Epílogo. Otro punto de vista

 


Epílogo. Otro punto de vista

Nunca me detuve a pensar que estuviera solo. Desde que era niño, siempre hubo mucha gente a mi alrededor; ya fueran amigos o familia, siempre podía estar acompañado de alguien cuando lo deseara.

Sin embargo, creo que el hecho de no sentirme solo se debía a mi personalidad. Más bien, cuando me daba cuenta, solía sentir que la gente que me rodeaba me resultaba molesta. A pesar de que vivía mezclado entre ellos, integrándome sin ninguna dificultad ni sensación de extrañeza, a menudo pensaba que era una carga.

Pero ellos no eran malas personas, y el fastidio que yo sentía no pasaba de ser una simple molestia superficial. Por eso, aunque siempre sentía esa agitación sutil y punzante como una espina, solía pasar el tiempo con alegría entre la gente. Después de todo, eran sentimientos que podían coexistir.

No obstante, aunque yo no los detestaba —en realidad, nunca he sentido un odio profundo por nadie—, ellos estaban equivocados. Seguramente nadie me consideraba un santo, pero al menos pensaban que yo era un 'buen tipo'. Para ser sincero, bajo mi propio juicio, ese título de 'buen tipo' era algo que les sentaba mejor a Jun-young o a Kang-hee.

No quiero decir que yo fuera una mala persona. Creía que debía mantener la moral en un nivel básico y, aunque no podría decirse que fuera bondadoso, al menos consideraba que no era malvado. Supongo que podría definirse como una integridad extremadamente promedio.

Sin embargo, aunque me integraba con todo el mundo, la realidad es que no me interesaba nadie que no estuviera dentro de mi círculo personal; con el resto, simplemente me llevaba cordialmente bien. Jun-young y Kang-hee solían decir que yo tenía una personalidad muy individualista. Yo pensaba lo mismo. Y, bajo mis propios estándares, no me consideraba precisamente una 'buena persona'.

Quizás por eso me gustaban las 'buenas personas'.

Los estándares de cada quien para definir a una buena persona son distintos, y yo tampoco tenía una regla estricta. Pero, para mí, alguien que siempre me parecía atractivo era alguien recto. No importaba si se peleaba, si les contestaba a los adultos, si despreciaba a sus superiores o si era un tonto al que siempre pasaban por encima.

Hay personas que son rectas por los valores y pensamientos que llevan grabados en el corazón. Esa rectitud, que no se manifiesta en una apariencia pulcra ni en una oratoria refinada, era, curiosamente, fácil de reconocer. Se podía notar de inmediato en sus expresiones, en su tono de voz y en el contenido de lo que decían.

Por mi parte, al ver a la gente que se acercaba a mí, solía preguntarme por qué las personas se reunían alrededor de alguien que no parecía tan 'bueno', ignorando a aquellos que eran tan obviamente rectos y admirables. Luego, simplemente dejaba de pensar en ello, suponiendo que no todo el mundo prefería a las personas íntegras.

En realidad, los ojos de la gente no están hechos de madera; con el paso del tiempo, cada persona termina recibiendo la valoración que merece. Los buenos son vistos como buenos, y los malos como malos. El tiempo se encarga de juzgar con bastante precisión la verdad o la falsedad de si alguien parece bueno o malo en un momento dado.

Lo mismo ocurrió con los dos amigos que yo consideraba más cercanos que nadie.

No había mucha gente que se llevara bien con esos dos, quienes a mis ojos eran personas suficientemente rectas. De hecho, eran tipos con los que resultaba difícil tratar de manera relajada.

Pero, aunque se la pasaran peleando o vivieran con espinas en la lengua, ellos vivían con rectitud bajo estándares muy claros en ciertos aspectos. Aunque no tuvieran muchos amigos con los que salir a compartir, con el tiempo tampoco había nadie que hablara mal de ellos.

Me gustaban. Los quería tanto que no quería perder a ninguno de los dos.

 

'Dicen que te gustan los hombres. ……A mí también'.

Sucedió un día durante la preparatoria; alguien me dijo esas palabras. Creo que fue en una tarde tranquila. Sí, una de esas raras tardes de pleno día en las que ya no quedaba nadie en la escuela.

No recordaba quién era. A decir verdad, apenas recordaba el hecho en sí. Es algo que queda ahí guardado y que solo recuerdo al pensar: 'Ah, es cierto, también pasó eso'.

Yo no era para nada distraído y comprendí de inmediato lo que quería decir. Estaba revelando sus sentimientos: 'Me gustas'.

Pero yo no tenía el más mínimo interés. Aunque me agradaba la gente que sentía simpatía por mí, no creía que el hecho de que alguien me quisiera me obligara a corresponderle; los sentimientos no funcionan de esa manera.

Si hubiera sido en otra escuela, quién sabe. Tal vez habríamos tenido una relación ligera y sin compromiso. Pero no quería involucrarme en relaciones fatigosas con alguien con quien compartiera algún punto de contacto mínimo, por lo tanto, cualquier estudiante varón de mi misma escuela estaba fuera de mi radar.

No prestaba atención a los rumores que circulaban sobre mí, pero era muy distinto que corrieran rumores con alguien de otra escuela a que lo hicieran con alguien de la propia.

Y, por encima de todo.

Sí, aunque se decía que yo me acostaba con hombres y era difícil encontrar a alguien que no lo supiera, no quería mostrar esa realidad de forma tan descarada en mi propia escuela.

Era un sentimiento puro, casi infantil.

No quería que Jun-young lo viera.

A Jun-young le gustaba Kang-hee. Era imposible no saberlo. Porque yo llevaba observando a Jun-young mucho más tiempo del que él llevaba mirando a Kang-hee. Probablemente lo supe yo antes de que el mismo Jun-young se diera cuenta.

En algún momento del camino, también noté que se habían acostado por alguna razón, sin necesidad de que me lo dijeran. Supe que las cosas entre ellos chirriaban, y también supe el porqué.

Tal vez no necesitaban dar un rodeo tan largo. No, no habría sido necesario si ese idiota cabeza dura de Kwon Kang-hee no se hubiera empeñado en su terquedad innecesaria, sin conocer su propio corazón.

Pero yo, que lamentablemente era muy perspicaz en momentos así, no dije nada. Fingí aconsejar a Jun-young por su bien, pero en el fondo no los ayudé de manera decisiva.

Por si me llegaba una oportunidad a mí.

Aunque en realidad sabía que algo así jamás sucedería, oculté mi mezquindad en mi corazón y seguí observándolos, fingiendo ser su amigo.

Así que no tenía espacio para entregarle mi corazón a nadie más. No tenía energía para evaluar si alguien más podría ser la persona a la que realmente pudiera amar con seriedad. Desde antes de madurar, durante diez, veinte años o más, mientras observaba a una sola persona, mi corazón se desgastó y se hizo jirones, pero nunca quedó un hueco libre. No apareció nadie que captara mi atención lo suficiente como para expulsar todos esos años de mi mente.

Mi devoción, de la cual alguien verdaderamente puro se burlaría, era así. Aunque ese sentimiento fuera pesado y doloroso, y me llevara a frecuentar lugares ruidosos todas las noches desde que era estudiante, siempre estuve mirando a Yoon Jun-young.

¿Realmente lo amaba? Yo, que lo observaba ser infeliz mientras esperaba que surgiera una oportunidad para mí, sin ser capaz de declarar mis sentimientos con honestidad.

*

La primera impresión fue aceptable.

Su apariencia, suave y radiante, no me pareció nada mal. Aquel joven dueño, que parecía el tipo de persona que suele escuchar seguido que tiene buena presencia, era incapaz de sostener la mirada; si uno lo observaba con un poco de fijeza, enseguida se ponía nervioso y no sabía qué hacer, como si le faltara mucha confianza en sí mismo. A veces, el ver cómo se le enrojecían ligeramente las mejillas me resultaba hasta gracioso. Por eso, en ocasiones, lo miraba más intensamente a propósito.

Fue en una tienda de tripas a la que entramos tarde por la noche, cuando ayudé a Jun-young con su mudanza. Al pasar por allí, recordé que Kang-hee había mencionado una vez que la comida era deliciosa, y lo primero que captó mi atención fue ese dueño de aspecto dócil.

En cuanto entramos, el joven dueño―aunque quizás sería más correcto decir muchacho, ya que parecía unos años menor que yo―, se levantó diciendo que ya habían cerrado por hoy; no lo decía por compromiso o cortesía, su rostro reflejaba una disculpa sincera.

Sin embargo, haciendo honor a su apariencia mansa, cuando le pedimos el favor una vez más, guardó silencio un momento y luego se puso a cocinar las tripas sin decir palabra. Estaban tan ricas como había dicho Kang-hee. Podría decirse que eran excelentes, considerando que hasta Yoon Jun-young movió sus palillos con entusiasmo.

Jun-young es alguien de poco apetito, al punto de casi no tocar la carne, pero en algún momento me di cuenta de que se había convertido en un cliente habitual de ese lugar. Para cualquiera que conociera los remilgos de Yoon Jun-young con la comida, esto era un hecho sorprendente que solo provocaba risas incrédulas.

Como sea, a mí no me importaba. También me gustaban las tripas y, sobre todo, me agradaba el hecho de que hubiera un lugar más donde pudiera cruzarme con Jun-young por casualidad; incluso si él no estaba, la comida era lo suficientemente buena como para no sentir que el viaje había sido en vano aunque fuera a comer solo.

Pero en medio de todo eso, hubo algo que empezó a llamarme la atención.

Yoon Jun-young, quien básicamente no muestra interés por los demás, tenía algo más en esa tienda que le importaba aparte de las tripas. Él no lo demostraba abiertamente, pero yo, que siempre lo estoy observando, podía notarlo.

A veces, Jun-young se quedaba mirando fijamente al dueño, a ese joven propietario. Con una mirada sostenida, sin apartar los ojos. Me resultaba gracioso ver cómo su cabeza seguía el movimiento del dueño por el local.

“Parece que vienes seguido últimamente.”

“Sí. Las tripas son ricas y el dueño me cae bien.”

“¿En qué sentido?”

“Mmm……. solo me resulta familiar……. de alguna manera me gusta. Su vibra.”

Fue una pregunta casual con una respuesta casual, pero por dentro me sorprendí.

Jun-young era, en esencia, alguien amable con las personas―aunque no muchos se daban cuenta―, pero casi nunca expresaba simpatía por alguien. Por eso, yo también empecé a observar al dueño con curiosidad.

No tenía nada de especial. Podía entender más o menos a qué se refería con lo de la buena vibra. Tenía una apariencia inusualmente mansa y agradable. Al verlo sonreír con timidez, uno pensaría que podría llevar escrita la palabra ‘bondad’ en la frente.

Sin embargo, eso era todo; no lograba descifrar la razón por la cual a Jun-young le agradaba tanto, así que me limité a observarlo intensamente. En medio de eso, el dueño notó mi mirada y, tras mostrarse extrañado, agachó la cabeza con el rostro encendido sin saber qué hacer. Me resultó tan divertido que terminé olvidándome de Jun-young y me dediqué a observarlo con más ahínco todavía.

“¿Por qué eres tan malicioso con él?”

Solo cuando Jun-young murmuró eso a mi lado me di cuenta de que me estaba divirtiendo a costa de la reacción del dueño. Sin ocultar mi sonrisa, giré la cabeza con un “¿eh?” y lo miré.

“Creo que entiendo por qué te cae bien.”

“……No. Yo creo que la razón por la que me agrada y la razón que tú crees entender son definitivamente distintas, al menos para mí.”

Jun-young murmuró malhumorado, pero aun después de eso, seguí observando al dueño fijamente y con alegría. Hasta que el dueño, que ya no sabía qué hacer con su rostro completamente rojo, no pudo aguantar más y escapó hacia el baño.

Solo después de que desapareció de mi vista, sentí un ligero remordimiento pensando en por qué me había comportado así, cuando no suelo ser tan infantilmente malicioso con los demás; aun así, una sensación placentera permaneció en mi pecho.

*

Llevaba un rato observando al dueño con fijeza.

Tal vez porque estaba concentrado en limpiar las tripas, el dueño no parecía notar mi mirada; estaba sentado con naturalidad, sin sonrojarse ni mostrarse incómodo.

El hecho de que estuviera sentado en una tienda vacía―aunque ya estaba abierta, aún no habían empezado a atender―se debía a un desencuentro en mi cita con Jun-young. Habíamos quedado en vernos allí, pero él me avisó que llegaría tarde.

Mientras esperaba sin nada que hacer, terminé de leer el libro que llevaba conmigo y me puse a charlar con el dueño, que estaba absorto en su tarea. La verdad, no recordaba bien de qué hablamos. Creo que fueron temas sin importancia.

Lo observaba con curiosidad mientras conversábamos, notando que, aunque era de pocas palabras, hablaba bastante bien y sonreía de vez en cuando.

De pronto, sentí que comprendía por qué le agradaba a Jun-young. Yo también, mientras hablábamos, sentí que mi corazón se inclinaba hacia la simpatía por este hombre.

Era realmente dócil. Era algo que ya sabía.

A veces, cuando me quedaba hasta tarde, notaba que, aunque los clientes se pasaran de la hora de cierre y siguieran ocupando sus lugares, este dueño era incapaz de decir algo molesto; simplemente se quedaba esperando pacientemente hasta que decidieran irse.

Sucedió apenas anteayer.

Casi a medianoche, fui a la tienda y mientras charlaba al lado de Jun-young, quien comía sus tripas, me fijé en el dueño. Estaba sentado con aire distraído frente al mostrador y empezó a mirar alrededor sin pensar mucho.

Pareció notar que el bolso de un cliente, que estaba absorto conversando, se había caído al suelo. Sin que nadie se diera cuenta, el dueño se levantó, volvió a enderezar el bolso y regresó a su asiento; luego miró el reloj, vio que era medianoche y soltó un bostezo pequeño. (Cuando sus ojos se cruzaron con los míos justo al bostezar, desvió la mirada con disimulo para evitarme, lo cual me resultó tan gracioso que volví a observarlo con fijeza).

En ese momento, un cliente gritó: ‘Deme una ración más de tripas’. El dueño miró el reloj con rostro de apuro, pero de inmediato sacó los ingredientes sin decir una palabra.

‘¿No es ya la hora de cerrar?’, pregunté con una sonrisa. Él, mientras vertía alcohol sobre la plancha, sonrió con timidez.

‘Bueno, es que dicen que quieren comer más…….’

‘¿Les da todo lo que piden? Vamos, usted también debe de estar cansado, debería irse a descansar.’

‘Oye, eso no es algo que debamos decir nosotros, que todavía estamos aquí comiendo’, me reprendió Jun-young con brusquedad desde un lado, pero fingí no escucharlo a propósito.

‘Aun así, me alegra que digan que está rico y quieran más…….’

El dueño empezó a saltear las tripas con una sonrisa modesta. Aunque el sueño colgaba de sus párpados mientras parpadeaba, guardó silencio dócilmente.

Realmente es alguien incapaz de decir algo que incomode a los demás, pensé mientras soltaba una risita.

“……, eh……, esto, ¿quiere tomar algo?”

El dueño, que había estado intercambiando algunas palabras conmigo mientras limpiaba las tripas, se cruzó con mi mirada fija y, como si acabara de recordarlo, fue hacia la nevera algo apresurado.

“No, estoy bien. ……Entonces, deme cualquier cosa para beber que no tenga alcohol.”

Ahora que lo pienso, aunque me hubiera dicho que me sentara a esperar, no estaba bien ocupar un lugar en un negocio ajeno con la mesa vacía. Como todavía era de día, no me parecía adecuado beber alcohol, así que pensé que sería mejor tener al menos una botella de refresco. Que trajera lo que fuera.

Lo que el dueño trajo y puso frente a mí fue un vaso impecable y una jarra llena de té de cebada amarillento.

“Ah. No, me podía haber dado una Coca-Cola, una Sprite o cualquier cosa.”

“¿Eh? ……Es que me pareció que no le gustaban mucho los refrescos……. Lo siento. Le traeré otra cosa.”

De repente, con el rostro enrojecido, el dueño hizo una reverencia y trató de llevarse la jarra de vuelta a la nevera a toda prisa. Sin pensarlo, le agarré el brazo por instinto.

“Ah, no. Me gusta el té de cebada. Me gusta más que los refrescos. De verdad, ……, ……lo tomaré con gusto.”

Dudé un momento, pero terminé sonriendo. Le quité la jarra y el vaso de las manos y me serví el té. Sobre la cocina, a un lado del mostrador, una tetera enorme, de esas que solo veía en la escuela primaria, hervía con fuerza. Al lado, envuelto cuidadosamente en plástico, estaba el té de cebada―de esos que ya casi no se ven―que solía haber en las alacenas de la cocina cuando iba a casa de mi abuela.

Era sutilmente clásico, o tal vez evocaba una vieja nostalgia, o quizás simplemente estaba pasado de moda.

Pero ese tipo de cosas me agradaban.

Aunque me gustan las buenas personas, no me suelen agradar los que son tontos, y bajo mi criterio este dueño era un poco tonto de tan bueno que era; aun así, este dueño silencioso y dócil me caía bien.

Inesperadamente, me sentía cómodo pasando el tiempo a solas con él, sin necesidad de decir mucho.

Por eso, me dejé engañar por completo. En realidad, no puedo decir que me engañara. No es que él tuviera la intención de hacerlo. Simplemente fui yo quien juzgó mal.

‘Pero si a usted le gusta ese señor’, cuando el dueño dijo esas palabras con naturalidad, me quedé atónito. La verdad es que me sorprendió muchísimo, hasta el punto de sentir por un instante que el corazón se me enfriaba.

No es que yo hubiera ocultado por completo que me gustaba Jun-young. No lo había confirmado, pero probablemente Jun-young lo sabía y Kang-hee también. Simplemente fingían no saberlo. Tal como yo fingía que todo era una broma.

Sin embargo, la voz del dueño al decirlo, como si fuera algo obvio y corriente, fue demasiado serena. Parecía dócil y asustadizo, pero su actitud inesperadamente tranquila y natural me dejó descolocado.

Tal vez por eso fue. Ante él, que parecía saberlo todo y que no intentaba guardar el secreto deliberadamente, sino que simplemente lo sabía, me puse a hablar.

Cuánto lo quería. Desde cuándo me gustaba. Cómo lo había querido y cómo lo seguía queriendo.

No era un secreto, pero tampoco era una historia que soltara tan fácilmente, por lo que yo mismo me sorprendí mientras hablaba. Incluso sentí una sensación extraña mientras lo hacía.

¿Acaso confiaba tanto en este hombre? Hasta el punto de pensar inconscientemente que no pasaba nada por dejar salir estas palabras frente a él.

……El más sorprendido fui yo mismo.

Era la primera vez que reconocía con claridad que le estaba abriendo mi corazón a alguien de esta manera sin darme cuenta.

Podría entenderlo con los amigos que conocí en la infancia, cuando no sabía nada del mundo, pero desde que crecí, casi nunca había sido consciente de estar bajando la guardia de esta forma ante alguien. Y mucho menos ante alguien a quien no conocía de hace tanto tiempo; no sería exagerado decir que no recordaba que me hubiera pasado nunca.

Mientras pensaba vagamente ‘esto es peligroso’ ante algo que me sucedía por primera vez en la vida, también me resultaba extraño que esa preocupación no me fuera desagradable.

“……A veces me detengo a pensar cuál será mi lugar. No sé dónde es, pero creo que en algún lugar entre las personas hay un sitio que me ha sido asignado.”

Tras escuchar en silencio lo que yo decía durante un buen rato, de pronto soltó esas palabras. Presté atención a su voz. Y solo entonces fui consciente de ello y pensé: ‘Ahora que lo noto, también tiene una voz bonita’.

Escuchando esa voz silenciosa y dulce, que parecía incapaz de gritar en ninguna situación, susurrando con pequeñas pausas como si estuviera eligiendo sus pensamientos, sentí los latidos de mi corazón sincronizarse con esa lentitud. Tun, tun. Era como una música relajante y agradable.

“Nunca me he sentado en el lugar más importante o en el más cercano para alguien, pero aun así, como una piedra en un camino de agua, aunque nadie piense profundamente en ella y solo pasen de largo, el hecho de estar en ese lugar le da un significado……”

Parecía no saber cómo continuar; al llegar a ese punto, puso una cara de apuro. Lo observé fijamente mientras parpadeaba con sus grandes ojos negros, buscando con esfuerzo cómo seguir expresando su idea, y me imaginé ese camino de piedras sobre el agua.

Kang-hee y Jun-young se conocieron gracias a mí. Tal vez para ellos, haberse conocido entre sí tenía más significado en sus vidas que haberme conocido a mí. Tal vez me conocieron a mí solo para poder encontrarse el uno al otro. Como sucede con la mayoría de las personas.

La posibilidad de conocer a alguien puramente por cuenta propia iba desapareciendo a medida que cumplía años. De niño, entrabas a la escuela y conocías gente de forma natural en los entornos donde te encerraban cada año, pero tras salir de esa sociedad, a casi todo el mundo lo conocías a través de alguien más.

Y al mirar atrás más tarde, no era raro que esa persona nueva llegara a tener más significado que la persona que ya conocías.

Así como yo me vuelvo cercano a alguien gracias a ellos, alguien que se conoce gracias a mí se vuelve cercano entre sí.

No me importaba no ser la persona más cercana para ellos. Si las personas que se conocieron a través de mí se convertían en una luz para sus vidas, con eso me bastaba.

……Eso era lo que aquel joven dueño estaba diciendo.

Y mientras lo miraba, pensé en mí, en Jun-young y en Kang-hee. Y, por alguna razón, también pensé en ese dueño, quien apareció en mi mente junto a ellos.

“No tiene ambiciones.”

Esbocé una sonrisa amarga.

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Sé que no podré ser el compañero más cercano de Jun-young. Lo sé desde hace mucho tiempo. Cuanto mejor conozco a Jun-young, más claro resulta ese hecho.

Y aun así, yo quería darle un significado a su vida, aferrándome en vano a una esperanza que nunca se cumpliría.

De alguna manera, me sentí desinflado.

Al ver el rostro limpio del dueño, que bajaba la cabeza con timidez, me sentí incluso un poco tonto, y la tensión abandonó mis hombros.

Aun así, no está mal.

……No, en realidad, era bastante bueno.

Es un hombre muy extraño. Cuando parece que cada palabra y acción es torpe y distraída, en ciertos aspectos resulta sorprendentemente agudo. Pero en todas esas palabras y acciones hay una sinceridad que brota tras haber pensado profundamente.

Este dueño me agradaba. Sería difícil encontrar a otra persona tan recta como él.

*

—Oye —dijo Jun-young, y solo cuando sus palillos chocaron ruidosamente frente a mis ojos, giré la cabeza. Él, que hasta hace un momento solo se había concentrado en comer tripas con diligencia, por fin me miraba, aparentemente satisfecho y con el estómago lleno.

“¿Pasa algo? ¿Por qué estás tan distraído pensando en otras cosas?”

“¿Mmm? No, por nada.”

Sonreí levemente y apuré mi cerveza. Como hoy no había traído el coche, podía beber cerveza o soju sin preocupaciones. No es que me gustara el alcohol más de lo normal, así que aunque pudiera beber tranquilo, tampoco era de los que se emborrachaban hasta perder el sentido.

Entonces volví a dirigir la mirada hacia el exterior, una zona que desde este asiento interior no se veía bien debido a que la pared la bloqueaba.

Normalmente me siento en los taburetes de fuera, frente al mostrador, pero hoy el lugar estaba tan lleno de clientes que nos tocó sentarnos adentro. Observaba de reojo al dueño, que iba y venía afanado atendiendo los pedidos y llamados de la gente, mientras charlaba con Jun-young como de costumbre.

Jun-young se quejaba de que, al ser época de mucho trabajo, su profesor lo explotaba a diario; suspiraba diciendo que, de haber sabido que sería así, se habría quedado en Estados Unidos. Originalmente planeaba completar todo el proceso de maestría y doctorado allá, pero su padre falleció justo cuando terminaba la maestría. Aunque siempre le ha gustado estudiar, Jun-young no tiene ambiciones de éxito profesional, así que regresó pensando que su madre se sentiría sola.

Sin embargo, a pesar de tener un hijo con un sentido filial tan profundo, su madre se volvió a casar antes de que pasara un año y se marchó a Estados Unidos siguiendo a su nuevo esposo. Ahora, él se encontraba atrapado aquí, siendo hostigado por el mismo profesor que tuvo en la universidad.

Recordé que una vez, mientras bebíamos con Kang-hee, le pregunté: ‘¿Entonces por qué no te vuelves a Estados Unidos?’. Recordé a Kwon Kang-hee, que jugueteaba ansioso con su copa mientras esperaba una respuesta de Yoon Jun-young, quien se limitó a agachar la cabeza en silencio un buen rato antes de responder malhumorado: ‘No, olvídalo’, y callarse.

De pronto, se me escapó una risita.

Es realmente extraño. ¿Por qué estos tipos serán los únicos que no se dan cuenta? Aunque yo no digo nada por pura malicia mezquina, se nota demasiado.

Tal vez uno mismo no nota el flujo de sus propios sentimientos. Cómo fluyen, cómo cambian; a veces parece que son más evidentes para los ojos de quien observa desde afuera.

“Por cierto, dijiste que hoy irías a cenar a casa de tu tío, ¿cómo es que terminaste aquí?”

“¿Eh? Ah, sí, es que salí antes de lo que pensaba. Así que bueno……, me sentía un poco solo y pensé que tal vez tú estarías por aquí.”

Miré a Jun-young, que seguía picando tripas con gusto a pesar de estar lleno, y sonreí. Sabía perfectamente que si le decía en broma: ‘Iré a donde sea con tal de verte’, solo recibiría un resoplido como respuesta.

“Si no hubiera estado, habrías venido en vano.”

“Bueno, últimamente siempre que tienes tiempo por la noche te pasas por aquí, así que las probabilidades de encontrarte eran altas”, dijo Jun-young, y yo me reí.

“Si no estás tú, hablo con el dueño y paso el rato. Lo he hecho a menudo.”

“Probablemente he venido más veces que tú”.

En efecto, creo que he visitado esta tienda con más frecuencia que Jun-young. Siempre que tenía tiempo al atardecer, pasaba por aquí pensando que tal vez él habría venido hoy.

Por supuesto, el tiempo no siempre coincidía perfectamente; a excepción de los martes, que nos veíamos casi como si estuviera pactado, solo nos cruzábamos una de cada tres o cuatro veces que yo venía. En esas ocasiones, se podría decir que mi viaje era en balde, pero no me sentía tan decepcionado. En esos momentos me sentaba frente al mostrador y charlaba con el dueño, y sorprendentemente, disfrutaba de ese tiempo.

Vaya, nunca pensé que vendría a hablar con el dueño de una tienda de tripas como si fuera un bar, pensé para mis adentros mientras reía.

Pero realmente era divertido.

Cada vez que me veía, su rostro se iluminaba con una alegría casi instintiva. Luego, cuando yo le devolvía la sonrisa, agachaba la cabeza con timidez, pero estaba claro que siempre se alegraba de recibirme.

――Yo estoy de su parte, Jang Ui-geon. Solo de corazón. ……Es que, en otras cosas, no sé cómo podría ayudarlo…….

De pronto recordé las palabras que me dijo hace poco.

En el momento en que lo escuché murmurar eso con timidez, con la cabeza baja pero con una mirada sumamente seria, solté una carcajada. Realmente me dándose por vencido.

No esperaba que un adulto hecho y derecho dijera algo así, ni tampoco que yo mismo me sintiera tan sinceramente feliz por esas palabras. Pero fue realmente gracioso y, a la vez, me hizo feliz.

Él se preocupaba mucho por mí. Si notaba que algo relacionado con Jun-young podía herir mis sentimientos, podía ver cómo me observaba con sus ojos grandes y dóciles como los de un ternero, parpadeando con melancolía. Nunca había pensado que me gustara que otros me compadecieran, pero por alguna razón, su mirada cuidadosa era suave y me hacía sentir bien.

……Sin embargo.

‘Es una persona realmente interesante. Creo que me va a terminar gustando el dueño, ¿qué voy a hacer?’.

Cuando dije aquello de que estaba de ‘mi parte’ medio en broma y medio en serio por lo mucho que me había divertido y alegrado, el rostro del dueño se tensó. En ese instante, sentí un vuelco y mi corazón se detuvo por un segundo. Al ver cómo su cara se congelaba y luego se encendía intensamente, yo mismo me sentí desconcertado.

‘¿Qué va a hacer si se toma tan en serio cada broma?’, le dije, restándole importancia como si nada, pero esa sensación de extrañeza no desapareció.

Por un momento, algo parecido a una comprensión nítida cruzó mi mente, pero…… no, no puede ser.

Yo suelo ser bastante perspicaz, pero aun así me pareció improbable. Encontrar a alguien de mi misma condición en la vida diaria es algo que ocurre con una probabilidad ínfima. De hecho, nunca había visto a un hombre al que le gustaran los hombres fuera de ese tipo de bares. ……Bueno, excepto por aquel chico que no sé quién era y que se me declaró en la preparatoria.

“Parece que el dueño tiene visita.”

La voz casual de Jun-young llegó a mis oídos justo cuando vaciaba mi vaso de cerveza. Seguí su mirada, que apuntaba hacia afuera sin ninguna intención especial.

Desde aquí la pared ocultaba los taburetes exteriores, pero podía ver el perfil del dueño sonriendo ampliamente hacia alguien sentado frente al mostrador, en el lugar donde suelo sentarme yo.

La mirada con la que observaba a la persona frente a él, entrecerrando los ojos con dulzura al reír, era definitivamente mucho más cercana que la que dedicaba a cualquier otro cliente. Lo mismo ocurría con las palabras que se escuchaban de vez en cuando entre el bullicio.

‘Chi-young, tú……, por cierto, la ropa que compramos aquella vez que salimos……’, se escuchaba por fragmentos la voz de un hombre hablándole con total confianza.

Era la primera vez que escuchaba a alguien llamar al dueño por su nombre con tanta naturalidad. Y la voz del dueño respondiendo ‘ah, sí’, también sonaba mucho más relajada de lo que solía ser cuando nos atendía a mí o a Jun-young.

“Mmm…… debe de ser un amigo.”

Murmuré aquello mientras miraba hacia allá con una sensación algo extraña.

No es que pensara que él no tendría amigos. Pero nunca me había detenido a pensar en que él también tuviera amistades con las que se reuniera para charlar.

No podía imaginar que ese dueño, siempre silencioso y tímido, pudiera reír con una cara tan relajada y hablar con tanta confianza con alguien.

Sí, era una sensación similar a la de hace poco.

Hace unos días, mientras hablábamos, el dueño guardó silencio un momento y de pronto murmuró:

‘No es que a uno le guste alguien porque destaque, sino que destaca porque a uno le gusta. Porque parece que la persona que te gusta brilla……. Solo ves a esa persona brillar, hasta el punto de que nada más entra en tu vista.’

Recordé que sentí una curiosidad muy extraña al verlo sonrojarse tarde tras haberlo murmurado para sí mismo, como si se le hubiera escapado sin querer.

Sentí curiosidad. ¿Cómo sería la persona que él había querido tanto? Si era alguien que podía brillar ante los ojos de un hombre tan recto como él, sin duda debía de ser una persona hermosa. Incluso parecía que había sido un amor no correspondido.

El sentimiento que tuve entonces era parecido al de ahora. Esa sensación de extrañeza que surge al ver una faceta totalmente inesperada de alguien a quien creías conocer.

“…….”

Era una sensación realmente peculiar. Sería ridículo usar esta analogía, pero era como cuando te das cuenta de que tu madre, que creías que te pertenecía solo a ti, en realidad le pertenece a tu padre…… tras pensar eso, sacudí la cabeza. Es un pensamiento absurdo y sin sentido.

Pero.

“……Voy un momento al baño.”

No es que tuviera muchas ganas de ir, pero me levanté de mi asiento porque me resultaba fascinante ver al dueño riendo con el rostro tan relajado. Sentí el impulso de verlo un poco más de cerca.

Y entonces, al salir al local.

Recuperé un recuerdo que había estado enterrado durante mucho tiempo en un rincón de mi memoria como algo sin importancia.

Un hombre que me miraba con rostro desconcertado y que me resultaba familiar, el nombre de mi antigua escuela saliendo de su boca, y el dueño bajando la mirada con expresión de apuro.

Lo siguiente que vino a mi mente fue aquel muchacho que se me declaró hace años. Ese recuerdo borroso, del cual creía haber olvidado hasta el rostro, de repente cobró color, y el rostro del dueño se superpuso al de aquel compañero de clase cuyo nombre no recordaba.

Y solo entonces pude comprender esas miradas suyas, profundas como el agua, que siempre me dirigía y que hasta ahora yo había pasado por alto pensando que eran solo imaginaciones mías.

*

Qué hacer, la duda no duró mucho.

El anhelo torpe que surge antes de conocer bien al otro suele romperse, la mayoría de las veces, al chocar con la realidad. He visto en repetidas ocasiones que solo después de eso puede continuar una relación más tranquila y serena.

Por eso, tras encontrarlo por casualidad en el parque y confesarle mis intenciones casi por impulso, llevé a Chi-young―Jun-young empezó a llamarlo así con naturalidad desde que supo que eran compañeros de clase y yo lo seguí―, quien estaba aterradoramente petrificado, hacia el hotel. Una vez que tomé la decisión, no hubo más vacilaciones.

Pero.

“¿Está bien?”

Solté una sonrisa amarga mientras repetía por enésima vez la misma pregunta desde que entramos a la habitación.

Su cuerpo, rígido por la incomodidad, retrocedía constantemente como si quisiera escapar por puro instinto. Sin embargo, cada vez que yo preguntaba, Chi-young detenía su retroceso y asentía con la cabeza.

Aunque ya estaba en la cama sin un solo hilo de ropa, parecía que la vergüenza no lo abandonaba; se encogía intentando ocultarse, tieso como alguien que se acostara con otra persona por primera vez en su vida. Yo me esmeraba en relajar su tensión preguntándole una y otra vez si estaba bien.

No era la primera vez que pasaba por algo así.

No sé por qué, pero me había acostado varias veces con personas que sentían un anhelo ciego por mí, y situaciones similares a esta habían ocurrido en un par de ocasiones. Sin importar quién fuera la otra persona, si decidía acostarme con ella, podía hacerlo, y no me resultaba difícil acariciarla con dulzura hasta que se relajara.

Además, aunque tal vez él mismo no lo supiera, para ser alguien que se moría de vergüenza al punto de hacer sentir incómodo al espectador, Chi-young tenía una sensibilidad física sorprendente. Me resultaba divertido ver cómo abría esos ojos de ternero ante cada caricia sobre su piel; a pesar de ser un acto unilateral hacia alguien que estaba rígido, no tuve tiempo de aburrirme. Al contrario, su reacción era tan buena que incluso yo empecé a sentir deseo.

‘No puede ser que, después de traerlo a la cama pensando que su sentimiento se enfriaría tras hacerlo una vez, resulte que soy yo el que se queda atrapado sin poder salir…….’

Solté una risita borrando de mi mente ese pensamiento juguetón.

Era poco probable, pero sin duda estaba excitado.

Al principio, mi único objetivo al traerlo al hotel era romper su anhelo torpe para mantener a largo plazo la misma relación cómoda de siempre; y con ese fin, vine pensando en tener sexo hoy casi como un acto de servicio, pero parecía que la cosa no terminaría siendo un servicio unilateral.

“Chi-young, ……¿le gusta aquí? Dígame dónde siente bien.”

Pregunté sabiendo perfectamente que no habría respuesta. No había forma de que un hombre que se ponía rojo como si fuera a llorar por el simple hecho de que le acariciaran las nalgas pudiera responder a eso.

Como era de esperar, cuando mordisqueé ligeramente su clavícula y deslicé mis labios hacia abajo, él cerró la boca con fuerza, temblando, como si hubiera decidido no soltar ni una palabra.

Su cuerpo se estremecía ante cada roce de mis manos. Un cuerpo encendido en un bonito tono carmesí. Sus brazos rodeaban mi cuello con torpeza extrema, intentando de alguna manera corresponderme.

Todo aquello alimentaba mi deseo. Incluso esa reacción absurdamente sensible de empezar a humedecer el glande con apenas unos momentos de caricias, sin haber tocado siquiera sus genitales.

“……, ¿está bien? ¿Cómo hacía antes con otras personas si es así?”

Le pregunté, pero mi pregunta no pareció llegar a sus oídos. Al verlo con los ojos fuertemente cerrados y el cuerpo temblando, desistí de escuchar una respuesta―aunque no es que la esperara desde el principio―y seguí recorriendo su cuerpo.

Mientras lo exploraba con mis labios, percibí un aroma agradable todo el tiempo. Ese olor a jabón mezclado con su aroma natural me daba una sensación de paz y bienestar, así que froté la punta de mi nariz contra su pecho.

De pronto, mis labios rozaron uno de sus pezones y, como es natural, lo acaricié y le di un pequeño mordisco.

En ese instante, brotó un gemido.

“…―.”

Mi entrepierna se encendió. En medio de esa sensación de la sangre agolpándose, que incluso a mí me pareció absurda, solo pude pensar en una cosa.

Quería escuchar más.

Esa voz que temblaba dulcemente, esa voz mezclada con llanto que suplicaba un deseo evidente; quería escucharla más. Ese tono de voz que, por sí solo, hacía que mi parte baja se calentara.

Así que, sintiendo que yo mismo estaba a punto de perder el hilo de la razón, intentando no mostrar mi deseo que pulsaba con impaciencia, recorrí su cuerpo frenéticamente.

Por mi mente pasó la idea de que era como si me hubieran inyectado una droga. Ese cuerpo encendido que no paraba de estremecerse, los gemidos mezclados con llanto que brotaban cada vez, el sonido de su respiración agitada sin saber qué hacer, el calor corporal de sus brazos rodeando mi cuello…… todo eso parecía poner a prueba mi autocontrol al límite.

Y así, en medio de ese placer elevado, sentí vagamente que era una lástima. Que una sensación tan deliciosa terminara con esto.

Con ese pensamiento, me entregué a él como si yo también tuviera fiebre, hasta el momento en que alcanzó el clímax.

…―La verdad es que no tenía intención de que fuera así.

Aunque Chi-young me agradaba mucho y yo era consciente de ello, después de saber que él me quería, nunca tuve la intención de acostarme con él. Al contrario, no quería hacerlo.

En realidad, el anhelo no es un sentimiento tan grandioso. Mucho menos el que existe en una relación donde ni siquiera se conocen lo suficiente; creo que, entre todos los tipos de afecto, el anhelo es el más frágil, como un cristal fino. Una fantasía alimentada a solas basándose en unos pocos hechos fragmentados podía romperse fácilmente con el gesto más ligero.

Por eso pensé que, si llegábamos a acostarnos, el anhelo que sentía desaparecería. Pensé que entonces esa mirada acuosa se nublaría y seguiría una relación como la de dos amigos que se sienten cómodos.

Y así, tras mantener relaciones y satisfacer su deseo.

 

“Usted quería apaciguar mis sentimientos, ¿verdad?”

 

En el momento en que dijo eso, sentí como si me hubieran echado un balde de agua fría.

Fue su respuesta a lo que yo le había dicho a la ligera: que una vez que lo haces, sin importar con quién sea, te das cuenta de que no es para tanto.

Pero yo no tuve más remedio que decir eso. Realmente lo había pensado así hasta ese momento y tenía la intención de convencerlo con esas palabras. Sin embargo, en ese instante, tuve que decir aquello sobre todo por mí mismo.

Me sentía impaciente conmigo mismo por el hecho de que me hubiera gustado tanto ese tiempo con él, y por sentir lástima de que terminara en una sola vez; por eso lo dije, intentando darme una lección a mí mismo.

No obstante, al ver cómo abría sus grandes ojos aún más, como si hubiera recibido un pequeño impacto, me sentí de repente como un idiota rematado que había cometido un error garrafal.

Tras observarme en silencio un rato, murmuró con calma, sin enojarse ni entristecerse, que lo que yo había hecho era porque quería mitigar sus sentimientos.

Solo entonces me di cuenta del enorme abuso de autoridad que pretendía cometer. De lo infantil y estúpido que había sido mi comportamiento.

Él salió del hotel desconcertado y empezó a caminar sin rumbo; yo no tuve más remedio que seguirlo. No sabía cuánto caminaría ni hasta dónde, pero tenía que ir tras él. Alguna parte de mi interior me advertía que debía hacerlo. Que si no lo hacía, sin duda me arrepentiría después.

Alcanzarlo mientras caminaba unos pasos por delante era sencillo. De hecho, cuando se detenía en los semáforos, llegaba a ponerme justo detrás de él. Aun así, no me atrevía a hablarle a alguien que no miraba atrás ni una sola vez y solo mantenía la vista al frente.

¿Cuándo se daría la vuelta? ¿Cuándo me hablaría?

Todo dependía de él. Seguí sus pasos en silencio, sintiendo profundamente que no tenía margen de elección en esa situación.

Y finalmente, cuando llegamos al puente sobre el río oscuro.

‘Nunca he deseado lo que no me correspondía’, dijo él tranquilamente, mirando fijamente el final del camino oscuro por donde había desaparecido el tren, como si recordara la escena de aquel amanecer que debió ver hace mucho tiempo.

Y cuando finalmente dijo ‘Lo quiero’, me sentí avergonzado. Al declarar sus sentimientos con tanta calma, él ya sabía que sería rechazado. Pese a ello, no ocultaba ni tapaba su corazón, sino que lo mostraba con serenidad.

No sé cuánta vergüenza sentí, ni tampoco cuánta envidia.

Mi corazón andrajoso, que no se atrevía a hablarle a la persona amada y lo mantenía oculto, sacando solo una esquina con la excusa de una broma para guardarlo rápido otra vez, solo olía a polvo rancio. En cambio, su corazón, aunque había estado estancado por mucho tiempo, no se había podrido y se mantenía transparente.

Esa persona torpe e ingenua, que parecía dejarse arrastrar por no poder decir nada molesto a los demás, era en realidad mucho más madura y fuerte que yo.

Caminando hacia su casa junto a él, quien aceptó mi rechazo con la misma calma con la que se confesó, deseé internamente poder seguir avanzando siempre junto a este hombre que venía justo detrás de mí.

 

Pensándolo bien, tal vez fue gracias a él.

Las situaciones que se daban no dependían de mi voluntad, pero pensé después que las acciones que tomé en medio de ellas se debieron, tal vez, a esos recuerdos suyos acumulados de forma tan sutil.

Mis sentimientos eran demasiado viejos y, cada vez que los recordaba, olían a polvo picante. Parecía que ya se habían secado hasta volverse quebradizos, y que solo quedaban recuerdos de sentimientos marchitos, sin ninguna esperanza ni expectativa.

Parece que los pensamientos y los sentimientos eran cosas distintas. Pensé que mi corazón, que había estado chirriando durante décadas, se detendría al escuchar una respuesta de rechazo definitiva, pero para mi sorpresa, me mantuve sereno.

El día antes de la boda de Kwon Kang-hee, mientras caminaba por la calle de noche bajo la lluvia tras dejar atrás a Jun-young y Kang-hee, me sorprendió no sentirme tan miserable como había imaginado vagamente. Al contrario, sentí un alivio como si la lluvia estuviera lavando las capas de polvo acumuladas durante tanto tiempo, y terminé esbozando una sonrisa amarga.

Al pensar en lo que estaría pasando entre ellos dos en ese momento, no es que mi corazón no se sintiera un poco pesado, pero caminé deseando de verdad, de todo corazón, que fueran felices.

Mientras escuchaba el sonido de los pasos que me seguían en silencio por detrás.

Chac, chac; unos pasos tan silenciosos que apenas se oirían si no prestabas atención, me seguían a una distancia constante, unos metros atrás.

Los latidos de mi corazón se ralentizaron, sincronizándose con esos pasos tranquilos y rítmicos.

Me sentía extrañamente cómodo. Como si por fin hubiera encontrado mi camino.

De repente, me dio risa.

Seguramente la persona que viene detrás de mí tiene cara de tristeza ahora mismo. Estará caminando con sus grandes ojos fijos en el suelo, pensando en cuánto me habré herido o cuánto me estará doliendo el corazón.

Sí. Esta persona todavía está aquí.

Alguien con quien podía hablar de mi desamor de forma ligera, sin pesadez, como quien comenta algo cotidiano. A mi lado había alguien que se entristecería por mí más que yo mismo, reemplazando a mi corazón que ha sufrido por tanto tiempo, a pesar de que yo, sorprendentemente, no me sentía tan mal ni tan triste.

En ese momento, de pronto.

Pensé que por fin había terminado el papel que me había sido asignado.

Que por fin había concluido el rol que me correspondía en la relación de ellos dos. Que de ahora en adelante ya no tendría que involucrarme ni sufrir entre ellos.

Ahora podía regresar a mi lugar como su mejor amigo. En ese sitio que me pertenecía desde el principio, ahora podría sentarme con el corazón tranquilo y relajado para observarlos.

Junto a esta persona también.

Aunque sentía que él estaba en un plano distinto al de mis amigos de toda la vida como Jun-young o Kang-hee, caminaría a través del tiempo junto a este hombre, quien me resultaba tan cercano como ellos.

Entre ellos, un lugar en la posición más cercana a ellos me había sido otorgado.

Con eso bastaba.

Agradecí profundamente en mi corazón, aunque no sabía a quién. A alguien que fuera quizás esa piedra en el camino que permitió que los conociera a ellos――a mis amigos y, también, a este hombre.

*

Extrañamente, seguía teniendo sed. No recordaba haber comido nada especialmente salado, pero así era. Hasta hace un momento no me sentía así, pero desde hace un rato tenía la boca seca.

Llegué a pensar si la comida del lugar era salada, pero considerando eso, casi no había probado bocado desde que entramos, excepto por los cócteles.

Chasqueé la lengua.

“¿No te parece que este lugar está algo seco? Se me cortan los labios todo el tiempo.”

Ante mi queja, el amigo que estaba sentado a mi lado―no un amigo en el sentido estricto, sino un hombre que conocí por frecuentar este bar hace tiempo―se encogió de hombros.

“¿Ah, sí? Yo estoy bien. Toma, bebe algo de agua.”

Acepté el vaso que me ofrecía, pero solo tomé un par de sorbos y lo volví a dejar. Al beberlo, me di cuenta de que no tenía tanta sed después de todo. Sin embargo, extrañamente, sentía que los labios se me seguían secando.

“Jajaja, mira al amigo de Ui-geon. Está petrificado. No es un chico que frecuente estos lugares, ¿verdad? Vaya……, qué bien hiciste en traerlo tú. Si llega a entrar por error en un local peligroso siendo así, ¿qué habría pasado?”

Mientras dejaba el vaso y me limpiaba el labio con el pulgar, el amigo de al lado soltó una risa baja. Por instinto, giré la cabeza.

Sentado en la barra, Chi-young estaba, tal como decía mi amigo, tan tenso que se notaba a la legua incluso desde lejos. Y a su lado, un hombre ya había ocupado el asiento y apoyaba su mano con afecto en el brazo de Chi-young.

“Parece que Dae-won le echó el ojo al amigo de Ui-geon.”

Otro conocido sentado enfrente se rió con diversión mientras pinchaba un trozo de fruta. ‘Eso parece’, respondí en voz baja mientras levantaba mi copa. Por alguna razón, ni siquiera le encontraba sabor al alcohol. Siempre había pensado que los tragos del barman de aquí eran de primer nivel, pero hoy no sabían a nada; no sé si es que hoy no tenían gracia o si él había perdido la práctica en el tiempo que dejé de venir.

“Dae-won……, ¿qué clase de persona es?”

Le pregunté al amigo que parecía conocerlo.

“¿Eh? Ah, lleva tiempo viniendo por aquí. ¿Ui-geon, no lo habías visto ya un par de veces?”

Esbocé una sonrisa amarga y ladeé la cabeza. ‘Solo de vista’, pensé.

Literalmente, recordaba haber visto su rostro un par de veces. Pero en un lugar como este, al que se viene con un propósito claro, no tenía motivos para hablar con un hombre que tuviera mis mismos gustos sexuales, así que casi nunca habíamos conversado. Él igual; aunque nos habíamos saludado con un leve gesto de cabeza alguna vez, nunca se molestó en hablarme.

Observé fijamente a aquel hombre que, tras haber estado mirando a Chi-young desde que entramos, ocupó mi lugar en cuanto me moví a la mesa.

“¿Es un buen tipo?”

“Ah, jajaja. ¿Por qué? ¿Te preocupa tu amigo?”

“Claro, he traído a alguien inocente que no conoce cómo se mueve este mundo, ¿cómo no voy a preocuparme?”

Cuando suspiré y me reí en tono de broma, mi amigo hizo un gesto con la mano como restándole importancia.

“Tranquilo, Dae-won es de confianza. Parece que es alguien famoso en el mundo del diseño de interiores. Hace poco salió una entrevista suya en una revista. Como persona, es decente. Tiene buenos modales, buen carácter y, por lo que he oído, también es muy bueno en eso.”

Ante el comentario de mi amigo, que acompañó sus palabras con un guiño pícaro hacia abajo, asentí con la cabeza. ‘Ya veo’.

Parecía que no había de qué preocuparse. Al fin y al cabo, si era alguien con quien el barman hablaba con tanta confianza, no debía haber problema.

Así que debería haber dejado de preocuparme por lo que pasaba allá y ocuparme de mis propios asuntos, pero por alguna razón, seguía teniendo una corazonada sospechosa.

En realidad, sabía que esa sospecha no tenía ningún fundamento. Sin embargo, por algún motivo, sentía que ese hombre no era el adecuado. Nada de él me gustaba. ¿Estaría bien dejar a esa persona tan ingenua y dócil con un tipo así? Me sentía inquieto. Sentía que no podía ser.

“Vaya, parece que Dae-won va en serio con la conquista”, murmuró uno de mis amigos como quien presencia un espectáculo divertido, mientras yo guardaba silencio.

NO HACER PDF

Bajo el rostro amable de aquel hombre, vi cómo la mano que acariciaba el brazo de Chi-young bajaba lentamente hacia su cintura. Desde lejos, pude ver con claridad el perfil de Chi-young estremeciéndose por la sorpresa. Con el rostro rígido por el desconcierto, Chi-young pareció buscarme con la mirada un momento. Ese mismo rostro que desde hace rato me miraba de vez en cuando como si fuera a llorar, fue abordado por aquel hombre. La figura de Chi-young quedó oculta cuando el otro se acercó demasiado, como si le susurrara algo al oído.

“…―.”

Solo cuando escuché el leve chirrido de mi uña contra el cristal, me di cuenta de que estaba apretando el vaso con demasiada fuerza. ‘¿Por qué estás tan tenso?’, me recriminé internamente mientras chasqueaba la lengua.

Mi amigo, al notar cómo dejaba el vaso con amargura, enarcó una ceja con extrañeza.

“¿Por qué pones esa cara? ¿Tanto te preocupa? Te digo que Dae-won es un buen tipo. Solo diviértete mirando.”

“Si fuera un desconocido, me divertiría mirando, pero como es mi amigo, no puedo estar tranquilo.”

Cuando murmuré eso con amargura, mi amigo soltó una risa incrédula. Sí, era normal que le pareciera absurdo. A mí también me lo parecería.

“¿Por qué dices cosas que no van contigo, Ui-geon? No has traído a un niño; deja que se las arregle solo.”

Y tenía toda la razón.

No respondí nada. En realidad, quería rebatirle, pero no encontraba las palabras, así que me callé.

“Vaya, el amigo de Ui-geon parece dócil pero resultó no ser poca cosa”, dijo mi amigo riendo. Por encima de su hombro, vi a Chi-young dirigiéndose al baño con cara de apuro.

“No, dudo mucho que él haya ido con esa intención.”

Suspiré y negué con la mano. Aunque a menudo uno se retira al baño con un gesto de cabeza cuando tiene intenciones de seducir o el tipo de intención de ‘hacer algo’, en este caso estaba dispuesto a apostar lo que fuera a que él no tenía esa intención.

“Pero Dae-won lo va siguiendo.”

“…….”

Yo sabía que Chi-young no tenía esa intención, pero los demás no. ‘¿Qué más da? Dicen que Dae-won guía muy bien a los novatos’, murmuró mi amigo restándole importancia, pero sus palabras ni siquiera llegaron a mis oídos.

Cuando me di cuenta, ya estaba caminando hacia el baño. Escuché por detrás los chasquidos de lengua y los “¿A dónde vas? No estorbes por gusto”, pero no miré atrás.

No es un niño, debería dejarlo en paz. Sí, y además dicen que el otro es un buen tipo. Que salga bien o mal no es asunto mío. Es responsabilidad de Chi-young.

Aunque me repetí eso decenas de veces internamente, no pude detener mis pasos hacia el baño. Como si estuviera hechizado, me recriminaba a mí mismo lo extraño de mi comportamiento, pero no podía dar media vuelta.

Finalmente, ignorando todas las advertencias que me hacía a mí mismo, extendí la mano y abrí la puerta del baño.

Lo primero que vi al abrirla fue a ese hombre besando a Chi-young.

Aunque fue solo un instante y se separaron de inmediato, sentí que mi mente se enfriaba de golpe. Sin embargo, en mi pecho subió algo tan caliente que tuve que apretar la mandíbula para tragarme ese nudo de calor.

Al descubrirme, el rostro de Chi-young se congeló con los ojos muy abiertos, y en él se superpuso esa expresión de querer llorar que me había estado dirigiendo poco antes. Al mismo tiempo, me di cuenta de que yo era quien había provocado esta situación.

……Qué idiota.

Me invadió un sentimiento de autodesprecio sin motivo. Sentía que había hecho una estupidez monumental. Aunque no sabía exactamente por qué, esa idea se clavó con nitidez en mi cabeza y empecé a maldecirme internamente.

“Estaba pensando en irme ya, ¿quiere venir conmigo? Como vamos por el mismo camino, si viene, lo llevo. Si prefiere quedarse un rato más, adelante.”

Solté unas palabras en las que no había pensado ni un segundo antes, pero sentí que, al menos, eso compensaba un milímetro la estupidez de hoy. En el momento en que lo dije, vi cómo una oleada de alivio, casi como si fuera a llorar, se extendía por el rostro de Chi-young.

Al mismo tiempo, yo también sentí que me quitaba un peso de encima.

Como si por fin hubiera tomado en brazos a un niño que estaba solo a la orilla del agua.

Caminó un paso por delante de él mientras me recriminaba qué demonios había estado haciendo hoy.

No había hecho nada bien. No ayudé a Chi-young a conocer a alguien decente―tal vez incluso lo estorbé, pero como ese tipo no me terminaba de convencer por alguna razón, no me arrepentí―, ni tampoco logré tranquilizarlo adecuadamente cuando estaba inquieto.

Realmente, hoy fue una salida en vano.

Ya fuera del bar, dentro del coche de regreso, miré de reojo a Chi-young. En su perfil, mientras observaba por la ventana, ya no quedaba rastro de ansiedad o fragilidad. Al contrario, parecía haber surgido una sensación de alivio tranquilo, como si por fin se hubiera relajado.

A mi lado.

Ya no tenía cara de miedo ni de desconcierto; estaba sentado tranquilamente, sintiéndose a salvo.

Como si de pronto sintiera mi mirada, Chi-young giró un poco la cabeza. Nuestros ojos se cruzaron a través del espejo.

Al cruzar la mirada, parpadeó con ese rostro tímido y algo incómodo de siempre, y luego desvió la vista lentamente.

Solo al ver esa imagen familiar, mi corazón se relajó por completo; sin darme cuenta, esbocé una risita y solté un suspiro silencioso.

*

Apenas terminé mis asuntos y regresé al pabellón que estaba en obras, Chi-young no aparecía por ningún lado. Como le había dicho que echara un vistazo a la casa con libertad, supuse que estaría en algún rincón y seguí caminando.

Mientras trasladaban los materiales, vi a un obrero que, con los ojos muy abiertos, examinaba una marca casi invisible, como un hilo, en una columna del pabellón, frotándola con cuidado con una lija fina y un paño. Le pregunté si no sabía a dónde había ido un extraño que andaba merodeando por aquí, y él, sin siquiera mirarme, respondió de inmediato:

“¿Se refiere a ese joven de cara resplandeciente que andaba por aquí juntando basura hace un momento? Me pareció que iba hacia la casa principal. Si no es él, no sabría decirle.”

“……. Creo que la persona que busco es esa misma. Gracias.”

Esbocé una sonrisa amarga y me dirigí hacia la casa principal.

No creía que hubiera otro joven de cara resplandeciente juntando basura en esta casa que no fuera Chi-young. Pensando que, de todos modos, cuando terminara la obra limpiarían todo a fondo, recorrí el camino por el que antes había pasado sin pensar, recogiendo yo también uno o dos trozos de basura que saltaban a la vista. Me reí para mis adentros al imaginarme la figura de Chi-young recogiendo basura con tanto esmero.

Era algo insignificante, pero resultaba tan propio de Chi-young que no podía dejar de sonreír.

Él era el tipo de persona que parece común de encontrar en la vida diaria, pero que en realidad es muy difícil de hallar. Especialmente para alguien que ha tenido una vida difícil, no es fácil ser así; pero él era realmente recto.

Era muy tímido y maduro, aunque a veces su expresión era exactamente la de un niño. Sin embargo, siempre se mantenía firme. Parecía sacado de un libro de formación ética de primer grado de primaria.

A veces me dejaba sin palabras, pero una vez que le pregunté: ‘¿Hay necesidad de llegar a tanto?’, él parpadeó con sus grandes ojos confundido y me devolvió la pregunta con apuro: ‘……¿Entonces cómo debería hacerlo?’. Desde entonces, decidí guardar silencio. Para él, aquello no era una opción entre varias, sino la única respuesta lógica y natural.

Pero me gustaba.

¿Cómo no querer a un ser humano tan íntegro?

A lo lejos divisé la puerta de la casa principal. La había dejado cerrada al salir, pero al verla abierta apenas un palmo, supe que, tal como dijo el obrero, Chi-young estaba allí.

Al darme cuenta de que sonreía inconscientemente, ralenticé un poco el paso. De pronto, sentí un latido punzante y pesado, y me di palmaditas suaves sobre el corazón.

Últimamente me pasa a veces. No, me pasa a menudo. Era extraño.

Al pensar en ese hombre, mi corazón se relajaba con dulzura y me daban ganas de reír sin motivo. Trabajando, supervisando la obra o preparando la apertura del local, solía tener roces con los proveedores y muchos choques con la gente, pero en noches así, siempre terminaba visitando la tienda de Chi-young. Al ver su rostro alegre y esa sonrisa tímida con la que me recibía diciendo ‘bienvenido’, sentía cómo todo el estrés acumulado durante el día se disolvía.

No sé qué sentimiento es este. Más que un amigo cercano, es como una madre o quizás…….

Sin embargo, al imaginar por un momento una palabra que encajara mejor, solté una carcajada por lo absurdo.

Al llegar frente a la puerta de la casa principal, me detuve. No fue por otra razón, sino porque de pronto me asaltó el recuerdo de esta mañana. En cuanto ese recuerdo volvió a mí, fruncí el ceño inconscientemente y chasqueé la lengua. Me froté el rostro con la palma de la mano, sintiéndome abochornado.

Tuve un sueño extraño.

En realidad, no recordaba el contenido del sueño con exactitud. Solo me venían fragmentos borrosos y difusos. Sin embargo, recordaba que esos cuadros fragmentados eran de un contenido erótico tan explícito que no se podría mencionar fácilmente ante los demás.

Y.

Realmente, de una forma que me resultaba ridícula incluso a mí mismo.

Cuando abrí los ojos por la mañana, mi ropa interior estaba empapada; incluso estaba tan mojada como si hubiera eyaculado varias veces, y mi pene, que normalmente estaría a medio erigir, estaba completamente despierto y erguido.

Nada más despertar, me quedé mirando mi entrepierna un buen rato y, al resultarme tan inverosímil, solté una risa seca.

A qué edad. A estas alturas de la vida.

Vaya, esto es tan vergonzoso que no podría contárselo a nadie. O mejor dicho, pensé que serviría como una anécdota para reírse durante una ronda de tragos.

Mientras reía así de lo absurdo, dándole un toquecito con la punta del dedo a mi pene que seguía palpitando mientras murmuraba: ‘Oye tú, ¿qué clase de sueño tuviste para mojarte tanto?’, al instante siguiente, esa risa se borró por completo. Un fragmento del sueño cruzó mi mente.

En aquel sueño desordenado y pornográfico, la persona que me seducía era.

“…―.”

No puede ser.

Chasqueé la lengua.

Ni siquiera en sueños se me había pasado por la cabeza tratar a esa persona de esa manera. Él era alguien a quien siempre debía tratar con cuidado, como al amigo más valioso que uno pudiera encontrar en la vida.

“Realmente, esto es algo que no podría decir ni aunque me estuviera muriendo…….”

Negué con la cabeza con una sonrisa amarga y entré en la casa principal.

No tuve que buscar mucho para encontrarlo sentado tranquilamente en el salón. Iba a llamarlo por su nombre con una sonrisa, pero me detuve en seco.

Tal vez se había quedado dormido, porque tenía la cabeza apoyada suavemente en una columna y los ojos cerrados. Bajo una luz solar deslumbrante.

Resplandeciente.

Me deslumbró.

Parecía que se iba a derretir bajo los rayos dorados del sol que caían sobre su cabeza.

“…―.”

No podía moverme. Me quedé allí parado como clavado al suelo, incapaz incluso de parpadear mientras lo observaba.

Él abrió los ojos que tenía cerrados. Tal vez por el sonido de los pájaros, levantó la cabeza hacia el cielo y, aunque era imposible que viera al pájaro que cantaba tras el tejado, sonrió suavemente. Con esa sonrisa aún en el rostro, de pronto dirigió su mirada hacia mí. Nuestros ojos se cruzaron.

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En ese instante, el corazón se me cayó al suelo.

No sabía qué cara tenía yo en ese momento. Sentía que debía de tener una expresión muy extraña. Solo deseaba fervientemente, sin ninguna razón, que no fuera una cara patética o decepcionante.

Parpadeando suavemente mientras me miraba, él sonrió despacio; cuando me preguntó si ya había terminado el trabajo, me acerqué lentamente y me senté a su lado. No sabía ni qué estaba diciendo, ni si le estaba respondiendo adecuadamente. Era como si una parte de mi mente se hubiera detenido.

“……Parece que el momento en que alguien se enamora de algo es solo un instante.”

Cuando él, que tras recorrer la casa principal ahora observaba el patio interior, dijo eso en voz baja, mi corazón volvió a dar un vuelco.

“O quizás, algo que se ha ido acumulando poco a poco, de repente se desborda en un momento dado como si se diera cuenta de golpe…….”

Añadió suavemente con voz tranquila que nunca antes había pensado que le gustaran las casas antiguas; esas palabras se clavaron en mis oídos con una nitidez extraña.

Es raro.

Me di unos golpecitos suaves en el pecho, donde estaba el corazón, procurando que no se diera cuenta.

Por alguna razón, todo era muy extraño. Mi corazón latiendo de forma irregular y punzante. Mi mente que parecía haberse detenido. El calor que de repente envolvía mi cuerpo de forma sofocante.

Por alguna razón, no podía mirarlo directamente, así que me quedé observando el patio un momento; solo después de un rato volví la vista hacia él y le devolví la sonrisa con naturalidad. Le seguí la corriente sin saber siquiera lo que estaba diciendo.

Esta vez, no podía apartar la mirada de él.

Sentía como si las yemas de mis dedos temblaran ante una vaga ansiedad que se agitaba levemente.

Era una sensación sumamente extraña, algo que sentía por primera vez en mi vida.

* * *

Escuchaba una respiración pausada y regular justo a mi lado. A lo lejos, se oía el maullido fino de un gato. Tal vez era el mismo al que Chi-young le había dado de comer hace un rato.

Con los ojos ya habituados a la oscuridad, me quedé mirando fijamente el techo. El techo, que debía tener la misma superficie que el suelo, parecía un poco más amplio al no estar ocupado por objetos o muebles que estrecharan el espacio. Aunque, de todos modos, no eran más que unos pocos metros cuadrados.

Sin embargo, pensé que estar en un lugar estrecho no era tan malo. Chi-young dormía pegado a la cómoda que estaba contra la pared opuesta, pero aun así, debido a la estrechez de la habitación, nuestros brazos se rozaban. Miré de reojo hacia la pared contraria a donde él dormía. Había un espacio de uno o dos palmos entre el perchero y yo. Si me movía esa distancia hacia el lado, podríamos dormir sin que nuestros brazos chocaran.

“…….”

No me moví. Pensé que no quería apartarme del calor corporal que ya se había impregnado cálidamente en el lecho.

Solté un suspiro silencioso.

No tenía sueño.

Aunque no me gusta mucho cambiar de lugar para dormir, tampoco soy alguien especialmente sensible, pero no podía conciliar el sueño. Esa respiración baja y acompasada que venía de al lado seguía haciéndome cosquillas en el oído.

Observé a Chi-young, que dormía a mi lado con los ojos cerrados y una respiración constante. Él también parecía haber tenido dificultades para dormir hasta hace poco; tras apagar la luz una vez, se levantó de nuevo y conversó conmigo un buen rato antes de volver a acostarse hace apenas un momento, quedándose dormido enseguida.

De pronto, percibí un aroma agradable. Tardé un instante en darme cuenta de que venía del cabello de Chi-young, que estaba ligeramente esparcido sobre la almohada. Incliné la cabeza muy despacio y acerqué mi nariz a su cabello.

“…….”

Retiré mi mano de mi propio cabello con un sentimiento de ligera decepción. Lo toqué con cuidado, pero no sentí lo mismo que hace un momento.

Cuando Chi-young me tocaba el cabello―para ser exactos, cuando lo revolvía buscando canas―, sentía una calidez y una comodidad inmensas.

Quería quedarme así para siempre.

Sobre mi rostro, mientras yacía con los ojos cerrados, sentía el aliento de él mientras se concentraba intensamente buscando entre mis cabellos. Ese aliento regular me daba cosquillas de una forma agradable. Tanto como sus dedos acariciándome el pelo.

Cuando su mano, que me había acariciado el cabello durante un rato, se apartó, sentí incluso un vacío momentáneo. Era la primera vez que me lamentaba por no tener canas.

Tiré de mi cabello negro y solté una risita. Sin embargo, de pronto, esa risa se desvaneció.

――Si llegara a tener a alguien valioso, ¿cómo cree que sería?

――Creo que querría hacérselo todo por esa persona.

Recordé su voz susurrando con timidez.

Si llegara a tener a alguien valioso.

Retiré la mano con la que me acariciaba el pelo y volví a mirar a Chi-young.

――Espero que pueda encontrar pronto a una persona así. Usted también, Ui-geon.

Su rostro sonriendo con timidez mientras susurraba aquello también cruzó mi mente junto con su voz.

Él realmente parecía alguien que trataría muy bien a los demás. Si tuviera a alguien valioso, le dedicaría toda su sinceridad, haciendo lo mejor posible lo que estuviera a su alcance y volcando todo su esmero en esa persona sin reservas.

Y de nuevo, me di cuenta de un hecho muy obvio.

Esa persona no soy yo.

“…―.”

El sueño que me envolvía lánguidamente se esfumó de golpe.

Así es. Cierto. Era algo obvio en lo que no hacía falta ni pensar. Era más extraño el hecho de que se me hubiera ocurrido tal pensamiento.

Presioné mi pecho sobre el corazón y lo froté. Por alguna razón, sentía que me dolía ahí. Pero al cerrar los ojos y respirar hondo, lo cierto es que el corazón no me dolía. Ni el corazón, ni el cuerpo; todo estaba en orden.

Aun así, últimamente sentía de vez en cuando que me dolía el corazón. Como ahora.

“……. Chi-young. ¿Duerme?”

Susurré con una voz tan baja que ni yo mismo podía oírla. Él no se movió lo más mínimo.

Incliné mi cabeza un poco más hacia él. Sobre sus mejillas, las pestañas proyectaban sombras gracias a la tenue luz que entraba del exterior. Quise tocarlas una vez, pero como estaba seguro de que se despertaría, me limité a mirar fijamente esa sombra.

“Chi-young. Últimamente yo, estoy un poco raro. Ni yo mismo lo sé bien, pero el caso es que estoy un poco raro. ……¿Qué piensa usted?”

Esta vez murmuré un poco más alto que antes, pero todavía tan bajo que era difícil de entender incluso para mí. Dejé de hacerlo, solté un suspiro y guardé silencio.

Qué estupidez estás haciendo, Jang Ui-geon.

Me recriminé a mí mismo.

Luego, volví a frotar suavemente mi corazón, que parecía doler levemente o tal vez no. Esa sensación de hormigueo punzante me resultaba muy extraña y no sabía a qué se debía. A veces, al ver a Chi-young, sentía vagamente que podía entender algo, pero era un instante tan breve que la sensación desaparecía antes de que pudiera encontrar una pista.

Volví a frotar suavemente sobre mi corazón.

Recordé su imagen bajo la luz del sol, como si fuera a derretirse.

Miré fijamente a Chi-young.

En la habitación oscura donde solo entraba la luz tenue de una farola lejana, su figura se revelaba ante mis ojos acostumbrados a la penumbra.

Aunque no debería ser posible en esta oscuridad, quizás porque la imagen de mi recuerdo se superponía con la actual, sus párpados cerrados, su nariz recta y sus mejillas suaves parecían brillar tenuemente.

Me pareció tan asombroso que, sin darme cuenta, extender la mano. Iba a acariciar su mejilla, pero me detuve justo antes de que la punta de mis dedos lo tocara.

“…….”

Por alguna razón, sentí que no debía tocarlo. Sentía que, si lo hacía, no podría retirar la mano sin haber recorrido sus mejillas, su nariz, sus párpados y sus labios; todo. Pero como no me atrevía a retirar la mano por completo, tras dudar un rato, acerqué mi palma frente a su rostro, casi rozándolo.

Su aliento rozó mi palma.

En el momento en que ese aliento, que me hacía cosquillas de forma suave y cálida en la palma, me tocó, encogí la mano sin querer. Mi corazón volvió a latir con fuerza.

Me quedé mirando mi palma. Como era de esperar, no había nada allí; mi mano estaba vacía. Claramente algo cálido y agradable me había tocado hace un momento, pero ahora no había nada.

De repente.

Sentí una codicia que me asfixiaba.

El deseo de recuperar aquello que había tocado mi mano surgió con una ferocidad y una fuerza que me sorprendieron. Quería poseer algo que, una vez que entrara en mis manos, no volvería a soltar jamás.

Fuera lo que fuera.

Ya fuera un aliento pequeño y suave, una luz solar deslumbrante o la sombra que se proyectaba sobre una mejilla oscura.

Tenía que aferrarlo en mis manos. De lo contrario, sentía que no podría hacer nada con este corazón que me dolía y me punzaba.

[Continuará en el Volumen 3]