5.

 


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El día después de escuchar la declaración unilateral de que no volvería a besarlo, resultó ser justo un fin de semana en el que Ju-won no iba a trabajar. Ese hecho dejó a Seung-chan en la miseria. Seguía pensando que no perdía nada aunque le impusieran una prohibición de besos, pero tenía tanta curiosidad por saber la razón de esa negativa que no podía conciliar el sueño.

Incluso sin eso, Seung-chan, que no había dormido durante varios días buscando de todo desde que empezó a besarse con Ju-won, pasó también la noche de ayer en vela y sufrió un cansancio extremo. Su cuerpo, que no sentía la fatiga mientras buscaba cosas como las zonas erógenas de los omegas, empezó a desfallecer. Con un dolor de cabeza de origen desconocido, sin apetito, y con la piel que Kyusung tanto envidiaba notablemente marchita.

¿Acaso había caído en un síndrome de abstinencia de feromonas como un drogadicto? Para empezar, ¿puede un beta que no siente las feromonas volverse adicto a ellas?

Ah…. Qué pensamientos tan absurdos…. ¿Tendrá problemas de inteligencia por la falta de sueño?…….

“Maldita sea….”

Seung-chan frunció el ceño mientras aspiraba el cigarrillo. Adicción o lo que sea, apenas habían sido tres días lamiendo y succionando a Yang Ju-won, ¿qué síndrome de abstinencia ni qué ocho cuartos? Era una idea tan ridícula que incluso él pensaba que solo se le ocurriría al estúpido de Hong Kyusung.

El humo que soltó junto con un resoplido salió en una larga estela. Aplastó la colilla corta contra el suelo y se puso un cigarrillo nuevo en la boca. A los pies de Seung-chan, que estaba en cuclillas, había bastantes colillas aplastadas esparcidas. Ya llevaba dos horas tiritando de frío en el mismo lugar, fumando un cigarrillo tras otro.

“No sale ni a palos……”

Debajo de los ojos hundidos de Seung-chan, que miraba fijamente el cartel del refugio, hubo un ligero temblor. Había pensado en fingir un encuentro casual si Yang Ju-won salió, pero quizás por ser fin de semana, no salía del refugio, encerrado con el niño. Entrar a la fuerza para verle la cara le daba mala espina, por si volvían a decirle algo malo por su culpa.

Maldito maleducado. Aunque no sean íntimos, se han besado varias veces, ¿cómo puede anunciar que no lo hará más y quedarse recluido? ¿Acaso cree que uno está aquí sentado porque le echa de menos? Es porque tiene curiosidad por la razón.

“Ah, maldita sea.”

Cuanto más lo piensa, más le irrita. Ese infeliz tiene un golpe pendiente conmigo. ¿Debería usar el que me guardé en Navidad?

Seung-chan, con el cigarrillo apretado entre los dientes, lanzó un golpe al aire. El jab que aprendió en el gimnasio al que su tía lo inscribió para que expresara su ira interna cuando estaba en la secundaria, seguía siendo ágil. Kyusung, que iba al gimnasio con él, solía decir que si Seung-chan no hubiera sido expulsado por perder los estribos y arremeter contra un boxeador omega durante un entrenamiento, podría haberse hecho un nombre como boxeador.

Seung-chan, que lanzaba ganchos rápidos y cortos con la derecha, bajó el puño al pensar en Ju-won, quien parecía que saldría volando con solo un roce. Lo sabe porque le ha agarrado de las solapas varias veces. Es el tipo de persona que se desplomaría sujetándose el cráneo con solo recibir un coscorrón. Ayer también, cuando lo inmovilizó con su cuerpo, no pudo ni moverse, solo gemía y hacía un escándalo.

…Fue malditamente erótico.

Al apretar los dientes, se le marcaron los músculos de la mandíbula. Ayer estaba tan aturdido que no sintió que fuera tan erótico, pero al pensarlo bien, realmente hicieron cosas muy subidas de tono.

Seung-chan, con el cigarrillo que tenía marcas de dientes evidentes en el filtro, pensó que si ya le había perseguido para besarse un par de veces más, ¿qué más daba decirle que siguieran haciéndolo en adelante? Era un poco vergonozoso, pero no había nada que no pudiera hacer.

También quería volver a ver a Yang Ju-won excitado…, quería preguntarle por qué refregó el culo contra el miembro de otro…, y todavía había muchos lugares que no había tocado bien…….

Apoyó los codos en las rodillas flexionadas y ladeó la cabeza apoyando la mandíbula. Con la mirada fija en la puerta de salida del refugio, se llevó a la boca la mano que sostenía el cigarrillo.

¿Los omegas son provocativos incluso siendo hombres? ¿Es que todo parece erótico porque lo estoy haciendo con Yang Ju-won? ¿O es que Yang Ju-won es inusualmente sexy……?

Nunca imaginó que Gye Seung-chan llegaría a tener un interés tan profundo en la vida sexual de los poseedores de rasgos, a quienes siempre despreció llamándoles bestias locas por el deseo. Se sentía como la mierda.

Seung-chan tiró el cigarrillo que aún no se había consumido al suelo y se puso de pie. De nada servía esperar con ese humor de perros; aunque se encontrara con Ju-won, no creía que pudiera decirle de buena manera que siguieran haciendo cosas íntimas.

Se frotaba la cara congelada por el frío con las palmas de las manos mientras intentaba salir del callejón donde estaba el refugio, cuando escuchó un chirrido detrás de él. Al darse la vuelta por instinto, Seung-chan se agachó en el sitio en cuanto vio a Ju-won saliendo del refugio con Seung-on y una bicicleta.

“Maldita sea…. No sale cuando le espero y sale justo ahora, qué jodienda….”

Seung-chan murmuraba insultos mientras caminaba en cuclillas para esconderse detrás de un vehículo estacionado ilegalmente en el callejón. Se encogió lo más posible junto a la rueda trasera del coche y solo asomó la cara.

Vio la espalda de Ju-won abrochándole el cinturón de seguridad a Seung-on, que estaba sentado en la silla para niños instalada en la bicicleta. Seung-on, que hoy también llevaba su camión de bomberos rojo en una mano, apretó el botón y sonó la sirena anunciando una salida de emergencia.

“Shh, no lo hagas.”

Ju-won, que miró a su alrededor al oír el sonido de la sirena resonando con fuerza en el callejón un domingo por la mañana, le llamó la atención. Luego, volvió a agarrar el cinturón, que no se fijaba bien porque la parte del enganche estaba estropeada. Seung-on, que observaba fijamente a su padre distraído con el cinturón roto, de pronto giró la cabeza.

“¡Acá está!”

“¿Eh?”

A Ju-won, que solo respondió de palabra manteniendo la vista en el cinturón, Seung-on le dijo mientras señalaba el coche blanco estacionado al otro lado del callejón:

“¡Pa, pa, papá! ¡Dijo acá está!”

“¿Qué?”

Ju-won, que ató el cinturón roto para fijarlo, levantó la cabeza. Seung-on, que tenía la cara redonda como una luna llena asomando por la capucha de la campera bien ajustada, señalaba con su pequeño dedo hacia algún lugar. Ju-won, olfateando por el frío que ya le entumecía la nariz, miró hacia donde el niño señalaba. El callejón estaba en absoluto silencio, no se veía ni un gato callejero.

“Vámonos.”

Ju-won acarició la mejilla de Seung-on, que gritaba una y otra vez "¡acá está!", y puso un pie en el pedal de la bicicleta. Impulsándose contra el suelo para subir a la bicicleta, Ju-won salió suavemente del callejón, que como todo fin de semana, estaba lleno de coches estacionados en doble fila.

Ju-won empezó su trabajo de repartidor en bicicleta con Seung-on, ya que no tenía donde dejarle. Lo que a solas le hubiera tomado segundos subiendo las escaleras corriendo, ahora le llevaba mucho tiempo solo bajando y volviendo a subir a Seung-on de la bicicleta. Aun así, era mejor que pasar el tiempo en el refugio sin hacer nada. A medida que se acercaba la fecha límite para el desalojo, sentía que se asfixiaba si no mantenía su cuerpo en movimiento.

Tras terminar la entrega de la comida recogida en un restaurante de sopa de costilla, se sentó con Seung-on en la terraza de una tienda de conveniencia para almorzar. El menú de Seung-on eran fideos instantáneos de pasta negra. Soplando cada bocado para enfriarlo, se los daba a Seung-on y luego le limpiaba los mocos que le caían bajo la nariz.

Al ver el estado de Seung-on, pensó que después de terminar el almuerzo trabajaría un par de horas más y regresararía. No quería sobreexigirse y que el niño tuviera fiebre en la madrugada como en Navidad. En cuanto Seung-on tragó los fideos que le dio, abrió la boca, que ya estaba manchada de negro por la salsa como si tuviera bigote. Ju-won, viendo a Seung-on esperar pacientemente con su boquita abierta al máximo, soplaba los fideos enrollados en los palillos para enfriarlos cuando el teléfono que había dejado sobre la mesa vibró.

¿Yang Ju-won? Soy el mánager Kim Seongjong. ¿Ya consiguió trabajo? En el salón de bodas donde trabajaba antes buscan urgente a un empleado contratado, y quería recomendarte.

“¡Pa, papá! Seung-on ah…, ah….”

“Perdón. Espera un momento.”

Ju-won leyó rápidamente el mensaje del mánager del buffet y respondió sin dudarlo. El corazón le latía con fuerza al oír que buscaban a un empleado contratado y no solo para un trabajo temporal. Si conseguía un empleo estable, podría tragarse su orgullo y pedir ayuda a los trabajadores sociales. Sabía que si empezaba a ahorrar poco a poco, podría devolverles el favor. Aunque el mánager fue la razón directa por la que dejó el buffet, su situación era tan desesperada que no tenía margen para andar con resentimientos personales.

Los dedos de Ju-won se movieron con rapidez mientras escribía el mensaje expresando su deseo de ser recomendado para el puesto. Poco después de enviar su respuesta, llegó un nuevo mensaje de inmediato.

¿Entonces quieres que nos reunamos esta noche para hablar?

Sí. Si me indica el lugar y la hora, allí estaré.

Tras concertar la cita con el mánager, Ju-won se volvió hacia Seung-on. Le pareció que estaba demasiado callado y vio que el niño aún mantenía la boca abierta pacientemente. Seung-on, que solo movía sus grandes ojos de un lado a otro, por fin cerró la boca y empezó a masticar cuando Ju-won le metió un bocado de fideos.

Ju-won acarició la cabeza de Seung-on mientras este se llenaba la panza con entusiasmo, y sacó del bolsillo de su chaqueta el bálsamo labial que Seung-chan había olvidado.

'Ya no lo haré más contigo.'

'¿Qué?'

'Digo que no haré más estas cosas contigo. Me voy.'

Ju-won jugueteó con el bálsamo mientras recordaba su última conversación con Seung-chan.

Qué convenientes son los sentimientos. Hasta hace un momento sentía que no podía ni respirar, pero ante la posibilidad de conseguir un empleo, recuperó pronto la tranquilidad mental. Recién ahora se sentía culpable por haber terminado las cosas con Seung-chan sin una conversación adecuada. Conociendo su carácter, esperaba que montara en cólera al sentirse ignorado, pero su inesperado silencio le pesaba más en la conciencia.

Debió haberle explicado, al menos, que tenía que irse del refugio. Todavía le debe mucho al dueño del restaurante de costillas, recibió ayuda de Gye Seung-chan cuando Seung-on estuvo enfermo y, durante los últimos días, se había permitido una especie de escape y desahogo a su manera mediante el contacto físico con él. Aunque no llegaran a ser 'amigos', como decía el matón que siempre andaba con Seung-chan, podría haberle explicado su situación con un poco más de detalle.

“…….”

Con los ojos entornados, Ju-won observó la calle desierta frente a la tienda de conveniencia. Desde Navidad hasta ayer. Esos pocos días en los que se dejó llevar por Seung-chan habían abierto una grieta en el muro de su corazón.

'Estás viviendo malditamente bien.'

'…¿Por qué piensas eso?'

'Porque no abandonaste al niño.'

¿Podría volver a escuchar algo así alguna vez?

Tras observar el bálsamo labial en silencio, Ju-won abrió la tapa. El aroma a cereza barata se dispersó en el aire. Se aplicó el bálsamo rojo en los labios. Como por arte de magia, el escozor que sentía cada vez que soplaba el viento desapareció.

En la tarde de invierno que se oscureció rápidamente, soplaba un viento fuerte. A Ju-won le preocupaba que Seung-on pudiera resfriarse por haber salido tanto durante el día. No le bastó con ponerle la mascarilla, así que le envolvió la bufanda hasta debajo de los ojos. Tras bajar del taxi con el niño, Ju-won se detuvo frente al local donde había quedado con el mánager.

Sujetando la mano de Seung-on, Ju-won miró el cartel de madera que decía 'Baeksuk Garden' y echó un vistazo rápido al menú que estaba al lado. El restaurante, que tenía como regla un plato por persona, mostraba precios considerables junto a un texto que aseguraba usar solo hongos neungi silvestres. Los ojos de Ju-won temblaron levemente; su intención era invitar al mánager a comer a cambio de que le recomendara para el trabajo.

Arrastrando los pies con dificultad, entró al restaurante. Al dar el nombre del mánager, un empleado lo guio hacia una sala privada situada al fondo del local. Ju-won le quitó a Seung-on sus zapatitos, pequeños como la palma de su mano, y abrió la puerta corredera de la sala.

Frente al mánager, que ya estaba sentado a la mesa, había un banquete servido, como si lo hubiera reservado con antelación. El mánager, que removía con un cucharón la olla que burbujeaba sobre el fuego, intentó sonreír a Ju-won, pero su expresión se endureció al ver a Seung-on aferrado a su pierna.

“Hola….”

“¿Tu hermano?”

Incluso antes de que Ju-won pudiera sentarse tras hacer una reverencia y cerrar la puerta, el mánager preguntó directamente lo que quería saber, sin mediar saludo alguno.

“No. Es mi hijo.”

“Ah…….”

El mánager dejó el cucharón y se rascó la cabeza. Se quedó pensativo un momento y luego ladeó la cabeza.

“Creo recordar que en tu solicitud para el buffet figuraba que eras soltero.”

“Sí.”

“……Ah.”

Después de un buen rato, el mánager pareció asimilar que se trataba de un padre soltero y asintió brevemente. Ju-won tiró suavemente de la mano de Seung-on, que seguía pegado a su pierna por timidez.

Cedió el cojín que estaba frente al mánager a Seung-on y él se sentó directamente en el suelo. El mánager, que observaba con curiosidad cómo Ju-won le quitaba la bufanda que cubría el rostro del niño, soltó una risita.

“Yang Ju-won, trabajaste bastante tiempo en el buffet y no sabía que tenías un hijo.”

“…….”

“El niño se parece mucho a ti.”

“…….”

Ju-won, que le quitaba la mascarilla a Seung-on para guardarla en el bolsillo de su chaqueta, se volvió hacia el mánager. El hombre, que solía mostrar sus oscuras intenciones de forma sutil cuando Ju-won trabajaba allí, ahora tenía un brillo de interés distinto en los ojos. Incómodo por esa mirada densa, Ju-won fue directo al grano.

“¿Si me postulo para el puesto contratado en el salón de bodas seré aceptado? ¿O es usted quien debe hablar por mí……?”

“Primero comamos. El niño debe tener hambre. ¿Cuántos años tiene?”

Ante la pregunta del mánager, Seung-on, que había escondido la cara en el brazo de Ju-won, extendió tres dedos. El mánager sonrió y dijo mientras servía una ración de estofado en un plato:

“El hijo de este señor tiene dos años.”

“…….”

Ju-won, que servía agua en un vaso para Seung-on, miró de reojo al mánager. Así como el mánager acababa de enterarse de la existencia de Seung-on, Ju-won también supo en ese momento que el mánager estaba casado y tenía un hijo. Le resultaba repulsivo verle tratar con niños con esa cara amable, tan opuesta a la actitud lasciva que mostraba con él. Quería zanjar pronto el asunto del salón de bodas y pagar la cuenta. El costo de la comida, que le preocupaba antes de entrar, ahora le parecía el único modo de librarse de la deuda moral con alguien con quien no quería tener ninguna relación.

Mientras desmenuzaba con diligencia la carne de una pata de pollo para que Seung-on comiera rápido, el timbre de llamada sonó: 'ding-dong'. Ju-won detuvo sus palillos y miró al mánager, que había pulsado el botón.

“Habrá que tomar una copa, ¿no?”

“Yo no beberé. Por el niño……”

“¿Ni siquiera una cerveza?”

“No. No creo que sea buena idea.”

El mánager miró fijamente a Ju-won, quien rechazaba el alcohol con firmeza. En ese momento, la puerta de la sala se abrió. El empleado que acudió a la llamada los miró a ambos alternativamente. El mánager levantó la mano y dijo:

“Una cerveza y un soju. Traiga dos vasos.”

Tras pedir también la parte de Ju-won como si lo ignorara, el mánager miró a Ju-won, que permanecía sentado con expresión inexpresiva, y dijo:

“Las condiciones de contratación del salón de bodas son bastante estrictas. ¿Viste las noticias, Yang Ju-won? Sobre el incidente del apuñalamiento que hubo en un salón de bodas hace poco. Algunos empleados resultaron heridos.”

Al ver que Ju-won no respondía, el mánager dejó los palillos y continuó con expresión seria:

“Es ese lugar. Desde entonces ha faltado personal y están buscando gente nueva, pero parece que no es fácil encontrar a nadie. Después de lo que pasó, quieren a alguien con antecedentes claros, así que solo están contratando por recomendación.”

La puerta de la sala volvió a abrirse. El empleado del restaurante entró apresuradamente mientras hablaba por radio, dejó las botellas y los vasos sobre la mesa y desapareció. El mánager empezó a servir la cerveza en el vaso de vidrio y añadió:

“Para que yo pueda recomendarte, Yang Ju-won, bueno, tiene que haber una base. Nos hemos visto durante unos meses, pero no sé qué tipo de persona eres en privado, ¿verdad? Recién me entero de que tienes un hijo”.

“…….”

“El alcohol es lo mejor para conocer la personalidad de alguien. Para escuchar cómo ha sido su vida. Por eso pedí esto, así que no te sientas presionado y tómate solo una copa de cerveza, a la ligera”.

El mánager vertió soju en el vaso que ya estaba a medio llenar con cerveza. El hombre, que le había dicho que bebiera solo una copa de cerveza a la ligera, le tendió a Ju-won el vaso con la mezcla. Su rostro lucía una sonrisa burlona dirigida hacia Seung-on. El mánager hizo un chasquido con la lengua contra el paladar para llamar la atención del niño. A pesar del sonido, Seung-on ni siquiera lo miró; mantenía la vista fija únicamente en los trozos de pollo que Ju-won le había desmenuzado.

Seung-chan, con la barbilla hundida dentro de su chaqueta acolchada que tenía la cremallera subida hasta el tope, arrugó su nariz congelada y enrojecida. No sentía nada, por lo que llegó a pensar por un momento que la nariz se le había caído. El trabajo que Kyusung había conseguido como 'empleo de fin de semana' consistía en recorrer todos los locales de la zona de Yeoksam-dong pidiendo permiso a los dueños para colocar cupones de descuento de un nuevo centro de experiencias en los mostradores. En los tiempos que corren, el simple hecho de que el sistema fuera repartir cupones a pie en lugar de enviarlos por el móvil permitía predecir que la vida de dicho centro no sería muy larga.

Kyusung entraba en restaurantes, tiendas de artículos varios y cafeterías alrededor de la estación, explicando uno a uno el propósito de los cupones. Era una tarde de domingo y la mayoría de los dueños no parecían tener tiempo para atenderlo; ni siquiera escuchaban bien y solo le decían que los dejara sobre el mostrador, mientras que en otros lugares se enfadaban preguntando por qué dejaba esa porquería en un negocio ajeno.

Mientras Kyusung discutía con los dueños, Seung-chan esperaba afuera luchando contra el frío y dando pisotones en el suelo. No es que hubiera acordado repartir la paga con Kyusung, simplemente lo estaba acompañando. Si se quedaba en casa, no podía dejar de pensar en las cosas eróticas que había hecho con Yang Ju-won; y si iba al local a ayudar, temía que su tía lo interrogara sobre por qué le había pedido la habitación del fondo para Ju-won.

A pesar de vagar por las calles desafiando la pereza y el frío, sus pensamientos sobre Ju-won no se detenían.

'¿Por qué diablos dijo de repente que no lo haría más? Si fue porque le llamaron la atención en el refugio, ¿no bastaba con no hacerlo allí?'

“Maldita sea…. ¿Acaso fui tan malo en eso……?”

“Oye, ¿qué estás murmurando? Es el último local, hazlo tú esta vez”.

Kyusung le tendió todos los cupones restantes. Seung-chan, con ambas manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, giró el cuerpo para evitar la mano de su amigo.

“No quiero, idiota. Hazlo tú”.

“¡Me urge ir al baño! ¡Rápido!”

“¡Dije que no! ¡Ah, maldita sea!”

Kyusung metió el fajo de cupones a la fuerza en el bolsillo de la chaqueta de Seung-chan y salió corriendo hacia la entrada del edificio. Por su forma de correr sujetándose el trasero, no parecía que fuera una artimaña para zafarse del trabajo.

“Mierda, asqueroso….”

Murmurando por lo bajo, Seung-chan no tuvo más remedio que mirar el cartel del último local. Observó con desgana el anuncio que detallaba los beneficios de los hongos neungi y, tras pasar la puerta automática, entró al restaurante.

En el local de baeksuk, donde en cada mesa burbujeaban ollas y cuencos de barro, el aire era muy cálido. Al sentir el aire templado y el aroma suave del caldo en su rostro congelado, la irritación que sentía por la emergencia estomacal de Kyusung se calmó un poco.

Fue justo cuando Seung-chan sacó el fajo de cupones del bolsillo y miraba a su alrededor frente al mostrador.

“Ah…….”

Al ver una escena inesperada, Seung-chan dejó escapar un sonido de asombro sin darse cuenta. Ju-won, con quien pensaba que no se cruzaría por ser su día libre, estaba sentado en el borde de la tarima donde estaban las salas privadas, poniéndose los zapatos. Seung-chan volvió a meter los cupones en su bolsillo y caminó hacia el fondo del local con la vista fija en Ju-won.

Al verlo salir del refugio con el niño, pensó que volvería a buscar inmobiliarias. No imaginó que estaría comiendo en un lugar como este. Qué suerte. Aprovechando el encuentro, pensaba soltar todas las dudas que lo estaban asfixiando. Ya fuera que sus palabras para seguir haciendo cosas eróticas salieran bien o no, al menos se sentiría aliviado si escuchaba la razón de por qué quería dejarlo.

“…….”

La mano de Ju-won, que metía el pie con torpeza en la zapatilla, se detuvo. Ju-won levantó la cabeza para confirmar el rostro de la persona cuya sombra se proyectaba sobre él. Seung-chan lo miraba desde arriba en una postura inclinada, con las manos en los bolsillos y el rostro hundido en su chaqueta acolchada, dejando ver solo los ojos.

“…¿Has bebido?”

Seung-chan olvidó por completo el asunto de los besos por el que pensaba reclamar y volvió a preguntar con el ceño fruncido:

“¿Cuánto demonios has tomado?”

¿Cuánto habrá bebido para tener el rostro tan encendido que apenas se notaba la mancha rosada junto a su ojo? Al ver a Ju-won en ese estado, a punto de quedar completamente ebrio, su humor —ya fatigado por no haber dormido en toda la noche— se torció un poco más.

'¿Yo estaba a punto de morir de la angustia por su culpa y él anda por ahí bebiendo?'

Sintiéndose indignado, Seung-chan se puso en cuclillas frente a Ju-won. Sacó una mano del bolsillo y sujetó la mandíbula de Ju-won, que estaba teñida de rojo. El rostro, atrapado fácilmente por su mano, se inclinó sin resistencia. Lo normal sería que lo mirara con desprecio, pero al ver esos ojos totalmente perdidos, era evidente que no habían sido solo una o dos copas.

“Bebe de lo lindo este infeliz que, cuando se emborracha, le da por pedirle a cualquiera que se acueste con él, maldita sea”.

“…….”

“¿No te dije claramente que no volvieras a probar el alcohol? ¿No te repetí varias veces que te mataría si volvías a beber y a hacer estupideces?”

“…….”

No hubo respuesta. No parecía que no quisiera responder, sino que no podía. Seung-chan chasqueó la lengua y, cuando iba a retirar la mano de su mandíbula, volvió a mirar a Ju-won. Al rozar los labios rojizos con su pulgar, quedó una ligera mancha de bálsamo labial rojo. La comisura de los labios de Seung-chan, que estaba caída por el desagrado, tembló levemente. Ese bálsamo con intenso aroma a cereza era el que él mismo había comprado.

“Qué cosas te pones en los labios….”

La voz de Seung-chan se suavizó mientras murmuraba y su mirada bajó discretamente. Al notar que Ju-won llevaba un jersey de cuello alto, incluso su mirada se volvió más dulce.

“Si vuelves a andar bebiendo, te mato….”

Justo cuando Seung-chan, con una sonrisa en los labios, empujaba suavemente la frente de Ju-won con su dedo índice, la puerta corredera de la sala se abrió.

“…….”

El hombre que estaba de pie sujetando a Seung-on y mirándolo desde arriba era el mánager del buffet que solía entrar y salir de la sala de descanso con Ju-won. La mirada de Seung-chan se volvió fría al instante mientras observaba al mánager.

“Maldita sea…. Se están burlando de mí….”

Murmurando en voz baja, Seung-chan se frotó el pulgar —resbaladizo por el bálsamo labial de Ju-won— contra su pantalón y se puso de pie. Llevaba puesto el bálsamo que usó al besar a Gye Seung-chan y se estaba reuniendo con otro hombre, estando completamente ebrio. En el momento en que toda la información visual se ordenó en una sola frase en su cabeza, el calor le subió de golpe por la nuca.

'Incluso trayendo al niño……'

Mientras apretaba los dientes mirando a Ju-won, que permanecía inmóvil con la cabeza gacha, el mánager presionó el botón de estallido de Seung-chan.

“Es el tipo de aquella vez, ¿no? Yang Ju-won me dijo que no tenían ninguna relación, ¿eres un acosador?”

“……¡¿Qué que no tenemos ninguna relación, maldita sea?!”

Sus ojos rebeldes, que miraban hacia arriba al mánager situado sobre la tarima, ardieron de hostilidad. El fuego finalmente se prendió en su nuca, que ya estaba hirviendo. El calor subió desde la parte posterior del cuello y cubrió toda su cabeza en un instante. Justo cuando puso un pie sobre la tarima donde estaba el mánager para subir y soltarle un puñetazo, Kyusung llegó corriendo y presionó el hombro de Seung-chan.

“¿Y este señor quién es?”

Kyusung también puso los ojos en blanco con actitud desafiante. El mánager, que pareció desconcertarse por un momento al ver que ahora eran más, abrazó con fuerza a Seung-on.

“¿Me están acosando porque los despidieron del buffet? ¡Par de maleantes! ¡Que sepan que los voy a denunciar a todos!”

“Maldita sea, denuncie. Si puede, inténtelo”.

Kyusung subió a la tarima sin dudarlo y se abalanzó hacia el mánager para amenazarlo. En ese momento, Seung-on, que estaba en brazos del mánager, extendió sus manos hacia Kyusung. El hombre intentó sujetar al niño con más fuerza, pero Seung-on levantó ambos brazos sobre su cabeza y estiró su cuerpo, escurriéndose fácilmente. Salió de entre sus brazos como un molusco y se pegó rápidamente a la pierna de Kyusung.

Mientras tanto, Seung-chan se agachó en la tarima, tiró de los brazos de Ju-won, que ya se había quedado profundamente dormido, y lo cargó a su espalda. Una de las zapatillas que Ju-won no había terminado de ponerse se salió de su pie y quedó tirada en el suelo. Seung-chan recogió el calzado viejo con los cordones sueltos y, con Ju-won a cuestas, atravesó el restaurante. Kyusung, cargando a Seung-on, siguió a Seung-chan tras dedicarle el dedo corazón al mánager, quien gritaba a pleno pulmón que iba a denunciarlos por acoso, atrayendo la atención de todos los clientes que comían baeksuk.

Al salir del local, Kyusung se acercó a Seung-chan, que esperaba en la acera con Ju-won a la espalda.

“Llamaré a un taxi. ¿A dónde vamos? ¿A la casa de tu tía? ¿Al local?”

“Mi tía no puede verlo en este estado. Vamos a tu casa”.

“De acuerdo”.

Kyusung sacó su teléfono y llamó a un radiotaxi. Seung-chan lo miró de reojo y trató de enfriar su cabeza, que todavía echaba chispas, mientras escuchaba la respiración de Ju-won cerca de su oído.

Hasta hace un momento, estaba tan furioso e incrédulo que sentía ganas de darle una buena paliza a Yang Ju-won, pero al cargarlo en su espalda, se dio cuenta de algo. No sabía por qué se había reunido con un tipo así a estas horas y con el niño a cuestas, pero Ju-won definitivamente no había bebido tanto como para perder el conocimiento.

No olía a alcohol. Estaba tan ido que se había quedado dormido mientras se ponía los zapatos, incapaz de sostener su propio cuerpo, pero extrañamente no emanaba ni rastro de olor a bebida. Era evidente que estaba intoxicado con algo que no era alcohol. El hecho de que lo hubieran drogado para que perdiera el sentido significaba que se trataba de un encuentro de mierda donde una de las partes tenía intenciones impuras. Si no se hubieran cruzado con él…….

“Uu…, ah, mmm….”

Ju-won murmuraba sin cesar cerca de su oído. Parecía tener algo que decir, pero su cuerpo desplomado no le permitía ni mover los labios, dejando escapar solo quejidos de malestar.

“Maldita sea… de verdad, ¿debería matarlo?……”

Murmurando por lo bajo, Seung-chan volvió la cabeza para mirar el restaurante. Podría haberlo molido a golpes. Si Seung-on no hubiera estado delante, realmente no habría podido contener su furia y habría soltado los puños. Seung-chan apretó los dientes para reprimir esa rabia ardiente.

Si causaba problemas, era posible que su tía no le hiciera el favor de prestarle la habitación. Si eso pasaba, los que estarían jodidos serían Yang Ju-won y su pequeño.

'¿Por qué tocas a alguien que se esfuerza tanto por vivir, maldito sea?….'

Aquel loco que lo drogó hasta el final, aun viendo que Yang Ju-won estaba con un niño, ¿acaso habría echado la droga donde el pequeño no lo viera? Le hervía la sangre al pensar que el niño, sin entender nada, lo habría presenciado todo.

“Hijo de puta……”

Entre sus labios, que temblaban levemente, salía una voz cargada de una agitación contenida. Kyusung, que jugaba con Seung-on fingiendo que se lo comía mientras el niño hacía rodar la rueda de un coche de bomberos contra su cara, observó de reojo a Seung-chan.

Que tu pareja sea sorprendida bebiendo con un viejo es algo que enfurecería hasta al más sabio. Hace un momento, el aura asesina con la que Seung-chan miraba al mánager era tan intensa que Kyusung pensó que Gye Seung-chan, quien había llegado a los veintiún años sin mayores incidentes gracias a la benevolencia de su tía, finalmente debutaría en la cárcel. Además, creyó que hoy sería el funeral tanto del viejo como de Yang Ju-won.

Sin embargo, se estaba conteniendo. Alguien que, por su carácter habitual, ya habría destrozado el local, estaba aguantando. A Kyusung le resultaba muy extraño ver a Seung-chan reprimiendo su temperamento de esa manera. ¿Sería porque decidió sentar cabeza por consideración a su tía, o por el omega que llevaba a cuestas? Pensar que su amigo, con ese carácter de perros, estaba viviendo el romance del siglo, hizo que a Kyusung se le pusiera la piel de gallina.

* * *

Sentía como si le estuvieran revolviendo el cerebro con un punzón; era un dolor de cabeza tan intenso como nunca antes había experimentado. Con el rostro contraído por el sufrimiento, Ju-won no pudo soportar más la agonía y obligó a su cuerpo, aún sumido en el letargo, a incorporarse.

El mánager le había insistido para que bebiera. El ambiente se había vuelto tal que, si no aceptaba, parecía que la recomendación para el trabajo quedaría en nada. Había pasado mucho tiempo observando aquel vaso de mezcla frente a él, sumido en dudas. Recordó a Gye Seung-chan. Fue precisamente porque su enfermedad mental —esa que parecía crónica— había empeorado y lo había empujado al alcohol, que terminó besándose con él.

Finalmente, rechazó la bebida. La mirada de desagrado del mánager lo hizo sentir incómodo, así que se concentró únicamente en alimentar a Seung-on. Después de eso, ¿había ido al baño? Recordaba haberse sentido mareado, pero no lograba precisar en qué momento. El ritmo con el que ponía trozos de carne en la boca de Seung-on fue disminuyendo, y creía haberse quedado traspuesto, apoyando la cabeza en la mano. ¿Se había levantado cuando el mánager le dijo que lo llevaría a casa?…….

Mientras rastreaba sus últimos recuerdos, Ju-won observó a Seung-on, que dormía a su lado, y luego miró lentamente a su alrededor. El lugar, que carecía de cualquier tipo de orden, no era ni el refugio ni la habitación de Seung-chan. ¿Sería la casa del mánager? Mientras inspeccionaba el entorno con ojos inquietos, sintió un pequeño alivio al cruzar su mirada con unos ojos que lo observaban fijamente.

Bajo la ventana por la que empezaba a clarear el día, Gye Seung-chan estaba sentado apoyando la espalda contra la pared. Con los brazos descansando sobre sus rodillas, Seung-chan, que no le había quitado la vista de encima, habló en voz baja.

“…¿Estás bien?”

“¿Qué pasó… conmigo y con Seung-on?”

Al ver que Ju-won ignoraba la pregunta sobre su estado físico para indagar primero por los hechos, Seung-chan pensó que aquello era muy propio de él.

“El mánager te dio una droga”.

“…….”

“Pasaba por allí por casualidad, los vi y los traje a casa de Hong Kyusung”.

Ju-won, que había permanecido escuchando esa voz pausada, bajó la mirada que mantenía sobre Seung-chan.

Había actuado con demasiada urgencia. Aun sabiendo que el mánager era alguien con quien no convenía volver a involucrarse, salió a su encuentro lleno de esperanza. Pensó que, tal vez, las cosas podrían salir bien. Aunque su vida era una en la que la suerte nunca lo acompañaba, creyó que esta vez, estando tan desesperado, podría recibir ayuda de alguien inesperado.

Fue un estúpido. Como era algo que él mismo había provocado, no le dolía lo que pudiera haberle pasado. Sin embargo, sentía una culpa inmensa hacia Seung-on por haberlo expuesto a una situación así. El agradecimiento que sentía hacia Seung-chan era, sobre todo, por haber evitado que el niño presenciara algo peor.

“Gracias”.

“…….”

“Y gracias también… por no llevarnos al refugio”.

Su voz seguía siendo seca, aunque hablaba más despacio de lo habitual. Seung-chan observó en silencio a Ju-won, que solo parpadeaba con la vista baja, y preguntó:

“¿Por qué te viste con ese tipo?”

El rostro inexpresivo de Ju-won se alzó hacia él. Respondió brevemente:

“Dijo que me daría trabajo”.

Lo suponía. Ese tipo rastrero y miserable.

Seung-chan frunció el ceño, mostrando su crispación. Ju-won, observando fijamente a un Seung-chan que parecía de mal humor, volvió a hablar:

“Tengo que irme del refugio en diez días”.

“…….”

Seung-chan, que pensaba que la conversación terminaría ahí, lo miró con los ojos un poco más abiertos. Yang Ju-won era como un robot al que había que introducirle una pregunta para obtener una respuesta; nunca hablaba de sí mismo ni iniciaba una charla por voluntad propia. Le resultó asombroso verlo contar algo sin que se lo hubieran preguntado.

“Tal como dijiste… como pagué las deudas de mi padre, no tengo dinero”.

“…….”

“Por eso me fui. Y la razón por la que dije que no volvería a besarme contigo es… parecida. No tengo cabeza para esas cosas contigo”.

Ju-won no se atrevió a mencionar que lo habían descubierto los empleados del refugio. Aun así, quería explicarle sus motivos. Incluso si no hubiera recibido su ayuda hoy, habría buscado un momento a solas en el local para decírselo. Quería que supiera que simplemente tenía sus razones y que esperaba que no se sintiera tan mal por ello.

Seung-chan, que observaba a Ju-won cerrar la boca como si ya hubiera terminado de hablar, entornó un ojo.

“¿Por qué me das explicaciones?”

“Pensé que… te habrías sentido mal”.

“Vaya…. ¿Resulta que el sociópata también piensa en los sentimientos de los demás?”

“Y además”.

Tras tomar aire un momento, Ju-won continuó parpadeando con sus grandes ojos:

“La otra vez, cuando insistías en que siguiéramos besándonos, me preguntaste muchas veces por qué no quería. Me pareció que tienes una personalidad a la que le da mucha curiosidad saber los porqués”.

“¡Maldita sea! ¿Quién tiene esa personalidad? ¿Y quién demonios dice que estaba insistiendo?……”

Soltó las palabras con brusquedad, pero la respuesta de Ju-won no le sentó nada mal. Seung-chan se mordisqueó el labio, que amenazaba con curvarse en una sonrisa, y preguntó:

“Entonces, a partir de ahora… ¿tampoco harás cosas raras con otros tipos?”

“…….”

“Responde”.

“Nunca las hice”.

Ante la respuesta inmediata de Ju-won, Seung-chan sacó un bálsamo labial del bolsillo. Lo había encontrado en el taxi mientras iban a casa de Kyusung. Seung-chan jugueteó con el bálsamo entre sus manos —el cual probablemente se le había caído a Ju-won de la chaqueta— y lo miró de reojo.

“Cuando fuiste a ver a ese pervertido, ¿por qué te pusiste esto?”

“…Porque no me duele”.

Las manos que jugueteaban inquietas con el bálsamo se detuvieron. Ju-won le explicó a Seung-chan, que lo miraba fijamente con el envase en la mano:

“Me lo puse porque, cuando lo uso, no me duelen los labios”.

“…….”

Seung-chan, que observaba a Ju-won en silencio, dejó escapar una risita. Sus labios, que intentaban contener una sonrisa involuntaria, se abrieron dejando salir una risa que sonaba más como un suspiro.

La razón por la que Ju-won dijo que no volvería a tener contacto físico con él era porque no tenía margen emocional. No era porque Gye Seung-chan besara mal o porque no le gustara besarlo. Y, además, dice que no ve a nadie más. Pensaba que este tipo debía tener a un montón de hombres a su alrededor y que se veía con cualquiera, pero al saber que no era así, su malestar desapareció por completo. Le gustó saber que no se había puesto el bálsamo para verse bien ante otro, y le gustó aún más saber que, si usaba el que él le compró, ya no sentía dolor.

Seung-chan sintió cómo se disolvían todas las dudas y la angustia que lo habían mantenido despierto la noche anterior. Ese nudo en el estómago que Ju-won le había provocado se desató finalmente.

Al ver a Seung-chan reír como si no pudiera creerlo, Ju-won reafirmó su pensamiento de que realmente era alguien curioso. Gye Seung-chan era el único que, al verlo, siempre le preguntaba por qué hacía esto o aquello. Resultaba irónico que la única persona que se empeñaba en escuchar las respuestas de un Yang Ju-won por el que nadie más se interesaba, fuera precisamente Seung-chan, quien decía detestarlo.

Seung-chan, que reía entre dientes mientras se humedecía el labio inferior con la punta de la lengua, lanzó el bálsamo hacia Ju-won, que estaba sentado en el colchón, como quien lanza un avión de papel. Ju-won atrapó el bálsamo con ambas manos y lo guardó profundamente en el bolsillo de su pantalón. Para que no volviera a caerse.

 

Al amanecer, desayunaron unos kimbap que Kyusung compró en un local cercano. Seung-on, sentado entre Seung-chan y Kyusung, comía sus pequeños kimbap para niños y sonreía cada vez que tenía oportunidad.

Era evidente que les tenía un cariño especial a Seung-chan y a Kyusung. Parecía fascinado por los juegos físicos y algo bruscos que Ju-won nunca hacía. Soltaba carcajadas que eran casi gritos de alegría y emitía onomatopeyas coloridas e ininteligibles. Observaba atentamente a Seung-chan y a Kyusung mientras estos discutían y se criticaban mutuamente, e intentaba esforzarse por decir algo él también.

En el autobús de regreso al refugio, Ju-won abrazaba a Seung-on, que estaba sentado sobre sus rodillas. Mientras miraba por la ventana, le susurró al oído:

"Seung-on, lo siento."

"……¿Por qué?"

Seung-on movió sus grandes ojos, sin saber si no entendía la repentina disculpa de su padre o si estaba desconcertado; solo después de un largo rato preguntó la razón. Ju-won hundió los labios en la suave nuca del niño y murmuró:

"Ayer papá… se quedó dormido mientras comíamos. Lo siento. No volverá a pasar."

Seung-on, que parpadeaba sin responder nada, de pronto se volvió hacia Ju-won y comenzó a acariciarle la zona de los ojos. Mientras jugueteaba con la mancha rosada, tan pequeña como sus propios dedos, Seung-on sonrió con un leve gesto en sus labios. Ju-won no tenía forma de saber qué sentimiento estaba expresándole el pequeño, así que simplemente se quedó quieto y dejó que su hijo le tocara el rostro.

* * *

Seung-chan estacionó el coche detrás del local y descargó las verduras que había comprado en el mercado. Los empleados salieron por la puerta trasera de la cocina y revisaron el estado de los vegetales que debían preparar antes de empezar la jornada.

Cuando Seung-chan se marchó, un empleado que ayudaba al dueño a mover las cajas de verduras hacia el interior de la cocina comentó en tono de broma:

“Parece que Seung-chan por fin está sentando cabeza, ¿no?”

El dueño, que sin siquiera quitarse el abrigo ya estaba pasando las verduras que requerían lavado inmediato a un gran colador, se volvió hacia él preguntando: “¿Eh?”. El empleado que hizo el comentario era alguien que llevaba tantos años trabajando allí que había presenciado toda la turbulenta adolescencia de Seung-chan.

“Últimamente lo acompaña al mercado sin falta.”

“¡Bah! Lo hace para usar el coche. Me doy por bien servido si no anda por ahí haciendo nada raro.”

“Pues por las noches se queda en el local hasta el cierre. Parece que está madurando.”

Ante las palabras del empleado, el dueño se echó a reír mientras negaba con la cabeza.

“Le falta mucho para madurar. Hace nada que terminó el servicio militar y estuvo desaparecido sin dar señales de vida. Últimamente está tranquilo, pero cada día me da miedo pensar qué clase de problema gordo va a causar de nuevo.”

Mientras el dueño bromeaba fingiendo un escalofrío, la jefa de cocina, la señora Kim Young-nam, apareció y se metió en la conversación:

“Uno solo asienta el corazón cuando tiene un lugar donde ponerlo. Él es de los que, cuando se encariña con algo o con alguien, va hasta el final, así que no se preocupen tanto.”

“…….”

Las palabras de la señora Kim dejaron al dueño pensativo. Había recogido a aquel niño abandonado y lo había criado como a un hijo. Pensó que, para no haber tenido suerte con los maridos, le había tocado la suerte de tener un hijo sin haberlo esperado. Aunque había sido un hijo difícil de criar, lo hizo con toda su alma. ¿Acaso su presencia no era suficiente para sujetar el corazón de Seung-chan? Las palabras de Kim Young-nam le trajeron una revelación más que un sentimiento de decepción.

Un lugar donde poner el corazón. Algo a lo que aferrarse. ¿Qué podría ser? Si hubiera algo capaz de dar calma a Seung-chan, quien vagaba solitario chocando y rompiéndose como una ola salvaje, el dueño lo recibiría con los brazos abiertos, fuera lo que fuera.

 

Seung-chan, que estaba apoyado en su pequeño coche, aplastó el cigarrillo con el pie en cuanto vio a Ju-won salir por la puerta del refugio. Tras soltar una bocanada de humo, Seung-chan curvó las comisuras de los labios hacia Ju-won, que caminaba hacia él.

“Saliste muy rápido. Joder, ¿quieres que te cobren un recargo por pago tardío?”

Ju-won levantó la vista hacia ese rostro que, por puro instinto, soltaba sarcasmos como un perro que menea la cola al verlo. A diferencia de un Seung-chan que parecía extrañamente animado, Ju-won mantenía un semblante seco y habló con tono indiferente:

“¿Qué vamos a hacer? Hoy de verdad tengo que ir a ver inmobiliarias.”

“Eso es, haa…. espera un poco….”

Desde que pidió la habitación del fondo, Seung-chan ha estado ayudando en todo en el restaurante para ganarse el favor de su tía, pero sigue sin tener noticias. Siente que se la concederá pronto, pero el problema es que la fecha de salida de Ju-won del refugio se acerca. Le carcomía la impaciencia notar que su tía aún no le había mencionado nada de la habitación a Ju-won.

Al quedarse sin palabras, Seung-chan evitó la mirada y le hizo un gesto para que subiera rápido. Ju-won suspiró levemente ante el ademán brusco de su mano y subió al asiento del acompañante.

Seung-chan iba cada mañana al callejón frente al refugio para recoger a Ju-won y pasar el tiempo. Como no podía entrar al refugio, no le quedaba otra que llamarlo para que saliera. Desde que lo rescató del mánager pervertido, Ju-won salía dócilmente cada vez que lo llamaba. No es que hubieran vuelto a besarse; simplemente comían juntos o pasaban el rato charlando con Kyusung.

“…….”

Seung-chan humedeció sus labios innecesariamente mientras miraba de reojo a Ju-won abrochándose el cinturón. Su cuello volvía a estar blanco y limpio. Solo quedaba un pequeñísimo rastro rojo cerca de la clavícula.

Aunque todavía quería hacer cosas eróticas con Yang Ju-won, ya no era lo único que pasaba por su mente. Aquel día que lo sacó de las garras de aquel tipo y Ju-won le contó algunas cosas, se sintió un poco más cómodo con él. Era escalofriante, pero como decía Hong Kyusung, parecía que se había hecho... amigo de Yang Ju-won.

Bueno, probablemente…….

“…….”

“¿Qué haces?”

Ju-won se volvió hacia Seung-chan al notar que no arrancaba el coche. Solo entonces Seung-chan apartó la mirada que examinaba con insistencia su cuello blanco. Carraspeó, giró el volante para salir del callejón y Ju-won volvió la cabeza para mirar por la ventana.

…Qué tonto.

Observando el paisaje de la tranquila mañana de invierno, Ju-won movió sus labios, que se sentían resbaladizos por haberse aplicado el bálsamo antes de salir del refugio.

 

Kyusung bajó del autobús silbando mientras se arreglaba el cabello y miraba por la ventanilla. No tuvo que buscar mucho; nada más bajar se encontró con Seung-chan y Ju-won sentados juntos en el banco de la parada. Kyusung soltó un entusiasta “예에” y extendió la mano. Seung-chan, que estaba sentado de medio lado con las manos en los bolsillos de su chaqueta, sacó una y chocó las palmas. A pesar de la respuesta desganada de su amigo, un animado Kyusung le ofreció la palma a Ju-won.

“Sí.”

“…….”

“Tú sí que eres….”

Kyusung, que esperaba que Ju-won chocara su mano, se quedó con la palma extendida y terminó frotándola contra su pantalón, algo avergonzado por la reacción de Ju-won, que solo lo miraba fijamente con sus grandes ojos. Al ver esto, Seung-chan soltó una risita. Kyusung frunció el ceño mirando a ambos alternativamente.

¿Pero qué ven mis ojos…?

Kyusung pensaba que, dado el tiempo que Seung-chan había pasado detestando a los omegas, ahora podría darle vergüenza admitir que estaba saliendo con uno. Por eso, pensaba fingir que no sabía nada hasta que su amigo se lo confesara por voluntad propia, pero no se dejaría engañar por el romance secreto de su amigo. Decidido a acorralar a Seung-chan para burlarse de él en cuanto viera algo sospechoso, Kyusung los guio con mirada afilada.

El lugar al que los llevó fue un café multihabitación en Gangnam. Las salas, equipadas con mesas amplias, sofás tipo cama y grandes televisores, incluían incluso una pequeña cocina con electrodomésticos, siendo mucho mejores que cualquier apartamento de soltero común.

Mientras Ju-won examinaba la estantería donde había desde micrófonos de karaoke y consolas de videojuegos hasta juegos de mesa, bajó la vista hacia el suelo. El piso, con la calefacción encendida, estaba muy cálido.

Seung-chan se acercó a Ju-won, que movía los dedos de los pies dentro de los calcetines. Ju-won levantó la vista hacia él y le hizo una pregunta que le rondaba la cabeza desde hacía tiempo:

“¿De dónde sacan ustedes el dinero?”

Seung-chan miró a Ju-won y señaló a Kyusung con la barbilla.

“Ese idiota dice que vendió unos Artículo.”

“¿Artículo…. objetos de videojuegos?”

“Sí. Y además, su familia tiene dinero.”

“…….”

Ju-won miró con escepticismo a Kyusung, que ya estaba tumbado en el sofá probando el volumen del micrófono. Ciertamente, para no tener un trabajo fijo, vivir solo en una villa decente en pleno centro de Seúl sugería que contaba con apoyo de sus padres. Sin embargo, al verlo siempre con Seung-chan haciendo trabajos temporales raros, no parecía que recibiera una asignación fija; así que Ju-won asintió levemente, encontrando lógica en que su principal fuente de ingresos fuera la venta de objetos de juegos.

Kyusung dejó el mando en la mesa y se pegó el micrófono a la boca. Una estridente melodía de karaoke empezó a sonar. Cambiando de postura en el sofá de forma provocativa como un cantante profesional, Kyusung empezó a interpretar con pasión la introducción de una canción de un grupo de chicas que sonaba mucho en las calles.

Seung-chan hizo un gesto como si fuera a vomitar y, con su mano grande, tanteó a su lado para sujetar la muñeca de Ju-won. Sacó de la sala a Ju-won, quien observaba con rostro inexpresivo los contoneos de Kyusung, y lo llevó a la zona de la cocina.

Llevándolo frente a una vitrina transparente llena de alcohol y refrescos, Seung-chan apoyó un brazo contra la pared y dijo:

“Ni se te ocurra pensar en beber alcohol, ¿entendido?”

“¿Y quién dijo que iba a hacerlo?”

“Oye, bebe esto.”

Seung-chan abrió la vitrina y sacó un cartón de jugo de manzana. Sin esperar a que Ju-won dijera que lo quería, él mismo le clavó la pajita y se lo tendió. Ju-won, aceptando a regañadientes el cartón que Seung-chan agitaba frente a su cara, se puso la pajita en la boca. Seung-chan, inclinado y observándolo fijamente, miró hacia atrás sin necesidad. Kyusung seguía cantando con pasión. Al volver a mirar a Ju-won, Seung-chan se mordisqueó el labio superior como alguien inquieto y dijo:

“Oye, tú.”

“…….”

“¿No deberías… ponerte de eso en los labios otra vez?”

Seung-chan se apresuró a añadir algo, temiendo que Ju-won no lo hubiera entendido.

“El bálsamo. El que te di.”

“…….”

“Es que antes…, parece que se te borró al comer udon.”

Incluso mientras decía esas breves palabras, Seung-chan giraba la cabeza constantemente para vigilar a Kyusung de reojo, hablando en un susurro bajo. Al verlo así, Ju-won se tocó los labios. Tal como Seung-chan decía, estaban secos. Ju-won se mordió el labio seco una vez y luego respondió con indiferencia:

“Yo me encargo.”

“…Ah. Como quieras.”

Seung-chan bajó las comisuras de los labios de forma exagerada para que se notara su disgusto y caminó hacia el sofá, dejándose caer pesadamente. Acto seguido, extendió ambos dedos corazón hacia Kyusung, quien hacía gestos provocativos celebrando que por fin tenía público, y lo abucheó. Kyusung, en lugar de agitar una vara luminosa, respondió al gesto de su amigo con un twerking a modo de servicio para fans.

Tras el popurrí de Kyusung, fue el turno de Seung-chan. Las tres canciones que cantó seguidas fueron baladas de rock o baladas tradicionales; a Kyusung le pareció una actuación tan asquerosa como la suya propia. Le dio náuseas que eligiera esas canciones solo por estar frente a su novio.

Mientras Seung-chan y Kyusung se lanzaban abucheos por turnos, Ju-won se limitaba a escuchar desde el sofá aquellas interpretaciones de nivel mediocre. Eran comparables al talento vocal de los grupos de alfas de su clase en la secundaria, que solían llevarlo a los karaokes cuando manifestaron su rasgo temprano. Eran pésimos.

Al terminar otra balada, Seung-chan se sentó junto a Ju-won. Pegándose a él mucho más que antes, Seung-chan chasqueó la lengua al ver a Kyusung parado frente al televisor tratando de concentrarse para la siguiente canción. Mientras lo hacía, rodeó la cintura de Ju-won con una mano.

Ju-won, que observaba con rostro inexpresivo a Kyusung retorcerse para alcanzar las notas altas, se puso de pie para evitar la mano que descansaba de forma torpe en algún punto entre su cintura y su cadera. La mirada de Seung-chan lo siguió.

“¿A dónde vas?”

“…Al baño.”

“…….”

Incluso después de escuchar la respuesta, Seung-chan lo miró fijamente antes de volverse hacia Kyusung. Al ver que este ya empezaba la segunda estrofa, tomó el mando que estaba sobre la mesa. Apretó los dientes y pulsó el botón de cancelar repetidamente hasta que la música se cortó de golpe.

“Cantas fatal, en serio. Déjalo ya y ponte a jugar.”

“¡Gye Seung-chan! ¡Hijo de puta!”

Kyusung gritó a través del micrófono. Al salir de la sala escuchando los insultos vulgares resonar por los altavoces, Ju-won se tocó los oídos aturdidos.

Estar con matones betas era agotador. Sentía que todos se volvían estúpidos juntos. Por eso, era fácil escapar de la realidad sin tener que buscar cosas malas como hacía antes cuando estaba solo. Solo con estar a su lado.

Tras recorrer el pasillo flanqueado por salas, Ju-won entró al baño común del edificio. Estaba a punto de entrar en uno de los cubículos cuando se detuvo frente al espejo.

Mirándose en él, tocó con la punta de los dedos sus labios secos. Los labios que se le habían agrietado y puesto rojos por los besos incesantes ya se habían curado por completo hacía tiempo. Ya no estaban partidos, y en el futuro no habría más besos. Por lo tanto, no necesitaba ponerse bálsamo. Sin embargo, se lo había puesto por la mañana.

“…….”

Ju-won sacó el bálsamo del bolsillo del pantalón y lo frotó contra sus labios con un gesto desganado. Luego volvió a mirarse al espejo. Su rostro pálido, como el de una persona enferma, se veía ridículo con los labios tan brillantes. Se quedó mirando fijamente aquellos labios que se sentían como si no fueran suyos y luego se los frotó con el dorso de la mano para limpiarlos.

Mientras se acercaba al espejo para comprobar que no quedaba ni rastro del bálsamo, la puerta del baño se abrió.

Entraron tres chicos con el uniforme de una escuela secundaria cercana. Uno de los chicos, que entró con aire arrogante y se dirigía a los urinarios, se acercó a Ju-won al cruzar su mirada en el espejo.

“Vaya, qué lindo eres.”

El chico, que vestía una chaqueta de forro polar beige en lugar del saco del uniforme, rodeó lentamente a Ju-won examinándolo de arriba abajo. Para Ju-won, esta era una situación bastante familiar que vivía desde antes de manifestarse. Desde pequeño era más famoso por el apodo de ‘el lindo indigente del orfanato’ que por su propio nombre, así que no solía enfadarse con los chicos que intentaban buscarle pelea creando un ambiente desagradable como aquel.

“Es un omega. Oye, tú, sedúcelo.”

El chico le hizo un gesto a su amigo, que parecía ser un alfa. El alfa, que se reía detrás, se acercó a Ju-won. Ju-won levantó la vista y miró fijamente aquel rostro corpulento que le sonreía con sorna frente a él.

“¿Qué miras? Si suelto mis feromonas, en 30 segundos estarás chorreando….”

“Ah, maldita sea. ¿Es que los mocosos de secundaria mean por la boca? Qué ruidosos son.”

Todas las miradas del baño se concentraron en el origen de esa voz cargada de irritación. Seung-chan, que acababa de entrar, caminó con paso tranquilo directamente hacia el alfa que estaba frente a Ju-won. Y nada más detenerse, antes de que el otro tuviera tiempo de soltar alguna frase trillada como ‘¿tú quién eres?’, le encajó un puñetazo en la cara. El alfa se encogió de dolor soltando un gemido mientras se cubría la nariz, golpeada por aquel puño rápido y preciso. La sangre comenzó a chorrear sobre el suelo del baño.

“Ja, maldita sea…. aaah….”

Seung-chan agarró por la nuca al alfa, que seguía inclinado y quejándose, y le estampó la cara con la rodilla una vez más. Apartó de un empujón al tipo corpulento que se había desplomado y miró a los chicos restantes. Los otros dos retrocedieron, desconcertados por la derrota del único amigo alfa del grupo.

“Lo sentimos…….”

El que fue más rápido en captar la situación agachó la cabeza de inmediato. El otro también se apresuró a pedir disculpas.

“¡Lo sentimos! ¡Lamentamos mucho haber sido tan ruidosos!”

“¿A quién le levantan la voz? Maldita sea, ¿no saben bajar los decibelios?”

Seung-chan, con una mano en el bolsillo, golpeó ligeramente con la punta del pie las piernas de los chicos, que estaban completamente encogidos de miedo. Ju-won, que observaba desde atrás cómo Seung-chan los aterrorizaba buscando cualquier excusa absurda, habló en voz baja:

“¿Falta mucho? Tengo que usar el baño.”

“¿Eh? ¿Qué?”

Seung-chan, que estaba dándoles palmaditas ligeras en las mejillas a los chicos que se disculpaban susurrando lo más bajo posible, se volvió hacia Ju-won.

“Que voy a usar el baño.”

“Ah….”

Ante la respuesta de Ju-won, Seung-chan ahuyentó a los chicos como si fueran moscas. Mientras estos salían corriendo, empujó con el pie el trasero del alfa, que seguía inclinado cubriéndose el rostro ensangrentado. El alfa salió del baño quejándose.

En el baño, que se quedó en silencio al instante, Seung-chan se quedó un momento dubitativo antes de levantar la mano.

“…Haz tus cosas.”

Ju-won observó a Seung-chan salir tras dejar esas palabras incómodas y luego bajó la vista al suelo. Había un charco de la sangre que el alfa había derramado. Ju-won frunció levemente el ceño y se dirigió a uno de los cubículos.

Cuando salió del baño tras lavarse las manos, Seung-chan estaba apoyado en la pared del pasillo esperándolo, en lugar de haber regresado a la sala. Seung-chan, que estaba mirando su teléfono, cerró la aplicación del juego a la que acababa de entrar al ver que Ju-won salía tan pronto. Se había quedado allí por miedo a que alguien le hiciera algo si lo dejaba solo, pero la expresión de Ju-won mientras caminaba hacia él no era buena. Su rostro, que por lo general era inexpresivo, estaba más contraído de lo habitual.

Ju-won se detuvo frente a Seung-chan y, mientras se secaba las manos mojadas contra sus pantalones, dijo:

“¿No crees que eres demasiado violento?”

“¿Qué?”

“Tú también empezaste a soltar puñetazos la primera vez que nos conocimos.”

Seung-chan entendió que se refería a cuando golpeó al cliente que lo estaba molestando en el buffet, pero se quedó mirando a Ju-won sin entender con qué intención se lo decía.

“Tu tía se preocupa todos los días, ¿no crees que… deberías pelear menos?”

“…Eso es cierto, pero.”

“…….”

“¿Me estás regañando ahora?”

Una de las comisuras de Seung-chan tembló mientras preguntaba para confirmar. Sin poder evitarlo, giró la cabeza y soltó una risita entre sus labios entreabiertos antes de volver a mirar a Ju-won.

“Oye, joder, pareces toda una esposa. Yang Ju-won, ¿por qué eres tan gracioso?”

Seung-chan se rascó la frente, y aunque jamás había tenido una relación, murmuró una y otra vez: “Ah, en serio, pareces una esposa”, riendo como si no pudiera creerlo. Ju-won lo observaba en silencio y respondió con voz monótona:

“Esa clase de provocaciones se pueden ignorar, así que de ahora en adelante no hace falta que hagas lo de hoy.”

“¿Qué?”

“Que no pelees por tonterías.”

¡Ah! ¡Es que es igual a una esposa!

Definitivamente, era un tipo gracioso. Antes de hacerse amigos, Ju-won le parecía un sociópata insoportable, pero ahora su personalidad le resultaba bastante cómica.

Al final, Seung-chan soltó una carcajada abierta. Rodeó con su brazo los hombros de Ju-won, quien ya se daba la vuelta para regresar a la sala donde Kyusung debía estar cantando apasionadamente en soledad. Seung-chan inclinó la cabeza hacia el rostro de Ju-won, que quedaba justo debajo de su barbilla. Un intenso aroma a cereza proveniente del bálsamo labial que Ju-won acababa de ponerse lo envolvió. Se preguntó si percibir feromonas sería algo así. Seung-chan miró de reojo los labios brillantes de Ju-won y sonrió con picardía.

 

Tras aguantar tres horas divirtiéndose en el café multihabitación, pasaron por un enorme salón de juegos frente a la estación. Ju-won, viendo a esos dos matones sentarse frente a las máquinas de videojuegos en cuanto entraron —pese a que ya habían estado jugando consola mientras comían ramen—, pensó que eran como gorriones que no pueden pasar de largo frente a un granero.

Ju-won se quedó de pie detrás de ellos, observando distraídamente cómo se entusiasmaban con un juego de lucha cuerpo a cuerpo. Aún faltaba mucho para ir a buscar a Seung-on y, para su sorpresa, ver el enfrentamiento entre ambos no era tan aburrido como pensaba.

“Oye, ven aquí.”

Seung-chan tiró del brazo de Ju-won, que estaba detrás de él. Sin darle tiempo a traer la silla vacía de al lado, Seung-chan sentó a Ju-won sobre sus propias piernas. Apoyando la mejilla en el brazo de Ju-won, Seung-chan envolvió con sus manos las manos más pequeñas del otro y sujetó la palanca de mando.

“Esto es técnica de manos, esto es de pies. Para usar la técnica especial cuando se llene la barra, hazlo así.”

“…….”

Ju-won escuchaba la explicación de Seung-chan mientras sentía sus manos superpuestas sobre las suyas, pero intentó levantarse moviendo las caderas. En ese momento, el tiempo de selección de personajes terminó y el juego comenzó. Ju-won volvió a sentarse por el impulso y se quedó mirando la pantalla, dejando sus manos en manos de Seung-chan, quien las movía con destreza.

Al lado de ellos, Kyusung aporreaba los botones con rapidez mientras fruncía el ceño profundamente.

'Estos dos… ¿debería armarles un escándalo o qué?'

El dilema de Kyusung sobre si poner en evidencia a su amigo —quien presumía descaradamente su relación con el omega que tanto solía detestar— continuó incluso después de que terminara el juego de lucha.

Gye Seung-chan seguía pegado a la espalda de Ju-won, apoyando ambos brazos en la máquina mientras no paraba de entrometerse cuando este intentaba sacar un peluche. También en el juego de baloncesto, le sujetaba la cintura con ambas manos y no lo soltaba. Cada vez que Ju-won se agachaba para recoger un balón que había rebotado, Seung-chan se ponía en cuclillas y se levantaba con él solo por no soltarle la cintura; parecía un maldito loco desesperado por pegarse a él por detrás. Ju-won también era un tipo raro por no evitar a un Gye Seung-chan tan pegajoso. Cualquiera se sentiría consciente de las miradas ajenas, pero ese tipo tampoco era un loco normal.

La paciencia de Kyusung, que tras diez años de amistad intentaba ignorar semejante escena empalagosa, llegó a su límite justo cuando un grupo de seis personas se acercó a ellos. Kyusung, que se dio la vuelta en lugar de un Seung-chan concentrado en el juego mientras abrazaba a Ju-won por la espalda, preguntó al grupo que parecía tener asuntos importantes con ellos:

“Seung-chan. ¿Y estos quiénes son?”

Seung-chan, que le enseñaba a jugar a Ju-won, se volvió hacia los hombres que los rodeaban como si intentaran cercarlos. Solo al ver el rostro del alfa con el yeso en la nariz recordó lo sucedido en el baño horas antes.

Además de los tres con uniforme escolar que vio en el baño, había otros tres. Los nuevos corpulentos eran todos alfas y, por su apariencia, no parecían estudiantes.

Normalmente, a Seung-chan no le habría importado pelear sin importar si lo superaban en número, pero Ju-won le preocupaba. Seung-chan tanteó a su lado para tomar la mano de Ju-won y dijo con una risita:

“¿Están filmando una película? Qué anticuados.”

“Hyung, son estos. Ese tipo fue el que me pegó.”

El idiota que le había faltado al respeto a Ju-won señaló a Seung-chan con el índice. Un alfa de constitución robusta, parecido a un personaje del juego de lucha de hace un momento, dio un paso al frente.

“Joder, ¿te dio una paliza un beta debilucho como este?”

“Ja….”

Seung-chan bajó la cabeza y pareció soltar una risa burlona, pero rápidamente giró la cintura y lanzó un gancho hacia arriba. Ju-won abrió los ojos de par en par al ver al alfa salir volando hacia atrás tras recibir de lleno el mismo golpe especial de “uppercut” que había visto en la pantalla. Pensó que, después de tanto jugar con Kyusung fingiendo lanzarse golpes, Seung-chan realmente debía haber aprendido algo de boxeo.

Mientras los demás se quedaban desconcertados por el knockdown ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, Seung-chan tomó la mano de Ju-won y echó a correr. Kyusung, captando la situación, también corrió tras ellos.

Los tres corrieron por los callejones de la zona comercial frente a la estación escapando de sus perseguidores. Cuando las piernas de Ju-won flaquearon al ser arrastrado por la muñeca por Seung-chan, Kyusung le sujetó el otro brazo. Con Seung-chan y Kyusung tirando de él por ambos lados, corrieron a toda velocidad. Ju-won apretó los dientes para no caerse y movió las piernas con todas sus fuerzas mirando solo el suelo.

Ju-won corrió más rápido de lo que jamás lo había hecho en sus 22 años de vida. El aliento se le escapaba, la garganta le dolía, sus oídos se taponaron y sentía que el corazón le iba a estallar. Tras bajar por una pendiente, los tres saltaron una valla instalada para restringir el acceso ilegal a un estacionamiento de un edificio.

“¡Oye, oye, oye, agáchense!”

Ante el grito de Kyusung, todos se dejaron caer a la vez detrás de una furgoneta estacionada para esconderse. Sentados en fila en el suelo del estacionamiento, apoyaron la espalda contra el vehículo mientras jadeaban con dificultad.

Kyusung sacó su teléfono con la cámara encendida por un lado de la furgoneta para vigilar. En la pantalla se veía a los hombres pasando de largo por la entrada del estacionamiento.

“Waa, joder, casi muero. ¿Vieron al grandullón que iba al final?”

Kyusung habló recuperando el aliento tras confirmar que los habían despistado. A pesar de estar en pleno invierno, el sudor corría por su rostro. Ju-won, que miraba fijamente a un Kyusung que negaba con la cabeza y tenía el rostro encendido por la carrera, estalló en carcajadas de repente.

“¡Puhaha…!”

“…….”

Seung-chan se quedó mirando embobado a Ju-won, quien reía con la boca bien abierta y las mejillas sonrosadas.

Yang Ju-won reía entornando los ojos hasta casi cerrarlos, mostrando su dentadura perfecta. Al reír, las comisuras de sus labios se estiraban con frescura, dejando ver el interior de su boca. Seung-chan no tenía idea de que su boca cambiaba de esa forma al reír.

“Seung-chan, creo que este perdió el juicio.”

Ju-won señaló el pantalón de un desconcertado Kyusung y dijo con voz entrecortada por la risa:

“Se te rompió el pantalón.”

En cuanto terminó de hablar, Ju-won volvió a soltar una carcajada ahogada. Ante el señalamiento de Ju-won, Kyusung se agachó apresuradamente para revisar su ropa. La entrepierna se había rajado por completo, dejando a la vista su ropa interior con estampado de leopardo. Cuando Kyusung se cubrió la entrepierna con ambas manos en un arranque de pánico, la risa de Ju-won se hizo aún más fuerte.

“¡Maldita sea! ¡Casi ni me había puesto estos pantalones!”

Seung-chan parpadeaba escuchando las quejas de Kyusung y las risas de Ju-won. Ju-won se volvió hacia un Seung-chan notablemente silencioso y curvó suavemente sus labios con aroma a cereza.

Es una tontería. Cuando está con esos matones, todos se vuelven estúpidos. Por eso es patético y divertido a la vez. Ju-won no recordaba cuándo había sido la última vez que había corrido hasta sentir que el pecho le iba a estallar. La sangre circulaba rápido, el corazón hacía ruido y sentía calor en todo el cuerpo. Sus piernas sin fuerza temblaban y le costaba respirar, pero nada de eso le resultaba desagradable. ¿Cuándo había tenido Yang Ju-won un momento tan lleno de vitalidad en su vida?

Siento que vive. Por fin siento que estoy vivo.

 

Mientras el lector de tarjetas procesaba la información de la tarjeta de crédito, Seung-chan miraba fijamente hacia la cocina a través del hueco de entrega de platos. Se inclinó un poco sobre el mostrador para intentar ver mejor el rostro que asomaba por momentos tras el estante.

Yang Ju-won no se distrae ni un segundo. Lo normal sería que mirara a su alrededor y cruzaran miradas, pero él solo movía diligentemente sus manos enfundadas en guantes de goma y, de vez en cuando, levantaba la cabeza hacia el techo de la cocina soltando un suspiro cuando le dolía el cuello. No era de extrañar que su tía no parara de elogiarlo.

Seung-chan terminó el pago y frunció el ceño mientras le entregaba la tarjeta y el recibo al cliente. Recordó el rostro sonriente que vio en el estacionamiento. Era la primera vez que lo veía reír de verdad así, y se dio cuenta de que la sonrisa de una persona podía llegar a ser impactante. Yang Ju-won solía caminar como si apenas tuviera aliento, sin el más mínimo cambio de expresión, pero en el momento en que sonrió, pareció no tener ninguna preocupación.

¿Qué tenía de gracioso que se le rompiera el pantalón a Hong Kyusung como para mostrar una cara que nunca antes había enseñado? Es ridículo. Para que no digan que no son padre e hijo, tiene el mismo nivel que su hijo, que se muere de risa con historias de caca y pedos.

“…….”

La mirada de Seung-chan se dirigió de nuevo hacia el hueco de la cocina donde se vislumbraba a Ju-won.

¿Cuándo volverá a reír Yang Ju-won? Siente que, si se soluciona el problema de la casa, volverá a hacerlo.

Sumido en sus pensamientos, Seung-chan extendió la mano hacia su tía, quien justo entraba al local tras despedir a unos clientes. Ella se detuvo cuando su sobrino la sujetó del brazo, inclinándose sobre el mostrador como si fuera a saltar al otro lado.

“¿Qué pasa? ¿Por qué?”

La tía miró con extrañeza a su sobrino, quien la sujetaba manteniendo la boca cerrada en medio del ajetreo del paso de la tarde a la noche, la hora de mayor afluencia de clientes. Al ver esa mirada seria que su sobrino solo mostraba un par de veces al año, presintió que algo inusual ocurría y se acercó a él tras el mostrador.

“¿Qué pasa? ¿Te metiste en problemas?”

Ante la pregunta susurrada de su tía, Seung-chan pareció vacilar un momento, pero pronto preguntó con una voz teñida de una irritación innecesaria:

“A Yang Ju-won… ¿cuándo le vas a decir lo de la habitación?”

“¿Eh?”

“¿No vas a darle esa habitación a Yang Ju-won?”

“Te dije que tu tía se lo iba a pensar un poco.”

La tía, que mostró señales de alivio al ver que se trataba de la habitación del fondo, respondió con desgana. Ante la actitud tibia de su tía, Seung-chan finalmente apoyó ambos brazos en el mostrador e inclinó profundamente el torso, retorciéndose.

Se moría de la frustración. La fecha de salida que escuchó a escondidas la última vez era el 10 de enero, y de verdad quedaban muy pocos días. Le carcomía la ansiedad de pensar que Ju-won podría llevarse al pequeño a vivir a una habitación subterránea cubierta de moho negro en pleno invierno, por lo que la parsimonia de su tía le resultaba cruel.

“Ha…. Me voy a volver loco….”

Tras murmurar para sí mismo mirando al suelo, Seung-chan levantó la cabeza de golpe. Habló con el rostro encendido por el calor. Su voz, que se esforzaba por sonar calmada, temblaba un poco.

“No, es que ese chico será expulsado a la calle en unos pocos días, ¿entiendes? Si se la vas a dar, dásela rápido.”

“Dejar que un completo extraño viva en el local no es un asunto sencillo, así que……”

Al notar que ella dejaba la frase en el aire con la intención de terminar la conversación, Seung-chan desechó la calma que tan poco le pegaba. Una voz excitada estalló de su boca.

“¿No decías que te gustaba porque era lindo y bueno? ¿Crees que ese idiota va a robar el local o qué?”

“¡Ay! ¿Por qué estás tan desesperado…? Espera. ¿Qué le pasó a tu mano?”

La tía agarró de repente la mano derecha de Seung-chan, que estaba apoyada en el mostrador. Los nudillos estaban rojos e hinchados. Llevaba diez años cuidando de un sobrino que se la pasaba fuera de casa peleando en cuanto abría los ojos. A estas alturas, ya sabía distinguir las heridas solo con verlas: si le habían pegado o si él había pegado. La forma en que solo la zona de los huesos sobresalientes estaba roja e hinchada era, sin duda, la marca de una mano que había golpeado a alguien.

Seung-chan metió la mano que su tía sujetaba en el bolsillo del delantal y, frunciendo el ceño, salió del local. La tía suspiró mientras observaba la espalda de su sobrino, quien evidentemente se dirigía a fumar.

* * *

Las empleadas de la cocina, que estaban sentadas en el salón limpiando las verduras para las guarniciones y el adobo de las costillas, se intercambiaron miradas al oír el suspiro de la dueña. En plena temporada alta de fin y principio de año, con la rotación de mesas duplicada, solo había una razón para que la jefa suspirara así.

En lugar de las empleadas, que bajaron el volumen del móvil donde sonaba la música de trabajo para no molestar, la señora Kim Young-nam tomó la iniciativa y preguntó:

“¿Por qué suspiras otra vez?”

La dueña dejó de lado los brotes de soja a los que les estaba quitando las raíces secas y respondió como si hubiera estado esperando que le preguntaran.

“Es por Seung-chan. Ayer volvió de alguna parte tras haberse peleado. Me desanima pensar que va a empezar otra vez con sus eternas andanzas.”

“Seung-chan parece estar portándose bien últimamente, exageras con tus preocupaciones.”

La señora Kim Young-nam se puso tajante del lado de Seung-chan. La dueña ladeó la cabeza, sintiéndose algo incómoda por haber hablado mal de su sobrino. Tal como decía la señora Kim, últimamente no se despegaba del local y la seguía a todas partes para ayudar.

Pero, aun así, no lograba tranquilizarse. Eran demasiadas las veces que se había quemado con él. Justo cuando parecía que todo iba bien, no era una ni dos veces las que terminaba causando incidentes de una escala inimaginable.

La dueña retomó los brotes de soja y confesó su segunda preocupación.

“Estoy pensando en darle la habitación del fondo a Ju-won, ¿qué les parece?”

“Ju-won es una buena opción. Los chicos que limpian las parrillas también están bien, pero no hay nadie tan trabajador como él.”

Las empleadas, que solo escuchaban cuando se hablaba de Seung-chan, se unieron al unísono para estar de acuerdo cuando salió el nombre de Ju-won. Aunque antes no había comentado la situación personal de Ju-won con el resto del personal, les dio una explicación adecuada cuando él empezó a traer a Seung-on al trabajo. Para evitar situaciones incómodas o interrogatorios, ella, como dueña, les advirtió primero que él criaba solo al niño y que no preguntaran por sus asuntos privados.

“Si a Ju-won le da apuro, haz que se quede aquí aunque sea cobrándole algo de alquiler. Sería bueno para él, no tendría que sufrir con los traslados de ida y vuelta.”

Dijo una empleada mientras trasladaba una gran canasta de verduras limpias a la cocina. Entonces, otra preguntó:

“Pero, ¿fue Ju-won quien pidió ayuda primero? En la cocina no dice ni una palabra, ¿tan urgente es su situación?”

“No. Es solo una idea de Seung-chan.”

Ante la respuesta de la dueña, todas las empleadas de cocina abrieron los ojos de par en par. La señora Kim Young-nam se quitó las gafas de cadena llamativa y preguntó como para confirmar:

“¿Dices que a Seung-chan se le ocurrió eso?”

“S-sí……”

Ante la reacción inesperada, la dueña respondió con voz insegura. Dos empleadas que picaban ajo en el extremo de la mesa acercaron sus rostros para cuchichear y soltaron risitas. La dueña, sintiendo que todos sabían algo que ella no, preguntó con voz malhumorada:

“¿Qué? ¿De qué es este ambiente?”

“Dicen que parece que a Seung-chan le gusta Ju-won.”

Otra empleada, al ver que no se daba cuenta, se lo dijo mientras observaba su reacción. La dueña soltó una carcajada de incredulidad ante tan absurda suposición.

“¿Seung-chan? ¿Ese que se pone enfermo solo de ver a un omega? ¡Ja! Me daría por satisfecha con que no lo moleste.”

“¿Qué lo va a molestar? Si se la pasan hablando cada vez que él entra y sale de la cocina.”

Ante el testimonio de la señora Kim Young-nam, el rostro de la dueña se volvió serio.

“…¿Y qué dicen?”

“Cuchichean entre ellos, ¿cómo voy a oír yo lo que dicen a mi edad?”

Al lado de la señora Kim, que negaba con la cabeza como si no tuviera remedio, otra empleada intervino para rebatir:

“¿Cuándo hablaron los dos? Solo hablaba Seung-chan. Se quedaba ahí parado de esta forma, todo arrogante.”

La empleada se levantó y recreó personalmente la imagen de Seung-chan. Parada con el peso en una sola pierna, apoyando un brazo en la mesa y con la cabeza muy inclinada; era la viva imagen de Seung-chan esforzándose por mirar el rostro de Ju-won mientras este lavaba los platos. Las empleadas estallaron en risas ante la imitación perfecta.

“Les digo que es verdad que le gusta. Dicen que incluso lo acompaña a casa cuando termina el trabajo.”

“Eso…, eso se lo pedí yo.”

La voz de la dueña perdió aún más seguridad al intentar rebatir.

“Ay, como si Seung-chan fuera a hacer caso por mucho que se lo pida su tía si no tuviera interés. Con ese carácter que tiene.”

Ante el tono de la empleada, que hablaba como si la dueña no supiera nada, esta última respondió moviendo los ojos con rapidez:

“Es verdad. Como Ju-won tiene un hijo, le recordará a los viejos tiempos. Aunque no lo parezca, Seung-chan es muy sensible con los temas de heridas del pasado.”

La dueña defendió la posición de Seung-chan según su propio criterio, ya que nunca lo había escuchado de boca de él. Entonces, la señora Kim Young-nam la miró como si estuviera viendo algo extraño.

“Dueña, hoy estás muy rara.”

“¿Por qué…?”

“¿Por qué lo niegas tanto? Es mucho mejor verlo así que como antes, cuando volcaba las mesas en cuanto aparecía un alfa o un omega en el local.”

“No es que lo niegue…. es que me preocupa que si corren rumores y llegan a oídos de Seung-chan, le dé asco y vuelva a armar un lío….”

Murmurando con voz débil, la dueña se puso en pie sacudiéndose las manos, usando como excusa que en invierno se le secaba la garganta.

Entró apresuradamente a la cocina y se detuvo frente al dispensador de agua; mientras llenaba un vaso de papel, echó un vistazo al salón a través del hueco de entrega de platos. Las empleadas ya estaban inmersas en otro tema de conversación en el lugar que ella acababa de dejar.

La dueña dejó correr el agua directamente al fregadero, soltó el vaso y se quedó sumida en sus pensamientos.

Ahora que lo pensaba, Seung-chan empezó a pegarse al local justo después de enterarse de la existencia de Ju-won. No había dado señales de vida durante un mes tras el servicio militar, pero desde que se cruzó con Ju-won en el restaurante, venía casi todos los días sin falta a ayudar. Por supuesto, el primer encuentro fue accidentado, pero después de eso lo acompañaba religiosamente a casa cada vez que terminaba su turno. Y lo de acompañarla al mercado cada mañana también…….

Por alguna razón, el momento en que su sobrino empezó a hacer cosas que nunca hacía coincidía extrañamente. La dueña se rascó el cuello con expresión desconcertada.

“¿Será verdad…?”

Una vez que surgió la duda, empezó a ser consciente de cada acción de su sobrino. Terminada la jornada de tarde, que había sido una locura atendiendo a grupos de clientes nada más abrir, y al comenzar el horario nocturno, Ju-won llegó hoy también de la mano de Seung-on. Tras llegar treinta minutos antes de su hora de entrada a las 10:00 y entrar a la habitación interior para dormir al pequeño, Ju-won se dirigió directo a la cocina.

La dueña, que observaba atentamente a Ju-won subiéndose las mangas y poniéndose los guantes de goma nada más entrar, volvió la vista hacia la puerta del local. Seung-chan, que regresaba de fumar afuera, se acomodó en el mostrador y, apoyando la barbilla en la mano, se quedó mirando fijamente hacia la cocina como si fuera su tarea asignada.

La dueña entornó los ojos mientras observaba la mirada de Seung-chan, que no se apartaba de la cocina. Antes, cuando no era consciente, pensaba simplemente que su sobrino estaba distraído por no querer trabajar, pero ahora veía que su mirada se dirigía exclusivamente hacia la cocina.

Eso no era todo. Lo que ella pensaba que eran ausencias constantes para fumar ese maldito cigarrillo a cualquier hora, resultó ser un error de cálculo. Desde que Ju-won empezó a trabajar, la frecuencia con la que Seung-chan entraba y salía del local por el tabaco disminuyó notablemente. Es más, casi ni salía. En lugar de fumar, se la pasaba entrando y saliendo de la cocina.

Tal como lo había imitado una empleada, Seung-chan merodeaba alrededor de Ju-won, girando el cuello bruscamente para intentar verle la cara mientras lavaba los platos, o hablaba solo y se reía. Mientras tanto, Ju-won seguía fregando como si Seung-chan fuera invisible.

La fijación de Seung-chan con Ju-won no se limitaba al restaurante. En el coche, de camino a casa, la dueña solía ir en el asiento trasero mirando su teléfono, por lo que no lo había notado, pero ahora veía que su sobrino giraba la cabeza hacia el asiento del acompañante cada vez que podía mientras conducía. Lo hacía tan automáticamente cada vez que se detenía en un semáforo que incluso llegó a pensar si no conduciría a propósito para que le tocaran todas las luces rojas.

La expresión de la dueña se endureció seriamente mientras observaba desde atrás a Seung-chan, quien no paraba de molestar a Ju-won haciendo el gesto de lanzarle un capirote cerca de la cara con los dedos.

 

Como cada día, Seung-chan dejó primero a su tía y luego llevó a Ju-won hasta la puerta del refugio. Se quedó observando su espalda mientras Ju-won entraba con la mochila a cuestas y Seung-on dormido en brazos, y luego regresó a casa. Tras dejar las llaves en la pequeña cesta colgada en la puerta principal y quitarse las zapatillas, Seung-chan se dispuso a ir a su habitación mientras se sacaba el abrigo, pero se detuvo en seco. Su tía, que a esa hora ya debería estar bañándose en el baño principal o durmiendo, estaba sentada en el sofá.

Como si fuera una muñeca maldita de una película de terror, no movió el cuerpo, sino que giró lentamente la cabeza para mirar a Seung-chan.

“¿Dejaste bien a Ju-won?”

“Sí.”

Seung-chan la miró con extrañeza por preguntarle de repente algo tan obvio como si Ju-won había llegado bien. Estaba por terminar de quitarse el abrigo cuando la voz baja de su tía volvió a escucharse.

“¿A dónde vas con el coche todas las mañanas?”

“¿A qué viene eso de repente?”

“¿Te ves con Ju-won a esa hora?”

Seung-chan sintió un vuelco en el corazón y tragó saliva involuntariamente. Se había hecho amigo de Yang Ju-won. Aunque Ju-won era un omega, no era como los padres irresponsables que él tanto odiaba; y aunque seguía siendo un maleducado, burlarse de un tipo así tenía su gracia. Como ya no hacía ‘cosas de esas’ con él, incluyendo los besos, verse por las mañanas para pasar el tiempo no debería ser un gran secreto, pero se sentía extrañamente culpable y no quería que su tía lo supiera.

“¿Yo? ¿Por qué me vería con él?”

Seung-chan no sabía por qué su tía preguntaba de repente con tanta insistencia sobre Ju-won, pero por instinto decidió negarlo todo. Sin embargo, su tía también parecía haber olido algo raro por instinto y no dejó pasar la oportunidad de seguir indagando con tenacidad.

“Me dijiste que no ibas a lo de Kyusung. Entonces, ¿a dónde vas tan temprano? Y encima todos los días.”

Era una observación aguda. Entre los amigos de Seung-chan, a excepción de Kyusung, no había ningún idiota que tuviera tanto tiempo libre desde la mañana hasta la noche. Seung-chan se quedó mirando a su tía con la boca a medio abrir, incapaz de responder de inmediato, hasta que desvió la mirada y admitió la verdad.

“Me veo con Hong Kyusung…, nos reunimos los tres y pasamos el rato.”

“O sea, que es verdad que te ves con Ju-won todas las mañanas….”

Se apresuró a interrumpir las palabras de su tía.

“Dije que nos vemos los tres, los tres. ¿A qué viene hablar de Yang Ju-won de repente…? Ah, de verdad, qué cansancio….”

Murmurando mientras se tocaba el cabello de la nuca, que ya le había crecido bastante, Seung-chan caminó a grandes zancadas y entró al baño que estaba de camino a su habitación. La tía observó con seriedad cómo su sobrino se encerraba en el baño con el abrigo puesto, sin siquiera haber buscado ropa limpia por la prisa de huir, pero de pronto su rostro se iluminó.

“¡Es verdad…!”

Exclamó en voz baja, cubriéndose la boca con ambas manos para contener la risa. Las empleadas tenían razón. No sabía qué sentiría Ju-won, pero los sentimientos de su sobrino eran claros. La tía suspiró aliviada y sonrió sin apartar la vista de la puerta del baño donde se había metido Seung-chan.

Finalmente, había encontrado un lugar donde poner su corazón.