Episodio 99-100

 


Episodio 99

 

¡Qu-qu-qu-qué... qué... qué le pasa a ese tipo!

Bliss corría desesperado, con el corazón en un puño y los pensamientos enredados.

¿Qué está haciendo de repente? Le dije que me suplicara perdón, ¿y por qué de la nada va y me be-be-be-besa la mano...?

“¡Aaaaaagh!”.

Ni siquiera podía terminar de pronunciar esa palabra en su cabeza. En su lugar, soltó un grito ahogado y se cubrió la cara con ambas manos por la vergüenza. Por supuesto, aquello fue una imprudencia.

“¡Ugh!”.

Esta vez soltó un grito de un tipo diferente mientras, por un instante, su cuerpo flotó en el aire. Acto seguido, se oyó un sonoro ¡pum! al caer al suelo, y el silencio se apoderó del pasillo. Bliss se quedó inmóvil, con la cara estampada contra el piso. Jadeando con dificultad, respiró hondo un par de veces antes de levantar la cabeza.

Le dolía todo el cuerpo, pero casi fue mejor así. Gracias al golpe recuperó la lucidez, aunque sus mejillas seguían ardiendo. Tras frotar su rostro contra el frío suelo del pasillo para enfriarse, se quedó allí tumbado, sumido en sus pensamientos.

Ya sabía que le gustaba a ese tipo, ¿entonces por qué me sorprendo tanto ahora? Todo ha sido tan repentino.

Bliss se golpeó la cabeza con el puño, haciendo una mueca. Pero en un descuido, ‘esas palabras’ volvieron a cruzar su mente.

‘Me gustas’.

“¡Aaaaaagh!”.

Empezó a rodar por el suelo del pasillo y a dar patadas al aire.

¿Qué? ¿Pero qué rayos? ¿Por qué se confesó así de repente? ¿Y qué fue eso en el dorso de mi mano? ¿Por qué, por qué hizo eso? ¡Era su turno de suplicar perdón, no de decir que le gu-gu-gu-gusto...!

“¡Argh!”.

Finalmente, apretó los puños y se incorporó de un salto.

Reacciona, Bliss Miller. No olvides por qué viniste aquí. Tienes que lograr que ese tipo se disculpe. ¡Incluso si me be-be-be-besó la mano!

Sacudiendo la cabeza con fuerza como si quisiera sacudirse el recuerdo, Bliss se puso en pie y miró hacia la dirección de donde venía. Para ser exactos, fulminó con la mirada hacia la habitación donde estaba Cassian y tomó una decisión.

“¿Crees que voy a caer en tu juego?”.

Esta vez falló porque lo tomó por sorpresa, pero pronto encontraría otra oportunidad. ¡Esa vez definitivamente haría que ese tipo le suplicara llorando!

‘Me gustas’.

“¡Cállate!”.

Bliss lanzó un puñetazo al aire con todas sus fuerzas. Ignorando el hecho de que su rostro seguía ardiendo, corrió apresuradamente hacia su habitación.

27.

El trayecto hacia el castillo del Ducado tomó bastante tiempo. Dentro del silencioso carruaje, Cassian y Bliss permanecían sentados sin decir una sola palabra. Bliss, con los labios sellados por la terquedad, fingía mirar por la ventana mientras movía los ojos con disimulo para observar a Cassian. Al verlo allí, inexpresivo y sumido en sus pensamientos, con la mirada fija en el dorso de su mano sobre la rodilla, no pudo evitar soltar un bufido.

Ja, y eso que se me confesó.

Cuanto más lo pensaba, más indignante le parecía. Que actuara con esa indiferencia después de haber hecho lo que hizo. Habían pasado dos días desde ‘aquel incidente’. Desde entonces, todos habían estado muy ocupados preparando el viaje del Conde al Ducado. Bliss también había pasado el tiempo sin descanso ayudando a Penélope a organizar la ropa del Conde y a elegir qué llevar. Estar tan ocupado que no tenía tiempo para pensar en otra cosa fue, al menos, algo bueno.

Aunque ahora estaban en esta situación.

Durante todo el camino, Bliss estuvo inquieto. Su mente era un caos, mientras que Cassian parecía tan relajado como si ‘aquello’ no le afectara en absoluto. Esa actitud irritaba a Bliss aún más. Sin embargo, analizando los hechos con frialdad, el error había sido de Bliss.

¡Cambié el orden!

Al darse cuenta de su error fatal, Bliss palideció y se tomó la cabeza. Primero debió revelar su identidad, restregarle todos sus pecados y luego ordenarle que se pusiera de rodillas. Pero fue y le pidió que se arrodillara sin más.

Tonto, tonto.

Bliss se golpeaba la cabeza con el puño hasta que, de pronto, se detuvo en seco. Al mirar de reojo, vio que Cassian lo observaba con sorpresa. Giró la cabeza bruscamente para mirar por la ventana, y Cassian preguntó.

“¿Estás bien?”.

Maldito despistado.

Sin poder siquiera masajearse la cabeza dolorida, Bliss respondió sin dejar de mirar al exterior:

“Claro que estoy bien, hmph”.

Cassian lo observó un momento mientras él seguía con la cabeza girada y luego desvió la mirada. Fingiendo observar el paisaje al igual que Bliss, una leve sonrisa asomó en la comisura de sus labios.

¿Qué estará tramando este enano?

Tras viajar en silencio durante una hora, el carruaje finalmente llegó al Ducado.

***

“Bienvenido, Cassian”.

Al ver el carruaje entrar al jardín, la Duquesa bajó apresuradamente y, en cuanto su hijo descendió, lo recibió con los brazos abiertos.

“Madre, ha pasado tiempo. Me alegra ver que se encuentra bien”.

Cassian la abrazó con afecto y, tras saludarla, ella asintió y se separó de él.

“Sí, tú también te ves saludable”.

La Duquesa, que hablaba con cariño, de pronto ladeó la cabeza. Era el mismo hijo de siempre, pero sentía que algo había cambiado. Tras darle un vistazo de arriba abajo, preguntó con una sonrisa.

“¿Ha pasado algo bueno?”.

Durante años, lo habitual era ver a su hijo con el rostro pálido por el insomnio y el ceño fruncido, pero hoy, para su sorpresa, tenía color en la cara. Verlo incluso sonreír la dejó atónita.

“¿De verdad eres mi hijo? No serás un fantasma, ¿verdad?”.

“Jajajajaja”.

Cassian estalló en carcajadas ante el comentario mitad broma, mitad verdad. Dios mío, qué risa tan alegre. Ante la nueva sorpresa de su madre, Cassian besó su frente con ternura y respondió.

“Por supuesto que soy el hijo vivo de mi madre. No imagine cosas imposibles”.

La Duquesa sonrió con ironía reconociendo su ocurrencia y asintió.

“Bien, entremos. Tu padre está esperando”.

“Ah, madre. Espere un momento”.

Cassian llamó a su madre, que ya se había dado la vuelta para entrar al castillo. Ella se giró confundida y se detuvo. Al lado de su hijo vio la figura de un joven desconocido. La Duquesa miró al joven con sorpresa y luego volvió la vista hacia su hijo. Cassian se aclaró la garganta y habló.

“Este es Bli... Blair. Se quedará aquí mientras yo esté de visita”.

“Es un placer, Duquesa”.

Bliss hizo una reverencia educada. Fingía estar tranquilo, pero su corazón latía como loco.

¿Y si la Duquesa me reconoce? ¿Y si grita del susto? No, ¿cómo me va a reconocer? Ha pasado tanto tiempo.

Bliss, aún inclinado, movió los ojos para fulminar a Cassian.

Por culpa de este tipo ni siquiera pensé en lo peligrosa que era esta situación. Solo al ver a la Duquesa se dio cuenta de su error, pero ya era tarde. ¡Por favor, que la Duquesa me haya olvidado...!

“Bienvenido, Bli... Blair”.

Bliss, que rezaba con los ojos apretados, levantó la cabeza sobresaltado por la voz suave. Ella le sonreía con un rostro sereno. Tras repetir el nombre tal como su hijo lo presentó, la Duquesa añadió con naturalidad.

“Bienvenido. Espero que pases un buen tiempo durante tu estancia”.

Tras el saludo protocolario, ella hizo un gesto con la cabeza para que la siguieran y se dio la vuelta. Bliss se quedó mirando su espalda con la boca abierta.

¡No lo sabe! ¡No tiene ni idea!

¡La Duquesa no me recuerda!

Casi salta de alegría, pero logró contenerse. Mientras suspiraba aliviado por haber superado la crisis, Cassian le ofreció el brazo flexionado.

“Anda, vamos”.

Bliss miró su brazo y luego levantó la vista, encontrándose con los ojos de Cassian que lo observaba desde arriba. En el momento en que vio la leve sonrisa de Cassian, su rostro se encendió de nuevo.

‘Me gustas’.

“Ejem, ejem”.

Fingiendo una tos apresurada, Bliss bajó la cabeza y puso su mano con cuidado sobre el brazo de Cassian. Cassian empezó a caminar y Bliss lo siguió. Aunque entrar al castillo antes le resultaba aterrador, ya no tenía miedo. En su lugar, sintiendo un cosquilleo en el corazón, siguió a la Duquesa ajustando su paso al de Cassian, que caminaba inusualmente lento.

***

“Entonces nos vemos en la cena, Bli... Blair”.

La Duquesa, que había guiado personalmente a Bliss a su habitación, se despidió y se retiró. Bliss le dedicó una sonrisa radiante y volvió a inclinarse ante ella.

“Gracias. Nos vemos luego”.

“De acuerdo”.

Cassian cerró la puerta en lugar de la Duquesa, que seguía sonriendo. Al verse finalmente solo, Bliss soltó un profundo suspiro de alivio y se dejó caer en la cama.

“¡Me salvé...!”.

Exclamó en un susurro jubiloso. Se sentía feliz pensando que la mala memoria de la Duquesa era una suerte. No habría peligro en quedarse allí.

¡La Duquesa no me reconoce en absoluto!

***

“Por cierto”.

En cuanto se alejaron de la habitación de Bliss y finalmente quedaron solos, la Duquesa planteó la pregunta que había estado conteniendo.

“¿Cómo es que Bliss terminó viniendo aquí?”.


Episodio 100

 

Los ojos de Cassian flaquearon por un instante. Por supuesto, la duquesa no dejó pasar el error que su hijo había mostrado en ese brevísimo segundo. Ante la mirada fija de su madre, Cassian balbuceó un momento antes de dejar escapar un suspiro. Era imposible mentirle a su madre. En su lugar, se llevó una mano a la frente y habló con un tono que sonaba a lamento.

“¿Se ha dado cuenta?”.

Ante la pregunta de su hijo, la duquesa frunció sus elegantes cejas y lo reprendió.

“Por supuesto. ¿Cómo podría olvidar a esa adorable criatura? Santo cielo, no sé qué ha pasado, pero hace un momento me pegué tal susto que sentí que se me caía el corazón al suelo”.

Exhaló de manera exagerada mientras se llevaba una mano al pecho para calmarse. Al ver el sobresalto de su madre, Cassian tampoco se sintió cómodo.

“Lo siento”.

“Habría sido mejor que me lo dijeras con anticipación”.

La duquesa, que volvió a mirarlo de reojo ante la disculpa de su hijo, continuó hablando.

“Solo me dijiste que venías acompañado, ¡así que no te imaginas lo ilusionada que estaba! Pensé que por fin habías conocido a alguien formal...”.

De repente, como si se hubiera dado cuenta de algo, abrió de par en par sus dos ojos y miró a Cassian.

“Santo cielo, Cassian. No me digas que...”.

“No”.

Soltó Cassian con frialdad antes de que ella pudiera terminar la frase.

“Ese mocoso y yo no tenemos esa clase de relación. Por favor, ¿yo con ese renacuajo? Es un absurdo”.

Ante la reacción de su hijo, que negaba una y otra vez mientras sacudía la cabeza, la duquesa murmuró con desilusión.

“Vaya, con que era eso...”.

“iCelos, madre sigue siendo un niño”.

Cassian chasqueó la lengua para sus adentros al ver a la duquesa. Ella todavía leía novelas románticas baratas y estaba obsesionada con los dramas. La vida de los nobles era terriblemente aburrida. No tenían nada que hacer y el dinero les sobraba, así que su mayor dilema era cómo gastar ese tiempo libre que les quedaba.

Por lo tanto, para su madre era suficiente con que su tiempo de ocio pudiera consumirse de alguna manera. Además, era impensable andar criticando los pasatiempos de los padres. Por eso Cassian prefería hacer la vista gorda con ese tema, pero...

¿El renacuajo y yo? Qué imaginación tan absurda.

“Jamás pasará algo así”.

Enfatizó de forma tajante una vez más. Solo entonces su madre lo miró de reojo con una expresión llena de insatisfacción.

“Entonces, ¿por qué demonios has traído a Bliss aquí? ¿Cómo es que estás con Bliss? ¿Acaso han estado en contacto todo este tiempo? ¿Y qué se supone que significa eso de Bli... Blair? ¡Dímelo ya para quedarme tranquila, que me va a dar algo de la impaciencia!”.

Se golpeó el pecho con la palma de la mano de forma dramática y suspiró repetidamente. Al ver a su madre perder su habitual elegancia y estallar de frustración, Cassian sintió una ligera punzada de culpa en su conciencia. Sin embargo, eso no significaba que pudiera confesarlo todo con honestidad. En su lugar, recurrió a esa típica excusa cobarde que suelen usar los adultos.

“Lo lamento, madre. Ese es un asunto personal de Bliss, por lo que me resulta difícil hablar de ello”.

No era del todo una mentira. El hecho de que fuera un ‘asunto personal de Bliss’ era real. Por supuesto, que el renacuajo hubiera venido hasta aquí para verlo por última vez antes de casarse en un matrimonio arreglado debido a que estaba enamorada de Cassian, era un secreto absoluto. Si su madre lo supiera, sin duda utilizaría todos los medios posibles para hacer realidad el amor de Bliss.

Sin importar mi opinión, claro está.

Frente a su madre, que lo miraba como si no pudiera creerlo, él continuó hablando con calma.

“No puedo decírselo ahora mismo, pero en cuanto el asunto se resuelva, se lo explicaré todo. Por favor, le ruego que actúe como si no supiera nada por el momento”.

Al añadir esto con cortesía, la duquesa estuvo a punto de decir algo con una expresión poco convencida, pero se contuvo. Sacudiendo la cabeza como si no tuviera otra opción, soltó un breve suspiro y finalmente habló.

“Está bien, si es así, no me queda más remedio que esperar”.

“Se lo agradezco”.

Ante la actitud de su madre, que parecía dejar pasar el asunto, él se apresuró a disculparse. Sin embargo, a la duquesa todavía le quedaba una pregunta.

“No será algo peligroso, ¿verdad? Si es un problema grave, no debes intentar resolverlo tú solo, Cassian. Tienes que decírselo a Su Majestad el Rey o al primer ministro, ¿entendido?”.

Su rostro estaba lleno de preocupación mientras insistía. Cassian asintió sintiéndose culpable por causarle una preocupación innecesaria a su madre.

“Sí, no tiene de qué preocuparse. No es un asunto de tanta gravedad”.

Solo se trata de un pequeño pedazo de cacahuate.

Añadiendo esto para sus adentros, Cassian esbozó una sonrisa.

“Confíe en mí, madre”.

***

Algo importante sucedió.

Bliss, pálido como un muerto, movía los ojos con nerviosismo. Un sudor frío corría por su espalda y le temblaban las yemas de los dedos. El comedor estaba tan silencioso como un cementerio; solo se escuchaba de vez en cuando el leve tintineo de los cubiertos al chocar. Sentados a ambos lados del duque, que ocupaba el asiento de honor, estaban la duquesa y Cassian, respectivamente, y el lugar de Bliss era justo al lado de este último.

Por suerte, ni el duque ni la duquesa me han reconocido, pero...

Bliss reajustó el agarre del tenedor y el cuchillo varias veces debido al sudor de sus palmas. Fue justo al bajar a cenar cuando se dio cuenta de que había olvidado un detalle sumamente importante.

El por qué estaba allí.

El ‘por qué’ era una pregunta mucho más crucial que el ‘quién’. Y es que la razón por la que Bliss estaba sentado en esa mesa era, ni más ni menos, que...

Presentarse ante los duques como la pareja de Cassian.

Al darse cuenta de ese hecho, Bliss estuvo a punto de soltar un grito de terror en ese mismo instante. Si logró evadir el peligro por los pelos fue gracias a que Cassian, justo a tiempo, fingió conocerlo...

¿Hasta dónde habrá avanzado la historia?

Con el corazón en un puño, Bliss miró de reojo a Cassian. Él disfrutaba de la comida sin prisa e incluso ya se había tomado dos copas de vino. Por el contrario, Bliss estaba en tal estado de confusión que no sabía si la comida le estaba entrando por la boca o por la nariz.

A juzgar por el hecho de que el duque y la duquesa no le decían nada en particular, parecía que Cassian les había inventado alguna excusa. Pero ¿qué clase de mentira les habría dicho sobre él? Si les hubiera dicho que tenían una relación seria, lo normal sería que la bombardearan a preguntas...

Sin embargo, se mantuvieron en absoluto silencio durante toda la cena.

No hablar mientras se come.

Esa era una de las pocas reglas estrictas que Ashley Miller les había enseñado a los niños en la mesa. No recordaba cómo era cuando venía aquí de niño, pero probablemente la familia ducal compartía la misma costumbre. No, seguro que sí. Si ese era el caso...

¡Las preguntas vendrán después de la cena...!

En un instante, Bliss sintió como si la carne que estaba masticando se le quedara atascada en la garganta. Ahogando un gemido de dolor, contuvo las ganas de golpearse el pecho y apretó los puños.

Si hago eso, llamaré la atención. Aguanta, tienes que aguantar. Bliss, ten fuerza de voluntad. Pasa la carne con el poder de tu mente. Puedes hacerlo, puedes hacerlooo...

Por supuesto, no pudo. Al final, Bliss terminó de cenar con una indigestión terrible.

***

“Uuuggh. Uuuggh”.

Bliss se retorció varias veces en la cama mientras se golpeaba el pecho. Sin embargo, la sensación de opresión, lejos de desaparecer, seguía estancada en el mismo lugar. Intentó sentarse, saltar de pie e incluso golpear su espalda contra la pared, pero su estado seguía igual. Al final, no le quedó más remedio que rodar por la cama quejándose de dolor.

¡Necesito, necesito medicina...!

Pero no tenía forma de conseguirla. Justo cuando se lamentaba del dolor...

Toc, toc.

De repente, se escuchó un golpe en la puerta. Bliss, que seguía tumbado en la cama empapado en sudor frío, miró hacia la entrada. Le dolía tanto que no podía pensar en nada y se limitó a parpadear, hasta que una voz llegó desde el otro lado.

“Bli... Blair. Soy yo. ¿Puedo pasar un momento?”.

La voz calmada pertenecía a Cassian. Mientras Bliss se le quedaba mirando a la puerta cerrada con rostro de sufrimiento, él continuó.

“Traje medicina”.

En ese instante, los ojos de Bliss se abrieron de par en par. Sentándose de golpe, gritó a pleno pulmón sin pensarlo dos veces.

“¡Entra, ya mismo! ¡Rápido! ¡Date prisa!”.

Ante su desesperado llamado, la puerta se abrió lentamente tras una breve pausa. A través de la rendija de la puerta, apareció Cassian sosteniendo una bandeja. Y al ver la jarra de agua y el frasco de pastillas que reposaban sobre ella, a Bliss se le saltaron las lágrimas de la emoción.