Episodio 75 - 76 - 77
Episodio 75
“¿Qué... qué es esto?”.
Aina dejó escapar una exclamación de
desconcierto.
En un instante, el rostro de Bliss cruzó por
la mente de Cassian, y su semblante palideció de inmediato.
“¡Cassian, espera! ¡Cassian!”.
Gritó Aina desde atrás, pero él ya había
salido corriendo.
¿Le habrá pasado algo a ese chico? No debí
dejarlo solo. Debería haberle dicho a Aina que hablaríamos más tarde. No puede
ser que haya tenido un accidente...
Justo cuando la imagen de Bliss llorando, con
el rostro hinchado tras comer hongos venenosos, apareció en su mente como una
pesadilla...
“¿Pero qué... demonios es esto?”.
Cassian se detuvo en seco, completamente
aturdido. La escena que se extendía ante sus ojos era diametralmente opuesta a
lo que había imaginado.
***
¡Cómo se atreve este bastardo a no conocer su
lugar...!
Bliss recorrió el entorno con ojos feroces.
Tenía que encontrar algo, lo que fuera. No podía dejarlo pasar así. Debía darle
una lección inolvidable, una que le impidiera siquiera volver a soñar con algo
parecido.
“Hic”.
El alcohol seguía subiéndole, pero su furia no
flaqueaba.
Cassian es mío. Castigar a ese tipo es mi
responsabilidad. ¡No toleraré que nadie más le ponga un ojo encima!
En ese momento, la figura de una violinista
entró en el campo de visión de Bliss. Ella sostenía exactamente lo que él
buscaba: algo largo, una vara... ¡un objeto que pudiera blandirse!
Eso es.
Bliss no dudó más y se lanzó al ataque. Corrió
más rápido que nunca, en línea recta hacia su objetivo.
“¿Eh?”.
La sorprendida violinista soltó un grito
instintivo, pero Bliss ya le había arrebatado el violín y seguía cargando. El
músico que tocaba el oboe a su lado también abrió los ojos de par en par al ver
sus manos vacías. Al girar la cabeza, vio a un joven de cabello rubio platino
corriendo con un violín en una mano y un oboe en la otra.
“¿Mmm?”.
El hombre que charlaba y reía ruidosamente
giró la cabeza por puro descuido. Su instinto debió enviarle una señal de
peligro, pero ya era tarde. Bliss, tras dar un salto en el aire, le asestó un
golpe en la cabeza con el violín.
“¡Agggh!”.
“¡Aaaaaah!”.
Tanto el agredido como los hombres que lo
rodeaban gritaron de terror. Con un crujido siniestro, el violín se partió por
la mitad, y el hombre, tras recibir el inesperado ataque, se desplomó
sujetándose la cabeza con ambas manos mientras gritaba de dolor.
Pero eso no fue todo. Bliss arrojó el violín
roto y empezó a blandir el oboe.
“¡Hijos de perra! ¡Mueran, mueran! ¡¿Cómo se
atreven?!”.
“¡Ah, aaaaaah!”.
“¡Maldición, ¿qué es esto?!”.
“¡Está loco, se volvió loco!”.
Los hombres que hasta hace un momento reían
con arrogancia palidecieron, encogiendo los hombros mientras intentaban huir.
Sin embargo, el oboe de Bliss los alcanzó a todos, sin dejar títere con cabeza.
“¡Ay!”.
“¡Duele! ¡Dije que duele!”.
Lamentablemente, el oboe tampoco resistió
mucho tiempo. Bliss arrojó el instrumento doblado y buscó a su alrededor.
Pronto, algo perfecto captó su atención.
“¡Présteme esto!”.
Bliss le arrebató el bastón a un anciano de
cabello blanco que observaba la escena estupefacto y reanudó la persecución.
¡Toma, toma!
El bastón sólido tenía un impacto excelente.
Sí, esto es.
Bliss, entusiasmado, comenzó a golpear a los
sujetos sin piedad.
“¡¿Cómo se atreven?! ¡¿Cómo?!”.
Gritaba Bliss mientras saltaba de un lado a
otro.
“¡Cassian es mío! ¡¿A quién miran?! ¡Mueran
todos!”.
“¡Aaaah, auxilio!”.
En un instante, la fiesta se convirtió en un
caos absoluto. Nadie podía detenerlo, todos corrían confundidos de un lado a
otro. En medio de ese desorden, solo Bliss volaba por el lugar, golpeando sus
objetivos con precisión quirúrgica. Con un trozo de oboe roto en una mano y el
bastón en la otra, estaba propinando una paliza a unos hombres corpulentos que
no dejaban de gritar cuando...
“¡Bliss!”.
Al escuchar que lo llamaban, la mano de Bliss,
que acababa de sujetar a un hombre por la nuca para asestarle un bastonazo, se
detuvo. Al girar, vio a Cassian mirándolo con el rostro desencajado.
Ahí está, mi enemigo.
Tras asestarle el último golpe al sujeto que
retenía y dejarlo gimiendo de dolor, Bliss se dio la vuelta.
Qué bien que nos encontramos. El que realmente
merece ser golpeado con este bastón eres tú.
“¡Yaaaaaaa!”.
Bliss corrió hacia Cassian con los ojos
encendidos de furia, igual que cuando era niño y arremetía contra quienes
insultaban a su familia. En ese momento...
“¡Ah!”.
El recuerdo de Cassian lanzándolo por los
aires en el pasado volvió a su mente de repente, y por puro instinto, intentó
frenar en seco. Fue un gran error. Sus pies resbalaron en el suelo de mármol y
su cuerpo se inclinó violentamente hacia atrás.
“¡Bliss!”.
Cassian gritó mientras corría hacia él. Pero
fue tarde. Con un seco golpe sordo, Bliss quedó inconsciente en el acto.
***
“Hum, hum, hum...”.
Penélope tarareaba mientras miraba el reloj de
pared. Había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho. Ya era noche
cerrada y la fiesta debía estar en su apogeo.
A estas alturas, el Conde debe estar
completamente cautivado por los encantos de Bliss, ¿verdad?
“Ah...”.
Un suspiro de emoción escapó de sus labios al
imaginar a ambos mirándose intensamente.
¿Qué tan radiantes se verán en la fiesta? No
hay nadie tan apuesto como el Conde ni tan adorable como Bliss, sin duda serán
la mejor pareja. Todos quedarán prendados de la belleza de Bliss, y al verlo,
el Conde seguramente se sentirá inquieto. Ese será el detonante para que se dé
cuenta de sus sentimientos.
¿Acaso ya se le habrá declarado?
“Bliss, no puedo permitir que otros hombres te
miren así”.
Penélope, imaginando el rostro furioso de
Cassian, se dio cuenta de un error en su fantasía.
Ah, cierto, el Conde cree que es Blair.
Tras inhalar profundamente, Penélope frunció
el ceño y forzó una voz grave para recitar de nuevo.
“’Blair, no puedo permitir que otros hombres
te miren así’”.
Luego, se movió rápidamente al otro lado e
imitó una voz delicada.
“Señor Conde, usted es el único para mí...”.
“¡Blair!”,
“¡Señor Conde!”.
“¡Zas!”.
Mientras gritaba la onomatopeya, agitó los
brazos en el aire como si abrazara a alguien. En ese instante, sonó la alarma
de su teléfono. Al revisarla, Penélope abrió la boca de par en par. Era el
aviso de que el carruaje del Conde acababa de cruzar la puerta de hierro del
castillo.
“¡Ya llegaron, ya llegaron!”.
Penélope salió corriendo del castillo con
pasos más ligeros que nunca. Pronto, el carruaje cruzaría el jardín.
Tal vez en este momento esté ocurriendo algo
escandaloso dentro del coche. ¡Mi historia de 'El Conde y el Sirviente'
finalmente llega al clímax...!
“¡Vaya, bienvenidos! ¡Señor Conde, Bli...
Blair!”.
Penélope, que había estado merodeando
ansiosamente frente a la mansión esperando la llegada, abrió la puerta trasera
con una sonrisa radiante.
Je, je, los dos, sorprendidos por la falta de
tacto de la mayordoma mientras se besaban apasionadamente, se separarían
apresuradamente...
“¿Eh?”.
Penélope dejó escapar una exclamación de
extrañeza. La imagen de los dos dentro del carruaje era totalmente distinta a
lo que había imaginado.
Cassian estaba sentado lo más pegado posible a
su puerta con una expresión severa, mientras que Bliss estaba completamente inconsciente,
roncando ruidosamente. Cuando Bliss, que estaba apoyado contra la otra puerta,
hizo un amago de incorporarse entre balbuceos, un Cassian horrorizado extendió
la mano de inmediato y lo presionó hacia abajo. Tras un breve forcejeo, Bliss
volvió a caer en un sueño profundo, manteniéndose alejado de Cassian.
“Vaya, Señor Conde...”.
Quiso preguntar qué había sucedido, pero no
tuvo oportunidad. Ante la desconcertada Penélope, Cassian bajó rápidamente del
carruaje y se enderezó.
“Vaya, Señor Conde. ¿Señor Conde?”.
Penélope, sorprendida al ver que se alejaba,
lo llamó con urgencia.
“¡Señor Conde! ¿Cómo puede irse solo? ¿Va a
dormir aparte hoy? ¡¿Sin Bli... Blair?!”.
Cassian se detuvo en seco. Siguió un silencio
incómodo. Tras lo que parecieron unos segundos de intensa lucha interna, dejó
escapar un suspiro de angustia. Murmuró algo para sí mismo y luego se dio la
vuelta, caminó con paso firme hacia el otro lado del carruaje e hizo un amago
de abrir la puerta de Bliss, pero se detuvo.
“¿Este tipo... no tiene nada en las manos?”.
Preguntó con el rostro tensado.
Penélope ladeó la cabeza, confundida, y miró
el interior.
“No tiene nada”.
Solo después de que Penélope lo confirmó,
Cassian abrió la puerta. Atajó el cuerpo de Bliss, que se inclinaba hacia
afuera, y rápidamente inspeccionó los alrededores con la mirada. Una vez que se
aseguró personalmente, fue cuando finalmente tomó a Bliss en brazos.
“Mmm...”.
Justo en ese momento, Bliss murmuró algo y
frotó su rostro contra el pecho de Cassian.
Él se quedó congelado como una estatua por un
instante. Solo después de confirmar que el chico seguía sumido en un sueño
profundo tras exhalar un largo suspiro, retomó la marcha.
¡Tal como lo esperaba!
Al ver la espalda de su amo, que se alejaba
con el rostro pálido y el entrecejo fruncido, Penélope se cubrió la boca con
una mano para contener la risa.
¡El Conde regresó muerto de nervios!
Episodio 76
20.
“Hum, hum, hum...”.
Penélope se puso su gorro de dormir y se metió
en la cama tarareando alegremente.
Mañana podré despertarme unos 30 minutos más
tarde para que ellos dos puedan dormir lo suficiente.
Seguramente estarían agotados tras haber
pasado momentos apasionados en la fiesta. Estaba convencida de que ambos
dormirían hasta bien pasada la mañana. Como el Conde tenía compromisos,
bastaría con despertarlo a las 10:00.
Tras tomar esa decisión, Penélope programó su
alarma 30 minutos más tarde de lo habitual, miró hacia la dirección de la
habitación del Conde y susurró.
“Buenas noches, queridos amantes”.
Penélope abrazó el aire con fuerza, soltó una
risita tapándose la boca con una mano y se acostó cómodamente para conciliar el
sueño. Sin embargo, sus predicciones volvieron a fallar.
En medio de su profundo sueño, el repentino
timbre del teléfono la sobresaltó.
¿Quién es? ¿Qué hora es para estar llamando?
Aún medio dormida, contestó a toda prisa, pero
al ver quién llamaba, el sueño se le espantó de golpe.
“Sí... sí, Señor Conde”.
“Prepara el coche”.
Sin decir nada más, Cassian colgó. Penélope
miró asustada hacia afuera, el sol ni siquiera había salido. La agenda del
Conde para hoy no empezaba hasta después de las 10:00. Desconcertada, se cambió
de ropa a toda prisa, llamó al chofer para informarle de la salida del Conde y
corrió hacia la habitación principal.
“Señor Conde...”.
Al abrir la puerta con urgencia, se detuvo en
seco. Por más que miraba, no veía a su señor por ninguna parte. Sobre la cama
solo estaba Bliss, durmiendo a pierna suelta con las extremidades extendidas
mientras roncaba.
¿Qué ha pasado?
Penélope buscó frenéticamente a su alrededor
hasta que notó que la puerta de la habitación contigua estaba cerrada, el
vestidor.
Toc, toc. Llamó suavemente y abrió la puerta
con cautela.
“Señor Conde, ¿está aquí?”.
Al preguntar en voz baja, Cassian, que se
estaba poniendo una camisa blanca, se giró hacia la mayordoma. Cuando Penélope
sonrió aliviada por haberlo encontrado, Cassian se llevó el dedo índice a los
labios y le hizo una señal de silencio.
“Bli... Blair se va a despertar. Guarda
silencio”.
Habló con una voz extremadamente contenida,
señalando con la mirada hacia el dormitorio y agitando la mano para que entrara
rápido. Penélope entró apresuradamente al vestidor, cerró la puerta con sigilo
tras de sí y se acercó a su señor caminando de puntillas para hablarle en un
susurro.
“¿A qué se debe esto tan temprano?”.
“Surgió algo que debo atender fuera. Sácame
los gemelos de ahí. ¿Ya hablaste con el chofer?”.
“Sí, ya le avisé. ¿Se refiere a estos?”.
Penélope le colocó los gemelos en los puños,
sacó rápidamente la chaqueta del traje y se situó detrás de él. Mientras
Cassian se inclinaba para meter los brazos en las mangas y se hacía una última
revisión frente al espejo de cuerpo entero, Penélope lo escaneó rápidamente de
pies a cabeza para asegurarse de que no faltara ningún detalle. Cuando el Conde
la miró como preguntándole si estaba listo, ella asintió en silencio.
Normalmente habría dicho cosas como ‘Hoy
también está perfecto’ o ‘Cómo puede ser el Conde tan impecable’, pero hoy
mantuvo los labios sellados por la estricta orden de guardar silencio.
Efectivamente, cuando Penélope abrió la puerta
del vestidor con sigilo, Cassian llegó a la puerta en apenas tres zancadas
amortiguando sus pasos. Asomó la cabeza para confirmar que Bliss seguía
roncando y, con pasos largos y silenciosos, se dirigió a la salida del
dormitorio.
“Haha”.
Una vez que finalmente escapó de la habitación
y confirmó que la mayordoma había cerrado la puerta, Cassian se relajó y dejó
escapar un suspiro de alivio. Al ver la espalda de su señor alejándose
rápidamente por el pasillo con su paso firme habitual, los ojos de Penélope
brillaron como una galaxia, conmovidos.
Vaya, como Bliss se quedó dormido, el Conde
debe haber pasado una noche de frustración.
Finalmente, creyó comprender por qué el Conde
se marchaba con tanta prisa y tan temprano.
Seguro que se va a toda prisa por miedo a abalanzarse
sobre Bliss mientras duerme. Qué caballeroso es nuestro joven amo. Además, se
movió con tanto cuidado para no despertar a su amado, rebosa consideración.
Un fuego de romance ardió intensamente en el
corazón de la vieja romántica.
¡Qué experiencia tan extasiante! Ver un
romance tan hermoso con mis propios ojos, de tan cerca... ¡Esto no es un drama,
es la vida real!
“La vida es bella”.
Dijo Penélope mientras daba una pirueta sobre
un pie y corría por el pasillo tras el Conde.
Al llegar a la entrada principal donde
esperaba el coche, se adelantó para abrir la puerta trasera. Justo antes de que
Cassian subiera, Penélope le dirigió unas palabras antes de cerrar.
“Yo cuidaré muy bien de Bli... Blair”.
A diferencia de otras veces en las que solo
cerraba la puerta y se retiraba, Cassian la miró con el ceño fruncido al ver
que se tomaba la molestia de añadir ese comentario. Sin embargo, pronto creyó
entender la razón.
Claro, hay que vigilarlo porque no se sabe qué
otro desastre pueda causar ese bastardo.
“Gracias, Penélope. Eres muy confiable”.
Ante la respuesta de Cassian, ella mostró una
sonrisa de oreja a oreja mientras cerraba la puerta y retrocedía. El coche
arrancó y Cassian finalmente suspiró aliviado, hundiéndose en el asiento. Al
cerrar los ojos, las tareas urgentes pasaron por su mente.
Primero, debo gestionar a todos los
periodistas para que esto no se filtre, silenciar a los presentes y también
encargarme de los daños materiales...
En solo una noche, más bien, en apenas unas
horas, el daño había sido catastrófico. Finalmente, hundió el rostro entre sus
manos y dejó escapar un gemido profundo.
Maldición, intenté echar a ese tipo y me
terminó explotando una bomba más grande.
***
“Uuugh...”.
Bliss cerró los ojos con fuerza soltando un
quejido.
Juraría que solo bebí una copa, ¿por qué me
duele tanto la cabeza?
Especialmente la parte posterior de la cabeza
le palpitaba, dándole una sensación muy desagradable. Al ver a Bliss detenerse
en seco justo cuando iba a partir un pan con ambas manos, Penélope preguntó
preocupada.
“¿Te encuentras bien, Bli... Blair? Parece que
ayer te excediste demasiado. Me preocupa verte tan indispuesto”.
Su mirada estaba llena de ansiedad mientras
suspiraba.
El Conde también tiene lo suyo, mira que irse
tan temprano justo en un momento así.
Bliss era el único sentado a la mesa del
desayuno, ya que el Conde se había marchado antes del amanecer.
Aunque le latiera el corazón tan fuerte que le
costara ver la cara de Bliss, de todas formas... en fin.
Penélope sacudió la cabeza y, diciendo ‘En
cualquier caso’, llenó el vaso de Bliss con jugo y preguntó.
“¿Cómo estuvo la fiesta de ayer? Cuéntame qué
pasó, ¡me muero de curiosidad!”.
Ante la insistencia de la emocionada mujer,
Bliss abrió los párpados a medias.
La fiesta de ayer... la fiesta.
¿Qué fue lo que pasó?
Mientras intentaba recordar con esfuerzo,
abrió los ojos de par en par. Al verlo, Penélope juntó las manos como si rezara
y sonrió radiante esperando la noticia. Bliss respondió apretando los dientes.
“Me presentó como ‘Bliblair’, ese maldi...
digo, el Conde”.
Casi se le escapa un insulto, pero logró
contenerse.
Penélope se enfadará conmigo, ¿verdad?
Miró hacia arriba con esperanza, pero la
mayordoma respondió algo totalmente inesperado.
“¡El Conde te presentó ante los demás! ¡Qué
bien! ¿Y qué más? ¿Qué pasó después?”.
Bliss se quedó desconcertado al ver a Penélope
aún emocionada, pero pronto lo invadió la decepción.
Cielos, Penélope. Ni siquiera te importa que
me hiciera pasar por tal humillación.
Pensé que por fin había encontrado a mi alma
gemela, pero tal vez me equivoqué.
Al pensar eso, de repente se sintió solo.
“Aah...”.
Ante el profundo suspiro de Bliss, Penélope
gritó alarmada.
“¡¿Bliss?! ¿Qué sucede? ¿Por qué suspiras así?
¿Qué pasó ayer exactamente? ¡Dímelo ya, rápido!”.
Ella lo apresuraba con impaciencia, pero la
mente de Bliss ya estaba en otra parte. De todos modos, como había bebido, no
recordaba mucho. Más bien, ahora era el momento de sumirse en la pérdida de
haber extraviado a su recién encontrada ‘alma gemela’.
“Fiuuuuuu...”.
Al ver a Bliss suspirar de nuevo mientras
miraba melancólicamente por la ventana, a Penélope se le encogió el corazón.
¡Ay no, hemos entrado en la fase de los
malentendidos frustrantes!
La etapa de desarrollo que ella había omitido
deliberadamente en su historia de ‘El Conde y el Sirviente’ finalmente se había
manifestado en la realidad. Penélope se tomó la cabeza y soltó un grito de
agonía silencioso que brotaba desde lo más profundo de su ser.
***
Un silencio sepulcral reinaba en la sala de
estar de una antigua y prestigiosa casa de marqueses. Cassian mantenía la boca
cerrada con nerviosismo interno, esperando a que el Marqués de cabellos
blancos, sentado frente a él, hablara primero.
El Marqués Manon.
Era, nada más y nada menos, el dueño del
bastón que Bliss había arrebatado y blandido salvajemente.
Episodio 77
El rostro del marqués, dirigido hacia Cassian,
estaba completamente rígido.
Por supuesto que lo estaría, pensó Cassian
para sus adentros. ¿Quién hubiera imaginado que ocurriría semejante caos en una
fiesta tan elegante, donde solo se reunían nobles cuidadosamente seleccionados?
Para colmo, el marqués incluso había sido víctima del ataque de un capibara
loco.
Cassian había venido hasta aquí para
disculparse, pero, en realidad, esto no era algo que pudiera solucionarse
simplemente con perdón. Teniendo en cuenta la edad del marqués de Manon, ya era
una suerte que no se hubiera desmayado por la impresión.
A pesar de ello, Cassian no se atrevía a
hablar primero y simplemente esperaba a que el marqués abriera la boca.
Finalmente, el hombre carraspeó con un ‘Ejem’. Ante ese sonido, que parecía el
preludio de algo grave, Cassian se tensó y enderezó su postura. Al ver su
reacción, el marqués finalmente comenzó a hablar.
“Lo de ayer fue realmente impactante”.
Ante esa obvia primera frase, Cassian respondió
tras una pausa, ni demasiado rápida ni demasiado lenta.
“Por supuesto que lo fue. Es natural que se
sienta así”.
Justo cuando estaba a punto de soltar las
palabras que había preparado, el marqués se le adelantó.
“Me sorprendió mucho enterarme después de que él
era tu acompañante. Tú, que nunca has estado envuelto en ningún escándalo...
¿De dónde sacaste a ese niño?”.
Era una pregunta esperada, pero aun así,
Cassian se quedó momentáneamente paralizado. Había estado dándole vueltas a
cómo responder, pero no había encontrado una respuesta adecuada.
¿Qué pasaría si revelara que Bliss es el hijo
menor de la familia Miller?
Obviamente, el marqués se sorprendería y
querría saber cómo terminó involucrado con un hijo de esa familia. Entonces,
Cassian volvería a quedarse sin palabras.
Confesar todo lo sucedido en el pasado sería
tedioso, y definitivamente no quería exponer su propio pasado patético. Sobre
todo, incluso si explicara todo eso, ¿qué respondería a la pregunta crucial?
Esa pregunta era: ‘¿Por qué Bliss Miller vino
de repente a buscarme después de diez años?’.
Hasta ahora, Cassian había estado tan absorto
en la idea de quitarse a Bliss de encima que había ignorado ese motivo. Pensaba
que, de todos modos, él se iría pronto, así que no tenía interés ni necesidad
de saberlo. Pero eso era antes de que causara este desastre. Ahora, la
curiosidad lo estaba volviendo loco.
¿Por qué diablos apareció ese capibara de la
nada para joder mi vida de esta manera?
De entre los innumerables pensamientos que
cruzaban su mente, extrajo la respuesta que había elegido inicialmente y
respondió con cortesía.
“Es un pariente lejano de un conocido. Lo lleve
a la fiesta pensando que sería una buena oportunidad, pero nunca imaginé que ocurriría
algo así...”.
Ahora era el turno de disculparse y hablar de
la compensación. El problema era si habría algo capaz de calmar el ánimo del
marqués.
Fue en ese momento, cuando Cassian fruncía el
ceño sumido en una profunda preocupación, que el marqués sonrió de repente.
Cassian parpadeó desconcertado, y el marqués, con expresión suavizada, habló.
“Fue una experiencia realmente curiosa. Estaba
a punto de quedarme dormido en una fiesta donde siempre se dicen las mismas
cosas, y de pronto me desperté de golpe”.
Dicho esto, el marqués soltó una carcajada.
Cassian estaba atónito ante la inesperada situación. Como suele ocurrir con los
británicos, no podía distinguir si estaba siendo sarcástico o si hablaba en
serio, a pesar de que el propio Cassian había vivido en Inglaterra toda su
vida. Aquel rostro sonriente parecía genuino, pero no podía ser...
“Hablo en serio”.
Como si hubiera leído los pensamientos de
Cassian, el marqués añadió una frase más, a lo que Cassian preguntó aún
confundido.
“¿Lo dice en serio?”.
“En serio”.
Tras repetir lo mismo, el marqués agitó la
campana que estaba sobre la mesa. Ante el claro sonido, un empleado que
esperaba afuera llamó a la puerta y entró. El marqués dio una instrucción
inmediata.
“Trae a ese muchacho”.
“Sí, señor marqués”.
Como si ya hubiera sido instruido previamente,
el empleado respondió de inmediato y salió del salón. Cassian seguía sin
entender nada de lo que estaba pasando y solo miraba el rostro del marqués,
pero este se limitó a beber su té en silencio. Obligado a esperar callado, no
pasó mucho tiempo antes de que se escuchara un golpe en la puerta y el empleado
reapareciera.
“Señor marqués, he traído al joven amo”.
“Bien, puedes retirarte. Entra tú”.
Siguiendo la orden, el empleado salió y un
hombre entró vacilante, como si estuviera haciendo un relevo. Cassian frunció
el ceño al reconocer su rostro, mientras el marqués hablaba con naturalidad.
“Como sabes, es mi nieto. Edward, ven aquí y
siéntate”.
Edward se inclinó torpemente y se sentó junto
al marqués de Manon tal como se le ordenó. Cassian solo pudo fruncir más el
ceño al ver su aspecto, que parecía estar completamente intimidado.
Edward Manon.
Era el nieto del marqués, pero aún no había
recibido ningún título. Esto se debía a que su padre, el hijo del marqués,
seguía gozando de buena salud y, sobre todo, a que Edward no contaba con la
confianza del marqués.
¿Por qué habría llamado a su nieto a este
lugar?
Mientras Cassian seguía sin comprender la
situación, el marqués se dirigió a su nieto con severidad.
“Vamos, habla de una vez”.
¿Hablar de qué?
Era imposible adivinar qué estaba ocurriendo,
hasta que Edward, que hasta entonces había estado vigilando la reacción de su
abuelo con timidez, abrió la boca.
“Esto... bueno, es que...”.
“¡Edward Manon!”.
De repente, el marqués soltó un grito
atronador. Ante el estallido del hombre a quien consideraba simplemente un
anciano, tanto Edward como el propio Cassian se sobresaltaron. Bajo la mirada
fulminante de su abuelo, Edward no tuvo más remedio que gritar apresuradamente.
“¡Lo siento mucho, conde Heringer! ¡He
cometido una gran falta de respeto!”.
Cassian se quedó perplejo ante la repentina
disculpa.
¿Qué significa esto?
Cuando miró al marqués buscando una
explicación, este regañó a su nieto de inmediato.
“¡Muchacho tonto! ¿De qué sirve disculparse de
la nada? ¡Primero tienes que contar lo que pasó!”.
“Sí, sí. Lo haré ahora mismo, ahora mismo...”.
Edward, totalmente desanimado, comenzó a
soltar excusas apresuradas dirigidas a Cassian.
“Lo siento, conde Heringer. En la fiesta de
ayer, mis amigos y yo hicimos algunas bromas pesadas sobre usted. De verdad,
eran solo bromas. No teníamos ninguna intención de hacer nada realmente, pero
su acompañante lo escuchó, nos malinterpretó y.… ah, por supuesto, la culpa es
mía y de todos. Incluso si fue un malentendido, estuvo mal decir esas cosas en
primer lugar. Lo siento, me disculpo de nuevo. Por favor, dígale a su
acompañante que no nos malinterprete...”.
Continuó hablando, pero al final no era más
que una repetición de lo mismo. Cuando Cassian desvió la mirada hacia el
marqués mientras el joven seguía pidiendo perdón una y otra vez, el marqués,
que había permanecido en silencio, habló.
“¿Qué te parece? ¿Podrías perdonarlo?”.
¿Perdonarlo? Criticar a alguien a sus espaldas
es algo que cualquiera hace. Lo normal sería ignorarlo incluso si uno se
entera, pero obligarlo a disculparse de esta manera...
Los rumores de que la educación que el marqués
da a sus descendientes es extremadamente estricta eran ciertos.
“Con esto es suficiente. Por nuestra parte,
también hubo aspectos excesivos...”.
“El primero en equivocarse fue este lado, así
que es justo que quien provocó la situación se disculpe. ¿No es así?”.
Ante la nueva y severa reprimenda hacia su
nieto, Edward respondió apresuradamente. "Sí, por supuesto, tiene
razón". Junto con la duda de qué palabras tan terribles habrían dicho para
que esto ocurriera, surgió otra pregunta.
¿Bliss armó semejante escándalo solo por
escuchar eso? ¿Por qué?
Era incapaz de comprenderlo. En medio de esta
serie de eventos incomprensibles, el marqués le dijo a su nieto.
“Dale las gracias al conde por ser tan
comprensivo y vete. No te vayas lejos, por si acaso necesito llamarte de nuevo”.
“Sí, estaré esperando en el pasillo”.
Como si esto hubiera ocurrido varias veces
antes, Edward respondió con presteza, se despidió de ambos y salió. Una vez que
se cerró la puerta del salón y quedaron solos, el marqués volvió a preguntar a
Cassian.
“¿De verdad estás bien con esto? ¿Solo con
esto?”.
“Es suficiente”.
Respondió Cassian de inmediato.
“Más bien, le agradezco que haya sido tan
indulgente. Sin embargo, ¿cómo debería compensarle por el daño causado a su
valioso bastón?”.
Ante el educado ofrecimiento, el marqués soltó
una carcajada y dijo.
“Con que me invites a tu boda con él será
suficiente”.
“¿Perdón?”.
Ante las inesperadas palabras, Cassian
preguntó involuntariamente, y el marqués lo observó con los ojos entrecerrados,
como si lo supiera todo.
“Lo sé bien. Tú y ese niño... no son
simplemente conocidos, ¿verdad?”.
¿Y ahora de qué está hablando este hombre?
Cassian no tuvo más remedio que mirarlo de
nuevo con cara de total confusión.
