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A pesar de ser temprano, el mercado parecía haber perdido ya su vitalidad inicial. Los clientes de la madrugada ya habían pasado y Seung-chan, que cargaba bultos pesados en ambas manos, seguía a su tía mientras sorbía su nariz roja por el frío. Después de comprar los brotes de soja y el cebollino para los acompañamientos de la parrillada, y las cebollas, el puerro y el ajo para el adobo de las costillas, las manos de Seung-chan no dieron abasto. Las papas y el repollo terminaron en el carrito que su tía arrastraba cada vez que salía de compras.

Al salir del mercado, Seung-chan cargó todo en el asiento trasero del pequeño auto que tenía estacionado. Acomodó lo más pesado en el suelo y dejó las verduras variadas sobre el asiento. En cuanto terminó y se subió al lugar del conductor, dijo:

“Te dejo y después necesito el auto.”

Su tía soltó una risita burlona.

“Me preguntaba por qué no te habías escapado a lo de Kyusung y me habías acompañado a hacer las compras tan temprano. ¿Qué tanto hacen ustedes dos metidos en esa casa todo el día?”

“Ah, hoy no voy a lo de Hong Kyusung.”

Seung-chan negó con la cabeza como si no quisiera escuchar y se abrochó el cinturón de seguridad. Su tía, curiosa por la vida privada de su sobrino, le impuso ese castigo llamado ‘comparación’ del que ninguna familia escapa.

“Miralo a Ju-won. Qué trabajador es. Da lástima y a la vez orgullo ver cómo se esfuerza para criar al nene siendo él tan joven.”

Seung-chan, que giraba el volante para sacar el auto, ladeó la cabeza. No le sorprendía que su tía lo comparara con alguien, sino que el objeto de la comparación fuera Yang Ju-won.

“En lugar de andar haciendo cosas raras con Kyusung todo el santo día, aprendé de Ju-won y madurá un poco.”

“…….”

“A mí Ju-won me cae muy bien. Es lindo, educado, bueno. Tendría que conocer a un buen alfa para que le cambie la suerte……”

¿Para qué querría Yang Ju-won conocer a un alfa? En un mundo donde basta con prender la tele para ver noticias de alfas haciendo desastres toda la noche, ¿dónde iba a encontrar uno bueno?

Y lo de educado... por favor. ¿Qué pibe educado besa así de bien?

Mientras escuchaba los elogios hacia Ju-won, Seung-chan se lamió el labio inferior casi sin darse cuenta, como saboreando el recuerdo.

Como ayer se habían besado tanto, sentía que la sensación todavía estaba viva en sus labios. No sabía cuántas horas habían pasado arrodillados en ese suelo de cemento sin calefacción. Al final, ya ni siquiera estaba en sus cabales. Tenía la mandíbula entumecida y la postura era tan incómoda que estaba agotado, pero no podía parar. Ju-won, que al principio estaba apoyado contra la puerta, terminó casi por completo entre sus brazos. Al buscar una posición cómoda mientras se besaban, terminó rodeándolo con un brazo. Seung-chan se detuvo solo cuando escuchó pasos afuera, y al ver a Ju-won ahí abrazado, sintió un escalofrío, como si fuera algo extraño.

Pero el beso le había gustado. Fue divertido.

Tras estacionar en el callejón detrás de la parrillada, Seung-chan bajó la mercadería. Amontonó las verduras junto al lavadero exterior que conectaba con la puerta trasera de la cocina. Desde adentro, se oía la charla de su tía con los empleados. Merodeó un momento frente a la puerta y, sin siquiera despedirse, se subió de nuevo al auto.

El pequeño vehículo salió rápido del callejón. Tardaría apenas quince minutos en llegar al Refugio Sunshine para Omegas que había marcado en el GPS.

 

Los brazos que sostenían su cuerpo contra el suelo temblaban. A medida que su torso se inclinaba hacia atrás, el peso se volvía insoportable para sus brazos. Finalmente, el cuerpo de Ju-won se desplomó. Quedó tendido sobre la manta con la que había dormido junto a Seung-on y miró al techo abriendo y cerrando los ojos lentamente.

“Ah….”

“Oye, levantate.”

El rostro de Seung-chan apareció de repente en su campo de visión. Estaba sentado al lado de Ju-won, mirándolo mientras lo apuraba. Al ver que solo parpadeaba sin reaccionar, lo agarró del brazo y lo obligó a sentarse.

El beso de ayer se le había quedado grabado con más fuerza que los anteriores y no lo había dejado dormir en toda la noche. Se la pasó como un adolescente buscando cosas en el celular. Tenía que comprobar si la información que había leído con los ojos inyectados en sangre era real, y para eso necesitaba la colaboración de Ju-won.

Sujetó las mejillas de Ju-won con ambas manos para evitar que volviera a acostarse, acercó su cuerpo y giró la cabeza. El beso que había empezado apenas llegó al refugio temprano esa mañana se reanudó.

'Hacerlo con maña'. Esas palabras del delincuente le habían llegado hondo ayer, el día de Navidad. Ju-won decidió que, aprovechando la curiosidad de Seung-chan, él también viviría con maña para sacarse el estrés de encima. Determinó que, antes de que su salud mental empeorara por la angustia, era mejor liberar tensiones con un beta por el que no debía preocuparse por las feromonas.

Quizás porque era apenas el segundo día desde su nueva resolución, no sabía si realmente servía para el estrés. Aun así, no se sentía mal percibir el calor de otra persona que no fuera Seung-on en ese monoambiente siempre gélido.

Las manos grandes que rodeaban sus mejillas bajaron un poco hasta sujetar la nuca de Ju-won. Él, que miraba hacia el techo con los ojos entreabiertos, cerró los párpados mientras rodeaba con sus manos las muñecas de Seung-chan, quien estaba ocupado mordisqueando y tironeando de su labio inferior.

A diferencia de ayer, cuando solo seguía sus movimientos, hoy Seung-chan estaba obsesionado con el labio inferior. Lo mordía con los dientes frontales y lo soltaba repetidamente, como si intentara poner en práctica algo que había imaginado pero que no le salía del todo bien.

El beso, que venía siendo algo lento, terminó de forma torpe. Al notar que el ambiente no daba para más, Seung-chan separó los labios. Se quedó tragando saliva, insatisfecho porque el tiempo del beso había sido más corto que el de ayer, pero Ju-won giró la cabeza y bostezó apenas se separaron. Al instante, las cejas de Seung-chan se arquearon con furia.

“¿Sos loco? ¿Cómo vas a bostezar justo después de un beso? Qué falta de respeto, carajo.”

“Estoy cansado.”

“¿De qué vas a estar cansado? Si te echaron de todos los laburos.”

“…….”

Ju-won lo miró en silencio, notando que el orgullo de Seung-chan estaba herido, y se puso de pie. Como Seung-chan había irrumpido apenas regresó de dejar a Seung-on en el jardín, ni siquiera había podido levantar la mesa del desayuno.

Llevó los platos que había usado el niño a la cocina y se paró frente a la bacha. Pensó que, como el asunto del delincuente ya estaba resuelto con el beso, él entendería la indirecta y se iría mientras lavaba los platos.

Sin embargo, Seung-chan se quedó acostado en la manta jugando con el celular hasta que Ju-won terminó de lavar y se preparó para salir del refugio. Por si fuera poco, dejó el auto estacionado en el callejón y empezó a caminar tras él. Sin saber siquiera a dónde iba Ju-won, lo seguía con persistencia, a un par de pasos de distancia, como un perro que acaba de encontrar algo interesante.

Ju-won se dirigió a una inmobiliaria cercana. Tras recibir la advertencia final del refugio, tenía que buscar un lugar donde vivir con Seung-on. El problema era que, después de haber gastado todo el dinero para pagar las deudas de su padre biológico, la cifra que podía ofrecer como depósito era ridículamente baja, incluso para él.

“¿Pero dice que tiene un hijo? Con ese presupuesto no hay ningún lugar apto para criar a un nene……”

Ante el pedido de Ju-won de buscar la habitación con el depósito más bajo, el agente inmobiliario ladeó la cabeza con expresión de duda. En otras inmobiliarias la reacción fue la misma. Ni siquiera se ofrecieron a mostrarle lugares; parecía que no querían caminar bajo el frío por un contrato que no les dejaría dinero.

Al menos en la última inmobiliaria, el agente aceptó acompañarlo. Se alejaron bastante de la estación de subte hasta que aparecieron casas viejas y deterioradas. El lugar donde el hombre abrió la puerta era una pequeña habitación en un sótano, del tamaño justo para poner un colchón y nada más.

“Se lo dije, ¿no? Para vivir con un bebé es complicado.”

“…….”

“Si tiene cuenta de ahorro para vivienda, existen los alquileres públicos. Pruebe inscribirse. El alquiler ronda los 100 mil wones y el depósito no supera los 20 millones como máximo.”

Desde la puerta, Seung-chan solo veía la nuca de Ju-won mientras escuchaba al agente. El leve movimiento de su cabeza hacía parecer que estaba considerando el contrato. Era absurdo.

Solo de ver las paredes y el techo cubiertos de moho negro, daba la sensación de que a cualquiera se le arruinarían los pulmones en un solo día. Parecía más saludable para el sistema respiratorio ponerse a fumar que vivir ahí, pero Ju-won no salía; se quedaba recorriendo lentamente el pequeño cuarto con la mirada. Seung-chan entendió lo que significaba la indecisión de Ju-won.

Significaba que no tenía otra opción. En otras palabras, no tenía plata.

Este tipo que vivía corriendo de un trabajo a otro sin descanso, ¿dónde se guardaba toda esa plata para estar considerando vivir en un lugar que era peor que un depósito? Seung-chan recordó el momento en que se cruzó con Ju-won en el refugio, cuando lo seguía aquel prestamista.

¿Será que la pagó? ¿Habrá hecho una estupidez tan grande? ¿En serio? Por más ignorante que fuera, Seung-chan sabía que ese tipo de deudas no hace falta pagarlas. Hasta Hong Kyusung tenía ese mínimo de sentido común. A menos que Yang Ju-won se hubiera vuelto loco por las pastillas, no podía ser.

Seung-chan frunció el ceño al ver a Ju-won inclinarse con respeto ante el agente que le presentaba ese criadero de hongos como si fuera una vivienda. Solo con recordar la notificación de embargo que había visto de reojo en el refugio, estaba claro que la situación de Ju-won era mucho más urgente que la de su padre desaparecido.

¿Por qué carajo pagaría él esa deuda? Pedazo de idiota...

Mientras lo fulminaba con la mirada, Seung-chan pensó que Yang Ju-won, quien parecía haber nacido sin expresiones, quizás era en realidad un sociópata hecho a la fuerza por las circunstancias.

“Oye.”

Seung-chan, que caminaba en silencio detrás de Ju-won tras salir del sótano, se detuvo y alzó la voz hacia su nuca.

“¡Oye! ¡Yang Ju-won!”

Ju-won, que caminaba absorto en sus pensamientos, recién ahí se detuvo y se dio vuelta.

“¿Todavía no te fuiste?”

Estuve al lado tuyo todo el tiempo, Mierda.

“Dejate de joder. ¿No vamos a comer?”

“…No tengo ham—, ¿qué hacés?”

Seung-chan se acercó a grandes zancadas y lo agarró de la capucha de la campera. Ju-won no pudo soltarse de la mano que lo tironeaba desde atrás y, mientras lo arrastraban, frunció el entrecejo.

Sabía que el dinero le iba a quedar corto, pero no imaginó que los alquileres estuvieran a ese precio. Había pasado su infancia de institución en institución, y tras quedar embarazado de Seung-on, salió de allí para vivir un tiempo refugiado en la casa de una trabajadora social.

Al tener a Seung-on, entró directamente al refugio gracias a esa misma ayuda y cumplió el plazo máximo de dos años; así que, en realidad, hoy era la primera vez que salía al mundo a buscar un techo por su cuenta. Si hubiera sabido que los precios estaban así, no habría pagado la deuda de su padre biológico ni aunque el prestamista le pusiera un cuchillo en el cuello.

...Aunque, la verdad, fue porque el tipo metió a Seung-on en el medio y él perdió los estribos por un momento.

Tenía que ganar más plata. Tenía que ahorrar hasta el último centavo. Total, si el almuerzo no se lo daban en el trabajo, casi nunca comía.

Ju-won caminó a regañadientes mientras miraba a Seung-chan de reojo.

“Yo no voy a comer, así que comé solo.”

“¿Por qué no vas a comer si es gratis? Llamé al que pone la plata.”

“Al que pone la plata….”

Al escuchar eso, la primera cara que le vino a la mente fue la del dueño de la parrillada. Como Gye Seung-chan era el sobrino, era natural que lo llamara para pedirle que pagara el almuerzo. Ju-won entrecerró los ojos hacia él.

A pesar de tener un pasado similar, el delincuente tenía a alguien que lo protegiera. Al pensar que esa podía ser la razón por la que el mundo del otro funcionaba de forma más simple que el suyo, sintió una emoción extraña, que no era envidia ni amargura. No sabía qué era ese sentimiento, pero no tenía ganas de seguirlo así como así para que el dueño le regalara la comida.

Ju-won se plantó y forcejeó para soltarse de la mano que le sujetaba la ropa.

“Ya fue. Yo no voy a….”

“¡Gae Seung-chan! ¡Si llamás a tu superior tenés que venir corriendo!”

Kyusung, con la nariz roja por el frío, gritaba desde la base de la colina con las manos en la cintura y sacando pecho.

Kyusung pinchó con el tenedor dos o tres pedazos de milanesa de cerdo que acababa de cortar y miró de reojo a Seung-chan y Ju-won, que estaban sentados frente a él.

Se preguntaba qué le pasaba a Seung-chan, quien siempre caía en su casa temprano porque su tía lo despertaba para preparar el negocio, pero hoy se había quedado callado. Justo cuando pensaba que el muy traidor se había buscado un laburo solo sin avisarle, recibió su mensaje para ir a comer. No tenía nada que hacer y tenía curiosidad, así que fue, pero no esperaba encontrarlo con Yang Ju-won.

Aquel día que fueron al buffet de Ju-won, Seung-chan había dicho clarito que no pensaba hacerse amigo de él.

Kyusung se rascó una ceja mientras masticaba. Se moría de ganas de saber si ya eran amigos de verdad, pero con el carácter de mierda que tenía Gae Seung-chan, no se animaba a preguntar para no armar un escándalo.

Este era el mismo tipo que odiaba a los hombres omega, ¿y ahora se encontraba con él desde la mañana y hasta compartían la mesa? ¿Ya se habían hecho amigos? No, imposible. Si fuera así, él se habría dado cuenta enseguida, conociéndolo de toda la vida...

Intentando descifrar el clima entre los dos, Kyusung tomó un gran trago de agua y soltó:

“Oye, ¿vamos al PC Bang después?”

“…Yo paso….”

Ju-won soltó el tenedor ante la propuesta de Kyusung, pero Seung-chan le cortó el habla antes de que terminara.

“Bueno.”

“Seung-chan. Si vos pagás esto, el 'hyung' paga el PC Bang.”

“Esto también lo pagás. Ni yo ni el sociópata tenemos un mango hoy.”

Seung-chan habló mientras apoyaba el codo en el hombro de Ju-won. A pesar de la ropa de invierno, cargó el peso a propósito y el codo se le clavó como un punzón cerca del trapecio. Ju-won frunció el ceño y lo empujó para sacárselo de encima. Kyusung observó atento cómo Seung-chan molestaba a Ju-won dándole golpecitos en el pelo y asintió para sus adentros.

“Bueno, está bien. Hoy invita el 'hyung'.”

Aunque se decidió a gastar plata, ninguno de los dos parecía estar agradecido. Kyusung miró a Seung-chan, que ahora le daba constantes golpes en el brazo a Ju-won, y a este último, que seguía con su cara de nada; llegó a la conclusión de que su amigo finalmente había terminado con su largo odio hacia los omegas y había decidido hacerse un amigo por primera vez. Si su suposición era correcta, pagaría con gusto. Total, después se lo cobraría con un regalo caro para su cumpleaños.

Los tres salieron del lugar y fueron al PC Bang. Mientras Seung-chan y Kyusung se viciaban con el juego, Ju-won apagó la pantalla y entró a un sitio de búsqueda de empleo. Seung-chan lo miró de reojo desde el asiento de al lado y frunció el ceño con disgusto.

Después de jugar y comer de todo en el PC Bang, Seung-chan y Kyusung se movieron hacia la tercera parada. Ju-won, arrastrado al karaoke tras los otros dos, chequeó la hora: ya se acercaba el momento de buscar a Seung-on del jardín. Ahora que tenía una excusa, podría inventar algo y largarse.

Guardó el celular en el bolsillo y miró hacia el costado. Aprovechando que Seung-chan había ido al baño, pensó en despedirse de Kyusung y salir de esa reunión sin sentido.

“Yo ya me….”

“Yang Ju-won.”

En la pantalla de la máquina de karaoke, que todavía no habían pagado, apareció el reflejo de la cara de Kyusung acercándose a él. Kyusung le puso una mano en el hombro y, con mirada solemne, le dijo:

“Bienvenido.”

“…¿A qué?”

Kyusung le apreó el hombro con fuerza y le dio una palmada exagerada en la espalda. Después se cruzó de piernas con aire de suficiencia. Ju-won se encogió con incomodidad, preguntándose por qué hoy a los delincuentes les había dado por no dejarle el cuerpo en paz. Estaba por preguntarle por qué le pegaba, pero Kyusung se le adelantó.

“Mirá, todavía no sé qué clase de tipo sos, ¡pero no me caés tan mal! Y si Seung-chan te aceptó, yo también te acepto.”

“…….”

“No somos tipos tan malos, así que ya que estamos, olvidémonos de lo que pasó antes y llevémonos bien. Cuando nosotros nos hacemos amigos de alguien, la lealtad es de fierro.”

La mirada de Ju-won se mantuvo fija en Kyusung, quien se mecía de un lado a otro como si le avergonzara tener una conversación seria. Kyusung miró de reojo ese rostro frío y sin expresiones y le revolvió el cabello a Ju-won con la palma de la mano.

“Vaya, hasta le estoy tomando cariño a esa expresión tan desagradable, desgraciado.”

“¿De qué demonios estás hablando? Yo con ustedes ni siquiera soy ami—”

Ju-won apartó la mano de Kyusung, molesto, y cuando estaba por pedir explicaciones, la puerta de la sala de karaoke se abrió de golpe. Seung-chan entró sacudiéndose las manos mojadas, miró de reojo a los dos que estaban sentados muy juntos y se dejó caer en un asiento alejado. Kyusung se levantó y, señalando alternadamente a Seung-chan y a Ju-won, dijo:

“Como sea, hay otros chicos también, ¿sabes? Ya te los presentaré. Oye, Seung-chan. La próxima vez reunamos a todos para pasar el rato. Hay que presentar a Yang Ju-won.”

Como tenía un amigo nuevo, si quería incluirlo en su grupo cercano, sería necesario un tiempo de convivencia. Hacer que el nuevo se adaptara también era tarea de Hong Kyusung, quien por su buena personalidad era el administrador del grupo de chat. Aunque, a decir verdad, le preocupaba un poco la poca sociabilidad de Yang Ju-won.

“Oigan, vayan cantando algo primero.”

Kyusung levantó la mano indicándoles que esperaran un momento y salió de la sala. Caminó hasta el final del pasillo del karaoke y se detuvo frente a la máquina expendedora.

'Para hacerse amigos de verdad tiene que haber alcohol de por medio. ¿Y si después de cenar nos vamos a beber? ¿O mejor llamo a todos los chicos para esta noche?'

Sacó tres latas de refresco y una botella de agua mineral, se las acomodó en el pecho y caminó por el pasillo. Escuchaba los cantos amortiguados que salían de las otras salas y marcaba el ritmo con la cabeza en cada paso.

Llegó a la puerta donde estaban Seung-chan y Ju-won con mucho entusiasmo, pero justo cuando iba a girar el picaporte, vio algo a través del vidrio de la puerta que lo dejó sin fuerzas.

“¿Eh…?”

Con los labios entreabiertos y una expresión de estupefacción, Kyusung se pegó más al vidrio del tamaño de una mano para observar mejor el interior.

Seung-chan, que cuando él salió estaba sentado en la orilla del sillón, ahora estaba pegado a Ju-won dándole un beso. El tipo que estaba dándole un beso increíblemente intenso, rodeando el cuello de Ju-won con una mano y cambiando la inclinación de la cabeza para profundizar el contacto, era —por más que cerrara y abriera los ojos con fuerza— su amigo Gye Seung-chan.

Las latas que llevaba se le cayeron al suelo con estrépito. Kyusung retrocedió un paso, tambaleándose.

“Maldita sea…. ¿qué es todo esto…?”

Murmuró para sí mismo con el rostro desencajado, se frotó la cara con las manos y se dejó deslizar por la pared del pasillo hasta quedar sentado en el suelo.

Tenía que ser una broma de algún espíritu. O Hong Kyusung estaba teniendo visiones porque lo habían embrujado, o a Gye Seung-chan se le había metido un demonio para estar besándose con el omega Yang Ju-won.

Miró al vacío con ojos confundidos y, como si fuera el protagonista de una película de terror, se levantó de un salto y salió corriendo por el pasillo.

Detrás del vidrio empañado por el aliento de Kyusung, Ju-won, que se estaba besando con Seung-chan, apartó la mano que le sujetaba la nuca y echó la cabeza hacia atrás. Seung-chan se quedó con los labios entreabiertos, relamiéndose como si se hubiera quedado con las ganas, y frunció el ceño.

“¿Por qué te alejas?”

“Detente. Ya viene tu amigo.”

“No importa. Ese idiota tarda mucho cuando va al baño.”

Seung-chan intentó acercarse otra vez, pero se quedó mirando fijamente a Ju-won, quien le ponía la mano en el pecho para frenarlo. Quizás era por las luces y el ambiente del karaoke, pero sentía algo distinto al beso de la mañana. Esa sensación de hormigueo en la boca del estómago podía ser causada por el riesgo de que Kyusung volviera en cualquier momento.

Seung-chan se frotó el pecho y se sentó bien, aunque no le quitó la vista de encima. Ju-won se limpió los labios con el dorso de la mano y se puso a mirar el teléfono con esa cara inexpresiva que Seung-chan tanto detestaba, esa marca registrada del "omega sociópata", pero hoy, por alguna razón, más que odio le parecía un tipo de desafío.

Estaba seguro de que el día que Yang Ju-won le dio el primer beso estando ebrio, tenía una expresión distinta. Pero después de eso, por más que se besaran, siempre ponía esa cara de piedra. En el video que grabó solo se escuchaba el sonido del beso y no había pruebas de qué rostro tenía Ju-won ese día, pero Seung-chan confiaba en su memoria.

'Tenía una cara totalmente ida….'

Al percibir esa cara inexpresiva como un desafío, se le encendió una competitividad bastante fuerte.

'Maldita sea, vamos a ver hasta cuándo puedes besarme con esa cara de que no sientes nada.'

Ya habían pasado dos días desde que empezaron a besarse en serio. A estas alturas, Gye Seung-chan ya se defendía bastante bien en el asunto. No había intentado ni la cuarta parte de todas las cosas que estuvo buscando durante la noche. ¡Si hacía todo eso, Yang Ju-won se volvería loco! Seguro que no podría responderle con un bostezo maleducado después de eso.

Ju-won se giró hacia Seung-chan, quien lo miraba fijamente.

“Me voy. Tengo que ir a buscar a Seung-on.”

Dijo con voz baja mientras tomaba la chaqueta que había dejado a un lado y se levantaba. Seung-chan se puso de pie también, como si fuera lo más lógico del mundo. Ju-won se quedó mirándolo mientras el otro se abrigaba y le preguntó:

“…¿Tú también te vas?”

“El auto de mi tía quedó frente a tu casa.”

“Ah.”

“'Ah', mis pelotas.”

Imitó a Ju-won con tono burlón, molesto por su reacción tan seca, abrió la puerta y salió de la sala. Justo se cruzó con Kyusung que venía por el pasillo. Kyusung, que se había propuesto actuar como si no hubiera visto el beso de su amigo, intentó mantener la calma respirando hondo, pero en cuanto vio a los dos salir de la sala, se quedó rígido y empezó a tartamudear.

“¿U—ustedes a dónde… van? ¿Por qué? ¿A dónde? ¿Los dos?”

“Idiota, deja de tardar tanto en el baño.”

Seung-chan levantó la mano como si fuera a darle un golpe, pero solo le dio un golpe seco con el canto de la mano en el cuello. Después de esa broma pesada, pasó de largo. Kyusung miró a Ju-won, ya que Seung-chan se había ido sin responderle nada.

“……Uf, maldita sea….”

Ju-won lo miraba con las mejillas y los labios sonrojados. Le dio escalofríos ver con tanta vitalidad el rostro de ese tipo que siempre parecía un paciente terminal con los días contados.

Kyusung levantó el dedo medio mirando las espaldas de Seung-chan y Ju-won mientras salían del karaoke.

“Están locos…. Váyanse al demonio, traidores de mierda….”

Los que andan en pareja engañando al mundo deberían desaparecer todos, en serio. Gye Seung-chan… ya me lo imaginaba desde que se la pasaba viendo pornografía con el volumen alto en el teléfono. Era para celebrar que su amigo de toda la vida saliera de ese mundo de odio, pero no podía evitar sentir una traición enorme porque lo había dejado solo en la soltería.

“…….”

Como Seung-chan no podía ver ni en pintura a los omegas, él tampoco se había hecho amigo ni había salido con ninguno, pero ya que estaba… ¿y si le pedía a Yang Ju-won que le presentara a algún omega cercano?

Desde niños siempre hacían todo juntos: si Seung-chan se peleaba, él también; si Seung-chan aprendía boxeo, él también; si Seung-chan andaba en moto, él también.

¿Y si Hong Kyusung aprovechaba esta oportunidad para salir con un omega también?

La mirada de Kyusung se suavizó mientras observaba el final del pasillo por donde habían desaparecido.

 

Seung-on, que venía de la mano de su maestra del jardín, vio a Seung-chan parado detrás de Ju-won y corrió con sus pasos cortos para colgarse de su pierna. Seung-chan, que estaba ahí parado con las manos en los bolsillos de la chaqueta y balanceándose un poco, levantó la pierna donde estaba Seung-on y empezó a sacudirla de arriba abajo. Seung-on se reía a carcajadas mientras se sujetaba fuerte como si estuviera en un juego mecánico. La maestra no podía ocultar su sorpresa al ver a Seung-on gritando de risa, olvidándose por completo de saludarla.

Seung-chan, con Seung-on colgado de una pierna, caminó hasta el refugio. Había dicho que solo venía porque había dejado el auto ahí, pero por alguna razón entró a la habitación. Ju-won, que no tenía tiempo para atenderlo, sacó del refrigerador los pocos acompañamientos que quedaban para preparar la cena de Seung-on y se dirigió a la cocina.

Metió el arroz instantáneo en el microondas y comenzó a pasar a un plato los acompañamientos que sacó del refrigerador, cuando Seung-chan, pegando su cuerpo al suyo desde atrás, le tomó la mandíbula para hacerlo girar. Ju-won, con la cintura a medio rotar, hizo fuerza y lo miró hacia arriba.

“¿Vas a hacerlo otra vez?”

“¿Qué? ¿Acaso no puedo?”

Ante la pregunta de Seung-chan, quien fruncía el ceño como si tuviera alguna queja, Ju-won respondió moviendo la mandíbula que aún permanecía atrapada en esa mano grande.

“Sí. No quiero.”

“¿Por qué ahora?”

“Ya lo hicimos dos veces hoy. Me duelen los labios.”

“…….”

Seung-chan lo fulminó con la mirada mientras Ju-won lo observaba fijamente sin expresión alguna; luego, su vista descendió naturalmente hacia sus labios. Para comprobar si era una excusa o una exageración, notó que el borde de los labios de Ju-won estaba rojizo y algo agrietado. Cualquiera que lo viera pensaría que habían estado restregándose los labios durante dos semanas, cuando apenas llevaban dos días besándose.

Seung-chan soltó la mandíbula de Ju-won. Se frotó con el dorso de la mano la marca roja que sus propios dedos habían dejado y frunció el ceño con insatisfacción al ver la nuca de Ju-won, quien continuaba preparando la cena como si nada.

¿A Yang Ju-won no le divierte besarme? ¿De verdad no siente ni un poco de placer?

A la competitividad que se le había encendido en el karaoke, ahora se le sumaba un golpe directo a su orgullo. Él sentía que su habilidad para besar había mejorado muchísimo en estos dos días, pero al parecer, para un tipo "fácil" que se la pasaba frotando sus labios con cualquiera, seguía siendo algo aburrido. Qué sentimiento tan despreciable.

Sin apetito, Seung-chan se limitó a sentarse a la mesa con el padre y el hijo para observar cómo comían. Al ver a Seung-on comer huevos fritos recién hechos con salchichas salteadas y kimchi blanco, mientras Ju-won masticaba una bola de arroz de quién sabe cuándo, la imagen de esa habitación subterránea que parecía un criadero de hongos se superpuso en su mente, volviendo su humor aún más sombrío.

Salió de la habitación cargando a Seung-on, quien llevaba su campera sobre la ropa de dormir. El pequeño, que no se había despegado de Seung-chan en todo el tiempo, buscó refugio en el pecho de Ju-won cuando el sueño empezó a vencerlo. Ju-won, con el niño en brazos, cerró la puerta y salió del refugio. Seung-chan, que se había adelantado, fumaba un cigarrillo apoyando un brazo sobre el techo del pequeño auto que ya estaba en marcha.

Al ver que Ju-won se acercaba con el niño, Seung-chan dio una última calada profunda y lanzó la colilla al aire junto con unas chispas. Subió al asiento del conductor y puso sus manos, ya congeladas, frente a la rejilla de ventilación por donde salía la calefacción.

Mientras Ju-won subía al asiento del acompañante y le abrochaba el cinturón a Seung-on, Seung-chan movió los ojos de reojo y preguntó:

“Esa habitación subterránea que vimos a la mañana... ¿vas a firmar el contrato?”

“…Aún no lo sé.”

“Si vives ahí, te vas a morir de tuberculosis en menos de un año.”

“…….”

Seung-chan soltó el freno de mano y puso el coche en marcha, mirando de soslayo a un Ju-won que no respondía. Ju-won permanecía callado, mirando hacia el frente. Con ojos que no revelaban ningún pensamiento ni emoción, simplemente observaba el camino mientras le daba palmaditas en la espalda a Seung-on, quien aún no se dormía y restregaba su cabecita contra su pecho de vez en cuando.

Seung-chan, tamborileando los dedos sobre el volante, volvió a hablar.

“La deuda... ¿la pagaste tú?”

“…….”

“Legalmente es un dinero que no tienes obligación de pagar.”

Al escuchar las palabras de Seung-chan, Ju-won cerró los ojos con expresión de cansancio sin dejar de mirar al frente. Luego, respondió en un susurro casi inaudible.

“Fue por una estupidez... por perder los estribos….”

Seung-chan no alcanzó a oír la voz de Ju-won y lo miró de reojo mientras conducía. En la oscuridad, ese rostro con los ojos cerrados no mostraba el más mínimo movimiento, como si estuviera muerto. Seung-chan no intentó conversar más y se concentró en el camino. El pequeño auto se sacudía violentamente cada vez que pasaba por un bache, por pequeño que fuera. Hoy, por alguna razón, el trayecto hacia el restaurante de su tía se sentía más accidentado de lo normal.

 

Mirando la costilla adobada que se cocía chisporroteando sobre la parrilla, Seung-chan soltaba insultos sin cesar tras su mascarilla. Simplemente, no estaba de buen humor por varias razones. Naturalmente, sus movimientos al asar la carne se volvieron bruscos. Al final, poco después de empezar su turno en el salón, fue expulsado fuera del local debido a las quejas de los clientes.

Seung-chan se puso de cuclillas a un lado del edificio, se llevó un cigarrillo a la boca y comenzó a revisar su teléfono. Con el ceño profundamente fruncido y expresión seria, tecleó en la pantalla:

     Zonas erógenas de un omega

     Cómo excitar a un omega

     Al besar a un omega

“…¿Estimular la glándula de feromonas? No me jodas.”

Con el cigarrillo entre los dientes, Seung-chan soltó una risa burlona tras ver decenas de videos uno tras otro. Le molestaba que Ju-won se quedara ahí sentado como una estatua de piedra cada vez que se besaban, y aunque quería verlo desesperado, no tenía ninguna intención de esforzarse tanto como para estimularle las zonas erógenas.

Arrojó la colilla a un montón de basura, se puso de pie y pegó la cabeza al cristal del restaurante para mirar hacia adentro. A través del salón, se alcanzaba a ver vagamente el mostrador de la cocina.

Entornando los ojos para enfocar, Seung-chan fulminó con la mirada a Ju-won, quien estaba lavando los platos. Bajo la brillante luz de la cocina, Ju-won, con el rostro pálido, giró el cuello un par de veces como si estirara y luego volvió a bajar la cabeza para concentrarse en su tarea. Al verlo, Seung-chan hizo un gesto de desdén con los labios, como si estuviera haciendo un berrinche.

 

Como de costumbre, dejó primero a su tía en su casa y luego giró el auto hacia el refugio. Seung-chan miró de reojo a Ju-won, quien parpadeaba ausente con la cabeza apoyada en la ventana y cargando a Seung-on dormido; Seung-chan carraspeó innecesariamente y sujetó con más fuerza el volante.

Al llegar al refugio y acostar a Seung-on en la habitación, Ju-won regresó y suspiró al ver a Seung-chan merodeando fuera de la puerta. Eran besos que había permitido para liberar el estrés, pero sentía que, por el contrario, se le estaba acumulando más. Pensó que los besos para satisfacer la curiosidad de ese delincuente beta serían solo una o dos veces, no imaginó que serían dos o tres veces todos los días.

Abrigándose bien, Ju-won salió de la habitación, cerró la puerta y miró a Seung-chan. Seung-chan estaba apoyado con una mano en el fregadero fingiendo desinterés, y Ju-won le hizo una señal con la barbilla para que se acercara.

“Vas a besarme, ¿verdad? Hazlo rápido. Estoy cansado.”

A Seung-chan le molestó un poco ese tono de voz monótono en el que no se percibía ni una pizca de emoción; murmuró un "maldita sea" por lo bajo y se acercó a Ju-won. Ya de manera natural, Seung-chan rodeó el rostro de Ju-won con una mano, inclinó la cabeza y buscó sus labios.

Tras chocar los labios un par de veces haciendo ruidos suaves, comenzaron a besarse en serio. Al pasar la lengua por la línea de los labios agrietados, pudo sentir claramente la textura áspera. Seung-chan succionó el carnoso labio superior de Ju-won mientras sus ojos se movían inquietos. Por un momento, una duda cruzó su mente.

¿Lo hago o no lo hago?

La duda de Seung-chan no duró mucho. Se decidió al sentir el beso de Ju-won, quien permanecía allí de pie, abriendo la boca sin entusiasmo y moviendo la lengua a duras penas solo cuando él movía los labios.

Seung-chan separó los labios y ladeó la cabeza aún más. Ju-won, que no tenía ni idea de lo que él pretendía hacer, abrió los ojos de par en par en el momento en que sintió los labios húmedos contra la parte posterior de su oreja.

Con una mano sujetando la nuca de Ju-won, Seung-chan lamió hacia arriba con la punta de la lengua justo debajo del lóbulo, donde se siente el hueso. Ante esto, Ju-won, que estaba allí parado con las manos en los bolsillos de su campera, encogió los hombros y balbuceó:

“¿Qué estás ha—, ¡ah…!”

Antes de que pudiera detener a Seung-chan por su extraña conducta, este, que estaba lamiendo sobre la glándula de feromonas, clavó los dientes y dio un pequeño mordisco.

“No lo hagas, espera….”

Ju-won sujetó el brazo de Seung-chan mientras se encogía aún más. Seung-chan, al ser un beta, no podía saber si el olor de las feromonas del omega se había intensificado como explicaban los videos, pero a juzgar por la urgencia con la que las manos de Yang Ju-won apretaron su ropa, el efecto era evidente.

Concentrado en la reacción inusual de Ju-won, en el instante en que Seung-chan succionó la fina piel, un pequeño gemido escapó de entre sus brazos.

“Ah, uuhm….”

Ante el pequeño gemido, similar al llanto de una cría de animal, Seung-chan despegó los labios de la piel y bajó la mirada. Ju-won, con los dedos abiertos y aferrados con fuerza a la ropa de Seung-chan, lo miraba con los ojos entrecerrados por la tensión.

“Tú… ¿estás loco?”

Al ver la expresión de Ju-won, que parecía a punto de llorar, Seung-chan se quedó aturdido por un segundo, pero ante sus palabras, volvió a hundir los labios sobre la glándula de feromonas. Mientras lo besaba con tanta profundidad que sus labios se aplastaban bajo la oreja, Seung-chan sacó la lengua y presionó con firmeza la zona sensible; Ju-won, colgado de su cuerpo, cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior. Sintió un cosquilleo insoportable en el vientre. A diferencia de otros, para quienes tocar la glándula solo resultaba agradable, su cuerpo, excesivamente sensible, mostraba una respuesta vergonzosa.

“Ah, ugh….”

Con los ojos cerrados, Ju-won se limitaba a tironear de la ropa de Seung-chan para no soltar ningún sonido. Aunque era sensible de por sí, no era un juego previo tan intenso como para justificar semejante reacción; esto ya era extraño. Parecía que el placer brindado por otra persona, después de tanto tiempo, le estaba jugando una mala pasada. Quizás, después de haber tenido a Seung-on y vivir luchando cada día, su cuerpo recordaba lo que su mente había intentado olvidar: aquellos tiempos estúpidos en los que evadía cualquier atisbo de ansiedad con placeres sin valor.

“Gye Seung-chan…, ah, detente….”

Ante la reacción de Ju-won, quien murmuraba mientras contenía los sonidos, el corazón de Seung-chan empezó a latir con fuerza. Más que el placer del acto en sí, era la euforia de haberle ganado a Ju-won lo que lo excitaba.

'Viste. Tanto presumir de que sabías besar y mira cómo terminaste.'

Esa forma en que se aferraba a él tironeando del cuello de su chaqueta, el sonido de la respiración irregular tan cerca de su rostro, el calor del pabellón de la oreja rozando su mejilla cada vez que succionaba la fina piel... todo. El estado de Yang Ju-won le resultaba sumamente gratificante.

“Basta….”

Debido a la estimulación constante, las feromonas de Ju-won empezaron a filtrarse lentamente. Intentó estirar el cuello lo más posible para apartar el rostro de Seung-chan, pero los labios del otro, que ahora le habían tomado el gusto a un contacto físico con respuesta, lo siguieron con insistencia. Los labios, que antes se concentraban solo en la zona de la glándula, pronto ampliaron su territorio hasta la nuca blanca y expuesta.

Seung-chan mordió y succionó la delicada piel donde se sentía claramente el pulso acelerado. Pensó que debía dejar una marca de victoria para burlarse de él después, una prueba de que el insoportable Yang Ju-won no pudo hacer nada contra él.

Pero un chupetón… ¿no se hace succionando así? ¿Cuánto tiempo hay que succionar para que quede la marca?

Incluso en medio de la agitación por la reacción de Ju-won, Seung-chan, como todo inexperto, no podía salir de sus dudas más básicas.

“¡Ah…!”

Ju-won, que solo dejaba escapar respiraciones entrecortadas, se abalanzó contra el pecho de Seung-chan para evitar que siguiera succionando su rostro y cuello. Bajó las manos que antes apretaban el cuello de la chaqueta y rodeó con fuerza la cintura de Seung-chan, hundiendo la cabeza en su hombro mientras se encogía.

“¡……!”

Debido a la fuerza con la que Ju-won se abrazó a él, Seung-chan, que estaba distraído en sus pensamientos, retrocedió medio paso sin fuerza. Sorprendido por la acción de Ju-won de abrazarlo pegando todo su cuerpo sin dejar espacios, Seung-chan finalmente recuperó el sentido. Tragó saliva y preguntó con torpeza:

“Oye…. ¿estás bien…?”

“Jaah, te dije que te detuvieras…….”

Murmuró Ju-won y, como si se sintiera inseguro, apretó con más fuerza sus brazos alrededor de la cintura de Seung-chan.

“¡Hup…!”

Soltando un sonido de aire contenido, Seung-chan levantó la cabeza para evitar que el cabello de Ju-won rozara su barbilla y parpadeó rápidamente con el ceño fruncido.

¿Algo salió mal? No debería ser peligroso tocar un poco una zona erógena. ¿Acaso los tipos con rasgo, a diferencia de los betas, se ponen en peligro si les tocan mal esas zonas? No vi nada de eso cuando busqué información.

Pero este idiota, ¿por qué de repente… me abraza así……?

“…….”

“…….”

Tras mantener abrazado a un Seung-chan notablemente más calmado durante un buen rato, Ju-won finalmente bajó los brazos y se apartó. La entrada estaba inundada con el olor de sus feromonas, pero al ver a Seung-chan parado allí con cara de no entender nada de lo que acababa de provocar, solo pudo soltar un suspiro. Intentar liberar el estrés solo estaba logrando que se le acumulara más.

Agotado por el cansancio de las feromonas que se habían disparado ante el estímulo repentino, Ju-won habló con voz fatigada:

“Si ya terminaste, vete….”

“…¿Qué?”

Sin entender qué estaba pasando y mirando a Ju-won con cara de despistado, Seung-chan se sintió por un momento como Kyusung, ese idiota que se tomaba todo de forma emocional y hacía un escándalo por cualquier tontería. Frunció el ceño ante ese sentimiento tan molesto y soltó con voz baja:

“Maldita sea, ¿por qué hablas de esa forma tan vulgar, como si fueras un cualquiera…?”

“Por eso mismo, ¿para qué succionas aquí?”

Ju-won le cortó el habla con voz indiferente y monótona mientras se tocaba debajo de la oreja. Y lo que dijo a continuación dejó a Seung-chan mudo.

“Ni siquiera sabes lo que son las feromonas.”

“…….”

Seung-chan se mordió el labio inferior, retrocedió un paso e inclinó la cabeza hacia un lado mientras observaba fijamente a Ju-won. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para contener las palabras que querían salir de su boca.

¿Que no sé? Maldita sea, ¿qué? ¿Que no séee?

Como morderse el labio no era suficiente, apretó los dientes con tanta fuerza que los músculos de su mandíbula resaltaron.

¡Pues claro que no sé, maldita sea, soy un beta! ¿Quién dijo que quería saber qué olor emanan los alfas y omegas en celo? ¡No me interesa para nada!

Simplemente no soportaba verlo allí parado con la boca abierta como un sociópata inexpresivo o bostezando; no tenía el más mínimo interés en saber qué eran las feromonas. Pero como el otro lo estaba menospreciando otra vez, se le encendió una terquedad innecesaria.

Finalmente, Seung-chan murmuró entre dientes:

“Tú, maldita sea…, está bien.”

“…….”

“De ahora en adelante, vas a ver cómo alguien que 'no sabe de feromonas' te las succiona todas.”

Con ese tono de advertencia que prometía venganza, Seung-chan abrió la puerta y desapareció. Ju-won escuchó cómo los pasos se alejaban tras la puerta mientras se tocaba la parte posterior de la oreja, que aún ardía por los mordiscos y las succiones de Seung-chan.

¿Qué significará eso de que me va a succionar las feromonas? Qué expresión tan rara. ¿Acaso creerá que las feromonas se pueden tomar físicamente como si se succionara la sangre que corre por el cuerpo? Era una expresión que solo alguien que no tenía la menor idea de lo que eran las feromonas, y que nunca se había interesado por ellas en su vida, podría usar.

Ju-won miró la puerta cerrada en silencio y luego abrió la de la habitación donde dormía Seung-on. Tras volver a tapar al niño, que se había rodado hacia una esquina, Ju-won se sentó en la oscuridad abrazándose las rodillas y miró al vacío con la vista perdida.

…No se calma.

La chispa encendida en un deseo que creía olvidado no mostraba señales de apagarse. Al ver que la sensación de tirantez en el bajo vientre no desaparecía tras apenas haber recibido unas succiones en la glándula, se dio cuenta de lo extremadamente abstinente que había sido su vida hasta ahora.

Sintiendo el aroma que llenaba la habitación, Ju-won comprendió que hacía muchísimo tiempo que no dejaba fluir feromonas cargadas de excitación. Y le resultaba ridículo que todo esto fuera por culpa de las estupideces de un delincuente beta.

* * *

Seung-chan, detenido detrás del auto de adelante mientras esperaba el cambio de semáforo, curvó un lado de sus labios con fuerza. El rostro de Ju-won, gimiendo mientras se aferraba a él, todavía flotaba ante sus ojos. Esa expresión distorsionada, entre la sorpresa y la indignación, con los ojos brillantes alzados en medio de la oscuridad. Solo había querido ver cómo ese rostro siempre rígido se desarmaba indefenso, tal como el día que se besaron borrachos, pero la expresión de Ju-won al amanecer le brindó una euforia mucho más vibrante de lo que esperaba.

Más que desarmado, se podría decir que el tipo se había derretido.

Al recordar ese rostro que se asemejaba a alguien a punto de llorar, también le vino a la memoria, de forma natural, el tacto de las manos de Ju-won rodeando con fuerza su cintura. Su sonrisa se desvaneció lentamente hasta que sus labios recuperaron su posición normal.

Eso también se sintió bien. Aunque le sorprendió el abrazo repentino, le resultó gratificante ver al sabelotodo de Yang Ju-won, que siempre presumía al besar, aferrarse a él como un niño pequeño. Pero, curiosamente, al recordar esa escena no le daban ganas de reír; solo le daban ganas de fumar.

Pensar en Ju-won gimiendo porque le succionaron una zona erógena era gracioso y divertido, pero pensar en Ju-won abrazándolo con fuerza le bajaba el ánimo. Sentía el pecho oprimido y le dolía la cabeza. ¿Por qué sería? Antes de que Seung-chan pudiera procesar la razón, una voz indiferente resonó en su mente.

[Ni siquiera sabes lo que son las feromonas.]

“¡Ja…!”

Seung-chan soltó una carcajada seca, incrédulo, y apretó el volante mientras contenía las ganas locas de encender un cigarrillo. Si no fuera por su tía, que estaba sentada a su lado revisando en el teléfono la lista de las compras que hicieron en el mercado, ya estaría fumando como un condenado.

Ese insoportable de Yang Ju-won. Siempre tiene que decir algo para arruinar el momento. Y eso que estaba todo derretido y colgado de mí como un loco…….

Había visto la expresión que quería, incluso más, pero al mismo tiempo recibió esa evaluación hiriente para su orgullo: "alguien que no sabe de feromonas". Cada vez que repasaba el momento en que succionó la glándula de Ju-won durante la madrugada, Seung-chan saboreaba el triunfo y la derrota al mismo tiempo.

Yang Ju-won hoy estaba muerto. Se iba a llevar una sorpresa cuando viera cuánto había subido de nivel, en una sola noche, ese Gye Seung-chan al que tanto despreció por no saber nada de feromonas. Hoy no iba a tener piedad, aunque se le colgara encima.

Ante el sonido de su chasquido de lengua, su tía, que miraba la pantalla del teléfono llena de letras grandes, se giró hacia él.

Su sobrino parecía tener un humor muy cambiante el día de hoy. El chico, que no tenía ni un pelo de afectuoso, la había acompañado al mercado desde temprano por segundo día consecutivo; eso significaba que, por segundo día, planeaba salir hacia un destino desconocido en lugar de ir a casa de Kyusung, donde solía estar siempre. ¿Qué demonios estaría haciendo para que hasta su humor fuera tan inestable?

“Si no vas a lo de Kyusung, ¿a dónde vas? Seung-chan, no estarás andando en pasos raros, ¿verdad?”

“…….”

Seung-chan no respondió. Ni aunque le pusieran un cuchillo en el cuello podría decir que todas las mañanas iba a besarse con un omega. Al quedarse callado, su tía, presintiendo algo sospechoso, lo llamó por su nombre con voz suave.

“Gye Seung-chan. Peleas, drogas, robos, apuestas.”

Tras enumerar palabras violentas que no pegaban para nada con su tono calmado, la tía presionó con firmeza el hombro de Seung-chan mientras él conducía.

“Ni se te ocurra. Si haces algo de eso, tu tía se muere. ¿Entendido?”

“¿Qué te pasa? ¿Acaso soy un delincuente?”

Frunció el ceño y le contestó con brusquedad, pero su tía no se inmutó y continuó con tono decidido.

“Ya asienta cabeza, con calma.”

“…….”

“¿Hasta cuándo crees que voy a poder seguir con el negocio? Ya me duelen los hombros, la espalda y hasta las articulaciones de los dedos por el frío. Mi deseo es dejarte el local y poder descansar. La hija menor de la señora del restaurante de sopa de arroz ya……”

Presintiendo que el sermón de quejas de su tía no terminaría pronto, Seung-chan presionó el botón de la radio debajo de la pantalla del navegador.

Ya solo quedan tres días para que termine el año. Entre cenas de fin de año, reuniones con amigos y las citas especiales de las parejas, deben estar muy ocupados, ¿verdad? ¿Qué tal si pasan tiempo con sus padres en este cierre de año? Ese afecto que no pudieron mostrar... piensen que pueden darlo todo en estos tres días….

Mientras miraba el espejo lateral para cambiar de carril, Seung-chan presionó el botón con irritación y apagó la radio. Al hacerlo, los lamentos de su tía, que habían quedado sepultados por la voz del locutor, volvieron a llenar con nitidez el interior del auto.

“Ay. Debería haber ido a la iglesia, a la catedral o al templo. Siempre puse la excusa de estar ocupada ganando plata……”

Seung-chan ignoró el sermón envolvente de su tía y tamborileó los dedos sobre el volante.

El chupetón…. No pude confirmar si quedó bien marcado, ojalá que sí…….

Cuando Ju-won abrió los ojos, sintió la lucidez de haber dormido profundamente y, al mismo tiempo, una sensación de vértigo. Se levantó de un salto para ver la hora y notó que ya había pasado hace rato el horario de entrada de Seung-on al jardín. Sin siquiera darle el desayuno, se preparó a toda prisa y salió hacia allá. Seung-on, que ya estaba despierto hacía tiempo, parpadeaba con sus grandes ojos y sonreía sin hacer ruido, encontrando curioso ver a su papá tan apurado y desorientado, algo muy inusual en él.

Al salir de la habitación cargando a un Seung-on que no paraba de sonreír, Ju-won se golpeó la cabeza contra el marco de la puerta; arrugó el puente de la nariz y se le encendió el rostro.

Debido a las caricias torpes y forzadas que Seung-chan le había dado, tuvo que calmar sus deseos a solas en el baño hasta que sus feromonas se estabilizaron. A diferencia de la masturbación mecánica que solía ser un simple fenómeno fisiológico, las secuelas lo dejaron tan agotado que no escuchó la alarma y se quedó profundamente dormido. Aunque era vergonzoso, al menos no se había despertado escuchando en sueños esa voz que solía atormentarlo todas las mañanas, así que, en el fondo, ¿había sido algo bueno?

Tras dejar a Seung-on en el jardín y regresar, Ju-won se frotó las mejillas y la nariz congeladas. Sus manos también estaban heladas, así que no servía de mucho, pero era una costumbre.

Pasó la entrada del refugio y, justo cuando iba a dejar la bicicleta frente a su habitación para abrir la puerta, se abrió primero la del cuarto contiguo.

El vecino de al lado apareció después de mucho tiempo. Estaba tan delgado que se veía demacrado, mucho peor que la última vez. Tras observar a Ju-won lentamente con un rostro pálido, el hombre forzó una sonrisa incómoda.

“Conseguiste un trabajo nuevo, ¿no? Últimamente te la pasas encerrado en la habitación……”

Dejó la frase en el aire, pero se notaba que estaba muy seguro de su suposición.

“Pero... ¿no te parece que hacer ese tipo de cosas en el refugio está mal?”

Debido a ese cuestionamiento, Ju-won comprendió que, fuera lo que fuera que el vecino estaba imaginando, no era nada positivo. Podría haberle preguntado qué malentendido tenía, pero desde que ese hombre permitió que el rostro de Seung-on saliera en una transmisión de internet, no tenía ganas de tratar con él por mucho tiempo. Simplemente asintió con la cabeza y abrió rápidamente la cerradura electrónica.

“…….”

En la entrada de la habitación había un par de zapatillas. Eran de un diseño que solían usar mucho los chicos de su edad. Ju-won apartó las zapatillas con la punta del pie con indiferencia y se descalzó.

Al abrir la puerta, se encontró con el delincuente que en la madrugada había jurado que le "succionaría las feromonas"; estaba sentado con sus largas piernas estiradas y un cigarrillo en la boca. Ju-won, sin siquiera quitarse la chaqueta, caminó hacia él a grandes zancadas y le arrebató el cigarrillo que todavía no había encendido.

“Sal afuera si vas a fumar.”

 Si el otro hubiera puesto la más mínima excusa, Seung-chan pensaba echarlo, pero a él no pareció importarle que le arrebataran el cigarrillo; en cambio, sujetó la muñeca de Ju-won y lo obligó a sentarse de nuevo en su lugar. Ju-won, incapaz de resistir la fuerza que tiraba de su brazo hacia abajo, se desplomó sentado y lo miró con rostro inexpresivo.

“Oye”.

Lo llamó con ligereza, como de costumbre. Y, como siempre, habló dirigiéndose a ese rostro que no devolvía respuesta alguna.

“Hoy no me vengas con lloriqueos de que te duele”.

Fijando la vista en los ojos de Ju-won con una sonrisa de suficiencia, Seung-chan empezó a juguetear con algo que tenía en la mano. Al principio pareció un encendedor, pero en cuanto Seung-chan le quitó la tapa, un intenso aroma artificial a cereza inundó el lugar. Era un bálsamo labial de barra, de esos que venden en la farmacia.

Giró la base y la barra rojiza emergió. Con movimientos despreocupados, se lo pasó por los labios y luego lanzó el bálsamo a un lado, sin importarle dónde caía. Acto seguido, rodeó la nuca de Ju-won con una mano y tiró de él.

Acompañados por el olor a cereza barata, los labios de Seung-chan se deslizaron sobre los de Ju-won. Con la boca cerrada, como si intentara transferirle el bálsamo, movió la cabeza de lado a lado, frotando sus labios con fuerza contra los del otro. Los labios blandos se aplastaron con una sensación aceitosa y resbaladiza. Pronto, el color rojizo del bálsamo se extendió levemente incluso más allá de la línea de los labios agrietados de Ju-won.

Seung-chan se había preparado a conciencia para que Ju-won no pudiera detenerlo con cualquier excusa a mitad del beso. Trajo el bálsamo e incluso buscó más información sobre las feromonas. Su objetivo de hoy era que Yang Ju-won soltara feromonas por todos lados. Como él era un beta, no tenía forma de comprobarlo, pero supuso que si el tipo se sentía lo suficientemente bien, saldrían a chorros.

Al entrelazar las lenguas, el sabor a cereza invadió su boca. Seung-chan recorrió el paladar ajeno con la lengua mientras, con el pulgar de la mano que sujetaba la nuca, presionaba la glándula de feromonas como si le diera un masaje. Ju-won, que había estado recibiendo el beso en silencio, frunció el ceño y sujetó la muñeca de Seung-chan. Parecía que iba a apartarlo, pero por alguna razón, Ju-won detuvo su resistencia limitándose solo a sostenerle la muñeca. Animado por esa actitud dócil, Seung-chan masajeó el cuello fino mientras con la otra mano bajaba el cierre de la chaqueta de Ju-won.

Introdujo la mano por la apertura de la chaqueta, tiró del cuello de la prenda para agrandar el espacio y dejó de lamer el interior de la mejilla de Ju-won para bajar la mirada. El lugar que tanto había succionado la noche anterior, soportando que le dijeran que no sabía nada de feromonas, estaba más que limpio: estaba completamente blanco.

“Maldita sea, no hay nada…”.

Murmuró Seung-chan con los labios manchados de bálsamo y hundió el rostro en el cuello de Ju-won. Mordió la piel fina con los dientes frontales y succionó.

“Ugh, detente…. No van a quedar…”.

Como la succión en su cuello, ya resbaladizo por la saliva y el bálsamo, se prolongaba demasiado, Ju-won empujó la cabeza de Seung-chan, que seguía afanado bajo su mandíbula. Seung-chan levantó la cabeza ante el empujón y rebatió con voz triunfante:

“¿Cómo que no van a quedar? Si aquí quedó una bien clarita”.

Frotó con el pulgar la marca rojiza que se había formado en la línea del cuello, como para confirmarla. Por suerte, no parecía que fuera a desaparecer fácilmente. Le resultaba fascinante esa mancha roja que incluso parecía doler un poco, así que la acarició un par de veces más con la yema de los dedos antes de volver a hundir los labios en el cuello de Ju-won. Había aprendido que succionar con fuerza bruta no lo era todo, pero aún necesitaba practicar la técnica.

Sus labios, que iban dejando marcas solo en las zonas de piel más fina, llegaron a la parte frontal del cuello, donde se sentía la nuez de Adán. Seung-chan, que estaba tan encorvado hacia Ju-won que ya no podía mantener la postura, soltó una breve maldición y lo empujó para que cayera sobre la manta.

“¡Ah…! Espera, la postura…!”

Ju-won, acostado sobre la misma manta donde Seung-on había estado revolcándose poco antes, quedó con el cuerpo de Seung-chan encima y levantó un brazo apresuradamente. El esfuerzo de Ju-won por crear aunque fuera un poco de espacio entre él y Seung-chan fue inútil; Seung-chan, absorto únicamente en dejar el chupetón, metió un muslo entre las piernas de Ju-won. Este encogió las rodillas para evitar que la pierna de Seung-chan hiciera contacto con su entrepierna.

“Uuuh, Ugh…”.

El brazo que bloqueaba el pecho de Seung-chan, quien seguía arremetiendo, empezó a temblar incapaz de resistir la presión hacia abajo.

“Seung-chan…, pesas…”.

“Haa, ya entendí, así que gira el cuello”.

“Que pesas…. Deja de apoyarte así…”.

Siempre que intentaba hacer algo, el otro tenía mil quejas. Seung-chan, apoyando ambos brazos en el suelo, levantó la cabeza que tenía enterrada en la nuca de Ju-won. Parecía que lo de que pesaba no era una exageración, ya que la sangre se había agolpado en todo el cuello de Ju-won, poniéndolo tan rojo que apenas se veían las marcas que tanto le costó hacer. Seung-chan chasqueó la lengua con decepción.

*Con los chupetones ya es suficiente, ahora toca ir en serio por las feromonas de Yang Ju-won…….*

 

Seung-chan abrió completamente la chaqueta de Ju-won y empezó a palpar sobre la gruesa ropa de invierno. A pesar de estar tocando sobre la ropa, cuando sujetó con ambas manos esa cintura delgada, Ju-won hundió el rostro en el brazo que antes usaba para bloquearlo.

“Oye, maldita sea, no veo nada”.

Le quitó los brazos que le cubrían la cara y los llevó sobre su cabeza. Sujetó ambas muñecas cruzadas con una sola mano y bajó la vista hacia ese rostro encendido.

“Te estás muriendo de placer, ¿verdad? Maldita sea, ¿a quién le dices que no sabe nada…?”.

La mano que sujetaba la cintura subió por el costado hasta llegar debajo de la axila, donde se supone que está la glándula de feromonas. La mano de Seung-chan, que tanteaba sobre la prenda, presionó con fuerza cerca de la axila. Ju-won tuvo un espasmo repentino, se mordió el labio inferior y giró la cabeza para enterrar la cara en la manta. Después de tanto esfuerzo por quitarle los brazos, otra vez no podía verle el rostro.

“¡Ja! ¿Te da vergüenza que un beta que no sabe nada te esté sacando las feromonas?”

Ju-won giró el cuerpo para evitar que Seung-chan le sujetara la mandíbula. Seung-chan apretó más fuerte las manos que tenía inmovilizadas sobre la cabeza de Ju-won, quien se había puesto boca abajo para no mostrarle el rostro, y dijo:

“Dicen que si les tocan aquí a los omegas, sueltan feromonas como locos, ¿no? Yo también lo sé todo, idiota”.

“¡Ugh…!”

Ante el tacto que recorría su cintura, Ju-won, que estaba boca abajo, retorció el cuerpo. Con ese movimiento, su sudadera se subió hasta debajo del pecho, dejando al descubierto la piel desnuda.

“…….”

A diferencia de su rostro, que siempre le daba la impresión de ser el de un enfermo que podría desmayarse en cualquier momento, su espalda blanca y su cintura delgada le parecieron, ante todo, eróticas. Era extraño sentirse así solo por ver la espalda de otro hombre. Se sentía como si estuviera viendo pornografía.

La euforia del triunfo en el rostro de Seung-chan fue reemplazada por una tensión extraña. Con la boca cerrada, movió los dedos siguiendo la línea de la columna vertebral que se sentía bajo la piel suave. Esa espalda blanca se retorcía debajo de él.

“Huu, ugh…”.

Un sonido que no se sabía si era una palabra o un gemido vibró sordamente contra la manta. Mientras observaba la nuca de Ju-won, que seguía con la cara enterrada, Seung-chan presionó con las yemas de los dedos cerca de los músculos lumbares y luego metió la mano bajo el vientre de Ju-won. Fue justo cuando su palma, que acariciaba el abdomen plano, cubrió la zona de la boca del estómago. Ju-won, que estaba encogido de rodillas, mordió la manta y pegó el pecho contra el suelo.

“¡Ah! ¡Maldita sea…!”

Seung-chan inhaló aire y soltó una maldición en voz baja de inmediato. La intención de Ju-won era bajar el cuerpo para esquivar la mano que le tocaba cerca del pecho pero, al contrario de lo que planeaba, sus glúteos se elevaron y presionaron directamente contra la entrepierna de Seung-chan. En el momento en que sintió los glúteos ajenos contra su parte frontal, Seung-chan soltó los brazos de Ju-won y retrocedió de un salto.

“Maldita sea… loco de mierda…”.

“Huu…, haa…”.

Al ver la espalda de Ju-won, que seguía boca abajo abrazando la manta y soltando respiraciones entrecortadas, ni siquiera le salían más insultos. Seung-chan se levantó torpemente y salió de la habitación.

Solo cuando salió del refugio arrastrando sus zapatillas mal puestas, pudo soltar el aire que tenía contenido. Sin fijarse en si pasaba alguien por el callejón, se llevó una mano a la entrepierna. La sensación de los glúteos de Ju-won no desaparecía. A pesar de que ambos llevaban vaqueros gruesos, la sensación era totalmente distinta a cuando se rozaban los brazos o los hombros. En el momento en que Ju-won presionó su entrepierna con el trasero, sintió un hormigueo en el bajo vientre.

“Maldita sea, haa…. ¿Por qué pone su trasero en el pene de otro?, haa…”.

De pie en una postura incómoda, sacudió en el aire la mano que sujetaba su entrepierna, intentando que se fuera esa sensación extraña. Al pensarlo, con esa misma mano había tocado el cuerpo desnudo de Yang Ju-won. No era más que el cuerpo de un tipo flaco y pequeño, pero por ser un omega, se sentía malditamente extraño. No es que fuera como el de una mujer, pero aun así era algo… ah. Tampoco es que hubiera tocado el cuerpo de una mujer antes.

Con el rostro encendido, soltó unas cuantas maldiciones más mientras caminaba hacia el auto compacto estacionado y sacaba la llave del bolsillo de su chaqueta. Justo cuando iba a abrir la puerta y meterse en el pequeño vehículo, Seung-chan frunció el ceño y agachó la cabeza de golpe.

“Ah, mierda…. El teléfono…”.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que el bolsillo de su chaqueta se sentía inusualmente ligero. Seguramente había dejado el teléfono en algún lugar de la habitación mientras repasaba información sobre las feromonas mientras esperaba a Ju-won. Seung-chan, que ya tenía medio cuerpo dentro del auto, se retiró y se quedó mirando la entrada del refugio.

Tengo que ir por el teléfono…. Pero qué vergüenza volver después de haber salido huyendo del susto…….

Tras dudar un momento, Seung-chan se sacudió el cabello con fastidio y se dirigió a grandes zancadas hacia la puerta por la que acababa de salir.

Extendió la mano hacia la cerradura electrónica de la entrada. Estaba a punto de introducir la clave, que ya se sabía de memoria de tanto llevar a Ju-won y a Seung-on por las madrugadas, cuando escuchó voces a través de la puerta.

“Señor Ju-won, esto es realmente un problema”.

“Lo siento. Lo lamento mucho……”.

La voz que se disculpaba una y otra vez ante la firmeza de la mujer era baja, pero sin duda pertenecía a Ju-won.

“Tiene que desalojar sin falta antes del 10 de enero. Recibió el mensaje, ¿verdad? Este es el último aviso. La directora del refugio dice que, después del día 10, sacará todas sus pertenencias”.

“…….”

“Por mucho que esto sea un centro de ayuda, usted no puede ser el único beneficiario. Otros también necesitan usarlo. Y además… últimamente ha estado dejando entrar a personas externas al refugio, ¿no es así?”

Al escuchar lo de "personas externas", Seung-chan retiró la mano que tenía apoyada en la cerradura. Tras un breve y tenso silencio tras la puerta, volvió a oírse la voz de Ju-won.

“Es que me trajeron después de terminar mi trabajo de madrugada. Como voy y vuelvo con Seung-on, en el trabajo tuvieron esa considerac…”.

“Haa…. ¿Me está diciendo eso sabiendo lo fuerte que es el olor a feromonas ahora mismo? Además, ha habido varias quejas porque entran y salen alfas constantemente de un refugio donde solo residen omegas, ¿entiende?”

“No es un alfa…, lo siento……”.

Ju-won, al otro lado de la puerta, pareció rendirse en su intento de explicar y volvió a limitarse a pedir perdón. Seung-chan, que tenía el rostro contraído por la irritación, recuperó una expresión gélida. En lugar de entrar por su teléfono, se dio la vuelta y caminó directamente hacia el auto.

En cuanto subió al asiento del conductor, se abrochó el cinturón y arrancó a toda prisa. Al salir del callejón y detenerse correctamente ante la línea de pare en un cruce, Seung-chan se inclinó lentamente hacia adelante. Apoyó ambos brazos en el volante y se quedó mirando fijamente la calle a través del parabrisas.

Todo indicaba que Yang Ju-won y el mocoso terminarían metidos en esa cueva llena de moho. Como le habían llamado la atención por lo de "personas externas", ¿significaba que Seung-chan tenía algo de culpa? Aunque ya de antes venía recibiendo avisos de desalojo.

¿De verdad piensa vivir con el chico en un lugar así?

¿Se habrá dado cuenta de que salí huyendo porque se me pegó su trasero?

¿Debería mentir y decir que me surgió algo urgente?

Lo de hace un rato estuvo un poco excitante.

Preocupación, malestar y pensamientos calientes se enredaban sin orden en su cabeza. Seung-chan, que miraba al frente olvidándose incluso de parpadear, se tocó los labios inconscientemente. El bálsamo labial que se había corrido por su boca manchó sus dedos con un tono rosado tenue. Se restregó la boca con el dorso de la mano con tanta fuerza que hasta la barbilla se le puso roja y, tras resoplar de rabia, golpeó su frente contra el volante.

“Maldita sea…. Me siento como la mierda…….”

 

La tía, que estaba sentada con los empleados de la cocina alrededor de unas mesas unidas preparando los vegetales que trajeron del mercado temprano, miró a su sobrino como si estuviera viendo a un fantasma cuando lo vio entrar al local. Más que curiosidad por saber qué hacía allí a esa hora el sobrino —que solía aparecer tarde por la noche para ayudar a duras penas—, sintió un ligero temor. Al ver que caminaba bien y que su rostro no tenía marcas, no parecía que se hubiera peleado con nadie, pero sus ojos indicaban que tenía algo que decir.

“¿Apostaste? ¿Perdiste con las criptomonedas? ¡Te dije esta mañana que ni se te ocurriera!”

“Tía”.

No solo ella, sino todos los empleados que pelaban cebolletas se quedaron en silencio mirando a Seung-chan. Él caminó hacia la mesa donde estaba su tía, dejó la llave del auto y, con el ceño fruncido y expresión seria, habló:

“Esa habitación”.

La tía y los empleados miraron al unísono hacia la habitación interior que señalaba el mentón de Seung-chan. Luego, todos volvieron a mirarlo a él. Seung-chan, ante la audiencia que concentraba toda su atención en él, declaró con firmeza:

“Dásela a Yang Ju-won”.

“…¿Estás soñando? ¿De qué hablas de repente?”

La tía miró a su sobrino con preocupación al oír semejante disparate, pero pronto entornó los ojos y preguntó como si estuviera en un interrogatorio:

“¿Molestaste a Ju-won? ¿Acaso le pegaste? ¿Dónde está él ahora?”

Parecía creer que Seung-chan quería ofrecer la habitación como una especie de indemnización. La tía lanzó las cebolletas, se limpió las manos en el delantal y se levantó con intención de salir corriendo hacia donde estuviera Ju-won. Su rostro reflejaba que presentía que lo peor ya había pasado.

Aunque su sobrino solía detestar a los omegas masculinos, curiosamente se había llevado la fiesta en paz con Ju-won, que era de su edad. Al principio, Seung-chan rechinaba los dientes solo con cruzar miradas con él, pero hace unos días, para Navidad, incluso trajo él mismo al pequeño Seung-on que estaba enfermo. La tía pensó que había cambiado mucho desde su adolescencia rebelde, pero parecía que ese odio arraigado desde la infancia no se iba a ninguna parte.

Caminó apresuradamente hacia el mostrador, preparándose para ir a un hospital o a la comisaría, a donde fuera necesario. Seung-chan, frunciendo el ceño ante la reacción de su tía, se acercó y la sujetó del brazo.

“¡Ay…! No exageres, qué vergüenza”.

“¿No es eso? Entonces, ¿por qué? ¿Qué pasó? ¿Le pasó algo a Ju-won?”

Las palabras que antes salieron disparadas para pedir la habitación ahora se le trababan en la garganta. Seung-chan se mordisqueó el labio inferior sin culpa y chasqueó la lengua con fastidio.

“Ah, olvídalo. Haz de cuenta que no escuchaste nada”.

Esta vez fue la tía quien sujetó el brazo de Seung-chan cuando él se daba la vuelta para irse. Lo sacó fuera del local y su voz se volvió aún más seria al pedirle explicaciones.

“¿Qué es eso de entregarle la habitación interior? Habla con calma”.

Seung-chan, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y pateando el suelo, miró de reojo a su tía.

“Ese idiota… pagó las deudas de su padre”.

“¿Y?”

“Le están diciendo que se largue de donde vive ahora, pero parece que no tiene plata. Maldita sea, ¿a dónde va a ir de repente en pleno invierno con el chico? Tía, dales la habitación”.

La tía seguía mirando a su sobrino sin entender del todo. Y era lógico, debido a la forma de hablar de Seung-chan, que omitía a su antojo las explicaciones intermedias. Si supiera exactamente qué habían hablado o qué había pasado entre ellos, podría considerar darle la habitación u otro tipo de ayuda, pero que simplemente soltara eso resultaba sospechoso.

“¿Te lo pidió Ju-won? ¿Te pidió que hablaras por él?”

“¿Ese tipo que cuando le hablas te contesta con mala cara o ni te responde? ¿Cómo me va a pedir nada?”

Seung-chan, que seguía con el ceño fruncido, respondió irritado mientras soltaba un vaho blanco por el frío. Ya era difícil de creer que estuviera cumpliendo el favor de alguien, pero ver a su sobrino tomando la iniciativa para resolver los problemas de otra persona que ni siquiera se lo había pedido era algo tan extraño que la tía entornó los ojos mientras lo observaba.

Al notar la mirada de sospecha, Seung-chan intentó terminar la conversación rápido.

“Como sea, préstale la habitación. Si ni la usas”.

“¿Cómo que no la uso?……”

La tía dejó la frase a medias mientras observaba el semblante de Seung-chan, y su mirada cambió a una que indicaba que acababa de comprender algo.

“Seung-chan. Yo también tengo que pensarlo. Hablar con Ju-won……. Pero”.

“…….”

“Si estás haciendo esto por Ju-won porque te recuerda al pasado…”.

“¡Yo ya sé que él no abandona al chico!”

Seung-chan gritó de golpe, entendiendo de inmediato a qué se refería su tía. Los padres irresponsables suelen tomar el camino más fácil de abandonar a sus hijos cuando la pobreza los acosa. Su opinión sobre eso seguía siendo la misma. Por eso no había podido echar a Yang Ju-won del local de su tía en primer lugar.

Pero ahora sabía que esa verdad absoluta no se aplicaba a Ju-won. No intentaba ayudarlo por miedo a que, al quedarse sin dinero ni casa, abandonara al niño y desapareciera como hizo su propio padre. Le molestaba la idea de que lo hubieran malinterpretado por andar entrando y saliendo del refugio, no quería besarlo en un sótano lleno de moho, y además…….

Con el rostro contraído por la frustración de alguien a quien las cosas no le salen como quiere, Seung-chan masculló entre dientes:

“Simplemente…”.

“…….”

“Maldita sea, simplemente me da lástima, así que ayúdalo”.

Seung-chan, tras responderle afiladamente a su tía, dio media vuelta de forma brusca. Quería largarse de allí antes de que ella empezara a indagar más. No importaba lo que preguntara; él mismo no conocía la respuesta y no creía poder darle una explicación coherente.

Estaba a punto de regresar al auto, que aún tenía las balizas parpadeando, cuando cambió de rumbo y volvió a pararse frente a su tía.

“Tía…. No le digas a Yang Ju-won que fui yo.”

“…….”

Seung-chan vaciló, como si tuviera algo más que decir, pero se dio la vuelta y subió al coche. La tía se quedó observando la parte trasera del pequeño auto mientras este encendía el guiño para incorporarse al carril.

No era que estuviera molestando a Ju-won, ni tampoco que lo estuviera cuidando porque le recordaba a su propia infancia. Él decía que no era nada de eso, pero ¿qué clase de cambio emocional habría sufrido su sobrino, quien solía soltar insultos y perder los estribos con solo ver a un omega? No parecía que se hubieran vuelto íntimos, pero ¿acaso habrían forjado una gran amistad sin que ella se diera cuenta? Dicen que los jóvenes se hacen amigos en un instante, pero aun así.

La tía, intentando descifrar las incomprensibles intenciones de su sobrino, ladeó la cabeza y entró de nuevo al local.

 

Tras dejar a su tía sumida en dudas, Seung-chan se dirigió a casa de Kyusung. Cuando este le abrió la puerta y vio su rostro, abrió los ojos de par en par y se rascó la nuca con incomodidad. A Seung-chan le irritó que, tanto su tía como Kyusung, lo miraran hoy como si fuera un aparecido, y frunció el ceño al máximo.

Lo de su tía tenía un pase, pero ¿qué le pasaba a este idiota?

“¿Por qué me miras así?”

“No, yo qué….”

Kyusung retrocedió mientras ojeaba de reojo el rostro de Seung-chan, quien cruzaba el recibidor con la confianza de quien está en su propia casa. Una noche era un tiempo demasiado corto para recuperarse del impacto de haber presenciado el beso de su amigo. Ya era bastante asqueroso ver a su mejor amigo besándose con alguien, pero que el otro fuera Yang Ju-won duplicaba el trauma psicológico.

Kyusung incluso había tenido pesadillas anoche. Soñó que los tres estaban pasando el rato como ayer, cuando de pronto sintió un escalofrío, miró hacia atrás y descubrió que ellos dos se estaban tomando de la mano a sus espaldas. Fue un sueño realmente espantoso.

Al entrar, Seung-chan se desplomó sobre el colchón. Hundido en su campera inflable, buscó los cigarrillos en sus bolsillos. Kyusung, sentado en la silla del escritorio mirándolo fijamente, desvió la vista hacia la ventana y habló:

“¿Y…, cómo está Yang Ju-won?”

Seung-chan, con un cigarrillo balanceándose ligeramente entre sus labios, alzó la vista solo para mirar a Kyusung. Este, que fingía desinterés mientras se frotaba los muslos con ambas manos, seguía con la mirada clavada fuera de la ventana.

“Ustedes ayer en el karaoke… se fueron volando los dos…. ¿A dónde fueron?”

'Vi perfectamente que te estabas besando con Yang Ju-won, pedazo de animal. ¿No que odiabas a muerte a los omegas? ¿Ya te curaste? ¿Encima estás saliendo con uno? Al final, ser lindo lo es todo, ¿no? Maldita sea, preséntame a un omega a mí también. Uno que sea bien lindo. A las chicas beta mi tipo no parece convencerlas mucho'.

Las palabras que quería decir desde que presenció aquel beso en el karaoke le rondaban la punta de la lengua, pero no lograba sacarlas. Kyusung se palmeó los muslos que antes acariciaba con torpeza. Seung-chan, que lo observaba con atención, bajó la mano con la que iba a encender el cigarrillo y se recostó de lado, apoyando la cabeza en un brazo.

“A buscar a su hijo.”

El extremo del cigarrillo entre los labios de Seung-chan osciló. Al escuchar esa respuesta tan tranquila, Kyusung puso una expresión de desconcierto y balbuceó:

“¿También… van juntos a esas cosas?”

“¿Qué pasa? Maldita sea, ¿qué te traes?”

Al notar algo extraño en Kyusung, Seung-chan se quitó el cigarrillo de la boca y frunció el entrecejo. Ante eso, Kyusung abrió mucho los ojos y gritó sin venir a cuento:

“¡Qué de qué!”

“Tú, maldita sea….”

Seung-chan entornó los ojos y guardó silencio un momento. Kyusung tragó saliva, tenso. Si le preguntaba si lo había visto, ¿debería confesar la verdad? Si quería pedirle que le presentara a un omega, tendría que admitir que lo vio, pero solo de pensar en tener una conversación con Gye Seung-chan sobre temas tan empalagosos como el romance le daba escalofríos.

'Ni loco voy a escuchar desde cuándo están juntos o qué es lo que le gusta de él…….'

Mientras Kyusung se prometía a sí mismo que solo conseguiría la promesa de que le presentaran a alguien, Seung-chan, que lo miraba con ojos suspicaces, habló:

“Me estabas insultando por dentro, ¿verdad?”

“Ja…. ¡Para nada! ¿Tienes delirio de persecución?”

“Es que, maldita sea, cuando piensas en alguna mierda, se te nota todo en la cara.”

“Ay, que no.”

“Eres demasiado sospechoso.”

Seung-chan le lanzó la almohada que tenía a mano ante la insistencia de Kyusung en negarlo. Este la atrapó en el aire y se la devolvió de inmediato. Seung-chan podría haberla esquivado, pero dejó que le diera de lleno en la cara antes de dejarse caer hacia atrás.

¿Habré hecho bien en meterme? Aunque su tía dijo que lo pensaría, él sabía que ella era muy bondadosa y que seguramente le ofrecería la habitación a Yang Ju-won sin dudarlo. No se imaginaba a Ju-won aceptando ayuda así como así. Aun así, dada la urgencia y pensando en el niño, no tendría más remedio que quedarse en el local. Si es un ser humano, entenderá que es mejor aceptar ayuda que vivir en un criadero de moho. Quizás hasta se sienta aliviado.

¿Entonces… volverá a sonreír como en Navidad?

“…….”

Sin parpadear, Seung-chan se quedó mirando el techo mientras cerraba con fuerza la mano con la que había tocado el cuerpo de Ju-won en el refugio. Era la primera vez que tocaba a alguien de esa manera. Fue más erótico que el beso. Supuso que era normal.

“Maldita sea…. No dejo de pensar en eso……”

Murmuró en voz baja mientras cerraba los ojos con fastidio, con las orejas completamente rojas.

 

Mientras fumaba con la mirada clavada en la parada de autobús, Seung-chan divisó a Ju-won caminando con Seung-on en brazos y soltó una larga bocanada de humo.

Ju-won, que caminaba hacia el local cargando a Seung-on mientras este observaba la noche con el camión de bomberos de juguete que recibió en Navidad, desvió la vista y apresuró el paso para evitar a Seung-chan, quien se le acercaba a grandes zancadas sin dejar de mirarlo.

Al entrar al local, la dueña, que estaba tras el mostrador, le sonrió con la calidez de siempre. Ju-won asintió levemente y se dirigió directo a la habitación interior. Se quitó los zapatos con prisa y subió a la tarima de madera, justo cuando unos pasos pesados lo seguían. Los tablones crujieron bajo el peso de los tres; Ju-won se detuvo al lado de Seung-chan y recién entonces lo miró.

“…….”

“…….”

La mirada penetrante con la que Seung-chan lo había seguido desde afuera no flaqueaba. Sin embargo, solo lo observaba sin decir palabra. Seung-chan abrió la puerta de la habitación sin dejar de sostenerle la mirada. Ju-won entró en silencio.

Siguiéndolo, Seung-chan cerró la puerta y encendió la luz. Ante el gesto de encender la luz cuando debía dormir a Seung-on, Ju-won dejó de quitarle la campera al niño y levantó la vista hacia él. Seung-chan, que estaba de pie junto a la puerta, se acercó y se sentó a su lado. Ju-won, observando cada uno de sus movimientos, sacó algo del bolsillo y se lo entregó. Era el teléfono que se había olvidado en el refugio.

Seung-chan bajó la mirada hacia el teléfono y frunció el labio inferior, con un aire de estar molesto. Con las comisuras hacia abajo y una expresión de enfado, se quedó mirando el aparato un largo rato antes de tomarlo y guardarlo en su bolsillo.

Justo cuando Ju-won terminaba su tarea y se disponía a doblar la campera de Seung-on, una mano grande se acercó a su mandíbula. Seung-chan enganchó el dedo índice en el cuello de la polera de Ju-won y tiró de él hacia abajo.

“…….”

Bajo la luz, el cuello quedó al descubierto, lleno de manchas rojizas. Seung-chan pensó que solo había hecho una o dos, pero había bastantes marcas. Desde debajo de la oreja derecha hasta la parte frontal del cuello, la mitad estaba sucia con marcas rojas y la otra mitad limpia; se veía muy erótico.

“¿Qué haces?”

Ju-won lanzó la pregunta con una voz carente de emoción. Su rostro inexpresivo daba la impresión de que le daba pereza incluso apartarle la mano de un golpe. Seung-chan, sin soltar el cuello de la prenda, respondió:

“¿Cómo que qué hago? Estoy comprobando.”

“…….”

Gguik, gguik. Seung-on, que ya se había metido bajo las mantas en ropa interior, frotaba el camión de bomberos contra la pared. El juguete, que no hacía mucho le habían comprado, ya emitía un chirrido molesto por sus ruedas de plástico.

Seung-chan alternó la mirada entre el rostro y el cuello de Ju-won, quien no mostraba ninguna reacción especial. Finalmente, soltó el cuello de la polera que mantenía estirado con un movimiento seco y se puso de pie.

—Si me vuelves a tratar como a un novato una vez más, te voy a coger tan duro que no te lo vas a olvidar, ¿me oyes?

Su voz soltó una amenaza de baja calaña, pero cargada de un tono juguetón. Ju-won siguió con la mirada a Seung-chan mientras este abría la puerta y salía de la habitación.

“…….”

La puerta, que se había cerrado, volvió a abrirse apenas unos centímetros. Una mano grande asomó por la rendija, presionó el interruptor de la luz y volvió a cerrar. Ju-won se cubrió el rostro con ambas manos en la oscuridad de la habitación, escuchando el chirrido incesante que hacía Seung-on.

La advertencia de aquel beta que antes temblaba de excitación mientras intentaba dejarle marcas en el cuello no le resultaba para nada amenazante. La cabeza de Ju-won estaba totalmente ocupada con la idea de conseguir una casa.

'Mañana es fin de semana, así que podría ir a ver a los trabajadores sociales…….'

Ju-won pensó por un momento en los asistentes que lo habían ayudado con el nacimiento de Seung-on y luego dejó caer su rostro, aún cubierto por sus manos. Había prometido no volver a hacerlo, pero volvió a tocar el alcohol y cometió la estupidez de pagar las deudas de su padre biológico. Ahora, estaba haciendo cosas sin sentido con un delincuente beta para desahogar sus deseos. Ya había caído en dos de las malas conductas que prometió a los asistentes evitar a toda costa. No tenía cara para verlos. Y mucho menos tenía la desfachatez de pedirles dinero.

'No debí haber besado a Gye Seung-chan'. Si no lo hubiera hecho, habría podido ignorar esos deseos acumulados para siempre. ¿Por qué hizo algo que no solía hacer? 'De manera hábil y conveniente'. ¿Por qué lo intentó, sabiendo que esa no era una fórmula que funcionara en su vida? Quizás se emocionó porque era la primera vez que pasaba la Navidad como los demás.

Estando al lado de un vago que vive la vida sin rumbo, uno termina contagiándose. Te hace sentir que la vida de Yang Ju-won también podría resolverse fácilmente. Te hundes en esa imaginación segura e indolente de que 'ya se verá qué pasa'. Al besar a Seung-chan, al compartir el calor de otra persona, uno se relaja.

'No debí haberlo hecho. No debí aceptar ese beso ignorante que da Gye Seung-chan. No debí juntarme con él…….'

Tras acostar a Seung-on con esos arrepentimientos tardíos, Ju-won se dirigió a la cocina. Se puso el delantal impermeable y los guantes de goma. Frente al fregadero del que subía vapor caliente, comenzó la tarea de enjuagar la pila de platos acumulados.

Cuando se trabaja físicamente, el cuerpo sufre pero la mente se silencia. Esa fue una de las razones por las que pudo soportar los días pasados en los que dormía apenas tres horas mientras hacía todo tipo de trabajos temporales. Sin embargo, hoy no pudo disfrutar de los beneficios del trabajo debido a un estorbo.

Seung-chan entraba a la cocina en cada oportunidad que tenía para estirar el cuello de la polera de Ju-won y luego desaparecer. Aunque era imposible que un cuello succionado y mordido de forma tan ruda y torpe se limpiara en un abrir y cerrar de ojos, él bajaba la prenda una y otra vez para comprobar las marcas.

A veces, como para provocarlo, acercaba su rostro al suyo y sonreía sin emitir sonido. Ju-won, al tener puestos los guantes de goma, no podía ni empujarlo y no tenía más remedio que optar por la indiferencia. Mientras ignoraba a Seung-chan, el interior de Ju-won se consumía por la ansiedad de encontrar un hogar.

“…Maldita sea.”

Seung-chan, que observaba desde el mostrador a Ju-won lavar los platos en silencio, apoyó la barbilla en su mano y soltó un insulto. Acababa de salir de la cocina, pero sus dedos ya le hormigueaban por las ganas de volver a molestarlo. Por alguna razón, hoy le resultaba especialmente divertido burlarse de ese tipo sociópata que no mostraba reacción alguna. Quizás era porque lo había visto gemir y fruncir su rostro inexpresivo en una pose tan erótica.

Tras cerrar el local y llevar a Ju-won y a Seung-on hasta la puerta del refugio, Seung-chan no entró por una cuestión de conciencia. Por más que fuera un tipo sin remedio que vivía según lo que se le antojara, acababa de presenciar hace apenas unas horas cómo regañaban a Ju-won por su culpa; no era tan desconsiderado como para entrar de nuevo solo por querer hacer algo excitante.

'……Pero hay que hacer lo que hay que hacer'.

Seung-chan, sentado con el pecho apoyado en el volante, sacó su teléfono.

'Oye, sal'

'Que salgas'

'Te dejaste algo en el auto'

Tras enviar los mensajes seguidos, se guardó el teléfono en el bolsillo. Sin quitar la vista de la ventana del coche, silbando y balanceando levemente su cuerpo hacia adelante y atrás, Seung-chan subió las comisuras de sus labios con satisfacción al ver que la puerta del refugio se abría.

Ju-won se acercó al auto, abrió la puerta del acompañante y se asomó.

“¿Qué pasa? Dámelo.”

Ju-won, que salió incluso sin abrigo, extendió la mano como si no tuviera la más mínima intención de subir al vehículo. Seung-chan fingió buscar alrededor del asiento del conductor y, de repente, agarró la muñeca de Ju-won y tiró de ella con fuerza. Ju-won, con el torso arrastrado hacia el interior del auto, frunció el entrecejo y miró a Seung-chan.

“¿Qué me miras así, maldita sea? Sube rápido.”

“…….”

“¿Quieres que entre yo a tu habitación?”

Sin opciones, Ju-won soltó un suspiro pesado y se sentó en el asiento del acompañante. En cuanto cerró la puerta, Seung-chan rodeó su cabeza con ambas manos y acercó el rostro de Ju-won al suyo. Cruzó casi todo su cuerpo hacia el asiento del acompañante para besar sus labios.

Ju-won correspondió en silencio al beso de Seung-chan, quien succionaba su lengua haciendo ruido, pero en el momento en que la mano que acariciaba la zona sensible bajo su oreja pasó por su nuca y hombro para dirigirse hacia su axila, él giró la cabeza. Seung-chan, que estaba en pleno fragor del beso, lo miró con los ojos nublados por la excitación. Ante la pregunta muda de por qué había interrumpido tan bruscamente un beso que apenas llevaba diez minutos, Ju-won respondió frotándose los labios húmedos con el dorso de la mano:

“Ya no lo haré más contigo.”

“¿Qué?”

“Que no voy a hacer más estas cosas contigo. Me voy.”

Sin darle tiempo a Seung-chan de reaccionar, quien se quedó con la boca abierta y expresión atónita, Ju-won bajó del coche. La puerta se cerró con un tac. No parecía haberla cerrado con tanta fuerza, pero el viejo auto pequeño se sacudió notablemente.

Seung-chan se quedó parpadeando con la mirada perdida. Por la ventana vio la espalda de Ju-won entrando por la puerta del refugio. El callejón de madrugada estaba en un silencio sepulcral. El interior del auto estaba aún más callado. Seung-chan, que ante la repentina declaración de Ju-won de dejar de besarlo se había olvidado hasta de respirar, lanzó una pregunta tardía:

“…¿Entonces con quién lo vas a hacer?”

¿Con el mánager? ¿Con el idiota que se cruzaron en Navidad? Maldita sea, como si a Yang Ju-won le faltaran hombres a su alrededor. ¿Por qué ese tipo, que cuando se emborrachaba se aferraba a cualquiera para pedir sexo o besos, de pronto decía que no quería hacer nada erótico?

Seung-chan frunció los ojos con agudeza.

No sabía la razón, pero no es que le fuera a echar de menos. Al fin y a cabo, él solo quería practicar un poco los besos con Yang Ju-won. Aunque le estaba empezando a encontrar el gusto al contacto físico, ya había saciado su curiosidad y practicado lo suficiente. Seung-chan arrancó el coche que estaba estacionado, recordando la imagen de Ju-won dándose la vuelta sin ninguna vacilación.