Capitulo 5

 


5. El regalo de cumpleaños del padre trabajador.

El cumpleaños es el día monumental en el que el hijo y el padre se conocieron por primera vez. Woo-ju, como padre, quería regalarle a su hijo el cumpleaños más feliz de todos, porque Sae-byeok era un hijo tan bueno que atesoraba cualquier cosa que su padre hiciera por él.

'¿Qué podría gustarle?'

Woo-ju era un desastre para la cocina. En cambio, en sus propios cumpleaños, su hijo solía prepararle un banquete que parecía hacer que las patas de la mesa se quebraran: desde la sopa de algas hasta platos elaborados como el estofado de costillas y el fideo de cristal. Además, siempre le entregaba regalos costosos que Woo-ju deseaba en secreto.

Relojes de lujo, autos, casas e incluso una cantidad asombrosa de acciones; todo eso era lo que su hijo le había regalado. Con el salario de un oficinista común, era imposible devolverle un regalo de esa magnitud. Una vez, para Navidad, se armó de valor y le compró un auto de un modelo similar al que él mismo había recibido; pero su hijo, quién sabe cómo, se enteró y pagó todas las cuotas en secreto al día siguiente.

¿Podía considerarse eso un regalo?

Este año, decidido a prepararle un cumpleaños inolvidable, Woo-ju pasó noches en vela sumido en sus pensamientos. A decir verdad, no era la primera vez que se enfrentaba a este dilema agobiante.

Sucedió el año pasado, cuando se devanaba los sesos antes del cumpleaños de Sae-byeok. Como si el destino le estuviera dando una señal, una revista que nunca solían comprar apareció en la casa. En el centro de la mesa de la sala, descansaba una revista decorada con una hermosa persona vestida de conejita. Además, su algoritmo de búsqueda, por alguna razón desconocida, no paraba de mostrarle sitios de venta de disfraces de conejita.

Finalmente, Woo-ju se dio por vencido. Parecía que el cielo le estaba diciendo que el regalo de cumpleaños debía ser él mismo, vestido de conejita, sirviendo a su hijo. No tuvo más remedio que entrar en el sitio que más aparecía en la publicidad, elegir el disfraz con mejor puntuación y mayores ventas, y pagarlo a escondidas.

Incluso tuvo la cautela de pedir que lo enviaran a la oficina. Así fue como, aquel día, Woo-ju regresó a casa con el disfraz de conejita puesto debajo de su traje formal. Nadie imaginaría que, bajo esa expresión serena y fría, llevaba semejante atuendo. Confiando en la descripción del vendedor que decía: 'El nombre del producto no aparecerá en el paquete. Se entregará como un set de multivitaminas', se había arriesgado a hacer el pedido.

¿Monotonía? Con ese enorme pene que su hijo le introducía cada día, no tenía energía para pensar en otra cosa. Su hijo solía llevarlo al límite hasta que su mente quedaba hecha papilla... Pero una cosa era él y otra su hijo.

A veces, le asaltaba la duda de si Sae-byeok se aburría de él, o si mantenía esa relación solo por obligación, por el hecho de ser su padre. Para un hombre con el orgullo herido, las inseguridades sin motivo suelen aparecer. Cuando se hundía en esos pensamientos, su hijo lo notaba de inmediato y le dedicaba palabras más dulces que el azúcar.

'Papá es el mejor.'

'No hay nadie más adorable que papá en este mundo.'

'Soy muy feliz porque tú eres mi padre.'

Envuelta en esas dulces palabras, cuando logaba dormir en los brazos de su hijo, el insomnio que lo atormentaba desaparecía y caía en un sueño placentero. Su hijo era lo más adorable del mundo. Se sentía agradecido de que un hijo tan brillante y cariñoso fuera suyo, a pesar de no tener nada que ofrecerle, y le conmovía que Sae-byeok le diera las gracias por ser su padre.

Quizás fuera solo una muestra de consideración, pero Woo-ju deseaba que esas palabras dulces fueran una realidad eterna y quería hacer todo lo que hiciera feliz a su hijo. Como él nunca había recibido amor de sus padres, quería entregarle todo su afecto. No quería que su hijo sintiera aburrimiento en su relación. Quería regalarle todo lo que pudiera darle alegría.

Así, Woo-ju suspiró mientras observaba el disfraz, que consistía en una prenda vergonzosa similar a un traje de baño del tamaño de una palma, medias de red y una diadema de orejas de conejo.

"¿Ya llegaste, papá?"

Sae-byeok lo recibió con alegría en una hora de llegada ligeramente más tardía de lo habitual.

"Hoy llegas un poco tarde."

"Mmm.... Había tráfico."

Sae-byeok decidió dejar pasar esa mentira superficial. Sabía perfectamente que el auto había salido veinte minutos más tarde de lo habitual y que, aunque las calles estaban vacías y Woo-ju había acelerado, había llegado diez minutos antes de lo previsto. Pero si lo controlaba demasiado, se estresaría y podría colapsar, así que decidió que hoy se limitaría a disfrutar del banquete y preguntarle con calma más tarde.

"¿Ah, sí? Debes estar cansado."

Mientras revisaba su muñeca, comenzó a desabotonar la camisa de su padre con naturalidad. Al quitarle la camisa y los pantalones, frente a los ojos de Sae-byeok apareció el body minúsculo y las medias de red que él no le había puesto.

"Esto... qué es."

Como para dar el tiro de gracia a su corazón acelerado, su padre sacó la diadema de orejas de conejo del bolso y se la puso en la cabeza.

"El regalo de este año... soy yo."

Fue una voz tan pequeña que apenas se oía. Una frase enterrada en la vergüenza, más tenue que el latido de su corazón. Woo-ju, con el rostro mucho más rojo que de costumbre, vestía el traje de conejita negro con las orejas ligeramente caídas.

Se veía la carne de sus muslos sobresaliendo un poco sobre el elástico de las medias de red, sus hombros descubiertos y hasta el tierno adorno de cola de conejo decorando su parte trasera. Sae-byeok contuvo el aliento por un instante.

"¿Hablas en serio?"

Woo-ju asintió y desvió la mirada, intentando escapar.

"Como hoy es tu cumpleaños... por hoy... puedes hacer lo que quieras conmigo."

En ese momento, los ojos de su hijo brillaron con intensidad mientras se acercaba a él.

"Papá, tú... de verdad..."

Las comisuras de sus labios subieron lentamente. Tenía una expresión de estar volviéndose loco de felicidad.

Muar— muar— muar—

Comenzó a cubrir el rostro de Woo-ju de besos: en la frente, en las mejillas, en la punta de la nariz, sin darle un segundo de respiro.

"Ay, me muero de lo lindo que eres. ¿Por qué eres tan tierno, papá?"

"¡Ya, basta! Es... ¡es vergonzoso!"

"Esto es demasiado tierno. Es trampa. ¡No puede haber un regalo que me haga explotar el corazón así!"

Woo-ju, sin saber qué hacer, se sujetó con fuerza las orejas de conejo. Cada vez que las orejas se movían, su hijo soltaba otra carcajada.

"Papá, ¿sabes una cosa? Dicen que un conejo puede eyacular más de diez veces en una sola noche. ¿Cuántas veces podrá hacerlo papá?"

"¡Eso... eso es!"

Sae-byeok cargó de inmediato a Woo-ju y se dirigió a la cama. No podía esperar ni un segundo más. Con la diadema de conejo, el traje que dejaba el pecho al descubierto, las medias translúcidas y esa cola de conejo asomando entre el corte del disfraz en sus glúteos... cualquier hombre que no se excitara ante esta vista, simplemente no era hombre.

Lo recostó sobre la cama con urgencia pero con cuidado, y bajó la cabeza para entrelazar sus lenguas en un beso profundo. Al mismo tiempo, con una mano comenzó a masajear el pene de Woo-ju, que estaba lastimosamente apretado dentro del body. Aunque fuera una talla XL, no dejaba de ser un disfraz femenino; el pene de Woo-ju, que no era nada pequeño comparado con el promedio, estaba doblado de forma precaria.

Ante el aliento cálido y el tacto de su hijo, el pene de Woo-ju, como siempre, comenzó a ganar tamaño y a erigirse. Bajo las medias, la presión era tal que la parte delantera del disfraz parecía a punto de estallar. Mientras amasaba esa zona tensa, Sae-byeok empezó a tirar de los pezones que asomaban por el traje. A diferencia de una mujer, su padre no tenía busto, por lo que la prenda quedaba holgada en esa zona, dejando los pezones totalmente a la vista desde arriba.

Al ver a su padre con un atuendo que parecía cubrirlo pero que en realidad exhibía sus pezones, Sae-byeok sintió unas ganas locas de devorarlo. Había estado bombardeando el algoritmo de su padre con anuncios de disfraces de conejita con la esperanza de verlo así, pero que realmente apareciera vestido de regalo y le dijera que él mismo era su presente de cumpleaños... Sae-byeok se sentía tan feliz que perdía la cabeza.

"¡Tris, tras!".

Sae-byeok desgarró las medias con ambas manos. Al apartar la tela del disfraz de la zona de la entrepierna, el pene de Woo-ju saltó hacia afuera.

"¡Chuuup... mmm...!".

La mucosa cálida y húmeda de la boca de su hijo engulló el pene de Woo-ju.

"¡Slurp, slurp!".

"¡Ah... ahhh...!".

Mientras su hijo hundía el rostro entre sus piernas y succionaba con las mejillas hundidas, usaba el juguete de cola de conejo que decoraba la parte trasera de Woo-ju para entrar y salir, atormentándolo por delante y por detrás. Woo-ju no podía mantener la cordura ante el placer que lo golpeaba por ambos flancos.

"¡Ah... ahhh...!".

Cuando el glande fue tragado hasta lo profundo de la garganta de Sae-byeok y su larga lengua envolvió el tronco apretándolo deliciosamente, Woo-ju tuvo su primera eyaculación del día, tal como un conejo.

"¡Ah... ah... ahhh...!".

Antes de que la sensación de éxtasis se desvaneciera, su hijo retiró la cola de conejo que bloqueaba su entrada.

"¡Aaagh...!".

La "conejita", con su parte trasera palpitando tras la retirada del objeto, fue subida sobre los firmes abdominales de su hijo.

"El regalo de cumpleaños de este año es papá, ¿verdad? Pero si el regalo se viene primero, tendré que castigarlo".

"Ah... lo... lo siento".

Woo-ju no tenía excusa. Después de haber presumido de que él era el regalo, había acabado eyaculando antes que nadie. En este punto, la relación no era muy diferente de lo habitual. Sae-byeok introdujo sus dedos humedecidos con saliva en la entrada abierta, removiendo el interior mientras le susurraba al oído.

"Papá. Por culpa de esta conejita lasciva, siento que mi pene va a estallar".

"Mmm. Papá lo solucionará, Sae-byeok".

El pene de su hijo estaba ardiendo, duro y apuntando directamente al techo detrás de él.

"¡Ahhh...!".

Tenía que liberar ese fluido antes de que estallara y guardarlo dentro de su vientre. Era responsabilidad de un padre recibir la preciada semilla de su hijo. Además, hoy él era su conejita lasciva.

"¡Aaahhh!".

La entrada ya preparada besó el glande de Sae-byeok y, con el peso ligero como una pluma de Woo-ju, descendió para envolverlo. El dueño de ese camino subió sin obstáculos por las paredes internas de Woo-ju hasta alcanzar el colon.

"¡Mmm...!".

El bajo vientre de Woo-ju se elevó ligeramente por el volumen del pene de su hijo, marcándose bajo el traje de cuero que ceñía su cuerpo. Servir no era algo tan simple como solo recibir el pene. A diferencia de él, a quien Sae-byeok solía burlar llamándolo precoz, su hijo era realmente resistente; solía eyacular solo una vez por cada tres veces que lo hacía Woo-ju.

Tenía que moverse sobre ese pene tenso hasta que se agotara y cayera rendido para que Sae-byeok pudiera terminar. Por lo tanto, el trabajo de la conejita lasciva de absorberlo en sus paredes húmedas apenas comenzaba.

"¡Ahhh...!".

Dando fuerza a sus muslos temblorosos, Woo-ju comenzó a subir y bajar repetidamente. El enorme pene raspaba las paredes internas mientras era tragado y expulsado. Era una vista hermosa: Woo-ju sobre él, con las orejas de conejo tambaleándose sin fuerzas mientras se esforzaba por tragarlo cada vez más profundo.

"¡Plas, plas!".

El sonido de la carne chocando resonó mientras el apetecible trasero de papá golpeaba el abdomen musculoso de su hijo. Sae-byeok, viendo a su padre, normalmente tan tímido, sudando y moviendo las caderas con tanta proactividad, deseó poder sellar esa entrada para siempre y que ese momento fuera eterno.

Pero, ¿qué padre no conocería los pensamientos maliciosos de su hijo? Al ver la mueca extraña en el rostro de Sae-byeok, Woo-ju supo que, aunque estaba cerca del clímax, su hijo estaba conteniendo la eyaculación porque disfrutaba demasiado de la situación.

'¡Ja...! Mocoso impertinente'.

NO HACER PDF

Woo-ju dio fuerza a sus muslos y se levantó. Para ser exactos, se incorporó a medias, dejando el glande justo en la entrada. El pene rojo y con las venas marcadas quedó a la vista. Tal como Woo-ju esperaba, Sae-byeok estaba apretando los dientes para contenerse. Al ver el rostro desconcertado de su hijo, que intentaba poner una excusa, Woo-ju sonrió y le dijo:

"Aún no estás a mi nivel".

Woo-ju relajó las piernas y se dejó caer de golpe, tragando todo el pene de Sae-byeok de una vez. El abdomen firme de su hijo lo sostuvo con estabilidad, pero el impacto de la entrada descendiendo hasta que el pene golpeó el colon fue instantáneo.

"¡Mmm...!".

Fue un momento totalmente inesperado. Las paredes internas, sorprendidas por el golpe repentino, se contrajeron con fuerza alrededor del pene.

"¡Ahhh...!".

Sí, fue la derrota total de Sae-byeok. Al mismo tiempo que el semen blanco estallaba desde el pene de Woo-ju, el fluido de Sae-byeok se derramó en su interior.

"¡Ahhh...!".

El rastro del clímax fue largo. Cuando la espalda de Woo-ju se arqueó como un arco y se fue hacia atrás, Sae-byeok sostuvo su cintura y lo abrazó. Sus corazones se solaparon y sus latidos se sincronizaron. Tras soltar un suspiro jadeante, sintieron el calor mutuo y disfrutaron del éxtasis restante.

"Gané yo".

Esta pequeña y tierna conejita, a pesar de haber perdido cien veces y apenas haber ganado una, disfrutaba de su victoria con total arrogancia. Sae-byeok abrazó a este ser adorable y le transmitió su sinceridad.

"Mi Woo-ju. No debe existir en este mundo ninguna criatura capaz de ganarte."

"Je. ¿En serio?"

"Sí. En serio."

Sae-byeok, sintiendo la vitalidad de Woo-ju entre sus brazos, cambió de posición y se subió sobre él. Una derrota era una derrota, pero la noche seguía siendo la noche. Todavía faltaba mucho para que llegara el amanecer.

Ambos volvieron a unir sus cuerpos. La noche fue larga, muy larga, y aunque Woo-ju no pudo soplar las velas ni pedir un deseo aquel día, para su hijo pasó un día de felicidad inolvidable.

"Gracias, papá. Es el mejor regalo de cumpleaños. Sería feliz con solo que estuvieras a mi lado el próximo año, el siguiente y para toda la vida, pero... ¿puedo ser un poco más codicioso?"

Sae-byeok habló mientras le subía la manta a Woo-ju hasta los hombros. Aferrándose a su conciencia que se desvanecía, Woo-ju respondió con total sinceridad.

"Mmm... Puedes ser codicioso. Eres mi hijo..."

Parecía que a Sae-byeok le gustó la respuesta, pues lo estrechó entre sus brazos y dijo:

"Gracias. Estaré esperando el próximo año."

"Sí..."

Woo-ju se quedó dormido de esa manera. Tal vez era un día común y corriente, igual a cualquier otro. Sin embargo, para ellos, fue un mes tan feliz como ningún otro.

* * *

Woo-ju sintió que el rostro le ardía al recordar el cumpleaños del año pasado, cuando tuvo sexo con Sae-byeok vestido de conejita.

¡No...! ¡Imposible! Este año no podía pasar su cumpleaños simplemente teniendo sexo de cualquier manera. Woo-ju quería prepararle a su hijo una mesa de cumpleaños como Dios manda. ¿Acaso no dicen que un padre se llena con solo ver comer a su hijo?

Normalmente, lo único que entraba en la boca de su hijo era el semen y la orina que salían del pene de Woo-ju, la saliva que brotaba de su boca y, por último, aquel líquido de identidad desconocida que salía de su parte trasera. No lograba entender cómo Sae-byeok podía succionar con tanto gusto ese orificio manchado por su propia semilla y por los fluidos de todo su cuerpo, pero su hijo casi no tenía apetito. A veces, cuando Woo-ju le ponía comida en la boca, Sae-byeok solo la tragaba con un gesto algo incómodo.

Le había explicado que no era que la comida supiera mal, sino que simplemente no disfrutaba el proceso de introducir objetos con información desconocida por su garganta para descomponerlos. No tenía sentido que odiara los pasteles deliciosos o la carne de vaca costosa, pero que le encantara lamer el semen de su pene directamente del orificio de su padre.

Por eso, tras mucho pensar, Woo-ju tomó una decisión. Este año le prepararía un pastel que incluso su hijo pudiera comer con gusto. Lo serviría en el plato favorito de Sae-byeok, encendería las velas, le cantaría una canción y pedirían un deseo juntos.

Tener una familia era algo realmente bueno. Para Woo-ju, no solo ser felicitado por alguien, sino también felicitar a alguien de todo corazón, era una tarea difícil. En el pasado, incluso en los aniversarios o días especiales de otros, tenía que felicitarlos midiendo sus palabras. Desde que alguien le soltó sin tacto que era un torpe por ser huérfano y no tener padres, se había vuelto aún más tímido.

Pero hoy era el día en que podía felicitar a su hijo con total libertad. Así que Woo-ju pidió salir temprano del trabajo y regresó a casa antes de tiempo, sin que Sae-byeok lo supiera.

"Sae-byeok. ¿Puedo pedirte un favor?"

"Sí. Dígame lo que sea."

"Me dijeron que llegó a la tienda del centro comercial la ropa que quería. ¿Podrías pasar a buscarla?"

"Claro. ¿No necesita nada más?"

"Dicen que abrieron un local de hamburguesas de colores en el centro comercial. ¿Qué tal para la cena?"

"Las hamburguesas no son buenas para la salud. Solo por hoy, ¿de acuerdo?"

"Sí, gracias."

¡Ah...! Por suerte, tuvo éxito. Como era de esperar, su buen hijo no puso mala cara ante su pedido y se dirigió al centro comercial, que estaba a más de dos horas de viaje de ida y vuelta. Entre el viaje y la espera en la hamburguesería, tardaría al menos tres horas. Por muy negado que fuera para la cocina, no tardaría tres horas en hacer un pastel.

Woo-ju pasó por el supermercado y compró la base del pastel, crema para batir, frutas variadas y, finalmente, las velas para pedir el deseo. Al ver las tiernas velas con rayas blancas, su corazón palpitó de emoción y quiso llegar rápido a casa.

Olvidémonos de la sopa de algas... Después de aquella vez que quemó una olla y casi provoca un incendio, su hijo siempre cerraba la llave del gas antes de salir. Hacer un pastel solo requería batir la crema, cortar la base y decorar con frutas; ¿seguiría siendo humano si fallaba en algo así? Esto no era cocinar, era armar piezas.

"Primero... lavaré las frutas y cortaré la base."

Para trocear la fruta, Woo-ju empezó a registrar los cajones de la cocina. Sin embargo, por más que buscaba, no encontraba ni un cuchillo de cocina común ni uno pequeño para frutas.

¡Riiing! ¡Riiing!

El teléfono no paraba de sonar. ¿Quién demonios llamaba con tanta insistencia? Tras ignorarlo un par de veces por la molestia, contestó y la voz familiar de su hijo llegó a través del auricular.

—¿Papá? ¿Qué estás haciendo? ¿Estás en la cocina?

La voz de su hijo sonaba urgente. No, ¿cómo sabía que estaba en la cocina?

"Mmm."

—¿Tienes hambre? Iré rápido, así que ¿puedes esperar un poco? ¿O quieres que pida comida a domicilio?

"¡No! ¿No vas a traer las hamburguesas?"

—Sí. Pero me parece que intentas cocinar en la cocina. No cocines. Si tienes hambre, pediré que te lleven un sándwich mientras tanto. O calienta el arroz congelado con las guarniciones que están en el refrigerador. Solo son dos minutos en el microondas, papá también podrá hacerlo.

"No... puedo hacer al menos eso. Lo de la olla quemada de la otra vez fue porque olvidé que había puesto el agua al fuego."

—Papá. Si ni siquiera sabes medir el agua para el ramen, ¿qué haces en la cocina? ¡Dicen que a los hombres se les cae el pene si van a la cocina!

"¡¿Qué?! ¿Acaso crees que tú no tienes uno?"

—Exacto. Si se me cae, lo meteré en el orificio de papá. Así que no te preocupes por las tareas de la cocina.

Era increíble. Con el pene tan grande que se cargaba, ¿qué? ¿Que se le caería si iba a la cocina? ¿De dónde habría sacado esa forma de pensar tan anticuada? ¿Y por qué se empeñaba tanto en estorbar sus planes de cocina? Después de todo, Sae-byeok se había terminado toda la sopa de algas que él preparó, ¿no? Bueno... aunque a Woo-ju le supo tan mal que no pudo terminar ni un tazón, Sae-byeok vació la olla hasta la última gota.

...Debió sufrir mucho aquella vez.

"...Estaba buscando el cuchillo para comer algo de fruta."

—No hay cuchillos en la cocina.

"¿Qué?"

—En una casa donde hay un bebé, no se dejan cuchillos en cualquier parte. Pediré que te lleven vasos de fruta cortada. Come eso mientras esperas.

"¿Espera...?"

Su hijo colgó el teléfono así sin más. No... ¿dónde había un bebé en esta casa? ¿Acaso con ese tamaño de gigante se estaba llamando bebé a sí mismo?

¡Ding-dong!

Poco después, un repartidor dejó en la puerta varios vasos con distintos tipos de fruta. Tomates cherry, melón, manzana, naranja, fresas... todo tipo de frutas estaban cortadas en trozos perfectos del tamaño de un bocado.

Sin quererlo, Woo-ju ya tenía lista la preparación de las frutas, que era lo más laborioso, así que tomó un delantal para comenzar formalmente con el pastel. Abrió el estante de los delantales de su hijo, quien tenía como pasatiempo coleccionarlos, y se puso uno blanco lleno de encajes que combinaba bien con el pastel que iba a hacer.

"¡Muy bien, ya hice la mitad del trabajo!"

Lo siguiente era la gran tarea de hacer la crema batida. Si usara una batidora eléctrica sería sencillo, pero como ya estaba usando las frutas que su hijo pidió, su conciencia le dictó que debía batir la crema a mano con todo su esmero. Vertió la crema que compró en el súper y una buena cantidad de azúcar. Como le gustaba lo dulce, pensó que cuanta más azúcar, mejor.

Mandó las medidas al diablo.

"¿Se supone que se hace así...?"

Woo-ju colocó el bol frente a él y comenzó a batir la crema con el batidor de mano. Recordando la frase en el envase que decía 'Bata con fuerza durante más de 5 minutos', movió su brazo con energía.

"¿Qué pasa...? ¿Por qué esto sigue moviéndose como si fuera agua...?"

Pasaron los cinco minutos. El brazo de Woo-ju ya temblaba, pero la crema estaba lejos de volverse firme como la que vendían en el supermercado. Salpicaduras de crema salieron volando del batidor, manchándole la cara, el suelo y todo a su alrededor. ¿Acaso el bol era demasiado pequeño? Cada vez que batía, la crema salía despedida hacia afuera.

"...Debí haber usado la máquina desde el principio."

El suelo ya estaba resbaladizo por la crema derramada, pero pensando en lo feliz que se pondría su hijo, continuó moviendo su mano con entusiasmo.

"¿Creo que ya está...?"

Se supone que la crema batida está lista cuando no se cae al voltear el recipiente. Woo-ju, sin miedo alguno, volcó el bol. Desafortunadamente, la crema espesa cayó pesadamente al suelo.

"Ah... todavía no estaba lista."

Woo-ju sacó apresuradamente papel de cocina, pero era difícil limpiar por completo la crema del suelo. Al ver que la cantidad de crema había disminuido otra vez, suspiró y abrió el segundo envase.

"¡¿Eh?! ¡Oye!"

La aspiradora robot, sin tacto alguno, pasó barriendo por el suelo hecho un desastre. Él no la había encendido, pero ahí estaba, recorriendo la cocina hasta que chocó contra un armario y se quedó atascada en una rendija, sin poder moverse.

"Ay."

Al abrir el armario para liberar a la tonta aspiradora, se encontró con varios electrodomésticos de cocina guardados allí. Entre ellos, estaba el batidor eléctrico automático.

"Oh... así que estaba aquí."

Aunque quería batir la crema con sus propias manos, ahora que había descubierto el aparato, no podía no usarlo. Si no lo hubiera visto, tal vez, pero habiéndolo encontrado, no tenía ganas de seguir batiendo manualmente.

Woo-ju conectó el cable y acercó el batidor al bol. En cuanto la potencia del aparato tocó la crema, se formaron rápidamente picos firmes.

"Debí usarlo desde el principio, sufrí por nada."

NO HACER PDF

Con esto era suficiente. Ahora era el turno de mojar la base del pastel con almíbar. Sin embargo, estaba seguro de que a su hijo no le gustaría un pastel mojado con agua azucarada. Había otro líquido que él prefería, diciendo cada día que era mucho más dulce que cualquier almíbar.

Woo-ju sacó su pene, ya firmemente erecto bajo el delantal de cocina, y comenzó a masturbarse con movimientos torpes pero apasionados. Era el ingrediente más especial e importante para el pastel que iba a preparar hoy. Al imaginar el rostro de su hijo recibiendo este regalo, sus mejillas se encendieron; tenía que eyacular pronto una semilla fresca sobre la base.

"¡Mmm...! ¡Ah...!"

Sintiendo cómo su pene se volvía cada vez más sensible ante su propio tacto, Woo-ju lo movió con más brusquedad para lograr una eyaculación abundante y sana. El afecto que sentía por Sae-byeok hacía que su mano se moviera cada vez más rápido.

"¡Mmm...! ¡Ah...! ¡Ha...! ¡Sae-byeok...!"

Al pronunciar el nombre de su hijo, la punta de su pene se tensó al máximo y el placer contenido explotó. El semen caliente brotó de la uretra, dibujando una parábola blanca bajo las luces de la cocina.

¡Plas!

El semen blanquecino se derramó sobre la base del pastel. La masa quedó empapada y húmeda. Ahora, todo estaba listo.

Llenó una manga pastelera con la crema y cortó la base del pastel en trozos con las manos. Colocó un espejo de mesa sobre el comedor para poder ver su parte delantera y luego él mismo se subió a la mesa. Si alguien lo viera, le regañaría por subirse a donde se come, pero como era uno de los lugares donde solía entregarse a su hijo, no sintió ni una pizca de culpa. Woo-ju colocó el espejo entre sus piernas con naturalidad y las abrió. El espejo reflejó su orificio.

Hacer un pastel es sencillo. Se unta la crema sobre la base y se introducen frutas deliciosas entre capa y capa. Se cubre todo con crema de manera uniforme y se termina con frutas bonitas como fresas o cerezas. Finalmente, al poner las velas, se obtiene el pastel de cumpleaños perfecto.

Sin embargo, era posible que a su hijo tampoco le gustara mucho un pastel así. En su propio cumpleaños, Sae-byeok le había horneado un pastel, pero él solo probó un bocado. E incluso eso fue solo lamiendo el pastel y la crema que habían quedado manchados en su cuerpo.

Probablemente lo que más le gustaba eran sus fluidos corporales. Entonces, ¿no bastaba con entregarle un pastel especial empapado en ellos? Woo-ju decidió crear un pastel único para Sae-byeok.

Su orificio trasero estaba impecablemente limpio. Deseando darle un pastel grande, empujó la boquilla de la manga pastelera hasta lo más profundo de su interior.

"¡Ah, mmm...! ¡Ahhh...!"

La boquilla de metal frío raspó la mucosa sensible al entrar. Acto seguido, la crema resbaladiza empezó a llenar sus paredes internas. Cada vez que la crema con aroma a leche ocupaba el espacio dentro de su carne caliente, Woo-ju temblaba ante la extraña presión que retorcía su vientre.

Lo siguiente fueron los trozos de pastel empapados en su propio semen. Usando sus dedos, fue introduciendo uno a uno los pedazos de pan desmenuzado, dejando migas esparcidas alrededor de su entrada.

"¡Ha, ah...! Me da... cosquillas..."

Las finas migas se pegaban entre los pliegues sensiblemente abiertos, provocando un picor terrible. Quería sacudirse, pero a medida que el pan avanzaba hacia el interior, las migas se incrustaban en la mucosa, perturbando sus sentidos de forma enloquecedora. El picor pronto se transformó en un ardor febril que entrecortó su respiración.

"¡Ah, sí...! Mmm..."

Gimiendo, tomó las frutas que darían el sabor definitivo. Primero acercó una fresa roja a la entrada y, en el espejo, vio cómo su orificio dilatado la tragaba de un bocado. Los empleados jóvenes solían decir que un pastel de moda debe estar lleno de fruta entre las capas.

Claro. Con lo cara que está la fruta hoy en día, tenía que ponerle mucha de la buena. Después de la fresa, eligió melón cortado en cubos, su favorito. Con el melón en la mano, lo introdujo en el orificio que veía en el espejo. El melón, más blando que la fresa, se aplastaba bajo sus dedos soltando su jugo.

"Mmm..."

Pensó que era un poco grande para meterlo allí, pero al manipularlo con los dedos, terminó con las manos pegajosas por la fruta aplastada. Quiso lavarse las manos con agua, pero le dio pereza bajar de la mesa para ir al fregadero, así que se limpió los restos de jugo en sus propios glúteos.

Ya faltaba poco para que llegara su hijo. El trasero de Woo-ju desprendía un aroma dulce. Parecía que se había convertido en un pastel humano. Había perdido mucho tiempo buscando el cuchillo y peleando con la crema.

Woo-ju volvió a encajar la manga pastelera en su orificio, apretó la crema y fue introduciendo por turnos los trozos de pastel y la fruta de los vasos.

"Ah... ¿me habré pasado de ambicioso...?"

Sintió el bajo vientre pesado. Por meter de todo sin pensar, parecía que el pastel que llenaba sus paredes internas estaba a punto de desbordarse. Pero el acabado final era lo más importante.

Woo-ju puso un poco más de crema y acomodó con el dedo la que sobresalía por la entrada. Naturalmente, se llevó el dedo a la boca para probarla.

"Mmm... definitivamente el pastel es rico."

Obviamente, si la crema del súper con azúcar no sabía bien, eso sí sería un problema, pero Woo-ju quedó satisfecho al sentir el sabor dulce y frutal en su boca. El toque final de un pastel es la fruta que va arriba. Tras dudarlo, decidió decorar el final con una cereza roja y hermosa. Así, Woo-ju encajó la cereza entre los pliegues de su orificio.

Al mirar en el espejo sobre la mesa, vio la cereza roja situada justo en el centro; ahora realmente tenía el aspecto de lo que se podría llamar un pastel.

"¡Perfecto!"

Woo-ju se sintió orgulloso del pastel terminado.

Pibi-bi-bik—

Se escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose. Su hijo había regresado a casa en el momento justo.

"¡¿Llegaste?!"

Woo-ju corrió hacia la entrada con alegría para recibirlo.

"¿Estuviste bien solo? No habrás causado ningún problema, ¿verdad?"

Sae-byeok giró el cuerpo de Woo-ju de un lado a otro para asegurarse de que no se hubiera lastimado. ¿Qué problemas iba a causar? Solo habían sido dos horas solo en casa. Woo-ju se apresuró a quitarle la ropa a su hijo, lo tomó de la mano y lo guio hacia la sala. Sae-byeok, dejándose llevar sin resistencia, miró la sala que aún estaba a oscuras.

"¿Por qué no enciendes la luz? Está todo oscuro."

"Mmm. ¡Para soplar las velas del pastel hay que tener las luces apagadas! Hoy es el cumpleaños de Sae-byeok."

"Ah..."

Definitivamente se le había olvidado su propio cumpleaños. Mientras que él marcaba el cumpleaños de su padre en el calendario y pasaba todo el mes rompiéndose la cabeza pensando en qué regalarle o a dónde llevarlo, con el suyo simplemente se distraía hasta que Woo-ju lo mencionaba, reaccionando de forma tímida al ser felicitado.

De repente, su hijo se desplomó como si se hubiera quedado sin fuerzas en las piernas y murmuró:

"Ah... con razón... por eso..."

¿Se habría quedado sin fuerzas de la alegría? ¿Y eso que todavía no le entregaba el pastel? Woo-ju hizo que Sae-byeok se sentara en el sofá y le entregó una vela y un fósforo.

"¡Toma! ¡Soplemos la vela del pastel!"

Su hijo miró la vela fijamente con una expresión de desconcierto. Si solo le daba la vela, ¿qué se suponía que hiciera? Aquí no había ningún pastel, ni siquiera un Choco-Pie.

Woo-ju venció la vergüenza que lo invadió de golpe, se dio la vuelta y se inclinó. Lo que quedó más cerca de los ojos de Sae-byeok fue su orificio íntimo favorito. Los dos elásticos glúteos de Woo-ju se abrieron con fuerza, dejando esa pequeña entrada totalmente expuesta.

A través del orificio húmedo se desplegó una escena lasciva. Con los trozos de pastel empapados en semen como base, una abundante capa de crema blanca deslumbrante había sido aplicada en las paredes internas alrededor de la entrada, y justo encima, una cereza roja brillaba como una joya, completando el delicioso pastel de cumpleaños oculto.

"¡Feliz... feliz cumpleaños! ¡Preparé un pastel en el lugar que más le gusta a Sae-byeok!"

Un pastel creado dentro del orificio de su trasero, desprendiendo un aroma dulce a frutas. Sin duda, era un pastel solo para él, lleno de las cosas que más le gustaban a Sae-byeok.

"Ha..."

Ante el silencio asfixiante, Woo-ju giró un poco la cabeza. ¿Acaso no le gustaba? ¿Se habría decepcionado por no ser un pastel de verdad? 'Seguro se decepcionó... no debí hacerlo...'. Sin embargo, al girar la vista y ver el rostro de su hijo, no pudo evitar desconcertarse.

"¿Estás llorando...? ¿Por qué lloras?"

"...De alegría. Me salen las lágrimas de lo feliz que estoy. Me encanta. Gracias. Realmente es el mejor pastel del mundo."

Woo-ju no pudo evitar turbarse al ver por primera vez el rostro de su hijo llorando de felicidad. Sabía que le gustaría, pero no imaginó que sería para tanto. Avergonzado, Woo-ju se apresuró a inclinarse de nuevo.

"¡Rápido...! ¡Sopla la vela pronto!"

"Snif... sí."

Su hijo, con la voz congestionada, clavó la vela en el orificio de Woo-ju. La vela roja combinaba perfectamente con la blancura de sus glúteos. Temiendo que la cera pudiera caerle, Sae-byeok puso su mano debajo mientras encendía el fuego. Como Woo-ju había elegido una vela larga y su hijo protegía el calor con la mano, no sintió quemazón.

"¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, Sae-byeok feliz!"

Fuuu—

Así se apagó la vela del pastel de cumpleaños.

"¿Pediste un deseo?"

"Sí. Pedí poder vivir feliz para siempre junto a papá."

"¿Qué? Jajaja. ¿Qué es eso? Eso es obvio, ¡tenías que pedir algo mejor! Por ejemplo, ganar la lotería."

"¿Quieres ganar la lotería? Averiguaré los números ganadores. Pero a cambio, papá tiene que quedarse a mi lado toda la vida."

"¡Trato hecho!"

Quedarse a su lado toda la vida era un deseo mucho más fácil de cumplir que ganar la lotería. Por supuesto que quería estar junto a su familia. Como padre de Sae-byeok... como su familia. Al saber que su hijo sentía lo mismo, sintió un nudo en la garganta.

"¡Tienes que comer el pastel! Es tu pastel de cumpleaños. ¿O es que no quieres comer el pastel que hizo papá?"

"No. Es un pastel que está en el orificio de papá, así que por supuesto es mío. Me lo comeré hasta el último bocado."

"¡Está bien!"

Woo-ju volvió a darse la vuelta e inclinarse para que a su hijo le resultara fácil comer. Cuando Sae-byeok abrió los glúteos de Woo-ju, quedó a la vista el pastel decorado con la cereza roja.

Chuuuup—

La larga lengua de Sae-byeok invadió profundamente el orificio caliente de Woo-ju sin dudarlo, recogiendo la cereza de la parte superior. La cereza dulce manchada de crema entró en la boca de Sae-byeok.

NO HACER PDF

"Mmm. Está rico. Es lo más delicioso después del semen de papá."

"¿Qué? Jajaja. Hay mucho, así que come todo lo que quieras."

"Sí. Me lo comeré todo."

Chuuuup... slurp... chuuuup...

Su hijo lamía el orificio de Woo-ju con frenesí, saboreando el pastel. Al introducir la lengua profundamente y lamer la crema, el pastel impregnado con el aroma de la zona íntima de Woo-ju estimuló el apetito de Sae-byeok.

De vez en cuando, los trozos de fruta incrustados raspaban las paredes internas, atormentando el orificio de Woo-ju. Cuando una fresa grande salió raspando la mucosa y bloqueando la entrada empujada por la lengua de Sae-byeok, Woo-ju no pudo contener los gemidos.

"¡Ahhh... ahhh... ahhh!"

Normalmente era de poco comer, pero hoy parecía no tener fin. Ante el movimiento incesante de la lengua de su hijo, las piernas de Woo-ju cedieron y se desplomó. Sin embargo, Sae-byeok no se detuvo; cargó a su padre y lo sentó sobre la mesa del comedor.

"La comida se debe comer en la mesa. ¿Papá también quiere probar?"

Nada más terminar la frase, los labios de Sae-byeok cubrieron los de Woo-ju. Entre los labios superpuestos, la lengua de su hijo se abrió paso. En el momento en que las puntas de sus lenguas se tocaron, la crema del pastel fluyó entre ambas. El dulzor del pastel se extendió por la boca de Woo-ju.

"Mmm, mmm..."

La sensación pegajosa y dulce de la saliva mezclada con la crema y la lengua blanda hurgaron sin control en la boca de Woo-ju. A través de la lengua que succionaba con fuerza, la crema mezclada con saliva pasó a la garganta de Woo-ju, quien, muy obediente, tragó lo que su hijo le daba.

"Mmm..."

Tras lamer hasta la última gota de saliva de sus labios, su hijo abrió de par en par las piernas de Woo-ju, que colgaban de la mesa, y dijo:

"Papá. Mi pene dice que también quiere comer pastel."

Claro. Si el aguejo de arriba era una boca, la de abajo también lo era. En lugar de dar permiso con palabras, Woo-ju abrió sus piernas al máximo. Entre sus piernas abiertas se veía el orificio por donde goteaba el pastel derretido y la fruta aplastada.

"Come rico, hijo."

"Sí."

El pene erecto subió golpeando el orificio de Woo-ju. Como no estaba sobre la cama acolchada sino con las piernas abiertas en el borde inestable de la mesa, Woo-ju tuvo miedo de caerse y rodeó con fuerza la cintura de su hijo con sus piernas.

"¡Ah...!"

El pene enfurecido de su hijo devoraba el pastel dentro del orificio de Woo-ju. Retorciendo su cuerpo de arriba abajo, picaba aquí y allá con glotonería para no perderse ni un solo bocado.

"¡Ah... ah... ahhh...!"

Si Woo-ju hubiera puesto la crema batida en su orificio y su hijo hubiera seguido embistiendo con su pene, probablemente se habría formado esa crema de picos firmes en la que Woo-ju había fallado antes.

Ante el movimiento de cadera de su hijo, su espalda se raspaba contra la mesa mientras se sacudía de arriba abajo; Woo-ju, tumbado sobre la mesa con las piernas abiertas, sintió realmente que se había convertido en un pastel. Llegó a la absurda conclusión de que, si terminaba siendo devorado por completo bajo el cuerpo de su hijo, se convertiría en su sangre y su carne, y así nunca más volvería a estar solo.

Pensarlo no se sentía mal. No quería imaginar una vida sin su hijo. Prefería morir antes que volver a estar solo.

Sae-byeok lo embestía hacia arriba como si quisiera hundir hasta sus testículos para tragárselo por completo, mientras enterraba el rostro en la nuca de Woo-ju y lo mordisqueaba de arriba abajo. Cuando Woo-ju abrió los brazos para rodear la ancha espalda de Sae-byeok, su hijo aumentó la velocidad ante ese gesto mimoso de su padre.

"¡Mmm! ¡Ah! ¡Mmm!"

El enorme pene eyaculó dentro de las paredes internas de su padre. Con la intención de llenar todo el interior de Woo-ju, el pene expulsó una cantidad asombrosa de semen, rellenando una vez más el orificio de Woo-ju.

A medida que el pene de su hijo golpeaba las paredes internas con un sonido húmedo y brotaban todo tipo de fluidos, del orificio de Woo-ju comenzó a desbordarse una espuma donde se mezclaban el semen, la crema batida y varias frutas.

"Ahhh..."

Sae-byeok sacó su pene del orificio de Woo-ju, de donde brotaba esa espuma de origen desconocido. El pene, hecho un desastre con la fruta machacada, la crema batida y el semen que él mismo había eyaculado, salió del interior de Woo-ju.

Sae-byeok acercó su pene, que desprendía un aroma dulce pero con un toque a almizcle, a la boca de Woo-ju, quien aún no recobraba el sentido tras el frenético movimiento de caderas; por instinto, sus labios se abrieron. Su hijo introdujo el pene entre los labios entreabiertos de su padre.

Se había convertido en un pastel que seguía siendo dulce, pero con el sabor metálico y resbaladizo del semen de su hijo. Sin embargo, Woo-ju, ya adicto al semen de Sae-byeok, movió su lengua con esmero para lamer el pene de su hijo.

Tenía cuidado de no morder el pene de su hijo por estar concentrado en comer, y la forma en que sacaba la lengua para lamer el tronco lo hacía parecer un perrito comiendo un premio...

"¿Está rico?"

"Sí. El pastel con el semen de Sae-byeok es el que más me gusta."

"A mí también. El pastel manchado con el semen de papá es el que más me gusta."