1. Clientes molestos

 


1. Clientes molestos

Dentro del local, donde la gente se sentaba de a tres o cuatro en diversos lugares, una persona destacaba de manera inusual.

Mientras todos llevaban puestas prendas finas de manga larga, solo aquel hombre vestía una camisa de manga corta; y mientras los demás permanecían sentados sosteniendo sus palillos o copas, él era el único que, aun tras sentarse un momento, se movía de un lado a otro del local con aire ajetreado.

Sin embargo, incluso si todos hubieran estado vestidos con la misma ropa y sentados inmóviles en fila, Jang Ui-geon probablemente habría distinguido a Seo Chi-young al instante con solo verle la nuca.

Aquello era similar a como, cuando de costumbre Jang Ui-geon entraba al local levantando la lona de plástico, Seo Chi-young giraba la cabeza con un rostro que parecía reconocer quién lo visitaba solo por el sonido de sus pasos. Sin saber si el propio Chi-young era consciente de ello, cada vez que veía esa sonrisa de bienvenida que se extendía naturalmente por sus ojos y la comisura de sus labios al verlo, Jang Ui-geon solía pensar que hoy también había terminado su jornada laboral de manera satisfactoria.

Pero hoy era un poco diferente.

Seo Chi-young ya estaba sonriendo. Con esa sonrisa sin reservas que solo mostraba a las personas cercanas, conversaba sobre algo con alguien que estaba sentado frente a él y que le daba la espalda a Jang Ui-geon. La mirada de Jang Ui-geon se trasladó de inmediato a la persona de enfrente, pero esa nuca era una que él no tenía forma de distinguir.

No obstante, como eran pocas las personas a las que Seo Chi-young trataría con tanta comodidad, no fue difícil adivinar la identidad del dueño de esa nuca que no le despertaba interés. Jang Ui-geon borró su sonrisa por un momento y observó aquella nuca con expresión inexpresiva, pero en el instante en que sus ojos se cruzaron con la mirada de Seo Chi-young, quien lo descubrió acercándose, volvió a sonreír como si nada.

"Ya llegué. Hoy hay muchos clientes."

"Llegó Ui-geon. Aquí, siéntese a ese lado."

En el asiento frente al mostrador de cocina donde Jang Ui-geon solía sentarse habitualmente, ya estaba instalada aquella nuca. Siguiendo a Seo Chi-young, que señalaba el asiento vacío justo al lado, el dueño de la nuca se volvió hacia Jang Ui-geon.

Como era de esperar, era Kim Kyung-chul. El compañero de secundaria de Seo Chi-young. Es decir, también era compañero de secundaria de Jang Ui-geon, pero como no lo recordaba, era simplemente un extraño.

"Ah... hola... tanto tiempo..."

Al ver a Jang Ui-geon, Kim Kyung-chul saludó con un aire algo incómodo, y el hecho de que omitiera un trato más formal se debía a que él también era consciente de que, aunque fueran excompañeros, su relación era la de unos desconocidos. Jang Ui-geon también respondió marcando una línea amable pero cortés con una sonrisa sociable.

"Sí, hace mucho que no lo veía. ¿Cómo ha estado?"

En realidad, aunque Jang Ui-geon no lo demostraba, Kim Kyung-chul no le agradaba demasiado. Era innecesariamente cercano a Seo Chi-young.

"¿No tiene frío? Aunque ya casi es verano, las noches todavía son frescas."

"Ah... está bien. Es que estoy todo el tiempo junto al fuego."

Cuando Jang Ui-geon preguntó señalando con la barbilla sus brazos descubiertos, Seo Chi-young negó con la cabeza con una sonrisa tímida. Era un clima donde durante el día hacía calor incluso en manga corta, pero al llegar la noche era necesario abrigarse. Jang Ui-geon sabía que Seo Chi-young a veces se frotaba los antebrazos como si sintiera frío cuando estaba sentado sin hacer nada, pero no dijo mucho más. Sabía que, aunque se quitara su chaqueta para dársela, él jamás se la pondría.

"Por cierto, ¿estaban hablando de algo divertido? Al venir vi que tenía buena cara."

Cuando Jang Ui-geon preguntó paseando la mirada de Seo Chi-young a Kim Kyung-chul, Seo Chi-young sonrió con timidez y balbuceó.

"No, solo..."

"¿No es posible que tuviera buena cara...? Ah, bueno, puede que se haya reído un poco de lo absurdo que era."

Kim Kyung-chul habló de repente arrugando el tabique nasal con aire de disgusto. Aunque este hombre no era de su agrado, Jang Ui-geon tenía curiosidad por saber de qué habían hablado, así que volvió a preguntar como incitándolo a continuar.

"¿Por qué?"

"No, es que estábamos hablando de que en este mundo hay realmente muchos clientes molestos. Muchísimos. Mi jefe de sección es exactamente así. Justo cuando uno está que se muere de ocupado, se pone como loco gritando qué vamos a hacer porque hubo un error en un pedido, agotándole a uno el alma durante media tarde, y luego resulta que el error fue suyo, así que encima dice: 'Yo cometí el error, pero tú te metiste a intentar arreglarlo y por eso hubo un malentendido, ¿no? Entonces, ¿por qué te metes en asuntos ajenos?'. ¡Ah, qué rabia!"

Parecía que al contar la historia se había vuelto a enfadar, pues Kim Kyung-chul se golpeó el pecho con fuerza y se bebió de un trago la copa de cerveza que tenía delante. Había rumores de que había dejado de beber por su bebé, pero al parecer eran falsos. O tal vez hoy se había rendido con lo de cargar al bebé.

"Ah, ya veo, qué exagerado", asintió Jang Ui-geon mientras respondía adecuadamente. Parecía que habían estado hablando de clientes molestos, ese tema que, por mucho que se mastique, nunca se agota.

Aunque no hay persona que no experimente a alguien molesto mientras vive, especialmente al tener un negocio, uno suele encontrarse con uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve de ellos. Jang Ui-geon también tenía muchas historias sobre ese tema, pero como los negocios y los clientes molestos son inseparables, ya no se sentía mal ni siquiera con los casos más pesados.

A Jang Ui-geon no le importaba en absoluto si aquel hombre había pasado por un calvario con un cliente molesto o no, así que respondió con indiferencia: "Debió ser difícil", mientras pensaba para sus adentros que los tipos molestos no eran la gran cosa sino algo cotidiano, y que por qué desperdiciaba energía en algo que simplemente debería ignorar.

"¡Por eso mismo, Chi-young, tú tampoco seas tan bueno con esos clientes molestos! ¡Como eres así, se te pegan!!"

...Sin embargo, si quien lidiaba con un cliente molesto era Seo Chi-young, la historia era otra.

En el momento en que Kim Kyung-chul le gritó de repente a Seo Chi-young, quien solo escuchaba la historia mientras salteaba intestinos en silencio, la mirada de Jang Ui-geon se volvió afilada.

"Chi-young, ¿vino algún cliente molesto al local?"

Al ver a Jang Ui-geon ponerse serio y fruncir el ceño, Seo Chi-young pareció desconcertado y vaciló.

"No es para llamarlo cliente molesto, solo era una persona un poco peculiar..."

"¡Para mí era claramente un cliente molesto!"

"No, pero parecía ser alguien mayor..."

"¿Acaso por ser viejo un cliente molesto deja de serlo? ¿No has oído que 'una vez molesto, siempre molesto'? ¡A los clientes así hay que cortarlos tajantemente, no hay de otra!"

"Aun así, es alguien que viene seguido últimamente..."

"¡Para qué quiere tener a un cliente molesto como cliente habitual!"

En esto último se unió incluso Jang Ui-geon al no poder aguantar más.

Ante un Jang Ui-geon que se ponía totalmente serio diciendo que hay clientes específicos para tener como habituales y que cómo pretendía aceptar incluso a los molestos, Seo Chi-young parpadeó turbado. Mirando alternadamente a Kim Kyung-chul y a Jang Ui-geon, quienes en ese momento estaban en perfecta sintonía asintiendo con la cabeza, Seo Chi-young murmuró: "Pero sigue siendo un cliente, no puedo tratarlo mal", y los dos hombres lo miraron con ojos llenos de frustración.

Jang Ui-geon, sabiendo que Seo Chi-young era generalmente dócil pero que a veces se negaba a escuchar razones por más que se lo dijeran, miró de reojo a Kim Kyung-chul pensando que este hombre también habría sufrido lo suyo conociéndolo desde hacía tanto tiempo. Kim Kyung-chul, que también miraba de reojo a Jang Ui-geon, sin duda estaba pensando lo mismo.

*

Cuando uno tiene un negocio de comida, se encuentra con muchos clientes complicados.

Especialmente cuando se trata de comida que se acompaña con alcohol, hay personas que cruzan la línea de lo difícil para convertirse en verdaderos "clientes molestos". Es una realidad que, a veces, uno siente que no está ganando dinero a cambio de vender intestinos, sino a cambio de soportar los insultos de esa gente.

‘Si mi padre, que se ha dedicado al comercio toda la vida, estornudara, le saldrían perlas de sabiduría de la garganta de tanto aguantar.’

Al recordar aquellas palabras que Jang Ui-geon le dijo una vez entre risas, Seo Chi-young pensaba que, comparado con eso, él todavía era un aficionado. Había mucha gente que buscaba pelea sin motivo, otros que daban vuelta las mesas, y no faltaban los que inventaban cualquier excusa absurda para irse sin pagar el alcohol; aun así, rara vez se había topado con alguien tan difícil como para acumular perlas en su interior. (Aunque cuando dijo esto, Jang Ui-geon lo corrigió con rostro serio: ‘A eso precisamente se le llama cliente molesto, Chi-young.’).

Si alguien se enojaba o buscaba pelea, bastaba con ser humilde; si daban vuelta una mesa, se limpiaba; si ponían excusas, se soltaba un suspiro y se olvidaba. Para él, casi nadie resultaba un verdadero estorbo o una presencia incómoda, pero,

“¿Hoy el polvo de perilla se me queda pegado al paladar? ¿Cambiaron de proveedor? ¿A quién le compran ahora?”

A veces aparecía alguien que caminaba peligrosamente por el límite de lo molesto. Con ese tipo de personas, uno no sabe bien cómo reaccionar, y el hombre que venía con frecuencia últimamente era exactamente así.

“¿De dónde traen los ingredientes? ¿Los limpian ustedes mismos? ¿O ya vienen listos? Las hojas de sésamo están tan frescas que parece que las cultivan ustedes. ¿La salsa la hace el dueño? ¿La hace la dueña? ¿Qué, todavía no se ha casado? Bueno, es joven aún, ¿no? Qué admirable a su edad. ¿Cuántos años tiene? ¡¿Qué, ya tanto?! Usan el alcohol de la marca ×××. El dueño de esa empresa es un desastre, no debería vender sus productos. A ver, con un local de este tamaño, ¿cuánto pagan de alquiler?”

El hombre hablaba demasiado. Y todas sus preguntas eran de esas que resultaba sutilmente incómodo responder. Cuando Seo Chi-young respondía con vacilación y una sonrisa ambigua, el hombre siempre encontraba algo que objetar. Que si así gastaría más en medicinas que en ganancias, que si debía pensar en el costo de los insumos, que si se tardaba más en casarse le sería difícil, que si las empresas deberían tener ética, que si para esta ubicación ese alquiler era un robo...

Quizás Seo Chi-young lo miró con los ojos demasiado abiertos y parpadeando con incredulidad, porque tras soltar toda esa verborrea, el hombre hizo un gesto con la mano para que no sospechara de él. “Ah. Yo también tuve un negocio de comida.” Que alguien que supuestamente había tenido un negocio preguntara esas cosas resultaba aún más sospecho, pero Chi-young se limitó a sonreír.

“Tengo un conocido que es muy exigente con el paladar. Él me dijo que este lugar era rico, así que pasé por aquí ya que me quedaba de camino y, bueno, está bien, está bien. Para mi gusto, le falta un poco de ese sabor fuerte a carne, pero aun así es bastante aceptable. Hum, hum.”

El hombre se servía soju a sí mismo mientras tarareaba en un tono que no se sabía si era para sí mismo o para alguien más. Pero al ver que cerraba la boca cuando Chi-young se alejaba porque algún cliente lo llamaba, parecía que no hablaba solo.

“¿Aquel amigo no viene hoy?”

Al escuchar al hombre preguntar por el amigo que se sentaba ahí y lo miraba así, con ojos de pocos amigos, Chi-young comprendió de inmediato que se refería a Kyung-chul. Al parecer, el hombre se había dado cuenta de que Kim Kyung-chul, que había coincidido con él hace poco, lo miraba con incredulidad mientras escuchaba sus interminables comentarios.

“Ese muchacho es amigo suyo, ¿verdad? Un amigo muy, muy cercano, ¿no es así?”

“Sí, así es. ¿Cómo lo supo?”

Al preguntar Chi-young con una sonrisa, el hombre levantó la barbilla con suficiencia. “Es que sé leer bien a la gente.”

Murmuraba que se nota cuando alguien habla con el corazón abierto y que no ha cumplido años en vano. Tal como decía, ya se le empezaban a notar varias canas; debía de tener unos diez años más que Chi-young.

“¿Quiere que le cuente algo bueno? Shin Kang-ho y Ra-jin están saliendo. Se hacen los que no, pero se nota a leguas. Por cómo se miran y su actitud.”

Chi-young conocía los nombres; eran celebridades que salían mucho en televisión. Sin embargo, nunca había oído el rumor de que estuvieran juntos. Mientras Chi-young asentía con un serio “¿Ah, sí?”, el hombre continuó hablando.

“Pero no van a durar ni tres meses. No parece que encajen bien. A Shin Kang-ho le iría mejor con alguien más sencilla, como Kim Yu-mi.”

Chi-young asentía embobado hasta que le preguntó con cautela al hombre.

“¿Usted se dedica a leer rostros o algo así?”

“No, ya le dije que tenía un negocio de comida. Aunque ya lo dejé. De tanto tratar con gente, se me da bien ver la personalidad de las personas. Casi nunca me equivoco.”

“Ya veo. Qué bueno, así podrá llevarse bien con todos.”

Chi-young pensó que, con ese ojo para la gente, uno podría integrarse mejor con los demás, chocando menos. Pero en cuanto lo dijo con una sonrisa, la expresión del hombre desapareció. Con el rostro súbitamente sombrío, murmuró: “No, el dicho de que ‘el monje no puede cortarse su propio pelo’ no existe porque sí...”, se quedó callado y melancólico antes de verter soju generosamente en su vaso de agua.

“Eh, ……esto……, ¿se encuentra bien?”

Chi-young se desconcertó al ver al hombre beber así de repente. Trató de recordar si había dicho algo malo.

“Dueño, usted todavía es joven y no lo sabe. La gente es un desastre natural.”

El hombre bebió de un trago y soltó un suspiro profundo. Para ese momento, ya le hablaba con total confianza y sin formalidades.

“Dueño, ¿tienes hermanos?”

“¿Eh? No, soy hijo único.”

“Yo tengo tres hermanos. Somos tres hombres y una mujer, y yo soy el segundo.”

“Qué envidia. Como crecí solo, siempre he envidiado a los amigos que tienen hermanos.”

Sin embargo, Chi-young tuvo que callarse a mitad de la frase, temiendo haber cometido otro error, pues la expresión del hombre se crispó aún más.

“Solo se envidia cuando uno tiene una buena familia; si te toca una mala, no hay nada más desgrajado que eso. Si fuera un extraño, simplemente cortarías la relación, pero con la familia no se puede. Así estoy yo. Mis hermanos y mi hermana no hacen más que freírme la vida. Supongo que no les queda de otra porque la situación está difícil para todos, pero lo que está mal, está mal.”

El hombre soltaba las palabras mientras bebía el soju como si fuera agua.

Mientras tanto, los clientes se iban retirando uno a uno y el local quedó tranquilo, por lo que Chi-young no tuvo más remedio que sentarse frente a él y hacerle compañía. Aunque decir compañía era un decir, pues principalmente el hombre hablaba y Chi-young escuchaba, algo que afortunadamente era su especialidad. Para ese momento, el hombre ya estaba relatando su difícil camino en la vida.

“Yo tenía un negocio de comida, pero cerré hace poco. La economía está fatal últimamente. Vivía apenas pagando deudas y llevando comida a la boca, hasta que sentí que no podía más y que debía hacer otra cosa, así que cerré. Ahora estoy pensando qué hacer para sobrevivir...”

Solo entonces Chi-young entendió por qué el hombre preguntaba tantas cosas extrañas, hasta el punto de parecer molesto. Si Kim Kyung-chul o Jang Ui-geon escucharan esto, dirían: ‘Al final, lo que hizo fue husmear los secretos comerciales ajenos para ver si podía sacar provecho’, pero aun así, Chi-young sintió lástima por él.

A simple vista, vestía de forma impecable, era apuesto y tenía modales en la mesa que sugerían que era una persona respetable; definitivamente, uno no puede juzgar por las apariencias.

Chi-young también había pasado por días así de difíciles. Días no muy lejanos en los que se preguntaba qué hacer, cómo sobrevivir, agobiado por las deudas y apenas pudiendo comer.

Él conoce la incertidumbre de esos días en los que, por mucho que uno se esfuerce con sinceridad, los resultados no siempre acompañan. Conoce bien ese cuerpo agotado y ese corazón atribulado.

Chi-young escuchó en silencio.

“Y mi hermano mayor cada dos por tres me presiona para que le dé dinero porque quiere montar un negocio; mi hermano menor se escapó de casa porque la odiaba y no sé nada de él; y mi hermana menor se casó con un tipo que es un bueno para nada y, como apenas les alcanza para vivir, se la pasa dejando a sus hijos en mi casa para irse a trabajar.”

Finalmente, la botella de soju se vació. El hombre la inclinó con pesar para mojarse los labios con las últimas gotas. Además, su voz, que ahora se quejaba de su padre, empezaba a denotar el efecto del alcohol.

“Ya tiene setenta años, y a esa edad, aunque está achacoso por las enfermedades, sale a trabajar para sobrevivir. Mi madre ayuda a mi padre, pero como no es suficiente, anda por ahí cobrando préstamos informales con el poco dinero que ha juntado. Y mientras tanto, yo, a esta edad, no he podido ahorrar nada ni me he casado...”

Viendo al hombre suspirar profundamente, Chi-young no supo qué decir. Se limitó a quedarse sentado frente a él, observándolo en silencio, hasta que habló con vacilación.

“Poco a poco las cosas irán mejorando. He visto que, si uno cumple con su deber día tras día, las cosas mejoran sin que uno se dé cuenta. A usted también le irá bien. De verdad. Y conocerá a una buena persona...”

El hombre levantó la cabeza con desdén y miró a Chi-young.

“¿Dueño, usted ya conoció a una persona así?”

“¿Eh? Eh……, ……sí.”

Chi-young parpadeó ante la inesperada pregunta y respondió con voz queda, bajando la cabeza mientras sentía que se le encendía el rostro. Sin haber dado una respuesta extraordinaria, se le calentó la nuca sin motivo.

“¿Qué clase de persona es? ¿Cómo se conocieron?”

“Es……, ……alguien que me gustaba desde hace mucho tiempo, y nos volvimos a ver después de varios años. Por cosas de la vida……”

“Te reencontraste con tu antiguo amor. ¿Es bonita? Los viejos amores suelen decepcionar cuando uno se reencruentra años después, pero imagino que sigue siendo bonita, ¿verdad?”

Chi-young pasó un rato sonriendo con timidez antes de responder en voz baja.

“Sí, estaba igual que antes.”

Lo reconoció al instante. Para poder distinguirlo de inmediato incluso entre la multitud, él seguía brillando igual que cuando se conocieron hace más de diez años.

“¿Es buena persona?”

“Sí.”

“¿Le trata bien?”

“Sí. Me trata realmente bien.”

“¿Qué tan bien?”

Al hombre le pareció divertido que Chi-young respondiera a cada pregunta con el rostro encendido y siguió preguntando con curiosidad.

¿Qué tan bien?

Es algo incalculable.

“……Me trata mejor de lo que merezco. Yo solo puedo darle mi corazón, pero él me lo da todo. Por eso……”

Siente gratitud y, a veces, incluso culpa. Y al mismo tiempo, siente inquietud. ¿Y si él termina sintiéndose agobiado porque Chi-young solo recibe? No debería ser así.

“¿Quién pidió salir primero?”

“¿Eh? ……, ……la declaración la hice yo primero……”

Pensándolo bien, no pasaron por las etapas clásicas de ‘¿quieres salir conmigo?’ y un ‘sí’. Aunque hubo incidentes menores de por medio, en algún momento se convirtieron en pareja de forma natural.

“¿Entonces a usted le gusta más?”

“Sí.”

Esta vez también respondió sin pensarlo dos veces. El hombre lo miró fijamente por alguna razón y chasqueó la lengua.

“Dueño, usted es demasiado ingenuo, tiene que tener cuidado……”

“¿Eh?”

“Parece de los que entregan hasta el hígado y el bazo cuando quieren a alguien, así que no entregue su corazón tan a la ligera, tenga cuidado.”

“Ah……, ……yo no soy así.”

Más bien, es él quien se siente apenado porque recibe mucho más de lo que da.

Cuando Chi-young se rascó la nuca con una sonrisa tímida, el hombre puso cara de ‘claro que sí’, pero se limitó a encogerse de hombros.

“Tráelo la próxima vez. Yo veré qué clase de persona es. Ya te digo que sé leer a la gente de maravilla.”

El hombre se golpeó el pecho asegurándolo con firmeza, y Chi-young asintió vagamente con una sonrisa mientras miraba el reloj por instinto. Eran las diez. Ya era hora de que Jang Ui-geon cerrara su local. Si era como de costumbre, vendría en una hora.

En ese momento entraron dos o tres personas gritando: “¡Danos unos intestinos aquí! ¡Y dos botellas de soju!”, y cuando Chi-young se levantó interrumpiendo la conversación, el hombre también miró su reloj con intención de irse.

“Dueño, la cuenta, …….”

El hombre buscó en su ropa y sacó la billetera, pero se detuvo. Al mirar dentro, parpadeó con una expresión que parecía de apuro. Al verlo mirar de reojo a Chi-young y rebuscar en la billetera con nerviosismo, Chi-young lo entendió.

Había dicho que su situación era muy difícil. Que la vida era dura, que recientemente había perdido su empleo y que su familia también la pasaba mal.

“Esto, dueño……, ahora que veo, yo, bueno, no tengo efectivo. Es que……, solo tengo cheques……”

“Entonces, pague la próxima vez.”

“¿De verdad? ¿Está bien así?”

El hombre guardó rápidamente la billetera en su ropa con evidente alivio. Chi-young asintió, pensando que era una suerte que Kim Kyung-chul no estuviera allí. Si hubiera estado, Kyung-chul habría arremetido contra el hombre o contra Chi-young. O le habría dicho al hombre que pagara y se dejara de cuentas pendientes, o le habría preguntado a Chi-young en qué estaba pensando al dar crédito así como así.

Pero hay momentos en la vida en los que uno la pasa mal. ¿No está bien que haya al menos una forma de tomar un respiro? Aunque la situación de Seo Chi-young tampoco era tan buena como para dar crédito con total tranquilidad, esto era algo que, de alguna manera, podía permitirse hacer.

Mejor no debería decirle a Jang Ui-geon que dio crédito. Seo Chi-young, quien siempre le contaba todo lo que había pasado en el día cuando Jang Ui-geon lo visitaba por la noche, pensó eso mientras despedía con la mirada la espalda del hombre, que se alejaba con paso pesado tras despedirse diciendo que había comido bien.

*

“¿Vino hoy también? ¿No pasó nada raro?”

Ante la noticia de que aquel cliente molesto del que hablaba Kim Kyung-chul —aunque Seo Chi-young lo llamaba simplemente "cliente"— había regresado, Jang Ui-geon enarcó las cejas mientras se quitaba la chaqueta del traje.

“Sí, solo comió algo y se fue pronto.”

“¿Ah, sí? ¿No le dijo nada grosero?”

“Para nada.”

Seo Chi-young hizo un gesto de negación con la mano mientras le entregaba un vaso y té de cebada a Jang Ui-geon, quien se sentaba como de costumbre frente al mostrador de la cocina. ‘Entonces me quedo más tranquilo’, murmuró Jang Ui-geon mientras se servía el té, y Chi-young lo observó fijamente.

Es una persona realmente buena, incluso más de lo que merece. Chi-young pensó en esto mientras repasaba la conversación que habían tenido después de que el hombre se fuera; en lo bien que lo trataba y en cómo le entregaba su corazón.

Jang Ui-geon, que había estado intercambiando miradas en silencio con Chi-young mientras bebía el té, dejó el vaso con suavidad.

“¿Pasó algo?”

“¿Eh?”

“Dígame. No se lo guarde solo.”

Incluso ahora, él observaba atentamente por si el semblante de Chi-young difería lo más mínimo de lo habitual. Chi-young negó con la cabeza pausadamente.

“No pasó nada.”

“Chi-young.”

“Es verdad. Solo que… pensaba en que Ui-geon es una persona demasiado buena conmigo, quizás de forma exagerada.”

Al decirlo le dio vergüenza y sintió que el lóbulo de la oreja se le calentaba, pero Chi-young sostuvo la mirada con firmeza. Jang Ui-geon puso una expresión extraña.

“¿Yo? ¿Con usted? ¿Por qué piensa eso de repente?”

“Es que, hablando con ese cliente, salió el tema de las buenas personas. Y por eso…”

Al ver el rostro apenado de Chi-young mientras murmuraba con vacilación, Jang Ui-geon soltó una carcajada de incredulidad. Un leve rastro de timidez también asomó en sus facciones.

“No es que yo sea exagerado con usted… pero, ¿por qué salió ese tema? ¿Acaso ese cliente estaba presumiendo de su pareja?”

“Ah, no. Salió porque le dije que pronto conocería a alguien bueno, ya que él mencionó que todavía estaba solo.”

“Ah, ya veo. Me parecía que Chi-young no sería el primero en sacar el tema de las parejas…”

Jang Ui-geon asintió como si lo comprendiera, pero por un breve instante la sonrisa desapareció de su rostro.

“Entonces, eso significa que un hombre que ni siquiera está casado se le está pegando a Chi-young.”

Aunque lo dijo en tono de broma y con la naturalidad de siempre, su mirada no parecía muy complacida. Chi-young lo miró parpadeando y negó con la cabeza con una sonrisa leve.

“No es así. No se me está pegando… Solo creo que viene a tomarse unas copas porque las cosas no le están saliendo bien últimamente.”

“Parece que lo está pasando muy mal”, añadió Chi-young, y Jang Ui-geon lo miró fijamente. Con un rostro que parecía querer decir algo, lo observó durante un buen rato antes de soltar un breve suspiro de significado incierto ante la mirada inquisitiva de Chi-young.

“Si pasa cualquier cosa, llámeme de inmediato. No se preocupe por el horario de mi local, a cualquier hora.”

Jang Ui-geon añadió esto último con firmeza, como si recordara la personalidad de Chi-young. Solo después de arrancarle un claro “Sí” de los labios, asintió satisfecho.

“¿Estuvo muy ocupado hoy también? Se ve cansado.”

Cuando Chi-young cambió de tema, Jang Ui-geon, que efectivamente se frotaba los párpados como si sintiera los ojos pesados, sonrió como con un suspiro. “Estuve ocupado.”

Parecía que el local de Jang Ui-geon prosperaba día tras día. Gracias al boca a boca, no solo se llenaba por las noches como siempre, sino que últimamente era difícil conseguir mesa incluso al mediodía si no se tenía reserva previa.

“Parece que tendré que ampliarlo, pero por ahora voy a observar la situación. Tengo el dinero invertido y sería una lástima sacarlo justo ahora…”

Aunque Jang Ui-geon solía ser audaz, no era de los que se lanzaban a proyectos sin medida; si ya hablaba de una ampliación, era porque el espacio realmente se le estaba quedando pequeño. Chi-young se alegraba de que el negocio prosperara, pero le preocupaba verlo tan agotado.

Quizás por pensar eso, le pareció que últimamente estaba más delgado y lo observó con detenimiento. Luego, tras mirar el local ya casi vacío por lo avanzado de la hora, habló con timidez.

“Esto… ¿puedo tocarle la mano un momento?”

Jang Ui-geon detuvo la mano que sostenía el vaso de agua. Tras observar fijamente a un Chi-young que se veía sumamente apenado por alguna razón, sonrió y le tendió la mano. “Cuando quiera.” Chi-young tomó esa mano con suavidad y empezó a masajearla presionando con cuidado.

“Dicen que masajear las manos o los pies ayuda a aliviar el cansancio.”

Mientras Chi-young murmuraba esto en voz baja, Jang Ui-geon habló como si recordara algo de repente.

“Ahora que lo pienso, ¿no corría antes aquel rumor? Eso de decirle a la chica que te gusta que le vas a leer la mano solo para poder tocársela.”

“Ah, ¿pasaba eso? Jajaja, bueno, podría ser. No, esto… yo no lo hago a propósito para tocarle la mano…”

Chi-young respondió riendo, pero tardó un segundo en procesar lo que Jang Ui-geon insinuaba y de inmediato se puso rojo y se turbó. Aun así, no detuvo el masaje rítmico en su mano, lo que hizo que Jang Ui-geon sonriera.

“Dejando de lado lo de tocar la mano, ¿qué debería hacer uno si lo que quiere es que lo toquen?”

“¿Eh? Si quiere que lo toquen… eh…”

“Supongo que me basta con decir que estoy cansado.”

“……También puede decírmelo sin más……”

Chi-young murmuró por lo bajo. Aunque podían tomarse de las manos siempre que quisieran y ya era tarde para avergonzarse por algo así, los lóbulos de sus orejas se sentían arder sin remedio. Estaba seguro de que, si se mirara al espejo, el color habría cambiado. En ese momento, Jang Ui-geon cerró el puño suavemente. Chi-young terminó con la mano atrapada.

No había nada que hacer. Aunque se sentía como algo muy nuevo para estas alturas, le daba una vergüenza inexplicable. Chi-young bajó la cabeza mirando la mano atrapada.

“Chi-young. No puede ponerse así por algo como esto.”

“¿Eh?”

Jang Ui-geon sonrió como con un suspiro y negó con la cabeza. “No es nada”, dijo tras apretar una vez más la mano de Chi-young entre las suyas.

“Dijo que masajear las manos o los pies aliviaba el cansancio, ¿verdad? Bien, entonces yo le masajearé los pies.”

“Míreme aquí”, dijo Jang Ui-geon levantándose de inmediato y rodeando el mostrador para acercar una silla al lado de Chi-young.

“No, no hace falta, de verdad estoy bien,”

Sin prestar atención a las palabras de Chi-young, que movía las manos con nerviosismo, Jang Ui-geon le tomó el tobillo, se lo levantó y le quitó el zapato con agilidad. También le quitó el calcetín sin más.

“Creo que Ui-geon debe de estar más cansado que yo”, murmuró Chi-young con tono apurado mientras encogía el pie, pero Jang Ui-geon le dio una palmadita en la planta. “Quédese quieto”, le dijo con firmeza mientras lo sujetaba, y solo entonces Chi-young se calmó.

“Usted puede tocar mis manos todo lo que quiera, ¿y yo no puedo tocarle un poco los pies?”

“No es que no pueda, es que están sucios…”

“¿Eso significa que no quiere que los toque con mis manos sucias?”

“No es eso…”

Chi-young finalmente se calló y dejó que se encargara de su pie. Sabía que nunca podría ganarle con palabras a este hombre, y en realidad tampoco en nada más, pero siempre terminaba así.

Jang Ui-geon miró de reojo a Chi-young, soltó una risita y empezó a masajearle el pie lentamente. El tacto de sus manos, que subían con cuidado desde el tobillo hasta la pantorrilla, era firme y cálido. Con el tobillo apoyado en el muslo de Jang Ui-geon y observando en silencio sus movimientos, Chi-young murmuró sin darse cuenta.

“De pequeño solía masajearles las piernas a mi padre o a mi madre de vez en cuando. Sobre todo a mi madre, porque se le hinchaban pronto y todas las noches decía que le dolían. Entonces yo, y a veces mi padre, se las masajeábamos.”

Jang Ui-geon levantó la mirada mientras seguía con las pantorrillas.

“Ahora que son más mayores les dolerá más, pero ya no puedo hacerlo por ellos.”

“……”

Jang Ui-geon observó a Chi-young en silencio. Miró el local, donde aún quedaban una o dos mesas ocupadas, volvió la vista hacia Chi-young y estiró la mano para acariciarle el cabello con suavidad.

“¿Bajamos este fin de semana?”

A donde viven sus padres. Ante la propuesta de Jang Ui-geon, Chi-young lo miró parpadeando.

“¿Con Ui-geon?”

“¿Entonces con quién pensaba ir?”

“Eh… iré yo solo. Ui-geon también debería visitar su casa, que hace mucho que no va.”

Jang Ui-geon lo observó en silencio durante un momento mientras Chi-young negaba con la cabeza visiblemente nervioso, y luego asintió con naturalidad retirando la propuesta.

“Está bien, entonces. Yo también tendré que hacer gala de piedad filial después de tanto tiempo.”

Chi-young sonrió ante su tono algo melodramático al hablar de honrar a los padres mientras vivan.

“Creo que Ui-geon debe de ser muy bueno con su familia. Su hermano me dijo una vez que todos le quieren mucho.”

“Jajaja, ¿eso dijo Ui-yoon? No es solo por mí, es que en mi familia todos nos llevamos bien. De pequeños nos quejábamos a mis padres, éramos tercos y nos peleábamos a muerte entre hermanos, pero al crecer todo se volvió así. Últimamente estamos todos ocupados y nos vemos menos, pero hablamos a menudo.”

En su voz se percibía un profundo afecto por su familia.

Chi-young no pudo evitar sentir envidia. Incluso le daba envidia aquello de pelearse y discutir de niños. Como creció solo, nunca experimentó nada parecido.

De pequeño envidiaba mucho a los amigos que tenían hermanos, pero al crecer y verse envuelto en el ajetreo de la vida, olvidó esa envidia durante mucho tiempo, aunque a veces volvía a brotar así, de repente.

Sin embargo, Chi-young no dejó que la envidia durara mucho. A cada persona le toca algo distinto. Por eso, esto era motivo de alegría. Hay muchas formas de familia en el mundo, y si el hombre que él más deseaba que fuera feliz había crecido rodeado de tanto afecto, ¿qué podía ser más afortunado y alegre?

Sí, incluso aquel cliente que vino hace poco parecía estar sufriendo mucho por culpa de su familia. No debía de ser la única persona así en el mundo.

Chi-young sonrió dulcemente mirando a Jang Ui-geon, que masajeaba sus piernas con esmero. Pero en el momento en que la mano de Jang Ui-geon bajó de la pantorrilla al pie, Chi-young dio un respingo y encogió la pierna. Al cruzarse con la mirada inquisitiva de Jang Ui-geon, murmuró tartamudeando.

“Es que… tengo cosquillas.”

“¿Con esto? Ah, cierto, es que Chi-young es bastante sensible.”

Ante aquel comentario lanzado sin doble intención y con un asentimiento de comprensión, Chi-young se quedó callado. Sabía perfectamente que no lo decía en ese sentido, pero recordó que no hacía mucho, él se había reído en la cama preguntándole ‘¿por qué es tan sensible?’. Al recordar también la situación de aquel momento, la vergüenza volvió a calentar sus orejas, y Jang Ui-geon, que lo miraba extrañado, pareció comprender tardíamente cuál era el problema. Su rostro mostró algo de desconcierto.

“No lo decía en ese sentido… ¿acaso acabo de cometer acoso sexual?”

Jang Ui-geon, hablando con un deje de broma, dejó caer los hombros de forma exagerada. “Y eso que esta tarde, una empleada a tiempo parcial de veinte años vino vestida muy fina y le dije: ‘¿no tienes frío andando así con las piernas al aire y sin medias?’, y me regañó diciendo que si un señor mayor dice esas cosas puede ser sospechoso de acoso.” Chi-young soltó una carcajada al verlo suspirar como excusándose, diciendo que solo se había preocupado por la chica.

“Ah… entiendo a qué se refiere. El otro día vino una chica con una falda muy corta y, al sentarse, se le veía bastante; como había muchos clientes hombres cerca, le llevé un delantal. Para que se lo pusiera sobre las rodillas. Y bueno…”

“Me miró de forma un poco rara”, murmuró Chi-young con timidez, y Jang Ui-geon asintió.

Entre risas, el ambiente se relajó. Chi-young observó detenidamente a Jang Ui-geon mientras le masajeaba los pies y fijó la vista en el remolino de su coronilla mientras él tenía la cabeza baja. Aunque Jang Ui-geon todavía insistía a menudo en que seguro le habían salido canas por el estrés del negocio y le pedía que las buscara, su cabello seguía sin rastro de ellas. El pequeño remolino de su coronilla le pareció extrañamente tierno, así que, sin darse cuenta, Chi-young lo pinchó suavemente y dibujó un círculo siguiendo la dirección del remolino.

En ese instante, le pareció que la nuca de Jang Ui-geon se tensaba. Al levantar la vista y mirar a Chi-young, su expresión era tan peculiar que Chi-young le devolvió la mirada parpadeando. Jang Ui-geon lo observó fijamente y sonrió con un gesto algo apurado.

“Chi-young, yo también soy una persona sensible.”

“¿Eh?”

“No debería acosarme sexualmente.”

“¿Eh? Eh, no, no era mi intención, lo sien…”

Jang Ui-geon atrapó con firmeza los dedos de Chi-young mientras este intentaba retirar la mano apresuradamente. Luego, sonrió ampliamente.

“Es broma.”

“Ah, sí…”

“Puede hacerlo siempre que quiera. Si es usted.”

Parecía que la parte de la broma no era el "acoso", sino el "no debería".

Mientras Chi-young miraba la mano atrapada con rostro compungido, Jang Ui-geon también pareció contagiarse del ambiente y puso una cara algo tímida, algo poco habitual en él.

“Esto es un problema.”

“¿Eh?”

“Siento que voy a querer hacer algo que no debería hacerse aquí.”

Jang Ui-geon lo dijo como hablando para sí mismo. Chi-young lo miró parpadeando. ¿Sería aquello parecido a lo que él mismo había pensado por un instante? Como que sería bueno besarse, o darse un fuerte abrazo.

Tras sostener la mirada de Chi-young en silencio durante un momento, Jang Ui-geon miró de reojo los platos de los clientes que quedaban, que estaban casi vacíos. De inmediato, le volvió a poner los calcetines y los zapatos a Chi-young con cuidado y se levantó de su asiento.

“Vayamos preparándonos para cerrar.”

* * *

Había bastante distancia de por medio, pero no pudo evitar fijar la vista en aquel hombre debido a que estaba en medio de la calle, aferrado al teléfono y gritando a todo pulmón.

“¡Que no quiero! ¡¡He dicho que no!!”.

Qué sería lo que tanto rechazaba; incluso a decenas de metros de distancia, sus gritos llegaban con claridad. Como el hombre estaba en la misma dirección hacia la que se dirigía Seo Chi-young, las voces se volvían inevitablemente más nítidas a cada paso. No solo él, sino también los transeúntes lo miraban de reojo, pero el hombre no se inmutaba y seguía absorto gritando su negativa al auricular.

Era aquel cliente molesto.

En cuanto estuvo lo suficientemente cerca como para reconocer su rostro, Chi-young ralentizó el paso sin darse cuenta. Identificó de inmediato esa cara familiar que sentía haber visto en alguna parte.

Había salido un poco más temprano para pasar por el banco antes de ir al local. Era precisamente el banco que el hombre tenía a sus espaldas en ese momento. Ver a plena luz del día a alguien a quien siempre veía al atardecer o por la noche le resultó extraño, pero a la vez gratificante.

Al observarlo así, con un poco de distancia, se dio cuenta de que, después de todo, el hombre tenía una buena planta, era robusto y se veía bastante bien. No parecía alguien a quien se pudiera tachar de "cliente difícil". Incluso vestía un traje impecablemente planchado que lo hacía parecer un empresario adinerado ante cualquiera que lo viera.

Que una persona así viviera tan agobiada por su familia era una prueba de que no se puede juzgar por las apariencias. Sintió que la lástima volvía a apoderarse de él. Además, el contenido de la llamada, que se colaba en sus oídos con más fuerza a medida que se acercaba, reforzaba esa sensación.

“¡Si digo que no, ¿por qué me sigues presionando?! Si es un lío que armó, ¡que lo resuelva él! ¿Por qué intenta cargármelo a mí? ¡No me sobra el tiempo! ¡Yo también estoy muerto de ocupación buscando un nuevo trabajo! ¡No quiero! ¿A qué viene meter el regalo de ingreso de Jong-hyeok ahora? ¡Le llené la mochila de cuadernos, lápices, gomas, crayones, lápices de colores y témperas, ¿qué más regalo quiere?! ¡He dicho que no, que no qui-… ¡Hola! ¡¡Hola!! ¡Ah, maldita sea!”.

El hombre colgó el teléfono con irritación.

Parecía que ese hermano mayor estaba causando problemas de nuevo, supuso Chi-young justo en el momento en que sus miradas se cruzaron.

Como caminaba en esa dirección y la distancia se había acortado mucho durante la llamada, el encuentro era inevitable, pero al cruzar miradas en ese preciso instante, Chi-young se sintió como si hubiera estado espiando y, avergonzado, frenó aún más el paso. El hombre lo señaló con el índice.

“¿Eh? Pero si es el dueño del restaurante de tripas. ¿Qué hace por aquí?”.

No debería ser tan extraño encontrarlo frente al banco que está cerca de su local, pero el hombre abrió los ojos de par en par como si se tratara de una coincidencia extraordinaria. Sin embargo, Chi-young se tranquilizó al ver que pronto su rostro se iluminaba con una sonrisa. Parecía que, afortunadamente, su humor no era tan malo como aparentaba.

“Tenía un asunto pendiente en el banco. ¿Y usted qué hace por aquí…?”.

“¿Eh? Ah, solo pasaba por aquí y entré a preguntar por un préstamo”.

Ante el hombre que señalaba el banco tras de sí diciendo con naturalidad que las condiciones de los préstamos variaban según la sucursal, Chi-young asintió comprendiendo.

“Pero no parece nada prometedor. Me refiero a las condiciones del préstamo…”.

No obstante, el rostro del hombre se ensombreció, indicando que no había recibido buenas noticias. Chi-young, sin saber muy bien qué decir, también puso gesto compungido y se limitó a murmurar un asentimiento.

En la vida hay momentos en los que uno se siente realmente agotado, ya sea física o mentalmente, y tal vez este hombre estaba pasando por uno de esos periodos. No pudo evitar sentir compasión.

“Por cierto, ¿ya almorzó? Dicen que en ese sitio de allá los sándwiches son muy ricos…”.

Entonces, el hombre, tras toser un par de veces, señaló con el mentón una pequeña tienda de sándwiches al otro lado de la calle. Murmuró que los sándwiches eran perfectos para comer en el parque en un día tan bonito como hoy, y Chi-young negó con la cabeza.

“No, todavía no he comido… Entonces, ¿quiere que comamos juntos?”.

Aunque era un poco temprano para almorzar y solía prepararse algo sencillo en el local, al notar que el hombre insinuaba querer compañía, Chi-young cambió de rumbo sin dudarlo. Pensó que, al menos, escuchar sus historias podría servirle de ayuda.

El hombre se dirigió animado a la tienda diciendo de ir al pequeño parque de la zona residencial contigua tras comprar la comida, pero al ver los precios en el menú, rebuscó en su billetera con cara de apuro. A pesar de que los precios eran mucho más bajos que en otros lugares, al ver su turbación, Chi-young se adelantó: “Yo invito”. Al oírlo, el rostro del hombre se iluminó de alivio al instante.

“¿Ah, sí? Esto… me da mucha pena, ¿qué puedo decir? Gracias. Quería invitar yo, pero es que ahora solo tengo cheques…”.

“Ay, nosotros también aceptamos cheques”, dijo la joven de la tienda con una sonrisa al oír la conversación, a lo que el hombre, con cara de circunstancias, murmuró con apuro: “Es que… solo tengo de un millón de wones…”. Eso le dio aún más lástima a Chi-young, quien pagó rápidamente y recogió los sándwiches. Le preocupaba que el hombre no dejara de toser entre medias.

“¿Se siente mal?”.

“¿Eh? No, solo es un poco de resfriado, supongo. Tengo los bronquios algo débiles y me resfrío con facilidad. No es nada, no es nada”.

Tras negar con la mano y toser un par de veces más, el hombre sujetó la bolsa de los sándwiches con fuerza y caminó con paso pesado hacia el parque que estaba justo en la calle de atrás. Chi-young echó una mirada rápida a una farmacia cercana antes de seguirlo.

“Ese hermano que tengo se la pasa montando negocios y luego no se hace cargo de nada. Así que siempre está pidiéndole dinero a mi padre, pidiéndome dinero a mí… y si digo que ya no puedo más, saca el tema de que tiene que alimentar a sus hijos y me pone al sobrino pequeño como si fuera un rehén…”.

Nada más sentarse en un banco vacío del parque, el hombre soltó un suspiro capaz de hundir el suelo y, como era de esperar, empezó a desahogarse de inmediato.

“Llamé a mi hermano menor, que se fue de casa, para ver cómo estaba y lo primero que hace es preguntarme si tengo dinero porque lo necesita para trabajar; mi hermana se la pasa lamentándose porque su marido no pisa la casa los fines de semana, ay…”.

El hombre dejó de morder el sándwich para lamentarse mirando al cielo. De repente, giró la cabeza hacia Chi-young.

“¿En su casa todo está bien?”.

“Sí, mi familia son solo mis padres. Viven en otra provincia y son de los que detestan pedirle nada a su hijo…”.

“¿Es hijo único? De pequeño yo también deseaba serlo. Como mi casa era un negocio de comidas, siempre me peleaba con mis hermanos por la merienda. Por cierto, ¿qué edad dijo que tenía? ……¡¿Cómo, ya?!”.

Al escuchar la respuesta de Chi-young, el hombre abrió los ojos de par en par con la misma reacción que tuvo la primera vez que le preguntó su edad.

“Pensé que era mucho más joven, pero resulta que ya tiene sus años”.

“Aun así, como tiene la misma edad que mi hermano menor, puedo hablarle con confianza, ¿verdad?”, preguntó con naturalidad. Chi-young asintió. Si el meticuloso Jang Ui-geon hubiera visto esto, seguramente habría sentenciado con desagrado que el hombre era un descarado. Sin embargo, a Chi-young no le molestaba que lo tratara con tanta familiaridad ni que le contara sus penas, así que solo sonrió.

El hombre observó fijamente a Chi-young mientras masticaba el sándwich entre suspiros.

“Ojalá yo tuviera un hermano así de aplicado. Ese hermano mío, como era un poco listo desde pequeño, tenía una arrogancia que le llegaba al cielo. No es que sea malo, es que no entiende a los que no tienen. Una vez participé en un concurso, me esforcé mucho resolviendo problemas y quedé segundo; y él me pregunta con indiferencia: ‘¿Acaso se te corrieron las respuestas en la hoja?’, y lo decía en serio. Incluso ahora que lo pienso, ¡qué tipo más insoportable! ¿A que sí?”.

“Eh… parece que su hermano era realmente inteligente…”.

“Sí. Seguramente es el más brillante de todos los hermanos de mi casa. Mis padres estaban encantados de tener un hijo tan sobresaliente. Inteligente, educado, con muchos amigos. ¿Pero de qué sirvió? Al llegar a la secundaria mostró su verdadera cara y puso la casa patas arriba”.

“Parece que dio problemas”.

“Uf, la casa fue un caos total. Mi madre cayó enferma en cama y mi padre también se desmoronó. Ese tipo, resulta que él… en fin, mejor ni hablar”.

El hombre, que sin darse cuenta apretó el sándwich con fuerza, aprovechó para lamerse el pepino y la cebolla que se le habían caído en los dedos mientras negaba con la cabeza.

“Hace poco soltó una bomba en casa diciendo que tiene pareja, y está que no sabe ni dónde tiene la cabeza. Dicen que tiene un negocio por este barrio, y el chico está que no vive, pero de verdad”.

Justo cuando Chi-young le entregaba disimuladamente la mitad de su propio sándwich al hombre, que ya se había terminado el suyo, sonó el teléfono. Chi-young le pidió disculpas con un “Un momento” y sacó el móvil. Era Jang Ui-geon. A veces, cuando el local estaba tranquilo, solía llamarlo sin motivo especial.

“Sí, Ui-geon”.

Chi-young contestó con una sonrisa que le brotaba sola mientras le indicaba por señas al hombre, que lo miraba con curiosidad sándwich en mano: ‘Cómalo, yo estoy lleno’. El hombre lo miraba parpadeando mientras le daba un mordisco.

¿Parece que está fuera? ¿Ya salió?.

“Sí, salí un poco antes para pasar por el banco. ¿Ya terminaron los preparativos en su local, Ui-geon?”.

‘Sí, ya solo falta que vengan los clientes, pero el local está vacío’, rió Jang Ui-geon. Chi-young también sonrió al mirar el reloj, que marcaba una hora todavía temprana para el almuerzo.

¿Entonces está haciendo los trámites en el banco ahora?.

“¿Eh? Ah, no, estoy almorzando un momento”.

¿Almorzando? ¿Fuera? ¿Solo?.

Jang Ui-geon, que sabía que Chi-young solía almorzar en su local, preguntó extrañado. Chi-young echó una mirada fugaz al hombre, que seguía masticando el sándwich mientras lo observaba de reojo, y susurró que no.

“Esto… estoy comiendo con un cliente del local”.

¿Un cliente? ¿Tiene algún cliente con el que tenga tanta confianza como para comer juntos? ¿Quién es?.

“Eh… es alguien que viene de vez en cuando últimamente”.

Chi-young empezó a tartamudear sin querer, pensando que la situación se estaba volviendo complicada. A veces Jang Ui-geon tenía una intuición sorprendentemente afilada, como por ejemplo:

No será por casualidad ese cliente molesto, ¿verdad?.

Exactamente en momentos así.

Basta con que Chi-young vacilara de esa forma tan sutil al hablar para que él dedujera la respuesta correcta solo con esa duda. Y esa agudeza pareció confirmarse cuando Chi-young dio un respingo y se puso nervioso: “Eh, ah, no, no es eso…”.

¿Dónde está?.

“Eh, no, voy a entrar al local enseguida. Ya va siendo la hora…”.

Chi-young.

“Es verdad, voy a ir al local ahora mismo”.

Ante ese tono de voz que hacía parecer que Jang Ui-geon vendría corriendo si le decía que estaba en el parque del barrio, Chi-young dudaba qué decir, cuando se oyó vagamente a un empleado llamándolo por teléfono. Parecía que había surgido algo urgente.

Chi-young no dejó pasar la oportunidad: “Oiga, tengo que colgar. Estoy en medio de una charla… Como voy a entrar pronto al local, le devuelvo la llamada luego”, dijo, y tras un breve silencio al otro lado, Jang Ui-geon aceptó a regañadientes pidiéndole que lo llamara.

Cuando Chi-young bajó el teléfono soltando un suspiro, el hombre, que no había dejado de mirarlo fijamente mientras comía, ladeó la cabeza.

“¿Quién es? ¿Su pareja?”.

Chi-young asintió sin pensar mientras miraba el móvil, y el hombre arrugó el puente de la nariz.

“Vaya, ¿así de meticuloso es con las preguntas? ¿Tiene celos enfermizos? No hay que salir con gente así”.

“¿Eh? Ah… no es eso. No es así, es que se preocupa mucho por mí. Es una buena persona”.

“¿Ah, sí?”, dijo el hombre con gesto poco convencido mientras se relamía. Para entonces ya se había terminado el sándwich que Chi-young le dio y solo quedaba el envoltorio vacío.

“Pero, ¿su novia se llama Ui-geon? Parece nombre de general”.

Chi-young encogió los hombros por un momento, pero pronto fingió naturalidad y rió con un “Jajaja, ¿le parece?”. Por suerte, el hombre no añadió nada más y se limitó a sorber la leche con la pajita.

Chi-young miró la hora. Realmente ya era el momento de marcharse. Había salido con tiempo, pero si pasaba por el banco y luego iba al local, llegaría justo a tiempo.

“Esto… creo que ya me tengo que ir”.

“¿Eh? Ah, claro, claro, tiene que abrir el local. Vaya. Yo también me voy ya a buscar trabajo”.

El hombre se levantó con un esfuerzo y volvió a toser repetidamente. Al oírlo, Chi-young dijo: “Ah, ¿podría esperarme un momento?”, y salió corriendo hacia la farmacia que había visto por el camino. Compró un medicamento para el resfriado que decían que era bueno para la garganta y se lo entregó al hombre; como el tiempo apremiaba aún más, corrió hacia el banco casi sin oír lo que el hombre le decía.

*

‘¡¿Shin Kang-ho y Kim Yu-mi, romance al descubierto?! ¡La impactante confesión de la señorita L!’

En un programa de cable sobre noticias del espectáculo, aparecían subtítulos parpadeantes con colores chillones. Aunque la televisión estaba allí para los clientes, Seo Chi-young casi nunca la miraba. Sin embargo, justo cuando servía una mesa, una clienta exclamó sorprendida: ‘¡Ay, pero si esa chica con los ojos tapados es La-jin! ¿Qué? ¿Entonces salía con ella y rompieron? ¡¿Y ahora está con Kim Yu-mi?!’.

Al seguir la mirada de la mujer, Chi-young pestañeó al ver las fotos: un actor conocido y una chica con una franja negra sobre los ojos, aunque no tanto como para no reconocerla.

‘Me suena haber escuchado esto...’, pensó, y de pronto lo recordó. Hacía poco, aquel cliente (al que llamaban "molesto") le había dicho exactamente eso: que esos dos salían pero romperían pronto, y que él pegaba más con otra persona. Los nombres coincidían a la perfección.

“…….”

Se quedó impresionado. ¿Cómo lo habría sabido? Él mismo decía que sabía leer bien a la gente, pero su agudeza visual era realmente asombrosa. Chi-young regresó al mostrador recordando con admiración al hombre, quien hoy también había pasado, había anotado su deuda y se había marchado hacía apenas un momento.

Allí estaban sentados Yoon Jun-young y Kwon Kang-hee junto a Jang Ui-geon. Como habían estado muy ocupados últimamente, era la primera vez que venían en mucho tiempo y parecían tener mucho de qué hablar.

“Chi-young, ¿no ha pensado en abrir una sucursal?”

Nada más sentarse frente a ellos, Yoon Jun-young soltó la pregunta de la nada. Chi-young, que no sabía de qué venían hablando, los miró a todos con cierta confusión.

“¿Eh? …… No, para mí con este local es más que suficiente.”

Chi-young sonrió pensando que era un halago exagerado y amable sugerir una sucursal para un pequeño restaurante de tripas en un rincón del barrio.

“Si abre una sucursal y tú eres el único cliente, ¿cómo va a mantener el local?” soltó Jang Ui-geon.

“¿Por qué asumes que yo sería el único? ¿Acaso estás dudando de las tripas de Chi-young?”

Yoon Jun-young era el único capaz de dejar sin palabras a Jang Ui-geon, el hombre al que Chi-young sentía que nunca podría ganarle en una discusión.

“No es eso... ¿por qué quieres que trabaje aún más alguien que ya está todo el día aquí? Con que yo esté ocupado es suficiente, así que basta, no le quites más tiempo.”

Jang Ui-geon cortó el tema de forma tajante, y Yoon Jun-young, murmurando un ‘egoísta...’, siguió metiéndose trozos de tripa a la boca con diligencia.

“Debe de estar muy ocupado con su local últimamente, ¿verdad?”

Chi-young miró con preocupación a Jang Ui-geon, quien, a pesar de comer con ganas cada noche, no parecía subir de peso. El local debía de estar realmente lleno, pues últimamente ya no lo llamaba por las tardes y cada noche venía a buscarlo más tarde.

“Sí, creo que tendré que considerar seriamente lo de la ampliación. ……Aunque si el local crece, me quitará más tiempo. Y el tema del dinero es algo incierto.”

Jang Ui-geon se rascó la cabeza con fastidio. Kwon Kang-hee, con la copa en los labios, enarcó una ceja con extrañeza.

“¿Qué pasa con el dinero?”

“Está invertido en algo que sería una lástima liquidar ahora. Y pedir un préstamo es difícil porque mi padre puso una hipoteca sobre el edificio.”

“Ah... ¿y por qué no le dices a Ui-min? Él tiene capital de sobra, ¿no?”

“Ah, es verdad, ahora tiene mucho más. Hace poco vendió la empresa.”

‘Las franquicias son negocios para venderlas’, murmuró Jang Ui-geon con indiferencia mientras tomaba el té de cebada en lugar de la copa que le ofrecía Kwon Kang-hee. Era fin de semana y había venido en auto.

Al ver que la botella de té se terminaba, Chi-young sacó rápidamente una nueva de la heladera. Jang Ui-geon le agradeció con una mirada cálida.

“Pues pregúntale. Para él debe de ser calderilla. Además, tú no eres de los que no pagan o se quedan con los intereses.”

“Ni lo menciones. Últimamente el ánimo de mi hyung no es el mejor. Parece que el proyecto que tenía en mente para su próximo negocio se solapaba con el de mi padre y se están peleando a muerte. Los dos son muy ambiciosos. Mi hermano mayor le dijo a Ui-min hyung que cediera y que simplemente lo ayudara con sus cosas por un tiempo.”

‘Me llamó para quejarme un buen rato, llamándolo traidor y no sé qué más; mi casa es un dolor de cabeza últimamente’, suspiró Jang Ui-geon, aunque su expresión no era del todo mala. Kwon Kang-hee también se rió comentando: ‘Tu familia no cambia’. Al ver eso, Chi-young comprendió que se trataba de una disputa afectuosa entre familiares y dejó de preocuparse.

“Ya que se está tomando un descanso, dile que te preste a interés diario para que se gane algo para sus gastos.”

“Me dio la impresión de que quería que me pusiera de su lado, así que cuando le dije que no me metiera en sus peleas, se ofendió conmigo también. Le pedí que hiciéramos circular algo de dinero unos meses y me dijo que buscaría el interés bancario más alto y me cobraría un 1% más encima de eso.”

‘Fui el que salió perdiendo en pelea ajena’, dijo Jang Ui-geon negando con la cabeza. Al escucharlo, Chi-young se sintió apenado. Pensó que si Jang Ui-geon no le hubiera entregado aquel dinero —que aún seguía devolviéndole poco a poco cada mes—, tal vez no tendría que preocuparse así. Sintió que lo lógico sería que él consiguiera ese dinero de alguna forma para devolvérselo.

“Esto... Ui-geon, sobre eso...”

“No. Tengo justo delante a alguien que está esperando cualquier oportunidad para llevarse a Chi-young a otro lado aunque sea prestándole dinero, así que ni lo piense.”

Pero antes de que Chi-young pudiera terminar, este hombre tan perspicaz lo interrumpió de golpe. Chi-young se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir ante tal agudeza, y Jang Ui-geon le dedicó una sonrisita cómplice.

“Son solo charlas. No es que esté en un problema grave, así que no se preocupe.”

Aun así, Chi-young lo miró con duda, hasta que Yoon Jun-young, que había estado comiendo en silencio, intervino: “La preocupación más inútil del mundo es preocuparse por el dinero de Ui-geon”. Chi-young vaciló un momento, sin saber qué responder a quién, y terminó asintiendo.

En ese momento, Kwon Kang-hee, que se había quedado pensativo con la copa en la mano, murmuró para sí:

“Ahora que lo recuerdo, de camino hacia aquí vi a alguien que se parecía mucho a Ui-min.”

“¿Ah, sí?”

“Sí. Solo lo vi pasar un momento y solo de espaldas, pero se le parecía mucho.”

“Cierto, mi hyung me preguntó qué andaban haciendo ustedes últimamente. Dijo que quería que nos viéramos todos algún día, que nos invitaría a comer.”

Jang Ui-geon se lo dijo a Kwon Kang-hee y a Yoon Jun-young como quien recuerda algo. Chi-young sabía que, al ser amigos desde la infancia, conocían a las familias; incluso había oído que Kwon Kang-hee tenía algunos vínculos laborales ligeros con ellos.

Sin embargo, por alguna razón, Kwon Kang-hee guardó silencio con un gesto extraño tras oír eso y miró de reojo a Yoon Jun-young. En ese instante, los palillos de Yoon Jun-young se detuvieron. Incluso el trozo de tripa que estaba por meterse a la boca se le cayó.

“…… Creo que voy a estar algo ocupado, no podré. Vayan ustedes. Dale mis saludos.”

Yoon Jun-young se limpió la boca con una servilleta y habló con brusquedad. Más que brusco, parecía incómodo, como si quisiera evitar el tema.

“Pero si dirá de vernos cuando tú tengas tiempo.”

“No, paso.”

“¿Qué más da? Míralo con tranquilidad. Ya no es como si yo te gustara.”

“¡Es que tu segundo hermano ya quedó registrado en mi cabeza como una persona incómoda! Cuando tú andabas diciendo por ahí que yo te gustaba, ¿tienes idea de con qué atención me observaba cada vez que me veía? No sé cuántas veces lo escuché decirse a sí mismo: ‘Conque a este tipo es al que quiere el mocoso’.”

‘Sé que es una gran persona, pero no puedo evitar que me resulte incómodo’, dijo Yoon Jun-young negando con la cabeza. Parecía que todos ya estaban al tanto de esa situación, pues se hizo un breve y amargo silencio.

Jang Ui-geon chasqueó la lengua con pesar y preguntó con cautela:

“¿Por casualidad te dijo algo malo?”

“No. No es alguien falto de modales. Solo que su mirada era una presión insoportable.”

‘Por mucho que ahora ya no sea así, una vez que alguien se queda con una idea, no cambia tan fácil’, suspiró Yoon Jun-young frunciendo el ceño, y volvió a tomar los palillos. Empezó a comer las tripas con más ímpetu que antes.

Chi-young observaba a Yoon Jun-young parpadeando. Era la primera vez que veía a alguien, que por lo general era indiferente hacia los demás, mostrarse tan abiertamente abrumado. Parecía un gato con las orejas gachas. Sin mirarlo, Yoon Jun-young le advirtió:

“Chi-young, usted también tenga cuidado. El hermano de Ui-geon es... especial. Cuando se pone a observar a quién quiere su hermano menor, parece que le salen reflectores de los ojos.”

“…… Ah, sí……”

Chi-young pensó que quizá exageraba por lo incómodo que se sentía, pero inesperadamente Jang Ui-geon intervino con rostro serio y algo apurado:

“No se preocupe. Por eso estoy bloqueando sus intentos de querer ver a Chi-young. No dejaré que eso pase. De verdad.”

“Sí, eso será lo mejor. En aquel entonces, ese hyung-nim me criticó muchísimo por lo bajo. Aunque a ti te decía que vivieras como quisieras, se notaba que no le hacía gracia que terminaras viviendo con un hombre. Si ese hyung-nim conociera a Chi-young……”

Yoon Jun-young miró fijamente a Chi-young antes de bajar la vista hacia las tripas.

“Chi-young terminaría enterándose hasta de cuando tenías seis años, saliste al patio en cueros, te pusiste a bailar moviendo el trasero, te caíste y te golpeaste la colita contra un auto de juguete y te pusiste a llorar a moco tendido.”

“¡¡¡Oye!!!”

Jang Ui-geon gritó de golpe con los ojos encendidos. Mientras Kwon Kang-hee se reía por lo bajo murmurando ‘sí, es verdad que eso pasó’, Jang Ui-geon se giró hacia Chi-young con urgencia y afirmó con total seriedad: “Tenía cuatro años, cuatro años cumplidos. Era cuando casi ni tenía memoria”.

Bailar moviendo el trasero... golpearse con un auto de juguete... una imagen tan tierna y adorable cruzó la mente de Chi-young que tuvo ganas de reír, pero al ver aquel rostro tan solemne, no pudo. Sintió que si se reía, Jang Ui-geon se desinflaría de pura vergüenza.

Cuando Chi-young asintió con un gesto extrañamente rígido, Jang Ui-geon captó la intención de inmediato y se frotó la frente soltando un quejido. Kwon Kang-hee, quizás sintiendo algo de lástima por él, cambió de tema sutilmente:

“Ahora que lo pienso, tus dos hermanos mayores se parecen entre sí, y tú y Ui-yoon se parecen, pero tú no te pareces mucho a tus hermanos mayores.”

“…… Es que mi padre y mi madre no se parecen. Yo salí a mi madre y mis hermanos a mi padre.”

Jang Ui-geon suspiró profundamente y, de repente, miró a Chi-young.

“¿A quién se parece Chi-young?”

“Yo... de pequeño me decían mucho que me parecía a mi padre, pero al ir creciendo me dicen que también saco rasgos de mi madre.”

‘Aunque yo no lo noto mucho’, añadió ladeando la cabeza, y Jang Ui-geon asintió diciendo:

“La próxima vez muéstreme fotos. Yo lo juzgaré.”

“Sí. En casa tengo el álbum, se lo mostraré más adelante.”

“¿Entonces pasamos por casa de Chi-young hoy?”

Ante la respuesta inmediata de Jang Ui-geon, que nunca dejaba para después lo que se le ocurría, Chi-young dudó un momento y luego asintió. Como era fin de semana, seguramente irían a casa de Jang Ui-geon, pero parecía que quería pasar por la suya antes.

‘Un álbum...’, murmuró para sí mismo. Jang Ui-geon recuperó el buen humor, sonrió y, mirando fijamente a Chi-young, dijo:

“Siento que los padres de Chi-young deben de ser grandes personas.”

“Eh... sí, son muy buenos. ……Los de Ui-geon también.”

“Jajaja, ¿piensa eso justo después de que le acabo de decir que se pelean a muerte con su hijo por negocios? Son personas sin piedad.”

Sin embargo, a pesar de su carcajada, el afecto que Jang Ui-geon sentía por sus padres y hermanos se filtraba en cada palabra. Seguramente ellos sentían lo mismo por él.

Al ver a Jang Ui-geon, uno no podía evitar pensar que había crecido en un buen hogar. Sin importar cómo fuera por fuera, por dentro era una familia unida que se cuidaba sinceramente.

Por eso Chi-young se alegró, pensando que era algo muy afortunado.

¿Te gustaría que indague más en los detalles de esta reunión o prefieres continuar con el siguiente fragmento?

*

El hombre tosió. Seo Chi-young, mientras salteaba las tripas, lo miró de reojo. No hacía mucho que se había sentado y ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había oído toser.

“Parece que el resfriado ha empeorado.”

No hacía falta ni decirlo. El hombre tenía la garganta tan irritada que respondió con una voz más quebrada que la de un anciano de noventa años: “Sí, un poco.”

“Por eso odio los cambios de estación. Tengo los bronquios débiles y siempre termino cayendo enfermo. Especialmente entre la primavera y el verano, es algo inevitable.”

Que si todo era culpa del polvo amarillo, que si los chinos deberían plantar árboles en el desierto, que por qué construían las fábricas en la costa noreste y qué se suponía que debían hacer ellos con los metales pesados... Al ver que, a pesar de su voz rota, el hombre seguía parloteando sin parar, Chi-young se sintió un poco aliviado. Ya debía de ser bastante duro estar pasando por días difíciles sin trabajo como para que, además, le fallara la salud.

“Hoy debería irse pronto a casa, tomarse la medicina y descansar bien.”

“¿Eh? No, es solo la voz, solo la voz. Pero gracias por preocuparte. En mi familia ya solo me dan sermones. Hace poco me llamó mi hermano; en cuanto escuchó mi voz, solo dijo: ‘Parece que la temporada de polvo amarillo aún no termina’. ¿Y sabes qué fue lo siguiente que soltó? ‘Cambiando de tema, hyung, ¿tienes algo de dinero?’.”

‘¡Menudo hermano!’, exclamó el hombre con indignación antes de volver a tener un ataque de tos. Chi-young asintió con lástima y, mientras salteaba las tripas para otro cliente, añadió ingredientes extra con generosidad. Tenía la intención de pasarle un poco al plato casi vacío de aquel hombre.

“Parece que se enteró por ahí de que dejé el trabajo. Debió pensar que tenía ahorros. De la nada me suelta si tengo dinero, que necesita un poco, y yo le dije que...”

“Debe de ser muy difícil para usted. …… Aquí tiene, coma un poco más.”

Cuando Chi-young dejó un poco más de salteado en su plato, el hombre esbozó una sonrisa en medio de su gesto compungido, se enjuagó la boca con soju y tomó los palillos.

Que si hoy las vísceras no estaban tan buenas, que si se había pasado con la limpieza, que si el condimento estaba muy fuerte... A pesar de sus constantes quejas, el hombre venía una o tras veces por semana y siempre dejaba el plato impecable. Sin embargo, últimamente esas quejas habían disminuido, siendo reemplazadas por otro tipo de historias.

“…… Mi hermano mayor, cuando se pone la chaqueta de trabajo por la mañana, me mira de reojo y me dice que deje de ser un parásito y busque empleo... Yo, que trabajé sin descanso durante quince años hasta desgastarme las manos y los pies, y solo por descansar unos días... Y mi hermana menor aparece hoy mismo para encasquetarme al sobrino y me presiona preguntándome de qué voy a vivir ahora……”

Cada vez que Chi-young tenía las manos libres y le prestaba atención, el hombre, que ya de por sí era hablador, soltaba sus historias como un pez en el agua. La mayoría eran quejas sobre sus hermanos, y su blanco favorito solía ser su hermano menor.

Chi-young pensaba que era comprensible.

Estando tan enfermo y con esa tos, que su hermano solo lo llamara para pedirle dinero debía de haberle dolido mucho.

“Pero, ¿por qué su hermano menor se fue de casa? ¿Se llevaba mal con la familia desde antes?”

“¿De qué hablas? Tanto mi hermano mayor como yo lo cuidamos muchísimo por ser el menor. Mis padres también lo adoraban. Bueno... mi padre era un poco estricto y de niños, si hacíamos algo mal, nos ponía a todos en fila para castigarnos, pero mientras a mi hermano mayor y a mí nos daban lo nuestro a solas a menudo, a él y a mi hermana casi nunca les pegaron por separado. …… Ah, bueno, hubo una vez. Esa vez sí que cobró de lo lindo.”

El hombre masticó un trozo de tripa mientras miraba al techo de chapa como rebuscando en su memoria.

“Declaró en casa que le gustaba alguien, pero era alguien... alguien que simplemente no tenía sentido. Alguien a quien todo el mundo señalaría con el dedo. En ese momento mi madre cayó en cama de la impresión y mi padre se puso hecho una furia…… Fue un caos absoluto, de verdad.”

“¿Qué clase de persona era para causar tanto revuelo?……”

“Mmm――, alguien con quien es imposible casarse, alguien tabú... En fin, alguien así.”

El hombre frunció el ceño con fuerza y se rascó la cabeza con brío. ‘Si al menos hubiera traído a una divorciada diez años mayor, no diría nada’, murmuró, rascándose e incluso tironeándose del pelo como si recordara un pasado muy doloroso.

‘Imposible casarse... ¿será acaso una mujer casada o un romance prohibido?’, Chi-young no se atrevió a preguntar directamente y, tras observar la reacción del hombre, solo asintió en silencio y dijo: “Ya veo”.

“¿Y por eso se fue de casa su hermano?”

“No, no. En ese entonces, ¿qué dinero iba a tener? Hace poco que se fue. Después de aquella paliza que le dio mi padre, no recuperó el juicio y siguió sufriendo por ese amor platónico sin esperanza, hasta que mi madre, que ya no soportaba verlo así, le dijo que se fuera a vivir solo y él se largó de inmediato. Desde entonces casi ni llama a casa.”

‘Y cuando llama de vez en cuando es para pedirme dinero’, añadió el hombre volviendo a beber.

“Parece que su hermano es un poco... desapegado, y eso le ha dolido a usted. Aun así, imagino que él también debió de sufrir mucho, trate de entenderlo.”

Era delicado opinar sobre la familia de otro. A oídos de Chi-young, el hermano parecía algo desconsiderado, pero no podía darle la razón abiertamente diciendo: ‘Sí, su hermano es un desconsiderado’. Además, ¿no habría sufrido también aquel hermano por un amor imposible? En este mundo no hay vida que sea puramente fácil.

“Sufrimiento... Bueno, sí, algo sufrió. Yo sé leer bien a la gente, ¿sabes? Y se veía a leguas que, por mucho que insistiera, esa persona nunca lo iba a mirar. Pensé que él también tenía buen ojo, pero se cegó por completo. Y como era de esperar, esa persona siguió su camino y encontró a su pareja. Él se quedó como el perro de las dos tortas.”

El hombre soltó una risita maliciosa, como si se alegrara de su desgracia. Pero pronto su risa se apagó, quizás por lástima, y terminó chasqueando la lengua con amargura.

“Pero justo cuando pensaba que estaba bien, resulta que ahora tiene pareja nueva. Últimamente vive muy feliz, con la cara radiante.”

……Parece que no chasqueó la lengua por lástima.

Lo criticaba por no tener dignidad, y lo hacía con un tono de decepción.

Parecía que la brecha entre los hermanos era profunda. Chi-young vaciló un momento sin saber qué decir.

“Bueno... …… es una suerte que haya encontrado a otra buena persona. Sus padres deben de estar contentos.”

“¡¿Contentos?! ¡Ahora están peor que antes!”

El hombre levantó la voz con brusquedad y, como si le hubiera entrado aire, empezó a toser violentamente. Hasta se le escaparon unas lágrimas, pareciendo alguien verdaderamente indignado y triste. ‘Ya lo sabía yo, había algo raro’, decía entre toses mientras bebía agua sin parar de hablar.

“Fue el año pasado, creo. Empezó a soltar cosas sobre un nuevo amigo que había hecho, y ya entonces la cosa olía raro. Si yo me cambiaba la camisa para salir, decía: ‘Ahora que lo pienso, esa persona tenía una camisa de ese color’. Si llegaba una invitación de boda, soltaba: ‘La letra se parece un poco a la de esa persona’... ¡Maldita sea! Al final, al no poder aguantar más, le pregunté si le gustaba alguien y él, muy serio, lo negó todo diciendo que solo era un buen amigo, que era alguien muy agradecido que lo había consolado mucho en momentos difíciles y que no era nada de eso.”

‘¡Nada de eso, ni qué ocho cuartos!’, el hombre soltó un bufido arrugando la nariz.

“Así que le dije que, si era tan buena persona, que nos lo presentara. Se quedó callado y luego soltó: ‘Eh, bueno, más adelante’. Pero se le veía en la cara que se había ofendido. ¿Sabes la de tonterías que me criticó ese día solo por fastidiar? Me dio una rabia……”

“Quizás solo... le daba vergüenza. O tal vez tenía alguna razón para querer ocultarlo……”

“Qué va. Luego me enteré por ahí de que quiso presentárselo a alguien, pero en la misma reunión él mismo lo arruinó todo. Era simplemente un idiota que ni conocía sus propios sentimientos.”

‘Y no es alguien a quien le dé vergüenza nada; desde la secundaria ya era un rebelde que llevaba preservativos en la billetera’, susurró el hombre. ‘Y mientras yo sigo aquí trabajando sin poderme casar, él...’, seguía refunfuñando, dejando ver que en su rencor también había algo de envidia personal.

Se va de casa y casi no llama, llama al hermano enfermo después de mucho tiempo solo para pedir dinero, y ya usaba preservativos desde adolescente……

Aunque sonara mal tratándose de la familia de otro, parecía ser un hermano realmente malo. Chi-young sintió tanta lástima que le dio la impresión de que el aspecto del hombre era incluso más andrajoso que al principio.

“Hace poco vino a casa después de mucho tiempo. Lo llamamos porque era el centenario de mi sobrino y queríamos cenar todos juntos. El tipo vino, cenó y ya se quería largar. Le dije que, ya que era fin de semana, se quedara a dormir, y me salta con que si fuera día de semana todavía, pero que el fin de semana no puede. Que tiene que ir a buscar a su pareja.”

El hombre agitaba los palillos echando humo por la boca. Chi-young, mientras limpiaba discretamente una mancha de salsa que había saltado a la mesa, comentó: “Podría haber llamado a su pareja solo por este fin de semana para decirle que no podía ir a buscarla……” El hombre, al ver que Chi-young le daba la razón, golpeó la mesa exclamando: “¡Exacto! ¡Pero escucha!”.

“Mi hermana —que conoce a esa pareja porque se han visto alguna vez— sacó el teléfono diciendo que ella misma llamaría para avisar que hoy no iría. ¡Y el tipo se puso furioso! Dijo que a propósito no le había dicho nada a su pareja sobre lo del centenario del sobrino, porque si se enteraba, esa persona le diría que no fuera bajo ningún concepto. Que él pensaba ir a buscarla de todos modos, pero que si ella se enteraba, se sentiría abrumada y lo vería como a alguien cruel con su propia familia... que si ella pensaba hacerse responsable de eso. ¿Cómo se atrevía a arruinarle el fin de semana? Me lo soltó todo así de serio y yo de verdad――.”

‘Si yo fuera diez años más joven, me habría liado a golpes con él’, soltó el hombre desahogando su rabia antes de beber agua helada. ‘Pues sí que parece ser cruel con su familia’, pensó Chi-young dándole la razón de nuevo, y el hombre gritó satisfecho: “¡Eso, eso mismo!”.

Dicen que no hay nada como la familia, pero que a la vez pueden llegar a ser peores que los enemigos; eso le había dicho una vez, como quien se desahoga, una abuela que vendía verduras en el callejón de al lado.

En aquel entonces, Chi-young trabajaba sin descanso desde el alba hasta la medianoche y apenas dormía dos o tres horas en su pequeña habitación. Recordaba haber vuelto a casa una noche, agotado, y haber llorado al encender la luz de su cuarto oscuro. Deseaba que hubiera alguien allí. Su padre, su madre... o cualquier persona. Si tan solo tuviera un hermano mayor. O un hermano menor. Con que solo estuvieran allí, le habría bastado.

Aunque ahora ya no se sentía tan profundamente solo y triste, el recuerdo seguía presente de forma borrosa. Aún hoy, a veces pensaba con nostalgia que le gustaría tener hermanos.

Ese sentimiento no había cambiado, pero al ver a aquel hombre, Chi-young pensó que, si un hermano te daba problemas, debía de ser más doloroso precisamente por ser familia. Si ya duele cuando un amigo se porta de forma desconsiderada, cuánto más dolería si fuera un hermano.

“No se lo tome tan a pecho. …… Tenga, coma un poco más de esto. No beba demasiado, que le hará mal a la salud……”

En momentos así, Chi-young lamentaba no tener facilidad de palabra para consolar a los demás. Al no ocurrírsele nada útil que decir, se limitó a saltear tripas con energía y servirle más en el plato, pensando que ojalá Jang Ui-geon estuviera allí. Envidiaba esa habilidad suya para escuchar a los demás y luego ofrecerles un consuelo o consejo breve pero realmente útil.

Afortunadamente, el hombre pareció recibir mucho consuelo con ese torpe gesto de Chi-young. Tras quedarse un momento en silencio mirándolo fijamente, de repente se incorporó a medias, estiró el brazo y empezó a acariciarle la cabeza.

“Qué bueno eres. El dueño de este local es realmente una gran persona. Muy íntegro.”

Chi-young, desconcertado, pestañeó sin saber qué hacer, pero se quedó quieto dejando que lo acariciara para no ofenderlo. El hombre, con voz pastosa por el alcohol, no dejaba de murmurar lo bueno y noble que era.

“Si un dueño tan dócil como tú fuera mi hermano menor en lugar de ese tipo, te llevaría a caballito a todas partes. Sí, sí... ¿quieres ser mi hermano menor?”

“¿Eh? Jajaja……”

“Tanto mi hermano mayor como mis hermanos menores son todos gente tajante y afilada como cuchillas, así que siempre quise tener un hermano que fuera dócil y bueno. ¿Qué me dices? Si no quieres ser mi hermano... ¡ya sé! ¿Qué tal si eres mi hijo? Sería perfecto tener un hijo tan bueno y de noble corazón como tú.”

El hombre, que apestaba a alcohol, parecía estar bastante borracho. Ahora que lo veía bien, incluso se tambaleaba un poco. ‘¿Qué hago? Parece que se le subió mucho’, pensó Chi-young mirando el reloj. Eran casi las diez, la hora a la que el hombre solía marcharse.

Justo cuando Chi-young sonreía con apuro ante los desvaríos del hombre —que ahora decía que, como no se había casado, al menos necesitaba tener un hijo—, lo salvó un pedido de la otra mesa: “¡Una cerveza por aquí!”. Cuando por fin pudo apartarse y regresar al mostrador, el hombre ya se había terminado el plato y se levantaba tambaleante para irse. Y, como era de esperar, hoy también anotó su deuda.

*

“¡¿Hijo?!”

El rostro de Jang Ui-geon se deformó en una mueca de incredulidad.

“No es una persona tan mayor, así que dice cosas divertidas, ¿no? Jajaja…… Parece que está muy dolido por lo de su hermano menor. Por lo que cuenta, parece que ese chico fue un poco rebelde desde que era estudiante.”

Chi-young, que como siempre le preparaba las tripas a Jang Ui-geon cuando este llegaba pasadas las once, le contaba los sucesos del día y terminó riendo al recordar la historia de aquel hombre.

‘¿Qué tan dolido debe estar por su familia para soltarle a alguien con quien apenas se lleva unos años la borrachera de querer adoptarlo como hijo?’, pensó Chi-young entre divertido y apenado.

“Ese hermano menor ya debería dejar de darles problemas a todos. …… Aquí tiene.”

Chi-young dejó frente a él un plato que, aunque era para uno solo, parecía para dos. Jang Ui-geon, sin embargo, le clavó una mirada penetrante, con el ceño fruncido de una manera extraña.

“¿Dijo que quería que fueras su hijo? ¿Ese tipo?”

“¿Eh? Sí. Supongo que, como ya tiene una edad, tiene ganas de casarse y tener hijos pronto. Aunque parece que su situación no es muy buena y no le resulta fácil…… Por eso, supongo, le dio por decir esas cosas de borracho.”

Al decirlo, Chi-young sintió aún más lástima. Deseó que el hombre encontrara pronto a alguien y lograra estabilidad. ‘Por esto debe ser que tantas señoras no pueden quedarse quietas cuando ven a hombres y mujeres que ya pasaron la edad de casarse’, reflexionó Chi-young con un nuevo entendimiento mientras le tendía los palillos a Jang Ui-geon.

Sin embargo, su mano se detuvo a mitad de camino. Jang Ui-geon no hizo amemán de tomarlos; permanecía con una expresión seria y gélida —aún con esa arruga entre las cejas— observando fijamente a Chi-young.

“…… …… ¿Pasa algo? Los palillos……”

“Chi-young. ¿Sabes qué significa en el mundo iban eso de querer ‘hacer a alguien su hijo’?”

Chi-young, que lo miraba extrañado preguntándose en qué se había equivocado, se quedó de piedra al escuchar la pregunta que Jang Ui-geon soltó con voz fría.

“¿Eh? Ah, sí, lo sé, pero…… él no es de esos. No es iban, solo lo dijo por decir……”

“¿De verdad no lo es? ¿Puedes asegurarlo?”

“Asegurarlo…… no lo sé, pero aun así……”

“¿Qué edad dijiste que tenía? ¿Seis o siete años más que nosotros?”

Jang Ui-geon tomó una botella de soju de las que estaban alineadas en el mostrador, la abrió con un chasquido y llenó una copa hasta el borde.

“¿Por qué alguien de esa edad no se ha casado? O mejor dicho, si su situación no le permite casarse, ¿por qué no sale con alguien en vez de venir aquí a emborracharse y ponerse pesado cada dos por tres?”

“Bueno, es que……”

Chi-young no sabía por dónde empezar a explicar y se quedó balbuceando. Jang Ui-geon vació la copa de un trago, miró de reojo a Chi-young —que parecía sumamente apurado— y chasqueó la lengua. Finalmente tomó los palillos, se metió un bocado generoso y soltó con brusquedad su saludo habitual: “Está rico. Gracias, Chi-young”.

“No estoy enojado, así que no me mires con esa cara de susto. Si me miras así, siento que soy yo el que está recibiendo un regaño severo.”

‘Con esos ojos tan grandes como los de un ternero...’, suspiró Jang Ui-geon, suavizando un poco el tono. Chi-young por fin relajó los hombros y esbozó una sonrisa tímida. Jang Ui-geon dejó la copa de soju, tomó el vaso de agua y continuó suspirando:

“No es que crea que ese hombre sea realmente iban, ni que esté intentando seducirte de verdad. Pero no te tomes tan en serio a gente así. No todo el mundo es tan bueno como tú. No digo que él sea malo, pero hay mucha gente mala en el mundo. Especialmente alguien con esa tendencia a ser molesto; hay muchas más posibilidades de que traiga problemas que cosas buenas si te haces cercano, así que no le abras tu corazón tan fácilmente desde el principio.”

“…….”

“¿Te parece que estoy siendo demasiado duro?”

Chi-young negó con la cabeza. Podía sentir que se preocupaba por él a través de esa voz calmada y cálida, y de su mirada seria y dulce. Además, Chi-young sabía que lo que decía era verdad.

“…… Es alguien que da lástima. Dijo que su casa se vino abajo por culpa de su hermano menor. Que toda su familia lo está pasando mal……”

Mientras Chi-young murmuraba eso como intentando excusarlo, Jang Ui-geon se frotó el entrecejo. Parecía que se le iba a quedar la arruga marcada.

“Todo eso podría ser solo para ganarse tu simpatía.”

“¿Y para qué querría ganarse mi simpatía?”

“…….”

Jang Ui-geon miró fijamente a Chi-young con un gesto complicado. Al final, murmuró para sí como un suspiro: ‘Es verdad, siempre fuiste así’, y extendió la mano para tirar de la nuca de Chi-young.

“¡Ah!”, exclamó Chi-young, siendo arrastrado por sorpresa. Perdió el equilibrio y terminó apoyándose en el hombro de Jang Ui-geon, quien, sin dudarlo, lo atrajo hacia sí y lo besó.

Fue un instante brevísimo. Un beso en el que los labios apenas se rozaron y se separaron.

Pero estaban afuera. Aunque fuera un callejón estrecho, el mostrador daba a la calle y dentro del local todavía quedaban dos o tres clientes en una mesa del fondo. Chi-young abrió los ojos de par en par y se quedó paralizado.

“Ya está. Suficiente. Dejemos de hablar de otras personas.”

“…….”

“Nadie vio nada.”

“…… …… Sí.”

Ante las palabras tan naturales de Jang Ui-geon, Chi-young asintió bajando la cabeza profundamente. Al ver cómo Chi-young se ponía rojo desde la nuca hasta el lóbulo de la oreja en un segundo, Jang Ui-geon añadió como hablando solo: “¿Y qué si alguien ve?”.

Chi-young notó un rastro de frialdad en su tono y, dubitativo, levantó solo la mirada para observarlo. Jang Ui-geon lo miraba con ojos serios, sin rastro de risa; chasqueó la lengua suavemente y le tendió la mano. Chi-young miró por un momento esa mano que podría volver a tirar de él, pero terminó tomándola en silencio. Jang Ui-geon simplemente envolvió la mano de Chi-young con sus dos manos.

“Es que soy muy inseguro. Siento que todo el mundo te desea.”

“…… Nadie me desea.”

Chi-young lo dijo con total seriedad, pero Jang Ui-geon, en lugar de responder, murmuró para sí algo cuyo significado Chi-young no alcanzó a comprender del todo: “Parece que cuando uno obtiene algo que nunca antes ha tenido, se vuelve así”.

Chi-young bajó la vista hacia las manos de Jang Ui-geon, que seguían envolviendo la suya. Entonces, extendió su otra mano y la colocó sobre el dorso de la de él. Si alguien los viera, sin duda les parecería extraño, pero ‘¿qué más da si alguien ve?’, la frase que Jang Ui-geon había murmurado cruzó por su mente.

Jang Ui-geon alzó la vista hacia Chi-young, quien, con la nuca todavía encendida, sostenía su mano en silencio. Al ver cómo una sonrisa amplia y serena se extendía finalmente por el rostro de Jang Ui-geon, Chi-young pensó: ‘Si puedo ver esta expresión, ¿qué importa que alguien nos vea?’.

No le importaba que lo vieran. De todos modos, ante los ojos de Chi-young, no se reflejaría nada más que esa sonrisa plena.

*

“¿Se puso bien los parches?”

Cuando Jang Ui-geon preguntó eso, a Seo Chi-young se le encendió la cara por reflejo. Sin darse cuenta, desvió la mirada hacia el espejo descascarado que colgaba en la pared; allí se vio a sí mismo, sujetándose el cuello de forma instintiva.

Anoche... simplemente terminó sucediendo así. Era un día de semana, y lo habitual era que, tras cerrar el local, caminaran juntos hasta la casa de Chi-young y se despidieran allí. Ese era el final de su rutina diaria.

Sin embargo, ayer, por alguna razón, caminaron sin decir palabra y, frente a la puerta, dudaron un buen rato. Entonces, Jang Ui-geon, con una voz muy baja, preguntó: ‘¿Puedo pasar un momento? Solo me sentaré un ratito’. Chi-young asintió. Fue uno de esos días poco comunes y, al final, como en el cliché del ‘confía en mí’, las cosas pasaron. Después, Jang Ui-geon se disculpó con rostro alicaído y Chi-young se apresuró a decirle que no pasaba nada, que estaba bien. Y es que no podía decir otra cosa: desde el momento en que aceptó que pasara, Chi-young sabía perfectamente qué iba a ocurrir.

Pero no le importaba. Ya lo había pensado en el local: ‘¿Qué hago? Quiero tocarlo. Quiero abrazarlo’. No le importaba que los vieran, pero si lo tocaba y lo abraza, inevitablemente querría hacer algo más, y eso sí que no era algo para mostrar a los demás. No, no podía mostrarlo.

“Sí……, me puse los cinco parches.”

Aunque las marcas que quedaron en su cuello le gustaban —porque eran suyas—, al verse en el espejo bajo la luz brillante de la mañana, pensó que no había necesidad de andar exhibiéndolas. Así que, de camino al local, compró una caja de parches y se los pegó por todo el cuello nada más llegar.

Incluso por la mañana, cuando fueron juntos a alimentar al gato de Jang Ui-geon, Chi-young le susurró que creía que debía tapárselos. Jang Ui-geon observó su cuello en silencio, asintió y dijo: ‘Ese sería mejor’. No había otra opción.

Por suerte, la marca más evidente quedaba oculta por la ropa, pero en la parte que quedaba a la vista había unas cinco. Así que se pasó el día con los parches pegajosos adornándole el cuello.

……. ¿Cinco? Deberían ser seis.

“¿Eh? No, hay dos a la derecha y tres a la izquierda……. Sin contar los que tapa la ropa.”

Mientras Seo Chi-young verificaba de nuevo en el espejo, hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Luego, Jang Ui-geon susurró con tono de derrota:

Debe de haber uno más en la nuca. …… Como es un sitio difícil de ver, no lo notaste…….

Seo Chi-young exclamó “¿Eh?” sobresaltado. Torció el cuello lo más que pudo para mirar el espejo con atención. Estirando la piel y fijándose bien, divisó un rastro rojizo en la parte posterior que apenas se veía en el reflejo.

‘Ay, de verdad...’, murmuró Seo Chi-young. Jang Ui-geon chasqueó la lengua al oírlo.

Ponte uno ahí también. No se lo muestres a nadie.

“Sí……, eh…….”

Pero ya casi era de noche. Quien tuviera que verlo, ya lo habría visto. Aunque no hubieran notado la marca de la nuca, el hecho de llevar cinco parches repartidos por el cuello llamaba mucho la atención. Varias veces había sentido cómo las miradas de los clientes se posaban allí un instante antes de desviarse.

Pensó que a estas alturas ya daba igual ponérselo o no, pero rebuscó en el cajón bajo el mostrador y sacó los parches que le sobraron.

Lo siento.

Se oyó una voz un poco desanimada desde el teléfono.

Debí tener más cuidado, pero no pude contenerme…….

“Ah, no. Yo……, yo tampoco pude conte-…….”

Sintió que se estaba cavando su propia tumba al hablar, así que se calló de golpe. El cuello se le puso tan rojo que temió que la marca quedara oculta por el rubor. El breve silencio que siguió en la línea solo hizo que el calor en su piel aumentara.

Tómate las cosas con calma. Debes estar cansado. …… Y deja que se te enfríe la cara.

Esa última frase hizo que el rostro de Seo Chi-young ardiere aún más. Jang Ui-geon soltó una risita al oír la respuesta sumisa y casi inaudible de Seo Chi-young.

Debería ir a ayudarte con el local……, tengo que ver cómo solucionar lo de mi negocio pronto…….

Jang Ui-geon volvió a chasquear la lengua. Su local debía de estar llenísimo, porque incluso a través del teléfono se oía cómo llamaban al dueño. Seo Chi-young casi podía imaginarlo haciendo señas con la mano y gesticulando para que esperaran un momento.

“Parece que hoy también le será difícil venir temprano. Yoon Jun-young dijo que vendría en un rato, pero creo que no podrá quedarse mucho tiempo.”

¿Ah, sí? Entonces será difícil verlo. Dale mis saludos.

Al oír cómo seguían reclamando al jefe en el otro local, Seo Chi-young comprendió que debía colgar. Justo cuando iba a despedirse, Jang Ui-geon dudó un momento y repitió: Lo siento. Seo Chi-young recordó cómo lo había mirado con lástima toda la mañana al verlo caminar con lentitud. Parecía que realmente le remordía la conciencia.

Perdón. De ahora en adelante, me controlaré los días de semana.

“No, de verdad que está bien.”

¿En serio?

“Sí. …… Aun-aunque los fines de semana sean mejores.”

Seo Chi-young respondió con prontitud, pero añadió ese matiz con timidez, lo que provocó una risa en Jang Ui-geon. En ese momento, alguien volvió a gritar “¡Jefe!” al fondo, y la voz de Jang Ui-geon se aceleró para despedirse.

Iré lo más rápido que pueda. Si cierras temprano, no recojas nada, déjalo así. Yo me encargaré cuando llegue.

“Está bien, venga con cuidado.”

Seo Chi-young apartó el teléfono de su oreja tras oír un leve ‘Lo siento, ¿qué pasa?’ dirigido a alguien más, y sonrió para sí. Se sentía lánguido y cansado, pero le gustaba cómo esas breves conversaciones le acariciaban el corazón.

Se guardó el teléfono en el bolsillo del delantal y se dio la vuelta suspirando con bienestar. Pero, en ese instante, se sobresaltó y se encogió de hombros.

En el asiento frente al mostrador, que hasta hace un momento estaba vacío, había un hombre sentado que lo miraba fijamente, sin haber hecho el menor ruido. Era el cliente que cargaba con la fuerte fama de ser molesto.

“Ah……, bienvenido. ¿Cuándo llegó?”

Seo Chi-young se llevó la mano al pecho para calmar los latidos de su corazón y saludó con una sonrisa a aquel rostro familiar. Le había dado un susto de muerte aparecer así.

“Recién. Parecía una llamada muy cariñosa, así que no quise interrumpir y me quedé callado.”

“¿Llevaba mucho esperando? Lo siento mucho.”

“No, no”, dijo el hombre agitando la mano con aire generoso. “Dame una de tripas. Y un soju también”, pidió con naturalidad. Seo Chi-young asintió y sacó los ingredientes.

“¿Y quién era? ¿Tu pareja?”

“¿Eh? Sí…….”

Seo Chi-young bajó la cabeza con una sonrisa tímida, y la mirada del hombre se posó en su cuello. Una, dos, tres... Sus ojos recorrieron cada uno de los parches. Mientras servía el soju que Seo Chi-young le había adelantado, volvió a preguntar:

“¿Qué clase de persona es? ¿Cómo empezaron a salir?”

“Bueno, me gustó durante muchísimo tiempo. Es una persona muy dulce y buena……, así que creo que el cielo me ayudó.”

Seo Chi-young rió con modestia, y el hombre, tras dar un sorbo al soju, asintió con indiferencia: “Vaya, qué bien por ti”.

“Yo hoy volví a pelearme con mi hermano. El tipo llamó otra vez para ponerse pesado pidiéndome dinero. Tengo que hacer algo, no puedo seguir viviendo así.”

‘¿Acaso lo persiguen los cobradores?’, refunfuñó el hombre mientras volvía a toser con esa tos que no cesaba. Su voz estaba tan arruinada que, si no se prestaba mucha atención, era difícil entenderle.

“¿Sabes cómo lo crié? Lo cargaba en brazos, lo llevaba a caballito, lo ayudaba con las tareas de las vacaciones... así lo crié. ¡Y va y se larga de casa! Y cuando lo llamo por cosas de la familia, me salta con que ‘los problemas de la casa que los resuelvan los que se quedaron’. ¡Como si él no fuera de la familia!”

Ante la pregunta de si no era un hermano egoísta y cruel, Seo Chi-young asintió sin querer. Entendía que si uno está ocupado sobreviviendo, quizás no tenga fuerzas para los asuntos de otros, pero comprendía que el hombre se sintiera herido.

“No se lo tome tan a pecho...”, dijo Seo Chi-young mientras empezaba a saltear las tripas para él. En ese momento, Yoon Jun-young entró al local.

“Bienvenido.”

“Hola. …… Qué colorido.”

Yoon Jun-young, al acercar la silla para sentarse, clavó la vista directamente en el cuello de Seo Chi-young. Seo Chi-young lo miró extrañado hasta que se dio cuenta de que estaba observando fijamente los parches; por poco se le cae la espátula.

“Ah, sí, esto... es que un bicho... no, bueno, simplemente pasó…….”

Sintió que era patético dar excusas a alguien que ya lo sabía todo. Así que Seo Chi-young, con la cara roja, solo pudo bajar la cabeza y murmurar eso. Las miradas de los demás le daban vergüenza, pero la mirada de alguien que sabía exactamente con quién salía le resultaba diez veces más bochornosa.

Yoon Jun-young chasqueó la lengua y tomó los palillos.

“No lo consienta tanto. Chi-young es demasiado blando y por eso ese tipo……”

Mientras murmuraba eso emparejando los palillos, Yoon Jun-young sintió una mirada que venía de al lado y giró la cabeza. El hombre que ya estaba sentado lo observaba con fijeza.

“…….”

“…….”

La mano de Yoon Jun-young se detuvo. Uno de los palillos se le resbaló de los dedos y cayó al suelo con un tintineo.

Aun así, seguía mirando al hombre, parpadeando, como si no se hubiera dado cuenta de la caída. Seo Chi-young estaba a punto de decirle que se le habían caído cuando, desde dentro del local, estalló un pedido: “¡Jefe, una cerveza y un soju por aquí! ¡Y dos vasos! ¡Y kimchi también!”.

‘¡Ay! Tenía que haber servido el kimchi del envase grande’, pensó Seo Chi-young. Se levantó rápido, llevó primero la bebida a la mesa y se movió con prisa en la cocina. Mientras tanto, entraron más pedidos: un soju, otra de tripas... No paraba.

No entendía por qué, cuando el local estaba tranquilo, estaba muerto, y de repente se le juntaba todo el trabajo. Seo Chi-young movía las manos con agilidad frente a los fogones, yendo y viniendo por el salón.

Cuando terminó con lo más urgente y regresó al mostrador, vio a Yoon Jun-young sentado muy derecho y tranquilo. Recordó que le había dicho que hoy no tenía mucho tiempo y lo había hecho esperar. Con gesto apenado, le dijo: “Lo siento mucho. Se las saltearé enseguida”. Yoon Jun-young, extrañamente, no se quejó de las tripas; solo asintió en silencio con la boca cerrada.

A su lado, el hombre que seguía con su copa de soju observó a Seo Chi-young poner los ingredientes en la plancha y, de repente, preguntó:

“Oye, llevo un rato con la duda... eso que tienes en el cuello, ¿te lo hizo tu pareja?”

“¿Eh? ……, sí, …….”

Parecía que todo el mundo se daba cuenta. Seo Chi-young asintió con la cara ardiendo.

“Qué envidia, tener una pareja así. Yo me pasé la juventud trabajando como un esclavo para ganar dinero y no pude ni tener pareja……, y mi familia ni lo valora……, incluso mi hermano se burla de mí en mi cara. Me dice que si me gusta trabajar tanto sin tener a nadie. ¡Ja! ¡Como si él tuviera pareja desde hace mucho! ¡No se acuerda de cuando era un renacuajo! ¿Sabes la de consejos que le di cuando estaba desesperado porque le gustaba alguien que ya tenía dueño? Le dije que ni lo soñara, que se olvidara pronto.”

‘Aunque no creo que esos consejos sonaran muy dulces’, pensó Seo Chi-young para sus adentros, limitándose a decir: “Su hermano se pasó un poco”. Seo Chi-young notó que Yoon Jun-young seguía callado, bebiendo agua en silencio, quizás pensando lo mismo o algo totalmente distinto, y de repente, con curiosidad, le preguntó algo.

“¿Le sabe raro el agua?”

“……, no. Está bien.”

Hacía muy poco que Seo Chi-young había cambiado de proveedor de agua mineral, y al ver que Yoon Jun-young ponía una expresión algo ambigua al beberla, se había preocupado un poco. Sin embargo, al verlo negar con la cabeza y recuperar su habitual rostro impasible, se tranquilizó.

“¿A que el dueño también piensa lo mismo? Es un tipo de lo más cruel, ¿verdad? Hasta su pareja me da lástima, ¿eh?”

“¿Eh? Ah, …… sí, bueno.”

Seo Chi-young no sabía si la pareja era digna de lástima, pero por el momento asintió con una sonrisa forzada. El hombre asintió con energía, inclinándose hacia adelante para insistir:

“Lo mejor sería que cortara con un tipo así, ¿no crees?”

“¿Perdón? Ah, …… bueno, …… pero si usted dijo que se llevaban bien. ¿Deberían terminar?”

“¡Ese es el problema! Ese tipo finge ser muy bueno ante los demás, pero la verdad es que es un tacaño, un miserable, y lo que se le mete entre ceja y fuego no lo suelta por nada del mundo. ¡Es capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya! ¡Lo de ser un acosador no es algo ajeno a él!”

“Vaya……, espero que puedan terminar en buenos términos entonces…….”

Seo Chi-young asintió con seriedad, pensando que si su propio hermano hablaba así de él, ese hombre debía ser alguien realmente extraño.

En ese momento, el teléfono en el bolsillo de su delantal empezó a sonar. Al sacarlo, vio que era Jang Ui-geon. Quizás le quedaba algo por decir, o tal vez iba a llegar más tarde de lo previsto.

Seo Chi-young estaba a punto de contestar tras pedir disculpas con un “Un segundo”, cuando de repente el hombre se levantó de un salto y extendió la mano.

“Dame eso.”

“¿Eh?”

“Dámelo, rápido.”

El hombre agitó la mano con los ojos muy abiertos, exigiendo el teléfono sin dar explicaciones. Seo Chi-young, parpadeando desconcertado, terminó depositando el aparato en su mano casi por inercia. Luego, se quedó mirando atónito cómo el hombre comprobaba la pantalla y respondía él mismo la llamada.

“Sí, diga. ——Señor dueño, ¿el nombre del dueño es Seo Chi-young? Ah, ¿sí? Sí, correcto. ——Je, je, ¿y a usted qué le importa quién soy yo?”

El hombre contestaba con un tono abiertamente burlón, a pesar de su voz ronca y entrecortada por la tos, que recordaba a la de un anciano de noventa años. Frente a él, Seo Chi-young permanecía petrificado, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo ante sus ojos.

“Ah, sí, sí, tu pareja está conmigo ahora. ——¿Para qué quieres saber quién soy? No te lo voy a pasar, ni lo pienses. ¿Eh? Tú, escúchame bien, ni que fueras un animal marcando territorio, ¿qué es eso de pegarle semejantes cosas en el cuello? ¿Tanto miedo tienes de que te lo quiten? ¡Pues lo tienes bien claro, él es demasiado para ti! ¡Es más, dice que quiere romper contigo! ——¿Crees que estoy loco para esperarte? ¡Ni hablar, pedazo de tonto!”

Antes de que Seo Chi-young pudiera reaccionar, el hombre soltó toda aquella sarta de palabras y colgó con un sonoro chasquido. Solo entonces Seo Chi-young volvió en sí.

“¡¿O-o-oiga, señor?!”

“Ahora vendrá echando chispas, como si tuviera fuego en los ojos. ¡Ay, Dios! Uno ya no puede vivir tranquilo con tanto miedo.”

“Toma, agarra”, dijo el hombre lanzándole el móvil. Seo Chi-young atrapó el teléfono por los pelos mientras seguía con los ojos como platos; de pronto, el hombre se levantó y se inclinó peligrosamente hacia él.

“Como nuestro dueño es tan buena persona, te voy a dar un consejo. Ese tipo querrá triturarme si se entera, pero como te veo y me das buena espina, te lo diré. Seo Chi-young, corta con él pronto. Tengo un ojo clínico para la gente, ¿sabes? No puedes seguir así. Tienes que dejarlo ya mismo. Si no lo haces,”

El hombre se detuvo en seco y empezó a temblar. Con el rostro desencajado por una mueca de terror, susurró como si le confiara el secreto más oscuro:

“Me parece que vas a terminar viviendo con ese tipo toda la vida.”

Parecía que estuviera recitando el clímax de una película de terror. Seo Chi-young, contagiado por el ambiente, se encogió de hombros con un escalofrío.

“Bueno, al menos vivirás sin preocuparte por la comida o la ropa, pero como sigas así, tienes todas las papeletas para quedarte atrapado con él hasta que se te ponga el pelo blanco, ¡así que piénsalo bien! ¡Siento que ya vas tarde, así que escapa antes de que sea demasiado tarde! ¡Ten cuidado!”

El hombre sujetó a Seo Chi-young por ambos hombros con una expresión de advertencia sumamente seria. ‘Es verdad, este cliente tiene buen ojo para la gente... pero, ¿qué acaba de decir? ¿Que tenga cuidado?’, pensó Seo Chi-young, asintiendo mecánicamente mientras trataba de seguir el hilo de aquella situación que lo estaba sobrepasando por completo.

Mientras tanto, el hombre murmuraba “Si conduzco desde aquí hasta allá……” consultó su reloj, agarró la chaqueta que había dejado a un lado y salió huyendo a toda prisa. Ni siquiera se dio cuenta de que se le cayó la billetera del bolsillo al escapar. Seo Chi-young solo pudo observar su espalda mientras murmuraba un débil “¿Eh……?”.

Algo muy extraño acababa de pasar. Era como si un evento inexplicable le hubiera pasado por delante a toda velocidad. Es decir, aquello fue sobre……, Jang Ui-geon.

Al recuperar el juicio, Seo Chi-young pulsó frenéticamente el botón de llamada. Tenía que hablar con Jang Ui-geon, quien acababa de recibir una sarta de disparates sin venir a cuento, pero por más que daba señal, nadie contestaba. Seo Chi-young se sentía ansioso y desconcertado, sin saber qué hacer.

‘¿Por qué habrá hecho eso ese cliente? ¿Habrá bebido de más? ¿O es que de repente se sintió abrumado por algo? ¿Por qué desquitarse así?’. Mientras sostenía el teléfono con la mirada perdida, vio cómo Yoon Jun-young, que había estado sentado en silencio todo este tiempo, se agachaba para recoger la billetera del suelo. Era la que el hombre había perdido. Yoon Jun-young chasqueó la lengua con amargura, dejó la billetera sobre la mesa y se puso de pie.

“Yo me retiro ya.”

“¿Eh? Ah, esto... lamento el escándalo. Perdón. ¡Espere un momento, las tripas ya casi están!”

Seo Chi-young colgó el teléfono, angustiado porque Yoon Jun-young se fuera sin probar bocado cuando la comida ya estaba en su punto. Yoon Jun-young echó un vistazo a la plancha, pero negó con la cabeza enseguida.

“No, gracias, se me quitó el apetito. Vendré a comer otro día.”

“Pero……”

Justo cuando Seo Chi-young se disponía a salir del mostrador para no dejarlo ir así, vio a alguien acercarse a grandes zancadas por detrás de Yoon Jun-young. Era Jang Ui-geon, que irrumpía en el local con un rostro feroz, sin rastro de su habitual sonrisa.

Jang Ui-geon se cruzó primero con Yoon Jun-young, que se estaba poniendo la chaqueta. “Ah, ¿te vas? Ve con cuidado”, le dijo dándole una palmadita ligera en el brazo antes de entrar al local con ojos centelleantes. Yoon Jun-young suspiró mientras observaba su espalda y se dio la vuelta.

“Ya te lo dije, ese hyung me resulta molesto…….”

Murmuró Yoon Jun-young para sí mismo. Se despidió con un breve gesto de cabeza de Seo Chi-young, que miraba a Jang Ui-geon con confusión, y se marchó. Seo Chi-young, que en otro momento habría intentado retener a Yoon Jun-young, estaba demasiado pendiente de Jang Ui-geon ——que había llegado apenas unos minutos después de la llamada—— como para hacer más que decirle un apresurado “Lo siento, por favor vuelva otro día”. Pero no tuvo tiempo para lamentarse más; Jang Ui-geon recorrió el local con la mirada y se volvió hacia él.

“¿Quién es? Ese hombre.”

Su voz era tan fría que parecía desprender escarcha.

Los pocos clientes que quedaban en el local observaban atónitos a Jang Ui-geon, que permanecía allí plantado como una estatua guardián, escudriñando a los presentes con mirada fiera. Al notar sus miradas, Jang Ui-geon pareció decidir que no debía arruinar más el ambiente y salió del local. Seo Chi-young lo siguió mientras murmuraba:

“Se……, se fue.”

“Ya veo, pero ¿quién era?”

‘Ya sé que no es ninguno de los que están ahí dentro’, parecía decir la mirada gélida de Jang Ui-geon. Seo Chi-young, aunque no recordaba haber hecho nada malo, se sintió culpable y respondió con timidez:

“Es……, un cliente que viene de vez en cuando…….”

“¿El molesto?”

Jang Ui-geon dio en el clavo de inmediato. Seguramente había estado dándole vueltas al asunto mientras conducía a toda velocidad tras colgar el teléfono. Seo Chi-young se encogió como un niño al que van a regañar ante la actitud gélida de Jang Ui-geon.

“Normalmente no es así…….”

“Pero si usted dijo que era un molesto.”

“Bueno, no es que sea tan molesto siempre…….”

“¿Por qué cree que he venido corriendo hasta aquí?”

“…….”

Sí, era un cliente molesto.

Desde que le arrebató el teléfono, la actitud de aquel hombre había sido la de un cliente molesto sin ninguna duda. Si quitarle el teléfono a alguien por la fuerza para soltarle locuras a un desconocido y luego salir huyendo no era ser un molesto, entonces la palabra no tenía sentido.

Jang Ui-geon bajó la mirada hacia Seo Chi-young, que tenía la cabeza gacha, y soltó un suspiro de fastidio.

“¿Con que quiere romper conmigo?”

“¡No es verdad!”

“Ya, eso me imaginaba.”

Cuando Seo Chi-young levantó la cabeza para responder de inmediato, Jang Ui-geon asintió como si ya lo supiera. Aun así, su rostro endurecido se suavizó un poco.

“Usted dijo que últimamente no se portaba tan mal con usted, ¿verdad?”

“Sí, es una buena persona. ……, lo era.”

Seo Chi-young se apresuró a corregirse al pasado al ver cómo Jang Ui-geon enarcaba las cejas.

“¿Y entonces por qué me dijo eso a mí?”

Seo Chi-young negó con la cabeza; no tenía forma de saberlo.

“¿Sabe acaso que soy su pareja?”

“No, no lo sa……, ……, ……eh……, puede que lo sepa…….”

Seo Chi-young se interrumpió a mitad de la frase. No había razón para que aquel hombre supiera que la persona que llamaba era la pareja de Seo Chi-young. Sin embargo, por las cosas que soltó por el teléfono, parecía que lo sabía perfectamente.

“¿Sabía que yo era su pareja y aun así lo hizo……?”

Jang Ui-geon observó a Seo Chi-young con ojos entrecerrados mientras este dejaba la frase en el aire; luego, masculló algo entre dientes y, de repente, desvió la mirada hacia la billetera que estaba sobre la mesa. Una billetera solitaria en una mesa donde solo quedaban platos vacíos.

“¿Es la billetera de ese hombre?”

Jang Ui-geon se acercó y la recogió. La abrió sin dudarlo, pero su mano se detuvo justo cuando iba a sacar una tarjeta. La mirada afilada de Jang Ui-geon se quedó fija en el interior de la billetera.

“……, ¿dice que es alguien que vive con dificultades y es pobre?”

Jang Ui-geon soltó una risita burlona. Levantó la vista hacia Seo Chi-young y, abriendo el compartimento de los billetes, lo inclinó hacia él.

Estaba lleno de papeles blancos. …… Cheques. Cheques. Cheques. Eran tantos que Jang Ui-geon sacó unos cuantos y, como si no pudiera dar crédito a lo que veía, los esparció sobre la mesa; todos eran cheques de un millón de wones.

‘Parece que no mentía cuando decía que no podía pagar porque solo tenía billetes de un millón……’, pensó Seo Chi-young atónito mientras miraba aquellos cheques. Ver tantos papeles de un millón de wones desparramados por su local le resultaba una visión completamente surrealista.

“¿Quién es exactamente esa ‘persona desfortunada’ a la que Chi-young defendía con tanto esmero diciendo que le daba lástima y que estaba en una situación difícil?”

“…….”

“¡¿Qué clase de tipo es este para andar apelando a la compasión para soltar semejantes artimañas……?!”

Jang Ui-geon sacudió la billetera mientras apretaba los dientes con furia. Seo Chi-young solo pudo parpadear, observando cómo los papeles caían revoloteando hacia el suelo. No le parecía que el hombre hubiera usado ninguna artimaña, pero el ambiente no era el adecuado para decir algo así en ese momento.

Mientras Seo Chi-young permanecía a su lado con rostro atribulado sin saber qué hacer, Jang Ui-geon empezó a registrar la billetera con brusquedad.

“¡Tenga un poco más de malicia, no acepte así como así a cualquier molesto! ¡Esa clase de tipos, una vez que les das el brazo, se toman hasta el hombro! Además, ¡si es alguien a quien le sobra el dinero de esta forma tan absurda, puede volverse alguien extremadamente problemático!”

Jang Ui-geon soltaba las palabras con el ceño profundamente fruncido. Seo Chi-young, aún incapaz de procesar la situación actual, se limitaba a escuchar dócilmente mientras se desinflaba poco a poco. Jang Ui-geon casi nunca le decía palabras duras o regaños, pero ahora parecía estar realmente furioso mientras seguía hablando y revolviendo el interior de la billetera.

“No soy alguien que le escape a la competencia. Al contrario, suelo disfrutarla. ¡Pero esto no, esto es otra cosa! Una cosa es competir y otra muy distinta es esto; ¡tengo que cortar de raíz cualquier intento de juego sucio……!”

En ese momento, Jang Ui-geon, que había sacado todas las tarjetas de la billetera y las sostenía extendidas como un abanico, se calló de repente.

La expresión desapareció del rostro de Jang Ui-geon mientras miraba fijamente las cuatro o cinco tarjetas. Al ver su reacción, Seo Chi-young también desvió la mirada hacia ellas. A simple vista, no parecía haber ningún documento de identidad. Solo unas cuantas tarjetas de crédito. Jang Ui-geon clavó la vista en las tarjetas, donde a lo sumo figuraría el nombre del titular, sin siquiera parpadear. Fue pasando una por una, lentamente, como si quisiera perforarlas con la mirada.

En medio de aquel silencio repentino, Seo Chi-young también guardó silencio.

“…… ¿Dice que este es el molesto que viene todos los días a hablar mal de su hermano?”

Preguntó Jang Ui-geon de repente. Su voz sonaba extrañamente apagada. Ante ese tono ambiguo, que por un lado parecía haberse suavizado un poco, Seo Chi-young asintió.

“Dijo que su hermano le causaba muchos dolores de cabeza. Por eso supongo que se alteró de repente. Ese……, parece que el hermano es una persona bastante mala. Le contacta después de mucho tiempo solo para pedirle dinero, no muestra interés por los asuntos familiares……”

Ante Seo Chi-young, que recitaba aquellas excusas con la esperanza de que Ui-geon también sintiera un poco de lástima por el hombre, Jang Ui-geon no dijo nada. Se limitó a observar las tarjetas en silencio.

De pronto, Jang Ui-geon guardó las tarjetas apresuradamente, arrojó la billetera sobre la mesa y sacó su teléfono. Marcó un número con intención de llamar a alguien, pero tras apenas unos tonos, la llamada fue rechazada y se cortó.

“Ah……, ¡este hombre de verdad……!”

Un gruñido escapó de entre los dientes apretados de Jang Ui-geon. Al verlo mirar al cielo mientras volvía a pulsar el botón de llamada en vano, Seo Chi-young finalmente arqueó las cejas con extrañeza y preguntó con cautela:

“¿Acaso…… es alguien a quien conoce?”

“¡¿Que si lo conozco?! Pues es——.”

Jang Ui-geon estuvo a punto de estallar en cólera, pero se detuvo en seco justo antes de soltar su furia. Miró fijamente a Seo Chi-young, que no dejaba de parpadear, guardó el teléfono de nuevo en su bolsillo, se sentó en la silla y habló con tono grave.

“Repítalo otra vez. ¿Qué fue lo que dijo sobre el hermano de este hombre?”

*

El hombre apareció con el mismo aspecto de siempre.

“Dueño, ya llegué”.

Al escuchar esa voz, todavía ronca por el resfriado, Seo Chi-young se tensó instintivamente y se limitó a hacer una reverencia rígida. “Sí……”. Estaba tan desconcertado que ni siquiera pudo articular el saludo de bienvenida.

Sin embargo, el hombre se sentó en la silla con total naturalidad, como si no hubiera pasado nada, y pidió: “Una ración de intestinos y una botella de soju”. Mientras Chi-young le llevaba la bebida y comenzaba a saltear la comida, la tensión empezó a disiparse un poco. Al ver al hombre soltar un suspiro de alivio con un semblante mucho más relajado, Chi-young se atrevió a hablar con cautela.

“¿Ha pasado algo bueno? Se le ve mejor cara……”.

“Oh, ¿te diste cuenta enseguida? Es que un asunto que tenía enredado se solucionó más o menos bien. Uf, no sabes lo mal que lo he pasado este tiempo. En fin, tener mala familia es sinónimo de sufrimiento”.

Aunque el hombre le contaba con alegría que sus problemas se habían resuelto, Chi-young fue incapaz de sonreír. Intentó forzar un gesto amable, pero terminó rindiéndose y dejando el rostro neutro.

“Ah, es cierto. Por cierto, ¿todo bien aquel día?”

“¿Eh?”

“Digo por tu pareja. Entró justo después de que yo me fuera, ¿no? Solo con escucharlo por teléfono me quedó claro que debe de tener un carácter de perros. Tacaño, mezquino, cruel…… ¿verdad, eh?”.

Chi-young parpadeó sin saber qué responder. Tenía una sonrisa ambigua, pero no era de gracia. Justo cuando empezaba a sudar frío intentando balbucear una explicación, una voz gélida resonó a espaldas del hombre.

“Este local tiene un grave problema. Los molestos lo han tomado como su lugar de confianza”.

El hombre se sobresaltó visiblemente.

“Como el dueño es tan buena persona, te tolera, pero si fuera yo, ya te habría echado de aquí a patadas”.

Los pasos de aquella voz fría se acercaron lenta y pesadamente. El hombre, encogido y tragando saliva mientras movía los ojos de un lado a otro, giró la cabeza con torpeza. En el instante en que sus ojos se cruzaron con los de Jang Ui-geon, que apareció con la cabeza ligeramente ladeada, el hombre recuperó la altanería y levantó la barbilla.

“¿Tú qué haces aquí? ¡¿Cómo se te ocurre andar de paseo en horario laboral sin cuidar tu propio negocio?!”

“Y tú, que viniste a estas horas a propósito…… ¿Qué demonios crees que estás haciendo?”.

La voz de Jang Ui-geon, antes calmada y fría, se volvió amenazante. El hombre, lejos de achicarse, alzó aún más la voz.

“¡¿Y quién te manda a ignorarme y no ponerte de mi lado cuando me peleo con padre?!”

“¡¿Y por eso vienes aquí a hablar pestes de mí?! ¡¿Precisamente aquí?!”

Tanto el hombre como Jang Ui-geon tenían las venas del cuello marcadas por el esfuerzo. Frente a los dos hombres que se gritaban cara a cara a apenas un paso de distancia, Seo Chi-young los miraba alternativamente, completamente abrumado. El escándalo era tal que los transeúntes se detenían a observar.

Sin embargo, el alboroto no duró mucho. La señora de la verdulería de enfrente gritó a pleno pulmón:

“¡¿Por qué se ponen a pelear frente al negocio ajeno, señores?! ¡Vayan a pelearse a otro lado!”.

En cuanto oyeron a la señora quejarse de los “molestos” que armaban bronca en la calle, ambos guardaron silencio al unísono.

“Señores…… y encima, molestos……”.

Parece que esas dos palabras les dolieron, porque Jang Ui-geon frunció el ceño y se llevó la mano a la frente, mientras el hombre se giraba rápidamente hacia Seo Chi-young.

“Él es cliente habitual de aquí, ¿verdad? Qué desgracia tener a un molesto como cliente fijo. Tsk, tsk……”.

Jang Ui-geon lo fulminó con la mirada, como si tuviera ganas de darle un buen golpe en la nuca, pero se limitó a chasquear la lengua y acercó una silla para sentarse. Mientras Chi-young le servía con discreción un vaso de té de cebada casi congelado, Ui-geon seguía mirando a su hermano con el rostro contraído.

“Llamé a casa. Me dijeron que llegaste a un acuerdo con padre del 60-40. ¿Por qué te desquitas conmigo aquí? ¿Es porque solo te tocó el 40?”.

“¡Oye, yo soy el del 60! ¡¿Quién dice que soy el del 40?! ¿Lo dijo padre? Ah, de verdad, ese viejo solo tiene ambición por el trabajo”.

El hombre gritó indignado y se sirvió soju, pero una vez cerrado el trato, parecía que su humor había mejorado; bebía el alcohol con la misma ligereza que si fuera agua.

“Ah, sí. Como el mes que viene se libera algo de dinero, te daré lo tuyo a mediados de mes. Tú pagas los gastos del pagaré y del acta notarial. De interés, te daré el bancario por ser tú”.

Habló como si le estuviera haciendo un gran favor y luego cruzó su mirada con la de Seo Chi-young, que salteaba los intestinos en silencio, observándolos a ambos con preocupación. El hombre soltó un suspiro tan profundo que pareció hundir el suelo y llamó al dueño.

“Dueño,”

“Sé que no sacas nada bueno conociendo a un tipo así, pero ya que le viste la cara, te lo presento. Este es el hermano desgraciado del que te hablé. Vive por aquí cerca, así que es probable que te lo cruces; por si acaso, mantente lejos de él, muy lejos”.

“¿Quieres parar ya?”.

“Te digo que, si no controla su genio, es capaz de cualquier cosa. ¿Viste que antes casi me mata?”.

Chi-young miraba al hombre, que murmuraba con el rostro deformado por las muecas, sin saber si debía reír o no.

El hermano de Jang Ui-geon.

No sabía con qué cara tratarlo. Ahora comprendía perfectamente por qué Yoon Jun-young decía que aquel hyung le resultaba molesto.

Por mucho que hablara mal de él y se quejara, la sangre es más espesa que el agua. Era inevitable que esa mirada cargada de curiosidad por saber quién era la persona que le gustaba a su hermano menor resultara incómoda. Si incluso a Jun-young, a quien no le gustaba Jang Ui-geon, le había pasado, para Chi-young era mucho peor.

Al ver a Chi-young sudando a mares y parpadeando sin cesar, Jang Ui-geon frunció el ceño.

“¿A qué viniste aquí? No vuelvas. ¿No ves que lo estás incomodando? Me voy a enfadar de verdad”.

“Lo sé, lo sé. Me enteré de que incluso le pegaste a Jun-young. El otro día vi a Kang-hee muy pensativo y callado, así que le di de beber para que soltara la lengua y me lo contó”.

“¡¿A qué viene eso ahora?! ¡Yo no soy una persona violenta!”.

Jang Ui-geon se golpeó el pecho y bebió té de cebada a grandes sorbos, lanzándole una mirada de reojo a Chi-young, lleno de timidez. Al recordar aquella situación, Chi-young también empezó a sudar todavía más.

El hombre, que los miraba a ambos con una expresión de incredulidad ante aquel ambiente tan vergonzoso y tímido, giró la cabeza y murmuró para sí mismo en voz baja:

“Ay…… Antes andaba colgado de un tipo que ni lo miraba, y ahora tiene así a esta buena persona que no puede escapar de sus garras……”.

Aunque hablaba para sí mismo, su tono era perfectamente audible para los que estaban al lado. El hombre suspiró profundamente y, sin mirar a Jang Ui-geon que ya lo observaba con ojos de fuego, fijó su vista en Chi-young.

“Dueño, no olvides lo que te dije y pórtate bien. Antes de que el pelo negro se te vuelva blanco…… ¿eh? De verdad te lo digo por tu bien”.

“¡¿Qué otra tontería le dijiste?!”

“Pero bueno…… qué se le va a hacer…… No parece que se vayan a separar”.

“Parecen dos cucarachas pegadas”, comentó el hombre ignorando la mirada sospechosa de Jang Ui-geon. Aceptó con satisfacción el plato de intestinos que Chi-young le tendió con gesto dubitativo y se los llevó a la boca de un bocado.

*

Cuando Jang Ui-geon regresó tras acompañar al hombre hasta la calzada, los últimos clientes estaban terminando de salir del local.

“Vayan con cuidado y vuelvan pronto”.

Jang Ui-geon se despidió con una sonrisa radiante, como si fuera su propio negocio, y se volvió hacia Seo Chi-young, que estaba retirando los platos vacíos, para remangarse. Agarró un paño y comenzó a limpiar las mesas.

“Hoy también ha sido un día de mucho trabajo. Estará cansado, ¿verdad?”

“Ah, no, para nada. Más bien, Ui-geon, ¿está bien su local?”

“Bueno—— suelo encargarme yo mismo del cierre, pero no pasa nada por dejarlo en manos de otro un día o dos. …… Lo siento, lamento que mi hyung lo haya estado molestando todo este tiempo”.

“Eh……, no se preocupe”.

“Parece que vino por aquí de casualidad mientras buscaba un nuevo lugar para abrir un negocio. Kang-hee le había dicho antes que la comida aquí era deliciosa, y como mi hyung es así con su trabajo ——en mi familia todos nos dedicamos a la gastronomía——, no puede resistirse a ir a los lugares que dicen que son buenos. Aun así, después de andar por este barrio un tiempo, parece que el ambiente no encaja mucho con el restaurante que tiene en mente. Me dijo que probablemente ya no vendrá muy seguido”.

“Ah, entiendo……”.

Jang Ui-geon miró con extrañeza a Seo Chi-young, que puso una cara de ligera decepción. Su expresión preguntaba claramente qué había para lamentar.

“Pero me dijo que, de vez en cuando, se pasará por el local de Chi-young. Dice que le gusta el sabor. Yo ya le dije que no viniera con frecuencia”.

De todos modos, una vez que empiece su nuevo trabajo estará ocupado y no podrá venir mucho, añadió Jang Ui-geon antes de quedarse en silencio por un momento. Seo Chi-young solo asintió con un “Ya veo”.

“…… En mi casa no somos de tener una relación muy cariñosa, pero aun así somos personas que se interesan mucho por los asuntos familiares. Como nos llevamos bastantes años, desde que era pequeño fue como un hermano que hacía de padre”.

Mientras limpiaba las mesas con energía, Jang Ui-geon soltó una risita, tal vez recordando algo del pasado. Debían de ser hermanos con una buena relación después de todo. Seo Chi-young sonrió para sí mismo mientras llevaba los platos al fregadero.

“Aun así, me pareció una muy buena persona. Aunque tiene su lado excéntrico, parece alguien afectuoso y confiable”.

“¿Le gusta ese tipo de persona?”

“¿Eh?”

Seo Chi-young parpadeó y miró a Jang Ui-geon ante la inesperada pregunta que soltó de la nada. Jang Ui-geon, que lo miraba con ojos llenos de diversión, como si no lo hubiera dicho muy en serio, dejó el paño con el que terminó de limpiar las mesas en el fregadero y agarró la escoba.

“Olvídelo. Tiene a un padre que no distingue entre hijos y negocios, a un hermano mayor que no tiene sangre ni lágrimas cuando se trata de sus asuntos, a una hermana menor de carácter fuerte…… bueno, al menos el hermano menor es decente, así que bastará con aferrarse bien a él”.

Jang Ui-geon miró de reojo a Seo Chi-young, comentando que en ese caso podía permitirse ser generoso. Seo Chi-young terminó riendo mientras sumergía las manos en el fregadero.

“Sí, dicen que es una buena persona. Me contaron que trata sumamente bien a su pareja. Dicen que incluso estando en una reunión familiar, se vuelve de inmediato para ir a buscarla”.

Cuando Seo Chi-young habló en voz baja, Jang Ui-geon se sobresaltó.

“¿Incluso le contó eso? …… Ah……, de verdad”.

Jang Ui-geon murmuró algo entre dientes. Parecía estar quejándose de su hyung. Su rostro se tornó ligeramente rojizo, como si estuviera enfadado. Sin embargo, Seo Chi-young sabía que no era enojo, sino que se sentía cohibido.

“Yo, yo también…… cuando veo a alguien que lleva una corbata o algo parecido a lo que usa Ui-geon, pienso en usted”.

El rostro de Seo Chi-young, que bajó la mirada hacia el fregadero, también se encendió levemente. Podía sentir la mirada de Jang Ui-geon fija en su perfil.

“Pero qué cosas se puso a largar ese hyung, por Dios……”.

Ante el murmullo de Jang Ui-geon, que parecía estar entre avergonzado y horrorizado, Seo Chi-young continuó hablando con una voz cada vez más baja, sin despegar la vista de los platos que lavaba.

“Que la caligrafía de Ui-geon es muy bonita de ver, eso es algo que pensaba desde la secundaria…… y también,”

Seo Chi-young vaciló un momento. Había algo que le costaba dejar salir de su boca. Eran pensamientos que albergaba desde hacía mucho tiempo y de los que era consciente, pero que nunca había expresado exteriormente.

“…… También, cuando bajo a ver a mi padre y a mi madre los fines de semana, a veces siento algo de lástima. Porque es el fin de semana que tanto esperaba y no puedo estar con Ui-geon”.

No lo decía por respeto a sus padres, que vivían lejos. Se reprendía a sí mismo pensando que su egoísmo pesaba más que su deber e intentaba no pensarlo, pero aun así, no podía evitar tener esos sentimientos.

Quería estar con él aunque fuera un día más. No quería perder ni un solo día valioso en el que pudieran pasar una tarde tranquila juntos. Aquello era su anhelo por Jang Ui-geon.

“……”.

Jang Ui-geon miró fijamente a Seo Chi-young. Detuvo el movimiento de la escoba con la que barría el suelo y observó con una expresión extraña a Seo Chi-young, que hacía ruido con los platos en el fregadero. Vio cómo el rostro de Seo Chi-young se ponía cada vez más rojo, sin perderse ni un segundo de aquel proceso, mirando y mirando, hasta que finalmente sonrió. Con un rostro lleno de felicidad.

“¿Y qué más?”

“¿Eh?”

“¿Qué otras cosas le contó?”

“Eh…… y……”

Mientras Seo Chi-young se quedaba pensativo y titubeante, Jang Ui-geon dejó la escoba y se acercó. Se paró justo detrás de él y susurró:

“Cuénteme más historias que yo no sepa. Porque no creo que a mí me venga a visitar un cliente molesto así”.

Ya fuera para hablar mal, chismorrear o contar cosas de la gente de su alrededor, fuera lo que fuese, no habría nadie que buscara a Jang Ui-geon para hablarle largo y tendido sobre Seo Chi-young.

Jang Ui-geon sintió una pizca de envidia. Para él no había atajos; no tenía más remedio que ir conociendo a Seo Chi-young honestamente, dejando que el tiempo se acumulara. Quería saber y escuchar cualquier detalle, por pequeño que fuera. Solo entonces comprendió por qué Seo Chi-young puso cara de decepción cuando su hyung dijo que ya no vendría más.

“Es la primera vez que siento que voy a extrañar a un molesto”, dijo Jang Ui-geon suspirando.

Al escuchar aquel comentario nostálgico, Seo Chi-young rió. Al verlo reír sin hacer ruido, entornando los ojos con dulzura, Jang Ui-geon pensó: ‘Bueno, esto también está bien’.

Incluso si no era un atajo, al final se dirigían hacia el mismo lugar. Parecía estar bien caminar poco a poco, lentamente. De ese modo, para cuando el pelo negro se volviera blanco como la raíz de la cebolla, sentía que llegarían a un lugar satisfactorio.