10. Poción de Amor (2)
10. Poción de Amor (2)
Pasaron seis días completos antes de que
Lucien pudiera volver a ver a ‘Kosha’.
Durante esos seis días, estuvo terriblemente
ocupado y deprimido.
Bueno, para ser honestos, no necesitaba estar
‘tan ocupado’. Ya no quedaba ninguna facción que pudiera amenazarlo.
Arabella, enviada bajo custodia a la capital,
no opuso más resistencia, como si se hubiera rendido por completo. Confesó sus
pecados ante el trono dócilmente y renunció oficialmente a todos sus títulos y
derechos. A cambio de no causar más problemas, Lucien permitió que conservara a
su médico personal.
El señor de Malesté regresó muerto. Según
Edric, quien lo persiguió, fue un ‘accidente fortuito ocurrido durante el
proceso de captura debido a su fuerte resistencia’.
Nadie creyó esas palabras al pie de la letra,
por supuesto. Tampoco nadie ignoraba que era infinitamente más conveniente
matarlo para silenciarlo por siempre que traerlo con vida para debatir sus
cargos.
Pero ya no quedaba nadie que pudiera usar eso
como excusa para causar problemas. Los otros hijos del rey anterior habían
renunciado voluntariamente a la sucesión hacía tiempo, y los nobles de Seodin y
Malesté estaban midiendo el terreno y analizando el ambiente. La mayoría de los
nobles de la corte de Iseland habían muerto el día que el salón del trono se
derrumbó.
Lucien cerró el asunto sancionando
simbólicamente el ‘error’ de Edric con un mes de suspensión de funciones. Milot
miró con envidia a Edric, quien disfrutaba de unas vacaciones legales bajo el
nombre de castigo.
Era, verdaderamente, el sabor del poder fresco
recién capturado.
Sin embargo, Lucien no parecía tener intención
de saborear ese gusto.
Se comportaba como un caballo que seguía
intentando correr después de haberse roto las patas. Parecía querer seguir
galopando como si no supiera que sus propias piernas estaban fracturadas.
Milot intentó disuadirlo varias veces,
sugiriéndole que descansara, ya que se ocupaba afanosamente incluso de asuntos
triviales que no requerían su supervisión directa, pero él no parecía escuchar
en absoluto.
Fue al atardecer del sexto día cuando la
Señora de la Torre envió a alguien a buscarlo.
Era el día anterior a la ceremonia de
coronación.
Las habitaciones del ala oeste, cedidas a los
magos exclusivamente para el tratamiento de Kosha, estaban en un silencio
sepulcral. Las personas que solían entrar y salir con prisa habían
desaparecido, y solo la Señora de la Torre permanecía de pie ante la puerta
cerrada del dormitorio.
Ese silencio aterrorizó a Lucien.
La Señora de la Torre miró con desaprobación
al ‘mestizo de Calot’ que, tras llegar corriendo a tal velocidad que jadeaba,
no se atrevía a acercarse más y vacilaba en el umbral. Sin embargo, seguir con
una guerra de nervios innecesaria contra alguien mucho más joven no iba con su
carácter.
Finalmente, ella soltó la primera frase.
“He restaurado su cuerpo”.
Añadió a la ligera que quedaban algunos
detalles menores que pronto desaparecerían. Lucien, con los labios temblorosos,
apenas logró articular palabra.
“¿Su vida...?”.
“Si su cuerpo ha vuelto, es porque su vida
sigue ahí”.
Respondió ella con tono irritado ante su
actitud de tonto. Y continuó como si nada
“Pero eso no significa que haya recuperado la
conciencia”.
“¿Qué quiere decir con eso?”.
“En sentido estricto, solo he reparado la
‘cáscara’. Ya es bastante suerte haber logrado eso”.
La Señora de la Torre recordó con cansancio el
caos de los últimos cinco días.
Si la sangre de la madre de Kosha no hubiera
tenido ni un ápice de poder, o si su hermano gemelo no hubiera estado aquí, o
si no hubiera creado a esos nueve familiares, habría sido difícil garantizar su
vida.
Gracias a que la sangre materna no se
manifestó en absoluto y solo heredó el poder del lado paterno, su cuerpo pudo
transformarse de forma tan limpia. Además, la piel de su ‘forma original’,
mucho más estable que la cáscara humana, evitó inicialmente el colapso total
del cuerpo.
Y aquel gemelo. En estos casos, lo mejor es
usar a los padres o a los hijos, pero a falta de ellos, el siguiente sacrificio
ideal es un hermano. Y entre hermanos, un gemelo es casi tan útil como un
progenitor.
Usando el cuerpo de aquel como sacrificio para
desviar el rebote de mana, y repartiendo el excedente entre varios magos,
lograron estabilizarlo. Muchos se ofrecieron voluntarios a pesar del riesgo,
conmovidos por el milagro de ver a Kosha regresar a su ‘forma original’.
Tras salvar el cuerpo a duras penas y asignar
a los familiares para que le infundieran mana, lograron superar la crisis
inmediata. El maná que un solo ganso podía producir era ínfimo, pero con nueve
de ellos, al menos podían suministrar el mínimo necesario para mantenerlo con
vida.
“... Ahora no queda más que esperar a que se
recupere por sí mismo. Despertará cuando su maná se llene lo suficiente como
para mantener la conciencia”.
“¿Cuándo será eso? Aproximadamente”.
Preguntó Lucien con urgencia, pero ella solo
se encogió de hombros.
“¿Cómo voy a saberlo? Cada persona tiene una
capacidad y una velocidad de recuperación distintas”.
“Pero...”.
“Espera pensando que estás rellenando un mar
seco con lágrimas”.
“Durante ese tiempo, reflexiona, arrepiéntete
un poco y dale de comer a los gansos a tiempo. Eso es todo lo que puedes
hacer”.
Añadió la Señora de la Torre, mitad en broma,
mitad en serio.
“Al menos despertará antes de que se te acabe
la vida, ¿no?”.
Su última frase sonó tanto a sarcasmo como a
maldición.
Dada su personalidad, lo normal hubiera sido
que él respondiera con la misma agresividad, pero el hombre que tenía enfrente
no parecía tener fuerzas ni para discutir ni para mantener una conversación
coherente. En este estado, no valía la pena ni enfrentarse a él. Con una
expresión de total desinterés, la Señora de la Torre se separó de la puerta.
Justo antes de pasar por su lado para
marcharse, se detuvo como si recordara algo.
“Ah, es cierto. Una cosa más...”.
“¿Una cosa más?”.
Parecían preguntar sus ojos gris azulado,
llenos de tensión. ¿Qué más podía pasar ahora?
La Señora de la Torre dudó un momento. ¿Era
realmente necesario decirle esto de antemano? Aun así, decidió que era mejor
que estuviera preparado. Si el ‘Rey de los Humanos’ se hundía en un desconsuelo
excesivo y moría antes de cumplir con su parte del trato, ella también estaría
en aprietos.
“No esperes precipitadamente que quien
despierte sea la persona que conociste”.
“¿Qué quiere decir con eso...?”.
“El maná no es simplemente un poder
misterioso. Es la esencia de un mago. Es su identidad, su vida y su tiempo”.
Murmuró ella en voz baja.
“Nadie sabe qué sucede con un mago que agota
su mana hasta la última gota, porque hasta ahora no ha habido ningún mago que
haya sobrevivido tras hacer algo así. Sin embargo, en teoría, será difícil que
sea exactamente la misma persona de antes”.
Significaba que todo el tiempo y las
experiencias pasadas que constituían al mago se habían desvanecido. Gracias a
ello, los antiguos contratos que lo encadenaban se habrían roto, pero nadie
sabía qué más se habría perdido con ellos.
Con mala suerte, perdería la memoria; e
incluso si no fuera así, seguramente habría alguna desconexión. A menos que
hubiera guardado una parte de su pasado por separado. Pero ningún mago hacía
algo así deliberadamente; no había métodos sencillos para ello.
En fin, el trato consistía en salvarlo.
Viviría de alguna forma. Más allá de eso, nada era seguro. La Señora de la
Torre soltó una risita y pasó de largo junto a un Lucien que permanecía
inmóvil.
“Bien, ahora puedes entrar a verlo. No lo
toquetees demasiado. Graba en tus huesos y recuerda siempre lo que fluye por tu
sangre”.
“Volveré a cobrar mi pago cuando el muchacho
recupere el sentido”.
Con esas últimas palabras, la Señora de la
Torre pasó junto a Lucien y desapareció sin dejar rastro.
Pasó mucho tiempo tras su partida antes de que
Lucien pudiera finalmente abrir la puerta del dormitorio y entrar.
La habitación estaba en penumbra. Sobre la
cama yacía ‘Kosha’. Ya no era un lagarto con alas, sino el Kosha que él
recordaba: pálido, de cabello castaño y facciones tan hermosas como un dibujo.
Lucien se acercó un poco más y lo observó
desde arriba.
Sobre su piel blanca quedaban rastros
dispersos de ‘escamas’ que no habían llegado a borrarse. Incluso si nunca
desaparecieran, no era algo que le molestara; al contrario, sentía que le
sentaban bien.
Más que eso, deseaba con fervor que
simplemente abriera los ojos, aunque le hubieran salido cuernos o una cola
adicional.
Quería tocar cualquier parte de su cuerpo,
aunque fuera una vez, para confirmar su existencia, pero la advertencia de no
‘toquetearlo demasiado’ lo frenaba. Sin saber qué hacer, Lucien se limitó a
mirarlo fijamente antes de dejarse caer sentado en el suelo. Entonces, rozó
suavemente la punta de la uña del dedo meñique de Kosha, que descansaba
dócilmente sobre la cama.
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La uña, que desprendía un extraño brillo de
cinco colores, era un poco más puntiaguda y dura de lo que recordaba.
Kosha.
Uniendo la punta de su dedo a la de la uña del
mago, pronunció su nombre en silencio.
Kosha, mi mago.
Por más que llamara, no había respuesta.
“Dicen que debo celebrar la coronación...”.
Comenzó a decir con dificultad, como si
hablara de los asuntos de otra persona.
“Tienes que verla tú. ¿Eh?”.
Había dado por hecho que despertaría para el
momento de la coronación. Había resistido apoyándose únicamente en esa idea.
¿Por qué seguía allí tumbado, sin dar señales de vida?
“Tú me convertiste en rey. Así que tienes que
verme”.
Aunque no había respuesta, Lucien seguía
hablándole. Como Kosha era inusualmente dócil para ser un mago, pensó que si
insistía mucho, tal vez terminaría haciéndole caso por inercia. Eso quería
creer.
¿Conoces la anécdota de la coronación del
anterior rey? ¿Qué pasa si ocurre lo mismo esta vez? Si la gente se reúne y de
pronto empieza a llover, ¿eh? Entonces tú tienes que estar mirando y hacer que
brille el sol...
Suplicó y reclamó con terquedad, como si
estuviera haciendo un berrinche.
Pero el mago, como siempre, era
exasperantemente desobediente.
Su coronación se llevó a cabo en un día de verano
radiante y sin una sola nube, como si el clima se burlara de él.
Las coronaciones en Iseland solían ser breves
y sencillas. Especialmente el tiempo en que el pueblo podía ver al rey era muy
corto. Aun así, la gente se congregó como nubes desde temprano.
El héroe al que todo Iseland amaba era ahora
el rey. Entre la multitud circulaban sus hazañas, infladas hasta el extremo.
Dicen que la princesa rebelde prendió fuego a
los campos, pero de pronto llovió y se apagó. La otra vez también hubo una
ventisca. ¡Dicen que entró solo en el campamento enemigo y capturó a la
princesa! Que no hubo ni un muerto ni un herido. ¡Yo vi claramente cómo la luz
del sol lo envolvía!
¡Sabía que terminaría siendo rey!
Bajo el sol, su cabello dorado parecía brillar
con más intensidad que la propia corona sobre su cabeza, y la gente, como
siempre, lo aclamaba con fervor.
En medio de aquel resplandor, solo la
expresión del nuevo rey era sombría, pero nadie se atrevía a comentar nada al
respecto. Seguramente se debía al gran impacto y dolor por la rebelión de su
media hermana.
¡Que la paz more en nuestro nuevo Rey! ¡Tanto
como la paz que él trajo a Iseland!
Los ramos de flores entregados por la gente se
apilaron a lo largo de los muros internos de Ostbrahe. Ante las puertas del
castillo, los soldados distribuían pan y carne seca a los pobres, y no cabía un
alma en los restaurantes y tabernas de la capital.
Las calles estaban sumidas en un ambiente
festivo, pero dentro de los muros del castillo la atmósfera era distinta.
Al final de la coronación solía seguir un
banquete, pero esta vez fue sustituido por una cena breve y solemne.
Aparte de que Lucien no estaba de humor para
banquetes, la mayoría de las familias nobles de la corte estaban de luto
reciente y, sobre todo, si había dinero para fiestas, era mejor usarlo para
reparar el techo del salón del trono.
Tras apenas probar bocado y despedir a los
nobles con una mínima sonrisa protocolaria, Lucien abandonó apresuradamente la
torre principal hacia el ala oeste. En el camino, llamó a un sirviente y le
ordenó separar una porción del pollo que se había servido en la mesa.
La carne estaba bien cocida y suave, con un
sazón ligero que pensó que le gustaría a ‘cierta persona’. Después de todo, la
cena debe hacerse en casa.
Seguro ya despertó ahora que la coronación
terminó. Es absurdo que sigas durmiendo cuando ya soy rey.
No sería exagerado decir que sobrevivió al día
apoyándose en esa creencia infundada.
Subió corriendo las escaleras del ala oeste.
Atravesó el salón de recibir, pasó por la antecámara y abrió de golpe la puerta
del dormitorio.
Pero la escena esperada no estaba allí. Lo
único que se movía en la habitación eran los gansos que custodiaban a Kosha.
Los gansos, que lo miraron con recelo, se movieron lentamente para abrirle
paso.
“Kosha”.
Se acercó y lo llamó por su nombre, pero Kosha
seguía inmóvil.
Kosha, hay que comer.
Lo llamó con suavidad, usando el tono refinado
de la corte que tanto le gustaba, pero fue en vano.
El sirviente que subió poco después con el
pollo fue expulsado sin entender por qué. Lucien cerró la puerta con llave y se
encerró en el dormitorio.
Se acurrucó en una esquina de la cama donde
yacía Kosha y buscó el sueño apenas rozando la punta de sus dedos. Deseando
que, al llegar la mañana, Kosha abriera los ojos.
Pero no los abrió.
Ni al día siguiente, ni al siguiente.
Ni al día después de ese.
Dijimos que iríamos juntos a Calot en verano.
De nada servía mencionar promesas pasadas.
Mientras Kosha callaba, el verano se esfumó. Lucien pospuso la visita a Calot
para el año siguiente.
Mientras tanto, nombró a Eleonora como señora
de Malesté y eligió al más razonable de los primos de Arabella como nuevo señor
de Seodin. Nombró a Milot secretario real y comenzó a colocar a personas de
Calot en puestos clave del gobierno central.
Eran tareas tediosas y complicadas, pero
servían para dejar pasar el tiempo.
***
Cuando comenzó a soplar la brisa fresca,
llegaron cestas llenas de uvas desde las llanuras del sur de Osterbelt.
Acompañaba el presente un mensaje: aunque las
lluvias repentinas no suelen ser buenas para el cultivo, desde aquel día de
lluvia la calidad y la cosecha de las uvas habían sido excepcionales, lo cual
atribuían a la virtud de Su Majestad.
Al ver las uvas, Lucien supo que el otoño
había llegado. Y también supo la verdadera razón de su calidad excepcional.
Tras elogiar al agricultor con palabras amables, llevó una cesta llena de esas
uvas al dormitorio del ala oeste.
Pensó que tal vez ese fruto, que habría
recibido la lluvia cargada con el poder del mago, podría despertarlo.
Las uvas eran hermosas como joyas y tenían un
aroma intenso. Rozó suavemente la punta de los dedos de Kosha mientras le
hablaba.
Kosha, despierta un momento y prueba esto.
Solo una uva. Está bien si solo la pruebas y vuelves a dormir.
Pero Kosha no reaccionaba.
Hasta que al final, sobre la fruta que nadie
tocó, creció el moho y se pudrió.
Para cuando tiró la cesta de uvas
completamente podridas, llegó una delegación de Graffen.
Fue algo inesperado. El pretexto era felicitar
la ascensión del nuevo rey, pero ¿qué felicitación cabía cuando las relaciones
diplomáticas estaban rotas hacía tiempo? Para empezar, en aquel lugar debían
considerar a Lucien como un enemigo mortal.
Esa excusa barata ya era suficientemente
molesta, pero el asunto principal que plantearon tras los saludos protocolarios
hundió el ánimo de Lucien aún más.
“Nuestro Rey desea que se le devuelva a su
sobrino, el caballero Marlette. Por supuesto, se pagará un rescate suficiente
y.…”.
Marlette. Solo con oír el nombre supo quién
era. Aquel maldito ‘gemelo’.
Sabía de su existencia desde hacía tiempo,
aunque solo se enteró de que había estado en Ostbrahe una vez que todo terminó.
Casualmente, aún seguía vivo en las mazmorras
de Ostbrahe. Los magos lo habían pedido diciendo que era necesario para salvar
a Kosha, y tras devolverlo en un estado casi agónico, quién sabe qué le habrían
hecho, Lucien lo mantuvo con vida asignándole tres médicos especiales.
Solo por la remota posibilidad de que Kosha
despertara y lo buscara. Después de todo, era su hermano; si decía que lo
necesitaba, tendría que entregárselo.
No sabía si lo pedían sabiendo esto o si
pretendían llevarse el cadáver, pero...
“¿Sabe nuestro rey por qué ese tipo está en
este país y qué fue lo que hizo?”.
Lucien interrumpió el discurso del emisario de
Graffen. El hombre, balbuceando con evidente incomodidad, retomó la palabra con
dificultad.
“... Aquello fue una intriga orquestada
unilateralmente por nuestro Duque Regente. Al enterarse, Su Majestad expresó su
profundo pesar y tristeza...”.
“Si lo sabe, entonces la historia es
sencilla”.
Naturalmente, no había gastado recursos en
mantenerlo con vida para entregárselo dócilmente a un rey títere de otro país.
Especialmente cuando Kosha aún no podía despertar. Todavía.
“Lo único que quiero como rescate por él es
que el Rey de Graffen venga en persona, se arrodille ante la víctima y pida
perdón inclinando la cabeza”.
Si Kosha finalmente no despertaba, Lucien
tenía la intención de quemar vivo a ese tipo en la plaza. Y sentía que su paciencia
se estaba agotando.
“Si no puede aceptarlo, abandone este país en
silencio mientras su cabeza sigue pegada a su cuerpo”.
El emisario de Graffen sabía quién era el
nuevo rey de Iseland. Él era el responsable de haber grabado el nombre de las
tierras de Calot, en el extremo oeste, en la sociedad noble de Graffen. Nadie
ignoraba lo que había hecho en la frontera occidental de Graffen.
El emisario cerró la boca y se marchó como si
huyera.
Por esa época consideró simplemente matar al
gemelo, pero sus ministros lo disuadieron argumentando que era mejor mantener
un rehén para las relaciones con Graffen.
Lucien ni siquiera podía desahogar su ira a su
antojo.
Y llegó el invierno.
Cuando empezó a nevar, los gansos se negaron
incluso a pasear y se encerraron en el dormitorio. Lucien se encerró con ellos.
De todos modos, en esa época no había muchos asuntos que requirieran su
atención directa.
Kosha seguía en silencio. Las marcas de
escamas que quedaban en su piel habían desaparecido y sus uñas volvieron a ser
redondas, pero eso fue todo. Lucien se acurrucaba junto a Kosha y observaba su
perfil, que parecía sumido en un sueño tranquilo.
Tras mirarlo por mucho tiempo, se dio cuenta
de que lo que era verdaderamente hermoso no era el rostro de Kosha, sino sus
ojos. Aquellos ojos que, incluso cuando lo despertaba de su sueño, lo miraban
entre sueños. Aquellos ojos que siempre y en todo lugar estaban fijos en él.
Lo había logrado todo, pero su vida era fría y
quebradiza.
Así que culpó a la estación. Él siempre había
odiado el invierno del centro de Iseland. Este maldito invierno donde la nieve
caía sin cesar. Al pensar que ahora tendría que vivir allí para siempre, a
veces sentía que iba a volverse loco y se levantaba de golpe tras estar
tumbado.
¿Por qué estoy aquí? ¿Para qué? ¿Solo para
esto?
¿Era esto lo que quería al final?
A veces se enfadaba con Kosha. Protestaba por
haberlo dejado encerrado arbitrariamente en aquel lugar frío y oscuro. Luego,
volvía a pedir perdón a solas.
Estaba un poco sensible. Lo siento. Fue mi culpa,
así que di algo...
Para cuando ya no podía distinguir si aquello
era el palacio en el corazón de la capital o el interior de un ataúd, la nieve
se derritió y empezaron a brotar los retoños. Era la época en que el ‘Rey’
volvía a estar ocupado.
El mago abrió los ojos la mañana del día en
que la nieve de las llanuras centrales se derritió por completo.
En ese momento, Lucien estaba fuera del
castillo. Era la época en que comenzaba la agricultura en las tierras reales.
Debía recibir el informe de los planes agrícolas del año, incluyendo la
siembra.
Dado que la agricultura era una parte vital de
la economía, aquello era una de las obligaciones importantes del rey. Pero en
el momento en que escuchó la noticia que trajo el guardia del ala oeste,
cualquier pensamiento sobre el deber se evaporó de su mente.
El supervisor miró con cara de tonto al rey
que partía al galope sin dar ninguna explicación, pero Lucien no miró atrás. La
siembra y todo lo demás... al fin y al cabo, el agricultor que trabajaba
directamente sabría más que él.
Dejando atrás incluso a los caballeros de la
guardia que debían escoltarlo, Lucien cruzó la capital en solitario de regreso
al palacio. Nadie se atrevía a detener al rey que saltaba del caballo sin
decoro y corría por el palacio.
Bueno, había una persona. El secretario real.
Milot se interpuso frente a Lucien, que irrumpía en el salón, con las manos en
alto.
“¡Un momento! Espere, Majestad. Solo un
momento...”.
“¿Por qué? ¿Hay algún problema?”.
Milot observó con cierta pesadumbre los ojos
despavoridos del hombre que había ascendido al trono a una edad temprana.
Lucien solía mantener la compostura a pesar de su juventud, pero en este
instante tenía el rostro de un chico fuera de sí. Lucien insistió ante el
silencio de Milot.
“¿Acaso no recuerda nada? ¿Hay algún problema
en su cabeza?”.
“... No, no es eso. Me ha reconocido a mí, a
Sir Gosric e incluso a los gansos sin problemas”.
“¿Entonces?”.
¿Entonces qué pasaba? No había perdido la
memoria, ¿qué otro problema podría haber?
“Es que... es, bueno, un poco...”.
Milot vaciló largo rato, algo inusual en él.
Lucien no pudo aguantar más. Empujó al secretario, que actuaba como un tonto, e
irrumpió en la antecámara.
Los nueve gansos que solían vivir en el
dormitorio ya habían sido desplazados a la antecámara. La puerta del dormitorio
estaba abierta de par en par y dentro ya había una multitud de personas,
incluyendo médicos.
Kosha estaba en el centro, sentado y apoyado
en almohadas. Tenía el cabello algo largo y descuidado, y su semblante era pálido,
pero sus labios tenían color.
Estaba vivo y moviéndose. Parpadeaba, hablaba
e incluso sonreía levemente.
Solo con ver esa imagen, Lucien sintió un
miedo extraño y no pudo moverse. Kosha fue el primero en notar a Lucien, que
permanecía allí de pie sin atreverse siquiera a respirar fuerte.
“Ah”.
Sus grandes ojos, que llenaban su rostro
demacrado, se agrandaron aún más. Ante esa reacción, las personas se volvieron,
descubrieron al rey y se inclinaron apresuradamente.
Abriéndose paso entre la gente que se retiraba
lentamente, Lucien se acercó a él.
Ah, mi mago.
Extendió la mano directamente mientras se
acercaba, confiando plenamente en que Kosha la tomaría.
Pero lo que recibió a cambio no fue la mano de
Kosha, ni mucho menos su voz llamándolo por su nombre.
“... Hola, Su Alteza”.
¿Hola, Su Alteza?
Lucien se quedó helado ante aquel saludo que
destilaba una extraña distancia. ¿Kosha...? Lucien se detuvo a una distancia
ambigua y escudriñó el rostro de Kosha como si tratara de descifrar un enigma.
Una voz plana, una actitud calmada y unos ojos
secos. Fue en ese momento cuando sintió que, sobre todo, esos ojos eran
profundamente ajenos. ‘Kosha’ esbozó una sonrisa un tanto forzada y volvió a
hablar.
“Eesto... me han dicho que se esforzó
muchísimo por salvarme. Se lo agradezco”.
Fue un agradecimiento impecablemente educado.
Lucien frunció el ceño por instinto. ¿A qué venía eso de ‘se esforzó’? ¿Cómo
podría ser un ‘esfuerzo’ el hecho de salvarte la vida? ¿Y por qué me das las
gracias como a un extraño...?
Al mismo tiempo, Lucien se dio cuenta
vagamente de la razón. El motivo por el cual esos ojos que tanto había anhelado
ver le resultaban ahora tan extraños. No hacía falta interrogar al médico que
examinaba a Kosha ni a Milot, que venía detrás.
La razón por la que los ojos de Kosha solían
brillar tanto no era por algún poder misterioso, sino simplemente porque
rebosaban afecto. Por eso, no era difícil entender qué era lo que había
desaparecido de esa mirada.
Ya no te amo.
Esa frase se le pegó a la nuca como una
maldición.
***
Si tuviera que compararlo, era como haber
despertado de un sueño muy largo. Una pesadilla interminable y terrible.
El sueño de la caída de su familia, de ser
expulsado de su patria, de verse envuelto en la guerra, de la muerte de su
niñera; el sueño de vagar sin rumbo, fluyendo de un lugar a otro.
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Y el sueño de amar desesperadamente a alguien
porque todo aquello era demasiado doloroso y difícil.
Era un amor agónico. Hasta el punto de
considerar el éxito de ese hombre más importante que su propia vida.
Pero... ¿cómo demonios pudo amarlo tanto?
Mientras se llevaba a la boca trozos de pollo
cortados muy pequeños, Kosha observaba de reojo al hombre sentado al otro lado
de la mesa. Fuera ya estaba oscuro, y la luz de la chimenea del salón teñía la
habitación de un tono amarillento.
Kosha ya estaba lleno, pero seguía fingiendo
comer porque quería prolongar esa cena lo máximo posible. Lucien nunca se
levantaba primero mientras Kosha siguiera moviendo las manos y la boca.
Él siempre cenaba con Kosha, sin falta. Pero
como no podía alargar a su antojo los desayunos o almuerzos debido a su
apretada agenda, quería contemplarlo un poco más por la noche. Porque sabía
que, en cuanto terminara la comida, Lucien huiría de inmediato.
¿A dónde? Bueno, a un lugar que Kosha
desconocía.
Le resultaba curioso dónde dormiría el ‘Rey’,
habiéndole cedido por completo el dormitorio del ala oeste a Kosha. Un rey no
debería dormir en cualquier sitio. ¿Usaría el dormitorio real de la torre
principal? Pero allí debía de haber mucho ruido por las obras de reparación del
gran salón.
Naturalmente, no es que no hubiera preguntado.
‘Esto... Majestad, ¿a dónde va?’ A lo que él, tras dudar un largo rato,
respondió.
‘... A dormir’.
¿Acaso le había preguntado eso? Kosha parpadeó
confundido y volvió a preguntar.
‘¿Y por qué no duerme aquí?’.
Entonces, él lo miró con una expresión de
absoluto horror, como si hubiera oído algo prohibido, y dijo con total
seriedad.
‘Lamento sinceramente que nadie te haya
enseñado esto hasta ahora, pero uno no debe dormir así como así con alguien a
quien no ama’.
Y antes de que Kosha pudiera rebatir nada,
huyó como si temiera que, de quedarse un segundo más, Kosha fuera a abusar de
él.
Esta vez, Kosha pasó al plato pequeño las
zanahorias que venían con el guiso de pollo y empezó a picarlas en trozos
minúsculos mientras sus ojos se movían de un lado a otro.
¡Pero si es que no es que no tenga recuerdos!
Es solo que se siente confundido porque todo le parece ‘ajeno’, como si hubiera
tenido un sueño o visto una obra de teatro.
Además, aunque ya lo sabía, él era realmente
guapo. Con ese aspecto, ¿no debería tener un poco más de confianza? Solo con
plantar cara, ganaría el favor de cualquiera. Sin embargo, a pesar de su
apariencia, se le veía deprimido últimamente. Incluso parecía asustado. ¿Por
qué? No es que Kosha lo hubiera rechazado. Al contrario, sentía bastante
simpatía por él. Sinceramente, era difícil no sentirse atraído. Aunque no
llegara a amarlo ‘hasta la muerte’...
Pero, ¿no es más extraño amar a alguien ‘hasta
la muerte’?
Parece que se quedó mirando a Lucien demasiado
tiempo mientras pensaba en estas cosas. Finalmente, Lucien levantó la cabeza y
habló primero.
“¿Tienes algo que decirme?”.
Era una sonrisa de manual, pero con una capa
de incomodidad en el fondo. Aun así, le sentaba bien a su manera. Kosha,
sintiéndose un poco avergonzado por el contacto visual, bajó la mirada por
instinto. Sus ojos se encontraron con la zanahoria, que ya estaba totalmente
triturada e irreconocible.
“Eh...”.
Si decía que no tenía nada que decir, el
ambiente se volvería incómodo. Y la cena terminaría. Prefería hablar de algo,
pero no sabía de qué.
Como ya se ha dicho, tenía los recuerdos, pero
se sentían como ‘recuerdos de otro’. Por eso, Kosha se sentía un poco tímido
frente a Lucien. Pero no era algo exclusivo con Lucien; Kosha incluso se sentía
tímido con los gansos.
Lucien, que miraba fijamente a Kosha mientras
este balbuceaba sin responder bien, soltó un breve suspiro. Luego, hizo sonar
la campana para llamar a un sirviente.
Kosha se desinfló un poco pensando que iba a
dar por terminada la cena, pero, al contrario, Lucien ordenó traer algo más.
El sirviente retiró los platos, colocó vasos y
sirvió algo. Kosha asomó la cabeza con curiosidad y Lucien deslizó uno de los
vasos hacia él.
Parecía vino, y un aroma dulce y denso lo
envolvió. Sin poder resistir la curiosidad, Kosha mojó sus labios en el vaso.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Si el aroma ya era increíble, el sabor era
extraordinariamente rico. En una sola gota había uvas, todas las frutas que
Kosha pudiera imaginar, e incluso el toque cremoso de la leche o la
mantequilla. Olvidando que estaba lleno, saboreó cada matiz hasta el final,
mientras Lucien murmuraba algo en voz baja.
“Esa costumbre de beber sin preguntar qué es
sigue igual”.
“¿Qué? ¿Perdone? No le oí bien”.
“No, nada. ¿Es de tu agrado?”.
Lucien cambió de tema con naturalidad y Kosha
asintió con entusiasmo.
Me alegro, continuó él con calma.
“En el futuro, no hace falta que comas a la
fuerza si estás lleno. Si quieres postre, solo pídelo y te traeré todo lo que
quieras”.
Parece que se había dado cuenta de que Kosha
estaba despiezando el pollo y la zanahoria para ganar tiempo.
Vaya, y yo que pensaba que no miraba.
Kosha, algo avergonzado, dio otro sorbo a aquel
‘vino increíble’. Quizás por el alcohol, sintió que sus mejillas se calentaban.
Sin embargo, Lucien no tocó su propio vaso, a
pesar de habérselo llenado. Solo jugueteaba con la base con sus largos dedos.
Justo cuando Kosha pensaba en secreto que
incluso sus dedos eran bellos como un dibujo, Lucien, tras moverlos un par de
veces, volvió a hablar.
“Bueno... ¿no ha habido ningún otro cambio
especial?”.
La pregunta inesperada sobresaltó a Kosha.
“¿Sigue... sintiéndose todo como un sueño?”.
Bueno, sí. Para ser precisos, era más bien una
sensación de desconexión. Como despertar de un sueño muy largo y agotador,
sabiendo quién eres, pero sin sentir que el ‘yo’ que ha despertado sea
exactamente la misma persona. Porque... la vida de esa persona del sueño
terminó cuando ‘y’” desperté. (¿De verdad piensas eso?). Los sueños son así.
(¿Pero acaso no fue un sueño?). Pero es que no encuentro a mi ‘yo’ anterior.
(¿Qué es lo que te define entonces?). Sinceramente, hasta el nombre ‘Kosha’ se
siente como si no fuera mío...
“... Ya veo”.
Murmuró Lucien. Aunque no respondió con
palabras, pareció leer la respuesta en su expresión. Tras juguetear un momento
más con el borde del vaso, Lucien volvió a preguntar.
“¿Y eso... no te resulta incómodo o difícil?”.
“No especialmente...”.
Kosha, que sospechaba internamente si Lucien
solo hacía eso para lucir sus bonitos dedos, negó con la cabeza tras una breve
reflexión.
“Más bien, como se siente distante, me duele
menos y me resulta más cómodo”.
Parece que siempre había vivido hecho un desastre,
como si tuviera un agujero en alguna parte. Incluso vivía angustiado por si
alguien descubría ese vacío. El antiguo ‘Kosha’ habría intentado llenar ese
agujero contigo. Porque el Lucien que veía y recordaba a través de los ojos de
‘Kosha’ era alguien... que parecía desbordar. De todas las cosas positivas.
Pero, ¿habría amado así si no le hubiera dolido?
Desde que recuperó el sentido, esa pregunta le
rondaba constantemente la cabeza.
Kosha, ¿en qué pensabas? ¿Querías amar, o
simplemente querías que todo terminara?
“Ah”.
Lucien emitió un sonido breve con la garganta
y asintió lentamente—.
“Entiendo. Ya veo”.
“Dices que duele menos...”.
Murmuró. Incluso tartamudeó un poco.
“Entonces, bueno, no hay... no hay nada que
hacer”.
¿Qué más podría decir él, si Kosha decía que
le dolía menos? Lucien giró la cabeza y sonrió con torpeza. Era claramente una
sonrisa, pero parecía más una mueca de dolor.
“Me alegro. Lo más importante es que no te
duela”.
“¿De verdad lo cree?”.
No.
Sus ojos decían lo contrario, pero él asintió
lentamente. Por la fuerza, como si reprimiera algo. Y dijo en voz alta: ‘Por
supuesto, claro que sí’.
Un breve silencio cayó sobre ellos. Kosha
terminó de beber su dulce vino y, con las mejillas calientes y la mirada algo
perdida, empezó a codiciar el vaso que estaba frente a Lucien.
Finalmente, Lucien, incapaz de soportar el
ambiente, rompió el silencio. Deslizó su propio vaso hacia Kosha y habló.
“Por ahora, descansa. Si necesitas algo más,
llama a alguien en cualquier momento”.
“¿Hoy también va a dormir a otra parte?”.
Preguntó Kosha arrastrando un poco las
palabras. Normalmente se habría quedado callado observando su reacción, pero
como el valor le brotaba sin darse cuenta, supuso que aquel debía de ser un
vino mágico.
Por supuesto, Kosha no tenía ninguna intención
baja o extraña. Es decir, lo de Kosha ahora era una especie de... compasión.
Porque, después de todo, esas cosas requieren preparación mental. Según
recordaba, ¿parecía que era algo demasiado grande? Incluso dudaba un poco de si
aquello era físicamente posible...
Sus pensamientos empezaban a divagar por
caminos extraños cuando Lucien, que lo miraba fijamente, frunció el ceño de
repente e intentó darle otro sermón.
“Creo que te dije claramente la otra vez...”.
“Recuerdo bien lo que dijo entonces. Pero
verá, tenía algo que quería preguntarle al respecto...”.
Kosha levantó las manos suavemente para
interrumpirlo. Mientras Lucien se quedaba paralizado, Kosha continuó con
entusiasmo.
“Escuche, según recuerdo... el tal ‘Kosha’ y
Su Alteza, no, quiero decir, ‘nosotros’...”.
¡Ups! Kosha encogió los hombros y corrigió
rápidamente el tratamiento. Aunque era porque estrictamente no se sentía como
‘Kosha’, tenía cuidado porque cada vez que se le escapaba, la reacción de
Lucien era nefasta. Ponía una cara de alguien que acaba de recibir una
notificación de ruptura, y a Kosha le dolía el corazón solo de verlo.
“... Compartíamos el dormitorio, ¿verdad?”.
Kosha eligió la expresión más moderada
posible. Es decir, incluso sin ese significado, en el día a día. Kosha
continuó.
“Pero por más que lo pienso, no recuerdo que
Su Alteza me haya dicho nunca específicamente que me ama...”.
Y eso que ‘Kosha’ lo decía con tanto empeño.
Por supuesto, que no lo dijera no significaba que no existiera. En sus
recuerdos, Lucien era, a ojos de cualquiera, un hombre enamorado. Por eso,
esperaba que él respondiera de forma madura, diciendo que esas cosas no siempre
hay que decirlas con palabras, y pasar del tema. De paso, Kosha pensaba
aprovechar esa política para el futuro. Porque, según sus ‘recuerdos’, decir
‘te amo’ era algo agotador. Como si tuvieras que escupir el corazón por la
garganta.
Sin embargo, la reacción de él fue muy
distinta a lo esperado.
“... Ah”.
Ni aunque lo atacaran por sorpresa en mitad de
la noche en un campo de batalla pondría una cara de tanta sorpresa. Era un
rostro de absoluto asombro, como si hubiera escuchado algo totalmente
imprevisto. ¿Qué pasa? ¿He cometido algún error? Kosha, sorprendido a su vez,
preguntó por inercia.
“¿Acaso he olvidado ese recuerdo en
concreto?”.
“No, no. Es que...”.
Él no era capaz de responder con claridad. No
podía dejar quietas las manos y repetía sonidos sin sentido. Parecía que ni
siquiera se le ocurría intentar una excusa o una mentira.
No era su intención asustarlo ni culparlo...
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Kosha se sumió en sus pensamientos mientras
observaba a escondidas aquel rostro lleno de desconcierto. Sentía un poco de
lástima, pero gracias a eso, Lucien no huyó rápido y se quedó sentado frente a
Kosha hasta que la leña se consumió. El mago, al final, había logrado su
objetivo.
***
Cuando Gosric regresó al castillo, ya era
noche cerrada. Una hora en la que regía el toque de queda y ni criados ni
sirvientes podían circular libremente.
Independientemente de que él tuviera autoridad
para moverse durante el toque de queda, Gosric no quería llamar la atención
provocando un alboroto a esas horas. Sin embargo, como algunos de los pasajes
secretos del castillo, que habían estado abandonados, habían sido demolidos o
clausurados deliberadamente tras la coronación de Lucien, había un límite para
moverse con discreción.
Bueno... ya era hora de aceptar que su
posición ya no era la de alguien que deba moverse en las sombras.
Finalmente, Gosric tuvo que presentar su placa
de identidad, el escudo de Iseland grabado en su espada y código militar que
cambiaba cada noche en tres puestos de guardia diferentes antes de poder entrar
en la habitación donde se encontraba ‘Su Majestad el Rey’.
El nuevo Rey de Iseland no se alojaba en el
dormitorio real en ese momento. Se entendía, ya que estaban remodelando toda la
torre principal aprovechando las reparaciones del gran salón. El espacio
decorado al gusto del anterior rey debía de resultar molesto para esos ojos tan
agudos.
Pero eso no significaba que siguiera usando el
dormitorio que tenía cuando era príncipe. Habiendo dejado de lado los
dormitorios normales, se hospedaba en una habitación de invitados del ala
oeste.
Que el rey, dueño y señor de este inmenso
castillo, estuviera en una habitación de invitados...
Al entrar, lo primero que vio fue la cabeza de
Milot hundida sobre un escritorio enorme. Ese espacio, que debería haber sido
el salón de la habitación de invitados, era ahora el despacho privado temporal
del rey. Y era el lugar donde Milot trabajaba de noche día sí y día también.
Cuando Gosric se acercó, Milot levantó su
rostro demacrado.
“Vaya, ¿no es el Capitán de la Caballería de
Ostbrahe?”.
Capitán de la Caballería.... Gosric guardó
silencio un momento.
En realidad, él deseaba fervientemente un
puesto en la guardia civil o como asesor militar. En otras palabras, quería
retirarse de la caballería activa. Pero Lucien, como burlándose de ese deseo,
lo nombró sin piedad Capitán de la Caballería de Ostbrahe. Todo porque tenía
que ascender al anterior capitán al puesto del fallecido comandante de la
Guardia.
De todos modos, por esa razón, Gosric no había
tenido muy buenos sentimientos hacia el nuevo Rey de Iseland en los últimos
tiempos. Sin embargo, como era una persona madura capaz de separar los asuntos
públicos de los privados, preguntó con calma.
“¿Y Su Majestad?”.
“Fue a bañarse”.
Milot señaló con la barbilla hacia el
dormitorio interior. Gosric frunció el ceño.
“¿A esta hora?”
“Creo que necesitaba refrescar un poco la
cabeza”.
Murmuró Milot con un escalofrío. Gosric desvió
la mirada con disimulo.
A decir verdad, desde que el mago se desmayó,
el estado del rey en privado solía ser así: o estaba demasiado frío, o
necesitaba enfriarse un poco. Y al final, el ‘círculo privado’ del rey se
reducía a Milot y Gosric.
La sabia Renata siempre había mantenido una
distancia prudencial con su señor por iniciativa propia, y Edric era como un
hermano menor al que Lucien había criado desde pequeño, por lo que este tendía
a evitar mostrarse patético frente a él.
Así que, al final, quedaban Milot y Gosric.
Cuando el mago estaba inconsciente, ellos
también se habían preocupado seriamente, pero el muchacho ya había despertado.
Gosric lo había visitado dos veces y, la segunda vez, se veía tan saludable que
incluso resultaba vergonzoso llamarlo ‘visita a un enfermo’.
Por eso Gosric se había tranquilizado de forma
natural, pero Su Majestad seguía pareciendo sumamente inquieto.
“¿Qué pasó ahora...?”.
Preguntó Gosric con cautela. Más allá de
rencores personales, la inestabilidad de un rey puede convertirse en una crisis
nacional. Además, aunque Lucien no lo demostraba abiertamente, había heredado
mucho del temperamento sensible de su padre; su madre, a simple vista, tenía
una personalidad totalmente opuesta a la suya.
Milot, tras mover los ojos como si estuviera
sopesando algo, respondió bajando mucho la voz.
“Esta tarde llegó la tercera carta de apremio
de Gaicrux. Parece que realmente no pueden posponerlo más”.
(NT: Apremio: Mandato legal o administrativo
utilizado para obligar a una persona a cumplir con una obligación que tiene
pendiente, como el pago de una deuda, el cumplimiento de un contrato, o una
orden judicial.)
“... Ah”.
Gosric emitió un sonido sordo con la garganta.
Aunque no conocía los detalles exactos, sabía que Lucien le debía algo a esa
gente como pago por la vida del mago.
Y desde el día en que el mago despertó, quién
sabe cómo se enteraron, no habían dejado de enviar cartas de apremio a través
de delegaciones exigiendo el pago de esa deuda.
Sin embargo, Lucien parecía haberlo estado
postergando día tras día. Si se tratara de un precio ordinario, dado su
carácter, ya lo habría pagado para terminar con el asunto; era algo impropio de
él. Incluso se mostraba extremadamente inestable cada vez que recibía un
apremio, pero seguía postergándolo y evitándolo. A estas alturas, Gosric
empezaba a preocuparse seriamente por la naturaleza de ese pago.
Justo cuando Gosric fruncía levemente el
entrecejo, Milot levantó la cabeza y preguntó.
“Por cierto, Sir, ¿cómo es que vino a estas
horas? No tenía noticias de que vendría”.
“Ah, eso...”.
Fue cuando Gosric tanteó instintivamente la
bolsa que llevaba al cinto para asegurarse de que estaba allí.
Se oyó el sonido de pies arrastrándose desde
el dormitorio interior y la puerta cerrada se abrió de golpe. Gosric y Milot
giraron la cabeza al unísono y se toparon con unos ojos gris azulados que los
escudriñaban.
“......”.
Como si realmente acabara de lavarse, Lucien
vestía solo una fina camisa bajo una túnica larga mal puesta. El agua goteaba
de su cabello húmedo y mal secado.
Debido a su constitución física no se notaba
mucho, pero había adelgazado bastante durante el invierno. Por eso, incluso
cuando estaba quieto, su expresión parecía algo afilada.
“... Majestad”.
Gosric se inclinó para mostrar respeto.
“He traído el objeto que mencionó”.
Cuando Lucien se acercó, emanó un frío
intenso. No era una metáfora; probablemente se debía a que se había lavado con
agua helada.
Aunque se trataba de una habitación de
invitados de lujo con baño incluido, el horario del agua caliente estaba
fijado. Las tuberías que suministraban agua caliente sin límite solo llegaban a
los baños privados de las habitaciones de la familia real. Y ese baño privado
real estaba ahora ocupado por ‘alguien más’...
Por supuesto, no era pleno invierno y Lucien
no era el tipo de persona que se resfriaría por echarse un poco de agua fría
encima. Lo que preocupaba era otra cosa.
Lucien extendió la mano y Gosric le entregó en
silencio una caja sacada de su bolsa. Era una caja negra con bordes dorados y
delicados grabados de enredaderas. Él soltó el cierre de la caja sin decir nada
y comprobó el contenido.
Gosric había ido personalmente hasta el
territorio de Aramore para traer ‘ese objeto’ con urgencia. En ese momento, no
había nadie más en quien confiar con la movilidad necesaria para transportar
algo así.
Lucien lo había presionado tanto que había ido
y vuelto en un suspiro, casi sin pensar. Tras dudar un momento, Gosric no pudo
contenerse y preguntó.
“Esto, Majestad”.
“¿Dime?”.
“¿Es acaso ese el objeto que debe entregar
como pago a ‘ese lugar’?”.
Como sabía lo sensible que se ponía Lucien
cada vez que surgía ese tema, eligió sus palabras con sumo cuidado. Tanto que
incluso Lucien no lo entendió de inmediato. ¿Qué?, preguntó distraídamente, antes
de fruncir el ceño y soltar un suspiro poco después.
“Ah, no. Ni hablar. Esto es solo...”.
Lucien cerró la caja con un chasquido seco y
negó con la cabeza con una sonrisa amarga. Como si deseara que el pago pudiera
saldarse con algo como eso. Tras dudar un largo rato, continuó con dificultad.
“Es solo... que parece que he cometido algunos
errores con él”.
Cuando el Rey, en privado, se refería a
alguien con un término tan informal, vago y cercano como ‘él’ (o ‘el chico’),
la probabilidad de que fuera ‘el mago’ era muy alta. Pero...
¿Errores? Bueno, por supuesto que habría
cometido muchísimos. Y eso, hasta cierto punto, era inevitable. Después de
todo, había sido criado para ser rey. El modo en que esas personas manejan las
relaciones humanas es necesariamente distinto al de la gente común.
¿Se estaba dando cuenta de eso recién ahora?
¿O planeaba disculparse incluso en este momento?
Gosric también sabía vagamente que, desde que
el mago casi muere y regresa a la vida, algo en él había cambiado, y que eso
ponía a Lucien extremadamente ansioso.
Pero si realmente quería ganarse su favor, ¿no
sería mejor mostrarse en persona en lugar de enviarle algo así? Bastaría con ir
así, con esa ropa descuidada, goteando agua y con cara de lástima. Seguro que
ese mago se quedaría embobado y le perdonaría cualquier cosa.
Mientras pensaba eso sin querer, Lucien se
volvió bruscamente hacia él como si le leyera el pensamiento.
“No tengas pensamientos impertinentes,
Gosric”.
Qué rápido es para darse cuenta.
Gosric encogió el cuello por reflejo.
“Entonces, este servidor se retira…”. Justo cuando intentaba escabullirse.
“Espera, pero...”.
“¿Sí?”.
“... Si le pido que viva conmigo ahora,
probablemente no le guste mucho, ¿verdad?”.
Fue una pregunta tan personal que la espalda
de Gosric se tensó por un instante. Tras sopesar sus palabras, dio la respuesta
más neutral y moderada posible.
“¿Acaso no están viviendo ya juntos...?”.
Al fin y al cabo, ¿no estaba el mago usando el
dormitorio del rey? Solo que el rey no entraba en su propia habitación. Lucien
frunció el ceño y continuó con gesto atribulado.
“No, no me refiero a eso. Digo, de forma más
oficial”.
“.......”.
“De ahora en adelante, para siempre”.
“Ah”.
Oficialmente, vivir juntos para siempre. ¿Qué
significaba eso en última instancia? Gosric miró a Milot pidiendo ayuda, pero
Milot, como si ya hubiera pasado por esta situación, tenía la nariz pegada al
escritorio y lo ignoraba.
“Ehh...”.
Gosric dudó un largo rato antes de dar una
respuesta.
“Majestad, para empezar, el mago es un hombre”.
“¿Crees que no lo sé?”.
Replicó Lucien irritado.
“Los problemas institucionales los resolveré
yo mismo. Lo más importante es su voluntad, pero el problema es que ahora no
tenemos mucho tiempo”.
¿Cómo demonios planeaba resolver lo
institucional...? Sin embargo, otra pregunta salió de su boca antes.
“¿Por eso me pidió que trajera ese objeto con
tanta urgencia?”.
“.......”.
¡Ahora resultaba que no era un simple regalo
de disculpa! Ya decía yo, me parecía demasiado caro para ser solo una
compensación por un error.
Gosric chasqueó la lengua mentalmente. Aunque
tenía rencor por el rechazo de su jubilación, en el fondo Lucien era como un
sobrino. El Rey de Iseland aún era demasiado joven.
“Majestad, ¿cuánto tiempo hace que no entra en
su habitación?”.
Esta vez tampoco hubo respuesta inmediata. No
hacía falta oírla para saberlo.
“Un mago no es un ser al que se pueda retener
por la fuerza, ¿no cree? A menos que esté pensando en ponerle de nuevo las
esposas de oro de Idelma”.
“¿Estás loco?”.
“A eso me refiero. Como usted dijo, ¿no es la
voluntad del mago lo más importante? Quedarse aquí así no le dará la respuesta,
así que entre de una vez y hable con él. Y de paso, deje que el pobre Milot se
vaya ya a casa”.
Lucien vaciló un largo rato. Al fin y al cabo,
¿acaso no sabía él mismo que esa era la respuesta lógica? Finalmente, escupió
las palabras como si se viera obligado a decir algo que realmente no quería
admitir.
“Pero es de noche, ¿y si pasa algo por
casualidad? Él todavía...”.
Gosric finalmente no pudo contenerse y soltó
un suspiro. Parece que ni el cuerpo ni el corazón le obedecen, ¿verdad?
Pero si Su Majestad llegaba a ordenarle que
trajera alguna medicina para la disfunción eréctil, Gosric estaba seguro de que
sus delgados nervios no aguantarían más.
Entonces, este servidor se retira de verdad.
Aprovechando la vacilación de Lucien, Gosric se inclinó y salió de la
‘habitación de invitados’ del rey como si huyera. Al fin y al cabo, ya estaba
demasiado viejo y cansado para meterse en los líos amorosos de otros.
***
¿Por qué no le dijiste ‘te amo’ a Kosha?
Desde que esa pregunta lo había dejado
descolocado sin querer, Kosha había estado disfrutando de un lujo inesperado
durante unos días: el tiempo que pasaba con Lucien había aumentado.
Antes solo comían juntos, pero durante esos
días Lucien lo visitaba con más frecuencia. Aparecía de repente por la tarde
para caminar juntos por el patio del ala oeste, o se quedaba hasta tarde
después de cenar disfrutando del postre mientras jugaban juegos de mesa
sencillos.
Eso sí, en cuanto la noche avanzaba y Kosha
daba señales de sueño, huía tajantemente.
Sinceramente, parecía que los paseos o los
juegos de mesa no eran su verdadero objetivo. Incluso con la poca perspicacia
de Kosha, era evidente que él quería decirle algo, pero daba vueltas con
diversas excusas y al final se marchaba sin haber dicho nada.
¿Acaso querrá decirme que me ama?
Pero no podía imaginárselo... Bueno, tal vez
sería un poco vergonzoso. Quizás lo había presionado sin querer. Quizás se
preguntaba si ‘él’ tenía derecho a escuchar esas palabras...
Y sobre todo, quería disfrutar de este estado
actual por un poco más de tiempo.
El clima era espléndido estos días. La
primavera se acercaba a pasos agigantados a las llanuras centrales de Iseland.
El mundo entero era de un verde tierno y vibrante, y el color y el ángulo de la
luz del sol cambiaban un poco cada día.
Le gustaba caminar sin rumbo por el sendero
silencioso que se extendía desde la puerta lateral del ala oeste. El sol era
cálido y realmente no tenía ninguna preocupación. Era mejor porque no caminaba
solo.
En la vasta llanura empezaban a brotar
pequeñas flores silvestres y Lucien sabía muchas cosas triviales y fascinantes.
Sabía distinguir las flores de primavera que se podían comer directamente, y
cuando Kosha masticaba lo que él le ponía en la boca, sabía dulce.
Era la primera vez en su vida que observaba
esas pequeñas cosas una a una. Quedarse quieto recibiendo la luz del sol, mirar
las nubes pasar interminablemente...
Cuando Kosha sonreía sin darse cuenta, Lucien
le devolvía la sonrisa. Sin preguntar por qué se reía. Cuando él intentó
besarlo por costumbre al ver su sonrisa, Kosha encogió el cuello por instinto,
y aunque él pidió perdón de inmediato... en ese momento Kosha se arrepintió un
poco.
¿Por qué me habré apartado? Debería haber
dejado que lo hiciera.
Además, Lucien le enseñó a Kosha algunos
juegos de cartas. Fue muy emocionante. Como en el ‘hogar’ de Kosha las cartas
se consideraban un juego de adultos, aunque sabía de juegos de tablero, era la
primera vez que sostenía cartas.
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Él era un profesor bastante bueno. Kosha se
acostumbró rápido a las cartas e incluso llegaron a hacer apuestas sencillas.
Lucien apostaba dinero y Kosha, como no tenía dinero, apostaba gansos. Al
principio perdió dos gansos seguidos, pero no tardó en recuperarlos e incluso
en ganarle algo de dinero.
... En realidad, se notaba que Lucien se
dejaba ganar a propósito. Pero era divertido aun sabiendo eso. Ese día Kosha se
rió tanto que al día siguiente incluso tuvo ligeros dolores musculares.
Así que, solo un poco más de esta alegría.
No es que no hubiera pensado en preguntarle
primero si tenía algo que decirle... pero tenía miedo de que esta rutina se
rompiera.
Y Lucien es una persona perspicaz. ¿Acaso no
sabría que Kosha estaba fingiendo no darse cuenta? Así que quizás era el propio
Kosha quien mantenía cerrada su boca.
A pesar de pensar que era algo egoísta,
mientras lo ignoraba cobardemente, el tiempo pasó volando. No era exagerado
decir que fue el tiempo que más rápido había pasado en la vida de Kosha.
Una tarde pacífica como cualquier otra, Lucien
envió inesperadamente a un sirviente para decirle que ‘el trabajo se alargaría,
así que hoy cenara primero’.
Era la primera vez que cenaba solo desde que
despertó, pero Kosha no se sorprendió mucho. Es natural que el trabajo del rey
aumente a medida que los días se vuelven más cálidos. Por estas fechas, tendría
que recibir interminables saludos de año nuevo de los nobles locales y tomar
decisiones sobre el presupuesto militar y los impuestos del año.
Desde luego, era un poco excesivo monopolizar
el tiempo de la cena del rey en una época así. Kosha transmitió con calma a
través del sirviente su deseo de que ‘Su Majestad también se alimentara bien’.
Pero, más allá de no sorprenderse, al intentar
cenar solo se sintió un poco solo. Parece que ya se había acostumbrado. Como ni
siquiera tenía mucho apetito, Kosha terminó su comida tras pellizcar un poco de
pan.
Y se sintió un poco perdido. A pesar de haber
pensado que el tiempo pasaba demasiado rápido, ahora el tiempo no pasaba en
absoluto.
Lucien le había traído a Kosha una gran
cantidad de libros y juegos de rompecabezas para jugar solo, pero no lograba
interesarse en ellos.
Pensó en confraternizar un poco con los gansos
que custodiaban el dormitorio, pero ellos, tras haber comido a saciedad,
llevaban tiempo dormidos hechos un ovillo en un rincón. Sí, cuando se pone el
sol hay que dormir. De hecho, en el campo eso era lo normal, pero en el
castillo, como tenían luces encendidas por todas partes, uno terminaba buscando
cosas que hacer.
Llegó a la conclusión de que era mejor
dormirse pronto. El pensamiento de que ‘al menos podría verlo mañana en el
desayuno’ también lo alentaba desde un rincón de su mente.
Se lavó ligeramente con agua tibia y se puso
una camisa fina y unos pantalones anchos. Apagó la lámpara de aceite de llama
amarilla cubriéndola con su tapa en forma de campana y se subió a la cama.
Sin embargo, a pesar de estar bien tapado y
acostado tranquilamente, le resultaba extrañamente difícil conciliar el sueño.
... Quizás era porque esta cama era demasiado
grande. Kosha dio vueltas de un lado a otro. Pero por más que buscara
culpables, nada cambiaba.
Finalmente, cuando Kosha se puso de nuevo boca
arriba y se quedó mirando fijamente los grabados del dosel de la cama.
Toc, toc. Se oyó un pequeño golpe en la
puerta.
“¿......?”.
Era tan suave que al principio pensó que lo
había imaginado. Pero al ver que el ganso que dormía junto a la puerta también
levantaba la cabeza, supo que no se había equivocado.
“¿Qué pasa?”.
Se incorporó a medias mientras un segundo
toque, muy cauteloso, resonaba en la puerta. Luego, le siguió una voz baja.
“Kosha, ¿Estas dormido?”.
Ah... La voz familiar hizo que el ganso
volviera a enroscar el cuello para seguir durmiendo, pero Kosha se levantó de
la cama a toda prisa. Al correr y abrir la puerta, efectivamente, Lucien estaba
allí de pie.
“... Ah”.
Kosha lo miró aturdido, pero Lucien parecía
más sorprendido que él. Tras mirarlo fijamente, le preguntó de repente.
“¿Por qué no estás durmiendo?”.
Como si hubiera deseado que estuviera dormido.
¿A pesar de haber venido él mismo? Si estuviera dormido, no podría haberle
abierto la puerta. Kosha parpadeó confundido.
Incluso su apariencia era un poco extraña.
Llevaba solo una fina camisa, de las que se usan para dormir, bajo una túnica
larga, y tenía el cabello empapado.
¿Está lloviendo afuera...?, estuvo a punto de
preguntar tontamente al no oír ruido de lluvia tras la ventana, cuando Lucien
habló.
“Siento venir a esta hora. He venido porque
tenía algo que decirte...”.
Lucien sonrió con torpeza. ¿Algo que decir a
estas horas? Mientras Kosha ladeaba la cabeza, Lucien continuó tras dudar un
momento.
“Pero antes de eso, emm, tengo algo que darte
primero”.
“Eh... ¿entonces quiere pasar primero?”.
Tras pensarlo, Kosha se hizo a un lado con
suavidad. No era adecuado quedarse parados en el umbral.
Y Lucien... por primera vez desde el día en
que Kosha despertó, puso un pie en su dormitorio. A juzgar por su expresión,
parecía que estaba entrando en un pozo de fuego en lugar de en una habitación.
Incluso después de entrar, vaciló durante un
buen rato, y solo se sentó lentamente en el borde de la cama cuando Kosha, que
no podía seguir mirando la escena, le hizo señas con la mano.
“Originalmente no planeaba dártelo en una
situación así ni de esta manera”.
“Entonces puede dármelo más tarde, no pasa
nada”.
Fuera lo que fuese. Kosha habló con dulzura,
pero Lucien negó con la cabeza de inmediato.
“No, creo que debo dártelo ahora”.
Dicho esto, y antes de dudar más, extendió
algo hacia Kosha. Estaba tan oscuro que ni siquiera se había dado cuenta de que
llevaba algo en la mano, pero al mirar de cerca, era una caja negra con bordes
dorados y delicados grabados de enredaderas.
“Es tuyo”.
Kosha soltó el cierre con cuidado y abrió la
caja. En ese instante, contuvo el aliento sin darse cuenta.
Sobre un cojín de terciopelo negro, había una
gema que brillaba con un azul intenso. Sin embargo, lucía muy diferente a
cuando estaba incrustada en el brazalete.
Pequeñas gemas diminutas rodeaban
cuidadosamente la piedra azul, dibujando curvas suaves que recordaban a
enredaderas de flores. En cierto modo, no parecían enredaderas, sino llamas.
O.… la larga cola de alguna criatura.
Una cola deslumbrantemente hermosa.
Ah, lo que había perdido.... El pequeño
lagarto que dormía profundamente en su interior se agitó como si estuviera a
punto de despertar.
Ante el silencio de Kosha, la explicación de
Lucien se alargó: que había encargado una nueva montura, que en cierta ciudad
había un artesano famoso, que tardó más de lo esperado, que nunca más volvería
a usar el oro de Idelma... Sin embargo, nada de eso llegaba realmente a los
oídos de Kosha.
“¿No te gusta?”.
Añadió él con cierta ansiedad.
“Si no te gusta, puedo mandarlo a hacer de
nuevo. ¿Lo rehacemos?”.
Su voz era tan dulce y suave que Kosha levantó
la mirada sin pensar.
Pero en el momento en que sus ojos se
encontraron, al enfrentar de cerca esos ojos gris azulados y lo que contenían,
Kosha se asustó de nuevo y tuvo que bajar la cabeza. Rápidamente negó.
“No, es imposible que no me guste. Es tan
hermoso”.
Quizás, incluso más que esta joya...
“¿Está bien que me dé algo así...?”.
Preguntó Kosha con cautela, incapaz de mirarlo
a los ojos.
“... Siempre fue tuyo”.
Pero, ¿realmente? De repente, pensamientos
desconocidos invadieron su mente.
¿Acaso mi cola no estaba llena de cicatrices,
torcida y solo me causaba dolor? ¿Alguna vez tuve una cola tan hermosa como
esta...?
Sintió miedo de repente y, sin darse cuenta,
cerró la tapa de la caja. Vio que la mano de Lucien temblaba ligeramente en el
aire. Ah, he sido grosero. Kosha, desconcertado, inclinó la cabeza
apresuradamente y expresó su tardío agradecimiento.
“Gracias, Majestad. Siento que es un objeto
demasiado valioso para mí, pero...”.
Por eso, no llegó a ver cómo la expresión de
Lucien se endurecía levemente ante ese agradecimiento tan formal. Incapaz de
soportar el incómodo silencio que siguió, Kosha volvió a preguntar.
“Por cierto, ¿qué era lo que quería decirme
antes?”.
“... Ah”.
Lucien, que se había quedado un poco
abstraído, reaccionó un segundo tarde.
“Ah, eso... bueno, es que...”.
Tras buscar las palabras con nerviosismo,
finalmente habló con un tono que denotaba que no le apetecía nada el tema.
“Bueno, mañana vendrá la dueña de Gaicrux. Le
prometí que, en cuanto estuvieras recuperado, le permitiría verte. Ese fue el
trato”.
“¿El trato?”.
“La condición para... salvar tu vida”.
Ante las inesperadas palabras, los ojos de
Kosha se agrandaron un poco.
Había imaginado que la Maestra de la Torre
había intervenido de alguna manera en su supervivencia, pero no sabía que
Lucien había hecho tal promesa con ella. Además, le resultaba sorprendente que
ella hubiera pedido ‘ver a Kosha’ como pago.
Según sus ‘recuerdos’, el último encuentro
entre ‘Kosha’ y la Maestra de la Torre no había sido precisamente agradable.
“Pero si sientes que aún no estás del todo
recuperado, podemos posponerlo un poco más. Todo lo que sea necesario. Puedo
decirle que espere”.
Añadió él rápidamente mientras Kosha vacilaba.
No sabía si era su imaginación, pero parecía que Lucien deseaba que Kosha
dijera eso.
Mi salvación y la condición que la acompaña...
Kosha miró fijamente la caja negra en sus
manos. No lo pensó mucho tiempo.
“Está bien. Puedo verla”.
“... Ah”.
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Lucien emitió un sonido sordo con la garganta.
“Ya veo. Entiendo”. Y así, se levantó de su asiento. “Entonces, emm, descansa”.
Como si intentara huir de nuevo tras esas breves palabras.
¿Va a irse así después de haber llegado hasta
aquí? ¿Solo para entregar la joya?
Fue un acto casi inconsciente el que hizo que
Kosha agarrara el borde de su túnica. Al mismo tiempo que Lucien se volvía,
Kosha soltó las palabras de golpe.
“E-esto, las manos”.
“¿Qué?”.
“Caliente sus manos un poco antes de irse”.
“Es que... me pareció que antes sus manos
estaban un poco frías...”.
Su voz, vacilante, se fue haciendo cada vez
más pequeña.
“Ya que está aquí. Podría resfriarse”.
Y Kosha extendió sus manos suavemente. Las
yemas de sus dedos temblaban levemente, incapaces de ocultar su nerviosismo.
Lucien miró alternativamente esas manos y el
rostro de Kosha en silencio. Como si intentara medir la intención oculta,
fijamente. Pero no pudo haber descubierto nada, ya que el único deseo de Kosha
era simplemente estar un poco más de tiempo con él.
“¿No quiere?”.
Presióno Kosha, y Lucien finalmente no pudo
decir que no. Terminó parándose dócilmente frente a Kosha y extendiendo ambas
manos. A pesar de haber dicho que calentara sus manos, las de Kosha tampoco
estaban tan cálidas, pero al entrelazarse, parecía que el calor se filtraba
poco a poco entre ellas.
Cuando Lucien estuvo lo suficientemente dócil,
Kosha soltó sus manos con cuidado y, sin decir palabra, abrió los brazos.
La expresión de él se distorsionó como si
estuviera en un gran aprieto, pero al final no pudo negarse. Durante todo el
invierno, no había podido abrazar adecuadamente a su amante y había pasado
demasiado frío.
La resistencia no duró mucho. Él se hundió en
ese abrazo como si se desmoronara. Kosha estrechó entre sus brazos al hombre
que se acurrucaba contra él. Y, fingiendo no poder con su peso, se dejó caer
hacia atrás en la cama.
El cuerpo grande se dejó llevar sin
resistencia.
Realmente pesa mucho..., pensó Kosha
distraídamente mientras miraba el techo. Aun así, se sentía bien porque estaba
cálido. Kosha giró la cabeza y susurró suavemente al oído de él.
“Gracias de verdad por el regalo. De verdad”.
“¿Te gusta?”.
Preguntó él, girando la cabeza tras haber
tenido la nariz hundida en la nuca de Kosha. A una distancia donde sus narices
casi se tocaban, habló con un tono muy juvenil, diferente al de siempre.
“¿Por eso me abrazas...?”.
Había un rastro de vacilación en su segunda
pregunta. Kosha rió suavemente.
“Esto es simplemente porque yo quería
hacerlo”.
“Pero la última vez, parecías incómodo con
solo tocarnos las manos”.
“En ese momento era incómodo...”.
Murmuró Kosha como una excusa. Él volvió a
preguntar.
“¿Y ahora está bien?”.
“Mmm, supongo que sí...”.
Mientras balbuceaba, Kosha soltó un pequeño
quejido. Lucien, notando la incomodidad, se giró abrazando a Kosha para
acomodarse.
Cuando estaba debajo, sentía que se quedaba
completamente plano, pero al subir sobre el cuerpo de él, exagerando un poco,
sentía que hasta podría rodar. Mientras Kosha se movía buscando una postura
cómoda, algo presionó su muslo. Algo largo y...
¿Qué es esto que hay aquí en medio?
Inconscientemente movió las piernas para
apartar ese estorbo, pero la mano de Lucien, que le sujetó el muslo, fue más
rápida.
“E-espera un momento”.
Una voz ronca y apremiante lo siguió. Solo
después de encontrarse con sus ojos, Kosha se dio cuenta de qué era ‘eso’.
Kosha abrió la boca con torpeza y Lucien rió con perplejidad mientras apartaba
la pierna de Kosha.
“Simplemente ignóralo. Está bien”.
No parecía algo fácil de ignorar, pero Kosha,
al no tener otra opción, fingió no darse cuenta y relajó el cuerpo. Luego, tras
observar su reacción, preguntó con cautela.
“¿Aun así, no podría quedarse conmigo al menos
hasta que me duerma?”.
“Está bien, lo haré”.
Él aceptó muy dócilmente. Y comenzó a
acariciar lentamente la espalda de Kosha con su mano. Kosha, con la mejilla
apoyada en su pecho y parpadeando lentamente, murmuró sin pensar.
“Los latidos de su corazón son demasiado
fuertes...”.
“... Lo siento. No volverá a pasar”.
¿Cómo que no volverá a pasar?
Kosha casi se ríe sin querer.
“¿Es porque está nervioso?”.
¿Porque le gusto?. Lanzó la broma, pero la
reacción no fue la esperada. “No sé”, murmuró él.
“Más que eso, es un poco...”.
¿Un poco? Preguntó Kosha alzando la mirada con
curiosidad.
“... porque tengo miedo”.
¿De qué tiene miedo?, preguntó Kosha con la
mirada, pero él solo mostró una sonrisa serena. Luego, acarició suavemente la
mejilla de Kosha con sus dedos.
“Tus ojos se ven somnolientos”.
“Tengo sueño, la verdad”.
Cuando estaba solo no podía dormir, pero ahora
que él estaba aquí, curiosamente le entraba sueño.
Parece que esta cama sí que es para dos
personas. Como la estaba usando mal, por eso no podía dormir....
Mientras seguía con esos pensamientos
inútiles, Lucien rió suavemente.
“¿Puedo besarte en la frente antes de
dormir?”.
“Mmm, sí. Me parece bien”.
Kosha asintió dócilmente. Él atrajo el hombro
de Kosha y presionó sus labios contra su frente. No se detuvo en una vez, sino
que continuó varias veces más.
Y siguió acariciando su espalda con suavidad,
siguiendo el ritmo de la respiración de Kosha. El cuerpo de Kosha se volvió
lánguido enseguida. Fue cuando sus ojos se cerraron suavemente y su respiración
se calmó.
A través de sus oídos, ya medio sumergidos en
el sueño, escuchó un pequeño susurro.
“No entiendo... por qué me amabas antes”.
Por eso no sé qué debería hacer, murmuró él.
Kosha fingió dormir mientras escuchaba ese
monólogo. Y, escuchando el sonido que retumbaba desde su corazón, se sumió
profundamente en sus pensamientos.
***
La Maestra de la Torre visitó a Kosha cerca
del mediodía.
Era una hora en la que no habría sido extraño
almorzar juntos, pero no tenían una relación como para sentarse a comer algo.
Además, ninguno de los dos era de los que tenían mucho apetito.
Sobre todo, Lucien le había insistido mucho a
Kosha desde la mañana: que almorzaran juntos una vez que la Maestra de la Torre
se fuera. Dijo que esperaría sin importar cuánto tardara. Kosha no sabía por
qué era tan persistente, pero como prefería comer con Lucien si de todos modos
iba a hacerlo, aceptó dócilmente.
Así que los dos magos terminaron frente a
frente en el salón del ala oeste, con solo un plato de fruta entre ellos.
“Nuestro último encuentro no fue precisamente
agradable. Es un honor que hayas aceptado verme de nuevo”.
Comenzó ella. Su tono era peculiar, no se
sabía si era sarcástico o no.
“Primero, quisiera darte algunas explicaciones
sobre la conversación de aquel día”.
“¿Explicaciones?”.
“Sí. Porque en ese momento... reaccioné de
forma un tanto exagerada”.
Eso era cierto, pero ¿por qué dar
explicaciones ahora? Kosha, que no estaba particularmente enfadado con ella,
parpadeó desconcertado.
La Maestra de la Torre, que lo observaba
fijamente, se recostó profundamente en el sillón y continuó.
“Es cierto que la situación en la Torre no es
muy estable. Pero no de la forma que tú imaginas. La mayoría solo quiere irse,
casi nadie tiene interés en atacar a los de arriba”.
Como los magos no tienen tanto interés mutuo.
Para empezar, casi no hay reproducción entre magos a menos que se les obligue.
En esa situación, ¿quién tendría interés en quién es el líder?
“Alpeisa era uno de esos pocos especímenes
peculiares”.
Ante el nombre de Alpeisa, que no escuchaba en
mucho tiempo, Kosha frunció el ceño sin darse cuenta.
“Él tampoco era precisamente un luchador por
la libertad que clamaba por la emancipación de los magos. De verdad, ¿para qué
te mentiría a estas alturas? Es un tipo que, en esencia, tiene ambición de
poder”.
Como si hubiera leído al instante la duda en
los ojos de Kosha, la Maestra de la Torre chasqueó la lengua.
“Él tuvo una gran pelea conmigo y logró huir
milagrosamente tras perder la mitad de su corazón. La razón por la que no lo
perseguí para matarlo fue porque, debido a esa herida, le resultaba difícil
usar la magia correctamente. Por eso se obsesionó con artes vulgares como las
maldiciones”.
“......”.
“Originalmente era un mago bastante
sobresaliente. Sinceramente, si hubiera estado en condiciones de mostrar su
antigua habilidad, ni siquiera tú habrías podido atacarlo así”.
Kosha tragó saliva. Sus ‘recuerdos’ de aquel
día eran un poco confusos y borrosos. Pero recordaba vívidamente lo terrible
que fue verlo gritar con fragmentos de oro de Idelma incrustados en sus ojos.
Kosha dudó un momento y preguntó.
“¿Murió Alpeisa aquel día?”.
“Ni hablar. No fue una herida mortal y sigue
con vida. Aunque no en muy buen estado. Lo tengo bajo observación en la
Torre...”.
“Habrá que vigilarlo”.
Añadió ella encogiéndose de hombros.
“De todos modos, es cierto que quería evitar
que ese tipo se convirtiera en el mago del rey. Estaba influyendo demasiado en
mi primer hijo. Aunque seguramente no era su intención”.
Es un error común que cometen los magos cuando
tienen contacto con humanos por primera vez: dejarse cautivar. La Maestra de la
Torre soltó una carcajada, mirando a Kosha de frente con una expresión muy
significativa.
¿Significa eso que yo también estoy cautivando
a Lucien...?, pensó Kosha. Justo cuando estaba a punto de preguntar, un tanto inquieto,
la Maestra se le adelantó.
“Y también es cierto que yo maté al anterior
Maestro de la Torre. Sucedió, aunque fue hace ya bastante tiempo. Era un tipo
que se dejaba arrastrar por los humanos”.
“......”.
“En aquel entonces yo también era joven. Es una
de las cosas de las que me arrepiento ahora. Había intentado enterrarlo en el
olvido, pero como tú lo tocaste sin previo aviso, yo también me puse un poco...
sensible”.
La Maestra de la Torre añadió aquello como una
excusa, como si leyera la irreverencia en los ojos de Kosha. Pero nada cambiaba
realmente.
¿Si de verdad se arrepintiera, reaccionaría
así...?, pensó Kosha con escepticismo antes de abrir la boca lentamente.
“Pero, ¿por qué odia tanto a los humanos?”.
“......”.
“Incluso los magos aristócratas de Graffen no
los odian hasta ese punto”.
En todo caso, ellos los desprecian como seres
inferiores, pero el odio de la Maestra de la Torre era de una naturaleza
distinta.
Ella desvió la mirada con un gesto de
incomodidad. Tras un breve silencio, extendió la mano y una copa de peltre
apareció en el aire. Comenzó a sorber un líquido de identidad desconocida.
Kosha la esperó en silencio. Solo después de vaciar media copa, ella volvió a
hablar.
“... Hace tiempo me preguntaste por el mago
del rey anterior”.
Castor. Al pronunciar ese nombre, su voz sonó
un poco ahogada. Kosha abrió mucho los ojos ante el nombre inesperado.
“Él fue mi maestro”.
“¿Su maestro...?”.
“Fue hace mucho tiempo. Mucho, mucho tiempo”.
Ella agitó la mano. Ciertamente, esa relación
de maestro y discípulo con enseñanza individual era una costumbre muy antigua
en la sociedad de los magos. En otras palabras, era algo que casi no se
encontraba en el mundo actual.
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“Él y yo viajamos por muchos lugares... y
vimos cómo los humanos destruían el mundo”.
Sus labios se movieron como si quisiera decir
algo más, pero finalmente suspiró brevemente, como si se rindiera.
“He visto demasiado. Por eso no puedo querer a
los humanos. Y esto seguirá siendo así por mucho tiempo que pase”.
“......”.
“Y mi maestro, sin duda, pensaba igual que
yo”.
Porque vimos y oímos las mismas cosas,
murmuró.
“Por eso, todavía no entiendo por qué abandonó
sus convicciones para estar al lado de un humano tan insignificante”.
“¿Por eso lo mató?”.
“Porque ya no existía en el mundo la persona
que yo conocía, solo quedaba un cómplice de los humanos. Era evidente que su
mente se había nublado. O que había enfermado. En cualquier caso, pensé que mi
deber era acabar con él antes de que cometiera un error mayor”.
Kosha se quedó helado. Entendía que odiara a
los humanos, pero...
“¿Entonces él se dejó vencer dócilmente...?”.
Si magos de ese calibre hubieran peleado de
verdad, seguramente se habría desatado una catástrofe. Ante la pregunta de
Kosha, ella sonrió levemente.
“... Yo fui una de las que permaneció hasta el
final cuando las hadas de Idelma eligieron la extinción. Gracias a eso, recibí
un último regalo de ellas”.
“¿Qué Kosha?”.
“Sus lágrimas”.
Las lágrimas puras de las hadas de Idelma.
Para un ser basado en el maná, son un veneno mortal. No se pueden comparar con
un metal impregnado de fluidos corporales.
“Se las puse en el vino a mi maestro, gota a
gota, durante mucho, mucho tiempo”.
Así que su cuerpo debió de ir destruyéndose
lenta, muy lentamente desde dentro. Para cuando notó algo extraño, ya sería
demasiado tarde para actuar. Tras un breve silencio, ella continuó.
“Y el día que le di la última gota, se lo
confesé todo”.
“Él me dijo: ‘Ya lo sabía desde hace tiempo,
niña. Estaba esperando a ver cuándo me lo dirías’”.
“... Y eso fue todo”.
No es nada del otro mundo, ¿verdad? Ella
sonrió con amargura.
“Así que, en realidad, no fui yo quien lo
mató. Fue algo que él eligió”.
Y ella debió de atar su propio cabello bajo el
anillo de sello que el rey le había dado. Kosha imaginó la escena en silencio.
Ella debió de realizar su propio rito funerario y sellar la habitación.
Esa habitación se habría convertido en su
tumba eterna si Kosha no hubiera roto el sello para entrar. ¿Pero realmente fue
Kosha quien lo rompió? O más bien...
“Bien, ya te he contado todo lo que te causaba
curiosidad. Ahora que no tengo reparos, es mi turno de preguntar”.
La Maestra de la Torre agitó la mano
ligeramente, cortando los pensamientos de Kosha. Como para refrescar el
ambiente, su voz, que se había apagado un poco, recuperó su tono habitual.
“Mantener la estabilidad de la sociedad de los
magos es un problema que me ha preocupado durante más de media vida. Por
supuesto, no es que no tuviera intenciones secundarias, pero mi objetivo último
era realmente convertirte en mi sucesor. Tienes un largo camino por delante,
pero por eso mismo quería empezar temprano, mientras todavía tengo salud”.
Kosha puso una expresión un poco reacia.
Pero... cuando Kosha intentó decir algo, ella levantó la mano para detenerlo.
“El hecho de que decidiera salvarte, incluso
asumiendo pérdidas, fue en parte porque eres el último Dragonar que queda en el
mundo, pero también porque tu capacidad era demasiado valiosa como para dejarte
morir. Lo que hiciste no es algo que cualquiera pueda hacer solo porque
quiera”.
“¿Lo que hice?”.
“El acto de cortar los vínculos”.
Ah. Los hombros de Kosha se estremecieron. Es
cierto, los cortó. Ya no existen. ¿Pero qué era exactamente ‘eso’?
“Puesto que los has cortado, ya no hay
necesidad de estar atado. Ya no hay razón para ser ‘Kosha’ o ‘Marcosa’. De
todos modos, ahora mismo tú no puedes identificarte con ‘ellos’, ¿verdad?”.
Eso es... cierto, pero....
Kosha se mordió el labio, incapaz de negarlo.
Ella sonrió profundamente.
“Has sufrido mucho a una edad temprana. ¿Por
qué no entierras todo eso en el pasado y empiezas a vivir como un mago de
verdad? Como un auténtico mago”.
Ya no tienes que sufrir más. Incluso puedes
elegir un nombre nuevo, el que quieras. Conviértete en una persona
completamente nueva. Ella le tendió la mano, susurrando con una voz amable y
dulce.
Y Kosha es...
***
Las tareas de la mañana se prolongaron
inevitablemente más allá del mediodía. En cuanto comprobó la hora, Lucien se
dirigió apresuradamente al ala oeste.
Le dije que almorzáramos juntos y soy yo quien
llega tarde. En un momento en el que debería esforzarme por causarle una mejor
impresión, lo he arruinado todo.
Lucien pensaba con ansiedad. ¿Habría almorzado
ya? Casi preferiría que fuera así. Pero él come tan poco...
Como de por sí era un hombre de paso larga, al
caminar rápido, el personal que lo escoltaba casi tenía que correr.
Sin embargo, cuando Lucien llegó
apresuradamente al dormitorio del ala oeste y abrió la puerta del salón, este
estaba vacío.
¿A dónde ha ido?
Miró a su alrededor desconcertado y abrió de
par en par la puerta de la estancia interior. Pero allí tampoco estaba el
rostro que buscaba.
Le habían dicho que la comitiva de la Maestra
de la Torre se había marchado hacía tiempo.
Su mirada se dirigió al dormitorio.
¿Está durmiendo? Sí, debe de ser eso. Todavía
está débil, es normal.
Llamó suavemente a la puerta del dormitorio y
preguntó.
“Kosha, ¿Estas dormido?”.
Pero no hubo respuesta. Pegó la oreja a la
puerta, pero no se percibía rastro de presencia humana. Preso de un pánico repentino,
Lucien sujetó el pomo con manos temblorosas. “Voy a entrar un momento, lo
siento”, murmuró pidiendo permiso mientras su mano tiraba del pomo.
Silencio.
No, no había ni rastro de que alguien hubiera
estado allí. Como si incluso la noche anterior que habían pasado juntos
abrazados hubiera sido solo una ilusión.
Y en el centro de la cama, impecablemente
hecha, solo quedaba una brújula colgada de una cadena.
El ojo del pájaro grabado en relieve en la
tapa de la brújula era de un verde intenso.
El mago estaba fuera del castillo. No sabía
exactamente dónde se encontraba, pero era un lugar desde el cual se divisaba de
un vistazo la vasta llanura del sur de Osterbelt.
La cálida luz del sol teñía el cabello del
mago de un marrón amarillento, y la brisa, mezclada con el aroma de las flores,
agitaba sus ropas. A su lado, un ganso blanco bien alimentado permanecía de pie
con el pecho hinchado de orgullo, disfrutando de la primavera.
“¡Kosha!”.
Cuando escuchó la voz que lo llamaba desde
lejos, el mago no se sorprendió. El ganso irguió el cuello con rigidez, como si
estuviera alerta, pero Kosha, por el contrario, estaba esperando a que él
llegara.
Sin embargo, al girarse, se sorprendió un poco
al ver su rostro.
Su semblante estaba más pálido de lo que
esperaba. Como si fuera el único que estuviera desnudo en pleno invierno.
¿Le duele algo? ¿O habrá pasado algo en la
corte?
Kosha se acercó a él preocupado, pero Lucien,
saltando del caballo como si rodara fuera de él, corrió hacia Kosha sin
preámbulos.
“¿Te vas?”.
“¿Eh? ¿Cómo?”.
“¿Vas a irte?”.
¿A dónde...?, la voz de Lucien, mientras
sujetaba los brazos de Kosha, era tan débil que parecía que se desvanecería con
el viento.
“Ehh... No, eso...”.
Kosha negó con la cabeza desconcertado, pero
él le agarró las manos con urgencia. En la muñeca de Lucien estaba enrollada la
cadena de la brújula que Kosha había dejado atrás. La brújula, que había
perdido su brillo, tintineó mientras se enredaba entre las manos de ambos.
“Es-espera, espera un momento”.
Él interrumpió a Kosha desesperadamente. Como
si temiera lo que fuera a escuchar.
“No sé qué te habrá dicho esa maga”.
Y ciertamente prometí que, si sobrevivías, te
dejaría ir libremente a cualquier parte, continuó, como si escupiera algo
doloroso.
“Incluso en un juicio se escuchan las
versiones de ambas partes antes de dictar sentencia, ¿verdad? Así que, por
favor, escucha también lo que tengo que decir yo, aunque sea una vez”.
Kosha no tenía intención de ser juez, pero se
sintió impotente ante sus súplicas. Dígame lo que quiera con calma, asintió
Kosha tranquilamente, y la mano de Lucien tembló levemente. Él tomó aire
brevemente y la voz que salió a continuación fue pesada y solemne, como si
confesara un pecado.
“Lo siento”.
“¿......?”.
“No me di cuenta hasta que tú lo mencionaste...
de que nunca te había dicho que te amo”.
“Lo siento”.
Volvió a inclinar la cabeza.
Ah, realmente seguía dándole vueltas a eso. No
era mi intención presionarlo tanto. Kosha, sintiéndose un poco avergonzado y
apenado, le devolvió el apretón de manos con suavidad. Iba a consolarlo
diciéndole que no pasaba nada, que al ‘Kosha’ de aquel entonces no le importaba
mucho eso, pero él se adelantó.
“Pero Kosha, si pudiera darte una sola
excusa... yo, o cualquiera que haya crecido en la corte, probablemente pensaría
lo mismo”.
Dudó un largo rato, como si eligiera sus
palabras con sumo cuidado.
“Porque he visto, aprendido y experimentado
que aquí el amor no significa nada”.
Aquí el amor ni siquiera llega a ser motivo
para un matrimonio. Qué frágil es una relación que puede terminar por el simple
cambio de parecer de una de las partes.
Sin ir más lejos, ¿no eran sus padres así? Se
amaron apasionadamente, pero eso fue todo. Él pronunció el nombre de ella hasta
justo antes de morir, pero tras separarse una vez, nunca volvieron a verse. No
podían ejercer ningún derecho sobre el otro, ni permanecer juntos bajo ningún
nombre.
Él no quería que fuera así bajo ningún
concepto. No quería quedar con Kosha como simples amantes. Fuera como fuera que
lo llamaran, en la corte eso terminaba significando ser un ‘amante’. Ellos
tenían que ser algo más sólido que eso.
Por creer eso, pasó por alto lo más
importante. Estando, de hecho, tan perdidamente enamorado.
“He sido un estúpido. Y ahora, debido a mi
estupidez, tú ya no me amas...”.
La voz que admitía su error era desoladora. Él
apretó un poco más las manos de Kosha, que ya sujetaba como si fueran a
romperse.
“Pero si me dieras una sola oportunidad
más...”.
“......”.
“Me esforzaré”.
Esfuerzo. Era una palabra muy pobre para estar
en boca de alguien sentado en el trono de una nación, pero al mismo tiempo era
la palabra que más contenido encerraba.
¿Cómo es el esfuerzo que hace un rey? Kosha lo
miró fijamente, y él comenzó a enumerar lo que poseía ante esos ojos verdes
como canicas de cristal.
“Yo... yo soy un simple humano, así que no
puedo hacer brotar tantas flores como un árbol... pero puedo darte la tierra
para que las hagas brotar tú. Tanta como quieras”.
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Qué impotentes son los humanos. Él no sabía
cómo era el amor de un mago. Sigue sin saberlo. Qué se necesita para hacer
brotar flores como las de un árbol, qué sentimientos y en qué medida son
necesarios. Por eso, no tenía más remedio que traducir todos los valores a
unidades humanas y entregarlos ante el amor.
“Todo lo que poseo en esta tierra será tuyo, y
los derechos que yo puedo ejercer, tú también podrás ejercerlos por igual...”.
Compartir la riqueza y derechos de igualdad.
¿Entendería el mago el significado de aquello? ¿Tendría algún valor para un
mago? ¿No sería, en realidad, lo que el propio Lucien deseaba? Él era, en el
fondo, ambicioso y egoísta hasta la médula.
¿Qué más había? Por más que rebuscara y
sacudiera sus bolsillos, no quedaba nada que ofrecer. El mago había amado
entregando todo su ser, ¿podría Lucien hacer lo mismo? ¿Sabía siquiera cómo se
hacía? Por eso, él...
“Además, si hay algo más que desees, dímelo y
lo traeré para ti. Lo que sea”.
No tuvo más remedio que bajar la cabeza y
dejar en manos del mago la tarea de calcular el valor de las cosas. Añadiendo a
la cuenta incluso lo más insignificante de lo que poseía.
“Y te diré que te amo todos los días. Siempre
que no te disguste”.
Sin embargo, por más que escudriñaba esos ojos
verdes como canicas de cristal que lo miraban con fijeza, le resultaba
imposible adivinar su intención.
Parecía un poco sorprendido, o tal vez
dispuesto a perdonarlo, o quizás estaba a punto de marcharse para siempre con
una sonrisa amable cargada de afecto. Diciendo que un mago debe ser libre y que
ya no estaría subordinado a él.
Lucien había lidiado con todo tipo de calañas
humanas, pero frente a Kosha, su mente no funcionaba con la agudeza habitual.
Incapaz de soportar el silencio de Kosha, terminó recurriendo a la terquedad
por puro hábito.
“... Tú me hiciste rey, fuiste tú”.
Si no hubiera sido por Kosha, probablemente
habría muerto hace mucho tiempo. Pero él lo mantuvo con vida. Lo mantuvo con
vida y lo hizo rey. Como su existencia no le pertenecía del todo, no tenía la
menor idea de qué hacer estando solo.
Kosha le había dicho al ‘final’ que no mirara
atrás, pero mientras Kosha dormía, Lucien ni siquiera podía distinguir qué era
el frente y qué era el atrás. El trono es, por necesidad, un lugar solitario,
pero un ser humano no puede estar solo.
“Quisiera que te hicieras responsable de mi
vida, de mi destino. Yo me esforzaré, así que...”.
“.....”.
Kosha levantó la mano en silencio y acarició
su mejilla. Él, como un perro dócil, apoyó la cara contra esa palma sin
resistencia.
Kosha pensó en esa ‘responsabilidad’ de la que
hablaba. Y también en el ‘esfuerzo’. En todas las cosas que intentaba explicar
con esas palabras.
Tras mirar fijamente a los ojos de Lucien,
Kosha preguntó en voz baja.
“Entonces, ¿me convertiré en el mago real de
esta generación?”.
Lucien se tensó. Observando con un sentimiento
extraño el destello de esperanza que asomaba en su rostro, Kosha añadió como si
fuera una broma.
“¿O acaso seré la reina?”.
¿Acaso Kosha no sabría lo que significaban en
este país el compartir la riqueza y los derechos de igualdad? Había vivido
mezclado con los humanos en Iseland desde que tenía ocho años.
Como Lucien mencionaba cosas tan
trascendentales con tanta ligereza, quiso burlarse un poco de él, pero, una vez
más, su reacción escapó a las predicciones de Kosha.
Tras vacilar un largo rato, Lucien, con una
expresión atónita y un rostro que lucía extremadamente joven para alguien que
había ascendido al trono tras mil batallas, preguntó lentamente.
“... ¿De verdad te parecería bien?”.
“......”.
“Por mí sería estupendo, pero temía que a ti
te disgustara...”.
Kosha no pudo contenerse más y estalló en
carcajadas. Y decidió que ya era hora de perdonar a aquel inocente.
“Alteza... no, Majestad. No salí de aquí con
la intención de marcharme. Por eso dejé la brújula a propósito”.
Kosha señaló con la cabeza el objeto que
colgaba de la muñeca de Lucien.
Aunque el maná aún no circulaba correctamente
por este cuerpo y no podía manipularlo a voluntad, se las había arreglado para
exprimirlo y dejar la brújula cargada antes de salir. No imaginó que, aun
viendo eso, él vendría corriendo con un rostro tan despavorido.
Pero Lucien siempre era desconfiado. Miró de
reojo al ganso que estaba al lado de Kosha con expresión inquieta.
“Entonces, ¿por qué te trajiste a ese
animal?”.
“¿Al ganso? Solo me traje a uno”.
Kosha miró de reojo al ganso que, a cierta
distancia, picoteaba la tierra con energía, y sonrió. El ganso era simplemente
una suerte de caballero escolta y compañero de charla.
“Siento haber salido sin decir nada. Pero
pensé que, si se lo decía a alguien, Su Majestad vendría corriendo de
inmediato”.
Interferir en sus asuntos no era lo que Kosha
deseaba. Un rey debe cumplir con su deber. Kosha lo había sentado en el trono
porque confiaba en que sería capaz de desempeñar ese papel con creces...
Kosha recordó la conversación que había tenido
apenas unas horas antes.
‘... Verá, ¿puedo serle sincero?’.
Eso fue lo que Kosha preguntó al ver la mano
de la Maestra de la Torre extendida hacia él. Ella asintió con más rapidez de
la esperada. ‘Claro, adelante. ¿Qué reparos podrías tener a estas alturas?’.
‘Incluso si decidiera seguirla ahora,
maestra... creo que acabaría siendo asesinado algún día. Bajo la excusa de que
voy con demasiada frecuencia a visitar al rey de los humanos...’.
Ante esas palabras, la Maestra de la Torre
estalló en tos. Como si se hubiera atragantado con algo. ¿Se encuentra bien?,
preguntó Kosha preocupado, y ella negó con la mano mientras vaciaba de un trago
el líquido desconocido de su copa.
Tras esperar a que se calmara, Kosha continuó
con cautela bajo su atenta mirada.
‘Y... ¿no lo sabe ya? No ha desaparecido del
todo’.
Ese último fragmento del pasado que permanecía
en su corazón sin desvanecerse. Ese crujido en el flujo del maná era
perceptible incluso para los oídos de un Kosha debilitado; era imposible que
ella no lo hubiera oído.
Ante eso, la Maestra de la Torre no respondió,
simplemente desvió la mirada con una sonrisa enigmática.
Ah, realmente no puede ser sincera ni por un
segundo.
Kosha no sabía si era su personalidad original
o si uno se volvía así inevitablemente tras vivir demasiado tiempo...
Kosha continuó con una sonrisa agridulce.
‘Y aunque lo que se ha ido no regresara jamás,
está bien’.
Incluso si tuviera que empezar desde el
principio.
Lucien decía que no sabía qué hacer, pero ya
estaba haciendo lo suficiente.
Le gustaba que viniera a comer con él. Aunque
no le hacía mucha gracia que siempre huyera tras la cena. Le gustaba pasar
tiempo juntos. Él era más constante, dedicado y tierno de lo que imaginaba.
Le gustaba que le dijera que lo más importante
era que no sintiera dolor. Gracias a que él lo decía, Kosha sentía que podría
soportar un poco mejor el sufrimiento.
Así que... mientras el tiempo siguiera
fluyendo, podría seguir amándolo de nuevo, una y otra vez. Estando a su lado,
resultaría más difícil no hacerlo. Por lo tanto, no había necesidad de
desesperarse por recuperar aquello que ya había pasado.
Aunque quizás esta vez no pudiera tener un
amor por el que dar la vida, tal vez un amor que exige la vida no fuera, desde
un principio, el mejor tipo de amor.
‘Le agradezco que me haya salvado la vida.
Pero no puedo huir. Prefiero pagar un precio distinto’.
Enterrar los recuerdos en lo profundo, cambiar
de nombre, crear una nueva identidad... Kosha ya había pasado por todo eso. No
era algo que quisiera repetir.
La Maestra de la Torre observó a Kosha un
momento, luego descruzó las piernas y soltó un breve suspiro.
‘Está bien’.
Dijo con ligereza. Tanto que Kosha se
sorprendió.
‘Bueno, si es así, no hay nada que hacer’.
‘¿No va a insistir más...?’.
‘Porque ya lo esperaba. Sinceramente, de entre
todos los magos, eres uno de los más tercos y desobedientes. Llevarte a la
fuerza solo sería agotador para ambos’.
Ladeó la cabeza con una sonrisa oblicua.
‘Si me empeñé en verte, aunque mentiría si
dijera que no esperaba una mínima posibilidad... en realidad era más por...’.
‘¿......?’.
‘Por puro despecho. Todavía guardaba un rencor
personal hacia el rey de los humanos. Sinceramente, ¿qué gran cosa podría
obtener cobrándote el precio a ti, un renacuajo, o a ese despreciable humano?’.
He poseído todas las cosas valiosas del mundo,
y aquello que ahora considero valioso no es algo que ustedes puedan
conseguirme, murmuró para sí misma.
¿A qué se referirá...?, pensó Kosha extrañado,
pero la Maestra de la Torre, tras quedar absorta en sus pensamientos un
momento, se levantó. Kosha se levantó también por instinto.
‘¿Se va?’.
‘Tengo que irme. Con esto, nuestros caminos se
dividen por completo’.
Lo dijo con total naturalidad. Kosha, en
cambio, vaciló un poco. Y en el momento en que ella se dio la vuelta, reunió
valor finalmente.
‘Le agradezco de corazón que me haya salvado
la vida. Lo de pagar el precio con otra cosa también es verdad’.
‘......’.
‘Si algún día llegara a necesitar mi ayuda...
saldaré mi deuda sin dudarlo’.
‘¡Ja!’.
Ella soltó una risa corta y se volvió hacia
Kosha. Su expresión parecía decir ‘¿Tú a mí? ¿Yo a ti?’, pero no parecía
ofendida.
Pareció reflexionar un instante. Luego, volvió
a girar la cabeza y habló en voz baja.
‘... Aquel día, ese tipo’.
El quinto hijo del anterior rey, al regresar
del campo de batalla con la corona en sus manos.... Ella rememoró aquel día en
silencio.
‘Se arrodilló ante mí y agachó la cabeza para
salvarte’.
Ante la revelación, los ojos de Kosha se
agrandaron. La Maestra de la Torre rió como si suspirara. No parecía que se
estuviera divirtiendo.
‘Al verlo arrodillado, me acordé de mi
maestro’.
Hace mucho tiempo, antes de que el rey difunto
ascendiera al trono, su vida corrió peligro. Como el poder del maestro no era
suficiente para cambiar la situación, no tuvo más remedio que pedir ayuda a su
discípula.
¿Vale la pena llegar a este extremo?, ella le
cuestionó y se enfureció. ‘Incluso si lo hace, los humanos no conocerán la
gratitud. Son egoístas, solo tomarán lo que necesitan y se marcharán. No nos
devolverán nada’.
Él siempre había sido quien le daba las
respuestas, pero en aquel momento no respondió nada.
En su lugar, se arrodilló. Se arrodilló,
agachó la cabeza y suplicó fervientemente.
Aquello fue terriblemente cruel para ella,
pero como no podía abandonar a su viejo maestro, mientras él salvaba la vida
del rey, ella ganó tiempo haciendo llover bolas de fuego del cielo y
convirtiendo la tierra en un pantano.
Gracias a eso, aquel hombre ascendió al trono,
pero nunca le devolvió nada. Ella le gritó al maestro que tenía razón. Sin
embargo, la razón del maestro ya se había nublado, y él nunca más volvió a
darle respuestas, ni sabiduría, ni enseñanzas.
Así murió el maestro, y murió aquel rey. Y
tras pasar todo ese tiempo...
El hijo de aquel hombre se inclinó ante ella.
En la misma posición en la que lo había hecho su maestro. Para salvar a un
mago.
Para ser sincera, aquello era algo que ella
realmente no esperaba.
Francamente, no pudo soportar aquel momento.
No quería sentir el corazón de su maestro a través de aquel tipo. Sintió que se
le revolvían las entrañas y que iba a volverse loca, así que solo quiso
salvarle la vida como pedía y quitárselo de la vista cuanto antes. No quería
observar por mucho tiempo algo que contradecía sus creencias.
Incluso habiendo vivido tanto, al final era un
ser finito.
‘En realidad, le pregunté a mi maestro antes
de que muriera: ¿Por qué se lo bebió sabiendo lo que era? Y él me dijo: Hija
mía, el día que te pedí ayuda, te prometí que te dejaría hacer lo que
quisieras’.
La Maestra de la Torre guardó silencio por un
largo rato.
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‘Aunque moriré sin comprender ese sentimiento,
ya hay demasiadas cosas en el mundo que no comprendo, así que no es algo que me
aflija a estas alturas’.
‘......’.
‘Por lo tanto, no hay más precio que debas
pagar’.
Esas fueron sus últimas palabras. Se marchó
así, y probablemente, si no ocurría nada extraordinario, no volverían a verse
jamás.
Porque, tal como ella dijo, sus caminos se
habían separado por completo.
La mirada de Kosha volvió a posarse en el
hombre que tenía delante. Sus ojos que recordaban al cielo, su cabello dorado
como la luz del sol, sus facciones perfectas... una a una.
La razón por la que sus ojos le parecían tan
hermosos era porque miraba a Kosha con un amor infinito. Kosha se dio cuenta de
ello la noche anterior. En el momento en que sus ojos le parecieron más bellos
que una joya azul resplandeciente. En el momento en que la joya ni siquiera
entró en su campo de visión.
“Rechacé su propuesta. Simplemente salí porque
quería ver la tierra”.
“¿Tierra? ¿Qué tierra?”.
Preguntó él con extrañeza.
La tierra de ‘Kosha’. Una tierra empapada en
su maná. Un suelo que, al albergar la vida de un mago, sería próspero y libre
de hambrunas durante los próximos cientos de años. Kosha pensó en el corazón de
aquel ‘Kosha’ del pasado, que había querido entregarle semejante regalo.
Vivir dándole la espalda a esos recuerdos para
siempre evitaría el dolor, pero sería un acto de cobardía. ¿Hacia Lucien? No,
hacia Kosha. Hacia el Kosha del pasado que había soportado con entereza cada
uno de esos momentos.
“Majestad. Lucien”.
Kosha tomó aire suavemente y se puso un poco
de puntillas.
“Ahora, devuélvamelo”.
Al presionar con fuerza las manos que acunaban
sus mejillas, el rostro de Lucien se dejó atraer dócilmente. No preguntó qué
era lo que debía devolver.
Y entonces, se besaron. Fue un simple roce de
labios contra labios. Quizás, más que un beso, fue el acto de mezclar sus
alientos.
Como el monstruo ambicioso había dejado todo
de lado frente al mago, esa última gota de la ‘poción de amor’ que había
retenido a la fuerza, codiciando al mago, fluyó ahora con total facilidad.
“......”.
Kosha la aceptó y la tragó con gusto.
Esa farsa de poción de amor, ¿qué habría sido
en realidad? Solo después de que transcurriera todo ese tiempo, Kosha pudo
finalmente comprender su propia obra.
Fue el momento en que el mago, disfrazado de
cuidador de gansos, regresaba a su verdadero ser. El momento en que el mago,
tras ser feliz gracias a un príncipe que le brindaba una amabilidad fingida,
olvidaba por un instante la cáscara que el mundo le había impuesto y existía
puramente como él mismo. El sentimiento de ese instante. La magia para volver a
ese momento.
Quizás para un hombre arrogante que ya existía
plenamente como sí mismo aquello fue un veneno, pero...
“Ah”.
El pasado que Kosha, Marcosa, había cercenado
como en un acto de automutilación, junto con las emociones de antaño,
regresaron a él en oleadas. Fue solo una gota, pero tenía el peso de toda una
vida.
“Kosha”.
Incapaz de soportar el peso, Kosha se tambaleó
como si fuera a desmayarse, y Lucien lo rodeó rápidamente con sus brazos.
Él era firme y estable. Lo suficiente como
para que Kosha pudiera apoyarse en él sin que se inmutara. Kosha lo rodeó por
el cuello y hundió el rostro en su pecho. Su calor corporal era cálido y su
aroma le resultaba familiar.
Ah, Lucien.
Y cuando ya no pudo contenerse más, Kosha
rompió a llorar allí mismo.
El Kosha de los seis años cuando su familia
cayó, el de los ocho cuando fue exiliado, el de los doce cuando se convirtió en
refugiado, el de los catorce cuando tuvo que asentarse en un pueblo desconocido
y el de los dieciséis cuando su niñera lo dejó partir... El Kosha que, a pesar
de vivir todo aquello, nunca había podido llorar.
Todas las lágrimas contenidas a lo largo de su
vida brotaron de golpe. Porque, finalmente, tenía a su lado a alguien que las
recibiera.
“Kosha, ¿qué pasa? No llores. ¿Eh?”.
Lucien intentó secar sus lágrimas. Pero sus
caricias suaves no daban abasto para el llanto incesante, así que terminó
desatando los cordones de su túnica y usó la suave tela de la manga de su
camisa interior para dar toquecitos en los ojos de Kosha. Al ver que incluso
esa tela delicada parecía lastimar su piel sensible, simplemente presionó la
nuca de Kosha contra su pecho.
“No llores. Es mi culpa...”.
Mientras lloraba a pleno pulmón con la frente
pegada a su pecho, Kosha negó con la cabeza. Él no tenía la culpa. Él era lo
mejor que Kosha había tenido. En medio de todo el dolor, la distorsión y los
enredos, él era el único destello que brillaba con luz propia. Gracias a su
existencia, Kosha no había tenido que huir.
“Alteza... no, Majestad. Lucien...”.
Al oír su nombre, Lucien separó a Kosha de su
pecho sujetándolo por las mejillas. Y lo escudriñó con suma cautela. Como si lo
estuviera observando. Como si se reencontrara con alguien a quien había
extrañado profundamente.
“Conmigo, hip... ah... viva conmigo”.
No importa qué nombre le pongas a nuestra
relación, puedes hacerlo como prefieras. No necesito nada más. Esas otras cosas
grandiosas que prometiste no significan nada para un mago. Así que,
simplemente...
“Por favor, siga viviendo conmigo...”.
No me dejes atrás. No me alejes. Si te
conviertes en la tierra donde pueda echar raíces, yo haré que broten flores y
haré que esa tierra sea próspera.
“Sí, hagámoslo”.
Lucien dejó escapar un largo suspiro y abrazó
a Kosha. Al pegar de nuevo el oído a su pecho, ya no se sentía el flujo de maná
de la noche anterior. Kosha se aferró a su cuello.
“¿Me... me seguirá amando aunque no sea
humano?”.
“... Probablemente yo tampoco sea del todo
humano”.
Kosha, pensando que aquello era obviamente una
broma, soltó una pequeña risa en medio del llanto.
“¿Y aunque mi cola esté cortada y roma?”.
“Pues yo ni siquiera tengo cola”.
Esta vez sí era una broma. Kosha rió un poco
más. Aunque aún quedaba un rastro de punzada en su pecho, esto era suficiente.
Tras recuperar el aliento y frotarse los ojos para secarlos, lo miró, y él
también le devolvió la mirada.
Entonces, dijo con voz profunda.
“Te amo, Kosha. Siempre fue así, desde el
principio”.
“.....”.
“Siento haber tardado tanto en decírtelo”.
Con eso bastó. No había sido tan tarde.
El poder recién recuperado y el poder del
pasado se mezclaron en su cuerpo. Y el mago, al recibir por primera vez un amor
pleno, no pudo controlar sus propias emociones.
Alrededor de Kosha brotaron densamente flores
silvestres blancas. Como huellas de sentimientos que se desbordaban, se
extendieron más y más lejos, sin conocer límites.
El ganso, que andaba picoteando el suelo,
batió las alas sorprendido por el repentino florecimiento. Sin embargo, pronto
comenzó a correr emocionado entre las flores soltando sonoros graznidos. Kosha
estrechó su amor entre sus brazos.
Puesto que el mago había deseado crear una
poción de amor, aquello terminó convirtiéndose en una.
O tal vez, bastaría con llamarlo simplemente
‘amor’.
***
Y los efectos secundarios de aquella poción
fueron la paz y estabilidad del Rey, las risas del mago, once gansos gordos y
ruidosos, un pequeño príncipe lagarto de cabellos dorados nacido de un huevo, y
la prosperidad y abundancia que perdurarían durante cientos de años a través de
él.
Al final, el mago crea lo que desea. Porque el
mundo se lo permitirá.
<Poción de Amor> - FIN.
