5. Los Magos de la Zona Neutral (2)

 


5. Los Magos de la Zona Neutral (2)

 

El caballo galopaba a una velocidad moderada. Para los estándares de Lucien, era un simple paseo, pero para Kosha la situación era distinta. La última vez que montó a caballo tenía seis años. Gracias a que le habían enseñado con rigor desde muy pequeño, la postura estaba grabada en su cuerpo, pero no estaba acostumbrado a la velocidad.

Afortunadamente, el caballo blanco estaba bien entrenado y era muy estable, y Lucien era alguien capaz de mantenerse firme sobre un caballo al trote incluso sin sujetar las riendas. Manejaba al animal con destreza con una mano mientras con la otra sostenía a Kosha.

Para cuando salieron de la zona boscosa a las afueras del pueblo y empezaron a recorrer la vasta llanura de Osterbelt, el cuerpo de Kosha se relajó un poco. Lucien lo notó por el contacto de los omóplatos delgados presionando contra su pecho. Esa sensación de peso entregado sin defensas le arrancó una pequeña sonrisa.

La llanura se extendía teñida de tonos dorados y rojizos propios del otoño tardío. Había campos de trigo, maíz, soja y los viñedos típicos de la región central de Iseland. No había nadie siguiéndolos de cerca; a lo lejos se veían siluetas de campesinos trabajando, pero eran solo parte del paisaje. El aire era fresco y apenas soplaba viento. El cielo azul estaba adornado con nubes que parecían pintadas.

Había elegido un buen día. Si hubiera llovido, no habría valido la pena salir así. Bueno, él siempre había tenido esa pequeña suerte de su lado. Lucien tiró de las riendas para reducir la marcha. El mago en sus brazos giró la cabeza con extrañeza para mirarlo. La curva de su mejilla, de su nariz, de sus labios y mentón, incluso la de sus pestañas, atraían su atención de forma excesiva. Era un magnetismo más fuerte que el del horizonte de la llanura de Osterbelt.

Así que... sintió ganas de molestarlo un poco.

“¿Por qué está tan callado?”.

Kosha parpadeó sin entender la intención de la pregunta. Él siempre era callado. Su niñera le había contado una vez que, como era tan manso y dulce desde bebé, sus hermanos siempre se aprovechaban de él.

“¿En qué confiaba para subirse conmigo al caballo? ¿Sabe a dónde podría llevarlo?”.

“... ¿No vamos a casa?”.

Más que ‘subirse con él’, era el otro quien lo había subido a la fuerza. Además, si alguien debería preocuparse por un secuestro, ¿no sería Lucien? Porque Kosha era un mago. Podía ir a donde quisiera. Lucien sonrió de lado y volvió a preguntar.

“¿Casa? ¿Y dónde es eso?”.

“Eh... ¿en el ala oeste de la muralla interna de Ostbrahe?”.

Para ser un mago que solía decir disparates, dio una respuesta muy acertada. Lucien se sintió satisfecho de que el mago hubiera aceptado su situación. Sí, ahora el mago viviría en su castillo, independientemente de si lograba desintoxicarlo o no. Pensar en eso lo relajó.

“Hm, lo sabe bien. Así es. Vamos a casa”.

Dijo ajustando las riendas.

“Pero ya que hemos salido...”.

Con lo difícil que era liberar un día entero de su agenda, ¿cómo iba a desaprovecharlo?

“Aprovechando que estamos fuera, le enseñaré algo bueno”.

En realidad, lo de los gansos era una especie de excusa. No esperaba que los animales siguieran en aquella casa. Su plan era salir del castillo, echar un vistazo al pueblo donde vivía el mago, aprovechar que este estaría triste por perder a sus gansos para deshacerse de la casa definitivamente, y luego consolarlo prometiéndole gansos nuevos mientras lo llevaba a pasear para que se despejara. Tenía que ganarse su favor, después de todo.

Aunque el hecho de que los gansos sí estuvieran allí lo desconcertó un poco, no había razón para cambiar sus planes. ‘Es incluso mejor’, pensó Lucien. Ahora tenía rehenes. Con lo mucho que quería a esos gansos, el mago no se iría a ninguna parte.

“¿Algo bueno?”.

Preguntó Kosha con desconfianza. Lucien solo sonrió en lugar de explicar.

La región central de Iseland, donde se encuentra la capital, es una vasta llanura con colinas intermitentes. Ostbrahe, que comenzó como una fortaleza militar en este tipo de terreno, fue construida aprovechando una de esas colinas. Era el típico castillo antiguo donde la tierra extraída al cavar el foso se acumulaba en la colina trasera para construir sobre ella una torre de vigilancia o ciudadela.

Sin embargo, para cuando el castillo principal se expandió tanto que fue elegido como capital del nuevo reino, la colina trasera dejó de tener sentido defensivo. Una colina desde la que se domina toda la ciudad sigue siendo un punto estratégico, pero si se llegara al extremo de tener que usarla con fines militares, significaría que el destino del reino ya estaba sellado. Por lo tanto, su valor práctico era escaso.

En conclusión, ese lugar permanecía ahora como un terreno baldío propiedad de la familia real, con acceso restringido.

Era un lugar bastante amplio, con un bosque bien cuidado y poblado por corzos y zorros, por lo que se utilizaba principalmente para las partidas de caza reales; nadie más que los guardas solían transitar por allí. La antigua ciudadela apenas conservaba su forma original y servía como refugio temporal para el guardabosques.

En lugar de dirigirse hacia las puertas principales de Ostbrahe, giraron siguiendo la muralla. El mago miraba a su alrededor con la curiosidad inquieta de un niño en un lugar desconocido. Guardaba silencio, aunque bien podría haber preguntado a dónde se dirigían.

Por supuesto, Kosha callaba imbuido de un pensamiento puramente de mago: sabía que podía regresar a casa en cualquier momento si así lo deseaba. Sin embargo, ese silencio incomodaba a Lucien; le daba la impresión de que, si alguien lo engatusara con promesas de llevarlo a un lugar bonito, el joven se dejaría arrastrar sin más.

El camino que subía por la colina estaba custodiado en cada tramo por soldados del rey, pero Lucien conocía la zona palmo a palmo tras haber liderado decenas de cacerías. Tras acelerar el paso junto a un arroyo poco transitado, Lucien tiró de las riendas y espoleó al caballo. El animal, un semental blanco bien entrenado, saltó una distancia considerable. Un brazo robusto rodeó los hombros de Kosha para mantenerlo firme ante el sobresalto. Lucien susurró para calmarlo.

“Este lado es el más descuidado. No estaría bien que nos descubrieran”.

Añadió. Kosha no entendía muy bien a qué se refería, pero asintió mientras intentaba calmar los latidos de su corazón.

El caballo blanco ascendió por una pendiente fuera de los senderos. Los árboles y matorrales eran tan espesos que resultaba difícil calcular el tiempo o la ubicación. De repente, tras atravesar un arbusto, el bosque terminó y todo se iluminó. Mientras Kosha entrecerraba los ojos, Lucien saltó del caballo y, con agilidad, tomó al mago en brazos para ayudarlo a bajar.

“Venga por aquí”.

Le indicó. Habían llegado a la cima, donde la vieja torre de la ciudadela se alzaba solitaria.

Lucien llevó a Kosha hacia un borde escarpado, casi un precipicio. Un mal paso allí y no quedarían ni los huesos. Desde ese punto... todo se veía.

El extremo del ala oeste del castillo real de Ostbrahe, la muralla interna que lo rodeaba, la muralla externa más allá, la llanura infinita y el horizonte. Un horizonte que parecía eterno. El sol, que ya empezaba a descender, brillaba con tal intensidad que Kosha tuvo que desviar la mirada. Pero fue en vano.

Al girar la cabeza, se encontró con él. Con el hombre que para Kosha siempre era más radiante que el mismo sol.

“Hace buen tiempo, se ve todo con claridad”.

Dijo Lucien sonriendo mientras extendía la mano.

“Todo eso es Osterbelt. Y aquello... es el final de la cordillera de Mardote; si la cruzas, llegas a Carlot”.

El viento agitaba levemente su cabello. Kosha apenas podía seguir sus explicaciones con la mirada. El viento soplaba y el aire llenaba sus pulmones. Todo parecía una pequeña maqueta desde allí arriba... y por eso, todas las penurias que había pasado en su corta vida se sentían ahora lejanas e insignificantes.

“Ah, cuidado. No se acerque tanto”.

Lucien sujetó a Kosha. Sin darse cuenta, el joven había avanzado un poco, aunque no era peligroso. Kosha miró primero la mano del hombre que lo sostenía y luego su rostro.

Observó su expresión, sus ojos y lo inescrutable que se ocultaba en ellos. De pronto, su corazón empezó a latir con fuerza. Pero no era ansiedad; al contrario, se sentía bien. Era una sensación desconocida para Kosha, pero no le causaba temor.

“¿No es buena la vista? Me gusta este lugar”.

Dijo Lucien en voz baja.

“El aire es puro... el castillo es demasiado agobiante”.

Kosha despegó los labios. Por un instante, sintió que comprendía todos los secretos y verdades del mundo, pero ninguno podía expresarse con lenguaje humano. Así que, en su lugar, Kosha levantó la mano. Sus dedos pálidos se agitaron en el aire y la brisa se intensificó. El viento, como si tuviera voluntad y forma propia, envolvió suavemente la mano de Kosha al pasar.

La naturaleza siempre era hospitalaria con los magos. Kosha pudo por fin sentirlo todo: cada objeto que alcanzaba su vista, el flujo del agua, los nombres de la tierra, la dirección del viento y el tiempo contenido en las piedras. El susurro de los árboles creciendo y.… los latidos del corazón del hombre frente a él.

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“Alteza”.

Abrumado por todo aquello, Kosha habló como empujado por una fuerza invisible. Con las piernas temblorosas, hizo una reverencia educada.

“Gra... gracias, alteza. Gracias por traer a mis gansos. Por mí, quiero decir, por...”.

¿Por dónde empezar? ¿Qué decir primero? ¿Cómo hacerle entender que hablaba de los gansos, pero que no eran solo los gansos?

“Gracias por la ropa, por los libros y por traerme a este lugar...”.

¿Cómo hacerle entender que no se trataba de las cosas materiales? Lucien lo miró desconcertado por un momento y luego sonrió, frunciendo levemente el ceño.

“Tiene mucho que agradecer. ¿Será porque vivió demasiado tiempo en aquel pueblo?”.

Aunque Kosha no tenía grandes quejas de su aldea, Lucien parecía detestarla.

“Es un pueblo pésimo para que alguien como usted viva solo. Si se hubiera quedado un poco más, los aldeanos se lo habrían comido vivo. Además, la seguridad es nula. ¿Cualquiera entra así como así en su casa?”.

Kosha no sabía muy bien a qué se refería con ‘alguien como usted’.

“Llamarlo ‘cuidador de gansos’ con tanto descaro... es indignante”.

Kosha vaciló. No era hábil en estas lides y no sabía cómo expresarse, pero sentía que cualquier cosa que dijera estaría bien. Sentía que él lo comprendería.

“Alteza”.

Soltó Kosha finalmente.

“Desde los catorce años viví en Osterbeek como cuidador de gansos. Es un pueblo de plebeyos. Allí... es normal llamarse así. Cuidador de gansos, herrero, carpintero, albañil... Es porque solo hay uno de cada en un pueblo tan pequeño. Dicen que antiguamente ni siquiera se ponían nombres”.

Lucien escuchó en silencio sus palabras desordenadas, lo que le dio valor a Kosha para continuar.

“...Yo tenía dieciocho años cuando le entregué aquellas flores”.

“...”.

“En aquel entonces, usted me preguntó mi nombre. En cuatro años, nadie me lo había preguntado”.

Abrió su corazón.

“Después de cuatro años, volví a pronunciar mi nombre. O quizás había pasado más tiempo. Y entonces, usted lo repitió. Hacía más de cuatro años que nadie me llamaba por mi nombre”.

En ese instante, dejó de ser el cuidador de gansos o el ‘jovencito’; fue simplemente Kosha. Era una sensación que había olvidado hacía mucho tiempo, o quizás una que experimentaba por primera vez. Desde que nació, casi siempre lo llamaban por un título, no por su nombre.

“Por eso yo...”.

Kosha dudó.

“Fue así desde que lo vi por primera vez. Desde que recogió la manzana por mí... Nadie, absolutamente nadie había hecho algo así por mí. Nadie recogió nada para mí. Estaba bien, pensaba que solo tenía que recoger las cosas yo mismo y no me importaba... Pero usted la recogió”.

Kosha divagaba. Probablemente Lucien no recordaba lo de la manzana, ni siquiera si tal cosa ocurrió. Kosha no esperaba que lo recordara. Eso no era lo importante. No importaba si él no lo entendía. El hecho de que sonriera una vez, de que le hablara una vez... todo eso se había acumulado hasta ahora. No podía expresarlo simplemente diciendo ‘me gustas’".

La mirada del mago se perdió en el vacío. Kosha no sabía mucho de árboles, pero la naturaleza siempre era amable con los magos. Sus dedos delgados tocaron suavemente el tronco rugoso de un árbol. El flujo, el crecimiento, todo empezó a moverse bajo la voluntad del mago.

En las ramas propias del otoño tardío, empezaron a brotar hojas verdes. Fue instantáneo. Como si el tiempo se acelerara, como si solo en ese lugar el invierno hubiera pasado y la primavera hubiera llegado. Aparecieron capullos y luego florecieron hermosas flores blancas.

Magnolias floreciendo en pleno otoño. Porque el mago quería regalarle una flor a la persona que amaba.

Una rama se inclinó hacia Kosha, y él arrancó con cuidado una magnolia. La flor recién nacida era blanca, fresca y sin una sola mancha. Parecía que, de morderla, se derretiría con un dulzor infinito. Sin embargo, cuando se la ofreció a Lucien, la expresión de este era extraña. Parecía fruncir el ceño, estar sorprendido o, de alguna manera, enfadado.

Kosha, que había apresurado al árbol para que floreciera esperando que él se alegrara, se sintió cohibido. ¿No le gustaban las flores? Quizás las odiaba. Justo cuando Kosha despegó los labios para excusarse, Lucien extendió la mano.

Kosha pensó que aceptaría la flor, pero la mano rodeó su muñeca. En un instante, sus cuerpos quedaron pegados. Y sus labios también.

Sorprendido, Kosha perdió la fuerza en la mano y la flor se deslizó. La magnolia blanca quedó atrapada entre sus cuerpos y luego rodó lentamente hasta el suelo. Cayó sobre la tierra, quedando aplastada entre sus botas. Los pétalos de un blanco inmaculado se hirieron con facilidad. Kosha lo miró aturdido antes de cerrar los ojos. Lucien lo besaba con la urgencia de alguien hechizado, y Kosha solo pudo abrir la boca y entregarse a él.

No había espacio para preocuparse por la flor machacada. Pero aunque lo hubiera habido, no le habría importado. Kosha todavía tenía flores suficientes para llenar un árbol entero... Y si no bastaba, podía hacerlas florecer de nuevo.

Toda interferencia mágica tiene un precio. El árbol que floreció antes de tiempo para el mago no daría flores la próxima primavera. Pero a Kosha... no le importaba. Si podía darle una flor, eso era suficiente. Al menos en este momento.

“Tú...”.

Sus labios se separaron apenas un instante. Pero no del todo. Cada vez que hablaban, sus labios se rozaban y sus alientos se mezclaban. Cada vez que la saliva humedecía sus bocas, Lucien desistía de seguir hablando y volvía a morder, succionar y lamer. Una y otra vez.

“Yo...”.

Lucien, sujetando apenas los hombros del mago, logró apartarlo de su cuerpo. O más bien, sería más exacto decir que se apartó a sí mismo del mago. Al apretar los hombros delgados, el mago abrió sus ojos, que hasta entonces permanecían cerrados, debido al leve dolor. Sus pestañas temblaron, revelando sus pupilas como joyas.

En el aire seco del otoño tardío, el aroma de las magnolias era intenso. Se mezclaba con el aroma dulce que emanaba del cuerpo del mago, convirtiendo la mente de Lucien en un caos. Lucien ni siquiera era consciente de que el mago le había ofrecido una flor. Solo veía la luz dorada del atardecer, el cabello del joven brillando rojizo bajo ese sol y aquellos ojos que lo miraban fijamente.

Ojos llenos de un afecto cristalino. Ante una mirada así, ¿cómo podría él...?

De pronto, sintió una ansiedad inexplicable. Recordó que el mago se autodenominaba constantemente ‘cuidador de gansos’. Solo ahora comprendía el origen de ese hábito que hasta entonces solo le había parecido una irritante costumbre. Y se dio cuenta de algo sobre sí mismo: que, fingiendo cercanía, le había preguntado su nombre pero nunca lo había llamado por él correctamente. Solo ‘mago’, ‘tú’, ‘usted’.

“Yo, bueno...”.

Quería explicarlo, pero las palabras no salían. Sentía que si lo decía en voz alta, algo se volvería irreversible, pero no podía resistirse.

“...Kosha”.

Fue una voz débil, como un susurro en el viento, pero como estaban tan cerca, Kosha captó cada matiz de su aliento. Los ojos del mago, que parpadeaban aturdidos, se abrieron de par en par por la sorpresa y luego se entornaron en una sonrisa. Su rostro pálido se iluminó como una flor en pleno esplendor, y él...

“Mmm...”.

Sus labios volvieron a unirse. Con un sonido sordo, Kosha fue empujado hacia atrás hasta quedar presionado contra el tronco del árbol. El aroma dulce lo inundaba todo. No sabía si era el olor de las flores o la fragancia propia del mago.

El mago lo hechizaba, y él sentía deseo por el mago. Además, el inútil de Gosric aún no le había conseguido ningún inhibidor de la libido. Sus manos ya se habían internado bajo la túnica, rodeando la cintura de Kosha. Los brazos de Kosha rodeaban su cuello y su muslo estaba encajado entre las piernas del joven.

A través del fino pantalón de Kosha, sentía la suavidad de la cara interna de sus muslos. Sintió un deseo infinito de presionar, frotar y empujar cierta parte de su cuerpo contra él.

“Ah...”.

Lucien gimió, frotando su frente contra el hombro de Kosha. Soltó una breve y vulgar maldición. Por suerte o por desgracia, Kosha estaba demasiado aturdido para entenderlo.

Debía detenerse. Reaccionar. No había venido para esto. Solo quería que le diera el aire, animar un poco al mago... Justo cuando Lucien intentaba desesperadamente apartar los brazos de Kosha, esos brazos suaves y dóciles de su cuello, el mago se aferró a él como un niño caprichoso. Quizás solo era porque la temperatura de Lucien era alta y el mago, de cuerpo frío, buscaba calor. Pero... la fuerza abandonó las manos de Lucien.

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“... No vine para esto”.

Dijo con la voz ronca por el esfuerzo.

“De verdad, tenemos que irnos. Es tarde...”.

Sin embargo, el mago lo miró ladeando la cabeza con expresión nublada y las mejillas encendidas, como si no comprendiera. Después de todo, el mago debía de estar sintiendo el estado de su cuerpo mejor que nadie. Era imposible montar a caballo así. Incluso caminar sería difícil. Su entrepierna, pesadamente excitada, solo deseaba frotarse contra esa carne blanda sin cesar. Sentía una opresión en el bajo vientre y su vista se nublaba.

“Eso... alteza”.

Susurró Kosha.

“¿Quiere que lo ayude?”.

“¿Ayudarme?”.

¿Cómo? Debería haber preguntado eso, pero no tenía fuerzas. El mago sonrió con timidez y allí terminó todo pensamiento racional.

 

Lo arrastró del brazo hacia la vieja ciudadela en la cima de la colina. La puerta de madera estaba cerrada, pero tras sacudir el picaporte con irritación un par de veces, Lucien le dio una patada y se abrió con un quejido agónico. El interior estaba oscuro y era difícil ver, pero parecía estar cuidado. Hacía frío, como en un lugar deshabitado, pero no olía a polvo.

Antes de poder reconocer el espacio, sus cuerpos volvieron a pegarse. Kosha solo pretendía usar un poco de magia para calmarlo... pero si él deseaba más besos, le parecía bien. Quería darle lo que deseara, fuera lo que fuera.

La túnica se deslizó hasta el suelo. Kosha interrumpió el beso para intentar recoger la prenda, pero Lucien le tomó el rostro y lo obligó a mirarlo.

“Te haré otra”.

Dijo.

“O dos. O tres si hace falta”.

Eso no era importante. Lucien le hizo levantar los brazos y le quitó la túnica. Kosha, que se quedó solo con una camisa fina y gastada, tembló. Lucien tomó la mano de Kosha y la llevó hacia su pantalón. La costura de la prenda, desde la entrepierna hasta el muslo, parecía a punto de reventar por la hinchazón, y un calor ardiente se percibía a través de la tela. La mano fría y delgada de Kosha tembló. Incluso eso fue un estímulo. Ah... Lucien soltó un gemido gutural.

“Al... alteza”.

“Está bien, no pasa nada”.

Cubriendo la mano de Kosha con la suya, presionó con más fuerza contra su entrepierna.

“Tócame. Como haces tú solo”.

Susurró.

¿Como hacía él solo? La experiencia de Kosha era nula. En una vida donde uno debe preocuparse por si tendrá algo que comer al día siguiente, el deseo sexual queda en un segundo plano.

“Sigue tocándome”.

La mano que acariciaba su espalda bajó. Tenía que resolver lo que lo intrigaba desde hacía rato. La cara interna de los muslos del mago. Ese lugar tan suave que había sentido al frotarse contra él. A través de la ropa no podía estar seguro. Tenía que desnudarlo y comprobarlo. Ver si en ese cuerpo delgado, solo esa parte era tan blanda.

Sus manos desataron el cordón de la cintura de los pantalones de Kosha. El nudo simple de la cinta se deshizo fácilmente con un solo tirón. Deslizando su mano hacia la espalda de Kosha y tirando suavemente de la cintura, los pantalones y la fina capa de ropa interior se deslizaron hacia abajo al mismo tiempo.

Kosha, que de repente se encontró semidesnudo, forcejeó un poco, sorprendido. Lucien lo inmovilizó contra la pared, presionándolo con su propio cuerpo para someterlo.

“Dijiste que me ayudarías. Tienes que cooperar”.

La ‘ayuda’ a la que Kosha se refería no era precisamente esto... pero, a pesar de todo...

Lucien escuchó claramente el sonido de Kosha tragando saliva. Dejó escapar una pequeña risita. Kosha intentó mirarlo con reproche, avergonzado, cuando una mano grande se coló sin previo aviso bajo la camisa que apenas cubría sus nalgas.

El cuerpo de Kosha dio un respingo.

“Ah...”.

“Ah, maldita sea...”.

Lucien soltó un insulto entre dientes al mismo tiempo. El tacto de la piel era...

Se sentía como una crema batida durante mucho tiempo. Era tan blanda y suave que parecía que se desmoronaría entre sus manos con solo aplicar un poco de fuerza. ¿Todos los magos eran así? ¿Acaso su piel era más débil que la de los humanos?

Su mano bajó instintivamente. Sus nalgas apenas cabían en la palma de su mano, pero estaban adecuadamente rellenas y carnosas.

¿Por qué solo tienes carne aquí? No tienes nada de grasa en la cara.

En lugar de preguntar eso, Lucien rozó con sus labios la línea de la mandíbula y el cuello de Kosha.

Forzó su mano en el lugar donde la carne de los glúteos y los muslos apenas se unía y acarició la cara interna del muslo. En comparación con las suyas, las piernas de Kosha eran tan delgadas que daban ganas de reír, pero el interior de la entrepierna era mullido.

¿Se sentirá igual en otras partes?

Lucien presionó su frente contra el cuello de Kosha y frotó su parte inferior contra él.

Sin embargo, las manos de Kosha, apoyadas sobre el frente del pantalón de Lucien, perdían fuerza constantemente. Sus movimientos torpes, como los de alguien que nunca se ha masturbado, eran tan desesperantes que Lucien no podía soportarlo. Apartando finalmente la mano del muslo, Lucien tiró del brazo de Kosha.

“Ven aquí”.

“Ah...”.

El mago, que parecía aturdido, fue arrastrado arrastrando los pies.

En el interior de la pequeña fortaleza había un dormitorio. Era una habitación con muebles básicos, utilizada tanto como alojamiento para el guardabosques como lugar de descanso para los grupos de caza en caso de lluvia.

La cama tenía el tamaño justo para que Lucien se acostara solo, pero eso no era un problema. ¿Para qué se necesita una cama grande en una situación como esta? De todos modos, ninguno de los dos estaba en condiciones de preocuparse por el tamaño de la cama.

Kosha se sentó en el borde de la cama, empujado por la mano de Lucien. Mirándolo desde abajo, Lucien parecía aún más grande de lo que ya era. Mientras Lucien acariciaba el cabello y el lóbulo de la oreja de Kosha con una mano, con la otra desataba el cordón de sus propios pantalones.

Kosha, saliendo de su estupor, intentó ayudarlo. El bulto en el pantalón de Lucien se veía realmente incómodo. Sentía que debía resolverlo de alguna manera, aunque no sabía muy bien cómo...

“¿Tú también tienes prisa?”.

Lucien rio entre dientes. Tiró de la cabeza de Kosha para que apoyara la mejilla contra su hueso ilíaco y sacó su miembro. Algo excesivamente pesado saltó con un golpe sordo.

¿Qué es esto? Kosha parpadeó.

“Eh, eeuh...”.

Kosha, que había estado lánguido con la mejilla apoyada en el pantalón, se incorporó involuntariamente. Sus ojos nublados recuperaron el enfoque al instante.

Sin inmutarse, Lucien tomó la mano de Kosha y tiró de ella.

“Tócalo”.

“Haa...”.

“¿Qué pasa? ¿Tienes vergüenza?”.

Lucien sonrió levemente y guio la mano de Kosha. Al sentir la presión de su miembro contra la suave palma desnuda, Lucien sintió fuerza en su bajo vientre.

Kosha seguía pareciendo desorientado. Sus manos temblorosas no sabían qué hacer y se limitaban a rodear el miembro. Lucien superpuso su mano sobre la de él y comenzó a moverse como si se masturbara, preguntando en broma.

“Ya lo viste una vez, ¿por qué te sorprendes tanto?”.

Bueno, sí, era cierto. Lo había visto la última vez, cuando ocurrió aquel incidente desafortunado producto de un malentendido. Pero en aquel entonces estaba demasiado aturdido, el lugar estaba oscuro y pensó que lo que vio fue producto del pánico. Creía haber visto algo monstruoso, pero pensó que su memoria lo estaba engañando debido al miedo.

Pero su memoria no lo había engañado. Del extremo del miembro, que llevaba tiempo erecto, ya fluía un líquido transparente.

“Su, Su Alteza, si me permite la pregunta...”.

Dijo Kosha con voz temblorosa. Al ser tan grande y estar tan brillante, se veía aún más aterrador.

“¿Esto está... bien? ¿No hay problema? Un doctor... ¿es normal que esto sea así...?”.

“¿Por qué? ¿Te parece que hay algún problema?”.

Lucien frunció el ceño ante la tontería repentina, pero su voz denotaba diversión. Obviamente, era funcionalmente perfecto. También en términos de tamaño, forma y cualquier otro aspecto que pudiera satisfacer a su pareja.

Sin embargo, Kosha siguió balbuceando tonterías. Al mirarlo de cerca, parecía que no estaba aterrorizado, sino genuinamente preocupado.

“¿Esto es realmente normal...?”.

Vello... bueno, puede crecer. La gente con mucho vello corporal lo tiene incluso en el abdomen o el pecho, ¿no? Y el miembro puede ser un poco grande; Kosha sabía que eso era motivo de orgullo para los hombres.

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Pero, ¿estaba curvado? ¿Eso estaba bien? Estaba solo ligeramente inclinado hacia la izquierda, pero aun así le preocupaba. Y el color... ¿por qué era así? La piel de Lucien era blanca, ¿por qué esta parte tenía ese color? A menos que estuviera sufriendo una necrosis por el peso...

Por supuesto, Lucien no tenía paciencia para escuchar esas tonterías. Presionó sus largos dedos contra los labios de Kosha. Incluso en ese momento, el mago, que abría la boca obedientemente al ser tocado, era absurdamente fácil.

Calculando el espacio interior de la boca, presionando la suavidad de las mejillas y la lengua, Lucien propuso con gentileza.

“Si no quieres tocarlo, ¿quieres meterlo en tu boca? Solo la punta”.

¿Esto...?

Kosha miró a Lucien con desconcierto. No tenía aspecto de ser algo que quisiera meterse en la boca, ni tenía un tamaño que pareciera permitirlo.

A diferencia de aquella noche, Lucien no lo forzó. Solo jugueteó con la lengua de Kosha un par de veces y sonrió levemente.

“Supongo que no se puede, ¿verdad?”.

“¡Ah!”.

Y el cuerpo de Kosha fue derribado de golpe. A pesar de ser un hombre adulto, Lucien lo manejaba como si fuera un muñeco de papel. Sus grandes manos sujetaron su cintura y lo empujaron, dejando a Kosha rápidamente en el centro de la cama.

Al ser empujado, su camisa se enrolló hacia arriba. Avergonzado, Kosha trató de tirar de los bordes de la camisa para cubrir su parte inferior, pero Lucien fue más rápido. Su gran torso se interpuso entre las pálidas piernas de Kosha.

La luz difusa que entraba por la ventana apenas llegaba a la cama. El rostro de Kosha estaba sonrojado, desde la cara hasta el cuello. Por eso, Lucien sintió más curiosidad por lo que había debajo de esa única camisa. Y por la forma de esa parte inferior que Kosha intentaba cubrir desesperadamente.

Sinceramente, no podía estar seguro. Había pasado mucho tiempo entre hombres en el ejército, pero nunca había sentido curiosidad por las partes íntimas de otro tipo. Más bien, prefería no ver esas cosas sucias.

¿Podré seguir excitado después de ver eso? Pero bajo ese rostro no creo que haya algo extraño...

“Está bien, pórtate bien”.

Lucien lo tranquilizó rozando sus labios contra su mejilla y oreja, y la fuerza en las manos de Kosha se desvaneció. Su mano se adentró en la entrepierna. La piel suave y lisa alrededor del miembro se envolvió en su mano.

¿Lisa?

Lucien, que estaba encima de Kosha rozando su cuello con la boca, se detuvo y se incorporó. Kosha no parecía tener fuerzas para detenerlo.

Al levantar la camisa de golpe, descubrió que en su parte inferior no había ni un solo vello.

“...Ha”.

Lucien se pasó la mano por la cara sin darse cuenta.

Sobre la piel blanca y lisa, un miembro de color rosa pálido colgaba a medio erecto. No era excesivamente grueso ni largo, pero tampoco pequeño; era de un tamaño e idealidad estética casi ridículos.

Lucien tragó un insulto.

“¿Todos los magos son así?”.

“¿Perdón...?”.

Tocó con la punta de los dedos el miembro, que se extendía recto sin ninguna curvatura. Kosha, desconcertado, reaccionó con sensibilidad, temblando.

De todos modos, no esperaba una respuesta. Ni él ni Kosha tendrían ocasión de bajarle los pantalones a otro mago. Pensar en otro mago le resultaba incluso asqueroso.

El miembro rosado, sin una sola vena marcada, cabía perfectamente en su mano. Parecía hecho a medida para él. Si Kosha tenía algo así, era comprensible que hubiera reaccionado así al ver el suyo.

No hay remedio. Entonces, el que es bonito es el que tiene que ser succionado, ¿no?

Lucien dejó que sus pensamientos fluyeran sin orden. Su cabeza, febril desde hacía rato, había dejado de funcionar racionalmente.

No pensé que terminaría metiéndome el de un hombre en la boca... pero este es bonito y hasta huele bien.

Lucien abrió la boca.

“¡Hwaaa!”.

Kosha pataleó horrorizado. Pero sus muslos blandos eran fáciles de someter con una sola mano.

Cuando Lucien tomó el miembro en su boca y comenzó a jugar con él, los muslos de Kosha temblaron como los de alguien que nunca ha recibido placer ahí abajo. Esa reacción le gustó tanto que lo introdujo profundamente en su garganta, haciendo que el mago levantara la pelvis sin saber qué hacer.

“Ah, uuh, Su Alteza, ah...”.

El miembro liso de color rosa pálido parecía que iba a saber a crema, pero al meterlo en la boca solo percibió un aroma fresco. Aun así, no estaba mal. Tras succionarlo rítmicamente unas cuantas veces, el cuerpo del mago volvió a sacudirse.

El miembro, ahora de un rosa más intenso por la afluencia de sangre y empapado de saliva, se veía bastante bien.

La próxima vez podría espolvorear azúcar aquí antes de lamerlo.

Lucien ya planeaba el futuro a su antojo.

“¿Se siente bien?”.

Al preguntarle, Kosha negó con la cabeza frenéticamente. Su expresión totalmente derretida restaba credibilidad a su negativa. Tras agitar el miembro mojado un par de veces, Lucien volvió a tomar el glande, ahora rojo, en su boca. Agarró los tobillos de Kosha, le quitó incluso los calcetines y lo guio hacia su propia entrepierna.

“Tú también haz algo”.

Para ser alguien que vivía persiguiendo gansos en el campo, sus plantas de los pies eran increíblemente suaves mientras presionaban el imponente miembro de Lucien. Incluso el movimiento torpe de sus pies asustados era un estímulo. Lucien frunció el ceño y succionó el glande.

A él siempre le habían gustado las cosas dulces. Repitió el gesto de morder y soltar el glande como si fuera un caramelo, mientras sus manos rodeaban las nalgas de Kosha y bajaban. Aunque no sabía nada sobre sexo entre hombres, buscar un lugar donde penetrar era como un instinto.

Fue cuando sus dedos, mojados por la saliva, se adentraron en el surco de las nalgas y tocaron el orificio entre ellas.

“¡Hwaak!”.

En ese instante, las manos de Kosha apretaron los hombros de Lucien hasta lastimarlo. Al mismo tiempo que el glande, completamente erecto, rozaba sus labios y se escapaba, un líquido blanquecino salpicó el rostro del hombre.

Desde sus labios perfectos hasta su nariz recta, el líquido espeso se deslizó.

Kosha, que estaba recuperando el aliento tras un orgasmo que le nubló la vista, se puso pálido.

“Su, Su Alteza”.

“Esto es un poco desconcertante. ¿Qué he hecho yo para que pase esto?”.

Lucien, limpiándose la cara con la mano, dejó escapar una risa incrédula. No parecía enfadado, pero el solo hecho de haber manchado su rostro con algo ‘impuro’ fue suficiente para aterrorizar a Kosha.

“¿Eh? ¿Qué hice yo? Siento que yo he estado aguantando mucho más”.

Murmuró Lucien mientras se incorporaba. Kosha intentó forcejear de nuevo, pero fue en vano. Lucien lo presionó contra el colchón con sus dedos húmedos sobre el pecho de Kosha.

“Tú quédate quieto”.

Empezó a rebuscar en un armario contra la pared. En estos refugios de caza suelen estar los suministros básicos. Eso incluía aceite para cuidar las manos con callos de tanto tensar el arco.

Tras abrir varios cajones, finalmente encontró lo que buscaba. No era aceite fresco ni de alta calidad, pero al frotarlo en su mano, la calidad parecía aceptable. No había de otra; además, tenía prisa.

Cuando regresó con la botella de aceite, Kosha estaba medio incorporado en una posición incómoda.

Como solía ocurrir en las relaciones de la clase alta, Lucien seguía con su camisa y pantalones puestos, mientras que Kosha solo llevaba una camisa holgada. Esa escena le proporcionaba una sensación fetichista. Con las piernas desnudas, abiertas... de forma promiscua.

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A pesar de que él mismo lo había desvestido así, se subió sobre el cuerpo de Kosha como si lo culpara. Al dejar caer todo su peso sobre él, Kosha quedó aplastado sin poder resistirse.

Lucien restregó su rostro contra el cuello de Kosha. El calor corporal había aumentado y ese aroma dulce tan característico se hizo más intenso. Su miembro, tan pesado que le dolía el vientre, presionaba la piel sensible del interior del muslo del mago. Aprovechando que el mago jadeaba por la presión, deslizó su mano bajo sus nalgas.

Sus dedos empapados en aceite acariciaron el orificio mientras frotaba su miembro contra el muslo de Kosha. El miembro rosado de Kosha, sensible tras la eyaculación, quedaba aplastado entre los vientres de ambos.

Kosha, incapaz de soportar el exceso de estímulo, se colgó del cuello de Lucien quejándose, y Lucien sintió que podría eyacular solo con oír ese sonido.

Cada vez que el excitado Kosha jadeaba, su abdomen se tensaba, y Lucien sentía a través de sus dedos cómo el pequeño orificio se contraía y se relajaba rítmicamente. Mientras presionaba y frotaba el agujero con sus dedos resbaladizos, Lucien movía sus caderas contra la entrepierna de Kosha.

“Haah...”.

Lucien contuvo un insulto. Sabía que los magos tenían la piel más blanda, ¿pero acaso sus huesos y músculos también eran así?

El agujero inferior ya estaba abriéndose y moviéndose tras un poco de estimulación. Un dedo se adentró en él. Parecía que pronto podría introducir dos.

Con este cuerpo tan fácil, viviendo solo en ese rincón del campo...

Un pensamiento punzante le hizo apretar los dientes. El movimiento de sus caderas se volvió más rápido.

“Ah, Su, Su Alteza. Es extraño. Ah...”.

“Sí, mgh, lo sé. Solo un poco más, fuu...”.

El miembro que frotaba contra la entrepierna ya estaba golpeando el perineo y la base del escroto. Estaba empapado, posiblemente por el líquido preseminal, así que no hizo falta más aceite ahí abajo.

En el momento en que dos dedos lograron penetrar el orificio, su miembro alcanzó el límite y eyaculó.

Como había aguantado mucho tiempo, la eyaculación fue prolongada. Con los sentidos nublados, jadeó y mordió el cuello de Kosha. Sintió a través de sus dedos cómo Kosha se estremecía y apretaba el agujero con fuerza.

A pesar de haber terminado, su visión seguía roja.

Al incorporarse, el semen que había derramado se estiró como pegamento entre sus cuerpos. La camisa de Kosha se había subido por el movimiento de caderas, dejando al descubierto su vientre blanco, y debajo, su bonito miembro volvía a estar erecto y rojizo.

Bueno, era una suerte. De todos modos, no iba a bastar con una sola vez.

Lucien se apartó el cabello sudado de la frente y volvió a posicionarse entre las piernas de Kosha. Al empujar los muslos hacia arriba, el cuerpo de Kosha se dobló por la mitad, dejando el agujero expuesto ante sus ojos.

La luz rojiza del atardecer que entraba por la ventana iluminaba las nalgas blancas que brillaban por el aceite. El orificio, situado entre esas nalgas que parecían blandas al tacto, tenía el mismo tono rosa pálido que el glande.

Solo con ver eso, su miembro recuperó fuerzas y se agitó buscando el lugar donde entrar.

“...Tú, ¿cómo es que...?”.

Por un momento sintió el impulso de besarlo ahí, pero era un acto desconocido incluso para él. Pensó que podría asustar al otro. Y la primera relación debía ser, ante todo, cuidadosa.

Vertió más aceite en su mano y acarició el orificio antes de adentrarse. Como el cuerpo ya estaba relajado, dos dedos se deslizaron fácilmente. Sin embargo, la reacción de Kosha, que braceaba sorprendido, fue otra historia.

“¿Su, Su Alteza? ¿Otra, otra vez...? ¿Ahí...? Mgh”.

“Sí, otra vez”.

Lucien lo tranquilizó distraídamente. Tenía que concentrarse en lo que estaba haciendo por primera vez en su vida, así que no tenía tiempo para prestarle demasiada atención. Kosha, dócil como siempre, abandonó cualquier intento de resistencia al sentir cómo Lucien acariciaba sus testículos con suavidad.

Cuando los dos dedos pudieron moverse rítmicamente dentro del blando agujero, la impaciencia se apoderó de él. Colocó la boca de la botella de aceite en la entrada del agujero y la inclinó. Kosha soltó un grito y pataleó al sentir el extraño líquido fluyendo hacia su interior.

Su cuerpo blando se fue abriendo paso a paso.

Para cuando tres dedos podían entrar y salir sin dificultad, la zona inferior estaba tan empapada en aceite que se escuchaba un sonido húmedo con cada movimiento. Ambas manos de Lucien también estaban cubiertas de lubricante. Al no encontrar dónde limpiarse, terminó pasándoselas por su propio miembro un par de veces.

Entre el semen espesado de la eyaculación anterior, el nuevo líquido preseminal y el aceite, su virilidad lucía brillante y amenazante. Sin embargo, esta vez no quería que el mago viera ese aspecto; después de todo, pedirle que lo tomara en la boca era una cosa, pero pedirle que lo recibiera por detrás era una exigencia de un nivel totalmente distinto.

Lucien se posicionó sobre el cuerpo de Kosha de forma natural. A pesar de su intento por no mostrarle lo que ocurría abajo, en cuanto el glande encajó en el agujero relajado, el mago se puso pálido.

“Su... ¿Su Alteza? ¿Ahí...? ¿Por qué... es en serio...?”.

“Shh... está bien”.

Incluso si no estaba bien, tenía que hacer que lo estuviera. Lucien rozó sus labios contra la mandíbula, los labios, las mejillas y la oreja de Kosha, susurrando con voz seductora.

“¿No quieres?”.

“Es que... ah... eso...”.

“¿O es que solo tienes miedo?”.

Preguntó con voz suave. Su tono estaba mucho más grave de lo habitual y su respiración era agitada, delatando que él también estaba al límite de su resistencia.

“¿Hay... hay alguna diferencia?”.

Preguntó Kosha jadeando. Lucien lo presionó con todo su peso y soltó una pequeña risa.

“La hay”.

“¿C-cómo?”.

“Si no quieres, no lo haré...”.

Empujó un poco su cadera y el glande quedó atrapado firmemente en el orificio entreabierto. A pesar de decir que no lo haría, parecía que estaba a punto de arremeter. Cuando el agujero se contrajo estimulando la punta, Lucien gimió y mordió una vez más el lóbulo de la oreja de Kosha.

“Pero si tienes miedo, haré que dejes de tenerlo”.

“...”.

“Solo tienes miedo, ¿verdad?”.

Kosha no tuvo más remedio que asentir. Lucien le plantó un beso en la frente como si lo premiara, sujetó su base y dio un empujón firme. Sintió cómo el glande era succionado hacia el interior.

“Huuuaaa...”.

Él abrazó y consoló al mago, que se aferraba a su cuello. Por un momento, las telas de sus ropas que rozaban entre ellos le resultaron un estorbo. La educación sexual de la alta sociedad no contemplaba estas situaciones, por lo que para Lucien esto también era nuevo.

Esa educación era estrictamente unilateral, eficiente y orientada solo a la reproducción. Las relaciones entre el mismo sexo no estaban incluidas, desnudarse por completo se consideraba vulgar y no se fomentaba prolongar el placer innecesariamente.

Pero... ¿y si quiero sentir su piel contra la mía? ¿Y si mi forma de hacerlo asusta al mago? No vamos a reproducirnos. ¿Y si el mago prefiere tomarse su tiempo?

Los pensamientos se mezclaban atropelladamente en su cabeza.

Mientras tanto, su miembro penetró hasta el punto donde empezaba su ligera curvatura. Kosha gemía. La sensación de presión era embriagadora, pero el mago temblaba tanto que Lucien no se atrevía a embestir con crudeza. Justo cuando intentaba calmar al excesivamente tenso mago...

De repente, sintió un mareo, como si le hubieran golpeado la cabeza con un martillo. Su visión se tambaleó; los objetos se duplicaban y se superponían repetidamente.

“Ugh...”.

Era una sensación extrañamente familiar. Lucien se detuvo en medio de la penetración y se llevó la mano a la frente. Con el último hilo de razón, giró la cabeza hacia la ventana. El cielo, donde apenas quedaba el rastro del alba, estaba teñido de un azul oscuro en más de la mitad.

El sol se había puesto.

Esa maldita poción de amor.

Su mente se nubló como el cielo nocturno.

¿Debo parar ahora? ¿Sacarla en este momento?

Ese fue su último pensamiento racional. Ya no hubo espacio para juicios.

“¿Su Alteza...?”.

Fue en el instante en que Kosha lo llamó confundido. Unas manos enormes apresaron la pelvis de Kosha y tiraron de ella con fuerza.

“¡...!”.

“Haah...”.

Un grito silencioso y un gemido de satisfacción se entrelazaron. Mientras sus muslos suaves temblaban, los marcados abdominales de Lucien se tensaron y ondularon.

“Ah... fuu”

Sí, era esto. Esta era la sensación que quería. Al diablo con la consideración. Ese concepto se borró de su mente. Saciar su deseo urgente se convirtió en la prioridad absoluta.

“¡Ah, Su Alteza, no, no se puede! ¡Ah!”.

Su miembro, que se había adentrado hasta lo más profundo en un instante, empezó a embestir sin tregua. Aunque había entrado por la fuerza, debido a lo estrecho que era el cuerpo de Kosha, todavía quedaban un par de pulgadas fuera.

Chasqueó la lengua. El interior del mago era caliente, húmedo, increíblemente estrecho y, a la vez, suave. Juraría que nunca había sentido algo así. La base de su miembro, que no podía disfrutar de ese lujo, buscaba desesperadamente entrar. Quería aplastar sus nalgas blandas contra su entrepierna.

Tiró de la pelvis de Kosha una vez más mientras movía las caderas, y Kosha forcejeó como si se le fuera la vida en ello.

“¡H-ah, agh! ¡Ah, aah!”.

“¿Qué, te duele? ¿No te gusta?”.

No preguntaba para ser amable.

“Intenta... ngh... sentirlo bien. ¿Eh? Relájate”.

Te estoy penetrando con mucha dedicación.

El glande golpeaba el interior sin piedad. Lucien se esforzaba por entrar lo más posible sin retirarse demasiado. Kosha sentía la ilusión de que incluso su estómago estaba siendo presionado. Sentía que su cuerpo iba a romperse.

Maldita... maldita poción de amor...

En la mente desordenada de Kosha cruzó el mismo pensamiento que en la de Lucien. Esa era la única razón por la que el dulce y tierno Lucien cambiaría así de repente.

¡Sé que es mi culpa, pero aunque me guste Lucien, esto es demasiado!

Intentó empujarlo, pero Lucien atrapó las muñecas de Kosha y las fijó sobre su cabeza. Parecía un movimiento sin esfuerzo, pero Kosha no pudo moverse. Realmente no podía hacer nada.

Sentía su cuerpo pesadamente aplastado. Cada fibra de su ser estaba alerta, sus sentidos agudizados, y sentía como si sus extremidades estuvieran encadenadas. Su maná chispeaba en la punta de sus dedos como un pedernal que no termina de encender, apagándose una y otra vez.

...El maná no se mueve.

Sentía que en este momento podría lanzarle una maldición de impotencia a Lucien, pero no podía usar magia. Kosha jadeaba sintiendo sus pulmones oprimidos.

Ya había pasado antes: aquella noche del incidente y también cuando se besaron después. En esas ocasiones, Kosha no podía usar magia. Pensó que el problema era él, pero ahora sabía que no. Hasta hace poco, podía incluso acelerar el crecimiento de un árbol...

“Su... ngh... ahg. Uugh”.

De hecho, ya sabía a qué se parecía esta sensación.

“Oro de Idelma. ¡H-ah, ah!”.

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Incluso mientras hablaba, sentía cómo el flujo de su cuerpo seguía siendo interferido. No era solo por el miembro que hurgaba en su interior. Era esa sensación espeluznante que tuvo cuando llegó por primera vez al castillo y le pusieron las esposas de Oro de Idelma.

Kosha se aferró al cuello del hombre, que estaba completamente absorto en la tarea de penetrarlo. Si no pegaba sus labios a su oreja, sentía que no lo escucharía.

“El oro... ngh... de Idelma... ¡ah!”.

Iba a preguntarle si lo tenía encima en ese momento, pero Lucien mordía y lamía el cuello y las mejillas de Kosha frenéticamente.

“¿Qué? ¿Qué es eso?”.

Preguntó con desdén.

“¿Dices el nombre de otro... haah... en la cama?”.

La única mina de ese mineral, enemigo natural de los magos, estaba en su territorio, Carlot. Él lo sabía mejor que nadie, pero su cerebro no estaba en condiciones de procesar pensamientos normales.

“No te estás concentrando... haah... ¿verdad?”.

Lucien, que entraba y salía sin miramientos, decidió por alguna razón quitarle la camisa ya empapada a Kosha por encima de su cabeza.

Kosha quedó completamente desnudo. Sus areolas en su pecho plano eran de un rosa pálido, y los pezones erguidos eran muy pequeños. Lucien soltó un insulto vulgar y se quitó su propia camisa tirando de ella desde el cuello.

Su cuerpo desnudo, compuesto de músculos imponentes, quedó a la vista. Se dejó caer sobre él, como queriendo frotar sus propios pezones contra los diminutos de Kosha.

Kosha gritó cuando sus pechos fueron estimulados, sumado a la hipersensibilidad de su cuerpo. El contacto piel con piel fue un estímulo mayor de lo que imaginaba.

A pesar de la falta de delicadeza, el cuerpo blando del mago empezó a contraerse y relajarse suavemente alrededor del miembro que lo invadía. A partir de cierto momento, sintió un cosquilleo en su vientre.

Sintió que el picor venía de lo más profundo, y surgió el extraño deseo de que ese glande duro entrara aún más. Involuntariamente, Kosha levantó la pelvis.

“¡Ah, ngh! ¡Ah, Su Alteza! ¡Ah!”.

“Está estrecho, maldita sea...”.

Sintió ganas de orinar. Sentía que debía ir al baño. Quería cerrar las piernas, pero debido al hombre entre ellas, solo podía apretar su cintura con sus muslos. El interior de su vientre seguía picando, su glande estaba sensible y, al no poder aguantar más, su bajo vientre se contrajo con fuerza.

“¡Ah, ah! Ngh, ah...”.

“Ugh...”.

Incapaz de soportar la presión excesiva, Lucien empujó hasta el fondo y eyaculó. A pesar de ser la segunda vez, fue una descarga larga. Kosha miró aturdido el rostro fruncido del hombre que terminaba dentro de él, con una sensación irreal.

Y sintió algo extraño: un maná familiar buscando su lugar dentro de su cuerpo.

“Ah... de verdad...”.

Cuando Lucien se incorporó lentamente sobre Kosha, este sintió como si una cerradura encajara en su mente. Esa sensación era tan familiar como la negrura que antes lo había cubierto todo.

La razón, la etiqueta, la educación... todas esas capas humanas volvieron a la cabeza de Lucien.

“Ah”.

Solo entonces su visión se volvió mucho más clara. No fue simplemente por haber saciado su deseo. Vio al mago destrozado, cubierto de semen y aceite. Su vientre blanco estaba mojado, como si hubiera orinado un poco, y sollozaba como si hubiera perdido el juicio.

La primera relación debía haber sido cuidadosa.

Porque si se hacía mal, la pareja podría decir que no quería volver a hacerlo nunca más, ¿no?

Aunque Lucien estaba en una posición en la que podía llevar a cualquiera a su cama si quisiera, en este caso se trataba de un mago. Y por ser un mago...

Múltiples pensamientos surgieron y se borraron al instante. Lucien movió los labios sin encontrar palabras.

Mientras tanto, cada vez que el mago sollozaba, su vientre delgado se tensaba. Era un cuerpo de estructura pequeña. Cada vez que su abdomen se contraía, estimulaba inevitablemente la parte de Lucien que aún estaba dentro. Era una tortura equitativa para ambos.

“... ¡Ah!”.

Intentó retirarse, pero al salir, la corona del glande raspó las paredes internas, haciendo que Kosha temblara y forcejeara. Lucien, alarmado, se detuvo y extendió sus brazos para abrazar y consolar a Kosha.

“...Lo siento, lo siento mucho”.

“¡Ngh...!”.

Hacía mucho tiempo que una disculpa tan sincera no salía de su boca, pero no tuvo mucho efecto. Al abrazar a Kosha para incorporarlo, el peso hizo que la penetración fuera más profunda. Kosha, sentado sobre los muslos de Lucien con las piernas abiertas, volvió a temblar de pies a cabeza.

“Shh, está bien”.

“H-uuu... yo... huu”.

Lucien le acarició la espalda para calmarlo, y Kosha se aferró a su cuello llorando. Sus pieles, mojadas por sudor y diversos fluidos, se pegaron.

“S-Su Alteza”.

Kosha, recuperando apenas la compostura, temblando. Los alrededores seguían oscuros y no había iluminación. No sabía dónde encontrar un candelabro. Solo la tenue luz de la luna se filtraba azulada por la ventana, pero sus figuras eran dolorosamente claras el uno para el otro.

Kosha logró calmar su respiración y miró a Lucien a los ojos. Intentó buscar algún síntoma extraño en esas pupilas grisáceas, pero más allá de un resto de excitación, parecía el de siempre. Kosha preguntó.

“Su Alteza, ¿está en su sano juicio...?”.

Quería preguntar si ya no estaba bajo el efecto de la poción, pero al decirlo sonó como un reproche. A Lucien no le importó.

“Probablemente”.

Respondió lo primero que le vino a la boca, como suelen hacer los hombres tras un sexo satisfactorio.

Bueno, ciertamente estaba cerca de su sano juicio. Su miembro seguía dentro de ese orificio húmedo y caliente, y aunque sentía la piel suave deshaciéndose bajo su palma, se estaba conteniendo bien, ¿verdad?

“... ¿Por qué?”.

Kosha, con expresión de duda, se separó un poco del cuerpo unido. Sus manos delgadas tantearon los anchos y firmes pectorales de Lucien. Para Kosha, era un acto serio de detectar el maná oculto cerca del corazón, pero para Lucien se sentía como una caricia torpe y desesperante.

“Qué extraño, ¿por qué de repente? ¿Por qué desapareció el efecto secundario? ¿S-se ha desintoxicado?”.

¿Por qué habría de hacerlo?

Su cabeza, aún aturdida por el placer, no funcionaba bien, pero Kosha se esforzó. Recordó el momento en que un maná familiar invadió su cuerpo y el momento en que la lucidez volvió a los ojos de Lucien.

¿Eyaculación interna?

Solo pensar en ese término tan explícito hizo que el rostro de Kosha se pusiera rojo como un tomate.

No, pero, ¿en serio? ¿El maná que quedaba en su cuerpo puede volver a mí a través de la eyaculación interna? ... ¿De verdad?

¿Cómo puede la magia funcionar de una forma tan impúdica y obscena?

Por supuesto, en el manejo de la magia la intuición es primordial, y desde un punto de vista intuitivo, aquello se parecía a un acto de ‘inyección’...

En ese punto, la cabeza de Kosha se calentó tanto que no pudo seguir pensando. De todos modos, debía diagnosticarlo de nuevo. Si esto se había curado del todo con una sola vez o si, por si acaso, quedaba algo más...

Mientras Kosha se sumía en profundas reflexiones de mago, Lucien solo miraba los pezones de Kosha. Pequeños, como si aún no hubieran madurado del todo, y ahora un poco más rojos que antes.

Cuando Kosha, que se quejaba para sí mismo, empezó a amasar de nuevo la zona de su pecho, Lucien decidió no contenerse más.

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Sus manos rodearon suavemente el tórax de Kosha y, sin previo aviso, tocaron sus pezones. Al apretar y rodar esa pequeña protuberancia entre su pulgar e índice, Kosha gritó y se estremeció violentamente.

“¡Ah, ngh! ¡Su Alteza, de repente! ¿S-su juicio...?”.

“Sí, en mi sano juicio”.

Al pellizcar con un poco de fuerza, el cuerpo sensible de Kosha se arqueó hacia atrás. Su interior se contrajo, estimulando el miembro de Lucien. Este ya llevaba tiempo erguido y ‘preparado’. De hecho, ya estaba casi al límite. Un acto de simulación y una penetración le habían parecido insuficientes.

Había escapado del efecto de la poción, pero estrictamente hablando, no estaba en su ‘sano juicio’ total. ¿Qué hombre podría estarlo durante un encuentro así?

Sujetó la cintura del cuerpo que caía hacia atrás, lamió un poco el pezón y lo recostó con cuidado. Aprovechando que su miembro se salió con un chasquido, se deshizo de sus molestos pantalones. Al quedar completamente desnudo, finalmente se sintió satisfecho. La sensación de sus piernas desnudas entrelazadas con las suaves piernas del mago era vertiginosa.

“Esta vez lo haré bien”.

Susurró, acercándose al costado de Kosha. Intentó hablar con dulzura, pero su voz era ronca y profunda. Kosha parpadeó como si no entendiera.

“¿El qué...?”.

“¿Qué va a ser?”.

Sonriendo, giró el cuerpo de Kosha de lado. Quedaron recostados frente a frente. Tomó una de las piernas de Kosha y la subió sobre su propio cuerpo. Naturalmente, el espacio entre las piernas se abrió, y su virilidad se abrió paso frotándose contra la cara interna del muslo.

“Sin dolor, ¿eh? Lo haré con cuidado. Como prometí al principio”.

“Ah, no...”.

De todos modos, necesitaba compensarlo un poco. Al menos, eso pensaba Lucien. Ni siquiera se le ocurrió pensar en la relación entre el sexo y la desintoxicación de la poción.

Simplemente le gustaba el cuerpo del mago en ese momento, sentía que le seguiría gustando y solo quería que esta relación continuara. Así que... ¿no debería hacer que el mago se sumergiera más en este acto? Para que el mago también suspirara por su cuerpo.

“Pero, esto... ya ha sido demasiado...”.

Kosha estaba desconcertado. Dejando a un lado sus nalgas, sentía un escozor en la punta de su miembro... ¿Acaso era posible que él pudiera excitarse aún más? Sin embargo, Lucien solo sonrió como si acabara de escuchar un chiste divertido.

“Solo lo hemos hecho dos veces”.

Para Kosha, que no tenía idea de cuál era el número adecuado o el promedio en estos casos, no hubo palabras para replicar.

“¿Mm? Te haré sentir bien”.

Y sin pedir permiso, la cabeza del glande, ahora hinchada, se abrió paso de golpe en el agujero que ya estaba completamente relajado. Lucien tiró de los muslos de Kosha, que estaba sobre él, hacia su cuerpo con más fuerza. La penetración se volvió un poco más profunda.

“¡Ah, ngh!”.

“¿Así no entra tan profundo, verdad?”.

¿Cómo puede decir eso ahora?

Kosha se hundió involuntariamente contra su pecho mientras su cuerpo temblaba violentamente. Ciertamente, entraba menos, pero esa forma extrañamente curvada rozaba constantemente un punto en las paredes internas poco profundas. Era un lugar que sentía que no debía ser tocado.

De nuevo, esa sensación de ganas de orinar lo invadió, y sus piernas sobre el cuerpo de Lucien forcejearon. Sus muslos empapados de sudor resbalaban contra la cintura y la pelvis del hombre. No parecía otra cosa más que un gesto de impaciencia y deseo.

“Ah, ¿aquí? ¿Te gusta aquí?”.

Ves, te dije que te trataría bien.

Lucien susurró mientras estrechaba a Kosha, quien hundía el rostro en su hombro. No parecía tener intención de esperar una respuesta.

Tal como había prometido, el encuentro continuó de forma lenta y pausada. Lucien disfrutaba del interior del mago con la calma de quien ya ha sofocado el incendio más urgente, mientras Kosha... jadeaba, dejando escapar todo tipo de fluidos por debajo de él.

El acto pausado se prolongó en silencio durante mucho tiempo. Kosha no tenía forma de saber si lo estaba haciendo bien, pero podía medir el placer del hombre por los bajos gemidos y la respiración que caían sobre su oído.

El cuerpo del mago, de una resistencia frágil y deficiente, pronto alcanzó su límite.

En el momento en que su visión se oscureció, sintió como si el hombre que lo abrazaba eyaculara dentro de él, o tal vez no. De cualquier modo, Kosha ya no tenía nada más que dar, ni conciencia para seguir sosteniéndose.

***

Cuando volvió a abrir los ojos, era un amanecer azulado.

Pensó que estaba solo, pero sintió un calor tras su espalda. También el antebrazo grueso que servía de almohada bajo su cuello. Las extremidades de Lucien envolvían por completo el cuerpo de Kosha.

Seguían desnudos. Podía sentir el volumen del miembro atrapado entre el surco de sus nalgas. Sintió un ligero agobio y, al intentar removerse, una voz lánguida sonó tras él.

“Mmh... ¿despertaste?”.

Él también parecía haber salido de un sueño ligero. Kosha se giró con dificultad para mirar al hombre que yacía detrás.

Su expresión relajada y cómoda, sus párpados parpadeando lentamente y los ojos grisáceos que se revelaban tras ellos entraron en su campo de visión uno tras otro.

De repente, un escalofrío recorrió su columna vertebral. Cuando Kosha se estremeció involuntariamente, Lucien frunció el ceño y volvió a preguntar.

“¿Tienes frío?”.

No tenía frío. Porque él estaba allí. Pero, de alguna manera, le daba vergüenza admitirlo tan directamente, así que vaciló, y en ese momento Lucien se levantó.

Kosha intentó detenerlo, pero su cuerpo estaba torpe. Lucien cubrió el cuerpo de Kosha con la manta y recogió sus pantalones del suelo para ponérselos descuidadamente. Al final, Kosha solo pudo quedarse allí tumbado, mirando fijamente cómo él hurgaba por la habitación.

Pronto, como si hubiera encontrado lo que buscaba, se arrodilló ante un pequeño brasero en un rincón. Su forma de meter la leña y golpear el pedernal para encender el fuego era bastante hábil.

En la pequeña habitación circuló el calor en un instante. Sin embargo, más que el fuego del brasero, Kosha agradeció el calor del hombre que regresaba a la cama. Lucien se coló bajo las mantas y volvió a abrazar a Kosha desde atrás.

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“Duerme un poco más. De todos modos, ahora hay toque de queda en el castillo...”.

Lucien tenía autoridad para cruzar las puertas del castillo sin importar el toque de queda, pero ocultó ese hecho fingiendo no saberlo. Kosha también pensaba que quería disfrutar un poco más de este tiempo, así que no fue un problema.

 

Se despertó y volvió a dormir repetidamente hasta que salió el sol. La frontera entre el sueño y la vigilia era borrosa.

Lucien calentó un poco de agua con las brasas que habían ardido toda la noche. Sacó una toalla seca, la humedeció y limpió el cuerpo de Kosha; sus movimientos eran extrañamente torpes. Al descubrir que alguien que parecía ser hábil en todo tenía un lado torpe, Kosha sintió curiosidad y alegría, y contuvo una sonrisa en secreto.

Como Kosha no estaba en condiciones de montar a caballo con normalidad, Lucien tuvo que envolverlo en su túnica gris, cargarlo en brazos y subir al caballo.

Desde la pequeña fortaleza en la colina trasera hasta el castillo principal de Ostbrahe no había mucha distancia. Aunque cabalgaron muy despacio, llegaron en un abrir y cerrar de ojos.

Fue justo cuando cruzaban las murallas internas. Una voz urgente rompió su paz.

“¡Su Alteza!”.

En ese instante, Kosha detectó, sin saber por qué, una energía inquietante. Lucien, que bajo primero del caballo, ayudó a bajar a Kosha, y en el momento en que los pies de este tocaron el suelo de tierra del patio...

Fue el instante de regresar de un espacio onírico y brumoso a la sólida realidad.

Un breve mareo asaltó a Kosha. Lucien lo sostuvo por instinto, pero la voz que se acercaba fue más rápida.

“Su Alteza, ¿dónde ha estado toda la noche? No, más bien...”.

Era Gosric. Su voz era urgente y desolada. Las expresiones de los otros caballeros que lo seguían también estaban rígidas.

La mirada de Gosric pasó rápidamente de Kosha a Lucien y luego bajó el tono de voz al máximo.

“Anoche, el Rey autorizó la partida de Bastian hacia el frente”.

“... ¿Qué?”.

“Tres mil infantes y dos mil arqueros a caballo. Su Alteza, el Rey ha firmado la declaración de guerra”.

¿El Rey, que llevaba tiempo retirado de todas las líneas de mando, de repente? Lucien frunció el ceño. Lo escuchó, pero no pudo entenderlo de inmediato. No había habido premoniciones ni señales. Era algo que no esperaba escuchar tras regresar de apenas un día de descanso.

“Eso no tiene ningún sentido”.

...Por alguna razón, el aire se sentía turbio y funesto. Kosha inhaló profundamente y Gosric negó con la cabeza.

“Justo el día en que Su Alteza se ausentó... nosotros tuvimos límites para responder. Según escuchamos, la Maestra de la Torre instigó al Rey en privado...”.

“¿Cómo puede esa mujer ver al Rey en privado?”.

¿Acaso todo lo relacionado con la visita de los emisarios de Gaicrux no estaba siendo controlado a través de Lucien, el regente? Lucien intentó caminar con prisa, pero se detuvo. Su mirada se dirigió a Kosha, que estaba allí de pie torpemente.

Y las miradas de los vasallos también.

Kosha movió los ojos y tragó saliva.

“Volveré a mi habitación”.

Habló con tacto, pero Lucien frunció el ceño. Por instinto, miró a su alrededor buscando a alguien a quien confiarle a Kosha.

En el castillo siempre había mucha gente, pero pocos eran de confianza. Y el personal de confianza le era necesario a él ahora mismo. Kosha volvió a negar con la cabeza. No es que no pudiera caminar.

“Puedo ir solo. Ya conozco bien el camino”.

Y además, era un mago. Cuando Kosha sonrió con torpeza, la expresión de Lucien se endureció aún más.

Sin embargo, parecía que no tenía otra opción. Tras dudar un momento, sujetó los hombros de Kosha y le puso la capucha sobre la cabeza.

“Ve directo a tu habitación. Enviaré a alguien después”.

“Lo haré”.

“Ve directo”.

Dijo con firmeza antes de darse la vuelta. Sus pasos, que se alejaban rápidamente, se veían urgentes.

Kosha lo observó por un momento y luego miró hacia el cielo. El largo muro del ala oeste curvándose suavemente, las altas torres alzándose a intervalos regulares y el cielo azul intenso sobre ellas.

Ciertamente, flotaba una energía inquietante que no existía antes.

***

Kosha no cumplió su promesa.

Por supuesto, no fue intencional. Simplemente, el pensamiento humano y el pensamiento de mago se mezclaron de forma ambigua. Iba a ir directo, sí, por supuesto, al final lo haría, pero...

Primero quería lavarse el cuerpo. Aunque Lucien lo había limpiado, su destreza había sido pobre, y sentía que lo que él había dejado aún permanecía en su interior.

Así que, ¿no se consideraría ‘ir directo’ si hacía una breve parada en los baños para limpiarse en el camino a su habitación?

Sin embargo, el hecho de no ir al baño más cercano a su cuarto, sino dar un rodeo hacia los baños comunes situados al final del ala oeste... fue solo un capricho, probablemente.

Porque un mago puede ir a donde quiera y hacer lo que desee.

Kosha caminó despacio. Sus nervios se tensaron ante la extraña atmósfera que reinaba en el castillo. No veía a mucha gente moviéndose frente a él, pero la presencia humana estaba en todas partes. Los murmullos, el sonido de la respiración y energías extrañas.

Kosha se bajó más la capucha de la túnica que Lucien le había puesto. Esto era ahora una nueva barrera protectora que lo ocultaba en lugar de la ‘cáscara humana’ que ya no podía usar. No fue algo que Kosha planeara, sino un acto instintivo de mago.

Fue al doblar una esquina apartada detrás del ala oeste. Sus pasos rítmicos se detuvieron en seco.

Vio la espalda de un hombre acurrucado en un rincón. No parecía estar haciendo nada en particular y, sobre todo, vestía ropas bastante elegantes. No era una vestimenta para estar solo en un lugar tan apartado.

Además...

“¿Qué está haciendo ahí?”.

Kosha habló de repente. El hombre, que estaba absorto en algo, dio un brinco del susto y cayó sobre su trasero.

“¡Ah, maldición, qué susto!”.

A juzgar por cómo cayó hacia atrás, su vestimenta era la típica de un noble de la corte. Kosha cerró con más fuerza el cuello de su túnica.

“No... ¿tú quién eres?”.

Él se levantó apresuradamente sacudiéndose el trasero y se enfrentó a Kosha. Era un hombre pelirrojo de rostro lustroso. Su cara, perfectamente afeitada y sin rastro de barba, era bastante atractiva, pero su mentón puntiagudo le daba un aire algo mezquino.

Entornó los ojos y observó a Kosha con atención, como si lo estuviera examinando.

“¿Qué es esto? ¿Un mago?... ¿Eres uno de esos que vinieron con la delegación de la Torre?”.

Kosha no respondió. El hombre lo observó evaluándolo y luego soltó una breve carcajada.

“Pareces un jovenzuelo. Alguien que no existía hace treinta años, por lo que veo”.

Aquel hombre, que a simple vista no parecía tener más de treinta y tantos, murmuró aquello para sí. Kosha vaciló antes de hablar.

“... ¿Es usted un mago?”.

“¿Eh? ¿No me conoces?”.

Abrió la boca de par en par, como si hubiera escuchado algo absurdo.

“¡No conoces al gran Alpeisa! ¿Pero qué demonios enseñan en la Torre hoy en día?”.

“... ¿Alpeisa?”.

“También me llaman Alpi”.

Se jactó con arrogancia, pero Kosha negó con la cabeza. Después de todo, Kosha ni siquiera provenía de la ‘Torre’. El hombre frunció el ceño.

“Esa loca, esa vieja senil... ¿Parece que quiere borrar hasta mi nombre, eh?”.

Refunfuñó. A pesar de su vestimenta, su forma de hablar no era nada refinada. A Kosha no le interesaba mucho el nombre del sujeto, así que volvió a preguntar.

“Le he preguntado qué está haciendo aquí”.

“¿Qué estoy haciendo?”.

Sonrió con malicia.

“Simplemente hago lo que debo hacer. Un jovenzuelo como tú no tiene por qué saberlo”.

“...”.

“Oye, ¿a qué viene esa cara? ¿Acaso ustedes no estaban a punto de intervenir también? Yo también tengo mis informantes”.

El hombre empezó a parlotear cosas sin sentido.

“No te preocupes, no estorbaré los planes de esa mujer por ahora, ¿entiendes? Esta vez, por así decirlo, estamos en el mismo barco”.

“...”.

“Después de todo, a ustedes también es al tercer príncipe a quien más detestan, ¿no? Si nos ponemos a analizar”.

El hombre se acercó con un caminar arrogante. Kosha se encogió para evitarlo, pero el sujeto le dio unas palmadas informales en la espalda.

“... ¿Entonces puedo ir y contarlo?”.

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Preguntó Kosha con una voz que apenas era un susurro. El hombre frunció el ceño.

“¿Qué?”.

Tras pensarlo un momento, el hombre sonrió ampliamente.

“No me importa, pero...”.

Y sin previo aviso, levantó la mano. ¡Zas! Su palma golpeó la frente de Kosha con un sonido seco.

“¡Olvídalo todo!”.

Una voz cargada de maná sacudió el espacio. Aunque llevaba la capucha puesta, no fue suficiente para absorber el impacto; Kosha retrocedió tambaleándose. El hombre volvió a reír a carcajadas mientras se daba la vuelta.

“¡Ve y dile a esa vieja que te encontraste con el gran Alpi!”.

Se alejó agitando la mano con desdén.

Kosha, apoyado contra la pared mientras recuperaba el aliento, se bajó ligeramente la capucha y observó la dirección por la que el hombre había desaparecido.

“Está loco...”.

Tras confirmar que todo estaba en silencio, Kosha se movió lentamente. Se detuvo exactamente en el punto donde el hombre había estado acurrucado haciendo algo.

La punta del pie de Kosha escarbó la tierra de esa zona. No tardó mucho en tropezar con algo. Era un colgante metálico redondo. No era muy grande y tenía grabado el emblema de una bestia parecida a un pez.

Y de él emanaba una energía oscura, algo que solo un mago podría percibir. La fuente de la inquietud que flotaba en el castillo. Lo que le había estado carcomiendo los nervios desde que regresó.

Kosha examinó los alrededores. Sintió la energía de Lucien en un espacio situado exactamente en dirección diagonal desde donde estaba enterrado el colgante.

En ese momento, un lagarto verde asomó la cabeza por la manga de su túnica. Kosha se agachó y dejó al lagarto en el suelo. El animal bajó por su cuenta al agujero y abrió la boca de par en par.

Entonces, engulló el colgante. El objeto de metal empezó a corroerse adquiriendo un tono rojizo desde donde fue mordido, hasta que finalmente se desintegró en polvo y se mezcló con la tierra.

“¿Cómo te atreves?”.

Murmuró el mago de ojos verdes. El lagarto soltó un eructo.

***

La atmósfera en el despacho era tensa, como caminar sobre hielo fino.

Desde la mañana, Lucien se había reunido sucesivamente con el Rey, el Ministro de Finanzas, el Capitán de la Caballería de la capital y su medio hermano, quien finalmente había logrado la autorización para la campaña. Lo más terrible de todo, incluso más que ver a su hermano, fue la audiencia con el Rey.

‘No quisiste tomar el té conmigo’.

Fue lo primero que el Rey le reprochó al verlo. En el momento en que recibió esa respuesta tras preguntar por qué había hecho tal cosa sin consultarle, Lucien tuvo que esforzarse para reprimir el impulso de estamparle la taza de té en la cabeza a su propio padre.

‘Pero escucha, Lucien. Esa maldita mujer de Gaicrux... he notado que intenta apoderarse del territorio de Malesté, ¿sabes? Aliándose con las tribus Itaha del norte’.

‘¿La Maestra de la Torre, en Malesté? De qué está hablando...’.

‘Entonces, nuestro territorio de Malesté queda rodeado de enemigos, ¿no? Pero Betsy... mi hijo, quiero decir... es sabio. Tiene visión de futuro. Él ya lo sabía y lo tenía todo preparado, ¿no es maravilloso?’.

‘Betsy’, ‘mi hijo’... siempre llamaba a su primogénito como si fuera un niño pequeño.

‘Dijo que atacaría la Torre mientras la Maestra esté ausente. De esa forma, la atraparíamos totalmente por sorpresa, ¿no crees? ¡Es increíble! Si seguimos así, no será difícil exterminar a las semillas rebeldes de esta tierra...’.

‘¿Atacar la Torre? ¿La familia real? ¡¿Cómo diablos puede tener sentido eso ahora mismo?!’.

Cuando Lucien, incapaz de seguir escuchando, levantó la voz, el Rey se sobresaltó y empezó a temblar como un niño.

‘¿Qu-qué he hecho mal? Pero Lucien, escucha...’.

Y repitió lo mismo de nuevo.

‘Como no qui-quisiste tomar el té conmigo, ¿cómo iba a consultarte nada?...’.

Maldita sea.

Dejó a su padre, que mostraba síntomas de delirio, y salió furioso de la sala de recepción real. Aquello ya estaba perdido. Tenía que salvar lo que aún fuera salvable.

“Aunque la mente del Rey esté nublada, no llegaba a tal extremo. Está claro que la Maestra de la Torre ha intervenido”.

“¿Y el mago del Rey? ¿Qué está haciendo?”.

“Desde que llegó la Maestra de Gaicrux, no ha salido de sus aposentos. Nadie lo ha visto”.

“¿Qué beneficio obtendría la Maestra con la partida de Bastian?”.

“Si Bastian se hubiera aliado con la Torre desde el principio...”.

Las voces se mezclaban de forma caótica. Lucien simplemente se sujetaba la frente escuchándolo todo. Solo escuchaba. No decía nada porque no sabía qué saldría de su boca si lo hacía; sentía que podría soltar algo sumamente inapropiado. Numerosas posibilidades y distracciones aparecían y desaparecían en su mente, intercaladas con lo que parecían insultos internos.

En el tablero de juego donde gestionaba las facciones, Bastian y la Maestra de la Torre estaban en polos opuestos. No había ningún vínculo lógico que los uniera.

“¡Ya basta de esto!”.

La voz cortante de Renata interrumpió el alboroto.

“¿Es momento de buscar culpables? La partida de Bastian es en apenas cinco días. ¡Empiecen a actuar!”.

De cualquier modo, la autorización real estaba dada. Incluso bajo una regencia, la autoridad del Rey no desaparece. Para revocarlo, se necesitaría un nuevo decreto real, pero eso parecía inalcanzable. Al menos, para resolverse en cinco días.

“Por suerte, ya hemos movido a nuestras tropas a Silvern. Su Alteza es un caballero investido directamente por el Rey, así que tiene autoridad suficiente para movilizar al ejército real”.

“Suponiendo que obedezcan dócilmente”.

Replicó Lucien con irritación. Renata asintió.

“En caso de emergencia, podremos movilizar a los suficientes para ganar tiempo. Debemos concentrarnos en lograr eso desde ahora. Yo incluso involucraría al jefe de seguridad”.

Renata habló mientras movía algunas piezas sobre el tablero de juego.

“Y mande llamar de nuevo a mi inútil hermano menor. En el aspecto militar, él sigue siendo mejor que yo”.

Lucien asintió vagamente e hizo un gesto con la mano. De hecho, ya había cumplido un periodo de reflexión suficiente. Ella, que estaba organizando el tablero retirando algunas piezas, detuvo su mano por un momento y volvió a hablar.

“Y por último... haga que todos se retiren, Su Alteza”.

Recorriendo con la mirada el despacho lleno de gente, su voz bajó de tono. Lucien frunció ligeramente el ceño.

“¿Por qué?”.

“...Tengo algo que decirle respecto a ese mago. No querrá que la información se filtre”.

Los ojos de la hija mayor, considerada la más sabia de Coherburn, brillaron con un significado profundo.

 

 

 

<Continuará en el volumen 3>