Episodio 93
Episodio 93
25.
Durante el trayecto en el que pasaron del
coche al avión, ninguno de los dos pronunció una sola palabra. Bliss se
esforzaba por mantener la cabeza girada con terquedad para evitar que sus ojos
se encontraran con los de Cassian, ni siquiera por accidente, y Cassian hacía
lo mismo. Los asistentes de vuelo observaban con cautela, desconcertados por la
atmósfera incómoda y extraña que rodeaba a ambos.
“¿Necesita algo?”.
Preguntó un asistente acercándose de inmediato
a Bliss cuando este levantó la mano con decisión. El joven respondió con
firmeza.
“Necesito comer”.
“¿Perdón? Pero...”.
El tiempo de vuelo era de apenas dos horas. El
asistente miró a Cassian con rostro apenado, y este respondió con tono de
fastidio.
“Haz lo que quiera”.
“Entendido”.
El asistente respondió al instante con una
sonrisa profesional y se dirigió a Bliss.
“Prepararemos la comida. ¿Qué desea ordenar?”.
El asistente de vuelo más veterano le entregó
el menú, y Bliss lo examinó con ojos de halcón.
Hmph, ¿crees que voy a perder?
“Esto, esto, esto y esto también. Deme todo”.
Dijo Bliss, señalando cada plato del menú sin
excepción, y luego se enderezó con un "hum".
Para tener fuerzas, debo comer mucho y dormir
profundamente.
A diferencia de Bliss, que devoró la comida de
forma combativa y volvió a caer en un sueño profundo, Cassian permaneció
sentado con los ojos abiertos, sin comer ni dormir.
No debo bajar la guardia.
No podía permitirse la humillación de ser
seducido de nuevo por ese ‘capibara loco’. Se limitó a mirar obstinadamente por
la ventana, ignorando a Bliss, quien dormía plácidamente frente a él roncando
suavemente. Y, tal como estaba previsto, el avión llegó a su destino poco
después.
***
Una vez más, el sol comenzó a salir mientras
viajaban en coche. Bliss frunció el ceño ante la deslumbrante luz del amanecer
y soltó un gran bostezo.
¿A dónde diablos vamos ahora?
Aunque había comido y dormido con la
determinación de no rendirse, no podía evitar sentirse agotado.
¡Espero que esta vez sea un hotel...!
Deseaba internamente con fervor, pero,
cruelmente, el coche pasó de largo frente a varios hoteles lujosos y
brillantes. Aun así, mantenía una última esperanza, hasta que sintió que el
entorno cambiaba. No estaban en una carretera, sino conduciendo sobre una
plaza.
¿Qué? ¿Qué es esto?
Mientras parpadeaba pegado a la ventanilla,
algo inesperado entró en el campo de visión de Bliss.
¿Un palacio?
En ese momento, el coche se detuvo y un
guardaespaldas abrió la puerta del lado donde él estaba sentado. Al bajar apresuradamente,
Bliss se quedó con los ojos como platos al ver el colosal edificio frente a él.
“Es... es... esto es...”.
Edificios tan grandiosos y lujosos que no
podían describirse con palabras se alzaban en fila. Incontables ventanas y
techos decorados con oro, columnas de mármol y estatuas que adornaban cada
rincón; era el epítome del lujo, hasta el punto de dejar la mente en blanco.
Era, literalmente, un palacio donde viviría un rey.
¿Eh? ¿Un rey?
En el momento en que ese pensamiento cruzó su
mente, Bliss se quedó con la boca abierta.
No me digas que este lugar es...
Justo entonces, un hombre se acercó a ellos
con alegría.
“Bienvenido, señor Conde. Le estábamos
esperando”.
Al verlo, Bliss se sobresaltó de nuevo.
¿Otro calvo?
Sintió un deja vú al ver su cabeza calva
brillando bajo la luz del sol; este hombre, que solo se diferenciaba del
anterior por su rostro, empezó a parlotear palabras similares.
“Hemos preparado todo tal como solicitó.
También hemos desplegado personal de seguridad en varios puntos, así que no se
preocupe y recorra el lugar con tranquilidad. Es un honor tenerle aquí. En
nombre del gobierno, le doy...”.
Cassian escuchaba los tediosos saludos por un
oído y le salían por el otro, respondiendo con desgana. Detrás de él, el ‘capibara’
deambulaba inquieto sin saber qué hacer. Tras terminar de hablar, el hombre
echó un vistazo a Bliss y preguntó bajando la voz.
“Esto... señor Conde. ¿Es esa persona? El que
usted mencionó...”.
Ante la vacilación del hombre, Cassian
asintió.
“Así es. Es ese niño”.
“Ah, ya veo. Vaya, parece muy joven todavía”.
El hombre miró a Bliss con expresión de
lástima y luego volvió a mirar a Cassian.
“Le ofreceremos todas las comodidades
posibles. Así que, por favor, ¡disfruten ambos de este lugar!”.
Y añadió algo sorprendente.
“¡Nada menos que el Palacio de Versalles!”.
“¡Lo sabía!”.
Gritó Bliss al mismo tiempo.
¡Lo sabía, lo sabía! ¡Tenía que serlo! ¡El
palacio del rey, el espacio donde vivió la reina, el lugar donde se celebraban
los bailes de la nobleza: el mismísimo Palacio de Versalles! ¡Y donde el rey y
su amante tenían sus amoríos...!
“Hwaaa...”.
Bliss se cubrió las mejillas con ambas manos y
soltó un suspiro de emoción.
¡No puedo creer que esté aquí!
Numerosos dramas y documentales pasaron por su
mente: La alcoba de la reina, El sol y yo, Me gusta aunque tenga marido, y
muchos más. ¡Cuántas obras maestras nacieron con el Palacio de Versalles como
escenario!
Mientras Bliss estaba tan emocionado que sentía
que el corazón le iba a estallar, Cassian se giró hacia él.
“Oye”.
Al oír esa voz llamándolo sin interés, Bliss
levantó la vista sorprendido, y Cassian hizo un gesto con el dedo, indicándole
que lo siguiera de forma indiferente.
¡Este tipo...! ¡¿Por quién me toma?!
Bliss sintió que le subía la rabia, pero sus
pies se movieron solos siguiendo a Cassian. No había remedio. Después de todo,
estaban en Versalles. La ira desapareció pronto, reemplazada por una emoción
que lo hacía sentir como si fuera a salir volando mientras se preparaba para
seguirlo. Pero el hombre calvo, que seguía allí esperando, le habló de repente.
“Si por casualidad empieza a sentirse mal o
algo mientras mira el lugar, avise de inmediato a alguien de los alrededores.
Tomaremos medidas en seguida”.
“¿Eh? Ah... sí... gracias”.
Ante las repentinas palabras, Bliss respondió
aturdido. El hombre soltó un corto suspiro y se hizo la señal de la cruz.
“Que Dios te bendiga”.
¿Qué significa eso?
Bliss se quedó intrigado, pero no podía perder
más tiempo. Cassian lo esperaba con el ceño fruncido. Corrió apresuradamente
tras él y este volvió a caminar. El hombre calvo observó sus espaldas con un
rostro lleno de compasión.
***
“Los boletos están por aquí”.
Siguiendo las indicaciones, Cassian sacó personalmente
su tarjeta, pagó y compró entradas para dos personas.
¿Una taquilla en la entrada de un palacio? No
es como en el documental que vi.
Bliss ladeó la cabeza, pero pronto descartó la
duda. Los sistemas siempre cambian con el tiempo.
Más importante que eso era el hecho de que
estaban en Versalles. Bliss, lleno de expectativas, siguió a Cassian hacia el
interior.
“¡Guau!”.
Al mismo tiempo, un grito de alegría escapó de
los labios de Bliss. Los techos infinitamente altos y las paredes estaban
cubiertos de pinturas, y los pasillos, iluminados por enormes candelabros,
tenían estatuas colocadas a intervalos regulares que parecían guiar el camino.
Quería caminar lentamente por ese pasillo largo y majestuoso como el
protagonista de un drama, pero, por supuesto, era imposible. El palacio ya
estaba lleno de gente que curioseaba entre murmullos.
Bueno, qué se le va a hacer, es un sitio
turístico famoso, pensó resignado mientras avanzaba con paciencia. De repente,
una anciana que pasaba por allí lo miró de reojo. Cuando sus ojos se
encontraron por casualidad, ella sonrió, se acercó y le habló.
“Hola, ¿te estás divirtiendo?”.
“Ah, sí”.
Bliss sonrió con torpeza ante la situación
inesperada. Estaba impaciente por no perder de vista a Cassian, pero ella no se
fue de inmediato; rebuscó en su bolso y le tendió algo.
“Toma. Son galletas que horneé yo misma. No te
preocupes, no tienen nada raro”.
Le puso la bolsita envuelta en la mano y
añadió con dulzura.
“Estaré deseándote suerte. Eres un niño
fuerte, así que podrás superarlo. No te preocupes”.
“¿Perdón?”.
Tras decir esas palabras incomprensibles, la
anciana se marchó. Bliss se quedó mirándola confundido, cuando de pronto una
voz cortante descendió desde arriba.
“¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no me sigues?”.
“Ah, eso...”.
Cuando un desconcertado Bliss levantó la
vista, vio que Cassian, que iba adelantado, había regresado. La mirada de
Cassian pasó del rostro de Bliss a la bolsa que sostenía y preguntó frunciendo
el entrecejo.
“¿Qué es eso?”.
“Ah...”.
Bliss bajó la mirada siguiendo la suya, luego
levantó la cabeza y respondió.
“Me lo dio una anciana a la que nunca había
visto antes”.
