5. Solo la verdad
5. Solo la verdad
“Vaya, es Chi-young oppa∼.”
Una
voz llena de mimos se escuchó justo al lado. Seo Chi-young, que estaba
recogiendo colillas bajo los árboles de la acera, sintió un pequeño impacto
contra su espalda: unos brazos cortos rodearon su cintura en un abrazo antes de
que pudiera siquiera darse la vuelta.
“Ah,
……, ……Ju, Juri.”
Mirando
por encima del hombro a la linda señorita que restregaba su rostro contra su
espalda, Seo Chi-young pronunció su nombre con torpeza. Era una de las chicas
más jóvenes del establecimiento. Recordaba con desconcierto que ella había
estado allí desde que él empezó a trabajar, y apenas la semana pasada le había
pedido ingenuamente un regalo de cumpleaños porque finalmente era mayor de
edad. Cuando él le preguntó con rostro serio si hasta entonces había sido
menor, ella se alejó riendo mientras decía ‘Es un se―cre―to para los demás.’
antes de huir.
“Oppa,
¿cuándo volverá a prepararnos intestinos salteados? ¡Ay, hoy comí unos
aperitivos llenos de grasa y no sabe cuánto extrañé los que prepara usted! ¿Eh?
¿Cuándo los traerá de nuevo? El jueves descanso, no me diga que los traerá
justo ese día, ¿verdad?”
Mirando
hacia abajo a la chica menor, que se ganaba el afecto de todos por ser cariñosa
con cualquiera sin distinción, Seo Chi-young sonrió como si no tuviera opción.
“Los
traeré mañana.”
Al
oír sus palabras, ella exclamó un “¿En serio?” llena de alegría y volvió a
darle un abrazo efusivo. Chi-young se sobresaltó y mantuvo sus brazos
suspendidos en el aire de forma ambigua, pero como sabía que ella se soltaría
pronto, no le resultó tan incómodo.
No
era solo ella; había varios más que le preguntaban por los intestinos. Esto se
debía a que Yoon Jun-young había estado muy ocupado bajo la supervisión de su
profesor, y por extensión, Seo Chi-young no había llevado comida al local durante
un tiempo.
Dado
que no había intestinos sin Yoon Jun-young, finalmente recibió un mensaje de él
diciendo que mañana tendría tiempo suficiente para pasarse un momento por el
local. Por eso, Chi-young estaba pensando en pedirle una cantidad generosa al
proveedor cuando viniera a entregar el pedido mañana.
Si
preparo lo mismo que la semana pasada, será suficiente.
Seo
Chi-young recordó el último día que Yoon Jun-young pasó por el establecimiento
a principios de la semana pasada. Aquel día, Chi-young llevó los ingredientes
preparado para que sobrara mucho, pero finalmente Yoon Jun-young pareció comer
con satisfacción. Incluso al ver que el fondo del wok empezaba a asomar a
medida que los intestinos desaparecían en las bocas de la gente, no puso cara
de tristeza. Simplemente dejó los palillos murmurando con agrado ‘Comí muy
bien…….’ antes de retirarlos.
Solo
entonces Seo Chi-young pudo escapar de la mirada afilada de Kwon Kang-hee y,
suspirando aliviado por dentro, le sonrió a Yoon Jun-young.
‘¿Comió
bien?’
‘Sí.
Estaba delicioso.’
Yoon
Jun-young, a pesar de su habitual indiferencia, miró a Seo Chi-young con ojos
entornados de satisfacción y, al estar de buen humor, añadió algo más.
‘Es
bueno que Chi-young venga aquí. Puedo comer esto más seguido que cuando recién
me mudé. Desde la mudanza, no tengo tiempo de ir por el local.’
‘Aun
así, venga al local de vez en cuando. Ui-geon se sintió muy solo después de que
usted se mudara.’
Nada
más decir eso, Seo Chi-young sintió la mirada punzante de Kwon Kang-hee, quien
escuchaba la conversación en silencio a sus espaldas, y cerró la boca; sin
embargo, Yoon Jun-young se mantuvo imperturbable.
‘Ui-geon…….
Últimamente, a quien más envidio es a Ui-geon.’
Ese
tipo puede comer los intestinos de Chi-young todas las noches si se lo propone,
murmuró con un tono algo decaído. Por un momento, Chi-young pensó que quizás el
mayor rival de Kwon Kang-hee no era otra cosa sino los intestinos, pero borró
esa idea rápidamente y sonrió con timidez. Yoon Jun-young lo miró entonces,
como si acabara de recordar algo.
‘Parece
que Ui-geon todavía no sabe que Chi-young viene por aquí.’
‘¿Eh?
……Ah, sí……, no le he contado los detalles exactamente…….’
Cuando
Seo Chi-young se rascó la cabeza, Yoon Jun-young murmuró un ah, con razón.
‘Hace
unos días almorcé con Ui-geon y, cuando le mencioné que había visto a
Chi-young, empezó a interrogarme meticulosamente sobre cuándo lo había visto y
si estábamos solos. Solo le dije que el lugar de trabajo de Chi-young estaba
cerca de mi casa. ……¿Por si acaso le debe dinero?’
Preguntaba
como si fuera un detective en un interrogatorio, añadió Yoon Jun-young mirando
a Seo Chi-young con cierta sospecha. Chi-young abrió mucho los ojos y negó
rápidamente con la cabeza. Luego, puso una expresión algo cohibida.
‘Seguramente
es porque, cuando Jun-young venía al local o yo tenía algo que tratar con él,
siempre llamaba a Ui-geon para que viniera.’
Seo
Chi-young siempre lo hacía así. Ya no podía ayudar a Jang Ui-geon de ninguna
forma especial, pero aun así, los días que Yoon Jun-young decía que pasaría por
el local, siempre se lo comentaba a Jang Ui-geon. Pensaba que quizás a él le
gustaría verle la cara aunque fuera de paso.
‘……¿Era
así?’
Sin
embargo, en ese preciso instante, una voz baja y gélida que venía de detrás de
Chi-young hizo que se le congelara la espalda. La voz de Kwon Kang-hee,
murmurando con serenidad, resultaba sumamente aterradora.
‘¿Eh?
Ah……, bueno……, porque es mejor si nos vemos entre varios…….’
‘Ya
veo. La próxima vez que haya un encuentro así, me gustaría mucho que me
invitara a mí también.’
‘……,
……Sí.’
Pero
incluso sin necesidad de invitarlo, casi siempre que Yoon Jun-young pasaba por
el local, Kwon Kang-hee solía acompañarlo. Era realmente raro verse los tres
solos sin él.
Seo
Chi-young murmuró con la cabeza gacha, sintiéndose culpable por alguna razón, y
solo después de un rato la mirada gélida de Kwon Kang-hee se apartó de él.
‘Pero
lo importante no es eso.’
Sobre
la cabeza de un Chi-young deprimido, Yoon Jun-young murmuró con naturalidad.
Sacó su teléfono, miró el calendario y frunció el ceño. Ese viejo testarudo me
va a tener atrapado por un buen tiempo, se quejó antes de volver su mirada
hacia Chi-young.
‘Parece
que será difícil venir por aquí hasta finales de este mes. Así que, por un
tiempo, ……, ……tendré que mantenerme en abstinencia.’
Yoon
Jun-young murmuró con voz lánguida mientras miraba el wok vacío con nostalgia.
Chi-young no sabía desde cuándo no comer intestinos se consideraba abstinencia,
pero al verlo tan triste, sonrió con torpeza y murmuró un ah.
‘Ahora
que lo pienso, a finales de este mes me tomo un día libre aquí……. Es el
sexagésimo cumpleaños de mi madre y tengo que ir a visitarla.’
‘¿Qué
día es?’
Ese
día no podré comer intestinos, dijo Yoon Jun-young mientras marcaba la fecha en
el calendario. Tras quedarse mirando fijamente la pantalla un buen rato,
suspiró y levantó la cabeza.
‘Veámonos
la próxima semana……. No tengo confianza para mantenerme en abstinencia hasta
fin de mes. El próximo viernes o sábado…… por ahí. El sábado estaría bien.’
Yoon
Jun-young escribió intestinos en ese día e incluso añadió un corazón al final;
cuando Seo Chi-young asintió, guardó el teléfono con satisfacción.
Y
tal como él dijo, desde entonces no había vuelto a ver a Yoon Jun-young. Y
tampoco había tenido ocasión de ver a Kwon Kang-hee, de quien había oído que,
aunque siempre se le veía cuando venía Yoon Jun-young, no solía pasarse por
allí muy seguido en otras circunstancias.
“…….”
Seo
Chi-young, de hecho, se sintió aliviado por no habérselos cruzado.
No
es que le cayeran mal. Al contrario, si tuviera que definirlo, aunque sentía
que Kwon Kang-hee era alguien difícil de tratar, hacia Yoon Jun-young sentía
algo cercano al afecto.
A
pesar de ello, estar frente a ellos siempre le dejaba una punzada de dolor en
un rincón del pecho. Era por culpa de ese sentimiento que, sin un lugar a donde
ir, se quedaba rezagado tras ellos; tras esa pareja que vivía compenetrada, sin
que sobrara ni faltara nada el uno para el otro, más allá de algún pequeño roce
sin importancia.
“Pero
Chi-young oppa, ¿usted es amigo de nuestro jefe?”
Cuando
la chica que estaba abrazada a Chi-young, casi colgando de él, le preguntó
aquello mirándolo desde abajo, Chi-young soltó un eh? y le devolvió una sonrisa
lánguida.
“No.
Es solo que, ……un cliente que viene seguido a nuestra tienda de intestinos…… es
amigo de ese señor.”
Incluso
ahora, Seo Chi-young se quedaba sin palabras a veces al tratar de definir esta
relación. Compañeros de clase, ese era el término más honesto y preciso, pero
se sentía sutilmente diferente a lo que esa palabra solía implicar. Entonces.
Amigos.
Jang
Ui-geon decía que eran amigos. Esa palabra, la más común y la que abarcaba el
rango más amplio, tampoco era incorrecta. Quizás Seo Chi-young era un amigo
para Jang Ui-geon. Pero, ¿era él realmente un amigo para sí mismo? ……¿Con este
sentimiento?
Mientras
Seo Chi-young esbozaba una sonrisa amarga, la joven dijo con tono de ligera
decepción “¿Qué? ¿Entonces no tienen una relación importante?” Chi-young
murmuró un eso parece con una sonrisa tenue.
En
ese momento, un sarcasmo frío se escuchó a espaldas de Chi-young.
“¿Después
de tanto oír que no toques a las mujeres, ahora estás abrazado directamente
frente al local? ¡Vaya que el respaldo del jefe es impresionante!”
Manteniendo
la misma postura incómoda con los brazos en el aire, Seo Chi-young encogió
levemente los hombros y se dio la vuelta. Allí estaba la última chica a la que
debía acompañar hoy y a la que había estado esperando. Era Lee Sun-mi.
La
joven que lo abrazaba, al recibir la mirada gélida de Sun-mi, encogió el cuerpo
como asustada y se alejó de Chi-young con disimulo.
“……Entonces
Chi-young oppa, nos vemos mañana. Sun-mi unni, regrese con cuidado usted
también.”
La
chica saludó cortésmente a Chi-young y luego a ella antes de salir corriendo
hacia otro coche que la esperaba para llevarla. Seo Chi-young hizo un leve
gesto con la cabeza a modo de saludo y luego se giró lentamente hacia ella.
Ella,
que estaba de pie con los brazos cruzados mirándolo de reojo, soltó una risita
burlona cuando sus ojos se cruzaron, se acercó al coche, abrió la puerta del copiloto
y se sentó.
“¿Qué
haces ahí parado? ¿No vas a subir? ¿No vas a conducir?”
Al
escuchar su voz aguda y arrastrada, Seo Chi-young sintió alegría y desconcierto
al mismo tiempo mientras se sentaba en el asiento del conductor.
Al
entrar en el coche, el olor a alcohol lo inundó. Era un aroma tan denso que uno
sentía que podía emborracharse solo con olerlo, y emanaba de ella con cada
respiración. Parecía que hoy había bebido mucho más de lo habitual.
Seo
Chi-young la miró de reojo a través del espejo, preocupado por su mal beber.
Aunque él no había girado la cabeza, ella pareció adivinarlo y lo miró de
vuelta.
“¿Qué
miras a escondidas? ¿Tanto te sorprende que una mujer de bar esté borracha?
……O, ¿tienes miedo?”
Soltó
una carcajada mientras encendía un cigarrillo; a simple vista, parecía estar de
buen humor.
No
habían vuelto a hablar desde aquella noche. Después de que Seo Chi-young
rechazara su confesión impulsiva, ella no volvió a dirigirle la palabra
primero. No se enfadaba ni se burlaba. Simplemente lo ignoraba por completo, y
cuando Chi-young intentaba hablarle para decirle cosas como ‘póngase el
cinturón’ o preguntarle ‘¿está bien?’ porque no la veía bien, ella lo fulminaba
con una mirada de una frialdad aterradora.
A
veces, esa mirada brillante con la que lo observaba de vez en cuando le
provocaba escalofríos.
Aun
así, al verla cada noche con el rostro pálido por el cansancio o el alcohol, no
podía evitar preguntarle si estaba bien. Aunque no recibiera más respuesta que
aquella mirada espeluznante.
Por
eso, después de tanto tiempo, le alegraba que ella le hablara, aunque fuera con
esa voz sarcástica y cargada de alcohol. Parecía que, debido a la bebida,
estaba de un humor inusualmente animado mientras reía sin parar.
“¿Te
gustan las jovencitas? ¿Te diviertes con ellas? ¿A dónde se fue ese tipo que se
las daba de noble diciendo que ya tenía a alguien a quien amaba?”
Apoyada
profundamente en el asiento del copiloto, como si no pudiera sostener su propio
cuerpo, Sun-mi miró lánguidamente a Seo Chi-young. Ante el balbuceo de él, ella
soltó un '¡ja!' y se rió.
“Es
de risa, de verdad……, cuanto más lo pienso, más gracia me hace……. ¿Qué te crees
que eres para ser tan especial? Al final todos los tipos son iguales, unos
desgraciados……”
Más
que hablarle a Seo Chi-young, murmuraba con voz borrosa como si hablara consigo
misma, mientras el cigarrillo se consumía solo en su mano. La gruesa capa de
ceniza acumulada parecía a punto de caer en cualquier momento. Quizás se veía
más peligroso porque justo debajo estaban sus muslos descubiertos.
“……,
Sun-mi. La ceniza del cigarrillo parece que va a caer.”
Seo
Chi-young habló, pero ella ya estaba tan sumergida en el alcohol que su
conciencia parecía haberse hundido en algún lugar; no se movió lo más mínimo.
Si no fuera porque tarareaba algo parecido a una canción, habría pensado que
estaba dormida.
Seo
Chi-young la miró de reojo mientras ella mantenía los ojos entreabiertos y
extendió el brazo con cuidado. Retiró con cautela el cigarrillo de entre sus
dedos apoyados en la ventana. Sin embargo, en ese momento.
De
repente, el brazo de ella rodeó la nuca de Seo Chi-young y tiró de él con
fuerza.
“¡Ah……!”
Como
si una pálida belleza se transformara en vampiro en medio de la noche, ella,
que estaba lánguida y ebria, tiró de Seo Chi-young en un instante y le mordió
el cuello. Un dolor punzante se marcó en su nuca. Seo Chi-young, por puro
instinto, la empujó y retiró el cuerpo. Mientras la miraba con los ojos muy
abiertos y se tocaba el lugar de la mordida, sintió la marca de los dientes,
pero no parecía sangrar ni tener una herida mayor.
Ella
soltó una carcajada. Mientras sacaba un nuevo cigarrillo y se lo ponía en los
labios, sus ojos seguían brillando por el efecto del alcohol, pero no parecía
tener intención de dormir.
“Oye,
¿sabes que la mayoría de los clientes de los host bars son hostesses?”
Dijo
con la lengua trabada y una sonrisa errática, inclinándose hacia Seo Chi-young
mientras emanaba un fuerte olor a alcohol. Prácticamente lo sujetó abrazando el
brazo de él mientras este intentaba retroceder. Su pecho voluminoso presionó
mullidamente el brazo de Seo Chi-young.
Cuando
Chi-young, sobresaltado, miró su propio brazo, ella presionó su pecho con más
intención y se rió.
“¿La
mujer que dices amar los tiene más grandes que yo? Ja, esto, ¿sabes?, me costó
ocho millones de wones ponerlos hace dos años. El malnacido que era mi novio en
ese entonces insistió como un loco para que lo hiciera. ¿Sabes lo feliz que se
puso cuando pedí prestado el dinero y me operé? Me mordía, me lamía, era una
locura. Aunque ya no pueda amamantar a un bebé. ……Ahajajajá, bueno, qué bebé ni
qué ocho cuartos. Seguramente ni siquiera podré tenerlos. Más bien, el problema
es que la operación salió mal y casi no tengo sensibilidad en el pecho, para mí
eso es peor, ¿verdad?”
Rió
a carcajadas y luego comenzó a manosear con disimulo el pecho de Seo Chi-young.
Se pegó a él mientras Chi-young la miraba con los ojos muy abiertos por el
sobresalto.
“No
solo las mujeres sienten. A los hombres también les gusta cuando les muerden
los pezones…… ¿Tú lo has probado? Yo voy seguido a los host bars y hay algo que
siempre hago cuando voy. Espera, que te lo enseño.”
Ella
le puso el cigarrillo que acababa de encender en la mano vacía de Seo
Chi-young. Al verse de pronto con un cigarrillo en cada mano, Chi-young intentó
llevarlos rápidamente al cenicero, pero en ese intervalo, ella ya le había
desabrochado la ropa con movimientos expertos. Seo Chi-young, que apenas pudo
meter los cigarrillos en el cenicero sin siquiera apagarlos bien, la llamó
desconcertado: “¡Sun-mi!”, pero ella ni se inmutó. Chi-young dudaba porque no
podía empujarla bruscamente a cualquier parte ni usar los puños o las palmas,
así que finalmente la sujetó por los hombros para apartarla.
Se
dice que es difícil vencer la fuerza bruta de alguien ebrio que se lanza sin
control, pero aun así, pudo separar de algún modo a ella, que era más menuda
que él.
“Sun-mi,
espere un momento. No, no haga esto……”
Sin
embargo, en el instante en que Seo Chi-young, desesperado, abrió la boca para
hablarle, ella agarró sin contemplaciones la entrepierna de él.
Su
mano apretó sin piedad, como si fuera a reventarlo, y Seo Chi-young contuvo el
aliento mientras encogía el cuerpo. Sintió un dolor que le nublaba el juicio y
que llegaba hasta el corazón.
“Sun,
Sun-mi, es-……”
La
fuerza desapareció de sus manos para empujarla.
“Ja,
estos tipos que no pueden ni moverse en cuanto les agarran el pene y luego se
las dan de importantes. Cómo pueden ser tan odiosos los hombres. Está bien, de
todos modos tú eres lindo. Sabes que me gustan mucho los hombres como tú,
¿verdad……?”
Ella
aflojó la corbata de un Seo Chi-young que se había quedado rígido, desabrochó
cuatro o cinco botones de su camisa y abrió las solapas. En la visión nublada y
llorosa de Seo Chi-young, pareció entrar la imagen de esos labios rojos. Y al
mismo tiempo, esos labios rojos y pequeños apresaron el pezón de Seo Chi-young.
“……!”
Una
sensación punzante de succión fuerte recorrió su pecho. Seo Chi-young intentó
apartarse bruscamente, pero la mano que sujetaba su entrepierna volvió a
apretar con fuerza. Un sudor frío empapó la espalda de Chi-young mientras
soltaba un gemido.
Intentó
buscar la manija de la puerta para salir del coche como fuera, pero ni siquiera
eso era fácil bajo la presión descontrolada de ella.
Ella,
aferrada al pecho de Seo Chi-young, soltó una risita con olor a alcohol.
“Ja,
mira cómo se levanta…… pero qué sensible eres. Normalmente no les gusta tan
rápido. ……Ja. Por mucho que digas que no quieres, si te la muerden bien, te
pones así. Mira cómo tienes fuerza ahí abajo.”
La
mano que agarraba su entrepierna comenzó a acariciar lentamente toda la zona
inferior como si la frotara. De pronto, ella miró de reojo a Seo Chi-young. Al
ver a Chi-young mirándola con ojos confundidos mientras buscaba a tientas la
manija para abrir la puerta, sus ojos brillantes parecieron sonreír. Inclinando
la cabeza, volvió a morder el pezón de Seo Chi-young. Y en ese instante.
“¡Ah……!”
Seo
Chi-young soltó un grito breve y ahogado. Al empujarla con un movimiento
reflejo, esta vez ella se apartó dócilmente. Y entonces rompió a reír a
carcajadas. El sonido estridente de su risa se le clavaba en los tímpanos.
“Sí,
si yo te quiero. Pero, ¿sabes que te odio porque te quiero tanto?”
Tras
decir eso con la lengua trabada, rió hasta el punto de patalear como si fuera
lo más gracioso del mundo. A su lado, Seo Chi-young encogió el cuerpo, sin
atreverse siquiera a tocar su pezón, que estaba hinchado y rojo con rastros de
sangre. La piel, que ella había estado mordisqueando hasta darle un mordisco
final seco, no tenía una herida grave, pero se había pelado lo suficiente como
para que brotara un poco de sangre.
“Cuando
voy al host bar siempre hago esto. Entonces ellos ponen una cara de furia
total, pero como soy la cliente no pueden enfadarse, y ver esa cara es muy
divertido. ¿Por qué?, ¿te duele mucho? No es para tanto por un mordisquito, a
mí me muerden a la mínima y a veces tengo que ir con tiritas. ¿Te vas a poner
una tirita tú también? En dos o tres días estarás bien. Ajajá, ajajajá. Ven
aquí, no te quedes solo con un lado, te morderé el otro también, ¿eh?”
Ella
extendió la mano hacia Seo Chi-young haciendo un gesto con los dedos. La mano
de Seo Chi-young, que buscaba a ciegas, agarró por fin la manija; abrió la
puerta de golpe y salió apresuradamente. Parecía estar en un ligero estado de
shock y no podía pensar con claridad.
Con
el rostro visiblemente alterado y sujetando su ropa desordenada, Seo Chi-young
salió del asiento del conductor casi tropezando, y el seguridad que estaba
frente al local lo miró con los ojos como platos. Al oír la risa de la mujer
que salía descontrolada por la puerta abierta del coche, se acercó con una
expresión extrañada.
“¡¿Qué
pasa?! ¡¿Qué te ocurre?!”
“Ah,
……eh……, es, …….”
Al
ver a Seo Chi-young mirándolo sin saber qué hacer con una cara casi de llanto,
al notar su ropa desastrosa y su postura encogida, y finalmente al ver a la mujer
dentro del coche que, oliendo a alcohol, no daba señales de dejar de reír, el
seguridad frunció el ceño con un 'ah' y esbozó una sonrisa torcida.
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“¿A
ti también te la jugó Sun-mi? Tsk, tsk, te dije que tuvieras cuidado. Es una
tipa de lo peor. Cuando se le cruzan los cables se pone histérica. Yo tampoco
entiendo a los tipos que se dejan embaucar por una mujer así, de verdad.
――¡Oye, Cheol-ho!, ven aquí un momento. Acompaña a esta mujer en lugar de este
chico. Este se ha quedado ido y no puede conducir.”
Aunque
hablaba con brusquedad, parecía querer considerar a Seo Chi-young al llamar a
otro hombre que merodeaba por allí. Chi-young los miró atónito. Luego, dirigió
una mirada de desconcierto hacia ella. Ella, cuya risa demencial ya se había
calmado, murmuraba para sí misma con una sonrisa errática: “Ves, son todos
iguales, todo es lo mismo, ¿qué esperabas, estúpida?”.
“Esa
ya acabó en el hospital antes por hacer tonterías borracha y que le dieran una
paliza, pero ese mal no se le cura, no se le cura. Tú también deberías haberle
soltado un buen golpe en el estómago sin que se note. La dejas inconsciente, la
llevas a casa y listo.”
El
seguridad hablaba chasqueando la lengua al lado de un Seo Chi-young que se
quedó allí parado viendo cómo el otro hombre subía al asiento del conductor.
Chi-young guardó silencio y negó levemente con la cabeza. Al soltar un suspiro
silencioso, su corazón acelerado se calmó un poco, pero su cabeza seguía siendo
un caos.
Si
hubiera querido apartarla por cualquier medio, podría haberlo hecho. Incluso a
puñetazos, como decía el seguridad. Pero ese no era el estilo de Seo Chi-young.
Acurrucada
en el asiento del copiloto abrazando sus rodillas, ella no volvió a mirar a Seo
Chi-young ni una sola vez hasta que el coche arrancó. A juzgar por cómo se
detuvo incluso su tarareo, era posible que se hubiera quedado profundamente
dormida por el alcohol.
“Ya
me voy”, dijo el joven lanzándole una mirada burlona a Seo Chi-young antes de
arrancar. Tras su partida, Seo Chi-young soltó un suspiro en silencio. A su
lado, el seguridad le dio una palmada en el hombro como si nada.
“Tómalo
como si te hubiera mordido un perro y a la próxima estate atento. Si vuelve a
hacerlo, suéltale un viaje. Aunque a esa no se le va a quitar lo loca. ……¿Esa
era la última de hoy, no? Ve a informar al gerente y lárgate ya.”
Habló
como si fuera algo que pasara cada dos por tres y no tuviera ninguna
importancia; y, como si él mismo no quisiera darle más vueltas, volvió a
caminar frente al local bostezando.
Seo
Chi-young se arregló la ropa con manos torpes, hizo una reverencia hacia el
seguridad y caminó lentamente hacia el interior del local.
Al
bajar las escaleras, se detuvo un momento, frunció el ceño y encogió los
hombros. El roce de la tela de la camisa con su pecho le escocía. Era normal
que le doliera, después de que le hubiera mordido hasta hacerlo sangrar.
“Ay……”,
murmuró para sus adentros, quedándose allí parado mirando sus propios pies. Más
que la herida punzante, le dolía el corazón, que se sentía pesado y hundido.
――Si
yo te quiero. Pero te odio porque te quiero tanto.
La
sinceridad que se desprendía de aquellas palabras dichas entre risas se le
clavó en el alma. Tanto el 'te quiero' como el 'te odio'. Ese cuerpo pequeño
que avanzaba tambaleándose solo, sin ningún lugar donde apoyarse, suplicaba con
todo su ser.
Te
odio porque te quiero tanto.
Seo
Chi-young negó con la cabeza. Ese era un sentimiento que él no conocía. No, era
un sentimiento que no quería conocer.
Aunque
pudiera ser difícil y doloroso por querer a alguien, no deseaba odiar. No, en
realidad, ni siquiera le nacía el odio.
“Ay…….”
Seo
Chi-young frunció el ceño y llevó su mano hacia el pecho, donde sentía el
escozor. Sin atreverse a tocar el lugar, que dolía con el más mínimo roce, dejó
que su mano simplemente rondara cerca. Como si ese dolor del corazón, el de
verdad, fuera algo que no se pudiera confesar por completo.
Seo
Chi-young pensó en ella, a quien no apreciaba particularmente, pero a quien
tampoco odiaba.
Si
uno llega a odiar por querer demasiado, entonces ¿cuándo encuentra la paz?
* * *
‘Aunque
le duela, no falte y venga hoy sin falta. Si no viene, me pondré tan triste que
tal vez llore. ―Yoon Jun-young’
Tras
revisar el mensaje, que parecía llevar una corrección automática de ‘triste
porque no podré comer intestinos’, Seo Chi-young suspiró con gesto atribulado y
cerró el teléfono.
Ahora
que lo pensaba, hace poco había ocurrido algo similar. Aunque esta vez el
impacto había sido mayor, no hacía mucho que también había pasado por un
percance con ella que lo dejó deprimido. Y ese incidente, independientemente de
la voluntad de Seo Chi-young, se había extendido de boca en boca entre casi
todos los que frecuentaban el establecimiento. Incluso quienes no conocían el
nombre de Seo Chi-young habrían oído hablar de aquel suceso.
Probablemente
esta vez sería igual.
Incluso
en el mensaje de Yoon Jun-young, se leía entre líneas el contenido oculto:
‘Aunque le duela (el lugar donde ella le mordió anoche y le dejó herida), no
falte y venga’.
Seo
Chi-young se frotó el rostro, que de pronto se le había puesto rojo.
Para
la gente no sería más que algo trivial de lo que mofarse y reír, así que no
debía darle mucha importancia, pero aun así le daba vergüenza. ¿Con qué cara se
presentaría ante ellos?
Tras
la espalda de un Seo Chi-young que se había quedado absorto en el umbral, un
cliente que estaba comiendo intestinos con un par de amigos pasó por su lado,
quizás para ir al baño. Al intentar cruzar por la estrecha puerta, rozó
ligeramente a Seo Chi-young.
“…―!!”
Seo
Chi-young contuvo un grito y encogió el cuerpo al instante; el cliente, por
reflejo, le dijo “Lo siento”, pero lo miró con extrañeza. Chi-young agitó la
mano rápidamente diciendo ‘Ah, no se preocupe’.
Era
normal que lo mirara así. Realmente solo le había rozado la espalda un poco con
el hombro al pasar; no había razón para encogerse y estremecerse de forma tan
exagerada. ……En cualquier otra circunstancia.
Seo
Chi-young suspiró mientras encogía los hombros con una postura encorvada,
intentando que la ropa no tocara su piel―o mejor dicho, para que el frente de
la camisa no rozara su pecho.
Se
había lastimado en un lugar del que no podía hablar con nadie.
Pensó
que era una herida leve, pero parecía que le había mordido con bastante saña;
al levantarse por la mañana, vio que estaba hinchado, rojo y supuraba un poco.
Salió de casa tras aplicarse la primera pomada que encontró a mano, pero o bien
la pomada no era buena o la herida era profunda, pues durante todo el día se
estremecía cada vez que la tela de la camisa le rozaba.
Solía
aguantar bien el dolor, pero no lograba acostumbrarse a esa sensación punzante.
Se arrepentía de no haberse puesto al menos una tirita.
“…….”
Correr
hasta la farmacia que estaba al final del callejón solo le tomaría tres o
cuatro minutos; ¿debería ir un momento?
Seo
Chi-young lo pensó mientras miraba de reojo las una o dos mesas ocupadas en el
local. Sin embargo, antes de que pudiera decidir si ir o no, alguien gritó
“¡Una cola por aquí!”, así que se dirigió rápidamente a la nevera. En el
proceso, la tela volvió a rozarle y murmuró un ‘ay, ay’ para sus adentros
mientras encogía los hombros.
Creía
recordar que la farmacia cerraba a eso de las once, así que faltaba poco. Si
iba a ir, tenía que ser ya. Pero a esa hora el local solía estar muy
concurrido, por lo que incluso esos tres o cuatro minutos eran difíciles de
conseguir para ausentarse.
‘Debí
haber ido al mediodía en vez de aguantar pensando que mejoraría pronto’, pensó
Seo Chi-young mientras empezaba a saltear los intestinos que habían pedido los
nuevos clientes. Al ver que el reloj marcaba las once, desistió de ir a la
farmacia. De todos modos, cerraría el local en una hora, así que sería mejor
buscar una tirita al llegar a casa.
Seo
Chi-young soltó un suspiro ligero y largo.
Al
menos era una suerte que hoy fuera sábado. Tras pasar esta noche llegaría el
día libre, así que mañana podría descansar en casa sin camisa todo el
día――pensaba eso cuando vio el calendario y murmuró un ‘Ah, es cierto’.
Justo
en el lunes siguiente, había escrito ‘Mamá’ con bolígrafo azul y letra pequeña.
El cumpleaños de su madre ya estaba a la vuelta de la esquina.
En
otras ocasiones se habría limitado a llamarla y enviarle algo de dinero, pero
este año cumplía sesenta. Aunque no podía enviarla de viaje o invitar a todos
los parientes a comer como hacían los hijos de otras casas, ya había comprado
el billete de autobús para ir a verla en persona. Pensaba ir y volver en el
día, pero como ya que bajaba quería ver también a su padre, decidió que sería
mejor ir con más calma y sacó el billete de ida para el domingo por la tarde.
El de vuelta era para el lunes por la noche.
Parecía
que esta vez podría darle un poco más de dinero de lo que había planeado
originalmente. Al ser fin de mes, andaba apretado con el alquiler del local,
los intereses y demás, pero el dinero que recibía por acompañar a las chicas
del establecimiento estaba siendo de gran ayuda―además, el dinero que Kwon
Kang-hee le daba como pago por los intestinos que cocinaba allí era una suma
considerable. Cuando intentó devolvérselo diciendo que era demasiado, este puso
cara de fastidio por un momento y le dijo ‘entonces tómalo como un pago por
adelantado’, así que tras dudarlo, lo aceptó con humildad―. Las finanzas de
este mes tenían, aunque fuera de forma modesta, cierto margen.
Si
seguía así, ahorrando un poco más y administrándose bien, tal vez para finales
de año, cuando tuviera que dejar el local actual, habría juntado lo suficiente
para conseguir uno nuevo por esta zona, aunque fuera más pequeño.
Seo
Chi-young miró el reloj, viendo que se acercaba la hora de cerrar, y fue
enumerando mentalmente las tareas pendientes.
Al
cerrar hoy, pegaría un papel en la puerta que dijera ‘Cerramos solo por hoy
lunes’; ya le había dicho al gerente que no trabajaría el lunes en el
establecimiento, pero hoy lo confirmaría una vez más; y, ……ah. Tenía que
decirle a Jang Ui-geon que mañana no podría ir. ……¿Debería decírselo……?
Seo
Chi-young ladeó la cabeza con indecisión.
Nunca
habían hecho la promesa de verse los domingos.
Sin
embargo, como si se tratara de un compromiso tácito, cuando llegaba la hora en
que Seo Chi-young solía despertarse tarde el domingo por la mañana, era
habitual que Jang Ui-geon lo contactara. Y por la tarde, o bien él venía a casa
de Chi-young, o Chi-young iba a la suya, o salían a las afueras siguiendo las
palabras de un Jang Ui-geon que murmuraba caprichosamente ‘quiero ir al jardín
botánico’ o ‘hace mucho que no voy al zoo’.
“…….”
Aunque
no habían prometido verse los domingos, sería mejor avisarle de que mañana
tenía un compromiso. No, pero como no habían quedado en nada, tal vez
resultaría extraño llamarlo a propósito para decirle ‘mañana no puedo verlo’,
así que sería mejor decírselo cuando él llamara mañana por la mañana. Que
bajaría al pueblo en el autobús de la tarde por el sesenta cumpleaños de su
madre.
Sintió
una leve punzada de nostalgia.
Sin
duda estaba emocionado y feliz por ir a ver a su padre y a su madre después de
tanto tiempo, pero por otro lado, también era cierto que sentía pena por no
poder ver a Jang Ui-geon aunque solo fuera el domingo.
‘Dicen
que criar hijos no sirve de nada’, pensó Seo Chi-young con una sonrisa amarga.
La
semana pasada había ido a la casa de Jang Ui-geon. La antigua casona, que ya
estaba abierta al público y funcionaba como local, solía estar llena de gente
ya que el flujo de visitantes no cesaba desde su apertura, pero los domingos,
al ser el día de cierre, estaba tranquila.
‘Parece
que se siente más soledad cuando no se oye ningún ruido en un lugar donde
siempre suele haber voces de gente.’
Cuando
Seo Chi-young dijo aquello de repente, sentado en una habitación de la casa
principal mirando hacia el pabellón de invitados a través de la ventana, Jang
Ui-geon, que estaba sentado de lado mirando el cielo nocturno y oscuro, giró la
cabeza hacia Chi-young y le sonrió.
‘Supongo
que se siente más esa sensación que si fuera una casa siempre silenciosa. Pero
como a mí me gusta más la tranquilidad que el bullicio, prefiero este grado de
soledad.’
‘¿Cómo
podría vivir en un lugar donde entra y sale gente ruidosamente durante toda la
semana? Al menos el domingo debo descansar en un lugar tranquilo’, añadió Jang
Ui-geon soltando un suspiro como si estuviera realmente fatigado.
Quizás
por eso, aunque Chi-young pensó que sería difícil verlo una vez que abriera el
local, Jang Ui-geon estaba mucho más ocupado que antes pero siempre se tomaba
tiempo el domingo. A juzgar por las llamadas relacionadas con el trabajo que
recibía a veces mientras estaba con Chi-young los domingos, parecía que
trabajaba mucho más durante la semana para poder descansar ese día.
Seo
Chi-young se sentía preocupado por si estaba interfiriendo en ese valioso
descanso, pero Jang Ui-geon siempre lo contactaba cuando se acercaba la hora
del almuerzo dominical. Entonces, aun pensando que sería una molestia y que
sería mejor que descansara solo, Seo Chi-young también se encontraba con él sin
decir palabra, pues le apenaba perder esas pocas horas con él.
Pero
como parece que no era posible dejar todos los domingos completamente libres,
ese día Jang Ui-geon tuvo un compromiso por la tarde al que debía asistir sin
falta, así que Seo Chi-young fue a su casa ya entrada la noche.
‘Ahora
que lo pienso, ¿es la primera vez que Chi-young se queda a dormir aquí?’
Dijo
Jang Ui-geon mientras preparaba el lecho, como si lo acabara de recordar.
Seo
Chi-young, que se había quedado conversando hasta tarde y decidió pasar la
noche allí, asintió con timidez diciendo que sí.
La
casa principal de esta antigua casona, donde solía quedarse solo un rato
mientras había luz de sol, desprendía un ambiente diferente al caer la noche.
Al abrir la ventana, el aire fresco nocturno se mezclaba con el olor a madera,
el sonido de los insectos de finales de otoño y el crujir de las hojas secas
con el viento; aquello era sumamente agradable.
Jang
Ui-geon soltó una risita al ver a Seo Chi-young pegado a la ventana sin
intención de apartarse.
‘Es
hora de dormir. Para empezar de nuevo la semana mañana.’
‘Sí.
……¿Está bien si dejo la ventana abierta para dormir?’
‘A
mí no me importa, pero hará frío de madrugada.’
‘Últimamente
el aire nocturno se ha vuelto gélido’, respondió Jang Ui-geon, pero al ver el
rostro algo decepcionado de Seo Chi-young, añadió rápidamente:
‘Pero
durmamos con ella abierta. Si hace frío de madrugada la cerramos entonces; a mí
también me gusta dormir respirando aire fresco y puro.’
Seo
Chi-young miró a Jang Ui-geon un poco cohibido, le dio las gracias e hizo una
reverencia. Jang Ui-geon sonrió diciendo ‘No es nada’, dejó encendida la
lámpara de madera amarillenta y apagó la luz de la habitación.
Seo
Chi-young se deslizó con cuidado en el lugar junto a Jang Ui-geon, quien ya se
había acostado. Aunque era un lecho amplio donde cabían tres personas, quizás
por estar bajo la misma manta, sentía que le llegaba el calor corporal incluso
sin tocarse.
‘Siento
que solo haya una manta. ¿No está estrecho?’
Seo
Chi-young, que miraba el techo oscuro donde la lámpara amarillenta proyectaba
sombras vacilantes, respondió en voz baja a un Jang Ui-geon que hablaba con
tono de disculpa: ‘Ah, no. Es suficientemente amplio’.
‘Mi
madre me dijo que me llevara otra manta para los invitados, pero como casi no
traigo a nadie a casa, no quise aumentar los trastos y vine así. Los únicos que
podrían venir a dormir aquí serían Jun-young o Kang-hee, pero para esos dos el
día de venir a dormir aquí se ha vuelto algo lejano…….’
Acostado
a su lado, con apenas un palmo de distancia entre ambos, Seo Chi-young escuchó
el suspiro de Jang Ui-geon. Lo miró de reojo; su rostro, con sombras marcadas
por la tenue luz, lucía relajado y tranquilo a pesar de ese suspiro. Chi-young
se tranquilizó un poco.
Tras
un breve silencio, Jang Ui-geon habló con parsimonia.
‘Ahora
que lo pienso, escuché que el lugar donde Chi-young trabaja de noche está cerca
de donde vive Jun-young. Él me dijo que se encontró con usted hace poco.’
‘Ah……,
sí.’
Chi-young
respondió de forma ambigua. Yoon Jun-young le había dicho una vez, como quien
no quiere la cosa: ‘Ese tipo, aunque no diga nada en particular, no ve con
buenos ojos estos locales ―lo cual es lógico―, así que no hace falta que le
menciones que trabajas conduciendo aquí’. Aquellas palabras se le habían
quedado grabadas, por lo que nunca le había dado detalles a Jang Ui-geon, quien
tampoco insistió demasiado.
‘¿Se
ve seguido con Jun-young?’
Ante
la pregunta, Chi-young dudó un momento y ladeó la cabeza.
‘Solo
de vez en cuando……, cuando Jun-young tiene tiempo.’
Hum,
Jang Ui-geon guardó silencio como sumido en sus pensamientos y luego soltó una
risita.
‘Parece
que a mí casi no me contacta, pero a Chi-young sí.’
Chi-young
se quedó petrificado. Aunque el tono de voz había sido casual y corriente, él
detuvo todo movimiento y parpadeó sorprendido.
¿Acaso
estaba molesto? No parecía estarlo con Chi-young directamente, pero quizás no
le hacía mucha gracia que Yoon Jun-young lo contactara. Pensándolo bien, si la
persona que te gusta contacta a otro, era una reacción posible.
‘No,
no nos vemos seguido. Solo a veces……. Como dice que debo de estar cansado por
trabajar de noche, pasa de camino y me deja chocolates o un café, cosas así.’
‘¿Jun-young
le compra esas cosas?’
‘……No
es con ninguna otra intención, es que él es una persona amable por naturaleza.’
Jang
Ui-geon guardó silencio antes de murmurar: ‘Es cierto, es un buen tipo’. Su
voz, teñida de una sutil e inexplicable insatisfacción, continuó tras una pausa
mientras su mirada se posaba en Chi-young.
‘Ahora
que lo pienso, Jun-young y Chi-young siempre se han llevado bien.’
El
rumbo de la conversación se estaba volviendo extraño. ‘Yo no tengo la menor
intención de ser su rival, Ui-geon; es más, en todo caso sería el rival de Kwon
Kang-hee, pero de verdad que no tengo esa intención’. Sin embargo, sintió que
decir algo así solo complicaría más las cosas, por lo que Chi-young se limitó a
sudar frío.
‘¿Usted
cree?…… No nos llevamos tan bien…….’
‘Sí
se llevan bien. Él es amable a su manera, pero no es de los que contacta por
separado a alguien con quien no tiene confianza para darle cosas.’
‘¿Ah,
sí?’, asintió Chi-young. Y entonces, para su desgracia, sintió una repentina
alegría. Juraba que no era por ninguna otra razón, pero le hacía feliz saber
que Yoon Jun-young ―alguien― lo consideraba una persona cercana.
Chi-young
parpadeó mirando al techo. Jang Ui-geon, notando que Chi-young apretaba los
labios con un gesto peculiar, lo miró con extrañeza. Ante su pregunta de qué
pasaba, Chi-young murmuró sin querer: ‘No, es que de algún modo me hace un poco
de ilusión……’, y cerró la boca rápidamente. Al mirar a Jang Ui-geon de reojo,
vio que este tenía una expresión extraña.
‘Digo,
tampoco es que seamos tan cercanos……, creo.’
Al
añadir esa frase que a sus propios oídos sonó como una excusa, Chi-young se
sintió abochornado y se hundió más bajo la manta. Sentía la mirada fija de Jang
Ui-geon, pero fingió no darse cuenta y fue reptando poco a poco hasta cubrirse
la mitad del rostro.
Le
pareció oír un ligero suspiro. Por suerte, Jang Ui-geon no pareció querer
seguir con el tema; miró alternativamente la ventana abierta y a Chi-young
hundido en la cama antes de preguntar:
‘¿Tiene
frío?’
‘¿Eh?
Ah……, es cierto que el aire está algo fresco. El otoño ya casi termina……. Pero
como la ventana está abierta, se oyen los insectos y huele a madera……. ……Ah, si
tiene frío, Ui-geon, podemos cerrarla. No, yo mismo la cerraré.’
Ahora
que lo pensaba, a diferencia de Chi-young que llevaba ropa ligera, Jang Ui-geon
estaba con el torso descubierto porque decía que no le gustaba dormir con ropa
incómoda. Era normal que sintiera frío con el aire directo.
Cuando
Chi-young se incorporó rápidamente para cerrar la ventana, Jang Ui-geon lo
sujetó por el brazo.
‘Está
bien. Ya le dije que a mí también me gusta dormir con la ventana abierta a
menos que sea pleno invierno. Si Chi-young está bien, no hay problema.’
‘Pero……,
me parece que tendrá frío.’
‘Le
digo que estoy bien’, insistió él. Jang Ui-geon, que mostraba su cuerpo con
naturalidad como si realmente no tuviera frío, miró en silencio a un Chi-young
preocupado y, de pronto, como si se le hubiera ocurrido algo, soltó una risita.
‘Entonces,
venga aquí.’
Mientras
volvía a recostarse tras haberse incorporado a medias para sujetar a Chi-young,
Jang Ui-geon levantó la manta. Cuando Chi-young lo miró desconcertado, todavía
medio inclinado, él tiró de su brazo. Chi-young perdió el equilibrio por un
instante y Jang Ui-geon lo recibió entre sus brazos, atrayéndolo hacia su
pecho. Solo entonces Chi-young se dio cuenta de que estaba estrechamente
abrazado a él y se quedó rígido.
‘Pensándolo
bien, me pareció que me vendría bien un calentador. Como el de su abuela.’
‘……,
¿Eh?’
‘Ah,
de verdad está caliente. Con razón su abuela lo abrazaba para dormir como si
fuera un calentador de agua. Parece que Chi-young tiene la temperatura corporal
un poco alta……, ……¿no se siente mal?’
‘¿Eh?
No, no me siento mal. No me duele nada, pero…….’
Sintió
que el rostro le ardía. No solo la cara; todo su cuerpo estaba caliente debido
a su corazón acelerado. Sería más extraño que su temperatura no fuera alta.
‘Jaja,
¿siempre tiene la temperatura así? Parece un niño.’
‘No,
no es eso……. ……Ah, ahora que lo recuerdo, sí me han dicho que soy un poco más
cálido que los demás…….’
Jang
Ui-geon guardó silencio ante el murmullo de Chi-young. Por un momento, pareció
que el brazo que lo rodeaba apretaba con un poco más de fuerza.
‘¿Quién
se lo dijo?’
‘Ah,
una enfermera. Fue hace mucho……, en la fábrica donde trabajaba antes nos hacían
chequeos periódicos cada año. Eran solo revisiones básicas, y entonces me lo
dijeron. Que mi temperatura normal era un poco más alta que la del resto.’
‘Por
eso debo de ser algo cálido’, asintió Chi-young convencido. Jang Ui-geon, que
lo miraba en silencio, habló de pronto en voz baja.
‘Chi-young,
¿ha servido de calentador para alguien más aparte de su abuela?’
‘¿Eh?
No. ……El invierno pasado se estropeó la caldera y dormí abrazado a una botella
de agua caliente, pero…….’
Chi-young
negó con la cabeza con mansedumbre. El aliento tranquilo de Jang Ui-geon rozó
su frente. Cuando Chi-young levantó la vista, Jang Ui-geon apoyó la barbilla en
su frente como para obligarlo a bajar la mirada.
‘¿Qué
pasó con la caldera?’
‘Ah,
pasa a veces. Como la casa es muy vieja……. En verano no hay problema, pero si
se rompe en invierno es un poco duro.’
Chi-young
susurró con una sonrisa tímida. Jang Ui-geon frunció el ceño mientras murmuraba
‘romperse en invierno……’. ‘Solo oírlo ya da frío’, dijo mientras abrazaba a
Chi-young con más fuerza. La mejilla de Chi-young quedó apoyada en el pecho de
Jang Ui-geon. Como su pecho también estaba caliente, Chi-young suspiró aliviado
pensando que no se notaría el calor de su propia mejilla. Sin embargo, no sabía
qué hacer con su cuerpo, que se encogía por instinto, y parpadeó con torpeza.
‘Me dan cosquillas las pestañas’, rió Jang Ui-geon.
NO HACER PDF
‘…….
¿Quiere venir aquí? Deje esa casa donde se rompe la caldera.’
De
pronto, Jang Ui-geon lo dijo con una risa difuminada. Como el tono era ligero y
sonaba a broma, Chi-young se limitó a sonreír. Jang Ui-geon también pareció
tomárselo como una broma y guardó silencio un momento.
‘Hace
tiempo, mi madre se enfadaba conmigo y decía: “Con ese carácter que tienes,
¿qué mujer querría vivir contigo?”. ……Jaja, supongo que es cosa de padres
seguir mencionando a una mujer incluso sabiendo cuáles son mis preferencias.
Bueno, se enfadaba así…… y yo le decía que tenía razón.’
Chi-young
abrió mucho los ojos ante sus palabras. Aunque el pecho de Jang Ui-geon le
bloqueaba la vista, parpadeó con extrañeza.
‘¿Por
qué……? ¿Qué tiene de malo el carácter de Ui-geon?’
‘Jaja,
aunque me llevo bien con la gente y no me resulta difícil tratar con nadie, en
el fondo tengo mis aristas.’
‘Ah……,
no es cierto…….’
‘Ui-geon
tiene buen carácter’, dijo él, a lo que Jang Ui-geon respondió con un ‘gracias’
mientras reía.
‘Como
no suelo mostrarlo, la gente no lo sabe y yo mismo no lo noto normalmente, pero
a veces lo pienso. Cuando quiero descansar, si hay alguien al lado, ya sea mi
familia o quien sea, me resulta molesto.’
Chi-young
guardó silencio al escuchar sus palabras serenas. ‘Definitivamente, debería
abstenerme de venir cada domingo……’, pensaba, cuando Jang Ui-geon empezó a
darle palmaditas lentas en la espalda mientras lo abrazaba. Despacio, como si
estuviera arrullando a un niño.
‘Pero
con Chi-young me siento cómodo. Al estar juntos, es como si…….’
Jang
Ui-geon dejó la frase en el aire, como si no encontrara las palabras adecuadas.
De pronto, la mano que le daba palmaditas se detuvo. El brazo que lo rodeaba
pareció apretarse levemente.
‘…….
……Es verdad. Si se rompe la caldera, puede quedarse aquí.’
Ante
esas palabras dichas con una risa ligera, Chi-young encogió los hombros y
murmuró un ‘gracias’.
La
conversación se cortó. Jang Ui-geon no parecía dormido, pero no decía nada,
como sumido en sus pensamientos, y Chi-young también guardó silencio, atrapado
en sus brazos. No se sentía agobiado ni acalorado.
Aunque
su rostro ardía y no sabía qué hacer, no se sentía incómodo. Era como si, desde
el principio, aquel fuera el lugar correcto asignado para él. ‘Qué bueno sería
si este fuera mi sitio’, llegó a pensar sin darse cuenta.
“…….”
Seo
Chi-young sonrió con amargura. ‘Mira, ya estoy otra vez ilusionándome y
volviéndome codicioso. Y eso que me prometí no hacerlo’.
Era
porque, a medida que se encontraban, aquel sentimiento que había mantenido
atado iba brotando poco a poco.
Chi-young
suspiró. Negó con la cabeza lentamente para alejar esos pensamientos
complicados. De cualquier forma, mañana, el domingo que estaba por llegar, no
vería a Jang Ui-geon. Quizás no sirviera de nada, pero intentaría controlar su
corazón saltándose al menos una semana.
“Ah,
pasaré en un momento.”
El
cliente que se había tropezado con Chi-young al salir, quizás de vuelta del
baño, habló con cuidado y pasó por detrás evitando tocarlo. Era porque
recordaba cómo Chi-young se había estremecido ―o mejor dicho, le había dolido―
cuando chocaron sin querer hace un rato.
Chi-young
se apartó rápidamente pidiendo disculpas, pero en ese movimiento la camisa
volvió a rozar su pecho y acabó encogiendo los hombros por el pinchazo de
dolor. ‘Ay……’, definitivamente debió haber ido corriendo a comprar una tirita.
Seo
Chi-young suspiró mirando el reloj, que ya marcaba la hora en que la farmacia
habría cerrado. En ese momento, los clientes sentados a la mesa se levantaron
para irse. Una vez que salieran, el local quedaría vacío.
Aunque
todavía faltaba una hora para el cierre habitual, pensó que, en cuanto ellos se
marcharan, cerraría un poco antes por hoy y se iría a casa.
Tras
terminar de cobrar, despedirse de los clientes con un amable "vuelvan
pronto" y agradecerles la visita, Seo Chi-young soltó un suspiro de alivio
y estiró el cuerpo —aunque, en el proceso, volvió a encoger un poco los hombros
para evitar que la tela rozara su pecho—.
Antes
de empezar a limpiar, y pese a que aún era temprano, apiló las sillas que
estaban frente al mostrador exterior como señal de que la jornada había
terminado y bajó la persiana metálica hasta la mitad. Tras el estruendo del
metal oxidado al descender, se agachó para echar el cerrojo. En ese momento,
escuchó una voz familiar a sus espaldas que lo llamó con brevedad.
“¿Ya
está cerrando? Ni siquiera son las doce todavía. Si hubiera llegado un poco más
tarde, no lo habría encontrado.”
‘Menos
mal que rechacé la invitación del director comercial para quedarme un rato
más’, pensó el hombre mientras entraba al local. Al verlo, el rostro de Seo
Chi-young se iluminó de alegría.
“Ah……,
Ui-geon. Bienvenido.”
Jang
Ui-geon echó un vistazo a la zona del mostrador, donde ya no había sillas, y
entró para sentarse en una de las mesas del interior.
“Vengo
de reunirme con unas personas. Solo un poco de té de cebada……, ……bueno, de
todos modos no tardo ni cinco minutos conduciendo de aquí a casa, ¿no cree que
podría tomarme una cerveza?”
Parecía
que venía directo de fuera y por eso traía el coche. Acompañando con una
sonrisa silenciosa a Jang Ui-geon —quien siempre prefería la cerveza al agua a
menos que el coche le obligara a lo contrario—, Chi-young le sirvió el té de
cebada. Ui-geon soltó una risita y aceptó el vaso dócilmente.
“Parece
que ha tenido trabajo incluso siendo sábado.”
Chi-young
se sentó frente a él, observando su impecable traje. Desde que abrió el local, Jang
Ui-geon siempre estaba ocupado, aunque no siempre permanecía en el
establecimiento. De hecho, a menudo parecía que su verdadero trabajo consistía
más en salir a reunirse con gente que en estar allí.
“Sí.
Al fin y al cabo, un negocio es ventas, y no se trata solo de atender a los
clientes. ……Uff. Es agotador, de verdad. Lo que yo querría es vivir de rentas y
no hacer nada……”
Vació
el vaso de un trago y sacudió la cabeza con un largo suspiro fingido. Chi-young
volvió a llenárselo mientras reía.
“¿Todavía
no ha abandonado el sueño de ser un holgazán improductivo? Mire que me dijo que
su padre ya le había regañado por eso.”
Jang
Ui-geon, que se llevaba de nuevo el vaso a los labios, se detuvo en seco. Miró
a Chi-young con una expresión extraña y luego frunció el ceño.
“¿Se
lo dijo Jun-young? ……Ay, ese tipo……. No puede ser. Chi-young, no se junte con
Jun-young. ¿Quién sabe qué otras cosas raras andará contando por ahí?”
Al
ver a Jang Ui-geon beber el té con el ceño fruncido, Chi-young no pudo evitar
reírse.
“No
es así. Jun-young también le aprecia mucho. Siempre dice cosas buenas de
usted.”
“Hum…….
Por ejemplo, ¿qué cosas?”
“¿Eh?
Pues, que es una buena persona y……”
Chi-young
se quedó sin palabras. Ahora que lo pensaba, aunque por los gestos y la actitud
de Yoon Jun-young se notaba que consideraba a Jang Ui-geon un amigo muy íntimo,
rara vez lo expresaba con palabras directas.
Jang
Ui-geon observó con diversión a un Chi-young que balbuceaba confundido y
terminó soltando una carcajada. Agitó la mano restándole importancia, como si
ya se imaginara la situación.
“¿Y
cuándo les dio por hablar de esas cosas?”
“¿Eh?
Ah……, la última vez que vino al local……. Usted también estaba allí. Ah, ¿o fue
antes de que usted llegara?……”
Chi-young
se apresuró a explicarlo como si fuera una excusa. Jang Ui-geon se limitó a
murmurar un "hum" con una sonrisa ambigua y el rostro ligeramente
contraído.
En
ese preciso instante, como si estuviera sincronizado, el teléfono móvil que
estaba sobre la mesa emitió un pitido. La pantalla se iluminó anunciando la
llegada de un mensaje. El remitente: Yoon Jun-young.
“…….”
“…….”
Parecía
que el dicho de "hablando del rey de Roma" se cumplía a la
perfección. Chi-young, sintiendo la mirada silenciosa de Jang Ui-geon, revisó
el mensaje con vacilación. Aunque Ui-geon no intentaba leerlo deliberadamente,
su mirada fija desde el otro lado de la mesa resultaba punzante.
‘¿Por
qué no respondes? Quedamos hoy, ¿verdad?’
Chi-young
estuvo a punto de leer el contenido en voz alta para aliviar la tensión, pero
se detuvo con la boca abierta. El texto, tal como estaba escrito, podía dar
lugar a más malentendidos. Mientras Chi-young se rascaba la cabeza mirando
fijamente la pantalla, demasiado cohibido para levantar la vista hacia Jang
Ui-geon, este extendió la mano con calma.
“¿Qué
pasa? ¿Le está diciendo que no se junte con el holgazán improductivo?”
Dijo
Ui-geon con una sonrisa mientras le quitaba suavemente el teléfono de las
manos. Chi-young intentó retenerlo por un segundo, pero él se hizo con el
aparato con naturalidad y leyó el mensaje. Luego, levantó la vista y lo miró de
reojo.
“¿Había
quedado con Jun-young hoy?”
“¿Eh?
Ah……, no es que hayamos quedado a propósito. Es que, como trabaja cerca, dijo
que pasaría un momento……. Ah, los intestinos. Viene a comer intestinos. A veces
preparamos algunos allí para comer juntos.”
Jang
Ui-geon asintió como recordando algo que ya le habían contado antes, miró el
mensaje un momento más y le devolvió el teléfono.
Sin
embargo, al contrario de lo que Chi-young temía, no mostró ninguna molestia y
sonrió como siempre. Mientras bebía su té, preguntó en tono de broma:
“Casi
parece un mensaje de texto entre novios. ¿Está saliendo con Jun-young?”
Aunque
el tono burlón dejaba claro que era una broma, Chi-young negó con la cabeza con
evidente turbación. Al ver a Chi-young con los ojos muy abiertos y totalmente
apurado, Jang Ui-geon esbozó una sonrisa ladeada y traviesa.
“Como
Kang-hee se entere, habrá problemas……. Hace ya bastante tiempo, algún idiota se
metió con una chica con la que él salía. Creo que tuvo que pagarle una buena
suma en facturas médicas. Y eso que era una mujer por la que apenas mostraba
interés y a la que veía dos o tres veces al mes; si se trata de Jun-young……”
Jang
Ui-geon encogió los hombros de forma exagerada, como si la sola idea fuera
aterradora. Chi-young —que no tenía la menor intención de salir con Yoon
Jun-young ni de ganarse el odio de Kwon Kang-hee— se estremeció también al
imaginarlo.
“Qué
dilema”, suspiró Jang Ui-geon con una voz que aún guardaba un rastro de broma.
“Ahora
que lo pienso, creo que una vez le prometí que, si le gustaba alguien, yo me
pondría de su parte……, pero esto es complicado. No me gustaría tener que pelearme
con Kang-hee.”
“¿Eh?”,
Chi-young levantó la mirada. Al encontrarse con la sonrisa de Jang Ui-geon,
recordó aquellas palabras de hacía tiempo. Cuando Chi-young le dijo que siempre
le apoyaría, Ui-geon le respondió que él también le ayudaría en el futuro.
Chi-young no le había dado importancia entonces, pensando que era un comentario
pasajero.
“Elija
a otra persona. Jun-young es demasiado difícil.”
Chi-young
bajó la cabeza ante el comentario jocoso de Jang Ui-geon y murmuró algo
ininteligible.
Ni
hablar. Incluso si llegara a gustarle Yoon Jun-young, no sería tan descarado
como para pedirle ayuda precisamente a Jang Ui-geon.
“De
ser posible, enamórese de alguien a quien me sea fácil ayudar. ……Le ayudaré en
todo lo que esté en mi mano.”
La
voz de Jang Ui-geon se volvió suave y profunda. Se percibía claramente que
hablaba en serio. Chi-young, con la cabeza baja, murmuró un
"gracias".
Se
lo agradecía, pero no le hacía ninguna gracia.
Oír
de labios de Jang Ui-geon, y solo de los suyos, que le ayudaría a que las cosas
salieran bien con otra persona, le dolía. Sintió una fuerte e hiriente punzada
en el corazón.
‘Si
me gustara usted. Si le dijera que todavía me gusta, ¿también me ayudaría?’
Un
sentimiento levemente amargo y rebelde se agitó en su interior, pero Chi-young
lo reprimió en el fondo de su pecho. No quería incomodar a Jang Ui-geon ni
quería escuchar un rechazo más.
Está
bien. Algún día. Con el paso del tiempo, esperaba conocer a alguien más y poder
mirar a Jang Ui-geon y sonreír sin que el corazón le doliera.
Chi-young
levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Jang Ui-geon, que lo
observaba fijamente. Al ver esa mirada amable, Chi-young terminó esbozando una
sonrisa lánguida.
“Gracias.
……En el futuro, contaré con su ayuda.”
Chi-young
hizo una breve reverencia. Tras una pausa, llegó la respuesta calmada: “Claro.
No deje de decírmelo”.
Como
de pronto le resultaba difícil sonreír de forma natural, Chi-young miró el
reloj sin motivo. “Ah, ya va siendo hora de prepararse para cerrar”, murmuró
para sí mismo. Jang Ui-geon también dirigió la vista al reloj.
“¿Hoy
también va a trabajar?”
“Sí,
todos los días menos los domingos……”
“Ah,
es cierto, dijo que se vería con Jun-young”, murmuró Ui-geon mientras se
acariciaba la barbilla. De repente, con un tono sutilmente pausado, preguntó:
“¿No
ha aparecido…… nadie con quien tenga más confianza? En el trabajo. Alguien
especial entre sus compañeros……”
“¿Eh?
Ah, no, todos me tratan muy bien. Son amables……”
Chi-young
murmuró mientras se rascaba la nuca con torpeza.
Fue
en ese momento.
“Ya
veo, me alegro”, respondió Jang Ui-geon con cierta distracción mientras bebía
el té, cuando de pronto algo captó su atención. Se quedó inmóvil, mirando
fijamente un punto durante unos instantes, y luego arqueó una ceja con una
risita. Chi-young, que traía una botella de agua nueva al ver que la anterior
estaba casi vacía, lo miró extrañado al verlo reír.
“Cualquiera
que lo vea pensaría que tiene pareja, Chi-young.”
Chi-young
parpadeó ante el comentario repentino. Mientras ladeaba la cabeza confundido,
Jang Ui-geon señaló con la mirada la nuca de Chi-young y dio unos golpecitos
con la yema de los dedos en su propia nuca.
“Aquí.
Un bicho le ha picado en un lugar muy estratégico. Debe de haber picado fuerte,
porque está muy rojo. ¿No le pica?”
“Eh……,
no me pica mucho……”
‘¿Cuándo
me habrá picado?’, pensó Chi-young mientras ladeaba la cabeza y se tocaba el
lugar que Ui-geon le indicaba. Palpó su nuca, pero no sintió nada inusual bajo
sus dedos. Tampoco sentía picor.
“Debería
ponerse alguna pomada. Los mosquitos de finales de otoño son venenosos. ……Jaja,
aunque de verdad, por el tamaño y el lugar, da lugar a malentendidos. Hasta yo
estuve a punto de confundirme.”
Chi-young
asentía distraídamente a las palabras de Jang Ui-geon cuando, de pronto, se
quedó petrificado.
Recordó
perfectamente qué era lo que había en ese lugar que sus dedos estaban tocando
ahora, donde Ui-geon decía que había una marca de picadura.
Anoche.
Cuando intentó quitarle el cigarrillo de la mano a Sun-mi, ella tiró de él de
repente y el primer lugar donde le mordió fue precisamente ahí.
“…….”
La
sonrisa desapareció lentamente del rostro de Chi-young. “Ah……”, murmuró
desconcertado mientras seguía tocándose la nuca. Jang Ui-geon, que se servía
más té en el vaso, lo observó con curiosidad.
“¿Qué
pasa, Chi-young?”
En
el instante en que escuchó la voz de Jang Ui-geon preguntando con naturalidad,
Chi-young se sobresaltó y se aferró al cuello de su camisa. Sin darse cuenta,
tapó por instinto su nuca expuesta y cerró el cuello de la prenda con fuerza.
Su rostro se volvió rígido y bajó la mirada hacia la mesa, parpadeando con
evidente turbación.
Jang
Ui-geon lo observó extrañado y, de pronto, como si hubiera llegado a una
conclusión, frunció levemente el ceño. Con una expresión de duda, como si no
quisiera creer lo que estaba pensando, observó a un Chi-young que no sabía qué
hacer y que solo podía parpadear nerviosamente, y lentamente su expresión se
volvió gélida.
“…….
¿De verdad tiene pareja?”
Su
expresión al preguntar aquello era extraña. Había una sorpresa sutil grabada en
su voz endurecida, como si fuera algo en lo que nunca hubiera pensado o que,
simplemente, le pareciera imposible.
“No,
no es eso. Esto es solo... una broma... No, un bicho... Es decir, fue una
broma...”.
Chi-young,
presa del pánico, se encogió mientras se cerraba el cuello de la camisa. Aunque
no debería haber motivos para estar tan alterado incluso si tuviera pareja,
sintió un desconcierto irracional que lo hizo retroceder un paso.
‘No.
Tal vez no sea lo que él piensa’. Quizás, sin que él mismo se diera cuenta,
algún insecto lo había picado y había dejado esa marca.
Sin
embargo, Jang Ui-geon lo observaba sin siquiera parpadear, mientras Chi-young
permanecía inmóvil protegiéndose la nuca. Ante aquel rostro inexpresivo que lo
escudriñaba sin un solo movimiento, Chi-young terminó por bajar la mirada.
Fue
entonces cuando comprendió la razón de su propia turbación y chasqueó la lengua
para sus adentros.
‘Qué
amor tan ridículo’.
Ese
deseo de no querer que la persona que le gusta piense que tiene pareja. Aun
cuando a esa persona no le importe lo más mínimo si la tiene o no.
“No
es... no es nada importante...”.
Se
sentía patético añadiendo excusas, sabiendo perfectamente que a él no le
afectaba.
Frente
a un Chi-young petrificado por la incomodidad, con una mano aún aferrada al
cuello de su ropa, Jang Ui-geon no dijo nada. No obstante, al segundo
siguiente, se levantó de su asiento. Rodeó la mesa y se plantó al lado de
Chi-young.
“Déjeme
ver un momento”.
Su
voz era tan calmada como siempre. Pero había una determinación absoluta en su
tono que resultaba extrañamente ajena.
Con
una mano tan firme como su voz, apartó la mano de Chi-young que sujetaba el
cuello de la camisa. Chi-young, por puro instinto, hizo fuerza para retener la
tela.
“Eu-Ui-geon,
esto, es que, …—”.
Chi-young
balbuceó con torpeza intentando no soltar la prenda, pero fue inútil. Sin
responder y con una fuerza que rozaba la brusquedad, él apartó la mano de
Chi-young, abrió el cuello de la camisa y tiró de él hacia afuera.
“…—”.
Chi-young
lo miró parpadeando, con el rostro desencajado por la confusión. Jang Ui-geon
observó su cuello en silencio.
Durante
unos segundos en los que el tiempo pareció detenerse, él fijó la vista en su
piel y luego levantó la mano. Comenzó a acariciar el lugar lentamente, como si
necesitara confirmar de qué se trataba.
Un
poco más arriba de donde se unen el cuello y el hombro. Allí, una marca roja
resaltaba con total nitidez.
“……,
esto, bueno, ……pasó sin querer, simplemente, apareció”.
Como
si no oyera los murmullos de Chi-young, Jang Ui-geon siguió absorto en su
cuello hasta que, poco después, desvió la mirada hacia él. Sus ojos se
encontraron.
A
Chi-young se le heló el pecho al ver esa mirada inexpresiva de la que toda
sonrisa se había borrado por completo. Por instinto, se encogió y guardó
silencio.
Cuando
Chi-young intentó apartar con suavidad la mano de Jang Ui-geon, que aún
sujetaba su camisa, sintió que los dedos de este se tensaban sobre la tela. La
mano de Chi-young retrocedió al rozar los nudillos de él, que sobresalían
blancos por la fuerza del puño.
Jang
Ui-geon lo miró desde arriba mientras Chi-young intentaba articular palabra sin
éxito, y finalmente relajó el puño. Tras echar un último vistazo a la nuca, cerró
la boca con firmeza. Con movimientos secos, empezó a juntar los bordes de la
camisa y a abrochar los botones, como si quisiera ocultar la marca.
En
ese momento, debido al tirón brusco de la prenda, la tela rozó su pecho.
“……!”.
Chi-young
frunció el ceño y encogió el cuerpo por el pinchazo de dolor. Al ver que
contenía el aliento, Jang Ui-geon, que estaba a punto de terminar con los
botones y retirarse, frunció el ceño con extrañeza.
Observó
cómo Chi-young tomaba aire con dificultad, encorvando la espalda y encogiendo
los hombros de forma antinatural. Con una mirada cargada de sospecha, bajó la
vista hacia el pecho de Chi-young.
“…….
¿Está herido?”.
Su
voz seguía siendo calmada, aunque un tono más grave. Pero a diferencia de su
voz, sus ojos inexpresivos se entornaron levemente. Chi-young abrió mucho los
ojos y negó con la cabeza rápidamente.
“Ah,
no. No es una herida, solo que, un poco, ……”.
Sin
embargo, cuanto más hablaba, más se desvanecían sus palabras, hasta que terminó
guardando un silencio incómodo. Jang Ui-geon lo observó fijamente mientras
Chi-young bajaba la cabeza con gesto atribulado, y de pronto entornó los ojos.
Sin dudarlo, agarró el cuello de la camisa que acababa de abrochar. Tic,
tic, tic. Aunque Chi-young intentó sujetar sus muñecas para detenerlo, Jang
Ui-geon desabrochó cuatro o cinco botones en un abrir y cerrar de ojos y tiró
de la tela con fuerza, abriéndola de par en par.
“¡Ah……!”.
Chi-young
miró con estupefacción un par de botones que habían salido volando y rodaban
por el suelo. Solo entonces bajó la vista hacia su propio torso descubierto.
En
ese instante, Chi-young enmudeció. Su rostro pálido se encendió de golpe; incapaz
de mirar a Jang Ui-geon, encogió los hombros y agachó la cabeza.
Jang
Ui-geon permanecía en absoluto silencio.
Dentro
de la camisa abierta, su torso quedaba expuesto, revelando un pezón irritado y
rojo que parecía doler con solo el roce del aire.
La
herida, con la piel ligeramente levantada de tanto haber sido mordisqueada,
quedó dentro del campo de visión de un Chi-young que mantenía la cabeza gacha.
Aquella lesión, que se veía dolorosa incluso a sus propios ojos, sugería de
inmediato la forma en que se había producido, haciendo que el calor le subiera
hasta el lóbulo de las orejas con solo mirarla.
“…….”.
Jang
Ui-geon no decía palabra.
Chi-young,
que se había quedado como congelado, tomó las manos de Jang Ui-geon que aún
sujetaban los bordes de su camisa y las apartó lentamente. Luego, con torpeza,
volvió a cerrar la prenda y a abrocharse los botones. Lo hizo con la espalda
encorvada, evitando que la ropa tocara su pecho.
El
silencio se prolongó durante un rato. Jang Ui-geon seguía allí de pie, inmóvil,
mirando a Chi-young desde arriba, mientras este no se atrevía a levantar la
cabeza y mantenía la vista fija en el suelo.
Finalmente,
una voz grave cayó sobre la cabeza de Chi-young.
“¿Quién
ha sido?”.
Ante
esa pregunta tan tranquila, formulada como si no fuera nada, Chi-young encogió
los hombros como si le estuvieran regañando. Sus labios se movieron, pero no
salió sonido alguno.
No
quería que lo viera. No era que temiera que lo juzgara como un hombre patético,
ridículo o vergonzoso. Si tuviera que explicarlo, se sentía igual que aquel día
en el parque —o en el bar al que lo siguió— cuando se encontró con él.
Una
mezcla de miseria y vacío.
Al
igual que entonces, sabía que Jang Ui-geon probablemente se reiría y lo
olvidaría como algo sin importancia, así que debería bastar con recomponerse él
mismo; sin embargo, esa punzada de dolor no se apartaba de su pecho.
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Tras
interpretar a su manera el silencio de un Chi-young que no levantaba la cabeza,
la voz de Jang Ui-geon volvió a escucharse tras una pausa.
“¿Tiene
pareja?”.
Chi-young
negó con la cabeza de forma casi imperceptible.
“¿Entonces
fue solo algo de una noche?”.
Esta
vez, dudó sin saber cómo responder.
No
sabía cómo explicar aquel incidente trivial que ni siquiera podía considerarse
"algo de una noche". O mejor dicho, no sería difícil explicarlo, pero
las palabras no le salían. No ante esa voz tan serena que preguntaba con total
naturalidad.
“Pensé
que siempre estaba ocupado, ¿dónde conoció a esa persona? ¿En ese lugar al que
va a conducir de noche?”.
Chi-young
volvió a asentir levemente con la cabeza, y esta vez el silencio fue aún más
largo.
“……Dijo
que no había nadie que le interesara, pero ¿sí que había alguien para
divertirse una noche?”.
“No,
……no es eso……”.
Chi-young
terminó hablando con torpeza, a pesar de que no tenía por qué dar
explicaciones. Lo hizo aun sabiendo que Jang Ui-geon se limitaría a sonreír con
indiferencia sin darle importancia, y que él solo conseguiría sentirse más
miserable.
“Simplemente,
a veces, hay gente que se pone pesada cuando bebe, ……y por eso, pasó eso. Así
que……”.
“…….
Entonces, me imagino que no es la primera vez”.
Jaja.
Se escuchó una risa seca y breve. Aquella risa, que sonaba casi como si
estuviera estupefacto, resultó fría, aunque probablemente esa no fuera su
intención.
Chi-young
levantó la mirada con vacilación. Pero enmudeció al instante.
Allí
estaba un rostro gélido e inexpresivo, algo que jamás habría imaginado tras
escuchar aquella voz tan calmada y tranquila. Como si toda la sangre que le
hubiera subido a la cabeza se hubiera congelado de golpe, Jang Ui-geon lo
observaba con ojos de hielo.
Alguna
vez había visto esa expresión. Fue cuando estuvo tan terriblemente furioso que
parecía que uno podía cortarse solo con acercarse a él. No, ni siquiera
entonces dio tanto miedo como ahora. ¿Cuándo había sido eso? Probablemente
fue——.
“Borrachos…….
Ya veo, supongo que ser chófer implica tratar con gente ebria, así que es
normal que haya personas así de absurdas. ……Chi-young, deje ese trabajo”.
Dijo
con una voz contenida y profunda. Parecía que incluso el propio Jang Ui-geon
sentía que sus emociones se estaban desbordando, pues su voz sonaba tan al
límite que daba la sensación de que apenas podía reprimir lo que sentía.
“Ah,
no…… no es para tanto. No es que los cli, los clientes hagan eso……”.
Cuando
Chi-young habló con el rostro pálido y entrecortadamente, la comisura de los
labios de Jang Ui-geon se tensó. Soltó un bufido y su voz bajó un tono más.
“¿Me
está diciendo entonces que es alguien con quien trabaja? Con más razón debe
dejarlo. ……No, venga conmigo. Si a Chi-young le cuesta decirlo, yo mismo
hablaré para decir que lo deja. Tendré que conocer a ese superior que gestiona
así a sus subordinados, y también verle la cara al tipo que ha hecho algo así”.
Al
ver a Jang Ui-geon consultar el reloj, Chi-young se sintió desconcertado y
enseguida mostró un gesto de apuro. Esto no estaba bien. Algo se estaba
torciendo de forma errónea. Chi-young lo observó en silencio un momento y luego
negó con la cabeza lentamente.
“No
voy a dejar el trabajo”.
Jang
Ui-geon frunció el ceño como si fuera a estallar de ira y clavó la mirada en
Chi-young. Ante él, Chi-young hizo una pequeña reverencia.
“Le
agradezco que se preocupe por mí. Pero estoy bien. De verdad. Esa persona
tampoco es tan mala…… y, además, ……esto no es algo en lo que Ui-geon deba
intervenir”.
La
voz de Chi-young era tranquila pero firme.
Jang
Ui-geon se quedó paralizado. Miró a Chi-young desde arriba con los ojos muy
abiertos, como si hubiera escuchado algo increíble. Abrió la boca como para
decir algo, pero no salieron palabras.
Tras
cerrar la boca, Jang Ui-geon fulminó a Chi-young con la mirada y volvió a
hablar en voz baja. Su voz, filtrándose entre los dientes, resultaba
escalofriante.
“¿Me
dice que no va a dejarlo incluso después de terminar en ese estado? ¿Aun
sabiendo que podría volver a pasar lo mismo?”.
Chi-young
dudó, pero terminó asintiendo.
Desde
el principio no empezó ese trabajo pensando que sería algo cómodo. Ya contaba
con la posibilidad de pasar por situaciones difíciles. Jamás imaginó algo de
este tipo, pero habiéndose preparado para escenarios peores, esto era
aceptable.
Lo
más doloroso de toda esta situación era este preciso instante. El momento en
que recibía la mirada de hielo de Jang Ui-geon.
Él
no dijo nada durante un buen rato. Chi-young no desvió la vista. Sintió que si
apartaba la mirada ahora, no volvería a ver su rostro jamás. Así de fría era su
expresión.
Finalmente.
“Aunque
vuelva a pasar, Chi-young dirá lo mismo. Que está bien. Que no es algo en lo
que yo deba intervenir”.
Dijo
Jang Ui-geon con parsimonia. Esa voz tranquila salía claramente de sus labios,
pero no parecía su voz.
“No
es algo en lo que yo deba intervenir……”.
Murmuró
para sí mismo. De pronto, guardó silencio. Hubo un atisbo de agitación, como si
su pecho temblara y contuviera el aliento por un instante. Apretó la mandíbula
con tal fuerza que parecía estar tragándose a duras penas algo que pugnaba por
salir.
Por
un momento, Chi-young pensó que le pegaría.
A
pesar de que nunca le había gritado ni alzado la voz, esa frialdad aterradora
resultaba mucho más pesada. Tras fulminar a Chi-young con la mirada, al segundo
siguiente se dio la vuelta sin decir palabra.
Sin
mediar palabra de despedida, Jang Ui-geon salió del local. Chi-young intentó
llamarlo por instinto, pero cerró la boca antes de que el sonido escapara. Sin
girarse ni una sola vez para mirar a un Chi-young que se había quedado allí
parado y perdido, se marchó a grandes zancadas y desapareció de su vista. El
sonido de sus pasos furiosos alejándose por el callejón también se desvaneció
hasta que dejó de oírse por completo.
*
Parecía
estar enojado. ……No, sin duda alguna, estaba furioso.
“¿Qué
voy a hacer? …….”
Seo
Chi-young murmuró para sí mismo por enésima vez, con la vista fijada en el
volante.
Al
pensarlo, era la primera vez que Jang Ui-geon se marchaba mostrando semejante
enfado hacia él. A veces había parecido molesto o hablaba con brusquedad, pero
siempre resolvía las cosas en el momento y nunca arrastraba sentimientos
negativos hacia el futuro. Antes de esto, jamás se había enojado de esa manera
que hacía sentir como si el corazón se congelara.
¿Qué
había sido tan grave para que reaccionara así? Chi-young no creía que nada de
lo ocurrido justificara tal furia, pero terminó sacudiendo la cabeza con un
suspiro.
Al
volver a pensarlo, sintió que aquello cruzaba la línea en la que él podía
intervenir, pero tal vez Chi-young mismo había marcado un límite demasiado
tajante. ‘Tú llega hasta aquí. No es algo en lo que debas ayudar’. ……Eso
parecía haberle dicho.
No
lo hizo por sentir distancia con él, pero quizá Ui-geon lo percibió así y se
sintió herido.
…….
Sí. Pensándolo bien, si él hubiera reído con indiferencia como si el asunto no
tuviera nada que ver con él, Chi-young se habría sentido más deprimido.
Intentó
consolarse con ese pensamiento, pero su corazón, hundido en la pesadez, no
lograba reaccionar.
Tras
la partida de Ui-geon, Chi-young se había quedado petrificado en el local,
incapaz de moverse durante un buen rato. Solo reaccionó cuando escuchó la señal
de la radio anunciando las doce y comenzó a recoger todo mecánicamente.
En
su aturdimiento, incluso olvidó traer los ingredientes para los intestinos.
Mientras movía su cuerpo de forma mecánica como un muñeco de hilos, su mente
estaba totalmente absorta en Jang Ui-geon, y solo después de salir de casa
recordó los intestinos y chasqueó la lengua.
En
cuanto lo recordó, le envió un mensaje a Yoon Jun-young: ‘Lo siento. No creo
que pueda cocinarle los intestinos hoy. Se lo compensaré la semana que viene
sin falta. Mil disculpas’, pero no recibió respuesta.
Se
dio cuenta de que había olvidado varias cosas.
Olvidó
poner el cartel de ‘Cerrado por hoy’ en la persiana del local, y también olvidó
mencionarle a Jang Ui-geon que mañana no podrían verse porque debía viajar al
interior.
Al
pensar en eso, suspiró.
De
todos modos, después de que se fuera tan furioso, no parecía que fuera a
contactarlo mañana aunque no le hubiera dicho nada.
Más
tarde, cuando su enfado se calmara un poco, intentaría enviarle un mensaje.
Pero, ¿cuándo se calmaría?
Chi-young
oscureció su expresión.
Como
casi nunca había visto a Jang Ui-geon así de furioso —e incluso si se enojaba,
solía ser algo pasajero—, no tenía idea de cuánto le duraría el mal humor.
¿Cuánto tiempo debería esperar para contactarlo? ¿O sería mejor hacerlo ahora
mismo?
“…….”
Chi-young
jugueteó con el teléfono y, tras dudar un largo rato con la pantalla de
mensajes abierta, terminó cerrándola de nuevo.
No
se le ocurrían palabras. ……Y tenía miedo. Miedo de recibir una respuesta que
marcara una distancia fría y definitiva esta vez.
Se
rascó la cabeza. Era una noche deprimente.
Al
llegar al establecimiento, como era de esperarse, los rumores ya se habían
esparcido tanto que un chófer al que apenas conocía se le acercó con una
sonrisa burlona: “El gerente me dijo que a partir de ahora yo llevaré a Lee
Sun-mi. Así que quédate tranquilo, no tendrás que volver a verla. Buen trabajo
este tiempo”. El guardia que decía entre risas “Qué bien” era una cosa, ya que
él mismo había presenciado la escena ayer, pero hasta una de las chicas que
entraba al local le dedicó una sonrisa antes de pasar.
Más
allá de si su orgullo estaba herido o si estaba enojado, se sentía deprimido.
Pero lo que más le pesaba era el recuerdo de aquel rostro gélido de Jang
Ui-geon que no lograba apartar de su mente.
Se
reclinó un poco en el asiento del conductor y suspiró. Sin embargo, apenas unos
segundos después de cerrar los ojos, escuchó cómo se abría de golpe la puerta
del acompañante.
Sorprendido
de que alguien terminara su turno tan temprano cuando apenas pasaban las dos,
se incorporó. Pero al ver a la persona que acababa de subir, parpadeó con los
ojos muy abiertos y se quedó mirándolo fijamente.
“…….
Jun-young.”
“Había
puesto tres estrellas en el calendario para el día de hoy. Mis intestinos.”
El
hombre que murmuraba con tono sombrío y rostro inexpresivo era Yoon Jun-young.
Al
escucharlo, parecía que sí había leído el mensaje. Chi-young lo miró
confundido, preguntándose por qué había venido de todas formas.
Jun-young,
sin mirarlo, comenzó a rebuscar en su bolso mientras murmuraba.
“Mañana
es tu día libre. Entonces, pasado mañana. Pasado mañana cocíname los intestinos
sin falta.”
“Sí…….
……Ah, no, pasado mañana también cierro……. Se lo dije antes, es el sexagésimo
cumpleaños de mi madre y tengo que viajar al interior…….”
En
cuanto dijo que pasado mañana también cerraba, Jun-young lo miró con los ojos
muy abiertos como si le hubiera caído un rayo encima, así que Chi-young se
apresuró a explicarle. Entonces Jun-young pareció recordar que Chi-young ya
había mencionado ese descanso de fin de mes y asintió.
“Entonces
el martes. Martes por la noche, intestinos.”
Lo
dijo con un tono aún más lúgubre, pero con una determinación que no aceptaba
negativas. Chi-young asintió por inercia. Entonces el rostro de Jun-young se
relajó un poco.
Chi-young
se quedó mirándolo mientras él anotaba ‘Martes intestinos’ en su teléfono y
preguntó con cautela.
“¿Y
a qué ha venido hoy……?”
Yoon
Jun-young casi nunca venía si no era para comer. Incluso había escuchado que a
Kwon Kang-hee no le gustaba que estuviera allí. Jun-young guardó el teléfono en
el bolsillo y respondió con naturalidad.
“Vi
tu mensaje después de salir de casa. Ya que estaba fuera, entraré con Kang-hee
cuando termine. Dijo que hoy acabaría temprano.”
Señaló
el edificio con la barbilla y pareció encontrar lo que buscaba en el bolso.
“Y
además, de paso, tenía algo pendiente contigo.”
“¿Eh?”
Jun-young
sacó la mano del bolso sosteniendo un pequeño tubo de pomada.
“Quítate
la ropa.”
Dijo
de repente mientras abría la tapa. Chi-young parpadeó incrédulo. “¿Eh? ……¿La
ropa?”
“Me
dijeron que te mordieron el pezón. Incluso que sangró.”
Chi-young
se quedó mudo. Escuchar esas palabras tan vergonzosas dichas con tanta
naturalidad le hizo arder el rostro. Negó con la cabeza frenéticamente.
“No,
bueno, es cierto, pero……. No, estoy bien.”
“¿Te
pusiste medicina?”
“Ah,
solo por la mañana. En el local no pude porque estaba trabajando……, pero sanará
pronto de todos modos.”
Jun-young
ignoró sus protestas. Abrió el tubo usando la tapa para romper el sello.
“Las
mordeduras humanas se infectan fácilmente si no se cuidan. No te arrepientas
luego cuando tengas que ir al hospital; ponte la medicina ahora. Si eso empieza
a supurar, no solo te dolerá, el impacto psicológico será terrible. El médico
te mirará raro preguntando cómo pasó, y sea médico o enfermero, un extraño te
manoseará para curarte, y si te ponen inyecciones de antibióticos dolerá. Si no
quieres pasar por eso, quítatela ya.”
Su
voz era monótona, pero el contenido era de lo más aterrador que Chi-young había
escuchado jamás.
Lentamente,
Chi-young comenzó a desvestirse bajo la mirada insistente de Jun-young. Se
quitó la chaqueta, la corbata y empezó con los botones de la camisa; el proceso
era algo complejo, pero solo consistía en abrir unos botones.
“¿Pero……
de dónde escuchó eso?”
“De
Kang-hee.”
“…….
¿Y Kang-hee de dónde……?”
“Sería
más fácil buscar a alguien en este local que no lo sepa.”
Chi-young
guardó silencio.
Era
cierto que en ese ambiente los chismes volaban. Probablemente hasta los clientes
de los últimos dos días estaban al tanto.
“No
te tomes a la ligera las heridas pequeñas. Si empeoran, el gasto, el esfuerzo y
el dolor se multiplican. Si tienes que ir al hospital por esto, realmente…….”
“…….
¿Ha…… tenido que ir al hospital por algo así, Jun-young?”
Hizo
la pregunta sin pensar, y al ver cómo el rostro de Jun-young se tensaba, se
arrepintió de inmediato.
Jun-young
no respondió. Su boca se cerró con un gesto algo rígido. Chi-young no tuvo
tiempo de decir nada más.
Como
para callarlo en lugar de responder, Jun-young presionó directamente su dedo
con pomada sobre la herida expuesta.
“……!!”
Chi-young
se encogió por la sorpresa y el pinchazo de dolor. Había olvidado decirle que
él mismo se pondría la pomada.
“Espera,
y-y-yo lo haré……”
Jun-young
pareció dudar un momento, pero tras mirarlo fijamente, continuó aplicando la
medicina con brusquedad.
“Haberlo
dicho antes. Ya tengo el dedo manchado, déjalo así.”
“…….
Está bien……”
Chi-young
decidió quedarse quieto para no hacer la situación más ridícula.
Estaba
avergonzado, le dolía y le daba dentera; aunque apretaba los labios, su cuerpo
se estremecía a veces. Aunque intentaba reprimirse, su cuerpo reaccionaba solo
y su rostro se ponía cada vez más rojo. Al menos agradecía que Jun-young no
dijera nada más.
Sin
embargo, a pesar de su rostro impasible, Jun-young también parecía algo
cohibido. Evitaba mirar la cara de Chi-young y mantenía la vista fija
únicamente en la herida —lo cual era más vergonzoso para Chi-young— mientras
sacaba cualquier tema de conversación.
“Ah……
es verdad. Ahora que lo pienso, Ui-geon me llamó cuando venía hacia aquí, pero
como tenía el teléfono en vibración no lo escuché. Cuando le devolví la
llamada, comunicaba todo el tiempo. ¿Ha pasado algo?”
“¿Eh?
Bu-bueno, no lo sé.”
Si
se trataba de "algo", ciertamente había sucedido entre Seo Chi-young
y Jang Ui-geon. Sin embargo, Chi-young no tenía forma de saber qué tipo de
asunto podría tener Ui-geon como para llamar a Yoon Jun-young.
Más
bien, le resultaba extraño que Jun-young le preguntara a él si le pasaba algo a
Ui-geon. Como si Chi-young fuera la persona más cercana a él.
Chi-young
respondió con vacilación.
“Yo
no lo sé. ……Creo que Jun-young sabrá mejor que yo las cosas relacionadas con
Ui-geon.”
“No,
es que últimamente, cada vez que nos vemos, Ui-geon suele hablar de Chi-young.
Parece que se han vuelto muy cercanos, así que pensé que quizá usted sabría
algo.”
“……,
¿habla de mí?”
Al
ver la expresión de extrañeza de Chi-young, Jun-young debió notarlo solo por el
tono, pues añadió rápidamente: “Ah, no son cosas raras.”
“Solo
decía que habían ido juntos al arboreto pero que el follaje ya se estaba
marchitando, o que le preocupaba que el precio de la carne subiera y eso
afectara los costos de los ingredientes de su local, cosas así.”
Al
escuchar a Jun-young murmurar que no entendía por qué se preocupaba tanto si ni
siquiera era su propio negocio, Chi-young experimentó una sensación peculiar.
No sabía cómo describirla.
Se
sentía avergonzado y, a la vez, feliz de saber que él lo consideraba con tanto
afecto. Tanto, que temía que Jun-young notara cómo su corazón empezaba a latir
con fuerza.
De
repente, sintió deseos de escuchar su voz. No tenía nada que decirle, pero
quería llamarlo solo para oírlo.
……Pero
debía de estar enojado. No, tal vez más que enojado, se había vuelto frío por
completo.
Un
presentimiento de ansiedad le sacudió el corazón. Sintió un hormigueo de
nerviosismo hasta en la punta de los dedos.
“……Esto.”
Cuando
Chi-young habló, Jun-young lo miró un instante.
“Ui-Ui-geon,
cuando se enoja……, cuando se enoja mucho, ¿cuánto le dura?”
“¿Ui-geon?
¿Cuando se enoja mucho? Bueno…… depende de qué tan grave sea. Es un buen tipo,
pero en el fondo tiene un carácter algo difícil.”
Jun-young
detuvo su mano un momento y ladeó la cabeza. Miró hacia el techo del coche como
intentando recordar algo y luego se encogió de hombros negando con la cabeza.
“Depende
de la ocasión, así que es difícil decir cuánto. Básicamente es un buen
muchacho, pero cuando se le cruzan los cables, se vuelve un dolor de cabeza…….
Pero si es algo que le va a durar un día o dos, o ni siquiera se enoja o lo
soluciona en el acto; así que suele ser de los que les dura mucho. En algunos
casos, no vuelve a ver a esa persona jamás.”
“…….
Ya veo……”
Chi-young
murmuró deprimido mientras asentía. Jun-young, viendo que le faltaba medicina,
apretó de nuevo el tubo y preguntó.
“¿Por
qué? ¿Ui-geon está enojado con Chi-young?”
“¿Eh?
No, no es eso……, bueno, no sé si decir que sí……”
Chi-young
balbuceó sin saber qué decir. Jun-young volvió a tirar de él hacia adelante, ya
que Chi-young se había encogido hacia atrás, y abrió el cuello de su camisa
mientras murmuraba para sí mismo.
“Qué
raro. Él no es de los que se enojan fácilmente, y con la personalidad de
Chi-young, me parece difícil que pudiera hacerlo enojar a propósito aunque
quisiera.”
“…….”
Chi-young
guardó silencio.
Jun-young,
que había aplicado la medicina minuciosamente sobre la herida, dio unos
toquecitos finales con la punta del dedo. Mientras terminaba de cuidar la
lesión con aire indiferente, sin prestar atención a cómo Chi-young se
estremecía, de repente pareció recordar algo y ladeó la cabeza mirando al
vacío.
“……¿Eh?
Ahora que lo pienso, me parece que he visto ese coche en algún lado……”
Jun-young
giró la cabeza bruscamente. Detrás del cristal trasero, a cierta distancia,
había un coche negro estacionado. Originalmente había otro coche en medio, pero
como se había marchado hacía poco, ahora se veía claramente justo detrás.
Estaba allí parado desde quién sabe cuándo.
Siguiendo
la mirada de Jun-young, que observaba fijamente el vehículo vacío, Chi-young
también lo miró confundido.
Era
un coche bastante caro, pero no tan inusual. Chi-young ladeó la cabeza
pensando: ‘¿Dónde lo he visto?’. No era un modelo raro, pero sentía que lo
conocía. Justo cuando parpadeaba tratando de recordar, sucedió.
Una
sombra que salió del edificio y se acercaba a grandes zancadas entró en su
campo de visión. En cuanto Chi-young giró la cabeza, la sombra, que ya estaba
frente al coche, golpeó el techo con un ¡¡Kwang!! El coche se sacudió con un
estruendo ensordecedor.
“Ui…….”
Pero
antes de que Chi-young pudiera articular palabra, la puerta del acompañante se
abrió de par en par. Jang Ui-geon estaba de pie frente a Yoon Jun-young, que
seguía sentado en el asiento.
Apoyando
un brazo en la puerta abierta, miró con rostro inexpresivo a Jun-young y luego
a Chi-young, que estaba sentado en el asiento del conductor.
“Abróchate
la ropa ahora mismo.”
Dijo
una voz gélida. Solo entonces Chi-young se encogió, apresurándose a cerrar su
camisa desaliñada. Sin embargo, no podía entender por qué él estaba allí parado
y no dejaba de mirarlo.
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Tal
vez no era Jang Ui-geon. Su apariencia y su voz eran las de él, pero solo eso;
todo lo demás resultaba ajeno. Su expresión, su mirada, el matiz de su voz.
Sí.
Él no es Jang Ui-geon. Chi-young pensó eso al ver cómo él desviaba la vista de
sí mismo para mirar a Yoon Jun-young. Jang Ui-geon jamás miraría a Yoon
Jun-young con una mirada tan desolada.
“¿Tú
qué haces aquí?”
Jang
Ui-geon —o el hombre con su forma— le habló pausadamente a Yoon Jun-young.
Jun-young frunció levemente el ceño.
“¿Cómo
que qué hago? ¿A ti qué te pasa? ¿Por qué estás así de ido? ……¿Vienes de ver a
Kang-hee?”
Ante
la pregunta de Jun-young, que miró hacia la dirección de donde venía Jang Ui-geon,
él no respondió y repitió su pregunta una vez más.
“Te
pregunto qué haces aquí dejando que esta persona haga este tipo de cosas.”
“¿Qué?”
Cuando
Jang Ui-geon señaló a Chi-young con la barbilla, Jun-young frunció el ceño sin
entender. Chi-young, repentinamente convertido en el centro de la conversación,
también parpadeó sin comprender sus palabras.
“Chi-young
ayuda por las noches en un local —encima en un local que pertenece a Kang-hee—,
y sabiendo ustedes eso perfectamente, ¿cómo es que no me ha llegado ni una
palabra al oído? No, antes de eso, ¿por qué permitieron que esto siguiera?”
Jang
Ui-geon murmuraba con una lentitud que casi parecía desgana. No gritaba ni
alzaba la voz, hablaba en un tono muy bajo, pero Jun-young lo miraba con el
ceño fruncido, como si presintiera que las cosas se iban a poner complicadas.
“Oye,
Jang Ui-geon, reacciona. ¿Qué te pasa? ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué has perdido
los papeles?”
Ante
la pregunta de Jun-young, que parecía algo preocupado, Jang Ui-geon tampoco
respondió esta vez. Solo chasqueó la lengua y frunció el ceño con fastidio.
“Tanto
Kang-hee como tú, no dicen más que tonterías……. Te estoy preguntando por qué se
quedaron callados mirando mientras Chi-young trabajaba aquí. ¿No me oyes, Yoon
Jun-young?”
Jun-young
lo observó fijamente, notando la leve arruga en el entrecejo de Ui-geon, y solo
entonces pareció captar lo que decía, poniendo una expresión de incredulidad.
“¿Pero
qué tontería es esa? Chi-young no es una mujer ni un niño, ¿qué tenemos
nosotros que permitir o dejar de permitir si él decide trabajar en un local?
Además, no es que esté haciendo un trabajo peligroso donde tenga que usar los
puños. ¿Por qué has perdido la cabeza de repente y dices cosas tan raras, Jang
Ui-geon?”
Jun-young
habló con tono de absurdo y luego miró de reojo a Chi-young. Sus miradas se
cruzaron con las de un Chi-young que observaba a Jang Ui-geon con estupor.
Chi-young parpadeó desconcertado.
Jun-young
miró a Jang Ui-geon desde abajo y, soltando un suspiro, continuó.
“Además,
aunque seas cercano a Chi-young, no veo la razón por la cual tendríamos que
decirte algo así a propósito. Sí, como tú dices, trabajar en un local no es
algo de lo que uno presuma, así que con más razón. Si él mismo no lo dice, ¿qué
motivo hay para que nosotros, por muy amigos que seamos, vayamos a contarlo? ¿O
es que hay alguna razón para tener que hacerlo?”
“……Razón.”
Tanto
uno como el otro……, Jang Ui-geon soltó una carcajada seca. De pronto, su mirada
gélida se dirigió a Chi-young. Chi-young se encogió.
Un
rostro del que se había borrado cualquier rastro de emoción —ya fuera risa,
resentimiento o ira— observó a Chi-young. Murmuró ‘razón, conque una razón’, y
aunque soltó una risita, no parecía que estuviera riendo.
“Razón,
sí, no la hay. No hay ninguna razón en absoluto.”
Las
palabras de Jang Ui-geon, dichas a Jun-young mientras sus ojos permanecían
fijos en Chi-young, ya no se sabía a quién iban dirigidas.
“Mientras
salía de aquel local hace un rato, yo mismo pensé cientos de veces y me di
cuenta de que no tenía ninguna razón para estar enojado. Sí, hasta el punto de
que me enfurecía el hecho de no tenerla. Que a esta persona le chupen el cuello
por ahí, o le muerdan el pezón, y que aun así decida seguir yendo a ese lugar
sabiendo que puede volver a pasar lo mismo—— sí, aunque cualquier tipo o mujer
se lo lleve de repente, yo no tengo razón para enojarme ni derecho a decir
nada. Incluso si esta persona dijera que siente algo por algún malnacido, yo
tendría que ayudarlo y prepararle el terreno.”
“Ui-geon,
¿de qué estás hablando ahora? ¿Por qué te pones así de repente? ——Espera,
tienes sangre en la mano.”
Jun-young
hablaba con el ceño fruncido cuando de repente guardó silencio. Solo entonces
Chi-young abrió mucho los ojos y desvió la mirada. En los nudillos de la mano
derecha de Jang Ui-geon, que estaba apoyada en la puerta del coche, se veía
rastro de sangre.
Como
si hasta ese momento él mismo no lo hubiera sabido, miró su propia mano de
reojo con fastidio.
“¿Qué?
Ah. Está bien. No es mi sangre. ——Bueno, para ti no estará bien, ya que es la
sangre de tu amante.”
“¡¿Qué?!”
El
rostro de Jun-young se tensó al instante. Pero antes de que pudiera decir nada,
Jang Ui-geon se inclinó. Acercando su rostro hacia el asiento del acompañante,
miró a Jun-young y luego a Chi-young con el ceño levemente fruncido.
“Por
más que lo piense una y otra vez, sigo sin encontrar la respuesta. Bueno, es
normal que no la encuentre. Mi mente solo está llena de pensamientos sobre qué
tipo puso su boca en ese cuello, o quién puso sus manos en ese pecho, y no he
podido pensar en nada más. He venido siguiendo el rastro desde el local
esperando para ver dónde trabaja, pensando solo en destrozar a alguien. Así que
es lógico que no encuentre la respuesta—— pero al menos entiendo una cosa.”
La
mirada de Jang Ui-geon estaba fija en Chi-young. Sin embargo, su voz era baja,
como si se hablara a sí mismo más que a él.
“En
fin, lo que necesito es esa maldita razón. ¿No es así?”
Pareció
que Jang Ui-geon sonreía. Pero antes de que se pudiera distinguir rastro de
risa en sus ojos fríos, estiró la mano de repente. Y agarró a Yoon Jun-young
por las solapas.
“Jun-young,
es una suerte que no hayas sido tú quien puso su boca y sus manos sobre esta
persona. Si por un casual hubieras sido tú, la verdad es que no estoy seguro de
mí mismo. De si te habría dejado pasar, aunque fueras tú”.
En
el instante en que esa voz que susurraba bajito se detuvo.
Resonó
un seco golpe de impacto. La cara de Yoon Jun-young giró bruscamente y soltó un
breve gemido.
Jang
Ui-geon, retirando el puño que había lanzado sin vacilar y soltando las solapas
de Jun-young, se dirigió a él, que lo miraba con los ojos muy abiertos mientras
se cubría el rostro. En esa voz lánguida se mezcló por primera vez una amenaza
baja y áspera.
“Ya
se lo dije a Kang-hee, pero si esto vuelve a ocurrir, ten por seguro que le
prenderé fuego a ese maldito local. No, no habrá una próxima vez. A partir de
hoy, Chi-young deja este trabajo. ——Y tú, Yoon Jun-young, diviértete con
Kang-hee. Deja de contactar a Chi-young continuamente”.
“...—¿Qué……?”.
Yoon
Jun-young murmuró con una pronunciación borrosa, como si se hubiera cortado por
dentro, y parpadeó con incredulidad, pero Jang Ui-geon ya no lo miraba. Dirigió
su vista hacia Seo Chi-young, que lo observaba petrificado y sin aliento,
incapaz de hacer el más mínimo movimiento.
Con
una risita extraña, Jang Ui-geon enderezó el cuerpo que tenía inclinado contra
la puerta. Dio la vuelta por la parte delantera del coche y fue hacia el
asiento del conductor.
Al
abrir de par en par la puerta, Jang Ui-geon miró por un momento desde arriba a
Chi-young, que lo observaba como si hubiera perdido el alma.
“……”.
Los
labios de Chi-young se agitaron. Jang Ui-geon esperó en silencio ante un
Chi-young que parecía querer decir algo, pero no aguardó mucho tiempo a que
lograra soltar las palabras.
Poco
después, Ui-geon agarró sin miramientos el brazo de Chi-young y lo sacó del
coche. Cuando Chi-young, que salió a trompicones perdiendo el equilibrio,
golpeó su hombro contra la puerta y soltó un breve ‘¡Ah!’, Ui-geon frunció el
ceño y chasqueó la lengua. La mano que tiraba de él con brusquedad se suavizó
un poco.
Sin
embargo, en cuanto Chi-young estuvo fuera del coche y en un lugar donde ya no
podía golpearse con nada, Ui-geon se dio la vuelta y caminó a grandes zancadas.
Chi-young caminaba casi a rastras hacia el coche negro que estaba aparcado
justo detrás —lo había olvidado porque no era el que usaba habitualmente, pero
lo había visto una vez en el parque— y murmuraba balbuceando.
“Ui-geon,
esto, bueno, Jun-young, se……”.
Chi-young
hablaba volviéndose una y otra vez hacia Yoon Jun-young, que debía estar en el
asiento del acompañante del coche de adelante —aunque no se veía—. Pero Jang
Ui-geon no respondió ni una sola palabra mientras caminaba hacia su coche sin
mirar atrás ni una vez.
Al
llegar al lado del acompañante, abrió la puerta y metió a Chi-young casi como
si lo lanzara, aunque con cuidado de que no chocara con nada. Con un escueto
“Voy a cerrar. Cuidado con las manos”, cerró la puerta con un ¡¡Kwang!! tan
fuerte que parecía que se iba a romper, y de inmediato subió al asiento del
conductor.
Chi-young,
con el rostro visiblemente desconcertado, miró a Jang Ui-geon en cuanto este
arrancó el motor.
“Esto,
Ui-geon, la persona del coche de adelante…… es decir, a quien acaba de golpear,
es Jun-young……. Yoon Jun-young”.
Chi-young
tartamudeaba con un aire más angustiado que el del propio agresor o el de la
víctima.
Vrum,
una vibración sutil resonó bajo el asiento. Solo después de poner la marcha,
Jang Ui-geon miró a Chi-young con rostro inexpresivo.
“¿Y?”.
“……Bueno……,
es Jun-young……”.
“No
creo que Chi-young esté en posición de preocuparse por eso ahora”.
Dijo
Jang Ui-geon con un tono algo incrédulo, pero con un matiz tan carente de emoción
que helaba la sangre; volvió a mirar al frente y pisó el acelerador. Chi-young,
que se golpeó la espalda contra el respaldo por el arranque brusco, solo pudo
mirar con estupor cómo pasaban de largo junto al coche —y a Yoon Jun-young, que
salía apresuradamente de él para entrar al edificio—.
*
En
medio de un silencio sepulcral, el sonido del teléfono no dejaba de sonar. El
ruido proveniente del bolsillo interior de Jang Ui-geon se cortaba por momentos
y volvía a sonar. El sonido solo se detuvo cuando el coche se adentró en una
zona residencial y comenzó a subir por una pendiente oscura y suave, flanqueada
por farolas dispersas.
Al
llegar al estacionamiento situado en un rincón del patio de una amplia casa
antigua en la cima de la colina, el coche se detuvo. El farol colgado frente a
la puerta del pabellón de invitados seguía encendido, emitiendo una luz tenue
incluso en plena medianoche.
Tras
detener el coche y bajar del asiento del conductor, Jang Ui-geon dio la vuelta
y abrió la puerta del acompañante. Chi-young, que estaba rígidamente tenso,
bajó del coche con vacilación. En ese momento, el teléfono en el bolsillo de
Chi-young empezó a sonar. Ui-geon frunció levemente el ceño y Chi-young,
sobresaltado, sacó el teléfono.
Yoon
Jun-young; el nombre del remitente aparecía en la pantalla.
Como
si hubiera entendido el significado de la mirada de Chi-young hacia él antes de
contestar, Jang Ui-geon tomó con calma el teléfono de su mano. Y, justo cuando
parecía que iba a abrir la tapa, lo quebró por completo.
“…—”.
Jang
Ui-geon volvió a sujetar el brazo de Chi-young, que miraba atónito el teléfono
cuya vida se había extinguido junto con el sonido, y lo arrastró hacia la casa
principal. Chi-young no tuvo más remedio que seguir su espalda con un rostro
deprimido y desconcertado.
Desde
hacía un rato, Jang Ui-geon no decía nada. Chi-young también intentó decir
algo, pero le resultaba difícil hablarle a un Ui-geon que miraba al frente sin
ninguna expresión.
Solo
cuando cruzaron la baja cerca y llegaron frente al familiar pasillo de madera,
Jang Ui-geon se detuvo y soltó el brazo de Chi-young. Tras mirarlo fijamente,
señaló el pasillo con la barbilla indicándole que se sentara, y Chi-young se
sentó dócilmente en el borde. Luego, levantó la vista para mirar a Ui-geon.
Solo
después de que pasara un poco más de tiempo, Jang Ui-geon finalmente habló.
“¿Te
parezco extraño?”.
Esa
primera frase, dicha con calma, sonaba un poco más serena que aquel tono bajo y
aterrador que había usado frente a Yoon Jun-young. Chi-young vaciló un momento
sin saber qué responder, pero terminó asintiendo con sinceridad.
“Un
poco, sí”.
“¿Ah,
sí? Qué suerte. Porque a mí me parece que estoy muy extraño”.
Dijo
Jang Ui-geon con naturalidad antes de subir al pasillo y entrar en la
habitación. Chi-young, sentado solo y desamparado, ladeó la cabeza.
A
excepción de la falta de sonrisas, parecía el de siempre. Quizás por estar de
vuelta en casa, en su espacio familiar, aquella sensación aterradora de aire
congelado de hacía un momento se había disipado bastante.
Pero
aun así, se sentía diferente a otras veces, y Chi-young terminó bajando la
cabeza.
¿Por
qué?
No
lograba entender correctamente esta situación. Parecía comprenderla por un
instante, pero luego perdía el hilo por completo.
Había
una respuesta muy sencilla. Pero como era imposible que esa fuera la correcta,
Chi-young la descartó.
Con
la mente hecha un lío y sin saber siquiera si el hombre que acababa de entrar
era realmente el que él conocía, Chi-young solo parpadeaba mirando sus pies sin
entender nada de nada.
Tras
su espalda se filtraba la luz de la habitación, y sobre su cabeza se derramaba
la luz blanca de una luna a la que le faltaban uno o dos días para estar llena.
La luz de las sombras alargadas se expandió. La puerta se abrió y Jang Ui-geon
volvió a salir.
Sentándose
al lado de Chi-young, dejó una caja que traía en la mano sobre el pasillo y dijo
brevemente:
“Quítate
la ropa”.
Chi-young
abrió mucho los ojos y miró a Jang Ui-geon. Este, sin mirarlo, rebuscaba en el
botiquín sacando pomada, desinfectante y cinta adhesiva.
“Eh……”.
“Antes,
no terminaron de curarte bien”.
Jang
Ui-geon habló con naturalidad; al parecer había visto la herida que solo se
había quedado con la pomada puesta.
“……No,
……yo lo haré, ……yo, yo puedo hacerlo. De todos modos ya me pusieron la pomada
antes, con una tirita será suficiente……”.
Mientras
Chi-young hablaba balbuceando con el rostro compungido, Jang Ui-geon, que
estaba leyendo las instrucciones del tubo de pomada, levantó lentamente la
vista y lo miró.
“¿La
que te puso Jun-young? Quítatela”.
Dijo
en voz baja y no esperó mucho. Sin que la débil resistencia de Chi-young al
echar el cuerpo hacia atrás sirviera de nada, le abrió la ropa. Tironeó de la
camisa como si fuera a arrancar los botones y bajó la vista fijamente hacia el
torso expuesto de Chi-young.
La
piel se erizó al contacto con el aire frío de la noche. El pezón con la pomada
aplicada también estaba erguido.
Jang
Ui-geon, que observaba fijamente ese pezón, sacó una toallita húmeda y limpió
la fina capa de pomada que había encima. Bajo su expresión calmada, solo sus
manos parecían furiosas por la brusquedad con la que limpiaba.
“……!”.
Chi-young
encogió los hombros y frunció el ceño, pero Jang Ui-geon, sin inmutarse tras
frotar con la toallita, puso pomada nueva y comenzó a aplicarla. En el momento
en que el dedo frío con la medicina tocó su pecho, Chi-young se sobresaltó. A
diferencia de cuando estaba la toallita de por medio, la sensación del contacto
directo de la piel era tan vívida que, por puro reflejo, Chi-young agarró la
mano de Jang Ui-geon para apartarla. Sin embargo, Ui-geon sujetó esa mano con
la otra. La apretó con una fuerza que, sin llegar a doler, impedía cualquier
intento de soltarse.
“…—”.
La
mano que sujetaba la muñeca de Chi-young estaba tan caliente que quemaba. En
cambio, el dedo que frotaba la pomada en su pecho estaba aterradoramente frío.
Chi-young, mientras se encogía una y otra vez, pensó que ese contraste era
extraño.
La
carne suave herida por los mordiscos estaba hinchada y puntiaguda, y cada vez
que el dedo la tocaba, sentía un escozor agudo. Cada vez, Chi-young terminaba
encogiéndose.
“¿Ocurría
esto a menudo?”.
Llegó
la voz baja de Jang Ui-geon. Él miraba el lugar que su dedo estaba frotando: el
pezón rojo e hinchado de Chi-young. Chi-young negó levemente con la cabeza,
sintiendo ajenos esos ojos negros cuyos pensamientos no lograba descifrar.
“No,
no es así. ……Solo, muy de vez en cuando……”.
Jang
Ui-geon guardó silencio ante las palabras de Chi-young. Poco después, su voz
brusca dijo brevemente:
“Ya
se lo dije a Kang-hee también, pero deja ese lugar”.
Pero
Seo Chi-young se quedó petrificado y no respondió. No quería dejarlo. Al menos,
no podía hacerlo ahora. Tenía que ahorrar más dinero, al menos hasta finales de
este año, y no era fácil volver a encontrar un trabajo cuyas condiciones se
ajustaran tanto a su situación actual.
Jang
Ui-geon pareció ver una negativa en el rostro de Chi-young ante su silencio y
frunció levemente el ceño.
“Déjelo,
Chi-young.”
“…….”
Chi-young
vaciló, pero terminó negando con la cabeza. Ante ese rechazo rotundo, Jang
Ui-geon detuvo sus movimientos. “Chi-young”, dijo con una voz aún más baja,
pero Chi-young volvió a negar con la cabeza.
“No
quiero dejarlo.”
En
cuanto Chi-young respondió de forma lenta pero clara, la mandíbula de Ui-geon,
que lo observaba fijamente, se tensó. Acto seguido, aplicó fuerza en la yema del
dedo con el que frotaba el pezón de Chi-young. Este abrió mucho los ojos,
tragándose un breve gemido involuntario.
“¿Incluso
después de que le hicieran este tipo de cosas ahí, no quiere dejarlo?”
La
voz de Jang Ui-geon se volvió levemente áspera. Sus dedos, que presionaban y
tiraban del pezón, también se movían con la brusquedad de la furia.
Chi-young
incluso contuvo el aliento para soportar el dolor. Sin embargo, en el instante
en que la presión disminuyó y el dedo comenzó a frotar lentamente el pezón hinchado,
terminó soltando un suspiro entrecortado. En ese aliento se mezcló, sin querer,
un gemido bajo.
“……!”
En
cuanto ese gemido escapó de su boca y llegó a sus propios oídos, Chi-young
guardó silencio. Su rostro se encendió al instante.
Aunque
fue un sonido muy breve, había sido una voz dulce que no parecía la suya. Ese
gemido, que se asemejaba a un jadeo de placer, debió de ser escuchado por Jang
Ui-geon sin duda alguna, ya que él también se quedó petrificado y detuvo su
mano.
“…—.
¿Así que por eso no quiere dejarlo? ……¿Le gustaba esto, Chi-young?”
Pareció
escucharse una risa tenue, como si no pudiera dar crédito a lo que pasaba.
“A-ah,
no…….”
Sin
embargo, la voz de Chi-young mientras negaba con la cabeza era tan pequeña que
apenas se oía. Con el rostro totalmente rojo y la cabeza gacha sin saber qué
hacer, Chi-young solo negaba levemente, de forma casi imperceptible.
Los
dedos que tironeaban del pezón se apartaron. Chi-young relajó ligeramente los
hombros que tenía tensos, pero fue solo por un instante. Su aliento se detuvo
ante la succión implacable de Jang Ui-geon, quien atrapó su pecho con la boca
de un solo bocado.
Tras
apartar los labios del pecho de Chi-young por un momento, Jang Ui-geon escupió
la saliva mezclada con pomada hacia el suelo del pasillo. Acto seguido, volvió
a succionar el pezón.
Como
si hubiera querido hacer eso desde el principio.
Como
si un tabú que había estado reprimiendo a duras penas se hubiera roto de golpe,
Jang Ui-geon se aferró al cuerpo de Chi-young con voracidad. Como alguien que
se muere de sed y finalmente encuentra un manantial.
“¡Ah,
……ah! ¡Ah, duele, ah……! ¡Ui, ……!”
Chi-young
soltaba palabras entrecortadas con voz llorosa y, por reflejo, agarró los
hombros de Jang Ui-geon para empujarlo. Sin embargo, Ui-geon reaccionó
atrayendo a Chi-young por la cintura con urgencia, abrazándolo con una fuerza
que parecía querer quebrarlo.
El
frío pasillo de madera tocó su espalda desnuda, pero ni siquiera se dio cuenta.
Aunque veía la luna blanca frente a sus ojos, ni siquiera era consciente de que
estaba tumbado; Chi-young solo podía retorcerse sin saber qué hacer bajo el
cuerpo de Jang Ui-geon, que estaba encima de él.
“¿Duele?
A mí también me pasa. El corazón me late tan fuerte que parece un tambor.”
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Jang
Ui-geon, que murmuraba con los labios pegados al cuerpo de Chi-young, le mordió
el pecho nada más terminar de hablar. Los brazos que rodeaban a Chi-young
asfixiándolo no se movieron ni un milímetro, incluso cuando este dio un
respingo.
Estaba
furioso.
Sin
duda alguna, debía de estar furioso.
Por
eso, lo estaba presionando y amenazando como si fuera a devorarlo, como un
monstruo aterrador que nunca antes había visto.
Chi-young,
con el rostro rojo por el calor de su aliento pero con una expresión gélida por
el miedo, murmuró: “Lo siento”. Pensó que no lo habría oído por lo bajo de su
voz, pero Jang Ui-geon se detuvo y levantó la cabeza. La luz de la luna caía
sobre él, impidiendo ver qué cara ponía. No sabía con qué expresión lo miraba
desde arriba mientras él yacía petrificado, con los ojos muy abiertos y el
rostro pálido.
“Lo,
……siento.”
Pestañeando
con los ojos humedecidos, Chi-young se disculpó sin saber el motivo. Sentía
como si una densa niebla cubriera su pecho. Solo deseaba que él, que estaba tan
enojado, se calmara. Por favor, que no lo presionara de esa forma tan
aterradora y que sonriera como siempre. Eso era lo que esperaba.
“¿Por
qué se disculpa?”.
Preguntó
Jang Ui-geon tras observarlo un momento.
“Porque,
porque está enojado, ……porque Ui-geon está así de enojado conmigo…….”
Chi-young
murmuró balbuceando, mirando hacia arriba a un Jang Ui-geon que apenas distinguía.
Él lo observaba en silencio. Mientras tanto, sus manos frotaban con ansiedad el
pezón que acababa de succionar con hambre, como si lo codiciara. Acarició con
avidez el pecho, la clavícula y hasta el abdomen, y luego preguntó con
extrañeza:
“¿Sabe
Chi-young por qué estoy enfadado?”.
“…—.”
“Bueno,
es normal que no lo sepa, ni siquiera yo lo sé.”
Jang
Ui-geon soltó una risa autodespreciativa. Bajó la cabeza y pegó la nariz a su
cuello, como si quisiera aspirar el aroma de Chi-young. Sus labios rozaron la clavícula.
“Pero
tiene razón. Estoy enfadado. Pero escuche, Chi-young. No es algo de ayer o de
hoy. ¿Desde cuándo sería? Me he sentido molesto todo este tiempo. No sé la
razón, ni desde cuándo, pero seguía ahí. Y como no encontraba la respuesta, a
veces sentía que me volvía loco. ……Haha, ¿así que de verdad me he vuelto
loco?”.
Añadió
un murmullo al final como una ligera burla hacia sí mismo y soltó una risa
baja. “No importa”, murmuró, y acto seguido mordió con fuerza el cuello de
Chi-young, justo donde aquella mujer le había dejado una marca roja. “¡Ah!”,
Chi-young soltó un breve grito y encogió el cuerpo; su cuello debió quedar
cubierto por una marca aún más roja.
“Ha
sido un mal momento. Precisamente ayer tuve un sueño y he estado de mal humor
todo el día. Usted aparecía en el sueño revolcándose con alguien. No sé si era
Jun-young, esa mujer o cualquier otro maldito perro, pero lo vi jadeando en
brazos de otra persona. Cuando desperté, me sentí realmente mal. Todo el día.
Por eso, aunque fuera a verlo mañana —bueno, ya es hoy—, no pude evitar venir a
verlo por la noche. ……Y entonces estalló todo esto.”
Sus
labios, que mordisqueaban el cuello, murmuraban como si hablara solo mientras
recorrían minuciosamente el cuello, el lóbulo de la oreja y el hombro, sin dejarse
ni un solo rincón. Luego, esos labios bajaron como si recordaran algo y
volvieron a lamer y succionar el pezón, mordisqueando los alrededores
suavemente; Chi-young temblaba en el interior de los brazos que aún rodeaban su
cintura con firmeza. Las manos que sujetaban los gruesos antebrazos de Jang
Ui-geon también temblaban.
“Y
aun así, como un idiota, sin saber qué pasaba, ni por qué me enfadaba, ni qué
debía hacer, me consumía solo —aunque me bastaba con verle la cara para que se
calmara lo que me hervía por dentro y me ponía feliz como un tonto—, y al final
ha pasado esto.”
“Ui,
geon, espere, un, ——.”
Chi-young
jadeaba e intentaba hablar de alguna forma, pero como si no quisiera escuchar
nada de lo que dijera, Jang Ui-geon atrajo la cabeza de Chi-young y lo besó.
“——!!”
Chi-young
abrió mucho los ojos al sentir su rostro, que ni siquiera veía, tan cerca y
unido al suyo. En medio de la sensación de succión en su boca, con un hambre
que parecía querer devorarlo, ni siquiera fue consciente de cómo Jang Ui-geon
le quitaba la ropa con manos apresuradas.
“Pero”,
dijo Jang Ui-geon soltando sus labios de repente. Con los labios casi pegados,
soltando un aliento agitado, gruñó como una fiera.
“Hay
una cosa que tengo clara, por mucho que ignore lo demás. Ya sé lo que he
querido hacer todo este tiempo. Mientras venía todos los días como un idiota
para verle la cara una vez, y me sentía feliz solo por estar juntos trayéndolo
a mi casa o sentándome en la suya charlando, ahora sé qué es lo que quería
hacer en realidad. Al menos eso me ha quedado claro.”
De
repente, el cuerpo de Jang Ui-geon se apartó. Pero manteniéndose sentado sobre
Chi-young para que no pudiera moverse, se quitó la camisa desordenada y la
lanzó lejos. Bajo la blanca luz de la luna, se reveló un cuerpo robusto con
sombras marcadas. Mientras Chi-young observaba con estupor esos hombros anchos
y gruesos que daban la espalda a la luna, Jang Ui-geon se desabrochó el
pantalón. Al reconocer el sonido familiar de la cremallera, Chi-young abrió
mucho los ojos.
“……¿Lo
entiende, Chi-young? Poner buena cara por fuera mientras en mi cabeza solo
pensaba en hacer eso, sintiéndome culpable y confundido…… al final, de nada
sirve, es esto. Mientras me preguntaba si su corazón ya se habría alejado por
completo, o si alguien más se lo llevaría en cualquier momento, angustiándome
con esos pensamientos en el fondo de mi conciencia…… al final, lo que quería
era hacer esto con usted.”
Al
apartar la tela de la ropa interior que sobresalía, el pene de Jang Ui-geon
asomó de inmediato. Al ver esa masa de carne gruesa que ya se erguía rígida y
con las venas marcadas sin necesidad de tocarla, Chi-young se quedó
petrificado, incapaz de desviar la mirada.
No
parecía real. Quizás era porque la luz de la luna era demasiado blanca. Este
hombre que estaba sobre él creando una sombra oscura parecía un monstruo
totalmente diferente a la persona que conocía. Este hombre que susurraba bajito
y soltaba palabras ajenas con voz suave.
“Ui-geon,…….”
“Dígame,
Chi-young.”
Sin
embargo, quien respondió al débil llamado de Chi-young fue esa misma sombra que
estaba sobre él, y esa voz amable también era la suya.
“Es,
es, es extraño. Esto, es extra…….”
Qué
era lo extraño. Todo era extraño. No había nada que no fuera extraño. Jang
Ui-geon observó en silencio a un Chi-young que apenas lograba articular
palabra.
“Ciertamente
es extraño.”
Fue
un murmullo que sonó como un suspiro. Ese murmullo bajo, más que estar calmado,
oscilaba de forma sutil y resultaba inquietante. Sin embargo, a diferencia de
esa voz inestable, la mano que acariciaba suavemente el rostro de Chi-young era
tan cálida que daban ganas de llorar, y Chi-young abrió mucho los ojos.
“Cuando
estos ojos grandes me miran con ansiedad, siento que pierdo las fuerzas y que
no puedo enfadarme, que debería concederle cualquier cosa que pida…… y sigo
sintiéndolo, ……pero aun así no puedo soltarlo.”
La
sombra se cernió sobre Chi-young. “Chi-young, por favor”, le suplicó una voz baja
al oído.
“Hoy
puede que haga lo más despreciable de mi vida. Siento que me convertiré en el
ser más bajo y vil del mundo, pero eso depende de su respuesta. Lo que voy a
hacer ya está decidido diga usted lo que diga—— pero que yo caiga al fondo o
que aún quede un resquicio de salvación, eso es cosa suya. ……¿Soy un cobarde?
Ni yo mismo sabía que podía ser así de cobarde.”
Jang
Ui-geon volvió a besar a Chi-young. Esos labios, que seguían siendo codiciosos,
se posaron esta vez con cierto cuidado, con suavidad, como si tuvieran miedo.
Su mano se deslizó suavemente sobre el cuerpo de Chi-young.
Cuando
la yema de sus dedos acarició el pecho humedecido, Chi-young se sobresaltó por
reflejo, con el recuerdo del dolor de la succión de hacía un momento grabado en
su cuerpo. Sin embargo, como si consolara suavemente un cuerpo que se encogía,
como si confortara con cuidado a un niño que llora de dolor, esa mano comenzó a
hacer rodar el pezón con delicadeza. Con cuidado para que el lugar hinchado y
sensible pudiera sentir algo más que dolor, pero con destreza.
“Eh...”,
un desconcertado Seo Chi-young intentó decir algo, pero Jang Ui-geon, cuyos
labios cubrían los suyos, no se apartó. Presionó suavemente el cuerpo de
Chi-young con su propio peso mientras lo mantenía tendido en el suelo,
recorriendo su anatomía con caricias fluidas.
Entonces,
él habló:
“Chi-young.
De ahora en adelante, vas a acostarte conmigo. ……¿Está bien?”.
En
el momento en que esas palabras bajas y decididas entraron en sus oídos,
Chi-young se quedó petrificado.
No
era una pregunta, sino una declaración sobre algo que ya estaba decidido. Y
solo entonces Chi-young comprendió vagamente por qué él caería al fondo o no
dependiendo de su respuesta. Porque, sin importar lo que él contestara, la
acción que él tomaría era una sola.
“…—.”
Estaba
bien. O no lo estaba.
Sin
embargo, ninguna de las dos ideas acudió a su mente. No sabía si le gustaba o
le disgustaba. No, con su cabeza hecha un nudo, como si todo hubiera sido
machacado y mezclado, no podía evocar ningún pensamiento.
Por
mucho que intentara aferrarse a la cordura y pensar con claridad, el porqué y
el para qué eran los únicos hilos de confusión que borraban y volvían a borrar
su mente.
Lo
único que quedaba era el sentimiento de miedo que surgía instintivamente. Bajo
esta enorme sombra, en esta situación incomprensible, quería escapar. Su
cuerpo, tenso e incapaz de moverse, temblaba levemente. Sus ojos se calentaron
y su visión comenzó a ondularse.
Tenía
miedo. Tenía miedo porque no podía reconocer quién era este hombre, y porque su
mente era un desastre y su corazón latía con fuerza por el temor, pero también
porque su propio cuerpo, caliente como si estuviera en llamas, le resultaba
aterrador por no entender el motivo.
Y
aun así.
“Chi-young.
……Por favor.”
Cuando
la sombra que susurraba bajito e inclinaba la cabeza lo besó, rozando mejilla
con mejilla con un aire de angustia, sus ojos endurecidos reflejados por la
luna parecieron tan inestables que daban la impresión de estar a punto de
llorar. Porque la mano que acariciaba el pecho de Chi-young temblaba finamente
por la ansiedad. Porque el brazo que rodeaba su cintura sin dejar espacio
oscilaba con inseguridad.
“…—.”
Chi-young
terminó asintiendo. Seguía asustado, temeroso y sin entender nada de nada, pero
sintió que debía hacerlo. Pensó que solo así él podría deshacerse, aunque fuera
un poco, de esa ansiedad desconocida; por eso, Chi-young apenas logró mover la
cabeza de arriba abajo un par de veces.
En
ese instante, llegaron los brazos que lo abrazaban hasta asfixiarlo, los labios
que se derramaban sobre su rostro y la mano que lo sujetaba y recorría su
cuerpo.
‘Qué
alivio’, pareció escucharle susurrar.
“No
me importa lo que me pase. No me importa si soy un cobarde o si me llaman
despreciable. Solo me alegra que tú—— que Chi-young no te sientas miserable,
……que yo no te haya convertido en eso. ……Gracias.”
“Gracias”,
susurró una vez más antes de besar profundamente a Chi-young. Cuando esos labios
que lo envolvieron hasta dejarlo sin aliento se apartaron mucho tiempo después,
Jang Ui-geon susurró bajito con un aliento tan agitado como el de Chi-young,
quien jadeaba por no haber podido respirar correctamente.
‘Por
fin. Ahora, por fin’.
Pareció
que su voz, que temblaba levemente, decía eso.
No
podía recobrar el sentido.
Jang
Ui-geon había bajado por el rostro de Chi-young, pasando por el cuello y el
pecho hasta llegar al abdomen. Hasta este punto, lamiendo y mordisqueando cerca
del ombligo, no había lugar en el cuerpo de Chi-young que los labios de Ui-geon
no hubieran tocado. Con marcas rojizas grabadas por todo el cuerpo, claramente
visibles incluso bajo la luz de la luna, Chi-young se esforzaba al máximo por
tragar los suspiros que se escapaban continuamente.
Ya
no podía distinguir si estas sensaciones que caían todas a la vez como una
cascada le daban cosquillas, dolor, escozor o placer.
“Ui,
Ui-geon, Ui-geon, Ui-geon, …—.”
De
sus labios temblorosos solo salía su nombre de forma entrecortada. Aunque
intentara decir otras palabras, su mente estaba tan enredada que las frases no
acudían. Solo murmuraba ese único nombre que le venía a la cabeza, como un
loro. Y cada vez que lo hacía, Jang Ui-geon respondía con diligencia: “Sí, sí,
Chi-young”. Solo al escuchar esa respuesta, Chi-young sentía que esa gran
sombra que abrazaba su cuerpo era realmente Jang Ui-geon, y en ese momento se
sentía aliviado por un instante.
Es
extraño. Ese pensamiento rondaba en un rincón de su mente desordenada.
No
podía ser Jang Ui-geon. El hombre que lo abrazaba y lo colmaba de caricias
ahora no podía ser él. Él siempre era la persona que sonreía con alegría y
cercanía a un paso de distancia. Jamás sería alguien que lanzara un deseo tan
codicioso sobre Chi-young.
Entonces,
¿quién era este? Este hombre que mordía y succionaba cada rincón de su cuerpo,
grabando marcas con obsesión.
Cuando
Chi-young, repentinamente asustado, volvía a llamar con inseguridad:
“¿Ui-geon……?”, pronto recibía la respuesta: “Sí, Chi-young”, y entonces repetía
ese breve alivio.
Mientras
tanto.
“Ah,
…—, ……!!”
Cuando
los labios que recorrían minuciosamente cerca del abdomen bajaron un poco más,
Chi-young terminó tragándose un sonido breve involuntariamente. Pudo sentir por
sí mismo cómo su entrepierna, donde el calor se había estado acumulando desde
hacía rato, daba un respingo.
Estaba
erecto. Podía saber que su pene estaba en erección sin necesidad de mirar. El
rostro de Chi-young se calentó. Sin saber qué hacer, con la cara tan encendida
que no podía atreverse a mirar a Jang Ui-geon ni siquiera en esa penumbra,
terminó cubriéndose el rostro con las manos.
Justo
al lado, Jang Ui-geon, que acariciaba con los labios un lugar a menos de un
palmo de distancia, no podía ignorar que Chi-young estaba excitado.
Tras
detenerse un momento en ese lugar, Jang Ui-geon se desplazó. Ante la sensación
de sus labios recorriendo lentamente el pene de Chi-young desde la raíz hasta
la punta, este levantó la cabeza con urgencia.
“No,
no lo haga……”.
A
un Chi-young que susurraba como si fuera a llorar, Jang Ui-geon solo levantó la
mirada mientras seguía recorriendo su pene con los labios.
“¿Por
qué? Ya lo había hecho antes”.
Al
recordar aquella noche de hacía mucho tiempo, en la que tuvieron una única y
torpe relación, Chi-young deformó su rostro como si realmente fuera a llorar.
“Es,
es sucio……”.
“¿Sucio?”.
Jang
Ui-geon sonrió frunciendo el ceño. Sin embargo, en el siguiente instante, ante
la sensación de una fuerte succión en sus testículos, Chi-young se estremeció y
terminó tragándose un aliento entrecortado.
“Después
de aquello, fue tan dulce que me quedé pensando en ello durante mucho tiempo.
Hasta el punto de que no podía borrar de mi cabeza el pensamiento de cómo
podría volver a probarlo”.
Esa
voz áspera terminó con ese susurro y devoró el deseo de Chi-young. El
desconcierto o la turbación que habían surgido en la mente de Chi-young se
desvanecieron pronto. Su torpe deseo, engullido por su boca, comenzó a
hincharse de forma remota.
Pero
fue entonces.
Desde
abajo, le siguió una sensación desconocida que nunca había sentido en su vida.
Chi-young se estremeció ante esa sensación que le recorrió la columna vertebral
de forma gélida.
“¡Ui-geo…—!”.
Ni
siquiera pudo terminar de pronunciar las dos sílabas de su nombre. Fue debido a
que se tragó el aliento ante esa extraña y escalofriante sensación.
Bajo
el pene, los dedos que tanteaban entre sus nalgas parecieron detenerse en algún
punto y comenzaron a empujar hacia el interior. Poco a poco, lentamente, doblando
ligeramente los nudillos como si abrieran paso entre los pliegues, los dedos de
nudillos gruesos se abrían camino con lentitud pero con persistencia.
“Ui,
Ui-geon, espere, ah, ah, ah, ……es-espere un momento, ahí, yo, sucio, extraño,
…—!”.
Ni
siquiera sabía lo que estaba diciendo. Su cuerpo, que forcejeaba
desesperadamente, escapó por reflejo. Sin embargo, cuando Chi-young intentó
retirar la cintura aunque fuera mínimamente, la boca que succionaba su pene
aplicó fuerza. En el momento en que Chi-young soltó un breve gemido y echó el
cuerpo hacia atrás ante la sensación vertiginosa que le puso la vista blanca,
los dedos que penetraban abajo aumentaron a dos, a tres, entrando cada vez más
profundo con lentitud.
Era
una sensación extraña. Algo parecido a un escalofrío, una sensación gélida como
si la médula espinal se contrajera de forma puntiaguda, le asaltó por debajo.
No
dolía. Mientras unos cuantos dedos se movían entrando y saliendo de su cuerpo,
la sensación inicial de rigidez se suavizó bastante. Sin embargo, por muy
suavemente que entraran y salieran, el hecho de que algo se moviera dentro de
su cuerpo le resultaba sumamente ajeno y gélido. El pene de Chi-young parecía
que se marchitaría debido a la extraña sensación de atrás, pero volvía a
erguirse una y otra vez dentro de la boca de Jang Ui-geon, que lamía y
succionaba sin cesar.
‘Ui-geon,
espere un momento, por favor, la mano, por favor’, sin embargo, Jang Ui-geon no
escuchó las súplicas balbuceantes de Chi-young.
Tras
dedicar una cantidad considerable de tiempo a que se acostumbrara más o menos a
la boca y la mano que codiciaban toda su entrepierna, por delante y por detrás,
el pene de Chi-young ya no se marchitó. Aunque los dedos penetraran bastante
profundo hacia el interior o entraran y salieran sin vacilar, su pene continuó
manteniendo la excitación, salvo por algún respingo ocasional de sus nalgas.
En
algún momento, de la boca de Chi-young empezaron a escapar breves gemidos
mezclados con llanto, sumido en el placer. Chi-young, que había perdido el
juicio hasta el punto de no saber cuán vergonzosos eran los sonidos que
escapaban de su boca, encogió todo su cuerpo y abrazó la cabeza de Jang Ui-geon
sin pensar. No sabía si quería apartarlo o atraerlo aún más.
Y
ese tiempo de caos no duró mucho.
El
deseo que se había acumulado ardientemente en su entrepierna, formando un
remolino, estalló poco después.
“…—!!”
Su
mente se volvió remota. Pareció que un relámpago blanco estallaba dentro de su
cabeza y de su cuerpo. No sabía con qué sonido lloró ni cómo se sacudió su
cuerpo. Tampoco podía saber cuánto tiempo había pasado.
A
partir de cierto momento, comenzó a escuchar lentamente el sonido de su propia
respiración en sus oídos. Pareció que habían pasado unos segundos, o tal vez
unos años.
Tenía
la vista borrosa. A medida que las llamas que habían calentado todo su cuerpo
se calmaban, su mente se aclaraba lentamente, pero su visión seguía nublada.
Tras parpadear una vez, Chi-young se dio cuenta de que las lágrimas habían
brotado en sus ojos y estaban a punto de caer.
“……”.
Como
era de esperar, no sentía ni dolor ni sufrimiento. Parecía que simplemente
habían brotado de forma fisiológica debido al desconcierto.
Chi-young
cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas que contenía se agruparon en las
comisuras de sus ojos formando gotas. Parecía realmente que estaba llorando.
Entonces, en ese momento:
“Hasta
ahora, si te sentías bien, era por placer; no habrías tenido motivo alguno para
llorar……. No deberías llorar ya”.
Una
voz tranquila que hablaba con aire de apuro se cernió sobre Chi-young. Este
abrió mucho los ojos, sobresaltado.
Jang
Ui-geon estaba frente a la mirada de Chi-young, cubriéndolo como si fuera un
techo.
Él
se limpió la comisura de la boca con un dedo de forma ligera, y en él quedó
pegado un líquido blanco y espeso. Al darse cuenta de que aquello era el deseo
que él mismo había expulsado, el rostro de Seo Chi-young se encendió al
instante.
“Lo,
lo sien……”.
Chi-young
murmuró con una voz que apenas se oía, pero Jang Ui-geon, que observaba sus
propios dedos húmedos, no mostró el menor signo de molestia o desagrado. Frotó
lentamente sus dedos, extendiendo aquel líquido sobre ellos, y solo entonces
miró a Chi-young. Inclinando un poco el cuerpo para acercar su rostro y bajando
las manos, habló en voz baja:
“Supongo
que ya puedo considerar que es mi turno. ……Me ha estado doliendo de tanto
aguantar desde hace rato, es difícil”.
Bajo
esa voz de la que emanaba un deseo tan nítido que resultaba aterrador,
Chi-young vislumbró de reojo que su mano agitaba algo. Sin pensarlo, dirigió la
vista hacia allí y se quedó petrificado, como si le hubieran echado un cubo de
agua fría.
Entre
las piernas de Chi-young, arrodillado, Jang Ui-geon sostenía con su mano un
deseo pesado bajo su cintura. Su pene, erguido y rígido hasta el punto de
parecer doloroso, lucía como un monstruo temible debido a su color rojo oscuro
y a las venas que sobresalían de forma prominente.
Aquel
enorme monstruo, apretado en la gran mano de Jang Ui-geon, empujó su cabeza
hacia la entrepierna de Chi-young mientras este lo miraba con estupor, incapaz
siquiera de parpadear. Tuk, el extremo ardiente y húmedo tocó el lugar
que los dedos habían estado hurgando y dilatando con persistencia.
“…—!”
En
el momento en que Chi-young encogió el cuerpo por reflejo y agarró el brazo de
Jang Ui-geon como si fuera a empujarlo.
“Puedes
llorar”.
Como
si ya no pudiera contenerse más, su voz baja y áspera, que se filtraba con
dificultad entre sus dientes, penetró cruelmente en sus oídos.
Al
mismo tiempo, su pene se hundió profundamente en la entrepierna de Chi-young.
“…—!!!”
Chi-young
abrió la boca de par en par como si lo estuvieran asfixiando, pero de ella no
escapó ni siquiera un grito. De sus labios, que se movían de vez en cuando,
solo surgía un hilo de llanto muy débil.
Sin
embargo, aquel llanto no se escuchaba. Porque cada vez que Jang Ui-geon
empujaba su cintura hacia arriba, como si clavara una estaca entre las piernas
de Chi-young, el sonido de la humedad y del choque de la carne resonaba con
fuerza.
Puk, puk.
NO HACER PDF
Tras
agarrar con firmeza la cintura temblorosa de Chi-young para fijarla, Jang
Ui-geon empujó su pene sin piedad mientras tiraba de él; en tan solo dos
embestidas, se adentró por completo, llenando el cuerpo de Chi-young sin dejar
ni un solo resquicio.
“…—Ah,
……a, …—.”
Sus
labios trémulos parecían querer decir algo, pero Chi-young, con los ojos muy
abiertos, miraba su propia entrepierna con estupor, como si no pudiera
distinguir qué estaba ocurriendo.
Aquel
pene oscuro, oculto profundamente entre sus nalgas blancas y casi invisible,
poseía una presión y una sensación de ajenidad que no tenían punto de
comparación con unos simples dedos; aparecía y desaparecía poco a poco cada vez
que Jang Ui-geon movía la cintura lentamente, entrando y saliendo de aquel
lugar tan estrecho. Una unión mostrada de forma cruda.
Jang
Ui-geon observó a un Chi-young que tenía el rostro desencajado y la mirada
inestable, deformada como si fuera a llorar por no entender nada de lo que
pasaba, y susurró como en un suspiro bajo:
“¿Lo
ves? Ahora Chi-young y yo somos uno solo. Estamos conectados en un solo cuerpo.
——¿No lo entiendes? Seo Chi-young y Jang Ui-geon están teniendo relaciones
sexuales”.
Los
ojos de Chi-young se agrandaron aún más. Jang Ui-geon, que observaba
minuciosamente cada detalle de esa expresión con satisfacción y crueldad,
retiró su cintura frente a la mirada de Chi-young. El grueso tronco comenzó a
salir lentamente de entre las piernas de Chi-young, que lo contenían a duras
penas.
“…—!!”
Al
mismo tiempo, ante la sensación gélida que le sobrevino, Chi-young encogió el
cuerpo sin querer. La entrada, que se contraía independientemente de su
voluntad, se cerró aún más, atrapando y engullendo con avidez el pene que
intentaba salir; Jang Ui-geon soltó un suspiro bajo y jadeante. Aquel sonido de
respiración impregnado de un calor ardiente encendió su cuerpo.
Su
vista le informaba con claridad de qué era esa sensación de algo deslizándose
dentro de su cuerpo como si tuviera vida propia. Tal como su oído le había
informado de que Seo Chi-young y Jang Ui-geon estaban teniendo sexo.
Tras
retirar casi todo su pene, hasta el punto de que el glande estaba medio fuera y
solo su extremo permanecía apenas dentro de Chi-young, Jang Ui-geon hizo una
pausa, dijo “Relájate” y, al mismo tiempo, arremetió hacia el interior de su
cuerpo a una velocidad aterradora. Se hundió y salió repetidamente con tanta
fuerza y profundidad que parecía que le golpeaban las entrañas.
No
pudo contar cuántas veces fue. No tenía juicio para contar.
Mientras
Jang Ui-geon entraba y salía con persistencia para ensanchar el camino interno,
hasta que aquel cuerpo tan estrecho que parecía que iba a estallar se
acostumbró lo suficiente como para que ese volumen grueso pudiera transitar sin
dificultad, Chi-young lloraba y forcejeaba.
Era
difícil. Le faltaba el aire y sentía ardor abajo.
Cada
vez que su pene rozaba alguna parte de su interior, su cuerpo daba un respingo
por sí solo, como si se encendiera un fuego en su cintura, pero incluso eso se
mezclaba en su mente hasta el punto de ser percibido como dolor. Chi-young
lloraba sin parar, confundido y asustado, sin saber que su propio pene estaba
erecto ni que, en algún momento, había empezado a mover la cintura al ritmo de
él.
Entonces,
en un momento dado.
“¡Ah,
…—!”.
Sin
querer, de sus labios escapó un gemido que casi era un grito de placer. Su
cuerpo dio un fuerte respingo hacia arriba.
“…—?!
……??”.
Chi-young
parpadeó confundido con los ojos muy abiertos. Sus pestañas húmedas parecían
que iban a emitir un chasquido. Ahora mismo, algo…….
Mientras
Chi-young parpadeaba mirando al vacío con rostro desconcertado, Jang Ui-geon,
que había detenido sus movimientos por un momento reprimiendo un gemido bajo,
lo miró desde arriba con una expresión extraña.
“…—.”
Él,
que lo miraba de forma peculiar con las cejas arqueadas, volvió a mover la
cintura sin apartar la vista ni un segundo. El pene, que se deslizaba
penetrando en aquel cuerpo estrecho, golpeó algún punto de la suave pared
interna. Y en ese instante, Chi-young volvió a estremecerse y soltó un jadeo de
placer. Ui-geon también lanzó un suspiro bajo al sentirse envuelto por las
paredes internas que se contraían con fuerza.
“…—Ah,
……, ……?!”.
Como
si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo, una sensación de hormigueo
corrió desde la punta de la cabeza hasta los pies. En el lugar donde Jang
Ui-geon estaba penetrando profundamente, un cosquilleo que parecía subir poco a
poco se hacía cada vez más intenso.
Chi-young
miró a Jang Ui-geon con desconcierto. Ui-geon movía la cintura mientras lo
miraba con un rostro sumamente extraño, pero que se llenaba lentamente de un
placer excitado. En medio de esa sensación que se aceleraba cada vez más,
Chi-young jadeaba como si fuera a llorar mientras se encontraba con la mirada
de un Jang Ui-geon que lo observaba como si fuera a devorarlo.
“Es,
……es, es, es extraño, Ui-geon, ……yo, extraño, te, tengo miedo……”.
La
sensación de hormigueo constante dentro de su cuerpo no se detenía. Sentía como
si su cuerpo se hubiera vuelto extraño. Sentía que su cabeza también se
volvería extraña. Ante el pene que penetraba abriendo su interior, las paredes
internas, que se movían sin importar su voluntad, se pegaban a él y no querían
soltarlo. Como si estuvieran suplicando un poco más, un poco más.
“Ah,
qué bi……, ……te, tengo miedo, ah, ……no, es extraño, ……qué, qué bien……”.
Su
rostro se calentó. Su cuerpo también ardía. Incluso su mente estaba obnubilada,
y Chi-young no sabía qué palabras estaba soltando. Ni siquiera sabía que, en
algún momento, había rodeado el cuello de Jang Ui-geon con fuerza y frotaba su
mejilla empapada contra su cuello.
‘Chi-young,
¿te gusta? Te gusta, ¿verdad? Aquí. ……Está bien. Está bien. No hay nada de qué
tener miedo. Solo tienes que abrazarme así. ……Eso es. Eso es. Así. Está bien.
No es extraño. ……Qué bien. Qué bien. Qué bien. Más. Abrázame más fuerte. Eso
es. Qué bien. ……!!’.
El
sonido de la respiración agitada que susurraba constantemente en su oído
tampoco llegaba a su mente, quedándose solo en la periferia. Al igual que los
labios que lo besaban y mordisqueaban ligeramente la oreja y la mejilla una y
otra vez.
En
un momento dado, Chi-young se aferró desesperadamente a Jang Ui-geon con un
temor remoto ante la sensación de algo hinchándose dentro de su cuerpo.
Abrazando su cuello y apretando las piernas que rodeaban su cintura, Chi-young
sollozó aferrándose a él como un niño sin ningún lugar donde apoyarse. Tal vez
gritó su nombre. O tal vez fue la voz áspera de él la que llamó el suyo.
El
deseo que latía acumulado en su interior buscando una salida estalló. Casi al
mismo tiempo, Jang Ui-geon, que había entrado hasta el límite en el cuerpo de
Chi-young, también dio rienda suelta a su deseo. Ante la sensación de algo que
se derramaba con fuerza llenándolo y empapándolo de calor, algo que le
resultaba sumamente ajeno y nuevo, Chi-young lloró mientras se aferraba con
todas sus fuerzas a Jang Ui-geon.
*
Cuando Seo
Chi-young abrió los ojos, estaba solo.
Durante un
buen rato, no pudo comprender por qué estaba allí ni desde cuándo. Simplemente
parpadeaba con la mirada perdida y la mente sumida en un letargo aturdido. Solo
después de que pasó un instante, se dio cuenta de que aquel lugar era la casa
de Jang Ui-geon. Se encontraba tendido, solo y abandonado, en la habitación de
la casa principal que tanto le había gustado.
Al lado de
su almohada había una jarra de agua y un vaso; Chi-young se sirvió y bebió sin
pensar. A medida que el agua tibia pasaba por su garganta, su cabeza se despejó
lentamente. Y entonces recordó por qué y desde cuándo estaba allí.
“…….”
La expresión
de Chi-young se endureció poco a poco. Solo parpadeaba, mirando al techo. Su
rostro, encendido por el recuerdo, ardía como si le hubieran prendido fuego.
Por un
momento pensó que podría ser un sueño. Los recuerdos que acudían a su mente
eran tan irreales que, sin duda, debían de ser una fantasía. Sin embargo, al
intentar encoger el cuerpo con cuidado, un dolor punzante y un hormigueo
recorrieron su anatomía desde la coronilla hasta los pies. Especialmente su
entrepierna, que anoche había estado abierta y sufriendo una fricción
incesante, le dolía de forma terrible.
“……, …….”
Chi-young se
frotó el rostro ardiente, sin saber qué hacer. Sentía dolor, vergüenza y
desconcierto.
Los recuerdos
regresaban. Cada detalle de lo ocurrido hasta que perdió el conocimiento
comenzó a aflorar con nitidez. Incluso aquellos recuerdos difusos mezclados
entre sí.
Incluso
después de eso, hasta que perdió el sentido por completo, pareció que en un par
de ocasiones Jang Ui-geon detuvo sus movimientos con rigidez y, con un suspiro
áspero, derramó una gran cantidad de líquido caliente en el interior de
Chi-young. Probablemente no fue una ilusión producto de su estado de
aturdimiento; cada vez que recobraba la conciencia por breves momentos, su
entrepierna, por donde seguía entrando y saliendo un pene como una brasa
ardiente, estaba tan empapada como si le hubieran echado un cubo de agua
encima, emitiendo un sonido húmedo.
Parecía que,
en algunas ocasiones, mientras apenas era consciente, su cuerpo había intentado
escapar por instinto; sin embargo, cada vez era incapaz de liberarse de la
coacción de aquel que lo sujetaba firmemente por la cintura y tiraba de él con
brusquedad, clavando la cuña aún más profundo.
“—….”
¿Qué... qué
voy a hacer?
Ese fue el
primer pensamiento que emergió en su conciencia.
Sentía que
le sería imposible ver a Jang Ui-geon a la cara. Si él apareciera aquí en este
preciso momento, Chi-young querría cavar un agujero en cualquier parte para esconderse.
Se frotó el rostro, que sin duda debía de estar rojo carmesí, mientras
murmuraba con turbación para sus adentros: “¿Qué hago?, ¿qué hago?”.
Logró
incorporarse y sentarse a duras penas, con el cuerpo crujiendo y doliendo como
si tuviera agujetas en cada músculo. Solo entonces bajó la vista hacia su
propio cuerpo, que yacía bajo las mantas en una cama impecable.
Alguien —no
hacía falta decir quién— se había encargado de limpiarlo mientras estaba
inconsciente; su cuerpo estaba tan pulcro y seco como la ropa de cama. Sin
embargo, al ver su torso descubierto por encima de la manta que se había
deslizado hasta su cintura, Chi-young se quedó sin palabras.
Tenía el
cuerpo cubierto de pequeñas manchas moradas que salpicaban su piel. Sin
exagerar, los moretones estaban tan juntos que apenas quedaba espacio libre;
Chi-young los observó como si hubiera perdido el juicio. Tras quedarse sentado
así, absorto, durante un buen rato, vio el gran parche pegado en su pecho y su
rostro volvió a encenderse de nuevo.
Chi-young se
quedó sentado un momento en la habitación donde estaba solo, y finalmente se
levantó con lentitud. Intentó ponerse en pie haciendo fuerza en las piernas,
pero se desplomó un par de veces, parpadeando con desconcierto, hasta que logró
sostenerse apoyándose en la cómoda. Aun así, una vez de pie, pudo moverse más o
menos a pesar del esfuerzo.
Como no
llevaba nada puesto tras salir de la cama, miró a su alrededor con el rostro
rojo y se puso con dificultad las prendas que estaban cuidadosamente dobladas
en un rincón. Tuvo que descansar varias veces mientras lo hacía.
Sentía el
cuerpo sumamente lánguido y le dolía con solo moverse. Al tocarse la frente, aunque
no estaba seguro, le pareció que tenía algo de fiebre.
Pensó que
hoy tendría que volver a casa y descansar un poco. Pero, ¿qué día era hoy?
Ah... viendo que el sol estaba en lo alto, debía de ser mediodía; se preguntó
qué pasaría con la tienda.
Chi-young se
sintió inquieto de repente, pero justo cuando iba a tirar del pomo para salir
de la habitación, recordó que hoy era domingo. Si era domingo, la tienda estaba
cerrada. Qué alivio. Entonces podría volver a casa y descansar directamente…….
“……. ……Ah.”
Sin embargo,
al pensarlo mejor, no era así. Tenía la sensación de que hoy debía hacer algo
importante; mientras miraba el umbral parpadeando, dirigió la vista al pequeño
reloj de madera colgado en la pared y de pronto recobró el sentido.
Eran las
tres. Las tres. Exactamente, pasaban unos minutos de las tres.
“Cielos…….”
Le asombró
haber dormido durante tanto tiempo, pero más que eso, hoy era el día en que
debía ir a ver a su madre. La hora de salida del billete de tren que ya había
comprado eran las cuatro y media.
‘No puede
ser...’, murmuró Chi-young con agitación mientras salía apresuradamente de la
habitación. Con las rodillas flaqueando y a punto de tropezar varias veces, se
calzó sus zapatos, que estaban ordenados en el escalón de piedra, de cualquier
manera y bajó los peldaños.
Caminaba a
toda prisa, moviendo a duras penas sus piernas que no respondían bien y lo
hacían cojear, pero se detuvo justo al cruzar la puerta del muro de la casa
principal. Se dio la vuelta con vacilación.
A pesar de
todo, debería despedirse antes de irse. No estaba bien marcharse de una casa
ajena sin decir una palabra.
“……, oiga,
……Ui, Ui-geon.”
Al llamar al
dueño de la casa en voz baja, el rostro de Chi-young volvió a enrojecer.
En el
momento en que pronunció el nombre de Ui-geon, la situación en la que lo había
llamado justo antes acudió a su mente por sí sola. Recordó vívidamente cómo se
había aferrado a su cuello llorando desesperadamente mientras repetía:
“Ui-geon, Ui-geon”. Aunque quisiera creer que fue un sueño, su voz al llamarlo
estaba sumamente ronca y apagada.
Se quedó
allí parado, sujetando el pomo de la puerta y esperando un momento, pero no
obtuvo respuesta. Chi-young llamó una vez más, esta vez un poco más fuerte:
“Ui-geon”. Al elevar la voz, aunque sonara como el croar de una rana, le dolió
la garganta.
Sin embargo,
esta vez tampoco hubo respuesta. Al aguzar el oído, no se percibía rastro de
presencia humana en la casa principal. Parecía que, efectivamente, Chi-young
estaba solo allí.
“…….”
Chi-young
echó un vistazo hacia la casa de invitados, que estaba fuera de la puerta. Jang
Ui-geon solía estar en la casa de invitados supervisando la tienda cuando no
estaba en la principal. Ahora mismo, si no estaba allí, debía de estar en la de
invitados.
Chi-young
cerró con cuidado la puerta de la casa principal y salió. Se dirigió hacia la
casa de invitados, esforzándose por controlar sus pasos erráticos debido a la
debilidad de sus rodillas.
En realidad,
quería salir huyendo. Deseaba evitar encontrarse con Jang Ui-geon, al menos por
ahora. Sabía que, si lo veía en este momento, su rostro se pondría tan rojo que
no podría articular palabra. Además, si por un casual Jang Ui-geon tuviera la
misma expresión que anoche...
Tenía miedo.
No quería
volver a ver aquel rostro que lo miraba con una frialdad estremecedora, sin una
sola expresión. Solo de recordar esa mirada gélida, sentía que su pecho se
hundía con frialdad.
‘¿Qué haré
si todavía sigue enojado?’.
Chi-young
apretó los labios. Quería huir. Se sentía avergonzado y cohibido, pero sobre
todo, tenía miedo. Miedo de volver a encontrarse con esa mirada. Sin embargo:
“……, aun
así, he dormido en una casa ajena; antes de volver, tengo que saludar al
dueño……”.
Chi-young
caminaba murmurando como si se estuviera convenciendo a sí mismo. Si no lo
hacía, sentía que sus pasos huirían rápidamente hacia la puerta principal.
A medida que
se acercaba a la casa de invitados, su cuerpo se tensó por los nervios. Su
rostro ya empezaba a arder. Si alguien viera ahora a Chi-young caminando con
torpeza y con el cuello totalmente rojo, le parecería una escena muy cómica.
¿Qué le
diría? ¿Qué palabras debería ser las primeras en dirigirle? ‘¿Ha dormido
bien?’, ‘Siento las molestias de ayer’, ‘¿Se encuentra bien?’.
Cualquier
frase que imaginaba le parecía extraña; Chi-young se debatió tanto que incluso
sintió que el mundo le daba vueltas, pero no se le ocurrió nada adecuado.
Quizás por haberlo pensado demasiado, su visión realmente se tambaleó.
“…….”
‘Ah’,
Chi-young aminoró el paso y se llevó la mano a la frente. Al final no era una
ilusión; realmente parecía tener fiebre. Quizás era bastante alta. Sentía el
cuerpo pesado y no se encontraba nada bien.
‘¿Por qué
será? ……. ¿Acaso uno se pone así después de tener... relaciones?’.
Chi-young se
frotó el rostro con torpeza con la mano que había tocado su frente febril.
Mientras
tanto, llegó frente a la casa de invitados. Se quedó dudando al pie de la
escalera y llamó suavemente: “Ui-geon”. Sin embargo, pensó que no lo oiría por
ser una voz demasiado baja, así que llamó un poco más fuerte: “¡Ui-geon!”.
Pero aquí
tampoco hubo respuesta.
Chi-young
vaciló y subió la escalera con dificultad. Mover su pesado cuerpo le resultaba
agotador, a pesar de que solo eran tres o cuatro peldaños.
“Ui-geon.
……¿No está?”.
Se asomó a
la casa de invitados mientras hablaba, pero desde el interior solo regresó el
silencio. Solo entonces se dio cuenta de que no había nadie allí.
Se quedó
allí parado, aguzando el oído, pero no se oía ninguna voz respondiendo ni
rastro de alguien moviéndose. Solo se escuchaba de vez en cuando el canto
lejano de los pájaros.
Chi-young se
dio la vuelta. En el estacionamiento que se veía desde la casa de invitados no
estaba el coche.
“Ah……”.
Parece que
no está, murmuró Chi-young. Se quedó mirando el estacionamiento un momento,
parpadeando, y luego se rascó la cabeza. La tensión desapareció de golpe de sus
hombros endurecidos.
‘Ya veo. No
está’.
Jang Ui-geon
no estaba recorriendo alguna parte de la casa tras dejar a Chi-young solo.
Directamente se había marchado de casa.
“…….”
Chi-young
soltó un suspiro pausado. ‘Qué alivio’, murmuró, pero aun así sentía un leve
desasosiego en el pecho.
Pensaba que
le sería imposible mirar a Jang Ui-geon a la cara, pero al comprobar que
realmente no estaba, sintió un vacío en el corazón. Incluso tuvo la sensación
de haber sido abandonado a su suerte, como si lo ocurrido la noche anterior no
hubiera significado nada.
‘¿Debería
llamarlo?, ¿o quizás me habrá enviado algún mensaje?’.
Mientras se
reprochaba a sí mismo por albergar esas débiles esperanzas, Chi-young se palpó
los bolsillos y entonces recordó que su teléfono móvil también se había roto la
noche anterior; sus hombros se desplomaron.
‘Ya veo. No
está’.
Quizás por
la decepción o por haber liberado la tensión, sintió que su cabeza ardía más.
Tenía la visión borrosa y sentía inestabilidad bajo sus pies. Quería volver a
acostarse, pero ahora no podía permitirse ese lujo.
Chi-young
ladeó la cabeza para ver el reloj colgado en la casa de invitados. Para pasar
por casa, recoger el billete de tren y al menos cambiarse de ropa, tendría que
salir ahora mismo. Si se retrasaba lo más mínimo, perdería el tren.
Chi-young se
recompuso de su estado de ánimo sombrío y comenzó a caminar.
‘Más tarde’.
Sí, al fin y
al cabo, podría volver a verlo más tarde. Ya fuera la semana que viene o la
siguiente, podría verlo de nuevo cuando quisiera. Siempre y cuando él no
intentara evitar encontrarse con Chi-young.
Chi-young se
susurraba eso a sí mismo, olvidando por completo su preocupación anterior por
encontrarse con él.
‘Siempre y
cuando él no intentara evitar encontrarse……’.
Al pensar
eso, de pronto se le ocurrió que quizás Jang Ui-geon también se sentía incómodo
al verlo y por eso se había marchado a propósito. O quizás, una vez que se
enfrió su cabeza, se arrepintió de haber cometido una locura sin sentido.
“…….”
Podía ser
eso. No, probablemente era eso.
Chi-young
soltó un largo suspiro, agotado por su cuerpo maltrecho. Al igual que su
cuerpo, su corazón también se sentía exhausto, como si estuviera rodando por
los suelos.
*
El
cabello de su padre estaba tan encanecido que parecía cubierto de nieve. Al
observar esas hebras blancas, que daban la impresión de que por mucho que se
hurgara entre ellas jamás se encontraría un solo cabello negro, Seo Chi-young
sintió un nudo en la garganta. Temiendo que, si abría la boca, su corazón
ardiente saltara por su garganta, Chi-young bajó la mirada en silencio; su
padre, por su parte, no dijo gran cosa.
Se
suele decir que la relación entre un padre y un hijo tiende a ser distante,
pero Chi-young se llevaba mejor con su padre que la mayoría. Antes de que
empezaran a vivir por separado, a menudo subían juntos a la montaña en sus días
libres y compartían conversaciones sinceras.
Sin
embargo, el tiempo había relegado esos recuerdos al pasado y, junto con el
cabello negro de su padre que se había desvanecido en algún momento, esa
relación de confianza también se había desdibujado.
“¿Cómo
estaba tu madre?”.
A
Chi-young, que se había reunido primero con su madre por su sexagésimo
cumpleaños, pasando una noche allí para luego visitar a su padre al día
siguiente, este le preguntó por ella antes que nada. Chi-young respondió con
una sonrisa: “Está bien”.
“Ayer
por allá el día estuvo nublado. Ella dice que, en los días grises y de mal
tiempo en los que parece que va a llover, le duelen las rodillas, pero la
señora que trabaja con ella la regañó diciendo que, para su edad, está muy
sana. Parece que se llevan bien; mi madre incluso la llama tía”.
Ante
las palabras de Chi-young, su padre asintió con una leve sonrisa y un ‘Vaya,
qué bien’.
‘El
menú de estofado de kimchi’, anunció la mujer del restaurante mientras traía
una gran bandeja y dejaba la olla de barro y los platos con guarniciones. En
ese intervalo, la conversación, que ya venía siendo intermitente, se cortó del
todo.
No
había ningún lugar especial al que ir con su padre, quien había ido a buscarlo
a la terminal. Aunque llevaba viviendo allí varios años, para su padre seguía
siendo tierra extraña, y para Chi-young era un lugar desconocido que solo había
visitado unas pocas veces. Al final, aunque era un poco temprano, se acercaba
la hora de cenar, así que buscaron cualquier restaurante humilde cerca de la
terminal y entraron.
Su
padre pidió el menú de estofado de kimchi sin mirar siquiera la carta, y Chi-young
pidió lo mismo. Solo después de que su padre tomara la primera cucharada del
estofado —servido para los dos en una única y gran olla de barro—, Chi-young
hizo lo propio.
“Se
puede comer”.
“Sí,
padre”.
Chi-young
asintió respondiendo a las breves palabras de su padre.
Aunque
habían pasado más de diez años, ambos estaban acostumbrados a la comida casera
de su madre, que tenía muy buena mano; el sabor del estofado de un restaurante
mediocre junto a la terminal no podía ser bueno. Esto valía para Chi-young,
pero más aún para su padre, quien había disfrutado de buena comida durante más
tiempo y que, con la edad, tendría el paladar más exigente.
Pensándolo
bien, antes su padre solía quejarse mucho de la comida. Recordaba que, si la
misma guarnición se repetía durante más de dos días, él ponía mala cara, y su
madre solía quejarse por teléfono con sus hermanas. A su madre, que protestaba
diciendo que ese hombre quería arroz y guarniciones recién hechas en cada
comida y que estaba harta de atenderlo mañana y noche, su padre solía
responderle fingiendo indignación: ‘¡¿Cómo de importante es el placer de comer
para una persona?! ¡¿Por qué no quieres hacérmelo?!’.
Al
ver a su padre tomar en silencio una cucharada del estofado, donde flotaban
unos trozos de kimchi marchito y unos pedazos de grasa de cerdo, Chi-young
sonrió con amargura al evocar aquel viejo recuerdo, pero esa sonrisa pronto se
desvaneció.
Sintió
como si algo caliente se le quedara atrapado en la garganta. Pensando que, si
seguía mirando así, la comida no pasaría, Chi-young agachó la cabeza y movió
los cubiertos con diligencia. Imaginó que su padre, al mirar a su hijo que ya
pasaba de los treinta, quizás estaba pensando algo similar.
Sus
padres se habían divorciado hacía mucho tiempo. Cuando perdieron la casa y la
familia se dispersó, primero se divorciaron legalmente, y con el paso de los
años, al no tener casi oportunidades de verse, terminaron divorciados también
en la práctica.
Chi-young
pensó que, tal vez sin que él lo supiera, ambos ya habrían hablado y se habrían
dado la espalda por completo. Ni la madre que vio ayer ni el padre que tenía
hoy frente a él mencionaban casi nada del otro. Incluso esta mañana, siendo el
cumpleaños sesenta y uno de su madre, no hubo noticias de su padre.
Parecía
que habían decidido seguir sus propios caminos sin necesidad de informárselo
específicamente a Chi-young.
Aunque
no parecía que ni su padre ni su madre tuvieran a otra persona, Chi-young
comprendía vagamente desde hacía años que no volverían a vivir juntos.
Fuera
por alguna razón específica o porque las cosas simplemente terminan así de
forma natural.
Lo
mismo ocurrió con su madre.
La
noche anterior, llegó tarde a la pequeña ciudad donde vivía ella y se dirigió a
una tienda a la que ya había ido una vez hacía unos años. Era tarde y los
clientes ya se habían marchado; ella estaba recogiendo.
Como
ya la había llamado desde la terminal antes de ir, ella no mostró sorpresa al
verlo, sino que lo recibió con alegría: ‘Siéntate ahí y espera un momento’,
dijo señalando una mesa.
Tras
decirle que ya había hablado con el dueño del local, su madre le pidió que se
quedara a dormir en la pequeña habitación anexa a la tienda donde ella se
hospedaba.
‘¿Este
joven es el hijo que vive en Seúl? Vaya, es muy alto y bien parecido. Es dócil
y radiante, se parece a su madre. ¿Tienes novia?’.
Al
ver a Chi-young tomar la fregona para ayudar a su madre a limpiar el suelo
mientras ella vaciaba el fregadero, una anciana que guardaba recipientes de
comida en la nevera a su lado sonrió mostrando sus encías sin dientes. Mientras
Chi-young negaba con la cabeza con una sonrisa tímida, su madre respondió por
él: ‘Ay, tía, qué cosas dice, ¿qué novia va a tener? Este chico es muy
retraído. Ya ha pasado de largo los treinta y me preocupa cuándo encontrará a
una buena muchacha’, y sonrió con amargura. Chi-young se limitó a bajar la
cabeza sin responder.
Su
familia no conocía la orientación sexual de Chi-young. Es comprensible, ya que
poco después de que él mismo se diera cuenta, la familia se dispersó. Uno solo
llega a conocer vagamente cómo le va a la familia con la que no convive.
Su
madre, pensando que Chi-young no se casaba ni daba muestras de salir con
mujeres solo porque le costaba ganarse la vida, solía suspirar con pena tras
dudar un rato cuando hablaban por teléfono. ‘Sí, con el tiempo las cosas irán mejor
y tú también formarás una familia, ¿verdad?’, susurraba su madre, y en sus
palabras se percibía la culpa que sentía hacia su hijo. ‘No, madre,
probablemente no llegue a casarme nunca’, le susurraba Chi-young para sus
adentros con pesar.
Tras
terminar de recoger, su madre tomó a Chi-young de la mano y lo llevó a la
pequeña habitación al fondo de un pasillo estrecho dentro de la tienda,
inclinando la cabeza.
‘Hijo,
¿por qué tienes las manos tan calientes? ¿No tendrás fiebre?’.
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Antes
de que Chi-young pudiera decir nada, su madre le puso la mano en la frente y de
inmediato frunció el ceño: ‘¡Ay, Dios mío! Si tienes fiebre’, dijo.
‘Ah...
estoy bien. Solo es un poco de fiebre. Últimamente, como estamos en el cambio
de estación, el tiempo está fresco por las mañanas y las noches. Debo de
haberme resfriado. ……Por lo demás, estoy perfectamente. Estoy bien, madre’.
‘Usted
es quien debe cuidar su salud ahora que hace frío’, dijo Chi-young negando con
la cabeza como si nada, pero en cuanto entraron en la habitación de apenas un
par de metros cuadrados, su madre se empeñó en prepararle la cama para que se
acostara.
Aunque
puso cara de apuro, Chi-young terminó acostándose dócilmente, siguiendo las
palabras de su madre, cuyo carácter de no dar el brazo a torcer seguía siendo
el mismo que hace diez años. Tras preparar otro juego de cama pegado al suyo,
su madre salió pidiéndole que esperara un momento.
Chi-young,
tumbado solo en la pequeña habitación, observó el cuarto en silencio. Aunque ya
había ido a verla hacía unos años, no había entrado en esta habitación. En
aquella ocasión, solo se sentaron en la tienda durante el tiempo de descanso
entre el almuerzo y la cena para hablar una o dos horas antes de que él
regresara.
Mientras
observaba desde la cama la habitación, estrecha pero pulcra y ordenada sin
cosas innecesarias, Chi-young soltó un suspiro pausado. No quería preocupar a
su madre, a quien no veía en mucho tiempo, pero por otro lado sintió un ligero
alivio. Lo cierto era que se encontraba bastante mal y sentía ganas de
desplomarse y acostarse en cualquier momento.
Llegó
a la estación por los pelos y apenas logró subir al tren justo antes de que
partiera, pero una vez dentro se quedó dormido como si se hubiera desmayado y
por poco se pasa de su parada. Si no llega a ser porque, por suerte, en la
estación antepenúltima la persona de al lado lo sacudió con cuidado y
preocupación preguntándole: ‘¿Oiga, se encuentra bien?’, tal vez habría llegado
hasta la última estación.
Sentía
el cuerpo y la cabeza ardiendo. De vez en cuando, sus suspiros silenciosos
salían tan calientes que parecía que le quemaban la garganta. Mientras iba
desde la estación de tren hasta la tienda donde trabajaba su madre, hubo varios
momentos en los que se sintió tan mareado y pesado que pensó que realmente se
desmayaría.
Frente
a ella se esforzó al máximo por fingir naturalidad, pero aunque lo descubrieron
y le causó preocupación, por otra parte fue un alivio poder acostarse pronto.
Sin embargo, le resultaba patético haber caído enfermo y causado preocupación
tras no verse en tanto tiempo.
Mientras
Chi-young yacía soltando pesados suspiros, su madre, que había salido a alguna
parte, regresó con una pequeña bandeja en las manos.
‘Hijo,
levántate, bebe esto y vuelve a acostarte’.
Mientras
incorporaba con dificultad su pesado cuerpo, que parecía querer hundirse en la
tierra, Chi-young murmuró con voz desanimada:
‘Lo
siento. ……Solo le causo preocupación……’.
‘¿Qué
tonterías estás diciendo? ……Sí, pero si estás enfermo, no bajes y descansa. De
todos modos, solo vienes para vernos las caras, podrías haber bajado después;
¿por qué vienes estando enfermo? Con lo que cuesta. Toma, aquí tienes’.
Su
madre chascó la lengua y le tendió la taza que estaba en la bandeja. Chi-young
la recibió con timidez. De alguna manera, por así decirlo... sonará ridículo,
pero se sentía bien. Durante el tiempo que vivió solo, hubo varias veces en las
que cayó gravemente enfermo, pero en esos momentos no había nadie al lado de
Chi-young. Él tampoco avisaba a nadie a propósito. Así que siempre pasaba la
enfermedad solo y, unos días después, se levantaba tras recuperarse por su
cuenta.
Hacía
cuánto que no tenía a alguien que cuidara de él cuando estaba enfermo.
Chi-young
sintió un calor en el pecho y, sin decir palabra, se llevó la taza a los
labios. Entonces se detuvo. Era té de jengibre.
Chi-young
también solía preparárselo de vez en cuando, pero su madre siempre hacía té de
jengibre cuando él o su padre se resfriaban o caían enfermos en su infancia.
Diciendo que su propia madre siempre lo hacía cuando ella era pequeña, ella le
daba té de jengibre hervido con miel y cáscaras de mandarina.
Aunque
ahora no olía a mandarina, el té de jengibre con sus trozos amarillentos le
trajo nostalgia; Chi-young guardó silencio y bebió el té. Al lado de su madre,
que lo miraba con naturalidad, Chi-young rememoraba a solas sus viejos
recuerdos entre el aroma del té.
Lo
que para Chi-young era una sensación nueva, no lo era para su madre. También
habría casos a la inversa. En momentos así, él percibía con melancolía y
añoranza el paso del tiempo.
‘Mi
Yeong, parece que estás muy enfermo’.
Llamándolo
por el nombre que usaba en su infancia, su madre levantó la mano y acarició
suavemente el contorno de los ojos de Chi-young. Parece que, en algún momento,
una lágrima se había asomado. Quizás por estar enfermo, sus conductos
lagrimales estaban más sensibles.
Chi-young
murmuró ‘No es nada’ con una sonrisa tímida.
Su
madre vivía su propia vida, la cual se había prolongado por más de diez años;
esa ya era su realidad. Al igual que para Chi-young, el tiempo en que vivieron
juntos ya no era su presente.
Era
un hecho que ya conocía bien y, al igual que él, su madre seguramente vivía su
vida riendo con la gente de su entorno y disfrutando de su tiempo; sin embargo,
al estar así juntos, no podía evitar recordar el tiempo que compartieron y
sentir nostalgia por aquellos días.
Incluso
sabiendo que, una vez que regresara a casa, Chi-young no se hundiría más en esa
añoranza del pasado y viviría su vida como si nada hubiera pasado, en ese
preciso instante lamentaba el tiempo ido.
‘Siempre
me siento culpable con mi hijo’.
Just antes
de quedarse dormido, en la oscuridad de las luces apagadas, su madre susurró
suavemente. A pesar de que su conciencia estaba nublada por la fiebre, aquellas
palabras llegaron con nitidez a sus oídos, por lo que Seo Chi-young movió sus
pesados labios y soltó una risa sin fuerzas: ‘¿Qué dice?’. Soy yo quien lo
siente, en realidad.
Tras
aquello, su madre no dijo nada más y el silencio se asentó definitivamente en
la oscuridad.
En medio de
esa tiniebla silenciosa y pesada, la conciencia de Chi-young se desvaneció
pronto. Su cuerpo, que le había dolido con punzadas constantes desde el
mediodía, empezó a quejarse de dolor en cuanto finalmente pudo acostarse y
recuperar la oscuridad. Todo su cuerpo crujía, le dolía como si alguien
estuviera aplastando sus articulaciones y músculos. Sentía que el calor emanaba
de cada coyuntura.
¿Habría sido
así ayer? Seguramente ayer le dolió más. Solo que estaba demasiado aturdido y
tenso como para permitirse sentir el dolor.
Chi-young
pensó en Jang Ui-geon con su mente difusa. Sin embargo, con la cabeza nublada
por la fiebre, no podía coordinar sus pensamientos de forma adecuada. Solo los
sentimientos se le adelantaban y surgían fragmentos: quiero verlo, quiero
encontrarme con él, tengo miedo, sufro.
Ya no sabía
si lo que le dolía era el cuerpo o el corazón. Incluso en su inconsciencia,
permanecía el pensamiento de que no debía dar muestras de dolor ni quejarse
mientras su madre dormía al lado, así que se limitaba a acurrucarse apretando
los dientes.
Tras pasar
la noche en vela, en un estado entre el sueño y la vigilia, se dio cuenta de
que ya había amanecido. Y su madre cumplía sesenta años.
Aunque era
su sexagésimo cumpleaños, no hubo nada especial; desayunaron juntos por la
mañana, él la ayudó a organizar la cocina y a preparar ingredientes, y se
marchó de allí recién después del almuerzo. Las conversaciones que mantuvieron
durante ese tiempo no tuvieron nada de extraordinario. Solo intercambiaron
palabras muy cotidianas: ‘Tráeme ese paño de cocina’, ‘Por cierto, la semana
que viene es el primer cumpleaños del hijo mayor de la prima de Yeon-ju’, ‘Seúl
tiene los precios muy caros, ¿no es difícil vivir allí?’, ‘Si se te hace
difícil, podrías mudarte por aquí’, entre otras.
Cuando pasó
la hora punta del almuerzo y entró la tarde, Chi-young se levantó diciendo que
ya era hora de irse y que pasaría a ver a su padre antes de regresar. Su madre
simplemente asintió y no dijo nada más. Al ver que ambos ya caminaban por
senderos separados, Chi-young se limitó a sonreír en silencio.
Justo antes
de que él se marchara, su madre le dijo a modo de despedida: ‘Hijo, de
verdad... si se te hace difícil, ven aquí. Este lugar es tranquilo y no hay
tanto ajetreo. Si buscas, habrá muchos lugares donde puedas trabajar’. En esas
palabras, pronunciadas tras dudar un poco, se percibía el anhelo por su hijo,
así que Chi-young se limitó a inclinar la cabeza con una sonrisa en lugar de
responder.
¿Llegaría el
día en que volverían a vivir juntos? Probablemente no. Quizás con el tiempo
podrían vivir cerca, pero seguramente ya no llegaría el día en que compartieran
el mismo techo. Ni con su madre, ni con su padre.
Chi-young
miraba la coronilla encanecida de su padre, que comía con la espalda
ligeramente encorvada, y en algún momento detuvo su mano. Su padre, que comía
en silencio aunque no parecía tener mucho apetito, lo miró con extrañeza al
notar su mirada.
“¿Por qué me
miras así? ¿Qué pasa, sucede algo?”.
“Ah... no es
nada. Es solo que... me gusta verlo después de tanto tiempo”.
Chi-young
volvió a mover la cuchara con una sonrisa distraída. Su padre lo observó un
momento y murmuró: “Qué tipo más insulso...”, antes de continuar con su comida.
Tenía menos
cosas de qué hablar con su padre que con su madre. Con ella, por lo general,
era su madre quien sacaba diversos temas y Chi-young le respondía. Sin embargo,
durante el tiempo en que estuvieron los dos solos —su padre, hombre de pocas
palabras, y Chi-young, tan callado como él—, el silencio se prolongó
constantemente, apenas interrumpido por frases comunes como: ¿cómo te va
últimamente?, ¿va bien el trabajo?, ¿estás comiendo bien?.
Ante ese
cabello blanco que ya había pasado su sexagésimo cumpleaños hacía años, los
ojos hundidos, el rostro arrugado y esas manos que movían los cubiertos con
lentitud grabadas por la edad, Chi-young seguía tragando junto con el arroz las
emociones que se le quedaban pegadas ardientes en la garganta.
“Padre. Coma
mucho”.
“Sí. Come
bien tú también”.
Aunque ya
casi había terminado su arroz, su padre asintió ante las palabras que Chi-young
finalmente alcanzó a murmurar. Y hasta que terminaron la comida, los dos
siguieron comiendo en silencio sin decir una sola palabra más.
El tiempo
que Chi-young pasó con su padre no fue muy largo. Llegó al atardecer, cenaron
juntos y lo acompañó a su casa; apenas unas dos o tres horas. Durante ese
tiempo, tampoco hablaron de mucho.
A medida que
el tiempo que pasaron juntos se alejaba, los temas de conversación también
disminuían, hasta que ahora solo quedaban charlas superficiales y comunes o
recuerdos de un pasado lejano. E incluso esas historias se agotaban en los diez
o veinte minutos que tardaban en caminar hacia la casa de su padre tras la
cena.
Originalmente,
Chi-young planeaba quedarse más tiempo con su padre y regresar en el autobús
nocturno, pero no parecía ser el único en pensar que no había nada más que
decir.
Sentado en
su habitación de unos pocos metros cuadrados con sus modestas pertenencias, su
padre se sentó frente a Chi-young, bebió un vaso de agua, comentó un par de
cosas triviales y fue el primero en hablar: “Ya vete marchando”. Chi-young
vaciló un momento, pero no tuvo más remedio que levantarse tras despedirse con
una reverencia: ‘Sí, padre’.
Al regresar
a la terminal, el autobús había partido hacía apenas diez minutos, por lo que
tenía que esperar otros cincuenta para el siguiente. Chi-young compró el
billete y se sentó en la sala de espera, pero no tardó mucho en ponerse de pie.
Como era una estación intermedia y no había mucha gente, no habían encendido la
calefacción y al caer la noche hacía mucho frío. Le costaba mover su cuerpo
dolorido y lánguido, pero como la fiebre no bajaba, sentía demasiado frío para
quedarse quieto, así que deambuló por los alrededores de la estación.
Mirando la
tabla de precios pegada frente a una inmobiliaria ya cerrada, pensó que, aunque
solo estaba a unas horas de distancia, los alquileres por allí eran baratos;
con una cantidad así, podría respirar un poco. Pero entonces, su expresión se
ensombreció.
Pensándolo
bien, ¿qué debería hacer de ahora en adelante? Probablemente le resultaría
difícil seguir con el trabajo de chofer en el local. Aunque no lo sabía con
certeza, si Jang Ui-geon había hablado con Kwon Kang-hee, sería difícil seguir
trabajando allí. Tampoco podía cambiarse a otro local, ya que inicialmente
consiguió ese empleo a través de conocidos y recomendaciones.
“…….”
Chi-young
suspiró. Pero, incluso si pudiera conseguir un trabajo similar de nuevo,
probablemente no lo haría. No quería volver a ver el rostro de Jang Ui-geon
enfadado de aquella manera tan aterradora.
Pero
entonces, ¿qué sería lo mejor? Era el trabajo perfecto para hacer en el tiempo
libre mientras atendía la tienda. Sus planes presupuestarios para finales de
año se habían desmoronado.
En cuanto
regresara, tendría que buscar otro trabajo lo primero. ……Pero antes de eso,
descansaría profundamente aunque fuera solo por hoy.
Chi-young se
tocó la frente ardiente. Al ser un malestar por fatiga y dolores musculares, se
habría curado descansando cómodamente un par de días, pero como había estado
viajando un largo camino y no pudo descansar adecuadamente en lugares extraños,
la tensión de su cuerpo no se liberaba. Parecía que, en cuanto llegara a casa
esta noche, se desplomaría y no podría levantarse.
Mientras
deambulaba cerca de la estación soltando suspiros calientes de vez en cuando,
llegó la hora del autobús, y Chi-young subió y se sentó en su asiento en cuanto
el vehículo entró en el andén. Faltaban unas dos o tres horas hasta su destino.
Era un tiempo perfecto para cerrar los ojos un rato y despertar.
“…….”
El autobús
estaba cálido gracias a la calefacción. El aire que salía justo sobre su cabeza
estaba lo suficientemente caliente como para sentirse bien.
Regresaba.
Al pensar eso, la tensión de su cuerpo se liberó un poco. Entre el aire cálido
y la tensión que se disipaba, Chi-young cerró los ojos.
Una vez que
el autobús llegara a su destino y él abriera los ojos, estaría de vuelta en su
propia vida. En esa vida en la que volvería a pasar un tiempo sin ver a su
familia, estaba completamente solo. Lo único que le quedaba era su rutina
diaria.
Aunque el
aire de la calefacción era cálido, por alguna razón sintió un escalofrío y se
ajustó el cuello de la ropa. Al meter las manos en los bolsillos, sintió un
vacío momentáneo al notar que el bolsillo izquierdo, donde siempre guardaba el
teléfono móvil, estaba desocupado.
……Quería
escuchar su voz. No, aunque no se atreviera a llamarlo, habría sido bueno al
menos poder releer los mensajes que él le había enviado antes. Esos pequeños
tesoros también habían desaparecido.
Chi-young
pensó en Jang Ui-geon. De pronto pensó que ‘recién ahora’.
Desde que
salió ayer de su casa, se reunió con su madre, luego con su padre y hasta
sentarse en este asiento, no había tenido el margen suficiente como para pensar
detenidamente en Jang Ui-geon. En medio de la confusión, con su cuerpo agotado
y dolorido hasta el punto de aturdir su mente, la vida de su madre y su padre a
quienes no veía en mucho tiempo, y los viejos recuerdos; todo eso se mezcló y
apenas le dejó margen para otros pensamientos por breves instantes.
……Quizás
habría sido mejor si hubiera seguido así.
A medida que
el sentimiento por los viejos recuerdos se asentaba poco a poco, él emergió
sobre su conciencia. Y ya no abandonó su cabeza.
“……..”
‘Quiero
verte’, murmuró solo con los labios, pero ni siquiera pudo terminar la frase
antes de cerrar la boca.
¿Por qué lo
hizo?
El
pensamiento que había enterrado con cuidado en su pecho asomó la cabeza.
A pesar de
tener los ojos cerrados por el aturdimiento, Chi-young terminó sonrojándose
levemente. Fue debido a que recordó aquella noche que pasó como si no fuera
real, las caricias, los labios y el calor corporal que se derramaron sin dejar
hueco sobre todo su cuerpo.
¿Por qué? ——Si
pensaba en la respuesta de forma sencilla, era muy simple. A menos que Jang
Ui-geon fuera alguien de baja calaña que usara las relaciones físicas con un
propósito distinto al original, la respuesta salía fácil. Chi-young no era tan
tonto como para no llegar a pensar eso.
¿Será que le
gusto?
Sin embargo,
esa respuesta obvia se desdibujó en cuanto apareció en su cabeza. Por muy
simple que fuera la fórmula, esa respuesta no podía ser. No podía ser verdad.
¿Por qué le gustaría él? No había nada en Chi-young que pudiera gustarle.
Él le había
dicho que era un amigo preciado al que quería seguir conociendo por mucho
tiempo. Había dicho que no sentía nada en ese sentido y que tampoco quería
estropear esta relación. Chi-young también se había esforzado por corresponder
a ese sentimiento, agradecido solo por el hecho de que él lo considerara un
amigo preciado.
Pero.
“…….”
De pronto
sintió un sabor amargo.
A pesar de
tanto esfuerzo, la expectativa que había depositado y cerrado bajo llave en lo
más profundo de su corazón terminó por inflarse. ¿Cómo no iba a ser así? Viendo
día tras día a su lado a una persona que brillaba tanto.
Tal vez, sin
darse cuenta, habría cometido algún error. ¿Será por eso que el corazón de Jang
Ui-geon, que consideraba a Chi-young un amigo preciado, se volvió difuso y
ligero? Hasta el punto de pensar que no importaba si la relación actual se
estropeaba.
Chi-young se
abrazó a sí mismo. Su cuerpo estaba caliente pero su corazón sentía frío
constantemente. Aunque se ajustaba bien el cuello de la ropa y se aferraba a su
propio cuerpo, sentía frío en alguna parte.
……Sí. Sintió
algo parecido al cruzar la puerta de su casa. Sintió frío mientras cruzaba la
puerta de esa vieja mansión tambaleándose y a punto de caer varias veces. Al
salir de esa casa espaciosa donde no quedaba nadie y solo Chi-young permanecía
solo.
Fue difícil,
doloroso y solitario. De todo ello, la soledad fue lo que caló más
dolorosamente en su corazón.
“……, …….”
NO HACER PDF
Y aun así,
quería ver a aquel que se había marchado dejándolo solo. Pensando en qué cara
poner al encontrarse, en la vergüenza de cómo volver a verlo; a pesar de todo
eso, en realidad quería verlo.
Incluso
mientras salía arrastrando su cuerpo fatigado de aquella casa donde lo habían
dejado como si lo hubieran abandonado. E incluso ahora.
Quiero
verte.
Murmurando
aquello, Chi-young se acurrucó.
*
A
pesar de ser una noche de semana, el camino estaba bastante congestionado al
cruzar el peaje. El autobús, que avanzaba a paso de tortuga, llegó finalmente a
la terminal casi una hora después de lo previsto.
A
esa hora el metro ya habría dejado de funcionar, pero tal vez quedaran uno o
dos autobuses. Como había muchas líneas que iban desde la terminal hacia la
casa de Seo Chi-young, él se dirigió a la parada observando los autobuses que
aún pasaban de vez en cuando. Por suerte, todavía quedaba una ruta cuyo horario
de último servicio no había terminado.
Tras
esperar un buen rato bajo el aire frío de la noche, cuando finalmente logró
subir al autobús, ya pasaba de la una. Dentro del vehículo, que recorría calles
desiertas donde solo las farolas amarillas brillaban con fuerza, Chi-young fijó
su mirada en su propio rostro reflejado en el cristal de la ventana.
La
fatiga se notaba en su rostro demacrado. Le costaba incluso mantener la postura
en el autobús en movimiento y su cabeza se balanceaba.
‘¿Qué
voy a hacer? Siento que si llego a casa y me desplomo, de verdad no podré
levantarme’.
Chi-young
pensó por un momento si estaría bien cerrar la tienda un día más mañana, pero
enseguida sacudió la cabeza. No estaba en situación de descansar según le
dictara el corazón. Tenía que buscar otro trabajo y las tareas pendientes se
acumulaban como una montaña.
Chi-young
suspiró y negó con la cabeza. Tenía que ir hoy, dormir profundamente y
despertar para comenzar de nuevo una nueva semana.
Poco
después, el autobús se detuvo en la parada donde Chi-young debía bajar. Una vez
que descendió, el autobús vacío, sin más pasajeros, se marchó.
En
medio de la noche, cuando casi no pasaba gente por la avenida principal,
Chi-young esperó pacientemente frente a un paso de peatones sin coches a que el
semáforo cambiara para cruzar la calle. El viento era frío y su cuerpo seguía
pesado, pero sentía que su mente se despejaba un poco.
‘Sí.
Mañana, en cuanto me despierte, intentaré contactar primero con Ui-geon’.
Si
era algo sobre lo que por mucho que pensara y diera vueltas no llegaba a una
conclusión, quizás sería mejor contactarlo y hablarlo. Si todavía estaba
enfadado o si, aunque no lo supiera bien, él había hecho algo mal, le pediría
disculpas...
“…….
……. …….”
‘……Pero
tal vez no sea necesario contactarlo justo mañana mismo’.
Chi-young
cambió de opinión sutilmente.
Al
pensar que tal vez seguía enfadado, sintió un miedo repentino. Solo de pensar
en Jang Ui-geon enfadado con el rostro inexpresivo, sentía un temor que le
robaba el color de la cara.
‘Sí.
Intentaré contactarlo con calma un poco después, cuando mi cuerpo mejore’.
Chi-young
suspiró mientras grababa esa idea en su corazón.
Tal
vez aquel asunto, aunque lo hiciera enfadarse de forma aterradora, no era algo
tan importante para Jang Ui-geon. Él también era de los que resolvían los
problemas en el momento si algo le molestaba, así que, si lo hubiera
considerado importante, habría esperado ayer a que Chi-young despertara. Sin
embargo, se marchó sin esperar a que despertara. Sabiendo que al menos los
domingos no aceptaba otros trabajos, no creía que hubiera tenido otro asunto
importante al que tuviera que ir sin falta.
“…….”
Chi-young
se frotó la nuca.
‘Realmente,
parece que no es así’.
Por
un momento pensó que, tal vez, solo tal vez, entre un millón de posibilidades,
él podría quererlo. Sin embargo, cuanto más lo analizaba, más disminuía esa
posibilidad.
Chi-young
volvió a soltar un largo suspiro.
Sacudió
la cabeza, advirtiéndose a sí mismo que debía abandonar esas expectativas vanas
que se inflaban como delirios.
‘Sí.
No hay prisa. Con calma, cuando mi cuerpo mejore y mi mente se estabilice,
estará bien intentar contactarlo entonces’.
Chi-young
soltó un suspiro de alivio al llegar al callejón que entraba hacia su casa. Una
farola familiar proyectaba una luz amarillenta y tenue.
Sintiendo
que realmente había vuelto a su rutina familiar, Chi-young se masajeaba la
nuca, que le dolía con punzadas, justo cuando dobló la esquina.
Sin
embargo, al instante siguiente, descubre una silueta grande apoyada junto a la
entrada del edificio y ralentiza el paso.
“…….
Ah…….”
Esa
silueta tan familiar que reconoció de inmediato incluso en la oscuridad, observaba
en silencio a Chi-young, quien se detuvo a mitad de camino parpadeando.
“Ui-geon”.
Cuando
Chi-young pronunció su nombre con duda, solo entonces la silueta se separó de
la pared donde estaba apoyada y comenzó a caminar lentamente hacia él.
Al
salir de la penumbra y entrar bajo la luz de la farola, la silueta se
transformó en Jang Ui-geon, con una leve sombra cubriendo su rostro
inexpresivo.
“¿Le
fue bien el viaje?”.
Le
preguntó con naturalidad a Chi-young, quien se había quedado allí parado,
mirándolo como si hubiera perdido el alma. Tenía la voz ronca, como alguien que
no hubiera pronunciado palabra en horas.
“Ah……,
sí…….”
“¿Y
celebró bien el cumpleaños de su madre?”.
“¿Eh?
Sí”.
‘¿Le
había mencionado a Ui-geon lo del cumpleaños de mi madre?’, pensó Chi-young
desconcertado, aunque asintió dócilmente. Levantó apenas la mirada para
observar rápidamente a Ui-geon y volvió a bajarla de inmediato.
Su
rostro seguía sin mostrar una sonrisa, pero era diferente a aquella cara gélida
y desolada de entonces, por lo que se sintió un poco aliviado. Su voz también
parecía algo cansada, pero era normal. Era la voz baja y amable de siempre. Qué
alivio. No parecía estar enfadado.
Chi-young
se frotó la nuca con una sonrisa tímida. Al levantar la vista lentamente, vio
que Jang Ui-geon lo estaba mirando. Chi-young, al encontrarse con esa mirada
que lo observaba fijamente como si estuviera sumido en sus pensamientos pero
sin querer perderse ni un solo detalle, se sintió por un instante como una rana
ante una serpiente; incapaz de desviar la vista, parpadeó hasta que, poco a
poco, terminó bajando la mirada. Y de pronto, le asaltó un recuerdo.
Pensándolo
bien, era la primera vez que se encontraban después de aquello.
Aunque
solo habían pasado apenas dos días completos, seguía sintiendo que aquello no
había sido real, y esta era la primera vez que se miraban a la cara propiamente
después de eso.
‘¿De
verdad tuve... ese tipo de asunto con este hombre?’. ¿No sería acaso un sueño,
un malentendido o un delirio que Chi-young tuvo a solas en su cabeza? Que esta
persona amable y alegre hubiera hecho algo semejante con ese ímpetu aterrador
era algo que, a pesar de haber ocurrido de forma evidente, le costaba incluso imaginar.
“…….”
De
pronto sintió calor en la nuca. Parecía que su cuerpo, que ya tenía fiebre, se
calentaba aún más. Chi-young, sin saber cómo levantar la cabeza agachada y sin
saber qué hacer, sintió que si no decía algo se asfixiaría en esa atmósfera
pesada y opresiva, así que se apresuró a hablar.
“¿De,
desde cuándo……, estaba aquí?”.
“…….
Desde la tarde…….”.
Sin
embargo, Jang Ui-geon frunció levemente el ceño al abrir la boca para
responder. Tras inclinar la cabeza como si intentara recordar, pronto sacudió
la cabeza con un breve suspiro.
“No
lo sé bien. Como no sabía a qué hora llegaría por la noche, creo que he estado
aquí desde poco después del almuerzo”.
‘Desde
poco después del almuerzo’. Ante esas palabras, Chi-young levantó la cabeza sin
darse cuenta. Parpadeó con los ojos muy abiertos y murmuró con rostro apurado:
“Ah……”.
Si
era desde poco después del almuerzo, eso significaba que habían pasado casi
diez horas. ¿Quería decir que había estado aquí parado durante casi diez horas?
A
pesar de pensar ‘no puede ser’, Chi-young sintió que sus palabras, dichas con
tanta calma, debían ser ciertas, por lo que agachó la cabeza sintiéndose
terriblemente apenado.
“Si,
si hubiera sabido que me esperaría, habría venido más rápido, lo siento”.
‘Podría
haber venido mañana o pasado……, en otro momento’, murmuró Chi-young
disculpándose, mientras Jang Ui-geon lo miraba desde arriba sin decir nada.
Aunque no parecía enfadado, Chi-young lo miró de reojo una vez más al verlo
observarlo con el rostro inexpresivo y volvió a agachar la cabeza.
Sentía
que debía decir algo, pero no le salían las palabras.
Pero,
¿por qué lo esperó? Simplemente podría haber llamado... ah, el teléfono se
había roto, pero si sabía que vendría esta noche de todos modos, podría haber
venido mañana u otro día. ¿O es que tenía algún asunto tan urgente?
Sin
embargo, por mucho que lo pensara, no encontraba motivo para un asunto tan
urgente, así que Chi-young parpadeó con extrañeza manteniendo la cabeza
agachada.
Mientras
tanto, el silencio absoluto se asentó con pesadez, por lo que Chi-young,
incapaz de soportarlo más, volvió a abrir la boca tímidamente.
“Esto,
¿quiere que, que pasemos dentro primero?”.
No
estaba bien estar así parados frente a la casa y, si había esperado unas diez
horas como decía, debía de estar cansado. Parecía mejor entrar rápido a casa
para que pudiera sentarse un poco.
Pero
en ese momento.
Jang
Ui-geon, que había mantenido la boca cerrada todo este tiempo, habló.
“Llegué
a pensar que no vendría”.
“¿Eh……?”.
Probablemente
había sido un pensamiento que se le escapó en voz alta sin darse cuenta. Cuando
Chi-young volvió a preguntar con extrañeza levantando la cabeza con cautela,
Jang Ui-geon seguía allí parado mirándolo en silencio. De arriba abajo, como si
quisiera confirmar que la persona que estaba allí era realmente Chi-young.
“……Con
el cuerpo así, no estaba en casa, la tienda estaba cerrada y no sabía a dónde
había ido……. Pensé que había huido”.
Ui-geon
habló con voz tranquila y pausada. Chi-young lo miró con rostro confuso e
inclinó la cabeza.
‘Huir’.
Quién. A dónde. Por qué.
“Como
rompí el teléfono como un idiota, no podía llamarlo; busqué por todo el barrio
por si acaso se había desplomado en algún sitio al salir y no lo encontré;
esperé toda la noche frente a su puerta ayer y no volvió; fui y volví varias
veces de mi casa por si acaso había ido allí, y en cuanto amaneció fui a la
tienda, pero tampoco abrió”.
Las
palabras que desgranaba en voz baja y con un tono calmado llegaron a oídos de
Seo Chi-young con retraso. Chi-young murmuró un 'Ah...' y agachó la cabeza con
el rostro encendido por un leve rubor. Al parecer, él se había estado
preocupando por él.
"Lo,
lo siento. Te, tenía la intención de saludarte antes de irme, pero como no
estabas en casa, me fui. Era el cumpleaños de mi madre y ya había sacado el
billete con antelación, así que temía que se me hiciera tarde... ……Lo
siento".
Cuando
Chi-young volvió a inclinar la cabeza pidiendo disculpas, Jang Ui-geon habló
tras una breve pausa. Su voz se había vuelto imperceptiblemente más profunda.
"Se
lo escuché a Jun-young hoy por la tarde. Como no habías abierto la tienda a la
hora de siempre, fui a buscarlo pensando que tal vez habías ido a verlo de
nuevo".
'Jun-young
me dijo que habías ido a ver a tu madre por su cumpleaños y que volverías por
la noche', decía la voz de Jang Ui-geon, que parecía haberse endurecido
levemente. Chi-young, que encogió los hombros sin darse cuenta, frunció el ceño
ante un pensamiento repentino.
Si
había esperado frente a su puerta toda la noche anterior, aguardado hasta la
hora de apertura de la tienda por la mañana, ido a ver a Yoon Jun-young y, tras
escuchar aquello, se había quedado aquí desde poco después del almuerzo,
significaba que Jang Ui-geon llevaba casi dos noches completas sin pegar ojo.
"¿Se
encuentra bien? Esto, debe de estar cansado...".
Al
levantar la vista con preocupación, Jang Ui-geon puso por un instante una cara
extraña. '¿Qué hago? Ahora que lo veo, tiene mal semblante. Aún falta mucho
para que sea domingo y debería descansar', pensaba Chi-young mientras lo
observaba con inquietud. Jang Ui-geon, tras escudriñar cada rincón del rostro
de Chi-young con una expresión enigmática, mostró entonces un destello de
turbación. Con el rostro ligeramente enrojecido, desvió la mirada de Chi-young
y dijo secamente: "Estoy bien".
"Ah,
ya...". Chi-young asintió y guardó un silencio incómodo, hasta que de
pronto recordó la razón por la que su semblante podría estar tan mal. Ya había
visto antes a Jang Ui-geon así, sumido en sus pensamientos, casi sin mediar
palabra y envuelto en un silencio absoluto. Eso era...
"¿Se
ha... reconciliado con Jun-young?".
Hasta
donde Chi-young sabía, la única persona capaz de poner a Jang Ui-geon tan serio
y deprimido era Yoon Jun-young.
Cierto,
hacía tiempo que no lo veía así y lo había olvidado.
Antes
de que Yoon Jun-young se fuera con Kwon Kang-hee, Jang Ui-geon ponía esa cara
sombría por breves instantes cada vez que Jun-young sufría.
Pensándolo
bien, el otro día Jang Ui-geon se peleó con él. Bueno, no sabía si podía
llamarse pelea, ya que él simplemente lo golpeó y se dio la vuelta.
Aunque
ignoraba si había otros motivos, en esa situación no se podía negar que ocurrió
por culpa de Chi-young. Al pensar en ello, Chi-young sintió de repente un
vuelco de culpabilidad. Que fuera precisamente Jang Ui-geon quien golpeara a
Yoon Jun-young... cuánto debió de arrepentirse y qué mal se habría sentido
después.
Jamás
imaginó que las cosas terminarían así. De haberlo sabido, no habría aceptado
ese trabajo desde el principio.
Ante
el tono decaído de Chi-young, Jang Ui-geon solo enarcó un poco las cejas sin
responder. Tal vez aún no se habían reconciliado. Al ver que Ui-geon fruncía el
ceño levemente, Chi-young murmuró con timidez:
"Esto...
de, dejaré ese trabajo. No iré más. Mañana mismo llamaré para decir que
renuncio. ……No sabía que se enfadaría tanto. Es que... necesitaba ganar dinero.
……Donde está mi tienda ahora es una zona de reurbanización, y dicen que las
demoliciones empezarán a finales de año o principios del que viene. Necesitaba
ahorrar todo lo posible hasta entonces, por eso...".
No
quería contar esas cosas. Al escucharse a sí mismo, Chi-young se sonrojó,
sintiendo que sus palabras sonaban a una excusa barata. ¿Acaso no lo eran?
Jang
Ui-geon frunció el ceño.
"¿Por
qué no me dijo nada de eso?".
"¿Eh?
Bueno... ……no surgió el tema……".
No
era un secreto, así que si la conversación hubiera derivado hacia ese punto,
podría haberlo dicho. Pero no tenía motivos para soltar esa información de la
nada si nadie le preguntaba y no venía a cuento.
Mientras
Chi-young murmuraba desconcertado, Jang Ui-geon abrió la boca como si fuera a
decir algo con el ceño fruncido, pero volvió a soltar un suspiro bajo. Tras
masajearse el entrecejo para relajar el rostro a la fuerza, habló tratando de
suavizar la voz:
"Chi-young,
sobre ese dinero, yo...".
"Ah,
no, no se preocupe. Me las arreglaré. He ahorrado un poco hasta ahora, así que
si me organizo bien, estaré bien".
Chi-young
lo interrumpió rápidamente, intuyendo lo que iba a decir. Aunque decir que
estaría bien porque había ahorrado era mentira, no quería ser una carga
innecesaria para Jang Ui-geon.
Seguramente
él intentaría ayudarlo. Pero Chi-young no quería volver a discutir por ese tipo
de asuntos. Por eso negó con la cabeza apresuradamente, aunque sus palabras se
fueron apagando al ver a Jang Ui-geon observándolo fijamente.
'No
es cierto. Si apenas sobrevives día a día'.
Al
sentir esa mirada clavada en él como si atravesara sus mentiras, Chi-young se
sintió avergonzado y agachó la cabeza. Se frotó la nuca con torpeza ante esa
vergüenza que tanto se parecía a la miseria.
"Además...
……si veo que no hay manera, creo que podría mudarme a donde están mi padre o mi
madre y abrir una tienda allí……. Los, los alquileres en provincias son baratos.
Aproveché el viaje para echar un vistazo a algunas inmobiliarias……".
Aquello
tampoco era estrictamente cierto, aunque no era una mentira total.
Al
decirlo, se dio cuenta de que era verdad. Una vez cerrara su tienda actual, el
dinero que le quedaría no bastaría para abrir otra en los alrededores, pero sí
para hacerlo en provincias. Quizás incluso le iría mejor que ahora.
"Pensándolo
bien, ya no tengo familia aquí, y mis amigos están ocupados y no nos vemos tan
seguido... no creo que tenga motivos para quedarme aquí solo. ……Como de, de
todos modos no voy a casarme, podría vivir con mi padre o con mi madre……".
Había
vivido aquí toda su vida y aquí tenía su sustento, pero ese sustento era tan
frágil que no sabía cuándo podría derrumbarse. Si era una base tan débil que
podía romperse por circunstancias externas, como ahora, tal vez fuera mejor
mudarse a provincias y vivir con tranquilidad. Sí. Podía ser una opción.
Mientras
Chi-young murmuraba como si intentara convencerse a sí mismo, empezó a pensar
que realmente esa podría ser la mejor salida. No tenía por qué seguir apegado a
este lugar; al contrario, tal vez fuera el momento de pasar tiempo con su
familia.
Realmente
le pareció que era así. Por eso, Chi-young terminó soltando una sonrisa
lánguida.
"……¿No
piensa buscar un nuevo local cerca de donde está su tienda actual?".
Una
voz tranquila descendió sobre él. Al escuchar ese tono, que parecía haber
bajado levemente de temperatura, Chi-young se rascó la cabeza con timidez.
"Es
que me falta un poco para eso...".
Al
decirlo, Chi-young se dio cuenta de que se contradecía con lo que había dicho
antes sobre haber ahorrado lo suficiente, y levantó la mirada con rostro
incómodo. Pero enseguida encogió los hombros.
Jang
Ui-geon lo miraba desde apenas un paso de distancia. Se notaba cómo esa mirada
silenciosa y constante se volvía cada vez más gélida. Chi-young lo observó con
desconcierto y movió los labios balbuceando un 'Ah...'.
¿Había
cometido algún error? ¿O se había enfadado por rechazar su ayuda una vez más,
como en el pasado?
"Esto,
oiga...".
"¿Se
fue con ese cuerpo para andar averiguando esas cosas?".
"¿Perdón……?".
"Mientras
yo me volvía loco esperando, ¿Chi-young andaba buscando dónde establecerse en
algún lugar lejano……?".
La
voz de Jang Ui-geon seguía siendo baja y calmada. Chi-young se limitó a mirarlo
fijamente, sin alcanzar a comprender del todo el contenido de esas palabras que
fluían con tanta tranquilidad, como si no fueran nada importante.
La
comisura de los labios de Jang Ui-geon, que observaba a Chi-young sin
expresión, se elevó levemente. Parecía una sonrisa. Sin embargo, no se sentía
como tal, y Chi-young solo pudo mirarlo con inquietud.
"Pensé
que habías huido. Pensé que, en cuanto despertaste, aprovechaste mi ausencia
para escapar. ……Ja, ja, creí que seguirías durmiendo allí, o que si despertabas
descansarías en mi casa. Hasta que yo volviera. Pero al ver que no estabas
——fui a tu casa. Pensé que con ese cuerpo no tendrías a dónde ir, pero no
estabas. Fui a la tienda por si acaso, tampoco estabas. Volví a mi casa, luego
a la tuya, estuve dando vueltas por el barrio. ……Como un loco".
'No,
probablemente para los demás era un loco', dijo Jang Ui-geon riendo. Al ver esa
sonrisa en la que sus ojos se entrecerraban como de costumbre, en cualquier
otro momento Chi-young habría reído con él, pero ahora no le salía la risa.
"Me
pasé toda la noche haciendo eso, preguntándome a dónde habrías ido, con quién
estarías, qué estarías haciendo... dando vueltas como un loco, y finalmente, al
amanecer, fui a la tienda pensando que, como eres una persona responsable,
abrirías. Me quedé allí esperando. Como estuve desde la madrugada, la gente de
los locales vecinos me miraba raro".
Jang
Ui-geon inclinó ligeramente la cabeza y soltó una risita. A pesar de que su
rostro era mucho más suave que el de hace un momento, el semblante de Chi-young
se tensaba cada vez más.
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"Pero
al final la tienda no abrió……. ……Ja, ja, de verdad sentí que me volvía loco. La
tienda. Tu casa. No sabía a dónde más ir aparte de esos dos sitios. Y ni
siquiera podía llamarte. Pensé: 'así es como uno se consume vivo'. ……Entonces
fui a ver a Jun-young. En realidad no quería ir. Por si acaso estabas allí, por
si habías huido hacia él aunque supiera que no era así... si habías escapado de
mí para irte con otro. ……Pensé: '¿y si lo mato?'. Matar a alguien sería un problema.
Entonces de verdad no podría verte en años. Con esos pensamientos irrumpí en su
casa".
"Por
suerte no estabas allí y pude saber de ti", murmuró Jang Ui-geon antes de
guardar silencio.
Chi-young
lo miraba como si hubiera perdido el juicio. Esos ojos ligeramente risueños y
esa voz amable le resultaban familiares. Sin embargo, lo que estaba diciendo
era tan ajeno a todo eso que no lograba procesarlo. No, ¿sería su imaginación?,
incluso su expresión y su voz le producían una sensación de extrañeza absoluta.
"……,
¿ah, ……?".
Jang
Ui-geon, que observaba en silencio a Chi-young mientras este ladeaba la cabeza
confundido y con el rostro desencajado, preguntó de repente:
"Chi-young,
¿todavía le gusto?".
Incluso
esa voz cariñosa, como si estuviera engatusando a un niño, no llegó de
inmediato a su mente, que aún intentaba asimilar lo que él acababa de decir.
¿Si
le gustaba? Pues claro que le gustaba. ¿Cómo no iba a gustarle? Le gustaba. Le
gustaba, pero...
Sin
embargo, Jang Ui-geon, que observaba fijamente la expresión de Chi-young —con
su rostro perdido y un matiz de apuro— como si no quisiera perderse ni la más
mínima emoción, torció levemente el gesto. Parecía haber llegado a la
conclusión que temía, y como no era la conclusión que deseaba, su expresión
adquirió un tinte escalofriante.
"Parece
que fui un descarado. A pesar de todo, creía que aún le gustaba a Chi-young.
Sin ninguna base, solo porque una vez me confesó sus sentimientos, me creí gran
cosa. Por eso pensé que, aunque hubiera hecho algo así, Chi-young no me
odiaría. ……Ja, ja, ¿quiere que sea más honesto? Sí, me dijiste que te gustaba.
Así que pensé que incluso podrías haberlo disfrutado más por ser conmigo.
Aunque lloraras, aunque fuera difícil y doloroso, en realidad te habría
gustado. Sí, por eso está bien. No habrá ningún problema. ……Regresé a casa
pensando descaradamente en cosas así. 'Esta noche recuperaré el juicio y lo
abrazaré con más esmero y suavidad. Sí, amaestrar su cuerpo para que no pueda
escapar es algo sencillo', ……pensando en cosas como esas. Ja, ja, ¿no es
realmente ridículo? ¿De dónde saqué tanta confianza para dar por hecho que me
estarías esperando en casa?".
Jang
Ui-geon soltó una carcajada, como si estuviera contando una historia de lo más
graciosa. Sin embargo, Chi-young, cuyo rostro se había quedado sin expresión al
ser incapaz de reír a pesar de ver esos ojos que se curvaban con naturalidad,
se sintió como hechizado y movió sus labios, que apenas podían articular palabra,
para llamarlo con dificultad: ‘Ui-geon’. No obstante, solo movió los labios y
su voz no llegó a salir, por lo que parece que el llamado no alcanzó los oídos
de Jang Ui-geon.
Ui-geon
llevaba observando a Chi-young desde hacía un rato. Al ver que su mirada, fija
en él sin apartarla ni un segundo, se volvía cada vez más oscura, Chi-young
terminó cerrando la boca. Al verlo así, Ui-geon soltó una sonrisa amarga.
"¿Me
tiene miedo? ¿Es por eso que se marchó en cuanto despertó, como si estuviera
huyendo? ¿Sin dejar siquiera una nota?".
'Ja,
ja, otra vez culpando a Chi-young, ¿qué me pasa?, ¿estoy loco?', murmuraba
Ui-geon para sí mismo mientras Chi-young, con el rostro rígido, apenas lograba
negar con la cabeza. Tenía la garganta tan cerrada que lo único que pudo hacer
fue agitarla levemente.
'Huir',
nunca había pensado en algo así. Sobre tener miedo, bueno, para ser honesto, sí
lo había sentido. De hecho, incluso ahora era así. Incluso en este momento, su
corazón se estremecía ante esa voz que susurraba lentamente y esa mirada
renegrida.
Pero
aun así.
Nunca
se había alejado ni había escapado. Ni siquiera se le había pasado por la
cabeza. Es más, no podía comprender por qué Jang Ui-geon pensaba de esa manera.
Por qué creía que él escaparía.
"Incluso
ahora, mientras mi interior se consumía pensando a qué hora volvería, qué haría
si no volvía, o si por un milagro regresaría, a dónde tendría que ir y por
dónde empezar a buscarte—— al verlo llegar apenas pude sentirme aliviado.
……Aja, ja, Chi-young, puede reírse si quiere. De verdad, dudo que un niño de
dos o tres años perdido en un lugar extraño sintiera tanto alivio al encontrar
a su madre como yo".
Jang
Ui-geon susurró en voz baja soltando un suspiro, como si recordara aquel
momento. Sin embargo, tras esa breve pausa, sus palabras continuaron cortantes.
"Pero
no era eso".
"…—".
"Chi-young
está pensando que puede marcharse a cualquier otro lugar en cualquier momento.
Que aquí no tiene ningún apego y que no hay nadie a quien extrañaría si se
alejara".
"——No
es eso. Yo también, por supuesto, extrañaría separarme de mis amigos, de
Jun-young, de Ui, de Ui-geon también... No es que esté de, decidido a irme,
solo si lo intento y veo que no hay manera...".
Chi-young
logró soltar las palabras a duras penas. Negó con la cabeza, rígida por la
incomodidad, tratando de explicarse, pero no era una excusa. Era la verdad.
"¿Cómo
que 'si ve que no hay manera'?, ¿qué es lo que no tiene manera? ¿El dinero? ¿El
dinero para el local? ¿Cuánto necesita? ¿Tengo que conseguirle un edificio en
una buena ubicación por aquí?".
Ui-geon
murmuró con indiferencia, como si fuera un suspiro. Chi-young lo miró
consternado y negó levemente con la cabeza.
No
era eso. No se trataba de eso. No deseaba algo así, ni era de lo que quería
hablar. Chi-young solo—— quería seguir conociendo a Jang Ui-geon como hasta
ahora. Que pudieran seguir adelante así, viéndose con la misma frecuencia, sin
que él se enfadara ni se sintiera abrumado.
Chi-young
negó con la cabeza mientras mantenía la vista fija en Jang Ui-geon. Tras
observarlo con una mirada inquisitiva, viendo cómo Chi-young solo abría mucho
los ojos sin saber por dónde empezar a hablar mientras seguía negando, Ui-geon
dio un paso al frente. Al verlo avanzar hacia él, Chi-young se encogió por
instinto. No es que tuviera otra intención; simplemente se sorprendió de que
él, que hasta hace un momento lo miraba con frialdad, se moviera de repente.
En
el instante en que Chi-young retrocedió un poco encogiendo los hombros, Jang
Ui-geon detuvo su movimiento. Por un momento sus ojos se abrieron de par en
par, como si hubiera visto algo increíble, y su rostro comenzó a desmoronarse
lentamente en una mueca de dolor.
"Chi-young,
¿he pasado a desagradarle? ——Porque soy esta clase de hombre".
"—…".
"¿Ya
no puede quererme porque no soy el Jang Ui-geon que usted imaginaba?".
Chi-young
intentó negar con la cabeza. Sin embargo, al ver el rostro de Jang Ui-geon
ensombrecerse de forma tan lamentable, sintió que su corazón se oprimía y no
pudo moverse. Tras observar a Chi-young, que se limitaba a mirarlo con los ojos
muy abiertos, Jang Ui-geon acabó soltando una sonrisa amarga. De sus labios
brotaron palabras gélidas.
"Entonces,
sin importar lo que yo diga, Chi-young se marchará".
Tras
decir esto, Jang Ui-geon no esperó a que Chi-young negara con la cabeza.
Extendió la mano sin dudar, lo agarró del brazo y empezó a caminar. Tal como
hizo aquel día, hace dos jornadas.
"…—Ui,
Ui-geon, espere un momento. ¿A dónde——?".
"Si
le digo a dónde vamos, ¿vendrá conmigo?".
La
pregunta de Jang Ui-geon fue más una respuesta tajante que una interrogación. A
cualquier parte.
Diciendo
con firmeza que no escucharía réplica alguna y caminando sin mirar atrás,
Chi-young, que era arrastrado prácticamente a rastras, se apresuró a decir con
angustia:
"Ui-geon,
i, iré más tarde. Ahora no, más tarde——".
Sentía
que las rodillas se le doblarían en cualquier momento. Su cuerpo estaba tan
lánguido que era un milagro que hubiera llegado hasta aquí. No sería extraño
que se desplomara en este mismo instante.
Tenía
la cabeza tan caliente que no podía coordinar sus pensamientos. Las palabras
que Jang Ui-geon le había lanzado también superaban su capacidad de comprensión
inmediata y llenaban su mente con pesadez.
No
entendía el porqué. No podía comprender esta situación. Por qué. Para qué.
Sentía
que si descansaba un poco mejoraría. Solo un poco, de verdad. Si descansaba un
momento, creía que podría entenderlo todo y llegar a una conclusión correcta.
Sin
embargo, ni su corazón, que parecía a punto de estallar por la ansiedad y la
impaciencia, ni su cuerpo, que le dolía con una inestabilidad que amenazaba con
derrumbarse, ni su mente, que parecía derretida y viscosa por la fiebre, nada
funcionaba correctamente.
Ahora
no podía ser. Ahora, sin importar de qué hablaran, no podría entenderlo bien y
terminaría haciendo sufrir a Jang Ui-geon. Terminaría provocando que pusiera de
nuevo ese rostro dolido y amargo que mostraba ahora mientras caminaba delante
de él arrastrándolo.
Solo
eso no lo quería.
No
quería que Jang Ui-geon sufriera. No quería ver cómo ese rostro se desmoronaba
y se crispaba. Deseaba que él estuviera siempre riendo de forma alegre y
divertida.
Así
que, solo por un momento.
Porque
si descansaba solo un momento se sentiría mejor. Entonces podría saber qué es
lo que él deseaba—— y podría complacerlo.
Ante
la súplica de Chi-young de ir más tarde, por favor, Jang Ui-geon, que caminaba
por delante, solo le lanzó una mirada de reojo.
"Si
hago eso y Chi-young se marcha a otra parte y no regresa, ¿a dónde tendré que
llamar esta vez para encontrarlo?".
"No,
no iré a ninguna parte".
"Pero
se fue. Ayer también. Sin dejar ni un papel".
"Eso
fue porque tenía prisa por la hora...".
"¿Ni
siquiera tuvo tiempo para hacer una llamada en todo el camino, o por la noche,
o en cualquier momento de hoy?".
Su
voz estaba rígida y endurecida.
'Tal
vez estuvo aferrado al teléfono todo el tiempo', pensó Chi-young de repente.
Con ese rostro amargamente desmoronado, tal vez él estuvo parado frente a la
casa de Chi-young, frente a la tienda, aferrado únicamente al teléfono.
……¿Por
qué?
¿Por
qué me esperó hasta ese punto?
En
medio de su visión dolorida, Chi-young observó su espalda con ojos que temblaban
ligeramente.
Su
mente, tan desordenada y confundida que no podía organizar sus pensamientos,
empezaba a albergar expectativas por su cuenta. Tal vez. Quizás. Aunque no
podía ser verdad.
"……Ui-geon
no estaba".
Sentía
que sus rodillas seguían flaqueando. Apenas lograba dar pasos mientras era
arrastrado por él. Su voz, que apenas se filtró entre sus labios de forma casi
inaudible, parece que llegó a sus oídos. Jang Ui-geon, que se acercaba al coche
estacionado a la salida del callejón, ralentizó el paso y se volvió hacia
Chi-young.
"Qu,
quería verlo antes de irme. Antes de partir. ……Aunque no sabía con qué cara
mirarlo y hubo momentos en los que pensé que no quería cruzarme contigo, ……aun
así quería verlo antes de irme. La verdad es que quería hacerlo. ……Pero Ui-geon
no estaba. Estaba solo en casa……".
Chi-young
cerró la boca.
La
verdad es que quería verlo.
Aunque
tuviera miedo, aunque estuviera aterrado, y aunque sintiera una timidez y
vergüenza mortales, aun así quería verlo antes de marcharse. Quería confirmar
si realmente él estuvo allí esa noche; no por el estado de su propio cuerpo,
que le dolía con punzadas y estaba marcado por hematomas en todas partes, sino
a través de su expresión, sus palabras y su presencia. Pero allí, Chi-young
estaba solo.
La
verdad es que quedarse solo fue amargo y solitario. Aunque para él no hubiera
sido gran cosa.
"…—".
Jang
Ui-geon no dijo nada. Mientras miraba a Chi-young, que mantenía la cabeza
gacha, abrió la boca con el rostro rígido como para decir algo, pero volvió a
cerrarla y tiró de él en silencio. Prácticamente metió a Chi-young, que apenas
podía sostener sus rodillas a punto de fallar, en el asiento del copiloto y él
también se sentó en el del conductor.
Mientras
Chi-young, desplomado en el asiento, hacía esfuerzos sobrehumanos para no
perder la conciencia que se desvanecía, el coche arrancó silenciosamente. Al
ver la dirección en la que se dirigía el vehículo, Chi-young se dio cuenta
enseguida de que iban hacia su casa.
De
la casa de Chi-young a la suya solo había unos pocos minutos en coche.
Solo
eran unos minutos, pero esos minutos en los que fluía un silencio absoluto sin
una sola palabra se sintieron extremadamente largos. Apenas lograba soportar
cómo su cuerpo, lánguido y pesado, gritaba de dolor pidiendo descanso.
Jang
Ui-geon mantenía la boca cerrada con el rostro rígido. Condujo mirando
fijamente hacia adelante hasta entrar en la cuesta que llevaba a su casa, y
solo cuando el coche se inclinó en la suave pendiente, murmuró con brusquedad.
"Yo...
—tenía miedo de qué ojos pondría Chi-young al verme al despertar. Por eso,
cualquier cosa que te... —".
Seo
Chi-young escuchó con atención, aunque sus oídos comenzaban a sufrir de
acúfenos, esperando el resto de las palabras de Jang Ui-geon, pero estas no
continuaron. El silencio reinó entre ellos hasta que el coche se detuvo en la
antigua casona.
Jang
Ui-geon apagó el motor y se desabrochó el cinturón. Miró con extrañeza a
Chi-young, que permanecía inmóvil, y le dijo: "Baje". Sin embargo,
Chi-young no se movió.
Le
costaba mantener la compostura. Estaba acostumbrado a no mostrar signos de
dolor para no preocupar a nadie, pero en ese momento sentía que de verdad no
podía moverse. Solo un poco más. Tras descansar solo un poco más...
No
obstante, al ver que Chi-young seguía sentado en silencio, pareciendo no querer
bajar, Ui-geon chasqueó la lengua, bajó del coche y abrió la puerta del
acompañante. Con voz algo rígida, repitió: "Baje". Tras esperar unos
segundos, le desabrochó el cinturón a Chi-young y lo cargó en brazos.
"¡…—!".
Chi-young
pataleó débilmente, pero Ui-geon no pensaba soltarlo y se dirigió a grandes
zancadas hacia la casa principal.
"Aunque
no quiera estar conmigo, ……no puede ser".
Murmuró
con una voz tan rígida que daba miedo. 'No es eso', susurró Chi-young, pero sus
palabras, mezcladas con su aliento caliente por la fiebre, no llegaron a oídos
de Jang Ui-geon.
Al
llegar al porche de madera, Ui-geon finalmente lo bajó. Observó en silencio a
Chi-young, quien se quedó sentado sin mirarlo, y de pronto frunció el gesto.
"Tanto
le parezco, …—".
Sin
embargo, sus palabras se detuvieron. Dejó a Chi-young allí y entró en la
habitación.
A
través de la puerta abierta, se veía el interior. Las mantas estaban extendidas
como si alguien hubiera estado durmiendo allí hasta hace un momento. Chi-young,
con la cabeza doliendo por la fiebre, se dio cuenta de algo: el lecho
permanecía tal cual él lo había dejado al salir.
Un
lecho vacío y frío.
"……".
Sintió
un vuelco en el corazón. Le dolió con una sensación punzante, pero tenía la
cabeza tan caliente que no podía organizar sus pensamientos.
Jang
Ui-geon regresó de la habitación y le extendió bruscamente un sobre blanco sin
nada escrito. Chi-young lo miró con extrañeza mientras Ui-geon mantenía un
rostro huraño.
Con
dificultad, Chi-young extrajo el papel del interior. Era un 'Certificado de
Cancelación de Deuda'.
'……Por
la presente se certifica que la totalidad del importe adeudado ha sido
cancelada con fecha XX de XX de 200X, por lo que se compromete a no presentar
reclamación alguna en el futuro. Acreedor……'
En
el apartado del acreedor figuraba el nombre al que Chi-young enviaba dinero
cada mes; en el del deudor, figuraba el propio nombre de Seo Chi-young.
"……,
¿eh……? ¿……?".
"Como
era festivo, de momento solo he traído un certificado provisional. El formal
llegará esta semana".
Chi-young
levantó la cabeza. Al cruzarse sus miradas, Ui-geon frunció el ceño con
incomodidad y desvió la vista hacia el patio.
"Quería
darle algo a Chi-young, ……aunque no es gran cosa, quería darle al menos esto.
Me llevó más tiempo del esperado averiguarlo y por eso me retrasé".
Jang
Ui-geon se frotó la mandíbula y, sin mirarlo, añadió:
"Busque
el local que quiera cerca de allí. ……Yo lo ayudaré".
Sus
palabras tardaron en procesarse en la mente febril de Chi-young. Sabía lo que
pasaba, pero no podía comprenderlo.
"……,
es, esto, ……. ……¿Por qué Ui-geon……? ……No había razón para esto,".
"Yo
creo que sí la hay", interrumpió Ui-geon con tono frío.
Chi-young
alternó la mirada entre el papel y él. No entendía por qué Jang Ui-geon había
pagado su deuda. Entonces, unas palabras del pasado cruzaron su mente.
—¿Quiere acostarse conmigo? Si es la primera vez, puede venderse
caro. Yo lo compraré. ¿Eso sirve como razón?
Aquellas
palabras, que en su día parecieron un desliz, revelaban ahora el motivo exacto
de ese papel. El rostro de Chi-young se tensó.
Al
ver su reacción, Ui-geon frunció el ceño. Chi-young apretó los labios; sentía
que iba a llorar por la impotencia y el dolor físico. Dobló el papel, lo metió
en el sobre y se lo devolvió.
"No,
……no tenía por qué hacer esto. El di, dinero... se lo devolveré sin
falta".
"No
lo hice para que me lo devuelv—".
"¡Yo…!".
La
voz de Chi-young se elevó por primera vez, sorprendiéndolos a ambos. Intentó
continuar, pero su voz vibraba por la angustia.
"Yo,
yo, no espero que haga nada por mí por haberme acostado con, ……Ui-geon, ni de,
deseo recibir dinero. ……No tengo intención de venderme caro por ser la pr, pr,
primera vez, ni, ni nada parecido, ……".
Le
temblaba todo el cuerpo. Jamás imaginó que aquello volvería a él como una
transacción. Él solo quería que siguieran como antes, tal vez con la minúscula
esperanza de que Jang Ui-geon lo quisiera de verdad.
"Yo,
de verdad, esto, no lo nece, necesito en abso, ……".
Ya
fuera una disculpa o un regalo, el significado era el mismo para él. Chi-young
estaba pálido y sus manos temblaban violentamente al devolver el sobre.
Jang
Ui-geon permanecía inmóvil, como congelado, mirando el rostro lívido de
Chi-young. Su propia expresión se volvió aterradora.
"Yo,"
comenzó a decir entre dientes, con una voz gélida.
"¿Yo
he comprado su cuerpo con esta porquería? ¿Por unos míseros cuartos, ahora yo
lo he convertido en un prostituto? ¿Yo lo he tratado así? ¡¿Quién?!
¡¿Yo?!".
Su
voz, antes contenida, estalló en un grito violento.
"¿Me
está diciendo que ahora le estoy pagando sus servicios?".
Jang
Ui-geon lo puso en pie de un tirón, sosteniéndolo con fuerza a pesar de que
Chi-young apenas podía mantenerse. Sus ojos negros brillaban con una intensidad
demente.
"—¿Por
qué me hace esto, Chi-young? ¿Por qué me hace sentir así de miserable? ¿Que yo
lo traté como a un prostituto? ¡Yo! ¡A usted!".
Su
voz temblaba por la indignación. Sus manos apretaban los brazos de Chi-young
como si fueran a romperlos.
"No
diga eso, Chi-young. Usted es la persona más valiosa para mí, ¡¿por qué dice
esas cosas?!".
Finalmente,
su furia y su dolor estallaron por completo.
Seo
Chi-young abrió mucho los ojos y miró de frente a Jang Ui-geon, quien lo
observaba con una mirada fija y penetrante desde una distancia mínima. Parecía
que él acababa de decir algo, pero sus oídos, anegados por la fiebre y el
zumbido de los acúfenos, no lograban procesar las palabras con facilidad.
Al
ver a Chi-young paralizado con un gesto de extrañeza, Jang Ui-geon crispó el
rostro. Soltó un suspiro cargado de autodesprecio y dejó escapar una risa
torcida.
"Ja...
está bien, ¿quieres que te muestre todo lo que hay en mi interior? Es cierto,
de hecho, llegué a pensar eso. Que preferiría que vendieras tu cuerpo. Porque
así sería tan sencillo como comprarlo".
La
mano que sujetaba el brazo de Chi-young se apretó con fuerza. Chi-young encogió
los hombros por el dolor, pero Ui-geon continuó hablando, como si no se diera
cuenta.
"Así
no tendría que estar consumiéndome de ansiedad, ni tendría que preocuparme por
si la forma en que me miras ha cambiado, ni se me caería el alma a los pies si
dejaras de quererme. ¡Bastaría con comprarte entero y traerte aquí! Si pudiera
hacer contigo lo que quisiera con solo darte dinero, ¡qué fácil sería!".
"…—".
Su
voz, similar a un rugido, estalló cargada de indignación. Al mismo tiempo, sus
dedos ejercieron una presión tan feroz que Chi-young sintió que sus huesos iban
a quebrarse y frunció el ceño. Solo entonces, la fuerza de Jang Ui-geon
disminuyó ligeramente; lo suficiente para no lastimarlo, pero manteniendo un
agarre firme del que no podía escapar.
Siguió
un breve silencio.
Jang
Ui-geon, que lo miraba con una intensidad que parecía devorarlo, fue
desmoronando su expresión lentamente. Un sentimiento de amargura y dolor se
hizo evidente en su rostro, justo frente a los ojos de Chi-young.
"…—Pero,
lo digo en serio".
La
voz de Jang Ui-geon perdió su agresividad. Suplicó con un tono bajo y
cauteloso.
"De
verdad que no lo hice con esa intención. Yo... yo tenía miedo de cómo me
mirarías al despertar. Es la primera vez que paso por algo así y no sabía qué
hacer. Solo quería darte algo, lo que fuera. Solo pensaba: 'por favor, que no
me aleje de su lado por haberlo forzado de esa manera, por haber sido tan
cobarde y ruin'—— solo pensaba en eso".
'Solo
quería darte un regalo para cuando despertaras, por eso lo hice', susurró con
voz profunda.
¿Por
qué sería? Aunque su rostro permanecía rígido en un silencio sombrío, de alguna
manera parecía que iba a llorar. Tal vez era porque el propio Chi-young se
sentía con ganas de llorar que lo veía así.
Simplemente
con ese pensamiento en mente.
Con
la idea de ofrecerle algo a Chi-young en cuanto despertara de su profundo
sueño, se había marchado a toda prisa. Tras limpiar a un Chi-young inconsciente
y dejarle agua y toallas para que no estuviera incómodo al despertar, salió
apresurado para regresar lo antes posible.
No
debió de ser nada fácil pasarse todo el día indagando, moviendo contactos y
realizando gestiones para resolver el asunto, aunque fuera de forma
provisional.
Seguramente
había guardado aquel sobre en su pecho y había regresado con el corazón lleno
de esperanza.
Y
entonces...
"…—".
La
mirada de Chi-young rozó por un instante el lecho vacío que seguía abandonado
en la habitación. Era el rastro intacto de su partida, tal como él lo había
dejado.
Qué
habrá pensado él al regresar y ver ese espacio vacío.
"——Por
favor".
Susurró
Jang Ui-geon. Una de las manos que sujetaba el brazo de Chi-young bajó para
rodearle la cintura. Solo después de asegurarse de que no escaparía,
estrechándolo con firmeza, la otra mano se soltó para atraer la cabeza de
Chi-young hacia él.
Su
mirada fija se fue acercando hasta desaparecer de su campo de visión. En cuanto
sus labios se tocaron, aquel contacto cauteloso se volvió rápidamente brusco y
ávido. El brazo que rodeaba su cintura también se tensó al máximo.
Las
manos que acariciaban su cintura y su espalda de forma desordenada transmitían
una angustia profunda. Como si quisiera aferrarse a algo seguro pero no
pudiera, recorría su cuerpo con inestabilidad hasta que, incapaz de contener su
deseo, empezó a despojar a Chi-young de sus ropas con manos impacientes y
apresuradas. Con cuidado, como si temiera un rechazo o que a Chi-young no le
gustara, pero con una urgencia incontenible.
Chi-young
contuvo el aliento por un instante. Ante eso, el movimiento de aquellas manos
se detuvo. Vacilantes, preguntándose si le desagradaba o si iba a evitarlo,
esas manos no fueron capaces de retirarse y volvieron a moverse con cautela.
'Por
favor', susurró Jang Ui-geon.
"……Por
favor, Chi-young. …—No puedo dejar de pensar en usted. Es como si hubieran
derretido su imagen y la hubieran vertido dentro de mi cabeza. ……Siento que me
estoy volviendo loco. No puedo controlarme. Chi-young".
Lo
llamaba por su nombre en susurros mientras acariciaba su cuerpo con manos
temblorosas.
"Usted
no sabe cómo me he sentido entre ayer y hoy. ……Sentía que no estaba vivo. De
verdad. Pensé que mi corazón se iba a secar y a morir".
Chi-young
recibió aquel contacto y los susurros contra sus labios con una sensación
extraña.
Era
raro. Sentía algo similar a lo de hace poco: la sensación de que esto no era
real. Sin embargo, esta vez era más extraño y le dolía el corazón. Era porque
su corazón estaba comprendiendo, muy lentamente, lo que él estaba diciendo.
Le
daban ganas de llorar. Al pensar en lo triste que se sentiría al despertar.
"……Tal,
tal vez esté equivocado".
Murmuró
Chi-young. Era su forma máxima de autoprotección. Quería sentirse un poco menos
triste cuando despertara de este sueño.
'Que
estoy equivocado'……, repitió Jang Ui-geon en un susurro con una sonrisa amarga.
La mano que recorría la cintura desnuda de Chi-young se apretó.
"Realmente
despacha mis sentimientos como si fueran un simple error. ……Está bien. Yo
tampoco lo sé con certeza. Por eso me limité a observar en silencio hasta
ahora. Porque podía ser una confusión. Es la primera vez que siento algo así,
¿cómo voy a saber qué es? Sí, sigo sin saberlo. Puede que solo esté perdiendo
la cabeza por un momento. ……Pero".
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Jang
Ui-geon, que devoraba con avidez los labios de Chi-young, fue deslizándose
hacia abajo. De la cara al cuello, al pecho, y más abajo, quitándole la ropa
con urgencia mientras mordisqueaba el cuerpo desnudo de Chi-young. Presionando
con firmeza aquel cuerpo que se estremecía y respingaba.
Parecía
que una furia repentina lo invadía.
"Mientras
me quedaba ahí parado como un idiota, otra persona rondaba a su lado y usted
retiró ese sentimiento de quererme. ——Fue la mayor estupidez que he
cometido".
Sus
labios temblorosos recorrieron su cuerpo. Chi-young apenas logró cerrar la boca
para que no se escapara su respiración entrecortada. Su cuerpo, febril y
agotado, temblaba levemente, sensibilizado ante cada pequeño estímulo.
'Está
ardiendo', murmuró Jang Ui-geon. Como si estuviera fuera de sí, pegó sus labios
sobre el corazón de Chi-young, frotando su mejilla contra él, mientras
acariciaba sin descanso su cuerpo trémulo.
"Sí,
anteayer también sentía que me iba a derretir, de lo caliente que estaba".
Su
voz, cargada de una excitación creciente, vibraba por el calor.
Chi-young
se sentía extraño; como esa sensación no desaparecía, se quedó mirando la luna
que se veía sobre el hombro de Jang Ui-geon. Aunque era casi igual a la que
había visto apenas dos noches atrás, hoy le parecía mucho más dulce y
conmovedora.
Qué
haré cuando despierte. Creo que me sentiré muy triste. ……Si es así, preferiría
no recordar nada al despertar.
Las
manos de Jang Ui-geon, que lo acariciaban con cuidado, se volvieron más audaces
al ver que Chi-young, aunque contenía el aliento y se estremecía
constantemente, no lo rechazaba ni intentaba apartarse. Sin embargo, las yemas
de sus dedos seguían transmitiendo inestabilidad, como si temiera que en
cualquier momento él fuera a negarse.
Su
cuerpo, que desde hacía rato se sentía pesado y distante, se hundió sin poder
moverse a su antojo, sumido únicamente en el calor. Tal como su conciencia, que
se nublaba con punzadas de dolor.
En
un momento, sintió algo frío en la espalda. Encogió el cuerpo por reflejo, pero
por dentro murmuró: 'Ah, qué fresco'. Solo cuando el calor corporal de Jang
Ui-geon se superpuso sobre él, se dio cuenta de que lo que sentía en su espalda
era el suelo de madera.
El
cuerpo sólido que presionaba pesadamente su pecho le dificultaba la
respiración. Bajo Jang Ui-geon, que pegaba sus labios al cuello de Chi-young,
sus pechos chocaron ligeramente de lado. Más abajo, sus vientres y sus ingles
entraron en contacto.
Sintió
cómo sus penes viriles, que se frotaban con calor, empezaban a humedecerse
levemente.
"¿Cómo
puede ser esto una confusión?".
Murmuró
Jang Ui-geon. Su voz baja, mezclada con una respiración agitada, sonaba casi
como si hablara para sí mismo.
"A
veces me falta el aire cuando estoy a su lado. Me falta el aire porque quiero verlo
incluso cuando ya estoy con usted... porque quiero poseerlo. Y eso que me
siento más cómodo con usted que con cualquier otra persona".
Jang
Ui-geon guardó silencio un momento.
En
algún punto, Ui-geon separó las piernas de Chi-young, se acomodó entre ellas y
pegó su cuerpo al suyo. Soltando un gemido bajo, como el de una bestia, su
deseo erecto presionaba contra él cada vez que movía la parte inferior de su
cintura. Abrazando con fuerza el cuerpo estremecido de Chi-young, susurró
mientras frotaba sus labios contra los suyos:
"Dijo
que cada persona tiene un lugar asignado, ¿verdad?".
Chi-young
recordó vagamente aquellas palabras de hace mucho tiempo. En su mente, la
conciencia iba y venía en una neblina difusa. Sin embargo, incluso con la mente
nublada, recordaba haber dicho aquello.
El
lugar que me ha sido asignado. Y el lugar que le ha sido asignado a él. Qué
sería, o dónde estaría.
"Si
es así, el lugar al lado de Chi-young también debe estar asignado a alguien. No
es posible que el lugar de alguien como usted esté vacío. No sé cómo ha
permanecido así hasta ahora".
Jang
Ui-geon frotaba sus labios contra los de Chi-young con cuidado antes de besarlo
una y otra vez. Besos ligeros, besos profundos.
"No
sé quién se sentará allí ni cuándo, pero sé que cuando ocurra, Chi-young será
bueno con esa persona. No importa quién ocupe ese lugar, aunque alguien se
siente allí por la fuerza, usted terminará siendo amable. Sí, ya sea esa mujer
del local o cualquier otro".
Ui-geon
se detuvo. Y Chi-young, con la mente distante, intentó imaginar a alguien
sentado a su lado.
No
podía ni imaginar quién sería o si realmente existiría una persona así, pero
Jang Ui-geon tenía razón. Si aparecía alguien con quien compartir su vida,
fuera quien fuera, Chi-young lo atesoraría. Porque ese era también el lugar que
le correspondía a él.
Parece
que Jang Ui-geon notó que Chi-young asentía casi imperceptiblemente. Pareció
detenerse un instante, pero pronto dejó escapar una voz ronca y profunda. Sus
dientes, al morder el labio inferior de Chi-young, se sentían lo
suficientemente afilados como para no llegar a herirlo.
"Pero
ese lugar me pertenece a mí. A mí. No se lo daré a nadie más. ……Aunque
Chi-young quisiera dárselo a otro, no lo permitiré. Si alguien intenta poner un
pie ahí, puede que lo quite de en medio incluso matándolo".
La
voz de una fiera feroz, cargada de una sinceridad peligrosa, se filtró entre
los labios de Chi-young. No era una simple amenaza o intimidación; ante la
verdad que se arrastraba en esas palabras, Chi-young sintió un escalofrío en la
nuca y encogió los hombros sin querer.
Al
notar ese gesto, Jang Ui-geon soltó un suspiro amargo.
"¿Me
tiene miedo?".
"……".
"Yo
también".
Él succionó
con cuidado el labio de Chi-young, el mismo que acababa de morder hace un
momento. Pequeña pausa. 'Por favor'. Como si estuviera suplicando de esa
manera.
“Yo también
tengo miedo. ……Le tengo miedo a Chi-young.”
'Siento que
por culpa de Chi-young dejo de ser yo mismo', aquel susurro bajo lamió sus
labios.
El brazo que
rodeaba la cintura de Chi-young se tensó. Chi-young no pudo apartar ese brazo
que se aferraba con tal desesperación, como si fuera la única cuerda de la que
colgarse y, de soltarla, fuera a caer hacia un abismo lejano. Tampoco pudo
desviar la cabeza ante esos labios impacientes que tocaban los suyos una y otra
vez, de forma incontable.
――¿Aún me
quieres aunque sea un poco……?
Le pareció
escuchar un susurro tenue, como el sonido del viento.
No sabía si
aquello que rozó sus oídos, con la fragilidad de quien teme incluso hablar, fue
algo que realmente dijo Jang Ui-geon o si se trataba de una alucinación creada
por su mente, que cruzaba la frontera entre la conciencia y la inconsciencia.
Y sin
embargo, le dolía el corazón.
Le dolía
tanto con punzadas sordas que quiso responderle: 'claro que sí, lo quiero
mucho, muchísimo', pero tenía la garganta tan cerrada que las palabras no
salían.
¿Cuánto
tiempo habría pasado? Para cuando el aliento y las manos de Jang Ui-geon habían
recorrido cada rincón del cuerpo de Chi-young sin excepción, el deseo que desde
hacía rato frotaba con ansia humedeciendo su entrepierna, en un momento dado,
se abrió paso y se hundió profundamente en su interior.
“……!”
Su cuerpo,
que estaba tan lánguido que no podía mover ni un dedo, tuvo un pequeño espasmo,
una breve convulsión. Una vez que logró entrar, como si fuera incapaz de
soportar más la espera, Jang Ui-geon dejó escapar un gemido bajo de fiera
mientras empujaba su cadera hacia adelante. Chi-young sintió con nitidez cómo
su cuerpo febril y dolorido se ensanchaba.
Era difícil.
Su visión se volvía borrosa. Aunque todo su cuerpo ardía en fiebre, el sudor
frío caía como si fuera lluvia. Jang Ui-geon, quien en cualquier otra
circunstancia no habría pasado esto por alto, se aferraba al cuerpo de
Chi-young con un rostro que reflejaba una impaciencia incontrolable.
“…―.”
Chi-young
estiró el brazo con dificultad. Sentía como si colgaran pesas de mil toneladas
de sus propios brazos al intentar levantarlos.
Las palabras
que Jang Ui-geon había dicho llegaron a su mente, aunque fuera lentamente. Y
aun así, le seguían pareciendo una mentira. Estaba seguro de que lo que él
decía era su verdad, pero sentía que esas palabras y toda esta situación debían
ser falsas, por lo que extendió la mano con vacilación. No obstante, en el
instante en que sus dedos tocaron el rostro de él, aquel tacto demacrado le
transmitió un calor vívido.
'Ah……',
Chi-young abrió los ojos con asombro, aunque fuera de forma borrosa.
Es real.
Realmente Jang Ui-geon y él mismo estaban ahora dentro de la realidad.
Su tacto, su
aliento y las palabras que había susurrado.
“…―.”
Su corazón
latía con fuerza. Dentro de aquel cuerpo pesado que se sentía arrastrado hacia
el abismo, solo su corazón palpitaba con un sonido vibrante.
Quería
decirle algo. Quería decirle cualquier cosa. Alguna palabra que pudiera calmar,
aunque fuera un poco, aquella impaciencia de él.
Sin embargo,
su conciencia, que se hundía cada vez más en la oscuridad, no fue capaz de
hilar una voz; lo único que pudo hacer fue rodear con sus brazos el cuello de
Jang Ui-geon, quien se dejó atraer dócilmente tras vacilar ante el débil
contacto de Chi-young.
'Chi-young',
escuchando aquel aliento ronco y entrañable que repetía su nombre una y otra
vez, Chi-young apenas logró, justo antes de perder el conocimiento, besarle la
mejilla con un roce fugaz haciendo uso de todas sus fuerzas.
*
* *
No
sabe cuánto tiempo ha pasado postrado en la cama.
Pensó
que con descansar un día bastaría para recuperarse, pero tal vez por haber forzado
su cuerpo antes de descansar debidamente, terminó por desplomarse por completo.
Su conciencia regresaba solo de manera intermitente; despertaba apenas un
instante para humedecerse la garganta o ir al baño, y pronto volvía a hundirse
en un sueño profundo y confuso.
Casi
no podía comer. Cada tanto, Jang Ui-geon traía papilla de arroz, puré o fruta
finamente rallada para que fuera fácil de tragar, pero tras tomar dos o tres
cucharadas, Chi-young volvía a caer dormido como si perdiera el sentido.
Durante
ese tiempo en que dormía como si estuviera desmayado, soltando a veces solo una
respiración agitada sin emitir una queja ni un solo gemido de dolor, Chi-young
sentía que, de alguna manera, Jang Ui-geon siempre estaba a su lado. Teniendo
que atender el local —que estaba en la casa de invitados, a unas decenas de
pasos de la casa principal donde Chi-young descansaba—, era imposible que fuera
así en la realidad, y estaba seguro de que algunas veces al abrir los ojos no
había nadie, pero aun así tenía esa sensación. Sentía que él siempre le tomaba
la mano o le apartaba el cabello empapado de sudor. O quizás eran solo sueños
en medio de su letargo.
“Lo
siento. Fui un tonto y no me di cuenta……. Era obvio que no se sentía bien, pero
ni siquiera pensé en eso. Lo siento, Chi-young.”
A
veces, escuchaba con dolor la voz de él recriminándose, hablando con cautela y
con un tono tan arrepentido que parecía que ni siquiera se atrevía a pedir
perdón. Había momentos en que esas palabras no lograban entrar en su conciencia
obnubilada, y otros en que la voz sonaba tan nítida que resultaba dolorosa.
'No
es eso. Estoy bien, de verdad estoy bien...', debía decirle eso, pero Chi-young
no lograba recuperar su conciencia esquiva. 'Tengo que decírselo, tengo que
decírselo', pensaba, para terminar perdiendo el sentido una vez más.
Casi
no tenía recuerdos de los dos primeros días. Recordaba vagamente haber comido
algo, que unas manos ajenas lo ayudaban a girarse y moverse, y haber ido al
baño de vez en cuando, pero todo era borroso, como un sueño que se olvida nada
más despertar. Solo el tacto de las manos que cuidaban de él permanecía como un
recuerdo tenue y familiar.
Recién
al tercer día, su conciencia empezó a parpadear y volver a la normalidad.
Aunque tenía la voz muy ronca y apenas le salía, ya podía articular algunas
palabras.
Al
sentir que algo tocaba sus labios, abrió los ojos con dificultad y vio a Jang
Ui-geon sentado a su lado. Él, que estaba humedeciendo los labios resecos de
Chi-young con una toalla mojada, asintió levemente con la cabeza al verlo
despertar.
“¿Está
bien? ¿Necesita algo?”
Esa
voz tranquila le resultaba tan familiar que Chi-young pensó que, tal vez, esto
mismo había ocurrido varias veces durante esos dos días que apenas recordaba.
Tenía
sed, pero no sentía deseos de beber nada en particular. Aunque estaba
consciente, su cuerpo seguía sintiéndose terriblemente pesado, como si algo lo
arrastrara hacia el suelo, por lo que Chi-young no negó con la cabeza y se
limitó a parpadear en silencio mirando a Jang Ui-geon.
Ui-geon
dejó la toalla y ayudó a Chi-young a incorporarse con cuidado. Apoyó contra su
propio cuerpo a aquel hombre que se tambaleaba y parecía que se iba a desplomar
en cualquier momento, y le acercó a los labios la taza de agua que estaba en la
bandeja. Chi-young bebió el agua lentamente, sorbo a sorbo, y se apartó tras
tres o cuatro tragos.
“Siento
como si estuviera pasando…… las enfermedades de décadas enteras, todas a la
vez.”
Chi-young
murmuró con pausas, con una voz tan profundamente ronca como la de un anciano
de ochenta años. Jang Ui-geon, que estaba dejando la taza, se detuvo por un
instante. Era la primera vez que Chi-young decía algo desde que cayó enfermo.
“……Entonces
aproveche para quedarse acostado cómodamente. Y no vuelva a enfermarse. ……,
……Lo siento. Por haber hecho que enfermara.”
Chi-young
movió solo la mirada para observar a Jang Ui-geon, quien dejó la frase en el
aire con amargura. Un rastro de apuro se asomó en los ojos de Chi-young.
“No
es eso, estoy bien. Solo, parece que, mi cuerpo estaba agotado. ……No es por
culpa de Ui, Ui-geon.”
Cuando
Chi-young habló tartamudeando, Jang Ui-geon, en lugar de responder, le apartó
suavemente el cabello húmedo. Aunque Chi-young dijera aquello, él parecía
seguir pensando que era su culpa. 'Estoy bien, de verdad, puedo soportar
cualquier dolor, así que ojalá no pusiera esa cara de amargura', pensó
Chi-young, bajando un poco la cabeza.
“¿Podría
comer un poco de pera rallada si se la traigo?”
Preguntó
Ui-geon con suavidad. Chi-young, con la cabeza gacha, levantó solo las pupilas
para mirarlo. Él, arqueando un poco las cejas, volvió a preguntar: “¿Necesita
alguna otra cosa?”.
“No……,
es que, recibir cuidados de esta manera, se me hace extraño……. Solo tendría que
haberme quedado acostado uno o dos días yo solo y luego levantarme, …….”
Realmente
era una sensación extraña. Aunque su madre lo había cuidado apenas dos noches
atrás, Chi-young, acostumbrado a pasar las enfermedades solo durante mucho
tiempo antes de volver a ponerse en pie, sentía algo raro, una mezcla de
timidez y un sentimiento entrañable.
Jang
Ui-geon guardó silencio. Por un instante, su rostro reflejó más dolor que el
del propio Chi-young. Tras un largo silencio, murmuró: “Descanse tranquilo.
Estaré a su lado”, mientras ayudaba a Chi-young a recostarse de nuevo.
Chi-young, que había recuperado el sentido por un momento, sintió que su
conciencia volvía a caer bajo la superficie del sueño en cuanto su cabeza tocó
la almohada.
A
partir de entonces, aunque seguía pasando mucho tiempo dormido, sus recuerdos
eran bastante más claros. Incluso los ruidos o sonidos que escuchaba entre
sueños, aunque no llegaran a despertarlo, entraban nítidamente en sus oídos.
Durante
el día, percibía a lo lejos el bullicio de la actividad. El trajín de la gente
que entraba y salía de la casa de invitados llegaba hasta la silenciosa casa
principal, donde solo se oía el canto de los pájaros. Al escuchar esos sonidos
desconocidos, Chi-young pensó varias veces: 'Ah, es cierto, esta no es nuestra
casa', y con el tiempo, esos ruidos extraños se volvieron familiares.
Parecía
que Jang Ui-geon estaba en la casa de invitados durante las horas de más trabajo,
pero incluso entonces se asomaba de vez en cuando a la casa principal. No se
escuchaba a ninguna otra persona venir en su lugar. Como no dejaba entrar a
nadie más, solo Jang Ui-geon iba y venía.
A
veces, cuando él abría la puerta en silencio, Chi-young sentía un rayo de sol
filtrándose por la rendija. La mirada de Jang Ui-geon entraba con la luz.
Al
ver que Chi-young dormía, Ui-geon entraba sin hacer ruido, se sentaba en
silencio a la cabecera y lo observaba detenidamente durante un largo rato, para
luego acariciarle el rostro con manos cuidadosas. Y cuando le besaba los labios
o la mejilla con más cautela aún que sus caricias, su respiración temblorosa
llegaba hasta él.
Sintiendo
aquel contacto como si tuviera la conciencia a medias en la realidad, Chi-young
no lograba arrastrar la otra mitad de su mente dormida hacia el presente. Sin
embargo, la sensación de los labios y las caricias suaves en su mejilla era tan
dulce y cálida que se sentía bien incluso entre sueños.
“¡Jefe!”,
se escuchaba el grito de un empleado a lo lejos. Probablemente estaban buscando
a Jang Ui-geon.
Ui-geon
pareció volver la cabeza hacia la puerta un momento, besó la mejilla de
Chi-young una vez más y apartó sus labios. Sin embargo, parecía costarle
retirar la mano que acariciaba su cabello y vaciló un rato, hasta que tras un
segundo grito de “¡Jefe!”, finalmente la apartó.
“…….
Chi-young.”
Escuchó
cómo pronunciaba su nombre en un susurro. Esta vez también quiso responder,
pero su cuerpo y su mente semiconsciente no obedecieron su voluntad.
'Chi-young',
aquella voz suave que lo llamaba con tanto cuidado era como una confesión en sí
misma. Chi-young. Chi-young. Como si todo lo que él quería decir estuviera
contenido en ese nombre.
Tras
acariciar la mejilla de Chi-young una última vez, Jang Ui-geon se puso en pie y
salió; la luz del sol que se filtraba en la habitación también se marchó al
cerrarse la puerta en silencio.
En
la penumbra iluminada que colindaba con el sol radiante a través de una sola
puerta de papel, Chi-young sintió de pronto que le daban ganas de llorar,
aunque no estuviera triste. Recordando aquel nombre que él había pronunciado
con tanto cariño.
Al
llegar la noche, Jang Ui-geon siempre estaba al lado de Chi-young.
A
veces, al abrir los ojos, lo encontraba sentado a su lado observándolo
fijamente en la habitación en penumbra, con solo una lámpara encendida a lo
lejos. Entonces, si sus miradas se cruzaban, preguntaba en voz baja: “¿Quiere
agua? ¿No tiene hambre?”.
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“……,
¿no va a dormir?”.
Cuando
Chi-young preguntaba con voz ronca, Jang Ui-geon soltaba una risita y
respondía: “En un rato”, para luego limitarse a seguir mirándolo en silencio.
Mientras
le apartaba el cabello con suavidad, Ui-geon detuvo de pronto su mano y dijo:
“Ha sudado mucho. Espere un momento”, y se levantó para traer enseguida una
toalla seca y ropa limpia.
Con
movimientos expertos, le quitaba la ropa húmeda a Chi-young, que permanecía
sentado tranquilamente, le limpiaba el cuerpo y le ponía ropa nueva.
Cuando
Chi-young se encogía al sentir el contacto del aire fresco en su cuerpo húmedo,
Jang Ui-geon lo envolvía rápidamente con la manta. Sus manos eran hábiles para
cambiarle la ropa incluso dentro de la manta, aunque fuera incómodo. A
Chi-young ese contacto tampoco le resultaba extraño, y pensó que algo similar
debió ocurrir varias veces mientras él estaba inconsciente.
Chi-young
no necesitaba ayudarlo en nada hasta que terminaba de cambiarlo y lo recostaba
de nuevo. Antes de que Chi-young pudiera levantar sus brazos, que aún se
sentían pesados pero que ya podía mover, Jang Ui-geon ya le había pasado las
mangas y abrochado los botones uno a uno de forma ordenada. Tras envolver el
cuerpo de Chi-young con una manta limpia y cambiar impecablemente la funda del
colchón y de la almohada, volvía a recostar a Chi-young sobre el lecho.
Seo
Chi-young observaba cada uno de sus movimientos con la mente aún obnubilada por
la fiebre, sumido en una sensación sumamente extraña.
Solo
cuando terminó de cubrirlo con la manta hasta los hombros, Jang Ui-geon le dio
unas palmaditas en el pecho como indicando que ya había terminado. Chi-young lo
miró fijamente desde el lecho. Ante la mirada interrogante de Ui-geon,
Chi-young negó con la cabeza y murmuró con cierta timidez:
‘Lo
hace muy bien.’
‘¿Ah,
sí? Se me da bien aprender cualquier cosa rápido.’
Al
decir esto, Jang Ui-geon sonrió con naturalidad, mostrando el rostro que
Chi-young recordaba de siempre. De alguna manera, aquello le dio tranquilidad y
Chi-young también terminó por sonreír.
Cerrando
de nuevo sus ojos nublados, Chi-young susurró: ‘Lo siento.’
Se
sentía apenado por estar postrado en una casa ajena durante tantos días. En
cuanto pudiera mover un poco el cuerpo, tendría que regresar. No podía seguir
dejando su casa y su local vacíos por más tiempo.
Sin
embargo, su cuerpo parecía necesitar todavía más descanso, pues en cuanto cerró
los ojos, su conciencia comenzó a desvanecerse de nuevo. Sobre él, le pareció
que la mirada silenciosa de Jang Ui-geon se mezclaba con unas palabras tranquilas.
‘Me
gusta poder cuidar de Chi-young. Que usted me confíe todo a mí.’
Preferiría
que se quedara así para siempre, que no fuera a ningún lado, añadió de forma
borrosa mientras una mano silenciosa revoloteaba con cautela sobre el rostro de
Chi-young antes de desaparecer.
……Otra
vez esa sensación. No estaba triste, pero sentía que las lágrimas estaban a
punto de brotar.
Los
párpados de Chi-young temblaron levemente. Sin saber si él lo había notado o
no, aquella mano vacilante rozó sus párpados con muchísima suavidad, como si
tocara un cristal que pudiera romperse fácilmente.
Mientras
se sumergía en el sueño, cabeceando, le pareció que tal vez había llorado
amargamente en sus sueños.
*
Fue
en un instante.
Al
abrir y parpadear un par de veces, Seo Chi-young sintió que su cuerpo estaba
inusualmente ligero, a pesar de seguir acostado en el lecho.
“…….”
Levantó
el brazo lentamente. Aunque todavía se sentía algo lánguido y pesado, el dolor
punzante que antes le oprimía los músculos había desaparecido. Podía moverse
sin mayor dificultad.
Chi-young
se incorporó despacio hasta quedar sentado. Solo habían pasado unos días, pero
sentía que hacía mucho tiempo que no se sentaba por su propia cuenta. Al
recordarlo, se dio cuenta de que durante todo ese tiempo había dependido del
apoyo de Jang Ui-geon.
Incluso
si Chi-young hubiera podido levantarse solo si se lo proponía, Ui-geon siempre
estaba a su lado para asistirlo, como si fuera lo más natural del mundo que él
lo sostuviera para incorporarlo. O mejor dicho, como si se sintiera herido si
Chi-young intentaba hacer algo por sí mismo.
“…….”
Chi-young
estaba solo en la habitación.
A
través de la puerta de papel finamente acabada, la luz del sol golpeaba con
fuerza. En medio de esa sombra luminosa filtrada por una sola hoja de papel,
Chi-young permaneció un rato parpadeando aturdido.
Desde
la casa de invitados, más allá de los muros, se escuchaba el murmullo lejano de
la actividad. Parecía ser una hora de mucho trabajo con el vaivén de los
clientes.
Tras
observar detenidamente las mantas limpias y esponjosas, el cuenco de agua a
cierta distancia de su cabecera y las toallas secas y húmedas prolijamente
dobladas, Chi-young finalmente se puso en pie. Aunque le faltaba algo de fuerza
y se sentía lánguido, no le pesaba mover el cuerpo. Era una sensación
refrescante y ligera, como la de alguien que se levanta tras haber superado una
larga enfermedad.
Su
visión, ligeramente mareada, recuperó pronto la nitidez. Sus piernas, aunque
débiles, dieron pasos lo suficientemente firmes como para salir de la
habitación.
Al
abrir la puerta, la luz deslumbrante del sol se derramó sobre él. Sus ojos,
acostumbrados a la penumbra de los últimos días, se cerraron al instante por el
escozor de la claridad.
Chi-young
permaneció un momento de pie en el corredor de madera, buscando a tientas con
las manos hasta que se sentó. La madera, calentada por el sol, le dio una
sensación inicial de frescura al sentarse, pero pronto volvió a sentirse
cálida.
En
el extremo del corredor, justo bajo la cascada de luz solar, Chi-young se sentó
abrazando sus rodillas con los ojos cerrados. Bajo sus párpados cerrados,
flotaba una oscuridad brillante.
Hacía
un día espléndido. El clima, que ya había pasado el final del otoño para entrar
en el invierno, era gélido y el aire se sentía frío, pero el sol que caía
directamente sobre su cabeza dispersaba con ardor ese aire gélido. El viento
seco que soplaba de vez en cuando traía consigo el fresco aroma del invierno.
Era
el mediodía de un deslumbrante inicio de invierno.
La
sombra del tejado se había desviado, dejando todo el cuerpo de Chi-young
expuesto bajo el sol.
Al
estar allí acurrucado, envolviendo sus rodillas, se sentía tan bien como si
estuviera arropado por la luz. La sensación simultánea de frío y calor sobre su
piel era perfecta.
Todo
era luminoso.
Una
luz tan radiante que impedía abrir los ojos lo iluminaba todo.
Incluso
dentro de sus párpados, la luz centelleaba.
Un
silencio tranquilo. El canto ocasional de los pájaros. Un viento frío y
agradable. Una luz que lo llenaba todo.
Chi-young
apoyó la barbilla en sus rodillas.
Todo
era demasiado deslumbrante. Un mundo que, inundado de luz, parecía completo por
sí mismo.
Sentía
que, al abrir los ojos, todo sería un sueño.
Sentía
que, al abrirlos, todas las fantasías y mentiras huirían, y allí solo quedaría
la verdad.
De
todos los días en que perdió la conciencia en aquella habitación sombría, de
todo lo que envolvió su ser borroso, solo la verdad.
“…….”
Chi-young
abrió los ojos. Ante su vista, ya acostumbrada a la claridad, aparecieron las
cosas que lo rodeaban. El familiar corredor de madera, el peldaño de piedra
debajo, la escalera de piedra por niveles, y más abajo los árboles del patio
que empezaban a recibir el invierno dejando caer sus hojas verdes; y a unos
pasos de allí, estaba Jang Ui-geon.
Él
se había detenido justo al entrar por la puerta de la casa principal y, desde
quién sabe cuándo, estaba observando a Chi-young.
“…….”
“…….”
Jang
Ui-geon, que miraba a Chi-young con los ojos entrecerrados por la intensidad de
la luz, finalmente se puso en movimiento. Con pasos lentos y silenciosos, como
quien se acerca a un animal pequeño y asustadizo, subió la escalera de piedra y
se detuvo frente a Chi-young.
“Se
ha despertado.”
“……Sí.
Ya siento el cuerpo ligero.”
“Qué
bien.”
'Qué
bien', dijo Ui-geon mientras esbozaba una sonrisa algo difusa. Apartando el
rostro, en el que se cruzó un fugaz rastro de nostalgia, se sentó al lado de
Chi-young a una distancia de medio paso. Chi-young observó fijamente su perfil
mientras él contemplaba el patio interior.
Los
extremos de su cabello brillaban bajo la luz del sol. Se sentía como un momento
de hace mucho tiempo.
“No
quiero dejarlo bajo el sol.”
Murmuró
Ui-geon con calma. Chi-young, que lo miraba embelesado, parpadeó confundido.
Él, sin mirar a Chi-young y manteniendo la vista en el patio, permaneció en
silencio hasta que, en un momento, susurró en voz baja, casi para sí mismo:
“Brilla
tanto que siento que, si aparto la vista un segundo, alguien vendrá y se lo
llevará.”
Chi-young
se quedó sin palabras por un instante y lo miró. El que estaba brillando de esa
manera era él.
Jang
Ui-geon se giró lentamente hacia Chi-young, quien lo miraba desconcertado y
parpadeando. Sus miradas se cruzaron.
Tras
vacilar un momento, Ui-geon extendió la mano lentamente. Al ver la mano grande
acercándose a su mejilla, Chi-young encogió los hombros por reflejo. En un
instante, la expresión de Ui-geon se ensombreció, y Chi-young se alarmó
internamente: 'Ah, no es por eso'. No lo hizo a propósito, su cuerpo
simplemente reaccionó así.
Jang
Ui-geon retiró lentamente la mano que se había quedado sin destino y, tras
observar fijamente a un Chi-young que desviaba la mirada con turbación, abrió
la boca.
“Chi-young.”
Su
voz, llamándolo suavemente, estaba cargada de una leve ansiedad y tensión, por
lo que Chi-young lo miró con extrañeza. ¿Cuándo habría escuchado antes esa voz
que, aunque parecía calmada, estaba empapada de inseguridad?
“¿Puedo
besarlo?”
En
el momento en que escuchó esa pregunta tan natural, como si no fuera nada,
Chi-young abrió los ojos de par en par. Se quedó mirándolo aturdido durante
unos segundos antes de desviar la mirada, preso del pánico.
“Eh……,
…….”
Las
palabras no salían de su boca, que se abría y cerraba con torpeza. Podía sentir
cómo su rostro se encendía bajo el sol ardiente. Avergonzado por ello,
Chi-young bajó aún más la cabeza.
De
alguna manera, se sentía una situación sumamente extraña.
Si
lo pensaba bien, ya había probado esos labios incontables veces. No había
rincón en el cuerpo de Chi-young que no hubiera sido tocado por la boca de Jang
Ui-geon. Que viniera ahora a pedir permiso resultaba muy repentino.
Pero
entonces, Chi-young se dio cuenta de algo.
Jang
Ui-geon le estaba pidiendo permiso a Chi-young por primera vez. De manera
cortés pero cautelosa, escondiendo en su interior una ansiedad inquieta. A
pesar de haberse entregado a esos labios cientos, miles de veces, Chi-young
nunca había manifestado su consentimiento por cuenta propia.
Por
lo tanto, esta era la primera vez.
Si
estaba bien así. O si no podía ser.
Era
la primera vez y, al mismo tiempo, la respuesta a todo.
“…….”
Chi-young
levantó la mirada con timidez y lo miró con apuro. Él esperaba pacientemente la
respuesta de Chi-young con un rostro sereno.
Fue
entonces cuando las palabras y acciones que Jang Ui-geon había tenido durante
este tiempo empezaron a aparecer una a una en su mente, ahora despejada. Y esas
memorias le revelaron el significado de lo que él quería decir.
“……,
…―.”
Sentía
una sensación extraña. Parecía que algo imposible estaba sucediendo frente a
sus ojos.
Sin
embargo, en medio de aquel silencio, bajo la luz que caía de forma tan
deslumbrante que escocía, estaba sentado Jang Ui-geon; en su expresión no había
más que ansiedad e impaciencia, ninguna otra mentira se reflejaba en él.
“……,
¿no se puede?”
Como
si no pudiera esperar más, Jang Ui-geon preguntó una vez más. Su voz se había
vuelto rígida.
Chi-young
bajó la mirada que tenía puesta en él. Era claramente la persona a la que había
visto todo este tiempo, pero se sentía como si lo viera por primera vez. Al
sentir su mirada seria, Chi-young volvió a sonrojarse de golpe.
Chi-young
negó con la cabeza.
En
ese instante, Jang Ui-geon pareció paralizarse. Al levantar solo un poco las
pupilas, vio que Ui-geon lo miraba con un rostro algo desconcertado. No parecía
estar seguro de si negar con la cabeza era un rechazo o lo contrario.
Pensándolo bien, podía dar lugar a malentendidos.
Sin
embargo, eso duró apenas un instante; Jang Ui-geon extendió su mano de
inmediato. Esta vez, su mano se acercó con más urgencia, recorriendo el cuello
de Chi-young para atraer su cabeza hacia él. Como si, fuera cual fuera la
respuesta de Chi-young —incluso si fuera en la dirección que él no deseaba—,
fuera a fingir que no lo sabía y a darle una interpretación que le favoreciera.
Pero
no era eso. Aunque el resultado fuera el mismo, no era eso.
Antes
de dejarse llevar por la mano de Jang Ui-geon, Chi-young abrió la boca:
“Yo...”. Ante su voz, que salió con cierta prisa, la mano de Ui-geon se detuvo.
“Yo,
……, nunca he rechazado a Ui-geon, ni una sola vez.”
Habló
con vacilación, logrando apenas sacar las palabras, pero su voz fue clara.
Jang
Ui-geon se quedó mirando a Chi-young sin realizar el más mínimo movimiento. Lo
observó fijamente, como si tratara de discernir si la respuesta de Chi-young
era una broma, y luego volvió a atraerlo lentamente hacia él.
“¿Está
bien?”
Preguntó
Ui-geon en voz baja cuando sus rostros estaban a menos de un palmo de
distancia. Sin embargo, esa voz que temblaba levemente no esperó esta vez a la
respuesta y atrajo a Chi-young.
“…―”
Fue
un beso suave, como el que se le da a un niño.
Cuando
los labios, que se habían separado tras un roce fugaz, volvieron a tocarse,
Chi-young sintió de pronto que esos labios temblaban. O tal vez eran los suyos
los que temblaban.
A
diferencia de sus labios, que permanecían unidos con delicadeza sin separarse,
el brazo que rodeaba a Chi-young ejerció una fuerza impetuosa. Dentro de esos
brazos que lo estrechaban con firmeza, como si nunca fueran a soltarlo,
Chi-young, que había tensado su cuerpo por los nervios, fue relajándose poco a
poco, muy lentamente.
Aquel
abrazo cálido que lo estrechaba con tal ímpetu que casi le faltaba el aliento
resultaba, no obstante, sumamente cómodo. Sí, era como si ese lugar le hubiera
pertenecido desde el principio. Como si ese abrazo fuera el sitio preparado
para él desde siempre, se sentía cálido y reconfortante.
“…….”
Chi-young
cerró los ojos. La luz centelleante le lastimaba la vista y no podía
mantenerlos abiertos. Justo antes de cerrarlos, vio que Jang Ui-geon también
cerraba los suyos.
Permanecieron
así, abrazados con firmeza y con los labios unidos, sin moverse. Se quedaron
estáticos bajo los rayos de luz punzantes que cubrían sus párpados.
En
aquel lugar silencioso y apartado, solo el sonido del corazón resultaba
estruendoso.
Chi-young,
preocupado por un momento por si se escuchaba ese latido, pensó vagamente que
tal vez aquel sonido de corazón tan familiar y conocido, que latía con tanta
fuerza, no era el suyo.
Era
porque los labios de Jang Ui-geon, que se habían unido suavemente a los suyos
mientras susurraban algo inaudible, estaban temblando.
