2

 


2

Gracias a que Kyusung cargó a Seung-on en su espalda, se movieron rápidamente hasta una distancia a la que el hombre no pudiera alcanzarlos. Ju-won no quería confiarle a Seung-on al poco fiable Kyusung, pero el niño, tal vez porque le dolían las piernas, soltó la mano de Ju-won y saltó sobre la espalda de Kyusung.

Solo cuando llegaron a la zona de la estación, donde había mucha gente, pudieron tomar un respiro. Seung-chan, tras enjuagarse la boca con el agua mineral que compró en la tienda, escupió el agua ensangrentada hacia un cantero. Aunque se había cortado por dentro, por suerte no tenía ningún diente flojo. También tenía cortes en el tabique y cerca del ojo, pero no parecía haber daños en los huesos.

Kyusung, que le puso una curita sobre la herida ya tratada con ungüento, se tocó la frente y soltó su furia tardía.

“¡Oye, ese tipo! ¡Como andaba en los préstamos pensé que era un mafioso de verdad, pero tiene manos de algodón! ¡Wow, pero tú, pedazo de mierda, ¿cómo te lanzas solo sin avisar?! Me pegaste un susto bárbaro.”

El blanco de su enojo pasó del hombre a Seung-chan. Este, cubriéndose con la palma la mejilla hinchada por los golpes, respondió como si no fuera gran cosa.

“Si te avisaba, ¿acaso tú sabes pelear?”

“Por cómo hablas parece que estás bien, ¿no? Mira, mira. Soy mejor que ese tipo de hace un rato.”

Kyusung empezó a dar pasos de boxeo hacia adelante y hacia atrás, lanzando puñetazos al aire. Seung-chan, que lo observaba con mirada de desprecio, estiró su pierna larga. Los pies de Kyusung, que se movían ocupados imitando una postura de combate, tropezaron con la pierna de Seung-chan. Por un instante pareció que iba a caer de bruces, pero Kyusung logró enderezar el torso como un porfiado.

“¡Oye, ¿viste ese equilibrio?!”

Justo cuando Kyusung alardeaba triunfante ante Seung-chan, Ju-won intervino en la conversación trivial de ambos.

“¿Ya me puedo ir?”

Los dos se giraron al mismo tiempo hacia Ju-won. El rostro del chico, que ahora sostenía en brazos al niño ya dormido, no parecía el de alguien que acababa de ser amenazado por un usurero. No se percibía en él ningún sentimiento como miedo o sorpresa.

Seung-chan bebió de un trago el resto del agua y, tras aplastar la botella de plástico con una sola mano, se paró frente a Ju-won.

“Eres un maleducado de mierda. ¿Por culpa de quién estoy así ahora?”

“Yo no te….”

“¿‘No te pedí que me ayudaras’?”

Seung-chan cortó las palabras de Ju-won recitando exactamente lo que ya le había oído decir antes. Ju-won apoyó su mejilla sobre la cabeza de Seung-on y dijo.

“Tengo que ir a trabajar.”

“…….”

Seung-chan no pudo responder nada y se quedó mirando solo a Seung-on. Como Ju-won usaba al niño como escudo, se quedó mudo. Omega astuto de mierda.

Kyusung salió en su defensa ante el silencio inusual de Seung-chan.

“Aun así, esto no es correcto. Sabiendo que a su tía le va a doler verlo así, te ayudó y ¿te vas así nada más? Por lo menos tendrías que decir gracias.”

Ju-won pensó que si lo retenían así sería para exigir una gran recompensa, pero lo único que estos dos delincuentes querían era un agradecimiento. Dar las gracias no era difícil. De hecho, estaba agradecido.

Tras cerrar y abrir los ojos lentamente, Ju-won le lanzó una mirada seca a Kyusung.

“Gracias. ¿Listo?”

“¿Qué? Seung-chan, ¿qué dijo este?”

“Si terminamos, me voy.”

“¡Ja!”

Ju-won miró fijamente a Kyusung, quien soltaba una risa incrédula y desconcertada, y se dio la vuelta con Seung-on en brazos. En ese momento, una mano roja y pelada por la pelea lo sujetó por el hombro. Seung-chan lo detuvo y, mirando a esos ojos que se alzaban hacia él, le dijo.

“No le digas nada a mi tía de lo de hoy. Si se entera, estás muerto.”

“¿De la pelea? ¿O de los préstamos?”

Preguntó Ju-won en voz baja, observando a un Seung-chan que no respondía. Ya que había decidido seguirle el juego a este hyung, guardar el secreto era algo natural. De todos modos, no tenía intención de contar que se había agarrado a trompadas hasta quedar con la cara hecha un desastre ni que andaba con usureros.

“Se me pasa el autobús. Me voy.”

Ju-won se dio la vuelta dejando atrás a un Seung-chan que seguía sin responder. Ante la docilidad con la que Seung-chan lo dejó ir, Kyusung dijo chasqueando la lengua.

“¡Wow, qué maleducado! Ahora entiendo perfectamente por qué armaste ese escándalo frente al local aquel día, ¡wow!”

Mientras Kyusung se golpeaba el pecho como alguien indignado, Seung-chan se sentó en el borde del cantero viendo a Ju-won alejarse. Kyusung, que se había acalorado hablando por él, terminó sentándose a su lado. Tras un momento de silencio, preguntó en tono cuidadoso.

“Oye... a ese maleducado... ¿le tienes paciencia por el niño, verdad?”

“¿No tienes un cigarrillo?”

“Ay, Seung-chan.”

Kyusung suspiró y sacó del bolsillo interno de su saco un encendedor y un paquete de cigarrillos para dárselos. Como se conocían de hace años, Kyusung pareció darse cuenta apenas vio a Seung-on de por qué Seung-chan se comportaba de forma tibia con ese omega que tanto decía detestar. Sin embargo, lo que Kyusung aún no sabía era que, además de Seung-on —que le recordaba su propia infancia—, hoy había surgido otra razón más.

Seung-chan prendió el cigarrillo y frunció el ceño herido al inhalar profundamente el humo. Pensaba que ellos dos se parecían, pero hoy vio que los tres eran iguales. El mocoso y ese omega insoportable.

“Los padres de mierda…….”

Murmuró Seung-chan en voz baja mientras soltaba el humo grisáceo por la nariz.

 

Para cuando los empleados de la parrilla se habían ido y el local estaba ordenado, Seung-chan, que se había despedido frente a la tienda, hizo su aparición. Llegó con la gorra bien calzada y cubrebocas; se veía sospechoso para cualquiera, y era curioso que pensara que podría engañar a la dueña. Ju-won recordó la imagen de Seung-chan apareciendo de traje en el refugio.

Al principio pensó que había ido para molestarlo y evitar que fuera a trabajar, pero pensándolo bien, no parecía que supiera que él estaba en ese refugio. No había forma de que Seung-chan supiera del refugio si ni la dueña lo sabía, y viendo cómo reaccionó a los golpes apenas tocaron a Seung-on, no parecía tener malas intenciones.

Ju-won sentía cada vez más curiosidad por este perro callejero indescifrable. La aparición de Seung-chan en la vida de Yang Ju-won era como si a alguien atrapado en una isla desierta esperando la muerte, de pronto le cayera un libro de crucigramas. Por más indiferente que Ju-won fuera con los demás, no podía evitar interesarse.

“Vámonos.”

La dueña, que como siempre había metido una bolsa con carne en la mochila de Ju-won, salió del local. Seung-chan apagó todas las luces, activó el sistema de seguridad y, aprovechando su altura, cerró con cuidado la doble cerradura en la parte alta de la puerta.

Al levantar la cabeza para verificar el cierre, se notaba la zona de los ojos enrojecida. Aunque las heridas eran visibles bajo la visera de la gorra, la dueña no dijo nada. Por su forma de mirar hacia otro lado para no cruzar miradas con Seung-chan, Ju-won se dio cuenta de que ella no es que no hubiera visto las heridas, sino que estaba fingiendo no verlas.

Ju-won, con Seung-on dormido en brazos, subió al auto de la dueña que manejaba Seung-chan. El pequeño vehículo dejó primero a la mujer en su casa y luego se dirigió hacia el refugio. Como no había conversación posible con Seung-chan mientras manejaba, Ju-won se limitó a acariciar la cabeza de Seung-on en el asiento del acompañante. Inesperadamente, Seung-chan aprovechó que estaban detenidos en un cruce desierto de madrugada para hablar.

“Fui a ese trabajo sin saber que eran prestamistas.”

Ju-won, que miraba por la ventana, giró la vista hacia el conductor. Seung-chan se bajó el cubrebocas hasta el mentón —ese que usó todo el tiempo frente a su tía para cubrirse— y lo miró de reojo.

“Si le vas a contar a mi tía, cuéntale bien cómo fue.”

“No voy a decir nada. No me interesa.”

Como siempre, recibió una respuesta seca.

“¿Eres una inteligencia artificial? Qué duro eres, maldita sea….”

NO HACER PDF

Seung-chan murmuró en voz baja y enseguida cerró la boca. El semáforo cambió y el auto que estaba detenido volvió a ponerse en marcha. En el interior del vehículo, sumido en el silencio, solo resonaba la respiración rítmica de Seung-on. Seung-chan, que conducía con un brazo apoyado en el marco de la ventana, giró el volante con suavidad.

Al llegar al refugio, el pequeño auto encendió las balizas y se detuvo en el callejón. Ju-won, para bajar del coche, rodeó con sus brazos a Seung-on, que dormía en su regazo, y estiró la mano hacia el bolso que estaba a sus pies. Mientras tanteaba buscando la correa que no alcanzaba a enganchar, una mano con los nudillos pelados y rojos apareció de repente y se llevó el bolso primero. Ju-won se giró para mirar a Seung-chan, que le había quitado el bolso.

“¿Qué miras con esa cara? Baja.”

Seung-chan bajó del auto tras apagar el motor, sosteniendo el bolso con una mano. Ju-won lo observó por un momento y, un poco tarde, abrió la puerta del coche cargando a Seung-on. Seung-chan, con el bolso colgado de un hombro, ya estaba parado frente a la entrada del refugio.

“Dame el bolso.”

Seung-chan lo miró de reojo, levantó el mentón —donde todavía colgaba el cubrebocas— y dijo en tono fastidiado:

“Abre.”

“…….”

No tenía sentido discutir con un delincuente que solo se quedaba satisfecho si hacía las cosas a su antojo. Ju-won se quedó mirándolo fijamente con el rostro inexpresivo, desistió de hablar y marcó la contraseña de la puerta.

Ju-won pensó que le devolvería el bolso en la entrada, pero Seung-chan lo siguió por el pasillo exterior flanqueado por habitaciones pequeñas hasta entrar en el cuarto.

“¿No te vas?”

Seung-chan ni siquiera respondió a la pregunta de Ju-won. Entró como si fuera su casa y echó un vistazo rápido al interior. El papel tapiz, de un anticuado diseño floral, estaba lleno de manchas oscuras, y el aire acondicionado de pared había perdido su color original, volviéndose amarillento. La cajonera con espejo, que parecía ser el mobiliario estándar de todas las habitaciones, se veía tan tétrica que daba la impresión de estar poseída por algún espíritu maligno.

‘Viviendo en un lugar así, normal que sea un sociópata sin sentimientos, maldita sea’.

Seung-chan se sentó en cualquier parte del suelo y metió ambas manos debajo de las mantas extendidas.

“Mierda, el piso está helado.”

“Quítate.”

Seung-chan se apartó dócilmente para que Ju-won pudiera acostar a Seung-on. A pesar de todo, se veía que el chico tenía práctica como padre por la forma en que le quitaba el abrigo al niño dormido y lo tapaba con la manta. Seung-chan observó en silencio cómo Ju-won le apartaba el flequillo a Seung-on antes de hablar, apoyando la espalda contra las mantas dobladas en un rincón.

“¿No tienes padres? Dijiste que habías cortado lazos.”

Ju-won entendió de inmediato la intención de la pregunta. No intentaba insultarlo por ser huérfano; le estaba preguntando si estaba en la misma situación que él. Ju-won, sin dejar de mirar al pequeño Seung-on, se giró hacia Seung-chan y respondió:

“Sí. No tengo.”

“¿Ni parientes?”

“No.”

“…….”

Seung-chan se quedó mirando fijamente a Ju-won, que respondía con frases cortas, mientras mantenía una postura relajada y desafiante. Luego, arqueó las cejas y torció un poco el gesto. Tras quedarse pensativo con su rostro cubierto de heridas, Seung-chan dijo:

“Oye. ¿No tienes ramen?”

Ju-won, sintiendo que se enfrentaba a un acertijo cuya dificultad había subido de golpe, soltó un pequeño suspiro y respondió:

“Tengo.”

“Cocínalo.”

“¿…Ahora?”

“¿Y cuándo si no? ¿Mañana?”

Como ya había decidido seguirle el juego a este hyung, no le quedó otra opción. Ju-won se levantó y se dirigió a la cocina que estaba junto a la entrada. Sacó del estante el único tipo de ramen instantáneo que tenía. Ese paquete de cinco unidades era uno de los suministros básicos, junto con el papel higiénico, que el refugio entregaba una vez al mes. Por el bien del delincuente, abrió uno de los cinco que aún no había tocado.

Seung-chan observaba desde la habitación a Ju-won mientras cocinaba. Ese rostro carente de expresión era el mismo incluso en casa. Se preguntaba si habría algún momento en el día en que ese chico llorara o riera.

‘Es un sociópata... pero parece claro que quiere al niño...’

Mientras miraba a Ju-won echando los fideos en el agua hirviendo, la vista de Seung-chan se desvió hacia Seung-on, que yacía a su lado. Seung-chan frunció el ceño al recordar cómo Ju-won había protegido al niño entre sus brazos frente al usurero que lo amenazaba.

El corazón de las personas es traicionero y puede cambiar tan fácil como se le da la vuelta a la mano según la situación. Era admirable que viviera matándose en varios trabajos como alguien obsesionado con el dinero, pero seguramente, en cuanto se cansara, terminaría abandonándolo todo.

Justo cuando Seung-chan, que miraba alternadamente al omega y al mocoso que tanto se le parecían, intentaba acomodarse mejor contra las mantas, oyó un crujido debajo de él. Sin haber metido mucho la mano, agarró un papel arrugado.

[Tercer aviso de desalojo por vencimiento de estadía en el Refugio Omega]

“No me jodas….”

Seung-chan leyó por encima el contenido del papel arrugado y miró a Ju-won, que seguía cocinando el ramen.

Tenía muchas ganas de echar a ese omega insoportable del local cuanto antes, pero no dejaba de ver rastros de lo mucho que se esforzaba por sobrevivir. Seung-chan, viendo una vez más el precipicio en el que se encontraba el chico, volvió a meter el papel debajo de las mantas y se rascó la frente.

Ju-won apagó el fuego, tomó la olla y entró en la habitación. Miró desde arriba a Seung-chan, que se le quedaba viendo como un tonto.

“…Arma la mesa.”

Seung-chan obedeció la orden de Ju-won sin rechistar y desplegó la mesita plegable que estaba apoyada contra la pared. En cuanto terminó de ponerle las patas, Ju-won apoyó la olla. Aunque había usado las mangas de su ropa para agarrar las asas, debían de estar calientes porque se llevó las manos a los lóbulos de las orejas. Al ver a Ju-won tan tranquilo mientras se enfriaba las manos, Seung-chan se reafirmó en su idea de que ese omega loco era un sociópata que no sentía emociones ni dolor.

“Ja….”

Seung-chan soltó una pequeña carcajada incrédula y tomó los palillos que estaban en la olla.

Empezó a comer el ramen que Ju-won había cocinado solo para él. Como tenía la boca llena de cortes, tenía que enfriar bien cada bocado. Mientras masticaba y tragaba con cuidado, tratando de que los fideos calientes y picantes no tocaran sus heridas, le preguntó a Ju-won, que estaba sentado frente a él observándolo con ojos inexpresivos:

“¿No hay kimchi?”

“No.”

“¿La tía no te dio?”

“…….”

Ju-won pensó que Seung-chan estaba buscando una excusa para pelear. Imaginó que, después de eso, volvería a amenazarlo con que no lo dejaría en paz si volvía a aparecer por el local y luego se marcharía hasta la próxima. Ju-won lo miró con sus ojos redondos. Sin embargo, al escuchar las palabras inesperadas que siguieron, los ojos de Ju-won, con sus párpados ligeramente rosados, temblaron apenas un poco.

“Voy a estar vigilándote de ahora en adelante, así que pórtate bien, ¿me oyes?”

“¿Qué…?”

“Ni se te ocurra pensar en abandonar al niño y huir, y dedícate a lavar los platos con ganas.”

Seung-chan señaló la cara de Ju-won con la punta de sus palillos.

“Como hagas alguna estupidez, te voy a dar una paliza de muerte.”

“…….”

Ju-won movió las cejas. Aquello sonaba a que podía seguir trabajando en el local. ¿Sería porque no le dijo nada a la dueña? ¿O por haberle cocinado el ramen? Ju-won no lograba entender por qué el delincuente cambiaba de parecer de la noche a la mañana. Teniendo en cuenta que dijo que lo vigilaría, era muy probable que siguiera buscándole problemas por cualquier tontería, pero el simple hecho de no tener que escuchar más esas amenazas sin sentido ya era un alivio.

Ju-won observó a Seung-chan, que ahora se concentraba en comer el ramen con la cabeza gacha. Aunque aún no lograba descifrar los ambiguos criterios de aquel delincuente, se sentía un poco desconcertado al notar que, de alguna manera, había sido aceptado dentro de sus límites.

* * *

Después de haber comido ramen en el refugio, Seung-chan no volvió a decirle a Ju-won que dejara el trabajo ni que se alejara de su tía. Sin embargo, cumplió a rajatabla eso de que lo estaría vigilando. Cada vez que Ju-won lavaba los platos en la cocina y sentía una mirada, allí estaba Seung-chan. Se quedaba de pie junto al mostrador mirándolo con expresión aburrida, como quien ve un canal de televisión poco interesante, y en cuanto cruzaban miradas, abría los ojos de par en par y le levantaba el dedo medio. Sus actitudes eran tan parecidas a las de un delincuente de secundaria que Ju-won ni siquiera sentía ganas de responderle.

La dueña estaba satisfecha con la actitud de Seung-chan, quien ya no le decía cosas desagradables a Ju-won. Parecía feliz de ver que su sobrino, que solía ponerse frenético como si hubiera encontrado a su peor enemigo cada vez que veía a un omega hombre, parecía haber ganado un poco de tolerancia.

Todas las madrugadas, al terminar el turno en la parrilla, Seung-chan dejaba a la dueña en su casa y luego dejaba a Ju-won frente al refugio antes de desaparecer. A decir verdad, Ju-won temía que él intentara entrar de nuevo para pedirle cosas difíciles de conceder, como aquel día del ramen, pero Seung-chan no volvió a entrar al edificio.

De ese modo, Ju-won logró evitar el desastre de tener que renunciar a la parrilla, pero los problemas de la vida, como siempre, estallaban uno tras otro. En cuanto se resolvía uno, se prendía fuego el siguiente.

Ju-won salió del edificio de la mano de Seung-on tras terminar una consulta gratuita en un centro de desarrollo, recomendado por la directora del jardín de infantes.

El estado de desarrollo de Seung-on era bueno; de hecho, le dijeron que era avanzado para su edad. Había dejado los pañales temprano y su comprensión del lenguaje era alta. Sin embargo, el diagnóstico de que su notable falta de expresión emocional y su tartamudeo parecían deberse a factores psicológicos dejó a Ju-won aturdido.

‘En casos como el de Seung-on, los niños suelen verse muy influenciados por sus cuidadores. Parece que usted tampoco expresa casi sus emociones, padre. Existe una evaluación de un nivel más alto que incluye un test para el cuidador; ¿qué le parecería si se lo realizan juntos?’

Con una alta probabilidad, las preocupaciones de Ju-won solían volverse realidad, y hoy no fue la excepción.

Al subir al autobús con Seung-on en brazos, Ju-won lo sentó en su regazo. Apoyó la cabeza contra la ventanilla, donde entraba el cálido sol de invierno del mediodía. Seung-on, que miraba hacia afuera, empujó suavemente el rostro de Ju-won con su manito. Aun sabiendo que era un gesto para pedir que no le tapara la vista, Ju-won, de forma inusual en él, no se movió y resistió. Luego, hundió su rostro en la mejilla de Seung-on. Olía a durazno dulce. Era el olor de la loción que le había puesto la empleada del centro al ver que Seung-on tenía las mejillas rojas.

Al recibir la confirmación de que en realidad estaba arruinando al único ser por el que había decidido hacerse responsable, ese malestar que creía haber extinguido tras dar a luz a Seung-on comenzó a reptar por su cuerpo. Como si hubiera estado esperando, el impulso heredado de la sangre de su padre recorrió sus venas, carcomiendo su mente y su pecho. Ju-won frotó su rostro contra la mejilla de Seung-on intentando sacudirse esos pensamientos, pero le resultó imposible recuperar la calma.

De camino al refugio, Ju-won compró dos botellas de soju. Se sentía extraño regresando con alcohol escondido, algo que no había probado desde que quedó embarazado de Seung-on. Mientras caminaba con la mano de Seung-on en una y la bolsa con las botellas en la otra, sentía una opresión en el pecho y el corazón le latía con fuerza. No sabía si era por la ansiedad o por la culpa.

En cuanto llegaron, Seung-on se quedó dormido. Parecía agotado tras la larga evaluación y la consulta en el centro. Al mirar la habitación donde solo resonaba la respiración de Seung-on, Ju-won sintió que todo a su alrededor era una señal de que tenía permitido beber.

“…….”

Se quedó mirando la botella de soju durante mucho tiempo. Finalmente, Ju-won abrió la tapa, se levantó y fue hacia la cocina. Inclinó la botella sin haber probado ni una gota y vertió todo el contenido en el fregadero. Mientras veía el alcohol caer, apretó los labios con fuerza.

Justo cuando terminaba de vaciar la primera botella y se disponía a verter la segunda, sintió una vibración en el bolsillo. Sacó el celular y revisó un mensaje enviado desde un número desconocido; Ju-won se apoyó con un brazo en el fregadero y agachó profundamente la cabeza.

‘Pedazo de omega de mierda, si tienes energía para andar paseando con el mocoso, dile a tu padre que pague lo que debe’.

Tras el mensaje lleno de insultos, llegó una fotografía. En la imagen, él y Seung-on aparecían sentados junto a la ventana del autobús. Al ver la foto, que funcionaba como una advertencia de que siempre estaban vigilándolo, su cuerpo comenzó a temblar. Había previsto que volverían al refugio o que lo amenazarían insistentemente, pero no imaginó que viajarían con ellos en el autobús. Eso significaba que, si se lo proponían, podían seguirlos a cualquier parte. Incluso al jardín de infantes de Seung-on.

‘¿Cuánto dinero... quedaba en la cuenta...?’

Las pupilas de Ju-won temblaron levemente mientras miraba el fregadero por donde acababa de tirar el alcohol. Su mirada temblorosa se dirigió a la botella de soju que aún sostenía en la mano.

* * *

“Ese pedazo de mierda… ¿Qué carajo le pasa ahora…?”

Seung-chan, sentado de lado en la silla del mostrador con la barbilla apoyada en la mano, murmuró en voz baja mientras observaba por la ventanilla de la cocina.

Lo normal era que los empleados del salón juntaran los platos y restos de comida de los clientes y los dejaran en la zona de descarga para que Ju-won los lavara, pero hoy era distinto. Ju-won rebuscaba entre los platos que traían y, cada vez que encontraba una copa con restos de alcohol, se la llevaba a la boca rápidamente.

‘¿Se habrá vuelto loco este omega de mierda durante el fin de semana?’

Seung-chan no entendía por qué, justo después de que él le diera permiso para seguir trabajando, su actitud se volvía tan deficiente. Había aceptado que se quedara, pero vigilaba constantemente que ese omega —experto en traicionar por la espalda— no hiciera ninguna estupidez; y ya lo había visto empinar el codo con las sobras de los clientes decenas de veces. No tenía intención de acusarlo con su tía, solo sentía curiosidad. ¿Qué bicho le había picado a ese loco para actuar así?

Mientras los empleados se marchaban y preparaban el cierre del local, Ju-won salió cargando a Seung-on, que dormía en el interior. Al ponerse los zapatos, Ju-won se tambaleó. Su forma de balancearse con el niño en brazos era peligrosa. Seung-chan, temiendo instintivamente que soltara al pequeño, se estremeció y soltó un insulto entre dientes.

“Mierda, ¿de verdad va a seguir con sus estupideces…?”

Seung-chan chasqueó la lengua con desagrado y miró de reojo a su tía. Ella estaba absorta preparando su salida, sin dar muestras de saber si el empleado había estado bebiendo o no. Le resultaba increíble que su tía no se diera cuenta. Aunque el rostro de Ju-won siempre terminaba rojo por el vapor del lavado, hoy el brillo de sus ojos, nublados por el alcohol, era irritante. Era evidente que estaba fingiendo no verlo; su tía siempre era así.

Al final, incluso cuando bajaron del auto, la tía no cuestionó a Ju-won por los tragos robados. ‘Qué paciencia tiene esta mujer’, pensó Seung-chan. ‘Bueno, por eso me crió a mí también hasta el día de hoy’.

Al llegar al refugio, Seung-chan miró a Ju-won, que seguía dormido en el asiento del acompañante abrazando a Seung-on, y lo llamó con incredulidad.

“Oye.”

“…….”

“Mierda, oye.”

NO HACER PDF

Por más que lo llamara, no parecía tener intención de abrir los ojos. No era para menos: sumando todos los tragos que se dio durante cuatro horas, fácil se habría tomado una botella entera. Además, el aire caliente de la calefacción en el auto terminó de mandarlo al otro mundo.

“Mañana estás muerto.”

Lanzó una amenaza que nadie escuchó y bajó del vehículo. Levantó a Seung-on de los brazos de Ju-won y, en ese momento, el omega —que seguía perdido por el alcohol— empezó a manotear el aire. Seung-chan casi suelta una carcajada al ver a ese tipo, que siempre actuaba rígido como un sociópata sin sentimientos, dando manotazos sin sentido. Con Seung-on en un brazo, Seung-chan desabrochó el cinturón de seguridad y agarró a Ju-won por el cuello de la camisa.

Al tirar con fuerza del cuello, el cuerpo que colgaba inerte en el asiento salió arrastrado del coche. Seung-chan llevó a un Ju-won que parecía a punto de derrumbarse hasta la entrada del refugio y lo sacudió por la ropa.

“Oye, abre la puerta.”

“…….”

“¿No piensas abrir los ojos? Abre los ojos, pedazo de mierda. Agh….”

Seung-chan, con Ju-won y Seung-on prácticamente colgados de sus costados, levantó la cabeza y tragó su rabia. Dejó a Ju-won apoyado contra la pared y estiró el dedo hacia el botón rojo que decía ‘Llamar al personal’.

“…… Mierda.”

Seung-chan insultó entre dientes mientras fulminaba con la mirada el botón. Recordó la orden de desalojo que vio sin querer en la habitación de Ju-won. Si ese tipo, que ya tenía el tiempo cumplido, aparecía borracho como una cuba y sin cuidar del niño, era evidente que terminarían en la calle. Y lo primero que hacían los padres cuando ya no tenían ni para comer era abandonar a sus hijos.

 

Al regresar a casa de su tía, Seung-chan pasó en silencio frente a la habitación principal, de donde venía el sonido del agua de la ducha. Amortiguó sus pasos todo lo posible para que ella no se diera cuenta y llevó a Ju-won y a Seung-on a su propio cuarto. Las explicaciones por la mañana serían responsabilidad de ese omega loco cuando recuperara la cordura.

Seung-chan arrojó al suelo a Ju-won, que no podía ni sostenerse por la borrachera, y acostó a Seung-on en la cama.

“Haa, maldita sea.”

En pleno invierno, tenía la espalda empapada en sudor. Se quitó la campera y luego se sacó el buche por la cabeza. Justo cuando iba a quitarse también la remera de manga corta que se le pegaba al cuerpo por el sudor, sintió un movimiento a sus pies.

Seung-chan miró hacia abajo en la oscuridad y soltó una risa incrédula. Se puso de cuclillas frente a Ju-won, que forcejeaba con su propio cuerpo intentando sentarse. Seung-chan lo agarró de la barbilla con una mano, obligándolo a mirarlo mientras el olor a alcohol le golpeaba de lleno.

Tenía una cara digna de ver, con los ojos nublados y perdidos. El mismo tipo que siempre lo miraba con desprecio y sin expresión alguna….

“Mierda, como te vomites en mi cuarto, te mato.”

Como si hubiera entendido la advertencia sincera, el omega borracho hizo temblar sus párpados entreabiertos. Seung-chan sacó el celular del bolsillo trasero, apuntó con la cámara a la cara de Ju-won y empezó a grabar. Necesitaba pruebas; cada vez que el tipo se pusiera insoportable con su cara de sociópata, le mostraría el video para avergonzarlo.

“Yo… yo con….”

En la pantalla, los labios carnosos de Ju-won murmuraban algo. Seung-chan, concentrado en grabar para burlarse de él más tarde, subió las comisuras de sus labios con un gesto travieso.

“¿Qué dices? Habla bien.”

“Conmigo… conmigo… ¿quieres hacerlo…?”

“Qué carajo. No te oigo.”

En el momento en que Seung-chan hizo zoom para llenar la pantalla con el rostro de Ju-won, una mano caliente le rodeó la muñeca. Seung-chan bajó el celular y miró a Ju-won, quien lo sujetaba. Ju-won parpadeó con fuerza, con los ojos desenfocados como alguien que no puede ver, y movió los labios hacia Seung-chan.

“¿Quieres… dormir conmigo?”

En el silencio de la madrugada, la voz de Ju-won se escuchó tan clara que era imposible pensar que había oído mal. Seung-chan frunció el ceño y apartó de un sacudón la mano caliente que rodeaba su muñeca.

“¿Estoy loco? ¿Pedazo de omega marica?”

“… ¿Entonces quieres un beso?”

Ju-won cerró los ojos y giró la cabeza, apretando la remera de Seung-chan con ambas manos.

“¿Qué dices, pedazo de zorra…?”

En la oscuridad, los labios carnosos de Ju-won, que se habían entreabierto apenas, atraparon el labio inferior de Seung-chan mientras este soltaba sus insultos. Seung-chan abrió los ojos de par en par; en el instante en que se dio cuenta de que esa sensación caliente y resbaladiza no eran solo los labios superpuestos sino la lengua de Ju-won moviéndose en su interior, dejó caer el celular.

Esa lengua ajena, que sentía por primera vez, le resultó extremadamente extraña y rara. Seung-chan pensó: ‘Así que esto es un beso’, y recordó a aquel compañero de clase que presumía de haberse dado un beso increíble con una chica mayor en la secundaria.

‘¿Qué…? No es para tanto…’.

Al contrario de los rumores, el acto de besar no le provocó ninguna emoción especial a Seung-chan. Probablemente porque el otro era un omega de mierda.

Frunciendo el ceño con violencia, Seung-chan cerró el puño que antes sostenía el celular y agarró a Ju-won por el cuello de la camisa. Luego, echó la cara hacia atrás y se mordió el labio inferior que Ju-won acababa de succionar.

“Te he tenido paciencia, pero mierda, ¿acaso crees que soy un marica como tú?”

Gritó en voz baja, lanzando una mirada fugaz hacia la cama donde Seung-on dormía. Con la voz aún más baja para no despertar al niño, le susurró a Ju-won:

“Eres un pervertido de mierda. Si vas a hacer estas cosas, ve con los alfas y….”

Esta vez, una palma ardiente sujetó la mejilla de Seung-chan. Él se quedó atónito, mirando a Ju-won mientras este le sujetaba la cara con firmeza con ambas manos, haciendo un sonido seco.

“…….”

“…….”

Le resultaba extraño ver esa mirada tan suavemente relajada, cuando siempre había estado gélida e indiferente. Parecía otra persona. Sus ojos, antes insípidos, ahora estaban calientes y húmedos. Seung-chan no pudo apartar la vista de esas pupilas que brillaban con una profundidad melancólica, como si estuvieran observando algún lugar lejano, y murmuró:

“Es... esto... hoy de verdad te volviste loco….”

No pudo terminar la frase y cerró la boca. Las dos manos que rodeaban sus mejillas se deslizaron hasta sus orejas. Ju-won, con los dedos entrelazados profundamente tras las orejas de Seung-chan, acercó su rostro lentamente. A diferencia de la forma brusca de hace un momento, sus labios entreabiertos tocaron los de Seung-chan con parsimonia.

“…….”

Seung-chan sintió cómo el aliento cargado de alcohol se dispersaba caliente sobre sus labios y sus párpados temblaron. La sensación era extraña. Un mareo similar al de las náuseas se extendió por su garganta y su pecho. Ju-won, con los ojos cerrados, encogió los hombros y presionó con fuerza sus labios contra los de Seung-chan. Él no fue capaz de empujarlo; solo movió la nariz, incómodo por la presión de la mejilla de Ju-won que le dificultaba respirar.

Ju-won lo besó varias veces sobre sus labios, que estaban apretados por los nervios. Chu, chu, chu. Cada vez que sus labios se superponían, mordía el labio inferior de Seung-chan y lo soltaba con movimientos pausados. Seung-chan no sabía si esa lentitud se debía a que era experto besando o simplemente por el alcohol.

El sonido de los besos húmedos y cortos cesó. Una masa blanda y caliente se abrió paso a través de sus labios cerrados. Los ojos de Seung-chan se abrieron de par en par ante el movimiento de Ju-won, que frotaba su lengua con calor sobre la suya. Era una sensación completamente diferente a cuando solo se tocaban los labios, algo que lo dejó paralizado.

Ju-won frotó suavemente la lengua rígida de Seung-chan y luego usó la punta para recorrer el interior de sus mejillas. Al tocar las heridas causadas por la pelea con el usurero hace unos días, Seung-chan, que estaba con la boca abierta como un tonto, frunció el ceño.

“Ah….”

Un gemido bajo se le escapó involuntariamente ante el roce constante sobre las heridas que apenas estaban sanando. Seung-chan levantó la mano que antes sujetaba el cuello de Ju-won. Su mano, que vagaba por el aire sin saber dónde apoyarse, terminó rodeando la nuca de Ju-won. Su intención era agarrarlo por el pescuezo y lanzarlo a un rincón como hacía siempre, pero extrañamente, su mano no le obedecía.

Inconscientemente, Seung-chan entornó los ojos y rodeó con la palma de su mano ese cuello delgado donde se sentían claramente las vértebras. Justo cuando iba a mover la lengua siguiendo el ritmo de Ju-won, que hurgaba en su boca, un golpe sonó en la puerta.

“Seung-chan, ¿estás durmiendo?”

En cuanto oyó la voz de su tía, su cuerpo, que se sentía pesado como si caminara bajo el agua, recuperó la sensibilidad rápidamente. Sobresaltado, Seung-chan empujó a Ju-won, quien seguía lamiendo su paladar. El pequeño cuerpo, lacio por la borrachera, se desprendió sin resistencia.

Viendo a Ju-won acurrucado en el suelo y gimiendo, Seung-chan se limpió los labios brillantes por la saliva ajena con el dorso de la mano y respondió levantando la voz:

“¡No abras! ¡Me estoy... me estoy cambiando de ropa!”

“¿Sin bañarte?”

“¡Me voy a cambiar y después me baño!”

Gritó lo primero que se le ocurrió y, con una mano, le tapó la boca a Ju-won, que seguía quejándose en el suelo. Parecía que su tía iba a empezar con el sermón de que saliera al patio a fumar, pero enseguida soltó un bostezo. Tras haber trabajado toda la noche, no parecía tener energía para discutir a través de una puerta cerrada. Pronto, el sonido de sus pasos se alejó.

Seung-chan, que se había quedado escuchando los ruidos del otro lado, bajó la cabeza aliviado. Ju-won, que había estado forcejeando contra la mano que le tapaba la boca, se había quedado dormido de repente. Al sentir el aliento caliente de Ju-won en la palma de su mano, recordó el suspiro que se deshacía sobre sus labios hacía un momento. Se estremeció, retiró la mano y la frotó contra su pantalón para limpiarse donde habían tocado los labios de Ju-won.

“Mierda….”

Sus labios, que murmuraban insultos en la oscuridad, temblaban con inquietud. Le habían robado la pureza de sus labios, que había guardado durante 21 años, y se la había robado un hombre. Era una porquería haber besado a un tipo que tenía lo mismo entre las piernas.

‘¡Y encima con un omega...! ¡Y de todos los omegas, con Yang Ju-won, ese sociópata de mierda...!’

Las llamas ardieron en los ojos de Seung-chan mientras fulminaba al dormido Ju-won en el suelo. Después de haber cometido la locura de beber durante todo el turno, ese tipo finalmente había causado un desastre irreparable.

“Tú, maldita sea, de verdad... mañana cuando abras los ojos, juro que yo….”

Seung-chan se mordió con fuerza el labio inferior que Ju-won le había succionado, temblando incapaz de controlar su rabia. Definitivamente, a esos omegas locos por el deseo y el placer no había que tenerles piedad, había que acabarlos a todos. Le había tenido consideración porque su situación de criar a un niño solo le recordaba a sí mismo, pero, mierda…….

* * *

Hacía tiempo que Ju-won no despertaba de un sueño sin imágenes. Parpadeó varias veces mientras observaba el techo desconocido, decorado con pegatinas de estrellas fluorescentes ya desgastadas. No era el refugio, ni tampoco la habitación de descanso de la parrilla.

“Ah….”

Ju-won se incorporó soltando un pequeño gemido. Le dolían la espalda y la cintura como si alguien lo hubiera estado pisoteando toda la noche. Encogiendo su cuerpo, que sentía pesado como algodón empapado, frunció el ceño intentando recordar lo último antes de dormirse. Sin embargo, su mente estaba en blanco, como si hubiera ocurrido un apagón.

Se llevó una mano a la cabeza por el dolor punzante y, al ver la campera de Seung-on tirada junto a la cama, llamó a su hijo con urgencia.

“Seung, Seung-on….”

De repente, su corazón empezó a latir con fuerza. La cama con las mantas desordenadas, un escritorio y una estantería sin un solo libro, un perchero con ropa de estilo streetwear que contrastaba con las estrellas del techo... El ambiente hogareño del cuarto sugería que no estaba en un lugar peligroso, pero los mensajes de los usureros del fin de semana volvieron a su mente y no pudo tranquilizarse.

“Seung-on. Yang Seung-on….”

Forzando su voz ronca, salió apresuradamente de la habitación. Pero no llegó muy lejos. Se detuvo en seco al escuchar una carcajada que resonaba en la sala, dejándolo atónito. No era la risa de un personaje de dibujos animados que solía escuchar al despertar en el refugio; era la risa de Seung-on.

“…….”

Seung-on estaba sentado sobre el abdomen de Seung-chan, quien estaba recostado en el sofá, mirando la televisión. Transmitían un dibujo animado educativo que no correspondía a la edad del niño; era imposible que Seung-on entendiera el contenido, y aun así no paraba de reír. La razón era Seung-chan.

Seung-chan, con la cabeza apoyada en el apoyabrazos del sofá, le hacía cosquillas en los costados cada tanto, provocando que Seung-on pataleara y soltara carcajadas. Como alguien experto en jugar con niños, Seung-chan mantenía la vista fija en el celular que sostenía con una mano, pero lograba que el pequeño se descostillara de la risa sin siquiera mirarlo.

Ju-won se acercó al sofá y tomó a Seung-on en brazos. Solo entonces, Seung-chan desvió la vista de la pantalla y lo miró.

“… Pedazo de pervertido marica.”

“……?”

Ju-won frunció el ceño ante el insulto repentino. Seung-chan se incorporó en el sofá y le extendió el celular. Ju-won, que sostenía a Seung-on a una distancia prudencial, se acercó un paso a regañadientes ante el gesto de Seung-chan, que agitaba la mano instándolo a mirar.

El fondo del video que se reproducía era completamente negro. No entendía por qué le mostraba una grabación en la que apenas se distinguía nada en la oscuridad.

Mientras observaba la pantalla con indiferencia, Ju-won identificó unos tenues puntos verdes. Eran las estrellas fluorescentes que acababa de ver en el techo de la habitación.

“¿Qué es esto?”

Seung-chan no respondió, pero tampoco retiró el celular. Era una señal para que siguiera mirando. Ju-won, incapaz de ignorar la insistencia de Seung-chan, continuó observando. Tras unos segundos, el audio del video dejó oír unas palabras.

Te he tenido paciencia, pero mierda, ¿acaso crees que soy un marica como tú?

Era la voz de Seung-chan.

Eres un pervertido de mierda. Si vas a hacer estas cosas, ve con los alfas y….

…….

Es... esto... hoy de verdad te volviste loco….

En el video, que solo mostraba el techo oscuro, el monólogo de Seung-chan se cortó y fue reemplazado por un sonido húmedo y viscoso. Ju-won no tardó mucho en comprender de qué se trataba ese sonido, mezclado con sus propios suspiros entrecortados.

Dejó a Seung-on en el suelo y estiró la mano para quitarle el celular a Seung-chan. Sin embargo, Seung-chan lo escondió rápidamente tras su espalda y arqueó una ceja con tono burlón.

“¿Ah, resulta que tienes vergüenza?”

“Bórralo.”

“No quiero. Pienso denunciarte por acoso sexual, pedazo de omega pervertido.”

“…….”

Ante el silencio de Ju-won, que se limitaba a mirarlo con los labios apretados, Seung-chan levantó la voz.

“Ya sabía que los que tienen rasgos están locos por el sexo, pero, wow… ¿tanto así? Mierda, ¿incluso intentas ligar con un beta? Qué asco das.”

Aunque decía que daba asco, su tono de voz más alto de lo normal delataba que, para Ju-won, Seung-chan parecía estar divirtiéndose. Finalmente había conseguido algo con qué chantajear a ese chico que siempre le resultaba una molestia. Si le mostraba ese video a la dueña, por más buena persona que fuera, no permitiría que Ju-won volviera al local. De todos modos, haber bebido a escondidas durante el trabajo ya era motivo de despido.

Ju-won miró la coronilla de Seung-on, que merodeaba cerca de la televisión, y se pasó las manos por la cara con cansancio. Le sobrevino un dolor de cabeza distinto al de la resaca. Seung-chan, viendo que Ju-won no contraatacaba y se quedaba allí parado, guardó el celular en el bolsillo trasero y se puso de pie. Ju-won lo siguió con la mirada mientras se acercaba.

‘¿Irá a retractarse de haberme dejado trabajar en la parrilla…?’

NO HACER PDF

Hasta ahora, no le habían importado las amenazas del delincuente, pero habiendo cometido un error real, sintió una tensión inusual. Y si lo echaban ahora….

Ju-won observó fijamente los labios de Seung-chan con ansiedad. Finalmente, estos se abrieron con lentitud.

“… Oye.”

“…….”

“En el estante del baño hay un cepillo de dientes nuevo. Lávate los dientes y ven a la habitación.”

Ju-won frunció el entrecejo ante el pedido inesperado.

“¿Qué miras? Muévete.”

Seung-chan levantó la mano de forma amenazante hacia el rostro de Ju-won. Este echó una mirada a Seung-on, que ya estaba tirado en el sofá mirando la televisión, y se dirigió al final del pasillo que indicaba Seung-chan.

Ya en el baño, Ju-won sacó el cepillo como le habían ordenado. Al verse en el espejo, entendió por qué Seung-chan le había dicho que se lavara. Tenía los ojos y las mejillas hinchadas; se veía descuidado en general.

“…….”

‘¿Acaso querrá golpearme con la cara limpia?’. Ju-won empezó a cepillarse los dientes con su habitual rostro inexpresivo.

Hacía años que no probaba el alcohol, desde que supo de Seung-on, pero este fin de semana había bebido como si le hubieran soltado las riendas. Obviamente, no pudo hacer los repartos que solía realizar los fines de semana. Usando como excusa que ya no tenía dónde dejar a Seung-on, bebió sin sentir culpa.

Dormirse borracho era fácil. No había ansiedad por el mañana ni pesadillas; simplemente caía rendido.

‘Pero debí contenerme mientras trabajaba…’.

Ju-won recordó la noche anterior, bebiendo los restos de los clientes. No había podido evitarlo. Y no era una excusa: era la verdad. No podía estar sobrio pensando en cómo todos sus ahorros, reunidos con tanto esfuerzo para el futuro de Seung-on, habían desaparecido de su cuenta bancaria.

Había pagado las deudas de su progenitor, a quien ni siquiera sabía dónde encontrar. Intentó buscar formas de evitar a los usureros que lo presionaban para que su padre pagara, pero como no lo estaban obligando legalmente a él sino extorsionándolo, renunciar a la herencia no servía de nada. Le habían dicho que denunciar a la policía tampoco ayudaría mucho.

Ju-won no podía soportar la idea de que algo le pasara a Seung-on mientras él dudaba. Retiró todo el dinero que le quedaba y se lo entregó al hombre que merodeaba el refugio. Pensó que mientras tuviera a Seung-on y este estuviera a salvo, el dinero no importaba; no le importaba que se usara para ese padre por el que no sentía nada. Sin embargo, al ver desaparecer el dinero que había juntado sacrificando horas de sueño, comida y tiempo con su hijo, una sensación de vacío insoportable lo invadió.

¿Qué había estado haciendo todos estos años? ¿Para qué tanto esfuerzo? Sabía perfectamente que su vida terminaría siendo así. El resultado de no haber huido, de haber resistido, no era muy distinto a aquel pasado del que intentó escapar. La desolación lo atormentaba. El pecho, que creía seco de toda emoción, le dolía como si se estuviera desgarrando.

‘Dinero... Mi dinero... El dinero para usar con Seung-on...’

Con el cepillo aún en la boca, su rostro comenzó a enrojecer. Ju-won cerró los ojos con fuerza, sacó el cepillo y escupió la espuma. Quiso convencerse de que el ardor en sus ojos era solo por el picante de la pasta dental.

Se lavó la cara con brusquedad para borrar cualquier rastro de llanto y, al salir del baño, vio a Seung-on acostado en el sofá mirando la televisión. Con una pierna encogida y recostado de lado, no parecía un niño de veintiocho meses, sino un hombre que ya lo hubiera vivido todo.

Tras confirmar que Seung-on estaba bien solo, Ju-won abrió la puerta de la habitación de Seung-chan con el rostro endurecido.

Seung-chan, que estaba esperando con la oreja pegada a la madera, tiró del brazo de Ju-won hacia adentro en cuanto se abrió la puerta y echó llave de inmediato. Sin poder resistir la fuerza con la que lo tironeaban, Ju-won terminó empujado contra la pared del rincón.

Solo después de presionar el botón de la cerradura un par de veces más para asegurarse de que estaba trabada, Seung-chan se giró y acortó la distancia físicamente. Ju-won, con él pegado frente a sí, soltó la frase que había preparado mentalmente mientras se lavaba:

“... Acaba rápido.”

“…….”

“Pégame de una vez.”

“¡Ja! ¿Qué te pasa? ¿Cada vez que me ves la cara tienes que decirme que te pegue? ¿Acaso eres un pervertido que siente placer cuando le dan una paliza?”

Ju-won lo miró fijamente y respondió a su sarcasmo con frialdad:

“... ¿Entonces para qué me llamaste? No tengo tiempo. Seung-on tiene que ir al jardín.”

“Mierda, te quedaste frito durmiendo como un tronco y ahora sales con lo del jardín. Es mediodía ya. Despierta de una vez.”

Ju-won movió las cejas con sorpresa. Sabía que llegaba tarde, pero no imaginó que hubiera dormido tanto. Ya había perdido el turno del buffet de la mañana; ahora debía ir al trabajo del minimarket, pero la preocupación por qué hacer con Seung-on lo asaltó de inmediato.

Seung-chan, acercándose aún más al Ju-won que parecía aturdido por la hora, dejó de lado el tono burlón y susurró con una voz grave y pausada:

“Oye... Cierra los ojos.”

“…….”

Ante la mirada de Ju-won, que seguía observándolo sin inmutarse, Seung-chan frunció el ceño y le cubrió la cara con la palma de la mano. Con esa sola mano tapó casi todo su pequeño rostro, dejando apenas visibles los labios y la barbilla, y se inclinó hacia él.

En cuanto sus labios se tocaron, Ju-won sujetó el brazo que le cubría la cara.

“¿Qué haces? Quita.”

“Tú también me besaste ayer como se te dio la gana. Mierda, tienes que pasar por lo mismo para que sepas lo asqueroso que se siente.”

“¿Qué? Eso no tiene ni pies ni ca... “

Seung-chan metió la lengua a la fuerza en medio de sus palabras. La cabeza de Ju-won, presionada contra la pared, forcejeó para escapar de su agarre. Para evitar que Ju-won rechazara el beso repentino, Seung-chan metió una pierna entre las de él y presionó con más fuerza la palma que le cubría el rostro.

“Mmpf... mm... uuh... “

Cuanto más forcejeaba Ju-won, más se pegaba la palma de Seung-chan a su cara. Tras intentar respirar por la nariz apretada contra la mano, Ju-won finalmente dejó de empujar la lengua de Seung-chan y se quedó quieto con la boca abierta.

Al sentir que Ju-won se calmaba, Seung-chan aflojó la presión de su mano y se concentró en las sensaciones de sus labios y su lengua.

Mientras rumiaba el hecho de que un "marica" le había robado un beso durante la madrugada y su humor se volvía cada vez más rancio, el recuerdo de ese contacto no dejaba de darle vueltas. Odiaba la idea de haber besado a un hombre, pero quería volver a sentir esa textura caliente, blanda y resbaladiza.

Así que, a diferencia del beso del omega que había perdido la cabeza por el deseo, el beso que él estaba dando ahora nacía puramente de la curiosidad. No era que estuviera excitado sexualmente ni nada de eso.

A diferencia del primer beso de la madrugada, donde Ju-won había llevado el mando por sorpresa, Seung-chan se tomó la libertad de explorar la boca de Ju-won, que apestaba a pasta de dientes. Tal como Ju-won le había hecho a él, lamió su paladar, frotó su lengua contra la de Ju-won —que permanecía inmóvil— e incluso llegó a enredarla. Los recuerdos borrosos de la noche anterior cobraron vida y empezó a sentir una diversión extraña que no había notado antes.

Después de un rato, Ju-won, que se había mantenido como una estatua con la boca abierta, empujó de repente el pecho de Seung-chan con ambas manos. Seung-chan, que intentaba regular su respiración irregular por la falta de práctica, retrocedió ante la resistencia inesperada.

Tras separarse dócilmente, Seung-chan se limpió los labios húmedos con el dorso de la mano mientras miraba de reojo a Ju-won, quien, de manera increíble para alguien que acababa de ser besado, no mostraba ni rastro de emoción, como un auténtico sociópata.

“¿Y bien...? ¿Se siente asqueroso, verdad...?”

“Sí. Con esto estamos a mano, así que no le digas nada de ayer a la dueña.”

“¿Sobre lo de la bebida? ¿O sobre el beso?”

“…….”

Ju-won miró en silencio a Seung-chan, quien marcaba las palabras con una dureza exagerada. Su rostro, que parecía imitar el tono de voz de Ju-won, se veía extrañamente animado.

Pensó que quizás Seung-chan se sentía aliviado por haberle devuelto el beso al omega que tanto despreciaba. Aunque para una persona normal su comportamiento no tenía sentido, Ju-won simplemente asumió que, como delincuente con criterios extraños, así era Kye Seung-chan.

Tras fulminarlo con la mirada, Ju-won recogió el bolso y la campera de Seung-on que estaban tirados cerca de la cama y salió del cuarto. Sintió que Seung-chan lo seguía, pero no se dio la vuelta; tomó en brazos a Seung-on, que se había vuelto a dormir frente a la televisión, y se dirigió a la entrada.

La puerta principal se cerró con fuerza. Seung-chan observó la puerta cerrada y luego se movió hacia el ventanal del salón que daba a la terraza. Desde allí vio a Ju-won cruzando el patio con Seung-on en brazos. Seung-chan pegó la frente al vidrio y lo observó fijamente mientras salía por el portón sin una sola expresión en la cara.

Se quedó inmóvil, con el rostro pegado al cristal, hasta que Ju-won desapareció por completo de su vista. Entonces, frunció el ceño levemente.

“Mierda... si él empezó primero... “

Ni siquiera tenía intención de contárselo a su tía, ¿y ahora sale con que están a mano? Mierda, ¿acaso es una cualquiera? Cómo se le ocurre decir que un beso lo salda todo. Como si a alguien le gustara besarlo, maldita sea...

Sus cejas arqueadas temblaron. Solo lo había hecho por curiosidad, porque la sensación del primer beso le resultó novedosa. Un beso con Yang Ju-won no era algo tan importante como para usarlo en un trato. Le irritaba esa actitud altanera de Ju-won, como si fuera la gran cosa. ¿Quién querría volver a besar a un tipo que se comporta como un robot rígido incluso durante un beso?

‘Omega maleducado de mierda...’

Seung-chan se quedó mirando durante mucho tiempo el patio vacío por donde Ju-won se había marchado, con una expresión llena de resentimiento.

 

El encargado del minimarket se rascaba la frente sin poder ocultar su incomodidad. Ju-won jugueteaba con la mano de Seung-on, a quien tenía sentado en la silla del mostrador, manteniéndola tras su espalda. Había pensado en llevarlo al jardín aunque fuera tarde, pero como ya había pasado mucho tiempo, coincidía con la hora de la siesta del niño. Al tener sueño, Seung-on se puso caprichoso —su única forma de berrinche— y se negó a ir. Su "berrinche" consistía simplemente en dejar caer lágrimas de sus ojos grandes y soltar algún que otro sollozo suave.

Si lo hubiera llevado, Seung-on habría dejado de llorar enseguida, pero a Ju-won le preocupaban los usureros. A pesar de haberles entregado todo su dinero, solo alcanzó a cubrir los intereses de la deuda de su padre; el capital seguía intacto. Los intereses volverían a acumularse y los usureros volverían a presionarlo. No debió haber pagado nada desde el principio, pero con el cuerpo sumido en la ansiedad y la depresión, y bajo el efecto del alcohol, no supo juzgar bien la situación. Aunque se arrepintiera, a Ju-won solo le quedaba una cuenta bancaria vacía. Y Seung-on.

Apretó suavemente la mano de Seung-on tras su espalda y se inclinó ante el encargado.

“No podía dejarlo solo... Lo siento mucho... “

“Ah... si se queda tranquilo no hay problema, pero... Ju-won-si, no sabía que tenías un hijo.”

“... ¿Hoy no va a entrenar?”

Ante el intento de Ju-won por cambiar de tema, el rostro del encargado se volvió aún más compungido.

“Ah, eso... Mi esposa se enteró de que tú estabas cubriendo mis turnos y, al darle explicaciones, bueno... se enteró de que había pagado las membresías del bowling y del club de tenis.”

NO HACER PDF

Apoyado con un brazo en el mostrador y mirando al vacío mientras se relamía los labios, el comportamiento del encargado se veía bastante incómodo.

“Juaaaa….”

Tras soltar ese sonido extraño para ganar tiempo, el encargado miró de reojo a Ju-won y a Seung-on por encima del mostrador, y finalmente explicó la razón por la que seguía merodeando en el local tras haber terminado el relevo.

“Entonces, sobre eso…, creo que vas a tener que trabajar solo hasta finales de este año.”

“…….”

Aunque dijera finales de año, apenas quedaban dos semanas. El minimarket era un empleo que Ju-won ya preveía perder el día que la esposa del encargado descubriera sus pasatiempos ocultos, pero con su situación financiera actual, la noticia le resultó lamentable.

Todo lo que había construido con esfuerzo desde que nació Seung-on parecía desmoronarse al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo. Se destruía con tanta facilidad que Ju-won empezó a sentirse como un estúpido por haber luchado con todas sus fuerzas hasta ahora.

Sin soltar la mano de Seung-on, Ju-won asintió lentamente. Con una disculpa corta, el encargado le dio unas palmaditas en el hombro como dándole ánimos. Ju-won recibió aquel gesto de aliento que no servía para nada mientras procesaba la situación y, finalmente, llamó al hombre en voz baja.

“Oiga….”

“Sí, dime, dime.”

Ante la respuesta del encargado, que parecía dispuesto a escuchar cualquier cosa, Ju-won habló con voz vacilante.

“¿No puedo… seguir viniendo?”

“…….”

“Es que mi situación es… urgente….”

La mirada del encargado se desvió por un instante hacia Seung-on, y luego mostró una sonrisa sin malicia.

“Jajaja, lo siento. Este lugar lo puso mi suegra, así que para mí la palabra de mi esposa es ley.”

“¿Ni siquiera hasta enero del año que viene? Es difícil conseguir un empleo apenas empieza el año….”

“¿Probablemente no se pueda? Pero es la primera vez que te veo hablar tanto, Ju-won. Qué curioso.”

El encargado, tras rechazar a la ligera la petición que tanto esfuerzo le costó hacer, comentó entre risas:

“De ahora en adelante habla un poco más. Te queda bien.”

“…….”

No podía seguir suplicándole a alguien que se tomaba su situación a risa. Mientras escuchaba el silbido del encargado, Ju-won bajó la vista hacia la pantalla de su celular, donde se reproducía en silencio un video educativo del refugio, e inmediatamente apagó el video.

Tomó un chupetín del mostrador y se lo entregó a Seung-on, que estaba sentado tieso en la silla. Seung-on sonrió alegremente, satisfecho con solo tener el dulce aunque estuviera envuelto.

 

Apretando el filtro del cigarrillo entre los labios, Seung-chan inhalaba profundamente y caminaba de un lado a otro con impaciencia. Merodeaba cerca de la pila de basura y, soltando el humo con un suspiro largo, asomó el torso entre los edificios. Miró hacia la parada de autobuses cercana y volvió a esconderse para seguir fumando.

“Ese omega de mierda, no llega más….”

Llevaba veinte minutos fumando al lado del local esperando a Ju-won. Como había salido con la misma ropa con la que asaba la carne, el frío de la noche lo hacía temblar. Sacó el celular del bolsillo del delantal que tenía impresas las palabras 'Parrilla Suprema' y revisó la hora. Ya pasaban las diez, la hora de entrada de Ju-won.

Por lo que había observado estos días en el negocio de su tía, Ju-won siempre llegaba diez minutos antes que los demás para cambiarse y empezar a trabajar. El retraso de hoy era un caso excepcional.

‘¿Se habrá quedado haciendo alguna estupidez? Por ejemplo, mierda, beber.’

“Como te aparezcas borracho, vas a ver….”

Apoyando el peso en una pierna, Seung-chan volvió a asomarse. Justo en ese momento vio un autobús detenerse en la parada. Tiró la colilla a la basura de un capirotazo, soltó el último rastro de humo y salió de su escondite.

Ju-won bajó del autobús con Seung-on dormido en brazos y caminó a paso rápido con la vista fija en el cartel luminoso del local. Al terminar su turno en el minimarket, volvió al refugio y cenó con el niño. Estaba seguro de haberlo bañado y de haberse preparado para la parrilla como siempre, pero el tiempo se le había escapado. Se sentía extraño, como si su noción del tiempo se hubiera averiado y no pudiera cumplir con la rutina de siempre.

A pocos metros de la entrada, una sombra surgió de un costado y le bloqueó el paso. Era Seung-chan.

“¿Un poco irresponsable de tu parte, no?”

Ju-won ignoró a Seung-chan, que se pavoneaba frente a él, y presionó el botón de la puerta automática. Al entrar, la dueña lo recibió con alegría desde la caja.

“Ju-won, qué bueno que llegaste.”

“Lo siento mucho. Miré mal la hora…, perdón.”

“No te preocupes. Prepárate rápido y empieza.”

“Perdón…….”

Inclinándose varias veces con Seung-on a cuestas, Ju-won se dirigió a la habitación interior del local. Seung-chan entró detrás de él, siguiéndole los pasos con la vista clavada en su nuca.

“¡Seung-chan, volviste a fumar! ¡No te acerques a las brasas!”

A Seung-chan no le importó el sermón de su tía que gritaba a sus espaldas. Se quitó los zapatos junto a las gastadas zapatillas de Ju-won, que estaban al revés por lo rápido que se las había quitado, y abrió la puerta de la habitación de par en par. Ju-won estaba acostando a Seung-on en las mantas tras quitarle el abrigo.

“Oye, ¿tú también vas a robar alcohol hoy?”

“…….”

“¿Acaso ya vienes borracho? ¿Por eso llegaste tarde?”

Ju-won ignoró la voz provocadora, terminó de tapar a Seung-on con la manta y se puso de pie. Dejó su abrigo doblado junto al bolso en un rincón y salió de la habitación pasando de largo a Seung-chan.

Se dirigió directo a la cocina y se colgó al cuello el delantal impermeable. Seung-chan lo siguió hasta allí y continuó burlándose a sus espaldas mientras Ju-won se ajustaba las cuerdas del delantal y caminaba hacia el fregadero.

“¿De verdad me vas a ignorar? ¿Acaso eres sordo? Oye, oye.”

“¡Ay, qué ruidoso! ¡Si no eres de la cocina, fuera!”

Quien echó a Seung-chan fue la jefa de cocina, la señora Kim Young-nam. Ante el grito de la señora Kim, que era mayor que su tía y ya tenía canas, Seung-chan no pudo decir nada y fue expulsado.

Al salir de la cocina caminando de espaldas, Seung-chan se detuvo frente a la zona de descarga y fulminó a Ju-won con la mirada.

Si llegó tarde por estar bebiendo, pensaba darle una paliza, pero por lo visto no ha bebido nada. Sin embargo, eso tampoco lo hacía sentir bien. El tipo que borracho balbuceaba cosas como ‘¿quieres dormir conmigo?’ o ‘¿quieres un beso?’ y le restregaba los labios, ahora que estaba sobrio lo ignoraba por completo. Incluso después del segundo beso al medía, Ju-won puso esa cara característica de sociópata sin emoción ni rabia, y ahora ni siquiera lo miraba a los ojos.

‘Mierda, cuanto más lo pienso, más me enojo….’

Apoyando un brazo en la zona de descarga, Seung-chan observaba con desagrado cómo Ju-won llenaba el fregadero con agua caliente de la que salía vapor y ponía detergente. En ese momento, un empleado del salón dejó una bandeja con platos vacíos en el estante.

“…….”

Tras mirar alternadamente los platos vacíos y a Ju-won a través de la ventanilla, Seung-chan tomó una botella de licor de la bandeja. Vertió el licor sobrante que habían dejado los clientes en un cuenco de estofado de pasta de soja.

‘Borracho de mierda, seguro que si ve alcohol pierde la cabeza y se lo toma….’

Desde ese momento, se quedó en la zona de descarga inspeccionando cada bandeja que llegaba al estante. Si quedaba aunque fuera un poco de bebida en las copas, la tiraba en los cuencos de arroz o de guarniciones para desecharlo. La dueña, que lo observaba desde la caja, suspiró y negó con la cabeza.

Seung-chan no había cambiado nada; durante su servicio militar, ella vivía con el corazón en la boca temiendo que terminara en el calabozo por insubordinación, aunque él siempre le decía que no se preocupara cada vez que hablaban por teléfono. Comparado con su época escolar, cuando era una bomba de tiempo que podía estallar en cualquier momento, se había vuelto mucho más dócil, pero seguía siendo el mismo. Incluso hace unos días apareció con heridas en la cara por haberse peleado en alguna parte.

Aun así, no lo había criado para ser una persona maliciosa que acosara a los débiles, pero al verlo actuar así, obsesionado con Ju-won, temía que en cualquier momento causara un problema. ¿Sería inevitable ese sentimiento de odio hacia un omega hombre? La dueña se desplomó en la silla del mostrador mientras se sujetaba la cabeza mareada.

Pasadas las tres de la madrugada, un auto pequeño se detuvo frente al refugio. Ju-won, que bajó del vehículo cargando a Seung-on, se dio la vuelta extrañado al ver que Seung-chan también apagaba el motor y bajaba. Seung-chan, tal como aquella vez que se quedó a comer ramen, se paró frente a la puerta cerrada del refugio y esperó a que Ju-won abriera. Frunciendo el ceño, Ju-won se acercó a él, que permanecía de pie con arrogancia y las manos metidas en los bolsillos del pantalón.

“¿Por qué no te vas?”

“Voy a usar el baño antes de irme.”

“…….”

“¿Qué miras?”

Seung-chan acercó su rostro bruscamente al de Ju-won, quien lo observaba con desconfianza. Ju-won cerró los ojos por instinto y retrocedió, a lo que el otro respondió con una risita burlona. Ju-won no lograba entender cuáles eran las intenciones de Seung-chan al rondar a su lado todo el día. No quería saberlo. Su cabeza ya estaba a punto de estallar solo con los problemas reales que se le venían encima. Abrazó con fuerza a Seung-on, que se volvía cada vez más pesado debido al sueño profundo, y marcó la clave común del refugio.

Seung-chan, que lo siguió hasta la habitación con la excusa del baño, se recostó a medias como un holgazán apoyando la espalda contra la pila de mantas en un rincón. Luego, le habló a Ju-won mientras este le preparaba el sitio para dormir a Seung-on.

“Cocina ramen.”

“…No hay.”

Respondió Ju-won dándose la vuelta tras tapar al niño. Seung-chan le dio un toque suave con su pierna estirada.

“Vi que había en la entrada cuando entramos.”

“…….”

“¿Ni siquiera le vas a dar un ramen a alguien que manejó a estas horas de la madrugada?”

Aunque fue la dueña quien permitió la conveniencia de ir a trabajar con Seung-on, lo que decía Seung-chan no era del todo falso. Si él no se hubiera encargado del volante, la dueña probablemente no habría sido tan flexible.

Sin decir una palabra, Ju-won se levantó y tanteó el estante de la cocina que estaba junto a la entrada. Poniéndose de puntitas, alcanzó uno de los cuatro paquetes de ramen que quedaban en el estante alto. La próxima distribución de alimentos sería en dos semanas. No se sentía nada bien agotar sus provisiones de emergencia, pero con tal de sacar pronto al molesto Seung-chan de su habitación, estaba dispuesto a cocinarlo.

Mientras esperaba que el agua hirviera frente a la olla en la cocina, Seung-chan salió de repente de la habitación. Calzándose sus zapatillas, se paró al lado de Ju-won y cerró la puerta de la habitación donde dormía Seung-on. Antes de que Ju-won pudiera preguntar qué estaba haciendo, Seung-chan inclinó el torso y acercó su rostro al suyo.

Ju-won, que sostenía el paquete de ramen abierto en una mano mientras observaba en silencio las acciones de Seung-chan, echó la cabeza hacia atrás para evitar el rostro que tenía frente a sus ojos y preguntó.

“¿Qué haces?”

“…….”

Ante esa voz indiferente que arruinaba el momento, Seung-chan enderezó la espalda.

“Oye, cómete tú el ramen.”

Dijo Seung-chan con tono brusco y frunciendo el ceño, como si fuera alguien que nunca hubiera tenido ganas de comer desde el principio, y salió cerrando la puerta tras de sí. Ju-won, que se quedó allí parado con cara de no entender nada, miró hacia la puerta por donde se había ido Seung-chan un momento después.

“……. ”

Se quedó mirando la puerta cerrada en silencio durante un largo rato. Ju-won solía captar con facilidad las miradas ajenas hacia él. La mayoría eran de interés o de aborrecimiento. El hecho de que en los ojos de aquel perro salvaje que solía gruñirle con odio empezara a brillar la curiosidad era un cambio demasiado fácil de notar.

Tras echar un vistazo al lugar donde había estado parado Seung-chan, Ju-won volvió a dejar el paquete de ramen abierto en el estante. Acto seguido, apagó silenciosamente el fuego de la cocina. El agua que empezaba a burbujear en la olla se calmó pronto, como si nada hubiera pasado.