Capitulo 1 y 2

 


1. Sae-byeok no pudo morir

No tenía ningún hijo.

Al igual que Woo-ju nació en algún momento, él era un huérfano que simplemente comenzó a existir. Sin padres, ni hermanos, ni familia; un solitario abandonado por la sociedad que debía demostrar su valía constantemente para ser reconocido por alguien.

“Papá, ¿qué te pasa? ¿Te duele algo? ¿Por qué estás temblando tanto?”.

Aquel hombre frente a sus ojos era un intruso que llegó a su casa de repente, pero terminó encarcelándolo.

Ese invitado no deseado le impidió salir de su hogar; lo alimentaba, lo vestía y lo vigilaba a su antojo. Y en algún momento, comenzó a ponerle las manos encima.

“¡Lárgate—!”.

Siendo un simple intruso, ¿por qué ponía esa cara de dolor?

Al contrario, el que terminó llorando bajo aquel hombre, siendo violado y ultrajado mientras lo llamaban con ese apelativo absurdo de papá, fue él.

Aun así, ¿por qué seguía mirándolo con ese rostro herido? Woo-ju apuntó hacia el hombre con un fragmento de una copa de cristal rota.

“Tú no eres humano. Eres un monstruo”.

Aquel día, Woo-ju estaba tan cansado de vivir que decidió rendirse y abandonarlo todo.

Pero el monstruo llegó a su casa el día en que fracasó en su suicidio. No sabía si fue por mala o por buena suerte.

Sin embargo, al final, no pudo morir.

* * *

Aquel día fue el mismo en que regresó de la fiesta de inauguración de la casa de su amigo.

Su mejor amigo, la única persona en la que podía confiar y apoyarse.

No quería cancelar la promesa, así que subió al metro con el cuerpo agotado tras varios días sin poder volver a casa adecuadamente debido a las horas extras.

Pensando que era de mala educación ir con las manos vacías a una celebración ajena, Woo-ju se dirigió a la casa de An Si-hyun —quien estaba criando a un bebé que acababa de cumplir un año— con unas velas aromáticas en la mano que había tardado un día entero en elegir por internet.

An Si-hyun era ese amigo al que las cosas parecían haberle empezado a salir bien últimamente: tuvo un bebé precioso y ganó el sorteo para un departamento nuevo. Dejando atrás la envidia y el sabor amargo, Woo-ju mostró la mejor de sus sonrisas.

“Woo-ju, tú también deberías casarte pronto. Ahora que estoy casado no podré cuidarte como antes, así que deberías tener a alguien de tu lado. ¿Hasta cuándo vas a depender de mí?”

“…¿Fui una carga para ti?”

“No, simplemente me da pena. Verte vivir todavía de esa manera.”

Con el ánimo por el suelo, se dirigió a su casa.

A su casa llena de moho y mal olor.

Sí, supongo que le doy pena.

Porque todavía vive solo en esa casa vieja de esa manera. Pero este fue el resultado de toda una vida de lucha.

Mientras otros recibían clases particulares y comían las viandas que sus padres les preparaban con esmero, él trabajaba en el turno noche de una tienda de conveniencia y se alimentaba con triángulos de arroz. Escatimando horas de sueño, apenas logró entrar en una universidad prestigiosa y, entre compañeros que se iban de viaje en las vacaciones, se aferró con uñas y dientes hasta llegar a ser el mejor de su promoción. Pero al final, estaba en el mismo lugar.

En la gran empresa a la que entró tras prepararme con desesperación, con un currículum que no incluía ni un solo viaje de estudios al extranjero, trabaja bajo las órdenes de un director sin posibilidades de ascenso que lo explota todos los días.

Cuando alguien se entera de que viene de un orfanato, todos lo miran con lástima y condescendencia. Algunos incluso daban consuelos mediocres diciendo que hoy en día el bienestar social es bueno, por lo que era mejor crecer así que con padres que solo generan deudas.

Su único amigo, con quien compartió su juventud escolar, ya no puede entenderlo. Es algo inevitable. En aquel entonces, estando en el mismo salón, habrán visto y oído lo mismo, pero ha pasado demasiado tiempo desde que salieron a la sociedad como para seguir cuestionando eso. Sus vidas fluyeron en direcciones opuestas y sus visiones también cambiaron.

Su amigo, que vive una vida normal, fue al ejército, tuvo novias y se casó con el apoyo de sus padres; que consiguió un hogar confortable gracias a la ayuda de sus suegros y su propia familia, y tuvo un hijo adorable; él siempre le dice a Woo-ju, que sigue hundiéndose en el mismo sitio:

“Tienes que vivir con más esfuerzo que los demás.”

Mierda….

¿Cómo demonios se supone que viva con más esfuerzo?

Ni siquiera ha podido hacerse un pasaporte, así que jamás ha ido a esos viajes al extranjero a los que todos van. Su vida consistía en tomar el primer tren para ir a la oficina y el último para volver a casa cada bendita noche.

Si lo que obtuvo tras superar un trayecto de tres horas de ida y vuelta para ir a trabajar fue un departamento de dos ambientes en un barrio de villas que otros consideran poca cosa, para él ese fue el resultado de veinte años de lucha desesperada.

Estaba exhausto. ¿Cambiaría algo aunque viviera con más esfuerzo de aquí en adelante?

Aquella noche, decidió que quería estar en paz.

El día que tomó esa decisión, lo primero que hizo al llegar a casa fue abandonar de nuevo en la calle al cachorro que había recogido por casualidad.

Fue un mal dueño que no le dio nada. No… era un vínculo tan frágil que daba vergüenza llamarse dueño. Un día de lluvia torrencial, lo trajo a casa por impulso pensando que moriría congelado con ese frío. Lo bañó y le dio una manta caliente, pero fue un dueño mediocre que ni siquiera pudo sacarlo a pasear como es debido.

Como cualquier oficinista que hace horas extras todos los días, era un dueño que regresaba en el último tren con el cuerpo molido y se limitaba a llenar su plato de comida; no podía ni jugar con él adecuadamente. Aun así, agradecía ese calor con el que lo recibía, como si fuera su salvador.

Él era demasiado para Woo-ju. Ese afecto puro con el que agitaba la cola al abrir la puerta devoraba su baja autoestima en cada momento. Cada vez que veía sus ojos claros, sentía que le confirmaban lo patético que era como ser humano.

Un dueño incompetente.

Sentía lástima por él. Pero, en realidad, por quien más lástima sentía era por sí mismo.

Tanto él, que jadeaba sin tener un lugar donde apoyarse, como ese animal testarudo que confiaba en él y lo seguía llamándolo dueño. Ambos eran seres miserables arrojados a este mundo. Pero su tristeza no se permitía el lujo de cargar con la responsabilidad de otra vida. Si él era quien más lástima se tenía a sí mismo, ¿cómo podría cuidar la vida de alguien más?

‘Perdón. Encuentra a un dueño mejor que yo.’

Si él moría, este cachorro moriría de hambre junto a su cadáver.

En lugar de ser un perro abandonado junto a un cadáver, sería mejor para él ser simplemente un perro abandonado por un mal dueño.

Aferrándose a su último rastro de cordura, salió de casa con el cachorro. No quería hacer nada y las lágrimas le nublaban la vista, pero movió sus pesados pasos.

Le puso la correa que había comprado pero que nunca había estrenado y, al salir, el perro, emocionado por el paseo después de tanto tiempo, mostraba una expresión de felicidad.

Él también debió sentirse muy asfixiado.

Durante un mes entero, un tiempo que para un humano puede ser largo o corto, no pudo salir a la calle adecuadamente. Qué feliz se veía. Al mirar al perro que tanto le gustaba, la pena y la culpa lo invadieron.

‘Lo siento….’

Como si hubiera entendido sus palabras, su lengua lamiéndolo hizo que su corazón se derrumbara de nuevo.

Así, volvió a abandonar al perro en el mismo lugar donde lo encontró. El perro pareció darse cuenta de que lo abandonaba de nuevo e intentó seguirlo hasta el final, pero la correa ligeramente atada se lo impidió.

Vació todo el alimento que había comprado para él en un recipiente y se marchó tras dejar una nota que decía: ‘Por favor, cuídenlo’.

Al amanecer, la gente que fuera al parque a pasear rescataría a este perro. Entonces podrá conocer a un dueño mejor, no, a una familia.

Al decidirlo, sus pasos se sintieron más ligeros.

Siguiendo el camino infinito, llegó a casa, llenó la bañera y se sumergió en ella. El cúter afilado que guardaba en lo profundo de su bolso salió a la luz.

Como un viejo hábito, una línea roja apareció sobre su sucia muñeca.

Las gotas de sangre brotaban y fluían, pero antes de que se detuvieran, una nueva línea se superponía. El acto de cortar, y volver a cortar, era lo único que le traía calma en medio de su consciencia que se volvía borrosa.

La bañera fría se tiñó de rojo en un instante, y él se entregó por completo a ella, cayendo en un largo sueño. Un sueño hacia el descanso eterno, en el que ya no tendría que despertar.

Sin embargo, no sabía si el dios que se burló de él sintió lástima por su desgracia o si consideró su muerte como algo imperdonable. Sintiendo una consciencia larga como un sueño, despertó de nuevo en la bañera fría donde el agua rojiza oscilaba.

Por desgracia, no pudo morir, sobrevivió y vio cómo amanecía una vez más.

* * *

Para alguien que deseaba la muerte, no había nada más miserable que el amanecer del día siguiente a su fracaso.

Woo-ju se despertó envuelto en tubos de suero y bolsas de sangre. Ni siquiera le salían las lágrimas ante el dolor de cabeza punzante y la realidad de no poder controlar ni su propia muerte. El médico lo miró sin decir nada; simplemente informó sobre su estado con calma, como si Woo-ju no hubiera intentado suicidarse.

“Ha perdido demasiada sangre. Primero suturamos las muñecas y procedimos con una transfusión, pero… si necesita ayuda, podemos vincularlo con asesoramiento o instituciones especializadas.”

“…Estoy bien. Por cierto, ¿cuántos días han pasado desde que me desmayé?”

“Han pasado unos tres días. Tuvo suerte. Si hubiera tardado un poco más, habría estado en grave peligro.”

Ah….

Tres días. El primer pensamiento que le vino a la mente fue el trabajo. Tres días de ausencia no terminarían solo con una fuerte reprimenda del director. Tendría que redactar al menos un informe de justificación por ausencia injustificada para que no lo despidieran.

Ja….

Aun habiendo decidido morir, su mentalidad de sentirse aliviado por no ser despedido de la empresa era patética. ¿Acaso seguía vivo porque todavía no tenía la determinación suficiente para morir?

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Pero… ¿cómo llegó al hospital? Estaba seguro de que lo encontrarían como un cadáver hinchado por el agua. Sin embargo, seguía respirando y, aunque sus muñecas estaban maltrechas, todavía estaban en su sitio. Si hubiera despertado en la sala de emergencias lo entendería, pero esta era una habitación VIP impecable donde estaba solo.

“…Dicen que ya puede recibir el alta. Me dieron las instrucciones para desinfectar en casa y, como tiene desnutrición, dijeron que debe comer bien. También programé las visitas ambulatorias.”

“Ah….”

Un hombre desconocido que ni siquiera sabía que estaba allí se encontraba en su habitación.

¿Quién era? Era la primera vez que veía a un hombre tan guapo. Aunque la aparición de un extraño lo desconcertó, pronto lo aceptó. Esto era un hospital y él era un inadaptado social que había fracasado en su suicidio. Con su mente aturdida, pensó de repente que aquel hombre podría ser el trabajador social asignado a su caso.

“Vayamos primero a ese lugar. Mi intención es mudarnos de inmediato, pero hay mucho que preparar para una mudanza. Aun así, juzgué que era mejor que se quedara allí en lugar de dejarlo en cualquier sitio.”

“Ah… sí.”

Pensó que era una persona muy peculiar. Bueno, pensándolo bien, era lógico sugerirle una mudanza a alguien que intentó suicidarse hace unos días. Él mismo habría sugerido lo mismo.

Él tampoco quería volver allí.

Pero la realidad era la realidad. Aunque no quisiera regresar, paradójicamente, ese era el único refugio que lo aceptaría.

“Los trámites de alta ya terminaron. Ahora yo también puedo encargarme de los primeros auxilios básicos y la desinfección, así que no volverá a ocurrir lo de la otra vez. Vamos, regresemos a casa.”

Quería rechazar la mano que el hombre le tendía, pero no pudo. Al mirar los ojos del sujeto, se sintió agobiado por una presión que parecía imposible de ignorar. Cuanto más intentaba rechazar su mano, más náuseas sentía, por lo que terminó sujetándola.

“Vamos.”

Salió del hospital de la mano del hombre. Como correspondía a un paciente de una habitación VIP, los médicos y enfermeras lo despidieron amablemente. Subió al auto que el hombre conducía, dejó que este le abrochara el cinturón de seguridad y se dirigieron por el camino familiar.

Al final, dar tantas vueltas para terminar regresando aquí. A estas alturas, resultaba realmente aborrecible. Incluso llegó a tener el aterrador pensamiento de que se pudriría en este lugar de por vida.

“Primero cambié el papel tapiz. Pero debido al moho y la humedad de todo el edificio, volverá a aparecer pronto, así que será mejor mudarse rápido. ¿Estás muy cansado? Duerme un poco y luego almorzamos.”

El hombre entró en la casa de Woo-ju como si fuera la suya propia y lo metió en la cama. Woo-ju esperaba que el lugar estuviera impregnado de un olor a sangre imposible de quitar, pero la casa estaba normal, como si el hombre ya hubiera ventilado todo.

Ambos guardaban silencio, como si el accidente provocado por un impulso hace unos días nunca hubiera ocurrido.

Estaba cansado.

Como hoy descansaría y mañana tendría que decidir si contactaba al director o iba a la oficina para resolver su situación, intentó dormir tal como el hombre le sugirió.

“Gracias. Ya puede irse. Le agradezco por preocuparse.”

Fue una orden de expulsión fría.

Sin embargo, pensó que el hombre entendería su situación, o mejor dicho, su estado mental que no le permitía preocuparse por los demás. Ya había dormido mucho, pero quería dormir más.

“No diga eso. Somos familia. La familia se ayuda en los momentos difíciles.”

“…¿De qué familia está hablando?”

“Usted siempre quiso una familia.”

Deseó que fuera solo una broma pesada. Pero el hombre habló con un rostro que parecía incapaz de derramar una gota de sangre aunque lo pincharan.

“Para ser aceptado por usted, me convertí en una persona en lugar de ser un perro inútil. Yo seré su hijo. Al conocerlo, comencé a sentir emociones por primera vez. Deseo que usted sienta lo mismo que yo. Si me convierto en su hijo, en esa familia inseparable que tanto anhelaba… si es así, ¿podré estar a su lado para siempre?”

No podía ser…. Se veía como alguien normal, pero estaba más loco que él. Resultó que su tutor era un paciente escapado de un hospital psiquiátrico. Era absurdo. Woo-ju se sujetó la cabeza palpitante y, de la manera más cortés y razonable que pudo, pronunció las palabras:

“Váyase. Si no se va, llamaré a la policía.”

“…No servirá de nada que denuncie. Ahora me he convertido en su única familia y en una relación innegable. Usted lo deseaba. Quería tener una familia. Ahora yo soy su única familia.”

“¿Familia? Yo no tengo ninguna familia. ¡¿Quién es usted?!”

Woo-ju gritó negando al hombre. Sin embargo, en el momento en que el hombre extendió la mano con ligereza y atrapó la muñeca de Woo-ju, se hizo un silencio absoluto, como si los ruidos del mundo se hubieran cortado. Al sentir el contacto frío como el metal sobre su piel, Woo-ju se sobresaltó y forcejeó.

“¡Suéltame, loco de mierda!”

“Usted lo deseaba. Decía que estar solo era triste. Que quería tener una familia.”

Las pupilas del hombre vacilaron. Al mismo tiempo, una extraña vibración junto con un zumbido invadió la cabeza de Woo-ju. La voz del hombre se amplificó de manera peculiar, como si resonara directamente dentro de su cerebro.

“…Yo soy su única familia. Yo soy su hijo, Woo-ju.”

“¿De qué… tonterías hablas, ugh!”

Woo-ju se cubrió la cabeza. Estaba seguro de que era una locura, pero extrañamente, cuanto más escuchaba la voz del hombre, más se calmaba su corazón y más se alejaba su consciencia. Las emociones que hervían de rabia se enfriaron rápidamente, como si les hubieran arrojado agua encima.

El hombre acarició suavemente la mejilla de Woo-ju. Una sensación gélida que comenzó en las yemas de sus dedos subió por el sistema nervioso de Woo-ju y paralizó su razón.

“Vamos, descanse un poco ahora. Está muy agotado.”

Sus palabras eran una orden imposible de rechazar. Woo-ju movió los labios para intentar una última resistencia, pero sus piernas perdieron fuerza y se dejó caer sobre el colchón.

“…Monstruo.”

El hombre recibió el cuerpo de Woo-ju, trajo amablemente una manta y lo cubrió hasta el cuello. Luego, susurró al oído de Woo-ju con una voz muy baja y afectuosa:

“Que duermas bien, papá.”

Tap, tap—

Era el sonido de alguien acariciando con ternura el pecho de Woo-ju para calmarlo. Era ese calor afectuoso que Woo-ju había anhelado de alguien durante toda su vida. El miedo hacia el hombre se desvaneció gradualmente, y su lugar fue ocupado por una comodidad que sentía por primera vez en su existencia.

Woo-ju, habiendo perdido incluso la voluntad de resistir, se hundió instantáneamente en el fango de un sueño profundo diseñado por Sae-byeok.

En medio de ese calor extraño, perdió tanto la fuerza para oponerse como el deseo de escapar, cayendo en un sueño profundo como si se hubiera desmayado. El hombre a su lado, cuya identidad desconocía, le resultaba aterrador, pero al mismo tiempo era el único refugio en el que su ser agotado podía apoyarse.

Incluso después de confirmar que la respiración de Woo-ju se volvía pausada y regular, Sae-byeok no detuvo sus caricias.

La conciencia humana era más frágil de lo que parecía. Especialmente el cerebro de alguien que había intentado soltar el hilo de la vida por cuenta propia; con solo una pequeña sugestión, aceptaba de buena gana una realidad falsa como si fuera la verdad. La vibración que acababa de enviarle habría grabado a fuego el nombre de ‘familia’ en lo más profundo del subconsciente de Woo-ju.

Sae-byeok trazó lentamente con su dedo la mejilla pálida del hombre dormido.

‘Mi pobre Woo-ju.’

¿Por qué los humanos se esforzaban tanto por no estar solos, aun teniendo corazones tan vulnerables?

Ahora tenía la intención de invadir el mundo de Woo-ju de manera gradual y precisa, para que este no pudiera rechazarlo. Primero se puso la máscara de su ‘hijo’ y, en poco tiempo, se convertiría en su ‘todo’.

Sae-byeok acercó sus labios al oído de Woo-ju y susurró una vez más, en el idioma de la Tierra que aún le resultaba extraño:

“No lo olvides ni siquiera en tus sueños. Ahora no tienes a nadie más que a mí a tu lado.”

En la habitación oscura donde no entraba ni la luz de la luna, las pupilas del depredador brillaron de color rojo con satisfacción.

Una habitación terriblemente silenciosa. Un rayo de luz se filtró débilmente entre las cortinas al amanecer, cuando incluso la respiración se sentía pesada.

El detestable amanecer.

“Es Sae-byeok….”

Eso significaba que otro día comenzaba. Significaba que, como aún no había muerto, tenía que vivir. Significaba que debía continuar con esa vida aborrecible.

La repetición de los días lo sumía en la desesperación.

El hombre había permanecido a su lado toda la noche. Woo-ju volvió a susurrar mientras observaba el sol que salía hoy también.

Sus hombros caídos, sus ojos fuertemente cerrados, las puntas de sus dedos que intentaban alejar la luz del sol. Parecía un muñeco roto, pero hoy también seguía vivo.

“…He vuelto sin siquiera morir. Estoy harto del amanecer…. Desearía que el mañana nunca llegara.”

Woo-ju estaba desesperado. Ya estaba harto. Siendo un cobarde, había reunido todo el valor posible para cortarse las muñecas, pero al final terminó en el mismo lugar. En realidad, no tenía valor para morir. Lo único que podía hacer era dejar fluir las lágrimas que se formaban sin descanso.

“Yo seré tu Sae-byeok. Hasta el día en que no te sientas triste al ver salir el sol… estaré a tu lado. Así que, por favor… no mueras.”

Dijo el hombre mientras abrazaba a un Woo-ju desesperado.

Así fue como aquel hombre se convirtió en el Sae-byeok de Woo-ju.

Para Woo-ju, Sae-byeok era el tiempo detestable, el momento de dolor que iniciaba un día aborrecible. Un nuevo dolor había llegado al lado de aquel Woo-ju.

El intruso que lo buscó era, tal vez, el ser que más lamentaría la muerte de Woo-ju en este planeta, y un tirano que hacía que fuera imposible negarlo aunque quisiera.

A pesar de todo, el monstruo quería convertirse en una nueva esperanza y en la voluntad de vivir para el Woo-ju que deseaba la muerte.

Lo amaba.

Aunque fuera un amor unilateral que Woo-ju no deseaba.

* * *

Las líneas que se extendían a lo largo de su muñeca le recordaban que aquello era la realidad.

Al monstruo le disgustaba que Woo-ju se mirara las muñecas. El monstruo, que desinfectaba las heridas dos veces al día, mañana y noche, le ponía vendas nuevas mientras Woo-ju dormía.

“¿Hay algo que quieras comer? Dicen que los humanos deben hacer tres comidas al día. Se requiere un promedio de 2,600 kcal para un hombre adulto. Hay que equilibrar carbohidratos, proteínas y grasas, pero como las funciones de tu sistema digestivo están muy debilitadas ahora, me informaron que en estos casos es mejor comer una papilla de fácil digestión”.

“…Lárgate”.

“Ah. A papá no le gustaba el formato de vivienda compartida, ¿verdad? No te preocupes. A mí me pasa lo mismo. El aislamiento acústico de esta casa es pésimo. Mientras dormías, compré una casa unifamiliar con jardín a las afueras de Seúl. En cuanto termine la remodelación podremos mudarnos, así que no te preocupes”.

“¡¿Quién dice que voy a vivir contigo?! ¡No tengo ninguna intención de vivir contigo, así que lárgate tú solo ahora mismo!”.

Woo-ju lanzó todo lo que tenía a mano hacia la cabeza del monstruo.

“¡¿Por qué?! ¡¿Por qué haces lo que se te da la gana?! ¡¿Tú también te burlas de mí?! ¡¿Crees que soy un juguete?!”.

La voz de Woo-ju estalló sacudiendo el interior de la villa. Tenía los ojos inyectados en sangre y su respiración agitada se quebraba en su garganta. Sujetando una taza que estaba sobre la mesa, la lanzó con violencia hacia Sae-byeok.

“¡Fuera! ¡Te dije que te largaras, por favor!”.

La taza transparente chocó con fuerza contra la pared y se hizo añicos. Los trozos de vidrio saltaron por el suelo emitiendo un sonido agudo, pero en la mejilla del hombre que estaba frente a él no se posó ni una mota de polvo.

Él ni siquiera se inmutó.

Solo miraba a Woo-ju en silencio. Los labios del monstruo dibujaban una curva muy suave y afectuosa, pero de esa sonrisa, en lugar de calidez, parecía emanar un frío glacial capaz de congelarlo todo.

Aquello era, sin duda, una sonrisa falsa. Woo-ju se vio envuelto por el temor de pensar qué estaría planeando ese monstruo, o si acaso no terminaría devorándolo.

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Woo-ju tomó la almohada que sostenía su cabeza y la arrojó al rostro del monstruo.

“¡Lárgate de inmediato!”.

Sin embargo, la almohada lanzada frente a los ojos del monstruo se detuvo en el aire por un momento y luego cayó sin fuerzas.

“…Monstruo”.

Las puntas de los dedos de Woo-ju temblaban y sentía como si su pecho se derrumbara. Pero el monstruo, por el contrario, dio un paso hacia él.

“…Un papá no llama monstruo a su hijo. Llámame por mi nombre. Por el nombre de Sae-byeok que tú me pusiste”.

Su voz calmada resonó en los oídos de Woo-ju, grabándose en lo más profundo de su mente. Un extraño destello vaciló por un instante en sus pupilas. Woo-ju sintió un mareo, como si su mente se quedara en blanco por una fuerza desconocida. Sus palabras se convirtieron en grilletes grabados en el corazón de Woo-ju.

“Puedes destrozarlo todo si quieres. Puedes gritar o rechazarme, no importa. Aun así, yo me quedaré en este lugar”.

Ante esas palabras, a Woo-ju se le cortó el aliento. Su ira no pudo avanzar más. Cualquier palabra o el temblor de sus dedos no lograban dejar ni una herida en él; por el contrario, solo terminaban desgastando al propio Woo-ju. Sus emociones desbordadas rebotaron impotentes como contra un muro, y lo único que quedó fueron los trozos de vidrio que él mismo había roto en el suelo.

Entre sus labios rendidos, finalmente brotó aquel nombre.

“Sae-byeok…”.

“Sí, papá”.

Al escuchar su nombre, el monstruo expresó una alegría asombrosamente vívida. Parecía que imitar las emociones humanas todavía le resultaba extraño, pero Sae-byeok se veía genuinamente feliz de una manera inquietante. Esa imagen le puso la piel de gallina.

Woo-ju nunca pensó que llamaría al monstruo por su nombre. Sin embargo, no sabía qué le habría hecho ese ser, porque cada vez que quería decirle ‘monstruo’, su lengua y sus cuerdas vocales pronunciaban ‘Sae-byeok’ con un sonido familiar y afectuoso.

¿Qué demonios sería esa cosa? Al pensar en la presencia del invasor que apareció de repente, su instinto le decía que le temiera y que gritara para escapar. Su corazón lo rechazaba, pero en su cabeza se repetía que él era su ‘hijo’.

Tenía forma humana, pero su instinto le advertía que era un monstruo. Sin embargo, debido a este monstruo que no se marchaba, la extraña convivencia de ambos comenzó ese día.

Al monstruo, no… a Sae-byeok, le desagradaba profundamente que Woo-ju saliera.

A la mañana siguiente de comenzar la extraña convivencia, Woo-ju tomó una camisa por el instinto del deber de ir a trabajar. Ignorando su dolor de cabeza, se abrochó el último botón. Sintió que los ojos de Sae-byeok no se apartaban de él, pero intentó ignorarlo.

“Afuera es peligroso. Todavía no estás recuperado. Quédate en casa conmigo”.

“Tengo que ir a trabajar. Quítate”.

Woo-ju apartó a Sae-byeok y tomó su billetera, su laptop y sus documentos. No sabía por dónde empezar. Soltó un suspiro y sintió una opresión en la garganta. Se preguntaba si ya lo habrían echado por la ausencia injustificada. Al pensar en cuántos informes de justificación tendría que escribir, ya le dolía la cabeza y no quería ir.

Sin embargo, si no iba hoy, realmente lo despedirían. Siempre decía que renunciaría, pero al verse a punto de ser despedido, no tenía ni el valor para renunciar. Sin saber si entendía o no este sentimiento atribulado, Sae-byeok le quitó el bolso y dijo:

“No necesitas ir a la empresa. Si es dinero lo que necesitas, yo te lo daré. Puedo darte mucho más que un manantial que no se agota aunque lo uses toda la vida. Así que quédate en casa”.

“¡Qué…!”.

¡Qué sarta de tonterías! Pero el reloj ya marcaba las siete. Ya no había tiempo para discutir. Si volvía a faltar hoy, realmente podría ser su fin.

“Tengo que ir. Si no salgo ahora, de verdad me van a echar”.

“¿Entonces no es algo bueno? No querías ir a trabajar. Dicen que las empresas que no te dejan volver a casa ahora se llaman empresas negras. ¡No se va a esos lugares!”.

Era imposible entenderse con ese ser.

¿Cómo podría renunciar, con lo mucho que le costó entrar, solo con la excusa de que había muchas horas extras? Si le quitaban la etiqueta de empleado de una gran empresa graduado de una universidad prestigiosa, ¿qué quedaría de él?

Si le arrebataban su credencial de empleado, solo sería un pobre huérfano. Una etiqueta de la que no podría escapar por más que se esforzara toda la vida. No quería vivir cargando con esa marca.

Aunque tuviera que estar pendiente del humor del director todos los días y sus compañeros lo menospreciaran, ese era un lugar del que no podía huir. Aunque se sentía mareado y asfixiado, Woo-ju tenía que salir.

Woo-ju apartó a Sae-byeok, que lo bloqueaba en la entrada, y sujetó el picaporte. Sin embargo, la puerta no se abrió.

La cerradura electrónica no funcionaba.

Golpeó la puerta como si quisiera romperla. Golpeó hasta que sus palmas se hincharon y enrojecieron, pero la puerta permanecía cerrada, inmóvil.

Bip, bip, bip, bip—

La alarma del celular rompió el silencio. Era el aviso del último autobús que le permitiría llegar a tiempo por los pelos.

Al ver que la puerta seguía sin abrirse, Woo-ju miró al hombre con ojos desesperados. Si armaba tanto escándalo, normalmente los vecinos que odian el ruido habrían venido corriendo, pero por alguna razón nadie parecía interesado en el alboroto; al otro lado de la puerta solo había silencio.

Sin duda, aquello era obra de este hombre.

Tengo que ir a trabajar…. Aunque llegue tarde, tengo que ir. No quiero ir. Quiero salir. No quiero salir. Pero no hay opción. Ese hombre me estorba. Sí, esto es un accidente. Pero, ¿me entenderá la empresa? Me van a echar. No quiero que me echen. Pero no quiero seguir yendo. Para que no me echen tengo que ir a trabajar. No quiero ir….

Los deseos contradictorios de ‘tengo que ir a trabajar’ y ‘no quiero salir’ provocaron un enorme torbellino en la mente de Woo-ju.

Al final, esta lucha que parecía no tener fin terminó por oprimir los pulmones de Woo-ju. No podía respirar. El aire que creía estar inhalando se bloqueaba en la punta de su nariz y se quedaba atascado en medio de su pecho sin bajar.

“Ha… ha… haaa…, no… no…”.

“¿Papá?”.

“¡No… no puedo respirar…!”.

La visión de Woo-ju se desmoronó irremediablemente. Se tambaleó apoyando una mano en la pared hasta caer de rodillas. Sus ojos brillaban febrilmente y las yemas de sus dedos se enfriaron por completo. El aliento que escapaba entre sus labios temblorosos era demasiado rápido y ligero.

Su corazón se aceleró con locura, sus pulmones se contrajeron y su cabeza daba vueltas como si hubiera un terremoto. Como si hubiera olvidado incluso la forma correcta de respirar, Woo-ju se cubrió la cabeza con ambas manos.

Sus hombros, que se habían vuelto más pequeños tras perder peso después de ‘aquel incidente’, temblaban. Como si no pudiera soportar el terror que estallaba en su interior, encogió todo su cuerpo y tembló con ansiedad.

“La empresa… tengo que ir a la empresa…. Por favor…”.

“Papá necesita estabilidad ahora. Ir a la empresa solo hará que tu corazón sufra más”.

Esas palabras afectuosas ya no llegaban al corazón de Woo-ju. Por el contrario, aquellas voces cálidas asfixiaban aún más su garganta.

Woo-ju gritó como si estuviera aullando:

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“Basta… sálvame por favor…. Por favor… abre la puerta…”.

Woo-ju se desplomó quedando completamente postrado en el suelo, mientras inhalaba y exhalaba con violencia. Sus dedos tanteaban el aire y pronto pareció que brotaría espuma blanca de sus labios. Sus ojos perdieron el enfoque y el vendaje de su muñeca, que rascaba compulsivamente, ya estaba hecho un desastre.

Sae-byeok se sentó al lado de Woo-ju como si hubiera estado esperando ese momento. Se arrodilló y, mientras acariciaba la espalda de Woo-ju con una mano, murmuró:

“Papá siempre estaba agotado cuando volvía de la empresa. Sufría. Si no quieres ir, ¿por qué intentas volver a ese lugar?”.

El aire… dejó de entrar por completo.

“Ha… ha. Haaa… ha…”.

Los pulmones de Woo-ju se sacudían para tragar aire, pero no inhalaba nada. Su pecho se sentía oprimido como si lo aplastara un bloque de hierro, y las puntas de sus dedos se tornaron azuladas.

En el instante en que su visión se volvía borrosa, Sae-byeok lo sujetó antes de que cayera y lo recostó; su semblante era de una calma espeluznante. Woo-ju, un simple humano común, no podía entender si el otro se preocupaba por él o si solo lo observaba. Simplemente deseaba el descanso que vendría tras ese aliento agónico.

Sin embargo, Sae-byeok no tenía intención de dejar ir a Woo-ju. En la mente del monstruo que vestía una forma humana, solo fluctuaba la obsesión instintiva de retener a su ‘familia’ que se desmoronaba.

“No quería… presionarte hasta este punto”.

Sae-byeok levantó suavemente la barbilla de Woo-ju. En el momento en que sus ojos se encontraron, la visión de Woo-ju osciló borrosamente. No obstante, en el instante en que los labios de Sae-byeok se acercaron, Woo-ju se estremeció por instinto e intentó apartarse empujándolo.

“¡Ba, basta… no lo hagas…!”.

“No puedes respirar. Quédate quieto, papá”.

A diferencia de su voz afectuosa, sus manos fijaron con firmeza la mandíbula de Woo-ju. Y, lentamente, superpuso sus labios sobre los de él.

“Uuub… uuuu…. Uuuht, uuubhub…!”.

A través de los labios presionados, el aliento de Sae-byeok se volcó hacia adentro. Sae-byeok, con sumo cuidado, retuvo el oxígeno que Woo-ju exhalaba en lo profundo de sus propios pulmones y luego lo empujó dentro de su boca. El aliento frío se enredó ardientemente siguiendo la raíz de la lengua.

Junto con su respiración caliente, la saliva de Sae-byeok fluyó lentamente por la garganta de Woo-ju. Bajo el pretexto de ‘salvarlo’, el aliento y la saliva de Sae-byeok penetraron profundamente en su cuerpo, sin importar la voluntad de Woo-ju.

“¡Haaa… haaa…!”.

Las pupilas de Woo-ju temblaron violentamente. No distinguía si su corazón volvía a latir o si temblaba por el terror y la conmoción.

Sae-byeok no perdió la oportunidad mientras Woo-ju ansiaba respirar y deslizó su lengua caliente profundamente en la boca de él. La punta de su lengua exploró obsesivamente el paladar, la dentadura y la garganta, marcando su territorio.

Ante la sensación de la mucosa de otra persona y de esa carne caliente bajando por el esófago —algo que nunca había sentido en su vida—, el sentido común de Woo-ju se derrumbó de forma atroz.

‘…¿Acaso yo, ahora mismo, me he besado con mi hijo…?’

Sae-byeok solo separó sus labios después de haber insuflado su saliva y su aliento durante un largo rato. Pero sin alejarse del todo, susurró lánguidamente a una distancia donde sus labios aún se rozaban. Su voz parecía resonar directamente en el cerebro de Woo-ju a través de su lengua.

“Tienes hambre, ¿verdad? Estarás mejor después de desayunar y dormir un poco. Yo te cuidaré a tu lado”.

Sobre la piel de Woo-ju, que jadeaba con una respiración húmeda, un escalofrío desagradable trepó como una serpiente. Sae-byeok lo observó con los ojos del depredador más benevolente del mundo, como si incluso ese temblor le resultara adorable.


2. El escape del padre novato

Ese monstruo… no, Sae-byeok, a pesar de ser un invitado no deseado en la casa de Woo-ju, se dirigió a la cocina como si fuera el dueño.

¡Clanc! ¡Cataplún! ¡Crash!

Desde la cocina no paraban de resonar estruendos de vajilla cayendo; uno se preguntaba qué demonios estaría haciendo allí.

A pesar de haber alardeado con que lo dejaría descansar, Sae-byeok estaba causando un desastre en la cocina. Ante la posibilidad de que terminara destrozando todos los enseres domésticos, Woo-ju se dirigió hacia allí. No es que quisiera colaborar con Sae-byeok, sino que le preocupaba que no quedara ni un plato sano en la casa.

Ni siquiera quería mirar hacia donde estaba Sae-byeok, así que no le importaba si estaba preparando ramen o haciendo kimchi. Pero aquello no eran ruidos normales de una cocina. Además, ya empezaba a flotar un olor extraño que no parecía ser producto de su imaginación.

“¿Qué estás haciendo ahora? Déjame ver…”.

“¡Ah! Papá, ¿por qué viniste aquí? Ve a la habitación a descansar”.

“…….”.

¿Qué demonios había que hacer en una cocina para terminar en semejante estado? En realidad, casi no había utensilios: apenas una sartén y una olla. A excepción de un colador y un bol grande que compró en verano para comer fideos fríos, solo había platos para servir la comida.

Sin tener siquiera un batidor, Sae-byeok estaba intentando batir huevos con una simple cuchara, pero de alguna manera terminó cubierto de huevo de pies a cabeza. Parecía el protagonista de un dibujo animado que intenta cocinar por primera vez, deja la cocina hecha un desastre y mira con timidez mientras sonríe con torpeza.

Salsa de soja, sal, azúcar, polvo de chile… todos los condimentos estaban fuera. Además, parecía haber sacado un frasco de kimchi que Woo-ju guardaba por si no tenía nada más que comer, y la tapa abierta desprendía un olor agrio.

“Ha…”.

Por esto mismo era por lo que no quería entrar en la cocina. El refrigerador estaba lleno de vegetales marchitos y restos de comida a domicilio que le daba pereza tirar, a pesar de no tener nada decente para comer. Al no prestar atención a las tareas del hogar, era natural que, cuando intentaba cocinar algo, tardara más tiempo limpiando el desastre que preparando el plato.

Cuanto más lo pensaba, más le subía la temperatura. No, ¿por qué demonios ese ser estaba convirtiendo la casa en un caos sin que nadie se lo pidiera?

Woo-ju no quería seguir discutiendo con Sae-byeok. Sin embargo, tampoco se sentía capaz de observar en silencio cómo destrozaba la cocina bajo la excusa de preparar la comida. Tras lanzarle una mirada feroz, Woo-ju regresó a su habitación y cerró la puerta de un golpe violento.

“Buaa…”.

Sae-byeok se desinfló ante la mirada furiosa de Woo-ju. Aun así, esperaba que, si le llevaba una comida decente, Woo-ju lo aceptaría al menos un poco más.

Así pasó el tiempo. El estómago de Woo-ju, sin ninguna consideración, empezó a gruñir ruidosamente, pero por orgullo no podía salir. Se cubrió con la manta y se apretó el vientre hambriento.

‘¡No puede ser…!’.

Ya había pasado mucho tiempo desde que Sae-byeok se fue con ímpetu a la cocina prometiendo el desayuno, pero los ruidos de desorden continuaban.

En una villa con mala ventilación, el olor de la comida se esparcía por todas partes, pero el otro no parecía tener intención de avisarle para comer.

Ya pasaban de las once de la mañana; a este paso, más que desayuno, iba a ser el almuerzo. Woo-ju permaneció un rato oculto bajo la manta por temor a que sus tripas volvieran a sonar. Minutos después, finalmente Sae-byeok terminó y se acercó a la cama donde Woo-ju estaba ovillado.

“Papá. El desayuno está listo. Sal a comer”.

“No quiero…”.

“Come aunque sea un poco. Los humanos no pueden estar sin comer. Podrías morir de hambre”.

Woo-ju se resistió por cortesía. Por mucha hambre que tuviera, su orgullo no le permitía salir disparado a comer. Sae-byeok, captando un poco la situación, se sentía angustiado ante la mirada fría de Woo-ju y daba vueltas a su alrededor como un perro, suplicándole que probara bocado.

“¿Eh…? Tienes que comer…. Woo-ju, come solo un poquito. ¿Sí, papá…?”.

Fingiendo que cedía ante las súplicas, Woo-ju se levantó y se dirigió a la sala. En la mesa ya estaba servida la comida, que se había enfriado a una temperatura adecuada. Pero Woo-ju arrugó el gesto ante el aroma desconocido.

Era algo extraño.

Un olor que mezclaba algo aceitoso, un toque a quemado y, por otro lado, una fragancia extraña y difícil de identificar. Sae-byeok, ajeno al desconcierto de Woo-ju, se sentó orgulloso a su lado mirándolo con ojos expectantes.

“¡Papá, siempre vas a trabajar sin desayunar porque estás ocupado! Eso no está bien. ¡De ahora en adelante yo te cocinaré todos los días!”.

Woo-ju bajó la mirada hacia el plato con desconfianza.

“Esto es…”.

Parecía un huevo frito, pero la mitad de la clara estaba cruda y líquida. Lo normal es que la yema esté semicruda y la clara bien cocida, pero esto era un engendro con la yema quemada y la clara chorreando.

Sobre el arroz era evidente que había vertido salsa de soja, pero flotaba un aceite extraño. En la sopa, unos trozos de alga flotaban en agua tibia junto a unos grumos rojos que prefería no identificar. Era imposible saber si se trataba de un estofado de kimchi o de pasta de chile.

“¿Hiciste esto… con lo que había en casa?”.

“Sí. Lo hice con mucho esmero. Es una lástima que faltaran ingredientes, ¡pero no importa porque esta tarde iré de compras!”.

Esmero.

Esa palabra le dio pavor.

Sin embargo, uno no puede simplemente tirar la comida. Aunque vivía en el siglo XXI, donde los alimentos no escasean, Woo-ju había crecido sabiendo que la comida es sagrada y no se atrevía a volcar la mesa.

Apartó el plato con esos grumos rojos que no se veía capaz de ingerir y tomó la cuchara. Como parecía una imitación de arroz con huevo y salsa de soja, cerró los ojos y se metió una cucharada en la boca.

Y, en ese mismo instante.

“…¡Puaj!”.

Su boca se entumeció de inmediato. Dulce, salado y picante lo golpearon al mismo tiempo, mientras una proporción incomprensible de aceite y azúcar le punzaba la lengua, creando una repulsión desconocida. Woo-ju bebió agua desesperadamente.

“¿Cómo pretendes que coma esto…? ¿Estás loco?”.

La expresión de Sae-byeok se desmoronó al instante.

No era que Woo-ju lo dijera por odio; era realmente incomestible. Sorprendido de que la comida fuera rechazada por puro reflejo antes de siquiera pasar por la garganta, Sae-byeok volvió a tomar la cuchara y se la acercó a Woo-ju.

“Puede que… sea porque no estás acostumbrado. Come un poco más. Papá, tienes que estar sano. Debes comer más”.

Woo-ju giró la cabeza expresando su negativa. Pero Sae-byeok volvió a sujetarle la mandíbula para forzar la cuchara. Irritado, Woo-ju se puso de pie bruscamente y le apartó la mano de un golpe.

¡Clanc!

La cuchara cayó al suelo ensuciándolo todo.

“¡Te dije que basta! ¡Si digo que no quiero comer, ¿por qué insistes en obligarme?!”.

Sae-byeok movía los ojos de un lado a otro mientras recogía los granos de arroz esparcidos. Sus grandes ojos parecían a punto de estallar en lágrimas, haciendo que Woo-ju se sintiera culpable como si hubiera cometido un gran pecado.

Parecía la escena de Cenicienta con una madrastra quejándose de la comida. Pero él no era una madrastra. Si esa Cenicienta dijera tan solo una palabra sobre ir a un baile para buscar a un príncipe, Woo-ju le regalaría los zapatos de cristal con tal de echarla de casa.

“…Yo solo quiero que vivas”.

“Yo no quiero vivir”.

Las lágrimas que se acumulaban en sus ojos cayeron a los pies de Sae-byeok. Como si realmente no pudiera soportar escuchar esas palabras, Sae-byeok lloró mientras se aferraba a la botamanga del pantalón de Woo-ju.

“No digas eso, papá. Por favor…. Yo quiero que vivas”.

La voz de Sae-byeok temblaba. Sus palabras eran sinceras. Por alguna razón, aquel ser de identidad desconocida deseaba con todo su ser que Woo-ju permaneciera en este mundo.

Había quienes se habían lamentado por lo mucho que él sufría en esta vida, pero nadie había sentido temor ante la posibilidad de que Woo-ju desapareciera. Resultaba irónico que el único ser que deseaba genuinamente su existencia fuera esta criatura desconocida que lo llamaba 'papá'.

Woo-ju miró fijamente al hombre que le suplicaba con desesperación que viviera. Luego, tras inhalar profundamente y morderse el labio, apartó su mano con brusquedad.

“No quiero. Ya no tengo ganas de vivir. Te odio. Ni siquiera sé quién eres. Lárgate. Y no me llames papá. No tengo un hijo ni una familia como tú”.

La voz de Woo-ju era más fría que nunca. Apartó con violencia la mano de Sae-byeok y se sacudió el pantalón. Sae-byeok se quedó allí sentado, inmóvil, observando la espalda de Woo-ju.

Pum—

Con ese sonido, Woo-ju entró en su habitación. La guerra matutina había terminado. Tras cerrar la puerta de un golpe, Woo-ju se dejó caer sobre el colchón como si se desplomara. No hubo lágrimas. En su lugar, el centro de su pecho dolía con una opresión sorda, un dolor extrañamente pegajoso que se negaba a desaparecer.

“…Papá. Iré a comprar algo de comer a un lugar llamado 'supermercado'. Descanse”.

Sae-byeok salió de la casa en silencio. Llevaba una pequeña bolsa en la mano y el sonido al cerrar la puerta principal fue extremadamente ligero y cuidadoso. Era su consideración para no despertar a Woo-ju, por si acaso se había quedado dormido.

Sin embargo, sin importarle las intenciones de Sae-byeok, en cuanto sus pasos se alejaron, Woo-ju se incorporó. Seguía sintiéndose mal y, al no haber comido, su condición física era pésima. Tenía acidez y sus nervios estaban a flor de piel por no haber podido descansar debido al intruso que invadió su hogar.

No entendía por qué él, siendo el dueño, tenía que huir de su propia casa para escapar de aquel extraño, pero esta era su oportunidad. Primero llamaría a la policía para explicar la situación y luego se encargaría de que encerraran a ese hombre en un hospital psiquiátrico o algo similar.

“¿Qué pasa con esto…?”.

Tomó su celular, pero seguía sin señal. Le parecía increíble que el teléfono no funcionara en pleno centro de Seúl, y precisamente en su propia casa, pero falló tras varios intentos de llamada.

Marcó al 112, al 119, e incluso al jefe de su oficina. Teniendo en cuenta que el jefe debía de estar buscándolo desesperadamente por haber desaparecido justo antes de un proyecto, el hecho de que no hubiera noticias confirmaba que las llamadas no salían.

“Ha…”.

Ya no le quedaba nadie a quien llamar. Por más que revisaba sus contactos, no encontraba a una sola persona que fuera a denunciar su desaparición a la policía si faltaba durante semanas.

“Me duele la cabeza…”.

Pensar en eso le revolvió el estómago; parecía que, si moría, a nadie le importaría realmente. Lo absurdo era que el único que parecía preocuparse por él era ese hombre que lo llamaba 'papá'. Pero no podía quedarse al lado de un loco solo porque él mismo se sintiera fuera de quicio. No quería estar allí.

Woo-ju giró el picaporte de la puerta principal, cerrada con la cerradura electrónica.

Para su frustración, la puerta no se abría. No sabía si le habían echado el cierre desde fuera o si se habían acabado las baterías, pero la puerta no cedía.

Era evidente que Sae-byeok había hecho algo.

“…El picaporte ni se mueve”.

Sin más remedio, Woo-ju sacó la caja de herramientas que estaba arrumbada en el zapatero. Le dolía el costo de la reparación, pero lo más eficiente ahora era derribar la puerta. Tomó el martillo, que parecía lo más útil de la caja.

¡Crah! ¡Crah!

Woo-ju golpeó con fuerza el picaporte con el martillo. Quizás alguien escucharía el ruido y llamaría a la policía, pero ¿qué más daba? Solo era un inquilino rompiendo una puerta averiada. De hecho, como no tenía señal para denunciar, si alguien llamaba en su lugar, le estaría ahorrando trabajo.

¡Crah! ¡Crah!

La vibración del metal viajó desde la punta de sus dedos hasta su brazo, y su corazón latía con locura ante el sonido del picaporte rompiéndose. Woo-ju, que nunca había usado herramientas correctamente ni tenía habilidad técnica, no era muy diestro martillando. Además, sus manos estaban lastimadas desde hacía unos días y apenas tenía fuerza. Aun así, seguía destrozando la puerta con la única idea fija de salir de esa casa.

“Ha…”.

Sus manos, que sujetaban el martillo, comenzaron a sangrar tras golpearse y rasparse con el picaporte de metal que se deshacía violentamente. Las vendas que se había puesto con esfuerzo volvieron a quedar hechas jirones. Sin embargo, como si golpear fuera la solución para las máquinas que no obedecen, el picaporte que antes parecía inamovible terminó destrozado y colgando de la puerta.

Woo-ju le dio un último golpe al picaporte roto para arrancarlo y luego usó un destornillador y el martillo para desprender la parte interna a través del hueco que había quedado.

Creak—

Finalmente, la puerta de hierro que parecía que nunca se abriría, cedió.

“Haaa…. Haaa…”.

El sudor caía como lluvia y su respiración era tan agitada como si hubiera corrido cien metros.

Con la explosión de dopamina y adrenalina por haber logrado escapar, Woo-ju sonrió con una alegría que no había sentido en toda su vida adulta.

“¡Jajajaja! ¡Jaja! Jajaja…”.

Finalmente lo había logrado. Había conseguido salir de esa maldita casa.

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan renovado.

Woo-ju salió de la casa llevando solo su celular, ese objeto imprescindible para cualquier coreano. Estaba tan fuera de sí que ni siquiera pensó en ponerse zapatillas; salió con las sandalias de tres rayas que solía usar solo para tirar la basura frente a la casa.

En realidad, llevarse el celular fue casi un acto instintivo; su único pensamiento real era escapar de ese lugar maldito. Se preguntaba si así se sentiría un preso al fugarse de la cárcel. Woo-ju sintió, por primera vez en mucho tiempo, la verdadera libertad.

Sin embargo, la dulce libertad duró solo un instante.

“¿A dónde va?”.

Un extraño le bloqueó el paso. Era un hombre que vivía en una villa cercana y que, al parecer, no trabajaba, ya que siempre estaba fumando en el callejón cada vez que Woo-ju miraba hacia afuera.

Le resultaba familiar porque fumaba a todas horas, pero no había ninguna razón para que Woo-ju intercambiara palabra alguna con él.

Es más, los vecinos de la zona detestaban al hombre por el olor a tabaco y, en el mejor de los casos, la relación era mala; a menos que Woo-ju cayera apuñalado frente a él, no era alguien que fuera a preocuparse por sus asuntos.

“…Aquí cerca”.

“No salga, quédese en casa. No se siente bien”.

“¿Y quién es usted para decirme qué hacer o a dónde ir?”.

“…Su hijo me lo pidió antes de irse. Me dijo que si su papá intentaba salir sin hacerle caso mientras él no estaba, por favor lo trajera de vuelta. Vaya, tiene usted un buen hijo”.

“Ha…”.

¿Buen hijo? Qué buen hijo ni qué nada. Un hijo que encerraba a alguien en su propia casa a su antojo no podía ser un buen hijo. Incluso si los buenos hijos se extinguieran de la faz de la tierra, él jamás lo sería.

A las tonterías, lo mejor es ignorarlas.

Woo-ju intentó pasar de largo para alejarse de ese asfixiante barrio de villas. Sin embargo, el hombre lo agarró con fuerza de la nuca e intentó arrastrarlo de nuevo hacia el interior de la casa.

“¡¿Qué?! ¡Suéltame! ¡¿Qué crees que haces?!”.

“Vaya a casa y espere. Él llegará pronto. Me pidió que vigilara que se quedara en su hogar”.

“¡Suéltame! ¡¿A ti qué te importa?! ¡Voy a salir, piérdete!”.

Woo-ju intentó zafarse de la mano del hombre. Pero aquel sujeto debía de haber hecho algún tipo de entrenamiento, porque arrastró a Woo-ju con una fuerza descomunal. Woo-ju fue llevado a rastras, casi como un saco de arroz, de vuelta hasta la entrada.

Mierda.

¿Acaso estaba loco? Aquel hombre, con quien no se podía razonar, usaba la fuerza bruta. Mientras era arrastrado a su antojo, casi asfixiado por el agarre en su nuca, Woo-ju pataleó y se cubrió de polvo hasta que finalmente logró soltarse. Debido al forcejeo, le dolía el cuello por la presión y comenzó a toser. Entre el polvo que tragó al resistirse y la garganta irritada, sus ojos empezaron a escocer y los ataques de tos se volvieron incontrolables.

“Cof, cof”.

Woo-ju, sentado en el suelo, tosía sin poder abrir los ojos. Cuando finalmente logró calmarse y entreabrió los párpados, allí estaba el culpable de que su intento de fuga terminara en un desastre; aquel de quien tanto intentaba escapar estaba justo frente a él.

‘Ah, mierda. Esto se acabó’.

A través de las lágrimas que brotaban por puro instinto biológico, vislumbró la figura de Sae-byeok.

Ese tipo tenía la mirada desencajada.

“¿Por qué estás afuera?”.

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Sae-byeok soltó las bolsas de plástico que cargaba, dejando que el contenido se desparramara por el suelo, y se acercó de inmediato a su padre, que yacía tirado en la calle.

¡Qué sorpresa se había llevado! Estaba seguro de haberlo visto durmiendo antes de salir. Pensó que había cerrado todo con llave y que no quedaba ningún objeto peligroso a la vista.

Se había encargado de esconder cada objeto punzante o cortante de la casa. Además, había manipulado la puerta para que, sin la llave, fuera imposible abrirla tanto por fuera como por dentro. La cerradura electrónica ya era inútil; ahora solo existía una única llave para la casa de Woo-ju, y estaba en su poder.

Por si las dudas, le había ordenado a ese humano que siempre fumaba frente a la villa que, si su padre salía a buscarlo mientras dormía, le pidiera amablemente que regresara a casa a esperar de forma segura.

¿Pero quién era entonces este hombre que tosía y se desplomaba en mitad de la calle?

“Papá. ¿Estás bien?”.

“Cof, cof. Sí…. Estoy bien. Es por el polvo”.

“¿Tienes mal los bronquios? Tendré que comprar un purificador de aire. Ahora que lo pienso, el aire en Seúl es realmente malo”.

“Sí…”.

En eso tenía razón. El aire de Seúl no era bueno. Ese aire viciado que había respirado toda su vida parecía bloquear sus pulmones. Sin embargo, más asfixiante que el aire turbio de la ciudad era la mirada de Sae-byeok fija en él.

“¿Por qué saliste? Te dije que descansaras en casa. Si querías salir, podrías haberlo hecho conmigo. Mira esto. Tus manos están hechas un desastre otra vez. Te mereces un regaño”.

“… ¿Quién te crees que eres?”.

¿Quién te crees para regañarme?

“El único hijo de papá”.

Claro… tú eres… mi único hijo.

“Vamos a casa. Tengo que vendarte de nuevo”.

Woo-ju tomó la mano de Sae-byeok y regresó a la vivienda. Su breve escape había llegado a su fin.

Al volver, el desastre en la entrada los recibió.

“…….”.

La puerta había sido prácticamente masacrada. Sae-byeok había escondido los cúteres de la mochila de Woo-ju y los cuchillos de la cocina, pero no se percató de la caja de herramientas oculta en el fondo del zapatero.

Al ver el picaporte destrozado, comprendió por qué las manos de Woo-ju estaban en ese estado. ¿Debía alegrarse o entristecerse de saber que no se había lastimado a propósito, sino rompiendo la puerta? Sae-byeok sacó el botiquín y comenzó a desinfectar las nuevas heridas en las manos de Woo-ju.

Su concentración al desinfectar era tal que parecía un cirujano realizando una operación de vida o muerte. Woo-ju no entendía por qué ponía tanto esmero y cuidado en algo que se solucionaba con un poco de antiséptico y pomada, pero, consciente de su “falta”, dejó que Sae-byeok manipulara sus manos en silencio.

“Te dije que volvería en un momento. Los paseos se hacen conmigo. Si sales sin un tutor, alguien podría llevarte o podrías lastimarte sin que nadie te ayude. ¿Por qué sales así por tu cuenta?”.

Sinceramente, Woo-ju tenía que admitirlo. Nadie secuestraría a un hombre adulto, pero era cierto que su estado mental no era normal.

Por mucho que estuviera confinado, esta era su casa. Además, al final del día, Sae-byeok lo estaba cuidando. Bueno… a pesar de esas excentricidades como servir comida incomestible. Escuchar aquel “papá, papá” constante terminaba por ablandar su corazón.

“… Lo siento”.

Ante esa pequeña disculpa, el corazón de Sae-byeok se derritió como la nieve. Era un ser simple. Como si hubiera olvidado su enojo anterior, se concentró en la curación sin poder ocultar una sonrisa en las comisuras de sus labios.

Aunque tuviera el cuerpo de un joven robusto, seguía pareciendo un niño.

“Oye… ¿acaso saliste porque yo no estaba? ¿Viniste a buscarme porque me extrañabas?”.

“… Sigue soñando. Salí para denunciarte”.

“¿Por qué…? ¿Por qué?”.

Es cierto, ¿por qué…? ¿Qué iba a denunciar? Debía haber una razón, pero en ese momento Woo-ju no lograba recordar por qué se había esforzado tanto en salir.

Al ver a Woo-ju sumido en sus dudas sin hallar una respuesta, Sae-byeok terminó de anudar el vendaje y dijo:

“Si no encuentras la respuesta, digamos que saliste a buscarme. Pero yo siempre estaré al lado de papá, así que no debes volver a salir solo. Si lo haces, te voy a regañar”.

“¡Qué regaño ni qué nada! Es mi decisión si salgo o no”.

¡Regañarlo! Woo-ju no pudo soportar ese tono empalagoso. Incapaz de controlar el escalofrío que le recorrió el cuerpo, se levantó de un salto.

No tenía resistencia alguna ante ese tipo de frases. Woo-ju, que sentía haber perdido el control sobre su propio hogar, no tuvo más remedio que refugiarse en su último baluarte: bajo las mantas.

“… Lo digo en serio”.

Sae-byeok no bromeaba. Que Woo-ju saliera solo era un asunto grave. Podría ser atropellado, encontrarse con malas personas o comer algo perjudicial. Sae-byeok permanecería a su lado hasta el día en que Woo-ju pudiera salir solo sin peligro.

Sae-byeok puso en el microondas un puré instantáneo que había comprado en la tienda. Le habría gustado cocinarle algo con muchos ingredientes, pero Woo-ju llevaba demasiado tiempo en ayunas. Además, la imagen de Woo-ju escupiendo su comida lo había dejado en shock. No fue por odio; realmente sabía tan mal que tuvo que escupirla….

Mi familia no quiere comer en casa.

Al publicar eso en internet, varias personas le dieron la solución.

Entre las respuestas, leyó que algunos “bebés” que aún no se han adaptado prefieren no comer frente a sus dueños, por lo que lo mejor es no prestarles atención y esperar.

Definitivamente, internet era un paraíso de información confiable. Aunque a veces se difundieran mentiras como si fueran verdades, el consejo de darle espacio a Woo-ju mientras se adaptaba era un excelente tip antes de intentar alimentarlo de nuevo.

Sae-byeok pasó el puré caliente a un tazón y sirvió un vaso de agua. Al lado, colocó las medicinas que trajo del hospital.

Había antibióticos y analgésicos para prevenir infecciones, además de la medicación psiquiátrica para la estabilidad de Woo-ju. Tras verificar que no interferirían con su bienestar, planeaba dárselos durante unos días mientras observaba su evolución.

“Papá. La comida está lista”.

Al abrir la puerta, se encontró de nuevo con ese bulto bajo las sábanas. Le resultó adorable que, aun habiéndose portado mal, se escondiera así por puro berrinche.

“Te lo dejo aquí. Asegúrate de comer y tomar la medicina”.

Aunque moría por verlo comer, se contuvo. Al quedarse tras la puerta, escuchó el sonido de la cuchara rozando el recipiente de plástico.

“Fiu…”.

Parecía que finalmente empezaba a comer. Nunca imaginó que alimentar a alguien fuera tan agotador. Pero considerando que aún estaba desnutrido, debía conseguirle algo mejor pronto….

Sae-byeok observó la puerta destrozada. Se quedó mirando el martillo manchado de sangre en el suelo. Por mucho que intentó limpiar, aún quedaban objetos peligrosos ocultos por toda la casa. Sae-byeok, que todavía no conocía bien el lugar, sintió un dolor de cabeza ante la culpa de no haber encontrado esas “armas” antes de salir.

“Ha…”.

Tenía que mudarse pronto. Este lugar era demasiado peligroso para que él y su papá vivieran solos.

* * *

Bang, bang, bang—

Woo-ju debió quedarse dormido con el sonido del martilleo de fondo mientras reparaban la puerta.

Con el puré caliente en el estómago y tras haber movido el cuerpo, aunque fuera de forma involuntaria, se sentía mucho mejor. Comió y también tomó la medicina que le habían dejado.

Al observar el sobre del medicamento, vio impreso el logo de un hospital universitario. Probablemente era lo que le recetaron al darle el alta. Como Woo-ju siempre había sido una persona diligente que seguía las instrucciones de los médicos, ingirió las pastillas sin sospechar nada.

Tras tomar la medicina y el agua, el sopor después de comer se mezcló con el efecto del fármaco, dejándolo aturdido. Con el cuerpo totalmente relajado, entró en un ciclo de sueño y vigilia hasta que una necesidad fisiológica lo despertó.

Desde que regresó del hospital, no había podido ir al baño adecuadamente por andar discutiendo con Sae-byeok. En el momento en que intentó levantarse porque sentía que la vejiga le iba a explotar, se golpeó la cabeza contra unos barrotes que lo rodeaban.

“¡Ay!”.

¿Qué era esto…? Woo-ju no despertó en la cama donde había cerrado los ojos, sino dentro de una jaula. Una jaula estrechísima que restringía sus extremidades. No podía ponerse de pie ni moverse con libertad. Lo único que podía hacer era levantar la cabeza y permanecer sentado en una postura incómoda.

“¡Mierda…! ¡¿Qué pretendes con esto?! ¡Sácame de aquí ahora mismo!”.

Solo existía un ser capaz de encerrar a una persona en un lugar así.

“¿Ya despertaste?”.

Sae-byeok se acercó a Woo-ju con el martillo aún en la mano.

“¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes!”.

“…Esto es un castigo. Saliste de casa sin permiso, papá”.

“¿Qué… qué dices?”.

“Reflexiona ahí dentro durante todo el día. Mira esto. Tus manos y pies quedaron hechos un desastre”.

Sae-byeok parecía estar enfadado, pero no podía ocultar su preocupación. Al final, miró con pesar los pies heridos de Woo-ju.

Los pies de Woo-ju estaban llenos de viejos callos. A diferencia de su apariencia refinada, sus plantas eran ásperas y toscas, marcadas por las heridas del tiempo. Eran los pies de alguien que nunca había podido descansar y que solo había sabido correr; pies llenos de cicatrices, muy distintos a los de otros chicos. Por eso los odiaba. Cada vez que miraba su propio cuerpo, sentía que este le recordaba un pasado diferente al de los demás.

Sae-byeok levantó con cuidado el pie de Woo-ju. Acarició suavemente la planta callosa y herida como si le doliera verla en ese estado. Entonces, acercó su lengua a la planta del pie de donde brotaba algo de sangre.

¡Chuuup… chuup!

“¡¿Qué?! ¡No hagas eso…!”.

La lengua caliente y húmeda entró en contacto con la dura planta del pie de Woo-ju.

Woo-ju intentó retirar el pie de la boca de Sae-byeok, pero aquel tenía tanta fuerza que le fue imposible. Ya le escocían los pies por haber corrido descalzo entre los escombros tras romper la puerta con las herramientas, ¿y ahora ese tipo ponía su lengua blanda sobre sus heridas ensangrentadas?

“Uggh… ¡detente…! ¡No lo hagas…!”.

Sae-byeok lamía el pie como un animal, como si no le resultara sucio en absoluto. Woo-ju no podía soportar las cosquillas. Retorcía el cuerpo de un lado a otro intentando escapar del agarre de Sae-byeok.

“Para… me da cosquillas…”.

Sintió su aliento cálido como si le estuviera soplando. Cuando la lengua húmeda y suave rozó sus heridas, Woo-ju se estremeció ante esa sensación extraña y hormigueante.

A Sae-byeok no le importó y continuó explorando a Woo-ju con avidez.

La punta de su lengua limpiaba con persistencia y suavidad el rastro donde se mezclaban la tierra y la sangre. Como si cada gota de sangre de Woo-ju fuera valiosa, metió la cabeza entre los barrotes y lamió con entusiasmo hasta llegar a sus tobillos.

“Ugh… suéltame… ¡el baño!… ¡Quiero ir al baño…!”.

Chup— chup—

Sae-byeok seguía lamiéndole el pie como si no oyera sus súplicas desesperadas. En realidad, Sae-byeok poseía un cuerpo que no necesitaba ir al baño. Al no sentir esa necesidad, las súplicas de Woo-ju le parecían simples quejas.

Woo-ju estaba siendo castigado. Y durante un castigo, aunque fuera lamentable, debía mantener una actitud firme en lugar de ceder ante sus caprichos.

Por ello, Sae-byeok ignoró los ruegos desesperados de Woo-ju y envolvió la planta del pie con su lengua roja, lamiéndola como si fuera un caramelo gigante.

“Uuugh…. ¡Uuuuuh…!”.

Woo-ju ya no podía aguantar más la vejiga llena. Intentó cruzar las piernas y hacer fuerza, pero entre el forcejeo con Sae-byeok y la falta de control sobre su propio cuerpo en esa situación, estaba al borde de la locura.

Sssss—

Finalmente, un líquido caliente brotó entre las piernas de Woo-ju. La sensación húmeda y cálida bajo sus pies delató lo que acababa de suceder.

“¡Hiic…!”.

A sus más de treinta años, se había orinado encima frente a Sae-byeok.

“¡Huuu… huuu… waaaaah!”.

Woo-ju estalló en llanto. Estaba tan avergonzado por lo ocurrido que no sabía qué hacer. Woo-ju, que se había criado en un orfanato sin familia, solo recordaba haber sido castigado severamente cuando ocurría algo así.

‘¡¿Cuántos años tienes para no poder ir al baño correctamente y mojar las sábanas?!’

En los hogares de acogida, un niño que se orinaba en la cama sufría una humillación terrible. Era inevitable; con tantos niños, ¿cómo iban a prestar atención a cada uno? Los directores y profesores, agobiados por el trabajo, no tenían la paciencia ni el tiempo para consolar los errores de los pequeños.

Los niños que se orinaban eran castigados en el pasillo, expuestos a la burla de sus compañeros y de los más pequeños. Por eso, Woo-ju era extremadamente sensible ante cualquier error frente a los demás.

En su vocabulario no existía la posibilidad de orinarse fuera del baño, y mucho menos frente a alguien.

Se sentía morir de la vergüenza; deseaba que la tierra se lo tragara. ¿Qué pensaría Sae-byeok de él? ¿Acaso lo regañaría con dureza? Mientras Woo-ju se encogía lleno de tensión, sintió una mano cálida sobre su cabeza.

“Lo siento. Querías ir al baño y no me di cuenta. No te escuché por estar lamiéndote los pies. No llores”.

Sae-byeok habló con los ojos llenos de arrepentimiento, abrió la puerta de la jaula y abrazó a Woo-ju.

Debería resultarle sucio…. Sin embargo, a Sae-byeok no parecía importarle en absoluto; estrechó a Woo-ju en sus brazos y le dio palmaditas en la espalda para consolarlo hasta que se tranquilizara. Ante ese contacto cálido, Woo-ju pudo finalmente calmarse y levantar la cabeza.

“¿Ya estás mejor? No pasa nada por orinarse. Todo sale del cuerpo de papá. Si quieres ir al baño, dímelo en cualquier momento, ¿sí? No te preocupes, yo me encargaré de limpiar”.

Sae-byeok hablaba con dulzura mientras secaba el rostro de Woo-ju, cubierto de lágrimas. Woo-ju no sabía cómo reaccionar ante una amabilidad que experimentaba por primera vez en su vida. Era huérfano. Eso significaba que no tenía padres que cubrieran sus errores.

Otros niños tenían padres que los protegían si fallaban o se perdían. Pero para Woo-ju, arrojado solo al mundo, no había extraños que perdonaran sus fallos. Incluso el error más insignificante se convertía en una etiqueta.

‘Es así porque es huérfano’.

Por eso Woo-ju había vivido con una tenacidad feroz, para no tener que pedir nada a nadie. Así que no sabía cómo procesar la actitud de Sae-byeok, que lo reconfortaba tras un error tan grande.

“Es una sensación molesta, ¿verdad? Te dejaré limpio enseguida”.

Sae-byeok comenzó a bajarle los pantalones con las manos. Al quedar de pronto en ropa interior, Woo-ju no lograba entender qué pasaba por la cabeza de aquel sujeto.

“¡¿Qué?! ¡Detente!”.

“Quédate quieto. Voy a limpiarte ahora mismo”.

“¡Al baño! ¡Dije que me lleves al baño!”.

Si te ensucias, debes lavarte. Es de sentido común llenar la bañera del baño y lavarse cada rincón del cuerpo, o al menos darse una ducha. Bastaría con que lo dejara ir al baño para que saliera limpio, ¡¿por qué demonios hace esto?!

“No hay baño. Yo lo eliminé todo”.

“¿Qué…?”.

¿Una casa sin baño? ¿Acaso existía una vivienda así en Corea del Sur? El departamento que Woo-ju había conseguido con sus ahorros era viejo y desgastado, pero tenía hasta bañera. En resumen, era un espacio pequeño pero que lo tenía todo. Que el baño, que estaba ahí hasta hace poco, hubiera desaparecido era un absurdo.

Sin embargo, Sae-byeok, con una frialdad distinta a la de antes, puso su mano sobre la ropa interior sucia de Woo-ju y sentenció:

“¿Crees que te dejaría tranquilo después de lo que hiciste en ese baño?”.

“¡……!”.

Aquello….

Lo peor que Woo-ju había hecho en su vida.

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Incluso si volviera a ese momento, Woo-ju se cortaría las venas otra vez, pero sabía que ese acto estaba mal. Aun así, ¿quién te crees que eres para mirarme con una expresión más triste que la mía? Yo mismo me rendí conmigo mismo. ¿Por qué tú pareces sufrir más…?

“No puedo rendirme con usted”.

Sae-byeok no podía quitarse de la cabeza la imagen de la bañera llena de sangre y el olor a muerte que impregnaba el baño. Si el aroma metálico ni siquiera se había desvanecido del todo, ¿cómo podría enviar a Woo-ju de vuelta a ese lugar?

Sae-byeok no tenía la más mínima intención de dejar que Woo-ju regresara a un baño lleno de formas para morir. Aunque hubiera mil maneras de morir fuera de él, y aunque este método fuera estúpido, no podía evitarlo.

¿Acaso los seres humanos no se vuelven idiotas ante el amor?

A Sae-byeok no le importaba ser un idiota por el resto de su vida si era frente a Woo-ju.

Sae-byeok le bajó los pantalones. La prenda blanca ya estaba empapada y, como se había orinado con la ropa puesta, desprendía un fuerte olor.

A pesar de tener frente a él algo que nadie en su sano juicio lamería, Sae-byeok sacó la lengua como si fuera un helado y comenzó a lamer la entrepierna de Woo-ju con avidez.

Chup… chup… ¡chuuup!

La lengua cálida y blanda rozaba la tela húmeda, produciendo un sonido viscoso al separarse. Sin dudarlo, Sae-byeok sujetó los muslos de Woo-ju y empujó su lengua con más fuerza hacia el pene pegado a la tela.

De verdad, Woo-ju no quería sentir placer en esta situación, siendo succionado por quien lo oprimía. Estando al lado de un psicópata, sentía que él mismo se estaba volviendo loco. No quería excitarse, pero su cuerpo era más honesto que nadie; ante la succión de Sae-byeok, la sangre comenzó a bombear y su pene a endurecerse.

Realmente no quería tener una erección. Pero su pene parecía tener voluntad propia y, cada vez que los labios de Sae-byeok pasaban, se erguía con firmeza, excitada por el roce con la mucosa bucal.

“Se levantó”.

“¡……!”.

Sae-byeok, que reaccionaba con sensibilidad a cada respuesta de Woo-ju, no podía pasar por alto la erección.

“¿Se siente bien?”.

“¡No…!”.

“Pero si está así de firme…. Que se levante significa que se siente bien”.

Sae-byeok frotó su rostro contra el pene erecto de Woo-ju. El aliento caliente que sentía cada vez que aquel abría la boca le provocaba una sensación extraña.

Ssssh—

Con un movimiento de Sae-byeok, el único trozo de tela que cubría a Woo-ju fue retirado con facilidad. Al quedar libre, su pene saltó hacia arriba, golpeando la mano de Sae-byeok.

Incluso al presionarlo ligeramente, volvía a rebotar, como si estuviera a punto de estallar.

“¡Haaah…! ¡Ah, ugh…!”.

Fue cuestión de un instante que Sae-byeok devorara el pene de Woo-ju.

A pesar de ser el pene de un hombre adulto, que no podía calificarse de pequeño, Sae-byeok lo engulló sin vacilar. Rozó el paladar y lo deslizó por su boca húmeda hasta la base. Hundió el rostro frotando su nariz contra el vello de Woo-ju, como si quisiera tragarse hasta sus testículos.

“¡Haa…! ugh, detente…. ¡Para…!”.

Woo-ju echó la cabeza hacia atrás desesperadamente, rechazándolo. Pero no pudo ocultar los gemidos que escapaban de su garganta. Aunque su cuerpo no estaba atado, se sentía completamente impotente bajo el asedio de Sae-byeok. Luchó con todas sus fuerzas para escapar de esa situación humillante.

¡Pum! ¡Pum!

Woo-ju reunió toda la fuerza que le quedaba en las piernas y pateó el hombro sólido de Sae-byeok para alejarlo. El impacto hizo que la cabeza de Sae-byeok se echara hacia atrás por un momento, pero no soltó su posición entre las piernas de Woo-ju. Al contrario, las patadas parecieron incitarlo más. Sae-byeok se detuvo un segundo solo para volver a hundir la cabeza con más profundidad y determinación.

¡Chup— chup! ¡Slurp!

Sae-byeok contrajo la garganta envolviendo el cuerpo del pene. Ya era difícil mantener la cordura cuando sentía la succión, pero Sae-byeok empujaba hasta el fondo de su garganta.

El bálago rozaba la mucosa de la garganta antes de salir de nuevo a su boca. Lamía el pene y finalmente atrapó la punta, la parte más sensible, haciéndola rodar dentro de su boca. Erigió la lengua y comenzó a lamer el orificio por donde acababa de salir la orina, hurgando con insistencia como si quisiera introducir la lengua en ese pequeño conducto.

“¡Ah… ugh… waaaah!”.

Aquel orificio, que solo conocía la salida de líquidos y jamás había sido invadido, ¿qué tan sensible podía ser?

El dolor y el placer se volvieron indistinguibles cuando esa lengua comenzó a hurgar en la carne tierna.

“Haa… ¡ah…! ¡No, no lo hagas…!”.

Chup… ¡chuuup!

Los sonidos húmedos rompían el silencio de la habitación. Woo-ju se retorcía en una confusión de humillación y deleite, pero la succión de Sae-byeok sobrepasaba cualquier resistencia. Contrario a su juicio racional que le decía que era algo sucio, el placer intenso que brotaba desde abajo paralizaba sus nervios.

“Huuuu…”.

“Papá, tu pene es delicioso”.

¡¿pene?! ¡Dijo pene!

Claro que lo era. Pero, ¿acaso no era trampa decir esa palabra con esa cara? ¡¡Y encima llamándome papá!!

“¡No lo hagas!”.

“¿Por qué?”.

“¡¡Un hijo no juega con el pene de su padre!!”.

¡Si dice que es mi hijo! ¡Cómo puede meterse mi pene en la boca mientras me llama así! ¡Al menos Woo-ju sabía que era imposible que un padre y un hijo estuvieran así, con los genitales expuestos frente a frente!

Sin embargo, Sae-byeok respondió con naturalidad:

“Es que…. Tengo hambre”.

“¿Qué…?”.

¿Hambre? ¡¿Lo decía mientras le seguía succionando?! ¿Acaso pretendía devorarlo?

“¡Ah…! ¡Entonces come comida de verdad! ¡¿Por qué me molestas a mí?!”.

“¿Sabes lo asqueroso que es cuando algo que no eres tú entra en mi cuerpo? La información que llega a mi cabeza cuando la comida baja por el esófago y se descompone en el estómago es repugnante. No quiero meter nada en mi cuerpo que no venga de papá”.

Ante Sae-byeok, que hablaba como un niño caprichoso quejándose de la cena, Woo-ju no supo qué decir. ¿Que no quería nada que no viniera de él? ¿Se había vuelto loco?

“¡Deja de decir estupideces y lárgate…!”.

Woo-ju intentó por todos los medios escapar de su hijo. Pero con su cuerpo ahora debilitado, no podía empujar a esa mole de más de un metro noventa. Ni siquiera podía moverse a su antojo dentro de esa jaula que lo asfixiaba como una prisión.

Al final, incapaz de zafarse de los brazos de su hijo, Woo-ju no pudo apartarlo ni huir de él mientras Sae-byeok besaba su pene erecto.

Chup… chup… ¡chuuuup!

El pene de Woo-ju fue succionado por la boca de Sae-byeok. Su lengua lamía y limpiaba el órgano cubierto de fluidos, dejándolo impecable.

Su lengua era blanda y cálida. Y se sentía tan bien que le daba escalofríos. Parecía que todos sus sentidos se concentraban en su pene. Sintió que el vello de todo su cuerpo se erizaba. Pero no era solo su cabello lo que se ponía de punta.

“Huuu… ah… ¡para…!”.

Su pene, que acababa de descargar orina con alivio, volvió a sentirse pesado. No era posible que volviera a estar llena de orina tan pronto, pero ya sentía la urgencia de miccionar de nuevo.

Era humillante.

No solo estaba erecto dentro de la boca de su hijo, sino que sentía que la eyaculación era inminente.

“¡Ah… ugh…!”.

Además, había algo que realmente le helaba la sangre. Al mirar su pene aparecer y desaparecer en la boca de Sae-byeok, Woo-ju se dio cuenta de que bajo el cuerpo de aquel también se dibujaba una silueta de un tamaño descomunal. El escalofrío fue instantáneo.

Sae-byeok, sin prestar atención a su propia erección, seguía moviendo la cabeza con fervor hundido en la entrepierna de Woo-ju.

Todo parecía una mentira.

Él mismo encogido dentro de una jaula, su hijo succionándole el pene y su propia anatomía erecta, incapaz de resistir el placer a pesar de todo.

Woo-ju sentía que su cuerpo era arrastrado por la fuerte presión, como si fuera a ser engullido por la boca de Sae-byeok. Por mucho que forcejeara, no podía escapar de su control, como un pez atrapado por las ventosas de un pulpo. Sae-byeok lo miraba con los ojos de un depredador que ha inmovilizado a su presa y está decidido a succionarle hasta la médula.

No había escapatoria.

“¡Ggg… grrrgh!”.

Ya casi estaba al límite.

Tras apretar puños y dientes varias veces para aguantar, finalmente su mente alcanzó el clímax. Con el último rastro de orgullo y razón, apretaba el orificio del pene; a pesar de no haber podido contener la orina, intentaba proteger su dignidad restante con tanta fuerza que las venas de su frente se marcaban.

“¡Ugh…! Huuuuuu…”.

Ahora era una cuestión de orgullo para Woo-ju. Que él, que ni siquiera pudo aguantar las ganas de orinar, eyaculara en la boca de su hijo era algo que su amor propio, como padre y como hombre, no podía perdonar. Pero en el momento en que Sae-byeok se dio cuenta de que Woo-ju estaba conteniendo el líquido con todas sus fuerzas, no tuvo intención de ser compasivo.

‘Hacer pasar hambre a su hijo por un orgullo innecesario’.

Para Sae-byeok, Woo-ju era todavía un padre novato y torpe en todo. Los humanos expulsan semen cuando se excitan.

A diferencia de la sangre, que si fluye fuera del cuerpo pone en riesgo la vida, alimentar al hijo con esas células frescas contenidas en una masa de nutrientes y humedad recién creada sería algo muy bueno….

Sae-byeok, decidido a obtener la declaración de rendición del orificio del pene de Woo-ju, erigió la lengua e intentó introducirla bajo el conducto palpitante.

“¡Hiaaaaa… ah… ugh!”.

Su lengua, que no era para nada delgada, se abrió paso entre el orificio del pene de Woo-ju. Como si no fuera suficiente, apretó el pene de Woo-ju y comenzó a masajearlo repetidamente como si estuviera exprimiendo un helado de tubo.

Sae-byeok también estaba impaciente por oler a Woo-ju. Un hambre que normalmente nunca sentiría lo golpeó como por arte de magia. Aunque Sae-byeok era alguien que podía pensar en morir congelado pero nunca en morir de hambre, de repente se sentía al borde de la locura por este apetito voraz.

Woo-ju, por su parte, sufría por el dolor de la lengua blanda y cálida hurgando en su zona más sensible y de las manos que masajeaban el tronco como si fuera arcilla, pero extrañamente se sentía excitado.

“¡ugh… haaa… ugh!”.

Nadie le había acariciado nunca el órgano. Nadie lo había acogido dentro de una mucosa cálida.

Para Woo-ju, que generalmente había llevado una vida austera en lo sexual, una ola de excitación incontrolable lo desbordó.

“¡Ah… haaaa!”.

Finalmente, el semen brotó del orificio del pene de Woo-ju, que había perdido toda fuerza. Sae-byeok terminó recibiendo una parte de él.

“Huuu… ah…”.

El semen blanco desapareció en un instante dentro de la boca roja. Sae-byeok movió la nuez de Adán mientras tragaba el semen que llenaba su boca hasta el estómago.

¡Se lo comió…! ¡Realmente se lo comió…!

“¡Oye! …¡¿Por qué te lo comes?! ¡No te lo comas…! ¡Escúpelo…!”.

¡¿Por qué se comería eso?! Woo-ju tiró de las mejillas de Sae-byeok. Antes de poder enfadarse por la acción de su hijo, que no podía entender bajo ninguna lógica, vio la expresión de Sae-byeok llena de éxtasis.

“Está delicioso…”.

Las pupilas de Sae-byeok se dilataron.

Su rostro se encendió. Se lamió los labios como si no pudiera creer lo que acababa de entrar en su boca. Y de inmediato, volvió a meter el pene de Woo-ju en su boca.

Sae-byeok lamía y succionaba ese líquido cálido con la lengua y los labios, perdido en el placer. Con cada lamida, el aroma de Woo-ju se esparcía por todas partes, llegando hasta la punta de la nariz de Sae-byeok.

“Dame… más”.

Antes de que Woo-ju pudiera parpadear por la sorpresa, Sae-byeok ya estaba succionando su pene. En la comisura de los labios de su hijo había restos de semen que no había llegado a tragar, y sin siquiera pensar en limpiarse lo que goteaba por su mano, Sae-byeok se concentró solo en succionar como poseído mientras miraba al vacío y decía:

“Es delicioso…. Ingerir algo… ¿era realmente esto? ¿Por qué recién me entero de esto…?”.

Su voz era la de alguien genuinamente sorprendido. Sae-byeok tragó lentamente el semen de Woo-ju, que sabía dulce y metálico a la vez. Solo entonces una sonrisa se asomó en su rostro.

Era algo realmente extraño. Esa imagen de su hijo siendo feliz tras comer el semen de su padre era la faceta más humana que Woo-ju había visto en él. Sae-byeok parecía, en ese preciso instante, capaz de comprender el apetito humano. ¡No solo eso! Parecía entender por qué se dejan dominar por el hambre. Comprendía perfectamente por qué buscan la alta cocina y se vuelven infantiles ante la comida.

“Ingerir…, no. Comer es algo realmente feliz”.

Sae-byeok murmuró eso y, al momento siguiente, cambió por completo. Comenzó a recorrer con la mano el tronco grueso y caliente del pene de Woo-ju, que estaba a medio erguir. Al principio fue muy cuidadoso. Pero poco a poco ganó velocidad. La punta de su lengua se movía con agilidad, deslizándose por la superficie caliente. Aunque el pene ya estaba empapado y brillante por la saliva y el líquido pegoso que salía de Woo-ju, él no pensaba en limpiarlo, sino que quería ensuciarlo aún más.

“Uuuh… waaaa… ¡duele… me duele…!”.

“Está bien. Se sentirá aliviado después de eyacular”.

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Tras consolarlo de mala manera, comenzó a sacudir el pene de Woo-ju sin contemplaciones, como si le exigiera que entregara ya el resto del líquido. Luego, apretó el pene de Woo-ju con ambas manos con firmeza. En el momento en que aplicó fuerza, Woo-ju sintió un dolor intenso y un placer abrumador al mismo tiempo que le retorcía todo el cuerpo.

Chac… sss… chup….

Las manos de Sae-byeok subían y bajaban frenéticamente sobre la piel empapada. Frotando la carne tierna, apretaba y sacudía sin piedad para arrancar ese placer doloroso justo antes de la eyaculación. El pene de Woo-ju se agitaba sin control al ritmo de las manos de Sae-byeok.

“Rápido, papá. Tienes que darme mi comida pronto”.

Sae-byeok recorría desde la base hasta la punta con toda su fuerza, como si estuviera dando latigazos. Su lengua y sus labios cubrían la punta de forma húmeda, destruyendo el último rastro de razón.

Woo-ju sintió que su mente se ponía completamente en blanco. Una mezcla de vergüenza, terror y un placer a punto de estallar hacía que ni siquiera pudiera gritar correctamente.

“¡Hiaaaaaa!”.

Finalmente, Woo-ju perdió el último control sobre sí mismo y comenzó a derramar todo su ser en la boca y las manos de Sae-byeok.

“¡De… detente…!”.

Sae-byeok grabó aquella imagen en sus pupilas. Su nuez de Adán se movió al ritmo del flujo que brotaba del pene de Woo-ju. Era una sed que jamás había sentido en toda su vida.

“ugh… ¡haaa…!”.

El aliento de Woo-ju se dispersó en el aire.

Para complacer a su impaciente hijo, el pene de Woo-ju expulsó el líquido con fuerza. Él, como una cría que succiona la leche que le da su progenitor, succionó el pene de Woo-ju de forma frenética, sin siquiera detenerse a respirar. Consumía esa parte de Woo-ju como si se tratara del agua de la vida misma.

“Está… delicioso. Es dulce. Soy tan feliz. El líquido de tu pene, papá, es increíblemente rico”.

Incluso el semen que quedaba en sus labios le parecía un desperdicio; lo recogió con la mano para luego lamerlo. Sae-byeok jadeaba como alguien que acaba de descubrir un mundo nuevo. Tenía las mejillas encendidas y los ojos brillaban de excitación.

Woo-ju no podía decir nada ante tal escena. El hijo que tenía enfrente se veía más peligroso que nunca. ¿Cómo podía alguien desmoronarse de esa forma solo por consumir el semen de su padre?

“¡Ya basta…! ¡Deja de comer! ¡No puedes volver a hacerlo!”.

En el momento en que Woo-ju lo rechazó, el aire pareció detenerse.

Junto a un calor sofocante que caldeaba toda la habitación, la mirada de Sae-byeok se volvió gélida. No, era fría pero ardiente a la vez.

“Pero, papá, tú me perteneces. Si un hijo es creado a partir del pene de un humano, ¿acaso ese pene no es propiedad del hijo?”.

“¡¿Qué?!”.

“Un padre tiene la obligación de alimentar y criar a su hijo. Tengo hambre. Y no quiero comer nada que no sea el semen de papá”.

¿Qué padre le quitaría la comida de la boca a un hijo que dice tener hambre? El corazón de un progenitor es capaz de entregar su propia carne con tal de que su hijo no pase penurias.

En algún momento, Sae-byeok se había convertido en el hijo de Woo-ju.

La verdad detrás de todo no importaba; ya era su hijo. Para él, Sae-byeok era un hijo al que detestaba.

No quería ni verlo. Sin embargo, le resultaba aún más desesperante si no lo tenía frente a sus ojos. Le preocupaba que pudiera causar algún problema en cualquier lugar.

Lo ideal sería que se fuera de casa y se independizara, pero sentía que si realmente se marchaba, le dolería. Como una relación viscosa unida por la sangre, aunque no quisiera verlo, su mirada lo buscaba; lo odiaba, pero al mismo tiempo no podía odiarlo.

Del mismo modo, al ver a su hijo genuinamente feliz, no fue capaz de apartar su pene con frialdad.

Sin embargo, Woo-ju, que había vivido como una persona común en Corea del Sur, jamás había escuchado que un padre alimentara a su hijo con semen dejándose succionar el pene. Bajo el sentido común y las normas sociales de su país, lo que estaba ocurriendo entre él y su hijo era algo imperdonable e incomprensible.

“¡ugh…! Huuuu…”.

El interior de la boca de Sae-byeok se sentía bien. Extrañamente, encajaba a la perfección con su pene, como si hubiera sido diseñada para recibirlo. Esas paredes internas cálidas que envolvían su carne de forma tan precisa hacían que no pudiera odiar del todo la situación en la que ambos se encontraban. Se sentía tan bien que, aunque debía rechazarlo, no podía hacerlo.

“¡Haaa… ah… ugh!”.

Finalmente, Sae-byeok lamió hasta la última gota del semen que Woo-ju había expulsado, sin dejar ni rastro.

Woo-ju pensó que, como padre, la responsabilidad de algo así recaía enteramente sobre él, sin importar cuántos años tuviera su hijo. Aunque el chico hiciera berrinches y fuera terco, él debería haber sido firme para evitar que tomara el camino equivocado.

Pero Woo-ju, lejos de corregirlo, había ido un paso más allá. Por mucho que Sae-byeok succionara su pene, él no debería haber eyaculado. Un padre incapaz de controlar sus impulsos sexuales y que eyacula en la boca de su hijo no era un ser humano.

“Ah… bien hecho. Esta vez también salió mucho. El semen de papá es el mejor. No quiero desperdiciar ni una gota, quiero comerlo todos los días”.

“Huuuu… ugh. Huuuu…”.

Woo-ju se sumió en el autorreproche. Sentía que todo este desastre era culpa suya.

“¿Por qué lloras? ¿Fue agotador eyacular dos veces seguidas? Lo siento. No seré tan codicioso la próxima vez. Es que estaba delicioso y me impacienté”.

“ugh… huuu…”.

Pero si Sae-byeok lo miraba fijamente y le suplicaba de esa manera, Woo-ju no podía negarse.

Toda su vida había sido rechazada. Ahora que era padre, ¿cómo podría rechazar con frialdad a su propio hijo?

“…Lo siento. No llores”.

“Huuuuu…”.

Y así, el larguísimo día llegó a su fin.