Episodio 78-79
Episodio 78
“No sé de qué me está hablando...”.
Respondió Cassian con una sonrisa
forzada. El marqués, sin embargo, negó lentamente con la cabeza.
“No hay necesidad de ocultarlo. A mi
edad, hay cosas que se ven sin necesidad de decirlas con palabras”.
A continuación, el marqués se
acarició la barba bien cuidada y continuó.
“Por supuesto, entiendo
que quieras mantenerlo en secreto. Ese chico es un Omega, ¿verdad?”.
“¿Perdón?”.
Ante la pregunta totalmente
inesperada, Cassian reaccionó con asombro, pero el marqués volvió a
malinterpretar su sorpresa.
“Se nota a simple vista”.
Dijo el marqués soltando una
carcajada alegre, mientras que Cassian solo podía sentirse desconcertado.
Intentó explicar que no era así, pero el marqués se le adelantó.
“Un niño tan hermoso no podría ser un
simple Beta. Mi hijo mencionó que no desprendía aroma a feromonas, así que
seguramente debe estar tomando inhibidores, ¿no es así? Sé que querrías evitar
que los Alfas se le acerquen como moscas, pero con esa apariencia, incluso los
Betas caerían rendidos. Si no lo mantienes bien escondido en casa, no podrás
estar tranquilo ni un segundo”.
“Marqués, no es eso...”.
“Lo sé, lo sé. Dirás que no es nada
serio, por supuesto”.
El marqués asintió, pero su expresión
decía todo lo contrario.
“Parece que el Duque aún no lo sabe,
y no estaría bien que yo me enterara primero. No te preocupes, yo no sé nada,
absolutamente nada”.
A pesar de decir eso, el marqués se
inclinó hacia Cassian y le susurró al oído, como si le confiara un gran
secreto.
“Es inaudito que yo, un extraño, lo
sepa antes que el Duque. Pero aunque sea viejo, todavía tengo buen ojo, así que
no te preocupes”.
“Marqués, es que no es eso”.´
Dijo Cassian con urgencia. Sintió una
desesperación punzante por corregir el malentendido antes de que fuera
demasiado tarde, pero el marqués siguió hablando a su antojo, asintiendo como
si lo comprendiera todo.
“Pero tú también te pasas. ¿Sabes lo
preocupados que están los Duques porque llevas demasiado tiempo solo? Teniendo
a un chico tan adorable... Aunque sea un varón, si es un Omega, no habrá
problemas para continuar el linaje. No te preocupes tanto y preséntalo pronto
al Duque. Te aseguro que se pondrá muy feliz”.
El aliento del marqués no ayudó en
absoluto. Cassian sintió una migraña punzante que no había experimentado en
mucho tiempo y se frotó la frente con la mano.
“Haa... Marqués, se lo agradezco,
pero no es así. Ese chico... no, ese niño es solo el pariente de un conocido.
Eso es todo, de verdad”.
“Por supuesto que sí. Lo entiendo
perfectamente”.
“Hablo en serio”.
“Que ya te dije que lo entiendo”.
“¡Es la verdad!”.
Exclamó Cassian, esta vez apretando
los dientes. Solo entonces la sonrisa burlona del marqués desapareció
lentamente.
“¿Qué quieres decir con eso? ¿Que tú
y ese chico no tienen una relación?”.
“Se lo he dicho varias veces. Es el
pariente de un conocido y solo quise darle una oportunidad para que ganara
experiencia. Lamento mucho que las cosas hayan terminado así, pero me resulta
muy problemático que lo malinterprete”.
Ante la firme negativa, el marqués
observó su rostro con incredulidad. Al ver la expresión rígida de Cassian y la
tensión en su mandíbula, el marqués se acarició la barbilla pensativo y volvió
a preguntar.
“¿De verdad no tienes ninguna
relación con ese niño?”.
“Ninguna en absoluto”.
“¿En serio?”.
Cuando Cassian volvió a negarlo de la
misma forma, el marqués murmuró con tono decepcionado.
“Qué lástima. Parece que el chico
piensa de otra manera”.
Ante esas palabras inesperadas,
Cassian frunció el ceño y lo miró fijamente.
“Con todo respeto, ¿a qué se
refiere?”.
Pensándolo bien, era extraño. Por
mucho que Cassian, quien siempre asistía solo a las fiestas, hubiera ido
acompañado de una pareja, era excesivo malinterpretar su relación hasta ese
punto basándose solo en eso. Especialmente tratándose del experimentado Marqués
Norman.
“¿Sucedió algo en la fiesta de lo que
yo no esté enterado?”.
Al oír eso, el Marqués Norman pareció
sorprenderse un momento, pero pronto asintió como si comprendiera.
“Tú no estabas en ese lugar. Dejar
solo a tu pareja fue un acto bastante grosero por tu parte”.
“Lo lamento mucho”.
“No es a mí a quien debes pedirle
disculpas”.
Señaló el marqués con severidad.
Cassian bajó la mirada. Ya se
arrepentía amargamente de haber dejado solo a Bliss. Incluso sin los reproches
del marqués, ya se había castigado lo suficiente. ¿Pero había otra razón?
“¿Acaso no tienes ni idea de por qué
ese niño se puso tan furioso y causó tal alboroto?”.
Ante la pregunta repentina, Cassian
se sintió sobresaltado. Él había asumido que simplemente se había emborrachado
y perdido el control. Como si leyera sus pensamientos, el marqués chasqueó la
lengua.
“Claro, si lo hubieras sabido, no
habrías venido a pedirme disculpas. Más bien habrías venido a exigirlas”.
¿Qué estaba tratando de decir?
Mientras Cassian esperaba ansioso y
confundido, el marqués le recriminó con rostro severo.
“¿No me digas que regañaste al chico
sin siquiera saber el trasfondo de la situación? Espero que no seas una persona
tan imprudente”.
Cassian negó apresuradamente ante el
regaño.
“No, no es eso. He estado ocupado
lidiando con las consecuencias de la fiesta desde la madrugada, así que no he
tenido tiempo para ello”.
El marqués escudriñó su rostro para
verificar la veracidad de sus palabras y, tras un momento, asintió relajando su
expresión.
“Entonces está bien. Menos mal”.
“Marqués, ¿podría decirme finalmente
cuál es el motivo? Realmente no logro entenderlo”.
Ante el ruego de Cassian, el marqués
finalmente habló con calma.
“¿No te lo dijo mi nieto hace un
momento? Tu pareja se enfadó tanto porque escuchó a esos mocosos hablando mal
de ti”.
Cassian ya había escuchado esa parte,
pero no encontraba la conexión. Al verlo con el ceño fruncido, el marqués
volvió a chasquear la lengua.
“Vaya, qué hombre tan lento. Ese
pobre niño debe haber sufrido mucho por tu culpa. Dime, ¿qué tan solo, asustado
y fuera de lugar debió sentirse en una fiesta tan extraña? Y aun así, ese niño
que parecía un conejo temblando de miedo, al oír a esos tipos más grandes que
él insultándote, se armó de valor y los enfrentó. ¡Qué situación tan valiente y
conmovedora! Pelear por el honor de un hombre que ni siquiera reconoce sus
sentimientos... Si un poeta hubiera estado allí, habría escrito una oda en su
nombre. Hacía casi cincuenta años que no me conmovía así. ¡Mi corazón latió
como el de un adolescente!”.
Cassian abrió los ojos de par en par.
Era absurdo, imposible. Bliss solo se había emborrachado y causado un
escándalo. En resumen, fue una borrachera, pero la historia se había
distorsionado de esa manera.
Sin embargo, no podía negar las
palabras del marqués. Gracias a su ‘delirio’, el incidente se había resuelto de
forma favorable; si revelaba que todo era un malentendido, las consecuencias
serían irreparables.
¿Qué tiene de malo que el marqués se
equivoque si eso ayuda? Quizás debería cerrar la boca y dejarlo pasar, susurró
el diablo en su oído. Bliss no se quedaría para siempre. Algún día se iría, y
para entonces bastaría con decir que habían terminado. El marqués no volvería a
encontrarse con Bliss de todos modos...
“Así que... eso fue... lo que
pasó...”.
Cassian forzó una sonrisa, intentando
que pareciera natural. Nunca imaginó que sería tan difícil seguirle la
corriente a alguien. Aunque sentía sudor frío bajando por su espalda, forzó su
mente para concordar con él.
“No me había dado cuenta. Que Bli...
Blair sintiera eso por mí...”.
“¡Jajaja! Te lo dije. No sabía que el
conde fuera un hombre tan despistado. ¿Cuánto habrá sufrido ese niño?”.
El marqués, que antes chasqueaba la
lengua, entrecerró los ojos y preguntó con voz baja, como si estuviera tramando
algo.
“Entonces, ¿qué piensas tú de él? Sé
sincero conmigo, el chico no te desagrada, ¿verdad? ¿Eh?”.
Tenía que ser cauteloso. Los ojos del
marqués desbordaban expectación y emoción. En el momento en que dijera ‘no’, el
marqués se enfurecería, y Cassian no podía permitirse ofenderlo.
“No... sí”.
“¿Qué dijiste?”.
La verdad se le escapó por un momento
y, aunque intentó retractarse rápido, la arruga de la sospecha ya se marcaba en
la frente del marqués. Cassian tragó un gemido de agonía y forzó sus cuerdas
vocales para hablar.
“Lo que dice es correcto, marqués.
Yo... a Bli... Blair... lo aprecio”.
No pudo decir claramente que lo
quería. Balbuceó la pronunciación de forma ambigua, pero el marqués lo entendió
a su manera.
“¡Lo sabía! Sabía que no me
equivoqué. ¡Intentar engañar mi ojo clínico! Todavía te falta mucho para
lograrlo. ¡A mí no me engañas!”.
¡Jajajaja! El marqués soltó la
carcajada más estrepitosa hasta el momento, echando la cabeza hacia atrás.
Cassian, con el rostro contraído en una mueca, solo pudo acompañarlo con una
risa forzada.
Episodio 79
Si la conversación hubiera terminado ahí,
habría sido bueno, pero el marqués no se detuvo.
“Entonces, lo que dices es que tú y ese joven
se gustan, pero aún no se han confesado. ¿Es eso? ¿Cuál es el motivo? No creo
que haya nadie que rechace al único heredero de un ducado, y uno tan diligente
como tú. Cuando las damas nobles se reúnen, siempre hablan de ti. Las mayores
quieren tenerte como yerno y las jóvenes compiten por ver quién ganará tu
corazón. Al ver que alguien como tú no se atreve y duda tanto, ese joven no
debe ser una persona común, ¿verdad?”.
Cassian se quedó boquiabierto, sin saber qué
decir ante la repentina avalancha de palabras. Sin embargo, a pesar de su
reacción, el marqués continuó parloteando sin importarle.
“¿Acaso es un problema entre familias? Si su
familia ha decaído un poco, dímelo. Tengo un pariente lejano, un vizconde, que
no tiene hijos. O... no me digas que las relaciones entre las familias no son
buenas. Primero cuéntame, tal vez yo pueda mediar. Y si no es eso...”.
Parecía emocionado. Al ver al marqués, que
siempre era serio y digno, con los ojos brillando y hablando tan rápido,
Cassian se sintió desconcertado, pero en cierto modo lo comprendía.
Después de todo, la vida de los nobles es
predecible. Asistir a reuniones llenas de formalidades vacías para decir cosas
que no sienten y alabarse mutuamente; alardear de lo ricos y satisfechos que
están con sus vidas, matar el tiempo observando aves mientras recorren sus
tierras; o, si no, pasar el día soltando incoherencias bajo los efectos del
alcohol o las drogas desde la mañana hasta la noche. En resumen, días donde
cada jornada es igual a la anterior.
Para alguien que había vivido así toda su
vida, encontrarse con un ‘suceso’ tan emocionante en su vejez era algo que, lógicamente,
no podía dejar pasar.
“No te quedes ahí, tráelo un día. Yo mismo me
encargaré de averiguar qué siente por ti. ¡Vaya, qué tímido eres! Lo sé todo,
no tienes por qué avergonzarte. Yo también fui joven, así que lo entiendo
perfectamente. Es una época maravillosa”.
El marqués soltó una carcajada jovial e hizo
una propuesta audaz. Por supuesto, si fuera cierto, habría ganado un aliado
inmejorable, pero...
Es una tontería.
Cassian suspiró profundamente para sus
adentros. Quería proteger, de ser posible, este pequeño evento que el anciano
marqués había encontrado, pero lamentablemente para él, como protagonista de la
historia, era imposible. Aun así, no podía contrariar el humor del marqués, por
lo que dio la respuesta más ambigua posible.
“Agradezco sus palabras, pero como sabe, le
llevo bastantes años, por lo que deseo ser lo más cauteloso posible. Sobre
todo, lo más importante es la voluntad de él. Estoy seguro de que usted lo
comprenderá, marqués”.
Ante las palabras añadidas intencionalmente,
el marqués se detuvo y se acarició la barba con expresión seria. Qué lamentable
situación: tener un evento tan interesante frente a sus ojos y tener que limitarse
a observar. Sin embargo, lo que decía Cassian no dejaba de tener sentido, así
que, a pesar de su desgana, tuvo que asentir.
“Entiendo. Por supuesto que lo entiendo”.
“Gracias, marqués”.
Cassian pensó que la charla había terminado,
pero el marqués no era un oponente fácil.
“Sin embargo...”.
Se inclinó sobre la mesa y observó a Cassian
con los ojos entrecerrados. Cassian se tensó internamente preguntándose qué
diría, y el marqués añadió en voz baja.
“Si surge cualquier dificultad entre los dos,
pídeme ayuda sin falta. ¿Entendido? Haré todo lo que esté en mi mano por
ustedes, así que promételo”.
Ante la repetida insistencia, Cassian no tuvo
más remedio que asentir.
“Sí, entiendo. Así lo haré”.
Lo dijo de palabra, pero su sentimiento
interno era totalmente distinto. Como era algo que nunca sucedería, podía
decirle lo que quisiera. Tal como esperaba Cassian, el marqués pareció
satisfecho con la respuesta y asintió con el rostro complacido.
“Bien, entonces puedes retirarte”.
“Sí, gracias”.
Ante las palabras que tanto había esperado,
Cassian hizo una reverencia educada e intentó salir del salón. En el momento en
que abrió la puerta, sus ojos se encontraron con los del hombre que esperaba en
el pasillo. Mientras él se detenía un instante, el marqués lanzó una frase
desde atrás.
“Edward, acompaña al invitado hasta la entrada”.
“Sí, abuelo”.
Edward respondió de inmediato. Parecía que lo
que el marqués le había dicho a su nieto antes no eran palabras vacías. Tras
despedirse nuevamente del marqués, Cassian empezó a caminar por el pasillo
siguiendo al nieto.
“Ejem”.
No pasó mucho tiempo antes de que Edward
carraspeara, como si tuviera algo que decir. Sus miradas furtivas hacia Cassian
confirmaban esa sospecha, pero Edward no abría la boca y seguía mirándolo de
reojo. Finalmente, Cassian, incapaz de seguir esperando, habló primero.
“¿Qué quieres decirme? Dilo ya, deja de andar
con rodeos”.
“Ah, sí. Bueno, es que...”.
Edward, momentáneamente desconcertado,
tartamudeó mientras se rascaba la nuca y comenzó a hablar con vacilación.
“Esto... lamento haber dicho cosas malas sobre
ti en la fiesta”.
Fue una disculpa difícil de pronunciar, pero
la reacción de Cassian fue indiferente.
“Ya te disculpaste antes. Aparte de eso, ¿qué
es lo que quieres decir?”.
Edward se encogió ante la atmósfera gélida y
volvió a observar la expresión de Cassian. ¿Qué demonios intentaba decir? Justo
cuando Cassian empezaba a irritarse, Edward finalmente soltó.
“Verás... la verdad es que, como ha pasado
mucho tiempo desde que tuviste una novia, nosotros pensábamos que quizás...
tenías problemas en ‘ese sentido’”...
“¿Me estás llamando impotente?”.
Ante la pregunta directa, Edward se sobresaltó
sin saber qué hacer, pero pronto asintió con sinceridad.
“Ah, bueno... sí, algo así”.
Hasta ese punto, a Cassian no le importó
mucho. Era cierto que no había tenido una cita en mucho tiempo y también era
verdad que no tenía ningún interés en ese ámbito. Sin embargo, las siguientes
palabras fueron suficientes para molestarle.
“Oye, lo siento. No sabía que te gustaban los
hombres. Yo... no tengo prejuicios sobre eso”.
¿Pero qué clase de estupidez es esta?
Cuando Cassian lo miró con el ceño fruncido,
Edward malinterpretó su reacción y volvió a decir algo exasperante.
“Ese chico es bastante lindo, entiendo por qué
te enamoraste de él. Ah, perdón. Te molesta que diga esto, ¿verdad? Lo
entiendo, yo me sentiría igual. Según mi abuelo, es increíble que no lo tengas
escondido bajo llave...”.
Cassian se quedó sin palabras ante semejante
absurdo. Pudo imaginar perfectamente al marqués soltando delirios sobre su
relación ante su hijo y su nieto. Incapaz de contenerse por el asombro, Cassian
espetó.
“¿Lindo? ¿Él?”.
¿Ese capibara loco?
Logró tragarse las últimas palabras, pero
Edward respondió con total sinceridad y una cara radiante.
“Sí. Cuando crezca un poco más, será
extremadamente guapo. Bueno, ya es guapo ahora. Por supuesto, no pienso nada
raro. Es la persona que amas, jamás tendría malas intenciones...”.
“Edward”.
El joven, que movía la cabeza y las manos
frenéticamente, se detuvo en seco al oír la voz gélida que lo llamaba. El
rostro de Cassian mientras miraba a Edward estaba más frío que nunca.
¿De verdad duda de mi sinceridad?, pensó
Edward con ansiedad.
Claro, cualquiera se molestaría si
alguien habla así de la persona que le gusta, diciendo que es lindo o guapo.
Rayos, lo he fastidiado.
Justo cuando Edward se puso pálido, Cassian
habló.
“No te dejes engañar. Ese tipo es un
malvavisco envenenado”.
Tras decir eso, se dio la vuelta y se alejó a
grandes zancadas. Edward, parpadeando confundido por el comentario sin sentido,
corrió tras él y preguntó apresuradamente.
“¡Es-espera, Cassian! ¡Espera un momento! ¿Qué
significa eso? ¡Cass... no, conde Helinger!”.
Edward lo llamó desesperadamente mientras
corría, pero Cassian, lejos de detenerse, aceleró el paso. Cassian subió a su
carruaje justo frente a las narices de Edward y se marchó del lugar.
“¿Un malvavisco envenenado...? ¿Qué demonios
significa eso?”.
Edward se quedó atrás, jadeando y ladeando la
cabeza confundido.
