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Kyusung, vestido con pantalones cortos y una campera inflable, dejó caer un huevo sobre el ramen que hervía desprendiendo un aroma picante. Se movía al ritmo de la música que salía de su celular, haciendo sonidos de instrumentos con la boca y, por si fuera poco, golpeaba con los palitos la olla sobre la cocina como si estuviera tocando la batería.

Mientras Kyusung preparaba ese almuerzo tardío con tanto ritmo, Seung-chan permanecía de pie apoyado contra la ventana, limitándose a fumar. Hoy también había pasado a buscar a su tía temprano por el mercado para llevarla al local y de ahí se fue directo a lo de Kyusung. Sin trabajo y matando el tiempo en la casa de su amigo que estaba sumergido en los videojuegos, no podía evitar rumiar lo que había pasado con Ju-won hacía unos días.

[¿Qué haces?]

Al recordar esos ojos que lo miraron fijamente cuando él se acercó con la intención de dejarlo en ridículo, Seung-chan chasqueó la lengua y frunció el ceño.

Siendo sincero, tenía que admitir que se sintió bien al besarlo. La sensación del beso, que al principio le pareció extraña y novedosa, resultó ser bastante adictiva, y con el paso de las horas no podía dejar de pensar en eso. Ese día, mientras ayudaba en el local antes de llevar a Ju-won al refugio, volvió a ver varias veces aquel video donde solo se veía una pantalla negra. Aunque solo se escuchaba el audio, le pareció erótico y le dieron ganas de volver a besarlo. Por eso lo había seguido hasta adentro del refugio, pero de haber sabido que terminaría pasando semejante vergüenza, no lo habría intentado.

“Mierda….”

Soltando un insulto junto con el humo del cigarrillo, Seung-chan miró hacia la distancia por la ventana con expresión sombría.

Aunque le daba vergüenza reconocerlo, su experiencia en el amor era casi nula. Cuando estaba en la secundaria, una chica un año mayor que él se le declaró y él aceptó sin pensar mucho; salieron solo esa vez. Pero como era la época en la que estaba más perdido en la vida, faltaba mucho a la escuela y, en ese intermedio, la chica desapareció. Según los rumores, la habían expulsado y trasladado de escuela. Kyusung, que fue testigo de cómo terminó ese primer romance sin pena ni gloria, le dijo que era una suerte que terminara así de rápido, porque si dos personas con personalidades tan difíciles andaban juntas, la cosa iba a terminar mal.

Después de eso, estuvo demasiado ocupado haciéndose el duro y metiéndose en peleas como para interesarse en cosas normales y cursis como el noviazgo. Así, mientras otros chicos de su edad saciaban su curiosidad hormonal de distintas maneras, Seung-chan no tuvo oportunidad de experimentar lo que era un acto sexual.

Es decir que, por más vergonzoso que fuera, su deseo de volver a besar a alguien era, en el fondo, igual al de un adolescente que acaba de descubrir el sexo. No es que le gustara la persona de sus fantasías eróticas, simplemente estaba fascinado con el acto en sí.

Quería experimentar más cosas eróticas.

Siguiendo su regla personal de no romper la yema, Kyusung removió los fideos con cuidado y giró la perilla de la cocina para apagar el fuego.

“¡Gye Seung-chan! ¡Ven a comer!”

Gritó Kyusung con fuerza mientras corría hacia el colchón cargando la olla con dos porciones de ramen. Seung-chan, tras aplastar la colilla dentro de una lata de cerveza que usaba como cenicero en el marco de la ventana, miró a su amigo dejar la olla con estrépito y dijo:

“Tenías que cocinar justo ramen, la puta madre.”

“Encima que te cocino, te quejás.”

“Ah, esta bien.”

Al ver el ramen, recordó el momento en que Ju-won ignoró su beso y se le quitó el apetito. En lugar de agarrar los palitos, Seung-chan se dejó caer sobre el colchón. Se acostó usando la almohada de Kyusung y, por costumbre, empezó a juguetear con el celular. Pronto, el sonido de lenguas entrelazándose empezó a salir del teléfono de Seung-chan.

Kyusung, que estaba por llevarse a la boca un gran bocado de fideos humeantes, frunció el ceño y miró a Seung-chan.

“Mierda, estoy comiendo y vos ponés esas porquerías de videos porno.”

“No es eso.”

“¿Qué no va a ser, pedazo de animal? Si se escucha clarito cómo se están dando con todo.”

Kyusung tiró los palitos dentro de la olla con fastidio. Recordó cuando estaban en la escuela y él le contaba sobre su primera vez con su novia; en ese entonces Seung-chan lo miraba con ojos de pescado muerto y le decía que cerrara el orto. Ahora, mirándolo de reojo con los ojos entrecerrados, Kyusung preguntó como quien no quiere la cosa:

“Eso… ¿qué es? ¿Qué tiene de especial para que lo vivas mirando?”

Levantándose despacio, Kyusung se acercó al colchón donde estaba acostado Seung-chan. Justo cuando se relamió los labios e intentó espiar la pantalla del celular, Seung-chan se sentó de golpe. Luego, miró a Kyusung y le preguntó:

“oye. ¿Querés que te invite el almuerzo?”

“¿Qué?”

“No comas este ramen de mierda, vamos afuera.”

“A mí me parece genial, pero… ¿a qué viene esta generosidad de repente?”

Seung-chan ignoró la mirada de sospecha de Kyusung y empezó a prepararse para salir a las apuradas. Al verlo entrar y salir del baño, Kyusung también abrió el ropero y se puso a pensar qué ponerse. Viendo cómo Seung-chan se arreglaba frente al espejo, estaba seguro de que, fuera lo que fuera que tuviera en mente, iban a ir a un buen lugar. Kyusung lo imitó acomodándose el pelo, se guiñó un ojo al espejo y soltó un silbido.

Sin embargo, la cara de alegría que traía Kyusung al salir de casa se transformó en una mueca de disgusto al ver el plato de arroz salteado con kimchi. Miró a la gente que caminaba con bandejas de comida, apoyó los brazos sobre la mesa larga y le susurró a Seung-chan, que ya estaba comiendo sentado a su lado:

“Este es el lugar donde estabas cubriendo mi puesto y te echaron, ¿no?”

“Sí.”

Seung-chan respondió con naturalidad mientras masticaba una raíz de loto en conserva. Al ver la evidente decepción de Kyusung, quien seguramente esperaba otra cosa, Seung-chan soltó una risita y recorrió rápidamente el salón con la mirada. Pensó que Ju-won estaría trabajando en el buffet a esta hora, pero por alguna razón no veía su rostro melancólico por ningún lado.

¿Habrá renunciado?

Justo cuando Seung-chan iba a bajar la vista, Ju-won salió tras descorrer una cortina en un rincón del salón. Detrás de esa cortina había un pequeño depósito que servía de sala de descanso y conectaba con el pasillo de empleados. Ju-won, vestido con la camisa negra del uniforme, se abotonó el cuello y se paró junto a los otros empleados que esperaban para retirar los platos.

“…… Ja.”

Seung-chan soltó un bufido al ver que, tras la cortina de donde acababa de salir Ju-won, aparecía el encargado. Ver al encargado salir mientras se acomodaba las mangas de la camisa lo hizo imaginar cosas desagradables. Seung-chan recordó la escena que vio el día que lo echaron, apenas empezó a trabajar ahí. Todavía tenía vívido el enojo que sintió al ver al encargado manoseando el muslo de Ju-won.

Ese día se quedó observando a Ju-won, que no podía sacarse de encima fácilmente la mano del hombre, y lo ayudó cuando los clientes lo estaban agobiando, justamente por eso. Detestaba a los omegas hombres, pero le recordaba a su tía, que siempre tenía que aguantar a tipos de mierda que se querían pasar de vivos porque la veían como una mujer sola con un negocio. Lo había visto muchísimas veces desde chico. Por suerte, desde que entró en la preadolescencia, cada vez que veía a un cliente desubicado daba vuelta las mesas y armaba tal escándalo que terminaba echándolos; gracias a eso, esos pervertidos dejaron de aparecer por el local.

Seung-chan creía saber qué había pasado detrás de la cortina y se le fue el apetito. Dejó los palitos y, con la boca entreabierta, se quedó mirando fijamente al encargado. El hombre, que caminaba apurado por el salón dando instrucciones a los empleados, sintió una mirada punzante y empezó a mirar a su alrededor hasta que cruzó ojos con Seung-chan.

Con el piercing brillando en el lóbulo y esa mirada fría, Seung-chan tenía una apariencia difícil de olvidar para alguien que trabajaba atendiendo gente.

El encargado caminó con paso firme hacia Seung-chan, quien le devolvía una mirada desafiante.

“Creo que fui muy claro cuando terminamos tu contrato: estás en la lista negra y tenés prohibida la entrada para siempre, ¿no?”

Ante el tono cortante del hombre, Kyusung masticó su rábano encurtido mientras lo miraba de reojo. Seung-chan, por el contrario, apoyó un brazo en el respaldo de la silla y se reclinó con una sonrisa burlona.

“Ah, la puta madre. Uno le espanta los bichos que se le meten en el negocio y ni siquiera sabe ser agradecido….”

Ju-won sintió cómo su muñeca, apoyada en el respaldo de la silla, era sujetada con fuerza. Inclinando la cabeza, Seung-chan levantó la vista para encontrarse con los ojos de Ju-won, que lo sujetaba firmemente.

“... Sal de acá.”

Ante la voz de Ju-won, desprovista de cualquier emoción, las cejas de Seung-chan se arquearon con rebeldía.

“¿Y si no quiero?”

“…….”

Su intención era ponerlo en un aprieto, pero en el rostro de ese omega sociópata no había ni rastro de desconcierto. Seung-chan miró de reojo la mano de Ju-won que lo apresaba, le dio un toquecito en el hombro a Kyusung y se puso de pie. Kyusung, captando la señal de que se quedara ahí, levantó una mano en señal de tranquilidad y volvió a concentrarse en su comida.

Aunque se había llevado una desilusión al no encontrar chicas, la comida era buena, digna de un buffet popular. El encargado frunció el ceño con desagrado al ver a Kyusung devorar la comida casera coreana como si no hubiera un mañana. El delincuente de la lista negra se estaba yendo por su cuenta, pero no tenía ninguna excusa para echar a Kyusung.

Dejando a Kyusung y al encargado en la mesa, Seung-chan caminó a paso pesado, todavía sujeto por Ju-won, hasta que lo arrastró detrás de la cortina de donde habían salido hace un momento. Era un espacio estrecho, apenas con un dispenser de agua y un sofá de cuero roto, donde con suerte cabían tres personas paradas frente a frente.

En cuanto estuvieron frente al dispenser, Ju-won soltó el brazo de Seung-chan y habló con voz indiferente.

“¿No habíamos quedado en que estábamos a mano?”

Al escuchar la expresión ‘estar a mano’, la mirada de Seung-chan, que recorría el lugar, se volvió agresiva.

“¿A mano de qué, Mierda?”

“Viniste a molestarme porque yo me puse a tomar en el local hace unos días.”

“¡Ja…!”

Seung-chan soltó una risa seca, se puso las manos en la cintura y levantó la cabeza. Miró al techo y soltó un suspiro sonoro. Casi hubiera preferido que Ju-won le reclamara por venir a vengarse infantilmente por el beso; eso lo habría hecho sentir menos mal. Parece que Ju-won todavía tiene presente lo de la bebida durante el trabajo, pero ni se acuerda de que se besaron.

Al echar la cabeza hacia atrás, se le marcó el movimiento de la nuez de Adán. Tras tragar saliva, Seung-chan bajó la cabeza y miró a Ju-won. Como desde que lo rechazó se había esforzado en no mirarlo a la cara al dejarlo en el refugio por las madrugadas, sentía que hacía mucho no cruzaban miradas. Esos ojos atrevidos que miraban directo a los suyos. Seung-chan lo observó con sarcasmo.

“¿Qué estabas haciendo con el encargado acá adentro?”

“…….”

“¿También te besaste con ese tipo?”

“…….”

Al darse cuenta de que no valía la pena seguir discutiendo, Ju-won se dio la vuelta. Sabía perfectamente cómo lo veía Seung-chan. Sabía que para él, todos los omegas hombres eran poco más que animales dominados por el deseo sexual, y que después del incidente del beso, a ese desprecio se le había sumado una curiosidad evidente.

Ju-won no tenía intenciones de insultar a Seung-chan por juzgarlo tan a la ligera. Todo era su culpa. Yang Ju-won actuó así y Yang Ju-won nació así. Incluso si no fuera cierto, le resultaba más cómodo asentir con el silencio que ponerse a dar explicaciones.

Justo cuando Ju-won estiró la mano para descorrer la cortina, una mano grande surgió desde atrás y lo sujetó con fuerza. Seung-chan tiró de él para obligarlo a girarse y bajó la vista para encontrarse con los ojos de Ju-won, que estaban un poco más abajo que los suyos.

Se quedaron mirándose en silencio. Los labios de Seung-chan se movieron un par de veces como si le costara hablar, pero al final no salió ninguna palabra. Ju-won se soltó de un tirón al ver que no tenía nada importante que decir, pero cuando estaba por irse, una voz baja lo detuvo.

“De ahora en adelante, besémonos.”

“… ¿Qué?”

Su rostro, antes inexpresivo, se arrugó con incredulidad, especialmente alrededor de sus ojos con matices rosados. Ante la pregunta, Seung-chan volvió a insistir con total descaro.

“Ya rompimos el hielo con el primer beso. Así que hagámoslo unas cuantas veces más.”

“…….”

Ju-won se quedó callado, simplemente mirando la cara de Seung-chan. No tenía palabras. Ante la falta de respuesta, la mirada de Seung-chan, que antes bajaba con seguridad, vaciló un poco. Sin embargo, su voz para exigir una respuesta seguía siendo prepotente.

“¿Me estás ignorando?”

“No quiero.”

“¿Qué?”

“Dije que no quiero besarme con vos.”

“… ¿Por qué?”

El tono de la pregunta se había vuelto mucho más dócil. En lugar de responder, Ju-won sacó el celular que vibraba en su bolsillo trasero. Un mensaje largo del jardín de infantes de Seung-on llenaba la pantalla. El texto detallaba las actividades del día del niño y terminaba con un recordatorio urgente: no olvidar traer el regalo para el evento de Navidad de mañana al momento de retirarlo hoy. Solo después de leer el mensaje de la maestra, Ju-won recordó los avisos sobre la fiesta de Navidad que venían figurando en el cuaderno de comunicaciones desde hacía una semana.

Soltando un leve suspiro, Ju-won guardó el celular en el bolsillo y miró a Seung-chan.

“¿Ya terminaste de hablar? Me voy.”

“¡Hijo de…!”

Seung-chan se tragó las quejas por puro orgullo. Fulminó a Ju-won con la mirada y salió primero de la cortina. Sentía que si seguía mirándolo a la cara, iba a terminar mandando su orgullo a la mierda y preguntándole de nuevo.

‘¿Por qué carajo no quiere besarse conmigo?’

Atravesando el salón a grandes zancadas, Seung-chan le dio un golpe en la espalda a Kyusung, que estaba enrollando fideos de japchae con los palitos como si fuera pasta y metiéndoselos en la boca. Tras un breve forcejeo mientras movía sus mejillas infladas, a Kyusung no le quedó otra que levantarse.

Ju-won observaba a los dos irse del buffet cuando el encargado apareció de la nada, lo empujó del pecho y lo metió de nuevo en la sala de descanso. Ju-won pensó que el hombre, recordando el altercado de Seung-chan con el cliente, buscaría cualquier excusa para reclamarle. Sin embargo, al cerrar la cortina, la expresión del encargado era alegre, al contrario de lo que Ju-won esperaba. No parecía enojado.

“¿Te hiciste amigo de ese delincuente después de aquel incidente?”

“No. No es mi amigo”, respondió Ju-won secamente.

Entonces, vino la pregunta para tantear el terreno.

“¿Entonces están saliendo o algo así?”

“…….”

Ju-won guardó silencio. No era muy distinta a la pregunta que Seung-chan le había hecho hace un momento. Era una pregunta que no merecía respuesta. Dijera lo que dijera, el hombre iba a pensar lo que quisiera de todas formas.

Como era de esperarse, el encargado dictó su propio veredicto con voz solemne.

“Para trabajar acá pedimos presencia y buena conducta. Esos dos requisitos, ¿te los acordás?”

Frente al encargado, que ya lo había sentenciado como un omega de conducta ligera, Ju-won pasó el poco tiempo que le quedaba de turno con las manos juntas como si estuviera recibiendo un castigo. El sermón del hombre, que empezó hablando sobre el futuro y terminó en insultos casi humillantes, no recibió ninguna réplica de su parte. En su cabeza solo rondaba la idea de que, tras perder el trabajo del minimarket y ahora el del buffet, tenía que conseguir otro empleo de inmediato.

Siendo fin de año, habría muchas vacantes temporales. Podía empezar con algo corto y, si trabajaba con esmero, tal vez tendría la suerte de que alguien lo notara y lo contratara a largo plazo. El problema era encontrar un lugar que coincidiera con los horarios de entrada y salida del jardín de Seung-on.

Al terminar su turno, Ju-won recibió su último pago y salió del edificio del buffet, encontrándose con personas que no esperaba ver. Seung-chan y Kyusung, que él creía que se habían ido hacía rato, estaban merodeando frente al muro de piedra que rodeaba los canteros del edificio. Kyusung estaba haciendo sombra, lanzando golpes al aire para sacudirse el frío, mientras Seung-chan fumaba frente a él.

Ju-won se detuvo un momento a observar a esos dos delincuentes beta que parecían no tener nada mejor que hacer, y luego retomó el paso. Kyusung, que además de tirar puñetazos le estaba dando patadas al muro, se dio la vuelta rápido al sentir que Ju-won pasaba por detrás de él.

“¡Pará! ¿No sos un fantasma, no?”

A pesar de que obviamente los había visto, Ju-won siguió su camino sin inmutarse, dejando a Kyusung negando con la cabeza mientras observaba su espalda alejarse. Su amigo le había dicho que esperaran a ese omega maleducado y, como no tenía nada mejor que hacer, lo acompañó sin preguntar, pero ver que ni siquiera los saludó con la mirada le provocó un sentimiento de decepción. Después de todo, habían escapado juntos de unos prestamistas; ser tratados como personas invisibles le parecía demasiado.

“¿Cómo puede pasar de largo así sin decir nada? Tiene una actitud de mierda.”

Escuchando las quejas de Kyusung, Seung-chan le dio una última calada profunda a su cigarrillo hasta que sus mejillas se hundieron y lo apagó contra el muro de piedra.

¿Que no quería besarlo? Pues que no lo hiciera y ya. Podía dejarlo pasar, pero mientras regresaba, la curiosidad lo estaba carcomiendo. Parecía que con ese encargado con cara de imbécil hacía de todo en cada rato libre del trabajo, entonces, ¿por qué con él no quería? No podía dejar de darle vueltas.

‘Omega de cuarta. Mirá que tener estómago para estar con ese viejo feo, la puta madre.’

Frunciendo el ceño mientras soltaba el humo, Seung-chan empezó a caminar con la vista fija en Ju-won, que iba unos metros adelante. Kyusung, con la nariz roja por el frío, se pegó a su lado.

La caminata de los tres, manteniendo siempre la misma distancia, terminó en un centro comercial no muy lejos del buffet. Ju-won subió por las escaleras mecánicas piso tras piso. Pasó la planta de los cafés con postres y el nivel donde se alineaban las tiendas de marcas de moda. Seung-chan, que subió unos cinco escalones por debajo de Ju-won, observaba su espalda sin entender cuál era el destino final.

No le parecía que Ju-won fuera alguien que saliera de compras a esa hora, así que pensó que tal vez iba a otro trabajo. Seung-chan sintió una curiosidad genuina por saber cuántos empleos tenía ese omega. Ese valor que mostró cuando le advirtió que no lo dejaría en paz si seguía trabajando en el local —diciendo que prefería que le pegaran antes que renunciar— resultaba ser, ahora que lo veía, pura garra nacida de la necesidad extrema.

Tras subir tres o pisos más, Seung-chan vio a Ju-won merodeando en la sección de juguetería y recién ahí cayó en la cuenta de que mañana ya era Nochebuena. De tanto estar encerrado en lo de Kyusung esperando trabajo, ni sabía en qué día vivía. Al ser consciente de la fecha, las decoraciones navideñas del shopping cobraron un sentido repentino. Ahora que lo notaba, los villancicos sonaban en cada rincón.

Mientras Ju-won dudaba frente a la infinidad de juguetes, Seung-chan y Kyusung se dedicaron a tocar cada muestra que había en exhibición. Kyusung, haciéndose el canchero con una pistola de juguete, se reía a carcajadas tras acertarle en la cabeza a Seung-chan con una bala de espuma. Seung-chan contraatacó agitando una espada con estilo, y su amigo le siguió el juego desplomándose en el suelo de forma exagerada.

Mientras la indecisión de Ju-won crecía, los dos se subieron a unos autitos de juguete cercanos. Metieron sus cuerpos enormes en los autos y aviones que se movían con monedas, captando la atención de todos los que pasaban. A pesar de las miradas de incomodidad de la gente ante la presencia de esos delincuentes, ellos actuaban como si nada, acostumbrados a ese trato.

Ju-won, aunque intentaba no mirar, se sentía mentalmente agotado por las payasadas infantiles de esos dos que no dejaban de interrumpir su visión periférica. Frente a una hilera de juguetes de personajes que ni siquiera conocía, se presionó las sienes con ambas manos. El sentimiento de culpa y la autorreproche por no saber qué le gustaba a Seung-on le oprimían el pecho.

¿Cuál era ese dibujito que Seung-on miraba siempre en YouTube al lado suyo por las mañanas mientras él seguía medio dormido? ¿De quién era esa risa artificial que se escuchaba sin parar en lugar de la risa de su hijo? ¿Cómo era el dibujo del llavero chiquito que colgaba de la mochila del jardín? Ju-won intentó con todas sus fuerzas recordar algo que no tenía en su memoria, hasta que finalmente se cubrió la cara con las manos y se puso de cuclillas en el lugar.

‘No sé nada de mi hijo.’

Su saldo bancario estaba en cero, lo habían echado del minimarket y del buffet, pero aun así quería comprarle un buen regalo de Navidad. Y sin embargo, ahí estaba, incapaz de elegir uno porque no sabía qué le gustaba. Se sentía patético.

“Soy un estúpido…”, murmuró con una voz tan baja que ni él mismo podía oírse.

No podía alimentarlo bien, ni hacerlo dormir bien, y ni siquiera sabía nada de él. ¿Podía decir que se estaba haciendo responsable? ¿Era esto hacerse cargo? ¿Sería Seung-on feliz a su lado?

De repente, la vista se le nubló y sintió un pinchazo agudo de dolor de cabeza; era una sensación similar a la de hace unos días cuando sintió el impulso de beber.

Ju-won se vio rápidamente atrapado por la idea de que sus esfuerzos de años habían sido en vano. Frente a la trabajadora social y al médico que le preguntaron repetidamente si de verdad iba a tener al bebé, el Ju-won de diecinueve años pensó que, tal vez, hubiera sido mejor huir como siempre lo hacía.

Una voz que escuchaba cada mañana justo antes de despertar resonó en su cabeza.

[¿Querés que te empuje por las escaleras? No tenés plata para abortar.]

Aquel tipo, tras enterarse del embarazo, pasó del desconcierto a la frialdad. Le dijo que, si quería, podía empujarlo o golpearlo. Tenía una mirada que indicaba que estaba listo para hacer desaparecer al bebé de su vientre con solo un gesto de Ju-won.

Pero… ¿realmente escuché esas palabras de ayuda para abortar? ¿O fue solo una alucinación creada por mi propia maldad?

La ansiedad y la culpa acumuladas por tanto tiempo terminan por desdibujar la realidad. La frontera entre los malos pensamientos y los hechos desaparece. Su respiración, de pronto agitada, chocaba contra las palmas de sus manos que cubrían su rostro. Ju-won cerró los ojos con fuerza y los abrió; la visión seguía borrosa.

Y justo cuando empezó a sentir esa sed por el alcohol, escuchó un insulto entre dientes.

“Mierda, se va a hacer de día.”

“…….”

Ju-won miró hacia un costado y vio una caja de juguete que alguien dejó caer junto a él. En el frente, la caja mostraba un personaje de rana con patrones de arcoíris: era un camión de bomberos. Mientras Ju-won observaba fijamente el dibujo de una rana disfrazada de bombero, Seung-chan bajó la vista hacia él y dijo:

“A tu hijo le encantaba esto.”

“… ¿Vos cómo sabés?”

“Porque como alguien se quedó convenientemente desmayado por el alcohol, tuve que verme el estreno y la repetición con tu hijo, sí o sí.”

“…….”

Ju-won recordó la mañana en que despertó en la habitación de Seung-chan después de emborracharse. Ese día, Seung-on estaba sentado sobre la panza de Seung-chan en el sofá mirando la tele. Cuando Ju-won salió al living, ya estaban dando otro programa, pero si Seung-on —que siempre madruga— prendió la tele apenas abrió los ojos, seguramente vio la animación que pasan siempre a la misma hora.

Le costaba creer que Gye Seung-chan se hubiera quedado con Seung-on todo ese tiempo, pero…….

Ju-won se limitó a mirarlo en silencio desde abajo. Curiosamente, la vista borrosa se aclaró de inmediato. Como si la marea bajara, los pensamientos intrusivos que sacudían su mente se calmaron y el rostro de Seung-chan se volvió nítido.

Ju-won tomó el juguete que Seung-chan había elegido y lo abrazó. Tras haber logrado, casi por accidente, elegir el regalo de Seung-on, sintió que las piernas le temblaban por la debilidad. Se sentía miserable por haber pensado en el alcohol en ese breve instante.

‘Después de haber cometido un error imperdonable hace solo unos días por culpa de la bebida…….’

Ju-won miró de reojo los labios de Seung-chan y bajó la cabeza en silencio.

 

Al salir del shopping, Ju-won se dirigió al minimarket. Durante las tres horas que Ju-won cuidó el mostrador mirando los videos educativos del refugio, Seung-chan y Kyusung se quedaron perdiendo el tiempo comiendo ramen de vaso y viandas. El encargado, que ya no tenía nada que hacer porque su esposa le había descubierto su pasatiempo oculto, también estaba ahí, pero no se atrevía a echar a esos dos delincuentes que se veían peligrosos a simple vista.

Sin importar que Seung-chan y Kyusung gritaran mientras jugaban con el celular, Ju-won se limitaba a atender a los clientes ocasionales sin siquiera mirarlos.

Sin embargo, cuando los delincuentes lo siguieron hasta el refugio, ya no pudo seguir ignorándolos. Tras quitarle el abrigo a Seung-on, a quien había pasado a buscar por el jardín después del trabajo en el minimarket, Ju-won se quedó mirando fijamente a Seung-chan y Kyusung, quienes habían entrado al pequeño monoambiente y ya estaban tapados con las mantas como si estuvieran en su casa. Tenían el descaro de quejarse diciendo que el piso estaba frío o que la manta era finita.

Al lado de Ju-won, que les lanzaba miradas exigiendo una explicación, Seung-on empezó a dar vueltas en círculos con los brazos abiertos, visiblemente feliz de ver a Seung-chan —a quien solo veía en el local— visitando su casa. Ju-won, que miraba con furia a esos dos que lo habían perseguido todo el día para molestarlo, se quedó parpadeando sorprendido ante la actitud juguetona de Seung-on, quien no solía expresar mucho sus emociones. Al final, Ju-won no tuvo más remedio que cerrar la boca y desistir de echarlos.

Alga y huevo frito. Kyusung observaba los platos sencillos que Ju-won había preparado para la cena mientras le daba toquecitos en el costado a Seung-chan.

“Oye, vámonos….”

A pesar del susurro de Kyusung, Seung-chan seguía sentado sin inmutarse. Apoyado contra una pila de mantas en una postura descuidada, no le quitaba los ojos de encima a Ju-won, quien envolvía arroz en trozos de alga para dárselos a Seung-on. Kyusung pensó que Seung-chan se sentía avergonzado por haber alardeado de que invitaría el almuerzo para terminar saliendo del buffet sin comer casi nada. Por eso creyó que su amigo intentaba quedarse a comer lo que fuera de Ju-won con tal de no pasar hambre frente a él.

Aun así, era demasiado. Era evidente que el tipo era muy pobre.

Kyusung suspiró y le dio un empujón más fuerte.

“A mí no me importa, así que vámonos. Gye Seung-chan, pedazo de desubicado….”

Toc, toc, el sonido de alguien llamando a la puerta resonó en el cuarto. Kyusung, que seguía insistiendo en irse; Ju-won, que alimentaba al niño; y hasta Seung-on, que masticaba un bocado de arroz con huevo, miraron hacia la puerta al mismo tiempo. A excepción de Seung-chan, los otros tres se quedaron en silencio, como en una escena de película de terror, clavando la vista en la puerta. Solo después de un segundo toque, Ju-won se limpió las manos aceitosas con un papel y se dirigió hacia la entrada.

Al abrir, se encontró con un empleado administrativo del refugio cargando una caja grande de pizza. El hombre miró con extrañeza las caras desconocidas que se veían detrás de Ju-won y sonrió con algo de timidez.

“Parece que vinieron amigos a visitarlo, Ju-won.”

“Ah….”

Ju-won no supo qué decir. No podía afirmar que fueran sus amigos, pero tampoco negarlo, así que dejó la frase en el aire. El empleado le extendió la caja.

“Acaban de traerla a la oficina. El mensaje del pedido decía su nombre…. Usted la pidió, ¿no?”

Ju-won abrió mucho los ojos y bajó la vista hacia el ticket pegado en la tapa de la caja.

La pizza que pidió el sociópata de Yang Ju-won

Ju-won se dio la vuelta buscando al autor de ese mensaje tan infantil. A través de la puerta abierta de la habitación, vio a Seung-chan quitándole de las manos el arroz con alga a Seung-on para metérselo en su propia boca, mientras apartaba los platos casi vacíos de la mesa.

Ju-won recibió la pizza y la bebida y volvió al cuarto. Los ojos de Seung-on brillaban al ver la caja en manos de su papá. No entendía bien qué pasaba, pero reaccionaba al olor delicioso que inundó el monoambiente en un segundo.

Se sentaron alrededor de la pequeña mesa. Como no había espacio, Seung-on se sentó sobre las piernas de Ju-won. Apenas abrieron la caja, el niño señaló la pizza con el tenedor que tenía en la mano. Seung-chan, viendo que el niño abría la boca ansioso, se tomó el trabajo de quitarle las aceitunas negras antes de darle un trozo. Ju-won no tuvo tiempo ni de detenerlo. Al sentir la comida, Seung-on empezó a masticar feliz, aunque pronto arrugó un poquito la cara.

Ju-won apoyó sus labios sobre la cabeza de Seung-on mientras este masticaba la aceituna con desgano, y luego miró a Seung-chan. Este, que se estaba limpiando las manos grasosas directamente contra la caja de pizza antes de tomar un trago de refresco, sintió la mirada penetrante de Ju-won y frunció el ceño.

“¿Qué miras?”

“… Gracias. Haré que coma bien.”

Seung-chan jamás esperó escuchar un “gracias” de la boca de aquel sociópata que siempre lo ignoraba. Abrió mucho los ojos por un segundo antes de volver a fruncir el ceño. Ni siquiera fue un 'comeré bien', sino un 'haré que coma bien'. ¿Acaso pensaba darle todo al hijo y no comer nada él?

Verlo en esa situación tan precaria con el niño le arruinó el humor, más allá de los besos o cualquier otra cosa. Le recordaba a esa época en la que todavía tenía algo parecido a unos padres, aunque ya ni se acordaba bien de ellos. La presencia de Ju-won le resultaba irritante: por un lado le arruinaba el ánimo cada vez que lo veía, pero por otro, no podía simplemente pasar de largo. Lo que más le molestaba era que, encima de todo, ese omega lo ignoraba a cada rato.

Mirando la nuca de Ju-won, que estaba encorvado dándole pizza a Seung-on, Seung-chan chasqueó la lengua y le dio un bocado enorme a su porción.

Entre tres hombres jóvenes de veintiún y veintidós años, más un niño de veintiocho meses que comía mucho, dos pizzas no fueron nada. En cinco minutos la comida desapareció. Mientras Ju-won preparaba el agua caliente para bañar a Seung-on, el niño, todavía con un resto de pizza en la boca, empezó a jugar a las escondidas con los delincuentes beta. Kyusung, con los ojos vendados con la bufanda de Seung-on, estaba de rodillas en medio del monoambiente, agitando los brazos para atrapar al niño y haciendo sonidos de zombi.

Kyusung, atento a los pasos de Seung-on, gritó con seguridad:

“¡Te atrapé!”

“Quítate, maldito.”

Seung-chan le dio una patada en el costado a Kyusung, que le estaba manoseando la pierna sin querer. Seung-on, escondido detrás de Seung-chan, no pudo aguantar más y se largó a reír a carcajadas. Se tiró al suelo agarrado de la sudadera de Seung-chan, muerto de risa. A Seung-chan no parecía importarle que el niño le estirara toda la ropa; estaba demasiado concentrado en golpear a Kyusung, que ahora rodaba por el piso quejándose en serio porque Seung-chan le había apuntado a las partes bajas.

“¡Ah! ¡Gye Seung-chan, maldito, vas a dejar a la familia Hong sin descendencia!”

“¡No digas tonterías y extínguete de una vez!”

Seung-chan alzó a Seung-on en el aire y empezó a apoyarlo y levantarlo sobre la entrepierna de Kyusung repetidamente. El niño, sin entender nada pero divertidísimo, pataleaba con fuerza. Cuanto más gritaba Kyusung con sus alaridos exagerados, más fuerte se escuchaba la risa de Seung-on.

Ju-won, que iba y venía de la cocina al baño llenando un barreño con el agua que calentaba en la olla, se quedó por un momento hipnotizado mirando la escena. Le resultaba increíble ver a Seung-on riéndose así, con la cara roja y hasta babeando de la risa. No podía creer que ese niño que se reía a gritos fuera el suyo. Era algo que veía seguido cuando Seung-on era más pequeño, pero sentía que ese tiempo había quedado en un pasado remotísimo.

“…….”

Parado frente a la habitación donde se escuchaban las risas de los tres, Ju-won bajó la cabeza y se frotó las manos con la piel maltratada, sintiéndose fuera de lugar. Ese pequeño monoambiente era su espacio y el de Seung-on, pero por un momento sintió que él era el único extraño allí.

Jamás cansado de dormir, Ju-won entró al local cargando a Seung-on, que ya tenía los ojos pequeños por el sueño, y le hizo una reverencia a la dueña que estaba en el mostrador. La mujer, que se disponía a recibirlos con el cariño de siempre, se quedó desconcertada al ver entrar a su sobrino justo detrás de ellos.

“¿Cómo es que vienen los dos juntos?”

“¿Cómo vamos a venir? Nos encontramos afuera.”

Seung-chan respondió con rudeza. Se metió detrás del mostrador, se quitó la chaqueta y se puso el delantal. Se apresuró a prepararse para trabajar antes de que su tía empezara con el interrogatorio. No podía explicarle que había estado todo el día persiguiendo a Yang Ju-won.

Mientras se ajustaba con fuerza las tiras del delantal en la espalda, Seung-chan siguió con la mirada a Ju-won, que llevaba a Seung-on hacia la habitación interna.

Hoy perdí el tiempo siguiendo a este tipo como un tonto. Al final no hubo beso ni nada.

“No lo haré más, maldita sea. Que haga lo que quiera.”

Seung-chan se ajustó el delantal con un gesto arrogante y se apoyó sobre el mostrador.

[No quiero hacerlo. No quiero besarme contigo.]

“Yo también ya tuve suficiente, maldición….”

Seung-chan frunció el ceño y empezó a mover una pierna con nerviosismo.

¿Qué se cree? ¿Que estoy desesperado por besar a un omega como si fuera un alfa alzado? El primer beso estuvo bien, pero si tengo tantas ganas puedo estar con cualquier chica. Está lleno de chicas beta, ni loco me voy a calentar con un omega viejo y casado que tiene una actitud de mierda.

* * *

La fiesta de Navidad del jardín de infantes estaba programada para comenzar después del almuerzo de los niños, pero Ju-won ya merodeaba por los alrededores desde mucho antes. Como no tenía el trabajo en el buffet, le sobraba tiempo durante toda la mañana.

Después de dejar a Seung-on en el jardín, se dedicó a buscar empleo. En su currículum, el apartado de educación terminaba en la secundaria, pero en el de experiencia laboral anotó detalladamente cada uno de los trabajos temporales que había tenido. Lo hizo para demostrar que era alguien trabajador, pero al terminar de escribirlo, sintió que su desesperación era demasiado evidente y terminó borrando varias líneas.

Tras enviar solicitudes aquí y allá desde la computadora de la oficina del refugio, regresó a su habitación para recostarse, pero la ansiedad lo invadió. No recordaba haber pasado tiempo ocioso desde que nació Seung-on. Sin saber qué hacer y dando vueltas en la cama, salió del refugio sin rumbo fijo. No conocía muchos lugares a los que ir, así que sus pasos lo llevaron de regreso al jardín de infantes, donde la fiesta aún no empezaba.

Tras una larga espera, la hora del evento se acercó y el jardín comenzó a llenarse de padres que llegaban poco a poco. Ju-won observó a los maestros, que estaban ocupados recibiendo a los visitantes incluso fuera del edificio, y entró tímidamente. Se sentía muy extraño al poner un pie dentro del lugar donde, cada día, solo dejaba a Seung-on en la puerta.

“¡Padre de Seung-on!”

La maestra de Seung-on lo saludó con la mano al verlo allí parado, sin saber hacia dónde ir, bloqueado por la gente que buscaba los dibujos de sus hijos en las paredes decoradas. Entre tanta multitud, Ju-won destacaba de manera particular. En parte era por su rostro joven y bonito medio oculto bajo la capucha de su sudadera, pero más que nada era por su expresión inexpresiva, carente de cualquier rastro de sonrisa y hundida en sus ropas de invierno de colores apagados, lo cual contrastaba con el ambiente donde resonaban los villancicos navideños.

La maestra le dedicó una sonrisa llena de compasión a Ju-won, quien era incluso más joven que su propio hermano menor. Ju-won le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza y se esforzó por avanzar por el pasillo atestado de padres.

“Permiso…, permiso. Un momento….”

Como si estuviera atrapado en un autobús lleno, apenas podía dar un paso en aquel pasillo donde la gente estaba apretujada. Al final, Ju-won fue arrastrado por la multitud y terminó empujado hacia un rincón sin fuerzas. Acorralado en una esquina del pasillo, se dedicó a observar a las personas que tenía enfrente.

Parejas que habían venido juntas para ver la alegría de sus hijos, abuelos de edad avanzada que asistían en representación de sus hijos ocupados, hermanos de edades similares….

Ju-won estaba allí, parado solo entre las familias bulliciosas, parpadeando con sus grandes ojos, cuando de pronto apareció un enorme ciervo en la entrada del jardín. Por el cascabel en el cuello y la nariz roja, era evidente que el disfraz era de Rodolfo.

Rodolfo avanzaba por el pasillo abarrotado sosteniendo la cabeza del disfraz con ambas manos para que no se le cayera. Ante su aparición repentina, la gente se hizo a un lado abriendo paso.

Caminando con paso firme y abriéndose camino entre la multitud con las piernas abiertas, Rodolfo pasó junto a Ju-won y entró al salón donde comenzaría el evento.

Justo cuando el pasillo, que se había silenciado con la llegada de Rodolfo, estaba a punto de volverse ruidoso otra vez, apareció un muñeco de nieve. Parecía inspirado en el personaje de una película animada que fue popular hace unos años, pero se veía extrañamente desgarbado.

Como buen muñeco de nieve, su traje voluminoso empujaba a todos contra las paredes al ocupar todo el ancho del pasillo. El muñeco de nieve entró tambaleándose y empujando a la gente, siguiendo los pasos de Rodolfo hacia el salón, pero de pronto se detuvo justo frente a Ju-won, que estaba encogido en un rincón.

“…….”

“…….”

Ju-won levantó la vista hacia las cuencas vacías del muñeco de nieve. Como si estuvieran en un duelo de miradas, el muñeco también se quedó observándolo fijamente. Justo cuando Ju-won intentaba escudriñar la sombra oscura que se veía a través de los ojos del disfraz, el muñeco de nieve lo agarró firmemente de la muñeca. Luego, tiró del brazo de un desconcertado Ju-won con sus guantes marrones, que simulaban ser ramas, y caminó delante de él con paso torpe.

“¡Qué está…, espere un momento…!”

Ju-won intentó resistirse haciendo fuerza con el brazo, pero pronto se rindió ante el agarre del muñeco de nieve, que era más fuerte de lo que esperaba, y lo siguió dócilmente. Caminó pegado a la espalda del voluminoso muñeco, mirando únicamente la mano que lo sujetaba por la muñeca. Al sentir las miradas curiosas de la gente que llenaba el pasillo, bajó la cabeza instintivamente.

Aunque era vergonzoso, gracias al muñeco de nieve pudo entrar cómodamente al salón sin tener que abrirse paso entre la multitud. Una vez que dejó a Ju-won en un asiento vacío, el muñeco soltó su brazo y subió con parsimonia al escenario. Al reencontrarse con Rodolfo, que ya estaba allí, el muñeco de nieve le dio una patada en el trasero a Rodolfo mientras este le hacía gestos y le decía algo. Como el traje le impedía levantar bien la pierna y terminó tambaleándose, los niños que estaban con sus familias en el salón estallaron en risas.

En medio de ese ambiente alborotado, entró la clase de Seung-on. Él, que venía primero de la mano de su maestra, vio a Ju-won levantarse de su asiento, pero se quedó pegado a la pierna de la maestra sin intención de soltarse. Finalmente, la maestra lo llevó personalmente hasta donde estaba Ju-won.

“Estuvo bien hasta antes del almuerzo, pero después de comer el ánimo de Seung-on parece haber decaído. Sé que es difícil para usted…, ¿pero no podría llevárselo temprano hoy después de la fiesta?”

La voz de la maestra era cautelosa, pues conocía la situación de Ju-won. Él le tocó la frente a Seung-on mientras este se sentaba en su regazo. Por suerte, no tenía fiebre.

“Lo siento. Es que tengo que ir a trabajar por la tarde…….”

“Oh, no, no se preocupe. Solo preguntaba por si acaso.”

La maestra hizo un gesto con la mano restándole importancia y se dirigió a hablar con otros padres con una sonrisa. Ju-won observó a la maestra y luego le susurró suavemente al oído a Seung-on.

“Seung-on, ¿te duele algo?”

La cabecita redonda solo se movió de un lado a otro negando. Ju-won agachó la cabeza para intentar verle la cara, pero solo alcanzaba a ver la coronilla. Apenas se divisaban sus pequeños labios apretados más allá de sus mejillas regordetas cubiertas de un vello fino y blanco. Aunque solía tartamudear, Seung-on siempre respondía, pero tal como dijo la maestra, no parecía encontrarse muy bien. Ju-won frunció el ceño y apoyó su mejilla contra la del niño; seguía sin sentir calor de fiebre.

Solo faltaba una semana para que terminara el año. Como aún no había conseguido un nuevo empleo, tenía muchas ganas de completar todos los días de trabajo posibles en su puesto actual. Dudando sobre si ir o no al trabajo de la tienda de conveniencia que le quedaba por unos pocos días más, Ju-won volvió a tocarle la frente y la nuca a Seung-on.

“Si te duele algo, dímelo. ¿Entendido?”

Seung-on miraba hacia el escenario sin saber si estaba escuchando a Ju-won o no. Mientras tanto, la directora subió al escenario con un micrófono. Tras agradecer a los padres por su asistencia, la directora aumentó hábilmente la expectativa de los niños hablando sobre Papá Noel. Mientras ella daba su discurso, detrás de ella, Rodolfo y el muñeco de nieve desviaban la mirada y se distraían como si estuvieran aburridos.

Después del monólogo de la directora, salieron los niños más grandes y cantaron un popurrí de villancicos con una coreografía sencilla. Solo entonces apareció el Santa que los alumnos tanto esperaban. Vestido de rojo y con una barba falsa, Santa fue profesional desde su entrada. Emitiendo la risa característica de Santa que solo se ve en las películas, subió al escenario con paso pausado. Seung-on, que había estado sentado quieto y sin ánimos, se bajó del regazo de Ju-won y miró hacia el escenario poniéndose de puntillas.

Cada clase subió al escenario para recibir un regalo de manos de Santa y escuchar unas palabras de aliento. Los padres presentes no dejaban de grabar y tomar fotos para no perderse ni un segundo del momento especial de sus hijos con Santa.

“¿Yang Seung-on?”

Al ser llamado por la directora, Seung-on, que estaba en la fila con sus compañeros, se acercó tímidamente a Santa. Santa, sentado en una silla, abrió los brazos hacia él.

“¡Seung-on se portó muy bien con sus padres y sus amigos durante este año! ¡A los niños buenos hay que darles un regalo, jo, jo, jo!”

Con el rostro visiblemente tenso, Seung-on se sentó en una de las piernas de Santa y recibió su regalo envuelto con esmero.

“Tienes que ser valiente hasta la Navidad del año que viene. ¡Papá Noel te estará observando!”

“Sí….”

Seung-on respondió con una voz diminuta. Ju-won, que miraba embobado a Seung-on abrazando su caja de regalo —donde seguramente estaría el camión de bomberos rana—, sacó tarde su teléfono móvil.

“Nuestro Seung-on no es de los niños que hacen berrinches ni lloran, ¿verdad?”

“¿Eh? Ah…, sí….”

Ante la pregunta repentina de Santa, Ju-won asintió con torpeza. Santa soltó una risa exagerada, como si ya lo supiera, y acarició la cabeza de Seung-on.

Se les concedieron unos diez segundos para las fotos. Mientras Ju-won tomaba fotos con entusiasmo de Seung-on, quien no miraba a la lente sino que observaba fijamente la cara de Santa, notó de pronto a Rodolfo posando con ganas detrás de Santa y al muñeco de nieve parado con mala actitud, apoyado sobre una sola pierna. Ante la mirada fija de Ju-won, el muñeco de nieve, que se había mostrado poco cooperativo, finalmente extendió ambos brazos hacia los lados. Parecía que intentaba imitar a un muñeco de nieve a su manera, pero se veía más como un espantapájaros.

 

 

“Maldita sea, qué calor hace aquí adentro.”

La voz resonaba distorsionada dentro del disfraz. Sentado sobre un contenedor de basura detrás del edificio comercial, el muñeco de nieve se quitó los guantes marrones con un gesto irritable, dejando a la vista unas manos largas de venas marcadas. Acto seguido, esas manos grandes y delgadas levantaron el pesado armazón de la cabeza.

“Fuaaa.”

Soltando un suspiro caliente, Seung-chan sacudió la cabeza con fuerza para despejarse y dejó la parte superior del disfraz a un lado, mientras se pasaba ambas manos por el cabello empapado de sudor. Cada vez que se tocaba el pelo corto, la pulsera en su muñeca brillaba bajo la luz.

Kyusung, que ya se había despojado de la cabeza de Rodolfo hacía rato, movió apenas los labios con un cigarrillo colgando.

“Busquemos al tipo que nos recomendó este trabajo y démosle una paliza.”

“Muérete tú primero. Siempre que consigues algo, son puras cosas raras.”

Seung-chan frunció el ceño, con la cara todavía roja por el calor, y se descargó con Kyusung con toda su alma. Primero un trabajo siguiendo a un prestamista y ahora disfrazarse de peluche para aguantar los caprichos de unos mocosos; no tenía término medio. Kyusung, que esta vez no tenía cómo defenderse, solo asentía ante los reproches hasta que recordó algo.

“¿Viste recién?”

“¿Qué?”

“A Yang Ju-won. ¿Tendría que haberlo saludado?”

“Maldita sea, ¿para qué carajo lo vas a saludar?”

Ante la incredulidad de Seung-chan, Kyusung respondió algo avergonzado:

“Como ayer anduvieron juntos y todo eso, pensé que ya se habían hecho amigos.”

“¿Juntos? No digas estupideces.”

Seung-chan miró con desdén a Kyusung, quien interpretaba sus persecuciones para conseguir un beso como una salida de amigos, y desvió la vista irritado. En realidad, para cualquier otro, lo que decía Kyusung era lo más lógico. Que Gye Seung-chan anduviera detrás de un omega solo para besarlo no tenía ningún sentido de entrada.

Eso no volvería a pasar. Había estado loco estos últimos días. Como hacía poco que había terminado el servicio militar, era comprensible que se le volara la cabeza con el primer contacto físico que tuvo, pero ahora ya no tenía ganas. Había recuperado la razón.

“Había estado loco por un momento…….”

Kyusung miró de reojo a Seung-chan, que murmuraba para sus adentros con la cabeza baja, tiró el cigarrillo y se acercó. La pata de Rodolfo se apoyó sobre el hombro redondeado del muñeco de nieve.

“Hoy que tenemos plata, ¿querés que salgamos con los pibes después de tanto? Sudé tanto que tengo hasta vértigo.”

Ante la falta de respuesta, Kyusung insistió una vez más:

“Aparte me dijiste que el local de tu tía cerraba temprano hoy. ¡Hagamos una transfusión de alcohol! Llamamos a unas chicas también, ¿eh?”

Después de comprar el regalo de Navidad para su tía con la paga por haberse puesto ese disfraz de mierda, todavía le quedaría tiempo y dinero para divertirse. Si venían chicas, como planeaba Kyusung, podría ver cómo estaba el ambiente y quizás besar a alguna de ellas.

No me importa si la persona no es precisamente Yang Ju-won.

Tras dudarlo un momento ante la propuesta de Kyusung, Seung-chan asintió. Kyusung, emocionado, iba a sacar el celular cuando recordó que todavía llevaba puesto el traje de Rodolfo y soltó un insulto.

Seung-chan se bañó en la casa de Kyusung para quitarse el sudor pegajoso y pasó por un shopping para comprar una bufanda para su tía. Había demasiada variedad de cosméticos, y la ropa o los zapatos tenían precios que ni se atrevía a mirar.

Cuando oscureció, Seung-chan pasó con Kyusung por el local y dejó la caja con la bufanda en el bolsillo de la campera de su tía antes de irse. No sabía decir palabras dulces, ni lo había hecho nunca con nadie en su vida. Era la primera vez que le compraba un regalo de Navidad; siempre andaba de acá para allá y nunca estaba en la casa. De todas formas, supuso que ella sabría que era suyo al ver la caja. No había otro loco cerca de ella que fuera a hacerle un regalo tan sencillo como una bufanda.

La cita para tomar que armó Kyusung era en un boliche de Nonhyeon-dong. Kyusung había alardeado diciendo que llamó a los que mejor sabían divertirse, pero apenas entró al lugar se sintió intimidado. No fue por el ambiente de los eventos de Nochebuena, sino por una cuestión de plata. Los amigos de Kyusung —que no sabía a qué se dedicaban pero parece que habían dejado la secundaria temprano para hacer negocios y ganar bien— los esperaban en una mesa del VIP en el segundo piso.

Uno de ellos, que llevaba la camisa abierta de forma grasa hasta casi el pecho, se levantó del sillón con un trago en la mano y gritó:

“¡Oye, hoy invita Kyusung! ¡Tomemos hasta morir!”

Kyusung quiso hacerse el que no escuchaba por la música fuerte, pero la voz del otro era impresionante. Además, ya había chicas sentadas con ellos, así que no podía echarse atrás ahora.

Agitando con irritación unas burbujas de jabón que volaban por el aire, Kyusung se sentó con una sonrisa forzada.

“S-sí, claro. Tomen lo que quieran….”

“Hong Kyusung está jodido.”

Dijo Seung-chan sentado al lado de él, negando con la cabeza. Ya lo veía venir desde que Kyusung se puso a fanfarronear mandando mensajes diciendo que él pagaba todo. Con lo que ganaron de muñecos de peluche no cubría ni un cuarto de eso; seguro se escapaba a mitad de la noche. Seung-chan pensó que tendría que irse con él apenas Kyusung hiciera el movimiento. Cuando estaba sudando dentro del disfraz tenía ganas de tomar, pero ahora que estaba en el boliche, no le atraía mucho la idea.

Ni el alcohol, ni el beso.

Haber venido al boliche con la idea de besar a alguien era una estupidez tan grande como andar persiguiendo a Yang Ju-won. Pensó que ya estaba cuerdo, pero se ve que le faltaba un poco todavía. Seung-chan miró de reojo a la chica sentada frente a él que lo observaba en silencio. Ignoró la mirada de interés de ella y levantó el vaso que tenía delante.

Justo cuando iba a tomar, la mano de la chica cruzó la pequeña mesa y le quitó el vaso. En lugar de gritar por encima de la música, ella señaló hacia algún lugar con el dedo. Seung-chan se enderezó para ver hacia donde apuntaba ella, y pudo ver la planta baja desde la baranda del VIP. En el escenario del primer piso, detrás del DJ, había un reloj digital gigante. Los números en cuenta regresiva indicaban que faltaba poco para la medianoche.

Cuando faltaba apenas un minuto, la música se cortó y un hombre con un micrófono subió al escenario a hablar. Seung-chan se llevó el vaso a los labios mientras escuchaba a la multitud que llenaba la pista contar los números siguiendo al animador. Justo cuando el alcohol —que por el diseño de la botella se notaba que era carísimo— iba a tocar sus labios, Kyusung le gritó al oído:

“¡Oye! ¡Apenas termine la cuenta regresiva nos vamos, que va a ser un caos!”

Seung-chan se apuró para probar el trago caro antes de la huida de Kyusung, pero en ese momento el celular vibró en su bolsillo trasero. Dejó el vaso en la mesa, sacó el teléfono y torció el gesto al ver el nombre en la pantalla.

“Este tipo está loco….”

Le resultó extraño que Ju-won lo llamara, ya que nunca se habían mandado ni un mensaje después de intercambiar números, pero la curiosidad pudo más. Seung-chan se levantó y caminó hacia el fondo del VIP mientras atendía.

Se quedó en un rincón cerca de la entrada, donde al menos se escuchaba un poco más, y se pegó el teléfono a la oreja.

“¿Para qué carajo llamas?”

— Ven….

“No se escucha nada. Hablá más fuerte.”

— … Ven, por favor.

“No me jodas. ¿Tomaste otra vez? ¿Cada vez que tomas te le tiras encima a cualquier alfa o beta? Sos un regalado, de verdad.”

Mientras soltaba ese sarcasmo por el teléfono, la comisura de sus labios se elevó sin que se diera cuenta.

Le daba gracia que el mismo tipo que juraba que nunca lo besaría lo llamara borracho. También le gustaba saber que Ju-won, al no tener a nadie más que a él para besar, estaba en una situación parecida a la suya, que había intentado buscar a alguien más en el boliche y se había arrepentido. No era el único que debería sentirse avergonzado.

Seung-chan abrió la boca para seguir burlándose de Ju-won, pero no pudo decir nada más.

— Ah…. Seung-on está enfermo. No consigo taxi. Ven, por favor.

“… ¿Dónde estás?”

Se dio la vuelta y abrió la puerta del boliche sin dudarlo. En ese mismo instante, la cuenta regresiva para celebrar la Navidad llegaba a su fin y los cañones de confeti estallaron en el interior. Papelitos brillantes se dispersaron como copos de nieve mientras la música, que se había detenido por un momento, volvía a sonar a todo volumen.

Al cerrarse la puerta del local a sus espaldas, el estruendo que hacía vibrar hasta el corazón se cortó en seco. El aire frío de la noche golpeó las mejillas de Seung-chan. Soltando un vaho blanco, le preguntó al teléfono, ya que la llamada aún no se había cortado:

“Dime dónde estás exactamente.”

— En el refugio….

“Voy para allá con el coche.”

Sin siquiera comprobar si la llamada se había colgado bien, corrió a toda prisa por la calle atestada de gente. Se dio cuenta de que había dejado su abrigo dentro del boliche, pero no podía volver. Solo podía pensar en la voz borrosa de Seung-on, lo último que había alcanzado a oír antes de apartar el celular de su oreja.

[Quema…. Ah, papá…. Seung-on quema….]

De niño, Seung-chan solía tener fiebre por cualquier cosa. Esa febrícula constante que siempre lo acompañaba comenzó en la primavera de aquel año en que el hombre que era su padre lo abandonó. Su tía decía que pensó que él moriría de tanto languidecer. Por eso, aunque la llamaban constantemente de la escuela o la comisaría debido a sus peleas diarias, ella confesaba que, en el fondo, se sentía aliviada al verlo con energía.

Seung-chan, que casi no tenía recuerdos de su infancia, creía saber de dónde venía esa febrícula que no bajaba ni con los cuidados extremos de su tía. Con el tiempo, aquello solo había cambiado de forma, convirtiéndose en puñetazos, rebeldía y una actitud conflictiva; pero la raíz de todo, después de todo, era la soledad.

La dueña limpiaba a Seung-on, a quien habían dejado solo en pañales, con una toalla húmeda. Al niño no parecía gustarle la sensación del paño frío y su pequeño cuerpo temblaba, pero se quedaba recostado quietito. Más que sumisión ante los cuidados de la mujer, parecía que no tenía fuerzas ni para quejarse. Ju-won solo masajeaba los pies pequeños de Seung-on. Comparados con su cuerpo que ardía como una brasa, sus pies, que antes estaban helados como el hielo, recuperaban el calor poco a poco.

Ju-won se había dado cuenta del estado de Seung-on cerca de las diez de la noche. Como el restaurante de parrillada no abría por la noche, Ju-won pudo descansar y se acostó al lado de Seung-on, quien se había dormido antes de lo habitual. Al sentir el interior de las mantas tan cálido, pensó que quizás en el refugio habían subido la calefacción por ser fin de año. Solo cuando abrazó al pequeño dormido comprendió que el calor bajo las mantas era por la fiebre de Seung-on. Buscó el termómetro a toda prisa: marcaba 38 grados.

Con motivo de la Navidad, todos los empleados del refugio se habían marchado tras terminar su turno y los residentes de las otras habitaciones tampoco estaban. Hasta ahora Seung-on solo había tenido resfriados leves, por lo que Ju-won entró en pánico al ver que la fiebre no bajaba ni con el antitérmico. Tras buscar varias cosas en internet, recordó una capacitación que le habían dado en el refugio y llamó al 119.

El operador del 119 que le brindó asesoría médica le aconsejó que, a menos que fuera una fiebre extremadamente alta o presentara hipotermia, ir a la sala de emergencias solo haría sufrir al niño innecesariamente. Le dijeron que, de ser posible, esperara a que amaneciera para ir al médico y le dictaron los pasos para primeros auxilios en casa, pero aunque Ju-won hizo todo lo que le indicaron, la fiebre de Seung-on no bajaba. No le quedaba más medicina, y por más que intentaba pedir un taxi por las aplicaciones del celular, no conseguía ninguno en plena Nochebuena. Tampoco podía cargar al niño debilitado en la bicicleta y salir pedaleando.

En ese momento, solo pensó en una persona. No fueron los trabajadores sociales que cuidaban de él y de Seung-on como si fueran familia; la cara del delincuente beta que lo llevaba al refugio cada madrugada después del trabajo fue lo primero que se le vino a la mente.

“La fiebre bajará en una o dos horas, y luego, cerca de las cuatro de la mañana, volverá a subir. No baja de golpe. Suele empezar a ceder recién por la mañana.”

Con una toalla húmeda y tibia en la mano tras haber limpiado el cuerpo hirviente, la dueña intentaba tranquilizar a Ju-won, quien estaba sentado a los pies de Seung-on sin saber qué hacer. Ju-won, que miraba fijamente al niño como si no escuchara nada, asintió mientras acariciaba los pequeños dedos de los pies de su hijo.

“Así que no te preocupes y acuéstate a descansar un poco. Tienes que estar bien para llevarlo temprano al médico.”

“Lo siento…. De repente, en medio de la noche….”

La dueña miró fijamente a Ju-won, que murmuraba con la cabeza baja, y le dedicó una sonrisa amable.

“Yo también lo crié sola, así que lo entiendo.”

“… Gracias.”

Parecía que no podía bajar más la cabeza, pero Ju-won se encorvó todavía más. La dueña tomó la toalla y se levantó. Al cerrarse la puerta, Ju-won hundió la cabeza directamente sobre los pies de Seung-on. Envolvió los dos pies pequeños con una mano y enterró su rostro en ellos.

A pesar de haber escuchado a la maestra decir que Seung-on no parecía estar bien, se fue a trabajar a la tienda de conveniencia. Incluso al volver a casa, vio que el niño no comía bien, a diferencia de lo habitual, pero no le dio importancia.

[Si te duele algo, dímelo.]

A un niño que ni siquiera puede decir bien “papá”, le pidió que hablara si le dolía algo; se había comportado de forma irresponsable. Ju-won se sentía patético por haberle dicho palabras tan crueles.

Que no pase hambre y que esta noche también pueda descansar tranquilo. Para el pequeño Ju-won, que fue abandonado por su padre biológico, sobrevivir era lo más importante. Hasta ahora, creía que hacerse responsable de Seung-on consistía únicamente en protegerlo para que sobreviviera. Por eso no interrumpió el embarazo, y por eso solo se preocupaba por tener un lugar donde vivir y comida para él. Lo que a Seung-on le gustaba, lo que lo hacía reír… no se había preocupado por nada de eso, realmente por nada. No se había ganado ni siquiera el derecho a que el niño pudiera quejarse con él cuando se sentía mal.

Su rostro, hundido en los pies pequeños, comenzó a distorsionarse poco a poco. Se sentía como un idiota por haberse ido a la tienda a ganar unos pocos pesos por hora. Pero lo que más miedo le daba era que, como necesitaba ese dinero, sentía que si volvía a pasar algo así, probablemente actuaría de la misma manera otra vez.

“Perdón…, perdón…. Yo, lo siento…….”

“…….”

Seung-chan, con una toalla húmeda y fría en la mano, observaba el interior de la habitación a través de la rendija de la puerta y fruncía el ceño en silencio. Le producía una sensación extraña escuchar esa pequeña confesión. El “lo siento” de Yang Ju-won —alguien con una situación parecida a la suya y que se asemejaba a ese padre biológico que él tanto odiaba— no solo llegaba al Seung-on dormido, sino también al propio Seung-chan.

Son todos iguales. La irresponsabilidad de elegir fácil y abandonar fácil.

Lo que Seung-chan guardaba y odiaba no era a un hombre omega, sino la irresponsabilidad de los adultos. Seung-chan, que no había aprendido lo que era la confianza, observó con una mirada intensa a Ju-won, encogido a los pies del niño en la oscuridad. Esa imagen se solapó con la de Ju-won dudando durante largo tiempo, incapaz de elegir fácilmente un regalo para Seung-on.

Son todos iguales. Pero parece que Yang Ju-won es diferente. No, es diferente.

Pensó que si los humanos que fueron sus padres hubieran sido al menos como Yang Ju-won, a estas alturas no le quedaría ni una pizca de odio. La nuez de Adán de Seung-chan se movió con fuerza mientras apretaba sus labios firmemente cerrados.

* * *

Ju-won, que había estado abrazando sus rodillas mientras observaba a Seung-on en silencio, extendió la mano. Rozó con el dorso de los dedos la frente y las mejillas del niño, que dormía profundamente. La fiebre que lo había tenido en vilo toda la noche había desaparecido por completo. Tras soltar un pequeño suspiro, cerró los ojos con pesadez. El cansancio que no había sentido mientras vigilaba a Seung-on lo invadió de golpe junto con el alivio.

Se recostó al lado del pequeño y tocó suavemente con el índice la mejilla de Seung-on, que tenía la marca de la sábana. Seung-on se movió entre sueños y se dio la vuelta. Ju-won lo siguió con la mirada, moviendo sus grandes pupilas lentamente.

Había pensado mucho mientras lo vigilaba durante la noche. Algo estaba mal. Algo estaba saliendo mal. ¿En qué se había equivocado? Sentía que estaba dando lo mejor de sí, pero ¿qué era lo que se le estaba escapando? Eran problemas difíciles de resolver solo, pero que únicamente Yang Ju-won debía solucionar. Los rumió una, otra y otra vez.

Pero no sé la respuesta. Siento que mi cerebro se volvió tonto... Solo tengo sueño y todo me da pereza...

Justo cuando Ju-won cerraba los ojos y se dejaba caer en un sueño apático, la puerta se abrió de par en par. Ju-won abrió los ojos con esfuerzo y vio a Seung-chan entrar de repente en la habitación.

Seung-chan lanzó una mirada a Ju-won y a Seung-on, que estaban acostados juntos en su cama, y sacó con naturalidad una sudadera y unos vaqueros del perchero. Luego, mientras sacaba un brazo de la camiseta que llevaba puesta, le dijo a Ju-won:

“No mires, pervertido de mierda.”

“…….”

“¿Eh? ¿No vas a quitar la vista?”

Seung-chan, cubriendo con una mano su pecho al descubierto bajo la camiseta a medio quitar, lo amenazó con voz baja. Ju-won lo miró inexpresivo, soltó un suspiro por la nariz y se dio la vuelta para quedar de espaldas. Detrás de él, escuchó los sonidos de Seung-chan cambiándose: el ruido de la ropa vieja cayendo al perchero, el roce del cinturón al ajustarse a la cintura y el sonido de un cajón del escritorio abriéndose para sacar algo. Ju-won esperaba con los ojos cerrados a que Seung-chan saliera rápido del cuarto, cuando sintió que alguien se acercaba y se quedaba parado justo al lado de la cama.

“…….”

Seung-chan lo miraba desde arriba, sosteniendo en una sola mano el paquete de cigarrillos, la billetera y el celular. Ju-won parpadeó al ver a Seung-chan observándolo fijamente como si tuviera algo que decirle, y terminó frunciendo el ceño.

“¿Qué?”

“Levántate.”

“¿Por qué?”

“Maldita sea, para cuando termines de preguntar el porqué ya podrías estar levantado.”

“Podrías responder en el mismo tiempo que tardas en decir eso.”

Al recibir la misma respuesta de vuelta, Seung-chan frunció el ceño y soltó un bufido de frustración. Luego, señaló a Ju-won con la mano en la que sostenía sus cosas.

“Vos, carajo, sos un omega realmente irritante.”

“¿Qué tiene que ver mi rasgo con esto?”

“Siempre andás jodiendo como si fueras una IA, pero hoy estás muy hablador. Mi tía me mandó a hacer unos recados, así que levantate rápido antes de que el mocoso se despierte.”

Ju-won miró a Seung-on, que para variar seguía durmiendo profundamente tras haber estado enfermo toda la noche, y se incorporó. No sabía de qué se trataba, pero si era un recado de la dueña, debía hacerlo. Y aunque no hubiera sido una orden de ella sino de Seung-chan, no habría podido negarse. Estaba en deuda con él.

Como había vuelto de madrugada en el coche de Seung-chan trayendo a Seung-on, no tenía ropa adecuada para cambiarse. Se palpó la ropa que llevaba puesta desde ayer.

“Uff, carajo, me hacés perder la paciencia.”

Seung-chan, que observaba a Ju-won, sacó una prenda de su perchero y la tiró sobre la cama. Ju-won recibió la sudadera que voló hacia su cara con ambas manos y parpadeó mirando a Seung-chan con sus grandes ojos.

“No me mires así, ya me iba a salir. ¿Te creés que soy un pervertido que mira el cuerpo de otros como vos?”

“No pensaba eso.”

“Pues tus ojos, maldita sea, dicen que sí lo pensás.”

Ju-won se quedó mirando distraído a Seung-chan mientras este salía de la habitación chasqueando la lengua, y luego empezó a quitarse la camiseta con torpeza. Como había salido a toda prisa del refugio con Seung-on en brazos, solo llevaba una camiseta fina bajo la campera, lo cual era insuficiente para salir a la calle.

Con el torso al desnudo, Ju-won se estremeció un poco por el frío y metió la cabeza en la sudadera que le había tirado Seung-chan. La prenda, que tenía un diseño tipo grafiti en la espalda, olía al perfume que Seung-chan siempre emanaba cuando se le acercaba para amenazarlo con frases como 'te voy a matar' o 'no te voy a dejar en paz'. Era un aroma a uva verde, dulce pero mezclado con un toque de alcohol. Le recordaba al vino espumante que solía oler cuando trabajaba ocasionalmente como reemplazo en un bar de vinos.

Al salir del cuarto y entrar directo al baño, Ju-won se quedó pensativo un momento al ver que el cepillo de dientes que había usado la otra vez seguía ahí en el porta-cepillos.

Se sentía en deuda por muchas cosas inesperadas. Cada vez que pasaba algo así, sentía que la dueña de la parrillada era una buena persona y no quería que ella le tuviera mala voluntad. Estaba acostumbrado a que la gente lo odiara, pero sentir que ella pudiera llegar a hacerlo le producía un poco de tristeza.

Tras lavarse la cara rápidamente, Ju-won salió del baño y le hizo una reverencia a la dueña, que estaba sentada en la sala viendo la televisión con el volumen muy bajo.

“Dueña, gracias por lo de anoche….”

“Hablamos después, Seung-chan te está esperando afuera. Ve rápido.”

“Pero, ¿qué recado tengo que hacer……?”

En lugar de responder, la mujer agitó la mano en la que sostenía el control remoto. Ante el gesto insistente de que saliera pronto, Ju-won no preguntó más y se dirigió a la entrada. Se puso sus zapatillas, se colocó la capucha de la sudadera y abrió la puerta principal. Seung-chan, que estaba en medio del patio mirando su celular, levantó la cabeza con el ceño fruncido para regañar al omega perezoso que se había tardado tanto.

“¡Vos…!”

La apariencia de Ju-won usando su ropa era extraña. No es que se viera ridículo por ser un omega bajito y sin mucha contextura física usando ropa grande; más bien, ver a aquel tipo que siempre lo miraba desafiante sin retroceder ni un paso, ahora siguiéndolo con docilidad y vistiendo su ropa, se sentía extrañamente bien. Aunque, como buen sociópata, su rostro seguía sin mostrar ninguna expresión particular.

Su rostro, que parecía recién lavado y con el flequillo algo húmedo, brillaba con claridad bajo el sol de la mañana. Seung-chan observó detenidamente esa piel blanca y sin color, como si fuera la de alguien que nunca hubiera visto el sol en su vida. Lo había agarrado de la solapa y acercado su cara muchísimas veces, pero era la primera vez que lo observaba con tanto detalle.

Quizás por ser omega, su piel no parecía la de un chico de su edad. Seung-chan también tenía buena piel y no tenía nada que envidiarle a nadie —lo cual solía provocar las quejas de Kyusung, quien decía que ambos habían fumado y tomado desde chicos pero que solo él se había arruinado—, sin embargo, la de Ju-won era buena en un sentido diferente. Se notaba a simple vista que era fina y delicada, se veía suave. No era la impresión habitual que se tiene al ver la piel de un hombre de veinte años. Además, a pesar de haberlo visto casi todos los días, recién ahora se daba cuenta de que tenía algo así cerca de los ojos.

Ju-won, viendo que Seung-chan se quedaba mirándolo fijamente sin moverse, preguntó con indiferencia:

“¿Qué recado es? ¿A dónde vamos?”

Seung-chan, cuya atención había sido capturada por una mancha rosada cerca del ojo de Ju-won que parecía un pétalo difuminado, respondió con sinceridad por la sorpresa:

“Dijo que pasemos el rato afuera y que volvamos a la noche con un pastel. Para que el mocoso coma pastel de Navidad.”

“… ¿Pasar el rato?”

Su rostro inexpresivo se llenó de confusión. Ju-won frunció levemente sus grandes ojos y preguntó con extrañeza, como si estuviera escuchando algo inaudito:

“¿Vos… y yo…?”

“¿O acaso pensabas que íbamos a andar cada uno por su lado hasta la noche?”

Ante la respuesta sarcástica de Seung-chan, Ju-won contestó de inmediato:

“Yo me muevo bien solo.”

“No me jodas. Mirá qué orgullo.”

Soltando un suspiro al final, Seung-chan se dio la vuelta y salió por el portón. Ju-won alcanzó a escuchar la voz de Seung-chan refunfuñando afuera. Por sus monólogos sobre cómo había tenido que cancelar planes con sus amigos por su culpa y cómo ella era poco cooperativa, y que buscaría la oportunidad de abandonarlo en medio de la calle, era evidente que había habido una presión muy fuerte por parte de la dueña que él no pudo rechazar.

Se sentaron uno frente al otro en una tienda de sándwiches. Seung-chan tomó un sorbo largo de su gaseosa fría a través del sorbete y le dio un gran bocado al sándwich. Con las mejillas hinchadas mientras masticaba con ganas, cada vez que cruzaba la mirada con Ju-won, fruncía el ceño como si estuviera agobiado, desviaba la cabeza y soltaba un bufido. Repitió la misma acción varias veces hasta que, cuando ya casi terminaba su sándwich de 15 cm, preguntó:

“Pero, ¿por qué dijiste que no te ibas a besar conmigo?”

Ante la pregunta repentina, Ju-won, que se limpiaba la comisura de los labios con un pañuelo, preguntó con indiferencia:

“¿Todavía con eso? ¿Es importante?”

Seung-chan protestó ante esa pregunta, hecha con un tono de quien realmente no entiende el problema.

“Entonces, ¿qué es lo importante?”

Seung-chan no podía creer que Ju-won, después de haberlo hecho pasar por un ridículo monumental, le preguntara si eso era importante. Frente a él, Ju-won movió apenas sus pupilas de forma pensativa antes de hablar.

“¿Y por qué quieres besarme?”

“Oye. Yo pregunté primero. Respondé primero.”

“no te gusto.”

Ante la respuesta de Ju-won, Seung-chan torció el gesto y soltó una carcajada burlona.

“¡Ja! Pues claro que no, ¿qué pensabas? ¿Que me gustabas?”

“Entonces podrías hacerlo con otra persona, ¿no?”

“…….”

La cara de burla de Seung-chan se congeló. De repente cerró la boca con fuerza, miró alrededor del local y, tras soltar un "maldita sea" entre dientes, se metió de un bocado todo el trozo de sándwich que le quedaba en la mano.

En lugar de responder a lo que le preguntaban, este tipo no paraba de poner excusas. Anoche fue al boliche, pero quizás porque últimamente usaba demasiado la cabeza buscando cómo sobrevivir, no sintió ningún interés real al ver a las chicas. Ni siquiera sabía bien cómo generar el ambiente para un beso, y solo de pensarlo le daba pereza. Pero como el beso en sí había sido divertido y se había sentido bien, simplemente pensó que sería mejor repetir unas cuantas veces con el mismo tipo con el que ya lo había hecho, como si fuera una especie de práctica. Eso era todo.

¿Tengo que explicarle, maldita sea, todo esto punto por punto a este omega de mierda?

Con el ceño fruncido, Seung-chan habló con voz borrosa mientras masticaba el sándwich.

“Es que contigo, carajo, como ya rompimos el hielo una vez, es más cómodo repetir. Con otras personas nunca lo hice, y bueno….”

Ju-won, que observaba fijamente a Seung-chan mientras este balbuceaba sin terminar la frase, murmuró para sus adentros:

“Ya me lo imaginaba….”

“¿El qué?”

“Me imaginé que nunca lo habías hecho.”

Seung-chan, que justo había abierto la tapa del vaso para terminarse el resto de la gaseosa, empezó a toser con fuerza. No se sabía si era por el atragantamiento o por la vergüenza, pero su rostro se puso rojo al instante. Tras calmar su garganta irritada, dejó el vaso vacío y gruñó en voz baja.

“Maldita sea, no te pases de listo. ¿Qué vas a saber?”

“Me di cuenta al hacerlo contigo.”

“… ¿Ahora te vas a burlar de mí?”

El rostro de Ju-won, apático y carente de emociones, no parecía tener la intención de burlarse o de hacerlo enojar. Sin embargo, Seung-chan se irritaba precisamente por esa expresión.

Si se estuviera burlando abiertamente como Hong Kyusung, podría ignorarlo, pero este omega tenía una cara tan seria que lo sacaba de quicio. No era una broma; le estaba diciendo con total seriedad que Gye Seung-chan besaba realmente mal.

“Terminá de comer eso rápido. Vámonos.”

Seung-chan, que estaba de frente a Ju-won, se giró para quedar sentado de costado. Ju-won iba a llevarse el resto del sándwich a la boca, pero se detuvo para mirar de nuevo a Seung-chan. Sintió un poco de lástima al verlo tan ofendido. Además, se dio cuenta de que, con todo el lío, todavía no le había dado las gracias formalmente por haber venido corriendo en medio de la noche cuando Seung-on estaba enfermo.

Normalmente, a Ju-won no le importaría lo que un delincuente caprichoso malinterpretara, pero esta vez decidió dar una pequeña explicación.

“No lo dije para que te sintieras mal.”

“¿Y qué quieres que haga? Me siento como la mierda.”

“Y lo de no querer besarte es porque simplemente no tengo razón para hacer algo así contigo. No es porque lo hagas mal.”

“Si vuelves a mencionar la palabra 'beso' delante de mí, te mato.”

Parecía que la explicación no había ayudado mucho. Ju-won observó a Seung-chan, quien lo miraba con ojos desafiantes y le mostraba el puño cerrado, y terminó de comer su sándwich en silencio.

Ya con el estómago lleno, los dos deambularon por la calle sin rumbo fijo. Ju-won caminaba un paso por detrás de Seung-chan, quien avanzaba mirando siempre al frente con su andar desgarbado. Quizás por el frío, a diferencia de la Nochebuena, la mañana de Navidad estaba bastante desierta. Las calles, sin nada interesante que ver, ya daban la sensación de que el ambiente festivo se había enfriado.

Sin cruzar palabra, Ju-won seguía a Seung-chan mirando solo los talones de sus zapatillas, hasta que levantó la cabeza al escuchar unos golpes fuertes y rítmicos. Sin darse cuenta, ya estaba dentro de un salón de juegos. Seung-chan entró al enorme local, donde solo había un par de grupos de personas, y se sentó con familiaridad frente a una máquina que tenía un asiento de auto y un volante. Luego, se dio la vuelta para mirar a Ju-won, que lo observaba desde lejos.

“¿Vas a quedarte ahí todo el tiempo?”

“…….”

“Pareces un fantasma que se murió a golpes en un salón de juegos.”

Era una comparación ridícula, pero por alguna razón Ju-won sintió que entendía a qué se refería. Tras acomodarse la capucha de la sudadera, Ju-won se sentó en la máquina de al lado. Seung-chan pagó ambas partidas con su tarjeta de crédito y, sin quitar la vista de la pantalla, dijo:

“Oye, de las cinco dificultades, elige el Curso D. Así nos conectamos.”

“…….”

Parecía tener mucha experiencia jugando con amigos. Tanto la forma de manejar la máquina como su lenguaje eran muy naturales. Ju-won alternó la mirada entre la pantalla de Seung-chan y la suya propia, y movió un poco el volante siguiendo sus movimientos.

Sin tiempo para prepararse mentalmente, la carrera comenzó. En cuanto apareció la señal de salida, Seung-chan pisó el acelerador y tomó la delantera, doblando las esquinas con una expresión llena de confianza.

“Tus reflejos son una mierda. Sos un novat…”

Antes de que Seung-chan terminara su frase triunfante, el auto de Ju-won tomó la curva por el carril interno con el chirrido de los neumáticos, lo rebasó y desapareció en el primer puesto. Seung-chan movió las cejas y lo miró de reojo. Ju-won estaba sentado allí con su habitual cara inexpresiva de sociópata.

Para alguien que parecía no haber jugado nunca en su vida, lo hacía bastante bien. Seung-chan, que pensaba que Ju-won se perdería con los controles difíciles, recordó de pronto que en la vida real Ju-won trabajaba como repartidor. Seung-chan se mordió el labio inferior y apretó el volante con más fuerza.

Sin embargo, la carrera terminó sin que pudiera recuperar el primer puesto. La foto del rostro inexpresivo de Ju-won se registró en el primer lugar mientras en la pantalla estallaban fuegos artificiales. Seung-chan miró la pantalla con desagrado y caminó hacia la siguiente atracción.

Tomando con seguridad el rifle de juguete de una máquina de disparo, Seung-chan miró a Ju-won y dijo:

“¿Sabés disparar? Los alfas y omegas no van al ejército, ¿no?”

Seung-chan, que había terminado el servicio militar hace poco, mostraba mucha confianza en su puntería. Ju-won lo miró de reojo. No parecía un simple alarde; incluso su postura al sostener el arma era diferente. Imitando la forma de Seung-chan, Ju-won apoyó el rifle en su hombro, inclinó la cabeza y apretó el gatillo contra la horda de zombis que aparecía en pantalla.

El juego de disparos terminó con la victoria de Seung-chan por una diferencia abismal de puntos. Tras colgar el rifle en su lugar, Seung-chan cerró los dedos como si fuera a darle un capirote y se acercó a Ju-won a grandes pasos. Ju-won, que se masajeaba el hombro donde había apoyado el rifle, apartó la mano de Seung-chan que ya estaba cargada frente a su frente y retrocedió. Pero Seung-chan no se rindió y volvió a levantar la mano.

“El que pierde, recibe el golpe.”

“Yo gané el primer juego.”

“Ya, está bien, está bien. Hagamos el mejor de cinco.”

Dijo Seung-chan con aires de generosidad, con el rostro iluminado por su reciente victoria. Ju-won no entendía por qué tenía que apostar con él, pero como era una orden de la dueña y además estaba agradecido con él, simplemente se movió según lo que Seung-chan le indicaba.

La tercera apuesta fue un juego de básquetbol de meter pelotas en el aro, y terminó con la victoria de Seung-chan. Como Ju-won nunca había jugado al básquetbol real con chicos de su edad, no hubo ni rastro de la suerte del principiante; fue una victoria aplastante de Seung-chan. La cuarta apuesta elegida por Seung-chan fue el juego de la pera de boxeo, donde también ganó por una diferencia de 300 puntos.

Tentado por la oferta de Seung-chan de darle una oportunidad para dar vuelta el resultado en la última ronda, comenzaron un juego de baile tipo Pump It Up en la dificultad más alta para que fuera justo. Ju-won pisó con entusiasmo las flechas de la plataforma hasta que su cabello se empapó de sudor, pero en la última sección de "Fever" perdió el ritmo, tropezó y obtuvo una calificación de F.

Al bajar de las plataformas del Pump It Up, ambos recogieron sus camperas, que habían arrojado por ahí sin darse cuenta mientras se concentraban en el juego. Ju-won frunció el ceño mientras se abanicaba con la mano el cuello, donde sentía un calor sofocante. Debido al sudor, sus feromonas habían empezado a emanar por una reacción fisiológica natural. Por suerte, no había mucha gente en el local.

“Ven acá. Pon la cara.”

Seung-chan, que no percibía las feromonas en absoluto, parecía divertidísimo con la sola idea de darle el capirote. Ju-won miró a su alrededor; solo quería terminar con esa apuesta absurda para poder salir de allí, así que caminó hacia él. Se quedó mirando la mano de Seung-chan, que ya apuntaba al centro de su frente, y cerró los ojos.

Seung-chan se quedó observándolo un momento. Ju-won mantenía los ojos cerrados con calma, sin hacer muecas ni mostrar señales de miedo. De repente, Seung-chan bajó la mano y dio un paso atrás.

“Me lo guardo.”

“… ¿Qué?”

Ju-won, que esperaba que la tonta apuesta terminara de una vez, abrió los ojos y volvió a preguntar. Seung-chan, cerrando el puño como había hecho en la sandwichería, sentenció:

“Ahora estoy de buen humor, así que no tengo ganas de pegarte. Me lo guardo para cuando te portes de forma insoportable; ahí te voy a dar. En ese momento vas a tener que cerrar el pico y dejarte pegar, ¿entendido?”

“Hacelo ahora y listo. Es molesto.”

“Ah, casi uso el vale ahora mismo.”

Seung-chan palmeó su puño cerrado con la otra mano como si intentara calmarlo y se dio la vuelta. Ju-won entrecerró los ojos mientras lo veía alejarse con su andar despreocupado.

¿De verdad le divierten estas cosas…?

No lograba entender esas bromas infantiles y sin sentido. Ya fuera en la escuela o en el hogar de menores, siempre había visto a los chicos de su edad —sin importar si eran alfas o betas— comportarse de forma inmadura. En esos momentos, Ju-won siempre se mantenía al margen, sin siquiera dedicarles una mirada. Aunque ahora le seguía la corriente por la deuda de la noche anterior, solo deseaba que esta situación cansadora terminara pronto.

 

Ju-won pensó que Seung-chan se iría por su cuenta mientras él trabajaba, pero el alfa lo siguió hasta el minimarket. Mientras Ju-won limpiaba el local, Seung-chan se quedaba apoyado en la barra de comidas jugando con el celular, o salía un momento para hablar por teléfono o fumar un cigarrillo antes de volver a entrar. Contrario a lo que Ju-won esperaba —que se aburriera y se fuera a casa—, Seung-chan se quedó allí durante las tres largas horas que duró su turno.

Tras hacer el relevo con el encargado, Ju-won entró con Seung-chan a una panadería cercana. Como era un día festivo, no quedaban pasteles de crema, así que tuvieron que comprar el único disponible: uno de queso. Mientras esperaban que lo envolvieran, Seung-chan agarró dos galletitas con forma de árbol de Navidad y de Papá Noel de una canasta junto a la caja y pidió que las cobraran también.

Fue en ese momento, mientras Ju-won estaba detrás de Seung-chan tocándose las palmas de las manos —donde la piel se le pelaba por el eccema—, cuando una mano grande lo sujetó repentinamente por el hombro.

“¿Hyung? ¿Ju-won hyung?”

“Ah….”

Ju-won se dio la vuelta y soltó una pequeña exclamación al ver un rostro que no veía hacía muchísimo tiempo. Seung-chan, que acababa de pagar, alternó la mirada entre la expresión atónita de Ju-won —algo que nunca le había visto— y el misterioso alfa que lo sujetaba por el hombro. Al principio pensó que era raro que alguien con tan pocas habilidades sociales tuviera amigos con los que encontrarse por casualidad, pero pronto notó que la apariencia del otro tipo no encajaba con alguien que fuera cercano a Yang Ju-won.

El alfa, que tenía el cabello decolorado de un amarillo chillón y llevaba una cadena de oro, abrió los brazos como si fuera a darle un gran abrazo.

“¡Guau, hace cuánto! ¡Qué alegría verte! ¿Puedo darte un abrazo?”

“No.”

“¡Jajaja! ¡Hyung, seguís siendo exactamente igual!”

El extraño alfa soltó una carcajada estrepitosa ante el rechazo. Al ver esa cara ruidosa en medio de la pequeña panadería, Ju-won pensó que él tampoco había cambiado nada.

Sintiendo las miradas incómodas de los empleados y de los otros clientes, Ju-won empujó el cuerpo robusto del chico con ambas manos.

“Seo Jintak, sal.”

Ante el tono frío de Ju-won, Jintak se revolvió el cabello amarillo y puso una mueca de disgusto.

“Esperá un poco, hyung. Hace mucho que no nos vemos, hablemos más.”

“Estamos molestando en el local, salgamos primero.”

“¡Ahhh!”

Ju-won empujó a Jintak por la espalda mientras este se quejaba y salieron de la panadería.

“…….”

Seung-chan, con la cabeza ligeramente inclinada, observaba a los dos con una curiosidad extraña. ¿Quién era ese alfa que, a pesar de no parecer su amigo a simple vista, le decía a un tipo tan asocial como Yang Ju-won que se alegraba de verlo y le preguntaba si podía abrazarlo? Sin pensarlo mucho, si no era una relación de amistad, solo quedaba una opción.

Este infeliz no tiene amigos, pero para tener hombres sí que se las arregla.

Soltó una risa irónica por lo absurdo de la situación y salió de la panadería. Jintak y Ju-won, que estaban hablando frente a frente, se giraron al mismo tiempo hacia él. Ju-won miró a Seung-chan, que sostenía la caja del pastel en una mano, y le preguntó:

“¿Querés irte a casa primero?”

“¿Qué?”

“Voy a hablar un momento con él y después voy.”

“…….”

Las pupilas de Seung-chan se movieron rápidamente hacia Jintak, que estaba parado al lado de Ju-won. El alfa de apariencia rebelde parecía no darle ninguna importancia a la presencia de Seung-chan; no podía quitarle los ojos de encima a Ju-won. Seung-chan, mirando cómo la comisura de los labios de Jintak temblaba como si quisiera sonreír, habló:

“¿Y por qué carajo tengo que llevar esto solo?”

Seung-chan levantó la caja del pastel con una expresión de total descontento. Al verlo quejarse por algo que no pesaba nada, era evidente que estaba de mal humor, aunque nadie sabía qué había molestado exactamente al caprichoso delincuente.

Ju-won soltó un suspiro bajo y extendió la mano hacia la caja.

“Entonces la llevo yo. Dámelo.”

“Maldita sea, yo la compré, ¿a dónde te la vas a llevar?”

Esquivando la mano de Ju-won, Seung-chan levantó la caja aún más alto, se metió la otra mano en el bolsillo de la campera y dijo:

“Vamos juntos.”

“…….”

“Dije que yo también voy, ¿por qué me mirás a…”

Estaba hablando mientras lo miraba hacia abajo con desdén, cuando Ju-won desapareció de su vista. Seung-chan frunció el ceño al ver que el alfa de cabeza amarilla se había interpuesto entre ellos.

Jintak miró fijamente a Seung-chan, que tenía casi su misma altura, y dijo:

“Me aguanté porque parecés el novio de Ju-won hyung, pero ¿por qué todo el tiempo le hablás así…?”

“Salí de acá. No te metas.”

Seung-chan no le dio tiempo a Jintak para levantar la voz; simplemente agarró del brazo a Ju-won, que estaba detrás, y tiró de él. Ju-won, al verse arrastrado al lado de Seung-chan, suspiró con una cara que reflejaba un cansancio absoluto.

Ahora tenía a dos delincuentes encima. ¿Por qué todos los de ese tipo hablaban igual y tenían el mismo carácter? Caprichosos, impulsivos, feroces y molestos. Aunque Seo Jintak era...

Mientras se trasladaban a un café cercano, Ju-won miró de reojo a Jintak.

Era la primera vez que lo veía desde que Ju-won cumplió la mayoría de edad y salió del hogar de menores. Jintak era uno de las docenas de niños con los que Ju-won había crecido durante años en aquel internado.

No es que fueran especialmente cercanos; más bien, durante el tiempo en el hogar, Jintak era quien le mostraba afecto de forma unilateral. Incluso en su adolescencia, Ju-won estaba demasiado ocupado lidiando con problemas reales como los estudios, el bullying y el dinero como para interesarse en los demás, incluso si vivían bajo el mismo techo.

Sentado junto a Seung-chan, Ju-won bajó la cabeza y se limitó a dar sorbos a su café, evitando la mirada de Jintak, que lo observaba fijamente desde el otro lado de la mesa. Jintak, ignorando por completo a Seung-chan —quien estaba apoyado sobre su mano con una cara de aburrimiento mortal y bostezando—, se inclinó hacia adelante en la mesa y dijo:

“Me enteré de algunas noticias tuyas de vez en cuando. Le insistí muchísimo al profesor Kwanwoo para que me contara algo”.

“Ah… ya veo.”

“Pero, hyung, ¿cómo es que ni una sola vez intentaste contactarme?”

Jintak hablaba con un tono de reproche, como si le doliera la indiferencia, a lo que Ju-won respondió con su frialdad habitual.

“Vos tampoco lo hiciste.”

“¡Hyung! ¡¿Cómo querés que contacte a mi primer amor?! ¡Si vos fuiste mi primer amor!”

Ante la palabra ‘primer amor’, los ojos de Seung-chan, que hasta entonces escuchaba con desgano, se abrieron de par en par. Miró alternadamente a Jintak y a Ju-won con sorpresa, para luego terminar arrugando el entrecejo con fastidio.

Que llegara el día en que tuviera que presenciar en vivo una historia de amor gay entre un alfa y un omega —algo que él tanto detestaba— era una verdadera pesadilla de Navidad. Además, ¿un sociópata como Yang Ju-won siendo el primer amor de alguien? Estaba claro que ese cabeza de kiwi rubio era un idiota de primera.

Seung-chan soltó una risa burlona cuando Jintak comenzó con un “¿Te acordás?” con aires de nostalgia, aunque, en el fondo, aguzó el oído para no perderse detalle.

“En el festival de talentos del hogar me te declaré frente a todos. Y cuando los otros chicos me decían de escaparnos a escondidas de los profes, yo nunca iba; me quedaba siempre en tu habitación esperándote solo a vos.”

La mirada de Jintak se llenó de emoción al recordar aquellos días lejanos. Sin embargo, el protagonista de la historia, Ju-won, mantenía la misma expresión gélida de siempre.

Para Ju-won, el pasado no era algo que extrañar. La nostalgia nace del cambio, pero su vida era esencialmente la misma entonces y ahora. Aunque en el hogar de menores tenía techo y comida asegurados y su cuerpo descansaba más, su mente siempre había estado inquieta y llena de malestar. No era muy distinto a su presente. Al menos ahora tenía a Seung-on a su lado; en aquellos tiempos, siempre estaba solo.

Mientras Ju-won permanecía impasible, el rostro de Seung-chan, sentado a su lado, cambiaba de expresión a cada segundo.

¿Qué? ¿Esperarlo en la habitación? ¿También se habrá besado con este tipo?

Al recordar la imagen de Ju-won saliendo de detrás de la cortina con el manager, Seung-chan entrecerró los ojos. Parecía que a Ju-won no le importaba si eran alfas o betas. Apoyando la cabeza sobre su puño cerrado, Seung-chan levantó la mirada con una chispa de irritación.

Ah... Entonces solo me rechaza a mí. ¿Por qué solo a mí, carajo?

‘Me imaginé que nunca lo había hecho. Me di cuenta al hacerlo contigo.’

La voz irritante que había escuchado esa mañana se repetía en bucle en sus oídos.

¿Me estás diciendo que conmigo no querés porque beso para la mierda?

“La verdad, la razón por la que no pude contactarte fue... porque me sentía culpable”, continuó Jintak, y su voz, antes animada, se apagó de golpe. Murmuró mientras se cubría el cabello amarillo con ambas manos, avergonzado: “Me quedó grabado en la conciencia no haberte prestado plata cuando me la pediste... Si hubiera sabido que estabas embarazado, te la habría prestado... ¡No, te habría dado todo el sueldo de mi trabajo a tiempo parcial...!”

La mirada hostil de Seung-chan se suavizó al instante. La historia de Ju-won enfrentando solo su embarazo no le sonaba como algo ajeno. De repente, sintió una oleada de calor en el pecho, como si el que hubiera estado en el vientre de Ju-won fuera él mismo.

“Después de que te fuiste del hogar, pensé mucho en vos. De verdad me gustabas mucho, pero cuando pensé en hacerme responsable no solo de vos, sino también de un bebé... me dio miedo... y no tenía plata...”.

Ju-won, que había estado escuchando el arrepentimiento repentino de Jintak, soltó un suspiro por la nariz y dijo con calma:

“No era tu hijo, ¿por qué tendrías que haberte hecho responsable?”

“Y... porque te quería. Cuando quedaste embarazado y no pudiste ir a la facultad ni entrar al centro de asistencia, me sentí muy mal por no poder hacer nada. Para mí vos sos alguien increíble, y verte pasar por eso fue muy doloroso...”.

Jintak dejó la frase a medias con el rostro contraído. Parecía que tenía mucho más que decir, pero las palabras no le salían como quería. Ju-won simplemente lo observaba mientras él se retorcía de angustia.

En realidad, no tenía mucho que decirle. Jintak, que lo había seguido por todos lados de forma evidente, no se había alejado de él ni siquiera cuando el rumor de su embarazo se esparció por todo el hogar. Si alguien hablaba mal de Ju-won, Jintak se enojaba y peleaba en su lugar sin importar quién fuera. Simplemente lo quería así. Lo quiso y ahí terminó todo. El amor de la adolescencia no suele traer resultados; simplemente se acaba.

Ju-won no sentía rencor ni resentimiento hacia Jintak por haber cortado el contacto después de tanto escándalo. No había razón para que un Jintak de diecinueve años se hiciera cargo del primer amor que esperaba el hijo de otro hombre. Menos aún cuando se trataba de un amor unilateral en el que nunca recibió ni una palabra cariñosa. A Ju-won incluso le resultaba curioso que Jintak apareciera ahora, con la cara roja, pidiéndole disculpas.

Tras reflexionar un momento con la cabeza entre las manos, Jintak miró a Ju-won y dijo:

“Después de que te pasó eso, yo también anduve muy perdido. Me dolió tanto no haber sabido nada ni haberte podido ayudar mientras vos estabas así...”.

“Ah, mierda.”

Un insulto mezclado con un suspiro escapó desde el costado. Ante ese freno inesperado, Jintak y Ju-won se giraron hacia Seung-chan. Sentado de lado y apoyando la cabeza en la mano, Seung-chan se veía profundamente irritado.

“Te vengo escuchando y, la verdad, hablás para la mierda. ¿Qué tanto con eso de que 'le pasó eso'? ¿De qué carajo hablás?”

Los ojos de Ju-won, que escuchaba a Jintak sin inmutarse, se agrandaron un poco. Se quedó mirando a Seung-chan, quien empujaba el interior de su mejilla con la lengua, mostrando su malestar sin filtros.

Seung-chan estiró el brazo y golpeó la mesa frente a Jintak, como si llamara a una puerta.

“Escuchame una cosa. ¿Por qué hablás como si su vida fuera un fracaso frente a alguien que tuvo a su hijo y lo está criando bien?”

Confundido por las palabras de Seung-chan, Jintak miró a Ju-won.

“¡Hyung! No quise decir eso...”.

“¿Y a quién carajo le importa si estuviste perdido o triste? Yang Ju-won vive perfectamente bien, así que dejá de decir pelotudeces sobre si te gustaba o no y borrate. Oye, ¿por qué no le prestaste la plata? Yang Ju-won no es de los que no devuelven, fuiste bastante rata, eh.”

Ante ese ataque que venía de donde menos lo esperaba, Jintak se soltó el cabello seco y pajizo y le preguntó a Ju-won:

“¡Hyung, de verdad no quise decir eso...! ¿Quién es este tipo? ¿Es tu novio?”

Ju-won, que se había quedado pasmado, reaccionó tarde ante el tono de voz cada vez más alto de los dos.

“Sal.”

Seung-chan miró a Ju-won, que intentaba echarlo, cerró los ojos lentamente y soltó una risita burlona.

“No quiero.”

“Yo también me voy a ir ahora mismo, así que sal primero.”

“…….”

Seung-chan, con las cejas moviéndose con fastidio, se levantó de su asiento y tiró de la capucha de la sudadera de Ju-won. Con un gesto que parecía más un desquite, le hundió la capucha hasta cubrirle casi toda la cabeza y se alejó de la mesa a grandes pasos. Como la prenda le quedaba grande, la tela le tapó por completo la visión. Ju-won se acomodó la capucha hacia atrás y miró a Jintak.

“Lo que pasó en aquel entonces no fue culpa tuya para nada. Era un dinero que te había costado mucho esfuerzo juntar, el malo fui yo por pedirlo de forma tan insistente.”

“No… si saqué el tema no era para que terminaras pidiéndome perdón….”

Ju-won le ofreció una disculpa calmada a Jintak, quien evitaba su mirada sin saber qué hacer.

“En ese momento estaba desesperado. Lo siento.”

“Hyung….”

“Me dio gusto verte. Me voy.”

Ju-won empujó la silla y se puso de pie. Jintak se levantó rápidamente tras él y dijo con prisa:

“Ni una sola vez pensé que tu vida fuera un fracaso. Solo… siempre deseé que conocieras a una buena persona y que estuvieras bien.”

Ju-won, que ya se estaba alejando de la mesa, giró medio cuerpo y lo observó en silencio. Jintak, nervioso, rascaba la superficie de la mesa mientras murmuraba:

“Sos una persona que merece estar con alguien bueno. Sos inteligente, lindo, bueno, trabajás realmente duro… merecés ser feliz, pero…….”

“…….”

“Ese tipo de afuera, ¿de verdad es tu novio?”

Al ver a Jintak preguntando con ojos llenos de preocupación, Ju-won sintió algo extraño. No era una sensación fea, pero tampoco del todo agradable. ¿Por qué? Sin tiempo para profundizar en el motivo, Ju-won dejó que sus labios hablaran por inercia.

“Sí. Gracias a él estoy viviendo bien.”

“Ah…. ¿En serio? Entonces me quedo más tranquilo…….”

Ju-won le dio la espalda a un Jintak que lo miraba con incredulidad y salió del lugar.

Nada más abrir la puerta del café, se topó con Seung-chan fumando. El alfa, que sostenía la caja del pastel en una mano mientras aspiraba el humo, tiró la colilla con un movimiento del dedo. Eran pasadas las siete; en la oscuridad del invierno que llegaba temprano, las chispas rojas volaron por el aire antes de desaparecer en el negro de la noche.

Ju-won exhaló el humo que se le colaba por la nariz y caminó hacia adelante sin mirar a Seung-chan, quien se puso a su par.

[Sos una persona que merece estar con alguien bueno.]

Al detenerse frente al semáforo, Ju-won recordó las palabras de Jintak y estuvo a punto de soltar una risa amarga. En aquellos tiempos, nunca le había dedicado ni una mirada a Jintak a pesar de que este lo perseguía, y ahora, solo para quedar bien frente a él, había mentido diciendo que Gye Seung-chan era su novio. Incluso presumió de que vivía bien.

Todo por esa palabra: ‘merecer’.

No quería que nadie descubriera que vivía cada día apretando los dientes, sintiendo que no daba la talla. Quizás quería mantener su orgullo frente a alguien a quien le había gustado. O quizás, simplemente, sintió un terror repentino ante la idea de que sus días siguieran así para siempre.

Ju-won, que miraba distraído el semáforo que no cambiaba a verde, sacó el celular que vibraba en su bolsillo. Al bajar la vista a la pantalla, la zona bajo sus ojos tembló violentamente.

Estamos a fin de año, contactá a tu viejo, no nos jodas a nosotros ni a tu hijo, pagá la plata…

Le informamos que el periodo de estancia en el Refugio Sunshine para Omegas ha vencido. De superar la fecha de desalojo, se procederá sin consentimiento del residente…

Ju-won, voy a bajar al pueblo de mi esposa hasta fin de año, así que voy a cerrar el minimarket unos días. Aprovechá vos también para descans…

Tras revisar los mensajes acumulados, Ju-won apretó el celular con fuerza y levantó la cabeza. Al ver que el semáforo seguía en rojo, sintió que su enfermedad mental se activaba y que la sangre le hervía por dentro.

… Quería huir. Quería dar la vuelta y correr por el camino seguro de regreso.

La risa y el rostro de Seung-on se sentían borrosos. Por más que se esforzaba, no podía recordarlos. No podía recordar cómo se reía su propio hijo, con el que se abrazaba cada noche para dormir, ni con qué ojos lo miraba. La única razón por la que Yang Ju-won debía resistir sin escapar era Seung-on, pero no podía recordar su cara, su olor ni su calor.

Ju-won frotó sus palmas ásperas y peladas por el eccema, incapaz de quitar la vista de ese semáforo que parecía destinado a brillar en rojo eternamente.

Quizás era porque no se lo merecía. Como nació sin que se le otorgara el derecho a nacer, por puro capricho. Como sobrevivió ignorando el deseo de su padre biológico, que tanto quería verlo muerto. Quizás por eso no podía ser feliz.

No era inteligente. No era lindo. No era bueno. No vivía trabajando dur…

“Oye, crucemos.”

“¿Eh…?”

Ju-won, que clavaba la mirada en la luz roja, se giró hacia Seung-chan como alguien que despierta de un trance. Seung-chan, con el ceño fruncido, lo agarró de la muñeca.

“No cambia más esta mierda.”

Ju-won opuso resistencia haciendo fuerza con las piernas y dijo:

“Pero está en rojo…?”

“Maldita sea, ¿vas a esperar hasta que te mueras entonces? Camina.”

Seung-chan apretó con firmeza la muñeca de Ju-won y tiró de él. Ante el tirón, Ju-won bajó la cabeza rápidamente para mirarse los pies. Sus pies, que parecían pegados al suelo sin intención de moverse, avanzaban ahora paso a paso siguiendo a Seung-chan.

Al ver a Seung-chan cruzar la calle a grandes pasos, la gente que esperaba con ellos también empezó a cruzar tras mirar a ambos lados. Cuando iban por la mitad de la senda peatonal, la luz roja del semáforo se apagó. Al ver que el semáforo se había quedado directamente sin señal, Seung-chan miró a Ju-won como si ya lo supiera.

“Viste, estaba roto.”

“…….”

“¿Te diste cuenta? Viví un poco más a ojo. Te hacés mala sangre por todo.”

Ju-won caminaba sujeto del brazo por Seung-chan mientras miraba hacia atrás. Los autos que venían circulando se detenían para dejar pasar a los peatones que habían perdido la señal del semáforo. En ese mundo que sentía que se derrumbaría si no escapaba, no pasó absolutamente nada. Él mismo, que sentía que se asfixiaría y sería devorado por las sombras si no huía, estaba perfectamente bien. Ju-won parpadeó con sus ojos redondos y volvió a mirar a Seung-chan hacia arriba.

El mundo de este delincuente, con quien compartía el inesperado vínculo de haber sido abandonado por su padre, funcionaba de una forma mucho más simple que el suyo. Y sorprendentemente, no le iba tan mal.

¿Será que Gye Seung-chan puede vivir buscando pelea y chocando de frente contra todo lo que no le gusta porque es simple, a diferencia de él? Si él se volviera tan simple como este tipo, ¿podría enfrentar sus crisis de frente en lugar de huir?

¿Vivir así, un poco más a ojo…?

“Sueltame….”

Dijo Ju-won en voz baja mientras caminaba tras Seung-chan. El alfa, que iba adelante, giró la cabeza al oír el murmullo a sus espaldas. Ju-won, cuyo rostro se veía solo a medias bajo la capucha de la sudadera, volvió a mover los labios.

“Me duele el brazo….”

Recién entonces Seung-chan bajó la vista hacia su mano, que seguía sujetando la muñeca de Ju-won. Con una expresión despreocupada, soltó el brazo de Ju-won y siguió caminando balanceando la caja del pastel. Era un paso rítmicamente ligero y algo arrogante. Ju-won fijó la vista en la espalda de Seung-chan y siguió caminando en silencio.

En cuanto se abrió la puerta principal, Seung-on, que había estado esperando a su papá y el pastel de Navidad, apareció corriendo en ropa interior y se detuvo junto al zapatero retorciendo su cuerpito. Con una sonrisa tímida y relamiéndose los labios, su rostro no mostraba rastros de la fiebre de la noche anterior ni del malestar físico.

Cenaron todos juntos lo que la dueña había preparado y luego se reunieron alrededor de la mesa de la sala. Seung-on se sentó en el regazo de la dueña en lugar de buscar los brazos de Ju-won. Quizás por haber pasado todo el día pegado a ella, se lo veía mucho más cómodo con la mujer que cuando se cruzaban habitualmente en la parrillada.

Seung-chan abrió la caja y sacó el pastel de queso. Seung-on, que probablemente imaginaba un pastel cubierto de crema blanca y adornos navideños, entornó los ojos mientras unía sus manitas sobre las rodillas de la dueña.

"Eh... e-esto..."

La dueña estalló en carcajadas ante la pequeña muestra de decepción del niño. Seung-chan, lejos de desconcertarse, sacó su arma secreta del bolsillo interno de su campera: clavó una galletita con forma de árbol de Navidad justo en medio del pastel. Luego, colocó velas alrededor y las encendió con su encendedor. La dueña lo observó con una mirada de desaprobación al ver cómo usaba el mechero para iluminar la escena.

Ju-won se quedó mirando durante un largo rato el rostro de Seung-on, que se iluminó al instante gracias a una simple galletita y la luz de las velas. El recuerdo de haber acariciado sin descanso el cuerpo de su hijo mientras este deliraba por la fiebre alta parecía ahora algo de un pasado remoto. Las horas de angustia que le habían hecho sentir que el corazón se le quemaba se diluyeron con una sola sonrisa.

Sentía que el esfuerzo por proteger a Seung-on se volvía cada día más pesado, pero hoy, esa carga se percibía ligera. Incluso la culpa que lo había oprimido mientras cuidaba al niño toda la noche se desvaneció un poco.

La mirada de Ju-won se desplazó hacia la dueña. Observó su rostro mientras ella aplaudía y reía sujetando la mano de Seung-on, y luego giró la cabeza hacia un lado. Seung-chan sostenía un cuchillo de plástico en una mano y le hacía señas al pequeño para que soplara las velas.

Aunque no sentía que pertenecía a ese grupo, el simple hecho de tener a alguien cerca aligeraba el peso de la vida. Siempre pensó que estar solo estaba bien, que al haber nacido solo no era soledad sino lo natural, pero parece que estaba equivocado.

Al ver a Seung-on estirando la cara y soplando con todas sus fuerzas, Ju-won levantó sus manos, que hasta entonces estaban quietas bajo la mesa, y aplaudió con un esfuerzo débil pero sincero. Seung-on, que soplaba con tanto ímpetu que hasta se le escapaba un poco de saliva frente a las llamas rebeldes, se giró hacia Ju-won y le dedicó una gran sonrisa. El niño entrecerró sus ojos, idénticos a los de su padre, y abrió la boca tanto que sus mejillas regordetas se veían aún más redondas. Esa sonrisa, que apenas había podido ver mientras vivía a las corridas, arrastrando su cuerpo enfermo y sacrificando horas de sueño, finalmente llegó a los ojos de Ju-won. Era una sonrisa que hacía que valiera la pena haber tomado la decisión de tenerlo aquel día, incluso si tuviera que elegir lo mismo otra vez.

 

Después de la cálida celebración navideña, Ju-won regresó al refugio con Seung-on dormido en el auto que conducía Seung-chan. Tras ingresar el código de la cerradura digital con el niño en brazos, Ju-won abrió la puerta. Seung-chan sujetó la puerta con una mano antes de que se cerrara y entró tras él. Mientras Ju-won se quitaba las zapatillas y acostaba a Seung-on en su colchón, Seung-chan se quedó de pie frente a la bacha de la cocina observándolos.

El monoambiente conservaba las huellas de la batalla que Ju-won había librado con su hijo enfermo. Las mantas estaban desordenadas y el suelo estaba revuelto con medicamentos de emergencia que habían quedado fuera de su lugar.

Ju-won le puso la manta a Seung-on y solo salió de la habitación después de comprobar con el dorso de la mano que su frente y mejillas seguían con temperatura normal. Se paró frente a Seung-chan, quien no había entrado al cuarto y se limitaba a golpear el suelo de cemento con la punta del pie, de espaldas a la puerta.

“Gracias por lo de ayer.”

“Qué rápido lo decís, carajo.”

“Estaba aturdido y me olvidé.”

Frente a un Seung-chan con el que nunca había mantenido una conversación larga, Ju-won se quedó allí parado sin decir nada más, con la cabeza baja. Esperaba que Seung-chan se diera la vuelta, abriera la puerta y se fuera, pero, contrario a sus deseos, el alfa sacó algo de su bolsillo. Al oír el crujido del envoltorio, Ju-won, que solo miraba sus pies, levantó la vista.

“…….”

Lo que Seung-chan le ofrecía era la galletita con forma de Papá Noel. Ju-won se quedó mirando el rostro del Santa Claus, que se había partido a la mitad probablemente por los golpes dentro del bolsillo, y recordó que de las dos galletitas que compraron en la panadería, solo habían usado una para el pastel.

“¿Por qué me das esto a mí?”

Preguntó con su habitual cara inexpresiva, buscando la intención detrás del gesto.

“Dásela al mocoso o cométela vos, qué sé yo.”

“…….”

“Y además….”

En la penumbra, Seung-chan giró el cuello como si estirara, murmuró un 'la puta madre' entre dientes y, tras soltar un suspiro, dijo:

“Estás viviendo perfectamente bien.”

“… ¿Por qué pensás eso?”

“Porque no abandonaste al chico.”

“…….”

“Ah, carajo, yo qué sé.”

Rascándose la nuca con fastidio, Seung-chan miró de reojo a Ju-won. Esperaba encontrarse con esa mirada de sociópata irritante, fija y sin expresión, pero el rostro que lo miraba hacia arriba era muy diferente al habitual. Quizás fuera por la oscuridad, pero tuvo la ilusión de que las comisuras de sus labios se habían elevado apenas.

Al ver ese rostro con una leve sonrisa en sus labios rojos y carnosos, Seung-chan estiró la mano con la que se rascaba la cabeza. Sujetó la nuca de Ju-won y se inclinó hacia él.

Uniendo sus labios con cierta urgencia, Seung-chan buscó la parte posterior de la cabeza de Ju-won. Tiró de la capucha de la sudadera y se la puso. Solo después de cubrirle el rostro hasta el puente de la nariz, abrió los labios y deslizó su lengua hacia adentro.

“…….”

“…….”

El beso de Seung-chan no había cambiado nada respecto al de hace unos días. Estaba ocupado revolviendo todo: bajo la lengua, las encías, el paladar y el interior de las mejillas. Ju-won, que se había quedado quieto recibiendo aquel beso caótico sin rechazarlo, intentó quitarse la capucha que le tapaba la vista, pero Seung-chan, que parecía absorto moviendo la lengua, se dio cuenta y sujetó la mano de Ju-won para detenerlo.

Con resignación, Ju-won cerró los ojos e intentó zafar su mano de la de Seung-chan con un leve movimiento, hasta que finalmente empujó con fuerza la lengua que invadía su boca usando la suya propia. Sus labios se separaron, dejando un largo hilo de saliva entre ambos.

Ju-won se quitó la capucha hacia atrás y se tocó la mandíbula con la mano.

“Me duele la mandíbula.”

“¿Esta vez también… lo hice mal?”

“…….”

“No me mires así, carajo….”

En lugar de responder, Seung-chan sintió que la temperatura le subía de golpe bajo la mirada fija de Ju-won. Se bajó la campera abierta por debajo de los hombros y caminó de un lado a otro para intentar refrescarse. De repente, se paró justo frente a Ju-won, volvió a ponerle la capucha y le sujetó la cabeza con firmeza con ambas manos.

Era porque el otro no le seguía la corriente. Aunque no tenía con qué comparar para estar seguro, era como el dicho: se necesitan dos manos para que un aplauso suene; el otro tenía que responder a sus movimientos para que la cosa funcionara. No podía quedarse ahí parado con la boca abierta como un sociópata.

Inclinando la espalda y con el rostro de Ju-won firmemente sujeto entre sus manos, Seung-chan se acercó para unir sus caras y susurró con voz grave:

"Muevete también. Es porque no te mueves."

"……."

"Es porque no mueves la lengua. No es que yo no sepa…."

"Ah…."

Escuchar los susurros de Seung-chan con la vista tapada hizo que a Ju-won se le escapara un suspiro. Metió la galletita que tenía en la mano en el bolsillo delantero de su sudadera y asintió levemente con la barbilla. A Seung-chan le dolió un poco el orgullo ante ese gesto que desbordaba pereza, pero como no hubo una negativa, aprovechó la oportunidad para juntar sus labios.

En cuanto se tocaron, Seung-chan intentó meter la lengua como siempre, pero Ju-won lo agarró de las solapas casi como si lo tomara del cuello, retiró la cara un momento y luego giró la cabeza de forma adecuada para volver a unir sus labios. Para terminar lo antes posible con ese beso tan agresivo que no mostraba señales de mejorar, pensó que sería mejor liderar él, tal como Seung-chan había sugerido.

Presionó ligeramente sus labios húmedos contra los del otro y los separó, repitiendo el contacto varias veces seguidas. Seung-chan sintió un cosquilleo en los oídos ante el sonido suave de los besos. Ante el movimiento de Ju-won, que lo besaba de una forma completamente distinta a la suya, Seung-chan movió sus labios con cuidado tras habérsele quedado congelados un momento.

Siguió a Ju-won, que le mordisqueaba el labio inferior antes de soltarlo, y atrapó el labio superior del otro. Los labios, que antes estaban apretados con fuerza, se separaron con suavidad. Y cada vez que volvían a encajar, Seung-chan sentía que la pequeña cabeza que sostenía entre sus manos se inclinaba un poco hacia atrás. Movió sus manos desde los costados hacia la nuca para evitar que Ju-won se echara atrás, sosteniéndole la cabeza con la palma de la mano mientras giraba la suya en dirección opuesta.

Le gustaba la sensación de los labios húmedos frotándose y aplastándose. Era mucho mejor que el recuerdo de aquel primer beso, o del segundo.

Moviendo la mandíbula, Seung-chan succionó y saboreó los labios carnosos antes de adentrarse en la boca de Ju-won sin prisa. A diferencia de hace un momento, cuando él arremetía solo y fuera de sí, esta vez las lenguas de ambos se entrelazaron de forma viscosa. El aire que exhalaban por la nariz se volvía cada vez más entrecortado.

Ju-won, que le seguía el juego a Seung-chan mientras este exploraba con curiosidad, apretó con fuerza las solapas que tenía sujetas.

El beso estaba durando demasiado.

Frunciendo el ceño bajo la capucha que le cubría la cara, Ju-won giró la cabeza hacia un lado. Debido a eso, la dirección falló y la lengua de Seung-chan lamió la comisura de sus labios. Ju-won logró empujar a duras penas a un Seung-chan que, absorto en el beso, abrió los labios e intentó morderle la mandíbula tras habérsele deslizado el contacto.

Seung-chan lo miró mientras soltaba pequeños jadeos.

"Ah... ¿por qué me esquivás?"

Bajo la oscuridad de la capucha, los labios que brillaban por la humedad se movieron.

"Me duelen las piernas."

"Maldita sea.... ¿qué tanto te duele todo el tiempo?..."

Murmurando por lo bajo, Seung-chan miró a su alrededor buscando algo y cerró la puerta de la habitación que estaba abierta a espaldas de Ju-won. Luego, hizo que Ju-won se sentara justo donde antes se veía a Seung-on durmiendo plácidamente.

Con Ju-won sentado apenas en el borde del umbral, Seung-chan se arrodilló frente a él y volvió a pegar su cuerpo. Apoyó una mano en la puerta cerrada y, con la otra rodeando el rostro de Ju-won, retomó el beso.

Seung-chan, que frotaba su lengua contra la de Ju-won, atrapó la lengua del otro y la succionó hacia su boca. Movía la cabeza mientras saboreaba la lengua de Ju-won con empeño, como si fuera un caramelo, ocultándola dentro de su boca.

"Ah…."

Al oír ese suspiro ahogado de Ju-won, Seung-chan encogió los hombros y se concentró aún más en el rostro que estaba besando. Con el cuerpo totalmente encorvado, se inclinó cada vez más hacia Ju-won. Para evitar que Seung-chan se le viniera encima, Ju-won echó la cabeza hacia atrás. Al final, la capucha terminó por deslizarse, revelando su rostro con los ojos cerrados.

"……."

Seung-chan, que lamía la lengua de Ju-won con los ojos a medio abrir, observó por un momento los ojos de Ju-won, que se veían borrosos por la cercanía, y luego él también cerró los suyos.

Al quedar sumergido en la oscuridad total, los sentidos de su cuerpo se agudizaron. No solo sentía el contacto de las bocas, sino también la temperatura caliente de los alientos mezclados, el roce de la ropa gruesa de invierno y hasta el sonido nítido de la arena crujiendo bajo la suela de sus zapatillas contra el suelo de cemento.

Y sintió que Yang Ju-won se aferraba con fuerza a sus solapas.

A Seung-chan le divertía y le hacía sentir bien ese tirón sutil que Ju-won daba a su ropa cada vez que él frotaba la lengua con insistencia. Por eso, siguió buscando los puntos donde ese omega sociópata reaccionaba, moviéndose de un lado a otro, sin darse cuenta de que sus rodillas se estaban pelando contra el suelo mientras permanecía arrodillado.

Fue recién al volver al refugio y entrar al baño cuando se dio cuenta de que, a pesar de llevar puestos unos jeans gruesos, sus rodillas estaban rojas y lastimadas por haber estado apoyadas en el cemento.

<Continuará 2 el en volumen>