Capítulo 6: Fracaso
Capítulo 6: Fracaso
Elwin,
recién despertado, estaba completamente aturdido. Parpadeó varias veces,
esperando que fuera un sueño, pero la figura de Dwight no desaparecía.
“¿Cómo
has... entrado aquí?”
En
el instante en que logró articular esas palabras, Elwin se dio cuenta de que
respiraba con dificultad. Simultáneamente, un calor extraño comenzó a
extenderse por su piel. Sentía la carne hormiguear y el pulso galopando; no,
era algo más profundo, algo que vibraba con insistencia dentro de él.
‘¿Por
qué mi cuerpo reacciona así? Aún no debería ser el momento.’
Siendo
un Omega adulto, Elwin sabía bien qué significaban esos síntomas. Era una
sensación similar a la que precedía al celo. Aún faltaba mucho para su ciclo;
aquello era algo repentino. Recordó entonces que la habitación estaba
impregnada de un olor extraño y desconocido. No era el aroma del licor que
había bebido, sino una fragancia que se arremolinaba de forma amenazadora y
vívida.
“Sir
Dwight. ¿Por qué haces esto? Ugh... detén... el aroma.”
Probablemente,
eran las feromonas de Dwight. Ese olor, al que nunca antes había prestado
atención, estaba consumiendo todo el aire de la habitación, intentando envolver
a Elwin por completo. Ante el jadeo de este, Dwight soltó una risita burlona.
“Lo
sabes perfectamente, deja de fingir.”
“¿Qué...?”
“Ya
ha pasado tiempo suficiente para que el efecto del fármaco surta efecto, ¿acaso
no sientes cómo te humedeces ahí abajo? No es momento de fingir sorpresa,
deberías estar agradeciéndome que haya venido.”
¿Efecto
de un fármaco? ¿Significaba eso que el licor que había bebido antes estaba
adulterado? Mientras su mente aturdida intentaba hilar los recuerdos, su cuerpo
se calentaba cada vez más. Si aquello seguía así, su celo estallaría sin
remedio. Elwin se esforzó al máximo para intentar calmar sus propias feromonas.
“Regresa...
a tu habitación... Ugh. Si te detienes ahora, no te pediré explicaciones.”
“Ja.”
Ante
las palabras que Elwin apenas pudo pronunciar, Dwight soltó una carcajada y
emitió un aroma aún más denso y espeso. Elwin sintió náuseas ante la presión de
aquellas feromonas aplastantes.
“¡Ugh,
basta...!”
Ante
Elwin, que se retorcía de dolor, Dwight estiró los labios en una sonrisa.
¿Acaso sentía satisfacción al ver a Elwin sufrir? Su rostro, apenas iluminado
por la luz de la luna, también estaba sonrojado. Las feromonas que llenaban la
habitación no solo estaban alterando a Elwin; él también estaba afectado. De
Elwin, cuyo cuerpo ya estaba bajo el efecto del fármaco, emanaba un aroma dulce
como la miel. Con una mirada siniestra, como la de alguien acechando a su
presa, Dwight dio un paso hacia la cama de Elwin.
“¡Elwin!
¡Elwiiin!”
Echo,
el loro que observaba la situación desde su percha, aleteó con fuerza y gritó.
Dwight se giró hacia el escritorio con expresión de fastidio.
“¡Maldita
bestia! ¡Cállate de una vez!”
“¡Caw!
¡Idiota! ¡Aaaagh! ¡Idiota!”
Ante
la reacción de Eco, que parecía devolverle sus propias palabras, el cuello de
Dwight se puso rojo de rabia.
“¡Cállate!
¡Maldita sea, en esta casa no hay ni una sola cosa que sirva!”
Dwight
agitó las manos con brusquedad intentando atrapar a Eco. El pájaro, asustado,
saltó esquivándolo, pero Dwight arremetió de nuevo con las manos en garra, con
la intención de retorcerle el cuello al loro.
“¡No!”
Ante
tal despliegue de brutalidad, Elwin corrió impulsivamente y se aferró al brazo
de Dwight. Intentó detenerlo, pero Dwight logró agarrar a Eco por el cuello con
una sola mano y lo arrojó contra el suelo.
“¡Echo!
¡Ugh, suéltalo! ¡Esto, ugh!”
Plumas
grises se dispersaron por el aire mientras los lastimeros graznidos del loro
resonaban en la habitación. Elwin, horrorizado, intentó correr hacia Eco, pero
Dwight lo atrapó por la cintura. Por más que se resistió con todas sus fuerzas,
fue arrastrado sin remedio.
“¡Ah,
ugh...!”
Finalmente,
Elwin fue arrojado sobre la cama, en la misma situación que el pobre pájaro.
Debido al forcejeo, su cabeza daba más vueltas que nunca. Su cuerpo temblaba
ante el celo que empezaba a apoderarse de él.
“Je,
jeje.”
Dwight
se reía, como si la imagen de Elwin derrotado y vulnerable le resultara
entretenida. Sus ojos, al mirar a Elwin, mostraban unas venas rojas
inquietantes. Susurró, curvando sus finos labios:
“Todo
esto es culpa suya, sir Elwin.”
“¿Qué...
qué estás diciendo?”
“Teniendo
en cuenta que te morías de ganas por gustarme.”
Era
miserable, pero Elwin no podía decir que no. Cuando Elwin intentó levantarse a
la fuerza en lugar de responder, Dwight le sujetó las muñecas con brutalidad y
lo inmovilizó contra la cama.
“¿A
qué viene este alboroto de repente? Ahora que te he dado una oportunidad,
¿quieres hacerte el difícil?”
“¡Suéltame,
ugh! ¡Suéltame!”
“Shhh,
no seas molesto. Si eres un Omega, ¡comórtate como tal y abre las piernas
dócilmente!”
Tras
inmovilizar las manos de Elwin, Dwight intentó meter una rodilla entre sus
piernas. Como Elwin pataleaba desesperadamente y no podía lograrlo, Dwight
chasqueó la lengua y liberó sus feromonas con mayor intensidad.
El
aroma, insoportablemente denso, derritió la conciencia de Elwin. Aunque lo
odiaba con toda su alma, su instinto se rebelaba. Las lágrimas se acumularon en
sus ojos ante el miedo de perder su juicio. ¿Por qué ocurrió algo tan terrible?
¿Dónde empezó todo a salir mal? Si Dwight no hubiera llegado a esta casa, si
Elwin no hubiera trazado ese plan erróneo de casarse con él... O si, desde un
principio, él no fuera un Omega. Si no hubiera albergado el sueño absurdo de
querer proteger a su familia siendo un simple Omega.
“Jeje,
así es. Es más fácil para ambos de esta manera, ¿no?”
A
medida que el cuerpo de Elwin se desplomaba por la fiebre, Dwight inhaló
profundamente, satisfaciéndose con sus propias feromonas. Fue justo cuando
Elwin giró la cabeza para evitar las manos de Dwight, que se acercaban, cuando
alguien golpeó la puerta. Bang, bang, bang. Aquel sonido fue como un
rayo de luz en la oscuridad y los ojos de Elwin se abrieron de par en par.
Intentó abrir los labios para pedir ayuda, pero la mano tosca de Dwight le tapó
la boca.
“¡Ugh,
umph!”
Dwight
abrió los ojos de par en par, ordenándole silencio, pero Elwin se agitó de
nuevo. Miró hacia la puerta con súplica en los ojos.
‘Aunque
no haya respuesta, por favor, entra.’
Se
escuchó el sonido del pomo girando, pero, por alguna razón, la puerta no se
abría y solo se oían los chasquidos de la cerradura. Cuando la desesperación
comenzó a reflejarse en los ojos azules de Elwin, Dwight sonrió con crueldad:
al parecer, había cerrado la puerta con llave al entrar.
“Shhh.
Mantente quieto, ¡ugh...!”
En
el instante en que Dwight le susurraba con arrogancia, Elwin abrió la boca y
mordió con fuerza los dedos que lo tapaban. Apenas se liberó de aquella mano,
Elwin gritó con todas sus fuerzas:
“¡Ayuda!”
Aunque
no sabía por qué, Elwin sentía que sabía quién estaba al otro lado de la
puerta. Reunió hasta el último aliento para gritar de nuevo:
“¡Leon!
¡Leon...! ¡Aaaah!”
Al
momento siguiente, Dwight tiró del cabello de Elwin, obligándolo a girar la
cabeza hacia un lado. El aire le faltó y el mundo, que ya le daba vueltas,
comenzó a girar vertiginosamente.
“¡Cállate!
¡No me causes más problemas!”
Mientras
tanto, el sonido de alguien golpeando la puerta se intensificó antes de
detenerse bruscamente. Dwight estiró el cuello para mirar hacia la puerta y
luego, soltando una risita, miró hacia abajo, hacia Elwin, que yacía bajo él.
“¿Qué
hacemos ahora, sir Elwin? Parecía que esperabas que apareciera un príncipe en
un caballo blanco.”
Dwight,
con una mueca de burla, presionó el rostro de Elwin contra la cama con más
fuerza mientras agarraba el cuello de su camisa. Elwin, con la cara enterrada
en la almohada, sentía que la realidad se desdibujaba por completo.
"Si
te portas bien, haré que no duela... ¿eh?"
Dwight,
que susurraba con voz siniestra, terminó la frase con un tono de estupor, y
había una buena razón para ello. De repente, como si una bomba hubiera
estallado, un estruendo enorme sacudió la habitación.
Antes
de que Elwin pudiera siquiera comprender qué sucedía, el peso de Dwight, que
estaba pegado a su espalda, desapareció. Se escuchó el sonido de algo pesado
siendo aplastado contra el suelo de madera, seguido por un gemido de dolor de
Dwight.
"¡Ugh...
Aagh! ¡¿P-pero qué es esto?!"
La
voz irritada de Dwight se cortó en seco. En su lugar, solo se escuchó una serie
de golpes sordos, como si estuvieran flagelando carne.
Cuando
Elwin logró levantar la cabeza de la almohada y mirar hacia atrás, la puerta
había sido arrancada de cuajo y yacía tirada en el suelo; Dwight, por su parte,
ya estaba desplomado, recibiendo una paliza que lo dejaba hecho trizas.
En
un abrir y cerrar de ojos, el hombre corpulento que había destrozado la puerta
y reducido a Dwight a una masa informe, al reconocer a Elwin, adoptó una
expresión sumamente suave y vulnerable. Su rostro mostraba una mezcla pura de
afecto y preocupación.
"Sir
Elwin, ¿se encuentra bien?"
Los
ojos claros de Leon eran exactamente como Elwin imaginaba: un rayo de luz en
medio de la oscuridad. Las lágrimas que Elwin había estado conteniendo
finalmente cayeron por sus mejillas.
Leon,
al ver a Elwin llorar, pareció desconcertado y quiso acercarse a la cama, pero
se detuvo un momento. El ambiente alrededor de Elwin estaba pegajoso por el
exceso de feromonas. Sus mejillas estaban encendidas, y su pijama y cabello
estaban completamente desordenados.
Los
ojos de Leon, que habían estado afilados y tensos al enfrentarse a Dwight, se
enrojecieron rápidamente. Las venas en su cuello palpitaban con claridad. Es
cierto, él también es un Alfa, pensó Elwin, pero a diferencia de hace un
momento, no sintió miedo ni incomodidad. Solo sintió un alivio infinito.
‘Viniste.
Escuchaste mi voz y viniste.’
Mientras
Elwin no podía articular palabra y solo dejaba caer sus lágrimas, se escuchó el
alboroto de los empleados que acudían tras el escándalo. Los sirvientes hombres
rodearon a Dwight, y poco después, Toby entró corriendo en la habitación,
sollozando, para administrarle a Elwin inhibidores y sedantes.
"¡Ah,
joven amo! ¿Qué ha pasado? Debe haber pasado un susto terrible."
Aunque
decía eso, el pánico de Toby era incluso más evidente que el de Elwin. No solo
Toby; todos en la habitación estaban sumidos en el caos. Debería poner orden
en la situación. ¿Qué haré de ahora en adelante? Aunque Elwin seguía en
estado de shock, se preocupó por los asuntos de la casa, pero, quizás porque
por fin se sentía a salvo, el sueño lo venció apenas tomó la medicina.
Elwin
giró sus ojos, que se cerraban pesadamente, buscando la sombra de alguien.
Entre la multitud que murmuraba, vio a Leon, quien también estaba tomando un
inhibidor. Al cruzar sus miradas, Leon curvó levemente los ojos, dedicándole
una expresión de consuelo.
En
medio de su nebulosa conciencia, Elwin sintió una melancolía inexplicable. Debería
darle las gracias, pero... no. Lo que realmente quiero decirle, lo que siente
mi corazón es...
*
* *
"Lo
siento, joven amo."
A
la mañana siguiente, cuando Elwin recobró el sentido, lo primero que encontró
fue el rostro de Toby, con los ojos completamente hinchados. Aunque Elwin
sentía todo el cuerpo dolorido, le dio lástima ver a Toby tan demacrado tras
pasar la noche en vela.
"Toby,
¿te has quedado aquí toda la noche? Vaya... Y ¿por qué te disculpas? No es
culpa tuya."
"Pero...
he estado instándolo todo este tiempo. Fue una estupidez y una imprudencia por
mi parte, joven amo. Por favor, perdóneme."
Frente
a un Elwin que no entendía la razón de aquello, el puente de la nariz pecosa de
Toby se tiñó de un rojo intenso.
"Snif,
snif. Si hubiera sabido que el señor Dwight era una persona tan malvada, snif,
nunca lo habría incitado. Buahhh. Pensar que incluso le serví alcohol... pensar
que estaba a punto de enviar al joven amo a la habitación de alguien así,
buaaaa..."
Toby
lloraba con las mejillas temblorosas. Era asombroso que de unos ojos tan
hinchados, que apenas podían abrirse, pudieran brotar lágrimas tan gruesas.
Elwin estaba un poco confundido. Sinceramente, de Toby se habría esperado que,
incluso en esta situación, dijera con ligereza: "¡¿El señor Dwight se coló
en su dormitorio? ¡Debería haber aprovechado la oportunidad cuando la
tuvo!".
‘No.
Eso no puede ser. Toby solo tiene sentimientos de lealtad hacia mí.’
Elwin
levantó la mano y dio palmaditas en la espalda de su viejo amigo.
"No
es así, Toby. Al fin y al cabo, el que trazó el plan de casarse con esa persona
fui yo. Tú solo me ayudaste."
"Ah,
pero joven amo. Incluso sobre ese plan... Ahora que lo pienso, no era un plan
diseñado para su bienestar. El joven amo tomó esa decisión solo para proteger a
la familia. ¿Qué vamos a hacer, joven amo? Solo de pensar que el condado de
Ravenwell podría caer en manos de una persona así..."
Las
palabras de Toby pesaron aún más en el corazón de Elwin, pero respondió con
calma, esforzándose por mantener la compostura.
"Pensemos
en ese problema más tarde. ¿Dónde está el señor Dwight ahora?"
"Ese
tipo... me gustaría echarlo de la mansión ahora mismo, pero si lo hacemos,
corremos el riesgo de ser nosotros los expulsados. Como no podíamos dejarlo
dormir en una habitación cercana a la del joven amo, le asignamos la habitación
del señor Alfred en la casa de huéspedes. Los empleados varones se turnan para
hacer guardia fuera."
"Ya
veo. Todos han pasado por mucho trabajo para poner orden."
"No,
lo que importa es el corazón del joven amo. ¿Qué haremos ahora? Yo querría ir
directamente a ver al juez de paz, pero el señor Alfred dijo que debíamos
esperar y dejarlo en manos del joven amo. Insistió en que este asunto no debe
llegar a oídos de la gente del pueblo ni de la señorita Eleanor."
Como
bien había juzgado Alfred, el problema no era sencillo. Aunque no era una
mentalidad racional, en la sociedad aún prevalecía el ambiente de que, si un
Omega soltero era víctima de actos viles por parte de un Alfa, se consideraba
una deshonra para el Omega y su familia. Especialmente en las familias nobles,
muchos casos así se ocultaban y se enterraban en silencio.
Es
más, entre los jóvenes del territorio ya circulaba el rumor de que Elwin
intentaba ganarse el favor de Dwight a toda costa. Si esto salía a la luz,
probablemente habría más gente dispuesta a culpar a Elwin. Podrían burlarse
diciendo que, si eso era lo que quería, ¿por qué se quejaba ahora?
‘Dwight
también dijo algo parecido. ¿Será que al final yo mismo me busqué este
destino?’
'Teniendo
en cuenta que te morías de ganas por gustarme', 'Si eres un Omega, ¡comórtate
como tal y abre las piernas dócilmente!'. Las palabras que Dwight le escupió la
noche anterior parecían volver a herir el corazón de Elwin. El miedo y la
incomodidad de aquel momento se hicieron presentes de nuevo.
Cuando
Elwin giró la cabeza, evitando que Toby viera su rostro blanco como el papel,
su palidez se acentuó aún más. La percha sobre el escritorio. Eco, el loro, no
estaba en su lugar habitual.
"¡Eh,
Echo! ¿A dónde ha ido Echo...?"
Elwin
se levantó con sobresalto y fue hacia la jaula. Aunque normalmente no era el
lugar preferido de Echo —el loro consideraba la existencia misma de la 'jaula'
como una ofensa a su orgullo—, efectivamente, no estaba allí.
"¿Quizás
Echo esté en el jardín?"
Mientras
la boca se le secaba ante el temor de que le hubiera pasado algo grave, Toby
dijo aquello con total naturalidad. Elwin se preguntó cómo era posible, ya que
el animal casi nunca salía de la habitación ni aunque dejaran la puerta
abierta, pero aun así, miró por la ventana.
'Ah...'
Su
mirada, que escaneaba el jardín, se detuvo en Leon, que paseaba tranquilamente.
Sobre su hombro, un gran loro gris estaba posado cómodamente. Elwin suspiró
aliviado, aunque le resultaba curioso ver a Eco, que solía ser tan esquivo con
los extraños, posado sobre el hombro de alguien que apenas conocía.
"Mire
a ese animal. Anoche, quizá porque el ambiente estaba alterado, estuvo muy
inquieto, pero ahora parece estar encantado."
"Ah,
quizás ayer actuó así porque realmente estaba herido. Por poco sale gravemente
lastimado. ¿No parece que le moleste nada?"
"Vaya,
y no le cuento los quejidos que soltaba, pura exageración. Como empezó a
lloriquear y a armar alboroto, el señor Leon se acercó a revisarlo para ver si
estaba herido. Dice que sabe mucho de eso porque antes cuidaba halcones en la
zona fronteriza. Mire, mire al señor Echo. Incluso le está dando besos al señor
Leon."
"Vaya,
es cierto. ¿Por qué estará así?"
"¡Eso
digo yo! A mí, que le doy de comer y le limpio la jaula todos los días, ni me
mira. Ahora veo que no es que fuera esquivo con la gente, ¡es que era selectivo
con las caras!"
Sin
duda, con la apariencia de Leon, era fácil ganarse el afecto tanto de personas
como de animales. Además, siendo Echo un pájaro tan inteligente, era lógico que
hubiera tomado cariño a Leon después de lo ocurrido anoche.
"O
tal vez sabe que fue él quien lo salvó."
Elwin
murmuró para sí mismo, recordando de nuevo la mirada de Leon de la noche
anterior. Aquellos ojos cálidos que lo observaban en medio del ambiente oscuro
y pesado. Tal vez, incluso ardientes.
En
ese momento, Leon, que paseaba por el jardín, levantó la vista hacia la ventana
de la habitación de Elwin. En el instante en que sus ojos se encontraron, las
mejillas de Elwin se tiñeron de rojo, y Leon, moviendo exageradamente los
labios, le preguntó algo.
'¿Está...
bien? Eso es lo que dice, ¿verdad?'
Cuando
Elwin asintió, Leon sonrió con brillantez y movió los labios de nuevo. Al leer
sus labios, Elwin no pudo evitar sentirse desconcertado.
'¿Qué?
Ahora mismo... ¿dice que va a venir aquí?'
Antes
de que pudiera reaccionar, Leon comenzó a caminar con paso firme hacia la
mansión. Elwin entró en pánico, moviéndose de un lado a otro.
"¡Parece
que el señor Leon va a venir! Debo tener un aspecto terrible. Toby, mírame la
cara. Ah, primero tengo que ponerme las gafas."
Toby
abrió los ojos con sorpresa al ver a Elwin moverse de forma tan agitada. Pues
el joven amo, a pesar de tener un rostro delicado como si hubiera sido
esculpido con mimo, nunca antes se había preocupado por cómo lo veían los
demás.
Al
notar tarde las mejillas de Elwin, sonrojadas como pétalos de rosa, Toby se
arrepintió. Pensando que, aun sirviéndole de cerca, no se había dado cuenta de
los sentimientos de su joven amo, se movió con más premura.
"No
se preocupe. Usted siempre luce espléndido, ya sea recién levantado o cuando
duerme profundamente. Primero póngase la bata, y solo hace falta peinarse un
poco, ¿verdad?"
Justo
cuando Toby terminó de arreglar a Elwin, llamaron a la puerta. Respondió con
voz temblorosa que podían pasar, pero, por alguna razón, la puerta no se abrió
de inmediato.
Entonces,
con un sonido de estrépito, la puerta entera se desprendió del marco. Al
parecer, la puerta que había sido arrancada simplemente la habían encajado de
nuevo durante la noche. Leon levantó la enorme puerta con facilidad y la dejó a
un lado con total naturalidad.
'Ese
hombre siempre que tiene la oportunidad arranca la puerta.'
A
pesar de todo, a Elwin se le escapó una risita. Leon, al ver la sonrisa de
Elwin, sonrió también. Toby, viendo el ambiente afectuoso entre ambos, alternó
la mirada entre los dos y salió rápidamente de la habitación.
"¡Entonces,
que disfruten de su conversación!"
Aunque
Elwin no sabía por qué Toby, que hasta hace poco no dejaba de llorar, se veía
de repente tan animado, sus mejillas seguían encendidas. Mientras dudaba sobre
qué decir, fue alguien más, aparte de 'los dos', quien tomó la iniciativa.
"¡Echo!
¡Echo!"
Echo
chilló con fuerza, como si no entendiera por qué Toby lo había excluido de la
conversación. Al ver cómo frotaba su pico contra el cabello negro y brillante
de Leon, parecía que ambos se habían vuelto bastante cercanos durante la noche.
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“¿Echo
es el nombre de este amigo? Me lo hizo saber él mismo. Me parece un animal muy
inteligente.”
Como
Eco tenía la tendencia de volverse obsesivo cuando algo captaba su atención,
probablemente había repetido “¡Echo!”, “¡Echo!” hasta dejarle los oídos
sangrando a Leon hasta que este se aprendió su nombre. Elwin, sintiéndose
avergonzado por la extravagancia de su loro, preguntó sonrojado:
“¿Echo
no le causó molestias durante la noche?”
“¿Molestias?
Al contrario, me resultó muy divertido. Supongo que al ver que todos estaban
ocupados, se acercó a mí para que le hiciera compañía. ¿Verdad, Echo?”
Leon
acarició el ala del loro y, con cautela, desvió la mirada para observar a
Elwin. Aunque mantenía su expresión ligera habitual, se notaba que estaba
examinando si Elwin se encontraba bien. Sintiéndose incapaz de quedarse callado
y dejar que Leon evitara hablar de lo sucedido anoche, Elwin tomó la
iniciativa.
“Sobre
lo de ayer…… no sé cómo darle las gracias. Si no hubiera sido por usted, Leon,
habría sido un desastre.”
“Ah,
no tiene nada que agradecer.”
“¿Y
usted está bien, Leon? ¿No ha sufrido ninguna herida?”
“Yo
estoy perfectamente. Mi única preocupación es si el joven amo se encuentra
bien.”
Leon
continuó hablando con una actitud aún más cautelosa.
“Sir
Elwin. Revisé la copa que utilizó en la cena por si acaso, y hay algo que me
inquieta. ¿No sintió usted algo diferente a lo habitual ayer……?”
“¿El
señor Dwight puso algo en la bebida, verdad? Lo sospechaba.”
“Ja.
Como imaginé.”
Leon
giró la cabeza, evitando mostrarle a Elwin su expresión de furia. Podía ver
cómo los músculos de su mandíbula se tensaban, como si estuviera apretando los
dientes con fuerza. Aunque le resultaba un poco embarazoso sacar el tema frente
a alguien que estaba claramente indignado por él, Elwin, sintiendo el peso de
su conciencia, confesó con honestidad.
“Eh,
sobre eso…… la verdad es que yo tampoco soy tan inocente.”
“¿Eh?
¿A qué se refiere?”
Leon,
quizás ofendido, giró la cabeza bruscamente y agarró con firmeza los hombros de
Elwin. El movimiento fue tan apasionado que Eco se sobresaltó y salió volando
hacia su percha. Entre el aleteo, Leon habló con una seriedad que Elwin jamás
le había visto antes.
“Lo
que sucedió ayer no es culpa suya bajo ningún concepto. Si siente algo así, es
solo porque su corazón es demasiado bondadoso y se culpa por cosas que no
debería; así que, bórrelo de su mente. Y si alguien vuelve a decir semejante
tontería, ignórelo. O mejor aún, dígamelo a mí. No dejaré que quien diga
semejante barbaridad se salga con la suya.”
Las
palmas de las manos de Leon sobre sus hombros ardían. Parecía estar conteniendo
el deseo de abrazar a Elwin con fuerza. Elwin estuvo a punto de decirle que no
necesitaba contenerse, pero como la culpa aún persistía, confesó balbuceando:
“G-gracias.
Pero a lo que me refiero con que no soy inocente…… no es exactamente eso.”
“¿……Sí?”
“En
realidad, yo también estuve a punto de hacer algo parecido. Bueno, no es que yo
lo hiciera, pero…… me refiero a la noche que fui a su habitación, Leon.”
Hablando
con propiedad, la víctima de aquel incidente había sido Leon, por lo que Elwin
bajó la mirada, sintiéndose un descarado.
“Ese
día, Toby hizo algo extraño con el menú de la cena. A decir verdad, parece que
el objetivo era el señor Dwight…… ¿sabe qué efecto tienen las ostras, la salsa
de trufa, el vino de oporto y el chocolate caliente?”
“Ah.”
“Sin
querer, yo bebí mucho alcohol y usted también bebió mucho vino ese día. Por
poco provoco un accidente sin que usted tuviera intención alguna…… Lo siento.
Lamento haberlo guardado en secreto hasta ahora. Yo solo…….”
Mientras
el rostro de Elwin se teñía de un rojo cada vez más intenso, las manos de Leon,
que apretaban sus hombros, se soltaron. La mirada que hasta hace un momento lo
observaba con intensidad también se apartó. Elwin preguntó, sintiéndose
empequeñecido.
“Leon,
imagino que está enfadado, ¿cierto?”
“Ah……
No, en absoluto, sir Elwin.”
Al
mirar de cerca, pareció que el rostro de Leon también estaba sonrojado. Leon se
llevó la mano a la nariz, frotándola, y carraspeó.
“Ejem.
Existe la creencia popular de que el vino de oporto o los alimentos que
mencionó tienen esos efectos, pero no dejan de ser solo leyendas. Si fuera
verdad, esos menús no se servirían en los banquetes reales.”
“¿Ah,
sí? Entonces…….”
“Ejem.
La razón por la que yo…… me comporté así aquel día, fue simplemente porque
estaba en la misma habitación que usted. No pretendo culparle, pero es que
usted desprende un aroma extremadamente agradable y…….”
Dios
mío. ¿Significaba eso que la razón por la que las feromonas de Elwin se
descontrolaron aquel día tampoco fue por el vino, sino porque simplemente
perdió el autocontrol por sí solo? Ni siquiera era su ciclo ni había tomado
fármacos, ¿y aun así estuvo a punto de entrar en celo?
‘Entonces,
al final, significa que me excité yo solo.’
Elwin,
incapaz de mirar a Leon a la cara por razones distintas a las de hace un
momento, se giró hacia el otro lado, frotándose el puente de la nariz igual que
había hecho Leon.
“Ya,
ya veo. En cualquier caso, una vez más…… le he causado muchas molestias, Leon.”
“No.
¿Molestias? Para nada.”
Tras
esas palabras, un silencio sutil cayó entre ambos. Leon, intentando disipar el
rubor de su rostro, finalmente se rindió y dio un paso atrás.
“Si
sigo aquí, terminaré causándole molestias de verdad. Seguramente aún está
cansado, así que descanse un poco más.”
Al
ver a Leon hacer una reverencia formal, Elwin comprendió, en una rara ocasión,
por qué Leon decía cosas tan ambiguas.
Elwin
deseaba que Leon se quedara un poco más, pero al mismo tiempo sentía que, si
seguía mirándolo, algo que crecía en su pecho terminaría explotando. Parecía
que Leon sentía lo mismo.
Leon
se dirigió a la puerta y recogió la hoja que había desmontado momentos antes,
pero luego añadió, como si hubiera olvidado algo importante:
“Ah,
por cierto, sir Elwin. Lo que le dije antes sobre su honor…… ahora veo que
estaba equivocado.”
“¿Sí?”
“Su
honor siempre le pertenece solo a usted; yo no puedo protegerlo ni
arrebatárselo. Solo dije algo superficial porque deseaba que usted me tratara
con confianza.”
“…….”
“Lo
sucedido ayer, ni cualquier otra cosa, puede empañar su honor. Aunque usted ya
lo sabe bien, supongo. Con su permiso.”
Leon
levantó de nuevo la enorme puerta y abandonó la habitación. Mientras sentía la
suave fragancia que Leon había dejado tras de sí, Elwin rumiaba sus palabras.
Su
honor le pertenecía a él. Era un hecho que Elwin ya conocía, tal como dijo
Leon, pero la sensación de que alguien lo reafirmara como si lo grabara en el
corazón era diferente.
Elwin
recordó las sucias palabras que Dwight había escupido la noche anterior.
Curiosamente, esas palabras ya no hirieron su corazón como hace un momento.
Simplemente se desvanecieron como tonterías sin sentido.
‘Estoy
bien, de verdad.’
Y
cuando despertó tras dormir un poco más, el cuerpo de Elwin se sintió renovado,
incluso el dolor muscular había desaparecido por completo.
Por
supuesto, el ambiente en la casa aún no era del todo sereno. Quedaban muchas
cosas por resolver, y otras que parecían no tener solución. Al salir de la
habitación, Elwin se acercó a Alfred, quien lucía demacrado tras un solo día.
“Alfred,
muchas gracias por su arduo trabajo durante la noche.”
“Ay,
joven amo, quien ha pasado por un mal momento es usted. ¿Cómo pudo sucederle
algo así a un ángel como usted…….”
Alfred
sentía un cariño tan profundo por Elwin que, a veces, incluso sin motivo
alguno, se le humedecían los ojos al mirarlo. Así que, en este momento, su
dolor era inmenso. El viejo mayordomo estaba a punto de romper a llorar.
“Estoy
bien. Todos me han ayudado. He oído que el señor Dwight está en la casa de
huéspedes. Siento que su lugar de descanso se haya visto afectado.”
“¿Qué
importa mi descanso? En el apuro, le pedí que se quedara allí, pero el
verdadero problema es qué haremos con él. Ah…… si se me permite decir algo
impertinente, me pregunto si es realmente correcto dejar el honorable título de
Ravenwell en manos de alguien así…….”
El
motivo por el cual los empleados, a pesar de sentirse aliviados al ver a Elwin
más animado y saludable, seguían sintiéndose inquietos era precisamente ese.
Ese es el carácter de quien será el nuevo cabeza de familia. Elwin también
tenía la mente hecha un lío.
“No
lo sé. Más allá de otros asuntos, es posible hacer saber a la familia del barón
que, tras el incidente de ayer, es difícil aceptar al señor Dwight como
heredero. Entonces, probablemente enviarán al hijo mayor como heredero...”
Si
eso sucedía, el territorio de Ravenwell recibiría a un señor probablemente un
poco mejor que Dwight, pero, en cualquier caso, parecía que Elwin tendría que
dejar este lugar. Mientras estaba sumido en sus pensamientos, Toby, que había
salido al jardín, entró corriendo en la casa apresuradamente y gritó:
“¡Joven
amo! ¡El señor Dale ha llegado!”
“¿El
señor Dale?”
“¡Sí!
Dijo que envió un telegrama al salir de Savar, pero ¿cómo es posible que una
persona llegue antes que el telegrama? Parece que la red telegráfica aún no ha
sido reparada. Ah, estoy preocupado. ¿Se habrá resuelto sin problemas la
liquidación de las acciones?”
Toby
parloteaba como si estuviera feliz. Dale era uno de los empleados más antiguos
de la casa condal y, hasta hace unos años, era quien se encargaba de las
finanzas del territorio. Después de que el anterior conde iniciara el negocio
minero, se fue a Savar con él para ayudar en los negocios.
En
la última carta enviada desde Savar, Dale dijo que regresaría después de
transferir a nombre de Elwin la mayor cantidad posible de acciones del negocio,
que habían quedado en un caos tras la muerte del conde. Para Elwin, era una
fuente de fondos que equivalía a su última esperanza. Con alegría, Elwin corrió
hacia el recibidor para recibirlo.
“Joven
amo, ha pasado mucho tiempo. No tengo cara para presentarme ante usted al no
haber podido regresar con el señor conde.”
El
leal empleado hizo una reverencia ante Elwin, luciendo todavía el cansancio del
largo viaje. Solo con ver el rostro de Elwin, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Elwin
también sintió una emoción indescriptible. Dale era la persona que había permanecido
al lado del conde en tierras extranjeras hasta el final. Aunque quería que le
contara cómo fueron los últimos momentos de su padre, no pudo preguntárselo de
repente, así que lo saludó con calma.
“No
diga eso. Ha tenido un viaje largo y difícil.”
“¿Cómo
se compara con el sufrimiento del joven amo, que se ha esforzado por proteger
el territorio solo? Si no hubiera sido por los fondos que usted enviaba, tanto
el señor conde como yo habríamos estado en apuros.”
“¿Cuántas
dificultades no habrán pasado en un país extranjero? Me alegra saber que pude
ser de pequeña ayuda.”
“Debí
haber regresado antes para servir a su lado, pero me retrasé porque había mucho
que organizar. Aun así, se resolvió satisfactoriamente. Para decírselo
brevemente...”
“Ah,
un momento.”
Elwin
detuvo a Dale, quien buscaba entre su maletín como si fuera a entregarle los
libros de contabilidad en ese instante. Sería un problema si este tipo de
información llegara a oídos de Dwight o de su sirviente, Isaac.
Aunque
la familia del barón tuviera derechos de sucesión, estos solo se referían al
título y al territorio; no podían interferir en las inversiones en negocios
extranjeros que el conde había realizado en vida, pero no quería darles motivos
para buscar problemas innecesarios.
“¿Por
qué no vamos a mi habitación para hablar?”
“Eso
sería lo mejor. Casi me pongo a contarle una larga historia de pie.”
Aunque
accedió de inmediato, Dale parecía extrañado por la actitud vacilante de Elwin
y miró a su alrededor. Como el ambiente en la mansión era tan turbulento, era
inevitable que él, recién llegado, sintiera la tensión.
“Por
cierto, ¿tiene invitados? Vi un carruaje extraño frente al establo hace un
momento. Y un empleado que no conozco estaba observando los alrededores con
atención.”
Probablemente,
la persona que vio Dale era Isaac. Desde la mañana, entraba y salía de los
establos con la excusa de vigilar que el carruaje de la familia del barón
estuviera bien. Los empleados de Elwin susurraban que quizá Dwight estaba
planeando huir pronto tras haber cometido un delito.
“Sí.
El heredero de la familia del barón está aquí. Aunque, por ciertas
circunstancias, está ahora en la casa de huéspedes, en la habitación del señor
Alfred.”
“¿El
señor Oswald?”
Oswald
era el nombre del hijo mayor de la familia del barón, el hermano de Dwight.
Elwin negó con la cabeza.
“No,
es el hijo menor, el señor Dwight. Recibimos una carta de la familia del barón
informando que lo habían designado a él como heredero.”
Ante
esas palabras, Dale se detuvo un momento, como si hubiera algo extraño. Justo
cuando Elwin iba a preguntarle por qué había reaccionado así al leer su breve
expresión, los ojos de Dale se abrieron aún más.
“Ese
señor es...”
Al
ver a Dale murmurando lentamente, Elwin siguió su mirada y vio que Leon se
acercaba por el pasillo. Leon, al notar que lo observaban, se acercó a paso
firme, así que Elwin se lo presentó a Dale.
“Esta
persona es el señor Leon, quien vino como invitado junto con el señor Dwight.
Es... compañero de clase de la escuela pública del señor Dwight. Señor Leon, él
es Dale, un empleado de nuestra casa.”
Como
añadir que “en realidad no parecen compañeros de clase” habría hecho la
explicación demasiado larga, lo dejó así. Al ver a Dale, Leon esbozó una
sonrisa fresca y radiante. Era una expresión intrigante, igual que el día que
llegó por primera vez a esta casa.
“Encantado
de conocerlo, señor Dale.”
“Ah,
sí... encantado.”
Leon
pareció enviarle una mirada corta a Dale, luego hizo una leve reverencia a
Elwin y desapareció por el otro lado del pasillo. Dale, que se quedó mirando su
espalda con ojos atónitos, reaccionó de repente, entró en la habitación y le
preguntó a Elwin:
“E-entonces,
joven amo. ¿Me está diciendo que el hijo menor de la familia del barón es quien
ha venido como heredero? Y que ese señor Leon... lo acompaña.”
“Sí.
¿Acaso hay algo extraño?”
“No.
No es que sea exactamente extraño, pero...”
Dale,
pensando profundamente, sacó un fajo de documentos de su maletín y se los
entregó a Elwin.
“Como
verá usted mismo al leer los documentos, para informarle brevemente: las
inversiones del señor conde han sido puestas a buen recaudo mediante un
fideicomiso. Olvidé algo en el carruaje de alquiler, así que, con su permiso,
iré un momento.”
Dale
hizo una reverencia y se dio la vuelta apresuradamente. Como Dale tenía un
carácter tranquilo y minucioso, era imposible que hubiera olvidado algo en el
carruaje. Probablemente estaba buscando una excusa para ir a ver a Dwight, que
estaba en la casa de huéspedes.
A
Elwin también le convenía. Como Dale había acompañado al conde cuando visitaron
la casa del barón Greymont camino a Savar, ya conocería al segundo hijo del
barón. Sin embargo, lo que le preocupaba era la actitud de Dale, que parecía
cuestionar la situación actual.
‘Aunque
es raro que el segundo hijo herede el título de la casa principal... ¿acaso
sintió que había algo más extraño además de eso?’
Con
una sensación de inquietud, Elwin revisó los documentos que Dale le había
entregado. Tal como él dijo, se había establecido un fideicomiso para que los
beneficios generados por el negocio minero fueran directamente a Elwin. A
diferencia de lo que temía, todo estaba resuelto de forma impecable. Le dolía
el corazón al imaginar cuánto se habrían esforzado por él.
Quizás,
con estos certificados, todos los problemas económicos podrían resolverse. Por
supuesto, eso era hablando de futuros beneficios, pero en esa parte no tenía
más remedio que confiar en su padre.
‘Entonces,
ahora yo...’
Si
no tuviera que preocuparse por el sustento, ¿podría dejar este lugar sin mirar
atrás? Elwin organizó todos los documentos con la sensación de que no podía
llegar a una respuesta fácilmente.
Cuando
Elwin salió de la habitación, el ambiente en la casa condal estaba nuevamente
agitado. Al escuchar el murmullo de los empleados, por un momento temió que
Dale hubiera dicho algo al enfrentarse a Dwight, pero el problema no era ese.
“Snif,
snif. Realmente, ya no puedo soportarlo más...”
Elwin
se sorprendió al escuchar los sollozos de una joven. Al mirar hacia donde
provenía el sonido, vio que la persona que lloraba no era otra que Selena.
Ella, que se había encerrado en su habitación durante días sin dejarse ver, lucía
notablemente demacrada y tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar.
Elwin
lo intuyó. Al parecer, ella se había enterado de lo que hizo Dwight la noche
anterior. Aunque el mayordomo Alfred había ordenado estrictamente no dejar que
la historia llegara a oídos de Eleanor o de extraños, seguramente no se le
ocurrió pedirle silencio a Selena.
Incluso
un Elwin, torpe en cuestiones de amor, se había dado cuenta; por tanto, era
probable que todos supieran desde hace tiempo qué clase de relación existía
entre Dwight y Selena. Quizás las criadas, que siempre habían apreciado a
Selena, pensaron que debían informarle de lo ocurrido.
“Snif,
snif. Ah, Sir Elwin. Lo siento. Yo, yo...”
Al
descubrir a Elwin, Selena lloró con aún más desconsuelo. Como alguien que
valoraba la ‘caballerosidad’, a Elwin le resultaba incómodo ver a una mujer,
alguien más débil que él, en tal estado.
“Señorita
Selena, estoy bien. ¿Por qué llora con tanta tristeza? ¿Por qué no intenta
calmarse tomando un poco de té caliente?”
Ante
las palabras de consuelo, Selena reprimió el llanto a la fuerza, pero respondió
mientras su cuerpo seguía temblando violentamente.
“No,
snif, sir Elwin. Si usted supiera todo sobre mi error... no podría decirme eso.
Snif...”
En
la mano de Selena, que había estado temblando desde hacía un momento, se
encontraba un sobre sellado. Tras morderse los labios por un largo rato, como
si estuviera dudando, finalmente se decidió y habló:
“Yo,
quiero confesarlo todo. Si vamos a la ciudad, ¿no está el juez? Debo llevarle
esto y reportarlo.”
“¿Esa
carta?”
“Sí.
Sir Elwin... no tengo cara para decírselo directamente.”
El
rostro de Selena estaba más serio que nunca. La carta que había escrito parecía
ser una denuncia relatando la falta de alguien. Quizás era una confesión de sus
propias fechorías.
Elwin
estaba convencido de que tenía que ver con él. Si fuera simplemente una
confesión de que se había hecho pasar por noble, no habría razón para sentir
una culpa tan profunda. La boca de Elwin se secó por la curiosidad y la
preocupación. Sintió el impulso de interrogarla sobre cuál era su falta,
pero...
“Lo
siento. Usted me trató tan amablemente... Lo siento, sir Elwin...”
Los
labios de Selena estaban amoratados y sus mejillas, que solían estar llenas de
vida, lucían pálidas. Elwin, que por naturaleza no era una persona de carácter
duro, no pudo decir nada más al verla así.
“Iré
a la ciudad ahora mismo. En carruaje... no, no. ¿Cree que tardaré demasiado si
voy caminando? Si desconfía de mí, puede enviar a un empleado conmigo.”
Selena
ya actuaba como si se considerara una criminal. Como Elwin se sentía inquieto
por dejarla ir sola, rápidamente examinó sus opciones. Necesitaba a alguien en
quien pudiera confiar y que no hiciera sentir incómoda a Selena.
“Señor
Leon. ¿Podría, por favor, acompañar a la señorita Selena a la ciudad?”
Elwin
llamó a Leon, que observaba la situación desde cerca, y este asintió con
prontitud.
“Si
es su petición, joven amo, por supuesto que lo haré.”
“Se
lo agradezco. Prepararé el carruaje.”
Al
echar un vistazo a Selena, pudo notar que al menos se sentía aliviada al saber
que iría con Leon. Elwin le habló con una mirada que contenía tanto duda como
lástima.
“Aún
no sé cuál es la falta a la que se refiere, señorita Selena.”
“…….”
“El
hecho de que usted se haya adelantado a confesarlo sin que yo lo supiera,
demuestra que, aunque haya cometido un error, es una persona valiente. Por lo
tanto, quiero creer que no volverá a repetir el mismo error.”
Ante
las tranquilas palabras de Elwin, Selena derramó, sin hacer ruido, muchas más
lágrimas que antes. Poco después de que ella partiera hacia la ciudad con Leon,
Dale, quien había ido al anexo, regresó. Como su expresión seguía siendo
sombría, Elwin le preguntó con cautela:
“¿Encontró
el equipaje que había olvidado en el carruaje de alquiler?”
Aunque
la pregunta fue formulada así, el verdadero significado era: “¿Dwight es
realmente el segundo hijo del barón?”. Dale asintió con la cabeza, como si
hubiera comprendido perfectamente las intenciones de Elwin.
“Sí,
lo encontré sin problemas. Pero, el señor... el invitado que vino con el señor
Dwight, ¿dónde está?”
“¿Se
refiere al señor Leon? Surgió algo urgente y tuvo que salir a la ciudad.”
Ante
esto, Dale puso una expresión como si estuviera sumido en sus pensamientos y
volvió a preguntar:
“Joven
amo. ¿Ha revisado bien los documentos que le entregué hace un momento?”
“Sí.
Estaban muy bien organizados. Se ha esforzado mucho. Por hoy, descanse bien.”
“Oh,
no. Creo que también debo ir a la ciudad por un momento. Tengo un asunto
pendiente en la oficina de correos.”
Dale
se preparó para salir de nuevo, sin haber terminado de recuperarse de la fatiga
del viaje. A Elwin le empezó a doler la cabeza aún más.
Había
algo sospechoso en él desde que se vieron por primera vez. ¿Dale iba a reunirse
con Leon? Si la identidad de Dwight era certera, ¿por qué Dale seguía luciendo
tan desconcertado y confundido? Y, ¿qué era esa ‘falta’ de la que hablaba
Selena?
‘Hay
demasiado que no sé. ¿Desde dónde perdí el hilo de la situación?’
Las
premoniciones funestas nunca fallan. Poco después de que Dale saliera de la
mansión, uno de los empleados masculinos que custodiaba la puerta de la
habitación donde estaba confinado Dwight en el anexo, cruzó hasta la mansión y
buscó a Elwin.
“Joven
amo. ¿Podría examinar el equipaje del señor Dwight? Dice que necesita que le
traigan algo.”
Aunque
lo dijo con naturalidad, Elwin, quien tenía una corazonada extraña, le
preguntó:
“¿Qué
dijo que necesitaba?”
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“Dice
que se siente mal. De repente comenzó a gemir diciendo que padecía una
enfermedad crónica y buscó desesperadamente al señor Alfred; luego, al verme,
me pidió que le trajera medicina. Debería al menos fingir que lo busco, pero
como es un invitado de alta alcurnia, quería recibir primero su permiso.”
¿Una
enfermedad crónica en Dwight? Era la primera vez que escuchaba algo así. La
perplejidad de Elwin creció. ¿Dwight quería deshacerse de la vigilancia y
marcharse de la casa condal?
Si
fuera así, aunque hubiera cometido errores, seguía siendo un heredero; si
quería irse, solo tenía que decirlo y marcharse. Los empleados de la casa
condal no se atreverían a retenerlo a la fuerza.
‘El
hecho de que busque al señor Alfred y luego envíe a un vigilante hacia aquí
significa que...’
En
ese instante, un pensamiento cruzó la mente de Elwin y un escalofrío recorrió
su espalda. Se levantó de su asiento y salió de la habitación rápidamente.
“Debo
volver al anexo, por ahora. ¿Dónde está el señor Isaac? ¿Y el señor Alfred...?”
Justo
cuando se apresuraba a bajar al primer piso, un grito agudo resonó desde el
jardín.
“¡Aaaah!
¡Señor Alfred!”
Ante
el sonido que le heló la sangre, Elwin aceleró aún más el paso. Los otros
empleados, asustados, siguieron a Elwin. Todos los que salieron al jardín no
pudieron evitar quedar horrorizados ante la escena que tenían frente a sus
ojos.
En
el jardín estaban Dwight, Isaac y Alfred. O mejor dicho, Alfred no podía
mantenerse en pie por sí mismo. El viejo mayordomo tenía un hematoma rojo en el
borde del ojo y sus labios estaban rotos, sangrando. Aunque seguía consciente,
parecía incapaz de caminar por sí solo, siendo arrastrado a la fuerza.
Y
Dwight, quien probablemente era el responsable de haber dejado así al pobre
mayordomo, rodeaba violentamente el cuello del anciano con su brazo. Retrocedía
paso a paso mientras apuntaba con un pequeño cuchillo, que tenía en la punta de
sus dedos, justo debajo de la barbilla de Alfred.
“¡Retrocedan
todos!”
Cuando
Dwight gritó de forma amenazante, todos los empleados que murmuraban se
callaron. Isaac, quien se había adelantado un poco a Dwight y blandía una daga
mientras vigilaba los alrededores, también amenazó de forma imprudente:
“¡Ya
escucharon al señor Dwight! ¡Dijo que retrocedan todos!”
Elwin
no podía sentir que esta situación fuera real. ¿Cuál sería el motivo para que
alguien, siendo el segundo hijo de una familia baronal, organizara una toma de
rehenes como si fuera un bandido?
“¿No
me han escuchado? ¡Si intentan hacer alguna tontería, sabrán que esta vieja
vida se terminará!”
Como
no estaba acostumbrado a situaciones así, Dwight tenía las manos temblando. Lo
que sostenía en su mano era un pequeño cuchillo de cocina que solía dejarse en
las habitaciones de invitados junto a los platos de fruta. Era un arma
insignificante con la que ni siquiera se podía apuñalar profundamente, pero con
ese temblor en sus manos, parecía que terminaría hiriendo a Alfred solo por
accidente.
Pensar
en por qué había ocurrido esto era un asunto para después. Lo importante ahora
era resolver este caos sin que nadie resultara herido. Mientras los empleados
retrocedían vacilantes, Elwin se quedó en el sitio, inclinó ligeramente el
cuerpo y le habló a Dwight.
“Señor
Dwight. Cálmese. No hay necesidad de llegar a esto.”
“¿Qué?
¡Cállate!”
Ante
la voz calmada de Elwin, Dwight le gritó, visiblemente irritado. Aunque la voz
de Elwin también temblaba, dio un paso adelante con mucho cuidado y volvió a
hablar:
“Si
desea algo, lo ayudaré tanto como pueda. Primero, suelte al señor Alfred y
hablemos.”
“¡No
intentes engañarme! ¿Crees que hay algo más que yo quiera de este agujero?”
Mientras
decía esto, Dwight levantó su brazo izquierdo, el que no estaba sujetando a
Alfred, y ajustó su postura. Llevaba una bolsa de cuero ancha encajada en el
costado. Elwin entrecerró los ojos al reconocer la bolsa, pero Dwight solo alzó
más la voz.
“¡Atrás!
¡He dicho que retrocedan! ¡Lo único que quiero es salir de este maldito lugar!”
Mientras
gritaba, Dwight retrocedió tambaleándose hasta cruzar casi todo el jardín. Echó
un vistazo hacia los establos cerca de la puerta principal y le gruñó al mozo
de cuadra que estaba allí:
“¡Tú,
ahí! ¡Apártate!”
“Oh,
eh...”
“¡He
dicho que te largues! ¡A menos que quieras ver cómo le abro un agujero en la
garganta a este viejo!”
Ante
las palabras viles, el mozo se asustó y retrocedió a un lado. Como si lo
hubieran planeado de antemano, Isaac corrió rápidamente hacia el establo y
desató las riendas de un caballo. La situación era clara: en cuanto Dwight e
Isaac montaran, saldrían de la mansión a toda velocidad.
Tanto
Elwin como los empleados del condado sintieron el peligro y la necesidad de
detener a Dwight, pero nadie se atrevió a dar un paso por temor a que le
hicieran daño a Alfred, quien estaba prisionero.
Por
fortuna —o desgracia—, el viejo mayordomo, que había dedicado su vida a la
familia, no era tan fácil de manejar. Alfred, quien hasta hace poco colgaba
inerte sin poder resistirse, recuperó el sentido ante el relincho de los
caballos y comenzó a forcejear con todas sus fuerzas.
“¡Grrr,
este viejo! ¡Quédate quieto!”
Dwight,
desconcertado, lo reprendió, pero no se atrevió a blandir el cuchillo. Parecía
temer que algo saliera mal y por eso retiró la mano, pero debido al forcejeo
desesperado de Alfred, la piel del cuello del anciano sufrió un corte.
La
situación era crítica, con la hoja rozando la fina piel del cuello, pero Alfred
persistía con tenacidad. Parecía estar tratando de arrebatarle a Dwight la
bolsa de cuero que llevaba en la mano izquierda.
En
ese instante, Elwin comprendió la naturaleza del objeto que Dwight portaba.
Sintió un escalofrío y, justo entonces, Isaac se acercó a Dwight con dos
caballos.
“Joven
amo, aquí...”
“¡Agh!
¡Qué molestia! ¡Isaac, haz algo con este viejo!”
Mientras
arrebataba las riendas de manos de Isaac con la izquierda, Dwight soltó
violentamente a Alfred con la derecha. El anciano, sin poder resistir la
fuerza, fue arrojado hacia atrás.
Isaac,
que miraba hacia otro lado para asegurar los caballos, fue arrastrado por
Alfred al caer, y la daga que tenía cayó al suelo. Todos los empleados de la
casa se dieron cuenta de que ese era el momento de actuar.
“¡Señor
Alfred!”
“¡El
cuchillo! ¡Alejen ese cuchillo primero!”
Los
empleados y Elwin se lanzaron hacia adelante simultáneamente. Mientras Elwin
pisaba la daga caída para alejarla, los demás corrieron hacia el caído Alfred.
Sin
embargo, para entonces, Dwight ya había montado a caballo. A pesar de abandonar
a Isaac, no dudó ni un segundo; tiró de las riendas y golpeó los costados del
caballo, sin importarle dejar atrás a su cómplice.
El
caballo, acostumbrado a los paseos, respondió rápidamente a las señales de
Dwight. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba fuera de los muros del condado.
“Ah...”
Elwin
miró el polvo levantado por los cascos con una mezcla de desesperación y
ansiedad. Aunque tenía prisa, su prioridad era comprobar el estado de Alfred.
Mientras
los empleados ayudaban al anciano, inmovilizaron a Isaac, quien se había
enredado en la caída. Isaac intentó resistirse, pero sin el cuchillo no pudo
usar su fuerza.
El
estado de Alfred era terrible. Tenía el rostro y las muñecas llenos de hematomas
y sangraba por la herida superficial del cuello. Además, su expresión era tan
llena de angustia y dolor como cuando se enteró de la muerte del conde.
“Joven
amo, debe atraparlo. Ese tipo, el señor Dwight...”
La
voz de Alfred era desesperada. Efectivamente, el objeto que Dwight se llevó era
lo que Elwin sospechaba. Se sintió mareado, pero no había tiempo que perder.
Elwin montó sin dudar en el caballo que Isaac había traído.
“Vayan
a la ciudad y llamen a un médico, y avisen al juez de paz sobre el incidente.
Ata a ese hombre firmemente hasta que llegue la autoridad y lleven al señor
Alfred adentro. ¡Rápido!”
Después
de dar instrucciones calmadas a los empleados, Elwin arrancó a galope. Tenía
que darse prisa, pues Dwight estaría huyendo desesperadamente.
Quedaban
marcas de huellas apresuradas hacia la puerta principal. Elwin siguió el rastro
de las herraduras. Aunque pronto se perdieron bajo las hojas secas, Elwin solo
dudó un instante antes de adivinar el destino.
‘Debe
haber ido a la estación de tren.’
Tal
vez desde aquel día en que se apresuró a salir de paseo ignorando que Selena se
quedaba atrás, Dwight había estado planeando esta fuga. Como había hecho varios
viajes de reconocimiento con Isaac, ya debía conocer bien el camino.
‘Si
fue a la estación, ¿piensa tomar el tren? Si es así, ¿qué tren podría salir a
esta hora...?’
Como
se interesaba por los ferrocarriles, Elwin conocía de memoria los horarios de
la estación local. Al recordar los datos, su rostro palideció. Hoy era el día
que partía el tren directo a la capital. Al parecer, la única verdad en todas
las mentiras de Dwight era su intención de “pasar por el condado camino a la
capital”.
‘Tengo
que darme prisa.’
Si
perdía ese tren, el siguiente directo no saldría hasta dentro de una semana. Se
decía que la capital era un lugar inmenso y laberíntico; si Dwight lograba
llegar allí, esconderse sería pan comido.
Elwin
galopó más rápido. El atajo hacia la estación desde el condado era un sendero
de montaña difícil incluso para caballos, y hoy estaba en peores condiciones.
Pequeñas
ramas dispersas se enredaban en las patas del caballo, y en cada curva había
tierra resbaladiza. Al principio, Elwin solo sentía la prisa, pero al repetirse
la situación varias veces, se dio cuenta de que eran rastros artificiales.
Dwight,
aun en su huida, había hecho todo lo posible para obstaculizar el camino de
quien lo persiguiera. Era una táctica ruin pero eficaz. Como Elwin cabalgaba
deprisa y sin silla, su cuerpo se balanceaba violentamente cada vez que tenía
que detenerse.
“Hah...”
Una
vez más, Elwin tiró de las riendas para evitar que el caballo resbalara. El sol
comenzaba a ocultarse, lanzando rayos de luz que cegaban a través de las hojas.
Elwin
apretó los dientes, lleno de terquedad y furia. No podía quedarse de brazos
cruzados por más difícil que fuera; eso era exactamente lo que Dwight quería.
Elwin se armó de valor, respiró hondo y se aferró a las riendas.
A
partir de ahí, comenzaba un descenso empinado. Era el tramo donde Selena casi
cae, pero para Elwin no fue tan difícil. De hecho, parecía que Dwight, ocupado
en bajar sin caerse, no había tenido tiempo de poner más trampas, así que el
camino estaba despejado.
Cuando
llevaba la mitad del descenso, Elwin contuvo el aliento para escuchar. No muy
lejos, se oían sonidos de cascos y respiraciones agitadas.
‘¡Los
alcancé!’
Elwin
aumentó la velocidad bajando por el camino empinado. Como esperaba, poco
después vio la espalda de Dwight a lo lejos.
Aunque
intentó acercarse en silencio para que no lo detectara, Dwight miró hacia
atrás. Al girar la cabeza, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer, por
lo que gritó con irritación:
“¡Aaagh!”
Aun
así, Elwin saltó con calma sobre el montón de piedras y se acercó a Dwight.
Cuando la tierra levantada por los cascos del caballo de Dwight empezó a
golpearle el rostro, Elwin dijo con firmeza:
“Señor
Dwight. Deténgase.”
“¿Qué?
¡Deténgase usted! Si no quiere salir malparado.”
Las
palabras sarcásticas de Dwight no eran solo fanfarronería. Cuando Elwin tiró de
las riendas para acortar la distancia, Dwight hurgó en el bolsillo de su
chaqueta con una mano.
Elwin
lo perseguía a una distancia peligrosamente cercana, donde apenas podía
alcanzarlo. En ese camino estrecho y curvo, donde los árboles a lo largo del
precipicio comenzaban a escasear y la luz del atardecer teñía la vista de rojo,
Dwight lanzó algo que sacó de su bolsillo hacia atrás.
Al
sentir el destello de un objeto plateado volando hacia él, Elwin giró
instintivamente la cabeza del caballo. Sin embargo, no fue suficiente para
evitar el cuerpo del enorme animal, y el objeto lanzado por Dwight rozó el
hombro del caballo.
“¡Ah...!”
En
el instante en que la piel del caballo se rasgó y brotó sangre roja, el animal,
sobresaltado, levantó las patas delanteras. Al perder el control sobre la
pendiente inestable, el cuerpo de Elwin se deslizó hacia atrás.
Elwin
intentó resistir aferrándose a las riendas, pero tanto él como el caballo, que
giraba en la curva, se tambalearon sin remedio hacia el borde del camino. Fue
un momento precario, a punto de caer por el acantilado junto con el animal.
“¡Sir
Elwin!”
Junto
con el urgente sonido de cascos, escuchó una voz familiar. La mano de Leon, que
lo había estado siguiendo de cerca, le sujetó la cintura. Su otra mano envolvió
el dorso de la mano de Elwin, presionando las riendas hacia abajo.
“Tranquilo,
tranquilo.”
Con
una orden experta para calmar a la bestia excitada, las patas del caballo, que
estaban a punto de resbalar en el camino de tierra, lograron recuperar el
equilibrio justo en el borde del precipicio.
“¡Señor
Leon...!”
Elwin
llamó el nombre del hombre que lo había sujetado mientras recuperaba el
aliento. Era una sorpresa maravillosa. ¿Cómo había logrado llegar hasta allí
alguien que había ido a la ciudad? Incluso si hubiera regresado a casa y salido
de nuevo inmediatamente después de que Elwin partiera, el camino no era fácil.
“Sir
Elwin. ¿Se encuentra bien?”
“Estoy
bien. Pero...”
Elwin
revisó la herida bajo la crin del caballo. No era profunda, pero se preguntaba
qué demonios había lanzado para desgarrar la gruesa piel del animal.
Al
mirar hacia el borde del precipicio, vio el objeto plateado en cuestión tirado
en el suelo. En cuanto reconoció de qué se trataba, un escalofrío le recorrió
la espalda.
Era
el cuchillo de cocina que poco antes había apuntado a la garganta de Alfred.
Por pequeño que fuera, un cuchillo es un cuchillo; si en lugar de al hombro del
caballo, se hubiera dirigido a Elwin, la situación podría haber resultado en
una herida grave o incluso la muerte.
“Cómo
se atrevió a hacer tal cosa.”
La
voz de Leon temblaba de furia y horror, compartiendo el mismo pensamiento.
Parecía incluso más impactado que Elwin ante el hecho de que este casi hubiera
sufrido un accidente. Pero no era momento de quedarse atónito. Elwin recobró la
compostura y miró hacia adelante con urgencia.
“No
es momento para esto. ¡Rápido...!”
“Sí.
Debemos ir a atraparlo.”
Afortunadamente,
aunque el caballo de Elwin seguía alterado, la herida no era profunda y podía
seguir corriendo si se le animaba. Leon también sujetó las riendas con firmeza.
Ambos descendieron de nuevo por el sendero.
Aunque
era frustrante, el último acto desesperado de Dwight fue bastante efectivo.
Mientras perdían tiempo recuperándose del percance, él se había alejado
considerablemente. Hasta que bajaron de la colina y la plaza frente a la
estación de tren estuvo a la vista, Elwin y Leon ni siquiera habían visto la
espalda de Dwight. Lo único que divisaron fue...
“Vaya.”
Una
multitud de personas reunida frente a la estación para el tren expreso a la
capital, que solo pasaba una vez por semana. En medio de la densa multitud, se
veía un espacio vacío donde la gente se mantenía alejada.
Allí,
un caballo con aspecto confundido había sido abandonado, y la gente se mantenía
a distancia por miedo a que el animal sin dueño se desbocara.
Elwin
reconoció al caballo al instante. Era uno de los pura sangre de los que la casa
condal presumía. Robar el caballo de otro y abandonarlo en medio de la plaza;
era un hombre despreciable en todos los sentidos.
‘Ni
siquiera tuvo tiempo de atar el caballo. El tren está por salir. ¿Podré alcanzarlo?’
Al
mirar el reloj de la plaza, Elwin sintió el mismo impulso que Dwight: abandonar
el caballo y correr. Al ver el vapor blanco elevándose tras la estación,
parecía que el tren estaba a punto de partir.
Con
el corazón acelerado, Elwin saltó del caballo en cuanto llegó a la plaza. En
ese momento, como si Leon pudiera leer sus pensamientos, gritó:
“¡Vaya
rápido, sir Elwin! Yo me encargaré de esto.”
Él
ya estaba sujetando las riendas del caballo que Dwight había abandonado. Fue un
gesto de ayuda, pero Elwin no tuvo tiempo de agradecerle. Un fuerte silbato,
“¡Puuuuuu!”, anunció la salida del tren.
Elwin
corrió hacia el interior de la estación. El lugar estaba lleno de gente que
despedía o recibía pasajeros y de otros esperando el siguiente convoy. Se abrió
paso entre la multitud con todas sus fuerzas, pero cuando llegó al andén, las
ruedas ya chirriaban, a punto de comenzar a girar.
Entre
el temblor inquietante y el ruido, Elwin miró con ojos desesperados el enorme
cuerpo negro del tren. Y enseguida, divisó a Dwight, que acababa de subir al
vagón delantero.
“¡Quédese
ahí!”
Aunque
estaba lejos, Dwight pareció escuchar el grito de Elwin, pues giró la cabeza y
le dedicó una sonrisa llena de vileza. Entonces, el tren se puso en marcha. Con
la mente en blanco, Elwin corrió sin más hacia el último vagón.
‘Aún
no ha ganado velocidad. Si es ahora, puedo saltar sobre el tren. Si tan solo
logro subir, entonces...’
Al
ver a Elwin correr hacia las vías, el ferroviario en el andén puso cara de
pánico. Pero Elwin no veía nada más. Un poco más, solo un poco más. Corrió
hasta que su corazón sintió que iba a estallar, y en el instante en que intentó
extender la mano hacia la barandilla del último vagón...
“¡Sir
Elwin!”
Alguien
abrazó el cuerpo de Elwin con ambos brazos. Elwin, que estaba casi al borde del
andén, se tambaleó y se detuvo debido a la fuerte fuerza que lo retenía.
“¡No,
señor Dwight, en ese tren...!”
Elwin
gritó con dolor, pero el tren, que ya había ganado velocidad, salió de la
estación con un rugido. En medio del sentimiento de vacío y frustración, Elwin
vio cómo la mole de hierro negro desaparecía entre el humo blanco y alargado.
“Ah...”
“Lo
siento, sir Elwin. Es que era demasiado peligroso...”
Leon
tenía razón. En su desesperación, estuvo a punto de cometer una locura. Incluso
si hubiera logrado sujetar la barandilla, no habría sido una situación en la
que pudiera saltar al tren. A lo sumo, habría terminado siendo arrastrado antes
de caer sobre las vías.
‘Así
es. De todos modos, ya es demasiado tarde.’
¿Desde
cuándo fue demasiado tarde? ¿Desde que empezó a perseguir a Dwight a caballo?
¿Desde que no notó los movimientos sospechosos en el anexo? No, ¿acaso todo no
empezó a salir mal desde el momento en que aceptaron a un hombre así como
invitado?
Tenía
la vista nublada. Aunque Elwin siempre había resuelto los problemas, ya fuera
cuando recibió la noticia de que se había acabado el dinero de su padre en el
extranjero, ante la sequía en el territorio, o cuando planeaba enfrentar la
crisis de perder su título y su feudo, esta vez realmente no veía salida.
‘¿Qué
debo hacer? ¿Queda algo que pueda hacer? Para mí, ¿qué es lo que queda...?’
Aunque
sentía las fuerzas flaquear y ganas de desplomarse allí mismo, Leon lo sostuvo
silenciosamente. Sus brazos firmes le dieron palmaditas en los hombros a Elwin
y le acariciaron la espalda temblorosa, transmitiéndole consuelo.
¿Será
porque eran manos que lo habían salvado del peligro dos veces? Elwin tuvo la
ilusión de que, solo con que esas manos permanecieran a su lado, aún quedaba
esperanza.
‘Así
es. Sea como sea, tengo que hacer lo que pueda.’
Elwin
apoyó la mano sobre el brazo de Leon, que lo rodeaba, y respiró hondo
lentamente. Aunque no habría sido extraño resignarse y dar todo por perdido, no
podía detenerse aunque no viera el camino. Elwin tenía cosas que proteger y
personas que lo ayudaban.
“Volvamos
a casa.”
Tras
calmar el temblor de su cuerpo, Elwin dijo aquello con un rostro que había
recuperado la serenidad. Leon asintió con una sonrisa suave.
“Hagamos
eso. Tanto los caballos como usted deben estar agotados, así que será mejor
tomar el camino más llano.”
Al
regresar a casa, intentando controlar un corazón que amenazaba con
desmoronarse, se encontró con que el ambiente en la mansión era lúgubre y
tenso. En los ojos de los empleados que lo miraban se vislumbraba un hilo de
esperanza, pero Elwin se vio obligado a darles la amarga noticia.
“Lo
perdí casi al alcance de la mano. El señor Dwight tomó el tren hacia la
capital. Debí haberme dado más prisa, pero esto se ha vuelto muy complicado...”
“Oh...”
“No,
no, joven amo. Ha pasado por mucho.”
“Es
admirable que haya regresado a salvo. Esos tipos no son precisamente gente
común, son personas despiadadas y peligrosas.”
Los
empleados intentaron responder con entusiasmo, esforzándose por no mostrar su
decepción. Elwin, con actitud firme y digna, procedió a comprobar la situación
en la casa.
“¿Ya
vinieron el agente de policía y el médico?”
“Sí,
joven amo. El oficial inspeccionó el lugar y luego se llevó a Isaac, atado con
cuerdas. El médico también vino a visitar a casa para examinar al señor Alfred
y al joven Robin.”
Robin
era el joven empleado que poco antes estaba custodiando la puerta de la
habitación de Dwight en el anexo.
“¿Robin
también resultó herido? ¿Cuándo?”
“Mientras
yo estaba aquí, engañado por la falsa enfermedad, ese tipo, Isaac, golpeó a
Robin por la espalda cuando estaba solo. Después de que Robin cayó, el señor
Dwight debió haber aprovechado para arrebatarle las llaves de la caja fuerte al
señor Alfred en su habitación.”
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El
empleado que había acudido a Elwin pidiendo medicinas para Dwight informó de
los hechos con cara de vergüenza, aunque se notaba su reticencia a usar títulos
honoríficos para referirse a Dwight.
“Qué
acto tan cobarde... Si recibió un golpe en la cabeza, ¿no está grave?”
“Robin
es joven y fuerte, así que recuperó el sentido rápidamente. El problema es el
señor Alfred.”
“¿Por
qué? ¿Sus heridas son graves? ¿Cómo está?”
“No
son heridas mortales, pero tiene cortes y magulladuras por todas partes. Parece
que se resistió hasta el final para no entregar la llave de la caja fuerte. Qué
hombre tan carente de corazón, hacerle eso a un anciano que podría ser su
padre.”
“Aun
así, hablaba con claridad y me pidió que le dijera a usted que no se
preocupara, que se disculpaba y que pronto se levantaría. Por ahora, el médico
le puso un sedante y está dormido.”
“Ya
veo. Espero que sane pronto. Haah. Entonces...”
“Eh,
por cierto, joven amo. ¿Qué haremos con ella?”
Ante
la mención de “ella”, Elwin puso una expresión de duda, por lo que los
empleados lo llevaron al salón de recepciones. Allí, las criadas rodeaban la
mesa como si estuvieran vigilando a una prisionera. La persona sentada en el
centro era Selena, quien había salido a la ciudad esa tarde con Leon.
Según
le contaron los empleados, Selena entregó al juez de paz la carta con la
confesión de sus faltas. El juez se había planteado si detenerla
inmediatamente, pero finalmente Leon pagó la fianza y la trajo de vuelta a la
casa.
Selena,
que ya tenía los ojos hinchados de tanto llorar antes de salir de la mansión,
se veía deshecha, como si hubiera seguido llorando tras regresar. Parecía haber
quedado en shock al saber que Dwight había llegado al extremo de herir al señor
Alfred usando un cuchillo.
Algunas
criadas murmuraban con sarcasmo, dudando si no estaría fingiendo sorpresa.
Desde que ella comenzó a armar un escándalo diciendo que había cometido un
pecado, todos sospechaban de ella, y al ver el caos que provocó el hombre que
la trajo, era natural que la miraran con recelo.
“Señorita
Selena.”
Cuando
Elwin se acercó a la mesa y la llamó, ella lo miró con un rostro que mezclaba
culpa y alivio.
“¡Sir
Elwin! Yo, el señor Dwight...”
“Se
ha ido a la capital.”
“...Ya
veo.”
Su
voz sonaba resignada. Parecía haber previsto que Dwight la dejaría atrás.
Después de todo, llevaba días siendo ignorada por él, así que no era de
extrañar.
Elwin
se sentó con cuidado frente a ella. No esperaba que ella lo supiera todo, pero
al menos parecía dispuesta a explicar la razón por la que Dwight había venido a
aquel lugar.
“Señorita
Selena. Dijo antes que le resultaba difícil hablar frente a mí, pero ahora que
las cosas han llegado a este punto, ¿podría decirme lo que sabe sobre cómo ha
sucedido todo esto?”
Ante
la suave pregunta de Elwin, la última lágrima que le quedaba a Selena rodó por
su mejilla. Ella recuperó el aliento, asintió y comenzó a hablar.
“¿Cómo
podría seguir mintiendo ahora? Lo diré todo. Yo, no... El señor Dwight...”
*
* *
Mientras
tanto, a bordo del tren con rumbo a la capital, Dwight no pudo controlar su
respiración agitada durante un buen rato, presa de la ansiedad y la adrenalina.
Aunque se sentía afortunado por no haber sido capturado, cada vez que recordaba
la gota de sangre del viejo mayordomo que había manchado su cuchillo, o el
rostro del joven amo de la casa condal persiguiéndolo ferozmente, su cuerpo se
estremecía de pies a cabeza.
Como
alguien criado como descendiente de una familia noble, era la primera vez que cometía
un acto así con sus propias manos. Tal como decía su padre, quien le lanzaba
maldiciones e interminables sermones cada vez que lo veía, ¿estaba destinado
desde el principio a causar una desgracia mayor algún día?
Dwight
Percival Hollingsworth era la vergüenza y el desastre de la familia del barón
Greymont. A diferencia de su hermano mayor, quien había asimilado las
enseñanzas estrictas del barón y crecido de manera impecable ante los ojos de
todos, el segundo hijo, de carácter impaciente y malintencionado, había perdido
el favor de su padre desde muy temprana edad.
“Tsk,
no haces ni una sola cosa bien. Ojalá pudieras ser aunque fuera una cuarta
parte de lo que es tu hermano. ¿Para qué servirá este tipo?”
Las
palabras del barón, que solía chasquear la lengua con desdén, resultaron ser
ciertas. Tras superar por los pelos varias amenazas de expulsión y graduarse de
la escuela pública, Dwight no fue a la universidad ni se alistó en el ejército;
simplemente regresó al feudo y se dedicó a apostar y beber.
Los
rugidos de ira de su padre y las advertencias de su hermano Oswald eran
constantes, pero Dwight solo se encogía ante ellos un momento para luego
volverse aún más retorcido. La situación llegó al punto en que, entre los
habitantes del feudo, Dwight era conocido secretamente como el ‘joven amo
degenerado’.
Al
final, el barón optó por esconder a su hijo atolondrado. Salvo para eventos
inevitables, utilizaba excusas como “se ha resfriado por leer libros toda la
noche” o “sigue enterrado en la biblioteca” para no dejar que Dwight saliera.
En
los feudos vecinos se creía erróneamente que el segundo hijo del barón era un
ávido lector, pero la gente de Greymont solo se burlaba diciendo: “Las únicas
letras que ese joven amo lee deben ser el alfabeto de las cartas de juego y las
etiquetas de las botellas”.
“Dwight.
Mientras yo no esté, por favor, intenta no causar ninguna desgracia mayor.”
Pero
incluso para Dwight llegó un día soleado. Su hermano mayor, Oswald, fue
destinado a una embajada en el extranjero. Aunque dejó comentarios humillantes
hasta el día de su partida, el hecho de que su hermano, quien siempre lo
trataba con severidad, desapareciera a tierras lejanas le permitió respirar con
alivio.
Después,
cuando la salud del barón se deterioró y su mente comenzó a nublarse, los
empleados de la casa se sumieron en la preocupación y la pesadumbre, pero solo
Dwight se pavoneaba lleno de triunfo.
Ya
no había nadie que interfiriera, aunque Dwight bebiera desde el mediodía o se
pasara el día jugando a las cartas en el club de caballeros de la ciudad. Sin
embargo, después de unos meses de desenfreno total, el encargado de las
finanzas visitó la habitación de Dwight.
“Joven
amo, me apena molestarlo, pero aunque apenas estamos en septiembre, los fondos
para gastos de este año ya están agotados.”
Ante
la confesión desesperada del encargado, Dwight, que bebía whisky desde la
tarde, sintió que le ardía la nuca. Para alguien como él, que gastaba dinero a
manos llenas sin saber siquiera cuánto tenía, la noticia fue desconcertante.
Más
que desconcertado, se sintió algo ofendido. ¿Acaso la familia del barón era tan
pobre que apenas unos meses de diversión los ponían al borde de la miseria?
Dwight levantó la barbilla y reprendió al encargado.
“¿Por
qué me dices eso a mí? Si falta dinero, será porque no estás haciendo bien tu
trabajo.”
Ante
las palabras de Dwight, el encargado tragó un suspiro y bajó la cabeza.
“No
es eso... ¿no podría buscar otros pasatiempos en lugar del Écarté? Además,
compra demasiadas botellas de whisky de alta gama... ¡Agh!”
Irritado
por la crítica al whisky, Dwight lanzó la copa que estaba bebiendo hacia el
encargado. Dwight le gritó al hombre, que se cubría la frente mientras la
sangre le corría a borbotones.
“Estoy
usando el dinero de mi padre, ¿por qué te metes tú? Si eres un empleado, ¡actúa
como tal y deja de balbucear sobre los asuntos de tus superiores!”
Dada
la situación, los empleados, que ya estaban hartos de la maldad de Dwight, no
pudieron evitar quedar horrorizados. Mientras todos negaban con la cabeza y se
alejaban, solo había un empleado que seguía pegado a Dwight.
“Ay,
qué mala suerte tiene, joven amo. Un hombre necesita vivir experiencias
sociales, y tipos como esos, que se pasan el día sentados con sus libros de
cuentas, dicen tonterías. ¿Quién es usted? Usted es el pilar de la familia del
barón.”
Era
Isaac, el sirviente de Dwight. Su reputación en la casa y en el feudo era tan
mala como la de su amo. Abundaban los rumores oscuros: decían que se había
fugado tras estafar dinero a otros, o que su estatus originalmente le impedía
ser empleado de una casa noble y que había falsificado sus cartas de
recomendación.
El
barón había querido despedirlo por su actitud siniestra y sospechosa, pero
Dwight se había opuesto violentamente. Después de todo, Dwight estaba muy
satisfecho con Isaac, quien se comportaba como si fuera parte de él mismo.
“Tienes
razón. Qué escándalo por un poco de dinero. Como ya me arruinaron el humor,
creo que iré a la ciudad.”
Bajo
la escolta de Isaac, Dwight se dirigió frente a una pequeña casa al borde de la
zona comercial. Era el lugar al que pasaba cada vez antes de ir al club de
caballeros.
“¡Selena!”
Ante
el grito de Dwight, Selena abrió la ventana con una expresión altiva. Era hija
de una costurera. Aunque era una hija ilegítima de padre desconocido, era la
mujer más bella del pueblo; el camino frente a su casa estaba pulido por los
pasos de los hombres que acudían a cortejarla.
“¿Por
qué ha vuelto?”
“¿Por
qué será? He venido a traer un soborno para una belleza.”
Dwight
sonrió de lado y le extendió algo a Selena, pero ella reaccionó con frialdad. Para
Selena, Dwight no era una figura de confianza.
Él
tenía un espléndido cabello rubio y era el hijo del señor feudal, lo que a
veces hacía que su corazón se tambaleara, pero el problema era precisamente ese
hecho. La madre de Selena le había repetido mil veces que nunca confiara en
hombres de alto rango, argumentando que esa era la razón por la que Selena
nació sin conocer a su padre.
Sin
saber que Dwight era tan mala reputación que nadie quería casarse con él,
Selena simplemente asumía que un joven noble como Dwight naturalmente tendría
una prometida.
“Su
lengua es como la seda. A ver...”
A
pesar de soltar una risa burlona, al ver el regalo que Dwight le ofrecía, la
expresión de Selena se volvió aún más rígida. ¿Unos cuantos dulces que parecían
robados de la cocina? Había una fila de hombres que le traían vestidos y joyas,
¿qué pretendía lograr con eso?
“Tengo
trabajo que hacer, así que, joven amo Dwight, vaya a jugar a las cartas.”
Cuando
Selena entró fríamente a la casa, Dwight chasqueó la lengua pensando en lo caro
que se vendía esa mujer insignificante y se dirigió al club de caballeros.
En
cualquier caso, mientras su problemático hermano y su padre no estuvieran
merodeando, Dwight vivía alardeando como un rey. Pensó que esos días
continuarían por siempre, pero...
“¿Dijiste
que el conde de Ravenwell ha muerto?”
“¿En
serio? ¿No eran solo sus hijos, el Omega y la señorita?”
“Entonces,
¿el título pasará a esta casa? ¿Acaso el hijo mayor se convertirá en conde?”
Un
día, los empleados empezaron a intercambiar historias extrañas. Puede que fuera
una alegría para la familia, pero no eran noticias agradables para Dwight.
Ya
le resultaba frustrante que su hermano se quedara con todo el feudo y el título
de la casa baronal solo por haber nacido unos años antes, ¿pero encima iba a
ser conde? ¿Cómo podía existir tal injusticia?
Dwight
se quedó en cama un día o dos por puro resentimiento. No podía hablar de su
frustración con nadie, y justo cuando estaba a punto de salir a la ciudad tras
haberse desquitado con los empleados, se cruzó con el cartero que entraba a la
casa.
“Buenos
días, joven amo.”
Dwight
iba a ignorarlo con altivez, pero de repente, una idea cruzó su mente y le
preguntó:
“Oye,
¿ha llegado alguna carta de Savar? No solo de hoy, sino cualquier carta que
haya llegado recientemente.”
Como
el conde estaba en un viaje de negocios al extranjero, pensó que si Oswald
realmente iba a heredar el título, ellos habrían enviado noticias primero. El
cartero, mientras hurgaba en su memoria, negó con la cabeza y soltó algo
inesperado.
“No
recuerdo que haya llegado correspondencia del extranjero desde Savar. Hace unos
días salió una carta de la familia del barón hacia el lugar donde está el hijo
mayor, pero eso es todo.”
“¿...Hace
unos días? ¿Cuándo fue eso?”
“Debió
ser el miércoles de la semana pasada.”
Si
fue el miércoles de la semana pasada, era justo el día siguiente a aquel en que
Dwight le lanzó la copa de whisky al encargado de las finanzas. Los empleados
de la familia del barón siempre hacían un escándalo ante cualquier cosa que
Dwight hiciera, diciendo: “¿No deberíamos informarle al hijo mayor que está
fuera?”.
‘¿Ese
sujeto realmente fue a chismearle a mi hermano?’
Su
hermano ya solía aplastarlo apenas podía, asumiendo que Dwight ya era el barón.
Si descubría que Dwight había gastado todo el dinero mientras él no estaba,
Dwight estaría acabado. Dwight, que antes estaba postrado en cama por pura
envidia, ahora parecía estar a punto de desplomarse por la ansiedad.
“Isaac,
creo que debo largarme de esta casa. Es imposible vivir en este agujero.”
“¿A
qué se debe, señor Dwight?”
“Mi
hermano. Ya se comporta como un tirano, así que si llega a heredar el condado,
¿qué tan arrogante se volverá? Cuando él regrese, tendré que sufrir
humillaciones crueles solo por ser el segundo hijo, así que es mejor que me escape
pronto.”
Aunque
el término ‘tirano’ le sentaba mucho mejor a Dwight, él actuaba como si fuera
la pobre víctima. Ante la queja de Dwight, Isaac le sugirió un plan astuto.
“Eso
suena injusto, joven amo. Ya que usted también es hijo de esta casa, si se va,
debería llevarse lo que le corresponde.”
“¿Crees
que mi padre o mi hermano piensan en mí? Incluso los empleados se han unido
para apoyar a mi hermano.”
Aunque
el título y el feudo pasan al primogénito, era costumbre nobiliaria otorgar al
segundo hijo fondos suficientes para mantener su estatus y vivir decentemente.
Aunque el caso de Dwight, al haber perdido el favor de su padre, sería
diferente.
“Los
de esta casa son así, pero, ¿no serán diferentes los de la familia del conde?
¿Qué le parece si recibe su parte directamente de ellos? Podría irse de aquí,
asegurarse una buena suma y vivir cómodamente en la capital.”
“Mmm.
Ciertamente, Ravenwell queda camino a la capital. Pero, si voy yo, que no soy
el heredero, a exigir dinero, ¿crees que me lo darán?”
Dwight
se sintió tentado pero dudó. Isaac respondió con una sonrisa radiante, como si
aquello no fuera un problema en absoluto.
“Qué
ingenuo es, joven amo. No funcionará si solo va y lo pide. Tendrá que presentar
documentos y solicitarlo en calidad de heredero de la familia del barón.”
“¿En
calidad de heredero...? ¿Me estás diciendo que falsifiquemos documentos para
engañar a la familia del conde?”
Dwight,
quien hasta entonces solo había causado problemas montando berrinches en su
propia casa, se sintió desconcertado por una propuesta tan seria. Isaac, con
una sonrisa astuta, convenció a su joven amo inmaduro.
“¿Engañar?
Piénselo, joven amo. Ellos no tienen nada que perder. Solo están adelantando un
poco el dinero que de todos modos debería ir a la familia del barón. Para la
familia del barón es igual. Usted simplemente está tomando la parte que le
corresponde por derecho.”
“Supongo
que es cierto.”
“¿Cuánto
tiempo le tomará al hijo mayor terminar sus asuntos en la embajada y regresar?
Si usted va primero a la familia del conde y vigila que no hagan nada indebido
con la herencia, ellos deberían estarle agradecidos.”
Como
Dwight era experto en justificarse a sí mismo, cayó rendido ante la tentación
de Isaac. Ir a la familia del conde, ser tratado como el heredero por un
tiempo, tomar una fortuna e irse a la capital. Era un plan magnífico.
“También
me llevaré a Selena.”
Bastaron
unos pocos días para planear y ejecutar todo. Isaac, como si hubiera encontrado
su verdadera vocación, falsificó a la velocidad del rayo un acuerdo declarando
al segundo hijo, Dwight, como heredero, y robó el sello del jefe de familia del
despacho del mayordomo para escribir la carta dirigida a la familia del conde.
Durante
esos días, Dwight visitó a Selena diariamente para convencerla de ir a la
capital con él. Ante la repentina propuesta, Selena reaccionó con frialdad al
principio.
“No
se burle de mí, señor Dwight.”
“Hablo
en serio, Selena. Estoy harto de este pequeño pueblo. ¿No lo estás tú también?
¿Escuchaste que el conde murió y nuestra familia heredará todo ese dinero?
Pienso pasar por la familia del conde camino a la capital para reclamar mi
parte. Será tanto dinero que podré darte una vida de lujos sin problemas.”
Dinero,
capital, lujos. Eran palabras que fácilmente estremecían el corazón de Selena,
quien estaba acostumbrada a coquetear con los hombres del pueblo. Además, no
pudo evitar sentirse atraída por el hecho de que el hijo del señor feudal,
quien ella pensaba que tenía una prometida, hubiera pensado primero en ella al
planear dejar su hogar atrás.
“...Está
bien. Pero a cambio, prométame que nunca volverá a jugar a las cartas.”
El
día antes de partir hacia la familia del conde, Selena finalmente aceptó la
propuesta de Dwight. Dwight dudó un momento ante la exigencia inesperada, pero
terminó asintiendo. Había tanto por disfrutar en la capital que los juegos de
cartas le parecerían insignificantes.
Selena,
una joven de diecinueve años, creyó ciegamente en las palabras de Dwight. Así,
empacó los vestidos y joyas que había acumulado como regalos, tomó el dinero
que su madre había recibido de un benefactor sospechoso y, de madrugada,
escaparon del feudo de Greymont evitando las miradas de los demás.
Sin
embargo, el viaje comenzó con dificultades desde el principio. Selena, que
esperaba un viaje más lujoso, terminó agotada de viajar todo el día en un
carruaje que traqueteaba sin parar.
Por
su parte, Dwight sintió que su entusiasmo se enfriaba al viajar largas
distancias con Selena; la encontraba demasiado habladora, a diferencia de
cuando solo bromeaban un poco y ella parecía ser solo altiva y orgullosa.
Como
no quería parecer sospechoso llevando a cualquier mujer, acordaron que ella
fingiría ser una noble, pero le molestaba que, a pesar de haberla instruido,
cada uno de sus gestos carecía de elegancia.
‘¿Es
corta de mente? Claramente le expliqué los modales de mesa ayer, ¿por qué deja
el tenedor haciendo ruido?’
Dwight
frunció el ceño con desdén mientras desayunaban en la posada, irritado por
Selena. Pero ella, sin leer el ambiente, se quejaba de que todo el cuerpo le
dolía por el carruaje y de que el viaje duraba más de lo pensado. Luego,
comenzó a bombardearlo con preguntas sobre cuánto faltaba para llegar a
Ravenwell y cómo sería la mansión del conde.
Para
Dwight, que siempre se había sentido resentido porque su padre solo llevaba a
su hermano cuando visitaba a la familia del conde, sentirse cuestionado así era
como tocarle su fibra más sensible. Cortó las palabras de Selena con un rostro
gélido.
“Tiene
demasiadas preguntas durante la hora de la comida, señorita Selena Morrow.”
Ante
las palabras de Dwight, Selena recordó que debía actuar como la “hija de la
familia Morrow” y cerró la boca. Aún así, su corazón se sintió pesado al notar
que la actitud de Dwight había cambiado mucho desde los días en que intentaba
ganarse su favor.
Un
silencio prolongado reinó en la mesa. Como Dwight no dijo ni una palabra durante
toda la comida, Selena, sin apetito, comenzó a tirar nerviosamente de un trozo
de pan que tenía en la mano. De repente, al recobrar el sentido, se dio cuenta
de que había dejado caer muchas migas sobre el dobladillo del vestido que había
guardado con tanto esmero para esa ocasión.
“Oh.
¡Ah...!”
Al
levantarse sobresaltada para limpiar las migas, Selena dejó caer su pañuelo al
suelo. En ese momento, un apuesto caballero apareció y recogió el pañuelo con
un movimiento suave.
Aunque
Dwight había estado molesto con Selena, al verla sonrojarse mientras agradecía
al hombre, se sintió igualmente irritado y lo miró con sospecha. Entonces, el
hombre le habló a Dwight con una sonrisa afable.
“¿Eh...?
¿No es el señor Dwight?”
“...¿Quién
es usted para conocerme?”
“¿Quién
entre nuestros compañeros de escuela no conocería al señor Dwight? Usted era el
objeto de admiración de todos.”
Dwight
nunca fue un estudiante ejemplar, pero entre los jóvenes estudiantes, los
alborotadores que lideraban las travesuras también solían ser objeto de
admiración en otro sentido. Sintiéndose halagado, Dwight respondió con
arrogancia:
“¿Fue
alumno de Saint Aldwyns College?”
“Ah,
sí, exactamente. Saint Aldwyns College.”
El
hombre de cabello negro sonrió con alegría y le tendió la mano a Dwight.
“Es
un placer volver a verlo. Soy Leon.”
Aquel
hombre, de palabra fácil, entabló conversación con Dwight y, tras mostrarse
cercano rápidamente, pagó sin dudar los gastos de alojamiento y comida tanto de
Dwight como de Selena.
Al
mismo tiempo, comentó que él también se dirigía a la capital pasando por la
zona de Ravenwell y preguntó si podían viajar juntos; Dwight aceptó de
inmediato. Dado que el viaje con Selena le estaba resultando más tedioso de lo
esperado, pensó que sería mucho más entretenido compartir el trayecto con
alguien que supiera seguirle la corriente.
“Tenemos
pensado quedarnos en la residencia del conde de Ravenwell cerca de un mes,
deberías alojarte allí también.”
“¿La
residencia del conde? ¿Es apropiado que un trotamundos como yo vaya a un lugar
tan distinguido?”
“Haga
como le digo. Nuestro joven amo tiene previsto heredar el condado de
Ravenwell.”
Isaac,
que era el único que se mostraba cauteloso ante el repentino compañero de
viaje, añadió aquello con tono autoritario, como indicándole a Leon que debía
servirles. Leon puso una expresión de haber comprendido —un “ah”—, y tras
esbozar una sonrisa ladina, subió al carruaje de la familia del barón.
El
viaje con la incorporación de Leon fue sin duda mucho más agradable, pero al
llegar a la residencia del conde, Dwight se hundió en una nueva frustración.
‘¿Qué
es este lugar?’
El
ambiente en la residencia del conde era excesivamente relajado y descuidado.
Quizás para otros fuera un ejemplo de austeridad, pero a ojos de Dwight, no
parecía una casa condal; la atención de los criados era burda y el mobiliario
carecía de valor.
Lo
único rescatable era que el hijo mayor, un omega, era una belleza que llamaba
la atención nada más verlo, pero Dwight se preguntaba de qué servía que un
hombre fuera tan hermoso. Estaba inquieto por si sus planes no saldrían como
esperaba.
“Joven
amo. Parece que en la residencia del conde hay escasez de dinero en efectivo.”
Como
era de esperar, Isaac, tras dar una vuelta por la casa, le trajo malas
noticias. Su plan original era alegar que necesitaba dinero urgente en la
capital para exigir una parte de la herencia, pero aquello complicaba las
cosas.
“¿Entonces
qué hacemos?”
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“Por
suerte, parece haber objetos de valor. He oído que la condesa, de la familia
Somerset, dejó muchas joyas.”
“¿Las
joyas de la condesa? ¿No son reliquias familiares? No creo que las entreguen
así como así.”
“Pero,
joven amo. No podemos volver con las manos vacías después de haber llegado
hasta aquí.”
Las
palabras de Isaac habían mutado: la excusa de ‘reclamar lo que nos corresponde’
se había transformado simplemente en ‘robar lo ajeno’. Dwight dudó un momento,
pero como ya había abandonado a su familia para llegar hasta allí, no había
vuelta atrás.
El
problema era cómo sustraer las joyas sin ser descubierto. El bobo del hijo
mayor, el omega, solo le mostraba lugares inútiles como la biblioteca o el
invernadero, pero nunca le permitía entrar en la habitación de la condesa, que
era lo importante. Mientras su irritación iba en aumento, por fortuna —o
desgracia—, Selena trabó amistad con la joven hija de la familia.
“Selena.
Hay algo que debes hacer por mí.”
Como
no podía hablar de eso delante de otros, Dwight la llamó al jardín en mitad de
la noche. Selena respondió de inmediato con aire altivo.
“Si
usted no cumplió su promesa, ¿qué espera que haga por usted?”
“¿De
qué estás hablando?”
“De
los juegos de cartas. Prometió que nunca volvería a jugar, ¿por qué rompió su
palabra? Vine aquí confiando solo en usted.”
¿A
qué venían esas molestias ahora? Dwight estaba estupefacto, pero pensó que
debía calmarla y le habló con la mayor suavidad posible.
“Como
te dije, en este aburrido agujero no había otra opción. Pero eso no es lo
importante ahora. Hay algo crucial que solo tú puedes hacer. Nuestro futuro
depende de ello.”
“...¿De
qué se trata?”
Ante
la voz seria de Dwight, Selena volvió a mostrarse vulnerable. Dwight se acercó
a ella y le susurró:
“Últimamente
te llevas bien con la hija de esta casa, ¿no? Haz lo posible por colarte en la
habitación de la condesa. He oído que hay joyas grandes en algún lugar,
asegúrate de encontrar el lugar exacto. A menos que los criados de esta casa
sean unos espantapájaros, no buscarán por toda la habitación, y si hace falta,
solo tenemos que entrar, tomar eso y salir discretamente.”
“¿Qué?
¿Por qué esas joyas...?”
“¿Acaso
hay otro lugar en este cuchitril de donde sacar dinero?”
Aunque
le resultaba extraño que Dwight le pidiera fingir ser noble o le dijera que
formalmente él sería el heredero, a esas alturas Selena se dio cuenta de que lo
que estaba haciendo era, sin duda, incorrecto.
“Señor
Dwight. No estará pensando en robar, ¿verdad?”
“¡¿Robar?!
¡Qué barbaridad es esa! Se supone que la familia Greymont heredará este
condado, y como yo soy un hijo de los Greymont, todo lo que hay aquí es
básicamente mío desde el principio.”
Ante
la desfachatez de Dwight, Selena pareció quedarse sin palabras. No sé sabe qué
le pasaba, pero ella no actuaba con la rapidez que Dwight esperaba. Apenas
logró poner un pie en la habitación de la condesa, pero puso mil excusas y no
reveló la ubicación de las joyas. En esas estábamos cuando:
“Me
volveré en carruaje con Sir Elwin.”
La
relación entre Selena y Dwight comenzó a fracturarse seriamente tras la fiesta
de té en casa de los Finch. Quizás porque le molestó ver cómo las mujeres de la
fiesta se acercaban a Dwight mientras la miraban a ella con recelo, Selena
empezó a comportarse de forma caprichosa y molesta.
‘No
puede ser, esta mujer no sirve. Para empezar, solo tenía una cara bonita, pero
no tenía distinción y hablaba demasiado.’
Cuando
ella llegó al extremo de interferir en el itinerario importante de reconocer el
camino corto a la estación, Dwight perdió todo interés en ella. Si no fuera por
la insistencia de Isaac de que no podía irse con las manos vacías, quizás la
habría dejado atrás y se habría ido a la capital solo.
En
medio de esa espiral de situaciones desagradables, lo único que le daba cierto
placer a Dwight eran los eventos sociales de los Finch. Antes le parecían
aburridos, pero allí le gustaba la sensación de que todos lo trataran como
“Conde, Conde”.
‘Parece
que el prestigio del conde es realmente grande. Aunque no creo que pueda llegar
a ser conde de verdad... ¿O tal vez sí?’
Si
Dwight fuera realmente el dueño de aquel feudo y aquella mansión, viviría mucho
mejor que yéndose a la capital con solo unas pocas joyas. Pensándolo bien, el
hijo mayor de la familia del conde, que a pesar de haber nacido en cuna de oro
se desvivía por sus criados y campesinos, era un tipo lamentable. Si él
estuviera en su posición, no actuaría así.
‘Bueno,
es verdad. Siendo el primogénito, es un omega, así que supongo que ese hombre
no tiene otra opción. Mmm. Un hijo mayor omega...’
Sentía
que se le ocurría una buena idea, pero durante mucho tiempo Dwight había
considerado a Elwin simplemente como un hombre exasperante y frustrante. El
momento en que comprendió la utilidad del primogénito de la familia del conde
llegaría mucho después. Fue justo en la fiesta nocturna de los Finch, mientras
Dwight jugaba alegremente a las cartas y Elwin se le acercó para decirle:
“Señor
Dwight, ¿no le gustaría dar un paseo conmigo por el jardín?”
Cualquiera
habría entendido que era un coqueteo. Ante tal propuesta repentina, Dwight se
quedó atónito. A pesar de los esfuerzos incansables de Elwin, hasta ese momento
Dwight no tenía ni idea de que Elwin intentaba seducirlo.
Aunque
pensaba que el rostro de Elwin era inusualmente hermoso, nunca se le ocurrió
que un hombre, por muy omega que fuera, pudiera ser objeto de tales
pretensiones. Para empezar, no le interesaba en absoluto observar su entorno.
“Vaya.
Se le ve todo a través de la mirada. ¿Debo admirar su esfuerzo?”
“Seguro
que está calculando cómo quedarse en el feudo si logra entrar en los favores
del señor Dwight. Parece creer que así podrá convertirse en condesa.”
Al
parecer, la gente del pueblo, mucho más astuta que Dwight, ya se había dado
cuenta de los intentos de Elwin. Entre las risas de los hombres en la mesa de
juego, Dwight sonrió torpemente como ellos, pero su mente trabajaba a toda
velocidad.
‘Ya
veo. Si nos casamos, Sir Elwin podría servir de nexo con la familia del barón,
y yo podría presentarme como el heredero legítimo sin tener que inclinar la
cabeza ante mi hermano. Por muy primogénito que sea, es más razonable que
herede el marido del hijo mayor que alguien que no tiene vínculo alguno con el
condado.’
Dwight
se llenó de esperanza ante la posibilidad de ser un conde de verdad. Al día
siguiente de regresar de la fiesta, le advirtió a Selena que se casaría con el
hijo mayor de la familia del conde y se establecería allí, así que ella debería
buscarse la vida, y comenzó a lanzar indirectas a Elwin inmediatamente.
Como
si su intención fuera decirle: ‘ya sé lo que sientes por mí, y en mi
generosidad, estoy dispuesto a aceptarte’. Sin embargo, una vez más, la
situación no fluyó según los deseos de Dwight.
‘¿Qué
es esto...?’
Lejos
de seguirle el juego, aquel omega bobo de la familia del conde, quien
supuestamente había sido el primero en mostrar interés, comenzó a retroceder
justo cuando Dwight adoptó una actitud de aceptación.
Dwight
empezó a desesperarse. Habiendo abandonado a Selena, ya no tenía forma de
encontrar las joyas de la condesa, y si el tiempo seguía pasando, era posible
que su hermano mayor, que estaba en el extranjero, se enterara de todas las
fechorías de Dwight. Tenía que poseer al hijo mayor del conde antes de que su
hermano llegara a Ravenwell.
‘Esto
es mejor para mí y también para este hombre. Este sujeto debería estar
agradecido de que haga esto por él.’
Incluso
mientras obligaba a Elwin a ingerir un estimulante del celo que Isaac había
conseguido apresuradamente y entraba por la fuerza en su habitación, Dwight
pensaba con total desfachatez. Elwin, que se resistía con todas sus fuerzas,
era un idiota de mente corta. Ni hablar de Leon, que era basura por
entrometerse como un plebeyo en los asuntos privados de su dormitorio.
“¡Ese
imbécil, cómo se atreve...! Ya veremos. ¿Cree que me quedaré de brazos cruzados
cuando termine esto?”
Lleno
de moretones y jadeando por la fiebre del celo que aún no se había disipado del
todo, Dwight escupía su furia mientras, al final, solo su confidente Isaac
permanecía a su lado.
Como
siempre, Isaac tenía más talento para idear planes que el propio Dwight. En la
mañana del último día en la residencia del conde, Isaac, con una expresión
astuta, le presentó el único método para que ambos salieran con vida.
“¿Qué
le parece, joven amo?”
“Mmm.
Si es eso... está bien. Hagámoslo hoy mismo.”
Desde
que llegaron a Ravenwell no le había salido nada bien, pero Dwight logró
ejecutar este plan con éxito. Sin embargo, ni siquiera Isaac, quien había
trazado el plan, pudo prever que Dwight lo abandonaría a su suerte en el último
momento.
‘Así
es. De todos modos, ya no hay vuelta atrás. Lo logré. Si lo logré, eso es todo
lo que importa.’
Para
alcanzar un gran logro, un pequeño sacrificio era inevitable. A fin de cuentas,
gente de origen humilde como Isaac o Selena no podían ser obstáculos en su
vida.
Cuando
el atardecer, rojo como la sangre, comenzó a desvanecerse lentamente, Dwight se
calmó y buscó en el bolsillo interior de su chaqueta, jugueteando con el objeto
que había sacado de la casa del conde. Si vendía eso al llegar a la gran
capital, podría divertirse sin preocuparse por el dinero durante un buen
tiempo.
Al
pensar en vivir tranquilamente en un lugar sin sermones ni estorbos, una
euforia tan grande que eclipsaba cualquier rastro de culpa se extendió por el
corazón de Dwight.
¿Por
qué debería preocuparse por la conciencia de un noble? Ni siquiera en su propia
casa lo trataban como a un miembro de la familia. La idea de que su padre y su
hermano, que tanto lo habían despreciado, se horrorizarían al enterarse de lo
que había hecho, le provocaba una satisfacción retorcida.
Dentro
del tren, que era absorbido por la oscuridad, una sonrisa sombría apareció en
el rostro de Dwight.
*
* *
De
vuelta en el salón de la mansión condal, tras escuchar el relato de Selena
sobre cómo dejó Greymont para venir aquí, los empleados que la rodeaban
quedaron profundamente conmocionados. Si bien ya sospechaban que ella no era
una noble, quedaron horrorizados al saber que Dwight en realidad no era un
heredero y que su objetivo eran las joyas de la condesa.
“Lo
siento de todo corazón. Le confesé todos mis pecados al juez. Sé que no podrán
perdonarme, pero pagaré por mis crímenes de la forma que sea.”
“No,
¿acaso basta con decir que lo siente? Hemos tratado a alguien que no era
heredero, y además a un ladrón, como a un invitado de honor.”
“Y
pensar que fuimos tan amables con él mientras, a nuestras espaldas, planeaba
robar las joyas...”
Ante
la reprimenda de los empleados, Selena bajó la cabeza, temblando intensamente
con el rostro pálido.
“Cometí
un pecado imperdonable. Fue aquí donde por primera vez me trataron con tanta
cortesía y donde pude aprender algo... Por eso, aunque Dwight me presionó,
nunca pude decirle dónde estaban las joyas. Cada vez que me interrogaba,
pensaba en la señorita Eleanor, que es como un ángel, y no podía...”
Selena
sollozaba, realmente angustiada. Elwin asintió con una expresión amarga.
“Entiendo
sus sentimientos, señorita Selena. Y seguramente usted tampoco sabía nada de lo
ocurrido anoche ni hoy, ya que después de la fiesta en casa de los Finch,
apenas si ha vuelto a hablar con el señor Dwight.”
“Así
es, Sir Elwin. O mejor dicho, joven amo. No me imaginé ni en sueños que ese
sinvergüenza se atrevería a hacerle algo así a usted. Dijo que se dirigía a la
capital, ¿verdad? ¿No podrían atraparlo si lo persiguen ahora mismo? Yo
testificaré en el juicio. Contaré todas sus maldades para que ese sujeto pague
por lo que hizo.”
“Está
bien. Sea como sea... partiré hacia la capital mañana temprano.”
El
tren que tomó Dwight era el último del día que salía de la estación de
Ravenwell, y llegar a caballo a la capital tomaba al menos una semana sin
descanso. Tomar el tren de conexión a la mañana siguiente era la forma más
rápida. Cuando Elwin terminó de hablar, Toby se levantó de un salto y preguntó:
“Prepararé
todo de inmediato. Debo ir con usted, ¿verdad? ¿Quién más nos acompañará?”
“No.
Será mejor que vaya solo.”
Por
mucho que Elwin apreciara a Toby, siendo sincero, no era el compañero más
adecuado para una situación que requería rapidez y cautela. Además, la mansión
estaba falta de personal.
“Durante
un tiempo, el agente de policía vendrá a menudo, lo cual será una molestia, y
además se necesita gente para cuidar a los heridos. Todos ustedes quédense en
la mansión y cumplan con sus deberes.”
“Aun
así, ¿no es peligroso que vaya usted solo, joven amo?”
Ante
la pregunta de Toby, Elwin se quedó sin palabras. Siempre se había considerado
un joven que montaba bien a caballo y tenía suficiente fuerza, pero tras lo
vivido la noche anterior, su confianza se había tambaleado. Justo cuando dudaba
sin encontrar una respuesta, alguien intervino.
“Yo
lo acompañaré.”
Quien
rompió el breve silencio fue, una vez más, Leon. Al cruzar miradas con él,
Elwin sintió que la ansiedad que lo envolvía, como caminar sobre hielo fino, se
disipaba un poco.
Ya
fuera cuando apareció para salvarlo la noche anterior, o cuando lo rescató
durante la persecución a caballo de hoy, Elwin siempre sintió alivio, como si
el mejor apoyo posible hubiera llegado para ayudarlo.
Quería
asentir con alegría de inmediato, pero dudaba por la apariencia. Un hijo
soltero de una familia noble omega viajando a solas hasta la capital con un
alfa de procedencia desconocida... si el señor Alfred estuviera despierto, le
daría un infarto. Además, temía que los empleados se ofendieran si decía que
confiaba más en un huésped de apenas un mes que en ellos, pero Toby, sin
pensarlo, aplaudió con entusiasmo.
“¡Si
es con el señor Leon, puedo estar tranquilo! Él debe conocer bien la geografía
de la capital y seguramente tendrá conocidos a quienes pedir ayuda.”
Afortunadamente,
el resto de los empleados parecían pensar lo mismo y asintieron con
satisfacción. Elwin dijo con cautela:
“¿No
será demasiada molestia para el señor Leon? Ya me ha ayudado tanto...”
“En
absoluto. Si puedo ser de ayuda para Sir Elwin, para mí es un gran placer.”
Aunque
por fuera sonaba como la exagerada amabilidad que él siempre mostraba, Elwin
pudo leer la sinceridad en sus profundos ojos.
“Gracias.
Me alegra mucho que usted esté conmigo. Entonces, el método más rápido para
llegar a la capital es...”
“Tomar
el primer tren mañana hacia Westbury y, desde allí, tomar el tren nocturno a la
capital.”
El
hecho de que Leon respondiera instantáneamente a lo que Elwin iba a decir
aumentó aún más su confianza en él. No esperaba encontrar a alguien que, como
él, llevara los mapas ferroviarios del país en la cabeza.
“Exacto.
Entonces podríamos llegar a la capital durante la mañana de pasado mañana. Eso
nos da un día de retraso respecto a Dwight...”
Había
oído que la capital era enorme, y un día era un tiempo más largo de lo que
pensaba. Durante ese margen, Dwight podría esconderse en cualquier lugar o
causar más estragos. Elwin reunió toda su determinación y dio instrucciones a
sus empleados.
“Primero,
tan pronto como amanezca, envíen un telegrama a las comisarías de Ravenwell y
de la capital para solicitar la búsqueda y captura de Dwight, y reporten
también los artículos robados. Hagan lo mismo en las ciudades clave que Dwight
podría transitar hasta la capital.”
“Eh,
joven amo, por cierto... ¿a qué se refiere con esos artículos robados?”
Dale,
el encargado de las finanzas, al ser un empleado de largo tiempo, conocía muy
bien los asuntos de la familia noble. Aunque Elwin no lo mencionó, parecía
haber adivinado qué era lo que Dwight había sustraído de la caja fuerte del
mayordomo. Como Elwin dudaba si responder, el imprudente Toby se adelantó:
“Es
cierto, joven amo. ¿Qué es lo que se llevó Dwight? El señor Alfred estaba muy
preocupado, diciendo que como le robaron eso de la caja fuerte, no tendría
rostro para mirar al conde anterior ni a la condesa, y que debía entregar su
vida por ello.”
“¿N-no
serán las joyas de la condesa, verdad? Yo realmente nunca le dije dónde
estaban.”
En
ese momento, Selena se puso pálida y quiso confirmar el destino de las joyas.
Elwin, como un caballero, decidió aliviar primero la angustia de la dama.
“No,
no son las joyas. El objeto que Dwight se llevó es...”
A
excepción de Dale, los demás empleados parecían no tener idea de qué era lo
robado. Sin embargo, en sus rostros, que hasta hace poco estaban llenos de
ansiedad, brotó una chispa de esperanza. Al ver a Elwin dando instrucciones con
tanta determinación, empezaron a confiar en que su brillante joven amo
superaría esta crisis también.
Sentía
que era una vergüenza dar noticias tan graves ante tantas personas que
dependían de él. Pero como no sabía mentir, Elwin, tras mover los labios con
pesadez, finalmente reveló la verdad.
“Es
el sello del cabeza de familia y la escritura de propiedad de las tierras de
Ravenwell.”
Zas.
Si se permite una pequeña exageración, Elwin pudo escuchar con sus propios oídos
cómo la sangre se retiraba del rostro de cada persona presente en la habitación
en aquel instante.
“¡Joven
amo, que le vaya muy bien!”
“¡Usted
puede lograrlo, joven amo! ¡Confiaremos en usted y lo esperaremos!”
A
primera hora de la mañana siguiente, los empleados de la casa condal se
reunieron en una multitud ruidosa frente a la mansión de Ravenwell. Estaban
allí para despedir a Elwin, quien partía apresuradamente hacia la capital.
Aunque
forzaban una sonrisa para que el joven amo no se sintiera desanimado, todos los
empleados tenían un semblante sombrío y demacrado. Parecía que ninguno había
podido dormir esa noche debido a la preocupación.
El
destino de la familia condal, que se enorgullecía de su historia y tradición,
estaba pendiendo de un hilo. Al llevarse el sello del cabeza de familia y la
escritura de propiedad de las tierras, Dwight, en teoría, tenía el poder de
decidir sobre cualquier aspecto de la propiedad.
Podría
dividir el feudo en diez o cien pedazos para venderlos a cualquier gentuza, o
incluso disponer de la mansión. Además, en la época actual, hasta los títulos
nobiliarios eran objeto de compraventa.
Por
supuesto, no siendo una transacción de poca monta, no sería fácil encontrar un
comprador rápidamente, y aunque lo encontraran, lógicamente ellos también
investigarían si Dwight era realmente un miembro de la familia condal, por lo
que no era probable que el patrimonio se esfumara de la noche a la mañana.
‘Hablando
de lógica... han ocurrido demasiadas cosas que se salen de la lógica. Debo
darme prisa.’
En
momentos así, era necesario prepararse incluso para el peor escenario. De
hecho, los empleados de Elwin ya estaban contemplando ese peor escenario.
Muchos
de ellos habían sufrido pesadillas durante la noche en las que un rufián
desconocido irrumpía y declaraba que el dueño de la casa había cambiado. Era
como si el miedo que había surgido tras el fallecimiento del conde hubiera
tomado una forma más violenta y repentina.
Elwin,
que también había pasado la noche en vela, tenía profundas ojeras bajo sus
bellos ojos. Toby se acercó rápidamente a la primera fila de empleados para
arreglar por última vez el aspecto de su amado joven amo.
“¿Cómo
puede ser tan hermoso nuestro joven amo incluso en un día como este? La capital
está hacia el norte y será más fría, así que asegúrese de llevar la bufanda
bien atada. Aquí tiene, tome su equipaje.”
El
bolso que Toby le había preparado era tan grande que uno se preguntaría si era
una maleta de viaje o una mudanza entera.
“¿Qué
es todo esto?”
“Bueno,
¿no es obvio que debe llevar ropa, ropa interior, guantes y pañuelos de sobra?
También debe llevar medicina de emergencia y bocadillos, además le he guardado
pantuflas portátiles y perfume, y por si acaso, un abrigo para eventos
sociales...”
Elwin
pensó que no necesitaba tanto equipaje, pero el tiempo para el tren era
demasiado justo como para deshacer y volver a empacar. Además, en ese preciso
momento, Leon apareció y levantó con facilidad la maleta que Toby había dejado
en el suelo.
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“Realmente
son cosas necesarias. Yo se las cargaré.”
Los
empleados, que ya se habían hecho amigos de Leon, se acercaron para despedirse
pidiéndole que “cuidara bien del joven amo” y que “volviera a visitarlos”.
Leon, tras terminar sus saludos con naturalidad, miró a Elwin y sonrió.
“Entonces,
¿nos vamos?”
A
diferencia de Elwin, que no había dormido bien, la sonrisa de Leon era fresca
como siempre. Su vestimenta, más ordenada y sencilla de lo habitual por el
largo viaje, le quedaba muy bien.
“Ejem,
ejem. Vamos.”
Elwin
cayó en cuenta de repente de que iba a emprender el viaje a solas con Leon.
Para evitar que notara su rostro, que empezaba a sonrojarse, subió
apresuradamente al carruaje y le pidió disculpas:
“Me
dijeron que solo quedaban boletos de segunda clase debido a la urgencia. Usted
se ofreció gentilmente a ayudarme, pero lamento que el trato sea tan
deficiente.”
Leon,
ignorando que llevaba un reloj con una piedra preciosa incrustada, se encogió
de hombros con total naturalidad.
“Por
mi parte no hay problema, pero... ¿alguna vez ha viajado en segunda clase, Sir
Elwin?”
“Ejem,
no. De hecho, esta es apenas la segunda vez que viajo en tren en toda mi vida.”
Ante
la respuesta inocente de Elwin, Leon puso una sonrisa compasiva, como si fuera
una lástima. Elwin, al notar que lo trataba como a un niño, se irritó un poco a
pesar de la situación.
“No
soy un joven amo tan mimado. Segunda clase es pan comido. Toby me dijo varias
veces que había viajado en segunda clase y que era bastante similar a la
primera.”
“Hm...
tiene razón. Es bastante similar.”
Como
Leon seguía hablando con un tono que parecía burlarse de él, Elwin decidió no
discutir más. Solo se prometió a sí mismo demostrar que podía viajar en tren
con entereza.
Ni
la multitud en el andén, ni el estruendo del tren que parecía sacudir la tierra
eran ya un problema tras el entrenamiento del día anterior. Elwin se mantuvo
firme y entró al tren con dignidad.
Como
decía Toby, el vagón de segunda clase parecía similar al de primera a simple
vista. Aunque un poco más estrecho, la distribución era igual: espacios
divididos por mamparas, cortinas caídas y dos asientos frente a frente.
Sin
embargo, Elwin, nacido y criado como noble, notó al instante las diferencias
ambientales: cortinas desgastadas, puertas de madera con la pintura
descascarada y olor a carbón. Aunque se sintió momentáneamente desconcertado,
buscó su asiento con calma. El asiento duro chirriaba y una brisa fría se
colaba por las rendijas de la ventana.
“Ejem,
ejem... está bien.”
Mientras
Elwin intentaba fingir que todo estaba bien, Leon dejó las maletas sobre los
asientos vacíos. Como Toby había empacado tanto, dos maletas llenaron un
asiento por completo. Leon se encogió de hombros y señaló el asiento donde
estaba Elwin.
“Como
el espacio es estrecho, tendré que sentarme ahí también. Me sentaré en el lado
del pasillo. Soy de los que sienten mucho calor.”
“Ah,
pero... es que quería ver por la ventana.”
Elwin,
aunque intimidado por el entorno desconocido, miraba con curiosidad. Leon
sonrió con ternura ante esa reacción y se quitó el abrigo.
“Entonces
hagamos esto. Como siento mucho calor, ¿podría levantarse un momento?”
Cuando
Elwin se levantó, Leon se quitó el saco, usó su abrigo para cubrir el asiento y
el respaldo de Elwin para hacerlo más mullido, y enrolló su chaqueta para tapar
el marco de la ventana por donde se colaba el viento. Elwin agitó las manos,
avergonzado.
“No
puedo sentarme sobre su abrigo, Leon.”
“No
malinterprete. Mi abrigo está muy limpio.”
“No,
no es que piense que está sucio, es que...”
“Si
no es eso, por favor, siéntese.”
Como
parecía que no escucharía razones, Elwin, con cierta vergüenza, se sentó sobre
la ropa de Leon. En el momento en que sintió la calidez de las prendas mullidas
y el aroma agradable, el tren se puso en marcha.
El
paisaje fuera de la ventana comenzó a alejarse rápidamente de los campos que
Elwin conocía. Ríos, colinas, torres de iglesias y chimeneas de fábricas.
Lugares que nunca había visto aparecían ante sus ojos uno tras otro.
Cuando
el ruido del tren se volvió habitual, empezó a escuchar las conversaciones del
vagón de al lado. Al parecer, la persona sentada al otro lado de la pared era
alguien que comerciaba en la ciudad y se quejaba de que le habían estafado una
gran suma de dinero tras una transacción con pagarés. El zapatero sentado a su
lado se lamentaba de que el precio del cuero estaba disparado.
Eran
problemas tan graves que hasta Elwin sintió preocupación al escucharlos, pero
pronto los vio compartir sus bocadillos y bebidas mientras reían a carcajadas.
Había un aire de vida cotidiana en el sonido de las maletas, el descorche de
una botella y las risas bruscas tras quejarse de que el té se había enfriado.
El
mundo que Elwin solo había visto en libros y mapas existía realmente allí. En
otras palabras, puede que Elwin no hubiera visto el mundo real hasta ese
momento.
“Pensándolo
bien, creo que sí soy un joven amo mimado.”
¿Cuánto
tiempo habría estado mirando por la ventana? Elwin murmuró esto con voz algo
exaltada y, a la vez, intimidada. Leon, extrañado por la repentina confesión,
le preguntó:
“¿Por
qué dice eso de repente?”
“Es
solo que... no he salido muy lejos de casa y todo me resulta extraño. Es verdad
que casi nunca he dejado mi hogar y que no sé mucho del mundo, ¿no? Si lo
hubiera conocido mejor...”
Si
Elwin hubiera estado más familiarizado con el mundo, quizás no habría sido
engañado por Dwight. Durante toda la noche anterior, Elwin no solo había estado
preocupado por las futuras acciones de Dwight, sino que también había caído en
una profunda autohumillación por no haber advertido sus artimañas desde el
principio.
Solo
había sospechado que Dwight quizás no era un noble, pero jamás se le cruzó por
la cabeza que un verdadero segundón de una familia noble se atreviera a
falsificar documentos para usurpar su patrimonio. ¿Sería porque siempre había
creído firmemente que, a mayor estatus, más justo y moral debía ser el
comportamiento de una persona?
Aun
siendo el mundo tan vasto y sus habitantes tan variados, y aun sabiendo que ni
el mundo ni las personas tienen una sola cara, su falta de profundidad al
pensar terminó por poner a su familia en peligro.
Mientras
Elwin se sumía en el remordimiento, Leon observaba sus ojos con expresión
tierna. Tras pensarlo un momento, se lanzó a hablar.
“¿Quiere
que le cuente un poco sobre mi familia?”
“¿...Sobre
la familia del señor Leon?”
Elwin
se sintió intrigado. Aunque hace un momento estaba sumido en una profunda
preocupación, nunca antes Leon había hablado de sus sentimientos o de su
identidad, por lo que era natural que despertara su curiosidad.
Al
ver que Elwin asentía, Leon sacó unos trozos de chocolate de la parte superior
de su maleta, se los entregó a Elwin y, girando su cuerpo hacia él, comenzó a
hablar.
“Tengo
dos hermanos mayores. El primero es minucioso, posee dotes de mando y, ante los
ojos de cualquiera, es alguien digno de ocupar el lugar del primogénito. Sigue
fielmente los estrictos deseos de nuestra madre... es un hermano admirable.
Luego, el segundo hermano es muy sabio y amable, aunque siempre tuvo una salud
delicada.”
“Vaya...”
“Aun
así, tras casarse tarde con una pareja inteligente, su salud ha mejorado
bastante. Y yo, como habrá adivinado, siempre fui la oveja negra de la
familia.”
Mientras
masticaba el chocolate, Elwin negó con la cabeza instintivamente, como
diciendo: ‘¿No es verdad?’. Leon soltó una risita, encontrando adorable su
reacción.
“Yo
también estuve atrapado en una preocupación similar a la que tiene usted ahora.
Hasta que alcancé la mayoría de edad, apenas podía salir de casa. Me sentía
impaciente y asfixiado. Sabía que el mundo real estaba ahí fuera, y me aterraba
la idea de que, si me quedaba encerrado entre muros, terminaría convertido en
un estúpido lleno de prejuicios.”
“...”
“Mi
madre y mi hermano mayor desaprobaban esa actitud. Decían que la verdad se
puede alcanzar donde sea, si uno realmente desea encontrarla. Si no hubiera
sido por el apoyo activo de mi segundo hermano, no lo habría superado. Él, que
no podía salir a pasear tanto como quisiera, supongo que deseaba que yo lo
hiciera por él.”
Leon
también abrió un envoltorio de chocolate y, mientras masticaba, continuó:
“Así
fue como obtuve la libertad de viajar por todo el mundo. Vi muchas cosas y viví
muchas experiencias. Llegué al punto de creerme un hombre que lo sabía todo
sobre el mundo. Fue un error arrogante. Ahora me doy cuenta de que mi madre
tenía razón. No es que uno no pueda ver lejos por quedarse en un solo lugar,
sino que yo recorrí el mundo entero y aun así no pude deshacerme de mis
prejuicios.”
“¿El
señor Leon...?”
Cuando
Elwin se atrevió a preguntar en voz alta, Leon asintió con una expresión
humilde.
“Creo
que el señor Leon es una persona sincera y sabia.”
Para
evitar que se sintiera desanimado, Elwin se apresuró a añadir eso. No eran
palabras huecas, ya que Elwin era alguien incapaz de mentir con soltura.
“¿Incluso
después de que me comportara de forma grosera la primera vez que nos vimos?”
Ah,
es cierto. Como le costaba mentir, Elwin se quedó paralizado de forma evidente.
Pensó que, si Leon hubiera dicho en ese momento que era la “oveja negra de la
familia”, él habría pensado: “Por supuesto que sí”.
Ante
la transparente expresión de Elwin, Leon estalló en carcajadas. Aunque Elwin se
sintió un poco avergonzado de que le leyeran tan bien, le gustó ver esa risa
franca y no pudo evitar sonreír también. En ese instante, el tren se detuvo en
la segunda estación.
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Elwin
observó con curiosidad el ir y venir de los pasajeros. Sin embargo, incluso
después de que todos hubieran subido, el tren permaneció inmóvil durante un
buen rato. El movimiento apresurado de los ferroviarios no presagiaba nada
bueno.
Mientras
se sentía inquieto, vio a los pasajeros de primera clase bajar al andén uno por
uno. Intuyendo que algo pasaba, abrió la puerta del vagón para mirar afuera y,
justo entonces, un revisor se acercó al compartimento de Elwin.
“Disculpe,
señor. El tren tiene un problema y debemos detenernos aquí.”
“Detenerse...
¿por cuánto tiempo?”
“No
lo sé. Se ha roto una pieza importante y la reparación llevará su tiempo. Será
mejor que bajen y esperen.”
Al
escuchar esas palabras, el corazón de Elwin dio un vuelco. Aún faltaban cuatro
estaciones para Westbury, su destino, y le quedaban al menos tres horas de
viaje. El tren que conectaba Westbury con la capital salía a las siete de la
tarde. Si la demora era larga, existía el riesgo de perder la conexión.
“¿Bastarán
tres o cuatro horas para la reparación?”
Ante
su pregunta ansiosa, Leon ofreció una respuesta aún más desalentadora.
“No
lo sé. Podría ser, pero por el hecho de que estén haciendo bajar a todos los
pasajeros, parece que será algo largo. Además, por experiencia, un tren que ha
sufrido una avería suele dar problemas otra vez antes de llegar a su destino
final, aunque lo reparen temporalmente.”
Elwin
se mordió el labio. Sabía que los retrasos eran frecuentes en los viajes en
tren, pero no esperaba que le ocurriera a él. Y menos en un momento tan
crítico.
‘Si
tengo suerte, quizás... pero no puedo depender de la suerte en este momento.’
Si
perdía el tren en Westbury esa noche, el siguiente hacia la capital no saldría
hasta dentro de dos días. Elwin repasó mentalmente los horarios ferroviarios de
todo el país que tenía memorizados.
“¿Será
mejor buscar otro método? Estamos en la estación de Dunford... no hay tren
directo desde aquí hacia la capital. En cuanto a trenes de conexión...”
“¿Qué
me dice de Adlington?”
“Adlington
tiene un tren directo a la capital cada mañana, pero... no hay conexión
ferroviaria entre Dunford y Adlington.”
“¿Y
si vamos a caballo? Si galopamos con determinación desde ahora, llegaremos a
Adlington al anochecer.”
Los
ojos de Elwin brillaron ante la propuesta de Leon. Si tomaba el tren en
Adlington mañana temprano, podría llegar a la capital por la tarde. Aunque
sería un poco más tarde que el plan original, era preferible a quedarse de
brazos cruzados y enfrentarse al peor escenario.
“¡Es
una gran idea, vamos!”
Cuando
Elwin se levantó de un salto, el abrigo de Leon que había quedado bajo él cayó
al suelo. Con el rostro encendido de vergüenza, Elwin sacudió el polvo del
abrigo, se lo entregó a Leon y se apresuró a recoger sus pertenencias.
Tras
bajar en la estación, ambos comieron algo rápido y alquilaron caballos en la
posta. Pensaron que llegarían en tres o cuatro horas, pero como Elwin llevaba
el peso de las maletas en las alforjas y, además, apenas había dormido la noche
anterior, su energía se agotó rápidamente. Tras hacer varias paradas para
descansar, llegaron a Adlington en plena noche.
“Ha
sido un gran esfuerzo, Sir Elwin.”
“Ah...
aun así, qué alivio haber llegado sanos y salvos. Es una fortuna entre tanta
desgracia.”
Aunque
estaba cubierto de polvo y agotado, Elwin suspiró aliviado al pensar que había
logrado sortear la mala suerte de la “avería del tren”. Leon, con una actitud
experta, devolvió los caballos y cargó con las maletas, diciendo:
“Como
estará cansado, deberíamos buscar alojamiento cuanto antes.”
Ah,
el alojamiento. Elwin, que solo tenía en mente la idea de llegar a la capital,
abrió los ojos de par en par ante esa palabra. Si querían pasar la noche en
Adlington y tomar el tren de la mañana siguiente, debían hospedarse en algún
lugar, a menos que quisieran dormir a la intemperie.
Nuevamente,
si Alfred estuviera en sus cabales, se habría opuesto rotundamente a que un
noble omega soltero como Elwin viajara acompañado hasta la capital por un alfa
como Leon. Si supiera que debían compartir el alojamiento durante una noche, es
posible que se hubiera sentado a llorar desconsoladamente.
‘...Como
puedo reservar habitaciones separadas, estará bien.’
Aunque
sintió un ápice de culpa, Elwin asintió tratando de mantener la calma. Ambos se
dirigieron a una gran posada cerca de la posta. Al ser un punto estratégico
desde donde salían trenes hacia la capital todos los días, la posada era grande
y parecía decente.
Elwin
se sintió aliviado pensando que habría varias habitaciones disponibles, pero la
mala suerte, una vez que comienza, tiende a repetirse.
“Por
favor, deme dos habitaciones. Si es posible, que sean buenas. También cenaremos
aquí.”
Leon,
quizás consciente de algo, se aclaró la garganta varias veces al llegar al
mostrador y pidió las habitaciones con un tono de voz extremadamente educado.
El posadero, que escribía afanosamente en el registro, respondió sin la menor
vacilación:
“Solo
queda una habitación.”
“¿Cómo...?”
Elwin,
sorprendido, se inclinó hacia adelante, y el posadero, sacudiendo la pluma para
quitarle el exceso de tinta, levantó la cabeza:
“Es
día de mercado y la posada está llena. Solo queda una habitación con una cama.
Es lo suficientemente grande para que duerman dos hombres adultos sin
problemas, ¿no les sirve?”
< Continuará en el volumen 3 >
