Historia extra 1 y 2: La Torre Mágica
Historia extra 1: La Torre Mágica I
Los
muslos abiertos de Enoch temblaban sin control. Sus dedos apartaban la carne de
su propia entrada, revelando el interior enrojecido donde un tallo de hierba
azul permanecía insertado. Comparado con el pene que solía albergar, aquel
tallo era apenas una delgada línea, y la forma en que su vagina se contraía
ansiosa por algo más grande resultaba vulgar.
En
ese momento, la mano de Isaac, que había estado recorriendo el torso de Enoch,
bajó con naturalidad y sujetó el tallo. Comenzó a girarlo ligeramente antes de
tirar de él y volver a empujarlo hacia el fondo una y otra vez. Las pequeñas
vellosidades de la planta rozaban con fuerza las paredes internas, y el extremo
golpeaba sin vacilar la entrada del útero.
“¡ah!
¡Ah, ah...!”
Enoch
se estremeció violentamente, arqueando la espalda. Sus ojos se fijaron en el
techo, dejando ver el blanco de sus pupilas. Mientras era penetrado por aquel
tallo, alcanzó lo que debía ser ya su cuarto o quinto orgasmo seco. El fluido
brotó en abundancia de su entrada, empapando no solo su cuerpo, sino también la
silla donde estaba sentado.
“Enoch,
¿qué voy a hacer si no dejas de retorcerte durante el examen? Quédate quieto.”
Isaac
le advirtió con una sonrisa burlona, fingiendo una reprimenda. Al mismo tiempo,
presionó con fuerza el bajo vientre de Enoch para obligarlo a bajar la cadera,
un gesto cargado de malicia.
“¡ugh...!
Lo siento, lo hice mal... es que... ¡ah! ¡Siento tantas cosquillas! ¡Ah, ah!”
Enoch
se disculpó entre sollozos, sintiendo cómo su mente se nublaba ante la presión
en su abdomen. Con cada respiración, sentía con más nitidez las vellosidades
del tallo haciéndole cosquillas por dentro, llevándolo al borde del delirio. De
repente, el tallo salió raspando bruscamente las paredes de su interior,
provocando que un gemido agudo escapara de sus labios por la intensa
estimulación.
“¡Ahhh...!”
Su
estrecha cintura quedó arqueada, temblando levemente. Poco después, el tallo
fue extraído por completo de su vagina, brillando por estar totalmente empapado
en sus fluidos.
“Huu,
Ugh...”
Enoch
dejó caer sus extremidades con una expresión ausente y perdida. Su parte
inferior seguía contrayéndose intermitentemente por los espasmos; sentía el
interior todavía entumecido.
Mientras
tanto, Isaac dejó el tallo sobre la mesa y observó cómo las vellosidades
cambiaban de color. Tras unos instantes, los pequeños pelos blancos se tornaron
amarillos.
“Tampoco
hay embarazo esta vez.”
Isaac
frunció ligeramente el ceño y dejó escapar un gruñido de insatisfacción. Había
probado cambiando los ingredientes de las pociones, e incluso, pensando que
ingerirlas no era suficiente, las había inyectado directamente en el útero
antes de llenarlo con su propia semilla, pero nada daba resultado.
Finalmente,
dejó el cuerpo de Enoch, que aún descansaba contra él, y se puso en pie. ‘Esto
ya lo vi, esto tampoco sirve’, murmuró mientras rebuscaba entre los libros del
escritorio hasta que se detuvo de golpe.
“Supongo
que no queda más remedio que ir a la Torre Mágica...”
Isaac
se sumió en sus pensamientos ante la falta de material útil. Reunir libros de
magia por su cuenta tenía un límite, y más aún cuando se trataba de
investigaciones sobre la concepción entre distintas razas, un tema casi
inexistente. Sin embargo, en la Torre Mágica la situación era distinta; allí se
guardaban todos los registros de investigación, por lo que era probable
encontrar lo que buscaba.
Enoch,
que lo observaba en silencio, sintió que el corazón se le encogía al escuchar
la palabra ‘Torre Mágica’.
‘Si
Isaac va a la torre... me quedaré solo. No quiero. No quiero que me abandone.’
La
ansiedad lo invadió de golpe. De forma natural, los recuerdos de sus pesadillas
regresaron a su mente: verse vagando solo por el bosque tras ser abandonado por
los suyos y ser atacado por monstruos. Su visión se volvió borrosa y su
respiración se agitó.
“Ugh...”
Finalmente,
Enoch rompió a llorar. Una vez que el miedo se apoderó de él, no pudo calmarse
fácilmente. No quiero que me dejes. Haré lo que sea, me quedaré embarazado o lo
que quieras, pero por favor... Sus sollozos llegaron a oídos de Isaac.
“Enoch,
¿por qué lloras? ¿Te duele algo?”
Sorprendido,
Isaac parpadeó y se acercó de inmediato. Tomó el rostro de Enoch entre sus
manos y examinó rápidamente su estado, pero el otro solo seguía sollozando.
“Tienes
que decirme por qué lloras para que pueda entenderlo.”
Isaac
volvió a preguntar con un tono de impaciencia. Le irritaba la posibilidad de
que Enoch estuviera llorando por algo que no fuera él. ¿Acaso extrañaba su
bosque natal? ¿O a los elfos? Sus ojos púrpuras brillaron con peligrosidad y la
presión de sus manos sobre el rostro de Enoch aumentó.
“Enoch,
responde. Rápido.”
Ante
la exigencia de Isaac, los hombros de Enoch se encogieron por instinto.
“Isaac,
¿vas a ir a la torre...? No quiero, Ugh... no quiero quedarme solo.”
Enoch
habló con cautela, buscando la mirada de Isaac. Su voz entrecortada por el
llanto resultaba desgarradora. Sin embargo, la expresión de Isaac se suavizó al
instante.
“Ah,
¿tenías miedo de que te dejara solo?”
Isaac
dejó ver su satisfacción y las comisuras de sus labios se elevaron. Al darse
cuenta de lo que sentía su amante, le pareció tan adorable que sintió que
perdería la cabeza. Sin contenerse, presionó sus labios contra las mejillas
húmedas de Enoch.
“Por
supuesto que vendrás conmigo. Si voy precisamente para investigar cómo puedes
quedar embarazado.”
Solo
entonces Enoch se sintió aliviado. Aunque todavía le asustaba la idea de salir
de la mansión, era mucho mejor seguir a Isaac que quedarse solo.
En
ese momento, Isaac giró la cabeza y cubrió los labios de Enoch. Su gruesa
lengua se abrió paso con fuerza, entrelazándose con la suya de forma
unilateral. Al sentir el roce de las puntas húmedas, Enoch sintió que su mente
se desvanecía y su cintura se movió involuntariamente.
“Ugh,
¡ah...!”
Pronto,
gemidos cargados de placer escaparon de entre sus dientes. Inconscientemente,
Enoch sacó la lengua para que Isaac pudiera succionarla mejor, un hábito que su
cuerpo había aprendido tras incontables besos. Satisfecho con su actitud, Isaac
sonrió con los ojos y continuó succionando su lengua con avidez.
Sonidos
húmedos y desordenados resonaron en la habitación. Aunque la fuerza con la que
Isaac tiraba de su lengua lo abrumaba, como si quisiera tragársela entera, Enoch
no intentó apartarse. Incluso el dolor en la raíz de la lengua le resultaba
estimulante. Isaac finalmente se separó tras un último y prolongado beso, y
ambos pasaron un momento recuperando el aliento.
“Vamos
a lavarnos y a ponerte ropa nueva. Llegó lo que mandé a hacer la otra vez.”
Susurrando
con dulzura, Isaac tomó a Enoch en brazos y salió del laboratorio con pasos
firmes.
*
* *
Como
de costumbre, tras un encuentro en el baño con el pretexto de asearse, Enoch se
encontraba lánguidamente recostado sobre el sofá. Sus ojos verdes, cargados de
sueño, parpadeaban con lentitud mientras miraban hacia la nada.
Mientras
tanto, Isaac, con un peine en la mano, se dedicaba a desenredar el cabello de
Enoch. Últimamente había desarrollado un gran interés por engalanarlo y
compraba diversos artículos para ello; uno de ellos era un aceite perfumado
para el cabello.
Isaac
dejó de peinarlo y, tomando un mechón, inhaló profundamente su aroma. La
fragancia de las hierbas mezclada con el aroma fresco natural de Enoch resultaba
revitalizante. Al aspirar aquel olor, un deseo repentino de ensuciar algo tan
puro brotó con fuerza en su interior.
“Sss,
ah...”
Isaac
cerró los ojos y se estremeció al inhalar una vez más el aroma de Enoch. Sintió
de inmediato cómo la sangre se agolpaba en su parte inferior. Como siempre,
bastaba un detalle insignificante de Enoch para que se convirtiera en una
bestia en celo.
Sin
dudarlo, bajó sus pantalones con la otra mano y liberó su pene. La enorme pieza
de carne, a pesar de haber eyaculado repetidamente hace poco, seguía erguida
con vigor. Su potencia sexual era tan monstruosa como su aspecto.
Acto
seguido, acercó su pelvis a la nuca de Enoch y comenzó a frotar la cabeza de su
pene contra su cabellera. La suavidad del cabello acariciaba su piel, brindándole
un estímulo diferente.
“Huuu...”
Isaac
dejó escapar un gemido bajo con expresión exaltada. Sin contener sus impulsos,
tiró del mechón que sostenía y lo enroscó firmemente alrededor de su pene. La
sensación de las finas hebras de cabello apretando el pilar de carne resultó
bastante excitante. En ese estado, comenzó a mover la cadera con fuerza,
buscando el placer de manera vulgar.
“¡ugh...!”
Un
quejido de dolor escapó de los labios de Enoch. El tirón en su cabello lo hizo
espabilarse de inmediato. Sus pesados párpados se abrieron y sus pupilas,
recuperando el enfoque, temblaron al intentar comprender la situación. Pronto,
la visión de Enoch se llenó con el rostro excitado de Isaac.
“¡Ugh...!
Enoch, echa la cabeza más hacia atrás. Sí, así.”
Siguiendo
las palabras de Isaac, Enoch echó la cabeza hacia atrás lo más que pudo,
sobresaliendo del respaldo del sofá. Entonces Isaac hundió la nariz en la coronilla
de Enoch mientras agitaba su pene. El cabello enredado en el pilar de carne
acariciaba su piel de un lado a otro, aumentando la sensibilidad. Sin embargo,
por mucho que apretara su pene con la mano, estaba lejos de alcanzar el clímax.
“ugh.”
Finalmente,
ante la falta de satisfacción, Isaac detuvo sus movimientos cuando el líquido
preseminal comenzó a escurrirse de la punta de su pene. Entonces, frotó el
glande contra el cabello de Enoch como si se estuviera limpiando. Al ver el
líquido blanquecino manchando el lustroso cabello negro, sintió una euforia tan
intensa como un orgasmo.
“Enoch,
levántate ya.”
Satisfecho
tras saciar su deseo, Isaac soltó el cabello de Enoch y habló. Enoch volvió a
enderezar la cabeza y se levantó del sofá. Naturalmente, estaba desnudo. Su
piel pálida estaba llena de las marcas que Isaac le había dejado.
“Ponte
eso. Es tuyo.”
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Enoch
giró la cabeza siguiendo el dedo de Isaac. Sobre la mesa, había ropa
cuidadosamente doblada. Un tanto tenso por el tipo de vestimenta que podría
ser, tomó las prendas y las examinó. Luego, parpadeó confundido y miró a Isaac,
buscando confirmación de si aquello era correcto.
“Es
correcto. Póntelo pronto.”
Isaac
asintió con una sonrisa. Al ver que su dueño confirmaba que era para él, Enoch
comenzó a vestirse con torpeza. Y no era para menos, ya que hasta ahora la
mayoría de la ropa que Isaac le había dado tenía la clara intención de
humillarlo; sin embargo, la blusa y los pantalones de esta vez eran
extrañamente normales.
Al
observar su apariencia, Enoch jugueteó inconscientemente con los volantes de
los puños. La tela era de una calidad evidentemente superior y el tacto era
agradable.
‘Es
nuestra cita, ¿así que tú también querías arreglarte, Enoch? Lo siento, me
faltó consideración. La próxima vez prepararé ropa bonita.’
De
repente, un recuerdo enterrado en la mente de Enoch salió a la superficie. Al
ver que le entregaba ropa tan decente, quizá esta salida correspondía a esa
‘próxima cita’. Sin darse cuenta, las manos de Enoch comenzaron a temblar de
ansiedad mientras tocaba sus puños. La simple idea de salir de la mansión le
traía recuerdos aterradores de cuando fue expulsado de su bosque.
Justo
cuando la respiración de Enoch comenzaba a agitarse, sintió una presencia
cercana. Isaac se había acercado un paso más.
“Estás
guapo, Enoch. Pareces todo un joven noble.”
Dicho
esto, Isaac recorrió el cuerpo de Enoch con una mirada lasciva y se lamió los
labios. Con la blusa de chifón que transparentaba sutilmente su piel y los
pantalones ajustados a su parte inferior, Enoch lucía tan elegante como el
concubino de un aristócrata. Aquello despertó en Isaac el deseo inmediato de
desnudarlo y hacerlo llorar de forma estrepitosa.
En
ese momento, la mirada de Enoch fue atraída hacia la entrepierna de Isaac. El
pene que no había podido eyacular adecuadamente antes estaba erguido y
palpitante. Las venas hinchadas sobre el pilar de carne rojiza resultaban
espeluznantes. A pesar de que no era más que una pieza de carne grotesca por
donde se mirara, el bajo vientre del elfo se calentó al verla.
“Ugh...”
Enoch
soltó un gemido y cerró las piernas con torpeza. Sintió cómo sus propios
fluidos comenzaban a filtrarse poco a poco debido a la excitación involuntaria.
La entrepierna de su pantalón ya se estaba humedeciendo.
Al
observar a su amante, Isaac sonrió con malicia como si se le hubiera ocurrido
algo divertido. Pronto acortó la distancia y presionó los hombros de Enoch
hacia abajo. Al sentir su cuerpo inclinarse hacia atrás, Enoch cerró los ojos
por reflejo.
“¡ah...!”
¡Plaff!
Con un sonido sordo, la espalda de Enoch golpeó la colchoneta. Al abrir los
ojos de nuevo, el rostro de Isaac estaba justo frente al suyo. Al encontrarse
con esos brillantes ojos púrpuras, Enoch inhaló inconscientemente, lleno de
tensión.
“Joven
amo, ¿se ha humedecido ahí abajo mientras miraba mi pene?”
En
ese instante, Isaac susurró con voz sugerente mientras apretaba con fuerza una
de las nalgas de Enoch. Ante el inesperado apelativo y el uso de lenguaje
formal, Enoch parpadeó sin saber qué hacer. Entonces, como si lo presionara
para que le siguiera el juego, ¡paf!, Isaac le propinó un azote en el muslo.
“¡Ugh!
A-Amo...”
Enoch
vaciló mientras miraba a Isaac. El muslo donde recibió el golpe le ardía. Sin
embargo, el dolor fue momentáneo y un placer punzante comenzó a surgir. Como si
fuera una señal, el calor se concentró en su bajo vientre, entrando en celo.
“Ese
no es el apelativo.”
Como
si le pidiera que lo pensara mejor, la mano de Isaac acarició suavemente la
parte interna del muslo de Enoch. Al sentir ese toque, Enoch movió su parte
inferior con sensibilidad. Pronto, una voz excitada fluyó de entre sus finos y
vacilantes labios.
“Isaac...”
“Sí,
joven amo.”
Isaac
respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Luego, sujetó ambas piernas de
Enoch y le bajó los pantalones hasta las rodillas. Al contacto con el aire,
relativamente más frío que su cuerpo ardiente, Enoch soltó un pequeño gemido y
contrajo sus glúteos.
Isaac
bajó la mirada para observar la parte interna de los muslos, que aún estaba
ligeramente enrojecida e inflamada. A simple vista, la parte íntima de Enoch
brillaba húmeda por sus fluidos. Ver cómo su entrada palpitaba y dejaba
escurrir el flujo ante su mirada resultaba vulgar.
“Mira
cómo goteas por tu vagina sin poder aguantarte ni un segundo. Definitivamente,
nuestro joven amo está obsesionado con los penes.”
“¡Ugh...!”
Mientras
se burlaba de él, Isaac rozó con la punta de su dedo el clítoris que sobresalía
entre los labios de su entrada. Enoch reaccionó de inmediato agitando sus
caderas. Su vagina estimulada se contrajo con fuerza antes de abrirse y
cerrarse repetidamente, como si suplicara que lo penetraran pronto.
“Maldición,
esto me excita demasiado.”
Isaac
frunció el ceño, excitado. Pensar que Enoch, un joven noble, estaba ofreciendo
su vagina solo para ser penetrado por él, hacía que su lujuria fuera
incontenible. Presionó con fuerza las piernas que sujetaba, obligando a que las
rodillas de Enoch quedaran cerca de su pecho.
“¡Ugh!”
Al
verse doblado prácticamente a la mitad de forma repentina, Enoch soltó un
quejido de esfuerzo. Acto seguido, sus piernas fueron colocadas sobre sus
propios brazos para que las sostuviera, dejando su trasero totalmente expuesto.
“Sujeta
bien tus piernas. Si las sueltas, te castigaré.”
Isaac
ordenó mezclando el lenguaje formal con el informal. Tras confirmar que los
brazos de Enoch se tensaban alrededor de sus corvas, Isaac apoyó la cabeza de
su pene sobre el perineo. Frotó lentamente el pilar de carne sobre la piel
suave, demorándose como si fuera a insertar, pero sin hacerlo aún.
“Ugh,
¡ng...! Isaac, por favor, mete tu pene.”
Enoch
se impacientó de inmediato y agitó las nalgas. Su cuerpo, envuelto en calor,
estaba ansioso por recibir su semilla. Sus dos agujeros palpitaban
alternadamente, seduciendo al pene que tenía frente a ellas.
“¿No
puedes esperar ni un momento? No hay remedio. Relaja tu agujero.”
Isaac
sonrió levemente mientras alineaba la cabeza de su pene con la entrada de
Enoch. En el momento en que la agujero palpitó revelando su interior, ¡pum!, se
hundió de un solo golpe. La enorme pieza de carne atravesó sin piedad las
paredes vaginales relajadas hasta alcanzar la entrada del útero.
“¡Huuuu!
¡ah, ah!”
Un
grito desgarrador escapó de la boca de Enoch. El placer que ascendió
instantáneamente tiñó su mente de blanco. Quizá porque sus muslos presionaban
su abdomen, la presencia de la carne dentro de sus entrañas se sentía aún más
nítida. Sin saber qué hacer, Enoch contrajo su agujero repetidamente, apretando
con fuerza el pene de Isaac.
“ugh,
aprietas con gusto en cuanto te lo meto. Joven amo, ¿se siente bien? ¿Eh?”
Isaac
preguntó con malicia mientras comenzaba a embestir a su antojo. Chocaba su
pelvis con fuerza, ¡paf, paf!, contra las nalgas que se alzaban tentadoras ante
él, hundiendo su pene hasta lo más profundo. Su glande, que penetraba las
paredes vaginales relajadas como si no fueran más que un receptáculo para su
placer, golpeaba repetidamente el útero con la intención de aplastarlo.
“¡Hic!
¡Me está golpeando el útero, ahh! ¡Se siente bien, me gusta! ¡ugh!”
En
medio de la oleada de placer, Enoch repetía instintivamente cuánto le gustaba
cada vez que sentía el impacto en su matriz. Sus ojos, nublados y perdidos,
mostraban el blanco de las pupilas como si estuvieran a punto de ponerse en
blanco total, y la saliva escurría por la comisura de sus labios, abiertos por
los incesantes gemidos. El rostro del elfo, derretido por el éxtasis, resultaba
tan sensual que Isaac imprimía cada vez más fuerza en sus embestidas.
¡Chop,
chop! El sonido húmedo y pegajoso de la unión resonaba escandalosamente. Apenas
el pilar de carne salía a medias de la vagina, volvía a hundirse hacia el
interior. Las venas hinchadas y rugosas raspaban bruscamente la mucosa,
estimulándola. Sin darle tiempo a procesar esa sensación, el romo glande se
abría paso en la entrada del útero para hurgar en su interior.
“¡ah,
ah! ¡Me gusta, ah...!”
Enoch
soltó un largo gemido, retorciéndose. Cada vez que su útero era golpeado, una
sensación de clímax vertiginoso lo invadía. Su propio pene, pegado a su
abdomen, estaba tan hinchado que parecía a punto de eyacular.
Empujado
por el vaivén desenfrenado de la cadera de Isaac, la coronilla de Enoch
golpeaba rítmicamente contra la cabecera de la cama. Sin embargo, el placer que
sentía abajo era tan intenso que no tenía espacio para sentir dolor.
“¡Ugh!
¡Ah, ah! Me voy, me voy... ¡ahhh!”
Poco
después, en el momento en que Enoch anunciaba su clímax con voz torpe, la mano
de Isaac se extendió de repente y atrapó con firmeza el pene del elfo. Frotó la
punta con el pulgar y luego bloqueó la uretra. Sorprendido por el toque repentino,
Enoch sacudió la cintura con espasmos.
“No
debe correrse. Ensuciará la ropa.”
En
esa posición, Isaac cargó todo el peso de su parte inferior y, ¡pum!, hundió su
pene en la vagina de Enoch. Cuando la enorme pieza de carne machacó con saña el
útero, la visión de Enoch se llenó de destellos blancos.
“¡ah,
ah, ah! ¡Huuuu!”
Enoch
echó la cabeza hacia atrás con violencia, alcanzando un orgasmo seco. Las
lágrimas resbalaban por el rabillo de sus ojos humedeciendo sus mejillas,
mientras su cuerpo temblaba como si sufriera una convulsión. Aun así, sus manos
seguían sujetando sus piernas con tal fuerza que las yemas de sus dedos estaban
blancas.
Observando
a su amante con una mirada cargada de adoración posesiva, Isaac retomó el
movimiento de su cadera con más ímpetu. ¡Paf, paf! Ante las embestidas
unilaterales, de la boca de Enoch brotaban gemidos que parecían dejarlo sin
aliento: “¡ah! ¡Ahug, ah!”.
“¡ugh...!”
Finalmente,
Isaac tiró de la pelvis de Enoch hacia sí y eyaculó mientras mantenía su pene
enterrado hasta la raíz en la vagina. De la cabeza de su pene, que se había
adentrado sin miramientos hasta el fondo del útero, brotó el líquido caliente.
“¡ah!”
Enoch,
que ya había alcanzado el orgasmo varias veces, se estremeció con el rostro
totalmente ido. Sentir cómo su útero se llenaba hasta que el bajo vientre se
sentía pesado era una sensación que recibía con gratitud. Sintiendo una
profunda estabilidad, soltó las piernas que había estado sujetando. Sus
pantorrillas, que habían quedado suspendidas en el aire, vagaron un momento
antes de caer sobre los hombros de Isaac.
Por
un instante, en la habitación solo se escuchaba el sonido de ambos recuperando
el aliento. Entonces, Isaac bajó la cabeza hacia la parte interna de los muslos
de Enoch y comenzó a morder y succionar. Al morder con saña la piel que aún
estaba enrojecida por el azote anterior, Enoch se retorció soltando algunas
lágrimas.
“¡ugh...!
¡Ugh, duele! ¡Sí, ah!”
“Dices
que duele, pero ¿qué es este apretón en tu vagina? Eres un joven amo
pervertido.”
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Isaac
sonrió de lado, disfrutando de la sensación de las paredes internas apretando
su pene. Era como recibir un masaje. De inmediato, el calor volvió a
concentrarse en su parte inferior y la pieza de carne recuperó su tamaño. Enoch
también debió sentirlo, pues agitó las nalgas soltando un gemido.
“Hmm,
parece que como sueles derramar todo a la primera, tendré que ponerte un
tapón.”
Murmurando
aquello, Isaac extendió su otra mano hacia la mesa y movió los dedos. ¡Clac! Se
escuchó el sonido de un cajón abriéndose y varios objetos volaron por el aire
hasta quedar flotando.
“Hic,
ugh...”
Enoch
observó con ojos nublados los objetos que caían sobre la cama. Uno era una
varilla de vidrio delgada y con curvas, y el otro era una herramienta con una
forma similar a un pene. Al reconocer la naturaleza de ambos objetos, el cuerpo
de Enoch tembló levemente entre la anticipación y el miedo.
Acto
seguido, Isaac tomó uno de los dos objetos. El cristal mágico incrustado en el
mango de la varilla brillaba con elegancia. Era un plug uretral.
“Quédate
quieto.”
La
mano de Isaac sujetó con firmeza el pene de Enoch y apoyó la varilla contra la
abertura de la uretra. Tenso, Enoch contuvo el aliento con un “¡Ugh!”. Pronto,
el extremo romo de la varilla comenzó a hurgar y ensanchar la uretra mientras
se abría paso. Al ser el cuerpo curvado el que presionaba sin piedad la
delicada mucosa, un placer vertiginoso tiñó de blanco la mente de Enoch.
“¡ah...!”
Enoch
se retorció por completo, tensando con fuerza el bajo vientre. Automáticamente,
sus paredes vaginales apretaron el pene de Isaac con tal intensidad que parecía
querer seccionarlo.
“¡ugh!”
Isaac
dejó escapar un gemido bajo y elevó las comisuras de sus labios. El apretón de
la vagina que envolvía su pene era tan bueno que la sensación de eyaculación
que surgió momentáneamente fue abrumadora. Saboreando esa sensación, empujó el
plug con deliberada lentitud.
“¡ugh!
¡ah!”
Los
ojos de Enoch se pusieron en blanco. En el momento en que el plug ensanchó la
estrecha uretra y presionó con fuerza la próstata, alcanzó un clímax
irremediable. Su cintura se arqueó violentamente mientras su entrada sufría
pequeños espasmos, asfixiando el pene de Isaac.
“¡Hah...!
¡Maldición...!”
Isaac
inhaló profundamente apretando los dientes. La necesidad de eyacular ascendió
de forma violenta. Sin que pudiera contenerse, de la punta de su pene brotó un
líquido que no era ni semilla ni orina, disparándose como una fuente.
En
cuanto el potente chorro golpeó las paredes vaginales, la visión de Enoch se
llenó de destellos. Una oleada de placer casi violento lo invadió, llevándolo a
alcanzar varios orgasmos secos consecutivos. El calor, que superaba cualquier
límite soportable, terminó por derretir la conciencia del elfo por completo.
“¡Ahhhhh...!”
Enoch
aulló como un animal mientras su cuerpo temblaba sin parar. De repente, su bajo
vientre mostraba un bulto notable, como si estuviera encinta. Además, su pene
erguido estaba tan tenso por el plug (juguete sexual) que parecía a punto de
estallar.
El
líquido transparente que no cabía en su interior comenzó a desbordarse por la
abertura de su vagina, empapando las sábanas. Tras un momento, Isaac exhaló un
suspiro y sacudió levemente su pelvis.
“Se
me escapó sin querer. Bueno, a Enoch le gusta tanto mi semilla como mi orina,
así que no importa.”
Isaac
sonrió con satisfacción tras terminar de eyacular. Disfrutando de la sensación,
movió su pene un par de veces más, provocando un sonido de chapoteo en la
unión. Luego, retiró su pelvis hacia atrás y extrajo su pene. Al salir la pieza
de carne que bloqueaba la entrada, el líquido acumulado en el interior comenzó
a fluir en abundancia.
“¡Ah,
ah! ¡Huuuu!”
La
cintura de Enoch seguía temblando por los espasmos. Con los ojos entreabiertos,
sentía perfectamente cómo el líquido en su interior se agitaba al salir. El
bulto en su vientre comenzó a descender lentamente hasta quedar plano.
Al
observar a Enoch, Isaac chasqueó la lengua con desaprobación.
“Tsk,
no deberías dejar que se escape, tienes que retenerlo bien.”
Acto
seguido, la palma de Isaac golpeó suavemente la entrada de Enoch. ¡Paf! Se
escuchó el sonido del impacto y la carne se inflamó enrojeciéndose al instante.
Incluso ese dolor resultaba demasiado estimulante en su estado actual, haciendo
que el cuerpo de Enoch se sacudiera.
“¡ugh!
Lo hice mal, lo hice mal...”
Enoch,
con el rostro cubierto de lágrimas y jadeando, se disculpó a duras penas.
Complacer a Isaac ya era algo instintivo. Se apresuró a tensar de nuevo su
entrada, intentando cerrarla. Sin embargo, no pudo evitar que el líquido
siguiera filtrándose poco a poco, humedeciendo todo bajo sus nalgas.
El
aspecto de Enoch, empapado y desastroso tanto en el rostro como en su parte
inferior, era tan vulgar que resultaba lamentable, lo que hizo que Isaac se
lamiera los labios. Un deseo retorcido de atormentar al elfo para confirmar que
le pertenecía brotó en él.
De
inmediato, la mano de Isaac tomó el dildo que rodaba por la cama. Y, sin previo
aviso, lo hundió de golpe en la vagina de Enoch. La carne interna, que acababa
de albergar el enorme pene, se abrió dócilmente y recibió el dildo con avidez.
¡Chic,
chic! Con un sonido húmedo, el dildo comenzó a entrar y salir bruscamente de la
vagina. Las protuberancias que sobresalían del cuerpo del juguete, como si
tuviera cuentas incrustadas, raspaban y estimulaban las paredes internas.
“¡Ugh,
ah! ¡Amo, ah, ah...!”
Enoch
soltó un gemido lascivo mientras agitaba sus caderas. El placer que se sumaba
al calor acumulado en su cuerpo era terriblemente intenso, casi insoportable.
Ante la persistencia de una estimulación tan excesiva, sus sollozos se hicieron
más fuertes y las lágrimas volvieron a brotar. Su rostro, pecaminosamente
descompuesto con los ojos enrojecidos y las mejillas empapadas, creaba una
atmósfera puramente erótica. Era la imagen de Enoch que Isaac más adoraba.
“Se
supone que un castigo debe ser severo, pero como eres tan lindo, mi corazón no
deja de ablandarse.”
A
pesar de suspirar como si estuviera en un aprieto, las comisuras de los labios
de Isaac se elevaron con diversión. Empujó el dildo con tal fuerza que parecía
querer meter incluso su mano. En cuanto la punta roma presionó firmemente el
útero, la cintura de Enoch rebotó por reflejo y sus fluidos salpicaron
desordenadamente en todas direcciones.
“¡Ahhh!
Me vine de nuevo, ¡ah...!”
Enoch
temblaba de entrepierna con una expresión totalmente ida. Las secuelas del
clímax que envolvían su cuerpo eran vertiginosas. Bajo su pene, que estaba
dolorosamente hinchado, su vagina palpitaba sin descanso, ocupada en apretar el
dildo.
“Después
de todo, te mueres de placer en cuanto te meto un pene o cualquier cosa en el
agujero, ¿verdad? ¿Eh?”
Isaac
brilló de euforia. Reajustó el agarre del dildo y continuó moviendo su mano sin
pausa. Los gemidos desgarradores del elfo resonaron con fuerza en la habitación.
Al final, Enoch tuvo que seguir enfrentando clímax infernales hasta que su
dueño quedó satisfecho.
Enoch,
que se había cambiado de ropa, se tambaleó. Su cuerpo, que acababa de alcanzar
el orgasmo repetidamente, seguía sintiéndose flojo. Al tensar inconscientemente
el bajo vientre, la presencia del dildo alojado en su interior se volvió aún
más nítida.
“Ugh...”
Un
gemido escapó de sus labios sin querer. Enoch sacudió la cabeza para intentar
recuperar la compostura y su mirada se dirigió a la ventana. El reflejo del
elfo apareció en el cristal: su cabello negro estaba desordenado y en su
rostro, antes estoico, se apreciaba un sonrojo que cualquiera identificaría
como excitación. Además, su vestimenta era descuidada; los dos botones
superiores de su blusa estaban desabrochados, dejando su pecho casi al
descubierto. Era una imagen que jamás habría imaginado cuando vivía en su
bosque natal.
“Enoch,
ven aquí.”
Isaac
lo llamó. De inmediato, Enoch apartó la vista de la ventana y apresuró el paso.
En cuanto se acercó, el brazo de Isaac rodeó su cintura con naturalidad.
“Cierra
los ojos.”
Siguiendo
la orden, Enoch bajó los párpados. Pronto escuchó el sonido de un pergamino
rompiéndose y sintió que sus pies se elevaban del suelo. En un instante, un
remolino de maná los envolvió a ambos. Acto seguido, su cuerpo se sacudió
violentamente, como si estuviera en un carruaje de mala calidad. Sintiéndose
mareado, Enoch se hundió instintivamente en el pecho de Isaac.
“¡Ah...!”
Poco
después, la sacudida cesó. En cuanto sus pies tocaron el suelo, Enoch abrió los
ojos de par en par. Lo que vio fue una torre que se alzaba tan alto que parecía
tocar el cielo. La energía que emanaba de aquella colosal estructura ejercía
una presión tan abrumadora que Enoch se encogió por instinto.
“No
tienes por qué tener miedo. Yo estoy a tu lado.”
Isaac
susurró mientras acariciaba suavemente el hombro de Enoch. Luego, sacó un
distintivo que lo identificaba como mago de la torre y le infundió maná. Pronto,
el grabado en la puerta de la torre brilló y, con un sonido pesado como el de
rocas moviéndose, las puertas se abrieron lentamente hacia ambos lados.
“Entremos.”
Isaac
guio a Enoch con pasos firmes. Tras caminar un poco por el pasillo, el interior
de la torre se reveló con una elegancia clásica que despertaba admiración. Los
ojos de Enoch recorrieron el lugar con curiosidad; por todas partes había
estructuras y objetos fascinantes que dejaban claro que aquel era un espacio
para magos.
Tras
observar absorto por un momento, Enoch divisó a unos magos que caminaban en
dirección opuesta y se pegó a Isaac. Al encontrarse con desconocidos en un
lugar nuevo, la ansiedad de que Isaac pudiera abandonarlo allí surgió
repentinamente.
‘No
quiero que me dejen, no quiero, no quiero. Si incluso Isaac me abandona, yo...’
Sumido
en el pánico por ese pensamiento obsesivo, Enoch comenzó a respirar con
dificultad mientras su cuerpo temblaba levemente. Sintió que sus ojos ardían y
las ganas de llorar lo invadieron. No podía soportar la angustia de ser
abandonado.
“¡Ugh...!”
En
ese momento, la punta de los dedos de Isaac se coló bajo la blusa de Enoch y
pellizcó con fuerza uno de sus pezones. Al sentir el pinchazo de placer
acompañado de un poco de dolor, Enoch dejó escapar un gemido agradecido.
Instintivamente sacó el pecho y presionó su pezón contra la palma de Isaac,
como si suplicara que lo tocara más.
“Enoch,
¿por qué te distraes?”
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Isaac
preguntó con un gruñido de desaprobación mientras retorcía el pezón de Enoch.
De inmediato, Enoch soltó un grito agudo y se tambaleó al sentir que sus
piernas perdían fuerza. Isaac lo sujetó bruscamente de la cintura,
acorralándolo contra la pared, y volvió a tirar del pezón como exigiendo una respuesta.
“No
me he, ¡ah! ¡Ah...! No me he distraído.”
Enoch
sacudió la cabeza frenéticamente. Sus ojos se humedecieron y un aliento
excitado escapó de su boca. Toda su atención estaba centrada en su pezón,
impidiéndole pensar con claridad.
“¿Entonces
por qué temblaste al cruzar la mirada con otra persona?”
Isaac
continuó con el interrogatorio mientras retorcía el pezón con tal saña que
parecía querer arrancarlo. El bulto, que ya estaba bastante inflamado, fue
aplastado y deformado; ante el agudo dolor, Enoch no pudo contenerse y las
lágrimas comenzaron a caer.
“¡Ahhh!
No es eso, es que... tuve miedo de que me dejara aquí, Ugh... de que me
abandonara...”
Enoch
respondió sollozando. Al recordar la ansiedad que el placer le había hecho
olvidar momentáneamente, volvió a temblar. Sus manos se aferraron a la ropa de
Isaac como si le suplicara que no lo dejara.
“Ah,
¿era eso? No hay forma de que te abandone.”
Isaac
entrecerró los ojos complacido y sonrió de oreja a oreja. Saber que su amante
se sentía ansioso por la posibilidad de ser abandonado en un lugar extraño hizo
que su humor mejorara drásticamente. Acarició suavemente el pezón de Enoch con
la punta de sus dedos. Al notar el cambio hacia un toque más tierno, Enoch se
relajó y se concentró en el placer.
“ugh,
¡ah! Me gusta. ah, toque mi pezón más, por favor, más.”
Habiendo
olvidado la vergüenza hace mucho tiempo, el elfo no pudo controlar su cuerpo
ardiente y frotó su pecho contra su dueño, pegándose a él. Isaac soltó una
risita ante su comportamiento caprichoso. Entonces, tiró con fuerza del pezón
al mismo tiempo que metía su rodilla entre las piernas de Enoch, presionando
con fuerza su centro.
Dado
que el plug impedía la eyaculación, su pene estaba tan erecto que parecía a
punto de estallar, y al recibir presión directa, el clímax ascendió de golpe.
En un instante, la visión de Enoch se llenó de destellos blancos y el orgasmo
barrió todo su cuerpo.
“¡Huuuu...!”
Un
gemido melodioso brotó de la boca de Enoch. Se estremeció y sus piernas
temblaron peligrosamente como si fuera a desplomarse. De forma natural, tensó
el bajo vientre, apretando con su vagina el dildo que tenía insertado. Esa
presencia, sustituyendo al pene de Isaac, le brindaba una extraña sensación de
estabilidad.
Poco
después, Enoch se apoyó completamente en Isaac, tambaleándose. Con los ojos
nublados y el rostro enrojecido por el calor, el elfo lucía increíblemente
obsceno.
“No
te preocupes por nada que no sea yo, ni siquiera mires a nadie más.
¿Entendido?”
Isaac
susurró palabras posesivas y besó la mejilla de Enoch. Luego, retiró la rodilla
y ayudó a Enoch a incorporarse.
“Huu,
sí...”
Enoch,
que apenas podía mantenerse en pie con el apoyo de Isaac, asintió con sumisión.
Sin siquiera ser consciente de haber hecho algo vergonzoso en un lugar público,
se pegó al costado de Isaac, sumido en una sensación de seguridad.
Al
alejarse de la pared, ambos emanaban un aura sospechosa, con la ropa
desordenada y un aire que delataba sus actos lascivos. Uno de los magos que
pasaba por allí, lanzándoles miradas furtivas, se detuvo en seco, asombrado.
“¡Ese,
ese rostro...! ¿Qué hace ese tipo de Isaac en la Torre Mágica?”
En
cuanto se mencionó su nombre, la atención se centró en ellos desde todas
direcciones. No era para menos; Isaac estaba marcado como un mago de cuidado
debido al caso sin precedentes de haber convertido a un elfo en su familiar
mediante un contrato forzado. Los rumores abundaban: se decía que, desesperado
por obtener fluidos puros de espíritu, había cometido la atrocidad de
esclavizar al elfo, o que mantenía con él un amor que trascendía las razas.
“¿Quién
es el que está al lado de Isaac?”
“¿Tiene
las orejas puntiagudas? Es como un...”
El
mago contuvo el aliento. No tardaron ni un segundo en comprender quién era el
acompañante de Isaac. Era, precisamente, el 'elfo' de los rumores.
“¡Isaac
ha traído al elfo!”
Ante
el grito de alguien, los magos empezaron a arremolinarse. Era la primera vez
que un elfo entraba en la torre, pero además, todos merodeaban codiciando los
fluidos puros, considerados un ingrediente de alquimia extremadamente valioso.
“¿Es
que nadie tiene nada que hacer? Qué molesto, salen como cucarachas.”
Isaac
chasqueó la lengua. Se sintió profundamente irritado al notar las miradas
impuras dirigidas a Enoch. Extendió su brazo y lo atrajo con fuerza de la
cintura, como si quisiera ocultarlo para que nadie más pudiera verlo. Acto
seguido, guio a Enoch apresuradamente hacia el elevador, el dispositivo de
transporte interno de la torre.
Al
presionar el botón del destino, el elevador vibró un momento y comenzó a
moverse velozmente, cambiando de dirección hacia arriba, abajo y a los lados.
Enoch, que experimentaba este medio de transporte por primera vez, se aferró
instintivamente al pecho de Isaac. Él, para tranquilizarlo, acarició suavemente
su costado.
Poco
después, el elevador se detuvo y las puertas se abrieron. Lo que apareció ante
ellos fue un laboratorio que parecía un enorme establo. Enoch siguió los pasos
firmes de Isaac hacia el interior.
El
laboratorio estaba dividido en dos; el lado opuesto consistía en una serie de
corrales. Allí, un hombre de cabello castaño rojizo observaba el interior de
una de las jaulas. Estaba tan concentrado que no pareció notar la llegada de
los visitantes.
“Logan.”
Isaac
llamó al hombre mientras golpeaba un poste de madera. Logan giró la cabeza y,
al ver a Isaac, se acercó lentamente.
“Isaac,
cuánto tiempo.”
La
forma de hablar de Logan era sumamente pausada. Esbozó una ligera sonrisa,
entornando los ojos. Su impresión era tan mansa como la de un animal herbívoro,
pero su cuerpo decía lo contrario: era tan alto que casi rozaba el techo y
poseía una complexión imponente.
“Tienes
mejor semblante desde la última vez. ¿Será gracias a tu familiar?”
Logan
miró a Enoch con intención. Su mirada recorrió descaradamente las marcas que
Isaac había dejado por todo el cuerpo del elfo. El hecho de que sus pezones,
visibles bajo la fina blusa puesta a propósito, estuvieran tan hinchados y
rojos que daban lástima, permitía adivinar el nivel de posesividad de Isaac.
“He
venido porque necesito tu conocimiento.”
Isaac
fue directo al grano sin preámbulos. Había una razón por la que buscaba a
Logan: su especialidad era la Biología Mágica. Era un bicho raro
particularmente interesado en la cría de criaturas mágicas y el apareamiento de
monstruos.
“Se
trata del elfo, ¿verdad? Interesante. Cuéntame.”
Los
ojos de Logan brillaron con entusiasmo. Invitó a Isaac a hablar en otra zona y
lo guio. Antes de seguirlo, Isaac se volvió hacia Enoch.
“Quédate
por aquí cerca, tengo que hablar con él un momento.”
“...
Sí, amo.”
Enoch
respondió con desánimo. Sintió una punzada de tristeza al ver que Isaac no lo
llevaba consigo, a pesar de que normalmente no permitía que se alejara ni un
centímetro. Se quedó observando la espalda de Isaac mientras se alejaba y luego
se dio la vuelta. No queriendo quedarse allí parado sin hacer nada, empezó a
caminar para explorar los alrededores.
El
establo tenía una atmósfera acogedora, similar a una gran caballeriza. Cada
corral parecía tener algún tipo de hechizo que impedía ver el interior. Enoch
sintió un presentimiento desagradable y estaba a punto de retirarse cuando
escuchó algo.
“¡ugh!
¡ugh, ah...!”
¿Qué
era ese sonido? Enoch se detuvo en seco y aguzó el oído. De algún lugar volvió
a escucharse un grito: “¡ah! ¡Ah, ah!”. Sin darse cuenta, se acercó hacia donde
provenía el ruido.
Era
el corral que Logan estaba observando hace un momento. Parece que se había
olvidado de reactivar la magia, pues este era el único donde se podía ver el
interior por encima de la valla.
“¡Ah...!”
Enoch
quedó horrorizado ante la escena que se desarrollaba dentro. Lo primero que
captó su atención fue un monstruo con cabeza de toro y un cuerpo similar al
humano. Era un Minotauro, una criatura famosa por ser una de las más feroces y
peligrosas entre los monstruos.
“¡ah,
ah! ¡Grrr...!”
El
Minotauro, totalmente excitado, gemía mientras permanecía postrado en el suelo.
Pegado a su trasero alzado, había una masa gelatinosa desconocida. Esa masa
sacudía su cuerpo como si estuviera embistiendo, metiendo su pene en el agujero
del Minotauro.
Al
darse cuenta de que la masa gelatinosa era un Slime, los ojos de Enoch
temblaron de confusión. No podía creer que dos monstruos de razas completamente
distintas se estuvieran apareando frente a él.
Cada
vez que el pene del Slime se hundía en su agujero, el Minotauro jadeaba y
aullaba. En un movimiento brusco, el torso del Minotauro se sacudió, revelando
unos extractores de leche sujetos a sus pechos. De sus pezones, anormalmente
hinchados, brotaba un chorro continuo de leche blanquecina.
“¿Qué
es esto...?”
Enoch
murmuró con expresión atónita. Su mente no alcanzaba a procesar lo que veía.
Estaba retrocediendo lentamente cuando su espalda chocó contra algo.
“Enoch,
¿qué miras con tanta distracción?”
“¡Hic...!”
Asustado
por la voz que surgió de repente a sus espaldas, Enoch se estremeció. Al
girarse, vio a Isaac parado allí, sonriendo, sin saber en qué momento había
llegado.
¿Ya
habían terminado de hablar? ¿Cuánto tiempo había pasado? Mientras Enoch
parpadeaba intentando calmar su corazón acelerado, el brazo de Isaac rodeó su
cintura con naturalidad, pegándolo a él.
“Oh,
un Minotauro y un Slime. Enoch, ¿es la primera vez que ves a dos monstruos
apareándose?”
Isaac
preguntó aquello mientras observaba la escena con total indiferencia. Al no
recibir respuesta inmediata, buscó la mirada de Enoch, quien finalmente
asintió.
“El
cruce entre especies es común entre monstruos. Especialmente los Slimes, que se
reproducen poniendo huevos dentro del cuerpo de otros monstruos.”
“.......”
Enoch
se quedó sin palabras, impactado de nuevo por un dato que desconocía.
Reproducirse poniendo huevos en el vientre de otro... solo escucharlo le
revolvía el estómago. Contuvo las náuseas y apartó la mirada.
En
ese momento, la mano de Isaac se coló bajo la blusa y apretó bruscamente uno de
sus pechos.
“¡Ahhh...!”
Enoch
soltó un gemido, sin saber qué hacer. Al ser estrujado por la mano de Isaac,
sus pezones ya inflamados sufrieron una presión que le provocó un dolor
punzante. En un instante, su mente se nubló y su cuerpo se encendió como un
acto reflejo.
“Enoch,
¿tú también quieres probar el extractor de leche?”
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El
susurro de Isaac en su oído le dio escalofríos. Su mirada se dirigió
inconscientemente hacia el aparato en el pecho del Minotauro. ¿Usar eso en mis
pechos? ¡No...! Pero apenas surgió el rechazo, su útero empezó a palpitar con
un calor abrasador.
“¡Huuuu!”
Enoch
encogió el torso y se cubrió el bajo vientre con las manos. El calor feroz que
nacía desde su matriz lo sumió en un celo inmediato. Sus ojos se nublaron y su
aliento se volvió pesado.
Acto
seguido, cuando los dedos de Isaac tiraron con saña de su pezón, Enoch se
retorció y soltó un grito. La velocidad a la que ascendía el placer le hacía
sentir que llegaría al clímax en cualquier momento.
“¡ah!
Por favor... ¡Ugh! Meta su pene en mi agujero, Isaac. Quiero recibir su
semilla.”
Jadeando,
Enoch suplicó soltando palabras vulgares sin dudarlo. En su mente febril, solo
existía el deseo de ser llenado. Solo así podría calmar el hervor de su útero.
“Vaya,
¿te has excitado solo con mencionar el extractor? Si Enoch lo desea tanto,
tendré que complacerlo.”
Isaac,
con una sonrisa de lado, arrastró a Enoch hacia un corral vacío. Enoch caminó
tambaleándose, siguiendo la fuerza que lo jalaba de la cintura. De pronto, el
brazo de Isaac lo lanzó sobre un montón de paja.
“¡ugh!”
Enoch
cayó y soltó un quejido, retorciéndose. Antes de que pudiera reaccionar, la
mano de Isaac desgarró su blusa para quitársela. Los botones salieron volando,
rodando por el suelo.
Isaac
se lamió los labios mientras recorría con la mirada el pecho pálido de Enoch,
con sus pezones irritados y las marcas rojas dispersas. Su propio centro ya
estaba hinchado a punto de estallar.
“Enoch,
saca el pecho.”
“Ugh,
sí...”
Siguiendo
la orden, Enoch empujó su pecho hacia adelante. Al hacerlo, sus pezones, que ya
estaban firmes y erectos, resaltaron aún más. Las protuberancias carnosas
tenían un color tan rojizo que parecían pequeños frutos maduros. Isaac, sin
poder contener el impulso, estiró la mano.
“Mira
cómo tienes los pezones, qué adorable.”
“¡Ahhh!”
Enoch
soltó un gemido de dolor y retorció su cintura cuando los dedos de Isaac
pellizcaron y tiraron de su pezón. Una descarga punzante erizó sus nervios. Sin
darse cuenta, derramó unas lágrimas mientras su zona íntima sufría espasmos.
Sintió cómo su parte inferior se humedecía por el flujo que escurría sin cesar
de sus dos agujeros.
Isaac
se entretuvo hostigando los pezones de Enoch durante un buen rato, hasta quedar
satisfecho. Además, se ensañó deliberadamente con uno solo, provocando que la
diferencia de tamaño entre ambos fuera evidente. Solo cuando los ojos de Enoch
estuvieron empapados de llanto, Isaac soltó el pezón y tomó el extractor de
leche.
Enoch,
que estaba aturdido por el dolor punzante en sus pechos, notó el aparato en las
manos de Isaac demasiado tarde.
“Ugh...”
Pronto,
unos embudos con forma de pequeñas copas fueron adheridos a ambos pechos. El
aspecto era similar a un juguete erótico que Isaac había fabricado en el
pasado. El recuerdo de haber sufrido cuando sus pezones fueron estirados a la
fuerza cruzó por su mente. Enoch tragó saliva, sintiendo una mezcla de
nerviosismo y anticipación.
En
ese momento, Isaac infundió maná en el cristal mágico del extractor. Tras un
breve zumbido mecánico, el aire salió de los embudos y comenzó la succión.
Debido a la fuerte presión, sus pezones se estiraron al máximo, provocando un
dolor agudo.
“La
sensación es, ¡ah...! ¡Es extraña, muy extraña...!”
Enoch
forcejeó con su torso, sin saber qué hacer. De inmediato, los embudos ajustaron
la succión y comenzaron a presionar las protuberancias para extraer leche. Sin
embargo, no había forma de que brotara leche de los pezones de un elfo que no
estaba embarazado, por lo que todo se reducía a un estímulo puro. Sus pezones,
que ya estaban lamentablemente inflamados, sobresalieron aún más.
“Después
de usar esto, tus pezones van a quedar todavía más salidos. Eres todo un elfo
pervertido al que le encanta que le succionen los pechos, ¿eh?”
Isaac
se burló mientras daba golpecitos a los embudos. Como incluso esa pequeña
vibración se sumaba al estímulo, Enoch sacudió la cabeza inconscientemente.
Todo su cuerpo sentía un hormigueo, como si fuera a alcanzar el clímax solo a
través de sus pezones.
“¿Qué
dices que no? Si siempre estás suplicando que te toque más los pezones, ¿eh?
Mentir está mal.”
Isaac
lo reprendió con malicia y aumentó la intensidad del extractor. Al fortalecerse
la presión que tiraba de sus pezones, de la boca de Enoch brotó un gemido que
sonaba a llanto.
“¡ah!
Lo hice mal, lo hice mal. ¡Uuuh! Me gusta que me tiren de los pezones. ¡ah, por
favor...!”
Enoch
repetía disculpas como si estuviera averiado, con la voz entrecortada. El dolor
y el placer que subían constantemente desde su pecho eran agonizantes. Sin
embargo, no se atrevía a tocar los embudos adheridos a su piel y, en su lugar,
apretó con fuerza los montones de paja. Ante esa imagen casi patética, el
centro de Isaac se hinchó aún más.
“Maldición,
yo tampoco aguanto más.”
Isaac,
con la mirada desorbitada, sacó su pene de los pantalones. La pieza de carne,
erecta de forma amenazante, se movía de arriba abajo como si ansiara perforar
la vagina de inmediato.
A
continuación, la mano de Isaac despojó a Enoch de sus pantalones. Al quedar
expuestos, su pene hinchado por el plug y su zona íntima totalmente empapada
por el flujo captaron su atención. Isaac estuvo a punto de insertar su pene,
pero se detuvo. Al ver el dildo enterrado en la entrada de Enoch, frunció el
ceño con irritación. Aunque sabía que él mismo lo había puesto allí, se sintió
molesto.
“Relájate
para que pueda sacar el dildo.”
Dicho
esto, Isaac sujetó firmemente el mango del dildo que sobresalía ligeramente de
la entrada de Enoch. Antes de que el elfo pudiera prepararse mentalmente, tiró
de él con fuerza. El grueso pilar salió bruscamente, y las protuberancias de su
cuerpo rasparon las paredes internas sin piedad.
“¡Ahhhhh...!”
Enoch
se retorció, arqueando la espalda. Toda la atención que estaba concentrada en
su pecho se trasladó instantáneamente hacia abajo. Su cabeza cayó hacia atrás y
su cuerpo sufrió espasmos por un orgasmo seco.
¡Chop!,
con un sonido húmedo, el dildo salió por completo. Enoch jadeaba con las
piernas abiertas de par en par, mientras su entrada palpitaba. El agujero, que
mantenía la forma del dildo que acababa de albergar, no se cerraba con
facilidad y mostraba su interior de una manera obscena. En ese momento, al
sentir el contacto de la carne caliente sobre su entrada, Enoch inhaló
profundamente.
“¡Huuuuu!
¡ah, ah...!”
Justo
cuando la entrada estaba por contraerse debido a la tensión, el pene de Isaac
penetró con la ferocidad de una bestia que atrapa a su presa. El glande
atravesó la carne relajada sin miramientos y golpeó instantáneamente el útero. Un
placer similar a una descarga eléctrica subió por su columna vertebral y golpeó
su cerebro; Enoch abrió los ojos desmesuradamente mientras arqueaba la espalda.
El contorno del pene sobresalía en su vientre plano.
Al
quedar todo el pene enterrado y presionar el útero, su entrada se apretó por
acto reflejo. Las paredes internas, pegajosas y húmedas, se adhirieron al pilar
de carne ejerciendo una gran presión.
“Hah,
ahora mismo tu vagina está perfectamente relajada... suave, caliente... se
siente demasiado bien.”
Isaac
susurró al oído de Enoch y comenzó a embestir a su antojo. ¡Paf, paf!, el
sonido del choque de sus cuerpos resonaba de forma violenta. El pene grotesco
entraba y salía de la vagina, golpeando el útero sin tregua.
“¡Hic,
ah! ¡Me golpea el útero, ah...! ¡Me gusta, me gusta mucho! ¡Ahhh!”
Pronto,
Enoch se aferró a Isaac suplicando que golpeara su útero con más fuerza. La
razón había desaparecido hacía mucho tiempo. Mientras el cuerpo de Enoch era
sacudido por las embestidas, el extractor en su pecho se movía de un lado a
otro de forma vulgar. La imagen de ambos apareándose desordenadamente sobre la
paja no se diferenciaba en nada de los monstruos del corral vecino.
“¡Ahhh!
¡Ugh, Ugh...!”
Enoch,
habiendo alcanzado ya quién sabe cuántos orgasmos secos, jadeaba sin poder
controlar su cuerpo ardiente. Especialmente el dolor punzante en su pene
inflamado y bloqueado por el plug le resultaba difícil de soportar.
“¡ugh!
Siento que va a estallar, ¡ah! ¡Ah! Siento que va a estallar. ¡Isaac, por
favor...!”
Finalmente,
Enoch lloró desconsoladamente suplicando que le quitara el plug. El calor
acumulado se concentraba con fuerza en su bajo vientre, causándole agonía.
Al
escuchar su nombre salir de los labios de su amante, Isaac ralentizó el ritmo
de sus caderas y echó un vistazo al pene de Enoch. La piel, normalmente de un
tono claro, estaba roja como si fuera a reventar, y las venas sobresalían de
forma alarmante. Aunque le resultaba molesto, parecía que debía retirarlo al menos
una vez.
“No
hay remedio. Te lo quitaré.”
Isaac
habló con generosidad. En cuanto sus dedos sujetaron el mango del plug, Enoch
soltó un gemido: “¡ah! ¡ah, por favor...!” mientras temblaba. Acto seguido, el
plug fue extraído de un tirón, y Enoch puso los ojos en blanco mientras
alcanzaba un clímax irremediable.
“¡Huuuuu...!”
Sin
embargo, el orificio de la uretra solo palpitaba sin dejar salir nada. A pesar
de que el plug había sido retirado, Enoch no pudo eyacular y agitó su pelvis
sin saber qué hacer. Tampoco se atrevía a tocar su propio pene con las manos.
Sus ojos verdes bañados en lágrimas miraron a Isaac con desesperación, buscando
ayuda.
“Ni
siquiera puedes correrte solo como un niño, definitivamente eres alguien que
requiere mucha atención, Enoch.”
Isaac
sonrió con malicia y se dispuso a ayudarlo. Su mano envolvió el pene de Enoch y
comenzó a agitarlo como si lo masturbara. Al mismo tiempo, movió su cadera para
embestir con fuerza. ¡Chic, chic!, el sonido de la penetración era sumamente
lascivo.
“¡ah,
ah! ¡Ugh! ¡Ugh!”
En
medio del placer que lo invadía desde el pecho, el pene y su vagina, Enoch se
retorcía frenéticamente. Poco después, en el momento en que el glande de Isaac
machacó el útero, la vejiga fue presionada simultáneamente y un líquido transparente
¡pum!, brotó del pene de Enoch.
“¡ah!
¡ah...!”
Enoch
experimentó el placer de la expulsión y alcanzó clímax consecutivos. En su
mente, ahora totalmente en blanco, solo quedaba el instinto de recibir el
semen. Automáticamente, su entrada se tensó, asfixiando el pene de Isaac con
todas sus fuerzas.
“¡ugh...!
En realidad, vine a ver a Enoch porque hablando con Logan se me ocurrió algo
que quería probar de inmediato, hah... y resulta que el momento es perfecto.”
Isaac
elevó las comisuras de sus labios mientras respiraba con dificultad. Retiró
ligeramente la cadera y volvió a hundir su pene hasta lo más profundo de la
entrada de Enoch. El romo glande golpeó y penetró con fuerza el útero. Enoch
soltó un gemido que parecía dejarlo sin aliento mientras esperaba el semen que
pronto inundaría su interior. En ese instante, sintió un dolor punzante como si
se estuviera desgarrando por dentro.
“¡Huuuuu!
¡Duele! ¡Por favor, detente...!”
Enoch
se sobresaltó y agitó sus extremidades. A pesar de sus movimientos, el pene no
salió ni un centímetro de la unión. Esto se debía a que la raíz del pene, que
bloqueaba la entrada, se había hinchado de forma descomunal. ¡Cruac!, el borde
de la vagina se estiró al límite, como si fuera a romperse.
“¡ugh,
ugh!”
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Enoch
gritó de agonía. Sin darse cuenta, incluso dejó de respirar mientras sollozaba.
Hacía mucho tiempo que no sentía un dolor de tal magnitud, por lo que le
resultaba aún más difícil de soportar. Entonces, recordó que había vivido una
situación similar en sus pesadillas. Tras ser abandonado por su raza y atacado
por un monstruo, el pene de la criatura que estaba enterrado en su vagina se
había agrandado así justo antes de eyacular. Se le puso la piel de gallina.
En
ese momento, el pilar de carne insertado en su interior palpitó. El elfo
palideció al comprender instintivamente qué significaba aquella señal. Acto
seguido, una enorme cantidad de fluido eyaculado brotó del pene como una
fuente, golpeando sin piedad el interior de su útero y llenando todo el espacio.
El dolor y el placer de sus entrañas siendo azotadas por el potente chorro
resultaron sumamente violentos.
“¡ah...!”
Enoch
aulló poniendo los ojos en blanco. Pronto, de su boca escaparon sonidos
entrecortados, como si le faltara el aire. Su bajo vientre, lleno de semen,
comenzó a hincharse pesadamente. Incluso después de terminar la eyaculación, la
raíz del pene no mostraba signos de disminuir. Enoch quedó inmovilizado, como
si estuviera atravesado por una estaca, con la entrepierna temblando sin parar.
“Hah...
¿qué tal? He hecho un pequeño cambio en mi pene. Puedes sentir cómo la raíz se
ha hinchado y bloquea la entrada, ¿verdad? Así el semen no se escapará y la
tasa de concepción aumentará.”
Isaac
hablaba con entusiasmo, con los ojos brillando de inocencia. En cuanto escuchó
a Logan hablar sobre el fenómeno del nudo que ocurre en el pene de las bestias
en celo o los monstruos, lo aplicó a sí mismo. No solo eso, sino que aumentó
drásticamente la cantidad de eyaculación para llenar aún más el útero de Enoch.
Su
mano acarició descaradamente la zona de la unión. Al ver que la raíz había
hinchado correctamente, supo que era un éxito. Ante el toque de Isaac
manoseando el borde de su vagina totalmente dilatada, Enoch movió sus nalgas
con sensibilidad, sin saber qué hacer.
“ah...
Ugh...”
Enoch,
que soltaba gemidos con dificultad, bajó la mirada con la vista nublada hacia
su bajo vientre. Su abdomen, hinchado de una forma inusual, parecía el de
alguien que estuviera encinta. '¿Es realmente el semen de Isaac la que llena mi
útero ahora mismo? ¿O es, en realidad, la de un monstruo?'. Debido al impacto
del nudo, la realidad y la pesadilla se mezclaron en su mente hasta volverse
indistinguibles. Finalmente, su consciencia no pudo resistir más y se
desvaneció, dejando su cuerpo completamente inerte.
"Enoch,
¿por qué no contestas? ¡Ah!, ¿te has desmayado?"
Poco
después, Isaac notó tardíamente que Enoch había perdido el sentido. De
inmediato revisó su estado, pero su mirada se detuvo en el vientre abultado.
Ver el abdomen de su amado compañero hinchado por estar repleto de su propia
semilla era algo que le provocaba una euforia inmensa cada vez que lo
presenciaba. Sus ojos púrpuras brillaron con un deleite maníaco.
"Parece
que se sintió tan bien que hasta perdió el conocimiento. Sabía que le
terminaría gustando."
Una
sonrisa de plena satisfacción se dibujó en los labios de Isaac mientras
murmuraba aquello. Desde el principio, él daba por sentado que, hiciera lo que
hiciera, Enoch estaría encantado. Siempre había sido así, pero ahora que había
encadenado por completo el alma de Enoch mediante el contrato de familiar, no
le cabía la menor duda.
Acto
seguido, Isaac abrazó con fuerza el cuerpo de Enoch y restregó sus labios
contra su nuca. Comenzó a morder y succionar la piel pálida, dejando marcas
rojizas y dando rienda suelta a su posesividad.
"No
solo probaremos el nudo; de ahora en adelante, intentaremos diversos métodos
hasta que Enoch quede encinta. ¿No estás emocionado?"
En
cuanto ese susurro, aterradoramente cariñoso, penetró en sus oídos, el cuerpo
del elfo desmayado sufrió un leve escalofrío por puro instinto. El nudo no era
más que el preludio de todos los experimentos que tendría que enfrentar durante
su estancia en la Torre Mágica.
Historia extra 2. La Torre Mágica
Los
párpados de Enoch temblaron antes de abrirse. Sus ojos verdes, nublados,
recuperaron lentamente el enfoque mientras reconocía su entorno. ‘¿Dónde
estoy?’, pensó parpadeando con desconcierto. Se encontraba en un espacio
extraño que no recordaba en absoluto. Aunque estaba rodeado de vegetación, el
lugar se sentía artificial, como si alguien hubiera diseñado una prisión con
apariencia de bosque.
En
medio de la tensión por la situación inesperada, intentó moverse, pero en el
momento en que agitó sus caderas, una sensación de placer repentina lo invadió.
"¡ugh!"
Enoch
abrió los ojos de par en par y soltó un gemido. ‘¿Qué es esto ahora?’. Su
mirada bajó hacia el objeto sobre el que estaba sentado: un caballo de madera.
Tenía la apariencia de un unicornio blanco, cubierto con una tela suave que lo
hacía parecer un peluche gigante.
Al
notar que sus piernas estaban fijadas firmemente al cuerpo del caballo, Enoch
examinó el resto de su estado. Estaba completamente desnudo, sin un solo hilo
de ropa, y sus brazos estaban atados a la espalda. Por si fuera poco, algo
brillaba entre sus piernas; al mirar más de cerca, vio un anillo metálico
colocado en la base de su pene para impedir la eyaculación. Era una estampa
humillante para cualquiera.
"¡Ahhh...!"
Enoch
intentó forcejear para soltar las ataduras de sus brazos, pero se detuvo en
seco inhalando aire al sentir que el placer lo golpeaba de nuevo. Giró la
cabeza para confirmar lo que sospechaba: tal como esperaba, tenía un dildo
enterrado en su parte posterior. En contraste con la apariencia tierna del
caballo de madera, el dildo negro tenía un aspecto bastante monstruoso.
"Huuu..."
Al
aplicar un poco de fuerza en su bajo vientre, sintió la presencia del objeto
con mayor nitidez. Por su volumen, calculó que era tan grande como el pene de
Isaac. Además, por la forma en que raspaba sus paredes internas, era evidente
que la superficie estaba cubierta de protuberancias rugosas.
Enoch
tragó saliva. ‘¿Estaba Isaac probando un nuevo objeto antes de que me
desmayara? Pero, ¿por qué no recuerdo nada?’. Estaba confundido y seguía
mirando a su alrededor. Sobre todo, la persona que debería estar a su lado no
aparecía. Sintió que el corazón se le caía a los pies.
"¿Isaac...?
Isaac, ¿dónde está?"
La
voz de Enoch tembló, cargada de miedo. ‘¿Por qué no está aquí?’. El Isaac que
él conocía jamás lo habría dejado solo tras perder el conocimiento, bajo
ninguna circunstancia. La ansiedad creció a un ritmo acelerado.
En
ese momento, escuchó pasos acercándose. Enoch se estremeció y se puso en guardia.
"Vaya,
por fin despiertas. El suministro de fluidos es urgente, ¿tienes idea de cuánto
tiempo hemos perdido?"
Un
mago de rostro desconocido lo miraba mientras se quejaba. Al escucharlo, Enoch
parpadeó atónito. ‘¿Suministro de fluidos? ¿Qué significa eso de repente?’. El
corazón del elfo comenzó a latir con fuerza ante la atmósfera ominosa.
De
inmediato, el mago extendió el brazo hacia el caballo de madera e infundió
maná. ¡Tring!, tras un sonido metálico, los ojos del caballo brillaron. El
objeto comenzó a sacudirse de forma inquietante, dejando a Enoch sin saber qué
hacer. Entonces, la parte delantera de la montura se abrió y algo salió
disparado, enterrándose instantáneamente en el agujero vaginal del elfo.
"¡ugh!"
Sorprendido,
Enoch soltó un gemido y encogió el torso. Al bajar la vista, vio un frasco de
vidrio medio enterrado en su interior. En ese instante, recordó que Isaac solía
darle frascos idénticos para ciertas tareas. El rostro del elfo palideció al
comprender lo que aquel mago extraño pretendía hacer con él.
Sintiendo
el peligro, Enoch forcejeó desesperadamente, pero no podía moverse ni un
centímetro del caballo. Al contrario, al agitar las nalgas, el dildo en su
parte posterior golpeó mal sus paredes internas, haciéndolo casi perder el sentido.
Mientras tanto, el frasco de vidrio terminó de hundirse por completo. El
contacto del vidrio frío contra su carne ardiente fue tan vertiginoso que, sin
darse cuenta, Enoch tensó el bajo vientre.
Los
labios de su vagina se contrajeron, sujetando firmemente el frasco. Como si eso
fuera una señal, el dildo comenzó a moverse. Tras salir casi por completo,
dejando solo la punta en la entrada, regresó con fuerza para machacar el
interior y golpear el colon. En esa posición, el cuerpo del dildo empezó a girar
sobre sí mismo, y las protuberancias rugosas rasparon las paredes internas sin
piedad. La mente de Enoch se tiñó de blanco ante el placer invasivo.
"¡ugh...!
¡ugh!"
Enoch
intentó contener sus gemidos, pero sus labios se abrían repetidamente dejando
escapar los sonidos. Debido a las protuberancias que frotaban sus paredes
internas sensibilizadas, su espalda se arqueó involuntariamente mientras el
éxtasis ascendía. Independientemente de su voluntad, su pene se tensó y se
hinchó, siendo asfixiado por el anillo metálico, lo que le hizo soltar un
jadeo: "¡Ah!".
"¡ugh,
ah! ¡ugh!"
En
cuanto el dildo comenzó a embestir seriamente su parte posterior, Enoch tardó
muy poco en sucumbir. A medida que sentía el placer, su flujo comenzó a gotear
dentro del frasco de vidrio enterrado en su otra vagina. El estado del elfo,
cuyas entradas palpitaban sin cesar incapaz de controlar su excitación, era
puramente vulgar.
"¡ugh...!
No, detente... ¡Ahhh!"
Enoch
derramó lágrimas fisiológicas y sacudió la cabeza. La vergüenza que sentía
después de tanto tiempo era espantosa. Experimentaba un rechazo absoluto al ser
tratado así por alguien que no fuera Isaac, por lo que inconscientemente
intentaba contener el clímax que estaba por llegar.
"Aún
falta mucho para alcanzar la cuota de hoy, así que no te demores y suéltalo
todo rápido, ¿eh?"
El
mago, con expresión de fastidio, reprendió a Enoch y aumentó la velocidad del
dildo. Sin darle tiempo a prepararse, el objeto comenzó a machacar su interior,
¡pum, pum!, como si quisiera triturar su colon. Ante el estímulo reforzado, sus
ojos se entornaron y el éxtasis lo inundó.
"¡Hah!
¡ugh, ah! ¡Isaac...! ¡Isaac...!"
Enoch
sollozó, llamando desesperadamente a Isaac. Anhelaba que, como siempre, él
apareciera para rescatarlo. Sin embargo, el tiempo pasaba e Isaac no se
mostraba por ninguna parte; solo el movimiento frenético del dildo en su parte
posterior continuaba intensificándose.
"Con
ese 'Isaac, Isaac' otra vez. Por mucho que lo llames, tu dueño no vendrá.
¿Cuántas veces tengo que decirte que ese tipo se pudrirá en prisión de por vida
por casi arruinar la alianza entre la Torre Mágica y los elfos?"
Al
ver que Enoch seguía resistiéndose al clímax, el mago chasqueó la lengua con
hartazgo. Enoch se quedó paralizado, con el rostro inexpresivo. ‘¿He oído bien?
¿Isaac está en prisión?’. Era la primera vez que escuchaba algo así.
"Huuu...
¡Prisión, ahhh! ¿Cómo que prisión...?"
Enoch
preguntó con urgencia, tragándose un gemido. Su mirada temblaba violentamente.
Estaba seguro de que había estado con Isaac justo antes de despertar allí, así
que no entendía a qué venía esa historia de la cárcel.
Al
ver al elfo tan confundido, el mago suspiró. Sacudió la cabeza como si no fuera
la primera vez que pasaba por esa situación.
"Otra
vez con lo mismo. ¿No es hora de que lo aceptes? Ese tipo de Isaac fue a
prisión, y tú, como un familiar sin dueño, eres propiedad de la Torre Mágica.
Tu función es proporcionarnos tus fluidos."
Al
mencionar los fluidos, el mago soltó una risa sombría y maníaca. Luego, cambió
de actitud repentinamente y gritó con severidad:
"¡Así
que deja de resistirte y suelta de una vez tu jugo vaginal, eh!"
El
mago manipuló el caballo de madera con gestos rápidos. Entonces, de la parte
abierta de la montura, surgió algo redondeado que pronto reveló su forma
completa: un vibrador alargado que zumbaba con fuerza. Enoch forcejeó para
evitar que el objeto se acercara a su entrepierna, pero al tener las piernas
fijadas al caballo, no pudo hacer nada.
"No,
aléjate. ¡ah!"
En
cuanto el cabezal del vibrador presionó con precisión su clítoris, Enoch soltó
un gemido desgarrador. Su cintura se arqueó peligrosamente mientras temblaba.
La vibración aplicada sobre la zona cargada de nervios era tan estimulante que
sentía que perdería la razón. Además, por detrás, el dildo seguía girando y
hurgando en su interior. Ante el placer incontrolable que lo golpeaba como una
marea, el elfo puso los ojos en blanco.
"¡Huuuuu...!"
Finalmente,
Enoch alcanzó el clímax y aulló como un animal. De inmediato, una gran cantidad
de flujo brotó de su agujero vaginal, llenando por completo el frasco de
vidrio. En cuanto el frasco, ahora pesado, colgó ligeramente hacia afuera, el
vibrador y el dildo se detuvieron en seco, como si estuvieran sincronizados.
"Ahhh...
ugh..."
Enoch
respiraba con dificultad mientras su cuerpo sufría espasmos intermitentes.
Sentía un hormigueo, como si la vibración aún continuara en su clítoris. Sin
fuerzas, su cabeza cayó y su mirada bajó. Vio sus pezones erectos y su pene
enrojecido e inflamado. Era la prueba fehaciente de que un elfo supuestamente
noble había sentido placer mientras era estimulado por delante y por detrás con
un frasco en su interior.
"¡ugh...!"
En
ese momento, el frasco de vidrio que estaba enterrado fue extraído bruscamente.
La mucosa rojiza que estaba adherida al vidrio fue arrastrada hacia afuera
antes de contraerse de forma obscena. Del agujero vacío, que palpitaba levemente,
comenzó a gotear el flujo pegajoso.
"¡Ah...!
¡ugh!"
Enoch
se sobresaltó ante el contacto frío contra sus labios vaginales, lo que le dio
escalofríos. Al mirar hacia abajo, vio que habían colocado un nuevo frasco
frente a su entrada. Fue entonces cuando comprendió que el suministro de
fluidos del que hablaba el mago apenas estaba comenzando.
"No...
por favor, basta..."
Enoch
murmuró entre lágrimas de desesperación. Sin embargo, no había nadie allí
dispuesto a tener compasión de un elfo degradado a familiar. El frasco se movió
y comenzó a entrar lentamente en su agujero. Una vez que la entrada roma del
recipiente apartó la carne y quedó profundamente enterrada como antes, el
vibrador y el dildo se activaron de nuevo.
"¡ahhh!
¡No, no! ¡Aaah, ah!"
En
medio del éxtasis creciente, Enoch abrió los ojos desmesuradamente. Su cuerpo
ardiente soltaba el jugo vaginal a medida que recibía el estímulo. ‘¡No, no
quiero soltar más! ¡Por favor, no lo hagas!’, suplicaba internamente mientras
forcejeaba. Para someter al elfo que se resistía, la intensidad del estímulo
aumentó. En un instante, su razón se derritió y un clímax interminable lo
invadió.
Era
una pesadilla espantosa.
*
* *
"¡ugh...!"
Enoch
abrió los ojos de par en par y soltó un gemido, sobresaltado por la presencia
que penetró sus paredes internas de un solo golpe. Antes de que pudiera
recuperar el sentido por completo, la carne caliente que llenaba su vientre
comenzó a moverse, golpeando su útero.
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"¡Ah!
¡Huuuuu!"
Un
placer vertiginoso lo invadió como un rayo; Enoch inhaló profundamente mientras
arqueaba la espalda. Al ver el rostro de Isaac frente a él, se dio cuenta de
que todo lo que había experimentado hace un momento no era más que una
pesadilla, y las lágrimas brotaron por el alivio.
"¡ugh,
ugh...! ¡ugh, Isaac...!"
Enoch
se aferró frenéticamente a los hombros de Isaac y abrió las piernas de par en
par. Instintivamente, deseaba recibir el semen en su útero para recuperar la
calma por completo. Su vagina relajada succionaba el pene, palpitando sin cesar
como si suplicara por la eyaculación.
"Enoch,
¿te has puesto en celo nada más despertar?"
Isaac
soltó una risita burlona y, fingiendo inocencia, embistió con fuerza como si
realmente creyera que el elfo estaba en celo. ¡Chic, chic! El glande, enterrado
profundamente, hurgaba en el útero sin miramientos. Las membranas mucosas,
inflamadas por haber sido maltratadas durante la noche, sufrieron una
estimulación que mezclaba el dolor con un placer delirante. Enoch aceptó
incluso eso con gratitud, estremeciéndose con la cabeza echada hacia atrás.
"¡ugh,
hic! ¡Me gusta...! ¡Ah, por favor, déme su semen...! ¡Uuuuh!"
Enoch,
totalmente descompuesto, suplicaba por el semen con la voz entrecortada por los
gemidos. Sus ojos ya estaban nublados y no quedaba en ellos ni rastro de razón.
A medida que su útero era golpeado, el calor abrasador lo dominaba, rindiéndose
ante el instinto de ser llenado. Como si la vergüenza sentida en su pesadilla
hubiera sido una mentira, se comportaba de la manera más vulgar frente a Isaac.
El
estrecho útero del elfo se contrajo, asfixiando el pilar de carne. Ante la
presión que parecía querer exprimir su pene, Isaac frunció el ceño y tragó un
gemido: "¡ugh...!".
"Si
mi Enoch pide el semen, por supuesto que debo dársela. ¡Hah...! Asegúrate de
recibirla toda sin derramar ni una gota, ¿entendido?"
Isaac
aumentó la fuerza de sus embestidas mientras su respiración se volvía pesada.
El pilar de carne, que salía casi por completo, volvía a perforar las paredes
internas para hundirse ¡pum! en el útero. No satisfecho con eso, empujó el
glande hasta lo más profundo, hurgando con saña. La mente de Enoch se tiñó de
blanco al sentir sus entrañas sensibilizadas siendo removidas de tal forma.
"¡ugh...!"
Un
gemido de éxtasis brotó de sus labios al sentir el semen esparciéndose por su
útero. Alcanzó el orgasmo con los ojos entornados y la entrepierna temblando
violentamente. La saliva que no pudo tragar escurría por la comisura de su
boca. Sin importarle lo sucio que pudiera verse, se sumergió en una sensación
de seguridad al sentir su útero pesado y lleno.
"Enoch,
¿te gusta recibir el semen?"
Isaac
preguntó con una sonrisa lánguida tras terminar de eyacular. Su mano comenzó a
acariciar suavemente el bajo vientre abultado de Enoch y luego aplicó una
ligera presión. Al sentir su útero presionado, Enoch retorció la cintura sin
saber qué hacer y tensó su entrada.
"ugh...
Siento el útero lleno de semen, ugh... se siente muy bien."
Enoch
asintió con el rostro encendido. Intentó moverse un poco, pero inhaló aire al
sentir cómo el fluido en su interior se agitaba. Esa sensación de pesadez era
tan vertiginosa que encogió los dedos de los pies. Poco después, se acurrucó
dócilmente en el pecho de Isaac cuando este lo atrajo hacia sí. Ambos
descansaron así por un rato.
"Isaac,
¿cuándo volveremos a la mansión...?"
Enoch
preguntó con cautela, observando la reacción de Isaac. Contrario a su
expectativa de regresar pronto, la estancia en la Torre Mágica se prolongaba
día tras día. Debido a la pesadilla que se sintió tan real, Enoch se sentía
ansioso. Temía que en cualquier momento otros magos irrumpieran, encerraran a
Isaac en prisión y se lo llevaran a la fuerza para extraerle sus fluidos.
"Yo
también quiero volver. Pero aún no hemos resuelto el problema."
Enoch
se encogió de hombros ante el suspiro de Isaac. Se sentía cada vez más
inquieto, pensando que el hecho de no poder quedar encinta era totalmente culpa
suya. En su mente, ahora degradada a la de un simple familiar, el hecho de que
el embarazo entre especies distintas fuera imposible había quedado olvidado
hace mucho tiempo.
'Tengo
que quedar embarazado rápido. Solo así podremos volver.'
Consumido
por la ansiedad, Enoch se obsesionó aún más con la idea de concebir. Para no
ser abandonado, debía actuar según los deseos de Isaac.
Finalmente,
se arrodilló con su vientre pesado por el semen de Isaac. Frente a él se
encontraba una planta mágica traída desde el laboratorio de la mansión, que
extendía tallos con forma de pene masculino. Enoch abrió la boca y succionó el
tallo hasta el fondo de su garganta, como si fuera el pene de Isaac. Al apretar
el tallo hasta que sus mejillas se hundieron, un fluido viscoso y de sabor
desagradable al que no lograba acostumbrarse fluyó hacia su interior.
"Ugh,
gub-."
Cuando
Enoch estaba por terminar de beber la poción conteniendo las náuseas, escuchó
que llamaban a la puerta. Sorprendido, dirigió su mirada hacia la entrada, pero
mantuvo sus labios apretados para no soltar el tallo. Su cuerpo recordaba bien
cómo la última vez, al soltar el tallo por el susto de unos golpes a la puerta,
Isaac se había molestado y lo había castigado duramente.
"Isaac,
¿estás dentro?"
Poco
después se escuchó una voz familiar. Isaac envió un gólem para abrir la puerta
y un hombre corpulento de cabello castaño rojizo entró en la habitación.
"Logan,
¿qué pasa?"
Isaac
preguntó con fastidio, sin siquiera saludar. Aunque abrió la puerta recordando
cómo él mismo había irrumpido antes en el laboratorio de Logan, no estaba
contento. Desde que él y Enoch se instalaron en la torre, todos los visitantes
tenían el mismo propósito.
"Siento
venir de repente. ¿Podrías darme un poco de los fluidos de tu familiar?"
Logan
habló con timidez y un rostro afable. Como era de esperar, en cuanto Logan
mencionó los fluidos al igual que los demás, Isaac frunció el ceño. Ya había
pagado el consejo anterior de Logan con los fluidos de Enoch ese mismo día, así
que no tenía motivos para darle más. Al notar que estaba a punto de ser
expulsado, Logan levantó apresuradamente la cesta que llevaba en el brazo.
"Por
supuesto, no lo pido gratis. A cambio, he traído algo que podría ayudar con el
embarazo del elfo."
La
mano de Logan levantó la cubierta de la cesta, revelando unos huevos
amarillentos y opacos colocados ordenadamente. Al verlos, los ojos de Isaac
brillaron con interés inmediato.
"De
acuerdo."
Isaac
aceptó el trato al instante. Luego, como si recordara algo, soltó un
"Ah".
"Pero
tomará un poco de tiempo. Tengo que lavar primero el agujero de Enoch."
"No,
no hace falta. Lo que necesito es la mezcla de fluidos."
Isaac
asintió ante la respuesta de Logan. De hecho, le ahorraba molestias. Pronto,
llamó a Enoch con un gesto.
"Gub-."
Enoch
soltó el tallo de la planta que tenía en la boca. La saliva que no alcanzó a
tragar resbaló por su barbilla, pero se levantó sin tiempo para limpiarse. Sus
piernas estaban entumecidas por haber estado arrodillado tanto tiempo. Justo
cuando vaciló antes de dar un paso:
"Enoch,
ven rápido."
Al
escuchar su nombre de labios de Isaac, quien no podía esperar ni un segundo,
Enoch se movió apresuradamente. Sabía muy bien que si se demoraba, el humor de
su dueño se torcería. En cuanto Enoch se acercó, el brazo de Isaac rodeó su
cintura y lo pegó contra él. Enoch soltó un suspiro excitado al sentir la gran
pieza de carne frotándose contra sus nalgas.
"¿Has
terminado de beber la poción?"
"Sí,
Isaac..."
Enoch
respondió sumisamente mientras se preocupaba por la presencia de Logan. Ahora
que su razón había vuelto un poco, se sentía avergonzado de mostrarse desnudo
frente a otra persona. Además, su cuerpo estaba lleno de marcas del encuentro
anterior. Su piel blanca estaba manchada de mordiscos y succiones, y su zona
íntima brillaba por la mezcla de fluidos, dejando claro que acababa de ser
penetrado. Se sintió sensible al notar la mirada de Logan recorriendo su bajo
vientre.
En
ese momento, la mano de Isaac sujetó bruscamente el pene de Enoch. Al ser
atrapado y estimulado de repente, Enoch soltó un gemido y arqueó la espalda.
"¡Ahhh...!"
Tras
frotar el pilar unas cuantas veces, el pene del elfo se puso firme de
inmediato. El orificio de la uretra, más dilatado que antes, palpitaba
visiblemente. Parecía que fuera a soltar fluidos u orina en cualquier momento
como un patético eyaculador precoz. Enoch intentó cerrar los muslos
instintivamente para ocultar su estado vulgar.
"Enoch,
no cierres las piernas."
La
voz de Isaac fue fría al darle la advertencia. Enoch se sobresaltó y abrió las
piernas apresuradamente. Al hacerlo, quedó expuesto su pene erecto pegado al
vientre abultado por el semen, así como el flujo que goteaba de sus dos
agujeros y resbalaba por sus muslos. Las puntas de las orejas del elfo se
tiñeron de rojo al quedar al descubierto toda su excitación.
Mientras
mantenía la vista fija en Enoch, Isaac extendió la mano y Logan le entregó un
preservativo para recolectar los fluidos. Era un preservativo modificado para
recolectar semen de criaturas mágicas o monstruos. Al verlo, las comisuras de
los labios de Isaac se elevaron ligeramente.
"Quédate
quieto. Te pondré el preservativo en el pene."
Isaac,
sujetando aún el pene de Enoch, colocó el preservativo en la punta del glande.
Luego, lo estiró lentamente hacia abajo para cubrir el pilar de carne. El
contacto de la fina membrana elástica pegándose a su piel era una sensación
extraña que hizo que Enoch retorciera levemente la cintura.
"Huuuuu...!
La sensación, ah... es extraña."
Enoch
bajó la mirada con los ojos nublados. En la punta de su pene, ahora cubierto
por la goma opaca, el extremo del preservativo colgaba como una pequeña bolsa.
Como nunca había usado un preservativo durante sus encuentros con Isaac, la
imagen de su propio pene le resultaba ajena. Sin embargo, no tuvo tiempo de
observar más, pues un placer punzante lo golpeó en el pecho.
"¡ugh!
¡Ah, ah!"
Enoch
soltó un gemido desgarrador mientras su torso se sacudía violentamente. La mano
de Isaac, adherida a su pecho, tiraba y pellizcaba sus pezones sin piedad. Sus
protuberancias, que ya estaban al borde de la laceración por el maltrato de la
noche anterior, fueron estrujadas de tal forma que su mente se tiñó de blanco
al instante.
"¡Ahhh...!
Me gustan mis pezones, ¡ugh...! Por favor, tóquelos más".
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Tal
como había sido adiestrado, Enoch empujó el pecho hacia adelante suplicando por
más contacto. Olvidó por completo que había otra persona observando en la misma
habitación y se comportó de la manera más vulgar. Frotó sus pezones erectos
contra la palma de Isaac, buscando desesperadamente el placer. Como si fuera
una recompensa, Isaac atrapó el pezón entre dos dedos y comenzó a rodarlo con
fuerza.
"¡Haaa,
ugh! ¡Qué bien, ugh!"
"Puedes
correrte solo con que te toque los pezones, ¿verdad? A mi Enoch le encanta que
martiricen sus pechos".
Isaac
susurró con una risita burlona mientras apretaba y aplastaba ambos pezones.
Ante el placer vertiginoso que lo invadía, Enoch fue incapaz de responder, lo
que provocó que Isaac frunciera el ceño.
"¿Por
qué no contestas? ¿Acaso no te gusta?"
Deseoso
de una respuesta, Isaac retorció las protuberancias inflamadas con saña. El
dolor punzante que nacía de sus pezones, ahora deformados por la torsión, hizo
que las lágrimas que se acumulaban en sus ojos finalmente resbalaran por sus
mejillas.
"¡ugh!
¡Hic, me gusta, me gusta mucho...!"
Enoch
repetía que le gustaba de forma mecánica, sollozando entre gemidos. A medida
que se acercaba al clímax mientras sus pechos eran ultrajados, sus dos agujeros
comenzaron a palpitar sin control. El flujo goteaba cada vez más y el semen que
llenaba su vientre amenazaba con desbordarse cuando, de pronto, una bofetada
aterrizó ¡paf! contra su zona íntima.
"¡Ahhh!"
Enoch
inhaló aire por el impacto que lo devolvió a la realidad. Sus labios vaginales,
que vibraban por el golpe, ardían con fuerza. Miró a Isaac con temor, asustado
de recibir otro golpe en su vagina.
"Si
derramas una sola gota de semen por tu agujero, te castigaré".
Isaac
lanzó la advertencia mientras daba leves golpecitos en la entrada de Enoch. Al
oír la palabra castigo, el elfo se aterrorizó y tensó su bajo vientre con
urgencia. Su vagina, ahora cerrada con fuerza, palpitaba de una forma obscena.
Poco
después, la mano de Isaac tiró de sus pezones como si quisiera arrancarlos. Un
placer mezclado con dolor estalló en su interior, haciendo que su visión se
nublara.
"¡ugh!
¡Me voy, ahhh, ah...!"
Enoch
puso los ojos en blanco al alcanzar el clímax. el semen blanquecina brotó sin
obstáculos desde el orificio de su uretra, quedando recogida íntegramente en el
preservativo. Sin embargo, la cantidad era escasa; debido a que se apareaba con
Isaac a todas horas, no había tenido tiempo suficiente para reponer sus
fluidos.
"ugh...
haaa..."
Enoch
dejó caer la cabeza, jadeando con la mirada perdida. De sus labios
entreabiertos goteaba la saliva. Estaba sumergido en la resaca del éxtasis,
incapaz de recomponerse.
Mientras
tanto, Isaac intercambió miradas con Logan. Este último comprobó la cantidad de
semen en el preservativo y asintió, indicando que era insuficiente. Isaac
comprendió de inmediato.
"Enoch,
puedes soltar más, ¿verdad?"
"¡ugh!
¡Duele, ugh! Me gusta. ¡Hah, ah...!"
En
cuanto las yemas de los dedos de Isaac volvieron a rozar sus pezones, Enoch
reaccionó con espasmos. Finalmente, tras alcanzar el clímax dos veces más solo
a través de sus pechos y llenar la bolsa del preservativo, la tortura cesó.
Incluso después de que Isaac retirara la mano, sus pezones lacerados siguieron
doliendo durante un buen rato.
"¡ugh...!"
A
continuación, Isaac retiró el preservativo del pene de Enoch. Al despegarse la
membrana elástica de la piel ardiente, el estímulo hizo que Enoch estremeciera
su parte inferior con sensibilidad. En cuanto su pene quedó libre y cayó
flácido, Enoch perdió el equilibrio y se desplomó en el suelo. Sus pezones
rojos e inflamados oscilaban sobre su pecho, que subía y bajaba con agitación.
"Ten,
llévatelo".
Logan,
al recibir el preservativo de manos de Isaac, mostró una sonrisa entusiasmada
pensando en el experimento que realizaría al volver. Guardó el tesoro
cuidadosamente en su bolsillo interior, temiendo que alguien pudiera verlo e
intentar arrebatárselo.
"Gracias.
Dejaré esto aquí. Espero que ayude a tu familiar a quedar encinta".
Dicho
esto, Logan dejó la cesta en el suelo y se marchó apresuradamente. Mientras
tanto, Enoch seguía absorto en los restos del placer, con las piernas abiertas
y el pecho palpitando. Isaac se acercó a él con la cesta en la mano.
"Enoch,
¿sabes qué es esto?"
Enoch
movió los ojos para observar los huevos amarillentos que Isaac sostenía. Al
mirar de cerca, vio pequeñas burbujas dentro de los huevos traslúcidos. No
parecían huevos reales, sino más bien algún tipo de líquido solidificado.
"Están
hechos de una savia especial solidificada. ¿Qué crees que pasará si introduzco
esto en lo más profundo de tu útero, eh?"
Isaac
se lamió los labios con los ojos brillantes de anticipación. Decidió no
mencionar que el origen de esa savia era el bosque natal de Enoch. Aunque sabía
que, gracias a las pesadillas que él mismo había creado, Enoch ya no añoraba su
hogar, detestaba que pudiera recordarlo siquiera por un momento.
"Huuu..."
Enoch
se encogió, aterrorizado por puro instinto. Aunque le habían introducido
diversos objetos en sus agujeros innumerables veces, era la primera vez que
pretendían llegar hasta el interior de su útero, y eso le daba miedo. Sus dos
agujeros se cerraron con fuerza automáticamente.
"¿Por
qué? ¿Te resistes a que ponga una masa de savia desconocida en tu útero? No
deberías ser tan selectivo si es por el bien de tu embarazo".
Isaac
enfatizó la palabra embarazo deliberadamente mientras acariciaba con la otra
mano la zona del ombligo de Enoch. Al ser presionado su útero, que aún contenía
el semen, la mirada de Enoch se volvió borrosa por el placer.
"¡ugh!
Por favor, póngalo en mi útero. El embarazo... si es para quedar encinta, haré
lo que sea".
El
elfo, habiendo perdido el juicio, dio una respuesta sumisa. Para alguien
degradado a familiar, lo más importante era no ser abandonado por su dueño.
Para evitarlo, debía estar dispuesto a todo, ya fuera quedar embarazado o
albergar cualquier cosa en su matriz.
"Enoch,
abre tu agujero".
Siguiendo
la orden de Isaac, Enoch bajó las manos con torpeza. Al sentir su agujero bajo
las yemas de sus dedos, enganchó sus dedos en forma de garfio en ambos labios
vaginales y los abrió de par en par. ¡Chop!, con un sonido húmedo, la oscura
gruta quedó expuesta. El aire frío entrando en el interior ardiente hizo que
los pliegues se agitaran con sensibilidad de una forma obscena.
"Buen
chico, mantén el agujero relajado. Abre el camino hasta el útero, tal como
haces cuando recibes mi pene".
Como
si quisiera relajarlo, Isaac frotó suavemente la parte redondeada de la masa de
savia contra el perineo de Enoch, como si le diera un masaje. Enoch soltó un
pequeño gemido y comenzó a relajar su entrada vaginal. Su agujero dilatado
palpitaba, como si esperara que algo entrara en su interior.
Pronto,
el extremo de la masa que subía desde el perineo comenzó a abrirse paso
lentamente en el agujero. ¡Chic! Las paredes internas, suaves y relajadas, se
abrieron de par en par como una fruta madura. Gracias al flujo que goteaba sin
cesar, la masa del tamaño de un puño se hundió sin problemas en el camino
vaginal.
"Parece
que a tu vagina le gusta, mira cómo babea".
Isaac
se rió mientras recorría descaradamente la zona íntima de Enoch. Con los labios
apartados y el interior expuesto, el huevo amarillento medio enterrado hacía
que pareciera que Enoch estaba desovando. Incapaz de resistir el impulso de
jugar antes de terminar de introducirlo, Isaac comenzó a girar la masa sobre sí
misma. Siguiendo ese movimiento, sus paredes internas fueron removidas
bruscamente.
"¡ugh!
¡Ah, ah!"
El
placer repentino tiñó su mente de forma vertiginosa; Enoch restregó la nuca
contra el suelo y arqueó la espalda al máximo. La sensación de la masa lisa
girando dentro de su agujero y revolviendo sus pliegues era tan estimulante que
sentía que su cordura se desmoronaba. El calor se concentró con fuerza en su
bajo vientre y su pene se puso erecto al instante.
Al
sentir que el clímax estaba a punto de llegar, Enoch contrajo involuntariamente
su entrada. Sus paredes internas pegajosas se aferraron a la masa, bloqueando
el camino. Isaac detuvo su mano en seco.
"Aún
no he terminado de meterlo, ¿quién te dio permiso para cerrar tu agujero?
¿Acaso quieres que te castigue?"
Isaac
frunció ligeramente el ceño y, con la otra mano, pellizcó bruscamente el
clítoris de Enoch. De inmediato, Enoch soltó un grito ahogado:
"¡Hiiiiik!". Su cintura, suspendida en el aire sin tiempo para
descender, temblaba violentamente.
"Lo
hice mal, ¡ugh...! Lo hice mal".
Enoch
rompió a llorar, pidiendo perdón entre sollozos debido al exceso de placer que
amenazaba con destrozar su cordura. Sentía un hormigueo tan intenso que parecía
que todos los nervios de su cuerpo se hubieran concentrado en su clítoris. Sus
manos perdían fuerza constantemente y temía soltar los labios vaginales que
mantenía abiertos; sin embargo, consciente de que eso le acarrearía un castigo
aún más severo, se esforzó al máximo por mantener la postura.
Isaac,
valorando el esfuerzo de Enoch, suavizó la mirada. En cuanto su mano acarició
suavemente el clítoris antes de retirarse, Enoch bajó la cadera poco a poco
mientras jadeaba. Siguiendo el ritmo de su respiración agitada, su agujero
palpitaba y apretaba la masa que albergaba en su interior.
"Te
perdonaré solo por esta vez. Rápido, relájate".
Isaac
habló con generosidad mientras reajustaba el agarre de la masa. Al sentir cómo
el objeto del tamaño de un puño volvía a hundirse en sus entrañas, Enoch soltó
un gemido: "¡Uuuuh!", esforzándose por relajar el cuerpo y abrir el
camino vaginal. Justo cuando el agujero del elfo estaba por tragar casi por
completo la masa de savia, Isaac empujó el cuerpo del objeto con fuerza,
hundiendo incluso su propia mano sin miramientos. En el instante en que el
extremo redondeado presionó el útero, los ojos de Enoch se pusieron en blanco.
"¡ugh!
¡Tocó mi útero, ahhh! ¡Me voy, me voy...!"
Alcanzando
un clímax irremediable, Enoch arqueó la cintura bruscamente hacia arriba. De su
agujero brotó un líquido transparente como una fuente, salpicando en todas
direcciones. Era una estampa espectacular. Isaac, tras recibir el impacto
directo del flujo, se echó hacia atrás el cabello empapado.
"¿No
pudiste aguantar y te corriste? Me has salpicado hasta la cara".
Con
una sonrisa socarrona, Isaac lamió el flujo que había saltado a la comisura de
sus labios. El sabor dulce que impregnó su lengua despertó en él una excitación
violenta. Sacó ligeramente la masa que sostenía para luego volver a
introducirla, golpeando el útero de Enoch.
"¡ugh...!
Lo siento, lo sien... ¡ugh!"
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Enoch
no pudo siquiera terminar su torpe disculpa antes de soltar un grito de placer.
La masa, presionando el útero, hurgaba de un lado a otro para abrirse paso y
forzar su entrada. La sensación de ver su matriz dilatada a la fuerza era tan
intensa que casi pierde el sentido. Solo después de que Enoch sucumbiera y
soltara más flujo, la mano de Isaac se retiró.
"No
entra más".
Isaac
murmuró, pasando la lengua por el interior de su mejilla con insatisfacción.
Acto seguido, desató el cinturón de su bata y sacó su pene. Su enorme
virilidad, monstruosa y amenazante, palpitó con fuerza.
"Te
ayudaré a meterlo con mi pene".
Tras
sujetar la pelvis de Enoch y atraerlo hacia sí, Isaac alineó su glande con la
entrada. Al frotar la corona de su pene contra el agujero como si fuera un
beso, los labios vaginales temblaron. Enoch, sintiendo el peligro tardíamente,
sacudió la cabeza llorando.
"¡ugh,
no, no puede ser... ¡ahh!"
Su
débil resistencia fue inútil; un grito de placer escapó de los labios del elfo
poco después. El pene, que finalmente logró introducir la cabeza en el agujero,
empujó la masa de savia que ya ocupaba el lugar. ¡Pum, pum! Como si diera
cabezazos, continuó empujando el objeto redondeado hacia lo más profundo.
"¡Ahhh!
¡Dentro de mi vientre, ugh...! ¡El huevo no deja de golpear, ahh...!"
En
medio de constantes orgasmos, Enoch derramaba saliva con los ojos
desmesuradamente abiertos. El placer de sentir su útero forzado ya era
suficiente para volverlo loco, pero la vibración del choque entre el pene y la
masa se transmitía a sus paredes vaginales, añadiendo un estímulo tal que
sentía que se desmayaría en cualquier momento.
"¿Te
gusta que el huevo golpee tu útero? Pero no basta con que te guste, tienes que
abrirte más y albergarlo de una vez".
Un
Isaac excitado aumentó la fuerza de sus embestidas, machacándolo repetidamente.
¡Paf, paf! El glande, enterrado profundamente, empujaba la masa con todas sus
fuerzas, introduciéndola bruscamente en el útero.
"¡ugh!
¡ugh...! ¡Ahhh, ah!"
Ante
la sensación de sus delicadas paredes internas siendo aplastadas y dilatadas en
exceso, Enoch sufrió convulsiones violentas con los ojos en blanco. Estaba en
un estado donde no sería extraño que perdiera el conocimiento. Su vientre plano
ahora sobresalía siguiendo el contorno de la masa redondeada, haciendo que pareciera
realmente encinta.
Tras
alcanzar el clímax innumerables veces, su útero en celo ardía con fuerza.
Debido a ese calor, la masa de savia que taponaba la entrada comenzó a
derretirse poco a poco, empapando la mucosa de forma pegajosa. ¡Chic, chic!
Pronto, cada vez que el pene hurgaba en el agujero, el sonido húmedo resonaba
con lascivia.
"¿Sientes
cómo se derrite el huevo? Haa... el interior de Enoch está ardiendo. Es lo
mejor".
Isaac,
con una expresión de éxtasis, movió la cadera en círculos. Siguiendo ese
movimiento, el pene enterrado giraba frotando todas las paredes internas.
Además, la masa en contacto con el glande era restregada sin piedad contra el
útero.
Ante
el placer violento que caía sobre él, Enoch soltó un grito y apretó su agujero
con fuerza. En un momento en que Isaac sentía que su pene estaba a punto de
derretirse, la presión añadida hizo que este tragara un gemido y moviera su
parte inferior con mayor ferocidad.
"¡Ah,
ugh! Por favor, su semen, ¡ugh! ¡Ah! Déme su semen, ¡ugh...!"
Enoch
suplicaba por el fluido entre gritos descompuestos. A medida que la savia se
filtraba en su útero, el calor abrasador lo volvía loco. Con la masa derretida
por completo, el pene aprovechó el espacio vacío para hundir la cabeza en el
interior del útero. La mucosa, totalmente relajada, succionó el pene con
fuerza. Al sentir que la eyaculación era inminente, la base del pene se hinchó
masivamente preparándose para el disparo.
"¡ugh...!
¡Huuuuu!"
En
el momento en que Enoch sollozaba por el dolor de sentir su entrada dilatada al
borde del desgarro, el semen brotó con fuerza golpeando las paredes uterinas.
Enoch se estremeció con la lengua fuera al sentir el líquido caliente
esparciéndose en lo más profundo de su vientre. Su cuerpo, alcanzando orgasmos
sucesivos, temblaba como si sufriera un ataque, y su cintura saltaba
intermitentemente.
Pronto,
el vientre delgado del elfo se hinchó visiblemente. el semen viscosa llenó el
útero recubierto de savia, desplazando los fluidos anteriores. La cantidad era
tal que el semen comenzó a desbordarse por las grietas del orificio taponado
por la base del pene. Al ver esto, Isaac realizó pequeñas embestidas como si no
quisiera desperdiciar nada, intentando empujarla de vuelta.
"¡ugh!
¡Ah, ugh...!"
Enoch,
sucumbiendo sin remedio, sacudió la cabeza y tuvo arcadas. Le costaba incluso
respirar y soltaba sonidos ahogados. Si pudiera, querría vomitar toda el semen
que se agitaba en su vientre, pero estaba obligado a sufrir hasta que el pene
enterrado terminara de disparar.
Tras
la larga eyaculación, una vez que el nudo comenzó a ceder, Enoch se desplomó
completamente inerte, con la mirada perdida como si se hubiera desvanecido. Su
vientre, hinchado por el semen, subía y bajaba con cada respiración jadeante.
"¿Qué
tal? ¿Se siente diferente a recibir el semen normalmente?"
Isaac
observó el bajo vientre de Enoch con los ojos brillantes. Aunque por fuera no
parecía haber grandes cambios, el calor que sentía a través del glande
enterrado en el útero era inusual. Surgió en él la esperanza de que, tal vez
esta vez, sus esfuerzos dieran fruto.
La
masa de savia derretida en el interior de Enoch era esencia concentrada del
bosque. No tenía gran efecto en humanos, pero para un elfo, cuya naturaleza es
cercana a los espíritus, era otra historia. La alta concentración de esencia
provocaba un estado de embriaguez temporal. Era natural que el útero del elfo,
tras absorber tal savia, ardiera como si estuviera oebrio. Si tan solo su
cuerpo confundía el semen humano mezclada con la energía del bosque con la de su
propia especie, la concepción podría ser realmente posible.
"¡ugh!
Me gusta, ugh... me gusta mucho".
Enoch
repetía mecánicamente que le gustaba con el rostro perdido. Poco después, la
mano de Isaac acarició su bajo vientre y presionó el útero hinchado. Ante esto,
Enoch soltó un grito y apretó su agujero repetidamente.
"¡ugh...!
¿Te gusta tanto solo con oír la palabra semen? Estás exprimiendo mi pene. Qué
vicioso eres".
Isaac,
riendo satisfecho, movió su parte inferior golpeando suavemente el útero. De
inmediato, Enoch reaccionó de forma violenta, arqueando la cintura como si
fuera a perder el conocimiento. Isaac besó a su amado disfrutando del jugueteo
posterior por un largo rato antes de retirar lentamente su pene.
Cuando
la gruesa carne salió raspando deliberadamente las paredes vaginales, Enoch
alcanzó de nuevo un orgasmo seco sin poder siquiera gritar. Del extremo de su
pene, que ya no tenía nada más que soltar, cayeron gotas de flujo que
resbalaron por sus piernas hasta mezclarse con el charco bajo sus nalgas.
"¡ugh...!"
La
cabeza de Enoch, que estaba echada hacia atrás, cayó sin fuerzas hacia un lado.
Quedó sumergido en un profundo éxtasis, con la entrepierna temblando
intermitentemente. Se veía claramente su agujero vacía palpitando antes de
cerrarse lentamente entre sus piernas abiertas sin pudor. Era una estampa
vulgar en la que no quedaba ni rastro de nobleza.
Enoch,
tirado en el suelo, parpadeó aturdido sintiendo plenamente la pesadez de su
útero lleno. De repente, soltó un gemido: "Huuuu-", mientras su zona
íntima sufría un espasmo. Por alguna razón, la sensación de estímulo persistía
y el hormigueo era más fuerte de lo habitual. Sin embargo, antes de que pudiera
notar más cambios en su útero, fue arrastrado por las piernas.
Acto
seguido, Isaac colocó las pantorrillas de Enoch sobre sus hombros. Al abrirse
sus muslos, su agujero vaginal y su parte posterior palpitaron levemente.
Parecía que compitieran por pedirle que les diera el pene de nuevo.
"Mira
cómo palpitan tus agujeros de forma tan tierna. Quieres más semen, ¿verdad? Así
es, para quedar encinta pronto y volver a casa, tienes que recibir mucha
semen".
Isaac
tomó una nueva masa de savia. Al verla, Enoch sollozó aterrorizado. La
desesperación de saber que tendría que pasar de nuevo por todo aquello era
indescriptible.
"Relaja
tu agujero, eso es".
"¡ahh...!"
Enoch
tembló violentamente al sentir la masa abriéndose paso de nuevo en su interior.
Su carne, empapada y pegajosa por el semen, se abrió para albergar el huevo del
tamaño de un puño. Pronto, los sonidos de su apareamiento lascivo volvieron a
resonar en la habitación.
No
pasaría mucho tiempo antes de que surgiera el fruto en el útero del elfo, ahora
cubierto de savia y semen.
<Los días del elfo degradado> FIN
