Episodio 83 - 84
Episodio 83
El silencio en el comedor solo era
interrumpido, de vez en cuando, por el sonido de los cubiertos al chocar.
Cassian, sentado como siempre en el lugar de honor, miró de reojo a Bliss, que
estaba a su derecha. Parecía que acababa de despertar, pues el cabello de su
nuca estaba alborotado y erizado en todas direcciones, pero su postura al comer
era bastante educada.
Parece que Ashley Miller le enseñó bien esto,
al menos.
Cassian pensó eso mientras observaba a Bliss
cortar una almeja en trozos pequeños y masticarla. El hijo menor de la familia
Miller. Si se supiera que Bliss Miller, a quien valoran tanto que ni siquiera
aparece en los medios, está aquí haciendo trabajos serviles bajo una identidad
falsa, se armaría un escándalo.
Ashley Miller podría venir a matarme.
Un escalofrío le recorrió la espalda ante el
pensamiento repentino. Era imposible que este tipo no lo supiera, entonces,
¿por qué vino hasta aquí? Si es así, ¿será que...?
¿Este tipo... planea matarme?
No, no puede ser. No hay forma. Es una
imaginación absurda. Cassian lo negó apresuradamente. No era alguien con la
inteligencia suficiente para tramar algo así. Tenía que haber otra razón. Tras
sacudir la cabeza con fuerza, volvió a sumirse en sus pensamientos con
expresión seria. Al final, solo había una respuesta.
Como pensaba, le gusto y por eso, por última
vez...
No podía creer del todo las palabras de
Penélope, pero no se le ocurría otra razón lógica. Habían pasado ya diez años.
Que apareciera ahora diciendo que le gusta... era algo de lo que cualquiera se
burlaría.
Aun pensando eso, sus ojos se dirigieron de
nuevo hacia Bliss.
Así que este impertinente ‘pedazo de
cacahuate’ vino hasta aquí porque le gusto.
Recordando que, de niño, cuando ni siquiera
sabía contar, lo recordó y lo buscó durante todo un año, no era algo del todo
imposible. Además, infiltrarse ocultando su identidad para ver a su primer amor
por última vez antes de casarse era el tipo de idea que solo un niño inmaduro
tendría.
Aunque es inesperado que una mayordoma con la
experiencia de Penélope le siga el juego.
Sin embargo, si se consideraba como un afecto
entrañable, casi como el de una abuela viendo a su nieto, no era imposible de
comprender. Ella también habría pensado que estaría bien porque solo sería por
un tiempo. En consecuencia, aunque era indignante que lo hubiera engañado,
decidió pasarlo por alto ya que no hubo grandes daños. Pensándolo bien, la
causa de todos los problemas era ese atrevido ‘cacahuate’.
Cassian extendió la mano hacia su copa de vino
y dejó escapar una risita.
Comparado con quien tenga que casarse con este
pedazo de cacahuate y vivir con él de por vida, mis pocos días, no, mis pocos
meses, no son realmente nada.
Justo en ese momento, Bliss estaba cortando un
hongo para llevárselo a la boca. El pequeño trozo entró suavemente entre sus
labios entreabiertos. La mano de Cassian, que llevaba la copa de vino a su
boca, pareció ralentizarse hasta detenerse en el aire. Sus ojos permanecieron
fijos en Bliss, recorriéndolo lentamente: sus largas pestañas bajas, el ligero
rubor en sus mejillas y su cuello alargado.
‘Si crece un poco más, será increíblemente
guapo’.
De repente, recordó las palabras de Edward que
había olvidado. Y Cassian no se movió durante un buen rato.
***
Aproximadamente dos horas antes.
“¡Bliss, Blair, no, ¡Bliss!”.
Ante el grito de Penélope, que entró corriendo
en la habitación sin llamar, Bliss, que dormía roncando en la cama, se
sobresaltó y se incorporó de un salto.
“¿Qué, qué, qué pasa, por qué?”.
Al ver a Bliss balbuceando y mirando a su
alrededor entre sueños, Penélope soltó una risita y dijo.
“Ay, Bliss, una maravilla, de verdad, pensando
que estas durmiendo en un momento así”.
Penélope le dio un golpecito en el hombro y lo
miró con fingido reproche, pero su boca desbordaba sonrisas. Ante su expresión,
que revelaba claramente una alegría incontenible, Bliss preguntó todavía
desconcertado.
“¿Qué pasa de repente? ¿Ocurrió algún
problema?”.
Ante esa pregunta, Penélope se tapó la boca
con una mano y volvió a soltar una risita.
“Ha pasado algo grande. Algo muy, muy grande”.
“¿Eh? ¿Qué es, exactamente?”.
A juzgar por cómo se ríe, no parece algo
malo..., pensó Bliss. Para él, que no tenía ni idea, Penélope finalmente dio la
respuesta con una sonrisa de oreja a oreja.
“¡Imagínate, el Conde dijo que cenaría con
Bliss! ¡A solas! ¡Cenarán juntos esta noche!”.
Nada más terminar de hablar, Penélope se puso
de puntillas sobre una pierna, dio una pirueta y extendió ambos brazos
gritando: "¡Tachán!". Sus ojos brillaban esperando una reacción, pero
Bliss solo estaba desconcertado. Ante su imagen sudando frío y parpadeando,
Penélope recuperó la compostura y preguntó extrañada.
“¿Bliss? ¿Qué pasa? ¿Algo va mal?”.
“Oh, no, no es eso”.
¿Qué debería decir? Bliss hizo trabajar su
mente rápido. Pero quizás porque acababa de despertar, sus células cerebrales,
que normalmente solo funcionaban al 5%, apenas operaban al 3%.
¿Hasta dónde debería contarle a Penélope?
En realidad, no se había dormido por
cansancio. Se quedó dormido tras darle vueltas a cómo debería tratar con ella y
hasta dónde compartir el trabajo ahora que sabía que Penélope no era su ‘alma
gemela’.
Usar demasiado el cerebro me da sueño.
Al no haber llegado a una conclusión, se
encontraba en una situación muy difícil. Si le decía que ese tipo ya conocía su
identidad, ¿qué pasaría después? Hasta ahora, Bliss la había considerado su
compañera de alma y lo había compartido todo. Pero al darse cuenta de que era
un malentendido, tenía que replantearse desde el principio hasta qué punto
Penélope cooperaría con él.
No será que Penélope es una agente encubierta
o algo así...
Bliss negó rápidamente ese pensamiento que
cruzó su mente. No podía llegar a tanto.
De todos modos, es cierto que ella me ha
ayudado hasta aquí. No está bien dudar de su buena voluntad.
Tras regañarse a sí mismo, Bliss levantó la
vista y sus ojos se encontraron con los de Penélope, que seguía observándolo.
Al ver su expresión llena de preocupación y duda, Bliss sintió culpa de
inmediato.
“Eh, bueno, esto...”.
Aclarándose la garganta, decidió posponer sus
pensamientos y concentrarse en lo que tenía delante.
“Qué... qué bien. Cenar con el Conde, habrá
mucha comida deliciosa, ¿verdad?”.
“¡Por supuesto! No te preocupes. Hoy pedí
específicamente que pusieran especial atención”.
Dicho esto, Penélope miró fijamente a Bliss
con ojos brillantes. "¡Ah!", dándose cuenta tarde de la reacción que
ella esperaba, Bliss saltó de la cama y levantó ambos brazos en señal de
alegría.
“¡Cenar con el Conde, qué alegría! ¡Es
estupendo, fantástico, Penélope!”.
“¿Verdad que sí? ¿Verdad?”.
Penélope tomó las manos de Bliss y giró por la
habitación emocionada.
“Finalmente hemos llegado hasta aquí. ¡Lo
logramos!”.
“¡Yuju, yuju!”.
Tras bailar juntos un rato, Penélope se detuvo
y miró a Bliss.
“Bliss”.
“Sí”.
Al ser llamado con una voz más calmada que
antes, Bliss se puso tenso sin darse cuenta. Penélope sonrió con ternura y
apretó con fuerza las manos que sostenía.
“No sé qué es lo que te preocupa, pero
aprovecha esta oportunidad para resolverlo. Estoy segura de que será un buen
punto de partida”.
“Penélope...”.
Por un momento, el corazón de Bliss dio un
vuelco.
Seguro que fue un error mío. ¡No es posible
que Penélope no sea mi alma gemela!
Tras reafirmar su decisión, tragó saliva y
abrió la boca.
“Verá, en realidad...”.
“¡Bien, entonces empecemos a prepararnos!”.
Justo cuando iba a hablar, Penélope gritó con
energía, soltó sus manos y se dirigió rápidamente al armario. Dejando atrás a
un Bliss que parpadeaba aturdido, ella rebuscó emocionada entre la ropa.
“Te elegiré algo bonito. ¿Esto es todo lo que
tienes? Trajiste muy poco. Te daré vacaciones el próximo fin de semana, ve a
casa. Puedes ir de compras. Por hoy, usemos esto. Esta camisa crema hará
resaltar más tus ojos. El lazo... un rojo provocativo sería ideal...”.
Tras elegir con entusiasmo la ropa que Bliss
usaría y dejarla sobre la cama, Penélope se volvió hacia él una vez más.
“Entonces, Bliss, me voy a preparar la cena.
Ven al comedor en 30 minutos. ¡Mucho ánimo!”.
Añadió un último gesto de aliento y salió corriendo
a toda prisa. Bliss, que se quedó solo parpadeando, recobró el sentido
tardíamente, se cambió de ropa rápido según lo preparado y se dirigió al
comedor. Poco después apareció Cassian y finalmente comenzó la cena, pero...
¿Por qué ese tipo no deja de mirarme?
Bliss masticaba los hongos mientras intentaba
desesperadamente evitar la mirada de Cassian. No era fácil ignorar la mirada
persistente dirigida a él durante toda la comida. Aunque concentraba todos sus
sentidos solo en comer, sentía que le iba a doler el estómago.
Episodio 84
Bliss masticaba los hongos con esfuerzo
mientras evitaba desesperadamente la mirada de Cassian. No era fácil ignorar la
atención persistente que él le había dirigido durante toda la comida. A pesar
de estar concentrado únicamente en comer, Bliss sentía que el estómago le
empezaba a doler por los nervios.
¿Está actuando así porque conoce mi verdadera
identidad?
Se detuvo un momento ante ese pensamiento
repentino. Quería comprobar la expresión de Cassian, pero sentía que, si lo
hacía, sus verdaderos sentimientos quedarían al descubierto.
Tal vez ya se dio cuenta de por qué vine hasta
aquí.
Era un pensamiento descabellado, pero como
tenía la conciencia algo sucia, no podía evitar sentirse inquieto. Mientras
fingía que nada pasaba y se llevaba la comida a la boca, su mente trabajaba a
toda marcha.
Si ese infeliz lo supo desde el principio...
‘¡Lárgate, vete de aquí! ¡Fuera ahora mismo,
pedazo de #### ### ####...’.
De repente, el recuerdo de su desafortunado
reencuentro revivió en su mente.
No, espera, ¿entonces me lanzó todos esos
insultos sabiendo quién era yo?
Al mismo tiempo que surgía la duda, brotó la
indignación.
¿Pero qué hice yo? El que debería estar
enojado y gritando insultos soy yo. ¡Tú fuiste el que habló mal a mis espaldas!
En un arrebato de ira, giró la cabeza
bruscamente y, en ese instante, sus ojos se cruzaron con los de Cassian. ¡Ah!,
Bliss soltó un grito ahogado internamente al darse cuenta de su error.
Rayos, esto no está bien.
Sin valor para apartar la mirada otra vez y
con sudor frío recorriendo su espalda, vio cómo Cassian, que lo había estado
observando fijamente, fruncía el ceño y abría la boca.
“¿Qué pasa? ¿Tienes algo que decir?”.
Ante esas palabras, Bliss volvió a gritar para
sus adentros.
“Ah, no... noooo...”.
Negando con la cabeza apresuradamente, Bliss
bajó la vista de inmediato y comenzó a frotar el tenedor contra el plato vacío.
Al verlo lamer la salsa que quedaba en la punta del tenedor, Cassian entrecerró
los ojos.
Como pensaba, está nervioso por estar a solas
conmigo.
Hasta ahora lo había considerado solo un niño
mocoso, pero viéndolo bien, ya era todo un adulto. Aunque el vello fino en sus
suaves mejillas parecía gritar que aún era un niño, eso no duraría mucho más.
Sí, pronto... cuando ese niño se convierta en un hombre...
‘Cassian’.
La imagen de un Bliss maduro llamándolo por su
nombre cruzó por su mente, haciéndolo detenerse por un segundo. Justo entonces,
un chirrido desagradable lo devolvió a la realidad. Era el sonido de Bliss
raspando el plato con el tenedor. Al ver cómo Bliss bajaba la mano rápidamente
fingiendo que no pasaba nada, Cassian soltó un suspiro contenido.
En fin, ya no es un niño.
Mientras un empleado se acercaba rápidamente
para llevarse el plato vacío, Cassian continuó observándolo. El hecho de que
Bliss no pudiera mirarlo a la cara, que no pudiera articular palabra y solo
tartamudeara cometiendo torpezas, y sobre todo, que tuviera el rostro tan rojo...
solo podía significar una cosa.
‘A Bliss le gusta el Conde’.
Las palabras de Penélope resonaban vívidamente
en sus oídos. De repente, Cassian se dio cuenta de que la comisura de sus
labios se había relajado, pero no sintió la necesidad de ocultar su expresión.
Justo cuando el empleado dejó el siguiente plato y se retiró, Cassian tomó el
tenedor y el cuchillo, cortó la carne en trozos adecuados y se la llevó a la
boca.
Supongo que después de todo sigue siendo un
niño.
Ese buen humor continuó hasta que terminó la
cena y regresó a su habitación. Incluso cuando tomó una copa de vino ligera
antes de dormir, su ánimo seguía siendo excelente. Eso fue hasta que cierto ‘pedazo
de cacahuate’ insolente decidió iniciar una revolución... o mejor dicho, un
golpe de estado.
“Hoy será mejor que durmamos por separado”.
Ante la firme declaración del ‘pedazo de cacahuate’
parado en medio de la habitación, Cassian, que estaba a punto de meterse en la
cama, se quedó paralizado.
“¿De qué... estás hablando de repente?”.
Casi se le escapa un ‘maldita sea’, pero logró
contenerse. Bliss se estremeció, pero valientemente no retrocedió y dijo lo que
tenía que decir.
“Que voy a dormir en mi habitación, solo”.
“Por eso pregunto, ¿qué clase de locura es
esta, cacahuate?”.
Sustituyendo una grosería por ‘cacahuate’,
Cassian apretó los dientes. Intimidado por su aura, Bliss encogió los hombros y
retrocedió lentamente.
“Es que... no p-puedo dormir con el Conde”.
“¡¿Por qué no puedes dormir conmigo, maldita
sea?!”.
Al final, Cassian no pudo evitar soltar la
palabrota. Los ojos de Bliss se abrieron de par en par al oír el lenguaje
vulgar salir de la boca del elegante Conde. Sin embargo, tras la sorpresa,
llegó la rabia.
¿Este tipo me está insultando otra vez?
“¡Porque el Conde tiene unos hábitos de sueño
terribles!”.
Gritó Bliss con los puños cerrados. Esta vez
fue Cassian quien se quedó mudo.
“¿Mis hábitos de... qué?”.
Al ver su expresión de desconcierto, Bliss se
sintió más valiente. Lo fulminó con la mirada y volvió a gritar.
“¡Sus hábitos de sueño son horribles! ¡Siempre
me abraza con todas sus fuerzas! ¡Es desagradable, así que no dormiré más con
usted! ¡Me voy a mi cuarto, adiós!”.
“Espera...”.
Tras soltar todo lo que quería, Bliss se dio
la vuelta y salió de la habitación. Antes de que pudiera atraparlo, el ‘cacahuate’
desapareció cerrando la puerta de un portazo. Cassian se quedó mirando el
vacío, atónito. Cuando recobró el sentido, ya estaba solo en la habitación.
***
Chorr... Se escuchaba el sonido del té cayendo
en la taza, esparciendo un aroma fragante. Afuera se oía el canto de los pájaros
y el cielo despejado iluminaba el mundo con claridad. Debería ser una mañana
pacífica y feliz para cualquiera, pero...
“Maldita sea”.
El Conde, con el rostro completamente
desencajado, se cubrió la cara con una mano y murmuró insultos en voz baja, haciendo
que Penélope casi derramara el té sobre la mesa. Tras evitar el desastre por
poco, ella dejó la tetera con rostro inexpresivo y deslizó la miel hacia
Cassian.
El semblante de Cassian era un desastre.
Quizás porque había estado durmiendo bien últimamente, este regreso repentino
del insomnio le resultaba aún más doloroso.
“... ¿Y ese tipo?”.
“¿Perdón?”.
Cassian estuvo a punto de preguntar: ‘¿Ese
maldito cacahuate durmió bien?’, pero cerró la boca de inmediato. Ante la
mirada confundida de Penélope, él negó con la cabeza.
“Nada, olvídalo”.
Cassian se llevó el té caliente a los labios,
pero se detuvo. Penélope, notando la razón, acercó la miel un poco más. Él
soltó un gemido profundo de frustración, echó miel con descuido y se bebió el
resto del té de un trago.
¿Qué? ¿Que mis hábitos de sueño son terribles?
Mientras más lo pensaba, más absurdo le
parecía.
¡El que siempre subía los brazos y las piernas
sobre mí era él! Haz lo que quieras. A mí tampoco me importa. Este insomnio no
es algo de un día o dos.
Pensando así, salió de la habitación con paso
violento y subió al carruaje. Empezaba a sentir una punzada de migraña, pero
Cassian apretó los dientes y la soportó.
***
“Fuuu...”.
Bliss, tras desayunar con los empleados, soltó
un suspiro de satisfacción mientras se acariciaba el estómago.
“¡Estuvo delicioso! ¡Muchas gracias!”.
“¿De verdad? Qué alivio”.
Respondió un empleado riendo.
Cuando Bliss se levantó para recoger su plato,
otro empleado se acercó rápidamente y tomó sus cubiertos junto con los de Bliss.
“No te preocupes, quédate sentado. Tienes que
comer el postre”.
Otro empleado trajo té y pastel de inmediato.
“A esta hora el Conde ya debe haber salido.
Antes de empezar a trabajar en serio, tenemos unos 30 minutos de té.
Acompáñanos, Blair”.
“Gracias, comeré con gusto”.
Mientras exclamaba emocionado frente a su
trozo de pastel, los empleados intercambiaron miradas y uno de ellos comenzó a
hablar con cautela.
“Dijiste que eras pariente de Penélope,
¿verdad? Queríamos ser tus amigos, pero no habíamos tenido oportunidad”.
“Debes estar ocupado aprendiendo de Penélope,
pero llévate bien con nosotros también. Tengamos estos ratos de té de vez en
cuando”.
“Es la primera vez que conozco a un
estadounidense. ¿Eres un Beta? Qué curioso, normalmente alguien tan guapo sería
Alfa u Omega”.
Ante la lluvia de preguntas llenas de
curiosidad, Bliss se sintió abrumado. Apenas podía responder con risas
nerviosas y frases cortas, hasta que alguien soltó.
“Pero es extraño. Que yo sepa, Penélope solo
tiene una hermana menor que vive en Londres. ¿Exactamente qué parentesco
tienen?”.
Ante esa pregunta, Bliss se sobresaltó y abrió
mucho los ojos. De repente, el ambiente se volvió silencioso y todos callaron
esperando su respuesta.
“Ja, ja... ja...”.
Bliss forzó una risa mientras su cerebro
trabajaba a mil por hora.
¿Qué hago? Si digo una tontería me descubrirán
enseguida. No sé qué les habrá dicho Penélope. Si nuestras historias no
coinciden...
Nadie decía nada. Sintiéndose el centro de
todas las miradas y sin saber qué hacer, Bliss tomó una decisión y se puso de
pie de un salto.
“¡Yo...!”.
Mientras los empleados parpadeaban
sorprendidos, Bliss gritó con determinación.
“¡Me acabo de acordar de que tengo algo que
hacer! ¡Adiós!”.
¡Y con esto, me retiro! Haciendo una narración
interna, salió corriendo del lugar a toda prisa. Los empleados observaron en
silencio la espalda de Bliss mientras se alejaba velozmente.
Episodio 84
Bliss masticaba los hongos con esfuerzo
mientras evitaba desesperadamente la mirada de Cassian. No era fácil ignorar la
atención persistente que él le había dirigido durante toda la comida. A pesar
de estar concentrado únicamente en comer, Bliss sentía que el estómago le
empezaba a doler por los nervios.
¿Está actuando así porque conoce mi verdadera
identidad?
Se detuvo un momento ante ese pensamiento
repentino. Quería comprobar la expresión de Cassian, pero sentía que, si lo
hacía, sus verdaderos sentimientos quedarían al descubierto.
Tal vez ya se dio cuenta de por qué vine hasta
aquí.
Era un pensamiento descabellado, pero como
tenía la conciencia algo sucia, no podía evitar sentirse inquieto. Mientras
fingía que nada pasaba y se llevaba la comida a la boca, su mente trabajaba a
toda marcha.
Si ese infeliz lo supo desde el principio...
‘¡Lárgate, vete de aquí! ¡Fuera ahora mismo,
pedazo de #### ### ####...’.
De repente, el recuerdo de su desafortunado
reencuentro revivió en su mente.
No, espera, ¿entonces me lanzó todos esos
insultos sabiendo quién era yo?
Al mismo tiempo que surgía la duda, brotó la
indignación.
¿Pero qué hice yo? El que debería estar
enojado y gritando insultos soy yo. ¡Tú fuiste el que habló mal a mis espaldas!
En un arrebato de ira, giró la cabeza
bruscamente y, en ese instante, sus ojos se cruzaron con los de Cassian. ¡Ah!,
Bliss soltó un grito ahogado internamente al darse cuenta de su error.
Rayos, esto no está bien.
Sin valor para apartar la mirada otra vez y
con sudor frío recorriendo su espalda, vio cómo Cassian, que lo había estado
observando fijamente, fruncía el ceño y abría la boca.
“¿Qué pasa? ¿Tienes algo que decir?”.
Ante esas palabras, Bliss volvió a gritar para
sus adentros.
“Ah, no... noooo...”.
Negando con la cabeza apresuradamente, Bliss
bajó la vista de inmediato y comenzó a frotar el tenedor contra el plato vacío.
Al verlo lamer la salsa que quedaba en la punta del tenedor, Cassian entrecerró
los ojos.
Como pensaba, está nervioso por estar a solas
conmigo.
Hasta ahora lo había considerado solo un niño
mocoso, pero viéndolo bien, ya era todo un adulto. Aunque el vello fino en sus
suaves mejillas parecía gritar que aún era un niño, eso no duraría mucho más.
Sí, pronto... cuando ese niño se convierta en un hombre...
‘Cassian’.
La imagen de un Bliss maduro llamándolo por su
nombre cruzó por su mente, haciéndolo detenerse por un segundo. Justo entonces,
un chirrido desagradable lo devolvió a la realidad. Era el sonido de Bliss
raspando el plato con el tenedor. Al ver cómo Bliss bajaba la mano rápidamente
fingiendo que no pasaba nada, Cassian soltó un suspiro contenido.
En fin, ya no es un niño.
Mientras un empleado se acercaba rápidamente
para llevarse el plato vacío, Cassian continuó observándolo. El hecho de que
Bliss no pudiera mirarlo a la cara, que no pudiera articular palabra y solo
tartamudeara cometiendo torpezas, y sobre todo, que tuviera el rostro tan rojo...
solo podía significar una cosa.
‘A Bliss le gusta el Conde’.
Las palabras de Penélope resonaban vívidamente
en sus oídos. De repente, Cassian se dio cuenta de que la comisura de sus
labios se había relajado, pero no sintió la necesidad de ocultar su expresión.
Justo cuando el empleado dejó el siguiente plato y se retiró, Cassian tomó el
tenedor y el cuchillo, cortó la carne en trozos adecuados y se la llevó a la
boca.
Supongo que después de todo sigue siendo un
niño.
Ese buen humor continuó hasta que terminó la
cena y regresó a su habitación. Incluso cuando tomó una copa de vino ligera
antes de dormir, su ánimo seguía siendo excelente. Eso fue hasta que cierto ‘pedazo
de cacahuate’ insolente decidió iniciar una revolución... o mejor dicho, un
golpe de estado.
“Hoy será mejor que durmamos por separado”.
Ante la firme declaración del ‘pedazo de cacahuate’
parado en medio de la habitación, Cassian, que estaba a punto de meterse en la
cama, se quedó paralizado.
“¿De qué... estás hablando de repente?”.
Casi se le escapa un ‘maldita sea’, pero logró
contenerse. Bliss se estremeció, pero valientemente no retrocedió y dijo lo que
tenía que decir.
“Que voy a dormir en mi habitación, solo”.
“Por eso pregunto, ¿qué clase de locura es
esta, cacahuate?”.
Sustituyendo una grosería por ‘cacahuate’,
Cassian apretó los dientes. Intimidado por su aura, Bliss encogió los hombros y
retrocedió lentamente.
“Es que... no p-puedo dormir con el Conde”.
“¡¿Por qué no puedes dormir conmigo, maldita
sea?!”.
Al final, Cassian no pudo evitar soltar la
palabrota. Los ojos de Bliss se abrieron de par en par al oír el lenguaje
vulgar salir de la boca del elegante Conde. Sin embargo, tras la sorpresa,
llegó la rabia.
¿Este tipo me está insultando otra vez?
“¡Porque el Conde tiene unos hábitos de sueño
terribles!”.
Gritó Bliss con los puños cerrados. Esta vez
fue Cassian quien se quedó mudo.
“¿Mis hábitos de... qué?”.
Al ver su expresión de desconcierto, Bliss se
sintió más valiente. Lo fulminó con la mirada y volvió a gritar.
“¡Sus hábitos de sueño son horribles! ¡Siempre
me abraza con todas sus fuerzas! ¡Es desagradable, así que no dormiré más con
usted! ¡Me voy a mi cuarto, adiós!”.
“Espera...”.
Tras soltar todo lo que quería, Bliss se dio
la vuelta y salió de la habitación. Antes de que pudiera atraparlo, el ‘cacahuate’
desapareció cerrando la puerta de un portazo. Cassian se quedó mirando el
vacío, atónito. Cuando recobró el sentido, ya estaba solo en la habitación.
***
Chorr... Se escuchaba el sonido del té cayendo
en la taza, esparciendo un aroma fragante. Afuera se oía el canto de los pájaros
y el cielo despejado iluminaba el mundo con claridad. Debería ser una mañana
pacífica y feliz para cualquiera, pero...
“Maldita sea”.
El Conde, con el rostro completamente
desencajado, se cubrió la cara con una mano y murmuró insultos en voz baja, haciendo
que Penélope casi derramara el té sobre la mesa. Tras evitar el desastre por
poco, ella dejó la tetera con rostro inexpresivo y deslizó la miel hacia
Cassian.
El semblante de Cassian era un desastre.
Quizás porque había estado durmiendo bien últimamente, este regreso repentino
del insomnio le resultaba aún más doloroso.
“... ¿Y ese tipo?”.
“¿Perdón?”.
Cassian estuvo a punto de preguntar: ‘¿Ese
maldito cacahuate durmió bien?’, pero cerró la boca de inmediato. Ante la
mirada confundida de Penélope, él negó con la cabeza.
“Nada, olvídalo”.
Cassian se llevó el té caliente a los labios,
pero se detuvo. Penélope, notando la razón, acercó la miel un poco más. Él
soltó un gemido profundo de frustración, echó miel con descuido y se bebió el
resto del té de un trago.
¿Qué? ¿Que mis hábitos de sueño son terribles?
Mientras más lo pensaba, más absurdo le
parecía.
¡El que siempre subía los brazos y las piernas
sobre mí era él! Haz lo que quieras. A mí tampoco me importa. Este insomnio no
es algo de un día o dos.
Pensando así, salió de la habitación con paso
violento y subió al carruaje. Empezaba a sentir una punzada de migraña, pero
Cassian apretó los dientes y la soportó.
***
“Fuuu...”.
Bliss, tras desayunar con los empleados, soltó
un suspiro de satisfacción mientras se acariciaba el estómago.
“¡Estuvo delicioso! ¡Muchas gracias!”.
“¿De verdad? Qué alivio”.
Respondió un empleado riendo.
Cuando Bliss se levantó para recoger su plato,
otro empleado se acercó rápidamente y tomó sus cubiertos junto con los de Bliss.
“No te preocupes, quédate sentado. Tienes que
comer el postre”.
Otro empleado trajo té y pastel de inmediato.
“A esta hora el Conde ya debe haber salido.
Antes de empezar a trabajar en serio, tenemos unos 30 minutos de té.
Acompáñanos, Blair”.
“Gracias, comeré con gusto”.
Mientras exclamaba emocionado frente a su
trozo de pastel, los empleados intercambiaron miradas y uno de ellos comenzó a
hablar con cautela.
“Dijiste que eras pariente de Penélope,
¿verdad? Queríamos ser tus amigos, pero no habíamos tenido oportunidad”.
“Debes estar ocupado aprendiendo de Penélope,
pero llévate bien con nosotros también. Tengamos estos ratos de té de vez en
cuando”.
“Es la primera vez que conozco a un
estadounidense. ¿Eres un Beta? Qué curioso, normalmente alguien tan guapo sería
Alfa u Omega”.
Ante la lluvia de preguntas llenas de
curiosidad, Bliss se sintió abrumado. Apenas podía responder con risas
nerviosas y frases cortas, hasta que alguien soltó.
“Pero es extraño. Que yo sepa, Penélope solo
tiene una hermana menor que vive en Londres. ¿Exactamente qué parentesco
tienen?”.
Ante esa pregunta, Bliss se sobresaltó y abrió
mucho los ojos. De repente, el ambiente se volvió silencioso y todos callaron
esperando su respuesta.
“Ja, ja... ja...”.
Bliss forzó una risa mientras su cerebro
trabajaba a mil por hora.
¿Qué hago? Si digo una tontería me descubrirán
enseguida. No sé qué les habrá dicho Penélope. Si nuestras historias no
coinciden...
Nadie decía nada. Sintiéndose el centro de
todas las miradas y sin saber qué hacer, Bliss tomó una decisión y se puso de
pie de un salto.
“¡Yo...!”.
Mientras los empleados parpadeaban
sorprendidos, Bliss gritó con determinación.
“¡Me acabo de acordar de que tengo algo que
hacer! ¡Adiós!”.
¡Y con esto, me retiro! Haciendo una narración
interna, salió corriendo del lugar a toda prisa. Los empleados observaron en
silencio la espalda de Bliss mientras se alejaba velozmente.
