Episodio 105 - 106

 


Episodio 105

 

Exactamente una hora antes.

“¿El marqués de Manon dijo eso?”.

Al escuchar la historia de labios del duque, quien acababa de regresar a casa, la duquesa se sorprendió tanto que levantó la voz sin darse cuenta, para luego cubrirse la boca apresuradamente con la mano. Ante la adorable reacción de su esposa, el duque soltó una carcajada y asintió.

“Así es. No te imaginas lo aliviado y seguro que me sentí. El marqués se mostró muy entusiasta”.

“Qué alivio, de verdad. Ya es una alegría que el asunto se haya resuelto bien, pero que el marqués se ofrezca a ayudar voluntariamente...”.

La duquesa, que había estado esperando con ansiedad un posible resultado negativo, suspiró aliviada y se llevó una mano al pecho. Sin embargo, una vez que se tranquilizó, la curiosidad afloró de inmediato.

“¿Y bien? ¿De qué habló el marqués? ¿Tuvo alguna buena idea?”.

“Bueno, tuvo una”.

Añadió el duque con el rostro iluminado.

“Mandarlos a una cita a solas con el pretexto de preparar la fiesta”.

Ante las palabras que siguieron, la duquesa no pudo ocultar su emoción y se tapó la boca con ambas manos.

“¡Cielos, entonces ahora tengo un papel que cumplir!”.

El duque asintió con expresión de satisfacción.

“Un papel muy grande e importante. Confío en que lo harás bien”.

“Por supuesto, las veces que haga falta”.

La duquesa se puso una mano sobre el pecho, respiró hondo y, con los ojos brillando, dijo.

“Tengo que llamar a Cassian, ahora mismo”.

Actualmente, la pareja envió a un sirviente para traer a su único hijo. Cassian, quien tampoco había podido conciliar bien el sueño la noche anterior, arrastró su agotado cuerpo hacia el salón de té donde lo esperaban sus padres.

“Me dijeron que me buscaban”.

Ante la reacción, tan fría como de costumbre, de su hijo, la duquesa contuvo la exasperación que sentía por dentro y habló con su elegancia habitual.

“Sí, hay algo de lo que debemos hablar”.

El duque, observando la situación de reojo, intentó una asistencia.

“Primero, ven y siéntate aquí”.

La duquesa, nerviosa en su fuero interno, se dio cuenta tarde de que había olvidado ofrecerle un asiento a su hijo y le lanzó una mirada sutil al duque. Una mirada que significaba: ‘Gracias"’. El duque sonrió levemente y bebió su té como si nada. Una vez que su hijo se sentó, ella carraspeó con un ‘ejem’ y abrió la boca con calma.

“Pronto habrá una fiesta, ¿verdad?”.

“Es mañana”.

Respondió el hijo.

Aunque la duquesa se dio cuenta de que había cometido otro desliz con las palabras, seguía siendo una veterana de la alta sociedad. Transformó rápidamente la crisis en una oportunidad y frunció el ceño deliberadamente.

“Lo sabes bien. Sí, es mañana”.

¿Qué demonios quiere decir para andar con tantos rodeos?

Sin tener la más mínima idea, Cassian se limitó a escuchar en silencio, hasta que ella finalmente soltó las palabras que había preparado.

“Pero Bliss no tiene ningún preparativo hecho. ¿Cómo es posible?”.

“Ah...”.

Fue entonces cuando Cassian comprendió el tema de la conversación, pero ya era demasiado tarde. Al verlo atrapado sin escapatoria y soltar un pequeño suspiro, los duques pensaron al mismo tiempo.

Qué hijo tan ingrato.

¿Cómo se atreve a suspirar mientras mi amada esposa está hablando?

Acariciando disimuladamente el puño cerrado del duque, la duquesa mantuvo la compostura y habló.

“Ahora que lo sabes, sal con Bliss un rato”.

“... ¿Qué?”.

Por poco responde: ‘¿Cómo dice?’. Por un margen milimétrico, Cassian evitó la crisis de recibir una bofetada de su padre. La duquesa lo regañó con una mirada fulminante.

“La fiesta es mañana mismo, ¿y vas a dejar que Bliss asista así como así? Cómo puedes ser tan desconsiderado, parece que te crié mal”.

“Ah, no, no es eso”.

Cassian finalmente captó el ambiente y sacudió la cabeza a toda prisa.

“Iré de inmediato. Iré con Bliss a preparar las cosas para la fiesta”.

“Sí, eso es lo que debes hacer”.

Solo cuando su hijo lo repitió varias veces, la duquesa asintió. Sin embargo, el duque, insatisfecho a su lado, carraspeó ruidosamente con un ‘ejem’ y apoyó las palabras de su esposa.

“Ve ahora mismo. Si invitas a un huésped, debes tratarlo como corresponde. Es muy decepcionante que todavía no sepas algo así”.

“Sí, lo lamento”.

Esta vez, Cassian se disculpó dócilmente. Sabía por larga experiencia que en momentos como este, decir que sus padres siempre tenían la razón era la forma más rápida de terminar la discusión. Además, esta vez incluso tenía una excusa. Se levantó apresuradamente de su asiento y dijo.

“Iré ahora mismo. Con su permiso...”.

Después de intercambiar miradas de despedida, en cuanto su hijo cruzó la puerta, los duques se miraron el uno al otro y sonrieron abiertamente.

***

Y de vuelta al presente.

“¿Que hay un lugar al que ir?”.

Bliss repitió sus palabras, desconcertado.

Cassian asintió y continuó.

“Como la fiesta es pronto, necesitarás ropa y muchas otras cosas. Vamos, salgamos a comprar”.

Ladeando la cabeza, Bliss respondió inconscientemente.

“¿Acaso no vienen esas personas aquí?”.

Por un instante, se hizo el silencio. Bliss, que parpadeaba aturdido, se sobresaltó y saltó de la cama a toda prisa.

“¡Ah, no! Yo tengo que ir. ¡Debo ir yo! Jajaja”.

Cassian se limitó a sonreír levemente mientras miraba fijamente su rostro forzado a reír a carcajadas.

“Bien, entonces vamos”.

Al ver la espalda de Cassian mientras este se daba la vuelta primero, Bliss suspiró aliviado para sus adentros, pero enseguida hizo una mueca.

Ese infeliz, sabe perfectamente quién soy, ¿hasta cuándo piensa seguir haciéndose el tonto?

Mientras tanto, Cassian pensaba al frente.

Mantener el orden de este mundo no es nada fácil.

Sin embargo, si se hacía el entendido antes de que Bliss revelara su identidad por cuenta propia, este podría asustarse y salir huyendo. Por supuesto, eso era algo que no podía permitir. Había llegado al extremo de armar una cita absurda con tal de retenerlo a como diera lugar.

El insomnio era un problema, pero esa terrible migraña era algo que no quería volver a experimentar jamás. Por suerte, desde que llegó al ducado, el dolor de cabeza no había vuelto a aparecer. Aunque seguir durmiendo sin él a su lado era difícil, todavía era soportable. Podría regresar justo después de que terminara la fiesta, así que tendría que aguantar como pudiera hasta entonces.

Fue justo cuando soltó un suspiro involuntario.

“Por cierto, ¿a dónde vamos?”.

Bliss, que había corrido a su lado, preguntó. En ese instante, su mente, nublada por el insomnio, pareció aclararse por completo y su visión se volvió nítida. Al girar la cabeza y mirar hacia abajo, Bliss lo contemplaba con los ojos parpadeantes. Cassian se quedó mirándolo fijamente y, sin pensarlo, levantó la mano y le pellizcó suavemente la mejilla.

“¡Ay, ay! ¡¿Qué está haciendo ahora mismo?!”.

Solo después de que el sorprendido Bliss gritara mientras se apartaba como un pájaro asustado, Cassian se dio cuenta de lo que había hecho y retiró la mano actuando como si nada.

“Nada en particular”.

Bliss se quedó mirando estupefacto la espalda del hombre que hablaba con indiferencia y reanudaba la marcha, pero pronto lo persiguió refunfuñando. Cassian lo miró de reojo y volvió a desviar la vista hacia el frente, pero su mente seguía hecha un caos. De verdad no lograba comprenderlo: ¿por qué se sentía tan en paz cada vez que ese chico estaba cerca?

***

“Bienvenido, señor conde. Es un honor que nos visite”.

Después de conducir un largo rato, llegaron a una tienda ubicada en una calle repleta de marcas famosas. Gracias a que el secretario se había comunicado de antemano, en la boutique no había más clientes que los empleados y el personal de seguridad. El gerente de la tienda había cerrado temprano al público para esperar al conde. Tras saludar cortésmente, el gerente los guió hacia una habitación privada en el interior que ya estaba preparada.

“¿Qué tipo de té y bocadillos les gustaría?”.

Cuando el empleado trajo una delgada lista de menú con un diseño elegante y preguntó, Bliss frunció el ceño, sumido en un dilema.

Quiero comer esto y también aquello. Esto es la primera vez que lo veo, ¿a qué sabrá aquello?

Cassian, que lo miró de reojo mientras se debatía entre dudas, de repente le arrebató el menú. Justo cuando Bliss contuvo el aliento por la sorpresa y lo miró con los ojos abiertos de par en par, Cassian le devolvió la lista al empleado y ordenó.

“Traiga todo lo que hay aquí”.

En ese instante, la mirada de Bliss se transformó por completo. Al ver esos ojos que brillaban con fervor hacia él como una galaxia, Cassian pensó.

No está mal.

Conteniéndose a duras penas las ganas de volver a pellizcarle la mejilla sin querer, se limitó a beber agua. Entonces, el gerente se acercó y habló.

“¿La persona de la que me habló es la que está aquí?”.

Previamente, el secretario le había dado un soplo: ‘El conde planea comprar artículos para su acompañante’. Tras dirigir una mirada llena de curiosidad a Bliss, quien había entrado siguiendo los pasos de Cassian, el gerente volvió a preguntar al conde. Cassian asintió sin dudar y repitió las mismas palabras.

“Desde allá hasta allá, tráigalo todo”.


Episodio 106

 

“Sí, entendido”.

El gerente se marchó con una gran sonrisa junto a los demás empleados, y de inmediato se acercó otro miembro del personal para disponer el té y los aperitivos. Al ver la mesa repleta de hermosos dulces, a Bliss se le hizo la boca agua y dejó escapar un suspiro de felicidad: "¡Hiaaa!".

Hasta ahora, cuando necesitaba algo, bastaba con pedirlo para que la gente se lo trajera. Bliss solo tenía que elegir lo que más le gustaba. Aunque a veces visitaba las tiendas en persona, la regla de Koi para cuando tocaba elegir aperitivos era estricta: comer solo uno, o a lo mucho, dos.

‘No debes comer demasiadas cosas dulces’.

Por esa razón, Bliss siempre tenía que debatir internamente antes de elegir un bocadillo, pero...

“¿Qué haces? Come”.

Dijo Cassian, dejando su taza de té tras darle un sorbo.

Blis, con una expresión extasiada, alternaba la mirada de un dulce a otro frenéticamente mientras respondía.

“Estoy pensando en qué orden comerlos”.

Tenía que empezar por el menos dulce. Si por error invertía el orden, no sería capaz de saborear el siguiente aperitivo. Con el rostro tan serio como si estuviera resolviendo un problema de vida o muerte, Bliss continuaba sumido en sus pensamientos emitiendo un ‘Mmm, mmm’, cuando Cassian, sin decir una palabra, estiró la mano.

“¡Ah!”.

Para su desgracia, la única gominola que había fue a parar directo a la boca de Cassian. Ante el rostro de Bliss, que se había quedado pálido como si acabara de perder el mundo entero, Cassian comentó con total indiferencia.

“¿Qué tiene de malo que sea uno?”.

Su reacción apática dejó a Bliss aún más horrorizado.

¡Cómo podía ser tan descarado!

Pero eso no fue todo. Cassian también se metió a la boca, de un solo bocado, una galleta densamente salpicada con chispas de chocolate. Luego, llevó elegantemente la taza a sus labios y habló como si nada hubiera pasado.

“No entiendo por qué la gente come estas cosas”.

¡Habiendo robado lo ajeno, se atrevía a soltar semejante tontería! ¡Qué hombre tan malo...!

“¡Usted...!”.

“Ya está listo. ¿Le gustaría probárselo?”.

Fue justo en el momento en que Bliss apretaba los puños, listo para gritarle. La repentina aparición del gerente, quien preguntó con una amplia sonrisa, hizo que Bliss perdiera el momento justo. Mientras Bliss miraba a su alrededor desconcertado, Cassian respondió con total naturalidad.

“Probémonoslo para ver qué tal queda. Entra”.

“Espera, yo...”.

“Por aquí, pase por favor. Vamos”.

Bliss estiró el brazo en un intento tardío por meterse un dulce a la boca, pero fue en vano. Mientras Bliss era arrastrado a la fuerza manoteando en el aire, Cassian se limitó a dar otro sorbo a su té.

“¡Noooo...!”.

Después de que el eco de aquel lamento se desvaneciera dentro del probador, el lugar quedó sumido en un repentino silencio. El conde, que había estado sentado elegantemente con una pierna cruzada sobre la otra, bajó finalmente la taza de té y se reclinó cómodamente en el sofá. Y entonces...

“Pff”.

Una risa que ya no pudo contener escapó de sus labios. Los empleados que esperaban de pie junto a la pared se sobresaltaron y lo miraron, pero a Cassian no le importó y soltó una gran carcajada.

En realidad, a él no le gustaban mucho los dulces. Quizás uno o dos de vez en cuando para acompañar el té, pero jamás los buscaba por su cuenta. Además, bastaba con pedir más dulces si se acababan. Sin embargo, al ver la cara de total conmoción de Bliss, no pudo contenerse.

¿Y si mandaba a retirar todos los dulces ahora mismo?

Si al salir de cambiarse veía que no quedaba ni un solo dulce, seguro se pondría a llorar. Claro que sería una lástima, pero por otra parte, quería verlo. ¿Qué tan lindo y adorable se vería?

‘Cassian...’.

Al recordar al Bliss de la infancia, que lloraba con el rostro empapado en lágrimas, mocos y saliva, las comisuras de sus labios se elevaron solas. De verdad, no había crecido absolutamente nada desde entonces.

“Disculpe, milord”.

Al levantar la vista ante la voz que lo llamaba con cautela, vio al gerente de pie mirándolo. Cuando sus ojos se encontraron, ella añadió con una sonrisa.

“Está todo listo. ¿Le gustaría echar un vistazo?”.

Al decir esto, el gerente dio un paso hacia el lado. Cassian desvió la mirada pensando en el ‘capibara’ que seguramente estaría allí de pie, cohibido, y en qué otra cosa decirle para burlarse de él. Aún conservaba una leve sonrisa en los labios. Sin embargo, en el instante en que vio la figura de Bliss que lo esperaba, la sonrisa desapareció de su rostro, siendo reemplazada por una expresión de asombro.

Aquel capibara loco que siempre corría de un lado a otro con el cabello alborotado y una camisa arrugada ya no estaba; en su lugar, había un joven desconocido.

Llevaba una camisa color lavanda, una corbata azul con finas rayas y unos pantalones de vestir de un tono crema claro. En lugar de los zapatos que siempre usaba, calzaba unos zapatos Oxford, y con el cabello pulcramente peinado hacia atrás, lo miraba fijamente. Ya no era el niño que lloraba cubierto de lágrimas, mocos y saliva.

... ¿Cuándo había crecido tanto?

Incluso cuando se reencontraron, no, incluso hasta el momento en que entraron a este lugar, pensó que solo era un niño travieso. ¿Sería porque él estaba sentado? Bliss era más alto y esbelto de lo que imaginaba. Su cintura y sus hombros estaban perfectamente erguidos, mostrando una postura impecable. Solo entonces Cassian recordó vagamente una realidad.

Que este tipo también era, después de todo, un Miller.

“Esto...”.

De repente, Bliss abrió la boca. Cassian se quedó absorto contemplando el movimiento de esos labios, que eran notablemente rojos y carnosos. Bliss estaba diciendo algo.

“¿...ya... puedo...?”.

Para entender aquellas palabras, Cassian frunció el ceño al máximo intentando concentrarse, pero no fue fácil. Se limitó a mirar la cara de Bliss aturdido, cuando...

“¿Milord?”.

Ante la voz del gerente que lo llamaba una vez más, Cassian reaccionó tardíamente. El entorno estaba en silencio. En el momento en que se dio cuenta de que todos lo estaban mirando, sintió una repentina vergüenza. Desvió la mirada intentando actuar con la mayor naturalidad posible y estiró la mano hacia la taza de té.

“Está bien”.

Por fortuna, su voz sonó tan calmada como siempre. Mientras se llevaba la taza a la boca fingiendo indiferencia, el gerente habló de inmediato, como si hubiera estado esperando.

“¿Verdad que sí? El cliente es tan alto y hermoso que cualquier ropa que se ponga le queda de maravilla. Yo misma estoy muy emocionada en este momento”.

A su lado, los demás empleados también aportaron sus comentarios.

“Es verdad, cuando salió hace un momento, por poco me quedo sin aliento”.

“Le queda demasiado bien. No sabe lo felices que estamos de que haya venido a nuestra tienda”.

“Por favor, pruébese otra muda de inmediato. Tengo un accesorio en mente que creo que le iría perfecto, ¿qué le parece si lo intentamos?”.

El gerente, asintiendo ante los empleados que se ofrecían por doquier, tomó a Bliss del brazo.

“Entonces prepararemos la siguiente ropa de inmediato. Vamos a cambiarte”.

“Un momento, mis galletas...”.

Gritó Bliss con urgencia, pero una vez más fue arrastrado hacia el interior.

Al quedarse solo de nuevo, Cassian dejó escapar un suspiro de alivio en secreto y bajó la taza de té.

“Ah”.

Fue en ese momento cuando descifró lo que Bliss había dicho.

¿¿Ya puedo comer las galletas?’.

“...Haah”.

De inmediato, una oleada de autodesprecio lo invadió. ¿Cuál joven? Es solo un niño. Ese tipo es simplemente un niño.

Sin embargo, aparte de la culpa, por alguna razón comenzó a sentirse impaciente. En un arrebato de irritación, se metió una galleta a la boca y la masticó ruidosamente, perdiendo toda la compostura.

***

“Muchísimas gracias. Por favor, vuelvan pronto”.

La gerente se despidió con una sonrisa de oreja a oreja. Era de esperarse, ya que Cassian prácticamente había comprado casi toda la tienda.

“Enviaremos los artículos comprados directamente al castillo de Su Excelencia el Duque, tal como indicó”.

Ante las palabras del gerente, Cassian solo asintió brevemente con la cabeza y subió al coche. En cuanto Bliss subió detrás de él, el vehículo arrancó suavemente. Las cosas que habían comprado eran una cantidad exorbitante, pero lo único que Bliss traía en las manos era una sola bolsa de papel.

Una llena de diferentes tipos de aperitivos.

Bliss abrazaba la bolsa con una expresión de total satisfacción, como si este obsequio gratuito le gustara mucho más que todas las cosas que habían comprado hoy. Al ver a Bliss sonreír de par en par continuamente mientras hundía la nariz en la bolsa para olfatear el aroma, Cassian no pudo evitar sentir curiosidad.

“¿Acaso no has comido mucho de eso antes?”.

Pensando que no era algo que no hubiera probado nunca, le preguntó, a lo que Bliss respondió sin soltar la bolsa.

“Es que debo comer pocas cosas dulces. Incluso cuando me daban aperitivos en las tiendas, solo podía elegir uno o dos...”.

Bliss dejó escapar un profundo suspiro de emoción, ‘Haaaa’, y volvió a frotar su mejilla contra la bolsa que contenía los dulces. Al ver esa escena, Cassian recordó de pronto.

Cuando nos reencontramos en la mansión Miller, este tipo también estaba robando galletas.

Una vez que revivió ese recuerdo, todos los sentimientos que Cassian había experimentado hace un momento le parecieron una ilusión.

Qué demonios estaba pensando con este renacuajo.

Tras soltar una pequeña risa, cambió de tema y dijo.

“En la fiesta de mañana debes comportarte con total tranquilidad. El alcohol está estrictamente prohibido”.

“Lo sé. Ese día fue porque me confundí. Además...”.

Bliss, que había protestado con los labios fruncidos, se detuvo de golpe. Cassian lo observaba incitándolo a continuar, pero Bliss giró la cabeza abruptamente.

“No es nada”.

¡Si no te hubieras largado con esa mujer aquel día, yo tampoco me habría confundido!

Habiendo logrado tragarse esas palabras, Bliss miró obstinadamente por la ventana. Sentía que si mencionaba ese asunto, parecería que estaba celoso. Ni hablar. Solo estaba herido en su orgullo.