Episodio 90-91-92
Episodio 90
¿Pero a qué distancia está ese lugar?
Bliss se frotó los ojos ante el sueño
abrumador que lo invadía y sacudió la cabeza con fastidio. Apenas bajar del
avión, ya lo habían hecho subir a un coche. Todo a su alrededor estaba sumido
en una oscuridad absoluta y no tenía la menor idea de cuánto más debían viajar.
“¿Podré dormir cuando lleguemos?”.
Preguntó con voz quejumbrosa.
Cassian, sentado a su lado, lo miró de reojo.
En lugar de cuestionarle qué había estado haciendo en el avión todo ese tiempo,
desvió la mirada y respondió con indiferencia.
“Bueno, es un lugar donde alguien duerme”.
¿De qué demonios habla este infeliz?
Mientras murmuraba para sus adentros, escuchó
una voz.
“Oye, despierta. Oye”.
Alguien lo sacudía suavemente para
despertarlo. Bliss se dio cuenta, con cierto retraso, de que se había quedado
dormido en algún momento.
“Mmm...”.
Mientras se incorporaba a regañadientes
frotándose los ojos, Cassian, que había permanecido sentado a su lado con los
ojos bien abiertos todo el camino, habló.
“Ya llegamos. Baja”.
¿Eh? ¿Por fin?
“Uaaah”.
Apenas bajó del coche, Bliss estiró ambos
brazos soltando un gran bostezo y miró a su alrededor con rostro renovado.
¿Dónde estaban? ¿Un hotel? ¿O tal vez la villa de alguien? Aunque no conocía el
lugar exacto, era obvio a qué clase de sitio se va a estas horas de la noche.
Me lavaré rápido y me iré directo a la cama.
Hasta ese momento, Bliss no se imaginaba en
absoluto dónde se encontraba.
“¿Eh?”.
A medida que sus ojos se adaptaban a la
penumbra, distinguió algo aún más oscuro en medio de la noche cerrada. Una
enorme pared que bloqueaba el frente, una hiedra que trepaba de forma
amenazante sobre ella y un viento helado y lúgubre. Ante esa atmósfera tan
siniestra, Bliss se quedó completamente helado.
¿Un hotel? ¿Acaso existía un hotel así?
“¡Hiiik!”.
De repente, un ave alzó el vuelo con un fuerte
aleteo. Al ver la sombra negra rasgar la oscuridad y alejarse, Bliss no pudo
evitar soltar un grito de terror. ¡¿Qué era eso?! ¡¿Dónde demonios estaban?!
Sin embargo, Bliss era el único que estaba
entrando en pánico. Cassian, su secretario e incluso sus guardaespaldas
permanecían de pie con rostros inexpresivos, como si estuvieran esperando a
alguien. Al ver esa escena, a Bliss se le puso la piel de gallina en todo el
cuerpo.
¿Acaso me van a usar como sacrificio humano?
En ese instante, algo brilló a lo lejos.
Mientras parpadeaba asustado, ese destello titiló por un momento y luego
comenzó a acercarse hacia ellos a gran velocidad. En el milisegundo en que se
dio cuenta de que se trataba de una persona, Bliss se puso pálido como el papel
y gritó con todas sus fuerzas.
“¡Ahhh! ¡Socorro! ¡Sálvenme!”.
Aterrorizado y fuera de sí, se escondió a toda
prisa detrás de la espalda de Cassian mientras suplicaba de forma descontrolada.
“¡Sálvenme, yo no tengo buen sabor! ¡Mejor
cómanse a este hombre! ¡Es mucho más grande y sabroso que yo! ¡Buaaa, papá, Daddy!
¡Me voy a morir!”.
Cassian se dio la vuelta completamente
estupefacto. Incluso en medio de su ataque de pánico, Bliss empujaba con todas
sus fuerzas la espalda de Cassian, gritando sin parar: ‘¡Cómanse a este
primero!’.
“Oye...”.
Cassian intentó decir algo, pero desistió de
inmediato y volvió a mirar al frente. Un empleado que llegó corriendo a toda
prisa y sin aliento le hizo una reverencia.
“¿Ha llegado, señor? Lo estaba esperando. Me
ausenté un momento del puesto y pensar que llegaría justo en ese instante...”.
Al escuchar esa voz llena de disculpas, Bliss,
que hasta entonces empujaba a Cassian con todas sus fuerzas, se detuvo en seco.
Esto es raro.
Tras dudarlo un momento, se armó de valor y
asomó los ojos sigilosamente por detrás del cuerpo de Cassian. Al instante, sus
hombros decayeron con un profundo suspiro.
La identidad de la ‘bola de luz’ que corría
hacia ellos no era otra que la cabeza calva del hombre. Al ver esa calva
reluciente que reflejaba la luz de los faros del coche, sintió una tremenda
frustración por haber gritado, llorado y hecho tanto escándalo él solo. Para
ser honesto, sintió tanta vergüenza que quiso salir corriendo directo a Estados
Unidos y quedarse encerrado en su cama por el resto de su vida.
“Ahem, ejem, hmm”.
Aclaró su garganta fingiendo que no había
pasado nada y miró hacia otro lado, pero por suerte, nadie parecía prestarle
atención. Al notar que todos estaban concentrados en la conversación entre
Cassian y el hombre calvo, Bliss suspiró aliviado en su interior y aguzó el
oído para comprender la situación.
“Sí, haré lo que dice. Entonces, ¿gusta que lo
guíe? O tal vez...”.
Ante la pregunta del calvo, Cassian negó
brevemente con la cabeza.
“No es necesario. Iremos solos nosotros dos”.
“Ah, de acuerdo. Entendido”.
Mientras Bliss ladeaba la cabeza sin
comprender, el hombre calvo sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta de
hierro que estaba firmemente cerrada.
“Adelante, pueden pasar”.
¿Eh? ¿Pasar? ¿A dónde?
La respuesta no tardó en revelarse. En el
momento en que vio el parque sumido en una densa oscuridad más allá de la
puerta abierta, Bliss contuvo el aliento con un nuevo sobresalto. Mirando de
reojo a Cassian, comenzó a retroceder lentamente para no ser descubierto
mientras susurraba.
“Yo... yo me quedaré aquí...”.
“Oye”.
Cassian interrumpió sin piedad sus palabras de
‘los esperaré aquí’ y lo miró desde arriba.
“Es hora de que trabajes. Ven aquí”.
“No, yo solo... yo solo iba a sostener el
agua...”.
“Que vengas”.
Cassian amenazó entre dientes al ver que el
otro se negaba rotundamente sacudiendo la cabeza. ¿Por culpa de quién estaba
pasando por tantos problemas como para que ahora osara negarse? Ante esa mirada
intimidante, Bliss se pegó de inmediato al costado de Cassian. Al ver esto, el
hombre calvo miró a ambos alternadamente y comentó.
“Qué curioso, un paseo por el cementerio a
altas horas de la noche. Ah, no, quiero decir... qué pasatiempo tan peculiar
tiene, jajaja”.
¿Eh? ¿Un cementerio?
Fue una palabra que lo hizo aguzar el oído,
pero no tuvo tiempo de preguntar al respecto, ya que el calvo les indicó
amablemente el interior con la mano mientras se despedía.
“Que disfruten de su paseo. Aquí los esperaré”.
“No, yo estoy bi...”.
Bliss intentó rechazar la invitación
desesperadamente, pero Cassian lo tomó de inmediato por el cuello de la ropa.
“Sígueme”.
“¡Estoy biennn...!”.
Su voz gritando con rostro compungido se
desvaneció pronto en la oscuridad, dejando un profundo y pacífico silencio
entre los que se quedaron atrás.
A altas horas de la noche, todo a su alrededor
permanecía en absoluto silencio. Cada vez que una brisa nocturna y escalofriante
le rozaba la espalda, Bliss daba un brinco y se pegaba como una lapa a la
espalda de Cassian. Cassian caminaba en silencio por el lúgubre sendero
sosteniendo únicamente una linterna en la mano. Cualquiera se habría
aterrorizado al caminar entre la densa oscuridad y las estatuas de piedra
dispersas aquí y allá, pero Cassian no tenía el lujo de sentir miedo.
“¡Hiiik!”.
“¡Hiiiik!”.
“¡Ah!”.
“¡Daddy!”.
“¡Ahhh!”.
Esto se debía a los constantes chillidos y
gritos que resonaban desde su espalda sin tregua, ni siquiera por un minuto.
Maldita sea.
Cassian contuvo a duras penas un insulto.
Lejos de sentir terror, lo que le invadía era un cansancio monumental. Si era
tan cobarde, ¿cómo se le había ocurrido la idea de ‘dar un paseo en pareja por
un cementerio a medianoche’? Al recordar eso, soltó una risa llena de
autodesprecio.
Es imposible que un cerebro con tan pocas
neuronas haya pensado en algo así.
A sus espaldas, los gritos de Bliss
continuaban resonando. Aunque claramente estaban solos, sentía como si tuviera a
una decena de niños de jardín de infancia correteando detrás de él. Y para
colmo, niños traviesos de seis años corriendo caóticamente de un lado a otro
mientras gritaban.
Sin embargo, a pesar del alboroto, Cassian no
olvidó su objetivo.
¿Dónde estaba? La tumba de Mozart. Esta no, la
otra tampoco. Maldición, ¿dónde diablos está?
Mientras iluminaba con la linterna aquí y allá
para revisar los nombres en las lápidas, los gritos de Bliss seguían haciendo
eco a su espalda. Y cuando finalmente llegó a su destino, Cassian se detuvo
sintiendo un agotamiento tal como si no hubiera dormido en varios días.
...La encontró.
Solo después de confirmar el nombre en la
lápida con la linterna una vez más, abrió la boca.
“Blis... Blair”.
“¡Ahhh, ayyy! ¡Hiiiik!”.
Al llamarlo en voz baja, lo único que recibió
a cambio fue, como de costumbre, un grito exagerado. Exhalando un suspiro,
Cassian se dirigió a la carga pesada que tenía adherida a su espalda.
“Ven a ver. Deja de gritar y asómate”.
Había molestia en sus últimas palabras. Bliss,
que temblaba mirando a su alrededor, no tuvo más remedio que asomar el rostro
lentamente ante la insistencia. Sin perder el momento, Cassian señaló hacia una
dirección.
“Mira, esa es la tumba de Mozart”.
La brillante luz de la linterna iluminó la
lápida. En cuanto escuchó la palabra ‘tumba’, Bliss se congeló de inmediato por
el pánico. Sin importarle la reacción de Bliss, Cassian continuó con su
explicación.
“No es su tumba real. Es solo un monumento
simbólico. El cuerpo de Mozart...”.
¡Tumba! ¡Cuerpo!
Eran solo palabras aterradoras. Pero eso no
era todo. Cassian seguía diciendo algo mientras movía la linterna de un lado a
otro sobre la lápida. Cada vez que la luz se movía, una sombra negra y densa
oscilaba detrás de ella. Eso hacía que pareciera que la estatua de piedra
cobraba vida.
No puede ser. Lo vi mal.
Frotándose ambos ojos con los puños, intentó
armarse de valor como fuera. Sin embargo, tenía tanto miedo que los dientes le
castañeteaban, todo su cuerpo temblaba y ante el más mínimo sonido, un ‘¡hiik!’
se le escapaba involuntariamente.
“Hic... hip... hic”.
Al final, Bliss comenzó a sollozar. Mientras
sus hombros se sacudían y se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano, el
arrepentimiento lo invadió por completo. ¿Por qué había venido a este lugar?
Debería haberse quedado en Estados Unidos. Si lo hubiera hecho, ahora mismo
estaría acostado en una cómoda cama disfrutando de sus dramas favoritos. Por
qué, por qué...
“Hic...”.
Justo cuando estaba a punto de romper a llorar
ruidosamente, una mano grande lo tomó por la nuca y lo atrajo hacia sí.
Mientras se quedaba completamente rígido por la sorpresa, un calor cálido
envolvió todo su cuerpo. Olvidando su llanto, parpadeó con los ojos abiertos de
par en par, mientras una voz baja resonaba por encima de su cabeza.
“Tranquilízate”.
Era la voz de Cassian. Y Bliss se dio cuenta
de que el hombre lo estaba estrechando entre sus brazos.
Episodio 91
Pum, pum.
A lo lejos, en su oído, se escuchaba el sonido
rítmico de un corazón. Era el latido de Cassian. Bliss se quedó allí,
acurrucado e inmóvil, parpadeando con los ojos muy abiertos. Cassian acarició
suavemente su cabeza mientras continuaba hablando.
“Está bien, no llores. No tienes por qué tener
miedo, no es nada”.
¡¿Cómo que no es nada?! ¡Aparecieron aves
gigantes, los árboles se sacudían y un viento helado soplaba a mis espaldas!
...Eso fue lo que Bliss pensó, pero
extrañamente, las palabras no salieron de su boca. Su mente, que antes estaba
sumida en el pánico, se calmó gradualmente, y el entorno que hasta hace un
momento le parecía aterrador comenzó a sentirse como un parque ordinario. Con
ello, su cuerpo tembloroso, las lágrimas incesantes y sus hombros rígidos por
el miedo empezaron a relajarse.
Sniff. Tras inhalar profundamente debido a un
sollozo residual, la gran mano de Cassian le dio palmaditas en la espalda para
consolarlo. Era un gesto que se le hace a un niño pequeño, pero fue suficiente
para calmar a Bliss. Al recuperar un poco la razón, la vergüenza y la culpa lo
invadieron al mismo tiempo.
“Esto... yo...”.
Bliss abrió la boca con cautela. Tenía que
disculparse. Papá siempre le había enseñado estrictamente que, cuando uno se
equivoca, debe pedir perdón.
Sin embargo, recibir una enseñanza es muy
distinto a ponerla en práctica. Para decir las palabras que no salían
fácilmente, Bliss fingió aclarar su garganta haciendo un "ejem",
ganando algo de tiempo. Por supuesto, eso no duró mucho.
Todo alrededor estaba en silencio. Los ruidos
de los pájaros que antes sonaban tan estruendosos, el crujido de las hojas y
hasta el sonido del viento rozando su piel habían desaparecido.
A pesar de eso, Bliss sentía sus oídos llenos
de un sonido más grande y majestuoso que nunca: los latidos de Cassian.
Pum, pum. Ese sonido rítmico y lento
ciertamente lo había tranquilizado. Sin embargo, por alguna razón, ahora que
era plenamente consciente de que ese sonido era el pulso de Cassian, sintió algo
extraño en lo profundo de su pecho.
El brazo grueso de Cassian seguía rodeando la
cintura de Bliss. La mano grande que palmeaba lentamente su espalda seguía ahí.
Parecía que el único que había cambiado era Bliss.
No digas tonterías, reacciona.
Se regañó a sí mismo apresuradamente.
Discúlpate pronto y salgamos de aquí. Seguro
me volví loco por el miedo.
Aunque pensaba eso, no pudo decir una sola
palabra, ni tampoco se le ocurrió la idea de apartarse de Cassian. El sonido de
los latidos continuaba.
Los latidos de Cassian.
Bliss vaciló antes de levantar la cabeza con
cuidado. De inmediato, sus ojos se encontraron con los de Cassian.
¿Desde cuándo me estará mirando así?
Lo pensó vagamente, pero eso no importaba. Ni
él ni Bliss apartaron la mirada.
La mano de Cassian que acariciaba su espalda
se ralentizó hasta detenerse por completo. Ambos continuaron mirándose. Bliss
ya no escuchaba los latidos del hombre en su oído, pero en su lugar, sintió
como si el sonido de su propio pulso se extendiera por todo su cuerpo. A
diferencia de los latidos lentos y rítmicos de Cassian, los suyos golpeaban su
pecho con urgencia, como si estuvieran en una carrera desenfrenada.
Un viento fresco rozó su cuello. Pero esta
vez, en lugar de miedo, Bliss sintió un escalofrío placentero. Seguía envuelto
en los brazos de Cassian.
De pronto, los labios de Cassian entraron en
su campo de visión. Observándolos aturdido, Bliss recordó.
Eran suaves, mucho.
Junto con el recuerdo del tacto que había
olvidado, una parte de su memoria perdida revivió. No sabía si aquello había
sido un sueño o algo más. Simplemente, quería unir sus labios de nuevo, tal
como en aquel entonces.
Ah... Un suspiro escapó entre sus labios
entreabiertos. Bliss cerró los ojos lentamente. Sus largas pestañas brillaban sutilmente
bajo la luz de la luna. Sintió que la mano que aún permanecía en su espalda se
movía con un leve estremecimiento. Justo cuando iba a lamentar la pérdida del
calor que se alejaba, sintió que esa mano envolvía suavemente la parte
posterior de su cabeza.
Cassian inclinó su alta figura hacia Bliss.
Bliss no se alejó; al contrario, esperó conteniendo el aliento. Esperaba que
los labios de aquel hombre tocaran los suyos una vez más...
... ¿Una vez más?
Justo cuando sintió esa vaga duda, Bliss lo
vio: la estatua de piedra que estaba detrás de Cassian parecía estar cruzando
la mirada con él. Al mismo tiempo, las aves alzaron el vuelo detrás y un sonido
espeluznante, que parecía sacudir todo el bosque, resonó en el aire.
“¡¡¡Aaaaaaaaaah!!!”.
En ese instante, Bliss soltó un grito
aterrador, como si se le fuera a exprimir el pulmón.
“¿¡Qué pasa!?”.
Ante el grito repentino, Cassian también se
sobresaltó, respondiendo con una voz más aguda de lo normal. Pero eso no fue
todo. Bliss se zafó de Cassian de un salto, se agarró la cabeza con ambas manos
y comenzó a correr de un lado a otro gritando.
“¡Ahhh! ¡Socorro! ¡Waaah! ¡La estatua, la
estatua se está moviendo!”.
“¡Bliss, reacciona! ¡Bliss!”.
En su desesperación, Cassian lo llamó por su
nombre real, pero fue en vano. Bliss no escuchaba nada. Cassian se quedó
atónito ante la imagen de Bliss corriendo y gritando como un mono en medio de
un ataque de pánico.
A este paso, se va a desmayar.
Su rostro pálido y la forma en que daba
vueltas agarrándose la cabeza dejaban claro que estaba aterrorizado. Tenía que
calmarlo pronto.
“Bliss...”.
Justo cuando Cassian iba a llamarlo de nuevo,
Bliss se detuvo en seco y miró a su alrededor con los ojos desorbitados por el
horror, como si buscara algo.
No puede ser.
Un mal presentimiento cruzó la mente de
Cassian. En ese mismo instante, Bliss lo encontró: una rama rota que yacía en
el suelo, con el largo y grosor perfectos para ser blandida con ambas manos.
“¡Espera, detente! ¡No agarres eso!”.
Cassian gritó, pálido, pero ya era tarde.
Bliss corrió como una bala, sujetó la rama con fuerza y se giró lentamente
hacia él. Ante eso, Cassian gritó de nuevo.
“¿Qué... qué haces? ¿Por qué sostienes eso?
¡Suéltalo ahora mismo!”.
Gritó mientras retrocedía apresuradamente,
pero Bliss ya no veía nada. Al ver a Bliss abalanzado hacia él mientras agitaba
la rama descontroladamente, Cassian extendió una mano.
“¡Detente, te digo que te detengas! ¡Maldita
sea, no te acerques!”.
Trató de amenazarlo extendiendo el brazo como
quien lidia con un perro rabioso, pero fue inútil. Ante el avance del ‘capibara
demente’ que no se detenía, Cassian no pudo escapar y se agachó cubriéndose la
cabeza. Rezando a Dios para que esa rama fuera muy débil, imaginó el doloroso
futuro que le esperaba.
Solo protejamos la cabeza. No, si me da en la
espalda también dolerá... ¿y las piernas? ¡Maldición, todo va a doler igual!
Justo cuando soltó un insulto, sintió que algo
pasaba volando rítmicamente detrás de su espalda.
... ¿Eh?
El ataque de Bliss estaba tardando más de lo
esperado. Cassian, confundido, se enderezó a medias. Y entonces lo vio: el ‘capibara
demente’ corría hacia la tumba de Mozart.
“¡Estatua monstruosa! ¡Te voy a matar!”.
“¡Nooooooo!”.
Cassian, palideciendo al instante, corrió tras
Bliss con todas sus fuerzas. El capibara saltó del suelo y quedó suspendido en
el aire. Con su arma levantada en alto y sujeta por ambas manos, apuntó
fijamente a su objetivo. Acto seguido, la blandió sin piedad...
“Tsk”.
Con un sonido parecido al de alguien apretando
los dientes, alguien lo sujetó por la cintura desde atrás. Bliss, siendo
arrastrado, parpadeó confundido por un momento.
¿Qué pasó?
Lamentablemente, tras fallar en su intento de
destruir al objetivo, Bliss escuchó una respiración agitada sobre su cabeza.
Cassian, soltando un suspiro que mezclaba alivio e irritación, dijo.
“¿Pero qué demonios estás haciendo? ¿Intentar
destruir una lápida? ¿Acaso perdiste el juicio?”.
Mientras hablaba, recordó que este pequeño animal
que tenía en brazos ya estaba loco desde un principio y soltó un suspiro de
impotencia. Sin embargo, el capibara también tenía algo que decir.
“¡Esa estatua se movió! ¡Me miró fijamente, es
un demonio! ¡Tengo que romperla, suéltame! ¡Suéltame!”.
Forcejeó con todas sus fuerzas, pero Cassian
no se inmutó. Al contrario, mirándolo con desdén, sentenció fríamente.
“No digas tonterías. ¿Romper una estatua por
una ilusión tan estúpida? Lo que ibas a hacer es terrorismo. Si fueras diez
años más joven, te habría dado una paliza en el trasero”.
Cassian, frunciendo el ceño profundamente, vio
la rama que Bliss aún sostenía y se la arrebató con facilidad.
“¡No!”.
Episodio 92
“¿Cómo que no? Es peligroso, tíralo”.
Bliss gritó furioso ante la acción de Cassian,
quien arrojó su arma lejos como si nada.
“¿Crees que hice eso por gusto? ¡Trataba de
derrotar al villano! ¡A los fantasmas y demonios que salen de las tumbas!”.
Ante sus palabras, Cassian soltó una risita
burlona.
“Seguro que sí”.
Al ver su reacción indiferente, Bliss gritó
impaciente.
“¡Es verdad! ¡Te digo que lo vi claramente!
¿Por qué no me crees? ¡Es en serio!”.
“Sí, claro, lo que digas”.
“¡Agh! ¡Que es verdad!”.
Bliss grito, retorciéndose de la frustración.
“Ese bastardo me estaba mirando hace un
momento. Cuando me tenías abrazado, él me agarró la cabeza y estaba haciendo
esto, y luego el be... mmmph”.
Cuando estuvo a punto de soltar una tontería,
Cassian le tapó la boca con la mano que le quedaba libre y comenzó a caminar a
grandes zancadas. Mientras era transportado en sus brazos a un paso tan rápido
que parecía que corría, Bliss seguía pataleando, intentando demostrar su
inocencia. Sin embargo, sus protestas se desvanecían inútilmente contra la
palma de Cassian.
***
“Se están tardando bastante”.
Fuera del parque, el jefe del equipo de
seguridad frunció el ceño mientras consultaba su reloj de pulsera. Un empleado
que esperaba junto a él respondió con una sonrisa.
“El parque es bastante grande. Una vez que
entras, te pones a mirar otros lugares y se te pasa medio día volando”.
Eso sería si hubieran venido de día, pensó el
jefe de seguridad para sus adentros. ¿Qué demonios iban a estar mirando durante
medio día en medio de esta noche cerrada? Para empezar, venir aquí a estas
horas ya era algo incomprensible.
¿Quién sabe qué pasa por la cabeza de los
nobles?
Decidió dejar de hacerse preguntas. Aunque se
decía que el Conde Heringer tenía mejor carácter que la mayoría de los nobles
arrogantes y desagradables, no dejaba de ser un aristócrata. Justo cuando
pensaba que este comportamiento errático era inevitable, escuchó unos pasos.
El jefe de seguridad se tensó y luego se
relajó al girarse hacia el origen del sonido. Emergiendo de la oscuridad,
apareció el hombre al que esperaban. Un hombre con una presencia física tan
imponente que se le reconocía al instante incluso en la distancia. El
secretario personal de Cassian se adelantó apresuradamente para recibir al
conde.
“Ha vuelto, señor. Prepararé el coche de
inmediato. ¿Necesita algo...?”.
El secretario se detuvo en seco. Al salir de
la oscuridad y quedar expuesto bajo la deslumbrante luz de los faros del coche,
la apariencia del conde dejó a todos paralizados de la sorpresa.
No quedaba rastro del conde impecable que
había entrado al parque. Su cabello, siempre peinado sin un solo mechón fuera
de lugar, estaba totalmente alborotado; su traje perfecto estaba lleno de
arrugas y su corbata estaba torcida, sobresaliendo de la chaqueta.
Pero lo más sorprendente era el muchacho que
el conde llevaba cargado bajo el brazo. El chico parecía tener mucho que decir
y gritaba sin cesar, aunque era difícil entenderle algo porque Cassian le
tapaba la boca con su enorme mano.
“Esto... Conde...”.
El secretario intentó preguntar con cautela
quién era el joven, pero Cassian lo cortó en seco.
“Abre la puerta del coche”.
Al oír su voz, tan agotada como su tez pálida,
todos se movieron con urgencia. En cuanto abrieron la puerta trasera, Cassian
metió a Bliss dentro casi como si lo lanzara y cerró la puerta de inmediato.
Luego rodeó el vehículo con paso firme y se deslizó en el asiento opuesto,
mientras el jefe de seguridad cerraba rápidamente tras él.
Bliss, observando por la ventana cómo la gente
se movía de un lado a otro preparándose para partir, miró a Cassian con ojos
feroces.
“¡Es verdad, la estatua se movió!”.
Insistió de nuevo en la verdad que había
estado gritando contra la mano de Cassian. Sin embargo, la reacción volvió a
ser de total indiferencia.
“Sí, ya entendí. Tienes razón. ¿Contento? Ya
basta”.
Cassian hizo un gesto con la mano en el aire
como si estuviera entrenando a un cachorro, lo que hizo que Bliss apretara los
puños con rabia.
“¡Hmph! No me venga llorando después si un
zombi le muerde la pierna. Se arrepentirá, pero será demasiado tarde”.
Cassian no tenía idea de qué tenían que ver
las estatuas con los zombis, ni le interesaba saberlo. Bliss, con el rostro
inflamado de indignación y resoplando con fuerza, giró la cabeza para mirar
fijamente por la ventana, pero Cassian sabía que aquello no duraría mucho.
Pronto se quedaría dormido.
Por otro lado...
Maldito bastardo.
Bliss maldecía por dentro mientras robaba
miradas al perfil de Cassian, que descansaba con los ojos cerrados.
Se burla de lo que digo, cuando yo lo vi
claramente.
Bliss seguía resoplando con los ojos bien
abiertos. Lo recordaba perfectamente. Esa estatua blanca y arrogante que se
atrevió a mirarlo fijamente...
Y luego... Cassian lo miró a él.
Pum, pum. Su corazón empezó a latir con fuerza
otra vez.
Definitivamente, iba a besarme... Cassian a
mí.
De repente, su rostro se encendió. Ante el
calor repentino, Bliss no supo qué hacer y restregó su frente contra el cristal
frío de la ventana.
¡No dejes que este tipo se dé cuenta!
¡Enfríate rápido!
Tras mover la cara de un lado a otro
intentando calmar el bochorno, echó un vistazo dubitativo hacia Cassian. Por
suerte, él seguía sentado en la misma posición con los ojos cerrados.
Suspirando aliviado, Bliss abanicó su rostro
con las manos para refrescarse y se compuso. Pero, en un descuido, su mente
volvió a llenarse con el recuerdo de hace un momento.
Otra vez con esas fantasías absurdas.
Bliss se golpeó la cabeza frustrado, pero se
detuvo de repente.
...Un momento, ¿qué fue aquello?
Otro recuerdo olvidado surgió de golpe. ¿En
qué estaba pensando cuando miró los labios de Cassian? Aquella escena que cruzó
por su mente fue...
La imagen de él mirando a Cassian revivió de
repente. El rostro de Cassian, con el ceño fruncido como siempre, acercándose
lentamente mientras lo observaba. Y luego...
“¡Hic!”.
Bliss estuvo a punto de soltar un grito. Se
tapó la boca con ambas manos a toda prisa, evitando el desastre por poco, y
movió los ojos frenéticamente para comprobar el estado de Cassian. A pesar del
alboroto a su lado, él no parecía notar nada.
Tipo tonto, seguro que lo del insomnio es
mentira.
Tras lanzarle una mirada de sospecha, retiró
lentamente las manos de su boca y se sumió de nuevo en sus pensamientos.
¿Será que realmente besé a ese tipo?
Qué va, qué tontería.
Bliss sacudió la cabeza con fuerza.
Es una fantasía sin sentido. Debió ser un
sueño. Sí, a veces uno sueña despierto. Fue un sueño momentáneo, seguro.
Convencido de su propia mentira, Bliss apretó
el puño con determinación.
Es imposible que yo haya besado a ese tipo.
Imposible.
Al mismo tiempo...
¿Qué demonios le pasa?
Cassian soltó un pequeño suspiro al ver a
Bliss restregando la cara contra la ventana de forma errática. Hacía tiempo que
había renunciado a entenderlo, pero no podía evitar pensar si habría alguien en
el mundo capaz de comprender a este ‘capibara loco’.
Bliss, que por alguna razón golpeaba su cara
contra el cristal, lo miraba de reojo, se golpeaba la cabeza y volvía a
vigilarlo, finalmente se calmó después de un buen rato.
Se quedará dormido pronto.
Cassian esperó a que pasara el tiempo.
“Zzz...”.
Poco después, como era de esperar, llegaron
los ronquidos. Al abrir los ojos y mirar a su lado, Bliss estaba profundamente
dormido, tal como predijo. Al verlo acurrucado en una posición incómoda con la
cabeza apoyada en la ventana, Cassian le acomodó la postura en silencio y lo
cubrió con la manta que había en el coche. Al ver cómo Bliss sonreía entre
sueños, probablemente por el tacto suave de la manta, Cassian no pudo evitar
dejar escapar una sonrisa involuntaria.
Apoyándose de nuevo en el asiento, por fin
pudo organizar sus pensamientos con calma. Intentó pensar en su agenda, pero
desafortunadamente, su mente evocó un recuerdo completamente distinto.
Casi cometo una locura.
Se frotó el entrecejo con una mano, dejando
escapar un suspiro lleno de irritación. No podía creerlo. No importaba cuánto
le estuviera fallando el cerebro por la falta de sueño, ni que la luz de la
luna hubiera hecho que el rostro de ese chico pareciera tan vulnerable en ese
instante, ni que el cuerpo en sus brazos se sintiera tan frágil y adorable...
¿Cómo pudo siquiera considerar besar a ese capibara
loco?
“...Mald”.
Estuvo a punto de soltar un insulto, pero se
contuvo apretando los dientes. Solo después de presionarse la cabeza con ambas
manos recuperó un poco la cordura. Aunque el desprecio que sentía por sí mismo
no desapareció.
Reacciona, Cassian Strickland. Solo necesitas
un ‘cacahuate de seguridad’ para dormir bien.
Se reprendió a sí mismo y giró la vista hacia
un lado. Observando a Bliss, que dormía profundamente, se hizo una promesa.
No me dejaré llevar de nuevo por ese pedazo de
cacahuate.
Mientras se reprendía internamente, el coche
seguía avanzando por la oscuridad hacia su próximo destino.
