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Desde la noche anterior la cabeza le había estado palpitando, y al final, el período de fiebre de celo dio inicio. El aliento que exhalaba era ardiente, y la totalidad de su cuerpo se encontraba pesada. Al tratarse de un asunto que ya había previsto, el Emperador depositó a un lado los documentos que leía en silencio y habló:
“¿Qué es lo que se dice que la Emperatriz se encuentra haciendo en este momento?”
“Se sabe que la señora Seo ha ingresado al palacio y se encuentran tomando el té junto con refrigerios en el Palacio Central, Su Majestad.”
Habiéndoselo indicado con antelación a la dama de la corte Yun, invitó a la familia de Dam-yeon al palacio. Dado que la condición pública de Dam-yeon no era la de ser familia de ellos, correspondía fabricar una razón valedera para encontrarse, mas inventar toda clase de pretextos para disponer de un tiempo no constituía algo en demasía difícil.
Al tratarse de un Dam-yeon que todavía no recuperaba los recuerdos por entero, si se topaba con su familia, a la que creía en el Reino de Cheongun, disipar las añoranzas le tomaría su tiempo.
El Emperador, que debía evitar los encuentros con Dam-yeon hasta que el período de fiebre de celo concluyera, contuvo un gemido ante su propio vientre que ya desde ese momento se tornaba ardiente.
“¿Ha concluido la disposición?”
“Sí, Su Majestad. Lo escoltaremos hacia el palacio別.”
El Emperador asintió con la cabeza y se levantó de su asiento. Tras ingerir las píldoras supresoras durante unos días y dormir profundamente, el período de fiebre de celo habría de concluir. Siendo así, le sería dado tratar a Dam-yeon tal como en lo ordinario.
Si le decía a Dam-yeon que no lo había buscado por disponer de cuantiosos asuntos, este se preocuparía, mas el asunto habría de transcurrir sin mayores contratiempos. El Emperador, habiendo exhalado un largo aliento, se adentró en el interior del palacio.
“Hasta que este siervo busque primero, no hagáis ingresar a nadie.”
“…Sí, Su Majestad.”
Le causó desazón el hecho de que el eunuco principal lo vigilara con semblante intranquilo desde hacía un momento. Ello podría deberse a que, posterior a haber manifestado como un yang-in, no existían ocasiones en que hubiera resistido valiéndose de la medicina. Dejando atrás al eunuco principal que siempre guardaba cuantiosas preocupaciones, el Emperador, que trasladó sus pasos hacia el interior, liberó el aroma de celo que mantenía firmemente reprimido.
El aroma de celo del geuk-yang-in al que le había sobrevenido el período de fiebre de celo comenzó a colmar el espacio con una elevada densidad. Una sensación de sed agobiante se alzó. El instinto del yang-in profería alaridos dictaminando que deseaba dirigirse hacia su propio eum-in.
Fue en el preciso instante en que el Emperador, apretando los dientes con fuerza, giró la cabeza buscando la medicina herbolaria que se decía que el médico imperial había dispuesto.
Al percibirse una presencia por detrás de la puerta, el Emperador frunció el entrecejo por instinto. Indudablemente había ordenado no hacer ingresar a nadie hasta que él buscara primero, ¿es que acaso ya existía alguien que lo hubiera echado al olvido?
El rostro del Emperador se petrificó ante la fisonomía que se traslucía entre la rendija de la puerta que se abría poco a poco.
“…¿La Emperatriz?”
“¿Es que se encontraba en este sitio, Su Majestad?”
“Cómo es que tú, aquí….”
“Sí. Yo, que debería permanecer en el Palacio Central junto con mi madre, me encuentro en este sitio, sabe.”
Dam-yeon contempló al Emperador con unos ojos serenos y a la vez firmes. Lo había previsto, mas indudablemente era así. También para esta oportunidad pretendía pasar el período de fiebre de celo a solas eludiendo sus ojos.
“Por qué razón, aun encontrándome yo, pretende pasar el período de fiebre de celo a solas.”
Dam-yeon exhaló un largo aliento y extendió la mano en silencio hacia el Emperador, quien se encontraba de pie con un rostro sorprendido y desconcertado.
“¿Acaso no ha dicho que este concubino constituye la única consorte de Su Majestad?”
“Limítate a, regresar.”
“Su Majestad.”
“Ahora no. Es por el bien de tu persona. Aunque tú no consigas recordarlo, cuando concebiste al Príncipe Heredero en tu vientre existieron cuantiosos asuntos peligrosos. Este siervo no desea volver a experimentar aquel asunto.”
La mandíbula del Emperador, que mantenía la fuerza depositada en el mentón tal como si contuviera el aliento al tiempo que apretaba los dientes, temblaba sutilmente. Él exhaló un suspiro empujando a Dam-yeon tal como si le suplicara que por favor regresara.
Sin embargo, Dam-yeon no retrocedió. Más bien, aproximándose hacia él, tomó la mejilla del Emperador entre sus manos. Y levantó la cabeza en silencio.
“…este concubino ha recuperado los recuerdos.”
Las pupilas del Emperador vacilaron.
“¿Es que ahora volverá a eludir a este concubino otra vez?”
“Yeon. Aquello es….”
El Emperador se mordió la lengua tal como si hubiera perdido las palabras que pronunciar. No le era dado dejar salir por la boca sus acciones del pasado en las que pretendió hacerle concebir la semilla administrándole la medicina de manera forzosa, e intentó impedir que se marchara. Un aborrecimiento hacia sí mismo se precipitó, y el Emperador petrificó su expresión.
Sin embargo, en tanto Dam-yeon continuara mostrando una terquedad como esta, correspondía pronunciar la realidad. De haber sabido que aquel asunto le causaría un arrepentimiento de este tamaño, ni siquiera lo habría intentado.
En el preciso instante en que el Emperador abría los labios con un rostro decidido, Dam-yeon despegó los labios primero:
“¿Es que ha creído que este concubino lo habría ignorado durante este tiempo?”
Los ojos del Emperador vacilaron con velocidad.
“Lo sabía todo por entero. Tanto el hecho de que Su Majestad me administró la medicina, como el hecho de que alteró la constitución de este concubino a propósito.”
Dam-yeon, soltando una leve sonrisa, pik, acarició la mejilla del Emperador. Al contemplar el rostro deslucido por causa de los profundos arrepentimientos y tribulaciones durante este tiempo, el corazón le dolió.
“Por qué razón se ha deslucido el rostro de esta manera. Aun sabiendo que a mí me agrada el rostro de Su Majestad.”
“Desde cuándo lo has sabido.”
“Probablemente desde el principio. Por más que lo pensara, ¿no resultaba extraño? El hecho de que yo, cuyo aroma de celo asimismo era tenue, de golpe concibiera un hijo. Luego, por un azar, llegué a saberlo al contemplar un libro. Que la medicina herbolaria que Su Majestad me había administrado durante ese tiempo tal vez no constituía un tónico, sino una medicina que auxiliaba a la concepción.”
Ante esas palabras, el Emperador no consiguió pronunciar más palabra. Dam-yeon, aun sabiendo aquello, no había dejado salir esas palabras por la boca ni una sola vez durante el tiempo de siete años. No dejó escapar resentimiento alguno para con su persona, quien le había alterado la constitución de manera forzosa, le había fabricado la matriz y lo había hecho concebir un hijo.
Incluso en el tiempo en que él lo malinterpretó tratándolo de manera cruel y ruda.
“Yeon. Yo—”
Dam-yeon dibujó una leve sonrisa al contemplar los ojos enrojecidos del Emperador. Él habló acariciando el contorno de los ojos húmedos por el agua con lástima:
“Se encuentra bien. Ya constituye un asunto pasado por entero… y gracias a ello, ¿no es que nos fue dado dar a luz a Heui-yeon?”
Verdaderamente no resentía al Emperador. Dam-yeon, manifestando que se encontraba bien, estrechó al Emperador que se culpaba a sí mismo y, tal como si lo apaciguara, acarició su rostro depositando un beso.
“Cómo es que eres tan bueno hasta el punto de asemejarte a un tonto. Sería mejor que me resintieras, o que incluso me golpearas.”
“Si este concubino obra de esa manera, ¿quién es el que pasa a ser dichoso?”
“…….”
“este concubino no desea marchar por el sendero en que tanto Su Majestad como yo resultemos heridos e infelices.”
De haber sabido que el Emperador albergaría aquello en su corazón durante un tiempo tan largo, habría sido propio despegar los labios primero. Dam-yeon, fijando la vista en los complejos ojos del Emperador, sujetó la mano de este atrayéndola hacia su propio cuerpo.
“Según escuché del médico imperial en aquel entonces, se me dijo que durante la concepción constituyó un peligro por no recibir el aroma de celo de Su Majestad de manera adecuada. Por lo tanto, ahora será diferente.”
Posterior a ello, Dam-yeon desató el lazo de la ropa que llevaba puesta despacio. Siguiendo la esbelta línea de los hombros, la ropa de seda se deslizó, seureureuk, cayendo por sobre el suelo.
Al punto el cuerpo, convertido en una desnudez, reveló su figura, y Dam-yeon liberó su propio aroma de celo poco a poco. El aroma de celo en el que se encontraba depositado un significado explícito despedía una fragancia más lasciva que en cualquier otra ocasión.
“…Su Majestad. este concubino se encuentra avergonzada, ¿es que continuará limitándose a vigilar?”
Tal como si se sintiera perturbado, Dam-yeon se frotó la frente contrayendo un ojo. El Emperador, que recién entonces recobró el juicio, vio que su parte inferior se infló tal como si fuera a estallar ante el aroma que envolvía su propio cuerpo tal como si lo sedujera.
“Indudablemente has de arrepentirte.”
“En lo absoluto. Y si me arrepiento un tanto, qué es lo que importa. En mi lado, en todo momento Su Majestad habrá de acompañarme.”
“Fuu…. De ninguna manera consigo vencerte.”
Dam-yeon dibujó una sonrisa radiante al cruzar la mirada con los oscilantes ojos dorados del Emperador. El Emperador, habiendo cedido ante Dam-yeon al final, envolvió la cabeza de Dam-yeon depositando un beso tal como si se abalanzara por sobre él.
“ugh….”
La masa de carne que se entrelazaba con fuerza, tal como si fuera a succionarlo hasta la raíz, era ardiente. A Dam-yeon se le nubló la mente ante el beso que revolvía el interior de la boca succionando y tragándose la totalidad de su saliva.
La mano del Emperador ya envolvía la cintura de Dam-yeon con firmeza antes de darse cuenta. Cada vez que la punta de la lengua entraba en contacto, un aliento ardiente rozaba la mejilla. El corazón se agitó desordenadamente tal como si fuera a estallar.
“Su, Majestad…. Despacio….”
En cuanto los labios apenas se apartaron, Dam-yeon susurró empujando los hombros de este, que se encontraba excitado, mas el Emperador se tragó los labios con una fuerza aún mayor.
Un beso más obstinado y profundo que el del principio continuó. Junto con el hecho de que la conciencia se tornaba distante, el pene ardiente que entraba en contacto con la parte baja se percibió de manera nítida.
“ugh…. Ugh.”
La totalidad del cuerpo se tiñó con el calor, y el aroma de celo del uno y del otro se entremezcló en el aire colmando el interior de la habitación. Los movimientos que obedecían al instinto continuaron, y el Emperador, que recostó a Dam-yeon por sobre las mantas, abrió sus muslos al punto.
“ugh, ¡ugh!”
El Emperador, que sujetó la pelvis y tiró de ella hacia arriba, inclinó la cabeza sepultando el rostro en la entrada. Lamiendo la entrada de manera glotona, los movimientos de la lengua continuaron tal como si verificara el sitio en el que habría de adentrarse.
Lamiendo de manera minuciosa entre cada uno de los pliegues, oprimió con la punta de la lengua la pared interna que despedía una fiebre ardiente. En cuanto un sonido pastoso provocado por el flujo lúbrico y la saliva se produjo en el interior, introdujo los dedos moviéndolos con velocidad tal como si diera tijeretazos.
Unos movimientos más obstinados y veloces que los ordinarios continuaron. La entrada, en la que se habían adentrado cuatro dedos del Emperador, ya se abría repetidamente habiéndose relajado de manera blanda.
“Su Majestad, ya, al estar dispuesto…. ugh.”
Dam-yeon, que introdujo fuerza en la parte inferior sin percatarse de ello por sí mismo, llamó al Emperador con un rostro encendido. El Emperador, para quien esa figura se presentó de manera seductora, colocó las piernas de Dam-yeon por sobre sus propios hombros y encajó el extremo del pene viril.
Dam-yeon exhaló el aliento ante la sensación que percibía en la secreta parte inferior, relajando la fuerza de su cuerpo. El pene del yang-in al que le había sobrevenido el período de fiebre de celo se encontraba inflado en mayor medida que en lo ordinario. Jjeujeut, la estrecha entrada se ensanchó y la pared interna, que se había relajado de manera muelle, se adhirió al tallo del Emperador succionando y atrayéndolo, jjop, jjop.
“Huu….”
Desde la dulce fragancia hasta el interior del vientre que se había relajado de manera adecuada para lo suyo, todo resultó de su agrado. El Emperador, que giró la cabeza dando un mordisco al tobillo de manera que no doliera, movió la cintura tal como si diera inicio de manera formal.
“ugh, eu….”
Le agradaba el esbelto sonido de los gemidos que Dam-yeon dejaba escapar encontrándose excitado. El Emperador, fijando la vista en el rostro de su amante, alzó la cintura de manera prolongada.
“¡Ugh, ugh…!”
Un gemido pastoso resonó dentro de la habitación, anunciando el inicio formal de la relación sexual.
.
.
“¡Ugh, ugh!”
Dam-yeon, jadeando con un aliento apurado, extendió la mano hacia el frente. El Emperador, sujetando el tobillo de Dam-yeon mientras este gateaba de rodillas tal como si pretendiera escapar, tiró de su cuerpo de manera prolongada.
“¡Ugh, ah, ugh…!”
“Por ello, ¿acaso este siervo no te ha dicho que habrías de arrepentirte?”
El Emperador, abalanzándose por sobre el cuerpo de Dam-yeon, embistió hacia arriba en la parte inferior con una mayor fuerza. Jjilgeok, jjilgeok, la entrada humedecida por entero con el líquido seminal y el flujo lúbrico recibió a la raíz del pene emitiendo un sonido lascivo.
“¡Ugh, ugh, ah!”
En la próstata, inflada hasta el punto de hincharse de manera rolliza, una atroz sensación de placer se transmitía sin importar de qué manera fuera frotada. Por debajo de los labios de Dam-yeon, quien exhalaba un aliento apurado apoyándose contra el suelo, la saliva se estiró de manera prolongada.
“ugh, ugh, ugh…. Ah, ya no me es posible continuar, ugh, siento que me habré de, averiar…….”
Dam-yeon, que sepultó el rostro por sobre las mantas, habló moviendo la cabeza en señal de negación. Aun ante su voz entremezclada con una súplica, el Emperador estrechó a Dam-yeon con una mayor obstinación y hincó los dientes en su nuca.
“¡Ugh, ugh!”
La relación sexual ya continuaba durante la totalidad de la noche desde hacía varios días. Incluso en el tiempo en que tomaban los alimentos que las sirvientas del palacio acarreaban, el nudo continuaba realizado. Habían pasado el período de complacencia y el período de fiebre de celo juntos durante este tiempo, mas constituía la primera vez en que el Emperador se conducía tal como una bestia de esta manera.
Dam-yeon pudo saber cuánto lo había considerado y contemplado el Emperador durante este tiempo.
Peok, peok, él tembló con el cuerpo ante el Emperador, quien abría las nalgas sujetándolas con fuerza y movía la cintura buscando el interior más profundo.
“¡ugh, ah…!”
Sintió tal como si el interior de la cabeza volviera a convertirse en un desorden. No le fue posible albergar pensamiento alguno ante el estímulo que corría siguiendo los vasos sanguíneos.
“Yeon, mi Dam-yeon.”
“¡Ugh, ugh, ugh!”
“Te amo, huu, yo te amo.”
El Emperador, que dejó escapar un aliento rudo tal como si rugiera, susurró manteniendo a Dam-yeon estrechado con fuerza. El Emperador, que introdujo el pene de manera aún más interna siguiendo el instinto, pegó su parte inferior por completo manteniendo los dientes hincados en la nuca, desde donde se filtraba un aroma de celo atrozmente dulce.
“¡Ah, ugh…!”
Nuevamente el nudo dio inicio. Lo de él, que acaparaba la totalidad del interior del vientre, se infló y el vientre se elevó tal como si fuera a estallar.
“¡Ah, ugh…!”
Dam-yeon sujetó los brazos del Emperador con fuerza manteniendo la fuerza depositada en la punta de los pies. El Emperador, que estrechaba a Dam-yeon desde la parte trasera, estrechó su cuerpo con una mayor fuerza tal como si le dijera que no guardara preocupación.
“Ah, ugh, ah, resulta extraño….”
Por causa de inflarse en mayor medida que en otras ocasiones, la totalidad del interior del vientre comenzó a verse oprimida. Dam-yeon retorció la cintura ante la parte inferior que se inflaba, golpeando la próstata, kung, kung, tal como si realizara un vaivén violento.
“Suelte, hueup, no puede ser, por favor suélteme. Su Majestad. Ah, ugh. Eu…!”
El aliento de Dam-yeon se apresuró. El frente de sus ojos se tornó borroso y sintió tal como si el cerebro hirviera.
“Ah, ah….”
El Emperador, tal como si apaciguara a un Dam-yeon que padecía por el dolor, extendió la mano envolviendo el pene de este. Ante el tacto que lo sacudía de arriba a abajo, el sensible cuerpo recibió un estímulo aún mayor.
“¡Ugh, ugh, Su Majestad, no puede ser, ah, ah…!”
En la parte inferior donde el nudo se encontraba por entero realizado, lo del Emperador comenzó a colmar el interior del vientre. Por sobre la pared interna que se encontraba caliente por entero tal como si sufriera una quemadura, una corriente de agua que se vertía continuó sin fin. El interior era ardiente, causaba comezón y resultaba electrizante. Dam-yeon apretó la entrada por completo ante el atroz placer que percibía desde la parte superior e inferior.
“¡Ugh, ah, siento que me habré de ir, ugh, Su Majestad. este concubino, ugh…!”
El Emperador sacudió con una mayor velocidad el pene que se contraía con espasmos dentro de su mano. En cuanto irguió las uñas raspando con fuerza por sobre el orificio de la uretra, desde donde el flujo previo goteaba arrastrándose, el gemido de Dam-yeon, que se desvanecía por sobre su cabeza, humedeció el contorno de su oído.
“¡ugh, ah…!”
Una corriente de agua transparente surgida desde el extremo del pene de Dam-yeon se vertió por sobre las mantas de manera continua.
“ugh….”
El Emperador sacudió el pene en varias ocasiones para el agua clara que se vertía sin detenerse. El cuerpo de Dam-yeon y el suelo se encontraban empapados por entero en un agua pastosa. El Emperador, que examinó a Dam-yeon con un rostro inflado por la satisfacción, depositó un beso.
“ugh….”
Dam-yeon movió la cabeza en señal de negación dejando caer su cuerpo desprovisto de fuerza. Sintió tal como si el interior se hubiera quedado completamente vacío. Un exceso por sobre aquello constituía una imprudencia. De continuar así, fuera el hermano del Príncipe Heredero o el período de fiebre de celo del Emperador, sintió tal como si él habría de morir primero.
Por fortuna, el Emperador asimismo pareció no albergar intenciones de continuar. Al percibir el nudo que se reducía poco a poco, el Emperador le apartó el cabello de la frente a Dam-yeon.
“Shh. Mantén los ojos cerrados. Este siervo se encargará del resto.”
Dam-yeon, que asintió con la cabeza despacio ante esas palabras, se quedó dormido sin conseguir vencer los pesados párpados. Y el que Dam-yeon, habiendo recibido tormento durante la totalidad del período de fiebre de celo, se durmiera durante un tiempo más largo de lo que se elucubraba, constituyó algo que el Emperador tampoco consiguió prever.
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“¡Que mi padre imperial asuma la responsabilidad! ¡Todo constituye el error de mi padre imperial!”
“Haa. Aun diciéndote que no se trata de un asunto como ese. Cómo es que tú, siendo este tu padre, no escuchas mis palabras.”
“¡Habiéndose puesto mi madre imperial de esta manera, cómo podría este hijo creer en mi padre imperial!”
Dam-yeon, quien se encontraba sumido en un profundo sueño ante el sonido de una conversación en la que disputaban de manera pequeña, abrió los ojos despacio. Lo que se presentó ante sus ojos fue la figura del Emperador y el Príncipe Heredero que reñían sentados a la par. Sin embargo, por causa de qué asunto, los ojos de Heui-yeon se encontraban inflados de manera rolliza tal como si hubieran sido picados por una abeja.
“…Príncipe Heredero..”
Ante las palabras que dejó escapar de golpe, la garganta le escoció. En cuanto Dam-yeon dejó escapar una tos, el Príncipe Heredero, agrandando los ojos, corrió hacia Dam-yeon de manera presurosa.
“¡Madre imperial! ¿Se encuentra bien? ¡No le es dado fallecer!”
“me, encuentro bien.”
Dam-yeon contempló a Heui-yeon tomando y bebiendo de la taza de agua que la dama de la corte Yun le extendía. Heui-yeon, quien hasta hacía un momento miraba de hito en hito al Emperador con unos ojos abiertos de manera punzante, al punto sostenía la mano de Dam-yeon con firmeza con un semblante dócil. Dam-yeon, al ver las lágrimas que se encontraban suspendidas en el contorno de los ojos del niño, extendió la mano acariciándole la mejilla.
“Príncipe Heredero, por qué razón se encuentra llorando. ¿Es que ha acontecido algún asunto?”
“Este hijo ha escuchado la historia relativa a que mi madre imperial se encontraba enferma. ¿Es que por un azar ha contraído el sarampión?”
“¿El sarampión?”
El sarampión por lo general constituía una dolencia que se contraía en la niñez. Dam-yeon asimismo, a la edad de cinco años, la había contraído en una ocasión. Con todo, ¿de golpe el sarampión?
En cuanto Dam-yeon parpadeó con una expresión desconcertada, Heui-yeon habló a continuación sosteniendo su mano con firmeza:
“El cuerpo de mi madre imperial se encuentra extraño. Tanto aquí como allí está encendido de rojo por entero. ¿Acaso no es el sarampión? Aun cuando le pregunto al médico imperial, no me brinda una respuesta. ¿Es que por ventura ha contraído una enfermedad aún más peligrosa?”
“……Ah.”
Ante esas palabras, la modorra restante se esfumó por entero. Dam-yeon, que pretendió erguir el cuerpo a toda prisa, contrajo el entrecejo de golpe ante un dolor de cintura tal como si fuera a partirse.
“Ugh….”
“Todavía no te es dado levantarte.”
“Su, Majestad….”
“¡Que mi padre imperial se marche allá!”
Le fue dado conjeturar por qué razón el Príncipe Heredero albergaba un malentendido como ese y disputaba con el Emperador. Dam-yeon se frotó el rostro con un semblante perturbado tal como si no supiera desde dónde brindar una explicación.
“Príncipe Heredero, yo me encuentro bien. No me duele… en demasía. Además, ¿acaso el Príncipe Heredero no posee la gangron? Si se ausenta de manera reiterada, constituirá una dificultad….”
No le fue posible cruzar la mirada con los ojos del inocente niño. Dam-yeon se mordió las carnes del interior de la boca al percibir que el calor le ascendía de nuevo.
“No es así. El día de hoy este hijo protegerá el lado de mi madre imperial. Dado que mi padre imperial atormenta a mi enferma madre imperial, este hijo no puede creer en él por más tiempo.”
Al tiempo que hacía aquello, el semblante con el que miraba de hito en hito al Emperador era bastante severo. Heui-yeon no se apartó del lado de Dam-yeon tal como si fuera a montar una guardia.
De esa manera, Heui-yeon protegiendo el lado de Dam-yeon de manera minuciosa durante el espacio de unos cuantos días, impidió que el Emperador se aproximara a este.
“¡Este hijo, el día de hoy también habrá de dormir aquí antes de marcharse!”
Aun tratándose ya de una hora avanzada, el Príncipe Heredero lo declaró de manera imperturbable. Ya desde hacía varios días, a excepción de contemplar al Emperador desde la distancia, ni siquiera le había sido dado combinar las palabras de manera adecuada.
Dam-yeon le profesaba un agradecimiento a un Príncipe Heredero como ese, mas por alguna razón, a partir del momento en que se distanció del Emperador, el interior del cuerpo se le ponía extraño de manera reiterada y padecía de náuseas.
“¿Madre imperial?”
“Comprendo. Duerma junto conmigo, Príncipe Heredero.”
Dam-yeon, manteniendo a Heui-yeon estrechado con firmeza por la cabeza, ordenó que se dispusieran las mantas para dormir junto con el niño. Saegeun, saegeun, el rostro que recibía la luz de la luna brillaba de manera intermitente, y el sonido de la respiración del niño dormido resonó en silencio dentro de la habitación.
Se trataba de un Heui-yeon que debió encontrarse ocupado montando una vigilancia al tiempo que transitaba de manera apremiante entre el Palacio del Este y el Palacio Central cada jornada. Correspondía disipar este malentendido pronto, mas una fisonomía como esta del Príncipe Heredero resultaba en demasía adorable y amorosa, por lo que asimismo le daban deseos de continuar vigilándolo.
Fue en el preciso instante en que Dam-yeon acarició a la ligera la mejilla dormida del niño, elucubrando en qué momento se habría desarrollado de manera tan repentina:
“Ah….”
Nuevamente padeció de náuseas en el interior del cuerpo. Constituía un síntoma que se repetía posterior al período de fiebre de celo del Emperador.
“¿Es que por un azar……?”
¿Acaso habría concebido un hijo en el vientre? Dam-yeon envolvió su propio vientre con la mano vacilando, mas al percatarse de que todavía no constituía un tiempo para ello, expulsó un profundo aliento.
De no tratarse de una concepción, verdaderamente qué es lo que significaba.
Le sobrevino un tanto de temor pensando en si habría contraído una gran dolencia. No deseaba fallecer dejando atrás a las personas amadas. Deseaba ser dichoso al lado de ellos durante largo tiempo.
Fue en el preciso instante en que Dam-yeon, para quien por primera vez el asunto de la muerte pasó a ser temible, estrechó al Príncipe Heredero dormido y exhaló el aliento:
“Yeon.”
Desde algún sitio, una voz que lo llamaba llegó a sus oídos. Dam-yeon, cuyos ojos se volvieron redondos, examinó los contornos, y entre la ventana que se encontraba abiertamente pequeña, el Emperador lo llamaba.
“…¿Su Majestad?”
Erguiendo el cuerpo, Dam-yeon se aproximó hacia el contorno de la ventana a toda prisa. Su mirada se dirigió hacia el rostro del Príncipe Heredero dormido. Habiendo vuelto a girar la cabeza, interrogó con una pequeña voz tal como si susurrara al tiempo que contemplaba al Emperador:
“Por causa de qué asunto se encuentra en este sitio a estas horas, Su Majestad.”
“Aquel muchacho no me permite encontrarte, ¿es que no lo ves? Corresponde venir a hurtadillas por la noche aunque sea de esta manera.”
“Su Majestad….”
“Deseaba verte.”
El Emperador, sonriendo, envolvió la mejilla de Dam-yeon entre sus manos. Kong, kong, el corazón comenzó a temblar de nuevo y Dam-yeon aspiró el aliento ante el aroma de celo que se filtraba desde su persona.
“Yeon.”
El rostro del Emperador se aproximó. Dam-yeon, cerrando los ojos, abrió la boca ante el suave tacto que entró en contacto con sus labios.
“ugh….”
El Emperador, con un tanto de premura, dio un mordisco a los labios de Dam-yeon y los succionó de manera prolongada tragándose su saliva. Ante el gemido que se filtraba de manera ínfima cada vez que frotaba la lengua y el dulce aroma de celo, no le fue dado apartar los labios.
“Haa, libera un tanto más de aroma.”
“Eut….”
El Emperador, habiendo apartado los labios, habló sepultando el rostro en la nuca. Dam-yeon, aun contrayendo el cuello tal como si sintiera cosquillas, no liberó la cabeza del Emperador a la que estrechaba. Él, manteniendo estrechado al Emperador que le daba mordiscos y tiraba de su cuello succionándolo, liberó un tanto de aroma de celo.
“Haa….”
El aliento que causaba cosquillas en la nuca era ardiente. Dam-yeon, que percibía la sensación de la lengua lamiéndole la piel de manera prolongada, levantó la cabeza habiéndose acordado tardíamente del Príncipe Heredero.
“Su, Majestad, ya basta….”
Dam-yeon, girándose hacia atrás, contempló a Heui-yeon. Por fortuna, el niño se encontraba dormido sin haber despertado. Huyuu, Dam-yeon, que expulsó un aliento de alivio, sonrió de manera cohibida al cruzar la mirada con el Emperador, quien lo contemplaba de hito en hito.
“Es una falta. Dado que constituirá una dificultad si el Príncipe Heredero vuelve a llorar….”
“Tú eres en demasía blando para con el Príncipe Heredero. Por ello, ¿acaso no es que el Príncipe Heredero te guarda una terquedad de manera continua solo a ti?”
“¿Acaso no se trata todavía de un niño pequeño?”
“Por qué razón continuamente siento tal como si discriminaras entre el Príncipe Heredero y este siervo. Si se examina con detenimiento, al tratarse del mismo hi—”
“¡Su, Su Majestad…!”
Dam-yeon, sorprendido, cubrió la boca del Emperador a toda prisa. Él, moviendo la cabeza en señal de negación tal como si no pudiera ser, susurró:
“El Príncipe Heredero habrá de escuchar.”
“Huu…. No consigo saber hasta cuándo deba encontrarme contigo a hurtadillas de esta manera.”
La defensa del Príncipe Heredero era más fiera de lo elucubrado. El Emperador, manteniendo a Dam-yeon estrechado por la cintura, contrajo el entrecejo al rememorar la expresión de Heui-yeon, quien lo contemplaba con un rostro triunfante.
“Tal parece que tú no deseas ver a este siervo.”
“Cómo habría de ser un asunto como ese. este concubino asimismo deseaba ver a Su Majestad en demasía.”
Con solo contemplar el rostro de esta manera por un breve instante, el Emperador le agradaba tanto como para conseguir resistir la jornada. Dam-yeon, habiendo encendido el rostro de rojo, acarició los labios del Emperador de manera sutil.
“¿Es que habrá de buscarme el día de mañana también?”
“Si tú lo deseas.”
“Sí. Dado que este concubino no puede marchar, por favor venga Su Majestad.”
“Comprendo.”
La noche era avanzada. Le causó preocupación el Emperador, quien debía levantarse temprano el día de mañana también. Dam-yeon, tras examinar la situación por un momento, despegó la punta de los pies y depositó un beso por sobre el Emperador.
Nuevamente la suave fragancia se difundió en el aire y el contorno de los ojos de Dam-yeon se curvó de manera muelle.
“Entonces, nos veremos el día de mañana, Su Majestad.”
Dam-yeon, agitando la mano hacia el Emperador que se distanciaba con un rostro de desazón, no apartó los ojos hasta que este se esfumó por entero.
* * *
Dam-yeon, interrogó a Heui-yeon, quien el día de hoy también buscó el Palacio Central desde temprano por la mañana y leía un libro de texto a su lado:
“Príncipe Heredero. ¿Es que todavía no alberga intenciones de perdonar a Su Majestad?”
No se trataba de que el Emperador hubiera cometido un error, mas por alguna razón, acabó por asentarse como un error suyo.
“Sin embargo, ¿acaso mi madre imperial no se desploma en todo momento posterior a recibir tormento? Lo que a este hijo más le disgusta en el mundo es contemplar la fisonomía de mi madre imperial padeciendo por el dolor.”
“Aquello es….”
Al contar ya con una edad, posterior a compartir la relación sexual con el Emperador, quien todavía se encontraba en su pleno apogeo, la cintura le dolía de manera que no le era dado levantarse. Comprendió que, para el pequeño Príncipe Heredero, aquello podría traslucirse como que el Emperador lo atormentaba.
En el preciso instante en que Dam-yeon se debatía en tribulaciones sobre cómo debía solucionar esta situación, la apremiante voz de una sirvienta del palacio se escuchó desde el exterior:
“¡Soberana, ha acaecido un gran asunto! ¡Se nos ha dicho que Su Majestad se ha desplomado!”
El médico imperial, que se encontraba tomando el pulso del Emperador, inclinó la cabeza al descubrir a Dam-yeon. Dam-yeon se aproximó hacia el lecho del Emperador y se sentó a su lado.
“Su Majestad. Cómo ha acontecido este asunto. El que se haya desplomado de golpe. ¿Desde cuándo se encontraba indispuesto de su cuerpo?”
Se trataba del Emperador, quien hasta la noche anterior se encontraba bien. Por causa de qué asunto en absoluto se habría desplomado el Emperador.
“No constituye un asunto de tal tamaño. No guardes preocupación.”
“Sin embargo….”
Dam-yeon, percibiendo que el interior se le calcinaba de negro, contempló al médico imperial.
“Soberana, este vasallo le brindará una explicación. Su Majestad… tal parece que ha realizado el grabado por sobre la Soberana.”
“…¿El grabado?”
“Sí. ¿Es que por un azar la Soberana no ha experimentado alguna alteración particular en su cuerpo en fechas recientes?”
Por lo general, en lugar de un grabado unilateral, existían cuantiosos casos en que se realizaba el grabado en conjunto.
“…Ciertamente, de no contemplar a Su Majestad durante largo tiempo, el interior del cuerpo padecía de náuseas y me sobrevenía una opresión. Sin embargo, yo….”
“Al tratarse Su Majestad de un geuk-yang-in, la Soberana habrá recibido una influencia suficiente con solo un aroma de celo en extremo escaso. No obstante, Su Majestad se encuentra más bien en una condición en la que requiere el aroma de celo de la Soberana de manera imperiosa, mas al encontrarse bloqueado aquel intercambio, tal parece haber empeorado de manera drástica.”
En tanto Dam-yeon, agrandando los ojos de manera redonda, miraba hacia abajo al Emperador, el Príncipe Heredero, que irrumpió de golpe, interrogó al médico imperial con unos ojos abiertos de manera enorme:
“¿El grabado? ¿Que mi madre imperial y mi padre imperial han realizado el grabado?”
Durante este tiempo, el rumor relativo a que el Príncipe Heredero impedía que el Emperador y la Emperatriz se encontraran se había difundido dentro del palacio, por lo que constituía un hecho que el médico imperial asimismo conocía bien. Él, inclinando la cabeza de manera profunda, habló hacia el Príncipe Heredero:
“Sí, Excelencia. Siendo así, en lo sucesivo, el Emperador Su Majestad y la Emperatriz Soberana habrán de compartir el aroma de celo del uno y del otro cada jornada para que no acontezca un asunto como este.”
“Que ha de ser cada jornada…. ¿Acaso significa todos los días?”
“Sí, Excelencia.”
“…Esto no posee sentido. ¡Acaso no carece de, pruebas! Cómo he de saber este hijo si por ventura se encuentra declarando una falsedad en este momento habiendo recibido el soborno de mi padre imperial.”
El Príncipe Heredero contempló al Emperador sosteniendo la mano de Dam-yeon con firmeza. La persona de la que se decía que se había desplomado se encontraba sonriendo, pik, pik, tal como si desde hacía un momento se hallara de buen talante. El Príncipe Heredero, que apretó los puños con fuerza tal como si no pudiera ser despojado de su madre, contempló al médico imperial.
“Es una falta manifestarlo, Excelencia. Se dice que el aroma de celo del Emperador Su Majestad y de la Emperatriz Soberana no se percibe en lo absoluto tampoco para los manifestados. Además, el hecho de que sobrevengan las jaquecas, el dolor de vientre y la opresión al distanciarse el uno del otro durante largo tiempo, constituyen los síntomas típicos que se producen cuando el yang-in y el eum-in que han realizado el grabado no consiguen percibir el aroma de celo del uno y del otro.”
Al escuchar las palabras del médico imperial, Dam-yeon agrandando los ojos de manera enorme. ¿Es que verdaderamente él había realizado el grabado con Su Majestad? En qué momento en absoluto…. Ah.
Lo que le vino a la mente al punto, constituyó el instante que percibió al realizar el nudo junto con él durante el período de fiebre de celo del Emperador. Dam-yeon, que rememoró el tiempo en que entraron en contacto anhelando al uno y al otro sin fin, contempló al Emperador. El Emperador movió la comisura de los labios sonriendo al tiempo que se frotaba el mentón.
“Habiéndose realizado incluso el grabado en lo sucesivo, será propio que la Emperatriz asuma la responsabilidad de este siervo.”
“Su Majestad….”
“…¡Ugh!”
En ese preciso instante, el sonido del llanto del Príncipe Heredero resonó por entero.
“¡No puede ser! Este hijo, posterior a desarrollarse, habrá de celebrar las nupcias junto con mi madre imperial… ¡no existe ley en que se obre de esta manera!”
Heui-yeon lloró en grande dejando caer las lágrimas tal como si fueran cuentas de cristal. Ante la reacción que ya había previsto, el Emperador habló estrechando a Dam-yeon:
“Dado que tu madre asimismo ha realizado el grabado por sobre mi persona, ¿es que no habría de fallecer si yo falto?”
“¡He, ugh…. Lo aborrezco! Aborrezco tanto a mi padre imperial como a mi madre imperial.”
El niño, habiendo ocultado el rostro desmoronado por el impacto, dio la espalda y abandonó la habitación. En cuanto Dam-yeon pretendió erguir el cuerpo, el Emperador extendió la mano en silencio sujetándolo.
“Limítate a dejarlo para que las sirvientas del palacio lo busquen. No es posible aceptárselo hasta cuándo, ¿no es así? Además, este siervo asimismo se encuentra en este momento en una condición de haberse desplomado por la dolencia, Yeon.”
El Emperador, manteniendo la frente apoyada en el hombro de Dam-yeon, sonrió desprovisto de fuerza. Contemplando aquella fisonomía de arriba a abajo, Dam-yeon lo envolvió con cuidado.
“¿Qué es lo que significa eso de que se ha desplomado? ¿Es que verdaderamente se ha desplomado?”
“Siendo así, ¿es que acaso existe el desplomarse de manera fingida?”
“Su Majestad.”
“Desde el día de ayer la cabeza me dolía un tanto. Continuamente me venía el pensamiento de tu persona, por lo que me volvía loco.”
El Emperador, tal como si recién ahora consiguiera vivir, estrechó a Dam-yeon por la cintura e inspiró aquel aroma de manera profunda. Ante la fragancia familiar y que a la vez le brindaba un sentimiento de alivio, antes de darse cuenta, la punta de sus dedos penetró entre los pliegues de la ropa de Dam-yeon.
“Su Majestad. Aguarde un momento….”
Dam-yeon levantó la cabeza queriendo examinar a las sirvientas del palacio que restaban dentro de la habitación, mas estas ya se retiraban de manera presurosa contemplando el suelo.
“Verdaderamente, el que continuamente me muestre solo fisonomías como esta, me causa timidez….”
Al traslucirse que fisonomías como esta se presentaban de manera frecuente cada vez más, le causó timidez. Dam-yeon expulsó un profundo aliento contemplando hacia abajo al Emperador, mas el Emperador, que levantó la cabeza manteniendo la cintura de este estrechada con firmeza, sonrió apartando los labios.
“Yeon, este siervo se encuentra en extremo doliente en este momento. Por lo tanto, será propio que tú lo comprendas.”
“Ah….”
Antes de percatarse, la perspectiva se había invertido. Dam-yeon, quien recobró el juicio, contuvo el aliento al contemplar el firme brazo dispuesto a un lado de su cabeza encontrándose tendido por sobre el suelo.
“Corresponde cerrar los ojos, Emperatriz. Si miras de hito en hito de esa manera, ¿acaso no causa timidez?”
“No, es que Su Majestad primero…. Ah.”
Dam-yeon, que encendió el rostro de rojo por causa de la timidez, giró la cabeza, y el Emperador depositó un beso estrechándolo con cuidado. En el preciso instante en que la calidez del uno y del otro se superpuso, dentro de la habitación, un aroma de celo silencioso y a la vez profundo se difundió en dirección hacia el uno y del otro.
* * *
Buenas noticias se transmitieron una tras otra en el Imperio de Taeyoung. La noticia relativa a que el Emperador y la Emperatriz habían realizado el grabado el uno por sobre el otro constituyó la primera, y no habiendo transcurrido mucho tiempo desde entonces, la noticia de que la Emperatriz se encontraba encinta por segunda ocasión constituyó la segunda.
Habiendo pasado ya nueve meses desde aquel tiempo, en el presente, Heui-yeon se levantó de manera diligente desde la madrugada para el hermano que pronto habría de nacer y se dirigió hacia el patio trasero.
“Eum…. Este es en demasía pequeño, y este no posee una fisonomía hermosa.”
Heui-yeon, quien se encontraba de cuclillas examinando las flores que habría de utilizar para una guirnalda, tomó una flor de tonalidad rosada con su pequeña mano tal como si fuera un brote de helecho.
En tiempos pasados asimismo en ocasiones había confeccionado guirnaldas de flores junto con Dam-yeon, mas constituía la primera vez en que realizaba una por entero a solas desde el principio hasta el fin. Heui-yeon se concentró dejando escapar un pequeño sonido de lamento, y al fin, dos guirnaldas de flores confeccionadas con esmero quedaron completas.
“¡Ya está!”
Se trataba de los obsequios que habría de entregar al bebé que pronto nacería y a Dam-yeon. Una fisonomía colmada de satisfacción se difundió por entero en el rostro de Heui-yeon.
En aquel instante, desde la habitación contigua, el maullido de un gato, nyaong, nyaong, llegó a sus oídos. Los cachorros ya se habían levantado y maullaban pidiendo el alimento.
Heui-yeon, portando el alimento que con antelación ordenó disponer a los sirvientes del palacio, se dirigió hacia la habitación donde permanecían los gatos.
Los cachorros de gato, que ya se habían desarrollado tanto como Nabi, se agruparon dándole la bienvenida a Heui-yeon.
“No riñan. Es propio que los hermanos se conduzcan en armonía.”
Heui-yeon, quien se sentó por sobre un cojín y repartió el alimento a los cachorros, rascó la cabeza de un cachorro que poseía un patrón de lomo atigrado, el cual trepó por sobre su regazo.
Heui-yeon, que palmeó de manera apremiante las posaderas de los cachorros, cuyos vientres se encontraban rollizos por estar colmados por entero, interrogó al eunuco Park:
“Eunuco Park, en qué sitio se encuentra mi madr eimperial en este momento.”
“Tengo entendido que se encuentra en el jardín de flores, Excelencia.”
“¿Ah sí? Mi madre imperial se encuentra en el salón principal, ¿no es así?”
“Sí, Excelencia.”
“Entonces marchemos al lado de mi madre imperial.”
Resultaba una desazón, mas al tratarse de una oportunidad que por lo general no se presentaba con frecuencia, correspondía marchar a ver a su madre imperial. Heui-yeon, que encomendó los gatos a los sirvientes del palacio de menor edad, tomó las guirnaldas de flores que por la mañana había confeccionado con esmero.
“¡Excelencia…!”
“¡Príncipe Heredero Excelencia!”
Los sirvientes del palacio lo secundaron jadeando con el aliento en pos de un Heui-yeon que corría de manera rápida. Su madre imperial, quien originalmente residía en el Palacio Central, pasó a compartir los aposentos en el Palacio Gangnyeong posterior a realizar el grabado junto con su padre imperial.
En las leyes del Imperio de Taeyoung se encontraba estipulada de manera expresa la regulación relativa a que le era dado compartir una habitación al Emperador y a la Emperatriz que hubieran realizado el grabado. En absoluto conseguía saber por qué razón existía una ley como esa.
Heui-yeon, para quien por causa de aquello pasó a ser más dificultoso contemplar a Dam-yeon, rememoró al Emperador inflando las mejillas de manera rolliza. Le guardaba un tanto de animadversión a su padre imperial, quien monopolizaba a su progenitora.
Hugh, Heui-yeon, quien dejó escapar un soplido por la nariz y arribó al frente del jardín de flores, descubrió a Dam-yeon, quien bebía el té a la distancia, y exclamó levantando ambos brazos de golpe:
“¡madre imperial!”
La cabeza de su madre imperial, habiendo escuchado su voz, se dirigió hacia este sitio. Al punto una radiante sonrisa floreció. Se trataba de un rostro más hermoso que cualquiera de las flores abiertas en el jardín.
Heui-yeon, que se aproximó a Dam-yeon a toda prisa, extrajo la guirnalda de flores que ocultaba tras la espalda y la extendió hacia el frente.
“¡madre imperial, se trata de un obsequio de este hijo!”
“…¿Es que el Príncipe Heredero ha realizado esto?”
“¡Sí! Este hijo lo ha confeccionado cortando las flores por sí mismo. ¿Es de su agrado?”
“Por supuesto. Es en demasía hermosa, al punto en que me causa preocupación si por ventura se habrá de estropear de tocarla descidadamente.”
Dam-yeon, contemplando la guirnalda de flores que, aun resultando un tanto imperfecta, el niño habría confeccionado por sí mismo, esbozó una sonrisa en el contorno de los ojos. Se trataba de un obsequio en el que se encontraba depositado el esmero del niño por entero.
Al ver a un Dam-yeon que se regocijaba, el ánimo de Heui-yeon asimismo se elevó.
“¡No guarde preocupación, Soberana, si las flores se marchitan este hijo habrá de confeccionarle otra de nuevo! Y aquí, asimismo se encuentra lo correspondiente al bebé.”
“¿Es que es verdad? ¿El Príncipe Heredero ha confeccionado lo correspondiente al bebé también?”
“¡Por supuesto! ¡Se trata del obsequio que este hijo le entrega a mi hermano menor!”
Dam-yeon, estrechando a Heui-yeon con fuerza, le expresó su agradecimiento. Heui-yeon, manteniendo el rostro sepultado en su regazo, sonrió de manera radiante.
“Ah…. Tal parece que el bebé se encuentra dichoso ante la venida del Príncipe Heredero.”
En aquel instante, se percibió el movimiento fetal. Dam-yeon le habló a Heui-yeon sonriendo:
“¿Desea tocar una vez?”
Ante las afectuosas palabras de Dam-yeon, Heui-yeon asintió con la cabeza de manera vigorosa. Una pequeña mano similar a una hoja de arce entró en contacto con cuidado por sobre el vientre de Dam-yeon.
Inmediatamente, el vientre se meció tal como una muelle ola, y por debajo de la mano del Príncipe Heredero, el movimiento fetal del bebé se transmitió de manera íntegra.
“Hace un momento se ha, movido….”
Los ojos de Heui-yeon se volvieron redondos.
“¿Acaso no es tal como mis palabras? Tal parece que el bebé ya guarda un gran afecto por el Príncipe Heredero. Una vez que el bebé nazca, por favor el Príncipe Heredero bríndele un gran cariño.”
“¡Sí, a este hijo asimismo le agrada el bebé! ¡Una vez que nazca le habré de proveer la totalidad de las cosas!”
Dam-yeon sonrió con complacencia y le acarició la cabeza al niño. En la familia imperial del Imperio de Taeyoung los hermanos resultaban escasos. De generación en generación la descendencia era preciosa, y la persona que poseía los ojos dorados constituía únicamente una por cada generación.
Asimismo, a fin de impedir las disputas en torno al poder imperial, se consideraba como un asunto natural el que el Emperador que ascendía al trono diera muerte a los demás hermanos.
Aquello constituía algo que Heui-yeon también conocía bien. Sin embargo, creía que en su caso habría de ser diferente. Si su hermano menor nacía, le habría de guardar un aprecio en demasía grande. Incluso si por un azar su hermano menor asimismo nacía poseyendo los ojos dorados, jamás habrían de reñir.
Heui-yeon, quien contempló que el rostro de su progenitora se teñía de una radiante sonrisa ante sus palabras, percibió que el pecho se le tornaba cálido. En medio de aquello, una curiosidad que le sobrevino de golpe le hizo levantar la cabeza.
“Con todo, de qué manera se encontró mi madre imperial junto con mi padre imperial.”
“…¿Cómo?”
“Me ha surgido la curiosidad al leer los libros de texto. Dado que aun preguntando a los sirvientes del palacio ninguno me brinda una respuesta. ¿Es que por ventura se trata de una historia que a este hijo no le es dado conocer?”
Una pupila inocente y clara se dirigió hacia Dam-yeon. Sin embargo, Dam-yeon, habiendo perdido las palabras por un momento, titubeó con un semblante atribulado.
Fue en ese preciso instante.
“Este siervo te relatará aquello.”
El Emperador, quien ingresó al jardín de flores en un momento indeterminado, se aproximó hacia las dos personas.
“Tu ropa es delgada.”
“¿Acaso no nos encontramos dentro del jardín de flores?”
“Aun así correspondería vestir de manera cálida.”
Dam-yeon sonrió en silencio. El jardín de flores constituía un espacio que el Emperador le obsequió para él, a quien le agradaban las flores. Gracias a aquello, fuera en el caluroso verano o en el frío invierno, durante la totalidad de las cuatro estaciones, a Dam-yeon le fue dado permanecer dentro de un mundo colmado de flores.
El Emperador, posterior a ordenar a una sirvienta del palacio que acarreara una prenda de abrigo, depositó un beso a la ligera por sobre la mejilla de Dam-yeon y alzó a Heui-yeon en vilo.
Ya se percibía un peso considerable. El Emperador, curvando la comisura de los labios, contempló el rostro que de manera paulatina pasaba a asemejarse al suyo.
Al tratarse de un niño que poseía los ojos dorados, el día en que habría de manifestarse como un yang-in tampoco se encontraba lejano.
“¿padre imperial? Hacia dónde marcha.”
El Príncipe Heredero interrogó al contemplar al Emperador, quien se conducía en dirección contraria a Dam-yeon.
“¿Acaso no es que no se puede relatar la historia frente al propio interesado?”
El Emperador sonrió de manera baja contemplando a Dam-yeon. Al examinar sus ojos colmados por entero de somnolencia, tal parecía que Dam-yeon se habría de dormir pronto. El Emperador, que contempló a Dam-yeon conducirse hacia el pequeño lecho dispuesto en el jardín de flores, abandonó el sitio llevando consigo a Heui-yeon.
“¿Has dicho que te causa curiosidad de qué manera nos encontramos la Soberana y este siervo?”
“Sí.”
“Contemplé por primera ocasión a tu progenitora en el salón de banquetes. La fisonomía con la que se encontraba sentada encogiéndose por entero en un sitio apartado era hermosa. Constituyó la primera vez en mi vida en que el corazón me tembló de manera tan rápida y me surgió la curiosidad.”
El Emperador sonrió de manera tenue al rememorar el primer encuentro, sobre el cual ya había transcurrido un tiempo de diez años. Sin embargo, al punto la comisura de los labios que se había elevado descendió y una voz baja se filtró:
“Por causa de ello, no conseguía saber de qué manera expresar mis sentimientos. Elucubré que bastaría con sujetarla entre mis manos y poseerla sin más de manera imprudente.”
Heui-yeon, quien percibió un cierto sentimiento de zozobra al contemplar a su progenitor, tragó saliva seca e interrogó:
“Por lo tanto, qué es lo que hizo.”
“La recluí.”
“…¿Cómo?”
“Recluí a la Emperatriz en los aposentos, y dispuse que me contemplara únicamente a mi persona.”
Los ojos del Príncipe Heredero, que recibió el impacto, se agitaron en grande. Tal parece que recién ahora conseguía comprender la razón por la cual los sirvientes del palacio no proferían palabra alguna.
“¡Siendo así, qué es lo que ha de hacerse! Mi madre imperial debió encontrarse en extremo atemorizada.”
“Una realidad que tú, contando con escasos ocho años, asimismo conoces, la persona de mi ser de aquel entonces la desconocía.”
El Emperador recién ahí sonrió de manera pequeña. Se trataba de una sonrisa amarga en la que se impregnaba el arrepentimiento, al tiempo que parecía admitirlo.
“Príncipe Heredero. En todos los asuntos del mundo existe una ley por la cual se suscita un resultado. Se trata de un asunto en el que desde el comienzo corresponde abrochar bien el primer botón para que carezcas de motivos de arrepentimiento. La persona de mi ser de aquel entonces conoció aquello de manera tardía, por lo que obtuve el corazón de la Emperatriz con una gran dificultad. Con todo, aquella herida perduró durante un tiempo en demasía prolongado.”
La voz del Emperador se tornó baja. Él percibió un punzante dolor en el pecho al rememorar la fisonomía de Dam-yeon, quien lloraba a lágrima viva apartando su mirada de él.
“Y el trauma suscitado en aquel entonces, tal vez todavía no se haya borrado en lo absoluto. Por lo tanto, si a tu persona le llega a agradar alguien, desearía que no obraras de forma que te causara arrepentimiento.”
Heui-yeon, parpadeando ante las dificultosas palabras del Emperador, elucubró por un momento y al punto habló con una fisonomía colmada de confianza en sí mismo:
“No guarde preocupación, Su Majestad. Dado que este hijo es un descendiente en extremo afectuoso para con mi madre imperial.”
“¿Es que todavía no has desistido de aquello?”
“Sí. El día en que este hijo se convierta en un adulto, habré de celebrar la ceremonia nupcial junto con mi madre imperial.”
“Qué terquedad.”
El Emperador, que dejó escapar una corta risa, pishik, tomó la mano del niño al tiempo que le daba un leve pellizco en la mejilla y caminó. Un viento muelle rozó el interior del jardín de flores y un aire pacífico fluyó.
Sin embargo, un alarido que quebrantó aquel sosiego de un solo golpe llegó a escucharse.
“Ah…. ¡Aaak!”
Las cabezas del Emperador y del Príncipe Heredero giraron hacia atrás de manera simultánea de un tirón. Se trataba de una fisonomía idéntica desprovista de una mínima diferencia.
“¡Yeon!”
“¡madre imperial!”
Las dos personas corrieron hacia el interior del jardín de flores casi al mismo tiempo. En aquel sitio se encontraba Dam-yeon, quien mantenía el cuerpo encogido al tiempo que se rodeaba el vientre entre las manos.
“Los dolores de parto, se trata de los dolores de parto. ¡La Emperatriz Soberana ha dado inicio a los dolores de parto!”
Una sirvienta del palacio informó de manera apremiante. En un santiamén el jardín de flores se tornó ruidoso.
“Marcharemos a la sala de partos. Transmítelo al médico imperial al punto.”
El Emperador alzó a Dam-yeon en su regazo de manera rápida. Los sirvientes del palacio comenzaron a correr dispersándose de aquí para allá, y el Emperador, percibiendo el tembloroso aliento de Dam-yeon estrechado en su regazo, lo atrajo hacia sí con mayor fuerza.
El sosiego del jardín de flores se esfumó sin dejar rastro, y una energía de premura que anunciaba el comienzo de una nueva vida colmó aquel espacio en su lugar.
.
.
“Le brindo mis felicitaciones, Majestad. Se trata de la Princesa Real.”
“¡Le expreso mis parabienes!”
Una festividad se presentó nuevamente en el Imperio de Taeyoung. Dam-yeon, quien por fortuna completó el parto de manera dichosa desprovisto de una gran crisis, reguló el aliento encontrándose empapado de sudor. Él esbozó una sonrisa al contemplar a los dos pares de ojos dorados que lo miraban con un semblante de preocupación.
El Príncipe Heredero, quien se alarmó ante el alarido de su progenitora que escuchaba por primera ocasión, contemplaba a Dam-yeon desde la distancia. Dam-yeon, manteniendo a la criatura estrechada en su regazo, llamó a Heui-yeon riendo de manera pequeña:
“Príncipe Heredero. Venga hacia este sitio. Se trata de la hermana menor del Príncipe Heredero.”
Heui-yeon, a quien en un principio le costó despegar los pies vacilando, se aproximó al punto cobrando valor. Acto seguido, el Príncipe Heredero, que contempló a la pequeña criatura envuelta en los pañales, agrandó los ojos tal como si fueran unas cuentas enormes.
Se traslucía en demasía pequeña y débil.
“…Es en demasía pequeña.”
La criatura poseía los ojos negros asemejándose a Dam-yeon. Heui-yeon extendió la mano hacia una criatura como esa. En aquel instante, la Princesa apretó la punta del dedo del Príncipe Heredero con firmeza envolviéndola.
“¡Ah…!”
Dam-yeon habló sonriendo:
“Tal parece que, de igual modo, a la Princesa a quien más le agrada es al Príncipe Heredero.”
“…Este hijo habrá de atesorar al bebé. ¡Le brindará su protección… por la totalidad de la vida!”
Constituía la determinación de protegerla siempre a su lado para que una criatura tan pequeña y débil no sufriera daño ni derramara lágrimas.
Aquel día, el firme propósito sembrado en el pecho del Príncipe Heredero de ocho años se convirtió en un juramento en lo posterior.
Y aquella determinación, habiendo transcurrido el tiempo, se registró en los Anales del Imperio de Taeyoung en el año 38 de Yeonghwi, bajo el nombre del Emperador que poseyó hermanos por primera ocasión en la historia del Imperio de Taeyoung.
[El Emperador Munhye, quien poseyó un alto renombre por la fraternidad para con su hermano, atesoró y amó a su hermana menor de la misma madre, la Princesa Seyeon, por lo que vivió de tal manera durante la totalidad de su vida.]
* * *
“¿Es que todavía guardas preocupación?”
“Sí. Los niños me causan preocupación. En particular la Princesa, al tratarse todavía de una criatura pequeña, no consigo saber si verdaderamente se encuentre bien.”
“¿Acaso no se encuentra el Príncipe Heredero? Atesora a su hermana menor más que mi propia persona, por lo que no corresponde que guardes preocupación.”
Año 25 de Hongmyeong. La pareja del Emperador y la Emperatriz partió en un corto viaje hacia el palacio veraniego de descanso a solas por primera ocasión de entre ambos.
Aun cuando el Príncipe Heredero, quien atesoraba a su hermana menor al punto de haber vivido manteniéndola estrechada a su lado de manera continua desde el instante en que la Princesa Seyeon nació, permanecía en el palacio, el interior del pecho no se percibía ligero del todo. El Emperador habló envolviendo la mejilla de un Dam-yeon como ese:
“¿Acaso no es que decidiste concentrarte en mi persona? Resta de prestar atención a los demás asuntos en lo sucesivo. ¿Sí?”
El carruaje en el que montaban las dos personas ya se había distanciado en demasía desde el palacio. Dam-yeon, tras contemplar la capital de la provincia que se divisaba de manera borrosa a lo lejos, asintió con la cabeza.
“Sí, comprendo.”
La dama de la corte Yun asimismo permanecía en el palacio, y Seyeon secundaba a su hermano mayor mejor que a nadie. Dam-yeon decidió apartar la preocupación en lo sucesivo tal como las palabras del Emperador.
Habiendo avanzado por espacio de media jornada más montados en el carruaje, el cielo ya se había tornado oscuro. Dado que todavía restaba una distancia hacia el palacio de descanso donde se encontraba el jardín bajo, la pareja imperial decidió detenerse en otro palacio exterior del Emperador para pernoctar durante una noche.
Se trataba de un palacio exterior sereno en el que existía un estanque de proporciones modestas y un jardín donde florecían flores durante las cuatro estaciones.
Dam-yeon, quien sumergió el cuerpo dentro del estanque de baño, habló recostando el cuerpo sutilmente por sobre el Emperador tal como si se disolviera en el agua cálida:
“Al tratarse de un sitio tan hermoso, resulta en demasía un desperdicio mantenerlo abandonado sin más.”
Oyó decir que, al tratarse del palacio de descanso privado del Emperador, por lo general a nadie le era dado ingresar. Dam-yeon recostó el cuerpo por sobre el Emperador un tanto más al tiempo que hablaba con una voz colmada de desazón.
Los cabellos húmedos se dispersaron de manera muelle. El Emperador, que estrechó a Dam-yeon envolviéndolo por la cintura, depositó un beso por sobre su hombro.
“Si este sitio es de tu agrado, considero que sería propicio pasar el tiempo aquí en el invierno también. Dado que en las cercanías existe un sitio en el que es posible tomar un baño de aguas termales, resultará propicio para relajar el cuerpo asimismo.”
El Príncipe Heredero, quien cumplía quince años en el presente año, se encontraba participando en las discusiones de la corte ascendiendo al salón principal en pos del Emperador desde comienzos de este año. El Príncipe Heredero, a quien consideraba de una edad tierna, se traslucía mucho más maduro de lo elucubrado, y el afecto que guardaba para con el pueblo asimismo era singular.
Además, la fisonomía con la que desplegaba sus opiniones de manera clara desprovisto de encogerse aun frente a los ministros que habían ejercido sus cargos durante largo tiempo, permitía vislumbrar ya la fisonomía de un excelente monarca.
Gracias a aquello, el Emperador pudo incrementar un tanto más el tiempo que compartía junto con Dam-yeon al tiempo que delegaba los asuntos de importancia uno a uno en el Príncipe Heredero.
Aquel tiempo de las fechas recientes le causaba al Emperador una gran satisfacción.
Dentro del estanque de baño, donde fluyó un silencio por un breve momento, el Emperador abrió la boca:
“Yeon. Tengo la intención de abdicar el trono una vez que el Príncipe Heredero cumpla los veinte años.”
“…¿La abdicación?”
Dam-yeon contempló al Emperador con una fisonomía de sorpresa. El eumin y el yangin poseían una longevidad mucho más prolongada en comparación con las personas comunes. Por causa de ello, el Emperador, quien todavía no alcanzaba los cuarenta años, no guardaba diferencia con su pleno apogeo.
Asimismo, tratándose del poder, cualquiera que lo poseyera no conseguía desprenderse de él de manera fácil. Dado que elucubró que el Emperador asimismo permanecería en el trono durante largo tiempo, Dam-yeon no consiguió proseguir con las palabras ante la sorpresa.
“Permaneceré dentro del palacio hasta tanto el Príncipe Heredero se asiente en el trono por entero, mas el tiempo que habré de compartir con la Emperatriz pasará a ser mucho mayor en comparación con el presente, ¿no es así?”
“¿Se trata de un asunto que el Príncipe Heredero conoce también?”
“Al tratarse de un muchacho que posee una agudeza de ingenio, de seguro ya lo tendrá contemplado.”
El Emperador habló sonriendo.
Le vino a la mente la reacción del Príncipe Heredero, quien bufó de rabia asintiendo con la cabeza a regañadientes cuando no hacía mucho le transmitió que partiría de viaje dejando de lado las tareas de trabajo.
El Emperador, que rememoró aquella fisonomía torcida de golpe, succionó la blanca piel de Dam-yeon de manera paulatina hacia arriba.
“Uu, hu…. Su Majestad….”
Su mano, dando inicio desde el bajo vientre de forma hundida, ascendió de manera paulatina hacia arriba y estrechó el pecho entre sus manos. Habiendo dado a luz a dos, no, a tres niños y amamantándolos, el pecho se había tornado un tanto rollizo.
El Emperador, que dio un mordisco dejando una marca prolongada en el pezón al tiempo que amasaba el pecho para no causarle dolor, estrechó el cuerpo que jadeaba dentro de su regazo.
“Ha, ugh….”
Él, deleitándose con el gemido extraño que le causaba cosquillas en el contorno del oído, sujetó la cintura con ambas manos y giró el cuerpo.
“ugh, Su Majestad….”
El rostro que exhalaba un aliento jadeante con la fisonomía empapada por el agua era hermoso. El Emperador, que contuvo los labios de Dam-yeon, restregó lo suyo entre las posaderas de este al tiempo que revolvía el dulce interior de la boca.
El cuerpo, que recibió el tacto del Emperador dentro del carruaje durante todo el trayecto hasta arribar a este sitio, se encendió al punto en extremo sensible y se caldeó en un santiamén. Dam-yeon estrechó el cuello del Emperador al percibir el ardor que se congregaba en la parte baja.
“Su Majestad, pronto….”
El que Dam-yeon buscara a su persona primero constituía un asunto en extremo precioso. El Emperador, que deseaba deleitarse con aquello durante largo tiempo, contuvo la risa y acarició la abertura con la punta de los dedos.
“ugh, el agua…. ingresa.”
La abertura se contrajo de golpe. Hacia el interior abierto ingresó el agua cálida. En tanto Dam-yeon aplicaba una fuerza tensa en la parte baja, el contorno de los ojos del Emperador se curvó de mala manera.
“Ah, un momento—.”
Antes de que Dam-yeon, quien percató el pensamiento del Emperador, consiguiera empujarlo, el Emperador introdujo el dedo hacia el interior de la abertura.
“ugh… ¡ugh!”
Hacia el interior de la abertura dilatada el agua cálida empujó ingresando de manera rápida. El Emperador, percibiendo el tacto de las manos que lo estrechaban con mayor fijeza por sobre su cuello, dobló el dedo y rascó la próstata.
“¡Ugh, ah, ah…!”
Dam-yeon soltó un tierno gemido retorciendo la cintura. La parte baja mordisqueó el dedo del Emperador de manera activa. Fuera por causa del agua o bien por causa del cuerpo caldeado, el Emperador, que percibió la carne de las paredes internas de forma cálida, introdujo el dedo un tanto más y continuó rascando el interior.
“ugh, ugh….”
El contorno de los ojos que negaba con la cabeza manteniendo el hombro del Emperador sujeto con firmeza se aflojó de manera borrosa. Dejando escapar un sonido de lamento, movió la cintura hacia adelante y hacia atrás siguiendo el instinto. El Emperador, en consonancia con sus movimientos, presionó la próstata de manera sostenida y tomó el pezón erguido de forma turgente entre sus labios.
Presionando la ubre rolliza con la lengua, reunió los labios y succionó la carne del pecho aplicando fuerza. La cintura de Dam-yeon se sacudió con mayor violencia y el cuerpo que se apoyaba sobre el hom del Emperador se agitaba una y otra vez de manera continua.
“¡Ugh!”
“Corresponde permanecer inmóvil.”
El Emperador, habiendo hincado los dientes, dio un mordisco al pecho. Al tiempo en que una marca de dientes se dibujó de manera nítida por sobre la blanca piel, el Emperador, que rodeó la cintura con su brazo, restregó el interior de la abertura con mayor rapidez.
Cada vez que el dedo del Emperador restregaba el interior, el vientre se tornaba repleto por causa del agua que empujaba ingresando. Aun cuando aplicó una fuerza tensa en la parte baja con el deseo de que no ingresara más, al contrario, aquello únicamente mordisqueaba el dedo del Emperador prestándose para causarle estimulación.
Chuuup, el Emperador, que desprendió la cabeza soltando el pecho teñido de una tonalidad rojiza, miró hacia arriba a un Dam-yeon que mantenía el labio inferior apretado con fuerza. Dam-yeon, quien percibió aquella mirada, habló con una voz empapada de humedad manteniendo la cabeza del Emperador estrechada entre sus brazos:
“Su Majestad….”
La parte baja, la cual se encontraba erecta, parecía a punto de estallar. El cuerpo, habiendo sido habituado a la mano del Emperador compartiendo el acto carnal en cada ocasión, pasó a no serle dado eyacular desprovisto del tacto de su mano. Aquella realidad le causaba a Dam-yeon un tanto de vergüenza, mas constituía una parte con la cual el Emperador se encontraba en extremo satisfecho.
“ugh, ya basta…. Introduzca, por favor….”
Finalmente, las palabras que tanto deseaba escuchar se filtraron de entre los hermosos labios. El Emperador, sonriendo, se levantó llevando a Dam-yeon estrechado en su regazo. Él, que extendió la mano y tomó un lienzo de algodón de grandes proporciones, le enjugó el cuerpo húmedo. En tiempos pasados, habiendo compartido la relación con el cuerpo húmedo desprovisto de conocimiento, se presentó una ocasión en que Dam-yeon contrajo un severo constipado y padeció una dolencia durante largo tiempo.
“ah…. Rápido, por favor.”
Dam-yeon, ante el tacto del Emperador que le enjugaba el cuerpo, sepultó el rostro en su pecho y negó con la cabeza. Incluso si contraía un constipado, le era grato, por lo que deseaba que le disipara este ardor de manera pronta.
El Emperador, que se topó con los ojos teñidos de lujuria, aplicó fuerza en los molares dejando escapar un crujido, kadeuk. Él no prestó cuidado a su propio cuerpo húmedo. Tras enjugarle de manera rápida el agua remanente en el cuerpo a Dam-yeon y apartarle los cabellos húmedos hacia atrás, recostó de inmediato a Dam-yeon por sobre el lecho.
“¡ugh…!”
De entre la abertura que se había aflojado de forma muelle, el agua se filtró hacia el exterior. Tal si aquello se tratara de un agua bendita, el Emperador sepultó el rostro de entre las piernas y succionó lo contenido en el interior haciendo un sonido, jjobjjob. Al tiempo en que la punta de la lengua rozaba las paredes internas rollizas, él extendió la mano y agitó el pene de Dam-yeon.
“¡Ugh, ugh, ugh…!”
Cada vez que el duro tabique de la nariz presionaba la abertura de manera sostenida, el cuerpo jadeaba tal si fuera repelido. Dam-yeon aplicó fuerza en la punta de los pies ante el tacto de la mano que frotaba la extremidad de manera rápida al tiempo en que rozaba el pene de arriba abajo.
“ugh, parece que habré de ir. ¡ugh, Su Majestad…. Ah, ugh!”
Un gemido desmedido resonó por el interior de la habitación. Al punto, Dam-yeon, exhalando un aliento jadeante, estremeció la cintura de manera menuda. Él, habiendo completado la eyaculación en la mano del Emperador, abrió las piernas al contemplar al Emperador que restregaba el pene con lo suyo propio.
“ugh, ugh….”
Al tiempo en que dilataba la abertura, el pene ingresó. Aun habiendo compartido el acto carnal en incontables ocasiones, se trataba de una magnitud a la cual todavía no conseguía habituarse. Dam-yeon, contemplando su propio vientre que se elevaba de forma abultada, atrajo el brazo del Emperador hacia sí:
“Los labios…. Junte los labios conmigo, por favor.”
El Emperador, sonriendo, unió los labios complacido. Percibiendo el pene que colmaba el interior por entero, Dam-yeon rodeó su cintura estrechándola. El interior de la entraña se percibía ardiente ante la extremidad del pene que restregaba las paredes internas de manera rápida provocando un retumbar, kungkung. Un arrobador deleite se difundió por el cuerpo entero y su abertura apretó el pene con fijeza.
“Haah….”
“ugh, Su Majestad…. Lo amo.”
El frente de los ojos se traslucía borroso. Dam-yeon habló mirando al Emperador con los ojos caldeados por el ardor.
“Aquel dicho corresponde a mi persona, de qué manera procede que lo pronuncies tú primero.”
El Emperador depositó un beso por sobre los párpados de Dam-yeon riendo de manera ligera. Los cuerpos que permanecían firmemente adheridos tal si se hubieran tornado uno solo se atraían el uno al otro con fuerza tal si se requirieran mutuamente. Acto seguido, lo correspondiente al Emperador empujó ingresando hasta el sitio más profundo, y un cálido chorro de agua se vertió por sobre las paredes internas de Dam-yeon.
“Haah…. Haah.”
“Yeon, te amo.”
El Emperador, que apartó los cabellos de Dam-yeon, quien contenía el aliento, le susurró posterior a depositar un beso por sobre estos. El aroma fragante de las dos personas flotó de manera desbordante por el interior de la habitación colmada de amor, y la noche de entrambos se tiñó de un afecto muelle y profundo a más no poder.
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El palacio veraniego de descanso que se encontraba en el jardín bajo constituía un sitio en extremo espléndido. Existía un gran ventanal desde el cual se divisaban los verdes pinos y el mar, y la temperatura asimismo no resultaba elevada, por lo que no podía existir un sitio mejor que este para permanecer.
Durante el tiempo en que permanecieron en este sitio, las dos personas redujeron el auxilio de los sirvientes del palacio al mínimo. A excepción de acarrear los víveres necesarios tres veces por semana, desde la preparación de los alimentos hasta la limpieza constituía por entero la tarea del Emperador y la Emperatriz.
“¿Acaso no te dije que aquello lo habría de trasladar mi persona?”
“Se encuentra bien. ¿Acaso no es que no se trata de un objeto pesado en lo absoluto?”
El Emperador, quien ingresaba al interior de la habitación, se aproximó al contemplar a Dam-yeon que trasladaba una pequeña mesa de mesa baja.
“Aun cuando no sea pesado déjalo sin más. ¿Acaso no apartamos a los sirvientes del palacio para obrar de tal manera?”
“Con todo, me resulta grato. Verdaderamente parece como si hubiéramos quedado únicamente mi persona y Su Majestad a solas.”
Una vida cotidiana menuda como esta le resultaba en extremo grata. Al punto en que ya había pasado a olvidar por entero tanto la preocupación por los niños como la preocupación por el palacio imperial.
Al tiempo en que Dam-yeon entornó los ojos de forma inclinada esbozando una sonrisa, el Emperador contempló aquel rostro con afecto. El Emperador, posterior a disponer en el exterior la mesa baja que Dam-yeon trasladaba, trajo los melocotones que días atrás había adquirido en el mercado.
El Emperador cortó el melocotón de forma propicia para comer y lo introdujo en la boca de Dam-yeon. Ante el dulce sabor que se difundió en el interior de la boca, los ojos de Dam-yeon se agrandaron.
“¿Es que es tan sabroso?”
“Sí. Es en demasía dulce. ¿Por qué razón resulta tan sabroso en cada ocasión en que lo como?”
“Come de manera diligente. Dado que el que comas bien cualquier cosa resulta grato a la vista.”
Al encontrarse más rollizo en comparación a cuando permanecía en el palacio imperial, el rostro se traslucía regordete y hermoso. El Emperador continuó introduciendo el melocotón en la boca de Dam-yeon sonriendo. El jugo de la fruta madurado ante los rayos del sol humedeció los labios de Dam-yeon de manera sazonada.
“Pruebe Su Majestad también.”
En un santiamén restaba únicamente un solo melocotón. Dam-yeon habló mirando al Emperador al sentir pesadumbre de que aquel último melocotón ingresara en su propia boca.
Sin embargo, el Emperador negó con la cabeza sonriendo:
“A mi persona le es dado comer otro melocotón, ¿no es así?”
“…¡Su Majestad!”
Dam-yeon sujetó la muñeca del Emperador dando un brinco con el cuerpo ante el tacto de la mano que le estrechaba las posaderas de manera leve.
“Considero que este sitio asimismo se encuentra rollizo por la carne por lo que habrá de ser en extremo sabroso.”
A diferencia de sí mismo, no conseguía alcanzar la energía física del Emperador, quien se encontraba en su pleno apogeo. Por causa de haber permanecido sin poder salir al exterior debido a compartir el acto carnal día tras día, en el día de hoy determinó no ceder ante la seducción del Emperador por sobre cualquier asunto que se suscitara.
“En el día de hoy no es posible. ¿Acaso no decidimos salir al mercado?”
Dam-yeon apartó la mano del Emperador que le manoseaba el cuerpo y dio un paso distanciándose de él. Sin embargo, antes de que el cuerpo consiguiera distanciarse, quedó confinado dentro del amplio regazo permaneciendo sujeto por la mano del Emperador.
“¡Ah…!”
“No habré de devorarte por lo que no huyas.”
La fisonomía del Emperador se tornó un tanto sombría. Se trataba de un Emperador a quien de igual modo le desagradaba en grande el que se distanciara de él aun por un breve momento. Incluso posterior a dar a luz a dos niños, Dam-yeon sonrió en silencio al contemplar al Emperador que lo miraba todavía con una mirada tan entrañable.
Posterior a comer el melocotón remanente repartiéndolo entre ambos y cambiarse de indumentaria, salió hacia el exterior del palacio de descanso junto con el Emperador. En el día de hoy constituía el día en que se establecía el gran mercado una vez por semana.
“Tal vez por causa de encontrarse cerca el mar, en el jardín bajo verdaderamente abundan los pescados.”
Se trataba de un panorama dificultoso de contemplar en una región de lo profundo del interior tal como el Imperio de Qingyun. Dam-yeon habló contemplando con ojos de asombro el panorama del mercado donde se encontraban suspendidos los grandes pescados posterior a secarlos.
“¿Es que habremos de asar pescado para comer en la cena de este día?”
“Sí, es propicio.”
El limpiar el pescado y el apartar las espinas de igual modo habría de constituir la tarea del Emperador. Dam-yeon contuvo la risa contemplando la fisonomía de la espalda del Emperador, quien buscaba y seleccionaba el pescado más grande y excelente en el mercado.
“En este sitio asimismo expenden caramelos de miel.”
“Así parece. Resulta asombroso por cuanto en el Imperio de Taeyoung jamás los había contemplado en este tiempo.”
Dam-yeon dirigió la mirada hacia los familiares caramelos de miel.
“¿Es que he de comprártelos? Resultará propicio adquirir una cantidad desahogada para llevarlos al tiempo de marchar hacia el palacio imperial.”
El Emperador se aproximó al frente del puesto guiando la mano de Dam-yeon de manera ligera.
“¡Vaya, sean bienvenidos! ¿Qué cantidad de peso he de entregarles?”
“Entrégame una libra sin más.”
“Le habré de servir los que posean una fisonomía hermosa.”
El dueño del puesto, riendo de manera jovial, comenzó a disponer los caramelos de miel en un envoltorio confeccionado de papel. Dam-yeon ladeó la cabeza al contemplar su vestimenta. Se trataba de un patrón y un modo de corte familiares.
“¿Es que por ventura tu persona procede del Imperio de Qingyun?”
“¡Caramba, de qué manera ha sabido el caballero aquello!”
“Ah, interrogué por cuanto la indumentaria que viste tu persona resulta semejante a la vestimenta del Imperio de Qingyun.”
Al encontrarse en este sitio con una persona de su tierra natal, le causó un regocijo sin motivo y el ánimo se tornó propicio. Al tiempo en que Dam-yeon entabló conversación sonriendo, el dueño del puesto asimismo contempló a Dam-yeon con una fisonomía de regocijo:
“¿Siendo así, el caballero asimismo procede del Imperio de Qingyun?”
“Así es.”
“En mi caso, ya transcurre un tiempo de cerca de cinco años desde que arribé al Imperio de Taeyoung. En un principio guardé una gran preocupación, mas por cuanto se dice que el Emperador de la dinastía actual procede del Imperio de Qingyun, no hace distingos y los caminos se encuentran mejor consolidados en comparación con los tiempos pasados, por lo que el tránsito de ida y vuelta ha pasado a ser cómodo.”
Ante las palabras del dueño, Dam-yeon contempló al Emperador manteniendo una sonrisa en los labios. El Emperador, apretando la mano de Dam-yeon con firmeza, respondió con una sonrisa semejante a la de este.
El mercado bullía de personas y puestos. Las dos personas anduvieron recorriendo el lugar contemplando el mercado tal si fueran una pareja común. Al tiempo de marchar nuevamente hacia el palacio de descanso, en la mano de Dam-yeon se encontraban suspendidos los caramelos de miel, y en la mano del Emperador se encontraban colmados en abundancia tanto pescados como frutas y toda clase de víveres para la comida.
“¿Acaso no se traslucen pesados? Esta esposa los habrá de cargar repartiéndolos entre ambos.”
“No se traslucen pesados en lo absoluto por lo que resta de prestar atención. Siendo así, ¿es que los caramelos de miel son sabrosos? El olor dulce llega hasta este sitio.”
El Emperador interrogó contemplando la mejilla que se había tornado abultada hacia un lado. Dam-yeon asintió con la cabeza esbozando una sonrisa tal si fuera una criatura pequeña.
Le causaba timidez el comer caramelos tal si fuera una criatura pequeña a su edad, con todo, al comer esto parecía tal si retornara por entero a los tiempos de la infancia por lo que resultaba divertido.
“Con todo, si comes en demasía no conseguirás comer la cena por lo que come únicamente hasta ese.”
El Emperador habló dirigiéndose a un Dam-yeon que poseía un apetito corto.
“Sí, Su Majestad.”
“Por qué razón procedes llamándome Su Majestad nuevamente. Corresponde que me llames esposo.”
El contorno de los ojos del Emperador se estrechó de manera traviesa. De cualquier modo, no existían personas en este sitio por lo que tal parecía que deseaba escuchar aquel dicho sin más. Dam-yeon, riendo de manera insonora, rodeó el brazo del Emperador estrechándolo.
“Sí, esposo.”
Los rayos del sol que se ponían inclinándose iluminaron a las dos personas de forma cálida. Entre las dos personas, que juntaron los ojos desprovistos de palabra alguna, fluyó un afecto más profundo que las palabras. Bajo el solo nombre del amor, este instante resultaba suficiente.
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El tiempo transcurrió de manera rápida y en un santiamén se tornó la noche del último día de los pasados en el jardín bajo. El Emperador y Dam-yeon, posterior a tomar la cena, salieron y se sentaron a la par en el estrado de madera por el que rozaba el aire de la noche veraniega. A diferencia de cuando permanecían en el palacio imperial, no se requería ni de leyes de la etiqueta dificultosas ni de formalidades.
Dam-yeon, al tiempo en que acariciaba los cabellos del Emperador, quien permanecía recostado tomando su muslo por almohada, contempló las estrellas que centelleaban por sobre el silencioso cielo. Oyó decir que en la noche de este día descenderían estrellas fugaces. Con el propósito de contemplar aquello, concluyeron la cena de manera presurosa y se encontraban aguardando por las estrellas sentados en el estrado de madera.
“¿Es que Su Majestad elucubró qué clase de anhelo habrá de pedir?”
“Ya lo he determinado.”
“¿Es que ya lo ha hecho? Por causa de que se dice que corresponde pedir la totalidad de los anhelos antes de que la estrella caiga, me hallo en tribulación. Al tratarse de en demasía los asuntos por pedir, de qué manera resultaría propicio obrar.”
Deseaba que la totalidad de las personas guardaran salud, y deseaba que el Imperio de Taeyoung permaneciera fuerte y vigoroso tal como en el presente. Asimismo, deseaba que el pueblo no padeciera penalidades ante el frío y el calor y que las criaturas pequeñas no sufrieran de hambre en el vientre.
Dam-yeon ensayó con el propósito de hablar con la mayor rapidez posible, mas con todo resultaba en extremo deficiente.
“¿Qué clase de anhelo habrá de pedir Su Majestad?”
Dam-yeon interrogó de manera cautelosa al contemplar al Emperador en quien, a diferencia de sí mismo, fluía el desahogo. Al punto, el Emperador, quien mantenía los ojos cerrados, alzó los párpados. Por sobre los cálidos ojos dorados se colmó el rostro de Dam-yeon.
“Este soberano habrá de pedir que le sea dado convertirse en amantes contigo en la siguiente existencia de igual modo.”
“…Ah.”
“Si te hallas en tribulación, pide tú el anhelo de que la totalidad de las personas guarden salud.”
“Siendo así, de qué manera procede con los anhelos remanentes.”
El Emperador apretó la mano de Dam-yeon con firmeza y depositó un beso en silencio por sobre el muelle dorso de la mano.
“Los anhelos remanentes los habré de cumplir mi persona.”
En el rostro del Emperador, quien habló de tal manera, se colmaba la certeza. Las palabras del Emperador, relativas a que consolidaría un país de mayor riqueza y gran paz en lo sucesivo, verdaderamente infundían confianza.
Únicamente en ese entonces Dam-yeon asintió con la cabeza esbozando una sonrisa. El Emperador incorporó el cuerpo y rodeó el hombro de Dam-yeon estrechándolo.
Las dos personas alzaron la cabeza hacia el cielo y contemplaron la misma estrella. Finalmente, las estrellas comenzaron a caer partiendo el cielo tal si se vertieran de golpe.
El Emperador y Dam-yeon cerraron los ojos de manera simultánea y pidieron el anhelo del interior del pecho en silencio.
Posterior a un breve momento, Dam-yeon, quien abrió los ojos, interrogó mirando al Emperador:
“¿Es que lo ha pedido?”
“Lo he pedido.”
“Vaya….”
Un pequeño suspiro de admiración fluyó. Dam-yeon, quien asimismo pidió el anhelo, rodeó la cintura del Emperador estrechándola con firmeza al tiempo en que sonreía:
“Por cuanto ha pedido el anhelo, corresponde que brinde su amor a esta esposa en la siguiente existencia de igual modo. Con todo, en aquel entonces, considero que sería propicio que nos topemos siendo hombres.”
Dado que de tal manera no habría de corresponder vagar dando un largo rodeo. Dam-yeon cerró los ojos con una fisonomía de dicha al contemplar al Emperador que le apretaba la mano tal si fuera a obrar de esa forma.
Por sobre unas personas como esas, incontables estrellas permanecían brillando. El centelleante fulgor de las estrellas en el silencioso cielo nocturno brillaba de manera resplandeciente, tal si fuera a rememorar el anhelo de entrambos durante largo tiempo.
-Fin de la sección de historias cortas 2-
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