1. El cuidador de gansos

 


Esta es una historia basada en las memorias halladas en el pantano de Gaicrux, constituida a partir de la traducción de la primera edición escrita en el idioma estándar de Iseland central.

Se informa que las unidades de tiempo, distancia y algunas expresiones idiomáticas han sido adaptadas a los estándares de la Tierra moderna para una mejor comprensión.

 

1. El cuidador de gansos

 

Tener tanta mala suerte ya era, en sí mismo, un talento.

Un golpe seco azotó su oído y, acto seguido, sintió la mejilla arder como si le hubieran prendido fuego. Al abrir los ojos con dificultad, escuchó el sonido de agua siendo arrojada con fuerza.

Se le erizó el cabello. ¡Hah, ah!— Kosha inhaló aire de golpe.

En contraste con el cubo de agua helada, el aire que llenaba sus pulmones era sofocante y húmedo. Su visión era borrosa y el agua goteaba de su cabeza. Quiso frotarse los ojos, pero sus brazos no respondían.

Tras parpadear desesperadamente, el entorno comenzó a enfocarse. Era un lugar sombrío y de tonos rojizos. Una habitación circular de piedra, sin una sola ventana, iluminada apenas por dos braseros. Kosha estaba completamente inmovilizado en una silla situada en el centro.

Frente a él, dos hombres lo observaban. Uno de cabello rubio con mechones de otros tonos y otro de cabello negro. Ambos tenían una expresión inquietantemente ruda.

“¿Ya recuperaste el sentido?”.

Preguntó el rubio. Su voz, grave y profunda, resultaba amenazante.

Sin entender aún la situación, Kosha sacudió la cabeza frenéticamente. En ese momento, sus ojos, ya más adaptados a la oscuridad, descubrieron una variedad de objetos cortantes de origen desconocido colgados en la pared. No hacía falta pensar mucho para saber el propósito de esa habitación.

¿Cómo demonios terminé en un lugar así?

Kosha no era más que un humilde cuidador de gansos que vivía una vida monótona y silenciosa. Si de causar problemas se trataba, sus gansos lo superaban con creces. Trató de reconstruir sus últimos recuerdos.

Había sido un día duro y mediocre. Desde la mañana, cinco de sus gansos se habían escapado al bosque. Esos animales solían jugarle bromas de ese tipo de vez en cuando. Por supuesto, no huían del todo; siempre se congregaban en un punto lo suficientemente alejado como para que él tuviera que agotarse buscándolos. El problema era que no regresaban por su cuenta, y no aceptaban a nadie que no fuera Kosha para escoltarlos de vuelta.

Así que pasó todo el día vagando por el bosque y no los encontró hasta el atardecer. A pesar de que la estación ya traía vientos frescos, estaba cubierto de barro y sudor cuando finalmente los localizó.

Le resultó indignante ver a los gansos aletear con alegría después de haber huido. Mientras caminaba tras los cinco animales que contoneaban sus colas de regreso a casa, Kosha juró que esta vez sí vendería al líder del grupo al carnicero.

Como no había comido nada en todo el día, se sentía mareado. Deseaba cocinar unos huevos de ganso con carne seca, espinacas y un poco de berro, pero los huevos eran para vender. Además, la carne seca se estaba agotando y debía racionarla. Al final, decidió hacer lo mismo de ayer: añadir agua, nabo y frijoles al caldo sobrante del estofado para llenar el estómago.

Malditos nabos. Pero eran el ingrediente más común y barato de la zona. El cielo ya se teñía de un azul oscuro. Tomó un nabo, lo puso sobre la tabla y levantó el cuchillo.

O al menos, intentó levantarlo.

Repentinamente, todo se oscureció. Alguien le puso un saco en la cabeza por sorpresa y le inmovilizó las muñecas. El cuchillo cayó al suelo con un estruendo metálico, fue una suerte que no se le clavara en el pie. Kosha intentó gritar, pero algo grueso le tapó la boca al instante.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

El saco se ajustó alrededor de su cuello. Emanaba un olor extraño y, aunque intentó desgarrarlo, ya era tarde. El asaltante le dobló los brazos hacia atrás y algo apretó sus muñecas. Al inhalar por el dolor, la tela áspera se pegó a su rostro. Un fuerte olor a anestésico paralizante penetró en sus fosas nasales y mucosas, nublándole la conciencia.

Fue inevitable. Entre lágrimas y mocos, Kosha se desmayó. Y al despertar, estaba aquí.

“¿Dices que no has recuperado el sentido? ¿Quieres que te ayude?”.

Kosha volvió a sacudir la cabeza con desesperación. El hombre soltó una sonrisa cínica. Seguía sin comprender nada, pero cuando se quedó mirándolos con cara de estupefacción, el rubio se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada.

“Tú mejor que nadie sabes lo que hiciste”.

“¿...?”.

“¿Quién es la persona que está detrás de esto?”.

¿Qué es lo que hice yo...?

Lejos de saberlo, no tenía ni la menor idea. Kosha abrió la boca con dificultad.

“S-señores... creo que hay un malentendido. ¿Detrás de qué? Yo no he hecho nada. Solo soy un cuidador de gansos...”.

Le temblaba el estómago; hacía demasiado tiempo que no hablaba con extraños. Mientras balbuceaba con una pronunciación torpe, los dos hombres intercambiaron una mirada extraña, como si se enfrentaran a una situación inesperada.

“...Bueno, de todas formas no esperaba que confesaras tan fácilmente”.

El hombre de cabello negro, que estaba detrás, empezó a caminar lentamente. Kosha lo siguió con la mirada, aterrado.

“Hablemos con calma”.

El sujeto tomó uno de los instrumentos cortantes de la pared. Aunque Kosha no sabía qué era, no era difícil adivinar su función. O más bien... no era la primera vez que lo veía. Él sabía perfectamente, incluso demasiado bien, cómo y en qué parte del cuerpo humano se utilizaba esa pequeña pero letal herramienta.

“P-por favor, perdónenme la vida”.

Kosha forcejeó desesperadamente, pero la silla, anclada firmemente al suelo de piedra con pernos, no se movió ni un milímetro ante sus débiles esfuerzos.

“No lo sé. No sé de qué me hablan. De verdad, solo soy un cuidador de gansos. Me llamo Ko-Kosha. Vivo en Osterbeek. Tengo nueve gansos. N-nací en Alohen y me mudé a Osterbeek a los catorce años. Responderé a todo, no oculto nada. Se lo diré todo, pero por favor...”.

Sin atreverse a mirarlos a los ojos, Kosha hablaba sin parar mientras miraba fijamente una esquina del suelo. Los hombres volvieron a mirarse.

“¿Solo un cuidador de gansos? ¿No ocultas nada?”.

“¿S-sí? Así es, señor”.

“Parece que aún no has despertado del todo”.

Unas pinzas metálicas emitieron un chasquido amenazante. Una sensación gélida y punzante rozó la punta de sus dedos. Kosha se retorció, pero sus brazos estaban inmovilizados en el apoyabrazos. Los huesos de sus manos se marcaron por la tensión. Aunque el instrumento solo le hacía cosquillas, Kosha intentaba encoger los dedos con desesperación, rascando la madera con las uñas.

“¿Vas a responder correctamente o no?”.

La voz profunda lanzó una advertencia amenazante. El metal pasó de sus dedos a su dorso y subió por su muñeca. No salió ni una gota de sangre, pero Kosha se estremeció como si le estuvieran cortando el brazo.

“¡De verdad, de verdad! No lo sé. Por favor, es un malentendido, ¡yo solo...!”.

El hombre de la herramienta se movió rápido. El metal tocó su cuello. Kosha soltó un sonido que no era ni llanto ni gemido. En ese instante, la silla anclada al suelo tembló.

Clack, clack, clack-clack-clack.

Las miradas de los hombres se dirigieron a los pernos que sujetaban la silla. Ellos sabían cuánta fuerza se necesitaba para arrancar ese mueble del suelo. Las cinco capas de gruesa cuerda que ataban el cuerpo de Kosha se tensaron hasta el punto de casi romperse. Incluso para el más fuerte de ‘ellos’, no era fácil romper tales cuerdas solo con fuerza bruta. No era algo que un muchacho escuálido, que había sido traído sin resistencia, debería ser capaz de hacer.

“H-hic...”.

Cuando el hombre volvió a presionar la hoja contra su cuello pálido como prueba, Kosha se convulsionó. El rubio añadió una correa de cuero gruesa para sujetarlo justo cuando las cinco cuerdas se rompieron al unísono. Al mismo tiempo, una lágrima cayó sobre su muslo delgado, o quizás era saliva o mucosidad. Su cabeza colgaba inerte mientras jadeaba como si fuera a vomitar.

“Se nos va a asfixiar así”.

A una señal del rubio, el arma se alejó de su cuello. Una mano ruda tiró de su sucio cabello castaño para obligarlo a levantar la cabeza. Su rostro, manchado de fluidos, estaba pálido, sin rastro de sangre.

“¿Cuidador de gansos? Parece que los criadores de hoy en día necesitan mucha fuerza, ¿eh? ¿Por qué no hiciste el examen para caballero?”.

“H-hic... no...”.

“Hasta un perro se reiría. Oye, ‘mago’”.

La mano gruesa le dio unos golpecitos humillantes en la mejilla. Kosha tardó un momento en procesar esa última palabra. Ma-go.

A pesar de su aspecto andrajoso y miserable, sus ojos verdes, grandes y claros, resultaban extrañamente ajenos. Se notaba demasiado cómo sus pupilas temblaban antes de recuperar el enfoque.

¿Todos los magos tienen los ojos así?

El rubio chasqueó la lengua internamente y apartó la mirada de sus ojos a la fuerza.

“¿M-magia? Ni siquiera sé qué es eso. Debe ser un malentendido”.

“¿Un malentendido?”.

Él agitó las cuerdas desgarradas frente a sus ojos. Al desaparecer la amenaza física, Kosha recuperó un poco de juicio, tragó saliva y desvió la mirada.

“No sabía que un mago pudiera ser tan cobarde”.

“De verdad, yo...”.

“Tú hiciste esto, ¿verdad?”.

Algo fue puesto bruscamente frente a su rostro. Kosha cerró los ojos con fuerza pensando que lo iban a golpear, pero luego los abrió apenas. Era un frasco pequeño y sucio. De vidrio opaco, con restos de tela aceitada que se usaba para sellarlo. Parecía algo que podrías comprar en la herrería de Osterbeek, doce unidades por ocho monedas.

Dentro del frasco emanaba un aroma sutil, complejo y ligeramente dulce. Las mejillas de Kosha temblaron. Era un olor muy familiar. Si se olía con atención, probablemente él mismo desprendería ese rastro. No, no era un ‘olor’.

Esos dos hombres probablemente no podían sentir ese ‘rastro’. Kosha tragó saliva con dificultad.

“N-no sé de qué me habla...”.

Mientras balbuceaba instintivamente evitando el contacto visual, algo se cerró con un clack metálico en uno de sus brazos. Un escalofrío recorrió su columna y, antes de que pudiera reaccionar, el mismo sonido se repitió en el otro brazo. Eran grilletes de metal grueso. La zona de contacto empezó a escocer horriblemente, como si cientos de hormigas lo estuvieran mordiendo.

“No estamos haciendo preguntas”.

Dijo el rubio con frialdad.

“Eso está hecho de oro de Idelma. Es capaz de anular incluso a un mago de alto nivel, así que olvídate de intentar trucos raros”.

Aunque no parece que tu nivel sea muy alto, añadió el hombre con una mueca.

Kosha conocía bien el oro de Idelma. No hay mago, por bajo que sea su nivel, que no conozca ese mineral maldito que interfiere con el flujo del cuerpo y vuelve inútil el poder innato. La sensación de hormigueo subió desde sus muñecas hasta sus hombros, haciendo que su rostro se contrajera.

“Quién está detrás de ti no es lo más importante ahora”.

Kosha negó con la cabeza mientras se retorcía. ¡No había nadie detrás! Lo que había en ese frasco era...

“Fabrica el antídoto. Dicen que, como tú hiciste la medicina, solo tú puedes deshacerla”.

Por un momento, Kosha olvidó el dolor de sus brazos y su expresión se volvió extraña. El rubio observó atentamente su reacción.

“No me digas que no puedes hacerlo”.

Como Kosha solo movía los labios sin responder, el hombre dejó el frasco con un golpe seco. Caminó lentamente hacia la pared donde colgaban las herramientas de tortura. El rostro de Kosha volvió a quedar lívido.

“Si esa es tu actitud, no me dejas otra opción. Hasta que cambies de opinión, aquí…“.

“¡Lo haré! ¡Lo haré!”.

El grito de Kosha ahogó la voz del hombre.

“¡Haré lo que sea! El a-antídoto. Lo haré. Por favor, si me sueltan, lo haré ahora mismo. Lo prometo, lo juro”.

Así que, por favor...

Sus uñas volvieron a rascar el apoyabrazos, dejando marcas cada vez más profundas. Los dos hombres intercambiaron una mirada.

“Me alegra que nos entendamos”.

Para ser el tipo de trabajo que ellos hacían, era extremadamente raro que una negociación terminara ‘sin derramar ni una gota de sangre’.

***

Por supuesto, eso no significaba que realmente no se hubiera derramado ni una sola gota de sangre.

Kosha se miró las manos fijamente. Los dedos índice y medio de la mano izquierda, y la punta del medio de la derecha, estaban envueltos en vendajes. Se había levantado las uñas de tanto rascar los apoyabrazos de la silla en la sala de tortura.

Amenazar la vida de alguien era una de las formas más sencillas de identificar a un ‘mago’ que ocultaba su identidad, ya que, ante una crisis de muerte, el poder mágico brota independientemente de la voluntad del individuo. Aunque, en este caso, resultaba un poco vergonzoso llamarlo ‘crisis de muerte’...

En cualquier caso, aunque el haber sangrado fue casi una consecuencia de sus propios actos, ‘ellos’ le proporcionaron vendajes y ungüento sin protestar. Kosha pensó, con una ingenuidad desarmante, que quizás no eran tan malas personas después de todo. O tal vez solo le dieron cualquier medicina porque les resultaban molestos los gemidos que se oían desde la celda.

Más bien, parecían desconcertados de que Kosha no usara magia para sanar sus manos. Incluso después de haberle puesto un arma en el cuello para confirmarlo, parecían dudar de si realmente era un mago. Bajo esas miradas inquietantes, Kosha se limitó a fruncir los labios en secreto mientras se vendaba los dedos con firmeza.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Para empezar, la magia no funciona así. No es algo que lo solucione todo en un instante con un ‘¡pum!’. Bueno... aunque fuera posible, probablemente ‘Kosha’ no sería capaz de hacerlo.

Tap, tap. El sonido de pasos pesados interrumpió sus pensamientos. Kosha se levantó de un salto y se colgó de los barrotes de la puerta de la celda poniéndose de puntillas. El hombre del cabello rubio manchado apareció en el rellano de la escalera y le dijo, suspirando, al hombre de cabello negro que custodiaba la celda.

“Dice que lo verá”.

“¿En serio? ¿Personalmente?”.

El de cabello negro frunció el ceño y el rubio chasqueó la lengua.

“No podemos quedarnos de brazos cruzados”.

“... Pero, ¿y si es mentira?”.

Las miradas de ambos se concentraron en Kosha. Ante esos ojos hostiles y afilados, encogió los hombros instintivamente.

“N-n-no es mentira”.

Tartamudeó Kosha, asomando apenas los ojos por la pequeña ventana. Era sumamente difícil alzar la voz ante los hombres que lo habían secuestrado e intentado torturar, pero parecía que estar encerrado en una celda estrecha, oscura y húmeda sin fecha de salida otorgaba un valor que antes no existía.

Aislado por completo del exterior, no podía calcular el tiempo, pero sentía que habían pasado al menos dos días. Ya empezaba a preocuparse por los gansos...

“Debo saber cuál es exactamente el problema. Esa medicina... para empezar, no es algo que requiera un antídoto, o sea...”.

Kosha murmuró. Era algo que había repetido decenas de veces desde que fue encarcelado. A pesar de haber suplicado diciendo que fabricaría el antídoto, había una razón por la cual aún no había podido empezar el trabajo: la exigencia misma de fabricar un ‘antídoto’ no tenía sentido. Porque lo que había en el frasco no era veneno.

Eso era simplemente...

“Solo es una poción de amor...”.

Y una muy mal hecha, además. Por supuesto, como temía que le cortaran el cuello, se tragó esas palabras. Fabricar y distribuir sustancias mágicas sin permiso ya era un delito grave; no quería añadirle el cargo de estafa por la calidad del producto.

“... Está bien, ya entendí”.

El hombre rubio hizo un gesto con la mano como si no quisiera escuchar más. Al parecer, ellos tampoco tenían otra opción. Tomó el manojo de llaves que colgaba de la pared opuesta y buscó una entre el tintineo metálico. En su mano gruesa y velluda hasta el dorso, incluso una llave parecía un arma blanca. Kosha, que colgaba de los barrotes, retrocedió asustado.

“Date la vuelta y pon las manos atrás. Ni se te ocurra intentar ninguna tontería”.

No sabía qué contaba como ‘tontería’, pero ni siquiera tenía el valor para intentarlo. Cuando el hombre entró en la estrecha celda, los hombros de Kosha se sintieron pesados y sintió un pinchazo bajo la piel. Probablemente el guardia llevaba algún tipo de protección hecha de oro de Idelma.

Si le afectaba tanto sin siquiera tocarlo, debía de ser una pieza de gran pureza. El oro de Idelma vale lo que el vendedor pida, ya que se produce exclusivamente en las minas de Idelma, al oeste de Iseland. No es que no existan otras sustancias con funciones similares, pero nada es tan efectivo para suprimir a un mago como el oro de Idelma.

Mientras se dejaba atar dócilmente con los brazos a la espalda, Kosha pensó en quién sería el señor de estos hombres temibles. A juzgar por la aterradora sala de tortura, la sólida prisión subterránea y todo tipo de herramientas de oro de Idelma, estaba claro que no era una persona común.

... ¿Cómo es que alguien así terminó siendo víctima de la chapucera poción de amor que yo hice?

Era algo tan incomprensible como el hecho de que esa medicina mediocre hubiera causado un problema fatal.

Lo envolvieron en cuerdas, le vendaron los ojos con una tela negra y lo tomaron firmemente por los brazos. No era necesario tanto despliegue, pues no tenía intención de escapar; sin saber dónde estaba, ¿a dónde iba a correr?

Arrastrado por los hombres corpulentos, y con una estatura que no encajaba con la de ellos, Kosha tuvo que caminar torpemente de puntillas, protestando solo en su interior. El trayecto fue bastante largo.

¿Qué tan grande es este edificio?

A este paso, parecía comparable a un castillo real. El estómago le volvió a dar vueltas al pensar que se había involucrado con alguien realmente importante. Tras recibir dos órdenes tajantes de ‘camina derecho’ debido a su paso vacilante, los hombres se detuvieron en seco.

Incluso a través de la venda, podía sentir la presencia de una puerta masiva bloqueando el camino. Pronto, escuchó el sonido de la puerta abriéndose y un aroma agradable lo envolvió de golpe. Algo limpio, refrescante, parecido al olor de las frutas.

De repente, se sintió cohibido por su aspecto seguramente andrajoso, pero la venda negra fue arrancada bruscamente y sin previo aviso. Kosha entrecerró los ojos y bajó la cabeza ante la luz repentina. No se había dado cuenta por estar encerrado en la celda sin sol, pero parecía ser pleno día.

La luz del sol entraba a raudales por un gran ventanal al frente. Era una habitación muy amplia y de techos altos. En el suelo, una alfombra verde oscuro con motivos de cardos cubría el largo de la estancia; no era ostentosa, pero por su brillo y tejido, se notaba que era un artículo de lujo extremo.

La mirada de Kosha subió inconscientemente siguiendo el camino de la alfombra hasta que se detuvo ante unas botas de cuero relucientes que pisaban el lujoso tejido con total naturalidad.

“Lo hemos traído”.

Anunció el hombre rubio con voz solemne.

“¿Ah, sí?”.

La respuesta no fue ni lenta ni rápida. La mirada de Kosha seguía fija en las botas de cuero al final de la alfombra. Por instinto, sentía que no debía mirar más arriba. Alguien le dio un empujón por la espalda y, sin querer, su mirada subió un poco más.

Pantalones negros sobre botas que llegaban a la pantorrilla, y una túnica azul marino decorada con hilo de oro en los bordes. Este hombre parecía ser muy alto.

“¿Es este?”.

Era una voz baja y serena... y de alguna manera, familiar. El entrecejo de Kosha se contrajo levemente. Siguió una risa ligera, cargada de un evidente tono de burla.

“¿Y por qué estás así? Levanta la cabeza”.

Tono suave, pronunciación precisa. Realmente, Kosha ya conocía esa voz. Levantó la cabeza como hechizado, pero él era verdaderamente alto. Al principio, solo pudo ver el patrón de astas de ciervo, afiladas como cuchillas, bordado en el cuello de su camisa.

Solo cuando echó la cabeza hacia atrás al máximo, sus ojos se abrieron de par en par, casi a punto de salirse de las órbitas, al alcanzar su rostro.

Una mandíbula marcada y limpia; sobre ella, la línea que subía desde los labios pasando por el puente de la nariz hasta la frente era tan precisa que parecía esculpida a propósito. Su mirada no era afilada, sino más bien suave, y un cabello rubio pálido, que parecía romperse en blanco bajo la luz, caía sobre ella con una curva perfecta.

No podía ni parpadear, pensando que era una alucinación. Era alguien a quien Kosha conocía muy bien. Este hombre era...

“Lu...”.

Sus labios se abrieron estúpidamente para pronunciar ese nombre. En ese momento, unos ojos gris azulado lo miraron fijamente. Fue solo un instante, pero tras un silencio que pareció una eternidad, una comisura de sus labios inexpresivos se elevó con desdén.

Y entonces, vio estrellas.

Kosha ni siquiera supo qué había pasado al principio. Un impacto sordo fue devorado por el choque que sacudió su cráneo, y un pitido agudo atravesó sus oídos. Sintió la mejilla en llamas. Gracias a que los hombres lo sostenían firmemente por los brazos, no rodó por el suelo, pero se tambaleó. Algo fluyó de su boca; pensó que era saliva, pero el líquido que goteaba en el suelo era de color rojo oscuro.

Frente a Kosha, que jadeaba sin poder cerrar su boca ensangrentada, una mano grande volvió a proyectar una sombra. Kosha solo pudo cerrar los ojos con fuerza, sin tiempo para resistirse.

“Alteza”.

Lo que siguió no fue otro golpe despiadado, sino una voz pesada. Al abrir los ojos apenas, vio que el hombre rubio que lo sujetaba había detenido la muñeca del otro.

“Sería un problema si lo mata ahora”.

Y, con naturalidad, le quitó dos anillos de la mano: un pesado anillo de sello metálico y otro con una gran gema azul. Si lo hubiera golpeado con eso puesto, le habría arrancado la carne. Los anillos se deslizaron suavemente de sus dedos largos y lisos. El guardia retrocedió un paso tras recuperarlos, como diciendo que ahora podía golpearlo con libertad.

Mientras el rostro de Kosha se teñía de azul por el pánico y el horror al mirarlos alternativamente, los labios perfectamente formados se abrieron.

“Como si fuera a morir por algo como esto”.

“Es un mago, después de todo. Se sabe que sus cuerpos no son muy resistentes”.

Ante esto, él bajó el brazo como si hubiera perdido el interés. Su mirada gris azulado se posó con desagrado en la mano con la que había golpeado a Kosha.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Un sirviente que esperaba discretamente al fondo se acercó en el momento justo con un cuenco de plata con agua. En el agua flotaban lirios de los valles. Él se lavó las manos ligeramente, como si hubiera tocado algo sucio. Su perfil, mientras se lavaba con el ceño levemente fruncido, era tan perfecto y hermoso como una pintura.

“¿Lucien...?”.

No fue una palabra, sino apenas un movimiento de labios que no llegó a ser ni un susurro. Simplemente tuvo que mover los labios porque no podía creerlo. La mirada con la que Lucien lo escudriñó era extrañamente afilada.

Me va a pegar otra vez, sintió Kosha con una nitidez que incluso su torpe intuición captó. Se encogió y apretó los dientes por reflejo, pero—

¡Pum!

El sonido despiadado no vino de sus oídos, sino de abajo. La punta de una bota de cuero firme pateó la espinilla de Kosha. Él se tambaleó y cayó hacia adelante, mientras los dos guardias, con reflejos rápidos, presionaban sus hombros hacia abajo.

Sus rodillas se estrellaron contra el suelo de piedra. Desde el punto de vista de ‘ellos’, lo habían ayudado para que no recibiera una segunda patada en la espinilla... pero Kosha, que no podía ni gritar del dolor, no tenía fuerzas para considerarlo. Sentía que al menos se le había roto la pierna o destrozado la rodilla.

“Qué insolencia...”.

La punta de la bota pulida tocó sus rodillas suavemente. Era un movimiento sin ganas, pero para unas rodillas que ardían tras el impacto contra la piedra, era estímulo más que suficiente.

“Te dije que levantaras la cabeza. Dijiste que querías verme”.

“Ugh, ah...”.

“¿Y bien? ¿Ahora tienes ganas de trabajar?”.

Aunque temblaba, levantó la cabeza como se le ordenó, pero las palabras no salían. Kosha ya conocía bien a este hombre hermoso. Pero ahora, él no era la persona que conocía.

¿Qué demonios le hizo esa maldita poción de amor a este hombre?

***

Lucien, Lucien de Carlot.

¿Había alguien que no conociera ese nombre? Seguramente no en su feudo de Carlot, al oeste de Iseland, ni en la capital Ostbrahe y sus alrededores. Como el rey de Iseland no paraba de tener hijos, pocos sabían cuántos descendientes reales había exactamente. Tampoco era información útil para ganarse la vida, así que no había razón para preguntárselo.

Los más famosos eran la primogénita Arabella y el hijo mayor Bastian, pero ni siquiera ellos eran conocidos por todo el pueblo. Lucien, nacido como el quinto hijo del rey y el tercer varón, era, en palabras de la gente, un héroe como una estrella caída del cielo.

Había ascendido rápidamente tras resolver conflictos importantes como la subyugación de las tribus bárbaras en las montañas Ermus al noroeste y la rebelión de Islawyn. Además, consolidó su posición recuperando el territorio oriental perdido ante el reino enemigo Graffen hacía más de diez años. No se sabía si todas las leyendas eran ciertas, pero su ejército nunca había sido derrotado. Era, simplemente, el héroe de Iseland.

Pero si eso fuera todo, su nombre no se habría extendido tanto. Excelentes caballeros existen en todas las épocas. Su verdadero talento era otro. Él... atraía las miradas.

Para empezar, su apariencia era excepcional. Era un hombre guapo, como la luz del sol radiante. A pesar de tener su feudo en el árido oeste y recorrer los campos de batalla más peligrosos, su piel siempre estaba impecable y sus mejillas no tenían ni una cicatriz común. Su cabello rubio claro, herencia materna, era especialmente raro de ver en la región central de Iseland, donde se encontraba la capital, por lo que cautivaba fácilmente a cualquiera.

Sin embargo, lo que más se admiraba, incluso por encima de su apariencia, era su carácter. Era amable y gentil con todos, e incluso humilde. Se dirigía a cualquiera con modales educados, sin importar su estatus social, e incluso sonreía con frecuencia. Eso era algo impropio de un caballero, pero precisamente por eso toda Iseland lo amaba.

El viejo prejuicio de que los ‘caballeros’ eran personas rudas, violentas y temibles desapareció en algún momento. Honestamente, el hecho de que los caballeros recibieran miradas favorables y amabilidad gratuita al caminar por las calles debía atribuirse enteramente al mérito de Lucien.

Y Kosha era de los que habían caído ante su carácter. ¿Sus hazañas bélicas? A menos que vivieras en una zona de conflicto, no tenían nada que ver con el sustento diario, así que no le importaban. ¿Su apariencia excepcional? No es como si Lucien viniera a ponerle la cara delante a propósito; sinceramente, no le interesaba.

Como era tan famoso, había oído su nombre, pero en aquel entonces Kosha estaba demasiado agotado lidiando con su propia vida. No tenía energía para interesarse por un glorioso señor caballero.

Si no hubiera sido por aquel incidente.

Era un día en que los olivos olorosos estaban en plena floración, así que era el comienzo del otoño. Para los estándares de Iseland central, era la mejor época del año. Pero para Kosha, eso era ajeno; no tenía energía ni para sentir el cambio de estación.

Ese día tenía recados en el castillo. Tenía que vender las plumas de los gansos que habían terminado de mudar. Las plumas de ganso se pagaban bien, por lo que eran una de sus principales fuentes de ingresos.

Salió de casa temprano con la carga a cuestas. Tras cruzar una colina a pie y esperar en una fila interminable ante la puerta del castillo, logró entrar al mediodía. Ese día, el castillo estaba inusualmente abarrotado de gente. Extrañado, le preguntó a cualquiera y le dijeron que era el día del regreso del príncipe Lucien, y que la gente se había reunido para verlo.

En ese momento no pensó nada especial. Solo sintió una pequeña molestia interna preguntándose por qué tenía que regresar justo el día en que él tenía recados.

Tras regatear con un minorista que siempre intentaba bajar el precio, vendió los huevos y las plumas. Con ese dinero compró un poco de carne seca, aceite para la lámpara y, dándose un pequeño lujo, unas cuantas manzanas que había querido comer todo el verano. Ya había pasado medio día. Había gente en todas partes y, tras ser empujado de un lado a otro, su cuerpo estaba exhausto.

Solo había comido un tazón de estofado en todo el día y su bolsa pesaba mucho. Además, por problemas de nacimiento, el cuerpo de Kosha no era muy fuerte. No podía permitirse el lujo de sentarse a descansar si quería volver a casa antes de que anocheciera.

Bajaba con cuidado por el camino de la muralla, donde había menos gente. Pero una vez más, tener mala suerte era su talento. Como si el presentimiento de la mañana no fuera suficiente, la vieja bolsa de lino no pudo aguantar el peso del contenido y se rompió.

Cuando las cosas salen mal, realmente sale mal todo... Las penurias del día pasaron por la mente de Kosha: el guardia excesivamente estricto, el comerciante que intentaba bajar el precio criticando la calidad de las plumas, el frutero que intentaba venderle manzanas pequeñas y golpeadas a un precio alto...

Pero no tenía tiempo ni para derrumbarse. Tenía que recoger lo que se había caído. Al menos la botella de aceite no se había roto, pero varias manzanas rodaban cuesta abajo.

Se abrió paso entre la multitud del callejón, casi gateando por la pendiente. Agarró una manzana, luego otra, y quedaba la última. Rodó y rodó, casi al alcance de su mano, hasta que se detuvo ante la punta de un zapato. Eran unas botas de cuero relucientes.

El dueño de las botas se agachó y tomó la manzana. ‘Disculpe, un momento, perdón’... Kosha, que salía de entre la gente repitiendo frases como un loro, se detuvo en seco.

Era una mano muy suave, larga y hermosa. En contraste con la manzana rojiza y llena de marcas, la mano impecable resaltaba. Esa mano lanzó la manzana al aire y la atrapó por juego.

‘Ah, ¿es suya?’.

Voz baja y pronunciación precisa. Kosha no pudo ni responder; levantó la cabeza aturdido para mirar al dueño de esa mano. Él estaba de espaldas a la luz, por lo que su visión no se enfocó de inmediato.

Él miró las cosas que Kosha sostenía torpemente y la bolsa de lino rota, y luego chasqueó la lengua ligeramente. Esa imagen parecía una pintura perfecta. Enseguida le entregó la manzana como al pasar, y Kosha la recibió sin pensar.

‘Vaya, debe haber sido duro. Aunque, si puede elegir, sería mejor comer unas que estén limpias’.

Eso fue lo que dijo, con una sonrisa en los ojos. Kosha ni siquiera pudo darle las gracias. Para cuando recuperó el juicio, él ya se había ido con otros caballeros.

En el lugar donde se había marchado, el dulce aroma del olivo oloroso flotó con el viento. Solo entonces Kosha se dio cuenta de la multitud a su alrededor. La mayoría seguía discretamente al grupo de caballeros, pero algunos se quedaron cerca de él. Una mujer de mediana edad le habló de repente:

‘Oye, esa manzana... ¿quieres que te la cambie por una limpia?’.

¿Así de repente?

Ante esa amabilidad inexplicable, Kosha parpadeó con cautela. Alguien a su lado comentó en voz baja.

‘Lo hace porque ese señor la recogió personalmente. Como la tocó, ahora es un objeto de colección. Es una obsesión.

‘¿...?’.

‘Si esperas un poco más, seguro que alguien te ofrece dos manzanas limpias a cambio’.

El hombre se rió señalando la manzana, y la mujer que hizo la propuesta inicial se enfadó diciéndole que no dijera tonterías. Para Kosha... seguía siendo incomprensible.

De todos modos, no tenía razón para no aceptar una oferta ventajosa. Al final, Kosha consiguió una manzana limpia y, a cambio de escuchar una sarta de historias sobre el carácter, las hazañas y las buenas acciones de Lucien, obtuvo incluso una bolsa de lino nueva.

Y esas historias... a pesar de que momentos antes pensaba que no tenía tiempo ni para sentarse, parecieron valer la pena ser escuchadas.

El camino de vuelta a casa después de eso no fue tan agotador, aunque apresuró el paso. ¿Sería por la bolsa nueva, firme y fuerte? No, en realidad, era más bien que estaba ensimismado. Ni siquiera se dio cuenta de que le había salido un moretón en el hombro por la carga.

‘Debe haber sido duro’... esa voz seguía resonando en sus oídos. Llegó a casa, ordenó sus cosas, llenó el comedero de los gansos que lo recibían aleteando, y solo entonces, mientras mordía una de las manzanas golpeadas para calmar el hambre, no podía dejar de pensar...

Esa voz baja, la pronunciación precisa, la forma en que se movían sus labios perfectos y sus ojos que se curvaban al sonreír. Mientras esas palabras daban vueltas en su cabeza, finalmente se dio cuenta: ‘Ah, realmente estaba pasándolo mal’.

Y de pronto, también comprendió que hacía mucho tiempo que alguien no lo miraba tan fijamente a los ojos y le hablaba con una sonrisa. Incluso el contenido de sus palabras era tierno. ¡Decirle algo tan bueno como que comiera cosas limpias! Aunque solo fuera por cortesía, incluso eso era algo sumamente escaso en la vida de Kosha.

Kosha giró la manzana nueva que consiguió gracias a él para observarla. Esa mujer parecía bastante rica, y la fruta que le dio era muy brillante, roja y hermosa. Kosha había deseado ardientemente durante todo el verano una manzana que llenara su boca de jugo refrescante y dulce, así que esto era sin duda un golpe de suerte.

Sin embargo...

Mientras terminaba de morder la manzana golpeada y harinosa, Kosha se arrepintió un poco.

Quizás no debí cambiarla.

 

“¿Dices que él recogió algo que se te había caído?”.

Preguntó de vuelta, con un tono incrédulo, un hombre de cabello rubio veteado.

Era el mismo hombre que había estado amenazando a Kosha en la sala de torturas. Su nombre era Gosric y, a pesar de su apariencia, era el lugarteniente más cercano y mano derecha de Lucien. Ahora que Kosha lo pensaba, creía haberlo visto alguna vez a su lado mientras observaba a Lucien desde la distancia.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Era un hombre corpulento, de mirada feroz y con una larga cicatriz en la mejilla; la viva imagen del ‘caballero’ prototípico. Sin embargo, quizás por la costumbre de verlo tan seguido, ya no le infundía tanto miedo como al principio. Tal vez era porque se había dado cuenta de que su forma de hablar y su personalidad no eran tan feroces como su aspecto, o tal vez... simplemente porque era un hombre de Lucien.

“¿Y por eso terminaste enamorado de él?”.

Volvió a preguntar Gosric, todavía con sospecha.

Kosha soltó un profundo suspiro. No, no era posible que fuera así, que uno se lanzara de cabeza solo por algo como eso... Para empezar, el corazón no es algo que pueda definirse de forma tan clara y concisa, como si uno pasara simplemente de una habitación a otra.

Aquello solo fue el detonante. El momento en que lo reconoció.

Ah, así que él es ese tal Lucien.

Los detonantes suelen ser, por naturaleza, triviales e insignificantes. Lo temible es lo que viene después. El porqué esa noche se sintió extrañamente inquieto y no pudo dormir hasta tarde; por qué a la mañana siguiente se esmeró un poco más en preparar un desayuno limpio y ordenado; por qué cortó sin motivo una rama de olivo dulce y la puso en un jarrón con agua hasta que todas las flores se marchitaron; o por qué sus oídos se aguzaban cada vez que escuchaba su nombre en los lugares donde se reunía la gente del pueblo.

Y cuando se dio cuenta, estaba haciendo una larga fila desde temprano para entrar al castillo. Sin tener nada que hacer allí, solo para ver por un instante a Lucien, quien decían que partiría de nuevo al frente. Solo por eso.

Pero explicar todo ese proceso punto por punto le resultaba agotador. Y además...

“...Probablemente no lo entendería”.

Murmuró Kosha.

Gosric frunció el ceño ante aquella voz tan baja que no se sabía si era un susurro o un monólogo interno. Justo cuando iba a preguntar de nuevo, Kosha se le adelantó por una vez.

“¿Podría tajarme un poco de esa raíz de hierba de la estabilidad?”.

“...”.

“S-si es que tiene la voluntad de hacerlo... si no, puedo hacerlo yo. Por supuesto que debo hacerlo yo. Es mi trabajo”.

Ante la mirada silenciosa de Gosric, Kosha, asustado de nuevo, apartó la vista apresuradamente y cambió sus palabras. Gosric soltó un gran suspiro y tomó el objeto blanquecino que Kosha señalaba.

“¿Es esto?”.

“...Sí”.

Las puntas de los dedos de Kosha todavía estaban cubiertas de vendajes mal puestos. No parecía ser alguien ágil de por sí, pero con las manos en ese estado, sus movimientos eran aún más torpes. Si le daban un cuchillo y terminaba cortándose un dedo en lugar de la raíz, sería un problema. Ahora mismo, el tiempo apremiaba.

Aunque se decía que los de la estirpe de los magos podían usar magia incluso si les cortaban brazos y piernas...

“¿Cómo lo corto? ¿A lo largo?”.

“Sí, por favor, lo más fino posible...”.

Gosric comenzó a tajar la raíz seca con una daga. La imagen de aquel hombre enorme, con vello hasta en el dorso de las manos, encorvado y cortando una pequeña raíz con un cuchillo corto, resultaba extrañamente cómica. Kosha apretó los labios con fuerza para no reírse, pero el caballero Gosric parecía tener ojos hasta en la nuca.

“¿Te estás riendo?”.

“No”.

Kosha volvió a bajar la cabeza profundamente, concentrándose en los ingredientes que tenía delante. Mirra y aceite de hisopo...

Gosric, mientras tajaba, observó de reojo a Kosha, quien medía con cuidado diversos materiales que tintineaban frente a él, y chasqueó la lengua. No es que quisiera interrogarlo de nuevo, simplemente le parecía absurdo que estuviera sonriendo en una situación como esta.

...Y también le parecía un poco extraño.

Objetivamente, el muchacho frente a él era un desastre. Vestía ropas raídas y sucias, y sus hombros estaban encogidos y encorvados. Su cabello, que no se sabía si estaba enredado o apelmazado por la suciedad, cubría la mitad de su rostro, y debajo de este, sus mejillas y labios estaban hinchados y rotos.

Ese día, Kosha había recibido varias bofetadas más. Principalmente porque no respondía correctamente a lo que se le preguntaba. Por supuesto, un par de bofetadas no eran nada grave bajo los estándares de ‘Su Alteza’, pero...

“Con la cara en ese estado, y todavía pareces contento”.

Soltó Gosric, burlándose abiertamente.

A pesar del desprecio, este extraño mago que parecía un poco lento no pareció notar el insulto y solo sonrió con torpeza.

“No es que esté contento... pero estoy bien”.

Cuando la expresión de Gosric se contrajo como si hubiera escuchado algo aberrante, Kosha añadió rápidamente al notar su mirada.

“Es porque fue mi culpa. Es decir, no es que el príncipe Lucien sea ‘así’ originalmente...”.

“...”.

“Es que Su Alteza es la v-víctima. Aunque yo no lo hice a propósito, de verdad, de verdad que no”.

Mientras hilaba sus palabras como si fueran una excusa, la culpa volvió a brotar lentamente. Kosha había preparado una poción de amor mediocre y, por alguna razón desconocida, Lucien se la había bebido. Dejemos de lado cómo sucedió; eso no era lo importante ahora. El verdadero problema era que la poción era una chapuza total.

Lo que Kosha había fabricado era, ciertamente, una poción de amor. Esa que supuestamente hace que te enamores perdidamente de la primera persona que veas al abrir los ojos tras ingerirla. Sin embargo, Lucien, tras beberla, no se enamoró de nadie. Al contrario...

‘Disculpe, por si acaso, la primera persona que vio Su Alteza tras tomar la poción fue...’.

Cuando Kosha, mientras diagnosticaba los rastros de maná en el cuerpo de Lucien, hizo la pregunta tímidamente, la respuesta vino de un lugar inesperado.

‘Fui yo’.

Fue Gosric quien respondió solemnemente. Lucien, que estaba sentado de lado en una silla, dejó escapar algo parecido a una burla. Kosha miró alternativamente a ambos hombres, desconcertado.

Ciertamente... no parecía que se hubieran enamorado.

Según le contaron, ese día las tareas se habían prolongado tanto que Lucien tuvo que terminar el trabajo pendiente incluso en su dormitorio. Cuando el sirviente entró como de costumbre con el vino caliente, Gosric estaba allí entregando el último informe. Beber vino caliente cuando el trabajo se alargaba o estaba fatigado era un viejo hábito suyo, y el sirviente que trajo el alcohol llevaba haciendo esa tarea al menos dos años.

Fue un poco sospechoso que el hombre vacilara al ver a Gosric presente, pero ya era casi de madrugada y ambos estaban demasiado cansados para cuestionar una actitud tan sutil.

Lucien tomó la copa sin pensar mucho y, tras dar unos sorbos, se llevó la mano a la cabeza y dejó caer la copa al suelo. Gosric se apresuró a sostenerlo. Y lo que hizo Lucien al abrir los ojos y ver por primera vez a Gosric bajo el efecto de la poción fue...

Empujarlo violentamente y agarrar al sirviente por el cabello para estampar su cabeza contra la pared. Gosric, que cayó de espaldas, estaba tan desconcertado que no pudo detener de inmediato a Lucien, quien golpeaba la cabeza del sirviente preguntándole bruscamente quién le había ordenado hacer aquello.

‘Él... normalmente no llega a esos extremos…’.

Incluso si Gosric no lo hubiera dicho a modo de excusa, era obvio. ¿Acaso no era Lucien famoso por ser clemente y razonable incluso en el campo de batalla? Kosha asintió con profunda comprensión.

En cualquier caso, a partir de ese momento, Lucien empezó a mostrar una personalidad extremadamente impulsiva y violenta. Golpes sin previo aviso, insultos y abusos verbales sin importar el tiempo ni el lugar. En palabras de Gosric...

‘...Es una situación en la que no sabemos qué va a pasar en cualquier momento’.

Varios incidentes violentos ocurrieron en actos oficiales, y finalmente Lucien tuvo que suspender toda actividad externa y permanecer recluido. Ya habían pasado siete días. Teniendo en cuenta los diversos cargos de gran responsabilidad que ocupaba, era una situación desastrosa en muchos sentidos.

¿Por qué la poción había resultado así? No era una magia especialmente compleja, y nunca le había pasado algo parecido al fabricar otras medicinas. Bueno, si la poción hubiera funcionado correctamente y Lucien se hubiera enamorado de Gosric, también habría sido bastante problemático...

Al final, la culpa no podía ser de otro más que de Kosha. Porque él fue quien hizo la poción. Sin permiso, sin conocer la receta exacta y siguiendo su propio capricho. Por eso, Kosha aceptó con resignación que recibir unas cuantas bofetadas era su merecido. Pensaba en lo desconcertado y atribulado que debía de estar el propio Lucien, sufriendo esos repentinos efectos secundarios.

“Más que yo... probablemente Su Alteza sea quien peor lo esté pasando...”.

Murmuró Kosha con tristeza.

Por un momento, la expresión de Gosric fue extraña, pero como sus rasgos eran tan marcados, no se notó mucho. Abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla y se acarició la barbilla.

“Sí... bueno, como sea, saca todo el efecto de la poción con un antídoto o lo que sea. Devuélvelo a la normalidad”.

“Sí, sí. Lo haré”.

Kosha asintió apresuradamente. Para ser sincero, no tenía confianza... pero la teoría general dice que los problemas causados por una poción mágica solo pueden ser resueltos por su creador. Por supuesto, si un mago más poderoso interviniera, no sería imposible, pero por lo general, cuanto más fuerte es un mago, más cerrado y tacaño es a la hora de ayudar a otros. El mago del rey, que diagnosticó por primera vez los síntomas de intoxicación de Lucien, ya se había negado a involucrarse más.

“Entonces, ¿sigo tajando esto?”.

Gosric levantó las raíces enredadas.

Tras calcular la cantidad por un momento, Kosha asintió. Las raíces de las plantas son mejores para contener maná que las hojas o los tallos, así que cuantas más, mejor. Si él fuera un mago ‘de verdad’, no tendría que depender tanto de esos medios físicos, pero...

“...Sí, un poco más”.

Asintió Kosha lentamente, ocultando bajo su ropa sus manos, que temblaban ligeramente por la tensión.

Como le faltaba habilidad, tenía que depender de los ingredientes. El hecho de que le proporcionaran cualquier material que necesitara era su única luz de esperanza.

***

‘¿Cómo te llamas?’.

Preguntó una voz baja y suave. El tosco ramo de flores que Kosha le ofrecía parecía demasiado humilde en sus manos. Con el rostro encendido, Kosha, como un tonto, no pudo responder de inmediato y tartamudeó.

‘Ko, Kosha’.

Seguramente su voz sonó patética. Sin embargo, él no se burló.

‘Ah, Kosha’.

‘...’.

‘Gracias’.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

En su lugar, pronunció su nombre con total precisión. No con la pronunciación estándar de Iseland, sino con la pronunciación alogénica que Kosha usaba originalmente. Era una diferencia mínima, pero estaba ahí. En ese momento, Kosha no pudo distinguir si lo que brillaba y se fragmentaba en blanco detrás de él era la luz del sol o ese halo que dicen que solo aparece sobre la cabeza de los más nobles.

La tradición de entregar flores a los caballeros que destacaban en batallas o festivales de caza se había instaurado después de que Lucien ganara fama. Solía ser algo que hacían mujeres jóvenes o niños... pero después de seguir a Lucien durante un año entero, Kosha también sintió el deseo de darle algo. Aceptarlas o no dependía del caballero, pero Lucien y los suyos solían recibirlas con gusto. Por eso se armó de valor.

Había preparado el ramo personalmente con mucho esmero. Para entregárselo, hizo fila desde la madrugada para entrar al castillo. Se esforzó por conseguir el mejor lugar entre empujones. Por eso, cuando finalmente pudo entregarle las flores, estaba tan nervioso que ni siquiera pudo mirarlo a la cara.

Pero Lucien no rechazó las flores entregadas por un tipo grande y desaliñado como él. Es más, le preguntó su nombre con amabilidad. Él solía preguntar el nombre a todos los que le daban flores, así que no era algo especial, pero al experimentarlo en carne propia, Kosha se sintió... muy especial.

¡Le di flores! A esa persona resplandeciente. Incluso me miró a la cara y se aprendió mi nombre. Pronunció mi nombre con total exactitud.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que alguien llamó correctamente su nombre? Desde que su niñera murió, no había vuelto a ocurrir. Su corazón rebosaba alegría.

Ese recuerdo fue tan dulce y cálido que permitió a Kosha sobrevivir a aquel invierno. No sabía cuántas veces se habían repetido los inviernos, veranos, primaveras y otoños que logró soportar gracias a ello.

... ¿Acaso alguien tiene que rescatarte de un peligro mortal para ser considerado tu salvador?

Antes de que pudiera responderse a sí mismo— ¡Clink! Un agudo sonido de rotura rasgó el aire.

Una copa dorada, lujosa y perfectamente simétrica, fue arrojada contra el frío suelo de piedra. El cuello de Kosha, que estaba arrodillado en el suelo, se encogió como un caracol pinchado por una rama.

Tuud tuud. La copa vacía quedó tirada miserablemente al lado de Kosha.

Lo que contenía era el antídoto que Kosha había preparado pasando la noche frente al fuego, recolectando la esencia con la ayuda del último rayo de luz lunar de la madrugada.

Dividir el ‘antídoto’ en tres partes fue idea de Kosha. En realidad, más que una idea, fue un ruego desesperado. Lucien y sus vasallos no estaban convencidos, pero... como no sabían el origen del problema, ¿qué otra opción tenían? Kosha tuvo que optar por un tratamiento sintomático, y ellos no tenían a ningún otro mago que lo reemplazara.

La primera medicina falló por completo sin efecto alguno, y esta era la segunda. Lucien bebió sin dudarlo el líquido verde tenue contenido en la copa de plata. Durante el proceso en que la medicina hacía efecto, pareció sufrir un mareo y se sostuvo la frente un momento, mientras un silencio tan denso que impedía incluso respirar se apoderaba de la sala.

Y entonces, en el momento en que sus ojos se cruzaron con las afiladas pupilas gris azulado que asomaban entre sus largos dedos...

Él lanzó la copa que sostenía en la otra mano directamente hacia Kosha. El hecho de que lo esquivara por poco indicaba que Lucien se había contenido a duras penas de dárselo en toda la cabeza.

“Haaa...”.

Su suspiro era irritable. Una maldición le siguió, escupida entre dientes.

“Sin efecto, una pérdida de tiempo y el sabor es asqueroso”.

“...”.

“Estúpido inútil”.

Lucien se apartó el cabello con exasperación. Mientras todos en la habitación contenían el aliento, Kosha lo observaba a hurtadillas. Veía cómo esos cabellos, que parecían fragmentos de luz solar, fluían entre sus dedos largos y cuidados, esparciéndose sobre su frente perfecta.

Era un acto desvergonzado, pero últimamente Kosha solía robar miradas a la figura de Lucien. Por supuesto, tenía algo de juicio y al principio intentó contenerse... pero no parecía ser algo que pudiera controlarse con esfuerzo.

El Lucien que sufría los efectos secundarios de la poción era muy... extraño. No solo se comportaba de forma violenta, sino que a veces soltaba insultos bastante vulgares. Al principio, fue un shock incluso descubrir que Lucien conocía tales palabras. Sus expresiones también eran diferentes: el ceño fruncido, miradas de fastidio, sonrisas burlonas.

Todo cosas que no se encontraban en el Lucien ‘original’.

A Kosha no le gustaba la gente ruda, pero en un rostro tan hermoso, hasta eso quedaba bien. Además, ¿no era aquello algo ‘falso’ creado por el efecto de la poción? Algo que desaparecería con el último antídoto. Siendo así, ¿no sería tan extraño querer guardar en su memoria por un momento ese aspecto ‘diferente’ de Lucien que nadie había visto jamás, y que nadie volvería a ver?

Llegó a pensar que, si ese era el precio por obtener una imagen tan especial de él, el sufrimiento no era para tanto.

“E-esto, Alteza. Un momento, para el diagnóstico”.

“...”.

“Esta medicina no debía hacer efecto de inmediato. Es decir, primero tenía que... de alguna forma, materializar la magia existente...”.

A pesar de temblar ante la posibilidad de que le cayera un rayo encima en cualquier momento, Kosha se esforzó por explicarlo. Lucien lo miró de arriba abajo como sopesando sus intenciones, pero pronto hizo un gesto con la mano, como si le diera pereza seguir escuchando.

Aun así, parecía ser una señal de permiso. Kosha, que había estado pegado al suelo como una babosa, se arrastró lentamente hacia adelante. A pesar de mirar a Kosha como si fuera un bicho rastrero e impuro, Lucien extendió obedientemente la palma de su mano tras subirse la manga de la camisa. Para detectar el maná remanente en el cuerpo, era necesario un contacto físico mínimo.

Por supuesto, un mago habilidoso podría hacerlo sin contacto... pero Kosha, para ser sincero, esta vez agradeció ser un producto defectuoso. Si no, ¿cuándo podría alguien como él tocar la palma de la mano de Lucien?

Sus dedos, parecidos a ramitas y cubiertos de vendajes, dudaron sobre la palma amplia y limpia antes de presionar algunos puntos. La palma estaba muy dura, como correspondía a un caballero, y era más cálida de lo que esperaba.

Sobre ella, desplegó con cuidado un débil campo de maná. Estaba nervioso porque nunca había hecho algo así, pero resultó más fácil de lo esperado. Por alguna razón, desde que lo trajeron a este castillo, usar magia se había vuelto un poco más sencillo. ¿Sería su imaginación? ¿O es que Ostbrahe tenía buena energía? O tal vez...

Una onda invisible se filtró siguiendo las líneas de la mano de Lucien. Pronto, una luz verde brotó bajo su piel y un hilo luminoso subió por su antebrazo.

Al ver esto, varios caballeros pusieron sus manos en las empuñaduras de sus espadas, tensando el ambiente de la sala. Parecía que temían que Kosha intentara algún truco con su magia, pero no solo carecía de tal habilidad, sino que ni siquiera se le pasaría por la cabeza.

Te traen aquí a la fuerza y encima no confían en ti, se quejó Kosha para sus adentros.

La luz que emanaba bajo la piel envolvió el brazo de Lucien dibujando patrones desconocidos. Entre su cabello sucio y apelmazado, los ojos de Kosha también brillaron con un verde intenso. Las pupilas gris azulado de Lucien se entrecerraron mientras lo observaban con atención.

La luz desapareció pronto. El destello verde en los ojos de Kosha también se desvaneció. Kosha ladeó la cabeza. Esta medicina parecía haber surtido el efecto deseado, pero...

Kosha, a quien de alguna manera le pesaba retirar la mano, estaba debatiendo si se atrevía a mantener sus dedos pegados un poco más.

“Tú”.

Una voz baja y gélida rasgó el silencio. Kosha, con su lentitud habitual, no tuvo tiempo de reaccionar. Una mano se abrió paso entre su cabello apelmazado y sus ropas sucias. Esa mano enorme rodeó su cuello esquelético y lo apretó como si quisiera retorcerlo.

“Hu, ¡aggh!”.

Al sentir la presión deliberada de los dedos, a Kosha se le salió la lengua y empezó a emitir estertores. Sentía que se asfixiaba y que los ojos se le saldrían de las órbitas.

¿A-acaso los huesos de los magos son más débiles que los de los humanos? ¿Y si se me rompe el cuello?

Mientras era estrangulado sin entender el motivo, Kosha pataleaba desesperado.

Si... si yo muero, Lucien...

En el momento en que su visión empezó a parpadear en blanco, la mano lo soltó. Al borde del desmayo, Kosha rodó por el suelo con estrépito.

“Cof, cof, ¡ha, hagh! ¡Hagh!... Hicc, uugh...”.

El aire llenó sus pulmones de golpe. Sujetándose el cuello, Kosha jadeaba frenéticamente. Sin poder evitarlo, la saliva se le escurría y no podía dejar de toser.

“Qué exagerado”.

Escuchó un chasquido de lengua desde arriba. Una bota grande pareció acercarse y, de un toque, le dio una patada en el vientre. En realidad, más que una patada, fue un empujón con el pie, pero para un mago tan debilucho fue lo suficientemente letal.

“Uuugh”.

Kosha tuvo una arcada y terminó rodando sobre su espalda.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Solo entonces pudo observar su entorno. Todo era un caos. Los caballeros estaban en máxima tensión, con las espadas a medio desenvainar, y todo tipo de objetos yacían desparramados por el suelo. Parecía que hubiera pasado un terremoto.

... ¿Yo hice esto?

Kosha se quedó boquiabierto, incapaz de creérselo.

No, ¿en serio yo puedo hacer algo así? ¿De verdad?

...Por cierto, ¿cómo van a limpiar todo esto?

En medio de la situación, ese pensamiento cruzó su mente y le resultó un poco absurdo. Miraba de reojo por si acaso le tocaba limpiar a él, cuando una voz indiferente cortó el silencio.

“Parece que, después de todo, sí eres un mago”.

“Para lo que vales”.

Añadió Lucien con desdén mientras pateaba un abrecartas que había caído a sus pies. El metal se deslizó por el suelo de piedra con un sonido estridente. Incluso en medio de aquel desorden, él era el único que permanecía impecable, sin un solo rasguño.

“Ya solo queda una oportunidad, ¿verdad?”.

Kosha intentó recomponerse y volvió a inclinar la cabeza apresuradamente.

“Hazlo bien”.

El calzado rígido golpeó a Kosha un par de veces de forma humillante. Sus hombros temblaban, temiendo que Lucien volviera a patearlo o a pisotearlo en cualquier momento.

“Si no, tampoco me costaría mucho simplemente matarte y acabar con esto”.

“...”.

Kosha tragó saliva. El aire volvió a volverse pesado. Si matas a un mago, la magia que proviene de él se rompe, a menos que sea algo excepcionalmente grandioso. Por lo tanto, matar a Kosha era una forma de solucionar este desastre.

El problema era que no sabían cómo se rompería esa magia. El maná es un tipo de energía; como el viento, la luz del sol o las olas, no puede simplemente desaparecer hacia la nada sin una reacción. Si el maná ya está dentro del cuerpo, con suerte podría terminar en una indigestión o náuseas, ¿pero si no había suerte? En el peor de los casos, podría explotar.

Es decir, que si mataban a Kosha, Lucien, que contenía el maná en su cuerpo, podría estallar junto con él. ¡Cielos, eso sería terrible! Solo de imaginarlo, Kosha palideció de espanto y negó con la cabeza con vehemencia.

“Me esforzaré. Lo... lo terminaré, lo terminaré sin falta”.

“Más te vale”.

La respuesta llegó con una calma indiferente.

“Ahora, llévenselo. Esta sucio y huele mal”.

Lucien dio la orden a los caballeros. Un sirviente volvió a traer agua para que se lavara las manos, mientras unos puños rudos agarraban a Kosha por la nuca. Con el cuello apretado por la ropa que tiraba hacia atrás, Kosha fue arrastrado fuera de la habitación mientras soltaba pequeños quejidos.

***

Guau, guau. Se oía el ladrido de un perro. Kosha se puso de puntillas para mirar por la ventana del tamaño de una palma en la pared de piedra. Probablemente era el patio interior del palacio de Ostbrahe. Un hombre que parecía ser un criado le lanzaba trozos de carne a un perro; por su tamaño, debía de ser un sabueso de linaje noble.

Luego, Kosha giró la cabeza para mirar la sopa de guisantes tibia y la sardina flaca que habían dejado en un rincón. Era su cena. Lo trataban peor que al perro.

Incluso su alojamiento seguía siendo algo parecido a una celda. Si lo habían trasladado del sótano a la superficie era solo porque necesitaba fuego para fabricar la poción. Pero... no se puede evitar, aceptó Kosha con humildad. Al fin y al cabo, era un mago defectuoso que le había causado un daño enorme a Lucien, aunque no hubiera sido su intención.

Además, el hecho de que Lucien necesitara tratamiento mágico parecía ser un secreto de estado. Si no, ¿por qué el propio Gosric, su lugarteniente más cercano, estaría ayudando personalmente en la elaboración? Por eso, sería difícil que le dieran una habitación de invitados de lujo.

“¿Estás pensando en escapar por ahí?”.

Una voz ronca sonó detrás de él. Al girarse, vio a Gosric. Kosha suspiró y negó con la cabeza. Ahora que se había acostumbrado un poco, Gosric le daba menos miedo.

“No. ¿Cómo voy a escapar por aquí?”.

“¿Por qué no? Eres un mago”.

“Bueno, hay magos y ‘magos’...”.

La torre era bastante alta. Si se caía, dudo que pudieran recoger ni sus restos.

Para escapar de aquí sin morir, ¿qué tendría que hacer?

Kosha intentó calcular la fuerza necesaria para atraer el viento, la resistencia del aire, su peso y la fuerza de gravedad... pero desistió de inmediato. De nada servía calcular si su maná no le daría para tanto. Solo conseguiría que le doliera la cabeza.

“Oye, mocoso. Esta vez tienes que hacerlo bien de verdad”.

Sentenció Gosric mientras se dejaba caer en la silla de un rincón de la celda. Al pasar tanto tiempo fabricando la poción con Kosha, su forma de hablar se había relajado un poco. Ambos miraron hacia el pequeño caldero que hervía en el centro de la habitación.

Kosha preguntó tímidamente tras dudar un momento. Le daba un poco de miedo sacar el tema.

“¿S-si esta vez no funciona, de verdad...?”.

“¿De verdad qué?”.

“¿Me... me matarán...?”.

Gosric se acarició la barbilla con gesto dubitativo. Parecía que ni él mismo lo sabía, pues la respuesta tardó en llegar.

“Eso... bueno, lo sabremos cuando llegue el momento. Por ahora, tú concéntrate en la poción”.

La mezcla que hervía a fuego lento estaba espesa como una papilla y era de un color negro azabache. Por supuesto, solo se veía así ahora; justo antes del amanecer, cuando extrajera la esencia de la mezcla y la procesara con maná, se volvería de un verde claro. Por ahora, solo quedaba esperar.

Kosha suspiró suavemente mientras visualizaba por duodécima vez la imagen de Lucien cuando le entregó la segunda poción. Una de las cejas de Gosric se arqueó con suspicacia.

“¿Qué pasa? ¿Crees que esta vez también va a fallar?”.

“...No”.

Estrictamente hablando, la segunda poción no había fallado. No hubo efectos visibles, pero eso era lo planeado.

“Es solo que... creo que esta poción tampoco sabrá bien”.

Murmuró Kosha.

Él había dicho que el sabor era asqueroso. Kosha intentó arreglarlo, pero con su talento era difícil ajustar el sabor sin arruinar la eficacia. Temiendo que al tocar el sabor la poción se estropeara, Kosha estaba a punto de hacerle beber otra medicina de sabor horrible.

La expresión de Gosric se volvió extraña. Abrió y cerró la boca un par de veces antes de cruzarse de brazos con aire de desaprobación.

“¿De verdad puedes decir eso después de verte en un espejo?”.

Kosha parpadeó confundido, sin entender a qué se refería. Se acomodó un poco el flequillo apelmazado.

Mi aspecto es un desastre, ¿pero qué importa?

Era cierto que su apariencia le preocupaba. Hacía mucho que no se lavaba. Justo antes de que lo trajeran a la fuerza, estaba cuidando ganado y vagando por el bosque cubierto de sudor; luego pasó por la sala de torturas, rodó por el sótano y llevaba días hirviendo pociones frente al fuego, así que debía de verse fatal. Si lo criticaban por estar sucio y oler mal, no tenía defensa porque era la pura verdad.

Habría sido mejor encontrarnos cuando yo estuviera un poco más limpio.

Tal vez así Lucien lo habría recordado. Recordaría a ese Kosha que lo saludó tantas veces y le dio flores.

Pero estando prisionero así, ¿cómo se atrevería a pedir un baño? ¿Y a quién se lo pediría? ¿A Gosric?

“...Olvídalo, mocoso. Sigue trabajando”.

Gosric, que se había quedado sin palabras por un momento, chasqueó la lengua. Tenía el cuello lleno de moretones y los ojos inyectados en sangre, y sin embargo, el chico se comportaba de una manera tan ingenua. Entre los consejeros se decía que debían vigilarlo bien por si el mago guardaba rencor e intentaba asesinar a Su Alteza, pero... no parecía tener la malicia necesaria para eso.

¿Acaso le falta un tornillo?

Gosric empezó a sospecharlo seriamente.

¿De verdad será capaz de hacer el antídoto?

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sin importar si Gosric lo miraba con sospecha o no, Kosha volvió a concentrarse intensamente en el caldero donde hervía la poción. Sea como sea, esta era la última. Por el bien de todos, tenía que ser así.

***

La última poción se terminó justo antes del amanecer, un día completo después de la segunda.

Kosha vertió con cuidado el líquido verde brillante que burbujeaba en el caldero dentro de una copa de plata decorada con relieves de sarmientos de vid. Luego, se arrodilló y ofreció la copa con manos temblorosas. Estaba amaneciendo.

Incluso a esa hora tan temprana, Lucien lucía una vestimenta perfecta, sin un solo pliegue fuera de lugar.

¿Estará durmiendo bien?, se preocupó Kosha internamente.

Él volvió a vaciar la copa sin vacilar. Kosha lo miró con una súplica tan intensa como el sol que empezaba a asomar por el horizonte de la ventana oriental.

“...”.

Lucien guardó silencio durante un buen rato. Por un momento se llevó la mano a la frente como si estuviera mareado y, tras un breve silencio, se dejó caer pesadamente en la silla.

“¡Alteza!”.

El ambiente se tensó al máximo. A Kosha se le encogió el corazón. Y no fue porque el caballero que estaba al lado le pusiera la espada en el cuello. Sus ojos verdes, que brillaban con más intensidad debido a la luz del sol, estaban fijos únicamente en Lucien. El corazón le retumbaba hasta en la cabeza.

“Fuuuu...”.

Tras unos segundos que parecieron años, Lucien, que estaba sentado cubriéndose los ojos con la palma de la mano, soltó un profundo suspiro. Luego levantó la cabeza lentamente.

“Ah... así es como se sentía”.

Sí, es cierto, así era, murmuró para sí mismo. Su voz sonaba lánguida. No arrojó la copa, ni insultó, ni pateó a Kosha que estaba a sus pies.

“¿Se encuentra bien, Alteza?”.

Preguntó uno de sus vasallos acercándose con cautela.

Lucien recorrió la habitación con la mirada lentamente y dejó escapar una risa que parecía un suspiro. Era una risa que denotaba incredulidad y, al mismo tiempo, algo de... generosidad. La mano de Lucien se apartó lentamente de su rostro.

“Sí, supongo”.

“¡Ah!”.

Kosha contuvo el aliento sin darse cuenta.

La mirada de Lucien se dirigió hacia el lugar de donde provino el sonido. Sus ojos se encontraron antes de que Kosha pudiera evitarlos. En el momento en que Kosha se estremeció, pensando que todavía quedaban restos de esa ‘falsa locura’ brillando en las pupilas gris azulado...

“Ah, el mago”.

Ahí estaba, murmuró Lucien. Y tras un breve silencio, sonrió. Sus labios bien formados dibujaron una suave curva; era esa sonrisa amable y perfecta como un cuadro que Kosha tanto conocía.

¿Funcionó? Justo cuando sus ojos verdes, que ya de por sí solían parecer húmedos, empezaron a empañarse aún más, Lucien ladeó la cabeza con una expresión curiosa y entrecerró los ojos.

“Vaya... Realmente lo lograste al tercer intento”.

“...”.

“Después de actuar como si no pudieras, cumpliste tu promesa...”.

A primera vista parecía un cumplido, pero el tono era ambiguo. Mientras seguía arrodillado, Kosha intentaba descifrar la atmósfera. Lucien, acariciando el borde de la copa de plata con la punta de los dedos, volvió a sonreír.

“En fin... bueno, estoy en deuda contigo”.

Esa voz suave, esa expresión, ese tono. Todo aquello a lo que se había acostumbrado tras seguirlo durante años hasta que se le grabó en el alma.

“Gracias”.

Y ante esas palabras de agradecimiento, todas sus angustias se derritieron más rápido que la escarcha bajo el sol de principios de primavera.

¡Cielos, Lucien me ha dado las gracias!

Al ver la mano que Lucien le tendía como invitándolo a levantarse, Kosha dejó de pensar.

Apenas anteayer casi lo estrangula por tocarle la mano, pero ahora, con el corazón rebosante, Kosha tomó esa mano con sumo cuidado y se levantó tambaleándose. Antes de que terminara de incorporarse, Lucien retiró la mano sin contemplaciones, lo que hizo que Kosha perdiera el equilibrio y flaqueara, aunque él pensó que el mareo se debía a la emoción.

Sin embargo, antes de que pudiera procesar esa oleada de sentimientos, unas manos rudas lo agarraron sin previo aviso por la nuca y el brazo.

“¿Eh, eh?”.

¿Por qué? ¿Por qué otra vez?

No tuvo tiempo de ver quiénes lo sujetaban desde atrás. Lucien, por su parte, no hizo nada para detenerlos; se limitó a observarlo desde arriba con su sonrisa perfecta, dejando a Kosha sumido en el desconcierto.

“¡Es-espere un momento! ¿A dónde me llevan? ¿Eh? ¿¡Alteza!?”.

Una vez más, Kosha fue arrastrado fuera de la habitación.

 

Aun así, no lo llevaron de vuelta a la celda. Como volvieron a vendarle los ojos no sabía exactamente dónde estaba, pero el trayecto no fue largo. Lo empujaron dentro de algún lugar y cerraron la puerta desde fuera, ordenándole que se quedara quieto.

A simple vista parecía una pequeña habitación de oración, pero estaba cubierta de polvo, como si no se hubiera usado en mucho tiempo. La estancia, de la que el calor humano se había retirado hacía mucho, estaba fría. Kosha recorrió lentamente la habitación frotándose los brazos.

Había una silla para una sola persona con un cojín mullido a los pies para poder arrodillarse. El marco era dorado y el bordado del cojín era lujoso. Además, había un altar a la altura adecuada para apoyar los brazos estando arrodillado, lleno de pequeñas y delicadas piezas de artesanía. Parecían objetos religiosos; algunos tenían forma humana y otros no.

...Vestigios de la antigüedad.

En la antigüedad, estos seres vivían junto a los humanos. Las llamadas ‘razas diferentes’. Como eran seres poderosos y misteriosos a diferencia de los humanos, a menudo se convertían en objeto de asombro y adoración. La mayoría de las religiones antiguas tienen sus raíces en esa adoración.

Por eso, a esa época se la llamaba la Era del Mito.

Sin embargo, esa era ya había llegado a su fin hacía mucho tiempo. Aquellos seres infinitamente maravillosos habían desaparecido, y lo único que quedaba era el linaje de los ‘magos’, una subespecie que se ramificó de uno de ellos.

Naturalmente, la religión ya no era lo que solía ser. Aunque aún quedaban quienes veneraban a los antiguos seres, los humanos ahora adoraban otras cosas: elementos de la naturaleza como el sol, el cielo o el mar, o incluso deidades místicas e imaginarias que jamás habían visto.

Parece ser una característica propia de la naturaleza humana: el sentirse perdido al implorar milagros al vacío y, aun así, ser incapaz de dejar de rezar.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Kosha examinó las pequeñas piezas de artesanía e intentó adivinar a quién habría adorado el dueño de este oratorio. Se preguntaba ante quién se habría arrodillado una persona con el poder suficiente para poseer una sala de oración privada tan lujosa, y qué le habría pedido.

Entonces, pensó en ‘Lucien’. Dado que no había rastros de uso reciente, no parecía que él hubiera rezado allí, pero aquel oratorio antiguo encajaba a la perfección con él. Su rostro, a veces, desprendía un aire de ascetismo e incluso de profunda devoción.

Al imaginarlo arrodillado, con los ojos cerrados en plena oración, Kosha no pudo evitar dejar escapar una risita tonta.

El hermoso Lucien, el hermoso y bondadoso Lucien.

‘Gracias’.

Aquella voz resonaba en sus oídos con tanta claridad como si se lo hubiera dicho justo al lado. Kosha volvió a cubrirse la boca con las manos.

Entonces... ¿lo logré?

Por supuesto, dado que el problema se originó por su culpa, era natural que él lo solucionara. Pero...

Él era, en muchos aspectos, un ‘producto defectuoso’. Desde que creció, las veces que había usado magia correctamente se podían contar con los dedos de una mano. Como el maná que fluía y se retiraba de su cuerpo era siempre errático, había más días en los que no se sentía como un mago que los que sí. Ni siquiera había recibido una educación mágica formal. Si Kosha vivía mezclado entre los humanos cuidando gansos, era simplemente porque no tenía otra opción.

¡Y sin embargo... lo había conseguido!

Incluso para él mismo, se sentía como un: ¿De verdad funcionó?

Desde el momento en que supo lo que le ocurría a Lucien, no pudo pensar en otra cosa que no fuera lograrlo a toda costa. ¿Habría sido gracias a ese anhelo desesperado?

Kosha se miró las palmas de las manos. Aunque todavía estaban cubiertas de vendajes mal puestos y todo su cuerpo estaba sucio, sus manos eran lo único que permanecía limpio. Fue gracias a que siempre se aseguró de tener agua para lavárselas y así elaborar bien la medicina.

“Yo salvé a Lucien”.

En los viejos tiempos, cuando los seres que escupían fuego y tenían alas de murciélago aún caminaban sobre la tierra, nacieron las leyendas de héroes que derrotaban a monstruos violentos para salvar a princesas oprimidas; historias que aún se contaban hoy.

Kosha se sentía como uno de esos héroes.

Aunque, en este caso, el monstruo violento que lo había puesto en aprietos probablemente fuera el mismo Kosha...

Con el corazón latiéndole con fuerza y el rostro ardiendo, Kosha se cubrió las mejillas. No era capaz de distinguir si aquella agitación se debía a haber tenido a Lucien tan cerca o al hecho de que, por una vez, había hecho algo útil.