episodio 80 - 81 - 82
Episodio 80
“Fuuh”.
Al sentarse finalmente en el coche, se
encontró a solas. Solo entonces Cassian cerró los ojos, echó la cabeza hacia
atrás y dejó escapar un largo suspiro. No habían pasado más que unas pocas
horas, pero sentía un cansancio como si hubieran transcurrido días. Quería
volver a casa y descansar profundamente, pero su mente seguía siendo un caos.
Todavía quedaban demasiadas cosas en las que pensar.
El absurdo malentendido del Marqués se
olvidaría naturalmente con el paso del tiempo, pero...
Lo que más le inquietaba estaba en otra parte.
Al recordar las palabras del Marqués que más lo habían desconcertado, un
profundo ceño fruncido se grabó de inmediato en su frente.
‘¿No me estás diciendo que esa criatura, que
parece un conejito, se enfureció y arremetió contra unos tipos más grandes que
él solo porque los escuchó hablar mal de ti?’.
¿Bliss cometió semejante locura por mi culpa?
Por más que lo pensaba, no podía creerlo. Sin
embargo, no parecía que el Marqués fuera el único en pensar así. Edward, que
esperaba fuera del salón, había dicho algo similar; tal vez todos los presentes
compartían la misma opinión.
Es natural que lo piensen, ya que lo llevé
como mi pareja.
Dado que se encargó de bloquear cualquier
reporte del incidente de la fiesta en la televisión u otros medios, era poco
probable que se generara un gran escándalo. El problema era que no se podían
detener los rumores que viajaban de boca en boca.
Si era así, sería cuestión de tiempo para que
la noticia llegara a oídos de su madre o su padre.
Tras un suspiro de angustia, las palabras del
Marqués volvieron a resonar en su mente.
‘Qué situación tan valiente y lamentable a la
vez. Luchar por el honor de un hombre que ni siquiera conoce sus propios
sentimientos’.
Cassian se mordió levemente el labio inferior,
sumido en sus pensamientos.
¿Por qué diablos apareció ese tipo frente a mí
después de diez años?
Solo había una persona que podía responder a
la pregunta que lo había estado atormentando.
Penélope.
Cassian miró fijamente por la ventana con
expresión seria. Incapaz de ocultar su ansiedad, movía una pierna con
impaciencia, esperando que el coche llegara al castillo lo antes posible.
***
¿Qué voy a hacer con este malentendido tan
frustrante?
En el tiempo libre, mientras terminaba sus
labores diarias y esperaba el regreso de su señor, Penélope caminaba de un lado
a otro de la habitación con expresión grave, sumida en una profunda
preocupación.
Intenté evitar este desarrollo, pero no hubo
remedio. Ha llegado esa trama frustrante que obstaculiza el amor, pero si la
uso bien, servirá para fortalecer la relación entre ambos. El problema es cómo
utilizarla...
¿Cuál era la razón de este malentendido entre
los dos?
Por más que Penélope lo meditaba, no lograba
descifrarlo. Estaba claro que algo había pasado en la fiesta, pero Bliss
guardaba silencio y el Conde la evitaba. Al principio pensó que era porque el
Conde no podía controlar lo encantador que era Bliss, pero viendo la reacción
de él, parecía haber otro motivo. ¿Qué podría ser?
Normalmente, estos malentendidos surgen por la
falta de comunicación.
Penélope puso a trabajar su instinto de
veterana suscriptora de novelas románticas para intentar resolver la situación.
Intentó recordar los clichés del género. ¿Qué tipo de trama suele aparecer en estos
casos?
¿Dejarlos a solas en algún lugar?
Era una buena idea. En esos casos, ambos
terminan aislados en algún sitio por circunstancias inevitables. Allí, tras
pasar por una pequeña crisis, confirmarían sus sentimientos, resolverían
malentendidos y el amor florecería.
Pero, ¿cómo hago que se vayan solos?
La idea se estancó ahí. No había manera de
lograrlo.
Desechando la idea anterior, comenzó a pensar
arduamente en otro método. ¿Un peligro de muerte? Cuando alguien está en
peligro y la otra persona lo rescata, los muros del corazón suelen derrumbarse.
Pero, ¿quién debería estar en peligro?
Bliss es pequeño y parece débil. Sería más
seguro que el fuerte Conde estuviera en peligro, asintió Penélope, pero pronto
se topó con otro obstáculo.
...Siento que el Conde escaparía perfectamente
por su cuenta.
Nuevamente, desechó la idea y tuvo que pensar
en un nuevo desarrollo. Justo cuando se tiraba de los cabellos experimentando
la agonía de un creador, sonó la alarma de su teléfono.
“¡Vaya! ¿El Conde ya llegó?”.
Al confirmar que Cassian estaba de regreso,
salió corriendo sorprendida y vio que el coche ya se dirigía hacia la entrada
principal. Bajó las escaleras a toda prisa y llegó justo a tiempo al lado del
vehículo. Abrió la puerta trasera donde estaba sentado Cassian y saludó con su
sonrisa de siempre.
“Bienvenido, señor Conde. Hoy regresó temprano”.
Bliss estaba descansando en su habitación.
Es la oportunidad perfecta, pensó Penélope, le
sugeriría que cenaran juntos. Si pasaban el mayor tiempo posible el uno con el
otro, algo se le ocurriría.
“Oiga...”.
Justo cuando iba a hacer la propuesta, Cassian
habló primero.
“¿Dónde está ese tipo?”.
Ante la pregunta brusca, Penélope olvidó por
completo lo que iba a decir.
“¿Ese tipo?, ¿señor?”.
Cuando la mayordoma preguntó desconcertada,
Cassian frunció el ceño con irritación y respondió.
“Bli... Blair, ese sujeto”.
“Ah, sí. Blair. No, quiero decir, Bli... Blair”.
Penélope corrigió sus palabras rápidamente,
sintiéndose confundida por un momento. Ella misma estaba empezando a dudar si
el seudónimo de Bliss era Blair o Bli-Blair, pero lo primero era calmar la
situación.
“Está descansando en su habitación. ¿Gusta que
lo llame?”.
“No, olvídalo”.
Penélope intentó decir: ‘En ese caso, ¿qué le
parece si cenan juntos?’, pero una vez más, Cassian fue más rápido.
“Que tal”.
“Sígueme, Penélope. Tenemos que hablar”.
Antes de que ella pudiera terminar una frase,
el Conde lanzó sus palabras y echó a andar primero. Quedando atrás de nuevo con
confusión, Penélope ladeó la cabeza y lo siguió apresuradamente.
***
“¿Qué es lo que desea decirme, señor Conde?”.
Penélope tomó el abrigo que Cassian se quitó y
se quedó de pie, pero el Conde seguía en silencio. Mientras esperaba, Penélope
observó a su señor, quien parecía sumido en pensamientos profundos, y preguntó
con cautela. ¿Habría ocurrido algo malo afuera? Mientras ella intentaba
adivinar mil cosas, Cassian, que acariciaba su mentón en silencio, finalmente
habló.
“Penélope, tengo algo que preguntarte”.
“Sí, señor Conde”.
Al responder de inmediato, él bajó la mirada
hacia su mayordoma y continuó.
“Hasta ahora, has trabajado para el ducado y
para mí casi toda tu vida, ¿verdad?”.
“Sí, así es. He servido con total lealtad
durante toda mi vida”.
Penélope respondió con firmeza una vez más.
Estaba segura de que su lealtad hacia su señor no perdía ante nadie. Ante la
mirada brillante de su veterana empleada, Cassian mantuvo la vista fija y dijo.
“Entonces, sin importar lo que te pregunte, me
dirás la verdad sin mentiras”.
“Por supuesto. Claro que sí, pregunte lo que
sea. Cumpliré cualquier orden”.
Respondió Penélope sin vacilar.
Si el Conde dudaba de su sinceridad, no habría
nada más injusto que eso. Estaba dispuesta incluso a hacer el gesto de clavarse
una espada en el pecho como los vasallos leales de la novela 'El Duque y el
Pirata'...
“Bli... ¿Es Blair realmente un pariente lejano
tuyo?”.
“Sí, por supuesto. ¿Cómo podría mentirle a
usted, señor Conde?”.
Penélope mintió con total naturalidad y una
gran sonrisa.
Todo esto es por el bien del Conde. Incluso si
se entera después, lo entenderá todo...
“Penélope”.
“Sí, señor Conde”.
Ante la voz que la llamaba en voz baja,
Penélope respondió sonriendo. Mirándola fijamente, Cassian continuó lentamente.
“Hay algo que me causa mucha curiosidad, y
quiero que me des una respuesta”.
“¿Hay algo que le cause curiosidad sobre mí?”.
Penélope volvió a ladear la cabeza. Ante su
expresión inocente, sin imaginar siquiera qué palabras saldrían de la boca de
Cassian, él terminó soltándolo entre dientes.
“¿Podrías explicarme desde cuándo Bliss Miller
se convirtió en tu pariente lejano? Me muero de curiosidad por saberlo”.
“¡Hiiiiik!”.
Ante la repentina declaración bomba del Conde,
Penélope se cubrió las mejillas con ambas manos y soltó un grito. Un silencio
más aterrador que nunca descendió sobre el amplio dormitorio del Conde.
Episodio 81
21.
Fue como si un gélido viento del norte le
recorriera la espalda de repente. Sintió un escalofrío en la columna y un
temblor en todo el cuerpo. Penélope se dio cuenta de que acababa de caer en la
trampa del destino...
“Penélope, Penélope”.
De repente, la voz del Conde atravesó sus
delirios. Al volver en sí sobresaltada, vio al Conde frente a ella, chasqueando
los dedos con un sonido de clac, clac mientras fruncía el ceño.
“Du... Duque, no, señor Conde”.
Penélope, regresando apresuradamente a la
realidad, respondió tartamudeando y agitando los brazos frenéticamente.
“Bli... ¿Bliss Miller? ¿Qué... quién es ese?
No tengo ni la más mínima idea de quién me habla. Qué... qué... qué
malentendido tan grande. Se lo juro por mi vida, de verdad”.
Vaya, se ha averiado.
Cassian miró hacia abajo a su mayordoma, que
soltaba palabras sin sentido con el ceño fruncido. Estaba tan asustada que
incluso usó un inglés que parecía del siglo XVIII mezclado con un dialecto
repentino, ni siquiera podía pronunciar una palabra correctamente. Seguramente
las líneas de los dramas que tanto le gustaba ver se habían enredado en su
cabeza. Cassian soltó un suspiro y habló.
“Penélope, cálmate”.
Se dirigió con frialdad a la mujer, que seguía
fuera de sí sin saber qué hacer.
“Solo quiero escuchar una respuesta. Solo
tienes que hablarme sobre Bliss Miller”.
“Yo... yo no... no lo sé...”.
Quizás por instinto de supervivencia, la mayordoma
intentó seguir negándolo. Pero Cassian la fulminó con una mirada gélida y
apretó los dientes.
“Piénsalo bien. Si no logras convencerme,
tendrás que asumir la responsabilidad por esto, Penélope”.
Ante esas palabras, Penélope reaccionó como si
le hubieran echado un balde de agua fría. Él hablaba en serio. Cassian
Strickland, el Conde de Heringer, realmente lo sabía todo. Ya no servía de nada
seguir engañándolo o fingir demencia. Al darse cuenta de eso, Penélope se puso
pálida y se desplomó en el suelo.
“¡Se... señor Conde! Lo siento mucho. Por
favor, perdóneme, me equivoqué. ¡Realmente he cometido un pecado mortal...!”.
Al ver a la mujer mayor empezar a llorar a
moco tendido, Cassian se sintió asombrado, pero a la vez experimentó culpa y
lástima.
“...Haah”.
Al final, soltó otro profundo suspiro. Lo que
él quería, en resumen, era que este capibara le confesara dónde había escondido
las zanahorias, no le estaba pidiendo a un terrorista que revelara dónde
estaban las armas o quién era su líder.
Pero ahí estaba ella, llorando como si el
mundo se estuviera acabando y suplicando perdón.
“Ya entendí, así que levántate, Penélope”.
“¡Buaaaaaa, buaaaaaaa!”.
“Que te levantes. Te vas a poner mal si sigues
llorando así”.
Al final, la compasión ganó y Cassian le
tendió la mano. Penélope, sollozando con fuerza, tomó su mano y se secó los
ojos con un pañuelo.
“Gracias por perdonarme. Sabía que usted era
un hombre de gran corazón... hip”.
“Está bien, siéntate de una vez”.
Dándole palmaditas en el hombro, la guió hacia
el sofá y ella se sentó dócilmente, siguiendo sus instrucciones mientras sorbía
por la nariz. Cassian se sentó frente a ella, sirvió agua en un vaso y lo puso
sobre la mesa.
“Gracias, señor Conde”.
Ella bebió el agua de un trago mientras seguía
moqueando. En ese momento, Cassian miró de reojo el pañuelo que ella había
dejado sobre la mesa y su mirada se congeló. El pañuelo no tenía ni una sola
mancha de humedad. Al volver a mirar el rostro de Penélope, a pesar de sus
gestos de sollozo al dejar el vaso, sus ojos estaban completamente limpios.
Estos malditos capibaras
Suspiró profundamente por la humillación de
haber sido engañado otra vez, mientras Penélope se daba toquecitos en la cara
con el pañuelo seco y abría la boca con cautela.
“Esto... señor Conde”.
Al verla empezar a hablar tímidamente, él la
miró de reojo y ella preguntó con una sonrisa servil.
“¿Cuándo... y cómo se enteró? Es decir, sobre
eso...”.
Cassian respondió directamente a la mujer que
no se atrevía a hablar con facilidad y solo lo tanteaba con la mirada.
“Supe que ese tipo era Bliss Miller desde el
principio”.
“¿Des... desde el principio?”.
Penélope soltó otro grito de espanto. Esta
vez, el grito sonó genuino. Solo entonces Cassian se sintió un poco más
aliviado, se enderezó y la miró a los ojos.
Bien, concentrémonos en lo que tenemos delante.
“Ahora, dime la verdad. Tú también lo sabías
desde el principio, ¿no?”.
Penélope abrió la boca como si fuera a decir
algo, pero pronto bajó la cabeza con aire derrotado.
“Sí, lo sabía”.
La respuesta llegó dócilmente. Sintiendo que
ya no mentiría más, Cassian pensó ‘lo sabía’ y volvió a preguntar:
“¿Pero por qué lo contrataste? Debiste saber
que Bliss Miller no es alguien que deba hacer este tipo de trabajos domésticos”.
“Sí, sí. Por supuesto. Es el hijo menor de la
familia Miller. Pero hubo una circunstancia especial y no tuve otra opción...”.
Penélope dejó la frase en el aire y soltó un
gran suspiro. Al ver su expresión llena de preocupación, Cassian preguntó con
el ceño fruncido.
“¿Y bien?”.
“¿Eh?”.
Penélope levantó la cabeza sorprendida para
mirarlo. Cassian, aún con el entrecejo fruncido, la observó y repitió la
pregunta.
“Pregunto cuál es esa ‘circunstancia especial’.
¿No es por eso por lo que lo contrataste sabiendo su verdadera identidad? Qué
circunstancia tan increíblemente especial debe ser para que lo contrataras
ocultándome su identidad”.
Penélope esta vez no pudo ni gritar. Ante la
reacción de la mujer que lo miraba con la boca abierta y el rostro pálido,
Cassian pudo prever lo que venía.
“Señor Conde, eso es...”.
Penélope volvió a frotarse los ojos con el
pañuelo, pero la reacción de Cassian fue fría.
“No intentes arreglarlo llorando, Penélope. No
va a funcionar”.
Ante la fría advertencia, Penélope se detuvo y
bajó lentamente el pañuelo.
Supongo que no funciona dos veces, pensó para
sí misma, y finalmente soltó un suspiro de rendición.
“La razón por la que Bliss Miller vino aquí es
por usted, señor Conde”.
“Como pensaba”.
“¿Perdón?”.
Ante su murmullo bajo, Penélope parpadeó y
Cassian hizo un gesto con la mano para que continuara.
“Sigue”.
Penélope ladeó la cabeza con extrañeza y
continuó hablando.
“Bliss dijo que vino porque quería verlo a
usted por última vez. Su sentimiento era tan profundo que no tuve más remedio
que ayudarlo...”.
“Pregunto por la razón de eso”.
A Cassian ya no le quedaba paciencia. Al
hablar casi gruñendo, Penélope se sobresaltó, tragó saliva y habló como si se
hubiera resignado.
“Bliss se casará pronto”.
“¿Casarse?”.
Cassian se sorprendió de verdad ante esa
noticia inesperada. Penélope continuó.
“Parece que tiene un prometido decidido por un
acuerdo entre familias. En cuanto regrese a los Estados Unidos, planea casarse
de inmediato con esa persona”.
Cielo santo.
Cassian sintió una profunda lástima desde el
fondo de su corazón.
Pobre hombre, casarse con ese capibara loco.
Expresando sus condolencias hacia el hombre
cuyo rostro ni siquiera conocía, murmuró.
“Realmente es una lástima”.
“¿Verdad que sí?”.
Penélope, pensando que era su oportunidad,
intervino rápidamente.
“Imagínese, un matrimonio concertado dejando
atrás a la persona que ama. Qué cosa tan anticuada. ¿No es lamentable? ¿No es
digno de lástima? Oh, qué situación tan triste...”.
“¿Y bien?”.
“¿Eh?”.
Ella volvía a secarse los ojos con el pañuelo
seco, pero Cassian interrumpió sus lamentos.
“¿Y por qué vino aquí? ¿Cuál es la razón por
la que contrataste a Bliss Miller, incluso mintiéndome de forma absurda?”.
Esta vez Penélope no pudo responder de
inmediato. Miró a Cassian parpadeando, como si se hubiera quedado sin palabras
por la estupefacción, y luego preguntó como si se lamentara.
“¡Por Dios, señor Conde! ¿Todavía no se ha
dado cuenta?”.
“¿De qué demonios hablas?”.
Penélope, aguantándose las ganas de golpearse
el pecho de frustración, estalló.
“¡Pues obviamente quería ver por última vez a
la persona que le gusta antes de casarse! ¡Señor Conde, a Bliss le gusta usted!
¡Por eso vino hasta aquí, solo por el deseo de estar a su lado y verlo!”.
Nuevamente, el silencio se apoderó de la
habitación. Pero esta vez, era diferente a la situación anterior. Cassian se
quedó mirando a la mayordoma con una expresión de total sorpresa.
Episodio 82
22.
“... ¿Qué es lo que acabo de escuchar?”.
Cassian parpadeó aturdido. Miraba a Penélope,
quien permanecía de pie con el rostro encendido de emoción, pero no lograba
sentir que aquello fuera real. Al final, terminó frotándose el entrecejo profundamente
fruncido y abrió la boca.
“Penélope, entonces, lo que dices es...”.
Ante la incapacidad de Cassian para pronunciar
las siguientes palabras, Penélope continuó por él.
“Sí, así es. Bliss vino aquí para encontrarse
con usted, señor Conde. Para ponerle un punto final a ese amor que ha guardado
durante los últimos diez años”.
Penélope lo recitó con fervor, pero Cassian no
pudo evitar soltar una risa seca, incrédulo.
“¿De verdad te crees eso, Penélope?”.
Su tono rebosaba desdén. Estaba convencido de
que ese ‘cacahuate’ astuto había engañado a la vieja mayordoma, pero la
reacción de ella fue distinta.
“Por supuesto que lo creo, porque es la
verdad. Señor Conde, a mi edad uno ya es capaz de detectar las mentiras de los
demás”.
Sin embargo, ante esa respuesta tan llena de
seguridad, las sospechas de Cassian no hicieron más que crecer.
“¿Qué demonios te dijo ese tipo para que le
creas tanto?”.
Al ver su expresión llena de dudas, Penélope
se decidió a soltarlo todo de una vez.
“Me lo confesó todo cuando llegó por primera
vez. Dijo que, como su matrimonio ya estaba pactado entre las familias, no
podía declararse a usted, y que solo quería que le permitiera quedarse a su
lado para observarlo. Por eso, no pude evitar decidir ayudar a ese pobre amor
unilateral. Por supuesto, le di una pequeña ayuda, pero no es que le haya
causado ningún daño a usted, al contrario, ayudó con su insomnio...”.
Ella seguía parloteando algo, pero las
palabras ya no llegaban a los oídos de Cassian.
Ese cacahuate... no, Bliss... no, Blair... no.
Cassian cerró los ojos con fuerza y se tragó
un insulto antes de poder organizar sus pensamientos.
¿Que Bliss Miller vino aquí porque le gusto?
Qué montón de tonterías. ¿Y encima cree esa estupidez de que me ha amado
durante diez años? Penélope debe de haber perdido el juicio con la edad.
Pero, a pesar de ese juicio racional, no podía
negar por completo las palabras de Penélope. Porque, de ser cierto, todas las
dudas que Cassian había albergado hasta ahora se resolverían.
La razón por la que se volvió loco de esa
manera en la fiesta, la razón por la que ese tipo vino hasta aquí para hacer
trabajos serviles...
...Y la razón por la que me besó.
En ese instante, la sensación de aquel momento
revivió en sus labios, y Cassian se cubrió la boca con una mano sin darse
cuenta.
Entonces, que ese tipo me besara no fue por la
borrachera, sino...
Al ver que el rostro de su amo se ponía rojo
de repente, Penélope ladeó la cabeza y lo llamó.
“¿Señor Conde? ¿Ocurre algo malo?”.
Preguntó preocupada, pero Cassian no la
escuchaba. Estaba demasiado ocupado encajando las piezas de la situación como
para pensar en otra cosa.
No te dejes confundir. Sabes que es una idea
absurda.
Intentó regañarse a sí mismo, pero al recordar
la imagen de Bliss golpeando a aquellos tipos fuera de sí, su corazón se volvió
un lío.
¿Tanto le gustaba?
Echando la vista atrás, Bliss también había
sido un niño bastante adorable para Cassian. Es cierto que solo planeaba jugar
un poco con él y terminar, pero también era cierto que, en cierta medida, le
tenía cariño sincero.
Aunque el final no fue precisamente bueno...
‘¡Cariño, papá!’.
No, eso no.
Esa era una palabra demasiado peligrosa.
Ante la voz infantil que de pronto resonó en
sus oídos, Cassian sacudió la cabeza con urgencia. Bliss Miller no era más que
un ‘cacahuate mocoso’. Alguien que ni siquiera era adulto todavía. No tenía
sentido que él, que era doce años mayor, se dejara manipular por un niño así.
Después de todo, Cassian Strickland era un adulto. Un adulto mucho más maduro.
Así que reacciona, Cassian Strickland. No te
dejes tambalear por tonterías.
“... ¿Dices que tiene a alguien con quien
casarse?”.
Preguntó Cassian tras una pausa.
Penélope asintió sin dudarlo.
“Sí. Por eso vino a ver al Conde por última
vez”.
‘Por última vez’.
¿Había escuchado alguna vez una palabra tan
extasiante en su vida? El cerebro de Cassian empezó a funcionar lentamente.
Esas palabras debían ser ciertas. Significaba que, sin necesidad de
apresurarse, ese tipo desaparecería por su cuenta. Por supuesto, tendría que
vigilar que no causara nuevos problemas mientras tanto.
“Penélope”.
“Sí, señor Conde”.
Respondió la mayordoma de inmediato.
Mirando a la mujer que lo observaba con
ansiedad, él habló con calma.
“Está bien. Entiendo la situación, así que
dejaré pasar el hecho de que me hayas mentido solo por esta vez”.
El malo era ese cacahuate. La mayordoma solo
era una anciana ingenua que había sido engañada, así que perdonémosla por esta
vez.
Sí, pensemos que fue víctima de una estafa
telefónica... o mejor dicho, una ‘estafa de cacahuate’.
Mientras pensaba eso, Penélope juntó las manos
emocionada y soltó un grito de alegría.
“¡Gr-gracias, señor Conde! ¡Que Dios lo
bendiga!”.
Cuando Penélope empezó a revolotear como si
fuera a ponerse a bailar allí mismo invocando a Dios, Cassian levantó una mano
en silencio para indicarle que parara. Ella, incapaz de ocultar su entusiasmo y
con las mejillas sonrosadas, lo miró. Solo entonces Cassian puso una expresión
solemne y habló.
“A cambio, hay una condición que debes cumplir”.
“¡Sí, diga lo que sea! ¡Lo cumpliré con gusto,
incluso si tengo que arriesgar mi vida!”.
No hace falta llegar a tanto, pensó Cassian
para sus adentros mientras asentía.
“Bien. Entonces, confiaré en ti una vez más”.
Y sin dar rodeos, añadió.
“Solo te exijo una cosa. Tienes que mantener
en secreto ante él que yo conozco su identidad”.
“¿Perdón?”.
Nuevamente, Penélope pareció desconcertada por
lo inesperado de la petición y preguntó con una voz más aguda de lo habitual.
Pero la orden de Cassian fue clara.
“¿No me has oído? Te lo diré otra vez. No le
digas a Bliss Miller que sé quién es. Bajo ningún concepto”.
Recalcó las últimas palabras con fuerza, como
si las masticara. Penélope miró a su alrededor sin saber qué hacer. A pesar de
haber prometido cumplir cualquier cosa, vaciló antes de preguntar, incapaz de
contenerse.
“Es decir... ¿por qué? ¿Hay alguna razón para
ocultarlo...?”.
¡Si a usted también le gusta ese niño!, quiso
gritar Penélope, pero Cassian la interrumpió antes.
“Escucha”.
“Sí”.
Ante el tono afilado de Cassian, Penélope se
sobresaltó.
“Deberías hacer al menos eso por mí, Penélope”.
En sus palabras se ocultaba el significado de:
‘Después de haberme engañado por culpa de Bliss Miller’. Por supuesto, Penélope
lo captó claramente. Por eso, no pudo preguntar más y solo pudo responder: ‘Sí’.
Cassian retiró la mirada y asintió, como si eso fuera suficiente.
Justo cuando Cassian, satisfecho, se disponía
a ir al baño.
“Es-esto, señor Conde”.
Penélope lo llamó con voz tímida. Cassian se
detuvo y se volvió hacia ella. Aunque por dentro tenía miedo, ella se armó de
valor y habló con dificultad.
“Es que... ya casi es la hora de la cena,
¿verdad? Y, bueno, es que comer solo es muy solitario, así que he pensado...”.
“Penélope, ve al grano”.
Ante la actitud titubeante de la mujer,
Cassian frunció el ceño y soltó un latigazo verbal. Entonces, ella soltó la
respuesta que quería.
“¿Qué le parece cenar con Bliss?”.
Cassian la miró de arriba abajo en silencio.
Parecía que aún no había renunciado del todo a su intención de ayudar a Bliss.
Bueno, era natural, considerando que lo había contratado a sus espaldas y lo
había cuidado con esmero. Pensando eso, Cassian desvió la mirada con desgana.
“Haz lo que quieras”.
“¡Gracias, gracias, señor Conde!”.
Ella gritó con una emoción excesiva y salió
corriendo de la habitación, probablemente para decir en la cocina que
prepararan la cena para dos. Cassian, que leyó los pensamientos de la mayordoma
con facilidad, abrió la puerta del baño, pero Penélope, que acababa de salir al
pasillo, asomó la cabeza por el resquicio de la puerta con los ojos brillantes.
“¡Señor Conde!”.
Al girar la cabeza, vio a su mayordoma decir.
“No se arrepentirá. Confíe en mí”.
Por supuesto, su confianza en ella ya estaba
hecha añicos. Sin embargo, Cassian no lo demostró y simplemente asintió. Poco
después, el sonido de los pasos animados de Penélope alejándose se escuchó tras
la puerta cerrada hasta desaparecer. Cassian sacudió la cabeza y entró al baño
para asearse. Pero, sin darse cuenta, sus pensamientos regresaron a los pedazos
de ese ‘cacahuate’.
... ¿Que ese tipo todavía me quiere? Qué
tontería.
No creía en las palabras de Penélope, pero no
podía evitar que su corazón se agitara.
Cenar juntos... tal vez sea una buena
oportunidad.
Pensó mientras abría el grifo de la ducha.
Bajo el chorro de agua, Cassian cerró los ojos y reflexionó.
Podré confirmar que Penélope se equivoca.
