Epílogo. Otro punto de vista
Epílogo. Otro punto de vista
Nunca
me detuve a pensar que estuviera solo. Desde que era niño, siempre hubo mucha
gente a mi alrededor; ya fueran amigos o familia, siempre podía estar
acompañado de alguien cuando lo deseara.
Sin
embargo, creo que el hecho de no sentirme solo se debía a mi personalidad. Más
bien, cuando me daba cuenta, solía sentir que la gente que me rodeaba me
resultaba molesta. A pesar de que vivía mezclado entre ellos, integrándome sin
ninguna dificultad ni sensación de extrañeza, a menudo pensaba que era una
carga.
Pero
ellos no eran malas personas, y el fastidio que yo sentía no pasaba de ser una
simple molestia superficial. Por eso, aunque siempre sentía esa agitación sutil
y punzante como una espina, solía pasar el tiempo con alegría entre la gente.
Después de todo, eran sentimientos que podían coexistir.
No
obstante, aunque yo no los detestaba —en realidad, nunca he sentido un odio
profundo por nadie—, ellos estaban equivocados. Seguramente nadie me consideraba
un santo, pero al menos pensaban que yo era un 'buen tipo'. Para ser sincero,
bajo mi propio juicio, ese título de 'buen tipo' era algo que les sentaba mejor
a Jun-young o a Kang-hee.
No
quiero decir que yo fuera una mala persona. Creía que debía mantener la moral
en un nivel básico y, aunque no podría decirse que fuera bondadoso, al menos
consideraba que no era malvado. Supongo que podría definirse como una
integridad extremadamente promedio.
Sin
embargo, aunque me integraba con todo el mundo, la realidad es que no me
interesaba nadie que no estuviera dentro de mi círculo personal; con el resto,
simplemente me llevaba cordialmente bien. Jun-young y Kang-hee solían decir que
yo tenía una personalidad muy individualista. Yo pensaba lo mismo. Y, bajo mis
propios estándares, no me consideraba precisamente una 'buena persona'.
Quizás
por eso me gustaban las 'buenas personas'.
Los
estándares de cada quien para definir a una buena persona son distintos, y yo
tampoco tenía una regla estricta. Pero, para mí, alguien que siempre me parecía
atractivo era alguien recto. No importaba si se peleaba, si les contestaba a
los adultos, si despreciaba a sus superiores o si era un tonto al que siempre
pasaban por encima.
Hay
personas que son rectas por los valores y pensamientos que llevan grabados en
el corazón. Esa rectitud, que no se manifiesta en una apariencia pulcra ni en
una oratoria refinada, era, curiosamente, fácil de reconocer. Se podía notar de
inmediato en sus expresiones, en su tono de voz y en el contenido de lo que
decían.
Por
mi parte, al ver a la gente que se acercaba a mí, solía preguntarme por qué las
personas se reunían alrededor de alguien que no parecía tan 'bueno', ignorando
a aquellos que eran tan obviamente rectos y admirables. Luego, simplemente dejaba
de pensar en ello, suponiendo que no todo el mundo prefería a las personas
íntegras.
En
realidad, los ojos de la gente no están hechos de madera; con el paso del
tiempo, cada persona termina recibiendo la valoración que merece. Los buenos
son vistos como buenos, y los malos como malos. El tiempo se encarga de juzgar
con bastante precisión la verdad o la falsedad de si alguien parece bueno o
malo en un momento dado.
Lo
mismo ocurrió con los dos amigos que yo consideraba más cercanos que nadie.
No
había mucha gente que se llevara bien con esos dos, quienes a mis ojos eran
personas suficientemente rectas. De hecho, eran tipos con los que resultaba
difícil tratar de manera relajada.
Pero,
aunque se la pasaran peleando o vivieran con espinas en la lengua, ellos vivían
con rectitud bajo estándares muy claros en ciertos aspectos. Aunque no tuvieran
muchos amigos con los que salir a compartir, con el tiempo tampoco había nadie
que hablara mal de ellos.
Me
gustaban. Los quería tanto que no quería perder a ninguno de los dos.
'Dicen
que te gustan los hombres. ……A mí también'.
Sucedió
un día durante la preparatoria; alguien me dijo esas palabras. Creo que fue en
una tarde tranquila. Sí, una de esas raras tardes de pleno día en las que ya no
quedaba nadie en la escuela.
No
recordaba quién era. A decir verdad, apenas recordaba el hecho en sí. Es algo
que queda ahí guardado y que solo recuerdo al pensar: 'Ah, es cierto, también
pasó eso'.
Yo
no era para nada distraído y comprendí de inmediato lo que quería decir. Estaba
revelando sus sentimientos: 'Me gustas'.
Pero
yo no tenía el más mínimo interés. Aunque me agradaba la gente que sentía
simpatía por mí, no creía que el hecho de que alguien me quisiera me obligara a
corresponderle; los sentimientos no funcionan de esa manera.
Si
hubiera sido en otra escuela, quién sabe. Tal vez habríamos tenido una relación
ligera y sin compromiso. Pero no quería involucrarme en relaciones fatigosas
con alguien con quien compartiera algún punto de contacto mínimo, por lo tanto,
cualquier estudiante varón de mi misma escuela estaba fuera de mi radar.
No
prestaba atención a los rumores que circulaban sobre mí, pero era muy distinto
que corrieran rumores con alguien de otra escuela a que lo hicieran con alguien
de la propia.
Y,
por encima de todo.
Sí,
aunque se decía que yo me acostaba con hombres y era difícil encontrar a
alguien que no lo supiera, no quería mostrar esa realidad de forma tan
descarada en mi propia escuela.
Era
un sentimiento puro, casi infantil.
No
quería que Jun-young lo viera.
A
Jun-young le gustaba Kang-hee. Era imposible no saberlo. Porque yo llevaba
observando a Jun-young mucho más tiempo del que él llevaba mirando a Kang-hee.
Probablemente lo supe yo antes de que el mismo Jun-young se diera cuenta.
En
algún momento del camino, también noté que se habían acostado por alguna razón,
sin necesidad de que me lo dijeran. Supe que las cosas entre ellos chirriaban,
y también supe el porqué.
Tal
vez no necesitaban dar un rodeo tan largo. No, no habría sido necesario si ese
idiota cabeza dura de Kwon Kang-hee no se hubiera empeñado en su terquedad
innecesaria, sin conocer su propio corazón.
Pero
yo, que lamentablemente era muy perspicaz en momentos así, no dije nada. Fingí
aconsejar a Jun-young por su bien, pero en el fondo no los ayudé de manera
decisiva.
Por
si me llegaba una oportunidad a mí.
Aunque
en realidad sabía que algo así jamás sucedería, oculté mi mezquindad en mi
corazón y seguí observándolos, fingiendo ser su amigo.
Así
que no tenía espacio para entregarle mi corazón a nadie más. No tenía energía
para evaluar si alguien más podría ser la persona a la que realmente pudiera
amar con seriedad. Desde antes de madurar, durante diez, veinte años o más,
mientras observaba a una sola persona, mi corazón se desgastó y se hizo
jirones, pero nunca quedó un hueco libre. No apareció nadie que captara mi
atención lo suficiente como para expulsar todos esos años de mi mente.
Mi
devoción, de la cual alguien verdaderamente puro se burlaría, era así. Aunque
ese sentimiento fuera pesado y doloroso, y me llevara a frecuentar lugares
ruidosos todas las noches desde que era estudiante, siempre estuve mirando a
Yoon Jun-young.
¿Realmente
lo amaba? Yo, que lo observaba ser infeliz mientras esperaba que surgiera una
oportunidad para mí, sin ser capaz de declarar mis sentimientos con honestidad.
*
La
primera impresión fue aceptable.
Su
apariencia, suave y radiante, no me pareció nada mal. Aquel joven dueño, que
parecía el tipo de persona que suele escuchar seguido que tiene buena
presencia, era incapaz de sostener la mirada; si uno lo observaba con un poco
de fijeza, enseguida se ponía nervioso y no sabía qué hacer, como si le faltara
mucha confianza en sí mismo. A veces, el ver cómo se le enrojecían ligeramente
las mejillas me resultaba hasta gracioso. Por eso, en ocasiones, lo miraba más
intensamente a propósito.
Fue
en una tienda de tripas a la que entramos tarde por la noche, cuando ayudé a
Jun-young con su mudanza. Al pasar por allí, recordé que Kang-hee había
mencionado una vez que la comida era deliciosa, y lo primero que captó mi
atención fue ese dueño de aspecto dócil.
En
cuanto entramos, el joven dueño―aunque quizás sería más correcto decir
muchacho, ya que parecía unos años menor que yo―, se levantó diciendo que ya
habían cerrado por hoy; no lo decía por compromiso o cortesía, su rostro
reflejaba una disculpa sincera.
Sin
embargo, haciendo honor a su apariencia mansa, cuando le pedimos el favor una
vez más, guardó silencio un momento y luego se puso a cocinar las tripas sin
decir palabra. Estaban tan ricas como había dicho Kang-hee. Podría decirse que
eran excelentes, considerando que hasta Yoon Jun-young movió sus palillos con
entusiasmo.
Jun-young
es alguien de poco apetito, al punto de casi no tocar la carne, pero en algún
momento me di cuenta de que se había convertido en un cliente habitual de ese
lugar. Para cualquiera que conociera los remilgos de Yoon Jun-young con la
comida, esto era un hecho sorprendente que solo provocaba risas incrédulas.
Como
sea, a mí no me importaba. También me gustaban las tripas y, sobre todo, me
agradaba el hecho de que hubiera un lugar más donde pudiera cruzarme con
Jun-young por casualidad; incluso si él no estaba, la comida era lo
suficientemente buena como para no sentir que el viaje había sido en vano
aunque fuera a comer solo.
Pero
en medio de todo eso, hubo algo que empezó a llamarme la atención.
Yoon
Jun-young, quien básicamente no muestra interés por los demás, tenía algo más
en esa tienda que le importaba aparte de las tripas. Él no lo demostraba
abiertamente, pero yo, que siempre lo estoy observando, podía notarlo.
A
veces, Jun-young se quedaba mirando fijamente al dueño, a ese joven propietario.
Con una mirada sostenida, sin apartar los ojos. Me resultaba gracioso ver cómo
su cabeza seguía el movimiento del dueño por el local.
“Parece
que vienes seguido últimamente.”
“Sí.
Las tripas son ricas y el dueño me cae bien.”
“¿En
qué sentido?”
“Mmm…….
solo me resulta familiar……. de alguna manera me gusta. Su vibra.”
Fue
una pregunta casual con una respuesta casual, pero por dentro me sorprendí.
Jun-young
era, en esencia, alguien amable con las personas―aunque no muchos se daban
cuenta―, pero casi nunca expresaba simpatía por alguien. Por eso, yo también
empecé a observar al dueño con curiosidad.
No
tenía nada de especial. Podía entender más o menos a qué se refería con lo de
la buena vibra. Tenía una apariencia inusualmente mansa y agradable. Al verlo
sonreír con timidez, uno pensaría que podría llevar escrita la palabra ‘bondad’
en la frente.
Sin
embargo, eso era todo; no lograba descifrar la razón por la cual a Jun-young le
agradaba tanto, así que me limité a observarlo intensamente. En medio de eso,
el dueño notó mi mirada y, tras mostrarse extrañado, agachó la cabeza con el
rostro encendido sin saber qué hacer. Me resultó tan divertido que terminé
olvidándome de Jun-young y me dediqué a observarlo con más ahínco todavía.
“¿Por
qué eres tan malicioso con él?”
Solo
cuando Jun-young murmuró eso a mi lado me di cuenta de que me estaba
divirtiendo a costa de la reacción del dueño. Sin ocultar mi sonrisa, giré la
cabeza con un “¿eh?” y lo miré.
“Creo
que entiendo por qué te cae bien.”
“……No.
Yo creo que la razón por la que me agrada y la razón que tú crees entender son
definitivamente distintas, al menos para mí.”
Jun-young
murmuró malhumorado, pero aun después de eso, seguí observando al dueño
fijamente y con alegría. Hasta que el dueño, que ya no sabía qué hacer con su
rostro completamente rojo, no pudo aguantar más y escapó hacia el baño.
Solo
después de que desapareció de mi vista, sentí un ligero remordimiento pensando
en por qué me había comportado así, cuando no suelo ser tan infantilmente
malicioso con los demás; aun así, una sensación placentera permaneció en mi
pecho.
*
Llevaba
un rato observando al dueño con fijeza.
Tal
vez porque estaba concentrado en limpiar las tripas, el dueño no parecía notar
mi mirada; estaba sentado con naturalidad, sin sonrojarse ni mostrarse
incómodo.
El
hecho de que estuviera sentado en una tienda vacía―aunque ya estaba abierta,
aún no habían empezado a atender―se debía a un desencuentro en mi cita con
Jun-young. Habíamos quedado en vernos allí, pero él me avisó que llegaría
tarde.
Mientras
esperaba sin nada que hacer, terminé de leer el libro que llevaba conmigo y me
puse a charlar con el dueño, que estaba absorto en su tarea. La verdad, no
recordaba bien de qué hablamos. Creo que fueron temas sin importancia.
Lo
observaba con curiosidad mientras conversábamos, notando que, aunque era de
pocas palabras, hablaba bastante bien y sonreía de vez en cuando.
De
pronto, sentí que comprendía por qué le agradaba a Jun-young. Yo también,
mientras hablábamos, sentí que mi corazón se inclinaba hacia la simpatía por
este hombre.
Era
realmente dócil. Era algo que ya sabía.
A
veces, cuando me quedaba hasta tarde, notaba que, aunque los clientes se
pasaran de la hora de cierre y siguieran ocupando sus lugares, este dueño era
incapaz de decir algo molesto; simplemente se quedaba esperando pacientemente
hasta que decidieran irse.
Sucedió
apenas anteayer.
Casi
a medianoche, fui a la tienda y mientras charlaba al lado de Jun-young, quien
comía sus tripas, me fijé en el dueño. Estaba sentado con aire distraído frente
al mostrador y empezó a mirar alrededor sin pensar mucho.
Pareció
notar que el bolso de un cliente, que estaba absorto conversando, se había
caído al suelo. Sin que nadie se diera cuenta, el dueño se levantó, volvió a
enderezar el bolso y regresó a su asiento; luego miró el reloj, vio que era
medianoche y soltó un bostezo pequeño. (Cuando sus ojos se cruzaron con los
míos justo al bostezar, desvió la mirada con disimulo para evitarme, lo cual me
resultó tan gracioso que volví a observarlo con fijeza).
En
ese momento, un cliente gritó: ‘Deme una ración más de tripas’. El dueño miró
el reloj con rostro de apuro, pero de inmediato sacó los ingredientes sin decir
una palabra.
‘¿No
es ya la hora de cerrar?’, pregunté con una sonrisa. Él, mientras vertía
alcohol sobre la plancha, sonrió con timidez.
‘Bueno,
es que dicen que quieren comer más…….’
‘¿Les
da todo lo que piden? Vamos, usted también debe de estar cansado, debería irse
a descansar.’
‘Oye,
eso no es algo que debamos decir nosotros, que todavía estamos aquí comiendo’,
me reprendió Jun-young con brusquedad desde un lado, pero fingí no escucharlo a
propósito.
‘Aun
así, me alegra que digan que está rico y quieran más…….’
El
dueño empezó a saltear las tripas con una sonrisa modesta. Aunque el sueño
colgaba de sus párpados mientras parpadeaba, guardó silencio dócilmente.
Realmente
es alguien incapaz de decir algo que incomode a los demás, pensé mientras
soltaba una risita.
“……,
eh……, esto, ¿quiere tomar algo?”
El
dueño, que había estado intercambiando algunas palabras conmigo mientras
limpiaba las tripas, se cruzó con mi mirada fija y, como si acabara de
recordarlo, fue hacia la nevera algo apresurado.
“No,
estoy bien. ……Entonces, deme cualquier cosa para beber que no tenga alcohol.”
Ahora
que lo pienso, aunque me hubiera dicho que me sentara a esperar, no estaba bien
ocupar un lugar en un negocio ajeno con la mesa vacía. Como todavía era de día,
no me parecía adecuado beber alcohol, así que pensé que sería mejor tener al
menos una botella de refresco. Que trajera lo que fuera.
Lo
que el dueño trajo y puso frente a mí fue un vaso impecable y una jarra llena
de té de cebada amarillento.
“Ah.
No, me podía haber dado una Coca-Cola, una Sprite o cualquier cosa.”
“¿Eh?
……Es que me pareció que no le gustaban mucho los refrescos……. Lo siento. Le
traeré otra cosa.”
De
repente, con el rostro enrojecido, el dueño hizo una reverencia y trató de
llevarse la jarra de vuelta a la nevera a toda prisa. Sin pensarlo, le agarré
el brazo por instinto.
“Ah,
no. Me gusta el té de cebada. Me gusta más que los refrescos. De verdad, ……,
……lo tomaré con gusto.”
Dudé
un momento, pero terminé sonriendo. Le quité la jarra y el vaso de las manos y
me serví el té. Sobre la cocina, a un lado del mostrador, una tetera enorme, de
esas que solo veía en la escuela primaria, hervía con fuerza. Al lado, envuelto
cuidadosamente en plástico, estaba el té de cebada―de esos que ya casi no se
ven―que solía haber en las alacenas de la cocina cuando iba a casa de mi
abuela.
Era
sutilmente clásico, o tal vez evocaba una vieja nostalgia, o quizás simplemente
estaba pasado de moda.
Pero
ese tipo de cosas me agradaban.
Aunque
me gustan las buenas personas, no me suelen agradar los que son tontos, y bajo
mi criterio este dueño era un poco tonto de tan bueno que era; aun así, este
dueño silencioso y dócil me caía bien.
Inesperadamente,
me sentía cómodo pasando el tiempo a solas con él, sin necesidad de decir
mucho.
Por
eso, me dejé engañar por completo. En realidad, no puedo decir que me engañara.
No es que él tuviera la intención de hacerlo. Simplemente fui yo quien juzgó
mal.
‘Pero
si a usted le gusta ese señor’, cuando el dueño dijo esas palabras con
naturalidad, me quedé atónito. La verdad es que me sorprendió muchísimo, hasta
el punto de sentir por un instante que el corazón se me enfriaba.
No
es que yo hubiera ocultado por completo que me gustaba Jun-young. No lo había
confirmado, pero probablemente Jun-young lo sabía y Kang-hee también.
Simplemente fingían no saberlo. Tal como yo fingía que todo era una broma.
Sin
embargo, la voz del dueño al decirlo, como si fuera algo obvio y corriente, fue
demasiado serena. Parecía dócil y asustadizo, pero su actitud inesperadamente
tranquila y natural me dejó descolocado.
Tal
vez por eso fue. Ante él, que parecía saberlo todo y que no intentaba guardar
el secreto deliberadamente, sino que simplemente lo sabía, me puse a hablar.
Cuánto
lo quería. Desde cuándo me gustaba. Cómo lo había querido y cómo lo seguía
queriendo.
No
era un secreto, pero tampoco era una historia que soltara tan fácilmente, por
lo que yo mismo me sorprendí mientras hablaba. Incluso sentí una sensación
extraña mientras lo hacía.
¿Acaso
confiaba tanto en este hombre? Hasta el punto de pensar inconscientemente que
no pasaba nada por dejar salir estas palabras frente a él.
……El
más sorprendido fui yo mismo.
Era
la primera vez que reconocía con claridad que le estaba abriendo mi corazón a
alguien de esta manera sin darme cuenta.
Podría
entenderlo con los amigos que conocí en la infancia, cuando no sabía nada del
mundo, pero desde que crecí, casi nunca había sido consciente de estar bajando
la guardia de esta forma ante alguien. Y mucho menos ante alguien a quien no
conocía de hace tanto tiempo; no sería exagerado decir que no recordaba que me
hubiera pasado nunca.
Mientras
pensaba vagamente ‘esto es peligroso’ ante algo que me sucedía por primera vez
en la vida, también me resultaba extraño que esa preocupación no me fuera
desagradable.
“……A
veces me detengo a pensar cuál será mi lugar. No sé dónde es, pero creo que en
algún lugar entre las personas hay un sitio que me ha sido asignado.”
Tras
escuchar en silencio lo que yo decía durante un buen rato, de pronto soltó esas
palabras. Presté atención a su voz. Y solo entonces fui consciente de ello y
pensé: ‘Ahora que lo noto, también tiene una voz bonita’.
Escuchando
esa voz silenciosa y dulce, que parecía incapaz de gritar en ninguna situación,
susurrando con pequeñas pausas como si estuviera eligiendo sus pensamientos,
sentí los latidos de mi corazón sincronizarse con esa lentitud. Tun, tun. Era
como una música relajante y agradable.
“Nunca
me he sentado en el lugar más importante o en el más cercano para alguien, pero
aun así, como una piedra en un camino de agua, aunque nadie piense
profundamente en ella y solo pasen de largo, el hecho de estar en ese lugar le
da un significado……”
Parecía
no saber cómo continuar; al llegar a ese punto, puso una cara de apuro. Lo
observé fijamente mientras parpadeaba con sus grandes ojos negros, buscando con
esfuerzo cómo seguir expresando su idea, y me imaginé ese camino de piedras
sobre el agua.
Kang-hee
y Jun-young se conocieron gracias a mí. Tal vez para ellos, haberse conocido
entre sí tenía más significado en sus vidas que haberme conocido a mí. Tal vez
me conocieron a mí solo para poder encontrarse el uno al otro. Como sucede con
la mayoría de las personas.
La
posibilidad de conocer a alguien puramente por cuenta propia iba desapareciendo
a medida que cumplía años. De niño, entrabas a la escuela y conocías gente de
forma natural en los entornos donde te encerraban cada año, pero tras salir de
esa sociedad, a casi todo el mundo lo conocías a través de alguien más.
Y
al mirar atrás más tarde, no era raro que esa persona nueva llegara a tener más
significado que la persona que ya conocías.
Así
como yo me vuelvo cercano a alguien gracias a ellos, alguien que se conoce
gracias a mí se vuelve cercano entre sí.
No
me importaba no ser la persona más cercana para ellos. Si las personas que se
conocieron a través de mí se convertían en una luz para sus vidas, con eso me
bastaba.
……Eso
era lo que aquel joven dueño estaba diciendo.
Y
mientras lo miraba, pensé en mí, en Jun-young y en Kang-hee. Y, por alguna
razón, también pensé en ese dueño, quien apareció en mi mente junto a ellos.
“No
tiene ambiciones.”
Esbocé
una sonrisa amarga.
NO HACER PDF
Sé
que no podré ser el compañero más cercano de Jun-young. Lo sé desde hace mucho
tiempo. Cuanto mejor conozco a Jun-young, más claro resulta ese hecho.
Y
aun así, yo quería darle un significado a su vida, aferrándome en vano a una
esperanza que nunca se cumpliría.
De
alguna manera, me sentí desinflado.
Al
ver el rostro limpio del dueño, que bajaba la cabeza con timidez, me sentí
incluso un poco tonto, y la tensión abandonó mis hombros.
Aun
así, no está mal.
……No,
en realidad, era bastante bueno.
Es
un hombre muy extraño. Cuando parece que cada palabra y acción es torpe y
distraída, en ciertos aspectos resulta sorprendentemente agudo. Pero en todas
esas palabras y acciones hay una sinceridad que brota tras haber pensado
profundamente.
Este
dueño me agradaba. Sería difícil encontrar a otra persona tan recta como él.
*
—Oye —dijo
Jun-young, y solo cuando sus palillos chocaron ruidosamente frente a mis ojos,
giré la cabeza. Él, que hasta hace un momento solo se había concentrado en
comer tripas con diligencia, por fin me miraba, aparentemente satisfecho y con
el estómago lleno.
“¿Pasa algo?
¿Por qué estás tan distraído pensando en otras cosas?”
“¿Mmm? No,
por nada.”
Sonreí
levemente y apuré mi cerveza. Como hoy no había traído el coche, podía beber
cerveza o soju sin preocupaciones. No es que me gustara el alcohol más de lo
normal, así que aunque pudiera beber tranquilo, tampoco era de los que se
emborrachaban hasta perder el sentido.
Entonces
volví a dirigir la mirada hacia el exterior, una zona que desde este asiento
interior no se veía bien debido a que la pared la bloqueaba.
Normalmente
me siento en los taburetes de fuera, frente al mostrador, pero hoy el lugar estaba
tan lleno de clientes que nos tocó sentarnos adentro. Observaba de reojo al
dueño, que iba y venía afanado atendiendo los pedidos y llamados de la gente,
mientras charlaba con Jun-young como de costumbre.
Jun-young se
quejaba de que, al ser época de mucho trabajo, su profesor lo explotaba a
diario; suspiraba diciendo que, de haber sabido que sería así, se habría
quedado en Estados Unidos. Originalmente planeaba completar todo el proceso de
maestría y doctorado allá, pero su padre falleció justo cuando terminaba la
maestría. Aunque siempre le ha gustado estudiar, Jun-young no tiene ambiciones
de éxito profesional, así que regresó pensando que su madre se sentiría sola.
Sin embargo,
a pesar de tener un hijo con un sentido filial tan profundo, su madre se volvió
a casar antes de que pasara un año y se marchó a Estados Unidos siguiendo a su
nuevo esposo. Ahora, él se encontraba atrapado aquí, siendo hostigado por el
mismo profesor que tuvo en la universidad.
Recordé que
una vez, mientras bebíamos con Kang-hee, le pregunté: ‘¿Entonces por qué no te
vuelves a Estados Unidos?’. Recordé a Kwon Kang-hee, que jugueteaba ansioso con
su copa mientras esperaba una respuesta de Yoon Jun-young, quien se limitó a
agachar la cabeza en silencio un buen rato antes de responder malhumorado: ‘No,
olvídalo’, y callarse.
De pronto,
se me escapó una risita.
Es realmente
extraño. ¿Por qué estos tipos serán los únicos que no se dan cuenta? Aunque yo
no digo nada por pura malicia mezquina, se nota demasiado.
Tal vez uno
mismo no nota el flujo de sus propios sentimientos. Cómo fluyen, cómo cambian;
a veces parece que son más evidentes para los ojos de quien observa desde
afuera.
“Por cierto,
dijiste que hoy irías a cenar a casa de tu tío, ¿cómo es que terminaste aquí?”
“¿Eh? Ah,
sí, es que salí antes de lo que pensaba. Así que bueno……, me sentía un poco
solo y pensé que tal vez tú estarías por aquí.”
Miré a
Jun-young, que seguía picando tripas con gusto a pesar de estar lleno, y
sonreí. Sabía perfectamente que si le decía en broma: ‘Iré a donde sea con tal
de verte’, solo recibiría un resoplido como respuesta.
“Si no
hubiera estado, habrías venido en vano.”
“Bueno,
últimamente siempre que tienes tiempo por la noche te pasas por aquí, así que
las probabilidades de encontrarte eran altas”, dijo Jun-young, y yo me reí.
“Si no estás
tú, hablo con el dueño y paso el rato. Lo he hecho a menudo.”
“Probablemente
he venido más veces que tú”.
En efecto,
creo que he visitado esta tienda con más frecuencia que Jun-young. Siempre que
tenía tiempo al atardecer, pasaba por aquí pensando que tal vez él habría
venido hoy.
Por
supuesto, el tiempo no siempre coincidía perfectamente; a excepción de los
martes, que nos veíamos casi como si estuviera pactado, solo nos cruzábamos una
de cada tres o cuatro veces que yo venía. En esas ocasiones, se podría decir
que mi viaje era en balde, pero no me sentía tan decepcionado. En esos momentos
me sentaba frente al mostrador y charlaba con el dueño, y sorprendentemente,
disfrutaba de ese tiempo.
Vaya, nunca
pensé que vendría a hablar con el dueño de una tienda de tripas como si fuera
un bar, pensé para mis adentros mientras reía.
Pero realmente
era divertido.
Cada vez que
me veía, su rostro se iluminaba con una alegría casi instintiva. Luego, cuando
yo le devolvía la sonrisa, agachaba la cabeza con timidez, pero estaba claro
que siempre se alegraba de recibirme.
――Yo estoy
de su parte, Jang Ui-geon. Solo de corazón. ……Es que, en otras cosas, no sé
cómo podría ayudarlo…….
De pronto
recordé las palabras que me dijo hace poco.
En el
momento en que lo escuché murmurar eso con timidez, con la cabeza baja pero con
una mirada sumamente seria, solté una carcajada. Realmente me dándose por
vencido.
No esperaba
que un adulto hecho y derecho dijera algo así, ni tampoco que yo mismo me
sintiera tan sinceramente feliz por esas palabras. Pero fue realmente gracioso
y, a la vez, me hizo feliz.
Él se
preocupaba mucho por mí. Si notaba que algo relacionado con Jun-young podía
herir mis sentimientos, podía ver cómo me observaba con sus ojos grandes y
dóciles como los de un ternero, parpadeando con melancolía. Nunca había pensado
que me gustara que otros me compadecieran, pero por alguna razón, su mirada
cuidadosa era suave y me hacía sentir bien.
……Sin
embargo.
‘Es una
persona realmente interesante. Creo que me va a terminar gustando el dueño,
¿qué voy a hacer?’.
Cuando dije
aquello de que estaba de ‘mi parte’ medio en broma y medio en serio por lo
mucho que me había divertido y alegrado, el rostro del dueño se tensó. En ese
instante, sentí un vuelco y mi corazón se detuvo por un segundo. Al ver cómo su
cara se congelaba y luego se encendía intensamente, yo mismo me sentí
desconcertado.
‘¿Qué va a
hacer si se toma tan en serio cada broma?’, le dije, restándole importancia
como si nada, pero esa sensación de extrañeza no desapareció.
Por un
momento, algo parecido a una comprensión nítida cruzó mi mente, pero…… no, no
puede ser.
Yo suelo ser
bastante perspicaz, pero aun así me pareció improbable. Encontrar a alguien de
mi misma condición en la vida diaria es algo que ocurre con una probabilidad
ínfima. De hecho, nunca había visto a un hombre al que le gustaran los hombres
fuera de ese tipo de bares. ……Bueno, excepto por aquel chico que no sé quién
era y que se me declaró en la preparatoria.
“Parece que
el dueño tiene visita.”
La voz
casual de Jun-young llegó a mis oídos justo cuando vaciaba mi vaso de cerveza.
Seguí su mirada, que apuntaba hacia afuera sin ninguna intención especial.
Desde aquí
la pared ocultaba los taburetes exteriores, pero podía ver el perfil del dueño
sonriendo ampliamente hacia alguien sentado frente al mostrador, en el lugar
donde suelo sentarme yo.
La mirada
con la que observaba a la persona frente a él, entrecerrando los ojos con
dulzura al reír, era definitivamente mucho más cercana que la que dedicaba a
cualquier otro cliente. Lo mismo ocurría con las palabras que se escuchaban de
vez en cuando entre el bullicio.
‘Chi-young,
tú……, por cierto, la ropa que compramos aquella vez que salimos……’, se
escuchaba por fragmentos la voz de un hombre hablándole con total confianza.
Era la
primera vez que escuchaba a alguien llamar al dueño por su nombre con tanta
naturalidad. Y la voz del dueño respondiendo ‘ah, sí’, también sonaba mucho más
relajada de lo que solía ser cuando nos atendía a mí o a Jun-young.
“Mmm…… debe
de ser un amigo.”
Murmuré
aquello mientras miraba hacia allá con una sensación algo extraña.
No es que
pensara que él no tendría amigos. Pero nunca me había detenido a pensar en que
él también tuviera amistades con las que se reuniera para charlar.
No podía
imaginar que ese dueño, siempre silencioso y tímido, pudiera reír con una cara
tan relajada y hablar con tanta confianza con alguien.
Sí, era una
sensación similar a la de hace poco.
Hace unos
días, mientras hablábamos, el dueño guardó silencio un momento y de pronto
murmuró:
‘No es que a
uno le guste alguien porque destaque, sino que destaca porque a uno le gusta.
Porque parece que la persona que te gusta brilla……. Solo ves a esa persona
brillar, hasta el punto de que nada más entra en tu vista.’
Recordé que
sentí una curiosidad muy extraña al verlo sonrojarse tarde tras haberlo
murmurado para sí mismo, como si se le hubiera escapado sin querer.
Sentí
curiosidad. ¿Cómo sería la persona que él había querido tanto? Si era alguien
que podía brillar ante los ojos de un hombre tan recto como él, sin duda debía
de ser una persona hermosa. Incluso parecía que había sido un amor no
correspondido.
El
sentimiento que tuve entonces era parecido al de ahora. Esa sensación de
extrañeza que surge al ver una faceta totalmente inesperada de alguien a quien
creías conocer.
“…….”
Era una
sensación realmente peculiar. Sería ridículo usar esta analogía, pero era como
cuando te das cuenta de que tu madre, que creías que te pertenecía solo a ti,
en realidad le pertenece a tu padre…… tras pensar eso, sacudí la cabeza. Es un
pensamiento absurdo y sin sentido.
Pero.
“……Voy un
momento al baño.”
No es que
tuviera muchas ganas de ir, pero me levanté de mi asiento porque me resultaba
fascinante ver al dueño riendo con el rostro tan relajado. Sentí el impulso de
verlo un poco más de cerca.
Y entonces,
al salir al local.
Recuperé un
recuerdo que había estado enterrado durante mucho tiempo en un rincón de mi
memoria como algo sin importancia.
Un hombre
que me miraba con rostro desconcertado y que me resultaba familiar, el nombre
de mi antigua escuela saliendo de su boca, y el dueño bajando la mirada con
expresión de apuro.
Lo siguiente
que vino a mi mente fue aquel muchacho que se me declaró hace años. Ese
recuerdo borroso, del cual creía haber olvidado hasta el rostro, de repente
cobró color, y el rostro del dueño se superpuso al de aquel compañero de clase
cuyo nombre no recordaba.
Y solo
entonces pude comprender esas miradas suyas, profundas como el agua, que
siempre me dirigía y que hasta ahora yo había pasado por alto pensando que eran
solo imaginaciones mías.
*
Qué
hacer, la duda no duró mucho.
El
anhelo torpe que surge antes de conocer bien al otro suele romperse, la mayoría
de las veces, al chocar con la realidad. He visto en repetidas ocasiones que
solo después de eso puede continuar una relación más tranquila y serena.
Por
eso, tras encontrarlo por casualidad en el parque y confesarle mis intenciones
casi por impulso, llevé a Chi-young―Jun-young empezó a llamarlo así con
naturalidad desde que supo que eran compañeros de clase y yo lo seguí―, quien
estaba aterradoramente petrificado, hacia el hotel. Una vez que tomé la
decisión, no hubo más vacilaciones.
Pero.
“¿Está
bien?”
Solté
una sonrisa amarga mientras repetía por enésima vez la misma pregunta desde que
entramos a la habitación.
Su
cuerpo, rígido por la incomodidad, retrocedía constantemente como si quisiera
escapar por puro instinto. Sin embargo, cada vez que yo preguntaba, Chi-young
detenía su retroceso y asentía con la cabeza.
Aunque
ya estaba en la cama sin un solo hilo de ropa, parecía que la vergüenza no lo
abandonaba; se encogía intentando ocultarse, tieso como alguien que se acostara
con otra persona por primera vez en su vida. Yo me esmeraba en relajar su
tensión preguntándole una y otra vez si estaba bien.
No
era la primera vez que pasaba por algo así.
No
sé por qué, pero me había acostado varias veces con personas que sentían un
anhelo ciego por mí, y situaciones similares a esta habían ocurrido en un par
de ocasiones. Sin importar quién fuera la otra persona, si decidía acostarme
con ella, podía hacerlo, y no me resultaba difícil acariciarla con dulzura
hasta que se relajara.
Además,
aunque tal vez él mismo no lo supiera, para ser alguien que se moría de
vergüenza al punto de hacer sentir incómodo al espectador, Chi-young tenía una
sensibilidad física sorprendente. Me resultaba divertido ver cómo abría esos
ojos de ternero ante cada caricia sobre su piel; a pesar de ser un acto
unilateral hacia alguien que estaba rígido, no tuve tiempo de aburrirme. Al
contrario, su reacción era tan buena que incluso yo empecé a sentir deseo.
‘No
puede ser que, después de traerlo a la cama pensando que su sentimiento se
enfriaría tras hacerlo una vez, resulte que soy yo el que se queda atrapado sin
poder salir…….’
Solté
una risita borrando de mi mente ese pensamiento juguetón.
Era
poco probable, pero sin duda estaba excitado.
Al
principio, mi único objetivo al traerlo al hotel era romper su anhelo torpe
para mantener a largo plazo la misma relación cómoda de siempre; y con ese fin,
vine pensando en tener sexo hoy casi como un acto de servicio, pero parecía que
la cosa no terminaría siendo un servicio unilateral.
“Chi-young,
……¿le gusta aquí? Dígame dónde siente bien.”
Pregunté
sabiendo perfectamente que no habría respuesta. No había forma de que un hombre
que se ponía rojo como si fuera a llorar por el simple hecho de que le
acariciaran las nalgas pudiera responder a eso.
Como
era de esperar, cuando mordisqueé ligeramente su clavícula y deslicé mis labios
hacia abajo, él cerró la boca con fuerza, temblando, como si hubiera decidido
no soltar ni una palabra.
Su
cuerpo se estremecía ante cada roce de mis manos. Un cuerpo encendido en un
bonito tono carmesí. Sus brazos rodeaban mi cuello con torpeza extrema,
intentando de alguna manera corresponderme.
Todo
aquello alimentaba mi deseo. Incluso esa reacción absurdamente sensible de
empezar a humedecer el glande con apenas unos momentos de caricias, sin haber
tocado siquiera sus genitales.
“……,
¿está bien? ¿Cómo hacía antes con otras personas si es así?”
Le
pregunté, pero mi pregunta no pareció llegar a sus oídos. Al verlo con los ojos
fuertemente cerrados y el cuerpo temblando, desistí de escuchar una
respuesta―aunque no es que la esperara desde el principio―y seguí recorriendo
su cuerpo.
Mientras
lo exploraba con mis labios, percibí un aroma agradable todo el tiempo. Ese
olor a jabón mezclado con su aroma natural me daba una sensación de paz y
bienestar, así que froté la punta de mi nariz contra su pecho.
De
pronto, mis labios rozaron uno de sus pezones y, como es natural, lo acaricié y
le di un pequeño mordisco.
En
ese instante, brotó un gemido.
“…―.”
Mi
entrepierna se encendió. En medio de esa sensación de la sangre agolpándose,
que incluso a mí me pareció absurda, solo pude pensar en una cosa.
Quería
escuchar más.
Esa
voz que temblaba dulcemente, esa voz mezclada con llanto que suplicaba un deseo
evidente; quería escucharla más. Ese tono de voz que, por sí solo, hacía que mi
parte baja se calentara.
Así
que, sintiendo que yo mismo estaba a punto de perder el hilo de la razón,
intentando no mostrar mi deseo que pulsaba con impaciencia, recorrí su cuerpo
frenéticamente.
Por
mi mente pasó la idea de que era como si me hubieran inyectado una droga. Ese
cuerpo encendido que no paraba de estremecerse, los gemidos mezclados con
llanto que brotaban cada vez, el sonido de su respiración agitada sin saber qué
hacer, el calor corporal de sus brazos rodeando mi cuello…… todo eso parecía
poner a prueba mi autocontrol al límite.
Y
así, en medio de ese placer elevado, sentí vagamente que era una lástima. Que
una sensación tan deliciosa terminara con esto.
Con
ese pensamiento, me entregué a él como si yo también tuviera fiebre, hasta el
momento en que alcanzó el clímax.
…―La
verdad es que no tenía intención de que fuera así.
Aunque
Chi-young me agradaba mucho y yo era consciente de ello, después de saber que
él me quería, nunca tuve la intención de acostarme con él. Al contrario, no
quería hacerlo.
En
realidad, el anhelo no es un sentimiento tan grandioso. Mucho menos el que
existe en una relación donde ni siquiera se conocen lo suficiente; creo que,
entre todos los tipos de afecto, el anhelo es el más frágil, como un cristal
fino. Una fantasía alimentada a solas basándose en unos pocos hechos
fragmentados podía romperse fácilmente con el gesto más ligero.
Por
eso pensé que, si llegábamos a acostarnos, el anhelo que sentía desaparecería.
Pensé que entonces esa mirada acuosa se nublaría y seguiría una relación como
la de dos amigos que se sienten cómodos.
Y
así, tras mantener relaciones y satisfacer su deseo.
“Usted
quería apaciguar mis sentimientos, ¿verdad?”
En
el momento en que dijo eso, sentí como si me hubieran echado un balde de agua
fría.
Fue
su respuesta a lo que yo le había dicho a la ligera: que una vez que lo haces,
sin importar con quién sea, te das cuenta de que no es para tanto.
Pero
yo no tuve más remedio que decir eso. Realmente lo había pensado así hasta ese
momento y tenía la intención de convencerlo con esas palabras. Sin embargo, en
ese instante, tuve que decir aquello sobre todo por mí mismo.
Me
sentía impaciente conmigo mismo por el hecho de que me hubiera gustado tanto
ese tiempo con él, y por sentir lástima de que terminara en una sola vez; por
eso lo dije, intentando darme una lección a mí mismo.
No
obstante, al ver cómo abría sus grandes ojos aún más, como si hubiera recibido
un pequeño impacto, me sentí de repente como un idiota rematado que había
cometido un error garrafal.
Tras
observarme en silencio un rato, murmuró con calma, sin enojarse ni
entristecerse, que lo que yo había hecho era porque quería mitigar sus
sentimientos.
Solo
entonces me di cuenta del enorme abuso de autoridad que pretendía cometer. De
lo infantil y estúpido que había sido mi comportamiento.
Él
salió del hotel desconcertado y empezó a caminar sin rumbo; yo no tuve más
remedio que seguirlo. No sabía cuánto caminaría ni hasta dónde, pero tenía que
ir tras él. Alguna parte de mi interior me advertía que debía hacerlo. Que si
no lo hacía, sin duda me arrepentiría después.
Alcanzarlo
mientras caminaba unos pasos por delante era sencillo. De hecho, cuando se
detenía en los semáforos, llegaba a ponerme justo detrás de él. Aun así, no me
atrevía a hablarle a alguien que no miraba atrás ni una sola vez y solo
mantenía la vista al frente.
¿Cuándo
se daría la vuelta? ¿Cuándo me hablaría?
Todo
dependía de él. Seguí sus pasos en silencio, sintiendo profundamente que no
tenía margen de elección en esa situación.
Y
finalmente, cuando llegamos al puente sobre el río oscuro.
‘Nunca
he deseado lo que no me correspondía’, dijo él tranquilamente, mirando
fijamente el final del camino oscuro por donde había desaparecido el tren, como
si recordara la escena de aquel amanecer que debió ver hace mucho tiempo.
Y
cuando finalmente dijo ‘Lo quiero’, me sentí avergonzado. Al declarar sus
sentimientos con tanta calma, él ya sabía que sería rechazado. Pese a ello, no
ocultaba ni tapaba su corazón, sino que lo mostraba con serenidad.
No
sé cuánta vergüenza sentí, ni tampoco cuánta envidia.
Mi
corazón andrajoso, que no se atrevía a hablarle a la persona amada y lo
mantenía oculto, sacando solo una esquina con la excusa de una broma para
guardarlo rápido otra vez, solo olía a polvo rancio. En cambio, su corazón,
aunque había estado estancado por mucho tiempo, no se había podrido y se
mantenía transparente.
Esa
persona torpe e ingenua, que parecía dejarse arrastrar por no poder decir nada
molesto a los demás, era en realidad mucho más madura y fuerte que yo.
Caminando
hacia su casa junto a él, quien aceptó mi rechazo con la misma calma con la que
se confesó, deseé internamente poder seguir avanzando siempre junto a este
hombre que venía justo detrás de mí.
Pensándolo
bien, tal vez fue gracias a él.
Las
situaciones que se daban no dependían de mi voluntad, pero pensé después que
las acciones que tomé en medio de ellas se debieron, tal vez, a esos recuerdos
suyos acumulados de forma tan sutil.
Mis
sentimientos eran demasiado viejos y, cada vez que los recordaba, olían a polvo
picante. Parecía que ya se habían secado hasta volverse quebradizos, y que solo
quedaban recuerdos de sentimientos marchitos, sin ninguna esperanza ni
expectativa.
Parece
que los pensamientos y los sentimientos eran cosas distintas. Pensé que mi
corazón, que había estado chirriando durante décadas, se detendría al escuchar
una respuesta de rechazo definitiva, pero para mi sorpresa, me mantuve sereno.
El
día antes de la boda de Kwon Kang-hee, mientras caminaba por la calle de noche
bajo la lluvia tras dejar atrás a Jun-young y Kang-hee, me sorprendió no
sentirme tan miserable como había imaginado vagamente. Al contrario, sentí un
alivio como si la lluvia estuviera lavando las capas de polvo acumuladas
durante tanto tiempo, y terminé esbozando una sonrisa amarga.
Al
pensar en lo que estaría pasando entre ellos dos en ese momento, no es que mi
corazón no se sintiera un poco pesado, pero caminé deseando de verdad, de todo
corazón, que fueran felices.
Mientras
escuchaba el sonido de los pasos que me seguían en silencio por detrás.
Chac,
chac; unos pasos tan silenciosos que apenas se oirían si no prestabas atención,
me seguían a una distancia constante, unos metros atrás.
Los
latidos de mi corazón se ralentizaron, sincronizándose con esos pasos
tranquilos y rítmicos.
Me
sentía extrañamente cómodo. Como si por fin hubiera encontrado mi camino.
De
repente, me dio risa.
Seguramente
la persona que viene detrás de mí tiene cara de tristeza ahora mismo. Estará
caminando con sus grandes ojos fijos en el suelo, pensando en cuánto me habré
herido o cuánto me estará doliendo el corazón.
Sí.
Esta persona todavía está aquí.
Alguien
con quien podía hablar de mi desamor de forma ligera, sin pesadez, como quien
comenta algo cotidiano. A mi lado había alguien que se entristecería por mí más
que yo mismo, reemplazando a mi corazón que ha sufrido por tanto tiempo, a
pesar de que yo, sorprendentemente, no me sentía tan mal ni tan triste.
En
ese momento, de pronto.
Pensé
que por fin había terminado el papel que me había sido asignado.
Que
por fin había concluido el rol que me correspondía en la relación de ellos dos.
Que de ahora en adelante ya no tendría que involucrarme ni sufrir entre ellos.
Ahora
podía regresar a mi lugar como su mejor amigo. En ese sitio que me pertenecía
desde el principio, ahora podría sentarme con el corazón tranquilo y relajado
para observarlos.
Junto
a esta persona también.
Aunque
sentía que él estaba en un plano distinto al de mis amigos de toda la vida como
Jun-young o Kang-hee, caminaría a través del tiempo junto a este hombre, quien
me resultaba tan cercano como ellos.
Entre
ellos, un lugar en la posición más cercana a ellos me había sido otorgado.
Con
eso bastaba.
Agradecí
profundamente en mi corazón, aunque no sabía a quién. A alguien que fuera
quizás esa piedra en el camino que permitió que los conociera a ellos――a mis
amigos y, también, a este hombre.
*
Extrañamente,
seguía teniendo sed. No recordaba haber comido nada especialmente salado, pero
así era. Hasta hace un momento no me sentía así, pero desde hace un rato tenía
la boca seca.
Llegué a
pensar si la comida del lugar era salada, pero considerando eso, casi no había
probado bocado desde que entramos, excepto por los cócteles.
Chasqueé la
lengua.
“¿No te
parece que este lugar está algo seco? Se me cortan los labios todo el tiempo.”
Ante mi
queja, el amigo que estaba sentado a mi lado―no un amigo en el sentido
estricto, sino un hombre que conocí por frecuentar este bar hace tiempo―se
encogió de hombros.
“¿Ah, sí? Yo
estoy bien. Toma, bebe algo de agua.”
Acepté el
vaso que me ofrecía, pero solo tomé un par de sorbos y lo volví a dejar. Al
beberlo, me di cuenta de que no tenía tanta sed después de todo. Sin embargo,
extrañamente, sentía que los labios se me seguían secando.
“Jajaja,
mira al amigo de Ui-geon. Está petrificado. No es un chico que frecuente estos
lugares, ¿verdad? Vaya……, qué bien hiciste en traerlo tú. Si llega a entrar por
error en un local peligroso siendo así, ¿qué habría pasado?”
Mientras
dejaba el vaso y me limpiaba el labio con el pulgar, el amigo de al lado soltó
una risa baja. Por instinto, giré la cabeza.
Sentado en
la barra, Chi-young estaba, tal como decía mi amigo, tan tenso que se notaba a
la legua incluso desde lejos. Y a su lado, un hombre ya había ocupado el
asiento y apoyaba su mano con afecto en el brazo de Chi-young.
“Parece que
Dae-won le echó el ojo al amigo de Ui-geon.”
Otro
conocido sentado enfrente se rió con diversión mientras pinchaba un trozo de
fruta. ‘Eso parece’, respondí en voz baja mientras levantaba mi copa. Por
alguna razón, ni siquiera le encontraba sabor al alcohol. Siempre había pensado
que los tragos del barman de aquí eran de primer nivel, pero hoy no sabían a nada;
no sé si es que hoy no tenían gracia o si él había perdido la práctica en el
tiempo que dejé de venir.
“Dae-won……,
¿qué clase de persona es?”
Le pregunté
al amigo que parecía conocerlo.
“¿Eh? Ah,
lleva tiempo viniendo por aquí. ¿Ui-geon, no lo habías visto ya un par de
veces?”
Esbocé una
sonrisa amarga y ladeé la cabeza. ‘Solo de vista’, pensé.
Literalmente,
recordaba haber visto su rostro un par de veces. Pero en un lugar como este, al
que se viene con un propósito claro, no tenía motivos para hablar con un hombre
que tuviera mis mismos gustos sexuales, así que casi nunca habíamos conversado.
Él igual; aunque nos habíamos saludado con un leve gesto de cabeza alguna vez,
nunca se molestó en hablarme.
Observé
fijamente a aquel hombre que, tras haber estado mirando a Chi-young desde que
entramos, ocupó mi lugar en cuanto me moví a la mesa.
“¿Es un buen
tipo?”
“Ah, jajaja.
¿Por qué? ¿Te preocupa tu amigo?”
“Claro, he
traído a alguien inocente que no conoce cómo se mueve este mundo, ¿cómo no voy
a preocuparme?”
Cuando
suspiré y me reí en tono de broma, mi amigo hizo un gesto con la mano como
restándole importancia.
“Tranquilo,
Dae-won es de confianza. Parece que es alguien famoso en el mundo del diseño de
interiores. Hace poco salió una entrevista suya en una revista. Como persona,
es decente. Tiene buenos modales, buen carácter y, por lo que he oído, también
es muy bueno en eso.”
Ante el
comentario de mi amigo, que acompañó sus palabras con un guiño pícaro hacia
abajo, asentí con la cabeza. ‘Ya veo’.
Parecía que
no había de qué preocuparse. Al fin y al cabo, si era alguien con quien el
barman hablaba con tanta confianza, no debía haber problema.
Así que
debería haber dejado de preocuparme por lo que pasaba allá y ocuparme de mis
propios asuntos, pero por alguna razón, seguía teniendo una corazonada
sospechosa.
En realidad,
sabía que esa sospecha no tenía ningún fundamento. Sin embargo, por algún
motivo, sentía que ese hombre no era el adecuado. Nada de él me gustaba.
¿Estaría bien dejar a esa persona tan ingenua y dócil con un tipo así? Me
sentía inquieto. Sentía que no podía ser.
“Vaya,
parece que Dae-won va en serio con la conquista”, murmuró uno de mis amigos
como quien presencia un espectáculo divertido, mientras yo guardaba silencio.
NO HACER PDF
Bajo el
rostro amable de aquel hombre, vi cómo la mano que acariciaba el brazo de
Chi-young bajaba lentamente hacia su cintura. Desde lejos, pude ver con
claridad el perfil de Chi-young estremeciéndose por la sorpresa. Con el rostro
rígido por el desconcierto, Chi-young pareció buscarme con la mirada un
momento. Ese mismo rostro que desde hace rato me miraba de vez en cuando como
si fuera a llorar, fue abordado por aquel hombre. La figura de Chi-young quedó
oculta cuando el otro se acercó demasiado, como si le susurrara algo al oído.
“…―.”
Solo cuando
escuché el leve chirrido de mi uña contra el cristal, me di cuenta de que
estaba apretando el vaso con demasiada fuerza. ‘¿Por qué estás tan tenso?’, me
recriminé internamente mientras chasqueaba la lengua.
Mi amigo, al
notar cómo dejaba el vaso con amargura, enarcó una ceja con extrañeza.
“¿Por qué
pones esa cara? ¿Tanto te preocupa? Te digo que Dae-won es un buen tipo. Solo
diviértete mirando.”
“Si fuera un
desconocido, me divertiría mirando, pero como es mi amigo, no puedo estar
tranquilo.”
Cuando
murmuré eso con amargura, mi amigo soltó una risa incrédula. Sí, era normal que
le pareciera absurdo. A mí también me lo parecería.
“¿Por qué
dices cosas que no van contigo, Ui-geon? No has traído a un niño; deja que se
las arregle solo.”
Y tenía toda
la razón.
No respondí
nada. En realidad, quería rebatirle, pero no encontraba las palabras, así que
me callé.
“Vaya, el
amigo de Ui-geon parece dócil pero resultó no ser poca cosa”, dijo mi amigo
riendo. Por encima de su hombro, vi a Chi-young dirigiéndose al baño con cara
de apuro.
“No, dudo
mucho que él haya ido con esa intención.”
Suspiré y
negué con la mano. Aunque a menudo uno se retira al baño con un gesto de cabeza
cuando tiene intenciones de seducir o el tipo de intención de ‘hacer algo’, en
este caso estaba dispuesto a apostar lo que fuera a que él no tenía esa
intención.
“Pero
Dae-won lo va siguiendo.”
“…….”
Yo sabía que
Chi-young no tenía esa intención, pero los demás no. ‘¿Qué más da? Dicen que
Dae-won guía muy bien a los novatos’, murmuró mi amigo restándole importancia,
pero sus palabras ni siquiera llegaron a mis oídos.
Cuando me di
cuenta, ya estaba caminando hacia el baño. Escuché por detrás los chasquidos de
lengua y los “¿A dónde vas? No estorbes por gusto”, pero no miré atrás.
No es un
niño, debería dejarlo en paz. Sí, y además dicen que el otro es un buen tipo.
Que salga bien o mal no es asunto mío. Es responsabilidad de Chi-young.
Aunque me
repetí eso decenas de veces internamente, no pude detener mis pasos hacia el
baño. Como si estuviera hechizado, me recriminaba a mí mismo lo extraño de mi
comportamiento, pero no podía dar media vuelta.
Finalmente,
ignorando todas las advertencias que me hacía a mí mismo, extendí la mano y
abrí la puerta del baño.
Lo primero
que vi al abrirla fue a ese hombre besando a Chi-young.
Aunque fue
solo un instante y se separaron de inmediato, sentí que mi mente se enfriaba de
golpe. Sin embargo, en mi pecho subió algo tan caliente que tuve que apretar la
mandíbula para tragarme ese nudo de calor.
Al
descubrirme, el rostro de Chi-young se congeló con los ojos muy abiertos, y en
él se superpuso esa expresión de querer llorar que me había estado dirigiendo
poco antes. Al mismo tiempo, me di cuenta de que yo era quien había provocado
esta situación.
……Qué
idiota.
Me invadió
un sentimiento de autodesprecio sin motivo. Sentía que había hecho una
estupidez monumental. Aunque no sabía exactamente por qué, esa idea se clavó
con nitidez en mi cabeza y empecé a maldecirme internamente.
“Estaba
pensando en irme ya, ¿quiere venir conmigo? Como vamos por el mismo camino, si
viene, lo llevo. Si prefiere quedarse un rato más, adelante.”
Solté unas
palabras en las que no había pensado ni un segundo antes, pero sentí que, al
menos, eso compensaba un milímetro la estupidez de hoy. En el momento en que lo
dije, vi cómo una oleada de alivio, casi como si fuera a llorar, se extendía
por el rostro de Chi-young.
Al mismo
tiempo, yo también sentí que me quitaba un peso de encima.
Como si por
fin hubiera tomado en brazos a un niño que estaba solo a la orilla del agua.
Caminó un
paso por delante de él mientras me recriminaba qué demonios había estado
haciendo hoy.
No había
hecho nada bien. No ayudé a Chi-young a conocer a alguien decente―tal vez
incluso lo estorbé, pero como ese tipo no me terminaba de convencer por alguna
razón, no me arrepentí―, ni tampoco logré tranquilizarlo adecuadamente cuando
estaba inquieto.
Realmente,
hoy fue una salida en vano.
Ya fuera del
bar, dentro del coche de regreso, miré de reojo a Chi-young. En su perfil,
mientras observaba por la ventana, ya no quedaba rastro de ansiedad o
fragilidad. Al contrario, parecía haber surgido una sensación de alivio
tranquilo, como si por fin se hubiera relajado.
A mi lado.
Ya no tenía
cara de miedo ni de desconcierto; estaba sentado tranquilamente, sintiéndose a
salvo.
Como si de
pronto sintiera mi mirada, Chi-young giró un poco la cabeza. Nuestros ojos se
cruzaron a través del espejo.
Al cruzar la
mirada, parpadeó con ese rostro tímido y algo incómodo de siempre, y luego
desvió la vista lentamente.
Solo al ver
esa imagen familiar, mi corazón se relajó por completo; sin darme cuenta,
esbocé una risita y solté un suspiro silencioso.
*
Apenas
terminé mis asuntos y regresé al pabellón que estaba en obras, Chi-young no
aparecía por ningún lado. Como le había dicho que echara un vistazo a la casa
con libertad, supuse que estaría en algún rincón y seguí caminando.
Mientras
trasladaban los materiales, vi a un obrero que, con los ojos muy abiertos,
examinaba una marca casi invisible, como un hilo, en una columna del pabellón,
frotándola con cuidado con una lija fina y un paño. Le pregunté si no sabía a
dónde había ido un extraño que andaba merodeando por aquí, y él, sin siquiera
mirarme, respondió de inmediato:
“¿Se
refiere a ese joven de cara resplandeciente que andaba por aquí juntando basura
hace un momento? Me pareció que iba hacia la casa principal. Si no es él, no
sabría decirle.”
“…….
Creo que la persona que busco es esa misma. Gracias.”
Esbocé
una sonrisa amarga y me dirigí hacia la casa principal.
No
creía que hubiera otro joven de cara resplandeciente juntando basura en esta
casa que no fuera Chi-young. Pensando que, de todos modos, cuando terminara la
obra limpiarían todo a fondo, recorrí el camino por el que antes había pasado
sin pensar, recogiendo yo también uno o dos trozos de basura que saltaban a la
vista. Me reí para mis adentros al imaginarme la figura de Chi-young recogiendo
basura con tanto esmero.
Era
algo insignificante, pero resultaba tan propio de Chi-young que no podía dejar
de sonreír.
Él
era el tipo de persona que parece común de encontrar en la vida diaria, pero
que en realidad es muy difícil de hallar. Especialmente para alguien que ha
tenido una vida difícil, no es fácil ser así; pero él era realmente recto.
Era
muy tímido y maduro, aunque a veces su expresión era exactamente la de un niño.
Sin embargo, siempre se mantenía firme. Parecía sacado de un libro de formación
ética de primer grado de primaria.
A
veces me dejaba sin palabras, pero una vez que le pregunté: ‘¿Hay necesidad de
llegar a tanto?’, él parpadeó con sus grandes ojos confundido y me devolvió la
pregunta con apuro: ‘……¿Entonces cómo debería hacerlo?’. Desde entonces, decidí
guardar silencio. Para él, aquello no era una opción entre varias, sino la
única respuesta lógica y natural.
Pero
me gustaba.
¿Cómo
no querer a un ser humano tan íntegro?
A
lo lejos divisé la puerta de la casa principal. La había dejado cerrada al
salir, pero al verla abierta apenas un palmo, supe que, tal como dijo el
obrero, Chi-young estaba allí.
Al
darme cuenta de que sonreía inconscientemente, ralenticé un poco el paso. De
pronto, sentí un latido punzante y pesado, y me di palmaditas suaves sobre el
corazón.
Últimamente
me pasa a veces. No, me pasa a menudo. Era extraño.
Al
pensar en ese hombre, mi corazón se relajaba con dulzura y me daban ganas de
reír sin motivo. Trabajando, supervisando la obra o preparando la apertura del
local, solía tener roces con los proveedores y muchos choques con la gente,
pero en noches así, siempre terminaba visitando la tienda de Chi-young. Al ver
su rostro alegre y esa sonrisa tímida con la que me recibía diciendo
‘bienvenido’, sentía cómo todo el estrés acumulado durante el día se disolvía.
No
sé qué sentimiento es este. Más que un amigo cercano, es como una madre o
quizás…….
Sin
embargo, al imaginar por un momento una palabra que encajara mejor, solté una
carcajada por lo absurdo.
Al
llegar frente a la puerta de la casa principal, me detuve. No fue por otra
razón, sino porque de pronto me asaltó el recuerdo de esta mañana. En cuanto
ese recuerdo volvió a mí, fruncí el ceño inconscientemente y chasqueé la
lengua. Me froté el rostro con la palma de la mano, sintiéndome abochornado.
Tuve
un sueño extraño.
En
realidad, no recordaba el contenido del sueño con exactitud. Solo me venían
fragmentos borrosos y difusos. Sin embargo, recordaba que esos cuadros
fragmentados eran de un contenido erótico tan explícito que no se podría
mencionar fácilmente ante los demás.
Y.
Realmente,
de una forma que me resultaba ridícula incluso a mí mismo.
Cuando
abrí los ojos por la mañana, mi ropa interior estaba empapada; incluso estaba
tan mojada como si hubiera eyaculado varias veces, y mi pene, que normalmente estaría
a medio erigir, estaba completamente despierto y erguido.
Nada
más despertar, me quedé mirando mi entrepierna un buen rato y, al resultarme
tan inverosímil, solté una risa seca.
A
qué edad. A estas alturas de la vida.
Vaya,
esto es tan vergonzoso que no podría contárselo a nadie. O mejor dicho, pensé
que serviría como una anécdota para reírse durante una ronda de tragos.
Mientras
reía así de lo absurdo, dándole un toquecito con la punta del dedo a mi pene
que seguía palpitando mientras murmuraba: ‘Oye tú, ¿qué clase de sueño tuviste
para mojarte tanto?’, al instante siguiente, esa risa se borró por completo. Un
fragmento del sueño cruzó mi mente.
En
aquel sueño desordenado y pornográfico, la persona que me seducía era.
“…―.”
No
puede ser.
Chasqueé
la lengua.
Ni
siquiera en sueños se me había pasado por la cabeza tratar a esa persona de esa
manera. Él era alguien a quien siempre debía tratar con cuidado, como al amigo
más valioso que uno pudiera encontrar en la vida.
“Realmente,
esto es algo que no podría decir ni aunque me estuviera muriendo…….”
Negué
con la cabeza con una sonrisa amarga y entré en la casa principal.
No
tuve que buscar mucho para encontrarlo sentado tranquilamente en el salón. Iba
a llamarlo por su nombre con una sonrisa, pero me detuve en seco.
Tal
vez se había quedado dormido, porque tenía la cabeza apoyada suavemente en una
columna y los ojos cerrados. Bajo una luz solar deslumbrante.
Resplandeciente.
Me
deslumbró.
Parecía
que se iba a derretir bajo los rayos dorados del sol que caían sobre su cabeza.
“…―.”
No
podía moverme. Me quedé allí parado como clavado al suelo, incapaz incluso de
parpadear mientras lo observaba.
Él
abrió los ojos que tenía cerrados. Tal vez por el sonido de los pájaros,
levantó la cabeza hacia el cielo y, aunque era imposible que viera al pájaro
que cantaba tras el tejado, sonrió suavemente. Con esa sonrisa aún en el
rostro, de pronto dirigió su mirada hacia mí. Nuestros ojos se cruzaron.
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En
ese instante, el corazón se me cayó al suelo.
No
sabía qué cara tenía yo en ese momento. Sentía que debía de tener una expresión
muy extraña. Solo deseaba fervientemente, sin ninguna razón, que no fuera una
cara patética o decepcionante.
Parpadeando
suavemente mientras me miraba, él sonrió despacio; cuando me preguntó si ya
había terminado el trabajo, me acerqué lentamente y me senté a su lado. No
sabía ni qué estaba diciendo, ni si le estaba respondiendo adecuadamente. Era
como si una parte de mi mente se hubiera detenido.
“……Parece
que el momento en que alguien se enamora de algo es solo un instante.”
Cuando
él, que tras recorrer la casa principal ahora observaba el patio interior, dijo
eso en voz baja, mi corazón volvió a dar un vuelco.
“O
quizás, algo que se ha ido acumulando poco a poco, de repente se desborda en un
momento dado como si se diera cuenta de golpe…….”
Añadió
suavemente con voz tranquila que nunca antes había pensado que le gustaran las
casas antiguas; esas palabras se clavaron en mis oídos con una nitidez extraña.
Es
raro.
Me
di unos golpecitos suaves en el pecho, donde estaba el corazón, procurando que
no se diera cuenta.
Por
alguna razón, todo era muy extraño. Mi corazón latiendo de forma irregular y
punzante. Mi mente que parecía haberse detenido. El calor que de repente
envolvía mi cuerpo de forma sofocante.
Por
alguna razón, no podía mirarlo directamente, así que me quedé observando el
patio un momento; solo después de un rato volví la vista hacia él y le devolví
la sonrisa con naturalidad. Le seguí la corriente sin saber siquiera lo que
estaba diciendo.
Esta
vez, no podía apartar la mirada de él.
Sentía
como si las yemas de mis dedos temblaran ante una vaga ansiedad que se agitaba
levemente.
Era
una sensación sumamente extraña, algo que sentía por primera vez en mi vida.
*
* *
Escuchaba
una respiración pausada y regular justo a mi lado. A lo lejos, se oía el
maullido fino de un gato. Tal vez era el mismo al que Chi-young le había dado
de comer hace un rato.
Con
los ojos ya habituados a la oscuridad, me quedé mirando fijamente el techo. El
techo, que debía tener la misma superficie que el suelo, parecía un poco más
amplio al no estar ocupado por objetos o muebles que estrecharan el espacio.
Aunque, de todos modos, no eran más que unos pocos metros cuadrados.
Sin
embargo, pensé que estar en un lugar estrecho no era tan malo. Chi-young dormía
pegado a la cómoda que estaba contra la pared opuesta, pero aun así, debido a
la estrechez de la habitación, nuestros brazos se rozaban. Miré de reojo hacia
la pared contraria a donde él dormía. Había un espacio de uno o dos palmos
entre el perchero y yo. Si me movía esa distancia hacia el lado, podríamos
dormir sin que nuestros brazos chocaran.
“…….”
No
me moví. Pensé que no quería apartarme del calor corporal que ya se había
impregnado cálidamente en el lecho.
Solté
un suspiro silencioso.
No
tenía sueño.
Aunque
no me gusta mucho cambiar de lugar para dormir, tampoco soy alguien
especialmente sensible, pero no podía conciliar el sueño. Esa respiración baja
y acompasada que venía de al lado seguía haciéndome cosquillas en el oído.
Observé
a Chi-young, que dormía a mi lado con los ojos cerrados y una respiración
constante. Él también parecía haber tenido dificultades para dormir hasta hace
poco; tras apagar la luz una vez, se levantó de nuevo y conversó conmigo un
buen rato antes de volver a acostarse hace apenas un momento, quedándose
dormido enseguida.
De
pronto, percibí un aroma agradable. Tardé un instante en darme cuenta de que
venía del cabello de Chi-young, que estaba ligeramente esparcido sobre la
almohada. Incliné la cabeza muy despacio y acerqué mi nariz a su cabello.
“…….”
Retiré
mi mano de mi propio cabello con un sentimiento de ligera decepción. Lo toqué
con cuidado, pero no sentí lo mismo que hace un momento.
Cuando
Chi-young me tocaba el cabello―para ser exactos, cuando lo revolvía buscando
canas―, sentía una calidez y una comodidad inmensas.
Quería
quedarme así para siempre.
Sobre
mi rostro, mientras yacía con los ojos cerrados, sentía el aliento de él
mientras se concentraba intensamente buscando entre mis cabellos. Ese aliento
regular me daba cosquillas de una forma agradable. Tanto como sus dedos
acariciándome el pelo.
Cuando
su mano, que me había acariciado el cabello durante un rato, se apartó, sentí
incluso un vacío momentáneo. Era la primera vez que me lamentaba por no tener
canas.
Tiré
de mi cabello negro y solté una risita. Sin embargo, de pronto, esa risa se
desvaneció.
――Si
llegara a tener a alguien valioso, ¿cómo cree que sería?
――Creo
que querría hacérselo todo por esa persona.
Recordé
su voz susurrando con timidez.
Si
llegara a tener a alguien valioso.
Retiré
la mano con la que me acariciaba el pelo y volví a mirar a Chi-young.
――Espero
que pueda encontrar pronto a una persona así. Usted también, Ui-geon.
Su
rostro sonriendo con timidez mientras susurraba aquello también cruzó mi mente
junto con su voz.
Él
realmente parecía alguien que trataría muy bien a los demás. Si tuviera a
alguien valioso, le dedicaría toda su sinceridad, haciendo lo mejor posible lo
que estuviera a su alcance y volcando todo su esmero en esa persona sin
reservas.
Y
de nuevo, me di cuenta de un hecho muy obvio.
Esa
persona no soy yo.
“…―.”
El
sueño que me envolvía lánguidamente se esfumó de golpe.
Así
es. Cierto. Era algo obvio en lo que no hacía falta ni pensar. Era más extraño
el hecho de que se me hubiera ocurrido tal pensamiento.
Presioné
mi pecho sobre el corazón y lo froté. Por alguna razón, sentía que me dolía
ahí. Pero al cerrar los ojos y respirar hondo, lo cierto es que el corazón no
me dolía. Ni el corazón, ni el cuerpo; todo estaba en orden.
Aun
así, últimamente sentía de vez en cuando que me dolía el corazón. Como ahora.
“…….
Chi-young. ¿Duerme?”
Susurré
con una voz tan baja que ni yo mismo podía oírla. Él no se movió lo más mínimo.
Incliné
mi cabeza un poco más hacia él. Sobre sus mejillas, las pestañas proyectaban
sombras gracias a la tenue luz que entraba del exterior. Quise tocarlas una
vez, pero como estaba seguro de que se despertaría, me limité a mirar fijamente
esa sombra.
“Chi-young.
Últimamente yo, estoy un poco raro. Ni yo mismo lo sé bien, pero el caso es que
estoy un poco raro. ……¿Qué piensa usted?”
Esta
vez murmuré un poco más alto que antes, pero todavía tan bajo que era difícil
de entender incluso para mí. Dejé de hacerlo, solté un suspiro y guardé
silencio.
Qué
estupidez estás haciendo, Jang Ui-geon.
Me
recriminé a mí mismo.
Luego,
volví a frotar suavemente mi corazón, que parecía doler levemente o tal vez no.
Esa sensación de hormigueo punzante me resultaba muy extraña y no sabía a qué
se debía. A veces, al ver a Chi-young, sentía vagamente que podía entender
algo, pero era un instante tan breve que la sensación desaparecía antes de que
pudiera encontrar una pista.
Volví
a frotar suavemente sobre mi corazón.
Recordé
su imagen bajo la luz del sol, como si fuera a derretirse.
Miré
fijamente a Chi-young.
En
la habitación oscura donde solo entraba la luz tenue de una farola lejana, su
figura se revelaba ante mis ojos acostumbrados a la penumbra.
Aunque
no debería ser posible en esta oscuridad, quizás porque la imagen de mi
recuerdo se superponía con la actual, sus párpados cerrados, su nariz recta y
sus mejillas suaves parecían brillar tenuemente.
Me
pareció tan asombroso que, sin darme cuenta, extender la mano. Iba a acariciar
su mejilla, pero me detuve justo antes de que la punta de mis dedos lo tocara.
“…….”
Por
alguna razón, sentí que no debía tocarlo. Sentía que, si lo hacía, no podría
retirar la mano sin haber recorrido sus mejillas, su nariz, sus párpados y sus
labios; todo. Pero como no me atrevía a retirar la mano por completo, tras
dudar un rato, acerqué mi palma frente a su rostro, casi rozándolo.
Su
aliento rozó mi palma.
En
el momento en que ese aliento, que me hacía cosquillas de forma suave y cálida
en la palma, me tocó, encogí la mano sin querer. Mi corazón volvió a latir con
fuerza.
Me
quedé mirando mi palma. Como era de esperar, no había nada allí; mi mano estaba
vacía. Claramente algo cálido y agradable me había tocado hace un momento, pero
ahora no había nada.
De
repente.
Sentí
una codicia que me asfixiaba.
El
deseo de recuperar aquello que había tocado mi mano surgió con una ferocidad y
una fuerza que me sorprendieron. Quería poseer algo que, una vez que entrara en
mis manos, no volvería a soltar jamás.
Fuera
lo que fuera.
Ya
fuera un aliento pequeño y suave, una luz solar deslumbrante o la sombra que se
proyectaba sobre una mejilla oscura.
Tenía
que aferrarlo en mis manos. De lo contrario, sentía que no podría hacer nada
con este corazón que me dolía y me punzaba.
[Continuará en el Volumen 3]
