(3)
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“¡Que entre Su Majestad el Emperador—!”
Dam-yeon, que se encontraba bordando junto a la dama de la corte Yun, levantó la cabeza. En cuanto las puertas se abrieron, el Emperador hizo su ingreso. Dam-yeon se levantó de su asiento en silencio.
“Yeon, ¿te agrada el paseo para contemplar las flores?”
“Me… agrada.”
“¿Y qué hay de un paseo en bote?”
“Al no haber subido ni una sola vez… no lo sé muy bien.”
Ante esa respuesta, el Emperador soltó una carcajada. Él rodeó la muñeca de Dam-yeon a la ligera, y acto seguido, estrechándolo por la cintura, susurró al oído:
“Entonces vayamos juntos al Estanque Cheonghwa.”
Tan pronto como terminaron esas palabras, el Emperador guió a Dam-yeon saliendo hacia el exterior. Hacia un lado del patio, un palanquín ya se encontraba listo. Dam-yeon subió al palanquín junto con el Emperador y contempló el exterior de la ventana que comenzaba a moverse despacio.
El Estanque Cheonghwa.
A pesar de tratarse de un sitio al que iba por primera vez, le resultaba extrañamente familiar. Ante un dejà vu que no le era ajeno, Dam-yeon trasladó su mirada siguiendo el paisaje.
“Bien, con cuidado.”
Tras arribar al Estanque Cheonghwa, el Emperador, que subió primero al bote, extendió su mano hacia Dam-yeon y habló. Él ladeó la cabeza por un momento ante un bote que resultaba más pequeño de lo que había pensado, mas al poco tiempo, viendo al eunuco interno soltar las amarras, despegó los labios:
“¿Su Majestad?”
El Emperador empuñaba los remos en persona. En cuanto Dam-yeon enderezó el torso desconcertado, él habló sonriendo con serenidad:
“No te preocupes. De por sí era habilidoso en el pasado, mas dado que ahora lo hago aún mejor.”
“No se trata de eso, sino que este siervo…. Ah.”
En ese instante, Dam-yeon contempló hacia abajo las olas de tinte azulado que se proyectaban por encima del estanque y frunció el entrecejo sutilmente.
“¿Acaso este concubino… llegó a caer en este lugar en el pasado…?”
Dam-yeon, que arrastró sus palabras, contempló hacia abajo sus propias manos. Él, palpando el anillo de jade que llevaba encajado en su mano, levantó la cabeza y miró al Emperador.
“¿Es que te viene algo a la memoria?”
“…No es que me venga a la memoria, sino que por alguna razón sentí como si así hubiera sido….”
El Emperador entornó los ojos. Se trataba de una buena señal, mas no supo que precisamente el recuerdo de haber caído al agua sería el primero en regresar.
Su yo de ese entonces no es que hubiera atesorado a Dam-yeon de corazón, ni tampoco es que le hubiera entregado su alma. Simplemente, la mirada con la que aquel eumin que era su madre biológica lo contemplaba con desesperación le resultaba interesante, y al coincidir su apariencia exterior con su agrado, el impulso de querer poseerlo se había antepuesto, solo eso.
Al principio consideró que se trataba simplemente de un rostro y un cuerpo que se ajustaban a su agrado, nada más. Por ello, no lo había atesorado con esmero.
Sin embargo, de haber sabido que ese asunto quedaría como un remordimiento por siempre, no se lo habría ordenado a los guardias imperiales, sino que él mismo habría saltado al agua de inmediato.
El Emperador, que contemplaba a Dam-yeon con un corazón compungido, remó despacio.
Él detuvo la proa del bote dirigiéndose por debajo del albaricoquero que a Dam-yeon tanto le agradaba. Los pétalos que se mecían ante la brisa de primavera descendieron suavemente sobre la cabeza de Dam-yeon.
“Es sumamente hermoso. Me parece saber… por qué razón Su Majestad ha traído a este concubino a este lugar.”
“¿Es de tu agrado?”
“Sí.”
El rostro de Dam-yeon, que contemplaba el cielo sonriendo con los ojos entornados, brillaba con suavidad al recibir la luz del sol.
Era un instante silencioso y pacífico, tal como si incluso el tiempo se hubiera detenido.
Al Emperador le surgió el pensamiento de querer conservar esta figura durante un largo tiempo como una pintura.
“No sabía que crecería de una manera tan admirable.”
Al ver a Dam-yeon exponer su sinceridad vacilando, el Emperador sonrió y llevó la mano de él hacia su propio rostro.
“¿Es así? Lo cierto es que este hijo es bastante bien parecido.”
Dam-yeon acarició con cuidado la mejilla cálida que rozaba la punta de sus dedos. Los ojos dorados del Emperador que centelleaban ante los rayos del sol eran rectos y profundos.
Al cerrar los ojos, emergía aquel día en que se habían separado apenas nacer, sin haberlo podido estrechar en su regazo ni una sola vez. Agradeció al cielo el hecho de que ese niño hubiera crecido a salvo de esa manera y se encontrara sonriendo frente a sus ojos.
“¿Acaso el viento no es frío, madre?”
“Su Majestad….”
“Estando solo nosotros dos, qué importa.”
El Emperador apoyó su rostro tal cual manteniendo cobijado el dorso de la mano de Dam-yeon. El Emperador, que apoyó el rostro, contempló a Dam-yeon hacia arriba. Ante una mirada que se prolongó largamente, el ánimo se volvió extraño.
“O acaso, ¿es que te desagrada el que yo te llame madre?”
El Emperador habló como un susurro besando la palma de la mano de Dam-yeon. Ante esas palabras, el rostro se le encendió al rojo vivo de golpe.
“Bien pensado, este siervo también desea ser un hombre para ti y no un hijo, por lo que comprendo tu corazón.”
“No es así, no se trata de eso, sino….”
“Yeon.”
Dam-yeon cerró los labios con fuerza sin poder responder nada más. Su figura, al no saber qué hacer con el rostro enrojecido, era adorable.
“¿Estaría bien si te beso?”
“……?”
“¿Mm? ¿Acaso no se puede, Emperatriz?”
Por encima de la infinita superficie del agua, sentía como si en el mundo hubieran quedado únicamente ellos dos solos. Una fragante fragancia a flores se esparció viajando a través de la cálida brisa de primavera.
Dam-yeon cerró los ojos y asintió con la cabeza en silencio.
Iniciando ese instante, la cálida temperatura del Emperador rozó su piel y se produjo un estremecimiento que pareció detenerle el aliento.
“Yeon.”
El Emperador llamó su nombre en voz baja e inclinó el rostro. Dam-yeon cerró los ojos despacio, y en cuanto el aliento de los dos se rozó, se produjo un ligero temblor.
“ugh….”
Los hombros de Dam-yeon temblaron levemente. El Emperador, que percibió esa sutil reacción, cobijó su cabeza con una fuerza un tanto mayor e inclinó el rostro profundamente.
“ugh, ugh….”
Los lips del Emperador succionaron despacio el labio inferior de Dam-yeon. El aliento húmedo chocó entre los labios de ambos. No se trataba de un beso ligero como los de costumbre. Al menos por lo que Dam-yeon recordaba, un beso tan profundo e íntimo era el primero.
A Dam-yeon no le venía ningún pensamiento a la mente debido a que el interior de su cabeza se encontraba encendido. Al poco tiempo, la lengua del Emperador humedeció el extremo de los labios de Dam-yeon. Ante la carne que frotaba con cuidado, como solicitando el consentimiento, Dam-yeon abrió los labios sin darse cuenta.
Sintió la lengua del Emperador que se introducía de manera sutil entre los labios suavemente encimados para no sobresaltarlo. El sonido con el que el aliento se desordenaba se filtró de manera fina por sobre las olas serenas.
“ugh... ugh….”
La lengua del Emperador que rozaba el interior de la boca se movió buscando el extremo de la lengua de Dam-yeon con lentitud y de manera persistente. Finalmente las lenguas se enredaron y la del Emperador devoró a Dam-yeon con fuerza.
Cada vez que los labios se unían y se apartaban, un fino aliento rozaba las mejillas del otro. El Emperador, sonriendo en silencio ante el aroma de celo que se percibía de Dam-yeon, se adentró de nuevo en sus labios.
“Haa…. Haa. Ya no más….”
En cuanto apartó los labios, Dam-yeon, que tomó una respiración agitada, bajó la cabeza encendiendo su rostro de rojo. Sus labios, sumamente hinchados, brillaban húmedos por la saliva. El Emperador, en quien el deseo carnal ondeó una vez más al contemplar los labios teñidos de rojo, le acomodó el cabello desordenado.
Acto seguido, él aspiró el aroma de celo que se filtró viajando una vez más a través del viento y frunció un ojo con un rostro en aprietos.
“Yeon, por qué razón estás enviando tu aroma de celo de esta manera desde hace un momento.”
Debido al hecho de no haber aplacado sus deseos durante un largo tiempo, ya le resultaba difícil el solo estar junto a Dam-yeon. Sin embargo, el que Dam-yeon dejara filtrar su aroma de celo precisamente hoy hacía que, aun sabiendo que se trataba de un error, se encontrara un tanto en aprietos.
En cuanto la entrepierna del Emperador manifestó su presencia por encima de la ropa, Dam-yeon abrió los ojos de par en par sorprendido.
“¿Qué? Cuándo he yo……. Ah.”
Las palabras del Emperador eran ciertas. Dam-yeon se desconcertó ante su propio aroma de celo que había dejado filtrar instintivamente sin darse cuenta, y se apresuró a contenerlo. A pesar de ello, el aroma de celo todavía permanecía en el aire.
El Emperador habló mientras percibía la dulce fragancia que envolvía sus alrededores como tentándolo:
“Parece ser que, aun habiendo perdido los recuerdos, el cuerpo recuerda a este siervo.”
El Emperador sonrió ante el instinto del eumin que intentaba tentar a su yang de manera natural, y tomó los remos.
“Por lo visto, el paseo en bote de hoy tendrá que terminar hasta aquí.”
La comisura de los labios del Emperador dibujó un arco.
Se trataba de un retorno más temprano de lo previsto, mas nadie preguntó la razón. La corriente que envolvía a los dos difería en algo, y ante el rostro de Dam-yeon que se encontraba teñido de un rojo singular y sus labios bellamente hinchados, todos bajaron la cabeza retirándose en silencio.
Tan pronto como arribó al Palacio Central, el Emperador retiró a la totalidad de los sirvientes del palacio. A pesar de que el sol aún no se había puesto por completo, las puertas se cerraron en múltiples capas y el límite con el exterior se estableció con firmeza.
Los sirvientes del palacio, que habían vivido durante largos años dentro del palacio, eran sumamente perspicaces. Al punto desapareció toda presencia de personas, y el Emperador contempló la colchoneta que se encontraba densamente extendida.
“Su Majestad….”
Ante una voz colmada de tensión, el Emperador acarició hacia abajo la mejilla de Dam-yeon. Los labios temblorosos, las mejillas enrojecidas. Y dentro de las miradas de ambos que se cruzaron sin articular palabra, cierto sentimiento floreció de manera serena.
La fuerza se concentró en su cuerpo ante el tacto que lo acariciaba despacio y con suavidad. Y en el preciso instante en que los dedos que palpaban la mejilla rozaron los labios, Dam-yeon contuvo con fuerza la respiración y habló:
“Su, Majestad. Este concubino ya… deténgase….”
Él, que palpaba los lips de Dam-yeon con un rostro complacido, captó en sus pupilas la figura con la que Dam-yeon se estremecía enderezando el torso como si le resultara incómodo. El Emperador, que descendió la mirada despacio, descubrió la parte de Dam-yeon que sobresalía abultada y extendió la mano.
“Ah…. ¡Su Majestad!”
Dam-yeon, sorprendido, llamó de prisa al Emperador. El haber sido descubierto de su parte baja abultada le causaba vergüenza, mas se horrorizó ante el hecho de que la mano del Emperador tocara lo suyo. Dam-yeon sacudió la cabeza como pidiéndole por favor que lo soltara, mas el Emperador introdujo su pierna entre los muslos de él susurrando en voz baja:
“Debes guardar silencio. ¿Acaso pretendes llamar a la totalidad de los sirvientes del palacio en esta oportunidad?”
“M, mas….”
Dam-yeon, ante el tacto del Emperador que abría sus muslos, sacudió la cabeza con el rostro teñido de palidez. Él, contemplando alternadamente la puerta de la habitación firmemente cerrada y al Emperador, movió el cuerpo sin saber qué correspondía hacer.
“ugh, esto no está bien. Su Majestad. Yo, yo….”
“Acaso no sabes que con tu condición actual no existe problema alguno. Tú ya eres el único concubino de este siervo, inscrita incluso en el registro de la familia imperial. El mundo entero también lo sabe de esa manera.”
El interior de su cabeza se encontraba confuso. Se trataba de algo de lo que ya se había enterado en varias ocasiones por boca del Emperador y de la dama de la corte Yun, por lo que lo sabía con la cabeza, mas no alcanzaba a comprender si esto verdaderamente se encontraba bien.
“Yeon. No midas con la cabeza, pregunta a tu corazón. En verdad, ¿es que tú me contemplas y no sientes nada?”
El Emperador tomó la mano de Dam-yeon y la encimó por sobre su propio corazón.
Kung, kung. Los latidos del corazón que latía con rapidez se transmitieron con viveza por debajo de la palma de la mano de Dam-yeon. Esos latidos se asemejaban a los suyos.
“Este siervo se encuentra de la misma manera que tú. Es por ello que nos convertimos en esposos.”
Dijo el Emperador sonriendo al contemplar a Dam-yeon, quien lo miraba con ojos sorprendidos.
“Por lo tanto, por favor no repitamos el mismo remordimiento.”
El Emperador contempló a Dam-yeon con ojos llenos de añoranza y afecto, e inclinó la cabeza.
Dam-yeon, sin saber qué hacer ante la calidez que percibió por sobre sus labios, colocó sus manos sobre los hombros del Emperador. La lengua cálida y gruesa que se introdujo entre sus labios revolvió cada rincón del interior de su boca. Sintiendo como si la lengua de él desordenara incluso el interior de su cabeza, no pudo albergar ningún pensamiento.
“ugh, ugh….”
Su cuerpo, que recordaba al Emperador, se encendió con rapidez y le surgió el pensamiento de querer rozarse aún más con él. El Emperador, que apartó los labios mientras las piernas que perdían la fuerza poco a poco se abrían, deslizó su mano despacio hacia el interior de la ropa interior.
“ugh…. Su, Majestad.”
“Se encuentra bien. No es algo que cause dolor.”
Dam-yeon, ante el continuo apaciguamiento del Emperador, cerró los ojos manteniendo sus lips firmemente mordidos sin darse cuenta. Junto con el sonido del roce con el que la ropa era desvestida, el aire húmedo rozó el espacio entre sus piernas.
En cuanto Dam-yeon abrió los ojos sorprendido ante una sensación en la que no había pensado, la figura del Emperador, que mantenía su pene en la boca, entró en su visión.
“Ah, ugh….”
Dam-yeon, manteniendo su boca cubierta ante un gemido que pareció ir a estallar, encogió la punta de sus pies. El bajo vientre le tembló con vehemencia ante el placer que se propagaba por todo su cuerpo. El Emperador, que se percató de ello, levantó los ojos y contempló a Dam-yeon.
El contorno de sus ojos densamente húmedo y su rostro enrojecido por el placer eran hermosos. El Emperador, tal como mostrándoselo, sacó la lengua para succionar el pene, y lamió el extremo con la punta de la lengua de manera suave.
“Ha, ugh, Su Majestad. De, deténgase… ugh.”
Dam-yeon, que expulsó las palabras con dificultad y empujó al Emperador, tomó el aire sobresaltado ante el líquido seminal que se derramó de golpe.
Como si hubiera previsto esa reacción, el Emperador, manteniendo el pene en la boca, trasladó su mano hacia atrás y abrió las nalgas de Dam-yeon. El contorno del orificio se encontraba profusamente húmedo debido al líquido seminal que había expulsado de manera natural para recibir al yang.
“ugh…. ugh, ah ¡un momento…!”
El Emperador, impregnando sus dedos con el líquido seminal, los deslizó hacia el interior del orificio. En cuanto se adentró abriendo el estrecho orificio, las paredes internas cálidas se agitaron contrayéndose y mordiendo los dedos del Emperador. Frotó con suavidad la carne del interior y enderezó la punta de los dedos aún más hacia el fondo.
En ese instante, el Emperador curvó sus dedos al percibir una parte abultada desde la punta de sus dedos.
“¡ugh, ugh…!”
El interior de su cabeza se tiñó por entero de blanco. La saliva corría de sus labios abiertos, y sentía como si su cuerpo fuera a averiarse ante el placer que percibía de manera simultánea por arriba y por abajo. Dam-yeon, sin darse cuenta, agitó el orificio y retorció la cintura.
“¡ugh, me equivoqué, este concubino, ugh…!”
Dam-yeon captó en sus pupilas al Emperador, que succionaba lo suyo con una fuerza aún mayor. Las lágrimas, derretidas ante el calor, empaparon sus mejillas. El Emperador, percibiendo la contracción del orificio que mordía su dedo con una vehemencia aún mayor, succionó el pene con una fuerza más intensa.
“¡ugh, ugh!”
El sonido obsceno del líquido llenó de manera íntima la habitación y el pene de Dam-yeon se tornó rígido. En ese instante, Dam-yeon, con los ojos abiertos de par en par, empujó la cabeza del Emperador.
“He, ah, no está bien. ¡Su Majestad, por favor, ugh, Su Majestad…!”
La sensación de eyaculación se apoderó de todo su cuerpo. La punta de sus pies se entumeció y su cuerpo se sacudió con ligeros espasmos. Intentó contenerlo de cualquier manera, mas el Emperador se percató y succionó el tallo con una contracción aún más fuerte.
“¡ught…!”
El semen de Dam-yeon estalló hacia el interior de la boca del Emperador. Al mismo tiempo en que su cintura se curvó de manera redonda, el cuerpo de Dam-yeon, que arribó al clímax, tembló descontroladamente. Los muslos abiertos se agitaron y el orificio repitió la contracción y la relajación.
El Emperador, que tragó lo que se encontraba dentro de su boca, rozó el pene densamente húmedo hacia arriba con la punta de la lengua. Dam-yeon, que jadeó ante un estímulo semejante a un relámpago, enderezó la cintura apartando los labios.
“ugh, …. Por, por qué otra vez eso….”
En un parpadeo, un fragmento dentro de los recuerdos perdidos revolvió el interior de su cabeza y pasó de largo. Su yo de ese entonces también se encontraba jadeando ante el placer, manteniendo el pene dentro de la boca del Emperador.
“¿Otra vez?”
Dijo el Emperador, que soltó el pene, contemplando a Dam-yeon con ojos agudos.
“Qué recuerdo es el que te ha venido.”
“……Ah.”
“¿Acaso en ese entonces también me encontraba sosteniendo tu pene y succionándolo con avidez?”
“¡Su Majestad…!”
Dam-yeon lo llamó horrorizado ante las palabras desordenadas, mas el Emperador, que lamió el esperma que quedaba en el contorno de sus labios, empujó hacia atrás el cuerpo que se encontraba medio erguido y habló:
“Si intentamos otra cosa, tal vez haya algo que te venga más a la memoria.”
El Emperador, contemplando con los ojos entornados a un Dam-yeon que desbordaba lascivia, abrió sus nalgas. Él hundió el rostro en medio de ellas e inhaló el aire.
El rostro de Dam-yeon se tiñó de palidez. Él derramó lágrimas con un rostro colmado de ignominia ante el aliento que percibió en medio de sus nalgas.
“No, no lo haga. Su Majestad, ugh, por favor…. ¡Ah!”
La lengua se introdujo entre el orificio abierto. El Emperador, que tiró del orificio hacia ambos lados, frotó la punta de la lengua por sobre las paredes internas y lamió el orificio hasta una profundidad aún mayor.
“¡ugh, ugh, ah…!”
Las paredes internas, rojas tal como si hubieran sido creadas derritiendo granos de granada roja, eran hermosas. En cuanto derramó la saliva lamiendo el interior húmedo, un sonido obsceno se filtró desde su parte baja que se había vuelto aún más lodosa. El orificio húmedo se agitó mordiendo la lengua repetidamente.
“ugh, ugh, Su Majestad. No lo, haga. Por favor…. ugh.”
A Dam-yeon, que derramaba lágrimas ante la ignominia, una vez más el recuerdo se le introdujo en la cabeza como un relámpago; Dam-yeon concentró la fuerza en su cuerpo de golpe.
Por qué, por qué razón los recuerdos regresaban en un momento como este. El Emperador apartó los labios contemplando el orificio flojo y reblandecido. Él, al ver la reacción de Dam-yeon, se percató de que a este le había surgido el recuerdo una vez más, y curvó la comisura de sus labios sonriendo.
“Su, Majestad….”
Dam-yeon lo llamó con una voz temblorosa al contemplar al Emperador que comenzaba a desvestirse de su ropa. Al poco tiempo, la ropa interior del Emperador cayó al suelo y el pene que permanecía dentro de sus recuerdos manifestó su figura frente a sus ojos.
El Emperador, contemplando a un Dam-yeon que miraba fijamente la base de su pene, abrió sus muslos hacia los lados.
“Ah, Su Majestad. Todavía…. ugh.”
“No te preocupes. Dado que no lo haré hasta el final.”
Entre Dam-yeon y él todavía restaba un asunto que no habían resuelto. Aunque lo suyo clamaba gritando que deseaba adentrarse en el interior de él ahora mismo, no podía volver a abultar ese pequeño vientre.
El Emperador, manteniendo lo suyo encajado entre los muslos de Dam-yeon, reunió y sostuvo sus piernas como una sola.
“ugh…. ugh.”
Cada vez que aquello grueso y rígido frotaba su parte baja, rozaba el pene y se transmitía un placer electrizante. El pene de Dam-yeon, que se encontraba erguido con firmeza, golpeaba levemente el bajo vientre derramando un líquido cristalino.
“Haa…. Yeon.”
El rostro del Emperador excitado colmó por entero su campo de visión, y Dam-yeon se vio envuelto en un sentimiento desconocido. Al ver al Emperador excitarse por causa de él, sintió como si algo se colmara en el interior de su corazón.
“Ah, Su Majestad. ugh….”
El Emperador, que extendió la mano, frotó el pezón que se había tornado erecto e inclinó la cabeza. Él presionó con la punta de la lengua la punta que se había vuelto rígida, rodó la aréola y succionó el pecho con avidez.
“ugh, ugh….”
“Tras dar a luz a Heui-yeon la leche no salía bien, por lo que yo la succionaba bastante. ¿Acaso recuerdas eso?”
Ante las palabras del Emperador, una vez más el recuerdo emergió. Salió a relucir el cabello negro del Emperador que succionaba hacia arriba mientras amasaba su pecho en un tiempo en que sus pechos se encontraban más grandes que ahora.
“ugh, ah….”
“Así es. Es en verdad lascivo, por qué razón será que los recuerdos regresan únicamente en momentos como este.”
El rostro se le encendió tan caliente que pareció que iba a estallar ante las palabras del Emperador. Le resultaba tan vergonzoso e ignominioso que se mordió los lips con fuerza.
“Sin embargo, no te preocupes. Dado que este siervo te brindará ayuda con toda su alma y su corazón para que puedas encontrar los recuerdos.”
El Emperador soltó los labios que se encontraban presionados por los dientes blancos y movió la cintura con una velocidad aún mayor. El bálano chocaba por debajo de las nalgas con fuerza, tal como si estuviera realizando el coito. El pene del Emperador se frotaba contra el pene de Dam-yeon y el dulce aroma de celo de Dam-yeon se esparció ampliamente dentro de la habitación.
“ugh, ugh, Su Majestad. Ya. ugh, ah….”
Una vez más, la sensación de eyaculación se le vino encima. Dam-yeon llamó al Emperador retorciendo la cintura finamente. El pene, que tenía el clímax ante sus ojos, se agitaba. El Emperador, viendo aquello, extendió la mano y cubrió el orificio de la uretra con la punta de sus dedos.
“¡ugh!”
“Haa, Yeon….”
Tal como si deseara adentrarse en su interior de inmediato, el extremo del Emperador golpeó con fuerza por sobre el orificio que derramaba el líquido seminal profusamente. Cada vez que eso ocurría, el calor ascendía en el interior de su vientre y el gemido de Dam-yeon se volvía aún mayor.
“¡ugh, ugh…. Su Majestad, ugh, ya, deténgase, ah, ugh, me equivoqué ah, eu!”
Simplemente ahora el contorno de sus ojos se encontraba confuso. Dam-yeon lo llamó suplicando, tal como si le pidiera que por favor lo dejara ir ya.
“ugh, Su Majestad. Ah. ¡Ah…!”
El pulgar del Emperador, donde se encontraban grabados los callos, frotó el extremo con rapidez. Cada vez que eso ocurría, el orificio se abría y se cerraba con ligeros espasmos y la cintura de Dam-yeon se curvó de manera redonda.
“¡ugh, ugh, ah…!”
Un gemido similar a un alarido se filtró y una ardiente descarga de eyaculación se derramó por sobre el cuerpo de Dam-yeon. El Emperador, asimismo y de manera simultánea, sostuvo con firmeza su propio pene y derramó lo suyo por sobre el cuerpo de Dam-yeon.
Fue en ese preciso instante.
“¡Suelten esto! ¿Es que acaso no ven que mi madre imperial se encuentra llorando? ¡Es indudable que mi padre imperial está molestando a mi madre imperial! ¡Yo debo protegerlo!”
Por detrás de la puerta, la voz del Príncipe Heredero llegó hasta sus oídos. El cuerpo de Dam-yeon, que aún se encontraba expulsando un aliento agitado ante el estímulo que permanecía en su cuerpo, se tornó rígido con rapidez.
“¡Qué es lo que hacen! ¡Abran! ¡He dicho que abran!”
“¡Su, Majestad…!”
Dam-yeon contempló al Emperador con un rostro que pareció ir a desmayarse. El desconcierto y la vergüenza se le vinieron encima de golpe sobre un cuerpo donde los vestigios del acto carnal todavía no se habían disipado. El Emperador, tras exhalar un breve suspiro llevando una mano hacia su frente, limpió el cuerpo de Dam-yeon, que se encontraba congelado por la sorpresa, y le colocó la ropa.
Kwang—.
“¡Su, Alteza…!”
La puerta se abrió de golpe de par en par, y Heui-yeon se adentró corriendo hacia el interior. Por detrás de él, los sirvientes del palacio que no consiguieron detener al Príncipe Heredero a tiempo entraron pisándole los talones con los rostros teñidos de palidez.
“¡Madre imperial!”
Heui-yeon, que se había enterado de manera tardía de la noticia de que ellos dos solos, excluyéndolo a él, habían ido a un paseo en bote al Estanque Cheonghwa, corrió en línea recta hacia el Palacio Central. Sin embargo, tan pronto como él cruzó el umbral de la puerta, los sirvientes del palacio se ocuparon en cerrarle el paso con rostros desconcertados.
En ese momento, la voz de su madre imperial llorando se escuchó de manera difusa desde el interior. Era indudable que su padre imperial estaba molestando a su madre imperial de nuevo. El Príncipe Heredero, evocando el recuerdo de que en la oportunidad anterior también había ocurrido un asunto idéntico a este, habló con un rostro colmado de convicción:
“¡No moleste a mi madre imperial!”
Heui-yeon se interpuso frente al Emperador fulminándolo con la mirada.
“Prí, Príncipe Heredero, yo me encuentro bien. No se trata de aquello que el Príncipe Heredero está pensando.”
Un desconcertado Dam-yeon despegó los labios de prisa y apaciguó a Heui-yeon. Le pareció saber qué clase de malentendido había tenido el niño. Sin embargo, no se trataba de un asunto como ese. El Príncipe Heredero, contemplándolo morderse los lips con fuerza manteniendo el rostro enrojecido, habló con un rostro enfadado:
“¡No intente engañar a este hijo! Mi padre imperial ha vuelto a molestar a mi madre imperial, ¿no es así? ¿Es por ello que ha llorado, verdad?”
Sintió que el rostro se le iba a hacer pedazos ante la ignominia. Sin embargo, en el momento en que Dam-yeon se encontraba castigando únicamente sus propios labios al no poder manifestar la verdad ante el puro malentendido del niño, el Emperador no se contuvo y soltó una risita ante el tierno malentendido del pequeño:
“Cuál molestar. Únicamente estaba haciendo que tu madre se sintiera complacida.”
“¡Cómo es que el hacer llorar a mi madre imperial constituye el hacer que se sienta complacido! ¡Este hijo ya se enterará de todo en el futuro!”
Ante la figura de Heui-yeon que se oponía con determinación, el Emperador extendió la mano y sujetó el cuello de la ropa del Príncipe Heredero. Al punto, las dos piernas del niño se elevaron en el aire por lo alto de golpe.
“¡Su Majestad!”
Dam-yeon llamó al Emperador sobresaltándose sobremanera, y Heui-yeon también pataleó agitando sus brazos:
“¡Suelte esto!”
“No quiero.”
“¡He dicho que me suelte! ¡Este hijo debe proteger a su madre imperial!”
“¿Acaso pretendes decir que yo me he de devorar a tu madre? Esas sí que son unas palabras graciosas. No, bien pensado, en otro sentido podría resultar acertado. Aunque por supuesto, el que devora lo mío es la Emperatriz.”
El Emperador, manteniendo la mirada fija sobre Dam-yeon con una mirada mística, curvó la comisura de sus labios sonriendo. El rostro de Dam-yeon se encendió de rojo tal como si fuera a estallar al percatarse del significado de las palabras que él pronunciaba. Él tomó el aire de prisa y bajó la cabeza con un rostro colmado de ignominia.
Heui-yeon frunció el ceño examinando de nuevo a su madre, que parecía encontrarse incómoda ante el Emperador:
“¡Suélte!”
Heui-yeon apretó los puños con fuerza y empujó al Emperador. El Emperador, tal como si la reacción de un niño como ese le resultara graciosa, sonrió y le gastó una broma:
“¿Si te suelto en este lugar, has de terminar cayendo, sabes?”
“¡Aun así suélteme! ¡Iré al lado de mi madre imperial!”
“ah. Entonces con mayor razón no habré de soltarte.”
“¡Padre imperial!”
Dam-yeon, que se encontraba atrapado en medio de ellos dos contemplándolos, ni siquiera podía ponerse en pie debido a su parte baja densamente húmeda, y movía las manos con torpeza sin saber qué correspondía hacer.
De esa manera, otra jornada transcurrió de forma ruidosa, y en algún momento la oscuridad descendía de manera serena por fuera de la ventana.
* * *
Posterior a aquel día con el Emperador, los recuerdos regresaban con rapidez. El problema radicaba en el punto de que esos recuerdos regresaban cada vez que existía un contacto íntimo con el Emperador. Al principio intentó ocultar ese hecho, mas constituía un misterio el cómo era que el Emperador se percataba de ello en cada ocasión sin falta. Por esa causa, Dam-yeon, que pasaba casi la totalidad de los días junto al Emperador, enderezó su cuerpo palpando su cintura adolorida.
“Huu….”
Dam-yeon, evocando el acto carnal que continuó hasta que despuntó el alba, se frotó el rostro acalorado. Ahora sentía como si el calor ascendiera en su parte baja con el solo hecho de evocar al Emperador.
Por qué razón poseería una fuerza física tan excelente que, aun cuando se quedaba dormido tal como si se desmayara y abría los ojos de nuevo, el Emperador todavía se encontraba adentrándose en el interior de su cuerpo.
‘Yeon. Este siervo te profesa un afecto sumamente profundo.’
Y en cuanto el acto carnal finalizaba, el Emperador le transmitía palabras dulces sin falta, tal como si susurrara un lenguaje secreto. Dam-yeon, evocando las palabras con las que se le había declarado la noche anterior, tiñó sus mejillas de rojo una vez más.
De continuar así, era indudable que dejaría pasar otra jornada en vano. Dam-yeon, que sacudió la cabeza tal como si se sacudiera los recuerdos restantes con esmero, abrió un pequeño cofre de ornamentos y extrajo desde el interior un pañuelo de seda bellamente doblado. Se trataba de un pañuelo que tenía un ciervo bordado por sobre una seda de un tenue tinte de jade.
Hacía no mucho tiempo, al ver al Príncipe Heredero sosteniendo un pañuelo viejo y desgastado, había tomado la determinación de confeccionarle uno nuevo e inició la costura. Ahora se encontraba casi en la etapa de finalización.
Dam-yeon lo desplegó con cuidado y tomó la aguja. Dam-yeon, que se concentró de esa manera en la costura durante unas buenas horas, levantó la cabeza ante una visión que se había tornado borrosa.
“Madre, ¿qué tal si lo hace tras descansar un tanto? Desde la cocina real han enviado unos aperitivos, por lo que haré pasar la mesa de aperitivos.”
“Te lo agradecería.”
Precisamente la cintura le dolía, por lo que se encontraba en el momento en que deseaba descansar un tanto. En el preciso instante en que Dam-yeon pretendía ordenar la costura, una voz familiar se escuchó por fuera de la puerta.
“Madre, este siervo es Hyeona. ¿Estaría bien si entro por un momento?”
“Adelante.”
Dam-yeon, que concedió el permiso de buen grado, ladeó la cabeza al contemplar a la sirvienta del palacio que se aproximaba con un rostro un tanto exaltado.
“¿Ocurre algo?”
“¡Madre! ¡Nabi ha dado a luz a sus crías!”
“¿Nabi?”
Al ir regresando los recuerdos poco a poco, Dam-yeon también había llegado a evocar a ‘Nabi’, a quien conoció en el Estanque Cheonghwa. Ante las palabras de que había dado a luz a sus crías, Dam-yeon preguntó con una voz colmada de preocupación:
“¿Nabi se encuentra bien?”
“Sí, madre. Tanto Nabi como las crías se encuentran todos saludables.”
Ante el pensamiento de que no correspondía quedarse así sino que debía ir en persona a ver a Nabi y a las crías, Dam-yeon se levantó de su asiento. Él trasladó sus pasos en línea recta hacia la habitación donde se encontraba Nabi.
“¡Madre!”
Makgeum, que compartía la misma habitación con Hyeona, se inclinó para saludar. Tal vez se encontraba limpiando a las crías recién nacidas, pues en la mano de Makgeum se encontraba un paño húmedo por el agua.
Nyang, nyang. Los maullidos de las pequeñas crías recién nacidas se propagaron ampliamente dentro de la habitación. A su lado, Nabi les pasaba la lengua a las crías y les ofrecía las mamas con cuidado.
“Nabi.”
En cuanto Dam-yeon extendió la mano con cuidado, Nabi, que lo reconoció, apoyó el rostro en la palma de su mano.
Cuándo habría crecido este pequeño animalito al punto de dar a luz a sus crías.
Dam-yeon frotó la cabeza de Nabi, quien habría pasado por penalidades en el tiempo en que no la había visto.
“Le ordenaré a la cocina real que envíe comida para fortalecer el cuerpo, por lo que te encargo bien a Nabi.”
“¡Sí, madre. No se preocupe!”
Nabi contaba con una edad avanzada si se consideraba la expectativa de vida promedio de los gatos, por lo que su preocupación no era poca. Con todo, el verla esforzarse por lamer a sus crías hizo que el contorno de sus ojos se tiñera de rojo por sí solo.
“Madre imperial, ¿es que se encontraba en este lugar?”
En ese momento, ante la voz de Heui-yeon que se escuchó desde la parte trasera, Dam-yeon giró la cabeza.
Por lo visto, había arribado hasta este lugar mientras lo buscaba. Por detrás del Príncipe Heredero que se encontraba de pie ante la puerta, el eunuco interno Bak bajaba la cabeza con un rostro colmado de ignominia.
“Príncipe Heredero. ¿Ha venido a verme?”
“¡Sí! Debido a que hoy deseaba tomar el almuerzo junto con mi madre imperial. ¿Acaso mi madre imperial ha venido a ver a Nabi?”
La comisura de los labios de Dam-yeon se curvó por sí sola ante la expresión del Príncipe Heredero, que parpadeaba ladeando la cabeza y que resultaba sumamente adorable.
“¿Querría venir aquí por un momento? Tengo algo que mostrarle.”
“¡Sí!”
Heui-yeon se aproximó con un rostro radiante. Los ojos del Príncipe Heredero se agrandaron de manera redonda, tal vez al descubrir a las crías que eran pequeñas y se movían con torpeza.
“Madre imperial. ¿Acaso Nabi ha dado a luz a sus crías?”
El niño, que de manera loable preguntaba susurrando con cuidado por temor a que las crías se sobresaltaran, era hermoso. Dam-yeon respondió acariciando a la ligera la mejilla de Heui-yeon, que se encontraba teñida de un tinte de melocotón:
“Así es. Nabi se ha convertido en madre. Si le parece bien, ¿podría el Príncipe Heredero brindar ayuda a Nabi y cuidar de las crías?”
Dado que se trataba de un Príncipe Heredero que poseía una naturaleza dócil y trataba con esmero incluso las cosas pequeñas, confió en que cuidaría bien de las crías de Nabi. Y esto asimismo constituiría una excelente experiencia para el Príncipe Heredero.
“¿Le está permitido a este hijo hacer aquello?”
Heui-yeon aproximó el rostro hacia las crías haciendo brillar sus ojos.
Las crías que se encontraban profundamente dormidas respirando con suavidad, manteniendo sus pequeños vientres abultados de manera redonda tras haber tomado la leche, eran verdaderamente tiernas.
“Sí. En su lugar, debe tratarlas con esmero.”
“¡No se preocupe! ¡Este hijo las cuidará sumamente bien considerándolas como sus hermanos menores!”
Heui-yeon, que respondió con un rostro complacido, contempló fijamente a las crías sin poder apartar los ojos.
Dam-yeon, que contemplaba esa figura, acarició el cabello del niño con cuidado.
.
.
“¿Es que el Príncipe Heredero ha ido a ver a las crías hoy también?”
“Sí, madre. Dado que Su Alteza ni siquiera ha tomado la mesa real, la preocupación del eunuco interno Bak es profunda.”
Habían transcurrido diez días desde que le encargó las crías de Nabi al Príncipe Heredero. Al principio consideró que pasaría el tiempo cuidando de las crías de vez en cuando, mas el Príncipe Heredero entregaba toda su alma al punto de cuidar de las crías casi todo el tiempo, a excepción de las horas en que aprendía los estudios.
En la oportunidad anterior, llegó a sus oídos la historia de que los sirvientes del Palacio del Este pasaron por grandes apuros debido a que él se obstinó en que dormiría junto con Nabi y las crías.
Dam-yeon, que soltó una carcajada emitiendo un pequeño sonido, dejó de lado el pañuelo que finalmente se encontraba terminado y habló:
“Dado que las crías son pequeñas, parece ser que al Príncipe Heredero le causa un singular cuidado, por lo que dile que no se preocupe demasiado.”
“Sí. Madre. Sin embargo… tengo unas palabras que comunicarle.”
Dam-yeon, que contempló a la dama de la corte Yun, asintió con la cabeza como indicándole que continuara.
“Se trata del animalito que posee una mancha negra por debajo de la nariz de entre las crías de Nabi.”
“Hmeum, así es. ¿Te refieres a Heokdol, quien nació al último?”
Dam-yeon habló evocando la figura con la que Heui-yeon le explicaba uno por uno los nombres que les había colocado a las crías en alguna oportunidad. La dama de la corte Yun, que asintió con la cabeza ante esas palabras, despegó los labios con cuidado:
“Se dice que el estado de Heokdol no es bueno desde la noche anterior.”
“…Vaya.”
Heokdol era una cría que había sido singularmente débil desde el momento de nacer. No conseguía succionar bien las mamas como sus otros hermanos, y el hecho de que cojeara de una pata parecía notablemente incómodo. Por ello, Dam-yeon también sabía muy bien que el Príncipe Heredero entregaba su corazón de manera singular a ese animalito.
“¿Es que se encuentra muy mal?”
“Sí. Según las palabras de los sirvientes, se dice que parece difícil que resista por largo tiempo.”
“Ya sé la razón por la que el Príncipe Heredero se encuentra en ese lugar. Por lo pronto vayamos allá.”
Al estar enterado de cuánto afecto había derramado el Príncipe Heredero por sobre las crías durante este tiempo, el corazón se le volvió aún más pesado.
Dam-yeon, que trasladó sus pasos de prisa, descubrió a los sirvientes del palacio que se movían de manera afanosa frente a la habitación de las damas de la corte y se aproximó.
“¿Qué es lo que ocurre?”
“Madre. Ello es. He cometido un delito que merece la muerte. El Príncipe Heredero, Su Alteza….”
Kung, el corazón dio un vuelco con inquietud.
En cuanto Dam-yeon se tambaleó al perder la fuerza en las piernas, la dama de la corte Yun, que se encontraba a su lado, lo sostuvo de prisa.
“¡Madre…!”
“Yo me encuentro bien. El Príncipe Heredero, ¿es que acaso le ha ocurrido algo al Príncipe Heredero?”
“Su Alteza ha desaparecido.”
Se trataba de un Príncipe Heredero que poseía muchas travesuras de acuerdo con su edad, mas ni una sola vez había hecho algo como esto. En el momento en que Dam-yeon se encontraba apaciguando su pecho haciendo temblar la punta de sus dedos, una sirvienta del palacio se aproximó inclinando la cabeza:
“A decir verdad, uno de los pequeños gatos que el Príncipe Heredero cuidaba ha dejado de respirar hace un momento. Parece ser que se ha ocultado a solas al encontrarse desconsolado por esa causa.”
“Haa….”
Al final, Heokdol había muerto. El niño, que veía por primera vez partir de este mundo a un ser vivo al que le había entregado su afecto, se habría ocultado en silencio al no poder tolerar el desconsuelo.
“Envía personas al Ministerio de Eunucos Internos ahora mismo para transmitirles que desplieguen a los eunucos internos y a los demás para buscar al Príncipe Heredero. El Príncipe Heredero no habrá ido lejos. Deben encontrar al Príncipe Heredero antes de que el sol se ponga.”
“Sí, Emperatriz Madre.”
Le preocupaba el Príncipe Heredero, quien estaría llorando a solas. Dam-yeon comenzó a deambular a toda prisa buscando los sitios donde el Príncipe Heredero pudiera encontrarse oculto, desde los pabellones cercanos hasta las profundas sombras del jardín.
“¡Príncipe Heredero! ¡En dónde se encuentra! Yo he venido. ¡Salga por aquí!”
Dam-yeon llamó al Príncipe Heredero al punto de que la voz se le quebró.
A medida que el sol se inclinaba, el viento se volvía fresco y la temperatura del cuerpo se enfrió poco a poco. El niño, que estaría solo, la pasaría aún peor. La ansiedad de que tal vez se hubiera desmayado le oprimió la garganta.
“Dam-yeon.”
“…¿Su Majestad?”
El Emperador, que acudió de prisa al enterarse de la noticia de que el Príncipe Heredero había desaparecido, se aproximó al lado de Dam-yeon. Él habló apaciguando a Dam-yeon, quien no conseguía siquiera respirar de manera adecuada manteniendo el rostro pálido como una hoja de papel:
“Dado que se está realizando la búsqueda movilizando tanto a los guardias imperiales como al personal del Ministerio de Eunucos Internos, pronto llegará una noticia. No te preocupes demasiado.”
“Sin embargo, los sitios donde el Príncipe Heredero pudiera ocultarse, este concubino los ha verificado todos. Qué pasará si por un caso el niño se ha desmayado.”
“El Príncipe Heredero es un niño fuerte. Incluso ahora se habrá ocultado debido a que no desea mostrarle a los demás su figura llorando.”
En ese instante, un tenue aroma de celo se filtró desde el Emperador. Tal como si pretendiera apaciguar a su eumin que se encontraba ansioso, una fragancia profunda y templada cobijó a Dam-yeon con suavidad.
El Emperador habló limpiando el contorno de los ojos de Dam-yeon, donde se habían acumulado las lágrimas:
“Este siervo también buscará al Príncipe Heredero, por lo que tú regresa al Palacio Central y aguarda allí.”
“No es así. Este concubino también buscará al Príncipe Heredero junto con usted.”
Su figura lucía precaria tal como si fuera a desmayarse en cualquier momento, mas el Emperador también comprendió el corazón de Dam-yeon, quien no pretendía retirarse hasta el final. Fue en el preciso instante en que él, no teniendo más remedio, asintió con la cabeza e intentaba despegar los pasos.
“¡Su Majestad! ¡Se dice que han encontrado al Príncipe Heredero!”
“¿Es eso cierto?”
“Sí, se dice que ha descubierto a Su Alteza cerca de la biblioteca y lo está trayendo hacia aquí ahora mismo.”
Ante las palabras, la expresión del Emperador se tornó rígida. Sin embargo, a su lado, Dam-yeon expulsó el aliento que había contenido ante la noticia de que habían encontrado al Príncipe Heredero.
“Haa…. Se dice que el Príncipe Heredero, ¿se encuentra bien? ¿Se dice que no posee ninguna herida en alguna parte?”
“Sí. Se encuentra sin novedad. Este vasallo lo ha verificado en persona.”
“Así es. Está bien. Ahora está bien.”
Dam-yeon elevó una silenciosa oración de gratitud hacia el cielo y aguardó con ansias únicamente a que Heui-yeon arribara.
Al poco tiempo, Choe Yul, ingresó al patio del Palacio del Este junto con el Príncipe Heredero.
“¡Príncipe Heredero!”
“Madre imperial….”
Los hombros del niño se encontraban caídos por entero, tal vez al saber que había obrado mal. Al resultarle penosa esa figura, Dam-yeon corrió en línea recta y estrechó al niño en su regazo de golpe.
“Se encuentra bien. Al estar a salvo, se encuentra bien.”
“Me encuentro avergonzado por causarle preocupación…. Este hijo….”
“Lo sé todo. Príncipe Heredero, se ha sentido muy lastimado, ¿no es así?”
Dam-yeon, que apartó su cabeza despacio, continuó sus palabras contemplando con pena el contorno de los ojos enrojecidos del Príncipe Heredero:
“No es culpa del Príncipe Heredero. El Príncipe Heredero atesoró a Heokdol más que nadie, y entregó toda su alma cuidando de él. Eso lo sé yo y lo saben todos.”
“Sin embargo… parece ser por entero mi culpa. Debido a que este hijo fue insuficiente, no consiguió proteger a Heokdol….”
El autorreproche y la tristeza se acumularon en sus grandes pupilas. El niño, que temblaba finamente, soltó el llanto al punto.
El Príncipe Heredero, que todavía constituía un niño pequeño, no se contuvo y rompió en un ruidoso llanto, y lloró amargamente sacudiendo los hombros mientras se aferraba al cuello de Dam-yeon.
Dam-yeon le dirigió las palabras acariciando el dorso del Príncipe Heredero con suavidad:
“Heokdol es un animalito que consiguió llegar hasta aquí gracias al Príncipe Heredero.”
Dam-yeon continuó sus palabras limpiando las lágrimas del niño que lloraba ruidosamente sin poder regular su respiración:
“El que estrechó a Heokdol, quien ni siquiera podía succionar bien las mamas al verse desplazado por sus hermanos, y le dio de beber la leche en persona fue el Príncipe Heredero, y el que protegió el lado del enfermo Heokdol durante toda la noche también fue el Príncipe Heredero. De no haber sido por esa alma y ese amor, Heokdol habría partido de este mundo apenas nacer.”
“Sin embargo… al final no consiguió salvarlo, ¿no es así?….”
Dam-yeon contempló los ojos del niño y sacudió la cabeza en silencio.
“Yo considero que el resultado no es lo importante. Considero que el cuánto se esforzó el Príncipe Heredero y el que haya entregado toda su alma para con Heokdol, eso constituye lo más importante.”
Ante esas palabras, Heui-yeon bajó la cabeza manteniendo el extremo de la nariz enrojecido, y Dam-yeon le acarició esa pequeña cabeza.
“Heokdol estará aguardando el último saludo del Príncipe Heredero.”
“…Este hijo desea construirle una pequeña tumba a Heokdol en persona.”
Al ver al niño que hablaba al borde del llanto, Dam-yeon contuvo las lágrimas y dibujó una sonrisa.
“Entonces, ¿qué tal si la construimos junto conmigo?”
Heui-yeon asintió con la cabeza sorbiéndose la nariz, tal como si las lágrimas le brotaran de nuevo. Dam-yeon, que estrechó a un niño como ese en su regazo, se levantó de su asiento y le dirigió unas pequeñas palabras que se encontraba de pie en silencio por detrás, diciéndole le agradezco.
Una sonrisa desconocida cruzó el rostro del Emperador ante la reacción de Dam-yeon, quien pareció no recordar en lo absoluto a Choe Yul.
Teniendo esas palabras como final, en las manos de Dam-yeon y del Príncipe Heredero, que giraron sus cuerpos dirigiéndose hacia el jardín trasero, se encontraban una pequeña pala y el incienso.
Heui-yeon construyó una pequeña tumba para Heokdol por debajo de la sombra de un árbol, sobre un silencioso prado. El niño colocó en persona una pequeña flor por sobre la tumba, susurrando un pequeño saludo de despedida.
Nabi, que vigilaba esa figura, permaneció en el sitio ante la tumba durante un buen rato, tal como si supiera que esa constituía la tumba de su cría, y recién después regresó al lado de las crías restantes.
Dam-yeon contempló esa figura fijamente, y acto seguido, estrechó a Heui-yeon con fuerza.
.
.
Dam-yeon, que protegió el lado de Heui-yeon hasta que este se quedó dormido, abandonó el Palacio del Este con cuidado.
“El Príncipe Heredero, ¿se encuentra bien?”
“Sí. Se ha tranquilizado bastante. Al tratarse de un asunto que experimenta por primera vez, parece haberle resultado sumamente difícil.”
“La expresión de tu rostro al decir aquello tampoco es buena.”
“Al ver al Príncipe Heredero sentirse lastimado, el corazón no se encuentra bien. Me arrepiento por si acaso he realizado una acción en vano.”
Una voz mezclada con el autorreproche resonó en voz baja.
“Le has dicho bien al Príncipe Heredero que no se trataba de su culpa, mas tú misma te culpas a ti mismo.”
“…….”
“Seguramente habrías deseado que el Príncipe Heredero, cuidando de las crías, aprendiera el corazón que atesora la vida. Habrás creído que eso constituiría una excelente experiencia para el Príncipe Heredero, así como el cimiento para convertirse en un monarca admirable. ¿Acaso las palabras de este siervo se encuentran erradas?”
Las palabras del Emperador estaban en lo correcto. Sin embargo, yo soy un adulto y el Príncipe Heredero es un niño, ¿no es así? Le preocupaba el Príncipe Heredero, cuyo corazón habría recibido una herida por causa de él. En cuanto Dam-yeon despegó los lips exhalando un suspiro, el Emperador tiró de su mano hacia sí.
“El Príncipe Heredero también habrá madurado un nivel más con este asunto. Aunque ahora indudablemente sea difícil, en el futuro se convertirá en un gran cimiento para el Príncipe Heredero. Gracias a ti, el Príncipe Heredero se convertirá en un monarca aún mejor.”
Sintió gratitud ante el hecho de que el Emperador se lo expresara de esa manera. Dam-yeon, reprimiendo lo que ascendía con vehemencia en su interior, apoyó su rostro en el regazo del Emperador. En cuanto reguló el aliento en silencio, manteniendo la frente apoyada por sobre el firme pecho del Emperador, la mano del Emperador acarició hacia abajo la parte baja de la espalda de Dam-yeon despacio.
Ante ese tacto cálido, el corazón de Dam-yeon también se apaciguó poco a poco y comenzó a volverse cómodo.
* * *
“Madre, soy la dama de la corte Yun.”
En la avanzada noche, Dam-yeon abrió los ojos ante la voz que lo buscaba por fuera de la puerta. Por fuera de la ventana, la oscuridad todavía era densa. Un sorprendido Dam-yeon enderezó el cuerpo de prisa y habló:
“¿Qué es lo que ocurre?”
“Se dice que por fuera el eunuco interno Bak busca a la madre con urgencia.”
Por qué razón la persona que debía permanecer al lado del Príncipe Heredero habría venido hasta el Palacio Central a estas horas….
Dam-yeon frunció el entrecejo percibiendo cierto presentimiento de mal agüero. La dama de la corte Yun, contemplando a un Dam-yeon como ese, despegó los labios con cuidado:
“Debido a que se dice que el Príncipe Heredero, Su Alteza, padece de una alta fiebre y busca a la madre continuamente—”
“…Ugh.”
“¡Madre!”
La dama de la corte Yun, al verlo temblar manteniendo su pecho sujeto, se sobresaltó y lo sostuvo. Sin embargo, Dam-yeon, que apartó la mano que lo sostenía sacudiendo la cabeza, se levantó de su asiento.
“Yo me encuentro bien. Apresúrate a preparar los arreos para ir al Palacio del Este.”
Ni siquiera sabía que el niño se encontraba enfermo. El aliento de Dam-yeon se desordenó ante el sentimiento de culpa. Él se colocó la ropa de abrigo a toda prisa y salió abriendo la puerta corrediza.
En el patio, el eunuco interno Bak aguardaba a Dam-yeon manteniendo las rodillas postradas por sobre el suelo.
“Emperatriz Madre, me encuentro avergonzado. Este viejo siervo ha venido a buscarla aun a sabiendas de que constituye una gran falta de cortesía para con la Emperatriz Madre. El Príncipe Heredero, Su Alteza, padece de fiebre durante toda la noche y no hace más que buscar a la madre repetidamente. Al no poder quedarme cruzado de brazos de ninguna manera, osadamente he venido a verla.”
“No es así. El que yo debí examinar primero al Príncipe Heredero constituye mi culpa.”
Dam-yeon le indicó al eunuco interno Bak que se levantara, mordiéndose los lips con fuerza. El corazón le dolió sobremanera ante las palabras de que, aun sufriendo grandemente por la enfermedad, solo lo buscaba a él.
Dam-yeon, manteniendo su propia lengua firmemente mordida ante las lágrimas que parecieron ir a brotar, apresuró el paso.
“Haa, ha….”
“Madre, vaya despacio. De continuar así, la madre ha de terminar desmayándose.”
Las sirvientas del palacio se preocuparon, mas dentro de la cabeza de Dam-yeon se encontraba únicamente Heui-yeon. Él, que corrió de esa manera arribando al Palacio del Este, abrió la puerta y se adentró hacia el interior.
Dentro de la habitación flotaba el denso aroma de la medicina herbolaria, y por debajo de la luz, Heui-yeon regulaba el aliento manteniendo la manta cubierta.
“Príncipe Heredero, yo he venido. ¿Es que le vuelve un tanto el conocimiento?….”
La garganta se le obstruyó y el extremo de la nariz le dolió. Dam-yeon, conteniendo las lágrimas, sujetó la mano de Heui-yeon con fuerza.
“…¿Madre imperial?”
“Sí, soy yo. Lamento haber venido tarde sin saber siquiera que se encontraba herido de esta manera por la enfermedad.”
Al ver al Príncipe Heredero que lo contemplaba con los ojos nublados por la fiebre, Dam-yeon estrechó su mano con una fuerza aún mayor. El Príncipe Heredero, que albergó una sonrisa ante el hecho de que Dam-yeon había venido aun a pesar de encontrarse dolorido, habló sonriendo con palidez:
“Este hijo se encuentra bien. De manera vigorosa, puede vencerlo.”
“Príncipe Heredero….”
“Este hijo incluso toma bien la medicina herbolaria amarga, sabe.”
El corazón se le oprimió aún más ante su figura que simulaba encontrarse bien con esmero por temor a que él se preocupara, manteniendo un rostro donde los signos de la enfermedad eran evidentes.
De no haber experimentado aquel accidente en ese entonces, de ser sus recuerdos más íntegros, el Príncipe Heredero habría podido apoyarse en él; sintió como si todo constituyiera su propia culpa. Dam-yeon se sintió resentido consigo mismo.
“Lo lamento….”
Dam-yeon, limpiando la frente de Heui-yeon húmeda por el sudor, palpó con cuidado la mejilla del niño que se encontraba encendida de rojo por la fiebre.
“Permaneceré a su lado hasta que el Príncipe Heredero se cure por entero. Por lo tanto, no es necesario que se preocupe.”
“¿Es eso cierto?…?”
“Sí, mi niño. Yo estaré al lado, por lo que no se preocupe.”
Dam-yeon, apartándole el cabello húmedo por el sudor, sujetó la mano del niño con fuerza. Ante ese tacto, Heui-yeon cerró los ojos apoyando el rostro en el regazo de Dam-yeon.
No es que creyera en los dioses, mas únicamente en ese instante lo suplicó con desesperación. Que por favor hicieran curar al niño, que lo hicieran sonreír saludablemente de nuevo.
Esa noche, Dam-yeon protegió el lado del niño orando, sin pegar un solo ojo ni por un instante.
Aun transcurriendo varios días, Dam-yeon no se apartó del lado del Príncipe Heredero. Le daba de comer el alimento en persona, y le daba de beber la amarga medicina apaciguándolo. Cada vez que Heui-yeon lo buscaba en medio de los accesos de fiebre, sujetaba la mano del niño con fuerza sin soltarla ni por un momento.
¿Habrá sido gracias a esa alma? La fiebre disminuyó paulatinamente, y la mejilla que se había encendido de rojo también recuperó su color original poco a poco.
A pesar de ello, Dam-yeon cuidó del niño con esmero incluso reduciendo las horas de sueño. Sin embargo, la dama de la corte Yun, que vigilaba su figura al no poder tragar adecuadamente ni un sorbo de agua ni una cucharada de alimento por su propia cuenta, despegó los labios con cuidado:
“Madre. Por favor tome lo que sea. ¿Acaso el Príncipe Heredero no manifiesta ya una mejoría?”
“Sin embargo, qué pasaré si el Príncipe Heredero me busca de nuevo. Al ser todavía tan pequeño… yo, quien soy su madre, debo permanecer a su lado.”
“Sin embargo, si de continuar así la madre también termina desmayándose, quién habrá de cuidar del Príncipe Heredero.”
Aun cuando restaba únicamente una ligera fiebre, el Príncipe Heredero se encontraba saludable. Su rostro profundamente dormido también lucía un tanto más cómodo, mas a Dam-yeon le quedaba grabado en el corazón el hecho de no haber podido estar a su lado cuando el Príncipe Heredero lo buscaba herido por la enfermedad, por lo que no conseguía abandonar el sitio con facilidad.
Fue en ese momento.
“Has estado aquí otra vez.”
Junto con una voz baja, la puerta se abrió y el Emperador hizo su ingreso. Él, tras recorrer el interior de la habitación con la mirada, frunció el entrecejo al contemplar la pequeña mesa que se encontraba abandonada a solas.
“De continuar así, tú has de terminar desmayándote. ¿Acaso hoy tampoco has tomado nada?”
“Este concubino se encuentra bien.”
El rostro del Emperador se ensombreció. Él, contemplando a los sirvientes del palacio con un rostro gélido, despegó los labios:
“Qué es lo que hacían ustedes de todos modos, sin detener a la Emperatriz aun viendo que no toma los alimentos desde hace varios días.”
“Su Majestad, estos niños no poseen delito alguno. Simplemente no he podido comer al no disponer de apetito.”
“Emperatriz.”
El Emperador despegó los lips contemplando a Dam-yeon con un rostro firme.
“Si el Príncipe Heredero te preocupa de esa manera, el emperador se quedará cuidando de él.”
“…¿Qué?”
“Por lo tanto, tú ve a comer lo que sea. Me preocupa que de continuar así las carnes disminuyan al punto de desaparecer.”
El Emperador, que acarició la mejilla demacrada, giró la cabeza hacia la dama de la corte Yun.
“Qué es lo que haces. Sin escoltar a la Emperatriz.”
Ante un tono firme, la dama de la corte Yun inclinó la cabeza y al punto guió a Dam-yeon tal como si lo sostuviera. En cuanto él, que abandonó el sitio no teniendo más remedio ante la orden del Emperador, salió de la habitación, el interior se tornó silencioso al instante.
En medio de la habitación donde flotaba el tenue aroma de la medicina herbolaria, el Emperador despegó los lips:
“Príncipe Heredero.”
Ante el llamado del Emperador, los párpados del Príncipe Heredero, que mantenía los ojos cerrados, temblaron sutilmente. El Emperador, tal como si supiera que así sería, frunció el entrecejo y habló de nuevo:
“Ya estoy enterado por boca del médico imperial de la noticia de que te has curado por entero.”
“Pa, padre imperial, este hijo….”
Recién entonces Heui-yeon, que se levantó de su asiento, arrastró el final de sus palabras examinando el semblante de su progenitor.
“¿Es que acaso no ves que tu madre pasa por penalidades por causa tuya? Qué muchacho tan sumamente impío.”
Sin embargo, le agradaba el que Dam-yeon no se apartara de su lado. Le agradaba enormemente ese tiempo en que le sujetaba la mano durante toda la noche, le daba de beber la medicina y le limpiaba la frente.
El tacto de su madre imperial era cálido, y deseaba sentir esa calidez durante un tiempo aún mayor.
“¿Acaso sabes que la Emperatriz derramó sangre de la nariz durante la noche anterior?”
“¿Mi madre imperial?”
Heui-yeon levantó la cabeza de golpe agrandando sus ojos sorprendido. Su figura desprovista de energía de hace un momento no se encontraba por ninguna parte.
“Tu madre es por naturaleza una persona que posee un cuerpo débil. ¿Acaso ignoras que es propensa a perder la energía especialmente si se salta las comidas?”
El Emperador exhaló un profundo suspiro. Aunque se decía que era maduro, todavía constituía un niño pequeño. Al ver que simulaba encontrarse enfermo de esta manera debido a que le agradaba el tacto de su madre.
Comprendía el corazón de Heui-yeon, mas no podía tolerar por más tiempo el que Dam-yeon cometiera un exceso.
El Emperador habló contemplando al Príncipe Heredero, a quien se le habían bajado los ánimos de golpe al percatarse de que había obrado mal:
“Si te curas por entero y muestras una figura vigorosa, te permitiré contemplar a la banda de música folclórica junto con la Emperatriz.”
“¿Es eso cierto?”
“Sí. Te lo prometo.”
“¡Este hijo se ha curado por entero! ¡Siento como si me hubiera curado por completo, Su Majestad!”
Heui-yeon comenzó a dar brincos en su asiento de par en par agrandando los ojos ante las palabras de la banda de música folclórica. Al ver su figura complacida, la comisura de los lips del Emperador se elevó sutilmente.
“¡Iré a decírselo a mi madre imperial también! Que este hijo se ha curado por entero. ¡Le diré que ya no me encuentro herido por la enfermedad!”
El niño pretendió salir por fuera de la puerta sin vestirse la ropa de manera adecuada. El Emperador, que sujetó la nuca de un muchacho que se asemejaba a un pequeño potro, habló contrayendo el entrecejo:
“A dónde vas.”
“¡Debo decírselo a mi madre imperial!”
“Fuu. Dado que la Emperatriz ha ido a tomar el alimento ahora, no lo molestes. Y sabe que si vuelves a comprar la preocupación de la Emperatriz con un asunto como este, recibirás un gran regaño.”
Cómo es que se asemejaría a él incluso en algo como esto. El Emperador no lo demostró, mas presionó repetidamente su entrecejo arrugado ante la acción de Heui-yeon, quien se asemejaba exactamente a él.
* * *
“¡Madre imperial! Se trata de la banda de música folclórica. ¡La banda de música folclórica ha arribado!”
“Sí, Príncipe Heredero. Su Majestad ha convocado a la banda de música folclórica para celebrar el que el Príncipe Heredero se ha restablecido por entero de la enfermedad, ¿no es así?”
Dam-yeon dibujó una suave sonrisa al ver al Príncipe Heredero correr de manera vigorosa, habiéndose levantado por completo de su lecho de enfermo.
“Es una fortuna que el Príncipe Heredero parezca haber recuperado la salud.”
“Por lo general, los niños que han nacido poseyendo los ojos dorados no son propensos a sufrir gravemente por la enfermedad. Las dolencias fingidas del Príncipe Heredero fueron severas.”
El Emperador habló contemplando a Heui-yeon, quien corría de un lado a otro sosteniendo la mano del eunuco interno Bak.
“Aun así, el hecho de que el Príncipe Heredero se encontraba herido por la enfermedad constituía una realidad, sabe.”
Dam-yeon expulsó un profundo suspiro tal como si recién ahora pudiera desprenderse de una preocupación. El Emperador contempló ese perfil de Dam-yeon. Su figura protegiendo el lado de su hijo durante la totalidad de los varios días en que el Príncipe Heredero padeció por el resfriado con fiebre se le aparecía ante los ojos.
Ante las palabras de que su hijo se encontraba enfermo, Dam-yeon fue alguien que ni siquiera pudo tomar los alimentos de manera adecuada y pasó las noches en vela con los ojos abiertos. Aun permaneciendo a su lado la pasaba con tanto sufrimiento, por lo que, cuánto más habría entregado su alma en los tiempos en que no conseguía ver al niño; era algo que se podía saber sin necesidad de contemplarlo con los ojos.
“¿Es que acaso cuando este siervo se encontraba enfermo también sufrías de esa manera a solas?”
“…Al decirse que un hijo se encuentra enfermo, en qué lugar habría un progenitor que posea un corazón cómodo.”
Dam-yeon se sumergió en sus pensamientos por un momento. Evocó los días pasados en que, añorando al niño cada jornada, sufría a solas en los días en que por un azar llegaba a sus oídos la noticia de que el niño se encontraba herido por la enfermedad. La mirada de Dam-yeon se nubló por un instante. El Emperador, al ver que la tristeza se impregnaba en sus grandes ojos, frunció el entrecejo:
“Este siervo ha pronunciado unas palabras en vano.”
“No es así.”
“Con todo, no te preocupes. Dado que este siervo no posee ningún sitio herido por la enfermedad, ni existirá asunto por el que deba enfermar.”
Tal como sus palabras lo indicaban, el Emperador lucía sumamente fuerte y saludable. Dam-yeon vaciló por un momento al ver al Emperador extenderle la mano, mas al punto extendió la suya. Por sobre las palmas que se entrelazaron con firmeza, la cálida temperatura del Emperador se transmitió.
“¡Madre imperial! ¡Padre imperial! ¡Vengan de prisa! ¡De continuar así, el sol se habrá de poner por entero!”
El Príncipe Heredero, que corría primero, exclamó girando el rostro con un semblante radiante. Acto seguido, al contemplar las manos que ellos dos mantenían entrelazadas, albergó una sonrisa colmada de travesura:
“¡Dado que este hijo posee un corazón apremiante, se adelantará junto con el eunuco interno Bak! ¡Que mi padre imperial venga despacio junto con mi madre imperial!”
Al tiempo que hacía aquello, la intención del Príncipe Heredero al enviarle una mirada al Emperador era evidente. Un inocente Dam-yeon no se percató en lo absoluto, mas el Emperador, advirtiendo aquello, soltó una carcajada.
“¿Su Majestad?”
“No es nada. Únicamente se debe a que me complace el que Heui-yeon se haya curado por entero.”
“Aquello, este siervo… ah, este concubino también se halla de esa misma manera.”
“Así es. Siendo así, marchemos nosotros despacio.”
“¿Qué?”
“El Príncipe Heredero es verdaderamente inteligente. ¿Acaso no es que nos ha cedido el sitio para que pasemos un tiempo a solas entre los dos?”
“…Ah.”
Recién entonces Dam-yeon, que comprendió las palabras del Príncipe Heredero, encendió su rostro de rojo tal como una manzana bien madura. Sintiéndose tal como si hubiera sido descubierto por el niño, el calor le ascendió hasta el extremo de las orejas. Sin embargo, el paso de Dam-yeon también comenzó a volverse un tanto más lento siguiendo al Emperador.
Al arribar al gran patio donde la banda de música folclórica se encontraba dispuesta, el Príncipe Heredero, que había corrido primero, los recibió con un rostro colmado de entusiasmo. En cuanto ellos tres se sentaron en sus asientos, los hombres robustos que cargaban los tambores por sobre los hombros comenzaron a hacer resonar un sonido pesado y profundo, dung, dung.
Ante la majestuosa resonancia, los ojos de Heui-yeon brillaron de manera intermitente.
“¡Madre imperial! ¡Aparece el león! ¡Es el león!”
En el sitio que Heui-yeon señalaba con la punta del dedo, la danza del león, portando una máscara de león de un tinte dorado, hacía su aparición. La danza del león de la banda de música folclórica constituía la función que a Heui-yeon le agradaba en mayor medida.
Heui-yeon soltó una carcajada ante los movimientos de su cuerpo que se desplazaba tal como si flotara, y su gran boca que tableteaba de arriba a abajo.
En cuanto el león se aproximó frente al Príncipe Heredero y gastó una broma sacudiendo la cabeza, Heui-yeon, complacido al punto de parecer ir a caerse de espaldas, le habló a Dam-yeon:
“¿Ha visto, madre imperial? Aquel león ha sonreído al contemplar a este hijo.”
“Sí, Príncipe Heredero. Parece ser que al león le agrada nuestro Príncipe Heredero sobremanera.”
Posterior a ello, en cuanto el león se retiró hacia la parte trasera, el grueso ritmo del janggu continuó. El músico del janggu elevó el ritmo agitando la baqueta con fuerza. Junto con aquello, el kkwenggwari y el jing resonaron de manera simultánea.
Esa resonancia colmó la totalidad del patio por entero, filtrándose la vibración hasta el interior del pecho. Dam-yeon, moviendo la punta de sus dedos sin percatarse de ello por sí mismo, contempló a la banda de música folclórica con unos ojos que se asemejaban exactamente a los de su hijo. El Emperador, que vigiló esa figura, dibujó una silenciosa sonrisa.
Constituía un tiempo que permanecería grabado en la memoria de todos durante largo tiempo.
.
.
“Su Majestad. ¿Es que corresponde que este concubino lo estreche ahora?”
“Está bien. Para que tú lo estreches, el Príncipe Heredero ya se encuentra notablemente pesado.”
El Emperador, que estrechó en su regazo a Heui-yeon, quien se había quedado dormido al punto tras haber jugado de manera divertida, acarició el cabello del niño con afecto.
“El día en que sea posible cargar de esta manera al Príncipe Heredero y deambular con él también habrá de desaparecer dentro de no mucho tiempo. Aunque si se trata de ti, quien eres su madre, podría ser diferente.”
El Emperador contempló hacia abajo al Príncipe Heredero con unos ojos afectuosos, tal como si aquello le resultara lamentable en su fuero interno.
“A pesar de ello, el Príncipe Heredero profesa un gran seguimiento para con Su Majestad.”
“No lo sé. En estos días, parece contemplarme simplemente como a un rival.”
“Ello se debe a que el Príncipe Heredero posee un gran afecto y es afectuoso. Al haber perdido este concubino los recuerdos, parece prestar una mayor atención.”
En cuanto Dam-yeon habló tal como si cobijara al Príncipe Heredero examinando el semblante del Emperador, el Emperador despegó los labios sonriendo:
“No es necesario que lo expreses de esa manera de manera forzosa. Debido a que incluso antes de que perdieras los recuerdos, te profesaba un mayor seguimiento a ti que a mí. Con todo, consideré que el Príncipe Heredero podría pasar por dificultades al existir aquel accidente, por lo que es una fortuna que permanezca de manera vigorosa.”
“…Sí. El Príncipe Heredero es verdaderamente loable.”
El niño al que había vigilado durante este tiempo era un niño vigoroso, que poseía una gran madurez y un profundo afecto. Dam-yeon contempló con ojos amorosos al Príncipe Heredero, que se encontraba dormido en el regazo del Emperador.
Al poco tiempo, los sirvientes del palacio del Palacio del Este se llevaron al Príncipe Heredero con cuidado, y el Emperador trasladó sus pasos hacia los aposentos de Dam-yeon de manera natural.
“Prepararé el agua para el baño.”
La dama de la corte Yun se retiró presentando sus respetos. Dado que las demás sirvientas del palacio asimismo se retiraron en silencio, dentro de la habitación quedaron únicamente el Emperador y él a solas. Dam-yeon despegó los labios primero en medio de un silencio incómodo:
“Al deber encontrarse fatigado, sería mejor que Su Majestad se lavara primero.”
“No es así. Lávate tú primero. ¿Acaso no toma largo tiempo el secar el cabello?”
“No es así. Este concubino se encuentra bien.”
En medio de las palabras donde el uno brindaba consideraciones para con el otro, en el preciso instante en que Dam-yeon se levantaba para disponer la ropa de recambio del Emperador, el Emperador sujetó la muñeca de Dam-yeon en silencio.
“Entonces, ¿qué tal si nos lavamos juntos?”
“…¿Qué?”
“He dicho que nos lavemos juntos.”
Dam-yeon no consiguió cerrar la boca ante un modo de hablar que era imperturbable y un tanto colmado de travesura. Dam-yeon intentó girar la cabeza encendiendo su rostro de rojo de manera tardía, mas el Emperador le sujetó el rostro antes de que aquello ocurriera.
“¿Acaso el día de hoy también no corresponde que recuperes los recuerdos?”
Se trataba de unas palabras donde las intenciones internas se traslucían con claridad, mas de manera extraña no le fue posible rechazarlo.
“¿Bien? Yeon.”
El corazón le latió ante el rostro que se aproximó de cerca. El Emperador inclinó su cuerpo hacia Dam-yeon, quien mantenía el rostro acalorado sin pronunciar palabra. Introduciendo sus brazos por debajo de sus rodillas, elevó su cuerpo en vilo a la ligera.
“¡Su, Majestad…! Los sirvientes del palacio….”
“No lo sé. A este siervo le asiste el pensamiento de que no han de mirar.”
El Emperador, que curvó la comisura de los lips sonriendo, abrió la puerta tal como se encontraba y se dirigió hacia el cuarto de baño.
Tal como las palabras del Emperador lo indicaban, no se topó con los sirvientes del palacio en la totalidad del trayecto por el que marchaba. Al arribar al cuarto de baño, la disposición para el baño ya se encontraba pulcramente realizada. Dam-yeon contempló al Emperador con un rostro desconcertado.
“¿Acaso las palabras de este siervo no estaban en lo correcto? Aun cuando te dije que no nos toparíamos con nadie.”
Aquellos que resistían en el palacio imperial basándose únicamente en el examen de los semblantes no podían ignorar el cómo el Emperador contemplaba a Dam-yeon. El Emperador soltó una sonrisa y desató el lazo de la ropa de Dam-yeon, quien se encontraba de pie de manera absorta.
“Ah….”
La suave ropa de seda descendió tal como si se deslizara por sobre la piel. Cada vez que el cuello de la ropa era despojado, los hombros de Dam-yeon temblaban sutilmente.
“No te tenses.”
La voz grave del Emperador resonó en voz baja. Dam-yeon cerró los ojos con cuidado. En cuanto desató incluso la última prenda interior restante despacio, una hermosa piel se reveló por debajo de la tenue luz de la luna.
El cuerpo que había recibido el amor durante largo tiempo e incluso había dado a luz a un hijo había cambiado en gran medida en comparación con el pasado. El Emperador, estrechando la esbelta cintura, se adentró en el interior de la bañera llevando a Dam-yeon consigo.
En cuanto el agua cálida empapó el cuerpo, los hombros que se encontraban tensos descendieron poco a poco.
“Has pasado por grandes penalidades durante este tiempo.”
La punta de los dedos del Emperador acarició el dorso con cuidado. El Emperador asimismo atendía los asuntos de estado durante el día, y durante la noche trasladaba sus pasos hacia el Palacio del Este para proteger el lado del niño. Al ver al Emperador, quien habría pasado por un sufrimiento el doble de pesado que el suyo, Dam-yeon despegó los labios:
“¿No es que Su Majestad ha pasado por mayores penalidades que yo?”
“Dado que ese constituye el deber de este siervo, ¿no es algo natural?”
Su voz era serena, mas la sinceridad depositada en su interior era cálida y firme. Dam-yeon contempló al Emperador percatándose una vez más de golpe de que él constituía una persona en la que le era dado creer y apoyarse.
“…Su Majestad.”
El Emperador, sonriendo, depositó un beso por sobre el hombro de Dam-yeon, quien se encontraba sentado por sobre sus muslos. Jjok, jjok, Dam-yeon expulsó un tenue aliento ante los labios que descendían recorriendo la nuca. La mano del Emperador, que mantenía la cintura estrechada, ascendió poco a poco y tomó en su mano las carnes del pecho que se habían elevado de manera mullida.
“Heu, ugh…. ¡Su Majestad!…”
Dam-yeon enderezó la cintura de prisa y llamó al Emperador. El Emperador, al verlo morderse los lips conteniendo un gemido con una voz húmeda, sujetó la esbelta cintura y giró su cuerpo.
“Ah, ugh….”
Dam-yeon, cuyo rostro se había encendido de rojo por el calor, pataleó con las piernas presa del desconcierto. El Emperador, que descendió la mirada contemplando el pene de este, habló sonriendo:
“¿Es que ya se ha erigido?”
“…S, sin embargo.”
“Así es. Fui yo quien ha puesto tu cuerpo de esta manera.”
Dam-yeon pareció ignorarlo, mas su aroma de celo se percibía con mayor fuerza. Podría significar que el período de complacencia de Dam-yeon no se encontraba lejos, mas a la inversa, asimismo significaba que el período de fiebre de celo del Emperador se aproximaba.
Dado que no había transcurrido largo tiempo desde que el período de complacencia de Dam-yeon finalizara, para esta oportunidad el último caso era el correcto. El Emperador inclinó la cabeza ante el denso aroma a flores que se percibía desde la piel húmeda. El aroma corporal de Dam-yeon, que por el día de hoy resultaba aún más estimulante, lo hacía enloquecer. El Emperador depositó un beso lamiendo la nuca de Dam-yeon y mordisqueando las tiernas carnes.
“ugh…. Su Majestad. Un momento….”
El Emperador, que lo estimulaba frotando el pezón con la punta de los dedos, inclinó la cabeza aún más abajo tomando el pecho en su boca. Ante la fuerza con la que succionaba el pecho con una firme presión, la cintura de Dam-yeon tembló finamente. La punta de sus pies se contrajo ante la sensación de hincar los dientes mordisqueando las carnes del pecho y frotando con la lengua el pezón lastimado.
“Ah, ugh. ugh….”
Por instinto, el cuerpo se le acaloró. El tacto que empujaba los firmes hombros en algún momento lo atrajo hacia sí, y Dam-yeon frotó su propio pene por sobre los muslos del Emperador.
“Ah, ugh…….”
El Emperador, que apartó la boca del pecho y succionó tragándose el pecho del lado opuesto de igual manera y con obstinación, levantó la cabeza.
“Haa. Yeon.”
“ugh…. Su Majestad.”
Manteniendo una mirada tan ardiente como el calor de la bañera dirigida el uno hacia el otro, el Emperador sujetó las nalgas de Dam-yeon con fuerza. El Emperador, que apretaba los dientes frotando su propio pene entre las nalgas abiertas, elevó a Dam-yeon en vilo tal como si no pudiera tolerarlo por más tiempo.
“ugh, ah, Su Majestad. Demasiado….”
La humedad del cuerpo mojado cayó por sobre el suelo. Dam-yeon llamó al Emperador con un aliento desordenado, mas tal como si la razón ya se hubiera esfumado, la mirada de él se encontraba dirigida hacia el lecho.
Cada vez que el Emperador despegaba los pasos, el pene viril que golpeaba las nalgas, tuk, tuk, se encontraba inflado hasta un punto amenazante. A pesar de haber contemplado el pene de él ya en varias ocasiones, el cuerpo se le tensó.
“¡Ah, ugh…!”
El Emperador, que recostó a Dam-yeon por sobre las mantas, abrió sus piernas en línea recta al punto y lamió la entrada. Introduciendo la lengua hacia el estrecho interior, succionó la húmeda entrada, jjop, jjop. Frotando la punta de la lengua por sobre la húmeda pared interna, introdujo el dedo entre la entrada abierta.
“ugh….”
La cintura se le curvó de manera esbelta. Ante la sensación que percibía cada vez que la mano del Emperador entraba en contacto, Dam-yeon se mordió los lips intentando contener el gemido.
“Shh. No contengas el sonido.”
“Heu….”
“¿Acaso no sabes que me agrada tu voz?”
El Emperador susurró ensanchando el interior de la entrada poco a poco. El aliento que entraba en contacto con sus muslos le causaba demasiadas cosquillas. La entrada de Dam-yeon se tragaba el dedo del Emperador contrayéndose repetidamente, y la pared interna comenzó a humedecerse de manera paulatina con una fragancia dulce.
El límite de la paciencia arribó. El Emperador, frotando el sitio que sobresalía con un toque de la punta del dedo, tomó su propio pene viril en su mano.
De introducirlo en el interior en este estado, las tiernas carnes habrían de terminar desgarrándose. Su mano, habiendo juzgado que era mejor eyacular por una vez por lo pronto, sacudió el pene viril de manera ruda.
“Haa. Huu…. Yeon.”
De manera irregular, el pene viril del Emperador se encontraba erecto al punto de que las venas se alzaban. Dam-yeon, moviendo la cintura con contracciones ante el estímulo que percibía en el cuerpo, contempló al Emperador que se masturbaba fijando la vista en él. Una mirada ardiente, tal como si lo deseara con unos ojos colmados de lascivia, se incrustó en sus dos ojos de golpe.
Al vigilar esa figura, un dolor de cabeza se precipitó de nuevo.
“ugh….”
En ese instante, evocó el día en que mantuvo relaciones con el Emperador por primera vez. Los recuerdos en que, con el cuerpo acalorado por el período de complacencia, se aferraba al Emperador suplicándole pasaron frente a sus ojos cruzando de manera veloz.
“¡Ah…!”
No se trató únicamente de aquello. En el Estanque Cheonghwa, así como en el lecho del Emperador y en el Palacio Yuhwa. Dam-yeon enderezó la cintura por completo ante los recuerdos que continuaban cruzando de manera veloz. El Emperador y él dentro de sus recuerdos se deseaban el uno al otro de manera intensa combinando sus cuerpos.
Algo fluyó desde el interior de Dam-yeon con vehemencia. Una fragancia dulce, tal como si se hubiera fabricado derritiendo la miel, se esparció. El Emperador apretó los dientes con fuerza ante el flujo lúbrico que humedecía hasta por debajo de su muñeca.
La entrada que se encogía y apretaba tal como si le pidiera que lo introdujera pronto colmó la totalidad de su campo visual. El Emperador, sacudiendo el pene viril con una mayor velocidad y fuerza, expulsó el líquido seminal al poco tiempo.
“Yeon.”
El Emperador, que retiró la mano desde la entrada, llamó a Dam-yeon. Comprendió qué significado entrañaba la razón por la que él lo llamaba. Él vaciló por un momento, mas al punto se aferró al cuello del Emperador.
No es que los recuerdos hubieran retornado por entero. Sin embargo, poco a poco, dentro de los recuerdos que emergían de manera fragmentaria, indudablemente el Emperador y él eran amantes. Y se amaban el uno al otro deseándose de manera intensa.
Las palabras del Emperador, relativas a que tras conocerlo lo había amado únicamente a él durante toda la vida, no constituían una mentira, y el tiempo pasado junto con él era por entero una sinceridad. Todavía no le resultaba posible creer el hecho de haberse convertido en cónyuge del Emperador, quien era su hijo, y le temía a que alguien llegara a enterarse, mas ahora debía admitirlo.
El Emperador constituía para sí un hijo amado, así como un amante. Dam-yeon, habiendo admitido aquello, relajó la fuerza de su cuerpo al percibir el pene del Emperador que se adentraba en su propio interior.
“Heu…. ugh.”
El estrecho interior apretó tal como si fuera a cortar el pene viril. A pesar de haber concluido ya una eyaculación por una vez para una relación sexual que acontecía después de demasiado tiempo, la raíz del pene se encontraba inflada tal como si fuera a estallar.
El Emperador movió la cintura despacio tal como si labrara un camino en el estrecho interior. El húmedo interior humedeció el pene viril poco a poco, y la entrada comenzó a ensancharse. El Emperador se colmó de una sensación de satisfacción al ver que la parte baja, que se abría por completo sin una sola arruga, apretaba su propio pene sosteniéndolo.
Sintió tal como si colmara el interior de este por entero con lo suyo. El Emperador, moviendo la cintura despacio hasta la parte más interna, introdujo el extremo de la cabeza apuntando hacia el sitio familiar.
“¡Ah, ugh!”
En cuanto el bálano presionó con fuerza por sobre la próstata, Dam-yeon emitió un gemido retorciendo la cintura. El interior, que se había derretido de manera pastosa, apretaba el tallo del pene de manera ceñida.
Anclando sus brazos en un sitio del que no le era dado escapar, el cuerpo que se encontraba sujeto por unos brazos enormes dejó escapar gemidos encendidos.
“ugh, ah, despacio…. Su Majestad. Deténgase….”
Sosteniendo los brazos del Emperador, Dam-yeon derramó lágrimas derretidas por la excitación. Ante el rostro que lo contemplaba hacia arriba con ojos húmedos, la mirada del Emperador se tornó suave en un instante. Él, manteniendo los lips de Dam-yeon contenidos, introdujo la lengua hacia el interior de la boca.
A diferencia del hecho de besar con suavidad frotando el interior con la punta de la lengua, su parte inferior revolvió el interior de Dam-yeon de manera violenta.
Peok, peok, el sonido del choque de las entrepiernas que entraban en contacto resonó dentro de la habitación, y Dam-yeon jadeó con un aliento apurado. Sintiéndose tal como si el cuerpo fuera a derretirse ante el pene viril que oprimía de manera obstinada únicamente el sitio en el que experimentaba el placer, la saliva descendió entre los lips abiertos. El Emperador limpió los labios húmedos de Dam-yeon sonriendo:
“ugh. Su Majestad…. Ah, es demasiado rápido. Heu, ugh….”
“¿Acaso no es algo que ocurre después de largo tiempo? Esto es algo que tú debes comprender. ¿Bien?”
“ught, ah, aun así, ah, ugh….”
Dam-yeon estrechó el cuello del Emperador con fuerza retorciendo la cintura. Pareció ignorar que a medida que hacía aquello, a él le daban deseos de atormentarlo aún más. El Emperador, manteniendo el esbelto cuerpo estrechado con fuerza, introdujo la raíz del pene de manera aún más profunda abriendo las nalgas.
“Ah, un momento. Ya. ugh….”
A pesar de no haber acariciado la parte delantera, el clímax de Dam-yeon se aproximó frente a sus ojos. La caliente pared interna se contraía apretando el pene viril con fuerza, y el interior comenzó a temblar tal como si sufriera un espasmo.
“Yeon.”
“ugh, ah, un error, ugh, Su Majestad, este concubino. Aueu….”
Ante el violento estímulo, Dam-yeon soltó un gemido estrechando la espalda del Emperador con fuerza. Al Emperador asimismo se le precipitó la sensación de eyaculación ante el interior que le daba mordiscos a lo suyo firmemente. La parte inferior que se había convertido en una sola pieza sin un solo espacio vacío resonó con fuerza, y él, habiendo introducido la cabeza del pene hasta la entrada del colon, mordió el cuello de Dam-yeon.
“¡ugh, ah, ugh…!”
Un gemido dulce humedeció el contorno del oído del Emperador. El líquido seminal que fluyó hacia el interior del pequeño vientre humedeció la pared interna. Dam-yeon, que arribó al clímax recibiendo lo del Emperador, dejó escapar una respiración ruda.
“Haa. Ha….”
El cuerpo y el cabello húmedos por el sudor y el agua se encontraban desordenados de mala manera. Dam-yeon contempló al Emperador de manera absorta con un rostro fatigado. El Emperador, depositando un beso por sobre los párpados que lo contemplaban hacia arriba con unos ojos abiertos de manera brumosa, lo estrechó en su regazo.
Había combinado el cuerpo con el Emperador. Verdaderamente con él, quien era su hijo…. Dam-yeon, que regulaba el aliento manteniendo el rostro enrojecido apoyado por sobre el pecho del Emperador, cerró los ojos ante el tacto que le apartaba el cabello.
“…Ah.”
En ese instante, algo firme se percibió por debajo. Dam-yeon, que abrió los ojos pensando que no podía ser, habló contemplando al Emperador que sonreía de par en par:
“A, no es así, ¿verdad, Su Majestad?”
“Dado que tú has de pasar por penalidades, limítate a estar recostado.”
“N, no puede ser. He quedado en encontrarme con el Príncipe Heredero el día de mañana para jugar al tuho (投壺)—”
“No me asiste el deseo de escuchar el nombre del Príncipe Heredero al tiempo que combino el cuerpo contigo.”
El Emperador, que descendió hacia la parte baja antes de darse cuenta, abrió las piernas de Dam-yeon de manera amplia. Frotando el extremo de la cabeza erecta por sobre la entrada húmeda, la introdujo hacia el interior poco a poco.
“¡Ah, ugh…!”
La entrada que se había relajado de manera pastosa ante una eyaculación previa cobijó al pene del Emperador con suavidad.
“Yeon. Me complace que este sitio parezca recordarme.”
El Emperador habló entre susurros manteniendo a Dam-yeon estrechado, sonriendo ante la parte baja donde el camino parecía haberse labrado de acuerdo con su propia forma. El cuerpo de Dam-yeon se acaloró de nuevo ante la voz ardiente que entraba en contacto con el contorno de su oído.
“ugh, Su Majestad….”
“Te amo, Yeon.”
Dam-yeon cerró los ojos ante el leve beso que entró en contacto con su mejilla. No es que le vinieran los recuerdos, mas de alguna manera le asistió el presentimiento de que el yo del pasado asimismo habría cedido de esta misma forma.
.
.
“Ueuhu….”
Todo el cuerpo le dolía al punto de no existir un solo sitio que no estuviera herido. Especialmente en las piernas no se introducía la fuerza, por lo que durante el trayecto en que marchó hasta el cuarto de baño debió recibir la asistencia del Emperador. Dam-yeon, que se adentró dentro del agua cálida y apoyó la cabeza por sobre el pecho del Emperador, dejó escapar un tenue gemido.
El Emperador le dio masajes a esas piernas y muslos de Dam-yeon de manera que no le doliera. En ese tacto se encontraba depositado un implícito significado sexual, mas Dam-yeon, quien ya se encontraba fatigado y había entregado su cuerpo al Emperador, no consiguió percatarse de ello. Ante la temperatura del agua que se enfriaba poco a poco, el Emperador sujetó las nalgas de Dam-yeon.
“¿Su Majestad…?”
“Corresponde retirar también lo que se ha introducido en el interior.”
El Emperador despegó los labios apaciguándolo para que Dam-yeon no se sobresaltara. Sin embargo, la expresión de Dam-yeon tras escuchar esas palabras no fue buena. Él se mordió el labio inferior con fuerza y despegó los labios:
“Sin embargo….”
“¿Sin embargo?”
Dam-yeon, que movió los lips vacilando, descendió la mirada hacia la parte baja y despegó los labios:
“…No es que este concubino constituya un mancebo de un prostíbulo.”
¿Acaso habría un mancebo al que el Emperador en persona le extrajera el fluido lúbrico? El Emperador soltó una sonrisa y amasó las nalgas de Dam-yeon de manera que no le doliera.
“Ue, ugh….”
“Parece ser que no recuerdas bien este asunto. Cuando tú concebiste a Heui-yeon pasaste por grandes penalidades. Por esa causa, se decidió no volver a procrear un hijo.”
A decir verdad, de obrar de acuerdo con lo original, no debió haber realizado la inserción, mas no restaba una paciencia con la que le fuera dado contener incluso aquello. El Emperador, que contempló el vientre enjuto de Dam-yeon fijamente, abrió la entrada con cuidado e introdujo el dedo.
Dado que no había realizado el nudo, estaría bien, mas no existía necesidad de que fuera malo ser precavido ante un asunto que pudiera ignorarse. En cuanto introdujo el dedo ensanchando la entrada despacio, Dam-yeon inspiró el aliento, ¡hueup!, e introdujo fuerza en la parte inferior.
“Debes relajar la fuerza.”
“Si relajo la fuerza, el a, agua se adentrará hacia el interior, por lo que….”
Dam-yeon sujetó la mano del Emperador con el rostro encendido de rojo.
“Simplemente este concubino lo, hará.”
El Emperador sujetó a Dam-yeon, quien giraba el cuerpo tal como si se encontrara desconcertado, e hizo que se apoyara contra la pared.
“Su Majestad….”
“Incluso habiendo tomado y lamido, qué es lo que constituye un problema.”
El Emperador, vigilando la figura posterior de Dam-yeon cuyo torso hasta la parte baja de la espalda se había encendido por entero de rojo, raspó el interior despacio. El líquido seminal que se encontraba adherido a la pared interna cayó hacia la parte baja.
“ugh…. ”
Cada vez que el líquido seminal caía por sobre la superficie del agua, tuduk, Dam-yeon emitía un gemido. Al ver la entrada que le daba mordiscos a su propio dedo con firmeza ante la humillación, la fuerza se introdujo en su parte inferior una vez más, mas al saber que un exceso por sobre aquello constituía una imprudencia, le extrajo el líquido seminal con velocidad.
Habiendo concluido de lavar el cuerpo, trasladaron el sitio hacia el lecho de nuevo. El Emperador le secó el cabello a Dam-yeon, el cual se encontraba densamente teñido al haber absorbido el agua. El Emperador, que acariciaba el cabello con un tacto cuidadoso para que no se enredara, cruzó la mirada con Dam-yeon, quien lo contemplaba fijamente.
“¿Es que posees algunas palabras que pronunciar?”
“…No es así.”
Indudablemente se trataba de un rostro que parecía poseer palabras que pronunciar, mas elucubrando quién sabe qué pensamiento, Dam-yeon mantuvo los lips firmemente cerrados. El Emperador intentó preguntar un tanto más, mas al ver a Dam-yeon cerrar los ojos tal como si se encontrara fatigado, no consiguió despegar más los labios.
La actitud sutil de Dam-yeon le dejó cierta sensación de incomodidad. Sin embargo, el Emperador, considerándolo como un asunto de poca monta, se recostó en el lecho junto con él.
Y en la avanzada madrugada, Dam-yeon abrió los ojos escuchando la respiración serena del Emperador. Por el otro lado de la ventana, la pálida luz de la luna iluminaba el rostro del Emperador.
Y Dam-yeon, que enderezó el cuerpo contemplando a un Emperador como ese, exhaló un suspiro manteniendo su cabeza palpitante sujeta.
“Fuu….”
Los recuerdos habían retornado casi por entero. Desde el hecho de que el Emperador lo había evitado antes de que aconteciera el accidente, hasta aquel día en que disputó con él.
Consideró si acaso el corazón de él con respecto a su persona habría cambiado, mas al contemplar el afecto que el Emperador le había demostrado durante el tiempo en que perdió los recuerdos, no se trataba de aquello.
Al final, la razón por la que el Emperador pretendía interponer una distancia se debía a que temía que él concibiera un hijo en su vientre.
Al contemplarlo en momentos como estos, constituía un Emperador verdaderamente temeroso. A diferencia de los demás emperadores, el Emperador, quien siempre se apostaba en la vanguardia en las guerras, era una persona que se convertía en una amenaza y en un temor para los enemigos.
Un Emperador como ese se volvía temeroso en lo tocante a su persona. El que esto asimismo constituyera una preocupación excesiva nacida de su propia ausencia durante el tiempo en que fue tierno de edad, le volvió el corazón pesado.
Dam-yeon exhaló un profundo aliento acariciando la mejilla del Emperador con cuidado. De enterarse de que había recuperado los recuerdos, el Emperador de seguro volvería a evitarlo. Dam-yeon no deseaba aquello.
Dam-yeon, que se sumergió en sus pensamientos mordisqueando sus lips, agrandó los ojos tal como si hubiera evocado algo al percibir el aroma de celo que se filtraba de manera tenue desde el Emperador que se encontraba dormido.
Pensándolo bien, desde hacía varios días se percibía desde el Emperador un aroma de celo de un tinte más denso que el ordinario. Hasta este momento no lo había sabido al no encontrarse sus recuerdos íntegros, mas esto indudablemente significaba que el período de fiebre de celo del Emperador no se encontraba lejano.
Al calcular el período de fiebre de celo del Emperador que pasaron juntos por última vez, le fue dado saber que coincidía con exactitud con el tiempo actual.
“Su Majestad. Parece ser que este concubino también posee una terquedad bastante severa.”
Si el Emperador se presentaba hasta este punto, habría sido propio dar un paso atrás, mas dentro de su corazón todavía permanecía de manera firme el pensamiento de desear infundirle un hermano al Príncipe Heredero.
Dam-yeon se recostó en el lecho en silencio, evocando el período de fiebre de celo del Emperador que se aproximaría dentro de no mucho tiempo.
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