“Es admirable que haya regresado a salvo. Esos tipos no son precisamente gente común, son personas despiadadas y peligrosas.”

Los empleados intentaron responder con entusiasmo, esforzándose por no mostrar su decepción. Elwin, con actitud firme y digna, procedió a comprobar la situación en la casa.

“¿Ya vinieron el agente de policía y el médico?”

“Sí, joven amo. El oficial inspeccionó el lugar y luego se llevó a Isaac, atado con cuerdas. El médico también vino a visitar a casa para examinar al señor Alfred y al joven Robin.”

Robin era el joven empleado que poco antes estaba custodiando la puerta de la habitación de Dwight en el anexo.

“¿Robin también resultó herido? ¿Cuándo?”

“Mientras yo estaba aquí, engañado por la falsa enfermedad, ese tipo, Isaac, golpeó a Robin por la espalda cuando estaba solo. Después de que Robin cayó, el señor Dwight debió haber aprovechado para arrebatarle las llaves de la caja fuerte al señor Alfred en su habitación.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

El empleado que había acudido a Elwin pidiendo medicinas para Dwight informó de los hechos con cara de vergüenza, aunque se notaba su reticencia a usar títulos honoríficos para referirse a Dwight.

“Qué acto tan cobarde... Si recibió un golpe en la cabeza, ¿no está grave?”

“Robin es joven y fuerte, así que recuperó el sentido rápidamente. El problema es el señor Alfred.”

“¿Por qué? ¿Sus heridas son graves? ¿Cómo está?”

“No son heridas mortales, pero tiene cortes y magulladuras por todas partes. Parece que se resistió hasta el final para no entregar la llave de la caja fuerte. Qué hombre tan carente de corazón, hacerle eso a un anciano que podría ser su padre.”

“Aun así, hablaba con claridad y me pidió que le dijera a usted que no se preocupara, que se disculpaba y que pronto se levantaría. Por ahora, el médico le puso un sedante y está dormido.”

“Ya veo. Espero que sane pronto. Haah. Entonces...”

“Eh, por cierto, joven amo. ¿Qué haremos con ella?”

Ante la mención de “ella”, Elwin puso una expresión de duda, por lo que los empleados lo llevaron al salón de recepciones. Allí, las criadas rodeaban la mesa como si estuvieran vigilando a una prisionera. La persona sentada en el centro era Selena, quien había salido a la ciudad esa tarde con Leon.

Según le contaron los empleados, Selena entregó al juez de paz la carta con la confesión de sus faltas. El juez se había planteado si detenerla inmediatamente, pero finalmente Leon pagó la fianza y la trajo de vuelta a la casa.

Selena, que ya tenía los ojos hinchados de tanto llorar antes de salir de la mansión, se veía deshecha, como si hubiera seguido llorando tras regresar. Parecía haber quedado en shock al saber que Dwight había llegado al extremo de herir al señor Alfred usando un cuchillo.

Algunas criadas murmuraban con sarcasmo, dudando si no estaría fingiendo sorpresa. Desde que ella comenzó a armar un escándalo diciendo que había cometido un pecado, todos sospechaban de ella, y al ver el caos que provocó el hombre que la trajo, era natural que la miraran con recelo.

“Señorita Selena.”

Cuando Elwin se acercó a la mesa y la llamó, ella lo miró con un rostro que mezclaba culpa y alivio.

“¡Sir Elwin! Yo, el señor Dwight...”

“Se ha ido a la capital.”

“...Ya veo.”

Su voz sonaba resignada. Parecía haber previsto que Dwight la dejaría atrás. Después de todo, llevaba días siendo ignorada por él, así que no era de extrañar.

Elwin se sentó con cuidado frente a ella. No esperaba que ella lo supiera todo, pero al menos parecía dispuesta a explicar la razón por la que Dwight había venido a aquel lugar.

“Señorita Selena. Dijo antes que le resultaba difícil hablar frente a mí, pero ahora que las cosas han llegado a este punto, ¿podría decirme lo que sabe sobre cómo ha sucedido todo esto?”

Ante la suave pregunta de Elwin, la última lágrima que le quedaba a Selena rodó por su mejilla. Ella recuperó el aliento, asintió y comenzó a hablar.

“¿Cómo podría seguir mintiendo ahora? Lo diré todo. Yo, no... El señor Dwight...”

* * *

Mientras tanto, a bordo del tren con rumbo a la capital, Dwight no pudo controlar su respiración agitada durante un buen rato, presa de la ansiedad y la adrenalina. Aunque se sentía afortunado por no haber sido capturado, cada vez que recordaba la gota de sangre del viejo mayordomo que había manchado su cuchillo, o el rostro del joven amo de la casa condal persiguiéndolo ferozmente, su cuerpo se estremecía de pies a cabeza.

Como alguien criado como descendiente de una familia noble, era la primera vez que cometía un acto así con sus propias manos. Tal como decía su padre, quien le lanzaba maldiciones e interminables sermones cada vez que lo veía, ¿estaba destinado desde el principio a causar una desgracia mayor algún día?

Dwight Percival Hollingsworth era la vergüenza y el desastre de la familia del barón Greymont. A diferencia de su hermano mayor, quien había asimilado las enseñanzas estrictas del barón y crecido de manera impecable ante los ojos de todos, el segundo hijo, de carácter impaciente y malintencionado, había perdido el favor de su padre desde muy temprana edad.

“Tsk, no haces ni una sola cosa bien. Ojalá pudieras ser aunque fuera una cuarta parte de lo que es tu hermano. ¿Para qué servirá este tipo?”

Las palabras del barón, que solía chasquear la lengua con desdén, resultaron ser ciertas. Tras superar por los pelos varias amenazas de expulsión y graduarse de la escuela pública, Dwight no fue a la universidad ni se alistó en el ejército; simplemente regresó al feudo y se dedicó a apostar y beber.

Los rugidos de ira de su padre y las advertencias de su hermano Oswald eran constantes, pero Dwight solo se encogía ante ellos un momento para luego volverse aún más retorcido. La situación llegó al punto en que, entre los habitantes del feudo, Dwight era conocido secretamente como el ‘joven amo degenerado’.

Al final, el barón optó por esconder a su hijo atolondrado. Salvo para eventos inevitables, utilizaba excusas como “se ha resfriado por leer libros toda la noche” o “sigue enterrado en la biblioteca” para no dejar que Dwight saliera.

En los feudos vecinos se creía erróneamente que el segundo hijo del barón era un ávido lector, pero la gente de Greymont solo se burlaba diciendo: “Las únicas letras que ese joven amo lee deben ser el alfabeto de las cartas de juego y las etiquetas de las botellas”.

“Dwight. Mientras yo no esté, por favor, intenta no causar ninguna desgracia mayor.”

Pero incluso para Dwight llegó un día soleado. Su hermano mayor, Oswald, fue destinado a una embajada en el extranjero. Aunque dejó comentarios humillantes hasta el día de su partida, el hecho de que su hermano, quien siempre lo trataba con severidad, desapareciera a tierras lejanas le permitió respirar con alivio.

Después, cuando la salud del barón se deterioró y su mente comenzó a nublarse, los empleados de la casa se sumieron en la preocupación y la pesadumbre, pero solo Dwight se pavoneaba lleno de triunfo.

Ya no había nadie que interfiriera, aunque Dwight bebiera desde el mediodía o se pasara el día jugando a las cartas en el club de caballeros de la ciudad. Sin embargo, después de unos meses de desenfreno total, el encargado de las finanzas visitó la habitación de Dwight.

“Joven amo, me apena molestarlo, pero aunque apenas estamos en septiembre, los fondos para gastos de este año ya están agotados.”

Ante la confesión desesperada del encargado, Dwight, que bebía whisky desde la tarde, sintió que le ardía la nuca. Para alguien como él, que gastaba dinero a manos llenas sin saber siquiera cuánto tenía, la noticia fue desconcertante.

Más que desconcertado, se sintió algo ofendido. ¿Acaso la familia del barón era tan pobre que apenas unos meses de diversión los ponían al borde de la miseria? Dwight levantó la barbilla y reprendió al encargado.

“¿Por qué me dices eso a mí? Si falta dinero, será porque no estás haciendo bien tu trabajo.”

Ante las palabras de Dwight, el encargado tragó un suspiro y bajó la cabeza.

“No es eso... ¿no podría buscar otros pasatiempos en lugar del Écarté? Además, compra demasiadas botellas de whisky de alta gama... ¡Agh!”

Irritado por la crítica al whisky, Dwight lanzó la copa que estaba bebiendo hacia el encargado. Dwight le gritó al hombre, que se cubría la frente mientras la sangre le corría a borbotones.

“Estoy usando el dinero de mi padre, ¿por qué te metes tú? Si eres un empleado, ¡actúa como tal y deja de balbucear sobre los asuntos de tus superiores!”

Dada la situación, los empleados, que ya estaban hartos de la maldad de Dwight, no pudieron evitar quedar horrorizados. Mientras todos negaban con la cabeza y se alejaban, solo había un empleado que seguía pegado a Dwight.

“Ay, qué mala suerte tiene, joven amo. Un hombre necesita vivir experiencias sociales, y tipos como esos, que se pasan el día sentados con sus libros de cuentas, dicen tonterías. ¿Quién es usted? Usted es el pilar de la familia del barón.”

Era Isaac, el sirviente de Dwight. Su reputación en la casa y en el feudo era tan mala como la de su amo. Abundaban los rumores oscuros: decían que se había fugado tras estafar dinero a otros, o que su estatus originalmente le impedía ser empleado de una casa noble y que había falsificado sus cartas de recomendación.

El barón había querido despedirlo por su actitud siniestra y sospechosa, pero Dwight se había opuesto violentamente. Después de todo, Dwight estaba muy satisfecho con Isaac, quien se comportaba como si fuera parte de él mismo.

“Tienes razón. Qué escándalo por un poco de dinero. Como ya me arruinaron el humor, creo que iré a la ciudad.”

Bajo la escolta de Isaac, Dwight se dirigió frente a una pequeña casa al borde de la zona comercial. Era el lugar al que pasaba cada vez antes de ir al club de caballeros.

“¡Selena!”

Ante el grito de Dwight, Selena abrió la ventana con una expresión altiva. Era hija de una costurera. Aunque era una hija ilegítima de padre desconocido, era la mujer más bella del pueblo; el camino frente a su casa estaba pulido por los pasos de los hombres que acudían a cortejarla.

“¿Por qué ha vuelto?”

“¿Por qué será? He venido a traer un soborno para una belleza.”

Dwight sonrió de lado y le extendió algo a Selena, pero ella reaccionó con frialdad. Para Selena, Dwight no era una figura de confianza.

Él tenía un espléndido cabello rubio y era el hijo del señor feudal, lo que a veces hacía que su corazón se tambaleara, pero el problema era precisamente ese hecho. La madre de Selena le había repetido mil veces que nunca confiara en hombres de alto rango, argumentando que esa era la razón por la que Selena nació sin conocer a su padre.

Sin saber que Dwight era tan mala reputación que nadie quería casarse con él, Selena simplemente asumía que un joven noble como Dwight naturalmente tendría una prometida.

“Su lengua es como la seda. A ver...”

A pesar de soltar una risa burlona, al ver el regalo que Dwight le ofrecía, la expresión de Selena se volvió aún más rígida. ¿Unos cuantos dulces que parecían robados de la cocina? Había una fila de hombres que le traían vestidos y joyas, ¿qué pretendía lograr con eso?

“Tengo trabajo que hacer, así que, joven amo Dwight, vaya a jugar a las cartas.”

Cuando Selena entró fríamente a la casa, Dwight chasqueó la lengua pensando en lo caro que se vendía esa mujer insignificante y se dirigió al club de caballeros.

En cualquier caso, mientras su problemático hermano y su padre no estuvieran merodeando, Dwight vivía alardeando como un rey. Pensó que esos días continuarían por siempre, pero...

“¿Dijiste que el conde de Ravenwell ha muerto?”

“¿En serio? ¿No eran solo sus hijos, el Omega y la señorita?”

“Entonces, ¿el título pasará a esta casa? ¿Acaso el hijo mayor se convertirá en conde?”

Un día, los empleados empezaron a intercambiar historias extrañas. Puede que fuera una alegría para la familia, pero no eran noticias agradables para Dwight.

Ya le resultaba frustrante que su hermano se quedara con todo el feudo y el título de la casa baronal solo por haber nacido unos años antes, ¿pero encima iba a ser conde? ¿Cómo podía existir tal injusticia?

Dwight se quedó en cama un día o dos por puro resentimiento. No podía hablar de su frustración con nadie, y justo cuando estaba a punto de salir a la ciudad tras haberse desquitado con los empleados, se cruzó con el cartero que entraba a la casa.

“Buenos días, joven amo.”

Dwight iba a ignorarlo con altivez, pero de repente, una idea cruzó su mente y le preguntó:

“Oye, ¿ha llegado alguna carta de Savar? No solo de hoy, sino cualquier carta que haya llegado recientemente.”

Como el conde estaba en un viaje de negocios al extranjero, pensó que si Oswald realmente iba a heredar el título, ellos habrían enviado noticias primero. El cartero, mientras hurgaba en su memoria, negó con la cabeza y soltó algo inesperado.

“No recuerdo que haya llegado correspondencia del extranjero desde Savar. Hace unos días salió una carta de la familia del barón hacia el lugar donde está el hijo mayor, pero eso es todo.”

“¿...Hace unos días? ¿Cuándo fue eso?”

“Debió ser el miércoles de la semana pasada.”

Si fue el miércoles de la semana pasada, era justo el día siguiente a aquel en que Dwight le lanzó la copa de whisky al encargado de las finanzas. Los empleados de la familia del barón siempre hacían un escándalo ante cualquier cosa que Dwight hiciera, diciendo: “¿No deberíamos informarle al hijo mayor que está fuera?”.

‘¿Ese sujeto realmente fue a chismearle a mi hermano?’

Su hermano ya solía aplastarlo apenas podía, asumiendo que Dwight ya era el barón. Si descubría que Dwight había gastado todo el dinero mientras él no estaba, Dwight estaría acabado. Dwight, que antes estaba postrado en cama por pura envidia, ahora parecía estar a punto de desplomarse por la ansiedad.

“Isaac, creo que debo largarme de esta casa. Es imposible vivir en este agujero.”

“¿A qué se debe, señor Dwight?”

“Mi hermano. Ya se comporta como un tirano, así que si llega a heredar el condado, ¿qué tan arrogante se volverá? Cuando él regrese, tendré que sufrir humillaciones crueles solo por ser el segundo hijo, así que es mejor que me escape pronto.”

Aunque el término ‘tirano’ le sentaba mucho mejor a Dwight, él actuaba como si fuera la pobre víctima. Ante la queja de Dwight, Isaac le sugirió un plan astuto.

“Eso suena injusto, joven amo. Ya que usted también es hijo de esta casa, si se va, debería llevarse lo que le corresponde.”

“¿Crees que mi padre o mi hermano piensan en mí? Incluso los empleados se han unido para apoyar a mi hermano.”

Aunque el título y el feudo pasan al primogénito, era costumbre nobiliaria otorgar al segundo hijo fondos suficientes para mantener su estatus y vivir decentemente. Aunque el caso de Dwight, al haber perdido el favor de su padre, sería diferente.

“Los de esta casa son así, pero, ¿no serán diferentes los de la familia del conde? ¿Qué le parece si recibe su parte directamente de ellos? Podría irse de aquí, asegurarse una buena suma y vivir cómodamente en la capital.”

“Mmm. Ciertamente, Ravenwell queda camino a la capital. Pero, si voy yo, que no soy el heredero, a exigir dinero, ¿crees que me lo darán?”

Dwight se sintió tentado pero dudó. Isaac respondió con una sonrisa radiante, como si aquello no fuera un problema en absoluto.

“Qué ingenuo es, joven amo. No funcionará si solo va y lo pide. Tendrá que presentar documentos y solicitarlo en calidad de heredero de la familia del barón.”

“¿En calidad de heredero...? ¿Me estás diciendo que falsifiquemos documentos para engañar a la familia del conde?”

Dwight, quien hasta entonces solo había causado problemas montando berrinches en su propia casa, se sintió desconcertado por una propuesta tan seria. Isaac, con una sonrisa astuta, convenció a su joven amo inmaduro.

“¿Engañar? Piénselo, joven amo. Ellos no tienen nada que perder. Solo están adelantando un poco el dinero que de todos modos debería ir a la familia del barón. Para la familia del barón es igual. Usted simplemente está tomando la parte que le corresponde por derecho.”

“Supongo que es cierto.”

“¿Cuánto tiempo le tomará al hijo mayor terminar sus asuntos en la embajada y regresar? Si usted va primero a la familia del conde y vigila que no hagan nada indebido con la herencia, ellos deberían estarle agradecidos.”

Como Dwight era experto en justificarse a sí mismo, cayó rendido ante la tentación de Isaac. Ir a la familia del conde, ser tratado como el heredero por un tiempo, tomar una fortuna e irse a la capital. Era un plan magnífico.

“También me llevaré a Selena.”

Bastaron unos pocos días para planear y ejecutar todo. Isaac, como si hubiera encontrado su verdadera vocación, falsificó a la velocidad del rayo un acuerdo declarando al segundo hijo, Dwight, como heredero, y robó el sello del jefe de familia del despacho del mayordomo para escribir la carta dirigida a la familia del conde.

Durante esos días, Dwight visitó a Selena diariamente para convencerla de ir a la capital con él. Ante la repentina propuesta, Selena reaccionó con frialdad al principio.

“No se burle de mí, señor Dwight.”

“Hablo en serio, Selena. Estoy harto de este pequeño pueblo. ¿No lo estás tú también? ¿Escuchaste que el conde murió y nuestra familia heredará todo ese dinero? Pienso pasar por la familia del conde camino a la capital para reclamar mi parte. Será tanto dinero que podré darte una vida de lujos sin problemas.”

Dinero, capital, lujos. Eran palabras que fácilmente estremecían el corazón de Selena, quien estaba acostumbrada a coquetear con los hombres del pueblo. Además, no pudo evitar sentirse atraída por el hecho de que el hijo del señor feudal, quien ella pensaba que tenía una prometida, hubiera pensado primero en ella al planear dejar su hogar atrás.

“...Está bien. Pero a cambio, prométame que nunca volverá a jugar a las cartas.”

El día antes de partir hacia la familia del conde, Selena finalmente aceptó la propuesta de Dwight. Dwight dudó un momento ante la exigencia inesperada, pero terminó asintiendo. Había tanto por disfrutar en la capital que los juegos de cartas le parecerían insignificantes.

Selena, una joven de diecinueve años, creyó ciegamente en las palabras de Dwight. Así, empacó los vestidos y joyas que había acumulado como regalos, tomó el dinero que su madre había recibido de un benefactor sospechoso y, de madrugada, escaparon del feudo de Greymont evitando las miradas de los demás.

Sin embargo, el viaje comenzó con dificultades desde el principio. Selena, que esperaba un viaje más lujoso, terminó agotada de viajar todo el día en un carruaje que traqueteaba sin parar.

Por su parte, Dwight sintió que su entusiasmo se enfriaba al viajar largas distancias con Selena; la encontraba demasiado habladora, a diferencia de cuando solo bromeaban un poco y ella parecía ser solo altiva y orgullosa.

Como no quería parecer sospechoso llevando a cualquier mujer, acordaron que ella fingiría ser una noble, pero le molestaba que, a pesar de haberla instruido, cada uno de sus gestos carecía de elegancia.

‘¿Es corta de mente? Claramente le expliqué los modales de mesa ayer, ¿por qué deja el tenedor haciendo ruido?’

Dwight frunció el ceño con desdén mientras desayunaban en la posada, irritado por Selena. Pero ella, sin leer el ambiente, se quejaba de que todo el cuerpo le dolía por el carruaje y de que el viaje duraba más de lo pensado. Luego, comenzó a bombardearlo con preguntas sobre cuánto faltaba para llegar a Ravenwell y cómo sería la mansión del conde.

Para Dwight, que siempre se había sentido resentido porque su padre solo llevaba a su hermano cuando visitaba a la familia del conde, sentirse cuestionado así era como tocarle su fibra más sensible. Cortó las palabras de Selena con un rostro gélido.

“Tiene demasiadas preguntas durante la hora de la comida, señorita Selena Morrow.”

Ante las palabras de Dwight, Selena recordó que debía actuar como la “hija de la familia Morrow” y cerró la boca. Aún así, su corazón se sintió pesado al notar que la actitud de Dwight había cambiado mucho desde los días en que intentaba ganarse su favor.

Un silencio prolongado reinó en la mesa. Como Dwight no dijo ni una palabra durante toda la comida, Selena, sin apetito, comenzó a tirar nerviosamente de un trozo de pan que tenía en la mano. De repente, al recobrar el sentido, se dio cuenta de que había dejado caer muchas migas sobre el dobladillo del vestido que había guardado con tanto esmero para esa ocasión.

“Oh. ¡Ah...!”

Al levantarse sobresaltada para limpiar las migas, Selena dejó caer su pañuelo al suelo. En ese momento, un apuesto caballero apareció y recogió el pañuelo con un movimiento suave.

Aunque Dwight había estado molesto con Selena, al verla sonrojarse mientras agradecía al hombre, se sintió igualmente irritado y lo miró con sospecha. Entonces, el hombre le habló a Dwight con una sonrisa afable.

“¿Eh...? ¿No es el señor Dwight?”

“...¿Quién es usted para conocerme?”

“¿Quién entre nuestros compañeros de escuela no conocería al señor Dwight? Usted era el objeto de admiración de todos.”

Dwight nunca fue un estudiante ejemplar, pero entre los jóvenes estudiantes, los alborotadores que lideraban las travesuras también solían ser objeto de admiración en otro sentido. Sintiéndose halagado, Dwight respondió con arrogancia:

“¿Fue alumno de Saint Aldwyns College?”

“Ah, sí, exactamente. Saint Aldwyns College.”

El hombre de cabello negro sonrió con alegría y le tendió la mano a Dwight.

“Es un placer volver a verlo. Soy Leon.”

Aquel hombre, de palabra fácil, entabló conversación con Dwight y, tras mostrarse cercano rápidamente, pagó sin dudar los gastos de alojamiento y comida tanto de Dwight como de Selena.

Al mismo tiempo, comentó que él también se dirigía a la capital pasando por la zona de Ravenwell y preguntó si podían viajar juntos; Dwight aceptó de inmediato. Dado que el viaje con Selena le estaba resultando más tedioso de lo esperado, pensó que sería mucho más entretenido compartir el trayecto con alguien que supiera seguirle la corriente.

“Tenemos pensado quedarnos en la residencia del conde de Ravenwell cerca de un mes, deberías alojarte allí también.”

“¿La residencia del conde? ¿Es apropiado que un trotamundos como yo vaya a un lugar tan distinguido?”

“Haga como le digo. Nuestro joven amo tiene previsto heredar el condado de Ravenwell.”

Isaac, que era el único que se mostraba cauteloso ante el repentino compañero de viaje, añadió aquello con tono autoritario, como indicándole a Leon que debía servirles. Leon puso una expresión de haber comprendido —un “ah”—, y tras esbozar una sonrisa ladina, subió al carruaje de la familia del barón.

El viaje con la incorporación de Leon fue sin duda mucho más agradable, pero al llegar a la residencia del conde, Dwight se hundió en una nueva frustración.

‘¿Qué es este lugar?’

El ambiente en la residencia del conde era excesivamente relajado y descuidado. Quizás para otros fuera un ejemplo de austeridad, pero a ojos de Dwight, no parecía una casa condal; la atención de los criados era burda y el mobiliario carecía de valor.

Lo único rescatable era que el hijo mayor, un omega, era una belleza que llamaba la atención nada más verlo, pero Dwight se preguntaba de qué servía que un hombre fuera tan hermoso. Estaba inquieto por si sus planes no saldrían como esperaba.

“Joven amo. Parece que en la residencia del conde hay escasez de dinero en efectivo.”

Como era de esperar, Isaac, tras dar una vuelta por la casa, le trajo malas noticias. Su plan original era alegar que necesitaba dinero urgente en la capital para exigir una parte de la herencia, pero aquello complicaba las cosas.

“¿Entonces qué hacemos?”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Por suerte, parece haber objetos de valor. He oído que la condesa, de la familia Somerset, dejó muchas joyas.”

“¿Las joyas de la condesa? ¿No son reliquias familiares? No creo que las entreguen así como así.”

“Pero, joven amo. No podemos volver con las manos vacías después de haber llegado hasta aquí.”

Las palabras de Isaac habían mutado: la excusa de ‘reclamar lo que nos corresponde’ se había transformado simplemente en ‘robar lo ajeno’. Dwight dudó un momento, pero como ya había abandonado a su familia para llegar hasta allí, no había vuelta atrás.

El problema era cómo sustraer las joyas sin ser descubierto. El bobo del hijo mayor, el omega, solo le mostraba lugares inútiles como la biblioteca o el invernadero, pero nunca le permitía entrar en la habitación de la condesa, que era lo importante. Mientras su irritación iba en aumento, por fortuna —o desgracia—, Selena trabó amistad con la joven hija de la familia.

“Selena. Hay algo que debes hacer por mí.”

Como no podía hablar de eso delante de otros, Dwight la llamó al jardín en mitad de la noche. Selena respondió de inmediato con aire altivo.

“Si usted no cumplió su promesa, ¿qué espera que haga por usted?”

“¿De qué estás hablando?”

“De los juegos de cartas. Prometió que nunca volvería a jugar, ¿por qué rompió su palabra? Vine aquí confiando solo en usted.”

¿A qué venían esas molestias ahora? Dwight estaba estupefacto, pero pensó que debía calmarla y le habló con la mayor suavidad posible.

“Como te dije, en este aburrido agujero no había otra opción. Pero eso no es lo importante ahora. Hay algo crucial que solo tú puedes hacer. Nuestro futuro depende de ello.”

“...¿De qué se trata?”

Ante la voz seria de Dwight, Selena volvió a mostrarse vulnerable. Dwight se acercó a ella y le susurró:

“Últimamente te llevas bien con la hija de esta casa, ¿no? Haz lo posible por colarte en la habitación de la condesa. He oído que hay joyas grandes en algún lugar, asegúrate de encontrar el lugar exacto. A menos que los criados de esta casa sean unos espantapájaros, no buscarán por toda la habitación, y si hace falta, solo tenemos que entrar, tomar eso y salir discretamente.”

“¿Qué? ¿Por qué esas joyas...?”

“¿Acaso hay otro lugar en este cuchitril de donde sacar dinero?”

Aunque le resultaba extraño que Dwight le pidiera fingir ser noble o le dijera que formalmente él sería el heredero, a esas alturas Selena se dio cuenta de que lo que estaba haciendo era, sin duda, incorrecto.

“Señor Dwight. No estará pensando en robar, ¿verdad?”

“¡¿Robar?! ¡Qué barbaridad es esa! Se supone que la familia Greymont heredará este condado, y como yo soy un hijo de los Greymont, todo lo que hay aquí es básicamente mío desde el principio.”

Ante la desfachatez de Dwight, Selena pareció quedarse sin palabras. No sé sabe qué le pasaba, pero ella no actuaba con la rapidez que Dwight esperaba. Apenas logró poner un pie en la habitación de la condesa, pero puso mil excusas y no reveló la ubicación de las joyas. En esas estábamos cuando:

“Me volveré en carruaje con Sir Elwin.”

La relación entre Selena y Dwight comenzó a fracturarse seriamente tras la fiesta de té en casa de los Finch. Quizás porque le molestó ver cómo las mujeres de la fiesta se acercaban a Dwight mientras la miraban a ella con recelo, Selena empezó a comportarse de forma caprichosa y molesta.

‘No puede ser, esta mujer no sirve. Para empezar, solo tenía una cara bonita, pero no tenía distinción y hablaba demasiado.’

Cuando ella llegó al extremo de interferir en el itinerario importante de reconocer el camino corto a la estación, Dwight perdió todo interés en ella. Si no fuera por la insistencia de Isaac de que no podía irse con las manos vacías, quizás la habría dejado atrás y se habría ido a la capital solo.

En medio de esa espiral de situaciones desagradables, lo único que le daba cierto placer a Dwight eran los eventos sociales de los Finch. Antes le parecían aburridos, pero allí le gustaba la sensación de que todos lo trataran como “Conde, Conde”.

‘Parece que el prestigio del conde es realmente grande. Aunque no creo que pueda llegar a ser conde de verdad... ¿O tal vez sí?’

Si Dwight fuera realmente el dueño de aquel feudo y aquella mansión, viviría mucho mejor que yéndose a la capital con solo unas pocas joyas. Pensándolo bien, el hijo mayor de la familia del conde, que a pesar de haber nacido en cuna de oro se desvivía por sus criados y campesinos, era un tipo lamentable. Si él estuviera en su posición, no actuaría así.

‘Bueno, es verdad. Siendo el primogénito, es un omega, así que supongo que ese hombre no tiene otra opción. Mmm. Un hijo mayor omega...’

Sentía que se le ocurría una buena idea, pero durante mucho tiempo Dwight había considerado a Elwin simplemente como un hombre exasperante y frustrante. El momento en que comprendió la utilidad del primogénito de la familia del conde llegaría mucho después. Fue justo en la fiesta nocturna de los Finch, mientras Dwight jugaba alegremente a las cartas y Elwin se le acercó para decirle:

“Señor Dwight, ¿no le gustaría dar un paseo conmigo por el jardín?”

Cualquiera habría entendido que era un coqueteo. Ante tal propuesta repentina, Dwight se quedó atónito. A pesar de los esfuerzos incansables de Elwin, hasta ese momento Dwight no tenía ni idea de que Elwin intentaba seducirlo.

Aunque pensaba que el rostro de Elwin era inusualmente hermoso, nunca se le ocurrió que un hombre, por muy omega que fuera, pudiera ser objeto de tales pretensiones. Para empezar, no le interesaba en absoluto observar su entorno.

“Vaya. Se le ve todo a través de la mirada. ¿Debo admirar su esfuerzo?”

“Seguro que está calculando cómo quedarse en el feudo si logra entrar en los favores del señor Dwight. Parece creer que así podrá convertirse en condesa.”

Al parecer, la gente del pueblo, mucho más astuta que Dwight, ya se había dado cuenta de los intentos de Elwin. Entre las risas de los hombres en la mesa de juego, Dwight sonrió torpemente como ellos, pero su mente trabajaba a toda velocidad.

‘Ya veo. Si nos casamos, Sir Elwin podría servir de nexo con la familia del barón, y yo podría presentarme como el heredero legítimo sin tener que inclinar la cabeza ante mi hermano. Por muy primogénito que sea, es más razonable que herede el marido del hijo mayor que alguien que no tiene vínculo alguno con el condado.’

Dwight se llenó de esperanza ante la posibilidad de ser un conde de verdad. Al día siguiente de regresar de la fiesta, le advirtió a Selena que se casaría con el hijo mayor de la familia del conde y se establecería allí, así que ella debería buscarse la vida, y comenzó a lanzar indirectas a Elwin inmediatamente.

Como si su intención fuera decirle: ‘ya sé lo que sientes por mí, y en mi generosidad, estoy dispuesto a aceptarte’. Sin embargo, una vez más, la situación no fluyó según los deseos de Dwight.

‘¿Qué es esto...?’

Lejos de seguirle el juego, aquel omega bobo de la familia del conde, quien supuestamente había sido el primero en mostrar interés, comenzó a retroceder justo cuando Dwight adoptó una actitud de aceptación.

Dwight empezó a desesperarse. Habiendo abandonado a Selena, ya no tenía forma de encontrar las joyas de la condesa, y si el tiempo seguía pasando, era posible que su hermano mayor, que estaba en el extranjero, se enterara de todas las fechorías de Dwight. Tenía que poseer al hijo mayor del conde antes de que su hermano llegara a Ravenwell.

‘Esto es mejor para mí y también para este hombre. Este sujeto debería estar agradecido de que haga esto por él.’

Incluso mientras obligaba a Elwin a ingerir un estimulante del celo que Isaac había conseguido apresuradamente y entraba por la fuerza en su habitación, Dwight pensaba con total desfachatez. Elwin, que se resistía con todas sus fuerzas, era un idiota de mente corta. Ni hablar de Leon, que era basura por entrometerse como un plebeyo en los asuntos privados de su dormitorio.

“¡Ese imbécil, cómo se atreve...! Ya veremos. ¿Cree que me quedaré de brazos cruzados cuando termine esto?”

Lleno de moretones y jadeando por la fiebre del celo que aún no se había disipado del todo, Dwight escupía su furia mientras, al final, solo su confidente Isaac permanecía a su lado.

Como siempre, Isaac tenía más talento para idear planes que el propio Dwight. En la mañana del último día en la residencia del conde, Isaac, con una expresión astuta, le presentó el único método para que ambos salieran con vida.

“¿Qué le parece, joven amo?”

“Mmm. Si es eso... está bien. Hagámoslo hoy mismo.”

Desde que llegaron a Ravenwell no le había salido nada bien, pero Dwight logró ejecutar este plan con éxito. Sin embargo, ni siquiera Isaac, quien había trazado el plan, pudo prever que Dwight lo abandonaría a su suerte en el último momento.

‘Así es. De todos modos, ya no hay vuelta atrás. Lo logré. Si lo logré, eso es todo lo que importa.’

Para alcanzar un gran logro, un pequeño sacrificio era inevitable. A fin de cuentas, gente de origen humilde como Isaac o Selena no podían ser obstáculos en su vida.

Cuando el atardecer, rojo como la sangre, comenzó a desvanecerse lentamente, Dwight se calmó y buscó en el bolsillo interior de su chaqueta, jugueteando con el objeto que había sacado de la casa del conde. Si vendía eso al llegar a la gran capital, podría divertirse sin preocuparse por el dinero durante un buen tiempo.

Al pensar en vivir tranquilamente en un lugar sin sermones ni estorbos, una euforia tan grande que eclipsaba cualquier rastro de culpa se extendió por el corazón de Dwight.

¿Por qué debería preocuparse por la conciencia de un noble? Ni siquiera en su propia casa lo trataban como a un miembro de la familia. La idea de que su padre y su hermano, que tanto lo habían despreciado, se horrorizarían al enterarse de lo que había hecho, le provocaba una satisfacción retorcida.

Dentro del tren, que era absorbido por la oscuridad, una sonrisa sombría apareció en el rostro de Dwight.

* * *

De vuelta en el salón de la mansión condal, tras escuchar el relato de Selena sobre cómo dejó Greymont para venir aquí, los empleados que la rodeaban quedaron profundamente conmocionados. Si bien ya sospechaban que ella no era una noble, quedaron horrorizados al saber que Dwight en realidad no era un heredero y que su objetivo eran las joyas de la condesa.

“Lo siento de todo corazón. Le confesé todos mis pecados al juez. Sé que no podrán perdonarme, pero pagaré por mis crímenes de la forma que sea.”

“No, ¿acaso basta con decir que lo siente? Hemos tratado a alguien que no era heredero, y además a un ladrón, como a un invitado de honor.”

“Y pensar que fuimos tan amables con él mientras, a nuestras espaldas, planeaba robar las joyas...”

Ante la reprimenda de los empleados, Selena bajó la cabeza, temblando intensamente con el rostro pálido.

“Cometí un pecado imperdonable. Fue aquí donde por primera vez me trataron con tanta cortesía y donde pude aprender algo... Por eso, aunque Dwight me presionó, nunca pude decirle dónde estaban las joyas. Cada vez que me interrogaba, pensaba en la señorita Eleanor, que es como un ángel, y no podía...”

Selena sollozaba, realmente angustiada. Elwin asintió con una expresión amarga.

“Entiendo sus sentimientos, señorita Selena. Y seguramente usted tampoco sabía nada de lo ocurrido anoche ni hoy, ya que después de la fiesta en casa de los Finch, apenas si ha vuelto a hablar con el señor Dwight.”

“Así es, Sir Elwin. O mejor dicho, joven amo. No me imaginé ni en sueños que ese sinvergüenza se atrevería a hacerle algo así a usted. Dijo que se dirigía a la capital, ¿verdad? ¿No podrían atraparlo si lo persiguen ahora mismo? Yo testificaré en el juicio. Contaré todas sus maldades para que ese sujeto pague por lo que hizo.”

“Está bien. Sea como sea... partiré hacia la capital mañana temprano.”

El tren que tomó Dwight era el último del día que salía de la estación de Ravenwell, y llegar a caballo a la capital tomaba al menos una semana sin descanso. Tomar el tren de conexión a la mañana siguiente era la forma más rápida. Cuando Elwin terminó de hablar, Toby se levantó de un salto y preguntó:

“Prepararé todo de inmediato. Debo ir con usted, ¿verdad? ¿Quién más nos acompañará?”

“No. Será mejor que vaya solo.”

Por mucho que Elwin apreciara a Toby, siendo sincero, no era el compañero más adecuado para una situación que requería rapidez y cautela. Además, la mansión estaba falta de personal.

“Durante un tiempo, el agente de policía vendrá a menudo, lo cual será una molestia, y además se necesita gente para cuidar a los heridos. Todos ustedes quédense en la mansión y cumplan con sus deberes.”

“Aun así, ¿no es peligroso que vaya usted solo, joven amo?”

Ante la pregunta de Toby, Elwin se quedó sin palabras. Siempre se había considerado un joven que montaba bien a caballo y tenía suficiente fuerza, pero tras lo vivido la noche anterior, su confianza se había tambaleado. Justo cuando dudaba sin encontrar una respuesta, alguien intervino.

“Yo lo acompañaré.”

Quien rompió el breve silencio fue, una vez más, Leon. Al cruzar miradas con él, Elwin sintió que la ansiedad que lo envolvía, como caminar sobre hielo fino, se disipaba un poco.

Ya fuera cuando apareció para salvarlo la noche anterior, o cuando lo rescató durante la persecución a caballo de hoy, Elwin siempre sintió alivio, como si el mejor apoyo posible hubiera llegado para ayudarlo.

Quería asentir con alegría de inmediato, pero dudaba por la apariencia. Un hijo soltero de una familia noble omega viajando a solas hasta la capital con un alfa de procedencia desconocida... si el señor Alfred estuviera despierto, le daría un infarto. Además, temía que los empleados se ofendieran si decía que confiaba más en un huésped de apenas un mes que en ellos, pero Toby, sin pensarlo, aplaudió con entusiasmo.

“¡Si es con el señor Leon, puedo estar tranquilo! Él debe conocer bien la geografía de la capital y seguramente tendrá conocidos a quienes pedir ayuda.”

Afortunadamente, el resto de los empleados parecían pensar lo mismo y asintieron con satisfacción. Elwin dijo con cautela:

“¿No será demasiada molestia para el señor Leon? Ya me ha ayudado tanto...”

“En absoluto. Si puedo ser de ayuda para Sir Elwin, para mí es un gran placer.”

Aunque por fuera sonaba como la exagerada amabilidad que él siempre mostraba, Elwin pudo leer la sinceridad en sus profundos ojos.

“Gracias. Me alegra mucho que usted esté conmigo. Entonces, el método más rápido para llegar a la capital es...”

“Tomar el primer tren mañana hacia Westbury y, desde allí, tomar el tren nocturno a la capital.”

El hecho de que Leon respondiera instantáneamente a lo que Elwin iba a decir aumentó aún más su confianza en él. No esperaba encontrar a alguien que, como él, llevara los mapas ferroviarios del país en la cabeza.

“Exacto. Entonces podríamos llegar a la capital durante la mañana de pasado mañana. Eso nos da un día de retraso respecto a Dwight...”

Había oído que la capital era enorme, y un día era un tiempo más largo de lo que pensaba. Durante ese margen, Dwight podría esconderse en cualquier lugar o causar más estragos. Elwin reunió toda su determinación y dio instrucciones a sus empleados.

“Primero, tan pronto como amanezca, envíen un telegrama a las comisarías de Ravenwell y de la capital para solicitar la búsqueda y captura de Dwight, y reporten también los artículos robados. Hagan lo mismo en las ciudades clave que Dwight podría transitar hasta la capital.”

“Eh, joven amo, por cierto... ¿a qué se refiere con esos artículos robados?”

Dale, el encargado de las finanzas, al ser un empleado de largo tiempo, conocía muy bien los asuntos de la familia noble. Aunque Elwin no lo mencionó, parecía haber adivinado qué era lo que Dwight había sustraído de la caja fuerte del mayordomo. Como Elwin dudaba si responder, el imprudente Toby se adelantó:

“Es cierto, joven amo. ¿Qué es lo que se llevó Dwight? El señor Alfred estaba muy preocupado, diciendo que como le robaron eso de la caja fuerte, no tendría rostro para mirar al conde anterior ni a la condesa, y que debía entregar su vida por ello.”

“¿N-no serán las joyas de la condesa, verdad? Yo realmente nunca le dije dónde estaban.”

En ese momento, Selena se puso pálida y quiso confirmar el destino de las joyas. Elwin, como un caballero, decidió aliviar primero la angustia de la dama.

“No, no son las joyas. El objeto que Dwight se llevó es...”

A excepción de Dale, los demás empleados parecían no tener idea de qué era lo robado. Sin embargo, en sus rostros, que hasta hace poco estaban llenos de ansiedad, brotó una chispa de esperanza. Al ver a Elwin dando instrucciones con tanta determinación, empezaron a confiar en que su brillante joven amo superaría esta crisis también.

Sentía que era una vergüenza dar noticias tan graves ante tantas personas que dependían de él. Pero como no sabía mentir, Elwin, tras mover los labios con pesadez, finalmente reveló la verdad.

“Es el sello del cabeza de familia y la escritura de propiedad de las tierras de Ravenwell.”

Zas. Si se permite una pequeña exageración, Elwin pudo escuchar con sus propios oídos cómo la sangre se retiraba del rostro de cada persona presente en la habitación en aquel instante.

“¡Joven amo, que le vaya muy bien!”

“¡Usted puede lograrlo, joven amo! ¡Confiaremos en usted y lo esperaremos!”

A primera hora de la mañana siguiente, los empleados de la casa condal se reunieron en una multitud ruidosa frente a la mansión de Ravenwell. Estaban allí para despedir a Elwin, quien partía apresuradamente hacia la capital.

Aunque forzaban una sonrisa para que el joven amo no se sintiera desanimado, todos los empleados tenían un semblante sombrío y demacrado. Parecía que ninguno había podido dormir esa noche debido a la preocupación.

El destino de la familia condal, que se enorgullecía de su historia y tradición, estaba pendiendo de un hilo. Al llevarse el sello del cabeza de familia y la escritura de propiedad de las tierras, Dwight, en teoría, tenía el poder de decidir sobre cualquier aspecto de la propiedad.

Podría dividir el feudo en diez o cien pedazos para venderlos a cualquier gentuza, o incluso disponer de la mansión. Además, en la época actual, hasta los títulos nobiliarios eran objeto de compraventa.

Por supuesto, no siendo una transacción de poca monta, no sería fácil encontrar un comprador rápidamente, y aunque lo encontraran, lógicamente ellos también investigarían si Dwight era realmente un miembro de la familia condal, por lo que no era probable que el patrimonio se esfumara de la noche a la mañana.

‘Hablando de lógica... han ocurrido demasiadas cosas que se salen de la lógica. Debo darme prisa.’

En momentos así, era necesario prepararse incluso para el peor escenario. De hecho, los empleados de Elwin ya estaban contemplando ese peor escenario.

Muchos de ellos habían sufrido pesadillas durante la noche en las que un rufián desconocido irrumpía y declaraba que el dueño de la casa había cambiado. Era como si el miedo que había surgido tras el fallecimiento del conde hubiera tomado una forma más violenta y repentina.

Elwin, que también había pasado la noche en vela, tenía profundas ojeras bajo sus bellos ojos. Toby se acercó rápidamente a la primera fila de empleados para arreglar por última vez el aspecto de su amado joven amo.

“¿Cómo puede ser tan hermoso nuestro joven amo incluso en un día como este? La capital está hacia el norte y será más fría, así que asegúrese de llevar la bufanda bien atada. Aquí tiene, tome su equipaje.”

El bolso que Toby le había preparado era tan grande que uno se preguntaría si era una maleta de viaje o una mudanza entera.

“¿Qué es todo esto?”

“Bueno, ¿no es obvio que debe llevar ropa, ropa interior, guantes y pañuelos de sobra? También debe llevar medicina de emergencia y bocadillos, además le he guardado pantuflas portátiles y perfume, y por si acaso, un abrigo para eventos sociales...”

Elwin pensó que no necesitaba tanto equipaje, pero el tiempo para el tren era demasiado justo como para deshacer y volver a empacar. Además, en ese preciso momento, Leon apareció y levantó con facilidad la maleta que Toby había dejado en el suelo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Realmente son cosas necesarias. Yo se las cargaré.”

Los empleados, que ya se habían hecho amigos de Leon, se acercaron para despedirse pidiéndole que “cuidara bien del joven amo” y que “volviera a visitarlos”. Leon, tras terminar sus saludos con naturalidad, miró a Elwin y sonrió.

“Entonces, ¿nos vamos?”

A diferencia de Elwin, que no había dormido bien, la sonrisa de Leon era fresca como siempre. Su vestimenta, más ordenada y sencilla de lo habitual por el largo viaje, le quedaba muy bien.

“Ejem, ejem. Vamos.”

Elwin cayó en cuenta de repente de que iba a emprender el viaje a solas con Leon. Para evitar que notara su rostro, que empezaba a sonrojarse, subió apresuradamente al carruaje y le pidió disculpas:

“Me dijeron que solo quedaban boletos de segunda clase debido a la urgencia. Usted se ofreció gentilmente a ayudarme, pero lamento que el trato sea tan deficiente.”

Leon, ignorando que llevaba un reloj con una piedra preciosa incrustada, se encogió de hombros con total naturalidad.

“Por mi parte no hay problema, pero... ¿alguna vez ha viajado en segunda clase, Sir Elwin?”

“Ejem, no. De hecho, esta es apenas la segunda vez que viajo en tren en toda mi vida.”

Ante la respuesta inocente de Elwin, Leon puso una sonrisa compasiva, como si fuera una lástima. Elwin, al notar que lo trataba como a un niño, se irritó un poco a pesar de la situación.

“No soy un joven amo tan mimado. Segunda clase es pan comido. Toby me dijo varias veces que había viajado en segunda clase y que era bastante similar a la primera.”

“Hm... tiene razón. Es bastante similar.”

Como Leon seguía hablando con un tono que parecía burlarse de él, Elwin decidió no discutir más. Solo se prometió a sí mismo demostrar que podía viajar en tren con entereza.

Ni la multitud en el andén, ni el estruendo del tren que parecía sacudir la tierra eran ya un problema tras el entrenamiento del día anterior. Elwin se mantuvo firme y entró al tren con dignidad.

Como decía Toby, el vagón de segunda clase parecía similar al de primera a simple vista. Aunque un poco más estrecho, la distribución era igual: espacios divididos por mamparas, cortinas caídas y dos asientos frente a frente.

Sin embargo, Elwin, nacido y criado como noble, notó al instante las diferencias ambientales: cortinas desgastadas, puertas de madera con la pintura descascarada y olor a carbón. Aunque se sintió momentáneamente desconcertado, buscó su asiento con calma. El asiento duro chirriaba y una brisa fría se colaba por las rendijas de la ventana.

“Ejem, ejem... está bien.”

Mientras Elwin intentaba fingir que todo estaba bien, Leon dejó las maletas sobre los asientos vacíos. Como Toby había empacado tanto, dos maletas llenaron un asiento por completo. Leon se encogió de hombros y señaló el asiento donde estaba Elwin.

“Como el espacio es estrecho, tendré que sentarme ahí también. Me sentaré en el lado del pasillo. Soy de los que sienten mucho calor.”

“Ah, pero... es que quería ver por la ventana.”

Elwin, aunque intimidado por el entorno desconocido, miraba con curiosidad. Leon sonrió con ternura ante esa reacción y se quitó el abrigo.

“Entonces hagamos esto. Como siento mucho calor, ¿podría levantarse un momento?”

Cuando Elwin se levantó, Leon se quitó el saco, usó su abrigo para cubrir el asiento y el respaldo de Elwin para hacerlo más mullido, y enrolló su chaqueta para tapar el marco de la ventana por donde se colaba el viento. Elwin agitó las manos, avergonzado.

“No puedo sentarme sobre su abrigo, Leon.”

“No malinterprete. Mi abrigo está muy limpio.”

“No, no es que piense que está sucio, es que...”

“Si no es eso, por favor, siéntese.”

Como parecía que no escucharía razones, Elwin, con cierta vergüenza, se sentó sobre la ropa de Leon. En el momento en que sintió la calidez de las prendas mullidas y el aroma agradable, el tren se puso en marcha.

El paisaje fuera de la ventana comenzó a alejarse rápidamente de los campos que Elwin conocía. Ríos, colinas, torres de iglesias y chimeneas de fábricas. Lugares que nunca había visto aparecían ante sus ojos uno tras otro.

Cuando el ruido del tren se volvió habitual, empezó a escuchar las conversaciones del vagón de al lado. Al parecer, la persona sentada al otro lado de la pared era alguien que comerciaba en la ciudad y se quejaba de que le habían estafado una gran suma de dinero tras una transacción con pagarés. El zapatero sentado a su lado se lamentaba de que el precio del cuero estaba disparado.

Eran problemas tan graves que hasta Elwin sintió preocupación al escucharlos, pero pronto los vio compartir sus bocadillos y bebidas mientras reían a carcajadas. Había un aire de vida cotidiana en el sonido de las maletas, el descorche de una botella y las risas bruscas tras quejarse de que el té se había enfriado.

El mundo que Elwin solo había visto en libros y mapas existía realmente allí. En otras palabras, puede que Elwin no hubiera visto el mundo real hasta ese momento.

“Pensándolo bien, creo que sí soy un joven amo mimado.”

¿Cuánto tiempo habría estado mirando por la ventana? Elwin murmuró esto con voz algo exaltada y, a la vez, intimidada. Leon, extrañado por la repentina confesión, le preguntó:

“¿Por qué dice eso de repente?”

“Es solo que... no he salido muy lejos de casa y todo me resulta extraño. Es verdad que casi nunca he dejado mi hogar y que no sé mucho del mundo, ¿no? Si lo hubiera conocido mejor...”

Si Elwin hubiera estado más familiarizado con el mundo, quizás no habría sido engañado por Dwight. Durante toda la noche anterior, Elwin no solo había estado preocupado por las futuras acciones de Dwight, sino que también había caído en una profunda autohumillación por no haber advertido sus artimañas desde el principio.

Solo había sospechado que Dwight quizás no era un noble, pero jamás se le cruzó por la cabeza que un verdadero segundón de una familia noble se atreviera a falsificar documentos para usurpar su patrimonio. ¿Sería porque siempre había creído firmemente que, a mayor estatus, más justo y moral debía ser el comportamiento de una persona?

Aun siendo el mundo tan vasto y sus habitantes tan variados, y aun sabiendo que ni el mundo ni las personas tienen una sola cara, su falta de profundidad al pensar terminó por poner a su familia en peligro.

Mientras Elwin se sumía en el remordimiento, Leon observaba sus ojos con expresión tierna. Tras pensarlo un momento, se lanzó a hablar.

“¿Quiere que le cuente un poco sobre mi familia?”

“¿...Sobre la familia del señor Leon?”

Elwin se sintió intrigado. Aunque hace un momento estaba sumido en una profunda preocupación, nunca antes Leon había hablado de sus sentimientos o de su identidad, por lo que era natural que despertara su curiosidad.

Al ver que Elwin asentía, Leon sacó unos trozos de chocolate de la parte superior de su maleta, se los entregó a Elwin y, girando su cuerpo hacia él, comenzó a hablar.

“Tengo dos hermanos mayores. El primero es minucioso, posee dotes de mando y, ante los ojos de cualquiera, es alguien digno de ocupar el lugar del primogénito. Sigue fielmente los estrictos deseos de nuestra madre... es un hermano admirable. Luego, el segundo hermano es muy sabio y amable, aunque siempre tuvo una salud delicada.”

“Vaya...”

“Aun así, tras casarse tarde con una pareja inteligente, su salud ha mejorado bastante. Y yo, como habrá adivinado, siempre fui la oveja negra de la familia.”

Mientras masticaba el chocolate, Elwin negó con la cabeza instintivamente, como diciendo: ‘¿No es verdad?’. Leon soltó una risita, encontrando adorable su reacción.

“Yo también estuve atrapado en una preocupación similar a la que tiene usted ahora. Hasta que alcancé la mayoría de edad, apenas podía salir de casa. Me sentía impaciente y asfixiado. Sabía que el mundo real estaba ahí fuera, y me aterraba la idea de que, si me quedaba encerrado entre muros, terminaría convertido en un estúpido lleno de prejuicios.”

“...”

“Mi madre y mi hermano mayor desaprobaban esa actitud. Decían que la verdad se puede alcanzar donde sea, si uno realmente desea encontrarla. Si no hubiera sido por el apoyo activo de mi segundo hermano, no lo habría superado. Él, que no podía salir a pasear tanto como quisiera, supongo que deseaba que yo lo hiciera por él.”

Leon también abrió un envoltorio de chocolate y, mientras masticaba, continuó:

“Así fue como obtuve la libertad de viajar por todo el mundo. Vi muchas cosas y viví muchas experiencias. Llegué al punto de creerme un hombre que lo sabía todo sobre el mundo. Fue un error arrogante. Ahora me doy cuenta de que mi madre tenía razón. No es que uno no pueda ver lejos por quedarse en un solo lugar, sino que yo recorrí el mundo entero y aun así no pude deshacerme de mis prejuicios.”

“¿El señor Leon...?”

Cuando Elwin se atrevió a preguntar en voz alta, Leon asintió con una expresión humilde.

“Creo que el señor Leon es una persona sincera y sabia.”

Para evitar que se sintiera desanimado, Elwin se apresuró a añadir eso. No eran palabras huecas, ya que Elwin era alguien incapaz de mentir con soltura.

“¿Incluso después de que me comportara de forma grosera la primera vez que nos vimos?”

Ah, es cierto. Como le costaba mentir, Elwin se quedó paralizado de forma evidente. Pensó que, si Leon hubiera dicho en ese momento que era la “oveja negra de la familia”, él habría pensado: “Por supuesto que sí”.

Ante la transparente expresión de Elwin, Leon estalló en carcajadas. Aunque Elwin se sintió un poco avergonzado de que le leyeran tan bien, le gustó ver esa risa franca y no pudo evitar sonreír también. En ese instante, el tren se detuvo en la segunda estación.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Elwin observó con curiosidad el ir y venir de los pasajeros. Sin embargo, incluso después de que todos hubieran subido, el tren permaneció inmóvil durante un buen rato. El movimiento apresurado de los ferroviarios no presagiaba nada bueno.

Mientras se sentía inquieto, vio a los pasajeros de primera clase bajar al andén uno por uno. Intuyendo que algo pasaba, abrió la puerta del vagón para mirar afuera y, justo entonces, un revisor se acercó al compartimento de Elwin.

“Disculpe, señor. El tren tiene un problema y debemos detenernos aquí.”

“Detenerse... ¿por cuánto tiempo?”

“No lo sé. Se ha roto una pieza importante y la reparación llevará su tiempo. Será mejor que bajen y esperen.”

Al escuchar esas palabras, el corazón de Elwin dio un vuelco. Aún faltaban cuatro estaciones para Westbury, su destino, y le quedaban al menos tres horas de viaje. El tren que conectaba Westbury con la capital salía a las siete de la tarde. Si la demora era larga, existía el riesgo de perder la conexión.

“¿Bastarán tres o cuatro horas para la reparación?”

Ante su pregunta ansiosa, Leon ofreció una respuesta aún más desalentadora.

“No lo sé. Podría ser, pero por el hecho de que estén haciendo bajar a todos los pasajeros, parece que será algo largo. Además, por experiencia, un tren que ha sufrido una avería suele dar problemas otra vez antes de llegar a su destino final, aunque lo reparen temporalmente.”

Elwin se mordió el labio. Sabía que los retrasos eran frecuentes en los viajes en tren, pero no esperaba que le ocurriera a él. Y menos en un momento tan crítico.

‘Si tengo suerte, quizás... pero no puedo depender de la suerte en este momento.’

Si perdía el tren en Westbury esa noche, el siguiente hacia la capital no saldría hasta dentro de dos días. Elwin repasó mentalmente los horarios ferroviarios de todo el país que tenía memorizados.

“¿Será mejor buscar otro método? Estamos en la estación de Dunford... no hay tren directo desde aquí hacia la capital. En cuanto a trenes de conexión...”

“¿Qué me dice de Adlington?”

“Adlington tiene un tren directo a la capital cada mañana, pero... no hay conexión ferroviaria entre Dunford y Adlington.”

“¿Y si vamos a caballo? Si galopamos con determinación desde ahora, llegaremos a Adlington al anochecer.”

Los ojos de Elwin brillaron ante la propuesta de Leon. Si tomaba el tren en Adlington mañana temprano, podría llegar a la capital por la tarde. Aunque sería un poco más tarde que el plan original, era preferible a quedarse de brazos cruzados y enfrentarse al peor escenario.

“¡Es una gran idea, vamos!”

Cuando Elwin se levantó de un salto, el abrigo de Leon que había quedado bajo él cayó al suelo. Con el rostro encendido de vergüenza, Elwin sacudió el polvo del abrigo, se lo entregó a Leon y se apresuró a recoger sus pertenencias.

Tras bajar en la estación, ambos comieron algo rápido y alquilaron caballos en la posta. Pensaron que llegarían en tres o cuatro horas, pero como Elwin llevaba el peso de las maletas en las alforjas y, además, apenas había dormido la noche anterior, su energía se agotó rápidamente. Tras hacer varias paradas para descansar, llegaron a Adlington en plena noche.

“Ha sido un gran esfuerzo, Sir Elwin.”

“Ah... aun así, qué alivio haber llegado sanos y salvos. Es una fortuna entre tanta desgracia.”

Aunque estaba cubierto de polvo y agotado, Elwin suspiró aliviado al pensar que había logrado sortear la mala suerte de la “avería del tren”. Leon, con una actitud experta, devolvió los caballos y cargó con las maletas, diciendo:

“Como estará cansado, deberíamos buscar alojamiento cuanto antes.”

Ah, el alojamiento. Elwin, que solo tenía en mente la idea de llegar a la capital, abrió los ojos de par en par ante esa palabra. Si querían pasar la noche en Adlington y tomar el tren de la mañana siguiente, debían hospedarse en algún lugar, a menos que quisieran dormir a la intemperie.

Nuevamente, si Alfred estuviera en sus cabales, se habría opuesto rotundamente a que un noble omega soltero como Elwin viajara acompañado hasta la capital por un alfa como Leon. Si supiera que debían compartir el alojamiento durante una noche, es posible que se hubiera sentado a llorar desconsoladamente.

‘...Como puedo reservar habitaciones separadas, estará bien.’

Aunque sintió un ápice de culpa, Elwin asintió tratando de mantener la calma. Ambos se dirigieron a una gran posada cerca de la posta. Al ser un punto estratégico desde donde salían trenes hacia la capital todos los días, la posada era grande y parecía decente.

Elwin se sintió aliviado pensando que habría varias habitaciones disponibles, pero la mala suerte, una vez que comienza, tiende a repetirse.

“Por favor, deme dos habitaciones. Si es posible, que sean buenas. También cenaremos aquí.”

Leon, quizás consciente de algo, se aclaró la garganta varias veces al llegar al mostrador y pidió las habitaciones con un tono de voz extremadamente educado. El posadero, que escribía afanosamente en el registro, respondió sin la menor vacilación:

“Solo queda una habitación.”

“¿Cómo...?”

Elwin, sorprendido, se inclinó hacia adelante, y el posadero, sacudiendo la pluma para quitarle el exceso de tinta, levantó la cabeza:

“Es día de mercado y la posada está llena. Solo queda una habitación con una cama. Es lo suficientemente grande para que duerman dos hombres adultos sin problemas, ¿no les sirve?”

< Continuará en el volumen 3 >