Capitulo 6 y 7

 


6. El fin de semana de un padre trabajador.

Bzzz— Bzzz—

El sonido de la vibración resonaba en toda la oficina.

"Mmm... Ahhh..."

Si alguien sentado a tu lado en el metro estuviera inquieto, con un teléfono que no suena en la mano y una expresión de estar a punto de venirse, lo más probable es que una persona amable fingiera no notar nada; no es que estuviera sorda.

El empleado Kim creía entender ahora por qué la industria de los juguetes para adultos no fabricaba vibradores totalmente silenciosos. Así, una vez más, se encontraba hoy practicando una paciencia que no le correspondía a su destino.

"Mmm... Ah..."

'Cielos, ¿qué clase de tarea habrá traído hoy?'.

A su lado, el jefe de sección Kang seguía mirando el monitor con el rostro encendido. Ya iban treinta minutos. Estaba allí, observando una pantalla que no cambiaba, con la misma actitud inquieta de un cachorro que necesita ir al baño.

"...Jefe de sección. Está vibrando."

"¿Eh? ...¿Vibrando? ... Ah..."

"...Su teléfono, jefe. Está vibrando."

"¿Eh? ¡Ah! Oh... tengo que contestar."

Woo-ju atendió la llamada sin poder ocultar su expresión de desconcierto.

"...Habla Kang Woo-ju, del equipo de marketing 3. He recibido su llamada."

Como dice el dicho de que el culpable siempre se delata, Woo-ju ni siquiera había pensado en el teléfono que estaba sonando; su mente estaba completamente ocupada por el vibrador que temblaba dentro de su orificio.

* * *

Era una mañana de sábado, un momento en el que casi todo el mundo descansaba.

Con la aprobación internacional del nuevo producto a la vuelta de la esquina, el equipo de marketing estaba en estado de emergencia. Todos los integrantes llevaban días sufriendo de horas extras sin poder volver a sus casas. En medio de esa situación, incluso para alguien como Woo-ju, para quien su hijo era lo más importante, resultaba inevitable sentirse culpable si era el único que se marchaba a casa.

Por eso, Woo-ju insistió en que hoy debía ir a trabajar. Apeló a su hijo explicándole que, aunque fuera fin de semana, no se trataba de horas extras innecesarias por la actitud anticuada de un jefe, sino de una cuestión de cortesía como empleado que recibe un sueldo de la empresa.

"¡Habíamos quedado en que los fines de semana jugaría conmigo! ¡He esperado toda la semana y ahora dice que tiene que ir a trabajar!"

"Lo siento. Pero mañana de verdad tengo que ir. Si el trabajo que me asignaron se retrasa, todo el equipo se retrasa. Si sale mal, tendré que escribir una carta de amonestación."

"...La próxima semana tendrá que estar conmigo todo el día."

"¡Trato hecho! ¡Lo prometo!"

"Prometido..."

Logró salir de casa tras consolar al chico, que tenía los labios fruncidos por el berrinche. En realidad, podría haber trabajado desde casa, pero no recordaba haber hecho nada bien cuando se traía el trabajo consigo. Para empezar, ¿cómo se supone que uno se concentra con su hijo ahí mismo?

En la computadora portátil que trajo de la oficina, encontró un archivo de PowerPoint que no recordaba haber hecho, pero que estaba perfectamente terminado. Era algo digno de fantasmas. Estaba seguro de no haberlo tocado, pero tanto los datos como el guion de la presentación estaban guardados de forma impecable. Gracias a eso apagó el fuego más urgente, pero al no ser algo hecho por sus manos, la inquietud no desaparecía. Al final, Woo-ju decidió ir el fin de semana para revisar los datos paso a paso desde el principio y completar lo que faltara. Su objetivo era salir a escondidas sin despertar al chico y regresar temprano, antes del almuerzo.

Con cuidado. Conteniendo el aliento, se alejó de la cama. El costoso colchón cumplió con su valor y sostuvo a su hijo con estabilidad. Ver a su hijo durmiendo profundamente le hizo pensar que su plan perfecto tendría éxito.

Caminó de puntillas hacia el vestidor. Aquel lugar, rodeado de grandes espejos de cuerpo entero, estaba lleno de la ropa de ambos. Tomó una de las muchas camisas colgadas en el armario. En el momento en que la tela fresca rozó su cuerpo, una sombra densa se proyectó en el espejo.

"...Papá, ¿a dónde vas?"

La voz de Sae-byeok, que debería estar durmiendo en la cama, se escuchó detrás de él. Los hombros de Woo-ju se encogieron visiblemente. En el espejo, Sae-byeok lo observaba fijamente con una mirada brillante, sin rastro alguno de sueño.

"Apenas son las seis, ¿por qué ya estás levantado? ¿Por qué no me despertaste? No me digas que... ¿pensabas irte sin decirme nada?"

"¡Hazme una pregunta a la vez!"

"...¿Pensabas abandonarme?"

No... ¿por qué lo miraba con esa expresión tan triste? ¡Él solo era un padre agobiado por la sociedad que intentaba ir a trabajar a escondidas mientras el niño dormía, no un despojo humano!

"¿Cómo voy a abandonar a Sae-byeok? Solo quería ir temprano y volver rápido mientras dormías."

"Mentira. ¡Ibas a abandonarme sin decir una palabra!"

"No es verdad. ¿Dónde has visto a un padre que abandone a su hijo?"

"...¿De verdad?"

Tras consolar al chico, la mañana ya había avanzado bastante. Según su plan, ya debería estar en la oficina disfrutando de un café en el silencio de la mañana. Pero ¿cómo iba a irse dejando a un niño que lloraba pidiéndole que no lo abandonara?

"Hijo. ¿Qué tengo que hacer para que me creas? Solo haré el trabajo rápido y volveré a casa. ¿Cómo puedo hacer para que Sae-byeok se quede tranquilo esperándome?"

"...¿No puede simplemente no ir?"

"No puedo. Hoy es obligatorio."

¿Qué le pasaba...? Verlo hacer berrinches de forma tan inusual le hizo pensar si ir a trabajar un fin de semana era un choque tan grande para él. Quizás estaba ansioso porque nunca antes lo había hecho. Pero ¿por qué pensaría que lo estaba abandonando? ¿Acaso él le había transmitido esa inseguridad?

Se sintió apenado. ¿Sería porque él mismo no tuvo padre? Pensó que se esforzaba al máximo por su hijo, pero él seguía sintiéndose inseguro. Le dolía el corazón al pensar que su hijo pudiera estar pasando por un dolor similar al suyo.

"Entonces marque su territorio antes de irse."

"¿Marcar territorio?"

"Ponga su semen en el orificio de papá y ciérrelo con llave. Si yo tengo la llave del orificio, papá no podrá escapar de mis brazos. Con mi semen dentro, entrará en celo y no aguantará ni medio día antes de volver conmigo. Por medio día, yo también podré soportarlo."

"......"

Le pareció increíble que su hijo tomara la decisión de aguantar medio día como si fuera una hazaña heroica. Parecía un amante que, temiendo que su pareja fuera infiel durante un viaje de estudios, le pusiera un cinturón de castidad con la amenaza de revisarlo a diario. Como mucho, volvería antes de la cena. No tenía intención de trabajar hasta el domingo.

"...Haz lo que quieras."

"Buen papá."

Sae-byeok abrazó a Woo-ju por detrás y le bajó los pantalones. Luego, hizo que inclinara el torso para que apoyara las manos en el espejo. Al sentir el contacto del vidrio frío en sus palmas, Woo-ju volvió a ser consciente de dónde estaba. Eran el vestidor lleno de prendas impregnadas con el olor corporal de ambos. Los espejos de cuerpo entero que cubrían cada rincón se convirtieron en miles de ojos que reflejaban su desnudez de forma cruda desde todos los ángulos.

"Ah, mmm... Sae-byeok, el espejo... se ve demasiado..."

"Tiene que verse bien. Para que vea con claridad qué es lo que va a llevar dentro durante todo el día."

Sae-byeok tomó la barbilla de Woo-ju con una mano, obligándolo a mirarse en el espejo. Acto seguido, su pene, hinchado al máximo, se abrió paso sin piedad en la entrada trasera.

"¡Ha, ahhh...! ¡Ugh!"

Bajo el cuerpo presionado por Sae-byeok, se veía sin filtros cómo su propio pene, congestionado y rojo, se erguía rígidamente. Su placer estaba siendo transmitido en tiempo real ante sus ojos.

"Ves. El cuerpo no miente."

"¡Ha, ahhh...! ¡Mmm!"

Sae-byeok presionó la cintura de Woo-ju y lo hizo sentarse en el suelo. Sus dos piernas, colapsadas frente al espejo, fueron sujetadas por las manos de Sae-byeok y abiertas en forma de 'M'. Con la espalda apoyada contra el pecho firme de su papá en esa posición baja, Woo-ju tuvo que enfrentar su propia imagen en el espejo.

"Ah, ah... no mires, por favor..."

"¿Por qué? Si el orificio de papá devorando mi pene se ve tan hermoso."

Entre las piernas de Woo-ju, obligatoriamente abiertas en 'M', se revelaba sin tapujos cómo su orificio engullía con avidez el pene. Con cada implacable movimiento de cadera de Sae-byeok, su glande dilatado se abría paso sin piedad por la entrada enrojecida e inflamada.

"¡Ahhh! ¡Ahhh...!"

En el espejo se reflejaba la escena de sus carnes entrelazándose de forma húmeda. Al ver cómo su zona íntima se dilataba verticalmente para tragar hasta el final el enorme pene de Sae-byeok, Woo-ju sintió que perdía la cordura.

El pene de Sae-byeok entraba y salía de su orificio, raspando las mucosas una y otra vez. Ante la visión de su propia entrada dilatándose y aferrándose con insistencia a ese enorme objeto, el pene de Woo-ju se hinchó hasta parecer a punto de estallar, vibrando espasmódicamente.

Sae-byeok soplaba aire con dulzura en el oído de Woo-ju, pero sus caderas embestían con una fuerza capaz de quebrarlo.

"¡Ah, ugh! ¡Es demasiado... demasiado profundo...! Sae-byeok, ¡ah...!"

"Tiene que ser profundo para que no se salga. Voy a llenar el interior de papá con mucha de mi semilla. Para que, mientras trabaje hoy, su orificio esté apretando mi semen con fuerza."

"¡Ha, ah! ¡papá... cree que se va a venir...! Sae-byeok, ¡ugh!"

Al llegar al límite, el pene de Woo-ju tembló violentamente y expulsó un chorro de semen blanco que salpicó la superficie del espejo. Al mismo tiempo, el pene de Sae-byeok, que atravesaba lo más profundo de Woo-ju, se puso aún más rígido.

"Ha... papá, vamos juntos..."

Sae-byeok, con un gemido animal, abrazó la cintura de Woo-ju como si quisiera romperla y descargó su semen caliente en lo más profundo. Ante la sensación del líquido hirviente llenando sus paredes internas, Woo-ju puso los ojos en blanco y se desplomó lánguidamente.

Incluso después de terminar, Sae-byeok permaneció dentro de Woo-ju durante un largo rato, respirando con dificultad. Los muslos de Woo-ju eran un desastre, manchados por el semen de ambos.

Sae-byeok recogió una corbata que había caído al suelo. Woo-ju lo miró con ojos desenfocados, pero las manos de Sae-byeok se dirigieron a un lugar inesperado.

"¿Ah, ugh...?"

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Sae-byeok envolvió el pene trémulo de Woo-ju con la suave seda de la corbata. Comenzó a limpiar el semen y los fluidos con delicadeza, como si puliera una joya preciosa. Cada vez que la tela lujosa rozaba el sensible glande y el tronco de Woo-ju, este se estremecía ligeramente.

"¡Mmm...!"

"Se había ensuciado, papá."

Sae-byeok arrojó la corbata húmeda al suelo con indiferencia y besó con ternura las mejillas encendidas de Woo-ju. La corbata negra tirada en el suelo estaba en un estado lamentable; sobre la seda reluciente, el semen blanco que había limpiado del pene de Woo-ju brillaba en manchas desordenadas. Ese rastro turbio era el testimonio de lo que acababa de ocurrir.

"Mire esto, papá. Es todo lo que eyaculó por mi culpa."

Sae-byeok sonrió y sacó del cajón un delgado cinturón de cuero y un dispositivo metálico. El cinturón se ajustó firmemente a la cintura de un Woo-ju paralizado por el temor. Un frío sonido metálico indicó que el cerrojo se había cerrado.

El extremo del dispositivo tenía un gancho fino, similar a un anzuelo. Sae-byeok, sin vacilar, empujó ese tapón dentro del orificio de Woo-ju, que aún palpitaba rebosante de semen.

"¡Ah, ahhh! ¡Ugh, ah...!"

La punta roma del gancho raspó las sensibles paredes internas hasta quedar anclada en lo profundo. El orificio, ya dilatado y empapado por Sae-byeok, tragó el objeto extraño sin resistencia. A Woo-ju le gustó la sutil presión que invadía su interior.

El gancho, conectado al cinturón de la cintura, quedó asegurado con un candado. Era una estructura imposible de retirar por cuenta propia sin la única llave, que poseía Sae-byeok. Era el 'cinturón de castidad' que Sae-byeok había creado para Woo-ju.

El gancho que atravesaba su entrada trasera se aferraba a las paredes internas cada vez que Woo-ju retorcía mínimamente el cuerpo. Parecía un pez atrapado por un anzuelo afilado; cuanto más forcejeaba temblando, más profundamente estimulaba el gancho las mucosas, manteniéndolo cautivo.

"Bien, ahora que papá tiene mi semen bien guardado, no podrá irse porque no podrá olvidar mi pene, ¿verdad? Esos humanos malvados que lo pretenden sabrán quién es su dueño."

Sae-byeok pegó sus labios al oído de Woo-ju. Su voz baja se filtró en la mente de Woo-ju como un hechizo que devora el alma.

"Incluso cuando no esté conmigo, sienta mi semen dentro de usted y piense en mí. ¿Entendido?"

'Está bien, si con algo como esto puedes estar tranquilo, puedo entregarte mi orificio las veces que quieras'. Así, Woo-ju salió hacia el trabajo más tarde de lo previsto, con el interior lleno del semen de su hijo desde la mañana.

Su vientre se sentía pesado, con el líquido caliente impregnado del aroma de Sae-byeok balanceándose en su interior. Con cada paso que daba, el gancho interno raspaba las paredes sensibles. Esa sensación fría y extraña le provocaba la ilusión de que Sae-byeok seguía allí, penetrándolo sin descanso.

'Me dijo que pensara solo en él incluso cuando no estuviera...'

Era una mañana de sábado en la que incluso tenía la ilusión de ir a trabajar acompañado por su hijo. Woo-ju avanzó con su lugar más íntimo sellado bajo llave, saboreando los rastros que Sae-byeok había dejado en él.

* * *

En la oficina vacía solo se encontraban Woo-ju y el empleado Kim, que aún no había terminado su trabajo. El hecho de no estar solo un sábado le dio alegría, pero ese sentimiento no duró mucho.

En medio del silencio de la oficina, donde solo se escuchaba el tecleo de ambos, resonó una vibración irregular e incesante.

Wiiiing— iing— iiiing—

Era el sonido de las esferas temblando dentro de su vientre.

“Ahhh... ah... ahhh...”

Su orificio, que desde la mañana había sido devorado hasta quedar exhausto, saboreaba con deleite las esferas a pesar de estar rebosante de semen. Sin embargo, su codiciosa zona íntima comenzó a entrar en celo, haciendo que su bajo vientre temblara.

“Mmm...”

Quería ser penetrado. Deseaba que un pene enorme raspara sus paredes internas. Quería que golpeara hasta su colon y lo llenara por completo.

A su lado, el empleado Kim seguía trabajando con los AirPods puestos. Seguramente tenía activada la cancelación de ruido para concentrarse. Woo-ju sentía impulsos de bajarse un poco los pantalones y meterse los dedos, pero su hijo, como si hubiera previsto este estado, había cerrado su entrada trasera con llave; ni siquiera un dedo podía entrar.

“Ahhh...”

Le daban ganas de dejarlo todo, irse a casa y rogarle a su hijo que le quitara el cinturón de castidad y lo poseyera. ¿Medio día? Woo-ju dudaba si podría aguantar siquiera una hora.

“Mmm... ah.”

Instintivamente, Woo-ju movió la cintura, frotando su entrepierna contra la silla.

“Mmmgh.”

Como el roce contra la silla no era suficiente, cruzó las piernas, atrapando su pene entre ellas y aplicando presión. Aunque apretaba adelante y atrás mientras retorcía su cuerpo, esto no era nada comparado con las relaciones donde perdía el juicio mientras el enorme pene de su hijo lo penetra.

Pero era imposible meter un pene en un orificio bajo llave. Así, Woo-ju intentaba calmar su ardor en secreto dentro de la oficina. Con el vibrador sacudiéndose en su interior y la presión de su propio peso, el líquido fluía tanto de su entrada trasera sellada como de su pene, dejando su ropa interior hecha un desastre.

Brrr— brrr—

Ante el sonido del teléfono, Woo-ju lo tomó. Como esperaba, era su hijo. Se recompuso y se puso los auriculares.

“Habla Kang Woo-ju, del equipo de marketing 3. He recibido su llamada.”

―“Hola. Mi papá rompió la promesa de pasar tiempo a solas conmigo este fin de semana y se fue a la oficina. Por favor, dígale al jefe de sección que se rinda y regrese temprano a casa.”

“…Creo que tardaré porque no he terminado el trabajo. Lo siento.”

―“Hmph. Entonces, ¿estás solo en la oficina?”

“…Estoy con el empleado Kim.”

―“Hmm... No es que no confíe en papá, pero dicen que mucha gente engaña a su pareja usando el trabajo de fin de semana como excusa. Tengo que comprobarlo ahora mismo. Voy a ver si el orificio que cerré con llave se está portando con recato.”

“Sí... entiendo.”

Woo-ju pulsó el botón de videollamada. En la pantalla apareció el rostro sonriente de su hijo. Su hijo solía llamarlo a menudo para verificar si había llegado bien, si alguien lo molestaba o si estaba haciendo bien sus tareas. Cuando él llamaba, Woo-ju activaba la cámara o hablaba por auriculares discretamente.

Wiiiing—

La vibración en su vientre aumentó. A diferencia de la sonrisa en la pantalla, su interior parecía protestar de mal humor. Woo-ju miró a su alrededor. Frente a él, el empleado Kim trabajaba. Al ver que miraba fijamente el escritorio y no el monitor, era obvio que estaba distraído con el móvil. Woo-ju, con los auriculares puestos, bajó con cuidado la cremallera del pantalón.

Zic.

Al bajarse los pantalones hasta los muslos, los calzoncillos que se puso esa mañana estaban manchados por los fluidos que salían de su pene.

‘Ah...’

No quería tocar su ropa interior empapada, pero ante la insistencia de su hijo para que se la bajara, Woo-ju grabó su entrepierna con una mano mientras se bajaba los calzoncillos con la otra. Confiando en que el gran monitor del escritorio lo ocultara, maldijo la falta de paneles divisorios en su oficina. En la pantalla del móvil se veía su pene desordenado por los fluidos.

“…Detén esto, por favor. No puedo trabajar.”

―“¿Detener qué?”

“Pusiste un juguete dentro. No puedo concentrarme por culpa de eso...”

Wiiiing—

―“¿Ah, sí? Si la llave la tengo yo, ¿cómo es que estás tan excitado que has eyaculado tanto? ¿No será que papá se quitó el cinturón de castidad por su cuenta?”

“No es eso...”

―“Entonces, primero muéstrame el orificio.”

Woo-ju abrió las piernas sobre la silla, subió ambos pies al escritorio e inclinó el cuerpo ligeramente hacia atrás. Naturalmente, su zona íntima quedó encuadrada en la pantalla. El cinturón de castidad que llevaba era una estructura unida a un cinturón metálico conectado a un consolador. El dispositivo, con forma de anzuelo, bajaba desde la cintura hasta los glúteos para atravesar su interior. La única forma de sacarlo era abrir el cinturón de la cintura, pero sin la llave, era imposible. Lo mismo para cualquiera que intentara tocarlo.

En la pantalla, el orificio de Woo-ju se veía atravesado como un pez en un anzuelo, guardando dócilmente las esferas y el semen, esperando con castidad a su dueño.

“Hmm. Veo que llevas el cinturón bien puesto, tal como prometimos. Pero papá, aunque te gusta ir por detrás, hoy parece que también te has venido por delante. La próxima vez tendré que bloquearte el frente también antes de dejarte salir.”

“¡No... eso es...!”

“¿Por qué? ¿Acaso te sacaste el pene en la oficina y te masturbaste? No creo que hayas ido a trabajar para eso... No aguantar ni un poco y tocarte. Te dije que no jugaras con tu pene por tu cuenta, así que vas a necesitar un castigo.”

“¡No! ¡No lo toqué!”

Woo-ju se sobresaltó.

Tocar su pene sin permiso significaba, naturalmente, recibir un castigo. Por supuesto, el pene y el orificio de su padre pertenecían a su hijo, pero después de decir que se iba a trabajar, se había puesto a jugar solo con su pene. Este era un problema por el que debía ser castigado recibiendo azotes en las nalgas por parte de su hijo.

Como si se sintiera muy injusticiado, Woo-ju miró la pantalla con una expresión suplicante que aseguraba que no estaba mintiendo, por lo que su hijo se ablandó y decidió darle una oportunidad para explicarse.

―“Entonces muéstremelo aquí mismo. Tengo que comprobar cómo es que estaba entrando en celo y soltando fluidos sin tocarse el pene y con el orificio bajo llave.”

“Eso es...”

―“Ni se le ocurra mentirme. Es peligroso masturbarse de forma incorrecta. ¿Qué pasaría si la forma o el color de su pene cambian a un tono oscuro o si se dobla de forma extraña? A mí no me importaría, pero si va a trabajar con eso balanceándose, la gente de la empresa podría confundir a mi papá con un inodoro público y empezar a usarlo. Jamás permitiría algo así. Si eso pasara, papá no podría volver a trabajar y tendría que quedarse solo a mi lado... ¡aunque, pensándolo bien, eso sería mucho mejor!”

“¡No! ¡Te lo mostraré! Te lo mostraré.”

¿A qué se refería con que sería mejor? Su hijo siempre cumplía lo que decía. Si realmente llegara a parecer un inodoro público, lo encerraría en casa para protegerlo.

Además, comparado con el de su hijo, este poseía un pene firme, terso y saludable, sin una sola arruga por ser joven. Comparado con el de otros, tenía un pene realmente hermoso y limpio, pero Woo-ju no. Al compararse con los testículos elásticos y sin arrugas de su hijo, él se sentía más viejo. En comparación, el suyo parecía un pene de segunda mano.

Le preocupaba tanto que su hijo llegara a detestar su pene que incluso se aplicaba cremas para la elasticidad en secreto, por lo que empezó a aterrarle la idea de que tocarse por su cuenta hiciera que envejeciera más rápido.

Aunque Woo-ju se había presionado instintivamente para aliviar la tensión, empezó a sentir remordimiento ante el interrogatorio de su hijo. Sabía que no debía masturbarse solo, y ahora se sentía como un perro que había hecho una travesura mientras su dueño estaba fuera y acababa de ser descubierto.

―“Papá. Rápido, mastúrbese como lo estaba haciendo. Si no lo compruebo, no estaré tranquilo dejándolo solo en la oficina.”

“Mmm...”

Woo-ju bajó la cámara debajo del escritorio. La parte inferior de su cuerpo quedó reflejada en la pantalla.

―“Vamos, hágalo como antes.”

Una cosa era el regaño y otra la excitación. A pesar del reproche de su hijo por masturbarse solo, el hecho de estar con los pantalones bajos en la oficina, hablando con él mientras lo hacía, fue suficiente para que Woo-ju entrara en un celo aún más profundo. Su pene ya erecto no parecía tener intenciones de calmarse.

“Mmm... ah... ahhh...”

Woo-ju apretó su pene entre los muslos. Instintivamente inclinó su peso hacia adelante, dejando caer toda la carga sobre su propia virilidad. Sus muslos temblaban por el esfuerzo y, entre la presión en su entrepierna y el juguete hurgando en su interior, Woo-ju sintió que iba a perder el juicio.

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Frotó su orificio bloqueado por el cinturón de castidad contra la silla, tratando de consolar la entrada que no podía ser penetrada. Para Woo-ju, que siempre terminaba eyaculando mientras el enorme pene de su hijo raspaba su interior, alcanzar el clímax solo por el frente le provocaba una extraña culpa. En su mente, el miedo y el instinto de eyacular libraban una batalla feroz.

―“Puede venirse.”

“¡Ah... ahhh...!”

Esa frase de su hijo fue como el listón rojo en la meta de un maratón para el agotado Woo-ju. Fue la señal para el último sprint de alguien que había estado corriendo inconscientemente. Bajo el permiso de su dueño, Woo-ju eyaculó en secreto bajo el escritorio.

“Ha... ha...”

El semen blanco ensuciaba el suelo bajo sus pies mientras sentía el eco del placer. Justo cuando intentaba recuperar el aliento, el empleado Kim le habló.

“Jefe de sección. ¿Qué va a hacer para el almuerzo? ¿Hoy también trajo vianda?”

“¡Ah...!”

Woo-ju se sobresaltó por la voz de Kim y empujó la silla hacia el escritorio para ocultar su piel desnuda. Por nada del mundo quería ser descubierto masturbarse a solas en la oficina un fin de semana. Rezando para que Kim no se acercara, intentó subirse los pantalones a toda prisa. Sin embargo, con las manos resbaladizas y el pene aún erecto después de haber eyaculado, subir la cremallera no era tarea fácil.

El empleado Kim se levantó tomando su billetera del bolso.

“Bueno, saldré a comer y vuelvo.”

“Sí. Ve tranquilo.”

En cuanto Kim salió de la oficina, Woo-ju suspiró.

“Fiuuu...”

Realmente sintió que la vida se le escapaba. Fue una suerte que saliera de inmediato; si se hubiera acercado a proponerle comer juntos, se habría encontrado de frente con su superior con los pantalones bajos y haciendo una videollamada.

Woo-ju miró el reloj. Ya era hora de almorzar, pero hoy no había traído comida y no podía salir a la calle con el pene tan erecto. Pedir comida a domicilio le resultaba tedioso; comía poco y le daba pereza esperar, limpiar el olor y deshacerse de los residuos.

‘Mejor no como...’

En cuanto la persona que habitualmente cuidaba de sus comidas no estaba, Woo-ju decidió saltarse la alimentación. Concentró su vista de nuevo en el monitor con su parte inferior aún a medio erguir y comenzó a redactar un nuevo plan de marketing.

Click— bip.

Llevaba un rato inmerso en el trabajo cuando se abrió la puerta de la oficina. Era demasiado pronto para que el empleado Kim regresara; incluso siendo fin de semana, comer solía llevar al menos una hora. No tenía sentido que volviera tan rápido.

Al mirar hacia la puerta, Woo-ju se sintió morir de vergüenza al recordar su estado. Aunque masturbarse en la oficina fuera su asunto privado, no quería que nadie lo viera así.

Tac, tac.

El sonido de unos tacones resonó con claridad por el pasillo. Woo-ju sintió que su corazón iba a estallar. Con la cremallera abierta y el pene erecto expuesto, se veía ridículo. Además, entre los bordes de la camisa, se alcanzaba a ver el cinturón metálico con su candado. Incluso alguien desinteresado notaría que algo extraño pasaba.

Sin querer ser tomado por un loco, Woo-ju se escondió rápidamente bajo el escritorio, esperando que el hombre que caminaba se marchara pronto. Contuvo el aliento, rogando que la gran silla de oficina lo cubriera.

Desde su visión baja, pegado al suelo, aparecieron unos zapatos de cuero negro que se veían costosos a simple vista. El dobladillo del pantalón perfectamente planchado y un aroma familiar que flotaba en el aire... Al olerlo, Woo-ju cerró los ojos por instinto. Supo de inmediato quién era.

“¿Sae-byeok?”

“Papá, ¿qué haces ahí?”

Conteniendo la respiración, alzó la vista y, por encima del escritorio, apareció Sae-byeok, su hijo y el asesor que había realizado una gran inversión en esta empresa. Haciendo honor a su nombre de joven inversionista, un hombre atractivo, vestido con un traje costoso y sin un solo rastro de desorden, miraba a su padre.

Con una voz baja y pausada, como si expresara una duda genuina de por qué estaba haciendo eso debajo de la mesa en la oficina donde supuestamente vino a trabajar, o tal vez como quien regaña a un cachorrito que se escondió tras una travesura, preguntó con un tono que denotaba que sabía exactamente dónde estaba Woo-ju.

“…Solo porque sí.”

Woo-ju evitó su mirada, sintiéndose avergonzado, pero Sae-byeok se arrodilló lentamente junto al escritorio para quedar frente a él.

“Sabe que no debe mentirme, ¿verdad?”

“¡Ah...!”

El vibrador dentro de su orificio se sacudió, torturando una vez más sus paredes internas.

“¿Por qué? ¿Le da vergüenza masturbarse porque entró en celo mientras trabajaba? ¿O le preocupa que algún intruso entre a la oficina, vea a su papá excitado y decida usar su orificio?”

“Mmm...”

Woo-ju se mordió el labio e intentó esquivar la mirada de Sae-byeok, pero sus ojos temblaban. Haber sido descubierto masturbándose en el lugar al que orgullosamente dijo que venía a trabajar lo hacía lucir como un perro acorralado en una esquina después de un desastre.

Su hijo se acercó y bajó aún más el cuerpo. Manteniendo el contacto visual, preguntó en voz baja.

“Papá. ¿Por qué está temblando mientras me mira? Me hace sentir mal.”

“Es porque... lo siento.”

“¿Qué siente? ¿Siente haber estado frotando su orificio porque entró en celo a pesar de que lo envié con el cinturón de castidad? ¿O finalmente se dio cuenta de que estuvo mal dejarme solo en casa mientras usted se divertía aquí?”

“Mmm... lo siento...”

La vibración, cada vez más fuerte, sacudía las paredes internas de Woo-ju sin piedad. Ante el cosquilleo incesante, Woo-ju empezó a agitar las nalgas de arriba abajo instintivamente y, preso de la ansiedad, sujetó las piernas de su hijo mientras frotaba su trasero contra el suelo de un lado a otro.

“Entrar en celo de esta manera incluso cuando está siendo regañado... va a necesitar un castigo. Veamos si realmente ha trabajado hoy o si solo ha estado excitado todo el día.”

Sae-byeok apartó la silla y se sentó en el lugar de Woo-ju para revisar la pantalla del monitor. Al sentarse, Woo-ju, que estaba bajo el escritorio, fue empujado por las piernas de Sae-byeok, quedando acurrucado y encogido justo entre sus muslos.

Se escuchaba el tecleo sobre el escritorio, pero Woo-ju ya solo podía ver la entrepierna de su hijo frente a sus ojos.

En el estrecho espacio bajo la mesa, la entrepierna de su hijo se extendía ante él, y Woo-ju quedó con el rostro prácticamente hundido entre sus piernas.

A pesar de ser delgado, Sae-byeok era un hombre adulto de casi un metro ochenta. Woo-ju, doblado de forma poco natural y sin poder moverse libremente, parecía una bestia enjaulada.

Así, respirando el aroma de la entrepierna de su hijo, Woo-ju seguía soltando los fluidos de su celo por su orificio inferior.

“Mmm... ahhh...”

Woo-ju volvió a tocar su pene sin poder evitarlo. No había otra opción. En ese espacio tan pequeño, sin apenas aire y oliendo el pene de su hijo tan de cerca, ¿qué ser humano no se excitaría?

Como si supiera lo que hacía sin necesidad de mirar, Sae-byeok subió un pie y presionó con firmeza el pene erecto de Woo-ju.

“¡Ahhh...!”

De manera caballerosa, pero con la fuerza necesaria para que el dolor sirviera como lección, Sae-byeok aplastó el pene malcriado de su padre.

“¡Aaaah!”

“Qué falta de modales. ¿Cómo se atreve a tocarse antes de que su hijo se lo permita? Además, eso de eyacular antes que yo... definitivamente lo he educado mal.”

“Ahhh... lo... lo siento...”

Woo-ju, con la saliva escapándose de su boca, se arrepentía de su error mientras el zapato de su hijo presionaba sin piedad su pene tenso por la erección. Mientras tanto, Sae-byeok parecía decidido a darle una lección hoy, pues las esferas en su vientre no dejaban de zumbar y vibrar.

Sin poder tocarse ni por delante ni por detrás, con el pene erecto y sin poder eyacular, Woo-ju se retorcía angustiado en su escondite.

“…Papá. ¿Va a quedarse ahí quieto y con la boca cerrada teniendo el pene de su hijo frente a usted? Si tanto desea eyacular con el mío, ¿no es lo lógico que, como padre, deje que su hijo eyacule primero? Estoy seguro de que ya se lo he enseñado.”

Dándole un pequeño golpe al pene de su padre con la punta del zapato, su hijo añadió:

“Hasta que termine de redactar este documento, use su boca como un perro para complacerme sin usar las manos. Si lo hace, tal vez le dé un premio.”

“Mmm...”

Siguiendo las instrucciones, Woo-ju hundió el rostro en la entrepierna de su hijo y aspiró profundamente su aroma. Ese olor que siempre lo ponía en celo. Al olerlo, solo pudo pensar en que quería eyacular cuanto antes. Sentía que el cerebro se le iba a derretir.

Cumpliendo la orden de no usar las manos, usó los dientes para abrir la cremallera del pantalón de su hijo. Hizo una mueca de llanto varias veces al no poder abrir el pequeño cierre, pero su hijo, que tenía mucha paciencia para la educación de su padre, esperó a pesar de que él también estaba excitado y con el pene hinchado.

Tras varios intentos con la lengua, Woo-ju logró morder la pequeña cremallera.

Zic—

Una vez que bajó el cierre, Woo-ju mordió la pretina del pantalón con los dientes y lo bajó por debajo de las rodillas. Cada vez que se movía, le inquietaba el pie de su hijo apoyado sobre su propio pene. Le gustaba la sensación de peso, así que incluso frotaba su pene contra el zapato en secreto, pero afortunadamente su hijo, en lugar de quitar el pie, lo presionaba cariñosamente.

Con la presión aumentando sobre su pene hinchado, Woo-ju se apresuró a pegar el rostro a la entrepierna de su hijo. Al hundir la cara frenéticamente y bajar el elástico de la ropa interior con la boca, fue inevitable que el pene erecto de su hijo golpeara su rostro.

“¡Ah...!”

Woo-ju sintió una pizca de injusticia al recibir el golpe del pene en la cara.

‘Yo... soy el papá’. Normalmente, si algo golpeaba su rostro, su hijo le preguntaba si estaba bien y le acariciaba la mejilla con dulzura, pero hoy parecía estar tan molesto que lo ignoraba por completo sin mirarlo, lo que hizo que Woo-ju también se pusiera algo rebelde.

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Sin embargo, antes de poder quejarse, la vibración continua en su vientre y el apetitoso pene que le pedía ser tragado lo tentaron.

“Slurp... mmm...”

Raspó el tronco del pene con los dientes de forma un tanto agresiva. Normalmente lo succionaba con cuidado por miedo a morderlo, pero hoy lamió el pene con los dientes ligeramente expuestos antes de tragarse el glande.

Como el pene de su hijo era extremadamente grande, si intentaba tragarlo de golpe sin preparación, era fácil que se lastimara la garganta.

Al principio, cuando no tenía técnica y solo intentaba meterlo, solo le daban arcadas y no podía disfrutar del sabor. Con el pene golpeando su garganta, Woo-ju solía llorar y toser, por lo que no le gustaba tragarlo. Pero tras la persistente educación de Sae-byeok, Woo-ju ahora era capaz de ensanchar su garganta y tragar hasta la base.

“Mmm... ¡ah!”

Por mucho que quisiera comerse el pene, no debía tragarlo en seco. La boca de Woo-ju era más pequeña que la media y el pene de su hijo mucho más grande. Primero debía lamerlo lo suficiente para dejarlo resbaladizo; solo así el glande pasaría por su mucosa hacia la garganta para poder tragarlo hasta el fondo.

“¡Slurp...! Mmm...”

Y no terminaba solo con meterlo. Así como apretaba su orificio trasero, debía succionar y apretar el pene con su boca. Woo-ju abrió la garganta y pasó el glande que tenía en la boca hacia el fondo. Alzó la cabeza para crear una línea recta y tragó hasta la raíz.

Rodeando el tronco que atravesaba su garganta con su mucosa cálida y húmeda, respiraba por la nariz mientras apretaba y relajaba la garganta repetidamente. Al mismo tiempo, empujaba y retiraba su pequeña cabeza, raspando con fuerza la mucosa con el glande.

Sae-byeok, sintiendo cómo el pene de su padre lo envolvía con calidez, comenzó a mover la cintura mientras presionaba suavemente la cabeza de Woo-ju con la mano.

Woo-ju sentía que su garganta estaba a punto de estallar debido al enorme tamaño de la virilidad de su hijo, que no dejaba de crecer. Respirar por la nariz se volvía una tarea cada vez más agobiante y la falta de aire lo asfixiaba; sin embargo, cuanto más se sofocaba, más apretaba su boca, lo que provocaba que Sae-byeok se excitara aún más y aumentara su volumen.

Justo cuando estaba a punto de perder el conocimiento, Sae-byeok empujó su pene hasta lo más profundo de la boca de Woo-ju y alcanzó el clímax. Alimentó a su padre con cada gota de su semen, obligándolo a tragarlo todo sin dejar rastro, antes de retirar su pene.

Sin embargo, hoy Sae-byeok decidió ser travieso: mientras sacaba su virilidad de la garganta de Woo-ju, raspó la mucosa con su pene aún erecto y terminó de eyacular sobre el rostro de su padre.

¡Splatt!

“¡Mmmgh...!”

Cuando el enorme pene salió de golpe raspando su garganta, Woo-ju eyaculó al mismo tiempo bajo los pies de su hijo. Sin pizca de orgullo, había alcanzado el clímax mientras recibía una descarga de semen sobre su cara.

“Ha... ha...”

Woo-ju abrió los ojos, percibiendo el olor crudo y pegajoso del semen en su rostro desordenado. El fluido roció sus párpados y, al recibirlo sin preparación, sus ojos se enrojecieron ligeramente por el contacto.

Normalmente, Sae-byeok siempre eyaculaba dentro de su boca sin desperdiciar ni una gota, por lo que hacerlo sobre todo su rostro era una clara muestra de su malicia hacia él hoy.

Woo-ju levantó las manos para limpiarse de inmediato, pero las manos de su hijo bajaron hasta el escritorio para detenerlo. Para colmo, Sae-byeok frotó la última gota de semen que quedaba en su glande sobre la mejilla de Woo-ju.

Era una maldad evidente: quería que su padre permaneciera en la oficina oliendo a su propio hijo, con el rostro manchado de fluidos. En lugar de consolarlo con dulzura, Sae-byeok levantó un pie y le dio una orden caprichosa.

“Quíteme los calcetines y láqueme los pies con la boca hasta que estén bien húmedos. Como premio, dejaré que se venga una vez más.”

“¿Qué...?”

Woo-ju no entendía qué relación tenía quitarle los calcetines con recibir permiso para eyacular, pero incapaz de desobedecerlo, abrió la boca y le quitó los zapatos.

Al morder y retirar los calcetines que Sae-byeok había llevado puestos toda la mañana, aparecieron unos pies blancos y perfectos, sin un solo callo. Eran pies impecables, pero lamer el pie de otra persona es algo que genera muchas dudas. ¿Cuántas veces una persona común del siglo XXI tendría que lamer los pies de alguien?

Aunque Woo-ju no comprendía por qué podía succionar su pene con gusto pero dudaba ante sus pies, Sae-byeok lo apresuró dándole golpecitos suaves en la comisura de los labios con los dedos de los pies.

“Está bien... lo haré.”

Se dio por vencido. Aunque no tenía ganas, Woo-ju sacó la lengua. Una gota de saliva cayó sobre el empeine de su hijo, marcando el inicio. Woo-ju besó el empeine y comenzó a lamer con su gran lengua, como si estuviera limpiando un plato. Arrodillado y besando sus pies, parecía un esclavo demostrando sumisión absoluta a su amo.

A Sae-byeok pareció gustarle la escena, pues bajó la mano y acarició el cabello de Woo-ju. Animado por el elogio implícito de su hijo, Woo-ju se esforzó aún más, lamiendo minuciosamente la planta, el tobillo, el empeine y cada espacio entre los dedos.

Con los pies ahora cubiertos de saliva, Sae-byeok levantó su pie húmedo y comenzó a presionar el glande erecto y enrojecido de Woo-ju contra el arco de su planta, moviéndolo de un lado a otro.

“¡Aaaah...!”

El pie blanco torturaba el pene tenso de su padre. El dueño del pie ni siquiera lo miraba; simplemente le otorgaba placer de manera indiferente, golpeando su virilidad con los dedos.

“¡Ah... ahhh! Con los pies... ¡no lo hagas con los pies...!”

“¿Por qué? ¿Le hiere el orgullo que use mis pies? Pues yo quiero que mi papá entre en celo y suelte fluidos solo con ver la punta de mis pies. No voy a penetrar su orificio trasero hasta que eyacule usando solo mi pie.”

“¡No... no quiero! Con el pie no... ¡hazlo con cuidado...!”

Pero su hijo, ignorando las súplicas, siguió acosando su glande y dijo fríamente:

“Papá, si quiere, usted también puede pisar mi pene. Pero ahora es mi turno. Un verdadero padre debe entrar en celo y soltar fluidos incluso ante los dedos de los pies de su hijo.”

Sae-byeok separó los dedos y comenzó a frotar el tronco del pene de Woo-ju entre el pulgar y el índice del pie.

“¡Aaaaah! ¡Basta...! ¡Basta...!”

Presionando la planta contra el tronco y frotándolo con los dedos empapados en saliva... movía los dedos con la libertad de un bebé de menos de un año, restregando la virilidad de Woo-ju.

Para su propia vergüenza, tal como decía Sae-byeok, Woo-ju se estaba excitando con sus dedos. Eran pies suaves y sin durezas. Se dice que a los adultos les cuesta mover los dedos de los pies con libertad, pero su hijo, quizá por su juventud, los movía ágilmente mientras lo estimulaba.

Sentirse tratado como algo inferior a un humano, siendo frotado entre las piernas de su hijo no con las manos sino con los pies, le provocaba una sensación tan distinta y abrumadora que sentía que iba a morir. Realmente, sin pizca de orgullo, sentía que iba a eyacular bajo su peso.

“Papá, si no se viene pronto, será mejor que pise y reviente este pene inútil. Le di permiso para eyacular y no lo hace. Total, si nadie más que yo va a usar este pene, no importa si se queda sin él.”

“¡Nooo! ¡Eso no...!”

“Entonces, no se contenga y suéltelo ya. Mi papá tiene un pene mucho más sensible que los demás, así que puede eyacular solo con mis dedos.”

Sae-byeok se quitó el otro zapato. Con un pie descalzo y el otro aún con el calcetín húmedo, continuó frotando la virilidad de su padre.

“¡Ah... ahhh... basta... basta...!”

Con un pie sosteniendo el pene y el otro frotándolo, Sae-byeok presionó firmemente la virilidad que estaba a punto de estallar. Ante la presión ejercida por ambos pies, Woo-ju finalmente perdió el control y eyaculó.

“¡Ah... ahhh... ahhh!”

De esa forma, Woo-ju alcanzó el clímax bajo los pies de su hijo, esparciendo su semen en el suelo. Tal como Sae-byeok deseaba, lo había logrado usando únicamente sus pies.

“Muy bien hecho.”

Cuando Woo-ju comenzó a recuperar el aliento tras el eco del orgasmo, su hijo se acercó de nuevo y acarició su rostro con dulzura.

“...Te odio.”

“Lo siento. Pero quería que papá se excitara solo con ver mis pies.”

Solo entonces, Sae-byeok volvió a ser el hijo cariñoso que Woo-ju conocía. Woo-ju, que se había sentido herido porque su hijo lo tocaba con los pies sin siquiera mirarlo a la cara, hundió el rostro en su pecho como si estuviera haciendo un berrinche. Sae-byeok, consciente de que quizá se había excedido, lo consoló mientras lo rodeaba con sus brazos.

“Como cumplió y eyaculó solo con mis pies, ¿debería darle su premio?”

“¿Premio...?”

A nadie le disgusta un premio. Woo-ju miró a su hijo con esperanza, y la mano de Sae-byeok descendió desde sus labios hasta su cintura, donde estaba el cinturón de castidad.

“Voy a quitarle esto. No pudo disfrutar por detrás en todo el día, ¿verdad? Quiero que eyacule por su orificio trasero todo lo que quiera frente a mis ojos.”

Click—

El candado se abrió y cayó al suelo. Al mismo tiempo, el cinturón que oprimía la cintura de Woo-ju se aflojó. Sae-byeok retiró con cuidado el dildo conectado al cinturón, ese objeto similar a un anzuelo que había mantenido atrapado el orificio de Woo-ju.

“Mmm...”

El juguete que había estado ocupando sus paredes internas durante todo el día finalmente salió.

Para Woo-ju, no podía existir un premio mejor que este. Aunque había sido torturado por delante y había eyaculado varias veces durante el día, lo cierto era que nada superaba la sensación de recibir un pene profundamente hasta el colon.

Siguiendo la estricta educación de su hijo, Woo-ju era castigado cada vez que tocaba su propio pene sin permiso, por lo que hacerlo siempre le generaba una sombra de incomodidad y culpa. Debido a esto, nunca obtenía una verdadera satisfacción mental al alcanzar el clímax por su cuenta. Además, hoy incluso se le había prohibido usar las manos, obligándolo a frotarse contra el suelo o a ser pisoteado por el pie de su hijo para poder terminar.

A pesar de haber eyaculado hace poco, era una ley natural que su virilidad recuperara fuerzas y se pusiera erecta de nuevo. Su orificio, ahora libre del dildo, se abría y cerraba expectante, aguardando el calor palpitante del pene de su hijo que pronto entraría. Olvidando que Sae-byeok había estado molesto, Woo-ju lo miró con el rostro lleno de ilusión cuando este lo tomó en brazos tras prometerle que lo poseería por detrás.

Finalmente, Woo-ju fue sacado de debajo del estrecho escritorio. Con el monitor y el teclado empujados hacia atrás, fue sentado sobre la mesa con los pies colgando ligeramente. Estaba feliz de haber salido de su escondite, pero de inmediato, Sae-byeok le abrió las piernas de par en par y apoyó ambos pies de su padre sobre el escritorio.

Con las piernas extendidas, el orificio de Woo-ju, que palpitaba suavemente, quedó totalmente expuesto.

Bzzz— Bzzz—

En un momento de descuido, las esferas que habían permanecido en silencio dentro del vientre de Woo-ju volvieron a vibrar con fuerza, sacudiéndolo.

“Mmm... ¡ahhh! ¡Mmmgh...! ¿Qué es... esto? ¿Por qué de repente...?”

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La verdad era que lo había olvidado. Entre la distracción de ser pisoteado por su hijo y la breve pausa del juguete, Woo-ju había borrado de su mente que aquel vibrador seguía escondido en su interior.

“¡Ahhh... ahhh...!”

A diferencia de antes, el vibrador parecía actuar sin restricciones, moviéndose a su antojo dentro de sus paredes internas. Woo-ju se encogió, sujetándose el bajo vientre y bajando el torso, pero Sae-byeok, ignorando su estado, ya tenía su pene erecto y listo, alineándolo con la entrada para introducirlo.

“¡Ah...! ¡Espera...! ¡No!”

Woo-ju lo empujó sujetándolo por los hombros. Por mucho que fuera un hombre obsesionado con el sexo, no podía recibir un pene de ese tamaño con aquellas esferas vibrando frenéticamente en su interior. ¿Qué pasaría si, por error, cruzaban el colon y ya no pudieran sacarlas? Preferiría morir antes que tener que ir a una sala de emergencias a explicar que un vibrador se le había pasado del colon mientras jugaba con su hijo.

“¿Por qué? ¿No quería que le embistiera el orificio pronto? ¿Ya no quiere su premio?”

“No, no es eso... Es que... tengo las esferas dentro.”

Sae-byeok, con total descaro a pesar de ser quien las había puesto allí, acarició el bajo vientre de Woo-ju y dijo:

“Esto es un problema. Si recibe mi pene en este estado, las esferas se hundirán demasiado y será peligroso.”

“Mmm. Por eso lo digo.”

“Entonces, dese prisa y ponga los huevos.”

“...¿Qué?”

‘Espera, espera. ¿Qué has dicho? ¿Que ponga los huevos? Soy un humano, no una gallina’.

Woo-ju miró a su hijo como si no diera crédito a lo que oía. Sin embargo, Sae-byeok, con total tranquilidad, jugueteaba con la entrada de su orificio y comentó con parsimonia:

“Digo que expulse lo que tiene dentro. Como cuando lo hace en el parque; apriete su orificio y empuje hacia afuera. Si lo hace, las esferas bajarán y el camino estará listo para recibir mi pene.”

Sae-byeok lo miró y, con una sonrisa dulce que achinaba sus ojos, añadió:

“Papá siempre dice que puede hacerlo todo solo cuando yo no estoy. Si no puede ponerlos por su cuenta, yo le ayudaré. Pero si ni siquiera puede sacar unas esferas, supongo que también le costará ir al baño, así que de ahora en adelante le ayudaré cada vez que tenga que hacer sus necesidades.”

‘Maldita sea’.

Una vez más, Woo-ju estuvo a punto de perder la razón ante las órdenes escalofriantes de su hijo que amenazaban su dignidad.

Lo que Woo-ju llevaba dentro eran dos juguetes del tamaño de un huevo de gallina. Para sus paredes internas, ensanchadas tras recibir el enorme pene de su hijo, tenían el tamaño justo; si fueran del tamaño de un huevo de codorniz, probablemente ya ni los sentiría. Woo-ju solo se sentía satisfecho con algo que llenara su interior como esos dos huevos.

“¿No quiere ponerlos? Parece que prefiere conservarlos mientras recibe mi pene y mi semen. ¿Sabe una cosa? Un huevo que no recibe el semen del macho no es más que un huevo estéril, pero si recibe el de su esposo, se vuelve fértil y puede nacer una cría. ¿Acaso papá no quiere recibir mi semen y darme un nieto?”

“¡Ah...! ¡¿Estás loco?! ¡¿Un nieto...?!”

“Con un hijo como yo es suficiente. No necesito hermanos con quienes compartir mi amor. Pero si papá realmente quiere ver a un nieto adorable... inundaré su vientre con mi semen.”

“¡Los pondré! ¡Los pondré! ¡Quiero poner los huevos!”

De repente, sintió un deseo genuino de expulsarlos. ¿Qué? ¿Que nazca alguien más, sea hijo o nieto? ‘Antes prefiero que me mates’. Si ya le costaba cerrar el orificio tras las noches con su hijo, recibir dos penes terminaría por romperlo por completo.

Su "bondadoso" hijo seguramente se encargaría de cuidar incluso de un orificio que ya no pudiera apretar. Se dedicaría a tapar personalmente ese orificio que gotea fluidos todo el día, alimentándolo con su pene para que su vientre nunca pasara hambre.

Sentado en el escritorio, Woo-ju abrió las piernas. Por entre sus muslos, el orificio que había estado abierto todo el día dejaba escapar fluidos. Excitado por la vibración, el orificio goteaba ansioso por recibir finalmente el pene. Era un orificio muy bien preparado, pero su dueño no dejaba de ser un humano común.

¿Cómo se suponía que alguien que nunca había "puesto un huevo" sacara algo que estaba alojado tan profundamente? Aunque lo había prometido con valentía, Woo-ju no sabía qué hacer y solo atinaba a contraer la entrada. El orificio se abría y cerraba repetidamente, pero por desgracia, no se veía ni la sombra de las esferas.

“¿Qué pasa? ¿No puede?”

Sae-byeok puso su mano sobre el bajo vientre de su padre y explicó:

“No se trata de apretar y soltar la entrada. Debe hacer fuerza desde el bajo vientre. Abra el orificio y empuje desde abajo para que las esferas salgan.”

“¡Mmm...! No puedo... Por más que empujo, no bajan...!”

Las esferas no tenían intención de moverse. Era lógico. Estaba fuera de casa, ni siquiera en un baño, y le pedían que hiciera fuerza para poner huevos. Woo-ju, con el rostro rojo, no lograba concentrar la fuerza necesaria; simplemente fingía intentarlo. Pero Sae-byeok no se dejaba engañar.

“No empiece con quejas, papá.”

Sae-byeok apartó con dulzura el cabello de Woo-ju, empapado en sudor, y le susurró mirándolo a los ojos:

“Si papá no puede sacarlos por su cuenta, no tendré más remedio que abrir el orificio con mis manos y realizar un parto asistido. Eso será demasiado doloroso para usted, y a mí no me gusta que papá sufra.”

Era un sofisma absurdo. Ante la desvergüenza de su hijo, que hablaba de las leyes del parto natural refiriéndose a unas esferas de plástico vibrantes, Woo-ju sintió ganas de agarrarlo del cabello como en un drama, insultarlo y empujar con todas sus fuerzas.

“Vamos, sea bueno. El bebé está esperando. Así que empuje, haga fuerza.”

Ante la insistencia de Sae-byeok, Woo-ju sintió que perdía el sentido. Sabía que si se demoraba más, Sae-byeok usaría el pretexto del "parto asistido" para hurgar en su interior sin piedad. Woo-ju finalmente cerró los ojos con fuerza y, usando como guía la presión de la mano de su hijo sobre su vientre, concentró toda su energía y empujó hacia abajo.

“¡Mmmgh...!”

Finalmente, una de las esferas comenzó a descender lentamente por el estrecho camino. Sentía ganas de morir de vergüenza por su rostro congestionado y la pose ridícula de estar pujando, pero el futuro que le esperaba si no lo lograba era mucho más aterrador. La esfera raspaba sus paredes internas mientras bajaba con tenacidad. Al mismo tiempo, vibraba fielmente golpeando sus puntos más sensibles; era, sin duda, un juguete ejemplar.

“Eso es. Un poco más de fuerza.”

Animado por Sae-byeok, Woo-ju apretó el bajo vientre una vez más.

“¡Aaaaah…!”

Bajo su ano dilatado, finalmente asomó un huevo de un blanco inmaculado. Esa apariencia de salir un poco para luego volver a esconderse resultaba exasperante, pero Woo-ju concentró toda su fuerza en el esfínter y lo expulsó. Desde su orificio abierto, el huevo que tanto había torturado el interior de Woo-ju cayó directamente en la mano de Sae-byeok. Cayó justo en la palma de su dueño.

“Haaa… haaa…”

“Buen trabajo. Estoy realmente feliz”.

¿Qué podía tener eso de feliz? Solo acababa de poner un huevo que vibraba con pilas internas. Sin embargo, Sae-byeok tomó ese objeto y lo frotó contra su mejilla como si fuera un hijo de verdad que Woo-ju hubiera gestado, disfrutando de su temperatura cálida. Woo-ju pensó que debía sentirse aliviado de que su hijo no hubiera abierto la boca para volvérselo a meter.

“Papá, ¿y qué hay de ‘Mureoki’?”.

“¿Qué Mureoki?”.

“Este es ‘Ssukssuki’. El segundo es ‘Mureoki’. El segundo todavía está dentro de papá”.

Ah…

Tan pronto como se dio cuenta, una vibración volvió a resonar en su vientre. Era evidente que el objeto estaba protestando contra su descuidada "madre".

“Mmm… ngh… No sale… por más que empujo, no sale”.

Y era la verdad. El huevo que rodaba por sus paredes internas debía de haberse quedado atascado. Por más que hacía fuerza desde el bajo vientre como antes, no bajaba.

“Voy a revisarlo”.

Sae-byeok introdujo sus largos dedos en el orificio de Woo-ju y comenzó a hurgar para localizar dónde dormía el huevo. El perezoso objeto estaba tomando una siesta, bloqueando el paso en un recodo de las paredes internas. Por más que Sae-byeok le daba golpecitos, parecía estar firmemente encajado.

“Mmm. Se quedó atrapado de la peor manera posible”.

“¡¿Qué?! ¡¿Entonces qué hago?!”.

Woo-ju miró a su hijo con ojos suplicantes, como diciendo que ya había sacrificado su orgullo para parir al primero y que no podía quedarse así, sin poder recibir el premio, por culpa del segundo.

Como si hubiera comprendido esa mirada desesperada, Sae-byeok, en lugar de buscar algo en su maletín, hizo que Woo-ju se diera la vuelta y se pusiera en cuclillas sobre el escritorio.

“¡Ah…!”.

Quedar en cuclillas de repente sobre la mesa era aterrador. Sentado de forma inestable en el borde de un escritorio alto, Woo-ju temía caerse. Pero no había de qué preocuparse, ya que bajo su trasero se encontraba el rostro de su hijo.

“¡Mmmgh! ¡¿Qué haces…?! Quítate…”.

Instalado justo debajo de su orificio, Sae-byeok, como si fuera lo más natural del mundo, introdujo la lengua. Su larga lengua recorrió las paredes internas de Woo-ju hasta alcanzar el huevo que yacía allí.

“Mmm… ahhh… ngh…”.

Esa lengua, que ni siquiera parecía humana por su destreza, hurgaba en su interior, haciendo rodar el vibrador con su humedad.

Slurp, mmm, chuuup—

El sonido de Sae-byeok succionando el orificio de Woo-ju resonó en la oficina silenciosa. Ante la forma en que Sae-byeok hundía las mejillas para absorber el huevo, Woo-ju perdió la fuerza en las piernas y estuvo a punto de sentarse sobre su rostro.

Sae-byeok estaba tan concentrado succionando que no le importaba que su nariz se frotara contra la entrepierna de su padre. De hecho, parecía estar restregando su rostro contra los testículos de Woo-ju. Al sentir la cara de su hijo contra su perineo mientras le succionaba el orificio, Woo-ju sintió sinceramente que iba a eyacular.

Sin embargo, como el aguante tiene un límite, Woo-ju no pudo contener más los fluidos que se acumulaban tanto por delante como por detrás y terminó eyaculando sobre el rostro de su hijo. Una lluvia de fluidos cayó sobre él.

“¡Ahhh… mmm…!”.

¡Ploc—!

El segundo huevo cayó en la boca de Sae-byeok junto con el fuerte chorro de líquido. Sae-byeok, con todo el rostro empapado por el fluido que manaba del orificio de Woo-ju, lamió con su lengua el "agua bendita" derramada, pareciendo lamentar que se terminara.

Haciendo rodar el segundo huevo dentro de su boca, Sae-byeok comentó:

“Se está desperdiciando mucho líquido”.

“Ugh…”.

Pero Woo-ju no tuvo tiempo para disfrutar de la sensación de haber sido succionado. Al oír pasos y presencias fuera de la puerta, saltó de su sitio asustado.

“Es peligroso. Se va a lastimar”.

“¡¿Qué hacemos?! ¡¿Qué hacemos?!”.

“¿Qué pasa?”.

“¿Qué pasa?”, repetía Woo-ju. El empleado Kim ya debía de haber terminado de almorzar y estaba por regresar. Sin duda era él. Después de comer y tomar café, regresaba tranquilamente a la oficina para terminar el trabajo pendiente. Woo-ju no quería que lo encontraran con la parte inferior totalmente al desnudo.

Además, Sae-byeok estaba con él. Seguramente pensarían que acababan de tener un encuentro apasionado.

Ah…

Se oyó el sonido de la puerta de la oficina abriéndose.

Woo-ju agarró sus pantalones y la mano de Sae-byeok, y corrió hacia la salida de emergencia. Como una pareja de la oficina que tiene un romance secreto, ambos corrieron hacia las escaleras de emergencia, por donde casi nadie pasaba, sin que Woo-ju tuviera tiempo siquiera de subirse bien los pantalones.

Sae-byeok, por alguna razón, parecía estar disfrutando el momento y corría feliz sujetando la mano de Woo-ju. En el punto ciego de las escaleras de emergencia donde no había cámaras, no habría nada más excitante que tener sexo evitando a los pocos empleados que quedaban en la empresa.

 

7. Grietas

Las grietas suelen aparecer con facilidad en medio de la apacible vida cotidiana.

Todos se habían marchado de la oficina y reinaba la calma de la hora del almuerzo. Woo-ju se disponía a comer su vianda cuando el teléfono de la oficina comenzó a sonar con insistencia.

Murmurando entre dientes sobre qué clase de persona maleducada llamaba en la hora del almuerzo, Woo-ju atendió la llamada.

“Sí. Soy el jefe de sección Kang Woo-ju, del tercer equipo de marketing.”

— Hola. Habla el equipo de seguridad del primer piso. Un amigo suyo llamado An Si-hyun dice que no puede comunicarse con usted y nos llamó para preguntar si es posible contactarlo. ¿Es alguien que usted conoce?

“¡Sí! Ah… no recibí ningún aviso, pero voy bajando ahora mismo. ¿Podría decirle que me espere en el primer piso?”

— Sí. Entendido.

Ante la inesperada noticia, Woo-ju no pudo ni organizar su vianda y bajó rápidamente al vestíbulo.

Se trataba de un amigo con el que había compartido la secundaria y la preparatoria; alguien que, aun conociendo sus circunstancias personales, seguía siendo su apoyo más cercano y confiable. Para Woo-ju, era el amigo en quien más confiaba.

¿Dijo que no recibía sus mensajes?

Ahora que lo pensaba, Lee Do-yoon, a quien había visto después de mucho tiempo, también le había preguntado si se lo había tragado la tierra.

Sus ganas de cortar los vínculos que solo le dejaban fatiga eran inmensas. Sin embargo, sentía que si dejaba de asistir incluso a esas reuniones se quedaría completamente solo. Por eso, Woo-ju siempre forzaba su cuerpo cansado para no faltar a los clubes, a las reuniones de exalumnos e incluso a las salidas a beber a las que lo convocaban sus superiores.

Al notar que las notificaciones del chat grupal, que solían sonar a diario, estaban en silencio, pensó que debía verificar si se había salido por error.

“¡Kang Woo-ju!”

A lo lejos, una cara familiar lo saludaba con alegría. Fue la primera persona que lo vio como el individuo ‘Kang Woo-ju’ y no como un niño del orfanato. Su único defecto era que a veces le faltaba algo de tacto, pero gracias a esa misma falta de malicia, Woo-ju había recibido consuelo en incontables ocasiones.

Aunque se habían distanciado un poco cuando cada uno formó su propio hogar, las relaciones humanas son algo que uno desea conservar, y Woo-ju había sentido mucha tristeza ante la realidad actual, tan distinta a los viejos tiempos. Aun así, era evidente que gracias a ese amigo se había esforzado más para llegar hasta donde estaba.

Al ver el rostro de su amigo tras tanto tiempo, la alegría fue lo primero que sintió.

“Si me hubieras llamado, habría bajado antes.”

“¡Oye, tonto! Tendrías que haber atendido el teléfono para que yo pudiera avisarte si venía o no.”

“¿Y la comida? ¿Ya almorzaste?”

“No todavía. Pero seguro tú ya comiste. No habrás bajado a mitad de tu almuerzo por mi culpa, ¿verdad? Vamos a tomar un café.”

“Está bien.”

Así, Woo-ju se dirigió con Si-hyun a una pequeña cafetería en un callejón que los empleados de la empresa no solían frecuentar. Era un local pequeño donde un barista preparaba el café; un lugar delicioso pero con precios algo más elevados que las franquicias habituales, por lo que los oficinistas no solían ir mucho.

Si-hyun, que parecía tener hambre, pidió un sándwich y un café. Al verlo, Woo-ju pidió el mismo menú y pagó por ambos.

“Vine a buscarte y termino haciendo que me invites. Lo siento.”

“Un padre que está de licencia por paternidad no debe tener mucho dinero, puedo pagar esto sin problemas.”

Ambos se sumergieron en un silencio incómodo mientras bebían el café. Antaño, se divertían con un café de lata barato y fideos instantáneos en un cibercafé y podían hablar todo el día sin cansarse, pero tras mucho tiempo sin verse, el silencio se sentía pesado.

“Mmm… este… lo siento por lo de la otra vez.”

“…¿Por qué?”

“Por lo que dije en la fiesta de inauguración de mi casa. Creo que estaba ebrio y demasiado animado. Me puse a hablar como un viejo sabelotodo. Supongo que estaba estresado por la crianza y preocupado por mi regreso al trabajo. Por eso terminé desquitándome contigo y diciendo cosas hirientes. Me arrepentí en cuanto se me pasó la borrachera. No sé por qué dije eso. Mi esposa también me insistió en que viniera a pedirte perdón primero, por eso estoy aquí.”

“¿Pedir perdón por qué…?”

“Por las cosas feas que te dije. Eso de que tenías que vivir con más esfuerzo. Tú ya trabajas muy duro en una gran empresa… Yo me puse a decir que si te cuidaba o no, cuando en realidad es al revés. Cuando me casé, me diste un regalo generoso, compraste el anillo para el primer año de mi bebé e incluso viniste a la inauguración de mi casa… No sé qué me pasó para decir algo así. ¡Lo siento de verdad!”

Ah…. Al pensarlo, recordó que aquello había sucedido.

Había ido a la casa de Si-hyun para la inauguración, estaban comiendo a gusto y, al emborracharse, Si-hyun cruzó la línea y le dijo palabras muy crueles.

Bueno, desde cierto punto de vista podrían haber sido consejos de vida, pero para quien las recibía, eran puñales que tocaban sus fibras más sensibles. En aquel entonces, Woo-ju también estaba pasando por una situación difícil en el trabajo y esas palabras lo hicieron sufrir mucho… Sentir cómo esos recuerdos hundidos volvían a flotar le dejó un sabor amargo en la boca.

“Te llamé pero no atendías, así que pensé que me habías cortado el rostro. Realmente quería pedirte perdón, así que incluso fui a esperarte frente a tu casa toda la noche, pero no saliste. ¿Acaso te mudaste?”

“No. Creo que mi teléfono anda mal últimamente. No sabía que habías llamado. Además, ¿qué es eso de pedir perdón entre nosotros? Está bien.”

“Uff, gracias. De verdad temía que hubieras terminado nuestra amistad. Si tú me faltas, no tengo más amigos.”

“Tienes un montón de amigos, no digas tonterías….”

Si-hyun, más relajado, tomó el sándwich y continuó hablando. Le dijo que si el teléfono estaba roto debía arreglarlo pronto o comprar uno nuevo, y que realmente se había preocupado mucho.

Finalmente, la charla terminó, como siempre, en presunciones sobre su hijo. Le mostró fotos del adorable bebé en su teléfono, diciendo que ya había crecido mucho y que se moría de ternura.

“De verdad, si fuera por mí tendría un segundo hijo, pero el problema es el dinero. Vivimos al día, estamos en rojo y me abruma pensar en cuándo terminaremos de pagar los préstamos.”

“Pero si tu familia los ayudó mucho.”

“Aun así, la casa es del banco. Los intereses han subido demasiado últimamente. Por cierto, Woo-ju, ¿qué pasó con tu casa? Fui varias veces, e incluso por las dudas revisé el buzón y vi correspondencia con tu nombre, pero ¿estás viviendo en otro lado? ¿Acaso conseguiste pareja?”

“Qué dices…. Voy y vuelvo del trabajo desde mi casa. No me he mudado. ¿De dónde sacaría yo dinero para eso?”

“Pero cada vez que paso por tu casa, no hay nadie. Incluso los vecinos de tu villa dijeron que no han visto salir a nadie de allí”.

¿Vecinos de la villa…? ¿De qué estaba hablando?

Actualmente, él vivía en una casa unifamiliar con su hijo, y sus únicos vecinos eran un profesor retirado y un novelista que casi nunca salía de su hogar.

Ante esas cosas extrañas que decía, Woo-ju respondió con brusquedad mientras se rascaba la muñeca por hábito.

“Vivo en Cheongha-dong con mi hijo. ¿A qué barrio extraño fuiste a buscarme y de qué demonios estás hablando?”.

“¿Eh…? ¿Cómo? Un hijo… tienes un hijo… Ah… lo siento. ¿Qué estoy diciendo? Yo también estoy perdiendo la cabeza”.

“¿Ya tienes demencia? Mira que confundirte con algo así”.

“¡Ah… lo siento! Lo siento. ¿Por qué di por sentado que eras soltero?”.

A medida que Si-hyun hablaba, la boca de Woo-ju se resecaba más. Sentía la garganta apretada y áspera, como si hubiera tragado un puñado de arena seca. Una incomodidad inexplicable y viscosa comenzó a subir desde el fondo de su pecho. Él sabía que tenía razón, pero ¿por qué cada vez que escuchaba las disculpas de su amigo sentía como si el suelo desapareciera bajo sus pies?

Para él, su única familia era su hijo. Solo ese niño.

Sin embargo, cuanto más escuchaba a Si-hyun, un dolor punzante, como si le atravesaran el cerebro con un punzón, comenzaba a surgir. No quería seguir con la conversación. Es más, quería huir de ese lugar de inmediato.

‘Sae-byeok…’.

Al repetir ese nombre en su mente, la cabeza le retumbó como si fuera a estallar. Se le puso la piel de gallina y la nuca se le tensó. Cada vez que intentaba recordar el rostro del chico, la imagen se volvía borrosa, como si estuviera cubierta por la niebla. Para reprimir el miedo que se filtraba, o mejor dicho, para calmar esa ansiedad de origen desconocido, comenzó a rascarse la muñeca. Las uñas se hundían en la carne enrojecida y brotaban gotas de sangre, pero eso no le importaba. Solo ese dolor agudo lograba mantenerlo aferrado a sus sentidos en medio de esa sensación irreal.

“… Es cierto que soy soltero. No me he casado”.

“¿Eh? Pero dijiste que tenías un hijo… Ah, bueno, tener un hijo no tiene por qué estar relacionado con el matrimonio”.

La conversación se volvía extrañamente incoherente y eso le causaba dolor de cabeza. Siguió con esa charla sin sentido mientras se rascaba la muñeca de forma compulsiva.

“Oye… los precios de las casas en Cheongha-dong son una locura, ¿cómo conseguiste una? Realmente tuviste éxito. Supongo que las grandes empresas son diferentes. Por cierto, ¿te enteraste de lo de Lee Do-yoon? Andaba presumiendo por todos lados que entraría en tu empresa”.

“… Ni me lo digas. No pudo dejar sus viejos hábitos, se pasó de listo, se peleó con el director y se fue. Incluso me dijo que vendiera mi auto para invertir con él. Pero parece que después logró conseguir una inversión, porque se dice en la empresa que les compró carne de primera a todas las empleadas antes de irse”.

“Maldito sea… es una vergüenza para nuestra universidad. Ahora que lo pienso, parece que los rumores que circulan son ciertos”.

“¿Qué rumores?”.

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Si-hyun miró a su alrededor y bajó la voz como si fuera a contar un secreto.

“Lee Do-yoon está en la ruina total. ¡Lo han demandado!”.

“¿Demandado?”.

“Está acabado. Ese infeliz se gastó el dinero de la inversión en alcohol, autos y artículos de lujo. El inversor se enteró y le exigió que devolviera todo”.

“¿Qué?”.

Woo-ju se quedó sorprendido.

Poco después de que Do-yoon renunciara, salió una noticia diciendo que había montado una oficina espectacular y el director de Woo-ju hasta había sentido envidia. ¿Ya se había gastado todo ese dinero?

“Aunque sea dinero de una inversión, no puedes usarlo a tu antojo. No sé qué vio el inversor en Lee Do-yoon, pero dicen que se contactó con él primero diciendo que quería invertir miles de millones de wones. Y supuestamente firmaron el contrato y depositaron el dinero al día siguiente. Por eso Do-yoon se puso tan arrogante; empezó a pedirles dinero también a sus compañeros de la universidad diciendo que él se encargaría de multiplicárselos por diez. Hay rumores de que el senior Ji-min incluso invirtió el dinero de su boda. En fin, Lee Do-yoon recolectó todo ese dinero y lo derrochó como si nada”.

Tratándose de Lee Do-yoon, Woo-ju pensó que era algo totalmente esperable. Él era hijo de una familia acomodada, de los que nacen con cuna de plata. Pero al entrar a la universidad y juntarse con chicos que tenían aún más dinero, sus gastos se descontrolaron. Se decía que después de terminar el servicio militar causó tantos problemas para que lo enviaran a estudiar al extranjero que su familia terminó dándose por vencida con él.

Bueno, en su caso fue una pubertad más larga que la de los demás, pero basándose en lo que había visto y oído allí, de repente dijo que pondría un negocio y pasó varios años perdiendo el tiempo sin siquiera prepararse para buscar empleo. Mientras tanto, le importaba muchísimo la mirada ajena; cuando iba a beber con otros, siempre se cubría con las pocas marcas de lujo que tenía. Era el típico caso de un carro vacío que hace mucho ruido.

Siendo alguien que sentía complejo de inferioridad ante los hijos de familias realmente ricas, era obvio que, al recibir una inversión, derrocharía el dinero en autos y lujos.

“Pero lo extraño es que ese inversor le exigió ver los libros contables. Le pidió que mostrara con transparencia en qué se había gastado el dinero. ¿Crees que Lee Do-yoon, que estaba ocupado gastando, llevaría ese tipo de registros? Era un desastre. Así que por incumplimiento de contrato le retiraron la inversión y ahora está a punto de quedar sepultado bajo una montaña de deudas”.

“¿Le retiraron la inversión? ¿Ni siquiera pasó un año?”.

“Todos anticipábamos que Do-yoon desperdiciaría el dinero, pero normalmente te dan al menos un año de margen. Do-yoon seguramente planeaba gastar a su antojo unos meses y luego cubrir el agujero con dinero de otros inversores, pero ¿quién iba a imaginar que en menos de un mes le exigirían devolverlo todo por incumplimiento de contrato? Escuché que incluso perdió la casa de sus padres y ahora va a terminar pidiendo dinero a prestamistas privados”.

La otra parte podía presentar pruebas de que el dinero de la inversión se usó para los gastos personales de Do-yoon, demandar por incumplimiento y exigir una indemnización. Como Do-yoon odiaba la idea de ir a la cárcel más que a la muerte, habría tenido que devolver esa enorme suma de la noche a la mañana, y como ya tenía demasiados préstamos bancarios, lógicamente terminó recurriendo a los prestamistas.

De repente, a Woo-ju le empezó a picar la muñeca y el antebrazo de una forma insoportable. Se rascó con fuerza clavando las uñas, y parecía que la sangre comenzaba a manchar su camisa blanca.

“¡¿Qué estás haciendo?!”.

“Ah… es que me pica”.

“¡Cielos! Pero… ¿tienes atopia? Creo que la sangre se está traspasando… Oye, manchaste toda la camisa con sangre. No te toques más”.

Si-hyun sujetó la muñeca de Woo-ju para que dejara de lastimarse el brazo.

“Es extraño…”.

“¿Qué cosa?”.

“No es la primera vez que pasa algo así. Ya van como cinco personas de nuestro año, o incluso de cursos superiores, que se meten en problemas y terminan en la cárcel o en el hospital, ¿no?”.

“Ah…”.

Lo que decía Woo-ju era verdad.

Últimamente, la universidad había estado envuelta en escándalos. Los graduados, en lugar de trabajar duro en la sociedad, no paraban de causar incidentes y salir en las noticias, provocando un sinfín de artículos titulados “La verdad sobre la prestigiosa universidad XX”.

Desde estafas hasta conducción bajo los efectos del alcohol y acoso sexual; los cargos eran variados. Además, varias de las caras que conocía aparecieron en las noticias decorando la sección de sucesos.

“Ahora que lo dices, es cierto. ¿Esos tipos no eran los que te despreciaban por completo? Supongo que el karma realmente existe. No soportaba ver a esos tipos viviendo tan bien después de haber tenido vidas tan desastrosas. Qué bueno. De hecho, ¿no deberías ser tú el más feliz? Incluso después de graduarte y conseguir empleo te seguían llamando tras haberte molestado tanto en la época de estudiante. Tú también, deja de ir a esos lugares como si fueras un tonto”.

“Sí… ya no voy a ir”.

¿Sería posible que las personas a las que maldijo cayeran al abismo en un instante? Al ver a aquellos que solían menospreciarlo y acosarlo sutilmente caer desde lo alto de la noche a la mañana, no podía simplemente alegrarse. Tenía el presentimiento desagradable de que esa maldición daría vueltas y terminaría volviéndose contra él.

Aunque bebía café, seguía sintiendo la garganta seca.

No sabía con qué cabeza se había despedido de Si-hyun.

Los días que veía las noticias, el alcohol amargo le bajaba especialmente bien. En esas noches en las que sufría de insomnio, lograba conciliar el sueño agradablemente.

Su hijo, al verlo feliz, se alegraba más que nadie.

Y entonces, le hacía preguntas.

“¿Quién hizo sufrir a papá?”.

“¿Hay alguien de quien quieras vengarte?”.

“¿No quieres vengarte del amigo que hizo sufrir a papá?”.

¿Qué fue lo que dije en ese momento? ¿Un amigo que me hizo sufrir…? ¿Acaso se refería a Si-hyun? No puede ser que haya dicho que quería vengarme de Si-hyun, ¿verdad? Ahora que lo pienso… Si-hyun se veía más agotado que de costumbre… ¿Será posible?

“¡Jefe de sección!”.

Al sentir que alguien le atrapaba la muñeca, Woo-ju giró la cabeza. Parecía que el empleado Kim acababa de regresar a su puesto después de almorzar.

“¡Jefe! Su mano… ¡está sangrando! Por favor, deje de rascarse”.

Tanto se había rascado que la sangre roja ya se había filtrado en su camisa, dejando una mancha.

“Ah…”.

“Jefe, ¿no debería ir al hospital? ¿Quiere que llame a su hijo?”.

“Ah. ¿A mi hijo…? ¿Por qué llamarlo por algo como esto? Creo que bastará con lavarme un poco y ponerme una banda adhesiva. No se preocupe”.

“¿Cómo no voy a preocuparme? Parece que salió en medio de su almuerzo, ¿se encontró con alguien?”.

“¡No es de tu incumbencia!”.

Ah….

Su mente ya estaba hecha un caos por todo lo que ocurría a su alrededor, y al surgir de nuevo el tema de Si-hyun, reaccionó de forma hipersensible. Habría bastado con decir que se encontró con un amigo de repente, pero no entendía por qué había reaccionado así. El empleado Kim, igual de desconcertado, empezó a mirarlo con cautela.

“Lo siento…. Solo preguntaba porque se fue sin comer y lo vi con un aire distinto al habitual”.

“No, perdóneme a mí. Estoy con los nervios de punta y le grité sin motivo. Lo siento”.

Aun así, el empleado Kim, que era una buena persona, le pidió disculpas a Woo-ju a pesar de no haber hecho nada malo. Woo-ju le dijo que todavía quedaba tiempo de descanso, que fuera a su asiento a relajarse y volvió a disculparse por hacerlo preocupar.

Al sentarse, Woo-ju vio la vianda intacta sobre su escritorio. Por más que el precio de la comida hubiera subido, eran pocos los empleados que traían su propia vianda. Aunque algunos habían empezado a traerla para ahorrar, terminaban rindiéndose y yendo al comedor de la empresa o comiendo algo rápido de la tienda de conveniencia. Había quienes tomaban batidos de proteínas o ensaladas, pero alguien que trajera su vianda todos los días sin falta como Woo-ju, se contaba con los dedos de una mano.

Y Woo-ju siempre había sido así.

Incluso en su época de estudiante, cuando el dinero escaseaba, prefería engañar al estómago con un triángulo de arroz o simplemente ayunar antes que cargar con una vianda con el cuerpo agotado. Además, Woo-ju nunca había aprendido a cocinar ni lo había hecho en serio; si alguna vez lo intentaba, le decían que cualquier cosa que no fuera ramen era un desperdicio de ingredientes.

Con el corazón acelerado, Woo-ju abrió la tapa de su vianda a medio comer.

Era una tapa común y corriente, pero sentía como si estuviera abriendo algo que no debía abrir estando en su sano juicio.

Click—

Sobre la comida preparada con esmero, había esparcido un líquido blanquecino y opaco. A pesar de ser la vianda que comía a diario, no entendía por qué su corazón latía con tanta fuerza.

Ah—

Ignorando como pudo su agitación, se metió en la boca la comida cubierta por ese líquido desconocido.

“¡Puaj—!”.

Un olor rancio y desconocido asaltó su olfato, y un líquido viscoso, aceitoso e indefinible se deslizó por su garganta. Ante esa textura asquerosa y escalofriante, el fluido que bajaba por su esófago terminó saliendo expulsado de su boca debido a la náusea que le provocaron los jugos gástricos.

“¡Ugh—!”.

Cubriéndose la boca ante el impulso de vomitar, corrió hacia el baño.

“¡Buaaa—!”.

Sujetándose del inodoro, vomitó hasta las entrañas, pero solo salía bilis blanquecina. Al intentar expulsar aquel líquido misterioso, sentía como si estuviera exprimiendo todo lo que había comido hasta entonces y que ya formaba parte de su sangre y su carne.

Debido al alboroto en pleno día, los empleados que estaban en el baño abrieron sus puertas y se acercaron a Woo-ju, que vomitaba en el cubículo de al lado.

“Jefe, ¿se encuentra bien? ¿Se siente mal del estómago?”.

“… Estoy bien. Parece que algo de lo que almorcé me cayó mal. No se preocupen”.

“¿Comió algo en mal estado? Creo que debería pedir el retiro anticipado…. ¿Quiere que le envíe un mensaje al director del equipo de marketing?”.

“No, no puedo pedir licencia por algo así. Ya saben cómo es el director…. Gracias por preocuparse”.

Cuando Woo-ju estaba por agradecerle al amable empleado de otro departamento, no pudo evitar dudar de sus propios ojos.

“¡No…! ¡Tus pantalones! ¡¡Tus pantalones!!”.

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¿Cuál era la probabilidad de encontrarse con un compañero de trabajo en el baño de la oficina con los pantalones bajos, presumiendo un pene erecto?

¿Qué clase de loco se masturbaba en el baño de la oficina a plena luz del día? Y además, ¿cómo podía ser tan descarado como para no subirse los pantalones y acercarse al cubículo de al lado casi desnudo, con el pene balanceándose?

Si él se estuviera masturbando en la empresa, aunque escuchara disparos en el cubículo contiguo, jamás saldría sin subirse los pantalones. Preferiría morir de un disparo en la cabeza.

“¡Ah! Mis pantalones. Lo siento. Es que todavía me la estaba jalando. Jefe, ya que está aquí, ¿por qué no nos la jalamos juntos?”.

“¡¿Qué dice?! ¡¿Quién se masturba en la oficina?! ¡Y encima, ¿cómo que juntos?! ¡Primero, sus pantalones! ¡Súbase los pantalones!”.

El hombre, lejos de desistir, pareció concentrar más sangre en su pene y comenzó a acosar a Woo-ju.

“¡Oiga! ¿Acaso no es todo esto culpa suya, jefe? ¡Usted siempre hace cosas tan excitantes en su asiento y pretende que nosotros no veamos nada! ¡Usted se mete cosas por atrás mientras hace videollamadas con su hijo todos los días, ¿cree que alguien que sea humano no se excitaría?! ¡Yo vengo a esta empresa solo por el gusto de pegarme a la ventana del equipo de marketing todos los viernes para ver su tarea de dilatar su agujero! ¡Solo de pensar en usted se me calienta abajo y no puedo ni trabajar!”.

“¡Qué…! ¡¿Qué dice de meterse cosas por atrás?! ¡¿Y qué es eso de dilatar un agujero?! ¡Por favor, diga cosas que tengan sentido! ¡Y eso de que tengo un hijo! ¡¿De dónde sacan que yo tengo un hijo?!”.

¡Hijo—! ¡Hijo—! ¡Hijo—!

¿Desde cuándo, demonios, tenía un hijo…?

¿Por qué todos decían que tenía un hijo? ¿Y por qué él mismo respondía como si fuera lo más natural del mundo tenerlo?

Dejando de lado esas preguntas sin respuesta, Woo-ju solo quería escapar de aquel lugar donde estaba ese hombre con el pene al aire.

Sshhhhh—

Tras tirar de la cadena, Woo-ju intentó regresar a su sitio, pero el hombre lo agarró con fuerza de la muñeca y lo empujó contra el lavabo.

“¡Ugh!”.

“Hablemos claro, jefe. Usted vino aquí porque también quería jalársela, ¿verdad? Puede ser sincero. Este es el lugar donde los hombres que están en celo por usted vienen a masturbarse. Yo tampoco pude evitarlo al pensar en usted haciendo esa videollamada con su hijo ayer y hoy, por eso se me puso así”.

El hombre forzó la mano de Woo-ju y la llevó hacia su pene ardiente.

“Hágase responsable. A decir verdad, todos los empleados de esta empresa se están muriendo por meterle el pene en su agujero. Si ese agujero no fuera de su hijo, ya lo habríamos derribado por la fuerza para dárselo. ¡Maldición! ¡Ya que estamos, use sus manos! ¡No, hágase responsable aunque sea con la boca!”.

“¡No—! ¡Dije que no, lárgate!”.

Los ojos del hombre ya estaban fuera de sí.

Woo-ju conocía bien esa mirada.

Ese hombre ya no veía nada más. Golpearía a Woo-ju, lo empujaría y lo derribaría para obtener lo que quería siguiendo su propio egoísmo. Woo-ju, que nunca había tenido a nadie que lo protegiera en su vida, ahora debía defenderse por sí mismo.

En ese momento, el hombre agarró la solapa de la camisa de Woo-ju como una bestia y lo lanzó contra el lavabo.

“¡Suéltame! Suéltame, loco de… ¡Mierda…!”.

El cuerpo de Woo-ju chocó contra la tubería y su brazo se sacudió golpeando el espejo.

¡Crash!—

El espejo se hizo añicos y fragmentos afilados volaron por todas partes. En medio del estruendo que parecía una lluvia de cristal, un trozo extremadamente afilado se incrustó profundamente en la muñeca de Woo-ju.

¡Splash!—

“¡Ugh…!”.

El dolor estalló como un rayo y la sangre comenzó a fluir. Las gotas de un rojo intenso caían rítmicamente, tiñendo de carmesí la camisa blanca de Woo-ju.

Woo-ju contuvo el aliento y se quedó mirando su mano temblorosa, absorto.

Frío y un rojo vívido.

Era una escena familiar.

En ese instante, donde todo parecía haberse detenido...

¡Boom!—

Con un estruendo ensordecedor, la puerta de hierro fue arrancada de sus bisagras de un solo golpe, convirtiéndose en un trozo de chatarra que se estrelló contra la pared.

Entre los fragmentos de metal y el polvo espeso que se levantó, Sae-byeok emergió desde el otro lado de la puerta, frío como el aire de la madrugada. En medio de la confusión de no saber si aquello era la realidad o solo un deseo suyo, Sae-byeok abrió lentamente los labios, que parecían sellados.

“¿Se encuentra bien?”.

Su tono era suave, pero su mirada era gélida como la escarcha. Era sed de sangre. El aura asesina que emanaba parecía capaz de congelar de terror a cualquiera en ese lugar.

“Ah, esto— fue un error. Un error. Es decir… ¡no tenía intención de herir al jefe de sección…!”.

El hombre, paralizado por el miedo, retrocedió torpemente intentando negar su culpa.

Sae-byeok, sin apartar la vista de Woo-ju, caminó con paso firme hacia el hombre. Los trozos de vidrio rotos en el suelo emitieron un sonido chirriante y desagradable. Entonces, sin dudarlo, Sae-byeok pisoteó con fuerza la muñeca del sujeto.

¡Crack!—

El sonido de los huesos triturándose cayó de forma macabra sobre los cristales rotos.

“¡¡Aaaaaagh!! ¡Mi mano…! ¡Mi mano—!”.

“Por mí, te despedazaría y te molería ahora mismo, pero no quiero que mi papá vea sangre ante sus ojos”.

Al terminar de hablar, Sae-byeok examinó con indiferencia la mano de Woo-ju, con el rostro afligido.

“Ya no podrá volver a usar esa mano. Como se atrevió a tocar a mi papá sin mi permiso, ni siquiera con tecnología humana podrá repararla jamás”.

“¡Ugh… aaaaaagh!”.

El hombre aullaba de dolor. Su mano parecía haber sido aplastada por las ruedas de un camión. De la herida abierta, la sangre fluía sin cesar.

“Papá, volvamos a casa para curarte”.

Woo-ju seguía sentado frente al espejo roto, mirando su mano ensangrentada mientras temblaba incontrolablemente.

“Tú… tú… ¿cómo llegaste aquí…?”.

“¿Qué importa eso? Si papá está herido, su hijo debe venir rápido”.

Sae-byeok hundió con cuidado su rostro en el hombro de Woo-ju y, tras abrazarlo, se levantó. Su campo de visión se elevó de repente. Sujetándolo por los glúteos para cargarlo con naturalidad, Sae-byeok salió del baño dejando atrás aquel escenario sangriento.

Woo-ju, en brazos de Sae-byeok, no podía apartar la vista de la sangre que corría. De su muñeca, cortada por los cristales, seguían cayendo gotas de sangre.

En ese momento, vio algo extraño entre el fluido carmesí. Bajo la piel de su antebrazo, que antes era blanca y suave, aparecieron sombras entre la sangre esparcida.

Parecían insectos arrastrándose. Una sensación escalofriante, como si miles de bichos recorrieran su cuerpo, lo invadió por completo. Surgieron numerosas líneas de una forma repugnante. Aquellas marcas, que brotaban perforando su piel pálida, eran irregulares y rugosas, destrozando visualmente la muñeca de Woo-ju.

“¡Ugh, puaj…!”.

El estómago se le revolvió ante la alucinación de sentir una mucosidad viscosa en cada lugar por donde pasaban los insectos. Una náusea que le retorcía las entrañas subió ardiente por su esófago, y su boca se llenó de un sabor agrio, como si fuera a vomitar en cualquier momento.

Era espantoso. No, era tan asqueroso que sentía ganas de arrancarse la carne.

“¡h-hic…!”.

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En la mente de Woo-ju, creyó sentir el sabor metálico y pegajoso de la sangre. El sabor a hierro en la punta de la lengua y el olor nauseabundo que bajaba por su garganta... Era la sensación de su propia sangre derramándose. Era el mismo sentimiento escalofriante de cuando, en el pasado, aquella hoja fría cortó su piel.

En ese instante, todo se detuvo de golpe.

El ruido que aturdía sus oídos y la visión borrosa se despejaron como por arte de magia. Fue como si un viento gélido hubiera soplado con fuerza sobre un mundo atrapado en una niebla espesa, abriendo su visión a la fuerza.

Cada mancha en los azulejos del baño ensangrentado se grabó en sus ojos con una nitidez dolorosa. Desde el líquido viscoso acumulado en el suelo hasta el corte afilado de los cristales rotos; todo se volvió tan claro que resultaba irreal. En el lugar donde la humedad que envolvía su cerebro se evaporó, solo quedó un silencio aterrador.

Aprovechando ese silencio, los recuerdos que habían sido reprimidos por la mano de Sae-byeok olieron el rastro metálico y regresaron como un tsunami. Donde la niebla se disipó, solo quedó un dolor punzante, el suelo rojo y una soledad desgarradora.

Recuerdos que no podía olvidar por más que lo intentara.

El momento en que estuvo solo, el momento en que empezó a lastimarse, el momento en que lo abandonó todo. Y cada instante en que ese monstruo lo había ultrajado cayó sobre él como una marea. Los recuerdos se convirtieron en fragmentos afilados que despedazaban a Woo-ju.

“¿Qué es… esto?”.

Él no tenía ningún hijo.

Al igual que Woo-ju nació en algún momento, él era un huérfano que simplemente comenzó a existir.

El cuerpo de Woo-ju se tensó en brazos de Sae-byeok como si sufriera una convulsión. El calor corporal, que antes sentía cálido, se transformó en un grillete siniestro. Woo-ju levantó la cabeza y miró el rostro del hermoso y cruel monstruo que lo sostenía.

“Tú… tú… no eres mi hijo. ¿Quién demonios eres tú…?”.

Al escuchar la pregunta de Woo-ju, Sae-byeok cerró los ojos por un momento y luego le dedicó la sonrisa más pura y hermosa que podía mostrar.

“Soy Sae-byeok. El único hijo de papá, el que más te ama en este mundo”.

Tras decir esto, Sae-byeok hundió sus labios en la muñeca de Woo-ju. Cuando su aliento rozó la piel de Woo-ju, este sintió que el peso del amor que lo encadenaba era tan pesado que lo asfixiaba.

Recordó su primer encuentro con Sae-byeok en medio de ese mar de felicidad fabricado con mentiras.

Sae-byeok llegó a mi casa el día que fracasé en mi suicidio.

No sabía si fue por mala o por buena suerte. Aquel día, agotado de lo difícil que era vivir, simplemente me rendí en algún momento.

El tsunami de recuerdos destrozó una vez más la mente de Woo-ju. Su visión clara volvió a alejarse y su cabeza, que intentaba resistir, cayó sin fuerzas hacia el suelo. Incluso en medio de su consciencia tambaleante que se apagaba, Woo-ju lo vio.

Vio el afecto enfermizo que ardía en las pupilas de Sae-byeok mientras lo miraba.

Sae-byeok sostuvo el cuerpo de Woo-ju antes de que cayera al suelo y acarició con cuidado su mejilla, que se enfriaba. Como si tratara con un tesoro frágil, atrajo a Woo-ju hacia lo más profundo de su pecho para encerrarlo allí. En el último hilo de su consciencia desvanecida, el aire frío rozó su mejilla.

Sí. Aquel día, al final, no pude morir.

Continuará en el Volumen 2.