Capitulo 3 y 4

 


3. El sueño húmedo de un padre novato

Esa noche, Woo-ju huyó hacia el interior de la jaula donde Sae-byeok lo había encerrado y se refugió en el sueño. Irónicamente, la jaula que Sae-byeok había construido para disciplinarlo se convirtió en el escondite perfecto para escapar del hecho de haber eyaculado en la boca de su hijo.

Sae-byeok, consciente de que Woo-ju aún no lograba recuperar la compostura, le cedió ese refugio personal. Le otorgó un espacio donde pudiera tomarse un respiro de la realidad que le costaba aceptar.

Sin embargo, esto no duró más de tres días.

La paciencia de Sae-byeok se agotó al tercer día. Su tolerancia hacia el padre que se escondía en la jaula para evitarlo llegó a su fin. Y así, el acogedor refugio de Woo-ju desapareció.

Al cuarto día, Woo-ju y Sae-byeok comenzaron a convivir dentro de la casa. En ese tiempo, las comidas, que el primer día habían sido desastrosas, se volvieron bastante pasables.

Tras investigar en libros e internet, Sae-byeok analizó las preferencias de Woo-ju y llegó a la etapa de buscar y desarrollar recetas que pudieran gustarle. Acostumbrado ya al estudio de la cocina, comenzó a traer resultados bastante comestibles.

“Papá, hoy intenté sazonarlo un poco más suave. ¿Qué tal? ¿Está pasable?”.

Sae-byeok, con la barbilla apoyada en la mano, preguntó mientras observaba fijamente cómo Woo-ju levantaba la cuchara. Parecía un observador analizando las reacciones de un sujeto de prueba. Woo-ju tragó la comida en silencio en lugar de responder. Su orgullo no le permitía soltar un cumplido como 'está rico'.

“No dices nada. Entonces, asumiré que está bueno”.

Sae-byeok se levantó de su asiento con una sonrisa satisfactoria. Acarició suavemente el cabello de Woo-ju y colocó un vaso de agua al lado del plato vacío. Así terminó la hora de la comida. Sae-byeok, una vez más, no probó bocado.

Woo-ju recordó cuando intentó persuadirlo para que comiera a la fuerza.

“No entiendo por qué le quitan la cáscara a las plantas de forma tan violenta. Al pelarlas, puedo sentir los gritos de la planta y los recuerdos de cómo el cuerpo del arroz se quema”.

Su expresión había sido un poema, como si le hubieran metido algo incomestible en la boca. Ante ese rostro que parecía haber probado agua sucia, Woo-ju se sintió culpable sin haber hecho nada malo.

“…Lo siento. No te obligaré a comer la próxima vez”.

“…Todavía no se me ha agotado la energía. Cuando se acabe, comeré aunque sea por la fuerza”.

“¿Y cuándo se acaba?”.

“¿En unos 80 años…?”.

¿Acaso significaba que no pensaba comer en toda su vida…?

Ante la afirmación de que podía vivir sin comer, Woo-ju simplemente retomó la cuchara y siguió con su comida. Claramente había dicho que le sobraba energía en ese entonces….

Por suerte, Sae-byeok no volvió a mencionar lo ocurrido aquel día. No hubo más locuras de intentar abalanzarse sobre su pene para comer. Woo-ju, por su parte, fingió ignorarlo por completo.

Sin embargo, en su cabeza revivía una y otra vez el tacto de aquel día. Aunque el mundo se hubiera vuelto del revés, aquello era cruzar una línea evidente. Por muy demente que fuera ese hogar, alimentar a su propio hijo con su semen era algo que su sentido común no podía procesar de ninguna manera.

* * *

Madrugada pacífica.

Woo-ju y Sae-byeok dormían en la misma cama. En realidad, era un dormitorio con una cama que apenas merecía ese nombre; no tenía marco, solo un colchón tirado directamente en el suelo. En ese espacio, un poco ancho para una persona pero algo estrecho para dos, ambos yacían tumbados uno al lado del otro en armonía.

Cuando Woo-ju intentó acostar a Sae-byeok en el colchón y dormir él en el sofá, Sae-byeok se negó rotundamente. Por otro lado, dejar a su hijo en el sofá o en el suelo para dormir solo en la cama le remordía la conciencia. Además, dormir en el suelo empezaba a pasarle factura a su espalda... le dio un golpe de realidad pensar qué hacía evitando la comodidad de la cama. Al final, optaron por compartirla.

“Compraré una cama más grande y mejor para la casa a la que nos mudemos. Aunque... si es demasiado ancha, no sentiremos que dormimos juntos. Creo que este tamaño es perfecto”.

“¿Qué mudanza ni qué nada?... No tengo dinero”.

“Papá, tienes mucho dinero. Tomé prestado lo que tenías en tu cuenta y... operé un poco con acciones y criptomonedas. Siento haberlo hecho sin decirte nada. Pero ya gané suficiente dinero para que vivas y te diviertas toda la vida”.

“Ya...”.

“Siento haberlo usado a mi antojo”.

“…No me importa”.

Diez millones de wones. Ese era el saldo que le quedaba a Woo-ju el año pasado tras firmar el contrato de alquiler de esa casa. Teniendo en cuenta el préstamo de fianza, no era una cantidad ni grande ni pequeña. Al ver el saldo, llegó a pensar en comprarse un coche para el trayecto de más de una hora al trabajo, pero desistió ante los enormes gastos de mantenimiento.

No era poco dinero, pero para su edad tampoco era una cifra que lo hiciera sentir orgulloso. Cuando escuchó el precio del coche extranjero que un compañero novato compró para celebrar su ingreso, resultó ser casi el equivalente a todos los ahorros que Woo-ju había juntado con esfuerzo durante años.

Por eso, a Woo-ju no le entusiasmaba ver su saldo bancario, y no le enfureció especialmente que su hijo le hubiera metido mano. Además, no lo había perdido; según decía, había ganado lo suficiente para vivir de rentas toda la vida. Woo-ju, acostado de espaldas a Sae-byeok, soltó una frase:

“Buen trabajo”.

“¡¿Lo hice bien?!”.

Ante el primer elogio de Woo-ju, Sae-byeok se puso tan contento que parecía que le iba a brotar una cola de la alegría. Aunque no pudiera verla, sentía que su hijo la agitaba frenéticamente como un perro fiel.

Woo-ju, que siempre solía reprenderlo, se sintió culpable al verlo tan feliz. Le invadió la amargura al darse cuenta de que él mismo no había recibido muchos elogios en su vida y ahora estaba siendo igual de tacaño con su hijo. Aun así, sintió timidez y no pudo halagarlo más.

Al final, los dos quedaron tumbados espalda con espalda en la estrecha cama. La habitación se llenó solo con el sonido de sus respiraciones. Con dos hombres adultos de buen físico en un cuarto pequeño, el aire se volvió naturalmente denso y caluroso.

Woo-ju cayó en un sueño superficial. Para él, dormir era el único refugio donde olvidar por un momento su cuerpo lánguido y su mente agotada por la depresión crónica. En el pasado, solía dormir sin soñar nada; dependía del alcohol y las pastillas para combatir el insomnio, y su cuerpo, rendido por el trabajo, simplemente se desconectaba cada noche.

Sin embargo, desde que vivía con Sae-byeok, le costaba conciliar el sueño. Al estar más cómodo, no se desmayaba de agotamiento, y ya no podía tomar alcohol o pastillas a su antojo. Terminaba teniendo sueños ligeros y despertando sin sentirse descansado.

Esa noche, Woo-ju volvió a soñar.

En su sueño, flotaba en una neblina tenue. Todo era oscuridad, pero una oscuridad cálida. Alguien lo rodeaba suavemente con sus brazos. Cada vez que las yemas de unos dedos lo tocaban, su corazón palpitaba con fuerza.

Desde que creció, nadie lo había abrazado así. Temiendo que ese calor fuera mentira, se aferró más fuerte. La otra persona, al notar su gesto, lo apretó con más intensidad.

“Mío. Tú eres mío”.

Cada vez que esos dedos largos lo rozaban, un estremecimiento placentero recorría su cuerpo. El calor llegaba como una ola. Se preguntó si esto era el ‘descanso’ que nunca había conocido. Pero al oír esa voz baja susurrando en su oído, la paz de Woo-ju se tornó en ansiedad.

¿Quién eres?

Intentó hablar, pero no salió sonido alguno. La persona en la niebla acarició su cabello con ternura sin decir palabra. Y pronto, sintió un aliento caliente y húmedo.

Cuando el hombre se hundió más profundamente en su cuerpo, su forma empezó a cambiar de manera extraña. Lo que creía que eran brazos humanos se sintieron como masa de carne viscosa. Tras su espalda, en lugar de una estructura ósea, percibió un movimiento fluido, como un líquido lento.

Woo-ju estiró la mano para identificar el cuerpo del hombre. Pero por mucho que lo tocaba, no podía reconocer su forma. El abrazo seguía siendo cálido, pero la identidad del otro era ahora la de un ser vivo de forma indefinida.

Lo único seguro era el tacto húmedo y extraño que sentía desde los pies. Esos objetos, que hacían un sonido chapoteante, subían por sus piernas envolviéndolo lentamente. Un escalofrío le recorrió la nuca.

‘¡Pa… para…!’

El grito interno no lograba salir de su garganta. Woo-ju se retorció para escapar, pero estaba atrapado por la fuerza del ser que lo sujetaba. En ese instante, el terror por lo desconocido se mezclaba con una tensión gélida ante el contacto alienígena.

Aquellas múltiples extremidades, o lo que podrían llamarse tentáculos, que subían por su cuerpo, rodearon sus brazos, hombros y pecho. Pero lo que más lo desesperaba era el tentáculo pegajoso que ascendía entre sus piernas.

‘¡Aaaah…!’

Como si su ropa se hubiera disuelto instantáneamente en fluidos corporales, Woo-ju quedó desnudo, convertido en el blanco de esos seres. No había nada que protegiera su piel vulnerable ni su pene, que había comenzado a erguirse.

Al reunir valor para abrir los ojos y mirar lo que subía por sus piernas, vio masas de carne que se retorcían como serpientes. Eran parte del ser que lo abrazaba. Esos tentáculos ensuciaban su cuerpo dejando un rastro de mucosidad a su paso.

La sensación de ese fluido pegándose a su piel era espeluznante, pero al mismo tiempo actuaba como un lubricante que envolvía su piel con suavidad.

Plac— plac—

‘¡ugh… ah…!’

El extremo de un tentáculo buscó con insistencia su pene erecto. Sin soltarlo, el tentáculo goteante lo envolvió por completo. No era una simple fricción; las pequeñas ventosas en la superficie del tentáculo se movían sutilmente, succionando, atrapando y retorciendo las partes más sensibles del glande y el tronco.

‘¡Haaa… haaaaaa…!’

El pene atrapado empezó a doler. No, era un dolor ardiente. Perdió la cordura ante el placer de los tentáculos viscosos que envolvían y retorcían su pene. Entre el miedo y el deleite, sintió que su sangre hervía y retrocedía por sus venas.

Sobre su pene erecto, el ser que lo abrazaba extendió la mano.

En esa oscuridad absoluta donde no se oía ni un suspiro, la mano de aquel ser acarició el pene erecto de Woo-ju. Fue un toque tierno. En medio de esa tiniebla aterradora, ese rastro de calidez hizo que Woo-ju perdiera por completo la voluntad de resistir.

Finalmente, Woo-ju sucumbió al instinto.

‘Huuu… haaa… ugh….’

Woo-ju se entregó naturalmente a ese ser. Su pene, erecto bajo la mano de aquel extraño, sintió alegría.

‘Ah… haaa… no, no lo hagas….’

En esa oscuridad absoluta donde no se oía ni un suspiro, aquel ser acarició el pene erecto de Woo-ju. Era un toque tierno pero persistente. Los tentáculos se adhirieron con calor, recorriendo de arriba abajo sin soltar ni un centímetro, desde la punta hasta la base.

Chac… sss… sss….

El fluido viscoso de los tentáculos actuaba como lubricante, permitiendo que la fricción entre la mano y la piel fluyera con una suavidad impecable, sin el más mínimo roce áspero. A medida que el movimiento de la mano se aceleraba, el miedo se desvanecía y el placer puro ocupaba su lugar. Cada vez que esa mano extraña apretaba el pene de Woo-ju, su corazón martilleaba con fuerza, sintiendo cómo toda la sangre de su cuerpo se concentraba en su entrepierna.

‘ugh… no… para… he dicho que pares….’

El cuerpo de Woo-ju se arqueó como un arco y convulsionó sin que pudiera evitarlo. Con la llegada de las olas de placer, la luz del sol comenzó a filtrarse en su visión, que antes estaba nublada por la niebla. El ser desconocido, siguiendo el ritmo de los gemidos de Woo-ju, presionó el pene con rapidez.

La oscuridad aterradora que bloqueaba su vista retrocedió, dando paso al amanecer donde la luz del sol se hacía más brillante.

‘¡Haaa… haaaaa… ugh…!’

En el instante en que la razón de Woo-ju se quebró por completo, las caricias alcanzaron su clímax y, finalmente, eyaculó violentamente junto a un placer explosivo. Woo-ju retorció su cuerpo y giró la cabeza para confirmar el rostro del ser que lo sostenía.

Junto al sol naciente, vio el rostro de aquel que retiraba los tentáculos pegajosos y lo abrazaba con fuerza.

Era Sae-byeok.

Al darse cuenta de que la identidad de la fantasía que lo había llevado al éxtasis no era otra que su hijo, el corazón de Woo-ju se desplomó hasta el suelo.

‘Esto no puede ser….’

Un escalofrío de terror recorrió todo su cuerpo, pero lo que siguió fue una culpa atroz que lo golpeó como un tsunami. El autorreproche de haber descuidado a este niño, de haberlo arruinado y de haberlo arrastrado finalmente a ser el objeto de su propio deseo, lo aplastó por completo.

Aunque su mente lo negaba, su cuerpo era miserablemente honesto. En medio del torbellino de terror espeluznante y una autocrítica asquerosa, Woo-ju no pudo rechazar el abrazo de Sae-byeok.

Aun sabiendo que esta relación era veneno, el único aire que le quedaba a Woo-ju era el de los brazos de Sae-byeok. La miserable realidad de no tener a nadie más en quien apoyarse lo empujaba al borde del abismo. Con el corazón oprimido por la culpa, Woo-ju, irremediablemente, quiso hundirse una vez más en ese cálido abrazo que lo asfixiaba.

* * *

Woo-ju se despertó jadeando. Solo veía el techo. El rastro del sueño era tan vívido que, mucho después de abrir los ojos, no podía asegurar si todavía estaba envuelto por los tentáculos viscosos. Sin embargo, el tacto húmedo de las sábanas y la sensación pegajosa entre sus piernas le indicaron que todo había sido un sueño.

Había sido un sueño húmedo violento.

“Ah… mierda”.

Un insulto bajo escapó de sus labios mientras el golpe de realidad lo golpeaba de lleno. ¿Qué edad tenía? Ya no era un adolescente, era un hombre de treinta años que, tras tener un sueño lascivo, ahora vestía unos calzoncillos empapados por una polución nocturna. El orgullo de Woo-ju se arrastró por los suelos.

Pero lo más aterrador era el hecho de que el ser desconocido del sueño era Sae-byeok. El odio hacia sí mismo y la culpa parecían partirle el cráneo al pensar cómo podía haber soñado algo así con el ser que creía que era su ‘hijo’.

La autocrítica lo desbordó.

Al recordar el rostro de Sae-byeok abrazándolo en el sueño, revivió el momento de hace unos días en el que su hijo le había succionado el pene con tanto fervor. Ese hijo, con su rostro de facciones perfectas, se había esforzado por complacerlo. Sin importarle que el pene de un tipo de treinta años pudiera ser algo sucio, se había sonrojado mientras succionaba con dedicación.

¿Qué hombre no se excitaría si alguien le succionara el pene con tanto esmero? Al recordar aquel día, Woo-ju sintió que su pene, aplastado entre sus piernas, cobraba fuerza de repente y se ponía duro como una piedra.

Era el momento más asqueroso de todos.

“Ugh…”.

Al evocar el calor pegajoso y cálido de la boca de Sae-byeok, su cuerpo reaccionó primero. Su razón gritaba que todo era sucio y asqueroso, pero su físico ya anhelaba el placer sentido en esa relación prohibida.

Woo-ju apretó los dientes. Tenía que solucionar esa erección monstruosa de inmediato antes de que Sae-byeok despertara.

Normalmente, habría ido en silencio al baño para echarse agua fría con la ducha o masturbarse, pero ahora estaban tumbados sobre un colchón en una habitación estrecha.

Como si nunca durmiera, Sae-byeok siempre se despertaba en cuanto Woo-ju se levantaba de la cama. Cualquier movimiento corría el riesgo de despertarlo. Prefería morir antes que dejar que su hijo descubriera su estado.

Woo-ju, conteniendo incluso la respiración, puso la mano sobre su pene rígidamente erecto.

“Uuuh… ugh…!”.

A su edad, verse obligado a masturbarse a escondidas junto a su hijo lo hacía sentir miserable. Sin embargo, parecía que su propia mano, usada durante más de diez años, no era de su agrado, ya que su pene no lograba eyacular tan rápido como su mente deseaba.

“¡Rápido, vamos…!”.

Woo-ju se mordió el labio por la impaciencia. Debía terminar antes de que Sae-byeok despertara y antes de que el sol saliera por completo.

Tac— tac— taaac—

El movimiento nervioso de su mano producía un leve sonido de fricción. Al intentar masturbarse con todo el cuerpo en tensión para no ser descubierto, su anatomía no respondía como quería.

En ese momento, la voz de Sae-byeok, que había estado en silencio fingiendo dormir, rasgó la oscuridad.

“Papá, ¿qué estás haciendo?”.

“…No, nada”.

Woo-ju quiso gritar, pero su voz se redujo al tamaño de un mosquito. Intentó ocultar con todas sus fuerzas ese bulto erecto, pero ya era tarde. Los ojos de Sae-byeok, que parecían brillar incluso en la penumbra, ya estaban fijos en su entrepierna.

No te muevas. No te muevas.

Woo-ju se quedó petrificado como una estatua. Sae-byeok, que se había girado para mirarlo, se incorporó lentamente. El sonido de las mantas al ser apartadas resonó de forma sorda, como si se tragara el aire a su alrededor.

“¿Te he despertado?”.

Era la voz dulce de siempre. Parecía la imagen de un buen hijo preocupado por su padre despierto en mitad de la noche. Sin embargo, el instinto de Woo-ju le gritaba que huyera de inmediato.

Bajo esa sonrisa, el ambiente era perturbador.

Sae-byeok, sin dudarlo, puso la mano sobre el muslo de Woo-ju mientras inclinaba el torso hacia él. Woo-ju contuvo el aliento ante el aire caliente que sentía en su rostro. Sae-byeok extendió la otra mano para apartar el cabello sudado de Woo-ju con un toque tierno, como un padre consolando a un niño enfermo.

“Papá, no tienes buena cara. ¿Acaso… has vuelto a tener una pesadilla?”.

El corazón de Woo-ju dio un vuelco ante la cercanía de Sae-byeok. Sí. Si era una pesadilla, lo era. Un padre que eyaculaba pensando en su hijo era, en sí mismo, una pesadilla viviente.

“Es solo que hace calor…”.

Mientras Woo-ju murmuraba una excusa, Sae-byeok soltó una risa baja. Sin vacilar, deslizó la mano que cubría el muslo de su padre hacia abajo. Su mano fría tocó el lugar donde los calzoncillos estaban empapados y el pene que, atrapado en su interior, estaba hinchado a punto de estallar.

Woo-ju sintió que todos sus órganos se detenían.

“Lo que papá intentaba hacer solo hace un momento, yo te ayudaré”.

Susurró Sae-byeok. Su mirada era intensa y feroz en la oscuridad. Ya lo había estado observando todo. Woo-ju negó con la cabeza aterrado, pero Sae-byeok atrapó su mano y la cubrió con la suya. Parecía un niño que descubre a otro jugando con su juguete favorito; se percibía la terquedad de querer recuperarlo. La mirada de Sae-byeok era ardiente.

“Papá. Estás erecto ahora mismo”.

“ugh…”.

Los dedos de Sae-byeok envolvieron el pene de Woo-ju con fuerza autoritaria. Al igual que en el sueño, capturó el cuerpo de su padre con una presión y un calor familiares.

“Ya no puedes hacerlo solo, papá”.

Sae-byeok comenzó a moverse mientras susurraba en voz baja. La cabeza de Woo-ju estaba a punto de explotar, pero su pene reaccionó con más violencia ante el tacto, retorciéndose con fuerza en el puño de Sae-byeok.

En la oscuridad, los ojos de Sae-byeok brillaban como los de una bestia que acecha a su presa.

Woo-ju se retorció para intentar cubrir su pene expuesto al tacto de Sae-byeok. El miedo y la vergüenza se mezclaron hasta estallar en furia.

“¡No te metas! ¡A un hijo no le importa si a su padre se le pone duro el pene o si se masturba! ¡Vete a dormir!”.

Woo-ju le gritó a Sae-byeok alzando la voz lo más posible. Fue un estallido de furia desesperado para ocultar su bochorno y marcar una línea con su ‘hijo’.

Ante el grito histérico de Woo-ju, el movimiento de Sae-byeok se detuvo por completo. El aire a su alrededor se congeló en un instante. Sae-byeok, sin soltar el pene de Woo-ju, lo miró fijamente con frialdad. El hijo ‘tierno’ había desaparecido por completo.

“¿Por qué me dices que no me meta?”.

La voz de Sae-byeok estaba reprimida y baja, pero no podía ocultar la furia que subyacía en ella. Era un resentimiento herido que estallaba.

“Si papá está así de cargado de deseo sexual y su cuerpo sufre, ¿quién se va a preocupar si no lo hace su hijo?”.

Sae-byeok apretó los dedos sobre el pene de Woo-ju.

“¡Ugh…!”.

“Si el deseo sexual de papá está al límite, ¿quién si no yo debe encargarse? ¿Quién debe solucionar la erección de papá?”.

Maldita sea….

Los ojos del chico cambiaron. ¿Había sido todo una farsa hasta ahora? Sus instintos más oscuros y sucios empezaron a filtrarse, como si por fin mostrara su verdadera naturaleza.

Ahora se trataba de una lucha de orgullo entre dos machos. Si Woo-ju retrocedía en este momento, estaría renunciando a su autoridad como padre y perdiendo la batalla por la jerarquía.

Woo-ju apretó los dientes y lanzó un golpe crítico contra su hijo.

“Sea quien sea, no eres tú”.

El grito áspero de Woo-ju rasgó el aire de la pequeña habitación. Esas palabras se convirtieron en el detonante que terminó por desmoronar completamente la cordura de Sae-byeok.

* * *

La sangre se drenó del rostro de Sae-byeok. El pene de Woo-ju, que aún sostenía, se sintió rígido bajo su palma ardiente.

“…Entonces, si no soy yo, otra persona tocará el cuerpo de papá”.

Cada palabra que Sae-byeok soltaba hacía que la temperatura de la habitación cayera drásticamente. El aire se congeló de forma punzante y sus pupilas oscilaron emitiendo un fulgor rojizo.

“¿Me estás diciendo que alguien sacudirá el pene de papá para aliviar su deseo? ¿Una ‘otra persona’ que no sea su hijo?”.

La voz de Sae-byeok resonó con una agudeza desgarradora. Su calma habitual se había esfumado. Solo la idea de que alguien más pusiera sus manos sobre el cuerpo de Woo-ju hacía que los instintos que apenas lograba reprimir se agitaran con violencia en su interior.

Inmerso en el terror, Woo-ju gritó desesperadamente:

“¡Sí!”.

“No. Absolutamente no”.

Sae-byeok atrapó las muñecas de Woo-ju con una fuerza que amenazaba con romperlas y lo empujó bruscamente contra la cama.

“Eso significa que me dejarías para encontrarte con alguien más y tener sexo. Traerías el olor de otro pegado a tu piel, y yo no tendría más remedio que esperarte infinitamente en esta casa sin saber cuándo volverías”.

Una humedad anormal apareció en los ojos de Sae-byeok. Era una mezcla de tristeza y una furia feroz ante la posibilidad de perder a Woo-ju.

“¡Así es… es lo correcto! Eso es lo que es normal. ¡Tú y yo, esta relación en sí misma no es normal!”.

Sae-byeok tiró de las muñecas de Woo-ju hasta ponerlas a la altura de sus ojos. Esa fuerza ya no era humana.

“¿Quién lo dice? ¿Quién dice que esa es la respuesta correcta? Tú, que quisiste morir siguiendo esa ‘respuesta’. ¿Hasta cuándo vas a seguir negándome? Mírame. Ámame. Solo considérame tu familia, mírame solo a mí y descansa. Todo lo que no sea yo solo te causará dolor”.

Sae-byeok agarró a Woo-ju por las solapas y lo arrojó con violencia sobre el colchón. El impacto hizo que Woo-ju soltara un gemido ahogado.

“El lugar de papá no está afuera. Mírame solo a mí, ámame solo a mí, piensa solo en mí. Borra todo lo demás”.

Las pupilas negras de Sae-byeok brillaron. Cuando esa luz, fría como el metal, se filtró en los ojos de Woo-ju, su mente se quedó en blanco. El sentido común de la Tierra, la moral humana, las delgadas líneas de la culpa… todo fue destruido por el poder de Sae-byeok. La cabeza de Woo-ju se llenó únicamente con el nombre de Sae-byeok.

Sae-byeok acercó sus labios al oído de un Woo-ju sumido en el aturdimiento y susurró una premisa que jamás cambiaría.

“Papá, la obligación de un hijo es hacerse cargo del celo de su padre, y la responsabilidad de un padre es solucionar el deseo sexual de su hijo”.

En el momento en que esa declaración desvergonzada golpeó sus tímpanos, el corazón de Woo-ju dio un vuelco. Aunque su mente sabía que aquello era el inicio de una tragedia, su cuerpo, invadido por el poder de Sae-byeok, reaccionó de forma opuesta.

‘Ah… ¿realmente es así?’.

El foco de sus pupilas se perdió por completo y sus ojos se llenaron de lágrimas. Cada vez que la voz de Sae-byeok arañaba su cerebro, los valores que Woo-ju había protegido toda su vida se incineraban uno a uno.

En el lugar donde antes habitaba la vergüenza, brotó un extraño alivio. La liberación de no tener que preocuparse más por la mirada de la sociedad ni por aferrarse a la moral. Dentro de las reglas establecidas por Sae-byeok, él solo tenía que resolver este conflicto y dejarse embriagar por su amor.

“Un hijo… a su padre…”.

Woo-ju murmuró repitiendo las palabras de Sae-byeok con voz temblorosa. La lógica retorcida inyectada por el joven corría por sus venas transformándose en un calor abrasador. Ya no importaba nada. Woo-ju rodeó sin fuerzas los hombros de Sae-byeok, que lo presionaba hacia abajo.

La culpa se dispersó como una niebla tenue, y el vacío fue llenado por el único apego que le quedaba. Su mirada asfixiante comenzó a sentirse no como un dolor, sino como su única salvación.

Sae-byeok pasó de largo el pene erecto de Woo-ju y extendió la mano hacia el orificio oculto entre sus nalgas, un lugar que nadie había invadido jamás. Sus dedos fríos se abrieron paso entre sus glúteos y presionaron el sensible esfínter de Woo-ju.

“Está bien. No me importará si el pene de papá está erecto o no. Dicen que, una vez que pruebas el agujero trasero de un hombre, te vuelves adicto y luego deseas copular por el ano en lugar de usar el pene. Que un hombre de la Tierra tenga sexo anal es algo que está fuera del sentido común al que papá tanto se aferra, ¿no?”.

Sae-byeok susurró cruelmente al oído de Woo-ju.

“Voy a destrozar el agujero de papá con mi pene hasta dejarla hecha jirones. Para que no puedas ni pensar en abrirle las piernas a otro tipo. Haré que te estremezcas de vergüenza y solo me busques a mí, porque no podrás mostrarle ese agujero arruinado a nadie más. Cada noche te alimentaré con mi semen para que te conviertas en un ser como yo, para que te parezcas a mí, para que busques mi pene y me ruegues que tengamos sexo…”.

Sae-byeok mordisqueó el lóbulo de la oreja de Woo-ju mientras soltaba la última frase.

“Haré que me ames solo a mí. Para siempre”.

Al escuchar la crueldad sincera de Sae-byeok, los ojos de Woo-ju temblaron violentamente. Su mente era un caos total. Tal como decía Sae-byeok, Woo-ju quería estar tranquilo.

Si era así, ¿no bastaba con hacer lo que su hijo decía? En lugar de ajustarse al sentido común de la Tierra, solo tenía que hacer lo que él quería… lo que su hijo quería. ¿Por qué había sufrido tanto por una solución tan simple? Solo tenía que seguir las palabras de su hijo, que siempre decía la verdad….

Ya no podía pensar de forma normal. En medio de esa confusión, solo el deseo de obedecer a su hijo llenó su interior. Siguiendo su instinto, la mirada de Woo-ju descendió naturalmente hacia la entrepierna de Sae-byeok.

Era un tamaño que resultaba imposible de creer que fuera humano. Un pene de dimensiones colosales que seguía aumentando su volumen mientras entraba en celo por su padre. Grueso, largo y con una presencia imponente, parecía amenazar con destruir por completo su orificio trasero.

Woo-ju tragó saliva. Incluso en esta situación de locura, su cuerpo traicionó cualquier juicio racional.

Tac— tac— tatatac—

Sae-byeok comenzó a sacudir su propio pene, que era difícil de abarcar incluso con una mano. Ante los ojos de Woo-ju, su ‘hijo’ se masturbaba de forma explícita sosteniendo su pene.

“Haaa… papá”.

Sae-byeok lo llamó con voz lánguida. Woo-ju no pudo rechazar esa mirada ardiente. No, no quería rechazarla. Al final, después de que su corazón tomara el control tras abandonar la razón, el imponente pene de Sae-byeok no tenía comparación con el de Woo-ju, que se había vuelto a levantar tras el sueño húmedo.

“Papá. Tócame”.

Sae-byeok suplicó mirándolo desde abajo. Woo-ju, con la razón completamente quebrada, extendió la mano como hechizado. En el momento en que sus dedos tocaron el pene húmedo de Sae-byeok, el cuerpo del joven convulsionó.

“¡ugh… ugh!”.

Con solo ese toque de Woo-ju, Sae-byeok expulsó una cantidad descomunal de semen que parecía haber estado a punto de desbordarse. El semen caliente y pegajoso llenó la palma de la mano de Woo-ju. Sae-byeok saboreó el clímax jadeando, y su pene monstruoso pareció calmarse por un instante.

“Haaa… haaa…”.

Pero ese momento duró poco. Ante el hecho de que Woo-ju finalmente lo miraba sin evitarlo, el pene de Sae-byeok volvió a aumentar su tamaño y se puso erecto. Era una capacidad de recuperación aterradora.

Sae-byeok sonrió satisfecho mientras mantenía el semen caliente que había eyaculado en la mano de Woo-ju. Y luego, llevó esa misma mano hacia la parte trasera de los glúteos de su padre.

“Bien, ahora es mi turno de hacer que papá sea mío para siempre”.

Los dedos largos de Sae-byeok separaron las nalgas blandas de Woo-ju. La sensible entrada del ano quedó expuesta e indefensa ante la mano empapada con el semen de Sae-byeok.

Sae-byeok no vaciló. Untó de forma pegajosa su propio semen caliente, que llenaba su mano, alrededor del sensible orificio de Woo-ju. El fluido blanco y viscoso comenzó a llenar las paredes internas para que estuvieran lubricadas. Como aquello provenía del cuerpo de Sae-byeok —el mismo que había sellado los vasos sanguíneos de sus muñecas—, la piel de Woo-ju lo aceptó sin oportunidad de rechazo.

“¡Ugh, ugh…! ¡Basta… no lo hagas…!”.

Los dedos fríos y gruesos de Sae-byeok invadieron el orificio trasero de Woo-ju deslizándose como si nada. Aquel agujero humano, que no había sido creado para tal propósito, se contrajo violentamente sorprendido por un uso inimaginable, dejando escapar gemidos de puro dolor.

"¡Ugh, ugh…!"

Woo-ju retorció todo su cuerpo mientras era aplastado contra la cama, pero Sae-byeok lo inmovilizó con firmeza para impedirle cualquier escape.

"No sufra, papá. Solo aguante un poco más".

Sae-byeok susurró con voz baja al oído de Woo-ju. Ver a su padre sufrir también le dolía, pero no hay recompensa sin sacrificio. Le compensaría ese pequeño dolor con un placer inmenso tras un breve momento de paciencia.

"Si aguanta un poco, papá sentirá un placer tan profundo como nunca antes lo ha sentido con nadie. Yo haré que sea así".

Sae-byeok hundió sus dedos revolviendo las paredes internas de Woo-ju sin piedad. Con una mano ya sometiendo el cuerpo de su padre, los largos dedos de Sae-byeok buscaron con insistencia y fuerza el punto de placer en lo más profundo de su interior.

Usando su propio semen como lubricante, Sae-byeok acarició y removió las paredes internas con sus dedos. Dirigió su búsqueda hacia la próstata, más allá de las paredes, el punto más fácil para que un hombre sienta placer.

Y en el momento en que los dedos de Sae-byeok presionaron con fuerza un punto específico.

"¡ugh…!"

Los gemidos de Woo-ju, que antes eran lamentos sofocados por el dolor de la invasión forzada, se transformaron instantáneamente en un grito provocado por el placer que estallaba en su interior. Todos los nervios de su cuerpo se concentraron en ese único punto, y un estremecimiento eléctrico lo atravesó por completo.

La mirada de Sae-byeok brilló. No había forma de que ignorara la sutil diferencia entre el dolor y el placer de Woo-ju.

"Es aquí".

Sae-byeok, con una fría sonrisa de vencedor, movió sus dedos con insistencia hacia ese punto que dejaba a Woo-ju indefenso.

Al encontrar el lugar donde el placer y el dolor se mezclaban, Sae-byeok aceleró el movimiento. Sus dedos entraron uno, dos, tres… moviéndose con tal rapidez que parecía querer meter la mano entera dentro de Woo-ju.

"¡Basta! ¡Se va a romper! ¡Para… haaa… basta…!"

Woo-ju gritó aterrorizado. Tenía miedo de ese placer que desmoronaba su razón por completo, y sentía que su orificio realmente se desgarraría y arruinaría bajo el movimiento de esos dedos.

"No pasa nada. Aunque el agujero de papá se rompa, yo me haré responsable de por vida. Repararé lo que se dañe y, si no tiene arreglo, te cuidaré y te amaré para siempre. No te preocupes".

Ese consuelo, que sonaba más bien a una amenaza, aumentó el terror de Woo-ju. Sabía que su hijo era capaz de cumplirlo.

"¡Uuuh…! ¡Para…! ¡Basta…!"

¡Plac-plac—!

El sonido húmedo que llenaba la habitación se volvió frenéticamente rápido. Woo-ju temía que su orificio se dañara por el placer que lo pisoteaba, pero su cuerpo, atrapado por una sola mano, no podía escapar del tacto de Sae-byeok. Él se concentró únicamente en el punto de placer mientras lo presionaba con firmeza.

El placer explosivo le arrebató a Woo-ju incluso el último control que le quedaba sobre su propio pene.

"¡Haaaaaa…! ¡Basta…!"

Woo-ju llegó al clímax bajo el tacto de Sae-byeok. Al final, terminó eyaculando tanto por delante como por detrás en manos de su hijo. Un líquido caliente brotó del cuerpo de Woo-ju, rindiéndose completamente ante el poder de Sae-byeok. Sae-byeok se incorporó sobre el cuerpo de un Woo-ju totalmente anulado por el placer. Cuando sus dedos salieron del orificio, solo quedó un vacío repentino y un ano empapado por el semen y la invasión.

"Parece que ahora papá ya está listo para recibir mi pene".

La voz de Sae-byeok era dulce, pero el significado de sus palabras era el terror puro. Era la declaración de que finalmente hundiría su sexo dentro del orificio de su padre. Sae-byeok agarró su enorme pene que se erguía rígidamente entre sus muslos. Aunque se había calmado un poco tras la eyaculación anterior, se había vuelto a hinchar, volviéndose grueso y duro ante los gemidos húmedos de Woo-ju.

Woo-ju cerró los ojos. En su cabeza, la razón gritaba '¡Huye!', '¡Esto no está bien!', pero el recuerdo del placer intenso grabado en su próstata ya había derribado toda resistencia.

¡Puff—!

Sae-byeok, sin dudarlo ni un segundo, apuntó su enorme y monstruoso pene hacia el orificio de Woo-ju y lo clavó de golpe. Un dolor como si se estuviera desgarrando golpeó violentamente todo el cuerpo de Woo-ju. Fue una invasión violenta provocada por el pene venoso de su hijo.

"¡¡¡Aaaaaargh—!!!"

El grito de Woo-ju se convirtió en un alarido desesperado que resonó en el dormitorio. Su espalda se arqueó como un arco por el dolor desgarrador. La agonía de ser forzado, la presión de sentir algo tan grueso que parecía imposible que cupiera.

"¡A, ay, me duele…! ¡Bastaaa…! ¡Sae-byeok…!"

"Shhh. Solo un poco".

Sae-byeok lo sujetó por los hombros para fijarlo. Sin inmutarse por la voz cargada de dolor de Woo-ju, Sae-byeok empujó su pene a la fuerza hasta lo más profundo, donde se encontraba la próstata.

¡Plac-pum!

Lo más profundo de Woo-ju se desgarró aceptando por completo el enorme pene de Sae-byeok. Sintió una presión extrema, como si el pilar duro y caliente estuviera empujando incluso sus órganos internos. Era el momento en que el pene gigante del hijo finalmente tomaba posesión absoluta del cuerpo de 'papá'.

"Haa… es perfecto".

Sae-byeok soltó un gemido de satisfacción ante su victoria. Su pene llenaba las paredes internas de Woo-ju sin dejar ni un solo espacio, presionando sin tregua contra su punto máximo.

"¡ugh… haa… haaaaa…!"

"¿Por dónde le gusta más a papá comerse un pene?".

La voz de Sae-byeok rozó el oído de Woo-ju. Aunque hablaba con una tranquilidad absoluta, lo cierto era que él también estaba impaciente.

Sae-byeok comenzó a mover la cadera con insistencia buscando el punto máximo de Woo-ju. Sin sacar el pene por completo, removió las paredes internas recorriéndolas con movimientos lentos, como si buscara un tesoro.

¡Sss… sss… sssss…!

Solo el sonido de la carne hinchada friccionando contra la carne húmeda llenaba el dormitorio. Cuando Sae-byeok inclinó su pene ligeramente hacia la derecha y empujó contra la pared interna de Woo-ju, el cuerpo de este tembló sutilmente.

"Haa…".

¡Pum—!

Sae-byeok no dejó pasar la oportunidad y hundió su pene de golpe cargando todo su peso hacia ese lugar.

"¡Haaa…! ¡Ah! ¡Ahí…!".

En el momento en que golpeó la pared derecha, el cuerpo de Woo-ju saltó de repente soltando un gemido violento. El sudor frío perló su frente y sus ojos, antes nublados por el miedo, ahora perdían la fuerza buscando el placer.

¡Pum—! ¡Pum—!

Junto al dolor, un placer explosivo de una dimensión distinta a la anterior surgió desde el punto donde el pene de Sae-byeok presionaba la próstata. La visión de Woo-ju destelló volviéndose blanca. Todos los nervios de su cuerpo se sometieron al pene de Sae-byeok, convirtiendo el dolor en placer.

La comisura de los labios de Sae-byeok se elevó satisfecha. Como si por fin lo hubiera encontrado.

"Ahora papá solo me mirará a mí".

Sae-byeok susurró al oído de Woo-ju y comenzó a mover la cadera. Sus movimientos, cargados de una fuerza poderosa, eran crueles en su intensidad, y el cuerpo de Woo-ju golpeaba la cama de forma estrepitosa mientras su pene perturbaba las profundidades internas sin piedad.

"¡Aaaah! ¡ugh! ¡Sae-byeok! ¡Ah! ¡Haaaaa…!".

Woo-ju ya no podía emitir nada más que gritos de placer. Su razón se había desmoronado por completo y su cuerpo sucumbía al ritmo de Sae-byeok. Sae-byeok lo agarró por la cintura y hundió su pene, empapado en su propio semen, como una bestia.

"ugh, papá……. Si te lo comes tan bien, ¿por qué intentas huir siempre?".

Susurró Sae-byeok mientras mordía con fuerza el hombro de Woo-ju junto a un gemido ronco.

El cuerpo de Woo-ju se convirtió por completo en propiedad de Sae-byeok, moviéndose según su voluntad. Sae-byeok dejó que su glande rozara la entrada del orificio de Woo-ju por un instante y luego, cargando todo su peso, ¡pum! lo clavó de golpe. Ante el impacto, el cuerpo de Woo-ju se sacudió sobre la cama. Woo-ju no pudo resistirse a la corpulencia de Sae-byeok, mucho mayor que la suya, y por instinto tuvo que abrir las piernas y aceptar su pene en lo más profundo.

Con el cuerpo sacudiéndose, Woo-ju estiró las manos y se aferró a la nuca de Sae-byeok. Colgado de su pecho como un animal, como si una cría se aferrara a su progenitor, Woo-ju lo abrazó con fuerza como si él fuera su único hilo de vida.

"¡Haaa… haaa…! ¡No… no me sueltes!"

Woo-ju no podía ni imaginar qué clase de fuego encendió esa imagen en el corazón del hombre. Sae-byeok movió la cadera mientras lo aplastaba contra su pecho, como si no tuviera intención de dejarlo ir jamás.

"¡ugh… haaa…!"

Sae-byeok embistió con la pelvis golpeando lo más profundo de las paredes internas de Woo-ju. Cargando todo su peso, lo empujaba hacia arriba mientras envolvía sus hombros y fijaba el cuerpo hacia abajo para que no pudiera escapar de su abrazo. Mientras el pene del hijo golpeaba la próstata una y otra vez, el pobre pene de Woo-ju, que ya había perdido la fuerza y goteaba fluido, finalmente terminó eyaculando.

"¡Haaa…!"

Sae-byeok acarició con dulzura la mejilla de Woo-ju, quien parecía haber perdido el juicio debido al clímax.

"Buen trabajo. De ahora en adelante, solo eyacule con mis manos y con mi pene".

"ugh…".

"El hijo se ha esforzado mucho moviéndose por papá, así que ahora debe darme un premio".

"ugh…. Un premio… debo darte un premio…".

¿Qué debía darle? ¿Qué era lo que Sae-byeok quería de todo lo que él poseía?

"Tengo hambre de tanto moverme. Papá, dame de comer tu semen".

"ugh…. Come".

"¿De verdad puedo comérmelo todo?".

"Sí. Todo es tuyo".

Sss… sss… sss.

Sae-byeok comenzó a lamer vorazmente el semen acumulado en el bajo vientre de Woo-ju. En cuanto sus labios tocaron la piel de Woo-ju, el contacto caliente y húmedo hizo que se le pusiera la piel de gallina a este por todo el cuerpo. Lamía con avidez ese recipiente donde se mezclaban el aroma corporal de Woo-ju y su semen.

Su lengua barrió ampliamente el semen espeso y pegajoso, limpiando todo el bajo vientre. El olor metálico característico de la proteína y el aroma del sudor se mezclaron en la boca de Sae-byeok, pero él no pareció darle ninguna importancia.

Sss… sss… sss.

Como una bestia hambrienta, ansiaba ese recipiente donde se mezclaban el olor y el semen de Woo-ju. En el momento en que la lengua de Sae-byeok barrió el semen pegajoso y tocó el ombligo, el cuerpo de Woo-ju tembló. Una sensación extraña, de hormigueo y desconocida, estimuló los nervios de todo su cuerpo.

Como si no quisiera perderse ni la última gota acumulada dentro del ombligo, Sae-byeok tensó la lengua y exploró profundamente su interior. Woo-ju soltó gemidos ante lo extraño de la sensación, pero no pudo resistirse al ver lo satisfecho que estaba Sae-byeok. El rostro de Sae-byeok parecía sumido en el éxtasis.

"Soy feliz… desearía que todos los días fueran así".

"…Yo también".

Sí. Se sentía bien. Quería sentirse bien todos los días así, sin pensar en nada. Ese día, Woo-ju se quedó dormido en los brazos de Sae-byeok. Aunque dormían en la misma cama, siempre lo hacían dándose la espalda, como si el otro no existiera, pero hoy, por alguna razón, quería dormir abrazado a él.

El hijo, que le ofreció sus brazos con naturalidad, abrazó a Woo-ju con calidez. Ese abrazo era tan cálido que casi le daban ganas de llorar.

Esa noche, después de mucho tiempo, Woo-ju pudo dormir profunda y tranquilamente sin siquiera tener un sueño.


4. Un nuevo comienzo

La vida de Woo-ju y Sae-byeok, que antes corría por líneas paralelas, fue encontrando una extraña estabilidad. Woo-ju ya no rechazaba a Sae-byeok, y Sae-byeok hacía todo lo posible por la recuperación de Woo-ju.

Cada mañana, tras terminar el acto sexual nocturno, Sae-byeok revisaba el orificio de Woo-ju, que amanecía hinchado y enrojecido, para aplicarle medicina. A veces, como un gato que lame a su cría, lamió el miembro y los alrededores del orificio de Woo-ju, limpiando meticulosamente los fluidos pegajosos.

Ante ese tacto dedicado, Woo-ju se encogía y obedecía con sumisión. Todo en su vida cotidiana quedó bajo el control de Sae-byeok.

Comer, dormir y mezclar sus cuerpos; una repetición constante.

A medida que pasaba el tiempo, el cuerpo de Woo-ju se domesticó por completo al tacto de Sae-byeok. La depresión y el autoodio que solían acecharlo se atenuaron, y su cuerpo comenzó a buscar únicamente el placer y la comodidad que Sae-byeok le brindaba.

Finalmente, llegó el día de la mudanza que Sae-byeok tanto deseaba. Mudarse no fue difícil. Consistió en dejar atrás todo lo que había en la casa, tomar la mano de Sae-byeok, subir al auto e ir hacia la vivienda que él había preparado.

Al salir al exterior de la mano de Sae-byeok, el aire libre, que no sentía desde hacía tiempo, inundó sus pulmones. Woo-ju inhaló profundamente por un momento. Sae-byeok le abrió la puerta del auto y, una vez que Woo-ju se sentó, él mismo le abrochó el cinturón de seguridad. Woo-ju permaneció sentado dócilmente en el asiento del acompañante.

'Busqué con mucho esfuerzo para papá y terminé toda la decoración interior. Quité todo lo peligroso e instalé varios dispositivos de seguridad...'.

Sae-byeok, emocionado, hablaba mucho. Fuera como fuese, parecía expectante y feliz por la mudanza. Woo-ju acarició la frente de su hijo, quien no podía ocultar la ilusión en su rostro.

'Bien hecho'.

Así, Woo-ju dejó atrás la casa a la que estuvo apegado durante tanto tiempo. Era el lugar que contenía su pasado, su depresión, su tristeza y sus esfuerzos. No es que no tuviera afecto por el hogar; era una relación de amor y odio. Detestaba lo sofocante que era, pero al mismo tiempo agradecía que fuera el sitio que le proporcionaba un lugar al cual regresar.

El auto que conducía Sae-byeok atravesó las complicadas calles de Seúl y se dirigió hacia la carretera periférica. Atrás quedó ese lugar abarrotado como un gallinero, lleno de gente y con mal aire. Atravesaron carreteras despejadas hacia la nueva casa donde vivirían él y su hijo.

"Llegamos, papá".

Habían conducido durante bastante tiempo. El auto se detuvo en una zona residencial de lujo, con casas alineadas y donde el bullicio de la ciudad había desaparecido por completo.

A simple vista, era un lugar que podría llamarse un barrio de clase alta. Al girar la cabeza, Woo-ju divisó una casa unifamiliar de dos plantas con un amplio jardín.

Muros altos que rodeaban la casa de forma segura y un hermoso jardín que armonizaba dentro de ellos. Rosas rojas bien cuidadas llenaban el patio y árboles altos proyectaban sombras para cubrirse del sol. Había aspersores, una mesa exterior para sentarse a tomar el té y un camino de piedra que conducía hacia la vivienda. Realmente era una casa de ensueño, como sacada de un cuadro.

"Vamos. ¿Entramos, papá?".

Sae-byeok sonrió y tomó la mano de Woo-ju. Woo-ju, sosteniendo la mano de Sae-byeok, se dirigió hacia la casa que sería solo para ellos dos.

* * *

En una mañana donde el sol caía pacíficamente, Woo-ju se sentó a la mesa del comedor con total naturalidad. Sae-byeok se había acomodado entre las rodillas de Woo-ju y acababa de terminar con esmero su servicio matutino.

Tras beberse el semen de Woo-ju, recién extraído como cada mañana, Sae-byeok entró en la cocina para preparar el desayuno de su padre.

Sobre el plato que contenía tostadas doradas, huevos revueltos suaves y vegetales frescos, una 'parte' de Sae-byeok descendió de color blanco puro. Sae-byeok, con una sonrisa de satisfacción, deslizó el plato frente a Woo-ju.

"He seleccionado solo lo mejor de mi interior para papá. Tienes que comerlo todo sin dejar ni una gota, ¿entendido?".

Sae-byeok, apoyando la barbilla en su mano, observaba a Woo-ju con ojos llenos de expectación mientras este se disponía a comer lo que él había preparado. Woo-ju levantó el tenedor sin dudarlo. Tras dar un bocado a la tostada empapada en el líquido blanco, Woo-ju habló con calma.

"…Gracias".

Ese breve saludo era sincero. El asco hacia aquel líquido opaco y espeso se había entumecido hacía tiempo. Al contrario, el sabor metálico que rozaba la punta de su lengua estimulaba el apetito de Woo-ju, y su cuerpo lo aceptaba como su energía más fundamental.

"Qué bien comes, papá. Qué lindo".

El líquido blanco y opaco que Sae-byeok le entregaba no era, en realidad, simple semen. Era una 'parte' de sí mismo que contenía una alta concentración de energía refinada dentro del cuerpo de Sae-byeok. Al alimentarlo con su propia esencia, Sae-byeok deseaba que el cuerpo de Woo-ju superara las limitaciones físicas de la especie humana y adquiriera una fortaleza que no cediera ante ninguna amenaza.

La tragedia siempre suele presentarse sin previo aviso en el momento de mayor descuido. Sae-byeok no olvidaba aquel cruel recuerdo de cuando Woo-ju intentó destruirse a sí mismo en el pasado. Sabía muy bien que el cuerpo humano es tan frágil que puede desmoronarse vanamente ante un pequeño accidente o una enfermedad ligera. Por eso, inyectaba constantemente parte de su propio cuerpo en el interior de Woo-ju.

Sin conocer el trasfondo profundo de esto, Woo-ju simplemente se entregó a su apetito según lo que su cuerpo anhelaba primero. Cada vez que bebía el semen, una extraña vitalidad y un calor que se extendía por sus venas adormecían su razón.

Woo-ju ahora se acercaba inconscientemente a su hijo. El orificio trasero de Woo-ju se había ensanchado tras recibir cada día el enorme miembro de su hijo. Ahora, a simple vista, el orificio de Woo-ju mostraba las marcas del uso; había perdido su color original y se abría buscando el pene, como si fuera el de alguien consumido por el uso constante.

Ahora Woo-ju se había acostumbrado al tacto de su hijo y estaba domesticado por sus manos.

Cuando las manos de Sae-byeok manoseaban sus nalgas, su orificio se contraía involuntariamente. Se veía envuelto por la expectativa de que sus manos pudieran rascar gratificantes su interior.

Incapaz de pedirle primero que lo penetrara con su pene, Woo-ju merodeaba a su lado, y Sae-byeok, reconociendo el deseo de su padre, hacía que este se aferrara a su gigantesco miembro jadeando de placer.

Mientras transcurrían esos días de paz, un día, cuando Woo-ju despertó de una siesta a finales de la tarde, intuyó que algo era diferente a lo habitual.

"……."

La casa estaba sumida en un silencio absoluto.

No había razón para que la casa donde solo vivían él y su hijo fuera ruidosa. Lo normal era que reinara el silencio, pero le resultaba extraño que solo el sonido de su propia respiración resonara suavemente.

"Cof…".

Woo-ju carraspeó sin motivo. Pero, por supuesto, no hubo respuesta. Se levantó de la cama y se dirigió a la sala. Solo el eco de sus propios pasos resonaba en la amplia casa; todo estaba en calma.

El hogar lucía tal como siempre. El sol entraba a raudales en la amplia sala y la cocina estaba impecable. Nada había cambiado y su estado físico no era malo. Sin embargo, una sensación de incomodidad, como si hubiera pasado algo por alto, se clavó en su pecho.

Debido a la ansiedad, Woo-ju deambuló por la casa. Luego, por hábito, fue a la cocina y revisó el refrigerador. Dentro del refrigerador, perfectamente ordenado, había botellas de agua y varios platos de acompañamiento.

"¿Tengo hambre?".

No era difícil prepararse algo de comer. Como el refrigerador estaba lleno de platos que él, carente de talento culinario, no podría haber hecho —seguramente comprados en una tienda de comida preparada—, no tuvo que hacer más que servirse el arroz de la arrocera y los acompañamientos.

Woo-ju sació su hambre moderadamente, se sentó en el sofá y encendió la TV por costumbre. Aunque veía el documental que solía gustarle, el contenido no entraba en su cabeza.

Sentía una sed desconocida una y otra vez.

Tenía sed. Por mucho que bebiera agua, la sed no se calmaba. Una especie de hambre desconocida subía desde lo más profundo de su garganta revolviéndole el estómago, y pronto sintió un dolor punzante en la cabeza. Inconscientemente, Woo-ju pensó en el líquido blanco que siempre consumía.

"…Quizás deba beber algo de leche".

Woo-ju pensó en las tiendas de conveniencia de 24 horas que se encuentran en cualquier lugar de Corea.

Sentía que una leche dulce, cremosa y con ese aroma característico calmaría estas náuseas. Por hábito, se dirigió hacia la entrada. En el momento en que sus pasos llegaron a la puerta principal, sintió como si alguien le gritara fríamente a la cabeza:

'No puedes salir solo'.

Esa voz parecía una advertencia instintiva que resonaba desde su interior. A Woo-ju se le puso la piel de gallina en todo el cuerpo.

Sentía el estómago revuelto, le dolía la cabeza y tenía ganas de vomitar.

Su mano, que intentaba sujetar el pomo de la puerta, se detuvo en el aire sin llegar a tocarlo. Woo-ju no pudo abrir la puerta principal. En el momento en que abriera la puerta y diera un solo paso afuera, un terror extremo de que jamás podría regresar a casa para siempre le oprimió la garganta.

Woo-ju desistió de abrir la puerta y, con paso pesado, regresó a la sala.

'He pasado algo por alto. Seguro que hay algo que he olvidado'.

Woo-ju comenzó a registrar toda la casa de nuevo para encontrar qué era lo que le faltaba. Los armarios de la cocina, el lavadero, la despensa. Era extraño. Todo formaba parte de su rutina diaria, entonces ¿por qué estaba tan ansioso e inquieto?

En ese momento, Woo-ju se dio cuenta de que lo que le faltaba no era un simple objeto.

Su hijo.

En esta casa, tan amplia y hermosa, Sae-byeok no estaba. No estaba ese ser que habitualmente lo observaba a su lado hasta que despertaba por la mañana. Aquel que siempre estaba junto a él parloteando sin parar había desaparecido.

Había sido abandonado.

Un terror que se arrastraba desde una infancia que ni siquiera recordaba. El miedo a que aquel ser que en algún momento lo dejaría lo invadió.

Sintió como si se le desgarrara el corazón. Sintió que esta hermosa casa, en cualquier momento, se convertiría en un monstruo que lo devoraría.

Tenía miedo. Sentía que si incluso su hijo lo abandonaba y se marchaba, no podría seguir viviendo.

"¡Sae-byeok! ¡Kang Sae-byeok! ¡¿Dónde estás?!".

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El grito de Woo-ju llenó toda la casa.

La voz de Woo-ju temblaba con una ansiedad y un terror violentos. En la casa vacía, Woo-ju gritó el nombre de su único familiar, su 'hijo', como si fuera un alarido desesperado.

Este grito era el de la victoria que Sae-byeok tanto había deseado, anunciando que había tenido éxito en domesticar incluso el alma de Woo-ju.

"Papá. ¿Me estabas buscando?".

Era Sae-byeok. Sae-byeok apareció con un aspecto perfectamente pulcro, como si nunca hubiera salido. En su mano llevaba una pequeña bolsa de compras, pero a los ojos de Woo-ju, no parecía que sostuviera una bolsa, sino su propio corazón.

"¡¿A dónde diablos fuiste sin decir nada?!".

Woo-ju se levantó de un salto sollozando. No sabía que su ausencia se convertiría en una cuchilla tan afilada que lo apuñalaría de esta manera.

"Salí un momento porque tenía cosas que hacer afuera. ¿Pasó algo?".

Sae-byeok, que entraba por la puerta, mantenía una sonrisa imperturbable. Solo después de escuchar su voz, Woo-ju pudo finalmente soltar el aliento que tenía contenido.

Su mente lo sabía. Sae-byeok es un hombre adulto con una corpulencia mayor a la suya, y es perfectamente normal que salga un momento para ocuparse de sus asuntos. ¿Qué importancia tenía que hubiera ido de compras o a caminar mientras él dormía? Sin embargo, durante ese breve tiempo en que Sae-byeok no estuvo a la vista, Woo-ju sufrió una ansiedad extrema, como si hubiera sido arrojado solo al mundo.

"¡Aun así, avísame antes de salir! ¡Me preocupé porque no sabía a dónde habías ido!".

Al sentir que la vergüenza lo invadía, gritó aún más fuerte. No era un niño, y que un padre estuviera gritando y sollozando a pleno pulmón solo porque su hijo adulto se había ausentado un momento resultaba patético. No podía soportar lo lamentable y vergonzoso de su propia imagen, pero ese sentimiento estaba más cerca de la desolación que de la humillación o la ira.

"¿Estabas preocupado?".

La voz de Sae-byeok era infinitamente cariñosa, pero en su interior se escondía un zorro astuto que, sabiendo ya la respuesta, arrinconaba a Woo-ju hacia un callejón sin salida. Sae-byeok disfrutó de cómo las pupilas de Woo-ju temblaban con ansiedad y se acercó un paso más.

"…Estaba preocupado".

Ni siquiera el propio Woo-ju estaba seguro de a qué le tenía miedo exactamente. Si temía que Sae-byeok hubiera sufrido un accidente inesperado afuera, o si estaba aterrorizado ante la posibilidad de que lo hubiera abandonado para siempre, solo y en esa enorme casa, ahora que era débil e inútil. Aunque la verdad se acercaba más a lo segundo, no quería admitirlo en voz alta ni muerto.

"¿Tenías miedo de que te abandonara y me fuera?".

Sae-byeok acarició con ternura la mejilla de Woo-ju. Su tacto seguía siendo cálido y suave, pero Woo-ju se sintió desolado. Qué descaro comportarse así después de haberlo hecho preocupar. Seguramente él lo sabía; sabía que Woo-ju había recorrido toda la casa buscándolo angustiado mientras él no estaba…

Finalmente, las lágrimas que había estado conteniendo rodaron por las mejillas de Woo-ju. Sae-byeok limpió esas lágrimas con cuidado, como un padre que consuela a un niño que llora. Sin embargo, su verdadera intención carecía de piedad. Estaba decidido a obtener, tal como planeó, una declaración de rendición de boca de Woo-ju.

"…Tuve miedo de que hubieras desaparecido", confesó Woo-ju con la voz quebrada.

Un destello de satisfacción cruzó el rostro de Sae-byeok. Disfrutando del frágil temblor de Woo-ju, volvió a preguntar como quien clava una estaca definitiva:

"¿Tuviste miedo de que te dejara?".

"Sí…".

"¿Quieres estar conmigo para siempre?".

La pregunta de Sae-byeok era una salvación dulce y, al mismo tiempo, los grilletes que hundían a Woo-ju.

Woo-ju lo intuyó. En el momento en que respondiera a esa pregunta, caería por voluntad propia en la telaraña que Sae-byeok había tejido. Si soltaba su mano ahora, caería de nuevo en esa soledad atroz. Aquella vida de huérfano abandonado, marchitándose lentamente en una habitación que nadie visitaba, sin alcanzar a nadie. Antes que volver a ese silencio, prefería pudrirse al lado de su hijo.

Ya era imposible vivir de forma normal.

La conciencia moral o la vergüenza se habían extinguido sin siquiera poder gritar ante el terror de quedarse solo. No se trataba de una resolución grandiosa. Era simplemente una súplica cobarde y egoísta, elegida porque quedarse solo le daba más miedo que la muerte.

'Prefiero ir al infierno. Contigo'.

Woo-ju arrojó de buena gana su alma al fango. Ahora era el momento de revolcarse con él en el fondo del abismo. Woo-ju apenas separó sus labios temblorosos para confesar su abyecta codicia.

"Sí. Quiero estar contigo".

Sae-byeok sonrió de una manera deslumbrante. Durante el largo tiempo que había vivido robando las vidas de otros a través de los años, esas eran las palabras que siempre había querido escuchar de alguien. Su sonrisa era tan perfectamente hermosa que ese éxtasis abrumador llegó a Woo-ju como una presión asfixiante. El cuerpo de Woo-ju se quedó rígido como el cemento frío en un instante.

Fue entonces cuando comprendió.

La ausencia de Sae-byeok había sido una farsa para ponerlo a prueba. Las puertas cerradas de esta casa no eran una vía de escape, sino una trampa eterna para aprisionarlo. El instinto que quería forcejear ya había sido asfixiado por una sed profunda.

Ahora, había sido consumido por ese 'consuelo' llamado Sae-byeok.

No tenía la confianza para vivir solo ignorando ese amor desbordante. El amor de Sae-byeok era dulce y adictivo. Detestaba esa sed terrible. No quería estar ansioso por las migajas de amabilidad que otros le arrojaban. Tenía que agachar la cabeza primero, forzar una sonrisa y fingir que estaba bien mientras su interior se pudría, solo para que le permitieran recibir un poco de calidez. Al final de ese esfuerzo servil, lo que solía recibir era indiferencia o una lástima superficial que se enfriaba pronto.

No quería tener sed de afecto nunca más. Odiaba esa sed insoportable. Una vez que alguien que ha estado encogido en el suelo frío conoce una pizca de calidez, el valor para regresar por cuenta propia a ese frío atroz desaparece para siempre.

Ahora, a Woo-ju solo le quedaba la sumisión de sentir el calor bajo la mirada ardiente de Sae-byeok. Su cabeza le gritaba que huyera, pero su cuerpo permanecía encogido dentro de la trampa que Sae-byeok había creado. No podía escapar. No, ya ni siquiera quería hacerlo. El amor de Sae-byeok se había convertido en su único refugio.

Sae-byeok abrió la bolsa de compras que tenía en la mano. Dentro había un collar con signos de uso.

"Papá, póntelo tú. Para que no pueda irme. Ponme el collar y hazte responsable de mí. Quédate siempre a mi lado".

Sae-byeok puso el collar en las manos de Woo-ju. Era un collar que le resultaba familiar, como si lo hubiera visto en alguna parte. Con las manos temblando violentamente, Woo-ju le colocó el collar a Sae-byeok.

Encajaba perfectamente.

Sae-byeok abrazó a Woo-ju con una felicidad absoluta.

"Ahora no volveré a irme lejos. Como el collar está atado a la mano de papá, ahora solo daré vueltas a su alrededor. No te preocupes. Nunca te dejaré. Te amo. Quiero que papá viva a mi lado".

Las lágrimas de Woo-ju corrieron mojando sus mejillas. Sae-byeok, en lugar de secarlas, acercó sus labios con ternura y lamió las lágrimas.

'No saben bien'.

Pensó Sae-byeok para sus adentros. Todo lo que emanaba del cuerpo de Woo-ju era asombrosamente dulce y delicioso, pero estas lágrimas que derramaba eran verdaderamente amargas. Sea cual fuera el motivo, ver a su padre triste no lo hacía sentir bien. Por mucho que fuera para guiarlo en la dirección correcta, ver a su padre llorar mientras lo disciplinaba sentía que se le partía el corazón.

Sae-byeok susurró mientras miraba a Woo-ju a los ojos:

"Hice mal. De ahora en adelante, nunca más dejaré que caigan lágrimas de tus ojos".

Woo-ju pareció tranquilizarse ante esa promesa, y las lágrimas brotaron con más fuerza.

"Sí…".

Sae-byeok lamió de nuevo las mejillas húmedas de Woo-ju y lo estrechó entre sus brazos para consolarlo. Su pecho era amplio y firme, y Woo-ju recuperó allí toda la sensación de estabilidad que había perdido.

Desde entonces, Woo-ju no se alejó de los brazos de Sae-byeok. Se limitó a bajar la mirada hacia el collar negro azabache en su cuello. La textura característica del cuero y la hebilla metálica que oprimía el cuello de Sae-byeok brillaban tenuemente bajo el sol. Aquel era el collar de Sae-byeok. Y era la prueba de la restricción que el propio Woo-ju había puesto sobre él con sus manos.

Pero la realidad era que no se trataba de una restricción para encadenar a Sae-byeok, sino de un símbolo que garantizaba que él mismo estaba ligado a Sae-byeok. Mientras Sae-byeok aceptara este collar, no se marcharía del lado de Woo-ju. Él ya no podía escapar. Del mismo modo, en el momento en que le puso el collar a Sae-byeok, el propio Woo-ju pasó a poseerlo y, al mismo tiempo, a tener que hacerse responsable de él. Ahora no eran una relación unilateral, sino que estaban destinados a permanecer juntos para siempre, atados el uno al otro.

Hacerse responsables el uno del otro no era un camino fácil. Era un sendero estrecho y empinado del que no se podía huir. Para algunos, el peso de ese significado sería tan grande que querrían escapar.

Sin embargo, cada vez que la mirada de Woo-ju se posaba en el collar, su ansiedad se derretía como la nieve y una satisfacción desconocida brotaba desde lo más profundo.

'Ahora está bien. Ahora… se quedará a mi lado'.

El miedo desapareció y, en su lugar, una extraña satisfacción, como si se saciara la sed atroz que atormentaba su garganta, lo invadió. Woo-ju comprendió finalmente y a la perfección lo que le faltaba.

Sae-byeok era el único ser que no lo abandonaría, y él era el único familiar de Sae-byeok.

Sae-byeok, satisfecho, guio a Woo-ju hacia el sofá. Con el collar puesto, Sae-byeok se recostó primero apoyando la espalda profundamente. Luego, tiró del cuerpo de Woo-ju para que este se echara completamente sobre su cuerpo firme.

Woo-ju se dejó caer sobre el pecho de Sae-byeok, sin fuerza alguna. Sae-byeok, tumbado debajo, tomó las manos de Woo-ju y las rodeó alrededor de su propio cuello.

"Papá".

La voz de Sae-byeok resonó gravemente. Colocó la mano de Woo-ju en la parte más débil de su propio cuello y exigió:

"Aprieta".

Woo-ju, sobresaltado, intentó retirar la mano, pero el agarre de Sae-byeok era tan firme como un grillete.

"¿Qué…? No quiero".

Woo-ju forcejeó.

"Aprieta".

Sae-byeok, manteniendo su sonrisa, superpuso su propia mano sobre la de Woo-ju y presionó su cuello con fuerza. Bajo la palma de Woo-ju, la arteria carótida de Sae-byeok latía con una violencia frenética. Sin que fuera su voluntad, Woo-ju sostenía el hilo de la vida de Sae-byeok entre sus dedos.

"Ugh… Fiuuu…".

Al sentir su tráquea comprimida, Sae-byeok dejó escapar un aliento corto y áspero, similar al de una bestia. Las venas se hincharon sobre su rostro, que se tornó de un color rojo oscuro en un instante, y sus ojos, perdiendo el enfoque, se inyectaron en sangre.

Incluso en medio del dolor de la asfixia, una expresión de éxtasis envolvió a Sae-byeok. A medida que el tacto de Woo-ju apretaba su garganta, una sonrisa embriagada se extendía profundamente por la comisura de sus labios.

"¡ugh…!".

La muñeca de Woo-ju se hundía en el cuello de Sae-byeok, aplastando su vía respiratoria. Para Sae-byeok, la muerte que ese tacto le ofrecía era una bendición inigualable. Bajo la sombra de la muerte que le oprimía el cuello, disfrutaba más que nunca de la aguzada sensación de estar vivo.

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Ante ese juego cruel bajo su mano, Woo-ju saboreó simultáneamente un terror que le robaba el color y una alegría indescriptible.

"¡Ah…! Quítate…. ¡Quítate!".

Tenía tanto miedo que deseaba soltarlo, pero era feliz sosteniendo ese hilo de vida entre sus manos. En una vida que solo había sido una serie de vaivenes, esto era lo primero que poseía y que sentía suyo.

Sintió euforia al verlo perder el aliento bajo su tacto. En ese instante, sintió que esa alegría era su propia verdad e instinto.

"¡Ah…!".

Woo-ju, temeroso de esta euforia, intentó soltarlo, pero Sae-byeok solo apretaba su propio cuello con más fuerza a través de la mano de Woo-ju. Las marcas de los dedos de Woo-ju quedaron grabadas nítidamente en el cuello de Sae-byeok.

En el instante previo a perder el conocimiento, Woo-ju logró retirar la mano de su cuello gracias a un rechazo instintivo hacia la muerte de Sae-byeok.

"Ha… Ha…".

Sae-byeok jadeaba con fuerza, pero mostraba una sonrisa de éxtasis como si hubiera olvidado el dolor de la asfixia de hace un momento. Tras inhalar aire con dificultad, fijó su mirada en los ojos de Woo-ju y pronunció el juramento final y más espeluznante.

"Papá. Si alguna vez llegas a querer abandonarme…. entonces estrangúlame tú mismo y hazte responsable de mi final con tus propias manos. Para que pueda estar a tu lado para siempre".

"Está bien…".

Ahora Woo-ju era un cómplice. Ya no era una pobre víctima atrapada en una trampa ni un observador impotente. Era el co-director de esta relación, aquel que cerraba la puerta con llave y sostenía el cuello de Sae-byeok.

Tan pronto como terminó aquel juramento, Sae-byeok volteó el cuerpo de Woo-ju. Woo-ju fue aplastado sobre el sofá por Sae-byeok sin poder hacer nada. Sae-byeok lo miró con unos ojos que brillaban de forma extraña debido al dolor y la excitación.

"Te amo".

"…Yo también".

"No voy a dejarte, papá. Ahora vamos a vivir felices en esta casa".

Sae-byeok le quitó la ropa a Woo-ju con brusquedad. Woo-ju, acostumbrado al tacto de su hijo, abrió las piernas con naturalidad.

Sae-byeok superpuso su cuerpo sobre el de Woo-ju sin vacilar. En el momento en que sus cuerpos entraron en contacto, Woo-ju sintió que su alma quedaba completamente subordinada a Sae-byeok.

Woo-ju acarició las marcas del collar que quedaban en el cuello de Sae-byeok. Le dolían esas marcas rojas, pero sintió alivio al saber que él era suyo.

"Tú recogiste mi alma. Hazte responsable de mí. Ámame".

A Sae-byeok le bastaba incluso con el amor de Woo-ju nacido de la compasión. Habría sido feliz incluso si su amor fuera una limosna para su alma miserable.

"Está bien…".

Sae-byeok comenzó a poseer su cuerpo apoyándose en ese amor similar a la lástima. Los labios de Sae-byeok se abalanzaron sobre los de Woo-ju, entregándose al deleite de su cuerpo.

Mientras sus lenguas se entrelazaban y el enorme peso de Sae-byeok lo oprimía, las lágrimas volvieron a brotar de los ojos de Woo-ju. Sin embargo, estas lágrimas no eran de tristeza ni de terror, sino la única sensación de liberación que solo podía obtenerse dentro de esta relación tan atroz y hermosa.

Woo-ju se abandonó a sí mismo dentro del amor de Sae-byeok. A cambio, obtuvo un descanso eterno y una restricción estable.

Ahora solo quedaban ellos dos en la vida del otro. Estarían juntos.

"Te amo, papá. Voy a amarte entregando mi alma".

"Yo también… te amo…".

Abrazando la ruina, se entregarían el uno al otro.