Episodio 103 - 104

 



 

Episodio 103

 

Uf... El Duque dejó escapar un gemido desde lo más profundo de su garganta.

Ashley Miller era famoso por su devoción absoluta a su pareja. A diferencia de otros ‘Alfas Dominantes’, que solían llevar vidas libertinas bajo la excusa de liberar feromonas, él ni siquiera miraba a nadie que no fuera su compañero. Ese rasgo era, precisamente, uno de los pilares de su popularidad.

El Duque sentía una cercanía especial hacia el matrimonio Miller, pues sabía que eran una pareja que se conocía desde la secundaria; sin embargo, el hecho de que la persona que su hijo había traído fuera precisamente Bliss, el hijo menor de esa familia, le revolvía el estómago.

Si hubiera sido cualquiera de los otros hijos, habría sido mejor.

El resto de los hijos de la familia Miller, que compartían el mismo rasgo genético que su padre, eran famosos por su promiscuidad, comportándose como se esperaba de ‘ese tipo de rasgo. Si tan solo se hubieran parecido a sus padres en carácter... pero sus naturalezas eran inevitables. El problema era que el objetivo de su hijo era Bliss.

Más allá de los doce años de diferencia de edad, si Ashley Miller llegara a enterarse de que el pretendiente de su adorado hijo menor tenía un pasado tan escabroso, el impacto sería devastador. No, probablemente correría de inmediato a intentar matar a Cassian.

Eso no puede pasar, bajo ningún concepto.

Aunque fuera un hijo problemático, era su único hijo varón. No podía permitir que pasara por una situación tan terrible. Además, siendo la primera vez que lo veía tan enamorado de alguien, ¿no debería él, como padre, apoyarlo?

Por supuesto... eso no significaba que no tuviera sus reservas.

“Su determinación aún es insuficiente”.

El Duque chasqueó la lengua mientras bebía su té. La Duquesa, sentada a su lado, respondió con una sonrisa.

“Por eso debemos ayudarlo. Ambos parecen ser inexpertos todavía, ¿no deberíamos intervenir nosotros como adultos?”.

“Bliss tal vez, pero Cassian ya es lo suficientemente mayor”.

“Creció demasiado, diría yo”.

La Duquesa retrocedió un paso y bajó la mirada. El Duque, sintiéndose un poco avergonzado al pensar que quizá estaba siendo demasiado duro con su único hijo, carraspeó y respondió con un tono mucho más suave.

“Si es necesario, supongo que no hay otra opción”.

“Sí, así es”.

Respondió la Duquesa de inmediato, como si hubiera estado esperando esas palabras.

“Vigilemos de cerca y demos un pequeño empujón solo cuando sea estrictamente necesario. Tan sutilmente que ni siquiera se den cuenta”.

“...Si es solo eso, supongo que está bien”.

Aunque el Duque creía firmemente que un hombre debía conquistar sus propios logros, no podía contradecir las palabras de su esposa. Tras asentir a regañadientes, ella cambió de tema con una sonrisa satisfecha.

“Estoy eligiendo el diseño del pastel para la próxima fiesta. Parece que el pastelero se está esforzando mucho...”.

Parecía que la conversación terminaba ahí. Sin embargo, para su sorpresa, las cosas tomaron un rumbo completamente distinto al esperado.

***

En el tranquilo interior del castillo, solo se escuchaba el eco rítmico de los pasos de dos hombres. El mayordomo, que guiaba al invitado, se detuvo ante una puerta, llamó suavemente y, tras esperar un momento, la abrió.

“Marqués, el Duque ha llegado”.

En cuanto el mayordomo se hizo a un lado, el Duque entró en la habitación. El Marqués, que ya estaba sentado, se levantó animadamente para recibirlo.

“¡Oh, bienvenido! Le agradezco mucho su visita.”.

“No diga eso, era mi deber venir”.

El rostro del Duque Strickland estaba inusualmente pálido y tenso. Tras un breve apretón de manos, se sentó donde el Marqués le indicó y esperó a que el mayordomo sirviera el té y se retirara antes de observar con cautela al hombre frente a él.

El Marqués, notando la mirada inusual, observó al Duque con una expresión llena de curiosidad, como si estuviera anticipando su reacción. El Duque sintió un sudor frío recorrerle la espalda y finalmente habló con dificultad.

“Hum, lamento haber tardado tanto en venir. Acabo de regresar de un viaje con mi esposa. Me sorprendí mucho al escuchar el informe del jefe del equipo de relaciones públicas...”.

Se había enterado del desafortunado incidente del Marqués Manon apenas el día anterior. Hasta que el jefe de relaciones públicas fue a informarle sobre lo sucedido en su ausencia, el Duque no sospechaba nada grave. Pensó que sería una visita de rutina, pero esa idea se desmoronó en cuanto escuchó la primera frase.

‘El acompañante de Cassian causó un altercado con el Marqués Manon durante la fiesta’.

Aquello podría haberse convertido en un escándalo monumental. Afortunadamente, parecía que Cassian se había movido rápido para evitar que se filtrara al público, pero él no podía fingir demencia. Al fin y al cabo, era el padre del responsable. Por eso se apresuró a contactar al Marqués y concertar la cita, pero...

Para su sorpresa, el semblante del Marqués se veía excelente. Sus ojos brillantes y el ligero rubor en sus mejillas lo hacían parecer incluso más joven que la última vez que se vieron. Ante un Duque confundido y ansioso, el Marqués habló con una amplia sonrisa.

“¡Oh, eso no fue nada! No me diga que ha venido hasta aquí solo por ese asunto”.

“¿Perdón? ¿A qué se refiere...?”.

Al ver al Marqués sonreír con los ojos entrecerrados, como si lo supiera todo, el Duque se sintió aún más desconcertado. Él había ido a disculparse, pero el Marqués parecía estar esperando algo más. Mientras fruncía el ceño intentando descifrar la situación, el Marqués preguntó de repente.

“¿Cómo se encuentra su preciado hijo?”.

El Duque se tensó.

¿Cuál es la intención de esta pregunta? ¿Se está burlando de que, después de dejarlo en ese estado, mi hijo viva tan campante?

Convencido de que la disculpa de su hijo no había sido suficiente, el Duque fingió una expresión sombría y respondió.

“Está muy deprimido. Se siente profundamente culpable por no haber cuidado adecuadamente de su pareja”.

¿Será suficiente con esto?

Mientras observaba su reacción, el Marqués, inesperadamente, cambió de tema sin mostrar mayor interés en la culpa de Cassian.

“Entiendo. ¿Y qué ha pasado con esa pareja? ¿Usted también lo ha conocido, Duque?”.

“¿Eh? Sí, claro...”.

Respondió el Duque, todavía aturdido, tratando de seguir el ritmo.

“Por supuesto que lo conocí. Como habrá visto, es joven y probablemente no sabía lo que hacía. Cassian debió haber estado más atento...”.

“¡Hahaha! Un hombre que se queda callado cuando hablan mal de la persona que ama no es un hombre. Olvide eso. ¿Cómo están ellos últimamente? Tenía muchas ganas de saber de ellos, pero no tenía a quién preguntar. Qué alegría que el Duque haya venido en persona”.

“... ¿Qué?”.

El Duque volvió a quedar mudo.

¿De qué está hablando? ¿Pregunta si todavía no han terminado y se llevan bien?

Aunque entendía que Bliss no sería del agrado del Marqués... seguía sin entender el rumbo de la conversación hasta que el Marqués continuó con entusiasmo.

“Puede ser honesto conmigo, Duque. ¿Acaso planean anunciar el compromiso de ambos en la fiesta de cumpleaños? Si es así, dígamelo de antemano para preparar un regalo. No estará pensando en no invitarme a la ceremonia, ¿verdad? He estado esperando ansiosamente noticias del Conde Heringer, y me dolería mucho si no me informara. Si algo así sucede, usted debe avisarme sin falta. No he tenido un tema tan emocionante en mucho tiempo...”.

“Espere, espere un momento, Marqués”.

Lo interrumpió el Duque, extendiendo la mano y frunciendo el ceño.

“No entiendo de qué está hablando. ¿Cassian y Bli... Blair, comprometidos? ¿Acaso Cassian le dijo algo?”.

Sabía que su hijo había visitado al Marqués para disculparse personalmente. Por eso había venido él también, para reforzar las disculpas, pero el Marqués estaba diciendo cosas totalmente inimaginables.

“¡Vaya! ¿No lo sabía?”.

Ante la reacción del Duque, el Marqués puso una cara de sorpresa y procedió a relatar brevemente lo que había ocurrido en su anterior encuentro. Añadió una corta disculpa por el error de su propio nieto y explicó la razón por la que Bliss se había enfadado tanto, destacando lo apasionadamente que esos dos jóvenes se amaban.

“Si hubiera visto al Conde Heringer viniendo a pedirme disculpas en persona, lo habría entendido de inmediato. El rostro de alguien enamorado es algo que no se puede ocultar”.

El Duque solo pudo observar al Marqués mientras este soltaba una carcajada sonora. Forzando una sonrisa, el Duque finalmente pudo articular palabra tras una larga pausa.

“Así que... a los ojos del Marqués, ¿se veían así?”.

“¡Por supuesto! Entonces, ¿cuándo es el compromiso? Parecía que sería pronto, pero como no había noticias, estaba muy intrigado. De hecho, hoy esperaba que viniera a hablarme de eso, ¿de verdad no es el caso?”.

Ante la expresión que mezclaba expectación y preocupación en el rostro del Marqués, el Duque no pudo responder de inmediato. Abrió y cerró la boca varias veces hasta que, finalmente, dejó escapar un profundo suspiro.


Episodio 104

 

“Vaya, supongo que ya no sirve de nada seguir ocultándolo”.

El duque finalmente abrió la boca, como si se hubiera dado por vencido.

“A decir verdad, ellos dos están en mi castillo. Como pronto es mi cumpleaños, vinieron de visita por adelantado. Sin embargo, ese testarudo de mi hijo ni siquiera me ha presentado formalmente a ese chico, así que no se imagina la frustración que tengo por no saber qué demonios está pasando entre ellos”.

“¿Que no se lo ha presentado? ¿A qué se refiere con eso? Por favor, cuénteme más detalles”.

El marqués, visiblemente desconcertado, perdió la compostura y presionó al hombre que tenía enfrente. Su rostro, lleno de curiosidad, lo hacía parecer casi un adolescente. El duque pensaba que no era correcto discutir los asuntos familiares con extraños, pero en este momento no tenía otra opción. Dispuesto a desahogar su frustración de alguna manera, abrió la boca con desgana.

“Cassian no dice nada en concreto sobre su relación con ese chico. Es solo una suposición de mi esposa, pero tal vez... ¿aún no están seguros de los sentimientos del otro?”.

“¡Eso es absurdo!”.

Antes de que el duque pudiera terminar la frase, el marqués golpeó la mesa con la palma de la mano y continuó hablando rápidamente.

“¡Esos dos se aman, de eso no hay duda! ¡Lo vi claramente con estos dos ojos! ¡Esa mirada tan ardiente con la que el conde Heringer miraba a ese pequeño jovencito...!”.

“Cálmese, marqués”.

El duque extendió una mano pidiéndole que se controlara y continuó.

“Estoy de acuerdo en que a mi hijo le gusta ese chico. El problema es...”.

Dado que parece no tener idea de que Bliss es el hijo menor de la familia Miller, es mejor no decir nada.

“El problema son los sentimientos del chico. Al parecer, Cassian no está seguro de ellos. Por eso nos dio una presentación vaga y evasiva, para dejar una vía de escape por si acaso”.

“No puedo creerlo, qué tontería”.

El marqués dejó escapar un gran suspiro, como si estuviera estupefacto.

“Si ese chico no tuviera interés en el conde Heringer, ¿por qué se habría enfadado tanto aquella vez? Ver a ese pequeño enfrentarse con tanto esfuerzo a esos tipos que parecían hipopótamos... Incluso ahora, recordarlo me da lástima”.

El marqués, que se había llevado una mano a la frente negando con la cabeza, volvió a mirar al duque.

“¿Y me dice que todavía no conocen los sentimientos del otro? ¿Cómo pueden los jóvenes de hoy en día ser tan lentos?”.

“Eso mismo digo yo”.

El duque estuvo de acuerdo de inmediato con las palabras que el marqués dejó escapar como un lamento. Al mismo tiempo, se dieron cuenta de que sus pensamientos coincidían al 100%. Tras mirar al marqués en silencio por un momento, el duque tragó saliva y habló.

“En ese caso, ¿tiene alguna buena idea?”.

Ante la pregunta del duque, la comisura de los labios del marqués se elevó, mostrando una sonrisa astuta.

“No habrá olvidado que una vez trabajé en el departamento de inteligencia, ¿verdad? Déjeme el diseño de la estrategia a mí. Así como salvé a Inglaterra de los bombardeos alemanes en la guerra, salvaré con gusto a estos amantes en peligro”.

Para él, lograr que el amor de estos dos se realizara era un asunto tan importante como detener los misiles nazis y conseguir la victoria de su patria en la Segunda Guerra Mundial. Y era natural, ya que, en la monotonía de sus días de vejez, no habría otro evento tan emocionante y apasionante como este.

De hecho, es el evento más emocionante desde la Segunda Mundial.

El marqués recordó con satisfacción. Además, no se trataba de un evento atroz como la guerra, sino de una gran operación para unir a dos amantes, ¿qué podía ser más romántico?

“Déjelo en mis manos. Me comprometo a cumplir la misión con honores”.

El marqués, que había hecho su promesa con una expresión tan decidida como el día que partió al campo de batalla, relajó pronto el rostro y preguntó con disimulo.

“A cambio, si el asunto sale bien, hay algo que me gustaría obtener...”.

“Sí, adelante. Se lo concederé con gusto”.

El duque respondió sin dudarlo, antes de saber de qué se trataba. Al ver esto, el marqués, más bien desconcertado, sonrió y tanteó el terreno.

“Puede que sea un poco difícil. Después de todo, lo más importante es la voluntad de los implicados. Si es demasiado pedir, no tiene que aceptar...”.

“Sí, de acuerdo. Hable, si es algo que esté en mis manos, lo haré”.

Aliviado por la actitud más receptiva del duque, el marqués carraspeó con un ‘ejem’ y finalmente habló.

“Me gustaría que me concediera el honor de ser el padrino del primer hijo que nazca de ellos dos”.

“...”.

Ante tan impactante petición, el duque no dijo nada. Un silencio incómodo se apoderó de la habitación mientras miraba fijamente al marqués.

“¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Acaso cometí algún error?”.

El marqués preguntó desconcertado por la inesperada reacción del duque. El duque volvió en sí tardíamente y sacudió la cabeza a toda prisa.

“No, no es eso. Es solo que... un hijo entre ellos dos...”.

Un hijo de Cassian y Bliss.

No había llegado a pensar tan lejos. Había estado tan absorto en el hecho de que su único hijo hubiera traído a alguien que le gustaba, y que ese alguien fuera Bliss Miller, que no se le había ocurrido pensar en el bebé que nacería de ambos...

“¿Acaso no había pensado en que se convertiría en abuelo?”.

Como si por fin comprendiera la razón, el marqués soltó una carcajada. Ante esa reacción, el duque se sintió un poco avergonzado, así que forzó una sonrisa y se excusó.

“Es que solo estaba pensando en qué hacer con ellos dos por ahora... Por cierto, marqués, ¿cómo supo que Bliss es un Omega?”.

Hace unos diez años, Bliss había manifestado su segundo género en el castillo del duque. Así que probablemente era un Omega. Sin embargo, no emanaba ningún aroma a feromonas de él. El duque pensó que simplemente estaba tomando supresores, pero tenía curiosidad por saber por qué el marqués lo afirmaba con tanta seguridad. Si normalmente tomaba supresores, era imposible que no se los hubiera tomado para ir a una fiesta, y dado que no habría podido oler sus feromonas, ¿cómo sabía el marqués el género de Bliss?

La razón era simple.

“Eso es obvio. Un chico tan hermoso y adorable no puede ser otra cosa que un Omega”.

El marqués volvió a soltar una carcajada jovial. El duque no tuvo más remedio que reírse con él, pero en su mente ya estaba imaginando algo completamente diferente.

Un hijo de Cassian y Bliss.

Al imaginar a los dos sosteniendo con ternura a un bebé, la comisura de sus labios se desmoronó por completo en una sonrisa. No le importaba si era niño o niña, pero si pudiera elegir, preferiría una niña. Después de todo, ya sabía lo que era criar a un hijo varón tan serio. Si naciera una niña adorable que se pareciera a Bliss...

“Le daré toda mi fortuna a mi primera nieta de inmediato...”.

“¿Eh? ¿Qué ha dicho?”.

El marqués preguntó extrañado al escuchar el murmullo. Sobresaltado, el duque agitó las manos con urgencia para disimular.

“No es nada. Entonces, le encargo ese asunto, marqués. Si necesita ayuda, no dude en decírmelo”.

“Así lo haré. Bueno, ya que ha salido el tema...”.

El marqués sonrió ampliamente y le lanzó una mirada cómplice al duque.

***

¡Hmph, maldito bastardo!

Bliss, con el rostro completamente hinchado, golpeaba la almohada con rabia. Al día siguiente, con la cabeza más fría, la ira comenzó a hervir en su interior.

'No te preocupes, eso no va a pasar'.

Cuanto más lo pensaba, más indignante y furioso se sentía. ¿Qué? ¿Que eso no pasará? Después de haber dicho que le gustaba. No me va a presentar, pero me trae a la casa familiar, eso no tiene ningún sentido.

Espera, ¿no es esto exactamente lo que sospechaba?

Al mismo tiempo, le vino a la mente una escena típica de las telenovelas.

—Te amo, nena, pero el matrimonio es otra cosa. Tú solo eres mi amante.

“¡Basura!”.

¡Pum! Bliss enterró su puño cerrado con fuerza en la almohada, respirando con dificultad y rechinando los dientes. ¿Cómo se atreve a jugar conmigo? ¡No lo perdonaré aunque se arrodille a pedir disculpas! Con esto le voy a romper la boc...

Fue justo cuando miraba con ojos feroces su puño bien cerrado. Toc, toc. Al escuchar los golpes en la puerta, giró la cabeza bruscamente. Un momento después, la puerta se abrió y el mismísimo sujeto al que acababa de insultar asomó la cabeza.

“Bli... Blair. Hola. ¿Dormiste bien?”.

¿Dormiste bien? ¡Pero si me desperté hace siglos!

Ya pasaban de las tres de la tarde. ¿Dónde demonios había estado este tipo y qué había estado haciendo para aparecer a esta hora a decir semejante tontería?

Bliss, fulminándolo con la mirada, giró la cabeza con desdén y dijo.

“Me desperté hace muchísimo tiempo. ¿Qué se le ofrece? Estoy ocupado”.

Hasta hace un momento, estaba sentado en la cama golpeando la almohada, una tarea sumamente importante. Cassian miró alternadamente el rostro de Bliss y su puño cerrado, y decidió cambiar de tema sin hacer más preguntas.

“Sal, hay un lugar al que tenemos que ir”.